Tierra, comida, madre (o Milei) // Agustín Valle*

Milei detesta comer. Detesta la comida, lo dijo varias veces: si pudiera, resolvería la necesidad del cuerpo con pastillas. Es muy significativo esto pero fue medio olvidado. Es que la fugacidad domina. 

La fugacidad es un régimen de dominación en sí mismo: corriendo de atrás la realidad quedamos. Aún los momentos de recuperación de auto-soberanía pueden pasar sin más. Cada Actualidad -imperiosa y totalizante- es sucedida sin resto por otra Actualidad -imperiosa y totalizante-, sin alterar el universo sensible de lo posible; pasan “sin más”, es decir, sin que se pueda elaborar un proceso que tome algo como punto de partida. Todo punto de partida se desvanece en la Actualidad. Que las cosas pasen, pero que pasen “con más”, aunque sea. Dejando un plus de sentido.

La movilización en defensa de la tierra ofreció varias cosas a pensar. Gigantesca movilización que resultó efectiva -logró efectos- aún antes de corporizarse, pero bajo inminencia de su corporización concreta. En redes conectivas -tecnología de la fugacidad- circuló una fuerza de afecto por la tierra. Pero no una tipo new-age de gestión consumista individual; una fuerza que anunciaba la puesta en masa callejera de la multitud -y puesta en masa, leva. Le crece el entre. 

Fue un ejemplo del impurismo o la promiscuidad entre dispositivos de dominación y resistencia. Se vio -una vez más- que las redes-grillete pueden ser tomadas para el agite. Pero se vio algo más, que es una condición de esa “profanación” de los dispositivos: que el movimiento tenga su centro de gravedad en la tierra; la “gravitación” que según Kusch el suelo ejerce en el pensamiento. 

No se defendían puestos de trabajo ni el aguinaldo ni la despenalización del aborto; no era un sujeto reclamando bienes o servicios de utilidad práctica inmediata. ¿Qué es, para nosotros, la tierra? Es algo no obvio. Pero ya la propia marcha ejercía lo que reclamaba: recuperaba la tierra de la ciudad. La calle fue la primera tierra defendida. Es que la calle es la tierra para los urbanitas: tierra mediatizada, perdida, privatizada, despojada como lugar de arraigo existencial y eperiencial. 

Con “la tierra” se juega la relación de los vivientes con el mundo: ¿es nuestro, el mundo? ¿Somos locales en el mundo, o el desalojo es una amenaza transversal, para muchos efectuada?

La calle es la tierra, pero el cuerpo también es la tierra. El cuerpo es nuestro ser terrenal; de la tierra viene la comida, y de ella formaremos parte al desarmarnos. Parte del entramado vivo en la tierra, somos, en tanto cuerpos. 

Dice León Rozitchner que la función nutricia en el humano produce también un efecto subjetivante: al habernos puesto de pie, madre y cría quedan cara a cara en el amamantamiento. Pasa la leche y pasa la mirada, y el canto y las palabras; afecto y materia concurren a un mismo efecto, facetas de una unidad. El cuerpo de nuestra madre, su leche que se hace nuestra, mientras vamos convirtiéndonos en “alguien”, mientras se gesta la subjetividad, son una prolongación de la tierra. Sustrato terrenal del psiquismo. 

Esta época, de “tierra quemada” en torno a la mística de la inmaterialidad, esta época que reduce la tierra a puro recurso del cálculo financiero, tiene como condición un odio al cuerpo. Y se recuerda también el odio de Javier Milei a sus padres -a quienes niega ese nombre, incluso, reduciéndolos a “progenitores”: pura función necesaria. Resolvería con pastillas. Odio a la madre, a la comida, a la tierra. Este hombre que es puro síntoma (pero un síntoma adecuado al orden, ya que rompió con el padre abrazando fanáticamente la Ley del padre, en tanto empresario, es decir, la Ley del Valor), este hombre que se declara odiado con su madre, “fanático de las tetas”, y tántricamente apodado “vaca mala” porque, en la actividad sexual, “nunca da la leche”, este hombre, pues, encarna la forma subjetiva pura de la dominación conectivo-financiera de este tiempo, donde la tierra, claro, es algo ajeno.

 

* Observación del Observatorio de Subjetividad Mediática, con Augusto Campos, Pablo Zarfati, Jessica Volonté, Federico Mendoza Correa, Agustina Heredia, Florencia Tanutti, Patricia Guindi y Ramiro Sacco 

 

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