Felicidad asegurada (I) // Carolina Di Palma
- En el 2000, el entonces gerente general de la compañía Sun Microsystems, Scott McNeally, dijo: “la privacidad ha muerto, supérenlo”.
- Larry Ellison, fundador de otra gran tecnológica, Oracle, dijo en 2001 (Enlaces a un sitio externo.): “Bien, esta privacidad que les preocupa es en gran medida una ilusión. Y todo lo que deben abandonar son sus ilusiones, no su privacidad. Ahora mismo pueden ir a Internet y conseguir un informe de crédito sobre su vecino y averiguar dónde trabaja, cuánto gana, si está al día con su hipoteca y un montón más de información”. Casualmente, Sun Microsystems fue comprada por Oracle, pero eso es otra historia.
- En 2010, el exgerente general de Google, Eric Schmidt, dijo (Enlaces a un sitio externo.): “nos das más información sobre ti y sobre tus amigos, y podemos mejorar la calidad de nuestras búsquedas. No necesitamos que tipees nada. Sabemos dónde estás. Sabemos dónde has estado. Podemos saber aproximadamente en qué estás pensando”.
- En el mismo año, el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, sugirió que la privacidad ya no constituye una “norma social” (Enlaces a un sitio externo.).
- Su hermana Randi, exdirectora de marketing de la compañía, fue aún más lejos al año siguiente cuando expresó que: “el anonimato en Internet tiene que desaparecer (Enlaces a un sitio externo.)” porque, en su opinión, la gente se comporta mucho mejor si no se le permite ocultar su nombre real.
- confidencialidad: cuando queremos mantener en secreto cierta información sobre nosotros o sobre terceros.
- anonimato: representa la intención de que algunas de nuestras acciones no puedan ser relacionadas con nosotros como individuos específicos. Es muy combatido por las empresas de Internet, que quieren tener datos veraces de todos para poder segmentar publicidad. Y también por las agencias de seguridad que, virtualmente, consideran sospechoso a todo aquel que no quiere aparecer online con su nombre verdadero. Sin embargo, el anonimato online es imprescindible muchas veces para garantizar efectivamente el derecho a la libertad de expresión y el disenso político.
- identidad: podemos querer mantener nuestra identidad desconocida por cualquier razón, incluso cuando queremos separar nuestra identidad personal de la de una función pública. Las discusiones al respecto también surgen en el marco, por ejemplo, de los documentos “de identidad” obligatorios y biométricos (que, en realidad, son de “identificación”, que no es lo mismo).
- autodeterminación: podemos considerar que algunas de nuestras acciones, actitudes y comportamientos son asunto nuestro y no incumben a nadie más (esos otros pueden ser desde empleadores hasta el Estado). No necesariamente implica ocultar un secreto (aunque el derecho a tener secretos también debería ser reivindicado).
- libertad de “ser dejado tranquilo”: es una acepción de privacidad muy clásica, ya que fue enunciada de este modo en un famoso ensayo de los jueces Samuel Warren y Louis Brandeis (Enlaces a un sitio externo.) en 1890. Implica poder dedicarnos a nuestros asuntos sin ser escrutados por parte de nadie. Curiosamente, fue motivada por la aparición de un invento técnico: la cámara de fotos personal. Los mencionados juristas de Estados Unidos, con agudeza aún hoy vigente, decían que “La soledad y la privacidad se han hecho más esenciales para el individuo; pero la empresa moderna y la invención, a través de la invasión de su privacidad, lo han sometido al dolor mental y el stress, mucho más de lo que podría infligir una mera herida corporal”.
- control de los datos personales: se relaciona con el derecho a controlar la información que circula sobre nosotros (ej.: dónde se almacena, quién la ve, quién se asegura de que sea correcta, etc.). Por ejemplo, todos encontramos perfectamente correcto que nuestro médico conozca qué medicamentos tomamos. Pero muchos encontramos chocante y peligroso que haya empresas dedicadas a transcribir y almacenar en bases de datos, para luego venderlo, el historial de consumo farmacológico de cada ciudadano.
- El contexto que las rige
- Si la nueva práctica cambia los tipos de información en cuestión
- Si la nueva práctica causa un giro en quiénes están involucrados como remitentes, destinatarios o sujetos de la información
- Si los nuevos patrones del flujo de información encajan con los principios relevantes para la transmisión
- En cierto momento, lo “inviolable” (salvo casos especificados por ley y con garantía judicial) era apenas lo que la cuarta enmienda de la constitución de los Estados Unidos predica. Es decir, el domicilio, los papeles privados, las posesiones personales que uno lleva consigo, el cuerpo.
- Warren y Brandeis introdujeron los componentes de autonomía y aislamiento.
- Con el creciente uso de los teléfonos, se comenzó a discutir la privacidad en las telecomunicaciones.
- Las tecnologías de la información, con la posibilidad de confeccionar bases de datos personales, dieron lugar a un nuevo enfoque: la “privacidad informacional”.
- Las luchas por los derechos de los gays y a favor de la despenalización del aborto también dieron lugar a argumentaciones basadas en la “privacidad”, esta vez ancladas en el derecho de cada uno a hacer lo que quiera con su cuerpo sin que otros se inmiscuyan.
- El clásico “derecho a ser dejado en paz” experimenta una reactualización a medida que las cámaras de vigilancia se vuelven omnipresentes.
- Con la existencia de dispositivos con capacidad de geolocalización, como los modernos teléfonos móviles, aparece el concepto de “privacidad de las ubicaciones” y la controversia acerca de si uno puede o no tener expectativa de privacidad cuando se encuentra en lugares públicos, como la calle.
- La privacidad como confidencialidad resurge en los debates a medida que crece la conciencia de cómo nos espían las redes sociales online y los sitios de comercio electrónico.
- Las historias clínicas digitales también han generado debates, en este caso debido a que ya no solo el médico tratante tiene acceso a los datos de salud.
- Las presiones en distintas partes del mundo para implementar sistemas de voto electrónico dispararon dudas acerca de cómo dichos sistemas podrían comprometer el secreto del sufragio. Esos debates mostraron particularmente cómo la falta de privacidad puede comprometer seriamente la mismísima democracia.
- La privacidad corporal no solo está puesta en cuestión por el creciente uso de biometría y recolección de ADN con diversos fines, sino también con los experimentos que hay en neurotecnología, que hacen abogar por una “privacidad de la mente”.
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“El escritor debe decirlo todo a un público que lo pueda hacer todo. Pero para ello necesitamos estar en el asunto, enterrados hasta el cuello, saboreando el cáliz infinitamente amargo de nuestra ciudad y de nosotros mismos.”Carlos Correas, 1953
Policía de la memoria (en réplica a Marcelo Birmajer y sus ataques al Parque de la Memoria) // Ana Longoni
Semejante ataque no es para nada banal ni inocuo, en medio de las actuales y sinuosas redefiniciones de las políticas de la memoria respecto de la represión dictatorial impulsadas desde el Estado argentino. Más aún en la medida en que se propaga desde un medio de comunicación constructor por excelencia de opinión pública (de “sentido común”, cabría decir), y dado que coincide con otras peligrosas declaraciones de autoridades de la cultura y de reconocidos intelectuales. Me refiero -en particular- a los dichos del Ministro de Cultura de la Ciudad, Darío Lopérfido, cuestionando el número de desaparecidos, y a la entrevista brindada a La Naciónpor el historiador Luis Alberto Romero en la que acusa a los juicios de lesa humanidad de estar “afectando el estado de derecho y los Derechos Humanos” y ser expresión de venganza2. Merece, en este contexto, detenernos a analizar las tergiversaciones que supone la lectura de Birmajer, previendo que su insistente diatriba no es un pataleo en el vacío, sino que pretende contribuir a desencadenar concretas secuelas políticas.
Aunque Birmajer se refiera en sus dos primeras notas apenas a dos carteles, la instalación del GAC está compuesta por cincuenta y tres carteles en un abigarrado recorrido, emplazado en uno de los senderos del Parque de la Memoria lindante con el Río de La Plata. “Carteles de la memoria” porta una larga historia que puede remontarse a 1997, cuando el GAC nacía y empezaba a colaborar activamente en los primeros escraches impulsados por HIJOS. La obra emplazada en el Parque cita, recupera y condensa un procedimiento que el grupo propuso desde entonces, y que está inscripto en la memoria colectiva de las luchas contra la impunidad impulsadas en los años noventa y primeros dos mil.
Desde 1998 el GAC produjo los característicos carteles que evocan y a la vez subvierten el código vial institucional, simulando ser señales de tránsito convencionales (por su forma, color, tipografía, tamaño y emplazamiento) que para un espectador no advertido podrían incluso pasar desapercibidos. En la preparación de cada escrache se colgaban en postes en medio de la trama urbana, en las inmediaciones del lugar a escrachar, así como se usaban como estandartes en las manifestaciones con las que concluía cada escrache. Los carteles realizados por el GAC colaban en cualquier punto de las ciudades o a lo largo de las rutas que recorren el país, señalamientos que alertaban y llamaban la atención en nuestros aletargados trayectos cotidianos sobre la convivencia con la impunidad que imperaba en aquellos años. Así, un peatón o automovilista podía toparse de repente con un cartel que lo alertaba sobre la proximidad de la vivienda o el lugar de trabajo de un ex represor, el lugar adonde funcionó un centro clandestino de detención y exterminio, una maternidad clandestina en la que nacieron cientos de bebés apropiados por el régimen, el lugar del que partían los llamados “vuelos de la muerte”, el sitio donde ocurrió un fusilamiento ilegal o una masacre, o una comisaría en la que se seguían aplicando torturas a los detenidos o casos de “gatillo fácil”.
Con extrema capacidad de síntesis y economía de recursos, la eficacia de estas señales radica en gran medida en su condición mimética: son dispositivos que se confunden con un código institucional para trastocarlo radicalmente, afectando no solo la señalética del tránsito sino el orden político que (a través de las leyes del perdón y los indultos) había instalado la impunidad y la desmemoria en nuestra sociedad. Trastocar es una de las tácticas del activismo artístico (junto con agitar, disputar espacios públicos vedados, insistir sobre lo negado), e implica afectar un orden, generar un cortocircuito que apueste a introducir un ejercicio crítico.3
Los carteles propuestos por el GAC (nunca firmados, siempre disponibles para que otros se los apropiaran e hicieran suyos) proporcionaron una visualidad característica a las prácticas sociales de protesta que emergieron en esos años y fueron empleados desde entonces no solo en numerosos escraches, marchas e intervenciones callejeras. También fueron reconocidos en el mundo del arte como una de las manifestaciones del emergente activismo artístico, y formaron parte de numerosas exposiciones y publicaciones dentro y fuera del país.
En 1999 el GAC decidió presentar la propuesta de “Carteles de la memoria” al concurso de esculturas en homenaje a los detenidos desaparecidos y asesinados por el terrorismo de Estado en la Argentina. Entre 665 proyectos postulados por artistas de todo el mundo, fueron uno de los ocho ganadores, elegidos por un jurado integrado por nueve reconocidos artistas, curadores y expertos en arte público, junto a dos destacados representantes del movimiento de derechos humanos, Estela de Carlotto y Adolfo Pérez Esquivel.
Ya desde su primera formulación, aún como maqueta preliminar, la secuencia de carteles insistía en ubicar las trágicas secuelas del terrorismo de Estado en una historia más vasta y compleja, de alcances regionales (aludiendo al Plan Cóndor y a la injerencia de la CIA en las dictaduras militares sudamericanas del período), deteniéndose en las dimensiones de complicidad de civiles, de la cúpula de la iglesia católica y de medios masivos, en los inicios de la transformación neoliberal de la economía (en particular, el abrumador incremento de la deuda externa, del que hoy volvemos a saber), la complicidad de corporaciones y empresas (como Ford, Mercedes Benz, el Ingenio Ledesma), los delitos económicos (robos y apropiaciones del “botín de guerra” por parte de los represores), el desmantelamiento de la industria nacional, etc. Los carteles del GAC ubican los mecanismos de dispersión del terror concentracionario4 en una historia más larga que viene de antes del golpe de Estado de 1976 (al aludir a la Triple A y a los decretos de aniquilamiento del gobierno de Isabel Perón) y que prosiguió después (la práctica del gatillo fácil, el reciclamiento de las fuerzas represivas en empresas de seguridad privadas, etc.). Planteados a fines de la década menemista, denunciaban las privatizaciones de las empresas públicas y las condiciones penosas de vida de un gran sector de trabajadores (afectado por la desocupación masiva, la precarización laboral, la miseria y pauperización).
Cuando finalmente la obra fue emplazada en el Parque, recién en 2005 a causa de demoras administrativas, el GAC actualizó los textos presentados en 1999. Las políticas de Estado –indiscutiblemente- estaban cambiando, y no solo en materia de derechos humanos. Ya entonces la participación del GAC en el Parque de la Memoria desató algunos debates dentro del activismo e incluso más allá de él, básicamente en torno al riesgo de “institucionalizar” y neutralizar una práctica callejera tan potente como el escrache dentro de una iniciativa oficial.5 Sabiendo que ocupaban un lugar incómodo, sus integrantes defendieron la “finalidad educativa”6 de ocupar ese espacio memorial interpelando –con un lenguaje visual conciso- a las nuevas generaciones que visitan y visitarán el predio con una serie de señales que más que componer un relato cerrado (como Birmajer insiste en sostener), abre la cuestión del genocidio a nuevos materiales, indicios y preguntas, y nos interroga con agudeza sobre sus efectos en tiempo presente.
“Los kirchneristas usaron el Parque de la Memoria para la construcción de su relato con dinero del erario; peor aún, mancillando y negando la gesta del Juicio a las Juntas y el Nunca Más y haciendo apología de grupos criminales como Montoneros” (Marcelo Birmajer, “Con derecho a cuestionar también a los artistas”, Clarín, 7 de marzo de 2016).
Con este discurso desbocado, la operación de Birmajer se cimenta en la deshistorización de un relato (y no “el relato”) que -lejos de hacer apología de Montoneros o de reivindicar la lucha armada setentista- indaga en las condiciones históricas que hicieron posible que tantísimos miles de jóvenes optaran por esa vía no solo en el país sino en buena parte del mundo, en una época signada por un horizonte de expectativas de transformación revolucionaria inminente. Es muy cómodo pararse en los tópicos discursivos que se volvieron hegemónicos en la posdictadura para señalar con dedo acusador las definiciones políticas previas. Más riesgoso es indagar en los contextos epocales precisos: considerar que desde 1930 los golpes de Estado habían sido una constante en la vida política argentina, desde 1955 estaba proscripto el peronismo y desde 1966 lo estaba todo el arco opositor (eran perseguidos no solo los políticos, sino también sindicalistas, estudiantes, científicos, artistas y hasta las chicas con minifalda y los muchachos con barba y pelo largo). No puede obviarse en la radicalización de buena parte de la sociedad el impacto de sucesos como la guerra de Vietnam, la invasión norteamericana a Santo Domingo, el asesinato del Che Guevara en Bolivia, el de Martin Luther King en Estados Unidos, la masacre de Tlatelolco en México y tantas otras evidencias de la aplicación sistemática de la violencia represora que convencieron a muchos –inclusive a Jean Paul Sartre-7 de que la única salida legítima y efectiva era replicar con violencia insurgente. Esto no significa reivindicar a Montoneros ni al ERP, ni sus metodologías ni sus actos, sino aproximarnos a esa experiencia extrema de manera situada, reponiendo las discusiones políticas y teóricas que tuvieron lugar entonces, considerando la época con menos prejuicio y más ánimo de entender y dilucidar. Ello sin desactivar la crítica e incluso la autocrítica, en un ejercicio diametralmente diferente a la caza de brujas a la que parece incitar Birmajer.
Bien sabemos que las memorias respecto de la historia reciente son múltiples y en conflicto, que las construcciones o argumentos que dominan un período dado no son estáticas ni inmutables, y pueden ser desplazadas, discutidas o transformadas en un momento posterior. Si la última dictadura quiso negar la existencia de los desaparecidos, el movimiento de derechos humanos bregó -en condiciones muy adversas- para darles entidad y reclamar por su aparición con vida, primero apelando a su condición de víctimas y mucho más tarde reivindicando su militancia. Si los militares pretendieron abandonar el poder sellando un pacto de amnistía, el gobierno de Alfonsín encaró una dura pelea por enjuiciar a los comandantes que integraron la junta militar y abrió con la CONADEP la posibilidad de denunciar públicamente los crímenes cometidos, aunque luego terminó cediendo ante las presiones de las Fuerzas Armadas al promulgar la ley de Punto Final y la ley de Obediencia Debida. El gobierno de Menem deshizo lo avanzado otorgando los indultos, a pesar de la enorme movilización popular que repudiaba esa medida. En ese tiempo de rotunda impunidad es que surge HIJOS y se emprenden las luchas –inicialmente aisladas y fuertemente reprimidas- de las que el GAC es parte activa. Aún con sus diferentes modalidades y tácticas, los HIJOS se reclamaron continuidad de la larga lucha de Madres y Abuelas, en medio del páramo. Al calor de la revuelta popular de diciembre de 2001, muchas de estas políticas minoritarias adquirieron visibilidad y protagonismo. En los últimos años, varios de sus reclamos (como “juicio y castigo”) adquirieron un carácter de políticas de Estado. Evidentemente esas conquistas están en riesgo en la actualidad, a la vez que las persistencias de esa larga lucha prosiguen y seguramente vislumbrarán nuevas formas en los tiempos venideros. Hace pocas semanas, el hijo de un amigo –un muchachito de trece años que acaba de ingresar al Colegio Nacional Buenos Aires- fue detenido por un policía en la valla que interrumpe la Plaza de Mayo porque tenía puesta una remera con la cara del Che. No lo dejaron pasar aludiendo a una incierta “portación de ideología”. ¿Quizá este alucinante acto de intolerancia y prepotencia sea una inesperada señal de cómo una figura que ha devenido en rotundo mito mediático e incluso en emblema turístico pueda recargarse de alguna condición disruptiva?
En síntesis, cuando Birmajer elude considerar esta historia compleja y elige reducirla a dos referencias fuera de contexto que pretende orgánicas a lo que llama “el relato kirchnerista” está falseando los hechos y pasando por alto de una manera burda infinidad de mediaciones:
1) Toma la obra del GAC como manifestación directa del discurso institucional del Parque de la Memoria, evitando mencionar su condición de obra específica y su autoría, así como el dato nada menor de haber sido seleccionada en un concurso público internacional.
2) Cuando la refiere como parte del “relato kirchnerista”, pasa por alto que la obra fue gestada en 1999 –cuando el kirchnerismo no existía-, y ni sus autores ni la institución pública que cobija esta intervención -y que por cierto depende del Gobierno de la Ciudad- se pueden asimilar al kirchnerismo sin cometer un arbitrario forzamiento8.
3) En lugar de sumergirse en la obra y en la compleja historia que despliega, descontextualiza dos fragmentos para disparar contra el Parque de la Memoria (y por elevación contra el movimiento de derechos humanos que tiene una trayectoria que empezó muchísimo antes del kirchnerismo y prosigue más allá de él).
4) Contra las acusaciones que desliza Birmajer en su última nota, vale señalar que los integrantes del GAC trabajaban entonces y siguen trabajando como docentes en escuelas y universidades públicas, y no eran ni “empleados” del Parque de la Memoria ni “artistas contratados por el Estado”.
Marcelo Birmajer tiene derecho a pensar lo que quiera. Lo que carece de toda ética intelectual es usar su lugar privilegiado en los medios masivos para erigirse en policía de la memoria y sembrar franca confusión y odio, mucho más cuando empieza a haber señales claras de violencia política (sin ir más lejos, este fin de semana hemos sabido consternados de balazos a militantes políticos y de manifestantes sindicales heridos).
2 Jorge Fernández Diaz, Entrevista a Luis Alberto Romero en La Nación, 22 de febrero de 2016.
3 Cfr. Alerta que salpica, https://mega.nz/#F!t8sgCZRK!DhCXde5hnhnL_cKk2Koe4w), p. 62.
4 Pilar Calveiro, Poder y desaparición, Buenos Aires, Colihue, 1997.
5 A ello apuntaba la crítica de Adrián Gorelik en “Preguntas sobre la eficacia” (revista Punto de Vista nº 82, Buenos Aires, agosto de 2005).
6 Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado. Parque de la Memoria., Buenos Aires,
7 Véase su prólogo al libro de Frantz Fanon, Los condenados de la tierra.
8 El GAC ha explicitado posiciones críticas hacia el kirchnerismo en varias ocasiones, por ejemplo en relación a la museificación del Casino de Oficiales en la ex ESMA, en 2014.
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- La autonomía: la privacidad es de hecho una manera de mantener la autonomía con respecto a cierta información que una persona considera que no debe ser revelada a terceros. El valor que ha adquirido la información en la actualidad amenaza directamente la autonomía y por lo tanto la privacidad de las personas, ya que las empresas y los gobiernos manipulan los datos personales sin el consentimiento consciente de los individuos.
- Las relaciones sociales: la autonomía de alguien para disponer de los elementos que conforman su vida privada le permite revelar voluntariamente a ciertas personas y en ciertos contextos la información personal que considera oportuna, útil y necesaria.
- La participación política: la privacidad es un valor esencial de todo sistema social y político legítimo. Es un valor público en la medida en que es constitutivo de otros derechos tales como la libertad de asociación y de discurso, y sobre todo de la votación secreta sobre la que se funda la democracia. La privacidad además protege a los individuos de intromisiones por parte del gobierno y de las empresas.
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El seminario busca abrir un espacio de investigación y pensamiento a partir del análisis crítico y situado de la obra del filósofo argentino León Rozitchner. La organización de las clases y las discusiones tendrán como eje los principales debates intelectuales y políticos en los que el autor intervino en la escena pública nacional de la segunda mitad del Siglo XX y comienzos del XXI. Nuestro objetivo es entender a León Rozitchner como un pensador intempestivo, en la medida en que su obra procura “comprender” y “confrontar” con los climas intelectuales argentinos hegemónicos de la época. Rozitchner constituyó una filosofía que se encontraba desfasada conceptual y afectivamente respecto a las tradiciones y a las generaciones del país. En ese sentido, el espíritu del curso radica en contextualizar la obra rozitchneriana y al mismo tiempo preguntarse por la vigencia contemporánea de sus tesis más salientes. El interrogante que plantea nuestro recorrido girará en torno a la posibilidad de elaborar el sentido y la posibilidad del surgimiento de una nueva generación intelectual y política en nuestro país, que renueve la apuesta por la reapropiación creativa de los legados y las herencias que atraviesan la historia reciente del pensamiento argentino. Con estos elementos invitamos pensar el presente político nacional, a partir de reconstruir y problematizar las principales ideas rozitchnerianas en torno a cinco núcleos temáticos: a) polémica con la izquierda marxista en torno a la centralidad del sujeto y la historicidad subjetiva en el seno de la historia colectiva y política, b) debate con la izquierda peronista con respecto a la eficacia de las formas de subjetivación del peronismo en las clases trabajadoras y en las organizaciones de izquierda (peronistas y no peronistas); c) análisis respecto a la relación entre cristianismo y capitalismo a la luz del problema de la construcción colectiva de una “cultura revolucionaria”; d) examen de la noción específicamente rozitchneriana de terror como aquel mecanismo social y psíquico que posibilita repensar el vínculo entre violencia, política y subjetividad; e) hipótesis sobre el carácter “aterrado y vencido” del sistema social, político y afectivo del presente argentino.
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Pensando la transición
10 hs: apertura de puertas, acreditación.
Cambio climático, COP21 de París desde la perspectiva latinoamericana: los movimientos populares frente a la cumbre de cambio climático. Conclusiones y evidencias ¿Cuál es la negociación de fondo? ¿Es posible dentro del sistema actual llegar a resultados ambiciosos? ¿De dónde puede venir la solución al cambio climático?
Caminando alternativas: consensos, dilemas y desafíos para los derechos humanos y un desarrollo alternativo. Transiciones. ¿Qué es el desarrollo para nuestros movimientos sociales? ¿Cómo nos organizamos? La tierra y el territorio. Los bienes comunes, el buen vivir y otra economía. El consumo, el consumismo y la calidad de vida.











































