Anarquía Coronada

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Tomar las tomas

Por S.R.L.

No les importamos. Esta más que claro que lo que le ofrecemos no tiene la menor importancia ni el más mínimo valor para ellos. Sus pelos, sus tatuajes, los piercings, sus consumos, sus gestos, sus lenguajes, sus modos de grupalidad no guardan ni la menor referencia con las formas obsoletas con las que los invitamos a formar parte del (nuestro)  mundo.
No es rebeldía ni rabia, no: es simple indiferencia. Y con algo de razón: somos la primera generación de adultos que no tenemos casi nada interesante para pasarles a las que vienen, es hora de admitirlo. Las formas en las que nos socializaron –que son las que pretendemos imponerles ya no sirven, no dan la clave para vivir estos tiempos.
Entre los escombros de los dispositivos heredados (familia, escuela, trabajo) podemos ahora vislumbrar sus piezas desmembradas, sus operatorias más escondidas. Ya dejó de ser un secreto que las instituciones fueron lugares de encierro para introyectar la jerarquía y la obediencia, para producir cuerpos dóciles y útiles para la acumulación necesaria del capitalismo emergente. La disciplina que evita que el hombre sea el lobo del hombre era la clave para vivir en sociedad que se organizaba en torno al (a la explotación del) trabajo: el Estado y sus instituciones fueron los garantes de esta “pacificación” forzada. Claro que también la revuelta fue siempre el gesto libertario que intentó clausurar o limitar esa enajenación programada de la vida.
Es por eso que la escuela no fue nunca el lugar del encuentro, ahora lo sabemos. Un encuentro es siempre la ruina de la expectativa, el exceso de lo que pensamos debe pasar, la realidad como el plus y la devastación de nuestras previsiones, y la escuela con su sistema de roles y posiciones fijas fue siempre todo lo contrario. Esto no quiere decir que no haya habido encuentros, pero estos no fueron más que “daños colaterales” en el intento de doblegar almas para reconducir energías a la lógica mercantil. Por suerte las presencias, muchas veces desbordaron las re-presentaciones, pero el dispositivo no estaba pensado para el encuentro sino para el sometimiento. Después de todo, en el mundo adulto había que dejarse doblegar al mando del capital por unas cuantas horas, y esta guerra que se desataba alrededor de la fábrica era más eficiente y menos costosa y riesgosa moralizarla en temprana edad, que debatirse en lucha en su interior, por eso es que  llegamos a decir alegremente que: el trabajo dignifica, mientras marchábamos hacia (nuestra) explotación.
En tiempos donde el capitalismo es la realidad, donde el modelo de la guerra ya no es la fábrica sino simplemente la vida, esta operación se vuelve obsoleta. Esta nueva guerra debe ser entendida en el marco de que el proceso de trabajo que se ha generalizado.
La movilización de la vida por el capital ya no necesita disciplina sino aspiración de consumo, vivir. La vida endeudada que tenemos nos obliga a inventarnos las formas en las que nuestras vidas van a ser vividas (al mando del capital). Los guardianes del orden están (estamos) en retirada, porque la guerra ya está desatada.
Nos lo dicen sus cuerpos joviales que portan mucha más energía e información de este tiempo que los nuestros, o por lo menos, no tan contaminados del que ya fue.
Estamos desorientados. Mientras algunos intentan recomponer el barco averiado con curitas o sacar el agua con una cuchara, otros vivimos la experiencia del naufragio. Ahora que estamos en el desastre, no nos queda otra que afirmarnos en él o perecer.
Hace unos días los chicos volvieron a tomar las escuelas. Tanto no les importamos que cada tanto nos “exportan” a nuestras casas. Patéticamente el rector del Nacional Buenos Aires (emblemática escuela cuna de la intelectualidad argentina) se indignaba en los medios, impotente, cual niño que le sacaron el juguete: “no podemos entrar a nuestras escuelas” explicaba.
Esta mítica escuela, es hoy la insignia de la guerra desatada. No solo ultrajaron el templo del saber al tomar la escuela, sino también el templo de la fe, (hicieron destrozos en una iglesia contigua). ¡Estamos perdidos! En tiempos “sólidos” éramos los adultos los que mandábamos a las casas a los chicos a hacer la tarea y a los que se portaban mal. Las conductas “desviadas” eran sancionadas y los chicos eran conminados a reflexionar sobre sus acciones (y a reconducir sus energías a la lógica racional del valor), mientras la escuela quedaba incólume.

Hoy somos los adultos los que nos mandan a las casas, a hacer la tarea y a pensar como son las cosas. Y aquí me encuentro, intentando hacer los palotes…

De la serie: “La guerra por el consumo”: Poema conjetural

Por Diego Valeriano


Zumban las balas en la tarde última. Hay viento y hay cenizas en el viento, se dispersan el día y la batalla deforme, la victoria es de los otros. Hay dos killers enchalecados y fierros por todos lados.
Las doñas no entienden bien cuál es la pelea y la quiosquera pone los tablones en la ventana para evitar que las balas se metan. Vencen los bárbaros; los gauchos vencen; vencen los transas.
Los Rosales superados en número y actitud se saben perdidos, huyen hacia el fondo de Zavaleta por arrabales últimos. Como aquel capitán del Purgatorio que, huyendo a pie y ensangrentando el llano, fue cegado y tumbado por la muerte. La noche lateral de los pantanos y zanjones acecha y demora.
En estas guerras, ya lo dijimos, no se toman prisioneros. Facundo está rodeado -las befas de su muerte, los jinetes, las crines, los caballos- se ciernen sobre él… Ya el primer golpe, ya el duro hierro que le raja el pecho, el íntimo cuchillo en la garganta.
Aparecidos como del humo de la quema, Jorge y Laprida entran a los tiros para rescatarlo. Las balas salen en todas las direcciones. El momento es de ellos, pero afecta todo el territorio
Cuando la bala perdida atravesó su cuerpo descubrimos que Kevin al fin se encontraba con su destino conurbano. A esta ruinosa tarde lo llevaba el laberinto múltiple de pasos que sus días tejieron desde un día de la niñez.

En el espejo de esta noche alcanzo su insospechado rostro eterno.

La «banalidad del bien». Sobre «Hannah Arendt» (2012), de Margarethe von Trotta

Por Rosa Lugano


El pensamiento es un diálogo solitario que mantenemos con nosotros mismos, es una potencia que caracteriza a lo humano, una fuerza que disponemos y en la cual podemos cifrar nuestras esperanzas. Cuando el ex jefe nazi Eichmann, secuestrado en Buenos Aires hace décadas por la policía secreta israelí, fue sometido a juicio en Jerusalén, Arendt, filósofa dilecta de Heidegger, decidió asistir al juicio ¿y qué encontró? Una verdad infame sobre un hombre, otra sobre un pueblo. Las llamó “mal”. Y al mal lo asoció con una defección del pensar.
El juicio no fue un acto de justicia. Allí no se juzgaron los hechos cometidos por un hombre, que merecía morir en la horca. Sino a un sistema, que había salido inmune de Nüremberg. Eichmann es, a los ojos de Arendt, el perfecto ensamble entre el burócrata y el perverso. El mal radical se da en él como intento de substraer lo que en él podría haber de decisión personal, de “pensamiento”. Eichmann no es una figura demoníaca, sino un pobre diablo, un “don nadie”. Y lo peor del nazismo es el modo en que derrumba entre los suyos, pero también entre las víctimas y –atención!: en la humanidad toda (¿tal su auténtico triunfo?)- el pensamiento, la capacidad de pensar. Una catástrofe tal del pensar se da en la obediencia a un mando, a una estructura, o a una situación de hecho.
Cuando la judía alemana Arendt publicó este tipo de cosas en el New Yorker se la quisieron comer. Los ataques no se hicieron esperar y fueron virulentos. Y es que otra de sus sentencias apuntaba directamente al pueblo judío: sus líderes pactaron con Eichmann y su organización permitió que millones de judíos subieran pacíficamente a los trenes. Desorganizados, los judíos no podrían haber sido asesinados en esas cantidades, sostiene Arendt. La pregunta que se nos impone es: ¿cómo pensar ese espacio que en plena barbarie se abre entre la resistencia (no siempre se puede resistir) y la abierta cooperación con el desastre?
No apuremos respuesta alguna. Meditemos la radicalidad de la pregunta. Olvidemos a esa camarilla de berlineses fumadores, que preferían no tener hijos para vivir en la intimidad de sus atormentadas almas de sobrevivientes su pasado heideggeriano (o bien comunista, como sucede con Heinrich) y su envidiable presente (en las universidades de un “paraíso” como EE.UU: ¡imaginen lo que hubiese sido de esta pandilla en la URSS de los años 60!).
No es la exaltación del intelectual liberal (a la Sarlo) lo que aquí interesa, sino algo bien diferente. Tampoco se trata de volver sobre el remanido “Caso Heidegger”, soñado por su joven amante (Heidegger aparece como un recuerdo, como un pantano afectivo irresoluble, pero cargado de riquezas para su propia meditación).
No. Se trata de otra cosa. Al menos vista desde la Argentina actual. Lo que introduce la película es una denuncia clara y oportuna de la “banalidad del bien” en la que vivimos. Empleo esa expresión para dar cuenta de la volatilización de la experiencia del pensamiento que prolifera en la venerable conjunción de una buena conciencia fundada en los ademanes de los derechos humanos, la esmerada satisfacción de la situación personal y familiar de acuerdo a los códigos establecidos (códigos que a su vez hay que sostener con esfuerzo, ya que lo precario de su establecimiento es notable) y, sobre todo, de acuerdo con la máxima del capital de esta época: la entrega de la vida al consumo, hasta el último suspiro en todas las clases sociales.
El dispositivo del bien, alimentado con mercancías capitalistas de todo tipo (incluyendo muy particularmente las del espíritu) y con un sostenido esfuerzo por arroparse bajo el influjo sensible de las marcas, es la maldita banalidad de nuestra época. Con una enorme diferencia: ya no se sabe nada de los muertos. 
La arrogante y valiente filósofa Arendt no fue bella en vida. Von Trotta la embellece y la acerca a su memorable retrato de Rosa Luxemburgo. Fue sí, una disidente fuerte y corajuda. En la agonía de su amado Kurt Blumemberg, y reprochado por éste, por atacar a las víctimas de Israel que, en definitiva, es “su pueblo” (igual reproche le hará Hans Jonas), Hanna responde: “Siempre supiste que no amo a ningún pueblo, ¿por qué amaría al judío? Sólo amo a mis amigos, a ti te amo”.

Política contra automatismos (una lectura crítica de «Sociofobia» de César Rendueles)

Por Amador Fernández-Savater

Lo que puedes leer abajo son los apuntes que redacté para la presentación de Sociofobia el jueves 3 de octubre en La Tercera junto a Belén Gopegui y César Rendueles. Es algo pensado para ser contado y escuchado pero creo que se deja leer bien. Eso sí, me temo que es terriblemente largo para los estándares de la Red. Pero decir algo no banal sobre el libro de César creo que requiere un poco de tiempo, espacio y atención. Puedes imprimir o leer el texto en PDF aquí. Fue un auténtico gustazo debatir con César, con Belén y con el público en la sala sobre lo que cada cual expuso en torno al libro en una presentación que no fue la convencional de palmada en el hombro y puro agasajo.
La política: convivencia y acción
He dividido mi intervención en dos partes. En la primera, voy a comentar uno de los hilos del libro que más me ha interesado e interpelado. No se tratará de un resumen, sino de una interpretación, es decir, no es exactamente lo que piensa César sino lo que a mí me ha dado qué pensar. En la segunda parte quería plantear cinco dudas, preguntas y calas críticas sobre algunos desarrollos para seguir pensando juntos la pregunta que está en el fondo del libro: en qué puede consistir hoy una política de emancipación.
Arranco con la siguiente cita de la filósofa Hannah Arendt: “Escapar de la fragilidad de los asuntos humanos se ha recomendado tanto que la mayor parte de la filosofía política desde Platón podría interpretarse fácilmente como los diversos intentos de encontrar bases teóricas y formas prácticas que permitan escapar de la política por completo”.
Escapar de la política, ¿de cuál? No estamos hablando de la política de los políticos precisamente. Una definición más adecuada podría ser la siguiente: la política consiste en la práctica de hacernos cargo en común de los asuntos comunes. Podríamos distinguir dos dimensiones de ese “hacerse cargo”. Por un lado, la invención de formas de con-vivencia (vivir juntos) en el elemento humano de la diferencia. Es decir, cuando el otro no es como yo, ni lo he escogido yo (como escogemos, por ejemplo, a nuestros amigos) y ni siquiera me gusta un pelo. Por otro lado, la invención colectiva del porvenir. Es decir, cómo poner el destino en nuestras manos (y no delegarlo). Es el problema de la acción.
¿Por qué buscamos “escapar de la política por completo”? En la cita de Hannah Arendt se utiliza una palabra que puede darnos una pista (y que es una palabra clave en el ensayo de César):fragilidad. Los asuntos humanos son frágiles. ¿Por qué, en qué sentido? Por un lado, son frágiles porque la vida de cada cual no empieza y acaba en cada cual, sino que está entrelazada necesariamente con la de los demás (y los demás, recordemos, no son como yo ni como a mí me gustaría que fuesen). La autosuficiencia es una ilusión, dependemos unos de otros y nos necesitamos unos a otros. Por otro lado, son frágiles porque la acción humana siempre es impredecible e irreversible. No hay ciencia de la política, a la hora de actuar nos apoyamos siempre en saberes fragmentarios y provisionales.
Pues bien, al parecer esta fragilidad es superior a nuestras fuerzas. Paradójicamente: no tenemos fuerzas para tanta fragilidad. Entonces buscamos ansiosamente una solución para los problemas entrelazados de la convivencia y de la acción (y que juntos forman el problema de la política). Podemos entender el termino “sociofobia” precisamente como el deseo de liberarse de una vez por todas de la fragilidad de la política, del vivir juntos y de la acción.
Hannah Arendt dice que podemos entender toda la filosofía política como el intento de encontrar “bases teóricas” y “formas prácticas” que den carpetazo (por fin) al engorro de la política. En efecto, desde el Rey-filósofo de Platón hasta la “administración de cosas” que según el marxismo sustituiría a la política después de la revolución, se han ofrecido mil remedios para el “mal” de la política. El que se analiza críticamente en este libro se llama ciberfetichismo.
La puerilización del pensamiento político: el ciberfetichismo
Podemos desglosar al menos dos sentidos posibles del término “fetichismo”: por un lado, es la creencia en el poder y la influencia mágica de algo (el fetiche). Por otro, es un producto sin proceso. Este sería el significado del “fetichismo de la mercancía” según Marx: el capitalismo nos hace ver un resultado (la mercancía en el escaparate) pero tapa lo que hay detrás (el proceso de trabajo real). Nos quedamos en la superficie y la apariencia. Vemos el producto, no el proceso.
Ahora podemos aproximarnos mejor al significado de “ciberfetichismo”. Ciberfetichismo sería la ideología que nos propone una solución a los problemas de la convivencia y de la acción. Esa solución es Internet. Según el ciberfetichismo, por un lado, Internet nos permitiría una sociabilidad fácil y cómoda, sin costes ni demasiados compromisos, un vivir juntos sin conflictos ni fricciones. El otro está y no está cuando yo lo deseo: me conecto y me desconecto. Por otro lado, Internet nos libraría supuestamente del problema de la acción, porque produce automáticamente ciudadanos activos, es decir, críticos, es decir, políticos.
La mala noticia que nos da este libro es que todo esto es un espejismo (una palabra que le gusta mucho a César y que da nombre a su blog: “espejismos digitales”). Internet no soluciona ni el problema del vivir juntos ni el problema de la acción colectiva porque ambos requieren de relaciones y compromisos duraderos e Internet no los produce automáticamente. Vivir juntos no es conectarse y desconectarse. Porque en la vida del mundo de los átomos no siempre se puede hacer un “fork”. Porque una cosa es “hacer cosas juntos y otra hacer cosas a la vez”.
Por otro lado, Internet tampoco nos libra del problema de la acción porque no hay arquitectura, diseño, método o formalismo que, repitiéndose y replicándonse por todos lados, cambie por sí mismo la sociedad y el mundo. El ciberfetichismo reduce la política a técnica e ingeniería social y esto tiene al menos tres problemas muy serios: 1) implica que debe gobernar o mandar el que sabe (el ingeniero, el científico social que diseña el método o el formalismo); 2) nos hace olvidar que en política, para que algo tenga algún valor, tiene que haber necesariamente un trabajo de (re)creación. No sólo copia mímica, no sólo reproducción en serie de un modelo o prototipo, no sólo producto sino también proceso, un trabajo constante de (re)elaboración, (re)apropiación y transformación. Un método puede ser en todo caso un punto de partida (y hay mucho que pensar y experimentar sobre ello), pero nunca una solución: la confusión entre punto de partida y solución es un efecto de la ideología ciberfetichista. Y 3) presupone una visión mecánica del mundo donde, como se ha escrito, “se puede dominar, programar y determinar el ser humano y la vida, la sociedad y su devenir”. Y esto deja fuera el material básico de la política: lo que no sabemos, lo que no funciona, lo que no encaja, lo incalculable, lo impredecible, lo incontrolable, lo que nos opone resistencia. En dos palabras, “la fragilidad de los asuntos humanos”.
El ciberfetichismo es una expresión más de la puerilización del pensamiento político. Un pensamiento político pueril es el que nos vende una solución en lugar de invitarnos a pensar un problema. Es la propaganda, el agit-prop o el marketing: vender una solución, seducirnos con una receta. Un pensamiento que no nos requiere ningún trabajo o elaboración: sólo adhesión. Y que por tanto no emancipa, sean cuales sean sus contenidos. Un pensamiento que niega la realidad o la empobrece.
Hasta aquí algo de lo que el libro de César me ha dado qué pensar. Creo que está muy bien poner estas críticas encima de la mesa e interrogar algunas palabras que se han vuelto desgraciadamente fetiches o palabras-solución: cooperación, proceso, comunidad, participación, etc.
Cinco calas críticas
A partir de ahora, planteo cinco preguntas, dudas o críticas que me surgen con algunos aspectos del libro.
— La primera sería sobre la historia y los contornos de la ideología ciberfetichista. No están nada claros. Es más, no hay ni una sola cita de un autor de la ideología ciberfetichista, lo que resulta sorprendente en un libro que pretende su refutación. ¿Quiénes son los ciberfetichistas? ¿Con quién está discutiendo César? Es un poco misterioso. Uno llega a pensar en la famosa “falacia del hombre de paja”: inventarse los argumentos del adversario para luego vapulearlo a placer. Pero consideremos mejor que este libro no quiere discutir con nadie en concreto, sino más bien con un “se dice”. Esto es, con estereotipos, consignas y respuestas automáticas que están en el ambiente y “se dicen”. El problema es que sin las precisiones necesarias corremos el riesgo de aplanar realidades heteróclitas y perder finura en el discurso poniéndonos las cosas demasiado fáciles.
Pienso en concreto en los mundos del copyleft, el ciberactivismo o los “bienes comunes” que según César están “contaminados” de ciberfetichismo (y que son, yo supongo, los que le preocupan, no tanto el ciberfetichismo de Steve Jobs o Bill Gates). César afirma por ejemplo que en el movimiento copyleft las licencias jurídicas funcionan como un fetiche-solución y se pasan por alto las cuestiones del acceso a la información, la “calidad” de los contenidos o los remuneración de los trabajadores culturales. Pero ¿con quién se esta discutiendo? ¿Con Enrique Dans, con Traficantes de Sueños…? No hay ninguna distinción entre la versión «liberal» y la versión «radical» del copyleft o los bienes comunes. O en el caso del ciberactivismo, ¿quiénes serían los activistas digitales que piensan cambiar el mundo desde la comodidad de sus teclados? ¿Change.org, Hacktivistas, David de Ugarte, Margarita Padilla? Y además, ¿no ha evolucionado muchísimo el discurso ciberactivista desde (pongamos) la “Declaración de independencia del ciberespacio” de John Perry Barlow (un texto utópico y pionero que retrospectivamente es fácil tachar de «ingenuo»)?
El copyleft, el ciberactivismo y el discurso de los bienes comunes no son bloques homogéneos (que sólo podemos criticar desde fuera), sino más bien “campos de tensiones” o terrenos abiertos de experimentación teórica y práctica donde podemos encontrar diferentes posiciones (y conflictos y complicidades entre ellas). Sin precisiones, distinciones y un poco de historia, perdemos la posibilidad de construir conversaciones, de encontrar interlocutores y alianzas, personas y colectivos que están planteando hace años problemas similares desde dentro.
— Mi segunda pregunta sería por qué contraponer vínculos duraderos y vínculos débiles. Una vez disuelto el espejismo de que un contacto en Facebook es lo mismo que un amigo, una vez distinguido el tipo de cooperación necesario para desarrollar Wikipedia y el tipo de compromisos que exige cuidar a los hijos, ¿por qué contraponerlos? ¿Por qué desechar los vínculos débiles (basados en la operación conexión-desconexión)? ¿Por qué un “o” y no un “y”? Las iniciativas más sólidas y duraderas que he conocido consisten en una combinación de “relaciones densas y permanentes” y de “relaciones anónimas y discontinuas”. Está muy bien no confundirlas, pero ¿por qué oponerlas? Un proyecto cualquiera necesita siempre de lo que solemos llamar “núcleo duro” donde efectivamente las relaciones son densas y permanentes, los compromisos fuertes y estables. Pero no sólo. Requiere también de aportaciones puntuales, de engarces momentáneos, de colaboraciones ocasionales (muchas veces de desconocidos), de gente que entra y sale (y en ese entrar y salir mueve las cosas, hace circular los saberes y las informaciones). Unas veces uno está en el “núcleo duro” de un proyecto y otras mil veces uno se conecta y desconecta cómo y cuando puede. Es un error grave desechar esa aportación o verla como “parasitismo”. Y no digo “grave” por exagerar, sino porque uno de los desafíos políticos más serios que tenemos por delante es precisamente inventar formas y espacios políticos habitables por cualquiera (y no sólo para especialistas, militantes o activistas). Desgraciadamente, las formas y espacios que tenemos (por ejemplo, las asambleas), por muy presenciales y analógicas que sean, no saben qué hacer con la diversidad que las puebla (diversidad de situaciones de vida y hábitos, de modos de expresión y relación)  y finalmente se vacían. En todos los planos, necesitamos urgentemente aprender a combinar las dos cosas (ni confundidas ni contrapuestas): relaciones densas y permanentes, relaciones anónimas y discontinuas. Poner una «y» en lugar de una «o».
— La tercera duda o crítica es sobre el término mismo de “sociofobia”, una duda más abstracta o histórica quizá. A mí, como sé que le pasa también a César, me fascina el pensamiento reaccionario. Hace ya años organizamos un número en la revista Archipiélago sobre el tema y César colaboró con un gran artículo sobre el pensamiento reaccionario en la novela negra. Hay entre los autores reaccionarios una lucidez muy inquietante, un “realismo” muy oscuro pero también estimulante para pensar. Pues bien, curiosamente lo que los reaccionarios y contrarrevolucionarios han reprochado siempre a los revolucionarios ha sido su “sociofobia”.
Reaccionarios como De Bonald o De Maistre explican que la vida en el Antiguo Régimen era “muy humana”, que las comunidades aldeanas eran comunidades “de verdad”, que en el mundo tradicional había un sentido muy extendido de la honestidad, de la reciprocidad y de las obligaciones sociales que alcanzaba incluso a los “señores” que, lejos de ser simples “parásitos explotadores”, constituían toda una red de contraprestaciones y obligaciones mutuas vasallo-señor, etc. (Todo ello a condición por supuesto de poner entre paréntesis la cuestión del poder.) Para estos pensadores reaccionarios, la Revolución Francesa fue fruto de la rebelión del “individuo desafiliado” (anónimo, sin antepasados, sin tradición, sin religión, sin comunidad) contra el vínculo social y la autoridad común. (Todo esto lo cuentan muy bien filósofos como Cornelius Castoriadis o Jacqués Rancière)
Y más o menos las mismas cosas se han dicho después de las rebeliones de los obreros, las mujeres, los negros o los homosexuales (y hace muy poco de Mayo del 68). Por eso pienso que tal vez merezca la pena especificar mejor el término “sociofobia”. No estamos ante una pelea con dos contendientes: capitalismo y vínculo social. Hay que precisar qué tipo de vínculo queremos, de qué materiales está hecho, porque un vínculo denso y permanente puede estar hecho perfectamente de desigualdades, silencios y expulsiones.
César dice que el capitalismo “nos ha apartado de la norma antropológica” y que la política debe “reconciliarnos con las fuerzas antropológicas profundas”. Esta fundamentación de la política en una antropología o naturaleza humana me parece muy problemática. Pienso que la acción política no nos “reconcilia” con ninguna norma antropológica, sino que más bien crea nuevas posibilidades de lo humano (más igualitarias, justas y cooperativas, pero tan artificiales como las demás). Y en ese sentido no creo que los reaccionarios se equivocasen al considerar a los sujetos y a los movimientos revolucionarios como “monstruos”, “locuras” o “quimeras”: no hay antropología política, en todo caso la política es creación antropológica (de formas de vida).
— La cuarta cuestión es la discusión entre Walter Benjamin y Pier Paolo Pasolini que se plantea al final del libro. Ese diálogo imaginario es muy sugestivo. No hace falta conocer a los autores. Benjamin representa en el diálogo una consideración de la naturaleza ambivalente de la experiencia del presente. Registra la “volatilidad” del sujeto consumista, pero también por ejemplo su capacidad para “habitar la inseguridad y la incertidumbre” (que son finalmente el suelo de lo humano). Pasolini, el Pasolini de los Escritos Corsarios o las Cartas Luteranas, al final de su vida, representa por el contrario un diagnóstico sin ambivalencias del presente: con un solo color, el negro.
Son fascinantes estos dos libros de Pasolini y rebosan amor por todas partes. Es una crítica del presente movida por el amor, el amor que sentía Pasolini por las formas de vida pre-industriales: los jóvenes de las barriadas, los dialectos, la cultura de la pobreza, el lenguaje de las cosas (cuando no eran tan sólo bienes de consumo), el artesanado, el mundo campesino, etc. Pasolini ama tanto todo aquello que se rebela desesperadamente contra su aplastamiento en y por la sociedad de consumo (que él consideraba por cierto una “mutación antropológica” que convertía a los jóvenes en “monstruos”). Todo eso lo escribe Pasolini en 1975. Pues bien, dos años más tarde esa misma juventud “monstruosa y desarraigada” protagoniza el movimiento del 77. Ya no desde lugares claros y sólidos (como la fábrica), sino desde los territorios más difusos de la vida. Ya no desde lenguajes puros y propios (los dialectos y las jergas), sino usando -creativa, irónicamente- los lenguajes de los media y el consumo. Pero en todo caso lanzando un desafio formidable contra la muerte en vida del trabajo alienado y creando espacios y relaciones que permitían otra experiencia de vida.
Me pregunto si no habrá pasado lo mismo con el 15-M. Donde supuestamente ya no había más que barbarie, consumidores infantilizados y atontados, emerge de pronto una cantidad de gente capaz de poner de nuevo en el centro de nuestras sociedades la pregunta política por excelencia: ¿cómo queremos vivir juntos? Sin tradiciones políticas ni lenguajes predefinidos, en el mayor de los caos y las confusiones, como huérfanos y niños perdidos que somos. Frente a la posición reactiva y nostálgica del último Pasolini, me parece políticamente más interesante la consideración ambivalente de la experiencia del presente en Benjamin. Ver las potencias, no sólo las pérdidas. El libro de César es mucho más pasoliniano que benjaminiano en este sentido: no se ve la ambivalencia del presente, ni tampoco sus potencias.
— Por último, me gustaría hacer un comentario sobre mi experiencia cercana o implicada en los mundos inspirados por la cultura política hacker. En un sentido al menos, los hackers son las personas menos ciberfetichistas del mundo que he conocido. El ciberfetichista es más bien cualquier “ciudadano medio” (como yo mismo) que se pone frente al ordenador todos los días sin saber por qué funciona como funciona ni (desde luego) cómo podría modificar ese funcionamiento. Los hackers hacen todo lo contrario: tocan el código, es decir, lo que hay detrás de lo que vemos. Si lo sagrado es aquello con lo que nos relacionamos desde la distancia de un temor reverencial, los hackers desacralizan: cacharrean y alteran la tecnología para ponerla a su servicio (y que no sea al revés). Y no sólo para ellos, sino para todos.
Si hoy Internet es lo que es y permite lo que permite (potencialidades que no se le escapan a César), es precisamente porque se trata de una “tecnología intervenida”. Cierta gente -con una visión del mundo y de la  sociedad buena– se propuso en su momento y consiguió torcer su rumbo como tecnología militar, transformarla. Para ello los hackers han construido a lo largo de los años toda una cultura política y material: con lenguaje y ficciones (como el cyberpunk), con códigos y normas, con una filosofía bien interesante y sugerente (que confía en la autonomía e inteligencia de los demás y no en ningún “centro director”) y, muy especialmente, con una enorme preocupación por combinar espacios en línea y espacios presenciales (pensemos en los hacklabs, los hackmeetings o las cooperativas de software libre). Es decir, la cultura hacker sabe muy bien (y desde hace ya años) que se trata de cruzar lo físico y lo digital porque cada uno puede algo que el otro no puede. Aquí un fragmento de la presentación que hacía de sí mismo el hacklab “Cielito lindo” de Lavapiés hace ya más de diez años: “porque resulta poco útil y hasta triste experimentar en solitario aquellas cosas que puedes hacer fácilmente con otros, porque no queremos aislarnos del mundo que nos rodea sino todo lo contrario, porque el cuarto de cada uno es demasiado pequeño para montar redes de ordenadores, porque lo digital no sustituye a lo orgánico, porque es gozoso aprender y hacer cosas juntos”.
Entonces, lo que yo me pregunto es si lo que necesitamos hoy no es más “tecnopolítica” y no menos. Y por tecnopolítica entiendo simplemente un acercamiento, un hacer y un pensar políticamente la tecnología. Precisamente porque no se trata de confiar en ninguna varita mágica, sino en la capacidad humana para subvertir, reapropiarse y transformar la tecnología, dándole una dirección emancipadora. El libro de César tiene utilidad como advertencia crítica contra toda varita mágica, pero no encuentro orientaciones prácticas para pensar ese otro acercamiento político a la tecnología que necesitamos hoy más que nunca.  
Apostilla
Me alegro realmente de poder participar con estas palabras en la recepción tan intensa que se está haciendo del libro de César -con múltiples comentarios, reseñas y debates en blogs, redes sociales, etc.- y me pregunto si esa riqueza no tiene algo que ver también con la naturaleza del espacio público que se abre con Internet, donde la palabra ya no está monopolizada en manos del crítico de Babelia o del suplemento cultural de turno, sino mucho más en nuestras manos.

Chicanas: las migrantes fronterizas

Mabel Bellucci*



Durante la década de los setenta, emergió el movimiento chicano por los Derechos Civiles orgulloso de su origen mexicano emigrado hacia el Norte o nacido en los Estados Unidos. Con su conformación, no sólo había un interés por reivindicar la conquista de justicia social e igualdad sino también por concientizar a su comunidad en cuanto al racismo y a la discriminación. Por lo tanto, el chicano o “mexican o latin-american”, desde sus orígenes, presentó aristas diversas, complejas y dinámicas en relación al “anglo” que no es más que cualquier persona blanca de habla inglesa. Una buena parte de sus iniciativas consistía en establecer una variedad de objetivos relacionados a la educación: reducir la deserción escolar; mejorar los logros educativos; llevar a cabo programas bilingües y biculturales. Además, con tales iniciativas intentaban incrementar materias con temáticas propias en el plan de estudios, creación de cursos y programas de conocimientos chicanos junto con el aumento de profesores de ese origen. Por esa razón y muchas otras más, miles de estudiantas/es se movilizaron y formaron organizaciones que apuntaban a la reforma educativa, al activismo por la visibilidad como una intervención política en el ámbito público.

Un elemento de significativa trascendencia para el reconocimiento del movimiento en Estados Unidos, consistió en realzar el arte chicano en su diversidad de expresiones que fue floreciendo a pasos acrecentados. Asimismo, irrumpió en el campo universitario, en las organizaciones políticas y sindicales. En fin, todas estas apuestas partieron de una urgencia imperativa por parte de dicha comunidad en decir “acá estamos”.

En cuanto a las mujeres, en los años setenta, al irrumpir el movimiento chicano junto con el feminismo de la Segunda Ola, en un escenario histórico más que estruendoso por la incursión polifónica de los activismos en Estados Unidos, ambas corrientes le proporcionaron nuevos marcos teóricos como perspectivas de lucha. Así al inicio de esa década, las chicanas se organizaron en colectivos autónomos y autogestivos. Entre los más conocidos, se podría recordar “La Hija de Cuauthémoc” de California; “Las Mujeres Chicanas” de los Ángeles y “La Comisión femenil Mexicana”. Un año más tarde, “La Conferencia de Mujeres por la Raza”, celebrada en Houston, reunió a más de 600 mujeres de diferentes regiones del país del Norte. Este evento simbolizó un nuevo espíritu de cambio a largo plazo[1]. Precisamente, ellas comenzaron a manifestar sus malestares de opresión dentro de la propia comunidad. De esta manera, se lanzaron a la búsqueda de propuestas legislativas en cuanto a educación y a empleo que representaban sus situaciones más vulnerables. Por esta razón, accionaron para conquistar derechos de las minorías y, al mismo tiempo, para impugnar la discriminación que emana desde las entrañas del Imperio.  En resumidas cuentas, estas mujeres al transitar una triple exclusión -género, raza y clase- atravesaron situaciones desventajosas no solo en el interior de su misma cultura sino también en la sociedad estadounidense, conocida como la “América Blanca Patriarcal”.

Y sin más, esta primera camada tuvo como desafío batallar contra la pobreza marginal, la segregación racista y el sexismo, todo al mismo tiempo. Después de haber pasado mucha agua bajo el puente, las chicanas descubrieron que tanto el feminismo dominado por las blancas – que enfatizaba al género como único origen de su propia opresión- como el machismo voluptuoso y homofóbico de sus pares masculinos, las dejaban de lado. Entonces decidieron cortar por lo sano. Como el camino a recorrer era largo y lento, optaron por construir un movimiento independiente, es decir, se negaron a estar bajo la sombra del movimiento sociopolítico chicano y  además del movimiento feminista blanco. La profesora en estudios culturales Marisa Belausteguigoitia sintetizó su visión en estos términos: “Pueden servir de puente tanto a lo mexicano como a lo americano, pero constituyendo algo nuevo que no es ni lo uno ni lo otro. Las chicanas son mujeres migrantes o fronterizas, por los que pueden circular lo mexicano en Estados Unidos o viceversa. Son migrantes que crean con sus lenguas y sus espaldas, al trabajar intensamente para que las culturas, sexos, géneros y naciones diferentes puedan entenderse y convivir”.[2]

Ahora bien, hacia fines de los años setenta, comenzaron a utilizar la expresión “mujeres de color”, una forma de distinción política (que incluye a otras ascendencias raciales y étnicas) frente a la cultura hegemónica. Norma Alarcón, Cherríe Moraga, Gloria Anzaldúa o Yolanda López son algunos nombres de escritoras y artistas chicanas que suenan en las capillas académicas y en las huestes del activismo callejero. En 1981, se aunaron voluntades para publicar This Bridge Called My Back: Writings by Radical Women of  Color,bajo la mirada atenta de Cherríe Moraga y Gloria Anzaldúa. Siete años después, Ana Castillo y Norma Alarcón lo tradujeron y adaptaron al castellano con otro nombre Esta puente, mi espalda. Voces de mujeres tercermundista en los Estados Unidos, editado por Ism Press, San Francisco. En rigor, esta antología feminista -ensayos, narraciones personales, poesía y teoría política- se compone de escritos por chicanas, asiáticas, afroamericanas, indígenas y latinas, o sea, mujeres de color que viven en los Estados Unidos. A partir de la publicación de Esta puente, mi espalda la conciencia feminista se esparció en todos los sectores culturales, sociales y económicos en un intento de abrir caminos para enlazar mujeres de color estadounidense junto con hispanoamericanas.

En el prólogo de esta colección, llamado “En el sueño, siempre se me recibe en el río”,  Cherríe Moraga propone lo siguiente: “ Dada las varias comunidades que representamos -como mujeres y como obreras pobres- las mujeres de color podemos servir como la puenta entre las columnas de las ideologías políticas y la distancia geográfica, ya que en nuestros cuerpos coexisten las identidades de opresiones múltiples a las que hasta ahora ningún movimiento político, no obstante su origen geográfico, ha podido dirigirse simultáneamente”. En suma, Esta puente, mi espalda ha servido como testimonio de la existencia del feminismo tercermundista en los Estados Unidos y, además, como catalizador del avance de ese movimiento en un ascenso permanente.

* Activista feminista queer. Autora de Historia de una desobediencia. Aborto y Feminismo. Editorial Capital Intelectual.


[1]S/R ( 1988): “La nueva ola del feminismo en México”, Año 12, N°63, México, FEM .p.32. 
[2]Belausteguigoitia, Marisa( 2004): “Las nuevas malinches: Mujeres fronterizas“ , n°14, México, Nexos, p. 29

A propósito de Raúl

por D.S.


Subvertir la política (Buenos Aires, Quadrata, 2013) es el título del tan esperado –al menos por sus numerosos lectores–  libro de Raúl Cerdeiras. ¿Cómo pueden preceder tantos lectores al autor de un primer libro? Sencillo: el autor es un intelectual militante que edita hace 22 años la revista Acontecimiento. Y los textos que se reúnen en este volumen deben mucho a la coherencia de ese trayecto.
Alain Badiou lo describe autor como un “Sócrates de Buenos Aires”. Un retrato de Raúl no debería excluir algunos datos de su biografía (abogado de oficio, estudió filosofía con Sciarreta y se inició en política con Silvio Frondizi y estuvo próximo a Montoneros, fue althusseriano, tradujo El Ser y el Acontecimiento de su amigo Badiou, enseña filosofía en grupos de estudio) ni algunos rasgos de su personalidad (la insistencia o  la perseverancia -la “fidelidad”-; el “cuestionamiento”, la afectuosa dureza). Exista o no la expresión “inclaudicabilidad”, bien le cabría.
Raúl es una figura apartada, pero no ignorada en la densa trama intelectual-psiconalítica y política de Buenos Aires. Lo que hay en él de solitario obedece, creo, a su obtusa confianza en la fuerza de “la Idea”. No es fácil vivir contra la evidencia.   
En el último número de la revista Acontecimiento (N. 43-44 de 2013) firma tres artículos. Uno de ellos, “la economía no existe”, propone un ejercicio capaz de explicar en términos muy prácticos su  “tesis”. Hagamos el intento de pasar un día entero sustituyendo la palabra “economía” (ligada en los discursos habituales a “crecimiento” y a “desarrollo”) por la palabra “capitalismo” (que ya nadie dice, pero que es el único significado real para el significante “economía”) y veremos desnudarse ante nosotros la verdad de nuestro presente.
Esa verdad no es negativa sólo por la infamia con que carga el capitalismo en términos de opresión y de explotación. Lo es también por otra razón: la “economía” suprime el pensamiento y la política. En efecto la política no es poder y economía, como se cree –dice nuestro Sócrates- sino “un pensamiento de la gente”. Y ese pensamiento requiere de unas ciertas condiciones que el poder y la economía (el capital) aplastan.
La política es el pensar de los muchos cuando se “desligan” de la máquina objetiva de la reproducción del capital. Y “acontecimiento” es el nombre de esa ruptura con el desenvolvimiento del sistema de la opresión, que en el presente se viste con un manto progresista y democrático, aunque se muestra totalmente incapaz de detener o regular siquiera su barbarie. La “Idea”, a su vez, es la constitución de una verdad por parte de los sujetos que participan de la ruptura con este orden, y se entregan a la creación colectiva, por definición a distancia del poder del Estado y el capital. Se comprende que el sujeto de la política (Raúl lo identifica con nombre y apellido: las Madres de Plaza de Mayo en la postdictadura, los Zapatistas después de 1994, los movimientos sociales autónomos de fin de siglo en Venezuela o Argentina) constituyen el reverso absoluto del discurso de la víctima y sus “derechos”.      
Si alguien decidió vivir a fondo el revés de esta “década ganada” (para bien y para mal) ese es Raúl. El kirchnerismo fue para él la gestión reaccionaria del acontecimiento 2001. Y el antikirchnerismo (tanto para él como muchos de nosotros) algo aún peor.
Todo esto se escribe ahora en pasado. La salida del libro, sin ser Zaratustra, divide el tiempo. Lo que debimos pensar estos años (zona de despeje), ya no se parecerá a lo que afrontemos de aquí en más. Se trata ahora de vislumbrar (tarea a la que se entrega Raúl en uno de sus artículos de la revista, con la expresión: “amanece una chance”).

De la serie «La Guerra por el Consumo»: Gente mirando Luján

Por Diego Valeriano


Bily bajó del 86 en Liniers, la peregrinación oficial estaba por comenzar y buscó un lugar para ponerse a trabajar. No podía creer la cantidad de gente que había, toda la calle era un río de creyentes que se alborotaba por estar cerca de la virgen más grande. Nunca había estado en un lugar con tanta gente y tenía miedo de perderse.
Caminó hasta encontrar un lugar sobre la Rivadavia después de la General Paz, sin dejar de mirar asombrado a toda esa gente que pasaba cantando, riendo y rezando. Se puso a armar su paño con fotos de la Virgen, de Francisco y pins con imágenes de la Basílica. El humo de los choripanes era el olor de fondo de la fe de todos los que encaraban para Luján. A su lado una peruana se ponía a vender remeras con la imagen de la virgen y más allá su hermana -o hija, o pariente- se ponía a vender banderas.
Sobre su espacio -o lo que el creía que era su espacio-, se metió un tipo con una heladerita repleta de latas de cerveza. Bily lo miró entre asombrado y enojado, pero el gordo intruso tenía una cara de bueno que lo pudo y le dijo de muy buena manera que había lugar “para los dos”.
Con su paño listo se dispuso a trabajar. Dispuso también su cuerpo: sus piernas, su voz, su mirada, su atención, su estado de ánimo. Miró al gordo, miro a la peruana, observó un poco más allá y vio cómo los del puesto de chori no paraban de vender.
A los 5 minutos de laburar ya había vendido trece fotos de Francisco a diez mangos y el gordo se había tomado dos cervezas. Otros habían querido meterse en su espacio y el gordo les aclaró, elevando el tono de su elevada voz, que ese era el lugar de ellos dos.
A la media hora de laburo, dos pibes con camiseta de Velez vinieron a cobrarles a todos por estar ahí. Bily ya había visto que el viejito que vendía soquetes les había dado 100 pesos y que habían sacado a un pibito de su misma edad que vendía agua natural. Él no podía darles esa plata, ni ninguna plata. Tenía miedo de que lo echen o, peor, de que le peguen y le saquen la guita.
Por lo de la peruana apenas pasaron, ella algo les dijo que hizo que ni se detengan. Cuando llegaron a su puesto y le pidieron 200 mangos se le estrujo el bolsillo. Doscientos mangos era lo que a él le quedaba después de darle al viejo, pensó que ni en pedo le daba esa plata y que si se tenía que parar de mano prefería que le peguen e irse a poner la guita.
El gordo saltó en su auxilio. Le dio una cerveza a cada uno y les explicó que el pibito estaba trabajando porque la mamá estaba internada y que a él no lo jodan porque era amigo de Cepillo y que paraba en la parrillita de Néstor con todos los demás. Los pibes se retiraron y el gordo abriendo otra cerveza le guiño un ojo.
Las peruanas, el viejito, los del chori y todos los que estaban a la orilla de Rivadavia no paraban de vender lo que sea. Hasta al gordo, que estaba más preocupado por escabiar que por vender, le sacaban las cervezas de la mano. Bily hizo cuentas y estaba más que satisfecho, había ganado bastante en poco tiempo. Podía volver al barrio mucho más temprano e iba a pasar por lo de Joel a jugar a la Play.
Le quedaban cinco pins, pero decidió que el día había terminado. Cuando doblaba su paño para retirarse sintió la pezada mano del gordo sobre su hombro: “¿Sabés por qué te fue bien?” le dijo apenas modulando: “Porque yo te cuide”. Y, acto seguido, le exigió 500 mangos.
¿500 mangos?, pensó Bily indignado mientras intentaba zafarse de la garra enorme del gordo. ¿Éste está loco? Miró a su alrededor, todos seguían en la suya. Gritó, pero entre la música, los rezos y las risas su súplica quedó apagada. El gordo debería pesar 100 kilos más que él y le llevaría unos 30 años pero a eso Bily qué podía importarle: tenía que zafarse como sea. Le ofreció 100 y el gordo, con media sonrisa, más amenazante que borracho, movió la cabeza de derecha a izquierda varias veces. Miró para todos lados en busca de ayuda… pero nada, solo pasaba gente mirando Luján.

Política y enfermedad: diagnostico “ilusionitis”

por Juan Pablo Maccia


Cristina está convaleciente. He pasado por estados de gravedad y me siento autorizado a reflexionar sobre este asunto. Es preciso ser claros al respecto: debemos denunciar a los mediocres que hacen palanca de este episodio como clave para comprender el presente político. Su tesis última es la siguiente: la enfermedad de Cristina ofrece un punto débil en el cuerpo de una presidenta que se negaba a debilitarse en momentos de evidente fragilidad política de su gobierno. Se insiste en la debilidad “encarnada” por alguien que –esto es lo que desean subrayar- está arropada de una fuerza especial, mítica.
Las derechas espiritualistas quieren decirnos que el traspié presidencial –sobre el cual no me pronuncio por prudencia  y por pudor- demuestra que la presidenta no es sagrada, sino mortal. Anticipan, así, la fiesta que vivieron a comienzos de año con Chávez.
Para estos energúmenos de Vaticano, la prueba de humanidad constituye motivo de alivio. Es necesario que no caigamos nosotros, quienes sostenemos y apoyamos a la presidenta, en este tipo de delirio místico. Seamos claros entonces: la densidad afectiva que corona a la figura presidencial no proviene (ni se evapora) a partir de instancias sobre-humanas, sino del modo en que han circulado en política las pasiones colectivas durante la última década larga. 
No podemos dejar que la relación entre enfermedad, muerte y política quede en manos de las religiones y las derechas más delirantes. Al contrario, debemos ser nosotros –médicos materialistas- quienes hagamos el mejor de los diagnósticos (que es siempre el que explica los delirios políticos colectivos) y desorganicemos las locuras de un cristianismo renovado o de un cientismo liberal al estilo del “estrábico doctor Nelson Castro”.
Analicemos primero las patologías políticas más típicas e intentemos, luego, un breve diagnóstico del mal que nos acosa a los kirchneristas:
a.       La enfermedad que ataca a quienes hacen de la política una aceptación desprejuiciada de las cosas tal y como son (tipo “la única verdad es la realidad”) es un delirio extremo de fijación. Esta patología enfatiza el “hay lo que hay” produciendo violentos ataques de ira contra todo aquello que, como matorral silvestre, se salga del cuadro paranoico de este hiper-realismo (enfermedad habitual en el peronismo tradicional o de derecha).
b.      El delirio que padecen quienes hacen de la política un ejercicio de búsqueda de posibilidades “creativas” dentro de lo que existe, suele expresarse como “voluntarismo in extremis”, patología por la cual se pierde el sentido de las relaciones efectivas en juego y da lugar a posiciones suicidas y/o depresivas (enfermedad habitual de ciertas izquierdas autonomistas y populistas).
c.       El mal que suele invadir a quienes entienden la política como persecución de la  utopía en tanto motor del presente consiste en una intensa pasión escatológica que obliga, ora a exagerar su vocación de “dar testimonio”, ora a desarrollar todo tipo de interpretación retorcida y/o oportunistas de los signos del presente a fin de confirmar los propios esquemas proféticos (enfermedad habitual en cristianos, izquierdistas idealistas y católicos de derecha).
d.      El síndrome que amenaza a quienes practican la política a partir de esquemas racionales, los cuales deberían ser impuestos por las buenas o por las malas a las conductas humanas, se trate de fórmulas racionales o morales, es totalitario y mesiánico y lleva a las mayores de las catástrofes durante el siglo XX (enfermedad habitual en moralistas, racionalistas marxistas, republicanos y neoliberales puros).
A la pregunta ¿en qué términos podemos diagnosticar la enfermedad política del kirchnerismo? Respondo lo siguiente: “ilusionisitis”. Se trata de una degeneración patológica, que consiste en una mezcla mal digerida (oscilante e inconsistente) de los componentes del movimiento, que hay que explicar a partir de las patologías descriptas en los puntos a y b. ¿Contamos con terapias laicas para este tipo flagelo?

Las terapias laicas

Por Pablo E. Chacón

A la pregunta de si existen terapias laicas capaces de curar enfermedades en su materialidad o en su representación simbólica, habría que calificarla de retórica: no sólo no existen sino que en los pasillos de los hospitales -el ejemplo es absurdo- curas y monjas se pasean como peces en el agua repartiendo bendiciones, biblias y estampitas. Al grano: también yo tengo experiencia en hospitales, de esa que se adquiere viendo morir internos, médicos apretando enfermeras, abnegación, corrupción, pobreza. La equivalencia entre la descomposición de un gobierno y el cuerpo herido de su encarnación es un viejo tema de la teología política. Pero pocas veces se habrán escuchado tantas canalladas como estos días.
¿A quién le importa si la señora presidente hubiera pensado que sacarse de encima al gobernador de la provincia en las próximas elecciones, para retornar pasados cuatro años después del 2015, incluiría un mecanismo de relojería tan ajustado como darse uno, dos o tres palos para conseguir un hematoma en la cabeza, una operación de urgencia? A los burócratas de los diarios que viven del mercado de conferencias, como Carlos Pagni, o al señor Néstor Castro, esa tía que quiere lo mejor para nosotros sin advertir que algunos de nosotros no quiere lo mejor para nosotros. Ese furor sanandis ni siquiera es susceptible de pensarse como un expediente oblicuo que festejaría la muerte de la señora. Demasiado fácil, no debe ser cierto, decía Oscar Masotta. Masotta era un tipo inteligente, no una estrella de los medios en la era de la reproducción digital. El punto es que Pagni y Castro son personajes respetados, se les cree, se cree lo que escriben o dicen sólo por mostrar las culatas. Eso sí es descomposición social. ¿Alguien está en contra de que piensen como piensan? Sería otra ingenuidad. Al profesor de historia, como al señor Castro, sólo les interesa el dinero -es un destino, un deseo tan respetable como cualquier otro. Pero de lo que deberían cuidarse es de la materia que usan para amasar sus módicas fortunas.
Pagni escribió sobre el síndrome de Moria. Castro sobre el síndrome de Hubrys. La señora padecería esos síndromes que activados, neutralizarían las inhibiciones que impone la ley de hierro del dispositivo neuronal, hasta el punto de provocar una suerte de manía que por ejemplo, la habría empujado a elegir como vice al señor Amado Boudou. En un rapto de locura, diría Franco Lindner, de Noticias o Perfil. Sin calcular las ventajas de tener al motoquero de la Ucedé en el gobierno. La hubrysque tanto preocupa al señor Castro existe en los diccionarios de griego. Pero no existe en ningún manual de desórdenes psiquiátricos. Es una palabra que traducida, aproximadamente quiere decir desmesura. Descontrol, desmadre, estar fuera de sí, decir barbaridades, romper el protocolo: hubrys. Si la señora Ruth Padel escuchara semejante burrada, entendería por qué razón en el periodismo argentino no se concursan los cargos.
Finalmente digamos que no otra vez, no existen terapias laicas no sólo en la Argentina sino en ninguna parte del mundo. Si usted se muere, encomendarse a no sé qué entidad sobrenatural es pensarse por fuera del discurso de la ciencia y del discurso del capital: eso puede encaminar su camino en el más allá, tal vez, y acá, servir para explotar ajenidades, porque la salida a determinados intríngulisviene del futuro.
Así como reconocer derechos humanos a los aborígenes es una reparación que a Buffalo Bill deja en paz, reconocer derechos humanos a tipos como Pagni y Castro es un deber institucional. Pero pensar, no ya que digan la verdad sino que digan algo que no sea una estupidez, es otra estupidez que duplicada y reduplicada supone el albur de convertirse en una verdad.

Basta de impunidad a las mafias en Florencio Varela


Durante la mañana del martes 1 de octubre, fue atacada violentamente la sede del Centro de Participación Popular Monseñor Angelelli por una banda de cuatro personas. La causa aparente del ataque fue un robo. Sin embargo, hay muchos indicios que desmienten que esa haya sido la única finalidad del ataque.


La frecuencia e intensidad que adquieren estos hechos en el territorio de Varela confirman en lo esencial los rasgos violentos de un nuevo conflicto social que recorre varios puntos del país. Tanto en Pico de Oro (hace un año de la quema de la casa de dos compañeros del Movimiento de Colectivos, de Florencio Varela, a manos de bandas armadas, coordinadas con la policía, y parte de la justicia y del poder político) como ahora en el Angelelli, se agrede abiertamente a organizaciones sociales de los barrios con una ferocidad inusitada.

No se trata de hechos policiales aislados sino de un modo de gobernar los territorios disputados entre bandas cada vez mejor organizadas, ligadas a la policía, y a parte de la justicia y del poder político. Los hechos sucedidos en Varela, como tantos otros que se reproducen en todo el país, tienen que ser comprendidos como una seria advertencia sobre la complejidad que adopta la lucha social y política en este tiempo, y por lo tanto, exigen la innovación y el fortalecimiento de redes organizativas capaces de mejorar el cuidado –es decir: la capacidad de comunicación, de investigación, y de articulación con otros sectores–  de las organizaciones.

Con el asesinato de Carlos Gabriel Fretes el 11 de diciembre del 2011 en el barrio Agustín Ramírez de Florencio Varela, sale a luz una realidad que los que diariamente somos parte de la lucha por construir una sociedad mas justa ya conocemos y muchas veces denunciamos: la existencia de una trama delictiva que vincula sectores de la policía bonaerense, del gobierno municipal y bandas vinculadas a la venta de droga.

Fruto de la lucha de su familia, vecinos/as y diferentes organizaciones populares, el 9 de febrero de 2013 es intervenida la comisaría 2° de Florencio Varela. También son detenidos Américo Claudio MENA, quien era referente del Frente Para la Victoria del barrio, y Santiago Montt, mano derecha de Mena y testigo encubierto en causas por drogas en las que intervenía la DDI de Esteban Echeverría. Ambos se encuentran detenidos y este año van a ser juzgados en juicio oral. Sin embargo, a pesar de que en la causa existe información que vincula a MENA con Jorge Roldán, funcionario actual del municipio, la gestión municipal de Julio Pereyra no inició ninguna investigación legal al respecto, limitándose a un sumario interno que tampoco prospero.

En febrero del 2012, durante la intervención de la comisaría 2 acargo del comisario Montagnese, es asesinado en barrio Don José Gastón Martínez. Sus asesinos simulan un accidente de transito arrojándolo a la Avenida Charcas. La entonces sub-comisaria Contreras, de puño y letra notifica a la familia de esa hipótesis y no escucha los argumentos de que fue asesinado en una casa del barrio; ello permite que la casa sea incendiada y se perdieran pruebas vitales. Solo la lucha de la familia y vecinos permite la detención de los tres que participan en el asesinato  y posteriormente es detenido “El Cani”,  vendedor de drogas e instigador del  asesinato de Gastón. Todos permanecen detenidos a la espera del juicio oral.

En marzo del 2012 es designado el comisario Juan Carlos Peressutti, quien profundiza el autofinanciamiento de la seccional a partir de actividades ilícitas que solo funcionan con el amparo político. A partir de ese momento se desarrolla un proceso signado por la violencia, la persecución a los/as  militantes de las organizaciones y la llegada a la zona de bandas que gozan de protección policial- política.

El 11 de Julio es detenida  Cristina Rodríguez, militante social del barrio Lujan, quien sufre vejámenes y privación ilegitima de la libertad; en septiembre, en una asamblea de delegados/as del asentamiento Lujan que se realizaba en la Capilla,  personas armadas irrumpen y varios compañeros deben permanecer dentro de la misma  por más de dos horas mientras afuera había personas armadas y la policía nunca intervino. Los agresores provenían de Villa Olimpo, Lomas de Zamora, casualmente último destino del comisario Peressutti.
Por orden de este comisario fuimos reiteradas veces filmados, fotografiados, “escrachados” por la policía y dicho material publicado en la redes sociales en perfiles de facebook, siendo el más notorio el del pseudoperiodista Marcelo Alarcón, quien en realidad mantiene vínculos con la policía bonaerense y sectores políticos locales. Por  el mismo comisario fuimos tildados   en reuniones vecinales de “comunistas a los que hay que eliminar». Personaje  que desde sus practicas y dichos nos remota a los hechos mas trágicos de nuestro país dejando en claro que la ideología represiva  de las fuerzas de seguridad   siguen vigentes.

Gracias a la lucha de las organizaciones sociales  se ha  logrado que este oscuro personaje deje de cumplir funciones en la comisaría segunda del distrito, pero lamentablemente el poder político y la bonaerense lo  han premiado ascendiéndolo a Jefe de Turno Departamental quilmes.

Además de los hechos ya mencionados, debemos sumar la intimidación a militantes de Libres del Sur, la detención e intento de judicialización de militantes del Partido Obrero, la detención ilegal de estudiantes de la SB318. Hechos que dan cuenta de la intencionalidad represiva de las fuerzas de seguridad, el poder político (pese a enarbolar banderas “progresistas”) y la servidumbre del poder judicial a estos objetivos.

Otra de las caras  de esta trama mafiosa son las consecuencias que deben padecer   nuestros pibes, los jóvenes pobres son  reclutados como mano de obra barata por estas bandas (policía, narcos) y/  o nuestras niñas  víctimas de  las redes de prostitución. Para nosotros los que luchamos por la vida nuestros  pibes y pibas  son verdaderamente el presente y  futuro de nuestra sociedad,  por eso es que denunciamos a  estas  mafias y sus protectores.

 La impunidad en nuestro distrito  encuentra una continuidad histórica: a la protección política, policial  y judicial de las mafias que se apoderan de nuestras comunidades, de la  vida de nuestros pibes y pibas; a esto  debemos sumarle el intento atroz de ocultar la verdad de quienes han sido los  responsables  civiles   en nuestra localidad  en los oscuros años de la última dictadura; pese a los reclamos de familiares de  detenidos/desaparecidos  y organizaciones sociales el intendente Julio Pereyra se niega a abrir los archivos  municipales.

Motivos por los cuales  las organizaciones  abajo firmantes expresamos nuestra preocupación por la integridad de los/as militantes/as sociales, – políticos, nuestros pibes y nuestras comunidades

·        Decimos BASTA al accionar de estas  redes mafiosas que operan en nuestro distrito amparadas por  el poder político, la bonaerense y  el poder judicial.
·        Exigimos  investigación para identificar los actores intelectuales de los  ataques padecidos.
·        Exigimos que los fiscales investiguen la conexión  política entre narcos y funcionarios/ narcos y la policía.

ADHIEREN: PROCELAC (Procuraduría de criminalidad económica y lavado de activos – Ministerio Público Fiscal); Adolfo Pérez Esquivel SERPAJ Servicio Paz y Justicia, Comisión de Homenaje a   Madres de Plaza de Mayo  de Quilmes;  Comisión por la Memoriala Verdad y la Justicia FlorencioVarela; APDH La Matanza; Departamento Justicia y Paz del Obispado de Quilmes; Caritas Obispado de Quilmes; Fundación Jorge Novak Obispado de Quilmes;JPIC Argentina-Uruguay (Comisión de Justicia, Paz e Integracion de la Creación Claretianos); Centro de Participación Popular Mons. Enrique Angelelli;  Parroquia San Jorge; Espacio de Tierras para Todos y Todas; Parroquia San Cayetano;  Graneros de Sueños; Ruca Hueney, Hijos del Campo, Chicos del Sur,; El Transformador; Encuentro Niñez y Territorio; Cable a Tierra; Equipo de Trabajo Centro de Día Arcángel Gabriel; Colectivo de a Pie; RAE (Red de Apoyos Escolares); Coordinadora de jardines Maternales de La Matanza; Red Comunitaria de Centros de Educación Popular (Red Andando);  Dr. Marcelo Ruiz Rector de la Universidad de Río Cuarto, Córdoba –  Arturo Blatezky MEDH Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos – Programa Niñez, Derechos Humanos y Políticas Públicas de la Universidad de La Plata  REDBA Red de Hogares y Centros de Día de la Provincia de Buenos Aires – EONA Encuentro de Organizaciones de Niñez y Adolescencia de la Provincia de Buenos Aires – El Transformador, Centro de Día y de Noche – Cable a Tierra – Portal del Sol – Asociación Tierra y Dignidad – Fundación Ayuda a la Niñez y Juventud CHE PIBE – Fundación Emmanuel – Hogar Pichuca Gutiérrez de La Plata – Hogar Don Bosco – Centro de Día Rayuela – Lobo Suelto! – Movimiento Teresa Rodríguez; Corriente Clasista Combativa Varela, Berazategui; Quilmes; Movimiento Independiente de Jubilados y Pensionados(MIJP), MUS (Movimiento de Unidad Secundaria),; Equipo de Trabajo Centro de Día Arcángel Gabriel; Movimiento Libres del Sur; Frente Popular Darío Santillán Corriente Nacional; Encuentro por la Unidad Latinoamericana; Instituto de Investigaciones y Experimentación  Política, Colectivo Situaciones; Revista Crisis; Centro de Estudios Urbanos de Rosario; Radio FM La Tribu; FM La Barriada; Movimiento de Colectivos Maximiliano Kosteky; Corriente por una Nueva Universidad(UNRC-Universidad Río Cuarto); Red El Encuentro; Centro de Día Rayuela; Lista Marrón (Suteba de Fcio. Varela);  Hugo “Cachorro” Godoy (Sec Gral. de ATE Nacional), Oscar “Coló” Isasi (Sec. Gral. de ATE Provincia Buenos de Aires); Carlos Chile (Sec. Gral. de CTA Capital Federal), Laura García Tuñon (Legisladora de la Ciudadde Bs As); Fabio Basteiro (Legislador de la Ciudad de Bs As); Lozano Claudio (Diputado Nacional UNIDADPOPULAR); Isturraspe Graciela (Diputada Nacional UNIDAD POPULAR); Margarita Stolbizer (Presidente Bloque de Diputados Nacionales GEN/FAP); Gerardo Milman (Secretario General GEN Pcia. Buenos Aires); Fernanda Rosselli (Secretaria General Fcio. Varela); Víctor De Genaro (Diputado Nacional Unidad Popular); Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST); Partido Obrero en el Frente de Izquierda (PO); Partido Comunista Revolucionario (PCR),  CEPPAS (Centro de Políticas Publicas para el Socialismo); (Confluencia Política Camino de los Libres; Frente Progresista Cívico Social de Fcio. Varela … siguen  las adhesiones…

Entrevista a Giuseppe Cocco: “Un país como Brasil no se sustenta sin una producción y reproducción sistemática del miedo»


Militante, cientista político y profesor universitario, Giuseppe Cocco señala que las manifestaciones callejeras están en un momento de intermediación entre la explosión inicial de junio y la constitución de un nuevo orden de cosas. Según la evaluación del italiano, las manifestaciones callejeras ocurridas en todo el país a partir de junio son la primera huelga general metropolitana. Para entender el argumento, presentado en conferencia en el Sindicato de los Docentes de las Universidades Federales del Estado de Ceará (Adufc), en julio, es necesario tener en cuenta el disparador de las marchas.

Iniciadas por el aumento de los pasajes en los transportes urbanos, se terminaron volcando hacia otras cuestiones, tanto estructurales como coyunturales. La idea de Cocco es que, con la economía mucho más volcada a los servicios que a la industria, el transporte es el elemento esencial para estar inserto social, económica y culturalmente en las ciudades. Dentro de esto, las manifestaciones son “la cara más salvaje” de los dos gobiernos de Lula. Estallan por las manos de la nueva clase media, que ahora exige más de los gobernantes, y ponen al PT un problema que la presidenta Dilma, según Cocco, no ha sabido resolver. Partiendo de ese contexto, afirma que las protestas cuestionan nuestra democracia, son un punto de inflexión entre la destrucción de los viejos órdenes y la constitución de uno nuevo y son una radicalización democrática, lleno de un disenso que no debe ser unificado sino, por el contrario, comprendido.

Cocco analiza también los Puntos de Cultura como una iniciativa importante de auto-organización  popular de la multitud, afirma que no existe “vandalismo” sino “aquel del poder” y clava: “Esta violencia es la construcción de la paz”
¿Qué es lo que las manifestaciones dicen acerca de nuestra democracia?

Podemos abrir la reflexión sobre el tema de la democracia en varias direcciones. Por un lado, la represión determina una mayor movilización –inclusive una movilización radical. Todas esas manifestaciones tuvieron una participación de jóvenes más o menos determinados a la confrontación, claramente inspirados por un cierto tipo de exasperación con respecto a los cambios, al hecho de que los cambios estén colocados a largo plazo, de que toca esperar, pero también con inspiración en lo que sucedió con las Revoluciones Árabes y en Estambul. Y, en estas movilizaciones, vemos a los sectores jóvenes, desorganizados o no tradicionales, yendo hacia el enfrentamiento y afirmando que esto no es una verdadera democracia. Lo cual es verdad.

Y aunque, en un principio, la mayoría de los manifestantes fuesen del movimiento estudiantil, de clase media metropolitana, rápidamente hubo una movilización de jóvenes de la periferia que también tiene acceso a la universidad, pero por las políticas de inclusión del gobierno (Prouni, Reuni, expansión de la enseñanza técnica…), que entraron en esa brecha criticando la democracia y practicando otra democracia. Democracia es esa posibilidad del conflicto, de que acontezca el conflicto, de decir: “Yo quiero ir hasta el estadio. Si la policía hace una barrera para que permanezca a cuatro kilómetros para que nadie pueda vernos, voy a encontrar una manera de que todo el mundo lo vea. Yo quiero protestar”. Es una práctica de democracia que se llena con otro contenido, donde los conflictos puedan acontecer y no sean gobernados como estos son gobernados ahora.

Pero nuestra democracia es bipolar, es una gran conciliación entre los partidos, una dinámica que hace a los gobiernos todos iguales con pequeños matices. Por otro lado, la regulación de los pobres continúa siendo ultraviolenta, basada en el poder de excepción de una policía que puede matar al pobre cuando quiera. Este movimiento, más allá del tipo de política de la movilización, abrió una brecha, colocando a la democracia en un terreno más material y dándole un nuevo contenido.
¿Qué indicios dan las manifestaciones de lo que puede ser esa nueva democracia que se anhela?

Con certeza, las manifestaciones que continúan apuntan para otro horizonte, que es el de la radicalización democrática. La democracia no es la pacificación en el sentido del miedo y de la armonía como necesario terreno para escamotear la lucha de clases, la lucha entre diferentes intereses. La democracia es el espacio donde esa lucha puede acontecer sin que signifique una violencia generalizada o el retorno al totalitarismo. Lo paradójico de la izquierda del poder y de sectores de izquierda que sentían que estaban con el movimiento fue decir que las movilizaciones eran fascistas –cuando en verdad, es la postura del estado ante esto. Después de esta fase formidable de manifestaciones masivas, el movimiento pasa por una fase de difusión, que puede ser un reflujo, como en Sao Paulo que ya no acontece casi nada más, o puede ser una difusión como otra respiración, la experimentación de otros movimientos. Para que efectivamente esa radicalización democrática pase del momento insurreccional, que es destituyente, al momento instituyente, necesita encontrar espacios, medidas, métricas adecuadas.
¿Usted encuentra que estamos en este período?

Sí. Estamos en esta inflexión. Las ocupaciones que han surgido en las Cámaras y Asambleas Legislativas son los primeros momentos en este sentido. Hubo en Porto Alegre, en Belo Horizonte, en Espírito Santo, en Belém. Después hubo una multiplicación de asambleas populares, plenarios. En Rio de Janeiro está lleno. Nadie sabe cuántas reuniones están efectivamente sucediendo. También puede suceder que en esta inflexión el movimiento se va diluyendo o refluye.
¿Cuál es la diferencia entre estas reuniones ahora y las reuniones que siempre ocurrieron en las periferias de las ciudades, con los movimientos sociales?

La diferencia es enorme. En primer lugar, este movimiento no viene de la nada. Ha habido generaciones de militantes, de organizaciones que en el movimiento se juntaron. Pero fue el terreno de una transformación antropológica que llevó a mucha gente a creer en las manifestaciones, en sí mismas, en el uso de las redes. Las características son que las movilizaciones tienen mucha gente, cuando antes usted tenía apenas los segmentos organizados –incluso de los márgenes del MST, Sin Techo, Tercer Sector-; eran siempre esas redes que multiplicaban los momentos de resistencia, pero no conseguían masificar. El momento electoral partidario, de las grandes organizaciones sindicales, prevalecía con un cuadro de desvalorización, cooptación y represión de movilizaciones pequeñas. Incluso las movilizaciones descentralizadas, tienen en la actualidad cerca de 300 o 400 personas. Existe una gran determinación de participación, una generación completamente nueva. Esto significa que la crisis de representación no es solamente del gobierno, sino de todas las formas organizadas, inclusive del MST, etc. No significa que fueran impugnados directamente, pero quedaron completamente desplazados ante esta práctica.
Entonces, ¿cómo conjugar ideas tan antagónicas al respecto, por ejemplo, de economía, política, derechos humanos?

El verdadero problema es que, para lidiar con eso o pensar esta dinámica de lo destituyente a lo instituyente, es preciso (lo cual no es fácil, la reacción automática de los partidos y del gobierno va en sentido contrario) renunciar inicialmente a conjugar eso. La característica de este movimiento de multitud es que no se unifica. La verdadera política adecuada ante eso sería abrirse a dejarse atravesar por un movimiento de multiplicidad de iniciativas. Ningún partido, ni siquiera de extrema izquierda, estaría en condiciones de hacerlo, porque por definición, tienen un modo de funcionamiento unificado, sintetizado. Francamente, si yo estuviese en el gobierno, tampoco sabría qué hacer. Pero hay horizontes que la gente podría definir como horizontes posibles.
¿Cuáles?

El gobierno federal, que tiene más condiciones, podría, aunque ya ha pasado el tiempo, haber divisado en ese movimiento un guiño hacia la izquierda y haber hecho una reforma ministerial que habría sido una reforma en términos de comunicación, simbólica, pero que marcase esa apertura. Por ejemplo, colocando en los Derechos Humanos una figura reconocida por su historia y su práctica, construyendo el ministerio de la Ciudad y el Transporte juntos, colocando una figura reconocida del movimiento de reforma urbana, reorganizando también el ministerio de Cultura. Esos tres momentos habrían sido fundamentales. El PT no tiene esa capacidad, esa lucidez. La presidenta Dilma, todavía menos. La cosa curiosa es que el gobierno de Lula tiene experiencia de política de la multitud, de la multiplicidad, que fue destruida por Dilma. Ella no le dio la menor bola. Para ella, el problema es la mega-represa. La política de los Puntos de Cultura es un ejemplo de la política de la multitud. Usted usa un recurso público, doblegándolo al reconocimiento de las dinámicas de auto-organización  que existen en la sociedad.
¿Cuál es el lugar de la violencia y de los enfrentamientos en las manifestaciones?

La violencia es un terreno de organización del poder y organización del poder en torno de algo bien específico que es el miedo. Un país como Brasil no se sustenta sin una producción y reproducción sistemática del miedo. El nivel de desigualdad, de injusticia, de miseria que caracteriza a todas las ciudades brasileras sólo se sustenta porque el poder está organizado en torno al miedo. No es casualidad que, en ciudades como Río de Janeiro, exista una tropa de elite que tiene como símbolo la calavera, es decir, la muerte. Estas manifestaciones fueron de un nivel diferente, una determinación de no ser rituales. Uno de los mecanismos de masificación fue que, desde el inicio, ellas contenían un elemento de radicalidad que implicaba el hecho de decir: “Nosotros no vamos a manifestarnos de manera ritual. Vamos a marcar nuestra presencia incluso enfrentando las limitaciones que el estado nos impone y eventualmente atacando algunos símbolos del poder”. Eso pegó.
¿Cómo se entiende lo que se llama “vandalismo”?

Creo que la gente debe deconstruir el término. No existe ningún vandalismo a no ser el del poder. Por ejemplo, ¿qué sentido tiene hablar de vandalismo en San Paulo después de todo lo que sucedió con aquellas centenas de muertos ligados al enfrentamiento entre la Policía Militar y los comandos de criminalidad organizada, las matanzas que ocurrían en toda la ciudad? El término vandalismo es una hipocresía más de los medios de comunicación que no se miran al espejo. El vandalismo aquí es una pura invención mediática. En Río de Janeiro, por ejemplo, cuando la gente habla de lo que es la gestión del gobernador Sergio Cabral, del prefecto Eduardo Paes y del ex-prefecto César Maia, podemos hacer una lista de más de diez grandes inversiones, cada una de ellas más o menos billonarias, tiradas a la basura. Una o dos ventanas, un  mobiliario urbano roto es menos que nada ante la Ciudad de la Música, construida por César Maia, que costó por lo menos medio billón y está cerrada hace más de cuatro años. Está allí, enorme, gigantesca, en el medio de un mar de favelas en el medio de Barria da Tijuca, cerca de Cidade de Deus. Algunos comercios rotos por aquellos de Cidade de Deus es nada delante de ese medio billón que no tiene ningún uso. El Maracaná fue rehecho en 2007, rehecho ahora y, después de la Copa del Mundo, será rehecho de nuevo para los Juegos Olímpicos. Es una fiesta vandálica. Los vándalos están en el poder. Fueron los muchachos quienes dieron y siguen dando a estas manifestaciones una característica alejada del ritual o el vacío de una procesión, que repite una liturgia para que los dirigentes continúen con sus negocios. Eso dio a este movimiento su dinámica y caracterización innovadoras.
Hay un involucramiento de los propios cuerpos de los manifestantes en el enfrentamiento…

Sí. En tanto enfrentan la radicalización de la policía para que la manifestación no sea limitada, ritualizada, esclavizada, defienden la manifestación con el propio cuerpo, y la política de la multitud aparece como la política de los cuerpos. No más la política de los números de las estadísticas electorales. Cosa que no entra en la cabeza de Dilma y del PT, que continúan consultando a los agentes de marketing. Este movimiento destruyó todas las funciones matemáticas y estadísticas usadas por el marketing, por los economistas. Porque los cuerpos no son números. Ellos interactúan según otra dinámica. Podemos utilizar la metáfora del amor, el amor que tienen estas luchas. “Existe amor” no es un decreto, sino una constitución que pasa por la lucha. Es la lucha que constituye al amor.
¿Qué es lo que lo que la “multitud” enseña al “pueblo”?

El pueblo no existe más en tanto pueblo, sino en tanto fragmento. El otro lado de esa existencia del pueblo en tanto fragmento –que en Brasil conoce por causa del subdesarrollo- reaparece en la forma de constitución de hacerse de la multitud. Ese hacer escamotea la problemática del pueblo. La multitud no es pueblo. La violencia de la multitud es una violencia de resistencia. Si, por un lado, tiene una determinación de radicalización para que la manifestación no sea ritual, por otro, el comportamiento de ese grupo más radical, muchas veces de la periferia, sin ninguna centralización, funciona como un enjambre. Ellos permanecen allá, se juntan, se expanden. Su práctica de la violencia es defensiva. Hay imágenes increíbles de ese enjambre de jóvenes subiendo con vallas, barras de hierro, piedras contra los carros de la policía, incluso caminando encima de los carros blindados. ¿Por qué pueden hacer eso? Esos, que suben, conocen este carro blindado que mata todo el día en la favela. Porque, en la avenida, tenía la condición de hacer eso sin que el carro lo matase. Es un odio contra la policía asesina; y también destrucción del miedo y la construcción de una verdadera paz. No hay paz con miedo. La paz es de los ciudadanos que no tienen miedo. Esta violencia es la construcción de la paz.
¿Cómo entiende la relación entre la crisis de representatividad que alcanza a los partidos políticos y el odio a los medios de comunicación, con autos de la prensa quemados y hostilización a los periodistas? ¿Las dos cosas forman parte del mismo movimiento?

En primer lugar, los medios de comunicación sólo lograron permanecer en estas manifestaciones de manera camuflada. Por eso se llevaron muchas balas de goma. Hubo una gran cantidad de periodistas heridos. La izquierda y el PT  decían que era un movimiento manipulado por los grandes medios de comunicación de derecha. Cuando los manifestantes atacan la Red Globo, como sucedió en Leblon, dicen que son infiltrados, vándalos. Ellos lloran por la campaña mediática de la asignación mensual, pero no pueden ver el hecho de que la multitud es profundamente enemiga de los medios de comunicación porque la identifica con todo el sistema de poder del estado. Si existe un rechazo de los partidos a estas manifestaciones, existe un odio a la policía, al estado, que es equivalente al odio a los medios de comunicación. La cuestión de los partidos es porque los movimientos son irrepresentables. Si un partido pretende imponerse, porque cree que tiene una bandera limpia como el caso de la izquierda opositora, de la extrema izquierda, como el PSTU, éste es visto como una imposición. Si se impone, es visto aún de peor manera –como fue el caso de los sindicatos. El rechazo a las banderas de afuera no significa rechazo de formas de organización y constitución. La fase por la que pasa el movimiento en este momento, es la de decir: “Bueno, una vez que la gente cuestiona sistemáticamente todas las formas de organización, ¿cómo es que la gente se organiza? Nadie sabe cómo.
En la época del lanzamiento de Mundobraz, usted afirmó: “La crisis está abierta, ella puede ser una perspectiva de construcción de otros valores. En ese horizonte está la posibilidad de construir (…) una esfera de lo común”. ¿Las manifestaciones están construyendo esa esfera de lo común?

Todavía no. Ellas señalan una esfera que no es ni aquella estatal, ni aquella del mercado. Son profundamente antiestatales, contra la representación; y profundamente contra el mercado, contra el capitalismo. Este movimiento tira la ropa de todo el mundo. Todo el mundo queda desnudo, hablando un montón de mierda. Pero creo que señala para ese territorio de constitución de lo común. Sólo el movimiento inventa, sólo la lucha enseña. Ese movimiento transmuta todos los valores. Antes del movimiento, eso que yo decía permanecía en la indiferencia, como un dato folclórico, interesante, en el régimen de la producción artística. Ahora se puede decir: “Está allí”. Aunque el movimiento pueda pasar ahora por un reflujo total, es un evento único que abre todos los horizontes de lo posible.

Traducción: Santiago Sburlatti

Por una democracia del común. Entrevista a Michael Hardt


Declaración, el último libro de Michael Hardt y Toni Negri, fue escrito al calor de la serie de «revoluciones conectadas» que irrumpieron en el 2011: Primavera Árabe, 15M, Occupy Wall Street. La obra está constituida por algunas ideas extraídas de las prácticas que se generaron en estas revueltas y que pueden ser útiles para impulsar el paso de un llamamiento a rebelarse contra la crisis y la falsa democracia, a la constitución de una nueva sociedad. Es decir, a la creación de instituciones y nuevos derechos a partir de los prototipos organizativos que se han dado en las redes y las plazas.Las obras anteriores de los autores –Imperio, Multitud y Commonwealth– constituyen una referencia fundamental del pensamiento político actual. Lo que las distingue de la pura especulación filosófica o académica es la articulación de sus autores con los movimientos sociales y las luchas reales del ciclo global de conflictos todavía en curso. En esta entrevista le preguntamos al autor sobre los movimientos contra la deuda como importante derivación de estas revueltas y respecto a su relación con la construcción de una democracia real basada en el común.
En Declaración planteás que estudiar la deuda desde la posición de los endeudados resulta útil para entender el proceso de mercantilización de los derechos. ¿De qué manera transforma la deuda el vínculo entre ciudadanía y derechos?
Nuestras sociedades han pasado de un sistema basado en el bienestar (Welfare) a otro basado en la deuda (Debtfare). Las necesidades básicas para la vida que debían ser cubiertas por la estructuras del Estado del Bienestar ahora son solo accesibles mediante el endeudamiento personal. Necesitas un préstamo para estudiar en la universidad, adquirir una casa o ser atendido en un hospital. Es una grave injusticia que estas necesidades vitales queden además fuera del alcance de muchas personas. Pero lo importante es reconocer la naturaleza social y colectiva de este fenómeno, que forma parte de un proceso neoliberal más general en curso desde la década de 1980, intensificado en años recientes. Las luchas contra la deuda se basan hoy en reconocer que endeudarse no es una elección personal, mucho menos el resultado de un frívolo gasto excesivo. Se trata más bien de un fenómeno socialmente determinado. Cuando reconocemos que no estamos solos en nuestro endeudamiento podemos empezar a luchar juntos.
 
Judith Butler ha propuesto la «fragilidad» como el punto de partida para una alianza política que ya no se basa en la homogeneidad, sino en las diferencias. Esta idea parece sugerente dada la compleja composición del «99%», el «nosotros» que hablaba en Occupy. La proliferación de la confianza y el apoyo mutuo, rechazando la disciplina de la homogeneidad, ¿son ahora condiciones para organizar la revolución? ¿Cómo articulamos la relación entre el uno y el muchos, partiendo de nuestra condición finita, dependiente y vulnerable, contrarrestando el aislamiento que produce la individualización?
Es importante combatir los dispositivos de individualización masiva que aíslan a las personas haciéndolas sentirse responsables e incluso culpables de su propia subordinación, abandonadas en su impotencia. La deuda es un dispositivo que produce este tipo de individualización mediante la retórica de la autosuficiencia individual. Pero sería erróneo obsesionarnos con nuestra victimización. Mediante redes de cooperación social podemos desplazar la perspectiva de la dependencia individual a la interdependencia colectiva. No se trata de imaginarnos inmunes, sino de crear un contexto social en el que podamos sentir una seguridad real. En la relación de unas personas con otras nuestras vidas pueden dejar de ser precarias. Los movimientos recientes contra la deuda en Estados Unidos, España y otros lugares han generado poderosos efectos de desindividualización: no solo bloquean la amenaza acreedora, sino que también –y esto es aún más importante– construyen redes autónomas de interdependencia y apoyo. Me gusta pensar en términos de «poder de la interdependencia». Sin embargo, huir del individualismo forzado de la sociedad del débito no significa fundirse indiferenciadamente en la masa. El asunto plantea un reto teórico y político importante. Tenemos que demostrar que el individuo aislado no es el único espacio de la diferencia, pero también que nuestras redes de cooperación social autónoma funcionan porque somos diversos y solo perduran en la medida en que nos permiten seguir siéndolo. 
¿Cómo opera el «comunero», el sujeto que a vuestro juicio produce «el común»?

Resulta útil pensar al comunero como alguien que no solo hace uso o participa del común, sino que también lo produce. El común debe ser producido y reproducido continuamente. Todo lo que es común o susceptible de devenir común —incluso el agua, la tierra y los bosques— forma parte, siempre, de una relación de cuidado e interacción. También las formas inmateriales de lo común —las ideas, las imágenes y los códigos— deben ser producidas y de tal manera que puedan ser compartidas de forma sostenible. En una escala mayor, debemos pensar en la metrópolis misma y en todas las relaciones sociales insertas en ella como una gigantesca producción y un vasto reservorio del común. El punto clave es entender que el común no es espontáneo ni automático, que necesita del comunero que es quien lo produce y sustenta.
¿Cómo se organiza ese común que no es privado pero que tampoco responde al imaginario de lo público-estatal presente en las demandas de parte de los movimientos y del pensamiento de izquierda?
El común no se define sencillamente por la falta de control privado o estatal, sino también por el establecimiento de un modo de gestión alternativo: la autogestión democrática colectiva. Tales prácticas de autogestión son lo que Toni Negri y yo llamamos «instituciones del común». Mientras algunos sostienen que el común puede ser gestionado únicamente por comunidades claramente delimitadas y reducidas, nosotros concebimos un común definido por el libre acceso y la participación expansiva. El común se debe caracterizar no exclusivamente por la homogeneidad en pequeña escala, sino también por la mezcla y la pluralidad en una escala mayor. Esta discusión es paralela a una conocida divergencia en las teorías sobre la democracia. Hay quienes sostienen que una democracia real solo puede funcionar en el marco de unas comunidades reducidas y limitadas, mientras otros —entre quienes nos incluimos— imaginamos y luchamos por la democracia de una población a gran escala, heterogénea y activa. Tal democracia real no existe aún de un modo significativo y su realización futura no está en modo alguno garantizada, pero constituye el horizonte —una estrella que guía en la imaginación política— para un número cada vez mayor de personas alrededor del mundo. Una democracia real y unas relaciones abiertas y expansivas del común son promesas por las que debemos luchar.
¿En qué estado se encuentra la organización del movimiento contra la deuda en Estados Unidos después de Occupy? ¿Te parece que las iniciativas contra la deuda se pueden considerar un «comunero colectivo» en oposición al «capitalista colectivo»?
Existen numerosas campañas contra los desahucios organizadas a nivel local en Estados Unidos, pero el proyecto contra la deuda de coordinación más extendida es Strike Debt. Uno de sus aspectos más útiles es la manera en que reúne las luchas contra diferentes formas de deuda: estudiantil, sanitaria e hipotecaria.
Sin duda, iniciativas como también la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) en España y otras similares crean un común en la medida en que combaten la segregación de la ciudad fragmentada y privatizada, y dotan a las personas de herramientas con las que crear espacios comunes para vivir. ¿Qué significaría hacer realmente una metrópolis común? Es una cuestión de peso difícil de responder. No me cabe duda de que Strike Debt o la PAHofrecen parte de la solución.
¿Dónde radica la posibilidad de romper con la individualización del tiempo, para afirmar una temporalidad de los «comuneros»? ¿Cómo podemos romper con la temporalidad de la deuda y afirmar un tiempo de la compartición, organizando la vida en común?
Para constituir una nueva temporalidad, tenemos que empezar por investigar la naturaleza del tiempo en que vivimos hoy. El historiador E. P. Thompson teorizó cómo la industrialización conllevó un cambio en nuestro «tiempo interno». Mientras anteriormente se medía el tiempo en términos de ciclos naturales y tareas materiales, el dominio de la industria introdujo una medida homogénea y regular del tiempo que se propagó desde la fábrica hacia toda la sociedad. Thompson señala también que el movimiento obrero industrial dedicaba una parte importante de su esfuerzo a las luchas sobre el tiempo. La lucha por reducir la jornada laboral operaba en el terreno de la temporalidad industrial. Thompson propone reconstruir nuestro sentido del «tiempo interno» en términos de qué hacemos, cuáles son nuestras prácticas cotidianas y cómo cooperamos productivamente unas personas con otras. Es una tarea difícil, pero este me parece por lo menos un punto de partida. El estallido de la fábrica como modo de producción ha dado como resultado una fragmentación de tiempos de la producción. La temporalidad del sujeto endeudado forma parte de esta nueva pluralidad. Tenemos que dar cuenta en detalle de los diversos modos de producción y de cooperación de los sujetos endeudados, para poder identificar cómo constituyen en concreto su sentido del «tiempo interno» e investigar qué potencialidades de revuelta se abren en este terreno.

Inactualidad, demora y repetición: prólogo a Kamchatka, de Mariano Pacheco

por Omar Acha


Los ensayos reunidos en este libro de Mariano Pacheco, en mi lectura, confluyen en un nudo problemático, gravitan alrededor de un eje conceptual. Asedian las convicciones básicas del progresismo intelectual afirmado en América Latina durante las últimas décadas. Intervienen, entonces, en el panorama cultural heredado tras el disciplinamiento con que las dictaduras anochecieron el suelo de las democracias capitalistas.

Hoy el progresismo intelectual –el caso argentino es al respecto ejemplar– ha encontrado su clímax, pues campea en oficialismos y en oposiciones. Se ha constituido en un puntal del complejo establishment cultural local. Sus matices son oportunidad de ventas en librerías y notas en “revistas de cultura”. Pero sobre todo, estimulan alineamientos aparentemente antagónicos en torno a convicciones compartidas. Es innecesario ironizar al respecto, pues quienes mejor piensan dentro de la estela progresista saben bien, y lo han dejado entrever, que sus divergencias se componen en el seno de lo que no es cuestionado: la economía y la democracia capitalistas.
Para reconocer el nervio ideológico del progresismo intelectual es suficiente recordar las palabras claves de lo que desde 1983 se impuso como el deseo de una nueva “cultura política”: democracia, derechos humanos, inclusión social, república. Esa “cultura política” no fue exclusividad de un único cuartel doctrinario. Justamente, prosperó como establishment cultural porque fue el suelo donde se plantearon las disputas posteriores entre las voces audibles, entre posturas “razonables”. Fue, y hoy lo es más que nunca, el a priori incuestionable e impensable de la hegemonía intelectual del país burgués. Todo “pensamiento” y todo desacuerdo se emplazan en la naturalización y universalización de los puntos de partidas progresistas.
¿Quién se atreve a cuestionar de qué se habla, políticamente, cuando se utilizan los “derechos humanos” como arma de legitimación del dominio? Porque hoy solo es un signo de la libertad, borrándose el horizonte burgués que consagra. ¿Quién pone en suspenso la virginal impunidad de la “democracia”? Porque ya no se plantea su funcionalidad con la opresión partidocrática y clasista sobre la decisión popular. ¿Cuándo será posible denunciar la degradación del asistencialismo que conserva a los pobres en una pobreza un poco menor? Porque es indecible que ese asistencialismo legitima a las élites dominantes en su supremacía para la que se reclama, además, la gratitud de “los humildes”. Aquellas y otras preguntas del mismo estilo están ausentes en la discursividad vigente. Lo están porque sus supuestos han quedado en el pasado arcaico: la transformación social, la democracia plebeya, el poder popular, el socialismo. Son éstas, y no las otras (democracia, capitalismo), las palabras prohibidas, impronunciables por gente cuerda. No las pronuncian las dos ramas del progresismo intelectual: la vertiente liberal-socialdemócrata y la vertiente nacional-popular. Si creemos a los discursos progresistas de hoy, las vindicaciones revolucionarias son patrimonio de despreciadas “sectas políticas”, tan atenazadas en sus monólogos como externas de la realidad. La democracia sin adjetivos es el nicho sagrado de todas las posturas “críticas”.
La pulsión de inactualidad respecto al consenso reformista late en la prosa con que Mariano Pacheco contraviene la serenidad ideológica de la cultura progresista. Lo hace siguiendo los trazos de tres nombres: Nietzsche, Freud y Arlt. Son más que citas oportunas. En verdad, las tres referencias no bastan –ellas solas– para consolidar una posición. Sabemos que las citas de referencias “prestigiosas” son obligadas tanto para las carreras académicas como para las escrituras progres. Pululan por doquier ponencias, artículos y libros en tren de “publicar” o brindar apoyos a las opciones sistémicas de nuestro tiempo.
No es entonces cuestión de citas lo que Pacheco nos propone. Es más bien una intersección de enigmas poco compatibles con los remilgos del pensamiento progresista. Retorno, repetición, traición, son las palabras claves de este libro. Antes de insistir en la decisiva cuestión de la repetición –ese intríngulis teórico de toda escritura inactual– me interesa destacar algo más sobre el cuestionamiento de la monocordia progresista.

Hoy surgen cada tanto agrupaciones intelectuales con sus respectivas “declaraciones”. Pareciera que vivimos, por ende, en un tiempo de renacimiento intelectual. Se dice que los intelectuales han regresado a la política. Sin embargo, un consenso poco sorprendente atraviesa y hermana las disputas aparentes, de superficie, entre las tribus intelectuales. Los desacuerdos suelen ordenarse alrededor de cómo se sitúan ante el kirchnerismo, aunque ese lugar antes estuvo ocupado por el alfonsinismo y el menemismo. De allí que la cuestión de fondo no sea el kirchnerismo. El tema general es la base progresista de todas las alternativas, con excepciones de las presuntas y desoídas manías de la izquierda “ultra” (y decir “ultra” ya es situar al otro en lo que es y hace nada, ni interlocutor ni antagonista porque es incomunicable). El galardón por el que se torean es cuál vertiente es realmente la progresista, mientras las otras lo serían de manera equívoca o inconsecuente. Debaten por la misma razón y con la misma razón. Pero eso no es un debate.
Contrastadas con las fisuras emergidas durante el bienio 2001-2002, son discusiones restauracionistas, es decir, relegitiman los problemas que la crisis vino a desnudar y sin embargo no eran radicalmente nuevos. En nuestros días el establishment intelectual se nutre de una agenda progresista remozada, matizada por las exigencias que esa crisis legó, pero sin que la mueva una fidelidad al evento ni la perplejidad ante sus promesas irresueltas.
En este panorama adquiere un nítido perfil la demora en el nacimiento de una nueva generación intelectual en la Argentina, la suspensión de un advenimiento que se anuncia en mil indicios pero cuya coagulación es todavía una espera. No me refiero a las invocaciones “generacionales” que reclaman transmisiones de legitimidad y sentido para las camadas más jóvenes, sin un apreciable esfuerzo por acometer la injusticia de erigir una palabra propia. Que intelectuales de menor edad asuman las ideas de intelectuales más viejos (no interesa que añadan alguna acotación marginal sin alterar el fondo) es bien distinto del pronunciamientogeneracional.
El pronunciamiento debe eludir atorarse en el circuito infernal del resentimiento. Para exaltar su vitalidad requiere la invención de perspectivas, la producción de obras. Las apelaciones que nos propone Mariano Pacheco no son las únicas posibles, pero ciertamente los usos de Arlt, Freud y Nietzsche que nos ofrece convergen en la emergencia de un programa de invención no progresista. Traer esos nombres a la palestra, ya no como citas en mercancías académicas, ni tampoco solo como pimienta para arrojar a los ojos somnolientos del gradualismo intelectual. Más bien, como nutrientes para conversaciones con la nueva generación.

La heterogeneidad de Freud, Arlt y Nietzsche se hace vector alrededor de la repetición. La repetición delata el doblez de la “integración”, desnuda la ideología del “progreso”, la hipocresía de la “inclusión” condescendiente. Mientras el pensamiento progresista pretende “avanzar”, realizar prudentes “pasos adelante” hacia una mejoría justipreciable “en el contexto” (como esos sindicalistas que “entienden la situación” y acuerdan bajas salariales), la revelación de lo repetitivo cruza el vector confiado y progrediente con la certidumbre de su hipocresía.
La repetición revoca el origen y la meta para lanzarnos al cuadrilátero del antagonismo, donde se gana o se pierde, donde todo empate oculta algún ardid. Escenas que se reiteran, pugnas perpetuas engalanadas pero no eliminadas. En el orden ideológico de nuestras convicciones ordinarias, la repetición se pliega en el cuerpo y la muerte, ese destino de toda carne.
Pensar radicalmente no es separable del hacer físico. Una muy prolongada tradición ha escindido el quehacer intelectual del olor y el calor que acompañan a la flexión muscular, al choque de los huesos. Refigurar la praxis intelectual como movimiento corporal agresivo, diverso del mero daño, es un envase adecuado para exceder los conformismos progresistas. Leo los escritos de Mariano Pacheco anudados a vigorosas formas corporales, por ende en sesgo adverso respecto de la cópula sin fricciones del adaptacionismo académico (que regurgita cualquier obra como “tema de tesis”) y de los malabares castratorios con los que el progresismo licua adaptativamente la conflictividad raigal de la crítica. Por eso distingo gotas de transpiración viñesca –por David– en este libro.  
Nos hallamos en la demora de una gestación del quehacer intelectual emancipado del progresismo. Esa demora no la decide la providencia. Tampoco es el resultado de una conspiración de los viejos de alma o de nacimiento. Anida en ella la apertura para un comienzo de la creación intelectual. Pues si es cierto que el capital y la democracia burguesa reinan en nuestra tierra, las realidades mundiales están henchidas de impulsos para pensar, escribir o filmar de otro modo. También las situaciones argentinas y latinoamericanas avistan potencialidades de insurgencia, aunque también revienten de hegemonía y adaptación. El capítulo intelectual de esa novedad acompaña el vilo de nuestro tiempo. Un primer paso en ese sentido consiste en avanzar contra el legado político-ideológico de la represión política de la última dictadura: el progresismo. Demora, inactualidad y repetición, entonces, son las claves con las que quiero invitar a recorrer los ensayos de Mariano Pacheco. Ejercicios de desavenencia con el tiempo dominante, con todos sus guardianes y sus oportunistas.
 Balvanera, enero de 2013

Ecologistas de panza llena… de plomo

Por Joan Martínez Alier

He coleccionado declaraciones de presidentes latinoamericanos, de Daniel Ortega por la izquierda hasta Juan Manuel Santos por la derecha, pasando por Cristina Kirchner, Evo Morales y su vicepresidente, el caducado Sebastián Piñera y también Ollanta Humala, Rafael Correa y el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva.

Adivinen quién dijo qué:

…ningún gringuito con la barriga llena puede venir a reclamar ni darnos lecciones de ambientalismo…

…(El presidente) critica ambientalistas al defender la construcción de centrales hidroelétricas…

…rechazamos posiciones extremas: el agua o el oro. Nosotros planteamos una posición sensata: el agua y el oro…

“…calificó al ambientalismo de ‘estrategia imperial’ durante su intervención en la cumbre… Río+20…”

…no es una ley fundamentalista ni por el lado del productivismo, ni fundamentalista por el lado del ecologismo, es una ley equilibrada…

…es loable la defensa de la fauna y de la flora, pero más importante es cuidar a la especie humana para que tenga trabajo, agua, cloacas…

“…ha manifestado su oposición, en la última cumbre del ALBA, a ese ‘fundamentalismo indigenista’ que se opone a toda explotación de los recursos naturales y propugna un ecologismo radical que detiene por completo el progreso”.

Mientras los dirigentes de Bolivia aseguran que el ecologismo es el nuevo colonialismo, Mario Vargas Llosa escribe lo contrario: Hay una izquierda radical que ha encontrado en el ecologismo una bandera que le permite resucitar los viejos problemas. Pero vean cómo coinciden en la inquina contra el ecologismo.
Si ampliamos el campo, encontramos repetidas menciones al ecologismo de panza llena. Los ecologistas dicen lo que dicen porque tienen la panza llena. La oposición ecologista a los transgénicos es elitista y conservadora. Vean el elaborado discurso de Tarsicio Granizo, de Ecuador: Sectorizar la lucha ambiental no es más que una respuesta pequeño-burguesa al problema de pobreza, exclusión y desigualdad. Pero claro, ¡es fácil hablar con la barriga llena! Por cierto, en muchos de nuestros países el ecologismo (como lo conocemos en la actualidad) está vinculado a las clases dominantes… Otro defensor del presidente Correa, Carlos Viteri, declaró: Para el que tiene la barriga llena es fácil decir: No se toque el Yasuní.
Adivinen si un político que dice lo siguiente es de derecha, de centro o de izquierda tradicional: Sin desarrollo no hay trabajo, ni calidad de vida, ni posibilidad de que la gente viva bien, con lo que no hay posibilidad de preservar nada. Con la barriga llena se pueden preservar muchas cosas, pero con la barriga vacía no se preserva nada.
Pasemos ahora a reseñar sólo algunos de los cientos de casos de ecologistas o ambientalistas populares que han sido asesinados por las fuerzas estatales o por paramilitares o sicarios de latifundistas o de compañías mineras o petroleras. ¿Dónde empezar? En Filipinas, el 9 de mayo de 2012, el líder ecologista Margarito Cabal fue asesinado en la provincia de Bukidnon, en Mindanao. La ONG local Karapatan aseguró que en dos años 76 líderes y activistas de los derechos humanos han sido asesinados en Filipinas. Trece de ellos estaban comprometidos sobre todo con la protección del ambiente (aunque sea difícil separar la protección del ambiente natural de los derechos humanos).
Sólo en América Latina hay cientos de muertos ecologistas mencionados en la prensa en los últimos 25 años, incluyendo al menos 20 o 30 mujeres, como Betty Cariño, en México; Maria do Espirito Santo con su marido José Claudio, en Pará, Brasil, en 2012… Muertas y muertos con barrigas llenas del plomo de las balas asesinas, como el activista antipetrolero Ángel Shingre, en Orellana, Ecuador.
Veamos casos recientes. El 15 de julio de 2013, en Honduras, un indígena lenca murió y otro resultó herido cuando militares atacaron a tiros a pobladores que se manifestaban contra la construcción de hidroeléctricas. Eso ocurrió en el departamento de Intibucá. En México, también en un conflicto hidroeléctrico, el ecologista Noé Vázquez Ortiz fue asesinado en Veracruz el 2 de agosto de 2013, aunque no a tiros, sino a pedradas. En Guatemala, el abogado Rafael Maldonado presenta una cuenta que parece corta: 50 asesinatos de ambientalistas que se oponían a proyectos mineros e hidroeléctricos entre 1989 y 2012, recogidos en informes sobre ataques a derechos humanos que ha sistematizado el Centro de Acción Legal, Ambiental y Social. Podríamos ir bajando hacia el cono sur: Panamá, Colombia, Brasil, Perú… un reguero de ecologistas muertos, incluyendo algunos, muy pocos, puramente conservacionistas. No me queda espacio. En Venezuela, el 3 de marzo de 2013, el cacique yukpa Sabino Romero fue acribillado por pistoleros. Era conocido por su defensa del territorio ancestral en la sierra de Perijá, en Zulia, rico en carbón y otros minerales.

El nacional-bolchevique y los negrazos

por Pablo Stefanoni

Nacer en una ciudad que lleva el nombre del creador de la policía secreta ya es un dato, pero sin duda lo es menos en la URSS, donde Félix Dzerzhinski era uno de los héroes revolucionarios y llegó a ese panteón luego de fundar la Cheka, la policía política que luego sería conocida como GPU, NKVD, KGB y hoy día FSB. Su monumento de la Plaza Lubyanka de Moscú fue derribado en 1991 pero Vladimir Putin repuso una escultura en su honor en el Ministerio del interior. Si hubiera vivido más, seguramente hubiera sido fusilado, pero falleció de un ataque cardíaco en 1926, y como ya no representaba ningún peligro, Stalin bautizó una ciudad con su nombre.
Ahora estamos en 1942, en la ciudad de Dzerzhinsk, donde fue concebido Eduard Veniaminovich Savienko. Eran los años del sitio a Stalingrado. Poco después sus padres emigraron a Járkov, un centro industrial y ferroviario de Ucrania. Allí se “socializó” –por decirlo de alguna manera- el niño que más tarde se rebautizaría como Eduard Limónov. Su padre era un chekista de bajo rango, encargado de trasladar presos o cuidar instalaciones, sin el orgullo de haber combatido en la Gran Guerra Patriótica. Al comienzo, Eduard lo admiraba, al final terminó considerándolo un imbécil, un fracasado. Por esos años, las ciudades rusas estaban llenas de pandillas de niños ladrones, asesinos –huérfanos o no-, lo que llevó al Estado a bajar la edad de imputabilidad penal (incluida la pena de muerte) a doce años. PeroEdichka –el diminutivo ruso de Eduard- combinaba su participación en estas hordas de niños y adolescentes con su vocación por la poesía. Además aprendió que quienes inspiran verdaderamente respeto no son quienes están mejor entrenados o son más grandotes sino quienes están dispuestos a matar. Y él lo estaba; llevaba siempre una navaja.
Es la vida de Eduard Limónov la que reconstruye en forma de biografía novelada (aunque no tanto) Emmanuel Carrère (Limonov, Anagrama, 2013) –el hijo de la famosa sovietóloga Hélène Carrère d’Encausse, a su vez hija de georgianos blancos que abandonaron Rusia tras la revolución de 1917. Emmanuel Carrère conoció a Eduard, ya bautizado Limónov, en París a comienzo de los años 80. Por ese entonces, el chico de Jarkóv que podía ir con sus amigos de pandilla a presentar un poema a un concurso oficial de poesía e incluso ganarlo, había pasado por muchos mundos. Para Limónov, la vida se divide entre fracasados y exitosos, el problema es que su visión del éxito es a menudo perturbadora e inestable. Primero quiere –y llega- a la bohemia de Jarkóv y más tarde a la de Moscú. Pero eso, que era lo que más ansiaba, no le quita el desprecio que siente por esos disidentes que se reúnen en sótanos, leen samizdat (copias clandestinas de textos prohibidos) y adoran a figuras como el poeta Joseph Brodsky. Limónov, que siempre combinó grandes dosis de idealismo y pensamiento “ácido”, -y se ganaba la vida como sastre- decía irónicamente que la ventaja del sistema de censura soviético era que podía haber “grandes escritores” que nunca publicaban nada; es más, que cuanto menos publicaban eran más heroicos porque se los suponía más perseguidos.
Limónov era –al mismo tiempo- un duro que podía pasar largas jornadas de zapói –unas borracheras de varios días que pueden incluir viajes en trenes sin saber a dónde van, confiar los secretos más íntimos a desconocidos casuales y diversos vagabundeos luego olvidados por la pérdida de conciencia- y de igual modo podía caer en grandes depresiones por amor (o al menos por mujeres que lo dejaban).
Su autoexilio a Nueva York no calmó su búsqueda; al final no estaba muy seguro de querer ser un “Charles Manson de las letras”, un revolucionario profesional o un escritor de éxito. En Nueva York se juntó con los exiliados soviéticos pero no los soportaba; llegó a ser parte de las fiestas de la familia de Alex Liberman –un rico emigrado ucraniano, encargado de la dirección editorial de la revista Vogue– y al final rechazó ser comparsa de millonarios y famosos.
En Occidente, su inconformismo perpetuo –pero no carente de cierta coherencia- lo llevó a posiciones polémicas –y para muchos escandalosas. Su bautismo de fuego fue un artículo en ocasión de la concesión del Premio Nóbel de la Paz a Sájarov. Limónov escribe un artículo titulado “Desilusión” para explicar que los disidentes están aislados del pueblo, que sólo se representan a sí mismos y, en el caso de Sájarov, a los intereses de su casta, la nomenklatura científica. Que la vida en la URSS es gris y aburrida pero no es el campo de concentración que esos disidentes describen. Y finalmente, que Occidente no es mejor y que los emigrados, pagan cruelmente haber abandonado su país porque la triste verdad es que en Estados Unidos nadie los necesita.
Pero el escándalo no provino de su publicación en una revista marginal (nadie había querido publicárselo) sino de su repercusión en la URSS, donde el Komsomólkaia Pravda publicó: “El poeta Limónov dice toda la verdad sobre los disidentes y la emigración”. Sus compañeros del deprimente periódico Russkoe Dielo pasaron a considerarlo un agente del KGB. Pero Limónov estaba lejos de ello.
Por esos tiempos vivía en un hotelucho de mala muerte con prostitutas, drogadictos y delincuentes, muchos de ellos afroamericanos. Su esposa Elena, que lo había acompañado en su aventura neoyorkina lo abandona. Por momentos el poeta ruso parece acabado. En una de sus decisiones que mezclan desesperación, necesidad de experimentar nuevas sensaciones y redimirse de él mismo, “decide” volverse homosexual. Para ello vagabundea por los parques de la ciudad donde se hace follar por negros igualmente vagabundos. De ese wild side nacerá el libro autobiográfico (como todas sus obras) que un editor francés tan escandaloso como él tituló El poeta ruso prefiere a  los negrazos. Luego publicaría Diario de un fracasadoRetrato de un bandido adolescenteHistoria de un canalla, e Historia de un servidor. En este último cuenta sus aventuras como mayordomo de un multimillonario de Manhattan –una de sus tareas que combinaron necesidad y un poco de excentricidad.
Así, cuando esperaba poco del futuro, y pensaba en alguna hazaña suicida, un editor parisino decidió publicarlo. El poeta ruso… fue un éxito escandaloso y se mudó a Francia.
Allá se vinculó con Jean-Edern Hallier, fundador  de L’Idiot international a fines de la década del 60. El tono panfletario y alborotador de la revista era un espacio ideal para Limónov, y allí se codeó con algunos exponentes de la extrema derecha francesa como Jean-Marie Le Pen.
Mientras tanto, la Unión Soviética comenzaba a crujir. Pero Limónov estuvo lejos de alegrarse. Todo lo contrario. Fiel a su hostilidad a lo políticamente correcto detestó a Gorbachov. Después detestará a Yeltsin y hoy lucha a muerte contra Putin. Al capitalismo criminal que comienza a regir tras la caída de la URSS lo lee como pura humillación de un país entero, con ex jerarcas que de la noche a la mañana se hicieron multimillonarios ostentosos, a costa de la expropiación masiva del Estado y la población. Millones de rusos –entre los cuales los jubilados se llevaron la peor parte- quedaron en la miseria. La frontera entre buenos y malos se desdibujó, también la de demócratas y reaccionarios. “Ahora lo más terrible es que creo que la verdad está del lado de las personas a las que siempre he considerado mis enemigos”, dice el demócrata y disidente histórico Andrey Siniavsky.
Después de su primer regreso a Moscú, Limónov emprende otra huida redimidora y termina como combatiente voluntario en la República Serbia de Krajina –un Estado que nunca llegó a existir- y donde se codea con diversos criminales de la guerra de los Balcanes. Al final decide volver a hacer la revolución a su propia tierra.
Entra en contacto con Aleksadr Duguin, un politólogo nacionalista –partidario de un imperio euroasiático- que construyó un panteón donde pueden convivir sin problemas Lenin, Mussolini, Hitler, Leni Riefenstahl, Maiakovski, Julius Evola, Jung, el Che Guevara, Rosa Luxemburgo, el historiador francés George Dumézil, Lao-Tsé, Guy Debord y varios otros. De esa amistad nacerá el Partido Nacional-bolchevique, cuyos símbolos son una bandera nazi pero con la hoz y el martillo en lugar de la esvástica y el saludo hitleriano pero con el puño cerrado. 
Pero esta mezcla de estalinistas, fascistas, nacionalistas, anarquistas, punk, góticos, escritores, cabezas rapadas y rockeros (en su enorme mayoría jóvenes) está lejos de entrar en la categoría tradicional de partido neonazi o milicia de skinheads. El propio Carrère se sorprendió cuando, atento al tema para escribir su libro, encontró que la respetada y después asesinada periodista Anna Politkóvskaya –de indudables credenciales democráticas- defendía con voz alta y firme a los jóvenes nas-bol que eran enviados a las cárceles y molidos a palos por la policía. Finalmente, en un país destrozado por el cinismo, con una sociedad pasiva, consumista, superficial y atomizada, estos chicos no sólo creen en algo sino que ponen su vida al servicio de sus ideales. Es más, a Politkóvskaya estos jóvenes íntegros y valientes son casi los únicos que le inspiraban confianza en el futuro moral del país. En gran medida, el nacional-bolchevismo –ilegalizado desde mediados de los 2000- funcionó como un espacio de contracultura más que como un proyecto con chances de llegar al poder. El propio Limónov fue encarcelado en 2001 bajo delitos de terrorismo, organización de banda armada, posesión ilícita de armas de fuego e incitación a actividades extremistas. Estuvo tres años preso en cárceles de alta seguridad.
En una de esas cárceles llamada campo de Engels, a la orilla del Volga (los presos la llaman “Eurogulag” por su modernidad arquitectónica y su carácter modélico) Limónov encontró que los lavabos del baño le recordaban a los diseñados por el arquitecto Philippe Starck en un refinado hotel neoyorkino. A partir de ahí pensó en su recorrido: ninguno de los presos había conocido los trabajos de Starck y ninguno de los alojados en ese hotel habían estado presos con criminales variados en una cárcel rusa. Esos son los muchos Limónov que aparecen en el libro de Carrère –que más que una biografía condensa las propias autobiografías del poeta ruso.
Últimamente Limónov, de 70 años, ha dado un nuevo giro y se ha aliado a sectores liberales en la alianza Otra Rusia, que  intentan sin éxito desplazar de poder a Putin. ¿Paradójico? Carrère destaca las afinidades de Edichka con el Presidente ruso: niñez humilde, padre militar de bajo rango, nostalgia por el comunismo y desprecio por la debilidad. Putin dijo una vez que «quien no añora la URSS no tiene corazón, y quien quiere reconstruirla tal como era no tiene cerebro».

La paternidad como resaca

Por César Rendueles

1. La paternidad by Ikea son papis maduros pero fibrosos, vestidos con jersey de cuello de pico y tumbados en pufs junto a angelicales rubiecitos que picotean fruta fresca de un bol Bland Blank. Cuidar de un niño es, básicamente, lo contrario. No dormir (nunca). Inventar cuentos en medio de un atasco bajo la supervisión de un inmisericorde crítico literario de tres años que señala cualquier incoherencia desde el asiento de atrás. Echar broncas homéricas por nimiedades. No dormir (nunca). Tratar de inmovilizar a dos niños convertidos en croquetas de arena para untarlos de protección solar. Introducir a empujones en el colegio a un niño histérico con la desoladora certeza de que le estás arruinando la vida. Llegar a una reunión de trabajo con restos de vómito de bebé en la camisa y que te la sude. Recorrer de noche las farmacias como en Perros Callejeros en busca de la única marca de tetina que acepta una lactante sibarita. ¿He comentado ya lo de no dormir (nunca)?… Por eso los padres modernos no existen. Son una leyenda urbana. Al menos hasta que H&M saque una línea de ropa con estampado de papilla regurgitada.
2. Tengo un amigo que es muy buen escalador y de vez en cuando hace su buena obra del mes llevándonos a unos cuantos paquetes a hacer el ridículo en alguna pared de la Sierra de Madrid. A veces, cuando estás asegurando con la cuerda a alguien que está escalando y ves que lo está pasando mal le preguntas: “¿Quieres que te baje?”. Mi amigo se pone frenético: “¿Por qué le dices eso?”, nos grita. “Claro que quiere que le bajes. Está colgando de una roca a veinte metros del suelo. ¿Qué crees que te va a responder? ¡Sácame de aquí! Lo que tienes que hacer es animarle a que siga”. No se me ocurre mejor forma de explicar en qué consiste tener un hijo y, en general, cuidar voluntariamente de otras personas o incluso de animales. Una parte muy importante de la experiencia del cuidado no tiene nada que ver con algo que queramos. No preferimos cambiar pañales o dar conversación a un anciano senil o pasear a un perro a las siete de la mañana bajo la lluvia. Tampoco son exactamente obligaciones morales, como cuando te fuerzas a ti mismo a decir la verdad aunque te vendría bien mentir. Si cada vez que nuestros hijos nos despiertan por la noche tuviéramos que acordarnos del imperativo categórico, los orfanatos estarían abarrotados.
   
3. Por eso para mucha gente la paternidad es una experiencia explosiva que saca a la luz contradicciones profundas. Todo a nuestro alrededor está diseñado para que nuestros gustos, casi siempre mediados por el consumo, sean nuestras principales señas de identidad. En un mundo de trabajos precarios donde la ideología política es un chiste sin gracia, somos lo que consumimos. Nos definimos por la lista de la compra. La crianza es prácticamente incompatible con esa comprensión de uno mismo como un agregado de preferencias más o menos cool. Cada padre, cada madre, lo vive como puede, claro. Algunos con alegría. Otros con sufrimiento. Hay quien lo sobrelleva vampirizando el tiempo de otras personas. Y hay quien tiene el dinero suficiente para pagar por fingir que puede seguir con su vida como si tal cosa. En la mayoría de los casos, supongo, hay un poco de todo ello. Cuidar de los demás no te hace necesariamente mejor persona. Es más, a menudo saca lo peor de uno mismo. Tampoco hay nada particularmente mágico en relacionarse con gente muy bajita y menos inteligente que un chimpancé. Y, desde luego, la idea de que la vida familiar es una fuente sistemática de bienestar es puro buenrollismo cursi (y si no mira a Orestes). Pero, a pesar de todo, con frecuencia la paternidad nos hace ver que buena parte de nuestra vida estaba, al menos en parte, basada en presupuestos falsos.

 

4. No tienes una carrera laboral, sino una mierda de trabajo que te hace encontrarte con tus hijos cansado e irritable. No vives en un mundo repleto de excitantes innovaciones culturales, eres un zombie del supermercado del entretenimiento. Sobre todo, descubres que el cuidado mutuo siempre había estado ahí, aunque no fueras capaz de verlo. A lo largo de nuestra vida adulta casi siempre estamos inmersos en una red de cuidados más o menos densa: acompañamos, limpiamos, aconsejamos, cocinamos, auxiliamos y, al mismo, tiempo recibimos todas esas atenciones. Es algo que los padres de mi generación hemos descubierto tarde y mal. El primer recién nacido que muchos de nosotros cogimos en brazos fue nuestro propio hijo. Eso no nos hizo desear irnos a vivir una leprosería a dedicarnos 24/7 a ser héroes morales. Más bien nos ha hecho entender que el mundo es una gran leprosería donde hemos construido búnkers comerciales en los que nos encerramos unos poquitos años a escenificar una falsa independencia. El cuidado mutuo no había desaparecido, sencillamente lo habíamos sepultado bajo un piso compartido, unos cuantos viajes y demasiadas tracklists.
5. Por cierto, no hay ninguna necesidad de tener hijos. Pero si estás pensando en ello puede que no sea mala idea hacerlo cuanto antes. Si aún eres lo suficientemente joven como para aguantar de fiesta de jueves a domingo tal vez puedas cuidar de un bebé sin esta sensación de resaca permanente aunque no hayas bebido ni una gota de alcohol. 

El gobierno de lo social

por Juan Pablo Maccia


Cortita y la pié: asistimos a la dislocación de la arquitectura que organizaba la compatibilidad entre gobierno jurídicamente constituido (estado democrático) y gobierno efectivo de lo social (gubernamentalidad).
El primero, tras levantar grandes expectativas, acepta mansamente finalizar ante la autoridad de una cláusula constitucional (no-reelección). El gobierno políticamente constituido es aquel que dramatiza la soberanía representativa, es decir, el manejo de la ley común, del aparato del estado y de la producción retórica que produce “efecto sociedad”. La falta de alternativas, así como de continuidades previsibles empalidece el panorama.
El segundo (el gobierno efectivo de lo social) se desarrolla ininterrumpidamente según canales «alegales«. Tal gubernamentalidad se pone en juego en la regulación fáctica de tres variables esenciales: la circulación monetaria (valores, mercancías), de las imágenes (medios, marcas, acciones colectivas) y de las armas (y las municiones).
Durante el tiempo en que cada una de estas instancias opera como condición de posibilidad de la acción de la otra, hablamos de estabilidad y felicidad. Durante los momentos de crisis extrañamos este círculo virtuoso, y nos referimos a él como época de “normalidad” y de seguridad.
Estos círculos se han descentrado entre sí. La falta de coherencia entre ellos produce inquietud general. Demasiado dinero en negro (fracaso del blanqueo de capitales, y de control público de la renta agraria, sojera, urbana). Demasiada permisividad en la circulación de armas y municiones (autogobierno policial). Imposibilidad de regular efectivamente la circulación de imágenes (imposibilidad de aplicar de hecho y en forma plena la ley de medios). No se trata tanto de una nueva dificultad del estado a la hora de regular, como del hecho de que esta incapacidad se haga evidente. De que se la padezca demasiado.
La fragua que el PJ prepara en el plano político es el correlato inevitable del fracaso kirchnerista por estabilizar un programa económico, político y social de alcance nacional y regional. La carencia absoluta de alternativas amenaza con enloquecerlo todo.
Y no hay peor conducta, ante la inestabilidad de origen político, que enfatizar en la convocatoria fundada exclusivamente en tópicos afectivos e imaginarios. Estos, con ser imprescindibles, precisan ser sostenidos por un  programa que argamase intereses concretos y de peso. O de lo contrario la epidemia del tiempo pasado puede afectarlo todo. Y los que hasta ayer parecían ser novedad aparecer de modo irreversible como sujetos despojados de vigencia.

A Tajo Abierto



Largometraje documental dirigido por Gianni Converso y producido por Gianni Converso y Daniel Santana, basado en el tema de la minería a cielo abierto.

En las cimas de los andes peruanos se encuentra Yanacocha, una de los complejos de minería de oro más grandes del mundo y el más productivo en América. Actualmente, este proyecto en constante estado de expansión amenaza con los recursos naturales de la región de Cajamarca, poniendo en peligro de extinción una forma de vida que sus habitantes han disfrutado desde tiempos pre-Incas.

A tajo abierto es un documental de carácter periodístico investigativo que descubre la naturaleza de la industria del oro y expone las amenazas que esta ofrece a las poblaciones en regiones afectadas. El objetivo del film es exponer a través de especialistas de todos los ámbitos, representantes gubernamentales y nativos de la zona andina cuál es el verdadero valor del oro y cuanto estamos dispuestos a pagar por sus beneficios financieros.

Carta abierta 14

Juan Pablo Maccia

Modernidad y religión van de la mano. Leo los diarios día a día (ingenuidad del hombre moderno), con más ceremonial los días domingos (¿Por qué avergonzarse de la propia liturgia?). El día de hoy forma parte de lo que vivo como días políticamente tristes del último año. Tristeza fechada en la hora en que el liderazgo político del gobierno nacional y la burocracia que la rodea  aceptó casi sin chistar respetar el artículo de no-re-re-elección, que clausura el proceso político kirchnerista. 

El día de hoy, digo, se publica una nueva Carta Abierta. En ella se hace mención a que vivimos entre la “urgencia” y la “esperanza” y se advierte que está en juego -en las próximas elecciones- la salud del proyecto nacional, popular y democrático en curso en nuestro país desde mayo del 2003.
La carta tiene algo en su favor y algo en contra. A favor, que no habla de “modelo”,  ni repite “vengo bancando este proyecto” como cantan tantos compas. Más adecuado a nuestras historias militantes, los “proyectos” se discuten. En contra: se insiste en una posición entre victimista y profética, de buena conciencia intelectual-progresista, que no llega a advertir la impotencia política-práctica que destila.
Solo un par de preguntas para los amigos, que como tantos otros no pudieron –aunque algunos lo intentaron y no supieron cómo hacerlo, tal vez por estar siempre demasiados pendientes del tacticismo de la rosada- organizar, en el momento oportuno (aquel del 54%), el necesario camino de la re-re-elección.  
La primera pregunta es esta: ¿por qué creen que el destino del proyecto se pone en juego precisamente ahora, luego de unas PASO perdidas y no antes, cuando aún era posible pensar a la ofensiva, re-abriendo el proceso re-re-electoral?  ¿Por qué introducir ahora esa carga pública de dramatismo, cuando se aceptó en privado el camino a la derrota, sin hacer público entonces un balance a la altura de las circunstancias?
La segunda pregunta es esta: ¿para qué sirven los discursos cómo estos dirigidos sólo a quien ya estaba de acuerdo con ellos antes de leerlos?  El círculo vicioso anula la vitalidad política. ¿No hubiese sido mejor que recitar la historia del mundo y del país, como hilván de una serie de episodios en los que los malos “destituyen” a los buenos, plantear de modo directo que la derrota política de las PASO ha llevado al Frente para la Victoria a una política oportunista (¿cómo se pudo avalar a Granados en Seguridad y silenciar el “efecto Francisco”?), y liquidacionista de muchos de los principios que la carta esboza?
La próxima carta, compañeros, ¿llamará a votar a Scioli en 2015?

La Colombia del Futuro

por Arturo Escobar

La Colombia de hoy es una Colombia de devastación. Las décadas del “desarrollo” solo han exacerbado la desigualdad social, la concentración de la tierra, la injusticia, la violencia, la dependencia y la destrucción ambiental. Las llamadas locomotoras del desarrollo económico y el tratado de libre comercio solo lograrán profundizar estas tendencias.
La Colombia del futuro requiere de un modelo radicalmente diferente; tiene que romper con los imaginarios caducos de los siglos 19 y 20 (“progreso”, “desarrollo”, modernidad, crecimiento material, etc.). Dado que la crisis ambiental y social es global, hay que re-imaginarse a Colombia pensando ecológica y políticamente con América Latina y el mundo (especialmente los debates sobre el Buen Vivir y los derechos de la naturaleza), en vez de adaptarse a la fuerza a los dictados de la “globalización”. Esto implica pensar en una verdadera transición ecológica y cultural hacia una sociedad muy diferente a la que conocemos. Muchos visionarios nos hablan de las características de estas transiciones: la restructuración de la producción de los alimentos en base a la descentralización, el cultivo orgánico y la biodiversidad; la democracia participativa; las autonomías locales; el uso menos intenso de los recursos; la reducción del consumo de energía y fuentes alternativas de esta; y las economías sociales y solidarias. Post-petróleo, post-carbono, post-capitalismo, post-extractivismo, postdesarrollo son algunos de los imaginarios emergentes. En sus formas más avanzadas, estas narrativas nos hablan de un cambio de modelo civilizatorio, más allá del extractivismo y el consumismo de la modernidad capitalista.
No es tan difícil imaginarse estos mundos diferentes. Imaginémonos por ejemplo un Valle del Cauca sin caña de azúcar y ganadería extensiva, lleno de pequeñas y medianas fincas dedicadas al cultivo agroecológico de frutales, hortalizas, granos, animales, etc., orientadas hacia los mercados regionales y nacionales, y solo de forma secundaria a la exportación. Durante más de dos siglos, este impresionante Valle ha sido sistemáticamente empobrecido ambiental, social, y culturalmente por una elite insensible y racista, que se ha enriquecido inmensamente para su propio beneficio; como se sabe, la caña agota las tierras, las aguas y las gentes (en especial la gente negra) y la ganadería extensiva ha desnudado montes y laderas. En el nuevo Valle se restaurarían los paisajes, se erradicaría la pobreza, muchos que aun quieren tener tierra la tendrían, de-crecerían las ciudades y se repoblarían campos y poblados, resurgiría la cultura, se lucharía abiertamente contra el racismo y el sexismo, y todos y todas tendrían acceso a educación de buena calidad y a las tecnologías de la información. Podemos hacer un ejercicio de la imaginación similar con cualquiera otra región del país. El Pacífico, por ejemplo, como lo visualizan los movimientos de afrodescendientes e indígenas, sería un Territorio-Región inter-cultural con comunidades integradas al medio ambiente, “sin retros, ni coca, ni palma”, como dicen los activistas –es decir, sin las locomotoras del desarrollo que desde los ochenta lo destruyen a pasos agigantados.
La Colombia del futuro se debe pensar de abajo hacia arriba. Hay, sin duda, requisitos básicos para ello: una redistribución radical de la tierra, una política de convivencia inter-cultural basada en el fortalecimiento cultural y social de las comunidades, políticas de ciencia y tecnología plurales que se surtan de los múltiples conocimientos y concepciones de vida de los diversos grupos sociales, e infraestructuras de apoyo en cada localidad y región para la transición al post-extractivismo. Gracias a las visiones sobre la transición, lo imposible se vuelve pensable, lo pensable realizable. Surgirá otra “Colombia”, verdaderamente ecológica y plural, a medida que deja atrás ese llamado desarrollo que hoy la devasta.

¿Continua el paro agrario en Colombia? Acuerdos parciales y un conflicto latente

por Diego M. Higuera 
(Integrante del colectivo Colombianxs en el Sur)


La centralidad del histórico paro agrario que se adelantó durante los últimos meses se ha visto opacada por otros temas nodales del país, entre ellos se encuentra el proceso de paz con las FARC, las elecciones parlamentarias de octubre y el relanzamiento de la ultraderecha a través de un nuevo partido -liderado por el expresidente Álvaro Uribe- que ya cuenta con varios integrantes cuestionados judicialmente por sus vínculos con el paramilitarismo y la corrupción. El desarrollo de estos temas no es, desde luego, ajeno a la problemática agraria. Si bien el paro no se ha extendido en su forma de protesta masiva, no quiere decir que las condiciones que lo gestaron se hayan modificado, de hecho, el ministro de defensa presentó a comienzos de octubre un proyecto de ley que criminaliza la protesta social e incluye la tipificación de la “obstrucción de vías” como un delito punible. Esto es un instrumento que anticipa lo que viene: protestas en el marco del paro agrario y los reclamos de otros sectores en crisis, entre los que se destacan la universidad pública, la salud, la pequeña y mediana minería.

En el artículo anterior describimos la situación general del paro, su contexto de emergencia marcado por las consecuencias negativas de las políticas neoliberales y el hito que significó la movilización de diversos sectores sociales, como hace mucho tiempo no ocurría (http://anarquiacoronada.blogspot.com.ar/2013/09/paro-agrario-en-colombia-modelo.html). Señalamos que la articulación de distintos grupos, sectores y gremios, así como la efectiva denuncia de la violenta respuesta estatal, había potenciado los reclamos con enorme repercusión en el ámbito urbano.

Mencionamos que la ruana de los campesinos de tierras frías se alzó como una de las principales banderas, tocando “sentimientos nacionalistas” que impulsaron a miles de personas no movilizadas y ampliaron la difusión de discusiones y argumentos ocultados por la supuesta neutralidad técnica de la ortodoxia neoliberal, que ha formulado las políticas públicas de las últimas décadas en el país. Sin embargo, la visibilización urbana y mediática de la ruana no debe hacernos olvidar el papel de organizaciones populares, indígenas y afro, cuya presencia alerta sobre un fenómeno que en alguna medida ha sido ajeno a “la ruana”: la antigüedad de la agenda construida por los sectores movilizados durante los últimos años (recordemos la Minga indígena de 2008) y cómo, durante las últimas tres décadas, millones de campesinos de tierras bajas y de colonización han sido despojados de sus tierras, sin haber alcanzado un tipo de solidaridad como la vista en los últimos meses. Por eso, no es extraño que el gobierno haga enormes esfuerzos para regionalizar y fraccionar la protesta, bajo la conocida fórmula: dividir para luego atacar al eslabón más “débil” y “poco visible” de la cadena, es decir, los campesinos colonos, los que están buscando titular sus tierras y quienes defienden la propiedad colectiva. Como dijimos, el escenario es más complejo y las oportunidades abiertas por las movilizaciones de septiembre deben examinarse con más cuidado.

Ahora repasaremos la estrategia del Estado luego de las movilizaciones, hablaremos del escenario actual y señalaremos que los factores impulsores del paro tienden a profundizarse debido a la aplicación de más clausulas de los Tratados de Libre Comercio y la profundización de la política agraria favorable a la acumulación de tierras y la especulación inmobiliaria. Subrayaremos que los movimientos sociales y los diversos sectores que exigen una política social amplia, la soberanía alimentaria y el respeto de los derechos políticos de las organizaciones de base, tienen que converger en propuestas que combinen demandas al Estado con estrategias para difundir y decretar mandatos populares que detengan el poder de los grupos económicos locales y trasnacionales, frente a los que los Estados no disponen de mecanismos para detenerlos, como muestra, por ejemplo, la hasta ahora inamovible y expansiva presencia de la agroindustria transgénica en algunos países del Cono Sur.
El gobierno busca acuerdos parciales

A finales de agosto, el presidente Juan Manuel Santos recorrió en helicóptero las zonas aledañas a Bogotá declaradas en paro. En tierra repudió la muerte de un policía con arma de fuego a manos de “infiltrados” dentro del paro el cual, según el presidente, sólo era un reclamo aislado de algunos productores: “el tal paro nacional agrario, no existe”, sentenció. Ese día se frustró una negociación con esos campesinos y sus vecinos del andino departamento de Boyacá. El paro siguió y en pocos días los 16 ministros y altos consejeros de Estado presentaron su renuncia. Los titulares de las carteras competentes al paro fueron relevados (Agricultura, Minas y Energía, y Ambiente), así como los dos ministerios de mayor relevancia política (Interior y Justicia). Al finalizar la ceremonia de posesión de los ministros, Santos anunció orgulloso: “Creo que hemos posesionado a un equipo de lujo”.
La mayor parte de los bloqueos a vías se levantaron después del 8 de septiembre, luego que el vicepresidente Angelino Garzón (ex sindicalista y ex militante de izquierda) negociara con los camioneros en la capital del departamento del Cauca. Garzón también invitó a paperos y cebolleros –los campesinos andinos de zonas aledañas a Bogotá- a firmar un pacto. No lo consiguió, pero estableció la fecha de otro encuentro. El 12 en Bogotá, se convocó a diversos sectores, gobernadores y alcaldes para la creación del “Pacto Nacional por el Agro y el Desarrollo Rural”. Algunos productores y grupos movilizados acudieron a la convocatoria, una parte manifestó su rechazo porque no había una agenda de trabajo clara y por el lugar privilegiado que ocuparían los grandes productores y el nuevo ministro de agricultura, el caucano Rubén Darío Lizarralde. El abogado y economista del partido conservador aceptó el nombramiento y renunció a la gerencia general de INDUPALMA, que ocupaba desde 1994. Esa compañía palmicultora –registrada en Panamá y cuyos dueños se desconocen- ha despojado de tierras a campesinos de la región Caribe y eliminó cualquier forma de sindicalización de sus empleados, según denuncias del senador Jorge Robledo (http://www.moir.org.co/Las-hazanas-del-ministro.html). Además, INDUPALMA impulsó, con toda la diligencia de Lizarralde, una forma de negocio espuria que ha llevado a la quiebra a cientos de pequeños productores (http://www.semana.com/opinion/articulo/marco-real-marco-teorico/357501-3).

En el encuentro de Bogotá, los representantes campesinos y el alcalde de la ciudad (un ex integrante de la guerrilla del M-19 que encabeza el movimiento “Progresistas”), le dijeron al gobierno nacional que una mesa amplia de negociación tenía el propósito de formular políticas y leyes alrededor del campesino y no en su contra, como ocurrió en 1972 durante el llamado “pacto de Chicoral”, que enterró el último y tímido intento de reforma agraria en el país. Algunos dirigentes campesinos y el acalde señalaron que no participarían de un “pacto de Chicoral II”, que consolidará la política regresiva favorable a los grandes capitales y terratenientes, muchos de ellos aliados con el narcotráfico y el paramilitarismo (https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=lPOc5H2xNmw#t=32). 
De manera simultánea, en el campus de la Universidad Nacional, se realizó la “Cumbre Nacional Agraria, Campesina y Popular”. Allí convergieron diversos sectores sociales con el protagonismo de: “El Coordinador Nacional Agrario (CNA)” y “la Mesa de Interlocución y Acuerdos (MIA)”. Al final del encuentro se presentó la “Declaración Política de la Cumbre Nacional Agraria, Campesina y Popular”, que reitera las críticas al gobierno y denuncia que la represión estatal ha provocado la pérdida de 12 vidas humanas y 4 personas desaparecidas, así como cientos de violaciones a los derechos humanos. La declaración aborda con detalle las exigencias del paro: una política de reforma agraria integral; la defensa de los territorios colectivos de las comunidades indígenas, campesinas y afro; un Estado activo que garantice la sustentabilidad de la producción agraria; una política de hidrocarburos y minera a favor de los intereses nacionales. Lo anterior supone el reconocimiento de los derechos políticos de la población rural y su efectiva participación en la formulación de las políticas (http://colombiainforma.info/index.php/movilizacion/1008-declaracion-final-de-la-cumbre-agraria-y-popular-nueva-convocatoria-para-octubre).
Es necesario distinguir las características de las tres organizaciones que nuclean a los grupos movilizados, lo haremos con base en un interesante análisis publicado por el Centro de Estudios Interculturales de la Universidad Javeriana de Cali (disponible en: (http://www.javerianacali.edu.co/sites/ujc/files/node/field-documents/field_document_file/el_paro_nacional_agrario-_un_analisis_de_los_actores_agrarios_y_los_procesos_organizativos_del_campesinado_colombiano._centro_de_estudios_interculturales._.pdf).

1. “El Coordinador Nacional Agrario (CNA)”, integrado por organizaciones locales y regionales de campesinos pequeños propietarios productores de alimentos, agromineros, pequeños ganaderos y cafeteros. El CNA surgió de los Foros Nacionales Agrarios realizados entre 1997 y 1998, y venían del proceso de lucha de los pequeños cafeteros. Muchos de ellos han hecho parte de procesos de formalización de la tierra, pero están muy lejos de poder vincularse económicamente a mercados regionales y nacionales de gran escala, y aún están basados en el trabajo y la colaboración familiar para producir. El CNA hace parte del “Congreso de los Pueblos” en el que se articulan organizaciones indígenas, afro y campesinas.

2. La “Mesa de Interlocución y Acuerdos (MIA)” surge por iniciativa de la Federación Sindical Unitaria Agraria -que históricamente ha reivindicado a los colonos de tierras bajas- y sectores campesinos del movimiento Marcha Patriótica. En general son personas de agricultura familiar de subsistencia pues viven en condiciones precarias, con poco acceso a tierras (muchas veces de manera informal), y su vinculación con el mercado es precaria o casi nula. Ese sector reivindica fuertemente la constitución de las Zonas de Reserva Campesina.

3. “Dignidad Agraria” y las “Dignidades” gremiales. Agrupan buena parte de los productores de tierras frías (los de ruana mencionados antes) y otros de tierras cálidas (arroceros, paneleros, cacaoteros, cafeteros) que se han venido organizando para reclamar prerrogativas dentro de los TLCs para que no se afecte su producción. Manejan un tipo de “agricultura familiar consolidada”, porque tienen un nivel mucho más desarrollado de las condiciones económicas, acceso a la tierra e infraestructura para producir mercancías de mejor manera y poder relacionarse con el mercado a nivel local, regional y nacional. Una parte de este sector ha estado históricamente vinculada al Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario, que hoy hace parte de la coalición de izquierda “Polo Democrático”.

Dadas las características de las tres organizaciones, no extraña el liderazgo de la MIA y la CNA en la cumbre alternativa de Bogotá, mientras que los miembros de las Dignidades asistieron simultáneamente al encuentro con el gobierno nacional y con las otras organizaciones. Tenemos, entonces, que la complejidad del paro obedece a diferencias regionales, históricas, políticas, organizacionales y de condiciones productivas y de vida de aquéllos que llevan adelante este proceso. La formulación de tres pliegos distintos al iniciar el paro, es una muestra clara de dicha situación (al respecto ver la síntesis de Dorado: http://alainet.org/active/66493). El gobierno reconoce esas diferencias, ha propuesto múltiples diálogos regionales y sectoriales con el fin de aplacar algunas demandas, mientras silencia y reprime otras. Santos y sus asesores pensaron que la articulación entre los sectores no se concretaría o no tendría las repercusiones que tuvo, de ahí la subestimación del paro. La experiencia de los últimos meses es muy relevante porque ha consolidado estrategias organizativas y ha generado “vasos comunicantes” entre diversos sectores de un país extremadamente fragmentado y desigual.

Las instancias de diálogo regional y sectorial abiertas por el gobierno han logrado débiles acuerdos sobre importación de productos, tipos de subsidios, baja en el costo de insumos y medidas de protección. Son débiles porque tienen un acotado alcance y lo respaldan las firmas de funcionarios gubernamentales de bajo nivel jerárquico. El 30 Septiembre Dignidad Agropecuaria le dirigió una carta al presidente con el título: “Santos: nada de lo que pactaron sus delegados se ha cumplido”. El encabezado resume el balance de las negociaciones, luego la misiva concluye: “su gobierno tomó el camino de adoptar medidas inocuas que se presentan ante la galería como trascendentales pero que son una burla a un justo reclamo de los más de 2,5 millones de productores del campo”.

En esos días, Julio Fuentes de la MIA afirmó que no se había llegado a ningún acuerdo y las negociaciones habían dejado en evidencia las enormes discrepancias con el gobierno, relacionadas con la falta de una política agraria integral, la propiedad de la tierra, la titulación colectiva, los derechos de las comunidades y la estigmatización de la protesta social (http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=Tl2D013ZPlw).
Sigue el paro agrario. Hacia un mandato de soberanía alimentaria
El nuevo ministro de agricultura dijo que “no es amigo de los subsidios” y precisó con respecto al sector cafetero que “el país ni el gobierno pueden financiar por sécula seculórum las ineficiencias”. También anunció un proyecto de ley sobre baldíos que, supuestamente, atraerá inversiones nacionales y extranjeras, modernizará el campo y permitirá la adjudicación de terrenos a las familias campesinas. Como han mostrado los trabajos de Héctor Mondragón, en Colombia los precios de la tierra son muy elevados, a tal punto que ciertas agroindustrias, como el etanol subsidiado, no son rentables. Las grandes propiedades hacen parte de un modelo de acumulación y especulación inmobiliaria muy antiguo, sobre el que se asientan los poderes tradicionales y sus recientes aliados ilegales. Mondragón señala que el proyecto del ministro Lizarralde busca adjudicar nuevas tierras a bajo costo para los grandes propietarios y así continuar el modelo especulativo, mientras las 16,6 millones de hectáreas aptas para agricultura desperdiciadas en manos de los terratenientes no son objeto de transformación por alguna ley o política. El Estado renunció a la soberanía alimentaria para traer alimento vía TLCs, mientras apuesta por el retroceso industrial y el estancamiento agrario con el fin de volver a una economía colonial extractiva de minerales y petróleo con base en inversiones. Estas formas de especulación subordinan toda la economía al sector financiero (http://viva.org.co/cajavirtual/svc0371/articulo05.html), que ha sido el de mayor rentabilidad en los últimos años y en 2012 llegó a ser el segundo más rentable del mundo (http://www.americaeconomia.com/economia-mercados/finanzas/bolsa-colombiana-es-la-segunda-con-mayor-rentabilidad-en-el-mundo-en-2012)
En este mes, distintas ciudades del país tuvieron “cacerolazos” en respaldo al paro agrario y reclamos salariales de los docentes. Durante la semana del 14 de octubre se realizará una gran movilización indígena en 29 puntos del país y la Mesa Amplia Nacional Estudiantil iniciará jornadas para exigir soluciones al grave déficit presupuestal de las 32 universidades públicas. Las diversas luchas continuarán por las esquivas respuestas del gobierno, que se sintetizan en tres premisas: no se renegociarán los TLCs, no se formulará una política agraria integral y no se generará un modelo alternativo para garantizar los derechos a salud y educación de los colombianos. Dichas premisas quedaron al descubierto en el “Pacto Nacional por el Agro y el Desarrollo Rural”, mencionado anteriormente, cuyos compromisos no superan los dos años de vigencia, y no son más que paliativos a un problema estructural que no ha contado con la voluntad política para su solución.

El nombramiento del ministro Lizarralde es otra muestra de la postura cínica y dogmática del gobierno. Se hace necesario buscar que los pueblos decreten mandatos que obliguen al Estado a garantizar la soberanía alimentaria y una política a favor de los medianos y pequeños mineros. En este sentido, la MIA ha impulsando una Constituyente Agrominera con el apoyo de diversos sectores sociales. Estamos atravesando una coyuntura que marca un quiebre, por la masividad y articulación de los reclamos que han puesto en evidencia cómo las políticas de los últimos años han favorecido a las transnacionales, los acumuladores de tierras y unas pocas empresas locales, sus aliados políticos y los tecnócratas neoliberales. La satisfacción de las demandas básicas del paro puede convertirse en el inicio, y único camino, para modificar el núcleo de la problemática social colombiana.

El espiritualismo y el poder terapéutico

 
Conversamos con Santiago López Petit, químico y filósofo español, profesor de Filosofía en la Universidad de Barcelona. El espiritualismo y los dispositivos terapéuticos del capitalismo. El espacio interior como espacio de miedo. La construcción de la individualidad. El gesto político: hacer de la enfermedad un arma.

El malestar social en una sociedad terapéutica // Espai En Blanc

En el primer número de la revista de Espai en Blanc empezamos a abordar la relación que existe entre vida y política. No se trataba tanto de defender un cierto vitalismo – por otro lado difícil de eludir cuando no hay sujetos históricos ni horizontes emancipatorios – como de empezar a explorar la relación misma que liga vida y política, o dicho de otra manera, la multiplicidad de sentidos que se encierran en la cópula “y” que vincula ambos términos.

Se puede afirmar que la característica definitoria de la época global en la que estamos consiste en que realidad y capitalismo se han identificado. Esta identificación se produce después de una Gran Transformación de más de treinta años que ha visto desaparecer lo que antiguamente se llamaba “la cuestión social”. No hace falta insistir, una vez más, que la derrota política del Movimiento Obrero está en la base de estas consideraciones. La coincidencia entre capitalismo y realidad significa antes que nada, que ya no hay afuera. Más exactamente, que ya no hay afuera del capital. Todavía dentro del marxismo clásico si bien renovado se ha querido aprehender esta transformación como una subsunción de la sociedad en el capital, y a la vez, como una generalización del trabajo a todos los ámbitos de la sociedad. Aquí es donde entra la vida en tanto que problemática. Subsunción implicaría que la vida (subjetividad, afectos…) es puesta directamente a trabajar para el capital. Este análisis aunque cierto, es insuficiente porque desconoce justamente esa multiplicidad de sentidos que contiene la relación entre vida y política, por lo que nos acaba empujando hacia una posición política equivocada.

Consecuentes con este planteamiento creemos que tendríamos que pasar de un paradigma de la explotación a un paradigma de la movilización global. Evidentemente, este tránsito no implica el fin de la explotación capitalista sino justamente, al contrario, su máxima exacerbación. Desde esta nueva perspectiva, no es que la vida sea puesta a trabajar, es que la vida misma deja de ser un dato objetivo para convertirse en algo subjetivo: vivir es “trabajar” nuestra propia vida, o dicho más claramente, vivir es gestionar nuestra propia vida. Se ha dicho muchas veces que el trabajo era la mejor terapia para tener controlados a los enfermos mentales, especialmente, a los más violentos. “Coged a un furioso, introducidlo en una celda, destrozará todos los obstáculos y se abandonará a las más ciegas embestidas de furor. Ahora contempladlo acarreando tierra: empuja la carretilla con una actividad desbordante, y regresa con la misma petulancia a buscar un nuevo fardo que debe igualmente acarrear: es verdad que grita, que jura a la vez que conduce la carretilla… Pero su exaltación delirante no hace más que activar su energía muscular que se encauza en beneficio del propio trabajo.” S. Pinel: Traité complet du régime donataire des aliénés. Paris 1836. Pues bien, hoy habría que afirmar que la vida misma es esa terapia. Una terapia de control y de dominio. Aunque pueda parecer inusitado, el efecto represivo que jugaba la obligación del trabajo se reformula como obligación de tener una vida. Ahora se entiende porque la tesis central a la que llegamos – y se trata simplemente de un corolario de la definición que establecíamos de la época global – puede resumirse así: hoy la vida es el campo de batalla. La vida, en este sentido, no consiste más que en una actividad privada cuya finalidad es producir una vida privada. No somos más que vidas (privatizadas) movilizadas para reproducir esta realidad hecha una con el capitalismo. Esta movilización global reserva un destino diferente a cada vida. A unas las convierte en vidas hipotecadas, a otras en residuales, a otras en emprendedores de sí mismos. El resultado es, sin embargo, común por cuanto en todas ellas el estado que prima es el del “estar solo”. Porque en la sociedad-red, en definitiva, estar conectado paradójicamente es estar solo. El malestar social será el nombre de este no-poder, de esa imposibilidad de expresar una resistencia común y liberadora frente a las nuevas condiciones de la realidad. El malestar social no es más que el bloqueo del camino hacia una subjetivización política capaz de enfrentarse al mundo.

Pero para que la movilización funcione este malestar social tiene que encauzarse, y ese encauzamiento debe comportar, en última instancia, su inutilización política. Para ello toda dimensión colectiva del malestar tiene que ser borrada: el malestar social será reconducido a una cuestión personal. Así cada vida se adapta e integra en la propia movilización. El querer vivir del hombre anónimo funciona entonces dentro de la movilización, y como su principal impulsor. De esta manera, vivir acaba siendo sinónimo de movilización. Es por eso que el poder tiene que ser fundamentalmente un poder terapéutico dirigido a mantener funcionando una sociedad enferma. El poder terapéutico no pasa tanto por el internamiento como por la intervención sobre toda la sociedad. Su intervención no perseguirá curar, sino prevenir, evaluar riesgos, chequear aptitudes, y sobre todo, tratar cada caso como particular. Este es el secreto del modo terapéutico de ejercicio del poder.

Es importante describir sociológicamente este malestar, y así dar cuenta de las múltiples enfermedades del vacío (estados de pánico, depresiones…) que, surgidas por doquier, gestiona el poder terapéutico. Pero lo verdaderamente importante, y es lo que en verdad nos interesa, es politizar ese malestar social. De aquí que la reflexión sobre la sociedad terapéutica tenga que ir acompañada de un análisis del estatuto de lo político en la actualidad. Que la vida es actualmente el campo (político) de batalla nos obliga a pensar nuevamente qué significa politizarse, ya que la politización parece ser esencialmente un proceso de autotransformación personal. Si toda politización tiene que arrancar de la propia vida, y habrá que ver lo que eso comporta, ocurre que una política que se ponga como objetivo la politización de la existencia adopta, paradójicamente, la forma de una terapia. Este resultado tiene mucho de autocontradictorio y es inaceptable, por cuanto la “forma” terapia implica la existencia de un experto, y en definitiva, una relación jerárquica. Pero no es fácil salir del atolladero. Si forzosamente estamos obligados a acercar nuestra política – la política que impulsa la politización de la existencia – a una terapia, entonces hay que pensar una política-terapia que se libere de la terapia misma. No sabemos cuál es el camino, pero estamos convencidos de la necesidad de apuntar más lejos del horizonte terapéutico. El Colectivo Socialista de Pacientes (SPK) defendió valientemente que había que “hacer de la enfermedad, un arma.” Este puede ser un buen lema para pensar la interrupción de la movilización global, y encarar así esa vía que desconstruye desde dentro mismo la propia terapia.

Serie «Guerra por el Consumo»: Desambientados

por Diego Valeriano
En sus mentes reina la confusión, todo cambia a su alrededor y buscan explicaciones en sus otras vidas sin advertir hasta qué punto sus viejas creencias se van transformando en aire y vacío.
Incapaces de hallar nuevos enlaces a la situación, buscan refugio en idea en desuso. La vida tal como la conocían ha dejado de existir y no se muestran aptos para asimilar lo que ha sobrevenido en su lugar. Desambientados. Así viven quienes nacieron en otra época, o por motivos diversos intentan escapar al territorio de las periferias. Apelan a recuerdos  de una vida anterior y distinta de esta que hoy los consume. Y emplean enormes esfuerzos para sobrevivir sin entrar en combate directo. Sus impulsos inhibidos han arruinado sus reflejos y ya ni saben reaccionar ante los hechos más habituales. Del mismo modo en que son inoperantes para actuar, lo son para pensar.
Hipersensibles. Les duele tanto mirar lo que hay que ver que apartan la vista e incluso cierran los ojos. Se sumergen sistemáticamente en el desconcierto. ¿Vieron realmente lo que vieron? Acuden a abstracciones para completar la realidad dolorosa que se les escapa. Rellenan los agujeros por medio de un notable esfuerzo explicativo: “condición social”, “lógica del Sistema”, “historia de las últimas décadas”… Historia. Observan con “categorías” para desentenderse de aquello a lo que le han quitado la mirada, y los habría puesto en riesgo. La observación preservativa es una actividad que sirve para “conocer” y no para linkear mundos posibles. No usan los órganos de acuerdo a la exigencias de la guerra: no ven en superficie: sólo quieren ver en profundidad… entender.
De allí que se les presenta este dilema: si por un lado precisan sobrevivir, adaptarse, actualizarse, defenderse y aceptar las cosas tal cual son; por otro lado, para alcanzar ese estado deben aceptar, junto a la imposición de esta realidad, la destrucción de aquellas razones y motivos por las que se sintieron alguna vez nobles animales políticos.
Para vivir la vida runfla plenamente es necesario morir políticamente y no quedar atado a apelaciones nostálgicas, explicaciones absurdas y artificios morales. Morir como gesto: soltar el cuerpo político como último cuerpo posible.
Pero, ¿quién deserta del último bastión moral? Cuando el mundo de los otros se vuelve inabarcable; cuando la guerra por el consumo anuncia nuevas formas de vida resistente a todo moldeado político, el gesto político moralista deviene banalidad extrema como último recurso.

A esta clase de último hombre (el militante, el investigador, el moralista) se le impone la vida runfla, se le vuelve inexorable, y así y todo la resisten: no saben, no quieren, no pueden entender la metamorfosis. Así y todo se ven involucrados en ella, forman su parte más retrasada, más conservadora, más impotente.

Serie “Guerra por el consumo”: Veterana de guerra

por Diego Valeriano


Camina y va acomodando su cuerpo a los gestos de aprobación que recibe de los otros. Es permeable a cada mirada, crece con ellas, se fortalece. En compañía de las miradas deja las frustraciones y tristezas bien atrás. Su estado de ánimo es el otro.
Dobla en la esquina, toma la calle asfaltada y los conos naranjas le marcan el camino por donde debe pasar. Mantiene el paso firme, serena por fuera pero en ebullición por dentro. Sus hormonas pujan por salir, le dictan desafíos. Ahí están sus enemigos, su salida, sus posibles, sus verdugos.
Es la hora justa: todos ellos están más relajados, ya casi no pasan autos. Como una peleadora (street fighter) los encara en busca de sus miradas. Es el momento hora ideal para luchar. Cruza el puesto y casi todos los gendarmes se dan vuelta para mirarla, le dicen algún piropo entre dientes, ella -de tan impune que se siente y dentro de lo que cabe- le devuelve una mirada a cada uno.
A sus quince es una veterana de guerra. Cada secuela se le transforma en hábito; cada faena en un entrenamiento para la improvisación. Zafó una y mil veces del destino conurbano, del peligro que le toca en suerte por el sólo hecho de ser mujer. Y todavía no lo reconoce, la veteranía la confía demasiado.
Ella sabe, porque lo vio, que un elevado porcentaje de veteranos de guerra tiene secuelas físicas o psicológicas de tal seriedad que les impide encontrar el camino a la normalidad (o felicidad) y recurren al suicidio o a la vida común, como salida a sus problemas.
Lejos de cualquier aplanamiento de la vida en un fetiche amoroso, la curiosidad que la saca a la calle expande su práctica de vida hacia una multiplicidad de figuras corpóreas en una guerra que se define cuerpo a cuerpo e intenta encontrar allí su tránsito hacia una pequeña trascendencia.
Programa su estrategia de combate: alguna pasada más por el puesto de control -ella sola como cebo, como guerrillera-, jugando al límite del kamikaze. Luego empujar a sus amigas para que la acompañen, sostener la mirada lo suficiente y seguir siendo así de linda. 

Serie “Guerra por el Consumo”: Micro-química

por Diego Valeriano


Todxs hemos sufrido de manera inexorablemente transformaciones en esta guerra. La alteración de lxs cuerpos, desde su composición material hasta su estructura y sus propiedades ha sido notable en lo que va desde que todo esto comenzó.
Desde un punto de vista microscópico, lxs cuerpos involucradxs en esta guerra han padecido por efecto de innumerables reacciones químicas, producto del intercambio constante de energía con su entorno.  Da igual que se trate de víctimas, victimarios, mujeres, killers o veteranos. Todxs, fatalmente, hemos visto aumentar en lo que va de esta guerra, el contacto con tales reacciones químicas. Y lo que es peor: ya no podemos abandonar el círculo vicioso que se constituye como flujo de energía entre el sistema y su campo de influencia.
Nuestra guerra no posee formas definidas explícitamente, su dinamismo es completamente abierto, inacabado. Se transforman los cuerpos y el deseo en función del contacto con la energía, y con de modo en que ella nos influye.  Está allí, entre las cosas, entre todas las cosas, en todos los actos, en la envidia, en la misma voluntad, en el cuerpo que siente, en las compras, en los estados de ánimo, en las mutaciones, en todos los encuentros.
La guerra produjo la transfiguración continua de los territorios hasta volverlos incomprensibles, inabarcables, irracionalizables e ingobernables. Química y disputa, energía y acción. Pequeñas partículas de energía que de tan vitales se vuelven universales.
Tal macroquímica de la guerra orienta los mecanismos de combate hacia los cuerpos mutantes, como vapores que han penetrado la epidermis, y se apoderaron de los gestos, de los comportamientos. Nos hemos vuelto volátiles, nuestra materia ha devenido en constante cambio por la oscilación de la energía que atraviesa nuestros territorios. Hemos llegado a ser impredecibles: el consumo nos ha liberado de la fijeza de nuestros antiguos roles.
De un tiempo a esta parte han caído en desuso hasta volverse completamente impensables antiguas nociones “aprendizaje” y “mejoramiento”. Hay quien aún las nombra, pero ya no aportan nada. Hemos quedado instalados en un presente exclusivo y total. Vivimos este presente en el cual lo que define es el dinamismo de la energía buscando reacciones. En este espacio todo lo relevante se convierte en individual, en una lucha apasionada de transformación de la materia.
No cabe duda alguna que el consumo libera. Una potente energía ha sido emancipada y sin cause recorre como un fantasma la alegría y la vitalidad de los de abajo.

Serie “Guerra por el consumo”: Metamorfosis

por Diego Valeriano


Todo se transforma a partir de la energía desatada por el consumo. Nuestras formas de vivir quedaron inexorablemente afectadas para siempre. Parecería que estamos ante un nuevo umbral de transmutación ante el cual nuestros núcleos inestables se alteran en un proceso de adaptación constante. En una inquebrantable vigilia, nuestros cuerpos se vuelven pequeñas fortalezas de defensa y ataque.
Piquetero, ladrón de medidores de gas, puestero, operario en Siderar, remisero. Somos todos cuerpos superficiales en permanente metamorfosis. El que profundiza pierde (aunque ya nadie pueda hacerlo).
El capitalismo runfla tiene la maravillosa virtud de la luminosidad (bien de superficie).
Siguiendo la vieja lógica de lo que no crece perece, pero modificando ciertos aspectos  (tal vez los esenciales), los dispositivos de guerra conectan rápido hacia el nuevo umbral, asimilando la crisis que sea.
Transa, mamá, alumna plan Fines, operadora de remis, chica por hora.
La vida brota una y otra vez en la superficie, donde la luz y la información se asimilan de manera veloz.
La transmutación constante nos habla de “momentos” como única medida de tiempo.
Alumno, killer, mujer del pabellón, papá garrón, remisero, prófugo, victima.
Fertilidad y metamorfosis como sinónimos, como otra forma de decir “combate”.
Cuerpo y territorio cambiando sus estados materiales hasta fusionarse uno en el otro por la acción del calor; química y vida linkeando nuevos umbrales.
Microguerras de los momentos que vendrán.

Sobre Paul Virilio: Coeficiente de rozamiento

por Carolina Palma



Pienso en la aceleración que no es habitable por el cuerpo humano y en los microprocesadores que no puede hacer una mano. Pienso en los electrones, esos que van de positivo a negativo generando corriente eléctrica. Pienso en el hard y en las autopistas de silicio y germanio. Veo el haz de luz de la fibra óptica pero no puedo habitar su velocidad. En condiciones ideales, si imprimiéramos una fuerza sobre un móvil, eso se movería eternamente. Sin embargo, hay materia y entonces existe el coeficiente de rozamiento. Eso afuera. La fuerza del agua, mueve una turbina, la fuerza del viento, una pala. Eso mueve un generador. Existe un conversor que transforma eso en corriente de electrones, y otro conversor que transforma eso en un telegrama de ceros y unos y otro conversor que transforma eso en otro telegrama binario pero de luz. Luego mas conversores que decodifican eso en un telegrama de bytes hasta que yo pueda prender mi compu y, dándole un click a la interface, meterme en la red. Dejo a mi cuerpo y comienzo un viaje en tiempo real hacia el ciberpespacio de los microchips. Me sumerjo en el instante, en la inmediatez, habito un tiempo sin pasado ni futuro. Pierdo duración, muto a signo, la metamorfosis es hacia la representación. Desaparece mi movimiento. Todo es posible sin movimiento del cuerpo. Eso adentro. Con un click hago salir. Desconecto. Salgo, me desplazo hacia el otro, habito la duración, los hilos de la marioneta tiran hacia arriba los muslos, tironean la rolilla, la pantorrila, el talón, la punta del pie, doy un paso, te rozo, estas vos.  


Big bang

La lapicera testaruda

por Allan  da Rosa
La lapicera reluce, hundida en el bolsillo de algodón, comprada en la finura del mismo shopping donde autografió la mediocridad en la librería. Lapicera fina que sigue burlándose de nuestro lápiz, esos que caen y se rompen por dentro pero que insisten en garabatear, en no meterse orejas adentro pero que conocen las palabras de gloria y de miedo que se escurren de las orejas, esos que tamborean en la mesa de las contradicciones, tizones y misiones. Del olor a ajo en la punta de los dedos y de la grasa en las uñas la lapicera de exportación no debe contaminarse. De los empleados que, después de guardar los repasadores y esperando que el congestionamiento se alivie, tienen historias para contar que los bacanes las pescan y les ponen la firma.
Pero esta vez hasta de Alemania se quejaron. Se dieron cuenta que están llevando una tarjeta postal soleada montada en medio de una tempestad. En la mesa de los 70 escritores que van a representar a Brasil, ese país que la Avenida Paulista, el barrio de Vila Madalena y de Leblon estereotiparon y desconocen, pero que les queda bien fingir que hablan desde adentro cuando dan conferencias a gringolandia; en ese yate de 70 escritores que en la Feriade Literatura de Frankfurt va a devorar negociados, bifes y buffets, allí hay un cisco negro, una manchita indígena maculando la delegación.
Machado de Assis, Lima Barreto… ¿tendrían hoy editoriales donde dar sus autógrafos? Si la Granier encuadernó la mañas de los cuentos del Malandro Machado, hoy la compañía limitada de las altas letras no se rebajaría al suelo, no arriesgaría borrar su palidez. Nórdicos somos ¿Quieres vivir el verbo, camarada? Para eso sirve el micrófono, desfila ahí tu elegancia, todo tu talento rojizo en los ojos por la necesidad de sobrevivencia y por el gusto de hermanar cada día. Y que esa playa de la voz, orilla de mares de llanto y de carcajadas, dibujo de sueños y combates, magnético puente de comprensión, majestad nuestra nacida del azote y del rebenque, no quiera conocer a su hermana e hija, la escritura. Que nuestra realeza centelleante de la saliva, de melodías y rasgos, cantada que hace llorar y bailada que da escalofríos, profesora de desafíos, timbres, solfeos y  redondillas, no vaya a tomarse una natilla en la mansión de la página. Allí las bellas letras tienen sus gansos y perros guardianes trilingües, bien protegidos por los uniformes y herencias pero melindrosos en recordar los corsés y diplomas que les garantizan el té inglés.
Lima Barreto en 1921 escribió sobre la nación avergonzada. Caso serio, ultraje, probables suicidios en las redacciones de Rio frente a la vergüenza de los jugadores negros convocados para un amistoso contra Argentina. Pelota negra. Cuando ya oí de la necesidad nació el amague, allá a comienzos del siglo 20. Si tú, mi negro, empujaras un bacán blanco, si solo lo rozas, ya es falta. De ahí el juego del cuerpo, el no voy hacia allá pero estoy yendo, el golpe a una gota de sudor, el paso por el medio y tú no me agarras. Del baldío a los grandes negocios, por la pelota mucha gente ya bogó, antes de la sequía. La pelota es capaz de rebotar feliz y llenita en un corazón marchito.
Pero el suelo aún se asusta en el perineo de la vida, no cambió tanto. Nostalgias e insultos despejados, casas de corrección disfrazadas de escuelas y viceversa, shocks eléctricos por dentro del cerebelo a través del látigo del control remoto, cada mañana la nación ociosa trabada en la avenida, aplastada en los vagones de la desvida. En la Bahia patrimonizada, la que chorrea monedas para embellecer la barra y activa el acero frente a todo sospechoso, el equipo del Reaccione o Lo Matamos/La Matamos demuestra el manto y el escudo que es la letra sudada, el estudio enamorado del pie que camina y de la mano que construye. Dominando principios del derecho logra defenderse por más de una o dos noches del hambre de sangre militar y paramilitar. Ahorita, comienzos de octubre, enseñando qué es el desvío de conducta para los soldados (¿?), Hamilton Borges Wale logra frenar el escuadrón diplomado en un cajón y cerrar de nuevo su puerta violentada a la noche por quien garantiza la paz millonaria, por quien aún hace volar el barrilete de los cinco siglos asesinados. Pero sabe que sigue en la Suburbana y en las carcelitas la escritura de las cartas, los grafitis que se vengan, la poesía necesaria que llama a la reflexión y al gesto. En San Pablo, en los Rios Grandes, en los mil morros playeros, sigue nuestra fuente de letra e historia, agarrada a la ladera, cabrera y buscando amor. Pero eso es muy raso, no cabe en una acolchada literatura, no cierra negocios ni abre whiskies. Demasiado caliente que quema la boca.
Y hasta Alemania, caldeada en casos de concentración, con sus barrios turcos y africanos, ya se dio cuenta que nuestra página va demasiado blanca.

Nuestra palabra conoce de meollos y orillas, es Mel, es de Sobrenome Liberdade.

Miserables

Por: Diego Valeriano


Lxs hijxs de desaparecidos son miserables. Bueno, perdón: lxs hijxs de desaparecidos que aparecen en la tele son miserables. 
Un video editado, una operación de prensa inmensa llevada adelante por Clarín, un diputado medio nabo que se la deja picando; un combo demasiado obvio en el que todos se desesperan por ser parte. Cartas,  twits, opiniones; todo esto genera “el caso Cabandié”. Todo es parte de la campaña, y está bien que así sea, pero…
El martes pasado en el programa de la pata progre de TN, “Palabras más…”, tres hijxs de desaparecidos daban lecciones sobre moral y política a su ¿colega? Juan Cabandié. Sin cuestionar en qué medio estaban, sin preocuparse de que un gendarme filme a un ciudadano y cuestionando sólo a Cabandié. Se despacharon sin asco contra la persona en cuestión, en particular, y contra la política de DDHH, en general. Palos, oportunismo, cinismo, clima electoral. Con  caras de compungidxs y decepcionados con “Juan”, hilvanaban torpemente lo de Juan en una serie maltrecha junto con el proyecto X, la asunción de Granados, el caso Julio López y la maldita bonaerense.
A ningunx se lo ocurrió decir: “este Juan es un boludo, el video está demasiado editado, esto es una operación de prensa -mínimo de Clarín y Gendarmería-, no tengo más que opinar”. Por el contrario, siguiendo los mandatos de sus jefes políticos e imbuidos de la moral de la víctima, salieron a participar del juego. No a jugarlo plenamente, se ofrecieron como meras piezas.
Su miserabilidad y oportunismo, la verdad, a mi mucho no me gustan. Es más, si me apuran soy más afín al tipo miserabilidad de Cabandié, más pequeñito, más runfla; del tipo que medio borrachín te chapea con cualquier cosa con tal de zafar.

Yo me infiltro en tu vida

por Helena Perez Bellas



Once. Si querés paz vas mal. Un tipo me pegó con un rollo de tela en un lugar donde ya no quiero guardar nada: la cabeza. El corazón bien pero se me contrae con la cumbia. Dice mi mama que soy fina pero peleadora. Manejo el mapa al final de la capital federal pero made in el oeste, después de todo me defiendo. A $12 el pote de humus y $25 casi un cuarto kilo, hay chicles bazooka en yiddish. Si tenes pollera corta ya no hay como pilotearla al menos que quieras negociar ortodoxa no y lo otro si.  El chino del supermercado que está sobre Paso negocia con un rabino si hay góndola o no de casher ¿Cuanto sale lo sagrado?. Yo también quiero bendecir. Yo también quiero que me paguen por bendecir. Me dijeron que en Brooklyn está de moda vestirse como ortodoxo y que se vio la punta del negocio, Brooklyn explota y con la estupidez ajena hacen mucha guita. Te felicito esta bárbaro, a la gente estúpida con plata hay que sacarle hasta que no le quede más porque siempre tienen más. Por eso pensé en ponerme de acuerdo con un par de Once y hacer plata pero no la veo viable aunque si levantás la cabeza te encontrás con uno edificios que ni Palermo. Siempre se puede hacer más plata a costa de lo hijos de los que tienen tanta plata que no te la podes imaginar toda junta. El Hilton compra el pescado sobre la calle San Luis en un lugar en el cual un tarado, esos que quiero agarrar para hacer guita, no entraría. Porque es feo, porque esta sucio, porque el pescadito pintado en la puerta paso de dorado a amarillo, un amarillo negro, lo negro es mugre y la mugre no va. Yo me baño todos los días pero para poder venir a ensuciarme en Once.
Mientra relojeo un animal print le miento a un tipo que le voy a comprar de todo. Si ya se que está mal, pero no es peor que mentir estar embarazada para poder terminar un libro. Le pregunto si me hace precio y me agito con lo gritos, el calor. Que estrecha que es Lavalle, que poco dormí anoche, como me mira este tipo parece que se dió cuenta. Le pregunto si cree que las novias se tienen que vestir de blanco si o si. Acaricio un rollo de tela, seda fría, si la seda es pura se extingue en el fuego. No, me dice, más si no no sos virgen. Bueno que sabes, que sabes. Bueno está bien tenés razón: yo vengo a Once a ensuciarme.
Si en la vida hay que elegir en la vida hay que probar, si comprás proba primero. No me gusta el Sambayón pero aprendí a probar. No malgastes tu plata, me dice el heladero. ¿Te gustó? me dice. No sé, le digo. Pensamos juntos como salir de esta. ¿Y si le digo que me quedo con él todo el verano para aprender la fórmula del helado más perfecto jamás hecho? ¿Y si después de ganarme su confianza, incluso su amor su amor entre filial y de coger, lo traiciono? ¿Y si traiciono y al final me doy cuenta que traicionar por plata no me importa? ¿Hay karma o hay guita? ¿Y si hay karma y me compro otro karma con la guita que hice traicionando? Con la guita que puedo hacer vediendo bien esto, lo sagrado y la novedad, me compro veinte, treinta karmas y los voy rotando, los gasto todos, les saco bien el jugo, los dejo secos. Se muere uno, me gasto la guita, roto el karma y vuelvo a empezar. Lo miro, me gana una parte mía que odio, le quiero decir que me llevo el Sambayón porque me conmueve con su historia, se desgarro inventando este Sambayón estilo parvé. Me lo llevo, le pagó a un químico, le saco la fórmula, un gusto cada semana, le reviento la vida por guita, para comprarme cosas mayorista en Once. Para comprarme basura, nada, no importa. No me ensucie todavía, calculo que en dos horas estoy en esa.
Abro la ventana, le miro la tele a la gente de enfrente. No pasa nada. ¿Querés que te vean? me preguntan desde atrás. Si, quiero que me vean. A veces se corta la luz y tomo mis riesgos. Igual no pasa nada, yo no soy nadie, hoy estoy mañana no. Igual permanezco en olor, imprimo en la memoria. Se prende fuego un tacho de basura, desde adentro, sale humo, olor a goma quemada, se acerca un pibe como si fuera poxi, si lo tocas se te pega el plástico en la mano y de ahí derecho hasta Córdoba a que te saquen lo jirones de piel, carne, plástico y sangre con una pinza. ¿Si toco el tacho y me hago mierda le puedo hacer un juicio al Estado y sacarle guita? ¿Tarda mucho la justicia en darme la plata? ¿La fuerza estatal me pondrá muchos peros?. Mejor no hago nada. Mira me lastime acá, le digo, me pegaron en natación. El golpe es enorme,  realmente lo es. A veces miro y no sé dónde estoy por eso me levanta el primer pájaro, el tráfico temprano, el calor hoy, el frio otros días, el miedo, la inseguridad, no reconocer, no saber. Me quiero gobernar, ver que onda, aunque me quede viejo, el ver que onda, pero a lo mejor así dejo de pensar en plata. Ya me ensucie, ya está, ya pasó. No voy a pensar más al otro, lo voy a querer.  Mientras me baño y le adivino las acciones pienso en eso: no lo voy a entender en su totalidad nunca, renuncio y está bien. Igual eso no significa nada, no cambia lo otro, no lo anula. Cuando le diga que si que entendí, mentira ni lo intenté y no hay maldad. Pero lo otro, querer, me sale solo y me sale bien. Querer me concentra. Querer me hace más inteligente. Querer me hace firmar el contrato de ensuciarme. No estoy construyendo en tu vida, me estoy infiltrando.

Seis días de ataques informáticos contra Nodo50

El día 12 de Octubre comenzaba una serie de ataques de denegación servicio (DDoS) contra distintos proyectos alojados en Nodo50. Desde ese día, hemos recibido a diario múltiples ataques de DDoS que impiden el normal funcionamiento de los servidores afectados, dejando fuera de línea temporalmente las webs y correos de las organizaciones alojadas en dichas máquinas.
El ataque de tipo DDoS es un ataque por fuerza bruta que trata de saturar la conectividad y capacidad del servidor. En este caso los atacantes han contratado una red botnet para perpetrar el ataque. Estas son redes de servidores que se alquilan a organizaciones criminales para lanzar acciones de extorsión o censura.
En los ataques han participado más de 32.000 servidores cuyo objetivo es desbordar nuestras máquinas e invisibilizar las webs alojadas. Hasta la fecha no existe una reivindicación de autoría creíble. No sabemos quién está financiando el ataque contra los servidores que gestionamos y dan servicio a vuestras organizaciones.
Estamos trabajando en minimizar los efectos, pero resulta complicado mantener la completa operatividad bajo estas condiciones.
Estos ataques suponen un intento de extorsión y censura contra los proyectos que alojamos.
Asamblea de Nodo50

Chequeo de rutina

por Pablo Valle

¿Qué se puede esperar, hoy por hoy, de un médico clínico? Había pedido un turno al azar, como suele hacerse en las obras sociales si no se tienen buenas referencias sobre algún profesional en especial. Más que nada, necesitaba que me prescribieran exámenes rutinarios. Después vería.
Igual, no esperaba alguien tan joven. El nombre que me habían dado por teléfono era bastante atemporal. Tendría menos de 30 años. Supongo que eso fue la clave, no que fuera muy muy linda; que no lo era, quiero decir. Me gustan las médicas, lo reconozco; suelen ser mujeres de carácter, quizás demasiado, y por eso mismo nunca se fijarían en alguien como yo, etcétera. Pero en este caso era atractiva, sí, de una manera que no podría describir convincentemente, y tampoco hace mucha falta.
Como es lo habitual, me preguntó por qué estaba ahí. No, más precisamente, qué me estaba pasando.
Empecé de manera normal, digamos, contando mis síntomas principales, el agotamiento permanente, dolores en todas partes, un descenso de peso demasiado rápido. No fue muy exhaustiva para hacerme una historia clínica —51 años, le dije, vacilando como siempre que pienso en mi edad—, o quizás no le dejé suficiente espacio para preguntar, porque casi enseguida, no sé cómo, me encontré contándole una mezcla de síntomas físicos, antecedentes familiares, estados de ánimo, desastres recientes y mi ilimitada lista de automedicaciones.
Ella me miraba con ojos inexpresivos, marrones, profesionales.
—No debería tomar eso —me dijo, en un momento, me acuerdo. (O tal vez: “¿Y por qué toma eso?”.)
Yo ya sabía que no debía tomar eso, claro, pero nada detuvo mi verborrea inexplicable.
¿Tendría 30 años?
Confieso que en un momento traté de ver si llevaba alianza, después me olvidé. Generalmente, cuado hablo con mujeres se me nubla la vista, para decirlo de un modo burdo. Las veo como a través de un velo o una llovizna tenue. Mejor: las veo como si me estuviera viendo a mí mismo a través de los ojos de ellas. Pero esto es muy rebuscado, ya lo sé (y, al mismo tiempo, de manual).
Escribió algunas recetas. Era zurda, y tan acentuada que se veía obligada a escribir de manera vertical, como si lo hiciera en chino. Increíble. ¿30 años? Escribía como muchas de mis alumnas del CBC, agarrando la lapicera con las puntitas de todos los dedos. Faltaba que dejara asomar la lengua entre los dientes, por el esfuerzo.
—Subite a la camilla, así te reviso.
Ah, me tuteaba. Es un detalle que no puse hasta ahora, y lo dejo acá porque me parece muy significativo haberlo postergado, u olvidado; no sé de qué, pero muy significativo.
—Sacate esto —señalando mi buzo.
Me auscultó, me tomó la presión, esas cosas. No me decía el resultado, ni yo se lo preguntaba. Porque, mientras podía, seguía hablando, incluso explicándole detalles técnicos sobre mis enfermedades.
—Ah, también tengo esclerodermia —le dije, por ejemplo—. Circunscripta. En forma de manchas. Es una enfermedad del colágeno. No hay tratamiento. Me dijeron que no se puede convertir en sistémica, por suerte.
O bien:
—Otra cosa que tengo es una inmunodeficiencia selectiva. De inmunoglobina A. Me da 0 en los análisis. Así que todos los inviernos tengo 3 o 4 gripes, faringitis… Es genética, tampoco hay nada que hacer. Cuando doy clases, fuerzo demasiado la garganta, y soné…
Cosas así, mientras ella asentía, comprensiva.
Me hizo acostar en la camilla para palparme el vientre. (Ah, me acuerdo, sí, que después, cuando volvimos al escritorio, le pregunté si había notado algo raro, principalmente porque es en esa zona donde pienso que tengo mi cáncer. Me dijo que no.) Tenía las manos un poco frías.
Siguió rellenando recetas. De una manera rara, porque las iba dejando todas a medio completar, y las terminaba siguiendo un patrón incomprensible. Bueno, para mí —que llenaría cada receta por separado, del principio al final, TOC—, su patrón era incomprensible. Al fin y al cabo, creo que todas quedaron completas. En el sello, pude ver su número de matrícula, y pensé “Después chequeo en Internet”, para ver qué edad me da. Pero no lo hice. Los resultados de ser obsesivo y abúlico al mismo tiempo son imprevisibles.
Guardé las recetas junto con los análisis clínicos que había llevado para mostrarle (y que apenas miró por arriba). Me arreglé la ropa, la siempre anacrónica ropa que suelo vestir, como pude, y me levanté antes que ella, como si yo hubiera decidido el final de la consulta. O como diciéndole: “Bueno, ya molesté bastante”.
En vez de eso, permanecí en lo obvio:
—Cuando tenga todos los análisis…
—… Me venís a ver —terminó ella.
Se inclinó ligeramente como para besarme en la mejilla, pero yo le di la mano.
Salí hacia la calle. Ya era pasado el mediodía, pero seguía neblinoso, y yo estaba algo mareado. Me di cuenta enseguida de que no me acordaba, de que no volvería a acordarme, de su cara.
(http://revistapaco.com.ar)

Vendrá la música y tendrá tus ojos (visita de un mexicano en el Teatro Colón, Buenos Aires)

por Julián Herbet

1.- Ciudades por las que puedes caminar porque, a diferencia de lo que ocurre en México, no tienen rotas todas las banquetas.
2.- Ciudades con callecitas tan estrechas como Talhuacano a la altura de Lavalle, donde los espejos retrovisores de los autobuses pasan junto a tu cuello como guillotinas romas.
3.- Ciudades con sustancias ilegales tan poderosas que te vuelven invisible los sábados.
4.- Ciudades con fiebre.
5.- Ciudades que se representan en un plano turístico mediante parábolas de agua: ciudades que poseen boca y mataderos: ciudades que devoran animales vacunos.
6.- Ciudades que prometiste imaginar a botepronto un domingo por la mañana: ciudades sin sabat.
7.- Ciudades ojerosas, cansadas de estar siempre a la altura del optimismo de su nombre.
8.- Ciudades que son cofres donde la música y los libros guardan algunos de tus recuerdos inventados.
9.- Ciudades loop donde, tres meses después y merced al cambio de hemisferio, te vuelve a atropellar la primavera.
10.- Ciudades perfectas para comer riñones. Los tuyos.
***
Vamos al Teatro Colón de Buenos Aires con una rara perspectiva: la certeza de que se trata de una experiencia a dos tiempos, algo que fatalmente deberá desembocar en escritura: nos han pagado el ticket a cambio de un texto. Confieso que últimamente me repugna escribir por encargo, quizá porque he venido haciéndolo demasiado, quizá poque esta sensación medio inhumana de vivir a sabiendas en dos tiempos –el del suceso y el de la prosa– comienza a estorbarme sobre la cara, como unos ateojos oscuros preciosos, pesados y caros que usas para mantener una frugal pretensión de rockstar pero que, en el fondo, no protegen tu mirada: simplemente la cancelan.
Vamos al teatro Colón y, por un rato, intento pensar como turista: apreciar la grandeza de ciertos edificios, conmemorar por enésima vez el poderoso milagro del alumbrado público (tan inherentemente neoclásico) y, sobre todo, pensar en Buenos Aires no como en una planta carnívora por la que me gustaría ser devorado sino como en un objeto más o menos definitivo: algo cancelado por el matasellos la historia.
De más está decir que no logro nada de eso. En parte, porque mis nervios de viajero se encuentran hechos trizas: soy ligeramente agorafóbico y he pasado tanto tiempo fuera de casa últimamente que, a ratos, lo único que quiero es arrastrarme hasta una habitación de hotel para asomarme por la ventana y ver personas pequeñas e inofensivas allá abajo. Y en parte, también, porque no logro hacerme a la idea de que soy un turista, de que estoy a miles de kilómetros de México: hace muy poco unos amigos bonaerenses de mi misma calaña me invitaron de madrugada al San Bernardo, una especie de cantina gigantesca de techos altos y mesas de billar, una sucia piscina mental donde se aspira cocaína entre las mesas, delante de todos, como solíamos hacer los mexicanos en Hermosillo o Ciudad Juárez hará unos siete años (antes de que el país se convirtiera en la vitrina de un carnicero); y me sentí como en mi casa.
En fin: vamos al Teatro Colón. Así que por un rato intento comportarme y hasta me pongo un saco.
En cuanto cruzamos la gran puerta de la calle Libertad noto que mi reserva de cinismo no será suficiente para lidiar con la belleza predecible, inclusive solemne que exuda el edificio, y de la cual ya me habían advertido nuestros anfitriones. No es solamente la precisión etérea y a la vez monumental de los labrados en madera y piedra, ni la altura colorida de vitrales paganos que emiten con herético detalle la ejemplar vida y obra de las musas, ni las puertas envejecidas ni la densidad un poco cursi de los terciopelos rojos que cubren los palcos con una pátina de irrealidad. Es simplemente el lenguaje: las palabras “Teatro” y “Colón”. La carga fetichista que la historia y la cultura le imponen a ciertos símbolos verbales. Después de todo, todos somos Frodo Baggins cargando en un bolsillo mental nuestra versión de El Señor de los Anillos.
Me doy cuenta de que estoy pensando en Tolkien porque su atmósfera infantil y amenazante describe el humor que me produce estar aquí, mirando desde un palco a la Filarmónica de Buenos Aires mientras cada uno de los músicos aguarda, con mal disimulada impaciencia, el arribo de su director, el mexicano Diemecke. Me doy cuenta también de que, en parte, mi estado de ánimo proviene de un ligero detalle arquitectónico: las molduras de madera que recubren los palcos y parecen crecer hacia el interior del edificio hasta convertirse en una máscara detrás del escenario… Me recuerdan a Gaudí, ese exhaustivo diseñador de raíces superficiales que sin duda tenía algo de hobbit.
La función se demora unos minutos: hay una muy nutrida marcha con cacerolas por la 9 de julio, y los organizadores del concierto quieren ser gentiles con los conductores retrasados –ya que no pueden serlo con la realidad. La novelista argentina Patricia Ratto (mi compañera en este encargo) y yo aprovechamos para conversar un poco acerca de nuestros gustos musicales y, de paso, para leer el programa, que desconocíamos hasta ahora. Escucharemos La siesta de un fauno de Debusy, un concierto para violín de Prokofiev y, tras el intermedio, la quinta de Beethoven.
Diemecke cruza el escenario con su histrionismo grácil y pone a todos de pie y después parece regañarnos un poquito, batuta en mano, reclamando silencio a quienes tosen o murmuran e incluso a aquellos que le aplauden durante un segundo de más. Una vez caídos en el silencio, la música de Debusy comienza. Diemecke logra dirigir a la filarmónica con esa aura de naturaleza líquida y en aspersor que es a mi juicio la marca preponderante de la música impresionista francesa: la sensación de que el sonido no viene de ninguna parte: más que estar escuchando, nos parece que estamos siendo sumergidos en un sentimiento del mundo que se nos sale por las orejas. Un tributo humano a la oscuridad de la naturaleza, como habría querido Baudelaire.
Lástima que todas las cosas eternas duren tan poco: si La siesta de un fauno fuera una rola punk, se acabaría en menos de dos minutos. ¿Te das cuenta? ¿Te das cuenta de que todo (ese viaje y este escrito y esta página web y tu laptop y tú y yo) es así, y no hay nada que esté en nuestro poder para cambiarlo? ¿Por qué esos preciados minutos que podemos vaciar de mundo sin vaciarlos de sentido, de lenguaje, son siempre tan escasos?… Dice mi amigo Luigi Amara que Pascal decía que la verdadera desgracia del hombre consiste en no ser capaz de quedarse quieto dentro de su habitación. Estoy de acuerdo. Pero la única posibilidad que tenemos de que esa habitación desvencijada que es la mente no se derrumbe sobre nuestros cuerpos es tapizarla de música.
Luego viene Prokofiev y, para volverlo todo más exultante y cansado, Hilary Hahn: una bellísima y joven violinista invitada. Sé que se trata de una chica hermosa no tanto por lo que logro apreciar a la distancia, sino porque he visto su foto en el programa: unos cabellos claros y rizados completamente renacentistas, la nariz un poquito demasiado grande pero el mentón refinado y una mirada verde muy fija y transparente, todavía audaz pero a punto de ser poseída por el arrobo. Lo que veo a la distancia, desde el palco, es que es muy delgada. Lleva un vestido negro con motivos dorados; la falda es larga y con mucho vuelo, los hombros descubiertos. Cuando Hilary empieza a tocar, descubro que ese detalle (los hombros descubiertos) es el símbolo mayor de su sensualidad –y ella lo sabe. No es porque sean gráciles. Al contrario: en ellos se concentra todo el vigor con el que esta mujer ejecuta el violín dando pequeños traspiés como si embistiera al aire con una herramienta que se emplea para hacer zafra de espectros.
El concierto de Prokofiev dura media hora o así. Luego el público aplaude, entregadísimo, e incluso obliga a la Hahn a hacer un doble encore.
Mientras ella regresa con su violín y no se escucha ni la respiración del público y la música fluye como una desbandada de pensamientos que se encarnan, noto con la exactitud de quien bebe un vino perfecto no demasiado denso la entrañable acústica del Teatro Colón: algo que una orquesta aprovecha muy bien, pero que únicamente un solista puede transformar en revelación. Ni siquiera sé qué putas está tocando Hillary Hahn. Tengo la impresión de que la segunda pieza es una cancioncita de Borodin que conocí hace muchos años en un disco de Izaak Perlman. Pero esto, ¿qué es?… Si acaso, un nombre echado junto a una melodía. En cambio, la sensación de una acústica casi imaginaria y la figura de una muchacha grácil convirtiéndose en un guerrero samurai mientras te acuchilla con su música es algo enorme: algo mucho más grande y conmovedor y al mismo tiempo portátil que cualquier postal o estampa (visual o escrita) del Teatro Colón.
Me doy cuenta de esto en cuanto inicia el intermedio. Así que aprovecho y salgo huyendo a mitad del concierto antes de que todo recomience porque, ¿quién quiere viajar de un hemisferio a otro en busca de un recuerdo para luego arruinar su sabor tratando de indagar qué cosa es este edificio, o peor aún, adulterar el sabor de la acústica pura mezclándolo con una baratija como la quinta de Beethoven?…

Circo Bit

por Carolina Di Palma


Tomo un taxi hacia el Centro Cultural Borges, subo las escaleras hacia el tercer piso, esa no es la entrada, bajo las escaleras, salgo del Centro Cultural Borges, camino por la calle Viamonte, hasta el 783, entro, subo por el ascensor hasta el tercer piso, veo carteles de la universidad, ese es el acceso, aula  “Workshop Transmedia”, y sin hacer clic, entro.  Me esperan tres días de seminario intensivo para aprender a producir universos unificados de experiencias exitosas.
Escucho el  hipervínculo “creaciones de código abierto”, y llego a “crear narrativas que le abran la puerta al otro”.  Linkeo a noción de “autoría” y aprendo que cambió en este momento histórico. Subo el volumen y me pongo los auriculares, dicen que en el universo transmedia “sentís y le contestas al otro, así se viraliza”. Bajo el volumen. Despliego una ventana y veo el modelo del Viaje del Héroe, el círculo que cuenta cómo se construyen estos relatos.  Hago click sobre la imagen y aparece un pop up: “no avanzás tanto por el conflicto como por las capas de incógnitas”.  Descubro la historia, en video, textual, en audio, en flash mocks o multitudes instantáneas, en ARG o juegos de realidad alternativa.  Me saco los auriculares, escucho al profesor, “cancelar a la audiencia”, “lo nuevo es el VPU, viewer, player, user, y además maker”. En el Prezi proyectado dice: “Transmedia: experiencia social y mecánica lúdica”. Siguiente: “Todo es historia vs todo es juego”.  Me quedo con un auricular puesto en la oreja y el otro lo dejo caer. Escucho, por la oreja descubierta, “son formas de entender al mundo, o te acercas desde el juego o desde la historia”.
Miro el Prezi. Siguiente: “Juegos de suerte, de estrategia, de diplomacia, de gestión de recursos, de control de territorio, de construcción de estructuras, de eliminación de piezas. Siguiente. Comportamientos (power ups), ofensivos, defensivos, evasivos, reservas de vidas, municiones, puntos, pasar de nivel, acceder a lugares secretos. Siguiente: Otros personajes, amigos, enemigos, aliados, neutrales, personajes que dan información u obstaculizan. Siguiente: Juegos, divertidos, entretenidos, momento de flujo, sociales, repetitivos, factor azar y suerte. Detención: “no sólo se pone en juego la  habilidad, también actúa el azar”. Detención. “Por ejemplo con el random”.
Abro otra ventana, abro el wordpad, pongo destacado, escribo en mayúsculas: ZONA DE FLUJO.
Subo el volumen del auricular, me pongo ambos auriculares, “la zona de flujo es donde uno pierde la noción del tiempo y del espacio,  es la zona del juego donde estas compenetrado con la acción repetitiva, donde solo existe el presente, la plenitud total, donde la recompensa es inmediata”. Miro al Prezi. Siguiente: “imagen del cuadro XY de habilidades/ acto, ansiedad/ desgano. Zona de flujo: total implicación, control, absorbente”.  Me saco los auriculares, escucho al profesor: “Cuando entras a la zona de flujo te alejas de las preocupaciones de la conciencia”.
Bajo, fumo un cigarrillo en la calle Viamonte, deposito 6 monedas de un peso para tomar un café, tomo el ascensor, subo, ingreso de nuevo al aula.
“El amor con amor se paga”, hablan del Crowdfounding, del financiamiento colectivo de proyectos.  Prezi, miro y leo: “activistas”.  Escucho., “Los activistas aman el proyecto”.  Miro la web page,  “si tu proyecto tiene un 100% ya es realidad, ya existe aunque no esté producido”.  Conecto de nuevo los auriculares, presiono “permitir”, grabo lo que escucho: “lo importante son las recompensas, qué ofreces a cambio.  Anoto ejemplos: Disco firmado, aparecer en los créditos, certificado de “activista”, edición limitada, un registro tuyo en el video, una foto de tu participación”.  Miro al profesor, entiendo que dice que ”es un llamado a la acción, no solo para que lo veas. Cuando  comprás un producto que se gestó colectivamente tiene una vibra distinta, te genera un  bienestar personal, esa es la sensación del crowdfounder”
Prezi: “Activistas”
Escucho: “Tiene que haber operadores para sostener la narrativa del espacio”
Subo el volumen y grabo: “El anonimato se terminó, somos todos visibles y contactables”
“5000 personas cautivas en la fan page”
Bajo el volumen. Cierro las ventanas. Hago exit.

Serie “Guerra por el Consumo”: Microorganismos

Por Diego Valeriano


De pequeño que es todo, casi que ni se ve. Sólo algunos curiosos observaban a los policías registrando a los pibes. Sólo lo hacen para ver si son ellos los que siguen. Es 7 de octubre y todavía con la resaca de Lujan, la fe se renueva en Liniers. Los puestitos brotan como microorganismos siguiendo la fila de fieles que buscaban la bendición de los dos curas vestidos de blanco: Cds, chipá, estampitas, cargadores y fundas para celulares. La policía se lleva a los pibitos en el patrullero y nada cambia demasiado. Todo encaja perfectamente: si no somos demasiados exigentes, solo podríamos mostrar como una contradicción estética al patrono del trabajo convocando a esta microrunfla capitalista.
Cada mercado es un cuerpo, pero carece de órganos y sólo sirve por cómo se reproducen las bacterias. Policías, puesteros, pibes, devotas, pibitas y curas, como microbios que son, poseen tres características en común en ese mundo: 1) Realizan rápidamente su proceso de nutrición absorbiendo vorazmente lo que su fuerza de combate les permite. 2) Intercambian sustancias con el exterior, alterando su composición química debido a su núcleo inestable y 3) poseen una reproducción muy veloz, a partir de un solo microbio en pocas horas van creando simbióticamente nuevos mundos.
Cuando las condiciones del medio son desfavorables –y siempre lo son-, ya sea por nuevas migraciones,  cambios de temperatura, dólar caro o si disminuye la cantidad de los nutrientes (o solo si desean otros), los microorganismos exponen cruelmente sus mecanismo de defensa y ataque. Cada mundo se afirma por lo pequeño que es, por sus posibles palpables; los microorganismos realizan  un papel funcional ecológico específico en el capitalismos runfla ya que con su voracidad consumen todo lo existente y a la vez integran su metabolismo con el de los mercados.
La policía detiene el patrullero a unas tres cuadras, bajan a los pibes y les dicen que por hoy no vuelvan, que no hinchen más las bolas. Los pibes de desmemoriados que son seguramente van a volver siguiendo su instinto.
Las relaciones simbióticas entre microorganismos han sido un proceso evolutivo que es parte esencial de la vida misma. Una relación simbiótica es la interacción conjunta que tienen dos microorganismos diferentes, siendo un proceso de asociación íntima, producto de una historia evolutiva entrelazada… producto de la vida runfla misma. 

Serie «El zorro y la gallina». Perfiles: Carlos Pagni (I)

por Juan Pablo Maccia


El escriba borgeano

Leer a Pagni me produce un efecto deja vúde los años de formación del menemismo, de aquel retorno histórico del peronismo, tras 13 años sin estar en el poder. Menem, como candidato en la interna del 88, y luego en la general del ´89, fue un fenómeno. Detrás suyo una conflagración de católicos de la orden más conservadora (Gustavo Béliz) y liberales del show televisivo (en aquel momento encabezado por los talentoso Bernardo Neustadt y el cerebral Mariano Grondona) anticipaban su libreto.
La historia no se repite sino como farsa. Pero aun para que eso suceda deben aparecer protagonistas a la altura de las circunstancias. Tipos como Lanata y Pagni califican como comunicadores y escribas, aunque les falta el candidato, el kairós.
Hay que preocuparse cuando el conservadurismo-liberal comienza a comprender con mayor agudeza las derivas del mundo popular. Para decirlo con Gramsci, lo que está en disputa es la “dirección intelectual y moral” del proceso político en curso.
Luego de una larga década de decadencia, le nace a la derecha una razón irónica capaz de decir mejor que nosotros mismos lo que sucede con cosas que hasta hace poco pertenecían a nuestra exclusiva historia: el mundo de los derechos humanos, de la constitución de una voluntad nacional y popular.

Supe de Pagni por mi tío Mario, baqueteado militante y experto analista de los medios políticos. Lector advertido, me llamó una tarde para decirme “che, ojo con este pelado aristocrático. Tras su fino amaneramiento, es más culto que la media en el gremio, tiene astucia y sabe lo que quiere. Este tipo pinta para jubilar a la gerontocracia de La Nación”.  Desde entonces pienso en Pagni con frecuencia, provocando la furia de mí prima Laura, joven kirchnerista y adorniana, quien no deja de reprocharme inocencia frente a sus giros “destituyentes”.

No es fácil leer a Pagni. Sus textos me fuerzan a una lectura detectivesca: ¿hasta dónde se encuentra uno frente a la filtración elegante de un dato proveniente de las cloacas de los negocios y las policías?, ¿cuál es el límite entre la legitimidad del análisis de escenarios y el disfrute malicioso, y la pura opereta en favor o en detrimento de tal o cual empresa?

Según me dice Mario, es historiador y periodista de larga data. Fue su paso de Ámbito Financiero a La Nación lo que lo catapultó al parnaso de las plumas calificadas de la vida política.

Hacía años que las derechas argentinas no producían un cuadro con gracia propia (Sarlo, formada en la izquierda, trae su gracia de un sitio muy diferente).

¿Dónde se produce este tipo de intelectuales? ¿En la universidad? ¿En la Iglesia? ¿En las comunidades de inteligencia? Me temo que no. Pagni –es mi hipótesis- se hizo a sí mismo en el mundo literario, recitando a Borges. 

(continuará…)

Serie “Política de lo involuntario”: La creación de posibles

Por Diego Sztulwark



Hay en algunas filosofías indicaciones que permiten imaginar una nueva relación con los posibles. Lo que pensamos, nuestros devenires, tendrían como punto de partida el encuentro con lo(s) otro(s). La experiencia nos enseña que esos encuentros pueden ser de diversos órdenes: es debido a ellos que nos entregamos a la creación de nuevas relaciones con el mundo.

Lo posible, por lo tanto, no yace como inexplorado en la situación actual, a la espera de ser realizado. No preexiste, sino que debe ser creado (señalamos de inmediato que este “debe” no es prescriptivo: sólo introduce la noción de que los posibles no están “dados”, sino que resultan de un acto de creación).

La creación de posibles depende del dinamismo de los encuentros,(1) pero estos son tanto más fecundos cuanto más se sumergen en lo que podríamos llamar lo involuntario, esto es, el hecho de que el encuentro con lo(s) otro(s) no depende de –ni colme necesariamente– nuestras expectativas.

El encuentro y la creación de relaciones a las que lo involuntario nos arroja conlleva una dificultad para el pensamiento: ¿no resulta contradictorio, después de todo, esta asunción de lo involuntario con la actividad de la creación?

Francois Zourabichvilli ha presentado, leyendo no sin cierta original la filosofía de Gilles Deleuze, un modo nuevo de organizar la relación entre acontecimiento y posibles.(2) Estas notas procuran seguir –con fines más bien prácticos– su razonamiento.
Realización o creación de posibles

En los modos habituales de pensar, la “realización” de un posible (de pensamiento, un nuevo devenir) supone una prolongación conceptual lineal –es decir: sin corte ni invención– entre un cierto proyecto (posible) y su realización (concreción exitosa). De este modo, la “realización” no conlleva creación alguna: ella se limita a ejecutar el movimiento que actualiza lo ya proyectado.

La realidad surge, según este esquema, tanto bajo la modalidad de las “ideas” que se hace el sujeto, como de las metas que se propone en vistas a “transformar la realidad”. La esperanza resulta, así, una de las pasiones privilegiadas del proceso de la “realización”: permanecemos a la espera de que aquello que imaginamos o pensamos se realice (modelo de la utopía).

Pero, como adelantamos, existe otra relación con los posibles que la filosofía anuncia, fundada en una ruptura entre la situación inicial y la emergencia de un real con sus posibles. Las revoluciones –ejemplo histórico-político– no son posibles ignorados de la situación de opresión, sino que emergen como posibilidad (incalculable) mediante el movimiento de la ruptura. Esto, que es evidente en la dimensión política, ocurre -puede ocurrir- en otras dimensiones de la experiencia.

Ya a comienzos de siglo, Henri Bersgon denunciaba la falsedad del posible lógico, esa pretensión según la cual toda invención real resulta innecesaria, puesto que ya estaba anticipada en el posible puramente pensado.(3)

La creación de posibles depende del agotamiento de las alternativas de la situación inicial. Pero, es crucial la distinción, la figura del agotado no se debe confundir con la del fatigado. Este último ha abusado de su energía y carece de la potencia suficiente para asumir con un mínimo de elegancia los posibles actuales: debe entregarse al descanso, reponer sus fuerzas. El agotado, en cambio, es aquel que constata la ausencia radical de posibles. Hay, de este modo, una cierta decepción (una incapacidad de seguir soportando) que actúa como condición subjetiva para iniciar los proceso de ruptura y creación de nuevos posibles.

Cuestión de umbrales

¿Qué implica crear un posible, un modo de vida? Una posibilidad de vida es siempre la expresión de un modo de existencia. “Modo de vida” quiere decir evaluación, una manera de distribuir la singularidad de los afectos (atracción, repulsión), una serie de agenciamientos concretos, una diferencia.

Inventar nuevas posibilidades de vida supone, además, una nueva manera de ser afectado: el encuentro (y lo involuntario) no se da sólo en relación con los “otros”, sino también con nuestras propias mutaciones.

Esta alteración (paso de umbrales) remite a lo que ya no se tolera, tanto a nivel individual como colectivo. Expresa siempre, por eso, una nueva composición del propio deseo, una transformación de nuestras relaciones de velocidad/lentitud, nuevas angustias. Pero, también, una nueva serenidad. Una mutación subjetiva de este calibre no se decreta, es  parte, ya, de lo involuntario.

Esta mutación de los umbrales de tolerancia remite, de cierto modo, a la célebre formula deleuziana, “la política es asunto de percepción”. El vidente(artista o revolucionario) es aquel que tiene, sobre un nuevo umbral de intolerabilidad, no tanto visiones del porvenir, sino de la sociedad en devenir. Lo que “ve”, bajo la envoltura del tumulto social, es la mutación afectiva y los nuevos posibles; es decir, aquello que a partir de la mutación en curso se vuelve pensable. Las “luchas”, así, son menos asunto de toma de conciencia que de eclosión de una nueva sensibilidad. Y puesto que toda relación es, según Deleuze, exterior a sus términos, con la alteración de cada una de las relaciones –que es lo que sucede en cada encuentro– se pone en juego nuestra propia constitución.
El vidente y el acto de creación

Sobre un fondo en constante variación, el vidente capta  nuevas posibilidades de vida que llevar a cabo.(4) No se trata tanto de elaborar un plan como de asumir la emergencia de un campo de posibles. Esto es: percibir la situación con su (nueva) carga de potencialidades. La actualización de estas potencialidades (virtual efectivo) demanda –esto es crucial– un acto de creación, puesto que entre campo de posibles y acto no existe continuidad conceptual alguna.

Un campo de posibles agrupa potencialidades puras, dinamismos independientes de las coordenadas espacio-temporales. Las posibilidades de vida surgen del modo en que estas fuerzas, estos afectos, estas potencialidades se reparten y condensan en un determinado estado de cosas. Toda situación expresa, así, un conjunto abierto y distributivo de potencialidades en torno al cual operamos nuestras evaluaciones en términos de modos de vida.

Y eso es el acontecimiento:(5) la posibilidad de captar fugazmente (pues con la imagen misma la intensidad se dispersa) las potencialidades en su estado puro (verbo infinitivo) con independencia del modo en que se efectúan en tal o cual estado de cosas. Dos movimientos, entonces: el primero, percibir un campo de posibles; el segundo, descubrir la potencia de lo posible por la vía de su consumación (es decir: una voluntad que lleva inscripta su propia abolición).

Si la experiencia del acontecimiento se da en un espacio intensivo sin coordenadas espacio-temporales, la creación –bajo tal dominio– implica una redistribución general de las singularidades/afectos. Se ensayan, así, cada vez, nuevos agenciamientos concretos implicados, cada uno de ellos, con nuevas formas de sensibilidad.

Por ello, en sentido estricto, de un movimiento revolucionario nunca podrá decirse que realiza una imagen: como acto pleno de creación, una revolución inventa una imagen fragmentaria que se va disipando a medida que se hace, por la razón de ser ella misma expresión de lo posible como tal.

En síntesis, lo posible es potencia en la medida en que refiere a un campo que abre la creación. Lo posible, en definitiva, es lo virtual, eso que la derecha niega en su realidad (“hay lo que hay”; “la única verdad es la realidad”), y que cierta izquierda transforma en utopía  (al concebirla como proyecto de transformación a realizar).(6)
Cuatro modalidades de videncia

Pero la videncia no es un atributo permanente de un sujeto, sino un momento supra-perceptivo y fugaz en el agotamiento. Se pueden encontrar en la obra de Deleuze, al menos, tres modos de este tipo de videncias. Una cuarta modalidad emerge de la obra de Walter Benjamin.

La primera modalidad es relativa al encuentro y está muy presente en los textos de Deleuze sobre Spinoza.(7) Si el encuentro es real, si no es mero reconocimiento, si el/los otro/s cuerpo/s se hace/n presente/s en su plenitud de presencia, en su pluralidad de aspectos y gestos, se arruina la representación que sobre ello proyectamos y nos encontramos, más bien, en la posición de tener que crear relaciones comunes con aquello con lo que no disponemos de antemano de relaciones adecuadas. La “visión” surge, entonces, como modo de advertir  posibles del encuentro, es decir, como condición de posibilidad para desplegar unas posibilidades en él implícitas y que de ninguna manera nos pertenecían con anterioridad al encuentro.

El segundo modo de la videncia surge de la interrupción. Ya en la obra de Bergson hay una indicación sobre la necesidad de trascender la percepción-acción para acceder a la intuición. Deleuze va a desarrollar esta modalidad en sus trabajos sobre cine.(8) La interrupción del esquema sensorio-motor –sea por enfermedad, por consumo de drogas o por cualquier causa que nos obligue a suspender el continuo que va de la percepción a la acción– libera visiones.

El tercer modo de videncia apunta a las afecciones que sufren a lo largo de su existencia nuestras partes componentes, nuestras velocidades características. De ello habla Deleuze por ejemplo en el Abecedario: se trata de mutaciones de nuestras relaciones constitutivas, que son plurales y están sometidas a un complejo juego de padecimientos, tales como la adolescencia, la enfermedad y la vejez. La alteración de nuestras relaciones componentes redistribuye afectos, trastoca hábitos y, por esta vía, induce visiones.(9)

El cuarto modo de la videncia es el que nos narra Walter Benjamin en sus tesis “Sobre el concepto de historia”.(10) Se trata de la “imagen dialéctica” (11) que sobreviene al sujeto en un instante de peligro, en el momento revolucionario, abriendo una brecha en el tiempo-ahora. Esa imagen surge del encuentro entre la situación presente y un “recuerdo” perteneciente a un pasado que constituye la tradición de los oprimidos y a la que sólo accede el “historiador materialista” capaz de producir empatía con los sujetos de la lucha de clases.(12) La percepción del mundo como mera actualidad pertenece, al contrario, al mundo de los vencedores:(13) el paso del tiempo como sucesión actual-actual constituye el fundamento mismo de la metafísica. Un tiempo continuo del dominio que proyecta hacia el futuro un estado de sometimiento. Al contrario, el sujeto de la lucha de clases revolucionaria, dice Benjamin, entra en una relación dialéctica con los posibles nunca realizados del pasado y obtiene de ese encuentro virtualidades (imágenes de potencia) que introduce en el tiempo presente haciéndolo estallar.  
Crear un posible: acontecimiento más actualización

Cuando surge una mutación colectiva se hace necesario que la sociedad sea capaz de formar los agenciamientos colectivos correspondientes a una nueva subjetividad, de tal manera que “quiera” la mutación. El arte, la política, son parte de la vida.

De una parte, el acontecimiento hace surgir un nuevo sentido de lo intolerable, puesto que a toda mutación virtual le corresponde un cambio de la sensibilidad; de otra, solicita un acto de creación, el trazo de una nueva imagen, una vía de actualización para dicha mutación. Crear un posible equivale a efectuar un agenciamiento espacio-temporal colectivo inédito, que responde a la nueva posibilidad de vida. Esta nueva sensibilidad, a cargo de la creación de nuevas formas sensibles, no dispone de una imagen previa adecuada, debe crearla.

Y para ello, sólo cuenta con signos-afectivos que piden ser actualizados. La creación viene a resolver el siguiente inconveniente: no hay semejanza alguna entre los signos-afectos de la nueva sensibilidad y los medios de actualización.
La voluntad

El proceso de creación no obedece a una voluntad, sencillamente porque la voluntad no precede al acontecimiento. Respondemos al mundo porque hay en él aspectos y circunstancias que no soportamos. Se es responsable –en esta nueva política “involuntaria”, revolucionaria– sólo ante el acontecimiento, ante aquello que hacemos cuando “ya no se soporta”. No se trata, aquí, de realizar un programa o una promesa, sino de actualizar un virtual, cumplir un posible. Lo posible es innovación, algo muy distinto a lo que se nos presenta como las “alternativas” actuales.

Cumplir un posible equivale a encontrar los medios para la afirmación de una nueva sensibilidad. Encontrar las vías para que el sujeto o la sociedad quieran la mutación, y eviten el odio de lo que se afirma en nosotros. Es útil recordar en este punto las definiciones deleuzianas de “izquierda” (querer el acontecimiento) y “derecha” (encerrar los posibles, inocular miedo al devenir, o bien identificar el devenir con la nada, al modo del terrorismo).

La política es la praxis creativa en función de un campo de posibles: en ella siempre se distingue aquello que las luchas expresan (alteración sensible) y la exigencia de crear nuevas formas colectivas.
Contra el cliché político

La política re-comienza con el descubrimiento de las condiciones de existencia de la colectividad. Para ello hace falta aprender a desconfiar de las alternativas previas como meros clichés, a interrumpir automatismos (lo que Bersgon llamaba “romper los esquemas sensorio-motores”), a reconocer  el agotamiento de los posibles de la situación previa.

Se da, de este modo, una conexión entre la “nada de voluntad” (el Idiota) (14) y el “reanudamiento de un potencial”. El “Idiota” y Bartleby (15) –los ejemplos de Deleuze- han visto algo que excede los datos de la situación y que anula cualquier reacción posible. La “nada de voluntad” equivale a la desafección respecto de las alternativas presentes que resultan de un encuentro con el mundo. La mirada desafectada reconoce los mecanismos sensorio-motores que nos ligan de ordinario al mundo (clichés), el “intolerable compromiso con la miseria” y con los poderes (lo que ocurre con el militantismo estereotipado de las izquierdas). El Idiota no llega a reaccionar, de allí que sea incapaz de estereotipo: él “no llega a saber lo que todo el mundo sabe”.

La experiencia moderna, dice Deleuze, está dominada por el cliché. Cercados por el estereotipo sensorio-motor, ya no creemos en nada, hemos perdido la fe. Todo resulta ya-visto, ya-oído (ya-entendido, ya-vivido). “Una distancia irónica nos separa de nosotros mismos”. Y es que el cliché tiene la forma que Bergson critica: una “preexistencia” que adopta lo posible a realizar.

En nuestra época sólo percibimos lo real como objeto de reconocimiento. Concebimos los pueblos como cosas preexistentes, lo cual equivale a perder toda relación con lo colectivo en el proceso de su creación, por fuera de la representación o del cliché.
Crítica

La filosofía moderna se había extraviado al pre-formar lo trascendental, al abatirlo sobre una forma originaria, al calcarlo sobre lo empírico. Imaginar lo trascendental sobre la base de una representación clausura ya la novedad, la diferencia, el acontecimiento del pensamiento. Pensar se convierte así en un re-conocer: la experiencia radical, el encuentro con lo que todavía no sabemos ni podemos pensar, quedan abolidos.

En la práctica política todo esto concierne sobre todo al “pueblo”. Cada vez que se lo trata como un conjunto de representación preconcebida se anula en él su realidad como pluralidad de dinamismos reales, con su carga de posibles por crear. (16)

¿Qué queda para la acción política? Se trata de distinguir la resistenciade la reacción. La resistencia es propia de una voluntad derivada del acontecimiento: ella se alimenta de lo intolerable. El acontecimiento es el potencial revolucionario que se seca cuando es abatido sobre los clichés de la miseria, de la reivindicación.

La acción política es la derivada, respecto del acontecimiento, de nuevos agenciamientos colectivos y de la capacidad de afirmación de los derechos correspondientes.

Agotando los posibles se los crea, tal la política paradojal de lo involuntario. Y su fórmula es un “Posible, o me ahogo”, un spinozismo encarnizado.


[1]En un bello texto “La corrientes subterránea del materialismo del encuentro” Louis Althusser se refiere a una tradición que “corre a través de toda la historia de la filosofía”, un materialismo que ensambla “la lluvia, la desviación, el encuentro y la toma de consistencia”; un materialismo de la contingencia (lluvia- desviación) y al mismo tiempo un materialismo del encuentro, (toma de consistencia). Esta tradición, según Althusser, ha permanecido desconocida, oculta, reprimida o en secreto. (Louis Althusser, Para un materialismo aleatorio, Arena, Madrid, 2002).
[2]F. Zourabichvilli, «Deleuze y lo posible (del involuntarismo en política”), en Gilles Deleuze, una vida filosófica (http://www.arteuna.com/talleres/lab/ediciones/libreria/gilles-deleuze-alliez.pdf). Agradezco a Peter Pal Pelvart la indicación, allá por el año 2006, de la importancia de este texto de Zourabichvilli. El autor ya era conocido como uno de los más importantes interpretes de la obra de Deleuze a partir de su obra como Deleuze una filosofía del acontecimiento (Ed. Amorrortu; Bs-As, 2004). Luego se publicó  El vocabulario de Deleuze (Ed. Atuel; Bs-As, 2007). Pero el artículo que aquí comentamos hasta el plagio desborda la interpretación deleuziana y entrega valiosas indicaciones para la práctica.
[3]Henri Bergson, “Lo posible y lo real”, en El pensamiento y lo moviente, Ed. Cactus, Bs-As, 2012. 
[4]El vidente, según Deleuze, no es aquel que logra entre ver el futuro, sino la literalidad presente del mundo.
[5]Según Maurizio Lazzarato, el modo del acontecimiento es la problemática, la diferencia y la apertura. “El acontecimiento revela la naturaleza del ser como pregunta o problema” y como tal está en la base de toda creación de mundos. Un mundo es “una multiplicidad de relaciones que no dependen de una esencia sino de un acontecimiento”. En el capitalismo tardío, afirma Lazzarato, la empresa se apropia de la tarea propiamente “espiritual” de “creación” de mundos (o mejor de “pseudo-mundos”). La “función-empresa” consiste en sustituir el acontecimiento por una multiplicidad de opciones controladas de antemano. La libertad deviene juego restringido de alternativas. El acontecimiento “para la empresa se llama publicidad (o comunicación, o marketing)”. Y la publicidad funciona como un virtual regulado. La apropiación controlada de la potencia del acontecimiento implica una capacidad de distribuir maneras de sentir, y por lo tanto de prefigurar (solicitar) “maneras de vivir”. La empresa capitalista produce, entonces, ya no sólo sus mercancías (como lo hacía le empresa-fábrica) sino, sobre todo, los “pseudo” mundos al interior de los cuales esas mercancías adquieren un cierto valor espiritual. Entre diferencia acciomatizada por la ley del valor y diferencia ontológica se juega en Maurizio Lazzarato la posibilidad de una política del acontecimiento (ver: Política del acontecimiento, Tinta Limón Ediciones, Bs-As, 2006).
[6]La relación derecha/izquierda queda reconfigurada, en la obra de Deleuze, en un juego de polaridades perceptivas. Ser de izquierda en ciertas situaciones supone: a. querer el acontecimiento, b. percibir a partir del conflicto y c. devenir minoritario. Ser de derecha, por el contrario, es: a. bloquear el acontecimiento; b. percibir a partir de la propia estabilidad y c. identificarse con el modelo mayoritario. Estos criterios no se adecuan bien a la política de la identidad de los partidos. 
[7]Gilles Deleuze, Spinoza y el problema de la expresión, Ed. Muchnik, Barcelona, 1996.
[8]Gilles Deleuze, Imagen tiempo, estudios sobre cine II, Ed. Paidós, Ba-As, 1986 
[9]Gilles Deleuze, El ABC de Deleuze, la penúltima entrevista, editado por el Colectivo Imperceptible; Bs-As, 2010. 
[10]Walter Benjamin, “Sobre el concepto de historia” en Obras, Libro I/vo.2; Ed Abada, Madrid, 2008.
[11]“La verdadera imagen del pasado pasa súbitamente. El pasado sólo cabe retenerlo como imagen que relampaguea de una vez para siempre en el instante de su cognosibilidad. “La verdad no podrá escapársenos”: la frase, que procede de Gottfried Keller, nos señala el lugar en que el materialismo histórico viene a atravesar exactamente la imagen histórica del historicismo. Por cuanto es una imagen ya irrevocable del pasado que amenaza disiparse con todo presente que no reconozca aludido en ella” (tesis VI), “Sobre el concepto de historia” (Tesis V), Idem.
[12]“Articular el pasado históricamente no significa reconocerlo “tal y como propiamente ha sido”. Significa apoderarse de un recuerdo que relampaguea en un instante de peligro. Al materialismo histórico le toca retener una imagen del pasado como la que imprevistamente se presenta al sujeto histórico en el instante de peligro…”. (de la Tesis VI); en Idem.
[13]En estos términos denuncia Benjamin, en 1940, a la socialdemocracia en su claudicación ante el nazismo: “El conformismo que, desde el principio, ha encontrado cómodo en la socialdemocracia no solo afecta su táctica política, sino también a las ideas económicas. Y es una causa de su posterior debacle. Nada ha podido corromper tanto a los obreros alemanes como la opinión según la cual iban a nadar con la corriente. La evolución técnica pasaba para ellos por la pendiente misma de la corriente con la cual creían ir nadando. De ahí había un paso a la ilusión de que el trabajo en las fábricas, que se hallaría en la misma dirección del progreso técnico, presentaba ya un logro político. La vieja moral protestante del trabajo celebra así, en forma secularizada, su resurrección entre los obreros alemanes…” (de la Tesis XI); Idem.
[14]La figura literaria del idiota fascina a Deleuze. Ver referencias en “Un acto de creación” (http://es.scribd.com/doc/53253102/deleuze-que-es-un-acto-de-creacion) y en Deleuze y Guattari, ¿Qué es la filosofía?, Ed. Anagrama, Barcelona, 2003.
[15]Herman Melville, Bartleby el escribiente, Ed. Lom, Santiago de Chile, 2001
[16]Marx ha escrito que la crítica de la religión era la “premisa de toda crítica”. Esta frase fue escrita –según todos los indicios disponibles- sólo un par de años después de sus estudios sistemáticos del Tratado teológico político de Spinoza. No resulta descabellado entonces sostener que fue inspirándose en este artífice de la crítica radical de la religión que el joven Marx elaboró su propio punto de partida. En ambos casos la crítica fue concebida como la reposición de los dinamismos y entramados vivos, en sus fundamentos corpóreos, ante ciertas trascendencias ideales (sean teológicas, sean burguesas). En Spinoza la crítica se hace desde la preeminencia del cuerpo humano, con sus potencias cooperantes y sus pasiones imaginarias, por sobre cualquier consideración moral o finalista. En Marx se trata siempre del cuerpo proletario como trabajo vivo, cargado de virtualidades en contra del sistema de la explotación y de la obediencia en nombre del trabajo y del estado. Si la crítica de la religión enseñaba a considerar la práctica material e histórica de los hombres como condición de posibilidad de sus representaciones,  en su crítica a Hegel (al estado) y luego a la economía política Marx va a situar el movimiento crítico en el seno de la sociedad organizada por el capital. No me parece forzado añadir al respecto que la perspectiva de lo “involuntario” continua esta inspiración de la crítica al concebir los posibles no como representaciones del sujeto sino como virtuales que anidan en lo real (las cosas, los otros). La creación de vías de existencia, a partir del desarrollo de estos posibles, requiere del desarrollo de una verdadera economía. Y bien, el movimiento vivo y real, que lleva a crear economías se constituye en el corazón de aquello que la tradición crítica-materialista viene madurando desde hace siglos.  

Serie «El zorro y la gallina». Perfiles: Carlos Pagni (II)

por Juan Pablo Maccia
La narración omnisciente
Se diría que en su oficio la sagacidad para el pensamiento estratégico lo es casi todo. No me sorprendería que se gane unos ingresos extras ofreciéndose como especialista en organizar la cabeza de más de un poderoso. No es fácil relevar información, calificar hechos, jerarquizar unas pistas en detrimento de otras.
Y los hombres de poder se fascinan desde siempre con los intelectuales vaticanos, hábiles a la hora de organizar la trama dispersa de los acontecimientos, de ligar los hechos con interpretaciones, de inscribir episodios desconectados en un sentido y un trasfondo.
Pagni tiene un equívoco aire de familia con Michel Foucault. Historiador, calvo y apasionado por el mundo de las tácticas. Su apego al juego estratégico y su pasión por el amor griego bien podría confundir a varios.
La comparación no califica. El lenguaje de Pagni, sus amistades y hábitos, son a pesar de todo, los de un argentino de su generación,un traficante de información, más que un dotado de las letras.
Todo esto se hace evidente cuando sus razonamientos se afianzan el mundo prosaico de la política local, en el cual se refiere por igual a políticos y a empresarios, como si sus protagonismos fueran por naturaleza intercambiables.
O en el modo en que con indisimulable transparencia descubre sus fuentes e interlocutores, entre quienes se adivina una beta radical (Nosiglia, el entorno intimo del ex presidente De La Rua), una vocación a favor de una suerte de “ala liberal del Pro” (si tal cosa pudiese existir), el círculo áulico del viejo Bergoglio (de Carrió a Michetti), y un muy buen dialogo con el peronismo, al que comprende como pocos.
Sus amistades pertenecen también, de modo ostensible al mundo del empresariado y al conflictivo mundo de la comunidad de inteligencia. Amigo íntimo del hijo de Martinez de hoz, del célebre Blaquier, de Roberto Iglesias y del ex jefe de la Side, Tata Yofre.
Fue como griego, Odiseo argentino, y no como antisemita, que escribió una famosa “miniatura” sobre el judío Axel Kiciloff, al que calificó a la vez de hijo y nieto de rabinos de Odessa y de marxista.
Su afición por la historia (enseña en la universidad) lo lleva a comprenderlo todo en términos de contrastes y fatalismos que se esconden a la luz de una historia que los supera y juega con ellos.
Al igual que un narrador omnisciente, exhibe y comenta los acontecimientos y el desempeño de los personajes, se adentra en ellos y les cuenta a los lectores los pensamientos más íntimos que atraviesan sus mentes, sus estados de ánimo y sentimientos; ostenta el don de la omnipresencia, dominando la totalidad de la narración, su  capacidad a la hora de predecir el futuro, lo convierten en una suerte de “pitonisa mediática”, conoce el pasado y se anima a plantear con certeza lo que vendrá. En ese sentido tiene algo de risueño, en su alianza con esa historia que juega con los hombres.
Si alguna vez tuve la ocurrencia de conversar con él, de viajar a Buenos Aires y esperarlo en la puerta de La Nación, fue mi tío Mario –cuando no- quien me disuadió: jamás va a la redacción. (Pagni integra el petit comité deselectos que escriben las editoriales de La Nación). Sólo envía sus columnas, por las que cobra merecidas sumas importantes de dinero. Quizás convenga mejor dirigirme a uno de sus colaboradores.
(continuará…)

Clinämen: Los alcances políticos de la crítica al neo-extractivismo

Conversamos con Maristella Svampa, investigadora, ensayista y novelista, sobre los alcances políticos de la crítica al neo-extractivismo. De la acumulación por desposesión al nuevo conflicto social. El modelo desarrollista en los gobiernos progresistas. La idea de lo común. El lugar de los intelectuales.

Paul Virilio – Enrico Baj: La publicidad es el arte por otros medios

por Pablo Chacón
En Discurso sobre el horror en el arte, el teórico francés Paul Virilio y el plástico italiano Enrico Baj despliegan, bajo el formato de un diálogo, una serie de argumentos sobre la velocidad y la técnica puestas al servicio de una mutación del arte en un sistema publicitario representativo del apocalipsis social contemporáneo.

El libro, un pequeño volumen publicado por el sello Casimiro, acaso funcione como un catálogo de monstruosidades pero también como una confirmación del talante cristiano de ambos interlocutores con su insistencia en la mercantilización, la hibridación y la pérdida aurática.
Virilio nació en 1932 en París; urbanista, arquitecto y crítico cultural, publicó, entre otros libros, El procedimiento silencioEl arte del motorEstética de la desapariciónLa velocidad de liberaciónEl cibermundo, la política de lo peor,La inercia polar y La bomba informática.
“La palabra globalización es una farsa. No hay globalización, sólo hay virtualización.  Pero lo que efectivamente está siendo globalizado es el tiempo. Ahora, todo sucede en la perspectiva del tiempo real: estamos pensados para vivir en un sistema de tiempo único, el tiempo global. Hasta ahora, la historia había tenido lugar en tiempos y estructuras locales, regiones y naciones”, dice el francés.
Pero eso se terminó. El espacio sin tiempo demanda un arte instantáneo, sin espesor, sin historia, sin volumen: un efecto de superficie cuyo epítome acaso sean los cadáveres plastinados  del alemán Gunther von Hagens (antes de confesar su enfermedad de Parkinson y prometer su propia plastinación).
Baj nació en 1924 en Milán y murió en 2003. Especialista en collages, su obsesión era trabajar las imágenes de los desastres nucleares; discípulo de Lucio Fontana y cultor de la patafísica, su encuentro con Virilio fue decisivo para sus últimos escritos; estas conversaciones quizá habrían resultado un funesto adelanto.
“Hoy en día, con la emergencia de la industria del entretenimiento artístico promovida por los publicistas y las distintas marcas, y con la invasión del campo del arte contemporáneo por la gente de la publicidad, estamos ante una especie de eutanasia pasiva (del arte)”, sostiene.
Y deduce una equivalencia entre la deslocalización económica, biológica -los trasplantes, la clonación, la implantación de chips en los cuerpos- y cultural. “Por eso digo que con este arte postmortal antes que posmoderno, el siglo XXI puede ver la llegada de una eutanasia activa del arte”.
Si como piensa Virilio, las reglas de la práctica artística cambian para siempre con la aceleración impuesta por la técnica y los imperativos del mercado, el pionero en esa materia no es otro que Marcel Duchamp de quien el arte pop lo aprende todo (menos salirse para siempre del museo como institución).
Porque si bien es cierto que esa institución está en crisis, también es cierto que su papel de depósito del arte clásico es insustituible hasta tanto las versiones de esos clásicos, multiplicados al infinito por la reproducción digital, pierdan el valorinmaterial, fetichista, del original. A ese fenómeno, adelantado por el cine, la literatura quizá sea la única práctica artística inmunizada.
El genio de Borges, referencia de Virilio, se anticipa a ese planteo en su Pierre Menard. Los otros dos escritores que sin pensar piensan esta cuestión, son Samuel Beckett y James Joyce, por su condición de ilegibles se adelantan a cualquier lectura que venga del futuro.
“El horror estético radica también en la confusión entre arte y genética, un fenómeno ligado al body art, a artistas como Stelarc, Orlan, otros. El body art, al proponer modificaciones corporales, se asocia a la genética”.
El performer es un dispositivo tanto artístico como publicitario.
Y concluye Virilio: “La confusión entre arte y genética en lo transgénico se debe a que el arte y la industria farmacéutica convergen en el mismo propósito: modificar el cuerpo. El expresionismo, que era un expresionismo plástico, se convierte en un expresionismo fisiológico”. 

Serie “El zorro y la gallina”. Perfiles: Carlos Pagni (III)

Por Juan Pablo Maccia

Un tipo peligroso
“Pagni es un tipo peligroso”, dice Mario. Viaja mucho, visita todo tipo de lugares y habla con todo el mundo. ¿Debería sorprender o asustar alguien así? No sintonizo con este setentismo de Mario.
Me rebota lo de peligroso, pero de otro modo. Hace unos pocos días Pagni escribió lo siguiente acerca de la operación montada por la Gendarmería y el Grupo Clarín sobre Juan Cabandié: “llamó a Insaurralde para pedir un «correctivo»…. Tristísima sorpresa: por la boca del hijo de desaparecidos sale la voz del apropiador. Trágica Argentina, que puede mostrar, a través de una historia mínima, un abismo gigantesco.
Estas líneas sí me inquietaron profundamente. No se trata ya sólo del manejo de la ironía, que surge en él del jugueteo con una cierta omnisciencia que recoloca a la historia en el lugar de la fortuna maquiaveliana, ante la cual deben reflexionar cuidadosamente sus pasos los actores del drama político. Este esquema ha dado ya sus frutos: un Scioli shakespireano, un Macri que debe enfrentar el problema de la “organización”, una Cristina en busca de su espejito-espejito, un Massa que de tan exitoso puede convertirse, para los gobernadores del PJ, en un temible reverso de la juventud que va por todo.
Lo que asusta de Pagni es el saber que tiene sobre aquello que hace sentido en nosotros y no nos animamos a pensar de modo público. Pienso intensamente en este tipo de episodios, en los cuales las derechas parecen conocer a las izquierdas desde adentro, como quien ha introducido su arma en cuerpo enemigo y opera sobre sus órganos, administra su dolor a voluntad. No hablo de tortura. Sino de los efectos del terror sobre las almas.
Sus breves líneas sobre Cabandié son ejemplares en un punto tenebroso: enarbola en el cuerpo mismo del militante y del hijo de desaparecidos la marca, la presencia efectiva del veneno fascista que actúa sobre él. Nos indica, así, lo que hay que entender: que es ese poder de la derecha el que sigue operando desde el interior de los sujetos que se dicen de izquierda.
En un artículoreciente, Horacio González, nos señala la gravedad que conlleva la manera en que Pagni toma e interpreta la palabra “correctivo” en forma aislada, para situarla en el territorio idiomático policial y, cual destreza de un talentoso ventrículo, mostrarnos como el expropiador nos habla a través del cuerpo del hijo nacido en cautiverio.
La sonrisa de Pagni perturba justamente en este señalamiento. Sus palabras, dirigidas más a otros que a nosotros, parecen querer decir: no hay de qué preocuparse, a pesar de ciertas apariencias, las retóricas de transformación no han activado ningún principio vital antagonista.
¿No es este tipo de sabiduría la verdad que anima la gracia de los análisis que versan de modo realista sobre economía, la coyuntura y historia? ¿No poseen la indiscutible lucidez de enfatizar la victoria que en esos dominios las derechas siguen logrando en nuestro nombre?
(the end)
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