Habitar las ciudades democráticas // Bernardo Gutiérrez
Tras las revelaciones de Edward Snowden, la criptografía es la nueva atmósfera-deseo de esta nueva era que reclama transparencia para lo público y privacidad para los individuos. Y por primera vez, el ecosistema de los comunes – el común, procomún, los commons, el bien común – empieza a relacionarse cara a cara con la democracia. ¿Cómo sería la democracia de los comunes? ¿Cómo mejoraría la tecnología de los comunes la participación en la ciudad? ¿Democracia del bien común?
Si el sistema quiere disputar el marco de las ciudades democráticas, que entre, que debata, que proponga. Pero lo tendrá difícil si el sistema operativo y la lógica de las ciudades democráticas sigue la senda de los comunes democráticos, los comunes urbanos y las nuevas luchas de los comunes digitales que se mestizaron en el encuentro ciudades democráticas de Madrid. Tendrán difícil disputar un marco simbólico tan incombatible mientras el imaginario de la participación ciudadana este configurada por gente como Raquel Rolnik, ex relatora de vivienda de la ONU, que participó en el encuentro de Madrid. «El verdadero cloud que arrasa el planeta es el capital financiero», afirmó Raquel en su conferencia. Continuemos marcando la cancha de las ciudades democráticas, habitando un marco agregador en la que no cabe todo, muchos menos el neoliberalismo. Quien se quede fuera de las ciudades democráticas, quien no acepte su lógica abierta orientada al bien común, tendrá un nombre: enemigo de la democracia.











































