Anarquía Coronada

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Reelección sin reelección. Suspender las elecciones del 2015

Por Juan Pablo Maccia


Hace unos pocos días difundí en distintos blogs un análisis de coyuntura titulado El acto de Vélez y nosotros en el cual proponía algo sencillo como –a mí juicio- crucial: la suspensión de las elecciones presidenciales del 2015. Una serie de hechos de diversa importancia ocurridos en el brevísimo tiempo que nos separa de la publicación de mi artículo (el pasado martes primero de mayo) me obligan a reafirmar mi posición y a volver a exponer mis argumentos con una mayor más firmeza y claridad.
Tres series de acontecimientos que me llevan a reafirmar mi postura. El primero de ellos es la promulgación de la ley que regula la actividad hidro-carburífera y el proceso que llevó a la nacionalización de YPF, muy particularmente la votación en diputados. El segundo de ellos es una serie de pronunciamientos anti-releccionistas que de inmediato surgieron de las filas oficialismo, inmediatamente conocida la votación en diputados y la inmediata promulgación presidencial. Finalmente, y esto es quizás para mucho de menor importancia, las sorpresivas críticas -y destratos- que recibiera mi contribución en el blog Lobo suelto! (www.anarquiacoronada.blogspot.com) un medio al que quisiera seguir respetando.
I. La votación y la ley.
La pronta y contundente votación en diputados confirma mis impresiones. No hay ya oposición política en argentina. ¿Dónde quedaron, luego de la votación del 54%, de octubre, esos temibles representantes de las corporaciones? ¿Están representados por apenas un puñado de algo más 30 diputados sobre unos 250?. ¿Dónde quedaron esos temibles gorilas destituyentes? Como sea y de modo urgente hay que inventarlos.
Están desde ya –como olvidarlos- los enemigos de siempre (Clarín, Nación, lo mas reaccionario del macrismo, etc.). Pero ¿han logrado articular una estrategia mínimamente efectiva ante la nacionalización de YPF? ¿Es acaso Moyano un representante de la corporación contra la que lucha el aguerrido y militante gobierno popular? 
Estas preguntas y muchas otras que por ahora les ahorro apuntan a lo mismo. Luego de las elecciones de octubre la presidenta Cristina articula un dispositivo de gobierno mucho más amplio que el que le proporcionan las corrientes militantes del Frente para la Victoria. Prácticamente todo los estratos sociales y el completo arco político acompaña a la presidenta y le reconoce (explícita o implícitamente) el rumbo.
Esta situación, he aquí la cuestión, enfrenta un dilema de hierro. Cristina no tiene re-elección legal posible. Este no sería un problema si: (a) hubiese dirigentes de recambio; (b) fuese posible convocar a dos tercios del poder legislativo para hacer una reforma constitucional que habilite de un modo u otro la re-elección. Mi hipótesis es que ninguna de estas opciones se encuentra actualmente disponible.
II. Los anti-releccionistas
Estos días de triunfalismos militantes coincidieron con una curiosa serie de pronunciamientos contra la relección presidencial por parte de referentes oficialistas tan diferentes entre sí, como pueden serlo Hebe de Bonafini, Luis D’ Elía y Daniel Scioli. Si bien las motivaciones son diferentes (los dos primeros quieren cuidar a la presidenta de una tentativa reeleccionista destinada a un fracaso previsible, mientras que el tercero comienza a mover las amenazantes fichas del anti-releccionismo republicanista), estas declaraciones vaticinan una misma incertidumbre, tal vez apoyada en una falsa creencia en las bondades mágicas de la representación política y en los procesos electorales per se.
Como dije, creo que las dos alternativas (el relevo y la relección) son casi imposibles. Y me parece claro que de no aparecer una nueva imaginación política capaz de plantear las cosas de otro modo, la derechización del proceso se torna inevitable. Las razones de tal imposibilidad son simples. La falta de recambios se debe a que los dirigentes que acompañan a la presidenta son considerados por la presidenta poco confiables (Boudou, Randazzo, Garré), o bien incapaces de ganar elecciones por sus propios medios (Rossi, Sabbatella, Filmus).
El recambio, entonces, vendrá de las generaciones jóvenes militantes. Pero falta tiempo. Si el recambio no surge del propio riñón político, el camino queda allanado para el gobernador Scioli, a quien la presidenta ha vetado definitivamente.
Al carecer de recambio, solo queda apuntar a la reforma constitucional para obtener una segunda relección. Los peligros de esta opción son evidentes. Por mejor performance que obtenga el Frente para Victoria en las elecciones legislativas del 2013 es prácticamente inimaginable que la presidenta reúna la mayoría especial necesaria. Además, no es del todo seguro que una iniciativa como ésta no active una corriente anti-reeleccionista como aquella que impidió a Menem acceder a su re-relección, y que se insinuó en el año 2007, cuando un curita de Misiones le ganó al gobernador Rovira que buscaba, precisamente, relegirse ilegalmente. Los efectos de aquellos acontecimientos repercutieron duramente sobre el armado político del Frente para la Victoria en los principales distritos del país. Hay que recordar que fue producto del miedo al anti-releccionismo que Néstor Kirchner le quitó al entonces gobernador Felipe Solá su apoyo a una re-re, y le pidió a Daniel Scioli, candidato fuerte del peronismo para ganarle a Macri en la Ciudad Autónoma, que desistiese de esa palea para ganar la elección clave en la Provincia de Buenos Aires.
Si los límites son tan evidentes. ¿Dónde encontrar la imaginación que nos permita salir de este entuerto? 
III. Generaciones. Del 501 al 2015
Aunque no soy proclive a pensar en términos generacionales, es un hecho que en la Argentina actual se han conformado al menos dos generaciones en términos políticos. La del ‘73 y la que nace con el acto de Vélez. Digamos, la de mi viejo, y la de mi hija. Ninguno de ellos conoció la resistencia al neoliberalismo. Ninguno de ellos –por razones incomparables- participó de la crítica de la representación política que ejercimos muchos de nosotros durante los años ‘90. Para la generación de mi viejo los noventa fueron años completamente oscuros, sin política. Laura pugna por llegar a los 15 y es fanática de Cristina y de la Cámpora. Tiene la edad de ese gurrumino a que se refirió la presidenta en Vélez . Al 2001 lo vio por televisión.
En cuanto a mí, debo decir que mi primera experiencia política relevante fue el 501. Tal vez a alguno aún le suene. Una banda de locos declaramos –entonces en las pareces de la ciudad y en los medios que nos dieron bola que había que vaciar de representación un sistema y un gobierno radicalmente antipopular. Las alternativas eran, entonces, De la Rúa versus Duhalde. Ante tal blindaje del sistema político nos dedicamos a denuncia una democracia incapaz de escuchar a los nuevos sujetos macerados en la lucha callejera. Explicamos a Dios y a María Santísima que convenía viajar, el días de las elecciones, a 501 kilómetro hasta quedar exceptuados de la obligatoriedad de votar para, una vez allí, hacer una asamblea auténticamente democrática.
No estoy orgulloso de lo que hicimos. En todo caso, hicimos lo que pudimos. De hecho fue gracioso comprobar el hecho elemental de que ese quilómetro 501 solo era válido para algunos de nosotros, los que vivíamos en la capital. Para los otros, por ejemplo para quienes vivían a menos de 501 kilómetro del sitio elegido para el campamento se trataba, justamente de alejarse unos 501 kilómetros del punto fijado para la asamblea. Sin embargo, el viaje en tren y los días de asamblea resultaron una inolvidable comunión antidemocrática, es decir, auténticamente democrática.
Y no se diga que estábamos solo. Aun recuerdo que en ese entonces viajaba habitualmente en el Sarmiento. En el viaje siempre me cruzaba con una consigna que decía “vota lo que puedas, construí lo que quieras”. Mientras, otros miembros de nuestra generación apoyaban a la Alianza e intentaban hacer política desde ahí (por ejemplo el actual jefe de ministros, Juan Manuel Abal Medina). Una mezcla de todo eso es nuestra generación impolítica.
IV. Anarquía coronada
La tercera serie de hechos que me llevan a volver al ruedo tan pronto son las asombrosas críticas que recibió mi texto en el Lobo suelto! Se me acusa allí de escribir desde el “miedo”; de perderme en artilugios psicoanalíticos o literarios; de ser un propagandista del modelo BRIC del capitalismo y, finalmente, se descarta mi propuesta por estúpida.
Todos estos destratos tienen algo en común: evitan la discusión profunda. Solo puedo entonces redoblar esfuerzos en atención a una declamada amistad (se me ha invitado a realizar análisis de coyuntura para dicho blog). Pues sigo pensando que nuestra natural afinidad por la “anarquía-coronada” demanda también de una consideración del mundo político.  En resumen, intento argumentar que:
1. En América Latina se está inventando un nuevo tipo de capitalismo. Este fenómeno se da en el marco del capitalismo BRIC (Brasil, Rusia, India, y China) del ex tercermundo.
2. La presidenta argumentó en este sentido en su momento, hace menos de un año, en favor de un capitalismo “en serio” (de producción, consumo y elecciones), en contra de un anarco-capitalismo (cínico-especulativo, con altos grados de desocupación y crisis de representación). Creo que la “juventud” es el interlocutor que la presidenta ha encontrado para desarrollar estas ideas.
3.  Verificamos un fenómeno especialmente importante, que abarca a buena parte de Sudamérica: la concentración de legitimidades que se concentra en los liderazgos presidenciales. Por razones aleatorias las generaciones políticas en juego están carecen de la imaginación política necesaria para enfrentar el problema de los límites a la relección, y corren serios riesgos de confundir esta legitimidad con una serie de ilusiones sobre la recuperación de la representación política y las instituciones republicanas; o bien con una aceleración del proceso de relevamiento que no se corresponde con la realidad.
4. Resulta imperioso que aparezca otra imaginación, correspondiente a otras experiencias. Creo que esta imaginación puede emerger con la consigna: “suspender las elecciones del 2015”. Tenemos que iniciar una campaña descentralizada y total para impedir que se vote en el 2015. Si no nos apuramos lo lamentaremos. Este es el aporte que puede hacer nuestra generación. Aquellos que sin ser una generación política cuenta con un capital invalorable e intransferible, del que los demás carecen. Sólo nosotros hemos alcanzado el hábito de pensar sin creer. Y dado que hemos sudado tanto para alcanzar estas cumbres, ya no será nada fácil desarmar estas adorables cabezas, solo nuestras. Somos una generación más filosófica que política entre dos generaciones más políticas que filosóficas. Tal vez porque hemos tocado fondo. Hemos visto el mundo desde abajo. Somos eterno retorno, y no será fácil que la realidad deje de darnos, a su modo, la razón. Queda el hecho de que no tenemos potencia política propia. ¿Qué nos queda, entonces? Anunciar incendios. Llamar a no confiar en las instituciones, ni en los mesianismos, ni en las encuestas. Nuestro anarquismo requiere de corona. El anarquismo sin corona es puramente imaginario. Y nos revelamos sin medias tintas contra toda corona sin anarquía.
¡Defendamos la corona mientras creamos nuestra anarquía!
¡Suspendamos las elecciones y discutamos, violentamente, el capitalismo BRICk!
¿O qué otra cosa podemos hacer?

El común y la expropiación de YPF

Por César Altamira

En Argentina, luego de la crisis e insurrección del 2001 que terminara definitivamente con las políticas neoliberales en el país, y, en particular desde el 2003, con el gobierno de Néstor Kirchner (NK), se inauguró una etapa que despertó esperanzas de cambio. Las políticas económicas del gobierno de NK inicialmente, y luego las de Cristina Fernández de Kirchner (CFK), desligadas de los mandatos del FMI y del Banco Mundial, revirtieron paulatinamente la tendencia neoliberal anterior. Cambio de rumbo que no solo se dieron en Argentina, sino también en la mayoría de los países latinoamericanos, con la especificidad propia de cada uno de ellos. Aunque, debemos reconocer en el marco de esa diversidad, que no se trata de un tránsito postcapitalista, sino, más bien, de avances de lo que se ha dado en llamar el progresismo político, con las ambivalencias y dificultades que este calificativo conlleva. No intentamos precisar este concepto sino  destacar el riesgo de que este progresismo quede atrapado en los límites y contradicciones de una modernización capitalista próxima al viejo desarrollismo, a la que el regreso del estado le resulta funcional. La gestión de los recursos naturales, si bien forman parte del común, al ser incorporados bajo la órbita del estado proyectan la fantasía de ser propiedad estatal escondiendo el ser propiedad de todos. Sin embargo, a pesar de ello, importa inicialmente que el estado ha recuperado espacios de gestión perdidos y que se proyecta  como un actor importante en la economía argentina, que ha impuesto una mayor vigencia de la política fiscal,  medidas de políticas sociales y de derechos humanos impensadas en otras épocas, mayor autonomía financiera internacional y un particular impulso a políticas de fortalecimiento de la región en su integración al mundo globalizado (UNASUR, MERCOSUR, CELAC, etc)

En ese marco, la reapropiación del 51 por ciento de las acciones de YPF en poder de la multinacional Repsol es un avance. Sería de una ceguera inadmisible no registrar este cambio, aunque hay que observarlo con mucha cautela porque quienes apoyaron la privatización del petróleo en los 90´s, son quienes hoy se rasgan las vestiduras con la expropiación. Los funcionarios que intervinieron YPF son los que autorizaron las medidas necesarias para que Repsol pudiera  saquear las reservas petroleras. Si bien celebramos la medida, creemos que debe ser el puntapié inicial y no el cierre del debate energético, que se ha circunscripto hasta ahora a un abordaje económico, dejando de lado las cuestiones ambientales y sociales y quizás, el más importante, soslayando la gestión del  bien común, focalizándose únicamente en el por qué y el cómo. El por qué de la medida, según el proyecto de ley, propone alcanzar el autoabastecimiento energético y el equilibrio de la balanza comercial. El cómo, pareciera ser la explotación de los cuestionados yacimientos no convencionales (shale gas, ver documento http://www.opsur.org.ar/blog/2012/04/19/fractura-expuesta/)
Las medidas desregulatorias y privatizadoras implementadas en la década de 1990 negaron el carácter estratégico de los hidrocarburos concibiéndolos como  commodities lo que -asociado a la frágil situación económica de las provincias- tendió a agigantar la capacidad de chantaje de las operadoras privadas. Para ejemplificar, cuando se prorrogó el vencimiento de la concesión de explotación del área “Loma La Lata-Sierra Barrosa”(2001),  la empresa Repsol-YPF contaba con una facturación anual de US$ 27.000 millones, mientras que los ingresos anuales de la provincia de Neuquén no excedían US$ 1.100 millones.
Si bien Repsol se presenta  socialmente como una empresa productiva dedicada a la explotación del petróleo, tiene el grueso de su capital distribuido en las grandes Bolsas del mundo, sobre todo en sociedades fantasmas de paraísos fiscales y creció aceleradamente como empresa internacional a partir de los recursos extraídos del subsuelo argentino, que significaron la fuente de financiación principal para su conversión en la empresa que es hoy.  La composición accionaria de Repsol pone de manifiesto la permanente alianza-fusión y coexistencia entre el llamado capital financiero y el capital productivo, cuestionando la idea tan difundida de su oposición, uno como provechoso y el otro como parasitario.
No se nos escapa que la medida de estatización rescata para el imaginario social símbolos muy sentidos por la sociedad -la idea de una empresa de bandera que fuera pionera en la explotación petrolera hasta su privatización, asociada al proceso de industrialización nacional y a  las figuras de Irigoyen, Mosconi, Perón, Illía etc. Estas ideas son también muy caras al movimiento piquetero iniciado en Cutralco, Provincia de Neuquen, seguido casi inmediatamente por las luchas en General Mosconi en Salta,  todos procesos de resistencia biopolítica, que fueron la respuesta al proceso de vaciamiento y masiva desocupación de YPF luego de la privatización. No puede pensarse la expropiación reciente de YPF sin analizar, conjuntamente, la lucha de los desocupados de Cutralco, General Mosconi, Zapla, primeras resistencias piqueteras que habrían de marcar el camino en una nueva modalidad de lucha en el país.
 Sin embargo, se debe reconocer que con esta medida el gobierno recupera la iniciativa política y el control de la agenda pública, el manejo de los tiempos y la definición de los problemas teniendo en cuenta que  la realidad le había cambiado la agenda en los últimos meses. En efecto, a pesar del 54 % de votos de las elecciones últimas, la resistencia de los pueblos mineros contra la megaminería, la tragedia ferroviaria en la estación Once, así como las desatinadas menciones de CFK a las luchas de los docentes, a los cortes de ruta y a los llamados a la moderación salarial en aras de la competitividad, habían colocado al gobierno a la defensiva. En ese contexto se proyectaba una imagen de incertidumbre en cuanto al rumbo general de áreas sensibles para una sociedad experimentada y desconfiada. Todo parece indicar, luego de los anuncios de la expropiación y a partir del apoyo social recibido, que el gobierno apunta (lo indica el último acto en Velez) a la construcción de un movimiento asentado en tropa exclusiva,  controlada y de fidelidad absoluta, relegando, al menos por ahora, a un segundo plano, el peso del peronismo tradicional, su estructura partidaria y el sindicalismo que hasta estos días le resultaba fiel.
Debemos igualmente advertir que esta medida fue impulsada por la fuerte caída de producción hidrocarburífera y su contrapartida, la importación de energía, que aumentó de manera explosiva de 4.500 millones de dólares en el 2010 a 9.400 en 2011. Alguna estimaciones valúan esas necesidades para el año en curso en no menos de 12.000 millones de dólares, cifra más que significativa para unas finanzas públicas que ya no nadan en la abundancia. La introducción de una gestión estatal de la empresa resulta una medida necesaria, si de lo que se trata es revertir la posibilidad casi inminente de una crisis energética en ciernes. Pero constituye tan solo un punto de partida para recuperar los recursos petroleros. Durante una década Repsol lideró el vaciamiento de pozos, reservas e instalaciones pre-existentes. Extrajo lo máximo posible sin invertir y expatrió ganancias en forma escandalosa. La expropiación de Repsol-YPF fue anunciado como un acto  de soberanía nacional. Sin embargo, como ha sido reconocido oficialmente, se mantiene como socios a la Banca Lazard, al grupo Petersen,  Goldman & Sachs mientras se busca nuevos socios para YPF en el club de empresas multinacionales de explotación y exploración del petroleo -la francesa Total, las norteamericanas ESSO y Chevron y la china SINOPEC- y se mantiene el 70 % de la producción  petrolífera y gasífera en manos de los grandes grupos económicos nacionales y transnacionales. 
           
Lo sustantivo en las distintas variantes de política petrolera que impulsa el gobierno reside en la disputa por la apropiación de la renta diferencial petrolera valuada en cerca de 13000 millones de U$S anuales, diferencia entre el costo interno del barril de petróleo y el precio internacional. Tratándose de un recurso natural y por tanto de un bien común,  debe ser la sociedad, sin delegación de poderes en alguna representatividad, quien decida sobre la distribución de la renta petrolera. Las dudas permanecen planteadas, aun aceptando una decisión estatal, ya que permanecen vigentes tanto el marco regulatorio de explotación petrolífera -que autoriza a las empresas petroleras a la libre disponibilidad del crudo en boca de pozo, a la capacidad de manejarlo en forma desregulada- como la existencia de contratos terriblemente onerosos que fueron prorrogados por el propio NK en el 2007 antes de su vencimiento.
Como dato regional todo indica que en los últimos tiempos ha surgido y se ha afianzado una nueva alternativa  en América Latina como proyecto de diálogo político que excluye a Canadá y a los EEUU. La última cumbre de presidentes en Cartagena demuestra que ya no habrá nuevas cumbres sin la presencia de Cuba. Habla de nuevos tiempos, aunque no quiere decir que esté asegurada la resolución de viejos problemas de la región sin la presencia de obstáculos y disidencias. Pone en evidencia los nuevos cambios políticos de la región, transformación que  motiva la necesidad de recrear y recuperar proyectos que profundicen la integración energética. Creemos necesario impulsar desde los destacamentos nacionales un debate profundo de ideas donde pensemos más en términos regionales que nacionales y emocionales. Que sin volver al pasado recree las condiciones de proyectos innovadores, creativos y emancipadores. Las dificultades que objetivamente se plantean a YPF para encarar las enormes inversiones que se requieren para alcanzar el autoabastecimiento hidrocarburífero potencian la necesidad de acuerdos regionales en esa materia promoviendo el aunar esfuerzos entre las grandes empresas petrolera latinoamericanas PDVSA, PETROBRAS de manera que la matriz energética pueda ocupar el lugar que la explotación del hierro y acero jugara en su momento con la Europa de los 50´s y 60´s.  El problema del petróleo ofrece una gran  oportunidad para pensar en forma regional  y en términos de un proyecto compartido latinoamericano,  no solo respecto del  autoabastecimiento  argentino.
La IV Cumbre del BRICS realizada el 28 y 29 de marzo pasado en Nueva Delhi, puede representar una instancia de cambio global, con repercusión sobre América Latina,  indicador de un momento transformador:  los jefes de Estado de Brasil, Rusia, China, Sudáfrica e India decidieron impulsar la creación de un banco de desarrollo de los cinco países como reflejo del peso adquirido por el grupo en la economía mundial pero también como una reacción ante la negativa de los Estados Unidos y la Unión Europea de soltar el control del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. La creación de un “banco del BRICS” permitiría a estos países contar con recursos para obras de infraestructura e instrumentos de crédito para afrontar crisis financieras como lo hace  Europa.
Dos fueron los proyectos integradores propuestos  para impulsar  el MERCOSUR: el banco del Sur y el Gasoducto del Sur. Ambos entraron en un cono de sombra. La paralización del proyecto del  Banco del Sur respondió más a la rivalidad y competencia no resuelta entre Venezuela, Brasil y Argentina que a la existencia de obstáculos reales. Más allá de los escollos que significa la continuidad  del BANDES brasileño y del que Itamaraty no está dispuesto a desprenderse. Con relación al Gasoducto del sur, éste pareció entrar en desgracia frente a las  inconsistencias técnicas asociadas a su construcción. Por su parte Brasil sigue liderando políticamente el Mercosur mediante una  geopolítica articulada alrededor del impulso del bloque Sur-Sur, las alianzas con la China, India y Sudáfrica y los acuerdos comerciales con el grupo de los 20 (OMC). Con relación al Banco del Sur la predisposición mayor de los gobiernos coincidió con la ruptura de K con el FMI y el entierro del ALCA luego de la cumbre de Mar del Plata. Luego de ello el proceso de mayor independencia y la apuesta a una interdependencia se habrían debilitado, o al menos entrado en un impasse. Ecuador impulsa el CAN (Comunidad Andina de Naciones) junto con Perú, Colombia y Bolivia. 
Por la alternativa del común: ni privatistas ni estatistas.       
Plantear que el petróleo como recurso natural es un bien común significa entender su uso en términos opuestos a los de  privatización y  explotación. Aunque oponerse a la privatización no supone retornar a la gestión pública estatal-burocrática, autoritaria y corrupta.  Reconocer un recurso como bien común implica, desde la perspectiva a la que adherimos, rechazar que  los aparatos estatales sean quienes lo administren, ya que tanto la lógica privatista, propia del individualismo posesivo, como la gestión estatal se encuentran ambas alineadas con un criterio tecnocrático y cuantitativo de  acumulación, opuesto a la modalidad de recurso natural.
La estatización funciona en el imaginario social como propiedad del estado que -como buen Leviatan-  vela por el bien común en su administración. No es percibida como delegación de la gestión de lo que es propiedad de todos, y que por lo tanto puede recuperarse en cualquier momento.  Por otro lado, la estatización tampoco garantiza la independencia política respecto a  las presiones y/o sugerencias del capital nacional e internacional,  como lo demuestran México o Arabia Saudita, donde las petroleras, a pesar de ser íntegramente estatales, desarrollan políticas fuertemente influenciadas por las grandes potencias mundiales capitalistas. La YPF estatal por su parte, antes de la privatización, vendía petróleo subsidiado a Esso y Shell y estaba sometida a especulación por parte de los sectores dominantes. Durante los ’70, a pesar del incremento de los precios internacionales, fue una de las empresas que tomó más deuda, evidenciando que la simple estatización no significa garantía de emancipación.
Si miramos hacia la región observamos que la lucha por los bienes comunes, los recursos naturales,  está en el primer lugar de la agenda. Desde México hasta Chile, y Argentina pasando por Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Brasil  los movimientos se encuentran en pie de guerra contra la explotación desmedida y rapaz. En nuestro país pareciera que las multinacionales mineras del noroeste se encuentran en una  encerrona capaz de ocasionarles una gran derrota. Son pequeños grupos y  asambleas ciudadanas  de pueblos y  lugares remotos de la cordillera, los que han logrado frenar gigantescas empresas que gozaron de todo el apoyo estatal. Ello se debe al tesón y terquedad en la lucha, que en algún momento rinde frutos. Se trata de una acción política desplegada desde los márgenes, por los movimientos y a partir de la politización de sus diferencias sociales y culturales, o sea, de sus modos de vida. Una acción política de los excluidos y postergados que se relaciona con la crisis de representación, o, dicho de otra forma, con la presencia activa de los representados. Donde la representación creada por el capitalismo e integrada a la forma Estado, atraviesa una crisis profunda. Estamos en presencia de formas de acción política originadas desde abajo y a la izquierda, desde el sótano cuya consistencia es su no estatalidad: no solamente rechazan al estado sino  que su dinámica adquiere forma no estatales. Estos movimientos recorren su camino constituyendo por sí mismos un proyecto de sociedad.
Se requiere avanzar en la institución del común, en línea con la gestión y gobierno participativo, cooperativo, capaz de incorporar, mediante nuevos instrumentos, originales comunidades de usuarios y trabajadores en esa perspectiva. Esto exige romper con aquel análisis rígido y reduccionista (propiedad privada vs propiedad pública) y con aquella práctica social vinculada a la concentración del poder propia de la estructura de la propiedad privada (mercado) y de la propiedad estatal (soberanía estatal).  Mientras las estructuras privadas concentran el poder de decisión y/o de exclusión en el sujeto propietario titular o en algún consejo administrador, las estructuras públicas agrupan el poder de exclusión o inclusión en el vértice de una jerarquía soberana asociada a la soberanía territorial y a su administración política. Los bienes comunes, el común, así abordados, expresan, por el contrario, un tipo de propiedad antagónica al par público-privado, estado-mercado.
Si partimos de la necesidad de preservar en cuanto se pueda y en las mejores condiciones los bienes comunes, en sustitución del proceso de acumulación motorizado por los beneficios, entonces, el dogma desarrollista que los acompaña explosionará rápidamente. Debemos ser capaces de modificar nuestra comprensión anclada en conceptos binarios (público vs privado) y de una representatividad trascendente, regidos por los tiempos lineales de la producción capitalista que ya no condicen con los nuevos tiempos capitalistas. En última instancia, a partir de la propia práctica política de los movimientos ser capaces de pensar y actuar sin Estado. Ahí está nuestro desafío y nuestra alternativa a construir.

Expropiación de Repsol, nacionalización de YPF

Análisis de coyuntura
por Verónica Gago y Diego Sztulwark


Como es sabido, la semana pasada el gobierno argentino envió al parlamento un proyecto de regulación de la entera actividad hidro-carburífera nacional y la expropiación de acciones de Repsol sobre la empresa YPF, hasta controlar el 51% entre el estado nacional y las provincias petroleras, conservando la forma de una sociedad anónima. La medida cuenta con un enorme apoyo político y social.  
Secuencia

El 1 de marzo de este año la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dio un largo y esperado discurso en ocasión de la apertura de las sesiones legislativas.  A sólo cuatro meses de haber triunfado con un contundente 54% de los votos (sacando un 40% de diferencia respecto de los partidos opositores)[1] se habían acumulado ya una cantidad considerable de interrogantes sobre su gestión derivados directa o indirectamente de la crisis global.

Un episodio trágico se había colado inesperadamente por entre los pliegues de la retórica de la “nacionalización” que venía en alza, entendida como la apuesta a delegar los servicios públicos privatizados en manos de empresas locales. El accidente de un tren en Buenos Aires disparó un gran descontento social, y el debate sobre la política gubernamental de subsidios a empresas privadas concesionadas por el estado para hacerse cargo del transporte público[2].


Ya desde fines del año 2011, en vistas a la reelección presidencial, comenzaron a visualizarse una serie de dificultades derivadas de la incapacidad para sostener la política de subsidios a empresas públicas privatizadas, a fin de sostener la tarifa baja del combustible, el transporte público, la energía eléctrica y el gas para el consumo de hogares y empresas, en un contexto de alta inflación y fuga creciente de dólares. Durante el verano las medidas del gobierno se orientaron al retiro moderado de subsidios, al control de fuga de divisa, el bloqueo de la repatriación de ganancias y el cierre masivo de importaciones.   

Esa coyuntura estuvo atravesada, también, por el conflicto social. Por un lado, el agrietamiento de la relación con la conducción sindical (CGT) y, por otro, la aparición de una nueva dinámica de conflictos provenientes de la resistencia a mega-proyectos de desarrollo ligados a la minería a cielo abierto y al monocultivo sojero. También algunas protestas articuladas por un descontento ante el funcionamiento de los servicios públicos. En todo caso se trata de una serie de dinámicas cuyo efecto más notable es el de hacer una contra-narración del discurso del desarrollo.

En el citado discurso presidencial del 1 de marzo se anunció también la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y se anularon topes y restricciones al control del crédito, se hizo público el deseo oficial de poner un límite la negociación sindical en paritarias y se subestimó la legitimidad del conflicto social en sus distintas variantes.  Se celebró la presencia del Juez Garzón, se ratificó el rumbo del país en materia de derechos humanos y se anunció una ofensiva oficial en torno a la soberanía de Malvinas.  
Tras un proceso intenso de deliberación oficial y negociaciones fallidas con Repsol, finalmente se anuncia la semana pasada la “nacionalización” de YPF y su festejo en un acto partidario el viernes último bajo la consigna ²unidos y organizados².   

El modo de ofensiva política del discurso que reseñamos marca un “tempo” (la “secuencia”) que va de las elecciones al anuncio de YPF. La interpelación ha tenido como eje a la juventud militante[3], remarcando un movimiento interior al peronismo, desplazando algunos viejos cuadros.
Proyecto de nación

El proyecto de ley que la presidenta envió al parlamento tiene dos grandes aspectos complementarios. Por un lado se modifica la propiedad de las acciones de la empresa YPF y por el otro se declara de “interés nacional” al conjunto de la actividad hidrocarburífera. Los principales argumentos a favor de la nacionalización subrayan la necesidad de recuperar el control de la exploración y explotación de recursos no renovables, estratégicos para el desarrollo  nacional (en la medida en que afectan al total de las actividades económicas), concebido a partir de variables tales como el abastecimiento de energía barata para el mercado interno, dinamización de la industria, y el fortalecimiento de un estado capaz de incidir cada vez más en el diseño el futuro económico del país. El discurso oficial insiste en dos tópicos esenciales: que con medidas como estas se deja atrás el dogmatismo privatista de los años 90, y que la recuperación para el estado de un papel directivo de la empresa coloca a YPF en línea con empresas como Petrobras (antes que PDVESA).

La nacionalización supone, al mismo tiempo, una revisión de la historia del estado argentino. YPF, Yacimientos Petrolíferos Fiscales, creada por el presidente Irigoyen en las primeras décadas del siglo XX fue una empresa pionera. Íntimamente ligada a una memoria nacional y popular -realzada por el actual relato oficial- la empresa, junto a Gas del Estado, garantizaron durante décadas el autoabastecimiento de petróleo y gas, a la vez que participaron activamente de la financiación de la obra pública nacional. Como núcleo (material y espiritual) del desarrollismo nacional, su historia osciló entre las expectativas de hacer del estado el motor estratégico del país y la firma de contratos con empresas internacionales para operar la exploración y explotación de los recursos.

Con la llegada del peronismo al gobierno en el año 1989, luego de la dictadura y del gobierno radical de Alfonsín, el presidente Menem dispuso, en un contexto de heroicas resistencias militantes pero con gran consenso social y enorme complicidad de la burocracia sindical, su entera privatización. Por entonces, tras años de desidia y corrupción en las empresas estatales, no fue difícil para el oficialismo argumentar, en lo esencial, que el estado era ineficaz para la administración empresaria. La venta de los activos públicos (teléfonos, aguas, transporte ferroviario, correo,  gas, petróleo, electricidad, etc.) dinamizó la década neoliberal con la conformación de “un clima de negocios”. Junto a la apertura de las importaciones y la convertibilidad peso-dólar, tales privatizaciones sostuvieron, durante años, el impulso del llamado modelo neoliberal.
Repsol/YPF

La derrota del peronismo en manos de la Alianza, en el año 99, la posterior crisis del 2001 y luego la sucesión de gobierno provisionales y el gobierno de los Kirchner entre el año 2003 y 2011 no cambió demasiado la ecuación en esta materia. Hay que considerar que los Kirchner gobernaban, durante el período menemista, una provincia petrolera del sur del país, Santa Cruz, y desde ese lugar apoyaron fervientemente la privatización de YPF.

Durante los primeros años del gobierno de Néstor Kirchner, cuando se trataba de dejar atrás la crisis, sin nada que privatizar, la alianza con el gobierno de España (de fuerte presencia en la captura de empresas públicas privatizadas) fue una de las prioridades. Hasta que durante los últimos años el propio Kirchner empezó a jugar con la idea de una “nacionalización” de YPF.

En su período hubieron algunas estatizaciones, como empresas de distribución de aguas, energía y correos, por abierta desinversión y mala gestión.  De hecho, hace cinco años Kirchner había ideado una primera “nacionalización”, logrando que Repsol ceda el 25% de las acciones de YPF a una empresa “nacional” (Grupo Petersen, de la familia Eskenazi, con sede en Europa), completamente inexpertos en el negocio, pero aparentemente útiles para tomar un mayor control de la actividad. Este sector de la empresa no fue tocado por al nacionalización reciente.
La expropiación 

Para comprender el impacto de la decisión basta con señalar a trazo grueso la encrucijada a la que se llegó durante los últimos meses. YPF es la empresa más grande del país, con el control directo el 30% de la actividad hidro-carburífera nacional. El año pasado, para abastecer a precio barato los requerimientos energéticos de una economía en movimiento, el gobierno debió importar energía por unos 9 mil millones de dólares. Se estima que este año la importación debería sumar 4 mil millones más. En este marco el gobierno acusa a Repsol de desinversión en exploración, de explotación irresponsable, de priorizar intereses de la empresa en otros puntos del planeta descuidando las exigencias del mercado argentino, daños ecológicos y fuga de cuantiosas ganancias.

El otro dato es que la Argentina es considerada como la tercera detentadora de gas y petróleo no convencional. En poder de YPF está el yacimiento Vaca Muerta en el que se estiman enormes reservas de combustible. Sucede que para operar esa extracción hace falta una inversión millonaria que ni Repsol ni el estado argentino parecen en condiciones de afrontar.  Además circuló una información publicada por el diario Financial Times según la cual en el momento del anuncio de la nacionalización Repsol intentaba vender YPF a la petrolera china Petroleum & Chemical Corporation (Sinopec).
Las expectativas y las críticas

Se destaca, en el proyecto que fue aprobado hace dos días en el Senado en tiempo récord y que se estima que salga muy pronto de diputados con forma de ley, lo siguiente:
-Una mayor injerencia del poder político sobre la actividad hidro-carburífera. (La presidenta insistió en su discurso que Argentina es el único país de América Latina que no controla sus recursos naturales).

-La participación de las provincias petroleras y el poder ejecutivo en la captura de la renta petrolífera.  

-Hay expectativas sobre el precio a pagar por la expropiación de las acciones y por la convocatoria a inversiones para afrontar un cambio de políticas energéticas. Las mayores expectativas son las de una participación mayor de Petrobras. Pero no se descarta por el momento la participación de empresas chinas y norteamericanas.

-Se discute el aparente cortoplacismo de la medida. Que apremiados por la inflación y la necesidad de financiar importaciones no haya un pensamiento estratégico a largo plazo de lo que se pueda hacer recuperando la renta petrolera. Se discute también no haber retomado el 100% de las acciones. 

-Se plantea la necesidad de discutir el sentido que se da al crecimiento y al desarrollo. Las próximas inversiones serán más destructivas en términos socio-ambientales.

-Se debate la activación de una nostalgia por un estado soberanista al servicio de una reorganización de las cuentas y los negocios sin cambiar de fondo la idea de que la economía depende sobre todo de un cálculo en relación al mercado mundial, y se descuida a mediano plazo otras relaciones posibles entre naturaleza y beneficio económico.

-Desde analistas cercanos al gobierno el mapa se dibuja entre las siguientes opciones: incrementar la producción y exploración en los yacimientos convencionales que Repsol había desatendido o acelerar esos procesos en los codiciados yacimientos no convencionales, lo cual a su vez supone otra opción: negociar con las mayores compañías petroleras o buscar financiamiento bancario para realzar el rol del estado.
Reparación


No es un dato menor que los primeros movimientos de trabajadores desocupados surgieron en el interior del país, en los pueblos –del norte y del sur- que vivían de la industria petrolera nacional. Los piquetes que surgieron entonces, dijo Cristina Fernández, encontraron su definitiva reparación histórica con la expropiación de YPF. De este modo, el gobierno vuelve a inscribir una de sus medidas trascendentes en el ciclo abierto con las protestas sociales de principio de siglo. Con el ánimo de insistir que el único horizonte posible era la vuelta del estado como ²reparador², pero sin dejar de diferenciar el modo de gestión que propone para YPF (junto a sectores privados) de la clásica estatización.


[1] La formación del nuevo gabinete, conocido el 10 de diciembre, no tuvo grandes novedades respecto del primer mandato a excepción de la ratificación del poder que la presidenta decidió darle a un grupo de la juventud políticamente organizada en torno al gobierno (agrupación La Cámpora, dirigida por su hijo Máximo Kirchner). De allí surgen los nuevos cuadros que representan a la presidenta en cada vez mas sitios claves de gestión y decisión política.  
[2] El saldo fue de 51 muertos y más de quinientos heridos. A pesar de la transferencia de recursos estatales vía subsidios, las condiciones habituales del transporte público que liga a los barrios populares con sus fuentes de trabajo en la ciudad son pésimas. El área de transporte del gobierno ya estaba involucrada en causas judiciales importantes por corrupción. El argumento que cierta intelectualidad ligada al gobierno esgrimió sostenía que el desborde del transporte se debe a la recomposición del empleo (reformas de primer grado), que esa reactivación del trabajo evidenciaba ahora la precariedad del transporte y su necesidad de mejoramiento (como parte de un conjunto de reforma de segundo grado). Lo decisivo es que frente a la catástrofe se reivindicaba que la mayoría de los afectados eran trabajadores, beneficiados por el actual ciclo económico. Las medidas del gobierno frente a la empresa fueron de intervención temporaria por quince días, siendo renovada dos veces. Sin embargo no se dispuso el cese de la concesión.
[3] El subsecretario de Economía, quien lideró la expropiación, es un joven economista de formación marxista, recientemente llegado al gobierno, y proveniente de la militancia universitaria independiente.

El voto de Le Pen es también testimonio de inseguridad cultural

. Entrevista Laurent Bouvet


Profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Versailles – Saint-Quentin-en-Yvelines y enseñante en Sciences Po Paris, autor de Le sens du peuple, [Flammarion, Gallimard, 2012], Laurent Bouvet analiza para Lobo Suelto! los resultados de la primera vuelta y sus consecuencias políticas, la necesidad de que la izquierda se ocupe de la temática de la inseguridad cultural que revela el voto a Marine Le Pen y la recomposición de un paisaje político que se ha vuelto completamente ilegible.
En Causeur [www.causeur.fr] decía usted temer que el pueblo se refugie masivamente en la abstención, con el riesgo de tener un presidente sin adhesión popular. ¿Cómo analiza usted esta movilización relativamente elevada?
Laurent Bouvet: Yo pensaba que cuando la abstención es fuerte, la izquierda consigue mejores resultados, porque las clases populares se abstienen. Ahora bien, en este caso las clases populares han ido a votar, se han abstenido menos que de costumbre. Pero no han votado masivamente a la izquierda. Las banlieus [barrios populares del extrarradio] han votado más bien a Hollande, los empleados públicos a Mélenchon, el resto a Marine Le Pen. Mediante esta movilización, los franceses han mostrado que esta elección atípica en las grandes democracias europeas les preocupa enormemente y que perciben lo que está en juego.
¿Eso significa también que Marine Le Pen ha sabido seducir a la «France invisible»?
El discurso de Marine Le Pen ha seducido incontestablemente a una parte de la «Francia invisible», la que sufre directamente la mundialización y considera a Europa responsable de sus males. La izquierda siempre ignora que el 80% de la gente que se encuentra en el umbral de la pobreza no vive en las zonas urbanas sino fuera.

Es un resultado que invalida, por otro lado, las dos explicaciones dadas a izquierda y derecha sobre el ascenso del Frente Nacional. Se encuentra eso ya en 2002. En la izquierda, antes del 22 de abril, la idea dominante era que Sarkozy hacía progresar al FN porque hizo ruido con este tema durante cinco años. El problema es que en el 2002 el FN estaba alto mientras que Sarkozy no estaba en el poder. Eso invalida igualmente el argumentario sarkozysta: hay crisis y por tanto suben los extremismos.  
La agitación sarkozysta permanente y la crisis han contribuido evidentemente a remitir a la gente que había votado por él hacia Marine Le Pen. Pero estas explicaciones no bastan. Hay un tercer factor, el de la inseguridad cultural, que viene a añadirse a la inseguridad económica y social. 
¿Qué entiende usted por inseguridad cultural?
Se trata de un concepto que ha sido largamente desarrollado por el sociólogo Alain Mergier y el geógrafo Christophe Guilluy. Es el fenómeno en el que las gentes se sienten amenazadas de manera difusa. Se trata de gente que está en un contexto en el que no se cruzan forzosamente con extranjeros o supuestos extranjeros todos los días. Pueden ser las representaciones de la televisión.
Estos ciudadanos no le tienen miedo únicamente a la deslocalización, al hecho de perder su empleo, su capacidad adquisitiva, etc. Ven también una degradación de su estatus, de su modo de vida general y lo atribuyen a los demás.   
En este sentido, se trata de una seguridad que está ligada a la inseguridad económica y social. El populismo se dirige contra las élites – es la dimensión vertical – pero también contra los «otros», que es la dimensión horizontal.
¿Cómo explica usted la incapacidad de los partidos tradicionales de comprender esos temas?  
Las categorías populares, sobre todo las que han votado a Le Pen, tienen una demanda que es complicada y sofisticada políticamente. No se saldrá de ello exclamando «si hay crecimiento, todo irá mejor». Los dos mayores populismos están en Suiza o en Noruega, que son los dos países más ricos de Europa, donde los problemas sociales no son en nada comparables a Francia.
Hay que ser conscientes de que el PS «central» es completamente hermético a estas cuestiones.  
Hay siempre este superego marxista, la idea de que las relaciones de las fuerzas productivas lo explican todo y deben decirlo todo. Hay una izquierda liberal multiculturalista que hace aspavientos sobre las minorías desde hace una treintena de años y no puede ver esta inseguridad cultural, puesto que la alimenta. Es una cosa muy importante en las representaciones mediáticas. 
Eso se vio durante el debate sobre los rom [gitanos del Este de Europa]. Los alcaldes socialistas están sumamente pendientes de ver instalarse a los rom en su municipio. Porque, en general, todos los comerciantes y los habitantes hacen frente común en contra de su presencia. Así pues, hay un verdadero desajuste entre el partido central y el partido local. Y luego hay un hecho político: desde hace treinta años, la única manera de combatir al FN ha sido gritar «¡son fascistas!». Y eso, manifiestamente, no funciona.  
En la derecha, la cuestión se plantea de manera diferente, en la medida en que desde 2007, Sarkozy ha conocido muchos fracasos en el poder adquisitivo, la delincuencia. Se ha situado  en competencia con el FN en la escalada por identificar y estigmatizar sus blancos. El blanco es el Islam, las formas de vida musulmanas, los alimentoshalal, los rezos en la calle. Sarkozy no  tiene más que eso para seguir adelante. Pero se encuentra en un callejón sin salida, pues todo lo que hace alimenta al Frente Nacional. Es lo que ha demostrado la primera vuelta.
¿Eso que describe usted es una implosión potencial de todos los partidos?
Es lo que se llama en ciencias políticas un realineamiento general. Mi hipótesis es que se necesita para la claridad casi visual del paisaje político una recomposición política cuyas fronteras y delimitaciones partidistas recuperen mejor las delimitaciones ideológicas y sociológicas. Porque hoy en día esto resulta totalmente ilegible.
¿Sobre una nueva temática, en torno a Europa, por ejemplo?  
Precisamente eso, no. Es otra de las enseñanzas de este escrutinio, Europa ha sido totalmente integrada. No es un tema en sí misma, pero subyace a todas las discusiones y es unánimemente objeto de gran escepticismo. Si eso ya no es…  
Quienes han seguido declarándose pro-europeos lo han pagado caro. Y casi todos los candidatos han sido euroescépticos. Las divisiones prioritarias por venir se centrarán en torno a la cuestión de la inseguridad social y cultural. La dificultad estriba en que hay poco espacio en la izquierda para tratar estas cuestiones de manera republicana.  
El voto de los extranjeros es una señal muy importante. Hollande quiere hacer de ello la reforma social emblemática de su quinquenio, aunque en concreto eso no tiene una enorme importancia, pero simbólicamente es considerable. Los electores de Marine Le Pen no irán a votar a la izquierda, aun cuando  Hollande tiene necesidad de recuperar una parte de esos votos.
Según un sondeo de Opinion-Way, dos tercios de los electores de Nicolas Sarkozy serían favorables a una alianza con el Frente Nacional. ¿Piensa usted que ya se ha llevado a cabo el reparto de cartas en la derecha?
Eso corresponde en todo caso a una demanda muy fuerte, que yo llamo el fin de la barrera de especies entre la derecha y la extrema derecha. Salimos de un sistema de treinta años que ha permitido a la izquierda ganar numerosas elecciones locales gracias a la triangulación y entramos en un nuevo sistema. Va a haber recomposición, reconfiguración, muchas cosas de las que no podemos hoy estimar ni las consecuencias ni las formas. Lo mismo a izquierda que a derecha lo que se abre ante nosotros es un periodo de gran inquietud e incógnitas.
¿Cómo ve usted la segunda vuelta?
Creo que va a ganar Hollande, pero temo que la izquierda se vea atenazada por los estrechos márgenes de maniobra económicos y sociales a causa de Europa, las cuestiones presupuestarias y el ataque de los mercados financieros; y que François Hollande no dé abasto  por su sola voluntad, considerando que le pondrán a prueba una izquierda muy reivindicativa o los grupos de presión identitarios, con el riesgo de hacer algo simbólico, porque no podrá hacer nada real. Paradójicamente, el arranque puede proceder de una izquierda bloqueada por sus propias contradicciones e inmovilizada por los mercados financieros. Hará falta ser capaces de proponer una visión, pero desgraciadamente, la izquierda no reflexiona lo bastante sobre esto y en general el ejercicio del poder no es propicio a la reflexión ni al cuestionamiento.

Fuego, Fuego

(Adjudicación de la quema de autos en la Buenos Aires de 2012)

La acumulación de autos es un síntoma de nuestra pobreza. 
La fiebre automotriz desprecia la vida, en los veinte cuerpos que hace cadáver cada día -y los que tullida- pero también la vida posible para todos, la indeterminación del arco de las ansias, el repertorio común del querer.

Convertimos en humo lo que hay que desear. Algunas alegrías simplemente están mal. Un bicho humano ocupa un auto y, si no resiste a la poderosa inercia subjetiva contenida en la maquina, sus semejantes pasan a ser estorbos materiales para la realización de su máximo beneficio (estar yo-ya-allá).
Es hasta obvio, es lo que hay que hacer: la belleza del fuego nos une por sobre el respeto al confort, nos ilumina y nos calienta. ¿Qué más, en esta vida, que luz y calor? Pero hay luces que solo iluminan a quienes moran la noche. Qué más, quemás… Nada como los autos, brillantes, privatistas, vulgarmente lujosos, merece tanto sacrificarse en llamas.
  
No sabemos por dónde puede caer el orden social; todo está fomentado, en este productivismo general. Es precisa una refundación de la desobediencia. Desobediencia ignorante pero sensible; tanteo y entrenamiento. Empieza por lo obvio. No sólo sustracción de lo obvio, sino atentado público, visible: la quema de autos es una ofrenda al barrio.
La subjetividad automotriz es el obvio de nuestro tiempo, una obviedad que logra pasar por alto la evidencia. Si el auto es herramienta, es herramienta de un deseo; fetichizado, es el objeto mismo del deseo. Cuatro ruedas para no viajar, para consolidar. El vehículo sustituye al paisaje, e inunda con saber el querer. Se quiere la capsula que sea vista, más que miradora. (“Puro auto sin móvil”). Hasta la palabra “viaje” es usada para nombrar traslados que igualan cualquier cosa -ciudad, campo, montaña- como superficie donde habitar el auto. La afección es una sola. Sobre la muerte consumada del viaje, también se matan los destinos.
Por eso aparece la obsesión con la muerte: el auto no asiste a una perspectiva de vida, sino que encapsula la imagen de la vida en ese microclima cerrado, una nave casi alienígena en la que se atraviesa la ciudad sin estar en ella.
Los auteros tienen un poder material real. Alienados propietarios, absorben para su auto-representación el poder de la máquina y pueblan la calle con su potencia armada hecha arrogación de derecho –derecho por fuerza de matar.  

Los autos más queridos están armando la sobrevida privada en la catástrofe; una salvación vía blindaje, atropello y abandono.
Preferimos que haya una violencia nuestra. Agitamos el hastío, nos damos lugar en el acto.

No queremos lo que hay pero el suicidio no nos seduce.

Nos inspiramos en los locos que animan la desproporción. 

Mordiendo la comodidad como perros rabiosos.
Seguimos quemando autos.

Seguimos organizando la rabia.

Humor político: ¿cómo piensa Tinelli?

Por el Taller de Coyuntura

Nos preguntamos por el humor político en estos años, por ese campo que contiene a los personajes de Capusotto y a la revista Barcelona, pero donde nos gustaría centrarnos en la figura de Marcelo Tinelli, en sus programas como discurso político. ¿Cómo piensa Tinelli? Una pregunta que exige tomar distancia del a priori de que Tinelli equivale a vanalización, brutalización, esterilidad política. Una pregunta que contempla la importancia que el conductor/empresario ha tenido en la producción de imágenes sociales en la Argentina de las últimas dos décadas.  
Sabemos más de Tinelli de lo que creemos saber, quizás porque muchxs de nosotrxs nos criamos con él, crecimos con el televisor en el centro de la casa y con la familia reunida en torno a la cabeza trituradora de alfajores del conductor oriundo de Bolivar. Una cefalía muy particular, que sostiene un clima espectacular aunque cotidiano, característico de la televisión argentina del último tiempo. 
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Las elecciones

por Oscar Monti

Lleno de dicha me digo “He aquí una polémica”. ¡Por fin una verdadera! Todo mi ser se estremece ya que nací del vientre de Polemos, padre y demonio de todas las batallas. 
Una provocación certera de este misterioso compañero, Maccia , nos pone en camino de una discusión (o paparruchada, da igual) en torno a lo que entendemos por política. 
Tengo un amigo, casi la otra mitad de mí mismo, que dice que la palabra “política” es un nombre que no tiene cuerpo, que ya no se sabe de qué carajo se habla cuando se dice “política”, ya que se la dice (o se la figura) en tantos y tantos sentidos, que entonces de tan polívoca (y equívoca) vale más abandonarla que disputársela.
Pero parece que esta paradójica propuesta (¿impolítica?, ¿antipolítica?, ¿demasiado política?) de suspensión de las elecciones de 2015, viene a conmocionar uno de los núcleos duros del problema -si todavía queremos llamarlo así- político.  
Y esto me lleva a hablar (por primera vez) de esta cosa llamada “el kirchnerismo”. Como histórico testimoniante, me doy cuenta ahora de que casi nunca escribí esa palabra en un papel, que es como un agujero negro en mi trayectoria, y casi me sonrojo al escribir: “El kirchnerismo es allí donde la política se ha vuelto realmente interesante”.
¿Por qué no lo había pensado, y me obstinaba orgullosamente en ello? Quizá porque a primera vista los kirchneristas me parecían un poco boludos, medio-loros setentistas, memoriosos y sentimentales, con sus obviedades a cuestas, su autocomplacencia de “buena gente” que provoca nauseas,  sus intelectuales moralizantes y el reparto de sus puestitos. Más sonsos cuanto más hegemónicos. 
Pero puede ser también que sintiera, del lado menos banal, que el kirchnerismo operaba una sustitución aplacadora que venía a encauzar el desborde vivido, en nombre de la tan venerada “vuelta de la política”, que en mi cabeza no podía dejar de traducirse como “vuelta de la policía”. Vuelta a la tranquilidad, la seguridad, la economía. La restitución de un “orden”, así viniera acompañada con restitución de derechos y una buena dosis de justicia, marcaba el final de la revuelta.
Luego fuimos descubriendo, poco a poco, el hecho luctuoso de que muchos habían vivido el 2001 como una verdadera tragedia, que por suerte había pasado rápido, y veían entonces al kirchnerismo como la mejor salida posible del estado de excepción y del caos en el que tristemente nos habían sumido… los malos gobernantes. Y poco a poco se fue extinguiendo también la evocación de aquella potencialidad que creímos percibir esos días, para dar paso al escepticismo y la abulia, y acabar por hacernos dudar de su propia existencia, de nuestra propia existencia de esos días. El 2001 nunca existió. 
De allí surgía una pregunta: ¿qué pasaba para que un mismo hecho pudiera ser vivido de maneras tan radicalmente opuestas, cómo algunos podían ver una modificación tan abrupta (pongamos, entre 2001 y 2003), donde otros percibían una feliz continuidad (o una simple traducción). ¿Qué pasaba? No pasaba nada. Solo que se percibe distinto.
¿Por qué hoy la cosa kirchnerista me parece más interesante? El auténtico “romance” que se vive entre el gobierno y gran parte de la sociedad, incluyendo por primera vez a nuestros “cercanos”, parientes próximos, amigos, etc., me sigue pareciendo una confusión de nivel, mentira y vileza. Babearse con un gobierno es una falta completa de dignidad, un gusto pestilente, un verdadero instinto de rebaño. Pero el dato que quisiera señalar es que por primera vez la eficacia gestionaria de un gobierno puede desnudar, o despejar una cuestión ética-política de fondo, que nos puede llevar a pensar en un paisaje más amplio que el de la política (como simple gestión material y simbólica de objetos y sujetos). Allí reside el interés del pensamiento. En tanto se piensa sin creer, ¡gran hallazgo! 
¿Qué intento decir con estas palabras bastante torpes, confusas, prestadas? En primer lugar, y para tratar de ser más claro, o menos oscuro, pienso que la situación abierta a partir de la consolidación del gobierno como gestor eficaz (momentáneo, suponemos, pero sorprendentemente consolidado) de conflictos, fuerzas y signos sociales, nos permite (o más bien nos facilitaría) pensar por un momento un temita: “qué corno estamos haciendo con nuestras vidas”. Y por un rato, aunque cueste tanto, quizá nos permita (o nos habilite) a abandonar el papel de simple “coro” que festeja o abuchea, que se alegra o se entristece ante cada gesto que viene desde “arriba” o bien desde el aparador donde se apoya la tele, la radio o la compu.
Por eso la propuesta del compañero Maccia me parece certera cuando dice, al menos eso parece: “dejemos de lado” por un momento la politiquería de las elecciones, del republicanismo y los pruritos democráticos, que quede expresada por fin la actual correlación de fuerzas, más bien que quede fijada, cristalizada, suspendamos la función circense por un momento. Y entonces, ¡terror! Sucede que muchos blogueros-insultadores profesionales, que gustan de hacerse los vivos con sus “comentarios”, se espantan apenas se les sugiere una cosa tan simple como unos pocos años de monarquía. La audacia de estos va a la zaga de su tibieza.
¡Y sí, suspendamos las elecciones de 2015! ¡Que la propuesta la haga suya el mayor número, la buena gente, todos y todas! Y una vez asegurado el reinado, y fuera de competencia cualquier rival, no habrá que medirse ya con Macri, Scioli o quien sea de la mala gente, sino con el propio modelo, en tanto la universalidad estará garantizada.  Y entonces se podrá hacer una evaluación más profunda de qué significa “nuestro modelo”. La política se vería entonces re(vitalizada).
Es que por el lado de la vida -¿pero hay vida sin política?- existe solo una verdadera elección. Como decía el filósofo, se trata de abandonar aquellas elecciones que solo podemos hacer a condición de decir que “no tenemos elección”. Repasemos y veremos con cierto espanto que muchas-casi todas nuestras elecciones se hacen diciendo que “no nos queda otra”, que “la otra opción es peor”. Pero no es que no elijamos por eso, sino que elegimos no elegir, por tanto elegimos. La única verdadera elección es elegir elegir. Pero eso se elige de una vez y para siempre, no cada cuatro años y con cara de “yo no fui”.

En busca de la Literatura Blanca

Gordo de Sagrado Sebakis

Emilio Sadier y Diego Picotto



1. ¿Qué es Gordo, de Sagrado Sebakis? ¿Retazos de biografía individual, manifiesto generacional, triple de novela y queso, ensayo de cinismo fast-food, diario amistoso y confesional de un escritor desempleado, apuntes oscilantes entre autoanálisis y stand-up? Gordo es un OTNI: Objeto Textual No Identificado que sobrevuela los bordes de un presente virtualizado, de una vida definida menos por una identidad que por un universo de signos danzando en pogo. Gordopropone una escritura degenerada, plagada de series y listas: de las variantes del porno digital a los cuestionamientos irracionales de la duermevela, de los consumos culturales pre y post-adolescentes a los Antihéroes Hiperlaxos. Todo es contable en Gordo, todo cuenta como elemento en un orden desequilibrado.

2. Gordo plantea un encuentro con un futuro cercano –el libro tiene fecha de edición de 2017– y con una autoría virtual: Sagrado Sebakis (seudónimo de Sebastián Kirzner) sugiere una poética del nombre propio como marca, de la identidad como nick, de la subjetividad como nube de tags.[1]Una escritura de lo íntimo vuelto público en viaje por el ciberespacio, en conexión constante.

Concretamente, Gordo, su literatura, es inseparable de Internet 2.0, de las redes sociales: y estar en las redes sociales es ya «editar», es ya montar un personaje, es ya construir un relato, una ficción. Ni el más mínimo detalle del vínculo con lo digital es impostado. No hay intenciónde mostrarse contemporáneo, moderno, incluyendo para ello Internet. Es un libro hecho en Internet, que no funciona sin Internet. Sea porque te llega leído por el autor en un video posteado en Facebook. Sea porque te lo bajas de la página de la distribuidora/co-editora la-periferica.com.ar o con el QR. Sea porque Internet es, más que tematizada, exhibida como condición de posibilidad de todo lo sucedido. Sea porque se lo lee como se navega.

En este sentido es que esta literatura conecta antes con una cierta forma de «comunidad» -virtual y no solo: Feria del Libro Independiente y sus editoriales, Milena Caserola en este caso, CC Pachamama, etc.- que con un «campo literario”.


3. ¿De qué la va, Gordo? Con su contundente humanidad, Gordose sitúa en la frontera porosa que anuda la vida cotidiana y la ficción de un joven escritor under (of the lumpen middle class), ciudadano del mundo-pantalla (estimulación lumínica), girones de una existencia balbuceada que ora te arroja en un Congreso de poesía en Paraguay, ora de playero en una YPF. “Un escritor nunca habla de pavadas. Una de las tareas difíciles de llevar a cabo es sacar el artista del lugar de boludo en que se lo ha colocado” (Osvaldo Lamborghini). Gordo no es el típico compañerito de primaria, centro de mamporros y carcajadas. O sí, pero crecido. Tan crecido como cruzado por la depresión y por lo digital; mejor: depresión en la era digital neutralizada a fuerza de porro y pajas. Ansiedad. Refresh. Refresh. Refresh. Acto ansioso-mecánico como respuesta a la estimulación lumínica (mundo-pantalla): fuerza digital (dedos-dígitos) sobre el enterque renueva cada vez (y en vano) la llegada de un aviso tan singular y potente que evita su dilución en el flujo perpetuo de información. Potencia ciber de estímulos actualizándose. Voracidad de consumo de signos-marca devenidos mundos de sentido. La cabeza al borde del queme: Risperidona, Sertindol, Zyprexa no son la divina trinidad, sino antipsicóticos de segunda generación que, como colateralidad de sus efectos estabilizadores, engordan y deforman. Un mundo desquiciado; el mundo en que vivimos, el tiempo en que vivimos.

4. Hay en Gordomucho puro presente como condición profunda de época, como puesta en discusión del imperio del pasado sobre lo actual tan propio de estos tiempos: Refreshes también sacarse de encima el pasado, es poner el ahora en primer plano a cada momento; puro presente contrapuesto al pasado como juez y garante de verdad. Un pasado relatado –hecho Relato– en esta época sin grandes sutilezas, por cierto, pero altamente eficaz en reponer bandos en disputa, héroes y traidores, amigos y enemigos. Hay condiciones generacionales-subjetivas, parece decir Gordo, que no son reversibles, hay experiencias que no son fácilmente capturadas por el relato mayoritario (menos aún mediante la apelación a los lugares comunes de la militancia y la política). El presente continuo como condición de posibilidad de Gordo, simultáneamente su residuo y su hijo pródigo. Temporalidad verificable también al nivel de la estructuración textual: si el registro parece cercano al de un diario, no está regulado por una linealidad fechada: la numeración de los apartados –que sólo al comienzo muestra explícitamente una relación con lo narrado– da una sensación de aleatoridad, de un tiempo sin anclaje fijo. Refreshtambién supone una actualidad donde a cada momento circula más o menos lo mismo: “otros amigos, otros avatares, de seguro las mismas charlas”. Los acontecimientos, las situaciones y las asociaciones aparecen sobre este fondo de repetición, variación y aparición novedosa de lo mismo.

5- “Es hora de aceptarlo –dice Gordocoger fue hasta los noventas. Ahora la onda es histeria digital y masturbarse”. Presente liviano y veloz, fin de siècle actualizado en la impúdica y encantadora tecnologización de la vida, la subjetividad, la ética y la estética. Y, sobre todo, de la cotidiana nuda vita digitalizada. Actualidad de mercado financiero, de multinacionales multifusionadas, de trabajo precarizado, de capitalismo desbocado y triunfal, Imperio del Logo. Actualidad que asume la virtualización de las relaciones humanas e, incluso, presenta la pérdida del contacto con los cuerpos de los otros como una –sin duda peligrosa– condición de época.[2]

6- El intento de eludir su inscripción obvia en linajes literarios; la insistencia en dislocar las figuras de la escritura y el escritor, la edición y la lectura; la apuesta decidida por la actualidad serpenteando entre la fusión de lo íntimo y de lo público y la ecología digital organizando el bios. A través de estos movimientos, Gordo plantea la búsqueda de una experiencia cultural/literaria/vital particular que podríamos bautizar, siguiendo uno de los muchos destellos de feliz ironía que pueblan sus páginas, la búsqueda de la Literatura Blanca: “Ese gesto, aunque no parezca, es crucial para esta época. Central. Hay que salir en una misión cara, innecesaria y que bordee con lo idiota”. Búsqueda y misión que se pone en juego en una escritura compulsiva como registro incesante de una vida vuelta objeto estético y político. Pero, curiosamente, la apuesta de Gordono es vanguardista, ya que pareciera sugerir que no hay ya demasiado canon que derribar ni demasiada institución que bombardear. Los gestos de la literatura de Gordo se asemejan más bien a señales de humo que, agotadas a segundos de haber sido arrojadas al mundo, indican sin embargo una lengua en ejercicio, una conversación en proceso, tal vez una cacería o exploración en ciernes.

7- Nos gustó Gordo, lo admitimos; tanto, que decidimos comprar varios ejemplares (a precio rebajado, es cierto) y hacer con ellos –como si fuésemos dos más de los miles de becarios Conicet que nutren el país en serio– nuestra propia experimentación científica: la mitad, obsequiada a amigos más jóvenes que nosotros que poco y nada saben de literatura; la otra mitad, facilitada a amigos post-40, muy cultos y entendidos ellos. Las conclusiones a las que pudimos arribar no violaron las leyes de lo previsto: si los primeros encontraron en Gordo, entusiasmados, cierta intensidad que de uno u otro modo los afectaba (sea como eco generacional, sea como gesto de complicidad), los segundos tuvieron dificultad en situarlo dentro de lo estética y políticamente aceptable y, en general, lo rechazaron redondamente. Entre esos entusiasmos y rechazos se prefigura la Literatura Blanca, la literatura del por-venir.


[1] Por cierto, la futuridad editorial está presente en otro emprendimiento kirznerista que vale la pena visitar: el tomo I de la antología 2017. Nueva Poesía Contemporánea, cuya segunda edición fechada en 2020 recoge poemas de los años dos mil de poetas latinoamericanos nacidos entre 1977 y 1990.
[2] “¿Es la paja un marca de época?” se preguntaba un intelectual marxista que analizaba el curioso deceso en un hotel charrúa de uno de los íconos de esta juventud dispuesta a entregarse por entero a la política.

¡Me hinché las pelotas!

Por Damián Milia

El hombre es un animal que produce dinero, y agrego: y que en esto pretende ser inocente. Se nos dice una y otra vez, no solamente las obligaciones, sino por sobre todo, los derechos. Ahora, ¿cuáles son esos derechos?, ¿son realmente derechos? 

Si se realizaran efectivamente, la sociedad como hoy la conocemos, se vendría abajo. No es ninguna novedad que vivimos en el mundo de las imágenes. Pero, ¿qué queremos, qué sentimos, qué hacemos? Alguien decía que en nuestras sociedades todo es público, pero al mismo tiempo, todo es inconfesable. Desde el punto de vista de la moral, es decir, desde las expectativas en que nos miramos y miramos a los otros, el mundo es profundamente inmoral; y desde el punto de vista de una ética, somos profundamente morales. ¿Qué es, si no, mandar a alguien a la cárcel? O menos dramáticamente, ¿qué es, sino trabajar? 

Pero el asunto no es tan fácil. Las imágenes no son cosas que existan por fuera de nosotros. Somos en virtud de ellas. Y entonces pedimos. Lo importante es que pedimos. Seré un buen siervo si me tratan buenamente. A la orden del día tenemos los derechos humanos. Serás un buen siervo.

Y en este mundo intensamente moral, en la dictadura nadie estuvo. Los que quedaron, o no sabían, o lucharon, o se exiliaron. Ahora, ¿es posible que el Estado funcione abrumadoramente en una sociedad sin su profunda complicidad? En el ámbito de la conciencia todos tenemos intenciones hermosas. Pero la realidad pasa por otro lado. Del terrorismo de estado se habla de todo, pero no se dice nada. Y es evidente en un punto: cada vez que se toca el tema, una especie de duelo eterno invade a los presentes. Llenamos plazas, llenamos los diarios, llenamos la televisión, llenamos libros… y todavía velamos. Una verdadera cultura del botín. Queremos un país capitalista en serio. 

Y también nos indignamos, nosotros, los hacedores del bien común y del amor al prójimo cuando escuchamos a Videla hablar en nombre de muchos. Y no solamente de militares. Y ahí la cosa se vuelve, incluso, más interesante. El fascismo quedó atrás, dicen. Ahora, ¿se puede pensar verdaderamente que el fascismo tiene solo la forma de la aniquilación física? Ésa es su forma terminal. Pero los conceptos no son dados de una vez y para siempre. Se modifican al mismo tiempo que se modifica la historia. 

Hoy hay otra represión más sutil que exudamos por los poros. Cualquiera lo sabe. Sí, nosotros, las almas bellas, que para dormir tranquilos fabricamos representantes del Bien, pero también del Mal. Y si sospechamos que adentro algo no anda bien, la psicofarmacología es nuestra aliada. Habría que hacer un paralelo entre las formas de producción, los modos de vida y las enfermedades actuales. Producimos enfermos económicamente útiles. Después, los hay en distintos grados y, para cada uno, una función. Nadie queda afuera. Que sea claro. Todavía hoy seguimos diciendo: ¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piensa por mí, un pastor que reemplaza mi conciencia moral, un médico que juzga mi dieta, y así sucesivamente,no necesitaré del propio esfuerzo. Con sólo pagar, no tengo necesidad de pensar: otro tomará mi lugar en tan fastidiosa tarea.

Verte feliz no es nada

Por Perros sin folleto
Tenemos ante nosotros la revista de un reputado centro cultural porteño del barrio del Abasto. Esta edición de la revista tiene ya algunos meses; se consagra a la difusión de los espectáculos veraniegos del bello lugar. Tamaño medio A4, con buen papel a todo color, la revista incluso tiene lomito. Es un pequeño lujo, a tono con lo lujoso del lugar, un lujo que no consiste en champaña y caviar sino en reunir la crema de la cultura indie (el under tambien tiene sus elites…). Valoramos, por supuesto, dicho lugar; nos entristeceríamos si desapareciera, pero no deja de ser cierto que, como leimos en Internet, es una maquina de convertir las zonas mas distinguidas del indie en insumo de la industria cultural.
La tapa dice: EXPERIENCIA KONEX #17 y está toda ocupada con una foto, “producida” foto con completo fondo blanco y con los cinco miembros (varones) de la banda del verano en fila frente a la lente, parados en una pasarela de arena, en mallas, musculosas y chombas, con pelotas y baldecitos. El lema: “Onda Vaga. Música para ser feliz”.

Vemos en esta foto a pibes que en principio son nuestros iguales, ahí mirando al frente, cuerpos a la orden del fotógrafo, carne labrada por la verdad resabida de la industria; sólo uno, el de más a la derecha, parece sonreir con picardía, al menos una risita contenida que indique una zona de distancia con la situación-representación (actuar de uno mismo), distancia con el destino de ser plastilina de fotógrafa.
Dijimos cuál es la banda, por un lado, porque el nombre es pertinente para nuestro planteo, y, por otro, simplemente porque sería más arduo ir describiendo sin nombre. Pero se podría no decir el nombre e igual exponer estos argumentos; porque no se discute con personas, se discute con ideas. Ideas adheridas a cuerpos. Ideas-cuerpos con fuerza expresiva. Ideas, por supuesto, de vida. Que seguramente nunca coincidan de manera plena con los cuerpos que las encarnan, menos aun con el de alguno en particular en el caso de una banda. Las ideas merecen ser discutidas, y esa es también una forma de reconocimiento: no se discute con algo carente de méritos, se discute con lo que se constituye como representación circulante, común. Discutimos con un clima de época, con una propuesta de conformación de las cosas. 
La banda convoca, en la voz entrevistada de uno de sus miembros, a “parar de sufrir al pedo”, y la declaracion entra en perfecta coherencia con la estética general emitida por el conjunto. Las toneladas de sufrimiento inflingido que se reproducen todos los días se dan por sabidas (por dadas), no se niegan, pero no afectan (y ni hablar de los mecanismos institucionalizados a través de los que algunos viven del sufrimiento de otros).
Seguramente hay muchas objeciones empíricas a este señalamiento, declaraciones, letras o biografias que lo refuten. Pero refiere a la idea triunfante, dominante, de la estética OV; se analizan las superficies de la cosa (¡no pasemos por alto lo obvio!), nombre, indumentaria general, semántica saliente, declaraciones comunes, tonos, timbres y texturas del paisaje sonoro, etc. Resumidas en la consigna: “Música para ser feliz”.
No hay sana adaptación en este mundo infecto.
Hay que decir también que discutimos con este modelo porque se parece a lo que queremos. 
¡La felicidad! Pero no así directo, resuelta… ¡No tan ya-felices! Casi como efecto de farmacia. La felicidad que queremos en realidad se sitúa en conquistar un espacio para la modulación propia de la pregunta por la felicidad; una posición donde habitar la pregunta por la felicidad. La felicidad hecha, ya habida, aunque colorida, es inerte. La libertad, amigos, es fiebre. Es oración; es fastidio; es buena suerte. La libertad no es fantáaaaastica.
En efecto son Los Redondos los que nos permiten esta discriminación de juicio. ¿Música para qué? 
Música para pastillas, ¿pero qué pastillas?
Hay cosas que parecen lo mismo pero no son lo mismo: no es lo mismo vivir la ciudad con estilo Polonio, lunes y martes como de vacaciones, la escapada pícara de lo rutinario, que el raje, el raje que raja lo que hay, el raje que filtra y deserta intensificando el desgarrador roce de las cosas del mundo. La conquista es tensa, y el raje canta con voz “como de frenada de auto”, sobre la base de un riff con angulos agudos, un riff sostenido que quiere no terminar nunca, que huye hacia adelante sin dejar nunca de ser soporte del aullido. El raje es movido por una áspera necesidad (de vida); no es lo mismo cualquier vagancia… no es lo mismo la vagancia como rechazo de la responsabilidad que aquella que rechaza la sujeción; no es lo mismo la alegría que el disfrute. Las encantadores voces de Onda Vaga (y en la forma de cantar se hace muy claro que los tomamos no por ellos mismos sino a modo ejemplar de lo que cunde en Buenos Aires) son como de fogón, de todos contentos: su conquista es la de perder la vergüenza a sonar más o menos como un nene que llama de lejos a su madre y con el tiempo aprende  a entonar el gritillo porque, claro, mami te quiere así como sos. 
«Estamos en la vida para las cosas buenas», dice el citado integrante ondavago, entre otras aseveraciones que tienden en general a descontracturar, practicamente una versión pilla de pintarse la cara color esperanza, o versión cool de la felicida-la la la la, casi como si el que no la pasa bien es un gil (de hecho, hemos leído decir a uno de los músicos que las condiciones de vida en las villas eran elegidas por sus habitantes, ya que bien podrían irse al campo… por suerte uno de sus compañeros tuvo a bien traerlo a cordura; esto en un reportaje en la HBA). Del exodo de Marley –baleado por la CIA- se pasa al heroismo noventoso de Manu Chao para llevar a este relajo permanente, que, al fin y al cabo, ostenta una posición de clase.
Por supuesto, el placer, el bienestar… Compartimos ese instinto, ¿no? Pero desconfiamos de un placer público que no crispa un poco los nervios. Falsa alegría, goce de la no presencia, elusión. Goce de entregarse. El bienestar de esta hora nacional adhesionista. Música de fondo de la fiesta del consumo, en su versión progre-cool: la del “buen” consumo, con flores de autocultivo y regulación de las presiones. Yoga y combustible nacional. Música para la desproblematización, frescura libre de preocupaciones. Tropa riendo…
Los Redondos dan otra respuesta a la pregunta música para qué, y conjuntamente, otra imagen de la felicidad (de paso, muestran una forma de actualidad de lo pasado: su capacidad actual de justipreciar lo que advenga, de munir la atención).
La imagen de felicidad ricotera contiene violencia. No recomienda vivir en mallita. Es una imagen de felicidad literalmente hablando, una pintura: el esclavo rompiendo sus cadenas, del librito de Oktubre, mano de Rocambole. En ese tipo dibujado (homenaje a un cuadro de Dalí) se ve el dolor en su piel vejada, la rabia de su puño virulento, la alegría con la que flamea la cadena recién rota, abanderada. Puede hasta esquematizarse: el malestar invita a la rabia, y la rabia, por su arranque, deviene festejo; su fuerza de grito vira del no al sí, de rechazo a afirmación. Es la felicidad no de una calma acomodada, sino de una batalla. Una felicidad que cuesta agite. Premio, vuelto, o resaca de una apuesta más alta. Una felicidad que no se busca “sino que resulta de la arbitraria presencia de una alegría cruda” (así aullaba un viejo presentador en la previa de un recital de los Redondos). Un hedonismo que cuesta trabajo, un trabajo de rechazos y afirmaciones. Una felicidad con problemas. Una felicidad que acepta lo que hay siempre y cuando lo que hay empiece por la propia fuerza.
La cuestion no es comprar banda con banda (¡salve Dios!), sino una sensibilidad que mune sus criterios con la memoria de Patricio Rey para enfrentar lo que hoy la toca. La fiesta de la época… Un ejemplo de esta subjetividad de la fiesta adhesionista fueron los carteles que, en el acto presuntamente de protesta por el asesinato de un trabajador y militante ferroviario, rezaban: “Festival por la muerte de Mariano Ferreyra”. (Tocaba Damas Gratis, Calle 13 y Onda Vaga).
No se trata de comparar porque consideramos obvia la inconmensurabilidad de ambas bandas entre sí. Pero, por otra parte, la época ya hizo la comparacion: en 678 se han usado hasta la obscenidad las canciones redonditas para musicalizar su animacion emocional, y tambien, más acá en el tiempo, las canciones hippies-cool de Onda Vaga. Esa producida contiguidad propone continuidad; esa paridad es una verdad posible fabricada por esta época. Ese conformado conjunto (678, Redondos, Onda Vaga), como tal, crispa; crispa ver la convivencia producida de un reservorio de alegría autoafirmada con la felicidad boba del consumo y la fiesta del goce adhesionista -el adhesor nunca pasa de huesped y los Redondos nos invitan siempre a fundar el mundo.  
Recuerdos de combate y un presente de felicidad light. No olvidemos el Blues del noticiero; no podemos olvidarlo si hemos visto su versión en vivo (nunca fue editado) en el bar montevideano Laskina, diciembre del 1989. Es un pequeño blues, lento y espeso. Constreñido como un big-bang que no puede estallar, con una letra muy breve que el Indio canta tensando la voz como si el peso del mundo apretara sus cuerdas, el peso y sobre todo la fricción del mundo en esa voz. La viola de Skay tensada por el mundo con agudez de raje… (un raje imposible de encarar en ojotas). Rock para los dientes, felicidad del aguante y la conquista.
Se muere escuchando el noticiero,
donde cuentan cómo le dan caza
se muere mirando el noticiero
donde cuentan cómo le dan caza.
Paisaje transmitido entre los nervios
mientras le alcanza.
Se muere escuchando el noticiero,
donde cuentan cómo le dan caza
se muere mirando el noticiero
donde cuentan cómo le dan caza.
Paisaje transmitido entre los nervios
mientras le alcanza.

A un año del 15M:

Una actitud llamada 15M. 
Apuntes sobre ciudad y ciudadanía
 
Por Emilio López-Galiacho
 
Quienes se preguntan qué ha pasado con el movimiento 15M, o incluso si sigue vivo, quizás ignoren que el 15M ya no es un movimiento social sino una actitud. Abierta, escalable y en continua actualización. El 15M son conductas distribuidas en red, que se propagan a través de múltiples canales, un complejo rizoma de gestos conectados. De esa constelación de comportamientos emerge una forma de estar en el mundo que mezcla indignación e ilusión a partes iguales. Sin la primera, todo quedaría en ingenua mansedumbre; sin la segunda, en amargura autodestructiva. El espíritu 15M no es nuevo, pero sí lo son las ópticas que hoy lo amplifican, y las tecnologías sociales que gestionan su personalidad heterogénea, multi-identitaria, acéfala, horizontal.
El 15M no inventó nada –todos sus argumentos le precedían- pero, atento y sensible a su tiempo, sacó a la luz una urdimbre de afinidades y descontentos que ya no podrá ser ignorada. Su fuerza reside en que no nació como parte de un plan trazado sino que aconteció de forma espontánea. El material del que está hecho es inestable y permanece en continua mutación. Su genética lo mantiene protegido de cualquier ciclo vital. El 15M no nació, sucedió. Y sigue sucediendo a diario en un amplísimo abanico de escalas y a través de un catálogo infinito de ademanes. Con ellos, una multitud creciente de ciudadanos en todo el mundo plantan cara a una realidad extorsionada tanto por los poderes económicos como por las masas alienadas que los alimentan.

Exigir respuestas al 15M significa no comprenderlo. El 15M sólo debe hacer preguntas, no cesar jamás de hacer preguntas y ponerlas en común. Compartir interrogantes sobre el mundo que queremos; indagar, cuestionar, replantear. El 15M no es un estatuto ni un reglamento, no puede ser un programa electoral, no debe traducirse en disposiciones ni certezas, ni sucumbir a la tentación de los grandes relatos bajo la excusa del progreso o la vanguardia. Aquí no se trata de héroes ni monumentos, sino de convivencia entre ciudadanos responsables, soberanos y vigilantes, formando una gran red de pequeños nodos de la que surgen comportamientos que van mucho más allá de la suma de sus partes. La emergencia cotidiana del 15M es su antídoto contra usurpadores y agoreros.
El espíritu 15M ha calado fuerte en casi todas las parcelas de la sociedad, y gracias a él se ponen continuamente en marcha iniciativas que enseguida se interconectan y expanden por las redes sociales. Muchas de ellas ya existían antes, otras se estaban pergeñando, algunas permanecían latentes. Pero todas recibieron del 15M el empujón de consenso que necesitaban. 
Cooperativas de empleo, bancos de tiempo, economías alternativas, plataformas contra los abusos de poder, la opacidad informativa o la mercantilización de las conquistas sociales, entornos de crowdfunding, nuevos ámbitos autogestionados de aprendizaje y educación, empresas del procomún, reactivación vecinal de espacios públicos, huertos urbanos colaborativos, laboratorios de auto-fabricación. Brotes de una nueva ciudadanía, más generosa y comprometida, que asume su responsabilidad en la reinvención de lo político y de su ámbito, la ciudad. 
Porque no olvidemos que el 15M cristalizó en el espacio público de la ciudad, recuperándolo durante unos días como sede estable para la mediación –o disidencia- entre ciudadanos y poder.
Por aquél entonces escribíamos sobre la capacidad de localización simbólica que estaba teniendo la #spanishrevolution, sobre cómo cada espacio de acampada en la ciudad estaba siendo refundado a partir de personas anónimas conectadas por el lenguaje, recuperando así el concepto primigenio de lo arquitectónico, que no es sino organizarse para hacer y hacerse en el mundo. Entre las personas y colectivos que durante aquellos días ocuparon las plazas había muchos arquitectos y estudiantes de arquitectura. Sus inquietudes eran sin duda más antiguas, pero el 15M las catalizó, las puso en común y les dio visibilidad.
Un año después, la influencia del 15M sobre el mundo de la arquitectura y el urbanismo está más presente que nunca y ha empezado a ser reconocida por numerosas instituciones poco sospechosas de ser anti-sistema. El mes pasado, la prestigiosa iniciativa Premio Europeo del Espacio Público Urbano (en la que participan España, Austria, Holanda, Reino Unido, Francia, Finlandia y Alemania) galardonó con una mención especial a la Acampada en la Puerta del Sol de mayo de 2011. En palabras de uno de los miembros del jurado, “la trascendencia de esta insólita ciudad evanescente, a medio camino entre la robustez de la urbs y la contingencia de la civitas, aún es difícil de calibrar”. Aquí pueden leer entera la justificación del premio.
Sin duda la acampada de Sol fue un acontecimiento arquitectónico inaudito, pero más allá de ella y de las otras acciones que se llevaron a cabo esos días, la fuerza del 15M reside en haberse convertido en filosofía de vida, en una nueva manera de pensar y ejercer la ciudadanía, en una forma más consciente de estar y convivir en el mundo.
Basándose en ella, un buen número de arquitectos que no aspiran a preñar las ciudades de edificios, sino a hacerlas más habitables, ha conseguido que el pasado 3 de mayo muchos de los premios Arquia Próxima 2012 de la Fundación Caja de Arquitectos (sí, un banco) hayan recaído en proyectos y principios totalmente impregnados de actitud 15M. Representan a una multitud de  jóvenes profesionales que han dejado de estar obsesionados por trascender, que trabajan con nuevos formatos y se acercan al problema de la ciudad a través de miradas cotidianas, colaborativas y multidisciplinares, próximas a la mediación y el activismo. Hoy ya es imposible hablar de todos ellos porque son legión.
El primer premio ha recaído en la web Inteligencia Colectiva 2.0, del colectivo de colectivos Zoohaus, una base de datos global, abierta y participativa sobre prototipos y soluciones constructivas procedentes de la sabiduría popular más que de la planificación arquitectónica. 
Siguiendo con otros ejemplos, el [VIC] (Vivero de Iniciativas Ciudadanas) trabaja por el empoderamiento ciudadano y la transferencia de la innovación social al espacio público. Suya ha sido la organización de los recientes eventos Mercado Abierto y Greenvia. En una línea similar, la Declaración Universal de los Derechos Urbanos se presenta como un entorno de pensamiento activo sobre la ciudad y lo que significa ser ciudadano. Sus impulsores, el colectivo Zuloark, dinamizan semana tras semana el Campo de la Cebada, un espléndido proyecto vecinal de reactivación de un solar público en el centro de Madrid. Mediar entre la arquitectura y los ciudadanos, facilitando su participación en el diseño y desarrollo del espacio público es una de las tareas de estos generosos arquitectos sin ladrillos. Eso es lo que está haciendo la plataforma Paisaje Transversal en el barrio Virgen de Begoña de Madrid y colaborando con Rehabitat Zaragoza en el programa Disueña tu barrio
Una de las señas de identidad de estas iniciativas y quienes las impulsan es el uso imaginativo, eficaz y crítico de las tecnologías digitales. No en vano, junto a los arquitectos, otro de los grandes colectivos donde afortunadamente el espíritu 15M ha cuajado fuerte es el de los programadores informáticos y, en concreto, las comunidades de software abierto. El veloz desarrollo del llamado internet de las cosas está propiciando, bajo la marca smart cities, nuevas y peligrosas estrategias de control de las ciudades por parte de grandes empresas. Se las disfraza de proyectos pro-sostenibilidad, pero no dejan de ser planificadas acciones de minería de datos destinadas a descubrir las grietas que convierten en rentables a los ciudadanos y su forma de vida. No necesitamos ciudades inteligentes impuestas por corporaciones y gobiernos a su servicio, sino ciudadanos inteligentes capaces de usar hardware y software de código abierto para decidir cómo quieren habitar el mundo. Detrás de los sensores debe haber ciudadanos, no tráfico de intereses económicos. En esta dirección tecnológica trabajan también muchos profesionales y colectivos. El arquitecto Doménico di Siena, impulsor de numerosos proyectos llenos de actitud 15M, como Think Commons o Meet Commons, está detrás de los conceptos de Sentient City y Sentient Identity, que exploran el poder de la identidad digital para fortalecer comunidades de proximidad entre ciudadanos. Hablan de Urbanismo P2P, de ciudades de código abierto. En estas relaciones entre ciudad, sociedad y tecnología se centra también el grupo Sientetecity, impulsores de numerosos encuentros donde se experimenta sobre las ventajas comunales de la hibridación entre lo físico y lo digital.
Esta reinvención tecno-social de las ciudades y la ciudadanía está llegando –como no podría ser de otra manera- al mundo de la pedagogía, muy impregnada ya del espíritu 15M. Iniciativas como Edumeet o Master DIWO (Do It With Others) plantean de forma abierta estrategias alternativas de aprendizaje autodirigido y colaborativo. En el ámbito urbano ya no sólo se contempla a la ciudad como una poderosa herramienta educativa, sino a la educación como una gran oportunidad para hacer ciudad. Con esta idea trabajan Chiquitectos, Arquikids, Zaramari, Sinergia Sostenible y otros colectivos que organizan talleres pedagógicos para sensibilizar a los niños con su entorno ciudadano y enseñarles a habitarlo de forma divertida, proactiva y sostenible.
Hemos hablado tan sólo de unos pocos, pero sería interminable la lista de profesionales de todos los campos inmersos en este silencioso pero imparable cambio de mentalidad. Si quieren conocer más, nada mejor que consultar el fantástico y completo Starring que ha elaborado el Observatorio del Vivero de Iniciativas Ciudadanas, autor también de un magnífico Glosario Abierto.
Un año después, el espíritu 15M ha calado a fondo en gente buena que además defiende su bonhomía con inteligencia y altivez, que no está dispuesta a tragarse más estafas, que ha decidido pensar en global pero actuar en local. Desde luego no es para mojigatos, pero tampoco para cafres descerebrados. Los medios llevan toda la semana con especulaciones sobre el #12M15M. Como si se tratara de un derby futbolístico, se suceden las apuestas y las expectativas. A muchos les interesa caldear el ambiente. Sin embargo, no debe importarnos demasiado lo que ocurra este fin de semana en las calles. Ya no. Como en todas las celebraciones, habrá estupideces, pero sólo los necios las usarán como arma arrojadiza. El 15M ya se ha entreverado –silenciosa, cotidianamente- en los lomos de la sociedad. No hay quien lo pare. Es un estado mental.

Otra vez, represión en Tinogasta. Otra vez, jaque a las mineras

Por el Observatorio de la Ley Antiterrorista
A Darío Moreno no lo esperaba un sábado de fútbol o una ida al cine. Se levantó y al mediodía nomás, ya estaba en el corte selectivo e informativo que mantiene la asamblea de vecinos de Tinogasta sobre la ruta 60. Pasadas las 2 y media, notaron unos puntitos sospechosos que avanzaban hacia ellos. Pero no en el sentido del bloqueo: venían de atrás, desde las minas, volviendo, vacíos de insumos como otros pocos camiones que habían logrado burlar el corte. Éstos venían escoltados por la policía y la infantería. El choque era inminente. Darío y dos compañeros se despegaron del bloqueo; avanzaron casi 800 metros y se pararon en el medio de la ruta, brazos en alto. Lo que sigue a esta escena de “paren” es un nuevo capítulo de la represión en el noroeste de nuestro país, que suma cientos de heridos, detenidos e imputados en más de cinco hechos graves de represión (el segundo en Tinogasta) en lo que va del año. Los camiones pasaron, otra vez gracias a la brutalidad policial, pero Darío y los suyos, en Tiongasta, Andalgalá, Belén, Santa María, Amaicha del Valle y otros pueblos -que no fueron reprimidos pero se solidarizaron-, retrucaron su apuesta: “Seguiremos con más fuerza que nunca”, dice.
Un corte estratégico
En el kilómetro 250 de la ruta 60 se encuentra la ciudad de Tinogasta. Su ubicación es estratégica para el transporte terrestre, ya que cruza por allí uno de los tres cordones más importantes del país. Por eso, en Tinogasta existe una sede de la Aduana Nacional que obliga a todo vehículo de carga a declarar los insumos que transporta. Estas condiciones le han permitido a la asamblea de vecinos detener, primero, un proyecto de exploración de uranio que se haría a 7 km de la plaza principal, y luego, mantener -desde el 29 de febrero- un corte selectivo sobre la ruta 60 que impide el paso de los camiones que llevan insumos a la minera La Alumbrera, en Catamarca, y la Barrick Gold, de San Juan.
La ley que cae
La mañana del 10 de febrero de este año fueron reprimidos con infantería, policía, perros, seguridad de las empresas, balas de goma y gases lacrimógenos. Al día siguiente, a las cuatro de la madrugada, otro corte era desplazado violentamente (sin orden de desalojo, con los mismos elementos que en Tinogasta) de Amaicha del Valle.
Uno y otro corte habían surgido en protesta por el primer desalojo que inauguraba esta cadena represiva en el noroeste argentino. Fue en Santa María, el 27 de enero del 2012: decenas de heridos, nueve vecinos detenidos e imputados en principio por el artículo 213 del Código Penal: “Será reprimido con reclusión o prisión de tres a ocho años el que organizare o tomare parte en agrupaciones permanentes o transitorias que tuvieren por objeto principal o accesorios imponer sus ideas o combatir las ajenas por la fuerza o el temor, por el solo hecho de ser miembro de la asociación”.
La abogada Nidia Gauthier, presente al momento de la imputación (que se labró ilegalmente en la propia comisaría, donde el fiscal interviniente, Julio Landívar, llevó especialmente a su secretario y escribiente para labrar el acta), denunció entonces el debut de la Ley Antiterrorista en el país, hecho que el propio ministro de Jusiticia y Derechos Humanos, Julio Alak, debió salir a desmentir: “Es absolutamente falso: están imputados por presunta violación al artículo 194 del Código Penal, que habla del entorpecimiento del transporte”, dijo. Gauthier respondió: “Que me disculpe el ministro Alak, pero él no estuvo en la imputación, y yo sí”. El testimonio de la abogada no excluye la versión del Ministro de Justicia de La Nación: confirma que tanto el artículo 194 como el 213 bis del Código Penal les fueron leídos en aquella comisaría como imputaciones a los vecinos. Pero el fiscal Landívar jamás entregó una copia de la imputación. “Me dijeron que no me iban a dar copia hasta dentro de siete días, pero nosotros las necesitamos para plantear formalmente la nulidad del caso y pedir la inhibición de estos juzgados”, explicó la abogada. Trece días después, el jueves 9 de febrero, Gauthier reiteraba su pedido al juzgado: “Ahora el expediente está en manos del juez titular, Marcelo González, que debe observar los recaudos procesales pertinentes para un juzgamiento justo. Si es así, la causa está cayéndose”. La lectura de Gauthier confía en la inconstitucionalidad de las medidas del fiscal Landívar, a quien labró una denuncia.
El artículo 213 bis no volvió a aparecer en las imputaciones, ni la copia fue entregada a Gauthier, y la causa, finalmente, cayó.
La inteligencia
El 10 de febrero reprimían nuevamente el corte de Tinogasta que había surgido en protesta por el violento desalojo y las detenciones en Santa María, luego repetidas en Belén (36 detenidos, incluyendo menores) y Andalgalá. Esta ciudad, además de la represión del corte, sufrió un insólito estado de sitio de patotas promineras, que funcionaron como frontera interna controlando la salida y entrada de visitantes, pero que no aguantaron la actuación más de una semana. El jefe policial Juan Palomeque reconoció que puso a trabajar a “grupos de inteligencia” en Andalgalá y Tinogasta para “resguardar la paz” (sic) frente a la posible presencia de “elementos foráneos”.
Esta primera represión en Tinogasta incluyó decenas de heridos por golpes –por ejemplo- a Gloria Carpio que estaba con su hijo Lautaro de 3 años en brazos, o un mordiscón de un perro en la teta de Clarisa. Y los camiones pasaron.
Relato de la represión
El corte selectivo a camiones de las empresas mineras siguió. Casi 100 días después – días que Darío Moreno, uno de los protagonistas, define como “muy tensos y repleto de maniobras para desarmarnos”-, el reciente sábado 12 de mayo la policía volvió a reprimir a tres vecinos de Tinogasta (Darío, entre ellos) para permitir el paso de camiones que volvían vacíos de las minas. Cuenta Moreno:
  • “Eran las 2 y media cuando vimos venir los camiones del otro lado, desde el lado que vuelven de las minas (porque llegan por un paso muy al norte, y les es más directo volver por acá). Entonces con dos compañeros – Eduardo Algarañaz, de Catamarca, y Germán Cots, de Buenos Aires, de la asamblea de Famatina- hicimos una avanzada contra los camiones, que venían desde La Alumbrera escoltados por infantería y policía”.
  • “Sabíamos que querían desarmar el bloqueo para que pasen los camiones, era una excusa para hacer lo que hicieron. Por eso tratamos de salvar el acampe y el bloqueo lo hicimos nosotros tres – y una compañera que filmaba- en una avanzada más adelante, a 800 metros de la asamblea. Nuestra técnica era pararnos en el medio de la ruta, con los brazos arriba, sin elementos contudentes”.
  • “Entonces para el convoy, se bajan los infantes de las camionetas y nos empezaron a pegar con los palos. Utilizaron muchísimo gas pimienta una vez que ya nos tenían en el suelo, nos esposaron, siguieron pegándonos, pateándonos. Así nos cargaron a una camioneta y siete infantes se nos subieron literalmente encima. Apenas abríamos los ojos o nos movíamos por la incomodidad, nos echaban gas pimienta en la nariz, que es algo que te mata… En esas condiciones viajamos 50 km hasta Fiambalá. Nos llevan ahí porque es un feudo que el intendente maneja como una estancia y de alguna manera tiene la seguridad política; es un pequeño Macondo. Y si nos traían a Tinogasta iba a haber una fuerte presión social para que nos liberaran”.
  • “Nos meten en un calabozo y nos tienen secuestrados casi 5 horas. Nunca nos informaron a dónde nos llevaban, a nosotros ni a la gente, ni a los asambleístas, ni a los abogados. Cuando llamaban al juzgado o a las comisarías les decían que no sabían nada de nosotros. Y lo que se supo fue por los compañeros de Fiambalá, que cuando vieron tanto revuelo en la comisaría se dieron cuenta. La gente se juntó también frente a la comisaría de Tinogasta para pedir nuestra libertad, y por esa presión social recién a las 8 y media nos dan la libertad”.
Tan sólo tres camiones habían logrado burlar el corte desde su inicio, 15 días antes de estos sucesos: “Vinieron directamente a arrollarnos, con custodia policial”, cuenta Darío. El corte de Tinogasta obliga, en cambio, a viajar hasta un paso más al norte (“muy al norte”), descargar en La Alumbrera e intentar volver por la ruta 60 que cruza Tinogasta, “porque es el camino más directo”. En eso estaban estos camiones, custodiados celosamente por infantería y policía de la provincia, cuando se toparon con Darío y sus dos compañeros, que fueron rápida y violentamente sacados del paso.
En la comisaría no les informaron, pero Darío estima que “seguramente alguna imputación nos va a caber, algún cargo como desobediencia judicial o atentado a la autoridad”.
Por su parte, los vecinos ya denunciaron el accionar policial.
Entre una represión y otra, Darío recuerda 100 días de “muchas presiones. Han usado muchísimos recursos para desarmar el bloqueo: intentar comprar gente, infiltrar marihuana para criticarnos, armar grupos de choque que vienen a patotear”, enumera. “Pero Tinogasta es un lugar muy fuerte dentro de las condiciones que han llevado a este corte. Seguiremos con más fuerza que nunca el corte selectivo e informativo. Es la única forma de pararlos”.

Clinâmen: a un año del 15M


 
Conversamos con nuestro amigo Alberto Nanclares sobre el aniversario del 15M español. ¿Puede haber un programa político de lxs indignadxs? ¿Qué otras formas (no-proyectivas) puede darse la república del 99%?

Las Zorras Mutantes

Si aun crees que tienes libre albedrío,
entérate de como el capitalismo da forma a tus deseos…
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Las Zorras Mutantes somos una mutación de las perro-flautas, que:
  • renegamos de las políticas buenistas y políticamente correctas
  • queremos desmontar los metaprogramas conceptuales y corporales en los que se asienta el sistema, cuestiones que nunca o casi nunca se plantean pero que están en la base de todo lo que cuestionamos.
  • queremos inventar nuevas formas de realidad, de cuerpo, de pensamiento, de política, de afectos, de estar en relación más allá del individuo y la colectividad: de ecología relacional.
Una Mutación recorre el planeta…
Cansadas de ser Perras-Flautas, algunas compañeras de fuera y dentro del movimiento 15M, nos hemos transformado en Zorras Mutantes. Zorras: por la promiscuidad de las líneas de fuga de nuestro pensamiento y nuestra acción; porque reivindicándonos putas atacamos el meollo de las fobias sexuales-corporales de nuestra cultura mojigata; porque proclamándonos animales nos burlamos de la violencia imperialista de humano colonizador y hegemónico; porque somos manada dispersa sin identidad de grupo; porque estamos hartas de políticas buenistas y bienpensantes. Mutantes: porque estamos en permanente movimiento y cambio; porque somos infinitamente readaptables; porque desafiamos la fijación de límites y territorios de poder a la que tienden los «movimientos» sociales; porque no atendemos a límites entre naturaleza y cultura, somos animal-humano-máquina-software, y hackeamos las fronteras de lo establecido.
Por ello, desde integrantes de varios grupos de Acampada Sol, (Transversal, Transmaricabollo Política a Corto Plazo…) y seres mutantes varios deslocalizados por el planeta Tierra y sus circuitos electrónicos presentamos las plataformas/iniciativas
TOMALOSCUERPOS / TaketheBodies
CADA CUERPO UNA RED – CADA CUERPO UNA MULTIPLICIDAD – CADA CUERPO UN DEVENIR RELACIONAL – CADA CUERPO UN SISTEMA OPERATIVO DISFUNCIONAL – CADA CUERPO UN ANTIVIRUS DEL SISTEMA
Hackea los programas culturales del sistema, contagia cuerpo a cuerpo coreografías disfuncionales que colapsen los virus normativos del sistema y sus aparatos de control encubierto.
 
y
Occupy DRY Degeneradas Rabiosas Yncombustibles / Desorientadas Rizomáticas Ympulsivas / …..
(Degeneradas/desorientadas/desesperadas/disonantes/desabridas/desacordes/
desafiantes/desahuciadas/desajustadas/desprogramadas/desamuebladas/desapacibles/
desapoderadas/desarraigadas/desarregladas/desaseadas/desasosegadas/desastrosas/
desatadas/desatascadas/desatinadas/desatornilladas/desavenidas/desbandadas/
debaratadas/desgarbadas/desbocadas/descaradas/descarriladas/descastadas/
descolocadas/descomunales/desconcertadas/desconfiadas/desconocidas/desconsoladas/
descosidas/descreidas/descoyuntadas/desacreditadas/descuidadas/desdentadas/
desdeñosas/desechadas/desencajadas/desencantadas/desenfadadas/desenfrenadas/
desengañadas/desenmascaradas/desentonadas/desenroscadas/desenvainadas/
deseantes/desertoras/desespañolizadas/desesperantes/desesperadas/desoladas/
desfiguradas/desfloradas/desgarradas/desgoznadas/desgranadas/desguarnecidas/
desharrapadas/desheredadas/deshilachadas/deshipotecadas/deshonradas/
desintegradas/deslavazadas/deslizantes/deslumbrantes/desmanteladas/desmedidas/
desmelenadas/desmentidas/desmenuzadas/desocupadas/desmesuradas/desnaturalizadas/
desnudas/desobedientes/desorbitadas/desordenadas/despabiladas/desamparadas/
desencajadas/desparramadas/despectivas/despeñadas/desperdigadas/despiertas/
desplazadas/desplegadas/despojadas/desposeidas/desprendidas/desprestigiadas/
despuntadas/desquiciadas/detaponadas/destacadas/destellantes/destempladas/
desenterradas/desterradas/desveladas/desvencijadas/desvergonzadas/desvirgadas/
desvividas/detallistas/detectives/detergentes/determinadas/detonadas/detritos/devenidas//disturbing…
Rabiosas/rizomáticas/rayadas/revolucionarias/ramificadas/radicales/radioactivas/raras/
reacias/readaptadas/reales/realquiladas/rebeldes/rebuznantes/recalentadas/recargadas/
recelosas/recíprocas/reconcentradas/recreadas/rectales/recurrentes/recursivas/rechinantes/
redentoras/redomadas/redundantes/rústicas/refinadas/reencarnadas/reflexivas/refractarias/
refrescantes/refrigerantes/refulgentes/refundidas/regaladas/regocijantes/regodeantes/rehechas/
 
reinas/reintegradas/reivindicativas/relampagueantes/relativistas/relucientes/remarcadas/
remolinos/renacidas/renovadas/revertidtas/reorganizdas/repartidas/repelentes/repercusivas/
repudiadas/resabiadas/resbaladizas/residuales/resistentes/retumbantes/reveladoras/reverberantes/
 
revertidas/reversos/revoltosas/revulsivas/reyezuelas/rufianescas/rumbosas/rutilantes//ready/
radiant/radical/radioactive/rambling/rampant/ramdom/rapacious/rapturous/rare/rarified/
raspberry/raving/ravishing/raw/razorscharp/reactive/reassuring/reawakening/rebound/
rebellious/regenerative/regrouping/rejoicing/relating/releasing/reluctant/remaining/remnant/
renewing/renouncung/reopening/reordering/reoccupying/reparing/rescuing/resigning/resisting/
resolving/resonating/resounding/responding/restarting/restless/revealing/revengin/reverberating/
 
reversing/reviewing/reverting/revolving/revolutionising/rhizomatic/ridiculous/regardless/
rageous/raging/rigourous/rioting/rippling/rising/risking/roaring/rustic…
Yncombustibles/Ympulsivas/Yconoclastas/Ymaginativas/Ymborrables/Yninmitables/
Ympactantes/Ymperfectas/Ympetuosas/Ymplacables/Ymplicadas/Ymplícitas/Ympopulares/
Ymponderables/Ynexpresables/Yrrepresentables/Ymposibles/Ympredecibles/Ympresentables/
Ympúdicas/Ympresionantes/Ympresionistas/Ynapropiables/Ynapropiadas/Ynadaptables/
Ynadecuadas/Ynaguantables/Ynarticuladas/Yncalculables/Yncalificables/Yncansables/
Ynciertas/Yncendiarias/Yncestuosas/Yncisivas/Yncitantes/Yncivilizadas/Ynclusivas/Yncoherentes/
 
Yncomibles/Yncómodas/Yncomparabales/Yncomprendidas/Ynconcebibles/Ynconformistas/
Ynconveninetes/Yncordiantes/Yncorregibles/Yncrédulas/Yndecentes/Yndependeintes/
Yndescriptibles/Yndescifrables/Yndeterminadas/Yndígenas/Yndignadas/Yndigestas/
Yndiscretas/Yndomables/Ynéditas/Ynefables/Yneluctables/Ynesperadas/Ynesquivables/
Ynexcusables/Ynexploradas/Ynfames/Ynfatuadas/Ynfieles/Ýnfimas/Ynfinitas/Ynfinitesimales/
Ynflamables/Ynfractoras/Ynformales/Ynfrecuentes/Yngeniosas/Yninteligibles/Ynimaginables/
Ynigualables/Ynjuriosas/Ynconmensurables/Ynoperantes/Ynsaciables/Ynquisitivas/
Ynservibles/Ynseminadas/Ynsinuantes/Ynsobornables/Ynsolentes/Ynsolubles/Ynspiradas/
Yntuitivas/Ynteligentes/Ynsultantes/Ynfaustas/Yntensas/Yntercambiables/Ynteresantes/
Yntermedias/Ynterrogantes/Yntratables/Yntranquilas/Yntricadas/Ynútiles/Yntrusas/
Ynvadentes/Ynvencibles/Ynversolimies/Ynvoluntarias/Yracundas/Yrónicas/Yrracionales/
Yrreemplazables/Yrreverentes/Yrritantes/Yrreales/Yrreductibles/Yrreparables/Yrresistibles/
Ygnífugas/Ystriónicas/Yrreductibles/Ympertinentes/Yrresolutas/Yrrompibles/Yrrevocables//
yearning/yonder/yahoos/yelling/yawning/yelping/yenning/yowling/yummies…)
desde la que presentamos
RIZOMU – Red Intercorporal de Zorras Mutantes
también llamada
ASAMBLEA DE ZORRAS MUTANTES – AZM
Grupo de trabajo de (Geo)políticas del Cuerpo
La Asamblea de Zorras Mutantes es un ensamblaje de humanos y no humanos ultraindignados, disfuncionales, precarios y privilegiados, cansados de políticas bienpensantes y posibilistas; de fagocitaciones de la horizontalidad; de puritanismos respetabilistas. Queremos inventar nuevas formas de política que atraviesen los circuitos del sistema, que hackeen sus programas, que desarmen sus virus de expansión global.
La AZM es:
  • una guerrilla mutante transversal para diseñar y poner en marcha nuevas formas de intervenir en los procesos de necolonización de la tierra, los territorios, otras especies, otros humanos, los cuerpos y los afectos que se producen en el capitalismo actual.
  • un laboratorio relacional, en el que explorar nuevas formas de relacionalidad que trasciendan las nociones de individuo, colectividad y cuerpo social, de lo humano y de lo orgánico: Proponemos la noción de metacuerpo, para explorar nuevas formas de relación que expandan y trasciendan los modelos asamblearios, afectivos y sociales conocidos, produciendo nuevas formas de ecología relacional.
  • un antivirus sociopersonal y asambleario, destinado a denunciar y revelar cualesquiera fagocitaciones y manipulaciones de la horizontalidad, y promover puntos de fuga transversales que desestabilicen los territorios de poder establecidos y generen nuevos tránsitos relacionales.
 
En la AZM/RIZOMU nos declaramos en huelga de género y de especie: renunciamos a nuestras categorías de género binarias y a la categoría de humano, que son clasificaciones arbitrarias de una tradición imperialista, y a cualquier forma de identidad, no reconocemos fronteras corporales, subjetivas y territoriales de ningún tipo, nos constituimos a través de toda tecnología imaginable, somos monstruos, parias, brujas y malditos, nuestras asambleas son aquelarres y orgías, planteamos un desbordamiento total de todas las normas reguladoras de los afectos, cuerpos y sexualidades, nos declaramos putas, desorientadas, poliamorosas, exhibicionistas, degeneradas, alienígenas, perras, ballenas, cyborgs, bacterias, moléculas, virus y mutantes, nos cagamos en lo políticamente correcto, y no queremos dignidad, porque tenemos grandeza.
Odiamos el especismo y la colonización y violencia sistémica hacia otras especies, territorios, y humanos no occidentales y no de clase media-alta. Combatimos la sexofobia (la condena de todo lo relacionado con la sexualidad al armario del secreto y la intimidad), la putofobia, la homobofia, la transfobia y todas las fobias corporales. Detestamos cualquier discriminación y categorización en función de capacidad/funcionalidad, edad, forma corporal y cualquier otro tipo. Aborrecemos los nuevos procesos de colonización de cuerpos y territorios del actual capitalismo a escala planetaria. Execramos la manera en que las tecnologías de la información nos asimilan en regímenes encubiertos de control. Condenamos la manera en que el consumismo da forma a nuestros afectos y deseos. Desesperamos por la manera en que los movimiento sociales se fagocitan, asimilan y anulan en el sistema dominante. Abominamos del dualismo sujeto-objeto, del individuo posesivo y del derecho de propiedad y nos proclamamos metacuerpos.
NO SOMOS INDIVIDUO, NO SOMOS COMUNIDAD, SOMOS MULTIPLICIDAD AMORFA Y CAMBIANTE. Todo aquello con lo que entramos en relación nos constituye. No hay límites precisos entre un yo y un otro. Todo es materia y toda materia es movimiento relacional. Somos campos de fuerzas relacionales en constante movimiento: metacuerpos.
Somos Hackers del cuerpo, Instaladoras y desintaladoras de programas y virus sociopersonales, aborígenes de un plantea cuerpo que nunca fue virgen, somos un software de descontrol de los programas y los sujetos-funcionarios del sistema. Somos instaladoras de software de desprogramación, descontrol, desorientación, degeneración y desidentificación.
En la AZM/RIZOMU queremos generar nuevas formas de relacionalidad prEcomunal y ecología relacional, de conocimiento, experiencia y política, que trasciendan el diálogo macropolítico con las instituciones así como la puesta en marcha de alternativas en un plano meramente ideológico y macroestructural. Defendemos una política radicalmente plural y multinivel en la que al tiempo que intervenimos en macroestructuras, generamos nuevas formas de estar en el mundo, nuevos micro-movimientos para un devenir relacional, cambiante, desestabilizador, para una realidad radicalmente heterogénea en redefinición permanente.
__________
Las geo-políticas del cuerpo apuntan a una triple dirección:
  • por un lado a elaborar una relación de la biopolítica y la geopolítica, del cuerpo con el territorio, el planeta y sus circuitos electrónicos.
  • a pensar el cuerpo como siempre relacional y expandido: un cuerpo-territorio,
  • y al estudio de la biopolítica en términos de geología, de las estratificaciones y desestratificaciones que se producen en los procesos relacionales de cuerpo.

Reelecciones y generaciones: una idea coronada

por Juan Pablo Maccia

Han pasado ya unos cuantos días del acto de Vélez. ¿Parecen meses? Desde entonces (ver acá y acá) vengo planteando una idea: discutir ampliamente la posibilidad de suspender la elección presidencial del 2015.  Allí planteaba las razones que sustentan este punto de vista. Si entonces la idea podía parecer algo alocada, la aceleración del tiempo político confirma la necesidad de aceptar la iniciativa y de ponerse en marcha de inmediato.
                   

I. El bloqueo a la legitimidad presidencial

El problema que planteo es sencillo. La Presidenta encarna una legitimidad única, que brota por igual de su política de Derechos Humanos y sociales, como del tipo (exitoso) de inserción con crecimiento en el mercado global; sin dejar de lado la particular historia del kirchnerismo, lubricada con una narración mitológica que encuentra su momento cumbre en la muerte del ex presidente Néstor Kirchner y en la convocatoria a la juventud a protagonizar un nuevo ciclo político.  
Esa legitimidad se ha mostrado, hasta el momento, intransferible. No aparece dirigentes “del modelo” con peso electoral propio por fuera de los gobernadores.  A este factor se le suma el hecho de que la Presidenta no parece en condiciones de reunir los dos tercios del total de los senadores y diputados para convocar a una reforma constitucional que habilite una reelección.
Toda alternativa política electoral, en el presente, es mediocre e indeseable. Los más optimistas sueñan con una “operación Dilma”, es decir, aquel movimiento virtuoso que permitió a Lula transferir su popularidad a una de sus ministras en sólo dos años.
Desde mi punto de vista, estamos ante un dilema de hierro. La legitimidad casi monárquica de la Presidenta bloquea la emergencia de candidaturas mínimamente atractivas, incluso en sus propias filas. Y, al mismo tiempo, la presidenta es la única candidata impedida de postular a la máxima magistratura.
II. Una idea, una generación.
Vengo argumentando que este cerrojo sólo puede abrirse acudiendo a la imaginación política de la única de las tres generaciones que actualmente piensa lo político (la del ’73, al del 2001, la que hace su ingreso en Vélez) que no ha producido una forma política propia. La generación del 2001 se ha disuelto o bien ha aceptado hacer de “puente”, de asistente brillante entre la generación del ’73 y la que nace al fragor de los tiempos actuales. Esa generación, la de 2001, es la única que sabe “pensar sin creer”. Es una generación más “filosófica” que propiamente “política” y tal vez por eso, es ella la que puede ofrecer la idea que falta: y esa idea, creo, es la de no acudir a esa mezcla de legalidad constitucional y representación política en la que encalla la construcción de la única legitimidad realmente densa en desarrollo.
III.  Las razones de un proceso en desarrollo
¿Cuál es el trasfondo de este proceso? He argumentado que hay cuatro episodios fundamentales:
1. En América Latina se está inventando un nuevo tipo de capitalismo. Este fenómeno se da en el marco del capitalismo BRIC (Brasil, Rusia, India, y China) del ex tercermundo.
2. La Presidenta argumentó en este sentido, hace menos de un año, en favor de un capitalismo “en serio” (de producción, de consumo, de elecciones) y en contra de un anarco-capitalismo (cínico-especulativo, con altos grados de desocupación y crisis de representación). Creo que la “juventud” es el interlocutor que la Presidenta ha encontrado para desarrollar estas ideas.
3. Verificamos un fenómeno especialmente importante, que abarca a buena parte de Sudamérica: la concentración de legitimidades que se concentra en los liderazgos presidenciales. Por razones aleatorias las generaciones políticas en juego están carecen de la imaginación política necesaria para enfrentar el problema de los límites a la reelección y corren serios riesgos de confundir esta legitimidad con una serie de ilusiones sobre la recuperación de la representación política y las instituciones republicanas; o bien con una aceleración del proceso de relevamiento que no se corresponde con la realidad.
4. Resulta imperioso que aparezca otra imaginación, correspondiente a otras experiencias. Creo que esta imaginación puede emerger con la consigna “suspender las elecciones del 2015”. Tenemos que iniciar una campaña descentralizada y total para impedir que se vote en el 2015. Si no nos apuramos lo lamentaremos. Este es el aporte que puede hacer nuestra generación. Aquellos que, sin ser una generación política, cuenta con un capital invalorable e intransferible del que los demás carecen. 

Sólo nosotros hemos alcanzado el hábito de pensar sin creer. Y dado que hemos sudado tanto para alcanzar estas cumbres, ya no será nada fácil desarmar estas adorables cabezas solo nuestras. Somos una generación más filosófica que política entre dos generaciones más políticas que filosóficas. Tal vez porque hemos tocado fondo. Hemos visto el mundo desde abajo. Somos eterno retorno, y no será fácil que la realidad deje de darnos, a su modo, la razón. Queda el hecho de que no tenemos potencia política propia. ¿Qué nos queda, entonces? Anunciar incendios. Llamar a no confiar en las instituciones, ni en los mesianismos, ni en las encuestas. Nuestro anarquismo requiere de corona. El anarquismo sin corona es puramente imaginario. Y nos revelamos sin medias tintas contra toda corona sin anarquía.

IV. La última semana
La última semana la cuestión de la re-re se planteó de lleno. Como era de prever, la omnipresente conciencia “progresistas” metió la cola de la peor manera. Cuando aún flota en el aire la alegría de la nacionalización de YPF, personas tan bien reputadas como el juez Eugenio Zaffaroni nos recuerdan que en nuestro país, después de Menem, la re-re es mala palabra.
Mientras tanto el gobernador Scioli ha confirmado su estrategia: si la Presidenta no va por la re-re, aspira a heredar al kirchnerismo. No importa que el kirchnerismo haya decidido que esto nunca sucederá.
Que estos posicionamientos se desarrollen con miras al armado de las listas legislativas del 2013 es cualquier cosa menos una casualidad. Y aún algo más relevante: que todo esto ocurra mientras vemos, día a día, la decadencia del sur de Europa (Grecia, España, Italia,), en contraste con la relativa buena salud de los Bric. Como nunca, la situación argentina se parece a la venezolana. Con una gran diferencia: ellos están más cerca de Cuba; nosotros de Brasil.
V. Hacer política con ideas
Vuelvo sobre las generaciones. Viejos y jóvenes no logran romper su idilio. Y los cuarentones que circulan por ahí trabajan en función de ese amor. Bien por las pasiones y las creencias, muchachos, pero precisamos ideas claras para lo que se viene. Y esas ideas no van a salir de los sesentones que sobrevivieron mal a la violenta historia de las últimas décadas, ni de su inexperta contraparte.
Mi soledad se siente acompaña. El texto de Oscar Monti, joven a pesar de peinar canas, me confirma. Somos portadores de una actualidad inactual, imprescindible para salir de esta verdadera encrucijada. A los kirchneristas de bien les digo: no duden. Esta hipótesis que planteo es la única que los beneficia.  A los izquierdistas que se mantienen al margen les recuerdo: nada sale de la nada. Sin sentido de la oportunidad solo les queda el más mezquino de los oportunismos.
Piensen: toda alternativa es abierta –y aviesamente peor.

Clinâmen: Movilizaciones antimineras en Perú


 

Conversamos con Antonio Zambrano, responsable del Área de Integración Solidaria de Forum Solidaridad Perú (FSP), sobre los emprendimientos mineros y la política extractivista en ese país. La retórica del desarrollo en los gobiernos, la defensa del buen vivir en los territorios.

Rastros de carmín es un libro que traza la historia de un atavismo

por Agustín Valle



¿Qué es un atavismo? Intentemos formalizar la intuición. Un atavismo es algo que recorre los tiempos, las generaciones, pero no se traspasa visiblemente, o literalmente; es algo que desde una conexión con elementos de su tiempo, uno encuentra en conexión íntima con disposiciones que se remontan hacia el fondo de la historia. Un atavismo es aquello que, cuando hacemos de algún punto de nuestro tiempo una puerta para salirnos por su espalda, por la espalda de la época, nos encontramos que estaba allí esperándonos. Algo que nace ahora pero es consustancial con una corriente subyacente en la historia, una fuga hacia lo eterno.

Por ejemplo. Recuerdo una novela de RL Stevenson, si mal no recuerdo Aventuras de David Balfour, que comenzaba con la muerte del padre del pibe protagonista, David. En el testamente, el padre lo anoticia de que tiene un tío, y que vaya en su busca. David sale, entonces, por primera vez, de su comarca. Se emociona como sólo se emociona un hombre que advierte que empieza a ser un hombre. Pasa colinas, bosques y prados; pasa pueblos y se acerca a la comarca donde, según le dejó dicho su padre, conocerá a su tío. En las cercanías comienza a preguntar, pero encuentra que, al decir su nombre, el nombre de su tío sanguíneo, las gentes contestan crispadas. Odio y rencor parece haber producido ese hombre, nada más. David sigue caminando, hasta que consigue que una matrona le indique cuál es la casa de “ese horrible hombre”, a un par de cientos de metros. Cuando la divisa a la distancia, se apesadumbra, porque parece claramente abandonada, derruida, sin una sola marca de cuidado o presencia humana. Está cayendo el sol y David está muy sólo y muy lejos de casa. Pero, de pronto, a la distancia, ve desde la chimenea de la casa asciende una delgada línea de humo. Humo: señal inequívoca de que, dentro, hay alguien. El signo visible de la manipulación del fuego evidencia vida humana, y devuelve el alma al cuerpo de David, que va, ahora sí, firme a tocar la puerta. Y ahí empieza la novela. Pero lo importante es otra cosa. Lo importante es que cuando nosotros nos juntamos, en la casa de uno u otro amigo, llevamos trozos de ternera, algunas verduras, queso si hay plata, vino para inundarnos del mismo humor, cuando nos agrupamos en ronda, circulan puchos varios, todo en torno a uno que agarra papel, lo dispone, agarra maderas, las dispone, agarra carbones o leña, y con las manos sucias, enciende una llamita que crece, crece iluminando la reunión, crece largando humo para arriba, por la chimenea, ahí, en esa sensación tan difícil de definir, pero sensiblemente palmaria, ahí en ese tiempo del asado que es la ética de la demora máxima, la suspensión de la utilidad rutinaria (salvados del motor eterno!), ahí entramos en lo atávico. Un material que ofrece nuestro tiempo es usado como puerta para salir de él. El asado no compite con el presente, nos sustrae por elevación.


Entonces. Lo atávico sirve para distinguir la composición de una práctica. Porque una misma práctica tiene disintos elementos que la componen. Fumar, por caso. Agrupar un montoncito de hierba, de una planta que sólo tras centurias mostró ser más apropiada que las otras para inhalar el humo de su combustión; sus hebras ya convenientemente secas, envolverlas en un recipiente que las unifique según la función que le daremos, hacer, nuevamente, fuego, escuchar como se estremecen las primeras en quemar, aspirar para meter ese humo que nos gusta en los pulmones, sentir esa leve enturbiación de los  sentidos, sentir cómo las cosas de pronto se sienten de otro modo, sentir el poder de la percepción, compartirlo con otro… Y ahí podemos, también, encontrarnos con una posibilidad del humano, y su naturaleza cultural, en contigüidad, ciega pero certera, con filas interminables de semejantes en la historia. Fumar es atávico; tiene algo atávico, puede tenerlo. Pero Philip Morris no es atávico. La marca, la propaganda, el logo, la identificación con un life style, son accesorios superfluos sobre el atavismo de fumar. Es más, obstruye la fuga de nuestro tiempo hacia la eternidad (acaso para salir por la espalda de la época haya que encarar sus elementos de frente?). Entonces, ahí una potencia de discriminación valorativa que nos ofrece la noción de atavismo.

Bueno: Rastros de Carmín escribe la historia de un atavismo: el atavismo de la negación radical, el rechazo de lo habido que por la fuerza de su afirmación (afirmación de rechazo) abre espacios de libertad, sin la exigencia de proponer una alternativa global de sociedad. Empieza por los Sex Pistols. Lo ve a Johnny Rotten cantando, o más bien aullando, puesto que las formas del arte humano no parecen corresponder con ese cuerpo descuarejingado que grita obscenidades y soy un anticristo; las formas del cuerpo humano, de hecho, no resultan fáciles de reconocer en ese desparpajo enojado y ofensivo para el que, está claro, todo es una mierda. Todo, salvo su propia convicción de que todo es una mierda.

Marcus empieza a buscar antecedentes, empieza a buscar la historia de lo que pasa en Rotten, que ni Rotten conocía; es, dice, un médium, a través del cual hablan voces que vienen desde mucho tiempo atrás: los dadaístas del Cabaret Voltaire (Zurich, 1916), los letristas y luego situacionistas franceses en los cincuenta y sesenta, y antes aún, la Hermandad del espíritu libre y otros movimientos de cristianos libertinos del medioevo, para quienes el pecado no podía existir, el único pecado era obstaculizar un deseo. Y fuera de occidente, el árabe lider de los hachichinis (o algo así), grupo islámico que fumaba hasch y aniquilaba cristianos cruzados que invadían sus tierras (de ahí el término asesino), cuando declaró: Nada es verdad; todo está permitido.

¡Mitopoiesis viejx!

Taller: Ni rastro del carmín (Sevilla)

Teoría de la evolución
 

Cada intento de transformar la realidad tiene sus mitos. Desde la
revolución ilustrada del siglo XVIII hasta las oleadas de protesta
global de finales del XX, desde el feminismo hasta el movimiento del
software libre, han necesitado de narraciones colectivas sobre las que
proyectar los deseos de la comunidad y que han dotado a ésta de un
lenguaje común con el que interpretar el mundo.
Narraciones colectivas, para nosotros: los mitos, esos que quitan el
miedo y dan seguridad. Los que mantienen la cohesión de los grupos
sociales y, éstos a su vez, se apoyan en ellos para producir nuevas
narraciones que los mantengan en vida…
La mitopoiesis, ¡esta es!, la creación colectiva de mitos, dinámica de
retroalimentación permanente entre la comunidad y sus narraciones.
Por lo tanto una comunidad incapaz de producir relatos sobre sí misma
y sobre el mundo es una comunidad condenada a desaparecer. Pero los
mitos, cuando son fuertes y demuestan su capacidad para elaborar una
cosmovisión y unir las voluntades en torno a ella, tienden tendencia a
cristalizarse. Entonces el mito se convierte en una forma
cuasi-religiosa de identidad colectiva, con sus héroes, sus rituales y
su particular gramática de clasificación de lo existente.
Hoy, la sobredosis de narraciones cristalizadas – el exceso de
Historia con la que nos observamos y observamos al otro- dibuja un
panorama complejo para la elaboración de mitologías vivas. Los relatos
circulan y mutan a gran velocidad, los archivos se expanden y
proliferan, la memoria se abarata y se desvincula de los cuerpos. Hay
toda una literatura, corrientes culturales del siglo XX, empeñadas en
la negación de las mitologías existentes, como las primeras
vanguardias, el situacionismo o el punk; impulsos de “destrucción
creativa” de la memoria social; búsqueda de la destrucción de todas
las mitologías, la negación de sus héroes, el desprecio por sus
mártires, la tabula rasa; para imaginar la posibilidad de una
experimentación que apueste radicalmente por lo desconocido. Que,
frente a las mitologías, oponga las mitopoiesis y frente al proclamado
Fin de la Historia, la liberación de las historias. Porque, colegas,
vamos, hablar de Historia es hablar de historias. Quiénes, cómo y por
qué las crean, quienes, cómo y por qué las ponen en circulación, cómo
y por qué se interpretan y sobreviven. Hacer Historia es por tanto,
apropiarse de la máquina mitológica para producir mitos.

Badiou: «En filosofía es importante tener un adversario»

En pleno apogeo del relativismo, persistió en el estudio del ser y la verdad; cuando se puso de moda el pensamiento light, continuó escribiendo tratados de seiscientas páginas. A los 75 años, Alain Badiou -que recientemente fue distinguido por las universidades de San Martín y Córdoba- afirma que el legado de Platón está más vivo que nunca y analiza lo que hoy se puede entender por política, a la luz de la actualidad europea y latinoamericana.
 
En los pasillos de la Universidad Nacional de San Martín se contaba, en estos días, que cuando le preguntaron a Alain Badiou si podría sostener la apretada agenda de actividades que lo aguardaba en Buenos Aires y Córdoba, el filósofo respondió: «No hay problemas. Soy una suerte de Mick Jagger de la filosofía». La comparación no es descabellada. No sólo por la vitalidad que a los 75 años es capaz de exhibir Badiou al disertar durante varias horas ante un auditorio colmado, para luego concentrarse en una entrevista o en una sesión fotográfica. Con el Stone comparte, además, el hecho de ser uno de los más grandes en su disciplina; alguien que ha compartido cartel con figuras de renombre durante buena parte del siglo XX habiéndolas sobrevivido. Badiou fue discípulo de Jean-Paul Sartre, de Louis Althusser, de Jacques Lacan. Rivalizó, entre muchos otros, con Jacques Derrida, con Richard Rorty y, especialmente, con Gilles Deleuze. Su conciencia del lugar que ocupa en la filosofía contemporánea se pondrá de manifiesto hacia el final de esta entrevista cuando, precisamente hablando de Deleuze, diga con una sonrisa plena de satisfacción: «Él fue el gran filósofo de la vida; yo soy el gran filósofo del concepto».
Badiou es un típico filósofo moderno. En sus textos todo está perfectamente ordenado, desde los cimientos hasta los pisos más elevados; todo se apoya en un fundamento sólido y cada paso responde a una rigurosa argumentación. Poco le importó que, durante las últimas décadas del siglo XX, cuando floreció el discurso posmoderno, lo tildaran de «anticuado». Él insistió hablando de temas como el ser, la verdad (la verdad universal, en la que no hay ningún lugar para el relativismo), el sujeto, la revolución, la razón. En pleno imperio del pensamiento light él continuó escribiendo tratados de seiscientas páginas. Cuando el nihilismo parecía ser el destino inevitable de la filosofía, él permaneció firme sosteniendo las banderas de Platón. Por eso ahora que el posmodernismo parece no haber sido más que una moda pasajera, no puede evitar sentirse como un triunfador.
Minutos antes de recibir el doctorado honoris causa por la Universidad Nacional de San Martín (Unsam) -distinción que unos días más tarde le otorgaría también la Universidad Nacional de Córdoba-, el filósofo francés repasó sus principales conceptos, analizó la situación política en Europa y América Latina y anticipó sus futuros trabajos.
-Acaban de tener lugar las elecciones en Francia. ¿El triunfo del socialismo puede dar lugar a un cambio significativo en la política francesa o europea?
-Pienso que la elección de François Hollande es más un resultado que una causa. La crisis europea pide una nueva orientación, y esta elección es simbólica de la nueva situación. Pero no espero, para nada, una transformación magnífica. Habrá ajustes en lo financiero, en lo monetario, puede ser que haya un relanzamiento del salario, un poco menos de favores a los grandes grupos económicos y los bancos. En realidad, creo que si se produce algún cambio en la política europea, no será principalmente a causa de la elección francesa. Será, en todo caso, porque la política que se llevó a cabo hasta ahora en Europa es una política peligrosa e ineficaz, como todo el mundo puede verlo. Incluso los alemanes están modificando su punto de vista. La idea de que hay que volver a lanzar el crecimiento es una idea que progresa en toda Europa. De todos modos, en lo personal estoy muy contento de que Nicolas Sarkozy se haya ido. Pero es una apreciación más psicológica que política. Ahora bien, que en segunda vuelta haya ganado la izquierda no debe hacernos pensar que en Francia hay una mayoría de izquierda. No la hay. Probablemente, si el candidato de derecha hubiera sido otro, habría ganado. Lo que decidió la elección fue gente como yo, que detesta a Sarkozy.
-En su obra hay dos pilares fundamentales: El ser y el acontecimiento (1988) y Lógicas de los mundos (2006). ¿Cómo podríamos sintetizar el trayecto que lleva de un libro a otro?
-En El ser y el acontecimiento me planteo la cuestión de saber cuál podría ser la diferencia ontológica, esencial, entre la verdad y las opiniones. Una vieja pregunta platónica. Lo que me interesa es la posibilidad de mostrar que no es necesario tener dos formas de ser diferentes, como dos mundos platónicos: el mundo de abajo, sensible, y el elevado, de las ideas. Se puede decir que el ser de una verdad, como el ser de cualquier cosa, tiene la forma de un múltiple.
-De ahí su tesis de que la disciplina que se ocupa del «ser en tanto que ser» no es, como creíamos desde Aristóteles, la filosofía, sino la matemática.
-Efectivamente. Quería mostrar que puede hacerse una doctrina de la verdad, una doctrina de valor universal, sin introducir un dualismo ontológico: ni sensible/inteligible, ni alma/cuerpo. Ésa era mi gran cuestión. En Lógicas de los mundos la cuestión es diferente. Lo que allí me interesa son las condiciones según las cuales una verdad aparece. Es, de alguna manera, una cuestión sobre la historia de las verdades, su devenir, más que un problema sobre el ser de la verdad. Son categorías diferentes. Podemos decir que en El ser y el acontecimiento, yo me preocupo por lo que es una verdad, mientras que en Lógicas de los mundos me preocupo por cómo aparece.
-Esto nos conduce a su concepción de la verdad. Usted sostiene que la verdad tiene dos caras: por un lado se trata de algo singular pero, al mismo tiempo, es algo universal. ¿Cómo pueden compatibilizarse estas dos características?
-Quizá pueda verse con claridad si tomamos como ejemplo un poema. Un poema puede conmover a la humanidad entera, aunque sea algo escrito en una sola lengua. El efecto es universal, pero su existencia, su materia, es particular. También podemos encontrar algo así en la política. Podemos verlo, por ejemplo, en la Revolución Francesa. Ciertamente tiene un valor universal: su lema «Libertad, Igualdad, Fraternidad» o la postulación de los Derechos del Hombre son, hasta el día de hoy, una referencia en todo el mundo. Pero, al mismo tiempo, se trata de una revolución totalmente particular, ligada a un momento de Francia de fines del siglo XVIII; los discursos de los revolucionarios están escritos en lengua francesa; además, los revolucionarios se refieren a la historia romana y griega… Es decir, el material histórico y cultural es totalmente particular. Y esto es lo que me interesa: ver de qué manera un valor universal puede aparecer en la historia aunque el material histórico sea singular.
-Usted sostiene que la verdad surge en las huellas de un acontecimiento. En los ejemplos que usted propone, ¿cómo puede reconocerse que un auténtico acontecimiento ha tenido lugar? Porque, en definitiva, de ello depende la universalidad de la verdad del poema o de la revolución política.
Un acontecimiento se reconoce en sus consecuencias. Cuando surge el acontecimiento hay una suerte de sorpresa; el sentimiento de que allí hay algo único. Si uno toma los testimonios de la Revolución Francesa, incluso los de los grandes filósofos, como Kant o Hegel, ve que están conmocionados por la Revolución Francesa. Pero todavía no están seguros de que se trate de algo universal, ni de que esto vaya a tener una influencia capital en el resto del mundo. En cambio hoy, si se toma a cualquier persona, nadie va a dudar de esto. ¿Qué pasó durante ese lapso de tiempo? Se universalizaron las consecuencias. Se puede decir que hoy hay una verdad de la Revolución Francesa, reconocida por todo el mundo, y que esa verdad tuvo su punto de origen en el acontecimiento. Fue construida a partir del acontecimiento, pero todavía hoy perdura. Aún hoy es un problema definir en qué consiste la universalidad de la Revolución Francesa. Es una verdad infinita. Podemos tomar otros ejemplos del ámbito de la ciencia o del arte.
Ya desde el El ser y el acontecimiento Badiou sostiene que hay cuatro instancias en las que la verdad se manifiesta: la política, la ciencia, el arte y el amor.
-De estas cuatro instancias la más dramática para un individuo es la del amor. Porque en los otros casos, el surgimiento de la verdad puede evaluarse desde una perspectiva histórica. Un político, un científico o un artista pueden morir sin saber que han producido un acontecimiento en sus disciplinas. Serán las consecuencias desplegadas en la historia las que esclarecerán esa situación. Pero en el caso del amor, el problema atañe a un individuo finito. Puede resultar desesperante no tener certezas acerca de si lo que se está viviendo es o no es un amor verdadero.
Si la verdad es infinita, es justamente porque no hay jamás una certeza absoluta del acontecimiento. Y el amor es el mejor ejemplo. Cuando yo digo que el amor es una verdad infinita, no estoy queriendo decir que dura un tiempo infinito. Ya de por sí por el simple hecho de que todos vamos a morir. Pero la vida humana es una suerte de infinitud; lo que se puede desear juntos, lo que se puede inventar juntos, lo que se puede hacer juntos, es una infinidad. Entonces, si el amor se sigue inventando, si se continúa siendo fiel a él, a sí mismo y al otro, entonces habrá una verdad. Una importante verdad acerca de lo que es la diferencia entre dos personas. Porque el amor es eso: la construcción aceptada de la diferencia de dos personas. Pero cuando uno de ellos no acepta las diferencias, inevitablemente se va a ir solo. Porque no hay que olvidar que en la actualidad hay una imagen errónea del amor, teñida por la idea de una especie de «mercancía de la existencia». No se promueve la idea de una aceptación de la diferencia. Se piensa al otro como una mercancía a la que, después de utilizarla, simplemente se la tira, se la arroja a la basura. Esto no es amor. Esto es, en todo caso, algo ligado al goce o al placer.
-En El ser y el acontecimiento usted insistía en la importancia de la fidelidad del sujeto al acontecimiento, para que éste pudiera producirse como tal; en Lógicas de los mundos la noción de sujeto aparece desplazada, en cierto modo, por la de cuerpo. ¿Esto es así?
-En El ser y el acontecimiento lo que me interesa es el ser del sujeto; se trata de una teoría abstracta del sujeto. Allí vemos cómo todo procedimiento de verdad construye un sujeto: habrá entonces un sujeto del amor, un sujeto político, etc. Pero allí no me detengo en las particularidades de ese sujeto. Si en la Lógicas de los mundos hablo de cuerpo es para afirmar que el sujeto está construido en un mundo; que él también es una parte singular del mundo. Hablo de cuerpo porque el mundo está hecho de cuerpos. No se trata, necesariamente, de un cuerpo biológico. Por ejemplo, en el caso de la Revolución Soviética de 1917 está claro que el cuerpo es el partido. El cuerpo está siempre ligado a circunstancias particulares.
-Es un cuerpo con órganos, a diferencia del «cuerpo sin órganos» del que hablaba Deleuze…
-Sí. Porque el «cuerpo sin órganos» de Deleuze está ligado a una teoría de la vida. Es la potencia de la vida inorgánica; la potencia creadora de la vida. Esa potencia no tiene órganos; es la potencia de la vida pura. Mientras que, en mi visión, se trata de un cuerpo particular y complejo. Entonces, tiene órganos y posibilidades de acción particulares y no existe antes de él una suerte de potencia pura, que naturalmente, es lo que para Deleuze es la potencia de la vida.
-En la política contemporánea, ¿cuál sería el cuerpo del sujeto político?
-Yo creo que estamos en una profunda crisis política. El cuerpo político siempre tomó dos o tres formas: por un lado, el poder del Estado, al que yo llamaría estructura; por otro, las organizaciones políticas, tomadas en un sentido muy vasto; y, finalmente, las acciones colectivas de masas. Una política siempre implica una relación muy complicada entre los tres. Hay políticas como la monarquía absoluta, que llevan todo el poder al Estado; políticas anarquistas, que llevan todo a la acción colectiva; políticas revolucionarias, de tipo leninista, que llevan todo a la organización. A fin de cuentas, creo que el balance del siglo XX muestra que ninguna de estas orientaciones puede liberarnos: ni el gobierno totalitario, ni el partido poderoso, ni tampoco la espontaneidad pura. Hay experiencias interesantes, pero estamos en la crisis de todo esto. La consecuencia es que tenemos una experiencia del cuerpo político pero sólo a nivel local. Tenemos algunos Estados menos malos que otros. También hay organizaciones políticas con proyectos interesantes. Y también hemos visto, por ejemplo, en la «primavera árabe», movimientos populares interesantes. Pero no hay una síntesis de todo esoLo que se puede decir es que si el siglo XXI produjera un nuevo cuerpo político, sería una síntesis de los tres, pero sin mezclarlos: un Estado controlado por la política, juzgado por el pueblo; una organización que no se confunda con el Estado, que no esté fascinada por el Estado y el poder, más inclinada hacia el pueblo que hacia el poder; y una capacidad de acción colectiva que mantenga el equilibrio en todo esto. Eso sería un cuerpo nuevo.
-¿Considera que hay, en este aspecto, diferencias entre las situaciones que atraviesan América Latina y Europa?
-Creo que la situación es ahora mejor en América Latina. Porque ustedes tienen una relación entre política y Estado más valiente, con más movimiento. No quiero decir con esto que sea una experiencia totalmente formidable. Pero indudablemente es más dinámica que en Europa. Tanto Evo Morales como Lula o Kirchner son fenómenos interesantes, aun con sus limitaciones. La América Latina de hoy es muy diferente de la de hace treinta años. En cambio la Europa de hoy está estancada, inmóvil.
-Cuando, en 1999, usted presentó El ser y el acontecimiento recuerdo que estaba indignado por la oleada de discursos sobre «el fin»: «fin de siglo», «fin de milenio», «fin de la historia» y, especialmente, «fin de la filosofía». ¿Cómo ve la filosofía ahora que hemos transitado más de una década del siglo XXI?
-Si usted me lo permite, me gustaría declararme victorioso. Porque la tesis del fin de la filosofía, según la cual la filosofía no era más que metafísica y que la metafísica había muerto ha caído prácticamente en el olvido. Esta tesis tenía dos orígenes. Por un lado, provenía de cierta filosofía alemana, heredera de Heidegger, o de cierta interpretación de Nietzsche. Y, por otro, de una tesis positivista, del lado de la filosofía analítica, del mundo anglosajón. Es decir, se daba una curiosa convergencia entre Heidegger y Wittgenstein, para hablar de los más grandes. Creo que ahora la situación se desplazó. La filosofía parece hoy muy viva. Les interesa a muchos jóvenes que son muy curiosos a la vez que muy ignorantes. Y esto habla de una suerte de recomienzo. Un poco confuso, pero igualmente vital. Y creo que hay una razón profunda para esto y es que el mundo está profundamente desorientado. Y la juventud tiene necesidad de una orientación. Un joven tiene hoy tres posibilidades: puede ser cínico y entrar en la lógica del sistema; también puede ser nihilista, y sostener que el mundo es malo pero que no hay posibilidades de cambiarlo, por lo cual lo mejor es entregarse al goce. Pero esas dos posibilidades poco a poco fueron cediendo terreno a una tercera, la de encontrar una orientación verdadera y significativa que no sea una simple integración al mundo tal cual es ni tampoco el abandono nihilista. No está del todo claro. Pero veo que son muchos los jóvenes que se interesan por esta tercera opción. Esto también tiene otro efecto importante. En los países en los que no hay una fuerte tradición filosófica, esta crisis está conduciendo a la religión, como búsqueda de una fuente de sentido. Esto es muy fuerte en los países árabes, pero también en Rusia.
-En el Segundo manifiesto por la filosofía, de 2009, usted no parecía tan optimista. Porque allí planteaba que se había superado el discurso del fin de la filosofía, pero que había surgido un nuevo peligro: su banalización. ¿Considera que este peligro ha sido dejado atrás?
-Sí, creo que es así. Yo me refería en ese entonces particularmente a un fenómeno que se daba en Francia, aquello de los «nuevos filósofos» (N. de la R.: nombre con el que se conoció en Francia al grupo compuesto por André Glucksmann, Bernard-Henri Lévy y Alain Finkielkraut, caracterizado por su permanente participación mediática y por su insistente crítica al pensamiento de izquierda). Pero fue algo totalmente efímero, que terminó agotándose. La gente se dio cuenta de que eso no era filosofía, sino ideología. En la filosofía tiene que haber argumentación, propuestas verdaderas, y allí no las había. Creo que luego de esa decepción se ha abierto paso a la creación de una nueva perspectiva.
-¿Con Lógicas de los mundos debemos dar por concluida la serie de tratados inaugurada con El ser y el acontecimiento, o podemos esperar un tercer volumen?
-Bueno, yo espero llegar a escribir el tercer tomo. Estoy trabajando en ello. Ya tengo el título: La inmanencia de la verdad.
-¿Cuáles son los problemas que afrontará allí?
-Quizás uno de los más importantes sea el de la forma de la filosofía. Creo que el problema más difícil hoy en la filosofía es el de la construcción conceptual, el de la lengua de la filosofía. Es un problema que ha sido abordado por muchos filósofos, como Jacques Derrida o Jean-Paul Sartre. Sartre escribió novelas y obras de teatro, Lucrecio escribió un gran poema, Spinoza escribió teoremas… Pero ¿cuál es la lengua de la filosofía? Hoy no hay un estilo dominante, como hubo en otras épocas. En particular, no es clara la frontera entre el tratado de filosofía, el ensayo filosófico, la intervención política, el comentario artístico, la relación con la ciencia, es muy móvil y muy difícil. Creo que en esta reinvención de la filosofía de la que le hablaba anteriormente la cuestión de saber cuál es la forma apropiada de la filosofía va a reaparecer de una manera nueva y exigente. Esto está relacionado con otro problema, que es el de la relación entre lo oral y lo escrito. Porque los filósofos son habladores, necesitan medir lo que dicen con el público; son como pequeños actores, en esta forma moderna del actor que es el profesor. Y entre esa oralidad y el texto escrito siempre hubo una relación complicada. Estéticamente estamos en el mundo de la performanceLa verdadera cuestión es saber cuál es la performance de la filosofía. Y en relación con esto, como todo el mundo, estoy buscando en todas direcciones.
-En su extensa trayectoria, usted ha tenido contacto con personalidades que han marcado la producción intelectual del siglo XX. Me gustaría, para cerrar esta entrevista, repasar algunos de esos nombres, y que usted pudiera decir, sintéticamente, que significaron en su propia producción. Louis Althusser.
-Mi contacto con Althusser me permitió ver que cierta versión del marxismo era compatible con la filosofía racional desarrollada. Althusser era sobre todo un maestro de filosofía. Me mostró que entre la filosofía y la política podía haber una compatibilidad profunda.
-Jean-Paul Sartre.
-Con Sartre aprendí la importancia del compromiso y de la libertad. Que en toda elección hay una decisión que compromete la vida entera.
-Jacques Lacan.
-Junto con Althusser me enseñó la importancia de las estructuras y del modo en que éstas condicionan a un sujeto. Hay condicionamiento, pero no fatalidad. Siempre hay lugar para la libertad, y el psicoanálisis tiene un papel muy importante en la liberación de un individuo.
-Jacques Derrida.
-Un adversario que en los últimos años de su vida se convirtió en un aliado, cuando tuvimos que enfrentarnos a los mismos enemigos.
-Jean-Luc Nancy.
-Lo que me gusta de él es que es una especie de heideggeriano honorable. Proviene de Heidegger, pero trata de no ser tan nihilista. Yo presiento en él una orientación religiosa no explícita, pero muy fuerte.
-Jacques Rancière.
-Sobre todo, un amigo. No sólo por cuestiones filosóficas.
-Me reservé un nombre para el final: Gilles Deleuze. Usted ha escrito un libro sobre Deleuze. El clamor del ser, en el que detalla su relación ambivalente con Deleuze. Por un lado, una gran proximidad en los temas que trabajan, como el acontecimiento, el sentido; también afinidad en los autores que frecuentan, como Spinoza. Incluso, cercanía en otras áreas de interés, como la matemática o el cine. Sin embargo, todos estos posibles puntos de encuentro no hicieron más que agigantar la distancia que los separaba. Aunque pueda considerarse que esa tensión fue inmensamente productiva.
Deleuze ha sido, indudablemente, mi adversario preferido.
-Lo dice con un tono de nostalgia. ¿Lo extraña?
-Sí, absolutamente… Porque en filosofía es importante tener un adversario. Rousseau fue el adversario preferido de Voltaire; Descartes fue el adversario preferido de Pascal… Las parejas filosóficas son muy importantes. De alguna manera fuimos como dos pretendientes amorosos rivales. Pretendientes de lo mismo. Incluso aunque no estábamos de acuerdo prácticamente sobre nada. Pero coincidíamos en un punto muy importante: que la filosofía existe. Nunca volví a tener un adversario filosófico como él. Mis adversarios actuales lo son más por cuestiones ideológicas que filosóficas, como Bernard-Henri Lévy y Alain Finkielkraut. Deleuze fue un gran filósofo. Fue el gran filósofo de la vida… así como yo soy el gran filósofo del concepto.

Notas desde Blockupy Frankfurt

por Sandro Mezzadra

1. This is what democracy looks like 
La cita, el jueves 17 de mayo, es en Paulsplatz, un lugar cargado de significados en la historia política alemana. Aquí (en la Paulskirche) se reunió después de la revolución de marzo la asamblea constituyente del 1848, que promulgó la primera Constitución alemana antes de ser abrumada por la reacción. Muchos de los manifestantes que se acercan en pequeños grupos a la plaza tienen en mente el texto de otra Constitución, aquella alemana-federal del 1949, y llevan carteles que recuerdan los artículos sobre los derechos fundamentales. Durante dos días, Frankfurt vive en un grotesco estado de excepción, con la suspensión consiguiente de los derechos fundamentales, en primer lugar el de demostrar y expresar libremente la disidencia, en teoría (y por razones obvias) fuertemente protegido en Alemania. 
La concentración en Paulsplatz también ha sido prohibida, convocada por una coalición de asociaciones para la defensa de los derechos fundamentales. Y cuando nos encontramos en las calles en un par de cientos, la policía cierra todos los accesos. Cada vez que alguien habla por un megáfono, los altavoces de la policía repiten que la manifestación está prohibida, asfixiando la voz de protesta con el poder de los decibeles.
Un par de horas después, mientras que en otras partes de la ciudad grupos de manifestantes están rodeados por la policía, muchos de ellos retenidos y alejados de Frankfurt, en la plaza central de la ciudad (el Römer) trescientas personas consiguen reunirse. Se monta alguna tienda de campaña, y de repente queda claro que la policía no lo va a tolerar. En un momento millares de agentes rodean la plaza, intervienen con decisión levantando del suelo a cada manifestante, llevándolo fuera de la plaza. Todavía son muchos los que siguen mostrando la Constitución a la policía, pero estos no parecen hacer caso. La situación es surrealista: un dispositivo masivo de policía, la adrenalina de los hombres y mujeres en uniforme, niños y ancianos arrastrados, alguien resulta herido. Todo eso para disolver una sentada pacífica. 

Estas son escenas que se repiten el viernes, pero la policía esta vez no consigue evitar que un grupo de manifestantes ocupe un pequeño espacio en frente a las vallas erigidas para proteger la sede del Banco Central Europeo. La presión de la policía sigue siendo sofocante, pero quien ha logrado llegar hasta aquí puede consolarse con la vista del distrito financiero de Frankfurt aparentemente paralizado. Comienza a circular un primer balance que será utilizado por el histórico periódico liberal «Frankfurter Rundschau», después de la manifestación del sábado: los banqueros han cerrado los bancos, la policía bloqueó la ciudad… 
Sentimientos contrastantes al final de los dos primeros días que pasé en Frankfurt: las cosas están así, la reacción de la prensa será decididamente positiva, no serán pocos en escribir en los principales periódicos que Blockupy Frankfurt ha ganado. Escenarios apocalípticos construidos por la policía para justificar el dispositivo de seguridad masiva (cinco millones de euros, una suma considerable, incluso en Alemania) se superponen con imágenes de mujeres ancianas arrastradas por agentes disfrazados de Robocop. Alguien bromeó sobre la indignación de la canciller Merkel por la violación de los derechos humanos en Ucrania… Por otro lado, la sensación es la de haber participado en una escena y, al mismo tiempo en un experimento. No podría ser una representación más eficaz, en el corazón financiero de Europa, de la brecha entre el capitalismo y la democracia, que es uno de los temas que subyacen a la crisis que estamos viviendo en esta parte del mundo. La crisis de legitimidad del capitalismo en la crisis económica se ha hecho evidente en Frankfurt en toda su violencia potencial, con una especie de anticipación experimental de lo que podría suceder si el célebre «modelo alemán» comienza a tambalearse. 
«Esta es su democracia «, coreaban los manifestantes en las calles de Frankfurt. Un lema con doble sentido: «su» democracia es el estado de asedio de la policía, «nuestra» democracia es la real, aquella de las acampadas y del movimiento Occupy,y es la que se alimenta de la resistencia y la lucha dentro y contra el crisis. No éramos muchos en Frankfurt el jueves y viernes: varios autobuses fueron detenidos en la entrada de la ciudad y enviados de vuelta, el clima de miedo creado en las últimas semanas ha tenido sin duda su «eficacia», y cada vez que uno se movía físicamente se sentía una especie de límite impuesto por la presencia de la policía. Pero la determinación e incluso la alegría de los que allí estaban fue una gran expresión de su conciencia de ser parte de un movimiento mucho más grande, que materialmente construye un horizonte de alternativa radical a la crisis. 
2. A-anti-anticapitalista
El sábado el día comienza pronto, con reuniones y preparación de la manifestación, la única manifestación autorizada entre todas las iniciativas programadas por la coalición Blockupy Frankfurt. Una vez llegados a la concentración está claro que será una gran manifestación. Desde la región de Frankfurt, desde toda Alemania, desde Europa llegan autobuses y trenes. Están las banderas de Attac y de Linke, algunos sindicatos (especialmente los de servicios, verd.di) ecologistas anti-nuclear, pero sobre todo jóvenes. La atmósfera es serena, alegre, pero hay también mucha preocupación: se dice que la policía hará cualquier cosa para provocar, hará de todo para obtener «imágenes» que justifiquen el estado de excepción de estos días, que de alguna manera borren las del jueves en Römer…
Es lo que se repite durante la manifestación. Cuando se junta el «bloque anticapitalista» la policía lo rodea, intenta romper en dos la manifestación. Pero esta vez no consiguen el intento: mientras, Attac y la Linke, que se encuentran atrás y en la cabecera del «bloque anticapitalista», rechazan cada intento de la policía de conseguir la separación de los manifestantes «pacíficos» de los «violentos». La manifestación recorre durante horas las calles de Frankfurt y llega compacta hasta la plaza donde está prevista su conclusión. Más de 25.000 manifestantes (números alemanes, no españoles, entonces reales) dan un sentido diferente a las acciones de los días anteriores, y sobre todo representan una óptima base para una apuesta política sobre el futuro del movimiento Blockupy en Alemania. 
«A-anti-anticapitalista» es el lema que se repite por toda la manifestación, al principio desde el bloque anticapitalista (numéricamente más consistente), después desde todas. Un lema quizás demasiado básico, pero que adquiere un significado preciso a la luz de lo sucedido durante las últimas semanas en Frankfurt y más en general dentro de la crisis europea: la «democracia real» de las acampadas y del movimiento Occupy se califica precisamente dentro de la lucha anti-capitalista. Hoy sí asistimos a una tendencial brecha entre capitalismo y democracia, y la reinvención de la democracia -lejos de ubicarse en las esferas de la «pura política»- tiene que pasar a través de la crítica radical del capitalismo. 
3. Solidarität
Desde que empezó a circular la propuesta de Blockupy Frankfurt estuve pensando sobre lo que era importante en aquella propuesta: la razón por la cual valía la pena estar era que la movilización fuese justo en Frankfurt. La reapertura de la iniciativa del movimiento en Alemania, me parecía (y me sigue pareciendo, obviamente) esencial desde el punto de vista de las luchas en Europa. La ruptura del consenso del que goza el «modelo alemán», el desarrollo de los conflictos y la iniciativa política surgida alrededor de las grietas, como la «reforma» del estado del bienestar puesta en marcha por el gobierno rojo-verde (la denominada Hartz IV), la politización de la precariedad hoy muy difusa sobre todo entre los jóvenes…todos ellos son pasos esenciales para la construcción y la consolidación de un espacio europeo de las luchas. Obviamente no se trata de negar que el impacto de la crisis en Alemania sea diferente que el resto de Europa. Al revés pienso que la reconstrucción de la geografía de la crisis, de la heterogeneidad y de sus propias modalidades de manifestarse y de sus efectos diferentes en diferentes contextos (tanto en Europa como a nivel global), es una de las tareas más urgentes. Pero esta «cartografía de la heterogeneidad» de los efectos de la crisis tiene que comprender su dinámica sistémica, de la interdependencia donde se despliega. Sobre todo en Europa. 
Desde este punto de vista, las jornadas de Frankfurt representan sin lugar a dudas, como escriben las compañeras y los compañeros de Interventionistische Linke (http://www.dazwischengehen.org/), «un inicio». La participación europea ha sido significativa, a pesar de la situación de emergencia en la que teníamos que movernos y de haber habido momentos importantes de discusión entre activistas de países diferentes. De todas formas no se puede obviar que en las semanas anteriores a los días de movilización la comunicación fue difícil, problemas continuos de «traducción», en el sentido literal (banalmente la mayoría de los documentos que circulaban antes y durante las jornadas de Blockupy Frankfurt estaban solo en alemán) pero también en el sentido más amplio, es decir, en la dificultad de traducir no solo lenguajes, luchas, culturas y prácticas distintas sino también profundas experiencias heterogéneas de la crisis. En cierto modo, podemos decir que con respecto al ciclo más reciente de lucha del movimiento global de inicio del siglo (su ser más «arraigada» en situaciones específicas),ésta ha tenido una recesión en Frankfurt respecto al trabajo en red y a la militancia a nivel «transnacional».. Éste me parece un punto donde empezar a trabajar ya, tanto por lo que se refiere a la construcción práctica de encuentros transnacionales para la discusión y la organización como al problema más general del «espacio» para la acción política. 
Desde este punto de vista, la retórica de la «solidaridad» («con el pueblo griego, el pueblo español, los italianos”…), mayoritaria tanto en la preparación como durante las jornadas en Frankfurt, es decididamente un problema. Por un lado se propone un lenguaje (aquello del internacionalismo proletario) hoy en día -lejos de poder ser reactivado en sus términos clásicos- por un lado indica el terreno donde es necesario trabajar la invención de los movimientos y de trabajo teórico y por el otro sufre, limitándose a la inversión mecánica en términos de «solidaridad», la representación de las relaciones de poder dentro de la Unión Europea. Y la idea de la dislocación que se necesita hoy en día, la invención de una nueva área común de las luchas y los movimientos, termina siendo eclipsada. 
4. Blockupy Europe 
Las jornadas de Frankfurt ponen en evidencia el problema de Europa, de una nueva dimensión europea de las luchas y acción de los movimientos. Dentro de esta dimensión, como hemos dicho muchas veces, se puede (y debe) experimentar una combinación del arraigo de las luchas en las áreas metropolitanas específicas, con la construcción de un espacio en el que estas mismas luchas puedan multiplicar su fuerza y empezar a construir un programa político alternativo. Soy consciente de que esto es sólo una declaración de los términos de un problema, no su solución. Pero esa es una declaración de la que se debe reivindicar en primer lugar su realismo político: es sólo a través de la capacidad de dislocación de las luchas dentro de una dimensión europea que podemos oponernos al crecimiento de las viejas y nuevas derechas en sus intentos de «ocupar» los espacios y las retóricas de la soberanía nacional; y es solo dentro de la dimensión europea que podemos apuntar a construir una relación de fuerza favorable con el capital financiero. En Frankfurt, también desde este punto de vista, hemos participado en un nuevo «inicio», hemos visto las potencialidades y dificultades. Ya en las próximas semanas, frente al abismo de los tiempos de la crisis en torno a la cuestión griega, no faltarán ocasiones de ponernos a prueba.

Desesperanza y Esperanza

Una carta dirigida a los participantes del Blockupy Frankfurt
 
por John Holloway

¡Gritemos un NO masivo!
A los mal adaptados del mundo, a todas y todos los que no nos conformamos con el ocaso de la humanidad: 
Ahora, más que nunca, el mundo mira en dos direcciones a la vez. 
Una cara mira hacia un mundo oscuro y deprimente. Un mundo de puertas que se cierran. Un cerrar de vidas, de posibilidades, de esperanzas. Estos son tiempos de austeridad. Tienes que aprender a vivir con la realidad. Tienes que obedecer si quieres sobrevivir, abandona tus sueños. No pienses que vas a poder vivir haciendo lo que te gusta. Vas a tener suerte si encuentras cualquier trabajo. Tal vez puedas estudiar, pero solamente si tus papás tienen dinero. Y, aun en ese caso, no creas que vas a poder estudiar con un enfoque crítico. La crítica ha huido de las universidades, y que mejor que sea así. ¿Qué sentido tiene criticar cuando todos sabemos que el mundo está fijo en su trayectoria? No existe ninguna alternativa, sólo la realidad del dominio del dinero, así que mejor olvida tus sueños. Obedece, trabaja duro en cualquier chambita que tengas la suerte de encontrar, o si no, te espera una vida buscando en los botes de basura, porque no habrá ningún Estado de bienestar para protegerte. Mira, mira lo que está pasando en Grecia y aprende! Este es el empobrecimiento que te espera, esto es lo que te pasará si no te subordinas, este es el castigo que se imparte en esta escuela de la vida a los niños que no se portan bien, que tienen expectativas altas, que quieren demasiado. 
La lección de la desesperanza la aprendió muy bien, demasiado bien Dimitris Christoulas, quien se disparó en la Plaza Sintagma en el centro de Atenas hace unas semanas. El farmacista jubilado de 77 años que había visto su pensión aniquilada por las medidas de austeridad impuestas por los gobiernos de Europa dijo “No puedo encontrar otra solución más que terminar mi vida antes de empezar a buscar en los botes de basura para mi comida”.

Este es el significado de la austeridad. Esto es lo que los gobiernos de Europa y del mundo están tratando de imponer a la gente – todos los gobiernos, todos sirvientes del dinero, ya sea que hablan desde posiciones de poder como el gobierno alemán, ya sea que son simplemente los funcionarios del sistema bancario internacional, como Papademos o Monti. Las medidas de austeridad no imponen solamente la pobreza, cortan las alas a la esperanza.
Esta es la dirección en la cual el mundo está caminando, pero ¿no hay algo más? ¿no hay manera de cambiar el rumbo del mundo? ¿no tiene otra cara este mundo, una que mira en otro sentido? 
La muerte de Dimitris Christoulas mira en dos direcciones: es una desesperanza y al mismo tiempo el rehusarse a aceptar la desesperanza. En su nota de suicidio escribe “Creo que los jóvenes sin futuro tomarán armas un día y colgarán a los traidores de este país cabeza abajo como los italianos colgaron a Mussolini en 1945. La esperanza brilla en la desesperanza profunda.
La base de esta esperanza es un sencillo No. No, no aceptaremos. No, no aceptaremos lo que ustedes nos están tratando de imponer. No, no aceptaremos su austeridad. No, no aceptaremos la disciplina del dinero, no aceptaremos el asesinato de la esperanza. No, no aceptaremos las desigualdades obscenas del mundo en el cual vivimos, no aceptaremos una sociedad que nos está arrojando hacia nuestra propia destrucción. Y no, no propondremos políticas alternativas. No queremos resolver sus problemas porque la única solución a los problemas del capital es nuestra derrota, el futuro del capitalismo es la muerte de la humanidad. Aún si el capital resuelve esta crisis, la próxima no va a estar muy lejos, y todavía más destructiva. No los vamos a obedecer, políticos-banqueros, porque ustedes son el pasado muerto, nosotros somos el futuro posible. El único futuro posible.
Esta es nuestra esperanza: nosotros somos el único futuro posible. Pero nuestro futuro posible es nada más una posibilidad. Su realización depende de nuestra capacidad de voltear al mundo. 
¿Cómo cambiar el rumbo del mundo? Dimitris Christoulas habla de los jóvenes que van a tomar armas y colgar a los políticos de las lámparas. Esta idea se vuelve cada día más atractiva, y los políticos del mundo saben que no es simplemente una fantasía: por eso los políticos en Grecia tienen miedo de salir a la calle, por eso están dando más y más armas y poderes a la policía en todo el mundo. Sin embargo, por atractiva que sea la idea, no es a través de las armas que podamos darle vuelta al mundo y crear algo nuevo. Nuestra rabia es de otro tipo.
Rabia y amor. Rehusar y crear. Esta es la única forma de darle vuelta al mundo. El amor va de la mano con la rabia, la creación brota de la negación. Nosotros somos la furia de un mundo nuevo que está empujando hacia adelante y rompiendo con la obscenidad apestosa del viejo. Nuestra furia no es la furia de las armas – la violencia es el arma de ellos, no la nuestra. Nuestra furia es la furia de la negación, de la creación frustrada, de la indignación. ¿Quiénes son esta gente, los políticos y los banqueros que piensan que nos pueden tratar como objetos, que piensan que pueden destruir el planeta, y sonreír mientras lo hacen? Son nada más que los sirvientes del dinero, los defensores viles y asesinos de un sistema agonizante. ¿Cómo se atreven a tratar de quitarnos la vida, cómo se atreven a tratarnos así? Nosotros rehusamos, nos negamos.
Gritamos un NO masivo que resuena en todos los rincones del mundo, pero nuestra negación significa poco si no está apoyado por una creación alternativa. Nuestro NO al mundo viejo no se puede mantener si no creamos un mundo nuevo aquí y ahora. La rabia de nuestra negación se desborda en una creación nueva. La democracia representativa ha fracasado y construimos una democracia real en nuestras plazas, nuestras asambleas, nuestras protestas. El capital es incapaz de proveer las necesidades básicas de la vida y entonces formamos redes de apoyo mutuo. El dinero destruye, y entonces decimos “No, vamos a crear otra lógica, otra forma de juntarnos”, y así proclamamos “ninguna casa sin luz” y organizamos la reconexión de la luz cada vez que se corte. Los recaudadores de deudas vienen a quitarnos nuestras casas y organizamos protestas masivas para pararlos. La gente tiene hambre y creamos jardines comunales. La búsqueda de la ganancia masacra a los humanos y los no humanos y entonces creamos nuevas relaciones, nuevas formas de hacer las cosas. El capital nos expulsa de las calles y de las plazas y nosotras y nosotros ocupamos.
Todo esto no es suficiente, todo es experimental, pero estos son los caminos a seguir, esta es la otra cara del mundo actual, esta es el mundo nuevo de reconocimiento mutuo que lucha por nacer. Tal vez no podemos cambiar el mundo entero para que sea como lo queremos, pero sí podemos crear este mundo nuevo y lo estamos creando aquí y aquí y aquí y ahora, estamos creando grietas en el sistema, y estas grietas van a crecer y extenderse y multiplicarse y juntarse. No vamos a aceptar el ocaso de la humanidad. Lo podemos parar, lo vamos a parar, vamos a cambiar el rumbo del mundo.

La Duda

por Dolores Curia


“De cómo arañar ocho mil caracteres y unos cuantos culos para hacer una tapa.” Así podría titularse la sensación que genera el último número de la revista Veintitrés. ¡Qué lejos quedaron los tiempos de aquella histórica tapa con agujero (para ilustrar los agujeros negros del presupuesto menemista)! La intención, esta vez, huele más bien a la urgencia de tapar un agujero.
Ahí está la evidencia: en el quiosco o en la red de redes. Dos planos americanos. Un frente con globos terráqueos en pico y la argentinidad bodypainteada. Y su reverso: una retaguardia con remera criolla y una colaless que enmarca unos glúteos pulidos. Ni un solo pozo. ¿Será photoshop? ¿Será que la euforia patriotera es capaz de rellenar las nalgas hasta dejarlas a punto bombucha? La nota de Veintitrés –llora la revista Barcelona, que apenas si podrá ahora superar este chiste– promete aquietar una intriga inmemorial: “Tetas o culo: el fin del debate nacional”. ¿Necesita más el lector o la lectora? Tal vez algo para entrarle al texto sin culpas, para quitarle el pecado de lo superfluo, lo sexista y el aburrimiento crónico. Pues bien, ¿para qué está la Academia si no es para echar luz sobre las discusiones que desvelan a la sociedad toda? Y la UBA sale al frente como único héroe (y cita de autoridad) en este lío: Locademia de Ciencias Duras al rescate. Si fuese otro dossier más de pechos y trastes suculentos, habría pasado inadvertido. Lo cómico (e irritante) del caso es que se quiere cubrir al “debate nacional” sobre estas zonas erógenas (excluyentemente femeninas) con cientificismo.
La investigación se basó en el estudio de la mirada de doscientos hombres que eligieron entre cuerpos no identificados. Sin eufemismos, ni metáforas enredadas. Quien busque capas de sentido a deconstruir bajo la lupa de los estudios de género, la tendrá demasiado al ras: todos esos culos anónimos se definen en función de la mirada de “184 heterosexuales confesos”.
El trío de científicos a cargo del experimento dice haber trabajado con imágenes de mujeres “lindas, o muy lindas, entre ocho y diez puntos”. Dan ganas de preguntar cuál fue el medidor. ¿Hablar de “calientómetro” suena a chiste fácil? Lo impreso sobre las páginas de Veintitrés supera cualquier chicana neologística. Unas líneas más abajo se expone, con tono de master class, que el semental argento se divide en dos razas: “culero” o “tetero”. Uno de los científicos explica la necesidad metodológica del ranking de chicas (8, 9, 10): “Estudiamos la preferencia entre buenas opciones, que no es lo mismo que descartar entre malas opciones”. Las chicas posan de espaldas, anticipando –para aquel que no quiera leer toda la nota– que hay un ganador que empieza con “C”. No tienen cara, sólo sus nalgas tostadas y firmes. Posan contra una baranda a la espera del sello que, quemándoles el cachete, las califique como aprobadas o sobresalientes.
¿Y por qué el debate es nacional? ¿Será porque en el imaginario algo del argentinismo remite a aquella iconografía del macho criollo que con una mano se desabrocha el primer botón del pantalón, con la otra sostiene el porrón y con la manga se seca la espuma de la trompa? Lo cierto es que en la nota aparece un dato, en boca de un cirujano plástico, que podría explicar por qué para Veintitrés este tema tiene los colores de la bandera: “En cirugías estéticas, la Argentina lidera el número de intervenciones en toda América”. Otra cifra: aunque ellos prefieren la retaguardia, en el quirófano, teta sigue matando culo.
Uno de los cerebros de estos hallazgos dice no escaparle a la discusión de si su investigación es machista o misógina. Y nada más. En referencia a que –según esta investigación– la parte de atrás se lleva la corona, declara: “Una conclusión podría ser que (al operarse más las lolas) las minas están gastando mal la guita. Tienen una razón fuerte: si un hombre les ve las tetas, ellas ven cómo se las mira”. No, no es una frase de Polémica en el bar pescada al ritmo del zapping: es Mariano Sigman, el director del laboratorio de Neurociencia Integrativa de la Facultad de Exactas, dejando un mensaje para la posteridad. Decir que acá para las féminas no hay voz ni voto es una redundancia al cuadrado. La mujer aquí es un poste; es que a ellos les gusta así, como ausente.

El porvenir de Europa se juega, en este momento, en Grecia



por Étienne Balibar, Michael Löwry, Eleni Varikas



La situación actual de Grecia no tiene precedentes desde el final de la ocupación alemana en 1944: reducción brutal de los salarios y de las pensiones; paro juvenil del 50%; empresas, pequeños comercios, periódicos, empresas editoras en quiebra; miles de mendigos y vagabundos por las calles; impuestos extravagantes y arbitrarios junto a más recortes en los salarios y las pensiones. Privatizaciones en serie, naufragio de los servicios públicos (sanidad, educación) y de la seguridad social. Los suicidios se multiplican. Se podría continuar la lista de desastres producidos por el Memorándum [de acuerdo con la UE para el rescate].

En cambio, a los banqueros, los fabricantes de armas y la Iglesia (el terrateniente más importante), no se les impone nada. Se ha decretado la reducción de todos los presupuestos sociales, pero no se toca el gigantesco presupuesto de ‘defensa’: se obliga a Grecia a continuar adquiriendo un material militar por valor de miles de millones de euros, exportado por los países europeos que son –pura coincidencia– quienes exigen el pago de la deuda: Alemania y Francia.

Grecia se ha convertido en un laboratorio para Europa. Se prueban en cobayas humanas métodos que serán inmediatamente después aplicados a Portugal, España, Irlanda, Italia, y así sucesivamente. Los responsables de este experimento, la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) y sus socios en los gobiernos griegos, no se inquietan, pues ¿quién ha visto alguna vez a conejillos de Indias o ratones de laboratorio protestar contra un experimento científico? ¡Milagro! ¡Las cobayas humanas se rebelan! A pesar de la represión feroz ejercida por una policía ampliamente infiltrada por neonazis reclutados en los últimos años, las huelgas generales, las ocupaciones de plazas, las manifestaciones y las protestas no se han detenido durante un año. E incluso –el colmo de la insolencia– los griegos acaban de votar contra la continuación de este ‘experimento’, reduciendo a la mitad los resultados electorales de los partidos en el gobierno (la derecha y el centro-izquierda que, en contra de su programa, ha firmado el Memorándum), multiplicando por cuatro el apoyo a Syriza (coalición de izquierda radical).
No hace falta pertenecer a la izquierda radical para ver que los remedios neoliberales de la Troika son catastróficos: Paul Krugman, premio Nóbel de economía, no deja de decirlo: ¿cómo se van a ‘sanear’ las finanzas de Grecia si se pone al país de rodillas, haciéndolo entrar en recesión, lo cual, evidentemente, no hace más que reducir los ingresos y desequilibrar el presupuesto? ¿A quién sirven los ‘generosos’ préstamos de Europa y el FMI? Para pagar la deuda a los bancos… se produce nuevo endeudamiento. Los ‘expertos’ de la Troika tienen el capitalismo por religión (Walter Benjamin, 1921): una religión cuyas divinidades –los mercados financieros que toman decisiones imprevisibles, arbitrarias e irracionales– exigen sacrificios (humanos).
Haciendo de la arbitrariedad, el secretismo y el miedo un verdadero modo de gobierno, tal política de sometimiento brutal de un pueblo no puede provocar sino reacciones de furia, aflicción, cólera. Una parte de esa cólera fue canalizada por una siniestra fuerza racista, antisemita y xenófoba, el grupo neonazi Alba Dorada. Pero los indignados, en su gran mayoría, han dado su apoyo, por vez primera desde 1958, a la izquierda radical. Esta izquierda es profundamente europea. No tiene intención de salir del euro, aunque rechaza categóricamente el Memorándum impuesto por la Troika y aceptado por los gobiernos griegos que se han sucedido en los últimos años: el Pasok,  la Nueva Democracia y el de ‘unidad nacional’ con la extrema derecha. La izquierda radical propone alternativas concretas, realistas e inmediatamente aplicables: una moratoria sobre la deuda, seguida de una auditoría internacional que verifique su legitimidad; poner los bancos bajo control social; la supresión de las medidas antisociales tomadas por los gobiernos firmantes del Memorándum. Apoyada por un amplio espectro de la izquierda democrática, movimientos sociales, indignados, trabajadores en lucha, redes de defensa de los inmigrantes, grupos feministas, queer, ecologistas… la izquierda radical se ha convertido en la segunda fuerza política del país. “Como no sabían que era imposible, lo han hecho”, diría Mark Twain.
Una segunda votación tendrá lugar en junio. Ciertos sondeos dan a la izquierda radical por primera fuerza política del país. Para nosotros, está claro que el porvenir de Europa se juega en Grecia. Los portavoces del capital financiero, José Manuel Barroso o Wolfgang Schäuble, lo han comprendido, de tal forma que amenazan a los griegos con todo tipo de represalias si osan no votar a los candidatos avalados por los bancos y el FMI. El nuevo gobierno francés, que se parapeta tras un silencio prudente, debería afirmar alto y fuerte que respetará las decisiones del pueblo griego, que rechazará toda propuesta de excluir a Grecia de Europa o de la zona euro.
Es urgente apoyar a la izquierda radical griega, y el impulso democrático, antifascista y unitario que la moviliza. Ella está, en este momento, en primera línea del combate por hacer salir a Grecia, y por añadidura a Europa, de la pesadilla de la austeridad neoliberal.

Voy a Coto cuando tiene descuento con débito

por Martín Sánchez
Yo tengo 33, trabajo en una multinacional y gano mucho mejor que la enorme mayoria del pais asumo, no hace mucho lei que el 50% de los asalariados en blanco ganaban 2 lucas (supongo que se puede decir que en realidad son 4 porque la mitad va en negro como mi mujer por ejemplo), asi que si asi es gano mucho mas que la mayoria. No me cuesta llegar a fin de mes, no puedo ni soñar con comprarme una casa, pero a fin de mes llego tranquilo. Tengo coche, usado, y duerme en la calle, tomo el San Martin, voy a Coto cuando tiene descuento con debito, nunca al cine si no hay 2×1, hace 6 meses casi no voy a cenar si no es con un Groupon, cargo nafta los domingos con el descuento (y doy vueltas hasta que encuentro una que tenga super y no solo premium), no compro ropa si no es los jueves con descuento, nunca fui de vacaciones afuera pero hoy podria si no me preocupara ahorrar un poco mas, pero mas alla de ese “gusto” me puedo dar los que quiera.


Trabajo en un ambiente absolutamente anti K, el perfil del 90% de las personas que trabajan conmigo (que son mas de mil) es zona norte y norte de la capital, al punto de tener varios compañeros que no conocen la avenida rivadavia, y una vez escuche un jefe, de unos 55 años, preguntando si la autopista por la que ibamos a un evento de la empresa era el “famoso” acceso oeste. Prácticamente todo el mundo vacaciona afuera de Argentina, la compra de dólares es el tema del momento en todo momento, el “esto va a ser como Cuba” y “esta es como Chávez” se repite hasta el cansancio, el tema de dejar las cosas en “manos del mercado” también, medio mundo acá fue a universidades privadas y es la muletilla típica, el estado no tiene que “intervenir” si no sos como Corea del Norte, y cuando chocó el tren escuche el lugar comun de “y para que lo van a arreglar si los negros rompen todo”. Siempre que escucho estas cosas me suenan a copy paste de ocasión y porque “es lo que hay que decir” pero así es una y otra vez. Tambien hay uno o dos kirchneristas, a los que todo el mundo llama “zurdos”, pero son la otra cara, si uno no vio 678 puede hablar con ellos al día siguiente y va a escuchar el mismo copy paste.

Tenía un buen trabajo en 2001, que perdí cuando la devaluacion afectó a la empresa donde trabajaba. De ahí en más todos mis trabajos estuvieron dados por empresas extranjeras que vinieron por el buen tipo de cambio, así que en ese sentido fue una de cal y una de arena, aunque estuve un año sin encontrar trabajo en 2002, pero es la historia de millones.
Dejar todo en manos del mercado no me parece bien, quiero educación, salud, seguridad y jubilación manejada por el estado. No quiero monopolios como Clarín, o de ningún rubro. Ojalá los supermercados tuvieran prohibido abrir domingos y feriados como en otros países, y ojalá limitaran las zonas donde se pueden poner, y que no haya Carrefour Express que liquiden a los almacenes que quedan y ojalá le sacaran el IVA a 50 productos de canasta básica. Si me hacen elegir forzosamente entre Estados Unidos y Cuba bueno, Estados Unidos, pero no creo sea así y prefiero el modelo de Europa del norte. Un camionero de reparto en la empresa de mi mujer gana 9 lucas, el doble que ella, que es universitaria y sabe tres idiomas, el tipo sólo maneja un camión, supongo que no es muy representativo de los esfuerzos de ambos, pero tambien pienso que un camionero debería poder tener la misma vida que cualquier otro, alguien tiene que manejar un camión, o un subte, o un tren, o juntar la basura, discutí varias veces cuando hay paros de subte aunque uno nunca sabe si paran por motivos razonables o por política pero bueno, un chofer de subte debería poder aspirar a la misma vida que yo creo. No me parece bien que eso sea solo porque el tiene un sindicato fuerte y mi mujer no, pero así son las cosas. El estado tiene que estar y ser fuerte y balancear o contrarrestar las asimetrías que el capitalismo genera por su propia naturaleza, y tiene que dar un piso para todos igual. Soy ateo, creo estar más o menos a favor del aborto, al menos en un país con la pobreza del nuestro, me pareció perfecto el matrimonio igualitario y cada cuál que crea lo que quiera sin que eso se convierta en políticas para todos. El que tiene más tiene que pagar más impuestos para balancear las cosas. Querría que un presidente no pueda ser senador y diputado despues de haber sido presidente, y períodos fijos y de no más de 8 años para cada cargo y listo, que pase el que sigue, y ojalá sin aportes privados a las campañas, y que Canal 7 estuviera para dar el mismo tiempo a cada candidato a presentar lo suyo, sea quien sea, y que cada medio estuviera obligado por ley a dar tiempo de aire también en época de elecciones.
Digo esto porque me considero “progre” pero no sé que es progre ya y que piensa cada uno de qué es eso. No voté a K, voté a Binner, y voté a Solanas, y no los voté convencido tampoco, pero no quería votar en blanco y era lo que más me gustaba. Creo que Kirchner hizo lo que hizo en 2003 para construir poder que no tenía, no por convicciones personales. Lo de la Corte fue bueno, pero realmente, fue lo que pedía medio mundo y K lo supo ver muy bien. No significa que fueron malos los cambios, pero tampoco los puedo ver como otra cosa que la movida justa en el momento justo con el motivo de construir poder, que no hubiera pasado de otra forma. Creo que usaron y abusaron del tema derechos humanos porque les convenía y les resultaba, igual que ahora con Malvinas, creo que son políticos maquiavelicos en ese sentido pero no veo convicciones ni un interés real de mejorar las vidas de todos, creo que lo que se dio se dio por derrame de la devaluación, por estar bien con los sindicatos, porque el contexto para Argentina fue más o menos bueno, y por qué juzgaron que con hacer 2 o 3 cosas que hace mucho se pedían y hacerlas simplemente a medias iba a ser suficiente para ser el “mejor gobierno en medio siglo”, y tal vez es así para muchos. En general pienso lo mismo de Perón: alguien que hizo en el momento justo lo mínimo y necesario para ser aclamado por muchos como lo mejor que había. Y la corrupción que hay, espero no ser honestista, es tan menemista como en los 90, sólo que se escucha día y noche en los medios kirchneristas de cómo ahora el gobierno repara de a poco los desastres de los 90. Boudu es el menemismo, no creo ser apolítico o gorila por decirlo: es-un-tipo-que-uso-su-posicion-para-darle-negocios-a-un-amigo-con-plata-del-estado, no es Clarín que miente ni Larrata. Es un corrupto que abuso de su posición y es escuda en ella y miente cada vez que habla. K apoyó cuanta medida de Menem hubo, y ahora pareciera que fue porque ese era momento de ser piolas y estar de parte del poder de turno pero que “de verdad no estaba de acuerdo”. Todo mal con Clarin despues del campo pero antes le aprobaron la fusión totalmente monopolica de las empresas de cable, todo mal con Macri que es símbolo de los 90 pero le dieron negocios al padre al mismo tiempo, todo mal con el monopolio pero el objetivo no es una prensa “libre”, es un monopolio propio, no soy apolítico, es que leo El Guardian y XXIII y veo 678 y que realidad puedo sacar de ahí? Saco la misma de Clarín pero del bando contrario pero que realidad no es. ¿El chofer dueño de medios es un invento de Larrata o de Clarín, los patrimonios de todos en el gobierno, etc.? ¿De verdad tengo que escuchar a Aníbal Fernández que me dice que si tengo todo en regla no deberia tener problemas para comprar dólares?
No es que no entiendo que “Moreno es un hombre necesario”, es que no creo que sea necesario, y ni hablar de deseable, en un gobierno. Me parece que la defensa del gobierno se termina reduciendo a “para pelear con los enemigos de Argentina hay que ser así” y en nombre de eso se acepta todo lo que no se aceptaria en otro gobierno, y el que no lo ve asi es boludo, inocente, gorila, honestista, y encima lleno de odio.
¿Esto me hace Marcos o Claudia, o un pitufo gruñón despolitizado, o un “honestista” o cerebro lavado (es un poco patético acusar a alguien de honestista creo)? ¿En el 54% no hubo mucha gente que voto unicamente porque estaba mejor también, pero no por convicción, porque ahora tiene un plan y no lo quiere perder, y no lo digo despectivamente? No creo ser antiperonista, la verdad es que no sé ni qué es ser peronista a esta altura para los que lo son. No pueden ser todos peronistas Menem, Kirchner, Duhalde, Barrionuevo, Ruckauf, Moyano, si son todos peronistas entonces ser peronista no significa mucho a esta altura. Scioli es un vacío total de convicciones, una persona que hace años habla sin decir absolutamente nada, De Narváez otro agujero que no dice nada salvo “más seguridad”, Macri es cotillón de está bueno BS AS y cambiar los carriles, Carrió es años de apocalipsis, los radicales no existen más y merecidamente tal vez pero es malo que no existan más al menos como alternativa, los demás, qué se yo, y todos quieren ser presidentes, y cuando lleguen van a querer estar 50 años como Kirchner ahora. Alguno dijo por ahí arriba que Argentina no tiene otra que el peronismo porque a cualquier otro se le ponen todos en contra y es bastante así.
No es ser apolítico o tener el cerebro lavado, es que no me gusta el gobierno y no le creo cuando dice que hace las cosas que hace y por qué las hace, y espero poder hacer esto sin ser Marcos clase media boba que quiero la TV en cuotas y que no me jodan. Creo que a mí, hoy por hoy, nada de lo que hace el gobierno me perjudica o beneficia críticamente en mi vida. Si suben el monto de ganancias ganare un poco mas, si no controlan la inflación el Havanna saldra 10 pesos a fin de año, qué se yo, le joden o mejoran la vida mas directamente a personas mas abajo o mas arriba que yo imagino, sobre todo más abajo. Otros gobiernos serán iguales o peores o capaz un poco mejores, pero no tengo esperanzas sean sustancialmente diferentes, tal vez no sean tan hipócritas y caraduras todo el tiempo, pero no sustancialmente diferentes. Y si las condiciones económicas se van al carajo y la empresa donde trabajo se va del país dudo que sea algo que este gobierno u otro esten en condiciones de evitar realmente.

Elefante Blanco

por Gonzalo Noriega


Un animal y un color. De la Pantera Rosa para atrás, la imaginación nunca ha necesitado de más sugerencias para volar. Elefantes mitológicos han traído de Oriente todo tipo de evocaciones y no hace tanto que la inmensa Elephant, de Gus van Sant, explotó en nuestros ojos.


Elefante Blanco.

Soñado, construido, abandonado, desaprovechado, okupado: el elefante villero estaba ya ahí, mitologizado, antes de que la cámara llegara. De inconcluso hospital más grande de Latinoamérica a “merendero” de Madres de Plaza de Mayo. La historia de un país en sus dobleces más inusitados.

La cámara llegó en las manos de Trapero, quien nuevamente nos sorprende con su cine comprometido con la realidad social (“cada problemática es un desafío a retratar”, dice uno de los más destacados referentes del neorrealismo latinoamericano del siglo XXI). Y Elefante Blanco movió el amperímetro de miradas-entradas en las pocas semanas que lleva en cartel. Cine social para Todos. ¿Algo más afín a la época?


Pero no es tan fácil: Buenos Aires trastoca todo. La ciudad (y, por extensión, la política) no acepta relatos artificiosos. Antes, bien, los produce ella misma. Así y todo, Elefante Blanco nos gustó, y mucho.

Se puede decir, claro, que es demasiado sofisticada para documental, pero que tampoco logra construirse sólidamente como relato de ficción. Alguno agregará que los personajes no producen empatía, que no enamoran, que carecen de espesor, que no expresan, si no,  estereotipos: el curita bueno, comprometido, pero enfermo; el curita lindo, bueno y valiente; la trabajadora social de clase media (linda y buena) que soporta con estoicismo  su trabajo con pobres (mientras se curte sin culpa al curita lindo, bueno y valiente); los villeros asesinos, chorros y drogones.

Todo es, ciertamente, bastante previsible.

Habrá quien sostenga la apelación a Mugica es más un recurso prêt-à-porter, incluso una estrategia de marketing, más que una necesidad intrínseca del relato. Y algún malaleche resaltará que la película exhala clasemedismo: hecha para que el gran público de clase media que, balde de pochoclo y gaseosa mediante, garpa los 40 mangos para ver cómo una clase media heroica redime a los pobres –incluso escuchamos que alguien tildaba la película de “safari antropológico”–. Una película que termina convalidando los prejuicios de clase (fundados en los susodichos estereotipos) cuando refuerza la imagen negativa y temerosa que la clase media se hace de ese subhumano paqueado que, en su imaginación (y en la de Trapero) es el joven villero. En concreto, los pobres no hablan en toda la película: el guión sólo indicaba una serie mascullante de “gato”, “bardiá”, “gato”, “lo pibe”, “gato”, “puto”, “gato” a lo largo de todo un plano secuencial.[1]

Habrá quienes digan muchas cosas horribles, seguramente, de Elefante Blanco, pero de ninguna manera nos haremos eco. Insistimos, a nosotros realmente nos gustó. Sobre todo, por su capacidad de proponer signos de época,[2] por su forma de reconstruir el diálogo entre producciones simbólicas (artísticas, culturales, culinarias) y sus condiciones materiales.[3] Signos de época: rasgos específicos de lo más actual de este proceso socio-vital. Condiciones materiales y simbólicas de sobrevivencia. Afecciones –incluso algunas que ni siquiera aún tienen nombre– que fundan presente. Estas condiciones organizan el sentido, lo estructuran.

Series de sentido, entonces.

La remisión a los ’70, por ejemplo. El setentismo –que es mucho más que los ’70 como mera referencia. La figura canonizada del Padre Mugica, síntesis de militancia social y su disposición religiosa a sacrificarse la vida. Los ’70 como escenario (en la película y en la “realidad”). Los ’70 como producción de mercado (en la película y en la “realidad”).

En ese orden de cosas, es evidente cierta inclinación hacia la reparación histórica, hacia evidenciar el problema de las villas (de la pobreza) y redimir a ese gigante blanco.[4] Reparación histórica que se produce cada vez que se amplía un derecho y se crea un puesto de trabajo.[5]

Pero, al mismo tiempo, un signo paradójico: no deja de ser harto superficial, inconsistente, falto de matices el modo en que tanto Elefante Blanco –una historia sencilla, con personajes planos y mensajes directos– como nuestro presente político se vinculan con el pasado que construyen.

Otro signo: el problema de las villas es el fantasma de las megalópolis actuales. Maquinarias-Territorio de ese Otro generador de pánico (del miedo por las dudas a la guerra preventiva de modos de vida). Osvaldo Bayer, Daniel Filmus y Beatriz Sarlo –con los matices a veces escasos que los diferencian– están convencidos de que el problema de las villas es el principal problema de la ciudad (la estética villera, el drama villero, la verdad villera, la cumbia villera son otros modos de elaborar el síntoma). Elefante Blanco no innova en este sentido.

Sin embargo, el signo que más virtuosamente articula nuestros tiempos con la película es el de la afirmación política que despolitiza, es la política como escenografía de la tragedia. Es la historia del peronismo todo y de sus derivas más desafortunadas. Son las vidas más allá del límite: el Padre Mugica/el Padre Néstor/el Padre Julián. Una opción trágico-escenográfica que no da lugar a la transformación social.[6] A lo sumo, se hablará de un proyecto sin mayor referencia que la oscilante construcción de unas viviendas. La sintonía fina como enigma contemporáneo. Porque en el fondo, dice película, las opciones individuales son siempre fallidas, las organizaciones colectivas son delictivas y las instituciones están corruptas.

Y allí donde no hay posibilidades ni para el más pragmático, re-emerge la representación como opción válida. Una representación que, vuelta fábula, sustituye y empobrece a esa masa indiferenciada, a ese objeto sin voz que deviene público, festejante, elenco. Los pobres-mudos-zombis-sustituidos de Elefante Blanco, en su previsibilidad, en su naturaleza semiótica, no son más que la materialidad misma que compone nuestro presente.


[1] Imposible evitar a la mención, a contraluz, de Estación Zombi, esa tan provocadora como maravillosa fábula en la que los pibes pobres devienen zombis sedientos de sangre humana.

[2] Desde la primera imagen, Elefante Blanco parece un homenaje al film La Misión, de Roland Joffé (1986), con Robert de Niro, en la que se relata la historia de un sacerdote jesuita, misionero, en torno a las cataratas de Iguazú. Los protagonistas siempre están “llegando”, o bien se encuentran ya demasiado “cansados”. Siempre están “persistiendo”, o bien apunto de “desistir”.  No son de allí. Son buenos y se les nota el esfuerzo. Pero a diferencia de La Misión, donde el conflicto político entre la corona lusitana y española conduce a la guerra, en Elefante blanco el conflicto político está ausente, o bien (demasiado) implícito.

[3] No es otra cosa lo que proponen, en el plano culinario, esa josha de la literatura afterpop que es Se cocina Bolivia en Buenos Aires, de la Editorial Retazos. ww.editoriaretazos.blogspot.com // editrialretazos@gmail.com // Flores // Buenos Aires // Argentina //.

[4] Y por extensión, a toda Ciudad Oculta –nombre que le debe al muro que levantó la última dictadura militar, para ocultarla, en las postrimerías del Mundial ’78).

[5] En la butaca de al lado una septuagenaria le decía a otra que el recurso, insistente, de la lluvia es la contracara perfecta de la fiesta del consumo.

[6]La tarea que desempeñan los curas diseñados por Trapero es la de una reducción de los daños: siempre están exhortando a los diversos actores del conflicto (los villeros, los narcos, la policía, los sindicalistas, el obispo, el poder político) a que concilien, a que bajen la intensidad del enfrentamiento; en muchas escenas, del principio al fin, se los ve luchar denodadamente para evitar el estallido de violencia. La fría decisión de los guionistas es que los personajes fracasen en el momento decisivo. El pesimismo garpa. También se ve a los curas rezando y llorando compungidos por su impotencia ante la injusticia del mundo. Curiosamente, no se los ve predicando el Evangelio. De hacerlo, los personajes deberían haber optado entre una interpretación conciliadora y otra liberadora de la palabra de Cristo: ese dilema se le planteó a Mujica, a quien el film homenajea, pero los guionistas no se lo permiten a sus criaturas”, dice acá Oscar Cuervo.

Toni Negri: «No se puede hacer la revolución sin armas»


El 19 de noviembre 2011, durante la creación de las dos obras de teatro El hombre que ríe y Renzo el guerrillero de Barbara Nicolier en el Teatro Gérard Philippe, Antonio Negri acordaba con Le loup lâche!, nuestra filial parisina, esta genial e iluminadora entrevista.

Corrupción y represión son los temas principales de El hombre que ríe. Un alto cargo de la administración, intenta hacer un compromiso político histórico. Es secuestrado y condenado a muerte. Juventud y violencia son los dos temas de Renzo el guerrillero, donde Renzo completa su adolescencia en el caos de la Segunda Guerra Mundial. El primer beso, el primer disparo. Junto a su aprendizaje humano, una República se construye. En la segunda parte de la entrevista (sobre Renzo el guerrillero, 5’57), Antonio Negri habla del uso necesario de las armas según Maquiavelo y de los movimientos pacifistas como las acampadas y el 15 de mayo:

«No se puede hacer la revolución sin armas. Lo dice Maquiavelo, no yo. Para conquistar el poder hace falta dinero y armas, dinero y armas. El dinero puede ser también el heroísmo, la unión de hermanos en la lucha… y las armas, no sé, pueden ser incluso la no violencia, pero hay que saber utilizar la fuerza. Nadie te da el poder. No quiero insistir en la lucha armada porque es algo que quizás está superado en la forma en la que la hemos vivido, como herencia de la revolución rusa, de la resistencia antifascista… quizás eso ha acabado, esta práctica, pero está claro que la resistencia de los pobres contra la opresión de los ricos sigue siendo un punto fundamental.
Creo que hoy quizás la resistencia no armada, no violenta, puede ganar. Lo espero. Por ejemplo el movimiento de los acampados, es algo nuevo, no sólo desde el punto de vista de la movilidad, de la capacidad de intervenir de ese movimiento twitter… también desde el punto de vista de ser sólido, de estar juntos en la construcción de una línea estudiada de manera conjunta, de no ser representados. Yo no sé qué va a pasar en España después de las elecciones en las que es muy probable que gane la derecha, ¿qué va a hacer la derecha al movimiento de los indignados? ¿qué va a pasar? en el fondo en España como en otros países ese problema de la resistencia es un problema que está a la orden del día«.
( Los videos están subtitulado en español: clickear en el botón «CC»)


Muerte y Facebook (II)

LuciFer (Lucia Fernández)



El Facebook devino ese pedacito de media que cada uno puede administrar -hasta un cierto punto- eligiendo públicos (“amigos”) y contenidos. Podemos construir el propio relato de vida, una auto-biografía dinámica y presente hecha del recorte y selección de imágenes, videos, citas, noticias, frases propias y pequeños momentos cotidianos. Los “amigos” interactúan con nuestras publicaciones megusteando, comentando y compartiendo. Cuantas más de estas participaciones amigas tengan nuestras publicaciones mayor pareciera ser nuestro sentimiento de éxito social o, al menos, de efectividad comunicacional. La discusión sobre si Facebook es parte de la vida real o de la vida virtual caducó hace rato, porque ya parece innegable que la red social devino una experiencia de vida total capaz de aglutinar gran parte de nuestra vida comunicativa.



¿Pero qué pasa cuando la bio finiquita y la cuenta de Facebook nos sobrevive?


Hace unos meses, el colega (y amigo de amigos) Miguel Molina y Vedia publicaba un artículo en Página12 bajo el título “Cadáveres en Facebook”, donde hacía referencia a la forma en que la morbosa circulación de imágenes agónicas no podía ser eludida en esta red social. Unas semanas antes de esa publicación, le comentaba a una amiga (en común) que la muerte en Facebook estaba siendo procesada de una manera extraña, inédita. Se ve que el tema anda revoloteando en las observaciones. Pero el morbo (bien o mal políticamente intencionado) no agota los efectos de la muerte y su presencia en la red social. Pensar, observar, mirar la muerte es parte de la vida misma, séase filósofo, camionero, abogado, ama de casa o niño. Si ahora un pedazo de experiencia de vida tiene lugar en esta red social, lo mismo debe ocupar su lugar la muerte.


Tal vez no hayamos reparado en ésta extraña secuencia hasta el momento en que tenemos entre nuestros “amigos” al primer caído. En este caso, la primera vez que reparé en esto fue particularmente extraña: luego de algunos meses sin contacto vía chat con un romance de verano ecuatoriano, entré en su muro para ver qué era de su existencia. Al entrar en su perfil, aparecieron un sinfín de saludos conmemorativos, te-extrañare-mos, que-en-paces-descanses, y RIPs que daban cuenta de su repentino fallecimiento.


Era muy joven, por lo que la pregunta “¿qué le pasó?” era ciertamente recurrente. Sin embargo, la respuesta había que buscarla entre la infinidad de posteos ya que sólo una persona se había animado a contar que él se había muerto ahogado en el río amazónico que transitaba todos los días en su trabajo como guía; que había estado desaparecido durante tres días; y que finalmente su cuerpo había sido hallado en alguna orilla donde el río había decidido abandonarlo. Su muro se había convertido en un funeral virtual, global y diacrónico, donde incluso no ahorraron su presencia las novias que rastreaban a las falsas-viudas del fallecido.


Recién dos años después su perfil fue dado de baja, vaya uno a saber de qué forma. ¿Cómo podríamos saber sobre las razones de las sucesivas entradas y visitas post-mortem a su perfil? ¿Era morbo? ¿Era memoria? ¿Era miedo a la muerte contingente e intento de apaciguarlo mediante su comprensión? La sensación era extraña (y sigo con lo extraño como aquello que aún no consolida su forma, su identidad). No sentía tristeza, estaba demasiado distraída con el modo en que me había enterado, con los posteos, con querer saber qué había pasado. Tal vez fuera por el débil vínculo y la ausencia de cualquier expectativa que continuidad de aquella historia. Pero sea lo que haya sido, el extrañamiento era la sensación total. ¿Cómo se procesa una muerte vía Facebook?


Este estado de extrañamiento total me llevó a buscar y mirar otros casos de muerte en Facebook. ¿Morbo? Si fuera el morbo lo que catalizaba esta búsqueda, sería mucho, muchísimo morbo, porque los dispositivos mortuorios sobre los que se montan conmemorativamente las imágenes, los mensajes, los posteos, los comentarios, todo es un hecho inédito en la historia. Extraño, todo muy extraño. Fueran anónimos amigos de amigos o figuras públicas como músicos y actores, la escena mural era la misma: efecto tumba virtual.


La empresa-red-social ya cuenta con un artículo específico dentro de sus políticas para el manejo de estos casos:


Cuentas in memoriam. Si se nos notifica que un usuario ha fallecido, podemos convertir su cuenta en una cuenta in memoriam. En tales casos, restringimos el acceso al perfil a los amigos confirmados y permitimos a éstos y a los familiares que escriban en el muro del usuario en recuerdo suyo. Podemos cerrar una cuenta si recibimos una solicitud formal de un pariente del usuario u otra solicitud legal pertinente para hacerlo.


De hecho, también se puede encontrar en la web un curioso comentario sobre la creación de esta política memorial:


¿Qué pasa cuando un usuario de una red social muere en la vida real? ¿Cómo homenajean en el ciberespacio a esa persona sus seres queridos? Estas preguntas se las han hecho en Facebook, sobre todo Max Kelly, un trabajador de la empresa que lleva allí cuatro años y hace poco perdió a un amigo en un accidente. Por supuesto, el perfil de esa persona no se va a actualizar más y lo peor de todo es que se mantiene igual, con lo cual si alguien quiere relacionarse con él puede acabar pensando que no le hace caso o no quiere contactar con él. (http://www.genbeta.com/redes-sociales/facebook-in-memoriam)


En el Blog de Facebook se puede leer la crónica de la creación de esta política corporativa desde la voz del empleado que inspiró esta política a partir de su propia experiencia de pérdida-de-amigo-con-Facebook.


Al parecer, cuando se parte de este mundo –y se tiene cuenta de Facebook-, el muro comienza a ser habitado por los otros, aquellos que hasta el último suspiro eran público (pasivo o activo). Las familias y los amigos dudan sobre qué hacer, ya que el perfil deviene la tumba que todos pueden visitar en un solo click. Queda el espacio para que los otros sigan construyendo nuestra historia pública hasta el día en que alguien dé el aviso al proveedor de que el protagonista de esa historia ha muerto y exija el cierre de la cuenta –por el hartazgo del dolor rumiado una y otra vez, o por evidencia terrorífica del morbo-.


Lo efímero del espacio mural para el recuerdo virtual contrasta con la inmortalidad del mármol que hace de los cementerios un espacio –más imaginaria que realmente- eterno. Nos recuerda dolorosa, inevitable y trágicamente que no somos más que un poco de dust in the wind, y que en un futuro irremediable seguiremos volando en el aire de los dispositivos de encuentro presentes y concurridos al día de nuestra muerte.

Elefantiásico

Ignacio Izaguirre se vio el El elefante blanco

Monito, el protagonista que el film esquiva (ni Darín, ni el frencho, ni la jermu)

En Leonera una mujer de clase media entra en un mundo marginal. Al principio es un mundo imposible donde solo cabe la violencia y el sufrimiento. Durante la película ese ambiente se transforma en un lugar donde algunas personas pasan cada hora de cada día. Donde la cotidianeidad es posible. No deja de ser terrible, deja de ser solamente terrible.

En una escena de Elefante blanco el personaje de Jérémie Renier (el cura coproducido) se mete en lo profundo de la villa, avanza donde nadie se animó, a través de dealers, asesinos y laboratorios clandestinos. Lo único que logra sacar de esa ambiciosa empresa es un pibe muerto en una carretilla. Trapero hace algo parecido. Mete una gran producción en un lugar inaccesible, se instala durante semanas con técnicos, actores y equipos, atraviesa riesgos y contratiempos. Lo único que saca es algo de horror para impresionar señoras, un noticiero bien filmado.


Los protagonistas de Elefante blanco son, como en Leonera, personas de clase media o alta. Pero esta vez no incorporan nada del ambiente. Sus conflictos son una aburrida y predecible historia de amor, y la invariable lucha interna por seguir adelante en un lugar donde nada vale la pena. Esta última frase es la premisa fundamental del film: en la villa todo está perdido, es un pozo donde solo se puede encontrar miseria, droga y muerte. Y como adentro todo está perdido, la única historia que merece ser contada es la de los que vienen de afuera. Son los únicos que tienen dudas sobre lo que hacen o no hacen, los que un día no quieren ir a laburar, los que se enamoran o se enferman. Los villeros, en cambio, son una masa de penurias sin contrastes. Su único acto de voluntad es tirarle piedras a la policía, no tienen pequeñas debilidades ni pequeños deseos personales. Sus padecimientos se limitan a lo extraordinario.


La película amenaza alguna vez con algo distinto. La reunión con la asistente social donde se introduce al Monito (Federico Barga) amaga con algo de intimidad, de particularidad. Él es el protagonista que el film esquiva, el que podría unir la tierra y las alturas. Termina, como toda la villa, siendo decorado y excusa para la acción de los únicos con derecho a protagonizar.

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