Anarquía Coronada

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Anonymus: la ironía es algo serio

por Anonymus 

El movimiento global de usuarios de Internet denominado Anonymus logró una victoria política decisiva en la estratégica batalla por el control de la web y utilizando su arma más poderosa: el ridículo. Todas las operaciones coordinadas por este grupo -que deja siempre en claro que no tiene líder ni referentes- está motivada por la defensa de “la libertad de conocimiento” y dirigida hacia quienes pretenden limitarla. Sus objetivos, por lo tanto, son empresas, gobiernos e instituciones que bogan por imponer restricciones. Pero lo más interesantes es cómo han logrado demostrar qué rol juegan los medios en este juego: cada noticia publicada sobre Anonymus en la prensa comercial o es mentira o es un papelón. Aquí, Clarín es la prueba más contundente.
El anuncio trucho
Hace unos días Clarín publicó en su edición impresa el siguiente título:“Anonymus amenaza con destruir Facebook”. Refería así a una supuesta operación que coordinaba “la organización de hackers más importante”. Un día después tuvo que publicar una desmentida, aunque solo lo hizo en su página web y tras conocerse el comunicado que emitió Anonymus donde negaba ser “organizadora” de tal operación y afirmaba que “luchan por los usuarios, no contra ellos”. Quizá la cantidad de visitas que cosechó el video obligó al diario a reconocer su error.
Lo que no tiene cabeza no se puede descabezar
Un mes antes, Clarín había publicado la noticia de la detención de “la cúpula” de Anonymus, especulando -como la mayoría de los diarios del mundo-, que así se había logrado “descabezar” a la organización que todos ya saben que no tiene cabeza. Los miembros de Anonymus detenidos en el mundo fueron muchos y en varios países: España (2) , Italia (3) y Turquía (32), además de los 6 arrestados por el FBI en Estados Unidos. El caso de Turquía deja en claro qué hay detrás de estas detenciones, ya que las operaciones de Anonymus en ese país fueron en apoyo a las movilizaciones en contra del gobierno que, entre otras medidas, restringió el acceso a Internet para reprimir las críticas políticas. Ahora mismo, en Chile, Anonymus es la pata cibernética de la protesta estudiantil y dejó fuera de servicio los 7 portales estatales del área de educación. La operación puede seguirse a través de las redes sociales, en Twitter con el Hashtag, a través de #opmaleducados.
Aun cuando las connotaciones políticas de este movimiento son ineludibles, no hace falta escribir largas notas para que queden claramente expuestas. Por ejemplo, son desopilantes las fotos publicadas en los diarios de la policía posando frente a los resultados obtenidos tras las redadas: las máscaras del personaje de la película V de Vendetta, ícono de este movimiento.
Operación Taringa
Cuando los medios comerciales proclamaban que los Anonymus habían recibido su merecido escarmiento, se organizaron diferentes operaciones que dejaron fuera de servicio las páginas oficiales de la policía de España, el gobierno turco y hasta la del propio FBI. No hay registro de que esa noticia fuera publicada por Clarín. Tampoco publicó nada sobre la exitosa demostración que Anonymus realizó en Argentina, llamada Operación Taringa, con la que dejó en claro su rechazo a criminalizar a los usuarios que comparten libremente información a través de la web. El portal Taringa fue acusado penalmente, condenado por la justicia argentina y está a la espera de una apelación cuya resolución fijará las reglas del juego en Internet de aquí en más. Desde todo punto de vista, se trata de un caso testigo.
La Operación Taringa se realizó el 22 de mayo contra la página de la Editorial De la Flor, una de las editoriales que demandó al portal Taringa por supuesta violación del Derecho de Autor. Fue anunciada con un comunicado de Anonymus, que ocupó la web de De la Flor durante el tiempo que los usuarios creyeron necesario, y que comenzaba diciendo:
“El sistema judicial argentino, por medio del juicio a Taringa!, está poniendo en riesgo los derechos de sus ciudadanos en Internet. Anonymous no defenderá a Taringa! sino que luchará por la implicación que tendrá su fallo en el futuro de la Internet en Argentina. Estimadas editoriales: la Industria debe adaptarse a los tiempos modernos. El cambio de paradigma se está acercando en forma inexorable y ustedes no podrán sostener el status quo por mucho más tiempo. Evolucionen adaptándose o extínganse.
No toleraremos la violación al derecho inalienable de acceso a la información
No toleraremos la violación al derecho inalienable a la libre expresión
No toleraremos la violación al derecho a compartir lo que han adquirido legítimamente.
Somos Anonymous.
Somos legión.
No perdonamos.
No olvidamos.
Espérennos”.

Información
Anonymus se definen como una organización sin líderes ni jerarquías, aunque aclaran que nadie puede atribuirse ser portavoz de Anonymous porque todos lo son. Luchan contra las leyes que limitan la circulación de ideas y, en especial, contra las que criminalizan con la palabra piratería el libre intercambio cultural. Sus métodos son simples y efectivos:
1.      Acuerdan un blanco en Internet
2.      Fijan un día y hora para ingresar
3.      Si son los suficientes, la página no resiste la demanda excesiva y colapsa
4.      Sostienen el asedio durante el tiempo suficiente como para que quede claro el mensaje: nosotros somos más.
En los últimos meses la comunidad de anónimos global estuvo muy activa porque activos también estuvieron los parlamentos de Inglaterra y España para establecer leyes de patentes que pretendían sancionar con duras penas a quienes calificaban de delincuentes informáticos: personas que buscan acceder a las producciones culturales sin pagar los abusivos precios de mercado. Los proyectos legislativos proponían cerrar páginas web y cortar conexiones de Internet a los usuarios que identificaran como piratas. En setiembre pasado los anónimos hicieron colapsar el portal del Ministerio de Cultura español, el del Parlamento inglés y el de los principales partidos que promovían la norma.
La detención de Julián Assange, creador de Wikileaks agitó a la comunidad, que se organizó para sancionar a todos aquellos portales que cedían a las presiones del poder corporativo. La acción que más se hizo sentir fue la que organizaron para atacar los portales centrales de Pay Pal, Visa y Mastecard, porque se negaron a recibir y transferir aportes para pagar la caución que permitía la liberación de Assange. “Anonymous está apoyando a WikiLeaks  no porque estemos de acuerdo o en desacuerdo con la información que está siendo revelada, sino porque estamos en desacuerdo con cualquier censura en Internet. Si dejamos caer a WikiLeaks sin dar pelea, entonces los gobiernos van a pensar que pueden derribar cualquier sitio con el que no estén de acuerdo”, afirmó un miembro del grupo identificado con el nic “Coldblood” al diario inglés The Guardian
La lista de víctimas de los anónimos es ya una declaración de principios: la Asociación de Productores Cinematográficos y la de Productos Discográficos de Estados Unidos, la Federación que protege los derechos de autor en Australia, el estudio de los abogados ingleses que promovió acciones contra usuarios que bajaban música y películas de Internet, el banco suizo Post Finance, el sitio oficial del gobierno de Túnez y el de Egipto, entre otras movidas.
“No tenemos página web ni ningún foro específico donde nos reunimos. Nosotros simplemente nos comunicamos” asegura uno de los anónimos entrevistados por el sitio Pandalabs, especialista en temas de informática. Una frase similar repiten los entrevistados por el diario español El País. ¿Cómo es posible que tanta gente pueda accionar en común sin tener una identidad definida ni siquiera por compartir un mismo espacio virtual? Muy simple, responden: “todos estamos enojados”. Y cuando dicen todos se refieren a todos. Por lo tanto, es muy sencillo encontrarse en cualquier esquina de Internet con usuarios dispuestos a transformar ese enojo en venganza. “Estamos en la era de la sociedad de la información y nos tratan como delincuentes. Las corporaciones son los nuevos bárbaros y la sociedad es la que se organiza para defender la civilización. No tenemos más remedio que la acción directa si ellos quieren tratarnos como delincuentes”.
La película V de vengaza, de los hermanos Wachowski, les otorgó lo que necesitaban para pasar del espacio público virtual al real: una máscara. Ataviados con trajes negros y la careta blanca que popularizó la película se presentaron, por ejemplo, a mediados de febrero en la puerta del teatro donde se entregaban los Premios Goya a actores y directores del cine español. Eran más de 200 que exigían la renuncia de la ministra de Cultura y tiraron huevos a todas las estrellas que desfilaban por la alfombra roja, como expresión de su repudio a la llamada Ley Sinde, que restringe la libre circulación de películas y músicas, entre otras cosas. Esa noche, la tevé española tuvo que hacer magia para borrar las voces de protesta que desde la calle se colaban adentro del teatro donde se hacía la transmisión en vivo. Aún así, la llamada “Operación Goya” fue la noticia más difundida en la web.

Más que como organización, Anonymous prefiere definirse como una des-organización. Los une el espanto y por eso cada causa convoca a diferentes personas según el grado de rabia que la acción propuesta le permita expresar. No son expertos en informática, sino simple usuarios que utilizan herramientas muy sencillas. La cantidad es lo que los transforma en una guerrilla cibernética. “Lo que estamos poniendo a prueba en nuestra capacidad de resistir la censura del poder” asegura en un chat uno de los anónimos. Sus datos: “tengo 65 años. Mi nieto es quien me avisa de cada operación”.

Algunos comentarios a la entrevista de Immanuel Walerstein: ¿Se puede comprender el caos?

Desde hace muchos años vengo discutiendo con Immanuel (1) y un grupo de compañeros sobre esta situación que preveíamos, basados no solamente en los ciclos largos de Kondratiev.  Con todo, tenemos que tener claro algunos puntos que aún resultan polémicos, incluso dentro de nuestro grupo de estudiosos del sistema mundial.  Es necesario destacar dos cosas.
Primero, no estamos en una fase desfavorable del ciclo largo, estamos en medio de un periodo de crecimiento. Esto explica que a pesar de las dimensiones colosales de la crisis de la especulación financiera internacional, continúa habiendo crecimiento de la economía mundial.  Este ciclo positivo deberá agotarse en aproximadamente 10 años cuando deberemos sustituir el actual patrón tecnológico mundial por un nuevo paradigma cuya introducción exigirá una destrucción masiva de gran parte de la estructura económica mundial y de las varias estructuras nacionales.  En ese momento, la crisis actual parecerá un chiste y la idea de caos que maneja Immanuel se aproximará bastante de la realidad de este nuevo periodo.
Segundo, la desproporcionada intervención fiscal del gobierno estadunidense para salvar el sistema financiero actual es similar a la intervención del Japón en el comienzo de la década de 1990 para salvar los absolutamente inútiles bancos japoneses.  Ella es peor aún porque los Estados Unidos, además de transferir recursos colosales al sistema financiero casi tan inútil como el japonés, tiene gastos insostenibles como las guerras sucesivas y como las «prevenciones» de guerras megalómanas con las que pretenden someter todo el planeta a su dominio.
Luego, los Estados Unidos no pueden más situarse como la gran «locomotora de la economía mundial», como viene ocurriendo ya en los últimos 10 años.  Deberá tener un crecimiento mediocre junto con Europa.  A pesar de que ésta podría tener una mejor situación si asumiera su destino euro-asiático y abriera sus economías, sociedades y cultura a una audaz aproximación a Rusia, China e India.  Y a la vez apoyara el sur de la Europa para conectarse fuertemente con Turquía, con todo el Oriente Medio, África y América Latina.  ¡Abajo el Atlantismo que destruye a Europa!
En cuanto a China, no tiene otro camino que usar sus dólares e incluso sus títulos de la deuda estadounidense para adquirir empresas en toda la economía occidental, utilizando los fondos soberanos que ya tiene y los nuevos que piensa crear.  Su destino es convertirse en la principal fuerza económica (y financiera) del capitalismo mundial.
Valga la capacidad de la teoría económica no ortodoxa para comprender estas realidades y actuar sobre ellas. Feliz o infelizmente el capitalismo de estado de China y el de gran parte del llamado Tercer Mundo deberán dirigir la economía mundial a partir de un periodo muy corto.  Estamos en plena transición a esta nueva fase.
Luchemos para que ese capitalismo de Estado esté sometido a fuerzas democráticas (es decir, las mayorías sociales y no las «élites» antidemocráticas occidentales, a pesar de sus discursos liberales).
Luchemos para encontrar regímenes políticos que permitan este diálogo constante entre los Estados y los pueblos. Las formas de representación electoral usadas en el Occidente están en plena degradación con un descontento de masas colosal, pues los grandes movimientos de masa del momento no son las rebeliones árabes y sí la ocupación de las calles europeas por las grandes protestas populares.
No extrañen el hecho de que las noticias monitoreadas por la gran prensa internacional no les dejen visualizar esta imagen.  Hay toda una nueva agenda a desarrollar en esta nueva situación histórica.  América Latina está haciendo un esfuerzo muy positivo en esta dirección.  Ella incluye una drástica reforma de los medios de comunicación y una mayor comunicación Sur/Sur.  Tenemos que pensar con energía, audacia y creatividad. Inmanuel Wallerstein es uno de los pocos que está en esta trinchera.

Entrevista a Immanuel Wallerstein

«Se vienen años de incertidumbre y caos mundial»

El destacado académico de las ciencias sociales, Immanuel Wallerstein, es uno de los más connotados exponentes del pensamiento crítico contemporáneo. Durante su reciente visita a Ecuador, ALAI conversó con él sobre la actual crisis de deuda que golpea duramente a Estados Unidos y sus consecuencias para los países emergentes y América Latina. El investigador principal de la Universidad de Yale considera que el dólar ha entrado en un proceso grave e irreversible de pérdida de valor como moneda de reserva mundial, subrayando que era “el último poder serio que mantenía Estados Unidos”.
Wallerstein piensa que las diferentes medidas de emergencia que se están implementando en su país simplemente están retrasando la bancarrota mundial. “Los daños son hechos concretos, la situación de los Estados Unidos es grave y no es recuperable”, recalca.
Estima que el desenlace ocurrirá dentro de dos o tres años, con resultados caóticos para el sistema mundial porque “no habrá una moneda de reserva internacional” y tampoco existen condiciones para que otra moneda pueda ocupar ese rol. Entonces con el fin del dólar como reserva mundial “van a existir cinco, seis o siete monedas importantes, una situación caótica porque habrá fluctuaciones enormes continuas”.
“Ni los gobiernos ni las firmas transnacionales, ni los mega-bancos, ni los individuos sabrán qué hacer. Una incertidumbre enorme paralizará el mundo, especialmente a los inversionistas”, advierte el académico estadounidense.
Mientras esto ocurre en un nivel macro de la economía estadounidense, paralelamente también en un plano más local se vienen produciendo serios problemas económicos. “Comunidades urbanas pequeñas están entrando a la bancarrota y por ejemplo no pueden pagar las jubilaciones”, indica el científico social.
El investigador considera que en su país la clase media es la más afectada porque de un día a otro las familias pierden posición y los trabajadores que perdieron su empleo no pueden hallar otro puesto, especialmente las personas entre 40 y 60 años, llegando incluso a perder sus casas. Es una situación que actualmente no tiene solución y no se observa posibilidad de encontrar una válvula de escape.
Además, Wallerstein señala que “la situación en Estados Unidos va a empeorar porque se va a eliminar la posibilidad que el gobierno sostenga gastos necesarios en este momento, creándose una situación peor que la actual. La fantasía del Tea Party está llevando a Estados Unidos y por consecuencia a todo el mundo en dirección de un crac”.
Teniendo en cuenta estas consideraciones el pronóstico del teórico estadounidense para los próximos años es bastante pesimista. “Yo veo guerras civiles en múltiples países del norte, sobre todo en Estados Unidos donde la situación es mucho peor que en Europa occidental, aunque allá también hay posibilidades de guerra porque hay un límite hasta el cual la gente ordinaria acepta la degradación de sus posibilidades”.
China y países emergentes
Ante la crisis de Estados Unidos y Europa los países emergentes por el momento parecen vivir bien, sin embargo, desde el punto de vista de Wallerstein, esconden una falsa realidad porque todos estamos en una misma canasta.
Teniendo en cuenta que China es el principal tenedor de bonos estadounidenses, ese país afronta una disyuntiva muy delicada. Wallerstein considera que si por un lado “deja de comprar bonos de Estados Unidos va a perder la oportunidad de colocar productos chinos en ese mercado, un problema muy serio para la China. Al mismo tiempo, cuando el dólar pierda su posición relativa a las otras monedas sus bonos no van a valer mucho”.
Entonces, China se está arriesgando a perder enormemente tanto si se retira o si continúa en el mercado de bonos estadounidenses. Frente a esta situación considera que “lo más probable es que la China se vaya retirando poco a poco”. Justamente el problema está en determinar cuándo es el momento perfecto para detener las inversiones, lo cual es imposible de señalar porque si lo supiéramos seríamos todos ricos, agrega el investigador.
Además de este serio problema que afronta China, explica que el país asiático atraviesa por una situación muy frágil desde el punto de vista de su economía interna, “porque los bancos chinos están en la misma situación que los bancos estadounidenses hace dos o tres años”. Asimismo, la inflación limita posibilidades a China y a otros países emergentes como, por ejemplo, a Brasil.
En este contexto considera que los países emergentes, y en el caso de Suramérica la Unasur, deberán hallar los mecanismos de un “proteccionismo a corto plazo a fin de minimizar los daños que serán para todo el mundo. No habrá países que escaparán de los daños pero serán más grandes para unos que para otros”.
Preguntado sobre la construcción de una nueva arquitectura financiera regional, con iniciativas como el Banco del Sur o de una moneda regional como el Sucre, el académico valoró positivamente esas posibilidades para los pueblos de América del Sur. “La creación eventual de una moneda verdadera común será un elemento de fuerza económica en esta situación”. En ese sentido citó como ejemplo que a pesar de las dificultades en Europa con el euro, la decisión de salvaguardar la moneda común “va a permitirles una posición política importante”.
Finalmente, como un mensaje para América Latina invitó a continuar con la reflexión sobre la necesidad de garantizar alimentos suficientes para su pueblo, agua para su pueblo, energía para su pueblo, como cuestiones mínimas y esenciales que deben hacer todos los gobiernos del Sur.

Represión gendarme en los barrios del conurbano

Por el colectivo Juguetes Perdidos
Compartimos algunos párrafos, a modo de crónica, y también de apuntes para seguir pensando y activando en torno a la criminalización, a qué pasa en las calles, en la noche, en los espacios que transitamos… La secuencia sobre la que gira el texto, sucedió hace poco en un barrio del sur del conurbano: aquí el relato de esos pibes y algunas puntas para seguir dándole vueltas al asunto…


Calles barriales nocturnas, bandas de pibes y pibas las recorren a pasos circenses, moviéndose entre risas ebrias. Pero la noche como destino festivo es clausurada y es utilizada otra vez como terreno impune, se vuelve escenario predilecto para el patrullaje… para ponerse la gorra. 
El típico andar clandestino de los bigotes azules es acompañado con una razia llevada a cabo por los bigotes de verde que hacen relucir sus dientes. Cualquier pibe que pase por ahí entra dentro de lo peligroso… Todos, cara al suelo. (Después seguían los palazos a las rodillas para que nos caigamos). 
Convivencia amiga entre los azules y los verdes… los verdes llaman a los azules para que se lleven a los mayores (todavía no cuentan con sus calabozos aunque ya se los están construyendo), luego continúan la función con los menores, y siguen los palazos y culatazos, violencia al cuerpo, y después viene el descanso: nos sacaron las gorritas y nos las cortaron a tijeretazos. Por último llegó el adiestramiento: después que nos revisaban en el suelo, nos sacaban la gorra y las zapatillas. La gorra la hacían mierda y con las zapatillas nos empezaban a descansar… “devuélvanles las zapatillas a sus dueños” nos decían… Después nos decían que teníamos cinco segundos para ponernos las zapatillas y rajar… contaban hasta dos… y ya nos volvían a cagar a palazos para que caigamos
Se caen a pedazos esas imágenes que tenían los pibes, cuando se enteraron de que los gendarmes entraban al barrio… Esa imagen del buen hombre que “viene de afuera”, y que no está envuelto en los negocios del barrio; se empaña en la convivencia amistosa con la policía. Los gendarmes vienen a potenciar el patrullaje (el marcaje de zonas peligrosas-liberadas, de caras peligrosas, gorras peligrosas) acompañado de un racismo de manual, made in Policías en Acción. Por eso su “cacheo a mano” está relacionado al estereotipo de pibe chorro, por eso se metieron con las gorras y con las yantas chorras… Su ecuación es simple: gorra, unas yantas, pantalón deportivo = chorro = peligroso.

¿Qué diferencia hay entre el policía que vive en el barrio, que participa activamente del proceso de criminalización, con el gendarme, que maneja la estigmatización de manual? Mientras los cobanis agarran a un pibe con apodo y apellido al cual los vecinos depositaron sus miedos, el gendarme viene a potenciar el patrullaje como mecanismo de construcción de peligrosidad, un patrullaje basado crudamente en imágenes y estereotipos. No es que los ratis no reproduzcan ese manual de intervención en base a estereotipos, pero con los gendarmes, al “venir de afuera”, ese manual parece ser el único que funciona. Y el acople de intervenciones entre las dos fuerzas y sus mecanismos entonces funciona. Con diferencias en el nivel de intervención, el acoplamiento es funcional. 
Si recordamos el “Mapa de la Inseguridad”, donde se denunciaban hechos “delictivos” en un mapa virtual, podíamos encontrar una regulación específica de los territorios según la peligrosidad. La entrada de los gendarmes a los barrios se parece más a una efectivización de estos deseos de control que a una política para evitar el abuso policial. ¿Realmente creemos que cambiando la institución que nos controle cambiaremos los abusos y las zonas grises de gobernabilidad? 
Este acoplamiento responde a que las dinámicas y los deseos de los barrios no se transformaron. La dinámica de “ponerse la gorra” sigue conviviendo en muchos de los barrios donde funciona el patrullaje: como forma de marcar zonas peligrosas y rajársela… dejando la gorra disponible para ser usada. En medio de estas dinámicas aparece la criminalización como un modo en que nos relacionamos en un escenario de excepción, donde se dan zonas grises de gobernabilidad… claro que esto no es casualidad… la excepción es una forma de gobernar la precariedad por parte del poder. Por eso la criminalización termina siendo una forma en la que tenemos de leer nuestra precariedad en clave de inseguridad. ¿Podemos agrietar este proceso que hace que leamos la precariedad que nos afecta, directamente desde el par inseguridad-criminalización? 
No se puede dejar de pensar en una de las inquietudes que pudo posibilitar esta política: que en cada una de esas zonas grises de gobernabilidad, de narcos, de armas, de autos incendiados… en cada bala, caen vidas que rápidamente quedan tras el velo de la indiferencia (vidas de guachines, de tranzas o de policías giles). Y desde ese lugar no podemos quedarnos esperando hasta que se hagan efectivos los discursos que justifican y ven toda solución en la distribución de la riqueza desde arriba… tenemos que pensarnos en la precariedad y en cómo se arman las fronteras de la criminalización, como podemos componer modos de cuidarnos sin caer necesariamente en ponernos la gorra, rescatando nuestros modos que tenemos de contenernos en la fragilidad…

Algo que envidiarle a los muertos

por Juan Pablo Fernandez


Todos tienen algo que envidiarle a los muertos
Ellos nunca sienten frío, ellos nunca hacen lío
Ni se bañan, ni se peinan y no tienen que votar
Todos tienen algo que envidiarle a los muertos
Parecido a estar dormido: no se tapan, ni oyen ruidos,
Y no sueñan pesadillas y no hay que madrugar
Todos tienen algo que envidiarle a los muertos
No trabajan, no se cansan, no les duele más la panza
No se olvidan, ni lastiman, y no tienen que ordenar
Todos tienen algo que envidiarle a los muertos
No hacen colas, ni se apuran y la plata no la usan
Como no hablan, nunca mienten, ni se van a equivocar.

Esta canción se titula, en realidad, «Los muertos» y es del disco «Mugre», de Acorazado Potemkin, 2011. 
Todo el audio (en mp3 y wav) y gráfica del disco puesta a disposición por la propia banda en su página aqui: http://acorazadopotemkin.com.ar/mugre.php

El Estado Posnacional

(prólogo al libro homónimo)
por Sebastián Scolnik y Diego Sztulwark
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Hacía falta (al menos) un texto laico (y no periodístico) sobre esta década política argentina. La mistificación que surge de la guerra entre adherentes y oponentes se completa con el tratamiento mediático de todo acontecimiento. Contrarrestar esta dinámica implica y supone, como gesto mayor, hacer una justicia al 2001 como algo que fue, que hemos pensado, y que sigue siendo de un modo que tenemos que seguir pensando.
El valor de este libro radica en la decisión de leer la última década de política argentina a partir de tres desplazamientos necesarios. Una atrevida comprensión del kirchnerismo por fuera de toda reducción al binarismo ambiente. Una exigencia de resituar el discurso de los protagonistas centrales de este tiempo a la luz de las nuevas condiciones, es decir, del 2001. Y un reposicionamiento: el del historiador como sistema de percepciones a la altura de una diferencia que agrieta el presente sin que nos sea siempre fácil aprehenderla.
I.
La filosofía de la diferencia ha encontrado en Nietzsche un razonamiento decisivo: la existencia de una diferencia de naturaleza entre un orden conservador afincado en la representación –según el cual se da el curso de los hechos–, y un desorden genial que sólo coincide con un momento de la historia sin confundirse con ella. No se trata sólo de separar lo ordinario de lo extraordinario, o de repetir una vez más aquello que ya vienen diciendo las doctrinas de laexcepción respecto de la relación paradojal entre vigencia y suspensión de la ley, sino de apuntar claro al principio constituyente en la política.
En el corazón de esta distinción encontramos a las formas medias (la historia como oposición entre las formas pre-constituidas) y a las formas extremas (creadoras de nuevos valores). Entrenarnos en esta diferencia puede permitir captar los momentos en que estas formas medias monopolizan el discurso de los valores estirándose hasta el infinito y cuando, por el contrario, las formas extremas suspenden ese prolongarse activando su labor creativa.
Partimos sí de una necesidad existencial de elucidar nuestro presente político inmediato, pero también de una necesidad no menos vívida de que dicha comprensión esté a la altura de una desconfianza –a veces pública, otras íntima–, o más bien de un abierto rechazo, respecto de aquello que en estos tiempos se presenta como restitución de los envejecidos valores de siempre.
El síntoma mayor de este estado de cosas en la enunciación política reciente se da en torno a la devaluación casi unánime de toda idea de lo neutro (como actitud sustractiva que promueve un vaciamiento de los valores dominantes, distribuidos en alternativas bien delimitadas) bajo sospecha de ser neutral (que en el lenguaje actual denota sobradamente una actitud de des-responsabilización, apatía, despolitización, insolidaridad e individualismo).
En efecto, no hay neutro posible bajo la apabullante eficacia de los grandes medios de comunicación que han tomado a su cargo la tarea de estabilizar el “ser social” a partir de un conocido sistema de percepciones de los valores de la vida colectiva. Su labor es la de convertir hábitos y lenguajes populares en consignas tan planas como los artefactos de consumo a los que se ligan indisolublemente. Su régimen de verdad surge de una auto-atribución de rasgos de objetividad provisto por la posesión de los medios de comunicación como capital y de su labor en la producción de verdad como modelo del sentido común.
Pero tampoco lo hay en el gesto noble del militante que le responde a esta maquinaria declarando que, al contrario, sólo la parcialidad subjetiva constituye índice de verdad situada y última. Este tratamiento del sentido de lo colectivo, sea en la denuncia de los poderes que combate o bien en la promoción de otra imagen de la actividad social, ha sabido proliferar en los últimos años en el suelo de lo mediático asumiendo para sí muchas veces procedimientos que provienen de ese mundo al que se enfrenta.
En una guerra así declarada, queda dicho, no hay espacio alguno para la neutralidad, ni lo pretendemos. Entre el irrespirable veneno del rechazo visceral que desmiente una y otra vez esa supuesta objetividad desde la que “los medios” hablan y la posición que santifica y exculpa a quienes se animan a enfrentar algunas de esas posiciones de poder, existen diferencias tan claras que la duda no encuentra suelo donde arraigar.
Pero esta toma indudable de partido no nos entusiasma al punto de volvernos indiferentes ante el bloqueo del proceso vital de lo neutro. ¿Cómo no sacar las cuentas del hecho de que toda toma de partido será tan necesaria como insuficiente si, como correlato directo de su acción se alimenta la confianza, paradojalmente compartida por todos los oponentes, en eljuicio de valor respecto de lo existente como manifestación última de nuestro deber ser político?

Es esta confianza igualmente repartida en lo consolidado (que emana tanto de la narración fundada en la posesión del capital, como la que presupone un sentido derivado del mito y de la tradición) lo que abruma en este tiempo político.
II.
Desearíamos apropiarnos de este estado de sospecha generalizado para volverlo señal y convocatoria de un nuevo tipo de ensayismo.[1] Una escritura capaz de retomar la potencia de la forma extrema que esperamos de un auténtico laicismo político.
Si los poderes han reclamado para sí la fuerza de lo imaginario (esta es una de las tesis centrales de las que habla este libro: la potencia imaginal como sustancia clave de un gobierno post-representacional), la posibilidad misma de una política del nosotros necesita reelaborar este nivel imaginario desde el gesto profano. O, mejor, para situarnos directamente en las preguntas que nos son afines con el texto que prologamos: si el año 2001 marca, en el calendario político reciente, la fuerza completamente afirmativa de la crisis como poder destituyente, el año 2008 signa la completa inversión de lo destituyente como poder negativo de la crisis a conjurar.
¿Cómo pensar el significado de esa vuelta completa de este término? Consideremos dos tipos de respuestas ateas a esa pregunta. La primera, la del historiador –que este libro pone a prueba– aspira a comprender el movimiento de la diferencia (Dice Pablo Hupert: “Kirchner, sin dejar de temer el poder del gran capital trasnacional, temía el poder de veto popular”). La segunda, la de la investigación militante –relevada en el texto, por el momento más postergada – trabaja para producirla a partir de la labor de las resistencias del presente (que “desbordan” la declinación reactiva de lo destituyente). Este desplazamiento no deja de constituir un signo del curso de los hechos. Es la historia quien toma la delantera en la puesta entre paréntesis del sentido (este neutro no-neutral), interrumpiendo los clichés discursivos y proponiendo procedimientos de comprensión que –esto no se podrá resolver por sí sólo– invocan afinidades más amplias con la praxis.
Retomando: si el 2001 es el nombre de la fundación más extrema de una política del nosotros (infrapolítica[2] o perspectiva post-estatal para los asuntos colectivos), inaugurada bajo el lema “que se vayan todos”, el 2008 nos habla de un tiempo bien distinto, en el que la potencia colectiva ­–como deseo de reformas democráticas– se ha identificado sin inocencia con los momentos de osadía, pero sobre todo con los de fragilidad de ese proceso de recreación del Estado y de las aptitudes de un nuevo estilo de gobierno. Su efecto más tangible es la conversión de una infrapolítica del nosotros en una micro-política cada vez más interior al constructo kirchnerista.
III.
La ambivalencia del kirchnerismo se consuma con la extensión de estas dos caras: forma de gobierno de tanto como forma de comunicación con una micro-política cada vez más interiorizada bajo la exigencia nunca del todo asegurada de la gobernabilidad. Cabe a este original compuesto el mérito de haber propuesto una discusión de inusual intensidad sobre la vigencia de nuestras ideas políticas a partir de la confrontación incesante con la pregunta: ¿cómo pensar a Kirchner? Por sí sola esta pregunta parece reunir todas las cuestiones candentes del momento. No sólo por lo que la respuesta pueda suponer, sino también por el desplazamiento que esta pregunta supone con respecto a aquella otra: ¿cómo pensar el 2001? La dramaticidad de este modo kirchnerista de preguntar se acentúa en la honestidad afectiva que motiva a muchos de sus más sensibles comunicadores a creer que lo que de valor se ha producido “desde abajo” durante la crisis, se retoma y se pone en juego ahora “por arriba” a partir del sentido último que demos a la figura del ex presidente. La dificultad de discutir con este tipo de posiciones concierne sobre todo a la pregnancia afectiva que destila y a las connotaciones emotivas del modo en que historiza el tiempo político: el pasado de las heridas de las izquierdas y del peronismo, el presente como reparación, el futuro como dinámica reformista en homenaje perenne a la revolución imposible.
¿Quién se negaría siquiera a pertenecer de pleno derecho a este tiempo político? Pero el trabajo del historiador, con esa atención a la labor de la diferencia (el 2001 como forma extrema de la política del “nosotros”), un tipo de atención desacompasada de las pasiones del presente, se ve obligado a preguntar de otro modo: ¿son útiles estas representaciones al proceso que vivimos, al trabajo real que la diferencia actualiza sobre todos nosotros?
Este libro altera las condiciones del preguntar y bajo la forma de un diálogo profesoral ametralla con enunciados que remiten lo real del kirchnerismo a una enorme capacidad de aprendizaje político: “logró encontrar la manera a través de la cual condicionar desde el Estado el condicionamiento que éste recibía desde el mercado”; comprendió que el valor del Estado era el de la gestión (de la contingencia, de lo fragmentario y de la materialidad de las vidas) antes que el de la representación, lo cual le suministró las claves necesarias para presentar una relación nueva y activa con las micropolíticas, otorgándoles una referencia macropolítica; aprovechó el valor imaginal para organizar la complejidad social (“¿cómo una madeja social compleja es llevada, vía imaginalización, a una confrontación binaria?”); expandió al Estado lo “suficiente como para que casi cualquier proyecto tenga que (y hasta le convenga) pasar por él”; desarrolló una interfaz, “eso que compatibiliza elementos sin homogeneizarlos”, que “traduce pero no reduce a una abstracción común”, desde la cual “conectar no es vincular”.
En todo caso, el kirchnerismo ha renovado el poder del historicismo. Cuenta en décadas lo que supone concerniente a un tiempo cíclico: diez años de 2001; una catástrofe y una década: década dominada por el kirchnerismo. Este tipo de fraseo rápido es consustancial al “retorno de la política y del conflicto” tal y como el propio kirchnerismo se lo representa. Lo subrayable de este tipo de relato es el doble efecto que le es intrínseco. Al secuenciar así el proceso logra disipar la potencia del no poder (destituyente-creativo) del acontecimiento y, al presentarlo como un tiempo que va del caos al gobierno (del estado de naturaleza al de la justicia política), retoma para sí mismo esa potencia otorgándose un vigor político que atribuye según las circunstancias a la procedencia setentista, peronista o propiamente kirchnerista.
IV.
En un nivel más próximo aún, el kirchnerismo presenta un argumento consistente en su favor. Lo que podemos llamar su plasticidad, su inorganicidad, su permeabilidad, su alto grado de improvisación, su capacidad de mutar y, en fin, los rasgos de un estado de permanente inacabamiento. Y esto es así al punto que su fuerza proviene de esta fluidez, de esta capacidad de receptar lo otro, de interiorizar lo exterior. El kirchnerismo capitaliza como fuerza su propia vulnerabilidad y –se ha señalado repetidamente– extrae su máxima lucidez de sus reacciones agónicas.
¿Cómo se sustrae el historiador del presente de estas voces seductoras que tan poderosa atracción ejercen sobre el pensamiento militante, constructivo? (Lo leemos: “se conforma una inseguridad acerca de la capacidad del Estado actual de ligarse de forma estable y perenne con la sociedad”; “asegurar la ligazón es asegurar la gobernabilidad”). No diremos que se trate de asepsia científica. Si el texto logra meterse con éxito con estos y otros asuntos peliagudos no lo hace en virtud de abstenerse del “barro de la historia”. Pero sí de eludir con suma elegancia aquellas consideraciones que a nosotros nos llenan de dudas, de demoras y de confusión. Resta considerar hasta qué punto eludir, aquí, no es simple evitación sino procedimiento de selección. Hupert escribe (aunque el género sea el de transcripción de sus cursos de historia, escribe) en base a una envidiable economía de desarraigo de problemas mal planteados, de esos en los que solemos quedar atrapados.
El principal de ellos consiste en examinar la racionalidad de los actores a la luz de sus respectivos conatus, y no de la mera validez formal de sus argumentos autonomizados del drama que encarnan. Así, tenemos básicamente, las siguientes dinámicas en juego: el 2001(política del “nosotros” según la cual nos ocupamos de tratar problemas que no son “naturalmente estatales”); el Estado (cuyo principal objetivo es gobernar en circunstancias variables); el kirchnerismo (que “vino a asumir la difícil tarea de hacer viable un Estado donde los movimientos sociales no pedían representación”); la dimensión (o suelo) post-representacional (imaginal, esto es: régimen de imágenes, no ya de representaciones) o el “proceso de territorialización” (post-estatal, mercantil, que retrotrae a las cajas PAN del gobierno de Alfonsín).
¿Y cómo argumenta el historiador la post-estatalidad[3] ante la llamada “vuelta” del Estado? Se trata de “una correlación entre: emergencia de la infrapolítica, capitalismo post-industrial, desarrollo de una sociedad no representable, territorialización de la dominación social y la gobernabilidad, crisis de las instituciones representativas, desligazón entre Estado y sociedad, segmentación y trastocamiento del sistema político, demanda incesante, proliferante y rampante, desnacionalización del Estado argentino”. El Estado que brota de esta coalescencia concentra flujos (los hace pasar, los aprovecha), pero ya no los centraliza (no organiza a priorilo social), y el individuo que participa de esta configuración es menos el consumidor del neoliberalismo y más el consumidor subsidiado del llamado post-neoliberalismo.
La historia que aquí se cuenta es, al fin y al cabo, comprensible: el gobierno neoliberal prescindía de los gobernados, confiando en el mercado. El 2001 es la elaboración en términos infrapolíticos del nosotros. El kirchnerismo es la vuelta del Estado (en la modalidad del capitalismo “axiomático”), que muta para volver y vuelve menos como representación y más como conexión término a término respecto de aquello que Laclau llamaría “las demandas”.
V.
Si vamos a creer en el mundo necesitamos, pues, de un nuevo régimen de experiencias y de creencias. De esta necesidad partimos cuando festejamos y proponemos de modo urgente una escritura profana sobre ese nudo difícil de afectos y significaciones que dio en llamarsekirchnerismo, forma penúltima de narración de la última década de la política argentina. Sed de textos cuya riqueza provenga de ofrecernos nuevas posibilidades de acción antes que de una renovación de las fuentes habituales de trascendencia de los discursos que han capturado la reflexión y la lengua de lo político, sean estos discursos los libros atravesados por una idea del mito que otorga excesiva unidad espiritual a lo que necesitamos pensar en su diferencia material, o sean aquellos en que lo que se actualiza es cierta tradición (liberal, nacional, revolucionaria). Lo que hoy precisamos comprender es el modo en que se reanuda lodiscontinuo (esa “verdadera” tradición que Benjamin atribuía al historiador materialista), y que nos lleva a pensar de otro modo la relación con el 2001 como la tradición del desborde que, una y otra vez, tiende a colocarnos a “nosotros” como condición de posibilidad de lo político.
PDD, 31 julio 2011


[1] A este respecto vale la pena señalar la coincidencia de este libro con Habitar el estado (Ed. Hydra; Bs-As, 2010), de Abad y Cantarelli que, con otra orientación y escritura, asume en la historiografía y, más particularmente, en la estela de conceptos del historiador argentino Ignacio Lewkowicz una fertilidad común.
[2] Tomamos el término infrapolítica de James Scott (“Los dominados y el arte de la resistencia”). Scott lo utiliza para describir modos menos evidentes de las resistencias al poder. Nosotros lo deformamos un poco, y lo ponemos a trabajar en juego con el concepto de micro-política. Infra-política, proponemos, es el trabajo de la política capaz de elaborar sentidos colectivos poniendo entre paréntesis (lo que no quiere decir nunca negar, tachar o ignorar, sino en todo caso reconsiderar desde una relativa potencia autónoma) el código que organiza el sentido desde la política macro.
[3] La post-estatalidad no es una noción sencilla. Para Ignacio Lewkowicz, en la post-estatalidad, el Estado es un “término importante de las situaciones, pero no es la condición fundamental del pensamiento” (Pensar sin Estado). Por su parte, Paolo Virno llama “instituciones post-estatales” a las formas políticas que emergen del agotamiento de la soberanía (Ambivalencia de la multitud).

¿Qué nos dicen las diferentes insubordinaciones del último tiempo, de Santiago a Madrid; de Londres a Jujuy?

Por el Taller de coyuntura política


Hoy en Argentina circula la idea (y la sensación) de que la crisis es algo que pasa en otro lado. La crisis económica –cada vez mayor en los países del primer mundo- pero también la crisis política, que avanza al ritmo de las movilizaciones estudiantiles en Chile, las insurrecciones callejeras en Londres, el malestar social como clima imperante en Europa y en más sitios como en Egipto o Israel. ¿Qué pasa en nuestro país en relación con este contexto? ¿Qué forma va tomando entre nosotros el conflicto político? ¿Qué distancias y continuidades encontramos con el resto del mundo?


Mientras que los conflictos en Gran Bretaña y en Chile involucran a las clases medias y bajas urbanas y ocurren en las capitales, en Argentina una conflictividad creciente en torno a la tierra aparece desplazada, difuminada en el territorio. La toma de tierras en el ingenio Ledesma en la provincia de Jujuy y su saldo de represión y muerte es la expresión de un tipo de conflictividad social latente, que se genera en torno al problema de la vivienda y la propiedad de la tierra.

Al igual que en Europa, se trata de casos de desborde social, formas más o menos espontáneas (lo que no quita la preexistencia de organizaciones, redes punteriles y militancias varias), donde la acción prevalece sobre la organización. No hay puntos consensuados de antemano: una consigna, una dirección. Hay una especie de disponibilidad compartida que se expresa en la acción. Dicho esto, ¿pueden asociarse los conflictos sociales locales a la situación europea o, más próxima, a la chilena?         

A modo de hipótesis provisoria, vamos a sostener que en Europa la crisis es producto del recorte/la escasez de los recursos, y de desarme del las estructuras de bienestar social, mientras que en Argentina los conflictos se explican en un contexto de abundancia, al interior de un ciclo de alza económica y de un consenso antineoliberal muchos más desplegado que en Europa o Chile. En los países europeos, al igual que acá en el 2001, hay un contexto de limitación del empleo, del gasto y del consumo. En Argentina, si diez años atrás se cerraban las empresas, hoy aumenta la producción. Empresas millonarias, como la azucarera Ledesma (que está en el centro material y simbólico de las tomas de Jujuy), están en el centro de esta dinámica.             

No se trata –claramente- de un contexto en el que no hay pobreza, sino de una constitución diferente de esos sectores que se mantienen en la pobreza. Podemos decir que hay “abundancia en la pobreza”. Antes había pobreza en la pobreza, el problema era el hambre, las condiciones de vida más inmediatas. Las clases llamadas “bajas” eran consideradas un excedente absoluto: no había trabajo, dinero ni espacio suficiente para ellas. Hoy, en cambio, esta franja social no es ajena, incluso en su pobreza (niveles paupérrimos de vivienda, carencia de tierras) a las dinámicas de la economía.  

Un hábito del pensamiento obstaculiza la comprensión de estos procesos cuando no podemos concebir la acción colectiva de los de abajo por fuera de un contexto de exclusión y miseria sistemática como la que se vivió, con sus oscilaciones, entre el año 76 y 2001. No afirmamos que la tendencia se haya revertido decididamente, pero sí que a diferencia de otros levantamientos de estos tiempos, los conflictos por la tierra son contemporáneos a un contexto de mayor monetarización, a partir del dinamismo extraordinario de una economía esencialmente sojera. Al no profundizarse una transformación estructural, lo más seguro es que si este ciclo se detuviese la situación sería igual o peor que antaño.

Si en 2001 había una disminución de la participación de la gente en la economía, en la actualidad se vive una inserción cada vez mayor. Incluso si esa inserción es subordinada, precaria o innoble. La rueda de la producción y el consumo gira al ritmo de las grandes pero también de las pequeñas transacciones. Uno de los grandes mecanismos que así funcionan es el mercado inmobiliario. Las tierras y las casas son objeto de transacción y especulación en todos los estratos sociales. Por eso, ¿podría separarse la toma de tierras de la especulación inmobiliaria?

En una economía de explotación agrícola sojera a cargo de grandes propietarios la tierra es la mercancía estrella. Las políticas de redistribución de la riqueza compensan (si bien de un modo mínimo) la concentración de las ganancias que genera un modelo de producción concentrado. Ante esta situación se pueden desarrollar líneas diversas para la lucha social. Por aumento de la redistribución, sobre todo a nivel sindical. El límite de este proceso de redistribución es, por ahora, el salario. No se accede aún de un modo significativo a la redistribución de las tierras. La otra línea es la de la reapropiación de las condiciones de vivienda y de producción de la propia vida individual y colectiva. La toma de tierras puede ser una forma forzar esa distribución, de apropiarse de estas condiciones productivas. En los hechos pude ser también un lubricante para el mercado de venta de tierras por medio de la reventa, cuando la toma es ocasión para negociar con el gobierno.

La necesidad de tierra para vivir y producir, convive con la tierra como cálculo mercantil. Más que contradicción, lo que hay es ambigüedad: una valencia múltiple, que desafía las categorías políticas clásicas. Nos preguntamos, por ejemplo, si leer la toma en términos de “lucha por el derecho a la vivienda” no es aplanar esa complejidad, un intento de traducirla al lenguaje político que ya entendemos.

Del mismo modo queda inadecuada la idea de organización política. El supuesto de que hay una organización entre quienes participan de la toma conduce a una lectura dislocada de lo que pasa en ella. La toma no se planifica, se hace. Y se la hace menos a partir de una coordinación de tipo comunitaria que de una sensibilidad común, donde la ocupación de un terreno es una acción posible, una posibilidad. También un oportunismo. Tampoco la toma provoca necesariamente el surgimiento de una organización con una fuerza y un discurso unívocos, del tipo de las organizaciones sociales autónomas del 2001.

Desde el principio y nacido al calor de las insurrecciones sociales, el kirchnerismo se caracterizó por una actitud de diálogo con los movimientos sociales y una política de no represión de las manifestaciones y los reclamos. Sus interlocutores son las organizaciones y los discursos que sabe escuchar son aquellos formulados en términos de derechos. ¿Será que cuando una expresión política no cumple con esa forma puede volver a aflorar la represión? Puede ser que el gobierno esté preparado para no reprimir movimientos organizados, ¿qué pasa cuando esa fórmula (movimientos sociales organiados) no se cumple, y aparece más bien un mixto ambivalente de punteros, militancias varias y espontaneismo popular?

En una nota publicada recientemente, Horacio Verbitsky dice que no es que en este último tiempo el gobierno no haya reprimido, sino que actúa bien(con intervenciones políticas, judiciales o de asistencia social) ante los casos de represión, que es cosa diferente.  A su vez, las imágenes de los conflictos en Londres y en Chile en estos días hacen visible la distancia que nos separa de los países en los cuales la coerción estatal puede darse en el centro del escenario político. ¿Podría hoy en Argentina el estado actuar visiblemente con esa violencia? ¿La sociedad legitimaría la represión? ¿Cuál sería el costo social?

Chile tiene una historia de gran contundencia de la lucha social, muy atacada desde un estado que tiene una raigambre de agresividad y de dureza que no tiene el estado argentino. La mayor permeabilidad y la tendencia a la contención de los desbordes sociales suponen el desarrollo de un aparato estatal coercitivo más complejo, menos lineal. En nuestro país, el estado puede ser interpelado desde la sociedad, y cuando esa escucha se cierra, la gente sale a la calle (ahí están las historias de la “puebladas” del Cordobazo al 2001 para nombrar solo las últimas décadas).

De soja, fracasados y travestidos

Por Jorge Eduardo Rulli
(www.pararelmundo.com)


Pasaron las primeras elecciones nacionales, elecciones que más allá de ocasionar gastos extraordinarios, no habrían tenido mayor finalidad que barrer la hojarasca de los que no alcanzaron el nivel mínimo de representación necesaria y, además y en especial, sirvieron para darle garantías y certezas al continuismo gubernamental. Tal como se preveía, el llamado “modelo” ha sido ampliamente plebiscitado. Los pueblos que dependen de la sojización y del agronegocio no votaron por sus líderes corporativos, algunos de los cuales se postulaban en el campo de los partidos de la oposición, sino que votaron masivamente a favor de la continuidad y del acrecentamiento de sus ganancias, o sea que respaldaron al Gobierno. Basta recorrer los porcentajes eleccionarios en las localidades de las provincias sojeras para comprobarlo. En ese sentido Clarín Rural, que daba por sentado pocos días atrás que las relaciones políticas del campo con Cristina no tenían retorno, parece haber subestimado la capacidad de los sojeros y rentistas para adaptarse a una administración del modelo que no es exactamente la propia. Tal como se sabe, los negocios son los negocios. Y entre los negocios de la Argentina actual, la soja es el más grande: a la sombra de sus ganancias y de sus retenciones, muchos son los que pueden reconciliarse, más allá de sus diferencias y de que disputen la administración de un modelo que comparten.
Numerosos jóvenes que celebraban su supuesta iniciación como ciudadanos en la farsa eleccionaria votaron por quienes, suponen, después del neoliberalismo de los años ‘90, aseguran el regreso al universo de la política y de la participación. Tal como se sabe y les han enseñado, más allá del menemismo y de la dictadura, no existe mayor pasado en la Argentina, sino aquel extremadamente remoto en el que el viejo Perón, de pronto, demostró no ser lo que prometía ser, traicionó a la joven generación (que entonces era maravillosa y que ahora afortunadamente nos gobierna). 
Esa generación de fracasados y travestidos no termina de comprender que no son solamente ellos, sino el mundo, el que vive un clima de derrotas epocales; en especial, cuando los acontecimientos se miden con las reglas de los años pasados. Tampoco comprende ni acepta que deberíamos sobreponernos a ese clima de ausencia de porvenir, para poder hallar el incentivo y la mística de enfrentar los nuevos desafíos.
Esa generación de fracasados y conversos ha reproducido en muchísimos jóvenes y mientras continúan haciendo de cada necesidad un nuevo negocio, el aturdimiento que los lleva a pensar que habría llegado el momento de hacer tan solo lo posible, porque la correlación de fuerzas con Clarín, con la Mesa de Enlace y las corporaciones resultaría tan desfavorable que sería utópico plantearse otros objetivos. Tal como enseñan los viejos manuales, nos dicen, deberíamos darnos tiempo para revertir esa relación de fuerzas, construyendo poder desde la movilización, mediante la nueva ley de medios.
Escuchamos, sorprendidos, estos argumentos, argumentos de extraordinaria estulticia, por lo demás, en boca de jóvenes que nos dan esas explicaciones con una cierta impaciencia y un tonito de soberbia, como si no fuésemos suficientemente capaces de asimilar la complejidad del discurso bobo que les baja La Cámpora. En definitiva, nos dicen que el momento no es favorable para hacer los cambios revolucionarios que nosotros proponemos, tales como avanzar hacia la soberanía alimentaria o disminuir un crecimiento basado en las puras exportaciones. Y, por eso, mientras tanto, lo que debe hacerse es apoyar el subsidio universal por hijo y valorar la renovación de la Corte Suprema, incluyendo el proxenetismo público de alguno de los jueces progresistas…
Aunque sorprenda, éste es un diálogo intergeneracional casi habitual hoy en la Argentina; un diálogo que se produce en los bordes mismos en los que la paranoia se cruza con una cierta oligofrenia política generalizada. Uno puede imaginarse estos mismos diálogos, con fondo de guitarra por parte del ministro de economía y voz de Horacio González, también con un fondo de la Bersuit y de las otras bandas rockeras, como  la Mancha de Rolando; bandas convocadas con altos presupuestos, para despertar y canalizar hacia el cuarto oscuro, la adrenalina y las ilusiones de estos jóvenes (muchos de ellos jóvenes viejos, madurados a fuerza de pequeñas y variadas sinecuras, canonjías, prebendas, contratos y sueldos por encima de lo que gana el común).
Y, entonces, uno se pregunta: ¿por qué será que a nuestra avanzada edad debemos seguir siendo incendiarios cuando, en realidad, deberíamos ser bomberos, y no nos dejan ser como deberíamos ser, al menos desde perspectivas puramente biológicas, simplemente porque son tantos los jóvenes que en vez de iniciarse como incendiarios lo hacen como apagafuegos que uno se siente obligado a no abandonar las banderas, con la certeza de que si lo hacemos quedarían abandonadas en ese campo devastado por este modelo productivo que resulta ser hoy nuestra pobre Argentina? Y, entonces, persistimos en mantener las posiciones y el compromiso de salir de la soja. ¡Liberación o dependencia!
Millones y millones de asistencializados, mientras tanto, malviven en las inmensas periferias urbanizadas con irremediable precariedad y apuro, amontonados en esas zonas en que se acumula la nueva miseria proveniente del despoblamiento masivo de los territorios, con sus frágiles casillas asentadas sobre terrenos rellenados con basura; terrenos inundables, con arroyos cercanos convertidos en cloacas malolientes. Ellos votaron por aquello que les asegura el presente y un futuro inmediato que no va mucho más allá de las próximas semanas. Son, en buena medida, rehenes económicos y culturales del asistencialismo y de las redes clientelares, prisioneros de los subsidios que les hacen posible consumir lo mínimo que consumen, tener luz y gas, viajar y comunicarse. Son cautivos de la inseguridad y de la narcopolítica que reina en los conurbanos, pero por sobre todo, son rehenes de su pasado y de sus memorias, de un pasado y de una memoria transmitida por sus mayores en los genes y desde la cuna, memorias en relación a las cuales y más allá de sus penurias tratan de ser leales. Que esa memoria histórica haya sido traicionada, que haya sido desnaturalizada, que resulte tergiversada de manera constante por un aparato comunicacional formidable, por un aparato mediático como ninguna dictadura fue capaz de montar, que la expresión y la representación de esas memorias y de esas tradiciones hoy en gran medida significan todo lo contrario de lo que significaban en los años cincuenta, no es fácil de explicar y menos aún, resulta fácil de comprender, en especial, cuando se vive en los límites.
Y es, en todo caso, la responsabilidad que no hemos sabido o que no nos han dejado llevar adelante. No existen hoy, lamentablemente, alternativas valederas frente al neoperonismo desarrollista que ha apostado todo al modelo agroexportador y que, con fuerza de conversos, cree en el mito del progreso, en el crecimiento y en el nuevo imperio que nos compra la soja… Alguna vez, allá por los setenta y poco antes de su muerte, dijo Perón a su biógrafo Pavón Pereyra que: “Si alguna vez llegase a haber otro golpe, el pueblo quedará tan derrotado, que la vuelta constitucional serviría solamente para garantizar con el voto popular, los intereses del imperialismo y de sus cipayos nativos”.
Si hay otra cosa importante que demuestran las recientes elecciones es la ausencia de toda oposición respetable. Los partidos que intentaron cumplir ese rol opositor fueron sancionados en las urnas tanto por su sordidez en las propuestas como por su irremediable cobardía ante una realidad que no quisieron develar ni se propusieron modificar. Los más osados destacaron, a lo sumo, los aspectos más groseros del modelo o acaso sus consecuencias, pero se atuvieron a ese pacto de silencio que compromete a toda la partidocracian de esta Argentina neocolonizada por los agronegocios y abrumada por la sojización y la ingesta de transgénicos.  Lo que apunto es que el poder, el verdadero Poder, no se encuentra en discusión. Se discute, en todo caso, saber quién lo administra y en eso y no habiendo mayores diferencias, el común de la gente, usa un sentido de practicidad y opta por el mal menor, o sea por aquellos que se encuentran en la administración.
Quiero aclarar también, que, cuando refiero a esos millones de pobres urbanos asistencializados, no hago mayores distingos con los hermanos provenientes de los países limítrofes, también ellos desarraigados, también desterrados, también hijos dolientes de una América balcanizada, víctimas asimismo, de un modelo de sojización que nosotros como argentinos exportamos en su hora y en nuestra demencia colosal, a todo el Cono Sur, haciendo las tareas sucias para la transnacional Monsanto. Esos hermanos latinoamericanos también son abusados, porque no tienen adónde regresar, porque adonde llegaron, necesitan un lote donde levantar la casa, porque necesitan papeles de ciudadanía y los necesitan en un MERCOSUR en que es lícito traficar mercancías pero donde los pueblos continúan sujetos a las antiguas reglas de la emigración y del racismo solapado.
Me duele profundamente la explotación y la manipulación de nuestros pueblos por una dirigencia clasemediera y pretendidamente ilustrada, nacida para el mando y para la conducción política, simplemente porque se criaron en casas con sirvienta y se educaron en colegios y universidades privadas. Hablan de Evita y ni siquiera pueden imaginar el odio terrible que en Evita despertarían con su sola presencia; odio que suscitaría su presunta dirigencia, su modo de actuar, sus apellidos, sus gestos, sus promesas vanas, el modo en que parasitan la decadencia de un proceso al que se sumaron sin mayor lealtad ni gratitud, en los momentos de mayores extravíos, cuando todos los paradigmas imperantes nos eran adversos y tan solo tratábamos de sobrevivir y de mantener la estrategia del regreso.
Lo terrible, lo paradójico, lo sorprendente es que los tiempos cambiaron, que el mundo cambió, que la globalización dejó tan atrás aquellos tiempos de los que ellos son esclavos en sus paradigmas que cuando escapan al cinismo y se salen del libreto de los puros negocios y del pragmatismo de las roscas y de las elecciones fraudulentas, vuelven a lenguajes obsoletos, donde las categorías rígidas sobre los sujetos de la historia y el epíteto fascista del que abusan, demuestra muy a las claras que son advenedizos y que aún permanecen prisioneros de las viejas matrices de pensamiento, matrices cuyas referencias se derrumbaron con el muro y con el conocimiento de los horrores a que condujo el estalinismo.
Y esto es lo más doloroso de estos momentos. Cuando el Imperio se tambalea al borde del default, cuando las bolsas y los mercados sufren terremotos financieros y se evidencia el peso creciente de la crisis energética, la Argentina en cambio de buscar caminos de soberanía alimentaria con desarrollos realmente sustentables y en armonía y preservación de sus ecosistemas, fortalece su modelo extractivista y agroexportador en función de las necesidades de los mercados y de los intercambios globales.
Reitero: en momentos de máxima crisis del mundo globalizado, en vez de explorar caminos de liberación nacional, ahondamos nuestras dependencias y lo que es aún peor, exploramos con expectativas nuevas colonialidades, tal como son las crecientes relaciones adictivas con China, el imperio ascendente donde rige el marxismo de mercado.
Estoy convencido que se trata de una discusión por el Poder que no se resuelve en el campo electoral sino en el campo de las confrontaciones de ideas y ganando a los jóvenes para pensamientos nacionales y para una mística que propulse cambios revolucionarios. Nuestra actual dirigencia progresista es dependiente de las proyecciones fantasmales de un paradigma obsoleto, tal como es el marxismo setentista, y esa matriz de pensamiento la lleva necesariamente a elegir opciones de crecimiento y de modernidad, opciones que implican nuevas y terribles sumisiones al capitalismo globalizado.
No tenemos fuerzas suficientes para rescatar a los pobres del asistencialismo y de las redes clientelares, pero sí podríamos, con la potencia de la palabra y de las ideas, intentar rescatar a los jóvenes, para que sean capaces de soñar mundos nuevos y en especial para acunar el sueño de una nueva Argentina. Una Argentina capaz de salir de la sojización y volver a ser un país libre e independiente.
Tal vez sea una tarea colosal, pero nadie nos enseñó jamás que sería fácil cumplir con los mandatos que nos dieron nuestros mayores, y en este caso estoy seguro que vale la pena intentar el esfuerzo.

La marcha de las putas



(…)


«La Marcha de las Putas Buenos Aires fue como lo esperábamos: un evento un poquitín progre, decente, tímido como quincianera de escuela privada, con muchas chicas bien, de clase media. Por eso, nosotras, las putas no tímidas, las putas viejas, las putas feas, las putas tortas, las muy borrachas, las muy drogonas, las que discutimos con nuestros amantes hasta las palizas ( a veces), las que nos cojemos a nuestras amigas, las que tomamos calmantes COMO TODO EL MUNDO, pero no lo ocultamos, hicimos la Gran Quebracho. Realizamos una intervención agresiva, virulenta y alegre para que las cuestiones ondulen un poco en está chata-facha Buenos Aires, ultra-careta, donde nunca pasa nada (aunque maten gente los ratis) y para que al menos las que estaban ese día en la marcha sepan que poner el cuerpo, es PONER EL CUERPO, incluso si tu mamá luego dejará de dirigirte la palabra.
Si los lugares no se ocupan y el poder se cede, si la respetabilidad y la (buena) fama guían nuestras acciones, siempre seremos chicas lindas con moños cuyas palabras no son escuchadas por el ruido ensordecedor de las bocinas del microcentro.
Y a las amigas y amigos que no estuvieron, que tuvieron algo mejor que hacer, que a su modo, boicotearon sin desear hacerlo capturandonos en los vericuetos de la afectación, les decimos: les echamos mucho de menos, y nos hace mucha falta su saludable calor ano-rmal. Esperamos, sin ansiedad ni desesperación, contar con todas ustedes la próxima vez».
(…) 
Texto completo aquí.

Entrevista a Miguel Benasayag

“Los fusilados de Trelew producen vida”
El filósofo y psicoanalista francoargentino y antiguo militante del PRT-ERP,  Miguel Benasayag, ofrece su mirada sobre el pasado y el presente, a 39 años de la masacre que terminó con la vida de 16 jóvenes durante la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse.
¿Acaso no está corriendo la sangre de los 16 fusilados en Trelew?
Por las calles de Trelew y demás calles del país ¿No está corriendo ésta?
¿Hay algún sitio del país donde esa sangre no está corriendo ahora?
Juan Gelman



Paradojalmente, me gusta en especial que me preguntes sobre los fusilamientos en Trelew del 22 de agosto de 1972. Porque en toda mi vida, esa fecha fue un acontecimiento muy importante. Siempre me acuerdo del 22 de agosto, porque es cierto que hubo una ruptura, en el sentido de que  abiertamente todas las porquerías que la oligarquía argentina había hecho en la Patagonia, que había hecho en la Semana Trágica, que había hecho en los basurales, el 22 de agosto se produce una ruptura institucional. Creo que hubo un paso dado donde “no vamos a esconder más lo que hacemos”; era claro para todo el mundo, era una provocación, todo el mundo tenía que entender que por supuesto que Pujals no había tratado de arrebatarle la ametralladora a nadie y todo el mundo tenía que entender que de ahora en adelante era así, que la oligarquía argentina, los dueños de la tierra, del país, no iban a respetar ninguna ley. Porque hay que ver que, por ejemplo, la masacre de los indios y todo aquello, todavía había como una ideología podrida del progreso, pero una ideología; algo que pretendía legitimar lo que se estaba haciendo ¿no? Y acá, el 22 de agosto, no, acá hubo una acción que decía: aquí es la barbarie instalada y nosotros vamos a utilizar lo que venga para aplastarlos a ustedes. Pienso que a partir de ahí, bueno, como yo fui preso de la dictadura –caí antes–, yo lo que vi es una sucesión, una sucesión que no paró hasta los 30 mil desaparecidos.


–¿Considerás a los medios de comunicación a partir de ese tiempo como el brazo ejecutor de un discurso que encubre estas acciones para separar lo que pasa, lo que se quiere mostrar a la sociedad?
–Sí. Creo que a partir de ahí realmente  hay una guerra abierta que se instala. Creo, sinceramente, que ahora acá en este país –que es un país que sólo los argentinos ignoran, que es un país “faro”, porque toda Europa mira lo que está pasando en la Argentina con admiración–, te decía que creo, sin ningún tipo de fanatismo, de verdad, que hasta los Kirchner, que empezaron a hacer política en el sentido en que se hace política, o sea, dirigiendo un país que tiene contradicciones y no dirigiendo para un lado solamente, ¿no?, un país, hasta ellos, ahí se instaló una guerra donde los medios de comunicación no eran más medios de comunicación eran medios ideológicos y armas, instrumentos de lucha. Entonces, la oligarquía no solamente desinforma sino que va a transmitir ideología: arregla los hechos para construir el relato que prepara la masacre que va a venir a partir del 22 de agosto. Yo me acuerdo el coraje que tuvo Primera Plana: publicó las declaraciones de los sobrevivientes, lo publicó bajo Lanusse; bajo Lanusse publicó una declaración de René Haidar, uno de los tres sobrevivientes; y en ese aspecto es interesante ver cómo para el que quiere saber, se sabe; siempre hay una manera de saber. Entonces se observa que para los grandes medios de comunicación ideológicos, ellos entendieron una cosa muy importante: “La gente no quiere saber.” La gente lo que quiere es un relato que la mantenga en su pasividad. Y esa es la carta sucia, podrida, pero muy inteligente que los grandes medios de comunicación han utilizado y que ahora utilizan muchísimo más, por supuesto, en el mundo entero, que es el darse cuenta de que no hace falta “informar”, que lo que la mayor parte de la gente quiere es que le cuenten un relato que haga que la vida sea vivible y que su no compromiso aparezca como justificado.
–¿Y el destino del deseo adónde va a ir a dar a futuro? No sólo está el ocaso del deseo, ya vamos un paso más: se diluye…
–El humano sin deseo es el humano que es el hombre hoy, que sufre. Vos sabés, cuando el deseo –eje vital de lo humano–, es tan pero tan diluido, reprimido, reaparecer como sufrimiento –es lo que yo trabajo en Brasil, Italia–, reparece  como el nuevo sufrimiento psíquico contemporáneo.  Estos nuevos modos de sufrimiento, que es por donde ha pasado el deseo, donde el deseo se expresa en negativo; y,a la vez, hay toda una parte de la población que está en un deseo positivo, de construcción, de resistencia. Yo, la verdad, cada vez que vengo al país, creo que los argentinos ignoran la polenta que hay acá y la resistencia a la destrucción neoliberal, y que es una resistencia difusa también, no solamente centralizada o claramente política.
–Hecha de los corazones que nos seguimos recordando los 22 de agosto…
–Siendo absolutamente ateo, pienso que la muerte, sinceramente, no es el fin de la cosa. Yo pienso que cuando alguien muere y cuando se muere así, fusilado tan joven, es un horror. Pero uno, es una multiplicidad –es eso lo que yo trabajo inclusive hasta en neurofisiología–, y esa multiplicidad que uno constituye, continúa sin uno, o sea, que es como que parte de uno continúa a articularse con la vida, y creo absolutamente que los fusilados de Trelew están produciendo vida en este país, y ellos siguen produciendo vida. Por eso, te decía que los 22 de agosto siempre me las arreglé para crear colectivos en Francia, los conmemoré solo o con gente, todos los 22 de agosto, pero con una cierta alegría, me gusta recordarlos con la alegría con la cual vivieron, combatieron, y no con el lado victimario. 

Chile: una revolución en marcha

Por Manuel Cabieses

“Las desigualdades en Chile son excesivas, inmorales, intolerables”. SEBASTIAN PIÑERA, presidente de la República
(Discurso en el 80º aniversario del diario “La Segunda”, 27 de julio de 2011)
Resulta difícil para muchos aceptar que en Chile estamos viviendo una verdadera revolución, en este caso un proceso de profundos cambios que llevarán a término la democratización que dejó a medio camino la hoy agonizante Concertación de Partidos por la Democracia. Como toda revolución verdadera, es diferente y sorprende incluso a sus propios actores, pero sobre todo, a las fuerzas conservadoras encargadas de mantener incólume, a sangre y fuego, el orden heredado. Así ocurrió en Chile en 1970, y vuelve a suceder hoy en condiciones bien diferentes. Esta revolución -con un sello juvenil e imaginativo- no pretende derrocar al gobierno ni tomar el poder, ni reemplazar el sistema capitalista por otro más justo que no se sustente en la propiedad privada de los medios de producción. Aún no es hora.


La palabra “revolución” para definir al bullente movimiento de estudiantes que desde hace tres meses conmueve al país, no es excesiva. Los jóvenes han tomado las banderas de la protesta social de amplios sectores -incluyendo las usualmente pasivas capas medias-, y las han proyectado al futuro, libres de todo reduccionismo dogmático y del cálculo pequeño que ha envilecido la política nacional. Basta observar el cambio producido en el plano de las conciencias. El pensamiento revolucionario ha ganado su primer y más importante enfrentamiento: nadie hoy se atreve a poner en duda la legitimidad de las demandas estudiantiles y ciudadanas.

Un avezado revolucionario como Fidel Castro sostiene que la “batalla de las ideas” es el principal desafío al que están convocados los rebeldes de nuestro tiempo. Allí fue, en efecto, donde sufrimos nuestras derrotas más importantes. El caso de Chile es muy aleccionador. La generación de los ‘70, cuyos sobrevivientes -partidos, grupos y personas- sólo pueden aspirar hoy al honroso papel de ponerse a disposición incondicionalmente de los nuevos liderazgos político-sociales, sufrió la pérdida de miles de compañeros y compañeras muy valiosos. Pero fue en lo ideológico donde la derrota fue aún peor. Son los nietos de aquella generación los que han tomado en sus manos el testimonio actual de la eterna lucha por la justicia, la solidaridad y la igualdad de derechos de los ciudadanos. La protesta social que encabezan los estudiantes -a la espera que los trabajadores asuman su rol histórico-, ha logrado instalar la necesidad de un cambio profundo en Chile. Se ha producido lo que hasta hace pocos meses se consideraba imposible: que una clara mayoría comparta la idea de que el modelo económico, social, institucional y cultural que instauró la dictadura de generales, almirantes y grandes empresarios tiene que ser modificado hasta en sus raíces para abrir paso a la justicia social. Esta demanda por el cambio, a partir de la exigencia de igualdad de derechos en la educación, basada en una vigorosa denuncia de la desigualdad y discriminación que padece nuestro pueblo en educación, salud, vivienda, salarios, etc., se ha producido en un país de América Latina alabado como ejemplo por su modelo de economía de mercado. Por eso el cambio que tiene lugar en Chile en estos días, como fruto de una sostenida protesta social que se dimensiona como una revolución, ha sorprendido al mundo. Pero también a muchos chilenos privilegiados por el sistema que no percibieron la indignación que estaba fermentando en las entrañas de la sociedad. Hoy, después de tres meses de movilizaciones estudiantiles pacíficas -pero agredidas por el atropello policial- es difícil encontrar defensores a ultranza del modelo o que nieguen lo justo del reclamo de poner fin al lucro en la educación. Hasta el presidente de la República, el connotado empresario Sebastián Piñera, cuya fortuna asciende -dicen- a 2.400 millones de dólares, admite los “grados excesivos de desigualdad” social que existen en este país y que a él le correspondería intentar corregir. Lo mismo opinan políticos, empresarios y autoridades eclesiásticas que desde la derecha y la Concertación intentan apagar el incendio y salvar sus privilegios. Ellos balbucean su miedo ofreciendo mediaciones, reformas constitucionales y -quizás- hasta tributarias si los aprietan un poco.

El temor y desorganización de las clases dirigentes revelan cómo la batalla de las ideas se está resolviendo a favor del cambio. La institucionalidad ha entrado en una etapa en que algunos de sus usufructuarios alertan sobre el peligro de la ingobernabilidad, y otros -en franco estado de pánico- invocan como de costumbre a las fuerzas armadas para encargarse del trabajo sucio que creen inevitable. Los administradores del sistema saben que la revolución democrática y desarmada -que rescata los valores y derechos del ciudadano- pondrá fin al modelo neoliberal y sus huellas se prolongarán en el tiempo. Con esta revolución juvenil y creadora ocurrirá lo que sucedió con el cambio cultural de los años 60, con el movimiento hippie, las repercusiones de la revolución cubana y de la guerra de Vietnam, la independencia de los países africanos y asiáticos, las jornadas de mayo del 68, en Francia, y la “primavera de Praga”. Porque esta revolución en Chile ha dejado al descubierto las tripas del sistema neoliberal, sumando evidencias lacerantes a la crisis global que experimenta el sistema. La revolución encabezada por los jóvenes chilenos es creativa, plural y sorprendentemente ideológica en el más limpio sentido de la palabra. No obstante su fuerza, no tiene un destino asegurado. Puede sufrir considerables dificultades si termina atrapada en una institucionalidad hábil en hacer trampas y en cooptar al movimiento social. Sin embargo, las demandas de hoy en educación, salud, derechos sociales y políticos, no tienen solución en el marco de la actual Constitución. Hay que volcar esfuerzos en avanzar hacia una Asamblea Constituyente que elabore y plebiscite la nueva Constitución democrática de Chile. Ese camino se puede ver hoy con más optimismo, ha nacido un espíritu que lucha por ideales que parecían perdidos. Se están trazando las líneas de un nuevo Chile que recoge, sin decirlo y hasta olvidándolo, el sedimento de muchas luchas victoriosas y derrotas terribles, de ejemplos buenos y malos que no están -felizmente- en el primer lugar de las preocupaciones de los jóvenes que se vuelcan al futuro y a la esperanza de un cambio. Hay en nuestra dispersa Izquierda un agotamiento de lenguaje, de ritos y exterioridades que debe ser asumido conforme a los ejemplos que están dando los jóvenes. Ideas nuevas para problemas viejos y criterios novísimos para los fenómenos emergentes.

Algunas demandas pueden resolverse ahora mismo, si se mantiene la presión para lograrlo. Otras tomarán más tiempo, como la Asamblea Constituyente. Hay demandas más complejas, como la renacionalización del cobre, entrabada tanto por la Constitución actual como por las leyes orgánico-constitucionales y hasta por los tratados de libre comercio suscritos por los gobiernos de la Concertación. Lo importante es que lo central está conseguido: se ha puesto en cuestión un modelo de dominación que se creía inamovible. El rechazo al lucro en todas aquellas cuestiones fundamentales para el individuo y su familia, el respeto pleno al medioambiente, la vigencia absoluta de los derechos humanos, la representatividad efectiva del sistema democrático y de los mecanismos de consulta directa a la ciudadanía, el derecho a la participación, se han instalado como objetivos legítimos en la conciencia ciudadana. La “clase política” no podrá seguir rehuyendo su responsabilidad de ayudar a abrir paso pacíficamente a la nueva época que quiere vivir Chile. El cambio sólo asusta a la derecha económica y política y a las cúpulas concertacionistas que validaron los remiendos de la Constitución dictatorial, y que cifraron sus esperanzas de estabilidad y ascenso social en éxitos macroeconómicos, olvidando que su precio era la desigualdad y la marginación de grandes sectores que ahora hacen oír su potente voz y que exhiben su enorme fuerza.

Entrevista a Amador Fernández-Savater

Después de la Puerta del Sol

Por Verónica Gago
El movimiento del 15-M abrió en España una secuencia de ocupaciones de plazas, asambleas masivas y protestas de todo tipo. De una ciudad a otra se replicó en pocos días esa tecnología compleja de la acampada, armando comunidades al aire libre en las que se cocinaba, se fabricaban guarderías y bibliotecas, se discutía horas y horas, y se ponía en común la experiencia de la crisis. “Democracia real ya” fue la consigna clave gritada acá y allá pero también lo que se buscaba experimentar en esas plazas autogestionadas. Amador Fernández-Savater (Madrid, 1974) fue un atento y lúcido cronista de esas palabras nuevas que empezaban a rondar por la Puerta del Sol. Escribió una secuencia de “Apuntes de la acampada” en el periódico Público que tuvieron miles de lectores. Esos apuntes revelaban, sin embargo, un entrenamiento en la escucha: Fernández-Savater estuvo involucrado en el movimiento ciudadano que se originó tras los atentados del 11-M y de allí salió el libro colectivo Red Ciudadana tras el 11-M; cuando el sufrimiento no impide pensar ni actuar. Además, dirigió durante años la revista Archipiélago y actualmente es editor de Acuarela Libros. Se lo puede escuchar también semanalmente, haciendo “filosofía de garaje”, en el programa radial Una línea sobre el mar.
–¿Cuál es la novedad del 15-M para la cultura política española del último tiempo?
–El periodista Guillem Martínez acuñó el término de Cultura de la Transición (CT) para nombrar la cultura –en sentido fuerte: maneras de ver, de hacer y de pensar– que ha sido hegemónica en España durante los últimos treinta años, la que nace con la derrota de los movimientos radicales de los ’70 (movimiento obrero autónomo, contracultura, etc.). La CT es una cultura esencialmente consensual, pero no en el sentido de que llegue a acuerdos mediante el diálogo de los desacuerdos, sino de que impone ya de entrada los límites de lo posible: la democracia-mercado es el único marco admisible de convivencia y organización de lo común, punto y final. La CT se dedica entonces desde hace treinta años a poner ese punto y final (una y otra vez): “eso no se discute”, “no sé de qué me hablas”, “el pasado ha pasado”, “no hay alternativa”, “o yo o el caos”, etc. Es una cultura profundamente desproblematizadora: no se pueden hacer preguntas sobre las formas de organizar la vida en común por fuera de lo posible autorizado. Y, por tanto, profundamente despolitizadora: porque la política va precisamente de hacer preguntas sobre los modos de estar juntos.
–¿Se percibe ahora una crisis de esa Cultura de la Transición?
–El poder de la CT se ha ido vaciando con los años. Por un lado, han ido desapareciendo o disminuyendo los miedos que la CT administraba e instrumentalizaba en tanto “poder de salvación”: golpe militar, terrorismo de ETA, ruptura de España, etc. Al mismo tiempo, se han ido perdiendo los derechos colectivos asociados al Estado del bienestar (privatizaciones, recortes, precarización generalizada, etc.) incluidos también en el consenso. La CT se percibe cada vez menos como protección y cada vez más como la fuente misma de los peligros contemporáneos. Por otro lado, las nuevas dinámicas sociales y culturales erosionan la legitimidad de la CT: la gente joven consume cada vez menos CT y cada vez más cultura de mercado, la Red habilita la posibilidad de un desborde del monopolio de la palabra que estaba en manos de los intelectuales y expertos CT, etc. En la CT, el consenso sobre las cuestiones políticas y económicas es absoluto: el sistema de partidos y el mercado no son ni pueden ser objeto de discusión. Sin embargo, se escenifica un conflicto permanente en el que estamos invitados a tomar partido: PSOE o PP, izquierda o derecha, capitalismo ilustrado o capitalismo troglodita, “las dos Españas”. Esa polarización organiza nuestro mapa de lo posible. Se puede hablar sobre nacionalismo, la lengua o el laicismo, pero no sobre la precariedad, los desahucios y las hipotecas. Se puede discutir sobre el tabaco, los límites de velocidad y los toros, pero no cuestionar la representación política. La derecha extrema ataca agresivamente el derecho al aborto, el matrimonio homosexual y la asignatura de Educación para la Ciudadanía. La izquierda progre responde educadamente con gestos simbólicos sobre el crucifijo en las escuelas, el multiculturalismo o el feminismo. Pero en cualquiera de los casos, la CT se asegura siempre el monopolio de los temas: decidir en torno a qué se piensa y en qué términos.
–¿El 15-M entonces ya expresa otra manera de entender el mundo?
–El movimiento 15-M cambia de tema. Evita cuidadosamente los debates identitarios que nos capturan en el tablero de ajedrez de la política-espectáculo y apunta directamente al mayor de los tabúes exigiendo “democracia real ya”. Es decir, afirmando que es el pueblo quien debe mandar y no los políticos ni el dinero. “Democracia real ya” es un enunciado que altera completamente el monopolio de las palabras y los temas que ejerce cotidianamente la CT. La desafección con respecto a la cultura consensual, que tiene un recorrido muy largo y se ha expresado de mil formas distintas a lo largo de años (desde el fenómeno de la abstención electoral hasta los movimientos sociales), se ha organizado en el 15-M como un hecho masivo y completamente central, ya no marginal, en la sociedad. En primer lugar como rechazo desafiante, explícito y sonoro de la política de (todos) los políticos. Las consignas más coreadas son “no nos representan” o “lo llaman democracia y no lo es”. Pero luego también como experimentación práctica y positiva del enunciado-consigna democracia real ya en asambleas, acampadas y redes sociales de todo tipo. El 15-M es la mayor brecha que hemos visto aparecer nunca en la CT.
–¿Pero cuáles acontecimientos señalarías como antecedentes de tal ruptura?
–Movimientos como la insumisión al servicio militar o por la recuperación de la memoria histórica, contra nuestras particulares leyes de punto final, han socavado profundamente las figuras y los relatos de la CT. Pero creo que el 15-M se engarza más directamente en el plano subjetivo con esos otros momentos recientes en los que hemos gritado masivamente “no nos representan” y “lo llaman democracia y no lo es”. Me refiero, por ejemplo, al “no a la guerra” en 2003, a la reacción social a los atentados terroristas del 11-M en 2004, al movimiento V de Vivienda en 2006 o a las movilizaciones contra la ley anti-descargas a partir de 2009. Los modos de politización que esos movimientos inauguran ya no se corresponden con los de los movimientos sociales: ni viejos ni nuevos.
–¿En qué sentido?
–En tanto no están convocados, protagonizados ni liderados por militantes o activistas, como en el caso de la okupación, la insumisión o la antiglobalización, sino por gente sin experiencia política previa; no extraen su fuerza de un programa o de una ideología, sino de una afectación sensible y en primera persona por algo que sucede; no se identifican a la izquierda o la derecha del tablero del ajedrez político, sino que escapan a esa alternativa proponiendo un nosotros no identitario, abierto e incluyente en el que cabe cualquiera; no buscan destruir este mundo para construir otro, sino que buscan defender y recrear el único mundo que hay contra los que lo estropean, sin programa utópico o alternativa global de sociedad; etc.
–¿Está hablando de movimientos sociales que no son movimientos sociales?
–Sí, casi diríamos más bien Objetos Voladores No Identificados. Difícilmente perceptibles para los radares del pensamiento crítico tradicional debido a su falta de pureza en lo que dicen y lo que hacen, a la dificultad para sumarlos a los movimientos sociales alternativos y/o antisistema. Algunos amigos los llamamos “espacios de anonimato” y los perseguimos desde hace años, completamente abducidos. El 15-M resuena con toda esta onda de politización atípica.
–Esto contrasta con una suerte de ansiedad, especialmente mediática, por saber quiénes son y qué quieren los que salieron a las calles el 15M…
–Hay algo que hizo el 15-M en primer lugar que fue indefinir la cuestión de la identidad. ¿PSOE o PP? ¿Izquierda o derecha? ¿Libertarios o socialdemócratas? ¿Apocalípticos o integrados? ¿Reformistas o revolucionarios? ¿Moderados o antisistema? Ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario. Las exigencias de nitidez y líneas precisas que imperan en las visiones dominantes de lo político están desconcertadas ante el 15-M. La naturaleza del movimiento suscita tantas discusiones intrigadas como la sonrisa de la Gioconda. No hay respuesta a la pregunta (policial) por la identidad: ¿quiénes son?, ¿qué quieren?. Estamos en huelga de identidades: somos lo que hacemos, queremos lo que somos. El 15-M es una fuerza política pero anti-política: plantea preguntas radicales sobre las formas de organizar la vida en común que no caben y trastocan el tablero de ajedrez político. Neutralizar esa potencia de interrogación pasa por asignarle una identidad: “son estos”, “quieren esto”. Los políticos y los medios presionan para que el 15-M se convierta en un “interlocutor válido” con sus propuestas, programas y alternativas. Saben que una identidad ya no hace preguntas, sino que ocupa un lugar en el tablero (o aspira a ello). Se convierte en un factor previsible en los cálculos políticos y las relaciones de fuerzas. Se vuelve gobernable.
–Desde el 15-M, la impugnación del sistema representativo convive con una búsqueda minuciosa del consenso asambleario, ¿cómo vincular ambos aspectos?
–Se viven como opuestos. El consenso de la CT funciona, como decíamos antes, prescribiendo ya de entrada los límites de lo posible: la democracia equivale a un sistema de representación en el marco de un sistema de partidos (reducido fundamentalmente a dos: PP y PSOE). En el movimiento 15-M, el consenso es una idea-fuerza muy importante. Pero los acuerdos se construyen haciendo dialogar a los desacuerdos en asambleas públicas donde cualquiera puede hablar en nombre propio y no existen las facciones-partidos. Las luchas de poder se sustituyen por la escucha activa, la elaboración de pensamiento colectivo, la atención hacia lo que se está construyendo entre todos, la confianza generosísima en la inteligencia del otro desconocido, el rechazo de los bloques mayoritarios y minoritarios, la búsqueda paciente de verdades incluyentes, el cuestionamiento y recuestionamiento constante de las decisiones tomadas, el privilegio del debate y el proceso sobre la eficacia de los resultados, etc.
–Fue llamativa también una suerte de coordinación espontánea en todo el país: empezaron a contagiarse los acampes en otras ciudades y en pequeños pueblos…
–La ocupación de todas las plazas de España es el gesto más radical desde la autoconvocatoria frente a las sedes del PP a la jornada de reflexión del 13-M de 2004. La paradoja es que ese desafío masivo se apoya en los recursos más ligeros: la no violencia, la idea-fuerza del respeto, el lenguaje despolitizado y humanista, la apertura sin límites, la búsqueda a toda costa del consenso, la interpelación positiva hacia la policía, etc. Esa es la paradoja en tensión que da toda su fuerza al movimiento. Sin el conflicto, sólo seríamos una simpática forma de vida “alternativa” más. Sin el costado empático e incluyente, sólo seríamos otro pequeño grupo “radical” separado e incapaz de morder la realidad. El sí sin el no es buenísmo. El no sin el sí es pura desesperación.
–¿Cómo continúa ese debate una vez levantada la acampada en Puerta del Sol?
–Durante un mes hemos asistido a asambleas de cinco o seis horas realmente apasionantes, extraordinarias y únicas como experiencias de inteligencia colectiva. Pero una vez abandonado el campamento de Sol que funcionaba como centro soberano en Madrid, la situación se ha modificado, ha pasado de acampada a movimiento, y hay un gran debate abierto en torno de la organización, la toma de decisiones, la noción de consenso y el espacio de las asambleas. ¿Sigue siendo viable pensar el consenso como unanimidad? ¿No lastra esa idea de consenso la agilidad de las iniciativas y las acciones? ¿Cómo organizar democráticamente un movimiento con varios centros? ¿Hay algo así como un movimiento? ¿Dónde están sus fronteras entre dentro y fuera? ¿Se puede articular sin totalizar? Como el movimiento 15-M es una novedad, el desafío es ahora pensar todas estas preguntas desde un nuevo cerebro y no aplicar las respuestas heredadas de los movimientos sociales u otros.
–Desde el principio, sin embargo, la pregunta era cómo ir más allá de Sol…
–Los acampados de Sol siempre supieron muy bien que su fuerza estaba fuera de Sol. Mejor dicho: la fuerza estaba en el vínculo vivo con lo que un amigo llama “la parte quieta del movimiento”, es decir, la población tocada y afectada por Sol aunque no participase directamente en la acampada. Sol nunca buscó la separación y por eso suscitó tantos flujos de solidaridad dentro/fuera (tan sólo el tercer día tuvo que hacerse un llamamiento para que los vecinos de Madrid dejasen de llevar comida que ya no se sabía dónde almacenar). Nunca se planteó como un afuera utópico ni como otro mundo posible, sino como una invitación al otro desconocido a luchar juntos en un plano de igualdad. En realidad, Sol no era lo Otro, sino este mismo mundo (con sus guarderías, sus placas solares, su biblioteca y su enfermería) pero construido y gobernado directamente por sus habitantes. En un grupo de debate, una chica por debajo de los veinte años dijo: “nos reprochan que somos muy abstractos, pero los abstractos son ellos”. Es la diferencia entre utopía y heterotopía. La utopía es otro mundo. La heterotopía es una pequeña distancia con respecto a la realidad que nos permite habitarla de otra manera. Sol era esa pequeña distancia.
–¿Qué experiencias de la crisis recoge el movimiento del 15-M?
–Entre enero y marzo se produjeron en España más de quince mil desalojos forzados de vivienda. Se trata de personas que no pueden asumir el pago de las hipotecas que contrataron en su día y son expulsadas de sus casas (lo que no les exime de la obligación de pagar el resto de la hipoteca pendiente). Me parece que los desahucios son la imagen más precisa de la crisis, quizá incluso también la imagen más precisa del capitalismo actual. Desahuciar, expulsar, desposeer, desarraigar, precarizar, fragilizar, arrojar a la intemperie y la incertidumbre… Para los mercados financieros que rigen nuestro mundo, todos somos materia desechable, prescindible, superflua. Ninguno está a salvo del gran desahucio capitalista. La alteración de todo es la norma y la estabilidad de algo es ahora la excepción. El miedo a quedar fuera es el acicate de fondo que nos empuja a todos a abrirnos paso a codazos en el día a día. Una de las líneas de acción del 15-M, una vez que las acampadas han perdido centralidad, es el bloqueo de los desahucios en marcha. Es una imagen que dice mucho sobre el movimiento. Dice por ejemplo que el 15-M no apunta a otros mundos posibles y utópicos, sino más bien a poder habitar el único que hay. Y eso pasa por nuestra capacidad para reinventar el vínculo social, porque no es el Estado quien puede detener la lógica del mercado, sino el otro desconocido que se planta frente a mi casa y bloquea el automatismo fatal del desahucio. Hoy por mí, mañana por ti.
–La cuestión de la vivienda y los desalojos compulsivos es un tema central para pensar la continuidad del movimiento, entonces…
–Ningún desahucio había sido noticia hasta ahora. Un desahucio no puede ser “tema” para ningún intelectual de la CT. Casi por definición. Pero ahora sí se habla de ellos. Los desahucios aparecen en la prensa y la televisión. ¿Por qué? Simplemente porque algunas personas han decidido interrumpir ese mecanismo que se nos presentaba como una especie de fatalidad “natural”, mostrando que se trata de un problema completamente político. El bloqueo de un desahucio es un gesto que agujerea la cultura consensual: hace ver lo que se quería ocultar, problematiza y politiza lo que se quería “naturalizar”, esquiva todas las trampas identitarias y nos interpela a todos.

Manifiesto de Historiadores:

Revolución anti-neoliberal social estudiantil en Chile

Las calles, plazas y puentes de todas las ciudades a lo largo de Chile se han transformado en las arterias donde fluyen y circulan miles de estudiantes y ciudadanos,entonando y gritando las demandas por cambios estructurales en la educación los que, a su vez, exigen cambios sustanciales en el paradigma económico, en el carácter y rol del Estado y en su conjunto, en el pacto social constitucional del país.
Desde hace meses las movilizaciones no han cesado, recuperándose y adaptándose algunas consignas de antaño, cantándose nuevas que apuntan críticamente al corazón del modelo social y económico financiero neoliberal actual: el mercado, el crédito, el endeudamiento, el lucro, la inequidad social y educativa.
Y si bien inicialmente parecía que se hubieran abierto, al fin, las Alamedas, marcando la llegada de la hora histórica anunciada por el discurso final de Allende, el desarrollo de los acontecimientos con el recrudecimiento de la represión policial, las amenazas y amedrentamiento a los/as dirigentes estudiantiles por parte de adherentes oficialistas y la actuación provocativa de policías encapuchados infiltrados de civil, nos recuerdan que estamos en un régimen político dirigido por la derecha chilena, heredera de las prácticas de la dictadura militar y verdadera fundadora del régimen neo-liberal que busca resguardar. Y mientras los jóvenes copan el cuerpo de Chile y la represión enfurece, suenan los cacerolazos del apoyo ciudadano, recordando el tiempo de las protestas.
Si no ha llegado aún el tiempo de las alamedas, ha brotado con fuerza la voluntad de poder de la nueva generación para presionar sobre ellas hasta lograr su verdadera Apertura histórica.
Los que realizamos el oficio de historiar nos preguntamos acerca del carácter de este movimiento y del significado de su irrupción histórica. ¿Se trata de una fase más del movimiento estudiantil post-dictadura? ¿Corresponden sus demandas a reivindicaciones básicamente sectoriales? ¿Cuál es la forma de hacer política de este movimiento? ¿Qué relación tiene este movimiento con la historia de Chile y su fractura provocada por el golpe armado de 1973? ¿Cómo se articula este movimiento con el camino y orientación de la historicidad secular de Chile? ¿Qué memoria social y política ciudadana ha activado la irrupción callejera y discursiva estudiantil?
Si bien es arriesgado responder a estas preguntas cuando se trata de un movimiento en marcha, los que aquí firmamos lo hacemos como una necesidad de aportar desde la trinchera de nuestro oficio, con la plena convicción de que estamos ante un acontecimiento nacional que exige nuestro pronunciamiento, sumándonos a tantos otros que se han realizado y se realizan cotidianamente desde distintos frentes institucionales, gremiales y civiles.
1. Consideramos, en primer lugar, que estamos ante un movimiento de carácter revolucionario anti-neoliberal. Las demandas del movimiento estudiantil emergen desde la situación específica de la estructura educativa del país, basada en el principio de la desigualdad social; una transformación a esta estructura –como bien lo dicen los gritos callejeros- exige un cambio sistémico en el modelo neo-liberal, que hace del principio de desigualdad (fundado en la mercantilización de todos los factores y en la consiguiente capacidad de compra de cada cual) la clave ordenadora de las relaciones sociales y del pacto social. Correspondiente con este principio de ordenamiento, la figura política del Estado neo-liberal se perfila como un aparato mediador, neutralizador y garante, a través de sus propias políticas sociales, de dicho principio des-igualitario; estructura económico-política sustentada en la escritura de una carta constitucional legitimadora de dicho principio.
No es de extrañar, así, que el movimiento estudiantil actual encuentre un tan amplio respaldo ciudadano: en la categoría dicotómica de “deudores” respecto de un grupo legalmente abusivo y corrupto de “acreedores”, se encuentra la mayoría de los chilenos que grita y cacerolea su apoyo a los estudiantes: porque los estudiantes no son solo “estudiantes” sino que son ellos mismos en tanto deudores. Porque no sólo los estudiantes viven en el principio de la desigualdad, sino la mayoría social chilena actual lo sufre en carne propia. Lo social particular y lo social general se auto-pertenecen y se auto-identifican mutuamente en una unidad que se construye y se concientiza sobre la marcha.
Así, el movimiento estudiantil, aparentemente sectorial, constituye un “movimiento social” que, al tocar el nervio estructurante del sistema, irradia e identifica a la sociedad civil ampliada, reproduciendo socialmente la fuerza de manifestación de su poder, descongelando el miedo y aglutinando los discursos y las prácticas fragmentadas.
Es decir, el movimiento estudiantil actual tiene un carácter radical en cuanto busca revertir el principio neoliberal de la desigualdad que construye la sociedad actual, por el principio de la igualdad social (basado en un sistema de “derechos sociales ciudadanos”), promesa irrenunciable de la modernidad, a pesar de cualquier post/modernidad; principio que, desde la esfera educativa chilena, se propaga como fragancia de nueva primavera a todas las esferas de la sociedad.
2. Este movimiento ha comenzado a recuperar lo político para la sociedad civil, poniendo en cuestionamiento la lógica de la política intramuros, y con ello el modelo de seudo-democracia y legalidad que no ha cortado el cordón umbilical con la dictadura.
Se trata de una política deliberativa en el más amplio sentido de la palabra, que trasciende los esquemas partidarios (a pesar de las militancias personales de algunos dirigentes). El movimiento muestra cómo, a través de la orgánica de las bases movilizadas, con el apoyo de las redes comunicacionales (“política en red”), se ejerce el poder de las masas en el escenario público, presionando por la transformación de las estructuras. Este hecho está replanteando los fundamentos del cambio social histórico, cuestionando las modalidades verticalistas y representativas, propias de la premisa moderna, propiciando activamente formas de democracia directa y descentralizada.
Por otra parte, respecto de la relación del movimiento con el sistema político y el gobierno actualmente imperante, este movimiento corresponde a un nuevo momento de su trayectoria histórica posdictadura, en el cual la vinculación con la institucionalidad se realiza básicamente desde la calle, no habiendo entrado a la negociación institucional dada al interior de los recintos gubernamentales. Desde esta perspectiva, lo nuevo de este movimiento es la “política abierta” o “política en la calle” que, al mismo tiempo que permite mantener el control del territorio propio de la sociedad civil, difunde y transparenta su discurso, su texto y sus prácticas a plena intemperie, ante toda la ciudadanía. La política clásica de los gobiernos concertacionistas de “invitación al diálogo” se ha vuelto una trampa ineficaz, manteniendo el movimiento social actual la fuerza de sus propias prácticas de poder.
Así, las movilizaciones estudiantiles y sociales que hoy se desarrollan a partir de las demandas por la educación, no sólo ciudadanizan lo educativo y lo sitúan como base fundamental del proyecto de sociedad, sino que dan cuenta de la crisis del sistema político, cuestionando y transgrediendo la “democracia de los acuerdos”, consagrada como principal herramienta para neutralizar y postergar las demandas sociales Esta nueva política encuentra su expresión manifiesta en un tipo de protesta social que rompe los marcos impuestos tanto por la cultura del terror de la dictadura, como la del “bien mayor” de la transición. A través de una incansable apropiación del espacio público y, en general, a través de prácticas corporales de no-violencia activa, el movimiento ha generado múltiples acciones culturales en un lenguaje rico, plástico, inclusivo y audaz que interpela el cerco de la represión policial y de los medios que criminalizan la protesta.
3. Si bien este movimiento corresponde a un momento nuevo de la política y de la historia social posdictadura, este sólo puede comprenderse desde la perspectiva más amplia de la historicidad siglo xx en Chile. En el curso de ésta, la equidad educacional junto a las limitaciones legales impuestas al capitalismo anárquico, habían alcanzado una maduración estructural en los años ‘60 y ‘70, siendo este proceso abortado con el golpe del ’73 en su fase de plena consolidación. El movimiento social estudiantil actual es expresión de la voluntad y del acto de recuperación de esa hebra rota de nuestra historicidad. Es la irrupción del brote de la semilla que fue pisada y soterrada por la bota dictatorial y el neoliberalismo. Es el renacimiento, en la nueva generación, del sueño y voluntad de sus padres de fundar una sociedad basada en la democracia, la justicia social y los derechos humanos fundamentales, de los que la educación es uno de sus campos más fértiles.
En efecto, el pacto social educativo alcanzado en los ’60 y ’70 fue el fruto de una larga lucha dada por muchas generaciones desde mediados del s. xix. Proceso y lucha que consistió básicamente en la voluntad política progresiva de arrancar los niños proletarizados en el mercado laboral, para escolarizarlos, como una vía hacia una sociedad más equitativa y como un camino de emancipación social y cultural.
Este trayecto histórico, que involucró a toda la sociedad, alcanzó a producir semillas que fructificaron en las décadas del ’60 y ’70 cuando el Estado y la sociedad civil hicieron del pacto social educativo uno de sus más caros proyectos de construcción de nueva sociedad democrática. Es ese proceso el que hoy irrumpe nuevamente en el discurso y en la práctica del movimiento estudiantil. Se trata de una generación que no acepta volver a ser objeto de mercado al que deban proletarizarse sin mas, ya por la vía del endeudamiento o de una educación de mala calidad. Lo que está en juego y que hoy se encarna en este movimiento, es el “proyecto y pacto social educativo republicano/democrático” chileno, como principio ético-político de igualdad social.
Aquí radica la densidad histórica de este movimiento, produciendo, a su paso, una irrupción de memoria histórica en el seno de la ciudadanía: la memoria de los padres y abuelos que marchan y cacerolean su apoyo a la nueva generación que está recogiendo y tejiendo a su modo la hebra de nuestra historicidad.
Así, en su triple carácter dado por su alcance revolucionario anti-neoliberal, por la recuperación de la política para la sociedad civil y por su conexión con la historicidad profunda del movimiento popular de Chile contemporáneo, el actual movimiento ciudadano que los estudiantes de nuestro país aparecen encabezando con fuerza, decisión y clara vocación de poder, recoge y reinstala las dimensiones más consistentes que la frustrada transición chilena a la democracia sacrificó.
* * *
A través de estas breves reflexiones este grupo de historiadores/as chilenas, con el apoyo de mucho/as, saludamos al movimiento estudiantil y adherimos a las reivindicaciones estructurales que ellos han instalado sobre la política chilena. Saludamos y nos sumamos a las demandas de Asamblea Constituyente.
Al mismo tiempo, invitamos a no ver a este movimiento actuando en la sola coyuntura de este gobierno de derecha, sino a tomar conciencia de que este es un momento de un proceso histórico ya en marcha, cuyo principal fruto sin duda será dejar instalada definitivamente la demanda de las reformas estructurales al neoliberalismo, como irrenunciable voluntad de poder de la ciudadanía y como agenda indispensable de los proyectos políticos inmediatos y porvenir.
Agosto del 2011

Entrevista a Alfredo Pucciarelli

“El mayor peligro para Cristina está dentro del PJ”
Por Federico Sierra


Alfredo Pucciarelli es sociólogo y acaba de publicar un libro que repasa la experiencia política del menemismo y su soporte para instrumentar un proyecto neoliberal. En una entrevista con LPO recorre buena parte de la historia del peronismo hasta llegar a los Kirchner y advierte: “Si el kirchnerismo no logra definir un sucesor, asumirá Scioli u otro gobernador y el proceso de cambio se frenará”. 

La transformación más profunda que atravesó la Argentina en la segunda década del siglo XX, encabezada por Carlos Menem, vuelve a ser revisada con los instrumentos de las ciencias sociales. “Los años de Menem” es un trabajo sistematizado a cargo del filósofo y sociólogo Alfredo Pucciarelli y su equipo que, como fina autopsia reflexiva, dan cuenta de los procesos estructurales que dieron sustento y ejecución a ese proyecto neoliberal. Un neoliberalismo “qué está acá a la vuelta de la esquina pero no encuentra la manera de volver a tomar las riendas políticas”, advierte el autor.
Pucciarelli regresó al país en 1984 para retomar la vida académica y la investigación sociológica. Exiliado en México durante la última dictadura, -donde vivió en la Villa Olímpica del D.F., cerca de tantos otros intelectuales como José Aricó y Alcira Argumedo-, ha tenido una producción prolífica desde entonces. Entre otros estudios, su equipo publicó primero “Empresario tecnócratas y militares” enfocado en el análisis del período dictatorial, seguido de “Los años de Alfonsín”. Su último libro, indaga en la década de los noventa manteniendo la misma línea y metodología: los procedimientos de la sociología histórica para obtener la trama estructural de los procesos, con la mirada puesta sobre las élites y su comportamiento, la corporación política y la militar, la composición de la burguesía y sus alianzas.
– ¿Ha pasado un tiempo prudente para que las ciencias sociales puedan estudiar mejor la década menemista?
La distancia temporal es una polémica que existe dentro de una de las ciencias sociales que es la historia: allí, hay quienes sostienen que la objetividad se logra una vez que salieron de escena todas las subjetividades, tanto de protagonistas como de observadores. Nosotros, desde la sociología, no requerimos tal distancia temporal. Es una ciencia que ha desarrollado criterios para lidiar con esas subjetividades. No con pretensiones de neutralidad, que es algo que no existe, pero sí con una explícita aclaración del lugar desde el cual se enuncia y la perspectiva que se privilegia. Otra cuestión es que el libro se inscribe en el marco de la sociología histórica que, desde el presente, busca cualquier momento de la historia y lo somete a un sistema de preguntas que no responde a las características de esa época solamente. Por ejemplo, interpelamos el menemismo desde cuestiones que hoy son estratégicas: La relación entre el Estado y los grupos empresarios, las formas de corrupción, las clientelas electorales. La pregunta se formula desde el presente o, dicho de otra manera: no contamos la historia desde atrás hacia delante, sino que desde adelante miramos con nuestras categorías lo que sucedió atrás.
– ¿Qué desafíos y particularidades se le presentaron al abordar el mememismo como objeto de estudio?
Este trabajo en particular se diferencia de los demás trabajos académicos es que éste no es panorámico: no intenta dar una visión panorámica de la época, sino que analiza con mayor profundidad algunas cuestiones centrales: la militar, la transformación del PJ, la UCR y su electorado. Cada cuestión de ellas se transforma en un proyecto de investigación para ir a fondo. Otro rasgo es que, como este es nuestro tercer libro sobre la historia inmediata de la Argentina mantenemos una línea de análisis: a visiones excesivamente politicistas de la historia nosotros contraponemos una visión más estructural, donde fenómenos económicos, políticos, institucionales y sociales se presentan retroalimentándose, se van encadenando como parte de un todo. Sin caer en ingenuidades ni causalidades mecánicas claro, buscamos analizar el momento rastreando las estructuras que lo configuran. Otro tercer punto es una mayor profundización de la teoría de la valorización financiera, como rasgos que surgen desde la dictadura y el menemismo como la culminación de ese proceso: la construcción de un modelo basado en la valorización financiera. Un tema que tiene mucha actualidad si uno mira la Europa actual, ¿verdad?
– Es recurrente en sus investigaciones la pregunta por la burguesía nacional, como actor que presta consenso a cada momento histórico.
Primero hay que hacer una distinción entre burguesía y gran burguesía. Lo que se percibe durante el menemismo es que una parte de la burguesía se convierte en gran burguesía y el resto desaparece. Esa parte que se convierte en gran burguesía es la que maneja hoy las grandes agrupaciones empresariales: Grupo Clarín, Arcor, Techint. Esa es la “nueva burguesía” que se genera durante los noventas, que tiene hegemonía sobre el conjunto y que se caracteriza por tratarse de empresas diversificadas. Ese sector altamente concentrado es el que hoy está opuesto al proceso político actual. Se advierte que detrás de una discusión económica hay una discusión político-institucional. Estas empresas habían podido capturar el poder del Estado durante el menemismo. El kirchnerismo, para empezar a construir un poder político estatal que brega por su autonomía, se lo retira. Cuando Cristina dice que Amado Boudou “no le tiene miedo a las corporaciones” se está refiriendo a eso en un campo de confortación con esos sectores. Una confrontación no por cuestiones económicas sino por el ejercicio del poder.
-¿Y qué sucedió con el empresariado nacional mediano castigado durante el menemismo?
Los medianos y los pequeños-medianos son los que fueron resucitados mediante estrategias del kirchnerismo. Si estaban muertos, o agonizando. Esos se están expresando en dos ámbitos distintos: como fracción dentro de la UIA y a través de sus propias organizaciones. Lo que me sorprendieron fueron las declaraciones de José Ignacio de Mendiguren criticando las políticas de ajuste financiero del año 2001 y planteando un discurso idéntico al del kirchnerismo. El alineamiento ya es muy fuerte. Ya no es simplemente que “da consenso” al modelo, directamente parecía un discurso de un político del bloque kirchnerista en la Cámara de diputados, eso es muy interesante.
– ¿Eso es porque ven este proyecto político como el único viable para su supervivencia?
Y también se explica en la impericia y la impotencia política de los otros, de los grandes grupos, de construir una alternativa política al kirchnerismo: no saben, no pueden, no tiene la mínima idea pero siguen con sus mismos diagnósticos, y eso es algo que se pueden leer en algunas páginas del Diario Clarín.
– ¿Pero el kirchnerismo ha transformado o más bien ha administrado un momento de transformación de la economía?
Yo matizaría eso… (se queda pensando). Mire, cuando se privatizaron las AFJP yo pensé que nunca más se volvía de eso. Creía que ahí se construía una nueva correlación de fuerzas y ya nunca más se iban a recuperar esos roles del Estado. Hay transformación en el sentido de recuperación de funciones del aparato del Estado, que se vuelve regulador mediante un sistema de subsidios, inversiones, restricción de importaciones: toda una batería de medidas para favorecer al sector industrial productivo. Lo que está tratando de hacer el kirchnerismo es reconstruir la sociedad que en la década del 70 la queríamos destruir desde la izquierda. Volver a un capitalismo que tenga de base el sector industrial, con empleo y redistribución. Pasa que a veces se traba tanto la estructura y el sistema de relaciones sociales que para hacer una reforma se requiere un tour de force muy fuerte. Y me parece que en ese camino está el kirchnerismo. Está más que administrando y parece que tiene una ambición mayor: esto es lo que creo que está en la cabeza de Mercedes Marcó del Pont, Amado Boudou, Roberto Feletti, toda la vertiente “neodesarrollista”, por así llamarlo. 


Estado y política
– ¿Y la movilización política del kirchnerismo para trasformar tiene origen desde el propio aparato estatal?
Bien, para poder hacer esto se necesita hacer política y lo particular del kirchnerismo, – y este también su problema-, es que hace política a través de la gestión, desde el Estado: la figura de Cristina, la presencia creciente del Estado y las medidas anunciadas constituyen un mensaje en sí mismo. Es cierto que el momento económico es favorable, pero para los sectores populares les es mucho más favorable de lo que hubiera sido si el Estado no hubiera jugado el rol que jugó. Eso se tiene que transformar en una organización, una ideología y un sistema de cuadros, que el kirchnerismo no tiene. Creo que cuando Cristina armó las listas para octubre tiene eso en mente: su necesidad de tener una base de sustentación propia que le permita disputar poder con los otros sectores peronistas, ya sean sindicalistas o los intendentes. Si el kirchnerismo no construye su propia fuerza en estos cuatro años no podrá decidir quién será el sucesor. Entonces caerá en Scioli u otro gobernador y el proceso de cambio se recostará y se irá deteniendo.
-¿Dónde ubica actualmente el neoliberalismo de la década del noventa, en qué fuerzas se continúa?
Yo creo que está adentro de los globitos del PRO (se ríe). Pero esa es la matriz más pura, porque existe otra vertiente que podría encarnar González Fraga y otros consultores. Todos los días se escucha de distintos lados: “están gastando demasiado, hay que enfriar la economía, hay que recortar, hay que ajustar, se nos viene la noche, se cae todo”. Pero lo que me parece más novedoso es la articulación entre neoliberalismo y antipolítica que está haciendo Mauricio Macri, detrás de una concepción light de la política, de la figura del político profesional, del tipo que baila en vez de dar un discurso. En esa conjunción está el problema. Hasta ahora están muy cercados: se limita a la ciudad de Buenos Aires y dentro de la ciudad están cercados políticamente: si casi no han abierto la boca luego de ganar con más del 60 por ciento.
– ¿Más posibilidades tendría en todo caso el peronismo disidente si logra tomar el control del PJ en los próximos años?
El otro peligro real para el kirchnerismo es el peronismo disidente. Duhalde es un tipo que hoy día puede decir cualquier cosa y pasa de largo. ¡Pero cualquier cosa, eh! Tiene una impunidad de palabra que es realmente increíble. Y el tipo de personajes que lo rodean es muy ambiguo: son tipos pragmáticos, poco doctrinarios, pero cuando llegue la hora de la hora, si es que Duhalde es aliado de Clarín y otros grupos económicos, volverán a las viejas recetas neoliberales, porque tampoco es que haya tantos proyectos en disputa.
Peronismo y poder
– En el libro, usted hace un detallado análisis del momento en que la línea menemista avanza sobre la línea de Cafiero y toma control del PJ. ¿Quién pueda domar al PJ gobierna el país? 
Por ahora parece que sí, hay que aceptar la realidad. Eso no cambió. El mayor peligro que puede tener Cristina está dentro del PJ, no está afuera. Lo otro son atisbos, experiencias locales en Santa Fe o en Capital, pero que es difícil que crezcan más. El único que puede disputar poder es el peronismo disidente o el peronismo de derecha, sea mediante Scioli o mediante otro. Luego hay grupos que son expresión de algún sector, pero que no construyen poder para capturar el Estado. Por eso para mí el peronismo sigue siendo el movimiento político más vital de la Argentina. No es que me guste que sea así, quizás hubiera preferido que la reconstrucción pos 2001 hubiera derivado en otro esquema, con otras organizaciones realmente nuevas, superando el viejo bipartidismo. Pero bueno, no fue así y hay que aceptar eso.
-¿La fuerte presencia de capital extranjero y las grandes empresas exportadoras son actores capaces de impugnar eventualmente la continuidad del modelo?
Son muy poderosas pero a la vez muy débiles, ocurre que tienen un peso en la estructura económica y una conexión con el capital internacional. El kircherismo ha acordado con ellos por falta de tiempo y por falta de otra opciones. Cuando ellos empiezan a gestionar no pueden generar otra estructura económica y se alían con ellos. Esa es una asignatura pendiente del kirchernismo, que eventualmente va a ser su propio limite a transformar cualquier aspecto del sector agrario. Si Cristina gana en Octubre puede abrir ese debate, esperemos, si no es que el gobierno se cierra y se vuelve soberbio. Pero si abre el debate se puede construir alternativas en los próximos años.
– Menem adapto el peronismo al neoliberalismo, luego el kirchnerismo se despega discursivamente para constituirse en otra cosa. ¿Da para tanto el peronismo?
Absolutamente, no sólo es polisémico, es también un significante vacío. Por eso el desafío es preguntarse porque perdura ese significante y es ocupado para desarrollar los propios proyectos de cada una de las fracciones. Y mas allá de eso, el peronismo es una coalición de sectores muy amplia. Como logran convivir sin destruirse es la pregunta. Los liderazgos son fundamentales. El peronismo no decide nada colectivamente, se dirimen en un juego entre un líder que planteaban la estrategia y un conjunto que acompaña. En un sistema de pirámides y mientras ese liderazgo tenga vigencia todo el mundo se amolda.
– Beatriz Sarlo dijo que “las primeras líneas del campo académico están divididas, pero las segundas y terceras líneas son definitivamente kirchneristas”. ¿Advierte esto en las ciencia sociales?
Si, eso se ve. Hay predominancia de los sectores kirchneristas y de los que acompañan el proceso de modo matizado o con críticas. Pero los que lo acompañamos, aun de modo matizado, somos los que tenemos la ofensiva. Los no kirchneristas están más a la defensiva, les cuesta construir un discurso en este momento. También hay cierta ilusión de controversia porque los académicos e intelectuales no kirchneristas están amplificados por los medios de comunicación. Si Sarlo no estuviera amplificando sus ideas en La Nación, las cosas que dice sobre el kirchnerismo no atraen mucho a nadie al interior del campo académico. Sí tienen cabida en algunos sectores sociales que no quiere aceptar que se puede construir otra forma desde el kirchnerismo. Por otra parte, los campos intelectuales y académicos en la Argentina nunca estuvieron no-partidos: lo cierto es que siempre estuvieron tensados.

Encuentro de prácticas educativas


La crisis de la escuela ya es un lugar común. Quisimos explotar esa idea y realmente pensar en común ese lugar que más ampliamente nombramos como prácticas educativas. Prácticas que desbordan la imagen clásica de lo pedagógico y que toman la educación como problema. Las prácticas educativas  permiten pensar la educación como concepto amplio, no restringido a un espacio ni a un saber-hacer específico, sino emergente del encuentro con un otro en que la mirada, la palabra, el gesto construyen un común transformador de lo que hay donde la escuela es un espacio posible pero no exclusivo de ese encuentro.


La premisa fue preparar algunos textos-ponencias y, luego, dejar que la presencia marque el encuentro.

Aquí algunos de los conceptos y preguntas clave que surgieron:

1)                        La gestión social: más allá de la gestión privada y de la gestión estatal.
(Comunidad Educativa Creciendo Juntos – Moreno)
Desde hace 25 años pensamos que nuestra cotidianeidad en la educación tenía que ver con un compromiso con el ámbito donde se desarrolla esta tarea, siempre rechazamos la imposición de la dureza de la escuela estatal, como así también el mercantilismo de la gestión privada, siempre quisimos ser más autónomos para decidir lo que sucedía en el ámbito en que nos movemos para lo cual permanentemente había que destituir lo instituido. Los sucesos ocurridos en el 2001/2002 nos dieron en cierta forma una razón de ser de lo que nos interesaba en educación. La gestión social se sirve de lo no-escolar como recurso fundamental. Hay puntos definidos: 1) se trabaja con docentes elegidos por la comunidad, con identidad pedagógica definida, 2) gratuidad: permite que las familias de una comunidad elijan la escuela para sus hijos no por el radio sino por su proyecto educativo, 3) se trata de estar atento a las grietas que ofrece la sociedad y muchas veces el estado no puede llegar a verlas y el trabajo autónomo permitiría hacernos cargo de dichas grietas junto a la comunidad, 4) Propiedad social, entendida como un ámbito colectivo de estar y gestionar.
2)                        Toda dificultad deviene hecho educativo (Colegio Sarmiento – Retiro).

¿Cómo alojar en una escuela de tradición elitista a alumnos que viven en la villa 31? Una escuela que de ser exclusiva mutó en excluyente, por atavismos de sus docentes, profesores y preceptores con la consecuencia de altos índices de ausentismo de los mismos. Docentes que, en su mayoría, rechazan este nuevo perfil social y cultural del alumnado actual, con poco interés en intentar conquistar a estos chicos, descreyendo en sus posibilidades y volviéndolos objeto de estigmatizaciones diversas. Alumnos que, en muchos casos, llegan a la escuela habiendo pasado por una vida de trabajo precoz, crianza autónoma, necesidad de aguzar el ingenio y la astucia para sobrevivir, falta de conversación en sus casas, malos tratos, desprecio social, falta de horizontes, consumos diversos, violencia sexual, machismo. Dos cuestiones centrales: 1) La dificultad de la gestión colectiva (que no es parte de la POF: planta orgánica funcional) en una institución estatal cuyo cuerpo docente es ideológicamente adverso a proyectos de estas características y 2) La dificultad de la escuela “alternativa” para vérselas con la cosa educativa en el plano de los vínculos, del qué y cómo enseñar, y de los encuadres y reglas de juego.
3)        ¿Cómo crear un espacio no racista ni discriminador en contraste con la experiencia escolar y barrial cotidiana?
(Escuela media Carlos Mujica – Retiro)
Nuestro taller en contra-turno se llama Caminos a la memoria y desde hace unos 5 años incluye a docentes de diferentes nacionalidades u orígenes con chicos que también tienen diversas procedencias, de diferentes pueblos y provincias del norte argentino y de otros países (sobre todo Paraguay, Perú y Bolivia). Se trata de prestar atención a los saberes que cada quien tiene en torno a cómo se arma una huerta, variedad de conocimientos sobre cocina, música, cerámica, macramé, apoyo escolar, de diferentes tejidos. Participan taller chicos de la escuela, pero también del barrio, en contraste violento con la experiencia barrial y escolar cotidiana, en donde el racismo y la discriminación se reproduce a partir de la construcción de estereotipos (sobre todo del pobre y del villero) que circula por el barrio e ingresa en la escuela. La pregunta que nos hacemos es por la interculturalidad: es decir, un trabajo de aprendizaje desde los saberes previos que todos traemos, poniendo en práctica la cosmovisión de cada pueblo, sus lenguajes e idiomas. El concepto de interculturalidad se diferencia del bilingüismo. No se trata meramente de hacer traducciones de lenguas o de introducir saberes de otros lados, sino de poner en práctica, juntos, el lenguaje y su cosmovisión. Se trata de un intento de comprendernos y aceptarnos en las diferentes culturales. El taller se desenvuelve, por lo tanto, en el nivel del hacer.
4)        ²Queremos, queremos, queremos…
(Movimiento de Colectivos – Sur del Conurbano Bonaerense)
Nuestra experiencia nace de una mezcla de necesidades, búsquedas e inquietudes comunes. En medio del torbellino neoliberal de los ’90 nos fuimos encontrando, compartiendo y resistiendo a la realidad impuesta de la desocupación. Así fuimos dando los  primeros pasos como Movimiento de Desocupados. En el andar, descubrimos que podíamos crear mundos nuevos, colectivos, comunitarios y alegres en medio de adversidades. Surgieron espacios donde poder pensarnos, como talleres de educación popular, asambleas barriales, grupos de reflexión, talleres productivos, salud comunitaria.  La vida cotidiana se nos transformó en un laboratorio político. En medio de este contexto fueron creciendo los pibes. Más de una vez los descubrimos jugando a los piquetes o  reproduciendo una asamblea. En un momento determinado, ellos también fueron planteando sus “demandas”: “Queremos tener nuestra asamblea; queremos aprender cosas, queremos hacer talleres; queremos hacer campamento; queremos, queremos, queremos…” Así surgieron diversas experiencias potentes, muy ricas y divertidas: talleres de juego, murga, títeres, artesanías (marroquinería, tallado en madera, cerámica y serigrafía), sexualidad, lectura, canto, grupos de jóvenes, teatro, campamentos. Hay algunas preguntas que nos ayudan a pensar esos espacios:1) ¿Cómo discutimos los problemas, quiénes toman las decisiones? 2) ¿El taller es un espacio abierto?  ¿Para quiénes? ¿Cuándo empieza y cuándo termina? 3) ¿Hay roles establecidos? 4) En los  talleres con pibes, ¿el/la adulto/a acompaña, coordina o enseña? 5) ¿Quién enseña, quién aprende? ¿Cómo pensamos las relaciones de poder y la jerarquización del conocimiento?
5) Más allá de la educación y el trabajo como estereotipos
(CFP 24 – La Ventana -Flores)
Educación y Trabajo son los grandes relatos estructuradores de expectativas y roles dentro de la Institución. El “Centro” (así se la llama habitualmente  a la escuela) se propone desde sus mandatos originales, organizar la cotidianeidad escolar en base a estas dos premisas indiscutidas socialmente, la educación como un conjunto de saberes anidados en un sitio, su transmisión, y la aplicación eficaz  del mismo en la supuesta “sociedad del trabajo”. Por el desbaratamiento del régimen de correspondencias (y disidencias tolerables) la educación y el trabajo se han convertido en dos grandes estereotipos que aún mueven expectativas pero pierden eficacia concreta, su centralidad no es garantía ya de los efectos que promete y colma de malestares a los que la transitamos. Desde “La Ventana”, lugar de reunión semanal que funciona en la escuela hace aproximadamente tres años,  y frente a las abruptas variaciones tanto de la actividad laboral como de la idea de educación ligada a ella nos preguntamos: ¿Cuáles son, si esto es así, los indicadores de esa mutación? ¿Qué carácter adquieren entre aquellos que buscan una capacitación laboral? ¿Qué relación pueden encontrarse entre estos cambios en el nivel imaginario y las condiciones concretas de vida y vinculares? ¿Qué nos está diciendo esta nueva especie de festival del “emprendedorismo”? ¿Qué lugar le cabe hoy a la asociatividad como estrategia de resolución laboral? ¿Qué sitio le cabe, en suma, a la educación en este panorama? Y sobre todo, ¿qué potencias se anidan en estos tiempos?
6) Preguntas para Antes, Durante y Después
(Secundarios de la toma – Ciudad de Buenos Aires)

Desde el vamos, “la toma” es una medida de lucha muy grosa y solo se la utiliza como última instancia; como en estos casos. Nuestros colegios se vienen abajo y es por la desidia por parte de los gobiernos. Por la dejadez. Nosotros, los estudiantes, salimos a luchar por lo nuestro. Pero no es, ni fue tan fácil. Para mantener esta medida, primero tenía que haber cuorum. Segundo ideas claras, saber porque tomamos, entretenimiento, paciencia, organización, cooperación, cartas, mate y guitarras. ¿Por qué tomamos? ¿Es necesario? ¿No hay otras medidas? ¿Quién lo votó? ¿Quién decidió eso? Éstas son las preguntas que solíamos encontrarnos en la toma. Antes, Durante y Después de ella.
7) La disponibilidad callejera

Pedagogía mutante (Barrilete cósmico)
Barrilete somos un grupo (colectivo? Ong? Patrulla perdida?) que desde hace 4 años más o menos, se vincula con pibes, pibas, guachines, y mamás que rondan las estaciones de José C. Paz, Sol y Verde, San Miguel y Bella Vista del FFCC San Martín. Intentaremos dar cuenta de algunos rasgos de lo que hacemos:

·        Procesos-discontinuos;
·        Praxis sin finalismos;
·        Responsabilidad no jurídica;
·        Educación sin transmisión;
·        Tiempo no lineal ni reglado (desbordado tiempo de encuentro en que pasan cosas);
·        Entrenamiento en la improvisación;
·        Solidaridad en la indefensión/despojo;
·        Afección y reconocimiento por medio de enlaces entre segmentos de tiempo intensivo, sin promesa de inclusión ni emancipación;
·        Problemas que ya no aspiran a ser resueltos sino replanteados, pero con posibilidad de replanteos incesantes,
·        Disposición al juego, a la risa y a la versatilidad;
·        Construcción de lazo sin acudir a representaciones aliadas a la cultura “seria”, e incluso, construcción de un proceso sin representación de ese mismo proceso, lo que no quiere decir para nada que ese proceso no esté repleto de pensamientos, etc. 
8) Hacernos cargo de la producción de conocimiento
Seminario colectivo de Filosofía social,  educación popular y cultura popular en la integración de Latinoamérica – Facultad de Filosofía y Letras (UBA)
Nos inquieta lo estático de nuestras cátedras, la reverencia a los saberes establecidos y su conservación como tesoros intocables, la imposibilidad de pensar fuera de estos esquemas, y de pensar el afuera, lo clausurado de nuestro ámbito, la monología de nuestros objetos de estudios, su eurocentrismo, su universalidad desterritorializada, su desafección por nuestra sociedad y sus problemas, su falta de sensibilidad.  Nos inquieta adecuarnos a esto, nos angustia nuestro límite de ser parte inevitable y nos alegra nuestro poder no serlo del todo.¿Cómo motorizar aquello que queremos?, ¿cómo hacernos cargo de la producción de conocimiento?, ¿cómo lidiar con la institución?, ¿cómo coordinar nuestras desorganizaciones personales?, ¿cómo hacer de un conjunto de individualidades un colectivo de trabajo? ¿Y la burocracia académica? ¿Y el programa a seguir? ¿Puede ser la disrupción la modalidad de un curso universitario? Puede. Hay que encontrar las grietas, y saber acomodarse a algunas reglas.  Pero acomodarse a estas reglas da lugar a otras emergencias.  Dar espacio, eso es lo que nos convoca y la razón por la cual accedemos a enmarcarnos dentro de una institución.  Porque lo que emerge nos excede, no es previsible; es aquello que nos veda la Universidad, un espacio de experiencias y procesos de autoorganización.

lacasonadeflores@gmail.com

La Casona de Flores: Zona Autónoma


La ciudad es un espacio de intercambios. Está hecha de cálculos y mezclas de las más variadas: ciudad mercancía, ciudad espectáculo, ciudad ghetto, cuidad custodiada, territorio de la especulación inmobiliaria, del consumo cultural y la explotación. El ambiente urbano, híper codificado y reglado, reclama un gesto.  En su pulso se tejen y destejen vínculos y posibilidades. 



Hace un tiempo decíamos (La excusa perfecta: http://casonadeflores.blogspot.com/2010/11/la-excusa-perfecta_28.html) que necesitábamos crear un lugar en donde un cierto tipo de encuentros, no reglados por los clichés, la mediatización y la mercantilización, pueda desplegarse. Un espacio autónomo capaz de retomar las preguntas formuladas colectivamente desde hace una década acerca del trabajo, las prácticas educativas, la salud, lo común, la autogestión y las formas de vida en la metrópolis contemporánea. Aquellas preocupaciones que, en su persistencia, se rehacen en nuevas indagaciones con nuevos tonos. Un sitio capaz de construir una intimidad pública que se sustraiga de las opciones que se nos presentan abriéndose un lugar entre el gueto y la microempresa. Y es que estas invenciones colectivas enfrentan su propio dilema: o nos quedamos encerrados entre iguales, cada uno en su propia cápsula, con un lenguaje hermético y un código autorreferencial, o aceptamos la subordinación al estado y al mercado que nos asignan un lugar determinado como un “social” a ser gestionado; sea por las llamadas “políticas públicas” estatales, sea por las formas en que el mercado se hace cargo perversamente de las creaciones comunes.


Contra lo que se ha instalado como sentido común desde hace algún tiempo a esta parte, la renombrada “vuelta de la política”, con sus políticos y partidos, con sus intelectuales y opinadores, no confiamos en la reposición de la distinción entre lo político y lo social. Pues si los primeros son los que piensan e interpretan el sentido último de las cosas y los segundos son convertidos por esta vía en espectadores, sujetos de derecho e intervención por parte del estado, creemos que es urgente replantear la existencia de ambos términos y su relación. Confirmar esa escisión nos ofrece una situación de comodidad. Tanto para los protagonistas, políticos y figuras mediáticas que ya creíamos gastadas, como para quienes contemplan, adhiriendo o rechazando, esa vidriera en la que se ha convertido lo público. Cada uno asume el lugar que le ha tocado en esta repartija sin alterar la espacialidad que se confirma una y otra vez.

Si, como pensamos, en la ciudad hay una guerra civil entre modos de vida diferentes, nuestro gesto precisa componer formas políticas capaces de alojar las posibilidades de encuentros (insólitos, anómalos) heterogéneos. Una insumisión que no se deja gobernar ni por la visibilidad mediática, ni por los lugares que nos asigna el mercado, ni por la forma en que el estado nos organiza.

Necesitamos retomar una conversación colectiva, tantas veces recomenzada como interrumpida. Pensar e investigar significa manosear el tejido vivo de lo real, produciendo imágenes capaces de problematizarlo, sustrayéndolo de los clichés mistificadores que hoy circulan como verdades establecidas.

Muchas palabras han sido capturadas por una máquina semiótica cuya función principal no consiste sólo en interpretar el sentido de los enunciados sino en esterilizarlos. Todo puede ser dicho sin que nada cambie. Las palabras ya no designan a las cosas sino que remiten a otras palabras y a imaginarios constituidos de antemano. Subjetividades hechas que alojan las palabras como mera diferencia estilística en el mercado de las variedades. Necesitamos recrear una nueva vinculación entre palabra y experiencia. Pero este no es un trabajo en el que se puedan tomar atajos. Las palabras, aquellas que nosotros mismos hemos elaborado, y aquellas que hoy formulamos, tienen que volver a medirse con lo real para dejar de ser retóricas abstractas y para violentar los lugares que nos han sido asignados. Sobre todo cuando la realidad se nos ofrece como una materia compleja, hecha de mezclas que vuelven difícil su desciframiento. Nuestra apuesta, entonces, es a construir un punto de vista colectivo capaz de hacerse cargo de la promiscuidadde los encuentros que hacen la ciudad.

Esta casa es multiforme. No articula formas dadas de antemano sino que ella misma tiene tantas formas que no puede definirse a priori. Ni casa barrial ni centro cultural ni casa política tradicional. Nuestra apuesta consiste en dar lugar a una inteligencia común (hecha de saberes organizativos, capacidades productivas, pensamiento político, etcétera) para poder construir una superficie de intercambios más amplios y transversales. Si no somos capaces de pensarnos a nosotros mismos, en nuestras prácticas e intercambios, seremos pensados por otros. Esta es la apuesta colectiva en la que estamos desplegando una autonomía que no se resigna al aislamiento, una política que huye de las identidades previas, un pensamiento que desorganiza las consistencias estructuradas. O inventamos otras formas en que lo común se exprese o permanecemos como consumidores de las imágenes hechas que se nos ofrecen. Aquí estamos, entonces, construyendo un espacio, el de la Casona de Flores, en la que se hilvanan recorridos, puntos de bloqueos y deseos de inventarnos nuevas vidas. 

lacasonadeflores@gmail.com


Casazombie

1.-¿Sos de los que preferís hablar de la potencia del trabajo multiforme?
La casona te va a comer
¿Ves hebras para la constitución de una experiencia política bien distante de aquella que se sostiene en la consigna y la estructura?
La casona te va a comer
¿crees que coexisten en paralelo múltiples diferencias culturales, que no se funden sino que antagonizan o se complementan?
Obvio… la casona te va a comer

2.-Fuimos de los primeros visitantes a la casona, hacia bastante calor por esos días y llamativamente no había mosquitos. Seriamos unxs veinticinco, hay una foto que registra eso. La idea de la visita era hacer juegos de terror, reírnos del miedo, reírnos de miedo. La casona lugar ideal. Unos veinte pibas y pibes (en situación de calle, como nos gusta decir por ahí) en un ex orfanato derruido y desabitado  ¿podíamos pedir algo mas? Escaleras crujientes, piso a punto de derrumbarse, habitaciones completamente oscuras, sótanos con historias, mensajes de madres a sus hijos escritos en las paredes, puertas que se habrían solas.  Una casa llena de muertos debe constituirse en una casa llena de fantasmas. Pero la risa por el miedo no aparecía, insistíamos con los juegos pero ni risa ni miedo. Ni mosquitos, ni fantasmas. El bello terror que fuimos a buscar, el que saca lo mas profundo, el bello terror que cambia roles; el que sabemos que es mentira, que en cuanto empiece a amanecer se desvanecerá, no aparecía.
3.-La casona y sus muertos que no estaban muertos, la casona muerta viva. Los ruidos y crujidos estaban, pero también había olor a carne putrefacta; la casona mutante. El terror y la risa que genera una casa llena de fantasmas que sabemos que no existen; a la inquietud y reflexión que genera una casa zombi (que si existe). Noche llena de miedo e inquietud, de mutaciones y canibalismo. Noche con la certeza que algo habia cambiado para siempre; ocho horas desbordantes, derrochonas y reveladoras. Pibes zombis comiéndose a los adultos, casa zombi fagocitándose todo. Pibes y casa aliándose. Caníbales cómplices.
4.- invierno del 2011, jueves tres de la tarde. La casona esta hermosa, pintada y refaccionada. La gente (compañeros y compañeras como nos gusta decir por ahí) entra y sale, charlan, comparten el malestar cotidiano, ensayan nuevas conexiones. La casona quieta; observa auque nadie lo sepa. El cemento y la pintura borraron sus rasgos zombis. Pero el encanto zombi esta, latiendo, pasa por debajo de nuestros pies. Esperando el momento, la oportunidad. Casa zombi de mutación infinita. No vayas solo al baño.


lacasonadeflores@gmail.com

El último rugido en la selva de la filosofía

A los 87 años murió el filósofo argentino

 León Rozitchner

Por Silvina Friera
Agudo, polémico, descarnado, el trabajo de León Rozitchner supo tejer una precursora alianza entre Merleau-Ponty, el joven Marx y el último Freud. El adiós a un rebelde que siempre arriesgó la soledad por no dejar la crítica.


El ser del filósofo es pensar; encontrar el riesgo en esa punta del cuerno del toro que el torero enfrenta en la lid. León Rozitchner, ese formidable torero “aguafiestas” del pensamiento que murió ayer a los 87 años, arrojó escritos de impiadosa iluminación y belleza. Avezado polemista que supo tejer una precursora alianza entre Merleau-Ponty, el joven Marx y el último Freud, valiente en su soledad, alerta contra todo aquello que pudiera anquilosar sus devastadoras argumentaciones, fue el único intelectual que en 1982, desde su exilio venezolano, se negó a firmar un documento en el que veinticinco intelectuales también exiliados –pero en México–, reunidos en el Grupo de Discusión Socialista, rescataban el hecho de que las islas Malvinas hubieran sido “recuperadas”, aunque el manifiesto repudiara la dictadura militar. “Las Malvinas es, entre muchos otros, uno de los eslabones que atenacean el secreto político de una cadena férrea de ocultamientos y engaños que ciñe el cuerpo despedazado y tumefacto a que ha quedado reducido eso que llamamos Patria”, afirmó el filósofo, profesor y ensayista en Malvinas: de la guerra sucia a la guerra limpia, libro que escribió durante su exilio y gran pieza disonante dentro de la propia izquierda, que lo eximió de una “metida de pata tremenda” y una declaración “lamentable”.

 

Un filósofo intempestivo

León era el “rey de la selva” de la filosofía argentina, un pensador en el borde de lo teológico-político. Su muerte –ese cuerpo que se fue despidiendo desde febrero, cuando fue internado, el mismo día en que murió David Viñas, su compañero de ruta en la revista Contorno– no transforma automáticamente en pretérito un corpus de trabajos que dialogan abiertamente con el presente y el porvenir. Rozitchner trazó una senda, una apuesta de fondo y a fondo por la emancipación, que ahora otros continuarán: mostrar que no hay práctica política que se resuelva sin la pregunta fundamental de cómo pensar, como señalan María Pía López y Diego Sztulwark en el prólogo de León Rozitchner. Acerca de la derrota y de los vencidos (publicado por la editorial Cuadrata junto con Ediciones de la Biblioteca Nacional). La escritura fue el laboratorio de un estilo que se labró desde la capacidad para rasgar consensos intempestivamente. Para aguijonear prematuramente. Si en los años ’60 el compás de la época, la musiquita que empezaba a calar hondo en los oídos de muchos jóvenes militantes, fue el entusiasmo por la lucha armada, Rozitchner prefería alertar sobre los puntos ciegos y la tragedia inminente que se avecinaba. Si en los comienzos del siglo XXI un variopinto coro de intelectuales y ex militantes condenó con vehemencia la lucha armada, León argumentaba su legitimidad.
“La escritura tiene algo de sagrado –decía en uno de los ensayos reunidos en El terror y la gracia, muchos de esos textos publicados en Página/12–. El misterio de por qué hay más bien el ser y no la nada sólo adquiere sentido si nos preguntamos por qué más bien hay alguien que soy yo y no la nada, por qué hay un cuerpo que es el mío y no la nada. Eso es lo raro de lo raro. Es un misterio no religioso –aunque la religión se haya apoderado de él– y en él reside el fundamento de todo sentido. El Otro también es un misterio, tanto para él como para uno mismo. La distancia entre uno mismo y los otros oculta el escándalo: que se nos mate por millones en nombre de la democracia, de la religión, del amor y de la justicia.” ¿Cómo se construye una posición, un modo de pensar tan radicalmente original, una escritura que enlaza la relación con Dios, la ley, el deseo, la madre, el cuerpo, la historia, el Otro? En el humus de esta construcción habrá que imaginar a un niño criado en una mueblería de Chivilcoy, donde nació en 1924, tal vez inaugurando ese gesto suyo de amagar con cerrar los ojos –que se puede comprobar en varias fotos– para enfocar y comprender mejor. Ese niño radiografiaba a sus padres, afinaba el oído con el yiddish y los relatos de su abuelo rabino, llegado a fines del siglo XIX. Después llegarían las caminatas iniciáticas por el centro porteño, su vivencia durante los primeros años del peronismo –luego afirmaría que operó como facilitador de un mundo popular al que la izquierda marxista, en sus múltiples versiones, le proponía un camino más arduo–; su educación filosófica marxista, fenomenológica y freudiana en París, donde se graduó en La Sorbona en 1952; sus estudios con Merleau–Ponty y Claude Lévi-Strauss; sus lecturas de Max Scheller, sobre quien escribió su tesis; y Marx.

 

Belleza y ferocidad

De regreso a Buenos Aires participó del grupo fundador de la revista Contorno, junto a David Viñas, Ismael Viñas, Oscar Masotta y Noé Jitrik, en la década del ’50; pero también hay que apuntar, en la construcción de ese modo de pensar, la experiencia de su paso por Cuba, el exilio en Caracas y sus clases en la Facultad de Filosofía, en la Universidad Central de Venezuela, donde reflexionó en torno de Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar, como productor de ideas nuevas. La lectura de Rodríguez le había mostrado un problema: cómo pasar de la primera revolución, la “revolución política” contra los godos que llevó a la creación del Estado-nación, a la segunda, a la “revolución económica” que incluya en el disfrute de la riqueza común a todos los postergados. Hay riesgo, belleza y ferocidad en ese tono siempre punzante. León pensaba con el cuerpo y desde el cuerpo en un puñado de libros capitales como Persona y comunidad (1963), Moral burguesa y revolución (1963), Freud y los límites del individualismo burgués (1972), Perón, entre la sangre y el tiempo (1985), Las Malvinas: de la guerra sucia a la guerra limpia (1996), La cosa y la cruz (1997) y El terror y la gracia (2003), un puñado de ensayos hilvanados en torno del genocidio, la muerte, el desplazamiento de lo femenino y el terror, entre otros tópicos, reescribiendo junto con Freud, Marx, Lacan, Artaud, Macedonio Fernández, Althusser y Severino Di Giovanni. El doctor en Filosofía en La Sorbona no pensaba publicar ese libro. Lo confesó ante el suplemento Radar. “Me da asco leerme, supone una autocomplacencia que siempre queda defraudada”, aseguró el filósofo, acompañado –como siempre– por su infaltable pipa.

 

“Una traidora de clase”

No era un filósofo académico refugiado en abstracciones y en cierta medianía intelectual. Pensar –para Rozitchner– implicaba la puesta en juego del cuerpo, un coraje y una valentía que están moduladas por las ganas de infringir un límite. “Al kirchnerismo hay que situarlo evidentemente en la derrota del pueblo argentino que viene desde el apoyo que le dio al golpe militar, a la guerra de Malvinas y a Menem. Esto constituye un derrotero que marca un fracaso político monumental. Todavía estamos en la dificultad que conlleva salir de esa destrucción. Entonces, ¿sobre qué fondo el kirchnerismo puede hacer una política de transformación? Con los desechos de la derrota del campo popular, bienvenida sea la aparición de este gobierno –subrayaba el filósofo–. En ese sentido, se abre tenuemente una posibilidad distinta que es fundamental pensarla a partir del campo de la política de derechos humanos. Cuando Kirchner hizo bajar el cuadro de Videla al jefe del Ejército, la Argentina sintió un respiro de liberación. Algo cambió en la subjetividad de cada uno de nosotros; dicho de otra forma, nos sacamos el terror de adentro.” Como en cada línea que escribía, a Rozitchner le obsesionaban las lógicas profundas de la opresión del hombre.
Uno de sus artículos periodísticos más notables, que quedará en la memoria de muchos lectores, fue “Un nuevo modelo de pareja política”, el último que publicó en este diario, el 10 de noviembre del año pasado. En ese texto advertía que si bien Néstor Kirchner no había hecho la revolución económica que la izquierda anhelaba, “inauguró una nueva genealogía en la historia popular argentina” cuando afirmó que “somos hijos de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo”. Rozitchner postulaba que Cristina Fernández y Kirchner plantearon un nuevo modelo social de pareja política. “Cristina es un animal político femenino en pie de igualdad con el animal político masculino de su marido Néstor, cosa que no pasaba con Perón y Evita. Ocupa un rango superior a Evita en la escala de Richter de la evolución femenina. Aquí las diferencias no se contraponen sino que se complementan, como se complementan los cuerpos que al amarse se unen. De allí surge, desde muy abajo, otro modelo político –tiránico o acogedor, según sea la cifra– en los representantes del poder colectivo en el gobierno. Y por eso también desde allí surge ese odio nuevo, tan feroz y mucho más intenso, que se apoderó de gran parte de las clases media y alta argentinas.”
Aparte de la agudeza, hay que paladear el lenguaje del filósofo y ensayista, detenerse en ciertas palabras. “Por eso, tantas mujeres sumisas y ahítas de alta y media clase no nos ahorran sus miserias cuando se muestran al desnudo al dirigirle sus obscenas diatribas: no ven lo que muestran. Son mujeres esclavas del hombre que las ha adquirido –o ellas lo hicieron– y al que se han unido en turbias transacciones, donde el tanto por ciento y las glándulas se han fusionado en una extraña alquimia convertida en empuje que llaman ‘amoroso’ –continuaba Rozitchner–. La envidian a Cristina desde lo más profundo de sus renunciamientos que el amor ‘conyugal’ exige pero no consuela. Cristina las pone en evidencia a todas: se han quedado sin jeans que las ciñan, con el culo al aire. Ella tiene, teniendo lo mismo o más de lo que ellas tienen, lo que a todas juntas les falta. Pero saben que tampoco podrían nunca llegar a tenerlo. Por eso, ellas no la envidian: la odian como a una traidora de clase –de clase de mujeres, digo–. La han cubierto de insultos y desprecios: de las ignominias más abyectas que nunca vi salir antes de esas boquitas pintadas de servil encono. Cristina las pone fuera de quicio. Esto también constituye el suelo denso y material de la política, tan unido a la lucha de clases entre ricos y pobres. Ellas también son el resultado de la producción capitalista de sujetos en serie: mercancías femeninas con formas humanas, con su valor de uso y su valor de cambio.” Y vale recuperar cómo cierra este artículo y el rebote de su fraseo. “Cristina Fernández-Kirchner ha prolongado y asumido como mujer-madre, y con el hombre que fue su marido, un nuevo modelo social de pareja política. No es poco para recuperar el origen materno del imaginario colectivo que busca una sociabilidad distinta. De todos modos, habremos ahondado un lugar nuevo y más fuerte si, para defendernos, la defendemos: no nos queda otra. Y no he sido ni soy, por eso, ‘kirchnerista’.”

 

Una izquierda miope

Cuando se inició el conflicto con el “campo”, estuvo en la última movilización en defensa del gobierno. “Nunca el problema de la Nación estuvo tan claramente ligado a la terrenalidad geográfica material del suelo patrio. Pero faltó referir el problema del campo a la expropiación del suelo nacional, que nos pertenece a todos, diferente al de la patria que los terratenientes definen –explicaba en una entrevista que le hizo el Colectivo Situaciones–. La materialidad de la tierra expropiada está ligada a la materialidad de los cuerpos sufrientes expropiados. La izquierda de todos los signos nunca partió de ese nivel elemental para fundar, comprensiblemente para todos, la crítica a la resolución 125”, cuestionaba León y levantaba su voz contra la expresión “más miope y miserable de la izquierda, que sólo atinó a reafirmar sus consignas revolucionarias para mantenerse neutral en ese enfrentamiento”.
Cada uno esculpe su rostro en el intercambio con el mundo y con los otros. León deja un inmenso bagaje de filamentos corpóreos y afectivos; una obra incómoda y por eso mismo reconfortante que atraviesa y desafía los modos dominantes del pensar.

Misa ricotera

por Gaby 
Increíble la banda de personas que peregrinaron por ruta al recital. Motos, camiones, micros, desde los que tienen dos pisos al escolar. Autos último modelo, 0kms; y también renaults pegaditos al piso, no por pisteros sino porque cargan a nueve agitando desde adentro. Todos colapsando una ruta, encontrados en canciones. Piel de pollo me ponía ver esa mezcla, que coreaban frases como “el futuro ya llegó”.
Siete horas tardamos en el viaje. Al llegar tuvimos que dejar el coche a kilómetros del recital. Caminata, agitando, siendo parte. Haciéndonos cargo cada uno de cuánto le pegó la letra ricotera. En nuestro caso, lo que queríamos era empaparnos de la vibra que genera esa mezcla cultural, mas que el recital en sí. Es más, teníamos que vender unas cositas para gestionar la moneda, sea para reponer el viaje o para el chori. Mala idea, ya que para laburar tenés que tener una especie de conducta que en el ambiente no encajaba. Veinte minutos estuvimos queriendo vender y en cuanto cajeteamos un toque ya estábamos ojeando cómo pasar sin entrada al grito de “vamos las bandas”.
En el rejunte de los que no teníamos tickets, la mayoría eran pibes que no tenían guita para garpar y también se hacían cargo de ese cross a la mandíbula que generan las letras ricoteras. Llegaron hasta allá, presentes, pero el pasaporte era de $ 150.
La media naranja
No eran vallas lo que contrataron para que frenen a la banda sin entrada. Eran centenares de pibes tipo barra-brava con chaleco naranja, dirigidos por gordos gigantes con handys.
La postal mostraba a los de naranja bien parados, organizados, esperando la voz de ataque, mirando todo; los tortugas contra un alambrado, cuidando los que tenían “entrada en mano”; y polis no tortugas juntando botellas, preparando el campo de batalla. Tremendo, no me dan las palabras para contar lo que pasó cuando llegó la orden de ataque. Al que agarraban los de naranja lo chupaban hasta el desmayo. Yo no sabía qué mierda hacer, paralizado unos minutos, apretándome las bolas para bloquear al cagazo.
Me mandé a levantar a un tipo de la edad de mi viejo ya desmayado que lo pateaban entre seis naranjas. Tuve “suerte” que no me peguen ya que tres fuimos a separar y a mí sólo no me arrebataron. Agachado, despertando al hombre en medio de una locura. Se acercaron unos gordos de naranja y a mí me hablaban, mientras a todos los que estaban alrededor les pegaban. Ahí fue cuando me cayó la ficha. Mi look de anteojos, barba, tez blanca, no entraba en el tipo de gente que tenían que fajar. A los de gorrita olvídate: los marcaban con un láser verde y todos atacaban a ese. Y los/las que tienen remera del Che, look bien progre-rockero o parecido al mío, como si nada, atrás de los tortugas, hasta nos gritaban “compren la entrada ratas”. ¿Qué onda?
Vas a robarle el gorro al diablo así: adorándolo, como quiere él, engañándolo…
Pasó como una hora hasta que el viejo arrancó el recital. Perdimos al Galle, uno de los pibes. Rogamos que no le haya pasado nada. Maldiciendo desde mi existencia a la de todos. Abren las puertas con la condición de que se haga una fila de dos bien domadita. Entramos buscando al Galle, amargadísimos, después de ver cuál está siendo la solución represiva: tirar unos mangos a estas neo-patotas mercenarias, que un día se ponen el chaleco naranja y otro día el de los ferroviarios.
Finalmente lo encontramos al Galle, y le cuento a los gritos lo que pasó afuera. Una pavada de mi indignación: quería que me escucharan los que se subían a cocochito cuando el indiocoreaba “este asunto está ahora y para siempre en tus manos, nene”. El galle me mira y dice: “cabeza, aproveché cuando se estaban matando y me metí en la fila de los que tenían entrada y ni me pidieron la entrada”. En ese momento mi mente colapsó y me fui del recital con un llanto auto reprimido, muy parecido “al festejo del día de los DDHH” en la Plaza de Mayo, cuando tiraban petardos y luces con el Indomericano prendido fuego aún.
¿Todo piola?

Entrevista a Vera Malaguti Batista

“La policía de Río es la que más mata en el mundo”

Por Emilio Ruchansky
Vera Malaguti Batista es secretaria general del Instituto Carioca de Criminología, un organismo independiente del gobierno que hace un seguimiento del aumento de la violencia en las barriadas populares a partir de la llamada “guerra contra la droga” y las políticas denominadas de “pacificación”. Ella estuvo en la Argentina para cerrar la novena Conferencia sobre Política de Drogas, organizada por la asociación Intercambios en Congreso. Allí analizó los fenómenos mediáticos vinculados el narcotráfico, la intromisión militar en las favelas cariocas y la situación carcelaria. Este último tema la motivó, junto a Pedro Viera Abramovay, a editar un libro llamado Después del gran encarcelamiento, basado en las ponencias de un seminario realizado en 2008 en Río de Janeiro, cuando de 110 mil presos en Brasil, en 1994, se pasó a 500 mil catorce años después. Actualmente, Malaguti Batista es profesora de criminología de la Universidad Cándido Mendes e impulsa un cambio en la legislación sobre las drogas en Brasil, en momentos donde abundan los crímenes relacionados con el narcotráfico, como el de la jueza Patricia Ascioli, acribillada luego de condenar a policías que integraban “escuadrones de la muerte” en Río. La desinformación y la contrainformación, dice, son esenciales para entender el retroceso y los obstáculos para implementar políticas de drogas más humanas y eficaces.

–¿Qué es el Instituto Carioca de Criminología?

–Es un instituto de investigaciones, tenemos una revista que se llama Discursos sediciosos, crímenes, derecho y sociedad, donde trabajamos temas relacionados con el derecho pero también con el arte.
–¿Tienen alguna relación con el Estado?
–Ninguna, somos totalmente independiente.
–¿Cómo monitorearon la incursión del gobierno carioca en las favelas?
–Tenemos una evaluación totalmente negativa de una ocupación bélica de las favelas. Es una estrategia para hacer una higienización de la ciudad para los grandes negocios transnacionales olímpicos y futbolísticos.
–¿No es una “pacificación” como se plantea desde el gobierno?
–Esa palabra en Brasil tiene una historia. Yo investigué lo que ocurrió alrededor de 1830, cuando Brasil se independizó y hubo un montón de rebeliones, historias muy lindas, de indígenas, de esclavos. Hice un libro sobre la llamada “Revuelta de los Malês”, de los esclavos musulmanes. “Pacificación” es una expresión militar. Después de esta época de revoluciones republicanas, en el sentido radical del término, las fuerzas armadas del imperio brasileño “pacificaron”. Eso quiere decir que en lugares como el estado del Gran Amazonas, que hoy es Amazonas y Pará, se mató a la mitad de la población. “Pacificación”, para quien conoce la historia de Brasil, equivale a “dominación de territorio”.
–O a exterminio…
–Sí. En este momento la policía de Río es la que más mata en el mundo. Este mes están “conmemorando” que sólo hubo 800 muertos al año porque se llegó a 1500 hace tres años. Esa es la “pacificación”, una especie de Pax romana.

–En este momento Río es gobernada por el PBDB, un partido aliado al PT, ¿qué opinión tiene de esa gestión en Río?

–El PBDB estuvo durante la dictadura también. Están donde están los negocios. Ahora son centroizquierda pero en sus filas hay gente de centroderecha, es una mixtura. El gobierno de Río tiene una agenda políticamente correcta pero en seguridad las UPP (Unidades de Policía Pacificadora) tienen una pantalla, que es la guerra contra las drogas, contra el crimen, liberar las comunidades de esas mafias… pero por detrás, se puede ver en el mapa de las comunidades pacificadas que todas están alrededor del estadio Maracaná, en la zona Sur (Ipanema, Leblón) porque Río todavía tiene favelas en las áreas ricas, lo bello es que es una ciudad mezclada.
–En verdad vive más gente en las favelas que en el trazo histórico de la ciudad. Se ve claro antes de aterrizar en el aeropuerto internacional.
–Justamente, el camino desde el aeropuerto, alrededor de los grandes estadios, en las zonas turísticas, todo ha sido “pacificado”. La semana pasada entraron a Mangueira, que es un lindo barrio. ¿Qué hicieron? Fueron con tanques de la Marina y destruyeron casas y pequeños negocios que son la economía local pobre. Estas incursiones la municipalidad las llama “choque de orden”, es la política de higienización y el fin de la verdadera economía de esos barrios.
–Hace algunos años, los comerciantes pagaban escuadrones para matar a los chicos pobres que andaban por el centro, ¿eso volvió a pasar?
–No, porque ahora la policía mata oficialmente en nombre de la pacificación y de la guerra contra el narcotráfico. Además, los comerciantes están tranquilos porque en las favelas pacificadas se queda la policía militar. Si usted quiere hacer la fiesta de bautismo de su hijo tiene que pedir permiso a la policía militar, es un control territorial, intenso y militarizado.
–¿Cuál es la situación del baile funk en este contexto?
–Está prohibido en las comunidades.
–Pero es la música más popular y no sólo en las favelas.
–Y no siempre es violenta, pero a veces lo es. Prohibirla es parte de la demonización de las actividades de las favelas. Ahora hay funky oficial, del gobierno. Están cooptando artistas famosos para “el funk del bien”. Como es una manifestación cultural de masas en Río, es uno de los objetivos militares.
–El funk carioca en los ‘70 impulsaba el orgullo negro y también fue perseguido por la dictadura.
–¡El propio samba fue criminalizado al principio del siglo 20! Si usted escucha a los artistas negros perseguidos como Bezerra Da Silva, ya fallecido, se notan las mismas miradas sobre las áreas populares, las mismas estrategias, sólo que cambia el leitmotiv, antes era el samba o el capoeira y ahora el baile funk. Tambien está la cuestión sexual.
–El baile funk es muy misógino.
–Sí… pero hay una cuestión de cierto puritanismo blanco brasileño.
–Además, esta música habla del orgullo del usuario de drogas.
–Es la crónica de esa vida oprimida. El proibidao (variante del baile funk) incluso es medio un desafío a las investiduras policiales y la política prohibicionista.

–¿El control de la policía militar reconfiguró la venta de drogas?

–Hubo cambios en la venta al menudeo pero todos sabemos que el prohibicionismo no acaba con la venta de drogas. Los países más rígidos son los que presentan más crecimiento en la producción: Colombia o Perú, antes de (Ollanta) Humala. Brasil cuadriplicó, según el último informe de la ONU, el tráfico de cocaína afuera del continente, como corredor. En Brasil tenemos 40 años de fracaso con la prohibición: aumentaron la producción, la comercialización, el consumo, la corrupción de la policía, la violencia de una forma tremenda. ¿Para qué sirve la política de drogas? Los objetivos que propone no existen.
–A la vez es discriminatoria… Se notó en la última marcha mundial de la marihuana en Río y en San Pablo.
–Estuvo prohibida. Mi marido, que es abogado, presentó hábeas corpus y conseguimos hacer la marcha en Río, pero en San Pablo fue prohibida ¡y con tiros! Pero ahora la Suprema Corte de Justicia dice que no es apología y legalizó las marchas. Estamos muy atrasados también por los monopolios de los medios de comunicación, no tenemos diarios como Página/12, que es un contrapunto a La Nación y Clarín. Creo que en la Argentina, en todos los asuntos, tienen una agenda política vanguardista; conjugan movimientos políticos populares con causas como el matrimonio igualitario o la despenalización de la tenencia de drogas.
–Pero en Río hay más tolerancia en ciertas zonas: se fuma porro en la playa, en las calles. ¿Por qué eso no llega a la política?
–Rosa del Olmo, que fue una gran profesora venezolana que murió hace 10 años y deconstruyó en los ’70 esa real política norteamericana, decía en relación con la drogas que hubo una mezcla de desinformación y contrainformación, que produjo una saturación que es funcional a la ocultación del problema. Usted tiene una especie de masacre mediática sobre el problema, pero las personas no tienen información sobre indicadores de salud o propuestas internacionales sobre el tema.
–¿Cómo impacta esto sobre los usuarios de drogas?
–En Brasil el problema no es tanto la criminalización del consumo, que es cuestión de clase media y está naturalmente descriminalizado. De joven, yo vivía en el barrio de Santa Teresa y ahora en Ipanema. En Ipanema si alguien fuma, la policía no hace nada, pero si ven un vendedor ambulante fumando porro va preso. Hoy en la Corte Suprema existe una discusión muy calificada, tanto, que el voto del fallo por la marcha el juez Celso de Melo, que es un jurista liberal, abrió la discusión para el uso terapéutico de marihuana. Pero la opinión pública está monopolizada por los diarios, la Red O Globo y por un contrapunto evangélico que es aún peor: tienen su red de radio y televisión. Ellos obstruyen la discusión.
–¿La Corte no dice nada de la despenalización de la tenencia?
–Ese asunto no llegó a la Corte, tiene que ser provocado.
–La gente va presa, así que debería haber expedientes en trámite.
–Sí, pero el problema principal, donde se sangra literalmente, es en el punto de la venta que involucra a los pobres. En Brasil no existe una especificación en la cantidad de marihuana, por ejemplo. Es una cuestión de interpretación. Yo investigue más de mil procesos cuando empezó esta política represiva, entre el ’68 y el ’78. Si hay dos chicos con la misma cantidad de drogas y uno es blanco de clase media va a ir al psicólogo o al médico, pero si es pobre y negro y vive en la favela es considerado traficante. Creo que el problema es la demonización del tráfico, del comerciante minorista. Entonces pienso que descriminalizar sólo la tenencia va a producir la misma violencia.

–También existen las internaciones obligatorias por el Código Penal, como en la Argentina.

–Existen y son inconstitucionales. En la guerra contra las drogas se puede hacer todo: torturas, asesinatos… Se creó un sentido común tan fuerte que cuando la policía entra a las favelas y mata a diez personas, ellos dicen: “Son diez traficantes”. Y está todo bien. Insisto en que nuestro problema es la comercialización, como en los países andinos es la producción. Este tema va junto en la discusión por la despenalización, que es totalmente correcta y legítima.
–Más allá de la Corte, ¿qué postura tiene el gobierno nacional?
–El gobierno de Dilma tiene una Secretaría de Política de Drogas en el Ministerio de Justicia Nacional. La titular, Paulina Do Carmo Arruda, dio una entrevista y dijo que el crack, que es un tema terrible, estadísticamente en salud pública es un problema irrisorio. Casi la matan.
–¿Cómo evalúa en este sentido la experiencia de Portugal?
–Bueno, Portugal descriminalizó el consumo. Hace dos años vino de allá la antropóloga Manuela Ivonne da Cunha, que hizo un estudio sobre las prisiones en Portugal y demostró que la descriminalización produjo un aumento en el encierro de los africanos que venden al menudeo.
–Nunca un gran narcotraficante…
–Lo mismo pasa en Brasil, donde no existe un gran negocio de drogas, es sólo una categoría fantasmática. Es diferente a Colombia. El prohibicionismo provocó los carteles, como la mafia durante la ley seca.
–Entonces, usted cree que se debe legalizar las drogas.
–Es lo que decía Rosa del Olmo: controlar por la legalidad. Hasta el crack se puede controlar legalmente, como pasa con la heroína en Suiza o la marihuana en Holanda. El modelo nuestro debe ser soberano, nuestro, de acuerdo con nuestros problemas. Otra cosa que dice Del Olmo es que la agenda de la guerra contra las drogas entró en América latina antes de que tuviésemos un problema efectivo, estadístico, de salud, con el uso de drogas. ¿Será que la guerra produjo el consumo? Hasta la dictadura militar, en Brasil existía una legislación sanitaria sobre drogas ilícitas. En la dictadura entró el modelo bélico, policial, norteamericano. Y también se hizo masivo el consumo de cocaína.
–Hoy Brasil es un puerto de salida de cocaína a Europa. Podríamos considerar que ése es el verdadero negocio narco.
–Un negocio institucionalizado, si no, no pasaría. Es gracioso, en Brasil siempre dicen “fue preso un gran traficante” y al final es un pibe favelado. La realidad es que en el comercio ilícito las personas se brutalizan, no sólo ellas, la policía también se brutaliza, se van convirtiendo en matadores de pobres: ellos hablan de “autorresistencia”, que es una metáfora para encubrir una ejecución policial. Además, se sentó un precedente peligroso, el uso de las fuerzas armadas en funciones policiales en el caso de la pacificación. Y el gobierno de Lula aprobó esto por ley… resultado: aumentó en 40 por ciento el número de presos por tráfico entre 2003 y ahora. En Río hay grupos que venden drogas y no negociaron con la policía, como el Comando Vermelho, y todas las UPP van a las áreas del Comando Vermelho. La policía se queda con el negocio.
–Hace algunos años, Fernando Meirelles y José Padilha, directores de Cidade de Deus o Tropa de Elite, aseguraron que el usuario es cómplice del narcotráfico, corriendo el foco de la discusión que debería ser la reforma de la ley.
–El film Tropa de Elite es una apología de una tortura y la parte dos es más perversa todavía. Creo que ellos plantean una culpabilización del consumidor; estoy en desacuerdo con ellos en ese punto. Dilma llamó a Pedro Abramovay para trabajar en la Secretaría de Políticas de Droga y en una entrevista planteó que además de despenalizar la tenencia, tal vez hacía falta pensar a los traficantes presos sin armas como víctimas de tráfico. Cayó. Dilma lo sacó. Influyeron la opinión pública y el miedo.

–¿Conoce a Paulo Texeira? Es un diputado federal que plantea la reforma de la ley de drogas en su país.

–Sí, claro. Sufrió una masacre mediática por sus propuestas. Lo tratan de protector, de narco. Mi marido dice que el discurso sobre los traficantes es parecido al religioso, al de un hereje: “Toman el alma de nuestros chicos”. El traficante aparece como alguien que va a ir a la escuela y no como alguien que trae una mercadería que otro quiere, como en el capitalismo. Yo gusto de capitalismo pero bueno…
–Reconocer el uso es reconocer el mercado.
–Pero ahí entra el discurso que usted mencionaba antes: “Entonces la culpa es del consumidor que produce el mercado”. Y comienza la demonización del usuario. Es un círculo vicioso, sin objetivdad. La guerra contra las drogas sólo sirvió para aumentar el poder discrecional de la policía, la venta de armas y la legitimación de la truculencia contra los pobres, que es algo histórico de la policía brasileña. Pero cuando uno piensa en cambiar la gente entra en pánico: “Van a liberar” “¿Cómo va a ser?”. ¿Y cómo es ahora? ¿Sabe cuántos desaparecidos tenemos ahora en Río? 5000, el año pasado. Parte reaparecen vivos… pero parte de esos desaparecidos están muertos por la guerra contra las drogas.
–¿Quién los desaparece?
–La policía brutalizada que produjo la guerra.
–¿Cuántos aparecen?
–No lo sé, son datos clasificados. Tenemos un veedor que dice que los números de seguridad en Río son torturados. Además, el que dirige la parte de estadísticas es un coronel del BOPE (Batallón de Operaciones Policiales Especiales). La semana pasada tuvimos un caso chocante en Río. La policía entró a una favela y les disparó a dos chicos, uno fue herido, el otro murió y lo desaparecieron. Ese chico estaba yendo a la escuela. En las áreas pobres es una tragedia este modelo de seguridad máxima de la UPP.
–Tengo entendido que también hay paramilitares.
–Sí, les llamamos “milicias”. Son policías que viven dentro de las favelas, son escuadrones de la muerte. Al principio los prefectos de Río dijeron que eran “autodefensa contra el narcotráfico” y las permitieron. Luego se expandieron y ahora es policía… contra policía, porque las milicias quieren quedarse con parte del negocio de las drogas. Antes controlaban la venta de gas, las llamadas ilegales, internet, la economía informal. Son mafia. Las autoridades tardaron en darse cuenta, hasta ahora que matan a policías. “Hacen adicionales, es autodefensa contra el narco”, decían.

–¿Quién financia la milicias?

–Se autofinancian. Obligan a pagar una tasa de seguridad y protección. Y no se los puede denunciar porque son policías. ¡Si es el segundo empleo de la policía! Esa es la mezcla loca que estamos viviendo en Río. Esta semana también mataron un chico en el morro. Dijeron: “Era traficante”. La familia corre para probar que era trabajador. Si fuera traficante estaba todo bien… ese es el problema.
–¿Para la familia también?
–…A veces, sí. Esa es la cuestión perversa. Claro que hay lugares donde el traficante es alguien de la favela que mantiene una buena relación, otros son de otras favelas y dominan al barrio por la fuerza. El traficante no existe como categoría fija. Existe un comercio loco, pulverizado, violento. Pero la policía militar brutaliza mucho a los traficantes.
–¿Tienen muchos policías militares presos?
–Sí, muchos. En general por asesinatos y cada día mas. Por eso, ni Estados Unidos deja que sus fuerzas armadas se metan en problemas internos.

Alzas y bajas en la bolsa de porro

Por Camilo Blajaquis
(texto aparecido en la  revista  ¿Todo  Piola? Nº 11)

Sábado de primavera en La Gardel. Los pibes juegan a la pelota en la canchita, con buena cantidad de público, más que nada vecinos que se transforman en inseparables. Los pibitos del monoblock 1 enfrentan a los del 12.
De repente una situación extraña me llama la atención. Nadie está fumando marihuana. Raro, muy raro. Le pregunto a uno de los guachos qué onda y me contesta eufórico, realmente enojado: “los transas tan re zarpados, la bolsita que ayer te la vendían a 7 pesos ahora te la venden a 10”.
Alto malestar en los rostros de la banda. No se trata de un simple detalle particular, sino de una ruptura que puede generar tensión dentro de los códigos sociales y de convivencia que gobiernan la cotidianidad del barrio. La queja sigue ahora en boca de Fernando: “encima que te venden un faso re lechuga, estos giles te quieren robar de chamuyo. Si por lo menos te vendieran un faso como la gente, ahí bueno es otra cosa, pero estos narcos se piensan que somo giles. No hay que comprarles nada”.
El resto, 7 u 8 guachos más, se suman a la protesta: “¡es verdad, no hay que comprarles más!
La banda tiene bronca por el aumento en el valor monetario de la bolsa. En un tono más tranquilo, el Chaza, que ya es un pibe de 23 años, interviene con un criterio más maduro: “Tranquilos muchachos. La única que se rescata todavía es la del fondo, esa no te descansa con el faso que vende, es la más rica de todas, tiene hasta gusto a florcita, fresca y siempre a 10 mangos. Vayan hasta allá y listo, ¿o tienen miedo?”. “Es un re viaje chaza, dejate de joder”, retrucan los guachines.
La situación en cuanto a circulación de droga y su respectiva oferta y demanda, no varía demasiado de las reglas rígidas del mercado legal. “A más cantidad menos calidad”, me justificó un día otro transa cuando le exigí explicaciones por haberme vendido un faso con más gusto a orégano que a otra cosa. Esa vez, por conocerme, aceptó mi reclamo y arregló todo con un “tomá, fumate éste y después decime. Éste es mío y personal, jeje”. La macoña que me dio nada tenía que ver con la que me había vendido un rato antes. Claro, la que se fuma él no es la que pone a la venta. Le dije gracias y me fui.
Como queriendo repetir la estrategia usada aquella vuelta, me fui hasta la transa, uno de los 10 o 20 puntos fijos que hay en el barrio, a pedir que me argumente el porqué del aumento inesperado en el precio del porro. Con ella hay muy buena onda, así que voy y le golpeo la puerta. Me atienden por la clásica ventanilla secuenciera, a lo que yo replico susurrando que esta vez no venía a comprar sino que necesitaba hablar de algo particular. Me invita a pasar con confianza y me recibe con un mate:
“¿Qué onda guacho, qué andas buscando?”.
“Nada loca, te quería preguntar qué pasó que ahora el porrito está más caro, ¿viste?”.
“Mirá, pasaron un par de cosas. Primero, que anteayer gendarmería cortó un camión con dos toneladas de faso que venía de Paraguay y yo ahora estoy tirando otro faso que me pasan de una línea en Ciudadela, es más rico y por eso lo estoy vendiendo más caro. Los guachos se enojan, pero bueno… pagan más y se fuman algo más piola ¿no? Además, ahora está todo caro, subió el azúcar, el pan, hacerte un guiso te sale como 50 pesos, ¿por qué no va subir el porro también? Tan gila no soy”.
El lenguaje de la transa debe ser entendido como un análisis económico-sociológico con argumentos impecables. Nada para reprochar. Absorbo un segundo mate y me dispongo a irme. Para mi agrado y sorpresa, me regala una piedrita de lo que a simple vista se notaba que era una buena mota, y me retiro.
Agarro para el lado de la canchita nuevamente, para llevar las novedades, mientras voy pensando en las palabras dichas por la “arruina guachos”: tiene razón en lo que dice, ¿por qué la inflación le escaparía al mercado ilegal del narcotráfico? Al toque recordé cuánto me había llamado la atención, el día que salí de estar en cana, el hecho de que el papel de merca que costaba 4 pesos hasta hace 5 años atrás hoy valía 10 pe. El porro que salía 2 hoy sale 5, o 10. Hasta las pastillas aumentaron su precio; la transa que antes vendía las rivotril a $1 hoy las vende a 3.
Los argumentos expuestos por la “transa amiga” me motivaron otras reflexiones económicas, referidas al dinero y sus reglas de dinámica y movimiento. Fue revelador entender que el dinero ilegal vale lo mismo que el legal, y no hablo de la diferencia entre un billete falso y uno posta. Por otra parte, el mercado ilegal no escapa a los movimientos de precio en el mercado legal. Miremos como se desarrolla la economía de la transa en el contexto social-familiar y en el espacio físico en el que vive: es una madre de 8 hijos que no llega a los 40 años de edad, que desde que empezó a vender hizo progresar su casa, que gracias a la venta de marihuana puede alimentar de una manera correcta y diariamente a sus hijos, pero que a la vez esos hijos se están criando en un panorama escalofriante y excesivamente adverso.
Un pibe sale a robar y hace buena cantidad de guita en el asalto, supongamos 5000 pesos. Ese dinero ganado en un instante, gracias a una situación violenta y a veces hasta con muerte de por medio, vale en el mercado lo mismo que cualquier otro. El segundo lugar que elige el ladrón para ir a gastar su dinero (ilegal) es el transa que vende productos (ilegales). En este caso el dinero quedará girando en un circuito negro de mercado, por venir de un robo y destinarse a la droga.
Pero, dije, ése es el segundo lugar; el primero, en la mayoría de los casos, serán los locales de ropa deportiva, llámese Nike, Adidas o diversas corporaciones similares. Es decir, lugares de venta legal. Si el chorro tiene 5 lucas va ir directamente a renovar su vestuario. Es ahí donde empiezan a actuar los símbolos de pertenencia. En la clase media el símbolo de dignidad puede ser un 0 Kilometro o la casa propia, pero en la clase baja de donde proviene el chorro el símbolo son las zapatillas caras. La mayoría de los pibes chorros son pobres y nacieron en condiciones económicas deprimentes, por eso ni siquiera se interesan en observar los precios de la pilcha que están comprando. Es más, mientras más caro el producto en vidriera, más satisfacción experimentará. No evaluará qué oferta es más accesible al bolsillo, o qué descuento ofrece la temporada. Al contrario, sin ningún tipo de vergüenza ni cargo de conciencia (¿por qué habría de tenerlo?) elije lo que le gusta y lo lleva al mostrador. Y por más que la cajera se sorprenda porque el comprador es un pibe de 15 o 16 años que saca de la nada tantos billetes juntos, no le va a preguntar de dónde sacó la plata, sino que le va a informar el total que suma todo lo que se lleva, le va a agradecer haber elegido ese lugar y lo invitará a venir nuevamente.
En ese momento varios conceptos de la moral neoliberal y del capitalismo salvaje se ponen en juego. La farsa de la cultura del trabajo cae de un gomerazo en el ojo. Esa idea de que si trabajás y te quebrás el lomo lograrás ser honesto, porque el fruto de tu trabajo es el sueldo, y con ese sueldo el trabajador sintiéndose un héroe va ir a comprarse cosas, a pagar los impuestos y los servicios, cuando en realidad importa una goma si se rompió el lomo, lo que importa es que con su dinero consuma.
Otro ejemplo: supongamos que ese pibe que se fue a delirar la plata en ropa es morochito, vestimenta deportiva y cara de secuestro. Supongamos que ese pibe entra a un restaurant en pleno barrio de Las Cañitas o en el caracúlico barrio de Palermo. Es obvio que la gente que está comiendo lo va a invadir con esas miradas de racismo elocuente y cruel discriminación. Ellos intentarán echarlo con la mirada. Ahora bien, ese mismo morochito potencial delincuente, de repente se sienta y le presenta un fajo de muchos billetes de 100 pesos al mozo: éste quedará hechizado por los violetas y cumplirá con el pedido del pibe. No le van a decir: “che negro, mirá que acá somos todos chetos y vos sos negrito así que andáte”. Noooooo, al contrario, con mucha amabilidad le van a traer todo lo que pidió y lo van a atender como un duque. Seguramente la gente paqueta de las mesas linderas van a decir: “y este negro de mierda de dónde sacó tanta plata, seguro es chorro”. Sí, es verdad, el negrito es chorro y rescató la tarasca de un afano, pero no por eso le van a prohibir gastarla.
Lo que importa es tener, no de dónde lo sacaste. Por eso, quizás el chorro y la transa sean un ejemplo de “economías alternativas, paralelas e ilegales”, pero que conviven en armonía y son absolutamente aceptadas y funcionales a la economía global.
Pero ya es mucho, tengo que volver a la canchita y explicarles a los pibes lo que me dijo la transa e invitarlos a fumar la piedrita de faso que me regaló.




León Rozitchner: el hombre discrepante

por Horacio González

¿Quién recogerá la herencia de León Rozitchner? Muere un filósofo: ¿es necesario que alguien se proponga continuar su tarea? No era Rozitchner un filósofo de escuela; tenía poco antecedentes en capítulos anteriores o cercanos de la filosofía contemporánea y su obra es relativamente extraña a nuestro medio filosófico. Es comparable, quizás, a los empeños y problemas que se impone el joven Marx, superados apenas sus veinte años de edad: una reflexión sobre la esencia de lo humano, sobre el “ser genérico del hombre” y las amenazas que lo someten a servidumbre. Echeverría tomó no poco de Lord Byron, un estilo en su voz y no pocas frases. Rozitchner tomó menos del Marx de la “alienación del trabajo”, pero propuso un marxismo de altas exigencias como ya lo expresaba en un célebre artículo de la revista La Rosa blindada, a mediados de los años sesenta.
Allí se trataba de la alienación de la izquierda como resultado de la alienación de lo genéricamente humano. No le era posible a la izquierda pensarse en los ámbitos de la intimidad sensible, que son los que solo garantizarían un fructuoso vínculo con lo social, sin examinar el trasfondo de la subjetividad, allí donde yace un temible “nido de víboras”. León fue un hombre de izquierda que pasó su vida criticando a una izquierda a la que veía apegada a un marxismo de leyes fijas de la historia, a un racionalismo abstracto, que olvidaba el tejido último del cual surgían los sentidos de lo humano. ¿Cuál era esa voz primordial del existir, sino el momento de una natalidad donde se verifica, se impone el vínculo ente la madre y el niño?
Se convirtió así en un filósofo de la sensualidad primera, de donde emerge el habla y el sentimiento de cuidado, que en él se resolvía –a diferencia de un notorio exponente alemán de la “cura del ser”-, en otro tipo de estructura vital. Se trataba de la donación de sentido que ofrece el acto de maternidad, materialidad iniciática de carácter fundador, en la que se halla la estructura de libertad de lo humano. De ahí que en León, el culto a la Virgen entrañara un espejo anómalo en el cual se miraba la conciencia, pues devolvía en una religiosidad obnubilada el lazo esencial de la materialidad originaria. Esa transfiguración cristiana de la idea substancial de “mater”, lo llevó a León a examinar el cristianismo como una vasta introducción a la mercancía capitalista, yendo mucho más allá de Max Weber en el papel del puritanismo en la formación del espíritu empresarial, e incluso de Marx, que en una de sus pinceladas no aleatoria pero no totalmente explorada, declaró ver en el cristianismo el ideal de un “hombre abstracto”.
León buscaba el momento inaugural del sentido constituyente de lo humano. Investigó las Confesiones de San Agustín –ese grandioso texto-, para debatir con el imponente escritor de la Iglesia –un milenio y medio después- las razones de este olvido de la vida sensual en los orígenes del cristianismo cuando se elevaba a la condición de gran escritura de la conciencia moderna. ¿Cómo procedía León en su crítica? Por así decirlo, como si actuara a través de través de pequeñas y cuidadosas dentelladas en la carne del adversario. Para León la carne era la carne pero constituida también en la travesía de los textos. Sus antagonistas –que podían ser tanto el santo obispo de Hipona como el general Perón-, eran tomados en sus propias palabras. Dejaba León que el otro hablase a través suyo sintiendo la voz atacada como un ente vivo entre la suya, carcomiéndola por dentro y por fuera. Así escribió La cosa y la cruz –su respuesta a San Agustín- y su Perón entre el tiempo y la sangre, donde una lectura de Clausewitz y Freud le permitía rodear a impertérrito General con la pregunta que lo atenazaba: ¿por qué el peronismo se presentaba en la historia como si fuera un movimiento emancipador, si también cegaba las fuentes de la autorreflexión del sujeto? Mucho le costó a León haber escrito ese libro –y también el de Malvinas, criticando la totalidad de la empresa militar y sus apoyos-, porque su voz se confundía con la de un filósofo incapaz de comprender las formas dramáticas de lo colectivo y popular. No era así. León actuó como sombra doliente de lo popular, introduciéndose en el otro adverso, para escucharlo pensar. Un texto adverso de León era más comprensivo –como le gustaba decir a él: de profundis– que cientos de panegíricos a cualquier cosa que sea.
Como los filósofos más estimables, procuró que en la filosofía se escuche pensar a través del fraseo de los otros, siendo también él la encarnación discrepante de esos otros. Pero esa entidad permanentemente discrepante que fue León, con menudos entes mundanos para examinar y refutar (cristianismo, peronismo, academicismo, intelectualismo, izquierdismo), asumió una tarea que solo era posible en un mundo filosófico y político avanzado que no viese como molestia lo que era una interrogación desgarrada. Sin embargo, una fuerte capa prejuiciosa impedía ver que todo lo que León criticaba era revivido por él mismo como si se le concediera a las cosas contrarias otra natalidad. En un sentido específico, su concepto era paralelo al que con la misma expresión hizo notorio Hannah Arendt. Anunciaba Léon así la posibilidad para vivirse otra vida liberada, lo que él vio en un judaísmo sin estado ni ejército, atado palpitantemente a la última bandera de lo humano trascendental. ¿No era visible todo esto en la forma en que se lanzaba a criticar los pilares del cristianismo, como si ayer mismo hubiera ocurrido la polémica entre Marx y Bruno Bauer? ¿O el modo en que hablaba del peronismo, tan parecido al del ensayismo nacional, que profirió la frase “tu posees el secreto, revelánoslo”. No era aquí una pregunta del Facundo. El interpelado era Perón, o era un Santo de la Iglesia, o éramos todos nosotros, permanentemente interrogados por León sobre nuestra condición humana, tan libertaria como se quisiera, pero emanada también de nuestros propios “nidos de vívoras”. La incomprensión de esta tarea de León –interrogar la esfinge de la subjetividad colectiva e individual, al margen de los módulos burgueses-, llevó a que como a Martínez Estrada se lo considerara a León “fuera de la conversación política que había que dar”.
Y sin embargo estaba enteramente dentro de ella, como el autor de Radiografía de la pampa, al cual hay que ligarlo en términos de un lejano pero efectivo linajeHabía León decantado y perfeccionado una fenomenología con flirteos marxistas y señuelo freudiano, enteramente de su invención, a la que sobre todo en su último tiempo, acosó con graciosas expresiones coloquiales del habla popular argentina, aforismos y refranes entre el enojo filosófico y la jovialidad barrial. Pero siempre predominó la finura expositiva, cierto caracoleo de la frase sobre sí misma, con un pensamiento que con su caja de cambios al aire libre permitía que se escuchen sus movimientos, vacilaciones y reticentes elegancias. No muy diferente era la prosa de Merleau-Ponty, y quizás León tomó una consigna o un tema –el del humanismo y el terror- de ese libro de Merleau_Ponty que él tradujera al castellano y seguramente le habrían producido tan viva impresión. Fue un filósofo que ubicó en el concepto de terror –como Kierkegaard en el de angustia-, una categoría milenaria que forjó cuerpos y almas a lo largo de los milenios de la civilización. Pero por eso mismo, en el revés de su trama, este muchacho de Chivilcoy, de algún modo un gaucho judío, hijo de un pequeño comerciante de ese muy mentado pueblo pampeano, en su permanente reversión fue un filósofo del desgarramiento amoroso.
La investigación de la subjetividad la había emprendido desde los años de Contorno y no podemos imaginar hoy hasta que punto eran complementarios él y Viñas. Y no porque ambos mueren en una inaprensible simultaneidad, sino porque ahora está más claro que uno era el novelista de la conciencia humillada y el otro el filósofo del modo en que la humillación se convertía, ahondando la caída, en la figura misma del terror como desvanecimiento del “ser genérico del hombre”. Los minuciosos actos retóricos y sensuales de León son un combate solitario en la filosofía argentina. Combate contra las ideologías que cancelan la sensibilidad y por eso mismo promoviendo un recóndito llamado a un hedonismo cauto, democrático y emancipador. De ahí su fina percepción de lo popular, que no precisó de blasones ostensibles ni etiquetas preparadas. Bastó suantropología de la salvación laica de la conciencia, contra toda mortificación que emanaba de una simple conversación, de una frase humillante que diríamos al pasar, sin darnos cuenta, pero ante la que él podía reaccionar como quien combate a un Estado opresor. Así era León, el hombre discrepante. No podemos decir que valoremos la noción de discipulado ni el modo que entre nosotros se menciona la tal observancia del discípulo. Pero muerto León, de su actitud, de su perseverancia, de sus amorosos combates, es menester que ahora nos declaremos sus discípulos.

Lecturas comentadas: Cómo cambió la Villa 1-11-14 a dos meses del Operativo Cinturón del Sur

Tiempo Argentino recorrió el que alguna vez fue considerado el barrio más peligroso de la ciudad


El despliegue de la Gendarmería en el Bajo Flores ya forma parte del paisaje cotidiano (Iupi!) Vecinos destacan el impacto positivo de la implementación de la medida. Reclaman, sin embargo, más presencia del Estado en otras áreas.
Formados en tres filas, portando sus escopetas o fusiles cargados con balas de goma, los gendarmes ingresan a la Villa 1-11-14, en el Bajo Flores, desde la Avenida Perito Moreno. A sus espaldas está el Nuevo Gasómetro. Adelante los espera uno de los barrios más peligrosos de la Ciudad de Buenos Aires (buen modo de titular una peli policial, ¿no? Al margen, ¿será verdad que Budú está por dejar su piso en la River View de PM para conseguirse un loft sobre Cobo?). En esas calles y pasillos que van desde Perito Moreno a la Avenida Riestra viven miles de familias hacinadas, acostumbradas a los carteles que tientan con el famoso “pollo a la broaster”, a las pilas de basura –el gobierno porteño parece haber abandonado la recolección en esta zona de la ciudad– y a las zapatillas colgando de los cables (Está claro. En este barrio hay solo abandono. No hay delegados, ni riqueza cultural, ni luchas colectivas: solo abandono. Tras cartón, el gobierno de la ciudad abandona a los abandonados. Por suerte está el gobierno nacional, del que la gente, ahora debe esperarlo todo… bueno, ¡todo lo que puede ofrecer un gendarme!).
Los gendarmes entran al barrio cerca de las 5 de la tarde. En su lento desfilar por las calles se van topando con grupos de niños de escuela primaria. Es viernes, acaban de salir del turno tarde. A juzgar por los rostros, por las risas y los movimientos descuidados de los alumnos, la Gendarmería se ha convertido en parte del paisaje. Parecen no tenerles miedo (buena frase esta también, a los pibes adolescentes no les debe dar miedo que los apunten, los palpen y los traten como eventuales criminales). En las primeras cuadras, las más cercanas al estadio de San Lorenzo, se ven locutorios con precios promocionales para llamadas a Perú, Paraguay, Bolivia y España; comercios de venta de celulares; tiendas que ofrecen una oferta muy variada de hilos de todos colores. “En esta zona hay muchos talleres clandestinos” (efectivamente, hay MUCHISIMA información sobre esto), comenta a Tiempo Argentino uno de los uniformados.
La columna de gendarmes está cumpliendo con lo que en el Ministerio de Seguridad definen como un ejercicio de “saturación policial” (¡suena divino!)Los efectivos, entre los que hay hombres y también mujeres, caminan por las calles más anchas pero de pronto, tras un gesto aprobatorio del comandante mayor Aníbal Michellod, se meten por un pasillo angosto por el que sólo se puede caminar de a uno. El pasillo es un laberinto de puertas cerradas, ventanas y escaleras curvas de hierro. Entre la procesión armada –cada gendarme lleva escopeta o fusil y una 9 milímetros en la cintura– (¿sólo con balas de goma? Ojota: los narcos nos como los miltantes del partido obrero)camina el subsecretario de Delitos Complejos, Miguel Robles, de traje y corbata. 
Ex policía de Córdoba, donde fue investigador de homicidios, Robles sonríe cuando Tiempo le pregunta si el despliegue de la Gendarmería se puede emparentar con el Batallón de Operaciones Policiales Especiales (BOPE) de la policía militar brasileña, cuya controvertida actuación en las favelas de Río de Janeiro fue contada por la película Tropa de Elite. “No tiene nada que ver, porque los índices de narcotráfico son totalmente distintos a los que existen en Brasil. Lo que se está haciendo acá, según las directivas de la ministra de Seguridad, es intervenir a tiempo en estos lugares. (¿No hay cierto parentesco con la idea de guerra preventiva ideada por el Pentágono?) Porque cuando se instalan estructuras criminales suelen ocurrir desastres mayores, como que se impida a la fuerza pública ingresar a una zona. Y entonces hay que recurrir a niveles de asalto. Acá, en cambio, lo que se está haciendo es una presencia policial masiva, esto es una policía de aproximación”, argumenta Robles.
(No está mal. La gendarmería trafica en las fronteras, la federal en la ciudad. Cuando la federal amenaza la gobernabilidad, se trae a la gendarmería a la ciudad. El hecho de que estemos hablando del estado nacional y de sus fuerzas policiales y militares debería opacar –por cautela, por pudor, por conciencia histórica— un poco este tono festivo del periodista. Pero el patetismo ideológico es impermeable. Lo mismo cuando se habla de los narcos y los talleres textiles, ambos de imposible desarrollo si no hubiese protección jurídica, complicidad económica y un groso mercado a disposición. Lo que vemos es como el estado reacciona contra sí mismo. Que la militarización de los pobres, qué esta guerra preventiva –como continuo de una guerra abierta— sea un recurso eterno es lo que se borra cuando se la piensa como lo menos malo para esta coyuntura. Allí están los aplausos con los que la gente del Indoamericano recibió en su día, hace unos meses, a esta fuerza. Como dicen unos queridos amigos que viven en Bajo flores: la gendarmería es una fuerza que marca fronteras nacionales, asique es en extremo simbólico que vengan ahora al barrio, a un barrio de migrantes, a estrechar más aún la política de gueto).
La caminata por dentro de la 1-11-14 llega hasta la intersección de dos calles anchas. En la esquina, en las alturas de un poste, se ve un improvisado altar a San Jorge, el santo que enfrenta al dragón con su espada, al que la Biblia asigna la función de frustrar a Lucifer, el ángel caído (Ay, ay, Cristian Alarcon, santa pluma del populismo negro, volvé, te perdonamos: ¡al menos no escribís con los pies!). Los responsables del operativo están observando esa imagen cuando, caminando en sentido contrario, aparece un cuarentón que anda a los gritos por la calle. Se mueve como si estuviera bailando. Los vecinos lo miran. El individuo sonríe y alza la mano por los aires haciendo el clásico ademán de los cuernitos. “¡Viva el Diablo!” La irrupción provoca cierto desconcierto. La sorpresa es mayor en los dos jóvenes veinteañeros de nacionalidad austríaca que decidieron sumarse a la recorrida: son Severin Grussman (23) y Maximilian Jager (23), estudiantes de Urbanismo y Economía de la Universidad de Viena. Habían salido a andar en bicicleta con los rodados que facilita de forma gratuita el gobierno porteño (Gobierno Nacional y local comparten la gestión del zoológico): terminaron en la Avenida Perito Moreno frente a la 1-11-14, donde la Gendarmería les aconsejó interrumpir el paseo por su propia seguridad (Nuevamente: política de frontera, política de gueto) “Esto es bastante fuerte, mucha pobreza. Se ven muchos contrastes. Y es impresionante ver cómo se improvisa para vivir juntos”, dice Jager (gracias por tus palabras, Mick)
El ejercicio de “saturación policial” llega hasta la Avenida De la Cruz, esquina Portela. Los gendarmes acaban de detener a dos jóvenes que iban en un Peugeot 307, matrícula FOH384, cuyo robo había sido denunciado el 2 de septiembre por la UFI 10 de la localidad bonaerense de San Martín. Los dos detenidos llevaban revólveres calibre 22 y 32. Los gendarmes que participan del Operativo Cinturón del Sur cobran un adicional de 260 pesos por día. “Quieren venir de todo el país” (¡Y el día que pongan recompensas por (¿negro?) cabeza ni te cueto!), cuenta a Tiempo uno de los jefes del patrullaje.
A unas 20 cuadras de allí, donde la Avenida Riestra se cruza con Camilo Torres, se produjo en 2005 la masacre del Señor de los Milagros: fue el hecho más sangriento de una guerra entre bandas organizadas por el negocio del narcotráfico. Aquel episodio, en el que murieron cuatro adultos y un bebé, reforzó el relato que asocia al Bajo Flores con el peruano Marcos Antonio Estrada González, detenido hace tres años. A Marcos, que llegó a protagonizar una cinematográfica fuga en avión desde el aeroclub de Saladillo, se le atribuye seguir controlando todo desde la cárcel.
José Ferreyra, nacido en Asunción hace 40 años, habla con tonada guaraní. Hace seis años que vive en el sur de la ciudad, en el Bajo Flores. Es viernes a la tardecita (¿again, brother? Tratemos de no repetirnos…), el sol comienza a ocultarse detrás de los edificios. Ferreyra camina por la vereda –más bien un playón muy ancho– de la Perito Moreno. Lleva a uno de sus hijos de la mano. “Hay mucha Gendarmería patrullando y eso es bueno, la gente de bien está feliz y contenta”, dice (Y bueno, ya tenemos un verdadero fraseo de la época de la dictadura para apoyar al  gobierno popular… ¡no digan luego que la vieron venir, que no les avisamos!). “Esta zona era un desastre. Antes, los sábados y domingos, no podías pasar hacia la Avenida Cruz porque era seguro que te iban a robar.” (No sólo que la zona “sigue siendo un desastre”, sino que además, se asume que el problema del Bajo era el de la “delincuencia”, sin más, cosa que se arregla con los milicos ahí adentro. Como los vecinos de allí piensan eso, pues, el kirchnerismo parece darse por satisfecho… –cualquier similitud con un modo macrista de pensar, de seguro es pura coincidencia).
Un grupo de pibes juega un picado en una de las explanadas de acceso al Nuevo Gasómetro. No tienen más de 12 años. Dos vehículos de Gendarmería se han instalado a pocos metros. Por allí vienen caminando las hermanas Irene (17 años) y Blanca Torres (19), ambas viven en “los departamentos”. Irene está en el secundario, Blanca es una ilusionada estudiante de Obstreticia en la UBA. “Ahora hay más tranquilidad, cambió bastante el barrio. Ya no se ve, acá en la esquina, a chicos robando, parando los autos. Antes no sabías para qué lado ir, por si había disparos o algo”, cuenta Blanca. 
Eusebio “Jerry” Guanca (44) es del pueblo jujeño de Lote Piedrita. Dirige el comedor Mate Cocido, ubicado en la esquina de Avenida Cruz y Agustín de Vedia, donde se están realizando tareas culturales y de formación. Guanca tiene experiencia política, forma parte de la Corriente Nacional Martín Fierro. “La Gendarmería viene a ser un ordenador”, evalúa(bueno, su quehacer histórico) El jujeño hace 25 años que vive en Buenos Aires. Conoce de cerca la dureza de la calle: justo en la esquina de su comedor se reúnen, por las noches, entre fogatas y frazadas, jóvenes adictos al paco que tienen allí su ranchada. “A estos pibes hay que cuidarlos, están perdidos pero merecen respeto”, subraya.
Las cifras
El Operativo Cinturón del Sur que comenzó a ser implementado hace dos meses incluyó el despliegue de 2500 efectivos de la Gendarmería. Los 1000 policías federales que antes estaban allí fueron reasignados al patrullaje de las zonas centro y norte de la Ciudad.
De los 2500 gendarmes, 1250 patrullan La Boca, Barracas y Parque Patricios, mientras que los 1250 restantes fueron desplegados en Pompeya, Bajo Flores, Villa Soldati y Lugano.
Se abrió un centro de comando y control para la coordinación de las operaciones.
“La gente está muy contenta”
El psicólogo Aldo Pagliari dirige desde hace 12 años el Centro de Salud y Acción Comunitaria (CeSAC) Nº 20. Reconocido por su entrega y su conocimiento del barrio, Pagliari reconoce que la llegada de la Gendarmería significó un “cambio muy importante en la vida de la gente”, y sobre todo para las familias con niños. “Antes los chicos estaban encerrados y ahora están pudiendo salir a jugar a la calle”, cuenta a Tiempo Argentino. 
“El cambio no consiste en que ahora haya gendarmes, sino en que hay un montón de ellos. La gente está muy contenta. Dicen que ahora pueden ir a visitar a tal o cual pariente, que vive en determinada manzana del barrio, y que antes no podía. Pero esto no es un tema sólo de seguridad, o por lo menos sólo de la seguridad entendida como presencia de gendarmes. La seguridad es una construcción social: significa seguridad de tener un empleo, de volver a tener unida a la familia”, argumenta Pagliari. 
Profesor de Historia, Mariano Bindi coordina talleres de Historia y el programa de finalización del secundario que se dictan en “Mate Cocido”. Bindi participa de las reuniones de la mesa barrial de seguridad que impulsa el Ministerio de Seguridad. “La gente está contenta con la Gendarmería. Pero como toda fuerza de seguridad, como toda fuerza represiva, debe manejarse con códigos democráticos. Es muy necesaria la interacción entre los jefes de la fuerza y los vecinos. Eso empieza a suceder”, dice.
Una mayor presencia
La presencia de Gendarmería y Prefectura en los barrios del sur de la Ciudad de Buenos Aires ya lleva dos meses. El lunes 4 de julio, tras un anuncio sorpresivo hecho diez días antes, comenzó el Operativo Cinturón del Sur. El corazón de la medida, que en un primer momento estuvo envuelta en polémica, fue el remplazo de los efectivos de la Policía Federal que hacían tareas “de calle” por gendarmes y prefectos. 
El cambio trajo consigo mucha más presencia en el territorio. Los 1000 policías federales que patrullaban las jurisdicciones correspondientes a las comisarías 24ª, 30ª, 32ª, 34ª, 36ª y 52ª fueron sustituidos por 2500 efectivos de Gendarmería y Prefectura, a los que en ocasiones especiales –operativos de cierta complejidad– se suman miembros de la división canes, explosivos y albatros, el grupo de élite de Prefectura.
Los policías federales sustituidos fueron enviados a las zonas centro y norte de la ciudad. Con la reasignación masiva se busca mayor presencia de efectivos, también un mayor control de avenidas y accesos a la Capital. Los 2500 gendarmes y prefectos se repartieron la zona sur en partes iguales: 1250 prefectos se encargan de la seguridad en La Boca, Barracas y Parque Patricios, 1250 gendarmes hacen lo mismo en Pompeya, Bajo Flores, Villa Soldati y Lugano. Cada uno de los contingentes –Prefectura por un lado, Gendarmería por otro– cuenta con una base operativa donde se guardan vehículos y equipamiento de comunicaciones. 
El control de todo el Operativo está en manos del Ministerio de Seguridad, que abrió un “centro de comando y control” en un edificio desocupado de la Avenida San Juan. El responsable de toda la estructura es el subsecretario de Delitos Complejos, Miguel Robles. Elegido para ese cargo por la presidenta, Robles reporta directamente a Nilda Garré.


Una filosofía de la celebración

por Verónica Gago

Cuando parí a Iván, Joaquín –de siete años entonces– le dijo a su propia mamá: lo primero que pisó Iván no fue la tierra, sino el cuerpo de su mamá. Pensé entonces en León. En que su filosofía era a la vez la más sutil y por eso la más infantil. Joaquín intuía, ante un nacimiento, lo mismo que León filosofaba: que el origen de la tierra es el cuerpo de la madre, que es otro modo de llamar a la tierra donde se despliega, nutricia, la vida. León-niño era ese que no se había diluido para dejar lugar a la palabra docta. León-niño, con su pasión amorosa y sin pudor por su madre (que siempre pareció excesiva a muchxs, como un nombre demasiado carnal para la filosofía), era el que estaba vivo y entregaba ese amor primero como fuente del pensar a ese hombre ya más que adulto.
No puedo negar que si hasta entonces había leído y admirado a León fue recién con la experiencia de ser madre que sentí en la carne más propia, en esa carne conmovida por el griterío del alumbramiento y el desgarro del trance, la fuerza secreta de su filosofía, como una explosiva obsesión primigenia, capaz de intimidar con su desafiante niñez a la gran filosofía y dejarla muda con la potencia afectiva que irradian sus palabras. Entonces también escuché de otra manera su relación con lo femenino, una suerte de nietzscheísmo extremo. Si a primera vista puede sospecharse de antifeminista semejante festejo de la maternidad, la maternidad se vuelve otra cosa cuando deviene razón sintiente: esa relación amorosa madre-hijo es simultáneamente sustrato de la racionalidad y del lenguaje, espacio para anclar todo sentido. Contra el espiritualismo de hombres que se creen emancipados por la vaporosa abstracción de los conceptos, León sostenía la filosofía como un sistema de conceptos sumergidos en afectos (como su admirado Lévi-Strauss, que admiraba el pensamiento salvaje en tanto sistema de conceptos sumergidos en imágenes).

¿Es la madre la noción primera de cualquier materialismo? De ella –de la foto de ella– León destilaba toda una teoría del cuerpo y las pasiones y, por tanto, del conocimiento. La maternidad, entonces, no como mandato ni rol sino como conexión con la potencia del cuerpo propio, que es capaz de ir más allá de sí y en ese exceso dar cuerpo a una nueva vida. Un vitalismo de la carne capaz de empapar con sus fluidos el lenguaje. En su relación, íntima y persistente, secreta algo de esa voz tan capaz de decir aterciopeladamente cuestiones de gran alcance, que se remontan al origen de las cosas, del mundo, de los hombres y mujeres, de las religiones y de las palabras. Sin separarlas. Como si la abstracción del pensamiento sólo fuese posible en medio de la carne para que no sea, como solía decir, puro placer por humillar a los otros.

Encontré a muchas feministas que llegan a puntos similares a los de León. Constaté con entusiasmo esta suerte de convergencia no sé si voluntaria. Como Adrienne Rich, lectora del Marx joven, como León, que sostiene que para conectar nuestro pensamiento y nuestro lenguaje con el cuerpo hay que empezar “por lo material, por la materia, mama, madre, mutter, moeder, modder, etc. etc. (…) Quizás sea éste el núcleo del proceso revolucionario”. El desdoblamiento y tartamudeo en diversas lenguas conectan materia y madre, como una palabra-talismán que se repite, como un mantra inmemorial que conserva su capacidad de evocación sensual más allá de la variación de los idiomas.

Rosi Braidotti habla de “materialismo encantado” y León había ya acuñado la idea de un “materialismo ensoñado”. Un mismo énfasis sobre lo indisociable del afecto y su “carnosa existencia”. Silvia Rivera traza relaciones entre la lengua materna indígena con la que se acunan y crían niñxs mestizxs y su negación posterior como fuente de la colonización de la propia subjetividad (“el complejo del aguayo”, lo ha llamado ella en una entrevista en este diario). Recuerdo cuando le comenté este parentesco de ideas por teléfono a León. Y, refiriéndose a Rivera, me dijo: “Hay que ser mina para decirlo tan bien”.
En el fondo, hay algo que podría llamarse femenino en su lengua. En su forma de hacer justicia con las fantasías, de convocar adjetivos como turgente o ensoñado, de volver imagen tibia el verbo cobijar o animar, y de afirmar que la palabra poética prolonga la lengua materna como siempreviva.
Porque es el cuerpo el que recibe la respiración de esa voz, de esa palabra-poesía. Y la celebra. Propone León: “Hagamos una prueba. Pronunciemos en voz baja su nombre, evoquémosla adultos ahora como cuando niños lo hacíamos repitiendo los sonidos de su boca que la nuestra modula (ma-má) y nos daremos cuenta de cómo ese soplo cálido nos invade el cuerpo y somos nosotros su caja de resonancia afectiva e imaginaria, nunca vacía, que sigue siendo el ‘elemento’, el éter ensoñado por el cual circula todo lo que aún decimos: el cuerpo de profundis la celebra todavía”.
La disputa de las figuras femeninas que el cristianismo llevó adelante iba, como decía León, al centro del asunto: reemplazar la madre “caliente y gozosa” que está en lo más profundo de nosotros, en ese origen que es siempre renovado y abierto al mundo, por una madre virgen, estatuilla endurecida, de vestido inexorablemente largo.
De esa generosidad materna, insistía, surge una hospitalidad incondicionada. Pero no porque no tenga condiciones sino porque su desborde es la ocasión iniciática de la celebración. También la experiencia concreta capaz de fundar una economía de don sin medida, de reciprocidad amatoria. La infancia de los pueblos no es, como suele decir la filosofía política despectivamente, el reino del todos contra todos. León creía lo contrario y asociaba la forma social de la emancipación de Marx con la infancia, como momento intolerable para el capital: “En la infancia del niño todo hijo vive con la madre mientras ella lo amamanta y lo arrulla, donde le da todo al hijo sin pedir nada a cambio, sin equivalente, por amor al arte, sólo por el gusto amoroso de colmarlo en el acto en que al darse ella misma se colma, potlatch donde se usufructúa toda la riqueza y se la gasta en el placer compartido sin calcular nada –-incluida la “parte maldita, ese excedente suntuoso que el Capital no tolera”–. La filosofía de León es una filosofía de lo nuevo, que está siempre naciendo. Es una filosofía de la celebración.


Invenctiva canibal

Por DS.


Las últimas elecciones –primarias- nacionales no arrojaron sólo resultados cuantitativos bastante impresionantes y diferentes análisis de escenarios y tendencias. Terminaron, más bien, de formular una pasaje de un tratamiento vía polarización de las subjetividades mediático-política a una situación caracterizada por un “kirchenrismo” que, prácticamente, carece de exterior. No tanto porque no haya nada “fuera”, sino porque “fuera” y “dentro” funcionan ahora de un modo completamente paradojal. Todo lo que antes estaba dentro, hoy se ve desplazado por el afuera que se ha interiorizado. Prácticamente todo lo que antes estaba fuera, se expresa con un nuevo lenguaje en ese interior. La paradoja (para-doxa) puede sacarnos (o bien devolvernos) al mundo de la pura opinión (doxa). Y tal vez sea en esta alternativa donde se juega ahora la lectura última de aquella victoria electoral.
Alguna vez Deleuze tuvo que responder a la difícil pregunta “¿qué es ser de izquierda?”. Su reflexión no deja de sorprender. Ser de izquierda (o de derecha) es ante todo un problema de percepción, antes que de doctrina, de ideología o de posición estructural en la economía. Percepción de derecha es aquella que parte de la estabilidad propia e inmediata. Es la que prioriza la proximidad inmediata como verdad más verdadera y se esfuerza por evitar las cosas del mundo que nos desestabilizan. Mientras que la percepción de izquierda consiste en registrar el conflicto del entorno como lo más próximo, lo más inmediato. Así, decía, siendo profesor universitario de París, se consideraba de izquierdas por considerarse más sensible a la conflictividad del tercer mundo que a los problemas de construcción de Francia como potencia europea. Ser de izquierda, respondía –allá por el año 88, recién jubilado- no es un asunto de estado. No hay gobiernos de izquierda. La izquierda es un problema de “minorías”, afirmaba. Las derechas construyen un pueblo. Se lo representan de un cierto modo. A partir de ciertos rasgos. Y lo enarbolan como modelo mayoritario de identificación. Las minorías, en cambio, son devenires. Es eso que en el pueblo nunca está hecho, sino por hacerse. O haciéndose. Por eso no hay gobiernos de “izquierda”, sino gobiernos más o menos cerrados o más o menos abiertos a los devenires minoritarios.
Todo pensar –el pensar político, por ejemplo– supone una alteración más o menos violenta de la subjetividad. Hay en el pensar una violencia que viene dada por el hecho de que no pensamos lo que queremos, sino aquello que viene del mundo, ese afuera (heterogéneo y divergente) que nos implica. Hoy no hay pensamiento político no enfrentado a la paradoja. Todo enunciado simple y lineal cae por el peso de su propia estupidez. El riesgo de que todo impulso libertario dentro del “kirchnerismo” se vuelva finalmente estúpido nunca estuvo tan cerca.
El reformismo del capital coincide táctica y momentáneamente con una fracción política –la única que, hoy por hoy, hace política nacional- ella misma reformista. Reforma y capital van como nunca de la mano; haciendo de toda resistencia algo pre-político, aislado, inoportuno (incluso, algo de lo que desconfiar). Sospechamos de nuestras propias incomodidades. Algo se estabiliza en las vidas con trabajo, con guita, con cansancio, con subsidios, con ideologías, con amigos, con ideales, con proyectos, con discursos, sin tiempo, sin ganas, sin interlocutores desafiantes, sin riesgo, sin calle, sin preguntas, sin vacío. Las verdades retóricas anteceden y alcanzan hasta el límite en que habitan los caníbales. Los que quieren comer carne; los hartos de alimentarse de palabras (comida chatarra). Lo entiendo bien porque algo en mi aún recuerda y añora ese hambre que requiere de dientes sanos.
Walter Benjamin decía que el historiador materialista sabe comprender que es en la lucha por las cosas materiales de la vida que surgen las sutilezas de espíritu. Una nueva derecha le nace a las izquierdas de antaño (a las izquierdas pétreas y a las más sensibles al fueguito). El racismo moderno ha surgido siempre como efecto de un choque entre desigualdades reales y discursos de igualdad. No es cierto que la guerra acaba en la victoria (o en la derrota). No es cierto que la igualdad (medida armoniosa de las cosas) se logre desde arriba. Lo sabemos (¿lo sabemos?).
En estos años nos hemos hecho una vida, o estamos en tren de hacérnosla. Nos hemos dicho muchas cosas, y hasta tenemos una cierta satisfacción de época que no hubiésemos imaginado nunca. Lo mínimo que podemos hacer es encender una señal de alerta: solo lo que ocurre a nuestras espaldas tiene valor de pensamiento, valor auténticamente político. Si la institución sigue al fracaso, la fiesta sigue a la idea. Creerse vencedores condena al patetismo. Metafísicas caníbales: afilemos los dientes si no queremos dar ese paso maldito, tan proclive al sentido común, que nos invita a relevar lo social, exclusivamente, como un objeto a gobernar.

Audio de Bifo


Teleconferencia realizada en el marco del 
Primer Congreso de Periodismo Autogestionado 
(9 y 10 de setiembre, Bauen Hotel, Buenos Aires)
Escuchar acá.

Bifo x 4

El largo purgatorio que nos espera

Por Franco Berardi (Bifo)


“El obrero alemán no quiere pagar la cuenta del pescador griego.” dicen el pasdaran del fundamentalismo economicista. Enfrentando trabajadores contra trabajadores, la clase dirigente financiera ha llevado a Europa al borde de la guerra civil. Las renuncias de Stark marcan un momento decisivo: un alto funcionario del Estado alemán alimenta la (falsa) idea de que los laboriosos nórdicos están sosteniendo a los perezosos mediterráneos, cuando la verdad es que los bancos alentaron el endeudamiento para sostener las exportaciones alemanas.


Para trasladar activos e ingresos de la sociedad hacia las arcas de los grandes capitales, los ideólogos neoliberales han repetido un millón de veces una serie de cuentos chinos que, gracias al bombardeo mediático y a la marginalidad cultural de la izquierda, se vuelven lugares comunes, obviedades indiscutible, incluso, cuando son pura y simple falsificación.

Enumeremos algunas de estas manipulaciones que son el alfa y omega de la ideología que ha llevado al mundo y a Europa a la catástrofe.

Primera manipulación:

reduciendo las tasas de posesión de grandes capitales se favorece la ocupación. ¿Por qué? Nadie nunca lo entendió. Los poseedores de grandes capitales no invierten cuando el estado se abstiene de reducir su propio patrimonio, sino sólo cuando piensan que pueden aumentar sus ganancias. Por eso el estado tendría que, progresivamente, tasar impositivamente a los ricos a fin de poder invertir recursos y generar ocupación. La Curva de Laffer –que es la base de la reaganomics es una embuste transformado en fundamento indiscutible, tanto de la derecha como de la izquierda, en los últimos treinta años.

Segunda manipulación:

prolongando el tiempo de trabajo de los ancianos, postergando la edad de la jubilación, se favorece la ocupación juvenil. Se trata de una afirmación, sin dudas, absurda. Si un trabajador se jubila, se libera un puesto de trabajo que puede ser ocupado por un joven, ¿no? Si, en cambio, el anciano trabajador es obligado a trabajar cinco, seis o siete años más, en relación a lo que estaba estipulado en su contrato, los jóvenes no logran obtener los puestos de trabajo que quedan ocupados. ¿No es evidente? Sin embargo, las políticas, tanto de las derecha como de la izquierda desde hace tres décadas, están fundadas sobre el misterioso principio de que es necesario hacer trabajar de más a los ancianos para favorecer la ocupación juvenil. Resultado concreto: los poseedores de capital, que deberían pagar una jubilación a los viejos y un salario a los jóvenes, pagan, en cambio, un salario a un individuo cansado y no jubilado y fuerzan al joven desocupado a aceptar condiciones de precariedad.

Tercera manipulación:

es necesario privatizar la escuela y los servicios sociales para mejorar la calidad gracias a la competencia. La experiencia de estas últimas décadas muestra que la privatización conlleva un empeoramiento de la calidad, porque la finalidad del servicio no es más satisfacer una necesidad pública, sino aumentar el beneficio privado. Y cuando las cosas comienzan a funcionar mal –como ahora mismo sucede en Europa– entonces las pérdidas se socializan, dado que no se puede renunciar al servicio, pero los beneficios siguen siendo privados.

Cuarta manipulación:

los sueldos son demasiado altos: hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y debemos ajustar el cinturón para ser competitivos. En los últimos decenios, sin embargo, el valor real de los salarios se ha reducido drásticamente, mientras que las ganancias han, sin duda, crecido. Reduciendo los salarios de los obreros occidentales gracias a la amenaza de transferir el trabajo hacia países de reciente industrialización, donde los costos del trabajo estaban –y siguen estando— a niveles esclavistas, el capital ha reducido la capacidad de compra. Y para que la gente pueda comprar las mercancías que, de otro modo, quedan sin vender, es necesario ahora favorecer el endeudamiento en todas sus formas. Esto condujo a la dependencia cultural y política de los actores sociales (la deuda actúa en la esfera del inconsciente colectivo como culpa) y, al mismo tiempo, ha fragilizado el sistema exponiéndolo –como ahora vemos– al colapso provocado por el estallido de la burbuja.

Quinta manipulación:

La inflación es el principal peligro, al punto de que la Banca Central europea tiene un único objetivo declarado en su estatuto: el de, cueste lo que cueste, contrabalancear la inflación. ¿Qué es la inflación? Es una reducción del valor del dinero y, sobre todo, un aumento de los precios de las mercancías. Es claro que la inflación puede volverse peligrosa para la sociedad, pero es posible crear dispositivos de compensación (como era la escala móvilque en Italia fue liquidada en 1984, sobre el inicio de la gloriosa “reforma” neoliberal). Pero el verdadero peligro para la sociedad es la deflación, estrechamente ligada a la recesión: reducción de la potencia productiva de la máquina colectiva.

Sin embargo, como está sucediendo, quien posee grandes capitales prefiere el hambre de toda la sociedad antes que ver reducido el valor de la inflación. La Banca Europea prefiere provocar recesión, miseria, desocupación, empobrecimiento, barbarie, violencia antes que renunciar a los criterios restrictivos de Maastricht; antes que imprimir moneda, dando así respiro a la economía social y comenzando a redistribuir la riqueza. Para crear el artificial terror a la inflación se agita el espectro (comprensiblemente temido por los alemanes) de los años ’20 en Alemania, como si la causa del nazismo hubiese sido la inflación y no la gestión que de la inflación hicieron los grandes capitales alemanes e internacionales.

Ahora todo se está derrumbando: es tan claro como el sol. Las medidas que la clase financiera está imponiendo a los estados europeos constituyen lo contrario de una solución: son, más bien, un factor de multiplicación de la catástrofe. El rescate financiero viene acompañado, de hecho, por medidas que golpean a los salarios (reduciendo la demanda futura) y que afectan, también, a la inversión en educación e investigación (reduciendo la capacidad productiva futura), lo que induce casi inmediatamente a una recesión.

Grecia, sin duda, lo demuestra. El salvataje europeo destruyó, allí, la capacidad productiva, privatizando las estructuras públicas y desmoralizado a la población. El producto interno bruto (PBI) disminuyó en un 7% y no se detiene el colapso. Los préstamos se desembolsan con intereses tan altos que, año tras año, Grecia se hunde cada vez más en la deuda, en la culpa, en la miseria y en el odio antieuropeo. Y la receta griega se extiende ahora a Portugal, a España, a Irlanda, a Italia. El único efecto es el de provocar una transferencia de recursos de las sociedades de estos países hacia la clase financiera. En síntesis, la austeridad no es efectiva para reducir la deuda, por el contrario, provoca deflación, reduce la masa de la riqueza producida y, en consecuencia, provoca un posterior endeudamiento; hasta que todo el castillo se derrumba.

Los movimientos debemos estar preparados para esto. La insurrección serpentea en las ciudades europeas. En distintos momentos, en el curso del último año, fue cobrando forma visible: desde el 14 de diciembre en Roma, Atenas y Londres y la acampada de mayo-junio en España hasta las cuatro noches de ira en los suburbios de Inglaterra. Es claro que en los próximos meses la insurrección está destinada a expandirse, a proliferar. Pero no va a ser una aventura feliz, no será un proceso lineal de emancipación social.

La sociedad de los países está disgregada, fragilizada, fragmentada a casusa de treinta años de privatización, de competencia salvaje en el campo del trabajo y de treinta años de envenenamiento psicosférico producido por mafias mediáticas gestionadas por tipos como Berlusconi y Murdoch.

La insurrección que viene no será un proceso siempre alegre, más bien, estará a menudo teñido de racismo, de violencia autoinfringida. Este es el efecto de des-solidarización que el neoliberalismo y la política criminal de la izquierda produjeron en el ejército fragmentado y proliferante del trabajo.

En los próximos cinco años podemos esperar una expansión de fenómenos de guerra civil interétnica, como ya se ha entrevisto tras el humo de la insurrección inglesa, por ejemplo, en los episodios violentos de Birmingham. Nadie podrá evitarlo. Y nadie podrá dirigir esa insurrección que será una caótica reactivación de las energías del cuerpo de la sociedad europea, cuerpo por largo tiempo comprimido, fragmentado y descerebrado.

La tarea que los movimientos deben desenrollar no es provocar la insurrección –dado que ésta seguirá una dinámica espontánea e ingobernable–, sino la de crear (dentro de la insurrección o, mejor aún, en paralelo) las estructuras cognositivas, didáctivas, existenciales, psicoterapéuticas, estéticas, tecnológicas y productivas que podrán dar sentido y autonomía a un proceso, en gran parte, insensato y reactivo.

En la insurrección, pero también fuera de ella, deberá crecer el movimiento de re-invención de Europa, poniendo como primer objetivo el derrocamiento de la Europa de Maastricht, el desconocimiento de la deuda y de las reglas que la han engendrado, al tiempo que se va  alimentando la creación de lugares de belleza e inteligencia, de experimentación técnica y política.

La (inevitable) caída de Europa no será un hecho gozoso, porque abrirá la puerta a procedimientos de violencia nacionalista y racista. Pero la Europa de Maastricht no puede ser defendida.

La tarea del movimiento será rearticular un discurso europeo basado en la solidaridad social, en el igualitarismo, en la reducción del tiempo de trabajo, en la redistribución de la riqueza, en la expropiación de grandes capitales, en la cancelación de la deuda y en la noción de culpa, de superación de la territorialidad de la política.

Abolir Maastricht, abolir Schengen, para repensar Europa como forma de futuro de lo internacional, de la igualdad y de la libertad (de los estados, de los patrones, de todos)

Es probable que el próximo pasaje de la insurrección europea tenga como escenario a Italia.

Mientras Berlusconi nos hipnotiza con sus acrobacias de viejo mafioso, incitando la indignación legalista, Napolitano nos mete la mano en el bolsillo. La división del trabajo es perfecta. Los Indignados de Italia creen que es suficiente con restaurar el imperio de la Ley para que las cosas comiencen a funcionar decentemente; y creen que los dictados europeos son la solución para las fechorías de la casta mafiosa italiana. Después de treinta años de Minzolini y Ferrara no nos debe extrañar que se puedan crear fábulas de este tipo. El purgatorio que nos espera es, en cambio, mucho más largo y complicado.

Tendremos, tal vez, que pasar de través una insurrección legalista que llevará al desastre de un gobierno de la Banca Central Europea, personificado en un banquero o en un industrial que cante loas a la Ley.

Será el gobierno que destruirá definitivamente a la sociedad italiana. Y los próximos años serán peores que los veinte que han quedado a nuestra espalda. Es mejor saberlo.

Y es mejor saber, también, que una solución al problema italiano no se encuentra en Italia, sino tal vez (y subrayo el tal vez) en la insurrección europea.

10 de septiembre de 2011

Traducción: Diego Picotto

El miedo como factor de la política

Thomas Hobbes dice que hay sociedad porque hay miedo, que si las personas no temieran, nadie obedecería a la ley. El miedo es constitutivo de la vida en sociedad, y tiene una función medular en la organización política y del estado. Si partimos de que ese miedo más genérico toma un modo y un rol particular en cada coyuntura concreta, ¿cómo consideramos que se constituye en la Argentina actual? ¿Hasta qué punto en los últimos años el miedo es una dimensión especialmente presente en la política? ¿Qué se hace con ese miedo?
Nuestro país tiene una historia reciente donde el terror fue una componente central de la maquinaria de gobierno. El miedo a morir en manos del estado en años de dictadura se propagó durante la posdictadura bajo la forma de temor a que el estado volviera a ser gestionado como aparato de muerte. El discurso de Alfonsín de no desestabilizar la democracia era un límite para la acción colectiva, todo lo que fuera sospechoso de afectar la institucionalidad era visto como ilegítimo. Este escenario de riesgo perpetuo -hiperinflación mediante- tuvo su envés en el discurso menemista de la estabilidad. En los ´90 el miedo era a la crisis económica. ¿Cómo se configura hoy esa larga historia del miedo? (Sigue en www.tallerdecoyuntura.blogspot.com)

 

¿Fin del ricoterismo?

Que el Indio Solari sea el ídolo de 678, que muchas míticas frases ricoteras sean declinadas al interior del universo K es, sin duda, la batalla cultural más pedorra de la que tengamos memoria. Pero es sobre todo el aterrizaje vegetariano de una poética que, alguna vez, fue caníbal. 

Acerca de la escritura contemporánea

Por Juan Pablo Hudson
En una película de la que nunca supe el nombre, aunque supongo que era inglesa, porque tiene en mi memoria la iluminación de las películas inglesas, que parecen siempre filmadas en la década del setenta, el plano se acercaba, lentamente, a un visor de una cámara de fotos apostada sobre un pie; cuando llegaba hasta el pequeño recuadro de vidrio, éste apuntaba hacia una mancha oscura que tenía justo enfrente, a unos pocos metros; segundos más tarde, a medida que una mano iba ajustando, con cuidada y efectiva parsimonia, el zoom y el foco de la cámara, la imagen se iba tornando cada vez más nítida hasta que pronto se podía reconocer -aunque todavía de manera muy vaga- el contorno de unos cuerpos sentados en lo que parecía ser un banco o una tarima; finalmente, luego de los últimos retoques dados con el zoom y el foco, brotó un plano general con toda nitidez: aquella mancha oscura se transformó en una familia compuesta por dos ancianos vestidos de frac, tres chicos con los pelos rubios que le caían sobre la cara, una pareja de recién casados vestidos con sus trajes de boda, un matrimonio de unos treinta y cinco años con cara de impostada alegría, y un sacerdote con una sotana reluciente. Estaban sentados en un banco de plaza amarillo, enorme y antiguo, junto a un árbol frondoso y una pileta detrás.


La resolución de esta escena, me lleva a pensar en uno de los sentidos posibles que podemos encontrar en la escritura contemporánea; y no hablo de escritores, hablo de la escritura como una práctica que, desde hace años, se convirtió en un ejercicio diario como consecuencia del surgimiento y la masificación de las nuevas tecnologías. No es azarosa, en este sentido, la vinculación inicial que intento hacer con la fotografía. Si algo ha ocurrido con ambos ejercicios –escribir y fotografiar- es que perdieron sus sitiales de privilegio para devenir en una práctica cotidiana realizada cada vez por más personas. Si tuviéramos que rastrear los rasgos de nuestra época a través de imágenes, de ninguna manera haría falta recurrir a fotógrafos profesionales ni mucho menos a los catálogos de museos o galerías. Tan sólo tendríamos que ingresar en alguno de los programas de la web para convertirnos en algo así como arqueólogos espontáneos de un vasto, riquísimo y, claramente, lisérgico reservorio de retratos vivos de una generación; aún incluso cuando –de acuerdo a la hipótesis de Bourdieu- “nada tiene más reglas y convenciones que la práctica fotográfica y las fotografías de aficionados”. Así y todo –quizás justamente por eso- tendríamos ante nosotros un alucinante fresco de la época: formas de vestir, cortes de pelo, arquitectura urbana, interiores de casas y edificios, espacios verdes, vida nocturna, objetos cotidianos, experiencias militantes, familias, movilizaciones políticas, tribus urbanas, razas de perro, lugares de veraneo, comidas, parejas, adolescentes, bebés, viejos, bares, esquinas, por sólo enumerar algunos puntos de una inmensa tipología de imágenes.
Pero volvamos a la escritura. Hablemos de los pequeños y continuos textos en el facebook, del laconismo extremo, obsesivo, del tuiter, lo relatos en los blogs. La publicación de textos ha dejado de ser una propiedad exclusiva de aquellos que sueñan -o forjan- una carrera en el mercado editorial. Entre el vendaval 2.0 me interesan las crónicas de la vida cotidiana en primera persona: esas frases mínimas tan recurrentes como “Tomando mate con amigas en casa: felicidad total”, “Me levanté re loca, mañana rindo sociología”, lo mismo que las crónicas de un fin de semana, de las vacaciones, poesías auto referenciales, pensamientos eruditos, citas de teóricos, hipótesis, relatos compungidos, bizarros, románticos, y toda una serie de escritos dispersos, mayormente acotados, que arman un cadáver exquisito tan caótico como innegable de la época.
Pienso en ese sentido en el diario que escribía mi hermana en un cuaderno de Sarah Kay y que cerraba con un pequeño -pero infalible- candadito que nunca pudieron doblegar mis manos mientras ella estaba en su clase de gimnasia jazz, también en los diarios de Pavese, de Gombrowicz, de Ana Frank, de Kafka, de Pizarnik, de Virgina Woolf, de Cheever, y entiendo al diario íntimo como un dispositivo de enunciación lo suficientemente abierto, sin mayores exigencias formales más que el respeto del calendario (al decir de Blanchot), discontinuo, en el que sus autores narran situaciones, sensaciones y pensamientos surgidos en determinados períodos de la vida. Paula Sibilia (2009) afirma en su libro “La intimidad como espectáculo” que a través de la escritura de diarios íntimos, también de cartas, “el sujeto moderno podía bucear en su oscura vida interior, podía embarcarse en fascinantes viajes auto exploratorios”. Las personas escribían “para afirmar su yo, para auto conocerse y cultivarse, imbuidos (…) por el espíritu romántico de sumergirse en los misterios más insondables de sus almas”.
El diario íntimo, sin embargo, no es el antecedente prehistórico del blog o, incluso, del propio facebook. En principio porque el primero, a diferencia de los otros, no requiere más que de lectores imaginarios, o, para el caso de los que los publican post-mortem, no requiere más que de lectores póstumos; la soledad de la escritura (ese cuarto propio del que hablaba Virginia Woolf) y el ocultamiento pudoroso de lo escrito –ese candadito de mi hermana así lo atestigua- eran su marca constitutiva. Por el contrario, la serie de pequeños textos que pululan en blogs, facebook, tuiter, sólo adquieren sentido a partir de la búsqueda, el encuentro y el intercambio con interlocutores inmediatos. De hecho se escriben directamente pensando en que van a ser leídos y mayormente comentados al instante.
Ahora bien, si hiciéramos el ejercicio de compilar, a la manera de pacientes biógrafos, las diferentes publicaciones que alguien realizó a lo largo de los años en la web tendríamos ante nosotros historias de vida construidas en el marco de una red de contactos. Estoy convencido, en este sentido, que los personajes de los diferentes cuentos que integran “Los Hijos de Seymour” (tal como su autor, Martín Kaissa) serían activos publicadores 2.0. Me imagino, por ejemplo, al protagonista de “Eso que sangra” escribiendo en el facebook: “Bajón total anoche después del recital: calle Sarmiento llena de sangre y después un pibe en la peatonal con las venas cortadas”; o el blog cínico, bardero, drogón, del protagonista de Dolores, quien escribe veinte años después del episodio de la merca: “Con Dolores conocí la pala, ayer palmó de un ataque, juro que nunca lo vi tan duro al hijo de puta, jaja”.
En efecto, si armáramos historias de vida a partir de este tipo de publicaciones se tornaría indispensable -a diferencia del extinto diario íntimo- incluir los comentarios y las respuestas de los contactos. No hay posibilidades de separar la escritura 2.0 de esos mínimos intercambios. Los textos en estos territorios devienen públicos no sólo porque están a la vista de todos sino porque de esa escritura participa, habitualmente, más de una persona.
Alan Pauls en su ensayo sobre el diario íntimo, afirma que quienes lo escriben no lo hacen “para saber quiénes son; lo escriben para saber en qué están transformándose”. ¿Hoy en día para qué narramos y publicamos una tarde con amigos en el Parque España, o los pormenores de unas vacaciones en Villa General Belgrano? ¿Por qué se torna necesario convertir a las vivencias diarias en relato escrito, pero sobre todo: por qué la necesidad de compartirlas con otros al instante? ¿Mero exhibicionismo? ¿Ambición de visibilidad total? ¿Fin de la intimidad ante la desaparición de la frontera entre lo público y lo privado? Un amigo me aporta por mail una idea: más que pensar a la intimidad actual en términos de la Anterior pero ahora expuesta a través de las nuevas tecnologías, habría que ver qué es lo más oculto, lo que se guarda, lo que se protege, o se esconde en la actualidad. Tampoco me parece exacto pensar a estas vías de expresión como nuevos dispositivos confesionales (poder eclesiástico y médico en el XVIII, médico y pedagógico en el XIX y ahora nuevas tecnologías en el XXI). La confesión remite a la expresión de algo oculto, a una intimidad que se revela ante la incitación o la imposición de un dispositivo de poder. La escritura contemporánea –sin desconsiderar el exhibicionismo como marca actual- implicaría menos la confesión de algo íntimo a un público (si ciertos facetas antes resguardadas salen a la luz masivamente es porque perdieron, socialmente, la categoría de íntimas) sino un modo de elaboración posible –en algunas versiones de manera desesperada- de lo que nos ocurre en la vida cotidiana.
Walter Benjamín da cuenta de una diferencia entre el mundo premoderno y el advenimiento del mundo burgués: en el mundo premoderno “se sabía exactamente el significado de la experiencia”. Allí tenemos una clave de ingreso: el hecho de no saber a priori qué ni cómo se construye una experiencia. Escribir quizás posibilite hoy abordar esa pregunta, pero no desde una posición teórico-académica, sino como un problema concreto de nuestras existencias urbanas. La escritura autobiográfica desde siempre no solo testimonia sino que también organiza e incluso concede realidad a la propia existencia (Sibilia, 2009). Esta herramienta prolifera en la actualidad no sólo porque existen mayores canales de expresión sino porque las cosas, lo que nos pasa, no traen incorporadas un sentido intrínseco sino que requieren de una operación subjetiva que permita elaborarlos en cada situación. El sujeto moderno buscó esos sentidos con avidez en la lectura solitaria de las grandes novelas (SIbilia, 2009). Justamente, la pobreza narrativa que se le endilga –desde una moralina académica- a los escritos circulantes hablan menos del renombrado empobrecimiento del vocabulario y las formas, que de personas que no tienen ninguna pretensión estética sino la necesidad de construir y encontrar, a través de la escritura, sentidos posibles a las situaciones diarias: pareja, amigos, trabajo, tiempo libre, futuro, etc. Sin una operación activa, cohesiva, en diálogo con otros, dispuesta a darle consistencia, las escenas cotidianas corren el serio riesgo de ir sucediéndose sin más, o derribándose y obviándose unas a otras, en el marco de nuestras vertiginosas formas de vida. El acto de escribir más que un viaje exploratorio hacia nuestras oscuridades, más que un ejercicio de autoconocimiento o una herramienta única que permite atraer lo más interior de lo interior que es la intimidad, deviene en un ejercicio que intenta -en una especie de edición online- procesar y moldear las múltiples vivencias que nos llegan en crudo, torpemente, velozmente. En la medida en que lo escribo y comparto con otros voy reconociéndome en eso que me está pasando o acaba de ocurrirme. En este punto, ligarse con otros, encontrarse a través de un comentario, una respuesta, o ese nimio pulgar arriba a modo de me gusta en el facebook, no son un efecto residual de la escritura sino su parte constitutiva. Lo importante es sentir que alguien puede estar de alguna manera cerca. Hay una naturaleza relacional en la escritura 2.0 que configura de alguna manera comunidades frágiles, discontinuas, aleatorias, pero no por eso menos disponibles y presentes.
Imagino, para terminar, un posible blog que abre el periodista que protagoniza “Eduardo y el mundo” una vez que reconquistó, muchos años después, a Ana, su ex pareja. Me lo imagino publicando lo siguiente una madrugada de insomnio mientras ella durme a su lado:
 
Yo no escribo para reflejar lo que me está pasando ni mucho menos para metaforizar alguna vivencia. No. Así no funciona la escritura para mí, por lo menos en este último año cuando la escritura se tornó una actividad más o menos sistemática en mi vida. Desde que convivo con Ana la escritura se tornó más fluida y por momentos indispensable. A veces dudo si hubiéramos mantenido esta relación sin la escritura. Recuerdo aquellas noches en las que esperaba que ella se durmiera para levantarme, en silencio, y sentarme frente a la computadora. Recuerdo, porque no fue hace tanto, que necesitaba escribir un tiempo suficiente hasta sentir que el cuerpo comenzaba a alivianarse y la cabeza a esclarecerse. Todos requisitos para conciliar el sueño en esas primeras noches, noches demasiado largas en las que todavía mi cuerpo no se terminaba de acostumbrar a compartir este colchón de dos metros por dos metros. Para mí la escritura no refleja nada ni tampoco es catarsis ni es posible analizarla en términos estéticos. Rechazo la idea de una escritura como resumen o imagen de la experiencia. Escribí y escribo sobre Ana sin ningún intento de reflejarnos. Escribo, necesito dejarlo en claro, para terminar de encontrarla, para empezar a encontrarme junto a ella. La escritura me permite terminar de sentir las experiencias vividas, porque si no las escribo es como que no las vivo, sólo las recuerdo o las observo. La escritura funciona como la plomada en el armado de una línea para la pesca. La necesito para lograr profundidad y estabilidad, para que ese anzuelo, cubierto de carnada, traspase la superficie del agua y caiga hasta prácticamente el fondo. Sin la escritura las vivencias, el acontecer diario, eso que me va pasando, queda suspendido sobre la superficie, pero no se introduce en mi cuerpo. Allí encuentro su sentido último: que torne nítido aquello que es difuso; que torne más real y propia una vivencia que parecía ajena, distante, como si la hubiera vivido otro. Ponerme a escribir inyecta, con sus agujas, las vivencias en la carne humana. Ya no es la experiencia necesariamente la musa o el garante de la escritura, sino que la escritura se inscribe como una garante posible de las experiencias. Una herramienta indispensable, quizás como el agua, la comida, el café de la mañana, para transformar en carne y sangre la fotografías cotidianas, eso que viví y vivo, esas vivencias que siento que no me terminan de dejar marcas en tanto no las registre como lo estoy haciendo ahora mientras me llega desde la habitación la respiración entrecortada de Ana, sus murmullos tenues, misteriosos, como cada vez que duerme profundo.

Transgredir

Por Tomás Abraham
He notado en sectores políticos de la oposición una cierta envidia por la convocatoria que logra el Gobierno en los jóvenes. Ha sido noticia frecuente desde el velorio de Néstor Kirchner la aparición de la juventud en el escenario político. El protagonismo de La Cámpora luego de la muerte del ex presidente da testimonio de la participación juvenil antes desapercibida. Para su desdicha, los dirigentes del espectro político opositor no pueden mostrar demasiadas figuras jóvenes junto a sus conocidos jefes de partido.
El PRO pone en escena a una joven Vidal, y es posible que el jefe de Gobierno porteño sea motivo de admiración en una franja de la juventud que sueña con un puesto empresario, sol en Punta Cana y casarse con una señorita que también haya estudiado dirección de empresas. Juntos colaborarán con fundaciones preocupadas por la pobreza y las enfermedades. No es un sueño despreciable, sino el deseo de una vida sin sobresaltos, protegida por la buena fortuna. Por eso los especialistas en marketing de Macri le sugieren un discurso no confrontativo, pleno de amor y esperanza.
Pero los jóvenes K quieren otra cosa. Quieren portarse mal. Muchos se preguntan cuál es la razón por la que le hacen el aguante a un veterano como Boudou, que se tapa la panza con la guitarra. Lo hacen porque sí, así nomás, porque “está bueno” que un ministro de Economía, candidato a vicepresidente, la pase bomba, ande en una moto de veinte cilindros con rubia sujetada y que haga rabiar a toda esa cohorte de vejetes aburridos que los amonesta por televisión. Nadie tiene ganas de respetar a los abogadillos, profesionales de la nada que hablan de política como hace un siglo, que usan palabras vacías y grises, que se enojan porque se roba, porque se miente, como curas de parroquia. Esos, si no se fueron todos, se debieron haber ido hace rato.
Es mucho más divertido que Aníbal Fernández putee, que el canciller juegue con el Twitter y que el gabinete, ya que no se reúne, baile la cumbia villera en Olivos. Pasarla bien. No me burlo, es más que comprensible que la nueva generación no se vea reflejada en la clase política tradicional y que prefiera hacer pogo contra la corpo al son de una estrella funky.
Me preguntan algunos preocupados políticos de la oposición qué hacer para que los jóvenes se acerquen también a ellos. Nada, que no hagan nada. Además, ¿qué quieren hacer? El Frente Amplio Progresista tiene a Vicky Donda, que también quiere portarse mal. Pero no alcanza. Se necesita algo más bizarro. No hemos visto aún a Morandini en el baile del caño con la coreo de la Stolbitzer. Será cuestión de consultar con los productores de Amado. Pero todo esto es una pérdida de tiempo. El problema está mal planteado. Primero: los jóvenes no existen. Sólo los viejos hablan de ser jóvenes. Un joven que dice ser joven no es joven, es estúpido. Ningún joven de edad, si tiene dos dedos de frente, se siente joven. Por el contrario, si la memoria no me falla, en plena contracultura “hipposa” y antiimperialista, no nos sentíamos jóvenes. Al menos yo no. Ahora sí me siento joven, porque ya no lo soy. En los veintitantos estaba con el alma arrugada. A un joven se le cae el mundo encima, es mentira que tiene una vida despreocupada.
Es cierto que la irreverencia es de ellos. ¿Pero a qué llaman rebeldía? A ir a una especie de comité a seguir la línea que bajan unos profesionales de la tranza que se hacen los pendejos porque se cagan en todo. Claro, en nombre de Cámpora, un mayordomo del trío negro de los setenta, pero qué importa, a nadie le importa la historia, con la fábula musicalizada y filmada alcanza. ¿Pero adorar? ¿Un joven vestido de monaguillo kirchnerista, genuflexo ante Boudou? ¿Ante Cristina?
Hay que aprender de los chinos, no porque sean divertidos, sino porque saben lo que hacen. Son militantes, el partido comunista chino tiene nueve dirigentes en el Politburó, todos ingenieros. Viajan a Harvard a especializarse en ciencias duras y vuelven a cambiar la realidad ciento ochenta grados. ¿Saben lo que es la sociedad de conocimiento? Es lo que Marx llamaba fuerzas productivas. No se trata de educación. Hay que cortarla con el tema de la educación, que se ha convertido en un lavamanos de la plutocracia nacional. Dicen que para salir de la pobreza hace falta una buena educación. Mentira, frase de ricos. Como si dijeran: miren, soy rico porque me eduqué bien. Hipócrita. Miles de “indignados” a mil euros por mes se abanican con sus diplomas en las plazas. Hoy el conocimiento es carne, es un animal vivo, produce, es más que el poroto mágico, es el valor agregado por excelencia.
¿Qué tipo de militancia les ofrecen a los jóvenes los Pimpinela del gabinete, Amado y Aníbal, si no es la de ser empleados de un call center compitiendo con sueldos de la India, o repositores de súper con sueldos chinos? Hoy estudiar no es ser buen alumno. Es ser un militante por la patria. ¿Cómo quieren transformar el país si no conocen sus problemas? ¿Creen que sobra materia gris en la Argentina? Estamos tan escasos de sesos que no nos damos cuenta que ni está en el menú. Vivimos un apartheid educacional y lo festejamos en nombre de la inclusión.
Tecnópolis o telgopornópolis no está mal, pero no se trata de un nuevo showroom. Es mucho más serio y más interesante. El mundo nos mira con hambre y sed. La tierra se calienta. Se llena de gases. Si los chinos siguen creciendo, tendrán cientos de millones de autos y respirarán humo. Las tierras fértiles son muy pocas. El agua se evaporó. La tala no deja nada en pie. Nuestra pampa húmeda fue descrita en el Génesis. Nuestros minerales son el botín del capitán Morgan. Los lagos montañosos y nuestros ríos inmensos esperan a millones de desesperados que serán el nuevo aluvión en pocas décadas. Tenemos demasiadas cosas ricas y mal aprovechadas. ¿Dónde están los llamados jóvenes, que ya no lo serán dentro de poco –recuerden que el tiempo es un asesino serial–, que se hagan cargo de la Argentina para que no desaparezca del mapa convertida en un nuevo desierto o en una nueva factoría del superpoder del futuro? ¿Cantando junto a Boudou?
Es lícito preguntarse si meterse en serio en la militancia del conocimiento productivo nos asegura un buen pasar personal y un servicio útil a la patria. La respuesta es no. Nadie puede asegurar nada. Pregúntele a Dios o a Woody Allen. Si, como dice el director de cine, el sol se apagará en diez mil millones de años, o si es cierto lo que vaticinan los ecólogos milenaristas sobre la inminente explosión del planeta, si no es que nos espera una nueva era del hielo o que, balance mediante, nos resignamos a que la clase obrera no se fue al paraíso y que la clase media sí se fue al infierno; si esto es así, ¿cómo se puede garantizar que la providencia juegue a nuestro favor? A lo mejor todo se va a la mierda y mejor bailar sobre la basura ya que todo es al pedo. Perdonen el vocabulario, pero hoy me siento joven, como los pibes del gabinete nacional. Lo mejor es tirar la chancleta, tomar sol y unos buenos mates con éxtasis. Hay que blanquear el asunto. Comámonos lo que hay, disfrutemos cada minuto sin pensar en el mañana, vivamos intensamente mientras los de arriba invierten sus dineros en cajas de extrema seguridad.

Commonwealth. El proyecto de una revolución del común

de Antonio Negri y Michael Hardt
Prefacio a la edición española

Los acontecimientos poticos en el mundo dehabla hispana, tanto en América del Sur como en la península ibérica se cuentan entre los s inspiradores e innovadores de la última década. A través de revueltas, insurrecciones, del derrocamiento de gobiernos neoliberales, laelección de gobiernos reformistas progresistas, las protestas contra las poticas de esos gobiernos supuestamente progresistas y otras acciones, se ha expresado un esritu indignado y rebelde a través de innumerables experimentos sociales y políticos. Una serie de fechas y lugares sirve de cifra de luchas continuas y prolongadas, desde el 1 de enero de 1994 en Chiapas, el 8 de abril de 2000 en Cochabamba, los 19 y 20 de diciembre de 2001 en Buenos Aires y, más recientemente, el 15 de mayo de 2011 en la madrileña Puerta del Sol. Hemos seguido estas historias, aprendiendo de ellas y utilizándolas como guía durante laescritura deeste libro y después de su publicación.
Uno de los argumentos de este libro, que encuentra una fuerte resonancia con estas luchas, identifica como fuente central del antagonismo la insuficiencia de las constituciones republicanas modernas, en particular de sus regímenes de trabajo, propiedad y representación. En primer lugar, en estas constituciones el trabajo es clave para tener acceso a la renta y a los derechos sicos de ciudadanía, una relación que durante mucho tiempo ha funcionado mal para quienes estaban fuera del mercado de trabajo normal, incluidos los pobres, los desempleados, lasmujeres trabajadoras sin sueldo, los inmigrantes y otros, pero hoy la posición de todas las formas de trabajo es cada vez más precaria e insegura. Desde luego, el trabajo continúa siendo la fuente de la riqueza en la sociedad capitalista, pero cada vez s fuera dela relación con el capital y a menudo fuera de la relación salarial estable. Como resultado de ello, nuestra constitución social continúa requiriendo el trabajo asalariado paratener plenos derechos y acceso a una sociedad en la que ese tipo de trabajo está cada vez menos disponible.
La propiedad privada es un segundo pilar fundamental de lasconstituciones republicanas, y hoy poderosos movimientos sociales impugnan no solo los regímenesnacionales y globales de gobernanza neoliberal, sino tambn, en un plano s general, el imperio de la propiedad. La propiedad no solo mantiene las divisiones y jerarqas sociales, sino que genera tambn algunos de losvínculos s poderosos (y que a menudo son conexiones perversas) que compartimos con los demás en nuestras sociedades. Y sin embargo, la producción social y económica contemporánea tiene un carácter cada vez scomún, que desafía y excede los límites de la propiedad. La capacidad del capital de generar ganancia está disminuyendo, deresultas de lapérdida de su capacidad empresarial y del poder de administrar disciplina y cooperación sociales. Por el contrario, elcapital acumula cada vez s riqueza principalmente por medio de formas de renta, casi siempre organizadas mediante instrumentos financieros, a tras de los cuales captura valor que es producido socialmente y con independencia de su poder. Pero toda instancia de acumulación privada reduce la potencia y la productividad del común. De esta suerte, la propiedad privada se está convirtiendo no solo en un parásito, sino tambn en un obstáculo para la producción y el bienestar sociales.
Por último, un tercer pilar de las constituciones republicanas, y objeto de un creciente antagonismo, se apoya en los sistemas de representación y en sus falsas atribuciones de institución de una gobernanza democrática. Poner fin al poder delos representantes políticos profesionales es uno de los pocos lemas de latradición socialista que podemos afirmar sin reservas en nuestra condición contemporánea. Lospolíticos profesionales, junto con los jefes de lascorporaciones y la elite de los medios de comunicación, no ejercen s que la modalidad s débil de lafunción representativa. El problema no es tanto que los políticos estén corruptos (aunque en muchos casos esto también es cierto), sino que la estructura constitucional republicana aisla los mecanismos de toma de decisión democrática de laspotencias y losdeseos de la multitud. Todo proceso real de democratización en nuestras sociedadestiene que atacar la falta de representación y lasfalsas pretensiones de representación que están en el centro de la constitución.
Sin embargo, reconocer la racionalidad y la necesidad de larevuelta con arreglo a estos tres ejes y a muchos otros que animan hoy muchas luchas no es, a decir verdad, más que el primer paso, el punto de partida. Elcalor de la indignación y la espontaneidad dela revuelta tienen que organizarse para perdurar en el tiempo y construir nuevas formas de vida, formaciones sociales alternativas. Los secretos de este próximo paso son tan raros como excelsos.
En el terreno económico, tenemos que descubrir nuevas tecnologías sociales para producir libremente en común y distribuir equitativamente la riqueza compartida. ¿Cómo puedennuestras energías y deseos productivos engranarse y crecer en una economía que no esté basada en la propiedad privada? ¿Cómo se puede proporcionar a todos el bienestar social y los recursos sociales básicos en una estructura social que no esté regulada y dominada por la propiedad estatal? Tenemos que construir las relaciones de producción e intercambio, así como las estructuras de bienestar social que se compongan de y sean adecuadas al común.
Los desafíos en el terreno político son igualmente espinosos. Algunos de losacontecimientos y revueltas s inspiradorese innovadores de laúltima década han radicalizado el pensamiento y la práctica democráticos organizando un espacio, como una plaza pública ocupadao una zona urbana, con estructuras o asambleas abiertas y participativas, manteniendo estas nuevas formas democráticas durante semanas o meses. De hecho, la organización interna de los propios movimientos se ha visto constantemente sometida a procesos de democratización, que se esfuerzan en crear estructuras de red horizontales y participativas. De esta suerte, lasrevueltas contra el sistema político dominante, sus poticos profesionales y sus estructuras ilegítimas de representación no aspiran a restaurar un supuesto sistema representativo legítimo del pasado, sino a experimentar con nuevas formas de expresión democrática: democracia real ya*. ¿Cómo podemos transformar la indignación y la rebelión en un proceso constituyente duradero? ¿Cómo pueden convertirse en poder constituyente losexperimentos de democracia, no solo democratizando una plaza pública o un barrio, sino inventando una sociedad alternativa que sea verdaderamente democrática?
Éstas son algunas de las preguntas que investigamos y que intentamos responder eneste libro. Y nos sentimos alentados sabiendo que no somos los únicos que nos planteamos estas preguntas. De hecho, esperamos que este libro caiga en las manos de quienes están descontentos con la vida que les ofrece nuestra sociedad capitalista contemporánea, indignadosante sus muchas injusticias, rebeldes contra sus poderes de mando y explotación y ansiosos de una forma de vida democrática alternativa basada en la riqueza común que compartimos. No albergamos la ilusión de ser capaces de proporcionarles todas las respuestas. En cambio, confiamos en que loslectores españoles, planteando estas preguntas y luchando por sus deseos, inventan nuevas soluciones que ni siquiera somos capaces de imaginar.
Agosto de 2011, Michael Hardt y Antonio Negri
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Prefacio: El devenir pncipe de la multitud
«Los pueblos no disfrutan nunca de s libertad que aquella que su audacia consigue arrebatar al miedo»
Stendhal, Vie de Napoon
«El poder a los pacíficos»
Michael Franti, «Bomb the Worl
La guerra, el sufrimiento, la miseria y laexplotación caracterizan cadavez más nuestro mundo en proceso de globalización. Hay tantas razonespara buscar refugio en un mundo «afuera», en algún lugar separado de la disciplina y el control del Imperio a cuyo surgimiento asistimos, o incluso principios transcendentes o transcendentales que puedan guiar nuestras vidas y fundamentar nuestra acción política. Sin embargo, uno de los principales efectos de la globalización es la creación de un mundo común, un mundo que, para bien o para mal, todos compartimos, un mundo que no tiene «afuera». Con los nihilistas, hemos de reconocer que, por más brillante y mordazmente que lo critiquemos, estamos destinadosa vivir en este mundo, no solo sujetos a sus poderes de dominación, sino tambn contaminados por sus corrupciones. ¡Abandonen todos los sueños de pureza potica y de «valores superiores» que nos permitirían permanecer fuera! Sin embargo, ese reconocimiento nihilista no debería ser sque una herramienta, un intervalo de transición hacia la construcción de un proyecto alternativo. En este libro articulamos un proyecto ético, una ética de acción política democrática dentro y contra el Imperio. Investigamos cuáles han sido los movimientos y las prácticas de la multitud y qué pueden devenir al objeto de descubrir las relaciones sociales y las formas institucionales de una democracia global posible. «Devenir pncipe» es el proceso de la multitud que aprende el arte del autogobierno e inventa formas duraderasde organización social democrática.
Una democracia de la multitud es imaginable y posible solo porque todos compartimos y participamos en el común. Por «el común» entendemos, en primer lugar, la riqueza común del mundo material –el aire, el agua, los frutos de la tierra y toda la munificencia de la naturalezaque en los textos políticos clásicos europeos suele ser reivindicada como herencia de la humanidad en su conjunto que ha de ser compartida. Pensamos que el común son tambn y con mayor motivo los resultados de la producción social que son necesarios para la interacción social y la producción ulterior, tales como saberes, lenguajes, códigos, información, afectos, etc. Esta idea del común no coloca a la humanidad como algo separado de la naturaleza, como su explotador o su custodio, sino que se centra en las pcticas de interacción, cuidado y cohabitación en un mundo común que promueven lasformas beneficiosas del común y limitan lasperjudiciales. Enla era de la globalización, las cuestiones del mantenimiento, producción y distribución del común en ambos sentidos, así como en los marcos ecológicos y socioeconómicos, se tornan cada vez s centrales. Sin embargo, con las anteojeras de las ideologías dominantes de hoy en día resulta difícil ver el común, aunque esté a nuestro alrededor. En las últimas décadas, las políticas gubernamentales neoliberales en todo el mundo han tratado de privatizar el común, convirtiendo los productos culturales –por ejemplo, lainformación, las ideas e incluso especies de animales y plantas– en propiedad privada. Sostenemos, uniendo nuestras voces a lasde muchos otros, que se debe resistir a tales privatizaciones. Sin embargo, laopinión corriente asume que la única alternativa a lo privado es lo público, esdecir, aquello que es gestionado y regulado por Estados y otras autoridades gubernamentales, como si el común fuera algo irrelevante o extinto. No deja de ser cierto, desde luego, que mediante un largo proceso de cercamientos la superficie de la tierra se ha visto casi completamente dividida entre propiedad pública y propiedad privada, de tal suerte que los regímenes comunales de latierra, tales como losde las civilizaciones indígenas del continente americano o los de Europa medieval se han visto destruidos. Y, sin embargo, buena parte de nuestro mundo es común, está abierto al acceso de todos y es desarrollado mediante laparticipación activa. Ellenguaje, por ejemplo, aligual que los afectos y losgestos, es en su mayor parte común, y de hecho siel lenguaje fuera hecho privado o público –es decir, si porciones considerables de nuestras palabras, frases o partes del discurso se vieran sujetas a lapropiedad privada o a la autoridad pública–, entonces el lenguaje perdería suspoderes de expresión, creatividad y comunicación. Con este ejemplo no se pretende tranquilizar a los lectores, como si se diera a entender que lascrisis creadas por los controles privados y públicos no son tan malas como parecen, sino s bien ayudar a los lectores a recapacitar su visión, reconociendo el común que existe y lo queéste puede hacer. Éste es el primer paso en un proyecto encaminado a recobrar y expandir el común y sus potencias.
La alternativa aparentemente exclusiva entre lo privado y lo público corresponde a una alternativa política igualmente perniciosa entre capitalismo y socialismo. Se suele asumir que laúnica cura para los males de la sociedad capitalista es la regulación pública y la gestión económica keynesiana y/o socialista; y a su vez se supone que lasenfermedadessocialistas solo puedentratarse con la propiedad privada y el control capitalista. Sin embargo, el capitalismo y elsocialismo, aunque en ocasiones se han visto mezclados y en otras han dado lugar a enconados conflictos, son ambos regímenes de propiedad que excluyen el común. El proyecto político de institución delcomún que desarrollamos en este libro traza una diagonalque se sustrae a estas falsas alternativas –ni privado ni público, ni capitalista ni socialista– y abre un nuevo espacio para la política.
De hecho, paradójicamente las formas contemporáneas de la producción y la acumulación capitalista, a pesar de su ofensiva constante encaminada a la privatización de los recursos y de la riqueza, hacen posible e incluso requieren expansiones del común. Por supuesto, el capital no es una forma pura del común, sino una relación social que depende, para su supervivencia y su desarrollo, de subjetividades productivas que están dentro de la relación, pero son antagonistas de ésta. Mediante losprocesos de globalización, el capital no solo unifica toda latierra bajo su poder de mando, sino que tambn crea, envuelve y explota toda la vida social, ordenando la vida con arreglo a las jerarquías de valor económico. Por ejemplo, en las formas de producción recientemente dominantes que implican información, códigos, saberes, imágenes y afectos, los productores requieren cada vez sun alto grado de libertad, así como un acceso abierto al común, sobre todo en sus formas sociales, tales como lasredes de comunicación, losbancos de información y los circuitos culturales. La innovación en tecnologías de Internet, por ejemplo, depende directamente del acceso a recursos de código e información comunes, así como de lacapacidad de conectar e interactuar con otros en redes libres de restricciones. A su vez, y demodo s general, todas las formas de producción en redes descentralizadas, impliquen éstas o no tecnologías inforticas, exigen libertad y acceso al común. Asimismo, el contenido de lo que es producido incluyendo ideas imágenes y afectos– es fácilmente reproducible y de tal suerte tiende a ser común, resistiéndose tenazmente a todos los esfuerzos legales y económicos para privatizarlo o someterlo al control público. La transición ya ha comenzado: la producción capitalista contemporánea, abordando sus propias necesidades, abre la posibilidad de y crea las bases de un orden social y económico basado en el común.
El núcleo primordial de la producción biopotica, tal y como podemos comprobar remonndonos a un mayor grado de abstracción, no es la producción de objetos para sujetos, tal y como suele entenderse la producción de mercancías, sino la producción misma de la subjetividad. Éste es el terreno del que debepartir nuestro proyecto ético y político. Ahora bien, ¿cómo puede instituirse una producción ética en el terreno móvil de la producción de subjetividad, que constantemente transforma valores y sujetos fijos? Gilles Deleuze afirma en sus consideraciones sobre la idea de dispositivo [dispositif] de Michel Foucault (los mecanismos o aparatos materiales, sociales afectivos y cognitivos de la producción de subjetividad): «Pertenecemos a los dispositivos y actuamos en su seno». Sin embargo, sihemos de actuar en su seno, el horizonte ético tiene que redireccionarse desde la identidad hacia devenir. Lo que está en juego «no es lo que somos, sino s bien lo que somos en el proceso de devenir –es decir, el Otro, nuestro devenir otro». Desde este punto de vista privilegiado, uno de los escenarios decisivos de laacción potica hoy implica la lucha en torno al control o la autonoa de la producción de subjetividad. La multitud se hace a sí misma componiendo en el común las subjetividadessingulares que resultan de este proceso.
A menudo descubrimos que nuestro vocabulario político es insuficiente para aferrar las nuevas condiciones y posibilidades del mundo contemporáneo. En ocasiones inventamos nuevos términos para arrostrar ese desafío, pero la mayoría de las veces intentamos resucitar y reanimar viejos conceptos políticos que han cdo en desuso, porque conllevan historias poderosas y porque trastocan las acepciones convencionales de nuestro mundo presente y lo presentan bajo una luz nueva. Dosde estos conceptos que desempeñan papeles particularmente importantes en este libro son pobreza y amor. El pobre era un concepto político extendido en Europa, al menos desde la Edad Media hasta el siglo XVII, pero aunque nos esforzaremos al ximo para aprender de algunas de aquellas historias, estamos s interesados en aquello en lo que se ha convertido el pobre en nuestros días. Pensar en términos de pobreza tiene, en primer lugar, el efecto saludable de poner en tela de juicio las designaciones de clase tradicionales y obligarnos a investigar con nuevos ojos en qmedida ha cambiado lacomposición de clase y a dirigir la mirada a la amplia gama de actividades productivas de laspersonas dentro y fuera de las relaciones salariales. Ensegundo lugar, desde este punto de vista el pobre se define, no por la carencia, sino por la posibilidad. Con frecuencia, los pobres, migrantes y trabajadores «precarios» (es decir, aquellos que carecen de empleo estable) suelen ser concebidos como excluidos, pero la verdad es que, aunque subordinados, están completamente dentro de los ritmos globales de la producción biopolítica. Las estadísticas económicas pueden comprender la condición de pobreza en rminos negativos, pero no las formas de vida, los lenguajes, los movimientos o lascapacidades de innovación que generan. Nuestra tarea consistirá en descubrir modos de traducir a potencia la productividad y la posibilidad de los pobres.
Walter Benjamin, con su elegancia e inteligencia características, comprende el concepto cambiante de pobreza ya en la década de 1930. Élsitúa el cambio, en clave nihilista, en la experiencia de aquellos que han sido testigos de ladestrucción, y en particular de ladestrucción causada por la Primera guerra mundial, que nos arroja a una condición común. Benjamin ve, surgiendo de las ruinas del pasado, el potencial de una forma nueva y positiva de barbarie. «Pues, ¿qué supone la pobreza de experiencia para el bárbaro? Le obliga a comenzar desde el principio, a empezar de nuevo, a arregrselas con poco,a construir con poco y a avanzar con la vista al frente». La productividad «bárbara» del pobre se propone hacer un mundo común.
El amor proporciona otro camino de investigación de la potencia y la productividad del común. El amor es un medio de escape de la soledad del individualismo, pero no, tal y como nos dice la ideología contemporánea, solo para verse aislado de nuevo en la vida privada de la pareja o de la familia. Para llegar a un concepto político del amor que reconozca a éste como algo centrado en la producción delcomún y en la producción de la vida social, tenemos que romper con la mayor parte de los significados contemporáneos del término y recuperando y reelaborando algunas nociones s antiguas. Sócrates, por ejemplo, dice en el Banquete que, según Diotima, aquella que «le enseñó las cosas del amor», el amor nace de la pobreza y de la invención. A medida que intenta elaborar lo que ella le enseñó, afirma que el amor tiende naturalmente hacia el terreno ideal para obtener la belleza y la riqueza, realizando asíel deseo. Sin embargo, lasfeministas francesas e italianas sostienen que Platón malinterpreta completamente a Diotima. Ella no nosguía hacia la «sublimación» de la pobreza y del deseo en la «plenitud» de la belleza y la riqueza, sino hacia la potencia del devenir definida por lasdiferencias. La idea de amor de Diotima nos da una nueva definición de riqueza que extiende nuestra idea del común y apunta a un proceso de liberación.
Toda vez que lapobreza y el amor podrían aparecer demasiado débiles para derrocar a lospoderes dominantes actuales y desarrollar un proyecto del común, tendremos que hacer hincapié en el elemento de la fuerza que les anima. Ésta es en parte una fuerza intelectual. Immanuel Kant, por ejemplo, concibe la Ilustración como una fuerza que puede desterrar las«visiones fanáticas» que provocan la muerte de la filosofía y, ades, puede imponerse a toda policía del pensamiento. Jacques Derrida, siguiendo a este Kant «ilustrado», recupera para la razón la fuerza de laduda y reconoce la pasión revolucionaria de la razón como algo que surge de los márgenes de la historia6. Tambn creemos que esa fuerza intelectual es necesaria para superar el dogmatismo y el nihilismo, pero insistimos en la necesidad decomplementarla con la fuerza sica y la acción potica. El amor precisa fuerza para vencer a los poderes dominantes y desmantelar sus instituciones corruptas para poder crear un nuevo mundo de riqueza común.
El proyecto ético que desarrollamos en este libro emprende el camino de la construcción potica de la multitud dentro delImperio. La multitud esun conjunto de singularidades que pobreza y amor componen en la reproducción delcomún, pero esto no es suficiente para describir la dinámica y los dispositivos del devenir príncipe de lamultitud. No nossacaremos de la chistera nuevos transcendentales o nuevas definiciones de la voluntad de poder al objeto de imponerlas sobre la multitud. El devenir príncipe de la multitud es un proyecto que descansa íntegramente en la inmanencia de la toma de decisiones dentro de la multitud. Tendremos que descubrir el tránsito de la revuelta a la institución revolucionaria que la multitud puede poner en marcha.
Con el título de este libro, Commonwealth. Elproyecto de una revolución del común, queremos indicar una vuelta a algunos de lostemas de los tratados clásicos del gobierno, explorando la estructura institucional y laconstitución política de la sociedad. Tambn queremos hacer hincapié, una vez que hemos reconocido la relación entre los dos rminos que componen este concepto, la necesidad deinstituir y gestionar un mundo de riqueza común, concentrándonosen y expandiendo nuestras capacidades de producción colectiva y autogobierno. La primera mitad del libro es una exploración filosófica e histórica que se centra sucesivamente en la república, la modernidad y el capital como los tres marcos que obstruyen y corrompen el desarrollo del común. Sin embargo, en cada uno de estos terrenos descubrimos también alternativas que emergen en la multitud de los pobres y en los circuitos de laaltermodernidad. Lasegunda parte del libro esun alisis potico y económico del terreno contemporáneo del común. Exploramos las estructuras globales de gobernanza del Imperio y los aparatos del poder de mando capitalista para evaluar el estado y el potencial actuales de la multitud. Nuestro análisis termina con una reflexión sobre lasposibilidades contemporáneas de la revolución y sobre losprocesos institucionales que ésta requeriría. Al final de cada parte del libro hay una sección que recoge desde una perspectiva diferente y s filosófica una cuestión central suscitada en el cuerpo del texto. (La función de estas secciones es similar a la de los escolios en laÉtica de Spinoza). Las secciones, junto con el Intermezzo, pueden leerse también consecutivamente como una investigación continua.
Jean­Luc Nancy, partiendo de premisas análogas a lasnuestras, se pregunta si «cabesugerir una lectura o una reescritura “spinoziana” de Sery tiempo [de Heidegger]». Esperamos que nuestra obra apunte en esa dirección, dando la vuelta a la fenomenología del nihilismo y estableciendo los procesos de productividad y creatividad de la multitud que pueden revolucionar nuestro mundo e instituir una riqueza común compartida. No solo queremos definir un acontecimiento, sino tambn aferrar la chispa que incendie la pradera.

#OccupyWallStreet

O el intento exagerado de asalto a la Gomorra financiera

por Ángel Luis Lara
“El 17 de septiembre queremos ver 20.000 personas inundando el sur de Manhattan, montando tiendas de campaña, instalando cocinas, levantando pacíficas barricadas y ocupando Wall Street”. De esta guisa el colectivo canadiense de jammers culturales Adbusters lanzaba el pasado mes de julio un llamamiento a ocupar el polo simbólico fundamental del (des)orden capitalista. Ni más ni menos. Un mensaje que atravesó las redes sociales rápidamente y que se replicó por el hiperespacio a la velocidad de la indignación y del radical deseo de cambio que prolifera por el planeta. Desde entonces, dos órdenes desiguales han ido vertebrando el flujo de comunicación y de emociones en torno al desafío: por un lado, Internet; por otro lado, el aterrizaje de la convocatoria en la ciudad de Nueva York con la configuración de una Asamblea General encargada de la logística de la movilización y la materialidad tangible de la misma. Ambos órdenes han convivido en paralelo desde realidades a años luz la una de la otra. Mientras el hiperespacio ha sido un amplificador interminable de la propuesta, con un impacto reseñable en las redes sociales más importantes y con una numerosa población flotante de internautas siguiendo su estela, el desarrollo de la Asamblea Generalha generado una influencia verdaderamente escasa en la gran manzana. Si el reseñable movimiento en Internet ha construido un notable impacto virtual y ha tejido puentes con el 15M y los movimientos de cambio en el Mediterráneo, el aterrizaje material de la iniciativa en la ciudad de Nueva York se ha movido en lógicas y parámetros ciertamente alejados de las rupturas y de los elementos de innovación política que dichos movimientos han puesto sobre la mesa del siglo en curso.

El pasado sábado por fin fue 17 de septiembre. A lo largo del día, cerca de dos mil personas participaron del intento de ocupación de Wall Street y doscientas de ellas acamparon en el corazón del epicentro financiero del mundo.  Con ellas parece que también han acampado los límites de la forma de la convocatoria y de su aterrizaje material en la gran manzana. Tanto cuantitativa como cualitativamente el balance de la jornada parece no responder al revuelo generado en Internet y a las expectativas que la convocatoria había despertado en medio mundo. Lo que sigue son algunas reflexiones y trazos de relato en torno a la experiencia, absolutamente parciales e incompletos, pero quizá útiles para comprender la suerte de la convocatoria y la evidente disimetría entre lo imaginado, lo esperado y lo ocurrido.
The Old Blade Runner
La convocatoria de Adbusters dio lugar a la celebración de un acto público en el corazón del distrito financiero neoyorquino el pasado 2 de agosto. Allí convergieron dos mundos y dos tiempos históricos. Por un lado, grupos tradicionales de izquierda, con una elevada media de edad, portadores de un nivel reseñable de desfase propositivo y de un léxico ciertamente antediluviano (proletarios-de-todos-los-países-uníos-!). Por otro lado, un grupo plural de gentes convocados por la acumulada solvencia creativa de Adbusters, al mismo tiempo que profundamente afectados por los multitudinarios movimientos democráticos desatados en el Mediterráneo, de la plaza de Tahrir de El Cairo a la Puerta del Sol de Madrid. Entre los dos mundos y los dos tiempos, unas escasas doscientas personas.
Desde lo cuantitativo, el primer capítulo de la convocatoria de Adbusters no parecía traducirse en una potencia capaz de afrontar el tamaño del desafío propuesto por el colectivo canadiense. Desde lo cualitativo, los significantes más marcianos y los delirios más disparatados tampoco auguraban nada bueno. Ante paisaje tan desolador hubo quien huyó sin dejar rastro, como algunos activistas de la guerrilla de los Yes Men, seguramente los más sensatos. Otros, sin embargo, permanecimos allí sujetos a una extraña inercia, tal vez explicable a partir del potente universo empático que la ola de revueltas mediterráneas ha inseminado en el presente. En medio del distrito financiero neoyorquino, entre la mirada curiosa de los turistas y la mofa abierta de los agentes de policía que custodiaban tamaña reunión de aparentes lunáticos, iniciamos una asamblea ante la disolución irremediable y progresiva del mundo del pleistoceno. Apenas cien personas y nada nuevo bajo el cielo. Un grupo cuya composición no difería notablemente de los perfiles encontrados en el viaje de Seattle a Génova en una vida anterior: estudiantes, activistas, profesores de universidad y maestros de escuela, hackers, skaters, videocreadores, trabajadores de oficina, homeless, antropólogos irredentos (incluido el afamado y díscolo David Graeber), bloggers, jammers, investigadores y becarios, músicos, guionistas de la Writers Guildof América y un simpático veterano de la guerra del Vietnam. En fin, quizá un cúmulo de capacidades y de destrezas susceptible de devenir sinergia capaz de dinamizar el proceso organizativo y comunicativo hasta la pretendida ocupación de Wall Street un mes y medio más tarde. También un océano de incertidumbre, de límites, de ambivalencia. Todo y nada, pero un todo quizá posible. Fundamentalmente, por el viento que la convocatoria comenzaba a levantar en Internet. También por la constante obsesión por la transparencia y por el devenir democrático del proceso que dejaban ver muchas de las intervenciones en la improvisada asamblea callejera. Definitivamente, por la determinación, implícita en gestos y discursos, de practicar una ruptura con las maneras tradicionales de la política y con el orden instituido, a izquierda y a derecha. Esa fue mi impresión entonces, animado por el espacio inaugurado por esa reunión, dotado de un carácter liso y ampliamente participable, imbuido de la determinación y el deseo contagioso de sus habitantes.
Sin embargo, esa tarde de agosto, sentado en el suelo del distrito financiero de Nueva York y rodeado de una representación disparatada de la fauna y flora del cognitariado de la gran manzana, recordé una sencuencia de Blade Runner en la que Batty le dice a Deckar: “Te necesito, tío. Necesito al viejo blade runner, necesito tu magia”. El problema era que si había algo que intuía no íbamos a necesitar en el viaje que recién comenzaba eran los replicantes. Tampoco los policías, aunque esos seguro iban a estar y no dependían de nosotros. Entonces, ni pensar en ellos. Mejor concentrarnos en los replicantes.
De lo liso a lo estriado
El aparente espacio liso abierto en las calles del distrito financiero el 2 de agosto, apelando abiertamente a la pluralidad y a las diferencias, pronto se fue estriando en su aterrizaje y en su continuidad organizativa, fundamentalmente porque el perfil activista enseguida fue adquiriendo centralidad y protagonismo entre la población de las asambleas. Ya se sabe que al activista le ocurre igual que a la ciencia sedentaria, que sólo es capaz de moverse en un campo de iteración o de recursión infinita de un esquema adquirido. El activista tout court, como el científico sedentario que tan bien describiera Jesús Ibáñez, se muestra generalmente incapaz de escapar a la reproducción de su archivo de lo ya inventado: en su relación con los procesos y los espacios sociales suele mostrarse como un verdadero replicante. A partir de esa premisa, muy pronto las asambleas se convirtieron, entre otras cosas, en espacios de agregación y de choque entre activistas. Un ecosistema propicio para la proliferación y la reproducción de los tics, las lógicas, las discusiones y los discursos propios del activismo más recalcitrante.
A ello seguramente contribuyeron decisiva y activamente los propios Adbustersy la iconografía con la que vistieron su llamamiento a ocupar Wall Street: la imagen central de la convocatoria mostraba una bailarina haciendo equilibrios sobre el Charging Bull, el enorme toro de bronce que preside el distrito financiero neoyorquino. Hasta ahí todo bien. El problema era que detrás de la inocente danzarina se veía una columna de activistas enmascarados cubiertos por una nube de gas lacrimógeno, en una clásica postal que recreaba los imaginarios tradicionales del enfrentamiento con la policía y del activismo más desatado. La cita de Raimundo Viejo que acompañaba el texto de la convocatoria probablemente tampoco ayudaba:  “El movimiento antiglobalización fue el primer paso en el camino”, imponiéndole un origen y generándole unilateralmente una memoria a la iniciativa. De igual manera, el hecho de que el encabezamiento de los mensajes de los Adbusters circunscribiera declaradamente el campo de sus receptores, dirigiendo su llamamiento única y explícitamente a los “rebeldes, radicales y soñadores utópicos”, tampoco resultaba de ayuda. Por no hablar de la foto de un joven encapuchado subido a una marquesina con la que ilustraron uno de los mensajes de su masiva newsletter, insistiendo en un universo inconográfico y simbólico restringido y excluyente. Pura iteración, puros replicantes. Glups. El viejo Batty was back.
Tanto es así que, pese a la constante referencia al 15M madrileño y al deseo declarado de explorar la novedad, elementos que se explicitaban en no pocas intervenciones en las asambleas, el proceso material de organización en torno a la idea de ocupar Wall Street pronto se estrió en exceso, hasta devenir un espacio atrapado en gestos y discusiones que subrayaban su compromiso con lo ya vivido, en detrimento de un interés por los relevantes elementos de innovación creativa y de nueva política que el movimiento 15M ha puesto sobre la mesa. Ese compromiso con lo conocido del activismo clásico tout courtse expresa sintéticamente en dos coordenadas que quizá resulten útiles para construir la imagen de la distancia entre lo activado hasta ahora en Nueva York y las lógicas más potentes que emanan de los mil y un relatos de lo experimentado durante los primeros pasos del movimiento en España.
La primera de esas coordenadas es una obsesión enfermiza por la identidad: las preguntas que orientaban y conducían de manera latente los primeras discusiones en las asambleas en Nueva York eran fundamentalmente qué somos y quiénes somos. De manera recurrente, esos interrogantes connotaban y orientaban los debates, en una tensión en la que algunos activistas apelaban constantemente a la necesidad de que el espacio conversacional y organizativo abierto en torno al proyecto de ocupar Wall Street se definiera (“¡¿Somos o no somos anticapitalistas?!”). Si uno tuviera que colocar esta coordenada en un mapa, seguro sería en el epicentro de las antípodas del 15M, un movimiento que ha inaugurado la posibilidad de una práctica política multitudinaria eminentemente post-identitaria, una especie de no ser en común que, lejos de uniformar y reducir las diferencias, convoca a las singularidades en cuanto tales y permite arrancar el ser de las garras de los significantes y las representaciones, hasta el punto de hacer del anonimato su clave de sentido más importante.
La segunda coordenada de la distancia entre lo activado hasta ahora en Nueva York y la racionalidad emanada del 15M se deriva de la primera. Cuando la creación de un espacio está condicionada por una pretensión constante a su delimitación, ese espacio se acaba definiendo inevitablemente a partir de la configuración de sus márgenes y de sus fronteras: nosotros y lo que está afuera o, en el argot del activismo clásico, el grotesco nosotros y la gente normal (“the regular people” o “the people out there”, tan escuchado en algunas intervenciones). Esa geografía de la composición y de la acción colectivas, anclada en el binomio adentro-afuera, vuelve a colocar a Nueva York en las antípodas de la Puerta del Sol: es posible que el 15M sólo resulte verdaderamente aprehensible desde la potencia incluyente que ha determinado su capacidad, a veces intermitente, para componer un nos-otros tan masivo y tan complejo que el único significante que se ha encontrado para nombrarlo es un estado de ánimo, común e ilimitado, en el que cada cual puede colocar y compartir sus razones particulares: indignados. Incluso durante el repliegue a la izquierda y a las trincheras de lo trillado por parte de las reducidas huestes estivales del movimiento 15M durante la faraónica visita de Benedicto XVI a Madrid, surgió una iniciativa de encuentro y reconocimiento mutuo con los peregrinos católicos que visitaban la ciudad: el hashtag #JMJ15M abrió en Twitter una conversación muy participada y dio lugar a una asamblea común en una plaza.
Las reseñadas coordenadas en el mapa de Nueva York no sólo explican la distancia que separa a la gran manzana de Madrid, sino que sirven para subrayar la potencia y la importancia de la racionalidad y de la lógica que muchas de las prácticas del 15M han puesto sobre la mesa de la política y de la sociedad. Al mismo tiempo, ambas coordenadas explican seguramente parte del escaso eco que la convocatoria para ocupar Wall Street ha encontrado entre los neoyorquinos, así como que muchos de los que nos sumamos a sus asambleas iniciales fuéramos perdiendo fuelle y presencia con el paso de las semanas.
Límites antropológicos: entre culturas, disposiciones psicológicas y estados de ánimo made in USA 
Desde el comienzo de mi vivencia del proceso abierto en torno a la idea de ocupar Wall Street y dar el pistoletazo de salida a una esfera de acción política en la onda del 15M y de los movimientos en el Mediterráneo, ha habido dos elementos que me han llamado la atención sobremanera. El primero ha sido la notable presencia de españoles habitantes de la gran manzana en las asambleas, algunos instalados en la escucha y otros empeñados activamente en contribuir con toda la modestia del mundo a la apertura del proceso a parámetros no identitarios ni trillados, lamentablemente, con una escasa suerte en su propósito. El segundo elemento que me ha llamado la atención ha sido la existencia de un campo magnético permanente, del tipo de la cúpula que impedía la fuga de Logan en la película de Michael Anderson, que condicionaba las conversaciones y los modos de estar en las asambleas: un estado mental colectivo ciertamente inquietante que en numerosas ocasiones se movía entre el miedoy la paranoia. Desde el clásico rechazo del activista tout courta ser filmado y fotografiado, aunque esté participando de una reunión absolutamente pública en una concurrida plaza céntrica de Manhattan y formando parte de una corriente general de acción colectiva que prima la proliferación y la circulación de imágenes de sí a través de Internet, a la policía como vector perenne de sentido en el tejido de estrategias y planes en la actitud de algunos de los participantes en las asambleas (¡En esa plaza no, que los cerdos nos pueden rodear y detener a todos! o ¡Cuidado con lo que decimos porque seguro que estamos infiltrados por la policía!). Ese estado mental entre el miedo y la paranoia, tan generalizado en una parte significativa de la población estadounidense, tuvo durante las asambleas previas al 17 de septiembre manifestaciones ciertamente virulentas que se plasmaron en algún que otro comportamiento que no sólo lindaba con lo patológico, sino que condicionaba y lastraba constantemente el funcionamiento y la evolución de las conversaciones y de las discusiones en las asambleas, logrando determinarlas en no pocas ocasiones y sujetando el proceso a un estado de ánimo en el que, inevitablemente, primaban las pasiones tristes, lo que componía un campo magnético alejado de la alegría y de la ilusión, poco capacitado para la seducción y generador de una natural fuerza centrífuga que expulsaba a la gente más que atraerla.
Junto a este campo interno de gravedad, ha existido además un campo energético externo que puede aportarnos pistas no sólo sobre la distancia entre el impacto social del 15M en España, sino sobre el escaso eco que la convocatoria #OccupyWallStreet ha tenido entre los neoyorquinos. Para entender de qué estoy hablando me pondré insoportablemente aburrido e irremediablemente pesado, proponiendo brevemente un marco abstracto en el que situar nuestro punto de vista.
Ese marco propone una manera posible de pensar el presente que habitamos, entendiéndolo como el espacio-tiempo de la culminación neoliberal de un violentísimo proceso integral de reconfiguración de los poderes tal como los definió Michel Foucault: poder soberano (hoy ya no gobiernan los gobiernos, sino las instancias económicas transnacionales y las agencias de calificación tipo Moody’s: Democracy is dead), poder disciplinario(el viejo orden industrial y su regulación a través de la relación salarial tradicional se disuelven irremediablemente: Welcome Knowledge Capitalism) y poder biopolítico (la precariedad se constituye en forma de vida y condición universal por obra y gracia del secuestro financiero de la moneda: Bye Bye Welfare). Mundialización, sociedad postindustrial y capitalización de los derechos y las prestaciones sociales es una triada con la que resulta posible el abordaje del sentido de la coyuntura histórica presente. La tercera de las coordenadas de esa triada, la constitución biopolítica de un régimen generalizado de precariedad en el que los derechos sociales se capitalizan, al mismo tiempo que se impone su conversión definitiva en deuda colectiva (deuda pública) y en deuda e inversión individuales (créditos y seguros privados), es la que está provocado en países como España un estado general de shock en el que la gente asiste, entre la indignación y la incredulidad, al cambio radical de paradigma que significa el desmantelamiento del Welfare. Desde este punto de vista, es muy probable que el carácter multitudinario del 15M y su conexión con amplios sectores de la población haya encontrado su caldo de cultivo precisamente en los efectos anímicos y en los profundos malestareas generados por el carácter extremadamente virulento de dicho cambio de paradigma.
En Estados Unidos, sin embargo, las cosas son muy diferentes. Y, lo que es más importante, el llamamiento a ocupar Wall Street lanzado por los Adbustersha encontrado un estado de ánimo y una predisposición entre los estadounidenses completamente divergente respecto a la de los españoles. Para los neoyorquinos, como para el resto de sus compatriotas, los efectos de la intensificación de la ofensiva neoliberal no constituyen shock ni cambio radical de condición alguna: hace más de treinta años que el Welfare es historia en el país de las barras y las estrellas, más de tres décadas de intervención y de reconfiguración biopolítica a través de un proceso de capitalización absoluta de los derechos y de las prestaciones sociales ya culminado hace tiempo. Desde este punto de vista, el estado de ánimo generalizado en Estados Unidos tiene más que ver con la abulia y con la apatía que con la indignación: la aguda desafección de Bartleby, el enigmático copista de Wall Street creado por Melville, constituye la piel de gran parte de la población estadounidense. Al parecer, la otra parte ha optado decididamente por inmolarse junto al Tea Party. Dios. Que el Reverendo Billy y la Iglesia del Earthalujah nos pille confesados. Sin embargo, ¿significa eso que no hay nada qué hacer y que ya todo está perdido? Seguramente no. Tal vez quiera decir que un llamamiento a los “rebeldes, radicales y soñadores utópicos” de Estados Unidos para ocupar ni más ni menos que Wall Street, quizá no haya sido la mejor manera de conectar con el estado de ánimo generalizado ni de comenzar a andar el camino. De la abulia a la indignación no sólo hay un océano, también hay un mundo.
Izquierda y lógica patrimonialista: ¿y tú de quién eres? 
Las cifras de participación en la movilización en Wall Street el sábado contrastan con la cantidad de gente que el pasado 12 de mayo se movilizó en el distrito financiero neoyorquino contra la política municipal de recortes sociales del alcalde Bloomberg y contra el secuetro de la política por Wall Street: entonces se manifestaron más de veintemil neoyorquinos y neoyorquinas provenientes de prácticamente todos los rincones de la ciudad, mientras que #OccupyWallStreet apenas ha conseguido juntar a unos cuantos cientos de personas. Pero, todavía más importante, la cualidad de la gente que ha movilizado la convocatoria de Adbusters también es diametralmente diferente a la diversidad y al carácter multitudinario de la manifestación del pasado mes de mayo. Si entonces una marea multiétnica, compuesta por personas de todas las edades, entre familias de renta baja, migrantes, estudiantes de secundaria y de universidad, profesores, sindicalistas, abogados, trabajadores sociales y activistas de organizaciones comunitarias tomó las calles del distrito funanciero, el perfil de los que nos movilizamos en Wall Street el sábado pasado se resume básicamente en la proposición jóvenes-universitarios-blancos. Si a eso le añadimos que una parte significativa de esos jóvenes ha llegado desde otros puntos de Estados Unidos, entederemos que el impacto de la iniciativa lanzada por los Adbusters ha sido prácticamente nulo en la ciudad de Nueva York.
Pero, ¿dónde están las más de veintemil personas que se movilizaron el pasado mes de mayo? ¿Por qué han decidido no participar en #OccupyWallStreet? Es probable que muchos de ellos y de ellas ni siquiera se hayan enterado de la iniciativa. Lo que es seguro es que las organizaciones, los tejidos sociales y los espacios comunitarios que construyeron la movilización del pasado mes de mayo no han querido saber nada de la convocatoria. La desconfianza ha sido la actitud predominante entre las instituciones de la izquierda y del espectro progresista de la ciudad, también entre sus gentes. Es cierto que el colectivo que ha gestionado durante un mes y medio el aterrizaje de la convocatoria de Adbustersen la ciudad no ha tenido la capacidad de articular una estrategia sólida de socialización de la iniciativa entre las redes, las asociaciones y los diferentes movimientos de la ciudad. Tampoco ha sido capaz de expandir la comunicación hacia los barrios. También es cierto, sin embargo, que los contados intentos que se han emprendido han chocado contra un muro de desinterés y de desconfianza.
Hace unas semanas me tocó presenciar una conversación en la que una persona de la Asamblea General de #OccupyWallStreet le exponía a una activista de la red Make The Road el sentido de la iniciativa en el distrito financiero. La respuesta de la receptora del mensaje fue sencilla: “¿Quiénes sois, de dónde salís, cómo os llamáis?”. La compañera de la asamblea, con una actitud muy agradable y con gran capacidad discursiva, le habló una y otra vez del anonimato, de la necesidad de establecer puentes de método y forma con los movimientos en el Mediterráneo, del deseo de abrir un espacio ciudadano en el que no hubiera siglas, ni signos, ni referentes de lo instituido, así como un etcétera hilado y coherente que no hizo más que despertar todavía mayor desconfianza en la oyente. Esa dinámica se replicó en otros encuentros con sectores y colectivos del espectro progresista y comunitario de la ciudad. Hay en la izquierda neoyorquina y en los movimientos ciudadanos locales una cultura política marcadamente patrimonialista, adherida a una especie de foto fija de organizaciones que determina que todo aquello que no salga en esa foto o no posea referencia formal o patrimonio alguno, sea objeto de una desconfianza y de un desinterés extremo. También hay una fragmentación particularmente intensa y un posicionamiento que en muchas ocasiones prima lo ideológico y se enroca en procedimientos y discursos cliché, más allá de su utilidad o su sentido. Como muestra un botón: el pasado sábado, coincidiendo con el desarrollo de la iniciativa #OccupyWallStreet en el distrito finaciero neoyorquino, la coalición ANSWER, referente en Estados Unidos de la lucha contra la guerra desde hace años, celebraba una conferencia en Harlem sobre la necesidad de construir y defender el socialismo (“Socialism: Building the Movement We Need For the Society We Deserve!” -nótese el marcial signo de exclamación-).
Habrá quien diga, con toda la razón del mundo, que mi descripción de la izquierda de Nueva York no difiere notablemente del retrato posible del conjunto de las izquierdas planetarias, incluidas por supuesto las de la Península ibérica. Esa es una de las razones más evidentes del sentido urgente del 15M, así como de la creativa ruptura cultural y política que éste ha puesto sobre la mesa. Sin embargo, que la convocatoria para ocupar Wall Street no haya tenido la capacidad de conectar ni con el estado de ánimo generalizado entre la población flotante que habita la gran manzana, ni con las redes sociales terrestres que componen el universo comunitario y de disenso de la ciudad, coloca la convocatoria de Adbusters en una marcada situación de aislamiento, con una suerte verdaderamente incierta. Parte de ese aislamiento, además, se deriva del desinterés evidente de los convocantes y organizadores de la iniciativa por permear elementos vitales de la vida de la ciudad, como por ejemplo la esfera lingüística: en la profunda y tupida Babel de Nueva York la comunicación de la convocatoria únicamente se ha desarrollado en inglés. En este sentido, más que hablarnos de una apertura, #OccupyWallStreet tal vez nos esté hablando de un cierre. Un verdadero sinónimo de Half Nelson. Bloqueo total. S.O.S. Sólo nos salva un milagro.
El día D a la hora H o Martín Romaña en Wall Street
La experiencia de movilización del sábado pasado condensó notablemente algunos de los elementos problemáticos señalados en páginas anteriores. Nada nuevo bajo el cielo: presencia mayoritaria de activistas sujetos a un universo estético y de enunciación típicamente altermundialista e izquierdista, algunos de ellos llegados desde diferentes partes de Estados Unidos, incluidas varias localizaciones ciertamente remotas. Una especie de resurrección, incluida la de la mítica Roseanne Barr, que arengó a las masas megáfono en mano para emoción de los que allí estábamos congregados.
La Wikipedia, dotada de esa certera capacidad definitoria que suele caracterizar a la inteligencia colectiva, cuenta ya con una entrada sobre Occupy Wall Street: “(…) typically of anti-capitalist and radical leftist persuasions, including the NYC General Assembly and U.S. Day of Rage. (…) Socialist, anti-capitalists (…) Organizers hoped to bring between 20,000-90,000 protesters to Wall Street, but only several hundred people have joined the demonstration so far”. Me gustaría poder decir lo contrario, pero la Wikipedia no miente. Lo que sí es cierto es que no dice que además de la composición que describe, había otras cosas: por ejemplo, un montón de jóvenes universitarios sin adscripción ni experiencia política previa que dieron vida a un interesante cúmulo de pequeñas asambleas simultáneas en la plaza de Zuccotti. Ese momento asambleario levantó aire fresco y pobló la movilización de gentes nuevas. Nos regaló un motivo para la esperanza, pero tal vez su efecto tuvo un carácter demasiado efímero. Lamentablemente,me temo que la asamblea general celebrada a las siete de la tarde volvió a recomponer los universos descritos por la Wikipedia. Mi experiencia en dicho foro se resume en tres intentos fallidos de participación. Veamos:
Intento 1. Charlo a unos metros de la asamblea con algunos amigos españoles con los que he compartido la travesía hasta el 17 de septiembre. Se acerca el amigo italiano que nos visita estos días y que no entiende ni papa de inglés. Viene alterado y asustado. “Todo es muy raro, parece que están rezando”, nos dice. Nos dirigimos a la asamblea. Efectivamente, todos los presentes al unísono parecen estar rezando una plegaria a voz en grito. Pero no, no es eso. Respiramos. Resulta que como no hay megafonía amplifican las intervenciones en la asamblea con el siguiente método: uno habla y el resto repite a grito pelado sus palabras, para que así el eco se distribuya por la plaza y todos puedan oírlas. Tras unos minutos de intento de comprensión de lo que se habla y completamente abrumado por semejante griterío, desisto por completo. Definitivamente, la metodología de amplificación usada no ayuda a la conversación y al debate. Demasiado ruido.
Intento 2. Vuelvo a la carga unos veinte minutos después. Un joven con un pañuelo negro al cuello está interviniendo, mientras la asamblea entera amplifica sus palabras. El chico está indignado, completamemte fuera de sí. Resulta que la policía ha retenido a un amigo suyo en la calle Broadway. El motivo: iba encapuchado. Tras sugerirnos que nos movilicemos inmediatamente y que liberemos a su amigo, el joven inicia una defensa enconada de la pertinencia de vestir capuchas y de taparse el rostro, reivindicando el derecho a ir encapuchados por la calle. Una parte significativa de la asamblea rompe en aplausos y vítores. Me retiro de nuevo completamente abrumado.
Intento 3. Nuevo amago de inmersión en la asamblea. Esta vez un señor mayor está en el uso de la palabra. Su edad y el hecho de que hable usando un megáfono, lo que nos libera del coro ensordecedor, son buenas noticias. Me animo. Me paro a escuchar al tipo. Un momento… Sí, he oído bien: “Estados Unidos es una máquina represora y criminal. Hay cientos de luchadores y presos políticos pudriendose en sus cárceles y nadie hace nada. El primer punto en nuestra agenda debería ser la libertad de todos los presos políticos, pero no aquí, en el mundo entero”. De nuevo, una parte significativa de los congregados rompe en aplausos. Me estremezco. Máximo respeto para gran parte de la población penitenciaria del mundo. Sin embargo, convendremos en que ni la temática ni la forma de su formulación por parte del anciano del megáfono resultan de gran ayuda. Yo pensaba que habíamos ido a Wall Street a hablar y a hacer otras cosas. Estoy cansado. Son las tantas. Tengo un largo camino hasta Brooklyn.
Antes de marcharme a casa, sin embargo, compruebo que los activistas de la guerrilla Yes Men que huyeron el 2 de agosto han vuelto y están entre nosotros. La noticia me alegra y me vuelve a regalar cierto ánimo. Además, comparto mi temor a que la policía pueda intervenir y desalojar a la gente que va a acampar en la plaza. La explicación que me dan los compañeros encargados de la logística y de la negociación con las autoridades me quita el temor, pero me instala en un reseñable estado de conmoción y de zozobra. Me dicen que el desalojo es imposible, ya que la policía no está autorizada a intervenir en esa plaza. “¿Por qué?”, pregunto yo. “Sencillo”, me dicen ellos, “la plaza es propiedad privada y pertenece a una corporación. No es raro, hay varias calles y plazas de la ciudad que hace años que fueron privatizadas. Sin la autorización del propietario, la policía no puede intervenir”. Viaje al futuro. Nunca dejará de sorprenderme la violencia con la que la comodificación de la ciudad viste la gran manzana. Es el porvenir que nos espera por todas partes si no lo remediamos. Por otra parte, la potencia de lo suscitado por la convocatoria de Adbusters aparece como ínfima al lado de la complejidad del escenario que habitamos. Estados Unidos es un futuro anterior, una enorme anticipación de lo que se nos viene encima si no nos fugamos del escenario presente. Lástima que lo que hasta ahora hemos sido capaces de desplegar en #OccupyWallStreet no sea más que un pasado anterior. De nuevo recuerdo a Jesús Ibáñez: para enfrentar y cambiar un sistema es necesario manejar una complejidad y una lógica superiores a la del sistema que se enfrenta y que se pretende cambiar. Me temo que en la plaza Zuccotti estamos jodidos. Al menos de momento.
Epílogo: Twitter Hype Horror Picture
Mietras escribo no dejo de recibir tweets sobre la acampada en el corazón del distrito financiero de Nueva York. Uno de ellos me llama la atención por encima de los demás: “Indignados of Spain reach Paris as Wall Street is occupied! This is a global revolt against neo-liberal oligarchs. http://fb. me/LlNHRsWz”. Hay un evidente desfase entre el mensaje y el estado de cosas real. ¿Wall Street está ocupada? ¿En sus calles se recrea una revuelta global contra la oligarquía neoliberal? Me temo que las cosas son un pelín más complejas.
Ese desfase entre la producción virtual de realidad y la materialidad de los procesos y las situaciones reales va camino de convertirse en un dato permanente y repetido dentro del escenario abierto por el 15M y por los movimientos en el Mediterráneo. Tengo la sensación de que hay una especie de constante sobredeterminación de las pasiones que puede convertirse en un verdadero problema. Una euforia desmedida, por ejemplo, que tal vez esté generalizando una peligrosa atracción por el evento permanente en detrimento del proceso, a la par que instaura en mucha gente un estado de ánimo que puede estar abriendo una peligrosa brecha entre los deseos y las realidades. También veo picos de angustia o de miedo, sobredimensionados y socializados masivamente a través de Internet, que contribuyen a desenfocar el punto de mira y a concentrar la atención en sucesos o lógicas que probablemente no sean las que posean mayor potencia: mientras Twitter se convierte en una autopista hiperpoblada de mensajes pasionales por el enésimo desalojo de los acampados en París, pasa prácticamente desapercibido para la red que profesores, padres, madres y estudiantes se han encerrado en un instituto de secundaria de Carabanchel.
Hace unos mil años Public Enemy cantaba: “Don’t believe the Hype”. En cierta medida, estamos ante el peligro de recrear en el bucle telemático la lógica del Hype: “un producto mediático, que ha tenido una sobrecobertura o una excesiva publicidad, obteniendo de esta manera una popularidad altísima independientemente de su calidad” (Wikipedia). El Hype, como la euforia del continente sin contenido, casi siempre deviene en decepción. Seguramente conviene que nos rebelemos a su lógica y recreemos una lógica completamente diferente para la comunicación.
Brooklyn, 20 de septiembre de 2011.

Entrevista con Joâo Pedro Stédile, dirigente del Movimiento Sin Tierra y de Vía Campesina


Además de deforestar, los deforestadores alteran el equilibrio de la naturaleza. Sus métodos desafían a la imaginación. Ahora utilizan aviones para fumigar herbicidas en vasta regiones de la Amazonia. Un crimen de lo más grave que, como analiza Joâo Pedro Stédile, uno de los principales líderes del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), revela la prepotencia de los grandes propietarios de tierras de la región. Stédile fue entrevistado por Lobo Suelto!
¿Cómo evalúa las recientes informaciones sobre la utilización de herbicidas en la deforestación de áreas de la Amazonia?
JPS: Es una vergüenza. Demuestra la prepotencia de los grandes propietarios de tierra, que se consideran señores absolutos de la naturaleza y actúan sin ninguna responsabilidad social.  Actúan al contrario de lo que determina nuestra Constitución, que condiciona la propiedad de la tierra a su uso en función social y de respeto al medio ambiente.  Se trata de un doble crimen. Primero porque deforestan más allá de lo permitido y por eso fueron multados por el IBAMA (Instituto Brasileño del Medio Ambiente). Segundo, porque usan un veneno de una composición de origen químico, que mata todas las formas de vida vegetal y animal, lo que altera el equilibrio de la naturaleza. Todo para plantar el monocultivo de las pasturas, criar vacas y buscar siempre la ganancia máxima, sin ningún compromiso con los demás.
¿Cuáles medidas deben ser tomadas para ampliar el control e impedir la deforestación del país?
JPS: Primero, espero que no haya ningún cambio en el código forestal, que está siendo discutido en el Congreso. Hay que mantener los condicionantes de que en el  Bioma de la Amazonia debemos preservar el 80 por ciento de cada propiedad con reserva legal, además del respeto de las áreas de preservación permanente a lo largo de los ríos, de las fuentes de agua y en la cima de las montañas. Y de la misma forma, en el Bioma Cerrado [1] se mantengan las reglas actuales, porque  ahora éste es el Bioma más agredido por el modelo del agronegocio, con la expansión de la soja y de la caña de azúcar.
Segundo, es necesario reforzar los organismos federales y estaduales de fiscalización para que controlen, apliquen la ley y las penalidades correspondientes a quienes la violen. Tercero, es preciso crear un mapa agrícola restrictivo, que impida acceder al crédito rural y a otros incentivos para, por ejemplo, vedar el avance de la soja y la ganadería por arriba de determinado paralelo en la Amazonia Legal. Cuarto, el gobierno brasileño debería prohibir la exportación de madera originaria de los bosques nativos. Así eliminaría un mercado externo que no beneficia al pueblo brasileño y sólo atiende a la ganancia de las empresas transnacionales.  Y quinto, que se impida cualquier modalidad de fabricación de carbón vegetal, con el bosque nativo, con los Biomas del Cerrado y de la Amazonia. Y que se aplique la Constitución en lo que ella determina: las propiedades que no cumplen la función social y no respetan el medio ambiente, tienen que ser expropiadas y destinadas a la reforma agraria.
¿Y eso está sucediendo?
JPS: A pesar de ser un dispositivo de la Constitución, hasta hoy el INCRA (Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria), por ese motivo, expropió apenas una hacienda en el valle de Jequitinhonha (MG). Pero podría ser aplicado a centenares de grandes propietarios infractores. Basta saber que, según el IBAMA, las multas aplicadas a grandes propiedades suman  hoy  más de 6 mil millones de Reales. Ese es también uno de los motivos de lo cambios en el Código Forestal, pues esos latifundista infractores (entre ellos tres diputados  federales) quieren una amnistía. Lo que tendríamos que hacer es, en lugar de una amnistía, expropiarlos y distribuir las tierras para la reforma agraria.
Por último, necesitamos cambiar nuestra política de producción de carne bovina, que hoy se destina en su mayor parte a la exportación, como carne natural, sin ningún proceso de industrialización. Somos exportadores de naturaleza y no de trabajo, de mano de obra. Así, exportaríamos menos, pero con mayor valor agregado y desarrollaríamos una ganadería intensiva, sin depender de la expansión de la Amazonia.
¿Cómo se posiciona el MST frente a ese  tipo de prácticas y cuáles acciones propone?
JPS: El MST, y los otros movimientos de la Vía Campesina, la Federación Nacional de los Trabajadores de la Agricultura Familiar (FETRAF), sectores cutistas de la Confederación Nacional de los Trabajadores de la Agricultura (CONTAG), los movimientos ambientalistas, las pastorales sociales que actúan en el medio rural y los investigadores agrarios de nuestras universidades, tenemos una posición unitaria en torno de esos temas, defendiendo las tesis que expuse anteriormente.
Por eso como movimiento, sólo nos sumamos a ese clamor unitario. Todos tenemos la misma visión sobre los problemas de la necesaria preservación del medio ambiente. Por eso  todos levantamos  la bandera de que es posible seguir aumentando la producción de alimentos de manera sustentable, mejorando las técnicas de producción agrícola. Sin necesidad e talar ningún árbol más.  ¡Defendemos la bandera de la deforestación Cero! En defensa de nuestras forestas y de la riqueza de nuestra fauna. Por otro lado, nos unimos todos, entidades, movimientos, universidades y sectores gubernamentales de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria(ANVISA), Fiocruz, Instituto Nacional del Cáncer, en una campaña nacional contra el uso de agrotóxicos y por la vida. Contra esa práctica del modelo del agronegocio, con su irresponsabilidad y agresión al medio ambiente y a la salud de las personas mediante el uso de los venenos agrícolas. Práctica que ha transformado al Brasil en el mayor consumidor mundial de venenos y que, en última instancia, representa sólo ganancias para nueve empresas transnacionales.
Nota: [1] El Bioma Cerrado está ubicado en la región del Planalto Central, que ocupa el 24 por ciento del territorio brasileño, algo así como dos millones de kilómetros cuadrados.

Revolución 2.0

Manifiesto global de las universidades nómadas *
Vivimos en una situación revolucionaria. La crisis se ha vuelto permanente, la gobernanza imperial ha fracasado, el eje atlántico está en declive. Afirmar esto no significa hacer concesiones a un mecanicismo estúpido ni a un determinismo ingenuo. Son las luchas las que demuestran que resulta imposible volver a vivir como en el pasado, porque las multitudes productivas ya no quieren y los patrones del capitalismo global ya no pueden. Es por ello que el viejo mundo se derrumba. En las calles de Egipto, de Túnez, de España, de Londres, de Jirau y de Rio de Janeiro, de Santiago de Chile, en las plazas y en las redes globales, es la revolución lo que caracteriza la coyuntura actual, abriendo posibilidades extraordinarias en la crisis del capitalismo global, que se inició entre el 2007 y el 2008 con la caída de los créditos subprimey hoy se profundiza con la crisis de la deuda soberana en la Unión Europea. Por tanto, la revolución vuelve al orden del día, pero lo hace de una forma nueva: ya no hay un ’palacio de invierno’ que conquistar, no existen ganglios nerviosos del poder de los cuales tengamos que apropiarnos. Por tal motivo hablamos de una revolución 2.0, que se articula a través de diferentes tipos de redes digitales y territoriales, irrumpiendo en las calles y en las plazas metropolitanas. En un mundo en el que producir se ha convertido en un acto común, la ’revolución 2.0’ es el contexto en el que ese acto de producir reafirma y hace efectiva la generalización de un deseo del común que late en potencia.
La crisis es sistémica y permanente. Las ’burbujas’ recurrentes a través de las cuales la riqueza se acumula y explota indican que la crisis tiene una nueva temporalidad: ya no se trata de ciclos en el interior de la (ir)racionalidad de la economía capitalista, sino de una nueva temporalidad constituida por los ’mundos’ que la ’burbuja’ contiene. La temporalidad de la crisis viene definida una y otra vez por las grietas y las paradojas que atraviesan esos mundos; por el conflicto entre, por una parte, la producción libre y horizontal del común, y, por otra parte, la captura parasitaria de esa producción. El aspecto negativo de esta situación es que estas burbujas constituyen la forma de acumulación que el capitalismo utiliza para dividir y jerarquizar el común. El aspecto positivo es que las luchas, al difundirse, redefinen y modifican la condición de estas burbujas.
Gobernanza y común. La izquierda y la derecha al unísono, para afrontar la crisis desde su interior, piensan que esta crisis es una suerte de ’desviación’ de la norma. Al mismo tiempo utilizan la crisis como una ocasión para echar mano de decisiones políticas que denominan ’de excepción’. En la primera fase de la crisis han desembolsado miles de millones de dólares para socializar los costes, y ahora desmantelan los últimos restos del Estado del bienestar para asegurar que esos costes los paguen las multitudes pobres y trabajadoras. El ’estado de excepción’ de las economías centrales se unifica con las políticas de emergencia de los países emergentes. Todo ello tiene como objetivo que la sociedad se pliegue ante los intereses de unas formas de desarrollo que supuestamente están por encima de la sociedad misma. Pero también la multitud ha decretado en Londres su propio ’estado de excepción’.
Mencionar la excepción no significa caer en el catastrofismo, pues este no es más que una invitación a la inacción política, o bien conduce a reclamar la soberanía estatal como freno a la excepción. Cuando la excepción se hace permanente, se convierte en norma. La gobernanza es actualmente esta particular norma: no se trata de un mero soft power, no es sencillamente un poder de gestión con carácter experto y técnico que se diferenciaría del clásico gobierno fundado sobre la violencia. Digámoslo claramente: si el modelo del gobierno soberano está acabado, es porque las luchas lo han puesto en crisis; y la gobernanza es un sistema de intervención que actúa por abajo, allí donde ya no se puede gobernar desde arriba. El tipo de intervenciones que derivan de la gobernanza alternan continuamente flexibilidad y violencia (es exactamente así como se preparan las olimpiadas en Río y en Londres), en el intento de controlar y gestionar aquello que continuamente la excede: el común. La gobernanza está por lo tanto siempre atrapada en su propia crisis: porque precisamente en este espacio que las luchas determinan, es donde se abre permanentemente la posibilidad de la ruptura y de la subversión.
El trabajo de la diferencia deviene multitud. Un nuevo tipo de composición del trabajo vivo constituye el nervio de la revolución 2.0, una composición de pobres precarizados y de precarios empobrecidos. Se trata de un trabajo altamente fragmentado, en el cual se combinan viejas y nuevas formas de precariedad. En su dimensión productiva se acomodan migrantes, pobres del mundo que se considera ’subdesarrollado’ (en Túnez, Egipto o Brasil) y el proletariado cognitivo e inmaterial de las metrópolis ’centrales’ y ’emergentes’. En las luchas que se dan dentro de las redes y de las plazas, a esta vida de precariedad se le contrapone la potencia del ’hacer multitud’, es decir, la manera en que los fragmentos se metamorfosean en singularidades que cooperan tomando sus diferencias como punto de partida, reinventando esas diferencias continuamente: mujeres, migrantes, hombres, indígenas, negros, mestizos, jóvenes, gays, lesbianas, transexuales.
Las fuerzas productivas contienen las relaciones de producción.Se invierte hoy la relación tradicional entre fuerzas productivas y relaciones de producción: podríamos decir que son las fuerzas productivas las que contienen las relaciones de producción, mientras que el capital variable (esto es, el trabajo vivo cooperativo en red) incorpora el capital fijo: las metrópolis y sus plazas, la cultura y la naturaleza. El común muestra precisamente esta dimensión relacional de las fuerzas productivas, que consiste en producir formas de vida por medio de las propias formas de vida: producir conocimientos y saberes mediante los conocimientos y saberes mismos. Los pobres devienen potencia productiva sin pasar por las relaciones salariales; los trabajadores continúan siendo plenamente productivos aun cuando estén desocupados; los pobres precarizados y los precarios empobrecidos son productivos por sí mismos, en las redes y en las plazas.
De las relaciones salariales a las relaciones entre deuda y crédito. Si en el capitalismo industrial las variables centrales eran el salario y el beneficio, en el capitalismo cognitivo lo son la renta y el rédito. En este régimen de acumulación el trabajo se convierte en trabajo relacional, ’polinizador’, inmerso en redes de autovalorización. La acumulación comienza desde abajo, como captura —financiera— de los flujos: el mecanismo fundamental de captura consiste en pagar solamente los fragmentos de trabajo que adoptan las formas tradicionales de empleo. Así, la pérdida de salario directo e indirecto se ve ’compensada’ recurriendo cada vez más al endeudamiento. Beneficio y salario se transforman, por tanto, en renta y rédito. La transformación del beneficio en renta, a través de la financiarización, pone en evidencia la dimensión parasitaria del capital que, para extraer valor, acaba matando a las abejas polinizadoras del trabajo relacional. Frente a este parasitismo, con el fin de que el trabajo de la multitud pueda reproducir las condiciones de su carácter común, el salario debe extenderse a la totalidad del tiempo de vida y ’devenir renta’, es decir una biorenta que reconozca la dimensión productiva general del trabajo ’polinizador’. El derecho a la bancarrota para los precarios y pobres, esto es, el rechazo a volver a pagar la deuda a la banca, a las empresas financieras y a los estados, es una de las prácticas a través de las cuales la multitud se reapropia de la renta social. El salario debe atravesar un ’devenir renta’.
De la dialéctica público-privado al común. Ha pasado ya el tiempo en el cual el socialismo podía socorrer a un capitalismo en agonía. En estos años de crisis se ha constatado el fracaso de cualquier receta keynesiana o neo-keynesiana que intente reactivar el ciclo económico a través del gobierno público. Los procesos de financiarización del Estado del bienestar no pueden ser confrontados en el terreno de ’lo púbico’, porque ’lo público’ es justamente la articulación mediante la cual funcionan tales procesos. Por otro lado, los sujetos de las revueltas inglesas o de las banlieues francesas reciben de las políticas públicas de bienestar solo las funciones del control, mientras se les priva de los beneficios materiales y de las promesas de progreso que enuncia el capitalismo. Se ha agotado definitivamente la percepción que se tenía de la escuela y de la universidad como ascensores de la movilidad social. Esta percepción, no obstante, sigue siendo hegemónica en los movimientos de precarios y estudiantes en Europa y en las revueltas de Túnez y el Norte de África, que reúnen a las clases medias desclasadas y a un proletariado cuya pobreza es directamente proporcional a su productividad: una suma, en definitiva, de pobres precarizados y precarios empobrecidos. El desafío se plantea entonces, de manera inmediata, en el plano de la reapropiación de la riqueza social y, por tanto, en torno a cómo la riqueza social debe constituir una riqueza común. En definitiva, en el plano de la construcción de ’instituciones del común’, entendidas como la creación de una normatividad colectiva inmanente a la cooperación social. Las instituciones del común no serían ’islas de felicidad’, espacios de utopía dentro o al margen de la acumulación capitalista, sino organizaciones de la autonomía colectiva y para la destrucción de los aparatos de captura capitalista. Dicho en pocas palabras, no queda nada que defender. Por el contrario, tal y como nos señalan tanto el movimiento 15M en España como los nuevos movimientos globales, el reto consiste en lograr que las movilizaciones que ahora defienden lo público se transformen en nuevas organizaciones del común.
Ni brasileñización, ni europeización: ¡Sur, Sol, Sal! Tal y como evocó la poesía del modernismo comunista brasileño, la revolución 2.0 llega del SUR (de Túnez, de Egipto), se consolida en el SOL de las acampadas en España, para volver luego al SUR que está dentro del Norte y se refleja en el fuego de la revuelta en Gran Bretaña. Hoy en Londres, como ayer en París, nos encontramos con las periferias post- y neo-coloniales, lo que la sociología del riesgo llama la ’brasileñización del mundo’: el colonizado continúa siendo el mal ejemplo a los ojos del colonizador. Pero vista desde el Sur, la ’brasileñización de Brasil’ es una doble paradoja: dado que es en el Sur donde se encuentran hoy los yacimientos del crecimiento global, la llamada ’brasileñización’ sería en realidad una ’europeización’. En lo que respecta a estos nuevos ’yacimientos’, no se debe repetir la experiencia histórica de la expropiación y homologación colonial. Hay que ir más allá de la brasileñización y la europeización, porque es en la multitud de los pobres —en las favelas de Río de Janeiro y en las periferias de Londres— donde encontramos la SAL, esto es, la metamorfosis del significado mismo del desarrollo.
Los espacios constituyentes del común. La revolución 2.0 es irrepresentable: así lo afirman los movimientos. La potencia constituyente de la multitud no tiene que convertirse en forma de gobierno, porque es ya de por sí una expresión inmediata de las formas de vida en común. La ocupación de los espacios metropolitanos no es un simple ejercicio extemporáneo de la protesta. Dado que dichos lugares son actualmente espacios centrales de la producción, su ocupación los convierte directamente en laboratorios de creación de formas de vida en común, de reapropiación del poder: por tanto, se produce en ellos una nueva constitución. ¿Cómo puede lograr esta potencia constituyente vaciar y destruir la máquina de captura? He ahí el problema clave. De algo estamos seguros: cualquier ejercicio constituyente es solo factible en el plano transnacional. No hay posibilidad de que las luchas se desarrollen en los estrechos y agotados confines de los estados-nación. Esto es lo que se nos dice desde las acampadas en España hasta Túnez. Y es por esto que, tal y como ahora indica la construcción de una amplia jornada de movilización transnacional para el próximo 15 de octubre, Europa y los espacios globales solo pueden sobrevivir mediante los procesos constituyentes que se encarnan en los actuales movimientos del común y en las experimentaciones políticas de la multitud. Cualquier otro intento de ingeniería jurídica o económica, o de reproducir a escala continental la crisis irreversible de la soberanía, está muerto antes de nacer. Cuando, en estos años pasados, empezamos a hablar de la multitud, de los pobres y del común, del trabajo cognitivo y de la biopolítica, quizás no comprendíamos en toda su profundidad la potencia de lo que estábamos diciendo: las luchas de hoy nos lo explican y lo impulsan. Esta es la forma de entender los conceptos como herramientas políticas. Y siguiendo este camino continuaremos contribuyendo a transformar la situación revolucionaria en revolución, una revolución 2.0. Este es el único camino plausible y posible para salir de la crisis, para ir más allá de la impotencia y de la melancolía de la izquierda, y más allá de la guerra entre pobres que ha creado la derecha.
* (Este manifiesto se ha escrito a raíz de los debates en el marco del 3º Seminário Internacional Capitalismo Cognitivo: REVOLUÇÃO 2.0, que tuvo lugar en Rio de Janeiro los pasados 24,25 y 26 de agosto).

¿El regreso o la re-invención de la política?

Algunas reflexiones pensando en la juventud kirchnerista
por Raúl Cerdeiras

1) La política está sola.-
Hoy experimentamos una inquietud que no nos deja tranquilos. Una idea podría resumirla: la política que queremos, la emancipativa, no aparece, y sentimos que estamos envueltos en un torbellino que nos seduce con fogonazos que reconocemos como que están de “nuestro lado”, pero inmediatamente caemos en la constatación fría y despiadada de que no ha pasado nada que no sea más de lo mismo, a pesar de algunos ropajes de ocasión. Y lo más insoportable es que el torbellino nos interpela desde su interior con el imperativo: ¡elige, esto es lo que hay!
¿Estamos solos? Decididamente no. La que está sola es la política emancipativa. Se ha mudado de los lugares que solía frecuentar en años aún no muy lejanos, y los intentos contemporáneos de radicarla en el corazón de nuevas residencias, produce confusión o a lo sumo entusiasmos pasajeros. En efecto, la política emancipativa ha renunciado a su rol de ser la portadora de un destino inscripto en la Historia, ha puesto distancia con el Estado, no pretende expresar a la economía ni a la lucha de clases  y huye de los partidos. Pero también se resiste a que se la encarcele en la “sociedad” y sus “movimientos” o en la potencia infinita del devenir de la vida. Y hay otros intentos para tenerla de inquilina…
Quiero poner en discusión una hipótesis que vengo sosteniendo hace más de 20 años. La puedo decir de esta manera: una política emancipativa no es expresión de ninguna otra cosa que no sea su propia afirmación. Quizás la causa de nuestra inquietud resida (en gran medida), en no aceptar la enseñanza más crucial que el ciclo emancipativo del siglo pasado nos ofrece para reflexionar. Esta enseñanza dice: ha concluido una época milenaria en que la política fue pensada y practicada en el interior de una visión expresiva. La inquietud que nos invade reside en que enfrentamos un nuevo punto de partida ante el cual los viejos referentes —y los nuevos que se intentan desesperadamente señalar— no responden. No podemos seguir buscando en una realidad preconstituida el nuevo lugar (a veces se dice “el sujeto”) de una política emancipativa, porque una política emancipativa si quiere sacudir los lugares instituidos tiene que ser una excepción en el interior de los lugares. Se podría decirlo así: una política emancipativa no representa a nadie.
Los nuevos referentes no responden porque la política emancipativa ahora exige que se le reconozca su calidad de ser un pensar-hacer propio,  y no la respuesta lisa y llana a las coacciones y necesidades socioeconómicas, culturales, sexuales, ecológicas, etc. Lo cual no significa que la política abandone su conexión con la resistencia de los explotados y dominados de este mundo, sino que proclama que si esas luchas no alumbran una nueva idea política quedarán fagocitadas por la maquinaria de la lógica y los valores de la vida social establecida, es decir, el capitalismo y las políticas de su Estado.
Los pueblos expoliados aspiran a tener aquello que el sistema destina para unos pocos, pero esos pocos están decididos a no ceder en sus conquistas, grandes o pequeñas. Si la lucha política se enmarca en esa disputa entonces aún estamos embarrados en un conflicto intra-sistema. En los momentos de alza de esas luchas la inquietud se acrecienta, por cuanto tenemos que aceptar la profunda legitimidad de ese empeño, al mismo tiempo que percibimos con certeza que todo se encamina a consolidar una manera de existencia social que nada tiene que ver con los efectos de una política emancipativa. Nos queda la amarga tarea de constituirnos en los portavoces más duros de esos pueblos que, por el solo hecho de ponernos en el lugar de representarlos, nos sumamos al coro reaccionario que siempre estigmatizó al pueblo como víctima,  miserables que no pueden nada si no se los encausa, ayuda y dirige. Esto se oscurece más todavía porque vamos a tener que instrumentarlo recorriendo los caminos que ofrece la política tal como hoy funciona aplastantemente: el Estado, los partidos, la representación, el voto, las instituciones, el derecho, etc. y si no queremos transar con él, nos queda el rol del triste espectador que “acompaña críticamente” desde afuera el devenir de esas luchas.
Si  prestamos atención veremos que el marxismo-leninismo tenía una clara comprensión acerca de cuales debían ser los requisitos indispensables para transformar una lucha, esencialmente económica y sindical, en lucha política. El proceso comprendía una secuencia de actos encadenados que se pueden resumir de la siguiente manera: en toda lucha económica de los explotados era necesario adosar una cuota de conocimiento teórico (conciencia de clase revolucionaria) que era introducida por la militancia organizada en un partido. Esta militancia partidaria debía apuntar todos sus esfuerzos al asalto del poder del Estado y, desde allí, abolir la propiedad privada de los medios de producción que era la matriz del capitalismo y la condición esencial para edificar la sociedad comunista. Junto con el colapso de la infraestructura también se desmoronaría el Estado en tanto aparato represor puesto al servicio de la clase dominante.
Lo singular de la situación actual es que al desmoronarse o agotarse ese procedimiento, las luchas quedan girando sobre sí mismas. El valor de este “sí mismas” es de la mayor importancia porque acentúa la disgregación de las luchas al mismo tiempo que refuerzan el crecimientos de las particularidades y sus identidades.
Estamos acostumbrados a ver a la política como un instrumento aferrado a una realidad social sólida por la vía de la expresión-representación, y atribuirle a esos conjuntos sociales una potencia en sí misma liberadora. La política está sola porque si la arrancamos de esa dependencia tenemos la sensación de quedarnos sin nada. Pero esa soledad debe ser un nuevo punto de partida que la libere de los anclajes que la terminan convirtiendo en un furgón de cola, muchas veces involuntario, de la dinámica del capitalismo y su Estado.
Ese recomienzo que abra Otras ideas, prácticas, organizaciones, etc., debe empezar por ir a escuchar lo que la gente (cualquiera) piensa respecto a su situación y sus luchas allí en donde los colectivos humanos se pronuncian y se revelan. Tomemos el ejemplo de las ocupaciones de Villa Soldati. A los efectos de hacer más transparente la idea que quiero elaborar paso por alto todo el chicanerío deplorable por espacios de poder que protagonizaron el Gobierno Nacional y el de la Ciudad y también del complicado mundo de punteros, delincuentes, arribistas, etc. que se anida en estas tramas.
El elemento decisivo de esas jornadas tiene un nombre: la presencia. Sí, la irrupción de la gente de diversos lados, de nacionalidades diferentes, de recursos desiguales en cuanto a sus ingresos, etc. No importan los “motivos” ni quienes los llevaron, ni si fueron usados, o lo que sea. Una vez que miles de personas se plantan en un lugar y dicen “aquí estamos” se abre una situación nueva que modifica el estado normal. Si la presencia es el elemento decisivo la reacción inmediatamente contraataca. No me voy a referir a la represión primera, a los muertos, a la entrada de la Gendarmería después etc., no por que no sean cuestiones importantes sino porque vienen a la rastra de lo que quiero señalar: el dispositivo político de captura ejecutado por una política que debemos abandonar para siempre. Ese dispositivo de derecha  tiene una palabra clave: problema.
Inmediatamente el Estado, los medios, la opinión, los políticos, encasillan a la presencia de la gente como un problema. Porque la novedad no consiste en que faltan viviendas en el país (lo sabe todo el mundo), la novedad es que hay miles y miles de personas presentes en un lugar y, para colmo, en un lugar que no les corresponde estar según la ley. Una mirada nueva de la política no puede confundir el déficit habitacional con la presencia de la gente. Pero el Estado y la política tradicional necesitan tratarlas como si fueran una misma cuestión bajo el manto de un problema. Ahora bien ¿qué es un problema?, sin duda algo que tiene que ser encarado buscando su solución. Acá es donde el Estado diluye el aspecto político potencialmente creativo de la presencia de la gente en el fango de la política pensada como gestión, en este caso, de un plan de construcción de viviendas. Finalmente todo quedará reducido a un episodio que fue provocado por la evidente falta de viviendas de un amplio sector de la población.
Nosotros queremos atacar ese “finalmente” que no tiene otra función que encuadrar al “problema”. Buscamos abrir una brecha que nos permita experimentar la diferencia que hay entre un pensar-hacer político que afirma un derecho (en este caso la ocupación) por fuera del derecho, una singularidad creadora, de una nueva mirada que no encuentra cabida en el coro general de la política considerada como simple gestión de lo que hay y que abre posibilidades insospechadas. Por eso el gobierno nacional y el de la Ciudad llegaron rápidamente a un acuerdo básico que consta de dos puntos: 1) instrumentar para el futuro un plan de viviendas consensuado por ambas administraciones; 2) ninguna vivienda para aquellos que usen la ocupación ilegal como medio de lucha.
2.- ¿Qué se le puede exigir al gobierno de Cristina?.-
Cualquier militante de la izquierda Kirchnerista, y más aún si se trata de gente que viene de la “cultura”, toda vez que declaran su decidido apoyo al gobierno que comenzara Néstor y que ahora continúa Cristina no dejan de pronunciar una fórmula ritual que reza más o menos así: “es cierto que aún faltan muchas cosas por hacer, muchas deudas pendientes y que también se hacen cosas que no compartimos”, pero…y después de este “pero” se precipita el enfervorizado apoyo a la gestión de los Kirchner, como si el preámbulo recitado los vacunaran contra cualquier posible sospecha que su adhesión está guiada por una ceguera incondicional.
Se avizora una época en donde la izquierda Kirchnerista oscilará en el interior de una tensión entre las cuestiones pendientes y la gestión real del día a día del gobierno y los diversos palos a la rueda que la oposición al “proyecto nacional y popular”  le pone  en el camino. Y ya podemos anunciar que el eje de la campaña por la reelección de Cristina en octubre del 2011, será el de “profundizar el modelo”, algo así como llevar hasta sus consecuencias más profundas el proyecto de re-fundar una nación liberada. El que no se sume a esa cruzada será marcado para siempre como un defensor de los peores y más oscuros años de la historia nacional.
¿Liberada de quién, de qué? Pongamos de entrada las cosas en su lugar. El gobierno ocupa el Estado con el convencimiento pleno de que éste es el principal medio para realizar cualquier proyecto político. Nunca estuvo tan claramente formulado el principio de que la política es esencialmente política del Estado y desde el Estado. Entonces veamos cuáles son las bases reales sobre las que el Estado organiza su “política” con la mira puesta en algo así como una “liberación”.
Argentina es un país casi cien por ciento capitalista. Jamás ha escapado de la boca de este gobierno la más mínima idea de buscar salir de esta realidad, a lo sumo se ha reconocido como “muy bueno” que los capitalistas quieran ganar dinero, sólo se les ha reprochado su avidez descontrolada y antisocial de sus ambiciones. Internacionalmente Argentina integra una política de bloques regionales en los que se discute con los centros más reconcentrados del poder mundial una mejor participación en la tajada de la mundialización del neoliberalismo. Asimismo desde el gobierno se proclama constantemente la idea de la inclusión como un baluarte de su política. La inclusión no significa otra cosa que incluir en el dispositivo de la producción capitalista a todos los excluidos por él, y si esto no es posible, tratar de encontrar las formas asistenciales de protegerlos y domesticarlos en su existencia mínima. Por último, la ideología hoy dominante en la inmensa mayoría de los argentinos es perfectamente coordinable con la lógica interna del capitalismo: ganar más dinero para consumir más y ser felices.
Como ya no existen políticas emancipativas efectivas, con presencia reconocible  y capacidad de marcar una distancia esencial con la administración de este mundo que nos destroza día a día, con el control Estatal de la dominación hoy vigente aquí y en todos lados, solo le queda confrontarse con las políticas más ultraconservadoras que llevan adelante los centros imperiales del globo terrestre. Es toda la “diferencia” que pueden esgrimir y el mérito que se atribuyen.
Para mantener esa posición deben tildar de izquierda dogmática, mesiánica, fuera de la realidad, funcional a la derecha, utópica, etc., a todo intento de abrir una nueva experiencia emancipativa. Este macartismo barato y fuera de todo tiempo real es el escudo con el cual preservan su aureola “popular”.
Muchos intelectuales vienen de esa vieja izquierda pero es evidente que no han podido dar en el blanco a la hora de hacer la necesaria e indispensable crítica de las luchas revolucionarias que en su nombre se realizaron en el siglo XX. Si hubiesen llevado adelante esa tarea crítica y práctica hasta tocar las raíces más profundas del colapso del ideario socialista, se desayunarían que siguen estando enterrados en el mismo dispositivo político que en su ignorancia rechazan.
Pero entonces ¿cómo levantar la idea de liberación respecto a este mundo cuando se reniega del marxismo y en su lugar nada nuevo se propone? Escuchando atentamente a los paladines del gobierno nacional y popular esgrimiendo sus espadas conceptuales y prácticas, se puede advertir lo siguiente.
En primer lugar celebrar la vuelta de la política reconociendo que esta se realiza esencialmente al tomar al Estado como instrumento de transformación social. Como vemos, nada distinto al marxismo clásico.
En segundo lugar la conciencia (siembre dicha en voz baja, entre amigos y colegas, susurrada y apenas deslizada en voz alta) de que el mundo está dominado por un monstruo llamado capitalismo que posee el poder real. No hay liberación si no se toca ese lugar, pero consideran esa empresa hoy por hoy imposible y por lo tanto se la desplaza hacia un futuro ni siquiera mínimamente acotado. Y para colmo de males consideran que sería “pianta votos” empezar a decir públicamente y en voz alta que ese es el objetivo final. Como vemos, nada distinto al marxismo, que calificaba a esa política dentro de lo que llamaban reformismo. Un integrante de Carta Abierta sería una especie de “Renegado Kauutsky”, en la medida que los marxistas partidarios de Kautsky sostenían que el objetivo final de derrotar al capitalismo se obtenía por evolución de reformas y acumulación de poder que irían minando las bases del sistema. Y todo ello, por supuesto, dentro de la forma política propia del capitalismo que es la democracia. Dicho sea de paso ¿no será esta fotografía lo que los hace tan antitrotzkistas? Puesto que sus relaciones con el Partido Comunista –eternamente acusados por los trotzskos de reformistas– son más que cordiales.
Vemos construido un paisaje en el que el gobierno se mueve sin mayores obstáculos. Al no haber nada del orden de una nueva política emancipativa en curso, y no pudiéndose hacer nada en contra del verdadero poder opresor, solo queda el hueco para que el Estado reconstituya el tejido social de un capitalismo “humano” en oposición a algunos factores del poder, principalmente mediáticos, que operan a favor del capitalismo sin más, es decir, “salvaje”. ¿Qué le queda por hacer a la gente? Elegir entre dos variantes de una misma política: la inclusión. Porque el excluido, según la lógica desnuda del neoliberalismo, es realmente un incluido más en el sistema porque es un efecto propio, interno, a la dinámica del capital; y el incluido que ocupa un lugar dentro de la producción de ese sistema o recibe una limosna adicional, es también un incluido que trabaja en la reproducción de aquello cuyo efecto necesario será volverlo a excluir para que nadie tenga dudas de que el dispositivo del capitalismo no es otro que abrir este juego perverso.
Este juego perverso no se lo puede encarar en el plano de la economía sino en el de la política. Pero a condición de que se rompa con la concepción dominante y que oficialmente dispara el mismo sistema mundial capitalista por el cual la política se la identifica con la gestión, con el gobierno y administración de lo que existe, bajo un sistema cuya estructura es el sistema llamado democracia y los pilares que la sostienen son: la representación, el Estado y los partidos, y la subjetividad política que hace germinar es la pasividad, la visión victimaria de la gente, el socorro estatal y el mando desde arriba. Pero, sobre todo, esta concepción dominante subordina la política a ser una práctica servil respecto a las necesidades (principalmente las económicas) de la población, con lo cual nuevamente se puede comprobar que nada distinto se dice a lo que afirma el marxismo, cuando proclamó la subordinación en última instancia de la política al mundo de la necesidad económica.
Lo más importante en esta coyuntura política no es ponerse a criticar al gobierno exigiéndole que vaya hasta el fondo con sus medidas y arremeta con firmeza y hasta el fin contra el capitalismo. Esa es la postura de los marxistas-trotzkistas-ortodoxos que así cubren su impotencia para hacerse cargo del colapso de un ciclo que proclamó su (y también la mía) ambición de liberar a la humanidad y crear un hombre nuevo, pero agotó su experiencia y su pensamiento a fines del siglo pasado. Creemos que es mucho más importante, en momentos en donde se palpa una movilización política mucho más aguda que la triste indiferencia de hace unos pocos años atrás, tratar de crear otra alternativa política emancipativa que nos haga reflexionar y experimentar que es posible otro camino que no sea el de elegir el menos malo. Sabemos con inusitada certeza que esa opción, se elija lo que se elija, lleva a un desastre. ¿Para qué insistir? ¿No llamamos dogmática a la vieja izquierda que repite siempre lo mismo? ¿Por qué no lo serán también los ideólogos kirchneristas que coquetean con la idea de que apoyando al menos malo se avanza hacia la liberación?
Quizás algunos quieran encontrar una “tercera posición” en el interior de la opción entre el malo y el menos malo, y alienten la idea de apoyar a Cristina y, al mismo tiempo, trabajar en una nueva alternativa liberadora. Esta idea, cuya raíz más profunda quizás sea el miedo a quedarse “fuera del mundo”, como “colgado” de la realidad, sería tratable si se partiera de la base de que la política de los Kirchner ya es fuertemente liberadora pero con limites severos, y que la tarea militante sería inventar al mismo tiempo los caminos que sirvieran para encarrilar las acciones en los momentos en que el kirchnerismo exhibiera sus debilidades. Pero justamente, esa condición (de que la política de los Kirchner ya es esencialmente liberadora) es lo que no puede sostenerse fácilmente. Si nos atenemos a los discursos expresos que se emiten de manera abrumadora día a día desde el Estado (que para el Kirchnerismo es el lugar privilegiado de la política) el gobierno nacional y popular busca denodadamente incluirse dentro del conjunto que forman la economía de mercado y la democracia representativa, es decir, la definición más ajustada de lo que tradicionalmente se llama Occidente. Defienden la democracia, la libertad de opinión, el consenso, la tolerancia y el derecho a la ganancia (¿justa?) de los capitales, en el convencimiento de ser los valores más preciados de nuestra civilización llamada “occidental”; al mismo tiempo no cejan en desarrollar nuestra economía de mercado buscando las inversiones extranjeras, a las que exhiben como un triunfo, así como su normalización en el cuadro mundial de la economía atendiendo a sus obligaciones con los acreedores. El gobierno llega a sentirse molesto cuando la derecha le crea conflictos con EE.UU, diciendo que estos son totalmente “artificiales”, y cuando se dio la oportunidad exhibió por todos los medios las felicitaciones que recibía la política económica de la presidenta por parte de la secretaria de Estado del país del Norte.
¿Para qué abundar con más argumentos que todos ya los sabemos? Así que pensar que este torrente direccionado a consolidarnos en un mundo del que uno intenta precisamente liberarse, puede contrarrestarse por una acción militante realizada en el interior de los diversos aparatos kirchneristas, es directamente insostenible. Y más aún cuando aquél que no reconoce plenamente la conducción irrestricta de la persona de la presidenta Cristina e intente formular una disidencia, deberá soportar la acusación de hacerle el juego a la derecha y ser un traidor al pueblo. Una vez más se puede apreciar que no hay mucha diferencia respecto a los hábitos del marxismo ortodoxo que proclama que toda política que no sea la que llevan adelante los iluminados vanguardistas del partido proletario, es una traición a la causa de la revolución proletaria…¿No es hora de dejarle de dar de comer a este supuesto rival al que tanto se parecen?
El conflicto de los trabajadores gráficos con Clarín que derivó en el bloqueo de la salida del matutino, es un ejemplo de los límites de una militancia que intente salirse de las pautas oficiales que se proclaman desde el Estado. Los gremialistas en lucha tuvieron que decirles a los funcionarios del gobierno (en especial al ministro de trabajo Tomada) que ellos no podían subordinar sus luchas al termómetro que le marca la lógica de “hacerle el juego a la derecha”. Si impedir la salida del diario era una medida que “engorda” a la derecha porque puede esgrimir el cínico argumento de que se lesiona la libertad de prensa, entonces habrá que buscar otros medios de lucha que sean menos irritantes para esta derecha. Pero no hay que tener un ingenio muy agudo para percatarse que esta condena oficial es una advertencia para todos aquellos que quieran sacar los pies del encuadre kirchnerista y sus aparatos. Toda iniciativa que venga de abajo y no se amolde a las necesidades de la política establecida, será castigada con el argumento letal del mal menor: paren la mano que le están haciendo el juego a la derecha.
Si la juventud kirchnerista quiere estar realmente a la altura de su reintegro a la política, entonces deberá protagonizar lo que es común a toda juventud rebelde respecto a las diversas actividades en las que se ha comprometido con fuerza. La vuelta de la juventud a la política no puede subirse al lomo de los dinosaurios del pasado, repitiendo el mismo discurso y la misma práctica que eran comunes hace medio siglo atrás. Las viejas generaciones de luchadores comprenden muy bien a esta vuelta de los jóvenes porque ha sido la suya. No hay ninguna ruptura realmente profunda que abra otra experiencia de ideas y procedimientos que resulten raras e incompresibles para  los militantes de la década de los sesenta. Pero esa experiencia pasada, compleja y vital en muchos aspectos, ha concluido. La caída del Muro de Berlín y el golpe militar del 24 de marzo de 1976, precedida por la expulsión de la juventud peronista por parte de Perón de la Plaza de Mayo, marcan el fin de un ciclo. ¿Para qué insistir con lo mismo? Porque hay que decirlo con toda energía: este “regreso” de la política no esgrime ninguna idea realmente nueva, en ruptura con el pasado, capaz de abrir una nueva secuencia emancipativa. Ni un solo nuevo pensamiento fuerte, ni una nueva manera de organizarse, ni formas de lucha impensadas en el pasado. Por eso es justo el término regreso  de la política, ha vuelto aquello (envuelto en el suave ropaje de la tolerancia democrática, emblema de la derecha si lo hay) que termino en un desastre.
Las grandes ideas, pensamientos y acciones políticas que curtieron ideas emancipativas, libertarias y de ruptura respecto al mundo en donde nacían, participaron de una invariante que consistía en abrir un lugar diferente a los establecidos por el orden dominante. De tal manera que la subjetividad política nueva en curso se presentaba como una excepciónal dispositivo hegemónico del funcionamiento del poder. Tenían la capacidad de marcar una nueva línea divisoria que permitía avizorar que lo que el orden consolidado mostraba como un conflicto no era otra cosa que simples variantes internas del mismo sistema. Esa nueva demarcación inauguraba otra mirada y exigía prácticas inéditas. La sensación que recorría a esa militancia era que quedaban “por fuera” del sistema, y no era una sensación, era la realidad más cruel. Pero al mismo tiempo ocupaban un nuevo lugar, un lugar antes inexistente, era el lugar mismo que había que construir, de su invención, de su pensamiento y de su experimentación. No había un regreso de la política, se trataba de una reinvención de la política.
Pero nada de eso ocurre en este alegre por fuera pero triste por dentro regreso de la juventud a la política cobijada en el ala del llamado Kirchnerismo. Por supuesto que no se trata de la juventud, sino del museo político que bendicen.
Debo disculparme con el lector que ha hecho el esfuerzo de leer estas líneas por no decirle, finalmente, qué es lo que tiene que hacer. Aspiro únicamente a declarar que mi manera de pensar ve muchas más posibilidades de reinvención de un pensar-hacer político emancipativo si miramos, por ejemplo, las secuencias de luchas que culminan con los acontecimientos del 19/20 de diciembre del 2001. Proceso este que tanto la izquierda ortodoxa como el kirchnerismo, cada cual a su manera, se encargaron y persisten en apagar.
Buenos Aires 30 de marzo de 2011

Suspenden una campaña de Levi’s que habla…

de la “revolución de los jóvenes”


La compañía de indumentaria optó por sacar del aire la nueva publicidad ya que sus imágenes podrían dar a entender que hay cierta sintonía con el clima de revuelta
El nuevo comercial de Levi’s que apelaba a mostrar “la revolución de los más jóvenes” fue suspendido en el mercado de Inglaterra debido al caos social reinante.
La compañía reaccionó reaccionar rápidamente y levantó temporalmente su comercial “Levi´s Legacy” en la televisión, cine y Facebook. En sus imágenes se mostraban situaciones semejantes con la realidad que viven ciertas ciudades y podían generar más tensión si se las analiza en medio de la ola de violencia que se vive en el Gran Bretaña.
Rebecca Van Dyck, como global chief marketing officer de la marca, detalló: “Estamos en contacto con todos los rincones del mundo y queremos ser sensibles con los que está sucediendo en Inglaterra, particularmente en Londres”.
Esta campaña está en manos de la agencia Wieden & Kennedy, los mismos que llevan adelante gran parte de las comunicaciones de marca de Niké. Se estima que Levi´s invirtió unos u$s 57 millones en publicidad en medios durante el 2010

Discutir “El Estudiante”

Como invitación a discutir la película “El Estudiante (premiada por el BAFICI 2011 y actualmente en cartelera en el Lugones), ofrecemos un primer texto e iremos subiendo todos los que manden durante los siguientes 15 días. El próximo será el tuyo.
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Discutir el Estudiante (I)

Una excursión a la facultad de Sociales

Una invitación a discutir «El estudiante» 

Por Lobo Suelto!
La película El estudiante registra la importancia de los años ‘80 para comprender nuestro presente. Tal vez ese sea un primer tono de época y un tono generacional. Su presupuesto y aspiración se dejan captar en la apuesta de su director: al mirar de cerca cualquier institución argentina, dice, se accede a comprender la política en su conjunto. Porque, agrega, en nuestro país toda institución es política. No es ni siquiera un eco ricotero lo que suena en esa frase, sino un tufillo que prepara para el cliché de la antipolítica. La institución elegida no es la Universidad de Buenos Aires, corazón de la militancia de Franja Morada durante décadas, sino la Facultad de Ciencias Sociales, uno de los corazones anárquicos (absurdo, utópico, tan mediocre como deslumbrante) de la ciudad. Aún así, Sociales queda convertida en una escenografía que por mostrarse “real” busca convertirse en momento de verdad de la degradación política.  
Contemos mínimamente la historia. El protagonista, Roque Espinoza, intenta reencauzar sus proyectos de vida y de estudio luego de haber abandonado su pueblo natal y de haber dejado un par de carreras. Llega a una facultad tumultuosa, casi en ruinas, imposible. En la que el caos militante (desde el inicio se nombran una decena de agrupaciones de la facultad) parece transmitirse a los cimientos del edificio.
A Roque le interesa “lo social”, sin poder especificar demasiado sobre el asunto. Se trata de uno de esos personajes que circulan con ojos grandes, más bien callados, impermeables a la pasión del debate intelectual, entusiasta en el encuentro con sus compañeras, que se hacen fuertes en los lugares comunes y que, sin destreza a primera vista, logra una inteligencia de negociación, tan efectiva como poco locuaz.
La historia de Roque tiene el encanto de lo sencillo. De una historia de iniciación un tanto autista, entre despojada y casual. La vida universitaria de Roque se construye a partir de dos de sus amigas. Cada una de ellas vinculada con algún cuadro de organizaciones políticas fuertes de los años ‘80. La primera es una compañera de estudio, de Avellaneda, con quien va a vivir. Ella misma y su padre pertenecen a alguna de las tradiciones de la izquierda. El otro vínculo decisivo es Paula, un cuadro del aparato universitario de la Franja (en la película La Brecha). Cada una de estos lazos amorosos transporta a Roque a mundos políticos enfrentados. La militancia ética que aspira a construir un territorio común entre la universidad y los barrios y la política pragmática que asume la disputa de poder institucional como momento inicial del juego mayor en torno al estado nacional. Una narración sumamente ajustada trata este arribo maravilloso a la vida de “sociales”. Duerme en lo de su compañera de estudios –lo dicho, en Avellaneda, con su padre politizado, etc- al tiempo que se fascina con Paula, una deslumbrante activista de asamblea, que resulta ser, además, bella y excelente docente de teoría política. 
En sus clases se dan las únicas escenas que valen la pena. Paula explica Hobbes, Rousseau y toma cerveza en la mesa de sus alumnos en el bar de la facu. Los pibes escuchan sus argumentos y los vuelcan en acaloradas discusiones sobre la naturaleza humana, el valor de las instituciones políticas y el problema de si transformar la sociedad capitalista es cuestión de voluntad o de pensamiento complejo.
Transformando la escasez de recursos, estas secuencias cinematográficas captan esa mezcla de pobreza y embrujo que circula entre asambleas, pasillos, cervezas y discusiones de aula que constituyen la vida de “sociales”.  Sólo que se nota una suerte de desagrado, casi desprecio en la cámara, plasmada en los ojos excitados y mansos de Roque.
Luego, las cosas le suceden de un modo incomprensible. El personaje de Paula de pronto pierde todo interés al tiempo que se le entrega sexualmente y le abre los caminos de la militancia. No hay ni en el amor ni en la política subjetivación de ningún orden. Paula se muestra como un cuadro chato de la Franja/Brecha. Y de su mano Roque participa de las exiguas reuniones de agrupación. Se vienen las elecciones de rector, y el juego de especulaciones y traiciones lo domina todo.       
     
Las reuniones de la militancia a las que asisten resultan bien curiosas. Cuatro o cinco dirigentes que tratan de participar de las roscas ajenas en base a las propias, salteando zancadillas, tratando de hacer coexistir convicciones, ambiciones y operaciones, coordinados por Acevedo –su profesor, un viejo cuadro del gobierno de Alfonsín que aspira a rector, líder del grupo- que participa de las deliberaciones estudiantiles y hasta las organiza en su casaquinta.
¿Será la distorsión de la propia experiencia de estudio, militancia y docencia que hemos desarrollado durante y a partir de los años ‘90 la que nos hace rechazar de plano estas imágenes? La facultad de Sociales en esa época hoy tan denostada se convierte en una fábrica de activistas políticos y culturales, muchos de los cuales han protagonizado de diversas maneras la última década de la Argentina. ¿Cuenta la película esta historia? Ni los personajes, ni la trama, ni la aparente complicidad con el público que acude y llena de modo incesante la sala Leopoldo Lugones con aplausos permite responder de modo definitivo. ¿Por qué contar la historia de la Franja y del aparato burocrático de la UBA a partir, justamente, de Sociales, cuna de procesos mucho más innovadores, ricos y significativos? ¿Por qué se acude al repertorio perimido del radicalismo universitario como si a principio de este siglo no hubiese sido derrotado en la mayoría de las facultades?
En una de esas reuniones se trata de resolver un dilema. El líder estudiantil más avezado de la agrupación acaba de traicionar al grupo y se convirtió en candidato de un frente opositor. El grupo se siente humillado y Roque, en lo que parece ser su primera reunión, se destaca a los ojos de Acevedo plateando que hay que salir al ruedo, charlando con los compañeros de cursos y de pasillo para difundir que el supuesto líder –docente de Teoría Social Latinoamericana, célebre por tener que lidiar en sus clases con un militante trostkista que lo denuncia a cada frase- no es más que un garca. Esta reacción visceral de Roque parece del todo ingenua a sus experimentados compañeros. Pero Acevedo comprende de inmediato que está ante un elemento útil para sus maniobras.
La política que la película presenta es incluso más mediocre que la realmente practicada en los claustros. En las próximas escenas se verá a Roque operando con suma habilidad. Sea para que la militancia de izquierda denuncie al traidor (y acabe golpeándolo de modo inverosímil en medio de una de sus clases) o para organizar un plenario en las afueras de la ciudad. La agrupación logra sortear las elecciones estudiantiles y Roque se convierte en mano de derecha del aspirante a rector. De nuevo es dúctil tanto para armar una “rosca” con el grupo de la izquierda como para ayudar a un compañero que se afanó cuatro lucas de apuntes.
    
El nuevo Roque pasa a ser un “puntero”. Eso es lo que dice una voz en off que aparece brevemente, cada tanto, con un discurso moralista, muy familiar al discurso habitual de los medios de comunicación. Roque ya “no estudia”. Sólo opera. Trabaja como encuestador en una consultora, a partir de un padrinazgo político. Digamos algo más de esa voz en off: es pedagógica (casi una parodia de la de las películas de Pino Solanas), pero para decir las cosas más obvias en un tono neutro que no es tal. Más bien esa obviedad está cargada de displicencia, de ajenidad, de juicio.
Dos escenas nos muestran el discurrir subjetivo de los personajes. La aparición del padre de Roque en Buenos Aires, en una cena que organizan en la cantina con Paula y a la que se suma Acevedo, en la que el padre de Roque cuenta que militó tres meses en una organización campesina, y que fue peronista tres horas. A lo que sigue un desafío de los jóvenes a los adultos: a que canten la marchita, a ver si se saben la letra. En la otra escena, Paula y Roque compiten, en presencia de Acevedo, en un boliche, sobre quién se cogió a algún famoso.
En todo caso, la historia se va descomponiendo en dinámicas que recuerdan los años dorados de la Franja de los ‘80 y la primaveraque acompañó a las teorías de la “transición democrática”. Pero también un clima claramente post-dosmiliunero, en que los restos de aquella promesa se activan para recorrer otros caminos intelectuales, estéticos y políticos. Esto supone que ese modo militante no es completamente ajeno a la facultad actual (basta escuchar algunos militantes de la UES repetir los argumentos de lo que significa “la gestión”, del mismo modo agresivo y hueco con que Roque los usa). Pero no puede decirse que ese sea el modo mayoritario ni el más convocante.
La mirada del director ya no tiene empatía con el presente. Al punto que la auténtica mediocridad de la vida política, intelectual y militante no llega a ser captada en su real miseria sino como artificiosa transposición de los clichés mediáticos sobre la manipulaciones de personas, la gestión de territorios y un tipo de consignismo casi fingido. La buena actuación, las proezas de cámara y las tomas de la vida real de la facultad sustituyen una empatía con las vidas políticas reales de los que viven horas allí.
Todo esto podría carecer de interés sino fuera porque este anacronismo logra mostrar algo que está fuera de los cánones míticos de la leyenda militante de sociales. El resurgimiento de una militancia hecha desde arriba y para arriba que acompaña la reinstitucionalización del kirchnerismo. El estudiante tiene este mérito irritante de alinear a la militancia de la Franja con la kirchnerista como momentos institucionales, que prácticamente ignoran, desdeñan, en su realismo lo que en Sociales hay y hubo de una promesa de vida intelectual y política apasionada, colectiva. En esa línea ignoran también el espíritu de una experimentación de la palabra que interpela militancias de otro tipo.
La tensión máxima llega cuando Acevedo envía a Roque maniobrar en falso, y lo deja colgado de negociaciones imposibles. Acevedo al final transa con sus enemigos (un tal Viñas) a espaldas de Paula y Roque.
Llega la frustración con la política. El líder puede prescindir de ellos, porque la política se hace por arriba, es cosa de experimentados, de grandes pergaminos, de jugadas abstractas que se nos escapan. Los militantes son un fondo más bien estúpido infantil, del que destacan los operadores que se ligan a algún jefe y a su lado hacen carrera. Luego, en ese curso pueden perder o ganar. Son las reglas del juego.
En una de esas escenas, se ve a Roque cocinando y a Paula que llega y lo saluda. Han vuelto a estudiar, a trabajar. Pero la cosa no acaba allí. Han sido los más fieles, y ahora deciden vengarse dándole a la izquierda (mostrada siempre al borde de una intransigencia boba) una información sobre contratos con laboratorios incluidos en los acuerdos para incluir a medicina y veterinaria.  
El final de la película es una conversación entre Acevedo y Roque. La elección de rector se viene suspendiendo por parte de una serie de tomas estudiantiles y Acevedo precisa nuevamente los servicios de Roque para destrabar la situación. Roque dice no estar enojado porque “no sirve de nada”. Acevedo le cuenta entonces la historia de un tipo de 150 años que acaba de ser encontrado en el Amazonas en perfecto estado de salud. En conferencia de prensa dice que su secreto fue nunca contrariar a nadie. Cuando los periodistas le dicen que eso no es posible, el viejo responde, “tiene usted razón”. Luego de eso Roque escucha la oferta (hacer levantar la toma a cambio de un cargo alto en la UBA) a lo que Roque responde un seco “no” en el que se confunde el enojo del que no se enojaba, su amor por Paula, que sí está enojada, un arranque de principismo, y el peso de la opereta para denunciarlo en curso. El final tiene un patetismo inocultable. ¿Qué es lo que se festeja del estudiante?

Pronunciamiento de las III Jornadas Andino-Mesoamericanas

México Tenochtitlán, 30 de septiembre de 2011.

SOBRE LO COMÚN

Nos alberga el horizonte del Pachakuti, el horizonte del Sumaj  Kausay. Los entramados comunitarios adoptan y adaptan elementos de lo moderno, los pueblos indígenas crean  y recrean. Tenemos el desafío de pensar la recomposición y organización pública del nosotros. Lo plurinacional no puede ser un aditamento del estado liberal.

Están en crisis los modelos universales, desde las experiencias de los pueblos deben salir nuevas alternativas, formas de organizarnos y gestionar lo común. Advertimos la crisis de un modelo que en nombre de universales como la humanidad atentan contra la diversidad y las formas concretas de la vida humana, animal y vegetal.
Nuevas y múltiples voces indígenas nos interpelan ante la crisis de las izquierdas y de los nacionalismos populares. La lógica liberal de lo político no nos basta, porque desorganiza a la sociedad y concentra el poder.
Los procesos de autonomía de los pueblos indígenas resquebrajan el modelo hegemónico del estado nación, lo erosionan. Autoafirmarse en la autonomía nos coloca en la urgencia de pensar en la reconstrucción múltiple de lo público, que no puede reducirse a lo estatal. Reivindicamos la práctica organizativa propia de los pueblos indígenas, las formas de la comunalidad, las experiencias diversas de organizarse en colectivo, como la Minga en Colombia.
La vida está en riesgo y en particular los pueblos indígenas están en riesgo. Los saberes de todos los pueblos son esenciales para la vida. Es necesario superar una manera de pensar y actuar que está destruyendo el planeta. El llamado de los pueblos indígenas es a defender la vida para todas y entre todos.
Las mujeres indígenas y urbanas tenemos que romper la matriz liberal del feminismo hegemónico, no partir de una concepción individualista de la persona sino fortalecer nuestra capacidad de autonomía personal en el marco de la construcción de la autonomía colectiva.
Este sistema que estamos combatiendo está utilizando a las mujeres como objetivo de desestructuración y como objetivo de guerra. Es necesario considerar la fuerza de las mujeres en igualdad a la de los hombres en nuestras luchas.
Los jóvenes son valiosos e imprescindibles para la transformación social, ellos deben aportar sus ideas y creatividad, deben tener oportunidad de formarse y participar, sean hombres y mujeres. ¿Hasta cuándo vamos a ser países de resistencia?
Los estudiantes observan con preocupación la crisis de la academia, y cuestionan el modo paternalista en que trabaja con los pueblos indígenas.  Es necesario preguntarse cómo acompañar y elaborar una reflexión teórica junto con las comunidades indígenas.
Debe de existir un diálogo no solo de la palabra, sino del corazón, no solo de la academia sino también desde los pueblos. No debe quedarse en la teoría. Para comprender la realidad de los pueblos no vale quedarse en los libros, sino que hay que ir allá.
Las voces migrantes nos convocan a experimentar cómo subvertimos las fronteras legales y culturales, nos apropiamos de las lenguas y creamos posibilidades de encuentros, de redes y de transformación, de contagio unos con otros.
Celebramos todas las experiencias de comunicación que dan voz a los movimientos y a los pueblos indígenas. Denunciamos la represión de la que son objeto los medios alternativos y las radios comunitarias.
CONTRA LA GUERRA Y EN DEFENSA DE LA TIERRA
La tierra y el territorio es el tema principal que preocupa a todos los pueblos indígenas. Los conflictos socioambientales son cada vez más extendidos en todos los países. Algunas experiencias muestran que la organización de la gente ha hecho retroceder a las empresas mineras y del agro negocio. Pero la expoliación avanza sobre los recursos naturales del territorio. Es imprescindible articularse en red en toda América, tal como la CONACAMI hace en el Perú.
En nuestros países hay guerra contra los entramados comunitarios. La violencia y el desplazamiento de poblaciones forma parte de la estrategia del sistema capitalista, que adopta la forma de un extractivismo ampliado y depredador sobre nuestros territorios, practicado tanto por los gobiernos progresistas como por los reaccionarios.

Enfrentamos la crucial batalla por recuperar nuestras tierras, lagos y ríos expropiados. Es la tierra y nuestro acceso a ella la base de la reconstrucción de nuestras posibilidades de vida.
Enfrentamos el gran problema del agua, porque peligra la vida en el planeta. Es imprescindible impulsar un sistema de pensamiento y práctica para que nuestros recursos hídricos pervivan y sean regenerados con el trabajo colectivo practicado ancestralmente.
Rechazamos los proyectos extractivos. Condenamos las políticas que se orientan a la alteración mercantil de la vida a través de los productos transgénicos. Exigimos modelos de desarrollo productivos sobre la base del Buen Vivir, en paz y en armonía con la naturaleza.
Nos pronunciamos contra la criminalización de las luchas, la persecución de dirigentes, las amenazas a la población. Exigimos la derogación de las órdenes de captura contra los integrantes de los movimientos sociales.
Denunciamos las estrategias contrainsurgentes, la militarización y la paramilitarización de nuestros territorios que busca contraponer indios contra indios, e indios contra intereses populares, desviando nuestra atención de los verdaderos enemigos que son los intereses de los estados al servicio del capital.
La inseguridad es un gran negocio. Por ello, celebramos la capacidad de autogestión de los pueblos en temas de seguridad. Nadie nos va a proteger si no lo hacemos nosotros mismos.
Denunciamos la acción paramilitar impune en San Juan Copala,  las estrategias contrainsurgentes que padecen las comunidades zapatistas y los pueblos de todo México  y del continente que luchan por su autonomía. Apoyamos la demanda de la Las Abejas interpuesta ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en la que se denuncia el crimen de lesa humanidad cometido en Acteal, Chiapas, en 1997. Exigimos el cumplimento de los acuerdos de San Andrés, firmados en 1996 entre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el gobierno mexicano.
Proponemos crear un Tribunal que juzgue todos los casos de impunidad y violación a los derechos humanos en contra de los pueblos indígenas.
Denunciamos la política migratoria del gobierno mexicano contra los pobres del mundo que demuestra estar totalmente subordinada a la de Estados Unidos, con la consiguiente pérdida de soberanía.
Al gobierno boliviano le pedimos que no traicione las luchas de los pueblos que perviven, hemos tenido la oportunidad histórica para cambiar la sociedad, pero no basta con que los indios lleguemos a la Presidencia, necesitamos un proyecto de vida diferente que respete a los pueblos y comunidades.
ACORDAMOS TEJERNOS COMO RED
Nos comprometemos a articularnos y a llevar a  nuestros entornos estas reflexiones para que no queden en papel, sino que tengan consecuencias prácticas, cada quien compartiendo en sus espacios y aportando al colectivo lo que puede ofrecer.
Constituyamos una red de debate y de acción ante la usurpación de los recursos de los pueblos indígenas donde todos estemos comunicados y podamos actuar defendiéndonos unos a otros. Esta red debe estar en muchos idiomas: español, portugués, inglés… pero también en las lenguas originarias. Si no hablamos nuestras lenguas castramos nuestra posibilidad de pensar diferente a la lengua dominante.
Somos nosotros que permitimos que este sistema neoliberal funcione.
Debemos transformar nuestros hábitos en los espacios urbanos, las acciones de la vida cotidiana, revisar nuestras formas de consumo. Contra los transgénicos, por la soberanía alimentaria.
Une a nuestros corazones la lucha antisistémica. Son diversas las formas específicas en que luchamos. La red se tiene que hacer en función de este objetivo mayor aunque el camino cada quien lo ve de diferente manera, algunos a través de elecciones, otros no, pero podemos caminar juntos contra este sistema capitalista neoliberal. No podemos pensar en acciones únicas ni un plan, sino como mujeres y como hombres tenemos que ir trabajando en nuestros territorios y en nuestras trincheras para desalambrar los corazones, para desalambrarnos nosotros y ayudar a desalambrarse a los demás.
En casi todas las mesas se reconocieron las contradicciones internas de los procesos. No hay ningún pueblo que no tenga contradicciones. Hay que hacer una pausa para reflexionar sobre los errores y equivocaciones que hemos cometido. Hemos sido arrogantes, machistas, autoritarios, vanidosos como lo son todos los otros.
Este evento y todas las participaciones vinieron a hablarnos con su corazón y todos vinimos a aprender unos de otros y nos sentimos hermanados con todas las luchas de nuestra América.
Acogidos para este encuentro en un espacio público y con apoyo universitario nos pronunciamos por la defensa a ultranza del derecho a la educación pública y gratuita y de calidad, en todos sus niveles, para todas y todos en todos los países.
Nos manifestamos en contra de las fronteras de los estados, nuestras luchas van más allá de las demarcaciones territoriales del poder que pretende dividirnos.

Pasión Piola

Por Diego Genoud

No pude ir a Córdoba por el laburo pero quería. Sentía que no podía faltar después de haber ido de visitante a casi todos los partidos, incluido el de Bahía Blanca contra Olimpo, donde empezamos a sentir en el pecho que nos íbamos y nos íbamos. En el segundo tiempo, vi por la tele al Pelado, agarrado del alambrado, como intentando sostenerse para no derrumbarse, muerto de frío y de dolor, con su gorrito colla como única protección. Cuando terminó, le mandé un mensaje para saber cómo estaba. La respuesta llegó al rato, lacónica: “Murió River”. Eran las 23.46 del 22 de junio del año que cambió nuestras vidas, las de millones. Todavía faltaba la revancha, pero ya no la esperábamos.
A la mañana día siguiente, ya por Rosario, me escribió: “Estoy convencido de que anoche murió el River que conocimos y nació otro”. Sabemos que el futbol es importante en sociedades como la nuestra. Pero con River asistimos a una metamorfosis que nos toca a una mayoría. Primero que nadie a nosotros, la nación riverplatense, una identidad de contornos deformes y en expansión. Un lugar al que se puede volver siempre sin pedir permiso ni mostrar credenciales. Eso es lo que hace al fútbol el más democrático de los deportes. Pero este descenso también toca a todos los que nos odian que, para bien o mal, no conciben a la A sin nosotros. Gozan nuestra debacle pero sienten nuestra ausencia. Es así.
Irse a la B es una marca que no se olvida. El Pelado dice que murió el River que conocimos y nació otro. ¿Cómo será? Por supuesto, mejor. Indicios. Los hinchas de River nostálgicos del 2001, minoritarios claro, jugueteábamos desde antes con las comparaciones. Aguilar era Menem y Passarella pintaba –de a ratos todavía pinta- para De la Rúa. En las tribunas, la contracara. Durante el tramo final del campeonato, la hinchada no sólo siguió colmando la cancha: buscó meterse en el campo de juego con su aliento. Se palpaba que la mayoría de los que íbamos al Monumental queríamos salirnos del rol de espectador. Los pibes que rompieron el alambrado y se metieron en el césped del estadio Alberdi, en Córdoba no eran una expresión aislada. El que dice lo contrario miente o no sabe lo que River viene siendo.
Digámoslo de una vez: los que van a la cancha son el futbol, los demás son comentaristas. Son los que le dan color, le imprimen tensión y derraman dramatismo en el lugar en el que hay que estar. Los que dedican el día –hubiera dicho domingo hasta hace unos meses- a ser parte del folclore, los que alientan y dejan todo. ¡Existe esa gente! Pedimos disculpas a los que no creen en nada. Hay gente que va a la cancha porque se le cantan las pelotas –cada vez más los ovarios- y es feliz así. Nos gustaría que nos ubiquen en ese pelotón. ¿Por qué lo hacen? Podríamos decir que es por amor. Otro sentimiento no define con precisión esa entrega en función de algo que no reditúa de manera directa en el que siente pasión.
Hay un protagonismo ahí sin dudas que aparece en momentos clave. Contra Belgrano en el Monumental, los que se combatieron con la cana en el playón del club eran pibes. Sus movimientos eran similares a los que se vieron ese 20 de diciembre en Avenida de Mayo. En cambio, a un grupo grande de los Borrachos del Tablón, los vi irse por el puente de Udaondo muy rápido con sus bombos. La relación entre la barra y el resto de los hinchas es para hablar largo. Cambiaron mucho los cabecillas en la última década. Algunos alientan y organizan pero otros se paran durante los noventa minutos como si efectivamente estuvieran en un boliche, de brazos cruzados y trabados. No está muy claro de qué se ocupan, más allá de vigilar. Al lado de esa gente, muchas veces incluso viendo a este River que se iba a pique, fui parte de una fiesta que los ignoraba. Los chalecos de gremios que se cagaron a tiros varias veces juntos en el paravalanchas como si nada. Esa es la barra, es verdad, ¿para qué generar nuevos mitos que, si rascas un poquito, se caen a pedazos? Conducen pequeños grupos, manejan las banderas, ensayan una coreografía inicial y sugieren canciones. El resto va por la suya, lucha su entrada y transpira en la tribuna. Sugieren dijimos porque cada vez más la mayoría se rebela contra los insultos. Ya se vio en el primer partido en el Monumental contra Chacarita que ahora las canciones surgen de otros rincones.
Hay un cambio en la subjetividad de millones de hinchas y en la cancha, se vive. Primero, casi nadie insulta a los jugadores, apenas sucedió cuando nos fuimos a la B y de todos lados se respondió coreando “soy de River”. Segundo, una obviedad: el River de estos años se contrapone claramente al de la década triunfal que coincidió con el menemismo. River cada vez gana menos y cada vez alienta más. River –nosotros sus hinchas, los que respondemos por él- ahora sabe que en la vida hay que luchar, que hasta los grandes pueden caer y que habrá que reconstruirse desde abajo. Depende de nosotros. Nadie vendrá a salvarnos. Eso esperamos además porque nos gusta la épica.
River empezó a cambiar de piel y a discutir la teoría de las hinchadas que nos odian antes de descender. Salió primero en recaudaciones en 2008, cuando quedó último en la tabla y Boca primero. Lo dice clarito una canción yeta pero cierta: “No alcanzan las tribunas, no alcanzan las entradas, le demostramo lo que es River en la mala”. Un hit. Empezamos a corearlo contra Godoy Cruz o All Boys y no ganamos más. 
En la calle se ve que River es un equipo cada vez más popular. ¿Alguna vez fue distinto? Probablemente no, pero hay un acelerado proceso de plebeyización. Barrios, lugares, caminos que andamos donde antes veíamos más camisetas de Boca que de River. Ahora es al revés. En cambio, muchos hinchas de Boca sufren el cerrojo que Macri puso para entrar a la Bombonera. No pueden reconocerlo, hacen bien incluso, pero es así. River es un sentimiento cada vez más potente en los sectores populares y ahora que estamos en la B va a ser todavía más fuerte. ¡Para qué vamos a mentir! 

Discutir el estudiante (III)

 Por Coudet Chacho

El Estudiante no habla de Sociales, ni de sus organizaciones, ni de la UBA. El estudiante habla de la política, o mejor dicho, de una forma de hacer política. Seguramente la empatía que genera, como ustedes bien dicen, los lugares y caras conocidas para los que vamos a la UBA puede ser uno de los motivos por los que “se festeje El Estudiante”. También esnobismo, quizás el famoso boca en boca. Puede ser todo eso, e incluso alguna cosita más. De todos modos, prefiero hacer como si eso no pasara.
La película muestra a la política como algo técnico, como algo completamente desideologizado y vacío. Nadie habla de ideas ni de problemas. Allá se habla de gestión, de cargos, de plata, de poder. Es una política completamente burocratizada, donde lo que se busca es hacer carrera, no importa a qué precio. Sobre esas prácticas ya se dijo mucho, quizás no lo suficiente, pero mucho. Lo que no sé es cuántas veces se relacionó esta forma política con los jóvenes, con la famosa militancia de la juventud. Quizás, sin la intención del director, vaya por ahí la particularidad de El Estudiante.
Hoy a la mañana pude enganchar un ratito a Pablo Hupert en la radio. No llegué escuchar mucho, pero hubo algo que me gustó y me quedó. En un momento Hupert dijo algo así como que el Estado no tiene sólo el monopolio del ejercicio de la violencia legítima (como decía Weber), sino también otro monopolio: el monopolio de hacer polis. Tiene el monopólico poder de construir sociedad, de construir política. El Estado delimita los límites del juego y dice qué es político y qué no, dice qué es militancia y qué no.
Hoy podemos decir que la “juventud” es militante. Un día salió a la calle y hubo algo que renació. No lo digo yo, lo dice 6-7-8. Necesitábamos fuerza, fuerza fresca, y apareció la de los jóvenes. La fuerza de los jóvenes. “La Walsh, el Mate, La Vertiente, En Acto, Prisma, La Juntada, Contrahegemonia” dice en la película esa pedorra voz en off. La juventud de hoy levanta banderas, marcha, canta consignas y hasta está en la legislatura. Renace en ellos el setentismo, esa fuerza que los ’90, Tinelli y el sushi nos habían robado, y que hoy, aparentemente con la muerte de Kirchner, florece de nuevo.
El problema es que el setentismo, como es lógico, ya no es lo que era. La militancia que en los ’90 había quedado fuera del estrechísimo límite del juego político, encontraba entonces sus fuerzas en prácticas políticas de algunas décadas atrás. La recuperación de los setenta implicaba una lucha contra los discursos hegemónicos, contra la fiesta de la desideologización. Una disrupción, un laburo político fino, sutil, que buscaba tocar la fibra que permitiera hacer trastabillar a esa línea invisible que impone el Estado.
Hoy pasa otra cosa. La militancia que lucha contra el fantasma de la dictadura, por los desaparecidos y los DDHH es la que se impone desde todos lados como modelo. Sale en la tele, en los diarios y en los afiches de campaña. Es un setentismo reciclado que respira una historia musicalizada con un volumen aturdidor. Un pasado que no deja escuchar otras historias y, lo que es peor, no deja escuchar lo que está pasando.
De mi experiencia en Sociales tengo a la Franja más como un mito lejano que de repente cayó en la toma del 2010 a ver qué onda, que como algo más concreto de todos los días. En mi vivencia cotidiana la rosca, el aparateo desde arriba, y toda esa política asquerosa está más representada por las agrupaciones kirchneristas que por las de la Franja. De hecho, apenas salí de ver la película me vino a la cabeza un recuerdo del año pasado, de algo que me habían contado después de la toma del ministerio. Al rato de haberse reunido y negociado con las autoridades de la universidad, los estudiantes que habían ido a la reunión nos comentaron con asombro la familiaridad del trato que había entre esas autoridades y los militantes de algunas agrupaciones “anti-toma”. La relación que hice fue simple: juegan a lo mismo. Son esas agrupaciones que, entre frase de Walsh y del Che, saludan con un “compañero” al decano, y después intentan liberar a la patria con un torneo de playstation (estación de poder).
Entonces, ¿qué es lo que se festeja del estudiante? Se festeja, en principio, una película que evidentemente moviliza. Una película que habla de la militancia podrida y estéril que existe en las instituciones y predomina en muchas de las organizaciones políticas. Pero no sólo eso, y acá es donde para mí está lo distinto, El Estudiante habla de la juventud militante que uno tiende a imaginar fresca y genuina. Después de la muerte de Kirchner y el supuesto florecer de los jóvenes, me pregunto, ¿qué se festejará cuando se festeja la militancia de la juventud? ¿De qué se alegran los que festejan la burocratización masiva de los jóvenes?  ¿De qué se alegran los que festejan el regreso vacío de un discurso que supo ser disruptivo? Quizás sean éstas las preguntas que animan la fiesta de El Estudiante. O al menos eso prefiero pensar.

Discutir el estudiante (II)

El Estudiante y la real-politik

 por Juan Pablo Hudson

No encuentro una manera posible de iniciar una lectura de la película El Estudiante que no empiece –paradójicamente- por su final: ese No estentóreo que enuncia Roque, el protagonista principal de esta historia, ante la propuesta de su ex jefe político de reinsertarse, a través de una tarea urgente, en la rosca institucional universitaria; pero si ese No que afirma con tanta contundencia Roque tiene un peso sobresaliente es porque -por lo menos en Rosario y así parece en Buenos Aires- fue acompañado por un inmediato y cerrado aplauso del público que estaba presente en la sala.
Me quedé en la butaca tratando de asimilar esa masiva aprobación de un final que me había resultado tan explícitamente moral como pedagógico. Ya en mi casa, leí en Internet una crítica en un diario nacional en la que se destacaba la creación, por parte del director (Santiago Mitre), de una “ética y estética a las que podría definirse como “realismo idealista””. Tal como suele ocurrir con los autores en ciertas oportunidades, Mitre afirma en una entrevista en el mismo diario algo que la película nunca muestra ni parece interesada en mostrar: “(…) hay mucho prejuicio en torno de la militancia estudiantil, que a muchos les parece que es pura agitación, mientras que hay un nivel de discusión política muy interesante, más que en otros ámbitos; es un plano donde se habla de política en estado puro, el 90 por ciento no está en busca de los cargos, y todavía se puede discutir de política por el placer de hacerlo”.
El testimonio de Mitre nos otorga claves de lectura de ese oxímoron que surge del supuesto “realismo idealista” que encarnaría la película: por un lado, un idealismo romántico del director en la caracterización del nivel de la discusión política universitaria, que, salvo en secuencias muy mínimas, no aparece en la película. Situación, por cierto, que no hubiera sido deseable que se planteara bajo este tinte mítico que, según parece indicar, si no es por cargos, la discusión política es por mero placer. Cualquier malestar que pueda provocar el enfoque de El Estudiante no implica de ninguna manera una defensa ni exaltación del mundo político que transcurre en los recintos universitarios, sea en la facultad de Sociales de la UBA o en una sede de la Universidad Nacional de Rosario, aunque tampoco su esquematismo ni reduccionismo. Por el otro, como relato único que aparece en pantalla, un realismo bien coyuntural que se desprende (más allá de las intenciones del director) de ese No final acompañado de aplausos que cierra la película. Un No  que es menos la negación de la política –o la afirmación de la antipolítica- que la admisión de que no habría, en definitiva, otra alternativa posible (a las de las roscas en –y para- las altas esferas del poder, las aceptaciones pasivas de la verticalidad, las pujas institucionales, los consensos y alianzas amargas pero imprescindibles, etc.) si lo que se intenta es la construcción de una política real, concreta, en mayúsculas, que no es más que aquella que se dispone a asumir la gestión y el control de las instituciones estatales. Este enfoque realista asume y se emparienta con cierto sentido común hegemónico (incluidos el de determinados sectores juveniles) que determina y cierra en muchos casos el panorama y las apuestas políticas en la actualidad. Las otras imágenes posibles de la política se resumen, desde la exigua perspectiva de la película, en las bravuconadas troskistas que pueden tener cierto protagonismo estudiantil pero que no van a lograr mayores adhesiones que las obtenidas en los pasillos universitarios, el fin de la militancia para sumergirse en la vida profesional/familiar (opción que parecería asumir hacia el final una Paula decepcionada y enojada), o en un purismo ingenuo, abstracto, asambleísta, que no roza –ni a va a rozar- el poder real.

La política de Laclau

Por Ernestina Tolli de Arenales

Una lectura de los diarios del fin de semana nos muestra a un Laclau vivito y coleando. Su tesis capital es que al haber fracasado el “pronóstico marxista” de una homogeneización progresiva de la sociedad, hay que pensar una fórmula política más compleja para nuestras sociedades: “la construcción de un modelo de cambio requiere que esta estructura heterogénea sea articulada políticamente de una manera central”. Cuando en el proceso de esta articulación de demandas insatisfechas se produce un enfrentamiento entre dos campos estamos ante la emergencia de un “populismo” (que en nuestro país es “de izquierda”). He aquí lo que conviene tener en cuenta como corazón de esta filosofía “gramsciana” de Laclau a la hora de leer a continuación sus conceptos e iniciativas para la coyuntura actual.  
–¿Qué características debería tener el nuevo mandato de Cristina Kirchner que anticipan el resultado de las primarias y ratifican las encuestas?
–El afianzamiento de las líneas trazadas durante el segundo mandato kirchnerista. El primero fue importante, pero el segundo especialmente tuvo una serie de medidas prácticas, como la Asignación Universal por Hijo y la reforma del régimen jubilatorio, que están cambiando la óptica desde la que se percibe la política argentina. También deben conformarse fuerzas política nuevas al interior del kirchnerismo. Su propuesta política rompió con varios límites que traía su matriz histórica, el peronismo. Hay que avanzar en esa línea (El programa que Laclau le sugiere a Cristina es claro: ms derechos sociales, ruptura superadora del kirchnerismo respecto del peronismo, renovación del viejo sueño de la “izquierda nacional”).
–¿Sigue siendo el kirchnerismo una fuerza política construida desde la transversalidad?
–Evidentemente la transversalidad es un principio que hay que afirmar. Pero no tiene que ser una transversalidad desde arriba. Por construir desde arriba nos ligamos a (el vicepresidente, Julio) Cobos. Se trata de una transversalidad más bien de base. Y, desde ese punto de vista, me parece que el proceso está bien encaminado. Martín Sabbatella es un ejemplo. Viene de la izquierda, sigue siendo de la izquierda, pero al mismo tiempo se inscribe dentro de la matriz histórica de la ruptura kirchnerista en 2003. Hay que multiplicar este tipo de experiencias (Por arriba también Vudu, Scioli y Capitanich… ¿cómo profundizar la “ruptura”?).
–Hay una clara apuesta del kirchnerismo a la juventud. ¿Puede decirse que este grupo poblacional reemplazó a los movimientos sociales protagonistas de la construcción política kirchnerista de 2003?
–Sí. Son fuerzas que antes no habían participado del espacio público y que están empezando a hacerlo desde el kirchnerismo. Tengo muchas esperanzas respecto de lo que La Cámpora puede llegar a representar en la vida política argentina en los próximos años. (Interesante. Las esperanzas de Laclau van mutando. Partimos de los movimientos sociales, y nos alegramos de que sean sustituidos por la “juventud”. Luego reducimos el amplio campo de la “juventud” a la Cámpora. Resultado: las expectativas en la ruptura descansan en la Cámpora… ehjem…Ernesto…)
–¿Por qué el inicio de la participación política de esos sectores se dio desde el kirchnerismo?
Los otros espacios políticos no han representado ninguna voluntad de cambio en el país. ¿Qué cosas nuevas vinieron de (la titular de la Coalición Cívica, Elisa) Carrió, del radicalismo, del resto de las agrupaciones opositoras? Ninguna ha generado un proceso novedoso. Del otro lado está la izquierda tradicional, que tampoco ha representando un proceso de cambio. La real izquierda en el país es el kirchnerismo (Y así se va delimitando la crítica política, con exclusiva referencia al campo de la representación y el sistema de partidos como única verdad, LA REALIDAD).
–¿Y el surgimiento del Frente Amplio Progresista (FAP)?
–(El gobernador de Santa Fe y candidato a la presidencia por el FAP, Hermes) Binner representa una centroderecha decorosa. De él puede llegar a venir una oposición real al kirchnerismo. Será la próxima segunda, aunque débil, fuerza política del país. Si con el paso del tiempo empieza a haber sectores que no estén contentos con el Gobierno, el FAP podrá alimentarse de ellos. (El jefe de Gobierno porteño, Mauricio) Macri también puede ser una oposición real. No descuento una alianza entre ambos para el futuro, cosa que hoy es impensable.
–El reclamo de los pueblos originarios por sus territorios es un ejemplo de demandas no resueltas por el Gobierno.
Las demandas de los pueblos originarios no fueron respondidas puntualmente, pero tampoco son centrales para la estructuración de la política. (Está claro, Ernesto… Lo importante es “la estructuración política, no?”. Muy ilustrativo este razonamiento. Nos permite comprender mucho de lo que podemos esperar de la “ruptura” que se propone…)
–¿Es momento de que el kirchnerismo empiece a pensar en un sucesor?
–En primer lugar hay que ver si Cristina no puede ser reelecta, si no se modifica la Constitución. Sé que a ella no le gusta que se mencione el tema, pero me parece que una democracia real en Latinoamérica se basa en la reelección indefinida. Una vez que se construyó toda posibilidad de proceso de cambio en torno de cierto nombre, si ese nombre desaparece, el sistema se vuelve vulnerable. En Brasil la transición no ha sido fácil. No obstante, el kirchnerismo ha producido cuadros excelentes: Agustín Rossi, Carlos Tomada, Amado Boudou. No van a faltar sucesores (…)

Laclau Reload (Lobo aúlla)

Dos iniciativas para difundir por toda la región sudamericana estas propuestas de Laclau se anuncian estos días. Por un lado un programa de TV, Diálogos, dirigidos por el pensador, que va a emitirse por Canal Encuentro. Ya hay grabadas cesiones con Toni Negri, Gianni Vátimo, Horacio Gonzalez, Stuart Hall, Etienne Balibar, Jacques Ranciere, Chantall Mouffe y Jorge Aleman. Las filmaciones fueron hechas en Paris, Londres y Buenos Aires.      
Por otro lado Tiempo argentino anuncia la salida de la revista Debates y combates, dirigida por el mismo Laclau, prevista para el mes de noviembre. En el número inicial hay artículos de Macró del Pont, Eduardo Rinessi un dialogo de Laclau con Etiénne Balibar.  

Mapa del nuevo sentido común progre

por Oscar Guerra (acodado en la Barrica)
Uno. El nuevo sentido común progresista
Asistimos a una inédita beatitud. No era así ayer nomás, dos años antes. El denominado campo cultural pareciera plegarse al entrenamiento de un nuevo sentido común progresista -nuevo en su gubernamentalismo, su afán de gobernar-; un pensamiento de la cultura que usa como legitimación a la política (“la política”), a la vez que se da la inversa, la cultura legitimando a la política (comillas). En el extremo –o ni tanto-, la política y la cultura como marca distintiva.
El modelo de politicidad de esta nueva progresia es la adhesión. La adhesión puede ser declamativa o preactiva (quieromilitar@hotmail.com).
Ante las encerronas de la época, comparemos con lo desconocido. Mientras mapeemos un poco lo que hay. No hacer un plano de las posiciones actuales. Hacer un plano escracha tu posición en el sentido de que mecaniza un panorama y cuando llega el turno de definir tu posición, lo haces con la misma mirada tosca y distante con que esquematizaste las posiciones de la hora. Es por eso que muchos amigos y compañeros, sobre todo los que tienen cierta experiencia, se ofuscan cuando trazan estas visiones de la perspectiva macro. Uno queda en un lugar choto, pero porque se constituye discursivamente en el régimen expresivo de esa enumeración fría.
Hay empero mapas que pueden hacerse sin necesidad de altura, sin panorama ni suponer quietud del espectro. Una constelación -no visual sino- táctil. El dibujo de una escena de tensiones. Una escena donde la información nos llega transmitida por todo lo que nos toca, que es, obviamente, una harto pequeña parte de la sumatoria de relaciones sociales, pero, empero, es un montonazo de cosas diversas entre si. No hay una o unas formas de relación que detenten propiedad –o sea posición privilegiada- de la afectación informante. Los vasos comunicantes de la afectación son de la más alta complejidad. Y eso ya es no estar atrapado en tu vida.
Como una caricia: erotiza porque se toca mucho más que lo que literalmente se toca, o mejor dicho, es un tocar que siente más que lo que toca.
Un golpe puede enseñar –ojo-, pero un golpe demasiado sacudón, en cambio, te desorienta, y perdés tu mapa.
No por nada los ciegos, salvados de la verificación policial de la vista, van dando golpecitos. Y leen –¡la información mayor!- acariciando, palpando.
Mapa, de lo que se hace sentir. Para eso hablamos: hablamos de las cosas que están pasando. De lo que pasa, vemos más planos si ponemos en común los matices de la afectación. Lo que duele, y lo que entusiasma –lo que duele alerta o deprime, y nada gusta sin entusiasmar.
Dos. El neoconservadurismo.
A la vez, este modelo de politicidad adhesionista, en una paradoja solo aparente, se encuentra componible con una especie de neoconservadurismo artístico. El arte elitista no es solo el que esta hecho para elites, sino el que separa al artista del que no lo es. La religión del arte. Con sus capsulas ilustradas (mas petulantes o mas pedagógicas), se encuentra ahora en una alianza de hecho con este modelo de practica artístico-cultural (el guión, como siempre, es lo impensado) donde la política es un sello legitimador, y el mecanismo de satisfacción de politicidad, la adhesión. Alianza: en el punto de que en ambos hay ausencia de una imagen especifica para la politicidad propia de la práctica artística.
La reposición de la política es consustancial con la reposición del Estado –mirando en principio el discurso de tales reposiciones. Por ese motivo, este nuevo sentido común triunfante en el mundo cultural, repone parámetros de valoración entre las estéticas, arrogándose una mecha que dividiría las aguas. Porque este ensamble, entre arte común progresista y neoconservadurismo (sobre todo en las decisiones de gestión), se nutre de un alzamiento ante el cualquierismo.
Tres. El cualquierismo
El cualquierismo, en principio, es efecto del ocaso de la potencia del Estado de instituir valores diferenciales efectivos, de su potencia de imprimir a cada punto social una representación de si mismo, articulando un código –estatal- de traducibilidad, cofuncionamiento y valor de las cosas. El cualquierismo así entendido, como efecto de la fragmentación de representaciones, no compuestas en un plano de sentido integral, fue el carnaval de la diferencia indiferente de los noventa.
Porque cualquierismo no es libertad e igualdad. En el cualquierismo hay jerarquías, en la medida en que la valorización mercantil, la verdad performativa del Valor, es ella misma el régimen de legitimidad del cualquierismo. Lo que funciona –detenta precio e imagen- es cierto.
Ante el cualquierismo, entonces, algunas instituciones de lo vetusto volvieron a gozar de halo progresista, recuperaron vigencia giros neoconservadores, para que exista el Arte. Son procesos que se inscriben en la ingenua declamación de humanismo del Estado ante el “puro mercado”.
Este neoconservadurismo, ante el mercantilismo, y ante la infinitud imaginal mediática, se aferra a un sistema de circulación del arte, y del pensamiento cultural, que es, en si mismo, un sistema de producción (porque si como decía Barón Biza, ignorar es el modo espectacular contemporáneo de destruir, mecanizar una visibilidad es producir). Un sistema de producción que presupone una cadena de verdades, o mejor, de fuentes privilegiadas, sitios privilegiados, para la verdad. Es conservadurismo porque guarda las distinciones apriorísticas entre el buen arte y lo cualquiera; es neo porque toma para si la tradición de las vanguardias, como corpus -toma en realidad cualquier cosa, que haya demostrado no ser cualquier cosa. El neoconservadurismo venera y alecciona. Su politicidad es medio iluminista y medio aristocrática, y su práctica, trascendentista y jerarquizante: arte de los que saben, cosa seria, cerrajeros del futuro.
Cuatro. Repaso y cinismo
Decimos nuevo sentido común progresista porque es nuevo en su posición gobernante (o supuestamente gobernante: adherente). Su ideología tiene un arco de representaciones y un ideologema central, aunque no tan dicho, que pregona una vocación por el gobierno. Hay que gobernar. Es más: tenés que querer gobernar. Cualquier cosa que no quiera gobernar, es impolítica. Su estado anímico grupal, sin embargo, es la fiesta. Ese festejo es también una forma de mantener el calor en guardia para atacar a sus detractores, tanto los que creen en las transformaciones anunciadas y se oponen, como a los que dudan de la calidad de las evidencias que invitan a adherir (en esta guerra inmodificada de modos de vida, cada mundo tiene sus evidencias).
Adhesión, neoconservadurismo, cualquierismo… El cualquierismo no se formula preguntas sobre sus modos de producción, ni sobre el vínculo que tiene con su exterior. Ante la Verdad del Arte, el cualquierismo abre una brecha de indeterminación, que acaso remita a una emancipación, pero hoy, genuflexo ante el nuevo Espectáculo (¡del que todos somos actores, y mas, productores!), milita la indiferenciacíon de la vida (y es impolítico en ese sentido).
Otra vía fácilmente reconocible para los emplazamientos de la enunciación artística, es el cinismo. El cinismo dispara tiros que entran por los agujeros que el sentido común progresista ya tenia (por eso es mas burlón que agresivo).
Del cualquierismo se mofa de pasada –no sin cierta pena cierta-; y del neoconservadurismo tiende a sustraerse porque, al fin y al cabo, el cínico se ubica en un llano (en una fragilidad…), pero, a la vez, castra su capacidad de creación condiciones de enunciación de afirmaciones: la única verdad es el verdadero desierto; el cinismo es la razón que no hace nada. Pero hay que reconocer una cierta –baja- salud en el cinismo, esa razón que no hace nada: desconfía de las imágenes del hacer. Sobre todo, de lo que hoy se arroga el nombre de política.
Porque el horizonte de prestigio actual de la política, lo organiza una idea del «retorno de la política» que resulta aliada de una espectacularización, en tanto supone una separación entre la política y la vida, como si fuera una instancia separada en la que se puede o no «estar»: “meterse en política” define a la política como reducto Si querés militar, cliqueá acá. Esa política es el reducto de lo político, reduccionismo propio de una concepción apolítica de la política. En el sentido de supone que el cuerpo no forma parte de un plano donde se encuentran las puntas iniciales del hacer propiamente político (o sea el que produce cambios en las reglas de las relaciones sociales), y, entonces, hay que trasladarse e introducirse en la esfera propietaria de la política. Pensamos, claro, en la diferencia entra “la política” como la esfera destinada legalmente, orgánicamente, a la tramitación de los asuntos públicos -pero, por eso mismo, cómplice eterno de la subjetividad de la época-, y “lo político” como la dimensión, propia de la enorme maraña de intercambios de los cuerpos, capaz de modificar ese diagrama de relaciones.
Sentido común progregubernamental, neoconservadurismo, cualquierismo, cinismo; habría quizá, mas o menos entre nosotros, una quinta línea, de espacios (condiciones de enunciación afirmativa) que no se repliegan en sus vasos o en sus revistas o salas encumbradas, ni tampoco se dedica a la critica desmentidora del sentido común progresista-adhesionista; tampoco busca el modo de producir y sostener expresiones artísticas renunciando a toda idea sensible de relevancia histórica –o sea, a toda asunción de ignorancia del alcance de los propios efectos, ignorancia que devuelve la exigencia de encararlos con crédito mayor. Son escenas donde la creación artístico e intelectual implica la creación de entramados vinculares, mallas de sociabilidad que crean su lenguaje; zonas de autonomía organizada que no se remiten a criticar la institución retirándose, sino que forjan un modo de criticar, basado en invitaciones, formular y sostenerlas, un agite invitador, porque las invitaciones también son la violencia de la historia. 
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