Fuerza de los débiles, energía de esclavos // Amador Fernández Savater

Me preguntan si la fuerza de los débiles es la energía de los esclavos y yo diría que no.

El débil y el esclavo son figuras de los que no tienen nada, de los sin-poder, de los que sufren maltrato o sufrimiento. Pero el esclavo quiere salir de su condición siendo amo, se moviliza a la contra animado por un odio belicoso. Entra en guerra-espejo con el poder: quiere dominar, vengar las humillaciones padecidas, ver caer las cabezas de los “culpables” de su situación.

El esclavo sería la víctima, el daño y el odio capturado, el sufrimiento que impide pensar y actuar con autonomía. ¿Podemos pensar con esta figura la base afectiva de las nuevas derechas?

El débil no tiene poder, pero es capaz de activar su propia fuerza. Su acción es afirmativa, está a favor de algo que defiende o quiere preservar, no queda enroscado en la crítica, en la denuncia, en la indignación, sino que lo sostiene un amor por vínculos, territorios, formas de vida.

Habría todo un trabajo por hacer para resistir la victimización, carburante de la guerra-espejo por el poder, un trabajo “espiritual” digamoslo así sobre nuestra percepción y nuestros afectos.

¿Partimos de una falta, del deseo de vengar los daños sufridos, las ofensas y las amarguras que atraviesan hoy toda vida cotidiana, de una voluntad de castigar, o de una realidad por crear y defender?

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