Anarquía Coronada

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El socialismo y el hombre en Cuba (1965) // Ernesto Che Guevara

Estimado compañero*:

Acabo estas notas en viaje por África, animado del deseo de cumplir, aunque tardíamente, mi promesa. Quisiera hacerlo tratando el tema del título. Creo que pudiera ser interesante para los lectores uruguayos.

Es común escuchar de boca de los voceros capitalistas, como un argumento en la lucha ideológica contra el socialismo, la afirmación de que este sistema social o el período de construcción del socialismo al que estamos nosotros abocados, se caracteriza por la abolición del individuo en aras del Estado. No pretenderé refutar esta afirmación sobre una base meramente teórica, sino establecer los hechos tal cual se viven en Cuba y agregar comentarios de índole general. Primero esbozaré a grandes rasgos la historia de nuestra lucha revolucionaria antes y después de la toma del poder.

Como es sabido, la fecha precisa en que se iniciaron las acciones revolucionarias que culminaron el primero de enero de 1959, fue el 26 de julio de 1953. Un grupo de hombres dirigidos por Fidel Castro atacó la madrugada de ese día el cuartel Moncada, en la provincia de Oriente. El ataque fue un fracaso, el fracaso se transformó en desastre y los sobrevivientes fueron a parar a la cárcel, para reiniciar, luego de ser amnistiados, la lucha revolucionaria.

Durante este proceso, en el cual solamente existían gérmenes de socialismo, el hombre era un factor fundamental. En él se confiaba, individualizado, específico, con nombre y apellido, y de su capacidad de acción dependía el triunfo o el fracaso del hecho encomendado.

Llego la etapa de la lucha guerrillera. Esta se desarrolló en dos ambientes distintos: el pueblo, masa todavía dormida a quien había que movilizar y su vanguardia, la guerrilla, motor impulsor de la movilización, generador de conciencia revolucionaria y de entusiasmo combativo. Fue esta vanguardia el agente catalizador, el que creó las condiciones subjetivas necesarias para la victoria. También en ella, en el marco del proceso de proletarización de nuestro pensamiento, de la revolución que se operaba en nuestros hábitos, en nuestras mentes, el individuo fue el factor fundamental. Cada uno de los combatientes de la Sierra Maestra que alcanzara algún grado superior en las fuerzas revolucionarias, tiene una historia de hechos notables en su haber. En base a estos lograba sus grados.

Fue la primera época heroica, en la cual se disputaban por lograr un cargo de mayor responsabilidad, de mayor peligro, sin otra satisfacción que el cumplimiento del deber. En nuestro trabajo de educación revolucionaria, volvemos a menudo sobre este tema aleccionador. En la actitud de nuestros combatientes se vislumbra al hombre del futuro.

En otras oportunidades de nuestra historia se repitió el hecho de la entrega total a la causa revolucionaria. Durante la Crisis de Octubre o en los días del ciclón Flora, vimos actos de valor y sacrificio excepcionales realizados por todo un pueblo. Encontrar la fórmula para perpetuar en la vida cotidiana esa actitud heroica, es una de nuestras tareas fundamentales desde el punto de vista ideológico.

En enero de 1959 se estableció el gobierno revolucionario con la participación en él de varios miembros de la burguesía entreguista. La presencia del Ejército Rebelde constituía la garantía de poder, como factor fundamental de fuerza.

Se produjeron enseguida contradicciones seria, resueltas, en primera instancia, en febrero del 59, cuando Fidel Castro asumió la jefatura de gobierno con el cargo de primer ministro. Culminaba el proceso en julio del mismo año, al renunciar el presidente Urrutia ante la presión de las masas.

Aparecía en la historia de la Revolución Cubana, ahora con caracteres nítidos, un personaje que se repetirá sistemáticamente: la masa.

Este ente multifacético no es, como se pretende, la suma de elementos de la misma categoría (reducidos a la misma categoría, además, por el sistema impuesto), que actúa como un manso rebaño. Es verdad que sigue sin vacilar a sus dirigentes, fundamentalmente a Fidel Castro, pero el grado en que él ha ganado esa confianza responde precisamente a la interpretación cabal de los deseos del pueblo, de sus aspiraciones, y a la lucha sincera por el cumplimiento de las promesas hechas.

La masa participó en la reforma agraria y en el difícil empeño de la administración de las empresas estatales; pasó por la experiencia heroica de Playa Girón; se forjó en las luchas contra las distintas bandas de bandidos armadas por la CIA; vivió una de las definiciones más importantes de los tiempos modernos en la Crisis de Octubre y sigue hoy trabajando en la construcción del socialismo.

Vistas las cosas desde un punto de vista superficial, pudiera parecer que tienen razón aquellos que hablan de supeditación del individuo al Estado, la masa realiza con entusiasmo y disciplina sin iguales las tareas que el gobierno fija, ya sean de índole económica, cultural, de defensa, deportiva, etcétera. La iniciativa parte en general de Fidel o del alto mando de la revolución y es explicada al pueblo que la toma como suya. Otras veces, experiencias locales se toman por el partido y el gobierno para hacerlas generales, siguiendo el mismo procedimiento.

Sin embargo, el Estado se equivoca a veces. Cuando una de esas equivocaciones se produce, se nota una disminución del entusiasmo colectivo por efectos de una disminución cuantitativa de cada uno de los elementos que la forman, y el trabajo se paraliza hasta quedar reducido a magnitudes insignificantes; es el instante de rectificar. Así sucedió en marzo de 1962 ante una política sectaria impuesta al partido por Aníbal Escalante.

Es evidente que el mecanismo no basta para asegurar una sucesión de medidas sensatas y que falta una conexión más estructurada con las masas. Debemos mejorarla durante el curso de los próximos años pero, en el caso de las iniciativas surgidas de estratos superiores del gobierno utilizamos por ahora el método casi intuitivo de auscultar las reacciones generales frente a los problemas planteados.

Maestro en ello es Fidel, cuyo particular modo de integración con el pueblo solo puede apreciarse viéndolo actuar. En las grandes concentraciones públicas se observa algo así como el diálogo de dos diapasones cuyas vibraciones provocan otras nuevas en el interlocutor. Fidel y la masa comienzan a vibrar en un diálogo de intensidad creciente hasta alcanzar el clímax en un final abrupto, coronado por nuestro grito de lucha y victoria.

Lo difícil de entender, para quien no viva la experiencia de la revolución, es esa estrecha unidad dialéctica existente entre el individuo y la masa, donde ambos se interrelacionan y, a su vez, la masa, como conjunto de individuos, se interrelaciona con los dirigentes.

En el capitalismo se pueden ver algunos fenómenos de este tipo cuando aparecen políticos capaces de lograr la movilización popular, pero si no se trata de un auténtico movimiento social, en cuyo caso no es plenamente lícito hablar de capitalismo, el movimiento vivirá lo que la vida de quien lo impulse o hasta el fin de las ilusiones populares, impuesto por el rigor de la sociedad capitalista. En esta, el hombre está dirigido por un frío ordenamiento que, habitualmente, escapa al dominio de la comprensión. El ejemplar humano, enajenado, tiene un invisible cordón umbilical que le liga a la sociedad en su conjunto: la ley del valor. Ella actúa en todos los aspectos de la vida, va modelando su camino y su destino.

Las leyes del capitalismo, invisibles para el común de las gentes y ciegas, actúan sobre el individuo sin que este se percate. Solo ve la amplitud de un horizonte que aparece infinito. Así lo presenta la propaganda capitalista que pretende extraer del caso Rockefeller —verídico o no—, una lección sobre las posibilidades de éxito. La miseria que es necesario acumular para que surja un ejemplo así y la suma de ruindades que conlleva una fortuna de esa magnitud, no aparecen en el cuadro y no siempre es posible a las fuerzas populares aclarar estos conceptos. (Cabría aquí la disquisición sobre cómo en los países imperialistas los obreros van perdiendo su espíritu internacional de clase al influjo de una cierta complicidad en la explotación de los países dependientes y cómo este hecho, al mismo tiempo, lima el espíritu de lucha de las masas en el propio país, pero ese es un tema que sale de la intención de estas notas.)

De todos modos, se muestra el camino con escollos que aparentemente, un individuo con las cualidades necesarias puede superar para llegar a la meta. El premio se avizora en la lejanía; el camino es solitario. Además, es una carrera de lobos: solamente se puede llegar sobre el fracaso de otros.

Intentaré, ahora, definir al individuo, actor de ese extraño y apasionante drama que es la construcción del socialismo, en su doble existencia de ser único y miembro de la comunidad.

Creo que lo más sencillo es reconocer su cualidad de no hecho, de producto no acabado. Las taras del pasado se trasladan al presente en la conciencia individual y hay que hacer un trabajo continuo para erradicarlas.

El proceso es doble, por un lado actúa la sociedad con su educación directa e indirecta, por otro, el individuo se somete a un proceso consciente de autoeducación.

La nueva sociedad en formación tiene que competir muy duramente con el pasado. Esto se hace sentir no solo en la conciencia individual en la que pesan los residuos de una educación sistemáticamente orientada al aislamiento del individuo, sino también por el carácter mismo de este período de transición con persistencia de las relaciones mercantiles. La mercancía es la célula económica de la sociedad capitalista; mientras exista, sus efectos se harán sentir en la organización de la producción y, por ende, en la conciencia.

En el esquema de Marx se concebía el período de transición como resultado de la transformación explosiva del sistema capitalista destrozado por sus contradicciones; en la realidad posterior se ha visto cómo se desgajan del árbol imperialista algunos países que constituyen ramas débiles, fenómeno previsto por Lenin. En estos, el capitalismo se ha desarrollado lo suficiente como para hacer sentir sus efectos, de un modo u otro, sobre el pueblo, pero no son sus propias contradicciones las que, agotadas todas las posibilidades, hacen saltar el sistema. La lucha de liberación contra un opresor externo, la miseria provocada por accidentes extraños, como la guerra, cuyas consecuencias hacen recaer las clases privilegiadas sobre los explotados, los movimientos de liberación destinados a derrocar regímenes neocoloniales, son los factores habituales de desencadenamiento. La acción consciente hace el resto.

En estos países no se ha producido todavía una educación completa para el trabajo social y la riqueza dista de estar al alcance de las masas mediante el simple proceso de apropiación. El subdesarrollo por un lado y la habitual fuga de capitales hacia países «civilizados» por otro, hacen imposible un cambio rápido y sin sacrificios. Resta un gran tramo a recorrer en la construcción de la base económica y la tentación de seguir los caminos trillados del interés material, como palanca impulsora de un desarrollo acelerado, es muy grande.

Se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque. Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida. Y se arriba allí tras de recorrer una larga distancia en la que los caminos se entrecruzan muchas veces y donde es difícil percibir el momento en que se equivocó la ruta. Entre tanto, la base económica adaptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia. Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo.

De allí que sea tan importante elegir correctamente el instrumento de movilización de las masas. Este instrumento debe ser de índole moral, fundamentalmente, sin olvidar una correcta utilización del estímulo material, sobre todo de naturaleza social.

Como ya dije, en momentos de peligro extremo es fácil potenciar los estímulos morales; para mantener su vigencia, es necesario el desarrollo de una conciencia en la que los valores adquieran categorías nuevas. La sociedad en su conjunto debe convertirse en una gigantesca escuela.

Las grandes líneas del fenómeno son similares al proceso de formación de la conciencia capitalista en su primera época. El capitalismo recurre a la fuerza, pero, además, educa a la gente en el sistema. La propaganda directa se realiza por los encargados de explicar la ineluctabilidad de un régimen de clase, ya sea de origen divino o por imposición de la naturaleza como ente mecánico. Esto aplaca a las masas que se ven oprimidas por un mal contra el cual no es posible la lucha.

A continuación viene la esperanza, y en esto se diferencia de los anteriores regímenes de casta que no daban salida posible.

Para algunos continuará vigente todavía la fórmula de casta: el premio a los obedientes consiste en el arribo, después de la muerte, a otros mundos maravillosos donde los buenos son los premiados, con lo que se sigue la vieja tradición. Para otros, la innovación; la separación en clases es fatal, pero los individuos pueden salir de aquella a que pertenecen mediante el trabajo, la iniciativa, etcétera. Este proceso, y el de autoeducación para el triunfo, deben ser profundamente hipócritas: es la demostración interesada de que una mentira es verdad.

En nuestro caso, la educación directa adquiere una importancia mucho mayor. La explicación es convincente porque es verdadera; no precisa de subterfugios. Se ejerce a través del aparato educativo del Estado en función de la cultura general, técnica e ideológica, por medio de organismos tales como el Ministerio de Educación y el aparto de divulgación del partido. La educación prende en las masas y la nueva actitud preconizada tiende a convertirse en hábito; la masa la va haciendo suya y presiona a quienes no se han educado todavía. Esta es la forma indirecta de educar a las masas, tan poderosa como aquella otra.

Pero el proceso es consciente; el individuo recibe continuamente el impacto del nuevo poder social y percibe que no está completamente adecuado a él. Bajo el influjo de la presión que supone la educación indirecta, trata de acomodarse a una situación que siente justa y cuya propia falta de desarrollo le ha impedido hacerlo hasta ahora. Se autoeduca.

En este período de construcción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. Su imagen no está todavía acabada; no podría estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas. Descontando aquellos cuya falta de educación los hace tender al camino solitario, a la autosatisfacción de sus ambiciones, los hay que aun dentro de este nuevo panorama de marcha conjunta, tienen tendencia a caminar aislados de la masa que acompañan. Lo importante es que los hombres van adquiriendo cada día más conciencia de la necesidad de su incorporación a la sociedad y, al mismo tiempo, de su importancia como motores de la misma.

Ya no marchan completamente solos, por veredas extraviadas, hacia lejanos anhelos. Siguen a su vanguardia, constituida por el partido, por los obreros de avanzada, por los hombres de avanzada que caminan ligados a las masas y en estrecha comunión con ellas. Las vanguardias tienen su vista puesta en el futuro y en su recompensa, pero esta no se vislumbra como algo individual; el premio es la nueva sociedad donde los hombres tendrán características distintas: la sociedad del hombre comunista.

El camino es largo y lleno de dificultades. A veces, por extraviar la ruta, hay que retroceder; otras, por caminar demasiado aprisa, nos separamos de las masas; en ocasiones por hacerlo lentamente, sentimos el aliento cercano de los que nos pisan los talones. En nuestra ambición de revolucionarios, tratamos de caminar tan aprisa como sea posible, abriendo caminos, pero sabemos que tenemos que nutrirnos de la masa y que ésta solo podrá avanzar más rápido si la alentamos con nuestro ejemplo.

A pesar de la importancia dada a los estímulos morales, el hecho de que exista la división en dos grupos principales (excluyendo, claro está, a la fracción minoritaria de los que no participan, por una razón u otra en la construcción del socialismo), indica la relativa falta de desarrollo de la conciencia social. El grupo de vanguardia es ideológicamente más avanzado que la masa; esta conoce los valores nuevos, pero insuficientemente. Mientras en los primeros se produce un cambio cualitativo que le permite ir al sacrificio en su función de avanzada, los segundos sólo ven a medias y deben ser sometidos a estímulos y presiones de cierta intensidad; es la dictadura del proletariado ejerciéndose no sólo sobre la clase derrotada, sino también individualmente, sobre la clase vencedora.

Todo esto entraña, para su éxito total, la necesidad de una serie de mecanismos, las instituciones revolucionarias. En la imagen de las multitudes marchando hacia el futuro, encaja el concepto de institucionalización como el de un conjunto armónico de canales, escalones, represas, aparatos bien aceitados que permitan esa marcha, que permitan la selección natural de los destinados a caminar en la vanguardia y que adjudiquen el premio y el castigo a los que cumplen o atenten contra la sociedad en construcción.

Esta institucionalidad de la Revolución todavía no se ha logrado. Buscamos algo nuevo que permita la perfecta identificación entre el Gobierno y la comunidad en su conjunto, ajustada a las condiciones peculiares de la construcción del socialismo y huyendo al máximo de los lugares comunes de la democracia burguesa, trasplantados a la sociedad en formación (como las cámaras legislativas, por ejemplo). Se han hecho algunas experiencias dedicadas a crear paulatinamente la institucionalización de la Revolución, pero sin demasiada prisa. El freno mayor que hemos tenido ha sido el miedo a que cualquier aspecto formal nos separe de las masas y del individuo, nos haga perder de vista la última y más importante ambición revolucionaria que es ver al hombre liberado de su enajenación.

No obstante la carencia de instituciones, lo que debe superarse gradualmente, ahora las masas hacen la historia como el conjunto consciente de individuos que luchan por una misma causa. El hombre, en el socialismo, a pesar de su aparente estandarización, es más completo; a pesar de la falta del mecanismo perfecto para ello, su posibilidad de expresarse y hacerse sentir en el aparato social es infinitamente mayor.

Todavía es preciso acentuar su participación consciente, individual y colectiva, en todos los mecanismos de dirección y de producción y ligarla a la idea de la necesidad de la educación técnica e ideológica, de manera que sienta cómo estos procesos son estrechamente interdependientes y sus avances son paralelos. Así logrará la total consciencia de su ser social, lo que equivale a su realización plena como criatura humana, rotas todas las cadenas de la enajenación.

Esto se traducirá concretamente en la reapropiación de su naturaleza a través del trabajo liberado y la expresión de su propia condición humana a través de la cultura y el arte.

Para que se desarrolle en la primera, el trabajo debe adquirir una condición nueva; la mercancía-hombre cesa de existir y se instala un sistema que otorga una cuota por el cumplimiento del deber social. Los medios de producción pertenecen a la sociedad y la máquina es sólo la trinchera donde se cumple el deber. El hombre comienza a liberar su pensamiento del hecho enojoso que suponía la necesidad de satisfacer sus necesidades animales mediante el trabajo. Empieza a verse retratado en su obra y a comprender su magnitud humana a través del objeto creado, del trabajo realizado. Esto ya no entraña dejar una parte de su ser en forma de fuerza de trabajo vendida, que no le pertenece más, sino que significa una emanación de sí mismo, un aporte a la vida común en que se refleja; el cumplimiento de su deber social.

Hacemos todo lo posible por darle al trabajo esta nueva categoría de deber social y unirlo al desarrollo de la técnica, por un lado, lo que dará condiciones para una mayor libertad, y al trabajo voluntario por otro, basados en la apreciación marxista de que el hombre realmente alcanza su plena condición humana cuando produce sin la compulsión de la necesidad física de venderse como mercancía.

Claro que todavía hay aspectos coactivos en el trabajo, aún cuando sea necesario; el hombre no ha transformado toda la coerción que lo rodea en reflejo condicionado de naturaleza social y todavía produce, en muchos casos, bajo la presión del medio (compulsión moral, la llama Fidel). Todavía le falta el lograr la completa recreación espiritual ante su propia obra, sin la presión directa del medio social, pero ligado a él por los nuevos hábitos. Esto será el comunismo.

El cambio no se produce automáticamente en la conciencia, como no se produce tampoco en la economía. Las variaciones son lentas y no son rítmicas; hay períodos de aceleración, otros pausados e incluso, de retroceso.

Debemos considerar, además como apuntáramos antes, que no estamos frente al período de transición puro, tal como lo viera Marx en la Crítica del Programa de Gotha, sino de una nueva fase no prevista por él; primer período de transición del comunismo o de la construcción del socialismo. Este transcurre en medio de violentas luchas de clase y con elementos de capitalismo en su seno que oscurecen la comprensión cabal de su esencia.

Si a esto de agrega el escolasticismo que ha frenado el desarrollo de la filosofía marxista e impedido el tratamiento sistemático del período, cuya economía política no se ha desarrollado, debemos convenir en que todavía estamos en pañales y es preciso dedicarse a investigar todas las características primordiales del mismo antes de elaborar una teoría económica y política de mayor alcance.

La teoría que resulte dará indefectiblemente preeminencia a los dos pilares de la construcción: la formación del hombre nuevo y el desarrollo de la técnica. En ambos aspectos nos falta mucho por hacer, pero es menos excusable el atraso en cuanto a la concepción de la técnica como base fundamental, ya que aquí no se trata de avanzar a ciegas sino de seguir durante un buen tramo el camino abierto por los países más adelantados del mundo. Por ello Fidel machaca con tanta insistencia sobre la necesidad de la formación tecnológica y científica de todo nuestro pueblo y más aún, de su vanguardia.

En el campo de las ideas que conducen a actividades no productivas, es más fácil ver la división entre la necesidad material y espiritual. Desde hace mucho tiempo el hombre trata de liberarse de la enajenación mediante la cultura y el arte. Muere diariamente las ocho y más horas en que actúa como mercancía para resucitar en su creación espiritual. pero este remedio porta los gérmenes de la misma enfermedad.: es un ser solitario el que busca comunión con la naturaleza. Defiende su individualidad oprimida por el medio y reacciona ante las ideas estéticas como un ser único cuya aspiración es permanecer inmaculado.

Se trata sólo de un intento de fuga. La ley del valor no es ya un mero reflejo de las relaciones de producción; los capitalistas monopolistas la rodean de un complicado andamiaje que la convierte en una sierva dócil, aún cuando los métodos que emplean sean puramente empíricos. La superestructura impone un tipo de arte en el cual hay que educar a los artistas. Los rebeldes son dominados por la maquinaria y sólo los talentos excepcionales podrán crear su propia obra. Los restantes devienen asalariados vergonzantes o son triturados.

Se inventa la investigación artística a la que se da como definitoria de la libertad, pero esta «investigación» tiene sus límites imperceptibles hasta el momento de chocar con ellos, vale decir, de plantearse los reales problemas del hombre y su enajenación. La angustia sin sentido o el pasatiempo vulgar constituyen válvulas cómodas a la inquietud humana; se combate la idea de hacer del arte un arma de denuncia.

Si se respetan las leyes del juego se consiguen todos los honores; los que podría tener un mono al inventar piruetas. La condición es no tratar de escapar de la jaula invisible.

Cuando la Revolución tomó el poder se produjo el éxodo de los domesticados totales; los demás, revolucionarios o no, vieron un camino nuevo. La investigación artística cobró nuevo impulso. Sin embargo, las rutas estaban más o menos trazadas y el sentido del concepto fuga se escondió tras la palabra libertad. En los propios revolucionarios se mantuvo muchas veces esta actitud, reflejo del idealismo burgués en la conciencia.

En países que pasaron por un proceso similar se pretendió combatir estas tendencias con un dogmatismo exagerado. La cultura general se convirtió casi en un tabú y se proclamó el summum de la aspiración cultural, una representación formalmente exacta de la naturaleza, convirtiéndose ésta, luego, en una representación mecánica de la realidad social que se quería hacer ver; la sociedad ideal, casi sin conflictos ni contradicciones, que se buscaba crear.

El socialismo es joven y tiene errores.

Los revolucionarios carecemos, muchas veces, de los conocimientos y la audacia intelectual necesarias para encarar la tarea del desarrollo de un hombre nuevo por métodos distintos a los convencionales y los métodos convencionales sufren de la influencia de la sociedad que los creó. (Otra vez se plantea el tema de la relación entre forma y contenido.) La desorientación es grande y los problemas de la construcción material nos absorben. No hay artistas de gran autoridad que, a su vez, tengan gran autoridad revolucionaria. Los hombres del Partido deben tomar esa tarea entre las manos y buscar el logro del objetivo principal: educar al pueblo.

Se busca entonces la simplificación, lo que entiende todo el mundo, que es lo que entienden los funcionarios. Se anula la auténtica investigación artística y se reduce al problema de la cultura general a una apropiación del presente socialista y del pasado muerto (por tanto, no peligroso). Así nace el realismo socialista sobre las bases del arte del siglo pasado.

Pero el arte realista del siglo XIX, también es de clase, más puramente capitalista, quizás, que este arte decadente del siglo XX, donde se transparenta la angustia del hombre enajenado. El capitalismo en cultura ha dado todo de sí y no queda de él sino el anuncio de un cadáver maloliente en arte, su decadencia de hoy. Pero, ¿por qué pretender buscar en las formas congeladas del realismo socialista la única receta válida? No se puede oponer al realismo socialista «la libertad», porque ésta no existe todavía, no existirá hasta el completo desarrollo de la sociedad nueva; pero no se pretenda condenar a todas la formas de arte posteriores a la primer mitad del siglo XIX desde el trono pontificio del realismo a ultranza, pues se caería en un error proudhoniano de retorno al pasado, poniéndole camisa de fuerza a la expresión artística del hombre que nace y se construye hoy.

Falta el desarrollo de un mecanismo ideológico cultural que permita la investigación y desbroce la mala hierba, tan fácilmente multiplicable en el terreno abonado de la subvención estatal.

En nuestro país, el error del mecanicismo realista no se ha dado, pero sí otro signo de contrario. Y ha sido por no comprender la necesidad de la creación del hombre nuevo, que no sea el que represente las ideas del siglo XIX, pero tampoco las de nuestro siglo decadente y morboso. El hombre del siglo XXI es el que debemos crear, aunque todavía es una aspiración subjetiva y no sistematizada. Precisamente éste es uno de los puntos fundamentales de nuestro estudio y de nuestro trabajo y en la medida en que logremos éxitos concretos sobre una base teórica o, viceversa, extraigamos conclusiones teóricas de carácter amplio sobre la base de nuestra investigación concreta, habremos hecho un aporte valioso al marxismo-leninismo, a la causa de la humanidad. La reacción contra el hombre del siglo XIX nos ha traído la reincidencia en el decadentismo del siglo XX; no es un error demasiado grave, pero debemos superarlo, so pena de abrir un ancho cauce al revisionismo.

Las grandes multitudes se van desarrollando, las nuevas ideas van alcanzando adecuado ímpetu en el seno de la sociedad, las posibilidades materiales de desarrollo integral de absolutamente todos sus miembros, hacen mucho más fructífera la labor. El presente es de lucha, el futuro es nuestro.

Resumiendo, la culpabilidad de muchos de nuestros intelectuales y artistas reside en su pecado original; no son auténticamente revolucionarios. Podemos intentar injertar el olmo para que dé peras, pero simultáneamente hay que sembrar perales. Las nuevas generaciones vendrán libres del pecado original. Las posibilidades de que surjan artistas excepcionales serán tanto mayores cuanto más se haya ensanchado el campo de la cultura y la posibilidad de expresión. Nuestra tarea consiste en impedir que la generación actual, dislocada por sus conflictos, se pervierta y pervierta a las nuevas. No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni «becarios» que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas. Ya vendrán los revolucionarios que entonen el canto del hombre nuevo con la auténtica voz del pueblo. Es un proceso que requiere tiempo.

En nuestra sociedad, juegan un papel la juventud y el Partido.

Particularmente importante es la primera, por ser la arcilla maleable con que se puede construir al hombre nuevo sin ninguna de las taras anteriores.

Ella recibe un trato acorde con nuestras ambiciones. Su educación es cada vez más completa y no olvidamos su integración al trabajo desde los primeros instantes. Nuestros becarios hacen trabajo físico en sus vacaciones o simultáneamente con el estudio. El trabajo es un premio en ciertos casos, un instrumento de educación, en otros, jamás un castigo. Una nueva generación nace.

El Partido es una organización de vanguardia. Los mejores trabajadores son propuestos por sus compañeros para integrarlo. Este es minoritario pero de gran autoridad por la calidad de sus cuadros. Nuestra aspiración es que el Partido sea de masas, pero cuando las masas hayan alcanzado el nivel de desarrollo de la vanguardia, es decir, cuando estén educados para el comunismo. Y a esa educación va encaminado el trabajo. El Partido es el ejemplo vivo; sus cuadros deben dictar cátedras de laboriosidad y sacrificio, deben llevar, con su acción, a las masas, al fin de la tarea revolucionaria, lo que entraña años de duro bregar contra las dificultades de la construcción, los enemigos de clase, las lacras del pasado, el imperialismo…

Quisiera explicar ahora el papel que juega la personalidad, el hombre como individuo de las masas que hacen la historia. Es nuestra experiencia no una receta.

Fidel dio a la Revolución el impulso en los primeros años, la dirección, la tónica siempre, peros hay un buen grupo de revolucionarios que se desarrollan en el mismo sentido que el dirigente máximo y una gran masa que sigue a sus dirigente porque les tiene fe; y les tiene fe, porque ellos han sabido interpretar sus anhelos.

No se trata de cuántos kilogramos de carne se come o de cuántas veces por año se pueda ir alguien a pasearse en la playa, ni de cuántas bellezas que vienen del exterior puedan comprarse con los salarios actuales. Se trata, precisamente, de que el individuo se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad. El individuo de nuestro país sabe que la época gloriosa que le toca vivir es de sacrificio; conoce el sacrificio. Los primeros lo conocieron en la Sierra Maestra y dondequiera que se luchó; después lo hemos conocido en toda Cuba. Cuba es la vanguardia de América y debe hacer sacrificios porque ocupa el lugar de avanzada, porque indica a las masas de América Latina el camino de la libertad plena.

Dentro del país, los dirigentes tienen que cumplir su papel de vanguardia; y, hay que decirlo con toda sinceridad, en una revolución verdadera a la que se le da todo, de la cual no se espera ninguna retribución material, la tarea del revolucionario de vanguardia es a la vez magnífica y angustiosa.

Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. Quizás sea uno de los grandes dramas del dirigente; éste debe unir a un espíritu apasionado una mente fría y tomar decisiones dolorosas son que se contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más sagradas y hacerlo único, indivisible. No pueden descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común lo ejercita.

Los dirigentes de la Revolución tienen hijos que en sus primeros balbuceos, no aprenden a nombrar al padre; mujeres que deben ser parte del sacrificio general de su vida para llevar la Revolución a su destino; el marco de los amigos responde estrictamente al marco de los compañeros de Revolución. No hay vida fuera de ella.

En esas condiciones, hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad para no caer en extremos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas. Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización.

El revolucionario, motor ideológico de la revolución dentro de su partido, se consume en esa actividad ininterrumpida que no tiene más fin que la muerte, a menos que la construcción se logre en escala mundial. Si su afán de revolucionario se embota cuando las tareas más apremiantes se ven realizadas a escala loca y se olvida el internacionalismo proletario, la revolución que dirige deja de ser una fuerza impulsora y se sume en una cómoda modorra, aprovechada por nuestros enemigos irreconciliables, el imperialismo, que gana terreno. El internacionalismo proletario es un deber pero también es una necesidad revolucionaria. Así educamos a nuestro pueblo.

Claro que hay peligros presentes en las actuales circunstancias. No sólo el del dogmatismo, no sólo el de congelar las relaciones con las masas en medio de la gran tarea; también existe el peligro de las debilidades en que se puede caer. Si un hombre piensa que, para dedicar su vida entera a la revolución, no puede distraer su mente por la preocupación de que a un hijo le falte determinado producto, que los zapatos de los niños estén rotos, que su familia carezca de determinado bien necesario, bajo este razonamiento deja infiltrarse los gérmenes de la futura corrupción.

En nuestro caso, hemos mantenido que nuestros hijos deben tener y carecer de lo que tienen y de lo que carecen los hijos del hombre común; y nuestra familia debe comprenderlo y luchar por ello. La revolución se hace a través del hombre, pero el hombre tiene que forjar día a día su espíritu revolucionario.

Así vamos marchando. A la cabeza de la inmensa columna —no nos avergüenza ni nos intimida decirlo— va Fidel, después, los mejores cuadros del Partido, e inmediatamente, tan cerca que se siente su enorme fuerza, va el pueblo en su conjunto sólida armazón de individualidades que caminan hacia un fin común; individuos que han alcanzado la conciencia de lo que es necesario hacer; hombres que luchan por salir del reino de la necesidad y entrar al de la libertad.

Esa inmensa muchedumbre se ordena; su orden responde a la conciencia de la necesidad del mismo ya no es fuerza dispersa, divisible en miles de fracciones disparadas al espacio como fragmentos de granada, tratando de alcanzar por cualquier medio, en lucha reñida con sus iguales, una posición, algo que permita apoyo frente al futuro incierto.

Sabemos que hay sacrificios delante nuestro y que debemos pagar un precio por el hecho heroico de constituir una vanguardia como nación. Nosotros, dirigentes, sabemos que tenemos que pagar un precio por tener derecho a decir que estamos a la cabeza del pueblo que está a la cabeza de América. Todos y cada uno de nosotros paga puntualmente su cuota de sacrificio, conscientes de recibir el premio en la satisfacción del deber cumplido, conscientes de avanzar con todos hacia el hombre nuevo que se vislumbra en el horizonte.

Permítame intentar unas conclusiones:

Nosotros, socialistas, somos más libres porque somos más plenos; somos más plenos por ser más libres.

El esqueleto de nuestra libertad completa está formado, falta la sustancia proteica y el ropaje; los crearemos.

Nuestra libertad y su sostén cotidiano tienen color de sangre y están henchidos de sacrificio.

Nuestro sacrificio es consciente; cuota para pagar la libertad que construimos.
El camino es largo y desconocido en parte; conocemos nuestras limitaciones. Haremos el hombre del siglo XXI: nosotros mismos.

Nos forjaremos en la acción cotidiana, creando un hombre nuevo con una nueva técnica.

La personalidad juega el papel de movilización y dirección en cuanto que encarna las más altas virtudes y aspiraciones del pueblo y no se separa de la ruta.

Quien abre el camino es el grupo de vanguardia, los mejores entre los buenos, el Partido.

La arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud, en ella depositamos nuestra esperanza y la preparamos para tomar de nuestras manos la bandera.

Si esta carta balbuceante aclara algo, ha cumplido el objetivo con que la mando.

Reciba nuestro saludo ritual, como un apretón de manos o un «Ave María Purísima»:
Patria o muerte.


 * Carlos Quijano, editor del semanario uruguayo, Marcha, quien publica la carta en la edición del 12 de marzo de 1965.

 

2001: Odisea en el Conurbano (El primer libro) // Mariano Pacheco*

“Hoy comienza una nueva etapa”.

No sé si fue esa primera frase, que leí casi por azar al agarrar el libro, o tal vez la luz que irradiaba de la estrella que el hombre lleva en su boina y que ilumina de naranja toda la portada. O quizá la asociación entre ese rostro y el que había visto en casa, del lado de adentro del ropero en donde mi padre guardaba su ropa. Quien sabe. El hecho es que esa primera línea del Diario del Che en Bolivia (fechada el 7 de noviembre de 1966) despertó mi curiosidad, al punto de que ese fue el primer libro que leía a conciencia, es decir, que me compré para leer. Comprar es un modo de decir, ya que en realidad lo tomé prestado, o fue expropiado –como le gusta decir a los anarquistas– una tarde cualquiera del año 1995. En fin: ese fue el primero que me decidí a leer sin necesidad de rendir una prueba del colegio.

Paradójico: ese año que empecé a leer me llevé casi todas las materias. Algunas incluso a marzo, directo, sin previo paso por el turno de exámenes de diciembre. Me llevé, obviamente, francés y matemáticas, pero también geografía y biología, física y química. Hasta gimnasia me llevé, condenado a tener que correr tres vueltas en el Polideportivo de Ezpeleta, y hacer flexiones de brazo, abdominales y otros ejercicios en ese día en el que, excepcionalmente, dejé el cinturón con tachas, la campera de cuero, los chupines y me puse los joguines. Si hasta corrí más que la vez en que los rugbiers nos rodearon y tras plantarnos unos momentos fuimos doblegados en número y fuerza. En fin, hasta literatura me llevé ese año, que junto con historia era de las pocas materias que más o menos podía sobrellevar. En fin, la cosa es que justo ese año en que empecé a leer, repetí segundo año del colegio secundario. Sus consecuencias fueron mi pasaje del turno mañana al turno tarde, y sería el punto de inicio de un camino sin retorno que osciló durante años entre la repetición y el abandono de los estudios formales.

Pero como decía, la lectura de aquel libro fue el inicio, asimismo, de una pasión: caminar por la avenida Corrientes, desde Callao hasta el Obelisco, revolviendo estantes, entrando y saliendo de esas cuevas llenas de libros, de ofertas, de saldos y ejemplares usados, o puestos a la venta como tales sólo por el paso de los años.

¿Literatura infantil? No existió ese término en mis años de infante. Sí recuerdo ojear con atención libros de una colección sobre el desarrollo de los animales, del universo, del hombre. Una colección de libros de tapa dura, una suerte de enciclopedia en varios tomos que había en casa, en un rincón en donde los libros no abundaban pero no dejaban de estar presentes, junto con algunos discos y casetes.

Soy de la generación y el sector social que creció mirando la televisión por aire, que tardó años en saber qué era eso de la televisión “por cable”, que pocas veces asistió al cine y que accedió a la videocasetera en el preciso momento en que lo que menos que uno quería era quedarse en casa viendo una película.

Lo cierto es que aquél libro, catalogado en La Habana en 1988, cambió mi vida en Buenos Aires apenas siete años después de salir de la imprenta. Su lectura me llevó a la lectura podría decir, y desde entonces Guevara pasó a ser un faro ético en mi vida.

¿Qué hacía un chico punk de 15 años, a quien nunca se le dio por leer, con un libro así entre las manos? Nunca se sabe lo que un libro puede. En este caso, fue el puntapié de una nueva etapa: el ingreso a la militancia, y el pasaje de la rebeldía a la asunción de un modo de vida puesta en función de un cambio de situación del mundo.

Nunca se sabe lo que un libro puede. Y no puede saberse tampoco, de ante mano, a donde puede llevarte tu propio cuerpo al vagar por ahí.

*Extracto de un libro en preparación que Lobo suelto! irá publicando en parte, en entregas semanales, de acá fin de año.

Ganó Chocobar // Diego Valeriano

Ganaron los linchamientos y también los que los festejan. Ganó el que atropelló al pibe en un piquete en Esteban Echeverría, ganaron los que silenciosamente justifican el acoso, las que trabajan todos los días, los que se alegran por los pibes muertos. Ganaron las que saben de los privilegios de la clase dirigente, los que están más pobres cada año. Ganó Baby y los que llaman a la radio. Ganaron las que odian todo porque vivir es horrible, porque viajar al laburo es horrible, porque volver es horrible. Ganó el que no puede creer que su vecino cobre el plan sin hacer nada mientras que él se come el garron de la vida cada día. Ganó Chocobar. Ganaron todos los traicionados, las que creyeron y todo siguió igual o peor cada día, los negacionistas. Ganó el gordo de la rotisería que es amigo del jefe de calle, y ganó la vieja que riega la corona de novia desde atrás de las rejas. Ganó, aunque más no sea un premio consuelo, la madre que recibió el llamado de la policía avisando que habían matado a su hijo en una entradera.

Ganaron los anti, las familias enteras que los domingos hablan de viajes y se quejan por el dólar, los que señalan desde el patrullero, y ganó la piba que marcha por el bolsón mientras que los payasos con pechera enloquecen frente a las cámaras. Ganó Pando, y ganó el que tiene que cruzar caminando el puente Pueyrredón cada día que se les ocurre cortar. Ganó Pato que quiere más sangre, y ganó la pobre doña que tiene la esperanza de que ahora sí, de que ahora de una buena vez le saquen el transa de la esquina. Ganaron ellos porque ya ni se puede creer en lo que creemos, porque en tren de justificar lo hacemos sin sentido, porque nuestras ideas no alcanzan, porque idolatramos panelistas verborrágicos creyendo que son dirigentes. Ganaron ellos porque cierta tristeza es para siempre, porque escabiamos para que no duela. Ganaron los que dicen poco, los que escuchan menos, los que piden venganza, los que odian mucho con ese odio que se enseña todos los días y en todos lados.

El plan Globo-Ibope-Moro-Palocci cierra el cerco sobre el PT: comenzó la guerra // Ricardo Kotscho

1 de octubre de 2018

 

Para mi y los lectores que me acompañan en este modesto Balaio, algunos hace más de diez años, nada de lo que aconteció esta noche de lunes fue una sorpresa.

Había escrito tempranamente sobre el escenario político en esta etapa decisiva del primer turno, basado en conversaciones en el fin de semana:

“En las actuales condiciones de tiempo y temperatura, todavía puede pasar todo, si Fernando Haddad continúa subiendo en las encuestas y su victoria se torna inevitable por las reglas de juego actuales. Al final de cuenta, no fue para devolverle el poder al PT que ellos hicieron la Operación Lava Jato, dieron el golpe y encarcelaron a Lula”.

A la tarde, escribí otra columna con este título:

“Haddad, véase en el ejemplo de Lula en 1989: la última semana es guerra”.

Las dos entidades y los dos personajes citados arriba en el título no están ahí reunidos por casualidad:

Ante el fracaso de las candidaturas reformistas de “centro”, el Grupo Globo resolvió apoyar, ante la falta de otra opción más confiable, al capitán retirado Jair Bolsonaro, único candidato con chances de derrotar al PT, el enemigo a ser abatido.

Con Haddad creciendo sin parar y Bolsonaro estacionado o empezando a caer, era necesario actuar rápido. El sábado, la cobertura sesgada y manipulada de las magníficas manifestaciones del movimiento de mujeres del #EleNão por todo Brasil, las más grandes desde las Directas Ya, dándole a estas la misma relevancia que las marchas pro Bolsonaro, fue el primer indicio de que el juego ahora era en serio.

Varias notas sobre Bolsonaro, incluida una entrevista exclusiva en el avión que lo llevó a Río, y las declaraciones de su ex mujer negando todas las acusaciones que había hecho contra él, publicadas por la revista Veja, ocuparon la mayor parte del tiempo del Jornal Nacional.

El lunes estaba prevista la difusión de una nueva encuesta de Ibope.

Fuentes bien informadas ya me aseguraron que Bolsonaro iba a subir en la encuesta y podría hasta ganar en el primer turno.

Creí que era joda, palabrería de seguidor del capitán, pero me equivoqué.

Al final de la tarde, antes del Jornal Nacional, la Globo News ha hecho uso y abuso de una “delación premiada” del ex ministro Antonio Palocci, hecha en abril a la Policía Federal, y liberada por el juez Sérgio Moro recién ahora, a seis días de la elección, después de ser rechazada por el Ministerio Público Federal por falta de pruebas. Las acusaciones de Palocci contra Lula, Dilma y el PT fueron dadas como hecho consumado, tramitado en juzgado [transitado em julgado].

Todo siguió en el guión: el JN abrió con un crecimiento de 4 puntos de Bolsonaro en Ibope, llegando a 31%, y Haddad estacionado en 21%, mientras su rechazo se disparaba a 38% en pocos días, sólo 6 puntos por debajo de Bolsonaro.

Para la segunda vuelta, en la que Haddad llevaba amplia ventaja, fue señalado un empate en 42%.

¿Cómo puede ser que el capitán consiguió subir tanto en el mismo período en que llovieron denuncias contra él y buena parte de Brasil salió a las calles a protestar contra su candidatura?

Los números pueden ser todos verdaderos, basados en métodos científicos, pero es difícil de entender.

A continuación, después de los comerciales, como si estuviese todo planeado desde temprano, empezó el bombardeo contra el PT, envuelto en el paquete entregado por Moro con la delación de Palocci, que William Bonner presentó como la bala de plata tan esperada.

En este punto nada sucede gratuitamente, y sólo tienen derecho a sorprenderse los más jóvenes, que no vivieron la campaña presidencial de 1989, en la primera elección directa para presidente después del golpe de 1964.

En aquella elección, yo era asesor de prensa de Lula. Y cuando ví entrar a la sala donde se acordarían las reglas para el segundo debate, un asesor de Fernando Collor conversando alegremente con Alberico Souza Cruz, director de la Globo, pensé para mí: estamos perdidos.

Por azar, como me dijeron, los dos tomaron el mismo avión de Río a San Pablo.

Las bajezas de Collor en la víspera, involucrando a la familia de Lula, las denuncias que acusaban al PT de ser el autor del secuestro del empresario Abílio Diniz (no se hablaba todavía de Fake News) y la indecente edición del debate decisivo para favorecer a Collor en el Jornal Nacional –todos estos recuerdos me volvieron a la cabeza en la recta final de la campaña de 2018 (ver dos post anteriores).

Es justo reconocer: ellos son profesionales y no juegan cuando trabajan.

Pero cómo podrían imaginar que Lula, preso en una celda solitaria en Curitiba, hace casi seis meses, transformase a Fernando Haddad en el candidato favorito, apenas en dos semanas, como señalaban las encuestas anteriores.

Era necesario torcer este juego que parecía perdido. Y son tantos los intereses en Brasil y afuera que están en juego en este momento, que los electores ni siquiera pueden imaginar.

Incluso quebrado, humillado y vilipendiado, Brasil es todavía un país muy importante en la geopolítica mundial.

“Fuertes emociones todavía nos aguardan”, escribí por la mañana, pero no podía imaginar que fuesen tantas, y tan rápidas.

Son demasiadas emociones y demasiadas informaciones para un viejo reportero que trabaja solo en su casa, y solo tiene un celular y una computadora a mano, para intentar entender y explicar lo que está en juego en este momento.

YA son las 11 de la noche, y mañana va a haber más.

Es la vida que sigue.

 

Traducción y corrección: Igor Péres, Santiago Sburlatti, Andres Bracony

 

TIPNIS. La larga marcha por nuestra dignidad[1] // Silvia Rivera Cusicanqui (Colectivx Ch’ixi, Chukiyawu)

Resumen

Este artículo, a través de la táctica de testimoniar, recordar y releer, tiene la intención de estimular la memoria de quienes lo lean sobre lo ocurrido en las dos últimas marchas del TIPNIS y en la resistencia a la extemporánea consulta del 2012-2013. Plantea que la “crisis de Chaparina” fue un “momento constitutivo” de la conciencia política contemporánea y analiza sus implicaciones para la comprensión de la “trama oculta” del poder en Bolivia. Lejos de agotarse en un breve chispazo de tiempo, la crisis desatada en el TIPJNIS se desenvuelve y se despliega, implacable, hasta nuestros días.

¿Cómo contar una historia (re)vivida?

Lo primero que la colonialidad nos roba es el espejo de la memoria

Rita Segato[2]

            La octava marcha del TIPNIS comenzó en Trinidad el 15 de agosto de 2011, y en todo el transcurso del primer mes no había llegado ni a la mitad del camino, debido al sistemático acoso orquestado por el gobierno a través de alcaldías y grupos de choque afines, desde San Ignacio hacia el sur-occidente. El bloqueo de Yucumo, iniciado a fines de ese mes por cocaleros y colonizadores para impedir su paso, fue el pretexto para la presencia policial, que el gobierno justificó como acción disuasiva de los choques que podrían ocurrir entre indígenas y colonos (azuzados, éstos, por el propio gobierno). La intención represiva era evidente. Al llegar a la localidad de San Lorenzo de Chaparina, cuando las familias de caminantes se hallaban descansando en su campamento, sufrieron el sorpresivo ataque de centenares de policías, que gasificaron, golpearon y amarraron a las y los marchistas, provocando la dispersión de las familias y la desaparición de varixs niñxs. La gente detenida y amordazada fue subida a empujones en cuatro autobuses que partieron hacia Rurrenabaque, en cuya pista de aterrizaje los esperaba un avión de la Fuerza Aérea y se anunciaba la llegada de otros dos.

N.C., marchista tsimane:

“Habíamos ido a traer agua. Cuando llegamos, los policías ya habían tumbado [el campamento] cercano al camino. Entonces tomé a una de mis hijas y corrí al monte. Pero regresé porque mi otra hija no aparecía. (…) Luego gritaron: ¡Rápido, a recoger sus pilchas! y nos ordenaron rápidamente subir a los buses. Lo que más me preocupaba era mi hijita. Estuve preguntando a todos por ella”.

Entre tanto, su esposo F.C., había logrado huir a San Borja con sus otros hijos:

“Estaba en la guardia indígena pero no quise disparar mis flechas. Dios no me dejó porque yo no quería cargar en mi corazón con semejante mal. Me interné en el monte con dos de mis hijos y a mi mujer se la llevaron a Rurre. En la noche llegué a San Borja. En San Borja estaba con mi pequeña de un año. La niña no me dejó dormir dos noches, lloraba toda la noche porque extrañaba a su madre. Mi hija ha quedado muy enferma desde la intervención”[3]

La intención de este trabajo es provocar un flashazo de memoria en quienes lo lean, usando la táctica de testimoniar, recordar, releer y exponer los aspectos salientes de la experiencia vivida durante ese “momento constitutivo” de nuestra conciencia política, que aquí he llamado “la crisis de Chaparina”. Lejos de agotarse en un breve chispazo de tiempo, esta crisis se desenvuelve y se despliega, implacable, hasta nuestros días. Los hechos que hemos seguido atestiguando, las conversaciones con participantes directos, en fin, las lecturas y averiguaciones por Internet, me han permitido reconstruir a grandes rasgos lo acontecido antes y después de ese 25 de septiembre, para comprender cómo es que el gobierno intentó negar, desconocer y silenciar a esas comunidades en lucha, y adormecer a la conciencia pública con su política de olvido. Casi seis años más tarde, el 13 de agosto del 2017 fuimos testigos del bochornoso acto de promulgación de la Ley 969. En un escenario deportivo a puerta cerrada –que la gente trinitaria apoda el “platillo volador”– se dieron encuentro políticos, futbolistas, ganaderos, transportistas, cocaleros e “indígenas” bailando de macheteros, que me recordaron a los peones apatronados de las antiguas haciendas[4]. Vimos ese espectáculo por televisión desde la vigilia que la Subcentral del TIPNIS había instalado en la plaza principal. Ancianos y ancianas de la primera marcha, indignados de la octava y la novena, gente joven y adulta, niñas y niños, junto a colectivos llegados de La Paz y Cochabamba nos abrazamos y rompimos en llanto; la destrucción cultural y ambiental que esta medida iría a provocar nos pareció inminente. La ley 969 habilita la construcción del controvertido Tramo II de la carretera San Ignacio-Villa Tunari, que atravesará el núcleo del área protegida, de alta biodiversidad y escasa población. Como se sabe, en el llamado Polígono 7 se viene dando desde hace décadas una fuerte presión mercantil y parcelaria por parte de la población cocalera del Chapare, cuna política del MAS y del propio Evo Morales. El entonces (sólo) dirigente sindical, consiguió en 1990 la legalización de los asentamientos cocaleros en el territorio de la TCO (Tierra Comunitaria de Origen), y a pesar de haberse trazado una “línea roja” de contención, desde entonces la economía de la coca ilegal continúa ingresando al área protegida con cada vez mayor agresividad y respaldo estatal.

El TIPNIS como qhananchawi 

Lo más problemático es llegar a destino

Rita Segato

Vista retrospectivamente, la crisis tuvo un efecto de horror, pero también encendió la chispa de un develamiento[5], y esto me invita a una breve mirada autocrítica. Para cuando el MAS llegó al gobierno en 2006, los discursos colonialistas de los siglos pasados en torno a la cuestión indígena se habían remozado notablemente, incluso con la inadvertida contribución nuestra[6]. El katarismo de los años 80, los populismos de CONDEPA y Max Fernández, la renovada etnografía e historiografía que se iba posicionando en el espacio público desde la caída del muro de Berlín, crearon las condiciones para que un equipo de intermediarios mestizos de la vieja izquierda, con creciente visibilidad mediática, pudiera negociar los conocimiento adquiridos en vastas bibliotecas y foros académicos. ¿Cuál era la meta de esos varoncitos de avanzada? Capitalizar la efervescencia indígena popular de los primeros años de este siglo, conocer a esas multitudes para aprender a manejarlas; usurpar la plusvalía simbólica creada en siglos de producción y reproducción cultural, para mantener a los pueblos indígenas en condición de “minoría”, encasillada su diversidad en 36 “naciones”, hoy expatriadas, cercadas y acosadas. ¡Qué atrevidos esos jóvenes, ya tan maduros en las lides del poder!

Nosotras, tan enceguecidas por el entusiasmo de las multitudes como lo estuvimos al recibir la marcha del TIPNIS en octubre del 2011, no dudamos en apostar por la esperanza. Estábamos enamoradas de esa gente de a pie entre cuyo calor y color circulamos durante las movilizaciones de los primeros años del milenio. Ellas y ellos nos enseñaron día a día otras formas de hacer política. Esa ilusión duró hasta que la Asamblea Constituyente comenzó a hacer aguas por las maniobras de toda esa gente. La polarización de esos días entre la derecha oligárquica de la “media luna” y las multicolores representaciones MASistas (además de un reducido número de indígenas elegidos por sus organizaciones) nos dieron una señal equivocada. Unos años más tarde, el pacto del MAS con esas oligarquías depredadoras se sellará sin reparos. ¿Para qué entonces la estrategia confrontacional del 2007 en Sucre? Recién hoy podemos decirlo: para marear la perdiz.

Sin embargo, durante esos años de penumbra, yo quise aportar con alguna parcela, así sea chiquitita, de “descolonización del estado”, a través de una asesoría ad-honorem, primero a los diputados yungueños (2002-2005) y en 2006 al Viceministro de la Coca, el afroyungueño Félix Barra, en torno a los usos legales y legítimos de la hoja de coca[7]. Luego del fiasco del anuncio de “despenalización de la hoja de coca” en mayo del 2009[8] que sólo consistió en hurgar el avispero del artículo 25 de la convención de 1961, me retiré de la escena estatal con el fin de detenerme a pensar qué nos había pasado. El trabajo que presento es resultado de esa elaboración, y aprovecho aquí para llamar la atención sobre la única contribución que creo haber hecho al vivir bien y al pachakuti (mal rebautizado como “proceso de cambio”). Pienso que esa contribución consiste en hacer devenir el pachakuti, en silencio y por debajo del radar, a través de acciones senti-pensantes, alejadas de hábitos librescos y discusiones de café. El disfraz pachakutense que se le ha dado al “proceso de cambio” ya no puede tapar las huellas de su traición. El rey está desnudo. De eso me di cuenta en Chaparina.

Creo que mi desafiliación temprana de la política estatal me permitió asumir con serenidad la grave disyuntiva que me puso enfrente la octava marcha del TIPNIS. Tomé partido por las comunidades indígenas moxeñas, yuracarés y tsimanes, y me opuse al proyecto cocalero de la carretera con la que se seguirá destruyendo al bosque y a la gente. Tomar partido no es pasarse de un lado al otro. Es buscar un “entre” que me permita una comprensión no lineal de la historia que se disputa en el TIPNIS, donde también sale a la escena el tema de la coca. Y por eso, en mí y en mucha otra gente, comenzó una deriva hacia otro lugar desde el cual enunciar el pensamiento y ejercer la voluntad o el deseo de la acción. Veamos los hechos.

El TIPNIS alberga un vital ciclo histórico para las comunidades moxeñas, que desde Trinidad, San Ignacio y otras reducciones misionales emprendieron la búsqueda de la Loma Santa. En su libro De la Loma Santa a la Marcha Indígena por el Territorio y la Dignidad (1992), Zulema Lehm relata cómo las y los buscadores de esa tierra sin mal estaban recuperando sus áreas de caza y pesca del período pre-reduccional, internándose en lo más profundo de la selva. El territorio del área nuclear del TIPNIS fue precisamente ese espacio, libre de la intrusión y el acoso de los karayanas. Diez años después, Zulema Lehm y su equipo mostraron cómo en este proceso se formaron comunidades interétnicas a través de matrimonios mixtos, que permitieron a la gente moxeña aprender conocimientos vitales de los otros pueblos indígenas, para vivir sin penurias en los ríos y bosques de ese parque nacional. El último “brote mesiánico” (1984) fue conducido por una niña de 14 años, que a través de sueños y profecías les condujo hacia las áreas que hoy ocupan varias comunidades del TIPNIS (Lehm 1992, Lehm et al., 2002).

Lo interesante de estos dos libros es que, al leerlos juntos, nos permiten vislumbrar a la vez las fortalezas y las debilidades de esas comunidades y el modo en que, ante el creciente acoso karayana, ellas se dotaron de liderazgos capaces de interpelar, en castellano y con lenguajes modernos, al estado y a la sociedad entera con una idea central: Territorio y Dignidad. Desde entonces, la defensa de los bosques del oriente y el derecho a vivir en ellos libremente, gozando a la vez de reconocimiento estatal y ciudadanía[9], han sido la columna vertebral de las 9 marchas indígenas de tierras bajas que llegaron –o intentaron llegar– a la sede del poder[10]. Esto indica que la presión maderera, ganadera, mafiosa y agroindustrial no ha cesado y, como veremos, a ellas se añade hoy la presión estatal, cuya finalidad no es otra que la de cumplir con delirantes “iniciativas de integración regional” a escala sudamericana.

Lo enorme de la amenaza no quita lo pequeño, lo profundamente menor y significativa que es la población habitante y conocedora de esos ecosistemas, gente de los bosques, hablante de las lenguas moxeña, tsimane y tawuibo. Las comunidades multiétnicas del TIPNIS estuvieron entre las más activas y persistentes de las nueve marchas, por la magnitud de la invasión que se les venía encima. En medio de la confrontación de Evo Morales con los políticos de la Media Luna, se abre en 2008 un grave “momento de peligro” para esas comunidades, a raíz de la firma de los primeros convenios con Brasil para la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos[11]. El Tramo II de esa carretera, de apenas 75 km, cruzaría por el centro del parque, lugar sagrado que se extiende entre los ríos Isiboro, Ichoa y Sécure. Pese a la propaganda estatal, sólo unas pocas de las 64 comunidades que allí habitan, podrían esa costosa obra como vía de comunicación.

Estas constataciones se han ido abriendo paso en la conciencia pública y en la investigación académica durante las últimas décadas. Me he nutrido de ellas para escribir este trabajo, pero sobre todo he revivido los días de tensión y angustia colectiva que rodearon a la octava marcha. Recordé la rabia y la impotencia que sentimos; el rayo de indignación que electrizó a la gente al ver las imágenes de Chaparina, capturadas por comunicadoras indígenas y gente amiga/solidaria. En el transcurso del mes siguiente, una vez repuesta la salud de los marchistas y reorganizada la marcha, se le unió una delegación del CONAMAQ y varios grupos solidarios[12]. A su llegada, el 19 de octubre, fui testigo del ingreso a La Paz de esas inmensas columnas de marchistas, pude percibir su fatiga y alegría, su orden y su música, lo que me hizo ver una de las caras de la medalla, la más diáfana y luminosa. La luz (qhana) que significó el qhananchawi del TIPNIS (siendo la crisis de Chaparina su rayo anunciador) me ha ayudado ubicarme en un punto de mira por debajo del radar oficial, y a diseñar una táctica de comprensión de los hechos basada en el relato, testimonial y reflexivo, de la cotidianidad y de los momentos claves de esa crisis: las marchas, vigilias, conflictos y disputas en el territorio, donde también pude vislumbrar, a partir de sus huellas, lo que ha estado ocurriendo entre pasillos y cónclaves secretos, en el curso de los años del gobierno “indígena” de Evo Morales. .

El 19 de octubre del 2011 vivimos la conciencia compartida de que la protección al TIPNIS y el respeto a las formas de vida de sus habitantes eran posibles y habían sufrido sólo un bloqueo circunstancial. Jubilosas y esperanzadas, las multitudes caminantes nos mostraron la enormidad de las cuestiones en juego. El pasado inmediato aparecía también, como una nube oscura en el horizonte: los conflictos entre tierras altas y tierras bajas, el papel de los intereses estatales y regionales, las escaramuzas intestinas de los liderazgos… Pero en esos momentos, la luminosidad de la marcha entrando en La Paz, donde se conjugaban las nieves del Illimani con las plumas de aves amazónicas, era demasiado intensa como para preocuparnos por ello.

Después de los actos en una plaza San Francisco atestada de gente, volvimos a la vigilia, y estuvimos pendientes de lo que ocurría en los palacios y en las altas esferas del poder. En esos espacios a puerta cerrada, donde el gobierno negó el ingreso al equipo técnico de la CIDOB y del TIPNIS, se sucedieron complejas madejas discursivas, hasta que nos enteramos de que el gobierno había logrado marear la perdiz de los demandantes, introduciendo un término de doble filo: la “intangibilidad”[13].

¿Cómo es que este revés se habría hecho visible en Chaparina? Recordemos el fracaso del operativo militar que se había montado para liquidar la marcha, producto de la reacción en cadena de la población indígena y mestiza de San Borja y Rurrenabaque. Ellas y ellos rodearon a los buses, liberaron a lxs marchistas y se tomaron la pista para impedir el arribo de los aviones de la Fuerza Aérea. Con la llegada de la marcha a La Paz, esa articulación rural-urbana y mestiza-ch’ixi-indígena se había extendido hasta ocupar el centro del escenario político nacional. Se había (re)constituido un jiwasa, un nosotros inclusivo en primera persona.

La cualidad efímera e intensa de esas vivencias se trastocó en asombro e indignación al desplegarse rápidamente la estrategia contrainsurgente del gobierno, hilvanada con acciones prebendales, divisionismo y operativos de infiltración e inteligencia. A raíz del fiasco en Chaparina, las fuerzas militares y policiales no quisieron ponerse demasiado en evidencia, y el think tank estatal se las arregló para cubrirles las espaldas. Que fuesen otros indios y organizaciones afines las que orquestaran la agresión entre hermanos (¿la ch’ampa guerra del proceso de cambio?[14]). Ellos serían los más indicados para enseñarles la lección del desarrollo a las “salvajes” mujeres y hombres del TIPNIS[15]. En eso, se sucedieron vertiginosamente la marcha del CONISUR (diciembre 2011), la promulgación de la “Ley de Consulta” 222 (febrero 2012) y la Novena Marcha indígena (mayo-julio 2012), que terminó doblemente deshecha, por agua y golpes, sin que el gobierno se dignara a recibir a sus voceros ni a escuchar sus demandas. A partir de ese momento, todo lo que supe por los medios y en conversaciones con participantes directos, me hizo entender que la militarización del parque ya estaba en curso. Y este riesgo envuelve hoy lo más vital del oriente boliviano.

La reflexión política que estos hechos exigen nos muestra las implicaciones que tiene, hoy mismo y para el futuro, la masiva desforestación y devastación ambiental y social en curso. Esta amenaza está tomando proporciones gigantescas y sus efectos ya se han hecho sentir en las tierras altas, con la sequía del 2016 y los desórdenes climáticos que vivimos día a día. Pero en el TIPNIS, al igual que en Takovo Mora y otras TCOs, las comunidades viven también un proceso etnocida: la destrucción de los tejidos comunitarios, la incursión prebendal, la corrupción y el señuelo del consumo, van de la mano con la ocupación armada y la emigración forzada de la población. Violencias de todo tipo nos muestran cómo caen en saco roto las palabras y cómo se suceden los crímenes contra la madre tierra y el desmantelamiento ético-político del Estado Plurinacional. Esta situación, típicamente colonial, afecta la trama misma de nuestra vida en común.

 ¿Qué nos depara el futuro? ¿Un destino de conformismo frente a la sordera estatal, la ceguera política, la crisis moral y la extinción de las más vitales luchas por la salud del planeta y de sus portadorxs? ¿Un acto de resistencia heroico y desesperado? Quizás lo que se viene sea algo menos dramático: retomar el camino, proseguir la larga marcha por nuestra dignidad, reunir energías desde la derrota para reactualizarnos como personas y como colectividades. Al igual que los bosques que albergan a esas hermanas y hermanos, en lucha por seguir existiendo junto a los ríos y a múltiples especies de plantas y animales, queremos expresar un deseo: que nuestrxs hijxs y nietxs puedan respirar todavía el aire y la humedad que vendrá de la transpiración de ese incalculable número de seres vivxs, interconectados en relación eco-simbiótica. Y también el deseo ferviente de que las comunidades y familias moxeñas, yuracarés, tsimanes, guaraníes, tacanas… y centenares más, habitantes y cuidadoras de las selvas tropicales del subcontinente, beban el agua límpida de sus ríos, extraigan alimentos y medicinas de esos territorios, y gocen de la libertad y la justicia a que tienen derecho como seres humanos y como pueblos ancestrales, cuya existencia es muy anterior a las repúblicas y estados coloniales. Esta memoria futuro/pasado (qhipnayra) sugiere, en el presente, la imagen de una moneda de dos caras.

Anverso. Violencias a la vista, o Chaparina en carne viva

La impunidad se exhibe como espectáculo. Es un mensaje de supremacía que se manda con extrema crueldad y arbitrio

Rita Segato

Voy a acercar el lente a la experiencia vivida por mujeres, niñas y niños durante la octava marcha, al caer en la emboscada policial aquel 25 de septiembre. Allí, las fuerzas represivas intentaron convertir a las personas en entes sumisos y descartables, merecedores de castigo preventivo y silenciamiento colonial. Durante y después de la crisis ellas y ellos se arrancaron la mordaza y tomaron la palabra para expresar su desconcierto, su dolor y su negativa a seguir soportando tales brutalidades y mentiras.

L.M.S., comunicadora indígena[16]:

“Nos estábamos bañando, cuando un compañero llega: ´Ya están entrando los policías´. Y nosotras no les creíamos, porque ¡cómo! el gobierno al que apoyamos, por el que luchamos, que era supuestamente un gobierno indígena, cómo nos iba a mandar a hacer eso a nosotros”.

N.M.V., comunaria de base:

“Cuando miramos atrás venían los pacos, ellos bregando para pasar (…) nos hemos largado, así, a un arroyo. ‘Yo no sé nadar’, le digo yo a ella. Ella me dice ‘!No importa, lárgate, nos van a agarrar los policías¡’ (…) Me largué, y ya al otro lado, como se dice, me enterré en el barro y no podía salir. Ya la compañera estaba arriba y yo le grito ‘No me dejes’ y ya ella se regresa y me jala y de ahí otra vez nos fuimos. Ya cerca del campamento yo veía que venía la policía, porque la verdad, estábamos rodeados de pacos. Entonces nos largamos al monte. Estábamos enteritas embarradas, y el gas espeso, estábamos fatigadas”

Y.M.M., comunaria de base:

“Yo no podía creer que nos ataquen (…) Todo el mundo corrió, y estaban largando gases lacrimógenos, así, con unas como ametralladoras. Yo corrí, quise pasar el alambre y no pude: me agarraron, vino un policía y me agarró. Yo luché, sí, harto para poder defenderme ¿no?, para poder escapar. Porque ni siquiera intentamos flechearlos, esas cosas (…) Me caí boca abajo y me pisaron. Me preguntaban si yo era dirigente, que dónde estaban los otros dirigentes (…) Gracias a Dios, de lo que yo lloraba, no podía limpiarme mi ojo ni mi nariz (gesto con la mano en el rostro), y entonces se aflojó ya el masking que me habían puesto en la boca[17] (…), lo poquito que podía respirar, respiraba. Y más, yo amarrada, impotente…”

M.C.T., comunaria de base:

“Subiendo del barranco me agarraron tres policías, ojalá haya sido uno, pero eran tres, y yo una persona. Y me preguntaron que yo qué hacía en la marcha con mis tres hijos, y por qué no estaba en mi casa tranquila (…) y me preguntaron que quién nos pagaba a nosotros y yo le dije que no estamos recibiendo ni un solo centavo, que estamos peleando por nuestro territorio (…) Sería que no le gustaron lo que les dije y ahí fue que me empujaron, no sé si me habrán dado con su tolete, por los nervios. Justo con mi hijo caí de una tabla…”.

La determinación, la valentía y serenidad de esas mujeres y niñxs indígenas, que acababan de pasar por tan terrible experiencia, nos movieron, pues, el piso y la conciencia. Me había sumado desde el principio a la vigilia convocada por las Mama T’allas del CONAMAQ en la plaza San Francisco, que se llenaba día a día, y en ese escenario recibimos a mujeres y ancianos delegadxs por lxs marchistas, también a unos heridos de Chaparina y posteriormente a la gente del CONAMAQ, que llegó caminando desde Eucaliptus. Al recibir esas multitudes llenas de polvo y cansancio, me he sentido urbandina, he vivido la esperanza y el fervor de escolares, adolescentes, mujeres mayores y grupos de lo más heterogéneos que rodeaban con amor a lxs caminantes, especialmente a lxs más viejxs, a las mujeres y a lxs niñxs.

Reverso. La trama invisible de la violencia

El primer predicado del poder son los pactos secretos. El poder no puede ser observado. Sólo se lo conoce por epifenómenos ocultos y al mismo tiempo exhibicionistas

Rita Segato

Los acontecimientos de la octava marcha fueron percibidos con intensidad a través de diversos medios de comunicación masiva. Chaparina fue el más impactante de todos. El despliegue verbal que le sucedió revela una combinación de ocultamiento y exhibición, cuyos entretelones sólo se aclararán con el tiempo. No cabe la menor duda de que se trató de un operativo estatal tramado desde las esferas más altas del poder civil-militar. Como es de conocimiento público, sus principales responsables fueron el exministro de la presidencia Juan Ramón Quintana, el exministro de gobierno Sacha Llorenti, y el Vicepresidente Álvaro García Linera, que se encargaron de cubrir las espaldas a Evo Morales, anunciando severas investigaciones que jamás se realizarían. En un alarde de cinismo, el presidente llegó incluso a defenderlos y a recompensarlos por su actuación[18].

Un día después de Chaparina, el ministro Sacha[19] Llorenti, declaraba con voz monótona y dubitativa, bajando la mirada a algún papel que tendría en las manos (la toma era en plano medio corto):

“En caso de que se hubiera cometido algún abuso al margen de lo que establece… eh… la autoridad competente, entonces, por supuesto esos abusos tendrán que ser individualizados, procesados, de acuerdo a nuestro ordenamiento jurídico”.

Ese día el presidente, con gesto compungido, se veía más bien apenado y molesto, todo lo contrario de la fingida tranquilidad del Sacha. Evo acezaba al hablar y sus largos e incómodos silencios dicen tanto como sus palabras.

“Repudiamos los excesos… no comparto…, no compartimos… Una … violencia, un exceso, un abuso hacia los hermanos indígenas que estaban en la marcha”.[20]

Es significativo el lapsus de Morales cuando usa la primera persona del singular y luego se corrige con el plural “no compartimos”[21]. Seguramente, sus ejecutores le dirían que la operación iba a ser rápida, eficaz y sin escándalo. De ahí que su voz sonase cargada de culpa y de vergüenza, pues debía exonerar a todo su aparato político de la responsabilidad por la represión desatada (o por el fracaso de la misma). La reacción masiva de la población en apoyo a la gente de la marcha indígena había descolocado todo el plan. La brutal golpiza tuvo que justificarse ante una opinión pública soliviantada por la indignación.

En cuanto al comandante de la Fuerza Aérea, Gral. Tito Gandarillas, verdadero artífice de la frustrada incursión, nunca se lo vio en la escena de los hechos: los aviones bajo su mando tuvieron que retornar a la base sin lograr su cometido. A fines del 2011, cuando las cosas se habían calmado y el gobierno había reorganizado su estrategia, fue ascendido a Comandante General de las FFAA. ¿Por qué los poderes públicos desoyeron las protestas de las y los indígenas violentados en Chaparina? Al parecer, el general se había inculpado a sí mismo de tomar la decisión y “romper la cadena de mando”. Aunque ya en la cima del poder militar Gandarillas fuese misteriosamente destituido, en el caso Chaparina, el informe defensorial del 2012 es sugerente: “el comandante general de la Fuerza Aérea Boliviana (…) dispuso de bienes del Estado como aeronaves, combustible, además de personal para el traslado de los marchistas detenidos ilegalmente», agregando que  el general “puede tratar de encubrir su accionar buscando términos como supuestos vuelos solidarios que tendrían por objeto prestar ayuda humanitaria trasladando detenidos”[22].

En el momento de promulgar la Ley 180 de Protección del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS), el 24 de octubre, la vergüenza de Evo Morales ante las cámaras se había transformado en rabia y mal humor. Severa y segura de sí misma, en cambio, fue su actitud, apenas cinco meses más tarde, cuando anunció la promulgación de la Ley 222, después de que arribara a La Paz, sin pena ni gloria, la bizarra marcha de los “indígenas” del CONISUR, encabezadas por el cocalero Gumersindo Pradel[23]. Ahí nos dimos cuenta de que los artificios de neutralización al movimiento indígena de tierras bajas habían cambiado de orientación táctica.

El testimonio de Canela Rojas, activista vinculada por muchos años al CONAMAQ, narra cómo la decisión de este organismo de sumarse a la Octava Marcha dio lugar a un acalorado debate interno, donde ya se mostraron fisuras alentadas por el gobierno, que se consumarán con la intervención de enero de 2014.

  1. Fue una discusión muy fuerte a nivel de CONAMAQ, porque ya había un sector disidente, un sector politizado. Ahí estaba por ejemplo el HM – que ahora encabeza el CONAMAQ trucho[24] – y había también uno de los afros que es manejado por el gobierno brutalmente, y un señor de Chichas que nunca tomó relevancia, pero que también era de ese lado. Y ellos decían “No, eso es político, es una marcha política”. Y ahí se impusieron realmente TR y el TB –aunque les costó una severa amonestación por parte de la dirigencia– porque ellos dijeron ‘Nuestra comisión es de Medio Ambiente y tenemos que apoyar la Marcha’. No fue una decisión unánime, porque tú esperas del CONAMAQ que la decisión sea unánime, y eso puede tardar meses[25]. Ahí ellos dijeron que desde la Comisión de Medio Ambiente habían decidido apoyar a la marcha. Y precisamente los primeros en ir [unirse a la marcha] fueron TR y el TB (…) A ellos, y sobre todo a TJ la gente del oriente los quiere mucho, porque han estado sin salir, militantemente, han apoyado en todo, han hecho todo lo que es interculturalidad: aprender a vivir con ellos, de esas otras maneras, ¿no? En la marcha, ellos con sus ponchos, ¡imagínate!

SRC. ¿Y las mujeres?

  1. Como respuesta a eso, la hermana A, la hermana C y la hermana TL dijeron: ‘Desde las Mama T´allas tenemos que impulsar esto’, y ahí decidieron convocar a la vigilia, eso fue el 21 de agosto.

La noche que me incorporé a la vigilia (22 de agosto) dormimos a la intemperie 30 mujeres y 2 varones. Más adelante, cuando llegó la marcha del CONAMAQ y ya se habían instalado carpas y colchones de múltiples colectivas y colectivos urbanos, el número había crecido notablemente. Para recibir a lxs marchistas de tierras altas se improvisó un acto discursivo, y ahí lxs oradorxs fueron 15 varones y 2 mujeres. Esto revela la configuración política “normal” de las organizaciones sociales en Bolivia, al menos desde la época del MNR. Pero además, uno de los varones que estuvo en la noche más difícil, era posiblemente un infiltrado, porque entrevistó a las principales dirigentes de las Mama T’allas y después no lo volvimos a ver. Canela nos cuenta otros entretelones de lo ocurrido en la vigilia.

  1. Pero en la vigilia, aquí, ha sido una cosa bastante complicada, también por la intervención de las técnicas, me atrevo a decir (…) Lo central de la vigilia, la idea de la vigilia, era recoger ropa y alimentos para mandar a la marcha. Eso fue muy complicado, porque las hermanas de aquí también tienen sus carencias y necesidades (…) Y algo que casi nadie sabe, habían infiltradas en la marcha, y entre las infiltradas estaba esta chica, la MR, que se hizo enamorada del Dirigente (D). Ella apareció de algún lugar y se enganchó con él. Esto casi no se sabe. Es decir, todos lo sabemos, pero es una cosa que no ha sido trabajada. Y ella comenzó a manejar todo: ‘A mí el D me ha encargado…’ Y había todo un enojo de las hermanas, porque claro, la esposa de él estaba ahí, y él entre gil y mil andaba con ella por ahí (…) Y esta chica debió de ser infiltrada por el gobierno, porque… Eso fue antes de Chaparina, pero ya se sabía que iba a haber la intervención a la marcha [y ella se comunicaba con D desde la vigilia]. Y dos días antes de llegar la marcha, esa chica dice ‘Bueno, nosotros vamos a levantar la vigilia, porque ¡esto no puede ser, aquí no hay orden, con el CONAMAQ no se puede coordinar¡’ (…) Llegó a decir: ‘ellas se llevan las mejores cosas, y nos dejan la basura’. Esa fue la discusión que ella promovió y ella incentivó. Después de ver, a la larga, yo me di cuenta de que era una cosa manipulada. Y así fue como ella pudo agarrar, como si fueran sus dirigentes, sus changos, a los hermanos del TIPNIS en la vigilia, a don S y a otro viejito que no me acuerdo su nombre, trajo yutes, les dijo ‘!Pongan sus cosas¡’, trajo un taxi y se los llevó. Poca gente se dio cuenta de eso. Y dejó solamente a la gente del CONAMAQ (…). Esta ruptura [con la Subcentral del TIPNIS] fue un día antes de la llegada de la marcha, una ruptura brutal, porque ella dijo ‘El D me ha dicho [que hay que hacer] esto’, y tal (…) Lo que quiero que me entiendas es cómo esta muchacha estuvo en todo el proceso y para mí fue la que logró desbaratar las cosas desde adentro (…)

SRC. ¿Y de dónde salió esta MR?

  1. Había sido bióloga, o bioquímica, y era profesora de la universidad. Y nadie sabe cómo se metió a la marcha. Nadie sabe cómo fue el contacto, solamente apareció. Nunca se vinculó con ninguno de los colectivos ni nada, pero ella daba las órdenes. Daba las órdenes y los hermanos le hacían caso, porque era la persona de confianza del D (…) Después de que eso pasó, el cuento es que ella terminó enganchada [en relación sentimental] con el abogado. Y ahí se peleó él con el D. Es una cosa de terror, pero para mí es interesante, en la lógica de lo que estamos hablando, [saber] cómo se manejan estas cosas (…) ¿Y sabes dónde terminó ella, dónde está trabajando ahora? (…) En el gobierno. Terminó con el abogado también y entró a trabajar al gobierno; ya está tres años[26].

            Al transcribir el largo diálogo que sostuve con Canela, he querido explorar la cara oscura de la crisis de Chaparina. Ella viene de una familia agricultora qhichwa hablante de Chichas, y además de maestra, es tejedora. También conversé largamente con Juan Isuna, naturista de casi 60 años que seguramente fue de izquierda y renegó de su familia desde la juventud. A raíz de Chaparina, decidió incorporarse a la Novena Marcha en mayo del 2012. Juan concuerda con Canela al señalar las raíces profundas de la crisis de liderazgo.

J.I. En realidad yo me he sumado a la Novena Marcha después de un proceso de frustración por lo que había pasado en Chaparina (…) Me acoplé en Bermeo, tres días después de que los hermanos habían salido de Trinidad, y decidí personalmente ser el hombre de la retaguardia. Les dije ‘yo soy el último hombre de la marcha, y he venido aquí por mi hija’. Porque lo primero que me preguntaron es ‘¿Usted de qué organización es?’, y les dije ‘no soy de ninguna organización, yo soy un hombre independiente, he venido aquí por mi hija, por mis nietos, y por preservar esto que se llama parques nacionales. He venido a acompañarles y a aprender con ustedes’. Y me incorporé en la retaguardia, y desde ahí me encargaba de todo lo que era la salud de los hermanos (…) Entonces, cuando llegamos aquí a La Paz, me acuerdo, creo que es la cosa más dolorosa que yo he sentido, cuando el Comité Político de la marcha decidió no entrar a La Paz, porque había la huelga de los policías. Hemos llegado a Urujara justo un día antes de la huelga y el Comité Político eran esos dirigentes… Una dirigencia masculina, sólo doña Bertha era representante de las mujeres, y de ella puedo decir que me saco el ch’ulu de su actuación en esa marcha. Ha sido una mujer guerrera, que se oponía a los varones, y que realmente quería ayudar a que esa marcha tenga un objetivo: que no se construya la carretera.

SRC. ¿Te refieres a Bertha Bejarano?

J.I. Si, ella misma. Jugó un rol muy importante como mujer, porque además, el gobierno le armó una bronca familiar con su marido, con su pueblo. Cuando hemos llegado a San Ignacio no nos han dejado entrar (…) Acorralados por la gente de San Ignacio que estaban a favor del gobierno y no nos dejaban entrar. Pero hubo un ejemplo, que he aprendido, y que es muy bueno en los pueblos indígenas: el pacifismo que tienen, y el respeto por los demás, y de cómo tienen que ser las cosas. Dijeron ‘No vamos a insultar a nadie, aun cuando nos quieran pegar o chicotear’. Y como yo era el último hombre de la marcha, he podido ver los insultos, he podido ver las cosas más nefastas que el gobierno ha organizado, que es la división de los pueblos indígenas. El gobierno, a partir de San Ignacio es que actúa de la forma más manipuladora y servil, dividiendo a los indígenas, generando problemas familiares…

SRC. ¿Servil hacia quién?

J.I. Hacia sus propios intereses políticos.

SRC. Ah, entonces no era un pacto con los ganaderos, madereros…

J.I. Todavía, en ese entonces no había ese pacto. Era servil hacia su política, decía ‘Tenemos que hacer la carretera para beneficiar a los cocaleros’. Ese era el mensaje que Evo ha dado cuando estábamos en la marcha. Ha sido un momento muy doloroso. Ver que en San Ignacio hemos sido agredidos por la población, por los indígenas y conforme íbamos subiendo hacia las zonas de colonización, por los colonizadores. Escuchar que la gente te diga ‘¡Flojos de mierda, trabajen, hay que trabajar, ustedes son unos vagos!’ Es no entender que la gente que estaba marchando no quiere esa vida. Entonces, a mí la marcha me ha ayudado a entender esa forma de vida (…) En el camino podías ver tsimanes que se entraban a sacar plátanos de los chacos, que vivían de las papayas que botaban de las flotas, es decir, recolectores. Estaban ahí, caminando con sus hijos a cuestas, comiendo lo que había. No estaban preocupados de qué vamos a comer mañana, porque en su vida cotidiana, ellos, en el monte, tienen su supermercado y saben qué sacar, de dónde, y todo para vivir dignamente (…)

SRC. ¿Y el acoso a la marcha, era de parte de militares o policías?

J.I. No. ¡Hemos tenido infiltrados, infiltradas en la marcha! Nosotros no sabíamos. Compañeras con las que yo he caminado, que después de la marcha han ido a mi casa, nos hemos enterado que eran infiltradas del gobierno. Eran muchachas muy hermosas, las infiltradas. Y aprovecharon la debilidad de los dirigentes, de ser mujeriegos. Los dirigentes andaban… eran capaces de dejar cualquier cosa por estar con estas muchachas infiltradas.

SRC. ¡Qué increíble!

J.I. Pero eso me enteré cuando llegamos aquí a La Paz, después de un mes de la marcha, cuando estábamos preparándonos para ir a la resistencia contra la consulta. Nos enteramos que había infiltradas que estaban a nuestro lado, llorando por Chaparina, llorando por los indígenas. Ahí nos hemos dado cuenta de que el gobierno había trabajado muy bien las debilidades de los dirigentes, de los hombres.

La crisis de la dirigencia, la tenaza que se cierra sin presencia militar abierta, pero articulando finas operaciones de inteligencia y veladas complicidades, tiene como sostén esa fratría o corporación masculina que une a gobernantes y (a algunos) gobernados en una suerte de pacto colonial, que les permite gozar, compartir y usufructuar cuerpos de mujeres (mestizas, “blancas”), algo que seguramente ya aprendieron en los prostíbulos que rodean la experiencia del cuartel[27].

Voces acalladas de la “consulta trucha”.

La violencia de género comienza entre los hombres. En la jerarquía masculina y en la obligación de algunos hombres de darles muestras a otros hombres que pertenecen a la cofradía; debido a la estructura extremadamente jerárquica y corporativa que tiene la masculinidad

Rita Segato

 

“A Quintana lo esperamos en el TIPNIS”, declararon los apaleados voceros de la Novena Marcha, al retornar a su territorio para reorganizarse, después de que les cerraran las puertas del palacio quemado y el parlamento, y se los empapara con agua helada desde enormes carros Neptuno. Vueltos al calor de su abrigada selva, no tuvieron que esperar mucho para ver llegar a las brigadas civil-militares a cargo de la “consulta”, estatuida por la Ley 222 del 10 de febrero de 2012[28], cuatro años después de que la ABC firmara los primeros contratos para la construcción de la carretera. Una movida fundamental para horadar preventivamente la resistencia a la anunciada carretera fue la conversión de las TCOs en TIOCs (Tierras Indígena-Originario-Campesinas), el año anterior a la Octava Marcha[29]. Esto le permitirá al gobierno incluir en la consulta del 2012-2013 a las comunidades cocaleras del sur del parque, que se habían desafiliado de la TCO-TIPNIS desde los años noventa. Esas comunidades, nombradas ahora “indígenas”[30] persisten en un modo de producción basado en la propiedad privada parcelaria y el monocultivo de coca, y participaron activamente en ese proceso, lo que le mereció el apodo de “consulta trucha” por parte de las comunidades en resistencia.

El eje de la Ley de Consulta era oponer la “intangibilidad” al “desarrollo”, y ciertamente, no fue ni “previa”, ni “libre”, ni “informada” (como manda la legislación vigente y la propia CPEP). No hubo acuerdo alguno con las organizaciones legítimas de la TCO ni se aplicó correctamente el procedimiento en la mayoría de las 64 comunidades que habitan el parque. ¡Qué idea más bizarra de los “derechos indígenas” y del “desarrollo” portaron consigo sus promotores! Juan Isuna, que se fue al TIPNIS para apoyar la resistencia a la consulta, relata:

J.I. Para empezar, el gobierno nos puso 3 embarcaciones, que pertenecían a los pueblos indígenas. Nos pusieron una en Gundonovia, una en Puerto San Lorenzo y otra en el rio Ichoa. Tres embarcaciones llenas de militares, que vivían ahí adentro, grabando, no se los veía, pero estaban haciendo un trabajo de inteligencia.

SRC. Pero esas embarcaciones, ¿cómo se las quitaron a los indígenas?

  1. Lo que pasa es que ahí empezó un problema de división. En Gundonovia las familias, que eran unidas, de repente uno se iba con el gobierno, otro en contra, ahí empezaron las prebendas, las compras de conciencia.

SRC. ¿Cómo compraban, qué daban?

  1. Entraban con embarcaciones regalando motores fuera de borda, llegaban en avionetas a las haciendas, reunían a cuatro o cinco personas, y firmaban que estaban de acuerdo con la carretera (…) Llegaron a entrar con una embarcación grande, de la ANH (Agencia Nacional de Hidrocarburos), llevando toneladas de toneladas de cosas, llevando equipos, alimentos. Si los españoles se compraron a la gente con espejitos, el gobierno entró con este tipo de cosas (…) En esa época también empezaron a querer hacer un “cuartel ecológico”; empezaron a sacar a los jóvenes para formar un batallón ecológico. Era una guerra de baja intensidad.

Sin embargo, la comunidad Gundonovia (sobre el rio Isiboro, en la entrada norte del parque) logró organizarse para resistir el ingreso de las comisiones del gobierno. En un gesto atrevido, la gente bloqueó el río colocando de orilla a orilla un alambrado de púas con el letrero “Resistencia Digna”. Según reportes de radio, 30 de 36 comunidades de ese río y del Ichoa habían rechazado la consulta.  El caso de don Victoriano Fuentes, de la comunidad Nueva Esperanza[31] y caminante de la primera marcha (1990), revela la fiera indignación de la gente ante la llegada de una comisión del gobierno, dirigida por el propio ministro de la presidencia:

V.F. Y ahora, que digan ‘Va a haber una consulta’ ¿Una consulta? ¿Por qué no recibió a los principales que tenían que ir a conversar con el presidente… por qué no quiso recibir? Y ahora, pué, que vuelva a mandar comisiones por comunidades: ¡Eso ya no vale! Yo le digo (…) Los hermanos marchistas estaban reunidos cuando pasaron [en helicóptero] la primera, la segunda: ‘Ahoringa va a volver’. ¡Como que llegó ese Juan Ramón Quintana! Se unieron los marchistas del 90 y de la Novena Marcha. ‘¡Ese es Ramón Quintana!’… No, pues… ‘¡Aquí queríamos verlo!’… Le sacudieron [los jóvenes] puro marchistas. Hasta yo también (…) Si yo hubiera podido ese ratito también, yo creo que tendría que hablar un pedazo con él… Pero ya los marchistas estaban, ya, pues, estaban a matar. ‘Este Ramón Quintana nos hizo una masacre en Chaparina. ¡Ahorita aquí no es Chaparina: es mi pueblo, es mi casa!’ Lo sacudieron… Le dieron… hasta donde quisieron, hasta donde ellos se cambiaron de destino. Para que sepa también ese Quintana, ¡¿por qué hizo eso?!

Todos los marchistas fueron (se golpea el pecho)… en su corazón (solloza al hablar)… harto yo vi… y me puse a llorar. ¡Por qué hace eso con nosotros! Por qué manda esas cosas… Por qué no recibieron a nuestros marchistas [que] fueron a La Paz. Diciendo que los marchistas no son del TIPNIS, que son comprados. ¡Cómo van a ser comprados! ¡Siendo nosotros toda la gente indígena! Han ido de mi pueblo, de mi rancho, de mi comunidad ¡han ido 25 personas! (el énfasis es nuestro)[32].

Doña Mercedes, de la misma comunidad y lideresa de la Subcentral:

  1. Decimos que hemos frenado ya varias veces [la carretera], ustedes son testigos de lo que nos han hecho, nos han apaleado, nos han gasificado, nos han amarrado, pero nosotros hemos puesto la resistencia de verdad, no nos hemos dejado. No nos hemos quedado ahí, hemos seguido luchando, defendiendo nuestro territorio. Cuando dice que hizo esa “consulta previa, informada”, nos miente, eso también nos molesta (…) Porque ellos nos han dicho ‘Acepten [la carretera] porque eso va a traer desarrollo’ (…) Yo fui la que he dicho la primera vez, en La Paz: ‘El gobierno cuando vaya a nuestro territorio, a nuestra Casa Grande, allá nosotros los vamos a sacar a flechazos’. Y eso ha hecho mi propia comunidad cuando fue a hacer la consulta el gobierno, paró en la comunidad Nueva Esperanza y lo han correteado los comunarios, no dejaron asentar el helicóptero, le han roto su… este, y ¿acaso el gobierno ha dado esa noticia? No, porque esa es la verdad, que nosotros hemos defendido nuestra Casa Grande.

“Casa Grande del Pueblo” es el título que le ha puesto el gobierno a un gigantesco palacio, equipado con todos los lujos, que servirá de nueva sede al poder legislativo. Al igual que “cuartel ecológico”, “consulta al TIPNIS”, “desarrollo” y tantas otras palabras mágicas, se trata de eufemismos: con ellas se busca encubrir la verdad (ver Rivera 2018). Signo colonial por excelencia, la brecha entre lo que se dice y lo que se hace marca hasta hoy las formas del dominio estatal en manos de las viejas y las nuevas elites. Ambos polos de la confrontación parecen habitar mundos ético-políticos abismalmente distintos.

La larga mano del estado en la Amazonía

El problema no es la impunidad, porque la impunidad se exhibe, es un espectáculo (…) Es un mensaje de supremacía, de soberanía territorial, un mensaje de poder jurisdiccional sobre la geografía.

Rita Segato

La agresión a las “fronteras de la civilización” en los llanos de Moxos y las selvas de “El Dorado” data de tiempos coloniales[33]. En el siglo diecinueve, el saqueo de quina y caucho mostraron la cara más fiera y genocida de ese proceso de invasión y expoliación, rasgo central del horizonte liberal inaugurado con las reformas de la década de 1870. Y ya en la década de 1950, con el gobierno del MNR, se inicia el ciclo “populista” de la acción estatal, que renueva el mismo impulso colonizador, pero esta vez a través de proyectos de “desarrollo” y “lucha contra la pobreza” auspiciados por la agencia estadounidense Alianza para el Progreso. La “marcha al oriente” del MNR[34] y la “marcha al norte” de la dictadura de Bánzer continúan arrasando bosques en una y otra dirección, con desastres como San Buenaventura y proyectos de desastre como El Bala, y El Chepete[35]. Narcotráfico encubierto, boom consumista y acción contrainsurgente –la fórmula infalible del banzerato y sucesores– parecen seguir su curso con renovados bríos. En el aquí-ahora del “proceso de cambio” esas cuatro fases de la acción colonial-desarrollista sobre la Amazonía y el oriente, se han condensado y comprimido en una gran masa “hojaldrada”[36], compuesta por sucesivas inversiones e intervenciones del gobierno, las fuerzas armadas y la empresa privada. Su resultado es la pérdida acelerada de la masa boscosa, el saqueo de madera y otros bienes, y la agresión/expulsión de las comunidades que habitan esos parajes.

En un estudio bien documentado, la investigadora Marlene Quintanilla revela que los empresarios soyeros y ganaderos de Santa Cruz habrían arrasado con los bosques en el 23% de su territorio. Las regiones con mayor pérdida de biomasa son la Chiquitanía y el Chaco, y las cuencas más afectadas, las de los ríos Mamoré, Iténez y Acre, lo que equivale a decir que todas las áreas fronterizas del oriente son actualmente escenario de la depredación. Veamos lo que plantea la autora:

“Desde 1976 la pérdida era relativamente baja: 731.000 hectáreas, y vemos cómo ha ido en ascenso hasta las 5.8 millones de hectáreas. Del 2005 al 2010 hay un crecimiento importante, porque es un período relativamente corto (…) La deforestación promedio anual podemos ver que era mínima, el promedio anual era de 39.000 hectáreas, aproximadamente. Desde 1975 a 1986 era muy baja y da un fuerte impulso desde 1986: la deforestación se incrementa hasta 125.000 hectáreas por año. Actualmente, en los últimos análisis que hemos desarrollado, la deforestación supera las 250.000 hectáreas de bosque por año” (Quintanilla 2016).

La duplicación de la tasa de desforestación en el primer período del gobierno del MAS se concentró en Santa Cruz, lo cual pone en evidencia la naturaleza colonial de la disputa regional. Pero a partir del 2010 son las cuencas de los ríos del Beni y Pando las que sufren el mayor impacto. En efecto, durante su segunda gestión, Evo Morales dio un paso fundamental en este sentido, con la creación de ADEMAF, la Agencia del Estado para las Macroregiones y Áreas Fronterizas. Con el aporte financiero de unos 23 millones de bolivianos anuales (sin contar ases ni espadas)[37] el gobierno dio luz verde a su inspirador y primer director, Juan Ramón Quintana. Este exmilitar, que apareció sorpresivamente como vocero del MAS en la primera campaña electoral de Evo Morales (2005), pudo así organizar la incursión masiva de equipamiento, logística y personal a todo el territorio amazónico. Agentes uniformados y encubiertos comenzaron a recorrer las fronteras y los territorios indígenas que se traslapan con ellas, con el fin declarado de llevar la presencia estatal a esas alejadas regiones. La crisis de Chaparina puso el foco de atención sobre otra frontera, la que separa a Cochabamba del Beni, donde precisamente se esparcen los ríos y selvas de una de las regiones más biodiversas del país y avanza desde el sur la mancha cocalera, articulada por décadas a los tráficos ilegales de las mafias militares. La incursión estatal en estas regiones no era entonces algo nuevo, pues tanto la Fuerza Naval como la Fuerza Aérea contaban ya con infraestructura (puertos, pistas de aterrizaje), que se vieron reforzadas y ampliadas primero por el narco[38] y luego por ADEMAF.

Los estamentos armados que controlan todo este sistema molecular de penetración en la Amazonía y el oriente son corporaciones masculinas cerradas, que en misiones de varios días han estado conociendo y reconociendo no sólo los espacios físicos sino las costumbres, las culturas y los hábitos de sus pobladores. En una entrevista realizada recientemente por el periodista Rafael Sagárnaga al nuevo director de ADEMAF, Gral Edwin de la Fuente Jeria, se hace explícito este programa de acción:

“Es importante resaltar que nos pusimos a investigar las características geográficas, pero, más que todo, las grandezas y fortalezas que tiene Bolivia como escenario con tanta diversidad. Esto nos permite entender también por qué las mentalidades sociopolíticas y socioculturales de las comunidades indígenas son tan diversas”[39].

La cobertura inicial de ADEMAF fueron cinco Macroregiones: la Amazonía, la Chiquitanía, el Pantanal y el Chaco en el oriente, y el Altiplano en el occidente. Su misión principal consistió básicamente en entrenamiento y operaciones de seguridad, inteligencia y “desarrollo”, a cargo de “brigadas solidarias” que han venido cubriendo miles de kilómetros, no sólo en la línea fronteriza, sino en toda la “Macroregión” de referencia. En la Amazonía, el programa cuenta a su favor con el curso de los ríos y con las famosas “barcazas chinas”, uno de los tantos proyectos a cargo de empresas militares que están metidas en el rollo del “desarrollo” [40]. El Gral. de la Fuente conecta así las dos dimensiones centrales del accionar de ADEMAF:

“Todo lo que se hace en desarrollo tiene una connotación en seguridad nacional y todo lo que se hace en seguridad nacional tiene una connotación en desarrollo”.

Aunque no define qué es para él el “desarrollo”, su declaración repite casi al pie de la letra los planteamientos de Robert McNamara, presidente del Banco Mundial entre 1968 y 1981, que orquestó el endeudamiento masivo de los países de América Latina con créditos para promover el “desarrollo” y la “lucha contra la pobreza” [41]. Las funciones de ADEMAF revelan también una continuidad con la labor de Acción Cívica de las Fuerzas Armadas en los años 1960. Esta repartición para-estatal operaba con el respaldo de USAID y Alianza para el Progreso, dotando de escuelitas y letrinas a las comunidades circundantes a la conflictiva región minera del norte de Potosí, entre muchas otras acciones (ver Harris y Albó 1976). Hoy ADEMAF instala en las comunidades selváticas centros de comunicación, antenas parabólicas, oficinas del Banco Unión y de la Contraloría, escuelas itinerantes y barcos-hospitales. Cosas más ostentosas y hasta inútiles, pero el mensaje es el mismo. Sin embargo, si lo comparamos con la fase NR[42], hay algo novedoso en este interés de los militares por la cuestión indígena. Sigamos la entrevista a de la Fuente:

“No se ha tratado sólo de crear una institución para que vaya a recorrer fronteras, sino además de tratar los temas específicos, como la cosmovisión chiquitano-pantanal, el mundo guaraní, etc. (…) No podemos entrar a hablar de desarrollo a esos lugares sin entender su vida, su sufrimiento”. (Entrevista citada; énfasis nuestro)

Sufrimiento y cosmovisión; folklor y dolor[43]. Dos actitudes que justifican la labor redentora de esos militares cochabambinos, artífices de ADEMAF y portadores de la misión nacionalista de ocupar, física y culturalmente, el territorio boliviano hasta la última frontera. El ingrediente pluri-multi injertado por los intelectuales del “proceso de cambio” quizás les ayude a encubrir por algún tiempo su misión más importante: conocer y reconocer (léase intervenir y domeñar) territorios y liderazgos de las comunidades y mancomunidades que los habitan, sea que estén en parques nacionales, en reservas de la biósfera, TCOs o áreas protegidas, y por cierto, también en zonas donde han estallado conflictos entre comunidades indígenas y poblaciones campesinas. Aunque el TIPNIS queda muy lejos de cualquier frontera, en el disputado límite entre Cochabamba y el Beni, la experiencia acumulada por ADEMAF en operaciones de seguridad, inteligencia y diagnóstico cultural de las poblaciones amazónicas ha debido ser fundamental para intervenir en esa región, antes y después del fiasco de Chaparina. Este revés habría obligado a Quintana y a sus fuerzas de combate a desplegar un trabajo envolvente que combina dádivas, amenazas, promesas y discursos; en fin, presencia física en los ríos y en las comunidades del TIPNIS, para hacer la labor de zapa de la degradación moral y comunitaria, el divisionismo y el cercamiento de los focos de resistencia.

La promulgación de la Ley 222 en febrero del 2012 subió el telón de este nuevo escenario, en el cual “inteligencia, seguridad y desarrollo” se convierten en la tenaza estatal que se empeña sin pausa en doblegar a las y los portadores de otra relación, más digna y sostenible, con la selva y los ríos del oriente. Ciegos a esta verdad, los operadores estatales han creído dar por terminada la historia, promulgando la Ley 969 el 13 de agosto del 2017, y preparándose para una nueva incursión violenta en el territorio del TIPNIS[44]. Pero, como dice Rita Segato, la historia es ingobernable: “La única utopía viva es el carácter indecidible, el carácter incontrolable de la historia. Ni el país que tenga un poder de muerte mayor que todos los otros países juntos, ni siquiera ese país puede, ni pudo jamás, controlar la historia”.

Los testimonios que hemos recogido sobre las movilizaciones indígenas en la Octava y Novena marchas y en la resistencia a la “consulta trucha” son sólo una pequeña muestra de las graves dimensiones que ha cobrado el tema del TIPNIS. Y puede verse que esta cúpula militar a cargo de las fronteras de la vasta región amazónica-chiquitana-guaraní es la primera interesada en la riesgosa apuesta por la re-re-reelección de Evo Morales, que para el Gral. de La Fuente parece tener el carácter de un acto de “obediencia debida”:

“Por una realidad histórica ADEMAF está destinada a crecer. Hace falta material, personal, oficinas, etc. Necesita crecer. Si en los próximos cinco años no creciera, se sentiría ahogada. Pero si lo hace como debe, hasta 2025 tendremos una institución que va a asegurar nuestras zonas fronterizas”.

El macro-contexto de la crisis del TIPNIS o el tamaño del elefante.

Aunque cansadas, viniendo desde lejos (…) ese cansancio nos da esa fuerza, esa voz para gritar. No le tenemos miedo, aunque sea un elefante grande el que está delante de nosotros (…) y les digo “yo como soy chiquita, me voy a prender de su colmillo grande y él no me va a ver, y ahí vamos a lograr vencerlo”

Mercedes Ríos, Lideresa Subcentral TIPNIS[45]

En un libro publicado en La Paz en 2018, el geógrafo brasilero Carlos Walter Porto-Gonçalves muestra con datos “duros” la enorme magnitud de los mega-proyectos que se están ejecutando en los países de la región amazónica y su continuidad con los sueños megalómanos de los gobiernos militares de los años 1960-70, que se prolonga en las políticas neoliberales de las siguientes décadas (Porto Gonçalves 2018: 51-63). Esta continuidad es algo que los operadores políticos del gobierno del MAS se niegan empeñosamente a reconocer, dándole un tinte de soberanía que no tienen a sus políticas en materia de hidrocarburos, minería, represas y carreteras. Horacio Machado, estudioso del extractivismo en la Argentina, sostiene que éste es un rasgo común a los llamados gobiernos “progresistas” de la región, presas de una “fantasía colonial desarrollista” que hace oídos sordos a las bien sustentadas críticas de los sectores más lúcidos en las ciencias sociales y ambientales latinoamericanas. Con información de primera mano, estos estudios muestran los graves impactos que estas obras tienen y tendrán sobre el medio ambiente, las economías locales y los derechos humanos y culturales de las poblaciones afectadas (Machado 2014: 71). En nuestro contexto, el estado ha venido intensificando en los últimos años el estudio, prospección y ejecución de diversos mega-proyectos extractivistas, carreteros y petroleros, de los que no informa nada a la población, pero a los que adorna con una profusión de consignas y discursos vacíos. Si bien esta retórica está cada vez más desacreditada, las acciones estatales prosiguen impertérritas y están alcanzando extremos delirantes en materia de endeudamiento externo, devastación ambiental y etnocidio.

Porto-Gonçalves revela que el portafolio de proyectos de la IIRSA (Iniciativa de Integración Regional de Sur América) fue propuesto a principios de los años 2000 por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo como corolario desarrollista del “consenso de Washington” y sus duras políticas de “ajuste estructural”. En 2010, el paquete completo de proyectos IIRSA-COSIPLAN –con una inversión programada de 130.000 millones de dólares– fue asumido con entusiasmo por la UNASUR. Según este mismo estudio, de los 31 proyectos considerados prioritarios, 14 afectan directamente a la Amazonía y su ejecución derivará en niveles insostenibles de endeudamiento y destrucción de ecosistemas y poblaciones (Ibid., p. 61). Pese a la deserción de varios países de UNASUR, y sin importar el signo ideológico de sus gobiernos, tanto Brasil y Argentina, como Perú y Colombia, van de la mano con Bolivia, Ecuador y Venezuela, por el camino de la entrega al capital transnacional y la renuncia a la soberanía, pues eso es lo que se juega con estas millonarias obras.

Tomando en cuenta este contexto de realidades estructurales de escala macro-económica y macro-política, he optado por acercar el lente a los detalles, a las percepciones e historias que circularon entre ese jiwasa (nosotrxs inclusivo) que logramos tejer entre las y los participantes de este ciclo insurgente, rastreando las huellas que nos muestran cómo es que funciona lo que llamamos la “trama oculta” del accionar estatal. Para ello he recurrido a un montaje de testimonios de las y los protagonistas de los hechos, que he intercalado con epígrafes tomados de una entrevista realizada a Rita Segato, investigadora que teoriza sobre las violencias estructurales en la sociedad contemporánea[46]. Ella nos habla del secreto como una de las condiciones estructurales del poder en el mundo globalizado. En el aquí-ahora de nuestro país, hubiera sido inútil, por ello mismo, desentrañar con hechos y nombres “judicializables” todos los eslabones de esa trama secreta que tejen las fuerzas en juego. Partimos más bien en busca de huellas, indicios tenues, pero recurrentes y sistemáticos, del obrar estatal en estos acontecimientos[47], así como de los roces y debilidades internas de la propia gente en lucha. Porque el poder es una enfermedad contagiosa, pensamos que esta compenetración nos remite a lo que los aparatos de inteligencia estudian y diagraman con cada vez mayor eficacia: la psicología de las personas, sus hábitos y problemas cotidianos, las crisis de pareja o sus necesidades económicas. Todo ello se utiliza, abierta o encubiertamente, para tramar el engaño, el retroceso y la derrota de sus luchas. Pero hay también otros procesos, menos visibles y más profundos, de protección y resguardo: cuidados, emociones y dolores compartidos, que ponen freno a tales intenciones, nacidas de la soberbia y del ansia de apropiación.

Epílogo

«Allá en el Mapuya (…) te será concedido conocer la razón verdadera, y no el pretexto, que trae a nuestra selva la llamada «civilización». Porque lo que es progreso para el blanco, para el indio es regreso (…) Para el blanco de hoy el petróleo es la vida, para el indio es la ruina, la peste, el desarraigo (…) Lo que fue cierto para el ayer no habrá de serlo para el mañana. El mismo tiempo anciano que nos trajo la muerte, nos ofreció la vida venidera.»

César Calvo[48]

Las mujeres somos más indias

Marisol de la Cadena[49]

Teresa Márquez, lideresa Subcentral TIPNIS:

Nosotros acá es machete y hacha, sería eso, machete hacha y pala. Por eso es que nosotros no hacemos tumbar tanto, tantas hectáreas, para cultivar harto, no, no como es en Chapare, ahí pues tienen maquinaria ¿no? Por eso ellos nos tratan de flojos, pero nosotros también como cuidando nuestro territorio, nuestra tierra. (…) Nosotros acá nos hemos acostumbrado como nuestros antepasados, nuestros abuelos o papás, directo nomás uno va y bueno, hace su sendita para hacer su chaco y lo roza su chaco, así, sin comprar el terreno. Porque es de acá pues, de nuestros antepasados, abuelos, ancestros, y lo seguimos viviendo así, y lo vamos a seguir viviendo (…) Mañana voy a ir al monte a cazar, traigo un tropero, y no estamos matando todo, o si no voy a pescar y no estamos comprando, sacamos de allá fresquito y ya estamos comiendo lo que no tiene ningún químico, ¿no ve? Y eso nosotros hartísimo cuidamos y así que es bien diferente para ir a vivir a la ciudad. Si uno no tiene diez pesos no come, no toma ni agua; hasta el agua hay que comprar.  Eso es lo que nosotros valoramos, para que no estemos ahí que mañana, pasado no haiga nada, para nuestros hijos y nietos que vienen. Por eso es que nosotras las mujeres hartísimo defendemos el territorio.

Mercedes Ríos, lideresa Subcentral TIPNIS:

“El TIPNIS tiene doble categoría: es territorio o parque nacional y es TCO. Bien lo decíamos, cuando fue la Primera Marcha en el noventa, era por el Territorio y la Dignidad, donde nosotras hemos aprendido de nuestros ancestros que hay que cuidarlo y defenderlo porque no sólo es para los pueblos indígenas sino para todo el pueblo boliviano. El que va al TIPNIS ya conoce el árbol centenario, bicentenario, ya conoce los animales, el delfín de agua dulce, el agua dulce que tomamos. Porque si eso acabamos no sólo vamos a ser afectados nosotros, sino todos, todos vamos a ser afectados. Por eso les digo a ustedes, que el gobierno miente (…). Ahorita estamos perseguidos, estamos denunciados, nada más por hablar mal de él, que “no queremos el buen vivir”, que “no queremos el desarrollo”. No es así hermanas (…) En la Novena Marcha ¿Qué nos hicieron? Nos han bañado con agua fría. Y nosotros más bien decimos, todo eso que nos han hecho más bien nos ha dado más fuerza para levantarnos, para tener más coraje, para tener más aliento. Y entonces decimos, nosotras no tenemos miedo, la verdad, lo que estamos demostrando es eso, lo que queremos es defender nuestro territorio. Porque nosotras decimos, nuestra consigna es el buen vivir. No es decir nomás”.

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[1] . Agradezco a todas las personas que han dado sus testimonios, frente a mi grabadora o frente a las cámaras de testigos de los hechos. Para la elaboración de este trabajo he recibido también valiosas sugerencias y aportes de Miguel Urioste y Sofía Benmergui.

[2] . Ésta y todas las citas de Segato provienen de la conversación que sostuvo con Ana Cacopardo, difundida en 2017 por Canal Encuentro, Buenos Aires, y accesible en https://www.youtube.com/watch?v=kMP21R_MQ1c.

[3] . Éstos y otros testimonios de participantes, analistas y activistas que se involucraron en el proceso, fueron publicados por la Fundación Tierra (Marcha Indígena por el TIPNIS), en febrero 2012. Un abundante registro visual siguió inmediatamente a los hechos, donde destacan los trabajos de la Colectiva Chaski Clandestinx, accesibles en su página web www.chaskiclandestino.wordpress.com . Sobre la octava marcha, la represión y la resistencia a la consulta, puede verse Intervención, agresión y secuestro (2/10/ 2011) https://www.youtube.com/watch?v=HvALbGQWaZI&t=7s

y Digna Resistencia (7/1/2013) https://www.youtube.com/watch?v=6JXWVldeb1o&t=570s . Más atentos a las voces femeninas son los videos El Camino es el Rio, del Movimiento Regional por la Tierra y el Colectivo Huayrurito  https://www.youtube.com/watch?v=Mco5-n0Tl64 y Resistencia, de Katari Producciones, https://www.youtube.com/watch?v=Tf5uob5eIaA Más adelante transcribiremos varios fragmentos de este material testimonial, utilizando pseudónimos para proteger la seguridad de esas hermanas y hermanos.

[4] . Posteriormente, vimos por Internet a funcionarios estatales repartiendo bolsas de arroz a la gente que el gobierno hizo llegar a Trinidad en camiones, barcazas y otros medios de transporte.

[5] . Qhananchawi, del verbo aymara qhananchaña, Dilucidar, aclarar y explicar un asunto, o qhanaña, Iluminar, alumbrar, dar luz (Layme Pairumani 2004) Con el sufijo wi, se convierte en el acto de hacerlo.

[6] . Es el caso de mi libro “Oprimidos peo no Vencidos”. Luchas del campesinado aymara y qhichwa, 1900-1980,que fue usado intensivamente en los años 1990 por la intelectualidad de izquierda que, ante la caída del muro de Berlín, estaba urgida de renovar su discurso para participar de las nuevas lides electorales, después de la debacle de la UDP. Aunque sé que el libro aportó al (re)conocimiento de la historia por las generaciones de jóvenes migrantes aymaras, no puedo dejar de mirar con espanto cómo las elites criollas son tan aceleradas en la adopción de nuevos discursos y tan lentas, o simplemente estáticas, cuando se trata de cambiar su modo de vida y sus prácticas cotidianas.

[7] . Pasé cuatro meses como asesora ad-honorem de Barra en el Viceministerio de la Coca (febrero-mayo 2006). Con el Dr. Mario Argandoña, autor de un estudio de la ONU sobre los usos de la coca (vetado por los EEUU en 1995), ya habíamos asesorado a la comisión parlamentaria de coca y sustancias controladas, y proseguimos con la elaboración de los “términos de referencia” para el estudio que iba a financiar la Unión Europea, sobre consumo tradicional de coca. Después de muchos traspiés, que llevaron a nuestra renuncia como miembros de la comisión, el famoso estudio hizo aguas por la falta de claridad política y los intereses creados de “investigadores” improvisados, que no lograron un cálculo plausible del consumo actual, ni mucho menos del consumo potencial de la hoja en productos elaborados, como fitofármacos, alimentos y otros; en suma, un despilfarro total de más de 1 millón de euros.

[8] . Este episodio consistió en presentar ante la ONU una salvaguarda para que en Bolivia se permita el akhulliku, cosa que ya había hecho el gobierno de Víctor Paz Estenssoro en los años ochenta al obtener, junto a Perú y Argentina, la despenalización de los “usos tradicionales” de la hoja, allí donde hubiera “evidencia histórica” de tales usos (Convención de Viena de 1988). Lo que hizo Evo fue volver a la Convención de 1961 y ¡anunciar tal movida como un gran triunfo despenalizador! En ese artilugio tuvieron un papel poco honroso los asesores de la Cancillería Pablo Solón y Tom Kruse.

[9] . Me refiero aquí, no a la ciudadanía liberal de la igualdad, sino a la ciudadanía de hoy, que es una ciudadanía de la diferencia.

[10] . Ver al respecto mi trabajo sobre la “etnicidad táctica” como forma de resistencia (Rivera 2015).

[11] . El proceso que siguieron estos contratos no ocurrió sin contratiempos. Primero, el gobierno optó por seccionar la obra en tres tramos, con el fin de iniciar obras en las dos puntas de la carretera, donde no existía oposición abierta a su construcción. La falta de licencias ambientales para estas obras y otras muchas irregularidades, llevaron a la renuncia del entonces Viceministro de Medioambiente, Juan Pablo Ramos, el 26 de julio del 2010 (Los Tiempos, 27-07-2010).

[12] . Aunque la mayoría se curó básicamente del susto, varias personas resultaron afectadas de por vida o incluso fallecieron a causa de la golpiza de Chaparina.

[13]. La ley 180 establece que la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos “no atravesará el TIPNIS” (Art. 3), pero en el Art. 1, que define al TIPNIS como “área protegida de interés nacional”, se introduce un acápite declarándolo “zona intangible”. El Art. 4 explicita: “Dado el carácter intangible del TIPNIS, se deberán adoptar las medidas legales correspondientes que permitan revertir, anular o dejar sin efecto los actos que contravengan a esta naturaleza jurídica”. Implícita en este artículo está la prohibición de las actividades productivas (proyectos de aprovechamiento silvicultural, eco-turismo y otros) que venían desarrollando las comunidades del parque. Ver al respecto Ortíz Echazú 2011.

[14]. “Ch’ampa guerra” fue el nombre despectivo que se dio a los conflictos internos entre comunidades del valle alto de Cochabamba a principios de los años 60. Proviene de la voz qhichwa ch’ampa, que Teófilo Layme Ajacopa traduce como “Tepe. Pedazo de tierra cubierto de césped y muy trabado con las raíces de esta hierba que sirve para hacer paredes” (Layme Ajacopa 2007) y seguramente se usó como proyectil en estos conflictos.

[15]. En el curso de la Octava Marcha, el dirigente campesino Roberto Coraite anunció el apoyo de la CSUTCB a la construcción “inmediata” de la carretera por el TIPNIS, con el siguiente argumento: “¿Cuál da más beneficio a nuestros hermanos del territorio? ¿La carretera, o es que mantenerse en la clandestinidad, mantenerse como indigentes… mantenerse como salvajes, por decir”  (accesible en https://www.youtube.com/watch?time_continue=89&v=cVLosac5H88 (Énfasis nuestro).

[16] . Todas las citas que provienen de fuentes publicadas o accesibles por Internet son de personas cuya identidad se ha preservado mediante iniciales o pseudónimos. Ver la nota 2 para las fuentes recuperadas de Internet.

[17] . Se refiere al masking tape, una cinta pegante muy resistente, con la que fueron amordazadxs las y los marchistas antes de subirles a rastras a los buses. Esta peculiar arma de guerra – tapar la boca de la gente, quitarles el derecho a la palabra y al grito – fue objeto de investigaciones periodísticas que quedaron en la nada, pues hasta la fecha el caso Chaparina no ha llegado a los estrados judiciales.

[18] . Quintana no sólo volvió a ocupar el Ministerio de la Presidencia, sino que goza actualmente de un “exilio dorado” como embajador de Bolivia en Cuba.  Después de renunciar a raíz del escándalo, Sacha Llorenti fue designado como representante de Bolivia ante la ONU. Por su parte, el Vicepresidente García Linera, como si nada hubiera pasado, aspira a encumbrarse en la cima de las ciencias sociales latinoamericanas, cargado de decenas de miles de libros y millones de neuronas.

[19] . En una pancarta de la vigilia en San Francisco se leía: “El único árbol que queremos ver tumbado en el TIPNIS es Sacha Llorenti. Sacha = árbol en quechua”.

[20] . Las declaraciones de Llorenti y Morales pueden verse en el video “Chaparina en la memoria”, ya citado.

[21] . Suponiendo que Evo hablara fluidamente el aymara, es obvio que no podía decir nanaka (refiriéndose a él y la cúpula), pero tampoco podía decir jiwasa, incluyéndolos en la cuarta persona del singular (la voz enunciativa jiwasa expresa al nosotrxs como voluntad común). De todas maneras, se nota una disociación entre el presidente y la cúpula.

[22] . Accesible en http://www.defensoria.gob.bo/archivos/Informe_Defensorial_Intervencion_Marcha_Indigena_DP.pdf.

Años más tarde, Gandarillas fue nombrado como director de aeropuertos (AASANA), de donde será destituido por denuncias sobre su responsabilidad en la caída de un avión de la empresa ilegal LaMia en Medellín, el 29 de noviembre del 2016. Para comprender mejor los vínculos de Gandarillas con Juan Ramón Quintana, es útil consultar los reportes en Internet del exiliado periodista Wilson García Mérida. Según este investigador, el “Imperio Quintana” abarca no sólo a la Fuerza Aérea sino a la Naval, que operan sin restricción alguna en la Amazonía. García Mérida también ha documentado el nexo de Quintana con redes de tráfico de cocaína y trata de mujeres.

[23]  Ciertamente, existen comunidades yuracarés, como Limo, que se han integrado completamente a la economía de la coca y a los modos de consumo “modernos”. La gente de la Subcentral considera que estas familias ya tienen propiedad parcelaria privada (un kato de coca), y por lo tanto han dejado de pertenecer al sistema comunitario de usufructo del territorio, propio de la TCO. Además, sus organizaciones son los sindicatos, no los cabildos ni los corregidores, que son la autoridad legítima en las comunidades del TIPNIS. Es decir, ya no son consideradas familias “indígenas” sino “cocaleras”.

[24] . Se refiere a lo ocurrido en enero de 2014, cuando el gobierno intervino las oficinas de CONAMAQ y entronizó a Hilarión Mamani, un cooperativista minero debidamente emponchado, como dirigente vitalicio, rompiendo toda la normativa indígena estatuida. Quien debía asumir legítimamente ese cargo rotativo era tata Félix Becerra, que poco después de la toma de CONAMAQ sufrirá dos años de prisión “preventiva”, injustamente acusado de haber participado en el escándalo de corrupción del Fondo Indígena (FONDIOC). El caso de Bertha Bejarano es aún más triste, pues tuvo que doblegarse ante la presión de su marido y de su comunidad, para recibir “proyectos” de este fondo. El uso de FONDIOC para desbaratar a los movimientos indígenas, es claro y evidente, pues incluso el más emblemático marchista de la Octava, Adolfo Chávez, tuvo que salir al exilio por el mismo asunto.

[25] . Se refiere al qhananchawi, reuniones prolongadas que se inician con consumo ceremonial de akhulliku y pedidos a la pachamama. Estas sesiones pueden durar varios días, en cuyo transcurso se da una búsqueda de consensos por la vía de la “palabra clara” (qhana-aru), proceso que puede derivar en la aquiescencia de las pocas voces disidentes, pero no sin antes haber agotado los argumentos y debatido todos los puntos de vista. Esta ceremonia se ha masculinizado progresivamente en los últimos 30 años, a medida que las diferencias lingüísticas y las relaciones externas (con el estado, las ONGs) obligaron a un creciente uso del castellano. Democracia de ayllu, aunque con sesgo patriarcal.

[26] . Rastreando diversas fuentes en Internet, se ha verificado que ella es parte de la “generación Evo” y militante del MAS.

[27]. En su estudio de una comunidad en la provincia Larecaja, Andrew Canessa muestra al prostíbulo como “un aspecto regular de la vida militar”, que les otorga a los conscriptos indígenas la oportunidad efímera de acceder a la ciudadanía boliviana por la vía del contacto con “otras raciales y étnicas, un privilegio generalmente visto como propio de los varones de origen europeo” (Canessa 2006: 134-35).

[28] . El Art. 4 señala que la finalidad de la consulta es:Lograr un acuerdo entre el Estado Plurinacional de Bolivia y los pueblos indígena originario campesinos Mojeño-Trinitario, Chimane y Yuracaré, sobre los siguientes asuntos:

  • – Definir si el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure – TIPNIS debe ser zona intangible o no, para viabilizar el desarrollo de las actividades de los pueblos indígenas Mojeño-Trinitario, Chimane y Yuracaré, así como la construcción de la Carretera Villa Tunari – San Ignacio” (el subrayado es nuestro).

[29] En octubre, el parlamento aprobó una ley por la cual las TCOs o Tierras Comunitarias de Origen reconocidas desde 1996 por la ley INRA, se convertirían en TIOCs. Para un análisis de esta norma, ver https://es.slideshare.net/FTIERRA2010/mauricio-diaz-cejis)..

[30] . La palabra “indígena” figura notoriamente en su sigla CONISUR (Consejo Indígena del Sur), implicando el Sur del TIPNIS. Esta organización se formó después del inicio de la Octava Marcha.

[31]. Nombre ficticio.

[32] . El llanto de don Victoriano muestra la frustración por la violencia con que su comunidad recibió al ministro, cuando la delegación del TIPNIS conversado y argumentado frente a frente, con el presidente y su gabinete. Pero hay también un trasfondo de dolor personal en ese llanto. Poco antes de la entrevista, su propio hijo le había dado una golpiza, seguramente porque la firmeza y legitimidad del anciano podían obstaculizar sus ambiciones personales. Un tiempo después, y a pesar del repudio de su comunidad, este hijo se prestó a la maniobra estatal de montar una Subcentral paralela en algunas comunidades del río Sécure.

[33] . Tristan Platt señala que el proyecto de penetración a los Moxos, cruzando por lo que hoy es el TIPNIS, “ya fue planteado en 1780 por el Gobernador de Mojos Ignacio Flores”. El autor comenta que los argumentos de este criollo mata-indios (acabó con el cerco de Tupak Katari a La Paz en 1781, entre otras hazañas) son “curiosamente similares” a los que esgrimió el CONISUR para apoyar la carretera. El artículo de Platt fue publicado por el matutino orureño La Patria el 25 de febrero del 2012 y reeditado en varios otros medios. .

[34]  Al respecto puede verse el estudio del imaginario de “desarrollo” en el cine nacionalista de los años 1950, en la tesis de sociología de Marco Arnez Estéticas indigenistas: Revolución Nacional y Desarrollo en la Cinematografía de Jorge Ruiz (2018).

[35] . Tanto el ingenio azucarero de San Buenaventura como la represa de El Bala fueron “proyectos estrella” de la prefectura de La Paz en tiempos de la dictadura de Bánzer. En el primer caso, la UMSA participó activamente en esta ilusoria propuesta –se dice que para operar a plena capacidad, tendría que sembrarse medio parque Madidi con caña de azúcar– por obra del entonces rector, hoy ministro de educación, Roberto Aguilar. En el segundo caso, fue el yerno de Bánzer y prefecto de La Paz, “Chito” Valle (hoy preso por malversación de fondos del estado) el más activo propagandista de las bondades de la represa El Bala.

[36] . Este término, propuesto por Verónica Gago en su libro La Razón Neoliberal, sugiere un palimpsesto de acciones que prolongan y a la vez repiten anteriores acciones, de modo que se rompe la continuidad lineal del tiempo histórico y hace aguas la idea de progreso (Ver Gago 2014). De hecho, el neoliberalismo produce una arcaización del vínculo social (nuevas formas de esclavitud, genocidios, etc.).

[37] . Me refiero a las múltiples empresas de las FFAA, como las constructoras, la naviera y otras, que sacan buena tajada de contratos, muchas veces fraudulentos, con ADEMAF y otras reparticiones del estado.

[38] . El 4 de marzo de 1995, la Agencia de Noticias Fides publicó una nota con los siguientes titulares: “Narco-naval «Sacate Justiniano» sería encarcelado por 25 años (…) La red contaba con sofisticado sistema de contra-inteligencia. El caso de tráfico de drogas en algunos niveles de la Naval se dividirá por fases”. Esta red mafiosa habría estado operando durante más de una década en los ríos del Beni.

[39] . Publicada en el suplemento OH! del matutino cochabambino Los Tiempos, el 26 de junio del 2017.

[40] . Las 16 barcazas chinas y 2 remolcadores objeto de un contrato fraudulento celebrado en 2012 entre la Empresa Naviera Boliviana y una corporación coreana, son sólo la punta de un ovillo más grande, pues otras tantas o más se hallan desde hace años en los ríos del oriente prosiguiendo su labor de reconocimiento y “asistencia al desarrollo”. Esto lo supe por testigos directos de su accionar en la zona de “tribus bravas” del departamento de Pando, donde los reclutas cargan troncas de madera en esas enormes embarcaciones para llevarlas de contrabando al Perú (ver también http://www.paginasiete.bo/especial01/2017/4/23/barcazas-chinas-nunca-llegaron-bolivia-135276.html)

[41]   Puede verse un ejemplo de sus planteamientos en el discurso que pronunció en la Universidad de Chicago en 1979, donde argumenta que la mejor política de seguridad para los EEUU sería el apoyo a los programas de alivio a la pobreza de los países subdesarrollados (McNamara 1979).

[42] . Nacionalismo Revolucionario, paraguas ideológico que, según Luis H. Antezana, cubrió opciones de la extrema derecha a la extrema izquierda entre 1950 y 1980, y resultó una fórmula o ideologema central en el proceso hegemónico del sistema político nacionalista (Antezana 1983).

[43]. Ver al respecto el acápite “Más allá del dolor y del folclor” de “Una retórica anti-conquista”, en mi libro Sociología de la Imagen (Rivera 2015).

[44]  Al igual que la Ley 222 del 2012, la 969 opone “intangibilidad” y “desarrollo”, pero además convalida la ilegal y extemporánea “consulta” que, como vimos, fue duramente resistida por las comunidades del TIPNIS.

[45] . Pseudónimo. Palabras vertidas en el primer Encuentro de Mujeres afectadas por megaproyectos, La Paz, 9 de marzo 2018.

[46] . Esta entrevista hace parte de la serie televisiva Historias Debidas de Canal Encuentro, Buenos Aires (17 de octubre de 2017). A pesar de que Segato ha publicado libros fundamentales, como Las Estructuras Elementales de la Violencia (2003) y La Guerra Contra las Mujeres (2017), he preferido citar esta notable conversación con Ana Cacopardo para mantener el carácter oral de mis principales fuentes. Ver nota 2.

[47] . Me apoyo para ello en la noción de “paradigma indicial” propuesta por Carlo Ginzburg (2008).

[48] . Tomado de la novela autobiográfica Las tres mitades de Ino Moxo y otros brujos de la Amazonía (Calvo 1981). Agradezco a Sofía Benmergui por la sugerencia.

[49] . “Las mujeres son más indias”, es el título de un influyente trabajo que esta autora publicó hace más de veinte años. Como buena antropóloga, Marisol no se incluye en ese predicado, en tanto que aquí he optado por el jiwasa, nosotras incluyente, o cuarta persona del singular en lengua aymara (ver De la Cadena 1992).

Conversaciones con Alejandro Vainer y Enrique Carpintero // Mariano Pacheco

Un diálogo a fondo con los autores de Las huellas de la memoria. Psicoanálisis y salud mental en la Argentina de los 60 y 70 (1957-1983) y miembros del Comité Editorial de Topía, revista de psicoanálisis, sociedad y cultura.

Carpintero y Vainer nos reciben en un departamento del barrio porteño de Palermo, en un sitio lleno de lechuzas, libros, cuadros y otros elementos que remiten a las prácticas que ambos llevan adelante desde hace décadas. Allí -dicen- asisten regularmente pacientes que llegan para psicoanalizarse, como también integrantes de la revista que se reúnen para pensar en cada uno de los tres números que salen a la calle cada año. Enrique y Alejandro charlan sobre aquello que es en ellos un trabajo, una práctica militante, una pasión: el psicoanálisis entendido desde una perspectiva más amplia de salud mental, su historicidad en Argentina, el vínculo entre el campo específico y el contexto político más general del país. Hablan de los primeros pasos del emblemático Hospital Lanús a fines de los años cincuenta, del auge de transformaciones de las décadas del sesenta y setenta, de la última dictadura cívico-militar y sus huellas en la “democracia”, del mundo más allá del fin de todos los fines post caída del Muro del Berlín.

 

En primer lugar quisiera conversar con ustedes sobre los contextos de producción, publicación y reedición, ya que estamos hablando de tiempos muy distintos, en un lapso de dos décadas. Por un lado, la elaboración, antes del 2001; después la primera edición, que sale durante los primeros momentos del kirchnerismo; y finalmente esta reedición, casi al final del gobierno de Mauricio Macri.

Alejandro Vainer (A.V): La idea del libro fue de Enrique. Recuerdo que me invitó a tomar un café en San Juan y Boedo (éramos muy jóvenes en el 97). Entonces me propuso hacer algo que para mí era central, que no lo podía poner en palabras en ese momento, que era trabajar sobre ese agujero negro en el campo de Salud mental: los 60/70. Ahí nos pusimos a trabajar, estimamos que íbamos a estar dos años y no diez, pero empezamos a hacer entrevistas, revisar archivos, hemerotecas, bibliotecas y todo eso en el medio de los años 90, donde parecía que la historia se había acabado y que no había que ir para atrás, que había que ir para adelante supuestamente. Ese fue todo el contexto en el que trabajamos hasta publicar los dos tomos, y la verdad es que no había publicaciones que concentraran lo que trabajamos, que va desde cómo se arma el campo de Salud mental en el 57 (fechamos esto con Enrique porque se producen tres hechos importantes) cuando se crea el Instituto Nacional de Salud Mental, en la Universidad de Buenos Aires se crean todas las carreras del campo de Salud Mental (que son, sobre todo, Psicología, Ciencias de la Educación, Antropología y Sociología) y que ya a fines del 56 empieza con todo lo que fue la experiencia en Lanús (donde Mauricio Goldenberg gana por concurso). A partir de ese momento, en la Argentina (ya había empezado en otros lugares del mundo antes), se va armando todo lo que es el campo de Salud mental, que va creciendo durante los 60, y más desde principios de los 70, para luego analizar qué huellas produjo la dictadura, sobre todo en el campo de Salud mental. De esto se trata todo este libro, cuyos temas no habían sido muy abordados en los 80, mientras había estudiado psicología. Yo había hecho una residencia de Salud mental y había un montón de cosas que desconocía, que las fui viendo mientras investigamos. Ese fue un poco el recorrido. Después el libro se publicó, circuló mucho y nos quedamos sin un solo ejemplar. Con el tiempo empezamos a pensar, durante estos últimos años, en la idea de volver a trabajar para una reedición. Nosotros fundamentalmente habíamos hecho todo un trabajo con el listado de trabajadores de Salud mental desaparecidos, pero entre la primera edición y esta segunda ese listado se duplicó. Revisamos distintas fuentes y base de datos y encontramos que son casi 400 los  trabajadores de salud mental y los estudiantes desaparecidos. Por otra parte, el libro tiene cierta actualización, pero sigue siendo un libro que va sobre un punto que, en el campo de la salud mental, no se conoce demasiado: qué sucedió en ese campo durante los los 60 y 70.

Enrique Carpintero (E.C): Para aquellos que no conocen el libro, quisiera aclarar que son dos tomos de alrededor de 1.000 páginas (500 cada tomo) que, como muy bien dijo Alejandro, fue una ardua investigación donde lo fundamental, o el origen inicial del libro, era cómo recuperar una época a la cual se la asocia fundamentalmente con la violencia. Si bien toda la década de los 60-70 está ligada a perspectivas revolucionarias y de lucha de cambio en todos los ámbitos (no solamente aquí sino en todo el mundo), que van desde tratae de modificar el conjunto de la sociedad hasta cambiar las relaciones entre los seres humanos (con el feminismo, movimientos LGTBIQ, el arte, la literatura, etc.). Todo eso generó una situación de un humus de creatividad muy importante que llegó a nuestro campo específico también, y tuvo alcances en  prácticamente la mayoría de las prácticas que hoy se ejercen, que fueron creadas en esta época, como el trabajo en familia, en grupos, con niños, psicodrama, hospitales de día, hospitales de noche, etc. Básicamente el libro toma dos ejes que hacen al título del libro (Las huellas de la memoria), que son psicoanálisis y salud mental. En el psicoanálisis se dan rupturas importantes, las cuales permiten recuperar toda una perspectiva de izquierda de los años 20 y 30, para dar cuenta de ciertas cuestiones y  prácticas que permiten pensar hoy cómo tratar de trabajarlas en relación a la nueva realidad que se nos plantea, pero también se crea el campo de la Salud mental a partir de un hecho fundamental, es decir, a partir de la segunda guerra mundial, donde la mitad de las camas de internación eran psiquiátricas y parte de ese dinero había que invertirlo en reconstruir Europa, que estaba totalmente destruida. Desde ahí lo que se intenta generar es lo que se llama la salud mental, con el fin de sacar a los pacientes de los manicomios y generar espacios alternativos. Esta perspectiva, que tiene un sentido estrictamente capitalista, es aprovechada por los sectores de izquierda y progresista que le dan un vuelco y un sentido de lucha anti-manicomial, anti-institucional, que permite generar dichas alternativas. El principal efecto de esto, por ejemplo, es la Psiquiatría Democrática de Basaglia, donde a partir de todo un movimiento social y una lucha, se genera la ley que prohíbe los manicomios en Italia (hasta el día de la fecha no existen más manicomios en Italia), así como en Inglaterra la antipsiquiatría, las comunidades terapéuticas, o el tercer sector en Francia, el trabajo en comunidad en Estados Unidos. Es decir, toda una perspectivas de alternativa a los manicomios que generan espacios parciales, porque en definitiva, nunca se terminó de romper con la perspectiva anti-manicomial. Creo que estas dos líneas están muy presentes en el libro y, como planteaba Alejandro, luego está todo el tema a partir del año 76 con la dictadura y los desaparecidos en  el campo de la Salud mental, donde nosotros tomamos como línea para dar cuenta de esta lista de asesinados  y desaparecidos (digo no sólo desaparecidos porque en esta nueva edición incluimos a todos los asesinados por la triple A  desde el 73 al 76), muchos integrantes de lo que se llamó la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental, que se crea como una lucha teórica, gremial y política impulsada por psiquiatras, psicoanalistas, psicólogos, asistentes sociales y psicopedagogos. Entonces, cuando desde la derecha se plantea esto de una memoria completa, en realidad lo que se constituye es un negacionismo de lo que fue la represión de la dictadura militar. ¿Qué quiero decir con negacionismo? Básicamente, que la dictadura militar se implementa a partir de 340 campos de concentración (no hay muchos países en el mundo que generaron una represión a través de los campos de concentración) porque esto implica una metodología, una sistematicidad, un montón de cuestiones cuyo objetivo era intentar desaparecer toda una perspectiva dentro de una generación. Creo que esto es muy importante porque todavía hoy se habla con el eufemismo de centros de detención clandestinos, en vez de decir lo que son: que fueron centros de concentración y exterminio. Creo que esto es muy importante, porque cuando se habla de una memoria completa lo que se está negando es esta metodología, y que no se puede equiparar una represión del Estado organizada sistemáticamente con ciertas cuestiones políticas de organizaciones que ejercieron la violencia, pero que no tiene nada que ver con un Estado que organiza y planifica una represión sistemática a través de esta metodología mencionada.

AV: Hay una anécdota contada por Rodolfo Walsh en la Carta a la Junta militar, que él lo cuenta como el inicio de la metodología de robo en las desapariciones, y es algo que tiene que ver con el campo de Salud mental, porque es el relato de cómo desaparece un psicoanalista, (Pancho Bellagamba), mientras atendía un grupo terapéutico, donde atan a los pacientes y después roban la casa. Esto tiene todo un efecto en el campo de la salud mental, porque para todos los dispositivos grupales, comunitarios, en hospitales, había que pedir autorización, porque eran considerados factiblemente subversivos. Esto implicó el desarme de dispositivos de trabajos grupales, comunitarios, o bien como cuentan muchos actores en el libro que, si hacían algún grupo, alguna sesión multifamiliar, tenían alguna gente extraña puesta ahí. Lo digo para entender un poco el clima de época y cómo esto jugó en toda la sociedad, pero también específicamente en el campo de salud mental (esto fue algo que se  dio particularmente en la Argentina), donde los dispositivos grupales y comunitarios fueron estrechándose durante la última dictadura. Pero a pesar de todo eso, hubo muchos profesionales y organizaciones que sí lo hicieron, aunque el clima de trabajo era ese. Por eso a la tercera parte del libro (que está en el segundo tomo) le pusimos “El fin de la Salud mental”, en donde describimos todo lo que fue el trabajo en ese período que va del 76 al 83.

¿Se podría pensar al libro como una suerte de historia del psicoanálisis en la Argentina?

E.C: Creo que lo fundamental en el título del libro, Las huellas de la memoria, es que no existe, dentro de ese título, la palabra historia. Y creo que esto es importante porque nosotros no intentamos posicionarnos en un lugar académico de la historia donde, por ejemplo, personajes importantes de la academia nos llaman a nosotros psico-bolches, porque dentro de la academia este tipo de cuestiones no existen. La academia trabaja sobre situaciones puntuales, como si la historia y la memoria estuvieran por fuera de nuestra subjetividad y de la lucha social y política. Tan es así que, hasta el día de la fecha, si bien hay trabajos puntuales referidos a ciertas cuestiones de la década de los 60, no existe ningún trabajo (estoy hablando, obviamente, dentro del campo de la salud mental) en relación a los 70. Es decir, el nuestro sigue siendo el único trabajo en relación a esa década. Ahora bien, esto no implica una perspectiva melancólica o meramente recordatoria de un pasado, sino que lo que pensamos es que, para poder pensar un futuro, es necesario afirmarnos en el presente desde un pasado, no para repetirlo sino para cuestionarlo. Si las generaciones no pueden tener un pasado a partir del cual se puede cuestionar, no pueden pensar de qué manera van a desarrollar un pensamiento crítico en el presente y de ahí poder elaborar un futuro. Evidentemente si vemos la fecha de la aparición del primer tomo y la segunda, hay diferentes contextos políticos, principios del kirchnerismo y hoy el macrismo que, si bien son diferentes, en el campo de la salud mental los sectores más, llamémoslos reaccionarios, o los sectores más psiquiátricos si querés, estuvieron presentes tanto en un gobierno como en otro, generando un lobby y generando un proyecto que se opuso a la Ley de Salud Mental, que fue votada por el conjunto de la Cámara de Diputados en la época del kirchnerismo, y que hoy prácticamente no se aplica, o se aplica parcialmente. De allí la necesidad de encontrarnos con una historia, donde podamos pensar y podamos ver de qué manera hoy nos permite desarrollar una oposición en el campo nuestro a estos sectores psiquiátricos y manicomiales, pero no en el sentido como la década de los 60 y 70 sino, manicomiales en relación a la actualidad, donde el desarrollo de la psicofarmacología y de todas unas técnicas farmacológicas, permiten mantener a los pacientes dentro de estructuras manicomiales privadas con medicamentos.

El libro (como todo libro) está escrito desde una perspectiva, más allá de que se aborden los trabajos emprendidos por distintas corrientes. Entonces, la pregunta es: ¿cuál es el legado teórico-político que, desde Topía, rescatan del periodo que abordan en el libro en el campo específico del psicoanálisis?

A.V: Hay algo que está y que rescatamos, que Enrique decía hace un rato: el hecho de que muchas veces se ve esa época como una época de violencia y no como una época de rebeldía y de apuestas por transformar el mundo. Creo que ahí hay un afluente fuerte de tradición que queremos rescatar, de cómo transformar el mundo y a la vez, dentro del campo de salud mental, dentro del psicoanálisis, transformar el statu quo. Creo que con eso podemos englobar un legado que viene desde hace un siglo con la izquierda freudiana, que viene de los sesenta de la mano de psicoanalistas que en el campo de Salud mental trataron de, como decía Fernando Ulloa (que es quien hace el prólogo del primer tomo) no practicar teorías sino  teorizar nuevas prácticas. Ulloa, discípulo de Pichon Rivière que participa con él de la “Experiencia Rosario” en el 58, donde van pensando en cómo trabajar con la subjetividad de la época. Porque el desafío es el de trabajar con la desubjetivación de esta época. Tampoco es cuestión de repetir, justamente, porque estamos en otro contexto: no estamos en la Argentina de pleno empleo como en la década del 60. Creo que esa es un poco la línea de tradición a nivel amplio que trabajamos. Después hay autores, movimientos, que van trazando esta genealogía para llegar a hoy.

E.C: Esto que decís en el libro está muy desarrollado: es la pregunta que intentamos contestar de alguna otra manera, porque al inicio de la década del 70 empieza el auge de toda una perspectiva lacaniana que, en un primer momento, nos permitía (yo en esa época era estudiante) recuperar ciertas cuestiones freudianas o ciertas ideas de Freud en tanto acá el psicoanálisis estaba muy hegemonizado por lo kleiniano, prácticamente el psicoanálisis y Melanie Klein eran sinónimos. Esta perspectiva lacaniana, entonces, a partir de la dictadura, toma un auge y una hegemonía, donde entiende la subjetividad por fuera de su entrecruzamiento con lo social y con lo político. Creo que esto es un punto que es central y que nosotros tratamos de rescatar en el libro y que forma parte de la idea por la cual, hace veintiocho años, tenemos la revista; idea que sostiene que la subjetividad no se puede entender por fuera del entrecruzamiento con lo social, con lo político y con lo cultural. Esto deviene en pensar una práctica psicoanalítica que dé cuenta de una subjetividad, de un inconsciente, de un aparato psíquico entramado con lo social, lo político y lo cultural.

A.V: Yo agregaría que nosotros vamos analizando en el libro cómo llega el lacanismo acá, ligado de alguna manera a esta idea de “Volver a Freud”, pero también a ciertas cuestiones políticas de la izquierda que, después de la dictadura, se le saca el colesterol malo de la política y queda Lacan sin Althusser, sin nada de todo lo que tenía el lacanismo en sus inicios en lo que sería la llegada aquí. Así que después de la dictadura queda un lacanismo “descremado”, por así decirlo. Esto está tratado profundamente en el libro: cuál era el contexto social, político e intelectual de cierto proyecto y cómo atraviesa luego la última dictadura a ese proyecto.

Para cerrar, preguntarles cómo ven esta situación de que el lacanismo haya un poco “copado la parada” en todos lados: en la academia y en los medios en donde circulan estas discusiones. En ese sentido: ¿cómo se posiciona el proyecto de Topía en términos de plantar otra voz? ¿Cómo ven ustedes esta situación de que sea tan lacaniano el psicoanálisis hegemónico en Argentina?

E.C: En primer lugar, tenemos que decir que no existe “lo lacaniano” como una cosa monolítica, existen diferentes perspectivas, inclusive con contradicciones internas, lecturas internas de Lacan, etc., pero es cierto que hoy el psicoanálisis en la Argentina se apoya fuertemente en diferentes lecturas de Lacan. Nosotros pensamos que Lacan, obviamente, ha sido una figura importante dentro del desarrollo del psicoanálisis, pero creemos que pensarlo estrictamente desde este lugar epistemológico que es el lacanismo, deja de lado lo social y lo político para remitirlo, pura y exclusivamente, a una cuestión de aparatos psíquicos significantes, etc., y creemos que  es importante hoy dar cuenta de cómo la cultura actual genera determinado tipo de sintomatologías, patologías, que el psicoanálisis tiene que dar cuenta, en la cual rompe con una perspectiva clásica del psicoanalista que es el famoso diván-sillón, donde hoy este es un dispositivo más que tenemos como psicoanalistas, pero hoy podemos ser psicoanalistas parados, caminando, en trabajos comunitarios, en grupo, etc. Creo que, en este sentido, abrir el campo del psicoanálisis a esta perspectiva y dar cuenta de toda una historia que también se abrió en otras épocas, no solamente acá en nuestro país como reflejamos en nuestro libro sino en los años 20 y 30 en Europa, permite pensar formas diferentes de psicoanálisis y permite una forma, también diferente, de enfrentar a esta hegemonía psiquiátrica que trata de reducir la subjetividad, pura y simplemente. a estímulos neurológicos.

Triste como que nos gobiernen estos ortibas // Diego Valeriano

Triste como un tipo de cuarenta volanteando para una pizzeria en Ituzaingó, como un guachin meado, como una mamá marchando con todos a cuestas, como los pibes escabiando vino de caja frente a la cervecería a la que iban antes, como desayunar tortilla a las once de la mañana. Triste como que nos gobiernen estos ortibas, como denuncia de vecina, como un quince sin barra. Triste como una piba que odia a las nenas que tiene que cuidar y ni le alcanza para el sábado. Como una vieja llorando porque le cortaron el gas, triste porque está sola, porque los hijos la olvidan. Triste porque tiene que llenar vía web un formulario en un ciber y después volver a presentar ese mismo formulario impreso para que le reconecten el gas aunque ya no pueda prender nunca más el calefactor.

Triste como la que les creyó a estos chetos y hoy tiene más miedo de los guachos que antes. Porque le recabio. Triste como todas las anti del mundo que nunca van a ser felices, como los pibes que tienen que ir al bajo por que en el barrio es caro y no pega, como la madre que ve como se le escurre el hijo por la base, como la piba que tolera que el coordinador se pase de vivo.

Triste como el tipo que ahora usa los botines de fútbol cinco bien lustrados para ir a buscar trabajo al centro, como las que hacen curriculum en vano, como los que hacen esas colas de cuadras enteras vestidos de manera ridícula para que les digan no. Como el Mickey que vende chipá, la pantera rosa que vende garrapiñadas y el viejo que hace burbujeros con bananas de cotillon usadas en la plaza de San Miguel. Triste cómo chabón que vuelve al prensado, como las putas viejas de la colectora un jueves de Noviembre, como el gordo de la rotisería que no puede creer que esté por cerrar por lo que le vino de luz

Triste como que se quede el infinito sin estrellas, como que nos sigan gobernandonos estos caretas sin alma, como que sea diciembre y el miedo nos gane, como fiesta sin escabio, como nochebuena con una tía que sigue bancando esto, como militante con pechera, como hablar de series, como decir no entremos en provocaciones, como cerveza caliente en las noches que van a venir.

Del Che a Freud // Diego Sztulwark

Si la guerra está en la política como violencia encubierta en la legalidad, se trata de pro-fundizar la política para encontrar en ella las fuerzas colectivas que, por su entidad real, establezcan un límite al poder. La guerra ya está presente desde antes, solo que encubierta. Por eso decimos: no se trata de que neguemos la necesidad de la guerra, solo afirmamos que hay que encontrarla desde la política, y no fuera de ella. Porque de lo que se trata en la política es de suscitar las fuerzas colectivas sin las cuales ningún aparato podrá por sí mismo vencer en la guerra.

 

León Rozitchner

 

I

 

Si una herencia imprime aún el siglo XX en nuestro tiempo es un cierto ideal de transformación. Sólo que ese ideal se ha transformado él mismo hasta volverse irreconocible: vivimos en lo que Salvador Benesdra describió como el fin del “Gran Miedo” (para la burguesía), los 120 años que van de la Comuna de París a la disolución de la URSS. Tal y como hoy la emplean quienes diseñan las imágenes del futuro, la transformación remite a la “flexibilidad adaptativa” de la fuerza de trabajo a las exigencias impuestas por la dinámica combinada de la innovación tecnológica, el desarrollo de mercados y la mantención del orden en democracias definidas como opinión pública de masas. El uso de términos como transformación, evolución o cambio, son otros tantos ideologemas que tienden a secuestrar toda percepción disruptiva del porvenir. Ya no se espera que el humano deba forzarse a sí mismo, modelarse en alguna dirección a determinar. Al contrario, el sentido viene ya dado, emerge automáticamente de los dispositivos financieros, comunicativos o de seguridad. Viene inscripto en el curso previsible del tiempo. La historia, la representación que de ella surge, guarda en sí misma las claves de su cumplimiento. Se trata de una transvaloración completa de los propósitos políticos que se atrevieron en el pasado a proyectar políticamente –es decir, de modo abierto y desconfiando de la pura inercia de unas “leyes de la historia”– que implicaban una transformación humana de lo humano, cuya formulación más clara en nuestro continente fue la tentativa de edificar un “Hombre Nuevo” sobre bases materiales de una sociedad socialista explicitada por el Che Guevara en los años sesenta, al calor de la experiencia de la Revolución Cubana de 1959. Para Guevara la institución del socialismo requería ocuparse muy especialmente de los mecanismos de liberación de lo humano (lo subjetivo) respecto de la prisión producto de la “ley del valor”, lógica persistente y “cordón umbilical” que liga al individuo con la vieja sociedad capitalista de la propiedad privada concentrada. Puede leerse la obra filosófica de León Rozitchner, particularmente su libro Freud y los límites del individualismo burgués (1972) como una prolongación y profundización teórica en los mecanismos que impiden o favorecen la transformación subjetiva que debe acompañar –en lxs revolucionarixs– el cuestionamiento de las estructuras histórico -objetivas de la sociedad burguesa. El problema de la dimensión subjetiva de la revolución viene ligada, para Rozitchner, a una reflexión sobre la contraviolencia (una concepción de la violencia opuesta a la de la derecha), teorizada sobre todo a partir de su exilio durante la última dictadura.

 

II

 

En 1965, el Che Guevara publica “El socialismo y el hombre en Cuba” en el semanario Marcha de Uruguay, donde plantea el papel de los aspectos llamados “subjetivos” en el proceso histórico de superación del capitalismo y de construcción de una nueva sociedad. Individuo y sociedad, subjetivo y objetivo, moral y material, cualitativo y cuantitativo, son los términos de una dialéctica que propone la cuestión del hombre nuevo como tarea principal de la revolución. “Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material, hay que construir al hombre nuevo”, y el instrumento adecuado para lograrlo, en el nivel de la “movilización de las masas”, debe ser de índole “moral”, sin despreciar el uso adecuado de los “estímulos materiales”, ya que la “más importante ambición revolucionaria” es “ver al hombre liberado de su alienación”.

 

La formación de unas masas no sumisas, que actúen por vibración y no por obediencia, constituye para el Che la fuerza principal del proceso revolucionario. Ellas son la fuente de un nuevo poder –coercitivo y pedagógico– imprescindible en la tarea de constitución de una subjetividad nueva, libre de la coacción que sobre la humanidad ejerce la forma–mercancía. Pero, advierte, esta fuerza nueva de unas masas revolucionarias constituye un fenómeno “difícil de entender, para quien no viva la experiencia de la Revolución”. Estas masas nunca fueron pensadas por Freud en su célebre estudio sobre las “masas artificiales”. Y no es que los movimientos de liberación que se dan dentro del sistema capitalista no deseen su transformación, sino que estos no devienen revolucionarios, dice el Che, porque viven lo que dura la vida del líder que los impulsó “o hasta el fin de las ilusiones populares, impuesto por el rigor de la sociedad capitalista”.

 

El freno a ese impulso es la persistencia de la ley del valor, fuente del “frío ordenamiento” que además de regir la producción de mercancías está en la base de un modo de individuación humana. Las masas revolucionarias poseen, para el Che, una potencia expresiva (y cognitiva) capaz de introducir al individuo, “el ejemplar humano, enajenado”, en la comprensión de ese “invisible cordón umbilical que lo liga a la sociedad en su conjunto”, de la ley del valor que actúa sobre todos los aspectos de su existencia (Spinoza había definido el poder de actuar del dinero como el “compendio de todas las cosas”). La conmoción que las masas revolucionarias provocan en el ser social, explica el Che, da inicio a nuevos procesos de individuación porque afectan al individuo en su doble faz de ser singular y miembro de una comunidad, libera la forma humana y le devuelve a cada quien su condición de “no hecho”, de producto “no acabado”. No hace falta suponer que el Che conocía a su contemporáneo Gilbert Simondon para aceptar que su pensamiento se orientaba hacia una teoría política de la individuación socialista como apertura del individuo a un común preindividual, que el capitalismo esteriliza por medio de una continua prefiguración (modulación).

 

¿Qué es la ley del valor? Brevemente: las relaciones laborales de producción entre las personas en una economía mercantil-capitalista adquieren necesariamente la forma del valor de las cosas, y solo pueden aparecer bajo este modo material. El trabajo solo no puede expresarse más que a través de un valor dado. La ley del valor, en la tradición marxista, designa la teoría del trabajo abstracto presente en toda mercancía (en la que el valor de uso se subordina al de cambio), y es el trabajo la substancia común de todas las actividades de la producción. La magnitud del valor expresa el vínculo existente entre una determinada mercancía y la porción de tiempo social necesario para su producción. La ley del valor es una parte de la ley del plusvalor (explotación) y manifiesta la existencia de un orden que dota de racionalidad a las operaciones de los capitalistas, así como a las acciones tendientes a conservar el equilibrio social en medio de los desajustes y estragos provenientes de la falta de una planificación racional de la producción.[1]

El Che Guevara comprende que el máximo desafío que enfrenta una revolución social tiene que ver con ese persistente mecanismo creador de subjetividad que actúa desde las profundidades del proceso de producción. Para interrumpir su influencia apela a la tensión socialista entre masas revolucionarias y nuevas instituciones, proceso de transformación económico y político que favorece la reapertura del proceso de individuación implicado en la idea de “hombre nuevo” (diremos de ahora en adelante: humanidad nueva). Se trata de una puesta en acto de la cuestión de la pedagogía materialista tal como Marx la esbozaba en 1845: el propio educador es quien debe ser educado. La educación de la nueva humanidad no queda a cargo de una instancia pedagógica esclarecida sino que surge del pliegue –o interacción– entre la vibratilidad de las masas y el carácter permanente inacabado de un individuo, articulados en instituciones que conectan fronteras contra la influencia de ley del valor.

 

III

La revolución es un movimiento de la tierra. Deleuze y Guattari la llaman “des-territorialización absoluta”. La salida de la tierra de la esclavitud, el éxodo por el desierto, la promesa de una nueva tierra de libertad. La revolución es también un movimiento que afecta el tiempo, porque la constitución de un nuevo poder colectivo supone una nueva capacidad de crear un presente y un futuro. El sabio Maquiavelo decía que la unidad de la república consistía en la capacidad de los pobres en unirse en la formación de una potencia pública capaz de imponer en el presente un temor sobre el futuro a los poderosos. La nueva sociedad en formación, dice el Che, nace en una dura competencia con el pasado en el que arraiga la “célula económica de la sociedad capitalista”. Mientras estas relaciones persistan como un poder muerto del pasado sobre una tentativa vital del presente, “sus efectos se harán sentir en la organización de la producción y, por ende, en la conciencia”.

 

El Che articula al sujeto de este proceso —las masas revolucionarias y el individuo capaz de creación—con la liberación del trabajo, es decir, aquella capacidad de rebelión de lo que Marx llamaba el “trabajo vivo”, dado que tal liberación no se reduce a lo que el liberalismo entiende como juego democrático. La capacidad de romper las ataduras definidas por la ley del valor no se decide en el plano restringido de la legislación jurídica, y la cuestión del Estado ya no será planteada en su pretendida autonomía, sino como forma colectiva correlativa a la ley del valor.

 

Esta comprensión marxiana de la ley del valor lo lleva a una comprensión más leninista que marxista de la ruptura revolucionaria. La revolución no surge, dice el Che, de una explosión producto de la maduración de las contradicciones que acumula el sistema capitalista (como creía Marx), sino de las acciones que “desgajan del árbol imperialista” a países que son como “sus ramas débiles” (como enseña Lenin). El capitalismo alcanzó un desarrollo en el que sus contradicciones y crisis no reducen su capacidad de organizar su influencia sobre la población de modo automático.

 

Durante el período de transición, dice el Che, se presenta la peligrosa tentación —la “quimera”— de acudir a las armas “melladas que nos lega el capitalismo” (las categorías que se desprenden de la forma mercancía: rentabilidad e interés material individual como palanca de desarrollo, etcétera). Orientado por estas categorías, el socialismo conduce a un callejón sin salida (¿está pensando el Che en la NEP de Lenin?) donde los revolucionarios conservan el poder político mientras que “la base económica adoptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia”. Para el Che, la construcción del comunismo no debe reducirse, por lo tanto, al estímulo de la base material sino suscitar, de modo simultáneo e inaplazable, al “hombre nuevo” (humanidad nueva). Para ello, la movilización de masas debe basarse en contenidos morales: “Una conciencia en la que los valores adquieren categorías nuevas”, dice el Che, afirmación que parece proveniente no solo de un lector de Marx sino también de Nietzsche, cuando unifica la idea de valor moral con la de valor económico. La crítica del Che fundada en la noción de valor (la reivindicación de los valores de uso junto a la inversión de los valores morales) trabaja en los efectos de las enseñanzas de los grandes maestros de la sospecha.

 

La revolución, y ya no la crisis, será entonces el espacio en el cual se planteará el problema más difícil: el de la disputa por la producción (material y subjetiva) de las mujeres y los hombres. El socialismo se da para el Che como fluidificación de lo fijo y articulación compleja entre multitudes que marchan al futuro, como espacio de experimentación de esta producción y creación de un complejo de instituciones revolucionarias a cargo de generar conductas libres de la coacción económica, sobre la base de nuevas formas de cooperación y de toma de decisiones. Aun hoy esas formas permanecen relativamente increadas, si bien la experiencia de invención de fronteras al mando del capital es una práctica habitual y frecuente en las luchas sociales de diversas escalas (la lucha social como laboratorio). El propio Guevara era consciente de que esta tarea debía ser llevada a cabo, a pesar de que cierta izquierda escolástica aferrada a dogmas y a esquemas preformados había frenado el desarrollo de una “filosofía marxista” y dejó así al socialismo huérfano de una economía política para la transición revolucionaria (a esta última cuestión se dedicó el Che de un modo más sistemático de lo que en general se conoce).

 

IV

 

La Revolución Cubana introdujo en el continente una polémica directa sobre la “forma humana” correspondiente a la superación del neocolonialismo y el capitalismo. Así lo comprendió Alberto Methol Ferré, pensador latinoamericano que se presenta como próximo a Jorge Bergolio y que fue un relevante asesor de Antonio Quarracino en la polémica contra la teología de la liberación a fines de los años 70. “La Iglesia –dice Ferré– rechazaba al marxismo esencialmente por su ateísmo y su filosofía materialista. No se le oponía en su vocación de justicia social. Y no hay que olvidar que el marxismo encarnó el despliegue en la historia del más amplio e intenso ateísmo conocido hasta el momento. Hasta que no fue sintetizado por el materialismo histórico marxista, el ateísmo no se convirtió en un movimiento histórico organizado”[2]. Ahora bien, en América Latina, recuerda Ferré, el marxismo “tiene el rostro de la Revolución Cubana”. Es ella la que lo torna “realmente significativo”. Cuba “representa el retorno de América Latina” y “Fidel Castro es el nombre de mayor influencia y de mayor repercusión que jamás haya habido en la historia contemporánea de América Latina”, superando incluso a Simón Bolívar. “Cuba fue una suerte de onda anómala”, en la que la “simbiosis Che-Fidel” obró como síntesis capaz de vincular los extremos geográficos del continente. Y fue también una “gigantesca revancha moral de la juventud de América Latina” que acabó por provocar “un holocausto de jóvenes latinoamericanos, fascinados por el Che, que terminaron perdiendo contacto con la realidad”.

Una Iglesia sin un enemigo principal, dice Ferré, se queda sin capacidad de acción. La “enemistad” para la Iglesia es inseparable de un “amor al enemigo”, que busca “recuperar al enemigo como amigo” reconociendo en el enemigo una verdad extraviada en su ateísmo. Y bien, una vez concluida la enemistad con el marxismo (que en América Latina se expresó para Ferré como guevarismo) a partir de su derrota del año 1989, la Iglesia procura recuperar para sí la crítica (ya no radical) del capitalismo y apropiarse de su áurea revolucionaria para combatir a un enemigo nuevo y temible, que ya no es el mesianismo marxista sino un nuevo ateísmo que se comporta como un “hedonismo radical” (un “agnosticismo libertino”): un nuevo consumismo infinito que renuncia a cualquier criterio de justicia y para el cual el único valor es el poder. Caído el marxismo, el enemigo ahora es el neoliberalismo, un ateísmo libertino que hace la apología de los cuerpos sensibles.

 

V

 

Un año después de la aparición de El socialismo y el hombre en Cuba, León Rozitchner publicaba en la revista La Rosa Blindada, de Argentina, y en la revista Pensamiento Crítico, de Cuba, “Izquierda sin sujeto”, un artículo que discutía con el peronismo revolucionario de su amigo John W. Cooke, donde contrapone dos modelos humanos a partir de sendos liderazgos de contenidos opuestos: Fidel Castro y Perón. Mientras el último era el “cuerdo”, ya que se inclinaba por conservar a la clase trabajadora dentro de los marcos de sumisión del sistema, el primero era el “loco”, puesto que había catalizado las insatisfacciones y disidencias dispersas en el campo social cubano y había operado, a partir de ellos, una revolución social. Según Rozitchner, la revolución no se consuma con ideas puramente coherentes en la teoría, ni tampoco por medio de logros materiales inmediatos en la práctica. Ambos aspectos deben ser replanteados en torno a una praxis que transforma al sujeto, una “teoría de la acción” que permite por fin un “pasaje a la realidad”. La tarea de crear un “hombre nuevo” (humanidad nueva) en torno a unas masas revolucionarias no era tarea sencilla en Argentina, y, para afrontar esas dificultades, Rozitchner se sumerge en la obra de Freud.

 

Rozitchner había expuesto en sus libros Moral burguesa y revolución, y luego en Ser Judío, su comprensión muy temprana de lo que la revolución cubana ponía en juego en todo el continente; y su obra, al menos hasta el exilio, puede ser concebida como una confrontación filosófica y política sobre la forma humana a partir de una lectura encarnizada de Marx y Freud, invocados desde América Latina para el despliegue de una nueva concepción de la subjetividad revolucionaria.

VI

Unos años después, en 1972 y ya pasados 5 años desde la muerte del Che, Rozitchner vuelve a tomar la Revolución Cubana como motivo de una contraposición entre “modelos humanos” antagónicos. En su libro Freud y los límites del individualismo burgués escribe: “Creemos que aquí Freud tiene su palabra que agregar: para comprender qué es la cultura popular, qué es actividad colectiva, qué significa formar un militante. O, si se quiere, hasta dónde debe penetrar la revolución, aun en su urgencia, para ser eficaz”. Y agrega que la teoría psicoanalítica debe volver a encontrar “el fundamento de la liberación individual en la recuperación de un poder colectivo, que solo la organización para la lucha torna eficaz” (1972).

 

El revolucionario, dice Rozitchner en un apartado llamado Transformación de las categorías burguesas fundamentales, es un operador fundamental de la cura en tanto que trastoca la “forma humana” en la que se expresa e interioriza el conjunto de las contradicciones del sistema de producción social. El revolucionario, en la medida en que actualiza el enfrentamiento con lo que lo somete ya no solo en el campo de sus fantasías sino en el efectivo plano histórico, adopta la imagen de un “médico de la cultura” y así se liga con la de las masas insurrectas que señalan la salida de las “masas artificiales” teorizadas por Freud.

 

Todo lo contrario de lo que ocurre en el plano religioso, según Rozitchner, en el que Cristo “nos sigue hablando, con su carne culpable y castigada, de inconsciente a inconsciente, de cuerpo a cuerpo, en forma muda”. En la religión “encontramos solo la salida simbólica para la situación simbólica, pero no una salida real para una situación real: nos da la forma del padre pero no la del sistema de producción, donde ya no hay un hombre culpable, sino una estructura a desentrañar”. Cristo forma sistema con “la fantasía infantil”, pero no con “la realidad histórica”. Rozitchner encuentra entonces en este Cristo de la religión el tipo de forma humana opuesto al del Che Guevara. En tanto que modelos de forma humana, el primero, perteneciente a lo religioso, funciona como el del “encubrimiento” y el segundo, próximo al psicoanálisis freudiano, como el del “descubrimiento”, considerando que los modelos son dramatizaciones, “como los dioses del Olimpo, de las vicisitudes de los hombres”, con diferentes potenciales de acceso al sistema de relaciones sociales que toda forma humana conlleva.

 

En efecto, para Rozitchner, se destacan dos tipos de modelos: “los congruentes con el sistema, los que en su momento fueron creadores de una salida histórica y que sin embargo se siguen conservando más allá de su tiempo y del sistema que los originó, como si fueran respuestas siempre válidas, aunque en realidad ya no (la figura de Cristo, por ejemplo)” y aquellos que, actuales, asumen su tiempo “y la necesidad de su unilateralidad como aquellas cualidades que deberían conquistar por ser fundantes de otras (la figura del Che, por ejemplo)”. Estos últimos asumen su tiempo sin modelos verdaderos y deben enfrentar, por lo tanto, “la creación de nuevas formas de hombre” y de mujer en los que la “necesidad actual, determinada” se exprese. En este último caso, dice Rozitchner, no se trata de un superyó, porque el modelo humano carece del “carácter absoluto que adquieren los otros: la lejanía y la normatividad inhumana aunque sí entran a formar parte de la conciencia de los hombres, como formas reguladoras del sentido objetivo de sus actos”.

 

Esta distinción le permite a Rozitchner explicitar el carácter político que adopta en Freud el superyó colectivo. Si toda forma humana evidencia un sistema histórico en sus contradicciones más propias, contradicciones que mujeres y hombres interiorizan, sin poder zafarse de ellas a no ser bajo la forma de la sumisión, la neurosis o la locura, entonces la única posibilidad histórica de cura sería el enfrentamiento también con los modelos culturales, que regulan las formas de ser individual como las únicas formas de humanidad posible.

 

El Che Guevara es tomado por Rozitchner, entonces, en 1972, como modelo revolucionario del superyó, contra el oficial. “Siguiendo el caso del Che Guevara, se ve claramente cómo su conducta aparece, en tanto índice de una contradicción cultural, asumida por él hasta el extremo límite del enfrentamiento” y se ve al mismo tiempo cómo, en la dinámica del enfrentamiento, Guevara suscita “la forma de hombre adecuada al obstáculo para que se prolongue, por su mediación, en los otros como forma común de enfrentamiento y lucha”. Rozitchner sostiene que este modelo guevariano, que enfrenta al sistema no en sus fantasías sino en el terreno del sistema de producción capitalista, “abre para los otros el sentido del conflicto y muestra a los personajes históricos del drama, en el cual cada uno debe necesariamente incluirse”.

 

VII

 

A fines de los años 70, León Rozitchner (de quien seguimos tratando de mostrar que su filosofía contiene un diálogo y una elaboración de las más importantes intuiciones del Che) escribe Perón: entre la sangre y el tiempo . En este libro problematiza la relación de la izquierda argentina –peronista o no– con la violencia política como parte de una reflexión más amplia sobre la guerra y las ilusiones que conllevan a la derrota (esta cuestión se ahonda en su libro Malvinas: de la guerra sucia a la guerra limpia y en su polémica con el filósofo Oscar del Barco). En el corazón de sus preocupaciones sobre el problema de la violencia, Rozitchner no se pliega a una condena de esta, sino que intenta pensarla desde la izquierda: no condenar la violencia por ser violenta sino por no haber hecho la distinción imprescindible entre violencia (de los poderes) y contraviolencia. Rozitchner lee los trabajos militares de Perón, pero también del teórico de la guerra Carl von Clausewitz, y elabora una filosofía de la guerra en la que se puede distinguir la diferencia entre una violencia ofensiva, conquistadora, que tiende a utilizar la categoría de asesinato como categoría posible de la violencia; y lo que él llamará una contraviolencia de izquierda, que es siempre defensiva, que parte de la movilización popular y que nunca incorpora como razonamiento fundamental el asesinato. Pasadas varias décadas, podemos corroborar que esas distinciones están más vigentes que nunca. El aumento de la violencia represiva, asesina, o la violencia loca no ha dejado de proliferar sobre el cuerpo de las mujeres, de los jóvenes en los barrios y, por lo tanto, también se activan movimientos de contraviolencia. Esta situación la vemos con claridad en el caso de la desaparición de Santiago Maldonado, como también en la irrupción activa del movimiento de mujeres y de los organismos de derechos humanos. El problema de la contraviolencia sigue planteado, y lo que hay que dilucidar es cómo se resiste a este tipo de violencia asesina.

 

Cómo los cuerpos individuales y colectivos pueden tener categorías, elaboraciones, formas de componer una ética que corte con la violencia opresiva, que corte con la violencia asesina sin repetirla, sin copiarla, sin volverse ella misma asesina y loca, derechista. Se trata de la recuperación del problema de la relación entre violencia y obediencia, en un contexto nuevo donde problematizar estas cuestiones sea un modo de no acomodarse a la derrota. En ese intento de volver a plantear el problema de la violencia se juega la lectura que Rozitchner hace de la figura de Guevara. Frente a una reivindicación de tipo idealista del Che Guevara (la idea básica de un Guevara cristologizado, cuya verdad proviene de una supuesta disposición a hacerse matar), Rozitchner recupera su imagen justamente para analizar el modo de plantear el problema de la violencia en un campo de antagonismos, en el que la violencia asesina, siempre presente, no puede convertirse jamás en el modelo de la violencia revolucionaria.

 

VIII

 

El neoliberalismo de estos años invoca un cuerpo sensible que ya no aspira a ninguna idea de supresión de las estructuras de dominación –al contrario, para esa subjetividad estas resultan simplemente inexistentes– ni refiere su propia potencia a instancia colectiva o revolucionaria alguna –sólo reconoce la empresa y la competencia como dinámicas colectivas legítimas–. Se trata de un ateísmo sin trascendencia –en palabras de Ferré–, aunque dispone de saberes prácticos sofisticados respecto de los procesos micropolíticos de la subjetivación. Unos saberes que excluyen y borran eso que Marx y Freud habían inventado, cada uno por su cuenta en sus respectivos campos: la escucha del síntoma –lucha proletaria o deseo– que conlleva una alianza con un proceso de verdad aún por concretar. La alianza con el síntoma, en el plano social e individual, daba lugar para las subjetividades críticas (que hoy se patologizan) a un nuevo modo de concebir la verdad como aquello a lo que se accede únicamente mediante la autotransformación del sujeto. Es este sujeto el de la investigación militante, que queda abolido por un nuevo sacerdocio –vaticano o neoliberal–, el cual vuelve a sujetarlo a su condición natural, orgánica y creada. Doble fijación: a una salud fundada en la estabilidad y a una visión moralista del mundo. El sujeto en tiempos de terror es el sujeto impotente con respecto a los fenómenos de violencia, capturado por la teología política de la propiedad privada, de la cual solo se discuten sus abusos y excesos.

 

La novedad con referencia a sus presentaciones anteriores es la pretensión neoliberal de revestir las operaciones del capital con un llamado al disfrute, al goce, a la libre elección sobre la realización personal. Se propone una nueva manera de adhesión a la vida capitalista bajo el supuesto de que la vida crítica es difícil y triste, además de sospechosa. Quien no participe del juego transparente del amor a las cadenas es un inadaptado, alguien patológico, tal vez un terrorista. Si todo esto no termina de cuajar del todo es simplemente porque el discurso del capital es muy despótico y es poseedor de una violencia intrínseca fundamental.

 

La coyuntura argentina actual –últimamente discutida en términos de si la derecha en el poder es más o menos “democrática– quizás pueda ser entendida como la asunción, en el plano directo de lo político, de eso que ya ocurre desde hace tiempo al nivel de las micropolíticas neoliberales: la disputa por la forma humana. Si prolifera la sensación de una contrarrevolución en marcha, tal vez sea por el modo en que se retoman los elementos de esa “humanidad nueva” que para Guevara solo eran concebibles en la ruptura con la ley del valor, como parte de un proyecto de modelización comunista. El actual entusiasmo desbordante con la idea de un porvenir sin rupturas imagina el diseño humano confinado a los efectos de la alianza entre economía de mercado y nuevas tecnologías.

 

Claro que hablar de contrarrevolución tiene un inconveniente insalvable, puesto que no es posible identificar una revolución previa a la que se procura liquidar o absorber (la coyuntura del kirchnerismo no fue revolucionaria). El gesto futurista, que por momentos esboza la ofensiva actual de la derecha sobre el plano de la sensibilidad y de las ideas, es parte de una estrategia de inscripción violenta de todos aquellos rasgos de una nueva subjetividad en el orden del capital: entusiasmo, deseo de libertad, capacidad creativa, sentido comunitario, disfrutes vitales varios, asuntos asociados en el pasado con el proyecto revolucionario –y con la ruptura de la ley del valor– se conciben ahora como alcanzables solamente en términos individuales, por medios completamente adaptativos (la inercia que brota de los dispositivos comunicativos, tecnológicos y corporativos que se trata de sostener a como dé lugar).

 

[1] “En Marx, sin embargo, la ley del valor se presenta bajo una segunda forma, como ley del valor de la fuerza de trabajo” consistente en “considerar el valor del trabajo no como figura de equilibrio, sino como figura antagonista, como sujeto de ruptura dinámica del sistema” en la medida en que se considera –como lo hace Marx– a la fuerza de trabajo como “elemento valorizador de la producción relativamente independiente del funcionamiento de la ley del valor” como vector de equilibrio. (Toni Negri en “La teoría del valor-precio: crisis y problemas de reconstrucción en la postmodernidad, en Antonio Negri y Félix Guattari, Las verdades Nómadas y General Intellect, poder constituyente, comunismo, Akal, Madrid, 1999). Negri escribe sobre el Che: “Es extraño pero interesante y extremadamente estimulante, recordar que el Che había tenido la intuición de algo de lo que ahora estamos diciendo. Esto es, que el internacionalismo proletario tenía que ser transformado en un gran mestizaje político y físico, que uniera lo que en ese momento eran las naciones, hoy multitudes, en una única lucha de liberación”. (Toni Negri, “Contrapoder”, en Contrapoder una introducción, Colectivo Situaciones y autores varios, Ediciones de mano en mano, Buenos Aires, 2001).

[2] Las citas a Methol Ferré pertenecen al libro de entrevistas con Alver Metalli, El papa y el filósofo, Ed. Biblos, Buenos Aires, 2013.

Fuente: Aportes del Pensamiento Crítico Latinoamericano Nº5

´Me robaron los órganos´ // Fernando Stivala

 

Siento que me duele la sensibilidad.

Siento que desaparecieron mis órganos, vísceras, sangre, etc.”

Alejandra Pizarnik, 1955

 

Los normales le robaron a los locos.

Si una ciudad no sabe como alojar  las angustias de sus habitantes, llama locura a eso que le incomoda escuchar.

Un pueblo que no soporta sus dolores los aparta y los excluye.

Apartar los dolores es olvidarlos.

El olvido que se vuelve costumbre se transforma en indolencia.

¡Somos cómplices de esa insensibilidad!

 

Emociones encerradas durante siglos entre los muros del manicomio.

Y ahora, ¿a dónde las vamos a ir a buscar?

 

Intensidades silenciadas, apagadas;

que se sienten en las tripas,

en las entrañas,

en los intestinos,

en los órganos.

 

Retorcijones, tensiones, vibraciones.

Una cuerda vibra.

¿Y los cuerdos?

¿Y los cuerpos?

Sensibilidad: Materia prima de los cuerpos.

 

Si una ciudad se seca de lágrimas, las tiene que ir a buscar ahí donde las marginó.

A los reservorios de energía que ocultan esa magia silenciada.

Los humanos del éxito ocultaron sus angustias, las olvidaron.

Los normales ya marchitos tienen que ir a saquear lo que alguna vez expulsaron. 

 

Me robaron los órganos, rugido de voces de lo que nunca se va a poder acallar.

Me robaron los órganos, aullido de un futuro sin imaginación.

Me robaron los órganos, denuncia repetida de un porvenir insensible.

Un reloj que adelanta.

 

Me robaron los órganos, el grito de los cuerpos exprimidos por la voracidad zombie de una humanidad indolente que deambula por la ciudad endeudada.

 

La normalidad le ha robado los órganos a la locura.

 

 

 

Método revolucionario de la composición de los cuerpos (Lectura estratégica de Filosofía y emancipación. Simón Rodríguez: el triunfo de un fracaso ejemplar, de León Rozitchner) // Silvio Lang

I

 “No queremos que el Estado legisle sobre nuestros deseos”, dijo la activista travesti feminista Lohana Berkins. Desear es volver a nacer. El deseo es un apetito de lo vivo, las ganas que me mantienen vivo. Desear es querer seguir vivo y elaborar las estrategias para no morir o para que no me maten. El deseo es una bifurcación del primer nacimiento del cuerpo de la madre. “Deseoso aquél que huye de la madre”, escribió el poeta José Lezama Lima. Cada deseo es una fuga. Y quien realiza una fuga planea una política del deseo. Por eso al Estado y al Capital les interesa, especialmente, cada vez más, lo que podemos desear. Nacer de nuevo con cada desvió del deseo es enfrentarse y hacer alianzas. Venir a dar con uno pero multiplicado. Presentir y enfrentar la situación de que estoy hecho de mil pedazos de vidas ajenas. Que un montón de fragmentos de gestos, ideas, afectos, intensidades y moléculas transmigradas me componen y descomponen esa estafa del Yo unificado, homogéneo y privado al sentir lo múltiple. Nacer de nuevo es sentir y vivir al ritmo de la multiplicidad histórica y  presente que me constituye. El llanto chillón del primer nacimiento desde el cuerpo materno cuando nos arroja al mundo se transforma con este segundo nacimiento en pánico por devenir una multiplicidad social. Segundo nacimiento, es el concepto que León Rozitchner presiente para una conversión revolucionaria. El segundo nacimiento es la condición para cualquier “nuevo nacimiento colectivo”. Si no me animo a sentir lo ajeno que hay en lo propio no hay deseo revolucionario que se active. La revolución son las ganas de amar. Es decir, organizar la co-producción de la materialidad sensible del mundo con otros. La revolución y el amor son una puesta en común de los fragmentos de nuestra materialidad sensible co-produciendo humanidad. Lo saben los amantes que con cada encuentro furtivo les vienen unas ganas locas de transformar cualquier cosa en la forma del amor que lxs rebalsa. En cada encuentro tumultuoso de las carnes del amor renacen las ganas de transformarse transformando la forma humana, la carne no cristiana del mundo. Te amo, es decir: quiero devenir materialmente con vos y con los otros que pueden componer nuestra ecología del amor. Hay revoluciones porque hay devenires de amor.

El amor para León Rozitchner no es el amor a una trascendencia, al hijo de Dios. Es más bien un amor material, sensible, concreto. Amar es organizarse con las relaciones de las carnes del mundo. La carne es el quinto elemento que la cosmología se olvidó. Aire, tierra, agua, fuego, y carne. El encuentro o la relación material del amor afecta la carne de los cuerpos y los transforma. Hay un amor materialista, un marxismo sensualista de la carne, o bien, como el chiste de León sobre su propia filosofía, en una de las conversaciones con  Diego Sztulwark: “un materialismo maricón”. León lo dice desde su heterosexualidad, es un hétero-sensible. Quiere invertir la difamación que le prodigan los machirulos del pensamiento heterosexual cada vez que pretenden desactivar y normalizar su filosofía. Sin embargo, no es en vano esta irrupción chistosa de “lo marica” en el inconsciente hablado de León. La marica es históricamente una figura de lucha de la resistencia de las disidencias sexuales en todo el mundo. Es un insulto odioso que se vuelve una performance subjetiva de defensa y de contra-ofensiva para el movimiento disidente. En la imaginación de la historia político sexual las maricas y las tortas son las primeras feministas anticapitalistas. La maricas del Frente de Liberación Homosexual, escriben, de la mano de Néstor Perlongher, el panfleto subversivo “Sexo y revolución”, en pleno gobierno de Perón, con la Triple AAA ya asesinando. El panfleto del Frente de Liberación Homosexual inscribe, por primera vez, en Argentina, un lazo político conceptual, corporal, marxista y feminista explícito entre revolución social y vida sexual. El FLH denuncia y analiza cómo el Capital explota y se reproduce a partir de la heterosexualidad obligatoria modalizando el desdeo y el goce de los cuerpos. Desde entonces, desde las maricas feministas de los 70 y con la broma del filósofo materialista, “mariconear” es hacerse cargo de las relaciones materiales que organizan el entre de los cuerpos. “Amor marxista” o “Materialismo maricón” es la presencia de los otros en cada acción y relación entre los cuerpos que produce forma humana. Rozitchner con Marx, pero también con el mariconeo estratégico de los cuerpos insumisos.   

 II

 “Tengo un cementerio travesti en la mente”, dice la activista trans Marlene Wayar, invocando las muertes de todas las compañeras asesinadas por la policía, el machismo y el abandono del Estado. Los fragmentos de los cuerpos de los otros que me hacen me informan y me dan la forma de la historia mundial del deseo sometido. El mundo sufre en cada cuerpo cada vez que nuestras ganas de vivir es impedida, amenazada y agotada. Reconocer el sufrimiento de los otros cuerpos como propio es, también, asumir el fracaso de los recursos que tenía para cuidarme. Si soy múltiple y estoy en peligro de muerte los otros cuerpos también lo están y sufren por ello. Hay una Internacional del sufrimiento de los cuerpos y las mentes. Los otros no son nuestro infierno: los otros son la punta de lanza para encarar alianzas y fugarme del infierno del orden del Capital. Reconocer que otro sufre es auto-percibirme una multiplicidad sufriente y sintiente. Me incorporo al sufrimiento de los otros porque los otros ya están ahí, en mi, haciéndome el cuerpo de manera inconsciente. El descubrimiento del Inconsciente freudiano no ha sido otra cosa que la herramienta revolucionaria para armar y desarmar la multiplicidad andante que somos.      

El horror a sentir el sufrimiento del otro que ya está resonando en nosotros expulsa, a la vez, de nuestro inconsciente la posibilidad de sentir el propio sufrimiento de la amenaza de muerte. Esa muerte desterrada en nosotros la lanzamos a cualquier otro hasta destruirlo, torturarlo, ignorarlo y gozarlo. El racismo, el linchamiento social son una resolución ética asesina con la propia muerte y el cuerpo como propiedad privada de  otros cuerpos. Educarse en la muerte y en las ganas de amar son los principios de una pedagogía de la liberación que ensaya León Rozitchner para la revolución de los cuerpos y la creación de otra humanidad.

Cada cuerpo es el lugar donde se contraponen, se mezclan, se diferencian los movimientos y las afecciones de muchos otros cuerpos. Cada cuerpo es un “campo de fuerzas” afectivas, dinámicas, intelectuales, reglamentarias en constante tensión y expansión. Cada cuerpo es un caldo de cultivo social. En tu cuerpo los otros ya están en modo activado. Desconocer esas fuerzas que nos atraviesan y nos hacen es el modo paranoico de matar lo que vive pese a unx. Nos movemos entre cuerpos, somos hechos de cuerpos. Cada cuerpo es una multiplicidad de cuerpos. ¿Cómo sería un teoría social y una politicidad que piense experimentando este real múltiple? Requiere un saber indeterminado porque se trata de pensar los movimientos que componen los cuerpos. Requiere un saber sintiente de la materia afectiva que nos forma. Enseñar la vida de los afectos como condiciones de producción de existencia. Organizar formaciones extrañas de otros cuerpos. La forma sensible, la materia afectiva es el modo de existir, el modo de aparecer en el mundo. Una revolución erosiona las formas materiales de existencia. Toda educación social revolucionaria es una educación afectiva. Las ideas sociales se traman como afectos sociales. “El saber es aquello que se desarrolla desde lo que se vive cada día haciendo”, escribe León.

Hay un saber fundamental que se ignora: que vivo compuesto de otros. Que mi condición de auto-producción es la fábrica social de humanidad. La “enseñanza universal” del Simón Rodríguez de León Rozitchner no es la “igualdad de las inteligencias” del Joseph Jacotot de Jacques Rancière sino la composición de los cuerpos. Saber es actualizar esa presencia incesante de la carne del mundo en cada uno de mis tejidos. Cómo actúan los otros en mí. Ninguna erudición importa sino una investigación de las afecciones del mundo que trastocan mi manera de percibir, de sentir, de conocer, de ponerme en relación. Saber es desenterrar la tumba que le hice a los otros en mí. Saber es hacer pasar afectos mediante las sensaciones que la carne del mundo mueve en mí. La ignorancia es desconocer y no poder organizar las sensaciones que vivo en mi devenir social. El Simón Rodríguez de León moviliza una “enseñanza universal” en situación: “Un sistema de construcción revolucionaria, en momentos de revolución” para crear una nueva humanidad.

III

“No queremos ser más esta humanidad”, dice la activista y artista travesti Susy Shock.  El mundo humano se divide en dos formas: de un lado los cuerpos expropiados y  expulsados de la tierra; del otro, los cuerpos expropiadores y apropiadores de la tierra. Los primeros han sabido resistir el sufrimiento propio y ajeno; los segundos, desconocen tal saber corporal, porque la negación es la condición para seguir haciendo sufrir y expropiando la energía de otros. Lo que pueden hacer unos y otros con esta situación partida será el “índice de verdad” de la democracia. La democracia está en guerra por sus dos formas de humanidad aunque se viva en aparente paz. La enseñanza revolucionaria reconoce esta guerra de fondo y la paz como tregua para organizar otra forma humana. En la paz se prepara la contra-ofensiva. Pero para ello es necesario investigar: ¿cómo se produce el sufrimiento social? ¿cómo se explotan y se niegan los cuerpos del presente? ¿qué posibilidades hay de liberación y recomposición de los cuerpos ahora? Son las preguntas que articulan esta enseñanza de resistencia. La práctica y la teoría de tal enseñanza se funda en la experiencia del hartazgo de los cuerpos expropiados y expulsados. Aprenderla requiere una crítica de sí mismo: pasar de la ignorancia del sufrimiento propio y ajeno al saber sintiente de los otros resonando en uno/a. Aprender es ensayar, arriesgar un nuevo cuerpo en el escenario social; actuar una nueva relación con nuestra sensibilidad, nuestra percepción y nuestros modos de relacionarnos y de enunciar. Se aprende un saber material de lo que está en juego y, también, de lo que fracasa en una situación. Entender es descubrir las diferencias de lo vivido; conceptualizar es conectar esas diferencias experimentadas. La teoría es lo que hace que una experiencia se intensifique hasta crear una nueva forma humana, hecha de espacios, tiempos, vínculos, imágenes, palabras, movimientos, gestos que no existen. La pedagogía de la enseñanza revolucionara es una crítica práctica al ordenamiento del mundo y una morfogénesis -la creación de formas sensibles- de la humanidad que viene.      

Crear humanidad es crear formas sensibles de un nuevo tipo de corporalidad que aún no existe. Esa corporalidad se practica. Se trata de inventar procedimientos que incorporen el propio cuerpo en otros cuerpos; plegarse en y desplegarse desde otros cuerpos. Generar los espacios y los tiempos donde esta crítica inventiva del cuerpo suceda. Abrir zonas de agite de los cuerpos.  Ensayar otras formas de relación con la afectividad, con la lengua, con la sensibilidad, con las maneras de percibir y de conocer. Crear una afuera desde esta cárcel interior de conexiones totalizantes del Yo. Producir insolvencias semióticas; avivar insurgencias afectivas; politizar lo que nos pasa; intensificar nuestros deseos estratégicos; desencadenar actos y gestos no-conformados; investigar nuestras mutaciones sensibles; materializar nuestras contra-coherencias afectivas. Se trata, pues, de inventar pragmáticas y protocolos de experimentación sensible para gozar en la vida común que viene. Componerse con lo heterogéneo, con lo indócil, con lo aberrante al régimen de sentido heterosexual del Capital. Como vociferó Antonin Artaud experimentar un “atletismo afectivo”. ¿Cómo se forman hoy las subjetividades de las milicias que van a revolucionar desde sus formas de vida el imperio del Capital teconológico y financiero? ¿Cuáles son las subjetividades militantes, artísticas, médicas, científicas, pedagógicas, activistas que se están haciendo cargo de los vinculos y crean prácticas de sensibilización? ¿En en qué espacios y colectivos se están creando prácticas de liberación? Son las problemáticas que interesan al método revolucionario de la composición de los cuerpos para otra humanidad. En medio de la captura generalizada de nuestra fuerza de actuar, que realiza el capitalismo absoluto necesitamos aprender a devenir máquinas de guerra sensibles. Comunidades afectivas que encuentren salidas a la explotación de la potencia de actuar y las ganas de vivir que  realiza el capitalismo.

 

IV

“El tiempo de la revolución es ahora, porque a la cárcel no volvemos nunca más”, dijo Lohana Berkins. La revolución es ese “segundo nacimiento” que nos acontece cuando descubrimos a los otros en nosotros y creamos poder colectivo. Estar en revolución es recrear “los poderes originarios de los cuerpos” en el cuerpo propio. Devengo un sentimiento revolucionario, es decir, asumo la resonancia de los otros en mí. La revolución requiere el tránsito de esa naturaleza material pre-individual  -aquello que nos excede, los otros en uno- como posibilidad y condición de producción de existencia. Es reconociendo el sentimiento colectivo del sufrimiento histórico de los cuerpos que nos hace crear formas humanas nuevas necesarias para vivir. Es porque nuestros cuerpos no dan más,  porque estamos hartas del mundo absoluto que nos fija y despotencia, es porque no queremos que nos verduguen más. Es “porque a la cárcel no volvemos nunca más” que un proceso revolucionario se inicia como pasión desencadenada. Cuando nos encontramos con un mundo que requiere ser transformado para vivirlo es que hay revolución. La revolución es una disidencia existencial. Cuando nuestros cuerpos son des-compuestos y re-compuestos un método revolucionario trabaja en nosotrxs.  ¿Cómo participo de los procesos materiales de los cuerpos que me implican, que me apasionan? ¿Cómo me incorporo y rehago mi cuerpo desde el cuerpo del amante que me afecta, del compañero de piquete, de las travestis que matron, de los cuerpos anónimos que vibran en mí? ¿Qué ideas crecen de esa asociación corporal que es un cuerpo social en proceso?  La revolución es un ahora porque es el proceso irreversible de nuestros cuerpos amándose, organizándose en un tiempo-espacio divergente, en una crono-topia diferencial. La revolución no es la “toma del poder”, sino la conciencia práctica del poder colectivo de los cuerpos y su método de composición. Los afectos como las ideas son relaciones que forman humanidad. Una revolución social es el espacio que se abre para investigar la recomposición de las relaciones entre los cuerpos.  La “resonancia sensible”, como llama León a este dinamismo de los cuerpos es un saber del pueblo que se piensa así mismo desde la propia experiencia. Los cuerpos en su relación afectiva con lo que les pasa y cómo se relacionan entre sí y con el entorno fundan otra coherencia, otra legalidad, otra economía. El método revolucionario de la composición de los cuerpos enseña que la realidad se co-produce. La “libertad personal” es una trampa. No hay desarrollo personal que no implique el aprovechamiento de los cuerpos ajenos para el beneficio propio. Extrapropiar los cuerpos de otros es la base para luego expropiar la tierra, la naturaleza trabajada, las cosas, las ideas… El “derecho de propiedad” es una usurpación de cualquier realidad co-producida. Dice León:

“La usurpación es el secreto escondido y recóndito que forma sistema  con la exclusión y usurpación del otro en uno mismo, la del propio cuerpo que se siente en su propia existencia más intima también separado y solo: el propio ser se funda en haber usurpado, sin reconocer, al otro.”

Sentir la co-producción de la materialidad histórica del mundo que habitamos es aprender un cuerpo resonante donde “la propia corporeidad esta trabajada por las cualidades y las facultades de otros cuerpos”. ¿De qué manera estoy entrelazado en otros? ¿Cómo mis cualidades y facultadas son el concierto de las capacidades que posibilitan otros? Son las preguntas del método revolucionario. El conocimiento revolucionario empieza por una verdad palpable: me singularizo en plural. Negarse a este fundamento de lo humano es una ignorancia asesina.     

V

“Las travestis no estamos en la agenda emocional del país”, dice Susy Shock. El método revolucionario va contra esa ignorancia que asesina los cuerpos de los otros en uno. La incapacidad de empatía es nuestro enemigo: la sensibilidad es un arma. Se trata de diseñar en cada espacio de trabajo una pragmática de los afectos. Invertir en prácticas que se hacen cargo de los vínculos. Poner en discusión los modos en que se diagraman las relaciones sociales de explotación o no, de conquista o no, en cada proyecto, en cada espacio de militancia, de investigación, de creación que abordamos. Desactivar la explotación de los cuerpos en todos los planos de la vida. Leer, hablar, escribir, crear, pensar, investigar, amar, orgnizarse haciendo, siempre, resonar los propios límites, los propios bordes del cuerpo. “La pedagogía es un arma en la medida en que inscribe en los cuerpos un saber del propio origen histórico que se prolonga en ellos”, escribe León. El “materialismo ensoñado” que León logrará articular al final de su vida es la activación de la memoria de la carne como punto de partida para hacer mundo, ideas, combates. No vamos a decir ni proclamar nada que no podamos soportar con nuestros cuerpos. El conjunto de sensaciones o el sentimiento resonante del propio cuerpo es la hipótesis de cualquier pensamiento, de cualquier arenga, manifiesto y protocolo de experimentación. Decir “cuerpo propio” es un autoengaño semántico: sólo hay cuerpo social. El método revolucionario no provee datos ni saberes, más bien restituye un poder que fue sutraído por la verosimulitud capitalista: la composición colectiva de nuestros cuerpos. Como lo pensó Gilbert Simondon, contemporáneo a León, durante su estadia en Paris: la individualización es la resolución de una problemática del encuentro de dos o más heterogeneidades materiales o cuerpos. Es por eso que estamos desfasados, desde el vamos, en relación con nosotros mismos. Este desfasaje primero es lo que nos permite producir una sensibilidad común, fuera de lugar del Yo indiviso. Estar descentradxs es la condición necesaria para desplegar la capacidad de incorporarse a cualquier lugar, de recomponer el sentido del mundo y la capacidad de hacerse un cuerpo nuevo.  Participando de otra materia; incorporarse a un medio o un proceso otro es componer lo común, es decir, lo que nos afecta a todos. Plegarse y desplegarse en el otro como un medio material; los otros cuerpos como espacio material. Materializaciones y modalizaciones entre los cuerpos trazan subjetividades colectivas. Subjetividades que asumen las formas de implicación y participación en los procesos de afección de los cuerpos. La sensación es el punto en que el cuerpo traza nuevas relaciones con lo que lo afecta. La producción de un cuerpo intensivo o un cuerpo afectivo de la sensación es la fábrica de la potencia social que es necesario disputar.

El método revolucionario de la composición de los cuerpos más que una pedagogía coreográfica es una técnica lisérgica del cuerpo excesivo, los espacios descentralizados; las alianzas múltiples; las temporalidades co-existentes. Una agenda emocional trans-versal.  

*Publicado en la revista Apuntes del pensamiento Latinoamericano Nº 5, “León Rozitchner: un marxismo con cuerpo propio”    Cristián Sucksdorf (editor), Instituto de Estudios Sociales de América Latina y el Caribe, Facultad de Sociales de la Universidad de Buenos Aires, septiembre 2018. 

Nuit Debout, la política, el comunismo, el amor // Conversación con Alain Badiou

2016

¿Cuáles han sido las potencias y los límites de Nuit Debout?  ¿Cómo pensar la relación entre movimientos y nuevos partidos?  ¿Qué analogías hay entre el amor y la política revolucionaria?


Las señales de Nuit Debout

Se ha hablado mucho sobre Francia y el movimiento Nuit Debout. ¿Podemos ser optimistas? ¿Estamos frente a una reactivación de la política?

Te voy a dar una respuesta ambigua. Personalmente, siempre me alegro de que haya un movimiento. Naturalmente, prefiero que haya un movimiento a que no haya nada. Desde ese punto de vista, debemos reconocer que el movimiento existe, que ha durado por un tiempo, y que hay mucha gente que se acerca, para observar o formar parte de él, y que aún hay un buen clima de discusión. Todo esto es positivo.

Por otro lado, pienso que este movimiento no es algo que va a transformar profundamente la situación política actual en Francia, que es una situación para mí muy difícil, incluso congelada. Y las razones para eso no son una cuestión de buena o mala fe de los actores involucrados en ella. Más bien tienen que ver con el hecho de que la búsqueda de una nueva política en el contexto actual -algo que además tire abajo la política existente- va a ser un proceso bastante largo. Así que, aún admitiendo que el movimiento es positivo, no debemos esperar de él resultados inmediatos de orden general.

Aún así, ¿estamos ante el comienzo de un proceso?

Eso es lo que espero. Espero que estemos ante el comienzo de un proceso, ya que este tipo de movimientos siempre deja huellas. Hay personas que salen de la experiencia con la convicción firme de que necesitamos hacer algo y necesitamos nuevas ideas. Hay pequeños grupos formándose y experiencias locales diseminándose. Nuit Debout ya ha tenido eco en ciudades provinciales. Así que no sabemos muy bien cómo va a continuar, pero dejará huellas. Y en este sentido espero que se vuelva una especie de precursor de algo más. Espero que las campanas suenen y que algo pase.

¿Piensas que la reapropiación de espacios públicos, como en el caso de Nuit Debout en París, es importante para que la gente vuelva a poder hablar políticamente?

La ocupación del espacio público es, por supuesto, siempre importante. Hay muchos ejemplos históricos en los que la ocupación del espacio público o incluso de edificios y lugares de toma de decisiones ha servido a la constitución de políticas revolucionarias. Cuando hablamos de revoluciones evocamos la toma de la Bastilla, el asalto al Palacio de Invierno, etc. Cuando un movimiento toma el control de un espacio reservado a las autoridades o a la vida ordinaria y lo transforma en un lugar de la voluntad colectiva, estamos ante un episodio importante y revelador.

Dicho esto, tenemos que ser conscientes de que estas ocupaciones no determinan por sí mismos un futuro claro: no podemos permanecer en las plazas para siempre. También tenemos que pensar en lo que haremos después, en el largo plazo. Pienso que el gran problema para la política en general es cómo definir su propia temporalidad, es decir, no volverse esclava de la temporalidad impuesta. El Estado es algo que prescribe un tiempo. En este momento todo el mundo está paralizado por la idea de la próxima elección presidencial: ¿quién será el candidato en 2017? , etc. Cuando inventamos una nueva política inventamos un nuevo tiempo. Ocupar espacios públicos es parte de eso.

¿Suenan las campanas en algún otro lado? ¿Estás pensando en algún lugar en particular?

Actualmente, a escala mundial, estamos en lo que llamo un «intervalo» histórico. Es decir, las grandes experiencias históricas del siglo veinte se terminaron, así como también el período de los grandes estados socialistas. Pero aún no sabemos cuál será el futuro. Estamos entre los dos momentos. Y pienso que en situaciones intermedias como ésta las cosas se desarrollan con pequeños signos, movimientos, rebeliones. Y también con la llegada histórica de una nueva juventud que no ha atravesado las experiencias pasadas, y por eso tiene diferentes puntos de partida.

Así que eso es lo que se está manifestando hoy. Tiene algunos elementos novedosos en términos políticos, respecto a la cuestión de la vida política y de la organización de la vida social, etc. Y todo esto tiene lugar en medio de una gran incertidumbre, pero estoy convencido de que está preparando el camino para algo nuevo. Tenemos movimientos importantes en el mundo hoy. Desde Turquía a El Cairo y Hong Kong, ha habido ocupaciones duraderas con grandes discusiones públicas. Todo eso dará sus frutos.

La institucionalización de la política

Las fuerzas políticas como Podemos, Syriza en Grecia, o Jeremy Corbyn en Gran Bretaña, ¿son parte del proceso que describes?

Pienso que sí. Mirándolo de cerca, todas estas nuevas formaciones, o nuevas tendencias de viejas formaciones, por cierto también podemos incluir a Bernie Sanders en EEUU, son parte de lo que los movimientos han producido. Después de todo, Syriza no hubiera existido sin los movimientos de los años 2000, Podemos fue el resultado de la gran movilización de los Indignados e incluso Bernie Sanders es un eco de Occupy Walls Street. De hecho, es la misma juventud la que lo apoya, fundamentalmente.

Entonces, se trata de un primer intento de extraer ciertas orientaciones políticas de estos movimientos. Pero esto ocurre dentro del marco oficial y, por lo tanto, implica grandes decepciones. Ya que el marco oficial tiene una lógica propia, contradictoria con el movimiento. Cuando los partidos como Syriza o Podemos juegan al juego oficial se vuelve difícil para ellos reclamarse a sí mismos del movimiento. En todo caso, tenemos este difícil problema de aceptar partidos que fueron creados al calor del movimiento y que juegan el juego oficial, tal cual es. Se ven forzados a decepcionar, en gran medida, a parte de su apoyo.

Todos mis amigos estadounidenses están muy felices con Bernie Sanders: después de todo, en los EEUU, apenas ver a alguien vagamente hablar de socialismo es en última instancia extraordinario. Pero todo el mundo sabe que en algún momento Bernie Sanders va a tener que decir que hay que votar por Hillary Clinton. Ese es el problema. Y todos sabemos muy bien que Hillary Clinton es una figura oficial del establishment. Es un poco como el momento en el que Tsipras tuvo que decir que finalmente no había otra opción más que aceptar las demandas de Europa. Son episodios en los que los productos de un movimiento vuelven al interior de las estructuras oficiales. Es casi inevitable que esto ocurra: también es parte de las experiencias negativas por las que uno pasa. Después de todo, el proceso de aprendizaje es positivo, pero también negativo.

¿Entonces los movimientos están inevitablemente destinados a ser recuperados por fuerzas políticas?

No diría que es inevitable. Pero sí casi inevitable. Si miramos hacia atrás en la historia siempre han habido grandes movimientos que terminaron siendo recuperados por la estructura oficial. Eso es cierto respecto de movimientos mucho más importantes que Nuit Debout o Podemos. Por ejemplo la cooptación por parte de Napoleón III de las revoluciones de 1848 o la reconsitutución de las órdenes por parte de Napoleón I. O el hecho de que las Tres Gloriosas Jornadas de 1830 terminaron en el reestablecimiento de la monarquía. Así que es una ley de la historia que ningún movimiento puede mantener su paso por siempre. Existen contra-tendencias, hay un orden establecido y estaríamos equivocados al subestimar su tenacidad.

Estamos en un período de transición en el que todos debemos medir nuestras opciones y nuestras posibilidades, y eso incluye la amarga pero ineludible experiencia de ver al orden recuperar lo que se desarrolló. No hay que llorar por eso. La historia está llena de ejemplos así. Y luego, un día, puede haber un descubrimiento. No soy fatalista; tengo un temperamento más bien optimista. Creo que tenemos que ser claros acerca del hecho de que, si bien este tipo de cosas ocurren todo el tiempo, no hay razón para concluir que es inevitable.

Viejo y nuevo comunismo

Entonces, ¿aún ves el comunismo como un horizonte?

Sí, no sólo mantengo ese horizonte abierto, sino que considero que es muy importante hacerlo. Ya que si no hay una idea estratégica, los movimientos que atraviesan contratiempos o son cooptados corren el riesgo de producir devastadores efectos subjetivos. Corremos el riesgo de la desmovilización, de pensar «bueno, en ese momento era joven, me dejé llevar por esa aventura y no funcionó». Nuestro pensamiento tiene que ser que si bien hay contratiempos, tenemos que mantener el curso a pesar de las sinuosidades de la historia. La historia no marcha en línea recta, sino en una forma muy tortuosa y no debemos imaginar un «Camino Real» que nos lleve a la emancipación. Hay reveses, aspectos negativos y por eso necesitamos una brújula, pase lo que pase. Sin una brújula terminaremos viejos y desalentados.

Es a causa de esto que hablas de un «nuevo comunismo». ¿Podemos imaginar otro comunismo que no sea el de los «libros sagrados»?

Sí, y no sólo pienso que necesitamos imaginarlo, sino que también estamos en condiciones de saber cuáles fueron los graves errores cometidos en el pasado. Por ejemplo, sabemos que fue un error imaginar que el poder del Estado es la solución de todos los problemas de la emancipación. Sabemos que aún si llegamos a la victoria mediante la violencia, eso no significa que la violencia pueda ser una forma cotidiana de gobierno. Sabemos que la fusión total entre la organización política, el partido y el Estado no es nada buena. Esta fusión solo sirve para dejar a la gente afuera del proyecto y termina engendrando terror.

Tenemos algunos elementos para un balance de la primera fase de la experiencia comunista, que creo que fue la fase enteramente dominada por la cuestión de la victoria de la revolución, propiamente dicha. Fundamentalmente, toda la historia del siglo XX es la historia de los grupos políticos convencidos de que los métodos que guían a la victoria de la revolución son también los que guían a la construcción de un nuevo mundo. Sin embargo, no es así. Los métodos usados para vencer al enemigo no son los mismos métodos para movilizar a los amigos. Podemos conquistar enemigos por la fuerza -y muchas veces nos vemos obligados a hacerlo-, pero no podemos forzar a los amigos a hacer lo que queremos.

Tenemos que sacar todas las conclusiones de esta experiencia. Desde mi punto de vista, la lección principal es que no hay que reducir las cosas a dos términos, sino a tres. En primer lugar tiene que haber un movimiento de masas, librado a sus propios avatares, también en los momentos de su desarrollo. La juventud y los trabajadores tiene que ser capaces de movilizarse y decir lo que tengan que decir, cuando consideren que la situación lo demanda. El movimiento de masas debe permanecer vivo, a diferencia de las experiencias pasadas, donde fue suprimido. La segunda lección es que mientras el Estado no pueda ser completamente derrocado o reemplazado por otra cosa, tiene que haber alguna manera de gestionarlo. Tercero, tiene que haber una organización: una organización en algún lugar entre los dos. Es decir, una organización que sea interna al movimiento de masas, mientras exista, y que al mismo tiempo tenga cierto poder sobre el Estado.

Europa, los refugiados, un nuevo internacionalismo

¿Todavía hay en este esquema algún lugar para Europa, para el federalismo más allá de los estados?

Pienso que hay cierto interés en cualquier intento de ir más allá del marco nacional. Aún si conlleva serios inconvenientes, nunca tenemos que olvidar que la vocación fundamental de las políticas de emancipación es el internacionalismo. Ya no podemos considerar al marco nacional como apropiado para la política. Más aún, si analizas los movimientos recientes -y ya era el caso en los 60’s- se trata de movimientos mundiales. No son todos lo mismo, pero hay movimientos a escala mundial. Tienen que federarse y unirse.

Tenemos que operar a escala mundial. Después de todo, el capitalismo está globalizado y estamos en una posición débil para confrontarlo si todas las organizaciones progresivas se limitan pura y simplemente al marco nacional. Pienso que hay que volver a lo que decía Marx: los trabajadores no tienen patria. Esto es hoy más cierto que nunca ya que tenemos un proletariado internacional. Una gran proporción de los trabajadores de mi país, Francia, son en realidad marroquíes, malíes, etc. La cuestión internacional ya está ahí, en cada uno de nuestros países. De la misma manera, si recibes un cierto número de refugiados algunos se quedarán y se volverán parte de tu visión del mundo. Así que necesitamos una visión internacionalista más fuerte que la del período previo. Para mí Europa no es el coco, podría tal vez ser algo positivo siempre y cuando no sea sólo la Europa de los burócratas.

Un acontecimiento que estamos presenciando es la llegada en masa de refugiados. ¿Qué piensas de la actitud de Grecia con respecto a este fenómeno?

Según me consta, las personas que están en apuros entienden mejor a aquellos que también están en apuros que quienes permanecen inmutables en su egoísmo. Parece ser de hecho que Grecia ha demostrado cierta aptitud -contradictoria, por supuesto- de ver qué se puede hacer y organizar algo con los refugiados. Es aún más sorprendente si consideramos que los griegos no están en una situación fácil -de hecho, están nuevamente protestando. Creo que esta es una subjetividad interesante para el futuro -hacer vínculo con personas que no son de tu mundo, con el objeto de organizar algo juntos. Creo que el viejo internacionalismo fue, por el contrario, más bien nacional, una cuestión de federación entre naciones. La internacional tenía representantes de cada país. Lo ideal sería construir una verdadera internacional, una internacional de los pueblos.

El amor: construir una experiencia «a dos» 

Hablas no sólo de política, sino también de procesos de verdad: la política, el amor, el arte, la ciencia. Según tu mirada, ¿cómo es posible hacer prevalecer la magia del amor a pesar de las restricciones sociales y el paso del tiempo?

Paradójicamente, hay analogías entre el amor y las políticas revolucionarias. Esto es así fundamentalmente porque todo empieza con un acontecimiento. El amor empieza con un encuentro, una especie de golpe de azar que constituye la posibilidad de ese amor. Es una posibilidad inscrita en la realidad. De hecho, gran parte de la literatura universal trata de la contradicción entre este golpe de azar y el matrimonio arreglado por los padres. El número de obras dedicadas a las aventuras de una pareja joven cuyo amor choca con el que sus familias arreglaron nos da un indicio de que todo el mundo ha advertido hace tiempo que el amor es una singularidad creativa, no la consumación del orden existente.

En cada caso, tenemos el mismo problema que decíamos antes: qué viene después. Hay que construir algo. El amor no puede terminar en la epifanía del encuentro. Tiene que volverse una construcción. Y precisamente lo que tiene que construirse es la experiencia del mundo «a dos». Esto es completamente extraordinario, ya que habitualmente experimentamos el mundo desde el desenvolvimiento individual: lo que yo veo, lo que yo siento. Con el amor, las cosas realmente tiene que ocurrir «a dos». Eso significa que cuando dos personas van de viaje, realmente viajan como a dos. Ves las mismas cosas pero las ves diferentemente, discutes esa diferencia,eres esa diferencia. Y por supuesto pasa lo mismo con la decisión de vivir juntos o de tener hijos.

Entonces el amor es la experiencia de construir algo junto a alguien más. Esa es la duración del amor. A veces falla, del mismo modo en que fallaron los estados socialistas, porque en algún momento dado alguno de los dos, o incluso los dos a la vez, no pueden seguir sosteniendo esta dualidad dentro de sí, esta dualidad en sus decisiones. Emergen entonces contradicciones que no somos capaces de resolver. Pienso que la fortuna y el poder del amor se da cuando logra sobreponerse a las crisis. Nada es más grande que una reconciliación amorosa que sucede a una crisis. Esto significa que finalmente somos capaces de construir algo que no imaginábamos. Es por esto que no debemos temer las crisis, que son inevitables. Tanto el amor como la política tienen que ver con la resolución de problemas. Evidentemente, si nos enamoramos pensando que todo va a salir bien por sí mismo, y que no habrá problemas, entonces arrancamos con el pie equivocado.

Entrevista de Costas Mavroïdis con el filósofo francés Alain Badiou para Grèce Hebdo, mayo de 2016. Traducción al castellano: Martín López. Subtítulos del vídeo para ‘Interferencias’: Tomás Cobos.

[fuente: http://www.eldiario.es/]

¿Qué sucedió dentro de la clase obrera después de Marx? // Toni Negri

Agosto 2016

Traducción: Nicolás González Varela

La publicación en 1966 de Operai e Capitale (edición en castellano: Obreros y capital, Akal, Madrid, 2001) por Mario Tronti, cofundador de las revistas Quaderni Rossi y Classe Operaia en los años 60 del pasado siglo y autor desde entonces de una larga relación de obras de enorme interés, además de participante activo en la política italiana, tuvo una creciente repercusión en el “operaismo”, corriente autónoma y antiautoritaria que tuvo un notable desarrollo en Italia y en el ámbito europeo. Con ocasión del 50 aniversario de su publicación se desarrolló un Seminario en la Universidad de París X-Nanterre el 11 de junio pasado, dentro del cual Toni Negri presentó esta ponencia que ahora publicamos.

En 1966, en su primera edición, Operai e capitale concluye con la promesa de estudiar “qué es lo que ha sucedido dentro de la obrera después de Marx”/1. En el “Postscriptum” a la segunda edición de 1970 de Operai e capitale, Tronti analiza la clase obrera del “New Deal” y describe la transformación de la composición técnica (fordismo) y de la composición política (el sindicalismo y el reformismo del “New Deal” al “Welfare State”, de hecho). Tronti no reconocía todavía, para la obrera, una diferencia estructural de composición técnica y política entre el fordismo y los años 1970. No existen para él modificaciones de los procesos de trabajo, taylorismo y keynesianismo permanecen hegemónicos y las relaciones políticas de continúan dominadas por el Estado-Plan. Entre la primera y la segunda edición de Operai e capitale ha ocurrido el 1968: a Tronti no la ha parecido que hubiera sido un gran suceso. La obrera en 1968 y en lo que seguirá (en particular en el llamado “otoño caliente” italiano) se encuentra íntegramente dentro del fordismo y el “New Deal”. Afirmando esta cuestión, Tronti tenía a la vez razón y estaba errado. En la superficie la situación permanecía igual, el “proceso de trabajo” no había mutado.

Sin embargo, si uno mira más en profundidad, sí que había algo que estaba cambiando y de lo cual 1968 era su síntoma. Cambiaba la “relación del capital”, la forma del proceso productivo, el “modo de producción”. En 1968 fue cuando había comenzado esta transformación. Y llevaba razón Tronti cuando, con mucha circunspección, sospechaba, en el “Postscriptum” de 1970, que lo que se estaba revelando era una nueva fase, la terminal de la larga época del fordismo. Mientras en aquella fordista, obreros y capital se encontraban dentro del capital, ahora se estaba dando una nueva condición: obrera y capital se encontraban ahora dentro de la obrera. Tronti proponía estudiar esta transición. Era una intuición correcta. Si se deja de lado la ilusión, que algunos cultivaban, de que “dentro de la clase obrera” significase “dentro del Partido”, se hacía necesario reconocer que, en el nuevo nexo antagonista a continuación del 1968, el capital de alguna forma pagaba la superación del fordismo y la difícil victoria reportada sobre la clase obrera fordista, con la obligación de estabilizar el eje del nuevo comando “dentro de la clase obrera” y reestructurar su propio proyecto de acumulación allí mismo -sufriendo con esto una radical mutación de estructura. “Dentro de la clase obrera”, es decir: llegando a reconocer -el capital mismo- que “el principio es la lucha de la obrera” y que “al nivel del capital socialmente desarrollado, el desarrollo capitalista está subordinado a la lucha obrera, viene después de él y a él debe hacerse corresponder el mecanismo político de la misma producción”/2 -es decir: el capital comprendió que su misma composición técnica (el concepto es aquel marxista de “composición orgánica” del capital) debía ser modificada para poder funcionar (id est: producir y dirigir) sobre una nueva composición política de la clase obrera. Y esto se producía dentro de un bello ajetreo: la Trilateral, por ejemplo, lo llamaba 1968, pero otros no denominaban al proceso así. Lo cierto era que una mutación radical le era impuesta al capital. Se resguardaba el espacio productivo (cambiaba el lugar de la producción) y la dimensión de la temporalidad (se transformaba radicalmente la “jornada laboral”).

Se trataba de una “mutación de paradigma” del modelo de explotación: se había producido por la victoria obrera dentro/contra el fordismo. Que el paradigma que tal victoria había introducido fuese una novedad, lo demostraba el hecho que el antagonismo en la “relación del capital” se presentaba -mejor dicho: en realidad se reabría- en una forma nueva, de experimentar una nueva forma de lucha por la organización, ya sea por la parte capitalista, ya sea por la parte obrera.

Lo que deseamos saber ahora es si Obreros y capital nos ofrece instrumentos para describir este nuevo paradigma estructural. A nosotros nos parece que sí, nos parece que el ensayo “Marx -fuerza de trabajo- clase obrera” es, desde este punto de vista, fundamental. A partir de ahí, se nos permite desplegar un análisis del desarrollo capitalista después de 1968, fuertemente dinámico debido a su insistencia sobre los procesos de subjetivación de las y los trabajadores.

Sabemos que el capital es una relación, una correlación, un antagonismo de fuerza. Tronti ha insistido con gran fuerza sobre la distinción entre trabajo y fuerza de trabajo: “En el concepto de ‘fuerza de trabajo’ está la figura del obrero; en aquella de ‘trabajo’ no”/3. Y este concepto político de la fuerza de trabajo como no-capital, lo encuentra en germen y en desarrollo en todo el pensamiento juvenil de Marx, quien ya en los Manuscritos… de 1844 concluye esta aproximación, proponiendo soluciones inmediatamente subversivas. En un período -los años 1960- en el cual se había puesto de moda, tanto en la izquierda como en la derecha, realzar el utopismo juvenil marxiano sobre el pensamiento de El Capital, Tronti presiona al contrario por una unificación estricta. Existe aquí, en esta continuidad del pensamiento marxiano de juventud y madurez, en la imbricación entre los escritos filosóficos y los históricos, y a su vez entre todos ellos y El Capital, un concepto político de la fuerza de trabajo que funciona como palanca para resolver toda solución teórica.

En segundo lugar, esta tendencia de la investigación se hace todavía más evidente en el análisis que encontramos en los Grundrisse…, asumido como texto genético de El Capital. Que el “doble carácter” de la Fuerza de trabajo, aquel de ser al mismo tiempo mercancía y sujeto, surge con extrema fuerza. “La única antítesis al trabajo objetivado es el trabajo no-objetivo, o sea que la única antítesis al trabajo objetivado es el trabajo subjetivo” -señala Tronti citando a los Grundrisse/4 y esta subjetivación se representa como la condición misma de la existencia del capital. En los Grundrisse… (“monólogo interior que Marx establece tanto con su propia época como consigo mismo”)/5 el trabajo como subjetividad deviene central: “en la medida en que debe existir temporalmente como trabajo vivo, la fuerza de trabajo puede existir por lo tanto como sujeto vivo, como capacidad, como posibilidad: por lo tanto, como trabajador”/6. El doble carácter de la mercancía trabajo se subjetiviza, deviniendo de un lado como “miseria absoluta”, es decir: la “mercancificación” total de la potencia productiva, y del otro lado “subjetividad”, subjetivización continua, posibilidad general de la riqueza como sujeto. El doble carácter de la mercancía fuerza de trabajo es empujada a interiorizarse al máximo en el capital. Tronti: “éste es el camino nuevo que Marx mismo propone. Punto de partida: el trabajo como no-capital, o sea: el trabajo como sujeto vivo del trabajador en contra de la muerta objetividad de todas las otras condiciones de producción; el trabajo como fermento vital del capital -otra determinación activa que se agrega a la actividad del trabajo productivo. Punto de llegada: el capital que deviene en sí mismo fuerza productiva, relación esencial al desarrollo del trabajo como fuerza productiva social, y por lo tanto esencialmente enlazada con el desenvolvimiento de la clase obrera… En el medio de este camino, entre lo uno y lo otro permanecen dos puntos: el trabajo como no-valor y, precisamente por esto, la fuente viva del mismo valor; miseria absoluta y, precisamente por esto, posibilidad general de la riqueza; de nuevo plustrabajo y, precisamente por esto, plusvalor -la figura moderna del obrero colectivo que ahora trata de producir capital propio en cuanto antagonista que lo combate./7” “Se trata entonces, sobre esta base, de partir del descubrimiento de las leyes políticas del movimiento de la clase obrera, que subordinan materialmente en sí mismas el desarrollo del capital: se completará así la tarea teórica definitiva desde el punto de vista obrero”/8.

En tercer lugar se da aquí, según Tronti, la superación marxiana de la ley del valor. O mejor dicho su redefinición: “Marx refuta la idea del trabajo como fuente de la riqueza y asume el concepto de trabajo como medida del valor.” Valor-trabajo quiere decir ahora en primer lugar “la fuerza de trabajo, en este sentido valor medido por el trabajo. El trabajo es la medida del valor porque la clase obrera es condición del capital”/9. Inútil agregar que con ello la ley del valor viene reconocida por aquello que es: “ella no puede ser extrapolada de la relación capitalista de producción y del nexo de que la fundamente como tal.” El valor, como pura medida del valor, intentando devenir en ley, transforma su acción en mistificación: la ley del valor, absolutizándose, clausura la Trennung entre clase y capital, conduce de manera perversa la relación del capital a su identidad. Aquí -y no es una subordinada insignificante- la ideología socialista (no solo la estalinista) queda definitivamente desenmascarada. Y de allí que “del funcionamiento económico objetivo de la ley del valor-trabajo, ya no se puede (paradojalmente o escandalosamente -esto lo agrego-) hablar propiamente, por lo tanto, en la sociedad que declama haber realizado el socialismo”… “debemos tener el coraje de convencernos que este absurdo es un hecho histórico real: el poder político del capital puede asumir la forma de un estado obrero”/10.

Hasta ahora habíamos visto en qué medida y con qué profundidad la fuerza de trabajo se encuentra ya interiorizada en el capital. Pero el concepto de capital es una relación de fuerza entre el trabajo muerto, acumulado en capital, y el trabajo vivo, en fuerza de trabajo, en la subjetivación de ésta -tal relación es un campo abierto-. El doble carácter de la fuerza de trabajo, que habíamos visto actuar en la sumisión al capital, puede reemerger contra la subordinación al capital. Es precisamente aquí donde comienza una suerte de “camino en subida”, reconstructivo, apoyando la instancia comunista de la lucha de clases.

Pero: ¿cómo puede suceder esta reapertura revolucionaria de la relación del capital? La primera condición consiste en la socialización de la fuerza productiva y este pasaje de socialización de la fuerza de trabajo se produce completamente en el interior del capital: por lo tanto, “la fuerza productiva desarrollada por el trabajador como obrero social es fuerza productiva del capital”/11. Cuando “un número considerable de obreros, o sea obreros socialmente combinados, ingresan en un mismo proceso de producción, bajo el comando del mismo capitalista, devienen fuerza productiva del capital”, entonces es cuando se hace posible la ruptura. Pero sólo se hace posible. Interesa aquí seguir “el pasaje histórico que ve, de la parte obrera, primero el vendedor de la fuerza de trabajo, entonces la fuerza productiva singular, entonces la fuerza productiva social”/12. Pero: ¿qué es la fuerza de trabajo constituida dentro del capital? ¿Qué significa establecer su posibilidad de llegar a existir contra el capital? Significa recualificar sin interrupción la específica dinámica antagonista en la “relación” del capital, y sus diversos equilibrios -si puedo decirlo en los términos de un autor que me resulta muy querido, la “guerra civil” que recorre la relación de poder. Esta posibilidad se da obviamente con la condición de “no fijar el concepto de clase obrera en una forma única y definitiva, sin desarrollo, sin historia”/13. En el interior del movimiento marxista está naciendo con mucha dificultad una “historia en el interior del capital”, y Tronti añade: “pero aún se encuentra lejos de ser asumida como un programa de trabajo, así como un principio en el método de investigación, la idea de una historia interna de la clase obrera que reconstruya los momentos de su formación, las modificaciones de su composición, el crecimiento de su organización, según las varias y sucesivas determinaciones que la fuerza de trabajo asume en cuanto fuerza productiva del capital, según la diversa, recurrente y siempre nueva experiencia de lucha que la masa obrera elige en cuanto única fuerza antagónica de la sociedad capitalista”/14.

Es por lo tanto dentro de la historia interna de la clase obrera que el dentro/contra trontiano va a ser analizado/15. Aquí nos encontramos con un momento fundador del obrerismo. Para ello, se establecen tres condiciones sobre la base de toda posibilidad de derrocamiento estratégico de la relación productiva. Las primeras dos condiciones son aquellas sobre las cuales nos hemos centrado hasta ahora en gran medida: la subjetivización de la fuerza de trabajo cuando ella ha madurado hasta el punto de poder permitir “contar con ella verdaderamente dos veces dentro del sistema del capital: una vez como fuerza que produce capital; otra vez como fuerza que se resiste a producirlo; una vez dentro del capital; otra vez contra el capital. Cuando las dos secuencias subjetivamente se unifican desde la parte obrera, se abre la vía para la disolución del sistema capitalista, comienza entonces el proceso práctico de la revolución”/16. He aquí la tercera condición.

Es éste el punto crucial del método obrerista -que de esa manera deviene una genealogía opositora en la historia interna de la al capital. El ejemplo marxiano de la lucha por la reducción de la jornada laboral de parte de los trabajadores ingleses, lucha victoriosa y que introduce una nueva forma de valorización (del plusvalor absoluto al relativo) es aquí fundamental. La transformación del capital es impuesta en el mismo momento en el cual la composición de la clase obrera en lucha se modifica. Analizando este período de lucha Tronti subraya que aquí se ha realizado “un auténtico y verdadero salto político”. Y de “causa” y “efecto” político se puede hablar incluso cuando no exista un movimiento organizado sino mera resistencia, cuando se dan elementos destituyentes y no todavía expresamente políticos y constituyentes.

De hecho, el nexo entre fuerza de trabajo y capital no se presenta de manera simple -como en los orígenes del capitalismo- en el intercambio del mercado de trabajo, sino que se presenta dentro de la producción del capital, expone con gran potencia cómo desde la relación de se determina la figura del capital. Y es a través de este reconocimiento que la iniciativa obrera deviene política. El ejemplo trontiano es ahora antiguo, se trata de la insurrección obrera en el 1848 francés y repite la narración marxiana, insistiendo en el hecho que el pasaje de la acción para la destrucción de la sociedad burguesa se transforma en lucha por la destrucción de la forma del Estado. Es en el interior de esta lucha en la cual la transformación del “proletario” en “obrero”, del vendedor de la fuerza de trabajo en productor de plusvalía, se organiza y es aquí en el que una en armas contra toda la sociedad transforma la relación productiva en resistencia, lucha e insurrección en contra de ella.

Observa Tronti: “no sucede sólo en El Capital de Marx sino que en la historia misma del desarrollo capitalista la lucha por la ‘jornada de trabajo’ normal precede, impone, provoca una transformación en la forma del plusvalor, una revolución en el modo de producción”/17. Aquí todavía se puede hacer notar como una victoria en la Lucha de s, en este caso la imposición al capital de un interés específico de parte de la clase obrera, prefigura y sobredetermina un interés (y una potencia) del capital: “es un hecho no excepcional en la historia del desarrollo capitalista”. “Es un modelo no tanto referido a la lucha, sino en tanto conclusión de la lucha, se repetirá en diversas formas en varios niveles del desarrollo”/18. Y todo continuará: “cuando los obreros ganen una batalla parcial después de haberla ganado por cuenta del capital”. A veces la sufre de derrotas terribles “que doblegan por un momento al movimiento pero los hacen realzar en su fortaleza rápidamente”/19. Dentro de esta derrota madura todavía (y se manifiesta), la transformación del modo de producción y la modificación de la forma del plusvalor. Y así también se modifica la composición de la clase obrera -como habíamos visto. Incluso el nombre “clase obrera” puede ser un error: no tanto porque la estructura antagonista de la clase obrera se haya disuelto sino porque la forma en la cual ella produce y lucha se han transformado. Proletariado, obrera, multitud: no representan figuras de la oposición, representan caras variables pero homogéneas de una composición de resistencia y de lucha en movimiento.

Hoy nosotros asistimos a una transformación radical del proceso de trabajo y del modo de producción capitalista. Un nuevo terreno de lucha, en el “nuevo modo de producción”, es propuesto a una fuerza de trabajo socializada, precarizada, global. El trabajo ha devenido cognitivo, afectivo, cooperativo. El nuevo modo de producción fue impuesto por las luchas obreras del siglo pasado -que la ha producido a través del rechazo al trabajo asalariado y la destrucción de la centralidad de la fábrica. Y, en especial, a través de dos procesos que acompañaron al desarrollo del capital cognitivo: la apropiación, de parte de los trabajadores, de una autonomía en la gestión del saber y por otro lado los procesos de cooperación productiva. Realmente aquí la lucha de clases comienza a crecer “dentro de la clase obrera” y la subjetivación de la fuerza de trabajo comienza a transformarse (para decirlo con palabras de Tronti) en potencia del “obrero” -vale decir que la subjetivación se determina a través de la incorporación de cuotas de “capital fijo” (saber y organización del trabajo), muchas veces instrumento de comando del capital sobre la fuerza de trabajo. Es en respuesta a aquella lucha que el capital ha construido su organización basada sobre la explotación de la potencia social del trabajo y sobre la extracción de lo “común”. En esta situación, se impone hoy una nueva estrategia de los movimientos en lucha por el comunismo y se deben buscar nuevas tácticas de organización. Pero, en relación con el método y la axiomática de la investigación, nosotros nos mantenemos sobre el sólido terreno propuesto por Tronti en Obreros y Capital. Si existe una diferencia entre el obrerismo y el postobrerismo, si es que existe, consiste en el Saber de y en la que se encuentra en el reconocimiento de la transformación histórica de la relación de producción y del sujeto que, allí en su interior, es explotado. Pero es algo que, al mismo tiempo, constriñe al capital a someterse a un nuevo impacto de resistencia y de lucha, de odio y de esperanza.

Para concluir, un ejemplo del método, trabajando en presencia de una nueva composición del trabajo -el trabajo cognitivo- y de las terribles condiciones de precarización y de desocupación que ello supone. El capital de buena gana dejaría morir a esta nueva generación de trabajadores si no fuese porque ello acarrea el riesgo del deterioro de esta preciosa capacidad productiva y el bloqueo de la nueva forma de acumulación social a través de la “extracción de lo común”. ¿Qué sucederá como consecuencia? La primera hipótesis, aquella de “dejarlos morir”, la experimentamos todos los días en las fronteras de Europa, de EE UU y en el Pacífico Sur -aunque, de manera aleatoria, en nuestra vida cotidiana. Pero la “racionalidad” capitalista -siempre funcional a la acumulación- impondrá otra elección. El Capital se verá obligado por lo tanto a desarrollar formas de salarización social y a reformar las instituciones del “Welfare State” en funciones de control de la dinámica de resistencia y del ejercicio de dominio. Medidas salariales (“renta básica ciudadana”, por ejemplo) y maniobras sobre el “Welfare State” pueden mezclarse y confundirse en la gestión capitalista de la transformación: lo importante es que establezcan un equilibrio, al menor costo posible, en la productividad y la vida de los trabajadores.

Pero las cosas se complican tanto de parte de los capitalistas como de parte de los trabajadores. A los primeros, les incumbe sobre todo la necesidad de reorganizar las estructuras internas para absorber y regular, y así imponer una acumulación ordenada de los nuevos flujos sociales del valor -ya que la transformación del modo de producir determina una nueva forma en el plusvalor (“social” más que “absoluto” o “relativo”) e impone al comando capitalista una nueva jerarquía -en este caso financiera. Pero para los trabajadores muchas cosas han cambiado: ya sea la “jornada laboral” que ahora no tiene medida temporal, ya sea el “lugar de trabajo” que ha devenido en algo móvil y transferible, ya sea la forma del salario que es ahora socializada y viene establecida en el punto más bajo de la relación entre salario mínimo y subsidio del “Welfare State” -bien, todo esto destruye definitivamente formas y tradiciones de lucha, configurando de esta manera un nuevo terreno social de organización y de propuesta anti-capitalista. Nos preguntamos: ¿será una victoria para la trabajadora obtener una renta básica ciudadana, articulada a las necesidades previstas en el “Welfare State”?; ¿o en realidad se está configurando simplemente una nueva organización de la fuerza de trabajo como “capital variable”? Una y otra cosa, evidentemente. Pero sobre esta base puede darse (y esto es lo que realmente interesa) un nuevo terreno de lucha y por lo tanto la posibilidad de organización para los trabajadores cognitivos, los cuales, por la misma rica cualidad de su composición de , no pueden limitar su propia iniciativa sobre el terreno de la pura resistencia. “La figura schumpeteriana del emprendedor, con su iniciativa innovadora, nos gustaría verla volcada en la iniciativa permanente de lucha de las grandes masas obreras”/20: de acuerdo -pero ahora tenemos nueva composición, técnica y política, mucho más continuamente productiva y una multitud mucho más extensa, en consecuencia una posibilidad mayor de construir pasajes constituyentes de un nuevo orden social. Estos es lo que, desde el 2011, seguimos viendo y estudiando.

¿Hay demasiado optimismo en esta fundación y en este relanzamiento del método obrerista? ¿Como si la derrota de los años 1970 (de todos aquellos que habían rechazado el retorno ‘irénico’/21 a los brazos del Partido Comunista italiano) no se hubiera asumido con la gravedad que ella tiene? ¿No existe todavía aquí la ilusión que la multitud en el trabajo, como un conjunto plural de singularidad, pueda reagruparse milagrosamente? Para decirlo en términos filosóficos: ¿no es esta una pobre hipostasis ontológica, no tanto de la recuperación del método obrerista, sino en cuanto a la redefinición de un sujeto en lucha? Estas objeciones, que son frecuentemente opuestas a los obreristas, me temo que no pueden ser cumplidas. En primer lugar porque la metodología de Obreros y Capital, que sale al encuentro de la hipótesis política de Tronti, era (y lo es) practicada de manera independiente a toda reducción a la unidad y a una trascendencia de Partido, y por lo tanto salvaguardada de toda maquinación insurreccional vanguardista, tan característica de la escatología socialista.

Tan cierto es esto que en la hipótesis obrerista se puede encontrar la experiencia teórica, historiográfica y política que ha hecho de los movimientos autónomos “desde abajo” la clave de toda reciente práctica revolucionaria, desde aquellos llamados “altermundialistas” en torno al cambio de siglo a aquellos que a partir de 2011 se han hecho endémicos. En segundo lugar porque la implantación del diagnóstico de la teoría (que algunos llaman) “postobrerista” (que es aquella que subjetiviza la singularidad multitudinaria y considera la fuerza de trabajo cognitiva implantada en lo común) -y de esa implantación, por lo tanto, es excluida toda hipótesis finalista y todo telos unitario. La intencionalidad subjetiva no puede ser confundida con el Determinismo teleológico. Si existe un “capo progresista” producto de la lucha, es aquel construido por la fuerza de los movimientos. No existe el destino sino un discontinuo que construimos y nuestra Libertad tiene siempre el signo de esa necesidad. El obrerismo de Obreros y Capital nos ha enseñado esto también.

[Fuente: http://vientosur.info/]

Notas

1/ Tronti, Mario: Operai e capitale, Einaudi, Torino; 1966, p. 263; en español: Obreros y Capital, Akal, Madrid, 2001.

2/ Tronti, Mario: Operai e capitale, Einaudi, Torino; 1966, p. 89.

3/ Tronti, Mario: Operai e capitale, Einaudi, Torino; 1966, p. 129.

4/ Tronti, Mario, op. cit., p. 166.

5/ Tronti, Mario, op. cit., p. 210.

6/ Tronti, Mario, op. cit., p. 211.

7/ Tronti, Mario, op. cit., p. 215.

8/ Tronti, Mario, op. cit., p. 219.

9/ Tronti, Mario, op. cit., p. 224-225.

10/ Tronti, Mario, op. cit., p. 226.

11/ Tronti, Mario, op. cit., p. 147.

12/ Tronti, Mario, op. cit., p. 150.

13/ Tronti, Mario, op. cit., p. 149.

14/ Tronti, Mario, op. cit., p. 149.

15/ Tronti, Mario, op. cit., pp. 150-153.

16/ Tronti, Mario, op. cit., p. 180.

17/ Tronti, Mario, op. cit., p. 207.

18/ Tronti, Mario, op. cit., pp. 207-208.

19/ Tronti, Mario, op. cit., p. 208.

20/ Tronti, Mario, op. cit., p. 210.

21/ “Irenismo”: en la Teología cristiana se refiere a tentativas de unificar los sistemas apologéticos utilizando la razón, la reflexión y la conciliación como instrumentos. (N. del T.)

JAMAS TAN CERCA // Mediatización, lenguajes y política

La mediatización de la vida es un campo de problemas que excede la omniprescencia de los artefactos. Nuestra época se entiende mejor considerando la longeva pero rozagante tendencia a vivir la vida como un medio para otra cosa. El antiquísimo finalismo que enajena el presente en pos de una instancia mediata; lo verdadero, lo bueno, lo bello, o no están ahora, o no están acá. El cielo, la mercancía, la prensa, el espectáculo, las finanzas: vectores históricos de  la mediatización, que se cataliza, en nuestro tiempo, con las técnicas -paradójicamente- de inmediatez. Nada más mediatizante que la inmediatez.

La acción a distancia en tiempo real, la informatización binarizante de lo sensible, constituyen claves del ambiente existencial contemporáneo. Para habitarlo, o tolerarlo, se requiere un conjunto de operaciones específicos. La actualización, la emisión, la fotosensibilidad, el disponibilismo, la indiferencia (y hasta la crueldad), el linkeo, la adaptación a escenarios variables, y el etcétera no tiene fin. Subjetividades mediáticas.

Si el dolor es un umbral de conocimiento, si el mapa de las fuerzas refractarias a la vida es un proto mapa de la vitalidad, entonces investigar las diversas faces de la mediatización -estar separados de nuestras potencias inmediatas- puede afinar intuiciones sobre la salud: salud corporal, temporal, espacial, comunicacional, urbana, política, erótica, económica. Afinar percepciones sobre las operaciones de presentificación: la restitución al presente -a la presencia- de su potestad existencial soberana. Las presentificaciones, claro, que recuperan para nosotros los artefactos normalmente alienantes.

Las jornadas invitan a forjar un entendimiento común sobre este campo en tensión -su genealogía, sus dimensiones, sus rarezas, sus rajes-.

El paro nacional // Clinämen

En el marco de la jornada nacional paro contra las políticas de ajuste del macrismo, analizamos el rol de la clase trabajadora y reponemos el debate de 1973 entre Agustín Tosco y José Ignacio Rucci. Además, reponemos la represión a trabajadores senegaleses la semana pasada y la posterior detención de referentes de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular.

 

ELLOS Y NOSOTRES: Invitación a Entrenar la Fiesta en el Conti // O.R.G.I.E

No queremos que los Ceos nos hagan nuestra fiesta. Porque son aburridos, estúpidos y esbirros del offshore; porque especulan sin parar y nostroxs no existimos para ellos; porque nos mandan a matar por la espalda; porque gozan con imágenes de lesbianas arrastradas de los pelos por el asfalto; porque se comunican tajeando panzas de maestras; porque nos endeudan el presente y nos roban el futuro; porque diseñan la muerte y el despido masivo de lxs trabajadrxs en power point y renders; porque precarizan cualquier vida y gestionan los privilegios; porque hacen barridos de barrios enteros con incencios, gatillo fácil, desalojos en nombre del arte y del progreso; porque odian la materialidad del mundo y descomponen a lxs cuerpos felices; porque hacen abandono de personas… Por todo el sufrimiento físico y psiquico que están causando al pueblo argentino no nos gusta este Gobierno de los Ceos. No se puede vivir así, nos explotan nuestra potencia. Queremos vivir y no podemos. Nuestras ganas de vivir están amenazadas. Sin embargo, nuestro odio libre crece y se trama en la co-producción de otros mundos posibles, más ch’ixis, más plebeyos, más sensuales, más divertidos y barrocos, más desligados de la normalidad obvia y transparente de ellos. Ante el saqueo de ellos, habrá saqueos. Ante la violencia de ellos, nuestra contra-violencia colectiva. Ante su movimiento anti-fiesta nosotrxs entrenamos nuestra fiesta. EL MACRISMO ES LA FIESTA A LA QUE NUNCA TE VAN A INVITAR, rezaba un grafiti de la calle. Nosotrxs sí invitamos a otrxs a “construir nostredad”, como dice la mostra Marlene Wayar que, también, estuvo copando la parada del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti en este @FestivalFuturos.

Mejor vivir manija que militarla // Diego Valeriano

Mejor ser piba y no Grabois, ni Moyano, ni Dolores Fonzi. Ser pibe antes qué panelista de C5N, antes que troska sabelotodo, que defensor de la jefa, que trans manejando el patrullero. Ser transa antes que tener una copa de leche. Andar en shores con el fierro en la cintura antes que con la pechera de la orga. Putito del Mercado Central antes que gato del plan.

Cualquier cosa menos tu humanismo, tu solidaridad y tristeza. Mejor cagar a piedrazos autos en la autopista que postear contra el FMI. Ser asesinado sin nombre en Burzaco antes que bandera por unos días. Mejor ser pibita que apuñaló al padrastro, desertor, prófugo, guachin insolente que muere en el bajo y resucita en la estación de Flores antes que docente en lucha, trabajadora social, psicólogo. Mejor morir antes que ser salvada.

Mejor escabiar que escribir, fumar mirando Los Simpson que leer. Ser fiesta, gedencia, gigoló, chófer de Uber, puta vieja de la colectora, trava nueva en Capital, kioskero 24 horas. Mejor no dejar nada, ni un nombre, ni un recuerdo, ni un ejemplo, ni una lucha perdida que le cague la vida a los que vienen. Mejor vivir solo que ser representado. Mejor vivir manija que militarla.

No ser mulo de nadie, convidar flores, vender pepas, enfiestarse con toda la vagancia antes que adherir al paro, que marchar desde San Cayetano, que defender la educación pública, que aportar a la jubilación, que volver bien tarde al barrio en bondis maltrechos cuando los jetones ya hace rato que llegaron a sus casas.

El cuerpo utópico // Michel Foucault

Apenas abro los ojos, ya no puedo escapar a ese lugar que Proust, dulcemente, ansiosamente, viene a ocupar una vez más en cada despertar1. No es que me clave en el lugar –porque después de todo puedo no sólo moverme y removerme, sino que puedo moverlo a él, removerlo, cambiarlo de lugar–, sino que hay un problema: no puedo desplazarme sin él; no puedo dejarlo allí donde está para irme yo a otra parte. Puedo ir hasta el fin del mundo, puedo esconderme, de mañana, bajo mis mantas, hacerme tan pequeño como pueda, puedo dejarme fundir al sol sobre la playa, pero siempre estará allí donde yo estoy. El está aquí, irreparablemente, nunca en otra parte. Mi cuerpo es lo contrario de una utopía, es lo que nunca está bajo otro cielo, es el lugar absoluto, el pequeño fragmento de espacio con el cual, en sentido estricto, yo me corporizo.

Mi cuerpo, topía despiadada. ¿Y si, por fortuna, yo viviera con él en una suerte de familiaridad gastada, como con una sombra, como con esas cosas de todos los días que finalmente he dejado de ver y que la vida pasó a segundo plano, como esas chimeneas, esos techos que se amontonan cada tarde ante mi ventana? Pero todas las mañanas, la misma herida; bajo mis ojos se dibuja la inevitable imagen que impone el espejo: cara delgada, hombros arqueados, mirada miope, ausencia de pelo, nada lindo, en verdad. Y es en esta fea cáscara de mi cabeza, en esta jaula que no me gusta, en la que tendré que mostrarme y pasearme; a través de esta celosía tendré que hablar, mirar, ser mirado; bajo esta piel tendré que reventar. Mi cuerpo es el lugar irremediable al que estoy condenado. Después de todo, creo que es contra él y como para borrarlo por lo que se hicieron nacer todas esas utopías. El prestigio de la utopía, la belleza, la maravilla de la utopía, ¿a qué se deben? La utopía es un lugar fuera de todos los lugares, pero es un lugar donde tendré un cuerpo sin cuerpo, un cuerpo que será bello, límpido, transparente, luminoso, veloz, colosal en su potencia, infinito en su duración, desligado, invisible, protegido, siempre transfigurado; y es bien posible que la utopía primera, aquella que es la más inextirpable en el corazón de los hombres, sea precisamente la utopía de un cuerpo incorpóreo. El país de las hadas, el país de los duendes, de los genios, de los magos, y bien, es el país donde los cuerpos se transportan tan rápido como la luz, es el país donde las heridas se curan con un bálsamo maravilloso en el tiempo de un rayo, es el país donde uno puede caer de una montaña y levantarse vivo, es el país donde se es visible cuando se quiere, invisible cuando se lo desea. Si hay un país mágico es realmente para que en él yo sea un príncipe encantado y todos los lindos lechuguinos se vuelvan peludos y feos como osos.

Pero hay también una utopía que está hecha para borrar los cuerpos. Esa utopía es el país de los muertos, son las grandes ciudades utópicas que nos dejó la civilización egipcia. Después de todo, las momias, ¿qué son? Es la utopía del cuerpo negado y transfigurado. La momia es el gran cuerpo utópico que persiste a través del tiempo. También existieron las máscaras de oro que la civilización micénica ponía sobre las caras de los reyes difuntos: utopía de sus cuerpos gloriosos, poderosos, solares, terror de los ejércitos. Existieron las pinturas y las esculturas de las tumbas; los yacientes, que desde la Edad Media prolongan en la inmovilidad una juventud que ya no tendrá fin. Existen ahora, en nuestros días, esos simples cubos de mármol, cuerpos geometrizados por la piedra, figuras regulares y blancas sobre el gran cuadro negro de los cementerios. Y en esa ciudad de utopía de los muertos, hete aquí que mi cuerpo se vuelve sólido como una cosa, eterno como un dios.

Pero tal vez la más obstinada, la más poderosa de esas utopías por las cuales borramos la triste topología del cuerpo nos la suministra el gran mito del alma, desde el fondo de la historia occidental. El alma funciona en mi cuerpo de una manera muy maravillosa. En él se aloja, por supuesto, pero bien que sabe escaparse de él: se escapa para ver las cosas, a través de las ventanas de mis ojos, se escapa para soñar cuando duermo, para sobrevivir cuando muero. Mi alma es bella, es pura, es blanca; y si mi cuerpo barroso –en todo caso no muy limpio– viene a ensuciarla, seguro que habrá una virtud, seguro que habrá un poder, seguro que habrá mil gestos sagrados que la restablecerán en su pureza primigenia. Mi alma durará largo tiempo, y más que largo tiempo, cuando mi viejo cuerpo vaya a pudrirse. ¡Viva mi alma! Es mi cuerpo luminoso, purificado, virtuoso, ágil, móvil, tibio, fresco; es mi cuerpo liso, castrado, redondeado como una burbuja de jabón.

Y hete aquí que mi cuerpo, por la virtud de todas esas utopías, ha desaparecido. Ha desaparecido como la llama de una vela que alguien sopla. El alma, las tumbas, los genios y las hadas se apropiaron por la fuerza de él, lo hicieron desaparecer en un abrir y cerrar de ojos, soplaron sobre su pesadez, sobre su fealdad, y me lo restituyeron resplandeciente y perpetuo.

Pero mi cuerpo, a decir verdad, no se deja someter con tanta facilidad. Después de todo, él mismo tiene sus recursos propios de lo fantástico; también él posee lugares sin lugar y lugares más profundos, más obstinados todavía que el alma, que la tumba, que el encanto de los magos. Tiene sus bodegas y sus desvanes, tiene sus estadías oscuras, sus playas luminosas. Mi cabeza, por ejemplo, mi cabeza: qué extraña caverna abierta sobre el mundo exterior por dos ventanas, dos aberturas, bien seguro estoy de eso, puesto que las veo en el espejo; y además, puedo cerrar una u otra por separado. Y sin embargo no hay más que una sola de esas aberturas, porque delante de mí no veo más que un solo paisaje, continuo, sin tabiques ni cortes. Y en esa cabeza, ¿cómo ocurren las cosas? Y bien, las cosas vienen a alojarse en ella. Entran allí –y de eso estoy muy seguro, de que las cosas entran en mi cabeza cuando miro, porque el sol, cuando es demasiado fuerte y me deslumbra, va a desgarrar hasta el fondo de mi cerebro–, y sin embargo esas cosas que entran en mi cabeza siguen estando realmente en el exterior, puesto que las veo delante de mí y, para alcanzarlas, a mi vez debo avanzar.

Cuerpo incomprensible, cuerpo penetrable y opaco, cuerpo abierto y cerrado: cuerpo utópico. Cuerpo absolutamente visible, en un sentido: muy bien sé lo que es ser mirado por algún otro de la cabeza a los pies, sé lo que es ser espiado por detrás, vigilado por encima del hombro, sorprendido cuando menos me lo espero, sé lo que es estar desnudo; sin embargo, ese mismo cuerpo que es tan visible, es retirado, es captado por una suerte de invisibilidad de la que jamás puedo separarlo. Ese cráneo, ese detrás de mi cráneo que puedo tantear, allí, con mis dedos, pero jamás ver; esa espalda, que siento apoyada contra el empuje del colchón sobre el diván, cuando estoy acostado, pero que sólo sorprenderé mediante la astucia de un espejo; y qué es ese hombro, cuyos movimientos y posiciones conozco con precisión pero que jamás podré ver sin retorcerme espantosamente. El cuerpo, fantasma que no aparece sino en el espejismo de los espejos y, todavía, de una manera fragmentaria. ¿Acaso realmente necesito a los genios y a las hadas, y a la muerte y al alma, para ser a la vez indisociablemente visible e invisible? Y además ese cuerpo es ligero, es transparente, es imponderable; nada es menos cosa que él: corre, actúa, vive, desea, se deja atravesar sin resistencia por todas mis intenciones. Sí. Pero hasta el día en que siento dolor, en que se profundiza la caverna de mi vientre, en que se bloquean, en que se atascan, en que se llenan de estopa mi pecho y mi garganta. Hasta el día en que se estrella en el fondo de mi boca el dolor de muelas. Entonces, entonces ahí dejo de ser ligero, imponderable, etc.; me vuelvo cosa, arquitectura fantástica y arruinada.

No, realmente, no se necesita sortilegio ni magia, no se necesita un alma ni una muerte para que sea a la vez opaco y transparente, visible e invisible, vida y cosa; para que sea utopía basta que sea un cuerpo. Todas esas utopías por las cuales esquivaba mi cuerpo, simplemente tenían su modelo y su punto primero de aplicación, tenían su lugar de origen en mi propio cuerpo. Estaba muy equivocado hace un rato al decir que las utopías estaban vueltas contra el cuerpo y destinadas a borrarlo: ellas nacieron del propio cuerpo y tal vez luego se volvieron contra él.

En todo caso, una cosa es segura, y es que el cuerpo humano es el actor principal de todas las utopías. Después de todo, una de las más viejas utopías que los hombres se contaron a ellos mismos, ¿no es el sueño de cuerpos inmensos, desmesurados, que devorarían el espacio y dominarían el mundo? Es la vieja utopía de los gigantes, que se encuentra en el corazón de tantas leyendas, en Europa, en Africa, en Oceanía, en Asia; esa vieja leyenda que durante tanto tiempo alimentó la imaginación occidental, de Prometeo a Gulliver.

También el cuerpo es un gran actor utópico, cuando se trata de las máscaras, del maquillaje y del tatuaje. Enmascararse, maquillarse, tatuarse, no es exactamente, como uno podría imaginárselo, adquirir otro cuerpo, simplemente un poco más bello, mejor decorado, más fácilmente reconocible; tatuarse, maquillarse, enmascararse, es sin duda algo muy distinto, es hacer entrar al cuerpo en comunicación con poderes secretos y fuerzas invisibles. La máscara, el signo tatuado, el afeite depositan sobre el cuerpo todo un lenguaje: todo un lenguaje enigmático, todo un lenguaje cifrado, secreto, sagrado, que llama sobre ese mismo cuerpo la violencia del dios, el poder sordo de lo sagrado o la vivacidad del deseo. La máscara, el tatuaje, el afeite colocan al cuerpo en otro espacio, lo hacen entrar en un lugar que no tiene lugar directamente en el mundo, hacen de ese cuerpo un fragmento de espacio imaginario que va a comunicar con el universo de las divinidades o con el universo del otro. Uno será poseído por los dioses o por la persona que uno acaba de seducir. En todo caso la máscara, el tatuaje, el afeite son operaciones por las cuales el cuerpo es arrancado a su espacio propio y proyectado a otro espacio.

Escuchen, por ejemplo, este cuento japonés y la manera en que un tatuador hace pasar a un universo que no es el nuestro el cuerpo de la joven que él desea:

“El sol disparaba sus rayos sobre el río e incendiaba el cuarto de las siete esteras. Sus rayos reflejados sobre la superficie del agua formaban un dibujo de olas doradas sobre el papel de los biombos y sobre la cara de la joven profundamente dormida. Seikichi, tras haber corrido los tabiques, tomó entre sus manos sus herramientas de tatuaje. Durante algunos instantes permaneció sumido en una suerte de éxtasis. Precisamente ahora saboreaba plenamente la extraña belleza de la joven. Le parecía que podía permanecer sentado ante ese rostro inmóvil durante decenas y centenas de años sin jamás experimentar ni fatiga ni aburrimiento. Así como el pueblo de Menfis embellecía antaño la tierra magnífica de Egipto de pirámides y de esfinges, así Seikichi con todo su amor quiso embellecer con su dibujo la piel fresca de la joven. Le aplicó de inmediato la punta de sus pinceles de color sostenidos entre el pulgar, el anular y el dedo pequeño de la mano izquierda, y a medida que las líneas eran dibujadas, las pinchaba con su aguja sostenida en la mano derecha”.

Y si se piensa que la vestimenta sagrada, o profana, religiosa o civil hace entrar al individuo en el espacio cerrado de lo religioso o en la red invisible de la sociedad, entonces se ve que todo cuanto toca al cuerpo –-dibujo, color, diadema, tiara, vestimenta, uniforme–, todo eso hace alcanzar su pleno desarrollo, bajo una forma sensible y abigarrada, las utopías selladas en el cuerpo.

Pero acaso habría que descender una vez más por debajo de la vestimenta, acaso habría que alcanzar la misma carne, y entonces se vería que en algunos casos, en su punto límite, es el propio cuerpo el que vuelve contra sí su poder utópico y hace entrar todo el espacio de lo religioso y lo sagrado, todo el espacio del otro mundo, todo el espacio del contramundo, en el interior mismo del espacio que le está reservado. Entonces, el cuerpo, en su materialidad, en su carne, sería como el producto de sus propias fantasías. Después de todo, ¿acaso el cuerpo del bailarín no es justamente un cuerpo dilatado según todo un espacio que le es interior y exterior a la vez? Y también los drogados, y los poseídos; los poseídos, cuyo cuerpo se vuelve infierno; los estigmatizados, cuyo cuerpo se vuelve sufrimiento, redención y salvación, sangrante paraíso.

Realmente era necio, hace un rato, de creer que el cuerpo nunca estaba en otra parte, que era un aquí irremediable y que se oponía a toda utopía.

Mi cuerpo, de hecho, está siempre en otra parte, está ligado a todas las otras partes del mundo, y a decir verdad está en otra parte que en el mundo. Porque es a su alrededor donde están dispuestas las cosas, es con respecto a él –y con respecto a él como con respecto a un soberano– como hay un encima, un debajo, una derecha, una izquierda, un adelante, un atrás, un cercano, un lejano. El cuerpo es el punto cero del mundo, allí donde los caminos y los espacios vienen a cruzarse, el cuerpo no está en ninguna parte: en el corazón del mundo es ese pequeño núcleo utópico a partir del cual sueño, hablo, expreso, imagino, percibo las cosas en su lugar y también las niego por el poder indefinido de las utopías que imagino. Mi cuerpo es como la Ciudad del Sol, no tiene un lugar pero de él salen e irradian todos los lugares posibles, reales o utópicos.

Después de todo, los niños tardan mucho tiempo en saber que tienen un cuerpo. Durante meses, durante más de un año, no tienen más que un cuerpo disperso, miembros, cavidades, orificios, y todo esto no se organiza, todo esto no se corporiza literalmente sino en la imagen del espejo. De una manera más extraña todavía, los griegos de Homero no tenían una palabra para designar la unidad del cuerpo. Por paradójico que sea, delante de Troya, bajo los muros defendidos por Héctor y sus compañeros, no había cuerpo, había brazos alzados, había pechos valerosos, había piernas ágiles, había cascos brillantes por encima de las cabezas: no había un cuerpo. La palabra griega que significa cuerpo no aparece en Homero sino para designar el cadáver. Es ese cadáver, por consiguiente, es el cadáver y es el espejo quienes nos enseñan (en fin, quienes enseñaron a los griegos y quienes enseñan ahora a los niños) que tenemos un cuerpo, que ese cuerpo tiene una forma, que esa forma tiene un contorno, que en ese contorno hay un espesor, un peso, en una palabra, que el cuerpo ocupa un lugar. Es el espejo y es el cadáver los que asignan un espacio a la experiencia profunda y originariamente utópica del cuerpo; es el espejo y es el cadáver los que hacen callar y apaciguan y cierran sobre un cierre –-que ahora está para nosotros sellado– esa gran rabia utópica que hace trizas y volatiliza a cada instante nuestro cuerpo. Es gracias a ellos, es gracias al espejo y al cadáver por lo que nuestro cuerpo no es lisa y llana utopía. Si se piensa, empero, que la imagen del espejo está alojada para nosotros en un espacio inaccesible, y que jamás podremos estar allí donde estará nuestro cadáver, si se piensa que el espejo y el cadáver están ellos mismos en un invencible otra parte, entonces se descubre que sólo unas utopías pueden encerrarse sobre ellas mismas y ocultar un instante la utopía profunda y soberana de nuestro cuerpo.

Tal vez habría que decir también que hacer el amor es sentir su cuerpo que se cierra sobre sí, es finalmente existir fuera de toda utopía, con toda su densidad, entre las manos del otro. Bajo los dedos del otro que te recorren, todas las partes invisibles de tu cuerpo se ponen a existir, contra los labios del otro los tuyos se vuelven sensibles, delante de sus ojos semicerrados tu cara adquiere una certidumbre, hay una mirada finalmente para ver tus párpados cerrados. También el amor, como el espejo y como la muerte, apacigua la utopía de tu cuerpo, la hace callar, la calma, y la encierra como en una caja, la clausura y la sella. Por eso es un pariente tan próximo de la ilusión del espejo y de la amenaza de la muerte; y si a pesar de esas dos figuras peligrosas que lo rodean a uno le gusta tanto hacer el amor es porque, en el amor, el cuerpo está aquí.

1 La recuperación del cuerpo en el proceso del despertar es un tema recurrente en la obra de Marcel Proust. (N. de la R.)

* La conferencia “El cuerpo utópico”, de 1966, integra el libro El cuerpo utópico. Las heterotopías, de reciente aparición (ed. Nueva Visión).

Rozitchner y Perón // Ramiro Gogna

Este libro de León Rozitchner se parece al anhelado por Kafka: un libro como «un hacha que rompa nuestro mar congelado». El hacha en este caso es un estrategia de lectura doble que adopta un punto de vista que  en algunos puntos invierte la mirada de la izquierda respecto de Perón y el peronismo. Según una mirada clásica el peronismo no tiene  un pensamiento propio, y debe ser completado y ubicado teóricamente desde fuera de él. Lo ilegible del libro, la casi nula recepción de éste, las miradas de reojos, las muecas disculpadoras al maestro, quizás se deban al efecto desarticulador de cualquier intento teórico de ensamblar una política liberadora a la matriz-Perón. Rozitchner lee a Perón en sus propios términos, a diferencia de Ernesto Laclau o José Aricó quienes traducen la razón peronista a lengua marxista aunque con fines diferentes. L.R. acepta la tesis de David Viñas: Perón niega la historia. Pero el argumento de David se queda corto en la  criba comparado con Perón: entre la sangre y el tiempo. Lo inconsciente y la política.

            No es un texto respecto del cual se pueda esperar una verdad histórica para fundar un política. Acaso está hecho para combatir ese proceder. El trabajo de lectura sobre los textos de Perón, revela el ardid de una estrategia de lectura diferente de la de hacer del pensamiento político de aquel el mero reflejo de un sujeto que no sabe lo que hace -y piensa determinado por instancias fundamentales que no ve-. Rozitchner no tiene una actitud vergonzante frente a tales pensamientos: al contrario, la llave del candado está ahí.

            El centro del libro es la segunda parte. La primera parte, palabras más palabras menos, la encontramos desarrollada en otros textos de Rozitchner como Freud y el Problema del Poder. En la segunda parte los concepto adquiridos delimitan las condiciones de lectura de los textos de Perón. Hay aquí algo en lo que León insiste hace tiempo, en la ampliación de la economía política. De Freud le interesa el análisis de la economía libidinal del poder; de Clausewitz porque es el diccionario de Perón -pero un prusiano traducido al español rioplatense que será minuciosamente escrutado por Rozitchner- y porque sus reflexiones en torno a la lucha guerrera como continuación de la política. Para señalar las fallas, las traiciones, para estudiar la operatividad de esta refuncionalización, y la reinscripción en una estrategia distinta de la del general alemán.

            No hay huecos, no hay vacío ni misterio en el peronismo. Rozitchner lee lo lleno del texto de Perón. Su lectura  concede la razón a la opinión del peronista que se queja de la izquierda cuando quiere colonizar el movimiento desde afuera (con ideas marxisantes por ejemplo) con la excusa de tener  ese movimiento al pueblo pero no las ideas. Por ello propone León Rozitchner leer a Perón. No recurre a la comodidad interpretativa, suerte de teología negativa que dirige la mirada de los analistas del peronismo: su misterio innombrable, la presunta dificultad para definir el fenómeno inabarcable. Para Rozitchner está claro: no hay mística de Perón.

            Entonces Rozitchner se toma en serio el discurso de Perón, para descubrir allí una voluntad política, un arte de gobierno. No hay fuera-del-texto de Perón, no hay adversarios, no hay medidas económicas, índices sociales, beneficios del día del niño. Lee a Perón  con la meticulosidad con que lee a San Agustín, frase-por-frase, sin concesión, todo importa. León Rozitchner tampoco se detiene a derribar ídolos interpretativos. Su tesis es tajante, cortante de entrada: la política de Perón es la servidumbre voluntaria. No se trata de una historia del peronismo,  tampoco es una fotografía de Perón. Más bien documenta las metamorfosis de un pensamiento político, de Apuntes de historia militar (1932) a Manual de conducción (1951).

            Perón descubre de Clausewitz un «guerra más eficaz… la guerra que, como pura política, domina la voluntad del enemigo, pero sin violencia.» El militar lector de Clausewitz lee que la guerra es una cuestión moral y proyecta sobre la política el orden de esos instrumentos: el político sabe que el deseo popular «puede crearse orientarse y ponerse a favor del éxito de» una determinada táctica. La perdida del poder absoluto y autonomía del militar coincide con su mutación y presentación en poder político y mediador del poder social. Deviene la política por alquimia del militar en «simulacro del enfrentamiento, es decir demostraciones y maniobras, las figuras, las amenazas y las fintas».

            La astucia política de Perón fue ofrecerle un espejo al discurso del obrero, haciendo «de espejo de lo que decían: los obreros se escuchaban desde Perón.» El no estoy con nadie estoy con todos de Perón supone o espera que  «la contradicción se resuelve en la unidad del conductor» ¿Y si no fueran más que apotegmas de una táctica política que perdura infinitamente bajo cualquier vestidura y fin? El juego del padre eterno es analizado por Rozitchner en la materialidad de su eficacia y perdurabilidad. Ese arte será escrutado por un método que podría llamarse economía libidinal de la «conducción.»

            El campo político trazado por Perón aparece, en la mirada de Rozitchner, como un escenario sin izquierda y sin sujeto, con mito social. Perón no pedestaliza sin quitar poder. El arte consiste en entrar con el otro para salir con la propia: yo mando en el conjunto, no en el detalle. De algún modo Rozitchner muestra  al peronismo como agustinismo para proletarios, así como Nietzsche dice del cristianismo que es platonismo para la plebe: precondición libidinal (apropiación subjetiva del cuerpo del  obrero) de la explotación capitalista. La tesis de Rozitchner es clara, el peronismo significó una nueva forma de dominación política, es decir, produce ciertas formas sociales colectivas y configura la subjetividad sus adeptos. El descubrimiento del peso político del carácter instrumental del deseo popular, operativizado en conceptos  tales como los de nación en armas, significan en realidad «unidad interior de un capitalismo nacional», exclusión de antagonismos internos en la comunidad.

            Así la economía capitalista nacional coincide con cierta organización en la economía psíquica. Una «afectividad» es producida como el fundamento libidinal de «la guerra simulada»  que es la política de Perón. Ese afecto es índice de un «cuerpo explotado de la clase obrera» convertido «en gozador del producto de su propia explotación.» En esa economía libidinal, para Rozitchner Eva es mediadora y cumple la función de convencer al «pueblo que no había satisfacción sin convertir a Perón en objeto completo y sin fisuras de amor y adoración.»

            Según León Rozitchner John William Cook comprendió tarde que «la táctica de Perón es su estrategia, que no hay estrategia sino solamente táctica». Las juventudes rebeldes «creían en verdad que existía una estrategia que los incluía porque estaban identificados afectivamente con el conductor.» Esa táctica política que incita la rebeldía, y en otros momentos la desalienta y reprime. Reconstruida por Rozitchner el objeto de la táctica política de Perón era «movilizar al pueblo recurriendo al asiento afectivo que los liga a la patria, para suscitar ese asentimiento elemental que deja de lado la vivencia de la explotación interior.» En este sentido es eficaz al lograr que el proletario asuma como propia la lucha por la defensa del Estado. La conducción política es una «neutralización de las fuerzas»,  y pone como precondición el que los actores  «se dejen ser conducidos», busca concertadamente interiorizar «el deseo y la necesidad de ser conducidos.» La conducción, en definitiva es otro nombre de los sistemas disciplinarios como la iglesia, la prisión, la escuela, el partido político, el hospicio y el hogar. La relación de Perón y el pueblo fue siempre de  «uno a Uno.» Perón es el nombre del Edipo argentino, y el Perón de Rozitchner es una especie de anti-Edipo nacional.  Libro del exilio, todavía en el prólogo de 1998 se lee cierto fastidio o sorpresa ante la indiferencia con que ha sido recibido este texto que plantea lo inconsciente en la política, en el país de los psicoanalistas. Perón encierra el «secreto» de esos tiempos. No es difícil imaginar un destino intempestivo de este libro, porvenir de sentidos descubiertos a cuenta gotas.

Cooke como hecho maldito del peronismo burgués (Recordar, Repetir, Reelaborar) // Mariano Pacheco

Hace 40 años moría John William Cooke, producto de un cáncer de pulmón.

¿Qué sentido tiene recordarlo hoy, cuando nuestras funciones de respiración se ven alteradas no por una enfermedad biológica de nuestro cuerpo sino por lo asfixiante que se torna el saludable momento que atraviesa –que sigue atravesando más bien, deberíamos decir– el cuerpo social? El “realismo capitalista” (como designó el pensador británico Mark Fisher a este sentimiento de que el capitalismo se presente sin fisuras como el único horizonte de posibilidades) está a la orden del día, en Argentina, en Nuestra América y en el mundo entero.

Cooke (el Bebe Cooke; el Gordo Cooke) puede aparecer como una pieza de museo, o más bien como un personaje simpático de una serie de Nettflix (no faltará quien tal vez lo confunda con un personaje de “Paeky Blinders”). Recordar, repetir, reelaborar.

Cooke, lector de Sartre. El joven diputado del peronismo histórico que argumenta como ninguno; el agitador de la resistencia peronista; el preso político y el delegado de Juan Domingo Perón en territorio nacional tras el exilio del líder (incluso, por única vez, el sucesor del General nombrado por él mismo). El Bebe, impulsor de una temprana tendencia revolucionaria del peronismo. El Gordo, hombre de confianza de Ernesto Guevara en Cuba, miliciano en defensa de la Isla contra la invasión imperialista. Cooke, quien muere horas antes de que cayeran en manos de la policía los integrantes de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) que habían instalado un destacamento de guerrilla rural en Taco Ralo (Tucumán). John William Cooke, el dirigente que supo afirmar que en Argentina los comunistas eran los peronistas, y que el peronismo era el hecho maldito del país burgués hoy se nos presenta, él mismo, como el hecho maldito de un peronismo burgués que –al menos en términos orgánicos– no parece estar dispuesto a ir más allá de una gestión progresista del capital, vía democracia parlamentaria.

Cooke –como supo destacar mi amigo y compañero Miguel Mazzeo– fue un hereje de dos iglesias: la peronista y la de izquierda. Es decir, fue un enemigo declarado de los dogmatismos, y supo habitar las tensiones y la incomodidad de dicha situación.

Aunque de nuevo surge la duda: ¿qué sentido tiene recordarlo hoy?

Quizá para que la invención de las nuevas generaciones no prescinda de una conversación con una determinada herencia, una experiencia del ayer que puede funcionar no como mandato sino como una inspiración para el hoy.

Tal vez –como hemos dicho en más de una oportunidad haciéndonos eco de una reminiscencia benjaminiana– para seguir tejiendo ese secreto compromiso de encuentro entre las generaciones del pasado, y la nuestra.

Revisitando papeles de archivo

Hoy quiera rescatar a un Cooke menos conocido que el que suele circular. El que en 1965 publica, a pedido del Comité Editorial de la revista La Rosa Blindada (luego también editorial, fundada y dirigida por José Luis Manghieri) un texto titulado “Bases para una política cultural revolucionaria”, en el que realiza una aguda lectura de los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 de Karl Marx.

Cooke no sólo demuestra en este texto ser un lector atento de los clásicos marxistas (empezando por el propio Marx), sino también estar al tanto de los debates marxistas en los distintos tramos de su historia. En tal sentido, basta ver las referencias a Lefebvre o las “notas bibliográficas” no especificadas pero que dan cuenta del manejo que tiene, ejemplificado en la mención que hace de la primera traducción española de los Manuscritos (tomada de la traducción francesa del original alemán).

El Gordo sostiene en este texto que las claves de la acción cultural hay que buscarlas en dos niveles diferentes. Y especifica: por un lado, la teoría general del socialismo; por otro lado, en la correcta interpretación de lo concreto-nacional. Y sale, después de dicha aclaración, al cruce de la “ortodoxia”. Dice Cooke que, por el dogmatismo, el marxismo no se ha permitido situar en su debido lugar al concepto de alienación en Marx, que denuncia el “carácter alienado y alienante de la sociedad burguesa, en la cual tratamos de dirigir la actividad revolucionaria”. Y tras repasar con brillante precisión y claridad el capítulo del “Trabajo enajenado” (alienación del obrero en el producto de su trabajo; alienación en el acto mismo de producción y alienación respecto de sí) recuerda que es bajo la forma política de la liquidación de la condición asalariada que la sociedad en su conjunto podrá implicarse en una dinámica de libertad.

Tal como ya había hecho Milcíades Peña en su Curso de 1958 de “Introducción al Pensamiento de Karl Marx”, también Cooke plantea la necesidad de leer los Manuscritos en serie con El Capital. Recordemos que son los años de auge del estructuralismo y de difusión del “corte epistemológico” promovido por Louis Althusser en su lectura que separa un joven Marx (aún no marxista) y un Marx maduro (científico, plenamente marxista). El frente de batalla teórico se presenta entonces en dos direcciones: contra las interpretaciones hegemónicas en Europa y contra los efectos del stalinismo en la línea soviética para el movimiento comunista internacional. “La relación entre sacrificios gigantescos que demandaba la supervivencia de la Unión Soviética cercada y el objetivo final de lograr la libertad humana quedó olvidada, relegada, reducida a algunas ofrendas retóricas del florilegio formalista”, escribe Cooke.

Meses después, en el mismo medio, León Rozitchner publicará “La izquierda sin sujeto”, en la que discute entre líneas con el texto del Bebe. Los frentes de batalla se multiplican, y no sólo en el terreno de la teoría. Guevara ya ha publicado su texto titulado “El socialismo y el hombre en Cuba”, en donde pone contra las cuerdas las formas de subjetividad que quedan atadas a la forma-mercancía más allá del cambio del régimen político y faltan apenas dos años para que lance su “Mensaje a los pueblos del mundo” a través de la Tricontinental, antes de dirigirse a poner en pie la guerrilla en Bolivia y morir asesinado por la CÍA en el mismo momento en que pretendía llevar adelante su mensaje de crear muchos Vietnam empezando por el Cono Sur de Latinoamérica.

¿Qué rol podían o no jugar los movimientos nacional-populares en una estrategia general de cambio social a escala nacional e internacional? ¿Qué límites encontraba el socialismo como transición? ¿Qué contribuciones podían generar los aportes teóricos y no sólo el avance de las luchas de los pueblos? Preguntas que entonces no quedaron en manos de intelectuales que desde su torremarfilismo desplegaban sus elucubraciones sino que fueron parte de los debates que las militancias  y, como parte de ellas, una determinada cantidad de intelectuales críticos, intentaron dar por distintos medios para hacer carne aquello sentenciado por Lenin. A saber: que sin teoría revolucionaria no proceso revolucionario. O para decirlo con un argentinismo esgrimido por León: que cuando el pueblo no lucha la filosofía no piensa, pero –podríamos agregar– cuando los pueblos luchan y las filosofías no piensan estamos frente a una incoherencia si se quiere seguir posicionado en la barricada del pensamiento crítico.

“Criticar teóricamente/revolucionar prácticamente!, tal como supo escribir Marx en sus Tesis sobre Feuerbach. Algo que el Gordo Cooke, como tantos en aquellos años, hicieron carne a través de su praxis revolucionaria.

 

* #LibrosyAlpargatas: reseñas de un escritor cabeza, columna radial en La luna con gatillo (jueves de 19 a 21 horas por Radio Eterogenia: www.eterogenia.com.ar)

Tras una semana desaparecido, encontraron sin vida al wichi Silverio Enriquez // La Tinta

Luego de intensos rastrillajes en los que participaron familiares junto a compañeros y compañeras de las Comisiones de Recuperación Territorial (CRT), finalmente este miércoles fue encontrado el cuerpo sin vida de Silverio Enriquez, el dirigente wichi que se hallaba desaparecido desde el 12 de septiembre.

Según precisó la Agencia Periodística Timbó, el cadáver se halló aproximadamente a las 10.30 de la mañana en el Lote 42, a unos 15 kilómetros de la localidad de Miraflores.

Fuentes policiales indicaron a diarios de la zona que el cuerpo fue encontrado a unos 100 metros del camino lindero en un avanzado estado de descomposición. Ha sido trasladado a la ciudad de Resistencia para realizar los peritajes correspondientes a la investigación.

Próximamente se emitirá el comunicado desde las Comisiones de Recuperación Territorial del Impenetrable Chaqueño.

La desaparición seguida de muerte de Silverio Enríquez se produce en el marco de la lucha por la recuperación territorial de 10.000 hectáreas de tierras ancestrales que llevan adelante grupos de las comunidades Qom y Wichí junto a la Federación Nacional Campesina en la provincia del Chaco.

Enríquez habitaba en uno de los territorios recuperados, lote 63 en Miraflores, y había sido visto por última vez ingresando al lote 64 a visitar a una de las Comisiones de Recuperación Territorial (CRT).

 

La Tinta 

Barrido y limpieza // Diego Skliar

Así se barre, Oscar. O como te llames. Pegado firme al cordón, llevandote puestos los pies de quienes vamos a la Universidad del No Se Qué. Con la punta del escobillón pasando amenazante al ras de nuestros mentones. Empujando la pelusa de esta primavera con ánimo de inverno, las colillas, las latas, el volante de la pizzería que quebró. Así se luce la campera sucia que dice Higiene Urbana y el logo de la Ciudad Verde que no podés pagar. Con el auricular relleno de chamamé al palo de la provincia que también te expulsó. Esperando pegar la vuelta por el pasaje donde prendés la tuca que arrancaste saliendo del barrio al que volverás al atardecer, no sin antes pasar por el corralón a seguir quemando la de débito, porque antes del dólar a cincuenta querés terminar la pieza de arriba, Oscar. Un lugar para que tu hija pueda contener a tu nieto antes de que la yuta lo ponga. Porque ya avisaron Oscar: anda zarpado el pendejo.  

Ranchar con Cristina // Diego Valeriano

Hay más de 2900 mujeres privadas de su libertad que a nadie le importan, por las que nadie postea. Que miran la tele sin creer lo que ven.  Que están ahí por luchar, por no aceptar, por enfrentar la pobre vida tal cual es, porque les tocó, por tanta crueldad. Porque pincharon todo a ese gil. Hay muchas que no le cabe ninguna y sin embargo esta les recabio. Hay mujeres que se dieron cuenta en la que estaban varios meses después, hay pibitas que creyeron en el transa. Hay madres, hermanas, sobrinas, nietas, abuelas.  

Hay chicas que la esperan a Cristina para abrazarla con un cariño sincero, para sacarse una selfie y mandarla al grupo, para compartir la comida, para protegerla, para que ranchen todas juntas. Hay algunas que mueren por contarle que les paso, porque perdieron, a quien extrañan y que van a hacer cuando salgan. Hay varias peronistas porque así se quiere en los barrios, hay viejas con demasiados garrotazos en el lomo que igual la perdonan por todo lo que no hizo.

Hay muchas que tienen en su piel cada uno de los recuerdos de porqué están donde están. Escrachos tontos, lágrimas innecesarias, fechas de giles. Hay violadas, olvidadas, hay muchas con abogados de oficio más ortibas que los fiscales. Hay unos pares que sabían que caían. Hay otras que ranchan felices con pibas nuevas, que empiezan a leer, a saber, a querer. Que se descubren, aun ahí, que casi no hay luz. Hay mujeres manijas que extrañan una vida afuera que ya ni quieren.

Hay varias  que ya avisaron que con Cristina no se jode,  que tienen un montón de pedidos de su familia para ella. Cartas escritas a mano con letra cuidada, audios de wasap, posteos en el muro. Hay guerreras que no quieren nada pero segundean, porque así hay que ser. Hay unas guachas que ni les importa un carajo esta vieja cheta, pero saben, porque son bien pillas, que comparten un enemigo en común, un enemigo ortiba que las quiere adentro, que nos oprime bien parejo y que las necesita tristes y olvidadas para siempre.

Doscientos Kilometros por un aborto Legal // Cosecha Roja

Una nena de 11 años abusada pudo acceder a un aborto legal, pero para eso tuvo que recorrer casi 200 kilómetros desde Villa Dolores hasta la Maternidad Nacional en la ciudad de Córdoba, porque los centros de salud provinciales no garantizan el derecho.

La nena fue con su mamá a la salita de la zona por fuertes dolores abdominales. Los estudios demostraron que tenía un embarazo de 10 semanas. Entonces fue derivada al Hospital Regional de Villa Dolores para que pueda acceder a un aborto en un ambiente seguro y cuidado. Esa institución cuenta con los medios y los profesionales, quienes estaban dispuestos a realizar la práctica. Pero el Ministerio de Salud de la Provincia y el Portal de Belén la frenaron.

Desde 1921 en Argentina el aborto es legal por dos causales: en casos de violación o cuando está en riesgo la salud o la vida de la persona gestante. El fallo F.A.L, de 2012, estableció que todos los centros de salud públicos deben garantizar el derecho al aborto legal sin necesidad de una denuncia penal ni de la autorización de un juez.

Un año después de ese fallo, la Fundación Portal de Belén interpuso un amparo para que no se cumpla el protocolo nacional de interrupciones legales del embarazo. La Justicia de Córdoba suspendió la aplicación del protocolo y el fallo llegó hasta el Superior Tribunal de Justicia de la provincia, que todavía no resolvió la cuestión de fondo. Mientras tanto –y desde hace seis años- los hospitales públicos provinciales dejaron de practicar abortos legales.

En Cámara Gesell la nena contó que un amigo de su madre la abusaba mientras la cuidaba. El fiscal Sergio Cuello ordenó la detención del hombre de 54 años. La nena, sus dos hermanos y la mamá quedaron bajo la protección de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia de la provincia.

La madre de la nena autorizó la práctica del aborto legal y el fiscal pidió que se conserve el embrión para un análisis de ADN. Pero ambas tuvieron que recorrer casi 200 kilómetros para acceder al derecho.

Desde la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto repudiaron  “la obstaculización impuesta por el Ministerio de Salud de la Provincia y su negativa a la garantía de derecho para el acceso al aborto no punible, el cual se encuentra amparado por el Protocolo para la interrupción legal del embarazo (ILE) en todo el territorio nacional”, pero que sin embargo sigue frenado en la Justicia.

Consideraron “urgente” la necesidad de que “el Tribunal Superior de Justicia de Córdoba se expida sobre el amparo y los procedimientos impuestos por el Portal de Belén para dilatar dicha sentencia” porque “no podemos seguir permitiendo una justicia que obligue a transitar embarazos no deseados a niñes y adolescentxs; así como tampoco nos parece justo obligar a personas que sigan poniendo en riesgo sus vidas porque el aborto clandestino continúa siendo posible en nuestro país”.

Cosecha Roja

Fernando Haddad: “Lula es un parteaguas en la historia de Brasil” // La Tinta

El ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, preso político hace 158 días, “pasó el bastón” a Fernando Haddad y a Manuela D’Ávila en la disputa electoral por la presidencia. El ex ministro de la Educación entre 2005 y 2012, y ex alcalde de la ciudad de São Paulo entre 2013 y 2017, sustituirá a Lula como candidato a presidente, mientras Manuela D’Ávila asumirá como candidata a vicepresidenta en la lista electoral del Partido de los Trabajadores (PT).

El anuncio fue realizado el martes por la tarde frente a la sede de la Policía Federal, en la ciudad de Curitiba, donde el ex mandatario está detenido. Lula escribió una carta dirigida al pueblo brasileño, leída por el abogado Luiz Eduardo Greenhalgh, uno de los fundadores del PT, donde explica la decisión de designar al ex alcalde de São Paulo para la disputa,destacando la actuación de Haddad como ex ministro de Educación y las políticas públicas que permitieron el acceso de cuatro millones de estudiantes a la educación superior durante su gobierno y el de Dilma Rousseff.

“En verdad, han prohibido que el pueblo brasileño vote libremente para cambiar la triste realidad del país. Nunca he aceptado la injusticia ni la voy a aceptar (…). Es frente a estas circunstancias que tengo que tomar una decisión, en el plazo que se me ha impuesto arbitrariamente. Estoy indicando al PT y a la coalición ‘El pueblo feliz de nuevo’ la sustitución de mi candidatura por la del compañero Fernando Haddad, que, hasta este momento, ha desempeñado con extrema lealtad la posición de candidato a vicepresidente (…). Si quieren acallar nuestra voz y derrotar nuestro proyecto para el país, están muy equivocados. Nosotros seguimos vivos, en el corazón y en la memoria del pueblo. Y nuestro nombre ahora es Haddad”, afirmó Lula en su carta.

 

Al final del documento, el ex mandatario pide a sus seguidores que voten por Haddad y por los candidatos a gobernadores, senadores y diputados del Partido de los Trabajadores.

Haddad dio un discurso en Curitiba donde afirmó que “no desistirá de Brasil y que recibió de Lula la misión de erguirlo”. El actual candidato también reiteró la importancia de Lula para la historia del país.

“No vamos a aceptar, vamos a erguirlo nuevamente, somos brasileños, tenemos la misión hacer que el pueblo recuerde los buenos días que hemos vivido. Siento el dolor de muchos brasileños y brasileñas que van a recibir hoy la noticia que no podrán votar por el candidato que nos gustaría ver subir la rampa del Palacio del Planalto y gobernar el país a partir del 1 de enero. Es un dolor sentido por el pueblo más querido de este país, que sabe lo que representaron nuestros gobiernos, desde el punto de vista de la historia, una historia tan cruel, injusta. Nuestro Lula representó y representa un parteaguas en la historia de Brasil, antes y un después. Lula salió de las entrañas de nuestro pueblo”, dijo.

El Comité de Derechos Humanos de la ONU reafirmó por tercera vez, el pasado lunes, la decisión de asegurar los derechos políticos de Lula como candidato. La presidenta del PT, Gleisi Hoffmann, fue la responsable por presentar la decisión de la candidatura de Haddad. En su discurso, Hoffmann señaló que el PT, los partidos de la lista y los movimientos partidarios lucharon hasta el último momento por el derecho de Lula a ser candidato.

“Quienes participan en esta vigilia acompañan el presidente y conocen todos los enfrentamientos que estamos haciendo. Aunque, desde la cárcel, Lula lidera las encuestas de opinión. Luchamos mucho para hacer de Lula nuestro candidato a presidente. El 15 de agosto, al enfrentar todo ese proyecto, inscribimos la candidatura de Lula en una celebración muy linda en Brasilia. Siempre hemos creído que su candidatura es esencial para sacar el país de la crisis. Es muy triste ver a la democracia brasileña, si es que podemos hablar que vivimos en una, en este proceso. Aceptamos el desafío del presidente Lula, de no dejar al pueblo brasileño sin alternativa para su lucha”, afirmó antes de anunciar la candidatura de Haddad en la coalición “El pueblo feliz de nuevo”.

 

Lula lideraba todas las encuestas de opinión sobre las elecciones de octubre, pero fue impedido de participar en ellas debido a una decisión del Tribunal Superior Electoral (TSE).

El Partido de los Trabajadores mantuvo el nombre de Lula como candidato hasta el último momento posible en el calendario electoral de 2018.

El actual candidato por el Partido de los Trabajadores tuvo el mayor crecimiento en el último sondeo: subió cinco puntos porcentuales y alcanzó el 9 por ciento de la intención de voto. En el sondeo anterior, aún se presentaba al ex ministro de la Educación en un cuestionario posterior al oficial, que presentaba a Lula como candidato.

El PT apuesta ahora en la transferencia de voto de Lula a Haddad. El sondeo del Instituto Datafolha también señala que el 33 por ciento del electorado votaría por el candidato de Lula y el 16 por ciento que “podría votarlo”.

 

La Tinta

Por Rute Pina y Júlia Dolce para Brasil de Fato / Traducción: Luiza Mançano

Un policía golpeó a un nene de 9 que jugaba en la calle // Cosecha Roja

Matías, un chico de 9 años con retraso madurativo, jugaba con su hermano de 12 en la vereda de su casa en Mar del Plata. Un policía que manejaba un patrullero los vio y confundió la pistola de juguete con la que jugaban con un arma de verdad. Bajó del móvil y se le fue encima a Matías, lo golpeó y lo tiró al piso. La mamá escuchó los gritos. Cuando salió a la vereda vio al policía ahorcando a su hijo con una remera.

—Agradecé que no me bajé del auto con el arma —dijo el policía a la mujer.

Matías sufrió heridas por los golpes. La Comisión por la Memoria acompañó y asesoró a la mamá, que presentó la denuncia en la Defensoría Pública. “La CPM presentará además el lunes próximo la denuncia ante la Auditoría de Asuntos Internos del Ministerio de Seguridad Provincial y realizará distintas acciones para la protección de la denunciante y el acompañamiento del niño”, explicaron en un comunicado.

Según informó la CPM en la comisaría justificaron al policía. Dijeron que se trató de una acción protocolar.

“Cómo consecuencia del hecho, el niño de 9 años, que padece un retraso madurativo, se encuentra muy afectado psicológicamente, llorando permanentemente, muy angustiado y temeroso de salir a la calle. Las heridas y escoriaciones provocadas por los golpes, el arrastre y ahorcamiento, constituyen torturas y malos tratos que deben investigarse y sancionarse de manera urgente”, dijeron desde la CPM.

La mamá Matías es militante social, activista por los derechos humanos e integrante de la red de familiares víctimas de violencia institucional de la CPM. Desde el organismo denunciaron que “no se trata de un hecho aislado y singular sino de una práctica cada vez más extendida y generalizada que sistemáticamente viene dando muestras de la violencia, arbitrariedad e impunidad con que operan las fuerzas de seguridad en el territorio y apuntaron a los discursos oficiales que promueven y avalan la violencia policial.

 

Cosecha Roja

El rati sabe // Diego Valeriano

El rati camina hacia  el nene que lo mira con unos ojos enormes. El rati avanza y Matias disimula de manera tierna, infantil, como lo hace un guachin de 9 años, el  revólver de juguete. Los dos pibitos lo ven acercarse y no tienen miedo, como mucho los retaran, le dirán algo, un no sé qué de la autoridad, que ellos están para cuidarlos y listo. ¿Qué más puede pasar piensa el hermano de Matías cuando el rati está a unos pasos? Ninguno de los dos piensa en llamar a la mamá, a ver si todavia los caga a pedo.

El rati sabe que el guachin solo le hizo un chiste, que estaba jugando, ya le vio la cara al hermano y casi que le leyó los labios mientras lo cagaba a pedos. El rati sabe todo y lo sabe porque tiene calle. Porque pasa horas y horas arriba de ese patrullero que tiene su olor más que su cama. El rati baja tranquilo, saluda con la mirada a la kioskera y casi se detiene a decirle algo, algo tranqui, como un chiste de vecino, de esos chistes pavotes, algo de Aldosivi o de las cosas vencidas que vende. El rati baja porque puede y bien sabe que puede. El rati baja y lo hace donde quiere, por eso es quien es, por eso hace pata ancha.

El rati observa detenidamente el arma de juguete y ni por un segundo piensa en cuando él era chico, en cuando jugaba a ser ladrón como todos los nenes del barrio, cuando quería ser ladrón como todos los nenes del barrio. Tampoco piensa en los guachos que andan enfierrados todas las noche, llenos de falopa, esos que a veces los tiene enfrente y a veces trabajan juntos. No piensa en nada cuando ya está a pocos metros de los pibes.

El rati ya soltó a Matias y vuelve tranquilo al patrullero. No es que lo pensó de entrada cuando recién bajó, no es que se volvió loco, que se le salió la cadena, no es nada. Hizo lo que hace, lo que esperan de él. Se hizo respetar y no importa la edad, el se la aguanta con los grandes también, asi que imaginate con los guachines irrespetuosos.  Ese guacho, su hermano, los de la cuadra y varios más van a entender que con nosotros no se jode, ni chistes se nos hacen. Escucha los gritos de la madre mientras sube al auto. Su compañero lo mira y él entiende que se ríen juntos. El nene llora mucho, pero el piensa que no es para tanto, tampoco se lo lastime señora murmura entre dientes mientras arrancan para seguir haciendo su laburo.

La escritura en el cuerpo de las mujeres // Luci Cavallero y Verónica Gago

A Corina de Bonis, la docente secuestrada y torturada por resistir el cierre de las escuelas en la localidad de Moreno, le escribieron con punzón en su panza “no más ollas” en el día del maestrx. La escena de horror es contundente: se escribe literalmente en el cuerpo de las mujeres el terror que se quiere comunicar. Se escribe en ese cuerpo de maestra en lucha torturándola. Se escribe para transmitir un mensaje: el mismo que ya habían hecho circular en carteles diciendo que la próxima olla sería en el cementerio. Y esto porque las ollas en la calle son vistas desde el poder como fueron antes los calderos de las brujas: espacios de reunión, nutrición y conversación donde se teje la resistencia, donde nos agrupamos a hacer cuerpo común como conjuro frente al hambre, donde se cocina para oponerse y conspirar contra la condena a la pobreza y la resignación. 

¿Por qué se escribe literalmente “no más ollas” en ese cuerpo? Porque a la olla se le tiene miedo. Porque la olla destruye toda la abstracción que encubren las palabras del terror financiero: tanto el déficit cero como la inmaterialidad de los mercados bursátiles se desarman frente a la contundencia de una olla que traduce en una imagen concreta e inobjetable lo que implica la inflación y al ajuste en las vidas cotidianas. 

Esta semana las mujeres volvieron a sacar las ollas a la calle (como lo hicieron en los piquetes antes y después de 2001): emerge una vez más el saber hacer comunitario, la capacidad de colectivizar lo que se tiene, y poner en primer plano la defensa de la vida como política femenina. Sacar las ollas a las calles es también hacer político lo doméstico como lo viene haciendo el movimiento feminista: sacándolo del encierro, del confinamiento y de la soledad. Haciendo de lo doméstico espacio abierto en la calle.

La crisis que crece al ritmo de la inflación, del ajuste impuesto por los despidos masivos y los recortes de política pública y por la bancarización de los alimentos (a través de las tarjetas “alimentarias” que se canjean sólo en ciertos comercios y que hoy están siendo inviables por la “falta” de precios a la que la lleva la especulación de algunos supermercados). Todo esto se traduce hoy en hambre para millones. Y hoy lo que se criminaliza es el hambre: vemos en marcha la militarización del conflicto social, el fantasma del “saqueo” como amenaza de represión, y la persecución de las protestas en nombre de la “seguridad”.

Varias mujeres de organizaciones sociales ya cuentan que no cenan como modo de auto-ajuste frente a la comida escasa y para lograr repartirla mejor entre lxs hijxs. Técnicamente se llama “inseguridad alimentaria”. Políticamente, evidencia cómo las mujeres ponen de manera diferencial el cuerpo, también así, ante la crisis. 

La especulación financiera hace la guerra a los cuerpos en las calles y a las ollas que resisten. Las ollas de hoy se conectan con los calderos de antes. Las ollas devienen calderos. 

En estos tiempos en nuestro país está en crisis la reproducción social en muchos barrios y frente a eso el gobierno redobla la apuesta: terror financiero, terror al estilo grupo de tareas y terror anímico. Cuando hablamos de terror financiero nos referimos no sólo a los negocios que hacen los bancos con la diferencia cambiaria o a la especulación de los fondos de inversión que el gobierno facilita o los objetivos del FMI, sino también al modo en que esa “opacidad estratégica” (esa suerte de fenómeno meteorológico en el que se habla la lengua de la especulación) se traduce en una drástica reducción de nuestro poder de compra, del valor de nuestros salarios y subsidios y del aumento descontrolado de precios. La velocidad y el vértigo de esa “depreciación” del valor es parte del terror y del disciplinamiento que nos quiere sumisas por miedo a que todo puede ser aun peor. El terror financiero es una confiscación del deseo de transformación: el terror anímico es obligarnos a querer sólo que las cosas no sigan empeorando.

Pero hay algo más. Cuando hablamos de terror financiero nos referimos también a cómo las finanzas (a manos de los bancos y sus empresas subsidiarias: de “efectivo ya” a las tarjetas de crédito pasando por otras dinámicas más informales) se han apoderado a través del endeudamiento popular de las economías domésticas y familiares. Hoy la financiarización de las economías familiares hace que los sectores más pobres (y ahora ya no sólo esos sectores) deban endeudarse para pagar alimentos y medicamentos y para financiar en cuotas con intereses descomunales el pago de servicios básicos. Es decir: la subsistencia cotidiana por sí misma genera deuda. 

El terror financiero, entonces, es una estructura de obediencia sobre el día a día y sobre el tiempo por venir y nos obliga a asumir de manera individual y privada los costes del ajuste. Pero además normaliza que nuestro vivir cotidiano sea sólo sostenible con deuda. El terror financiero, entonces, es una “contrarrevolución” cotidiana en el sentido que nos hace desear la estabilidad a cualquier costo.

No es casual que en dos semanas se reúna en Argentina el Women20: es decir, el grupo de mujeres que el G20 ha organizado para traducir en clave neoliberal la agenda del movimiento feminista. No es casual que se quiera hacer en Argentina, donde el movimiento feminista es observado en todas partes del mundo por su masividad y radicalidad. No es casual que una de las propuestas principales sea proponer la “inclusión financiera” de las mujeres para que todas creamos que podemos ser empresarias si logramos endeudarnos (¡aún más!).

Al menú de lujo que les convidarán a las empresarias del Women20, se oponen las ollas-caldero. Las finanzas se quieren quedar con nuestras vidas (a las que explotan, endeudan y aterrorizan), pero desde hace tiempo venimos diciendo que vivas, libres y desendeudadas nos queremos. Las ollas en las calles traman una política de los cuerpos en resistencia, prenden el fuego colectivo frente a la inexistencia a la que nos quieren condenar, y gritan que ¡no les tenemos miedo! 

* Colectiva Ni Una Menos.

Fuente: Página/12

Llamado Urgente. Feria Ameri Cano. Mendoza

Hacemos un llamado urgente a todes quienes nos apoyan y han disfrutado de las mañanas de faria del barrio Cano. La BIOSFERA y La AMERI CANO nos encontramos en alerta por la continuidad de nuestras ferias en la plaza. Les esperamos este sábado 15 de septiembre a las 15 horas para participar de una asamblea publica por la defensa de las ferias.

Esta crueldad planificada que nos recabio // Diego Valeriano

El secuestro, la tortura y una bacteria que no avisa. La miseria planificada, la maldad de los guachos, la garrafa vacía, el miedo de las doñas que ya no salen. Todas las pibas que mueren desangradas, la directora vuela por el tapial y al caer tal vez todo sea aún peor. Sí, peor para siempre. La crueldad y la muerte como único plan económico, como único programa diario, como único proyecto de vida.

Hacer la vida cada vez, aunque cada vez duele más. Los guachines que juegan al allanamiento en el comedor mientras la doña piensa en su hijo, en que ya ni lo visita, en que ya no lo quiere. Las nenas que necesitan perrear para salir del barrio aunque más no sea a Pasion de Sabado, las lágrimas tatuadas en vano, el recuerdo de Santiago  y el olvido de Luciano. El carnicero que es héroe o asesino según quien postee y Mili que no entiende cómo esto tan hostil y desgastante puede ser la vida.

Porque frente a la miseria planificada es mejor ser maldita, dañino, verdugo, zorra, es mejor ser alguien, es mejor ser transa que esperar una hora en la vereda para ver si te toman en un trabajo de mierda, es mejor cualquier cosa que terminar la escuela, que tener 15 días de vacaciones, que ir al centro comunitario a hacer talleres, que limpiar por hora.  Mili no quiere esta vida plagada de tristezas y preferiría que su cuerpo se desintegrara en lágrimas.

El muleo, la manija que no para, el desamor, el castigo permanente, la soledad en esta pieza repleta de parientes, el Sarmiento, el 269, caminar desde la estación porque 11 mangos es demasiado, 11 por veinte es casi todo. La miseria que se repite, la tristeza cada vez, la muerte interna como la opción más segura, el escabio y las pasti, la falta de ideas, la guerra en cada esquina, marchar por un plan, la fiesta que ya duele  y esta crueldad planificada que nos recabio y nos dejó acá en dónde estamos.

CINZIA ARRUZZA / INTELECTUAL FEMINISTA “El feminismo del 99% es la alternativa anticapitalista al feminismo liberal” // Josefina L Martínez

La feminista italiana Cinzia Arruzza es profesora de la New School of Social Research de Nueva York y autora del libro Las sin parte: matrimonios y divorcios entre marxismo y feminismo. Apoyó la Huelga internacional de mujeres en Estados Unidos y acaba de terminar de escribir un Manifiesto para un feminismo del 99% junto con Nancy Fraser y Tithi Bhattacharya que será publicado en otoño. Le preguntamos sobre la relación entre capitalismo y patriarcado, género y clase, en la nueva ola del feminismo internacional.

¿Cuál es el objetivo y la tesis principal del Manifiesto para un feminismo del 99%?

El feminismo del 99% es la alternativa anticapitalista al feminismo liberal que se había vuelto hegemónico en las últimas décadas, debido al bajo nivel de luchas y movilizaciones alrededor del mundo. Lo que entendemos como feminismo liberal es un feminismo centrado en las libertades y la igualdad formal, que busca la eliminación de la desigualdad de género, pero a través de medios que sólo son accesibles a las mujeres de élite. Pensamos, por ejemplo, en el tipo de feminismo encarnado por mujeres como Hillary Clinton. O, también, el tipo de feminismo que en Europa se está convirtiendo en aliado de los Estados para el apoyo a políticas islamófobas «en nombre de los derechos de las mujeres», como detalla Sara Farris en su reciente libro (In the Name of Women′s Rights: The Rise of Femonationalism).

Para ser clara, es un tipo de feminismo que persigue la igualdad de género en el interior de una clase específica, la privilegiada, dejando atrás a la gran mayoría de las mujeres. El feminismo del 99% es una alternativa al feminismo liberal, ya que es abiertamente anticapitalista y antirracista: no separa la igualdad formal y la emancipación de la necesidad de transformar la sociedad y las relaciones sociales en su totalidad, de la necesidad de superar la explotación del trabajo, el saqueo de la naturaleza, el racismo, la guerra y el imperialismo. Finalmente, se posiciona directamente como parte del transfeminismo, defiende los derechos y necesidades de las trabajadoras sexuales y busca alianzas sociales y políticas con todos los movimientos que luchan por un mundo mejor para el 99%.

¿Cree que el nuevo movimiento de mujeres que se está desarrollando en todo el mundo podría ser la avanzada de un retorno más general de la lucha de clases?

Esa es mi esperanza, y también mi apuesta. En primer lugar, esta nueva ola feminista es la única movilización transnacional existente que reúne a millones de mujeres y hombres de todo el mundo. En segundo lugar, en algunos países ya se hace difícil distinguir claramente la lucha de clases del movimiento feminista: pienso sobre todo en Argentina, por supuesto, pero también en España o Italia. Creo que quienes están sinceramente interesados en revivir la lucha de clases deberían dejar, de una vez por todas, las actitudes divisionistas y despectivas hacia esta nueva ola feminista; dejar de pensar que las movilizaciones feministas son una antítesis de la lucha de clases o, en el mejor de los casos, un complemento externo. Prefiero invitar a pensar en la nueva ola feminista como un proceso de radicalización y politización en el que la subjetividad de las trabajadoras –a menudo jóvenes, precarias, mal pagadas, no remuneradas, explotadas y acosadas sexualmente en el lugar de trabajo– está emergiendo como una subjetividad combativa y potencialmente anticapitalista.

Parece que, en las luchas actuales y futuras de la clase obrera, las mujeres van a desempeñar un papel protagónico. ¿Ya lo están haciendo?

Hay un fenómeno interesante para tener en cuenta: estamos viendo un aumento significativo de huelgas y movilizaciones en los lugares de trabajo dentro del ámbito de la reproducción social. Pensemos en las huelgas de maestras en Estados Unidos (huelgas ilegales, que están cambiando significativamente la dinámica del movimiento obrero), la huelga de las trabajadoras de la sanidad en la India, o la de maestras en Brasil. Se trata de huelgas en las que las trabajadoras son mayoría y tienen un papel clave. Aunque no existe un vínculo explícito entre estas huelgas y la Huelga internacional de mujeres de los últimos años, creo que el movimiento feminista está desempeñando un papel en el empoderamiento de estas mujeres, demostrando que la rebelión es posible y necesaria.

En las movilizaciones feministas (en España o Argentina) se escucha cada vez más: «Patriarcado y capital, alianza criminal». ¿Se reabre el debate sobre la relación entre la opresión de género y el capitalismo?

Bueno, creo que la razón es que estamos volviendo a pensar en fenómenos estructurales y en la complejidad de las relaciones sociales, mientras que en las últimas décadas la mayor parte del feminismo estaba inmerso en el llamado «giro lingüístico», centrándose especialmente en temas de lengua, cultura y relaciones interpersonales de poder. Desde este punto de vista, es una señal muy positiva que las jóvenes activistas y pensadoras feministas se interesen en comprender la conexión estructural entre la opresión de género y el capitalismo, en entender las causas profundas de nuestra situación actual.

En varios artículos, polemiza con las tesis del «sistema dual», que definen al capitalismo y al patriarcado como sistemas autónomos. ¿Por qué considera incorrecta esa teoría y qué consecuencias prácticas tiene esto para el movimiento de mujeres?

Existen varias versiones de la teoría de los «sistemas duales», con diferentes consecuencias políticas. La más clásica, influenciada por el feminismo materialista francés, termina –de una manera u otra– conceptualizando la opresión racial y de género como sistemas de relaciones de explotación; por lo tanto, conceptualizan el sexo como clase. Estoy simplificando demasiado; la teoría ha tenido varios desarrollos en las últimas décadas, y ha llegado a conclusiones más matizadas en algunos autores. Sin embargo, mis objeciones son de dos tipos. Primero, si entendemos el sexo como clase, entonces también tenemos que interpretar la opresión sexual y de género como antagonismos de clase, lo que básicamente descarta las posibilidades de alianzas y luchas comunes (entre mujeres y hombres). Para decirlo simplemente: no haría una alianza con mi patrón. En segundo lugar, si sexo, raza y clase expresan tres sistemas autónomos que se entrecruzan o combinan, no queda claro en absoluto por qué lo hacen: ¿cuál es la razón? De hecho, la verdad es que en algunos casos las formas tradicionales de opresión de género entran literalmente en conflicto con los intereses capitalistas….

En contraposición a las teorías “duales”, defiende la importancia del concepto de ‘reproducción social’ para una teoría feminista marxista…

La forma en que interpreto esta relación –junto con autores como Nancy Fraser, Tithi Bhattacharya, Sue Ferguson, Sara Farris, David McNally y otros– se basa en la noción de reproducción social. En pocas palabras, se refiere a las actividades y el trabajo que implica la reproducción biológica, cotidiana y generacional, de la fuerza de trabajo. Pero seamos claros: reproducir la fuerza de trabajo significa reproducir las personas y la vida. Esto no se limita a la mera subsistencia o las necesidades de supervivencia, sino también a la satisfacción de necesidades más complejas y la reproducción de habilidades que contribuyen a convertir la fuerza de trabajo en esa mercancía especial que se puede vender en el mercado capitalista.

Estamos, por tanto, hablando de la socialización de los niños, de la educación, pero también de la sanidad y los servicios sociales. La mano de obra en este tipo de actividades está fuertemente feminizada en dos sentidos: la gran mayoría de las trabajadoras (asalariadas y no asalariadas) son mujeres, y sus condiciones laborales se encuentran entre las más explotadas.

¿Y cómo se relacionan opresión y explotación con la esfera de la reproducción social?

La clave para entender qué tiene que ver la reproducción social con la opresión de género (y en parte la opresión de raza), es que la reproducción social –bajo el capitalismo– está necesariamente subordinada a la producción en función de ganancias.

La paradoja es que el capitalismo necesita que haya reproducción social y que sea relativamente funcional, pero no quiere pagar el costo por ello. Especialmente porque todas las actividades de la reproducción social tienen baja tecnología y mano de obra intensiva, lo que significa que son costosas. La forma en que los capitalistas (y los Estados) logran mantener estos costos lo más bajos posible varía, pero podemos identificar algunos fenómenos comunes: el aumento del uso de mano de obra migrante mal remunerada y no organizada en sectores privatizados (por ejemplo, los migrantes que cuidan a dependientes o ancianos); los recortes en el gasto social y en los servicios sociales que obligan a las mujeres y a las personas feminizadas a realizar esta labor gratuitamente en el hogar; la mercantilización de los aspectos más rentables del trabajo reproductivo social –cadenas de restaurantes, lavanderías, etc.– empleando, una vez más, mano de obra migrante barata.

Podemos concluir que la explotación de clase, las opresiones de género y raza, forman una totalidad compleja en el capitalismo…

Hay mucho más que decir sobre estos procesos, la teoría de la reproducción social no lo explica todo, pero nos proporciona las herramientas teóricas para ver cómo fenómenos aparentemente desconectados tienen lugar en un contexto de relaciones sociales de producción y reproducción, que aprisionan la vida de las personas, limitan enormemente las opciones disponibles y organizan y restringen la temporalidad de nuestras vidas.

 

Revista Contexto

Vivir y castigar: ¿Qué pretende el código contravencional de Mendoza? // Nicolás Cuello

“Nuestras vidas no son delito” parece ser la única manera posible de reclamar contra los deseos de control total que hoy en la provincia de Mendoza se podrían aprobar con la sanción del Nuevo Código Contravencional.

Estamos hablando del proyecto de ley impulsado por el gobierno provincial de Alfredo Cornejo, que busca completar la media sanción que obtuvo de manera acelerada en el senado provincial meses atrás. Con un panorama desalentador que nos promete casi con seguridad su aprobación sin modificación alguna, nos enfrentamos a la oficialización de un conjunto de políticas de carácter represivo que condenan con multas económicas (hasta 9 mil pesos) y arrestos (1 a 90 días) una cantidad desmesurada de comportamientos no tipificados en el código penal.

Esta iniciativa que busca, en palabras del gobernador,  regular y mejorar la convivencia de los mendocinos en la vida diaria, a través de la actualización del código de faltas con el que se contaba desde 1965,  criminaliza el trabajo precarizado, restringe críticamente la libertad de expresión, persigue con especial énfasis a las trabajadoras sexuales y vuelve a profundizar el estigma sobre las personas que viven con VIH, al castigar legalmente la expresión pública del disenso, la venta ambulante, la limpieza y cuidado de autos, el consumo de alcohol en la vía pública, la oferta de servicios sexuales, la mendicidad, la ocupación desordenada de la calle, y una de las más alarmantes, al criminalizar la transmisión de enfermedades venéreas o “contagiosas”.

Decimos que es una de las más alarmantes, porque se sabe que los análisis filogenéticos no son capaces de reponer el recorrido del virus. Es decir: no existe modo científico para dar cuenta del momento exacto de la transmisión ni de su origen específico. Lo que nos deja en claro es que legislaciones de este tipo están programadas para el ejercicio de la injusticia y para el abuso judicial premeditado que especula con nuestra salud para producir disciplinamiento. Y reactivan un pánico social que vuelve a figurar a las identidades sexuales fuera de la norma, a las trabajadoras sexuales, a las comunidades migrantes y a los cuerpos racializados como focos de peligrosidad, y como objetivos móviles de la expulsión necesaria. Se trata de un modo de ordenar a través de la fuerza y de la coerción económica un perfil ciudadano, no sólo eliminando su capacidad de expresar disenso y controlando aún más su paso por el espacio público, sino también sancionando el ejercicio de su sexualidad, el uso de sus placeres y la posibilidad de sus cuerpos.

Es así como en su conjunto todas estas nuevas dimensiones de lo penalizable producen una experiencia social  restringida que no sólo profundiza las desigualdades que ya organizan la ocupación del espacio público, sino que vulneran las garantías constitucionales y los derechos adquiridos  que protegen el ejercicio de nuestras libertades individuales y colectivas.

La aprobación de este nuevo Código Contravencional, que toma lugar en un proceso de profundo desfinanciamiento y precarización de la vida colectiva,  instala un modelo de vigilancia, control y castigo sobre la vida social que profundiza la gestión punitiva de una política neoliberal en curso, no sólo en nuestro país sino a escala regional, que busca diseñar a la fuerza una nueva ciudadanía a partir del consenso obligatorio, de la obturación de la protesta social, de la hegemonía mediática y finalmente de la reincorporación de normas culturales y sociosexuales de carácter conservador, como una expresión de temor frente al aumento irrefrenable del malestar y la desobediencia social que se expresa de forma continental ante el rechazo de una política especulativa de explotación, represión y ajuste.

Fuente: Cosecha Roja.

John William Cooke: pensamiento nacional y pensamiento emancipador (Parte 1) // Miguel Mazzeo

Fuente: Contrahegemonía Web

A 50 años de la muerte de John William Cooke.

La figura de John William Cooke es revulsiva para algunas configuraciones de la tradición nacional-popular, concretamente para la expresión que constituye prácticamente su versión hegemónica: poli-clasista, neo-desarrollista, semi-corporativa, pseudo-modernizadora y filo-burguesa. Esta configuración, apelando a legitimidades fundadas en supuestas esencias históricas, tiende a atribuirse a sí misma la práctica nacional y el discurso nacional. Se los reserva íntegramente para sí misma. Toda acción y narrativa nacional desplegada por fuera de sus dominios aparece condenada a habitar las regiones del olvido o, directamente, es ubicada en la zona reservada para la extranjería, el cipayismo y…  ¡la “sinarquía”! (o para los y las “idiotas útiles de siempre” que, supuestamente, “le hacen el juego”). La capacidad de producir y administrar la discursividad sobre lo nacional que posee esta configuración proviene de su influencia en los imaginarios de organizaciones políticas, sindicatos, universidades, editoriales, algunos medios de comunicación, etc. Desde luego, existen configuraciones no hegemónicas (y hasta contra-hegemónicas) de dicha tradición.

 

Cabe señalar que el campo nacional-popular, un espacio dinámico de disputa de sentidos y proyectos, ha sido y es objeto de constantes reconfiguraciones. Si bien presenta momentos de fijación en su transcurrir histórico, no debería considerarse como un espacio fijo. Las tendencias a eternizar (y reificar) lo que fue un momento de fijación y aferrarse a él, sin dar cuenta de la variabilidad contextual, sólo puede tener sentidos conservadores. Ocurre a menudo que lo que puede desempeñarse como matriz cultural resistente en un determinado tiempo, no necesariamente replica esas funciones en otro. Podemos considerar, a modo de ejemplo, la poesía gauchesca o ciertas versiones de la historiografía revisionista.

 

Por lo general, la configuración hegemónica de la tradición nacional-popular idealiza un momento de fijación relacionado con circunstancias históricas donde fue posible la solidaridad relativa entre las clases y grupos sociales con intereses históricos antagónicos. Es decir, esta configuración opta por erigirse sobre una solidaridad interclasista relativa, sobre la coincidencia del interés permanente de algunas fracciones de la burguesía argentina y el interés temporal y circunstancial (ni general, ni permanente) de las clases subalternas y oprimidas.  Esas circunstancias históricas, además, funcionan como su horizonte. El anhelo de reeditarlas constituye la matriz de su proyecto.

 

La nación es un “objeto” inacabado, es una praxis, se está constituyendo (y se está historizando) todo el tiempo; desde abajo, como ámbito de fraternidad y como horizonte plebeyo que intenta deslastrarse de las incrustaciones coloniales e imperialistas, como diversidad subalterna; pero también desde arriba (principalmente desde el Estado), como  espacio de dominación, de separación, enajenación, control y de fortalecimiento de esas incrustaciones, como diversidad entre clases y sectores sociales antagónicos.

 

Cooke parece ser incompatible con los imaginarios sostenidos por esta versión convencional y fosilizada de tradición nacional-popular. Principalmente porque Cooke muestra los límites y las contradicciones de quienes se consideraban (y se consideran) administradores exclusivos del énfasis en la singularidad de la realidad nacional y lo utilizan para justificar la participación subordinada de las clases subalternas u oprimidas en bloques de poder dirigidos por algunas fracciones de las clases dominantes. Por eso Cooke no puede funcionar como “significante comodín”.  Se trata de una figura cuyos sentidos más profundos no se pueden desplazar fácilmente. Por su contenido y por su significación ideológica y pragmática, es una figura difícil de traficar. Su pensamiento carga demasiadas propuestas para el presente y el futuro, propuestas para construir alternativas de poder auténticas de y para los trabajadores y las trabajadoras. Cooke pesa como pasado por el futuro que proyectó y sigue proyectando. Es pasado inconveniente. Su letra no es inofensiva y todavía quema. Cooke es un escándalo teórico e histórico. Se resiste a la condición de “clásico”, persiste moderno. Cooke es la expresión de una dignidad revolucionaria siempre dispuesta a rearticularse con lo que bulle desde abajo.

 

De este modo, las puertas para ingresar al panteón de los “pensadores nacionales” no siempre (en realidad casi nunca) han estado abiertas de par en par para Cooke, básicamente porque impugnó el modelo del “acuerdo nacional” y supo ir más allá del horizonte de la revolución burguesa radical, sustrayéndose a la ilusión de la incesante perfectibilidad de la sociedad burguesa. No centró su propuesta en la eliminación de los “abusos” de la sociedad capitalista sino en la transformación de las relaciones de producción y propiedad.

 

No recurrió al adjetivo “nacional” y no invocó peculiaridades insoslayables a modo de conjuro contra la lucha de clases. No antepuso lo nacional a lo clasista, los reconoció como planos inseparables. Entonces, no cayó en el antiimperialismo retórico y acotado a las regiones secundarias. Supo detectar al Imperio operando en las estructuras de poder interiores: económicas, sindicales, políticas, culturales. Captó tempranamente un conjunto de circuitos e interdependencias, por eso asumió el socialismo como el único camino posible para resolver la “crisis argentina”. Aportó una mirada estratégica, desde el peronismo, sí, pero también alternativa al peronismo.

 

Entonces, como Cooke cuestionó la predisposición a separar lo nacional de la lucha de clases, se negó con énfasis a considerar al imperialismo y al colonialismo (internos o externos) como hechos desvinculados del capitalismo que los reforzaba. “El bebe” no estaba de acuerdo con la composición del sujeto popular como un sujeto no clasista y repudió la maniobra que subsumía al sujeto popular en un espacio que expresaba la trascendencia de la particularidad burguesa. En su idea del “frente nacional” el componente plebeyo era determinante. Y si bien este frente podía (y debía) integrar a otros sectores sociales, la conducción estaba reservada para los y las de abajo.

 

Como la mayoría de las formulaciones del pensamiento nacional, Cooke partía de considerar a la contradicción imperialismo-nación como la principal. Ahora bien, a partir de determinado momento de su itinerario, asumió que el capitalismo periférico difícilmente podía escindirse del imperialismo. En esa encrucijada marcó la diferencia con las versiones del pensamiento nacional que apostaban a la nacionalización del capitalismo, que concebían la contradicción entre imperialismo y nación como una contradicción entre un capitalismo puro y extranjerizante y un capitalismo impuro y nacional. Cooke prefirió la impureza inherente al proceso de construcción del socialismo en Argentina y en Nuestra América. En esa impureza, precisamente, reconoció un signo de la raigambre y la radicalidad del socialismo.

 

Cooke supo diferenciar y extraer de las invocaciones a la “posición nacional” el componente de manipulación de una identidad cultural plebeya por parte de aquellas facciones de las clases dominantes y del Estado que aspiraban a ampliar su base hegemónica. Luego, expuso ese componente. Lo puso en evidencia. Mostró el grado de abstracción de ese tipo de nacionalismo (y este tipo de antiliberalismo), los modos verticales de la solidaridad inter-clase que promovía, su condición de instrumento de justificación del statu quo. Denunció el destino opresor de una narrativa que no estaba a la altura de la realidad. Solía decir que un movimiento podía ser poli-clasista pero jamás una ideología.

 

Para Cooke, la articulación de las coordenadas nación/clase era la base del conocimiento de la totalidad y del auto-conocimiento de la clase trabajadora. El punto de partida para desarrollar una estrategia de poder autónoma, alejada del horizonte del “buen capitalismo”, el “culturalismo telúrico” y otras identidades conformistas y arrinconadas. Vale traer a colación a Rene Zavaleta Mercado que decía que “el nacionalismo sin el concepto de lucha de clases no sería sino otra forma de alienación”[1]; y también a Eric Hobsbawm, que sostenía que “la adquisición de conciencia nacional no puede separarse de la adquisición de otras formas de conciencia social y política”.[2]

 

Asimismo, Cooke reclamó ese énfasis en los hechos concretos para el marxismo que, de este modo, se desprendía de su universalismo abstracto, de todos sus formalismos –que los tenía, al igual que la configuración hegemónica de la tradición nacional-popular– y encontraba su sentido más recóndito en la historia de las clases subalternas y oprimidas, en sus experiencias, en sus luchas, en sus resistencias contra la opresión y la explotación, en sus rebeldías. Por lo tanto el marxismo de Cooke se diferenciaba del marxismo dogmático y se relacionaba directamente con la insubordinación del mundo periférico.

 

Cooke, como la izquierda revolucionaria (peronista o no) que emergió después de su muerte, llevaron hasta sus últimas consecuencias las implicancias prácticas de las trilogías: pan, patria y poder para el pueblo, o independencia económica, soberanía política y justicia social. No la leyeron en clave occidental y antimarxista. Quisieron transformar la rebeldía innata de los trabajadores y las trabajadoras de Argentina en autoconciencia histórica. No se identificaron con los lugares comunes del peronismo (por ejemplo: “las veinte verdades del peronismo”), sino con sus contenidos socializantes, con sus núcleos semánticos más disruptivos, con su léxico clasista espontáneo, con sus costados malditos; supieron leerlos como emergentes de la lucha de clases y los convirtieron en punto de partida para una transformación radical, desde abajo.

 

Hace algún tiempo el periodista Tomas Eloy Martínez hacía referencia a un duelo simbólico entre Jorge Luís Borges y Juan Domingo Perón. En este duelo veía una síntesis que consideraba representativa de medio siglo de historia argentina. Cooke y las manifestaciones más auténticas del peronismo revolucionario relativizaron ese duelo simbólico porque instalaron un antagonismo mucho más profundo. Tan pero tan profundo que los motivos del duelo entre Borges-Perón no pueden dejar de verse como meros formalismos estéticos. Borges y Perón compartían abstracciones demasiado importantes, podría decirse que en el fondo creían en los mismos espejismos. ¿En qué duelos simbólicos podemos entreverar a Cooke?

Por: Miguel Mazzeo*

 

Lanús Oeste, septiembre de 2018

 

 

 

[1] Zavaleta Mercado, Rene, La autodeterminación de las masas, Buenos Aires, CLACSO-Siglo del Hombre Editores, 2009, p. 47.

[2] Hobsbawm, Eric, Naciones y nacionalismo desde 1780, Barcelona, Crítica, 2000, p. 139

* Autor del libro: El Hereje, Apuntes sobre John William Cooke, publicado por El Colectivo, Buenos Aires, 2016.

Ismael y la Inquisición social // Silvana Melo

(APe).- Feliz día, Ismael. Ahora que dejaste de ser anónimo a partir del día de tu sacrificio. Feliz día del niño, en esa foto donde tu maestra ratifica tu infancia de trece, tu niñez morena y confinada a los fondos de esta vida. Anónima y olvidada. Hasta que te mataron. Y fuiste una foto trucada en manos de la inquisición social, fuiste el chivo expiatorio colgado de los muros de las redes, con el fuego a los pies para que cada uno aportara sus chispas, sus brasas, su llama de odio visceral. Para depositarla en un cuerpo y sentirse más liviano a la hora de la cena.

Feliz día, Ismael. Que habías vivido trece años y hasta estos principios de setiembre, de primavera mentirosa, nunca nadie había sabido de vos. Nadie entendió tu territorio, tu escasez ancestral, tu condena por origen, tu mazmorra en los confines del país, donde nadie llega ni oye ni ve. Salvo que te maten. Entonces inventarán tu historia, la peor. Para justificar la bala que te estalló en el pecho. Del que volaron espantados todos los pájaros de este amanecer.

Feliz día, Ismael. Ahora que todos hablan de vos pero vos no podés defenderte. Porque estás muerto y visible. Y eras vivo y solo y nadie. Y no hubo estado ni sociedad ni buena vida en el camino. Feliz día ahora que todos cuentan la historia de un delincuente que no eras. De un saqueador de supermercados que no eras. ¿Y si lo hubieras sido? ¿Si hubieras sido el pibito de tu barrio al que le robaron la imagen para ponerle tu nombre? ¿Si hubieras puesto el hambre traicionera en la merca y el arma? ¿Si la hubieras puesto en el saqueo para buscar aquello que en algún siglo fue tuyo y te lo saquearon en varios capítulos de tu historia? ¿Y si lo hubieras sido, qué? ¿Eras blanco justificado y perfecto para recibir una bala en el corazón a los trece años?

Feliz día, Ismael.

Feliz día sin sueños ni suspiros ni gritos de gol. El estado te desconoció, te ninguneó y retaceó tu nombre. Hasta que la inquisición social apretó el gatillo. Todos socios para esta muerte, que es la muerte más muerte, la muerte aplaudida de un niño que fue nadie.

Feliz día. Ahora que el sol asoma pero la primavera se posterga, muerta de miedo.

Fuente: Contrahegemonía

Infancias: ¿Cómo hubieran querido que las traten? // Carla Elena. Forum Infancias.

“¿Cómo hubieras querido que te traten? Y la respuesta es como a cualquiera. Hay algo de la cualquieridad que tiene que ser puesto en juego. Hablo con vos, te enseño lo que sé y no sé independientemente de quién seas y de qué diagnóstico tengas. Pero al lado de eso sé que hay singularidad. No hay un derecho que garantiza la cualquieridad y singularidad por Ley. Hay una ética que entra en relación con cualquiera y con cada uno”. Carlos Skliar (2015). Presentación del libro de Juan Vasen, “¿Espectro o diversidad?”.    

Comienzo esta columna reflexionando sobre la singularidad, particularidad y mismidad del sujeto, del ser, del niño, las cuales en estas épocas parecen estar en riesgo en manos de un exceso de clasificaciones y rótulos que no hacen otra cosa que encasillar y coartar su devenir como sujeto. Esta violencia simbólica que se ejerce sobre las infancias va produciendo en una huella, una marca de violencia. Estigmatizar y patologizar a los niños en pos de diagnósticos a la carta o de respuestas rápidas genera etiquetas y diagnósticos. No niños.

Qué alternativa tienen estos pequeños para dejar de ser un rótulo? Qué lugar ocupa tanto en la familia como en la escuela este ser que no encaja, que tiene particularidades, que es diferente (como todos los somos)? Qué posibilidades tiene de recibir una educación y conocimiento que, como dice Chomsky, le permitan aprender a descubrir y reinventar el mundo?

Dónde está el espacio para poder ser niño, jugar, aprender,  fallar, disfrutar y vincularse trazando así su trayectoria si es un ser rotulado, estigmatizado? Qué lugar tiene este pequeño sujeto para ser escuchado y habilitado y así construir y construirse?

 

 

 

Se trata de generar un conjunto de presencias que acompañen a cada ser entendiendo su particularidad e impronta. Es imprescindible un sostén educativo (tanto familiar como escolar) donde el sujeto sea inscripto simbólicamente para brindarle un espacio, un lugar también material y así poder comenzar a trazar su propia historia, real, singular y particular.

Por su parte Bordieu interpretó a la vivencia de inferioridad en la postura corporal, en los sentimientos de vergüenza y humillación que resulta de la violencia simbólica de la denominación.  

Qué  nos ocurre con “lo diferente”? Al parecer es un espejo en el que nos cuesta mirarnos. Por qué resulta tan complejo hoy aceptar que somos seres distintos, otros, cualesquiera, iguales, parecidos y con nuestra impronta? Por qué parece tan difícil vivir con la angustia de lo desigual? Qué acontece en esta era del neoliberalismo a ultranza donde las diferencias se obturan y no hay espacio para la emocionalidad, ni para el libre despliegue de la personalidad?

Byung Chul Han en la “Expulsión de los distinto“, menciona lo siguiente: Los tiempos en los que existía el otro se han ido. El otro como misterio, el otro como seducción, el otro como eros, el otro como deseo, el otro como infierno, el otro como dolor va desapareciendo. Hoy, la negatividad del otro deja paso a la positividad de lo igual. La proliferación de lo igual es lo que constituye las alteraciones patológicas de las que está aquejado el cuerpo social.

En tal sentido y recapacitando sobre el “otro” nuevamente, me pregunto qué ocurriría si se abrieran espacios para la construcción subjetiva? Ámbitos para la transferencia, para la simbolización, para la posibilidad de una re producción donde circule la palabra, para el juego, para los dibujos, para el arte, para comenzar a resignificar situaciones y escenas vividas. Un terreno confiable para habilitar al ser y alojar el devenir de su deseo sin rótulos, ni etiquetas?

Las infancias hoy están urgidas de otros confiables mediante los cuales pacificarse, con los cuales crear un vinculo afectivo habilitante y sostenedor que las empodere. Los niños necesitan la oferta de un otro subjetivante para su advenimiento subjetivo, para tramar redes vinculares contenedoras, para generar un a hacer conjunto que posibilite ser protagonistas de sus propias historias.  

Tanto los padres como la escuela y la sociedad entera somos responsables y parte de la construcción subjetiva de los pequeños y es necesario entender que los diagnósticos express (o los sobre diagnósticos) no son la solución sino una estigmatización que sólo causa y causará sufrimiento, que obtura, coarta y no permite comenzar a narrar historias ni moldear relatos. Es imprescindible comprender que no hay un “ser” por curar y aunque la angustia por momentos genere una enorme ansiedad, miedo e incertidumbre la opción es transitarla junto con los infantes respetando su singularidad y particularidad generando vínculos confiables.

“Dentro de nosotros hay una cosa que no tiene nombre. Eso es lo que somos”. Saramago.   

Creo que como sociedad todos los actores debemos comprender que los diagnósticos cerrados, unívocos y de una sola interpretación, son estigmatizantes, patologizantes y por lo tanto, desubjetivantes.

Para terminar me gustaría compartir  esta frase con la que Juan Vasen comienza su libro, «Niños o cerebros. Cuando las neurociencias descarrilan».

 

No sé si habrás visto el mapa de una mente. A veces los médicos dibujan mapas de otras partes de ti (…) pero no es tan fácil trazar el mapa de la mente de un niño. Que no solo es confusa, sino que gira sin cesar». James Matthew Barrie, Peter Pan, 1911.

El agua // Luciano Debanne

El agua como metáfora nacional. El agua y nosotros meciéndonos al ritmo del remo de Caronte.

Hay muchas historias que cuentan de las criaturas malignas que habitan las aguas de los ríos y de los mares. En todas los crédulos, o los cándidos, son engañados y acuden, seducidos, a su muerte.

La historia advierte de estos engaños, cuenta de lo monstruoso de su origen, llama a no dejarse engañar.

A pesar de eso las películas norteamericanas repetidas en la televisión se empeñan en velar esas advertencias. Disfrazan a las sirenas de criaturas hermosas: mitad bondad, mitad humanas.

La industria cultural trabaja para los monstruos, sus relatos desandan el saber popular que nos llama a desobedecer los cantos que nos llevan al abismo.

Contra esa inteligencia aprendida a costa de la sangre de los nuestros, desde que somos niños, los medios desovan en nuestros corazones la invitación a dejarnos seducir.

El agua, como metáfora nacional, y nosotros por ahora, flotando, pero a la deriva, acechados por el propio elemento y por las bestias en las orillas.

Sin embargo conviene recordar también otras historias, como la de Gulliver, al que sus naufragios lo llevaron a conocer nuevas realidades, hasta entonces impensadas, hasta entonces imposibles.

Redacción 351

«Marielle era negra, de la favela y lesbiana; tenía potencia para cambiar la política de Brasil» // Fernando Soriano

Mónica Benício está en Buenos Aires para reclamar junto a organismos de DDHH el esclarecimiento del crimen de su novia, Marielle Franco, la concejal de Río de Janeiro acribillada hace seis meses

Nueve tiros contra un auto en pleno centro carioca, dos acribillados, seis meses de impunidad. Víctima de una violencia que se presume política, Marielle Franco corporizó trágicamente la lucha que la llevó a ser una de las legisladoras con mayor proyección del último tiempo en el río revuelto que es el Brasil actual. La violencia es la parábola de esta socióloga de 38 años, que se acercó a la militancia en un partido de izquierda impulsada por el crimen de una amiga y terminó asesinada.

Franco fue acribillada el 14 de marzo pasado, en el centro de Río de Janeiro, cuando volvía a su casa en la favela Salgueiro. Los atacantes también pulverizaron la vida del chofer Anderson Gomes que la acompañaba después de un acto político en favor de los derechos de las mujeres negras. Marielle se había convertido en poco tiempo en una referente de la izquierda carioca y de los barrios populares: pobre, lesbiana, feminista, morena, luchó contra la violencia social e institucional de su ciudad hasta que esta misma se la devoró.

Mónica Benício, arquitecta de 32 años, nacida como su novia en el Complexo da Maré, una favela de la zona norte de Río, se enamoró de Marielle en 2004, en un viaje de Carnaval que compartieron con amigos en común del barrio. Planeaban casarse en 2019. El atentado la convirtió a ella también en víctima y reconfiguró su vida, al menos mientras no se sepa quiénes ni por qué mataron a Franco.

«Es una forma de dura de huir del luto, pero esta lucha ahora le da sentido a mi vida», confiesa Benício, quien este domingo terminará una visita de cuatro días en Buenos Aires, durante la cual solidificó lazos desde su nueva vida en busca de justicia y mantuvo encuentros con organizaciones de Derechos Humanos, incluido uno con Estela de Carlotto, visitó la villa Zabaleta y el Parque de la Memoria.

Durante agosto Benício sólo estuvo cuatro días en su casa de Río de Janeiro –que compartía con su compañera en Salgueiro, a donde se habían mudado en enero de 2017 por cuestiones de seguridad después de que Marielle asumió como concejal-. El resto del tiempo hizo lo mismo que esta semana en Capital, pero alrededor del mundo. «Llevo el pedido de justicia por Marielle por los países porque no puedo confiar en el mío», dice.

Mónica usa una remera negra con la leyenda «Luche como Marielle Franco». En su muñeca derecha tiene atado el pañuelo verde, símbolo (ya internacional) de la legalización del aborto. En su brazo izquierdo, igual que hizo Sergio Maldonado con el rostro de su hermano Santiago, Benício se tatuó la cara sonriente de su novia asesinada. Lo hizo en julio, el día que hubiera cumplido 39 años. Mientras lo cuenta, Mónica acaricia el tatuaje y sonríe con muecas de saudade.

Su cara se modifica, se vuelve una piedra, cuando se refiere a la impunidad que rodea el caso. Desde el 1º de septiembre un nuevo equipo de fiscales, con Letícia Emily a la cabeza, tomó la investigación, en un contexto pre electoral (Brasil elige Presidente en octubre) y días después de que el propio ministro de Seguridad Pública nacional, Raúl Jungmann, admitiera que en el asesinato de Franco y del chofer Gomes podrían haber participado «agentes públicos» y también políticos.

—¿Quién cree que mató a Marielle y por qué?

—Estamos lejos de tener una respuesta. Las investigaciones no apuntan a ninguna construcción sólida. Hay especulaciones, primero apareció una línea de investigación, luego otra, todas políticas, pero no tengo cómo responderte sin hacer una acusación liviana. Tengo especulaciones que, por cuestiones de seguridad, prefiero no comentar.

El silencio de Benício tiene razones: en estos seis meses recibió amenazas de muerte directas y también vía redes sociales que incluso valieron una advertencia y un pedido de protección de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. «No sabemos quién mató o mandó a matar y no sabemos de qué protegernos. Río es una ciudad violenta. Tengo cierto cuidado porque estoy siguiendo la investigación de muy cerca y transito ahora por muchos espacios», explica Mónica.

El desconcierto sobre el camino que lleva (o no) la investigación, al menos hasta antes del cambio de fiscal, tiene que ver con el zigzagueo en las hipótesis.

Las primeras en aparecer como sospechosas del doble crimen fueron milicias paramilitares conformadas por ex policías y agentes de seguridad que actúan en las favelas. En mayo, una investigación publicada en el diario O Globo apuntó al ex Policía Militar Orlando Oliveira de Araújo, preso por integrar este tipo de grupos, y al concejal Marcelo Siciliani, del Partido Humanista de Solidaridad (PHS). El ministro Jungmann se apuró para decir que el caso llegaba a su fin. Pero ambos implicados negaron las acusaciones.

En agosto surgió otra versión. Marielle habría sido asesinada como una vendetta al diputado estadual Marcelo Freixo, su jefe político en el Partido Socialismo y Libertad, quien destapó un caso de corrupción conocido como «Cadena Vieja» y por el que fueron detenidos los legisladores Edson Albertassi, Paulo Melo y Jorge Picciani, ex presidente de la Asamblea Legislativa de Río. Pero ese foco por ahora no se profundiza.

Mónica es precisa cuando dice que lo que no se encuentra en el puzzle de la investigación es aquello que conecta a Marielle con la causa que pudo haber generado el crimen. «No creo que haya sido algo sobre lo que Marielle estuviese haciendo específicamente. Ella no tenía ni una amenaza, llevaba apenas un año y tres meses de mandato, es muy difícil intentar entender qué pasó», comenta.

—Independientemente de cuál sea la línea de investigación la pieza que siempre falta es cuál fue la motivación del crimen. Incluso con las hipótesis presentes siempre falta la pieza de por qué Marielle. El crimen fue muy sofisticado y extremamente elaborado, principalmente porque en el contexto de Río de Janeiro no existe la práctica de cometer un crimen de esa forma, con ese nivel de ejecución.

—¿Usted cree que se trató de un crimen de Estado?

—El ministro dice que existen agentes públicos en el crimen, figuras políticas, lo dice desde hace un mes, obviamente todo indica que existe participación del Estado, de figuras de poder, y por eso yo considero que es un crimen de Estado, un atentado a los Derechos Humanos. Pero no sabemos a quién le interesaba matar a Marielle. De todo lo que ella estaba haciendo no había nada concreto que realmente justificase la barbarie del 14 de marzo.

—¿El cambio de fiscal le permite confiar en el Estado?

—Creo que no, de ninguna manera, entendiendo cuál es la historia de Brasil y de Río de Janeiro. Sin embargo veo con buenos ojos el cambio de fiscales. Quienes asumen ahora son competentes, tienen buenas historias de trabajo, no tienen antecedentes de corrupción. Es muy delicado el tema, obvio que desconfío del Estado porque el Estado mató a mi mujer. Por eso pedí una cautelar a la OEA antes que al Estado brasileño. ¿A quién le iba a pedir protección? Si hay políticos involucrados, seguramente sea un caso muy difícil de resolver.

Una de las luchas principales de Marielle era contra la militarización de las favelas. Su novia no descarta que eso, en un contexto general que define como de amenaza contra los Derechos Humanos, haya tenido que ver.

«Es también una posibilidad. Marielle estaba en una comisión en el Concejo, y quería fiscalizar y denunciar los abusos cometidos por la intervención de las fuerzas de seguridad federales en las favelas, específicamente el Ejército. Pero no tuvo ni tiempo de comenzar a militar eso. Su postura era tan firme con las cosas, que quizá causó algún tipo de problema pero no es una línea de investigación que por ahora tenga fuerza», explica Benício.

—¿Las hipótesis están en el expediente?

—Principalmente las emiten los medios. Y si bien tengo acceso de acuerdo con mis conversaciones con los fiscales, está más cerrado de lo que quisiera, yo sé cosas porque pregunto a las autoridades, pero no están dando información pública, soy yo la que pido y mismo así es muy limitado. La trayectoria de la nueva fiscal me genera confianza.

Marielle y Mónica se conocieron cuando Benício terminaba la secundaria. Primero fue «un año de intensa amistad» y luego se pusieron formalmente de novias. Franco incentivó a Benício para que hiciera el curso de ingreso a la Facultad de Arquitectura de la universidad pública de Río de Janeiro, el «pre-vestibular», exigente, de un año de duración. La entrada a la universidad para Mónica significó un mundo nuevo y el comienzo de su propia militancia.

«En la favela no tenía esa información que circula en las universidades, no frecuentaba otros espacios de la ciudad con más calidad urbanística, no salía de mi barrio, entonces comencé mi militancia a partir de los estudios pre universitarios, conocí otros espacios de la ciudad, tenía inconformismo con lo que pasaba en la favela, no quería banalizar su violencia, y afuera de allí me nutrí de más cultura, de más información y empecé a pensar en que hay que construir ciudades de forma igualitaria, así arranqué», relata esta mujer, que el miércoles recibió un reconocimiento del Senado nacional -representado por Pino Solanas– por su compromiso social y político y su búsqueda de justicia en el atentado contra Franco.

—¿Y cuánto aportó Marielle a su militancia, a su intelectualidad sobre derechos sociales?

—La verdad, todo. Ella comenzó su vida militante con la mía y por lo mismo. Ella perdió una amiga víctima de la violencia en la favela. Entonces fue a una manifestación y comenzó, fue poco antes de conocernos. Luego nos hicimos amgas y empezamos a ir juntas a las marchas. Pero ella, que cursaba Sociología, fue la que me insistió en que me inscribiera en el ingreso universitario y ahí empecé a ampliar mis horizontes y buscar otra cosa.

Su búsqueda original se modificó de la manera más horrorosa. Ahora Mónica proyecta una vida con otro nivel de intensidad y angustia. «Es cansador, porque te cambia mucho, por más que yo tenía una vida militante, aquello eran manifestaciones, ruedas de conversaciones, muy distinto de lo que me pasa ahora, que detuve todos mis proyectos personales, frené buena parte de mi rutina de la vida«.

Mónica se dedica a buscar justicia por Marielle. Está en un maratón mundial de difusión del caso de su novia. «Con ese foco no tengo la menor idea de cómo va a seguir. Hoy la prioridad es pedir y dar continuidad a las cosas por las que ella luchaba. En algún momento espero estructurar mi vida de otra forma porque ahora sólo gira en eso».

—¿Este movimiento permanente le ayuda a no pensar tanto en la ausencia?

—Sí, sin dudas. Esto le da sentido a mi vida. Es una forma dura de huir del luto y lidiamos como podemos con eso. El Estado brasileño nos tiene que dar una respuesta, pero nada la va a traer de nuevo al mundo. Vivimos un fuerte proceso de retroceso en América latina, los países están sufriendo una amenaza a sus democracias, se están perdiendo garantías y por eso seguimos en la lucha.

Mónica encuentra a su país en un momento de desapego institucional, con el político más popular de Brasil encarcelado e imposibilitado por ahora de ser candidato a Presidente. Como militante de un pequeño partido de izquierda marca errores en las gestión de Lula, pero lo diferencia de su situación actual. «No me parece justo lo que pasa con Lula, tuvo muchos problemas su gobierno y el de Dilma también, pero el impeachment a ella fue un golpe de Estado. Temer es un presidente ilegítimo y Lula es un preso político. Su prisión es arbitraria, absurda, es otra barbarie. Es una advertencia a nuestra sociedad de que si no luchamos en las calles la vamos a perder definitivamente.

—Se encontró con Estela de Carlotto. ¿La conocía?

—Conozco su trabajo y siempre tuve una profunda admiración, no puedo ni imaginar de dónde esas mujeres sacaron fuerzas para seguir después de tamaña tragedia que les cambiaron sus vidas. Es curioso estar ocupando esa vida hoy. Estos encuentros para mí son para aprender. Ella no es un ejemplo de justicia, es un ejemplo de lucha, y es muy inspirador.

Mientras lo dice Mónica vuelve a apoyar su mirada sobre el tatuaje que ocupa todo su antebrazo derecho. Es un misterio lo que pasa dentro suyo cada vez que observa el retrato de su novia impreso en su piel. El asesinato de Marielle puso a Mónica en el centro de la escena. Después de su pedido de ayuda ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la OEA reclamó protección para ella en el contexto de las amenazas que sufrió.Ante la demora en la resolución del caso, Jurema Werneck, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Brasil, puso en duda la credibilidad de la justicia brasileña y pidió el involucramiento de investigadores externos en el caso, de la misma forma que organizaciones locales lo pidieron para el caso Maldonado. «Que no hayan resuelto el asesinato de Marielle Franco demuestra ineficacia, incompetencia y falta de voluntad de las instituciones del Sistema de Justicia Criminal brasileño. Es urgente que se establezca un mecanismo externo e independiente para monitorear la investigación», dijo Werneck en agosto pasado.

—¿Usted que la conocía y militaba a su lado, cómo piensa que podría haber sido su desarrollo político, qué cosas podría haber cambiado?

—Ella podría haber construido lo que quisiera. Obviamente tenía limitaciones, porque su partido es pequeño, de izquierda, pero en cuanto competencia técnica y capacidad de lucha, Marielle podría haber llegado a donde hubiese querido.

—¿Qué personaje político se perdió Brasil con el crimen de Marielle?

—Era una figura política en ascenso, se estaba convirtiendo en una celebridad, la gente la quería abrazar, le agradecía su trabajo, se sacaba fotos. En su campaña quedó claro, en Río pedían modificar el escenario político, y ella obtuvo 46.500 votos en su primera elección. Era mujer, negra, favelada (villera), lesbiana, disputó espacios y fue la quinta más votada, tenía potencia para cambiar la realidad política de Brasil. Lo suyo fue muy simbólico, una respuesta en las urnas de lo que pedía Río para modificar el escenario.

—¿Cree que las balas pudieron haber respondido a esa potencia política?

—Puede ser uno de los motivos, se había tornado en un fenómeno, no tuvo tiempo ni de concretar su primer mandato. Era visible que era una figura pública en ascenso y una amenaza a la derecha conservadora.

Infobae

La crisis como oportunidad (o acerca de los modos de habitar y conmocionar el orden) // Mariano Pacheco

La crisis puede activar las peores pulsiones de orden en nuestra sociedad. Su resolución por arriba puede enlazar con esas pulsiones y disciplinar a través del miedo, como lo atestiguan los años 1975 y 1989. Pero también puede pensarse la productividad de la crisis: correrse del sentido común progresista en donde la crisis es un mal a conjurar. Por supuesto, en sus aspectos económicos la crisis trae consigo carencias materiales en las condiciones de vida de las clases populares. Pero en términos políticos la crisis puede ser un momento propicio para rever que hacemos, quienes somos, hacia dónde vamos (tanto singular como colectivamente). Sheldon Wolin supo destacar que los grandes enunciados de la filosofía política surgen de los momentos de crisis (más bien contra ellas). Habría que pensar entonces si es posible tramitar la crisis desde una perspectiva que implique habitarla en su productividad, como momento central del proceso de producción social, político y cultural de una sociedad dada, para abrir nuestras existencias a la apertura de la historia, para sacudir la modorra en la que la lógica cultural del capital tiende a encerrarnos. “Como la crisis es el corazón íntimo y el reto mayor del pensamiento político, no deberíamos apresurarnos a huir de ella, a querer dar cuenta de ella (desde un lugar externo), sino que el desafío es poder permanecer actuando y pensando en el interior mismo de la crisis”, escribió alguna vez un lúcido Eduardo Rinesi.

La revuelta puede traer aparejados grandes riesgos, es cierto. ¿Pero qué pueblo ha hecho experiencias novedosas y transformadoras sin correr riesgos? El fundamento de que hay que sostener la gobernabilidad porque en la rebelión quien pone los muertos es el pueblo es, por lo menos, una reflexión canalla (la reflexión, no quien la realiza. Aquí no se trata de cuestiones de individuos sino de procesos de producción social de ideas), que desconoce el hecho de que es la clase que vive del trabajo quien pone los muertos cada día en tiempos de “normalidad”, sobre todo en épocas de normalidad neoliberal. Y desconoce cierto fascismo que muchas veces circula detrás de esa aparente normalidad. Como escribieron Gilles Deleuze y Félix Guattari en su primer tomo de Capitalismo y esquizofrenia –citando a Reich—lo sorprendente no es que la gente robe o haga huelgas, lo sorprendente es que los hambientos no roben siempre y que los explotados no estén siempre en huelga. No deja de repercutirnos esa pregunta spinozista que aparece en AntiEdipo: “¿Por qué soportan los hombres desde siglos la explotación, la humillación, la esclavitud, hasta el punto de QUERERLAS no sólo para los demás, sino también para sí mismos?”. Curiosa pregunta, que suele ser estallada en tiempos de insurrección.

En este sentido, resulta fundamental volver a 2001. O más bien: traer a 2001 ante nosotros, como imagen de pensamiento desobediente, como momento fundamental de rebelión de nuestra historia reciente. Por supuesto, y hay amistades que no dejan de señalarlo: quedar fijados a esa imagen puede hacernos “devenir dosmiluneros nostálgicos”, el lugar mismo de la impotencia para un pensamiento crítico en la actualidad. Pero desconectar las actuales rebeldías de las que nos precedieron puede ser tan o más nocivo que la nostalgia.

 Las jornadas insurreccionales del 19/20 de diciembre, entonces, deben ser reconectadas con las del 14 y 18 de diciembre pasado. No porque hayan sido la posibilidad de repetir el 2001 en 2018, porque desde Marx ya sabemos que la historia no se repite, y si lo hace, en todo caso es bajo el modo de la farsa. Pero si enlazadas en términos en donde los sectores populares recuperamos cierta osadía y autoestima, donde actuamos sin tantos pre-juicios y cálculos oportunistas. Las ornadas de diciembre de 2001 –tal como señaló en su momento Raúl Cerdeiras– nos permitieron hacernos nuevamente la pregunta acerca de qué entendíamos por política, cosa que en 2018 no sucedió, porque la política parece secuestrada por las lógicas formales de la democracia representativa, que no es más que una tiranía de las clases dominantes. Claro que los matices de la gestión estatal pueden ser demasiado amplios. Nadie está negando la abismal diferencia que pueda existir, por ejemplo, entre una dictadura sangrienta que reprime y clausura cualquier tipo de derecho, y un gobierno progresista que promueve reformas que amplían los derechos sociales y laborales, los derechos humanos en general. Pero no deja de ser gestión de lo existente, regido por la lógica dominante de la representación. Cuando esa lógica se quiebra, entonces, es que estamos a las puertas o transitando ya otro proceso hacia la subversión del orden existente.

Por supuesto: pensar desde la crisis implica concebir que el motor de los cambios está en el conflicto y que, precisamente porque es el conflicto el motor del cambio, no podemos saber, de antemano, cuales pueden llegar a ser los resultados. Por eso una política revolucionaria se asienta sobre las bases conceptuales de la contingencia, del carácter abierto de los procesos históricos.

No se entiende, por lo tanto, esa pulsión de orden que ya de antemano aparece en ciertas militancias. No son estas breves líneas una apología del caos, sino un llamado de atención respecto de la necesidad de problematizar los lugares comunes desde donde pensamos hoy las políticas de cambio. Cambio, revolución, alegría han sido palabras desgastadas en estos años. Nada indica que por ello tengamos que renunciar a ellas, entre otras cosas, porque la política misma –al menos como aquí la estamos entendiendo—es lucha por la palabra misma, por aquello que con ellas pretendemos designar. Entonces, menos miedo a las crisis, porque ellas son también oportunidad de entender la política como conmoción del orden, y no su pura gestión.

 

Palabras Profanas 

A propósito de Rozitchner // Jime Navarro

De la filosofía se dice que es revolucionaria: ama transformar. Pero de ese amor perdido muchos sólo se acuerdan en Facebook. O, a lo sumo, en las noches de la filosofía insumisa. Nuestra izquierda usa la tesis once de Marx para atacar a los intelectuales, y ellos para aclarar que «interpretar es ya transformar». Así, con una beca -también insumisa-, terminan transformando sus días en ponencias.

El único materialismo posible es el materialismo sexual. Pero a la filosofía le da miedo esa palabra. Dice afecto, cuerpo, sensibilidad, deseo, o, a lo sumo, se anima a decir goce. Una excepción es Rozitchner, un macho que supo entender que toda filosofía se consuma en un orgasmo: luego, no hay nada que decir. Los cuerpos cuando se funden son más coherentes y se tienen más respeto: conquistan una inteligencia corporal para crear juntos seres nuevos.

Eso fue lo que entendió Rozitchner cuando dejó plantado al Che: los gemidos son la continuación de la guerrilla por otros medios. ¿Para qué ir a verse con Guevara cuando esa noche llegaba Diana Guerrero? Hoy cualquier «filósofo» dejaría plantado al amor de su vida por una selfi con el Che. Y, como buen revolucionario, postearla en sus populares redes sociales. Qué falta de erotismo, qué pocas ganas de cojer. ¿Alguien puede hacer una revolución con el sexo congelado? Rozitchner es un filósofo loco. Un loco lindo. Los cuerdos hubieran dejado todo para charlar de Hegel con Guevara. Es que los cuerdos dejan todo, absolutamente todo, como condición para no mirarse entre las piernas.

Esto por hoy.

A propósito de la maternidad // Jime Navarro

No sin cierta incomodidad, conviví mucho tiempo, compartí mucho espacio, con la consigna que denuncia a la maternidad como un mandato. Fue recién con la marea verde que terminé de entender el por qué de esa molestia. Ahí escuché una nueva consigna, una que sí me representa. Y que me dan ganas de gritar: “la maternidad será deseada o no será”. La diferencia es radical: la maternidad no es en sí misma un mandato, sino que es el patriarcado el que la reduce a una obligación. Es decir: hay una forma de maternidad diferente.

¿Qué es el patriarcado? No es sólo el gobierno de los hombres sobre las mujeres. No es la existencia de privilegios. Mucho menos de víctimas. El patriarcado es otra cosa: es el gobierno sobre el contenido sensual y afectivo de nuestras vidas. Es el triunfo de lo espectral, de las madres vírgenes, de los dioses sin carne, de los hijos que sufren. El patriarcado cristiano (nombrémoslo claramente) es la deserotización, la desensulización de nuestras vidas. Y esto es algo que no podemos olvidar: es lo que nos permite entender la razón por la que nos atacan. A nosotras. Porque todes venimos de un vientre materno, porque somos las mujeres las que con nuestro deseo, con nuestro cuerpo, con nuestas ganas, traemos la vida al mundo. Es en nuestro vientre que la materia se vuelve sensible, afectiva. Por eso nos atacan. Porque podemos ser madres, porque podemos hacer de la maternidad algo diferente a un mandato: no ya la producción de hijos que van, como Cristo a la cruz, al muere del mercado y el estado.

¿Por qué es tan difícil decir estas cosas? ¿Por qué es tan difícil entender que esto que parece teórico y abstracto es lo más vivido, lo que más sabemos desde nuestra propia experiencia? ¿Por qué a veces no nos permitimos decirnos estas cosas en voz alta y a la cara, atemorizadas por aquellas que, desde su lugar de privilegio al interior del movimiento, construyen una nueva moral?

No dejemos que el patriarcado reduzca la maternidad a un mandato. Hagamos de la maternidad la producción de una vida que destruya ésta que ya no queremos. La maternidad, la revolución, el movimiento de mujeres, nuestros amores y amistades, nuestros espacios de felicidad, nuestros textos, nuestro presente: todo eso será deseado o no será.

Esto por hoy.

Siempre matan pibes // Diego Valeriano

Porque su sangre es mas rápida, mas urgente, porque esto es una guerra y la calle está en disputa. Porque van al frente, no negocian, desconocen el miedo ese que nos hace horribles. Porque tienen el fierro en la cintura, la frente en alto, las palabras justas. Porque le dan alto miedo a esos vigilantes que saben que la venganza pibe es feroz. Linchamiento, enfrentamiento en Merlo, ajustes de cuentas, defensas personales, suicidios en calabozos dudosos, persecuciones absurdas, una bala no tan perdida. Matan pibes en voz baja o a los gritos. Señalándolos y dejando sus cuerpos en la vereda mientras los filman y se viraliza. Los matan en la oscuridad escondiendo sus cuerpos en morgues lejanas. Son arrastrados a guardias donde también hay más pibas que se mueren de a poco, donde hay madres llenas de soledad y angustia, donde quedan solos. Se desangran en lugares inmundos sin que nos despertemos por la noche ni una vez. A algunos se los llora según quien sea el victimario, y se olvidan de tantos otros mientras bailan en la plaza. Se postea, se termea, se opina mientras a pocas cuadras los guachos se cosen a balazos en los pasillos. Mientras se disputa a todo ritmo formas de vida, territorios, mundos por venir. Siempre matan pibes porque la bronca real es contra ellos.

Entrevista al colectivo Situaciones (Diciembre 2010) // Radio La Tribu

Algunos integrantes del Colectivo Situaciones se reunieron con Toni Negri, en el año 2000, en Italia. El filósofo italiano acababa de publicar su libro Imperio y se mostró muy interesado por la realidad argentina. Escuchó atento el diagnóstico ofrecido y disparó: “Si lo que ustedes cuentan es verdad, se está acelerando un proceso insurreccional”. Los jóvenes argentinos, sin embargo, no confiaron demasiado en el pronóstico de Negri. “Éste es un teórico loco, que observaba revoluciones en todos lados”, pensaron. Aunque también reconocen que, ya en ese momento, “sí éramos concientes de que el corte de ruta se había masificado, de que aquellos movimientos que habían surgido en las puebladas estaban avanzando sobre la ciudad. Y de que había una clase media urbana que estaba negando una activación política, que durante el neoliberalismo había quedado inexistente”. Una década más tarde, reunidos en el barrio de Chacarita, recuerdan aquella anécdota y despiertan, en sus memorias, los momentos previos al 19 y 20 de diciembre de 2001.

El Colectivo Situaciones surgió, a fines de los años noventa y principios del nuevo siglo, como un grupo de “investigación militante”, que se proponía –y se propone- visibilizar y poner en común aquellos puntos de “potencia política” que tenían los distintos movimientos sociales. En sus primeros años, eran un grupo de jóvenes que venían del MATE, una agrupación de izquierda, autónoma de los partidos tradicionales, que tenía como base las facultades de Ciencias Sociales y de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

“Un grupo de compañeros nos empezamos a cuestionar, en el 2000, cierta idea dominante que existía en la militancia -al menos en la que estábamos nosotros-, de que la acumulación social tenía que dar un salto a lo político”, señalan. Comenzaron a poner en tensión ese pensamiento –hegemónico desde la perspectiva de la militancia tradicional- de que los escraches de H.I.J.O.S contra los genocidas de la dictadura, los piquetes y los cortes de ruta de los movimientos de desocupados, las puebladas, mostraban que lo social estaba activo, pero que había que “dar un salto a lo político”. Es decir, esa idea que pensaba a “lo social” y a “lo político” como instancias separadas. “Cortamos con esa visión y tratamos de problematizarla, planteando que no existía ‘lo social’ sino que había un nuevo protagonismo en la sociedad de ese momento, que había una nueva radicalización en lo social, y que había elementos políticos en ‘lo social’. Por tanto, no era necesario ir a ‘la política’”, rememoran.

En esa búsqueda,  comenzaron a relacionarse con los Movimientos de Trabajadores de Desocupados (en especial, el de Solano), con el Movimiento de Campesinos de Santiago del Estero (MOCASE), con el Grupo de Arte Callejero, con la agrupación H.I.J.O.S., entre otros colectivos. También publicaron La Hipótesis 891-Más allá de los piquetes, Contrapoder, y 19 y 20 apuntes para un nuevo protagonismo social, fundamentales para entender lo que sucedía en la Argentina en los años previos y posteriores a 2001. Luego lanzaron su propio sello, Tinta Limón, que apunta a “orientar el pensamiento en la labor cotidiana de forjar experiencias de construcción”. En esta tarde de diciembre de 2010, en el departamento de Chacarita, Verónica, Diego, el Ruso y Andrés de Situaciones se disponen a reflexionar sobre la genealogía y las aperturas que implicaron esas jornadas fundantes.

 

¿Qué potencialidades nuevas veían que estaban resonando en lo social en el 2001?

CS: Nuestra idea era mostrar qué estaban haciendo los campesinos del MOCASE, pero no desde una mirada de víctima, sino desde su potencia política. O mostrar que H.I.J.O.S no operaba desde el lugar de víctimas sino que estaban configurando una actividad de condena social que el estado había dejado de lado. O visibilizar que el movimiento piquetero no eran desocupados pidiendo trabajo, sino que se estaba cosiendo una cultura de red y de ocupación del espacio que era nueva, y que más que ser representada políticamente, anticipaba rasgos. Nunca nos propusimos armar con esos grupos algo organizado, sino que pensábamos que, si cada movimiento podía mostrar su cara de elaboración política, la esfera pública que se iba a armar iba a ser muy rica, porque era una potencia política que se construía por fuera de las burocracias políticas de izquierda. Ése era el objetivo del colectivo y, en parte, lo sigue siendo.

CS: En aquellos territorios que habían sido victimizados, no había sólo hambre: había una creatividad política, una relectura del pasado, de los setenta, de las formas políticas previas, y una búsqueda por encontrar un principio de eficacia organizativa y social a partir de plantearse los territorios de otra manera. La sola invención del piquete -que tampoco era una invención de cero, sino una reactualización de otras formas-, ponía en el corazón del escenario argentino el tema de la interrupción de la circulación de mercancías y de personas, y visibilizaba todo aquello que era condenado como victimizado. Otra cuestión importante era que había una dinámica del contrapoder, y una dinámica de la radicalización política en las experiencias. Es decir, no sólo la capacidad de antagonismo, sino fundamentalmente que nuevos valores y nuevas formas organizativas se iban construyendo en territorios concretos.

Además del piquete, ¿en qué otras prácticas se visualizaban esas nuevas formas sociales y políticas?

CS: Por ejemplo, en el ensayo de una economía paralela que pudiese resolver ciertas cuestiones urgentes del hambre, pero que, al mismo tiempo, replantease la cuestión de la moneda, del consumo, de la producción a partir de nuevas formas.

CS: En el caso del movimiento de Solano, se veía el reemplazo de los punteros en el territorio concreto. Había una disputa directa con esa organización tradicional en la distribución de recursos.

En ese sentido, ¿cómo observaban esa relación entre los movimientos y el rol del Estado?

CS: El punto fundamental es que la gente pasó de no poder luchar a hacerlo, porque no había un modelo. Eso fue fundamental, porque mostraba que uno podía hacerse cargo de su vida, de sus luchas colectivas y de plantear lo que tuviera que plantear sin tener la idea de que había un modelo socialista -o un modelo equis- que los iba a unificar a todos, y que alguien iba en algún momento a hacerse cargo de ese lugar. Eso permitió hacerse cargo de las cosas de manera más intensa que las formas de politización pasadas, donde existía muy claramente la delegación, o la idea de que en el futuro se iba a resolver una cantidad de cosas que en el ahora había que dejar cómo pospuestas. De repente había que hacerse cargo de cosas que tienen que ver con la vida cotidiana, y que estaban completamente incluidas en la forma de politización, no era que estaba la política de un lado y lo demás por otro.

¿Qué representaba ese elemento nuevo?

CS: Implicaba una madurez de las fuerzas sociales de entender que el neoliberalismo desbancaba la cultura política moderna y la promesa del progreso. Marcaba, también, una nueva relación entre el lenguaje y el mundo. Eso fue bastante general y transversal, y sigue muy activo. Sigue operando como trasfondo de las formas políticas y estatales inclusive hoy. Con respecto al Estado, lo que nos planteábamos, en una discusión bastante intensa, era desarrollar la premisa zapatista de no tomar el poder. Era un poco la discusión de que la obsesión o la centralidad de la política en torno al Estado había dado muestras de muchos fracasos, no sólo en la Argentina sino en toda la historia moderna. Nos parecía que esa idea de que el socialismo se iba a hacer a partir de controlar el aparato del Estado había que declararla nula. A través de la experiencia de la Aníbal Verón, planteábamos que los movimientos sociales experimentaban al menos tres formas de relación con el Estado.

¿Cuáles eran?

CS: Una, la indiferencia, cuando el Estado no te daba bola y vos no necesitabas entrar en relación con el Estado para tu construcción. Dos, la colaboración, cuando se tomaban planes sociales. Tres, el enfrentamiento. Y las tres eran formas simultáneas. Había una suerte de pragmatismo en la autonomía, que consistía en que el Estado no era ni un proyecto, ni el enemigo a secas. Había que poder ver la simultaneidad de las tres formas. Entonces, se podía cobrar el plan y construir dándole la espalda al Estado. Y, al mismo tiempo, cagarte a palos en un piquete. Y todo en la misma semana. Eso era un poco lo que pasaba en la experiencia.

¿Cuándo se empieza a preanunciar el 19 y 20?

CS: Creo que empieza en agosto de 2001, con la única acción coordinada por todos los movimientos piqueteros del país: el bloqueo de todas las bocas de entrada y salida a la Ciudad de Buenos Aires. Ahí, la ciudad se enteró de que había una presión social enorme. En ese momento, se vio venir que el déficit cero que proponía De la Rúa se iba a caer, por más blindaje que tuviera. La Alianza, que había traído oxígeno con respecto al menemismo, se comenzaba a deshacer con una velocidad enorme. Y que el tipo de protagonismo social que empezaba a achicar la legitimidad del gobierno, no provenía del PJ. Cualquiera que tuviera contacto con lo que estaba pasando en los territorios, se daba cuenta que lo que ocurría no estaba en las coordenadas de la disputa de los partidos políticos. Ese nivel operaba, pero había otro nivel, que tenía una novedad muy fuerte y que desde el gobierno no se sabía cómo tratar.

CS: Algo interesante es que, previo al 19 y 20, se empezó a dar una mutua referencialidad de experiencias, que antes no había existido. Había una especie de guiño mutuo entre un montón de experiencias diversas, que iban desde el MOCASE hasta los movimientos piqueteros autónomos, el Grupo de Arte Callejero o los movimientos de derechos humanos. Un montón de experiencias empezaron a auto reconocerse entre sí, como una especie de red autónoma.

 

 

FUERZA COLECTIVA

¿Qué recuerdos tienen de los días previos al 19 de diciembre?

CS: Nosotros trabajábamos con compañeros que estaban en un asentamiento en Moreno, y llegando al 2001, escuchábamos los relatos que nos hacían sobre los camiones que empezaban a dejar comida en los barrios para que la gente no se levantara, y que ya ni siquiera podían entrar a los propios barrios. A los territorios, no los controlaban ni los propios intendentes del PJ. De hecho, el intendente de Moreno, Mariano West, dijo en los días previos al 19, “vamos todos a Capital”, pero porque ya no podía estar en su distrito.

CS: Recuerdo que, para el 19 de diciembre, estaba planificado un escrache en Villa Urquiza, organizado por H.I.J.O.S. Pero cuando la gente empezó a concentrarse, los pibes de H.I.J.O.S se pusieron a debatir qué hacer, porque el rumor del estado de sitio era muy poderoso. Decidieron posponer el escrache, con esa lógica militante de guardarse ante el clima represivo que se venía. Nadie preveía que iba a salir toda la gente a la calle.

¿Qué hicieron?

CS: Yo había ido al escrache de H.I.J.O.S,  y mucha gente tenía bronca porque se había levantado. Me fui a mi casa y empecé a escuchar un ruido en la calle. Pensé que era la murga del barrio, que cada vez que llega esa época, se ponen a tocar. Pero era el cacerolazo. Empecé a llamar por teléfono a algunos compañeros, y también pasaba lo mismo en otros barrios.

CS: Yo pensé: “Si De la Rúa declara el estado de sitio y la gente sale a la calle, ganamos”. Es decir, ganamos con respecto a 1976 e, incluso, a los saqueos del final de Raúl Alfonsín. Si la gente salía a la calle, la represión se interrumpía. Salimos con la cacerola y nos sorprendimos.

CS: En Álvarez Thomas y Lacroze ya había un montón de gente y muchos decían: “Vamos al centro, al centro, al centro”.

CS: Pasó algo interesante con muchos sectores de la clase media -acostumbrados a buscar cobijo en el Estado y en las clases dominantes contra los de abajo-, que se encontraron tan desamparados por el poder que dijeron: “O nos juntamos con estos o nos comen”. Y por unos meses funcionó ese encuentro. Yo lo disfruté mucho, fue uno de los momentos más democráticos que debe haber vivido el país.

¿Qué sensaciones les despertaba estar junto a esas multitudes en las calles?

CS: La noche del 19, cuando llegué a avenida Corrientes, sentí algo que no tenía explicación. Recuerdo las caras de felicidad de todo el mundo. No fue un momento oscuro, fue una fiesta completa, la gente golpeando ollas, todos caminando y cantando. Pensé que nunca iba a ver una cosa así. La experiencia nuestra era estar en piquetes, con cierta organización, pero acá era algo anónimo, no sabías con quién estabas.

CS: Más que la cantidad de gente, fue el carácter insurreccional lo que me impresionó. El carácter caótico en la ciudad y la idea de que eso no era gobernable ni controlable. No estaban adelante ni siquiera Hebe de Bonafini, ni Víctor De Genaro, ni nadie. De repente, era muy interesante cantar todas esas consignas frustradas de 1983.

CS: Era una organización espontánea, democrática, nadie le daba una orden a nadie. Pero, a su vez, dialogaba con formas de organización más reciente, como el piquete y el escrache, por ejemplo.

CS: Me emocionó mucho más la indiferencia ante la Casa Rosada, que un posible intento de tomarla. Hubiera sido una decepción entrar ahí y ver que en ningún lugar había nada que nos diera poder.

 

 

EL FIN DEL MIEDO

¿Qué recuerdos tienen de los días posteriores al 19 y 20?

CS: Estuvo buenísimo, era la experimentación de una alegría colectiva, también por el hecho de ver que ciertas cosas que veníamos pensando, de golpe, se veían materializadas en la calle, de una manera increíble. Aunque, por otro lado, no teníamos nada…

CS: Sentíamos alegría, pero también miedo, porque te dabas cuenta que se había desbaratado el estado de sitio y nadie se imaginaba un golpe al estilo clásico, pero tampoco se sabía muy bien qué venía. Había cana de civil operando en la calle, era tremendo.

CS: Recuerdo que una compañera de González Catán llamó por teléfono y nos dijo: “Acá estamos todos los vecinos con armas en la calle, con mucho miedo, porque dicen que vienen desde distintas villas”. Había terminado la llamada fiesta-guerra y en el conurbano se estaba viviendo algo muy pesado, que no sabíamos cómo iba a terminar. Desde el poder, se plantearon dos estrategias: donde no había organización social, hacían circular esos rumores de que venían de acá y de allá a saquear; y, donde había organizaciones más fuertes, rodeaban el barrio con gendarmería.

¿Qué discusiones políticas tenían?

CS: Muy rápidamente sacamos una comunicación del Colectivo, uno o dos días después, que se llamaba “La fuerza del ¡»NO» !”. Allí decíamos que el 19 y 20 manifestaba el rechazo de la gente a ser gobernada de un modo neoliberal. La gente había dicho que no a algo. Y ese no había sido tan eficaz en su rechazo que abría un abanico enorme en términos de posibilidades, porque nos parecía que había algo de irreversible en esa manifestación.

Algunos señalaban que marcaba el fin de la dictadura…

CS: Básicamente, se terminó el miedo, con la gente en la calle enfrentando abiertamente la represión. Ése era uno de los condimentos que hacía más irreversible la situación, el sistema político ya no iba  a poder contar a su favor con los efectos de la dictadura, por lo menos con los más inmediatos. Y nos pusimos a escribir el libro 19 y 20. Apuntes para un nuevo protagonismo social, que salió en abril de 2002.

¿Cuáles fueron los puntos de partida de ese libro?

CS: La idea era que una cantidad tan grande de gente que se animaba a discutir y a desestabilizar el poder del Estado, ya no era más gobernable con los mecanismos del miedo. Eso nos abría un panorama nuevo, que nosotros ya veníamos evaluando con la aparición de H.I.J.O.S a partir de 1996, con un cambio generacional en la manera de pensar el tema de la resistencia con respecto a Madres y Abuelas, y que se mezclaba de un modo nuevo con otros movimientos sociales. Había dos genealogías del 19 y 20.

¿Cuáles eran?

CS: Una, las puebladas protagonizadas por quienes padecían los efectos directos del neoliberalismo. La otra, una innovación en las luchas por la justicia y la memoria. Cuando cuajó el asunto, hubo una suerte de narrativa transversal para luchas muy diversas.

La izquierda tradicional caracterizaba al 19 y 20 como una insurrección de tipo clasista. Otros decían que era una manifestación de clase media. Y también estaban quienes sostenían que los intendentes del PJ habían movilizado todo, ¿qué pensaban ustedes?

CS: Nosotros veíamos protagonismo social que venía desde abajo. Hablábamos de insurrección de nuevo tipo. Es decir, sin situación revolucionaria, que no estaba organizada en torno a la toma de poder. Hablábamos de una multiplicidad de sujetos de este nuevo protagonismo social, que incluía ahorristas y piqueteros, y enfatizábamos mucho que no se podía reducir a la manipulación del PJ, ni que obedecía a los esquemas de la izquierda militante.

CS: Era una fuerza colectiva que se construía a pesar del lugar de origen de cada uno, disolviendo un poco el interés inmediato personal.

 

 

ANTICIPACIONES

Luego del 19 y 20 hubo una explosión de asambleas populares, en especial, en la Ciudad de Buenos Aires. ¿Cómo veían ese fenómeno?

CS: Muchos enunciados, que habían surgido de situaciones muy concretas y que tenían un significado muy específico, empezaron a circular muy abstractamente. La autonomía y la horizontalidad, que eran dos conceptos muy operativos en situaciones concretas, se empezaron a tomar como modelos. Algo de eso era preocupante. Desde nuestra perspectiva, la horizontalidad nunca fue un modelo político, sino una trama productiva.

CS: De todas formas, era muy impresionante ver cómo se hablaba sobre esos términos. Aunque también empezó a surgir el problema de qué hacer con esa gente que se acercaba a las experiencias que ya venían desplegando este tipo de prácticas.

CS: Fue un momento muy importante porque circularon y se mezclaron en la ciudad gente de los movimientos de desocupados y vecinos de distintos barrios en una dinámica de debates políticos permanentes. A muchos sectores sociales se les abrieron posibilidades de acción social y urbana que, de otro modo, no hubieran aparecido. Creo que eso fue lo más rico de ese proceso.

¿Qué era lo que les resultaba “preocupante” del movimiento asambleario?

CS: Participamos en algunas de las primeras asambleas que se hicieron, porque tuvimos la reacción militante de pensar que, si nosotros reflexionábamos sobre estas cosas y en la esquina había una asamblea, teníamos que estar ahí. Aunque veíamos también esa especie de poder simbólico-cultural de la clase media, que puede borrar el protagonismo social anterior y ponerse en el centro del asunto, y dimensionar todo desde ahí. En ese sentido, en los MTDs había mucha desconfianza, porque pensaban que la clase media se movía por el bolsillo y no por otro motivo. Nuestra preocupación era que no creciera esa desconfianza y que se apostara a la articulación. Pero el foco de nuestro interés estaba puesto más en los movimientos de desocupados autónomos que en una lectura recortada sobre las asambleas.

CS: Nuestro propio colectivo era una fuente de experiencias, porque nosotros en ese momento empezamos a trabajar con Brukman, con algunos MTDs, con la Mutual Sentimiento. Había compañeros que participaban también en las asambleas. Una experiencia siempre muy importante para nosotros, desde el 2000, fue un taller sostenido durante años con gente de la escuela Creciendo Juntos, de Moreno. De una manera que aun extrañamos, discutíamos todo tipo de cuestiones ligadas a la crisis del mito del progreso, del trabajo, de los modelos y las normas, de la vida de los pibes y los adultos. Y sobre el esfuerzo continuado de apostar a la conversación como modo de producir lazos sociales. Todo eso que, por suerte, pudimos registrarlo en el libro Un elefante en la escuela.

¿Las empresas recuperadas también fueron una síntesis del cambio del neoliberalismo?

CS: Fueron un actor relevante y varios de esos procesos aún están en marcha, aunque tal vez se depositó demasiada expectativa en esas experiencias. Pero no se pueden analizar las fábricas recuperadas sin volver a pensar en esta distinción que reaparece entre lo social y lo político.

CS: Yo sintetizaría que el horizonte político del 2001, en todos los movimientos, es que tienen la autonomía como premisa o como horizonte, y no como doctrina. Así pensado, hay  una eficacia mayor en lo que los movimientos sociales logran construir más que en la sistematicidad discursiva a partir de la cual se los juzga. Si las fábricas recuperadas y si algunos movimientos sociales empiezan a pautar relaciones que excluyen la cruda dominación de la ley del valor y la competencia, están construyendo algo que es post neoliberal. No digo de superación del neoliberalismo, pero sí algo que no es neoliberal. Hay coexistencia de dinámicas que son neoliberales y dinámicas que no son neoliberales. Además, en ese camino que se abrió en 2001, el gobierno de Kirchner tomó muy en cuenta ciertas cuestiones, como esa bajada de plata para todo tipo de emprendimientos. Con respecto a las fábricas recuperadas, lo que les interesaba a los compañeros de los movimientos piqueteros con los que conversábamos no era volver a las fábricas, sino contar con plata para hacer lo que estaban haciendo. Recuerdo que un día estábamos en Brukman y un compañero dijo: “¿Vamos a dar la vida por una fábrica o queremos una cultura post fábrica?

CS: En las propias fábricas se daban procesos de experimentación interesantes, como que la asamblea fuese parte central del proceso y que no quedara en una lateralidad con respecto al proceso de trabajo. O con respecto a la articulación con otros movimientos, el armado de redes, etc. Pero ahí el tema era que mucha gente tenía cierto erotismo con la fábrica, porque se imaginaba la vuelta del movimiento obrero organizado por fuera del sindicalismo tradicional.’

CS: En ese sentido, lo más interesante de las fábricas recuperadas es cómo fueron resignificadas por esta dinámica cultural y de red. Hoy, si vas a una fábrica recuperada y tiene un bachillerato o un centro cultural, se ve un reconocimiento de esa perspectiva. Las fábricas recuperadas son una suerte de índice de algo muy importante, porque no en toda América Latina existe esa experiencia de que sean los propios trabajadores quienes se autoorganizan. En Venezuela, por ejemplo, muchas veces se bajaba plata a las fábricas, pero no se avanzaba, porque no había una subjetividad obrera capaz de autorganizarse. Entonces, todas esas experiencias fueron anticipaciones de la agenda post neoliberal, y que dieron muchas claves a la gobernabilidad actual, de por dónde pasaba una salida del primer neoliberalismo.

 

 

ESTADO DE EXCEPCIÓN

¿Qué análisis hacen sobre el accionar de los movimientos sociales en los últimos años?

CS: Hasta junio de 2002, las asambleas estaban atravesadas por la incertidumbre de no saber en qué iban a transformarse. Es decir, si iban a convertirse en un nuevo modelo político para la Argentina, o si serían una forma de organización más liviana y disuelta. Cuando sucedió lo del Puente Pueyrredón hubo una presión muy grande para ordenar los términos de la cuestión. Algunos querían transformar a los piqueteros en una vanguardia revolucionaria y movilizar a todo el movimiento de las asambleas detrás de eso. Fue muy paradójico, porque Duhalde quiso resolver de modo tradicional lo que Kirchner después entendió que no se podía resolver de esa manera. Incluso hasta la ruptura de la Coordinadora Aníbal Verón, que fue un momento clave, se veían esas tensiones sobre la asunción o no de ese lugar de vanguardia, y si se entraba o no en una dinámica de acumulación más clásica, cuantitativa y direccionada verticalmente, o si seguía abierta esa búsqueda de la autonomía.

CS: En ese sentido, hubo de nuestra parte poca imaginación política para pensar lo que esta dinámica tenía de excepcional, que no fuera desde el modelo revolucionario. ¿Cómo sigue políticamente el desarrollo de este movimiento si no se trata de una revolución exitosa ni fracasada? Se trataba de no pensar que era una revolución social lo que estaba pasando, en el sentido clásico de la izquierda y, por tanto, reflexionar sobre qué estrategia política se debía encarar. Hubo poco espacio para eso, fue todo muy rápido.

¿Por qué fue tan rápido ese proceso?

CS: El 19 y 20 fue esa ambivalencia entre la felicidad y la experimentación en el vacío. Pero no hubo formas de transitar a escala de masas ese vacío, y al no desarrollar una imaginación sobre cómo prolongar esos esfuerzos productivamente, se empezó a secar el proceso. Las organizaciones continuaron en su camino, pero no siguió ese acompañamiento masivo de y en las organizaciones. Hubo un fenómeno de normalización.

CS: De todas formas, quiero aclarar que no creo que ese proceso se terminó muy rápido, sino que, en ese momento, empezó algo muy nuevo, en lo que todavía estamos. En ese sentido, el 2001 es menos la acumulación de un período anterior que se frustró, y más el inicio de un período en el cual la politización reubica a los actores de otra manera. Por ejemplo, el Estado puede tener mayor o menor presencia en el centro de la dinámica llamada “política”, pero no está en el centro de las dinámicas colectivas. La dinámica del estallido plantea que desde el 2001 estamos en estado de excepción permanente. Claramente, y para todos, hubo una disolución del sueño neoliberal. Y el kirchnerismo es la primera experiencia política del ciclo que se abrió en 2001. Por eso, no estamos a diez años del 2001, sino que son diez años de 2001.

¿En qué sentido?

CS: Son diez años de excepcionalidad, y de un fatigoso intento de gobernar en estas condiciones. Gobernar hoy cualquier cosa es mucho más quilombo que gobernar antes del 2001. Creo que el kirchnerismo se atribuye cosas que le corresponden parcialmente, porque el 2001 gestó y marcó una cantidad enorme de condiciones. Me refiero a límites con los que el kirchnerismo trabajó pudiendo no haberlo hecho, y en ese aspecto, tiene un mérito y una eficacia indiscutible. Pero el 2001 empezó algo que todavía se mantiene y no hay subjetividad política vigente que no sea atravesada por el 2001.

 

 

EN EL FONDO DE TODAS LAS COSAS

¿Qué replanteos en las búsquedas de la horizontalidad y la autonomía provoca la irrupción del kirchnerismo?

CS: La autonomía es una premisa y una visión en simultáneo, pero no una ideología. Es, en todo caso, un anudamiento de contrapoderes en situaciones concretas, una práctica que es capaz de problematizarse por sí misma. Nunca nos identificamos con un autonomismo doctrinal o ideológico. Ya en ese momento sabíamos que era iluso pensar que el Estado pudiese no existir en la sociedad contemporánea. Por eso, no se trata tanto de tener la ilusión de que el estado desaparezca –que fue la ilusión de toda utopía revolucionaria-, sino de aumentar la dosis de autonomía colectiva que una sociedad con Estado puede soportar. Este tipo de problemas son los que para nosotros se siguen vinculando con el 2001.

¿Cómo entienden esa convivencia de procesos contradictorios?

CS: No es que pasa esto o lo otro, sino que ahora pasa esto y lo otro. Es la ultra complejización de la escena social que no permite dividir entre poder y contrapoder de modo destilado, puro. Uno de los temas que sería útil replantear en la coyuntura de los últimos años es el riesgo de una nueva separación entre “lo político” y “lo social”. Porque cuando esta distribución del espacio colectivo se congela, sucede que lo político se erige en parte activa y tiende a subordinar lo social, construyendo una parte baja, gobernada, subordinada (lo social). Esta es una tendencia creciente, que va resignificando las palabras políticas clave. Por suerte existe todo tipo de resistencia a esta tendencia más oscura que se observa ante casos de represión que se van sucediendo ante tomas de tierras, casos de gatillo fácil, que son luchas contra la dimensión más reaccionaria de las fuerzas represivas y contra algunos de los rasgos menos tolerables del modelo desarrollista en curso. Esta conflictividad no es del todo nueva, pero adquiere sí un nuevo sentido en el contexto actual.   En la fase anterior los efectos de estas luchas eran destituyentes respecto de la dinámica neoliberal, las instituciones neoliberales, el régimen neoliberal. La situación cambió bastante y la palabra destituyente misma tuvo otros usos, un significado más reactivo, completamente diferente.

 

¿El kirchnerismo abre una tensión sobre las formas previas de pensar la política?

CS: La política “vuelve”: hay partidos, sindicatos y todo. Pero hay una infrapolítica que aparece por momentos y recoge esta corriente atea de 2001-2002, que fue siempre lo que más nos interesó de la política.

¿A qué se refieren con esa dimensión “atea”?

CS: A esa dimensión infrapolítica, que aparece cada tanto, donde queda bastante claro que el protagonismo popular es la última palabra. Es decir, que este protagonismo, con sus movimientos oscilantes, es la explicación última de los procesos sociales y políticos. En ese sentido, la restitución del Estado, en los últimos años, tiene una parte muy interesante que es la consagración de derechos y ciertas dinámicas de reconocimiento. Pero, a su vez, corre el riesgo de activar esa división entre lo social y lo político de la que hablábamos.

CS: Este riesgo de subordinación de lo social se nota en cómo se ha ido devaluando el término movimiento social que antes designaba un actor político y ahora parece quedar reducido a un sujeto de demandas.

¿Cuál fue el devenir de los idearios anarquistas que estuvieron muy presentes en el 2001?

CS: El tono libertario de las prácticas es una herencia del 2001, que no encuentra traducción política directa pero aparece reiteradamente a partir de diferentes luchas sociales y se filtra en buena parte de la cultura política. Notamos en este sentido una ampliación de lo que podríamos llamar una sensibilidad autónoma en lugares que tradicionalmente la hubiesen rechazado. Habrá que seguir esta genealogía viva del 2001 bajo el signo de cierta excepcionalidad, y de esta sensibilidad más libertaria que está como fondo de los procesos más interesantes del presente.

Diagrama argentino de la normalización: trama y reverso (10/12/2005) // Colectivo Situaciones

Desde hace ya unos años la Argentina está inscripta en un convulsionado debate sobre la norma. Tras la crisis que llegó al estallido durante las jornadas de diciembre del 2001 y el surgimiento de figuras inéditas de la subjetividad colectiva en una sociedad desnormalizada por el agotamiento de la capacidad significante del estado-nación, asistimos ahora a un experimento no menos singular que la crisis que le dio origen: la construcción de una nueva gobernabilidad (es decir, una nueva dinámica que distingue gobernantes de gobernados), en torno a la cual se ha vuelto a hablar de “normalización”.

Durante octubre del 2005 Sandro Mezzadra, politólogo y activista italiano visitó la Argentina, como cada año desde el 2001. Sobre sus impresiones ha escrito: De regreso a Buenos Aires en el mes de octubre, después de más de un año, la impresión ha sido desconcertante. Por un lado, son evidentes las señales de una reactivación económica, de un relance del consumo, de la presencia de una clase media que recupera seguridad y que vuelve a imprimir el signo de sus estilos de vida sobre la cotidianeidad de muchos barrios centrales de la capital argentina. Al mismo tiempo, octubre es un mes electoral, y la política –en su expresión más visible por lo menos– parece reducirse nuevamente a la dimensión institucional y representativa. Es realmente difícil, recorriendo las calles de la ciudad, hallar los rastros –evidentes hasta el pasado año– de la gran explosión de creatividad colectiva determinada por el desarrollo de los movimientos luego de la insurrección del 19 y 20 diciembre de 2001. Por otro lado, es suficiente andar por el centro de la ciudad, moverse un poco en el devastado conurbano bonaerense, para verificar cuán poco han cambiado las condiciones de vida de una parte realmente grande de la población. Allí continúan –y son práctica cotidiana–, por ejemplo, las ocupaciones de tierras para construir nuevas casas, que han representado en estos años la principal forma de desarrollo del tejido metropolitano. Pero lo que a uno se le presenta aquí es, más en general, una sociabilidad realmente irreductible a las retóricas dominantes. No obstante –hablando con los compañeros que han sido protagonistas en estos años de las más extraordinarias experiencias de los movimientos desarrollados en torno a esta socialidad–, uno se encuentra con el relato de una fragmentación extrema, de procesos de despolitización que se han desplegado paralelamente a la cooptación de una parte del movimiento en la reconstrucción de aparatos clientelares de mediación social. No faltan las experiencias interesantes, los proyectos, las ideas: pero en general queda la impresión de una melancolía de fondo, que se intenta, tal vez, pensar políticamente.

Para conocer algo más de la naturaleza de este proceso, proponemos un trayecto en torno a estos últimos años de vida social y política argentina, en base a intervenciones –extractos de textos– de la práctica de investigación militante que desarrollamos.

 

  1. Topología del Agujero Negro[1]

Hablamos de un agujero negro para nombrar el diagrama de la normalización. Se trata de un espacio de excepción vuelto regla, de un sitio donde los cuerpos caen en la inexistencia social (fuera del consumo y las garantías legales). Y de una oscuridad que oculta la dinámica del agujero que chupa, atrae, aterroriza; de tan siniestro, pareciera como si no tuviera interior. Porque lo que pasa en su interior se convierte en otra cosa, se descualifica de un modo feroz, como en una pedagogía trunca, pervertida, que trabaja descomponiendo. El agujero negro es el nombre que en cada momento toma la fábrica de lo insoportable, de los nuevos umbrales de lo intolerable.

Existe una historia reciente de los agujeros negros en Argentina: los desaparecidos y la vida destruida de tantos trabajadores de empresas públicas o de las industrias y talleres afectados por la economía neoliberal de la dictadura primero y de la democracia luego, los jóvenes asesinados, víctimas del “gatillo fácil” policial[2], por nombrar sólo algunos de los más significativos. El agujero negro es también una dinámica que difunde un sentimiento turbador de miedo, horror, rechazo. Va cambiando, pero siempre está allí. Procede por anticipación. Nos mantiene en estado de alerta constante, de manera que cuando creemos que sabemos conjurar sus modos, ya tenemos que atender a su metamorfosis. Nuestras vidas se especializan cada vez más en comprender por dónde avanza la grieta de la inexistencia, al punto que buena parte de la politización actual pasa por aprender a escapar o a enfrentar este avance de la muerte social organizada produciendo nombres, textos y testimonios para elaborar colectivamente el nuevo horror: «desaparecido», «desocupado», «víctima del gatillo fácil».

La historia de las resistencias –de todo tipo– nos ayuda a comprender las invariantes de este juego de luces y sombras. Si de un lado su existencia es constante; de otro, es variable: sus mecanismos cambian, sus velocidades y lenguajes se adecuan a las circunstancias. Siguiendo sus líneas de avance se puede reconstruir el modo en que se rearticula en un lenguaje policial, parapolicial, jurídico y judicial, económico, mediático, burocrático. Su geografía desnivelada supone territorios altos y bajos, con centros en la periferia y periferia en los centros. Cada quien es peligroso para otros y, a su vez, está en peligro frente a otros. Cada quien participa a su modo en el juego. Pero hay quienes quedan del lado de la sombra total, los que caen en lo más profundo del agujero. Esos a quienes se puede secuestrar, desaparecer, a quienes los policiales o los escuadrones de la muerte pueden aniquilar, a quienes la operatoria del mercado puede condenar a la inexistencia más brutal.

El discurso de la «inseguridad» ha contribuído a fijar esa geografía: si antes se hablaba de «sitios peligrosos» por los que convenía no pasar –zonas rojas o bajas– ahora, al contrario, lo que se zonifica son los «sitios seguros», aniquilando de facto el espacio público.

En la normalización-Agujero Negro convive sin mayor problema la retórica de los derechos humanos y sociales junto a la gestión hiper-jerárquica de las ligaduras sociales (tratamiento policial, parapolicial, penal, patoteril de las vidas). El agujero negro actual es seguramente el más vasto de todos los que hemos conocido, alcanzando las dimensiones de una guerra social en curso. Su economía interna es la producción de la inexistencia humana, con sus zonas baldías y sus áreas de concentración.

 

  1. Imagen y Memoria[3]

A partir de un cierto momento la normalización requiere de una nueva gobernabilidad. Desde el 2004 asistimos a un proceso de revisión del significado de las imágenes que hasta entonces habían formado parte de una política resistente de la memoria, pero que ahora no logran articular una sensibilidad capaz de seguir reaccionando frente a los nuevos modos represivos. Estas imágenes (sobre todo las siluetas humanas inauguradas en torno a la lucha de las Madres de la Plaza de Mayo) corren el riesgo de funcionar hoy como objetos sobresalientes de las vidrieras oficiales, en irritante coexistencia con una dinámica opresiva que cuestiona su vieja impronta.

Voces, consignas, referencias y hasta nombres que funcionaban delimitando el campo del testimonio y de la lucha, evidenciando la conexión interna entre los diferentes poderes, y sosteniendo una alerta general sobre su definitiva corrupción, hoy parecen neutralizadas. Ya no trazan fronteras, ni proveen coordenadas frente a la narración, la acción del poder.

Es en este contexto que surgen los blancos[4]. Estas siluetas surgen para recordar(nos) que lejos de estar a salvo, seguimos siendo blancos móviles. Como en las épocas feudales la ciudad se vuelve fortaleza, el “afuera” es tierra de nadie, y los espacios interiores prometen “seguridad”.

Los blancos móviles procuran subvertir esa normalidad: repetir una vez más que ella misma no es deseable, pero también mostrar que no es posible. Que esa normalidad está toda hecha de excepción, de brutalidad cotidiana y de salvaje precariedad. De allí que la silueta-blanco se tatúa en la piel de cualquiera, como carnet de identidad universal de esta “normalización”. 

Lo que “las siluetas” trasmiten es un momento de vacilación. ¿A quién le cabe el blanco cuando buena parte de la ciudadanía exige orden a gritos? Si todos somos blancos, todos somos convocados también a delatar. El poder policial, su lenguaje y sus esquemas se traman más y mejor hoy en el deseo general de orden que en las últimas décadas. Cada vez más se trata de “colaborar” en la lucha contra “el delito”. Cada vez más somos forzados a soportar esta doble interpelación: blanco móvil y potencial “colaborador”: “denuncie”, piden los afiches de la ciudad; “ayúdenos a controlar” invitan los funcionarios. La guerra contemporánea promueve su imaginación y sus modos operativos. Toda la ciudad es diagramada por ellos. De allí que “los blancos” funcionen en sitios tan diferentes, y encuentren utilidad en las más variadas situaciones. En Colombia o en Berlín, en Córdoba o en Brasil.

Siluetas-humanas: evocan el cuerpo como campo de batalla donde se juega el pasaje del terror a la capacidad de crear. Cuerpos en su doble dimensión de aquello que se tortura, humilla, viola, atemoriza, que se compra y vende, que se  anula; pero también materia viva capaz de activar, re-accionar, desear, componer, crecer, imaginar, resistir. Como ideal modelable y territorio último de toda experimentación. El cuerpo como escenario de lo político y sitio de conversión de la tristeza en alegría: blanco de violencia y fuente de agresividad resistente. Objeto de los poderes y sujeto de las rebeliones; obsesión de la explotación y fuente de valor y cooperación; sustancia sensible a la mirada, a la palabra, y término de sujeción o potenciación colectiva.   

Los “blancos” surgen cuando nos quedamos sin imágenes, como una superficie donde volver a dibujar. El blanco es doble condición: la del vacío, pero también la del re-comienzo. Los blancos-móviles, entonces, expresan y conectan, habilitan nuevamente un tránsito al activismo.

 

  1. “Los de Cromañón”[5]

La politización en el Agujero Negro toma sus energías de una enorme conversión de los sumergidos. A fines de diciembre se incendió un sitio donde tenía lugar un recital de rock. Se llamaba República Cromañón. Como en tantos otros sitios, se trataba de un espacio habilitado sin reunir condiciones básicas de seguridad. Allí murieron casi 200 personas.

A los pocos días de esta tragedia aparecieron en las calles “los de cromañón”, es decir, los jóvenes que sobrevivieron, los amigos y familiares de los muertos y heridos, pero también quienes suelen ir al recital pero ese día no fueron, más todos aquellos que han sentido que su colegio o su grupo de pares está permanentemente en estado-cromañón, es decir, al borde de la catástrofe por generalización de unas condiciones de existencia ultraprecarias. Las movilizaciones de “los de Cromañón” conmovieron a la ciudad de Buenos Aires y sacudieron sus poderes estatuidos.

En torno a Cromañón se desarrolla la metáfora sin metáfora del “agujero negro”, pero también la fenomenología de la politicidad que en él se elabora: sus testimonios hablan de la tragedia, pero sobre todo de los modos de convertir la tristeza en acción, el padecimiento en replanteo. El desplazamiento comienza con la denuncia de la tragedia como injusticia vivida, que los inscribe en una cadena más amplia de luchas sociales; se continúa en el descubrimiento de la frialdad de la mirada social, que los empuja a recorrer un camino de iniciación de una experiencia directamente política. Se trata de un recorrido que muchos han realizado antes (de las Madres de Plaza de Mayo a las Madres del Gatillo Fácil), e implica asumir la vergüenza de la propia indiferencia frente a las luchas del pasado.

Si en los años 70 la existencia de una cierta trama social permitió que el drama se produjera con el lenguaje de la lucha política, con actores claramente autoidentificados con la imagen del mundo que querían construir, décadas después, el Agujero Negro –la máquina sacrificial– devora vidas muy diferentes. Vidas que transcurren en un suelo muy distinto, tejido de precariedades varias. “Los de Cromañón” sufrirán otro modo de la frialdad de la mirada normalizante, que precisamos comprender. Algunos de los sobrevivientes de los 70, por ejemplo, verán en ellos jóvenes despolitizados. Otros sospecharán que son las formas actuales de “ser joven” las culpables de lo ocurrido. Como si esos modos descuidados de vida actuales hubieran recibido un castigo bíblico por su manera amenazante de abandonar –o evidenciar la caída de– ciertos códigos sociales.

Los discursos que nos llegan de tiempos pretéritos cuentan historias de familias opresivas que reproducían el orden social, y de jóvenes que se rebelaban contra ambas instancias igualmente domesticadoras. Poco queda de estas opresiones y, por tanto, de aquellas rebeliones. Tanto la familia –o lo que pueda considerarse como tal– como el rock, por igual, son terrenos donde transcurren las propias vidas. La familia, sin embargo, ya no es la vía que garantiza la conexión de los jóvenes a una comunidad. Una inversión extraña parece haberse operado: son más bien los jóvenes quienes intentan inscribir a la familia en la realidad social. Da la impresión, incluso, de que son los jóvenes quienes crían a sus padres. Los “adultos” no pueden contarles lo que es la vida a los jóvenes, sino que las cosas se dan un poco al revés. Las preguntas con las que una generación revela progresivamente los sentidos del mundo a la que la continúa han cambiado de dirección y parecen ser los chicos los que saben algo más del presente. Esta situación transforma radicalmente el significado de la resistencia contracultural de las décadas pasadas.

En el caso de “los de Cromañón” la lucha surge en medio de la precariedad y la catástrofe, para abrirse desde el dolor hacia lo público sin respetar las vías instituidas. La politización de lo íntimo indefine las reglas de juego y requiere una sensibilidad muy singular para evitar caer en el esquema de los medios. Se trata de un aprendizaje doloroso, que convierte su cercanía a la muerte en motivo de continuidad vital, y que debe afrontar, en su trayecto, la frialdad de las miradas y la complejidad política de las estrategias puestas en marcha por los otros, que consisten en fijar a las víctimas a su condición, en impedir la conversión, es decir, en convalidar el sacrificio.

Este nuevo protagonismo que emerge del dolor posee una capacidad brutal de elaboración: aprende en corto tiempo el contenido trágico de la precariedad, experimenta la necesidad de convertir el dolor íntimo ligado a la muerte en un dolor colectivo, público, capaz de dar lugar a la lucha, y provoca una destitución de lo político estatal revelando el juego de un poder que simula cuidar la sociedad mientras derrocha sus posibilidades en negocios interminables. Que haya renacido en esas marchas el “¡Que se vayan todos!”[6] señala este hartazgo desesperado y permite retomar la palabra y la calle.

Estas fenomenologías de la politización han ido desarrollado un “saber-hacer” de las resistencias tal que, aún si uno cree que la tragedia nunca le va a alcanzar, cuando toca, se sabe qué hacer. Y no porque haya un grupo delimitado ofreciendo estos saberes, sino por la conformación de un “saber ambiente” disponible para el encuentro, la denuncia, la expresión, la convocatoria. La velocidad en que toma cuerpo todo esto es vertiginosa. No hay manual, pero esos modos-de-hacer  funcionan, circulan por la ciudad y están a la mano de cualquiera que se mueva. Se trata de un conjunto difuso de recursos materiales, afectivos y simbólicos que se comunican reticularmente, y se actualizan en cualquier punto de la red, en el momento que se los requiera, a condición, precisamente, de movilidad. De hecho, son imperceptibles para quien se queda quieto. Su dinámica escapa al control, pero también a la pasividad. Su inmaterialidad es su fuerza. Su movilidad y ductilidad plástica de despliegue y repliegue le garantiza una larga salud.

  1. De la gobernabilidad y la autonomía

La “normalización” en curso es inconsistente sin el desarrollo de una nueva gobernabilidad –en formación– de cuerpos, intercambios y prácticas. Esta tentativa de una nueva soberanía está en proceso de constitución, atravesada por un potencial de resistencias y alternativas que emergen del mismo diagrama de poder. De hecho, reconocemos en ella tanto la crisis y retirada de la capacidad de legitimación política del discurso neoliberal como la persistencia de condiciones materiales de vida signadas por el pasaje irreversible, estructural, que ha implicado el neoliberalismo y una potencial apertura producida por la presión de lucha de los movimientos sociales que han logrado imponer aquella crisis.

Si en el origen de esta situación identificamos el proceso de desarticulación de la clase obrera tradicional expresado en el desarrollo de la marginalización e informalización de buena parte de la población, estos rasgos se han difundido actualmente al conjunto social a través de una profunda redefinición de las estrategias y tonalidades de la vida urbana. Este proceso ha alcanzado una dinámica autónoma y, a la vez que supone enormes problemas sociales, ha nutrido prácticas y formas de vida imposibles de soslayar a la hora de investigar el suelo mismo sobre el que opera la “normalización”, del mismo modo que no es esperable que los gobiernos las “resuelvan» de un día para el otro.

La paradoja está, entonces, en que estas nuevas dinámicas son a la vez hijas de las formas tradicionales de la gobernabilidad neoliberal, y el sujeto mismo de su fracaso, empujando a la actual tentativa de una nueva gobernabilidad. La gestión de la vida de estas enormes masas de población se define, de hecho, en el sensible punto de cruce entre la acción de organizaciones criminales, formas biopolíticas de control –a menudo violentísimas– y modalidades de autogobierno profundamente ambivalentes. En esta situación, por un lado legalidad e ilegalidad tienden a indeterminarse, mientras que, por otro, es precisamente esta población la que representa en América Latina el ejemplo más próximo de lo que los teóricos italianos definen como «multitud»: nos encontramos así frente a modalidades de reproducción de la vida cotidiana que van más allá de la forma nacional y «popular» clásica.

Al mismo tiempo es importante el hecho de que es esta misma franja de la población el que ha forjado los movimientos más significativos e innovadores de los últimos años, el que ha operado las rupturas que generan las condiciones de posibilidad para las nuevas experiencias de gobiernabilidad. Sin embargo, no es este sector de población la base social sobre la que estos nuevos gobiernos latinoamericanos se apoyan, al tiempo que estos últimos no parecen haber desarrollado hipótesis políticas de relación con esta parte de la población de la que estamos hablando que vayan más allá de la conjugación de clientelismo y retóricas de seguridad como forma de gestión de una fuerza de trabajo que se reproduce sobre la frontera entre inclusión y exclusión.

Por otro lado, hay otro aspecto que muestra la persistencia de los efectos de la revuelta de diciembre en las políticas gubernamentales vigentes. El gobierno actual de Argentina, por ejemplo, no puede, sino al precio de poner inmediatamente en discusión su legitimidad, adoptar medidas represivas contra las movilizaciones sociales. Lo que no excluye que por vía de la criminalización de la protesta social haya aumentado de manera récord el número de personas asesinadas a manos de las fuerzas de seguridad. Pero es alrededor de esta imposibilidad de represión política directa que se abroquela por un lado la derecha política, que hoy carece de la fuerza de imponer sus soluciones aunque en el futuro puede jugar un papel importante. Mientras que, por otra parte, se difunde una sensación general de inseguridad que conduce a cada vez más ciudadanos a dirigirse hacia agencias de vigilancia privada para resolver los problemas de su «seguridad» cotidiana, o bien a armarse directamente para proteger las viviendas de los barrios periféricos. Con el resultado de que la economía privada de la seguridad está asumiendo dimensiones verdaderamente gigantes, y constituye un elemento cada vez más condicionante de la cotidianeidad.

La ambivalencia fundamental de esta nueva gobernabilidad, entonces, se da por el hecho de que un gobierno como el de Kirchner en Argentina, es el primero que reconoce abiertamente el rol fundamental de los movimientos sociales, al mismo tiempo que los ha colocado, desde el principio, en una posición tradicional, asignándoles el rol clásico de elaborar demandas a las que luego sólo el sistema político puede dar una respuesta. La dimensión constructiva, el potencial de invención de soluciones, de formas de vida, incluso de nuevas instituciones sociales, que ha caracterizado a los movimientos de los últimos años ha sido desde el inicio cancelado por las políticas de Kirchner. Reconocimiento mediático y cooptación hacia el interior de clásicas modalidades clientelares: ésta ha sido la «oferta» de Kirchner a los movimientos, y estos últimos no han estado a la altura de sustraerse a la fuerza de dicha oferta. La única alternativa ha sido la marginalidad: no ha habido, y lo decimos también en sentido autocrítico, capacidad de profundizar, de consolidar, el potencial constructivo de la autonomía. Un «realismo» de la autonomía, es éste el problema fundamental –y la tarea– que derivamos del desarrollo de los movimientos y de nuestras mismas prácticas de los últimos años.

Buenos Aires, 10 de diciembre de 2005

Colectivo Situaciones

www.situaciones.org

[1] El siguiente es un extracto modificado de la introducción del cuaderno PRESAS, una publicación de lavaca y el Colectivo Situaciones, con testimonios de mujeres que estuvieron detenidas por manifestar en Caleta Olivia (localidad del sur argentino), exigiendo trabajo a empresas petroleras, y en la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires, resistiendo un nuevo código que prohíbe la prostitución, los piquetes y el comercio ambulante.

[2] “Gatillo fácil” se llama a los casos de asesinato de jóvenes en los barrios por parte de la policía. Los casos son numerosísimos, y muy pocas veces tienen castigo penal. Contra la idea de que se trata de casos aislados o casuales, resulta evidente por la cantidad, por la sistematicidad y por el ocultamiento que se trata de un modo informal de regular la autoridad policial en las calles.

[3] Este texto está escrito sobre la base de largas conversaciones con el Grupo de Arte Callejero (GAC). La versión desarrollada fue editada por el GAC en el cuaderno Blancos Móviles, Buenos Aires, octubre 2005, y puede conseguirse en www.situaciones.org

[4] La noción de blanco móvil forma parte de una iniciativa de intervención del Grupo de Arte Callejero (GAC) durante los años 2004-2005.

[5] Lo que sigue es un extracto del texto Mirada fría, publicado en el libro Generación Cromañón. Lecciones de resistencia, solidaridad y rocanrol, Buenos Aires, 2005, del colectivo lavaca (www.lavaca.org).

[6] Consigna callejera que acompañó a las movilizaciones de diciembre del 2001.

Arte en guerra (Una lectura del libro Arte Duty Free*, de Hito Steyerl) // Silvio Lang

*Arte Duty Free. El arte en la era de la guerra civil planetaria, de Hito Steyerl (Caja Negra Editora, Buenos Aires, 2018).

El futuro del arte

En la “era de la guerra civil planetaria”, Hito Steyerl, observa que el arte se almacena en contenedores y bunkers hiperseguros, en puertos libres que gozan de exenciones impositivas y de extraterritorialidad táctica. Duty free art: arte libre de impuestos. Este nuevo estatuto de “arca de las artes” genera ganancias siderales para coleccionistas e inversionistas y protección para las obras de arte. Pero el acceso público al arte es lo que se pone en peligro. ¿Cuál es nuestro Guernica actual y dónde se exhibe? ¿Cuáles son las obras de la guerra de nuestras vidas cotidianas oprimidas y de las ciudades destruidas y saqueadas por el ejército del Imperio, en nombre de la paz? “La historia parece haberse transformado en un loop”, dice Steyerl en el primer capítulo de su nuevo libro. Si queremos actualizar la historia, es necesario encontrar nuevas reglas de creación en el presente. Sin futuro no hay historia; sin historia actualizada el presente se vuelve invivible. “Crear el futuro del espacio público, el futuro del arte y el futuro como tal”. Por eso, los museos y los espacios donde practicamos y exhibimos nuestras obras pueden funcionar como bunker de guerra.

Durante mi adolescencia en Santa Rosa, La Pampa, me escapaba de la violencia de mis compañeros de secundaria y me refugiaba en la biblioteca del Museo Provincial de Arte, con el poeta Miguel de la Cruz, que era montajista y curador. Leíamos sobre la pintura informalista de Antoni Tàpies, los ensayos de Juan Goytisolo sobre el barroco y poemas de Auden. Otras veces, huía  de los golpes de mi madre y me metía en el Museo Provincial de Ciencias Naturales, que luego fue la sala de pintura contemporánea Eduardo Di Nardo. Cuando me mudé a Buenos Aires, visitaba los museos de arte porque me calmaban de la agresividad expulsiva de la gran ciudad. Ahora que lo pienso, leyendo a Steyerl, caigo en la cuenta que los museos han funcionado para mí como los espacios de resguardo del presente vulnerable donde planeé las salidas futuras.  

El diseño de la humanidad

La guerra actual está randerizada en videos 3D como el diseño lumínico de una ópera. El barrido de los renders digitales permiten mostrar prolijos paisajes de videojuegos luego de la masacre. Contra la desobediencia de los pueblos, las economías y las comunidades que resisten, el diseño del asesinato se escenifica. ¿A dónde van a parar las ciudades arrasadas? ¿Dónde está Diyarbakir, la ciudad vieja de Turquía? ¿Qué relación hay entre ese diseño de la tánato-política del Imperio y la obligación del diseño total de sí que nuestras vidas cibernetizadas nos requiere? La desafección entre un diseño y otro es estructural y política. No nos importa Diyarbakir ni el Pu Lof Cushamen en Chubut: el problema es demasiado complicado, demasiado específico para resolverlo. Esa disociación de los efectos de una destrucción creativa es la estructura axiomática del capitalismo. Este desarrolla una gran capacidad para destruir ciudades, leyes laborales, maneras de vivir, tecnologías y códigos comunitarios, economías populares y, a la vez, emplaza en los viejos territorios nuevos paisajes-mercados afines a la acumulación financiera.

Todo lo sólido se desvanece en la nube de Internet. Marx y Engels ya lo presintieron en el siglo XIX. “Disrupción creativa” es el término que la ideología neoliberal utiliza para su reproduccción mediante tecnologías sociales de automatización y control cibernético. Nuestros trabajos freelance mal remunerados y los nuevos racismos fascistas y ultra-religiosos son algunos de los efectos de la inteligencia artificial, que diseña nuestras actividades, movimientos y energías vitales a través de nuestras pantallas cotidianas. El tiempo se nos escapa, nos endeudamos y nuestros futuros se agotan. La “disrupción creativa” es un proceso social, estético y militarizado de la autocracia del capitalismo. Si su diseño barre, acelera, interrumpe, fragmenta, homogeniza, ¿cómo elaboramos los diseños de otros mundos posibles? Steyerl propone pensar en términos de procesos de decrecimiento constructivo y de autonomía cooperativa. Nuestros proyectos artísticos ya no serían nuestras creaciones yoicas sino la figura que los y las artistas del futuro planeamos: diseños compartidos, horizontales y pluriformes.

Huelga de artistas

La presencia física o virtual cotiza en el campo artístico tanto o más que las obras. Presencia en redes sociales, conferencias en vivo, clases magistrales, workshops, entrevistas, residencias artísticas, encuentros de artistas y curadores. Seguimos siendo cuentapropistas desempleados pero más presentes que nunca. “La economía del arte está profundamente inmersa en esta economía de la presencia”, precisa Steyerl. Claro, es más barato. Financiar obras, el trabajo que hacemos, es más caro. Las instituciones del arte garantizan sus balances admistrativo-políticos con el mínimo financiamiento sin dejar de atraer público. Nuestra presencia es cuantificada y monetarizada. Los y las artistas estamos de huelga de obras y no lo sabemos. Las instituciones nos exigen una disponibilidad permanente, permanecer en modo de espera para llamados potenciales, pero sin promesa de compensación: ni nos contratan, ni nos dan empleo, ni financian nuestras obras o proyectos artísticos. Las instituciones del arte canutan los recursos y los medios de producción. Día a día, los teatros públicos, los museos, los organismos de desarrollo artístico nos retacean las posibilidades de hacer las obras que necesitamos hacer y que la época interpela.

Subsistimos de “micro-trabajos” en una infraestructura temporal fragmentada. Vivimos al día mientras colapsan las agendas con nuestros colegas, amigos y amigas. “Es tiempo basura (junk-time), roto, destrozado en todos los niveles”, remarca Steyerl. Corremos en un tiempo desatendido, malgastado, discontinuo. Palpitamos con la sensación de estar en el lugar y el proyecto equivocados, con la idea fija de que la fiesta siempre ocurre  en otra parte. Los vínculos entre artistas también se vuelven basura. Con esa pasta base hacemos malabares para producir nuestras obras. Obras basura. Obras spam. La información permanente que titila en todas nuestras pantallas ya no es poder, sino un dolor de cabeza que retumba y una ansiedad infinita. Ketamina, Lyrica, porro e imaginería corporativa son nuestros ansiolíticos. Estamos exhaustos y debilitados. Con esa energía cotidiana, hacemos las obras que hacemos. Es el terror de la presencia constante. Por eso, nuestra protesta hoy es la ausencia. “Ausentismo” fue la estrategia del “obrerismo” italiano en las fábricas, a fines de la década de 1970. ¿Por qué los y las artistas no nos planteamos esa necesidad de estar ausentes? ¿Por qué no organizamos nuestras “retiradas estratégicas”? La ocupación artística hoy se redefine estratégicamente como ausencia organizada.

 

Gramática de la evasión

¿Cómo reconocen Facebook o Instagram nuestros pijas, tetas, conchas o cualquier otro contenido sexual que lanzamos a la web? La “fotografía computacional” es una tecnología desarrollada para la telefonía Smartphone, que funciona a través de un algoritmo que distingue qué es ruido y qué es información. Reconstruye la imagen relacionándola con otras imágenes y datos anteriores guardados en las redes sociales que usamos. Ya sabemos, además, que lo que registran nuestros teléfonos celulares puede ser interferido por empresas, gobiernos y servicios de inteligencia. Por lo pronto, la “fotografía relacional” es especulativa y política. Controla las imágenes que producimos y funciona como una red social con sus propias “reglas y normas grabadas en sus plataformas, que representan una mezcla de parámetros jurídicos, morales, estéticos, tecnológicos y comerciales que son ocultados sin rodeo”, declara Steyerl. E insiste en que hay una “gramaticalización de las relaciones sociales por parte de las corporaciones y los gobiernos”.

Nuestras imágenes ya no nos representan. Son diseccionadas en elementos a controlar y re-ensamblar como se hace con los robots. Proveemos de información sensible a los algoritmos y estos nos devuelven una subjetividad enlatada. Estamos frente a una “política post-representacional”, afirma Steyerl. Los ejércitos de bots políticos, que imitan operaciones humanas, llenan la web de ruido e información basura en las campañas y en la propaganda, pero no representan a nadie. Se hacen pasar por la voz del pueblo. La política es delegada a operaciones programadas y representaciones automatizadas. La vida pública en manos de avatares, routers, nodos, templates o marcadores de posición de genero. La cuestión que se nos presenta es ¿cómo creamos imágenes e información que consideren una gramática de la evasión, la duplicación, el encandilamiento, el subterfugio que se desvincule de la visión del tecno-leviatán de Internet?

 

La conjura de los datos

Qué o quién puede llegar a ser un sujeto político es una lucha que no cesa. En la burocracia de los datos duros, el abandono de personas se convierte en el trámite de un nuevo trabajo doméstico impago: tu padre puede morirse mientras llenas un formulario online del PAMI. La tecnología digital distribuye desigualdad y desesperación. “Las personas son invisibilizadas”, dice Steyerl. Es así como los refugiados en Berlín arriesgan su salud en medio del frío de largas y eternas filas de espera, frente a edificios estatales, con el fin de acceder a sus derechos de ciudadanos. Los refugiados siempre son probables terroristas para el sistema de inteligencia del Imperio.

Cada persona se traduce en un puntaje, en un dato que emerge de la “Dark Web”, según su comportamiento financiero y online. Mientras tanto, el gobierno chino planea un puntaje social universal y los drones estadounidenses asesinan paquistaníes inocentes, basándose en puntajes de algoritmos de control errados.  Somos el blanco de guerra de un software de la NSA. Google es el vigía de nuestro “inconsciente óptico” mediante las imágenes que consumimos y con las que fabrica a la vez nuestros sueños. Alucinamos mercancías que los mercados asociados a Google reconocen. “La humanidad ha entrado otra vez en una nueva fase de pensamiento mágico”, arriesga Steyerl. Las huellas de los datos que vamos dejando en la web organizan los nuevos mitos regulados por la “biopolítica informacional”. Los mercados-gobierno son arcaísmos supersticiosos que clasifican y desclasifican nuestras vidas mediante el despotismo del algoritmo. Las personas reales nos convertimos en proyecciones probabilísticas del “realismo capitalista” tecnológico. Desde la nube, somos tan solo una bolsa de datos. El punto, entonces, es cómo pasamos de volvernos un dato duro a devenir simulacros técnicos o autocreaciones conjurativas de ese realismo totalitario.

 

Teatro de guerra

En el film Reconocer y perseguir, Harun Farocki demuestra, mediante las grabaciones de los puntos de mira de los misiles estadounidenses durante la guerra de Irak, cómo estas “armas inteligentes” funcionan como un nuevo modo de producción de imágenes. Las imágenes creadas por las máquinas se basan en procesos aritméticos, los cuales se reducen a algoritmos y operaciones técnicas para disparar. Como zombis, las imágenes se autonomizan de la vida humana y crean realidades sociales cruentas, sustituyendo a los antiguos mapas que demarcaban “teatros de guerra”. Las imágenes nos miran. Y no solo en las zonas de conflicto bélico, sino cada vez que encendemos nuestros teléfonos móviles donde quedan registradas nuestra ubicación y actividades. Nuestra realidad en zonas de paz está monitoreada por la NSA tanto como la de los habitantes de Irak. “Las máquinas se muestran unas a otras imágenes ininteligibles o, de modo más general, conjuntos de datos que no pueden ser percibidos por la visión humana”, plantea Steyerl

La función artística de esta “ontología del presente” no es hablar de estos temas. Los y las artistas no hablamos de ningún tema, sino cómo recreamos órganos para ver y percibir el presente. Cómo fabricamos imágenes que funcionen a modo de sensores sensibles para orientarnos en este “teatro de guerra”. Qué máscaras usamos para devenir “máquinas de guerra” que desquicien el Estado-Mercado.

 

Las condiciones del arte

En la Sala Municipal de Arte de Diyarbakir (Turquía), la muestra sobre el genocidio no pudo ser inaugurada porque se amontonaron más de doscientos refugiados yihadistas. El museo devino asilo de refugiados de guerra. “Con estas ideas en mente ¿qué tipo de tiempo y espacio son necesarios para que el arte contemporáneo se manifieste? O más bien, ¿qué dice la crítica del arte sobre el espacio y el tiempo actuales?”, interroga Steyerl. Lo que lleva a preguntarnos sobre las condiciones reales de existencia del arte contemporáneo. El capitalismo neoliberal, Internet, las bienales y ferias de arte, las vidas emergentes y la desigualdad, la guerra asimétrica que redistribuye riquezas y pobrezas, la especulación de bienes raíces, la evasión fiscal, la publicidad y el marketing de gobierno, el lavado de dinero y los mercados financieros desregulados son las condiciones que hacen posible el arte contemporáneo. Y ni hablar de los museos offshore en puertos libres. O sea, el arte contemporáneo es un delegado del mercado mundial. Está en todas partes y no se hace cargo de sus condiciones.

El arte es la presa ya alcanzada por el capitalismo y no lo sabe: finge demencia ante los efectos de las políticas de shock del Imperio que lo posibilita. Entonces, nos planteamos con Steyerl una nueva “autonomía artística”. Ya no se trata de liberar al arte de una función social, religiosa o comercial, sino de que asuma sus condiciones de existencia. Nuestras condiciones como artistas son los trabajos mal pagos y voluntariado impago, nuestras vidas endeudadas, la oligarquía financiera que nos subsidia, la falta de tiempo para las lecturas y las caricias, el acecho de información digital y el spam vayas donde vayas. ¿Cómo producir un arte crítico de sus condiciones provistas por los Estados-Mercado, y crear instituciones y obras comunes con fondos mixtos gestionados de modo comunitario? Quizás ya lo estemos haciendo en muchas de nuestras prácticas y maneras de organizarnos para producir: es cuestión de componer con esas experimentaciones de la producción artística y, al mismo tiempo, considerar a esas autonomías artísticas como experimentaciones que pueden derramarse en el campo de la “autonomía política”.

Descolonización digital

El “Inglés Internacional del Arte”, o IAE (International Art English), es el nombre del inglés políticamente correcto que se utiliza en las gacetillas de prensa de arte contemporáneo. “Los comunicados de prensa son el equivalente en el mundo del arte al spam digital”, dice Steyerl. La subcultura del “mundo del arte” se expresa en isomorfismo con el mercado mundial: aplica el mismo criterio gramatical deconstructivo y los conceptos que engloban las heterogeneidades artísticas. Toda una jerga de lacayos genuflexos de la opresión política, donde el arte es un accesorio de oligarcas y tiranos de las finanzas. Es la lengua digital para moverse entre los flujos del Imperio. “El IAE no es solo el lenguaje de becarios y de los hablantes no nativos. Es también el efecto secundario de una renovada acumulación originaria que opera en todo el mundo a través del arte”, sostiene Steyerl. El IAE pone a trabajar a los artistas tanto del centro como de la periferia; garantiza viajes y ascenso social. Pero ¿cómo trabajar un lenguaje desacoplado de las corporaciones, las estadísticas y la especulación? Para Steyerl, se trata de ensayar una lengua queer. Asumir el artificio del lenguaje, su “dispersión digital”, sus mutaciones comunitarias. Aprender una lengua que componga con el exceso de la mezcla de realidades, acentos mestizos y disputas por la circulación, el trabajo y los privilegios. “Hay que salir de las redes”, dice la activista feminista Marta Dillon. Tomar la calle de la lengua. Sostener la parada de las luchas que emergen. Si ya sabemos que Internet dejó de ser una interfaz para ser un ambiente que organiza y engloba todas nuestras actividades, ¿por qué no la abandonamos como abandonamos a nuestras familias para crear otras redes afectivas? Si ya sabemos que todos y todas podemos ser artistas, que editamos el mundo con las imágenes digitales que circulan, ¿por qué no liberamos esa fábrica sensible en todas las cosas: el género y el sexo, las instituciones y la organización política, la identidad y los cuerpos, los afectos y la lengua, la práctica artística y las formas de conocer? Steyerl nos invita a alucinar que las imágenes que se materializan pueden comenzar una revuelta ¿Cómo asumimos un proceso revolucionario de la “posproducción de masas en una época de creatividad colaborativa”? Si los videos juegos y las aplicaciones digitales hicieron que las computadoras fueran reales, que funcionaran como campos de entrenamiento de nuestros hábitos y comportamientos, y como “ficciones generativas” de guerras y mercados, ¿por qué los trabajadores y las trabajadoras del arte no actuamos imitando una realidad que todavía no existe y que la hacemos real a través de un juego con nuestras propias reglas artísticas?

 

Autonomía colectiva del arte

Ante la depreciación de las monedas y la inflación, el arte funciona para los inversionistas financieros como una “moneda alternativa” que les brinda cobertura. El dinero de los impuestos gravados se desvía a colecciones en puertos libres y a empresas fantasmas, desestabilizando el mundo del trabajo y, en consecuencia, a los productos brutos internos de muchos países. Pobreza, deuda, violencia y “fascismos derivados” son sus efectos. El valor de las obras del arte actual ya no surge de parámetros artísticos, sino de la especulación sobre su circulación en contextos determinados. Chismes y circulación de información privilegiada valen más que los desafíos de una materia plástica. “En la práctica, las industrias del arte desatan multiplicadores que luego son arrojados a los paraísos fiscales. Las economías del arte desvían inversiones de la creación de trabajos sustentables, de la educación y la investigación, y externalizan el costo social y el riesgo. Blanquean barrios enteros, pagan bajos salarios”, se despacha Steyerl, en su capítulo más feroz, autocrítico y politizado: “Si no tienes pan, ¡come arte! El arte contemporáneo y los fascismos derivados”.

Arte degenerado es entre las élites financieras, nuevamente, el mote para esas obras y performances inconvenientes, es decir, para cualquier enunciación artística compleja, desafiante con los privilegios que demore el tiempo de ganar dinero. Los protagonistas del mundo ya no son las personas ni sus obras, sino los mercados a los que hay que satisfacer y adorar. La manipulación de los mercados desfinancia y vacía el sector público y mixto, al punto de ahogar las posibilidades de producción artística. La metáfora del arte actual es la del encierro y aislamiento en el limbo de los containers en puertos libres de impuestos. La autonomía actual del arte no es la de la modernidad del siglo XX, según cranea Steyerl. El arte y los artistas del siglo XXI no se desvinculan ni se aíslan.

Artistas y trabajadores del arte del presente nos juntamos y nos organizamos. Asumimos que la mayor parte de nuestra producción artística ha sido subsidiada por nosotros mismos. Nos hacemos de trabajos diversos a nuestra práctica e ingresos mixtos para bancar las obras que hacemos y las vidas que llevamos. Nuestra autonomía trata de planear e instituir las agencias colectivas necesarias, para que las infraestructuras operativas de circulación de nuestras obras y acciones funcionen de manera diferente; inteligir el modo como nuestras decisiones reestructuren las ganancias de los inversionistas y favorezcan a la comunidades artísticas; repautar los contratos con salas, galerías, museos, editoriales, festivales, etc.; exigir los registros públicos de las transacciones y localizaciones de obras de arte  para impedir el lavado de dinero y la evasión impositiva; declinar vínculos con patrocinadores y mecenas y dejar de financiar la fabricación de armas y la distribución de la pobreza; proponer economías públicas, instituciones del arte, funcionamientos de mercado; organizar nuestra autosustentabilidad de modo colectivo; prepararnos subjetivamente para decir “no” a la coptación y precarización laboral de gobiernos, corporaciones y patrocinadores fascistas y usar ese tiempo para colaborar con colegas y organizar instituciones comunes.

Pasadas (y presentes) de rosca. Entrevista a Silvio Lang // Carolina Cobelo y Gabriela Cabezón Cámara

Lo primero que tenés que saber es que si vas a la Pasadas de Sexo y Revolución de Silvio Lang no vas a ver una obra: vas a una fiesta, un show, una marcha, un seminario fanzinezco de activismos sexo-desobedientes. Y sí, porque Pasadas de sexo y revolución te pasa y hace que te pase en el cuerpo. El show comienza con los culos parlantes, con los anos de los performers que te invitan a esta fiesta política de los cuerpos al canto “que se corra la bola, que se corra la bola, al patriarcado lo matamos con la cola” y, en sintonía con una genealogía de los movimientos de mujeres, travestis, trans, gays y lesbianas, te cuenta que toda revolución empieza con una revolución de las formas de estar, de las corporalidades, del deseo, de las subjetividades.

La política como fiesta es la tesis central. Si por un lado reivindica los dispositivos de lucha que tuvo y tiene la comunidad LGBTI en su historia de marchas y reivindicaciones, también es un diálogo con la coyuntura macrista. Al decir de Lang “si el movimiento macrista es antifiesta, nuestra fiesta es una forma de crear tramas grupales que nos permitan sacarnos de esa idea de derrota de la que creo que muchos de nosotros nos quedamos en este tiempo”.

Ese “sexo y revolución” que se cita en el título de la obra-fiesta es un manifiesto del Frente de Liberación Homosexual, el movimiento de putos revolucionarios de los 70 que tuvo entre sus líderes a bestias como Néstor Perlongher. Es la voz del marica.

Ese manifiesto y ese tipo de texto, esa voz, la de la marica, que está en extinción, ¿cómo se resignifica hoy?

-Hay una atmósfera actual que para mí es la reactivación de ciertos acontecimientos de los finales de los 60 y principios de los 70. Algo de lo que empieza a pasar en esa época con la revuelta feminista en Italia, con los textos de Carla Alonsi, Monique Wittig, la Unión Feminista acá, el FLH, esa radicalidad, ese pensar la figura de las lesbianas y los homosexuales varones como una figura revolucionaria para afectar todo el campo social. Mi hipótesis es que esa radicalidad se patentiza ahora. O sea: hubo un periodo de esconder esa figura, de esconder a la marica, a la torta guerrillera. Y la política LGTBI de los 80 es una política más relacionada con la conquista de derechos, la de los 90 hasta principios de los 2000 con políticas de la identidad y creo que hay algo que se reactiva ahora con el movimiento de mujeres, de lesbianas, trans y travestis que tiene que ver con ese proceso revolucionario. Esa especie de “destrucción del macho”, de esa figura del hetero-patriarcado, que se plantea en una serie de textos y revueltas de los 60 y 70, empezó a popularizarse ahora.

Sí, llevó todas esas décadas que el macho heteropatriarcal pueda ser atacado. Y además desde una posición tan radical. 

-Eso es lo que me interesaba. Recuperar esas energías de radicalización y cómo esas figuras de radicalización de la revolución sexual funcionan hoy. Creo que ahora tiene que ver con lo que pasa con las pibas y con las travas, no tiene que ver con los gays asimilados ni con la marica en extinción ya. Es como si hubiera una especie de trama afectiva histórica que se activa hoy con las pibas y con las travas. Y con las travas o personas trans como lo que viene también. Empezar a pensar ahí una abolición del género, de las categorías de sexo, como lo están planteando algunas activistas travas y trans, algo de descategorizarse en los términos de mujer-hombre, al menos como categorías sexuales, implica otro tipo de corporalidades, otro tipo de modos de vida y modos de existencia que tiene más que ver con una utopía trans, como dice Marlene Wayer. Pensar lo trans, como dice Marlene, como empezar a deshacerse de esas categorías, o sea lo trans no tanto como una corporalidad trava sino como el proceso de deshacerse, de dejar de ser hombre o dejar de ser mujer. Esto es medio complicado pensarlo en relación a los movimientos radicales anteriores porque entonces no había una alianza de las maricas y las tortas con las travas. Más bien eran raleadas. Pero si uno lleva a su extremo los planteos de esas textualidades de esa época, el paisaje es trans.

Pasadas de Sexo y Revolución también habla de la coyuntura la fiesta. Se sigue cantando lo que se canta en la calle.

-Hay una caracterización que hacen unos amigos del colectivo de Juguetes Perdidos, que dicen que el macrismo es un movimiento anti-fiesta. Además, por un lado hay toda una historicidad de la política como fiesta en la militancia sexual disidente, como esto que la izquierda no ha podido asumir, ese lugar de la corporalidad y materialidad del propio cuerpo militante. Me parece que en los activismos sexo-desobedientes eso siempre está presente y que se crean una serie de dispositivos de imaginería político sexual donde la fiesta está incorporada: las orgías, el artificio, el humor, la escritura, en los encuentros. En Pasadas… hay un recuperar esas experiencias festivas de los activismos sexo-desobedientes para repensar hoy la tristeza macrista.

¿Cómo es eso?

-Si el macrismo es un movimiento anti-fiesta, cómo nosotros nos reapropiamos de nuestros espacios y nuestros paisajes de goce y de placer y de conexión de los cuerpos. Cómo creamos tramas grupales que permitan sacarnos esa idea de derrota de la que creo que muchos de nosotros nos quedamos en este tiempo. Por eso lo planteamos como un show fiesta, tiene que ver con un ciclo que nosotros veníamos probando, “Entrenar la fiesta”, probábamos con el grupo una protesta al monopolio de la fiesta y del mercado de la noche, cómo se puede plantear otro tipo de fiesta más en relación con lo tribal, lo orgiástico, lo erótico que con el semblante social y con el consumo.

Y la reivindicación del ano, el ano como arma, ¿cómo juega en todo esto?  

-Esto está muy influenciado con el libro de Hocquenghem El deseo homosexual y el Anti-Edipo de Deleuze y Guattari, pero sobre todo El deseo homosexual, donde el plantea una relación entre la familia, el capitalismo y el ano. Cómo el ano puede ser un arma de política igualitaria, cómo desde el ano somos todas mujeres. Si vos desplazás el foco de la genitalidad a un órgano como el ano, que habitualmente desde el psicoanálisis es el órgano de la sublimación, y lo empezás a utilizar para otras prácticas: si el foco se corre desde la genitalidad al ano, cualquier órgano se pude conectar con cualquier órgano. Entonces ahí se plantea otro tipo de erotismo y otro tipo de conexiones corporales más allá de las categorías de hombre-mujer. El ano rompe también con las categorías de pasivo y activo: puede ser un ano penetrante, penetrador.

Hay una especie de suave pedagogía en la fiesta.

-Tiene algo de formativo la obra, como de pedagógico, de una pedagogía política del activismo sexo-disidente, o sea volver a traer armas, prácticas o dispositivos de lucha de estos activismos y también tiene que ver con esta idea de la fiesta, como un espacio de producir grupalidad. Hay un factor determinante que es el público. Casi todas las intervenciones de los performers son en relación al público. Para mí es interesante cómo componer grupalidad hoy. Pensar ese tipo de colectivos provisorios o colectivos efímeros que permiten subjetivaciones, que permiten modos de individualizarte o de hacer cosas que solo no podrías hacer, sino con otros.

Además la sensación del público es que vas a una fiesta como una continuidad de una marcha.

-Empezamos a pensar en esta obra un 8M. Interrumpimos un ensayo para ir todos a la marcha y estaba la carroza de chiques Kidz, y armamos un micro clima dentro de la marcha, de mucho agite, muy erótico, como aparece en la obra. En ese momento estábamos ensayando Diarios del Odio, cómo enlazar la política, el feminismo y la fiesta en el ámbito de la marcha. Hay algo ahí de cómo se transverbera en esos ámbitos: la política, la marcha, la fiesta, la practica escénica, y cómo armar tramas con todos esos planos. En la obra también esa masa funciona a veces como un coro tradicional a modo griego pero a veces funciona como una marcha, y a veces están muy organizados como si fueran ninjas, o luchadores arcaicos y por momentos son cuerpos absolutamente desquiciados.

Lo desbordado es lindo para pensarlo también en relación a la marea feminista. 

-Este feminismo que estamos conociendo ahora trae una idea de calle bastante festiva, trastoca las imágenes que tenemos de lo que es marchar, que ya no es una marcha sino que es una ocupación del espacio de estas maneras, rancheando, haciendo un fogón, un encuentro; hay ferias, se come, se toma, te montás. Es una actualidad que están marcando algunas formas que dejan de ser y otras que están apareciendo. Es una obra para los aliados, para generar alianzas, para los que estamos percibiendo las cosas de un determinado modo, para incrementar esa masa.

 

No es una obra de denuncia…

-No, es más bien un planteo, un interrogante de cómo generamos más grupalidad. Y cómo creamos un espacio tiempo para esa grupalidad. Son muchas personas las que trabajan acá, por supuesto gratis, para nosotros ya la situación de lo que está pasando en el proceso creativo con ese grupo es un montón, o como cada une se está subjetivizando ahí. Pensar la práctica escénica como eso, más que como hacer obras. No es tanto la idea de hacer obras, sino de componer grupos efímeros. O sea pensar más la práctica escénica como una micro política más que como una producción de obra.

Es una fiesta que es un llamado.

-Sí: no están todas las voces ahí, porque no hay una idea de representar las voces, hay una idea de asociarse, de alianzas. Ni yo ni nadie tenemos la capacidad, sería una postura re hetero, de unificar o de totalizar todas las voces. Sino de pensar qué voces se pueden asociar. Hay una particularidad de la creación de la obra que pasa por distribuir la dramaturgia. Yo primero armé un corpus de materiales de los activismos, después se complementó con un taller que hicimos con Nico Cuello y Mariela Scafati sobre la historia la imaginación político-sexual y cartelismo, y ese dossier lo fuimos compartiendo entre los performers. Hice una distribución posible para cada subgrupo dentro del grupo; entonces la dramaturgia fue un poco generada por cada subgrupo como si fuera una banda de música que armaron sus canciones y sus intervenciones performáticas.

Es interesante que sean performers tan jóvenes.

-Son una generación distinta a la mía, o sea, yo tengo 38 y ellos tienen en general veintipico. Editaron cosas que yo no hubiese editado, para mí fue importante descentralizar mi voz dramatúrgica y coreográficamente también fue así. Así se construyeron por ejemplo las bandas musicales que nosotros les pusimos unos nombres provisorios que son dúo marica, que son los chicos que trabajan los textos del FLH y el GAG, después están las lesbofeministas que laburan con textos de Wittig y de Fugitivas del Desierto, con consignas de Ni una Menos. Después hay unos que llamamos heteros en deriva que laburan con otros materiales, después están Las Travas que laburan con textos travas, después hay un pibe que labura con El manifiesto cyborg y con textos de Effy. Y después están todas estas acciones de la masa, que tiene que ver con cómo asociar prácticas que en un principio son improbables con la militancia y con el activismo. Trabajamos con esas imágenes que no son las imágenes de un artista, sino que son prácticas, son enunciados que están circulando por todas partes. Un poco Diarios del Odio también era así. Cómo correrse de ese lugar de sujeto de la enunciación y plantear una enunciación más colectiva. ¿Qué hacemos con eso, no? ¿Qué nos está pasando ahora?

Estreno: sábado 1 de septiembre a la medianoche en el Teatro El Cubo, Zelaya 3053

 

Pagina/12 Soy

 

¿Dónde van los ortibas cuando esto no da para más? // Diego Valeriano

¿Dónde van los ortibas cuando esto no da para más? ¿Dónde se refugian? ¿Qué leen? ¿Qué harán ahora las señoras que ya no podrán viajar al exterior? ¿De qué van a hablar en esos almuerzos insulsos? ¿De qué se reirán ahora los que se reían con la muerte de Santiago? ¿Cómo justificarán sus días los que no escabian, las que no fuman, los que ni saben qué es reírse porque nunca colaron? ¿Qué hará el gordo de la rotisería cuando caiga en la cuenta de que los pibes que odia trabajan para la tercera?

¿Dónde esconden su miedo? ¿A quién le piden bala? ¿Quién la defiende a ella de todo eso que hay en la calle, sí, a ella, que trabajó toda su vida, que cobra una mierda de jubilación y que cada vez que sale del cajero tiene que mirar para todos lados para que no la roben? ¿Cómo se toma el local en Castelar cuando sabe, y bien que lo sabe, que lo que venga le va a recaber? Cuando bien sabe que la prepotencia plebeya a fuerza de escabio, cumbia y piedras va a hacer caer su gobierno mustio y derrotado, sus ideas del siglo pasado. Cuando sabe que lo único que le queda es solo aguantar cada día que le queda y seguir pagando la escuela.

¿Cómo hará para seguir viviendo en el barrio la doña que sintió un alivio enorme cuando la policía dejó de proteger al puntero que vive enfrente? ¿Cómo le explica a su nieta que no venga más, que volvió a ser peligroso? ¿Cómo vuelve a soportar la prepotencia y las palabras de ese negro de mierda que no la dejaba en paz?

¿Qué venganza temen las que pidieron venganza, los que tienen el 911 fácil, las que miran la vida desde un patrullero? ¿Cómo explicarán su vida triste los que odian la vagancia, ahora que ya no hay nadie en quien confiar, ahora que la vagancia es una ideología que se metió de manera porosa en la vida? ¿Cómo harán cuando caigan en la cuenta de que no importa lo que hagan, que lo que hagan es lo de menos, que su problema es que creen en cosas muertas, en vidas tristes, en ideas caretas que solo les sirven a otros?

¿Cómo aguantar la música fuerte que viene de las vecinas, las canciones, el humo dulce y los gritos ahora que entiende que ya casi está todo perdido, que no hay refugio posible, que no hay a quien llamar? ¿Qué les queda por hacer ahora que las pibas ya no respetan, que los guachos cada día son peores que los guachos de antes que ya eran malos, que las maricas son cada vez más orgullosas, que el consumo libera, que cada esquina es un campo de batalla?  ¿Ahora que caen en la cuenta de que su pobre forma de vida está siendo derrotada?

Dime cómo hablas y te diré quién eres // Natalia Aldrey

El uso de la “e” por parte de las y los jóvenes generó un revuelo mediático e institucional donde la lengua y su corrección están en el centro de la escena. ¿Qué se juega en el uso y defensa del lenguaje inclusivo? Apuntes y reflexiones de una feminista y educadora popular.

Tenemos muy en claro que no por hablar con lenguaje inclusivo somos feministas ni revolucionaries, así como tampoco creemos en ese falso argumento en el cual el lenguaje que intenta ser inclusivo, amplio y diverso termina siendo excluyente para las mayorías y exclusivo de algunos sectores sociales o de les feministas.

Entendemos que es una batalla más que estamos dando para descolonizar nuestros cuerpos, identidades y deseos y que si bien está empezando a popularizarse, aún falta mucho. Ahora bien, cabe que nos preguntemos: ¿somos conscientes de que el lenguaje representa oralmente mucho de lo que pensamos, sentimos y hacemos individual y colectivamente? Y que ¿el lenguaje es un campo más que estuvo y está sometido a distintas colonizaciones?

El lenguaje a través del tiempo

Con el paso del tiempo, las lenguas se fueron modificando, fueron mutando a causa de quienes las usan, de quienes las hablan. En este sentido, las migraciones han hecho lo suyo también: han dado origen a nuevas lenguas, que si bien comparten raíces en muchos casos, son muy distintas y originan los dialectos por ejemplo. Esto nos lleva a pensar que las lenguas están en movimiento, se van modificando y adaptando por quienes las usan. No son algo estático, son movimiento.

Por ahí andan diciendo que el lenguaje está íntimamente relacionado con la cultura y los cambios de época, y que responde a las necesidades de cada momento histórico. En este sentido, no debemos olvidar también que muchas lenguas han sido colonizadas. El resultado es visible, por ejemplo, en Nuestramérica, donde les pobladores fueron colonizades en todo sentido, y aunque da para largo y tendido, pensemos en clave de la colonización del lenguaje. ¿Por qué en Nuestramérica hablamos castellano, portugués, inglés y francés? Está muy clara la imposición y el avasallamiento que se sucedió en estas tierras y creemos que no hace falta ahondar en la cuestión, pero sí es necesario poder repensar a partir de esta pregunta la magnitud de la colonización en nuestras culturas, nuestros cuerpos, nuestro lenguaje, y nuestros territorios.

Para repensarlo a partir de elementos actuales, un claro ejemplo de esto es la introducción en nuestro lenguaje de palabras en inglés como por ejemplo: mail y link. Este caso es una continuidad del proceso de colonización que se está llevando a cabo desde hace décadas. Proceso que tiene como eje la intromisión, que a veces parece ingenua, de la lengua y la cultura yanki en Nuestramérica.

A partir de aquí, teniendo presente las distintas colonizaciones que sufrieron nuestras lenguas con el paso del tiempo, nos ocuparemos de otro aspecto del lenguaje. Estamos en condiciones de afirmar que las lenguas han sido históricamente las herramientas de comunicación de los pueblos, fueron y son formas en las que nos expresamos con otres, pero también es necesario analizar cómo es que pensamos en función del lenguaje que hablamos.

Pensar para seguir deconstruyendo

¿Qué quiere decir esto? Entendemos que cuando pronunciamos palabras, antes tuvimos que pensarlas y procesarlas, ya sean ideas o sentimientos y sensaciones. Es algo así como: primero siento y pienso y luego lo digo, lo expreso oralmente.
¿Cómo hacer para no marearnos en todo este embrollo? Sencillo, prestemos atención a cómo nos comportamos nosotres mismes en este punto. Ahí podremos ver cómo cuando queremos decir algo primero lo pensamos. Sólo que ya estamos automatizades y muchas veces no lo percibimos.
En este punto me detengo: ¿Entonces no será que incluso hacer el esfuerzo por incorporar el lenguaje inclusivo hasta nos ayude a trabajar la perspectiva de géneros? Porque para poder hablar de una forma que no estoy acostumbrade tengo que esforzarme, equivocarme y hasta reirme en el intento, pero todo ese trajín hace que lo tenga presente, y en ese tenerlo presente lo pienso y lo proceso, lo incorporo. Aquí tenemos un primer punto a favor y es que ese es uno de los objetivos del lenguaje inclusivo: que todes incorporemos la diversidad y la incluyamos en el discurso, en el lenguaje y que finalmente logremos incorporarlo colectivamente en el pensar, sentir y hacer.
Sabemos que hay resistencias a lo nuevo, sabemos que hay resistencias a lo diverso. El lenguaje es sólo un paso para la deconstrucción del conservadurismo social y estamos convencides que el lenguaje expresa nuestro posicionamiento político.
En estos últimos meses se ha visto una explosión de gente joven, sobre todo, hablando con la “e”, y esto generó oposición obviamente, mucha gente resistiendo a este cambio en la forma de hablar y expresarse. Gente que suele estar en contra de todo lo nuevo, es como pánico y locura frente a lo que no conozco. Las doñas y los dones diciendo “que mal hablan estos chicos”. Y es entendible, pero no aceptable. Acá hay algo fundamental y es que no porque genere resistencia y risas debemos abandonar la ardua tarea de educar para el cambio social. Esto parece algo menor, pero creemos que no lo es. La forma en la que nos expresamos dice mucho de nosotres como sociedad y a este cambio en el lenguaje hay que darle mucha bola, porque está representando un cambio de época, un cambio que está enraizado en el proceso de descolonización de nuestros cuerpos, identidades y territorios. En este punto el feminismo popular y disidente tiene mucho trabajo por delante.

Estamos viviendo un período de visibilización y lucha por los derechos postergados para mujeres, lesbianas, trans, travestis y toda la comunidad LGTBQ. Un período que comenzó hace muchos años, pero que está en el punto máximo de ebullición actualmente. En toda esta avanzada, el rol del lenguaje se presenta como fundamental. Lo quieran o no. Y como bien expresamos al comienzo, el lenguaje es una herramienta del pueblo para comunicarse y expresarse, es una herramienta en movimiento y que entendemos que debemos apropiarnosla y darle el sentido para que realmente nos represente. Pero sobre todo, debemos resaltar que los puentes de sentido y empatía que tendimos con la lengua se han perdido por nuestra incapacidad de verla como algo más que un instrumento de comunicación. Recuperar nuestras identidades tiene que ver con esto. Debemos tener la capacidad de salirnos de la lógica binaria instalada, una lógica heteropatriarcal que no ha hecho más que invisibilizarnos a su paso. Debemos pensar al lenguaje inclusivo en clave de derecho y no tomarlo para la chacota.

Este es el dilema, ésta es la discusión, ¿qué hacemos frente a esto? ¿Nos cagamos de risa de la gente que habla “como el culo” o le metemos pata y nos agiornamos?

 

Marcha / Una mirada popular y feminista de la Argentina y el mundo

Ante el saqueo, saqueos // Diego Valeriano

Hay veces que alguien usa algunas palabras bien piolas como trincheras, y se moviliza bajo algunas banderas por si pasa algo, por si alguien arranca haciendo mundo, y se hacen fiestas como molotovs para voltear a los ortibas. Hay veces que no alcanza, y es momento de quemar bondis como bombas de humo y batirnos en retirada.

De la manija que estamos teniendo diciembre está acá nomás, después de Santa Rosa, y decí que la lluvia y el frío borra un poco el entusiasmo y nos corre de la calle un poquito. Ya casi nadie va a poder frenar los rumores que vuelan, los posteos, los audios de helicópteros, los wasap invitando, los comentarios de las mamás en la puerta de la escuela, la manija de los pibes, la venganza de las pibas.

Unos guachos miran de reojo al Carrefour, lo miden, lo calculan, murmuran y por ahora siguen su camino. En su ADN hay diciembres, venganzas, toma de comisarías, linchamientos. En sus pupilas hay muchas más imágenes del futuro que lo que la política les puede dar. No saben cuándo pasó ni qué pasó. Saben quienes son sus enemigos, saben que algo murió para siempre, y lo saben por algún motivo que les es propio.

Ante el saqueo, saqueos como una ley propia, como fiesta y muerte. Como fuerza liberadora, enfrentamiento, hito, escracho en la piel, como única forma de resurrección.

Ante el saqueo, saqueos, porque siempre es lindo tener lo que no se tiene: una historia que contar, otro teléfono, la marca de los perdigones en la espalda, una tele bien piola, mucho escabio, un corazón que explota. Una nueva oportunidad de darle sentido a la existencia que tenemos.

 

Autonomía artística – Autonomía Política // Silvio Lang

Estreno de Pasadas de sexo y revolución, de la Organización Grupal de Investigaciones Escénicas –ORGIE 

La producción escénica en tiempo de Macri es más adversa que en otros tiempos. Conservadurismo de las élites culturales; inflación económica; desfinanciación y vaciamiento del sector público; política antifiesta popular; agresividad y odio social en los vínculos por la precarización laboral, la violencia institucional y la pobreza; éticas aislacionistas y abandónicas para salvarse de la malaria y la mala onda social.

Como dice la compañera Flavia Dezzutto, en el Clinamen del martes pasado con Diego Sztulwark, lo mejor que hay en este momento en la Argentina es: la activación de la “mediación política” en los movimientos populares; la horizontalidad política del movimiento feminista y de disidencia sexual; y la ocupación de la calle para dirimir problemas.

Atravesados por este presente, desde ORGIE, apostamos este año a realizar una obra genealógica que remonte las fuerzas de transformación de los activismos sexo-desobedientes, en Argentina, desde la década de 1970 hasta nuestros días. Es en esos activismos que ponen la sexualidad en el centro de la política que reconocemos un poder de mutación de las prácticas de descolonización y de organización de redes afectivas que funcionan como contrapoder al hetero-capitalismo obligatorio y, a la vez, como fábrica social de otras formas de vida.

Decidimos con Pasadas de sexo y revolución trabajar en escena con 45 performers más todo un equipo técnico-artístico que reúne a más de 55 personas organizándose. No fue tanto hacer una obra espectacular, aunque sea titánica por su exceso de producción en condiciones muy precarias, si no una obra de subjetivación de grupo. La apuesta antimacrista de individualizarnos no solos, sino en grupo. Compartimos y redistribuimos: la formación o propedéutica para la obra con muchxs performers y docentes invitadxs; los materiales textuales y sus reescrituras; la elaboración y realización de los planos de la composición escénica; los procesos de subjetivación del grupo desde prácticas de sensibilización, festivas y asamblearias; la financiación mediante fondos mixtos y comunitarios; la discusión y elaboración de los cuidados, los afectos y las relaciones con otras redes. Esa fue la experimentación artística titánica y no la obra. Las obras importan en tanto su capacidad de ficcionalización para producir tecnologías sociales o modos de hacer, ver, leer, escuchar, conocer, vincularse, habitar…

Esta obra tiene más de marcha de calle y de grupo sujeto en lucha que de espectáculo. Es un show y festejo de los activismos y la militancia, de sus enunciados y dispositivos políticos-poéticos. No están todas las voces, ni representamos a ninguna, más bien, hacemos alianzas y cantamos con las que sintonizamos y encontramos un ritmo en este momento. Cantar las canciones y entrenar los movimientos de un pueblo que viene.

Decimos que es una obra de alianzas que se están haciendo y muchas por hacerse. No es el exorcismo político de Diarios del odio, que nos fue tan necesario. Estamos pasadas ya, del sexo y de la revolución de los años 60 y 70. Y a la vez, presentimos que la radicalidad política de aquellas mujeres, tortas y maricas se actualiza con el feminismo popular actual y comienza a entreverse, recién ahora, una utopía trans. También, estamos pasadas de enfiestarnos pese a la política-macrista-antifiesta. Y también, son las pasadas, como se dice de los ensayos escénicos, de la política como fiesta, que aprendimos con los activismos sexo-desobedientes. Pasadas de sexo y revolución es un  abrazo amplificado, -el “acuerpamiento”, como dicen las tortas-, de lxs cuerpos raros que hemos sufrido y estamos sufriendo esta humanidad y que no queremos más.

Es por eso que esta experimentación que nos planteamos como “autonomía artística”, en tanto afronta los umbrales de transformación del presente y sus procesos de subjetivación es pausible de ser considerada en el campo de la «autonomía política».

Crítica o cinismo: una autocrítica desde la performance contemporánea // Lucía Naser

El artista cínico-pseudocrítico-contemporáneo es así:

Se porta como una mierda con un mundo que no le interesa en lo más mínimo salvo para fines extractivistas y se ríe de eso por que «es artista»;

Se ríe del arte porque le permite ser una mierda y todavía vender su bosta y vivir de eso;

Se ríe de un público que, desorientado porque la mayoría de las veces los sentidos políticos de la performance contemporánea son ininteligibles, intenta igual con generosidad ver ALGO crítico en su obra aunque tenga que inventárselo;

Pone la palabra anticapitalista en alguna frase para que suene como que si le das una vuelta de tuerca es re de izquierda lo que está haciendo;

Pone la palabra doctorado e investigación en alguna parte como para que el manto de legitimidad cubra la transparencia de su maldad;

Generalmente viene del norte y te lo presenta como la última tendencia (que si no entendés es porque sos una pobre subdesarrollada analfabeta del lenguaje de las sutilezas);

Nombra y exhibe todas y cada una de las relaciones de poder implicadas en esta cadena de sarcasmo;

Te invita a brindar por ellas.

NO GRACIAS

Creo en otro potencial político del arte que no pasa por sentirse subversivo descorchando champagne mientras el mundo se viene abajo y lo sabemos pero bueh. Creo que el artista cuyo mundo es su ombligo le hace mal al arte y al mundo y no quiero ni querré nunca ser parte de su fiesta. Me he visto alguna vez cerca de esa postura, no me es ajena y por eso me perturba y quiero mudarme lejos de ella. Quiero trabajar para que la pensemos juntas y paremos la inercia que nos empuja y premia cuando nos movemos hacia ella.

Algunas pistas y cuerpas sueltas y fragmentadas me hacen aún creer que sí podemos expulsar a esta macropelotudez de la residencia permanente que se organizaron en las oficinas centrales del “arte” y de mirarnos un poco desde las periferias. Y sobre todo asumirnos como parte – y no aparte – de esto que llamamos mundo y que está bien hecho mierda. Primera constatación: no somos re cool y super críticos sino que también estamos en el horno amigas, contemporáneas, artistas, bailarinas. ¿Pueden olerlo?

Como artistas del cuerpo y la danza – que es en otras palabras acción en tiempo real – nuestro trabajo existe en la tensión entre actos y discursos. Sin embargo el abordaje discursivo de las acciones nos pone en riesgo de  pensar que señalar las cosas es suficiente; que con apuntar a las relaciones, las realidades y las problemáticas estamos salvades. Que ese es nuestro aporte al mundo y eso basta. Que no pueden pedirnos más, sería mucho pedirnos más.

Discordo.

Estamos en tiempos que exigen mucho más de nosotres. Tiempos que precisan de cuerpos en acción y no sólo acción escénica. La teatralidad no está solo en los palcos sino en el mundo y es allí – y desde allí – donde las urgencias nos piden implicarnos. Y no hablo de intervención urbana como quien sale a hacer una donación de su magia al espacio público y se vuelve al estudio regocijada sino que hablo de IMPLICARNOS. Incluso si eso involucra atacar nuestra herramienta y nuestra burbuja de privilegio.

No basta trabajar con el cuerpo y con arte para ser críticos

No basta con nombrar las relaciones de poder en las que estamos insertos para ser críticxs

La derecha ya hace todo eso.

Y su cualidad es la transparencia: nombrarlo todo, visibilizarlo todo y así – luego de los 3 minutos de angustia – naturalizarlo todo. La banalidad del mal.

Si no ponemos atención a esto seremos patéticas creyendo que somos irónicas. Seremos prosistémicas creyendo que somos contrahegemónicas.

Ni los cuerpos ni la creación son esencial, ontológicamente críticas sino todo lo contrario; es a través de ellas que el neoliberalismo cada vez más se expande y se disemina. El neoliberalismo hizo su revolución de lo sensible y fue silenciosa y hoy se llama neofascismo. O viejofascismo, no sé.

Los cuerpos y la imaginación son los campos afectivos cada vez más dominados por el neoliberalismo.

Por esto nuestra autoreflexividad no puede parecerse a los relatorios que entregamos junto a las rendiciones de cuenta de los fondos que financian nuestros proyectos. No puede parecerse al resumen de nuestras obras que adornamos e inflamos para seducir a los sponsors y ganarnos la residencia.

Si de veras creemos – y afirmamos – que la identidad no es más que es la reiteración de actos performativos, participar de los ciclos cortos, repetidos cíclicamente, competitivos y extenuantes de la captación de recursos y venta de proyectos le hace algo a quiénes somos y qué tipo de intervención está haciendo nuestro arte en el mundo. Es por eso que me asusta que la distancia entre la autocrítica y la autopresentación de nosotras mismas en las páginas de los proyectos está desapareciendo. Al principio eran un medio para otro fin; ahora se están volviendo la cosa en sí misma.

Autoreflexión es mirarse y estar dispuesta a cambiar. A verse en contexto y dejarse ver, incluso las debilidades. Autocrítica es verse en el mundo y desde los ojos de otres que no entienden la “importancia de nuestro arte”. Es escuchar. Autocrítica es abandonar la soberbia que relata nuestra agencia para vernos también como productos de un entorno en proceso (un proceso que tiene un norte que está fuera de nuestro control). Autocrítica es también eso que somos pero no elegimos.  Y duele.

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