Onjolidei
clinämen: ¿Y si no hiciésemos nada?
Podría ser de tu interés
Bifo: «Nos volvemos brutales cuando no entendemos la relación entre la palabra y el cuerpo» // Clinämen
Conversamos con el filósofo Franco Berardi en el Bar de la Tribu. Las derechas actuales, un fascismo sin juventud y
Marco Teruggi: diario urgente de Venezuela // Clinämen
“Mañana será historia” es el nuevo libro de Marco Teruggi. El periodista, escritor y activista narra el cotidiano venezolano lejos
CONVERSACIÓN CON VLADIMIR SAFATLE SOBRE LA SITUACIÓN EN BRASIL // CLINÄMEN
El filósofo y docente analiza la coyuntura de cara a las elecciones que tienen como principales candidatos al fascista Jair
Poema en dos tiempos y un final subversivo
Biopic
Evón y Perita: Movimiento
Ecce Lobo
La boca es la clave. Regula las dietas y expresa los humores. Se trata, por el mordisco, de alcanzar la carcajada. Descabezar la víbora que se nos introduce en la garganta de un modo abrupto y decidido. Y luego escupirla. Liberada la cavidad bucal y las vías respiratorias la risa viene sola, plena. Mordiendo a fondo, los colmillos despiertan, afilados; desentumecemos la lengua y el gusto.
Régimen estricto para recobrar la salud: evitar –¡¡esto es capital!!– el mundo del elenco. La búsqueda de gloria está entre las substancias más nocivas. La unión de la fama y la buena conciencia puede aparejar úlcera y debilidad cárnica. El consumo de ideales, va de suyo, lleva a la dispepsia. Rechazar, por lo tanto, toda verba edificante. Toda escena individualizante. Insistir en este punto: entregarse a esos juegos venenosos contribuye al crecimiento de parásitos internos, cuerpos anillados y rastreros.
“¡¡¡Muerde!!!”
¿Cómo se reconoce al elenco? No fácil. El elenco es literario, cinéfilo, periodístico, político, filosófico. ¿Qué tienen en común? Carecen de interés para quien busca afirmar su organismo. La pasividad admirativa produce concentración de tejido adiposo en las axilas y bajo el trasero. El elenco es inseparable de la producción de criterios y jerarquías de lenguaje y de escritura. Para absorber la confianza de los otros, se nutre de reglas del buen sentido y del sentido común. El pensamiento así macerado se vuelve fóbico a la condición real de lo real.
El elenco es lo más próximo e inestable. Ensayo general para lo póstumo.
“¡¡¡Muerde, muerde!!!”
Se recomienda fuertemente huir al monte, recobrar los instintos más in-fames. Más que “intervenir”, se sugiere buscar donde y como respirar. Retomar los largos paseos por el bosque. Adentrarse en la maleza, hasta no poder diferenciar ya el bien y el mal. Sobre todo no aferrarse al Bien. Ni en nombre de los valores más altos –esos que surgen del piadoso y vaciado lenguaje de lo político; del más soso y teológico de los modos del habla; del más apasionado y cómodo– podemos tolerar el desmonte.
”¡¡Muerde!!”
Escapar de la estupidez. Ante todo de la propia. La más íntima y recurrente. Del rictus serio. Pero sobre todo de la sonrisa social. Es mentira que el peligro está en la mentira, la falsedad o el error. ¡¡Desoír a los nuevos sacerdotes!! La salud no está en la verdad, sino en la destrucción del régimen vigente de evaluación de las verdades. Por lamentable que sea, nada se nos oculta. Nada hay por develar. Toda la pesadez y toda la acidez provienen de lo mismo. De esa estupidez que nos carcome. Esas verdades sin vuelo, esas verdades que son prisiones. Que no arriesgan ni inventan. Serpientes de aire y papel que nos atragantan.
“¡¡¡Muerde, muerde!!!”
Rechazar sin reparos toda dosificación de –llamémosla así– “la crítica”. La disidencia a que nos encomendamos no debe reparar en el juicio moral, sino en los más deliciosos cuidados de la infamia. Cada palabra, incluso cada letra, debe aspirar a la más radical de las infamias. A ese bíos común que no parte nunca del sentido ni posee las reglas del sentido común.
Trailer ESTACION ZOMBI
Evón y Perita: Mixtos
Entrevista a Horacio Verbitsky:
Evón y Perita: Amor (1)
Living K
Quizás sea el alegre desorden del consumo que se encarga ahora de promover las sensaciones y convocar los deseos del habitante. Lo importante es la certeza que el cuadro le provoca: ya no habrá ruido ni movimiento en la esquina que pueda hacerlo caer del decorado.
Vida de hombres infames
Once. La catástrofe actualiza en nuestra memoria, a la fuerza, una dimensión de desastre de la vida urbana; inevitable infelicidad colectiva que la política (en tanto problematización de la vida en la polis, en la ciudad, que a todos nos abarca) no hace sino eludir. Concentrada en un esfuerzo de gestión continua, la política se vuelve ingeniería de la fiesta, del consumo, del espectáculo. En esta producción incesante de imágenes de felicidad colectiva, en esta terca dedicación por distanciarse de todo aquello que en la vida cotidiana es herida y frustración, el mundo de lo político niega las condiciones reales sobre las cuales elabora buena parte de su retórica y sus decisiones.
La tragedia impone un dolor sin atenuantes y reenvía inmediatamente a dramas anteriores, como el de Cromañón, sucedido a tan pocas cuadras de la estación que las ambulancias debieron sortear su paso por la calle Bartolomé Mitre, convertida hasta hace días en santuario popular. Esta insoportable comunicación no se agota en una sumatoria de episodios atroces. Exhibe a la ciudad como encadenamiento continúo y simultaneo de pequeñas catástrofes de naturaleza variada: alimentarias, laborales, de transportes, de uso de las energías, de explotación de recursos naturales (la catástrofe como una declinación visible de la guerra urbana de modos de vida y como concreción extrema de una cierta idea del desarrollo).
Buscar responsables individuales de estos accidentes es siempre un asunto delicado. En un sentido profundo, la pena resulta desproporcionada respecto de las pérdidas y de la magnitud del problema que hace sistema con el sufrimiento. Cuando apelamos –con razón– al estado de cosas de fondo que posibilita este tipo de episodios, nos imponemos una tarea mayor: la de enfrentar las estructuras mismas del modo de vida colectivo, que nos incluye.
II. Felicidad pública
¿Qué tipo de responsabilidades son las que se ponen en juego cuando esta trama de barbarie se vuelve imagen y acontecimiento? Estos accidentes “técnicos” se suelen presentar como desligados de otras dimensiones de la vida urbana con los que se vincula profundamente. La política es la primera en declararse impotente ante la compleja trama implicada en los hechos consumados. Al no prosperar de modo duradero y significativo, la problematización pública y necesaria se repliega. Y el peso de la responsabilidad vuelve a recaer sobre quienes padecen continuamente estos avatares de la vida metropolitana.
El bloqueo de toda problematización efectiva contrasta con la proliferación de las imágenes y las noticias dedicadas a cada uno de estos episodios. Si lo mediáticoopera efectivamente como sistema nervioso de lo social, quizá importe menos –para comprender el modo en que hace sistema con lo real- quién sea el propietario de esos medios y un poco más el modo en que disponen de un conjunto de automatismos más amplios, la supuesta naturaleza “técnica” de la mediatización, y el modo en que se sobreimprimen altas dosis de instantaneidad, repetición y narratividad a los momentos de decisión pública.
En ese marco, la política deviene gestión incesante de la felicidad colectiva (incluso, cuando se vuelve “crítica”): fiesta del aumento del consumo, en la que no está bien visto ponerse a revisar la deriva que adoptan las pasiones sociales.
O, más puntualmente (y como escuchamos decir últimamente a Christian Ferrer) el éxito de este “modelo” consiste en su capacidad de excluir el antagonismo político al coagular en torno de una imagen única de felicidad pública, una imagen sustentada en el aumento del consumo según parámetros de los centros del capitalismo occidental. Y un modo único de instrumentalización: a través de la inserción de nuestro país en el mercado global como exportador de ciertas materias primas, tecnológicamente asistidas, cuyos ingresos permiten mejorar la capacidad del estado para contener a los contingentes sociales llamados “desfavorecidos”.
III. El elenco y la opinión crítica
Y bien, existe un tercer aspecto a considerar: la constitución de un elencobienpensante, de una opinión críticaque se ha vuelto tan interior al “modelo” como cada una de sus otras dos invariantes (desde la exportación de grano hasta el complejo científico que la asiste). Productores y reproductores de una constante gestualidad política, los autodenominados “intelectuales” dan forma de moebius a una politización enunciativa que convive con una despolitización de zonas extraordinariamente inmensas de la existencia individual y colectiva.
IV. La tragedia y la crisis
V. La irrupción del bios
Se trata de luchas que, enraizadas en las afecciones propias de una vida y sus pasiones, producen valor desde el cotidiano mismo. Luchas cuya paradójica debilidad consiste en su dificultad para integrarse en el pobre entramado desarrollista, en sus infraestructuras y relatos de un presente feliz. Luchas que son traicionadas cada vez que se las reduce a demandas a solucionar, a puro sufrimiento e impotencia: política de víctimas y reparaciones, literatura de catástrofe. Políticas de la despolitización.
Bien sabemos que “crítica” y “disidencia” no se equivalen. La disidencia surge de un corazón infame (in-famia: sin fama, sin gloria). La fiesta crítica tiene un ideal regulador, es decir, una fiesta que intenta conjurar la dimensión promiscua que yuxtapone e hibrida la vida y la política.
Las luchas que no cesan de retornar –al menos desde mediados de los noventas para acá– son, en ese sentido, luchas infames, disidentes, que asumen la tristeza al interior de un nuevo modo de entender lo político. O, en lenguaje filosófico, luchas biopolíticas.
VI. La disidencia y “el modelo”
De este panorama, obviamente, no escapan las izquierdas organizadas políticamente: en sus latosas diatribas sobre la autenticidad o impostura con las que el gobierno alza banderas como la de la redistribución de los ingresos, su imaginación política no supera el pedido de sinceridad, de verdad de proceso; y así piden más.
¿Podemos reducir la vida pública a una expectativa de justicia dentro de “el modelo”? Con tanto discurso benjaminiano en el ambiente, ¿no sería más saludable retomar el punto de vista del sufrimiento y del valor que producen las luchas al interior del bios antes que solazarse en la pura retórica erudita, sea afirmativa o crítica?
Por el contrario, las dinámicas de politización parecen renacer allí cuando –bajo el diagnóstico aterradoramente grave de los modelos de pensamiento y gestión en curso– situamos en el centro de la escena la capacidad de sujetos infames de poner condiciones y líneas de irreversibilidad, cuando ensayamos mapear los signos de su disidencia.
Lo propio del actual ciclo político es minorizar a quienes cuestionan este estado de cosas sin ofrecer “alternativas”. Vuelve a estar en la orden del día la lucha por el devenir minoritario. No hay contradicción en esto: devenir minoritario y resistir la minorización son una y misma cosa. No suscribir a la política de la víctima, tensionar las imágenes de felicidad sustentadas en el consumo, disentir, en suma, respecto del régimen que opera produciendo un sentido de lo mayoritario (con solo echar una mirada a la convulsión europea comprendemos que no es tan fácil de sostener el ideal capitalista de felicidad. ¿O es, acaso, que el desarrollismo (¡¿ex?!)tercermundista aspira a sustituir al tradicional centro capitalista como sostén de este ideal?)
La gestión de la felicidad se sitúa en el centro del problema político. Un problema que la política del presente no puede eludir.
20 marzo de 2012
Clinämen: Felicidad y Disidencia
Podría ser de tu interés
Bifo: «Nos volvemos brutales cuando no entendemos la relación entre la palabra y el cuerpo» // Clinämen
Conversamos con el filósofo Franco Berardi en el Bar de la Tribu. Las derechas actuales, un fascismo sin juventud y
Marco Teruggi: diario urgente de Venezuela // Clinämen
“Mañana será historia” es el nuevo libro de Marco Teruggi. El periodista, escritor y activista narra el cotidiano venezolano lejos
CONVERSACIÓN CON VLADIMIR SAFATLE SOBRE LA SITUACIÓN EN BRASIL // CLINÄMEN
El filósofo y docente analiza la coyuntura de cara a las elecciones que tienen como principales candidatos al fascista Jair
Evón y Perita: Cómic(s?)
estallido redondo
El primer vagón
“Déjenos vivir en paz nuestra propia Edad Media”
Evón y Perita: Nacionalizaciones
Roger Money x 3
Evón y Perita: General
11×2
Evón y Perita: Fin de Semana
Occupy Wall Street y algunos nombres de cualquiera
Evón y Perita: Las fases del Capitalismo
Una clase de capitalismo en serio
Evón y Perita: Pancartas
Italia no es Grecia
Evón y Perita: Armas
Evón y Perita: Accidentes, Tragedias, Masacres
Inventar el común
Evón y Perita: Mediación
El capitalismo contra el amor
Primeros materiales para una
TEORÍA DE LA JOVENCITA
Tiqqun
La Jovencita no se ama a sí misma, lo que “ama” es su imagen
“Más aún que la Jovencita femenina, la Jovencita masculina manifiesta con su musculatura de cartón-piedra todo el carácter absurdo, es decir de sufrimiento, de lo que Foucault llamaba ‘la disciplina de la cuerpos’”“La Jovencita vive secuestrada en su propia belleza”
“Una puede ser bonita, verse rodeada, acosada por proposiciones indecentes y, sin embargo y en el fondo, estar sola”
“Me han herido en lo más preciado: mi imagen” (la Jovencita Silvio Berlusconi, tras ser agredida en la cara con una estatuilla de la catedral de Milán)
“La seducción como guerra. Se habla de estar como un ‘cañón’, con una metáfora que pertenece cada vez menos al registro de la estética y cada vez más al de la balística”.
“A la Jovencita no le gustan las arrugas; las arrugas no son apropiadas; las arrugas son la escritura de la vida; la vida no es apropiada. La Jovencita teme tanto a las arrugas como, por lo demás, a toda expresión auténtica”.
“No hay, sin lugar a dudas, sitio en el que uno se sienta tan cruelmente solo como en los brazos de la Jovencita”
“La Jovencita lleva en su sonrisa toda la desolación de las discotecas”
“Lo que demuestra la Jovencita es que no hay una superficie bella sin una profundidad terrible”
“El origen de la Jovencita es el fracaso del feminismo”
“Ni castidad ni depravación: sencillamente, la Jovencita es ajena tanto a sus deseos como a su cuerpo”
“Cuando la Jovencita suelta sus risitas, también trabaja”
“A la Jovencita le dan mareos cuando el mundo deja de girar en torno a ella”
“La Jovencita no se empareja por un arrebato hacia el otro, sino para huir de su insoportable nada”
“La Jovencita es optimista, radiante, positiva, alegre, entusiasta, en otros términos, sufre”
“La Jovencita es una ilusión óptica. Desde lejos, es un ángel y de cerca, una bestia”
“En todas sus manifestaciones, la Jovencita refleja la rabia impaciente por abolir la materia y el tiempo. Es un cuerpo sin alma que se sueña alma sin cuerpo”
“I did love you once” (Shakespeare, Hamlet)
El 15M como insurrección del cuerpo-máquina
Resulta sumamente interesante vincular el problema principal que se plantea Marazzi en el texto que citamos –a saber, ¿quiénes y cómo pagan el coste de la amortización de los cuerpos-máquina en las condiciones de una producción basada en un modelo antropogenético?– con lo que podemos llamar la «génesis maquínica» del 15M. Puesto que, bajo las condiciones impuestas por el axioma de la «austeridad», el coste de la amortización lo pagan, en tiempo y calidad de vida, los propios cuerpos máquina. Y sobre todo quienes viven-trabajan en mayores condiciones de precariedad e invisibilidad social e institucional. La reducción a un mínimo de las partidas del welfare state, la precarización del acceso al cualquier tipo de renta, la desposesión de títulos de acceso a garantías sociales para sectores crecientes de la población, el funcionamiento automático de los mecanismos de expropiación vinculados al endeudamiento, etc., se traducen en un redoblamiento de la violencia sorda de la movilización total de la sociedad red, en un tempo que conduce a un límite de sostenibilidad las formas de vida de los sujetos, llevándolas a un paroxismo.
Evón y Perita: Damascos
Clasificación y compensación
Aquí no van a entrar las mineras
por Eliana Costa
Evón y Perita: Soledad
Tem Esculacho Popular No Brasil
Esos que hoy desafían la mudez del olvido y dicen, en voz alta, donde viven los que entraron por los recovecos de la dictadura brasilera para torturar, violar, asesinar, secuestrar y esconder cadáveres honran al país.
Cuando la dictadura extorsionó una amnistía votada en un Congreso sumiso y preñado de senadores “biónicos” [elegidos a dedo por el poder ejecutivo], rápidamente afirmaría que se trataba del resultado de un “amplio debate nacional”. Intentaba, con esto, esconder que el resultado de la votación de la Ley de Amnistía había sido sólo 206 votos a favor (todos del partido ARENA) y 201 contrarios (del MDB). O sea, los números demostraban una peculiar concepción de “debate” en el cual el vencedor no negocia, y simplemente impone.
“Revanchismo”, “lucha contra la amenaza comunista”, “guerra contra terroristas” fueron palabras repetidas por 30 años con la esperanza de que la generación post-dictadura matara una vez más a los que murieron luchando contra el totalitarismo. Matara con las manos pesadas del olvido.
Pero he aquí que estos que nacieron después del fin de la dictadura ahora van a las calles para dar nombre a los que intentaron esconder sus crímenes en la sombra tranquila del anonimato.
Al rechazar el pacto de silencio y decir donde viven y trabajan los antiguos agentes de la dictadura, ellos dejaron un mensaje claro. Se trata de decir que tales individuos pueden hasta llegar a escapar del Poder Judicial, lo que no es muy difícil en un país que mostró, la semana pasada, como hasta quien abusa sexualmente de niños de 12 años no es castigado. Sin embargo, ellos no escaparán del desprecio público.
Esos jóvenes que apuntan el dedo para los agentes de la dictadura, diciendo sus nombres en las calles, honran el país por mostrar de donde viene la verdadera justicia. Ella no viene de un Ejecutivo tibio, de un Judicial cínico y de un Legislativo con olor a mercado persa. Ella viene de los que dicen que nada nos hará perdonar a esos que ni siquiera tuvieron la dignidad de pedir perdón.
Si el futuro que nos venden es este en que torturadores andan tranquilamente por las calles y generales escupen impunemente en la historia al llamar sus crímenes de “revolución”, entonces tengamos el coraje de decir que este futuro no es para nosotros.
Ver texto original: http://www.vermelho.org.br/noticia.php?id_noticia=180304&id_secao=1
Evón y Perita: Cirujía Estética (1)
Clinämen: Fiesta y Resistencia, una política redonda
http://ciudadclinamen.blogspot.com.ar/
Podría ser de tu interés
Bifo: «Nos volvemos brutales cuando no entendemos la relación entre la palabra y el cuerpo» // Clinämen
Conversamos con el filósofo Franco Berardi en el Bar de la Tribu. Las derechas actuales, un fascismo sin juventud y
Marco Teruggi: diario urgente de Venezuela // Clinämen
“Mañana será historia” es el nuevo libro de Marco Teruggi. El periodista, escritor y activista narra el cotidiano venezolano lejos
CONVERSACIÓN CON VLADIMIR SAFATLE SOBRE LA SITUACIÓN EN BRASIL // CLINÄMEN
El filósofo y docente analiza la coyuntura de cara a las elecciones que tienen como principales candidatos al fascista Jair
Evón y Perita: Brazos
Evón y Perita: El afiche
La izquierda marrón
Evón y Perita: Conducción
La saga del Ángel
Clinâmen: Relato político y contrarelato
Podría ser de tu interés
Bifo: «Nos volvemos brutales cuando no entendemos la relación entre la palabra y el cuerpo» // Clinämen
Conversamos con el filósofo Franco Berardi en el Bar de la Tribu. Las derechas actuales, un fascismo sin juventud y
Marco Teruggi: diario urgente de Venezuela // Clinämen
“Mañana será historia” es el nuevo libro de Marco Teruggi. El periodista, escritor y activista narra el cotidiano venezolano lejos
CONVERSACIÓN CON VLADIMIR SAFATLE SOBRE LA SITUACIÓN EN BRASIL // CLINÄMEN
El filósofo y docente analiza la coyuntura de cara a las elecciones que tienen como principales candidatos al fascista Jair
Evón y Perita: ¡Petróleo!
Ya parece florecer: qué significa YPF para nosotros
Un acontecimiento, incluso –o, justamente- por tratarse de una crispación del tiempo; un acontecimiento, decíamos, no está exento de la regla de oro de todo aquello que se precie de estar con vida: persistir, pasar del flujo a la consistencia. En la medida de expropiación resuelta por el Gobierno no vemos, así, que haya mera decisión política: hay historia condensada, de resistencias, de gritos, de masas y balas, de hombres y nombres que ya son parte de la memoria popular. Nombres como el de Mosconi, que remite al ingeniero militar precursor de la nacionalización del petróleo y primer director de YPF, sí, pero que también remite (nótese cómo la historia está llena de ironías y retruécanos) al pueblo salteño en el que, como en los pueblos de Neuquén, surgían organizaciones de desocupados nutridas principalmente de trabajadores petroleros que habían quedado sin empleo a raíz del cambio de manos, de estatal a privadas, en el control de YPF. Desde esa localidad salteña, desde General Mosconi y desde sus piquetes, nos viene otro nombre, el de Aníbal Verón, muerto en el año 2000 por la represión de la gendarmería a una manifestación piquetera y que posteriormente fue nombre –el de Aníbal Verón- de una coordinadora de trabajadores desocupados del conurbano sur de la provincia de Buenos Aires. De la Verón, como se la conocía a la coordinadora, eran militantes Kosteki y Santillán, también muertos por la represión en 2002, en un caso que implicaba al propio presidente Duhalde y que evidenció el precio que éste estaba dispuesto a hacer pagar al pueblo argentino a cambio de un poco de desahogo económico. Se conoce el final: la respuesta popular, contundente y democrática, a la represión forzó la renuncia de Duhalde y el adelantamiento de las elecciones del 2003. Tímidamente, iba apareciendo Néstor Kirchner. Y junto a él, Cristina Fernández, la Presidenta que acaba de poner su firma al pie de un decreto de intervención de YPF y de la ley de expropiación elevada al Congreso. Su rúbrica sella mucho más que un proyecto que será discutido en los próximos días. Su firma es la propia marca de la época. Pero lo inverso también es cierto: su estilo y sus iniciativas, los de la Presidenta, llevan la marca de una época que se caracteriza por cerrar un ciclo, reparando muchos de los daños sociales que ese ciclo generó, y por alumbrar otro ciclo en el que los desplazados de la historia, sin deberle nada a nadie más que a ellos mismos, se redimen y reencuentran con un país que los había olvidado, como había olvidado su historia y dejado de imaginar su futuro.



















































.jpg)







