Seguimos en la búsqueda
Hace ya 15 años que organizamos el primer homenaje masivo a Mario Roberto Santucho y sus compañeros del ERP, en plena euforia de consumo menemista, cuando recordar era un riesgo. Si hasta amenaza de bomba hubo en aquel viejo salón de Unione e Benevolenza, dato un poco bizarro, sin dudas. Por ese entonces el dolor de los que habían sobrevivido se mezclaba con el malestar de una generación de hijos que tomó la palabra para remarla a contracorriente. Hubo que ganarse el derecho a la justicia y la verdad, haciendo uso de la lucha callejera y de unas cuantas buenas preguntas.
Pero más allá del inevitable tono nostálgico y del cholulaje acostumbrado, hay muchísimos problemas que nos siguen inquietando y constituyen nuevos motivos para la crítica. Aprovecho para sugerir, al menos, tres que me parecen significativos.
Por otra parte, hay logros que fueron conseguidos por las luchas recientes, respecto de los que se observan retrocesos. Sugiero apenas un ejemplo menor: mientras los movimientos de derechos humanos lograron en determinado momento (de lucidez) desacralizar la experiencia de la pérdida y asumir de manera materialista lo inevitable de la muerte, en los últimos años hemos asistido a verdaderas ceremonias de beatificación, apuntaladas por las tecnologías de la religiosidad post-moderna.

















































