Menos que Galtieri // Diego Sztulwark

Los 15 minutos del presidente hablando por cadena nacional el jueves pasado constituyen una pequeña escena memorable. La foto del gabinete congelado a su al rededor, la corbata celeste y la lógica del breve discurso deberían causar risa, además de preocupación. El Milei escuetamente soberanista, cuyo gobierno se encuentra acorralado por millones de personas empobrecidas y endeudadas, nos invita a razonar del siguiente modo: dado que EE.UU, potencia en repliegue con la que este país está hiper-endeudado, ha hablado a los ingleses sobre Malvinas, hay que sobreactuar la defensa –inexistente en este gobierno– del interés nacional. La fuerza económica y militar que, es de suponer, EEUU le brindará a la Argentina, proporciona todo lo que hay de capacidad y el sentido de la oportunidad para sancionar a las empresas –israelíes y/o británicas– que extraen petróleo en torno a las islas. Esta fantasía, es un sueño abyecto sobre cómo la entrega al imperialismo sería generadora de supuesta soberanía.

El país desarticulado, privatizado y endeudado obtendría –según las ilusiones del servil– capacidades estatales para hacer pagar «costos» a quienes pretenden apropiarse de riquezas naturales nacionales. ¿Cómo se obtendrían estas capacidades soberanas? Muy fácil: dado que no podemos utilizar ni defender como nación nuestras riquezas, serán sus nuevos dueños, multinacionales y militares de EEUU quienes las defiendan, usando para sus propios fines la bandera argentina. Las alucinaciones y el modo de operar son los de Galtieri. Con la diferencia de que el Estado argentino ya no dispone de capacidades militares mínimas para ocupar las islas y repetir la historia del 82. La idea de que entregarle el Atlántico Sur a los EEUU es índice de soberanía propia remite a un pensamiento hiper-colonial, que sólo podría ser atendido por medio de una comedia de retórica ultra-nacionalista.

¿Se prestará alguien a esa farsa? Aun si EEUU se decidiera a disputar seriamente con Inglaterra (Europa, OTAN) cosa que por verse; y si el apoderamiento imperial del continente americano acabase por ser tan directo, completo y exhaustivo como para pretender el control directo sobre el Atlántico Sur, la Argentina solo participaría de esa escena de un modo meramente secundario e instrumental. ¿También entusiasta?. Quienes admiran la supuesta astucia presidencial para vender ilusiones endebles en medio del vaciamiento nacional en plena realización, deberían ser estudiados como modelos de una humillación voluntaria, materia prima subjetiva de un nacionalismo reaccionario de fondo neoliberal que va de la última dictadura a Menem y de los carapintadas a Villarruel. Pero no es sólo eso. Tal y como lo escribió León Rozitchner en un libro que recobra una actualidad inesperada Malvinas sigue siendo el agujero negro de la crítica política argentina. Agujero por el cual las derechas secuestran la comprensión nacional y popular del reclamo soberano y lo convierten en un fetiche apto para toda clase de manipulación, como sucede en el cuadro fijo de esos 15 minutos presididos por el recuerdo del Yeneral González, el Dictador de Costa Pobre, del Negro Olmedo.


 

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