Dibujos para Alberto // Diego Valeriano
Los pibes no nacen chorros, pero tampoco responsables, progresistas, ortibas, menos alcahuetes. Las nenas siempre pillas -ni pollo, ni princesas- saben casi todo. Saben que les tocó en suerte, como es el papá, de qué trabaja la mamá. Saben y por más segunderas que sean, miran con fastidio cuando las quieren grabar haciendo esa pavada militante que le enseñaron.
Hay nenes que son doblegados por la manija de la visibilización política y la obviedad adulta, dicen Macri basura, ponen los dedos en V para la foto y adquieren el tono protocolar de los que explican cómo cuidarse. Hay guachinas a las que le truncan su destino de fábula desquiciada, de hacer por hacer, de reírse de la palabra culo y obtienen el modo adecuado, la corrección de moda y marchan con la tía.
Ninguna nena pilla dibuja nada a ningún presidente, ni a un gobernador, ni a una secretaria de salud, ni a Larreta. Se niega, deserta, se planta, prefiere no hacerlo, rompe el papel. Resiste ser instrumento de la alcahuetería familiar. Ningún guachin que se precie de tal quiere pasar por la vergüenza eterna de que sus garabatos -íntimos, personales, absurdos- queden eternizados como una mancha perpetua con un retweet de Alberto, por más piola que le parezca este.








