La nausea amarilla (VII)
«Si delegás en otra persona, a la que le pagás mal, la tarea de limpiar tu baño, por favor no me corras por izquierda. Gracias»
S.Ll.
Yo no sufragué: una oportuna minucia burocrática prolongó mi debilitado compromiso con estas democracias pecho frío. No sabía si votar o no a Filmus: Macri hincha un poco los huevos, pero no asusta. Y el fastidio causado por los globitos y los danzarines espasmos del empresario se ve compensado por cierto goce que me provoca advertir cómo el peligro amarillo atemoriza a mis amigos de izquierda, progres.

Por un lado, unos días después del comienzo de la acampada, en el periódico donde colaboro me piden que escriba algo sobre el movimiento. Les parece que hay una continuidad muy clara entre el movimiento 15-M y esa “otra política” por la que pregunto desde hace dos años en mi espacio de entrevistas “Fuera de lugar”. Me dan libertad para hacer lo que yo quiera: artículo de opinión, reportaje, etc.
Hace ya 15 años que organizamos el primer homenaje masivo a Mario Roberto Santucho y sus compañeros del ERP, en plena euforia de consumo menemista, cuando recordar era un riesgo. Si hasta amenaza de bomba hubo en aquel viejo salón de Unione e Benevolenza, dato un poco bizarro, sin dudas. Por ese entonces el dolor de los que habían sobrevivido se mezclaba con el malestar de una generación de hijos que tomó la palabra para remarla a contracorriente. Hubo que ganarse el derecho a la justicia y la verdad, haciendo uso de la lucha callejera y de unas cuantas buenas preguntas.
Cuando el poder expresado en las FF.AA en 1976 logró aislarnos en política, nos infligió durísimos golpes, dispersó nuestras fuerzas de tal modo que nunca pudimos recuperarnos, hablamos primero de derrota «táctica», de perder batallas pero no la guerra, hasta que finalmente tuvimos que reconocer que habían logrado derrotar nuestro proyecto revolucionario. El país se orientaba hacia rumbos distintos y, agotada la dictadura, se dirigió hacia el Estado de Derecho actual en donde el discurso sobre los derechos humanos, derechos elementales, si lo hay, ocupó el lugar de nuestro proyecto libertario.
Lo fundamental en toda reflexión consiste en plantear adecuadamente la pregunta. Y la pregunta no debe ir encaminada a responder y definir de forma abstracta una posición respecto a la violencia, sino que debe responder y definir de forma concreta una posición respecto a la viabilidad práctica de seguir la consigna «Aturem el Parlament», en un acto de desobediencia civil, de forma no-violenta pero determinada, tal y como se anunciaba en la concentración. En principio, la acción consistía en realizar un cordón humano alrededor del Parlament para evitar así la entrada de los diputados en el hemiciclo. Esta acción fue desbaratada el día 14 por la tarde mediante un amplio despliegue policial que no solo acordonó el Parlament, sino que cerró a cal y canto el Parc de
Las Penélopes tejen, pero siempre lo mismo: el amor por Ulises. Hilos, humanos o no, no son nada para Penélope: los rechaza todos, o ni siquiera los percibe. Su argumento es la eterna actualidad del tejido que teje para (y con) Ulises, obra que le lleva todo el tiempo y todo su espacio. Un tejido que cada noche deshace y que reinventa cada día. No es por gusto de tejer que teje, sino por gusto de reproducir el tejido, la imagen de ese amor. El mundo se vuelve así absoluto: ella y el otro (Ulises) dentro de ella. Penélopes eternamente condenadas a la voluntad de permanecer.
Saturados de tener la sensibilidad limitada a esas frecuencias -el miedo y/o la fascinación de la desterritorialización- sintonizamos (por una cuestión de supervivencia … y de humor) otras frecuencias, hasta hace poco ignoradas. Entramos en el cine y en una ciudad del futuro -no tan distante-, descubrimos que más allá de esos dos vectores se delinea toda una experimentación de construcción de otros territorios de deseo. Ridley Scott nos introduce en ese mundo, en su película Blade Runner, a través de Deckard, primer hombre casi replicante y Rachael, última replicante casi humana[2]. Nos quedamos con la esperanza -tal vez ingenua- de que inventaron otra especie de amor. Nos quedamos soñando con la posibilidad de otras escenas. ¿Otro mito?
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¿Qué sucede después del alta?
¿Está preparada la sociedad para recibirnos?,
¿Es el alta un motivo de festejo o de preocupación? |
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Espectáculo de creación colectiva que aborda en el marco de la creatividad, el arte y el teatro, escenas sobre las realidades que nos acontecen tanto dentro como fuera del hospital.
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Somos un grupo de teatro, formado por personas que están o que han estado internados en el Hospital Borda, y otras que no han atravesado una internación.
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Nos convoca el teatro y la lucha por los procesos de desmanicomialización.
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Hace exactamente cincuenta años, el 19 de julio de 1976, Mario Roberto Santucho y máximo dirigente del PRT-ERP murió a
En el comienzo está la distinción: no hay una sola violencia, como se suele decir cuando se enuncia que se
Entre la sangre y el tiempo Tras la derrota política de las organizaciones revolucionarias y los movimientos populares en la
Ayer por la noche la primeras acciones de vigilancia tuvieron lugar en el barrio de Enfield. Según las noticias, un grupo de hombres de mediana edad blanca corriendo por las calles proclamando: “Somos ingleses, somos ingleses” Su objetivo era aterrorizar a los implicados en la agitación de la noche anterior, y en el camino la idea de una nueva comunidad excluyente se transformó en el marcaje de aquellos que no nacieron en Inglaterra. Muchos tuits del hashtag #riotcleanup se han enfocado principalmente contra las comunidades pobres de raza negra. La English Defence League (Movimiento racista que propaga la islamófobia y las campañas anti-migrantes) también ha mostrado su interés en jugar un papel de liderazgo en estas “comunidades” en acción.
Hace exactamente cincuenta años, el 19 de julio de 1976, Mario Roberto Santucho y máximo dirigente del PRT-ERP murió a
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