Anarquía Coronada

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Contra la violencia institucional hacia las mujeres privadas de su libertad en la unidad 31 de Ezeiza: petitorio y adhesión



El día 23 de mayo en horas de la madrugada se produjo el traslado masivo de alrededor de 30 mujeres detenidas en la Unidad 31 de Ezeiza, al Complejo IV de la misma localidad. El personal penitenciario masculino llevó a cabo (con gran violencia)  la orden de la Dirección del Servicio Penitenciario Federal (Resolución 557/2014). El lugar de las mujeres trasladadas  fue destinado  a condenados y procesados por crímenes de lesa humanidad, primero fueron 50, a la fecha el número de varones trasladados asciende a 100.
Estos traslados, además de agravar en muchos casos las condiciones de detención de las mujeres, se produjeron (como suele suceder en la mayoría de los traslados intempestivos) ejerciendo violencia física sobre ellas y despojándolas de todas sus pertenencias y documentos personales. A eso debe sumársele las requisas denigrantes a las que fueron sometidas las mujeres al ingresar al Complejo Penitenciario Federal IV, que incluyeron, entre otras cosas, la inspección vejatoria de sus cavidades genitales (en violación al fallo que prohíbe las requisas vejatoria -causa nro. nro. 10.899 del Juzgado Federal de Primera Instancia en lo Criminal y Correccional 1 de Lomas de Zamora, Secretaría nro. 1-). En líneas generales, este traslado mejoró la situación de los varones condenados por crímenes de lesa humanidad, y en la mayoría de los casos empeoró la condición de las mujeres.
La Defensoría General de la Nación y la Procuración Penitenciaria presentaron un hábeas corpus por este hecho, del cual también tomaron conocimiento la Procuración contra la violencia institucional (PROCUVIN) y la Comisión de Coordinación y Seguimiento de Control Judicial de Unidades Carcelarias. El hábeas corpus fue rechazado y actualmente la sentencia denegatoria se encuentra recurrida. Esto así, pese a la violencia denunciada y a las características del traslado, en particular, haciendo ingresar personal masculino y condenados y procesados varones por delitos de lesa humanidad en una cárcel de mujeres, en los considerados mejores pabellones del sistema penitenciario femenino.
A la vista de las mujeres privadas de libertad en Ezeiza se exponen situaciones de desigualdad respecto del trato de los presos de lesa humanidad y sus familias. Para éstos el trato  importa privilegios, mientras que las mujeres y sus familias son permanentemente asoladas por el trato inhumano y la humillación degradante en las requisas.
Estamos convencidos de que la salud y la vida constituyen derechos inherentes a todas las personas y no privilegios para unos pocos. Es de público conocimiento el hacinamiento de las cárceles y la falta de acceso a la salud de la cual es víctima la gran mayoría de las personas privadas de la libertad. De la resolución cuestionada se desprende que el SPF está finalmente admitiendo que la lejanía respecto del hospital implica una dificultad para acceder a la salud. En este sentido, la medida adoptada va en detrimento de los derechos de otras personas detenidas que padecen enfermedades y dolencias, incluso de gravedad, y requieren la misma o mayor atención médica.
La resolución se refiere a los condenados y procesados por delitos de lesa humanidad, como una “categoría de internos” que mantienen un “bajo nivel de conflictividad” calificándolos así positivamente y otorgándoles un trato diferencial respecto del resto de la población penitenciaria, vulnerando de este modo el derecho a la igualdad.
Esto demuestra la máxima selectividad del sistema penal que avanza con medidas de esta índole respecto de mujeres que suelen ser  criminalizadas por delitos menores, para favorecer a presos por delitos gravísimos contra la humanidad, cuyos privilegios se han traducido en años de impunidad que ahora se prorrogan en un tratamiento diferencial en el efectivo cumplimiento de la pena privativa de su libertad.
Evidentemente el sistema penitenciario tiene presos de primera, de segunda y hasta de tercera clase, reservando para unos un proceso de deshumanización y exonerando a otros de los rigores de la prisión y en muchos casos de la prisión misma, a través de complicidades y privilegios.  
Entendemos que la sobrepoblación carcelaria y las pésimas condiciones de detención que ostentan las cárceles del país son factores que abonan este maltrato y deben ser abordados mediante estrategias de desprisionización, así como con políticas decididas de sanción y reducción de la violencia al interior del servicio, contra y entre las personas privadas de su libertad y sus familias.
A ello se le agrega que hemos tomado conocimiento de que muy probablemente, en el corto plazo, la totalidad de la Unidad 31 será destinada a  los imputados por lesa humanidad, no permitiendo el regreso de quienes han sido trasladadas y desplazando definitivamente a las personas que actualmente se encuentran allí, principalmente mujeres con hijos y/o embarazadas. Por esto, las mujeres que aún se encuentran  en la Unidad 31 están realizando numerosas presentaciones ante los jueces a cuya disposición se encuentran, solicitando su permanencia.
Ante los hechos narrados, las organizaciones, docentes, artistas y demás personas que trabajamos y militamos en distintas cárceles, incluidas las de Ezeiza y que día a día podemos corroborar el desmejoramiento de las condiciones de las personas privadas de libertad en dichas instituciones, nos manifestamos y exigimos:
1. La pronta remoción de los detenidos varones trasladados a la Unidad 31 de Ezeiza, la que según el propio SPF fuera “modelo”, por haber sido diseñada para el alojamiento de mujeres con sus hijos menores de 4 años (Decreto N°596/96), y que asimismo, se retire de esta unidad el personal penitenciario masculino.
Consecuentemente, requerimos que en la Unidad 31 vuelva a destinarse exclusivamente a mujeres. En este sentido, exigimos la permanencia de las mujeres que se encuentran actualmente en la Unidad 31  así como la reincorporación de aquellas trasladadas a raíz  de la citada comunicación y que de acuerdo a su voluntad así lo deseen.
2.  La investigación de los hechos de violencia sucedidos en la Unidad  31 de Ezeiza en el marco de los traslados, que involucraron  denuncias de tortura, de crueldad en las penas y de tratos  degradantes,  cometidos por agentes del servicio penitenciario, la intervención de personal penitenciario masculino en la cárcel de mujeres e inspecciones vejatorias respecto de las mujeres privadas    de la libertad.
3. El compromiso formal de la Dirección del Servicio Penitenciario Federal de no producir más traslados masivos o de otra índole, que en los hechos implican un desmantelamiento progresivo de la cárcel de mujeres de Ezeiza para ser ocupada por procesados y condenados varones por delitos de lesa humanidad u otros.
4. Garantizar a las mujeres trasladadas, hasta tanto retornen a la Unidad 31, las condiciones de detención que les permitan mantener los vínculos familiares y avanzar en el régimen de progresividad de la pena, trabajo, estudio y el acceso a otras actividades.
5. El compromiso de los Ministerios Públicos y del Poder Judicial y de todas las agencias del sistema de administración de justicia para la denuncia, investigación y sanción de estos hechos. La elaboración de directivas para reducir las altas tasas de prisión que registra el sistema, en especial del uso generalizado de la prisión preventiva y que se fortalezcan mecanismos de libertad anticipada, ante la evidente situación de colapso del sistema penitenciario, entre otras medidas.


NO A LA TORTURA Y LA VIOLENCIA INSTITUCIONAL EN LAS CÁRCELES DEL PAÍS


Convocan:

YoNoFui  Asociación Civil y Cultural
Limando Rejas
Rancho Aparte Agrupación Artística
Agencia Rodolfo Walsh
ACIFad    Asociación de Familiares de Detenidos en Cárceles Federales
CEPOC    Centro de Estudios de Política Criminal y Derechos Humanos
Frente de Artistas del Borda
Agencia para la Libertad
Docentes y Talleristas Autoconvocados
Es importante que con tu firma también coloques el DNI, o número que te indentifique (cédula, personería jurídica si sos una organización) para que tu adhesión tenga validez legal.

Sabrina

por  Lo menos pensado 
(http://lomenospensadofm.blogspot.com.ar/)

– ¿Todo bien, Sabrina? -le pregunté el sábado a las 14 hs, palmeándole el hombro, suavemente.
– Todo bien, Profe -me sonrió con toda la boca abierta.
Aquel sábado por la tarde, Sabrina estaba encargada de manejar el dinero en un festival de cine a beneficio de los alumnos que viajarían a Mar del Plata para participar de las Olimpíadas de Matemática. (Más tarde, L. me comentó que ella estaba infinitamente contenta, por la responsabilidad que acarreaba la tarea que se le había asignado)
El lunes siguiente, a las 9.44 am, Sabrina tenía una bala alojada en su corazón. Algunas personas son así, reciben todo con el corazón, sin importar de quién, ni de dónde provenga. La bala provenía de afuera. La bala provenía de la calle, de la policía, más precisamente, que jugaba al far west con unos ladrones armados con pistolas de rayo láser y armas de última generación, por eso debía ser que disparaba tanto.
Nadie supo que Sabrina tenía una bala alojada en su corazón (o en su pulmón izquierdo, nada importa, ya) hasta que la revisaron en la Sala de Auxilio Vecinal. Dejó su sangre en el colegio, Sabrina. Dejó la sangre de su corazón. Siempre creí que lo más valioso que uno tiene, y que uno puede dejar a los demás, el sacrificio máximo, es su propia sangre.
Me avisó C. de lo acontecido cerca de las 11.45 am, justo en el momento en que los medios empezaban a mostrar lo sucedido, mezclando nombres de un colegio con imágenes ilustrativas de otro. Delicias de vivir en el Conurbano Bonaerense. Deduje lo peor, entonces. En ese mismo instante, hablé con P. y me lo confirmó: “Imaginate el peor de los escenarios. Bueno, ése.”
Habían llamado al SAME, después de lo del balazo. Pero el SAME no llegaba, y Sabrina escupía sangre y casi no respiraba. Y., quien trataba fervientemente de reanimarla, la cargó en la camioneta. P. la acompañó, junto con M. L. La llevaron a la Sala de Auxilio Vecinal. El SAME se acopló después allí.
En menos de quince minutos estaba en la Sala de Auxilio Vecinal. No me tocaba estar ese día en el colegio, por eso no estaba allí desde antes. Sospecho, ahora, que muchos no debíamos estar ahí ese lunes. El frío era intenso, inmenso, y la llovizna azotaba en el pecho como un látigo de hielo.
Me volví para el colegio, que queda a cuatro cuadras de la Sala, a buscar la mochila de P, que se comportaba casi como un héroe a medida que las horas corrían en su arena y la tensión se acrecentaba. Cinco, seis camionetas-móviles de medios televisivos se apostaban alrededor del colegio, que como colmena atraía a las moscas que debían ser abejas. Me saqué de encima a varios de esos fabricantes de indignación. Hablé con M. L, que tenía los ojos llorosos y me decía que era una desgracia, que había llegado la Inspectora y lo único que pedía eran papeles. “Papeles, siempre papeles”, me quedó resonando como un eco involuntario.
En el patio cubierto estaba un rectángulo delimitado con una cinta de peligro alrededor de un par de sillas, y en el patio descubierto, casi al pie de la escalera, debajo del techito, había delimitado otro rectángulo similar. Mucha gente caminaba por allí dentro, muchos policías bonaerenses vestidos de negro muerte se paseaban por el escenario, convulsionados y nerviosos. Crucé la mirada con uno. Nos dijimos todo sin decirlo. Las cosas más graves y directas suelen decirse sin palabras, con el silencio (Más tarde en la tarde, cuando la tarde moría, volvería a cruzármelo, a causa de un pedido insólito que luego detallaré oportunamente)
En mi convulsionado regreso a la Sala, luego de esquivar infinidad de moscas que me observaban restos de miel y se me abalanzaban (me comentaron que, antes de que yo llegara al colegio, sacaron a una a los empujones por volar por donde no debía), la escena presentaba a P. cubriendo heroicamente la puerta detrás de la cual descansaba el inmaculado cuerpo de Sabrina junto a algunos de sus familiares, los que desgraciadamente ya se habían enterado.
De un lado, Sabrina. Del otro, la Policía Científica Bonaerense vestida de negro muerte. En el medio, casi bajo el umbral de la puerta, P. impidiendo el paso. Al instante se sumó S, simulando ser abogado o algo por el estilo. Y también me sumé yo, que recién llegaba con la mochila al hombro, a cada momento más pesada. “Hace falta el oficio judicial. Sin oficio, yo no te puedo dejar pasar”, le decía P, enardecido e inexorable. “Es urgente que nos la llevemos, Señor, el oficio se lo puedo alcanzar después..”, ensayaba el oscuro bonaerense, sin saber con quién estaba hablando. El final de aquella conversación, en palabras de P, fue lapidario: “No, no te puedo dejar pasar, ¿y sabés por qué? Porque no se me canta dejarte pasar. No vuelvas a hablarme hasta que no vengas con el oficio”
Las cartas estaban echadas, ya. Un arroyo de serpientes corría por debajo de la superficie de la sala. Más temprano había estado el intendente. Sabrina era lo más importante, ahora. Todo acto engendra sus consecuencias. El intendente dejó encargados a dos agentes civiles de Seguridad Ciudadana (que “sólo molestaban”, según un oficial de la Bonaerense vestido de negro muerte), y que al instante se sumaron a la lucha de P, que también era la mía. La nuestra. A eso de las 12.30 apareció V, el Jefe de los gendarmes, con el pulso acelerado y la tonada correntina inevitable. “Acá no pasa nadie, se espera hasta que venga el Fiscal”, les dijo a tres gendarmes que tenían prohibida la palabra, pero utilizaban a la perfección el lenguaje de sus rostros. Los tres gendarmes (mujer – hombre – mujer) se apostaron frente a la puerta que protegía el acceso a la habitación donde Sabrina descansaba.
Eran las 13 hs, y P. aún permanecía ensangrentado. Tenía manchado el pantalón casi en su totalidad, un poco la camisa y algo la cara, la frente y las manos. Le había hecho maniobras de resucitación a Sabrina, antes de que supiera que tenía una bala alojada en su corazón. “Me voy a cambiar”, dijo. Me miró. “Andá tranquilo, yo me quedo”, le sugerí con la mirada. Me paré al lado del trío de gendarmes, que parecía que iban a decir algo que finalmente nunca decían, ni dijeron. Al lado mío había un tipo vestido de azul, con ojos grandes, y con una libretita que le sobresalía del bolsillo. Se había juntado más gente en el lugar, los familiares de Sabrina se iban enterando y venían a la Sala a velar por ella. Mientras tanto, una enfermera rubia, exuberante y de rulos (probablemente del SAME), subía y bajaba de la camioneta de la Policía Científica Bonaerense. El tipo de azul y ojos grandes se me acercó: “Perdón, ¿usted quién es?”, me interrogó sin más ni más, en voz baja pero determinante y poco amigable. “¿Para qué quiere saber eso? Usted debería decirme quién es, primero.”, le respondí sin pensar demasiado. El tipo de azul y ojos grandes, parecido a Michael Moore, giró la cabeza, miró hacia afuera y no me respondió. Volvió a apoyarse sobre la pared, en su posición primitiva. Hizo como que anotaba algo en su libretita amarillenta. Lo miré con un desprecio infinito, proverbial. “Ojo, éste de acá al lado es yuta de civil”, le dije a P. (que volvía del baño) en voz alta fingida, para que el tipo me escuchara. Me di vuelta unos treinta segundos después, el tipo de azul había desaparecido. No lo volví a ver en toda esa tarde.
A los pocos minutos, un oficial de la Bonaerense vestida de negro muerte, que parecía un comisario, entró pidiendo por un familiar de Sabrina. Un muchacho que recién había entrado de fumar, que parecía la pareja de su madre, charló brevemente con él. Le pidió datos menores (comprobamos después con P, que acudió al instante) sobre Sabrina, que si era la hija del medio, que cómo le iba en la escuela, que si tenía muchos amigos. El oficial que parecía comisario estaba vendiendo noticias.
Cerca de las 14 hs, cada mirada se había vuelto una insinuación de guerra. El Fiscal no llegaba, la ansiedad crecía, la Bonaerense vestida de negro muerte había desaparecido casi en su totalidad de la Sala. Sólo quedaba un móvil de Policía Científica afuera, que fue desalojado a los pocos minutos por Gendarmería, que colocó unos conos naranjas en la calle sin emitir palabra. Los familiares y amigos de Sabrina ya habían copado el lugar. Sabrina tenía muchos amigos. Ni una bala de 9 mm. sirvió para desinflar su corazón.
V, el jefe de los gendarmes, recorría los pasillos enérgicamente y dialogaba con los dos hombres de Seguridad Ciudadana que había dejado el Intendente. También charlaba con el heroico P, le encomendaba tareas y le palmeaba la espalda.
La tensión irrefrenable se mantuvo hasta aproximadamente las 15 hs, cuando el Fiscal (que había estado en el colegio y posteriormente en los alrededores del barrio haciendo pericias y buscando pruebas) se hizo presente en la Sala. Charló en un cuarto cerrado con los familiares de Sabrina, primero; y con P. y algunos miembros más del equipo docente, después.
V, sin vacilar, sugirió despejar la Sala, y ordenó que el cuerpo docente retornara al colegio, donde prestarían las declaraciones pertinentes, junto con los vecinos que presenciaron el “tiroteo” y los efectivos de la primitiva Bonaerense que lo protagonizaron. Mientras tanto, el Fiscal esperaría al médico perital para, finalmente, trasladar el cuerpo al Hospital Morgue de Lomas de Zamora, donde se llevaría a cabo la autopsia.
El colegio rebalsaba de gendarmes que tomaban mate y hablaban entre ellos amigablemente, y de policías nerviosos, que se apoyaban en fila sobre el mostrador del kiosco, y respondían con miradas graves y perdidas a nuestras miradas curiosas, cargadas de presentimiento.
(Resultaba paradójico ver a tantos docentes enfrentados con tantos policías dentro de un colegio, y que esta vez, por una vez al menos, y bajo condiciones trágicamente extremas, los docentes saliéramos victoriosos.)
Se habían improvisado unas mesas para declarar en el patio cubierto. Afuera, en la esquina de Santiago de Chile y Grito de Alcorta, cada vez más medios de televisión se abalanzaban sobre el vallado organizado por Gendarmería. Sacaban móviles, charlaban con los vecinos, que gritaban y se indignaban. “El dolor sale como puede”, comentaba una maestra vieja, del lado de adentro. “A veces tarda, pero siempre sale”.
Recorrimos varias veces “la escena del crimen”, con algunos docentes, que estuvieron desde la mañana hasta casi la noche transitando ese proceso. La escuela siempre es el último bastión de la resistencia. Algunas cosas nunca cambian. “La bala entró por allá”. “Sabrina estaba parada acá”. “Tuvo que haber entrado por la medianera, en diagonal, desde la esquina”. “El portón no tiene agujeros”. “Una 22 no llega a cruzar todo ese trayecto”. “Si hubiera sido una 45, habría orificio de salida”. “Tuvo que haber sido una 9 mm”. “El móvil venía disparando desde esa misma esquina”.
No quisimos pecar de imprudentes. Pero no nos equivocamos en ninguna conjetura.
Más tarde, cerca de las 17 hs, el Fiscal regresó al colegio. (Habían trasladado a Sabrina al Hospital Morgue de Lomas de Zamora a eso de las 15.30 hs.) P. y yo lo abordamos, para sacarnos las dudas. Sus palabras fueron categóricas. “Hay que confirmar si la bala salió del arma de un policía”. “Encontramos una 22 en el auto de los delincuentes”. “Los casquillos encontrados cerca de la esquina pertenecen a un arma 9 mm, reglamentaria de la policía”. “En el segundo portón encontramos un plomo de una 45, pero no tenemos registro de ese arma”. “Tal vez sea de los delincuentes”. “Pero, repito, desconocemos la naturaleza de ese arma”.
Dijo, también, que había (hasta ese momento) seis policías sumariados y quince armas confiscadas.
Los policías no paraban de declarar, y los gendarmes no cesaban de tomarles declaración.
“Ése que está ahí es de Asuntos Internos”, me indicó P, señalando a un tipo de sobretodo negro. “La puta que se puso espesa la cosa”, agregó mientras terminábamos de tomar el enésimo café de la tarde.
Pasadas las 18 hs, un grupo de vecinos organizó una marcha a la vuelta del colegio, en la esquina de los Medios de televisión. Anduvimos por allí con P, al inicio de la misma. Luego ingresamos al colegio nuevamente. Se cerró el portón de rejas. Por seguridad. Por seguridad para la policía, claro. Los vecinos dieron la vuelta a la manzana, y a las 19 hs. se apostaron en la puerta del colegio, con el portón de rejas cerrado, pero la puerta interior abierta. Se encendieron las cámaras. Se montó el show. Los vecinos insultaban sin parar y con justa causa a los policías que iban terminando de declarar. La verdad estaba en el aire. Algunas preceptoras lloraban desconsoladamente. P. caminaba nervioso pero seguro, el representante legal del colegio hacía declaraciones a la prensa. Volví a la sala de profesores a seguir tomando café y a intentar consolar almas estalladas de dolor. Un policía, el del cruce de miradas del principio de esta historia, se me acercó lentamente, dubitativo:
– Necesito un televisor.
– ¿Para qué necesitás un televisor?
– Me lo pidió el Jefe.
– Y decime, ¿el Jefe para qué lo necesita?
– Para ver cómo está el panorama afuera.
– No tenemos televisor, si «querés ver cómo está el panorama afuera», podés asomarte.
Ése fue el último diálogo que un integrante del cuerpo docente mantuvo con un policía durante aquella fatídica y gris tarde de lunes.

Los policías bonaerenses, finalmente, y con toda su vergüenza manchándoles, zamarreándoles el uniforme, se retiraron a las 19.30 hs. por el portón trasero del colegio San José, el que está ubicado sobre Grito de Alcorta. El mismo portón por el cual se especulaba, al principio del día, que había entrado el balazo que no pudo dejar a Sabrina sin corazón. 

“Llamar política a la tradición anarquista es arriesgado”. Entrevista a Christian Ferrer

por Pablo E. Chacón


La reciente publicación de El anarquismo, de Edouard Jourdain, permite a Christian Ferrer, sociólogo y ensayista argentino, reflexionar sobre ese libro y su autor y otras cuestiones que ese volumen pone sobre el tapete, así como sobre otras que están aunque parezcan no verse.
En principio, ¿quién es Edouard Jourdain y cuál es su especialidad? (Parece que fuera el anarquismo y Proudhon en particular, pero también es profesor en Ciencias Políticas, lo cual no creo sea -necesariamente- una incompatibilidad).
Edouard Jourdain es profesor universitario en Francia y profesa las ideas libertarias. Integra, además, Refractions, revista dedicada a actualizar las ideas ácratas, o, por decirlo de otra manera, a pensar con libertad los problemas del mundo actual sin remitirse a modos de pensamiento que han sido dominantes en el siglo XX, como el liberalismo o el marxismo en sus diversas y rocambolescas variantes. De Refractions es también miembro un argentino, Eduardo Colombo, hace tiempo emigrado a Francia, que en su momento tuvo destacada actuación en las luchas estudiantiles de la década de 1950. En otras palabras, Jourdain se ha interesado por la vitalidad y amplitud de las ideas anarquistas, una tradición de pensamiento que, a pesar de haber sido declarada difunta muchas veces, una y otra vez reaparece con una insistencia difícil de ponderar, como si dispusiese de una suerte de maná, de atracción antípoda para aquellos que no se conforman con el estado actual de las cosas, sean administradas por el Estado o por los intereses privados, que demasiadas veces conluyen entre sí, y que tampoco se sienten a gusto con el mecanismo productivista que transforma a los seres humanos en cosas, o en hamsters movilizados en su rueda giratoria. Jourdain es, en efecto, un lector productivo de las obras de Pierre-Joseph Proudhon, un sabio francés que en su tiempo -siglo XIX- pensó lo que por entonces era llamada la cuestión social, y propuso soluciones a la injusticia constitutiva de nuestras sociedades. Proudhon fue un pensador tenido en cuenta por muchos lectores, habiendo recibido homenajes a veces inesperados, pues alguna vez el Estado francés emitió una estampilla en su homenaje y su nombre está inscripto en el frontispicio de la Universidad de la República Oriental del Uruguay.
La cuestión anarquista, como escribís en la presentación, su singularidad de ave fénix, ¿implica un horizonte emancipatorio ideal, una antropología que haga posible lo imposible? ¿Qué es lo imposible, si las cosas fueran así?
Alguien, alguna vez, escribió que los anarquistas pecaban por tener exceso de razón, con lo cual quiso decir que sus ideales (vivir en un mundo sin jerarquías, en sociedades menos productivistas pero atenidas a pasiones más alegres, y liberando los afectos de constreñimientos hipócritas o deteriorantes) eran deseables pero imposibles. Más bien se podría decir que las ideas anarquistas se vuelven impensables en un mundo regido por la codicia, el afán de ascender socialmente y el temor a desafiar creencias políticas que parecen naturales o útiles aunque cada tanto demuestran ser solamente fracasos o falsas soluciones, y vuelta a empezar. Lo que se llama anarquismo -lo impensable- sería un modo de vivir que suponga menos dolor, y por lo tanto menos especialistas en medir el dolor y trocarlo por subsidios o consuelos o tolerancias, y que permitiría a las personas desplegar sus fuerzas vitales no hasta donde comienza la libertad de otro sino justamente hacia encuentros en los cuales las libertades se potencian a sí mismas. En fin, el anarquismo es como un espejo mágico que se niega a reflejar el tabú de la realidad, es decir que no confirma el mecanismo social, económico y afectivo que, a fin de cuentas, arrasa con las vidas de cada cual, incluyendo la de los animales, a los que ahora parece que estamos empujando hacia su apocalipsis, entendiendo que el cuerpo humano también tiene su parte alícuota de cuerpo animal.
La Argentina tuvo (no sé si tiene) una tradición política de ese signo. ¿Llamarla política no es arriesgado?¿Qué sucedió con ese mundo?
En efecto, llamar política a la tradición anarquista es arriesgado, sobre todo en un país como el nuestro donde esa palabra arrastra un sinfin de decepciones e intereses vergonzantes. Los anarquistas de hace cien años diferenciaban nítidamente lo político de lo social. La revolución que preconizaban era social, lo que quiere decir que anteponían una subversión cultural de la forma de vivir a cualquier propósito de toma del poder o de representación de víctimas o del pueblo, entendido en sentido abstracto o retórico. Su revolución ideal era aquella que ocurriría cuando hasta el último de los habitantes del planeta se hubiera vuelto libertario. Quizás por eso le concedían tanta importancia a dar ejemplo con sus vidas. Por lo demás, las ideas libertarias son de difícil digestión en Argentina, donde hace mucho tiempo que la autoridad estatal se transformó en vector de organización social, lo que quiere decir que los habitantes todo lo esperan del Estado aunque a la vez tratan de no entregarle nada a cambio, comenzando por los impuestos o la renta que se saca de la tierra, las reses o el trabajo de los demás.
Los indignados españoles, ciertas movidas en Brasil, Tiqqun, etcétera, ¿son herederos de la autonomía italiana, de las luchas anticolonialistas, del mayo francés?
No lo sé. Hay gente que hoy está indignada y mañana no. A veces las indignaciones ceden ante concesiones menores o cuando aquello a lo que se aspira se parece mucho a lo que disfrutan aquellos que pueden concederlas. Entiendo que en todos lados, e inevitablemente, prospera un malestar existencial ante el modo en que somos compelidos a vivir cotidianamente, a trabajar, a desear, a amar. Algunos de esos malestares transmiten ideales libertarios, o se contagian de ellos, otros no.
Finalmente, ¿cómo pensar en esa perspectiva en la sociedad del espectáculo, la transparencia y las redes sociales?
Quizás pensando con buena dosis de escepticismo, es decir no creyendo. Por lo menos, desconfiando de toda promesa de amplitud de libertades que redunda en mayor vigilancia y control.

Una charla con Álvaro García Linera

 por Salvador Schavelzon

AGL: La posibilidad de vetas, de tendencias postcapitalistas… en general la sociedad mundial, pero en particular en la sociedad boliviana, que ha sido conmovida por un proceso revolucionario, están latentes… como burbujas que de rato en rato salen…
S: pero fortalecer el Estado y la Nación va en contra de esas burbujas…  no? las aplaca, las deja flotando en un nivel más lejano.
AGL: No. Ahorita voy a redondear. Pero también las propias condiciones de anulación de esas burbujas, están igualmente presentes. Y lo que un Estado puede hacer… a lo más que puede hacer un Estado progresista, revolucionario, nunca va hacer substituir ni organizar. Eso es un fracaso total. A lo más que puede hacer es crear mejores condiciones para que se despliegue.
S: El capitalismo andino-amazónico, tenía un lugar para las formas de cazadores recolectores, para economía campesina comunitaria…
AGL. Es que mira, si uno es honesto intelectualmente, ¿qué es lo que hay? Capitalismo… y así va a ser los siguientes 500 años. La cosa es cómo en medio de este capitalismo estas tendencias, estas vetas, estas burbujitas se convierten en una burbuja más grande, y en vez de burbujas  se convierten en un contenido.
S: No hay lugar en el mundo donde una alternativa al desarrollo llegó al Estado como llegó en Bolivia. Con la discusión del Vivir Bien, por ejemplo…
AGL: no, yo creo que si se ha dado. Lo que ha hecho el movimiento indígena campesino es visibilizar otras cosas, que no estaba en otras cosas. Las revoluciones del siglo XX han sacado cosas incluso más radicales, pero no han visualizado otras cosas que aquí se pueden visibilizar.
Pero te decía… En lo obrero, mi hermano… hay posibilidad de construcciones comunitarias de una forma de gestión no capitalista? Si! El ejemplo más avanzado es Huanuni. Qué pasó en Huanuni? Son los trabajadores, ellos en asambleas deciden al gerente… ellos en asamblea deciden las inversiones. Ellos deciden las máquinas que hay que comprar, ellos deciden la contratación de nuevos trabajadores… Ellos deciden las máquinas que hay que comprar. Son productores de gran industria, son 5000. Y se  asumen a la vez como administradores y gestores directos de estos recursos. En ese sentido es muy avanzado. Es una de las más avanzadas de América Latina, yo diría. Pero así como esto es una burbuja, que la habíamos intentado potenciar. Está su contraparte, que ya no es un límite del Estado, es el límite de la propia clase. Porque agarran los compañeros y deciden en que van a invertir. Pero también deciden comérselo al excedente. Y lo que es una riqueza pública, lo que es un principio de autogestión deviene en una forma de privatización corporativa. Son ellos mismos. El estado podría haber hecho algo? No. Es la experiencia de ellos. Lo que hizo el Estado es crear un escenario propicio… de inversión, de propiedad, de apoyo técnico.
S: pero pensá la discusión de abril en Cochabamba en el 2000.
AGL: es la misma, es la mismita
S: vos bien decías que se estaba superando el límite de la marcha por la vida y el trabajador no era más subordinado, estaba ejerciendo el poder.
AGL: y mi reflexión de 6 meses después, del mismo 2000, 2001. Mi reflexión en el agua y el Alto. En el Alto, en el 2003, como ahorita, se toma la ciudad de El Alto. Los gobiernos barriales controlan quien se mueve y quien no se mueve. Les falta gas. Y se van a la planta de YPFB. Y en lugar de tomarla, y gestionarla para todos el gas, colocan su garrafita. Familia por familia. La solución es familiar, la solución no es social. Tanto heroísmo… han derrotado al ejército. Han asumido el control territorial. Son ellos ejército, policía y ley. Pero al momento de gestionar la producción son familia. Se derrumban. Es un avance y es a la vez un retroceso. Lo mismo es Huanuni y lo mismo son las 9 y hasta 11 empresas sociales. Los compañeros del Chapare, los compañeros de Omasuyos… Los ponchos rojos, nos dicen compañeros, acá tenemos muchas vacas. Como Federación provincial, queremos que en vez de que los sindicatos vendan a la PIL, nosotros la procesemos. “que necesitan?” una fábrica. Aquí está la fábrica. “Quien va a gestionar?” La Federación provincial, va a organizar los sindicatos para en vez de vender a la empresa PIL, peruana, la vendan a su propia fábrica, la administren  la gestionen, distribuyan… E implementen una especie de empresa social comunitaria Pasa un año y las 11 empresas fracasan, y los compañeros dicen: “Compañero Evo, gracias por la fábrica de leche, pero te la devolvemos. Y danos un tiempo, un año, dos, tres años… hasta que aprendemos como gestionar, para volver a asumir” y se la devuelven al Estado, lo que era de la federación.
S: pero algunas herramientas que da la constitución, como autonomía indígena y campesina, se podría articular con esto, y ahí vinculado a un proyecto de soberanía étnica y autodeterminación… no devolverían la fábrica.
AGL: lo que te estoy hablando es más fuerte de eso. La experiencia material de la gente para asumir lo común. Y tiene que ver con que hay cosas comunes en el mundo campesino indígena: el agua, los pastos, ciertas tierras comunales. Pero no es común la producción. No lo fue. Quizás en los relatos míticos de cómo era antes, había trabajo en común y en tierras del Estado. Desde esas experiencias, la producción en común…
S: Bueno, está el ayni, el territorio colectivo…
AGL. Que no es producción. Es asociación de familias. Es una producción individual-familiar. Una suma de producciones individuales y familiares. Es mi reflexión de forma comunidad… El límite del ayllu antiguo es su forma familiar individual. Pero hay potencia, hay experiencia de propiedad común, de gestión común, de gestión de pastos y de agua común. Pero en el momento de producción no.
S. En Bolivia hubo casos de comunidades movilizadas. No sé si ayllu, pero miles en las calles. Aunque efímero.
AGL: si, pero eso es la producción de la política, pero no es la producción de la riqueza. Hegel tiene un término para ese ámbito…
S: Pero entonces es esperar el desarrollo de una conciencia que hoy no está…
AGL: de una práctica. Y lo que puede hacer un Estado revolucionario es fomentar, apuntalar, es difundir, articular. Pero la producción en común, o lo van a hacer los productores libremente asociados, o no lo va a hacer nadie. Políticamente hay muchas cosas en común. Evo es producto de una comunitarización de la política. Sí. Un bloqueo es una forma de acción comunitaria, no?
S: La discusión de la “forma moderna” que puede ser república, partido o sindicato y que es fuerte en las organizaciones, ¿nos puede llevar a repensar la autogestión de lo común?
AGL: claro…
S: Porqué eso no está más en la agenda…
AGL: Está. Es que más lo practican.
S: ¿Porqué no estimular las autonomias indígenas, para estimular desde ahí prácticas autónomas?
AGL: Ahorita voy a ese tema de las autonomías, pero te cierro esta agenda. La posibilidad de un postcapitalismo tiene que asentarse sobre una forma distinta de gestionar y producir la riqueza. En el mundo indígena y en el mundo obrero. Hay momentos de avance, y luego retroceso, y otra vez avance. Y el Estado revolucionario tiene que potenciarlo. El Raúl [Prada] nos reclama “¿y porqué no la economía comunitaria?” Porque no es el Estado el que hace la economía comunitaria. Eso es estatismo. La producción comunitaria, o es comunitaria, o no va a ser nada…El Estado tiene que estar atento, ahí donde surge una iniciativa colectiva
S: pero el Estado puede pensar lo plurinacional como la nación, simplemente, con las particularidades subordinadas. O puede también estimular ese desarrollo de la autodeterminación, de lo autónomo. Sería algo inédito. ¿Porqué la plurinacionalidad termina acoplándose con el Estado, la nación, y el mercado? ¿Porqué hay esa confluencia? ¿porque eso es lo que hay? ¿o porque es el camino para en un segundo momento discutir esas formas?
AGL: una cosa es lo común como resistencia. Y otra cosa es lo común como administración. Y cuando tú vayas viendo experiencias de común de administración. Eso es la substitución del Estado. Pero eso no se decreta, eso surge. Y sobre lo que surge se potencia. Eso surge de la propia experiencia de la gente. Que hasta ahorita ha podido hacer lo común para bloquear la calle, pero no ha podido hacer lo común para obtener el gas.
S: pero pensando desde el trabajo político del intelectual…
AGL: El intelectual tiene que potenciar lo que ve.
S: Estoy pensando en la época de ayllus rojos. Vos ibas a las minas, a las comunidades… se buscaba incentivar la insubordinación, la insurgencia…
AGL. Si. Es lo común para la guerra. Es lo común para la política.  Pero eso es sólo un paso, necesario, temporal. Hoy la clave es lo común para la riqueza y ahí es donde encuentras la limitación, los tropiezos, las debilidades. La autonomía surgió como una consigna para debilitar el Estado. Eso fue. Ahora el Estado se ha indianizado, la autonomía pierde su fuerza que tuvo antes.
S: Pero además de la lucha, enfrentamiento, había otra agenda: que era la de descolonizar las formas, la de pensar otra sociedad a todo nivel. Junto con la autonomía. Había otra agenda, de la diferencia.
AGL: Porque eso es una agenda en resistencia. No es una agenda de mando.
S: Pero creían en eso, no era sólo estrategia.
AGL: Como agenda de resistencia. Siempre ha sido planteado así. Es lo que ni el chato [Raúl Prada] ni la oenegé CONAMAQ [Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu] lo entienden. Y esos debates se han hecho desde el año 2008, para la constitución.
Octubre 2013

El intelectual orgánico y el cartógrafo

(¿ o cómo discutimos el impasse de lo político radical en un frente común contra el neoliberalismo?


por Verónica Gago, Diego Sztulwark y Diego Picotto 


En momentos en los que el gobierno nacional choca contra los mecanismos más reaccionarios de la governance global[1] y en España se activa la esperanza en torno a las posibilidades políticas de “Podemos”,[2] el ejercicio de problematizar el esquema político-discursivo que Ernesto Laclau llamó “populista”, y que sustenta en alguna medida a ambas experiencias, puede parecer inoportuno. Pero quizás sea al revés: en la medida en que actúa como base conceptual de una comunicación entre la situación de Sudamérica y el sur de Europa, este modo de concebir lo político adquiere un nuevo interés y ofrece más aspectos a la discusión. Sobre todo, porque el contraste no es sólo geográfico. Juega un papel productivo, también, el destiempo: si de este lado del Atlántico ya tenemos mucho material para el balance y discutir a Laclau puede sonar a cierre,  del otro, la irrupción de ese incipiente “monstruo”[3] que es Podemos nos coloca más ante una pregunta abierta.   

La preocupación central respecto de las políticas autodenominadas “populistas” es que, nacidas de la insatisfacción y de la rebelión contra el neoliberalismo, y habiendo ensanchado derechos sociales, acaban organizando las expectativas políticas en torno a la capacidad de recrear “soberanías novedosas”, perdiendo de vista el mapa de posibles que contienen las luchas sociales (en particular, las figuras del desacato y de la inteligencia colectiva que aparecen en las crisis, como en el 2001 argentino o 15-M español, etc.). Este “borramiento” es simultáneo con la instauración de un puñado de significantes destinados a ocupar el lugar del origen o la fundación.

Concretamente, tres son los problemas centrales de esas “soberanías novedosas”: el primero, es que tienen una comprensión muy tradicional y simplificada de la fuerza del neoliberalismo: en lugar de apreciarlo como un dispositivo gubernamental cuyos mecanismos funcionan a nivel global y a nivel micro político –incluso cuando queda deslegitimado como ideología– se lo ve como mera cosmovisión favorable a los grupos dominantes. El segundo, es que considera al tejido social desde arriba, es decir, subordinándolo a la lógica estatal (en lugar de entenderlo a partir de una dinámica cuya autonomía resulta fundamental para producir transformaciones). Y el tercero consiste en que las instituciones, las de estas “nuevas soberanías, aunque voluntariosas, operan necesariamente dentro de las estructuras de governance del mercado mundial. Estos problemas quedan completamente de lado en la secuencia populista fundamental: demanda-insatisfecha/articulación discursiva de esas demandas y constitución de un conflicto de intereses/representación, siempre discursiva, de nuevo tipo/políticas innovadoras.

Con todo, este texto pide indulgencia de antemano. Lo que aquí se plantea son preguntas. El mencionado destiempo de los procesos políticos a considerar y la diversidad de contextos fragilizan cualquier certeza de largo alcance. Se suma una dificultad extra: la complejidad de la argumentación que se despliega a lo largo del escrito en tres niveles: 1. Un balance más bien argentino sobre la disputas entre “populistas” y “autonomistas” (con el irónico reduccionismo que implican siempore, de por sí, estos términos); 2. Un cierto involucramiento del discurso filosófico en las polémicas políticas (centradas en los argumentos de Ernesto Laclau y de Gilles Deleuze) y 3. El intento de participar en la conversación –a la que nos invitan amigxs de España- sobre las influencias e intercambios que vale la pena realizar entre las experiencias de disputa social e ideológica con el neoliberalismo entre el sur de Europa –al que casi desconocemos– y Sudamérica.
1.     Fuga y hegemonía, una alternativa que se repite

La reflexión política crítica –que renace donde la resistencia a las políticas neoliberales se agudiza en el contexto de la crisis, es decir, en una coyuntura en la que ya no es posible imponer dócilmente la dominación a las clases subalternas– encuentra en la obra de Laclau un ejemplo teórico inspirador. No son pocos los núcleos militantes que leen su obra y asumen sus esquemas. Releída hoy, a la luz de la coyuntura griega o española, la enseñanza de Laclau rejuvenece, beneficiada del prestigio que las experiencias de los gobiernos llamados progresistas de Sudamérica proyectan sobre el sur de Europa.[4]

Dos tesis centrales parecen resumir la lección de las políticas que surgen de la crisis y que a su vez buscan expresarse en la filosofía. Uno: que la política debe ser comprendida como expresión de un conflicto de “intereses” (acotando, así, el juego de la representación de un modo que la teoría de Laclau –leída al detalle– no autorizaría). Dos: que la acción política consiste en instaurar una hegemonía, esto es, coaligar demandas con miras a constituir una convergencia plural de fuerzas capaces de abrir un espacio nuevo en la cultura y en el control de estructuras estatales, opuesta a las políticas (“neoliberales”) que se limitan a transmitir designios del mercado

La mediación entre lucha de intereses y articulación hegemónica –en esto sí se sigue estrictamente a Laclau– queda a cargo de la producción discursiva (entendida a partir de las enseñanzas del estructuralismo lingüístico). Se concibe, así, que el sentido de las luchas políticas en una coyuntura específica surge del funcionamiento de una lógica combinatoria –“equivalencial”/”diferencial”–, en la que se constituye, o bien se bloquea, la puesta en serie (la constitución política) de las demandas en juego. Es en este intento por establecer una comunicación de demandas equivalenciales con relación a un cierto nombre (“significante flotante”) que determinados significantes (los políticamente relevantes en una determinada situación) se vacían/llenan, se universalizan/particularizan.​

La pregunta clave que estas teorías intentan responder parece ser la siguiente: ¿cómo se pasa de las luchas que protagonizan los movimientos a la producción de hegemonía? La experiencia de resistencia frente a las políticas de austeridad en Europa actualizan, sobre todo en los casos de Cyriza y Podemos, discusiones muy similares (dentro de lo que cabe) a las que recorrieron hace más de una década a los movimientos populares e indígenas de Sudamérica.

Entonces como ahora, aquí como allá, la comprensión hegemónica/discursivista de lo político tiende a resolverse en beneficio de una categoría sociológica específica: la de los intelectuales –y su capacidad de articulación comunicativa.[5] Este desplazamiento de un proceso múltiple de la discusión política a un centro comunicativo privilegiado, cuando ocurre, reduce la complejidad del proceso devaluando el momento de creación de sentidos practicado por las sociedades en movimiento. Los requerimientos de la máquina mediática y los procesos electorales (para no entrar a evaluar los cerrojos institucionales) constituyen un desafío evidente: sin ellos se hace muy difícil imaginar que las propias fuerzas puedan tomar las posiciones estratégicas que les permitan frenar el despojo. Pero, por otro, son estos mismos requerimientos mediático-electorales los que demasiado a menudo licuan estas fuerzas y boicotean estos propósitos.[6]
2. Destituyentes e instituyentes: ¿cómo se supera el neoliberalismo?

Otras imágenes conceptuales inspiran políticas libertarias en los momentos de crisis. Nos detenemos en algunas ideas presentes en la obra de Gilles Deleuze,[7] uno de los pensadores que ha inspirado a muchos de quienes apostamos (aquí y allá, entonces y ahora) por una política que piense de otro modo. Este “otro modo” no se reduce sólo a una diferencia de tácticas (tal vez incluso en cuestión de tácticas, en la lucha contra el despojo por todos los medios, las diferencias puedan no ser grandes),[8] sino de imágenes mentales y sensibles.[9] En sus textos no encontramos la idea de la política como conflicto de intereses y hegemonía: es precisamente esta ausencia lo que conduce a que sus detractores a negar que esta filosofía se ocupe de la políticay mucho menos que pueda inspirar política alguna.

Contrariamente, al partir de un radical rechazo del consenso, la filosofía de Deleuze da una respuesta diferente al campo de los problemas llamados “políticos”. Su punto de vista no es el de los “conflictos”, en general, sino el de aquellos conflictos en los que se emprende una fuga.[10] De ahí que en lugar de la secuencia “conflicto/lingüística-estructural/hegemonía pos-neoliberal” encontramos en Deleuze algo más parecido a “fuga/mapa de nuevos afectos/creación de agenciamientos”.[11]

Si volvemos aquí a confrontar ambas posiciones a partir de la experiencia recorrida estos años, no es para reeditar antiguas antinomias entre populistas (que no logran romper efectivamente con el neoliberalismo) y autonomistas(que devienen, devenimos, incapaces de estructurar procesos políticos en el tiempo).[12]Ambas imágenes resultan caricaturales[13] y hasta cierto punto anacrónicas.[14] Y si registran algo de su verdad lo hacen sólo negativamente (el autonomismo “destituye”, pero no “instituye”; el populismo “instituye”, pero no “constituye”). El paso del tiempo debería ayudarnos a superar estas imágenes como modo de relanzar el debate político en torno a los procesos constituyentes (de democracia radical o absoluta) frente al neoliberalismo.

La crítica más evidente que puede plantearse a la imagen política inspirada en el pensamiento de Laclau  es su reduccionismo, al menos en una doble expresión:

(1) la reducción de las prácticas sociales a meras “demandas” y

(2) la reducción de la pluralidad de procesos políticos a una lógica unificada y formalista de la hegemonía extraída de las reglas lógicas (articulación vía equivalencia o diferencia de valores entre los términos) de la lingüística estructural.

No se trata, obviamente, de señalar un defecto teórico, sino que es el intento por identificar aquello que, en el punto de vista de esta filosofía, obtura o inhibe un balance más crudo de los límites de las políticas populistas en desarrollo en Sudamérica.

El problema político que se plantea pasa por descubrir el modo de reconocer lo que hay de avance táctico en ciertas iniciativas de los gobiernos “progresistas” (o “populistas), evitando el compromiso con un modo de gubernamentalidad “neodesarrollista” que devalúa –explícita o implícitamente– las tentativas por replantear sus propios límites.
3. La mediación progresista

Para discutir la filosofía de Deleuze no vamos a acudir a sus textos. No nos interesa ahora la práctica de la filosofía como esclarecimiento de categorías, sino el conjunto de preocupaciones e intuiciones que hacen que, en una coyuntura determinada, ciertas ideas adopten un valor político. No se trata, tampoco, de reseñar cómo se dio en la Argentina la gubernamentalidad llamada progresista, sea en la versión oficial que subraya la participación de movimientos sociales como conductos de demandas para ser procesadas por el estado a cambio de legítimas mejoras materiales y simbólicas;[15] sea la interpretación de la crítica, ciertamente amarga, de quienes denuncian el proceso en curso como un mero “simulacro manipulador”). Vale la pena, en cambio, preguntarse por el vínculo existente entre los límites del proceso político actual (tomado por el binarismo neodesarrollismo/liberalismo) y la necesidad de superar la neutralización de perspectivas que, por intentar pensar de otro modo, podrían aportar un nuevo vigor a las luchas democráticas.

Un breve recorrido ayuda a resituar históricamente la disyunción entre estos puntos de vista (“populistas” y “autonomistas”), que no se dio durante el periodo intenso de las luchas contra el neoliberalismo –que va de 1996 al 2002–, ni a partir del gobierno de Duhalde y la masacre del Puente Pueyrredón que le puso límite, sino a partir de la llegada del peronismo al gobierno, bastante después de las elecciones del 2003.

Para las diferentes izquierdas que se fueron sumando al gobierno (procedentes o no del peronismo), sobre todo a partir del conflicto con los exportadores de granos (allá por los años 2008-2009), se trataba principalmente de formular los términos de la invención de un pueblo nuevo, constituido a partir de los fragmentos y despojos de la crisis. Dos fuertes procesos de interpelación se pusieron en marcha a tales fines: una estabilización económica sustentada en la ampliación del consumo (y un modo de inclusión a través del esta dinámica) y una fuerte interpelación simbólica en la cuestión de los derechos. La viabilidad de esta articulación nacional-popular intensa, en un momento de innovación política en buena parte de Sudamérica, tuvo como condición de posibilidad (y como límite estructural) una inserción en el mercado mundial fundada en la exportación de commodities y en el neoextractivismo.[16]

Esta articulación se da también como una refutación de las izquierdas críticas consideradas como “economicistas”.  El acento “culturalista” (o “politicista”, como en el caso de Laclau) enfatiza la interpelación imaginaria/simbólica en detrimento de marxismo leído –y desdeñado– como mero objetivismo. La crítica de la economía política –la transformación de los modos de hacer sociedad a partir de la producción social del valor– resulta desplazada/sublimada. Y, en su lugar, se asume una dialéctica que consta de un polo significante(politicismo/culturalismo) y un polo significado(gestión neokeynesiana de la economía).[17]
4. Dialéctica, resistencia y fuga

Cuando se dice que Deleuze rechaza el conflicto, aclaremos ahora que no lo hace como forma de recobrar lo consensual, sino más bien para rechazar dos imágenes predominantes: la de la ruptura del consenso y la del cambio social. Según la primera, las sociedades cambian cuando se contradicen (dialéctica hegeliana). Según la segunda, las sociedades se transforman cuando ingresan en procesos estratégicos de poder-resistencia (Foucault). Para Deleuze –y también para Guattari– las sociedades, sobre todo, huyen. Y precisamente lo que hemos perdido de vista durante esta última década larga es esta potencia activa de la huida.

La huida, tal y como la entienden estos autores y la practican en las luchas, es lo opuesto al retraimiento neoliberal en un mundo privado. Remite, más bien, a la substracción practicada frente a las estructuras que asignan valores y jerarquías a la vida. Pensar una política en el rastro de las diversas huidas supone, entonces, un arte articulatorio mayor, capaz de aprender la riqueza del momento destituyente de la hegemonía neoliberal y de proyectar rasgos institucionales a favor de nuevas formas de existencia.  

Lo que la filosofía política (populismo) y la mediación progresista se resisten a ver, (porque no cabe en sus esquemas) es el valor estratégico del exceso subjetivo producido por las luchas en los proceso de invención de políticas.[18] Y esta ceguera, que se evidencia en el esfuerzo por reducir este exceso a mero pliego de demandas, no es gratuita. Lo reprimido vuelve y lo hace negativizado, como resistencia oscura y boicot a los esquemas de inclusión y democratización.

Este retorno de los elementos subjetivos y materiales excluidos y negativizados, actúa frecuentemente como rechazo reaccionario sobre la mediación política (oportunismos de mercado, desenfado racista, ejercicio pornográfico de jerarquías) y presiona sobre los puntos de restricción que constituyen la arquitectura ultra-precaria de la nueva gubernamentalidad.  

5. Un Nuevo Conflicto Social [19]

Para comprender este proceso, vale la pena retomar aquellos aspectos –líneas de fuga– contenidos o neutralizados (satisfacción/desactivación) por la mediación progresista. No para imaginar lo que pudo haber sucedido y no sucedió, ni para pretender que las cosas pudieran volver a comenzar donde fueron interrumpidas, sino para, en el plano de las percepciones políticas, volver a situar fuerzas y problemas que podrían ayudarnos a superar el impasse de las luchas democráticas.[20]

Y esta cuestión de percepción no es nada menor. Si lo propio de la mediación progresista es fijar un espacio de percepción política diáfana, lo específico del nuevo conflicto social es opacar una realidad que se tiñe de dinámicas ambivalentes: se torna verdaderamente imposible percibir sus tramas.  

Lo que algunos movimientos piqueteros, e incluso los escraches de HIJOS, ponían en juego allá por los años 96-2002 tenía una dimensión irreductible a meras demandas (y otra que sí podía ser parcialmente satisfechas mediante la creación de puestos de trabajo, políticas sociales y la activación de los juicios contra la impunidad). La realización/reducción de una sola de sus dimensiones delimitó su potencial, interrumpiendo el desarrollo de un/os posible/s que las fugas preparaban.[21]

Los escraches y los piquetes, entre otras formas de lucha, son o fueron formas de huida. Pero ¿huida de qué? Vista desde hoy, la respuesta es aún más interesante de lo que pudimos comprenderla entonces: huir quería decir, pues, fuga de una sociedad del trabajo y de la justicia que ya resultaba imposible en los términos conocidos. Esta imposibilidad (de sostener la sociedad del trabajo en el actual ciclo del capital) conducía –de seguir la línea de fuga– a la necesidad de inventar nuevos modos de comprender la praxis colectiva.

Ese camino no se ha explorado del todo. Entendida como mero reclamo de empleo, esa “demanda” redunda en la precariedad de los planes y del trabajo en negro. No seguir la huida, no armar los mapas, no imaginar posibles, no invertir más imaginación política en nuevo elementos institucionales: he ahí una defección de la política. Una defección que tiene por epicentro la estatización (en el sentido de una articulación entre derecho y economía) y que consiste en mejorar, vía consumo, las condiciones de vida, bloqueando otros modos posibles de existencia.

Y con los escraches otro tanto. Producto del muro de imposibilidad que las políticas de impunidad imponían, estas modalidades de producción democrática de justicia fueron reconducidas en la mediación estatal a unos actos judiciales y de reparación simbólica absolutamente necesarios y reivindicables, pero que no se combinaron con una ampliación y una intensificación de las prácticas llamadas de derechos humanos hacia las nuevas resistencias (cosa que sí sucedía, y de modo muy notorio, en su momento).  

Piquetes y escraches han desarrollado, para el caso argentino, los rasgos de una secuencia de creación de una potencia (política) frente a este “muro de imposibilidad” del que nos habla Deleuze; rasgos inaugurados entre nosotros, seguramente, por las Madres de Plaza de Mayo durante la dictadura, al convertir el lugar de la víctima en el sitio de constitución de una nueva potencia pública: fuga y creación.

Si las políticas de la fuga deben validarse por su capacidad de cumplir/compartir ciertos objetivos[22], las filosofías políticas populistas deben asumir que muchas veces la mediación progresista que proponen impone un marco –la agenda del desarrollo- que entrampa las fugas, justo al interior del marco que puede ser subvertido por ellas.

Las políticas de la fuga vienen a señalar tres aporías de las gubernamentalidad progresista. En primer lugar, la presencia de fuertes lógicas neoliberales ligadas a la extensión de los mecanismos financieros de diversas escalas que compiten con (e incluso explotan a) la mediación social. Segundo, la articulación de la agenda neodesarrollista/neoestractivista con unas estructuras neoliberales que permanecen intocadas. Y, finalmente, el hecho de que estas lógicas financieras –que subordinan la riqueza social a la explotación feroz y que crean tendencialmente zonas soberanas y de violencia para estatal– operan en las partes oscuras de la sociedad y del mismo estado que querría regularlas, pero los impulsos legalistas y democráticos del poder público no entran, ni a regular, ni a comprender.[23]

La máquina hegemónica de construcción de equivalencias sorteó uno de sus principales desafíos: la posibilidad de que renazca, en lo inmediato, un modo alternativo de estimar, de valorar la vida y lo social. La neutralización de la fuga convierte en ingenuos y en románticos a quienes desean continuar el movimiento de la fuga respecto de las restricciones neoliberales y neodesarrollistas del presente.[24] Y la eficacia de esta impugnación/subordinación puede resultar tanto más terminante cuanto más los componentes de una sensibilidad autónoma valoran ciertos avances tácticos en las confrontaciones que da el gobierno.

La política en curso logró activar, hasta cierto punto, la producción de equivalencias entre realidades de mercado y realidades de derecho. La economía política y la reparación estatal ocuparon el lenguaje total de la política. Pero el ciclo virtuoso de esta política parece muy erosionado. Le toca ahora sortear el segundo desafío: evitar que los efectos oscuros y adversos de los aun estrechos marcos de la gubernamentalidad no derriben lo que aún queda de expectativas de cambio por la derecha. ¿Cómo comprender y combatir ese “populismo oscuro” que todo lo invade?; ¿hemos de convertirnos, en la fase defensiva y declinante del ciclo, a un defensismo de tipo liberal (antisecuritista)?, ¿es tal el horizonte de este modo de pensar lo político?
6. Núcleo autoritario del llamado neodesarrollismo

Hemos hablado de los gobiernos progresistas como avances tácticos. Esto se ve, sobre todo, en la apertura de espacios de participación (de modo paradigmático, la movilización en torno a cuestiones como los derechos humanos o la ley de medios), en la revalidación de discursos históricos de las militancias, en la ampliación (cierto que precaria) de las políticas de captación de renta para financiar políticas sociales y en el papel desarrollado por estos gobiernos en la constitución de espacios de cuestionamiento al consenso neoliberal global.

El problema es que cuando se trata de defender a estos gobiernos, no suele haber espacio para salirse de un binarismo bastante infantil. En el caso argentino, hay varias cuestiones que son muy difíciles de discutir. A saber: el patrón de acumulación y adquisición de divisas (el sistema financiero, los agro-negocios, la megaminería, la concentración y extranjerización de la economía, etc.); el apañamiento a los poderes territoriales y sindicales reaccionarios del propio peronismo y la cultura política vertical que subordina los debates políticos a la conducción política.[25]

En ese sentido, junto con la fenomenología del nuevo conflicto social, los rasgos centrales de la acumulación económica y política, nunca debatidos democráticamente, constituyen determinantes que inciden negativamente a la hora de radicalizar los propios componentes democráticos del proceso.[26]

7. ¿Qué podemos?

La coyuntura presente, en la medida en que aparece definida a partir de una alianza entre todos aquellos que desde el sur realizamos críticas al consenso neoliberal, es auspiciosa y crea un espacio de necesaria discusión.

El espacio de esta discusión aparece definido por experiencias que se desarrollan según un doble eje. Uno vertical, que se define dentro de cada país como el pasaje de la lucha social a la síntesis electoral, y otro con eje horizontal, transnacional, de diálogo e influencias sur-sur. Sobre el primer eje, Iñigo Errejón, de Podemos, enuncia así el caso de España: “Podemos no hubiese sido posible sin el aprendizaje latinoamericano y tampoco sin el 15-M, eso no significa que represente al 15-M porque éste es políticamente irrepresentable, por ser un movimiento muy diverso. El que reclame eso para sí, o no ha entendido nada del 15-M, o está mintiendo. Sin embargo, es verdad que el 15-M y su ciclo de protestas modificaron elementos fundamentales de nuestra cultura política, abrieron grietas en los consensos, modificaron la agenda y pusieron a las élites en la defensiva. No modificaron los equilibrios de poder en el Estado, pero por debajo, en la sociedad civil, se están empezando a producir cambios culturales muy importantes”.[27]

En torno al segundo eje, Errejón percibe la coyuntura sudamericana como “una política de la expansión, una política de lo imposible, si quieres, y no un afán utópico, porque hemos visto que todo lo que era imposible, según los que se beneficiaban de que todo se haga siempre de la misma forma, cuando empujas el horizonte hacia adelante, se consigue hacer. Insisto en la renegociación de los contratos, acá, de hidrocarburos, de la deuda en el Ecuador, de la redistribución, que era imposible. Lo posible es el resultado de un equilibrio de fuerzas en políticas. En la medida de que lo posible estaba determinado por los que mandaban, generaba resignación. El horizonte de lo posible se puede empujar, nosotros hemos nacido haciéndolo. Hicimos una campaña sin dinero de los bancos, sino con dinero de la población: con 110.000 euros, cuando 3 millones de euros fue el gasto del siguiente partido, del PSOE, y del PP ni qué decir”.

Como parte de la discusión sobre cómo se constituye, en la actual situación de crisis capitalista en Europa, una hegemonía pos-neoliberal, conviene retener la advertencia de Christian Laval y Pierre Dardot[28]sobre el hecho que el neoliberalismo no se reduce a un conjunto de políticas económicas ni a una ideología de las élites. En efecto, discutir al neoliberalismo como razón gubernamental (Foucault), nos lleva a no confundir la crisis de la razón neoliberal con su superación.

Lo que está en discusión, entonces, no es el valor o la esperanza que representa esta posición de Podemos (o la de los gobiernos progresistas en Sudamérica), sino los riesgos de simplificación en los que se pudiera incurrir al identificar la lucha contra el neoliberalismo al plano de los discursos (tan necesarios como insuficientes) de lo estatal-nacional.  Las “política de lo imposible” (las que promueven la creación de nuevos posibles) en nombre de las cuales –¡por suerte!- actúa Podemos, no pueden quedar presa del resultado de “un equilibrio de fuerzas posibles”.

Pero tampoco podemos pedirle todo a Podemos. Quizás este sea el punto en el cual la discusión debe abrirse aun con más fuerza: la buena nueva de Podemos es la organización política multinivel. Se trata de evitar que en nombre de esta buena nueva se repita un aplanamiento de estos niveles a partir del efecto de centro estratégico que posee la apuesta al estado.[29] En todo caso, una política multinivel puede partir de una constatación: del hecho de que en el estado se gestiona según la relación de fuerzas y sus conflictos (también en Sudamérica), mientras que la tarea de atravesar lo imposible concierne a las luchas que no dejan de fugar.


[1] Ver al respecto la informada entrevista de Maura Brighenti al economista Pablo Míguez http://anarquiacoronada.blogspot.com.ar/2014/08/argentina-en-default-tecnico-entrevista.html.
[2] En el sitio Lobo Suelto! (www.anarquiacoronada.blogspot.com) se han publicado varias intervenciones en torno a Podemos. La contraposición entre el texto de Raúl Sánchez Cedillo (http://anarquiacoronada.blogspot.com.ar/2014/06/el-posse-de-podemos-notas-tras.html) y el firmado por Nacho Murgui, Jacobo Rivero y Ángel Luis Lara (http://anarquiacoronada.blogspot.com.ar/2014/07/ganar-la-democracia-cambiar-nuestras.html) permite apreciar cómo, sobre un fondo similar de experiencias y lenguajes, resaltan énfasis y hasta tácticas diferenciadas.
[3] “Monstruo” fue la palabra elegida por Ángel Luis Lara para referirse a los potenciales de Podemos. Abierto, hábil, capaz de combinar un programa extraído del 15-M con imágenes provenientes de América del sur. En una conversación radial sostenida en Clinämen, en FM La Tribu, el “Ruso” Lara expresaba el entusiasmo por el “momento” Podemos, con una seria preocupación por el desplazamiento de la política de la intensidad del 15-m a la política del significante, expresada tanto en la adhesión a los textos de Laclau, como en la restricción de las prácticas políticas del tejido a social al marco electoral. (Se puede escuchar esta conversación en: http://anarquiacoronada.blogspot.com.ar/2014/08/clinamen-podemos-un-progresismo-la.html
[4] Esta comunión ha llegado en la Argentinaal rango de política oficial. Pensadores de renombre como Jorge Aleman y Ricardo Forster, ambos funcionarios del gobierno nacional, incluyen dentro de sus respectivas agendas encuentros frecuentes con el núcleo dirigente de Podemos.
[5] En la Argentina, la expresión más interesante de politización de los intelectuales fue la reunión de Carta Abierta. Se trata de una experiencia que reúne, hace ya un lustro, a cientos de militantes e intelectuales que funcionan en asambleas públicas y que han apoyado varias políticas del gobierno. Los citados Forster y Aleman han participado de ese espacio desde el comienzo. Sus posiciones habituales son de defensa cerrada y teorización de lo actuado por el poder ejecutivo. El caso de Horacio González, director de la Biblioteca Nacional y fundador de Carta Abierta, es algo diferente, dada su insistencia, que es también una impronta en su modo de gestión institucional, en dialogar con los componentes más libertarios de la cultura política argentina. Su autonomía política se manifestó en varias ocasiones: en el caso de la violencia a los Qom, ante el ascenso del general Milani a Jefe del Ejército –acusado de participar de la represión de la dictadura- o en relación al alineamiento oficial con el Papa Francisco. 
[6] En el caso de Argentina, las fuerzas políticas en el gobierno abrieron un fenomenal proceso de movilización en torno a la Leyde Medios, en conflicto con el principal grupo mediático del país (Clarín). Si se evalúa la traducción de esa disputa en la producción de contenidos mediáticos y culturales en la prensa y la televisión, el resultado no es nada impresionante. Aunque hay experiencias sumamente interesantes, lo general es que esta disputa divide la enunciación mediática en un binarismo muy sencillo: “a favor” o “en contra” de las políticas oficiales.
[7] La referencia a Deleuze no se debe a que su obra de lugar a una política en específico, ni porque sea la más visitada por quienes desean radicalizar o cuestionar la insuficiencia de la crítica populista al neoliberalismo, sino porque de ella extraemos tres nociones que están en el centro de la discusión que aquí proponemos: la de “fuga”, la de “cartografía” y la de “muro de imposibilidad”. 
[8] Es lo que surge de la impresionante lista de apoyos internacionales de prácticamente todas las corrientes de la izquierda intelectual (http://apoyointernacionalapodemos.wordpress.com).
[9] Entre los lectores más recientes de Deleuze, Jon Beasley Murray (Posthegemonía, teoría política y América Latina, Paidós, Bs. As., 2010) ha sido uno de quienes ha intentado promover esta diferencia de imágenes a partir de una confrontación con la obra de Laclau. Mientras la teoría de la hegemonía confía en los discursos y las coherencias ideológicas a la hora de establecer consensos o bien rupturas, la post-hegemonía se identifica con un mundo “cínico”, en donde lo que determina la práctica política –las revoluciones y las estabilizaciones- son los afectos y los hábitos. Beasley Murray asume que las política neoliberales, tanto como las populistas, constituyen mediaciones alternativas para la común expropiación del poder constituyente de la multitud por parte del poder constituido. En la primera parte de su libro afronta el desafío de refutar a Laclau en el terreno de la comprensión del peronismo como modelo último del populismo.
[10] Entendemos la “fuga” de un modo más amplio y plural que el “éxodo”. La imagen del éxodo ha sido muy discutida durante la década pasada, sobre todo a partir de autores como Michel Hardt, Toni Negri y Paolo Virno. Entendidas como tácticas específicas de vaciamiento de la legitimidad y la legalidad, las políticas de éxodo deben enfrentar la cuestión de un “afuera”, no siempre percibido por las luchas. La “fuga” en cambio no precisa afuera alguno y no es patrimonio de actores políticos reconocidos como tales. La fuga no es negativa. Interesa la fuga por lo que abre. La fuga, tal y como la entendemos, rompe un imposible, abre un posible, crea una potencia (ver: Perros Sapienz, Redondos a quien le importa, biografía política de Patricio Rey, Tinta Limón Ediciones, Bs. As., 2013).
[11] Para referencias del caso argentino, sobre el modo en que estas dinámicas de fuga y creación de agenciamientos (cultura de la feria, de la inmigración, de las economías anómalas) se dan como apropiación desde abajo de las condiciones del mundo neoliberal, puede verse el libro de próxima aparición “La razón neoliberal. Economías barrocas y pragmática popular” publicado este año por Tinta Limón Ediciones. 
[12] Llamamos “autonomistas”, en el contexto argentino, no a quienes adhieren a una doctrina, sino a aquellos que forjaron su sensibilidad a partir de ciertos rasgos del ciclo de luchas de que va desde mediados de los ’90 hasta principios del ’00 encuentra su epicentro en 2001.
[13] Caricaturas como éstas no dejan de reconocer los avances concretos que puedan haber en experiencias agrupadas bajo el nombre de “populismo” (nombre inadecuado, ya que incluso en la obra de Laclau no deja de evocar  un cierto congelamiento histórico respecto de experiencias de la década del ‘50 y de remitir a una constitución del pueblo desde arriba), ni permite valorar experiencias que, como el zapatismo, no se caracterizan por su fugacidad. También puede resultar inadecuado el nombre “autonomismo” si recae en una cierta figura de la lucha obrera de los años sesentas y no se enriquece con las experiencias de las últimas décadas.
[14] El anacronismo viene dado por el hecho de que durante estos años se han producido todo tipo de matices y fusiones entre autonomistas y populistas. Si bien es cierto que entre los cuadros del kirchnerismo la idea de conducción política vertical restringió el intercambio con la tradición activista provenientes de las luchas del 2001, es muy visible en la base de las propias movilizaciones kirchneristas la pervivencia de autonomistas sensibles al kirchnerismo y kirhcneristas con vocación autónoma.
[15] Aunque en la mayor parte de su obra Laclau prácticamente se desentiende de la noción de estado, no pocos intelectuales argentinos que trabajan al interior de la constelación populista prefieren hablar de estado antes que de la foucaultiana gubernamentalidad. Como señala Pablo Esteban Rodríguez: “Quisiera comenzar con una cita extraída de la “nueva época” de la clásica revista El Ojo Mocho, uno de los grandes faros intelectuales argentinos en los ’90. Se trata de una entrevista a Eduardo Rinesi, actual rector de la Universidad Nacionalde General Sarmiento, publicada a fines de 2011. Refiriéndose a Michel Foucault (p.19), ubicándolo dentro de un pensamiento, digamos, antiestatalista, afirma lo siguiente: “Las cosas que estamos pensando en la Argentinano van tanto en la dirección de pensar en formas no estatales o extraestatales o antiestatales de funcionamiento de la vida social. Me parece que hemos dejado de pensar que la libertad está del otro lado del Estado, digamos así, para pasar a pensar (y me parece que allí estamos en el corazón de la gran tradición republicana clásica) que uno es libre no contra el Estado, sino en el Estado o gracias al Estado, no fuera de la ley o contra la ley, sino dentro de la ley y gracias a la ley”. Uno de los entrevistadores, Alejandro Boverio, acababa de señalarle que “en los ’90 no había Estado y, mientras tanto, se leía a Foucault”, y Rinesi retruca: “lo que en algún sentido pedía el progresismo era todo lo que Foucault criticaba: una estatalidad fuerte”. No es el único lugar en el que Rinesi, y otros con él, se refieren a Foucault en estos términos”. En contraposición, Rodríguez retoma una lectura foucualtiana del papel actual del estado en la Argentina: “El Estado que vuelve no es el que intenta dirigir todos los ámbitos de la existencia garantizando un tipo de seguridad, sobre todo, la subjetiva, sino el que garantiza a los individuos que estará allí cuando quiera llevar adelante sus iniciativas, en forma cuidada para las clases medias y, obviamente, en forma precaria para las clases populares. Esto se puede ver en la cantidad de leyes sobre la salud que se han sancionado en los últimos años tomando como base la demanda de los supuestos afectados (antitabaco, fertilización asistida, menúes light en los restaurantes, programas de fomento a la actividad física, etc.), pero también en el momento en que los representantes de la feria de La Salada viajan con la comitiva presidencial al exterior (el tan mencionado viaje a Angola), o en el hecho de que el Estado multiplica y superpone programas de asistencia que deben tanto al diseño de macropolíticas públicas como a la contingencia y la precariedad de aplicación. Es en esa contingencia y precariedad donde interviene una racionalidad neoliberal, como dice Gago, “desde abajo”. Su ponencia, sobre la vigencia de Foucault a 30 años de su muerte concluye: “Para finalizar, entonces, creo que la “vuelta del Estado” se emparenta íntimamente con la “vuelta de Foucault” para analizar lo que ocurre en América Latina y para imaginar nuevas formas políticas y sociales. Déjenme ser obvio: como el eterno retorno de Nietzsche, no retorna lo mismo. El Foucault que retorna, el de la genealogía del neoliberalismo, permite comprender al Estado que retorna. Es para festejar que el neoliberalismo macroestructural haya perdido predicamento, y para estar en guardia frente a los intentos que habrá, desde ya, en reimponerlo ni bien se acentúen los problemas que hoy estamos viendo aparecer. Pero, también, y esto es lo que quiero plantear, es para comenzar a ver la lógica neoliberal desde otro ángulo, mucho más inquietante, que no se manifiesta en declaraciones de principio ideológicas sino en prácticas concretas de existencia de una miríada de sujetos provenientes de diferentes grupos sociales. Las luchas políticas que vendrán tendrían que jugarse, también, en este terreno”. (http://anarquiacoronada.blogspot.com.ar/2014/08/el-neoliberalismo-el-mito-del-estado-y.html).
[16] Aunque habitual, la crítica ambientalista al llamado modelo neoextractivista nos resulta insuficiente. Con fuerte riesgo moralista, se desentiende del momento urbano-plebeyo que, por ejemplo en la Argentina, fue fundamental como lucha (piquetera) en la crisis. La necesaria crítica al “neoextractivismo” debería tomar dos recaudos. El primero es evitar pensar este proceso de modo reducido: extractiva no es sólo la actividad que tiene por objeto los bienes llamados “naturales”, sino también la captura de valor social a partir de diversos dispositivos propios del capital financiero. El segundo, evitar subordinar la dimensión democrática implicada en las resistencias populares a la dimensión precaria de la gubernamentalidad, hecha mayormente de políticas sociales. Este segundo aspecto implica tener en cuenta el valor de la mediación estatal, de captura y redistribución de renta en la constitución de la gubernamentalidad progresista. Posiblemente no contemos con un “modelo” alternativo al neodesarrollista en curso, incluso porque éste no llega tampoco a ser un “modelo” coherente. Podemos enfrentar, en cambio, los aspectos notoriamente antidemocráticos de esta gubernamentalidad, como los mecanismos fundamentales que surgen de la subsunción capitalista de la sociedad y la naturaleza. Siguiendo y desplegando los elementos que surgen de las luchas/fugas, se abren procesos de comprensión/desplazamiento (se puede llamar a esto “mapeo”), momentos de constitución de fuerzas antagonistas con estos elementos neodesarrollistas/neoliberales. Esta es, seguramente, la tarea de la investigación militante.
[17] Esta dialéctica “culturalista” contiene un carácter fetichista: en apariencia es la reconfiguración nacional y popular (polo significante) la que se impone y define las posibilidades de la “economía política” (polo significado).
[18] La cuarta tesis de Walter Benjamin del célebre texto “Sobre el concepto de historia” recuerda que las cosas “espirituales y refinadas” están presentes en la lucha de clases “de otra manera que como idea de un botín que corresponde al vencedor”, tal y como sucede con las clases dominantes. Ellas “están vivas en esta lucha como confianza, como coraje, como humor, como astucia, como tenacidad, y tienen efecto retroactivo en la lejanía del tiempo. Vuelven a cuestionar una vez y otra cualquier victoria otorgada a los dominadores. Lo mismo que las flores se vuelven mirando hacia el sol, así también lo pasado, gracias a alguna misteriosa forma de heliotropismo”.
[19] En Buenos Aires, el Instituto de Investigación y Experimentación Política (IIEP) (www.iiep.com.ar) emplea esta expresión para abrir un nuevo espacio de politización entre organizaciones territoriales e investigadores. Para un desarrollo de la noción de un nuevo conflicto social en la genealogía de la gubernamentalidad en la Argentina se puede consultar: http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-54/del-2001-al-nuevo-conflicto-social-una-genealogia-de-la-gubernamentalidad-a 
[20] Según el Colectivo Situaciones, el impasse de la radicalización democrática constituye la otra cara de la hegemonía neodesarrollista. Ver: Colectivo Situaciones, Conversaciones en el impasse, dilemas políticos del presente, Tinta Limón ediciones, Bs.As., 2009. La relevancia del impasse es resaltada en el libro a partir de entrevistas con diversos autores como Antonio Negri, León Rozitchner, Raquel Gutiérrez Aguilar o Santiago López Petit, entre otros (véase: http://tintalimon.com.ar/libro/CONVERSACIONES-EN-EL-IMPASSE)
[21] Durante los últimos años, prácticas como el escrache fueron llevados muchas veces adelante por contingentes sociales que, como los llamado “caceroleros”, se apropiaron del repertorio expresivo de las manifestaciones del 2001, invirtiendo su sentido. Si en aquellos años la presencia popular y piquetera impuso a las clases medias indignadas un espacio de convergencia común, opuesta a las premisas del neoliberalismo, los recientes “caceroleros” asumen una serie de demandas propias y recortadas del común popular, estructuradas en torno a la sacrosanta alianza entre familia, seguridad y propiedad. En este contexto, lejos de disputar el valor y el contenido de estas prácticas, resulta absolutamente habitual escuchar en los discursos oficiales una referencia completamente condenatoria al escrache como práctica. Algo similar ocurre con los cortes de rutas y piquetes (véase “Cacerolas Bastardas”: http://anarquiacoronada.blogspot.com.ar/2012/09/cacerolas-bastardas_21.html?q=cacerolas+bastardas)
[22] Los trabajos de Raquel Gutiérrez Aguilar, justamente, muestran la importancia concreta de las políticas del común, que superan las categorías de público-estatal y privado-mercado con que se atenaza las luchas contra el neoliberalismo/patriarcalismo/neodesarrollismo en el continente (http://www.anarquiacoronada.blogspot.com.ar/#!http://anarquiacoronada.blogspot.com/2014/08/leo-la-historia-reciente-de-america.html).
[23] Rita Segato desarrolla esta lógica de la excepción para la actualidad de América Latina bajo el nombre de “segunda realidad”. Esta lógica de la excepción es el lugar desde el cual Segato critica la articulación estatal que se substrae a la voluntad democrática (y eventualmente progresista). Ver Rita Laura Segato, La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, Tinta Limón Ediciones, Buenos Aires, 2013.
[24] El ensayista Christian Ferrer es quien mejor ha notado la continuidad de imagen de felicidad, de modelo de consumo, de producción de conocimiento y de patologías entre el periodo “neodesarrollista” y el supuestamente dejado atrás modelo “neoliberal”: http://anarquiacoronada.blogspot.com.ar/2014/07/entrevista-christian-ferrer-la.html?q=christian+Ferrery http://anarquiacoronada.blogspot.com.ar/2013/05/clinamen-todo-es-politico.html?q=christian+Ferrer.
[25] En el fondo la discusión sigue siendo entre política y gestión. ¿Es la política lo que ocurre y se subsume en la gestión o hay una diferencia de naturaleza entre ambas, a partir de la cual es pensable una dialéctica virtuosa, en que la política abre mundos y la gestión se ocupa de tramitar democráticamente la innovación política? Si las teorías que se autodefinen como populistas acaban por afirmar muy tradicionalmente la primera opción, la comprensión alternativa, que ha sido sostenida por muchas luchas de Europa y de América Latina, insiste en abrir una nueva vía de articulación entre gestión y política desde el ángulo de la invención autónoma de la política (Ver: Miguel Benasayag y Diego Sztulwark; Política y situación, de la potencia al contrapoder; Ediciones De mano en mano,  Bs.As., 2000). 
[26] Una de las críticas que se dirigen con sensatez a la experiencia de varios gobiernos progresistas es que aun alterando situaciones profundamente injustas no logran transformar las estructuras neoliberales. Su performatividad no alcanza (aunque hay que aprender de ella, cuando actúa como componente activo y democratizador) en muchos casos, a producir cambios profundos. En el caso argentino de la lucha por los derechos humanos se ha avanzado de modo fundamental en muchos aspectos, pero no se ha logrado una redefinición de los dispositivos de las fuerzas de seguridad. En el plano de los derechos, no se ha logrado implicar de un modo sustancial a la población en la constitución de instituciones capaces de desarrollar derechos desde abajo en relación a la tierra y la vivienda. La lucha contra el poder financiero de extracción de renta está aún en pañales. El conjunto de estas limitaciones devienen impotencia política (del gobierno y de los movimientos) capitalizable por derechas reaccionarias, en menor medida por progresismos banales y aun en menor medida por una izquierda militante que no logra romper con esquemas de radicalización abstracta.
[27] Véase la entrevista “Latinoamérica enseñó a Podemos una política de lo imposible” a Íñigo Errejón: http://anarquiacoronada.blogspot.com.ar/2014/08/latinoamerica-enseno-podemos-una.html?q=errej%C3%B3n
[28] Christian Laval y Pierre Dardot, La nueva razón del mundo, ensayo sobre la sociedad neoliberal. Ed. Gedisa, Barcelona, 2013.
[29] Para ampliar esta cuestión, es interesante el diálogo entre Álvaro García Linera y María Galindo, así como la lectura que Rosa Lugano y Raquel Guitérrez Aguilar hace de la relación entre gobierno y voz autónoma.

¡Novedad!: Sin árbol, sombra ni abrigo

por Teodoro Boot

En un acto que no sé si llamar heroico o absurdo, la editorial Punto de Encuentro acaba de publicar Sin árbol, sombra ni abrigo, que seguramente a partir de la semana próxima estará disponible en las mejores librerías.
El sacrificado editor espera que haya alguna venta. Y el autor, más: si no la hay, difícilmente salga alguna vez a la luz Si la casualidad lo permite, tercer y sospecho que último volumen de esta saga.
El propósito original de llegar hasta el año 2000, momento en que se invocaría el retorno al mundo material de las partículas astrales del Tirano Prófugo como último recurso para evitar la autodestrucción nacional, atenta contra la salud mental del autor, a quien, cuanto más recientes, más dolorosos y perturbadores le resultan los sucesos argentinos.
Se agradecerá infinitamente, aunque sin llegar a la abyección ni, ¡Dios menelibre!, la servidumbre sexual, tanto la compra del libro en cuestión como la difusión de su existencia.
Ignoro si el texto de contratapa da alguna pista acerca de su contenido. Por las dudas, dice así:
“Novela, testimonio y documental, Sin árbol, sombra ni abrigo nos presenta los mismos personajes, en el mismo lugar y en el mismo momento en que quedaron al final de Espérenme que ya vuelvo, pero se trata de mucho más que de su continuación. Friedman y De Santis, tan entrañables como azorados, nos llevan por las calles de Buenos Aires, La Plata, Ushuaia y Río Gallegos para cumplir con los desconcertantes pedidos del Tirano Prófugo, quien en su pequeño departamento de Colón, en calzoncillos y con una media en la cabeza, envía instrucciones, pergeña planes, escribe cartas, redacta artículos periodísticos, publica libros, graba discos, descubre por qué los cangrejos caminan de costado y aún tiene tiempo para levantarse una turista norteamericana. Sin embargo, las posdatas telefónicas de G9 y L7 y la disonante voz “en off” del cada vez más indignado ingeniero Frascali parecen decirnos que las cosas no ocurren como aparentan. Al fin de cuentas, qué sabe nadie”.

Al Papa Francisco: Por la abolición del Infierno



Santa Sede, Vaticano,

Su Santidad Papa Francisco:

En el año 1998 el artista argentino León Ferrari (1920-2013) envió una petición en nombre del CIHABAPAI (1) dirigida al representante de Dios en la tierra, Papa de la Iglesia Católica Apostólica Romana Juan Pablo II, solicitando la abolición del Infierno, lugar de inacabable tortura y sufrimiento al cual es destinada la mayoría de la humanidad. El Sacro Sitio Vaticano se negó a aceptar la petición, argumentando que no se puede anular el Infierno. El lugar del sufrimiento eterno, siendo eterno, seguirá existiendo (¿o no?).
En el Diciembre del año 2001, mientras los demonios financieros se manifestaban en la Argentina, Ferrari escribió una segunda carta a Juan Pablo II, reiterando la petición. Nuevamente sin éxito. Desafortunadamente el sadismo católico no se inclinó: la tortura eterna continuó siendo practicada en este lugar oculto llamado Infierno, y también en las escondidas madrigueras del inconsciente social, alimentando el terror y la violencia.
En el año 2013, León Ferrari estaba preparándose para su elevación final de la vida terrenal, cuando Mario Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires, amigo-enemigo del artista subió a la Silla de Pedro con el nombre de Francisco I. Poco antes de su último suspiro, el gran artista argentino pidió una copa de buen vino tinto y brindó por la ascensión de Bergoglio. ¿Estaba al fin ocurriendo el Milagro?
Al final de su primera Vía Crucis el Papa Francisco declaró que Dios no condena nadie, y enunció también otras palabras (2) que parecieron significar que el Infierno, del cual tanto se habla, no existe. En el mediascape global –verdadero lugar infernal– se desencadenó un debate feroz entre quienes interpretaban las palabras del Papa como el fin del eterno tormento y quienes contrariamente argumentaban que las palabras del Sumo Pontífice eran solo metafóricas y que del tormento eterno no se puede dudar.
Nosotros, ciudadanos del mundo, reunidos en la ciudad de San Pablo, pedimos al Papa Francisco, elucidar este punto crucial, y más precisamente rezamos por la abolición final del Infierno, ese lugar de barbarie, fuente mental de odio y violencia.
Recordamos aquí la “Leticia” de Francisco de Asís, cuando se encontraba cercano a la hermana muerte, y esperamos que todos los hombres y mujeres del mundo puedan ser libres de e nfrentar la muerte con el mismo espíritu.
Aún más pedimos al Papa Francisco que nos ayude a abolir el Infierno terrenal del Capitalismo Financiero y la guerra del cual hacen cotidiana experiencia billones de seres, indígenas, trabajadores, pobres, desempleados, víctimas de la guerra y del colonialismo clerical.
MEDIANTE ESTA PETICIÓN LOS FIRMANTES SOLICITAMOS LA TOTAL Y DEFINITIVA ANULACIÓN DEL INFIERNO.
***
Nota: en caso que la negociación entre Su Santidad y el Padre Eterno diese cuenta de la imposibilidad de la anulación del infierno, le rogamos al menos, permitir la redención del alma del artista y su liberación de las tinieblas.
***
(1) CIHABAPAI Club de Impíos Herejes Apóstatas Blasfemos Ateos Paganos Agnósticos e Infieles en formación fundado por Ferrari.
(2) En enero de 2014 se difundió un supuesto mensaje del Papa Francisco acerca del Infierno:“(…) La iglesia ya no cree en un infierno literal, donde la gente sufre. Esta doctrina es incompatible con el amor infinito de Dios. Dios no es un juez, sino un amigo y un amante de la humanidad. Dios busca no para condenar sino para abrazar. Al igual que la fábula de Adán y Eva, vemos el infierno como un recurso literario. El infierno no es más que una metáfora del alma aislada, que al igual que todas las almas en última instancia, están unidos en amor con Dios.” La veracidad de dichas declaraciones aún permanece en la duda, sin embargo este mensaje fue desmentido por fuentes provenientes del propio Vaticano.

Logos que matan

por María Galindo


La Bienal de Arte de San Pablo, como todos los grandes eventos de arte, tiene detrás, encima y por debajo una serie larga y pesada de auspicios empresariales que representan el núcleo del poder de las oligarquías, de los intereses de las empresas transnacionales y de las representaciones diplomáticas coloniales. Auspicios que expresan las redes de poder  de la clase dominante en Brasil, como también del núcleo de los intereses capitalistas y coloniales en América Latina. Digo representaciones colonialesporque solo aparecen las de los países capitalistas del norte, que suelen dar dinero para la presencia de sus artistas asegurándose, de esta manera, la visibilidad permanente y fácil de los artistas europeos y norteamericanos.
Sin embargo, y a pesar de ello, la Bienalde Arte de San Pablo no ha constituido una prolongación del imaginario de esta élite, sino que ha ido adquiriendo a lo largo de su historia la condición de novelesca sucesión de plataformas moldeadas más bien por la historia, por los contextos y las circunstancias. Una vez rota la lógica de las representaciones nacionales, la curaduría se ha convertido en un escenario definitorio de los contenidos y propuestas de las bienales.
En ese contexto, “la rebelión”, “el paréntesis abierto”, “el debate”  ocurrido esta pasada semana frente a la presencia del logo del Estado de Israel como auspiciante gracias a una suma ridícula de dinero que es necesario subrayar: cerca de 40.000 dólares de un conjunto de 10.000.000 que es el costo de la bienal, ha supuesto la puesta en cuestión de la relación entre auspiciantes y arte.
Los y las artistas árabes, palestinas, libaneses afincados en la región en conflicto sentían afectada la integridad ética del sentido de su obra si ésta figuraba como auspiciada por un Estado genocida. Al mismo tiempo el conjunto de artistas presentes o al menos una amplia mayoría no sólo entendíamos perfectamente esta visión, sino que compartíamos el límite ético planteado por ellos y ellas. Se llegó a una solución con sabor a triunfo que supone la suspensión del link del logo del Estado de Israel con la web del consulado de Israel y  la asociación del auspicio de manera directa y exclusiva con los artistas de origen israelí.
Para mi gusto, una sugerencia que hubiera tenido un impacto político mayor, cual era la de colocar de manera generalizada por parte de todos y todas quienes lo quisieran un logo específico de repudio del auspicio del Estado de Israel en la bienal, quedó desechada por propia voluntad de los y las artistas de la región que tuvieron, por la implicancia directa, un poder especial de decisión sobre el conjunto.

Casa, museo, Estado

por Horacio González


¿Cuál es la diferencia entre una casa y un museo? La pregunta nos pone en problemas. En toda casa, se estremecen objetos olvidados, hay recovecos con antiguos vestigios que basta exhumar para suscitar recuerdos, de ahí que tememos el momento en que reaparecen o deseamos por fin descubrir el pretexto para descartarlos. Cuando en una casa vivió algún hombre o una mujer notables, los estados, u otro tipo de organizaciones culturales, la conservan para convertirlas en museo, con justa razón, pues toda casa, serenamente considerada, guarda siempre el trazo potencial de un museo, y los museos que fueron casas nos hacen luchar luego para imaginar, tras las decisiones del curador de exposiciones, cómo era la vida que se desarrollaba allí dentro.
En la casa de Hemingway en Cuba, había un zapato junto a la puerta del baño, para ayudar a que cierre. En la casa de Gilberto Freyre en Pernambuco, un colchón enrollado en el cuarto de huéspedes. En la Casa de Martínez Estrada en Bahía Blanca, un vestido de su mujer sobre una silla. Su biblioteca tiene casi los mismos libros que leía el brasileño Freyre por la misma época; Georg Simmel, por ejemplo. Los cuidadores toman decisiones escénicas que no sabemos si aprobaría el habitante ausente, fallecido y homenajeado. Poco conocemos de la vida cotidiana de Victoria Ocampo en la casa actualmente ocupada por el Fondo Nacional de las Artes; queda la famosa foto de sus escritores amigos sobre la escalera modernista, que hoy permanece inmutable, congelada. Es la misma y es otra.
La casa de Trotsky en Coyoacán, México, era en cambio una casa Estado. Una casa fortificada, con paredes reforzadas, puertas engrosadas, torretas de vigilancia, muros elevados, todo sobrepuesto a una bella vivienda de las afueras de la ciudad, cuyas gentiles formas originales apenas sobrevivían luego de que fuera convertida en una fortaleza. En el cuarto contiguo a su escritorio de trabajo, se ven varios dictáfonos, con sus rodillos de cera. Allí trabajaban los secretarios y secretarias del jefe bolchevique. Como en su casa de Prinkipo, Turquía, el primer país que lo acepta en su largo exilio, llamaba “cancillería” a un cuarto similar, donde estaban sus traductores y mecanógrafos. El gran exilado cargaba consigo un modelo de Estado. Desterrado, fantasmal y enclaustrado; un Estado sin territorio ni comarca, un organismo utópico donde se dictaban órdenes, se emitían boletines, se hacían juicios contrapuestos a los juicios de Moscú, se salía a pescar, se criaban conejos y se recibía a André Breton.
No hay trotskismo sin surrealismo, aunque a la inversa no sea enteramente cierto. El director de la casa museo nos dice que los visitantes que vienen atraídos por la escena del crimen se pierden de considerar los aspectos muy evidentes que resaltan por todos lados, referidos a la vida cotidiana de Trotsky. Cierto, pero no tan cierto. Ninguna museística ni el indudable atractivo de la apenas sospechaba cotidianidad en ese espacio trágico nos pueden desviar de la noticia sombría incrustada en esas paredes, esa biblioteca con libros sobre todo en ruso, pero también en inglés y francés. Todo sugiere infortunio, inminencia del desenlace, un puesto dramático de observación del universo, un cierto aleph del siglo XX –que la ya famosa novela de Padura no alcanza enteramente a develar–, así como la casa de Lezama Lima en La Habana –especialmente las vitrinas con sus pequeños objetos cerámicos– sigue condensando una conmovedora tensión entre novela y Estado, poesía e historia.
En el escritorio de Trotsky, incluso el gran mapa de México que estaba a sus espaldas, cuyo valor era sentimental y geopolítico al mismo tiempo, nos reclama de nuestra imaginación el esfuerzo póstumo e imposible por verlo sentado ahí, en el instante fatal. Y ahora sí, los conejos ausentes de esas gazaperas descuidadas, enrejadas con alambre, suscitan nuestra alarma indefinible. Lo que falta no es lo cotidiano, sino el último esfuerzo de nuestra quimera, para abrirse paso entre esos libros abiertos sobre el escritorio –que probablemente o improbablemente estaba consultando en el momento aciago, una Vida de Stalin–, y salir de la tremenda dicotomía que tajeó la relación entre estos dos hombres, entrándose así en la Casa de Asterión, el minotauro desarmado que esperaba en la fortificación al asesino que entraría con la excusa de presentarle unos papeles. Un secretario francés de Trotsky en Prinkipo escribió que en las traducciones de sus escritos –la Historia de la Revolución Rusa, por ejemplo– exigía que los que trabajaban en ella no se excedieran en los oropeles y adjetivaciones. Ser conciso, claro, propagandístico. Sin embargo, Trotsky es un escritor magnífico, sus descripciones son acuarelas expresionistas, es capaz de comparar una esquina de Nueva York con el cubismo; contrastar la red que tiran los pescadores turcos para pescar, una actividad arcaica o milenaria, con las tecnologías modernas; describir la locomotora que lo saca de su primer destierro en Alma Ata, como un calefactor que recorre la formación de vagones eternamente parados en el hielo, para calentar a los pasajeros ateridos. Es un pensador de las fisuras del tiempo y sus combinaciones desiguales; su imaginación proviene de la noción de inconsciente colectivo y de la herencia de la tecnología de una era anterior, para el sostén de las nuevas épocas radiantes.
Hablando en Coyoacán con su nieto Sieva (Esteban Volcov Bronstein), hijo de una de las hijas de Trotsky, aparecen fugazmente los vestigios inesperados de la tragedia, apenas sugeridos por la mera presencia de este especialista en química orgánica, hoy con más de ochenta años, enteramente lúcido y jovial. Esteban nació en Yalta –ciudad famosa por el encuentro de los líderes de la posguerra en 1945 y porque allí nació también Chéjov– y se presta amablemente a la contenida curiosidad de sus visitantes. Dedica libros y expone un sereno lamento por el estado del mundo. No es un político. De niño, lo roza un balazo de la partida que integraba David Siqueiros, el salteador artístico, en el primer intento de asesinar a su abuelo en la morada blindada de Coyoacán. Su casa, a pocas cuadras del Museo Trotsky, es amplia, cómoda, enteramente mexicana, sus inflexiones verbales son las del idioma mexicano corriente, nada quiere saber con Rusia. Entiende que su destino es el del testigo; parece feliz, orgulloso de sus hijas científicas y poetas. Contemplando su cordialidad diligente, de repente no es posible sujetar el sentimiento de que hay un único punto en los grifos de la historia, que reservadamente convierte a las casas en museos, y deja en éstos los surcos que forjan exilios, guerras y Estados.

¿Qué onda la filosofía francesa?

por Eric Aeschimann y Gilles Anquetil


¿Sobre que temas trabajan los sucesores de Foucault, Derrida, Levinas o Ricoeur? En ocasión de la publicación de dos números especiales de la revista Cités consagrados a la filosofía contemporánea, la revista Le Nouvel Observateur  conversó con Paul Audi, editor del segundo e estos fascículos. A continuación traemos una selección y traducción de la conversación.  El texto original se encuentra aquí.
Nouvel Observateur: Usted coordinó el número especial de la revista Cités, consagrado a ‘la filosofía en Francia en la actualidad”, número que es la continuación de aquel coordinado por Yves Charles Zarka y Julliette Grance sobre la nueva generación de filósofos franceses. ¿Que es la filosofía francesa en el año 2014?
Paul Audi: La filosofía practicada en Francia y en francés me parece ser reacia a toda especie de identificación, en todo caso, a toda asignación a algún método de pensamiento predeterminado. Si Deleuze, Lyotard o Derrida pudieron ser agrupados en las universidades norteamericanas bajo la etiqueta de “French Theory”, los protagonistas mismos nunca ser reconocieron en la misma. Cada uno tenía su singularidad a guardar y a defender, signo de una obra creativa que rechazaba limitarse a la corriente de pensamientos que ella misma había contribuido a instaurar.
De mi lado, mas que de una filosofía francesa, prefiero hablar de una “filosofía a la francesa”. Cual es su especificad hoy? Es difícil decirlo, por eso el cuadro que nosotros pintamos en Cités, es necesariamente incompleto pero no parcial. En este dominio, no existe por otro lado ni objetividad ni exhaustividad posibles. Nuestra ambición fue de captar una nueva generación de filósofos en un momento en el cual ciertos pensadores mediáticos tapan lo que ocurre realmente en forma concreta. Hemos querido volver a la realidad y mostrar como algunos hacen un trabajo paciente, exigente e innovador, que merita toda la atención de los lectores, porque permite comprender nuestro tiempo.
Resulta que la filosofía en Francia continua a querer ocupar los márgenes y atravesar las fronteras: entre filosofía y literatura, ciencias exactas y ciencias humanas, pensamiento publico y pensamiento privado, instituciones académicas y las medias, filosofía del concepto y filosofía del sujeto, filosofía del lenguaje y metafísica…Los franceses se ubican espontáneamente en esos puntos de cruce porque piensan que una disciplina ya constituida se enriquece de todo aquello que el exterior le aporta.
Para tomar un ejemplo: Cuando Vincent Descombes trata de la identidad, examina esta cuestión fundamental usando los útiles de la lógica, de la gramática, de la filosofía política, de la literatura. He aquí un procedimiento típica de la ‘filosofía a la francesa’. Desde ese punto de vista, hay continuidad con las generaciones pasadas.
Nouvel Observateur: Parecería que la filosofía vive siempre en el régimen del ‘según’, según Lacan, según Derrida, según Foucault, Deleuze, Levinas o Ricoeur… ¿Esta tutela de los antecesores es paralizante o liberatoria para la nueva generación?
Paul Audi: Leyendo lo que la nueva generación escribe de ella misma en Cités, uno se da cuenta que si la tutela de los grandes ancestros no ha realmente pesado sobre sus sucesores es porque ella mas que creado discípulos ha abierto un campo de investigaciones. Las reflexiones que se hacen hoy en día no pretenden convertirse en sistemas globales, con sus artículos de fe, sus adeptos, etc. Ellas apunten más bien a explorar un sector delimitado de la realidad, reservándose el derecho de comprender el mundo en su totalidad.
La consecuencia no es solamente una cierta “archipielagisación” del paisaje filosófico. A excepción de los filósofos analíticos, hay poca inclinación a las polémicas políticas o doctrinarias. Los jóvenes filósofos no buscan cruzar espadas para imponer sus ideas. Ellos han tomado conciencia que su independencia seria garantía de su creatividad. Y es para preservar aquella que ellos se resuelven a una forma de soledad. A la imagen de alguno de sus mayores, en especial Jean-Luc Nancy, Manuel Gauchet o Jacques Rancière, que ya no aceptan ser asignados a tal o tal corriente de pensamiento.
Nouvel Observateur: ¿Hay a pesar de todo líneas de fuerza unificadoras?
Paul Audi: Hay, primero, acciones refundadoras relacionadas con la creación de conceptos de larga trayectoria. Pienso aquí a Yves Charles Zarka que propone enfocar los nuevos desafíos del pensamiento con el pensamiento de lo ‘inapropiable’, o a Jean-Luc Marion, que reinscribe el concepto de ‘don’ en el corazón de la fenomenología.
Si hay algunas líneas que han sido trazadas por la enseñanza de grandes profesores, ellos mismos filósofos, como Jacques Bouveresse o Alain Badiou, se constatan, también en este caso, posición originales, por ejemplo, en lo que hace a la re-definición de las relaciones entre fenomenología y filosofía analítica, como por ejemplo en el caso de Jocelyn Benoist, o a la conexión entre pensamiento analítico y metafísica, como lo muestran los trabajos de Quentin Meillassoux o de Tristan Garcia.
La filosofía moral y política se renueva también fuera de todo anclaje ideológico. Y si ella se plantea nuevamente el problema de la comunidad y de la justicia social, es en creando pasarelas entre disciplinas como la sociológica, el derecho o los tratados de ética medica.
Comparados con sus predecesores, Corine Pelluchon, Marc Crépon, Bruno Karsenti, Frédéric Gros, Franz Fischbach, Pierre-Henri Tavoillot, Pierre Zaoui, Frédéric Worms, estos filósofos jóvenes se interesan menos por el análisis de las relaciones de poder que estructuran el cambio social que por el estudio de las formas de la vida ordinaria, de la fragilidad social, de los modelos de solidaridad con el prójimo.
Nouvel Observateur: Cual es la dinámica política de la filosofía contemporánea
Paul Audi: Me parece que en Francia la filosofía esta marcada por la convicción que la acción política del intelectual no tiene hoy la misma eficacia que ayer. Ella no alimenta ya el mismo fantasma de la intervención sobre el curso de los eventos. Ciertamente, si bien ella porta de alguna forma el luto por las grandes utopías emancipadoras, ella no deja, sin embargo, de inscribirse rectamente en esta tradición
El éxito de una revista como Cités, cuyo público excede el de los ambientes especializados, prueba que el sueño de una influencia del pensamiento sobre el curso de las cosas no ha desaparecido completamente. Sin embargo, no hay realmente mas relaciones estrechas con partidos políticos o con grupos militantes, como ocurría en los años 70, cuando Foucault acompañaba el Grupo de Información sobre las Prisiones (GIP).
Se cuestiona la ó las crisis del capitalismo, hay inquietud sobre los efectos de destrucción de la comunidad provocados por el liberalismo o se analizan las razones del terrorismo actual. Pero estas interrogaciones no están unificadas y no hay grandes iniciativas políticas colectivas.
Nouvel Observateur: Se constata actualmente el triunfo tardío pero real de Alain Badiou.
Paul Audi: Badiou formó numerosos filósofos que han ya producido obras muy interesantes. Para mi, el hecho destacado es la forma en la cual estos autores pasan a reocupar el campo de la ontología. Después de la [segunda] guerra [mundial], bajo la influencia del pensamiento de Heidegger y su consigna de sobrepasar la metafísica, solo los historiadores de la filosofía se sentían aun autorizados a interesarse por ella.
Pero, al mismo tiempo que el heideggerismo conoce un neto reflujo, la prohibición echada sobre el pensamiento especulativo esta en tren de explotar. Y una joven generación se ha precipitado en la brecha así abierta, un movimiento que algunos llaman ‘nuevo realismo’. Esto es un procedimiento mas fecundo, a mi parecer, que aquel que lleva a la filosofía analítica a mezclarse con la religión…
En el fondo, no existen hoy corrientes dominantes, y veo posibilidades maravillosas para la filosofía, que no tiene mas que encerrarse en tal o tal ‘ismo’, las encrucijadas demultiplican los laberintos, y esta muy bien que sea así. Las cartas están echadas y cada uno inventa sus propias reglas de juego. La filosofía es nuevamente capaz de maravillarse de la realidad si tener que inscribirse en respuesta ya encontradas.
Es este momento de gran libertad que la revista a decidido celebrar como tal. Una libertad que se afirma no sin una cierta modestia, ya que todo el mundo desconfía de nuevos maestros de pensamiento, pero al servicio de una verdadera ambición intelectual.

Villa Lago Gutiérrez: del paraíso al infierno

por Mariano Rodríguez


Hasta hace dos meses vivíamos en un lugar increíble y, sobre todo, bastante pacífico. Si bien la cosa se empezó a enturbiar hace un año con la llegada de algunos paisanos con un par de muertes a cuesta, todavía podíamos vivir relativamente tranquilos.

Villa Lago Gutiérrez más que un barrio es un caserío en medio de un bosque de nativas patagónicas. Un puñado de familias trabajadoras que vivimos austeramente en un alto grado de convivencia con el entorno natural. Un barrio privado: privado de teléfono, privado de gas, privado de cloacas y privado de agua.

Villa Lago Gutiérrez, hasta hace poco, era un barrio donde dormíamos sin llave, donde podíamos dejar las herramientas apoyadas en un árbol que a la mañana siguiente iban a seguir estando en el mismo lugar.

Pero todo cambió: desde hace dos meses una escalada de violencia afecta a todo Bariloche como consecuencia de la disputa por el poder entre la Intendenta de Bariloche y el Gobernador de Río Negro; lo que desembarcó en nuestro pequeño paraíso en forma de secuestros, intentos de violación, robos a mano armada, quema de viviendas, tiroteos y amenazas a los vecinos.

Toda esta situación es generada por gente asociada a la Mafia Inmobiliaria que se instaló durante los años del radicalismo rionegrino y se afianzó con los gobiernos kirchneristas del Gringo Soria, primero, y del Brujo Wereltilneck, después.

La ruptura de Wereltilneck con el kirchnerismo, su alineación con el Massa y el enfrentamiento con nuestra intendenta, que sigue siendo kirchnerista, resultó en una liberación de Bariloche a grupos de criminales organizados que conviven con la policía provincial, esa misma policía que en diciembre del 2013 se amotinó logrando un importante incremento salarial por parte del gobernador.

En pocas palabras, se están embarrando la cancha y los vecinos estamos de rehenes de esta disputa por el poder político y territorial.

Los que trabajamos en nuestras casas tenemos que cuidar las casas de los que trabajan afuera, tuvimos que organizar corredores seguros para que los niños –y sobre todo las niñas– puedan llegar al colectivo sin que les pase nada. Tenemos tres campamentos de parapoliciales armados que responden a una “desarrolladora” inmobiliaria que disputa la titularidad de muchos terrenos con algunos vecinos en situación de “ocupación”. Hay algunos vecinos armados sin más experiencia en el uso de las armas que matar una liebre o, en el mayor de los casos, un ciervo. No hay noche en la que no se escuchen tiros.

Desde el gobierno municipal las respuestas son muy tibias, nuestra intendente esta más preocupada por ser Vicegobernadora que por la violencia que crece. Y digo violencia y no inseguridad, porque la inseguridad la asocio a los daños hacia la propiedad y la violencia, al daño que se ejerce a hacia las personas.

De uno u otro modo, la estamos pasando mal.

Este revelador video muestra a un «grupo de choque» conducido por personas con antecedentes delictivos «custodiando» la vivienda que fue incendiada en la ocupación de terrenos de Villa Lago Gutiérrez. Fueron supuestamente contratados por los dueños de los terrenos para «proteger» el lugar. El cabecilla del grupo -el «Taca» Nahuelquín- dijo a los ocupantes: «Si tengo mala leche, te la prendo fuego y listo». Al día siguiente, la casa ardió.

Estado, comuna, comunidad

por Bruno Bosteels

El siguiente texto es una versión ligeramente editada de dos intervenciones en el Banco Central en La Paz, el 27 y el 28 de noviembre de 2013, en el marco del seminario sobre “El Estado desde el horizonte histórico de nuestra América”, organizado por la Vice-Presidencia de la República de Bolivia. Gracias a los esfuerzos de Josefa Salmón y Oscar Vega se publicó por primera vez en línea en Bolivian Research Review/Revista Boliviana de Investigación, vol. 11, no. 1 (agosto 2014).
Las medidas geopolíticas del capital: En torno al Manifiesto comunista
El nuevo libro de Jorge Veraza, El sentido de la historia y las medidas geopolíticas de capital, define una enorme pauta en la recepción no meramente académica sino activa y militante del Manifiesto del Partido comunista.[1] En realidad es el último en una serie de tres libros, hasta la fecha, dedicados a la historia, las condiciones de producción y las muchas lecturas que, aun cuando se trata según el autor de malas interpretaciones, de equivocaciones o pura y llanamente de errores que obstaculizan el entendimiento en vez de facilitarlo, no obstante dan prueba fehaciente de la larga y continuada relevancia del texto de Marx y Engels.[2]
Sin duda, el Manifiesto es un texto que nos sigue desafiando hasta estos días con proclamaciones contundentes, imágenes casi oníricas del avance mundializado del capitalismo, capaz de “destruir todas las relaciones feudales, patriarcales, idílicas” del mismo modo en que—doy aquí otra cita igualmente famosa—las “abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a sus ‘superiores naturales’ las ha desgarrado sin piedad para no dejar subsistir otro vínculo entre los hombres que el frío interés, el cruel ‘pago al contado’… En una palabra, en lugar de la explotación velada por ilusiones religiosas y políticas, ha establecido una explotación abierta, descarada, directa y brutal.”[3] Pero el Manifiesto no sólo nos ofrece un diagnóstico implacable de la destrucción que resulta de las medidas geopolíticas del capital, primero a escala europeo-continental y luego con el redondeamiento de la globalización a escala mundial. No sólo es un texto escrito con una intención férreamente crítica, también demuestra una fidelidad no menos ardiente y atenta hacia todos los acontecimientos que después de las convulsiones revolucionarios de 1848 sacudieran el continente europeo a lo largo de más de medio siglo, antes de verse integrado, ya entrado el siglo veinte, en la visión oficial del comunismo soviético y sus posteriores deformaciones estalinistas.
Las consecuencias de este cambio en la medida geopolítica del capital, es decir, su impresionante ampliación destructiva de europeo-continental a mundial-globalizada, ya fueron estudiadas en un libro anterior de Jorge Veraza, publicado en 1998 para los 150 años de la publicación del Manifiesto del Partido Comunista bajo el título Leer nuestro tiempo, leer el Manifiesto. Y es que de lo que se trata es siempre de hacer ambas cosas a la vez, es decir: no sólo leer nuestro tiempo a partir del Manifiesto, sino también, una y otra vez, leer el Manifiesto a partir de nuestro tiempo. Es como una especie de ejercicio obligatorio, una prueba anual o quinquenal de salud para cualquier lector comprometido con la promesa irrenunciable de la emancipación, por más utópica o espectral que parezca esta promesa hoy día.
Mejor dicho, la lectura que se propone también aquí en Bolivia con la reedición del Manifiesto constituye una tarea permanente, no de conmemoración de una pieza de museo sino de indagación militante de un texto que se abre ante nuestros ojos como una caja de herramientas con distintos compartimentos—los cuatro breves capítulos del Manifiesto sin menospreciar su inolvidable preámbulo donde se anuncia el espectro del comunismo ni omitir tampoco los siete prólogos a las distintas traducciones y reediciones mediante los cuales Marx y Engels, durante los 44 años entre 1848 y 1892, ya empezaron la tarea de autoesclarecimiento de su propio tiempo. De modo similar, El sentido de la historia y las medidas geopolíticas de capital de Jorge Veraza combina una primera parte que es abiertamente polémica (en contra de las lecturas de León Trotsky, Eric Hobsbawn y Marshall Berman) con otras dos partes más propositivas y hasta programáticas donde el autor expone su propia lectura del Manifiesto y trata de otorgarle un nuevo sentido a la historia expandiendo la interpretación del texto no sólo hacia el contexto contemporáneo sino también hacia el contexto local, tanto en América Latina en general (ya en 1998 lo había hecho a partir de la experiencia de los zapatistas en Chiapas) como con referencia al proceso de cambio en Bolivia en particular (por ejemplo, acerca del debate sobre neoextractivismo y el TIPNIS). Además de las polémicas en contra de los efectos deletéreos de la teoría del imperialismo como supuesta nueva fase del capitalismo que afecta gran parte de la recepción del Manifiesto en el siglo pasado, entre las propuestas propias del autor de Las medidas geopolíticas del capital me gustaría mencionar brevemente, primero, una bienvenida y muy necesaria insistencia en la unidad de la obra de Marx, del Manifiesto al Capital a la Carta a Vera Zasúlich; segundo, la necesidad de reescribir esta Carta para la época contemporánea, época definida como la era de la subsunción real no sólo del trabajo inmediato sino también de todo el consumo bajo el capital; y, tercero, el intento de redefinir el horizonte comunista mediante la propuesta concreta de la democracia directa a través de la democracia representativa.
Es que el problema fundamental que todavía no hemos sabido heredar del texto de Marx y Engels tiene que ver precisamente con el Estado y las posibles transformaciones en el concepto y la naturaleza real del Estado. Con respecto a este punto neurálgico, Marx introduce una importante nota autocrítica al Manifiesto en el nuevo prólogo que escribirá en 1872, después de ocurrida y reprimida la Comuna de París de 1871. El filósofo francés Etienne Balibar, en un texto de los años setenta que Álvaro García Linera todavía solía citar en numerosas ocasiones en sus trabajos de los años noventa, ha estudiado de qué manera la Comuna obligó a Marx a introducir una rectificación importante en el Manifiesto comunista.[4] Eso queda especialmente transparente en el prólogo para la edición alemana de 1872, uno de los dos prólogos que Marx todavía logró escribir junto con Engels, quien tendrá que encargarse él solo de los otros cinco prólogos. Allí, dicen Marx y Engels que “Aunque las condiciones hayan cambiado mucho en los últimos veinticinco años, los principios generales expuestos en este Manifiesto siguen siendo hoy, en su conjunto, enteramente acertados.” Sin embargo, también admiten que el apartado con las medidas revolucionarias enumeradas al final del capítulo II, “tendría que ser redactado hoy de distinta manera, en más de un aspecto,” sobre todo “dadas las experiencias prácticas, primero, de la revolución de Febrero [de 1848], y después, en mayor grado aún, de la Comuna de París, que eleva por primera vez al proletariado, durante dos meses, al Poder político.”[5]
¿Cuál es entonces la rectificación—según Etienne Balibar la única—que Marx y Engels piensan que deben introducir al Manifiesto después de la Comuna de París? En palabras de los propios autores, la siguiente: “La Comuna ha demostrado, sobre todo, que ‘la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines.’”[6] Sin embargo, de la lectura detallada del Manifiesto que presenta Jorge Veraza en sus libros, así como de la lectura que del mismo Manifiesto expuso Álvaro García Linera en textos anteriores como Forma valor y forma comunidad o como parte del volumen colectivo El fantasma insomne: pensando el presente desde el Manifiesto Comunista, debemos concluir que las cosas no son exactamente así, o por lo menos no son tan sencillas. En primer lugar, conviene destacar que, si miramos la totalidad de la obra de Marx, el supuesto “viraje” que se da después de 1871 realmente no es tal. Y hay más bien continuidad a largo plazo. Pero, además, y en segundo lugar, no son sólo los acontecimientos de la Comuna de Paris sino también los ecos más lejanos de la cuestión de la comuna o la comunidad en general los que nos toca aprender a escuchar de nuevo si queremos medir la actualidad del Manifiesto para nuestra época contemporánea.
En este sentido, bástame decir por ahora que, más aún que el prólogo a la edición alemana de 1872 sobre la lección de la Comuna de París, es el prólogo a la edición rusa de 1882, que también logró escribir todavía el propio Marx, el que me parece contener la lección fundamental para leer y entender a nuestro tiempo desde el Manifiesto. Es efectivamente en este prólogo donde se nos invita a reubicar la Comuna de París en medio de una tradición comunera o comunitaria de larga ascendencia en el mundo hispano, desde los comuneros de Castilla a mediados del siglo 16 hasta las rebeliones comuneras e indígenas en Nueva Granada y en los Andes del siglo 18.
Engels, en una nota a la edición inglesa de 1888, siente la necesidad de explicar el término: “‘Comunas’ se llamaban en Francia las ciudades nacientes todavía antes de arrancar a sus amos y señores feudales la autonomía local y los derechos políticos como ‘tercer estado.’”[7]  Y en otra nota, esta vez para la edición de 1890, apunta Engels sobre las comunas: “Así denominaban los habitantes de las ciudades de Italia y Francia a sus comunidades urbanas, una vez comprados o arrancados a sus señores feudales los primeros derechos de autonomía.”[8] De este modo, aun si no hay mención ni de la Comuna de Castilla ni de los comuneros de Nueva Granada ni de las rebelión coetánea de Túpac Amaru en el Perú, sí podemos observar a partir de 1870 en el trabajo de Marx y Engels el atisbo de un acercamiento histórico y político más amplio a esas otras comunas que son anteriores a la Comuna de París y que quizá, en términos de potencial emancipatorio, la trascienden hacia un futuro todavía impredecible.
De hecho, cuando escriben su prólogo a la edición rusa de 1882, Marx y Engels también están resumiendo una investigación de largo plazo que se inició mucho tiempo antes de la famosa carta con sus borradores a Vera Zasúlich, como podemos apreciar en los apartados centrales de los Grundrisse que hablan de las “formas económicas que preceden al capitalismo,” en una sección traducida y publicada asimismo en inglés y en español como un pequeño volumen aparte al cuidado de Hobsbawn.[9] Por supuesto, ya casi nadie en Europa habla de esas cuestiones sobre la “desgarradura” o el “divorcio” de la comuna agraria, la comuna originaria, o la comuna primitiva, como presuposición histórica sin la cual no hubiera sido posible el devenir-mundo del capital. Ese olvido es parte de lo que Jorge Veraza llama los muchos “fetichismos” que acompañan las medidas geopolíticas del capital, entre ellos el fetichismo que le hace olvidar al capital sus propias presuposiciones históricas efectivas, para imaginarse no sólo ubicuo en el espacio sino también eterno en el tiempo. Y así, también, entre pensadores europeos se suele ignorar la posible conexión entre la Comuna de París y esa otra comuna, o esas otras comunas, sin mayúscula, que para Marx ciertamente merecen una rectificación no menos importante del Manifiesto del partido comunista pero que ya no reciben ni siquiera una mención, por ejemplo, en el estudio de Etienne Balibar.
Y luego, además, ¿qué ha pasado en el último siglo y medio con respecto a la rectificación del Manifiesto del partido comunista acerca de la máquina del Estado? Curiosamente, la tendencia ha sido contraria a lo que fuera la intención programática de Marx y Engels. Al fin y al cabo, para el autor de La guerra civil en Francia que se autocita en el prólogo al Manifiesto de 1872, la Comuna de París , por más breve que fuera la experiencia y por más violenta que fuera su pronta represión por las fuerzas de la reacción, representa nada menos que la realización de la dictadura del proletariado. Es decir, allí donde, en el apartado con las medidas revolucionarias del Manifiesto original, Marx y Engels postulan que “El proletariado se valdrá de su dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante,” después de la experiencia de la Comuna de París, por el contrario, empiezan a entrever cómo esta centralización del poder en manos del Estado debe considerarse parte de un proceso más amplio que haga funcionar al Estado como no-Estado.
El destino de esta rectificación a lo largo del siglo veinte, en cambio, ha ido acentuando el aspecto de no-Estado a expensas del poder político en manos del Estado—no sólo burgués sino también, y con mayor razón aún, comunista o socialista. Así, en gran parte como resultado y diagnóstico a la vez del desastre que representó el estalinismo y de la frustración del eurocomunismo, la lección de la Comuna de París fue siendo leída, ya no como el primer ejemplo de la dictadura del proletariado sino como la noble premisa para una política radicalmente antiestatal que, más que revolucionaria, deberíamos denominar insurreccional. El legado de esta relectura es el que confrontamos hoy día: es nada menos que el impasse entre revolución y Estado, también traducible con otros nombres, por ejemplo, en términos de los conflictos trágicamente irresueltos entre movimiento y partido, entre autonomía y hegemonía, o entre política insurreccional y política institucional.
Si tuviéramos que volver a formular el título de la obra de Lenin en el que estudia esta cuestión del Estado, diríamos que hoy en día el problema fundamental en el legado del Manifiesto comunista (incluyendo la rectificación acerca de la destrucción de la máquina del Estado que Marx introduce después de la Comuna de París) debería describirse bajo el lema ya no de La revolución y el Estado sino de La insurrección y el Estado. En efecto, el predominio del modelo insurreccional, tan común en las protestas y las revueltas que sacudieron el globo desde la plaza de Tahrir en Egipto hasta los Indignados en la Puerta del Sol en España, empezando tal vez con la Comuna de Oaxaca en 2006 sino antes con la insurrección del 19-20 de diciembre 2001 en Argentina, este predominio contiene también un diagnóstico implícito sobre el legado del antiguo paradigma, de alta inspiración marxista-leninista, en el que se suponía que habría una continuidad entre la revolución y la toma del poder del Estado. Con los años, la disyuntiva entre proceso revolucionario y poder estatal en vez de reducirse sólo se ha ido abriendo cada vez más, hasta dar lugar a un verdadero abismo que actualmente está bloqueando de forma catastrófica los procesos de cambio en América Latina.
Es, sin duda alguna, en esa brecha donde Jorge Veraza se propone intervenir al plantear la posibilidad de crear espacios de democracia directa (más cercana al polo insurreccional, autonomista o abiertamente anárquica) al interior de la democracia representativa (más cercana al polo institucional, hegemónico o estatalista). Pero, dicho sea de paso, es de la misma manera como interpreto la propuesta de Álvaro García Linera para crear lo que llama un “Estado integral,” tomando prestado una idea de Antonio Gramsci.[10] Este concepto gramsciano, en efecto, se usa aquí de forma paradójica y hasta contraintuitiva. Para el pensador italiano, Estado integral o Estado ampliado es aquel Estado formado en el Risorgimento, por ejemplo, que penetra molecularmente en todas las capas y todos los poros de la sociedad civil. Difícilmente podría pensarse entonces como el posible nombre para un horizonte emancipatorio, menos aún comunista. De hecho, América Latina cuenta con una larga tradición de pensadores, desde Carlos Nelson Coutinho en Brasil hasta teóricos de la hegemonía en México incluyendo exiliados argentinos como José Aricó o Juan Carlos Portantiero, que tomaron el concepto de Gramsci como una herramienta privilegiada para estudiar cómo en la época decimonónica de la post-independencia, las repúblicas latinoamericanas recién formadas lograron fortalecerse no a pesar de sino gracias a las movilizaciones de masas cuyo descontento luego canalizaran hacia su propio aparato liberal-burgués.[11] Más allá de la letra de Gramsci, la noción de Estado integral que recién se ha propuesto aquí en Bolivia, en cambio, se inspira más bien en la imaginación de un nuevo orden público, si se quiere, postcapitalista: imaginación que pasa idealmente por la reabsorción de las funciones estatales en la propia sociedad de donde dichas funciones han emanado solamente para convertirse en lo que Marx y Lenin después de él llaman una “excrescencia,” y adonde deberían regresar en el futuro.
Así también, pienso en lo que propone un colega de Jorge Veraza en la Universidad Nacional Autónoma de México, el filósofo argentino-mexicano Enrique Dussel, en una serie de artículos en el periódico La Jornada reeditados hace poco en Bolivia en forma de libro bajo el título ¿Estado o comunidad?[12] En estas crónicas, Dussel también propone una serie de mediaciones para superar la falsa disyuntiva entre representación y participación, o entre Estado federal y comunidad política, como son por ejemplo no sólo los líderes sino también y sobre todo los comités de base, las asambleas, los grupos de estudio, o los talleres colectivos. Yo no soy nadie para dar lecciones o para juzgar si esto es todavía una posibilidad en Bolivia. Más bien considero que es nuestra tarea aprender del proceso en curso, para analizar sus tensiones y rupturas internas, para tratar de entender sus consecuencias teóricas y prácticas, y para acompañar así los esfuerzos de auto-esclarecimiento ocasionados por la celebración de los 165 años de la publicación de Manifiesto del partido comunista.
La comuna mexicana
Una lección que todavía nos queda pendiente tiene que ver precisamente con el posible nudo entre las dos “rectificaciones” que Marx sintió la necesidad de introducir a su texto del Manifiesto. Ya vimos cuál fue la primera rectificación, inspirada en la Comuna de París, que lleva a Marx y Engels a escribir que “la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines.” Pero también había otra idea de la comuna, ahora sin mayúscula y con referentes varios desde la Rusia feudal hasta la América de tiempos coloniales, que aparece citada en el segundo prólogo que todavía pudo escribir Marx durante su vida, el de la edición rusa de 1882, y que además, el año anterior, había sido el tema del intercambio de cartas entre Marx y Zasúlich. Así, introduciendo una segunda rectificación, en mi opinión no menos trascendente que la primera, Marx y Engels  en el prólogo de 1882 se plantean la pregunta que les hicieron los populistas rusos: “¿Podría la obshchina [la comuna o comunidad agraria] rusa—forma por cierto ya muy desnaturalizada de la primitiva propiedad común de la tierra—pasar directamente a la forma superior de la propiedad colectiva, a la forma comunista, o, por el contrario, deberá pasar primero por el mismo proceso de disolución que constituye el desarrollo histórico de Occidente?” Y los autores mismos contestan: “La única respuesta que se puede dar hoy a esta cuestión es la siguiente: si la revolución rusa da la señal para una revolución proletaria en Occidente, de modo que ambas se completen, la actual propiedad común de la tierra en Rusia podría servir de punto de partida a una evolución comunista.”[13] 
Pues bien, ¿cuál es la relación entre estas dos “rectificaciones” al Manifiesto comunista, la primera referida a la Comuna de París y la segunda a la comuna agraria o supuestamente primitiva? Y, sobre todo, ¿cuál ha sido el destino de estos dos referentes, la Comuna con mayúscula y la comuna sin más, en “nuestra América”—entendida al estilo de José Martí no sólo como América Latina sino también incluyendo Norteamérica o los Estados Unidos?
Quisiera trazar un brevísimo itinerario de esta problemática, situándome para la ocasión sobre todo en el contexto mexicano. Y es que, ya por allí en los años 1874-1875, empieza a salir una publicación periódica en la Ciudad de México bajo el título La Comuna, que luego de una veintena de números cambia su nombre a La Comuna Mexicana para producir otra veintena de números. Y allí se anuncia no sólo la internacionalización de la Comuna de París, sino también el hecho de que, sin semejante proceso de internacionalización, la idea del socialismo se quedará trunca o estancada en el Viejo Mundo, asfixiada por siglos de absolutismo y monarquía, por falta de vínculos con la vigorosa tradición del republicanismo en el Nuevo Mundo. 
En el primer número de La Comuna, por ejemplo, se reproduce el siguiente discurso de un ex-communard que se entusiasma notablemente con la promesa eterna de la Comuna:

Mientras quede un hombre y una sola mujer, existirá la Comuna, porque los grandes principios son inmortales y ellos, sin ayuda exótica, logran hacerse paso, matar a la mentira y brillar en el espacio como un sol de perenne verdad. La Comuna vive en Francia como en México, en los Estados Unidos como en Alemania, en China como en Arabia; pero es preciso que nos reunamos los hombres de buena voluntad para trabajar por la consolidación de nuestros principios, para que se levante un nuevo Koszciusko para la emancipación de Polonia, un Kosuth para la libertad de Hungría, un Garibaldi para Italia, un Bakunin para el mundo; un gran hombre para cada ideal, para borrar las fronteras entre los pueblos, para demoler los tronos y los gobiernos, para cambiar en ósculos de paz las frases de odio; para sustituir la tea por la antorcha para reemplazar el retronar de los cañones con un himno grandioso, eterno, por haber obtenido una nación única, el mundo: una religión única, el trabajo; un dios único, la libertad.[14]

Unos años más tarde, en 1877, un socialista libertario de origen griego, gran admirador de Spinoza así como de la Iglesia mormona, Plotino Rhodakanaty, publica un extraordinario panfleto en el periódico mexicano El Combate bajo el título “La comuna americana.” En este texto, con la grandilocuencia típica de la época que merece ser citado extensamente, el inmigrante griego recién llegado de un periplo que lo llevó a ser testigo de la huelga más importante de finales del siglo 19 en Estados Unidos, la huelga de los ferrocarrileros de Eerie de 1877, es capaz de anticipar también la llegada inminente de la Comuna al Nuevo Mundo:

La Comuna ha estallado en América… Una simple huelga de operarios de ferrocarril ha sido el germen que ha desarrollado la Comuna en el Erie. Siempre los grandes incendios tienen por principio una chispa que, por acaso al parecer, cae siempre como un combustible o penetra dentro de un almacén de pólvora cuya explosión hace horribles estragos. … El pasado está en el presente, como éste se halla todo en el porvenir. Mirar con atención y deducir lógicamente los acontecimientos de nuestra época, es ver lo futuro con anticipación. Así pues, creemos, según la ley infalible de la analogía, que la Comuna, extinguida aunque aparentemente en París, germinando en toda Europa y transmigrando a los Estados Unidos de América, no dejará de visitarnos dentro de poco tiempo, cual ave viajera y peregrina que se cierne sobre los pueblos corrompidos, para purificarlos y devorar a los tiranos que los infestan, cual el fatídico bao se coloca sobre la choza del enfermo, atraído por la putrefacción, cantando el himno de la muerte.[15]

  
Si podemos creerle al historiador argentino-mexicano, el trotskysta Adolfo Gilly, entonces debemos concluir que este anuncio se hizo realidad unas décadas más tarde, en lo que Gilly en su libro La revolución interrumpida llama “la Comuna de Morelos,” es decir, el experimento radical de los zapatistas originales que, inspirados por el Plan Ayala, lograron combinar en el Estado de Morelos un autogobierno administrativo y militar con una reforma agraria radical, una vez que las tropas de Emiliano Zapata se retiraron de la capital donde momentáneamente, en diciembre de 1914, habían ocupado el Palacio nacional al lado de sus compañeros de la División del Norte de Pancho Villa.[16]
Haciendo suya la periodización marxista y manejando la nomenclatura que tomó prestado de la historiografía europea con sus alas jacobinas, sus fuerzas plebeyas, etc., Gilly no solamente encuentra en Morelos una reencarnación local de la Comuna de París, sino que le prevé un futuro mucho más próspero que años más tarde dará lugar, por ejemplo, a la nacionalización del petróleo bajo Lázaro Cárdenas así como a la insurgencia de los neo-zapatistas a partir de la rebelión de 1994 en Chiapas. Sin embargo, cuando el mismo historiador en 1995, con una beca que lo lleva a la Carolina del Norte en los Estados Unidos, empieza a escribir un largo ensayo sobre la experiencia del neozapatismo, un ensayo que más adelante será publicado con el título de Chiapas: La razón ardiente, parece haber decidido que ya no va a usar la nomenclatura de la Comuna.[17] Este vocabulario, con sus referentes que retoman el relato heroico de la Revolución francesa, con su Convención y su Jacobinismo, hasta los 71 días que duró la Comuna de París, ahora parece sufrir demasiado de su inscripción en un legado racional-ilustrado con claros rasgos eurocéntricos.
Aquí somos testigos de un verdadero cambio de paradigma que impacta profundamente sobre las nociones de comuna y comunidad. Gilly, sin duda, no es el único en abandonar el vocabulario marxista con todos sus presupuestos epistémicos. Pero en su modo de poner de lado a Marx o Trotsky a favor de los trabajos historiográficos de E.P. Thompson, Ranajit Guha o James C. Scott, sí podemos observar de forma ejemplar el cambio por así decirlo civilizacional que ha ocurrido desde los años sesenta para acá, incluso al interior de la izquierda. En vez de un análisis marxista de luchas anticapitalistas, obtenemos una crítica subalternista a la modernidad; en vez de un estudio de economía política, una indagación en la economía moral de las revueltas campesinas; en vez una investigación que se pretende científica de las relaciones objetivas del poder, una valorización abierta y declaradamente romántica del papel de factores subjetivos, culturales o simbólicos como los hábitos, los gestos, las creencias, los mitos o los rituales que conforman la identidad imaginaria de una comunidad. Así, pues, hemos pasado de la promesa de la internacionalización de la Comuna de París, promesa ya anticipada, dicho sea de paso, en el texto La guerra civil en Francia de Marx, a una revaloración de la comunidad o lo comunal, que tiene como unos de sus efectos indirectos justamente una crítica al eurocentrismo de todas aquellas lecturas de la Comuna que se inspiraban en Marx, en Lenin o en Trotsky.
(Entre paréntesis, y para empezar a traer este debate hacia el contexto de Bolivia, puedo quizá mencionar cómo hace poco, el profesor argentino Walter Mignolo, también ubicado en la Carolina del Norte, propuso una lectura del libro El sistema comunal como alternativa al sistema liberal de Félix Patzi Paco, movilizándolo según sus propios intereses para introducir una disyuntiva radical entre la cuestión de lo comunal, por un lado, y el común o la comuna, por el otro:

Lo comunal no se basa en la idea del “común” (commons), ni en la de la “comuna,” aunque ésta última ha sido retomada últimamente en Bolivia, sobre todo y notablemente no por intelectuales aymara o quechua sino por miembros de la población criolla o mestiza. Lo comunal es otra cosa. Deriva de formas de organización social que existían antes de los incas y los aztecas, así como de las experiencias incaicas y aztecas durante sus 500 años de supervivencia, primero bajo el mando colonial español y luego bajo los Estados-nación independientes. Para que se le haga justicia a lo comunal, tiene que entenderse no como un proyecto izquierdista (en el sentido europeo) sino como un proyecto decolonial.[18]

Aquí tenemos, de nuevo, la disyuntiva, ahora en términos de la inscripción étnica de la colonialidad: lo comunal constituye un polo de la disyuntiva, aparentemente irreconciliable—aunque el autor deja espacio, dice, para que se comuniquen—con el polo de lo común o la comuna. Aún más explícita en este caso que en el de Adolfo Gilly es la crítica al paradigma europeo-marxista de la izquierda.)
Y, sin embargo, regresando a México, vemos cómo en 2006, anticipando por un par de años una crisis y unas insurrecciones que estallarían entre 2008 y 2011 en el mundo entero, se dio una experiencia política radical en la ciudad y el Estado de Oaxaca que decidió—por primera vez en la historia de México—autodenominarse “Comuna,” es decir, “la Comuna de Oaxaca.” Aquí también había tensiones y disputas, especialmente entre Trotskystas, que adoptaban el juicio de su maestro para denigrar la posibilidad de que en Oaxaca hubiera podido darse algo como una Comuna a la altura de su modelo en París; y simpatizantes del neozapatismo que vinculaban la experiencia de la Comuna de Oaxaca más bien con las tradiciones del asambleísmo, la comunalidad y los usos y costumbres indígenas que tiene vigencia legal en la gran mayoría de las municipalidades del Estado de Oaxaca. Así, en un prólogo para el libro Oaxaca: Más allá de la insurrección de Sergio de Castro, el periodista Gustavo Esteva concluye:

Las luchas de los pueblos de Oaxaca por su tierra y el modo de vida que le corresponde ha tomado varios caminos, pero quizá ninguno tan significativo como el que podemos encontrar en esas comunidades regidas por usos y costumbres donde la tierra tiene un carácter comunal. Aquí vemos muy claramente cómo el territorio es no sólo un elemento esencial para la supervivencia física sino también una base esencial para su identidad cultural, incluyendo formas de organización sociopolítica basadas en la “comunalidad” como una manera de implementar la autonomía.[19]

¿Cuáles serían entonces algunas de las lecciones que podemos sacar de este breve periplo por la comuna en tierras de Emiliano Zapata y Pancho Villa?
En primer lugar, se constituye una disyuntiva entre dos inflexiones de la comuna: la primera marxista, con variantes trotskistas, leninistas y hasta maoístas; y la segunda subalterna e indigenista. A veces esta disyuntiva se equipara con la diferencia entre comuna versus comunidad, o comunismo versus comunalismo, casi siempre con una crítica implícita o explícita al eurocentrismo de la izquierda marxista; otras veces, parece existir la posibilidad de encontrar todavía todas las referencias necesarias al interior del corpus de Karl Marx, excepto que según una selección de textos muy diferente: El manifiesto del partido comunista y La guerra civil en Francia para aquellos que favorecen el modelo de la Comuna de París; frente a Formas económicas precapitalistas o los Cuadernos etnológicos y la carta a Zasúlich del último Marx, para quienes privilegian la persistencia de formas de vida y de organización comunitarias arraigadas en la propiedad común de la tierra.
Sin pretender una superación dialéctica de esas disyuntivas, para concluir sólo quisiera formular una hipótesis que evitara los riesgos que corre una versión unilateral de cualquiera de los dos polos extremos. Y es que la comuna me parece ser el nombre de un anhelo universal de emancipación de la humanidad que, si bien tiene sus raíces en aquella comuna o comunidad originaria que fue tan violentamente desgarrada y destruida durante el continuo proceso de acumulación primitiva del capital, también la trasciende y la excede por todos lados. Si no fuera así, la referencia a la comunidad, incluso al interior de un proceso plurinacional que quiere fortalecer una especie de socialismo comunitario para el siglo veintiuno, corre el riesgo de encerrarse en la particularidad de esta o aquella comunidad como algo dado y no como algo que se produce, así como no se recupera o se encuentra sino que se debe producir la asociación libre de la que se habla en el socialismo marxista pero también utópico del siglo diecinueve.
La comuna, o lo común, podría ser el nombre de aquello que, si bien hace eco a las voces que claman por recordar la violencia que sufrieron las comunidades, hace también alusión a la producción de un nuevo común, por así decirlo, postcapitalista.
La lógica temporal aquí sería parecida a aquella que maneja el filósofo mexicano de origen ecuatoriano, Bolívar Echeverría, antiguo maestro de Jorge Veraza, cuando habla de “El problema de la nación desde la Crítica de la economía política.”[20] En este texto, originalmente publicado en 1981 en la importante revista mexicana Cuadernos Políticos, Bolívar Echeverría distingue lo que él llama la Nación del Estado de algo que debemos presuponer como la fuente o el núcleo previo, algo así como la sustancia nacional, y que el autor también denomina la Nación natural, volviendo a utilizar una expresión que, a mi entender, no tiene precedente en Marx pero que sí fue utilizada ya una vez, por José Martí, justamente en su ensayo “Nuestra América.”
Escribe Echeverría: “La Nación del Estado es así el efecto de la acción del fetiche moderno, la mercancía-capital, constituido como empresa estatal, sobre la sustancia de la nación.” Pero, al mismo tiempo, añade el autor, debemos suponer que no sería posible la resistencia o la rebelión sin la movilización de todo aquello que pertenece a la sustancia nacional: “La resistencia del trabajador participa—y de manera determinante—en la resistencia pre-capitalista y post-capitalista de la sustancia nacional en la medida en que, al impugnar el modo de existencia efectivo de los individuos sociales (las ‘fuerzas de trabajo’) en calidad de objetos mercantiles—que es la condición de la explotación del plusvalor—reivindica necesariamente la dimensión ‘histórico cultural’ concreta de los mismos. No sería posible una liberación del trabajador que no implicara la liberación de la politicidad esencial de las fuerzas productivo-consuntivas y, con ella, la liberación de su sustancia nacional.” Y en una nota al pie, añade: “Es lo que olvida el comunismo abstracto, que sí la cree posible. Pero tampoco es posible lo que cree el nacionalismo revolucionario: una liberación de la nación anterior o al margen de la revolución anti-capitalista.”[21]
Lo importante que vale la pena recalcar aquí es la referencia a alguna sustancia histórico-cultural que no por ser concreta puede identificarse sin más con cierta esencia comunitaria o nacionalista perdida o sofocada, lista para ser liberada y restituida más allá de sus amarras capitalistas. Yo añadiría solamente que la comuna, como un nombre entre otros para esa sustancia sin esencia pero siempre latente como potencial permanente, debe encontrar asimismo formas o canales adecuados para transformar desde dentro al Estado. Aquella otra disyuntiva entre Estado y comunidad, o entre Estado y sociedad civil para usar los términos convencionales de la filosofía política, podría entonces encontrar modos de imbricarse y rearticularse a través de un Estado comunal o una comunidad estatal—sin diabolizar al Estado como el mal de una “excrescencia” perpetua ni idealizar la comunidad como el idilio de un “paraíso” perdido.  No sería la primera vez que se intentara: Ya en el socialismo de Salvador Allende, se reservaba un rol estratégico importante para las comunas; y algo parecido se ha estado discutiendo y experimentando desde hace varios años en torno a la idea de un Estado comunal en Venezuela.
Lo que sí debería haber quedado claro—y no por razones meramente filológicas o escolásticas—es que no hay forma de desvincular las dos “rectificaciones” que introdujo Marx al Manifiesto comunista: la idea, inspirada en la Comuna de París, de que no se puede apropiar tal cual la máquina del Estado; y la idea, sugerida por los populistas en Rusia, de que la comuna o la comunidad agraria, si se combina con un proyecto de transformación revolucionaria, puede ser el punto de partida para el comunismo, sin tener que pasar por todas las etapas del desarrollo del capital.


[1] Jorge Veraza Urtuzuástegui, El sentido de la historia y las medidas geopolíticas de capital (Crítica a intérpretes del Manifiesto del Partido Comunista) (La Paz: Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, 2013).
[2] Véase sobre todo Jorge Veraza Urtuzuástegui, Leer nuestro tiempo, Leer el Manifiesto: A 150 años de la publicación del Manifiesto del Partido Comunista (México, D.F: Ítaca, 1998).
[3] Carlos Marx y Federico Engels, Manifiesto del Partido Comunista (Beijing: Ediciones de Lenguas Extranjeras, 1991), 35-36.
[4] Véase la reciente reedición, Álvaro García Linera, El Manifiesto Comunista y nuestro tiempo (La Paz: Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, 2013).
[5] Marx y Engels, “Prefacio a la edición alemana de 1872,” Manifiesto del Partido Comunista, 2.
[6] Ibid.
[7] Marx y Engels, Manifiesto del Partido Comunista, 35.
[8] Ibid. Para la interpretación de la revuelta de los comuneros de Castilla en España, véase Karl Marx, La España Revolucionaria (Madrid: Alianza, 2009).
[9] Karl Marx y Eric J. Hobsbawn, Formaciones económicas precapitalistas (México, D.F.: Siglo Vientiuno, 1989).
[10] Álvaro García Linera, Del Estado aparente al Estado integral: La construcción democrática del socialismo comunitario (La Paz: Vicepresidencia del Estado Plurinacional, 2010).
[11] Véase Carlos Nelson Countinho, Introducción a Gramsci, traducción de Ana María Palos (México, D.F.: Era, 1986) y José Aricó, La cola del diablo: Itinerario de Gramsci en América Latina (Caracas: Nueva Sociedad, 1988).
[12] Enrique Dussel, ¿Estado o comunidad? (La Paz: Grito del Sujeto, 2012).
[13] Marx y Engels, “Prefacio a la edición rusa de 1882,” Manifiesto del Partido Comunista, 6.
[14] Citado en José C. Valadés, El socialismo libertario mexicano (siglo XIX), ed. Paco Ignacio Taibo II (Sinaloa: Universidad Autónoma de Sinaloa, 1984), 85.
[15] Plotino C. Rhodakanaty, “La comuna americana (una apreciación contemporánea),” in Obras, ed. Carlos Illades (México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México, 1998), 62-63.
[16] Adolfo Gilly, “La comuna de Morelos,” La revolución interrumpida (México, D.F.: El Caballito, 1971), 229-301.
[17] Adolfo Gilly, Chiapas: la razón ardiente. Ensayo sobre la rebelión del mundo encantado (México, D.F.: Era, 1997).
[18] Walter Mignolo, “The Communal and the Decolonial,” Turbulence: Ideas for Movement. Disponible en waltermignolo.com. El autor argentino se refiere a Félix Patzi Paco, Sistema comunal: Una propuesta alternativa al sistema liberal (La Paz: Vicuña, 2009).
[19] Gustavo Esteva, “Presentación,” in Sergio de Castro Sánchez, Oaxaca: Más allá de la insurrección. Crónica de un movimiento de movimientos (Oaxaca: Ediciones ¡Basta!, 2009), 7-20.
[20] Bolívar Echeverría, “El problema de la nación desde la Crítica de la economía política,” El discurso crítico de Marx (México, D.F.: Era, 1986), 179-195.
[21] Ibid., 182-183.

Ante la discriminación, bolivianos harían un “paro” en Río Cuarto

Es por la inseguridad que sufren por estas horas tras desatarse una violencia contra la comunidad por la detención de sospechosos bolivianos por un asesinato.

Preocupados por los graves hechos de violencia, discriminación y robos, integrantes de la comunidad boliviana anunciaron que, de no tener garantías de seguridad en barrio Las Delicias, pararán la producción de ladrillos, la construcción y el abastecimiento del Mercado de Frutas y Verduras de Río Cuarto.
“Hoy se trabaja normal con el Mercado de Abasto, pero si no tenemos un resultado favorable, una garantía permanente, va a haber un paro general de bolivianos”, anunció Félix Gutiérrez, líder de la comunidad en Río Cuarto.

Datos
En la ciudad viven unos 5000 bolivianos, una parte de ellos, dedicados a la construcción, habitan barrio Las Delicias, el centro del conflicto social y xenófobo desatado por el asesinato de Jorge Alexis Rodríguez, el pasado fin de semana.  Ya son 16 las familias bolivianas que han huido del barrio.
“Estamos pidiendo que las autoridades que están mediando, que es algo muy favorable, busquen el trasfondo de todo esto. Hay gente que está viniendo solo para delinquir. Los vecinos del barrio nos dan su apoyo, nos respaldamos en ellos. Pero es muy preocupante que delante de la misma policía estén sacando las cosas. Supuestamente no podían actuar porque no tenían orden judicial, queremos pedir que los jueces den las órdenes para detener a los responsables”, expresó Gutiérrez.

Declaraciones
El líder llamó a conferencia de prensa en el barrio para reclamar: “Pedimos que se esclarezca el hecho del día sábado, que den a conocer a los verdaderos responsables y que les caiga la Justicia con todo el rigor. Que no tengamos que pagar justos por pecadores. Nosotros somos bolivianos, no delincuentes, somos gente trabajadora”.
Una vecina, reveló su temor: “Hoy está la policía pero pasado mañana quien nos va cuidar. No hay seguridad. Necesitamos una garantía. Vengan derechos humanos, vean como vivimos. Tenemos calidad de vida, trabajamos para nuestros hijos, los llevamos a futbol, a la escuela… Hace tres días que mi hija no va a la escuela. Yo no estoy preparada para enseñarle No vamos a vivir siempre ocultos, necesitamos vivir”.
“Ahora por lo menos tenemos policías que están dando vueltas pero en la parte de atrás no se puede entrar y vuelven con palos a asaltar. Nos gustaría tener apoyo para estar seguros de que no va a volver a suceder. No nos dejan entrar para aquel lado. Yo soy boliviana, pero mis hijos son argentinos y ellos tienen derecho a una mejor oportunidad que yo. Yo viene hasta aquí para darles calidad de vida, educación”, agregó otra mujer.
Gutiérrez agregó: “Agradecemos al hermano del finado que ha manifestado su apoyo permanente a la comunidad.  Es un sector particular el que está llamando a la violencia, quieren delinquir aprovechando el dolor de una familia. Nosotros nunca vinimos a usurpar un terreno ni a quitar un trabajo. Buscamos la armonía”. 

La horda aniquilable

por Gastón Gordillo

La película Guerra Mundial Z incluye varias escenas en las que soldados matan a enormes cantidades de zombies; no es casual que la película termine con una imagen que simboliza la victoria de las fuerzas mundiales de seguridad sobre la epidemia planetaria zombie: enormes pilas de cadáveres, tan grandes que forman empinadas colinas. Estos cadáveres de zombies epitomizan la idea de la horda aniquilable, compuesta de cuerpos que son tan peligrosos, incontrolables y desprovistos de humanidad que deben ser asesinados “en defensa propia.” La idea de llamar a esta violencia “un crimen” es impensable. Este es el momento en que las ideas de Agamben sobre “el estado de excepción” se vuelven palpablemente reales: cuando gente que se autodefine como civilizada condena el asesinatoexcepto cuando involucra una horda deshumanizada y percibida como aterrorizante.
Los zombies que la industria del cine presenta como aniquilables son la manifestación ficcionalizada de las multitudes humanas que son consideradas asesinables en todo el mundo, desde Gaza a Ferguson, Missouri. Los poderosos siempre han marcado a las poblaciones oprimidas como salvajes, atemorizantes y aniquilables sin culpa. La reciente popularidad de discursos sobre derechos humanos y humanitarianismo no parecen haber socavado el poder de esta disposición visceral hacia la vida y la muerte. El comentarista conservador Ben Stein, por ejemplo, justificó el asesinato de Michael Brown por la policía en Ferguson con el fundamento de que, en sus palabras, “él no estaba desarmado,” porque “él estaba armado con su increíblemente fuerte y atemorizante ser” (his incredibly strong, scary seflf) y que el policía, entonces, estaba justificado de sentirse amenazado y de dispararle seis tiros. Los defensores de la masacre indiscriminada de civiles por la violencia israelí en Gaza expresan argumentos igualmente desconcertantes que reproducen la imagen de que los palestinos, por definición, dan miedo. Mencionar la palabra “Hamas” parece suficiente para justificar que se haga cualquier cosa contra la gente que vive en el ghetto de Gaza, a pesar de la abrumadora evidencia de que la mayoría de las víctimas (como Michael Brown en Ferguson) estaban desarmadas. Pero la evidencia material y los argumentos racionales nunca son suficientes para persuadir a aquellos que sienten el miedo en sus entrañas. Lo que es aterrador sobre los palestinos, como Ben Stein dijo en el caso de Missouri, es su misma existencia, “su ser atemorizante,” que los “arma” con un “increíble” poder: el poder de inculcar miedo en los poderosos. Igual que los zombies; o los “indios.”
Hace décadas, Gilles Deleuze y Elías Sanbar usaron la acertada frase “Los indios de Palestina” para nombrar a la situación colonial impuesta por el estado de Israel sobre el pueblo nativo de Palestina. Pero los palestinos se volvieron los “indios” de Israel no simplemente porque fueron desposeídos por colonos sino también porque, como parte de este proceso (como con los “indios” de las Américas), se volvieron los perfectos salvajes asesinables. A los ojos de la mayoría de la opinión pública en Israel, “los árabes” (el término con el que los palestinos son reificados y exotizados) han sido posicionados como indios irracionales que amenazan un reluciente puesto de avanzada de la civilización. Ellos son por ende matables con impunidad y sin culpa. Como si fuesen zombies. Después de todo, como argumenté en una entrada previa (World Revolution Z), la horda zombie que en Guerra Mundial Z carga contra el Muro Israelí de Separación (y que las tropas israelitas tratan sin éxito de masacrar) es una horda zombie palestina que viene de los territorios ocupados. Los hombres afro-americanos en los Estados Unidos también son tratados como si fuesen zombies (o indios salvajes). Cuando gente blanca de Ferguson organizó una manifestación de apoyo al policía que ejecutó a Michael Brown, se organizó una contra-protesta de gente mayoritariamente afro-americana que empezó a cantar “manos arriba, ¡no disparen!” El grupo de manifestantes a favor de la policía, que minutos antes había estruendosamente negado ser racistas, respondió con un desconcertantemente transparente “¡disparen! ¡disparen! “¡disparen! ¡disparen!” David Gershon escribió (acá) sobre este incidente: “A veces hay momentos que son tan crudos que tienen el poder de encapsular una verdad desagradable (an ugly truth) en un solo instante. Este es uno de esos momentos.” La verdad desagradable revelada por esos llamados entusiastas a aniquilar a gente desarmada es también evidenciada por quienes se muestran indiferentes ante el asesinato de cientos de niños en Gaza por parte del estado de Israel. A pesar de las obvias diferencias entre ambos casos, estos eventos de violencia sacan a la luz algo sobre lo que vale la pena reflexionar sobre los campos de fuerza afectivos que definen al orden mundial: que gente normalmente respetuosa de las leyes puede condenar con indignación el asesinato de seres humanos, excepto cuando involucra cuerpos rebeldes y aterradores que merecen ser aniquilados como esos zombies masacrados en Guerra Mundial Z.

Contra la servidumbre voluntaria

por Diego Sztulwark


A mediados del mes pasado se realizaron las jornadas “León Rozitchner, contra la servidumbre voluntaria”, en el Museo del Libro y la Lengua de la Biblioteca Nacional. Bajo la inspiración libertaria de Etiénne de la Boitié, que ya en el siglo XVI invocaba esta fórmula para denunciar hasta qué punto la dominación política se organiza en la producción de un deseo de obediencia, condición indispensable y clave nunca explicitada del poder de mando, este encuentro marca un tránsito en el lugar que ocupa la figura de León Rozitchner (1924-2011), trascendiendo del homenaje de los amigos a una nueva presencia de quien fuera para muchos el más grande filósofo argentino de su siglo.

La prolífica obra de León Rozitchner (desde sus primeros libros de polémica con Scheller, pasando por su Ser judío y su ensayo sobre la moral burguesa y la Revolución escrito en La Habana efervescente del ’62, hasta su monumental trabajo sobre Freud y la noción límite del individuo burgués; así como los textos escritos en el exilio, sobre Perón o Simón Rodríguez, hasta sus últimos trabajos sobre San Agustín, y la coronación del materialismo ensoñado) sobresale por su obsesión apasionada y rigurosa: descubrir la trama de la articulación servil entre subjetividad singular y poder político tal y como se dan en nuestras sociedades neoliberales y cristianas.

Una enorme cantidad de polémicas, entrevistas y artículos completan esta obra que una y otra vez rechazó las diversas modas teóricas que disuelven alguno de los polos del problema: sea el del sujeto como núcleo de elaboración de las verdades, sea el relativo a las estructuras de explotación, inviables sin una gestión continua del terror.

Con el paso de los años, Rozitchner se desplazó de la advertencia a las izquierdas –sobre el peligro de intentar una revolución que no elaborase la subjetividad que en torno del peronismo se había constituido en la clase trabajadora (“La izquierda sin sujeto”, polémica con John W. Cooke en 1966)– al doloroso balance de la derrota (plasmado en su prólogo de su libro sobre Perón, escrito en diciembre de 1979) y a la necesidad de cuestionar toda coherencia restringida a la pura conciencia, toda certeza de tinte estratégica insensible a las razones que lo sensible brinda a quien se proponga transformar la realidad.

Sus últimos años fueron luminosos. Otro movimiento: aquel que va de la elucidación del modo en que actúa el poder religioso preparando el sitio subjetivo en que opera la dominación del capital (La cosa y la cruz) a la postulación de un materialismo ensoñado que retoma la centralidad del cuerpo como dispositivo antiontológico, cuya carga afectiva abre un nuevo mapa de resistencia y de creaciones.

La vigencia de la obra de Rozitchner es una buena noticia. Sus gestos (la recordada polémica contra la Guerra de Malvinas o el agudo cuestionamiento de lo judío a la luz de las políticas de Israel en Medio Oriente) tanto como sus conceptos (siempre orientados a la potencia y la sensualidad de los cuerpos, contra el terror cristianoneoliberal) han sido para generaciones enteras un lugar activo de elaboración de resistencias políticas y de saberes activos para la clínica de las subjetividades.

Lo que nuevas generaciones, en una nueva coyuntura nacional y regional, puedan inventar en el encuentro con su filosofía del materialismo ensoñado no puede sino abrir expectativas de renovación de la crítica política de nuestro tiempo.

Clinämen: Scioli llegó hace rato

Las declaraciones del secretario de Seguridad, Sergio Berni contra los inmigrantes. 

El decurso sciolista del kirchnerismo. 

La retórica de la unidad latinoamericana y las políticas expulsivas hacia los migrantes. 
La pobreza indócil y el derecho al racismo en los barrios periféricos. 
La derechización política en momentos de crisis económica.
El sciolismo llegó hace rato, 
«todo un palo, ya lo ves»…

El alma de la crítica no puede sustituir a la crítica de las almas

por Pedro Yagüe

I
La filosofía de Spinoza pareciera ser, según los intérpretes contemporáneos, una filosofía del cuerpo. El hecho de no saber qué es lo que un cuerpo puede, es algo ya bien sabido por el mundillo académico y sus periferias. El atributo extenso atrajo la atención de titulares de cátedra, profesionales y conversadores de café, relegando al pensamiento y sus modos a una triste existencia subordinada al reflejo del movimiento y el reposo. Ahora bien, ¿se deduce este énfasis materialista de los textos de Spinoza? ¿Cuáles son las consecuencias de este “descubrimiento” contemporáneo del cuerpo?
Habría que empezar por recordar la conocida doctrina spinoziana del paralelismo de los atributos, según la cual “el orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y conexión de las cosas” (EII, P VII). Spinoza afirma, de esta manera, la no existencia de una superioridad de un atributo por sobre el otro; cuerpo y alma son expresiones de una misma manera de ser, de una única modificación de la sustancia. Ambos actúan y padecen igualmente. Movimiento y reposo son, en este sentido, el modo infinito inmediato de la extensión, mientras que su correlato en el pensamiento está dado por la percepción.
Cuerpo y alma son de igual manera objeto de la reflexión filosófica de Spinoza. Ambas dimensiones expresan un mismo conjunto de relaciones. La tarea de la filosofía entendida como ética, señala Deleuze (2008), será explorar por igual pensamiento y extensión, cuerpo y alma.
De modo que ¿cuál será la tarea de la filosofía como ética? Será acceder a este conocimiento del cuerpo y a esta conciencia del alma que sobrepasan el conocimiento llamado natural que tenemos de nuestro cuerpo y la conciencia natural que tenemos de nuestra alma. Habrá que avanzar hasta descubrir este inconciente del pensamiento y este desconocido del cuerpo. (p. 50)
La filosofía actual, obsesionada con lo desconocido del cuerpo, olvida la pregunta por el inconciente del pensamiento. Este hincapié materialista ha sido sumamente fértil para un tipo de reflexión que hizo de Spinoza una bandera contra los distintos misticismos que renacían a finales del siglo XX. Ya no podemos, sin embargo, conformarnos con él.
Estas pocas páginas nacen de una intuición: la existencia de una dimensión del pensamiento de Spinoza opacada por las perspectivas que priorizan el cuerpo por sobre el alma. Al no existir una jerarquía ontológica entre los atributos, los modos de uno tendrán tantas cosas para decirnos como los del otro. La pregunta está planteada: ¿qué nos estamos perdiendo con las lecturas spinozianas que acentúan el lugar del cuerpo?
II
Es cierto -sobre todo si nos centramos en el segundo libro de la Ética– que Spinoza pareciera interesarse más por el orden y conexión de las cosas que por el de las ideas. “El objeto de la idea que constituye el alma humana es un cuerpo, o sea, cierto modo de la Extensión existente en acto, y no otra cosa” (E II, P XIII). El alma pareciera ser, según esta proposición, un reflejo del cuerpo. Un poco más adelante leemos que “…si el objeto de la idea que constituye el alma humana es un cuerpo, nada podrá acaecer en ese cuerpo que no sea percibido por el alma” (EII, P XII). Es decir que el alma percibe lo que sucede en el cuerpo, y su aptitud y potencia dependerán de las de él.
Si nos quedáramos con el segundo libro de la Ética nos convenceríamos de que, como lo demuestran las proposiciones anteriormente citadas, el orden y conexión de las relaciones del alma se deduce de las del cuerpo. El paralelismo de los atributos aparecería entonces más como el producto de una necesidad lógica que de una conceptualización teórica. Sin embargo, cuando pasamos al último de los cinco libros, encontramos una inversión en el énfasis de las proposiciones.
En el quinto libro leemos que “según están ordenados y concatenados en el alma los pensamientos y las ideas de las cosas, así están ordenadas y concatenadas, correlativamente, las afecciones o imágenes de las cosas en el cuerpo” (E V, P I). Algunas proposiciones más adelante leemos: “Mientras no nos dominen afectos contrarios a nuestra naturaleza, tenemos la potestad de ordenar y concatenar las afecciones del cuerpo según el orden propio del entendimiento” (E V, P X). En este libro Spinoza no sólo establece una igualdad absoluta de los atributos en lo que respecta a su correlatividad, sino que incluso postula la posibilidad de que el entendimiento pueda de ordenar y concatenar las afecciones del cuerpo.
Estos énfasis que Spinoza esboza a lo largo de la Ética se relacionan con la retórica argumentativa utilizada por él en función de la discusión que da en cada pasaje del libro, y no con una diferenciación conceptual de los atributos en el marco de su sistema. Esto nos lleva una vez más a preguntarnos por qué el spinozismo actual ignora la importancia del alma, destacando solamente la del cuerpo. ¿Puede tomarse esto como una simple omisión o hay algo coyuntural que nos lleva a priorizar el cuerpo por sobre el alma?
III
Así como la extensión se expresa en última instancia a partir del movimiento, el pensamiento lo hace a través de la percepción. Percibir es establecer un discernimiento en lo que respecta a la afinidad y capacidad de un cuerpo de componerse con otros. Los cuerpos se unen, entonces, porque discierne el pensamiento. Deleuze (2008) señala que “es el poder de discernimiento lo que va a determinar el movimiento como tendencia al movimiento” (p. 158). Cabe señalar que la composición y los encuentros no se producen voluntaria ni conscientemente, ya que el alma sobrepasa infinitamente la conciencia que se tiene de ella.
Esta capacidad de distinguir qué fuerzas externas pueden aumentar o disminuir mi potencia no es una dimensión menor si se pretende pensar la ontología de Spinoza en clave político-sociológica. ¿Puede pensarse la relación social histórica que los individuos establecen entre sí a partir de una capacidad de discernimiento correlativa a las relaciones materiales existentes? La incapacidad de establecer lazos de amistad, de producir comunidad… ¿no tiene que ver tanto con el alma como con el cuerpo? ¿No hay una correspondencia entre las relaciones que constituyen a los cuerpos como sociales y aquéllas que ordenan y concatenan sus almas?
La potencia de actuar (ésa que sorprende al propio individuo) surge de situaciones límites en las cuales resulta necesario salirse de los lugares comunes para así elaborar algo nuevo. Estas situaciones no surgen a partir de un soporte objetivo. Hay algo del orden de la percepción, algo relacionado con el discernimiento de las composiciones posibles, que entra en juego a la hora de alcanzar una potencia.
Alma y cuerpo expresan de diferente manera una misma (im)potencia. La indagación histórica debe interpelar, por este motivo, tanto el orden y conexión de las ideas como el de las cosas. No puede pensarse una sin la otra, ni una como deducida de la otra. ¿No es esto algo olvidado por los apologistas del cuerpo? ¿No es hora ya de empezar a preguntarnos qué es lo que puede un alma?
Referencias
Deleuze, G. (2008). En medio de Spinoza. Buenos Aires: Cactus.
Spinoza, B. (2012). Ética. Buenos Aires: Agebe.

¿Por qué duele (solo) Gaza, en la literalidad de los pro-palestinos locales?

por Bruno Nápoli

“Quisimos traer a la plaza del pueblo esta voz de los palestinos, que están siendo masacrados en un genocidio por la entidad sionista mal llamada Estado de Israel y queríamos repudiar el genocidio contra el pueblo palestino”. 

(palabras pronunciadas en el “acampe palestino” de Plaza de Mayo)

El genocidio, en cualquiera de sus formas, es un dolor que nunca más podrá ceder en la sociedad. Las declamaciones de un Nunca Más, no hablan de la imposibilidad de repetición de un genocidio, sino justamente de la posibilidad de aplicación, siempre. Los genocidios, hoy como nunca en Asia Menor, son la más dolorosa muestra de que el “nunca mas” siempre es un deseo, no una materialidad de la no realización del genocidio. Por otra parte, los aprendizajes que dejan estas experiencias son disímiles y no suponen la no repetición. Suponen la libertad residual de interpretarlos como sea. Y luego de eso, repetirlos o no. En el caso de las grandes potencias militares en el mundo, nunca escatimaron esfuerzos en replicar, en pequeña o gran escala, las ásperas estridencias de genocidios por goteo, o sectorizados por motivos que trascienden sus intereses. A saber: Alemania, no dudó en enviar tropas a Irak (tampoco Francia o Inglaterra) para ayudar al mayor perpetrador de genocidios por goteo del mundo: los Estados Unidos. En el caso de Israel, no es un Estado que haya sufrido un genocidio (es posterior su creación como Estado, en términos históricos, mal que les pese a algunos). Pero la comunidad judía, junto con otras minorías, sí sufrió el genocidio de manera internacional, practicado por la Alemanianazi, la Franciade Vichy (luego del armisticio de 1940) y la hilera de países ocupados por las  Wehrmacht.  Pero sobre todo, con la anuencia de la comunidad internacional y de EE.UU., que no dudó en mencionar a Hitler como hombre del año en 1938, cuando ya llevaban cinco años de creación de los principales campos de concentración y exterminio (como los casos de Dachau o Sanchsenhausen, con gran publicidad en la prensa por parte del Estado nazi). 

Ahora bien, en la actualidad, estas grandes potencias son parte de genocidios interminables cuando intervienen militarmente en países petroleros, con la excusa de “restablecer” la democracia y “asegurar” la paz. Esta intervención (“cristiana”, “protestante”, “evangélica”, o “laica”) no “duele” tan literalmente en las acusaciones y condenas internacionales. Esta intervención, no le va en saga a las intenciones del mundo islámico, que tampoco ha dudado en intervenir militarmente en sus propios países y establecer genocidios interminables, abrumadoramente devastadores sobre sus propias poblaciones, integradas por minorías nacionales que poco tienen que ver con sus fronteras,  sin menguar ninguna crítica por parte de sus perpetradores, ni tampoco de sus críticos. El mundo islámico, en tren de “restablecer” la sunna y sus formas de representación fundamentales para respetar lo mas retrógrado de las escrituras sagradas, no ha dudado en practicar genocidios sistemáticos y masivos, de los que no estamos acostumbrados a leer en los diarios de occidente. Sin embargo, las críticas tampoco llegan con referencias religiosas o políticas. De hecho es mas común el silencio que la crítica furibunda. Vamos a los casos.

La república de Siria, que soporta una dictadura desde hace casi cincuenta años, entró en una cuenta regresiva hace menos de tres años, cuando sectores rebeldes pusieron en jaque a Al Assad. La respuesta del régimen sirio (que se llama a sí mismo “socialista” y parte del “Frente Progresista Nacional Sirio”, aunque la familia de Assad pertenece a la minoría siwili) fue el asesinado masivo de comunidades enteras sospechadas de insurgentes. En tres años de represión interna, el gobierno sirio dejó casi 200.000 asesinados, de los cuales 56.000 son civiles (no pertenecen a ninguna de las facciones en armas) y de estos, cerca de 10.000 son niños. Solo en Ghutta, como escarmiento, el 25 de agosto de 2013, Al Assad utilizó armas químicas contra esa aldea y mató en un solo día a 1.500 habitantes, la mayoría mujeres y niños, por colaborar con rebeldes al régimen. Impactante. Pero sin embargo, Siria no “duele”.

En la misma región, pero del lado sunnita (es decir los más conservadores del pensamiento islámico, contrarios a los chiitas, e incluso enfrentados a Al-quaeda, por considerarlos poco “puros” para el Islam) el ISIS (ejército islamita sunnita ultra conservador) ha establecido un califato a sangre y fuego y, a fuerza de un genocidio de cristianos y sefadíes (orden religiosa pre-cristiana, pero también musulmana) no para de asesinar de manera masiva a cualquiera que forme parte de otro pensamiento que no sea el Islam mas conservador. Sin embargo, el ISIS, que no duda en filmar sus decapitaciones de cristianos y sefadíes, y sus posteriores crucificciones, no “duele”. El ISIS ya controla el norte de Irak y parte de Siria, y nada parece detener su avance.

El fallido Saddam Husseim, otrora dictador de Irak, y presentado como un defensor de los intereses de la nación árabe de dirigió en base a genocidios selectivos, asesinó a millones de Kurdos en el norte de Irak, una Nación sin Estado que sufrió ataques con armas químicas sin fin, y que aun sigue encontrando fosas masivas en territorios hoy tierra de nadie. En el último medio año, mas de 50.000 kurdos (familias completas en destierro absoluto) fueron cercados por el ISIS, en los bosques al norte de Irak, y asesinados en su gran mayoría por negarse a abandonar sus tierras, hoy pertenecientes al Califato del Ejército Islámico. Pero el EI no “duele”, como tampoco “dolía” en otrora genocida Saddam Hussein.

El mismo Hamas, que gobierna como Autoridad Palestina la Franjade Gaza, aplica la tortura y el asesinado contra los opositores palestinos dentro de su territorio; es más, ha corrido a tiros al otro partido de la Autoridad Palestina(Al Fatah) de la Franja, y al no poder controlar la otra región de palestinos (Cisjordania), se conformó con ser una entidad autoritaria en Gaza, con una carta fundacional que no solo niega derechos sobre muchos de sus habitantes (sobre todo las mujeres) sino también los derechos de otros Estados a existir. Pero no “duele”.

Estos Estados, que han negado sistemáticamente los derechos básicos de miles de sus habitantes, y ahora, luego de la “primavera árabe”, practican un genocidio sin límites contra poblaciones mas numerosas que la palestina, superando en número otros horrores, no reciben un repudio generalizado. Los asesinatos masivos de los Estados Árabes no “duelen”. Pero lo que es peor, sus poblaciones, devastadas por el terror estatal, no reciben la solidaridad de otros pueblos ni otras naciones. Las palabras citadas arriba (como comienzo de nota) pronunciadas en el “acampe” palestino de Plaza de Mayo, que sería impronunciable en la Franja de Gaza por una mujer (como si lo fue en Bs As) hace hincapié en el sionismo de Israel (al que niega la entidad de Estado) pero no dice lo mismo de los casos mencionados; no habla de la “entidad cristiana llamada Estado” por ejemplo, ni subsume a espacios religiosos los genocidios mas terribles que comenten los Estados árabes en su condición de musulmanes.


Duelen mas las literalidades que desconocen el origen del genocidio en su conjunto, pues solo constituyen un aporte desde el antisemitismo mas primario. El Estado de Israel es un Estado genocida o que aplica el Terror, y nadie en su sano juicio podría negarlo, pues sus prácticas respecto de los palestinos gobernados por Hamas se constituyen en tales. Pero la condición de ese Estado de Israel, por judío o sionista (si tal cosa fuese así, pues no es ni lo uno ni lo otro en su condición de Estado) obtura la posibilidad de solidaridad con todos los pueblos que hoy sufren de genocidios mucho mas duros y directos desde hace años, pero se hacen invisibles por razones de un prejuicio que, por inmoral, no merece el menor respeto. El “dolor”, ese rasgo tan occidental y judeo-cristiano, solo parece ser posible cuando se tocan los nervios inveterados de un prejuicio religioso que en otros casos no funciona.

Clinämen: Elecciones en Brasil: Marina vs. Dilma

 

Conversamos con Giuseppe Cocco, profesor de la Universidad de Río de Janeiro y miembro de Universidad Nómada, sobre el escenario electoral en Brasil. El surgimiento de la candidatura de Marina Silva. El agotamiento del modelo de neodesarrollismo más neoliberalismo. La posición del PT.

El color de la elección brasilera

por Salvador Schavelzon
(http://eldesacuerdo.com/)


No todos los días un modelo bipartidista se desploma. La aparición de Marina Silva como posible vencedora en un segundo turno de la elección en Brasil, es relevante por haber comprometido la sucesión presidencial que parecía menos traumática entre todos los gobiernos progresistas de Sudamérica, en lo que hace a la sucesión de sus mayores líderes. La propia figura personal de Marina Silva y lo que su historia representa seguramente tenga que ver con esto, aunque las alianzas políticas con que encara esta elección no dejan de alejar la candidata de sus orígenes y de las políticas que la proyectaron a la política nacional. El crecimiento de Marina tendría que ver, posiblemente, con haber sabido leer la crisis del PT y el PSDB desde un difícil lugar al mismo tiempo a favor y en contra de estos partidos y de lo que ella misma supo representar en el pasado.
Pero, ¿quién es Marina Silva hoy? Por algún motivo nadie dice que, en caso de ganar la elección, se transformaría en la primera “mujer negra” presidente del Brasil. Tampoco en la primer “indígena”, aunque la candidata haya hecho, en diversas oportunidades, referencia a ese origen y ya se haya declarado como negra en formularios de auto-identificación burocrática. Esta falta de declaración o de atribución de terceros en ese sentido, ocurrida en el pasado con candidatos como Evo Morales o Barack Obama, es muy bienvenida para los grandes medios de comunicación del país, expresión del sentido común del votante típico del PSDB, siempre dispuestos a criticar la aparición de elementos como raza o etnia en la vida pública. La ausencia de estos elementos en la campaña parte de la propia Marina, que de su autobiografía parece mostrar antes que nada el lado evangelista. Pero también nos habla de un fondo de ideas que se alinean con el descontento hacia el PT y PSDB, y que Marina está sabiendo interpretar para crecer, sin necesidad de grandes definiciones.
Aunque sea fiel exponente de un Brasil de abajo, pareciera que una condición para disputar la presidencia sea sumarse al consenso que anula todas las diferencias en función de un país que se realiza economicamente en la suba del poder adquisitivo de los de abajo y la inclusión de los de arriba en la lista de los más ricos del mundo. En la disputa de imaginarios movilizados en la campaña, Marina se presenta como el mismo Brasil, con origen humilde pero hoy rodeada de asesores que representan el sector más rico del país. El ser pobre o el ser rico, substituyen cualquier identificación étnica o relacionada a proyectos alternativos de sociedad y sistema económico. Marina tampoco entra en la oposición que ponía en marcha la polaridad PT vs. PSDB, entre un Brasil “social” y un Brasil “serio”. Desde una idea de estabilidad para mercados y clima de negocios, se trata de ampliar la clase media identificada con la nación brasilera y la ciudadanía individual. Tal reducción de imaginarios al de una tardía modernidad republicana, es visible en la posición de los grandes medios ante uno de los debates más acalorados del Brasil reciente. Opuestos fuertemente a los cupos raciales en el ingreso a la universidad, ya vigentes, la voz de la elite defiende en Brasil la idea de que los mismos irían en contra de la igualdad de oportunidades, sin reparar, más bien, como las secuelas de la esclavitud y la persistencia del racismo desiguala oportunidades siempre para los mismos.
No es que declararse afro-indígena signifique una garantía de nada. Ni que lo afro-indígena sea hoy un proyecto alternativo para gobernar el Brasil. Más allá de contentar a los que verían eso como demagogia, sin embargo, podría marcar un camino político para una mujer que surge en su vida política junto a las poblaciones tradicionales de la selva, en el Estado del Acre, y llega al gobierno de Lula como voz crítica y de lucha ambiental contra el saqueo territorial y desarrollo destructivo de la “floresta”. El origen político de Marina cercano al líder Chico Mendes, asesinado por sus luchas de los trabajadores del caucho, permitirían que Marina activara una procedencia popular afro-indígena, o “cabocla”, como también se identifican –muchas veces con connotación despectiva- esas mayorías producto del encuentro de sociedades en la formación abigarrada del Brasil.
Su salida del ministerio del Medio Ambiente del gobierno de Lula da Silva fue justamente criticando la destrucción de la selva ocasionada por la priorización de la alianza del PT con el agronegocio, que llevó a renunciar a una legislación que proteja la Amazonia y castigue a los desforestadores. Las disputas con otros ministros como la propia Dilma Rousseff, en ese entonces a cargo del Ministerio de Minas y Energía, también acercaron a Marina de las minorías indígenas y causas medioambientales que en el Brasil desarrollista se encuentran cada vez más acorralados.
Después de la elección de 2010, sin embargo, las posiciones políticas de Marina apuntaron a otro lugar y se alejaron de lo que podría leerse como crítica de izquierda a las alianzas conservadoras del PT. Más bien la llevaron a buscar el voto “evangelista”, de los creyentes de iglesias neo-pentecostales, culto al que ella misma se convirtió en el pasado, después de haber llegado a pensar en tomar los hábitos católicos, en la juventud. La expresión política de estos sectores, hoy un tercio de la población, se conforma en fuerza política influyente del Brasil a través de posiciones de extremo conservadoras defendidas por pastores de diversas fuerzas políticas y con una importante presencia parlamentaria, aunque baja gravitación para la elección presidencial e incluso de gobernadores.
En declaraciones que buscaban acercarla a estos sectores, y en más recientes alianzas con los empresarios del agronegocio a los que otrora se opuso, el origen de Marina como profesora de historia de izquierda y ligada a movimientos sociales fue apagándose para dar lugar a continuos gestos en el sentido de las posiciones de los pastores: oposición (“personal”) al casamiento gay  y a las políticas reproductivas o de células tronco que el progresismo defiende. Si bien no llegó al punto de proponer una “cura gay” o el fin de campañas contra la homofobia, como los políticos evangelistas más fundamentalistas, ella sí defendió a los pastores que eso proponen, aludiendo discriminación contra el pueblo evangelista, y también estuvo de acuerdo en eliminar de los documentos de propuestas de campaña la propuesta de matrimonio igualitario, inicialmente incluida, cuando un diputado religioso hizo exigencias en ese sentido.
En lo ambiental, Marina parece haberse dejado seducir más por personas cercanas como el dueño de la empresa de cosméticos Natura, que por los recolectores de caucho, los indígenas, las comunidades de riberas con que también supo dialogar desde su origen o como ministra. Con la heredera del banco Itaú –también directora de una oenegé educativa– como principal asesora, gestos de campaña festejados por el sector financiero y un vicepresidente que defendió los transgénicos y representa los intereses “ruralistas”, nada la lleva a ser una candidata afro-indígena, o en diálogo con la diferencia. En sus decisiones estratégicas, así, los movimientos políticos de Marina se posicionan en el mismo lugar que el PT, buscando al votante de la sociedad de consumo que incluye nuevas mayorías de un país que se presenta como potencia económica y que, como dijo Dilma durante esta campaña, siente que “feliz es la nación en que Dios es el señor”. Los aliados de Marina, así, son también los mismos que estructuran la fuerza política del PT: empresarios, bancos, bancadas religiosa y ruralista.
Entendidos por ella como gestos necesarios para mostrarse lejos de la imagen de “ambientalista fundamentalista” con que fue asociada en el pasado, sus alianzas marcan también su compromiso de continuidad y límites con posibles cambios. El componente “verde” de Marina, así, queda tan atrás como el “rojo” del PT. Un ecologismo “sustentable” que recuerda los componentes ambientales del mundo empresarial, lejos de los mundos donde quepan otros mundos, desde un Brasil afro, indígena, de las poblaciones de la selva. El juego en la campaña parecía ser más bien el de tranquilizar votantes y sectores conservadores. Marina lo haría especialmente con declaraciones, Dilma en proyectos que enviaría al congreso. Las dos con sus alianzas.
A pesar de todo, y como forma de explicar porqué muchos votantes progresistas brasileros siguen apostando en el PT, todo parece indicar que el candidato Aecio Neves representaba una amenaza de retroceso en lo social que no se prefigura en las otras dos candidatas presidenciables, como proyecto que no tendrían ningún reparo con los deseos del mundo empresarial. En ese sentido, la subida meteórica e inesperada de Marina garantizaría un segundo turno de la elección sin el PSDB por primera vez después de 20 años. Si los mercados soñaban con Aecio, porque aunque instrumentalizada y domesticada,  nunca vieron como suya la opción del PT, ni Marina ni el PT proponen hoy en realidad una agenda que tienda a la modificación de una estructura económica muy injusta y desigual.
Es considerando la sintonía del PT y Marina con los poderes establecidos y las fuerzas políticas conservadoras de religiosos, ruralistas y empresarios que financian campañas, que el debate electoral en la izquierda y el progresismo adquieren tintes un tanto surrealistas. Mientras votantes progresistas de Marina critican las alianzas de gobierno del PT, que son las mismas que se esfuerza en sellar su candidata; Marina es criticada por dejar de lado propuestas que, en realidad, reproducen los movimientos del PT, también gobernando para los bancos, retrocediendo en la reforma agraria y urbana, archivando las reformas de género y sexualidad, perdonando la desforestación, y rechazando revisar judicialmente las violaciones de derechos humanos de la dictadura, garantizando el territorio indígena y su demarcación.
El argumento de que, por ser algo nuevo, Marina tendría más posibilidades de retomar esa agenda, son tan endebles como los argumentos de quien ve que un nuevo triunfo del PT podría dar la fuerza para retomar caminos abandonados en el pasado. Si bien Marina tendrá votos de izquierda como castigo a un PT que gobierna con  los sectores que hoy se pronuncian de forma más fuerte contra la diferencia, contra las minorías, contra los que se movilizan, es difícil ver que eso traerá un cambio cuando es con los mismos que el candidato presidencial fallecido y Marina Silva estructuran su armado político en las distintas regiones del país.
Desde el progresismo y la izquierda, entonces, algunos ven como alternativa a Luciana Genro, del PSOL. Hija de un gobernador del PT y salida de las filas de ese partido, cuando en los primeros años de gobierno Lula plantearon una ruptura de izquierda, hoy sería la candidatura más coherente en términos de todo lo que el PT fue renunciando a defender. El PSOL tiene además legisladores que formulan con mucha claridad la crítica a la política hacia territorios indígenas, contra las propuestas evangélicas homofóbicas y contra la criminalización de la protesta en que el PT se embarcó durante la copa del mundo. Aunque este partido estuvo en la calle durante las protestas que comenzaron en junio, sin embargo, la forma de entender las movilizaciones no es lejana de la que se escuchó desde el propio PT: el problema de cómo canalizar la energía crítica de las calles de forma partidaria y desde una lógica de demandas sociales concretas que un gobierno pueda un día satisfacer. La fuerza con que emergieron las protestas de junio pasado, sin embargo, parecen indicar que hay una inquietud crítica que va más allá de eso.
Por otra parte, el PSOL –como otros partidos de izquierda– no deja de ser una fuerza testimonial. Si pensamos en el destino del Brasil y América Latina, tenemos que mirar nuevamente a Dilma y a Marina, las posibles ganadoras según las encuestas. En lo que hace a la política regional, Dilma sin duda garantiza continuidad respecto a la alianza de presidentes progresistas que en el ámbito del UNASUR y en situaciones políticas concretas fue tejiéndose en los últimos diez años, junto al desembarco de empresas brasileras con apoyo financiero y facilitación política estatal. Marina, al contrario, da lugar a la propuesta de acuerdos bilaterales que debilitarían el Mercosur, además de confiar en sus colaboradores liberales de la vieja política, en su mirada que siempre prioriza las potencias mundiales frente a sus socias regionales.
Si puede ser que algo esté cambiando en la política regional, en una posible nueva fase que no sea ni una vuelta a los 90 ni una continuidad con la política que Hugo Chávez representó mejor que nadie, Marina debe ser considerada con atención. Sin expresar cabalmente esa nueva fase, su espacio parece contener algunos elementos que sólo más adelante mostrarían su cara. Por un lado, propuestas como la de acuerdos bilaterales surgen hoy en lugares como Ecuador de Rafael Correa, no siendo así, necesariamente, una vuelta a las discusiones del ALCA, a no ser que sólo nos quede esperar una restauración general del neoliberalismo. Por otra parte, si la historia política y de vida de Marina Silva prevalece sobre sus actuales posicionamientos y alianzas, podemos ver que ella podría abrir espacios, o dialogar con una política, que el PT de Lula y Dilma, e incluso el PSOL, no parecen dispuestos o capacitados para visualizar.
Si pensamos en la crisis de la idea moderna de sociedad, esa que acoge e integra, con todo lo positivo y negativo que el gesto paternal pueda dar a los desfavorecidos o violentar de los diferentes. Marina quizás pueda leer mejor que el PT esa crisis, y por eso de cara a esta elección proponía organizar no un partido sino una red, en un proyecto que no siguió el libreto común de la política de arriba, de las siglas de alquiler y política que se hace con dinero, aunque muchos partícipes de la vieja política rápidamente se sumaron. Esta fuerza política, que no fue autorizada en la justicia electoral por falta de firmas autorizadas, en una sospechosa anulación de muchas de las recolectadas, ponía reglas rígidas para financiamento de la campaña, rechazando entre otros aportes del agronegocio. También planteaba una alternativa al desarrollismo que se ilustra en la obra de Belo Monte, con una destrucción ambiental de escalas e impacto siderales, realizada con el fin de generar energía que beneficiará cierta industria pero ni siquiera permitirá energía más barata en la ciudad. Es cierto que, una vez fracasada su opción de “nueva política”, se inclinó sobre parte de lo viejo; pero sería ingenuo negar que Marina es atravesada por tensiones que ya no habitan más en el gobierno del PT.
El armado electoral es un elemento sólo indicativo para evaluar qué pasará, especialmente en un caso como el de Marina, que heredó la candidatura presidencial de un partido con el que no tenía una relación orgánica y que se posiciona en la vereda de enfrente para las discusiones sobre el medio ambiente. Pero aún con esta salvedad no hay nada para entusiasmarse con Marina, muy lejos de lo que podría ser una candidata afro-indígena que plantee la posibilidad de conectarse con las fuerzas del Brasil profundo y “menor”, de movilización lucha, antropofagia, comunidad y diferencia que circulan de forma subterránea o evidente, pero afuera del Brasil oficial, del mundial de la FIFA y la política económica del capitalismo en expansión que a pesar del crecimiento no tiene capacidad de imponer prioridades o modificar una estructura desigual.
Lo bueno y lo malo de Marina es su absoluta indeterminación. Puede que Marina sea parte de la apertura de un momento político nuevo, o puede consolidar las peores tendencias que desde su moderación pragmática el PT todavía lograba controlar. Como presidente débil sin gobernadores ni base parlamentaria automática, quizás pueda volverse una fiesta para empresarios que quieren aún más, pero también permitir que la fuerza que desde las callesse convirtió en una presencia innegable, se manifieste con capacidad de incidencia, incluso sumando voces críticas del PT antes neutralizadas por la propia posición gubernamental. En lo religioso, Marina podrá amplificar la voz de pastores prepotentes de agendas retrógradas, o justamente constituirse en opción evangelista secular de carácter menos conservador.
En lo ambiental, podrá mantener un apoyo estatal a la destrucción de la Amazonia, o comenzar a construir puentes con quienes aún no se vencieron al mito capitalista del desarrollo y bienestar social. En lo político, su triunfo evita otro del PT que sería leído como ratificación del cada vez más pronunciado rumbo desarrollista, privilegiando el poder financiero y con criminalización de la protesta social. La victoria de Marina no sería una victoria afro-indígena ni de izquierda. Al contrario. Por lo pronto, sin embargo, la incógnita Marina parece ser habitada, también, por voces alternativas al desarrollo, desde la Amazonia, proyectos de cambio desde las calles, y la crítica a un sistema político caduco que se presentan incluso contra Marina.

Pronunciamiento del CNI y El EZLN por la libertad de Mario Luna, vocero de la tribu Yaqui

Septiembre del 2014


A la tribu Yaqui:
Al pueblo de México:
A la Sexta Nacional e Internacional:
A los gobiernos de México y del mundo:
“Exigimos la cancelación inmediata de las órdenes de aprehensión y de la fabricación de delitos en contra de integrantes de la tribu yaqui y condenamos la criminalización de su lucha, diciendo a los malos gobiernos emanados de los partidos políticos, que el río yaqui ha sido históricamente el portador de la continuidad ancestral de la cultura y territorio de la tribu yaqui y los que conformamos el Congreso Nacional Indígena, reiteramos que si nos tocan a unos, nos tocan a todos, por lo que responderemos en consecuencia ante cualquier intento de reprimir esta digna lucha o cualquier otra lucha. (Caracol de Oventic, 7 de julio 2013, comunicado conjunto CNI-EZLN).
No han podido matar a nuestros pueblos. Porque como semillas siguen creciendo. Nos quisieron matar con armas de fuego, como no pudieron, intentaron matarnos con enfermedades, otra vez fallaron. Muchos caminos han usado los poderosos para acabarnos a los indígenas.
Hoy nos quieren matar con eólicas, con autopistas, con minas, con presas, con aeropuertos, con narcotráfico; hoy, sobretodo, nos duele que nos quieran matar en Sonora, con acueductos.
El pasado jueves 11 de septiembre, integrantes, al parecer de la Procuraduría General de Justicia del estado de Sonora, detuvieron a nuestro hermano Mario Luna, vocero de la tribu yaqui, acusándolo falsamente de crímenes que le fueron sembrados; con ello pretenden encarcelar la lucha misma de la tribu yaqui por defender las aguas que en l940, tras una larga guerra, les reconoció como suyas Lázaro Cárdenas y que desde 2010 los dueños del dinero quieren llevarse, a través del acueducto Independencia, pasando por encima de una resolución dada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación y pasando por encima de todos los derechos que los Convenios Internacionales consignan a nuestro favor.
El acueducto Independencia ni en broma es para que los pobres tengan agua y progreso, como lo nombran los de arriba, es para que los ricos se lleven el agua que por siglos le ha pertenecido a los yaquis. En vez de alimentar campos y sembradíos, quieren llevarse el agua para los grandes industriales de Sonora.
Este despojo ha sido la bandera del progreso de los malos gobiernos, con Guillermo Padrés Elías, Gobernador del Estado y Enrique Peña Nieto, supremo jefe de los paramilitares a la cabeza del megaproyecto. Pero así como el dictador Porfirio Díaz proclamó el exterminio de nuestros pueblos, y, particularmente el de la tribu yaqui, en nombre de ese progreso, nosotros sabemos que las palabrerías de Padrés y Peña Nieto son mentiras, pues, que para que estos megaproyectos existan, los pueblos originarios debemos desaparecer, pero de una vez les decimos a los de arriba, que no está dentro de nuestros planes hacerlo. Si detuvieron a nuestro hermano Mario Luna, es porque se negó a venderse, a rendirse, porque ha sido hermano de lucha de todos los que queremos que este mundo cambie abajo y a la izquierda.
Nosotros no les pedimos nada a los malos gobiernos, pues en este momento si les queremos decir en claro una cosa, que la libertad de nuestro compañero Mario Luna no les pertenece y que no se la pueden quitar así nada más. Les decimos que esa libertad es suya y de su pueblo y que tienen que devolver lo que tomaron a la fuerza.
A nuestro compañero Mario le decimos que nosotros caminamos juntos desde hace más de 500 años,  que su tribu camina en la lucha, sin importar si los cobardes gobernantes los llevan como esclavos al otro lado del país, los yaquis vuelven a Vícam, Pótam, Tórim, Bácum, Cocorit, Huiriris, Belem y Rahum, porque ahí es donde su sangre fluye; que nosotros somos yaquis, aunque también seamos zoques o mames o tojolabales o amuzgos o nahuas o zapotecos o ñahto o cualquier otra lengua y como yaquis que somos no vamos a dejar que nos roben nuestra agua y tampoco nuestra libertad.
Exigimos la inmediata libertad de Mario Luna, exigimos la cancelación de las órdenes de aprehensión y la fabricación de delitos en contra de integrantes de la tribu yaqui y, junto con ello, exigimos la libertad de tod@s nuestr@s pres@s y en particular la de nuestros hermanos nahuas Juan Carlos Flores Solís y Enedina Rosas Vélez, presos por el mal gobierno desde abril de este año, acusados igualmente de falsos delitos, con el fin de frenar la lucha del Frente de Pueblos en Defensa del Agua y de la Tierra de Morelos, Puebla y Tlaxcala en contra del proyecto integral de Morelos.
México, septiembre de 2014.


NUNCA MÁS UN MEXICO SIN NOSOTROS.
POR LA RECONSTITUCION INTEGRAL DE NUESTROS PUEBLOS.
CONGRESO NACIONAL INDIGENA.
COMITE CLANDESTINO REVOLUCIONARIO INDIGENA-COMANDANCIA GENERAL DEL EZLN.

La polémica por los aplazos. Todxs a marzo

por Diego Valeriano


Que te pongan un 1 da cierto status. En contada ocasiones alguien que recibe un 1 se siente mal, estigmatizado, culpable, en falta o algo por el estilo. El 1 es una decisión del pibe, no del docente. ¿O acaso los docentes creen que ponen las notas?
Hay una docente de plástica que fue suspendida por poner varios aplazos ¿Qué esperaba? La tendrían que haber ajusticiado sus propios colegas. Hay que ser resentida para ser docente de plástica y ponerle baja nota a lxs pibxs. Tan resentida como cada una de las voces que se alzaron contra la medida de quitar los 1,2 y 3. Piden a gritos sanciones a pibes de 8 años. Tan resentidamente progresista como cada uno de los que defendió la medida. Piden a gritos que seamos comprensivos con nenas de 9. Mientras tanto lxs pibxs nos miran de reojo, son cínicos y bellamente calculadores.
La escuela es una permanente feria de novedades. Lxs pibxs con sus mensajes urgentes del futuro, cada día llegan más hechos y más dispuestos a hacerla. La escuela es el lugar donde se pone en juego lo aprehendido. Mientras los expertos de ambos bandos discuten, en la escuela se sigue haciendo mundo a pesar de ellxs. El 1 es del que decidió hacer algo. Del pibe que desertó de cumplir con las formalidades que le demandan. El 1 se exhibe. Es una cicatriz que nadie esconde.
Inclusión y calidad educativa son un par contradictorio bastante mentiroso a la hora de hablar de la escuela. Lxs pibes van a otra cosa. Para las maneras adultas la escuela es un lugar sagrado, inamovible de discusión mediática política. A nadie se la cae una idea nueva, justamente por lo sagrado de la educación. ¿Quién se anima  a decir la educación no sirve para una mierda y la escuela es pura utilidad vital?
Se juega como se vive El 1 sirve y el 10 también. El 5 es de tibios. Lxs pibes saben qué hacer con ellos. Y si cambian, también van a saber qué hacer. Van a otra velocidad. Como reales hacedores de la escuela, perciben la desorientación de los expertos, huelen el miedo docente, recalculan todo el tiempo, disfrutan de las obligatorias proximidades inauditas y hacen del paso obligado por la escuela el mejor lugar vital posible.

La noche del 9 de agosto

por Juan Pablo Maccia


La secuencia de la política argentina llama a la moderación. Es una pena que por derecha algunos se arrebaten. El kirchnerismo ha jugado fuerte y en muchos aspectos ha logrado colocar una impronta diferente. Quienes deseamos profundizar este camino somos quizás minoría (no tan chica). Pero igualmente minoritarios son quienes quieren volver todo atrás, hacer como si nada hubiese pasado. Por el medio, se desarrollan proyectos moderados, que buscan nuestro apoyo, pero que aún no son claros ni se han definido del todo.
Desde que Cristina tomó la decisión de no forzar una reforma constitucional con reelección el espacio de quienes queremos profundizar el modelo quedó sin expresión electoral (cosa ostensible en el acto de La Cámpora del sábado) y tal vez sin conducción política. Sin desarrollo posible, nos hemos confinado a la defensa del modelo. Mal que nos pese, Cristina vio más lejos que nosotros al advertir, hace tiempo, que la crisis que se cernía sobre la región y el país restringiría las posibilidades de forzar una re-reelección. La defensa de lo hecho es revolucionaria en épocas derrumbe. Pero no hay que exagerar con el escepticismo. No hay economista desinteresado que no pronostique un fuerte repunte económico para los próximos años. Lo que discutimos hoy, en la coyuntura, es cómo atravesamos 2015, es decir, cómo hacemos –a partir de 2015–para exponer lo hecho a la falta de compromiso de un nuevo equipo de gobierno.
Personalmente, creo que la única candidatura que garantiza la continuidad de nuestro proyecto es la de Axel Kicillof. Fruto tardío de lo mejor del jardín kirchnerista, su liderazgo prolongaría lo más interesante de estos años: la lección fundamental de que nuestro pueblo no desea ser gobernado por una economía de austeridad y racionalizaciones neoliberales. La democracia no es crear trabajo (en esto me diferencio del ala nacional-desarrollista del kirchnerismo, a la sazón menos comprometida con el liderazgo de Cristina), sino distribuir riqueza. El kirchnerismo ha demostrado que no hace falta crear trabajo para distribuir riquezas. Esa enseñanza, notable, requiere ser profundizada. Sobre todo en un contexto en el cual resulta estructuralmente imposible el plano empleo de calidad.
Pero la candidatura de Kicillof no se ha concretado (aún). Y las PASO nos encuentran divididos según proyectos presidenciales sin futuro. Urribarri y Rossi no tienen proyección. Son los candidatos del afecto. Lo mismo que Taiana que, sin posibilidades de llegar al sillón de Rivadavia, tiene seguramente una prometedora carrera política por delante. Randazzo, Fernández y Domínguez son cuadros probados y participaran de lo que viene, seguramente, pero al día de hoy no pintan para liderar una elección presidencial.
El escenario más probable, según la conversación cotidiana y la apuntalada por las encuestas, apunta a Scioli. De concretarse las PASO, lo más previsible es que la noche del 9 de agosto Daniel Scioli anuncie la candidatura oficial del FpV, primera fuerza del país. Esa noche deberemos resolver el dilema planteado desde las últimas elecciones legislativas de octubre: ¿vamos a apoyar el congelamiento de la política que Scioli representa, una moderación que aniquila la pasión con que nos hemos entregado a la militancia estos años a la espera (desde la gestión o desde el mundo privado, según cada quien, de próximos e inesperados acontecimientos calientes) o vamos imaginar vías para continuar incendiando la pradera?
El desafío es evitar que no se nos congele la sangre en tres etapas. A la primera, las PASO, llegamos bien. A la segunda, las generales, con dolores de huevos/ovarios, según el caso. Pero… ¿y a la tercera (pongamos que la cosa se resuelva entre Scioli/Macri)? De no mediar milagros, el decurso pesadillezco de los hechos parece sentenciado. El fin de la ilusión política tiene fecha: el 9 de agosto de 2015.
¿En qué consistirá nuestra militancia a partir de allí? ¿No hay derecho a formular públicamente esta pregunta?

Diez tesis sobre la agencia política

por Raimundo Viejo Viñas



De un tirón, (#dirtypoliticaltheory) aquí quedan diez tesis esquemáticas sobre la agencia y sus subsunciones pasadas, presentes… y esperemos que futuras:

1) Tres modalidades de agencia existen y rivalizan por configurar la política actual: notable, partido y movimiento. Empíricamente hablando: Podemos o Procés Constituent son política de notables; las CUP, Partido X o el Partido Pirata son política de partido; la PAH, el Multi-referendum o el Movimiento por la Democracia son política de movimiento.

2) Las tres modalidades de agencia (notable, partido, movimiento) no son compartimentos estancos ni vasos comunicantes, sino que se manifiestan empíricamente de manera imbricada, compleja, paradójica… Sus interacciones prefiguran los terrenos estratégicos del antagonismo.

3) Las tres modalidades existen, como poco, desde los inicios de la modernidad, si bien se han institucionalizado a distinto ritmo y de manera diferente en los distintos regímenes políticos, siendo la primera la política de notable, la segunda la de partido y la tercera un asunto pendiente.

4) La primera subsunción ha sido la de la política de notable en la política de partido. A día de hoy los notables poco pueden hacer solos en los márgenes del régimen sin una plataforma de partido (ejemplos recientes de esto serían, pongamos por caso, los de Laporta, Carretero y otros notables del independentismo catalán, contrapunto al notable de partido, Oriol Junqueras).

5) La subsunción de las políticas de notable y de partido en la política de movimiento sigue pendiente de ser institucionalizada, a pesar de que ya son inequívocos, desde los años sesenta en adelante, los síntomas de su progreso. Dado que no nos encontramos ante el despliegue de un telos cualquiera, esto esta subsunción no tiene porqué llegar a ser efectiva.

6) La institucionalización de la política de movimiento no se puede operar en los márgenes de la democracia representativa igual que la política de partido no podía ser institucionalizada en los márgenes del sufragio censitario. El horizonte de la política de movimiento es el de la democracia absoluta, el del poder constittuyente.

7) Cualquier estrategia que se quiera al servicio de la emancipación ha de tener en consideración que sin resolver la institucionalización de la agencia, de suerte tal que se favorezca la democratización efectiva de la sociedad, no habrá avances, sino un estímulo directo a la reacción (como decía el texto de Virno: «do you remember counter-revolution?»)

8) De lo anterior se sigue que notables y partidos han de favorecer toda producción de estructuras de oportunidad política, gestos y momentos de disrupción que hagan posible el progreso de la movilización social.

9) No existen, por lo tanto, atajos electorales ni conquistas del poder posibles en la lucha por la emancipación; apenas un lento y paciente camino que sea capaz de comprender la complejidad y lentitud con que se operan los procesos de institucionalización.

10) Todo cambio es posible dada la maduración de la constitución material. Sin embargo, esta no es garantía alguna de que el cambio se opere. Es preciso no solo que se generen las instituciones otras (políticas de notable y partido distintas a los que conocemos), sino que, además, estas instituciones sean partícipes de una institucionalidad otra, democratizadora, desbordante, constituyente.

Ecuador: Ecos de la involución ciudadana

por Alberto Acosta

“El FMI es el perro guardián del capital financiero”

Rafael Correa. Universidad Técnica de Berlín, 16 de abril de 2014

Luego de ocho años de ausencia el Fondo Monetario Internacional (FMI) retomó sus revisiones anuales de la economía ecuatoriana, como lo establece el artículo 4 de su Carta Constitutiva. Ese artículo establece que es función del FMI y es obligación de los países hacer esta revisión anual. Depende de cada país si se publica el informe completo o no. Igualmente el cumplimiento de las recomendaciones no es formalmente obligatorio, aunque resulta indispensable para asegurar un crédito o la colocación de bonos en el mercado internacional, para citar un par de ejemplos de los requisitos que se derivan de estas revisiones.
En concreto, el FMI acaba de realizar su tarea en Ecuador. Lo especial y llamativo de esta situación, a más de ser un hecho inédito durante la “revolución ciudadana”, fue el pedido del Gobierno ecuatoriano para que esta revisión se la hiciera “a distancia”, desde Washington, ciudad sede del FMI. Las entrevistas a observadores y analistas económicos de Ecuador se hicieron telefónicamente o vía Skype. La aprobación de este procedimiento es excepcional y por supuesto para este Gobierno guardar las formas es fundamental. Rara vez el FMI realiza su revisión sin una misión que visite el país. Pero parece que fue parte del acuerdo logrado entre el FMI y el Gobierno de Rafael Correa para “cumplir con una revisión regular”.
Como informa un boletín del FMI del 28 de mayo del presente año2, en meses anteriores, las autoridades ecuatorianas y las del Fondo sostuvieron discusiones constructivas para explorar las vías que podía permitir el cumplimiento del mandato establecido en el mencionado artículo 4, es decir el monitoreo de la economía ecuatoriana.
Fue evidente que el “reinicio” de las revisiones regulares del FMI era importante para que el Ecuador pudiera emitir los Bonos 20243, que salieron algunas semanas después del primer anuncio de reinicio de relaciones de Ecuador con el FMI. El 26 de marzo, el FMI ya había hecho notar el incumplimiento de Ecuador respecto a dicho artículo 44 y era imposible que se concrete la emisión de los nuevos bonos con relaciones con FMI totalmente rotas. El Ecuador se encontraba técnicamente en “pecado”, es decir en moratoria, y eso solo podía ser resuelto con la absolución del FMI.
Hay que tener presente, además, que el equipo económico ecuatoriano, encabezado por el ministro Rivera viajó a Washington e inició reuniones el mismo día lunes 2 de junio, cuando salió en Bloomberg la noticia del Gold Swap u operación con el oro de la reserva monetaria internacional, con Goldman Sachs.5
Una lectura apretada del boletín del FMI
Seguramente como Ecuador no autorizó la publicación del informe del equipo del Fondo, el FMI puso en circulación un Boletín de Prensa. Queda claro, en primer lugar, que el Gobierno de Correa actúa igual que los gobiernos de la partidocracia. No solo porque acepta el monitoreo de la economía nacional, sino porque no difunde los informes que prepara el Fondo. En una verdadera democracia esto sería lo mínimo que se puede esperar, para que cada quien haga la lectura que crea conveniente.
Además, es indudable que el Gobierno quiso que el tema pase desapercibido. Por eso el ministro de la propaganda del Régimen, cuando se debatía este asunto en un programa radial matutino, intervino para tratar de desmentir lo sucedido. En concreto reclamó porque no habría habido ninguna misión, lo que a todas luces si existió, aunque esta no haya venido físicamente al Ecuador, como anotamos anteriormente. Imposible tapar el sol con un dedo.
No se puede dar la “apariencia” de haber regularizado relaciones con FMI para poder completar la emisión de Bonos 2024 y negarlo simultáneamente, para que no les acusen ahora de haber aceptado las “misiones” del FMI; no hay duda que para el equipo de propaganda del Régimen ésta es otra rueda de molino difícil de digerir… como lo es el TLC con la UE, el negocio del oro de la reserva monetaria, el retorno al Banco Mundial, la explotación de petróleo en el Yasuní… Todas decisiones abiertamente contrarias a los planteamientos fundacionales de un Régimen atrapado en su verborrea.
Por esa razón nos tenemos que referir exclusivamente a lo que plantea el FMI en ese corto boletín.6 En donde, en su estilo –políticamente correcto y encriptado–, el FMI sintetizó los resultados de revisión del artículo IV (así se lo llama).
El 30 de julio de 2014, el Directorio Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) concluyó la Consulta del Artículo IV(1) con Ecuador. Sinteticemos algunos puntos:
·        Ecuador ha logrado importantes avances económicos y sociales en el transcurso de la última década.
·        La inflación ha descendido gradualmente.
·        La estabilidad financiera, lograda mediante la dolarización, ha sido preservada y, sumada a un bajo nivel de inflación, un crecimiento sostenido y un mayor gasto social, ha ayudado a reducir la pobreza y mejorar los indicadores sociales.
·        El alto nivel de los precios del petróleo en los últimos años ha generado ingresos extraordinarios que han apuntalado la balanza de pagos y las cuentas fiscales, facilitando un mayor gasto público.
·        Tras recuperarse con fuerza del impacto de la crisis financiera mundial, el crecimiento se ha moderado en cierta medida en los últimos dos años.
·        La tasa de desempleo descendió a un mínimo histórico, en tanto que los salarios reales siguieron en alza.
·        Ha vuelto a registrarse un déficit fiscal pese a una recaudación activa de ingresos tributarios.
·        El mayor gasto de capital aumentó el déficit fiscal a 4,7% del PIB, y ese déficit se financió principalmente con préstamos de China.
·        La deuda pública bruta de Ecuador se situó en 24,4% del PIB al cierre de 2013, cifra que es baja en comparación el nivel de endeudamiento de otros países de la región.
·        El crédito al sector privado y la rentabilidad de los bancos disminuyeron, pero el sistema financiero sigue siendo saludable.
·        Se prevé que la economía crecerá (…), pero las perspectivas son menos favorables que en el pasado dado que se espera un descenso de los precios del petróleo y un aumento a mediano plazo de las tasas de interés en Estados Unidos.
·        Los riesgos para las perspectivas están equilibrados en términos generales.
·        La capacidad para hacer frente a estos riesgos está limitada, dada la ausencia de una política monetaria en una economía plenamente dolarizada y la escasa capacidad para reaccionar en el ámbito fiscal.
·        Por el lado negativo, un aumento más pronunciado de las tasas de interés en dólares de Estados Unidos (y un fortalecimiento adicional del dólar) podría poner en riesgo las perspectivas y la competitividad.
·        Por el lado positivo, las tensiones geopolíticas podrían elevar los precios del petróleo, lo cual apoyaría el crecimiento y mejoraría la posición fiscal.
·        Si bien el sector público ha sido un importante motor de crecimiento en los últimos años, es necesario que el sector privado asuma un papel más protagónico para evitar potenciales desequilibrios fiscales y externos.
·        El surgimiento de considerables déficits fiscales exige austeridad en los planes de gasto público, y la moderación del gasto corriente es necesaria para permitir la ampliación del plan de inversión del sector público.
·        El fundamento del plan consiste en lograr a la larga una reversión de la disminución prevista de los ingresos provenientes del petróleo, no solo mediante el aumento de la producción de crudo sino también mediante la sustitución de las importaciones de combustible y la diversificación de los recursos energéticos.
·        En el sistema financiero, sería importante que la nueva legislación y normativa bancarias respalden las perspectivas de crecimiento.
·        Dado que es necesario que la economía atraiga dólares de Estados Unidos como divisa, se debe considerar adoptar otros controles sobre los flujos externos al sistema financiero y eliminar gradualmente las restricciones sobre las transacciones en moneda extranjera.
Lo leído ratifica el espíritu fondomonetarista prevaleciente. Ven como positivos algunos logros, pero a la vez, sin dejar de adelantar algunas reflexiones sobre potenciales amenazas, ratifican su posición a favor del sector privado, de un moderado y hasta austero gasto público, de una revisión de los subsidios, de la eliminación del impuesto a la salida de capitales…
En síntesis, es imposible desconocer la matriz ideológica de la que parten estas observaciones. Sin haber estudiado el informe completo, se puede asegurar que, como siempre, sus previsiones son inexactas y, peor aún, que sus sugerencias de política económica provienen del mismo recetario recomendado por el FMI desde siempre y en todo lugar. Recetario que responde a dogmas orientados principalmente a reducir la participación de los estados en las economías y promover a los grandes capitales privados. Recetario que además ha demostrado ser perverso con el desempeño económico e incluso inhumano, basta observar, para poner un ejemplo actual, el descalabro económico y humanitario que viven países como Grecia al hacer caso al recetario fondomonetarista.
Se ve también como los medios de comunicación –privados y gubernamentales– publican en generosos espacios lo que dice el FMI, como que le estaban extrañando desde hace rato… al igual que a algunos analistas que ven ratificados muchos de sus cuestionamientos, aunque tienen que aceptar a regañadientes algunos logros de la política económica gubernamental.
El leguaje del FMI no solo que es diplomático, es complejo y hasta enredado para quienes no conocen el trajinar del Fondo. Hay expresiones que, pareciendo positivas, son negativas en este “lenguaje”. Pero analistas internacionales las conocen e interpretan bien, sobre todo para la calificación de “riesgo país”. Por ejemplo lo de observaciones de “varios” Directores sobre los “riesgos balanceados” (?), que concluyen en la necesidad de constituir un fondo de contingencia para posibles shocks externos. En esa línea aparece también aquel punto en el que el Fondo habla de la “urgente prioridad” de fortalecer el sistema contra el lavado de activos; en el boletín en inglés este último énfasis es más claro7, lo que podría dar paso a una especulación sobre un posible endurecimiento en octubre próximo de las calificaciones del GAFI, Grupo de Acción Financiera Internacional, organismo encargado de revisar las políticas de lavado de activos a nivel internacional.
Es llamativa también la mejora de calificación de S&P de B a B+ 8 que se hizo pública el mismo día que salió el boletín sobre los resultados de la revisión del FMI. La mejora de riesgo de S&P (inentendible técnicamente con este boletín, pero ya conocido procedimiento de calificadoras de riesgo en estos días) también suena, por decir lo menos, a manejo mediático “inteligente”…
Una pregunta que surge es por qué el FMI se prestó para que banqueros/inversionistas compren los Bonos 2024. Es decir por qué aceptó como real la situación económica del país, para que pueda ser parte de un uso mediático. Hay varias explicaciones posibles. La debilidad del FMI, al menos en América Latina, es inocultable. También, como comentan conocedores del mundillo financiero internacional, el FMI facilitó las cosas a Ecuador justo en un momento de enorme debilidad de Argentina, acosada por los fondos “buitre” y la Justicia de los Estados Unidos, para no alentar otro foco de inestabilidad. Y por cierto, no es descabellado sostener que el FMI, como ya lo hizo hace poco el Banco Mundial, puso de su parte porque está muy contento de recuperar en su redil al Ecuador, gobernado justamente por el mismo presidente que pareció que asumió una posición soberana y digna al inicio de su gestión.
Los lobos sueltos en el gallinero
Cuando se despidió con viento fresco al FMI (y al Banco Mundial) en el abril de 2007, el presidente Rafael Correa fue categórico: “No queremos saber más de la burocracia internacional. Ahora la nación recupera independencia para dictar su política económica”.
El Gobierno canceló una deuda 11,4 millones de dólares al Fondo y juró no volver más. Razones le sobraban. Luego, con la realización de la auditoria a la deuda externa, se estableció documentadamente que en todos los niveles de la misma se habían registrado graves situaciones de ilegalidad e ilegitimidad. Esto incluía al FMI y por cierto al Banco Mundial.
Ahora, aprovechando de este reencuentro del Ecuador con el FMI, recordemos algo de historia para saber con quién estamos tratando.
Luego de su creación en 1944, con el transcurso del tiempo, el FMI, creado principalmente para enfrentar los problemas coyunturales de la balanza de pagos, comenzó a incursionar en campos más amplios y de largo plazo, confundiendo sus espacios de acción con los del Banco Mundial. Este último, creado para ofrecer soluciones estructurales a los países devastados por la guerra mundial, con el tiempo asumió el financiamiento de proyectos de desarrollo, a través de los cuales empezó, a su vez, a aplicar las llamadas condicionalidades de tipo coyuntural y de política económica de corto plazo.
Así, el FMI y el Banco Mundial se constituyeron en instrumentos importantes para el funcionamiento de la actual división internacional del trabajo y para la transnacionalización de sus relaciones, en especial para impulsar los flujos de recursos financieros, indispensables para mantener y ampliar el comercio internacional.
El FMI, creado con la finalidad de regularizar y estabilizar las relaciones monetarias y financieras de sus países asociados, recién al finalizar los años cincuenta y, sobre todo, en la década de los sesenta empezó a orientarse sistemáticamente hacia los países subdesarrollados, que presentaban dificultades en sus balanza de pagos. A partir de esos años, los países latinoamericanos comenzaron a recurrir con más frecuencia al endeudamiento externo para financiar sus programas de industrialización. Ya en aquella época desarrollista, se fue institucionalizando el sistema de condicionalidades, que paulatinamente se fue endureciendo.
Tal el origen de lo que luego podríamos llamar “fondomonetarización” de América Latina. Desde entonces el FMI fue asentando sus cimientos en calidad de gran controlador financiero internacional, por eso fue y es indispensable tener su visto bueno para poder refinanciar y renegociar la deuda o para conseguir créditos frescos. Su tarea, en síntesis, estuvo y está orientada a consolidar el proceso de transnacionalización de las economías latinoamericanas.
El paso del FMI por el Ecuador está ampliamente documentado9 y las críticas son por demás contundentes, bastaría con recordar las arremetidas del actual presidente de la República, incluso estando ya en funciones.10 El Fondo acompañó al país desde la crisis bananera de fines de los años cincuenta y principios de los setenta del siglo pasado, hasta 1972, cuando empezaron las exportaciones de petróleo amazónico. Volvió a aparecer con fuerza a raíz de la crisis de la deuda externa en el año 1982 y nos acompañó hasta el año 2007, cuando Ecuador comenzó a experimentar un nuevo y sostenido boom petrolero. En ambos casos, sus políticas no resolvieron los problemas, es más, muchas veces los ahondaron.
El FMI ha jugado un papel fundamental para apoyar los intereses externos de los Estados Unidos, como lo demostró el Informe Metzler del Congreso estadounidense. Y todo esto como parte de un manejo en el que asomaba con fuerza “la amoralidad y corrupción” de la burocracia internacional, como escribió en el 2009 el presidente Correa. En un proceso en el que, con frecuencia, esta burocracia recibía el respaldo entusiasta por parte de los analistas y políticos criollos, muchos de ellos más fondomonetaristas que el propio Fondo Monetario Internacional.
Las líneas generales del Fondo son conocidas: desaliento de la intervención del Estado en forma de subsidios a la industria nacional y a la agricultura; libre comercio; restricción de créditos, congelación de salarios y otras medidas de austeridad; presupuesto equilibrado en línea con la concepción monetarista y fiscal acerca de la inflación; desaliento de las nacionalizaciones y creación de un clima propicio a la libre empresa; devaluación monetaria y tipo de cambio único y libre… Por esta senda comenzaron a transitar los países de la región. Incluido el Ecuador.
A esto se le denominó “neoliberalismo”. Se apostó por el libre comercio, que nunca ha sido libre y que tampoco se circunscribe a los temas comerciales únicamente, como acabamos de ver con la finalización de las negociaciones del TLC con la Unión Europea. Este esquema provocó una suerte de situación perversa, al dejar libres a los lobos dentro del gallinero. Es decir, permitiendo actuar al capital transnacional en todas sus formas (casi) libremente en las economías de los países subdesarrollados.
Por todas esas razones, apenas sintetizadas en estas líneas, sorprende, por decir lo menos, que el Gobierno de las propuestas y políticas “altivas y soberanas” haya retornado al redil de estos organismos de crédito sin un claro beneficio de inventario. Esperar que estos organismos hayan archivado su ideario de trabajo en función del capital transnacional o creer que se volvieron verdeflex, por efecto de la millonaria propaganda gubernamental en el exterior, sería no una ingenuidad, sino una torpeza. Igual que ingenuo resulta esperar que por la vía del “capitalismo social” o “capitalismo popular” se puede superar el capitalismo…
Cabe aquí preguntarse sobre lo que podría esconder el informe completo del FMI, que el Gobierno no lo ha dado a conocer. No olvidemos que parte de la política económica del Gobierno está reglamentada a través del nuevo Código Monetario y Financiero que prevé –al menos implícitamente– una posible salida a la dolarización. No es gratuito que coincidan los tiempos de finalización de la negociación de TLC con la UE, la vuelta a los préstamos del FMI y la reglamentación aprobada entre gallos y medianoche del Código Monetario.
Tanto pragmatismo gubernamental se entiende por varias razones. Las principales pueden ser el afán de conseguir ingresos en medio de crecientes problemas económicos, que podrían poner en riesgo el poder del caudillo del siglo XXI. Y también, por cierto, porque es necesario ir “sincerando” el manejo económico a tono con las demandas que implica la modernización del capitalismo, que es lo que propugna la ahora mal llamada revolución ciudadana. Sea como fuere, lo cierto es que las agujas del reloj que partieron desde la izquierda, ya tomaron hace rato el camino inexorable a la derecha.
Notas:
9 Alberto Acosta (1994). La deuda eterna – Una historia de la deuda externa ecuatoriana, cuarta edición. Quito: LIBRESA.
10 Basta ver los reiterados pronunciamientos del Presidente Correa, en su libro Ecuador:De Banana Republic a la No República, Debate, Bogotá, 2009.

#CristianFerreyraPresente – Un aviso de muerte en el monte santiagueño

por el Instituto de Investigación y Experimentación Política





“Y le creen a esa basura del Mocase. ¿Encima sabes qué te dicen? ‘Estamos apoyados por Zamora y por Cristina¢. Nosotros los vamos a hacer cagar matando, si quiere ponga ahí. A mi me han cansado de robar los animales. ¿Quieren vivir de arriba? Eso vamos a terminar, nosotros estamos armados. ¡Eso no va más!².

Estas y otras amenazas fueron proferidas por el terrateniente santiagueño Américo Argentino Argibay el pasado viernes 12 de septiembre. La imperdible y peligrosa sarta de fanfarronadas quedaron registradas en un video de tres minutos que explicita los deseos y fantasmas más o menos ocultos de buena parte del empresariado argentino:

El altercado tuvo lugar en la localidad de La Tinajas, Departamento de Juan Felipe Ibarra, 200 kilómetro al este de Santiago del Estero, cuando una delegación de inspectores provinciales certificaron las reiteradas denuncias presentadas por el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE), organización que acusa a Argibay y otros empresarios por el cercamiento y desmonte ilegal de importantes extensiones de tierra pertenecientes a comunidades campesinas.

En el climax de esta performance de prepotencia y supuesta indignación, exactamente en el minuto tres del documento audiovisual, el terrateniente saca de su bolsillo un revólver y dispara al aire, mientras exclama:  “¿Y usted que filma? Le voy a decir a cualquiera yo lo que estoy diciendo. ¡Estoy podrido! Capaz que sea del MOCASE. Los voy a hacer mierda, con esto los voy a cagar matando mira. ¡Les voy a reventar la cabeza!².

Las imágenes fueron presentadas por Deolinda Carrizo en el Encuentro de la Red de Experimentación Política (www.iiep.com.ar/material.php?id=49), celebrado en la Universidad Nacional de Río Cuarto los días 12 y 13 de septiembre con el objetivo de discutir la emergencia de un nuevo tipo de conflicto social que viene provocando un aumento sostenido de los niveles de violencia en los territorios. Más conocida como “Deo², la vocera del Mocase propuso interpretar el incidente en continuidad con los asesinatos de los campesinos Cristian Ferreyra (el 16 de noviembre de 2011) y de Miguel Galván (10 de octubre de 2012), reflejados por el cortometraje Toda esa sangre en el monte (www.revistacrisis.com.ar/toda-esta-sangre-en-el-monte,138.html).

La conflictividad rural ha ido creciendo en intensidad de manera sostenida durante los últimos 15 años, a la par de la expansión de la frontera agropecuaria generada por el boom de los commodities. La rentabilidad extraordinaria de estos rubros orientados a la exportación, con la estrella sojera como abanderada, ha provocado una nueva ola de colonización de territorios que durante todo el siglo XX fueron considerados periféricos. En muchas regiones los pobladores resisten la apropiación, pero hay zonas donde las organizaciones campesinas consiguen visibilizar sus luchas gracias a la complejidad y madurez de sus estrategias políticas y comunicacionales. Es precisamente en estas situaciones donde el conflicto se presenta de forma más descarnada. Y no se avisoran soluciones por parte de las instituciones existentes.

Américo Argentino Argibay, más conocido como Raco, es un empresario forestal y ganadero que reclama para sí la propiedad de 1800 hectáreas de monte nativo habitadas por varias familias campesinas que viven allí hace décadas. De confirmarse esta apropiación sus posesiones superarían las 40 mil hectáreas. Raco es, por otra parte, delegado del Ministerio de la Producción que comanda Luis Gelid, de quien recibió herramientas y financiamiento para construir depósitos de agua en la reseca región.

Gelid ha sido cuestionado en diferentes oportunidades por las comunidades del Mocase debido a su entusiasta apoyo al desarrollo sojero en la Provincia. En el video, Argibay lo nombra por su apodo “Parano” cuando grita: “Vamos a terminar, vamos a sacarnos las caretas.Yo no lo puedo encontrar a Parano para decirle che, ¿es cierto que vos lo bancás al Mocase? ¡Sos un atorrante de mierda!”. El acting interpretado por el terrateniente muestra el resquebrajamiento del maciso bloque favorable a los agronegocios, del que disfrutaron hasta hace poco los empresarios y que causó la muerte de los dos campesinos antes mencionados. Las fuerzas de seguridad, la justicia y la mayoría de las instituciones locales suelen defender los intereses y las versiones empresariales, permitiendo incluso la existencia de verdaderas bandas para-estatales a su servicio.

En la misma zona del chaco santiagueño opera el terrateniente Jorge Cura, cuyo historial de impunidad le ha permitido acaparar tierras fiscales a través de presuntas compras de posesiones. Para conseguir las aproximadamente 150 mil hectáreas con que cuenta hoy, Cura coordinó el desalojo de más de cien familias con topadoras que arrasaron ranchos de ancianos, matanza de cabras e incendio de vacas de las familias que se oponían. Dentro de las tierras que se agenció como propiedad privada aún es posible detectar la presencia de relaciones feudales, pagándole con vales el trabajo a los hacheros para que cambien por mercadería en su almacén del pueblo Las Tinajas.

Mientras tanto, las comunidades de San Martín, San Cristóbal, Las Tabianitas, San Eduardo, San José, Santa Rita, Mayuska, Staile, lote 105 y otras alrededor de Yuchan, defienden con ahínco el territorio común. Numerosas denuncias fueron presentadas en el Juzgado de 5ta Nominación, ante la Dirección Provincial de Bosques y ante el Comité de Emergencia. En respuesta a este accionar permanente los inspectores se apersonaron el pasado viernes y realizaron la constatación de las denuncias presentadas por las familias del MOCASE contra Américo Argibay, el cual tenía 5000 metros de leña cortadas de manera ilegal (como quedó reflejado en una foto registrada el mismo viernes). Para los campesinos la destrucción del monte nativo no sólo es un perjuicio que repercute en sus actividades económicas; se trata de una estocada al corazón de su proyecto de vida.  

El próximo 3 de noviembre dará inicio el juicio oral y público contra los asesinos del campesino Cristian Ferreyra en la Cámara Criminal y Correccional de primera nominación, cita en la ciudad capital de Santiago del Estero. Se espera la condena efectiva de Jorge Ciccioli, empresario sindicado como autor intelectual del hecho quien actualmente se encuentra detenido, y del sicario que ejecutó la orden.

Pero el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) invita a ir mas allá, y propone convertir este juicio en una plataforma pública de debate sobre las consecuencias sociales del crecimiento sin límites de los agrobussines, principal rubro productivo del modelo neodesarrollista vigente.


Durante todo el mes de noviembre tendremos la oportunidad de compartir, en la puerta de los tribunales santiagueños, un balance crítico sobre el poder económico en la Argentina y sobre la necesidad de impulsar una nueva generación de derechos sociales, en función de la imprescindible democratización de la tierra y los bienes comunes. En estos nuevos escenarios de movilización callejera e institucional quizás comiencen a cocinarse los sentidos y el horizonte de las luchas que vendrán, en la incierta etapa política que se abre.


***

La mar en coche entrevistó a Deo Carrizo, integrante del Movimiento Campesino de Santiago del Estero.


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Hacia la derechización

por Maristella Svampa


La Argentina de la última década presenta mayores niveles de complejidad, tanto en términos sociales como políticos, respecto de los 90, marcados a fuego por el neoliberalismo y la exclusión. A partir de 2002, la salida de la convertibilidad y el boom de las commodities dieron paso a una etapa de crecimiento económico y reducción del desempleo, que tuvo como correlato político la emergencia del kirchnerismo como figura local del progresismo, más allá de la valoración política que hagamos de éste. Este giro político del peronismo, siempre tan pragmático y adaptativo, estuvo a tono con la orientación antineoliberal de las movilizaciones sociales y el cambio de época, a nivel nacional y latinoamericano.
En la actualidad, el final del kirchnerismo muestra un panorama diferente. Primero, vemos un agotamiento general del ciclo progresista. La recesión económica y la alta inflación dieron paso a un nuevo escenario de conflicto social, que ha desembocado en una respuesta represiva cada vez más sistemática de la protesta social. Preocupa particularmente el discurso punitivo oficial, compartido por parte de la oposición (el proyecto de ley antipiquete es un ejemplo), en una sociedad cuya principal arma contra la injusticia y la desidia estatal es la movilización, a través de la acción directa.
Segundo, a lo largo de 12 años el kirchnerismo se encaminó a la consolidación de modelos de mal desarrollo, caracterizados por una matriz extractivista y reprimarizadora, cuyos impactos negativos y limitaciones son cada vez más evidentes. Tomemos el modelo sojero: en vez de pensar en una transición y salida del monocultivo, el gobierno nacional redobló la apuesta a través del Plan Estratégico Agroalimentario 2010-2020, que plantea un aumento del 60% de la producción, con los efectos en términos de deforestación, corrimiento de la frontera agropecuaria y, por ende, mayor criminalización y represión de poblaciones campesinas e indígenas, que ya conocemos. A esto sumemos el proyecto de la nueva ley de semillas, que avanza en el sentido de la mercantilización; los efectos sociosanitarios del glifosato, que comienzan a salir a la luz, y los nuevos convenios con Monsanto, que están suscitando tanto conflicto en Córdoba. Sin embargo, tampoco vemos en la oposición política una propuesta de transición a los dilemas que plantean los actuales modelos de mal desarrollo.
Tercero, la década kirchnerista implicó una profundización del presidencialismo extremo, además de arrastrar numerosos escándalos de corrupción y enriquecimiento ilícito. Desde la oposición política esto produjo una exacerbación republicana sobreactuada y poco creíble, teniendo en cuenta nuestra historia constitucional. Además, muchos reducen equivocadamente el “mal argentino” a esta sola dimensión, atribuyendo al populismo reinante toda suerte de patologías.
El correlato de este triple proceso es la ausencia de un espacio de centroizquierda con vocación de transformación social. Así, no creo que lo que nos espera en 2015 sea mejor; antes bien, todo apunta a la consolidación de las dos primeras tendencias (represión y mal desarrollo) y a la improbable reversión de la tercera (mayor concentración de poder).
Es cierto que la sociedad argentina tampoco es aquella de 2002-2003, que impugnaba el sistema de representación, apelando a una idea de solidaridad social y autoorganización novedosa, en contraposición a los 90. Hoy la sociedad se inclina peligrosamente hacia la insolidaridad y el discurso punitivo, como lo muestran los episodios de linchamiento y saqueos y, recientemente, las expresiones de xenofobia. En un contexto marcado por la crisis económica, la profundización de las desigualdades y los discursos securitarios, nuestro país parece estar abriendo una peligrosa caja de Pandora que va instalando conductas fascistizantes, al compás de la derechización de las propuestas políticas.

“El puntero, como el burócrata sindical, es función de las estructuras de mando del capital”. Entrevista a Miguel Mazzeo

por Pablo E. Chacón

El libro, publicado por la editorial Quadrata y el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPYPP), despliega una genealogía del movimiento que nació en el sur de la Argentina a mediados de 1997, enfrentado a la hegemonía neoliberal que dominaba la mayor parte del sindicalismo de estado local. Mazzeo es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA), profesor de Historia y docente en la misma UBA, en la Universidad de Lanús y en otras casas de estudio de América Latina.

¿Cómo está el movimiento piquetero en la actualidad respecto de su nacimiento y despliegue?
Creo que sigue vigente, en buena medida, la caracterización que hizo Maristella Svampa, hace un par de años. Ella decía que, a poco de asumir Cristina Kirchner el gobierno nacional, la cuestión piquetera quedó resuelta. Entendiendo por cuestión piquetera el proceso de luchas sociales protagonizadas por los trabajadores desocupados. Me refiero a un movimiento social y no a una metodología de la protesta social. Por diversos motivos estructurales, como la reactivación económica posconvertibilidad; o como resultado de diferentes políticas estatales, por ejemplo, la Asignación Universalpor Hijo en 2010, los piqueteros se achicaron, perdieron legitimidad o terminaron integrados. Una excepción: las corrientes que plantearon en 2003, con la llegada de Néstor Kirchner al gobierno, un cambio de escenario, y la necesidad de articulación con sectores estudiantiles, de trabajadores ocupados, campesinos, etcétera. En estos casos, la base piquetera, más politizada, se replegó a los barrios y se alejó -provisoriamente- de las rutas y las calles.

Entiendo que el piquetero reivindica su autonomía respecto a las grandes estructuras burocrático-sindicales. En ese sentido, ¿cuál fue o es su relación con la corriente autonomista italiana y brasileña?

Considerando específicamente la experiencia de la corriente autónoma, la relación que puede establecerse se basa en aspectos de cierta generalidad pero muy importantes. Creo que coincidieron, con o más o menos autoconciencia, en detectar las nuevas condiciones impuestas al trabajo por el capital y las limitaciones del sindicalismo convencional (el burocrático, pero también el democrático o el combativo) en la era posfordista. También creo que todas las corrientes, a su modo, contribuyeron a instalar la idea de que el sujeto popular en el capitalismo posindustrial, postardío, o como quieras llamarlo, no puede pensarse en términos clasistas estrechos. Ya no se trata sólo del proletariado, sino también del precariado y el pobretariado. Asimismo, estaba (y está) presente la idea de que ese sujeto necesitaba (y necesita) organizaciones de nuevo tipo y tácticas de nuevo tipo.

¿Por qué hablás de un milagro sociológico?
Simplemente porque la sociología suele desestimar la constitución de organizaciones populares y movimientos sociales a partir de identidadesnegativas. Desocupado-desocupada era y es el signo de una carencia. Como pobre. Ciertamente, es difícil impulsar una organización, un movimiento, sobre esos pilares. Pero los piqueteros demostraron que no es imposible, que se puede cambiar el sentido de las palabras y resignificar algunas políticas estatales. También aclaramos que, dada la existencia de una identidad obrera de base presente en algunos integrantes del movimiento piquetero o heredada de la generación anterior, cabe relativizar la idea del milagro sociológico. Ni tan milagro, ni tan sociológico, entonces.
A tu juicio, ¿cómo opera en el campo el piquetero y cómo el puntero?
El puntero, al igual que el burócrata sindical, es una función ordinaria de las estructuras de mando del capital. Es un enemigo de la democracia de base. Es un reproductor del autoritarismo de la clase dominante que favorece prácticas de sumisión al Estado, los aparatos políticos, etcétera. El puntero succiona la voluntad y la autoestima al pueblo y promueve subjetividades pasivas, delegativas. El piquetero, (nuevamente: el de la corriente autónoma más claramente), se opuso a esas lógicas. Reivindicó la autonomía (social, política, ideológica) e impulsó relaciones horizontales. Desarrolló prácticas que articularon las luchas cotidianas por reivindicaciones materiales con propuestas de construcción de una sociedad justa. Asumió un horizonte de transformaciones radicales.

¿Existe una normalización de las disidencias en la Argentinapost-2001?
Supongo que te referís a disidencias de fondo, a conflictos de carácter estructural. De ser así, yo creo que en esta última década hubo intentos relativamente exitosos de normalizar esas disidencias: canalizarlas, institucionalizarlas. Algo así como un proyecto hegemónico. Pero la Argentina no ha dejado de ser un país periférico, con una economía atrasada, deformada y dependiente, con una sociedad terriblemente desigual. Por lo tanto esa normalización de las disidencias es imposible. Es un deseo de las clases dominantes o de políticos ingenuos.

Finalmente, ¿cuál es la relación de las organizaciones locales con los Sin Tierra de Brasil y con el zapatismo centroamericano?

Fueron (son) experiencias caracterizadas por la búsqueda la articulación de lo heterogéneo, que pensaron la política emancipatoria en términos de política prefigurativa o anticipatoria; es decir, la idea de construir la nueva sociedad en los marcos de la vieja, de edificar la comunidad como fundamento del proyecto socialista, sin relegar esas tareas estratégicas a un hipotética toma del poder de parte de una vanguardia política. Todas se propusieron generar cambios concretos en la sociedad civil popular. De algún modo las tres experiencias apuntan a construir herramientas funcionales al desarrollo de las potencialidades libertarias del pueblo. Ninguna quiso convertirse en agente totalizador, en aparato separado de las masas. El movimiento piquetero fue denominado zapatismo urbano. Creo que vale la analogía, si tomamos como referencia la experiencia de la corriente autónoma, que derivó en la conformación, en 2004, del Frente Popular Darío Santillán. Tanto el zapatismo como la experiencia del MST, influyeron en una parte importante del activismo piquetero, suministraron algunas ideas-fuerza y muchas representaciones.

#IrreVersible

por Diego Valeriano

IrreVersible se volvió la vida. La mutación en los cuerpos que lleva casi una década, y que fue exitosamente acompañada por el gobierno, no tiene marcha atrás. Ya nada podrá ser como lo imaginan. La irrupción de la vida mercantil de los de abajo, transfiguró para siempre los vínculos sociales, las comprensiones del mundo, las fiestas, el tránsito y los territorios.
El consumo, como forma de hacer mundo, vuelve plebeyas las ciudades. Muta, iguala, transforma, libera de manera irreVersible una energía fundamental de los años por venir. Las vidas runflas son el motor de la economía real, la que se mezcla con la oficial, la que sufre la economía política.
El gobierno sigue apuntando al consumo de manera virtuosa. Lo hace porque sabe que todo esto es IrreVersible. Porque no queda otra. Es mucho más contundente un plan en 12 cuotas que cualquier plan de lucha. A la izquierda del gobierno solo se encuentra la vida mercantil y sus mutaciones de las formas de vida.
Lo interesante de la consigna lanzada por La Cámporaes que es real. Pocas veces la política tiene estas lucideces. Por lo general, prima el voluntarismo. Tal vez quieren que esto sea irreversible y por eso siguen militando. Lo cierto es que es irreversible a pesar de ellxs y de todxs. Un efecto domino de inyección de plata y reconfiguración de esa plata se desató y no para. No hay dique de contención posible. Lxs pibxs, los runflas, lxs inmigrantes son sujetos de transformación y lucha. No hay sociedad de control que los detenga.
Mi amigo Diego Luis me envía un wasap desde Argentinos. Sus hijas lucen hermosas en la foto con remeras de La Cámporay sus dedos en V. Ellas entienden todo. Y principalmente entienden a Cristina: entre remeras, gaseosas, patys y pins le sacaron 400 mangos al padre. 

Clinämen: Kirchnerismo en épocas de crisis


 

Conversamos con el escritor y periodista Alejandro Horowicz sobre kirchnerismo y escenario político de cara a 2015. Las características de la política nacional desde el fin de la dictadura. Las oportunidades desaprovechadas por los gobiernos democráticos. La fórmula de ajuste económico más represión social para las épocas de crisis. La crisis como momento de creación política.

¡Qué no se veten la Ley de Enseñanza Comunitaria! Campaña Argentina por el Derecho a la Educación


¿Por qué es importante?
La Campaña Argentina por el Derecho a la Educación (CADE) expresa su honda preocupación por los anuncios periodísticos que dan cuenta de un posible veto a la Ley 79413/14 de «INCORPORACIÓN DE LA MODALIDAD DE EDUCACIÓN COMUNITARIA AL SISTEMA EDUCATIVO FORMAL» y, sobre todo, con los motivos que se han conocido en las últimas horas para realizar dicho veto, y quiere fijar su postura en el debate abierto a causa de la sanción de dicha normativa.
La discusión ha puesto en cuestión dos situaciones diferentes e igualmente relevantes: La existencia y sentido de numerosas experiencias socioeducativas que miles de organizaciones comunitarias llevan adelante a lo largo y a lo ancho de todo el territorio nacional, por una parte, y por la otra, el desempeño de miles de educadores comunitarios, y, sobre todo, educadoras comunitarias que trabajan en los jardines maternales comunitarios, que existen, en muchos casos, desde hace más de 25 años.
Respecto de lo primero, desconocer el inmenso trabajo que estas organizaciones realizan es querer tapar el sol con las manos. Quien conozca realmente los barrios más pobres del país puede dar testimonio de lo importante que es la presencia y cercanía de estas organizaciones para lograr, por ejemplo, que nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes vuelvan a la escuela, permanezcan en ella y finalicen sus estudios. La lucha por rescatar a muchos jóvenes de la violencia y los circuitos de trata o de adicciones, se da en un “cuerpo a cuerpo” cotidiano donde tutores y educadores comunitarios ponen su cuerpo para defender a estos jóvenes.
Desde hace años, estas organizaciones, muchas de ellas agrupadas en redes y asociaciones, exigen su reconocimiento, logrando pasos importantes, como por ejemplo cuando en la Ley de Educación Nacional se reconoce que
“el Sistema Educativo lo integran los servicios de gestión estatal y privada y de gestión cooperativa y social. Pueden prestarlos la Iglesia y las sociedades, cooperativas, organizaciones sociales, sindicatos, asociaciones, fundaciones, empresas y las personas físicas, todos en el mismo derecho, rango y nivel, hasta para emitir títulos con validez nacional.”
Pero no es suficiente. El Sistema Educativo tiene la obligación de generar espacios institucionales y Políticas Educativas que permitan profundizar y consolidar estas experiencias, y no dejarlas desamparadas, cuando la sociedad parece clamar por mejor educación.
El Sistema Educativo debe garantizar el ejercicio del Derecho a la Educación de nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes, garantía que se ejerce principalmente a partir de su inclusión en los distintos niveles y modalidades de dicho Sistema. La existencia de estas experiencias socioeducativas hace posible que a este derecho se pueda acceder en mejores condiciones. En muchos casos, sin ellas, estos niños, niñas, adolescentes y jóvenes estarían hoy fuera del Sistema y, por tanto, el Estado y la Sociedad en su conjunto estarían en deuda con ellos y ellas.
Esta Ley cuestionada es, para todas estas organizaciones, una señal de esperanza que no debe ser avasallada por la presión interesada y mezquina de sectores que ni conocen ni les interesa la realidad que se vive en las zonas más pobres del país y que buscan hacer de este debate una nueva oportunidad para sacar réditos electorales de una sociedad mal informada tendenciosamente.
Por otra parte, bajo la artera y oscura acusación de que se pretende que militantes políticos sin calificación dicten clases a alumnos del Sistema Educativo, se busca que la sociedad impugne esta Ley y las autoridades tengan que vetarla.
La militancia política no puede ser enarbolada como estigma ni como característica negativa que descalifica y anula las acciones que se hacen por el bien social y la reivindicación del ejercicio de los derechos humanos. Los políticos comprometidos no pueden avergonzarse de serlo, cualquiera sea la bandera partidaria que los encolumne.
Rechazamos que se descalifique con esos argumentos a miles de maestras y maestros comunitarios que en su gran mayoría han surgido de los mismos barrios para dar respuestas a las necesidades educativas de los niños y niñas de esas comunidades.
Lo que la Ley propone es que estos educadores – y sobre todo educadoras- que desde hace años articulan sus esfuerzos con programas y políticas públicas nacionales y provinciales, como el FINES, el Programa UDI (Unidades de Desarrollo Infantil), los Centros de Alfabetización de Adultos, los Programas Alternativos a la institucionalización, como las Casas del Niño, los Centros de Día, los Jardines Comunitarios (que ya cuentan con convenios con la DGCyE), los Centros de Apoyo Escolar, Bachilleratos Populares… y que ya tienen distinto tipo de reconocimiento por parte del Sistema, puedan acreditar sus conocimientos y saberes y continuar así con su esforzado y valioso servicio educativo en condiciones más justas desde lo laboral y desde lo social.
Quienes propusieron y aprobaron esta ley, están muy lejos de desvalorizar el estudio formal de aquellos que se reciben y recibieron como maestros y profesores en los Institutos de Formación Docente, profesorados o en las Universidades. Por el contrario, son los mismos que defienden que haya una mejor formación para los maestros y han impulsado que la misma tenga más duración, más calidad y más recursos para hacerla posible.
En muchas de las experiencias cuestionadas se desarrollan espacios de formación y capacitación, a cargo de docentes y académicos especializados y reconocidos para que el servicio que se brinda en ellas sea de la mayor calidad, desarrollándose en ellas experiencias innovadoras que en no pocos casos han sido tomadas como referencias al interior mismo del Sistema Educativo, para mejorar las prácticas de la educación formal.
Deploramos que, en medio de este duro debate, además se pretenda enfrentar a los compañeros docentes con los educadores comunitarios bajo la supuesta amenaza de que esta Ley disminuiría las ofertas laborales o la no valoración de los esfuerzos por una formación sistemática inicial y continua. Hoy, en la provincia de Buenos Aires faltan maestros. Muchos niños y niñas de nuestras escuelas primarias tienen como educadores a jóvenes que están cursando en los ISFD en segundo y hasta en primer año y todavía no cuentan con título docente. Las organizaciones que llevan adelante proyectos de educación comunitaria, así como los educadores y educadoras que en ellas se desempeñan, son los primeros en valorar y defender el compromiso de los docentes porque conocen todo lo que ponen de sí para hacer posible que los niños, niñas, adolescentes y jóvenes accedan al Derecho a la Educación que les corresponde haciendo que esto sea posible a lo largo y ancho del todo el país.
Por todo lo expuesto, la CADE rechaza cualquier veto a la cuestionada Ley y llama a nuestras autoridades a que profundicen su aplicación, respetando su espíritu y la valiente intención de los representantes del pueblo que la votaron en ambas cámaras.
Promulgar esta Ley no solo será hacer justicia con estas organizaciones, educadores y niños, niñas, adolescentes y jóvenes, sino también cumplir con lo que manda la Ley de Educación Nacional y la Convención Internacional por los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes, suscrita por nuestro país y que este año cumple sus 25 años de aprobación.
Buenos Aires, 18 de setiembre de 2014
Organizaciones Nacionales y Provincia de Buenos Aires
CAMPAÑA ARGENTINA POR EL DERECHO A LA EDUCACIÓN
FUNDACIÓN SES
ASOCIACIÒN CIVIL “ETIS”
COMITÈ ARGENTINO DE SEGUIMIENTO A LOS DERECHOS DEL NIÑO, NIÑA Y ADOLESCENTES (CASACIDN)
OBSERVATORIO DE GÉNERO Y POBREZA (UNSAM)
MOVIMIENTO “EVITA” (Área de Educación)
C.A.I.P.I. Centro de Apoyo Integral Para la Infancia (Villa Jardín –Lanús)
Solidaridad de organizaciones de otras provincias del País.
FEDERACIÓN DE ORGANIZACIONES COMUNITARIAS DE FORMOSA
RED CORRENTINA POR EL DERECHO A LA EDUCACIÒN
FUNDACIÓN COMUNIDAD (Corrientes)
CAMPAÑA CORRENTINA POR EL DERECHO A LA EDUCACIÓN
CENTRO INTEGRAL DE APOYO EDUCATIVO (CIAE- Corrientes)
FUNDACIÒN DAR.LO.CAB (Jujuy)
RED SANTAFESINA POR EL DERECHO A LA EDUCACIÓN
CENTRO ECUMÉNICO PORIAJHÚ (Santa Fe)
CENTRO SOLIDARIO MANOS ABIERTAS (Santa Fe)
Asociación Civil Abriendo Horizontes y Caminos (Ciudad de Córdoba)
102.5 FM Radio Nuevos Horizontes.(Córdoba)

Otro hermano asesinado

por la  Comunidad Potae Napocna Navogoh 
(La Primavera)
Ayer han atropellado a un joven de la comunidad se llamaba Aldo Javier Camachi. Tenía 20 años. Se trata del sobrino de Oscar Camachi, presidente de la asociación civil.
Venía caminando junto a otros dos jóvenes luego de un día de pesca cuando lo atropelló una camioneta arrastrándolo más de 10 metros. El impacto fue abajo del asfalto.
Estamos cansados de estos atentados contra nuestros hermanos.
Seguimos reclamando que coloquen lomos de burro en el asfalto pero ignoran nuestros reclamos.
Queremos que se haga una autopsia del cuerpo.
¿Cuántas más muertes ocurrirán sin que nadie haga nada?

Francisco y Cristina: comunidad organizada, consumo y fe

por Diego Valeriano


Tan cerca y tan lejos están Cristina y Francisco. Pragmáticos, peronistas, lúcidos, artesanos de la construcción del poder, gestuales, lectores, twitteros. Íntimamente idénticos. La lejanía se pone de manifiesto, paradójicamente, en los gestos. Austeridad franciscana y consumo que dispone y propone Cristina. Tan lejos o tan cerca. En tiempos en que intelectuales y militantes festejan gozosos la derechización del gobierno así tienen algo para decir, Francisco y Cristina construyen un tándem de moral y goce muy interesante. Ni izquierda, ni derecha: comunidad organizada, consumo y fe.
Ser lectores hace liderazgos. No tanto qué se propone, sino cómo se lee eso que está pasando, por dónde está pasando y como masticado, vuelve. Leer es captar signos, comprender las relaciones que ellos nos presentan. Cinismo y cálculo hacen al buen lector de códigos, al buen líder. Y esto es justamente la mayor cercanía de Francisco y Cristina. No importa tanto el pasado, sino la repentización en el ahora.
Peronismo y catolisismo rompen espadas arriba, pero se unen en el pueblo. El cristinismo es la profundización de la consigna más radical del peronismo: la democratización del goce. El francisquismo aparece como un revés de esto, pero a lo mejor sea su par contradictorio y necesario. ¿Cómo ser austero cuando los fieles sufren carestía?
Mientras panelistas y militantes (es decir, lo mismo, pero de distinto signo) discurren en discusiones de cabotaje, Francisco y Cristina sellan una unión que va más allá de ellxs. Verbitsky va quedando solo, ya ni Mariotto lo acompaña, y hace el novedoso papel de un Alberto Fernández de izquierda. Todo esto que pasa es hoy un hervidero de cosas que no sabemos pensar y por eso rápidamente las arropamos de interpretaciones y clasificaciones. No sé porque pero imagino que almorzaran pastel de papas. Que nadie se apure a descifrar cosas. A los gestos hay que añejarlos. El punto de unión de Francisco y Cristina puede rastrearse a partir de ciertas lecturas y, por lo tanto, de un cierto trayecto. Sólo que ese trayecto acaba por cuestionar la idea de un punto de unión. Son lectores. Así se conocieron. Lecturas, almuerzos, gestos, remeras de La Cámpora, comunidad organizada, disciplinamiento y democratización del goce. Escenas que vienen con conceptos, ambivalencias de una multitud que cree y consume.

El Karaí Guasú Gaspar Rodríguez de Francia

por Teodoro Boot

Hace 174 años moría en Asunción Gaspar Rodríguez de Francia, que sin haber declarado la independencia del Paraguay puede con justicia ser considerado el padre de la misma, así como el principal artífice de su secesión de las Provincias Unidas.

El caso de este doctor en Teología y Filosofía no será raro en la historia de América. Denostado hasta la infamia y la tergiversación por las gentes decentes y principales (hasta el punto de haberse destruido el monumento que señalaba la ubicación de sus restos, cuyo paradero en la actualidad se desconoce) fue intensamente amado por los hombres y mujeres sencillos, hasta el punto de que sólo otras dos personalidades recibieron el honroso título de Karaí Guasú (Gran Señor o Señor Grande) por el que los pueblos de linaje guaraní conocieron a quienes habían sido sus líderes y benefactores: José Gervasio Artigas y Francisco Solano López.

Y por esas cosas del azar o acaso de la clarividencia popular, el destino de estos dos hombres estuvo signado por la elección que hizo Francia ante las opciones que se le presentaban al Paraguay de su época.

Paraguay en 1810

Para el momento en que tiene lugar en Buenos Aires la Revolución de Mayo, Asunción ocupaba el lugar de la última de las periferias de un sistema extractivo que tenía como embudo el puerto de Buenos Aires, gobernado por una bur­guesía intermediaria, dueña del negocio de la importación y exportación, y por intelectua­les y políticos imbuidos de la ideología de la Ilustración y seducidos por las teorías del liberalismo económico británico.

Tradicionalmente satélite de Cádiz y concentradora de las riquezas producidas por el conjunto del virreinato, Buenos Aires se integra con facilidad como satélite al siste­ma del Imperio Británi­co. Desde allí se exportan las ma­terias primas producidas en el interior y se importan las manufacturas inglesas que luego se revenden en todo el ámbito de las Provincias Unidas. Y así como In­glaterra es metrópoli de Buenos Aires, ésta es, a su vez, submetrópoli de las capitales de provincia donde actúan burguesías interme­diarias asociadas a la de la gran ciudad-puerto.

El historiador uruguayo Vivian Trías lo explicaría así: “Las capitales de provincia ope­ran según la misma ambigüedad de Buenos Aires. Son satélites de aquélla, pero submetrópolis de los pueblos y villas de la campaña. Y éstos, a su vez, son satélites de las capitales provinciales y submetró­polis de su periferia rural. De esa manera, una cadena de metrópolis-satélites y satélites-metrópolis ar­ticula los intereses de la City londinense con el trabajo de los pro­ductores rurales, los peones, arrie­ros, pastores, boyeros, etc.”

Pero no se trataba únicamente de que se mantuviera constante el flujo de materias primas hacia la metrópoli de ultramar y de que, por la misma ruta, en sentido inverso, las manufacturas inglesas fueran libremente comercializadas sino de que, siguiendo a Trías, “cada economía creciera ‘hacia afuera’, especializándose en la producción de aquellas materias primas para las cuales era más apta y que podía vender más barato, de que aceptara el dominio de las finanzas inglesas, el diseño de los ferrocarriles ingleses y cumpliera religiosamente con las reglas del patrón oro”. Básicamente, lo que se ha dado en llamar “división internacional del trabajo”.

Sin embargo, aun con la complicidad de una clase domi­nante de terratenientes, comercian­tes, mineros, banqueros y políticos, no sería tan sencillo desplumar la gallina sin que chillara. Y así como el sistema colonial español había acabado por provocar las revoluciones independentistas y autonomistas, era dable esperar que este sistema neocolonial despertara resistencias, las que dieron origen en las Provincias Unidas a una larga guerra civil que no cesaría sino hasta 1880. Cabe apuntar que con la federalización del puerto y la aduana de Buenos Aires terminaron los enfrentamientos armados pero sin que fuera suprimida la distorsión que los había provocado.

Unitarios y federales

Ya desde los primeros momentos posteriores a Mayo, Buenos Aires se arrogó la facultad de gobernar a las provincias, actuar en su nombre e imponerles sus gobiernos,  tendencia que se acentuó con la instauración del Primer Triunvirato y dio origen al unitarismo, expresión política de esa estructura dependiente. Se trataba de instaurar un gobierno centralizado del conjunto de las provincias, a las que revender las manufacturas británicas y de las que extraer las materias primas según las fuera requiriendo la metrópoli. Es así que bajo los auspicios de Rivadavia se exportan cebos y cueros y se importan botas, ponchos tejidos en los telares industriales de Manchester y hasta patines para hielo.

La incipiente industria criolla, incapacitada de competir con las manufacturas británicas, quedó arruinada por la libre importación, y con ella, las provincias, ya que para los unitarios, el puerto y las rentas de aduana eran patrimonio exclusivo de Buenos Aires. De ese modo, las rentas derivadas de la riqueza que las provincias producían y de las manufacturas que compraban, quedaban en Buenos Aires.

Semejante sistema afectaba en forma tan notable los intereses y necesidades de los pueblos del interior, que éstos reaccionaron encolumnándose detrás del más lúcido caudillos argentino: José Artigas.

El programa de Artigas

La reacción artiguista fue instantánea, prácticamente simultánea a los primeros intentos de instauración del sistema unitario y es Artigas quien primero advierte dónde se encuentra el origen de los males que se abaten sobre los pueblos del interior: el dominio del puerto y de los ríos por parte de una burguesía intermediaria, la apertura aduanera y el sistema en el cual medran las clases dominantes locales, que al tiempo que son esquilmadas por la metrópoli son a su vez las encargadas de esquilmar a sus propios satélites.

En consecuencia, el programa artiguista consistió en nacionalizar las rentas de aduana, proteger las artesanías y pequeñas industrias, abrir la navegación de los ríos de manera de habilitar otros puertos, distribuir la tierra entre los más humildes y organizar a las provincias en una gran nación federal dotada de un gobierno único capaz de expresar y respetar las autonomías provinciales. Su lema “naides es más que naides” tenía un doble significado, el de una nación donde rigiera la igualdad entre los hombres pero también la igualdad entre regiones, y no un país compuesto de metrópolis y satélites, submetrópolis y subsatélites.

La guerra civil provocada por proyectos tan disímiles, que comienza con el desconocimiento y encarcelamiento de los delegados orientales a la asamblea constituyente y la complicidad de los gobernantes porteños con la invasión portuguesa a la Banda Oriental, es el escenario en el cual Gaspar Rodríguez de Francia hará su opción política y desarrollará su estrategia.
II. El Dr. Francia y el aislamiento del Paraguay
Probablemente ninguna otra ciudad del virreinato se opuso más terminantemente que Asunción a la pretensión hegemónica de la Junta de Mayo. Era lógico: si bien confinada en un margen del sistema español y arruinada tras la expulsión de los jesuitas, había sido desde Asunción desde donde se fundaron las ciudades del litoral argentino, incluida la veleidosa Buenos Aires, y desde donde el asunceno Hernandarias había regido los destinos de la Gobernación del Río de la Plata y el Paraguay, así como era también nacido en Asunción un nieto de Domingo Martínez de Irala y de Leonor, una de sus concubinas de origen guaraní, el cronista Ruy Díaz de Guzmán, primero en denominar Argentina a su región natal y primero entre nosotros en usar la palabra patriapara referirse a ella.

Por otra parte, desde sus mismos orígenes el Paraguay tenía una fuerte tradición autonomista que le venía de la temprana rebelión de Irala, la experiencia jesuítica y la revolución comunera.  Fue debido a estos antecedentes y a la situación de último satélite del sistema de exacción virreinal que tenía como principal submetrópoli a Buenos Aires, que Paraguay no se plegó al movimiento revolucionario de Mayo, fue invadida por Buenos Aires y derrotó al pequeño ejército comandado por Manuel Belgrano.   

Poco después, al influjo de las conversaciones con Belgrano y de las promesas de poder comercializar libremente la yerba y el tabaco, la oligarquía asuncena ins­tauraba una Junta revolucionaria en la que Gaspar Rodríguez de Francia va cobrando preeminencia y pronto dirige en los hechos la política exterior paraguaya.

En principio, el nuevo gobierno revolucionario firma un tratado con Buenos Aires que es considerado el primer antecedente del federalismo y luego, lenta y perseverantemente, Francia va imponiendo su idea aislacionista. Fiel a su lema de que “el Paraguay no quiere paz ni guerra con nadie”, hace lo imposible por no verse involucrado en la guerra civil que ya entonces anarquiza a las Provincias Unidas, impidiendo su desarrollo.

La anarquía

¿Qué la “anar­quía al modo de ver de Francia? No otra cosa que el choque entre el proyecto neocolonial y el independentista, que toma la forma de un enfrentamiento cada vez más violento entre las elites comerciales y terratenientes apoyadas en ejércitos de línea, y los pueblos desposeídos conducidos por sus caudillos.

La consecuencia del afán aislacionista de Francia, empeñado en mantener al Paraguay a salvo de la guerra civil, es la elección de una estrategia contraria a la de los unitarios porteños, pues se tratará entonces de “crecer hacia adentro”, para lo cual se hace necesario adoptar o más precisamente llevar a la práctica el programa artiguista, aunque en el caso de Paraguay esto se hará con una sustancial salvedad que, según se mire, desencadenará a la postre la tragedia.

A la vez que Francia rechaza la invitación de Artigas a sumar al Paraguay a la Federación de los Pueblos Libres, se le hace evidente que para perseverar en el aislamiento y propiciar un desarrollo autónomo deberá enfrentar a la clase dominante local, vinculada comercialmente con la metrópoli británica o en su defecto, la submetrópoli porteña. Valido de su prestigio como distinguido abogado que nunca ha cobrado honorarios a los pobres, se apoyó en los campesinos, mayoritariamente indígenas, peones, artesanos, modestos indus­triales y comerciantes. Y no vaciló en reprimir la conjura de 1820, sancionando con el patíbulo, la cárcel, el destierro, y muy especialmente la confiscación de bienes, a lo más granado de la elite paraguaya.

Su actitud ante las diversas clases sociales no dejaba lugar a dudas. En un furibundo panfleto publicado en Buenos Aires, el opositor Fray Mariano Velazco escribía: «A vosotros consta por experiencia que cuando llega a sus puertas un rústico o torpe campesino, al punto le franquea su trato familiar y la licencia para estrecharse con él. Admira el ver a este hombre encapotado y taciturno, rebosando de alegría. ¡Con qué cariño recibe a su gran huésped! Lo toma de la mano, lo introduce en su mismo estudio, lo acaricia, lo halaga, lo palmea, lo llena de satisfacción, le sienta a su lado… Por el contrario, si pide audiencia un ciudadano culto y noble, lo veis ya transformado en una figura muy diferente y tan feroz como su genio”.

El crecimiento hacia adentro

El aislamiento político tenía necesariamente que derivar en el aislamiento económico, pero la estrategia del doctor Francia no consistió solamente en “prohibir” los vínculos con el exterior sino en sustituir el “crecimiento hacia fuera” por el “crecimiento hacia adentro”, tarea que no podía ser encarada por una elite revendedora de las mercaderías europeas importadas y expor­tadora de yerba y tabaco. Sostiene el historiador Vivian Trías: «No había en el Paraguay una verdadera burguesía nacional e industrial. De ahí que para ensayar la autarquía hubiera que quebrar el espinazo a la elite asuncena y poner en manos del Es­tado, apoyado en las masas, la direc­ción de la nueva política económi­ca”

Esa nueva política consistió en disminuir o directamente eliminar la apropiación de los intermediarios internos del Paraguay (comerciantes españoles, acopiadores, grandes hacendados y la Iglesia como propietaria, financista y cobradora de diezmos y otros beneficios) transfiriendo los beneficios a los productores primarios mediante el arrendamiento a bajo precio de las tierras expropiadas, y la eliminación de los intermediarios externos mediante el monopolio estatal del comercio exterior y el manejo de las licencias comerciales, la fijación de precios mínimos para los productos de exportación y de máximos para los de importación.

El Estado comenzó a ser un gran actor en el mercado, tanto en la compra como en la venta, utilizando las Estancias de la Patria y los Almacenes del Estado. Asimismo, intervino en la demanda de mano de obra, en la fijación de salarios, las tarifas de los arrendamientos, y para, evitar las fluctuaciones derivadas de los tiempos de escasez y la consiguiente especulación, el establecimiento de precios máximos a bienes de primera necesidad como la carne, el maíz, la mandioca y la sal. Esto provocó una importante redistribución de la riqueza hacia los campesinos y artesanos, que fueron también beneficiados con una reforma impositiva de carácter progresivo. El resultado fue la conformación de un Estado lo suficientemente fuerte como para impedir la concentración o la fuga de las riquezas.
  
III. La enseñanza paraguaya
El aislamiento –que en rigor de verdad no fue tal, pues Francia no prohibió el comercio exterior, sino que lo nacionalizó–, supuso inevitablemente la desarticulación de la oligarquía, concitó el apoyo popular y propició el desarrollo económico autónomo.

A fin de un mayor control y desconcentración, se establecieron dos puntos de comercio exterior, anteriormente concentrado en Asunción: uno en Itapúa, para el tráfico con Brasil, y el otro en Pilar, para el comercio con el litoral argentino.

El im­puesto sobre las importaciones era de un 19% sobre el precio de la mercadería, pero podía modificarse en cada caso, mientras que las exportaciones, también muy controladas a fin de reducir evasiones, eran gravadas con un 9%, prohibiéndose el pago en metales preciosos y, como modo de evitar el monopolio comercial de extranjeros y la escasez de plata, se estableció el trueque obligatorio por productos paraguayos.

Los dueños de la tierra

Una de las primeras medidas de Francia había sido la de revertir el proceso de concentración de tierras que tuvo lugar luego de la expulsión de los jesuitas, para lo que comenzó por apoderarse de las tierras que habían pertenecido a las misiones, y expropiar y multar a los grandes propietarios, incluida la Iglesia, a un ritmo tal que para 1840 más de la mitad de las tierras de la Región Oriental y la totalidad del territorio del Chaco pertenecían al Estado.

Estas tierras eran arrendadas a los campesinos con la condición de ser dedicadas a cultivos decididos por el Estado tendientes a lograr el completo autoabastecimiento del país. Fue así que el arroz el maíz, las legumbres, el algodón que anteriormente debían comprarse en el exterior, al promediar el período francista se producían en el país en cantidad suficiente para cubrir las necesidades de la población y aun ser exportados. Asimismo, con la organización de las Estancias de la Patria, se impulsó la producción ganadera y se reinstauró la práctica jesuítica de hacer dos cosechas anuales.
Educación popular y desarrollo industrial

La educación pública primaria se hizo obligatoria y gratuita y se extendió a todos los niveles de la sociedad. En un principio, las municipalidades locales fueron encargadas de abonar a los maestros y los jueces locales de construir nuevas escuelas de manera tal que a menos de quince años de la revolución prácticamente la totalidad de los paraguayos estaban alfabetizados. Para 1835 el Estado abonaba salarios uniformes a 140 maestros rurales, a los que también proveía de vestimenta y ganado, que enseñaban a 5000 alumnos.

Durante el gobierno del doctor Francia se creó la primera Biblioteca Pública del Paraguay en base a herencias en favor del Estado, a confiscaciones a la clase ilustrada, así como a la biblioteca personal del propio Francia.

Junto al notable incremento de la producción agraria y al régimen de tenencia de la tierra que benefició básicamente a la población campesina, al cesar la importación de numerosas manufacturas, se produjo un desarrollo impensado de la producción artesanal e industrial.

A la muerte de Francia, ocurrida el 20 de septiembre de 1840, el Paraguay estaba listo para el gran salto industrializador que impulsaría Carlos Antonio López, quien profundizó y sistematizó la política económica francista.

Conclusión

Carlos Antonio López completó la estatización de prácticamente la totalidad de las tierras, que eran cedidas en explotación a los campesinos por ocho años renovables, dio a los pueblos indígenas la nacionalidad paraguaya, otorgándoles la igualdad de derechos, y con los recursos del comercio exterior construyó importantes obras de infraestructura, como el alto horno de Ibicuy, los astilleros desde los que se armó una importante flota fluvial, el tendido del primer ferrocarril de Sudamérica y de una amplia red telegráfica, y se financió un desarrollo industrial inusitado para época y la región.

Pero el sistema de Francia constituyó también una limitación. Como pudo comprobarse dos décadas después, la derrota de la oligarquía local en base al aumento del poder popular, la justicia social, la defensa de la soberanía y el desarrollo industrial no serían suficientes para consolidar un país independiente si simultáneamente no se construía una nación, la Patria Grande republicana y federal que proponía Artigas.

Fue así como al no llegarse a una solución justa al problema del puerto y los ríos para que dejaran de ser privilegio porteño y fueran patrimonio de to­das las provincias, el desarrollo y la independencia paraguaya serían trágicamente truncados por obra de las elites mercantiles frente a las cuales el doctor Francia había dejado solo a José Artigas.

Además de mantener una sorprendente actualidad, la experiencia paraguaya muestra de qué modo son posibles el desarrollo industrial, la igualdad social y la soberanía política mediante el fortalecimiento del Estado, el empoderamiento de los sectores populares, la destrucción de las oligarquías nativas y la apropiación por parte del conjunto de la sociedad de las rentas del comercio exterior. Pero muestra también las enormes dificultades de ese sistema para prolongarse en el tiempo si paralelamente no se lleva a cabo un simultáneo proceso de integración regional, justa y equitativa, que diluya las desigualdades y dé forma a una nación sudamericana de carácter republicano y federal.

Si los pueblos, diría el Dr. Francia, no se organizan según sus aspiraciones y necesidades, serán organizados según los intereses y propósitos de las potencias.

No voy a hacer declaraciones de amor (la biografía de HG)

por Lucía Álvarez
(http://revistaanfibia.com/)



Sociólogo, ensayista, profesor, polemista, desde los años ’60 las producciones de Horacio González abrieron debates en el campo de la cultura y la política. Ni el ACV que tuvo a fines de 2013 le hizo bajar el ritmo: escribe, presenta libros, da conferencias, participa en actos, viaja. Néstor Kirchner lo nombró director de la Biblioteca Nacional y hoy buena parte del día se le va en firmar expedientes. En ese mismo edificio participa de las reuniones de Carta Abierta, un espacio que González tensa en cada intervención y del que amenaza con irse pronto. Perfil de un tipo de intelectual en extinción.
En un edificio de hormigón expuesto al polvo y a la tormenta, golpeado por el viento del Río de la Plata, el gran río color de león, un hombre firma expedientes. Un hombre -un cultor, un narrador, el gran ensayista contemporáneo- firma contabilidades, permisos, licencias. A sus setenta años, sentado en su oficina del cuadrúpedo gigante, en el Clorindo Testa, Horacio González se enfrenta a los papeles que lo convirtieron en un administrador. A él, que pone “profesor” en los libros de los hoteles. Un hombre que dice que vivir es vivir atado a algo de lo que no querés hacerte responsable y sentir derecho a reclamar por eso, pero no por eso a negar cierto gusto. En ese solar, ubicado en un vacío entre Austria y Agüero, donde vivió Perón y murió Evita, Horacio González, un hombre de la política, un escapista de las identidades, firma expedientes. Y si lo acecha el fantasma del burócrata, sólo encuentra consuelo cuando mira a su antecesor en la Biblioteca nacional, cuando levanta la vista y encuentra colgado, frente a sí, al retrato de Jorge Luis Borges.


Horacio González llega a la Biblioteca en taxi. Su recorrido va de la casa al taxi, del taxi al trabajo y así. La fascinación por esos viajes es tal que hace unos años le dedicó un libro de aguafuertes. Allí los define como una condena elegante, un padecimiento que te gusta, un milagro donde las ideologías del mundo quedan convertidas en monosílabos y esquive. Horacio González llega a la Biblioteca en taxi, al mediodía, vestido con sandalias de cuero y medias azules. Un jean gastado le cubre las piernas flacas. Lleva un sacón de invierno que usará durante las próximas semanas y que no se quitará en ninguna de sus conferencias, como buscando protección ante la mirada ajena.
Quienes lo conocen cuentan que es incapaz de rechazar una invitación. Por eso presenta decenas de libros al año, da conferencias en localidades perdidas y calles sin numeración. Su agenda -robusta y de papel- lo confirma. En estos días de agosto comentó una novela, inauguró jornadas de filosofía, participó de un seminario sobre psicoanálisis. A veces, Horacio extraña su vida anterior. Desearía que las actividades sólo fueran ésas, las del profesor de sociología que hace veinte años tomaba examen arriba de los trenes. Pero no. En estos días, también, cerró un acto junto a Jorge Taiana, participó de un encuentro en la Comisión Nacional de Valores contra el fallo del juez Griesa, viajó a Entre Ríos, por un ciclo en homenaje a la muerte de Perón.
—¡Y ayer me chupé un acto peronista de esos! De tenor muy fluido, con ministros y candidatos —cuenta mientras una de sus manos toca sobre la mesa una melodía invisible.
Las manos de Horacio siempre están un poco incómodas, como él. Cuando se sueltan, empiezan un recorrido que varía según la ocasión, pero que se detiene en los mismos puntos: la ceja, la patilla, el párpado, el pelo, el bigote.
—No es que me guste, pero todo eso me es muy familiar y me hace preguntarme por la creencia. Si cantas la marcha peronista en un acto peronista, sos peronista. En eso soy pascaliano. No es que uno cree y después se arrodilla, sino que uno se arrodilla y después cree. Como conozco bien todo ese conjunto de ritos, de leyendas, de sentencias, puedo aparecer como uno más. Y no finjo. En ese momento soy eso —dice.
Toma un trago de café negro, sin azúcar. Hace una pausa, respira.
—Hay quienes quieren ser peronistas siempre, hasta cuando toman un café con leche o van al cine. Pero si uno es peronista, va a la cancha de Boca y grita gol, no puede ser aceptable que alguien diga: “Pero vos sos peronista, ¿cómo no gritaste “viva Perón”? No puede ser aceptable, pero no deja de ser un problema.
Desde la puerta, su secretario le indica que tiene un llamado. Es Franco Vitali, subsecretario de Políticas Socioculturales, militante de La Cámpora. Franco es hijo de Elvio, personaje andariego, amante del tango, creador del foro Gandhi, un epicentro de la cultura durante los noventa. Néstor Kirchner lo eligió como director de la Biblioteca en 2005 y Elvio, a su vez, eligió a Horacio como subdirector. Cuando Elvio le consultó lo del cargo, Horacio no actuó como un político, no pidió unos días para pensarlo. Dijo sí, llano, al teléfono.
—Sí, sí, sí, llamame y organizamos bien —dice ahora a Franco, después de atender el llamado en un fax y saludarlo con el clásico: “¿qué hacés, viejo?”.
Corta. Vuelve a la mesa, al café, al acto.
—Igual, el de ayer era de Aníbal Fernández, así que no terminó con la marcha peronista sino con los Redonditos de Ricota.
El acto, en la Sala Borges de la Biblioteca, cerró con “Un ángel para tu soledad”. Aníbal Fernández presentó ahí “Conducción política. Así hablaba Juan Perón”, un libro que lleva el prólogo de la Presidenta Cristina Fernández. La glosa de un texto clásico. La glosa de la glosa. Hace tiempo que Horacio González repite una idea: al kirchnerismo le faltan textos. Lo planteó, con preocupación, en Kirchnerismo: una controversia cultural, y lo repitió en la sala Borges, frente a ministros y candidatos.
En ese acto, también dijo que la conducción no puede estar disociada de un fuerte humanismo crítico. Habló del drama del mando y de John William Cooke. Lo nombró, dice, como quien tira una moneda a la Fontana Di Trevi. Hay algo de esa figura que funciona como espejo en Horacio. Cooke no tenía lugar en el peronismo; nombrarlo es un modo de seguir inscripto en su problema: “mantenerse afuera del hecho maldito sin maldiciones”.
—Para muchos es asombroso que Horacio sea funcionario y que esté integrado a un sistema de decisiones. Es un esfuerzo grande, casi un sacrificio —cuenta Mario Wainfeld, quien define a Horacio como el último romántico de la Argentina, por su pensamiento y por su sentido teleteatral. Se conocen desde los inicios del retorno democrático, cuando compartieron la redacción de la revista Unidos. Horacio había vuelto del exilio en Brasil y estaba más esquivo que nunca. Así lo recuerda, padeciendo toda posibilidad de organicidad, tensando al grupo con una posición siempre brillante, etérea y minoritaria.
—Lo dije ayer en el acto. Dije que ser libertario acompaña a todos los procesos políticos. El peronismo clásico no suele decir eso, pero cuando lo escucha se pone a pensar. Si un bolchevique clásico escuchara eso, reaccionaría estando seguro, pero el peronismo ya no está seguro. Si no sos gorila, está todo permitido. Por eso también dije que era una pena que Borges no haya sido peronista.
Es una idea que lo obsesiona: que indagar en el “pensamiento nacional” es indagar en sus polémicas latentes e irresueltas: Sarmiento versus Alberdi; Alberdi versus Mitre; Jauretche versus Martínez Estrada; Martínez Estrada versus Borges.
—Dije todo eso porque si no llevo algo de mi cosecha me muero.
Horacio González, la voz baja, el pelo llovido. Un hombre que escribe novelas y las llama noveletas. Un enamorado del lenguaje que goza al escucharse tanto como lo padece. El mismo dilema que vive con su prosa barroca. Horacio González, el peronista marcusiano, el intelectual incómodo, el funcionario kirchnerista-libertario, pregunta:
—¿Es muy largo esto?
Detrás suyo, en la puerta, su secretario lo espera con los brazos cargados de carpetas apiladas
—Es que llegó la hora de firmar papeles.


—¿Una biografía? No le veo interés a la mía, me interesan otras. Pero igual me someto.
—Qué pena. No me gustaría someterte…
—Me someto gentilmente. Te agradezco también.
—Pero si estuvieras disconforme o en desacuerdo…
—No, no estoy disconforme, ni en desacuerdo, pero estoy obligado a una mínima protesta, a esta protesta insignificante.
Creció en Villa Pueyrredón, sobre una calle de tierra, al costado de las vías, con una madre a la que recuerda llena de tristeza. Lo crió un abuelo ferroviario, hincha de Boca, que en las noches de verano, sacaba las reposeras a la vereda y le hablaba de bujes y de Giacomo Leopardi, el poeta de su pueblo. Como miles de niños, sus primeras lecturas fueron con Bomba, un personaje estilo Tarzán, de la colección Robin Hood que tomaba de la biblioteca popular atendida por su mamá.
Empezó la secundaria en un colegio comercial de Villa Devoto porque ese abuelo inmigrante imaginaba un futuro como contador público, pero en tercer año, motivado por sus primeras lecturas revisionistas, se pasó al turno tarde del colegio Nacional Sarmiento, “un colegio de apellidos segundones de la oligarquía”. Allí conoció todo de golpe: las disputas entre liberales y nacionalistas; las pedradas y los tiroteos de los militantes de Tacuara; el centro de la ciudad de Buenos Aires. Recorría las cuadras desde la estación Retiro hasta Libertad y Juncal, sorprendido con la arquitectura de los edificios. En ese recorrido, seguramente, comenzó a gestarse una idea que lo acompaña hasta hoy: la ciudad como un territorio privilegiado para el pensamiento.
Este relato, el de su infancia, su pasado, no es más que una sumatoria arbitraria de detalles dispersos aquí y allá, en entrevistas, libros, y sobre todo, en Historia y Pasión, esa larga conversación con José Pablo Feinmann. Horacio González evita la narración en primera persona y sobre todo la anécdota sentimental:
—Tengo verdadera dificultad para la vocación autobiográfica, para contar obviedades que forman parte de los clichés psicoanalíticos: padres separados, mal separados, dobles relaciones —juega con sus manos enrolando la punta cortada de un sobrecito de azúcar—. En la posición pública me gusta que aparezca la fisura biográfica, eso sí. Yo hablo de modo tal que la duda esté inscripta en mi propia posición. No me gusta convencer a nadie, pero a veces me encuentro con personas que tienen reacciones de dos tipos. Las que te dicen me hiciste pensar cosas nuevas, y las otras, las que te dicen: “no te entendí nada” —se burla el director de la Biblioteca. Porque Horacio González también se divierte riéndose de sí mismo, definiéndose, por ejemplo, como un personaje capusotteano.
Alguna vez se describió como una tierna alma barrial metida en un capítulo de Hegel. Hay quienes dicen que Horacio es un hombre sin cuerpo. Sus amigos Daniel Santoro y María Moreno lo acusan de ser un desconfiado del inconsciente. Quizá por eso, la conversación con él, un amante de la conversación, tiene un devenir afable, siempre que transcurra por los hilos de la historia, pero se vuelve esquiva cuando se pregunta por temas como el amor, el sexo o la amistad. Y aún así, a pesar de esa reserva, Horacio González no deja nunca de responder y de dar una respuesta que lo despelleje un poco, que lo exponga más que el simple repertorio de anécdotas:
—Cada vez me cuesta más hablar del sexo o del amor. Cada vez me es más difícil la frase amorosa. No es que las desconozca ni que sea incapaz de decirlas, pero ahí aplicaría una especie de inverosímil pudor. El vínculo amoroso está presente en la vida pública como una gran referencia. A eso me niego. Al declaracionismo amoroso o amistoso —dice con cierto nerviosismo.
La viruta del papel del sobrecito de azúcar cae de sus manos.


Carta Abierta. 16 de Agosto de 2014.
Sala Borges, Biblioteca nacional.
Un hombre, al frente del auditorio, festeja el discurso de la Presidenta. Dice estar emocionado, orgulloso. Le dedica palabras de amor. A sus espaldas, en una fila de sillas frente al público, se encuentran los referentes intelectuales de Carta Abierta. Horacio González no está ahí, está sentado a un costado, sobre un pasillo, cubierto por el sacón de invierno.
No hay nada especial en este día. Es una reunión cualquiera, un día cualquiera, seis años después de esa primera carta repartida como volante en la feria del libro. Seis años después del acierto inaugural, del “clima destituyente”, ya no hay resistencia ruralista, pero sí una disputa con los fondos buitre y un discurso de la presidenta que emociona al hombre que habla frente al escenario y a los sesentones de campera de gamuza que lo aplauden.
Horacio González se molesta con el comentario, pero disimula. Como polemista es un maestro del tai chi: no refuta, no niega, no discrepa, elabora su argumento como si su idea estuviese contenida en las palabras del otro.
“No voy a hacer declaraciones de amor –comienza diciendo-. Creo que las mejores virtudes son las que declaran amor a primera vista, las que expresan con absoluto arrebato los sentimientos primerizos. Envidio esas declaraciones. Pero me voy a permitir ser austero porque esa austeridad reflexiva se refiere al mundo en el cual participamos: el de las definiciones políticas que se hacen con enunciados políticos. Cambiaría el enamoramiento por algo que un grupo intelectual debe hacer de manera profunda, discutir con la Presidenta de la Nación, a la que respeto profundamente, y que está empeñada en una lucha formidable. Si no, ¿para qué estamos acá? Si no, me voy a otro lado, me voy a cortar la ruta Panamericana. Llevo en mis oídos la música más maravillosa, un corte en la Panamericana”. Lo dice en referencia a la represión a las manifestaciones por los despidos de una empresa autopartista.
Sus dos manos se mueven: la que sostiene el micrófono, y la otra. Esa mano suelta va marcando el pulso de sus palabras, lo convierte a Horacio en el director de su propia orquesta.
—Me tuve que forzar a decir esto porque me conozco un poco. Pero no me fue fácil.
Cuando la asamblea termina, algunos integrantes de ese espacio van a almorzar al Bar Macedonio, en el patio del solar. Horacio González camina solo, unos pasos más adelante y no dice nada. Carta tiene su impronta, su liderazgo, su escritura política. Pero el director de la Biblioteca nacional también está incómodo ahí. Se queja de estar peleado con todos sus compañeros; amaga con irse cada vez. Horacio tiene ese vicio: necesita polemizar con sus amigos, llevarlos a su estado de inquietud permanente, aun cuando eso signifique exponer por demás los tropiezos propios y los colectivos.
—Dijo por lo menos veinticinco veces que se iba. Porque Horacio es así, un exagerado. Ése es su modo de habitar el mundo, de pensar las cosas: abusa un poco de su sentido crítico. Por eso es el discutidor con más derrotas. Pero también con más triunfos estratégicos —dice Aurelio Narvaja, director de Colihue, original de Carta, su amigo íntimo. Aurelio es como un viento fresco en la vida dramática de Horacio: un personaje charlatán, extrovertido, algo incontinente.
Durante el kirchnerismo, el rol de Carta Abierta fue muy distinto al del grupo Esmeralda que asesoraba al gobierno de Raúl Alfonsín, el otro período democrático con protagonismo del mundo intelectual. Los integrantes de Carta no aconsejan, no escriben discursos. Tampoco responden a los lineamientos más rígidos de la conducción peronista, aunque nunca se apartan del todo de su agenda. Carlos Altamirano los critica por no generar ideas sino explicaciones. Nadie deja de reconocer, sin embargo, que es uno de los pocos espacios críticos en la escena oficial, y eso a pesar de que muchos de sus integrantes se suelen sentir emocionados por la presidenta. Ahora, Carta Abierta también fue el primer grupo en definirse frente a la herencia de estos años: “Scioli no es nuestro candidato”, escribieron.
—Dice que se va porque sospecha que todo lo que hacemos no sirve para un carajo —se ríe Aurelio—. Pero yo creo que estos años fueron años muy felices, quizá los más felices de todos. Fue una oportunidad con la que ya no contábamos.


Eligió sociología por un gesto de marginalidad y desde ese entonces mantuvo con la disciplina una relación de desencanto. En 1962, ingresó a la facultad de Filosofía y Letras, en la calle Viamonte al 400, facultad que Ernesto Laclau definió como el lugar “donde todo comenzó”. El director de la carrera en esos años, Justino O’Farrell, había sido nombrado por Onganía para intervenir en el clima de efervescencia de la facultad, pero fue, paradójicamente, quien impulsó a las cátedras nacionales, promotoras de la “liberación nacional”.
Horacio era ayudante de O’Farrell y delegado estudiantil. Pero ni como profesor, ni como militante, pudo o quiso reprimir su costado dramatúrgico, su impulso poético sobre uno científico, racional, ordenado. Buscando una sociología de campo picaresca, se convirtió además en ayudante de una pequeña empresa de fotografía popular a cargo del psicólogo Alfredo Moffatt. Horacio y Alfredo tomaban el tren en Puente Alsina y vestidos de vendedores ambulantes, viajaban a Villa Fiorito ofreciendo retratos. Esa búsqueda performativa llegaría a su clímax recién en 2009 con el debut de “El artista”, una película en la que actúa de viejo senil, junto a Fogwill, León Ferrari y Laiseca.
Augusto Boal, dramaturgo, fundador del teatro del oprimido, lo puso en contacto con Cumpa, el grupo teatral de Mauricio Kartun. Horacio y Mauricio daban clases sobre el Facundo de Sarmiento. Ya en esos años había empezado a construir un discurso lleno de figuras, de tropos, de una carne dura, no de puchero hervido, dice Mauricio Kartun. Lo recuerda como un profesor relámpago: “Horacio es como un relámpago, en un instante breve ilumina un territorio y cuando desaparece, la imagen queda inscripta adentro tuyo”.
Horacio leía a Hernández Arregui, Gramsci, Jauretche, Sartre, Fanon, Marcuse, Foucault y a Perón. Porque el Frente de Estudiantes Nacionales ya se había inclinado al peronismo en la búsqueda de un nacionalismo de izquierda, de un socialismo nacional. Cuando sintió que la militancia universitaria era poco, se incorporó a la FAP. Estuvo clandestino. Se alejó rápido escapando de la carrera “político-militar” que le ofrecía.
En 1971, un año después de recibirse, comenzó el vínculo con el Movimiento Revolucionario Peronista, un grupo que luego se incorporó a la órbita de Montoneros. Horacio militaba en una Unidad Básica en Flores. Vivía en una pensión tipo conventillo, en un cuarto con una cama de metal y una mesa destartalada, a la que había ido a parar luego de su divorcio y con la seguridad de que esa condición era parte del despojo militante, de su conversión a combatiente.
Lidiaba con la verba universitaria en un contexto de peronismo barrial. Sufría por hacerse preguntas en una época poco proclive a la duda. Cargaba con la desconfianza de las cúpulas de Montoneros por su perfil un poco inmanejable. Fue preso más de una vez. En todas ellas sintió alivio de saberse menos temeroso de lo que creía.
El asesinato de Rucci lo dejó del lado de la JP Lealtad, una escisión final de Montoneros que cuestionaba la militarización. Horacio recuerda esa experiencia con desagrado. Todavía hoy se pregunta si esa crítica a la lucha armada, si esa retirada justo antes de la tragedia, se basó en un argumento ideológico o en un instinto de supervivencia. Si no lo impulsó, antes que nada, el temor. La pregunta lo atormenta y lo incomoda, pero Horacio González tiene ese vicio: necesita habitar las incomodidades.
Una vez, cuando era joven, una mujer le hizo una pregunta horrible, eterna, imperecedera. Horacio recordó ese diálogo en la La Voluntad, el libro emblema sobre la militancia revolucionaria de los setenta. Ella le dijo: “Horacio, ¿vos pensaste qué quiere decir esto de que hables tanto de los muertos, de dedicarle lo que hacés a los que murieron haciendo lo que vos no sabés hacer?”
—Hace poco me dijeron que lo que pensaba de la Lealtad era por el fenómeno de la culpa. Puede ser, pero también me parece una simplificación muy grande. Aun como pesimista me pegunto si la política no es un dislocamiento del lugar real. Si la épica prometida es algo que algunos finalmente terminan cumpliendo y no alcanzan las advertencias. Dentro de los que la cumplen, están los mártires y los conversos. Pero los mártires no querían serlo, lo son para quienes los recogen en el cántico lineal. Lo que se canta en la Casa Rosada es asombroso: “a pesar de las bombas, de los fusilamientos”. Toda la secuencia legendaria de la historia lineal del peronismo soñado. Sería muy fácil escribir un artículo en Perfil diciendo que eso no existe y que es para ocultar la derrota de los fondos buitres y ser Pepe Eliaschev. Yo no quiero ser Pepe Eliaschev, pero conozco la posibilidad de decir eso. Cuando veo eso en la tele, sólo me permito asombrarme y preguntarme por la posibilidad de una historia que puede terminar en tragedia otra vez.


A fines del año pasado, Horacio González tuvo un ACV. Un rayo misterioso, dice para evitar la “fatídica sigla”. Volvía de un Congreso de la Lengua en Panamá y se desplomó en el aeropuerto. Lo llevaron a la guardia de un hospital público, universitario, rumoroso, junto a hombres que lloraban por las noches y murmuraban frases incomprensibles. Después del regreso y la recuperación, escribió una pequeña aguafuerte titulada “Santo Tomás: teoría del Hospital”. Una aguafuerte que parece, por fin, tenerlo de protagonista. Pero en la mitad del texto, el relato gira y la atención se la lleva otro: un hombre que sí muere.
Este año, Horacio González publicó su primera novela. Se llama Besar a la muerta. Allí, tres personajes se reúnen alrededor de un asado, en un patio olvidado de una iglesia porteña y especulan sobre historia y política argentina. Uno de los personajes es un tímido profesor universitario; el otro, un cura que aparece ansioso por participar en la lucha armada y no pudiendo. Hace poco, en una entrevista, le preguntaron por ese salto de la ficción al ensayo, por el título sugerente. Le preguntaron si todo eso no se debió al episodio en el aeropuerto, al rayo misterioso, al hospital caribeño. Horacio González contestó que no. No, no, no. Lo más fuerte de todo, dijo, es que él “ha visto morir”.


Durante los noventa, se refugió en la vida universitaria. La Facultad de Ciencias Sociales tendía al empirismo y Horacio era un profesor marginal sin concursos, sin publicaciones en revistas de referato, sin Conicet. Daba clases en los colectivos, realizaba proyecciones de “El gabinete del Doctor Caligari”, organizaba la universidad de los aires: un recorrido con actividades desde el subsuelo a la terraza que terminaba con la entrega de un diploma en saberes inútiles. Para muchos, Horacio fue un salvataje, un tronco del que agarrarse en un río a contracorriente.
—Era una cátedra de la que no salías indemne, con un aspecto fuertemente vanguardista —recuerda María Pía López, su alumna, su discípula, su compañera en la Biblioteca, con un tono que excede el parecido a Horacio. Hace veinte años hablan todos los días. Desde 1999, año de la publicación de Restos pampeanos, ella presenta todos sus ensayos. Cada vez que Horacio edita un nuevo libro, en Colihue le sugieren, con cierta sutileza, alguna innovación en el panel. Y Horacio responde lo mismo, pero como si se le estuviese ocurriendo por primer vez: “¿Y María Pía López? ¿Eduardo Rinesi?”.
Sus días transcurrían tanto en las aulas, como en los bares -la Giralda, el Británico, el San Martín- donde se juntaba la redacción de El Ojo Mocho. La revista era antimenemista, antialfonsinista, antiprogresista y los temas eran los temas de siempre, el legado de izquierda, la construcción de una voluntad nacional y popular. Horacio discutía con Eliseo Verón, con León Rozitchner. Polemizaba sobre el supuesto malentendido de las juventudes de los años ’60 y ’70 respecto al discurso de Perón, un discurso de derecha que había sido leído como siendo de izquierda. “Entendimos mal, sí. Porque entender mal es una manera de izquierda de entender”, recuerda Eduardo Rinesi que respondía Horacio.
El 19 de Diciembre de 2001, Horacio González presentaba en el Foro Ghandi “Isidro Velázquez”, un libro del sociólogo Roberto Carri, otra figura que lo acompaña como espejo. Pocas horas antes de la cita, se enteraron de los saqueos en la provincia de Buenos Aires. Elvio y Aurelio insistían en seguir con la actividad convencidos de qu eso que era lo mejor que podían hacer: presentar un libro sobre “las formas pre-revolucionarias de la violencia”.
Al terminar, María Pía, Eduardo, Horacio, Nicolás Casullo, Aurelio y Elvio siguieron el ágora en Guerrín, con pizza y cerveza. Algunos sentían preocupación y otros, cierto entusiasmo. De fondo reinaba una especie de melancolía: algo de esas hordas, de esos levantamientos populares ya no tenían nada que ver con ellos. Elvio y Aurelio pensaban eso mientras miraban la tele y tomaban un café sobre la Avenida Corrientes, cuando una columna espontánea pasó por la puerta del bar rumbo a Plaza de Mayo.
—Nos sumamos así, de una, y cuando llegamos a la Plaza, lo encontramos a Horacio con una sartén y un tenedor, escapando de los gases —recuerda Aurelio. Él no lo dice. Pero la frase también podría haber terminado así: escapando de los gases y de la posibilidad de quedar afuera de la historia.


Cuando Néstor Kirchner llamó por primera vez a Horacio González, atendió su mujer, la cantante Liliana Herrero.
—Habla el presidente de la República – se presentó.
—Por favor, déjese de hacer bromas -contestó ella.
—En serio, soy Néstor Kirchner. Busco a Horacio González.
—Mi marido no está, llámelo mañana.
Al otro día, insistió.
—¿Podemos tomar un café? Necesitamos críticas, muchas críticas -le preguntó ahora sí, el presidente al profesor de sociología.
Fue la invitación a una charla más larga que nunca se produjo.
—De profeta no tenía nada. Era un buscador de gente. Como escribió Casullo, alguien que sale de un bar palpándose el piloto por temor a olvidarse algo. Un distraído total. Le tocó llamar a gente y lo hizo con cierta argucia. Puedo comprender perfectamente que fue un gesto de habilidad política, pero era una habilidad política que tenía que ver con mi número de teléfono —dice Horacio, los ojos cansados, los párpados oscuros, la mirada clara.
Una semana después de ese diálogo, Elvio llamó al Bar Británico y pidió por Horacio. Ahí mismo le ofreció el cargo en la Biblioteca.
Néstor y Horacio se vieron varias veces más, en reuniones de Carta Abierta, en actos oficiales. Pero Horacio recuerda sobre todo una charla en enero de 2009. Se había caído un ascensor de la Biblioteca nacional. Horacio, el ensayista barroco, trataba de dar explicaciones ante la exigencia de las cámaras. Néstor Kirchner lo vio por la tele y lo llamó: “Pero, ¿qué te estaban preguntando, Horacio? ¿quién no se cayó alguna vez de un ascensor?”.
—Esa pregunta revelaba algo en él. Para seguir con la tesis de Forster, algo de una anomalía. Era una pregunta absurda, hilarante, reducir el hecho a un universalismo inexistente: yo no conozco a nadie que se le haya caído un ascensor -recuerda.
En esas entrevistas, sólo algunos noteros llamaban al director de la Biblioteca por su nombre. Horacio González seguía siendo, a sus casi setenta años, un hombre reconocido sólo en un ambiente pequeño. Su actividad como funcionario había llamado la atención de los medios una sola vez, sobre el filo de un año nuevo, el 30 de diciembre de 2006, cuando Horacio Tarcus, el subdirector, renunció a su cargo por conflictos internos de la Biblioteca y sobre todo, aquellos relacionados con sus tres sindicatos.
Tarcus, historiador, archivista obsesivo, denunció que Horacio Gonzalez había abandonado el objetivo de profesionalizar la institución, de ordenar su patrimonio y mejorar el servicio para investigadores y lectores, para hacer de ella, un ámbito de intervención cultural. Hoy, Tarcus inscribe el episodio en dos culturas políticas contrapuestas y dos formas de administrar el Estado: una ilustrada, universalista y una nacional popular.
Cuando lo acusan de populista, Horacio pierde la serenidad y la melancolía. Ese mismo mote recibió también en su peor episodio, cuando solicitó que el escritor peruano Mario Vargas Llosa no abriera la Feria del Libro. Lo acusaron de censura y el pedido debió ser retirado por orden de la Presidenta.
—Ese no fue mi gran episodio —se culpa ahora Horacio—. Es cierto que escribí esa carta sin percibir que era la carta de un funcionario. Pero firmé director de la biblioteca nacional así que no puedo eximirme tampoco. La Presidenta me llamó y me dijo eso, que un funcionario no escribe esa carta. Me dijo, en un tono reposado y amable, que esa carta tenía que ser retirada. Y yo hice otra carta, de retiro, tratando al menos de no quedar tan deslucido.
En esos días, se paseó por los canales de televisión con un gesto de desborde poco habitual en él. Vargas Llosa había aprovechado el desvarío para ponerlo como ejemplo del peligro autoritario populista. Horacio, con una furia contenida, con cierto ardor, lo invitó a debatir, una y otra vez.
—Donde usted, Vargas, ve barbarie —dijo—, hay civilización.


Desde el escenario, el rector de la Universidad busca al invitado ausente. Con su mano tapa la luz del foco que lo enceguece, revisa entre el público. Está todo listo para que comience el acto: sólo falta él.
—¿Horacio González? —pregunta, preocupado, pero con la certeza de que está ahí, cerca.
—¡Presente! —se escucha desde el último asiento de la tercera fila. La voz baja de un hombre escondido, resguardado.
La gente ríe. Dos personas comentan:
—Es buen tipo ese González.
El director de la Biblioteca nacional es indiferente con su chiste y se dirige al escenario con paso cansino. Sube, abraza a sus pares, los palmea. A la homenajeada, le toma la mano y le acaricia la cara. Lo hace con cierta torpeza, con un gesto dubitativo. Es la segunda conferencia del día y el último evento de una jornada cargada de actividades, pero Horacio González se entrega al tema con una larga deriva.
La charla termina. Es de noche. El director se va de su oficina en la Biblioteca, atraviesa el solar enfrentando al viento helado que corre por el vacío entre Austria y Agüero. Quizá, en ese recorrido, lo aceche otro fantasma. En un año, posiblemente, deba irse del cuadrúpedo gigante de hormigón. ¿Qué pasará con todo esto?, se pregunta, quizá, el director de la Biblioteca, mientras sube al taxi, se quita el sacón de invierno y le indica al conductor: “A Boedo, chauffer”.

Clinämen: Financiarización de la vida y opacidad del conflicto



Conversamos a partir de fragmentos de una charla reciente con Pedro Biscay, coordinador del área Fraudes Económicos y Bancarios de PROCELAC. Pensar las finanzas políticamente. El derrame de lo financiero al sector popular. La vida endeudada. Fondos buitres e impactos directos del sistema financiero en nuestra vida. La violencia simbólica del sistema financiero sobre nosotros. La opacidad como efecto de la financierización de la vida.

Potenciar nuestra creatividad política

por el Instituto de Investigación y Experimentación Política

(texto leído al cierre del primer encuentro de la Redde Experimentación Política, Río Cuarto, 12 de septiembre de 2014)


Durante los días 12 y 13 de septiembre de 2014 diferentes organizaciones populares nos convocamos para compartir diagnósticos y estrategias en torno a la conflictividad socio-territorial: el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI); el Centro de Participación Popular Monseñor Angelelli de Florencio Varela; las Secretarías de Extensión y Desarrollo y de Relaciones Institucionales de la Universidad de Río Cuarto; el Bodegón de Pocho de Ludueña, Rosario; el Club de Investigaciones Urbanas de Rosario; el Movimiento de Colectivos Maxi Kosteki de Quilmes y Florencio Varela, el Instituto de Investigación y Experimentación Política de Buenos Aires.

Del encuentro participaron también miembros del Espacio de Tierras de Todos y Todas de Florencio Varela; Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS); Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (ProCELAc); del Centro de Políticas Públicas para el Socialismo (CePPaS); Red de Niñez y Territorio; Red Graneros de Sueño; Proyecto Cultural Los Otros; Espacio Cultural Rebelde Amanecer y la Cooperativa de producción agroecológica de Guernica; Colectivo Juguetes Perdidos; revista Crisis; Tinta Limon Ediciones; Colectivo La Tribu; Colectivo Situaciones; Cazona de Flores de Buenos Aires; Periódico El Visor Boliviano; Colectivo Simbiosis Cultural; y los Observatorios de Derechos Humanos y de Conflictos Socio-ambientales de la Universidad Nacionalde Río Cuarto.

Este texto fue escrito al calor de las deliberaciones y leído al final del encuentro:


El modelo neodesarrollista que pretende inclusión vía acceso al consumo muestra signos de agotamiento: el impacto socioambiental de una economía basada en el extractivismo, el recrudecimiento de políticas represivas contra organizaciones sociales, el incremento de fuerzas de seguridad en los barrios y la reaparición de un discurso racista desde el estado, entre otros.
Durante estos años se gestó un nuevo tipo de conflicto social. Una violencia que no alcanza a explicarse con los conceptos ni los actores conocidos hasta el momento, porque se articula bajo lógicas nuevas. Su carácter difuso y confuso tiene un objetivo: producir estratégicamente su incomprensión. Sólo así los acontecimientos logran ser capturados por la narración criminal y policial, que los muestra como enfrentamientos irracionales. Su caracterización no puede ser unidimensional: no es sólo violencia institucional, no es sólo interpersonal, no es sólo para-estatal, sino una forma de violencia opaca y extremadamente mortífera. Cada nuevo caso no es una excepción. Más bien permite ver la trama de poderes que gobierna los territorios y se disputa sus economías: maquinarias complejas donde funcionan segmentos del estado, bandas mafiosas, dinámicas vinculadas tanto al mercado legal como ilegal, especulación inmobiliaria y una intensificación del endeudamiento generalizado.

Ante esto, las organizaciones venimos ensayando estrategias para afirmar y defender nuestro derecho a la vida con políticas concretas: desde la ocupación de tierras a la creación de medios propios de comunicación, desde la producción agroecológica de alimentos a los encuentros culturales en espacios públicos, desde el trabajo con jóvenes a la investigación del delito financiero. Se trata en definitiva de alimentar políticas de la vida que se impongan sobre las lógicas de muerte.

Sin embargo, constatamos en nuestros cuerpos que no alcanza: las organizaciones sociales tenemos necesidad de alianzas porque aisladas podemos menos. Necesitamos articulaciones cada vez más amplias entre los movimientos y junto a actores e instituciones que no excluyen al estado. Para nosotros, sin embargo, el punto de acumulación siempre parte desde abajo, de la autonomía de nuestras organizaciones.

Es desde allí que desafiamos día a día a las políticas de muerte y que nos preparamos para construir instrumentos de movilización social.


Por todo esto conformamos la Redde Experimentación Política. Una red de organizaciones, movimientos, colectivos e instituciones de diversos puntos del país, confluyendo en diagnósticos, acciones y elaboración de políticas comunes.

De cara a 2015, ante un viraje anti popular que ya se constata en los gobiernos, tenemos el enorme desafío de sostener los avances logrados durante la última década gracias a las luchas sociales y de potenciar nuestra creatividad política. Creemos que solo desde allí podremos proyectar, entre todos, las formas en las que queremos vivir.
Ciudad de Río Cuarto, 13 de septiembre de 2014.

Ladridos de un pensador sísmico

por Luis Diego Fernández


Escultor de ideas anómalas y figuras excéntricas, Christian Ferrer, nacido en 1960, ha sabido granjearse un espacio desde el cual nos otorga libros encabalgados en conceptos radicales, a menudo fascinantes por su rareza y libertad. Su historia clínica literaria marca textos sobre Néstor Perlongher, Barón Biza, Errandonea, Anzoátegui, Orelie Antoine I, H. A. Murena o Marta Minujín. Sus temáticas viran en torno a constantes tales como la técnica, la subjetividad, el anarquismo, el deseo, la pornografía, los individuos desconcertantes. Es la obra ensayística de Ferrer un vuelo furtivo por lo no percibido a simple vista, incluso por lo oculto de modo deliberado, por aquello que se trafica en mesas de saldos de librerías con la misma habilidad que en la internet profunda. En ese contexto un escritor como Ezequiel Martínez Estrada encuentra su nido de modo propicio. Ferrer le ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la obra y la existencia a este ensayista, poeta y narrador nacido en San José de la Esquina en 1895. Figura fulgurante del siglo XX, Martínez Estrada seguramente fue con justicia el más grande pensador del siglo pasado y singularmente uno de los pocos filósofos de esta pampa, alguien que pensó dando cuenta de su terruño y coyuntura, sin renunciar a la ambición, al diálogo con el mundo ni a la recepción de los grandes autores que procesó desde su peculiar e impiadosa mirada.
Resulta que Ferrer nos da un Martínez Estrada nuevo, su libro, titulado La amargura metódica (Sudamericana), está destinado a ser una obra de consulta permanente, pero más allá de eso, es un viaje por las invariantes de Don Ezequiel y del país que vivió. Ferrer se asimila a Martínez Estrada desde la posición insular. Se trata de un libro que está dedicado a Héctor Schmucler, Horacio González y Tomás Abraham, tres nombres juntos que quizá sólo pueden compartir ese cartel por la pericia y la lucidez de Ferrer. Esa unión nos dice mucho. Aquí no hay bandos ni divisiones, eso se celebra, se agradece y tal vez sea un síntoma de algo nuevo o por lo menos de la óptica que tiene el autor sobre el propio Martínez Estrada, por fuera de categorías reduccionistas.
Es el Martínez Estrada de Christian un oropel sobre el que sitúa todo un mapa de la intelectualidad del siglo XX, sea por los nombres, espacios, instituciones, ideas políticas o proclamas que allí se narran. Nutridas son las anécdotas que pintan el talante de Ezequiel así como sus posiciones que nunca dejan margen de dudas, pero que siempre permiten lecturas inéditas. “Nada tengo que ver con mi biografía”, cita Ferrer a Martínez Estrada al comienzo, y es clara esa vocación de descifrar el enigma que significó para el país y la cultura un ensayista que al día de la fecha no tiene una calle en la ciudad de Buenos Aires –a la que amó, en la que vivió y sobre la que escribió como pocos. Un ensayista que no es reivindicado por ninguna facción política actual. Ni populistas ni liberales acunan a Martínez Estrada, prefieren a Jauretche y Alberdi, a Scalabrini Ortiz y Borges. Martínez Estrada siempre fue un ser liminar, del margen pero a la vez respetado y legitimado por sus pares, adscripto al frente liberal –un capítulo delicioso del libro de Ferrer–, al mundo de Sur, de Victoria Ocampo y Borges, pero siempre en falta, siempre desde otro lugar. Ese frente liberal que se hace trizas con la aparición del peronismo y que enfrenta las posturas: el desprecio borgeano o la pregunta martinezestradesca. Siendo no peronista, Ezequiel nunca fue gorila, lo cual lo llevó a asumir un lugar de soledad, constante de su vida.
La amargura metódica, como lo indica el título, es también un texto sobre una forma de pensar, sobre una curiosa epistemología que parte de una condición de posibilidad: el pesimismo, cierto escepticismo desde cero, pero no por ello la ausencia de vitalismo y deseo. Allí vemos los nutrientes de las ideas de Martínez Estrada: Montaigne, Spengler, Simmel, Tolstoi, Nietzsche, Thoreau, Freud, Sarmiento, Alberdi, Lugones, Hudson. Esa sospecha que tiene Ezequiel sobre la Argentina es, de alguna manera, la latencia de la figura del filósofo médico nietzscheano, aquel que detecta síntomas y hace diagnósticos que no tienen apelación posible. Ferrer pasa revista a diferentes aspectos de la vida del ensayista: la infancia, la vida literaria, la pampa, el trabajador en el Correo, el profesor, su viaje a Estados Unidos, sus dramas con la piel –neurodermatitis, o “peronitis”–, la historia facúndica, el chacarero, Sur y Murena, las peleas con Borges, los palos de la crítica (desde el peronismo, marxismo, nacionalismo y academicismo), su relación amistosa con los anarquistas y con Victoria Ocampo, su mujer, la SADE, Europa, sus autores citados, México y Cuba, el exilio interior en Bahía Blanca. Palabras que remiten a Martínez Estrada y su derrotero.
¿Cuál fue la pregunta de Ezequiel? Quizá Ferrer pone en evidencia un individuo que amó pero no admiró su país, que habló como un parresiasta, es decir, como un filósofo cínico de la Antigüedad, aquel que habla con franqueza aun a riesgo de su propia vida, el que tiene el coraje de la verdad. Coraje que lo lleva inexorablemente a la soledad. Soledad que conlleva a los otros, compañeros de ruta, amigos, a términos como la admiración y el desprecio simultáneos. Quizá en eso Martínez Estrada haya tenido algo de Diógenes en la célebre anécdota con Alejandro Magno, al que le espetó: “Córrete, que me tapas el sol”. Un perro que ladró con Radiografía de la Pampa, con La cabeza de Goliat, con Muerte y transfiguración de Martín Fierro.
 Tal vez Ezequiel Martínez Estrada haya sido el negativo de Domingo Faustino Sarmiento, un siglo después. Aquel a quien le dedicó un libro, a quien eligió para dialogar en sus ensayos, con quien decidió pelearse y marcar diferencias pero inevitablemente buscar auxilio y herramientas para la forja de lo propio. Las relaciones de Martínez Estrada con los intelectuales requieren el detalle, así están en el libro de Ferrer, y se goza mucho a partir de la anécdota que abre caminos. En particular los vínculos con Victoria Ocampo y con Borges. Tenía Martínez Estrada un temperamento que claramente no era el ideal para agrupaciones, facciones ni cenáculos. Ese hálito de libertad lo atravesaba todo sin dejar rastro para lo otro. Tildado de fatalista, telúrico, irracionalista, profético, pesimista, agorero, Martínez Estrada apelaba a la intuición con talento poético del mismo modo que a la razón. El embiste de Sebreli, que en su primer libro lo califica como autor de una rebelión inútil, no es más que el esfuerzo por desmarcarse de un astro central, algo que verá todo Contorno y que en cierto modo legitimará y recuperará del frente liberal de Sur. Es que aquí viene la definición política de quien siendo colocado en un linaje más bien republicano, leía La Protesta y todos sus autores dilectos pertenecían, de alguna u otra manera, a la tradición anarquista: Godwin, Nietzsche, Thoreau, Tolstoi, Proudhon, Lewis Mumford, entre otros. Ciertamente, un anarquismo individualista latía en Martínez Estrada, a veces llamado anarquismo de derecha o anarquismo del espíritu, pero no menos cierto es que eso no menoscababa sus actitudes, críticas, defensas y posiciones siempre a favor del débil, sin por ello caer en la victimología o el resentimiento, a los que combatía desde una sanidad moral. Son los palos de Borges –que osciló entre el amor y el odio–, de Bioy Casares –un escritor rentista que lo llamó despectivamente “cochero criollo”– de Sabato, de Sebreli, de los marxistas y peronistas, tan solo escapularios de Martínez Estrada que Ferrer recorre con estricta precisión para pintar con claridad las razones por las que fue depositario de tanta infamia alguien que pensó con libertad de conciencia. Es Martínez Estrada aquel que viniendo de un sector obrero no hizo caso omiso de su destino. Sólo fue un trabajador, un libertario, un individuo que pensó por fuera de sectas, guetos, amiguismos, enemiguismos, dádivas o deudas. Sin viudas, allí está su Fundación en Bahía Blanca, en la que era su casa, sin subsidios estatales se autofinancia con el arrendamiento del campo de 383 hectáreas que compró en Goyena luego de ganar el Premio Nacional de Literatura.
Christian Ferrer ha construido un fresco extenso, admirable, una microscopía sobre quien fuera autor de radiografías y observaciones con lupa. La amargura metódica es un libro mayor que también puede leerse como testimonio existencial, cito: “La vida de Martínez Estrada tiene mucho de hazaña emo­cional, pues amén de provenir de una familia sin recursos el hombre siempre fue un desesperado. De nada le valieron las decenas de libros publicados y otros honores que disfrutó, pues sobre sus muchas carencias afectivas se le había enancado, ya desde joven, el luzbel del desconsuelo”.

«El material reunido nos revela un país que casi ni imaginábamos»

por Mónica López Ocón


¿Cuál era la relación de las vanguardias poéticas con la política?  ¿De qué forma se expresaban los grupos antes de que los medios masivos de comunicación tuvieran el auge que alcanzaron en el presente? ¿Cuáles eran las polémicas que marcaron la Argentina en el siglo XX ? Dentro de la colección Reediciones y Antologías, la Biblioteca Nacional edita La Argentina Facsimilar, un grupo de publicaciones periódicas difíciles de encontrar que y que desde los temas específicos que abarcan permiten reconstruir parte de la historia nacional con textos de primera mano que reproducen los originales. Dialogo con el director de la Biblioteca, Horacio González y con el responsable del área de publicaciones, Sebastián Scolnik.
–¿Qué es La Argentina  facsimilar?

Sebastián Scholnik: –Es la que surge de revisitar la historia del país a partir de los facsimilares. Contorno fue nuestra primera experiencia facsimilar en la editorial, aunque ya habíamos editado de manera preliminar  el diario de los ingleses La estrella del Sur de 1806 – 1807. La edición facsimilar, puesta en conjunto, revela diálogos que muchas veces se encuentran por debajo de los grandes enunciados de la historiografìa política.

–¿De qué tipo de diálogos se trata?

SS: –Son diálogos entre las vanguardias culturales, poéticas, artísticas, y políticas, entre las ciencias sociales, el marxismo, la literatura. Por un lado, están Contorno, la revista Los Libros, Envido, Pasado y Presente, Fichas de investigación económica y social de  Milcíades Peña. Por otro, están las revistas que hemos publicado últimamente que son Poesía de Buenos Aires, Arte Madí, Arturo, Letra y Línea, La rosa blindada. Todo se revela como un conjunto de experiencias estéticas y políticas de una magnitud increíble y muy pocas veces visitadas en estos términos, con los documentos reales. Ponerlas en libros muy accesibles, económicos, al alcance de investigadores pero también de lectores ocasionales  permite revisitar el mundo de esas polémicas, de esas discusiones a través de los documentos directos y no sólo de las referencias que hacen los investigadores. Además, a la Biblioteca le permite completar sus colecciones, porque muchas de ellas no formaban parte de su fondo, sino que hubo que salir a conseguirlas en otras instituciones o a través de coleccionistas privados. Hay un conjunto más político volcado sobre las ciencias sociales pero también todo un costado estético y poético que dialoga en un mismo espacio político. Son las dos caras de una misma experiencia generacional.

–¿Estas ediciones son también una muestra de lo que se puede hacer cuando hay presencia del Estado?

SS: –Creo que es interesante ver de qué modo está presente el Estado, porque los de estas revistas son lenguajes que no se ajustan estrictamente al lenguaje del Estado y sin embargo, en la Biblioteca Nacional hoy hay una experiencia institucional que permite alojar esos lenguajes, permite tomarlos prestados de sus experiencias originales y ponerlos en circulación

Horacio González: –Sí, son revistas que provienen de grupos autónomos vinculados a las vanguardias poéticas o vinculados o a la política insurgente, de modo que permiten recomponer una época pasada mediata y también inmediata que leída hoy estremece bastante, aunque leídas en forma facsimilar estremece menos.

–¿Por qué menos? Uno tendería a pensar que estremece más.

–Digo que estremece menos porque uno está revisando un pasado que es también un pasado tipográfico. Son revistas compuestas con sistemas que ya no existen, pero están hechas en papel, se parecen al original. A mí me interesa mucho esto de Argentina Facsimilar incluso para entender este momento histórico, para ver qué hay de repetición, de historia circular o cíclica y qué hay de novedad  y renovación. Las proporciones de cada cosa permiten ver qué experiencias se repiten, qué experiencias cortan el ciclo de la reiteración. Todas estas revistas juntas nos ponen frente a un país que casi ni imaginábamos. Aun quienes habíamos trabajado con papeles antiguos, nos habíamos ocupado del pasado argentino, nunca habíamos tenido la experiencia de tener en frente dos materiales que no mencionamos: Trapalanda, de Martínez Estrada y Papeles de Buenos Aires, del hijo de Macedonio Fernández, Adolfo de Obieta. Son de los años 40 y ocupan el ciclo del peronismo y el peronismo en todas estas revistas es un enorme silencio. Se puede entonces constatar el silencio de los surrealistas, de los dadaístas o invencionistas o creacionistas o de cualquiera de los nombres que se pusieron, porque si no les gustaba el nombre lo cambiaban a la semana siguiente, pero siempre en torno de la capacidad de la poesía de romper el ciclo de la continuidad histórica. Poesía de Buenos Aires de Raúl Gustavo Aguirre y Edgar Bayley, dos grandes poetas que no simpatizaban con el peronismo, pero que si no hablaban no era porque se sintieran inhibidos o porque hubiera una coerción, no hablaban porque no era el tema, porque había una ajenidad respecto del mundo histórico y social. Paradójicamente, esa ajenidad hoy permite conocer mejor la época. La palabra es indispensable, pero el silencio sobre la palabra política también es indispensable para entender el momento. Era una revista que cuando cae Perón pone cinco líneas aceptando el hecho y, a continuación, otras cinco cuestionando las posiciones antidemocráticas de la Revolución Libertadora. Al año siguiente escribe otras cinco líneas porque había caído preso Juan L. Ortiz que en ese momento militaba en el Partido Comunista. Son solo cinco líneas en un montón de números que salen entre los ’50 y los 60′. Estas pocas líneas dan cuenta de que conocían el momento histórico nacional,  pero la revista está llena de manifiestos fundacionales. ¿Qué fundaron esos manifiestos? ¿La historia cómo se corta, cómo se periodiza, con el bombardeo en la plaza, los fusilados, los torturados o con un manifiesto poético?

–¿Y cómo se corta la Historia?

–Quienes sin dedicarnos a la política profesionalmente nos interesa la historia política tendríamos la tentación de decir que las grandes convulsiones: los procesos inflacionarios, los fondos buitre, el bombardeo de una ciudad, una guerra. Se trata de periodizaciones y las periodizaciones más visibles de la historia son el drama humano, el sentimiento colectivo, pero el poeta no está muy convencido y quiere hacer de un manifiesto que diga que la Historia cambia cuando cambia un forma retórica, una metáfora, una forma del decir poético. Si uno revisa Poesía de Buenos Aires, ve que es increíble la cantidad de manifiestos que se suceden. Dan ganas de preguntar si no aprendieron con el primero que eso no daba resultados y por eso hicieron 30 más. Pero eso es realmente lo interesante, que no dieron resultado en el campo histórico, pero en la historia del espíritu humano dan resultado.

–¿Se trata de una microhistoria?

–Es una historia propia. Si se cotejan las Fichas de Investigación de Milcíades Peña, se ve que están excelentemente escritas todas por él. Y en Pasado y presente, que es la traducción del debate gramsciano italiano en la Argentina, resulta notable que son dos idiomas diferentes. Apenas hay una referencia irónica a Fichas a Pasado y Presente y nada más, como si fueran dos mundos, dos clases de escritura diferente, ambas de altísimo nivel. Salieron al mismo tiempo pero con orientaciones diferentes. Hoy se pueden leer juntas. Eso es lo que tiene de fascinante Argentina Facsimilar. Para Pasado y presente, el peronismo era esa ajenidad que poco a poco se fue aproximando hasta llegar al ’73 en que finalmente festejan al Frejuli. Es un ciclo impresionante que empieza con la ruptura con el Partido Comunista y culmina con el gran abismo, la gran caída previo reconocimiento del peronismo del cual Portantiero dijo que era el equivalente de la cuestión meridional de Gramsci., es decir, se «gramscizó» el peronismo. La historia cultural de la Argentina es muy interesante. En otro país no pasó que se «gramscizara» el  movimiento cultural de la época que, además, hablaba otro idioma, no el idioma gramsciano de la época. Milcíades Peña, por su parte, estudió el peronismo como un bonapartismo y lo hizo a la luz del 18 Brumario de Marx.

SS: –Hay un tema que me parece significativo y es lo que rodea a estas ediciones facsimilares y que tiene que ver con la relación entre el mundo intelectual que las animaba, el colectivo que las sostenía, el tipo de organización que tenían cuando emprendían un proyecto de esta naturaleza y el tipo de militancia práctica que engendraban estas revistas. Eran grupos de fuerte discusión política, estética, ideológica y cultural que se proponían empresas colectivas que devenían en revistas. Todos los grupos tenían la suya y, en este sentido, La Argentina Facsimilar puede ser la Argentina de las revistas que dialogan o discuten entre sí y, al mismo tiempo, empredimientos hechos a pulmón. Recuerdo la entrevista de Ismael Viñas en Contorno donde contaba cómo se cocinaba esta revista que luego se convirtió en una publicación mítica del mundo de las letras. Contaba cómo pegaban los carteles, cómo se organizaban para sacarla, cómo reunían el dinero. Cada una de estas revistas es también la historia de la conformación de esos grupos y es también la historia de un tipo de militancia que trazaba ciertos vínculos con el mundo de las ideas, de los debates culturales universales y también con la realidad política. Había un cierto espíritu de intervención colectiva que se manifestaba a través de esas revistas.

–Hace poco le  escuché a Héctor Schmucler contar una anécdota que pone de manifiesto la virulencia que tenían ciertos debates en la Argentina. Contó que David Viñas fue a increpar al editor de Siglo XXI por un libro que había publicado, que, si no recuerdo mal era de o sobre Alejandra Pizarnik. Viñas preguntó quién lo había editado sabiendo de antemano quién era el editor y cuando este le contestó «fui yo», Viñas le dijo: «No le doy una trompada porque soy un caballero y no le pego a un hombre con anteojos.» (Risas). ¿Ha menguado ese apasionamiento por temas culturales?

HG: –Hoy las discusiones están mediadas por los medios de comunicación. Son los periodistas los que te hacen hablar. En este momento no es posible pasar por encima de los periodistas porque cualquier cosa que uno diga está mediada por ellos. Además, si uno se calla y hay cosas que no dice, igual el periodismo te las atribuye. (Risas). Alguien como David Viñas no sé qué haría hoy. Él tenía sus propios medios de expresión, su revista, que leería quizá poca gente pero que tenía su público y lo que decía pasaba al periodismo con más fidelidad, el periodismo lo respetaba más. Hoy hay toda una maquinaria con tecnologías nuevas, entonces uno nunca está hablando para un público, sino para un ámbito irreal, al que también se llama público, creado por el periodismo. 

SS: –Respecto del apasionamiento de las discusiones, creo que la crítica pasaba por romper el consenso de la época y eso es lo que hoy no se encuentra tanto. La anécdota de Viñas da cuenta de que en la discusión se jugaba algo del propio proyecto existencial, no era sólo algo del orden discursivo que tenía una implicancia menor. Luego de la discusión no era que cada uno volvía a su casa como si no hubiera pasado nada. La polémica, para decirlo con palabras de León Rozitchner, era el terreno donde se verificaba la coherencia propia y también la del adversario. Hoy, la discusión está más profesionalizada y cada oponente puede defender una línea u otra y vivir de la misma forma en que lo hace el otro. En cambio, antes las polémicas significaban una amenaza para el propio modo de vida de cada uno.

HG: –En La rosa blindada, León Rozitchner polemiza con Cooke sin nombrarlo, usando la técnica del ninguneo que él mismo decía detestar. No es esto una crítica a León que fue nuestro gran amigo. Cooke estaba con el marxismo y el peronismo, cosa que a León le molestaba, entonces usaba fórmulas como «se dice por ahí», «algunos opinan», pero era evidente que le estaba respondiendo a Cooke. Lo que quería demostrar es que si no daba su nombre es porque estaba bastante enojado. 

Cooke

por Diego Sztuwark
John W. Cooke fue un muy destacado militante y escritor político. Seguramente el más sagaz de nuestra historia moderna. Nunca lo suficientemente difundidos, sus «Apuntes sobre el Che», constituyen un notable balance político. Haríamos bien en releerlos hoy. Fueron publicados a fines de los años 90 por la revista La Escena Contemporánea. Cooke dejó por escrito su ferviente rechazo a toda presencia sacerdotal en su lecho de muerte. Sabia de lo que hablaba. Ayer sus cenizas fueron esparcidas en el Parque de la Memoria. El mensaje sigue siendo el mismo: la revolución será «homenajeada». Junto al vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, varios funcionarios y militantes oficialistas en campaña dicen haber cumplido en este acto con la póstuma voluntad de Cooke. Lo verdaderamente póstumo en Cooke sigue siendo cierto ademan en sus textos. Cooke fue ante todo un Maestro de Militantes, como ya casi no hay. Extraño para una época que se llena la boca con la palabra «militante». Fueron cientos y cientos los militantes obreros que aprendieron Marx y Lenin en el seno de su esmerada organización. Su lección -disponible en su obra, de una escritura fina, extraordinaria- fue siempre la misma y fundamental evaluación según la cual el movimiento nacional peronista, policlasista, debía ser desbordado y superado hacia el socialismo a partir de la comunicación entre los revolucionarios organizados y las masas obreras –mayoritariemente peronistas- en proceso de radicalización. La experiencia como orientación, praxis como motor y síntesis. En esa lección Cooke no dudó en señalar, -entre los obstáculos a derrotar- a la burocracia sindical y partidaria (y los últimos años, cuentan sus amigos, se le animaba a Perón). La muerte lo alcanzó meses después de la caída del Che. Sus destinos quedaron mas enlazados de lo que se dice. Colocar juntos ambos legados constituye un gesto fundamental para comprender ese último proyecto revolucionario que tanto en la región como en el país quedó violentamente interrumpido. ¿Es el homenaje y su imagen de cenizas el mejor modo de vincularnos con ese legado? ¿Cuaja Cooke con el significante «Memoria»?. Cooke escribió una vez, contra el Partido Comunista Argentino: prefiero mil veces errar con el Che que acertar con Codovilla. Es sobre todo, es mucho más divertido (cito de memoria). Cierto que la izquierda comunista criticada y la nueva izquierda guevarista del que formaba a su manera parte han quedado atrás. Pero las relaciones sobreviven a sus términos: ¿no es acaso esa ironía vitalista y revolucionaria lo que más escasea entre nosotros, seres anonadados al momento en que entramos, aparentemente desarmados, en un fatídico 2015, trampa pacientemente aceitada por las burocracias sindicales y políticas al servicio de los poderes de siempre?

“Detrás de la violencia social está la violencia policial y la vecinal”. Entrevista a Esteban Rodríguez Alzueta

por Pablo E. Chacón



En Temor y control. La gestión de la inseguridad como forma de gobierno, el abogado y cientista político Esteban Rodríguez Alzueta despliega una serie de argumentos para deslindar el delito del miedo al delito, cuestión medular a la hora de vender un proyecto electoral por sus efectos antes que por sus causas y consecuencias políticas. El libro, el primero de la editorial Futuro Anterior, estudia una serie de lugares comunes para desarmarlos y pensar una política de seguridad inclusiva, democrática y novedosa, tanto como las nuevas formas de delincuencia. Rodríguez Alzueta estudió en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), donde es profesor. Está al frente Sociología del delito en la especialización de Criminología en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), y en esa maestría en la Universidad del Litoral (UNL).

Existiría una invención de la inseguridad. ¿Desde cuándo podría fechársela y quiénes serían sus agentes, si evitamos considerar a la policía?

A mediados de los 90, cuando la vida de todos se volvía incierta y precaria, y los delitos aleatorios se multiplicaban también, se produjo el desdoblamiento entre el delito y el miedo al delito. El miedo al delito fue el artefacto social a través del cual los miedos difusos podían volverse miedos concretos, adquirían un rostro preciso y un lugar particular. Cuando la vida tambalea, el trabajo se corroe y se fragilizan las redes sociales y estatales de contención, había que encontrar una suerte de chivo expiatorio para canalizar el resentimiento. La figura del delincuente juvenil es el producto de ese temor social difuso. Esa figura abreva en otras. Detrás del pibe chorro pueden oírse otros prejuicios que se fueron tallando durante generaciones hacia el cabecita negra o el villero. El miedo al delito es un problema separado y separable del delito. No quiero decir con esto que se trata de una ficción. El miedo al delito modifica las maneras de transitar la ciudad, de estar en el barrio; altera nuestros horarios, las relaciones cotidianas. Ahora bien, ese temor social activó políticas de control que permanentemente están alimentando el temor social, generando una suerte de círculo vicioso que tiene, por momentos, la capacidad de enloquecernos a todos. Cuando hablo de políticas de control no estoy pensando solamente en las políticas públicas se seguridad sino también en el tratamiento que el periodismo ensaya sobre determinados conflictos sociales.

¿Existe una inseguridad del sentido común? ¿Podría hablarse de una inseguridad sin sujeto?

La inseguridad asociada al delito aleatorio o de visibilidad es uno de los lugares comunes donde se juegan los consensos difusos. El miedo al delito que es –simplificando– el miedo a la violencia del pibe chorro, tiene la capacidad de no producir divisiones, de producir consensos automáticos, más o menos espontáneos. Es un miedo despolitizado, que tiene el efecto de crear un vacío político; algo que está fuera de discusión, que provoca indignación popular, formas de movilización puramente sentimentales cuando abrazan a la víctima, o apasionadamente agresivas y cercanas al linchamiento simbólico cuando se refieren al victimario. Por eso la inseguridad se ha convertido en la vidriera de la política y los candidatos prometen más policías a cambio de votos. Porque la inseguridad modela sentidos comunes y todos quieren meter las patas en esa fuente.

¿Por qué hablas de dispositivo para pensar la gestión de inseguridad?

El dispositivo de temor y control que tiene su formulación paradigmática en la década de los 90, es la articulación entre distintos actores de distintas agencias, una articulación también entre determinadas creencias, sentidos comunes y concepciones penales y policiales, para responder a determinados conflictos sociales identificados como problemas urgentes. Esos problemas tenían que ver con el devenir disfuncional de la marginalidad social. La respuesta a aquellos problemas es lo que conocimos con el nombre de judicialización de la protesta, criminalización de la pobreza y policiamiento de la seguridad. Estas tres estrategias son las que no se han podido poner en crisis en la última década. Por eso digo en el libro: los gobiernos pasan, la policía permanece y los jueces continúan en sus cargos. El dispositivo de temor y control es una reserva autoritaria contra la democracia. Todos los refutadores de la participación popular, vuelven sobre el discurso de la inseguridad porque encuentran allí formas efectivas para desautorizar la vida colectiva y las experiencias democráticas. Lo policial sigue siendo la oportunidad para seguir desplazando lo social a un segundo plano.

De acuerdo al título de tu libro, ¿sería posible gestionar la inseguridad? ¿Con qué objetivos? ¿Cómo?

Tu pregunta tiene dos niveles de respuesta. En primer lugar, la gestión de la inseguridad es una forma de gobierno porque permite la vigilancia social. Una sociedad insegura es una sociedad vigilada, que participa incluso en las tareas de su propio control cuando le mapea a las policías la deriva de los actores que identifica como fuente de su miedo. En segundo lugar, cuando se desdobla el delito y el miedo al delito se duplican los problemas para los gobernantes, porque no sólo tienen que dar una respuesta frente al delito sino también frente al miedo al delito. Ahora bien, esto, lejos de ser un problema mayor es un punto de partida para matar dos pájaros de un tiro. Si los funcionarios no saben, no pueden o no quieren resolver el delito, pueden sin embargo mostrarse eficientes en la lucha contra el miedo al delito. Una respuesta exitosa frente al miedo al delito permitirá esconder el problema del delito debajo de la alfombra. Todas las políticas de saturación policial, de video-vigilancia, de prevención ambiental son políticas tendientes a resolver el problema del miedo al delito. La policía no está para perseguir el delito sino para atender el miedo al delito. Y eso implica más policías, más patrulleros, más cuadrículas, más cámaras, más retenes, más conferencias de prensa. Con un dato extra: prevenir el delito significa demorarse en aquellas conductas colectivas que si bien no constituyen un delito estarían creando las condiciones para que el delito tenga lugar. Entonces, gestionar la inseguridad implica, para algunos funcionarios, dos cosas: perseguir a los grupos de pares juveniles que son referenciados como productores de temor; o realizar conferencias de prensa después de los mega-operativos espectaculares contra las poderosas bandas que tienen como telón de fondo un chaperío de cualquier villa o asentamiento. Porque también hay que decir que los funcionarios continúan siguiendo la ruta de la droga en los mercados minoristas, pero no invierten tiempo ni presupuesto para perseguir la ruta del dinero y el tráfico internacional, una ruta que te llevaría a las cuevas financieras y los fideicomisos de los desarrollos inmobiliarios que le lavan la plata a las aceiteras, pooles sojeros y chacareros, entre otros, y a los puertos rápidos con controles flexibles.

¿Y qué papel juegan los medios? Lo vimos estos días con el motochorro de la Boca; se escuchan las diatribas de taxistas y otra gente; también es cierto que los asesinatos no sé si son más pero parecen gratuitos. ¿Cómo pensar eso?

De la mano de la inseguridad. En la última década se han producido una serie de transformaciones en el periodismo. El periodismo no cuenta ahora un acontecimiento extraordinario sino un hecho ordinario inscripto en una serie, en una ola. El problema no es el delito sino otro delito, otro robo, nuevamente violaron…, etc. Cuando eso sucede, la noticia dejará de orbitar en torno al victimario para concentrarse en la víctima. Y la víctima, de acuerdo a esa construcción mediática, podemos ser todos. No digo que los miedos son un invento de los medios, pero el tratamiento que esos medios ensayan sobre estos conflictos agita los fantasmas, interpela aquellos sentidos comunes que se modelaron en torno a esos miedos que certifican y prolongan con las coberturas sensacionalistas.

¿Cómo pensar la inseguridad en un contexto de violencia creciente como el actual?

Quizá una de las novedades del delito aleatorio o al boleo es el grado de violencia con el que se llevan a cabo. Salvo en Rosario, los homicidios dolosos no han aumentado, pero sí las lesiones y la agresividad. ¿Por qué se le ha agregado violencia al robo contra las personas? La respuesta no es sencilla. Para mí tiene que ver con la estigmatización social. La estigmatización cosifica a esos actores destinatarios de nuestros prejuicios y las miradas esquivas. Una de las oportunidades que tienen esos actores objetivados de convertirse en sujetos será bardeando o usando la violencia cuando cometen alguna fechoría. En ese momento se produce una suerte de enroque: el objeto se convierte en sujeto, y el sujeto objetivador se transforma en objeto. En ese momento se invierten los papeles, y el estigmatizador se hace pis encima. El robo, entonces, es la posibilidad de adecuarse a los valores y las pautas de consumo que reclama el mercado, pero también la oportunidad de tomarse revanchas. En ese momento se modela una cultura de la dureza que después se necesitara para hacer frente a las humillaciones cotidianas de las que son objeto esos mismos jóvenes por parte de las policías y los vecinos alerta. De modo que detrás de la violencia social está la violencia policial y la violencia vecinal. La creciente demonización social sobre determinados actores crea las condiciones no solo para perpetuar los delitos sino para agregarle mayor violencia a estos.

¿Existe alguna solución, cuanto más no sea provisoria (o la mejor posible) a la cuestión inseguridad que se haya explorado, que pueda explorarse? Lo pregunto haciendo oídos sordos a la acusación de garantismo. O a la política policial del gobernador Daniel Scioli, a cuyo secretario de seguridad creo que ese sayo le queda grande.

Difícilmente haya una solución si primero no se ensaya un acuerdo democrático entre las distintas fuerzas sociales y políticas. Un acuerdo que nos permita poner en discusión esos sentidos comunes y poner fuera de las coyunturas electorales estos temas. Porque las nuevas conflictividades sociales (el universo transa, la trata de personas, el robo de vehículos, el tráfico ilegal de granos y drogas, la fuga de divisas y la evasión impositiva, pero también el devenir violento de los delitos aleatorios) tienen múltiples causas muy distintas entre sí que para poder atenderlas se necesitan tiempos largos. No hay respuestas en el corto plazo. El que promete soluciones rápidas está recreando las condiciones para prologar la conflictividad.Entrevista a Esteban Rodríguez Alzueta: “Detrás de la violencia social está la violencia policial y la vecinal”
En Temor y control. La gestión de la inseguridad como forma de gobierno, el abogado y cientista político Esteban Rodríguez Alzueta despliega una serie de argumentos para deslindar el delito del miedo al delito, cuestión medular a la hora de vender un proyecto electoral por sus efectos antes que por sus causas y consecuencias políticas. El libro, el primero de la editorial Futuro Anterior, estudia una serie de lugares comunes para desarmarlos y pensar una política de seguridad inclusiva, democrática y novedosa, tanto como las nuevas formas de delincuencia. Rodríguez Alzueta estudió en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), donde es profesor. Está al frente Sociología del delito en la especialización de Criminología en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), y en esa maestría en la Universidad del Litoral (UNL).

Existiría una invención de la inseguridad. ¿Desde cuándo podría fechársela y quiénes serían sus agentes, si evitamos considerar a la policía?

A mediados de los 90, cuando la vida de todos se volvía incierta y precaria, y los delitos aleatorios se multiplicaban también, se produjo el desdoblamiento entre el delito y el miedo al delito. El miedo al delito fue el artefacto social a través del cual los miedos difusos podían volverse miedos concretos, adquirían un rostro preciso y un lugar particular. Cuando la vida tambalea, el trabajo se corroe y se fragilizan las redes sociales y estatales de contención, había que encontrar una suerte de chivo expiatorio para canalizar el resentimiento. La figura del delincuente juvenil es el producto de ese temor social difuso. Esa figura abreva en otras. Detrás del pibe chorro pueden oírse otros prejuicios que se fueron tallando durante generaciones hacia el cabecita negra o el villero. El miedo al delito es un problema separado y separable del delito. No quiero decir con esto que se trata de una ficción. El miedo al delito modifica las maneras de transitar la ciudad, de estar en el barrio; altera nuestros horarios, las relaciones cotidianas. Ahora bien, ese temor social activó políticas de control que permanentemente están alimentando el temor social, generando una suerte de círculo vicioso que tiene, por momentos, la capacidad de enloquecernos a todos. Cuando hablo de políticas de control no estoy pensando solamente en las políticas públicas se seguridad sino también en el tratamiento que el periodismo ensaya sobre determinados conflictos sociales.

¿Existe una inseguridad del sentido común? ¿Podría hablarse de una inseguridad sin sujeto?

La inseguridad asociada al delito aleatorio o de visibilidad es uno de los lugares comunes donde se juegan los consensos difusos. El miedo al delito que es –simplificando– el miedo a la violencia del pibe chorro, tiene la capacidad de no producir divisiones, de producir consensos automáticos, más o menos espontáneos. Es un miedo despolitizado, que tiene el efecto de crear un vacío político; algo que está fuera de discusión, que provoca indignación popular, formas de movilización puramente sentimentales cuando abrazan a la víctima, o apasionadamente agresivas y cercanas al linchamiento simbólico cuando se refieren al victimario. Por eso la inseguridad se ha convertido en la vidriera de la política y los candidatos prometen más policías a cambio de votos. Porque la inseguridad modela sentidos comunes y todos quieren meter las patas en esa fuente.

¿Por qué hablas de dispositivo para pensar la gestión de inseguridad?

El dispositivo de temor y control que tiene su formulación paradigmática en la década de los 90, es la articulación entre distintos actores de distintas agencias, una articulación también entre determinadas creencias, sentidos comunes y concepciones penales y policiales, para responder a determinados conflictos sociales identificados como problemas urgentes. Esos problemas tenían que ver con el devenir disfuncional de la marginalidad social. La respuesta a aquellos problemas es lo que conocimos con el nombre de judicialización de la protesta, criminalización de la pobreza y policiamiento de la seguridad. Estas tres estrategias son las que no se han podido poner en crisis en la última década. Por eso digo en el libro: los gobiernos pasan, la policía permanece y los jueces continúan en sus cargos. El dispositivo de temor y control es una reserva autoritaria contra la democracia. Todos los refutadores de la participación popular, vuelven sobre el discurso de la inseguridad porque encuentran allí formas efectivas para desautorizar la vida colectiva y las experiencias democráticas. Lo policial sigue siendo la oportunidad para seguir desplazando lo social a un segundo plano.

De acuerdo al título de tu libro, ¿sería posible gestionar la inseguridad? ¿Con qué objetivos? ¿Cómo?

Tu pregunta tiene dos niveles de respuesta. En primer lugar, la gestión de la inseguridad es una forma de gobierno porque permite la vigilancia social. Una sociedad insegura es una sociedad vigilada, que participa incluso en las tareas de su propio control cuando le mapea a las policías la deriva de los actores que identifica como fuente de su miedo. En segundo lugar, cuando se desdobla el delito y el miedo al delito se duplican los problemas para los gobernantes, porque no sólo tienen que dar una respuesta frente al delito sino también frente al miedo al delito. Ahora bien, esto, lejos de ser un problema mayor es un punto de partida para matar dos pájaros de un tiro. Si los funcionarios no saben, no pueden o no quieren resolver el delito, pueden sin embargo mostrarse eficientes en la lucha contra el miedo al delito. Una respuesta exitosa frente al miedo al delito permitirá esconder el problema del delito debajo de la alfombra. Todas las políticas de saturación policial, de video-vigilancia, de prevención ambiental son políticas tendientes a resolver el problema del miedo al delito. La policía no está para perseguir el delito sino para atender el miedo al delito. Y eso implica más policías, más patrulleros, más cuadrículas, más cámaras, más retenes, más conferencias de prensa. Con un dato extra: prevenir el delito significa demorarse en aquellas conductas colectivas que si bien no constituyen un delito estarían creando las condiciones para que el delito tenga lugar. Entonces, gestionar la inseguridad implica, para algunos funcionarios, dos cosas: perseguir a los grupos de pares juveniles que son referenciados como productores de temor; o realizar conferencias de prensa después de los mega-operativos espectaculares contra las poderosas bandas que tienen como telón de fondo un chaperío de cualquier villa o asentamiento. Porque también hay que decir que los funcionarios continúan siguiendo la ruta de la droga en los mercados minoristas, pero no invierten tiempo ni presupuesto para perseguir la ruta del dinero y el tráfico internacional, una ruta que te llevaría a las cuevas financieras y los fideicomisos de los desarrollos inmobiliarios que le lavan la plata a las aceiteras, pooles sojeros y chacareros, entre otros, y a los puertos rápidos con controles flexibles.

¿Y qué papel juegan los medios? Lo vimos estos días con el motochorro de la Boca; se escuchan las diatribas de taxistas y otra gente; también es cierto que los asesinatos no sé si son más pero parecen gratuitos. ¿Cómo pensar eso?

De la mano de la inseguridad. En la última década se han producido una serie de transformaciones en el periodismo. El periodismo no cuenta ahora un acontecimiento extraordinario sino un hecho ordinario inscripto en una serie, en una ola. El problema no es el delito sino otro delito, otro robo, nuevamente violaron…, etc. Cuando eso sucede, la noticia dejará de orbitar en torno al victimario para concentrarse en la víctima. Y la víctima, de acuerdo a esa construcción mediática, podemos ser todos. No digo que los miedos son un invento de los medios, pero el tratamiento que esos medios ensayan sobre estos conflictos agita los fantasmas, interpela aquellos sentidos comunes que se modelaron en torno a esos miedos que certifican y prolongan con las coberturas sensacionalistas.

¿Cómo pensar la inseguridad en un contexto de violencia creciente como el actual?

Quizá una de las novedades del delito aleatorio o al boleo es el grado de violencia con el que se llevan a cabo. Salvo en Rosario, los homicidios dolosos no han aumentado, pero sí las lesiones y la agresividad. ¿Por qué se le ha agregado violencia al robo contra las personas? La respuesta no es sencilla. Para mí tiene que ver con la estigmatización social. La estigmatización cosifica a esos actores destinatarios de nuestros prejuicios y las miradas esquivas. Una de las oportunidades que tienen esos actores objetivados de convertirse en sujetos será bardeando o usando la violencia cuando cometen alguna fechoría. En ese momento se produce una suerte de enroque: el objeto se convierte en sujeto, y el sujeto objetivador se transforma en objeto. En ese momento se invierten los papeles, y el estigmatizador se hace pis encima. El robo, entonces, es la posibilidad de adecuarse a los valores y las pautas de consumo que reclama el mercado, pero también la oportunidad de tomarse revanchas. En ese momento se modela una cultura de la dureza que después se necesitara para hacer frente a las humillaciones cotidianas de las que son objeto esos mismos jóvenes por parte de las policías y los vecinos alerta. De modo que detrás de la violencia social está la violencia policial y la violencia vecinal. La creciente demonización social sobre determinados actores crea las condiciones no solo para perpetuar los delitos sino para agregarle mayor violencia a estos.

¿Existe alguna solución, cuanto más no sea provisoria (o la mejor posible) a la cuestión inseguridad que se haya explorado, que pueda explorarse? Lo pregunto haciendo oídos sordos a la acusación de garantismo. O a la política policial del gobernador Daniel Scioli, a cuyo secretario de seguridad creo que ese sayo le queda grande.

Difícilmente haya una solución si primero no se ensaya un acuerdo democrático entre las distintas fuerzas sociales y políticas. Un acuerdo que nos permita poner en discusión esos sentidos comunes y poner fuera de las coyunturas electorales estos temas. Porque las nuevas conflictividades sociales (el universo transa, la trata de personas, el robo de vehículos, el tráfico ilegal de granos y drogas, la fuga de divisas y la evasión impositiva, pero también el devenir violento de los delitos aleatorios) tienen múltiples causas muy distintas entre sí que para poder atenderlas se necesitan tiempos largos. No hay respuestas en el corto plazo. El que promete soluciones rápidas está recreando las condiciones para prologar la conflictividad.
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