A rabiar, mi amor // Claudia Huergo
Presentación del fanzine Poesía travesti resentía y furiosa de Claudia Rodríguez, publicado por Ediciones té de boldo.
Córdoba-Santiago de Chile, 5 de marzo 2021
Escribir algo del diálogo en que estoy con Claudia, sin que ella lo sepa, porque aunque ud no lo crea, la otra persona, muchas veces no tiene qué hacer con nuestras declaraciones.
La huella de la inscripción de ese afecto, que provocativamente llamaremos amor, se ha forjado por el paso del peso de su escritura. No siempre es sólo nuestro propio deseo lo que talla una huella. Hay tantas otras cosas en el mundo. Los encuentros.
Me gusta de su escritura que no es una entrega. Que lo que sea que la hace escribir, vivir, rabiar, está bien guardado. A resguardo. Que son los filamentos de su furia y de la consecutiva ternura que conlleva, lo que electriza. Por eso conviene estar cerca. Primero porque habla de una lengua que todos tuvimos antes de ser imperio. Del momento en que la letra nos estaba tomando la carne. ¿Qué es lo que centellea en la dislexia de una lengua, sino ese estado de guerra permanente donde todo el tiempo se trata de quién puede hablar?
Me gusta lo que hace su escritura con el dolor o la tristeza. No la intensifica. La pone junto con las cosas, con los paisajes, con los animales, con el humo. A veces como un accidente o una buenaventura. Asombrosamente, son cosas que te podrían estar pasando a vos. O a mí. A veces el asombro también puede ser un privilegio de clase, de raza, de género. Te puede pasar también por viejo, por enfermo, por disca, por loco. Claudia, la que escribe, nunca se deja de asombrar de tu asombro.
Cuando hace la autopsia de la máquina de desigualar que nos conforma, dibuja planos. Señala algunos interruptores. La forma de hacer fracasar, a fuerza de ternura, aunque sea por un rato, la muerte.
Lo escandaloso que hace es amar. Es una travesti que ama. Habrá que someter a concilio para determinar si el amor también es un privilegio de clase, y de los otros.
Por momentos, se le siente la felicidad salvaje. Esa felicidad salvaje es un temblor que desordena y re distribuye las vergüenzas y los orgullos. ¿Cómo es que esos (sus) puntos de vista no lograron ser domeñados?, no porque haya triunfado sobre el punto de vista imperial, sino porque su estar es una memoria de ese choque. La memoria de la resistencia que guarda un músculo, una letra mal puesta, mal dibujada: su punto de vista, desde el cual nos mira, ese mismo tan castigado. Su escritura tiene la estructura de ese músculo, de su rigidez y de su deflación. Porque tomar, servirse de la copa del imperio también puede ser anti-imperial, si se trata de un robo. Si en tu faz más minoritaria, no has sido capaz de robar nada para vos, una empatía en el momento menos esperado, una habilitación, entonces, estás frito.
Estos fanzines también hablan de nosotros, pero no son para nosotros. Tendremos que tolerar no ser los sujetos universales de una interlocución. Ser alguna vez, una cosa factible de vitalización, una fuerza convocable por palabras o por gestos, algún estado de desesperación que tenga la sutileza de no abrirse paso pisando cabezas.
Dentro del juego de lo políticamente correcto que es el juego de los privilegiados, la potencia del estallido y la furia –furia travesti- es llamada violencia, desborde, trastorno. Bonjour violencia. Ya quisieran ellos que fuera un trastorno, y no una ética. Hace falta mucha fuerza para mover un punto de vista. Muchos microgestos de autocultivo. Un catalán dice: sabemos lo que cuesta abrazar las olas del querer vivir. Pero nuestra anomalía no es la noche. Es el refuerzo que llega muchas veces en medio de la noche. Ya quisieran que toda ella fuera un trastorno, y no la ética de una anomalía. La mejor definición que escuché de anomalía estaba en la cortina de un programa de radio. Decía: anomalía es aquel que no encaja. Aquel que no encaja, o que no quiere encajar…o que no quiere encajar.
Necesitamos estar intervenidos por más puntos de vista. Haber inventado algo que no sea el punto de vista imperial. Todos somos re originales inventando lo mismo.
Propongo que todo lo que ella rompa, lo paguemos nosotros. Lo que no puede ser reparado. Ni juntadas las partes, ni puestas en valor como antigüedad o museo vivo de la rotura, ni expuestas como historia de vida motivacional. A lo mejor si está de buen ánimo, se les cague de risa en la cara. Pero si no, qué canallada pretender desactivar nuestra impotencia para cambiar algunas cosas, pidiéndole que se ría, que no se afecte. Que le reste importancia. Quisiera pedirles que no fueran canallas, pero lo inexorable no admite ruegos. Quizá una amenaza: no la vayan a buscar como ejemplo de resiliencia. No laven sus impotencias en esas aguas. No la lean para salir más blancos, más limpios. Y si de todas formas van a leerla para salir así, paguen. Porque al menos un buen revolcón se van a llevar. Si uds no van a ser parte de eso, paguen. Si no, eso tiene un nombre, se llama extractivismo.
Estos fanzines también están hechos para que ud pierda algo, alguna vez. Aunque sea dinero.

























