El gato de Borges // Diego Sztulwark

El gato de Borges hace doble clik sobre los pliegues menos transitados de la deliberación colectiva. Aquellos que, sin proponérselo como tal, se activan cuando
una situación cultural perfectamente previsible –como ir y salir del cine– resulta violentamente interrumpida por una sublevación urbana que torna intransitable las calles de la ciudad (en este caso: Buenos Aires). Sin que medie palabra, la sala muta en refugio y recinto o conciliábulo para todo tipo de reflexiones de origen involuntario. Los espectadores, ahora ciudadanos acorralados, se metamorfosean en personajes de un film real. Y es que la suspensión inopinada de la vida entendida como apego a un curso previsto de acontecimientos –la existencia como continuo de circuitos establecidos–, se desgarra, haciendo salir lo no habitual a la superficie –en luz en penumbra–. Los monólogos y las celdas lejanas a la reacción colectiva se vuelcan sobre un espacio común que requiere el tanteo de cada quien para ser percibido como fuerza colectiva. La salida frecuente del cine, ese tránsito dominado por el comentario sobre lo visto, ya no cuenta. Ahora la salida corre por cuenta de esos que recientemente actuaban como espectadores y que han sido tomados por una exigencia de definir los términos de su propia exposición, o bien su substracción respecto de la mirada de otros. Unos otros que refugiados en sus casas del remolino porteño han interrumpido sus prácticas de consumo de ficciones diversas para, alarmados, dejarse absorber por una realidad que reclama toda su atención. Si la guerra –el conflicto social– afecta al cine, el cine subsiste y se recrea como rincón provisorio –precario bunker– desde el cual preparar una nueva disposición existencial. Dos personajes destacan en su fidelidad al cine como modo de vida: el director de la película cuya exhibición reunió en escena inicial a los allí reunidos, y una joven trabajadora que custodia el cine como lugar físico. Cuando el grupo logre salir, y la ciudad sea de nuevo normalidad (es decir resto y anuncio de anomalías) ellos dos sellarán una nueva alianza, quizá un nuevo modo de filmar en y desde los escombros.

17 de abril 2026 (día de estreno internacional en el Bafici de El gato de Borges, dirigida por Moro Anghileri y escrita por Alberto Rojas Apel, producida por Cine para actores)

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.