Homenaje a Néstor
Un declive tan manso que si uno no se fija bien no se da cuenta es el de la homosexualidad contemporánea. Porque ella abandona la escena haciendo una escena patética y desgarradora: la de su muerte. Debe haber algún plano -no el de una causalidad- en que esa contigüidad entre la exacerbación desmelenada de los impulsos sexuales («verdaderos laboratorios de experimentación sexual», diría Foucault) y la llegada de la muerte en masa del Sida, algún espacio imaginario, o con certeza literario, donde esa contigüidad se cargue de sentido, sin tener obligatoriamente que caer en fáciles exorcismos de santón. Sea como fuere, hay una coincidencia. Cabrá a los historiadores determinar la fuerza y la calidad de la irrupción morbosa en el devenir histórico, comprenderlas. A los que ahora la sentimos no se nos puede escapar la siniestra coincidencia entre un máximo (un esplendor) de actividad sexual promiscua particularmente homosexual y la emergencia de una enfermedad que usa de los contactos entre los cuerpos (y ha usado, en Occidente, sobre todo los contactos homosexuales) para expandirse en forma aterradora, ocupando un lugar crucial en la constelación de coordenadas de nuestro tiempo, en parte por darse allí la atractiva (por misteriosa y ambivalente) conclusión de sexo y muerte.
Se puede pensar que nunca la orgía llegó a tal exceso como bajo la égida de la liberación sexual (y más marcadamente homosexual) de nuestro tiempo. El libro de Foucault puede anticipar esa inflexión -que ahora parece verificarse ya no en el plano de las doctrinas, sino en las prácticas corporales-, porque él nos muestra cómo la sexualidad va llegando a un grado insoportable de saturación, con la extensión del dispositivo de sexualidad a los más íntimos poros del cuerpo social.
El dispositivo social desarrollado en torno de la irrupción del Sida lleva paradójicamente a su máxima potencia la promoción planificada de la sexualidad -tratada ésta como un saber por un poder- y marca de paso el punto de inflexión y decadencia. Es curioso constatar cómo estamos a tal punto imbuidos de los modernos valores de la revolución sexual que nuestro primer impulso es denunciar coléricamente su reflujo. No vemos la historicidad de esa revolución, no conseguimos relativizar la homosexualidad tal como ella es dada (o era dada hasta ahora), enseñada y transmitida por médicos, psicólogos, padres, medios de comunicación, amantes y amantes de los amantes -siendo esa ilusión de ahistoricidad intemporal incentivada por buena parte del movimiento homosexual, que defiende la tesis de una esencia inmutable del ser homosexual. Nuestra homosexualidad es un sexpol, o al menos se presenta y maneja, a pesar de la homofobia de Reich, como uno de sus resultados. Un elemento político, un elemento sexual. Parece El Fiord de Osvaldo Lamborghini (pero un Lamborghini sin éxtasis). A decir bien, ¿sin éxtasis?
Sabemos gracias a Bataille que la sexualidad (el «erotismo de los cuerpos») es una de las formas de alcanzar el éxtasis. En verdad, Bataille distingue tres modos de disolver la mónada individual y recuperar cierta indistinción originaria de la fusión: la orgía, el amor, lo sagrado. En la orgía se llegaba a la disolución de los cuerpos, pero éstos se restauraban rápidamente e instauraban el colmo del egoísmo, el vacío que producen en su gimnasia perversa resulta ocupado por el personalismo obsceno del puro cuerpo (cuerpo sin expresión, o, mejor, cuerpo que es su propia expresión, o al menos lo intenta…). En el sentimentalismo del amor, en cambio, la salida de si es más duradera, el otro permanece tejiendo una capita que resiste al tiempo en el embargo de la sublimación erótica. Pero sólo en la disolución del cuerpo en lo cósmico (o sea, en lo sagrado) es que se da el éxtasis total, la salida de sí definitiva.
¿Qué pasa con la homosexualidad, si es que ella no vuelve a las catacumbas de las que era tan necesario sacarla, para que resplandeciese en la provocación de su libertinaje de labios refulgentemente rojos? Ella simplemente se va diluyendo en la vida social, sin llamar más la atención de nadie, o casi nadie. Queda como una intriga más, como una trama relacional entre los posibles, que no despierta ya encono, pero tampoco admiración. Un sentimiento nada en especial, como algo que puede pasarle a cualquiera. Al tornarla completamente visible, la ofensiva de normalización (por más que estemos tratando de cambiar la terminología, más después de que Deleuze lanzó la noción de sociedades de control, como sustituyente de las sociedades de disciplina de que habla Foucault, no es fácil llamar de una manera muy diferente a tan profunda reorganización, o intento de reorganización de las prácticas sexuales, indicada sensiblemente por la introducción obligatoria del látex en la intimidad de las pasiones) ha conseguido retirar de la homosexualidad todo misterio, banalizarla por completo. No dan ganas, es cierto, de festejarlo, al fin y al cabo fue divertido, pero tampoco es cuestión de lamentarlo. Al final, la homosexualidad (su práctica) no ha sido una cosa tan maravillosa cuanto sus interesados apologistas proclamaran. No hay, en verdad, una homosexualidad, sino, como dirían Deleuze y Guattari, mil sexos, o por lo menos, hasta hace bien poco, dos grandes figuras de la homosexualidad masculina en Occidente. Una, de las locas genetianas, siempre coqueteando con el masoquismo y la pasión de abolición; otra, la de los gays a la moda norteamericana, de erguidos bigotitos hirsutos, desplomándose en su condición de paradigma individualista en el más abyecto tedio (un reemplazo del matrimonio normal que consigue la proeza de ser más aburrido que éste). Me arriesgaría a postular que la reacción de gran parte de los homosexuales frente a las campañas de prevención está siendo la de dejar de tener relaciones sexuales en general, más que la de proceder a una sustitución radical de las antiguas prácticas por otras nuevas «seguras», o sea con forro.
Toda esa promoción pública de la homosexualidad, que ahora, por abundante y pesada, toca fondo, no ha sido en vano. Ha dispersado las concentraciones paranoicas en torno de la identidad sexual, trayendo la remanida discusión sobre la identidad a los salones de ver TV, hasta que todos se dieran cuenta de su idiotez de base; al hacerlo, ha acabado favoreciendo cierto modelo de androginia que no pasa necesariamente por la práctica sexual. Dicho de otra manera: las locas fueron las primeras en usar arito; ahora se puede usar arito sin dejar de ser macho. Aunque ser macho ya no signifique mucho. De últimas, la desaparición de la homosexualidad no detiene el devenir mujer que el feminismo (otro fósil en extinción) inaugurara, lo consolida y asienta, más que radicalizarlo, y lima romando sus aristas puntiagudas.
Abandonamos el cuerpo personal. Se trata ahora de salir de sí.
Entrevista a Sergio Lipstein
Sergio Lipstein (Bahía Blanca, 1971) es psicoanalista e investigador incansable de las subjetividades contemporáneas; miembro de
¡Desenchufen a Cerati!
ConSumo
Salvación: Día Mandela en el Mundo
Instituciones postestatales
22 de julio de 2010
Dos presos se fugan de una cárcel argentina cutodiada por un muñeco
Rescatate: gramática de la salvación
Hay veces que uno puede elegir, no siempre. Y no me atrevo a afirmar que sean las ocasiones en que experimentemos
En la novela La carretera, de Cormac Macarthy, un padre huye con su hijo pequeño hacia el sur para evitar que el invierno vuelva a agarrarlos sin chances de sobrevivir en circunstancias extremas: la catastrófica destrucción de la civilización, y de la naturaleza que le es consubstancia. Vagando entre seres y paisajes en ruina, el padre extrema su instinto de sobrevivencia mientras el niño le exige, hasta el final, “ser buenos”, ser “de los buenos”. Pero ¿qué cosa es ser de los buenos cuando todo proyecto colectivo se ha disuelto? Si el hombre busca salvar al niño del hambre y el frío, el niño exige que esa salvación tenga la forma de una interrogación abierta.
American Psychobolche
El libro rojo de Deleuze (o la amplitud del plano de inmanencia)
Esta edición, en estricto rojo marxista, quizá para evitar los peligros de decoloración del movimiento, parte de varios supuestos. Sucede que cuando se edita un libro, siempre se supone un lector. Claramente en este caso se supone un lector pelotudo. Y por otra parte un lector en peligro. ¿Cuál es el peligro? El propio pensamiento de Deleuze. Por eso se vuelve necesario “explicarlo”, tarea delicada si las hay, pero ¡Ay!, el universitario no puede privarse de hacerlo, ni puede reprimir ese impulso (no exento de altruismo y de buena voluntad) por ahorrarnos el peligro… de pensar.
Sobre por qué soy kirchnerista (y sobre aquellos que lo son por comodidad)
La Lengua
Polemizando con Barney (o sobre mustio oficio del editor)
Cabe una aclaración, que no llega a ser un pedido de disculpas. Para presentar mi reflexión debo matizar el tono de mi intervención anterior. Es que, como en todo parto, el nacimiento de una idea es un trance cargado de violencia. Suele ocurrirme: el enojo como prefacio del desarrollo de una argumentación valedera, que brota intempestiva como insulto y ataque artero, para luego irse tornando autocrítica, muy lentamente, al ritmo en que las nuevas ideas se forjan en mi cerebro. Como viejo editor de la obra de Deleuze, mastico el amor y la furia respecto de todo lo que ocurre en derredor de ese nombre mágico y misterioso, que ora da de comer, ora da de pensar. En un largo decurso personal fui afinando la mirada y estrechando el estómago: desde la militancia de izquierdas hasta el amor por la filosofía, del discurso de asamblea al mundo de la edición tercermundista. Más de un peaje tuve que pagar. Del paso del tiempo y la edad –es decir, del modo en que la vida nos atraviesa sin prudencia— suelen surgir cuerpos payasezcos y reacciones olvidables, ¡para que negarlo! Confieso, entonces, el lugar desde el cual hablo: he pecado. He prologado a Deleuze en mis primeros años de editor, allá lejos en tiempo y la memoria (¿quién se acuerda, a esta altura, del grupo Plataforma y de su autodisolución, del Goyo Baremblitt y del Canca De Brasi? Esos eran deleuzeanos de verdad, no estos pendejos universitarios de zona norte que pagan fortunas para que alguien les cuente El Anti-Edipo en lugar de leerlo y que hacen ediciones de mierda… no, no, perdón, perdón, me estoy crispando otra vez, me fastidio, me indigno, me salgo de mí… Inmanencia… Inmanencia… —mi terapeuta me dice que trate de tranquilizarme, que mire hacia adentro de mí mismo—. Retomemos…). Decía… he prologado, y por eso entiendo lo delicado de esta situación (la desesperación de la que uno es dócil víctima cuando sospecha que pocos —¡o nadie! — sabrá apreciar el real valor de lo que se tiene entre manos…) Por ello, esto no es una disculpa, no, sino un envite: lanzo la primera piedra sin esconder la mano,para discutir los carriles por donde transcurre este oficio. Un oficio, como tantos otros, que despunta fundado en el amor y en el idealismo más puro para acabar siendo —entre ires y venires— una deslucida y monótona forma de sobreviviencia. (Ya lo dijo ese gran poeta de neta formación post-estructuralista: “Me preguntaron como vivía, me preguntaron, // «Sobreviviendo» dije, «sobreviviendo». // Hace tiempo no río como hace tiempo, // y eso que yo reía como un jilguero. // Tengo cierta memoria que me lastima // y no puedo olvidarme lo de Hiroshima)”. Tiempo-jilguero-lastima-Hiroshima. Flujo. Línea de fuga. Máquina de guerra. Volvamos al oficio. Yo estaba convencido de que el de editor era, quizás, el más ilustre, el más digno, el más probo de los oficios. Que su mera existencia liberaba al saber, a la cultura, de las garras tanto del mecenazgo de los nobles y ricos como del subsidio público. Y qué el saber liberado, libera al hombre, redime a
El gusto por la polémica
Tiburones del espacio mediático, el género polémico no es nuevo para ninguno. Hace poco tiempo hubo de suspenderse (por “amenaza de bomba”, según rezaba el anuncio de un diario) una polémica entre “Gustavo” (también llamado “el zar de la soja”), y un fornido intelectual marxista que se presentaba de local en
¿Qué discuten estos días Gustavo y Mempo, como se llaman entre sí estos viejos amigos de la época del colegio, allá por Carlos Casares? ? La valoración antagónica de dos asuntos que consideran trascendentales: 1. Lo que llaman el paradigma de la siempre directa, el grano transgénico y el glifosato y; 2. Las cualidades y oportunidad de un estado moderno regulador del desarrollo.
Las mujeres biodegradables y la política
Cuando la indignación in crescendo le impedía encontrar su abrigo (dos veces creyó que Kautsky, el gato, era su bufanda) y acabar con el café ya helado, un grito del Gordo (que hacía ya más de quince minutos que tenía los ojos clavados en una pantalla que había pasado de 6,7,8 a Bailando por un sueño en una imperceptible maniobra de la que nadie, más tarde, se haría cargo) cortó el soliloquio: “a mí estas chicas todas iguales, con los pezones que parecen hechos de plastilina, ya me tienen las bolas llenas. Son todas de plástico. Las ves de cerca y ves que están todas operadas, los ojos, la boca, la nariz. A mí me gustan las mujeres biodegradables”. Las risas sonoras (algo espoleadas, seguramente, por los Santa Julia y la hora) y las adhesiones masivas velaron la remisión materialista de Lanzetta a las chicas de Carta como testimonio irrefutable de que la biodegradabilidad también tiene sus bemoles. Y las risas velaron, también, aquello que minutos después, cuando ya el silencio se había apoderado de la casa, se mostraba evidente: la conexión entre los dos enunciados.
“Que no quede… ni uno solo… Ooooh…”
resultar descabellado y hasta descalificador para nuestros parámetros
habituales de racionalidad. Y, sin embargo, lo cierto es que incluso el método
cartesiano debería ser calificado de sueño de la razón. Descartes mismo
admitió en su hora hasta qué punto sus pensamientos fueron primero engendrados
en clave imaginaria y nocturnal antes de aspirar a la exactitud
geométrico-matemática.
No hace falta, entonces, sumergirse en la interpretación
de los sueños (que, antes que nada, se elaboró en el primer monoteísmo con José
—el judío de Egipto enaltecido por el Faraón—, siglos antes de devenir discurso
psicoanalítico) para dar entidad de pensamiento a aquellos signos confusos que
un posterior avatar diurno nos evoca bajo el modo pretencioso de la idea.
residuos apenas recordados de lo que parece haber sido un sueño claro e
intenso, y que no logro capturar sino con dos palabras insistentes: “hemos
traicionado”. A pesar de la gravedad del enunciado, el tono del sueño no
presenta espesor moral. Al contrario, sus rasgos determinantes son los de la
liviandad y los de la apertura, sentimientos comparables a los de quien accede,
por fin, a la comprensión de un cierto estado actual sobre el que ha intentado
pensar una y otra vez. Y me doy cuenta, mientras mis manos redactan lo que mi
conciencia aún no esclarece, que la lectura matinal de un reciente texto de Tintorelli opera como estímulo para decodificar mi sueño encriptado.
“Hemos traicionado”, insiste el recuerdo conuna claridad ajena a todo encierro, porque el tipo de condena a la que podría
dar lugar estas palabras se ve disminuida ante lo que conquistamos en el campo
del entendimiento sobre algunos interrogantes oscuros de nuestro presente. La
traición, me digo evocando otro pasaje claro de mi sueño, consiste en haber
vuelto a “poner en juego aquello que debía haberse ido”. Esta frase la recuerdo
casi textual. Algo de nosotros mismo, algo que habíamos identificado como
causante de la fase de barbarie social y política de las últimas décadas, había
sido conjurado con aquellos cantos rituales que repetían incansablemente “que
se vayan todos”. Ese todos no podía no alcanzarnos. Y por eso
podíamos rematar entonces gritando “que no quede ni uno solo” (de “ellos”, ni
de “nosotros”).
de aquel sueño —que no se cansa de interpretar aquellas consignas como
referidas sólo ese “ellos” (los “políticos”, o los “corruptos”, o los
“capitalistas”)— hemos accedido al fácil juego de la desilusión porque al final
“no se fue nadie” (o casi nadie). Pobre reflexión auto-expiatoria.
que lo que en vigilia soy capaz de reflexionar. Un monólogo capaz de aligerar
el peso de una inmersión en la vida política. El texto de mi sueño decía: hemos
vuelto a poner en juego eso que habíamos aprendido a dejar de lado, a
identificar como complicidad, miedo, cálculo o resignación ¿hemos asumido
nuevamente un retorno a las estructuras sensibles que el rechazo masivo y
público procuraba desterrar?
Revelación
“Después de leer este informe, me quedó un sabor amargo y la certeza de que existe un poder que está por encima de la primera magistratura. Desde hace décadas que existe un poder que intenta subordinar al Estado a sus intereses. Esto lo pude ver en todo el expediente. Lamento decirle a ese poder que no seré funcional a sus intereses”
(CFK sobre Papel Prensa, 25 de agosto 2010)
¡Lobo mete la cola!
Lobo comunero, Lobo comunacho
Miércoles. 18:30 hs. Escuela del barrio de Flores, Buenos Aires, Argentina (Lobo For Export). Reunión de vecinos convocados por el tema de las Comunas (Comunas remite al nuevo modo en que
Amigos en distinto grado de Lobo pululaban por el lugar. (Lobo es amigo de gente que no conoce, pero que su infalible olfato le permite, en segundos, estrechar una amistad anónima). Decían poco. Cruzaban miradas. Se preguntaban qué era exactamente lo que estaba pasando. ¿Cuáles eran los objetivos de cada quién? ¿Alguien se fue de allí con la sensación de objetivo cumplido? No es claro. ¿O la cosa funcionó y fue Lobo el que se fue con el gusto amargo en sus pezuñas? ¿O fue un boicot del que Lobo tuvo el papel de testigo ingenuo, pero necesario? ¿O fue un fracaso colectivo, uno más en los tanto a los que los deseos de vida colectiva nos tiene acostumbrados? Quizá nos encaminemos al suicidio social, lamenta Lobo. ¿No será mejor formar un partido de cuadros?
Rezos laicos
(1) No es que la discusión sobre el tipo de vigencia que tiene hoy la discusión sobre los años setentas sea insulsa en sí. Al contrario, creo que esos años siguen pesando sobre la conciencia de los vivos de modo decisivo y que sólo un nuevo tipo de relación con ese pasado nos podría sacar de tanta “pseudo-redención” benjaminiana al uso de cada quien, en pos de romper las dinámicas mas reactivas del impasse actual de lo político-emancipador.
La literatura de Borges vs. la literatura de Fogwill
Lecciones semanales de vida del Hermano Antonio
Hermanas y hermanos, vivimos tiempos aciagos, lo sabemos; tiempos en los que la palabra parece perder su peso, su densidad, su materialidad; tiempos en los que se estima posible que cualquiera diga cualquier cosa de cualquier modo, como si el efecto de verdad residiera más en el sonido del decir (y, así, en el aparecer diciendo) que en el sentido de lo dicho. Tomemos, hermanas y hermanos, un caso al azar.
¿Qué nos dice su cara, sus gestos, sus ojos? No dicen, pero es sabido, que en su temprana juventud, allá por marzo del ‘76, fue Director del efímero diario
El exilio neoyorquino devino en Máster en Relaciones Internacionales en
Pero, sobre todo, jamás desearía yo tener abajo, como asistente, como subordinado, a alguien capaz de decir (como en esta imagen), con su sola expresión, “dame quince minutos y un serrucho y sabés cómo te pido el cambio, no”. Infrapolítica // Diego Sztulwark
Esta política que ha vuelto no está asegurada ni ha logrado aún lo que nos proponemos, por eso hay que estar activos y atentos, de acuerdo, de acuerdo. Hay un piso mínimo: el programa de los años 80. Terminar de separar la paja del trigo en relación a la dictadura como un fenómeno militar, pero también civil. Destronar ciertas posiciones de privilegio que condicionan la democracia argentina. Muy de acuerdo.
Pero el asunto es difícil. Para alguien que se acostumbró a afirmarse pensando siempre en colectivo y a hablar en nombre de un “nosotros”, ¿cómo se resuelve esta tensión entre unos “amigos y compañeros” que se entusiasman con esta cara política, mientras que mi “yo” (flaquito e incapaz de ejercer su individualidad) queda del otro lado? ¿En quién confiar, en ellos o en mí? ¿Qué termino afirmar, el yo-flaquito o el colectivo que me es cada vez más ajeno? ¿Con ellos en la macro y conmigo y mis más próximos de los más próximos en la infra-política?
Podría ser de tu interés
19 de julio de 2026 (Un comentario sobre la vergüenza, a propósito de un texto de Miguel Mazzeo) // Diego Sztulwark
Hace exactamente cincuenta años, el 19 de julio de 1976, Mario Roberto Santucho y máximo dirigente del PRT-ERP murió a
Sobre la contraviolencia (y el no matarás). Lectura de León Rozitchner II // Diego Sztulwark
En el comienzo está la distinción: no hay una sola violencia, como se suele decir cuando se enuncia que se
¿Cómo hacer de la democracia de la derrota un punto de partida? Lectura de León Rozitchner I // Diego Sztulwark
Entre la sangre y el tiempo Tras la derrota política de las organizaciones revolucionarias y los movimientos populares en la
El fin de la diversidad (y otras buenas noticias)
Finalmente, entendemos que los compañeros confundidos de siempre insistan con que el neoliberalismo no ha terminado, que como en la Cuba pos-revolucionaria, permanezcan aristas del régimen anterior: ningún proceso de transformación aparece concluido en pocas mañanas. Pero digan lo digan y piensen lo que piensen, al nivel que venimos desarrollando no hay perpetuidad, no hay neoliberalismo. Esa discursividad chota, vacía, expropiadora, tendiente a enmarañar y a desarmar ya casi ha dejado de existir. Ya no se puede esconder, bajo ningún principio de tolerancia, el racismo que reaparece como reacción cotidiana al miedo ni detener, bajo ninguna idea de diversidad, las inquietantes manifestaciones de discriminación diseminadas por todo el tejido social. Porque quiérase o no, si se los mira de cerca, es esa su real dinámica social: tal como sospecha Daniel Molina del lenguaje políticamente correcto, esconden la realidad más que “mejorarla”, enmascaran los conflictos. Caperucita Roja en la guerra de las ondas
Entrevista a Diego Rauz
Domingo a la tarde, Diego Rauz, gerente de ventas de Tech-te-let, una exitosa micro-empresa de tecnología informática, atiende a Lobo en su despacho, entre algunas latas de cerveza y pelotitas de ping-pong. Mientras acaricia su larga y no del todo higiénica barba, Rauz habla pausado, sosegado, displicente… con un ritmo algo más lento de lo habitual… aletargado. Su mirada suele perderse en el horizonte, allí donde suele ir a buscar ideas geniales e innovadoras. Así, este introvertido profesional condujo a Tech-te-let al primer puesto en diseño y ventas de Tecnología informática menor a domicilio, un mercado que hoy su empresa domina a conveniencia. Con música electrónica de fondo, nos ofrece un almohadón para que nos pongamos cómodos, y mientras juguetea con una pelotita de goma ecológica anti-stress, comienza la charla…
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| Un agente de Tel-te-lech en plena gestación de una idea innovadora. |
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| Un agente en pleno proceso productivo |
DR: En mi caso, yo estudiaba en el colegio humanista alemán de Olivos, en el reconocido Zur kritikder hegelschen rechtsphilosophie, y a los 14 años me convocó Microsoft Argentina para una pasantía. Colaboré tres años con ellos, hasta que con un amigo se nos ocurrió la idea: armar un grupo en Facebook que se llamara “Yo quiero ayudar al Diego a que tenga su empresa”. No sé si porque los argentinos tienen una debilidad por el sinónimo local de Dios o porque el azar más puro así lo quiso, pero la gente se empezó a sumarse al grupo (en aquel momento, recuerdo, competía con aquel otro que se llamaba: “Echemos al hijo de puta de Posse del Ministerio de Educación”) y empezó a donar plata: que un peso, que un peso; que cinco pesos, cinco pesos; que alguien tradujo (nadie sabe quién) el nombre del grupo al inglés (“I want to help Diego to take their enterprise”); y pegó. Que un dólar, que otro dólar, que cien dólares. Aprovechamos y lo tradujimos al alemán (dado que era el idioma que teníamos a mano): “Ich möchte helfen Diego für Ihr Unternehmen treffen”. Y así durante un tiempo, corto, pero para cuando terminó, ya teníamos fundada la empresa y en funcionamiento. Y lo que vino después fue un torbellino de éxitos. En síntesis, como dice Osho, toda la verdad de la vida se reduce a una buena idea, a una sola. Después, el resto (cómo gestionarla, como mantenerla, como sacarle máximo provecho). Bueno, también, quizás, se requiera algo de suerte.
Revista ¿Todo Piola? Numero 7 Spot 1
Revista ¿Todo Piola? Numero 7 Spot 2
Entrevista a Fernando Moiguer
FM: Muchas cosas. Una es cómo las marcas procesen no Internet, sino entender que es una red. Que no pueden bajar de arriba, sino que son pares. Si una marca esta cerca de uno, no es oportunista ni agresiva, a la primera de cambio uno se sienta a tomar un café con la marca. Coca-Cola lo hace muy bien en general, pero hay categorías en las que no, la piña que se está comiendo en aguas saborizadas es extraordinaria.
Sacando la mierda de la escuela
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| Estudiante en su cotidianidad hiper-estimulada |
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| Estudiante en un evidente momento de sub-estimulación |
¿Cuánto soportamos por la puta guita?
En la actualidad el trabajo no es “el ordenador social” principal de nuestra vida y de nuestro tiempo. El trabajo no nos otorga una identidad social relevante. No somos metalúrgicos, mecánicos, choferes… Está claro que no es el medio para acceder al reconocimiento social. Hoy en día se reconocen otros signos (como los del consumo: las llantas caras, el próximo-nuevo celular, el auto de las publicidades.). El sacrificio del “gil trabajador” ya no encandila, sino las habilidades del que “la hizo bien”.
Hay algo implícito y hasta obvio que requieren de nosotros y que no aparece como condición visible en el currículum. Hay un currículum oculto del pibe y la piba: se trata de sus formas de vida, de las subjetividades, los saberes y la información que portamos para habitar y movernos en los territorios actuales.Para cadetear la calle en moto, en bici, o a pata hay que bancarse miles de quilombos e imprevistos. Por eso las empresas requieren de tipos curtidos. Buscan tipos que la aguanten, que aprovechen todo su saber y experiencia callejera para desplazarse por la ciudad. Si hay que hacer cincuenta trámites en cinco horas, entonces… a desplegar estrategias. Ahí surge la solidaridad y la red. Vos bancas en una de las filas, mientras el otro te está bancando en aquella a vos. Pegás onda con las cajeras y cajeros, para ser más eficaz. Vas a mil por las calles. Y ante cualquier quilombo saltamos todos. Sabemos quiénes están en tal esquina y quiénes en la otra. Todo esto forma parte del currículum oculto. A todo eso se lo valora y se lo pone a trabajar. Todo eso es lo que termina volviendo difusos los límites entre trabajo y no-trabajo.
Siempre está el peligro de que seamos nosotros mismos los que nos exprimimos, convirtiéndonos en auto-empresas que gestionan cada vez más trámites para hacer unos pesitos extras, por ejemplo. ¿Cuánto valen las caídas, choques y muertes, por estar recorriendo la ciudad a las chapas? ¿Cuándo nos ponemos como combustibles de esta sociedad precaria y cuándo estamos creando zonas de libertad?
Tomarse las tomas en serio:
Lo más interesante del conflicto que estamos protagonizando es cómo éste logró alterar los lugares de cada quien, los roles que estaban legitimados. Nosotros, los chicos, conseguimos mayor capacidad de entendimiento del mundo escolar en el que nos movemos. Nos sirvió, además, para comprender muchas cosas de los adultos, de las instituciones, de los medios, pero también cosas sobre el funcionamiento de los jóvenes militantes y de su hacer política.
Por política no entendemos afiliarse a un partido o tener ciertos discursos generales. El “Fuera Macri” es coherente en sí, pero también es bastante obvio. Hay otras maneras. La toma es, sin duda, una forma importante de apriete al gobierno, una medida de lucha. Pero, al mismo tiempo, es una medida totalmente trillada y que rápidamente remite a otras épocas de este país, lo que genera en los estudiantes un sentimiento vinculado a un modo de hacer política muy tradicional: el de los compañeros.
Nos parece interesante que se vea al adolescente haciendo algo. Nos parece mal que sólo se lo vea como el pibe toma-colegio con un discurso armado. Y eso fue lo que lograron los medios. Nos gustaría que discutan los pibes que tienen otro punto de vista, que se pueden quedar callados ante una respuesta o decirte no lo entiendo, en lugar del gesto militante de todo el tiempo responder buscando en sus archivos.
Taller de coyuntura
Infrapolítica
Hablamos de infra y no ya de micro-política. Si bien Delueze y Guattari nunca se referían a la micropolítica como algo chico (la micro tiene siempre la misma extensión que la macro) los últimos años hemos experimentado micropolíticas del refugio en lo pequeño, reducidas a lo local. Como las micropolíticas, la infra comparte con las micropoliticas la ligazón con las situaciones concretas. Pero elegimos el nombre de infra para remarcar el modo en que estas micropolíticas actuales se extienden en toda la dimensión de lo político. Más que una diferencia de escala, lo que distingue macro y micro, macro e infra es una diferencia de reglas de constitución, de modos de existencia.
Los estudiantes, para seguir con nuestro ejemplo privilegiado, se niegan a seguir cursando en las condiciones edilicias en las que lo hacían. Las tomas se sostienen en esa expresión de disconformidad, que convive con las demandas de las agrupaciones políticas, y al mismo tiempo a una cierta distancia de lo político como tal. En una entrevista (“Tomar la toma en serio”, dialogo entre agrupación Free y Colectivo Situaciones), pibes y pibas del Normal 4 que sostienen la toma del colegio comentan su incomodidad con el discurso de los militantes, dicen que no se sienten representados, que ellos no hablan así, no piensan así.
El principio de representación permite hablar por otros, callar a unos, hacer hablar a otros a partir del lenguaje ya estructurado de la política. Un lenguaje que es el mismo que el de los medios de comunicación. Así funciona la lógica de los medios, creando estereotipos: de la diversidad de quienes participan en las tomas los medios eligen entrevistar a los militantes, cuyos discursos caben en las gramáticas de la política. Las otras voces son más difíciles de asumir en la televisión. Al igual que un sonido incomprensible no se interpreta como música sino como ruido, no se reconoce esas voces como discurso político.
La infrapolítica supone siempre un exceso sobre los códigos de la política: una emergencia de la multiplicidad de relaciones, algo imposible de subsumir a la lógica de la representación. Lógica de la proliferación y la ambigüedad, allí donde fracasa la idea de un “pueblo” más o menos homogéneo, para quien politización equivale a representación, cuerpo único y todo unificable, representable. La infrapolítica designaría (si finalmente adoptamos el concepto) aquello que nunca se puede traducir por completo al lenguaje de la política, aquello que siempre sigue resonando como una política a (cierta) distancia de la política. En vez de limitarse a que las políticas públicas beneficien a su sector, el reclamo de Grobocopatel se centra en que haya una política integral de desarrollo económico para el país. El neoliberalismo no es un discurso antipolítico, es un discurso político. No se trata solamente de un argumento de los empresarios para ganar más dinero. Existe también un neoliberalismo popular, una forma de ver las cosas, una racionalidad que ha penetrado tramas populares.
¿Y si dejáramos de ser ciudadanos?
De aquí que no sea fácil definir qué es “lo democrático”. El núcleo central del formalismo está constituido por la articulación entre Estado-guerra y fascismo postmoderno: entre heteronomía y autonomía, entre control y autocontrol. Veámoslo de más cerca. “Lo democrático” se construye sobre una doble premisa: 1) El diálogo y la tolerancia que remiten a una pretendida horizontalidad, ya que reconducen toda diferencia a una cuestión de mera opinión personal, de opción cultural. 2) La política entendida como guerra lo que supone declarar un enemigo interior/exterior y que remite a una dimensión vertical. “Lo democrático” realizaría el milagro – aparente se entiende – de conjuntar en un continuum lo que normalmente se presenta como opuesto: paz y guerra, pluralismo y represión, libertad y cárcel. En este sentido “lo democrático” va más allá de esa articulación y se dispersa constituyendo un auténtico formalismo de sujeción y de abandono. “Lo democrático”, en tanto que formalismo posibilitador de la movilización global, no se deja organizar en torno a la dualidad represión/no represión que siempre es demasiado simple. En “lo democrático” caben desde las normativas cívicas promulgadas en tantas ciudades a las leyes de extranjería, pasando por la policía de cercanía que invita a delatar. O el nuevo código penal español, el más represivo de Europa, que sigue apostando por la cárcel pura y dura. La eficacia de “lo democrático reside en que configura el espacio público – y en último término nuestra relación con la realidad – como un espacio de posibles, es decir, de elecciones personales. Más libertad significa multiplicación de las posibilidades de elección, pero no puede emerger ninguna opción a causa de la cual valga la pena renunciar a todas las demás. Esta opción que pondría en duda el propio espacio de posibles, está prohibida. “Lo democrático” es el aire que respiramos. Se puede mejorar, limpiar, regenerar y los términos no son para nada casuales. Pero nada más. En este punto ya podemos adelantar un aspecto esencial. “Lo democrático” actúa, sobre todo, como modo de sujeción – de sujeción nuestra a la realidad – ya que establece la partición entre lo pensable y lo impensable. “Lo democrático” define directamente el marco de lo que se puede pensar, de lo que se puede hacer, y de lo que se puede vivir… Más exactamente: de lo que se debe pensar, hacer y vivir en tanto que hombres y mujeres que se dicen libres a sí mismos.
Podríamos oponer muchos argumentos. ¿En estas palabras no se esconde el impasse en el que estamos metidos y la inoperancia de la misma idea de intervención política en un sentido de transformación social? Quizás habría que empezar por reconocer que el discurso de la izquierda ha perdido toda credibilidad, y que por esa razón, en el fondo de este tipo de frases anida la impotencia. No es casualidad que cuando la izquierda tiene poco que aportar – antes que nada porque no sabe ir más allá de las categorías de la política moderna hoy en plena crisis – sienta la necesidad de recubrirse con el manto de la moralización: desde una cierta refundación ética del capitalismo hasta la ideología del decrecimiento. Y así podríamos seguir… Pero la cuestión sigue planteada. En verdad, todas las argumentaciones que pudiéramos argüir servirían de muy poco. Porque ¿cómo rebatir una posición que está dentro de los límites de lo que se puede/debe pensar? Discutirla es quedar encerrado también en las prisiones de lo posible, quedar clavado como una mosca muerta en el cristal de la realidad. Hay únicamente una vía: salir. Salir de todo. Salir de las seguridades mediocres que nos atenazan, de las verdades simples, de las dudas. Salir del autoengaño y de la propagación del engaño. Salir de ese mundo. Yo no sé si podré salir.
Revista ¿Todo Piola? Numero 7 Spot Nº3
¿Qué quiere decir laburar?
– Son todos pasillos, todos laberintos. Salís para cualquier lado. Allá no te agarra ni ahí la yuta.– Para la sociedad rescatarse es no robar más: dale negro, andá a trabajar ocho horas a una fábrica. Eso sí, comprate las Nike, pero no vayas a poner el pecho. Trabajá de lunes a lunes y que tu fin, tu meta, tu objetivo sea tener algo. Digamos que la salida que te ofrecen tampoco está buena, pero antes que estar preso yo lo elijo. Antes que estar encerrado en una celda verdugueado por el servicio penitenciario… bueno, ok, no queda otra.
El malestar y las ganas de vivir estallan en Barcelona
En defensa de Hebe

como bien saben, me encuentro lejos y en extremo ocupado con la tarea que nos ha sido encomendada en la Feria de Frankfurt (al lector desprevenido, desde C.A. organizamos un seminario de lectura y discusión de Un paso adelante, dos pasos atrás, del inmenso Vladimiro Lenin como minúsculo aportar a la Revolución Latinoamericana en curso). Así y todo no puedo dejar de emplear unos minutos en trazar estas líneas que, al tiempo que abrazan y se solidarizan con la compañera Hebe, intentan —no digamos “denunciar” que suena soberbio y algo buchón— pero al menos no dejar pasar alegremente esta (nueva) muestra de debilidad de nuestro compañero (un compañero dirigente, un compañero del Buró; un compañero de los más formados y con mayor influencia sobre las masas), quizá más que compañero, Comandante (si creemos, como creemos, que nuestro actual núcleo intelectual, cual foco armado en otros tiempos, está llevando a cabo la indispensable tarea de enfrentar con las armas de la razón al pensamiento dominante)… Decía, entonces, esta muestra de debilidad de pensamiento y de espíritu del compañero Ricardo Forster que ha salido a “despegarse” y pedir que “el gobierno se despegue” (sí, esa es la imagen que usa: despegarse, no quedar pegado) de los dichos de Hebe de Bonafini sobre la Suprema Corte de Justicia porque le pareció éste un discurso “poco feliz” (pero, ¿quién le habrá dicho a nuestro bermejo amigo, compañeros, que los discursos tienen que ser felices, que los intelectuales y los militantes debemos decir cosas alegres, encantadoras? Quizá sea esa la tarea de una conductora de televisión o de una partera o de un botón de un hotel cinco estrellas, pero no la de Carta Abierta, ni la de Forster, ni la de Hebe). “Poco feliz y extemporáneo” (¡pero no, compañero, cómo va a decir que esta muestra de la más sana crispación kirchernista es extemporánea o inoportuna o impropia! ¡Esto es la política, la P-O-L-I-T-I-C-A, amigo, no una partida de chinchón! ¡Y es Hebe de Bonafini no Valeria Masa, alma plebeya e incontrolable por definición, la más expresión nítida de la resistencia popular desde hace más de treinta años! ¿Qué esperabas, Ricardo? ¿Qué por kirchnerista vaya a comer con Mirtha Legrand? ¿Qué se saque el pañuelo y los ruleros y vaya a la peluquería? ¿La querés tranquila y civilizada? ¿Domesticada?
Ojos que no quieren escuchar
Para elaborar juntos, a partir de la muerte de Néstor Kirchner
¿Substracción inmunitaria respecto de la política vigente en nombre de una suerte de nostalgia? No lo creo. En todo caso, batallas dispares en un frente doble: rechazo abierto contra los que quieren volver atrás respecto de lo conquistado durante los años 2001-2002 (prohibición a la represión, deslegitimación del sistema político y del diseño neoliberal que buena parte de la canalla “oposición” querría revertir) y polémica difícil, a veces contra uno mismo, con quienes interpretan el 2003 como fiesta y felicidad, descuidando todo efecto de cierre respecto de la experiencia de desacato más intenso que vivió nuestra generación. Como se ve, doble frente no quiere decir igualación ni simetría.
«Compañeros»
LA EXCUSA PERFECTA
Notas para pensar la Casa de Flores *
Provisoriedad: Se trata de forjar un nodo de prácticas (una institución) “por un tiempito”, capaz de alentar nuevos cruces y de hacer variar los roles, con apropiaciones y sin propiedades, con tiempo para el descanso y recursos contra las fijaciones. Una casa-provisoria (móvil, mutable), que trabaje durante un año, sin metas absolutas pero con objetivos parciales, en evaluación incesante, atenta tanto a los ensamblajes –productivos— como a las disoluciones. Este mismo carácter provisorio tiñe las palabras e imágenes que utilizamos para seguir pensando el proceso de la casa.
Cuando decimos autonomía nos referimos a las resonancias entre problematización e inteligencia colectiva. Las prácticas —cuando están vivas— trabajan por problemas. Los problemas no son una negatividad de la que tengamos que prevenirnos o que tengamos que evitar o expulsar, sino un motor que interroga a todo aquello que vive. De esta manera, la autonomía (motor de las prácticas) es entendida como una permanente disposición a plantear problemas.Investigar el trabajo implica revisar los modos de organización social: desde la proliferación de nuevas formas de esclavitud (como los talleres textiles clandestinos articulados a las grandes marcas) hasta las tentativas de nuevas formas de gestión de la producción por parte de las fábricas recuperadas; desde las organizaciones y prácticas sindicales (nuevas y viejas) hasta las políticas sociales oficiales que intentan recrear cooperativas de trabajo; desde las economías informales (e ilegales) hasta las tentativas juveniles de rechazar el trabajo bajo patrón; desde la naturaleza del trabajo doméstico a la del trabajo social; desde el modo en que se articulan trabajo y racismo hasta la forma en que lo hacen trabajo y ley, trabajo y seguridad, trabajo y ciudad; desde el vínculo que se hace entre trabajo y educación a las formas del trabajo llamado intelectual, desde la precarización del trabajo a la precarización de la vida, etc. Así, investigar, en la práctica, la relación entre trabajo, producción de valor y vida implica afinar la atención a formas de organización, resistencias, replanteos y experimentación colectiva en curso.
Investigación: como “no-sabemos”, preguntamos. Se investiga en la universidad y el laboratorio, pero también en las luchas y en los amores, en la angustias y en el idioma, en las calles y en las artes, en las escuelas y entre amigos. Esta casa propone abrir un espacio-tiempo para que estas preguntas crezcan, en la fuga, la fabulación y la confabulación.
Tres imágenesen torno a una politización posible
La segunda imagen, previsiblemente, es la que se fue dibujando en estos últimos siete años, desde el súbito advenimiento de Néstor Kirchner a la presidencia de la Nación hasta su no menos súbita partida; pasando, obviamente, por los modos en que su figura y sus políticas (y más que su figura y su políticas, las proyección de éstas sobre nuestros amigos y compañeros, sobre nosotros mismos, sobre nuestras preguntas y sobre nuestras certezas) afectaron nuestra percepción de lo político. Una suerte de escisión (individual y colectiva) producida por el fenómeno kirchnerista pasó a adueñarse de la escena política: a la velocidad del instante, el completo arco de partidos, de movimientos, de grupos de todo tipo y color, incluso de familiares y amigos se tensó hasta la fractura, la descomposición o la mutación repentina.
Hacia el 2011, desafío del desborde y la apertura
¿Derechos humanos?
Encuentro sobre Prácticas Educativas en la Casona de Flores
De hecho –y por derecho- este encuentro puede ser presentado como una invitación a la revisión institucional [1] (las preguntas que orientan esta revisión resultaron ser entre nosotros: ¿qué es lo que no va más en las prácticas educativas?; ¿qué lo que sí va?; ¿qué obstáculos encontramos en lo que sí va? Y, finalmente, ¿cuál es el sujeto de cambio de estos procesos?). Instituciones estatales (y no estatales) resultan hoy objeto de todo tipo de rechazo y también de uso, de aprovechamiento y de reforma, de abandono y de invención. Este proceso de revisión es radical y encuentra un posible rasgo común en el desborde de toda imagen clásica de lo pedagógico. La propia multiplicidad de experiencias que convergen es este encuentro, esperamos, es muestra de ello.
16 Feria del libro independiente – FLIA
16 Feria del libro independiente y (A)
16 FLIA – Capital
-8 de diciembre-
En el estacionamiento recuperado por los estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales
Azcuénaga 933 – Entre Paraguay y M. T. de Alvear
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>> F L I (A) <<
Feria del Libro Independiente y Alternativa, Autogestiva, Abierta, Autónoma, Amiga, , , , , , , ,
http://feriadellibroindependiente.blogspot.com/
http://www.flia.org.ar
Primer Encuentro del Des-Orden Articulado
De aperturas y nuevas politizaciones
«PROFUNDIZAR EL MODELO” DESPUÉS DE LOS 4 RECIENTES ASESINATOS EN PROTESTAS

1- Espere a ver los cables de la agencia oficial o los programas de 678, allí se marcará la línea discursiva correcta.
2- Si por los medios oficiales aún no se dio ninguna versión convincente, guarde silencio, esquive el tema con sus amigos, no publique nada al respecto en su blog. Minimice la noticia todo lo que pueda. Los medios que defienden el “modelo” buscarán durante esas primeras horas otras novedades para la primera línea informativa, o si no, apelarán al Fútbol para Todos o a los encuentros de la militancia del Chivo Rossi o el Chino Navarro bajo la consigna “Néstor, esto es para vos”. Así, el hecho se irá minimizado en sus repercusiones políticas con el pasar del tiempo.
3- Si aún así el tema persiste instalado en el interés social, recomendamos seguir los siguientes pasos:
4- Ante el crimen consumado, la culpa siempre la tiene otro. Siempre habrá un gobernador, burócrata sindical, jefe policial de distrito, hacia quien “tercerizar” la responsabilidad. Cristina sólo sería responsable si matara ella directamente a alguien con sus propias manos en la Quinta de Olivos, pero nunca si lo hicieran sindicalistas cercanos, gobernadores oficialistas o policías a cargo de su Ministro de Seguridad y Justicia.
5- Buscar voces oficialistas que digan lo necesario, sin importar la realidad. Tener a mano declaraciones de Juan Cabandié (“a la Unión Ferroviaria la maneja Duhalde”), de la propia Cristina (“Gracias Gobernador”, a Insfrán un día después de los asesinatos en Formosa) o Felipe Yapur (“un vecino dice que disparó la Metropolitana”).
6- Echar a rodar rápidamente la teoría conspirativa, siempre hay alguien más pior que los propios asesinos y responsables: Duhalde es peor que Moyano, el tucumano Bussi es peor que Insfrán, Macri es peor que Aníbal Fernandez (bueno, no importa, dígalo así por ahora, después vemos…). En última instancia, apele a la presencia de “infiltrados”. Pueden ser de Quebracho, FARC, Narcotraficantes o Servicios, o todo junto. Siempre sirve y alguno seguro lo reproduce en su blog. Todos ellos, por supuesto, buscan un hecho destituyente para derrocar a Cristina. Recuerde, éstos atacan al PO, a los tobas o a los villeros, por ser funcionales a la derecha (¿).
7- Hablar de “incidentes” o “hechos desgraciados”, pero no de “represión”. Decir “muertes” pero no “asesinatos” y mucho menos “crímenes”. Tener a mano un comunicado de lLa Cámpora que hable de “repudiar la violencia” y de la “solidaridad con los familiares”, mientras reafirma el aval al gobierno nacional y su decisión de “no reprimir la protesta social” (sí, no importa, repítalo así nomás).
8- Identifique a los familiares de las víctimas más proclives a ser convocados por el gobierno y para que Cristina pueda recibirlos. Prometerles “justicia”, “comisión investigadora”, “últimas consecuencias”… Con el tiempo, ofrecerles una fundación que lleve el nombre de las víctimas.
9- Si se va a hablar del jefe de las fuerzas represivas del Estado Nacional y hombre fuerte del gobierno, Aníbal Fernández, cierre filas contra los que hablan de su pasado duhaldista y su responsabilidad en los crímenes de Kosteki y Santillán. En cambio destaque que es amigo de los blogueros K, que usa remeras copadas contra Clarín y va a los recitales del Indio Solari. Prohibido hablar de los hechos recientes de la Federal como el asesinato del chico Rubén Carballo en un recital, o de la zona liberada en Barracas para el asesinato de Mariano Ferreyra. La impunidad en esos casos es porque se investigó y no se encontró nada, no porque hay encubrimiento y aval político de parte del Ministro y el gobierno. El que dice eso, ya saben a quién le hace el juego…
10 -Por último, busque declaraciones de Estala Carlotto y Hebe de Bonafini y organice un buen festival por los Derechos Humanos. Si es posible en Plaza de Mayo. Mejor con artistas latinoamericanos. Importante: llevar banderas del Pañuelo Blanco.























































