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Cuba de 1959 a 1999 desde una perspectiva histórica // Fernando Martínez Heredia entrevistado por Eric Toussaint

Eric Toussaint: ¿Cuáles son las grandes etapas que atravesó la revolución cubana en estos últimos cuarenta años?

Fernando Martínez: Es una pregunta que en los programas de televisión me imagino que tendría el premio mayor: sintetizar el acontecimiento más trascendente de la segunda mitad del siglo en América.

De todas maneras yo creo que se puede atacar diciendo cuál es mi visión subjetiva de esos cuarenta años, no sólo porque lo que da toda persona es su visión subjetiva, sino porque en Cuba, su revolución ha estado necesitada de buenos análisis del proceso contemporáneo. Para ser sincero, faltan buenos análisis cubanos totalizadores del proceso. Esto no quiera decir que no hay maravillosas o buenas monografías de cuestiones parciales, de cuestiones puntuales, de temas específicos. Hay cada vez más en los últimos años un rescate testimonial —siempre hubo pero, era pequeño—. Pero lo que sería las obras de síntesis todavía no están. Desde el ángulo de la producción internacional la bibliografía sobre Cuba contemporánea es inmensa. Ya a fines de los sesenta eran varios centenares de libros. Sin embargo, tampoco puede decirse que se ha producido la síntesis de fuente extranjera sobre el periodo. Quizá, esto tenga que ver con el hecho de que el ciclo ha sido largo y está todavía el régimen que resultó de la revolución actuante, que el líder que comenzó la revolución sigue siendo un líder de alcance mundial, su presencia es registrada en todas partes de este mundo, y que sigue siendo además el líder, el personaje más importante de la política cubana, entonces, no cabe duda que los ciclos históricos cerrados son los que invitan mejor a la síntesis y aún muchos de ellos deben ser revisados periódicamente.

Yo he visto cambiar el mundo dos veces, la primera vez gira alrededor de aquel año 59 y de los años 60, la segunda vez son los años 90; en la primera vez la revolución cubana fue la protagonista, la segunda vez es un lugar de resistencia, son dos situaciones muy diferentes y el contenido de los cambios es muy diferente.

 Del siglo XIX al triunfo de 1959

El contenido del primer cambio es como mucho para los cubanos, es el momento decisivo de la historia nacional, o sea, nosotros vivimos una república de tipo burguesa neocolonial como resultado de una historia de acumulación paulatina de rasgos culturales que van desde la dinámica económica que hizo de Cuba la colonia más rica del mundo a inicios del siglo pasado a través de un millón de esclavos o sea, un millón de esclavos para la modernidad, que le dio ferrocarril antes que a Italia y a España y le dio el primer cable submarino, el primer teléfono y el primer telégrafo de la América Latina. O sea, la modernidad de Cuba basada en la explotación más salvaje de la mayoría de las personas por parte de una clase burguesa propietaria de esclavos, que ligó a Cuba al mercado mundial capitalista, a los adelantos y las ideas del capitalismo mundial y también terminó por ligar a la gran producción de alimentos para la corriente inmigratoria y la población creciente de Estados Unidos en la segunda mitad del siglo pasado. Una aventura que terminó por hacer de Cuba lo que a mediados del siglo veinte llamarían un país subdesarrollado, que la puso en la carrera de la expansión del capitalismo mundial que ahora, un poco impropiamente, llaman globalización. Puso a Cuba en la posición subordinada que ocupó de entonces en adelante, una gran exportadora de azúcar crudo, una gran exportadora de alimento para un centro que la fue dominando, no sólo como receptor de un producto, sino, también, en un sentido más total a partir del año 1898.

Hace un siglo, los Estados Unidos invadieron a Cuba, y entonces esto hace que la historia de la nación cubana conjuga en una sola fecha el fin de treinta años de esfuerzos por liberar al país, o sea lograr la independencia nacional (algo que en el primer mundo se relaciona con la descolonización). En Cuba, la revolución por la independencia nacional tuvo que ser muy moderna porque el país había sido modernizado bárbaramente por el capitalismo antes, tuvo que ser muy moderna porque la masa de los trabajadores tenían cierta conciencia de luchar por la justicia social, porque la oposición entre pobres y ricos era no sólo palpable sino que podía ser argumentable, esto es, cuando José Martí ( no es por gusto, no es una manía cubana hablar de José Martí, ya que se habla de él para hablar de la historia contemporánea de Cuba, e incluso del futuro de Cuba en la actualidad) pudo elaborar un conjunto de pensamientos pero también un programa, pudo hacer una organización que si no fuera un neologismo se hubiera podido llamar bolchevique en 1892, 93, 94, pudo plantearse que la independencia de Cuba sería el inicio de la segunda independencia de América, y pudo decir que él iniciaba una actividad contra el imperialismo norteamericano, como escribió en 1895. No se trata de un problema de adivinación, se trata de un problema explicable en las condiciones del desarrollo social que devino político de Cuba. En esa guerra que terminó hace un siglo, murió el 22% de la población cubana, es “la guerra de Vietnam del siglo pasado” y en ella, incluso se inventaron los campos de concentración, entonces, a partir de ahí nació una república pos revolucionaria, la república cubana que duró 60 años, que terminó en enero de 1959.

Esa república tuvo que consumar una parte de los ideales de las revoluciones de independencia, tuvo que gobernar de manera vergonzante primero en nombre de aquella revolución, pero a la vez plantearse un proceso civilizatorio entre comillas, progreso entre comillas, un proceso que forzosamente tenía que ser imitativo de los grandes poderes del capitalismo mundial pero, con un fuerte contenido nacional que exigía la historia reciente y las circunstancias. Esa república neocolonial fue como huida por la revolución que en Cuba llamamos del treinta (es decir de la década de 1930-39 en la cual se desarrolló un proceso revolucionario en 1933-34, NDLR), en donde las ideas de justicia social se volvieron ideas comunistas, ideas socialistas, ideas de un radicalismo de oposición ya no sólo de los pobres a los ricos, sino, del proletariado a los burgueses, e incluso la idea de alianzas de clase, la idea de que era necesario comprender en qué consiste el pueblo y el anti-pueblo. En los años treinta se planteó en qué consistía la estrategia para producir una revolución en una palabra “anticapitalista”, y esta como la única forma de hacer que la independencia nacional de Cuba fuera completa, ese crecimiento de la cultura política nacional, motivó, por un lado, que la segunda república burguesa neocolonial, la que sigue después de 1935 hasta 1959, fuera también una república muchísimo más nacional, con visos nacionalistas en algunos sentidos, con una política de un Estado interventor en la economía, con una política de un Estado mediador entre burgueses y obreros, y en general, de un Estado mediador entre las clases, como una política por lo demás simpática en aquellos tiempos, por Keynes y por Roosevelt etc., de que podía planificarse en lo que para un país como Cuba tendría que llegar a ser el desarrollo nacional. Esa república a la vez produjo, entonces, un consenso de masas articulado a partir de grandes partidos pluriclasistas, el Partido Revolucionario Cubano Auténtico y su gran líder Grau San Martín, el Partido del Pueblo Cubano Ortodoxo y su gran líder Eduardo Chiva, el hombre más popular de su momento, con una ejecutoria muy limpia como revolucionario del treinta y un lema muy preciso “Vergüenza contra dinero”. La política de Chivas movió masas de tal modo que muchas personas se aterraron de que el partido triunfara en 1952 y pudieron ver con buenos ojos, y por último aprobar, el que un grupo de aventureros diera el golpe militar del 10 de marzo de 1952 rompiendo la institucionalidad de un país en el cual la institucionalidad era sumamente importante. Muchas superficialidades sobre Cuba incluyen la de decir que Cuba era un país que estaba sometido a dictaduras una y otra vez. Es falso. No había, en el momento en que sucedió el hecho, en ningún otro país de la Cuenca del Caribe, en los países de América Central o en la costa caribeña de América del Sur (Venezuela, Colombia) que tuviera una institucionalidad tan firmemente establecida como Cuba. La revolución nació entonces en Cuba de sus circunstancias, de su coyuntura y, también, de la acumulación cultural previa a la que yo me he referido de la manera más sintética.

E. T. ¿Cuáles son las características fundamentales de la lucha que desemboco en el triunfo del 1959?

F. M: Si la condensación política de la situación devino en una crisis y, por eso me parece tan importante la pregunta tuya. La política produjo la guerra revolucionaria, la política de un país que quiso que la institucionalidad volviera. Fíjate cómo uno cuando rastrea revoluciones encuentra siempre, sobre todo al principio, es muchas ansias de que algo retorne, vuelva, en este caso era la Constitución de 1940, avanzadísima. Constitución de la República, que era en gran parte una promesa más que un cumplimiento de su contenido. Pero, para la realidad del movimiento revolucionario, en su forma organizada el Movimiento 26 de julio, fue lo más importante. El Directorio Revolucionario de origen estudiantil fue una organización mucho más pequeña y que practicó una táctica también acertada de lucha armada buscando masas, pero, es el Movimiento 26 de julio, dirigido por Fidel Castro, el que encontró las formas organizativas y expresó los deseos, las necesidades, las urgencias y también, yo te diría, lo más profundo del alma de rebeldía. Yo pienso que la racionalidad y el espíritu de rebeldía son los dos componentes de los hechos fundamentales en las revoluciones que llaman modernas, a mí no me gusta la palabra modernas, prefiero, sobre todo, anticapitalistas. Si confluyen bien los dos componentes, pueden salir bien las cosas.
En este sentido, la simpatía del pueblo por los asaltantes del Moncada (el cuartel principal de la ciudad de Santiago de Cuba) y por su dirigente máximo Fidel Castro, —el asalto fue el 26 de julio del 53— fue poco efectiva. El gobierno de Batista consiguió hacer un remedo electoral para tratar de legitimar su situación. Pero, durante el año 55 empezó a crecer el movimiento de protesta organizado con el surgimiento del Movimiento 26 de julio y también con huelgas, algunas de ellas eran muy importantes. La huelga azucarera, que expresó la voluntad de una parte del país y, buscaba que se produjera un cambio social y no sólo político, algo más fuerte, algo más grande que el fin de la dictadura de Batista. Esta es la base principal, creo, que puede explicar el problema en donde lo de lo urbano y lo rural resulta secundario, el movimiento del 26 de julio y su líder máximo, Fidel Castro, supieron canalizar esto de formas diversas y llegar a un grado de organización notable. Cuando comenzaba la guerra a fines de 1956, cosa que se dice muy poco, no se trata, meramente, de la astucia de un grupo, se trata de que era, a la vez, la expresión de una voluntad con deseo y capacidades previas de organizarse. Existía en Cuba un enorme movimiento sindical reformista, éste no pudo realizar una tarea de primer orden en el curso de la insurrección, sería demasiado largo para la entrevista pero no fue, no pudo ser. Sin embargo, había una cultura de organización obrera y de trabajadores en general, urbana sobre todo, no rural Aunque ya había un intento, en algunos casos muy serio, de organización campesina. Había una cultura de la sociedad civil, centenares y centenares de organizaciones de la sociedad civil se expresaban por sus problemas específicos puntuales, por sus conquistas, por la defensa de ellas. También supieron expresarse de manera, muchas veces, coordinada políticamente frente a los desmanes de la represión, políticamente incluso de un modo más general, frente a la existencia de la dictadura. Otra forma de la lucha política en ese momento en Cuba es cómo sectores importantes de la clase dominante cubana trataron de organizar a la sociedad civil como una intermediación entre el gobierno y la oposición general. Primero, el diálogo cívico de 1955-56 y la oposición insurreccional para lograr, por un lado, que terminara la dictadura, y por otro lado, que no hubiera una revolución, sino que fuera un paso a una democracia de gobierno civil. Entonces, en medio de esa complejidad política, se produjo el triunfo de la Vertiente Insurreccional como se llamaba entonces pero que después la gente llamó El 26.

E. T: Puede sorprender los lectores de verte usar ya la palabra “líder máximo”, antes del triunfo.

F. M: La lucha frente a Batista era también una lucha de democracia contra dictadura, en nombre de la democracia se invocaba a la rebelión, entonces, Fidel Castro era el Doctor Fidel Castro, para todos, el Doctor Fidel Castro… Fidel empieza a ser un líder insurreccional muy creíble en el 55, la Asamblea ortodoxa en agosto del 55, del Partido Ortodoxo, resulta conmovida por el mensaje de Fidel Castro que está en el exilio. En realidad de las filas de la juventud ortodoxa, que estaba organizada, como los grandes partidos y hasta los pequeños, existían en todos los municipios de Cuba y, en buena medida la gente salió a organizarse y a crear la estructura municipal y hasta provincial del “26 de julio” en todas partes en el 55-56. Entonces, en ese marco el joven Fidel Castro, antiguo líder ortodoxo, antiguo líder estudiantil, no de primera fila, fue candidato a representante a la Cámara para las elecciones que no se dieron. En realidad pudo haber sido un perfecto desconocido si no hubiera sido por el Moncada, pero, cuando él lanza su campaña desde México de que “Vamos a ser libres o ser mártires” en el 56 parece para muchos un loco. Fidel es liberado en Mayo del 55 y sale para México. Pero, también, se pensaba que los jóvenes que cantaban o gritaban en los actos públicos o en los cines, interrumpiendo las funciones de varios tipos, con las expresiones sencillas como: “¡Revolución, revolución, Fidel Castro, Fidel Castro!”, eran locos. La policía se encargaba de tratar de evitar, con sus tradicionales abusos, que actuaran y esto los hacía todavía más simpáticos a la población. Pero Fidel Castro, a través del Manifiesto número uno y número dos del 26 de julio, expresa a la población políticamente activa del país y a simpatizantes, qué es lo que pretende su movimiento.

E. T: El Manifiesto número uno es del 56?

F. M: Marzo del 56. Lo conoce el pueblo entero a partir de la revista Bohemia. El Manifiesto dice: “Esta es la revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes”. Tres preposiciones: “de, por y para”.

En el año 56 el Doctor Fidel Castro es el organizador de la expedición que vendrá, y el gobierno incluso en noviembre del 56 se da el lujo de burlarse de ella. En noviembre del 56, el jefe de las fuerzas armadas dice “guerra avisada no mata soldado” burlándose de esa consigna.

Pero por el camino se ha ido caldeando la situación nacional. Se suceden las huelgas de masas. Se desarrolla la actividad ilegal de la gente desocupada, que van junto con los trabajadores a la protesta urbana.

Se declaran ciudades muertas. La organización clandestina va tomando un aspecto importantísimo que llegará a ser básico, pero la forma de protesta era muy variada, y yo insisto —porque esto no se dice mucho— este es el ambiente que crea la posibilidad de la insurrección. En muchos países, grupos de personas heroicas e iluminadas han intentado lo mismo y han fracasado.
Fidel Castro es el líder del Granma (el barco) y no sólo del Moncada. Este segundo paso es traer al país la guerra de liberación y la gente lo tiene a él como su principal protagonista, pero mira un segundo fracaso (el desembarco del Granma fue casi un desastre).

Nota de la R: Navegando desde México con el barco Granma, desembarcaron 82 guerrilleros bajo la conducción de Fidel Castro. No lograron alcanzar el lugar previsto (donde les esperaban grupos armados del 26 de julio) y desembarcaron en una playa desconocida por ellos y bajo el fuego del enemigo. Después de unos días lograron reagrupar a una docena de guerrilleros del Granma (entre los cuales estaban Fidel, su hermano Raúl, Ernesto “Che” Guevara).

Lo que no logran ver estos compañeros es que, se está efectuando un proceso en donde las luchas de masas y luchas armadas de grupos se combinan El Partido Socialista Popular (el Partido Comunista pro-Moscú, NDLR), que tiene la mentalidad organizada y un modo de entender los procesos sociales, consideraron que el desembarco del Granma era un fracaso porque la idea era mala: los actores son heroicos, limpios, bien intencionados, pero la idea es, absolutamente, equivocada y el fracaso consecuente con la práctica equivocada. Pero en realidad se trata de una lucha de masas a pesar de lo que piensa el PSP. No logran ver, estos compañeros del PSP, que sí se está efectuando un proceso en donde las luchas de masas y luchas armadas de grupos se combinan.

Fidel Castro resulta el líder de esto, no es el líder máximo todavía, ni siquiera para los pensantes del campo insurreccional que le siguen llamando el Doctor Fidel Castro cuando él está en la Sierra Maestra y no el Comandante Fidel Castro; en esto está, sin duda, la tradición cubana de los doctores que son líderes democráticos, el Doctor Eduardo Chivas, el Doctor Grau San Martín. Pero también está la prevención: “estamos organizando un movimiento revolucionario no para que haya futuros dictadores sino para que no haya nunca más dictaduras”. Algo democrático.

En las revoluciones, como en todo, hay pasos, la lucha de protesta ilegal de masas empieza a ser imposible a causa de la represión de la dictadura. Avanza el 1957 y sin embargo, se puede lograr, en Santiago de Cuba, con la muerte de Franck País un entierro de masas y una huelga general forzada por las mismas. Hubo, también, la insurrección de Cienfuegos del 5 de agosto del 57. A partir de la conspiración del Movimiento 26 de julio en Marinos, se produce una insurrección a la que se incorporan las masas y resisten, victoriosamente, la entrada de las tropas en Santa Clara y sólo la aviación y las tropas de La Habana les reducen a la ciudad. Pero ya no va a haber más espacio para las formas previas de esas luchas de masas sino para nuevas formas de luchas organizadas clandestinamente. El “26 de julio” va a ser el líder de todas ellas. Estoy hablando de la rama esencial del movimiento, y sigo sin desconocer la presencia activa y muchas veces heroica del Directorio Revolucionario que ha producido una acción, además, que lo hará famoso, el asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo del 57, aunque sea un fracaso también, fue una convulsión en la capital del país, fue un acto que llevó a muchos a decir es posible acabar con la tiranía también.

E. T: Y hay que recordar, para el lector, que en esta acción heroica murieron aproximadamente, 35 luchadores, tratando de tomar el Palacio.

F. M: Fue un asalto comando pocas veces visto porque la defensa era rarísima, quiero decir la importancia del movimiento 26 de julio, era una defensa fortísima. Sin embargo, llegaron al tercer piso del palacio.

F.M: Los simpatizantes organizados y los simpatizantes sin organización encuentran su simbolismo principal en la existencia y sobrevivencia de la guerrilla de Sierra Maestra, el verde olivo como color de la insurrección, el brazalete del 26 de julio se expresa sobre todo en que existe el Ejército Revolucionario 26 de julio. Después, le llamaremos más, sintéticamente, el Ejército Rebelde. Entonces, esa lucha para la gente del país va a ser, cada vez más, su esperanza mayor porque la represión va acallando voces con la muerte, con la detención, con la tortura, con su sistema represor a las formas masivas de protesta, va dejando espacio, solamente, a la clandestinidad y a formas de apoyo clandestino como es la recolección de dinero que es sistemática, la propaganda, que es sistemática en todo el país y formas no, suficientemente, grandes pero interesantes en cuanto a organización obrera y después en zonas rurales, bajo control de los rebeldes. Entonces, en toda esta historia, la organización clandestina del 26 de julio resulta, tremendamente, importante y, hay un líder de procedencia santiaguera, Franck País, que resulta una de las personalidades más descollantes de la historia contemporánea de Cuba, este líder está, absolutamente, ligado a los rebeldes de Sierra Maestra, y entre sus esfuerzos superiores está la insurrección del 30 de noviembre del 56 en Santiago, para distraer y ayudar a la llegada del barco Granma proveniente de México y, la formación de una columna de apoyo con las armas que logran recoger en el país y con personas probadas, o por lo menos, jóvenes con capacidad de organización, que son enviados a Sierra Maestra como refuerzo para la pequeña y joven guerrilla que, de esta forma, les permite acceder a una capacidad de fuego suficiente para atacar un cuartel de la zona, el Uvero, el 28 de mayo del 57. Incluso tomarlo, destruirlo y lograr que en el terreno militar el gobierno tenga que comprender que los pequeños cuarteles en las zonas de operaciones no se pueden sostener, lo que significa un avance para la guerra rural. Franck País muere, desgraciadamente, de modo temprano, el 30 de julio de 1957, su grandeza es advertida por el propio Fidel Castro quelanza una proclama desde Sierra Maestra diciendo “no saben a quién han matado, han matado al mejor joven de nuestra generación”.

 Huelga del 9 de abril de 1958

En realidad, es la huelga de abril de 1958 la que le da un vuelco a la situación. En esta huelga se pretende vivir por última vez, la tradición revolucionaria del siglo veinte cubano, llevar a cabo sus creencias, o sea la creencia radical de la revolución del 30, que arrastra a los jóvenes revolucionarios de los 50, es una revolución, que no es meramente para derribar al gobierno sino, para llevar adelante un cambio social. Nace, en su victoria, de una gran huelga general que se convierte en insurrección. Son ideas que vienen por parte de Europa pero vienen sobre todo de la realidad cubana de la revolución del 30. Lo que pasa es que ninguna revolución ha triunfado imitando a la anterior. Nunca, en ninguna parte. Entonces lo que con la muerte de Franck País fue una explosión, esto da lugar a que el movimiento clandestino lleve a producir una huelga general que devendrá en insurrección. La insurrección resulta importante, aunque no lo suficientemente fuerte, a los 15 meses de comenzada la guerra, se intenta el apoyo a través de la preparación de un frente obrero nacional, que no cuaja como tal, sin embargo, él también se fía demasiado queserá la insurrección la que provoque el triunfo de la huelga misma, y no la huelga misma la que provoque el triunfo de la insurrección. Va a ser un trágico error, pero va a ser, también, una nueva acumulación de heroísmos de la población combatiente de las ciudades y de los pueblos de Cuba, en muchos lugares llegó a extremos muy superiores a sus posibilidades y dejó también una huella en ese sentido muy fuerte, pero fue el momento peor para, incluso la moral dentro del campo de los oponentes directos a Batista, se registraron deserciones. Se registró desánimo después del 9 de abril 1958. Entonces las estructuras urbanas, no sólo sufrieron mucho materialmente sino también moralmente, entonces el liderazgo de Sierra Maestra resultó el único Frente.

 “Vamos a tratar de dar un golpe final aprovechando la situación favorable”

Una reunión que el Che Guevara llama en su Pasaje de la guerra revolucionaria una reunión decisiva, consumó un cambio estructural, el Doctor Fidel Castro, en esa reunión de la Dirección Nacional del 26 de Julio en Sierra Maestra fue acordado que el Dr. Fidel Castro reuniera en sí mismo, los tres cargos, jefe del Ejército Revolucionario 26 de Julio, jefe del Movimiento 26 de Julio y jefe de las Milicias Armadas 26 de Julio en las ciudades, pueblos y zonas suburbanas. Entonces pasa a ser en la práctica el comandante Fidel Castro. Aunque para muchos es todavía el Doctor, pasa a ser el jefe único, el líder máximo de la organización.

Esto está ligado a la necesidad de resistir la embestida del gobierno, que lógicamente dice: “Vamos a tratar de dar un golpe final aprovechando la situación favorable”. Esto configura la gran ofensiva militar del verano que comienza el 25 de mayo 1958 contra Sierra Maestra. Pero, ya se ha producido una ampliación de la guerra en Oriente, que ha llevado al joven Comandante Raúl Castro a formar un nuevo frente oriental al Este de la provincia, que llegó a tener una importancia inmensa y un dominio sobre un área geográfica de la población civil incomparablemente más numerosa que la de Sierra Maestra. También va a venir después, al final del verano la invasión guerrillera hacia el centro del país. Pero lo esencial, es que durante el verano se produce la quiebra militar de las tropas de operaciones del ejército en los combates en Sierra Maestra. Eso determinó, a la larga o a la corta, la incapacidad del gobierno para decidir a su favor la guerra.

En el terreno que me has preguntado, consumó también el liderazgo máximo de Fidel Castro dentro de la Organización 26 de Julio.

No estoy hablando del Directorio, ni de otras organizaciones, pero también, y esto es quizá y va a ser después lo más importante, el liderazgo máximo a los ojos de la población, ya mayoritariamente simpatizante de la revolución y en una buena medida involucrada en formas como dar dinero, como por ejemplo leer y repartir la propaganda y en buena medida, también, ser participante directo de la revolución. De tal manera que, lo que al principio aparecía ya en la propaganda del gobierno, también era usual en el lenguaje de los jóvenes militantes que era llamarse a sí mismo o ser llamado fidelista, esto se convierte en algo general. El año 58, a todo el que está involucrado en esta guerra, que no sea del Directorio Revolucionario, se le llama fidelista. Es la forma de llamar, el lenguaje ahí está expresando un primer peldaño por el que va a ser importantísimo este liderazgo.

Al triunfar la revolución en enero del 59 se produce entonces aquello que soñaron los que soñaban con la revolución del 30, una huelga general, pero al revés.

E. T: ¿Cómo se concibe la naturaleza de esta revolución triunfante?
F. M: Debe ser una revolución de los humildes, por los humildes, para los humildes. Una revolución que haga la reforma agraria radical y profunda. En el decreto de la orden militar de agosto del 58, donde Fidel nombra al Che Guevara y a Camilo Cienfuegos jefes de las columnas invasoras del centro del país, incluye —no es textual quizá pero dice esto— “Es que están facultados para aplicar las leyes y reglamentos en materia agraria del Ejército Rebelde”. Y todavía no se ha producido ninguna ley. Simplemente el Che Guevara lo ha dicho con una frase feliz: “La reforma agraria era la punta de lanza del Ejército Rebelde”, o sea, se refiere a que hay una política social por realizarse y unas ideas sociales que la sustentan, para incluso, una parte de los líderes, esto se llama socialismo.

Lo que pasa es que no es el socialismo del que hablan los compañeros del Partido Socialista Popular, la tradición social es muy amplia.

E. T: Hay que precisar para los lectores que una reforma agraria en Cuba esta dentro de un contexto de relación productiva capitalista, respecto a la mayoría del campesinado. El feudalismo nunca existió en la Isla. Ya explicaste la relación ya que había entre el proletariado y burguesía, incluso entonces el proletariado campesino —porque era una gran parte del campesinado— era un proletariado viviendo de un salario, era asalariado. Entonces la reforma agraria se refiere a una lucha contra el latifundio capitalista, no es latifundio feudal.

F. M: Esto que dices, y te agradezco, es tan importante porque el lenguaje, del mismo modo que lo utilicé cuando dije fidelista, también el lenguaje conspira en contra, fue un lenguaje acuñado, previamente, por una ideología que también se reclamaba con su derecho, socialista, decía: “Las relaciones en el campo de Cuba son semi-feudales”. ¿Por qué? Porque creían que en Cuba sólo era posible, a lo sumo, una revolución democrática o burguesa, que debería realizar las tareas de la modernización capitalista del país, etc., entonces, vemos después del 59, y tanto después —como muchas veces se dice—, los burgueses y los latifundistas como si fueran dos clases sociales diferentes. Como tú bien dices, el latifundio no es más que una función del tipo de dominación capitalista en este caso. El latifundio en Cuba —sea de propiedad norteamericana o cubana— expresaba el modo capitalista de explotación y dominación de Cuba, pero capitalista. Eso es básico.

E. T: Básico pero entonces, gente como el Partido Socialista Popular, ellos si hablaban de una lucha antifeudal, antiimperialista, ¿y qué…?
F. M:“Agraria”, “antiimperialista”, “contra los remanentes feudales”, “ por un desarrollo nacional”. Había que encontrar también a una clase burguesa nacional -había que buscarla y encontrarla-, que desempeñara un papel positivo frente a una clase en donde están reunidos los pro imperialistas del mercado internacional con los feudales o semifeudales del campo (o sea estos pro imperialistas junto a los feudales serían la burguesía compradora; y la primera sería la burguesía nacional). Eso no existió.

 Después del triunfo

F.M. Yo soy el único autor que vive en Cuba y que habla de dos etapas hasta el 89. Nadie me hace caso, o sea, simplemente se hace silencio alrededor de eso y punto. Lo que pasa es que, como te repito, nadie dice “usted está profundamente equivocado” sino que hace silencio. Las dos etapas se supone que son esa del 59 a septiembre del 60 y de septiembre del 60 hasta hoy.

“La idea de que podía haber una revolución capitalista antiimperialista en Cuba a mí me parece absurda, pero ya no se trata de ideas sino de los hechos, en los hechos lo que sucedió es que sólo triunfó el antiimperialismo en Cuba de la mano del anticapitalismo, y que sólo fue posible realizar la justicia social al interior de Cuba independizando al país de la relación con Estados Unidos”.

“Sostengo que toda revolución es un triunfo sobre los límites de lo posible”.

Para nosotros, los que éramos muy jóvenes entonces o jovencitos, pero para todo el pueblo de Cuba, la vida cambió, se produjo en vez de una insurrección nacional que motivó el cambio de régimen, una profundísima revolución social, se rompieron además los lazos neocoloniales que ataban al país con los Estados Unidos.

Dos impactos formidables, y los impactos vinieron juntos, en mi opinión no podían venir separados, la idea de que podía haber una revolución capitalista antiimperialista en Cuba a mí me parece absurda, pero ya no se trata de ideas sino de los hechos, en los hechos lo que sucedió es que sólo triunfó el antiimperialismo en Cuba de la mano del anticapitalismo, y que sólo fue posible realizar la justicia social al interior de Cuba independizando al país de la relación con Estados Unidos, eso ha marcado el proceso de inicio. Cómo se vive por la gente, cómo lo vivimos? La revolución que triunfa parece ser una fiesta interminable. En realidad desató potencialidades insospechadas en las personas. Sostengo que toda revolución es un triunfo sobre los límites de lo posible —no me voy a meter aquí en cuestiones de teoría política—, pero, la idea de qué era posible hacer en Cuba hasta el 59, con las cosas de los cubanos, con las relaciones de Cuba, fue trastornada a fondo. Los límites delo posible estallaron.

Es muy difícil narrar algo de ese tamaño, solamente aludirlo: 1) La idea de que un político es una persona habilidosa y ladrona fue sustituida por la idea de que un político es una persona honesta que representa los intereses del pueblo.

2) Es sustituida masivamente, la idea de que Cuba no puede vivir como país civilizado si no es atado a sus relaciones con Estados Unidos, que mucha gente culta y destacada incluso lo pensó así durante un siglo, desapareció brutalmente, a tal punto que se le atribuyeron a los Estados Unidos además, y esto no nació ahí, pero tiene importancia para bien y a veces para mal, y quiero también insistir en lo segundo, se le atribuyeron a Estados Unidos todos los males del mundo, entonces se compone un nuevo cuadro que sólo se puede explicar después, no se explica cuando uno lo está viviendo, y que, el país se siente liberado.

3) Hay un gran impacto libertario en la gente, en la mayoría de la gente, que es una característica de toda revolución profunda.

4) Otra característica es la existencia de un poder revolucionario. Claro, tiene que organizarse como un poder, entonces, en Cuba marcharon juntos durante mucho tiempo, un tiempo muy prolongado, el impacto libertario y el impacto del poder revolucionario.

“Si bien es cierto que el poder revolucionario terminó absorbiendo lo libertario, residuos de él, marcan incluso formas de expresión de pensamiento, de sentimiento y de la vida de muchos cubanos hasta hoy”

En muchos procesos estos dos impactos pueden ser el libertario menor, mayor, pero, el del poder revolucionario se hace fuerte muy rápidamente, recorta los aspectos libertarios más o menos brutalmente o no y después se queda con los símbolos de la revolución, simplemente exhibe los símbolos de la revolución como legitimación del nuevo poder, el caso cubano, el proceso fue, repito, una prolongada coexistencia de ambos y yo creo que esto marcó a la revolución en cuanto a la política, a la ideología, e incluso a una palabra clave tan mal entendida como la democracia y, si bien es cierto que el poder revolucionario terminó absorbiendo lo libertario, residuos de él, marcan incluso formas de expresión de pensamiento, de sentimiento y de la vida de muchos cubanos hasta hoy. Las formas políticas precedentes desaparecieron, no sólo la dictadura, el sistema democrático burgués precedente desapareció también, a esto hay que darle importancia.

E. T: ¿Qué forma de democracia revolucionaria hubo después de la revolución?

F. M: El problema es que yo no puedo concebir que alguien entienda a Cuba sin saber que Cuba no se inventó la Duma ni el sacramento en ningún momento, como en Rusia. Desgraciadamente el eurocentrismo lleva a creer que entonces si el país es socialista, entonces, hay que ver lo que pasó en la URSS, por allí andarán o no andarán, si el país deja de ser socialista hay que ver cómo fue que Gorbachov y sus amigos y los que vinieron después hicieron las cosas, o sea, los soviéticos descubrieron el parlamento hace pocos años, los cubanos descubrieron el parlamento en el siglo pasado y la república cubana fue parlamentaria, y además, la televisión cubana se dedicó a mostrar esto cuando en Inglaterra todavía había menos televisores que en Cuba, poco después de la segunda guerra mundial, entonces yo tengo que decirlo porque para mí es importante que se entienda que los cubanos teníamos experiencias democrático burguesas y fueron abominadas también, y no lo digo ni para bien ni para mal, lo digo casi como historiador.

E. T: ¿Entonces fue reemplazado con qué?

F. M: Fue reemplazado con un proceso, no con un objeto sino con un proceso, en ese proceso se trató de crear un poder que fuera absolutamente nuevo y naturalmente no fue así. Pero yo creo que fue una ruptura y por eso le llamo así, porque no se imitó al sistema democrático burgués anterior. Tampoco se imitó al sistema soviético, aunque era la única fórmula que empezó a aparecer en el horizonte sobre todo a partir de 1961. Sin embargo el primer choque interno político cubano dentro de la revolución después que esta se logró fortalecer a un grado que ya era irreversible, quiero decir después que ya no fue la evolución democrática burguesa de un país que tuvo una dictadura sino, la revolución, es el choque con los que querían reducir el proceso cubano a una democracia popular de tipo europeo oriental. Es lo que en Cuba se llamó el “sectarismo” del proceso político entre fines del 60 y el año 1962 y que se caracteriza a través de incluso mencionar a una persona como el “Anibalismo” se decía (ver más adelante).

Ahora, la profundización del régimen revolucionario motivó que se creara un nuevo Estado, que tuvo incluso, en alguna medida, nuevos ministerios en la práctica. El INRA, Instituto Nacional de la Reforma Agraria es la madre de una parte de los ministerios, el ministerio de la industria azucarera, el ministerio del comercio interior por ejemplo, y de otros. A su vez, la madre del INRA, en una buena medida fue el Ejército Rebelde del 59, del 60, o sea de la institución básica de la revolución. Ahora viene un asunto que es verdaderamente importante incluso para entender algo de las primeras respuestas que es la pos historia, o sea, la revolución como insurrección fue un vivero de cuadros y de futuras estructuras organizativas. De ahí salió en gran parte el modo de ser real de la institución INRA y del INRA una parte del nuevo Estado. Los líderes del nuevo Estado -o sea Fidel Castro, el Che Guevara y otros- tenían en una buena medida, muy decisiva en muchos casos, su ideología rebelde, y las formas organizativas y la idea, los ideales. Pero la ideología de la organización ha estado muy relacionada con esas vivencias, con las experiencias y ahora también con el proyecto. Esta es una etapa en que el presente se convierte en cambios. Están cambiando cosas una y otra vez y el futuro se organiza como proyecto. Entonces ya se piensa ”tenemos que ser” incluso en la calle la gente dice “¿qué somos? Socialistas, ¿qué seremos? Comunistas”. Empieza la idea de que el régimen político se tiene que corresponder con los proyectos del país. En esta primera etapa los logros —y voy a usar un término que ya en la época se usaba mucho—, los logros de la revolución son el teatro de las transformaciones más profundas de la gente, de las relaciones sociales y las instituciones. No se pueden detallar ahora, pero significaron cambios muy profundos en la vida material.

E. T: ¿Cómo influyeron las bases sobre las decisiones, las orientaciones?

F. M: Cuando lo quiero caracterizar digo que las inmensas transformaciones de la sociedad que beneficiaron a las mayorías, tuvieron una participación masiva y sistemática de las mayorías en la ejecución de ellas y en la defensa del nuevo régimen. Me queda claro y puedo hacer claro a todo el que me oiga que yo digo que tuvieron una participación masiva y sistemática en la ejecución de ellas, no en la elaboración, no en la decisión misma. Así además se trató de romper los viejos esquemas. Por eso, es que hablé de la democracia anterior representativa, en la cual las elecciones y toda una serie de consultas eran lo habitual en el sistema democrático representativo. Se trató de romper esto e incluso aparecieron las concentraciones de masas en donde se pregunta y se corre el pequeño riesgo de que le digan a uno que no, con una masa enfebrecida que dice que sí. Yo creo que no hay que desdeñar el papel de producir autoconfianza, de producir seguridad en que el poder es nuestro, de que es nuestro poder, no son oraciones de unos burócratas, sino creencias de cientos de miles de personas, eso no es desdeñable.

E. T: ¿Las masas incidieron, por ejemplo en el nivel de la reforma agraria?

F. M: Si, en realidad el orden en el campo, en Cuba antes de la revolución, era absolutamente rígido, con un sistema de guardias rurales del Estado, de guardias privados de los dueños. Pero también con una legalidad que incluso distinguía entre el hurto de cosas muebles, que era penado con la cárcel o la ley cubana y, el robarle tierra o derechos sobre la tierra a personas que no era penado con la cárcel por la ley cubana sino que quedaba prácticamente dentro del derecho civil. Con esto quiero decir que desde la represión hasta la estructura legal favorecían una dominación en el campo que se rompió. La ideología de la revolución triunfante decía “La tierra al que la trabaja” como política, y decía “Volver el país hacia el campo”, como restitución de justicia a quienes todo lo han dado con su trabajo a la riqueza del país. “La Habana debe sacrificarse, la gente de La Habana debe ir a trabajar y hacer las inversiones económicas en el campo”, pero también como justicia a quienes durante generaciones lucharon por la independencia del país. Aquí aparece otra vez la figura del “mambi” insurrecto que está en el campo y que es del campo, con lo cual se empata un poco con la ideología nacionalista campesina de la segunda república burguesa neocolonial, pero ahora mirada de otro modo. De la misma manera que el gobierno revolucionario produce leyes febrilmente, y se empata con la tradición de la república burguesa en cuanto a producción o a discusión acerca de la producción de leyes. En los primeros años de la revolución se produjeron mil leyes, incontables reglamentos y miles de resoluciones. El INRA gobernaba con resoluciones que hacían los líderes regionales. Ahora bien, la gente, le dio su impronta, a través no sólo del cumplimento de la ley, sino del incumplimiento de ella. La gente unas veces esperó pero por lo general presionó y a veces incluso actuó simplemente, por ejemplo, al final del año 59 y en las primeras dos semanas del año 60 se produjo la verdadera gran ocupación de las tierras y transformación de la gestión en el campo, en nombre de la ley de reforma agraria por contingentes de soldados y civiles. Lo que pasa es que la forma organizada de conducir los procesos es fundamental en la revolución cubana, eso ha sido así, esto evitó desde los primeros días que hubiera baños de sangre por parte de multitudes enfurecidas. Eso no existió, sino que fuera a través de tribunales que se deseó la justicia, y acostumbró a que algo que venía de antes de la revolución, se volviera ahora general que era: “Toda cuestión que hagamos debe ser legalizada”. No quiere decir con esto que las actuaciones fueran digamos sólo dependientes de que una ley dice esto. Digo que las actuaciones fueran legalizadas, que así, lo que se llamaba nacionalizar, esto es, apropiarse de la propiedad privada de los burgueses, más o menos grandes, muy grandes o hasta a veces nada grandes, se convirtió en algo natural. Pero la ley lo refrendaba, entonces la expresión por ejemplo “por la libre” desapareció. “Por la libre” era lo que se hacía sin orden, o sea sin una orden, sin una organización, y la idea de que los revolucionarios deben organizarse adquirió una fuerza enorme. La organización de masas más importante en la primera época de la revolución en mi opinión, son las milicias nacionales revolucionarias. Lo viví y lo he estudiado después: a través de esta organización se produce un proceso de proletarización sin industrialización, o sea, un país con una desocupación masiva vista en una perspectiva de lo que en los libros puede aparecer de una rapidísima industrialización, para que entonces los que sólo leen manuales se puedan sentir más tranquilos porque dicen “¡Ah, con un proletariado mayoritario se produjo una revolución socialista!”, o sea, dado que no se puede tener esa satisfacción teórica, sin embargo, en la práctica sucede que las gentes organizadas tiene actitudes anticapitalistas de tipo muy estructuradas, en la formación del armamento general del pueblo -como hubiera dicho Carlos Marx-, acá desempeñó un papel básico creo yo. Por otra parte la democratización de los sindicatos, que fue un proceso iniciado a fines de la guerra pero sobre todo durante el año 59, significó la promoción de un nuevo cuadro de dirigentes de base intermedios e incluso altos sindicales, que procedían de la actividad y del entusiasmo de los trabajadores,…

E. T: Entonces hubo una democratización muy importante.

F. M: Importantísima.

 El Movimiento sindical

E. T: ¿Cómo es posible que cinco años después del triunfo, ya alguien como el Che puede considerar que la democracia sindical no existe más?

Dice el Che: “Aquí la democracia sindical es un mito que se dirá o no se dirá; pero es un perfecto mito. Se reúne el partido y entonces propone a las masas a fulanito de tal, candidatura única y de ahí en adelante salió aquel elegido (…) no ha habido ningún proceso de selección por parte de las masas (…) la gente tiene necesidad de expresarse (…). En el momento actual yo diría incluso que los sindicatos podrían dejar de existir (…) y traspasar sus funciones a los consejos de justicia laboral (…) los únicos que no estarían de acuerdo son los de la burocracia sindical, que se ha creído cuando se le habla de que tienen que volver a trabajar con las manitas y el hombre dice, oye, hace 18 años que soy dirigente sindical.” (En Paco Ignacio Taibo II “ Ernesto Guevara: también conocido como EL CHE”, capitulo 33 sobre el año 1964, página 553, edición Planeta Bolsillo, México, 1997)

F. M: En los grandes procesos de cambio social las cosas pasan en poco tiempo. Yo pienso que los sindicatos tuvieron un momento de esplendor importante en la expansión de la ideología revolucionaria e incluso de las instituciones revolucionarias, y después declinaron ante todo porque su cultura venía de la lucha por reformas y demandas inmediatas. El hecho de las transformaciones revolucionarias superó completamente lo que los sindicatos pensaban. Una demanda del 59 era pasar a cuatro turnos de seis horas en los centros azucareros, de manera que aumentara un tercio el número de trabajadores frente a la desocupación. Eso no sucedió. Sin embargo, en sólo cuatro años, en 1963, ya no había desocupación en Cuba sino empezaba a haber falta de brazos, falta de fuerza de trabajo. La transformación en cuanto al incumplimiento de la legislación laboral, a los pagos por debajo de los salarios mínimos, a la masa enorme de injusticias en el terreno de estas demandas inmediatas, fue sustituida por un triunfo en toda la línea de las demandas por un auge del ingreso de los trabajadores, pero también fue sustituida por una participación del Estado revolucionario que se volvió decisiva en lograr que estas cosas fueran reales. Desde la justicia laboral, que fue reformada y convertida en un procedimiento velocísimo, que le daba la razón siempre a los trabajadores. Incluso era casi una broma decir “El Ministerio del Trabajo juzga, pero el patrón que es el Estado no gana nunca. Sólo gana el trabajador”. Incluso, para producir un despido no había prácticamente ninguna forma. El Estado patrón no podía despedir prácticamente a ningún trabajador a través de nada de la justicia laboral hasta que se creó la ley 32, diez u once años después del triunfo de la revolución o más. Ahora, los sindicatos son rebasados entonces por unas estructuras que están dando más que lo que ellos soñaron en su sistema de sueños y de luchas. Por otra parte, el contenido de la política social del país se ha configurado a través de un enorme pacto social entre la población y el gobierno. O sea, el gobierno es el garante, por eso te decía yo la expresión “el poder es nuestro” es el garante de los cambios que están sucediendo y de que los cambios permanezcan. Es el garante de que la reforma agraria no sea seguida por una capitalización del campo, como en otros países donde ha habido una reforma agraria más o menos profunda. Sino que la reforma agraria sea un vehículo para un nuevo orden de cosas. Por eso, es que se convierte una revolución en el campo, entonces son las mismas fuerzas organizadas de la revolución, su Estado, su ejército, sus milicias, después la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños para este grupo nuevo que se ha creado de propietarios.

El sindicato no encontró rápidamente una nueva manera de comportarse porque se estructuró a partir de cómo existía antes que era una sola confederación nacional y entonces empezó a tener su liderazgo ya ahora más cercano al poder revolucionario. Hubiera sido algo absurdo pensar que el secretario general de la CTC tuviera una confrontación con este Estado que expresaba la revolución, pero de ahí a convertirse en un funcionario del Estado no había más que un paso: la participación.

El nuevo Estado que tuvo que multiplicar sus funciones, también comenzó a burocratizarse rápidamente y, yo no creo que los sindicatos tuvieran culpa en esto, lo que pasa es que, los líderes máximos de la confederación no desempeñaron un papel en contra de esto. Eso es lo que tiene que ver con las expresiones del Che Guevara en un momento dado. Cuando el Che Guevara está en una lucha diferente, como Ministro de Industrias pero sobre todo como líder político del país, donde él está tratando de producir un experimento de masas con 400 mil trabajadores organizados del Ministerio de Industrias, en el cual la participación del trabajador vaya siendo cada vez mayor. En un sistema que forzosamente ha tenido que ser autoritario, y un sistema que por demás, tiene el autoritarismo de la producción industrial. Entonces, en ese sentido se está refiriendo él, más bien a que los líderes del movimiento sindical pueden convertirse en un adorno del régimen.

Ahora, quiero decir algo más fuerte: en 1966, esa dirección prácticamente desapareció, porque el Estado revolucionario prácticamente la eliminó. El 12 Congreso de la CTC en septiembre de 1966 fue el intento por la propia dirección revolucionaria de revivificar el movimiento sindical, pero para que sirviera a una reorganización general del poder que estaba abatiendo las formas del propio Estado revolucionario del 59-60-61, burocratizado, y tenía una actividad en conjunto que marcó la segunda mitad de los años 60, que pretendió profundizar el sistema de transición socialista cubana, con una óptica y unos objetivos comunistas, que involucrados a la vez en el proceso de la revolución mundial, en este caso como el esfuerzo internacionalista en América Latina sobre todo, no sólo en América Latina pero sobre todo. El poder revolucionario pretendía a la vez que la revolución cubana iba a ser sólo la primera revolución socialista de América: el surgimiento de otros poderes permitiría la expansión. Las posibilidades, aquí otra vez el problema de la posibilidad, de la revolución cubana del 59 estuvo dada por el esfuerzo de los cubanos. La posibilidad de la profundización de la revolución cubana en la segunda mitad de los 60, estaba fiado a que ese esfuerzo fuera prolongado por los triunfos de los revolucionarios argentinos, o brasileños, venezolanos o de otros países que permitiera una nueva unión internacional que hiciera viable a la economía y al régimen político-ideológico cubano que resultaba independiente de la corriente llamada socialista de la Unión Soviética, y también se había independizado de la corriente maoísta y, entonces en esa situación, tanto el movimiento sindical como el Estado, como el conjunto de instituciones cubanas, estuvieron en una tensión tremenda. El movimiento sindical no sobrevivió a ella, en la segunda mitad de los 60, fue sustituido por otras formas organizativas. En las unidades de producción sobre todo y en los niveles altos prácticamente perdió toda su importancia, y sólo la recuperó en los primeros años 70, ya de otra manera muy diferente.

 La relación CUBA – Unión Soviética…

F. M: Bueno, yo continúo este ejercicio tan estimulante.
La revolución cubana es la única revolución anticapitalista triunfante que se ha mantenido tan largo tiempo en América Latina. Sin embargo, la geopolítica se ha vengado desde entonces una y otra vez.

La geopolítica se ha vengado una y otra vez de esa victoria cubana. El proceso tan autónomo en cuanto a que, —yo digo que es la primera revolución socialista autónoma que triunfó en Occidente, no sé si hay una segunda—, el proceso que logró de manera autónoma ir tan lejos en la formación de una sociedad anticapitalista de transición socialista, como le llamo yo, —no me voy a meter en ese concepto aquí—, y de carácter antiimperialista e internacionalista, se encontró con la realidad de que tenía que adecuarse a la existencia en el mundo de dos zonas bastante contrapuestas, vamos a llamarlo así para ser justos, o sea la liderada por los Estados Unidos y la liderada por la Unión Soviética. Dos zonas de enfrentamiento geopolítico mundial que estaban en busca de competencias y coordinaciones en esos propios años. Entonces Cuba entró por la vía de la necesidad, desde 1960 ya el enfrentamiento del régimen norteamericano contra Cuba era demasiado grande, sistemático y se llegó a una ruptura que hizo que la viabilidad de la economía cubana dependiera de nuevos lazos y se hiciera un pacto con la Unión Soviética y países más o menos influidos o controlados por ella. Cuba tenía que colocar sus azúcares y los colocó en la URSS. Cuba tenía que recibir el petróleo y lo recibió de la URSS. Cuba necesitaba armamentos para defenderse y armar a la población en gran escala y los recibió de la URSS y de alguno otro aliado de la URSS. Entonces aquí apareció una relación que tiene toda una historia de treinta años. Esa historia influyó, o sea el enfrentamiento de Cuba con Estados Unidos y la alianza de Cuba con la Unión Soviética influyó poderosamente en los asuntos internos cubanos. El primero, el enfrentamiento con Estado Unidos, implicó una unidad nacional que tenía que ser fortísima, influyó en el sistema político cubano hasta hoy. La alianza con la Unión Soviética implicó un aliado muy poderoso con relación a Cuba que pretendió utilizar a Cuba en cuanto a su política exterior, en cuanto a su sistema internacional de relaciones, y no ayudar a Cuba de manera internacionalista. El régimen soviético entonces pasa al interior de Cuba también. Como pasaría en cualquier revolución, había ideas diferentes de cómo llevar adelante el proceso. La tradición “socialista popular” (la del PC pro-Moscú) tenía una idea muy relacionada con la ideología soviética, no necesariamente con la historia soviética. La tradición cubana se enfrentaba con esta tradición estalinista. Había ideas de socialismo democrático muy interesantes y que si tenían influencias previas al triunfo de la revolución, en el seno del 26 de Julio y entre otras muchas personas. Ahí empezó a producirse las formas internas de tratar de resolver el problema, la organización de un partido unificado de una manera tan precoz, en la segunda mitad del 60, que se llegó a llamar Organizaciones Revolucionarias Integradas porque más no podía pretender…

 La construcción de un partido unificado y la crisis del 1962

E. T: ¿Las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) comprendían el Partido Socialista Popular (PC pro-Moscú), el 26 de Julio y el Directorio Revolucionario Estudiantil?

F. M: Exacto. Se pretendió hacer como un partido y en medio de una revolución que era más bien un escándalo para todos había que dotarse de estructuras. ¿Cómo estructurarla? Apareció una fórmula que quiso copiar la estructura de un partido comunista de Europa Oriental. ¡Qué absurdo! La idea era absurda.

Después del triunfo, el movimiento del 26 de Julio se vio en una circunstancia en que desapareció como organización.

E. T: La mayoría de sus cuadros se integraron, totalmente, en el aparato revolucionario, en el Estado.

F. M: No, en todas partes, en las Fuerzas Armadas, en el Estado, en las milicias, en los sindicatos, en los comités de defensa, en muchas partes, entonces…

E. T: Entonces en tareas de construcción y de gestión.

F. M: Exacto. Y en participación.

E. T: Y entonces no quedaba más tiempo, espacio de tiempo para las tareas partidarias.

F. M: Y al ofrecer una voluntad, porque podía haber aparecido la voluntad digamos como, no voy a comparar la revolución cubana con la argelina, pero podía haberse dicho que el 26 de Julio sea el partido de la revolución cubana. Si fue el de la insurrección por qué no va a ser el de la revolución? Incluso sus estructuras nacionales, provinciales y municipales que existían serán las del partido. No fue así.

Ahora, las Organizaciones Revolucionarias Integradas, decía yo, se quiso por parte de las personas, responsabilizadas con ellas, convertirlas prácticamente en el aparato político de tipo comunista de un país de Europa Oriental.

E. T: ¿Quién estaba a cargo de esto?

F. M: A cargo de esto estaba un antiguo dirigente, no era el dirigente máximo, del Partido Socialista Popular, Aníbal Escalante. No participaron en esto de una manera activa todos los dirigentes del Partido Socialista Popular. Empezaron a participar también personas que fueron cooptadas por él. Ahora, lo cierto es que eso estalló en apenas dos años, en 1962. Las ORI no tenían posibilidad de sobrevivir. Sin embargo, yo no creo en la explicación de los sucesos sociales en el utilizar el argumento de las maldades individuales.
E. T:Si. No es solamente la fama de poder de parte de Aníbal Escalante, es insuficiente como explicación. Claro lo que denuncia Fidel en sus discursos de marzo 62 es que, a la sombra de esto, hay un aparato que está llegando hasta las provincias, hasta los municipios, que está organizándose para tener un monopolio, por eso te pregunto.

Citas de Fidel Castro sobre la crisis de las ORI

“¿Estábamos haciendo realmente un verdadero partido marxista? (…) No estábamos integrando las fuerzas revolucionarias. No estábamos organizando un partido. Estábamos organizando, o creando, o fabricando una camisa de fuerza, un yugo, compañeros. No estábamos promoviendo una asociación libre de revolucionarios, sino un ejército de revolucionarios domesticados y amaestrados. (…)

El compañero que recibió la confianza –no se sabe si la recibió o la auto-recibió porque se le designara o porque de una manera espontánea fue destacándose en ese frente, y en consecuencia tuvo a su cargo la tarea de organizar o de actuar como secretario de organización de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (…) cayó, compañeros, muy lamentablemente, en esos errores que nosotros estamos aquí anunciando: el compañero Aníbal Escalante. (…) Nosotros consideramos que Aníbal Escalante con estos actos no actuó de una manera equivocada e inconsciente, sino actuó de una manera deliberada y consciente.(…) ¿ Y que era el núcleo. Un núcleo revolucionario? Estaba convirtiéndose en un cascaron de revolucionarios, concededores de mercedes, que quitaba y ponía funcionarios, quitaba y ponía administradores, y, en consecuencia, no iba a estar rodeado por el prestigio que debe tener un núcleo revolucionario, emanado única y exclusivamente por su autoridad ante las masa, por sus integrantes como modelo de trabajadores, como prototipos de revolucionarios, sino porque era el núcleo donde podía recibirse un favor, esperar un favor, una merced, un daño o un bien. Y alrededor de los núcleos, naturalmente, iban creándose las condiciones para formar una cohorte de aduladores, que no tiene nada que ver con el marxismo ni con el socialismo.(…) Esa locura de mando, esa “mandomanía”, esa gobiernomania” que se apodero de algún compañero (Aníbal Escalante, NDLR). (…) Entonces, ¿cómo se hicieron los núcleos? Voy a decirlo: en todas las provincias al secretario del PSP lo hicieron secretario general de las ORI; en todos los núcleos el secretario general del núcleo… el miembro del PSP lo hicieron Secretario General del núcleo”. (Extracto de “Versión completa del discurso de Fidel Castro del 26 de Marzo 1962”, in Obra Revolucionaria, n°10, La Habana, 1962).


F. M: Claro, eso estalló. Ahora, estalló sin represiones físicas

F. M:La fuerza de la revolución cubana es visible en que, tanto Fidel Castro como sus colaboradores más cercanos pudieron escapar a esto, y entender no sólo que no era imprescindible tener un modelo sino incluso empujar y quitarlo, pero aquí tienen realidades sucesivas. Cuba está sujeta a la posibilidad de ser invadida directamente por Estados Unidos durante todo el año 62, cosa que ya la documentación ha demostrado. Para septiembre del 62 es una realidad, antes del descubrimiento de los cohetes, Cuba está involucrada en su defensa militar, cada vez más, a la Unión Soviética.

Entonces, ¿ves cómo van pasando cosas incluso en meses? En Cuba se está tratando de reorganizar toda la economía que ha sido nacionalizada y con pocos cuadros. La fuga de cuadros y de técnicos es increíblemente grande por las relaciones culturales con Estados Unidos pero sobre todo por el apoyo político directo de Estados Unidos a esa fuga, incluso les prometieron a técnicos medios trabajo en Estados Unidos si se marchaban de Cuba y se los cumplieron a todos, hicieron campañas de todo tipo a las cuales no me voy a referir aquí. Ahora, por ejemplo, el fin del primer esquema de derrocamiento del régimen cubano, el esquema Eishenhower-Kenedy que cae temprano, es Playa Girón (abril 1961). Existe también una posición armada que está siendo alentada por los Estados Unidos en algunas zonas, sobre todo en el centro del país, lo que en la tradición cubana se llamaba la lucha contra bandidos, pero el esquema de ataque directo norteamericano sucede a la vez que en Cuba se hace la profunda crítica del intento de convertir a Cuba en una democracia popular sujeta a la Unión Soviética. Mira qué problema, eso exigió seguramente flexibilidad de ambas partes, los soviéticos cambiaron su embajador, los soviéticos mantuvieron el sistema de ayuda militar y las compras de azúcar a 6 centavos la libra, el precio fijo y, durante ese año 62, se produjo el mayor involucramiento militar soviético en Cuba, va a haber unos 17 mil militares en secreto, pero ayudando y a la vez poniendo el sistema capaz de hacer ataques tácticos, ataques nucleares a Estados Unidos. O sea, siguiendo la idea soviética de su política exterior que para Cuba, —bueno ya todo eso se puede explicar al que lea los documentos— pero que desembocó en la crisis de los misiles donde Cuba se enfrentó a los Estados Unidos y se encontró enfrentada también a la real política soviética en la práctica. Entonces, cuando las ideas revolucionarias y la actuación de la dirección han producido la negativa a hacer una democracia popular, se produce también el máximo momento de complementación, incluso militar, entre ambos países y el hecho máximo de enfrentamiento de tipo internacional después de la segunda guerra mundial que había existido, el mundo se encontró al borde de una tercera guerra mundial. Cuando eso sucedió en el régimen cubano, naturalmente, hubo conmociones muy grandes, el Che Guevara, pero Fidel Castro sobre todo, lo expresan en documentos públicos, en los procesos de este tipo hay muchas cosas que no son públicas. La reorganización política del país, inmediatamente después de todo esto, implicó la formación del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba, PURSC, un nombre demasiado largo pero más moderado.

Ahora, el partido este, ya es un partido que pretende ser otra cosa, pretende organizar a los revolucionarios cubanos también sobre la idea de que es necesario un partido que todavía es imprudente llamarle comunista, pero que debe ser a partir de unas formas mejores de componerse, empezando porque, para ser militante, o sea miembro de él, no puede salir esto de que un grupito o una secta los escoja, sino solamente de que sea considerada ejemplar la persona por los trabajadores, por sus compañeros en asambleas abiertas de discusión. Entonces, yo te decía, la asamblea de trabajadores ejemplares era el requisito indispensable, —y fue un invento acá— de que una persona se pudiera considerar cantera o candidato para ser miembro de ese partido nuevo. Comenzó con los trabajadores pero también siguió con los estudiantes y con los soldados. La persona escogida tenía que pasar un proceso de selección en donde comisiones de miembros del partido, de su propio centro de trabajo, deberían analizarlo profundamente, discutir con él su vida, oír incluso su voluntariedad como se decía, porque él podía decir yo no quiero, soy trabajador central pero no quiero ser parte del partido. Era su derecho. Pero desde ahí hasta el final del proceso si venía la selectividad por parte del partido, expresada por la organización de base, el núcleo del partido y no ninguna instancia superior. Ahora, al terminar, éste tenía que volver a una asamblea de trabajadores para explicarles si se quedaba o no y por qué, y los trabajadores: “¿qué, cómo?, a ver explique eso ¿por qué no?”, o incluso “¿por qué usted dice que sí, si yo que vote en contra de las ejemplares sigo pensando que a pesar de todo no?” Esto le daba una transparencia al proceso y sobre todo un prestigio a la composición de la militancia. Esto ha sido un factor básico en cuanto a la fuerza moral del partido cubano en sus bases. Yo diría que hasta el día de hoy ha sido de lo más resistente que ha habido el prestigio moral de los miembros del partido y sus bases. Por otra razón más, incluso, que es la pérdida de prestigio entre los trabajadores, se consideró desde entonces una causa para perder la condición de miembro del partido. Debía ser discutido por sus compañeros al perder el prestigio frente a los que nos honran a todos, o a gran parte. Se intentó que la forma de organización intermedia, como los escalones sucesivos del partido fuera democrática, en el sentido de garantías, de controles, no solamente de arriba hacia abajo sino de defensas y controles de abajo hacia arriba. Yo no creo que el logro fuera grande hasta el punto de decir es ejemplar, pero el logro de la democracia en la base se mantuvo. El logro de la capacidad de las bases de decir su criterio, desde su posición de miembros sin ser represaliados, yo creo que ha sido una de las formas libertarias principales que han quedado, a pesar de la absorción de los libertarios por el poder revolucionario, que han quedado, en la tradición cubana política. Te decía antes y repito ahora, el sistema de los sindicatos no sobrevivió a lo que yo decía. La anécdota del Che por esto tengo que conceptualizarla, puede ser que sea correspondiente a un hecho específico, puede ser que sea correspondiente al momento en que se analiza…

Ahora, el Partido Unido de la Revolución Socialista, tuvo como otro rasgo y yo creo que es muy importante el intentar, que a diferencia de otros países, el partido no gobernara los asuntos de la administración. Sino que trato de controlarlos con fuerza política y moral. Esa ha sido una de las líneas en las cuales, no sólo la retórica sino la práctica política cubana, estructural, interna del partido ha insistido durante más de 30 años. Cuando se formó el Partido Comunista de Cuba, en octubre del 65, se trató de que esto se convirtiera en ley. En el año 71, en los primeros años 70, cuando hubo una reestructuración fuerte, de la cual yo tengo muchas críticas que hacer, se trató de que esto permaneciera y yo creo que en líneas generales permaneció. El planteo de crítica a que el partido estuviera dirigiendo a las administraciones en la práctica, es un planteo de Fidel Castro, del Che Guevara, de otros desde los inicios. Esto que si ya fue de verdad un partido producido en Cuba de tipo comunista. Ahora, las influencias sobre este partido, de las formas organizativas soviéticas durante los años 60, fueron mínimas.

Fidel Castro sobre el partido

“¿Cuál es la función del partido? Orientar. Orienta en todos los niveles, no gobierna en todos los niveles. Crea la conciencia revolucionaria de las masas, educa a las masas, es el engranaje con las masas, educa a las masas en las ideas del socialismo y en las ideas del comunismo, exhorta a las masas al trabajo, al esfuerzo, a defender la revolución. Divulga las ideas de la revolución, supervisa, controla, vigila, informa, discute lo que tenga que discutir, pero no tiene las atribuciones de quitar y poner administradores, de quitar y poner funcionarios. (…)

Es bueno recordar ciertos hechos, como el hecho de que nosotros hicimos una guerra, la dirigimos, la ganamos y sobre los hombros de ninguno de nosotros hay estrellas de general, ni sobre nuestros pechos cuelgan condecoraciones. Y como gobernantes, la primera ley que propusimos fue prohibir que se levantaran estatuas. Entonces no se discutían tanto como ahora estos problemitas del culto de la personalidad, pero nosotros, por convicción profunda, propusimos que se prohibiera por ley hacer estatuas a personas vivas, que se pusiese a calles, o ciudades, u obras el nombre de personas vivas. Y más todavía: que por ley se prohibiera que los retratos nuestros estuviesen en los despachos oficiales. ¿Por demagogia? No. Por profunda convicción revolucionaria hemos actuado así”. (Extracto de “Versión completa del discurso de Fidel Castro del 26 de Marzo 1962”, in Obra Revolucionaria, n°10, La Habana, 1962).


E. T: ¿Cuándo fue para ti el viraje?

F. M: No, no, no, es que yo quiero decir otra cosa, no es ningún viraje. Es que, cada vez más influyeron las formas cubanas de autoritarismo, y no las formas soviéticas de dominación. Pero esto tampoco es…

E. T: ¿Puedes explicitar esto?

F. M:..esto tampoco es de un día para otro.

E. T: Me parece muy importante.

F. M: Te decía que el Partido Unido y el Partido Comunista tienen una solidísima pretensión de diferenciarse de los partidos de Europa Oriental en cuanto a la separación partido-Estado, que se expresa en que en la cúpula si, en la máxima dirección hay una opinión, quiero decir en Fidel y de ahí para abajo, según la cual tiene que haber una separación desde el buró político al comité central. Además, recuerda que el Partido Cubano tuvo su primer congreso sólo 17 años después del triunfo de la revolución y 10 años después de la formación del comité central. Esto da una idea de que su vocación no era dar Congresos a cada rato ni apurarse en dar Congresos, no tenía ninguna vocación en ese tema.

E. T: Parece evidente sí.

F. M: Es obvio. Entonces, la idea de que el partido tenía que ser un instrumento fundamental, pero un instrumento de la revolución, que es una idea importante, la idea de que era un avance entre otros de Cuba con relación a la experiencia de Europa Oriental.

 Las dos etapas de la revolución

La primera etapa de la revolución, para mi va de la reconstrucción del poder del 1° de enero del 59 al inicio de los años 70’s, digamos al año 71. A partir de ese momento, se produce una inflexión en donde Cuba empieza a abandonar la máxima dimensión del proyecto de tipo comunista revolucionario, sin abandonarlo del todo pero declarando que está abandonando mucho más de lo que abandonó realmente. Es una cosa interesante el lenguaje exige que se exprese como que abandona. Cuatro años después del primer congreso se va a decir: “Los errores que hemos cometido son incalculables, hemos querido ser originales, hemos querido crear y hemos despreciado la experiencia de los hermanos mayores”. En la práctica, esto es mucho menor que lo que se dice, y además, en la práctica real el partido —en el caso de tu pregunta—, mantuvo su separación del Estado en las organizaciones. Ahora, en la segunda mitad de los 60, y de eso no se habla tanto, sobre todo en los últimos años 60, en realidad hubo una tensión tremenda en el país en la cual, lo mismo un jefe de partido que un jefe político enviado de arriba, que un jefe estatal, que un jefe militar, desempeñaban funciones preponderantes por completo en un área de trabajo o en una región del país en busca de la eficiencia. Es esa situación a la que se vio abocada la revolución en los últimos años 60. Entonces no se podría decir “bueno, ahí el partido se confundió con el Estado”. El esfuerzo se volvió demasiado individualizado o pragmático o sujeto a la máxima dirección, pero, no sobre la base de que tal institución debe predominar sobre esta otra, no.

E. T: ¿Entonces que paso?

F. M: ¿Qué personas desempeñaron responsabilidades en regiones y en tareas basadas en una fortísima sujeción a la dirección máxima, independientemente de que pudieran ser o un cuadro del partido o un cuadro del Estado o un cuadro del ejército o un cuadro regional.

 Segunda etapa

En los años 70, que tienen a mi juicio una segunda etapa de la revolución, se produce una reorganización de todas las instituciones, el Estado volvió a reorganizarse, porque el Estado primero yo te decía que entre 65 y 67 sufrió unos embates absolutos y trató de ser reorganizado de una manera que se suponía que era una profundización comunista del socialismo. Entonces en el 70 se produjo un proceso de críticas masivas y con asambleas públicas que se pasaban por televisión que comenzaron en el Ministerio de Industria Ligera. Comenzaron también con el grito de Fidel en el discurso del 26 de Julio de 1970 que decía: “El poder del pueblo, ese sí es poder” y su expresión días después en las primeras asambleas: “El socialismo no puede escoger. El socialismo tiene que ser de masas. Simplemente el socialismo que no es democrático y de masas se burocratiza y deja de ser socialismo”. O su expresión el 7 de diciembre del propio año, cuando se constituyó el nuevo sindicato del ministerio de la industria ligera, un sindicato que venía de las asambleas de base, y para tratar de hacer un sindicato verdaderamente democrático, fuerte otra vez, porque habían desaparecido, te decía que Fidel dice con voz muy fuerte: “Ahora el ministro si tiene con quien discutir”. Pero ese proyecto no triunfó. Decir, pensar que su existencia no tuvo ningún efecto sería un error grave, sería un grave error para entender el proceso cubano. Por eso yo le he llamado la segunda etapa en escritos míos una etapa muy contradictoria, en la que predomina la ideología procedente de la adaptación cubana de los soviéticos a puntos, en algunos casos verdaderamente muy lamentables, muy, muy lamentables, y a la vez las características del proceso cubano que decía, autoritario, pero también popular a su manera, pero también con vocación y ansias de participar a su manera.

Una de las cosas que mantuvieron su prestigio moral en la segunda etapa fue el carácter autónomo de las organizaciones de base del partido. Cuando vino la rectificación del 85 era habitual entre los militantes y las organizaciones de base del partido decir: “¡Ah, nosotros por lo menos hemos salvado nuestro honor, porque nosotros nos hemos opuesto, hemos criticado (inútilmente si tú quieres) a los efectos graves de la burocratización, pero no participamos en ella”, e incluso hubo la expresión aquella: “No queremos que el partido sea un conjunto de monjes que exhiba su pureza frente a la situación”.

E. T: Entonces Fernando, ¿qué ocurrió entre 1970-71 y 1985?

F. M: En esta etapa, que a mi juicio es la segunda etapa de la revolución en el poder, el partido fue afectado por los rasgos generales de la etapa, que a mi juicio es también, y de una manera demasiado simplificada, un proceso de inserción de la economía cubana al sistema internacional CAME o COMECON. Se abandonó la pretensión del autoabastecimiento alimentario, se produjo la complementación de las dos economías, soviética con alguna participación interesante alemana, búlgara. Una complementación en la cual Cuba obtuvo por negociaciones en los primeros 70 algunos logros importantes en cuanto a los términos de intercambio y a los créditos, pero no obtuvo nada que sustancialmente sirviera para asegurarle un desarrollo económico autónomo. Sino más bien la permanencia de su carácter de exportador de productos básicos que llegó a ser de 4 millones 300 mil toneladas de azúcar, casi todo crudo, a este mercado en los primeros años 80 a precios mayores pero con arreglos en canal de precios que era complementado por exportaciones sustanciales de níquel a la URSS y alguna ayuda en cuanto al proceso de industrialización cubano que, sin embargo, no pudo ser ni de un máximo o siquiera grande aprovechamiento de sus reservas naturales de hierro y níquel, porque nunca le vendieron a Cuba una siderúrgica. O sea, para pasar a tener producciones de un valor agregado notable y estar en una producción mecánica, correspondiente incluso con la formación, la preparación de trabajadores calificados en Cuba que es enorme. No pudo tampoco —decía yo primero el autoabastecimiento alimentario— no pudo tampoco desarrollar su electrónica como un elemento competitivo internacional del tercer mundo, por razones de la oposición activa y sistemática norteamericana, que ha sido a través del bloqueo, un factor determinante en algunos de los límites principales de la economía cubana en su evolución. El plan de desarrollo de la electrónica es un plan viejo en Cuba de los años 60. Entonces la industrialización cubana de los años 70 es muy limitada, es no aprovechadora suficientemente de los recursos naturales, es con no acceso a los mercados que pudiera haber tenido naturalmente por la oposición norteamericana pero tampoco acceso a créditos por la misma oposición norteamericana que le hubieran sido favorables y, sujetada a una relación con el CAME que no estaba interesada —como dije primero—, en favorecer un desarrollo económico autónomo de Cuba. Entonces, en esos términos yo pienso que eso es muy decisivo en esta segunda etapa. Sin embargo, se consiguieron unos niveles de consumo de la población mucho más alto que en la etapa anterior y, como el sistema era de redistribución sistemática de la riqueza social, pues también entonces, la diferenciación del consumo no fue muy grande. Lo que se consideraba en Cuba diferencias sociales es una broma, comparado con las diferencias sociales de otros países y, las expectativas de la población todavía estuvieron muy marcadas por la renuncia de la mayoría a tener modelos consumistas de comportamiento. Ahí aunque sea también todo esto tan simple, los contrapondría con Polonia por ejemplo, sería hasta el motín por problemas de consumo, en Cuba que es un país por lo menos tan occidental como Polonia y quizás más. Polonia es muy occidental, por eso es que yo la puse como referente y no a Bulgaria que es un país campesino. En Cuba la idea del papel del consumo pudo ser educada en gran medida por la acumulación cultural de la revolución, mantenida dentro de unos causes en los cuales la población sintió que tenía un fuerte bienestar económico en esta etapa, sobre todo después de la mitad de los 70 en adelante, hasta fines de los 80. Entonces a la vez la universalización de la educación comenzó a dar frutos muy notables. En el curso de solo una generación, el peso mayoritario de la enseñanza primaria se cambió para el peso mayoritario de la enseñanza media, en números, y la calidad por tanto de preparación de la población se transformó radicalmente. Es difícil encontrar en un país un cambio tan grande de los niveles de escolaridad y técnico en el curso de una sola generación.

Es también una cobertura de salud verdadera, una cobertura universal, y ambas gratuitas, el sistema de seguridad social, —según un especialista de la universidad de Harvard, tal vez el nombre sea largo— era con mucho, el mejor de América Latina. Había superado al argentino hacía rato que era el mejor y su cobertura también universal. Entonces, en este marco de bienestar por usar el término, el Estado se burocratizó profundamente, el modo correspondiente entonces de resolver los problemas que tenían que ver con él también se burocratizó. La influencia sobre la política en general de esa burocratización fue muy grande. Yo decía, las estructuras de base del partido permanecen bastante separadas de esto, pero esto no quiere decir que no se fuera afectado, claro que si ahora, la burocratización estatal, que no se mide sólo en números de burócratas, según la cifra del 86 se había multiplicado en 12 años por 2,5 el número de funcionarios en todas partes.

E. T: ¿Entre cuándo y cuándo?

F. M: En los últimos 12 años, anterior al 86, o sea, han sido 73-85. Pero, yo pienso que los comportamientos, los hábitos, la eliminación de los criterios diferentes, la práctica de un solo criterio.

Se controló de una manera oficial el pensamiento social. Los medios masivos de comunicación perdieron la función que tenían que cumplir, un medio de transición socialista se confundió completamente su función con la de propaganda que es otra y, en general la marca, la ideología de Europa Oriental.

Se glorificó en el lenguaje oficial los supuestos éxitos de la Unión Soviética y de su sistema, y se llegó a calificar como perjudicial ideológicamente todo lo que asomara a una crítica de esto.

Todas las instituciones se vieron afectadas, las organizaciones sociales y no sólo los sindicatos pero los sindicatos también, en la cúspide perdieron toda posibilidad de ser democráticos, de ser expresivos. Yo pienso que en las bases sin embargo, cada uno mantuvo determinadas características, unas más felices que otras, pero se mantuvieron y, estos son elementos de vivacidad política a escala de las bases. Por otra parte, el poder popular, que si existió desde el 59, municipal, registró progresos, sobre todo a partir de mediados de la década y a partir de 1976 se volvió nacional, el sistema de poder popular municipal, que sin duda es participativo. Ha sido una escuela democrática también, con muchas limitaciones en cuanto a poder de gestión. Lo estoy separando de la Asamblea Nacional de Diputados que es otra cosa muy inferior en cuanto a la expresión de esta participación, que a mi juicio ha sido más bien un lugar de prestigio. Un conjunto de personas prestigiosas del país son puestos allí y las demás personas votan por ellos.

Hay comisiones permanentes en la Asamblea Nacional que tienen una acción y un control interesante, pero me quedo de todas maneras con el régimen municipal que sin duda ha tenido logros incluso de promoción, de gente salida de las bases.

En ese cuadro general se desgastó una parte del proyecto revolucionario muy notable, se desgastó, pero no se hizo visible ese desgaste hasta 1985-86 con el surgimiento del proceso de rectificación.

Es desde la máxima dirección del país o sea desde Fidel, que sucede la rectificación lo cual también da una idea de la debilidad del sistema, o sea no puede surgir desde diferentes ángulos. Pero lo cierto es que fue una campaña política e ideológica que pretendió empezar a combatir fuertemente las graves deformaciones que había sufrido el proceso en estos años anteriores en los cuales hay de todo, hay incluso la participación masiva internacionalista en la guerra de Angola por ejemplo, una guerra, una participación popular, o sea es un internacionalismo ahora popular o la enorme participación popular internacionalista como Nicaragua.

Entonces, de 1985 en adelante se puso en movimiento una nueva fase al parecer de la revolución del proceso cubano y, en realidad lo que sucedió primero fue el fin de la fase anterior y comenzó otra que en mi opinión nadie esperaba, por lo menos en sus elementos más esenciales. El proceso de rectificación ocupó la segunda mitad de la década de los 80, obtuvo algunos éxitos principales y tuvo algunos fracasos. En los primeros, en mi opinión, el más importante fue el rechazo tan precoz al rumbo soviético. El rumbo soviético todavía se insinuaba cuando ya la crítica cubana al modo de adecuación que había tenido el país a aquel modelo estaba a todo vapor. Esto fue muy importante para resistir el impacto interno que hubiera tenido una Perestroika triunfante en un país de ideología pro soviética.
En esos años se reafirmó el liderazgo de Fidel Castro, se retornó a algunos de los elementos principales del proyecto original de la revolución, pero obviamente las circunstancias ya eran muy diferentes. Sin embargo, la población en su mayoría respondió con bastante entusiasmo, a la vez se produjo el final victorioso de la guerra en Angola, el cual fue una satisfacción moral para la gente en el país. No sólo el triunfo en Angola sino el establecimiento de Namibia y el fin del Apartheid. El propio Mandela lo ha hablado después. Ahora, en un terreno interno se trataba de un movimiento político que aspiraba a producir cambios muy profundos sin arriesgar demasiado. La participación popular fue requerida pero no fue desatada. La participación controlada rindió algunos triunfos muy importantes pero, los aparatos mismos ya existentes, la existencia de grupos de presión, de grupos de poder, de ideologías cristalizadas, operaron en mi opinión muy desfavorablemente sobre el proceso. En definitiva fue muy exitosa la resistencia a los intentos del tipo soviético, «perestroika», pero había otro condicionante que resultó también en su resultado muy negativo: la economía cubana debía cambiar de rumbo en un plazo relativamente breve y resultó el plazo real de brevísimo. En cinco años comenzaron a desaparecer y en un año más desaparecieron del todo las relaciones con la URSS y el CAME, pero lo esencial, o sea se desplomaron las relaciones internacionales económicas de Cuba después de una crisis de los últimos años 80 en sólo 18 meses del inicio de los 90. No hubo manera de evitar ese desplome. En realidad se mantuvo el orden económico y político, se desprestigió bastante el socialismo a los ojos de la mayoría de la gente, porque se había dicho que el socialismo por excelencia era el soviético. Y sin embargo, a la vez, se produjo en mi opinión un hecho social fundamental, la mayoría de la población cubana se aferró al modo de vida que había vivido durante tres décadas y al régimen político que la representaba. En esos dos años que van de la caída del Muro de Berlín al fin de la Unión Soviética, que significan para Cuba que se desata también la crisis económica que hace bajar el producto económico y los intercambios internacionales, en cifras que a mi no me gusta darlas por exactas pero que son aterradoras y que marcan el fondo de la crisis económica 1993-1994. Además, de la baja del producto y del comercio internacional, un dislocamiento real de las condiciones de reproducción económica. Una caída de las condiciones materiales de vida para la mayor parte de la población, la parte demasiado numerosa de la población. Fue resistido por la mayoría de una manera ejemplar. Yo creo que ahí viene un hecho social que es el principal hecho político de la primera mitad de los 90, el principal hecho político no es político, es social, es que con una extrema cohesión la población resistió la erosión económica, la erosión del prestigio del socialismo, la erosión del régimen mismo cubano, que estaba desgastándose desde unos pocos años.

El llamado marxismo-leninismo, que fue abandonado con escándalo, era en si mismo un abandono de las posiciones de Marx y de Engels y de Lenin en nombre de un proceso que no hay tiempo acá para hablar. Esa teoría se desprestigió y cayó en Cuba después de haber sido enseñada a centenares de miles de personas con gran dedicación durante 15 o más años y, se desplomó.
Al mismo tiempo había una convicción política que no puede volver el estado de cosas anterior porque, en ese estado de cosas perderemos, piensa la mayoría, el modo de vida espiritual y material. Saldremos perdiendo, porque no hay espacio para nosotros en la economía mundial como es.

Lo que llamábamos la justicia social antiguamente, y después el socialismo, y que ahora es lo que ha sido incluso hábito de vida en los años 70-80, y tiene su legitimidad en la revolución no en otra parte, no es en un movimiento social-demócrata, no es el régimen democrático burgués, es en la revolución y no en otra parte.

Un tercer elemento es, si los Estados Unidos se encuentran en capacidad de hacerlo, aplastarían el modo de vida de los cubanos y la soberanía nacional de Cuba. Los Estados Unidos son, en cuanto régimen político imperialista, un enemigo que está ansioso de cobrar venganza, de eliminar el ejemplo latinoamericano, el ejemplo tercermundista, el ejemplo a las puertas mismas de Estados Unidos y el régimen cubano es, obviamente, y sigue siendo antiimperialista.

Yo creo que de estas convicciones se nutrió la cohesión social, la disciplina, el acatamiento de un proceso en el cual se pasó por las tormentas del año 89, se pasó por las profundas críticas y autocríticas de ese propio año, que culminan en el documento autocríticamente más importante del Partido Cubano que es el llamamiento al Cuarto Congreso en marzo de 1990, en el cual se pasa revista de una manera feroz a las debilidades y errores, a las insuficiencias del país y se plantea que lo discutan todos los cubanos. Se orienta incluso que las discusiones no sean en el seno del partido y que los militantes sean libres de decir lo que quieran y que todo el mundo hable en asambleas en todo el país, y que sólo se recojan en actas las críticas no los errores. Se recogen un millón de críticas en 70 mil asambleas: un proceso político democrático extraordinario que sucedió después de la caída del Muro de Berlín, en el momento en que se desplomaba todo en Europa oriental en el año 90.

A Cuba, ese proceso político le dio mucho aire también, y sin embargo después no fue continuado, se retrasó el Cuarto Congreso, finalmente se dio en Santiago de Cuba, más bien, aunque hubo debates ideológicos muy interesantes, en él lo que se acordaron fue qué medidas tomar en el sentido de hacer más fuerte a la dirección, medidas digamos como el tiempo de guerra que decía Eduardo Galeano, o sea, están obligando al régimen cubano a endurecerse, ojalá que no nos tengan que suceder de ahí consecuencias negativas, lo cierto es que, en la política cubana sobrevino una etapa en la cual, aunque se acordó que los diputados fueran elegidos directamente, aunque se mantuvo el poder popular municipal y se trató de fortalecer, lo cierto es que, la política, y hasta el día de hoy hemos tenido un congreso del partido incluso después, es un territorio tranquilo, es un territorio sin mayores emociones, la sociedad no, la sociedad en cada uno de los años 90 ha registrado turbulencias extraordinarias. Por esto decía y repito: la capacidad de la población de asumir esa situación y trabajar en ella es muy notable, porque Cuba ha logrado salir poco a poco, de la situación más aguda de crisis económica, incluso de manera un tanto diversificada.

En las regiones, en las localidades, en muchas zonas del país, el país se volvió sobre si mismo, perdida la capacidad de recursos y la capacidad de decisión de los ministerios centrales en muchos lugares y de sus delegados, fueron los grupos regionales y locales los que asumieron el mando de la distribución y redistribución de la vida económica para la sobrevivencia de la gente. En algunos casos se han obtenido resultados muy notables, en cierto número de regiones y ciudades se vive mejor que en La Habana materialmente hablando. El país naturalmente se escindió un poco así, pero sólo un poco, porque culturalmente es un país muy unificado, en el terreno ideológico político siguió funcionando igual. En el terreno económico – social estas actividades han sido un factor muy positivo y han contribuido a que haya menos malestar.

De todos modos las grandes ciudades, las mayores, Santiago de Cuba y La Habana, sobre todo La Habana, han sentido el impacto de la pérdida de sus maneras habituales de consumir. En La Habana que es un teatro fundamental en este sentido, como toda capital, se ha sentido más la aparición de nuevos factores internacionales en juego en el país, o sea el turismo, en un efecto de demostración dirían los sociólogos terrible, es el mundo de la peor manera, gente de clase media y media baja del primer mundo que gasta sus ahorros en un país que debe estar más o menos barato pero, aparecen acá mostrándose como supuestamente serían todo el año, lo cual es una broma de mal gusto, son sus días de vacaciones. El país en el cual ser prostituta parece algo del pasado y se vuelve de pronto algo del presente. El país en el cual tener un familiar en los Estados Unidos no se consideraba un timbre de orgullo, y de pronto resulta un factor por el cual se puede tener un ingreso, porque se hacen remesas de los inmigrantes a sus familiares que son una de las entradas de divisas importantes del país. Esto significa que personas que no se caracterizan necesariamente por la complejidad del trabajo que realicen pueden tener una vida muchísimo más holgada que otros.

Esto sucede de manera menos inocente con personas que han realizado en el mercado negro durante los primeros años 90, actividades que les han reportado enormes ingresos en pesos o en dólares. Es interesante en Cuba incluso cómo una parte inmensa de esta ganancia de pesos, se ha puesto en los bancos. Es como decir “yo soy el mercado negro pero tengo una enorme confianza en el banco del Estado”. Hace cuatro años en un municipio, yo comprobé con los abogados de ahí que había 38 cuentas corrientes en la ciudad de más de un millón de pesos. Estas personas individuales habían puesto ahí sus ganancias, en el banco del Estado. Se va creando de este modo en el país una diferenciación por el ingreso que va resultando muy notable. Quizá para cualquier otro país de América o de otros lugares del mundo esto no sería nada notable. Para Cuba es extraordinariamente notable porque la dispersión con relación al ingreso per cápita cubano era al revés que en el resto de América Latina. Esta diferenciación por el ingreso no significa todavía una diferenciación general de clase. En mi opinión, en lo que es la clase social se necesitan otros elementos más. O sea, los que tienen una mejor posición material no tienen ninguna legitimidad delegada a ella, no son considerados legítimos a nivel social. La propiedad privada no ha recuperado su prestigio después de la pérdida total de prestigio que tuvo en Cuba a principios de los 60’s, pero no cabe duda que el dinero sí. El dinero ha avanzado en sus capacidades respecto a las personas en estos años 90 enormemente.

Entonces una sociedad que acepta en la práctica cotidiana o mercantil, ideológicamente se reclama socialista, una sociedad que todavía no aprecia el valor de la propiedad privada entiende que es imprescindible —porque lo es además— que exista una economía que llamamos mixta o que el pueblo corrientemente ha llamado con nombres alusivos como las firmas por ejemplo, o las empresas mixtas, los gerentes, etcétera, entonces significa que Cuba se reinserta en una economía mundial, que claro está dominada por el capitalismo, pero con un régimen que nace y tiene su legitimidad en el anticapitalismo, que sostiene la política social que a la vez es un sostenedor del modo de vida anterior y un vehículo de transición para las formas nuevas de relaciones sociales, que mantienen no sólo el orden, en el sentido pedestre de la palabra, que en muchos países simplemente significa la represión, sino que mantiene la paz social, una paz en el sentido de que la represión no es un elemento importante en la sociedad y que la esperanza de muchos todavía es un elemento muy importante,… es una situación complicadísima, que yo no soy capaz de profetizar nada con relación a ella, yo veo que la altísima cultura de la población, la cultura política, no sólo la general sino sobre todo la política, es un factor sumamente positivo al cual he tratado de referirme. Yo veo que las relaciones mercantil-dinerarias, tienen una representación tan negativa para grandes partes de la población, que son factores en contra de la permanencia del socialismo en Cuba, de la transición socialista que es como le llamo yo en Cuba.

Repito: no soy profeta, no creo como algunos que todo está perdido ni creo como otros que ya pasa la crisis y todo volverá a ser igual, incluso como algunos que piensan que de lo que se trata es de fortalecer al Estado, puesto que si se fortalece el Estado se fortalece el socialismo. En realidad hemos aprendido muchas cosas en esos 10 años, hablaba yo al principio de que he visto dos cambios, este segundo cambio no tiene a Cuba como protagonista, creo que en gran medida este segundo cambio se vino formando. ErnestMandel hablaba de algunas cosas a mediados de los años 70 cuando decía “El capitalismo está en una gran crisis general”, pero yo no tengo tiempo ahora para conversar acerca de esto y de lo que creía yo también. El capitalismo está avanzando en un proceso de centralizaciones sucesivas que pueden ser, cualitativamente, superiores a las anteriores en su propio proceso, que hoy yo prefiero llamarlo de predominio de la transnacionalización y del papel del dinero parasitario en el conjunto de la economía, la vida y la sociedad, que está también unido a una realidad que hubo que reconocer poco a poco y con grandes luchas y con crímenes ignominiosos por parte de los capitalistas, los avances de la segunda guerra mundial y de las revoluciones del tercer mundo, porque todas las revoluciones después de la segunda guerra mundial fueron del tercer mundo. Entonces lo que llaman democracia, que es una conquista del pueblo y que se trata de neutralizar y convertirla en un modo de gobernar, es un factor hoy importantísimo en el mundo, pero a la vez el totalitarismo en el control de los modos de informar, del contenido de la información, de la formación de opinión pública y hasta de una parte de los sentimientos de la población como público, es uno de los rasgos fundamentales del sistema, o sea transnacionalización y dinero parasitario en la economía, democracia en la política, —todo grosso modo claro— y totalitarismo en la ideología. Estas fórmulas, en Cuba claro, están también relacionadas íntimamente con ellas.

El proceso de universalización del capitalismo al cual Cuba en los últimos 200 años, —por eso fue también que yo empecé por ahí— no ha sido ajena, hoy toca a Cuba duramente no sólo la puerta, la toca desde las empresas mixtas hasta las telenovelas, la toca en los valores, en la inmensa contradicción de los valores de la población que tienen que estar con el Che Guevara y la necesidad de conseguir 2 dólares 40 centavos para comprar aceite a la vez. Bueno, esa es la situación cubana, yo no creo que nosotros seamos los maestros, el ejemplo para los revolucionarios del mundo, pero si somos una experiencia y un experimento extraordinario que ha habido en la segunda mitad del siglo XX de lucha contra el capitalismo. Me parece que Cuba todavía tiene mucho que dar de sí, que todavía le interesa incluso a todos los que tienen que ver con el problema de la lucha contra el capitalismo, tengan o no simpatía por el régimen político cubano o tengan además de simpatía críticas. En ese sentido, la experiencia cubana, creo el experimento cubano, vale la pena conocerlo a fondo, para eso su historia, su proceso mismo no puede dejar, no pueden seguir siendo ignorados y naturalmente su curso inmediato, su curso ulterior van a tener importancia. O sea, va a pesar si en Cuba se regresa al capitalismo o va a pesar si en Cuba se logra mantener un régimen de transición socialista. En mi opinión el segundo caso va a ser factible si se profundizan los rasgos anticapitalistas y socialistas en el sistema, no depende de que haya una bonanza económica, se puede tener bonanza económica o crisis económica, pero eso no es decisivo para lo que yo estoy hablando. Es importante claro, pero no es decisivo, puede ser que se llegue a tener bonanza económica y que naufrague la transición social, puede ser que la economía siga siendo una economía al servicio de las personas, y ese es el gran éxito económico de Cuba. Por eso se dice: ”Los cubanos hicieron la educación y la salud pero económicamente son un fracaso”, es una mentira, es una mentira vulgar. Lo que pasa es que el poder y la influencia del capitalismo en la mente de las personas, incluso hay muchas personas que a veces creen que están lejos de él, o sea el éxito económico mayor cubano fue poner la economía al servicio de las personas. Si la economía sigue al servicio de las personas entonces sí podemos seguir hablando de transición socialista, tenga o no tenga grandes éxitos, aunque sé, estoy convencido, de que no puede estar en bancarrota, de que hay ciertos límites que no se pueden transgredir. Pero por otra parte pienso que la participación popular en el gobierno de las cosas es imprescindible, en el gobierno de las relaciones políticas, en el gobierno de la reproducción de las ideas, pero bueno esa es la lucha que los cubanos tenemos que seguir teniendo y que ocupará nuestro futuro.

E. T: Muy bien. Entonces, cuando te refieres al rechazo en la sociedad cubana a la propiedad privada, yo me pregunto si no habría que añadir o completar la idea con el hecho que si se abre la puerta a transformar un enriquecimiento personal, la propiedad privada, en relación social capitalista. Me explico: por ejemplo con un millón de pesos en una cuenta de ahorros sería posible, si hay un cambio legal –o de forma ilegal- con esta suma de dinero de alquilar la fuerza de trabajo y entonces de transformar ese dinero en capital. Es decir en una relación social que permite a su dueño alquilar la fuerza de trabajo de sus compatriotas que ahora, en esa ocasión empiezan a ser sus subordinados explotados por él. Sería un regreso a una relación capitalista entre las personas. Entonces yo me pregunto si hay ese peligro si se abre la puerta y quizás podrías, en segundo lugar, decirme si hay un rechazo a esa forma de contratar el trabajo asalariado por parte de compatriotas.

F. M: Si, yo pienso que estoy absolutamente de acuerdo con el sentido de lo que estás diciendo y, me parece muy bueno que lo hayas dicho porque efectivamente no hay en Cuba espacios. No hay espacios en Cuba para esto: esa relación fundamental y social del capitalismo. O sea no se le ocurre como posible a los que tienen esas enormes cuentas, por esto es que yo decía la diferenciación por el ingreso, incluso en algunos ha producido una alta distinción porque tienen un alto ingreso, pero no han subido socialmente mucho, son digamos los aventureros, otros tienen mayor ingreso y tienen un lugar social bastante importante, relativamente importante.

E. T: Me imagino también que hay gente que de manera ilegal contrata a otros, pero es todavía ilegal.

F. M: Si y además hay muchos miles, decenas de miles, muchos, incluso quizás cientos de miles, cuyo nivel económico ha bajado pero su nivel social no. Por ejemplo los médicos, los maestros, muchos trabajadores técnicos, su nivel económico ha bajado y su nivel social no, su prestigio social no. 60 mil médicos, 40 mil ingenieros, 300 mil maestros y profesores en un país pequeño, con montones de trabajadores de áreas no beneficiadas por otro tipo de remuneraciones. Entonces es una situación en la cual los que tienen una posición mejor, por esto yo decía no están legitimados, pero además la idea de una relación social de producción como la contratación de personas resulta todavía inconcebible, yo pienso que eso indica la fuerza todavía de los valores de la sociedad anticapitalista, creo que es imprescindible conservar esa fuerza.

E. T: ¡Ojalá que tenga razón!

 

Copyright Eric Toussaint 1999.

Esta entrevista inédita hasta hoy en español ha sido hecha en Santiago de Cuba y en La Habana en Julio 1998. Esta entrevista ha sido publicada en francés el 24 diciembre 2014 en http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article33911Hace parte del libro en francés: YannickBovy et Eric Toussaint, Le passuspendu de la révolution. Approche critique de la réalitécubaine. Éditions du Cerisier, Cuesmes-Mons, 396 pages (2001). Voir :http://risal.collectifs.net/spip.php?mot742

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de CreativeCommons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=193926

 

Cuba hoy: Patria, pueblo y soberanía // Julio César Guanche

El presidente Díaz Canel acaba de hacer un llamado “a la unidad de los cubanos”, al respeto de los cubanos, despojándonos de cualquier sentimiento de odio…”.1 En la circunstancia concreta, respecto al domingo pasado, es una declaración que puede ser muy importante.

A la vez, existe ya una historia de tres días documentada en videos confirmados que jamás se borrarán de la memoria nacional. Hay que hacer todo el esfuerzo cívico y patriótico para procesar el escenario de modos que mejoren las soluciones, y no empeoren aún más la crisis que vive la nación.

Quién es el pueblo de Cuba

El artículo 3 de la Constitución regula que la soberanía reside en el pueblo: “del cual dimana todo el poder del Estado”. Ese texto —aprobado por 86% de votos— obliga a respetar la soberanía popular y los derechos fundamentales.

El derecho de resistencia se regula contra “cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución”, e incluye todas las vías. Por ser un recurso extremo, requiere el empleo previo de otros recursos.

El primero es buscarle soluciones políticas a la protesta. Luego, declarar el estado de emergencia con garantías para los derechos fundamentales. Saltarse todo eso, y pretender sin más el “derecho de resistencia” sería un uso ilegítimo, y plantearía un escenario completamente trágico para la nación.

El nacionalismo democrático (inclusivo, antimperialista, antixenofóbico) es uno de los contenidos más fuertes de la historia cubana hasta hoy. El contenido popular es su clave. En las calles cubanas no están los esclavistas del XIX, los oligarcas de 1912, los granburgueses de 1952. 

Está el pueblo de Cuba, o parte de él, que es tan pueblo como el resto, guste o no como hable, como actúe o como piense. El pueblo cubano, en su conjunto, es el soberano. El estado cubano está obligado a escucharlo, a respetarlo y a protegerlo.

Los llamados de cubanos a la intervención y a la violencia en el caos

Existe un llamado a la intervención estadunidense por partes del sector extremista del exilio cubano. Pagan por acciones violentas, producen a conciencia noticias falsas, incentivan a incendiar, saquear bienes, matar policías y a “poner el cuerpo” desde la trinchera de sus teléfonos. Cualquiera sea el resultado de esta situación, y de lo que se sufra en Cuba, van a seguir en su lugar.

Esa línea —que en caso alguno es todo el exilio, y menos la diáspora cubana— hará todo lo que tenga que hacer para lograr su versión del ya “se acabó”. Es imprescindible, en mi entender, distanciarse y oponerse a esa agenda por parte del espectro patriótico cubano, por radicales que sean las impugnaciones que se tengan sobre el Estado y el estado de la Isla.

 

En ningún caso, esa zona explica toda la protesta ni transfiere automáticamente su agenda a todos los que protestan. Es imprescindible distinguir y separar el uso instrumental de esas exhortaciones a la violencia civil, de las demandas y sujetos populares que hacen parte del escenario, y reconocer el espectro de las demandas en pugna.

El hecho de la intervención en sí es absolutamente inaceptable, pero más allá de su posibilidad real, la mera percepción de la amenaza de intervención incentiva el cierre de todo el campo posible de críticas hacia lo interno, y lo traslada hacia la defensa compacta de la nación, con justo derecho.

Cuba tiene un serio problema con la política estadunidense, pero también tiene problemas consigo misma y es imprescindible abrir el espacio para encararlos.

Los Estados unidos y el golpe blando

El presidente Biden ha continuado la política de sanciones, y no la ha modificado incluso en medio de la fase más grave de la pandemia. La política de bloqueo es una afrenta a la nación cubana, por ser de orden estrictamente colonial, y es un crimen contra el pueblo cubano. La actitud de Biden contradice la propia política que defendió durante la administración Obama, que aseguró que no podían alcanzarse nuevos objetivos a través de medios fracasados.

El que piense que esta situación empieza y termina aquí, o que solo se explica por el “golpe blando”, confunde el centro del problema.

 

El proyecto del golpe blando ha sido una realidad en varios procesos alrededor del mundo. El que sea agente comprobado de ese interés debe responder por ello, por ponerse al servicio de una potencia extranjera, pero no se puede cubrir toda la protesta social como si fuese una completa creación de tal empeño.

El uso desmedido de ese enfoque comporta un gran peligro político: no deja espacio a la legitimidad de ninguna demanda social que se exprese bajo protesta. Esa comprensión solo puede conducir a la represión de toda protesta. Reconocer la legitimidad de demandas que están hoy en juego es un golpe fuerte contra cualquier pretensión de golpe blando.

Qué se puede hacer

Se pueden y deben hacer algunas cosas ahora mismo. Comparto las siguientes desde la urgencia y la necesidad de ser útil, seguramente insuficientes, pero no irrelevantes.

Detener de inmediato toda represión policial sobre población desarmada, que se exprese pacíficamente. Contener con normas de proporcionalidad, y reglas claras de responsabilidad, las acciones violentas civiles contra personas y bienes. Prohibir el uso de armas letales excepto en caso inminente de peligro de muerte para cualquier persona. Ningún militar vestido de civil en la calle. Ninguna convocatoria a centros de trabajo, unidades del servicio militar, etc, a participar de respuestas violentas contra protestas.

 

Asimismo, procesar solo a personas que hayan cometido delitos graves sobre otras personas o bienes, teniendo en cuenta la gravedad de las consecuencias y el contexto en el que se produjo. Promesa, con garantías, de revisar la actuación policial con sanción firme para casos de excesos, con información precisa sobre los detenidos, retirada de cargos para todos los manifestantes pacíficos, y debido proceso para los actores civiles de violencia con daños calificables acorde a Derecho. Asegurar el servicio de internet. Facilitación de servicios de chequeo de fake news. Convocatoria a la paz social, en sentido fuerte, con ampliación y aplicación de derechos de participación y expresión, como el de manifestación pacífica.

También, adelanto urgente del plan legislativo de todas las leyes pendientes relacionadas con derechos civiles y políticos. Aceleración y puesta en práctica inmediata, con información precisa de sus cronogramas, de medidas de beneficio popular, como impulso mayor a los proyectos de producir alimentos en el ámbito nacional, con suspensión temporal de inversiones de largo plazo, y su recolocación en planes sociales de emergencia (ya se anunciaron medidas de este tipo, pero es necesario mucho más), con medidas renovadas de protección social especiales para los sectores más desfavorecidos como la vejez, los hogares unipersonales de personas con bajos ingresos,  las madres solteras, y los barrios más empobrecidos, con beneficios aduanales para productos de primera necesidad, y con la aceleración de la revisión y aceptación de demandas de la emigración cubana sobre sus derechos en y sobre el país.

 

Ya sabemos que Diubis Laurencio Tejeda ha muerto. Se ha repetido por años que el “primer muerto” sería un beneficio para el programa oficial estadunidense de agresión contra Cuba, pero hay algo anterior a ello: es la ética revolucionaria de la vida, para la que resulta intolerable un solo muerto, sea del “bando” que sea, y “beneficie a quien beneficie” su muerte.

Parte de esa ética es plantearse a fondo la pregunta sobre las causas de la rabia política y el odio radical que hemos visto recorrer el país, más allá de etiquetas como los “odiadores de siempre”, o los “mercenarios habituales”, que solo estigmatizan, esconden y reproducen el problema.

La protesta pacífica es un derecho, no lo es agredir personas ni bienes sociales. Todos los revolucionarios tienen derecho a defender sus convicciones, también de modo pacífico. Ni golpe blando, ni bloqueo, sí democratización, como decía Martí: pan y libertad, que como el verso, o se salvan juntos, o se condenan los dos.

***

Nota:

1 La cita completa es esta: “Díaz-Canel hizo un llamado “a la unidad de los cubanos, y llamando al respeto de los cubanos, despojándonos de cualquier sentimiento de odio, despojándonos de cualquier vulgaridad, de cualquier comportamiento indecente pero por supuesto exigiendo las normas de disciplina, las normas que garantizan en nuestra sociedad esa tranquilidad social. Y ya veremos, cuando en otro momento evaluemos lo que significó este momento y lo que quisieron hacer con Cuba y con nuestro pueblo, (…) cuánta mentira, cuánto odio, cuánta saña, cuánta maldad se calculó para todo esto”.

 
Fuente: OnCuba News
 

Prólogo a Moral burguesa y revolución, de León Rozitchner // Oscar Masotta

Los filósofos hablan de ética, pero ¿es posible la ética? Es decir, ¿existe el derecho a “hablar” de ética? Si la razón extrajera su criterio de validez sólo de su coherencia interior, bastaría hablar coherentemente de ética para ser morales. Pero ya lo sabemos: todo pensamiento es pensamiento de algo, porque ni la razón ni la reflexión se alimentan de sí misas. Pero entonces, usted, que filosofa, que conoce de algún modo aquello por lo cual pregunta, ¿cómo se las arregla para silenciar con su pregunta la presencia dramática de las guerras, de la muerte, de la revolución?

Por la paciencia obsesiva que Rozitchner pone en fijar y describir las estructuras de las conductas morales –cuando ellas no son casualmente las pacíficas del filósofo que sólo opera con conceptos– revela la significación de una mala filosofía, esa que se niega a poner a prueba la reflexión al contacto con el hecho de la muerte concreta, la muerte histórica, política. Los invasores de Playa Girón, un momento después de empuñar las armas contra sus hermanos, se muestran como filósofos agnósticos cuando son llevados por los revolucionarios a declarar ante las cámaras de televisión.
He ahí a este prisionero que declara que nada tiene que ver con los propósitos imperialistas en el momento mismo en que es apoyado por los aviones y destroyers norteamericanos, que no se reconoce cómplice ni responsable del gobierno de Batista cuando era funcionario de ese gobierno. La miseria, el hambre, la muerte de los otros no toca ni hiere a su buena conciencia y no reconoce otras exigencias racionales sino aquellas que le proporciona la razón estrecha de la ideología de clase a que pertenece.

Se comprende entonces el propósito oblicuo del hermoso libro de Rozitchner: tratar a los contrarrevolucionarios cubanos como si fueran filósofos para sugerir los puntos en común entre la ideología que los mueve y toda la filosofía ajena al marxismo. Y quien dice  filosofía ajena al marxismo dice, en nuestro país, filosofía universitaria. Realizar la filosofía, decía Marx. Encontramos un filósofo a la obra en cada hombre concreto, nos dice Rozitchner, y atisbaremos
en los prisioneros de Playa Girón la miseria de la filosofía que los refleja. Si la filosofía es la filosofía sin clases sociales, sin mal y sin revoluciones nadie será menos filósofo que Rozitchner; pero si la filosofía no es más que un intento de mantener palpitante la exigencia humana de racionalidad y de universalidad al contacto vivo con el
mal y las tragedias de la historia, podremos llamar filósofo, contra su propio gusto, a Rozitchner. Uno adivina por detrás de su prosa revuelta y salpicada de tecnicismos filosóficos que han perdido su mero valor técnico hasta hacerse sarcasmos, toda la lucidez, el rigor y la presencia un poco sombría de un hombre que no se perdona
ser filósofo, y que habiendo elegido el terreno de la reflexión ética, sólo está a gusto al contacto con las cosas: la política de su país o la Revolución Cubana, la guerra o el hecho de la muerte, la lucha, la violencia, esto es, al contacto con la verdad.
Oscar Masotta, 1963

Prólogo a la primer edición

Clinämen: Cuba y la revolución dentro de la revolución

Conversamos con Víctor Cassaus, quien coordina junto a María Santucho el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau en La Habana. Acaban de editar el libro “Crónicas de Segunda Cita” de Guillermo Rodríguez Rivera, material que compila sus textos en el blog Segunda Cita del trovador Silvio Rodríguez. En esta conversación Víctor habla del presente de Cuba, del ejercicio de la crítica en la Isla y los cambios sonoros a partir de la política de Obama para con el bloqueo. 

[fuente: http://ciudadclinamen.blogspot.com.ar/]

La forma humana y el valor. Medio siglo sin el Che // Diego Sztulwark

 La forma humana y el valor. Medio siglo sin el Che

                                                                                                          Diego Sztulwark

Serie: ¿Quién necesita la revolución?

A Fernando Martínez Heredia
El hombre del siglo XXI es el que debemos crear, aunque todavía es una aspiración subjetiva y no sistematizada.
Che
Si la guerra está en la política como violencia encubierta en la legalidad, se trata de profundizar la política para encontrar en ella las fuerzas colectivas que, por su entidad real, establezcan un límite al poder. La guerra ya está presente desde antes, solo que encubierta. Por eso decimos: no se trata de que neguemos la necesidad de la guerra, solo afirmamos que hay que encontrarla desde la política, y no fuera de ella. Porque de lo que se trata en la política es de suscitar las fuerzas colectivas sin las cuales ningún aparato podrá por sí mismo vencer en la guerra.
León Rozitchner
El presente es lucha, el futuro es nuestro.
                                   Che

 


I
Un libro notable de Alain Badiou, El siglo,propone reflexionar sobre un lapso de tiempo que se pensó a sí mismo bajo la exigencia de transformar al hombre, intensificar la vida, dominar la historia. Entre 1917 y 1976 (la muerte de Mao), el siglo puede ser pensado como comunista, aunque también puede serlo como el siglo totalitario si se lo analiza como aquel cuyas categorías condujeron con reiteración al campo de la concentración y el exterminio. El siglo XX es pensable en simultáneo como el período en el cual las fuerzas del capital, la democracia y las sociedades de mercado se liberan triunfantes. En todos los casos, lo que está en juego de modos muy distintos es la idea misma de transformación. La idea de “hombre nuevo” -el Che Guevara no la inventó, pero le fue esencial- no se afirma en el siglo sino a partir de una acentuada desconfianza en la historia. Si el humano debe forzarse a sí mismo, modelarse en algún sentido, es porque ya no se espera que la historia por sí misma provea un sentido ni que lo lleve a su cumplimiento. Aun cuando hubiere un sentido en la historia, esta no posee los medios para realizarlo. Toda proyección política de una remodelación subjetiva parte de un estado agudo de sospecha, lo que en el caso del Che se acentuaba por su fuerte conciencia de la “excepcionalidad” de la Revolución Cubana.
II
En 1965, el Che Guevara publica “El socialismo y el hombre en Cuba”, en el semanario Marcha de Uruguay, donde plantea el papel de los aspectos llamados “subjetivos” en el proceso histórico de superación del capitalismo y de construcción de una nueva sociedad. Individuo y sociedad, subjetivo y objetivo, moral y material, cualitativo y cuantitativo, son los términos de una dialéctica que propone la cuestión del hombre nuevo como tarea principal de la revolución. “Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material, hay que construir al hombre nuevo”, y el instrumento adecuado para lograrlo, en el nivel de la “movilización de las masas”, debe ser de índole “moral”, sin despreciar el uso adecuado de los “estímulos materiales”, ya que la “más importante ambición revolucionaria” es “ver al hombre liberado de su alienación”.
La formación de unas masas no sumisas, que actúen por vibración y no por obediencia, constituye para el Che la fuerza principal del proceso revolucionario. Ellas son la fuente de un nuevo poder -coercitivo y pedagógico- imprescindible en la tarea de constitución de una subjetividad nueva, libre de la coacción que sobre la humanidad ejerce la forma-mercancía. Pero, advierte, esta fuerza nueva de unas masas revolucionarias constituye un fenómeno “difícil de entender, para quien no viva la experiencia de la Revolución”. Estas masas nunca fueron pensadas por Freud en su célebre estudio sobre las “masas artificiales”. Y no es que los movimientos de liberación que se dan dentro del sistema capitalista no deseen su transformación, sino que estos no devienen revolucionarios, dice el Che, porque viven lo que dura la vida del líder que los impulsó “o hasta el fin de las ilusiones populares, impuesto por el rigor de la sociedad capitalista”.
El freno a ese impulso es la persistencia de la ley del valor, fuente del “frío ordenamiento” que además de regir la producción de mercancías está en la base de un modo de individuación humana. Las masas revolucionarias poseen, para el Che, una potencia expresiva (y cognitiva) capaz de introducir al individuo, “el ejemplar humano, enajenado”, en la comprensión de ese “invisible cordón umbilical que lo liga a la sociedad en su conjunto”, a la ley del valor que actúa sobre todos los aspectos de su existencia (Spinoza había definido el poder de actuar del dinero como el “compendio de todas las cosas”). La conmoción que las masas revolucionarias provocan en el ser social, explica el Che, da inicio a nuevos procesos de individuación porque afectan al individuo en su doble faz de ser singular y de miembro de una comunidad, libera la forma humana y le devuelve a cada quien su condición “de no hecho, de producto no acabado”. No hace falta suponer que el Che conocía a su contemporáneo Gilbert Simondon para aceptar que su pensamiento se orientaba hacia una teoría política de la individuación socialista como apertura del individuo a un común preindividual, que el capitalismo esteriliza por medio de una continua prefiguración (modulación).
¿Qué es la ley del valor? Brevemente: las relaciones laborales de producción entre las personas en una economía mercantil-capitalista adquieren necesariamente la forma del valor de las cosas, y solo pueden aparecer bajo este modo material. El trabajo solo no puede expresarse más que a través de un valor dado. La ley del valor, en la tradición marxista, designa la teoría del trabajo abstracto presente en toda mercancía (en la que el valor de uso se subordina al de cambio), siendo el trabajo la substancia común de todas las actividades de la producción. La magnitud del valor expresa el vínculo existente entre una determinada mercancía y la porción de tiempo social necesario para su producción. La ley del valor es una parte de la ley del plusvalor (explotación) y manifiesta la existencia de un orden que dota de racionalidad a las operaciones de los capitalistas, así como a las acciones tendientes a conservar el equilibrio social en medio de los desajustes y estragos provenientes de la falta de una planificación racional de la producción.[1]

El Che Guevara comprende que el máximo desafío que enfrenta una revolución social tiene que ver con ese persistente mecanismo creador de subjetividad que actúa desde las profundidades del proceso de producción. Para interrumpir su influencia apela a la tensión socialista entre masas revolucionarias y nuevas instituciones, proceso de transformación económico y político que favorece la reapertura del proceso de individuación implicado en la idea de “hombre nuevo” (diremos de ahora en adelante: humanidad nueva). Se trata de una puesta en acto de la cuestión de la pedagogía materialista tal como Marx la esbozaba en 1845: el propio educador es quien debe ser educado. La educación de la nueva humanidad no queda a cargo de una instancia pedagógica esclarecida sino que surge del pliegue -o interacción- entre la vibratilidad de las masas y el carácter permanente inacabado de un individuo articulados en instituciones que conectan fronteras a la influencia de ley del valor.

Fidel Castro, discurso en Cuba
 
III
La revolución es un movimiento de la tierra. Deleuze y Guattari la llaman “desterritorialización absoluta”. La salida de la tierra de la esclavitud, el éxodo por el desierto, la promesa de una nueva tierra de libertad. La revolución es también un movimiento que afecta el tiempo, porque la constitución de un nuevo poder colectivo supone una nueva capacidad de crear un presente y un futuro. El sabio Maquiavelo decía que la unidad de la república consistía en la capacidad de los pobres en unirse en la formación de una potencia pública capaz de imponer en el presente un temor sobre el futuro a los poderosos. La nueva sociedad en formación, dice el Che, nace en una dura competencia con el pasado en el que arraiga la “célula económica de la sociedad capitalista”. Mientras estas relaciones persistan como un poder muerto del pasado sobre una tentativa vital del presente, “sus efectos se harán sentir en la organización de la producción y, por ende, en la conciencia”.
El sujeto de este proceso -las masas revolucionarias y el individuo capaz de creación- es percibido por el Che como liberación del trabajo, es decir, como capacidad de rebelión de lo que Marx llamaba el “trabajo vivo”, dado que esa liberación no se reduce a lo que el liberalismo entiende como juego democrático. La capacidad de romper las ataduras definidas por la ley del valor no se deciden en el plano restringido de la legislación jurídica, y la cuestión del Estado ya no será planteada en su pretendida autonomía, sino como forma colectiva correlativa a la ley del valor.  
Esta comprensión marxiana de la ley del valor lo lleva a una comprensión más leninista que marxista de la ruptura revolucionaria. La revolución no surge, dice el Che, de una explosión producto de la maduración de las contradicciones que acumula el sistema capitalista (como creía Marx), sino de las acciones que “desgajan del árbol imperialista” a países que son como “sus ramas débiles” (como enseña Lenin). El capitalismo alcanzó un desarrollo en el que sus contradicciones y crisis no reducen su capacidad de organizar su influencia sobre la población de modo automático.
Durante el período de transición, dice el Che, se presenta la peligrosa tentación –la “quimera”- de acudir a las armas “melladas que nos lega el capitalismo” (las categorías que se desprenden de la forma mercancía: rentabilidad e interés material individual como palanca de desarrollo, etcétera). Orientado por estas categorías, el socialismo conduce a un callejón sin salida (¿está pensando el Che en la NEP de Lenin?) donde los revolucionarios conservan el poder político mientras que “la base económica adoptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia”. Para el Che, la construcción del comunismo no debe reducirse, por lo tanto, al estímulo de la base material sino suscitar, de modo simultáneo e inaplazable, al “hombre nuevo” (humanidad nueva). Para ello, la movilización de masas debe basarse en contenidos morales: “Una conciencia en la que los valores adquieren categorías nuevas”, dice el Che, afirmación que parece proveniente no solo de un lector de Marx sino también de Nietzsche, cuando unifica la idea de valor moral con la de valor económico. La crítica del Che fundada en la noción de valor (la reivindicación de los valores de uso junto a la inversión de los valores morales) trabaja en los efectos de las enseñanzas de los grandes maestros de la sospecha.
La revolución –y ya no la crisis- será entonces el espacio en el cual se planteará el problema más difícil: el de la disputa por la producción (material y subjetiva) de las mujeres y los hombres. El socialismo se da para el Che como fluidificación de lo fijo y articulación compleja entre multitudes que marchan al futuro, como espacio de experimentación de esta producción y creación de un complejo de instituciones revolucionarias a cargo de generar conductas libres de la coacción económica, en base a nuevas formas de cooperación y de toma de decisiones. Aun hoy esas formas permanecen relativamente increadas, si bien la experiencia de invención de fronteras al mando del capital es una práctica habitual y frecuente en las luchas sociales de diversas escalas (la lucha social como laboratorio). El propio Guevara era consciente de que esta tarea debía ser llevada a cabo, a pesar de que cierta izquierda escolástica aferrada a dogmas y a esquemas preformados había frenado el desarrollo de una “filosofía marxista”, dejando al socialismo huérfano de una economía política para la transición revolucionaria. (A esta última cuestión se dedicó el Che de un modo más sistemático de lo que en general se conoce.)
IV
La Revolución Cubana introdujo en el continente una polémica directa sobre la “forma humana” correspondiente a la superación del neocolonialismo y el capitalismo. Así lo comprendió Alberto Methol Ferré, pensador latinoamericano que se presenta como próximo a Jorge Bergolio y que fue un relevante asesor de Antonio Quarracino en la polémica contra la teología de la liberación a fines de los años 70. “La Iglesia –dice Ferré- rechazaba al marxismo esencialmente por su ateísmo y su filosofía materialista. No se le oponía en su vocación de justicia social. Y no hay que olvidar que el marxismo encarnó el despliegue en la historia del más amplio e intenso ateísmo conocido hasta el momento. Hasta que no fue sintetizado por el materialismo histórico marxista, el ateísmo no se convirtió en un movimiento histórico organizado”.[2]Ahora bien, en América Latina, recuerda Ferré, el marxismo “tiene el rostro de la Revolución Cubana”. Es ella la que lo torna “realmente significativo”. Cuba “representa el retorno de América Latina” y “Fidel Castro es el nombre de mayor influencia y de mayor repercusión que jamás haya habido en la historia contemporánea de América Latina”, superando incluso a Simón Bolívar. “Cuba fue una suerte de onda anómala”, en la que la “simbiosis Che-Fidel” obró como síntesis capaz de vincular los extremos geográficos del continente. Y fue también una “gigantesca revancha moral de la juventud de América Latina” que acabó por provocar “un holocausto de jóvenes latinoamericanos, fascinados por el Che, que terminaron perdiendo contacto con la realidad”.
Una Iglesia sin un enemigo principal, dice Ferré, se queda sin capacidad de acción. La “enemistad” para la Iglesia es inseparable de un “amor al enemigo”, que busca “recuperar al enemigo como amigo” reconociendo en el enemigo una verdad extraviada en su ateísmo. Y bien, una vez concluida la enemistad con el marxismo (que en América Latina se expresó para Ferré como guevarismo) a partir de su derrota del año 1989, la Iglesia procura recuperar para sí la crítica (ya no radical) del capitalismo y apropiarse de su áurea revolucionaria para combatir a un enemigo nuevo y temible, que ya no es el mesianismo marxista sino un nuevo ateísmo que se comporta como un “hedonismo radical” (un “agnosticismo libertino”): un nuevo consumismo infinito que renuncia a cualquier criterio de justicia y para el cual el único valor es el poder. Caído el marxismo, el enemigo ahora es el neoliberalismo, un ateísmo libertino que hace la apología de los cuerpos sensibles.
V
Un año después de la aparición de El socialismo y el hombre en Cuba, León Rozitchner publicaba en la revista La Rosa Blindada, de Argentina, y en la revista Pensamiento Crítico, de Cuba, “Izquierda sin sujeto”, un artículo que discutía con el peronismo revolucionario de su amigo John W. Cooke, donde contrapone dos modelos humanos a partir de sendos liderazgos de contenidos opuestos: Fidel Castro y Perón. Mientras el último era el “cuerdo”, ya que se inclinaba por conservar a la clase trabajadora dentro de los marcos de sumisión del sistema, el primero era el “loco”, puesto que había catalizado las insatisfacciones y disidencias dispersas en el campo social cubano y había operado, a partir de ellos, una revolución social. Según Rozitchner, la revolución no se consuma con ideas puramente coherentes en la teoría, ni tampoco por medio de logros materiales inmediatos en la práctica. Ambos aspectos deben ser replanteados en torno a una praxis que transforma al sujeto, una “teoría de la acción” que permite por fin un “pasaje a la realidad”. La tarea de crear un “hombre nuevo” (humanidad nueva) en torno a unas masas revolucionarias no era tarea sencilla en la Argentina, y para afrontar esas dificultades Rozitchner se sumerge en la obra de Freud.
Rozitchner había expuesto en sus libros Moral burguesa y revolución, y luego en Ser Judío, su comprensión muy temprana de lo que la revolución cubana ponía en juego en todo el continente; y su obra, al menos hasta el exilio, puede ser concebida como una confrontación filosófica y política sobre la forma humana a partir de una lectura encarnizada de Marx y Freud invocados desde América Latina para el despliegue de una nueva concepción de la subjetividad revolucionaria.
Freud y los límites del individualismo burgués en su primer edición por la editorial Siglo XXI. Recientemente fue reeditado por la Biblioteca Nacional bajo la gestión de Horacio Gonzalez.
VI
Unos años después, en 1972 y ya pasados 5 años desde la muerte del Che, Rozitchner vuelve a tomar la Revolución Cubana como motivo de una contraposición entre “modelos humanos” antagónicos. En su libro Freud y los límites del individualismo burgués escribe: “Creemos que aquí Freud tiene su palabra que agregar: para comprender qué es la cultura popular, qué es actividad colectiva, qué significa formar un militante. O, si se quiere, hasta dónde debe penetrar la revolución, aun en su urgencia, para ser eficaz”. Y agrega que la teoría psicoanalítica debe volver a encontrar “el fundamento de la liberación individual en la recuperación de un poder colectivo, que solo la organización para la lucha torna eficaz”.
El revolucionario, dice Rozitchner en un apartado llamado “Transformación de las categorías burguesas fundamentales”, es un operador fundamental de la cura en tanto que trastoca la “forma humana” en la que se expresa e interioriza el conjunto de las contradicciones del sistema de producción social. El revolucionario, en la medida en que actualiza el enfrentamiento con lo que lo somete ya no solo en el campo de sus fantasías sino en el efectivo plano histórico, adopta la imagen de un “médico de la cultura”, y así se liga con la de las masas insurrectas que señalan la salida de las “masas artificiales” teorizadas por Freud.
Todo lo contrario de lo que ocurre en el plano religioso, según Rozitchner, en el que Cristo “nos sigue hablando, con su carne culpable y castigada, de inconsciente a inconsciente, de cuerpo a cuerpo, en forma muda”. En la religión “encontramos solo la salida simbólica para la situación simbólica, pero no una salida real para una situación real: nos da la forma del padre pero no la del sistema de producción, donde ya no hay un hombre culpable, sino una estructura a desentrañar”. Cristo forma sistema “con la fantasía infantil, pero no con la realidad histórica”. Rozitchner encuentra entonces en este Cristo de la religión el tipo de forma humana opuesto al del Che Guevara. En tanto que modelos de forma humana, el primero, perteneciente a lo religioso, funciona como el del “encubrimiento” y el segundo, próximo al psicoanálisis freudiano, como el del “descubrimiento”, considerando que los modelos son dramatizaciones, “como los dioses del Olimpo, de las vicisitudes de los hombres”, con diferentes potenciales de acceso al sistema de relaciones sociales que toda forma humana conlleva.
En efecto, para Rozitchner se destacan dos tipos de modelos: “los congruentes con el sistema, los que en su momento fueron creadores de una salida histórica y que sin embargo se siguen conservando más allá de su tiempo y del sistema que los originó, como si fueran respuestas siempre válidas, aunque en realidad ya no (la figura de Cristo, por ejemplo)” y aquellos que, actuales, asumen su tiempo “y la necesidad de su unilateralidad como aquellas cualidades que deberían conquistar por ser fundantes de otras (la figura del Che, por ejemplo)”. Estos últimos asumen su tiempo sin modelos verdaderos y deben enfrentar, por lo tanto, “la creación de nuevas formas de hombre” y de mujer en los que la “necesidad actual, determinada” se exprese. En este último caso, dice Rozitchner, no se trata de un superyó, porque el modelo humano carece “del carácter absoluto que adquieren los otros: la lejanía y la normatividad inhumana aunque sí entran a formar parte de la conciencia de los hombres, como formas reguladoras del sentido objetivo de sus actos”.
Esta distinción le permite a Rozitchner explicitar el carácter político que asume en Freud el superyó colectivo. Si toda forma humana evidencia un sistema histórico en sus contradicciones más propias, contradicciones que mujeres y hombres interiorizan, sin poder zafarse de ellas a no ser bajo la forma de la sumisión, la neurosis o la locura, entonces la única posibilidad histórica de cura sería el enfrentamiento también con los modelos culturales, que regulan las formas de ser individual como las únicas formas de humanidad posible.
El Che Guevara es tomado por Rozitchner, entonces, en 1972, como modelo revolucionario del superyó, contra el oficial. “Siguiendo el caso del Che Guevara, se ve claramente cómo su conducta aparece, en tanto índice de una contradicción cultural, asumida por él hasta el extremo límite del enfrentamiento” y se ve al mismo tiempo cómo, en la dinámica del enfrentamiento, Guevara suscita “la forma de hombre adecuada al obstáculo para que se prolongue, por su mediación, en los otros como forma común de enfrentamiento y lucha”. Rozitchner sostiene que este modelo guevariano, que enfrenta al sistema no en sus fantasías sino en el terreno del sistema de producción capitalista, abre “para los otros el sentido del conflicto y muestra a los personajes históricos del drama, en el cual cada uno debe necesariamente incluirse”.
VII
A fines de los años 70, León Rozitchner (a quien seguimos tratando de mostrar que su filosofía contiene un dialogo y una elaboración de las más importantes intuiciones del Che) escribe Perón: entre la sangre y el tiempo. En este libro problematiza la relación de la izquierda argentina –peronista o no- con la violencia política como parte de una reflexión más amplia sobre la guerra y las ilusiones que conllevan a la derrota (esta cuestión se ahonda en su libro Malvinas: de la guerra sucia a la guerra limpia y en su polémica con el filósofo Oscar del Barco). En el corazón de sus preocupaciones sobre el problema de la violencia, Rozitchner no se pliega a una condena a esta, sino que intenta pensarla desde la izquierda: no condenar la violencia por ser violenta sino por no haber hecho la distinción imprescindible entre violencia (de los poderes) y contraviolencia. Rozitchner lee los trabajos militares de Perón, pero también del teórico de la guerra Carl von Clausewitz, y elabora una filosofía de la guerra en la se puede distinguir la diferencia entre una violencia ofensiva, conquistadora, que tiende a utilizar la categoría de asesinato como categoría posible de la violencia; y lo que él llamará una contraviolencia de izquierda, que es siempre defensiva, que siempre parte de la movilización popular y que nunca incorpora como razonamiento fundamental el asesinato. Pasadas varias décadas, podemos corroborar que esas distinciones están más vigentes que nunca. El aumento de la violencia represiva, asesina, o la violencia loca no ha dejado de proliferar sobre el cuerpo de las mujeres, de los jóvenes en los barrios y, por lo tanto, también se activan movimientos de contraviolencia. Esta situación la vemos con claridad en el caso de la desaparición de Santiago Maldonado, como también en la irrupción activa del movimiento de mujeres y de los organismos de derechos humanos. El problema de la contraviolencia sigue planteado, y lo que hay que dilucidar es cómo se resiste a este tipo de violencia asesina. Cómo los cuerpos individuales y colectivos pueden tener categorías, elaboraciones, formas de componer una ética que corte con la violencia opresiva, que corte con la violencia asesina sin repetirla, sin copiarla, sin volverse ella misma asesina y loca, derechista. Se trata de la recuperación del problema de la relación entre violencia y obediencia, en un contexto nuevo donde problematizar estas cuestiones sea un modo de no acomodarse a la derrota. En ese intento de volver a plantear el problema de la violencia se juega la lectura que Rozitchner hace de la figura de Guevara. Frente a una reivindicación de tipo idealista del Che Guevara (la idea básica de un Guevara cristologizado, cuya verdad proviene de una supuesta disposición a hacerse matar), Rozitchner recupera su imagen justamente para analizar el modo de plantear el problema de la violencia en un campo de antagonismos, en el que la violencia asesina, siempre presente, no puede convertirse nunca en el modelo de la violencia revolucionaria.
VIII
El neoliberalismo de estos años invoca un cuerpo sensible que ya no aspira a ninguna idea de supresión de las estructuras de dominación –al contrario, para esa subjetividad estas resultan simplemente inexistentes- ni refiere su propia potencia a instancia colectiva o revolucionaria alguna -solo reconoce la empresa y la competencia como dinámicas colectivas legítimas-. Se trata de un ateísmo sin trascendencia –en palabras de Ferré-, aunque dispone de saberes prácticos sofisticados respecto de los procesos micropolíticos de la subjetivación. Unos saberes que excluyen y borran eso que Marx y Freud habían inventado, cada uno por su cuenta en sus respectivos campos: la escucha del síntoma –lucha proletaria o deseo- que conlleva una alianza con un proceso de verdad aún por concretar. La alianza con el síntoma, en el plano social e individual, daba lugar para las subjetividades críticas (que hoy se patologizan) a un nuevo modo de concebir la verdad como aquello a lo que solo se accede mediante la autotransformación del sujeto. Es este sujeto el sujeto de la investigación militante.  Es el sujeto que queda abolido por un nuevo sacerdocio –vaticano o neoliberal-, que vuelve a sujetarlo a su condición natural, orgánica y creada. Doble fijación: a una salud fundada en la estabilidad y a una visión moralista del mundo. El sujeto en tiempos de terror es el sujeto impotente con respecto a los fenómenos de violencia, capturado por la teología política de la propiedad privada, de la cual solo se discuten sus abusos y excesos.
La novedad con referencia a sus presentaciones anteriores es la pretensión de lo neoliberal de revestir las operaciones del capital con un llamado al disfrute, al goce, a la libre elección sobre la realización personal. Se propone una nueva manera de adhesión a la vida capitalista bajo el supuesto de que la vida crítica es difícil y triste, además de sospechosa. Quien no participe del juego transparente del amor a las cadenas es un inadaptado, alguien patológico, tal vez un terrorista. Si todo esto no termina de cuajar del todo es simplemente porque el discurso del capital es muy despótico y es poseedor de una violencia intrínseca fundamental.
La coyuntura argentina actual –últimamente discutida en términos de si la derecha en el poder es más o menos “democrática- quizás pueda ser entendida como la asunción, en el plano directo de lo político, de eso que ya ocurre desde hace tiempo al nivel de unas micropolíticas neoliberales: la disputa por la forma humana. Si prolifera la sensación de una contrarrevolución en marcha, tal vez sea por el modo como se retoman los elementos de esa “humanidad nueva” que para Guevara solo eran concebibles en la ruptura con la ley del valor, como parte de un proyecto de modelización comunista. El actual entusiasmo desbordante con la idea de un porvenir sin rupturas imagina el diseño humano confinado a los efectos de la alianza entre economía de mercado y nuevas tecnologías.
Claro que hablar de contrarrevolución tiene un inconveniente insalvable, puesto que no es posible identificar una revolución previa a la que se procura liquidar o absorber (la coyuntura del kirchnerismono fue revolucionaria). El gesto futurista, que por momentos esboza la ofensiva actual de la derecha sobre el plano de la sensibilidad y de las ideas, es parte de una estrategia de inscripción violenta de todos aquellos rasgos de una nueva subjetividad en el orden del capital: entusiasmo, deseo de libertad, capacidad creativa, sentido comunitario, disfrutes vitales varios, asuntos asociados en el pasado con el proyecto revolucionario -y con la ruptura de la ley del valor- se conciben ahora como sólo alcanzables en términos individuales por medios completamente adaptativos (la inercia que brota de los dispositivos comunicativos, tecnológicos y corporativos  que se trata de sostener a como de lugar).
Quizás convenga retomar el lenguaje de Alain Badiou y nombrar nuestro tiempo como restauración (rechazo de toda revolución). Marco Teruggi dijo hace poco que la situación en Venezuela era la de una revolución incompleta respondida por una contrarrevolución completa. Este sentido de la desproporción no habla sólo del rechazo a la revolución. Dice algo también sobre una cierta atracción reaccionaria que provocan los elementos de las subjetivaciones autónomas. Contrarrevolución, quizás, como labor continua de esterilización comunicacional y refuncionalización neoliberal de todo aquello que surge como elemento de fuga y resistencia a la coacción de la economía del valor. La teorización de Félix Guattari sobre las “revoluciones moleculares” tal vez sea aún hoy las más acertada para describir una heterogénesis activa y proliferante que adopta la forma de luchas, fugas y transformaciones. Los movimientos indígenas, comunitarios, de mujeres, de trabajadores de la salud, de la educación, del arte, de los trabajadores informales, de la economía popular, entre otros, constituyen un campo de batalla fundamental, en el momento mismo en que lo neoliberal hace de la subjetividad su principal preocupación, y permiten retomar en un nuevo contexto la cuestión guevariana de la ruptura entre ley del valor y obediencia.
                                                                      


[1] “En Marx, sin embargo, la ley del valor se presenta bajo una segunda forma, como ley del valor de la fuerza de trabajo” consistente en “considerar el valor del trabajo no como figura de equilibrio, sino como figura antagonista, como sujeto de ruptura dinámica del sistema” en la medida en que se considera –como lo hace Marx- a la fuerza de trabajo como “elemento valorizador de la producción relativamente independiente del funcionamiento de la ley del valor” como vector de equilibrio. (Toni Negri en “La teoría del valor-precio: crisis y problemas de reconstrucción en la postmodernidad, en Antonio Negri y Félix Guattari, Las verdades Nómadas y General Intellect, poder constituyente, comunismo, Akkla, Madrid, 1999). Negri escribe sobre el Che: “Es extraño pero interesante y extremadamente estimulante, recordar que el Che había tenido la intuición de algo de lo que ahora estamos diciendo. Esto es, que el internacionalismo proletario tenía que ser transformado en un gran mestizaje político y físico, que uniera lo que en ese momento eran las naciones, hoy multitudes, en una única lucha de liberación”. (Toni Negri, “Contrapoder”, en Contrapoder una introducción, Colectivo Situaciones y autores varios, Ediciones de mano en mano, Buenos Aires, 2001)  

[2] Las citas a Methol Ferré pertenecen al libro de entrevistas con Alver Metalli, El papa y el filósofo, Ed. Biblos, Buenos Aires, 2013.

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