Anarquía Coronada

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Soja sí, indígenas no

Casa de Gobierno. Mediodía del 27 de abril. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner anuncia por cadena nacional el envío al Congreso de un proyecto de ley para regular la venta de tierras a extranjeros.
A 700 metros de allí, la comunidad qom La Primavera cumplía cuatro meses de acampe en la avenida 9 de Julio y 48 horas de huelga de hambre. No solicitan dádivas. Exigen que se cumpla la ley (artículo 75, inciso 17 de la Constitución Nacional, y Convenio 169 de la OIT, de rango supralegal). Y piden justicia por la represión del 23 de noviembre de 2010, donde la policía provincial (en complicidad con Gendarmería Nacional) hirió a ancianos, mujeres y hombres. Y asesinó a Roberto López, abuelo qom de 62 años.
Extranjerización
Los hermanos italianos Carlo y Luciano Benetton cuentan con un millón de hectáreas. ¿Será mejor que las adquiera el bonaerense Gustavo Grobocopatel?
El estadounidense Douglas Tompkins posee 270 mil hectáreas. ¿Será preferible que queden en manos del salteño Alfredo Olmedo?
No existen datos siquiera aproximados sobre extranjerización de tierras en el país. El proyecto de ley propone un registro de poseedores extranjeros de tierras rurales (otorgaría 180 días). Quizá el punto más relevante de la propuesta legislativa.
Federación Agraria Argentina (en antaño tan cercana a la Sociedad Rural, en la actualidad tan cerca del Gobierno) arriesga cifras tan dispares como difícil de comprobar. Suele mencionar un supuesto relevamiento propio, pero nunca lo hizo público. Igual los diarios lo citan como verdad revelada.
La extranjerización sólo tiene, por ahora, casos emblemáticas: Benetton, Tompkins, Joseph Lewis y Ted Truner.
Pocos pueden oponerse a legislar sobre la venta de tierras a extranjeros. Sobre todo, no se opondrán quienes impulsan el actual modelo agropecuario porque una ley de ese tipo no afecta ningún interés de los ganadores del modelo de agronegocios actual (donde la soja es sólo su cara más visible).
Regular la extranjerización de tierras no combate el corazón de la injusticia rural: la concentración de la tierra. Muy pocos tienen mucha tierra. Muchos (campesinos e indígenas) tienen muy poco.
Datos duros del INTA: el 2 por ciento de las explotaciones agropecuarias controla la mitad de la tierra del país. Mientras que el 57 por ciento de las chacras, en su mayoría campesinos y pequeños productores, cuenta sólo con el 3 por ciento de la tierra. Es una reforma agraria, pero al revés.
Según el Censo Nacional Agropecuario de 1988 había en el país 422.000 chacras. Que disminuyeron a 318.000 en 2002 (un 24,6 por ciento menos).
Todo indica que en los últimos nueve años la concentración aumentó, pero (Indec mediante) no hay datos oficiales. En 2008, en plena disputa entre el Gobierno y la Mesa de Enlace, se realizó el Censo Agropecuario. Aportaría datos precisos luego de seis años de falta de estadísticas oficiales del sector rural. Pero el esperado relevamiento no escapó a las irregularidades del Indec. El Censo 2008 no abarcó todo el territorio nacional y nunca se presentaron todos los datos relevados. Consecuencia directa: los científicos sociales no lo toman como válido y, a su pesar, deben seguir manejándose con el Censo 2002.


“Será una norma amplia, que proteja a los agricultores familiares (…) Hay modelos a mirar, como Brasil”, había anticipado la Presidenta el 1 de marzo al inaugurar la sesiones del Congreso.
El anuncio había creado expectativas en las organizaciones campesinas. Sobre todo porque la legislación de Brasil contempla la función social de la tierra, un anhelo de los movimientos rurales de base, que rechazan la concepción meramente mercantilista de la tierra, en busca sólo de rentabilidad, y que entienden a la tierra como un elemento indispensable para producir alimentos sanos para el pueblo, pilar la soberanía alimentaria de un país.
Sólo 58 días después del anuncio en el Congreso, el 27 de abril hubo cadena nacional para presentar el proyecto de ley. En ninguna de las siete carillas se menciona la función social de la tierra. Tampoco existe mención alguna a los “agricultores familiares”.
Empresarios y gobiernos extranjeros no necesitan comprar tierras de Argentina para explotarlas según su necesidad.
El gobierno de Río Negro firmó en octubre de 2010 un acuerdo con China para sembrar 240 mil hectáreas, el doble de la actual superficie rionegrina dedicada a la agricultura, considerada por el oficialismo provincial como “la iniciativa más importante de la historia provincial”. Una gran diversidad de sectores advierte que será la “sojización” de la Patagonia y alertan sobre las consecuencias sociales, ambientales y sanitarias que implicará. Y puntualizan los abundantes beneficios para el país asiático: la provincia cede 3000 hectáreas sin costo alguno, compromete 240 mil, otorga un sector del puerto provincial durante al menos 50 años, promete la sanción de leyes que beneficien la “inversión” y obliga al Estado provincial a cubrir los costos de oficinas, viviendas y transportes de los técnicos de la empresa china.
El gobierno de Chaco firmó un acuerdo en febrero último con el “fondo inversor” Grupo Alkhorayef, de Arabia Saudita. Se trata de 200 mil hectáreas del Impenetrable chaqueño, zona donde históricamente viven indígenas y cuyo monte fue diezmado por el avance sojero. El gobierno provincial hizo hincapié en que no se venderá la tierra, pero sí podrá sembrarse soja. “Si esas negociaciones avanzan, no sólo arbitrariamente se le impedirá el acceso a la tierra chaqueña a sus más legítimos destinatarios (indígenas y campesinos), sino que también se consumará un proceso irreversible de desmonte, arrasamiento, erosión y contaminación química que se potencia aún más al tratarse de suelos no aptos para la agricultura, por lo que estaremos cediendo el patrimonio de hoy y también el futuro de todos”, denunció el Foro Multisectorial por la Tierra del Chaco.


El principal problema de campesinos e indígenas no es la extranjerización, sino el modelo agropecuario que en la última década avanzó sobre todo lo que se interpuso.
En 2001 se sembraron en el Argentina 10 millones de hectáreas con soja. En 2003 había 12 millones. Luego de siete años de kirchnerismo ha llegado al récord de 19 millones de hectáreas con monocultivo de soja, el 56 por ciento de la tierra cultiva. Nunca antes la soja había crecido tanto.
“Corrimiento de la frontera agropecuaria”, festejan los técnicos y funcionarios. En la cotidianidad del campo implicó desalojos tan violentos como masivos. El Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI-Vía Campesina) estima un piso de 200 mil familias rurales expulsadas por el avance sojero. Donde el MNCI tiene gran presencia, como en Santiago del Estero y Córdoba, las topadoras suelen estar al servicio de pooles de siembra y de la Mesa de Enlace (sobre todo Federación Agraria, Sociedad Rural y Confederaciones Rurales Argentinas).
Ni el gobierno nacional ni los provinciales tienen cifras sobre los conflictos rurales originados por el avance de los agronegocios.
La Red Agroforestal Chaco Argentina (Redaf) es un colectivo multidisciplinario integrado por un organizaciones sociales, ONG ambientales, académicos y técnicos del Norte del país. En octubre de 2010 presentó el relevamiento “Conflictos sobre tenencia de tierra y ambientales en la región del Chaco Argentino”, contabilizó 164 conflictos de tierras y ambientales, casi ocho millones de hectáreas (el equivalente a 390 veces la ciudad de Buenos Aires) y 950 mil personas afectadas, principalmente indígenas y campesinos, de sólo seis provincias del norte argentino (Salta, Formosa, Chaco, Santiago del Estero y norte de Santa Fe y Córdoba).
“La raíz de los conflictos de tierra se encuentra en la disputa por el uso y control del espacio territorial a partir de la imposición de una cultura sobre otra. Por un lado el agronegocio, donde la tierra es un espacio para producir y hacer negocios, y por el otro la cultura indígena y campesina, donde la tierra constituye un espacio de vida”, denuncia la Redaf en su informe.
El grueso de los conflictos (89 por ciento) se iniciaron a partir del 2000. “Coincide con el impulso del modelo agroexportador, favorecido por las condiciones del mercado internacional para la comercialización de la soja, que trajo como consecuencia la expansión de la frontera agropecuaria en la Región Chaqueña”, recuerda el informe.
El 19 de abril, en un hecho inédito, una decena de organizaciones campesinas compartieron con un puñado de legisladores una propuesta de ley para frenar los desalojos rurales. La unión en la acción de organizaciones con diferencias ya de por sí fue un hecho auspicioso.
A pesar de distintos niveles de adhesión al gobierno nacional, no se evidenció voluntad política del oficialismo para con el proyecto. Estuvieron presentes muy pocos diputados, una decena de asesores y no fue tapa de los medios oficiales.

125
La resolución 125 marcó un antes y después en la visibilización del modelo agrario.
“Se trata de un modelo basado en la extrema ‘zojización’, motorizada por grandes empresas que conforman una parte importante de lo que hemos denominado el ‘sistema de agronegocios’. En este modelo talla fuerte un grupo de grandes empresas y sujetos que controlan sectores clave del sistema agroexportador: compañías exportadoras, grandes sojeros, pooles de siembra, semilleras”, explican Miguel Teubal y Tomás Palmisano en el recientemente publicado “Del paro agrario a las elecciones de 2009”.
En el apartado “El conflicto agrario, características y proyecciones”, los economistas del Instituto Gino Germani (UBA) hacen un detallado análisis de la estructura agraria, afirman que ninguno de los actores de la resolución 125 cuestionó el modelo, aseguran que de ninguna manera implicaría la quiebra de los chacareros ni tampoco implicaba una medida distributiva. Concluyen que, a lo largo del conflicto, nunca se cuestionó el modelo.
Los investigadores precisan que siete empresas concentran el 83 por ciento de la exportación de porotos de soja (Cargill, Noble Argentina, ADM, Bunge, LDC-Dreyfus, AC Toepfer y Nidera). El 82 por ciento del aceite de soja se lo reparten cinco compañías (Bunge,, LDC-Dreyfus, Cargill, ADG y Molinos Río de la Plata). En tanto el 90 por ciento de los derivados de soja queda en manos de seis actores (Cargill, Bunge, Dreyfus, AGD, Vicentín y Molinos Río de la Plata).
Ninguno de estos actores sintió peligrar sus intereses durante el conflicto por la resolución 125.
“Al Gobierno le convenía impulsar el modelo sojero pues le permitía lograr importantes superávit de la balanza comercial y fiscal necesarios para, entre otras razones, hacer frente al pago de la deuda externa. Asimismo ‘al campo’ le interesaba mantener un modelo que le era altamente rentable. Quizá por estas razones ninguno de las dos parte en conflicto criticó al modelo sojero que se mantuvo relativamente intacto, y sigue incólume en la actualidad”, afirman Miguel Teubal y Tomás Palmisano.
No hay candidato político, oficialista u opositor, que proponga modificar (al menos gradualmente) el actual modelo agropecuario. Pino Solanas es muy claro con su rechazo a la megaminería, pero (como el resto de la oposición) asistió y sonrió a gusto en la última Expoagro, el gran evento del sector.


Estado cómplice
La Red Agroforestal advierte que el rol del Estado es uno de los puntos centrales que los indígenas y campesinos identifican como responsables, por acción u omisión, para la resolución de los conflictos. “Existe impunidad y falta de decisión política de los gobiernos para resolver la problemática. Es notoria la inoperancia y faltas de respuestas estatales. Los gobiernos desoyen reclamos y, cuando escuchan, se manejan con punteros políticos con el fin de dividir a las comunidades y organizaciones”.
Denuncia que todos los conflictos son “disimétricos”. Donde empresas, personas físicas con recursos económicos y el Estado disputan las tierras con familias campesinas e indígenas, “donde los primeros controlan la información, tienen incidencia en los medios de comunicación, poseen mayores recursos y principalmente tienen o se relacionan con el poder”. Y cuestiona duramente al actor de mayor peso al momento de proteger al pueblo: “Llama la atención el escaso apoyo del Estado a los campesinos e indígenas, y su intervención protagónica como la otra parte del conflicto, ya sea en forma directa o indirecta. Indica claramente que aunque en el discurso lo cuestione, en la práctica sigue apoyando el modelo de producción extractivista y atentando contra la vida indígena y campesina”.
El Grupo de Estudios sobre Ecología Política (Gepcyd) del Instituto Gino Germani (Universidad de Buenos Aires) publicó a fines de 2010 “La violencia rural en la Argentina de los agronegocios”, donde confirmó el aumento de la violencia contra campesinos e indígenas, y abordó la criminalización, militarización y la coacción física.
“Entendemos que la violencia rural creciente en Argentina debe interpretarse en condiciones de la implementación de un diseño global de agroestrategias y políticas de Estado que concretizan en el territorio el redoble en la extracción y consumo de riquezas naturales (…) La disputa territorial entre el agronegocio y las comunidades indígenas y campesinas, y la violencia que el primero despliega sobre los segundos, es síntoma de un proceso de concentración”, explica el colectivo de científicos sociales que integran el Gepcyd.
Y apuntan al rol del Estado y del sector privado. “La violencia rural más que evidenciar una ausencia de institucionalidad en materia de tierras y derechos de los pueblos originarios y comunidades campesinas, pareciera vincularse como la respuesta estatal
El 12 de octubre de 2009 fue asesinado en Tucumán el diaguita Javier Chocobar. El 13 de marzo de 2010, en el paraje santiagueño de San Nicolás, falleció la campesina Sandra “Eli” Juárez, 33 años, luego de enfrentar una topadora que pretendía avanzar sobre tierras donde siempre vivió su familiar. El 23 de noviembre pasado, durante una represión policial, fue asesinado en Formosa Roberto López, qom de la comunidad La Primavera, que en un corte ruta reclamaba por el derecho a habitar tierras ancestrales. Ambos asesinatos se mantienen impunes.
La criminalización también aumenta. El Observatorio de Derechos Humanos de Pueblos Indígenas (Odhpi) denuncia que, sólo en Neuquén, existen 40 causas penales contra el Pueblo Mapuche, 200 imputados acusados del crimen de defender el territorio donde viven desde hace generaciones.
La represión y criminalización no es ejercida, salvo excepciones, por extranjeros. La violencia, las balas, los juicios y cárceles son promovidos por “compatriotas”, y con total colaboración de los gobiernos provinciales y el Poder Judicial, también todos argentinos.

País serio
“No se afectará los derechos ya adquiridos. Esto quiero que quede absolutamente claro, porque si no significaría cambiar las reglas de juego y perjudicar a aquellos que adquirieron de buena fe con reglas que estaban vigentes hasta ese momento”, remarcó la Presidenta cuando anunció el proyecto de ley sobre extranjerización de tierras. Y consideró que, no respetar la legislación, “hablaría de un país poco serio”.
Pueblos originarios y campesinos cuenta con legislación que protege sus derechos territoriales. Constitución Nacional (artículo 75, inciso 17), Convenio 169 OIT, Ley 26160, Posesión Veinteañal vigente en el Código Civil. La Redaf precisa en su relevamiento que en el 99 por ciento de los conflictos por tierras se determinó que indígenas y campesinos carecen de títulos que, por las leyes vigentes, el Estado y el Poder Judicial debieran reconocer. El 93 por ciento de los conflictos (153) se producen por alguna acción que vulnera los derechos de los campesinos y comunidades ancestrales con relación a la tenencia de la tierra.

Aviso
Cientos de indígenas de todo el país marcharon en mayo de 2010 durante diez días. Por primera vez en 200 años un masiva marcha indígena llegó hasta Plaza de Mayo y se entrevistó con el Ejecutivo Nacional.
Una veintena de dirigentes indígenas se vio con la Presidenta. Luego de exponer sobre las necesidades y deseos, y hacer eje en la defensa del territorio y el rechazo al modelo extractivo (soja, monocultivo de árboles, minería, avance petrolero), la Presidenta tomó la palabra y anunció que, en caso de descubrir petróleo en una comunidad indígena, el traslado será lo menos traumático posible.
Los dirigentes indígenas, muchos con gran afinidad al Gobierno Nacional, experimentaron una mezcla de sorpresa y decepción. Se preguntaban si la Presidenta no había entendido el reclamo indígena o tenía una decisión tomada.
Respetados compañeros que apoyan al actual gobierno no se cansan de buscar explicación, y suelen terminar la discusión con un argumento: “Son las contradicciones del modelo”.
Lo sucedido con la comunidad La Primavera señala que no se trata de contradicciones. Son decisiones con costos humanos reales. El geométrico avance de la minería a gran escala es un ejemplo. Aunque quizá el más evidente es el “Plan Estratégico Agroalimentario 2010-2016”, proyecto oficial que apuesta a aumentar la producción de soja (entre otros productos) en 20 millones de toneladas, ampliará aún más la frontera agropecuaria y multiplicar las consecuencias ambientales y sociales.
La decisión del Gobierno Nacional es avanzar sobre tierras campesinas e indígenas.
Decisiones
A cinco meses de la represión del Pueblo Qom de Formosa ya no hay espacio para negar la complicidad del Gobierno Nacional con el gobernador Gildo Insfrán.
A pesar de la sistemática violación de derechos humanos, Cristina Fernández de Kirchner mantiene una alianza inquebrantable con Insfrán. Se evidencia en la acción del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, sobre el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), el único espacio estatal que brindaba asistencia a la comunidad La Primavera. Fernández limitó la acción del presidente del Inadi, Claudio Morgado (el trabajo sucio quedó a cargo de la vicepresidenta a María Rachid).
El Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), dependiente de Alicia Kirchner, actúa en consonancia con Insfrán. A pesar de contar con valiosos cuadros técnicos, nada pueden esperar las comunidades en lucha de un organismo que sólo funciona como valla de contención de los reclamos originarios.
Pero la más clara, y triste, evidencia es el silencio de la Presidenta. Nunca se refirió al tema en público, nunca recibió a la familia de Roberto López. Ni siquiera el prolongado acampe en avenida 9 de Julio ni la huelga de hambre han provocado un gesto presidencial.
“El genocidio actual de los pueblos indígenas ya no es más con armas. Se produce invisibilizando, omitiendo, dejando que se mueran, es un genocidio por omisión”, afirmó en 2008 el ministro de Corte Suprema Raúl Eugenio Zaffaroni.
Unidos contra los Qom
Lluvioso. Sábado 30 de abril. La muerte de Ernesto Sábato marca la agenda mediática. El 1 de mayo no hay diarios. Las guardias periodísticas están al mínimo.
La Justicia Contravencional de la Ciudad de Buenos Aires expidió a primera hora una orden para liberar el corte en la avenida 9 de Julio. En un hecho con pocos antecedentes, el Ministerio de Seguridad de la Nación de inmediato dio luz verde para que la Policía Federal se haga presente en el lugar. Más de cien efectivos se apostaron para liberar el tránsito, frente a indígenas que comenzaban su sexto día de huelga de hambre.
No hubo acuerdo ni se levantó el reclamo ni la huelga de hambre. Sólo primó el sentido común de la comunidad que, al despejar la calle, evitó la represión. “Nos avisaron que nos iban a correr por la fuerza y luego nos iban a llevar presos. La lucha se mantiene”, explicó Félix Díaz.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) le había solicitado, el 26 de abril, al Estado argentino que adopte una medida cautelar en favor de la comunidad qom. La Comisión instó al Gobierno a que “adopte las medidas necesarias para garantizar la vida y la integridad física” de los qom “contra posibles amenazas, agresiones u hostigamientos por miembros de la policía, de la fuerza pública u otros agentes estatales”.
Cuatro días después, el Gobierno hizo todo lo contrario: envió un centenar de efectivos para desalojar la avenida 9 de Julio.
La viceministra de Seguridad, Cristina Caamaño, reconoció a sus colaboradores más cercanos que “no hay orden (de Presidencia) para negociar” con los Qom. “Si no liberan la 9 de Julio, serán detenidos. Si se suben a la plazoleta, no habrá detenciones”, afirmó un muy cercano colaborador de la viceministra y ex fiscal, de destaca labor para investigar el asesinato de Mariano Ferreyra.
“Distinta vara” suelen llamar algunos periodistas. El gobierno nacional recibió a la familia de Mariano Ferreyra y utilizó toda su estructura para buscar justicia. Ya están presos los presuntos actores materiales e intelectuales del asesinato.
A la familia del qom Roberto López nunca la recibió. En la escandalosa causa judicial por la represión de Formosa hay una veintena de precesados: todos de la comunidad qom La Primavera. Ningún policía, ningún gendarme, ningún funcionario del gobierno de Formosa.
Gildo Insfrán es gobernador desde 1995. Y ya se postula para un quinto mandato. Fue menemista, duhaldista y, desde 2003, férreo defensor del modelo kirchnerista.

El cómodo oficio de ocultar
“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa: el resto es propaganda”. Es una de las tantas definiciones que circulan entre estudiantes de periodismo. Se la adjudican a media decena de periodistas, pero la mayoría de las veces citan como autor a Horacio Verbitsky.
La represión al Pueblo Qom dejó en evidencia al periodismo de los grandes medios de comunicación.
Los canales de televisión, radios y diarios cercanos (o acríticos) al Gobierno enfocaron la represión como un enfrentamiento, adaptación moderna de la teoría de los dos demonios. Luego, cuando la realidad ya no se podía esconder, apuntaron como único responsable político al gobierno provincial. Ese era el límite. En estos cinco meses, rara vez (muy pocas) estos medios apuntaron a la complicidad del gobierno nacional en los días que siguieron a la represión.
En contraposición, los medios que claramente actúan como partidos de oposición (sobre todo luego de la 125 y Ley de Medios) apuntaron desde un primer momento a la alianza Insfrán-Cristina Fernández. Pero nunca citaron el fondo de la represión: el modelo agropecuario actual, que avanza con soja, desmontes, desalojos y obliga también al corrimiento de la frontera ganadera. No apuntan este motivo porque esos medios de comunicación son un engranaje fundamental en el desarrollo, consolidación y avance de ese modelo.
El periodismo ya no es importante por lo que dice, sino por lo que oculta.

El “periodismo militante” de la agencia de noticias Télam es un caso testigo del periodismo actual. Télam censuró el domingo 17 un artículo sobre desalojos campesinos de un experimentado colega. Sólo fue publicado, el lunes 18, luego de que el colega pateara puertas, discutiera y exigiera se le respetara su trabajo y trayectoria.
El miércoles 27 de abril, luego de innumerables trabas para ejercer su trabajo cotidiano, la periodista especializada en pueblos originarios anunció que dejaba de escribir sobre la temática hasta nuevo aviso. Desde 2001 se dedicó a conocer, visitar y escuchar a comunidades indígenas. Una década de visitar el territorio y dar testimonio sobre la realidad indígena de Argentina. No explicó por qué tomó esa decisión dolorosa (para ella y las comunidades), pero todo aquel que recibe los despachos de Télam puede imaginar por qué.
El 19 de abril a las 20.48 la agencia Télam despachó el cable titulado “Insfrán participó de encuentro multiétnico e inauguró obras”. Dio cuenta de que 6.000 aborígenes lo aclamaron y, como muestra de ese afecto, aportó supuestos dichos de indígenas: “Hemos mejorado mucho en todos estos años, y eso se debe a la sensibilidad de un gobierno popular que supo interpretar las necesidades de los pueblos originarios”.
El último párrafo no deja dudas. “(Los indígenas consideraron que) Ha sido precisamente el gobierno justicialista de la nación y de la provincia quienes nos han reivindicado plenamente en nuestros derechos”.
Los periodistas tenemos el derecho de no firmar los artículos que nos solicitan escribir pero con los que no estamos de acuerdo, ya sea por línea editorial, edición o, también, porque la información no es verdad.
El cable de Télam no fue firmado por el redactor.

“Una cosa es resolver de dónde sacamos el dinero para pagar las expensas y otra es hacer periodismo. Creo que no debemos confundir una con otra. En esta profesión dar la espalda a la realidad tienen un precio. No darla, también”, dice un viejo texto de la cooperativa periodística La Vaca, donde también se arriesga una definición. “Decir lo que hay que decir y contar lo que hay que contar: eso es lo que tienen que hacer un periodista donde pueda”.
Y deja, por un momento, en segundo plano el rol de las empresas periodísticas. “¿Vamos a seguir alegando obediencia debida para seguir contando lo que no pasa y ocultando lo que pasa? (…) Dejemos de sostener, a precios cada vez más bajos, esos trabajos basura, porque corremos el riesgo de convertirnos en basura también nosotros.”

El juego a la derecha
Muchas críticas al Gobierno Nacional se retrucan con, palabras más o menos, “le hacés el juego a la derecha”.
La represión al Pueblo Qom fue un quiebre personal. La impotencia de no poder escribir donde siempre se descargó en un texto de opinión (http://darioaranda.wordpress.com/2010/11/28/%C2%BFderechos-humanos/) que circuló entre amigos y compañeros. Como nunca antes hubo respuestas que acusaban de ser “funcional a la derecha”.
A cinco meses de aquel texto, y visto el accionar del Gobierno, quienes le hace el juego a la derecha son quienes silencian represiones y son cómplices, por acción u omisión, de asesinatos.
No hay acción de Gobierno (por justa y revolucionaria que sea –y este Gobierno ha tomada varias–) que pueda compensar la complicidad ante el derramamiento de sangre del campo popular.
“No se puede hablar de derechos humanos y apoyar a un gobernador que reprime y mata hermanos indígenas”, advirtió Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, en marzo último en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA.
Eduardo Galeano visitó el acampe Qom. Y fue menos diplomático: “(Los indígenas) tienen voz, pero son los no-escuchados, que son justamente los que ahora están aquí acampando, rodeados del desprecio general, del casi silencio, a los que el Gobierno no les da la menor pelota, cuando tendrían que ser los primeros de la fila, mucho antes de todos los políticos que buscan pedazos de poder”.
Derechos Humanos
Secuestro de personas. Robo de bebés. Torturas. Campos de concentración. Desaparecidos.
Los pueblos indígenas de Argentina sufrieron exactamente lo mismo que las víctimas de nazismo y que los víctimas de la última dictadura militar.
Pero su genocidio aún es negado.
“Nunca cayó el régimen que implementó las campañas militares a fines del siglo XIX y principios del XX que derrotaron la autonomía indígena, a fuerza de masacres, para consolidar al Estado nacional. Hay una continuidad hasta nuestro presente”, explica el historiador e investigador Walter Delrío, co-director de la Red de Estudios sobre Genocidio en la Política Indígena Argentina.
La Red de Estudios afirma que aún hoy peso sobre los pueblos originarios de Argentina un proceso con prácticas genocidas. Ayer fueron las las balas, esclavitud y asesinatos. Hoy es la avanzada territorial sobre las comunidades, desalojos, represión, privación de formas de subsistencia, hambre, discriminación y olvido.
 A 28 años del golpe de Estado de 1976, el gobierno nacional decidió que la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), el mayor centro clandestino de detención, pasará a manos de los organismos de derechos humanos, que erigieron allí un espacio para la memoria del nunca más.
A 130 años del inicio de la Campaña del Desierto, los pueblos indígenas no cuentan con ningún espacio similar. Al contrario, el emblema principal de aquel avance militar, Julio Argentino Roca, cuenta con numerosas calles y escuelas con su nombre, y se mantienen monumentos que se asemejan al colmo: en el centro de Bariloche, pleno territorio mapuche, una estatua de Roca se erige desafiante. Es imposible imaginar una estatua de Jorge Rafael Videla en Plaza de Mayo.
En 1994 se sancionó la Ley 24.411, que establece que el Estado deberá pagar a los familiares de los asesinados y desaparecidos una indemnización por el terrorismo de Estado padecido. Ningún tipo de indemnización o reparación se planteó jamás para las víctimas del genocidio indígena.
En la actualidad, la sistemática violación de derechos humanos de pueblos indígenas no escandaliza a la opinión pública. Incluso es negado por un sector de intelectuales, políticos, comunicadores y referentes de opinión.
Las víctimas del genocidio indígena no fueron (ni son) sectores urbanos, ni clase media.
La negación tiene raíces étnicas y de clase social. Y, sin duda, económicas. Los distintos modelos productivos del último siglo y medio (agroexportador, petrolero, forestal, minero) tuvieron como escenario gran parte de los ancestrales territorios indígenas.
Para los pueblos originarios no hubo un “nunca más». 

Dario Aranda (http://darioaranda.wordpress.com/)


Los qom y la (nueva) decadencia de Occidente

1. ¿Cuántas historias hay en la Historia? Desde 1492, una sola: se ha naturalizado que la Historia –y ni siquiera toda ella, sino la de las clases dominantes- de la humanidad es la historia de una pequeñísima porción de ella (véase cuánta superficie ocupa Europa en el mapamundi), y la de una concepción, o una “filosofía”, de la historia, que es muy pero muy reciente (no más de 500 años: para la historia total de la humanidad, como decir hace cinco minutos). Con una típica operación de fetichismo ideológico, esa pequeña parte  se ha transformado en el sentido común del todo. En nuestras escuelas secundarias, por ejemplo, se sigue enseñando la “Edad Media” como uno de los grandes períodos de la Historia: los grandes terratenientes y la servidumbre de la gleba, los conflictos de la aristocracia feudal con la monarquía centralizadora, los de esta última con el papado, las cruzadas y las guerras de religión, etcétera. Todas cosas, evidentemente, que no pueden faltar en la formación de un adolescente. Ahora bien: ¿qué diantres puede querer decir todo esto para los bantú del África subsahariana, para los chipaya del altiplano boliviano, para los tunguses de la estepa siberiana? Es decir –si continuáramos la lista de todas las sociedades y culturas históricas que no han atravesado aquellos procesos- de algo así como el 90 % de la humanidad (incluyendo a una buena parte de Europa, especialmente oriental, cuyo “feudalismo” fue radicalmente distinto al de Inglaterra o Francia). En fin, que una pequeñísima porción de esa humanidad, como decíamos, ha logrado construir la “evidencia” de que su  historia es la  Historia sin más. Esto solía tener un nombre prestigioso, más o menos acuñado por Gramsci: “hegemonía cultural”. Semejante hegemonía –que afecta nada menos que a toda nuestra mismísima idea de la historia en su conjunto- sólo pudo imponerse gracias a la conquista y la colonización multisecular, que “redondeó” al mundo “bajo la mirada de Occidente” (para citar un famoso título de Joseph Conrad). A esta altura, ya no hace falta seguir argumentando el carácter genocida de esa (bien llamada) “empresa”: un genocidio “objetivo” que es el más gigantesco que haya conocido la historia humana, causando el desastre no sólo de un continente, sino de dos, ya que tal “empresa” incluyó asimismo la catástrofe demográfica de buena parte de África mediante la esclavitud. Pero quizá sí sea necesario seguir argumentando las diversas formas en que ello implicó también un no menos gigantesco etnocidio o “culturicidio”. También fueron “colonizadas”, y en muchos casos directamente “desaparecidas”, las otras  lógicas históricas, culturales, económicas, políticas, religiosas, artísticas o poéticas que esa diversidad casi infinita de sociedades representaban. Esa primera “globalización” empobreció  la variedad civilizatoria con su unificación forzada bajo la lógica hegemónica y bajo el tiempo “homogéneo y vacío” (diría Walter Benjamin) de la expansión mundializada del Capital. Como afirma, si bien refiriéndose a la destrucción del politeísmo, Sergio Bergallo, en un notable libro titulado La Destrucción de los Dioses : “Milenios de sabiduría, de caminos abiertos para el género humano, fueron literalmente sepultados”.
2. Entre esos “caminos abiertos” ahora sepultados estaba, por supuesto, el de los qom / tobas, así como el de cientos y cientos de esos pueblos que, en efecto, estaban ab origine  (en el comienzo). Allí había, por ejemplo, mitologías y cosmogonías que no por no responder al logos  hoy totalmente tecnificado de la ciencia moderna dejaban de bucear en el sentido de un universo enigmático. Pero también había –porque para ellos formaba parte de una totalidad  compleja y diversa pero integral- formas de producción, de cooperación social, de organización política y económica sustantivamente democráticas  que incluían un profundo respeto por la tierra y la naturaleza, y que eran desde ya estructuralmente incompatibles con el avance del capital agrario transnacionalizado, de la invasión sojera, de la minería contaminante, de la especulación territorial y financiera global. Tenían que ser sepultadas, y lo fueron. Se perdió así un “modelo”, entre tantos otros posibles, radicalmente alternativo a “lo que hay”. Un modelo que –como explicaba el heterodoxo antropólogo francés Pierre Clastres- no es el de una sociedad sin  política, sino el de una sociedad contra  la política entendida como el gerenciamiento represivo de los negocios de las clases dominantes; no una sociedad sin  “excedente de producción”, sino contra  el excedente de producción que implica la mercantilización de todo lo existente y el consumismo desenfrenado. Que se nos entienda bien. No se trata de hacer demagogia romántica, de alucinar un retorno a algún paraíso del “buen salvaje” (que bien puede ser la versión “progre” del etnocentrismo colonial). Pero sí de entender, mediante el “caso” qom, tomándolo como “analizador”, que en nuestro planeta puede haber otras cosas  que el “modelo” capitalista / neo-desarrollista, que podrá tener algunas ventajas respecto del neo-liberalismo conservador más (él sí) “salvaje”, pero que no por eso deja de pertenecer a la misma  lógica de destrucción de lo que no se someta a ella. Las comunidades qom –así como tantas otras, insistimos- han perdido la mayor parte de sus tierras, han sido dispersadas, “desterritorializadas” (como gustan decir los “pensadores” postmodernos, creyendo que eso es siempre algo bueno; y quizá lo sea…en París); sus miembros se han visto obligados a “ingresar” al mercado de superexplotación de la fuerza de trabajo. Por la puerta más chica, claro: en general, pasando a formar parte de la ocupación “informal” (una palabra repugnante por su frivolidad: como si se dijera que se visten “informalmente”), es decir fuera del mundo, que todavía está rayana en cerca del 40 % de la fuerza de trabajo. Eso, en el mejor de los casos; en el peor, condenados al hambre, la miseria, la desesperación dentro  del (in)mundo. Y, como se ha visto en los últimos meses, al asesinato sumario. Caídos en lo peor de todos los infiernos: tras el despojo, el racismo, y tras este el desclasamiento, aún antes de haber entrado a su nueva “clase”, y finalmente la liquidación física. El punto de cruce perfecto entre la “historia” de medio milenio de genocidio y la “modernidad” de la explotación clasista más actual. Lo de los qom no es una anécdota, o un conflicto coyuntural: es un símbolo universal.
3. En este diario, en los últimos días, se publicaron dos muy atendibles artículos sobre el problema qom, a cargo de Washington Uranga y de Mempo Giardinelli respectivamente. Son atendibles, entre otras razones, porque sus autores se declaran simpatizantes, en muchos aspectos, del actual gobierno argentino. Sin embargo, no retroceden ante el imperativo de una dura crítica a las máximas autoridades de ese gobierno por su silencio ante las justísimas demandas qom. Es un rasgo de encomiable consecuencia, o, como se decía en otras épocas, de coraje cívico. Demuestra que un intelectual puede y debe  ir más allá de sus adhesiones inmediatas cuando hay que poner el dedo en una llaga dolorosa. Pero me permito, muy humildemente, proponer que hundamos el dedo a fondo. Hasta el codo. Y me temo que entonces tendríamos que decir algo bien antipático y aguafiestas: con cualquier variante del actual “modelo” de acumulación capitalista mundial –y nuestro país sigue estando, con sus peculiaridades, allí, ¿o no?-, el problema qom no tiene solución de fondo  posible. Se puede, y se debe , pelear para que las autoridades nacionales los reciban, los escuchen, les den, sí, la razón que ya tienen, les devuelvan sus tierras, lo que fuera. Tal vez, incluso, todo eso se consiga –aunque habrá que luchar muchísimo-. Pero en algún momento nos encontraremos con un paredón infranqueable: en lo inmediato, será con el sistema de alianzas políticas y económicas que esas autoridades no parecen muy dispuestas a romper, incluyendo a alguna gobernación que es por lo menos políticamente responsable de los despojos y las muertes; en lo más mediato, con aquel “modelo” de acumulación que lleva inscriptos constitutivamente estos agujeros negros  (el de los qom es sólo uno) que está “por naturaleza” incapacitado para clausurar. La “mancha” qom sobre la 9 de julio es un corte  a los entusiasmos desmesurados y acríticos. Es así. Habrá que hacerse cargo, y extraer las consecuencias que cada cual crea pertinentes.
4. En todo caso, hay una de esas consecuencias que ya no se puede ocultar más: el Occidente capitalista del cual seguimos, con los matices que se quieran, formando parte –no se ha escuchado todavía que el “modelo” contemple la alternativa de lo que Samir Amin llamaba la “desconexión”- está entrando en estado de crisis terminal, como se puede leer todos los días en las noticias europeas o norteamericanas. El colapso económico –que aceleradamente, también todos los días, precipita en la pobreza a las masas más desprotegidas de los imperios- se combina siniestramente con la exacerbación del racismo, frecuentemente homicida, contra la inmigración proveniente de aquellas otras “historias” que esos imperios fagocitaron. Ellos tienen sus propios qom. Mientras tanto, las cosas realmente interesantes, la posibilidad de nuevos “caminos abiertos”, también se está gestando en ese “afuera” de las otras historias, aún con todas sus contradicciones, incertidumbres, brumosidades: en las rebeliones del mundo árabe (que también son, o pueden devenir, rebeliones contra ese occidente capitalista que durante décadas sostuvo a los déspotas sobre sus barriles de petróleo), o en los esfuerzos latinoamericanos –ante todo de los pueblos, más que de los gobiernos- por interrogar críticamente todo lo que en las últimas décadas parecía no tener vuelta, y por recuperar la multiplicidad de sus historias plurales. Tal vez el camino, alguna vez “abierto”, del occidente único amo de la Historia haya empezado también a sepultarse, esta vez por sus propias manos. Ojalá –porque no es cuestión de celebrar ningún desastre de manera unilateral e irresponsable- que de ese hundimiento podamos rescatar los caminos que siempre permanecerán abiertos si sabemos recorrerlos a nuestra propia manera: los de Homero, Shakespeare, Miguel Ángel o Beethoven, por decir algo. Y de los qom.
Eduardo Grüner

El discurso de Horacio

Siempre tenemos que estar explicando quiénes somos, si somos o no…
Acabo de ver a Horacio (González) en 6, 7 y 8 (noche del 22 de abril, clima infectado por la participación de Vargas Llosa en la Feria del libro). Como siempre, querible. Apenas aparece esa figura para muchos conocida, con el pelo largo y sonriente, con la mirada extraviada de estar pensando mientras habla se me vienen los recuerdos de conversaciones, charlas, clases. Algo “nuestro” (algo vinculado a la Facultad de Sociales) se exhibe inesperadamente en público a través suyo. Porque el discurso de Horacio proviene de sitios más familiares y menos consagratorios. Sitios como los bares de las proximidades de Marcelo T. de Alvear 2230 o del viejo café “El británico”, de San Telmo. 
Más de una vez me encontré “bancando” (la palabra es desproporcionada pero se entiende) a Horacio sin estar de acuerdo con él por aquello de que es preferible -y más divertido- errar con él que acertar con sus oponentes. Este método no falla. De hecho, Horacio sorprendió una vez más con la deslumbrante zaga de artículos publicados en Página/12 durante el largo verano que va del 27 de octubre –fecha de la muerte de Néstor Kirchner– a marzo del 2011 –fecha de la polémica en torno a Vargas Llosa. La serie empieza con “Retrato de un matón” a propósito del asesinato de Mariano Ferreyra, sigue el artículo sobre la Vuelta de Obligado, en polémica con el festejo oficial y luego “El idioma de Félix Díaz”, sobre la represión en Formosa y “Una moral ¨sin más¨”, sobre la represión en el Indoamericano.
No creo que haya demasiados ejemplos de una peinada a contrapelo tan salvaje, sutil y oportuna como aquella que hiciese Horacio, funcionario a cargo de la Biblioteca Nacional, sobre las bases mismas en las que se estaba produciendo aquel vertiginoso consenso militante que siguió al velorio de Kirchner.
Dicho esto, lo que vi hoy en la tele no me gustó. No apareció el Horacio capaz de sorprender, salvo en un breve comentario sobre Ángel Cappa. Chicaneaba como un 6-7-ochista más. Para mi sorpresa, acabé por prestar más atención a Osvaldo Bayer, el otro invitado del programa. Todo esto debo decirlo como modo de introducción para lo que verdaderamente quiero concluir sobre el episodio con Vargas Llosa. Desde el inicio sentí que no había espacio –de nuevo– para criticar a Horacio y, al mismo tiempo, que la cosa no sería fácil para él. Antes y después de su Largas a Vargas (con su remate soberbio) tuve una misma sensación: Horacio tenía razón a pesar de que se metía en una trampa muy difícil de sortear (lo que favoreció que muchos digan que se había equivocado). Y tenía razón, digo, por razones no muy claras. 
Se ha discutido tanto estos últimos 45 días sobre el asunto que se me escapan todos los matices argumentales. Pero reconozco dos impresiones perdurables. La primera es que Horacio tuvo razón todo el tiempo, incluso a pesar suyo, incluso a pesar de que sus razones no triunfaron. Y es que no cabe someter a Horacio a sospecha alguna (y menos a condena sumaria como hicieron no pocos opinólogos) respecto de la cuestión de la tolerancia. Me animo a afirmar que el pensamiento de Horacio funciona en una dialéctica muy compleja respecto del otro, y que la tradición liberal no le es para nada ajena. Muy por el contrario, creo que una de las derrotas de Horacio en estos episodios es la licuación de este modo tan propio de un pensar esencialmente dialógico. Alguien ha preguntado qué hubiese sucedido si en lugar Vargas se hubiese tratado de Borges. Aunque Horacio respondió más de una vez que no había comparación posible, asumamos que para muchos lo que se discutió fue eso: ¿qué hacemos con Borges? Y creo que la respuesta es demasiado sencilla: Horacio es borgeano y ese vínculo González-Borges, es precisamente lo que descuidó tanto en la argumentación kirchnerista como en la antikirchnerista durante estas largas semanas. 
Lo segundo que me queda en claro de este de episodio es el fuerte contraste entre este gesto y la –para mí– desafortunada participación de la presidenta “desautorizando” a Horacio frente a la reacción de los medios ante su primera carta, y empleando para todo ello la expresión “libertad” (de prensa, de opinión, da igual). Cabía imaginar una escena distendida en que la presidenta, sonriendo con González en público, ironizara sobre la hipersensibilidad de quienes malinterpretaban la invitación a la discusión con la inexistente vocación de censura. Pero no fue así, y de remate, Horacio Verbistky reforzó el gesto presidencial en una de sus columnas de los domingos, comparando a Horacio con la impresentable diputada Conti. Esperemos que el reciente libro de Horacio (Kirchnerismo: una controversia cultural) corra mejor suerte en un debate que, bien mirado, implica una apertura dentro del propio campo (y del propio campo intelectual oficial, ensombrecido por figuras como la de Coscia). 
Las tensiones que un tipo de su generación y su amplitud de lecturas y sensibilidad puede proponer al debate público para desarmar simplificaciones atroces (un Horacio borgeano) no cuaja con la muestra del Palé de Glace sobre “pensamiento nacional”. El problema se presenta, creo, cuando ante la incomprensión en el propio campo, HG se recuesta en los compañeros de 6, 7 y 8 neutralizando su potencia irónica de otras apariciones (o escribe a partir de una imagen melancólica del intelectual que lo aproximan peligrosamente a las simplificaciones –Foucault = fundaciones gringas!- tipo Fenimann: “¿Persisten intelectuales de este rango? ¿Los años foucaultianos, con su intelectual cartógrafo o micropolítico, no los han desplazado? ¿Los modelos de investigación universitaria, las redes institucionales de tecnologías archivísticas y modelos de pesquisa, no los han convertido en anacrónicos? ¿Las foundations neoconservadoras no han creado una nueva figura del converso, el sepulturero más eficaz del pasado que lo persigue quedamente?”). Dicho esto, corresponde señalar el equívoco por el cual se festeja o condena a HG por lo que no es (o, al menos, ¡por lo que podría no ser!). 
Efectivamente, creo que Horacio se ha encomiado a la tarea solitaria, pero indispensable del trazado de una diferencia en la diferencia, de la exposición valiente en el modo de tratar los contrapuntos de todo aquello que hoy se elude estúpidamente (tanto entre distantes como entre amigos) y del ejercicio fundamental de esclarecimiento de las tensiones y posibilidades de este momento inquietante del proceso político en curso. Horacio –esto es, creo, lo difícil de asumir para propios y extraños– se ha atrevido a escribir (al menos hasta el episodio Vargas) por el quantum de no-kirchnerismo que el kirchnerismo posee en su interior al menos y sobre todo a partir del 27 de octubre. Quiero decir: no alcanza con admirar –como quien queda perplejo ante una virtud ajena- al Horacio “lector de Borges” sin aprender a amar a Borges destartalando con ello antinomias ultra-sencillas en literatura. O con festejar que Horacio apele, solitario de toda soledad-inmediatamente luego de la muerte de Kirchner- a la muerte de Ferreyra sin incomodarse un poco, aunque sea, con la promoción de un juvenilismo desdramatizado. O con disfrutar su artículo sobre Félix Díaz sin tomar en serio las dinámicas de fondo que llevan a involucrar esferas oficiales en episodios de violencia contra formas comunitarias de existencia, a veces (no siempre) demasiado alejadas de Buenos Aires. O con leer su intervención sobre los asuntos del Indoamericano sin indignarse con cierta astucia gubernamental (justo cuando 6, 7 y 8 se esfuerza por orientar nuestros enojos exclusivamente con gente como Caparrós y Tenembaun).
Va de suyo que la polémica de Horacio contra Vargas es digna, “histórica” si se quiere, y cuenta con nuestras más desinteresadas adhesiones. Pero estimo que sería de una enorme pobreza dejar pasar por alto lo fundamental del tono de las intervenciones de Horacio: la carga de sutil ironía como modo de asumir las verdades (también las más oscuras) de estos tiempos: descansando menos en los lugares comunes y exigiendo siempre más complejidad, incluso (o sobre todo) a lo que se considera como el propio campo. 
Sobre todo en este gesto que lleva su firma reconozco el tono de su linaje militante. Soy de los que no se entusiasma así nomás con la supuesta revitalización de una tradición del pensamiento (o canon) así llamado “nacional”. En partes porque descreo de su presunta vitalidad y en parte porque le veo demasiados puentes con la tradición liberal (como el estatismo acrítico y la confianza de que la economía de mercado controlada se “abuena”, como si estado y mercado fuesen dos substancias a dosificar, y no a revisar en su propia naturaleza). Un poco lo que dijo, sintético, Eduardo Rinesi durante el encuentro convocado por Carta Abierta en la feria -el día 23 abril, reproducido por página 12-: se es “libre en el Estado y gracias al Estado.
No creo que la Argentina se resuma o se resuelva en una batalla entre ambos contendientes y, por tanto, veo en Horacio menos un exponente de una de estas tradiciones (digo todo esto a pesar suyo, desde ya, aunque en su libro Horacio describe al canon como “divina inutilidad”) y más una singularidad excepcional del lenguaje (y la lectura). Dicho de otro modo: si él no estuviese entre nosotros hablando y escribiendo no encontraría demasiado motivos para el contacto con el nacionalismo intelectual. Este es un tema para profundizar, pero creo que no somos pocos los admiradores de Horacio más sensible a componer con diferentes trayectos libertarios nuestra propia “tradición” (otorgando a figuras como Cooke y Viñas –cada vez mas centrales en sus propios afectos- sitios bien destacados). Más que oponer una cultura “nacional” a otra “global” (o bien “liberal” o directamente colonial), quizás debiéramos adoptar el camino de León Rozitchner (otro destacable): se trata de pensar a partir de la propia situación (que siempre es entre otras cosas, pero no solo, “nacional”) para proyectar desde allí nuevos tonos y tensiones a lo global-concreto, complejo.  
Discutir con Horacio no es tarea sencilla, y no creo que la discusión más interesante que valga la pena tener con él sea sobre el kirhchnerismo (como cierta lectura de su libro podría hacer creer). Por lo mismo que el kirchnerismo es para él un conjunto de signos convocantes a reactivar linajes democráticos y libertarios, a crear lenguajes para nombrar lo innombrable de un pueblo que no se totaliza a sí mismo y un estado general de debate (aunque con tendencias a convertirse en un debate entre intelectuales), no encuentro razones de peso para priorizar su preocupada reflexión sobre las razones que encuentra para sostener su “creencia” en Kirchner por sobre todo aquello realmente importante que Horacio percibe como constituyendo una oportunidad efectiva de apertura y replanteo.  
Por mi parte, propondría al menos estos tres aspectos para comenzar (alguna vez tendrá que ser) la amigable tarea: tomaría en serio su propia dialéctica hacia el otro, su borgismo (descubrir hasta qué punto es el otro el que lleva la razón, o lo que el llama “argumentación generosa”), que lo resitúa (en el mejor de los casos) en el límite exterior que el kirchnerismo contiene; señalaría también toda exageración nostálgica del intelectual universal como héroe político y, por último, pondría en tela de juicio la supuesta alteridad radical que la izquierda nacional cree tener respecto de la tradición liberal.
Diego Sztulwark

Un alien de los medios

Entrevista a los miembros de Barcelona

Los periodistas de Barcelona son, probablemente, los que mejor percibieron la crisis profunda del periodismo. También del mundo, de la política, de todas las representaciones y profesiones. De allí extrajeron la lcave de su “éxito”: La crisis no es una caída libre, sino la condición para inventar algo nuevo. Aclaran de entrada que contra Clarín todo@s pero confiesan que, en el fondo, no creen en la democracia.

El estilo es el hombre”, repetía hasta hace poco David Viñas. “El estilo lo es todo”, reza una verdad popular vernácula. Y Barcelona, indudablemente, creó un estilo. Antes que algún desorientado piense en el team de Guardiola y el pibe maravilla, precisamos: estamos hablando de la revista Barcelona. Una solución europea a los problemas argentinos, el único medio periodístico que, serio y objetivo como ninguno, trazó una estrategia a largo plazo de aniquilación del Gran Diario Argentino (una suerte de abuelo rojo de 6,7,8). Y viene cumpliendo con creces su cometido. Su magnitud hace que sea mencionada cada vez que alguien remite al #findelperiodismo. Quijotesca por opción, empuña la sátira mordaz, una aguda ironía, el más hiriente sarcasmo. Su Don Quijote sale viernes de por medio, al precio de un atado (barato) de puchos. A dos colores y en papel de diario. Con la artesanalidad del fanzine y la pretensión de Le Monde.
Pero no todas son rosas en estos tiempos de kirchnerismo intensivo. ¿Qué hacer con las armas de destrucción masiva cuando emerge de lo más profundo del cuerpo social una sensibilidad constructora? ¿Qué debe hacer el exterminador cuando ve surgir, desde adentro suyo y de modo inesperado, una esperanza? ¿Cómo actuar cuando crece el margen de lo no parodiable, cuando la incorrección ya no garpa?
Las 30 mil ventas quincenales la han vuelto una voz apetecible y desde hace ya un tiempo hacen un programa en Radio Nacional (mientras se preparan para aplicar sus dones en la TV pública). Hernán Ameijeiras, Eduardo Blanco, Mariano Lucano, Daniel Riera y Pablo Marchetti: un grupo de amigos que no trabaja a sueldo de nadie, e inventaron la mejor y más corrosiva revista de la década pasada. Llegan tarde, unas dos horas. Ocho hombres, a las cuatro de la tarde de un martes, discurriendo sobre el periodismo y sus crisis, sobre los efectos del proyecto Barcelona en el oficio periodístico. Nada muy bueno puede pasar. O sí. Comienza la charla.

Contra molinos de viento
Crisis: Comencemos por los primeros tiempos de Barcelona, del surgimiento en medio de un país prendido fuego de una revista que aparece en simultáneo con el kirchnerismo y que encuentra la manera de decir cosas en un momento en el que los lugares de enunciación estaban en crisis.
Pablo Marchetti: Barcelona surge en medio de la crisis de 2001. El germen fue un grupo de amigos que trabajábamos juntos en una revista que se llamaba La García y que antes habíamos laburado en La Maga. Y surge del hecho de juntarnos a cagarnos de risa leyendo Clarín (y los diarios en general). Nos cagábamos de risa de lo ridículo que era lo que decían, de lo estandarizado y lo naturalizado que estaba el “periodismo serio”. Un periodismo serio que era un disparate absoluto, que decía cualquier cosa en cuanto a los contenidos y que hacía cualquiera cosa en términos de forma. Y no sabíamos por qué extraña razón eso se tomaba como periodismo serio y nadie lo discutía. Nuestra idea fue sacarla a fines de 2001, pero Barcelona termina saliendo en marzo/abril de 2003. Nos habíamos quedado sin laburo y entonces dijimos “vamos a hacer el medio que se nos canta”. Eso también fue un producto de la crisis: como no hay posibilidad de salvarse con nada, como no hay posibilidad de pensar “ah, este medio va a funcionar”, entonces uno puede hacer lo que tenga ganas. Ya que nos va a ir como el orto, hagamos lo que se nos canta.
Eduardo Blanco: Barcelona surge también de una crisis del periodismo, que hacía que nosotros no tuviéramos muchas ganas de trabajar en esos lugares donde pasaban las cosas que Pablo está contando. Entre nosotros circulaba un quiebre personal con la profesión, que nos llevaba a preguntarnos qué era ser periodista en ese momento.
Crisis: ¿No les parece paradójico que un medio cuyo propósito era poner en evidencia la crisis del periodismo se convierta en uno de los productos periodísticos más originales y exitosos de la última década?
PM: Creo que una de las cosas más novedosas que tiene Barcelona es que se constituye como una sátira para ridiculizar el discurso de los medios, y el modo en que se instalan los medios como generadores de verdad. El periodismo no es más que un relato de ficción armado con elementos de la realidad. Y punto. Por eso Barcelona es periodismo. Para hacer una sátira periodística tenés que tener muy claro los formatos y los códigos del oficio. Pero sobre todo la hacemos así porque nos divierte, porque nos gusta cagarnos de risa como nos cagamos de risa haciendo la revista. La sátira funciona ridiculizando el modo en que los medios tratan los temas, y también trayendo temas que no forman parte de la agenda de los medios: la búsqueda de Julio López (o de Luciano Arruga) como caso paradigmático. Eso también es divertido: sentar una posición, editorializar, bajar línea. Nos gusta mostrar lo que pensamos sobre determinados temas. No es que la diversión va por un lado y la cuestión densa, política, seria, va por otro.
EB: Barcelona tiene una dinámica muy colectiva y horizontal basada en un grupo de amigos que se divierte: nos juntamos, tiramos ideas, las debatimos y a partir de ahí se organiza el trabajo. Ese ejercicio yo no lo vi en ninguna otra redacción por la que pasé. Es como una cabeza multiplicada y eso le da mucha fuerza.
PM: Pero ojo, lo que nosotros hacemos también es totalmente destructivo. Porque creemos en lo necesario de la destrucción. Quizá el mejor ejemplo sea El Quijote. Cervantes dijo: yo hago esto porque quiero destruir las novelas de caballería. Y destruyó tan pero tan bien lo que creía que era una mierda, que de las novelas de caballería (que eran el Clarín de aquella época) ya nadie se acuerda y El Quijote sigue siendo una obra maestra. ¿Cómo hizo para destruirlas? Construyó una sátira perfecta, en la que parodió todos y cada uno de los detalles, de los tópicos de las novelas de caballería. Y sobre esto se levanta, luego, toda la literatura en castellano. Es obvio que ni se me ocurre poner Barcelona a la altura de El Quijote, pero me parece que ambas evidencian que la destrucción es absolutamente necesaria para poder construir algo. En ese punto, Barcelona es claramente un medio destructivo: no estamos proponiendo, estamos destruyendo. Por eso solemos hacer mucho énfasis en decir que no somos una revista de humor. Su fin no es el humor, no es hacer reír. Del mismo modo que nadie diría que El Quijote es una novela humorística: es literatura, nadie duda de eso. Ahora bien, si Joaquín Morales Solá admite que hace un programa de humor, nosotros también admitimos que Barcelona es humor. Nos ponemos de acuerdo y nos sacamos todos la careta. Lo que queremos dejar en claro es que, en función de lo que nosotros creemos que es el periodismo, Barcelona es un medio periodístico. ¿Es absurdo lo que dice Barcelona? Sí, es tan absurdo como lo que dice cualquier otro medio periodístico. Hay que terminar con la idea de “el” relato periodístico, del relato “objetivo”: esta es “la verdad” y todo el resto es en joda.
Crisis: ¿No hay cierto riesgo en asumir una idea tan relativista de la verdad? ¿Ustedes creen que el horizonte más deseable es una pluralidad de voces transparente, o piensan que existen procesos sociales que producen nuevas verdades que merecen ser contadas?
Daniel Riera: Lo que existe son intentos de aproximarse a ciertas “verdades” y mayores o menores grados de buena leche para acercarse a ese objeto que se está tratando. Quizá nos puede servir distinguir la idea (tan deshonesta, tan trucha, tan pelotuda) de independencia, de la idea de autonomía. Un medio que dice que no es “independiente” (porque sus pensamientos provienen de un montón de lugares), sino que es autónomo. Pero es interesante lo que se dio en el último discurso de la Presidenta en la apertura a las sesiones legislativas. Los medios opositores insistían en que la presidenta no había hablado de la inseguridad… y había hablado diez minutos. Antes la prensa opositora eran más elegantes: decían “lo que dijo es una boludez, no estamos de acuerdo con lo que dijo, nos parece que lo que dijo es insuficiente”. Pero decir que no dijo lo que dijo ya es una etapa superior de la cosa.
HA: Me parece que algo bueno que está pasando ahora es que quedó claro que todo medio es un actor político, un elemento más de la batalla política. Yo creo que es un buen momento para hacer periodismo porque todo tiende a volverse más claro… al menos para un generación. Hace unos días estaba con mi viejo, no sé sobre qué hablábamos y me dijo: “es así porque lo dijo la radio”. Yo me morí de ternura. Mi viejo tiene ochenta años. Me parece que eso es inconcebible de acá en adelante. Ninguno de nosotros diría, ni aún con ochenta años, “lo dijo la radio”.
Hacer periodismo o ser periodista
Crisis: ¿Ustedes sienten que éste es un buen momento para hacer periodismo? Porque es todo lo contrario de lo que se vive en muchas redacciones, donde cada vez se hace más difícil laburar de periodista.
PM: Para mí es un momento excelente para hacer periodismo, aunque no sé si para trabajar de periodista. Nosotros ganamos poca plata con esto (y eso que ahora la revista vende), así que lo hacemos porque nos calienta, porque tenemos ganas. Lo que sí se va a la mierda es la idea de un periodismo tradicional, eso de las grandes redacciones por ejemplo. Son una cagada, porque no permiten generar ese ambiente colectivo interesante que se necesita en una redacción. Y que en un punto es la clave de Barcelona: que seamos un grupo grande, que trabajemos de manera horizontal, sin ninguna clase de pudor en decirnos “es una pelotudez lo que estás diciendo”. Y, al mismo tiempo, saber que milagrosamente las cosas surgen por consenso —a veces luego de largas discusiones. En general, es un momento excelente para hacer periodismo, para generar otras cosas. Desde lo tecnológico y desde lo social.
HA: Y el mismo hecho de que exista esta polarización terrible, que a primera vista empobrece la discusión, genera espacios vacíos que se pueden ocupar, quizá con algún tipo de ecuanimidad…
PM: No sé si ecuanimidad es la palabra, sino acompañar sin culpa las cosas con las que uno se identifica o ir por ejemplo contra enemigos del gobierno que siempre fueron mis enemigos. Pero no tragarse por eso todos los sapos que hay que tragarse para estar del lado del gobierno. Esto sólo puede hacerse si estás por fuera de las grandes estructuras. Porque si vos querés hacerte el copado adentro de TN es medio complicado.
HA: Por otro lado, es cierto que el gobierno (o el oficialismo, o el Estado, o como lo quieran llamar) nos ve con cierta simpatía. Tenemos un espacio diario en Radio Nacional. Esto a nosotros nos sorprende, nos alegra. Uno puede decir: Barcelona ha sido absorbida. Es una lectura que tienen algunos lectores de la revista que nos gastan con las cartas… pero siguen comprando la revista, así que todo bien. Pero también uno puede decir que estamos ahí, que decimos lo que queremos, que nunca nos jodieron, nunca sufrimos ningún tipo de presión. Haciendo una lectura más sutil uno puede decir que lo hace el gobierno para mostrar su amplitud: “miren, está Barcelona…”. Y sí, puede ser. Bueno, eso no está mal. Todos hacemos política. Nosotros amplificamos lo que queremos decir y el gobierno da muestra de su amplitud contratándonos a nosotros.
PM: Esta circunstancia en relación al gobierno forma parte de una situación medio incómoda que tiene la revista en general. Porque Barcelona es demasiado mainstream para ser un fanzine, pero también es demasiado alternativa como para ser comercial. Demasiado oficialista para los opositores y demasiado opositora para los oficialistas más recalcitrantes. Lo que pasa es que a este gobierno hay que pensarlo en perspectiva histórica. Y uno lo evalúa en relación a lo que tuvimos y a las posibilidades que hay en Argentina. En ese sentido éste es el mejor gobierno que tuvimos en muchos años. ¿Eso implica que somos oficialistas? No, la verdad que no. Así que ni el sapo Pepe ni el sapo Daniel, por poner el ejemplo de los Scioli. Y tantísimas otras cosas. Si vos analizás las distintas secciones de la revistas y las diferentes épocas, vas a encontrar momentos de acercamiento muy grande, como la tapa del  momento de la muerte de Néstor (“Néstor not dead”) o la contratapa donde había una foto de la multitud en Plaza de Mayo y una leyenda que decía “Hoy somos todos Barone. Mañana vemos”. Pero al toque salió la tapa de “Represores Originarios”. Eso pasó con la represión en Formosa, con Insfrán como gobernador, Cristina que no dijo nada y la verdad es que nos rompió las pelotas.
DR: Una de las últimas tapas fue vista como muy dura por algunos kirchneristas fundamentalistas. Hablaba de todas las cosas que se llaman Néstor Kirchner. Y tenías en un costado a Moyano y al Momo Venegas y decía: “no son iguales. Moyano está a la izquierda”. Siempre va a haber gente que va  especular en dónde estás. Pero es mucho más sencillo de lo que parece: estamos parados en el mismo lugar de siempre, haciendo la revista que se nos canta y diciendo lo que pensamos sobre las cosas.
HA: Igual me parece que hubo un cambio. Tengo la sensación de que cuando Clarín apoyaba a toda esta estructura de gobierno, nosotros éramos mucho más descarnadamente duros. Porque el poder estaba concentrado en ese lugar. Ahora, cuando se genera esta guerra entre el gobierno y Clarín, y Clarín encima como líder de una oposición que representa muchos valores que nosotros despreciamos, creo que ahí hubo un cambio. Fue inevitable preguntarse si le hacés el juego a la derecha. Empezamos a ver que el gobierno se estaba construyendo enemigos que eran los que uno, ideológicamente, siempre ha sentido como sus propios enemigos.
El periodismo que fue, el periodismo que viene
DR: Barcelona denuncia una decadencia. Pero como decía Pablo, es un momento muy rico para hacer periodismo y, a la vez, un momento muy complicado para los periodistas, dado que las condiciones en las que desarrollan su trabajo son, a menudo, una mierda. Esto habilita a que los periodistas tengan que inventar maneras nuevas y lugares nuevos para hacer periodismo. Pero ahí no se acaba el problema: a la vez, es importante que mucha gente que aún no conocemos como periodista, devenga periodista. Personas inquietas, organizaciones sociales, grupos que aprovechen lo barato que puede estar comprarse una compu hoy, o que suban cosas a internet. ¡Hay muchos medios a ser inventados! Hace tiempo tuve una discusión con un docente de la Carrera de Comunicación de la UBA (luego me enteré que era del Partido Obrero), que decía: “Tenemos que hacer diarios que compitan con Clarín, que vendan lo mismo. Y canales de televisión que compitan con Canal 13”. ¡A mí me parece una pelotudez enorme querer hacer canales 13 trotskistas! Y me sorprende hasta qué punto este personaje formaba parte de discurso que pretendía denunciar.
Crisis: Es también lo que prima en las instancias de gobierno. Ya era muy sintomático el caso de los venezolanos con Telesur, como una CNN socialista. Ahora tenemos a Tiempo Argentino que quiere pelearle a Clarín con el mismo lenguaje y similar formato.
PM: Claro, la construcción es más o menos la misma. Tiempo Argentino es un diario igual a Clarín, pero de distinto signo. Pero yo creo que es parte de la destrucción, parte de lo que hay que destruir. Tiempo Argentino no pretende crear algo nuevo, sino que es un flanco más del ataque. Entonces, si está el que todavía quiere Clarín le vamos a dar el Clarín K… con el suplemento de cocina, los chismes y también escrito para el orto. Igualito.
EB: Es que el gobierno está concentrado en hacer la guerra, no en la búsqueda de una modificación de la forma de comunicar o en inventar nuevos modos. Por eso a mí me parece fundamental que toda esa gente que tiene algo para comunicar, empiece a plantearse una ruptura con el esquema tradicional de los medios. En este caso no sirve anda copiando o tratando de acercarse a ese modelo dominante, que ya está instalado, tanto desde lo discursivo como desde lo estructural.
DR: Yo tengo mil críticas para hacerle a Taller Estudio Agencia (TEA), que fue donde recibí mi primera formación como periodista. Pero hay algo importante que debo reconocerle: en primer año, en el primer mes, en las primeras clases, cuando yo tenía 18 años, uno de los tipos dijo “si ustedes vienen acá con la pretensión de formarse para trabajar en los medios existentes, ustedes están teniendo una visión limitada del laburo. Ustedes tienen que crear sus propios medios.”. A mí eso me pegó mucho. Debe haber sido la lección más importante que me dieron. Y una variante de eso, una etapa superior y desacralizadora de eso, es que mucha gente a la que no conocemos como periodistas tenga la iniciativa de comunicar, de escribir. El periodismo no es una profesión colegiada ni debería serlo. Hay gente que dice que Barcelona funciona porque interpreta su época. Cuánto tiempo seguirá pasando esto es imposible saberlo. Pienso en la revista Humor, por ejemplo, que duró ocho años después de la dictadura, pero ya había perdido su filo, había dejado de ser lo que era. En ese momento,  cuando llegó Alfonsín, los que hacían Humor dijeron “qué bueno, llegó Alfonsín y la democracia”.
Mariano Lucano: Lo que pasa es que Humor funcionaba durante la dictadura como un refugio de lectura de un montón de gente. Barcelona no es eso, es más bien una revista parricida, porque si de alguien nos reímos es de la clase social a la que pertenecemos.
DR: Creo que somos un poco más inconformistas, más escépticos. El debate sobre el gobierno pasa por considerarlo el mal menor (hay momentos en que nos parece el mal mucho menor). Pero nos permitimos la duda. Porque en lo más profundo, me parece que ninguno de nosotros cree en la democracia. Como suele decir Pablo, más allá de la desnutrición, el gatillo fácil, la desigualdad social… la democracia es el sistema más perfecto creado por el hombre.
Por Diego Picotto
(Revista Crisis N° 4 – Abril/Mayo de 2011)

15-M: lo que está mal en el mundo‏

«Hay que empezar por algún sitio y yo empiezo por el pelo de una niña. Cualquier otra cosa es mala, pero el orgullo que siente una buena madre por la belleza de su hija es bueno. Es una de esas ternuras que son inexorables y que son la piedra de toque de toda época y raza. Si hay otras cosas en su contra, hay que acabar con esas otras cosas. Si los terratenientes, las leyes y las ciencias están en su contra, habrá que acabar con los terratenientes, las leyes y las ciencias. Con el pelo rojo de una golfilla del arroyo prenderé fuego a toda la civilización moderna. Porque una niña debe tener el pelo largo, debe tener el pelo limpio. Porque debe tener el pelo limpio, no debe tener un hogar sucio; porque no debe tener un hogar sucio, debe tener una madre libre y disponible; porque debe tener una madre libre, no debe tener un terrateniente usurero; porque no debe haber un terrateniente usurero, debe haber una redistribución de la propiedad; porque debe haber una distribución de la propiedad, debe haber una revolución. La pequeña golfilla del pelo rojo, a la que acabo de ver pasar junto a mi casa, no debe ser afeitada, ni lisiada, ni alterada; su pelo no debe ser cortado como el de un convicto; todos los reinos de la tierra deben ser mutilados y destrozados para servirle a ella. Ella es la imagen humana y sagrada; a su alrededor la trama social debe oscilar, romperse y caer; los pilares de la sociedad vacilarán y los tejados más antiguos caerán, pero no habrá de dañarse un pelo de su cabeza”.

G.K. Chesterton, Lo que está mal en el mundo

Te presento a un amigo, Hugo…

Cuando nací encontré mis rencores. Estaban ahí, esperándome. Al lado de la cuna.

En la terraza de ese aire toco la mañana sol de limón apaciguada lenta es mía estoy solo de soledad ganada casi no me enloquezco casi es mía me animo olor de limón verde que pongo en el agua no quiero volver a la jaula estoy lejos no extraño nada nadie me extraña el sol de la mañana ya pone la pata en la terraza va despacio casi no hay ruidos los árboles del patio de abajo me hacen seña están como consagrados desvalijan al realismo de su pathos es primavera no hay caranchos.

madre/padre: pan de dios.

infancia: feliz. Episodios infelices muy pocos.

patrimonio: relativa pobreza. La miseria, nunca. A los doce años casa propia. Baño cocina en casa.


por qué: entonces, ese espíritu rencoroso, si todo venía bien, las cosas estaban claras, agua de manantial, yo no quería ser hombre, quería ser obra como dice el único poeta alemán, obra: leer, escribir. ¿Cuándo esa locura de ser hombre? Pretensión desmedida si se toma en cuenta el lugar donde nací. Cuándo lleva el hilo en estas notas. Es mi novela sobre nada aunque hay mucha familia y amigos y conocidos. Es para gente que quiere leer algo que suene en otra velocidad.

no ir: invitaciones: abstenerse. No dejarse invitar. No sé por qué, pero no ir a ningún lado.

respeto social: un idiota con algo de plata, recibido en salones, dar charlas, querer ser respetado. Manía del respeto. Progresar socialmente con este don. Es una posibilidad.

olvidar: no puedo, rencor de ciudad. Está el rencor de provincia, no me interesa, es para ubicarse, se codean, empujan, se matan, se hacen los malditos, quieren lugares: resultó una mentira. Sus cultores buscaban aprobación del centro. Mi memoria se va a reproche. Mis reproches sociales. No los suelto, los cultivo.

proyecto: retirarse del mundo. Milton Rodriguez tiene esta frase sublime: no te preocupes te enseño algunos trucos para vivir con poca plata. Ahora está por sacar un libro. Ocultarse del mundo. Una casa inaccesible, un bunker es lo mejor.

cita: “Ésa será mi película sobre la familia americana. Tal vez la proyecten en algún festival. No lo sé y tampoco me importa. Siempre hay gente dispuesta a ir a ver algo nuevo y diferente”.

telegráfico: le escribe a Delo: “Vos rico, y yo vengo de clase baja. Te lo pongo en clave tuya, en lengua de chatarra. Esa diferencia: insalvable. Yo llevo secretos incontables. Y no voy adonde no me aceptan. Amistad imposible, la nuestra”.

madre, una y otra vez: humor feroz.

padre: jugador empedernido. Murió triste. Cambió por trabajo honorable.

vivienda: eran dos piezas –dos salas a la calle– en un patio de inquilinato. Cocina de chapa acartonada en el patio. Cocinaban a kerosene.

la salvación: una radio.

bustos: Chopin en bronce amarillo. Beethoven tenía la cabeza suelta y lo puso a mirar la pared.

lecturas: novelas, lo que le caía en las manos: Huck Finn–Tom Sawyer–Cabaña tío Tom–Bomba–Salgari–Verne. Revistas de historietas, seis por semana. El Gráfico.

cine: westerns exclusivamente. De ahí su pro-americanismo nunca renegado. Que lo separó de amigos y autores.

error: dejar ese viejo mundo para hacer algo de cultura, el mundo de la cultura, más error: juntarse con pequeños burgueses intelectuales vociferantes ricos consentidos que escriben oh escriben exigen son respetables pero honestidad un poco lo asustaron todo a pérdida para él traducir para esa gente que lo estafaba. Escribió un libro de retratos para salir de esa insípida escena. Ahora definitivamente solo. Parece melodramático. No puedo decirlo de otra manera. Lo dice contra el viento, va con Elías que fuma como un escuerzo, y fuma y las cenizas caen en el viento, murmura en diapasón Elías, se aburre, y le aumenta la lucidez, murmullo Rufino y no abre más la boca.

amigos a nube: ausencia, sólo eso, ausencia. Dolor apenadísimo.

estrategia: armar un bloque defensivo que evite hacer: confesiones, quejas, explicaciones, no contar nada a nadie. Probó amargamente qué es contar algo íntimo. Lo pasan por el colador de la interpretación y del chimento. Evitar el pisoteo analítico. Sólo poner los reproches por escrito. Publicarlo. El reproche contra la propaganda de la felicidad. La felicidad es algo íntimo y secreto.

palabras: monocorde, patio angosto, mishiadura, al trotecito, mazo, cucha, pieza.

descubrimiento recientísimo: capacidad para aislarse.

trabajo: una conspiración tramada por ex-falsos-amigos para hambrearlo le cerró las puertas de la traducción de casi todas las editoriales –un editor de los llamados independientes de vieja tradición le propone trabajar gratis como manera de emparchar el desprestigio, otro le pide un informe con obras posibles. Le mandaron a decir que no iba por un librero.

empleos posibles: difícil. Después de la experiencia con escritor cubano que escribió libros memorables de los que la crítica estudiosa nunca se repondrá, la universidad americana, guardiana y rector y decano de la autoridad literaria hizo un acuerdo con las empresas privadas que van de Miami a Tierra del Fuego para que ningún escritor de esa calaña sea empleado.

invitaciones: doy pasitos por el charco lo salto el viento me lleva, no, no me dejo invitar, menos por millonarios amantes de lo cultural. Lección aprendida del argentino más salvaje, del alemán más salvaje. Que le dijo al gordo envuelto en el papel de naranja adorniano que se tome la sopa de cangrejos a lengüetazos como los gatos y no lo joda. Cuelgo las hojas en piolín de la cocina y espero que se seque la tinta.

viejo amor: se va por Peña, Canning hacia Las Heras. Es la peor caminata de alejamiento que vio en su vida. Ella se va a patitas, despacio, rencor que los une puro melodrama que los aleja. Él es un ganapán oficinesco que tiene la cabeza llena de libros. Ya no lo miraba, nunca más lo miraría, tarde de primavera a las siete el cielo no llevaba ni una nube, azul como ese vestido de la primera vez, un viento del noroeste que nadie esperaba y le veía el caminar litoral hacia otros rincones, la mira con ojos perdidos, ese pelo negro hacia fue, esos ojos Sívori, sí, a fue, una vez o alguna vez, fue. Ni la esperanza de los secretos, sólo se queda con esa frase, dicha una vez, solo con sus chifladuras literarias pobre boludo que escribe libros ni la luz podrá pagar. Ella se va aleja huye camina a futuro sólido por abajo ronca el baldoserío de Peña, él se queda a paria en ese rincón de la esquina, de ensoñación en la luz ahora gris del atardecer ¿ella llora? ¿se libera? ¿qué deja atrás? ¿qué toco de pasado irá a olvido? ¿pasó a olvido? ¿todo? ¿se transformó en olvido?

tercera persona: horrible cielo de cal de las seis de las cinco de la mañana. Calle dormida. Insomnio. Traqueteo de los cascos, diría ruidos apagados. Son ruidos que casi no escucha ningún oído, es la noche sin rumores, otra vez sesión del club donde ése habló mucho ayer, el maldito estigma de la manía cotorra que le incentiva su mujercita, que ya no lo escucha. Ella lo pone en marcha y después mira por la ventana, aburrida del zángano filósofo, de esa lata pedagógica. El pobre padece a mujeres que lo ponen en marcha. El otro habló y él lo escuchó y ahora tiene insomnio. Disertó en aforismos. Malditos aforismos. Odia a los tipos aforísticos. Nietzsche les quemó el coco. No quiere ser un tipo furioso. Pero hay noches sin rumores. Era el único que podía escuchar esa ausencia de rumores. Siempre se creyó un pionero de algo. Por eso lo aburren los tipos que hablan mucho. Por eso ama los mamotretos. Seiscientas páginas son su refugio. Ahí una soledad inalcanzable. ¿Cuántos leen mamotreto? Se ve ayer a la noche pidiendo disculpas y abandonando la conferencia. Ese conferenciante esposo de su amiga que pone hombres en marcha. Liberación. Pero se ve unos días antes cediendo a la invitación. Eso lo hiere. Ceder. Evitar la furia. No aceptar invitaciones.

la mañana: de esa medialuna seca, dura, cascada como una pared. Ayer las luces de la calle se apagaron antes de las doce. Los carros empezaron la cola a las 11 de la noche.

gallo de Francisco: gallo desolado: no canta: nunca podría poner canta el gallo desolado de la mañana, no sé por qué. Este maldito es mudo, nació mudo en Sarandí. Se crió en un rincón. Y sólo sabe morder los dedos callosos. Es una pasión. De gallo, obvio. Desolado pero no un pobre gallo. Arrogante y paseandero. Lo soltaban en el patio del fondo, del otro lado de la reja, para que no se coma los tomates, y ahí daba vueltas y vueltas. Lo miré mucho. Gallo en libertad condicional.

el pipa e moco: siempre, con esa bolsa de lona beige –¿arpillera?– camina por Lavalle a Mitre, sombrero campirano campesino italiano –de dónde lo sacó– . Aparición repentina solitaria de terror ¿otro niño asustado? Maldita marca del miedo.

cita: “Contar historias, es contar mentiras”.

ella, su ponzoña clásica: ¿qué cuenta?, no cuenta nada, ¿dónde mete la Historia?: él: nada. Nunca cuenta nada. Odia contar. Hace literatura pura contra literatura aplicada.

ella, con malicia aplicada, a víbora en respuesta; poco sólido, no corta la Historia en dos –relato, sentido– por acá, acontecimientos por allá, él: no le gustan las referencias, no chapotea en lo imitable. Se soltó desde la cuna.

la casa de Rita: puertas cerradas, persianas bajas. Elías miraba el zaguán de hace unos días, pintado de amarillo clarito, ahí, justo ahí fue el encuentro desesperado, ahí ese amor loco y barrial empezó al claro de luna, le felicidad por favor eso es ahí en ese encuentro, ella tiene las patitas de tero camina sobre la calle no la pisa dejó lejos sus catorce años arrinconada por el mecánico del Hollywood Park historia de Viento del Noroeste, ahora ahí lo mira a Elías, tanto tiempo sin verla se va a lánguido por ella tiene miedo de perderla de ser un pasaje de vida Rita, un pobre pasillo de conventillo que ella evocará, el miedo del presente es el miedo del pasado pero ahora lo mira a Elías con esos ojos almendra que están a punto de llorar flaquita hace muecas de asco cuando come esa cosa de polenta y jamón chuequita él se la come se come toda esa gracia de pollera azul de maricastaña, te faltan las guillerminas Rita y ella mira las gotas en las hojas el zaguán llegará. Ahora contra el azul del cielo Rita respira en traqueteo piernas apenas separadas en la mañana de la lentitud.

El puto miedo. Es viejo, del viejo mundo, es maldito, y por favor, no lo quiero, lo detesto, puto putísimo miedo, puto putísimo fracaso y mierda a sus apólogos.

Que está ahí, es casi una esencia y ponerse las esposas solito tu alma, mandarse a gayola de bueno, de pedir permiso, entregarse a la autoridad por culpa casi esencial, por fidelidad a lo previsible.

Sentado, mira por la ventana, la calle o al vacío o a la ventana de enfrente a la vecina que va a barrido.

ambiciones: fluctuantes, desprolijas, cosas de changuitas, el trabajo alpargata, medio himno protestante, rellenar chamuyo a chamuyo para que no te miren de soslayo lista infinita al alcance de la mano.

cita: “me vuelvo cada vez más duro con los parásitos”.

me pongo la sotana de calle dejo el bunker la cueva el bulín salgo un poco dejo los postigos abiertos pienso en Enriqueta cómo era la olvidamos todos por qué no la evocábamos le daba patadas al gallo y no lo hizo sopa ni puchero alguna que otra patada sobre todo cuando el gallo la iba de chico de trajecito con pantalones cortos casi un niño de piqué como los nietos detestables abejorros del paraíso.


Hugo Savino

Crónicas del 15-M (desde allá con ojos de acá)‏

La secuencia que hemos vivido durante esta semana en Madrid puede relatarse más o menos así: las semanas y meses previos habían ocurrido una serie de convocatorias de todo tipo para rechazar la gestión nefasta de la crisis (gestión a cargo del PSOE a nivel nacional y del PP a nivel de Madrid. Según las encuestas el PP ganará las próximas elecciones presidenciales que, si no se adelantan, tienen fecha en el 2012). Desde la publicación de varios manifiestos llamando a la «indignación» general», a una huelga desganada convocada por las centrales sindicales (irremediablemente oficialistas) y alguna manifestación pionera, más uno que otro intento disperso por poner en evidencia tanta bronca. Para hacerse una idea de esta «gestión», hay que fijarse en cómo funciona el asunto del crédito hipotecario para obtener una vivienda: si una persona saca una hipoteca (durante muchos años los bancos la ofrecían con muchas facilidades) y luego -ante la desmejora del panorama económico- no puede pagar, el banco te quitan la vivienda, luego no te devuelven lo que ya venías pagando y, finalmente, quedás endeudado por el resto de la hipoteca. Si querés vender la deuda tenés que hacerte cargo de la diferencia entre el precio a que sacaste la hipoteca y el precio menor al que pudiste vender. Si no te haces cargo de la deuda, pues, quedas inhibido financieramente y se te ejecuta la garantía, ¿qué tal? Sumale a esto 20% de desocupados más una precarización de grande a creciente y el hecho de que el seguro de desempleo sólo funciona por un año. A los migrantes se lo adelantaron, para que con ese dinero se fueran a sus países.
Desde nuestra mirada-relámpago del centro de Madrid, aún no hay una producción de imágenes contundentes de la crisis. Se percibe más bien un nivel de consumo elevado (bares, comida en la calle, mucha movida), nada que nos recuerde al arrasamiento a que asociamos nosotros, porteños, este tipo de crisis. Otra cosa es escuchar a las personas. Todos cuentan historias de «parados» y de «hipotecados». Pero la sensación primera al caminar por todos lados es la de una ciudad que aparenta completa normalidad de ritmos de trabajo y ocio.
Digamos que, hasta donde alcanzamos a ver, aquí no hay nada parecido a un 2001 argentino. Eliminada la tentación de la comparación, tratamos de contar qué sí hay, qué sí vemos, y -si nos da la inspiración- intentaremos transmitir la alegría perpleja, desbordante y contagiosa que muestran estos días lxs amigxs de por acá.  
Retomemos la crónica. Llegando a Madrid ya habíamos visto la convocatoria a la manifestación del domingo 15 (15-M) (en decenas de ciudades de España al mismo tiempo), y fuimos curiosos para ver qué sucedía allí. El sentido de la oportunidad no es menor para comprender «porqué ahora»: el próximo domingo hay elecciones locales en casi todo el país y el PP tiene las de ganar no sólo en Madrid sino en varias «comunidades» y ciudades, incluyendo algunos bastiones históricos del socialismo.
Algo había en el aire, algo atragantado en la gente ante lo cerrado del panorama de crisis sin horizonte, giro a la derecha luego del desastre del PP, corrupción de los partidos, incluso de la Izquierda Unida, pasividad de los desocupados, incapacidad de dar cauce expresivo a la «indignación.
De llegada a la plaza todo era clima de domingo de sol primaveral. La policía nos paró y nos revisó las mochilas, a pesar de que íbamos con Iván y como parte de un reducido núcleo de aspecto completamente inofensivo. En el camino fuimos reconociendo amigos de Madrid y de Buenos Aires que coincidían en curiosidad y entusiasmo.
La manifestación había sido convocada por varios grupos y listas de redes sociales, la que más se nombra es una «Plataforma Democracia Real». Como decís, la convocatoria era clara en que se invitaba a todos pero que se trataba de una manifestación sin «referentes» clásicos. La «mani» partía a las 18hs de Plaza Cibeles rumbo a Puerta del Sol, centro de Madrid. «Éramos» miles de personas. No es fácil calcular cuántas, pero mucho más de lo que los amigos-activistas de por acá calculaban o preveían. Así nos dijo Raúl, un antiguo militante con chaleco de «seguridad» a cargo del cuidado de la movida, como dispositivo decidido en asamblea y, según parece, acordado con el ayuntamiento. La composición era bastante homogénea. Jóvenes blancxs de clase media. Pero hubo ahí varias consignas (desde algunas menos innovadoras: que la crisis la paguen ellos; políticos no nos representan; a otros más sugerentes: «me gustas cuando votas porque estás como ausente» y «nuestro trabajo, vuestro botín»; «jóvenes sin futuro, sin casa, sin trabajo y sin miedo»; «indignados» y «democracia real ya») y varios logros: se logró que los grupos partidarios grandes y chicos participen sin banderas ni columnas propias; que la pluralidad de formas de ocupar el espacio se manifestase de modo fluido y alegre; impidieron al mismo tiempo cualquier apropiación de la movida abriendo un espacio notable a una nueva generación muy joven que parece estar liderando la movida tanto organizativa como simbólicamente. 
Los comentarios de los amigos eran que sorprendía la cantidad de gente suelta, o nueva, u organizada de modo espontáneo y abierto (pero también el hecho de que los grupos de izquierda y sindicales asumían -por astucia o debilidad- estas condiciones), la capacidad de alojar indignaciones varias de modo convergente y transversal. A nosotros nos llamaba la atención -a la salida de la «mani»- que las consignas apunten más bien a los «políticos» en un sentido «destituyente» (en el sentido que le hemos dado a esto en el 2001, y no el que tomó luego con la crisis de la 125). Es decir, contra los políticos más que contra la dinámica ultraneoliberal, contra los bancos por ejemplo. (De hecho el rescate del estado a los bancos cobró acá dimensiones escandalosas).
Hacia el final hubieron algunos disturbios menores, y un grupo (del que no se sabe demasiado y no parece ser parte del núcleo convocante) decidió quedarse -sorpresivamente- en Sol, y acampar (Yes we Camp).
De todo esto nos vamos enterando por correos de móvil. La gente acá tiene twiter en sus teléfonos personales y la coordinación es vertiginosa y ultra eficaz. Este tema de las redes sociales está en el corazón del asunto. Primero, porque el acampe de la plaza resuena a todos a la imagen de Plaza Tahir, Egipto. Segundo por lo verdaderamente eficaz. Pero el hecho de que las redes permitan una movilización hiper-inteligente, no está exenta de curiosidades. En la plaza una voz dijo «estamos en facebook» y una parte de la plaza respondió «no estamos en facebook, estamos en la calle». De tanta aglomeración, en Plaza de Sol no hay señal para los móviles.   
La madrugada del lunes al martes la policía cargó contra el campamento y hubieron detenidos. Esa misma tarde, hubo una convocatoria (siempre por twitter y facebook) para ocupar la plaza Sol nuevamente. Ya los medios no hablaban de otra cosa. El problema de la ocupación se planteaba así: es legítima la bronca de la gente, pero hay que custodiar la legalidad del proceso electoral, sobre todo el día sábado (desde las 12 de esta noche) el período de reflexión ciudadana.  
El martes «éramos» unas 5000 personas en Sol cantando consignas contra la gestión de la crisis (contra el «atraco», la «especulación», etc) y sobre todo en torno a lo que es el gran eje del asunto: «no nos representan» y «PSOE y PP son lo mismo». Como dice un amigo madrileño veterano en estas lides  -Amador-: «se apunta al sistema político porque es el que tenemos a mano, pero el fondo del asunto es la cuestión del gobierno de los mercados». Y también «el asunto primero es el de la representación, pero esto permite que confluyan cosas muy distintas, desde el cuestionamiento de la representación en sí, hasta las múltiples formas de recomponerla».
Amador viene pensando con Marga -otra amiga de larguísima experiencias en el movimiento de ocupaciones y actual hacker- y otrxs amigxs de por acá sobre el carácter anónimo de las nuevas politizaciones, al menos desde el 11-M. El asunto ahora, para ellos, es cómo hacer para no explicar lo que está ocurriendo (todo parece confirmar esas intuiciones) a en esos conceptos previos, por adecuados que parezcan. Marga está haciendo circular ahora mismo un mapa conceptual de lo más original para dar cuenta de las conexiones que convergen en la inteligencia de la plaza.
Esa tarde en Sol había un entusiasmo increíble. En un momento unos jóvenes toman la palabra con un micrófono y dicen «no somos colectivos, ni asociaciones, somos personas» (aplausos). «queremos democracia real». «Que los políticos no representen a los bancos y mercados sino a nosotros, que somos quienes tenemos derechos». La gente: «que no, que no nos representan». Y luego, los jóvenes: «queremos formular una pregunta: ¿queremos pasar la noche aquí?». La gente: «no tenemos casa, dormimos en la plaza».
A esa altura sucedían cosas parecidas en varias ciudades de España, los políticos -siempre a través de los medios- no sabían qué decir.
La organización del campamento fue rapidísima y muy cuidada, muy prolija: es decir, muy astuta. Hay tiendas, lonas, y comisiones. Se discuten todo tipo de propuestas, se debate sobre la representación (una consigna importante es la reforma del código electoral que beneficia al bipartidismo), se limpia la plaza, se reciben todo tipo de cosas que los vecinos regalan (comida sobre todo) sin aceptar dinero, se coordinan espacios de cuidado para los niños a la tarde-noche (una de las demandas que confluyen en la plaza es la falta de «plazas» o vacantes en la ciudad de Madrid para guarderías y escuelas). Nuestra amiga Marta -que participo de la mítica ocupación de El Laboratorio y de Precarias a la deriva entre otras experiencias-, madre de mellizas, dijo que un espacio para niños en una dinámica como esta le parecía una verdadera revolución.
El día miércoles la corte electoral nacional dictó una prohibición de que la gente esté en la plaza en el periodo de reflexión electoral y el ministro del interior (del PSOE, de quien depende la policía) anuncia que no van a reprimir. Se habla ahora de una manifestación importante para mañana sábado.
Ayer, jueves, en la plaza había de todo. Se discute de política, circula mucha gente. Pasan personas con cacerolas a la argentina. Hubo una presentación del libro «La crisis que viene», de Traficantes de Sueños aportando conceptos a todo esto.
Por internet circulan textos de varios colectivos o de gente inspirada con todos los tonos imaginables. En general la tensión que todos asumen es la de si es necesario o perjudicial dar una interpretación interna de los hechos de modo tan rápido.
Esta mañana Fernando Bárcena, profesor en la universidad de Madrid, llevó a sus alumnos a la plaza para preguntarse con ellos si hay un tono «romántico» (el tema que están trabajando) en torno a la plaza.
En Barcelona, según cuenta una amiga -Alida- hay menos gente, pero mucha creatividad: hay músicos, mujeres cocinando, Santiago López Petit dio una clase con sus alumnos y así. 
En la plaza, como decíamos, hay un poco de todo pero no se nota presencia migrante, ni demasiado policlasista. Pero la gente de todo tipo pasa, charla, regala cosas, canta, hace carteles con consignas. Hay una simpatía general con la plaza. Una mujer mayor lloraba sobre un hacker y le decía: «hago política en el PP pero el pueblo es esto, estoy frustrada».
Los activistas de más experiencia están, buscan cómo aportar, ceden de buen grado el liderazgo a los jóvenes (saben que ellos nunca hubieran logrado algo semejante) y a su modo tratan de entender participando. Luego en el barrio Lavapiés donde se refugian a tomar unas cervezas se saludan con una sonrisa inédita, con gesto implícito de «se vino la comuna», o con ceño fruncido de ¿»cómo seguimos»?
Un amigo argentino de mi viejo que vive acá hace años, dedicado al negocio de los libros y a quien imagino durante los años anteriores como alguien que puede haber votado en ocasiones al Psoe señala lo increíblemente positivo todo esto. La indignación era necesaria. El sistema político y el financiero están ahogándolo todo. Silvia, su compañera de años, está completamente de acuerdo con las consignas de Sol.  Sus hijas (una en Madrid y otra en Barcelona) sienten una identificación directa con lo que ocurre en las plazas.
La gente en Sol no habla de lo que va a pasar y no se piensa mucho aún en el futuro del movimiento. Por ahora lo notable es la capacidad -la inteligencia sorpresiva- de neutralizar todos los modos de desarmar la cosa por parte de los diferentes niveles del estado, los partidos y los medios. Básicamente su capacidad de estigmatizar, de organizar estereotipos y de aplicación de leyes «de orden» o represivas.
Finalizamos esta primera, breve y rápida crónica apuntando otro comentario de nuestra amiga Marga: no es tan impactante el número de gente movilizada, como la inteligencia difusa que se puso en marcha. Una inteligencia que circulaba ya por las ciudades europeas bajo modos de autoorganización en el trabajo sobre todo de servicios y en experiencias políticas recientes (como v de viviendas), pero que no emergía para decir «basta» ante tanta desazón. Una inteligencia, en fin, capaz de una interpelación inédita e inimaginable para convocar a las personas sin que necesariamente deban movilizarse en la plaza y para desorientar a los actores políticos y sociales existentes.
Abrazos desde Madrid, Verónica Gago y Diego Sztulwark

¡Que se vayan todos! Construyamos nuestro mundo

La frase “Esto es lo que hay” era la consigna capitalista que desde hace años marcaba sobre nuestros cuerpos el triunfo del neoliberalismo. En los hospitales, en las escuelas, en las fábricas… ante cualquier reivindicación la respuesta siempre era la misma: “Esto es lo que hay”. Es decir, callar, obedecer, bajar la cabeza… porque lo que viene seguro que es peor. La sensación de impotencia generalizada se nos iba metiendo dentro como un gusano que nos comía hasta las mismas ganas de vivir. ¿Para qué luchar? ¿Contra qué? ¿Qué hago yo solo?
Mientras poco a poco crecía el malestar. La indignación y la rabia por ver día a día como nuestras vidas eran trituradas, convertidas en un kleenex de usar y tirar.  Mientras el mundo árabe se encendía. Y de pronto lo que parecía imposible ha sucedido. Mi malestar es también el tuyo, y el tuyo… la politización del malestar fuera de los códigos tradicionales ha permitido atravesar el impasse en el que estábamos metidos. La maravillosa frase “Democracia real ya” ha sido un buen iniciador de la rebelión. Es solo un grito, y un grito no hay que explicarlo. Un grito de asco contra este mundo, y a la vez, un grito lleno de vida que tapa la boca a todos los políticos, que interrumpe su monólogo, que les hunde como farsantes.
Al tomar las plazas en un delirio colectivo que rompía el sentido común – el sentido común como el Pepito Grillo de la conciencia  seguía diciéndonos ¿para qué? – es la calle quien habla. Nosotros. Entonces vemos que no nos hacen falta banderas para identificarnos. Somos sencillamente los que decimos Basta ya. Queremos vivir. Y sabemos que el querer vivir no es mío sino que lo comparto en la sonrisa cómplice del que tropieza conmigo en una plaza a rebosar, en la alegría de estar juntas. ¿Qué es la Puerta del Sol? ¿Qué es la Plaza Catalunya? ¿Qué son tantas y tantas plazas abiertas? Un espacio del anonimato, un agujero negro. La autoorganización de la fuerza colectiva. La invención concreta y práctica de otro mundo. De otro modo de vivir, de pensar, y de amar. Esto es lo que da más miedo al poder ya que no puede controlarlo. Esa fuerza de resistencia y creativa que se expresa en las numerosas frases inventadas, en los corrillos de discusión,  en asambleas multitudinarias, en las cocinas, en cada rincón. Aunque introduzcan policías para detenernos cuando les convenga. O periodistas para preguntarnos ¿qué queréis? ¿quiénes son vuestros portavoces? O expertos y tertulianos, pensadores baratos de estar por casa, pagados para desactivar cualquier fuerza colectiva que pueda nacer. No. Nunca sabrán quienes somos. Por eso tiemblan. Ellos. Ellos, los mismos que nos han declarados ilegales a quienes hemos tomado las plazas. No van a saber quienes somos pero tampoco van a saber qué queremosNosotros no tenemos que dar alternativas. Y esto no es prueba de debilidad sino de verdadera fuerza. Las alternativas son siempre  trampas porque se dan dentro de lo que hay, y en cambio, nosotros rechazamos lo que hay. Lo que queremos es lo que ya hacemos. Lo que queremos es que el mundo que ya hemos abierto en cada plaza se propague como un viento de libertad. En las plazas tomadas las palabras vuelven a tener su auténtico significado: dignidad, rebelión, nosotros… y entonces el Estado de los Partidos se nos muestra como una cáscara vacía completamente deslegitimada.
Muchos nos preguntamos ahora cómo seguir. En realidad es fácil porque con la plaza tomada todo se hace muy simple. Tenemos que proseguir este vaciamiento de las instituciones que organizan la sumisión y explotación de nuestras vidas. Tenemos que defender nuestras consignas  “Nadie nos representa”, “No somos mercancías”… hasta el final porque en ello nos va la vida que hemos conquistado estos días. Dejemos que este poder destituyente que hay en nosotros actúe como la lluvia incesante que empapa la tierra. Pero seamos astutos. Sabemos que la lucha será larga y que encerrarnos en una burbuja significaría el fin del movimiento. Construyamos una estrategia de objetivos a partir de todos los debates habidos que nos permita articular mejor el grito de rabia que somos, que nos permita sostener la palabra que ya hemos tomado. No olvidemos, sin embargo, que una estrategia de objetivos no se negocia sino que se impone por la fuerza de su radical simplicidad y mediante la acción directa. Para ello las plazas tienen que desbordarse y hacerse contrapoder. Se acostumbra a decir que se hace camino al andar. No es verdad. El camino se hace huyendo del camino. Recordemos siempre que lo que nos define es la oscura potencia de la vida y lo que nos une es la fuerza del anonimato.
                                                                       Santiago López Petit
www.espaienblanc.net

II. Crónicas del 15-M (desde allá con ojos de acá)


El jueves pasado mandamos algunas impresiones. La situación era la siguiente: miles de personas habían ocupado Sol, kilómetro 0 de Madrid y la corte electoral había dicho que el sábado –jornada de reflexión preelectoral– debía despejarse el predio. A pesar de que Rubalcaba –Ministro del Interior, segundo de Zapatero y precandidato presidencial para el 2012– había dicho que la policía no intervendría sino para garantizar la paz pública, el viernes a las 00 hs. la plaza entró en la “ilegalidad” y, para cerebrarlo, se reunieron unas 25.000 personas según diario El público. Fue el punto más alto de la movilización en Madrid –aunque cosas similares pasaban con escala variable en unas 60 ciudades de España–. Las fronteras entre Sol y el resto de la ciudad se desvanecieron y la «gente» (esa pluralidad indescriptible) tomó Sol en claro desafío.
La organización de la plaza, de alta a creciente. Desde el inicio se prohíbe tomar alcohol. Hay una comisión de «respeto» que impide que los grupos y grupitos pongan consignas particulares o banderas propias. La asamblea se reúne dos veces por día (mediodía y, sobre todo, tarde-noche). Allí se va legitimando todo, se decide de dónde sacar la luz, cómo se gestionan las contribuciones y cuáles son los puntos que la plaza reivindica. Mientras funcionan una cantidad de comisiones que dependen directamente de dicha asamblea general –como siempre, instancia soberana–.
Esas comisiones son las de Respeto (seguridad), Comunicación, Cuidados, Cocina, Acciones, etc. Dentro de la comisión de Acciones, por ejemplo, funcionan una enorme cantidad de grupos de trabajo como “Acción política a largo plazo”, “Acción político a corto plazo”, “Lenguaje”, “Pensamiento abstracto”, “Medioambiente” y un largo etcétera. Cada uno de estos grupos de trabajo se reúne, a su vez, en asamblea diaria y tiene una inmensa vivacidad y aleatoriedad.
El sábado recorrimos varias asambleas. Alcanzaba con que tres o cuatro personas se pusieran a charlar para que apareciera un moderador, un megáfono y una dinámica impactante de agregación.
En las asambleas por las que pasamos primaba lo siguiente: mucha bronca a los políticos tradicionales y un montón de propuestas de bajarles el salario e investigarlos judicialmente. Otro tema recurrente son los bancos. Se discutía, por ejemplo, hacer un referendum público para decidir «qué hacemos con nuestro dinero». 
Otro punto fundamental es cómo sigue el proceso. Hasta cuándo seguir acampando en Sol y cuáles serían las estrategias convenientes para desarrollar el proceso más allá de Sol. A lo primero se resolvió, finalmente, que Sol continúa hasta el domingo próximo. Lo segundo sigue en discusión, pero lo cierto es que hay una apuesta a los barrios. El sábado próximo habrá asambleas en barrios y la dinámica parece ser la de mantener barrios y comisiones y levantar Sol. Ayer un chico de la organización nos decía que recién en tres o cuatro meses se podrá tener en Sol una asamblea general a partir de las asambleas barriales.
Mientras tanto, todo esto fluye con una velocidad impresionante y las cosas se discuten en una decena de asambleas diarias muy bien organizadas.
Charlamos con varios pibes que contaban historias parecidas: no vienen de la militancia, tienen alrededor de 30 años, tienen un tipo de politización personal desde siempre, no quieren saber nada con los partidos políticos ni con lo que llaman el sistema, no tienen buenos laburos, pero saben hacer de todo. Muchos de ellos se sumaron a la plaza después de la represión del martes y a todos se los ve muy convencidos con esta movida y dispuestos a ejercer un poder que están, fascinados, descubriendo. Uno de ellos decía: «Esto no termina el domingo porque esto no es electoral. De acá va a salir una nueva idea de la democracia«.
Durante el domingo de elecciones, el acampe se redujo un poco en cantidad de gente, pero se mantuvo muy poblado y activo. Acompañamos a votar a un amigo, Jabuti. Su idea fue votar un partido chico, interlocutor de la asamblea. Nos dice que un efecto de Sol es que la gente discute de política y piensa dos veces el voto. Casi todos nuestros amigos están filmando y/o haciendo radio en directo desde la plaza.
El domingo por la tarde ya se supo rápidamente el resultado. Lo más remarcado fue, no tanto el triunfo de la derecha, (el PP sólo subió 2 puntos), sino la debacle del PSOE que perdió 8 puntos frente al PP. Izquierda Unida subió un poquito, pero no se benefició para nada del derrumbe del socialismo. El panorama de conjunto es de crisis y reorganización de las izquierdas.
El domingo, conversando con un militante del PSOE, decía que el error del partido había sido aplicar una reforma laboral en vez de dimitir y presentar un programa de crisis. También decía que Sol era su propia base pidiendo renovación.
El corresponsal de Canal 13 en Madrid nos pidió una nota, a lo que nos negamos.

Nos vamos ahora para una actividad y luego a la plaza. 

Abrazos desde Madrid, Verónica Gago y Diego Sztulwark

Sol

(o cuando lo imposible se vuelve imparable)
Escribir para orientarse, a la velocidad que impone el momento. Entre la poética y la teórica, escribir para aportar en la con-fabulación del mundo, para contribuir, desde dentro, a crear la plaza, a prolongar el acontecimiento Sol. Porque sí, Sol ha sido un acontecimiento: uno de esos hechos inesperados que redibuja el mapa y reabre el horizonte de los posibles.
En la manifestación del 15M, rebosante de alegría por la masividad y la frescura que se respiraba, una Unidad Móvil de Radio entrevistaba a algunos de los presentes. “¿Cómo ves el futuro?” Pese a la energía circulante, muchas respuestas no dejaban de destilar pesimismo: “Negro”. El mismo lunes, cuando las noticias de la acampada en Sol empezaron a correr como la pólvora por las redes sociales, en una lista de distribución de intercambio de bienes y servicios, se escribía: “¿Qué importa que unos acampen si al lado otros tantos siguen comprando en el Corte Inglés?” Importa, porque no fue una acampada más: el gesto osado de unos pocos se convirtió en señal de salida para muchos –fue un “ahora o nunca”: y se desató el hambre de hacer, el hambre de decir.


En una pintada se leía: “lo imposible se vuelve imparable” –no hay mejor descripción del acontecimiento Sol. La generosidad desplegada, las sonrisas que lo recorren todo, los grupos de amigos, que se activan para “ir juntos a la plaza”, los otros, que ya no son desconocidos, sino compañeros en un movimiento común, la plaza como un imán irrefrenable… Una tarde, el hijo de unos amigos, de apenas año y medio, empieza a gritar “Sol, sol”: nos habíamos alejado algo de la plaza y él buscaba el Sol que nos venía atravesando estos días. Hace diez días nadie hubiera podido imaginar Sol más que como un centro turístico y comercial de una capital europea.
Sol, no como lugar geográfico, pues, sino como acontecimiento imprevisible, viene a resquebrajar dos de los pilares fundamentales sobre los que se sustentaba el estado de cosas: por un lado, rompe el consenso instaurado tras la Transición de acuerdo con el cual el actual sistema de partidos es el mejor sistema de gobierno imaginable y cuestionarlo es abrir las puertas al caos o a la oscuridad de la dictadura (frente al “no hay que caer en la tentación de cuestionar el actual sistema democrático” de Àngels Barceló, el movimiento insiste: “lo llaman democracia y no lo es”). Por otro, rechaza la interpretación de la crisis como un accidente metereológico frente al que sólo queda apretarse el cinturón. Contra la gestión política de la crisis económica, la plaza grita: “no son rescates, son chantajes” y señala responsables (gobernantes y banqueros). Conmocionados, aún sin creerse que efectivamente hay algo que “se mueve”, apresurándose a desacreditarlo antes de que tenga capacidad de impacto real, los responsables políticos lanzan a la plaza el chantaje de las “alternativas”: “Decís no, pero no tenéis propuestas”. Lo que no saben es que, para las generaciones del no futuro, la imprevisibilidad de lo que ha de venir es el pan de cada día y Sol permite, cuando menos, vivir esa imprevisibilidad con otros.
Parecía claro que el efecto del acontecimiento Sol y, más en general, del movimiento 15M, no iba sino a ahondar las tendencias electorales ya existentes: y efectivamente, la debacle del PSOE ha sido rotunda, incluso en ciudades gobernadas por el PP, como Madrid. ¿Y ahora qué?
Las acampadas (no sólo la de Sol, sino las inauguradas en tantas ciudades) continúan. Decía una amiga: “ya no se trata de tomar la plaza, sino de crear la plaza”. A partir de esta intuición, lanzo una hipótesis: la plaza sólo se crea insistiendo, profundizando, los elementos que la hicieron posible -la crítica del poder político (¡democracia real ya!) y de su gestión del poder económico (¡que la crisis la paguen sus responsables!) como mínimo común múltiplo; la cooperación de muchos como fuerza práctica que hizo la plaza real y tangible, que hizo ese mínimo común múltiplo no sólo habitable, sino gozoso, algo por lo que merecía la pena apostar. Contra la (auto)representación de los mil colectivos y luchas preexistentes, con los riesgos de balcanización de la plaza, el acontecimiento Sol invita a buscar el punto de conexión, el lugar desde el que podemos aportar a ese común, a partir de lo que somos, sin duda, pero también de un compromiso con eso que nos hace estar juntos.
Pero no sólo. Con el 15M, se confirma la fuerza de ese actor imprevisible que podríamos llamar “pásalo”, porque se autoconvoca con ese sencillo pasapalabra proliferante. “Pásalo” tiene toda una genealogía: de las movilizaciones contra la guerra, al 13M, a V de Vivienda. Sin otra organización que las propias redes de amistad y cooperación social, sin siglas ni programas, con lemas sencillos y directos, reaccionando frente a un hecho externo que funciona de aglutinante y marcador temporal e impone la urgencia de salir a la calle (la guerra, los atentados del 13-M, las elecciones…). Desde su primera aparición, son muchos los que han intentado “convocarlo”, haciendo circular por internet citas varias, pero “pásalo” es un actor desconfiado, particularmente de los grupos organizados: hijo de las décadas de la desafiliación política, insiste en la fuerza de la “gente”, las “personas”, el “pueblo” –sólo se interesa, por así decirlo, por las convocatorias peer-to-peer, “de punto a punto”.
A un chico, llegado desde Bilbao a la acampada de Sol, que lleva días fascinado con lo que estaba sucediendo, le preguntamos: “¿qué toca ahora?”. Responde: “No hay que tener miedo a que las acampadas se desinflen. A veces la gente militante, cuando se apasiona, se vuelca en las cosas y las acogota, como una madre sobreprotectora con su niño. Yo no soy militante y yo me iré de aquí y seguiré mi vida y cuando surja otra cosa volveré a aparecer”. “Pásalo” aparece y desaparece. Cómo aportar sin acogotar. Cómo habitar la (previsible) diástole del movimiento sin angustiarse. Cómo aprender a (auto)convocarnos como parte, ínfima, pero parte, de ese actor imprevisible. Preguntas que Sol pone sobre la mesa.
Unos amigos argentinos insistían estos días: “Esto es muy interesante, pero no es como el 2001 argentino. Allá en el 2001 lo que tomó la ciudad fueron los más desposeídos por la crisis. Aquí no vemos eso, no vemos señales de la crisis”. No es interesante pensar un movimiento por lo que “le falta”, pero sí que es importante pensar cómo afecta Sol a los más golpeados por la crisis económica: los desahuciados, los parados de larga duración, los expulsados definitivamente a la economía informal, los sin papeles sin posibilidad de regularizarse a falta de contrato de trabajo y los con papeles que los perdieron por no haber cotizado lo suficiente… aquellos territorios sociales más penetrados por la “intervención social”, mas atravesados por la desafiliación política… son la incógnita de la nueva fase que Sol inaugura. ¿Cómo se (auto)convocarán?
Queda mucho camino por recorrer, pero la parálisis ha terminado. Podemos sonreír.
Desde Madrid, Fati_matta, 23 de mayo de 2011

Performance

  
Ha sido muy violento para los espíritus sensibles, para los que fuimos educados en el enciclopedismo francés -en la escuela nos mandaban a la biblioteca a averiguar todo lo que se podía saber sobre algo-, el énfasis emocional, viral, opresivo puesto por los fanáticos kirchneristas, que hacen la performance de hombres y mujeres entregados a la única causa de alentar a Néstor y a Cristina, de aguantarles los trapos, en las redes sociales (Internet ha resultado una gran segunda oportunidad para los losers) y en los shows radiales y televisivos que controla el gobierno, y que ya son cientos, en hacer del Flaco, del Eternauta, un hombre providencial, el mejor de nosotros, según dijo su señora, a la vez que promueven una serie infinita de bautismos de calles, avenidas, estadios, con el nombre del ex presidente, quien, además de sus méritos, se lleva a la eternidad numerosos deméritos, los cuales, lejos de oscurecer su paso por la presidencia, lo resaltan, al normalizarlo, porque fue un hombre que a pesar de su apetito desenfrenado por el dinero, su generosidad con los sirvientes a los que enriqueció y sus enormes dificultades para discriminar recursos privados y públicos, ayudó a hacer, del de su esposa, un gobierno muy bueno que promovió el matrimonio igualitario, y ayudó a sancionarlo, y que tuvo la humildad de tomar el proyecto de la CTA de la asignación universal por hijo y hacerlo propio, sancionarlo, y que millones de argentinos en la lona se beneficien, aunque sea un poco más, con el superávit fiscal que la Argentina le debe, básicamente, al precio internacional de sus granos. Sus vicios podrían haberle bloqueado las virtudes, como pasa con tanta gente en tantos ámbitos, y sin embargo, no, hizo bailar a unos con otras. Algo importante: sólo los grandes líderes pueden ser más hijos de puta que el promedio de los seres humanos porque sus decisiones pueden compensarles, y hasta justificarles, en el trámite histórico, sus salvajadas.
Cuando fue la masacre de Cromañón, Kirchner tardó diez días en dar una señal pública de simpatía con las víctimas y sus familias. Se fue con Cristina a El Calafate y desde allá midió por televisión los daños que la peor tragedia civil de la historia argentina podía hacerle a su gobierno. El Eternauta flaco se puso por encima de esas doscientas vidas atónitas y jóvenes que murieron por negligencia estatal y privada, cuando un consenso moral mínimo habría empujado a cualquier otro en su lugar, al contemplar esa hilera de cadáveres manchados de negro y con los ojos abiertos a saltar de la cama y ponerlo en la primera fila de los obligados a condolerse y a actuar. Sin embargo, Fuerza Néstor se borró en la terrible seguridad y cinismo de que ningún presupuesto ético podía ponerse por encima de su propia supervivencia.
Esa fue su gracia. Descubrir que con la Argentina se puede hacer cualquier cosa porque la debilidad institucional y el desinterés general por la ética pública son tan grandes que el margen de maniobra de un presidente creció enormemente. Ese fue su descubrimiento. Que ya no se trata siquiera de insinuar la vía del diálogo, todo ese mundo radical cafierista antiguo, o mostrar empatía con las víctimas, o tener pruritos morales, el vasto campo de los “¿te parece?”. Sólo la caradurez fenomenal de los más jovatos puede pretender hacer del gobierno de los Kirchner un momento romántico en la historia de la humanidad y del ex presidente un Che Guevara patagónico y civil. No hay ninguna necesidad de exagerar cualidades, romantizar las cosas como si el mundo se estuviera inventando ante nuestros ojos y fuéramos todos opas. Hay que lavarse la cara con cemento para pasar por alto que la última cena de Kirchner fue con su testaferro Lázaro Báez.
El infantilismo de los más jóvenes, ignorantes o inexpertos, o simplemente cínicos, ya es otra cosa. Disponen de más tiempo para no ser serios, para la especulación, para explorar la viscosidad de un juego con adultos, la política, que incluye ideas, razonamientos y dinero, y divertirse con ella, perversamente, hinchando por un matrimonio de millonarios, porque de última, ya habrá tiempo para realizar la acción que represente el legado personal más puro y duro, la razón de vivir, que a veces tarda en encontrarse, porque el amor a lo que te gusta es un aprendizaje lento al que se llega luego de una serie de traiciones y delaciones y equivocaciones y desvíos: y la política, o sea el acto de girar el cuello desde la contemplación obsesiva de la vida privada a dejarse impresionar por la vida pública y hacer algo con eso, tiene su trámite, su pedagogía, y mientras., pasan unos años, dos gobiernos constitucionales, perfectamente, y el joven sabe todo eso, la gente sabe cosas, entonces hace la plancha y canta y baila un reggaetón con algo que debe ser muy en serio: el servicio público. El que no tiene perdón es el mayor que se aprovecha de eso y alienta las emociones que se violentan, conforme no hay censura en los modales. Kirchner fue un aprovechador mayor de ese juvenilismo bobo, apasionado y negador y prohijó ese conglomerado de agrupaciones llamado La Cámpora, que reivindica el socialismo nacional de los Montoneros y aplaude de pie a un chabón de la Ucedé, Amado Boudou, que toca la viola y les dice: “Mírenme, a los 50 años, ministro de Economía y toda una vida dedicada a la noche”.
Llegó el calor, ahora, pasó la Navidad, estos días en que le festejamos un poco a lo posible, a ver si nos da bola, las reuniones de fin de año y, con ellas, las cañitas voladoras que los fanáticos eyectan al cielo desde botellas de Trumpeter vacías, con la expectativa irónica de que se fundan in the sky with diamonds con la imagen celestial de fuerza, Néstor. Verán constelaciones con la forma de un pingüino. Fumado, todo es posible y, por eso, entre otras cosas, hay que despenalizar la marihuana, porque nos ayuda a pasar por este infierno, tirando un rebaje. En remeras y bermudas, con las havaianas, fumancheando, se harán mil tucas parties kirchneristas en los balcones de las torres con seguridad donde viven los mejor conchabados en el Estado y que serán, solidariamente, los anfitriones, para reforzar el espíritu de cuerpo, celebrando a Néstor, encomiando su grossitud y lo bien que la hacía con la guita, y para hablar mal de Pino Solanas, de Ricardo Alfonsín y de todos los intelectuales vendidos a La Nación, haciendo cada vez más gruesa la línea divisoria entre ellos y los demás, empadronando a lo loco al conjunto de personas a las que no escucharán ni tendrán en cuenta y a los que, llegado el caso, perseguirán por sus medios. Tienen bien a mano sentencias brutales para cada uno y ésa es la forma en que tramitan su hipocresía y luchan contra su propia representación penosa.
Tristemente, el legado de Néstor Kirchner es también este ejército de cabezas de lata que tienen como misión de sus vidas parasitarias castigar a los hombres libres, a los que reconocen los matices y gozan con ellos y que puede que no quieran, o queramos, dar por bueno que el país sea el mito berreta que quieren imponer. Porque la idea de integridad absoluta, de Kirchner o de quien sea, genera decepción por lo inalcanzable y no queremos eso para las nuevas generaciones: queremos un sostenido ejercicio de su ciudadanía, de sus responsabilidades. Hay que rechazar la gratificación del mito, porque necesitamos instigar la utopía todos los días. Tal vez, entonces, no debamos ceder tan fácilmente a que las tucas parties regulen nuestro 2011 y nos caguen de miedo de pensar y decir. Que sepan los cabezas de lata que nos vamos a defender de su violencia. Diciéndolo, como hacemos desde hoy. Y llegado el caso a los tortazos, porque si no es para ser libres para qué queremos la política.
Esteban Schmidt
(Fragmentos de la nota «Fuerza Bruta: dos meses sin Néstor Kirchner» publicada originalmente en la revista Rolling Stone).

Revolución: Manual de instrucciones

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Las variaciones en la presentación y contenido
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Pilas, motivación y tornillos, no incluidas en el set.

ATENCIÓN:
Acaba usted de obtener un artículo colectivo de creatividad social concentrada.


La revolución no tiene instrucciones,
en caso de duda
actúe con responsabilidad.
Artícule colectivamente espacios para el debate y para la decisión.
No persiga controlar para evitar ser controlado.
No todo el mundo querrá hacer una revolución.
Una los extremos y descarte siglas.
Deje el resto actuar,
únase a la fiesta.
Los dulces primeros momentos
es importante abrazarlos
y sentir el amor compartido.
Las siguientes jornadas puede usted colaborar haciendo lo que mejor se le antoje y se le de:
hablar con la gente,
ir a por agua,
pegar carteles,
escribir poemas,
difundir entre sus amistades,
llamar y expresar por radio…
Esos días quizás no llegue a sentir nada desagradable pues se antoja lo imposible como real, puede usted incluso desearlo todo.
Recuerde comer,
dormir entre asambleas,
llamar a su familia,
regar las plantas…
Puede estar usted pensando en que este halo de imprevisibilidad alcanzó al resto de su ciudad, del mundo entero, pero cuando salga del metro y vea que en su no-céntrico barrio todo sigue igual, respire acompasadamente y dese cuenta de la magnitud de la empresa revolucionaria.
STEP 2
Compruebe el aburrimiento a su alrededor.
Deseche los malos humores y la sensación de ansiedad. Nada está saliendo como usted pensaba.
Vuelva al foco revolucionario,
pase unas horas recargando el ánimo,
compruebe que nada fue un sueño,
que las caras no son las mismas
y que sigue llegando gente.
Comparta honestamente sus sensaciones, sus percepciones. Aléjese de análisis no sentidos, de agoreros, de expertos…
Deje que todo fluya, recupere la sensación de los anteriores días.
Finalmente reflexione,
¿qué puede hacer usted…?
Ramón F. Prada, Madrid, 28 de mayo

Carta egipcia a la acampada de Sol

No puedo evitar escribir, horas antes de partir nuevamente a El Cairo. El avión que me trajo aterrizó en Madrid el 14-M. Durante casi dos semanas de permanencia en Madrid, he recorrido decenas de asambleas y mi vida entera se ha visto interrogada por los más hondos misterios del tiempo. Como nieto de españoles nada de que lo aquí sucede me es ajeno. Como activista de la Plaza Tahrir, estar en medio del movimiento 15 de mayo, en Sol, me hace comprender algo más sobre los modos de comunicación que los acontecimientos guardan, invisibles, entre sí.
Temo ahora que se disuelva el efecto mágico que hasta aquí me acompaña y un sentimiento de angustia me pide que me quede en Madrid. Por eso he decidido hablar en el último minuto, quizás como modo de torcer mi destino (el de irme). Hablo, escribo, para decir(me) -sobre todo- que partir no es abandonar. Que partir, sobre todo en este caso, es un modo de seguir el movimiento de la vida, que ahora me devuelve a Egipto. Pero con una palabra, un pensamiento y una piel nueva, que he aprendido y adquirido en este viaje. No vuelvo a casa igual de lo que era, Sol ha afectado mi manera de vivir y pensar Egipto.
Espero con todo mi corazón que la asamblea de Sol sepa resolver la misma angustia que me atrapa a mí mismo frente a la partida. Las últimas asambleas me hicieron reflexionar en este paralelo entre mi viaje y el viaje de Sol. Sol no está ante el desafío de dejar la plaza o de levantar la acampada, sino ante el desafío de fundar un movimiento nuevo. Sol es el nombre de nuestra metamorfosis y ahora toca llevar esa potencia de transformación a cada barrio, universidad, centro de trabajo y a cada grupo familiar y de amigxs.
Ya lo hicimos una vez: entre la manifestación del 15 y la acampada dimos un gran salto. Los primeros acampados cuentan que los comienzos en Sol fueron muy precarios y vacilantes. El éxito no estaba asegurado, pero ellos confiaron y actuaron, sin tenerlas todas consigo. Nuestro punto de partida ahora tiene ahora más fuerza. Mañana o dentro de diez días, eso yo no lo sé, pero pienso que nuestro reto es repetir aquel gesto y actualizar de nuevo el movimiento, refundarlo.
Agradezco a Plaza Tahrir lo mismo que al acampada de Sol: su potencia de transformación, su poder de darnos la ocasión, la fuerza y la lucidez para empezar este movimiento. Y agradezco también a la angustia del momento por permitirnos pensar que el movimiento depende de nuestra capacidad de hacer algo con ese regalo. Evitar la trampa de la permanencia y la quietud, y asumir que el movimiento nos llevará siempre a otros lugares. Lo mejor que puede hacer Sol por el resto de acampadas es mostrar cómo la energía puede transformarse, extenderse y complejizarse sin extinguirse. Todos debemos partir, y llevar el cambio con nosotros. Sin miedo.
Ra/món Moverak

La spanishrevolution y la redefinición del vivir

En cierto sentido, el primer efecto de la spanishrevolution ha tenido un carácter terapéutico: un bloqueo generalizado de las pasiones tristes. De un punto de partida reactivo a un infinito de creatividad y de posibilidades.

La Puerta del Sol de Madrid se ha convertido en el kilómetro cero de una redefinición generalizada del vivir. También en el epicentro de una redefinición extrema de la distancia. Estar allí estando aquí, estar aquí estando allí. Muchos hemos acampado en ese kilómetro cero aún estando a miles de kilómetros físicos, en otras ciudades, en otros países. Estos días nos hemos encontrado a las puertas de los consulados españoles de medio mundo o nos hemos escuchado en las conversaciones interminables que recorren las redes sociales en Internet. En algunas plazas hemos sido decenas. En otras centenares. Entre todas y todos somos miles. “También los exiliados estamos indignados”. Aquellos que estamos fuera, que un día nos fuimos de nuestro país, nos hemos hablado y hemos compartido la emoción, la alegría y la presencia. También el dato ya para siempre imborrable de que las distancias son siempre más afectivas que geográficas. Para muchos de nosotros y nosotras el 15 de mayo señala en el calendario la fecha de nuestro regreso. Una especie de enamoramiento: estar contentos del país en el que hemos nacido. Un gran giro. Un enorme y colectivo cambio de ánimo.
Una de las singularidades del movimiento que ha nacido es su carácter profundamente desterritorializado. Una enorme insurrección pacífica y polifónica que tiene en las redes uno de sus espacios más fecundos. Quizá los que vivimos en otros puntos del planeta somos el elemento más intenso de esa desterritorialización. Internet no ha sido para nosotros una ventana por la que asomarnos a lo que está pasando, se ha convertido en una puerta por la que entrar y participar directamente del sí emergente que se ha activado: ser parte de una energía común y sin centros. Sobre todo participar de su relato. Walter Benjamin sospechó con razón de la economización generalizada de la escritura, pero se equivocó al vaticinar el fin de las narraciones. Durante todos estos días los 140 caracteres de Twitter se han multiplicado por millones en una escritura colectiva y multitudinaria que va tejiendo en tiempo real el relato de lo que está pasando. Un narrador colectivo, plural, heterogéneo. La creatividad ha convertido el microblogging en macroblogging. El movimiento 15-M no está utilizando las redes para pescar, sino para poner en práctica una auténtica ecología de la comunicación y de las historias. Una verdadera potencia postmediática.
Que un movimiento se represente y se cuente a sí mismo nos habla seguramente de una crisis de las dinámicas tradicionales de la representación. También de un tiempo propio. El primer logro de la spanishrevolution es que en medio de un proceso electoral las votaciones y sus resultados hayan sido lo menos importante. Si algo se está subrayando es que definitivamente el tiempo de la democracia no puede ser únicamente el tiempo de las urnas. Tampoco el de la delegación de los asuntos comunes. El reloj de la Puerta del Sol ha marcado ya para siempre otro tiempo. La hora de un deseo colectivo de otra vida seguramente ajena a las coordenadas tradicionales de la representación política. Quizá porque hemos soportado demasiado tiempo la imposición de una infantilización y de una desresponsabilización atroz por parte de los políticos y de los partidos. Si juntos estamos siendo otras miradas, otras voces, otro hacer, tenemos que ser capaces de devenir otra política. Si efectivamente encarnamos otro tiempo, definitivamente vamos a necesitar de otras instituciones. Del común de la política a las políticas del común. Quizá ese pueda ser un calendario para ganarle de una vez por todas al destino. Para reapropiarnos entre todos y todas de los resortes de nuestra vida.
Porque si algo está siendo la spanishrevolution es una celebración colectiva de la vida. De la vida y de la alegría. Los que nos encontramos en las plazas o en las redes estamos compartiendo sobre todo una profunda y enorme alegría. Resulta tremendamente interesante como del insoportable cúmulo de malestares compartidos que arrastramos ha nacido una alegría tan multitudinaria y un querer vivir tan potente. En cierto sentido, el primer efecto de la spanishrevolution ha tenido un carácter terapéutico: un bloqueo generalizado de las pasiones tristes. De un punto de partida reactivo a un infinito de creatividad y de posibilidades. Una alegría generalizada que parece expresarse más como un movimiento hacia el ser por venir, que como una fuerza de refundación de lo pasado. “Nada que defender, todo por construir”, propone un mensaje una y mil veces retuiteado en estos días. Un multitudinario ejército pacífico y desarmado sin tiempo para desfiles ni grandes ademanes, concentrado en sí mismo y consagrado a la libertad, que diría Lawrence. Porque sólo entre todos y todas sabemos y podemos todo. Sin miedos. Definitivamente la posibilidad de otra política y de otra vida. Y adelante con los faroles.
Ángel Luis Lara

III. Crónicas del 15-M (desde allá con ojos de acá):

Impresiones (finales) desde Sol
Soledad y Ciudad Sol 
Para comprender un poco mejor Sol, sus condiciones de emergencia y arraigo, dicen varios amigos por acá, hay que asumir el contexto de soledad y disgregación organizada que lo impregna todo. Haríamos bien en mirar por ese lado para comprender la fuerza y la lucidez de los acampes. Flor, por ejemplo, joven egresada de filosofía, dice que ella misma y sus compañeros tratan la escritura de un modo nuevo, en relación a la generación de sus profesores. Ya no buscan hacer largas tesis librescas sobre algún pensador clásico sino que intentan ligar con artefactos culturales contemporáneos, pensar cruces, hacer una tarea menos solitaria. Pero el acampe no necesariamente es antídoto. Exige mucha energía, una entrega excesiva para quienes buscan combatir esa soledad cuidando de no repetir experiencias que unidimensionalizan la vida.
Otro rasgo de Sol es la apelación continua a los «jóvenes». El protagonismo juvenil es innegable y feliz. Pero el discurso que descarga todo sobre «lo joven» deja mucho por abarcar.
Un punto bastante señalado del acampe es el hecho de haberse convertido en una ciudad, otra ciudad. Sol como micro-ciudad. Campamento amoroso, con guardería, comida gratis, sitio para descansar, para cocinar, para leer. Lo de la lectura es insistente. Desde el inicio hay un cartel que dice «Lea más». En la biblioteca otro cartel advierte: “este no es un sitio para descansar sino para leer”. Hay también un huerto con una leyenda: “si nos quedamos los meses suficientes comeremos de nuestra lechuga”. Intercambios en abundancia y sin moneda, «chabolismo horizontal». O, como se preguntaba Alida Díaz: ¿ciudad (des)utópica que expresa de algún modo nuestro futuro? Sol como exhibición de muchos planos en movimiento produce imágenes, lanza preguntas, propone problemas. 

 Respeto
El campamento de Sol es pragmático, inteligente y unitario. Trabaja con decenas de voceros rotativos. De entre todas las comisiones hay una, la de respeto, que caracteriza mejor el tono de la movida. La comisión de respeto vela a toda hora porque en el territorio de la plaza se resguarde este espíritu de suma sin exclusiones. Ha habido decenas de conflictos con grupos y personas que beben alcohol o que llegan con una pancarta que a los ojos de los organizadores supone una demanda particular, que divide y excluye a otros. Entonces la comisión saca los carteles, calma a la gente, dialoga hasta el cansancio. Sol finalmente no busca el consenso sino la unanimidad. Y para ello se dota de una paciencia infinita. Las propias asambleas son de una curiosidad semiótica increíble. Hay gestos manuales -que vienen de larga tradición- que significan que alguien, por ejemplo, está en «objeción radical» con lo que se está decidiendo. Como no se vota, esta «objeción» debe ser total y además debe contar con un argumento de peso. Otro gesto solicita una interrupción puntual a un argumento. Así como no se vota, tampoco se puede aplaudir para evitar el ruido. Cuando el orador suscita simpatías -consenso- se alzan y agitan las dos manos. Otra comisión incansable: la de comunicación (que lleva la relación con la prensa, la comunicación interna y una incesante actividad de traducción con las más diversas lenguas). Una comisión -o grupo- curioso es el de análisis, que investiga en vivo la génesis del movimiento. Esta vocación de autoregistro es abrumadora. Existe un mapa conceptual del acampe en continuo desarrollo. Hay quien pide que no se tiren los carteles, insumo fundamental para la autoinvestigacion del movimiento.    
¿Levantar el acampe?
El viernes por la mañana el nuevo gobierno de derecha atacó al acampe de Barcelona. Como se vio en directo por TV, la brutalidad fue gigante y numerosos los heridos, y en pocos minutos miles de personas se volcaron a la calle retomando la plaza. La noche del domingo el acampe de Barcelona manejó con mucha astucia cualquier provocación derivada de los festejos del triunfo futbolístico.
¿Quién querría, en este contexto, levantar el acampe? Hay al menos dos grandes filones argumentales entre quienes insisten en que es ya hora de abandonar la plaza, así sea para volver de otro modo. Un razonamiento dice así: la manifestación del 15-M fue un primer paso, un gesto muy bien pensado que supo identificar una coyuntura precisa para intervenir. Sol fue un segundo paso, un verdadero despliegue que agregó una potencia nueva al gesto inicial, introduciendo incertidumbre e inventando, al mismo tiempo, un «nosotros» incluyente antes unas elecciones que sólo iban a confirmar la urgencia de la gestión de la crisis. Pasada esa coyuntura, se argumenta, tenemos que crear otro paso, un tercer desplazamiento que dote de nuevo territorio y objetivo. Un pasaje del acontecimiento al movimiento. 
Otro argumento para levantar el acampe registra condiciones muy reales de desgaste entre los propios acampantes. La comisión de comisiones argumentó ayer en la asamblea general narrando situaciones de “inseguridad”: una pelea con cuchillos, un intento de abuso sexual, cansancio, conflictos varios.
De otro lado, quienes argumentan por permanecer en la plaza sostienen que Sol es epicentro del movimiento. Que es cierto que la plaza desgasta, pero que levantar la acampada es diluir el símbolo y la potencia del movimiento. No es fácil el asunto de volver ahora a casa y al trabajo. El acampe espanta y enamora. No es poca cosa que mientras la asamblea debatía el último domingo cómo seguir, miles de personas tomaban la Bastilla, en París y otros miles tomaban la plaza de Atenas, motivados por Sol.
Ambos argumentos temen al desgaste y al encapsulamiento. E insisten en que es mejor irse solos por la puerta grande, en una suerte de marcha festiva, a que nos saque la policía.
Mientras tanto, el sábado, se hicieron decenas de asambleas en barrios y pueblos de Madrid, con más de 25.000 asistentes. El movimiento es un hecho, pero nadie sabe exactamente cómo acortar la brecha de tiempo entre el aguante en Sol y la invención de un sentido y unos mecanismos para su efectivo despliegue. Un amigo, Amador, que había estado en la asamblea de su barrio nos decía: «la asamblea fue grande, pero en el barrio falta el gesto radical que le de fuerza y motivo, un acampe local, algo que nos permita volver a los barrios, pero no a los barrios de siempre, sino a los barrios conmovidos por Sol».
Rafaela, migrante dominicana, integrante del colectivo Territorio Doméstico, nos decía que su asamblea (varios centenares de personas en Vallecas) mostraba un barrio distinto al que acostumbran las organizaciones vecinales. Sol le restó poder al modo más jerárquico y patriarcal de la vida barrial y da lugar a dinámicas horizontales y abiertas, más afines a su modo de entender la vida política. En esta perspectiva, el movimiento está elaborando, de manera intensiva, nociones trabajosas como consenso, duración, y eficacia de las redes
La prueba del tiempo y las marcas de la crisis
La crisis que vive España, incluso el sur de Europa, no parece pasajera. Un amigo que se dedica a la venta de libros nos muestra un container con cientos de miles de libros de arte, arquitectura, cocina. Libros en los que deslumbran las fotos, el diseño, la tapa dura. “Estos libros fueron hechos para una España que no va a volver”, dice.
Otra marca de la crisis: se vincula a Sol a una figura del “joven” ultra-capacitado pero incapaz de obtener empleo y con ello experiencia laboral. Muchos títulos y poca calle, o mejor, poca trayectoria en el mundo del trabajo, del mercado.
Jóvenes sin futuro.
La preocupación de Marta Malo parece ir en la misma dirección. La crisis afecta a personas de las más diversas condiciones, y el movimiento que se está fundando tiene el desafío de articularse con los migrantes y los sin papeles.  
El movimiento está desafiado a atravesar la prueba del tiempo. Durar, en plena crisis, implica elaborar una alternativa para y desde estas subjetividades de –y en– crisis.  Pero también: sólo la duración será signo de este arraigo.
Programa mínimo
Han salido cuatro puntos mínimos de la acampada/asamblea. Reforma de la ley electoral que fortalece al bipartidismo, lucha contra la corrupción, división de poderes, instauración de modos de control desde abajo. Es el resultado del trabajo esforzado de la unanimidad. Muchos celebran este resultado en términos de demandas realistas y casi subversivas en su aparente moderación. Previsiblemente hay críticas: democracia real es refundar la democracia y no sujetarse a la ley.
Lo cierto es que puntos mínimos, comisiones, códigos manuales para hacer fluida la asamblea, infinita paciencia, pragmatismo incluyente son algunas de las claves con que el movimiento se extiende a los barrios, para ganar tiempo, para seguir buscando el modo.
Marga Padilla, una amiga a la que hemos escuchado mucho estos días, dice que el movimiento del 15-M pasa del paradigma red al paradigma cadena. Entendemos que habla de la cadena en dos sentidos. De un lado, ningún eslabón puede faltar. Debemos estar todos, todos. De otro lado, tirando de una cadena como ésta se romperá en el eslabón más débil. Y este eslabón son los políticos. Los mercados, auténtico enemigo, no están tan débiles ni a la mano sino es a través del cuestionamiento al sistema de partidos.   
¿Qué sería que el estado gestione mejor la crisis? Pues, no estatizar los mercados, sino (tal vez) que el estado trabaje para mejorar los mercados (laboral, de alimentos, de vivienda, etc.).
Mutación del mapa geográfico
Dice Marina Garcés, amiga catalana, que Sol no inventa la toma de la plaza sino que repite el gesto (de Plaza Tarhir). Y en cada repetición el gesto debe singularizarse. Sol dialoga con El Cairo. Si el mundo árabe era hasta hace poco cliché (para el turismo, el exotismo o las narrativas antiterroristas), ahora se convierte en imagen de inspiración e interés. 
Guerra civil de los modos de vida
En la red y en la plaza hay problemas de todo tipo. Conflictos verbales, choques físicos, disidencias profundas. Circula el disgusto por la pluralidad de actividades y estéticas que pueblan la plaza. Del turismo al tai-chi. Para una parte de la plaza no hay que perder la línea política. Para otra se trata de mostrar la vida que queremos. Como sucede en todo verdadero acontecimiento resulta imposible contar/registrar todo lo que va ocurriendo. Porque lo que ocurre. ocurre en todas partes, todo el tiempo. Y existe una multiplicidad de perspectivas narrativas activas. Ellas mismas son más militantes, más nihilistas, o más espiritualistas, o chamánicas, etc. En todo caso, llama la atención –lo confirman algunas amigas de Las Lindes que trabajan en educación y ven a sus alumnos coordinando asambleas en la plaza- que los chicos más jóvenes se ocupen menos de contenidos ideológicos y reivindicativos y muchos más –y muy bien- de las mediaciones, las coordinaciones, los registros, etc.
#spanish revolution. Política de los no politizados
Si una palabra fue clave en los movimientos sociales europeos de la última década fue “precarización”.  Y bien, esta palabra hasta el momento brilla por su ausencia. ¿Se trata, entonces, de politizar la plaza o bien de asumir que estamos ante un tipo de politización de nuevo tipo que algunos llaman “humanista”? Curioso: la plaza utiliza constantemente una palabra que los movimientos sociales europeos habían dejado de utilizar: “revolución”.  Política y vida se juntan de un nuevo modo. Diferente, por ejemplo, al antecedente del 11-M.
Y bien, ¿qué quiere decir “revolución” en este nuevo contexto? No está claro. Pero parece aludir a un corte subjetivo, a personas que rompen –o quieren romper- con la individualización de sus vidas. Si la vida es cooperación y competencia  se apuesta por la cooperación, disminuyendo la competencia. La “spanish revolution” se conjuga en presente, y es generacional. Y esto es cierto aunque de hecho todo el mundo parece haberse activado. Camadas de activistas y militantes de todo tipo de tribu salen de sus cuevas –muchas de ellas en crisis- y se mezclan en las plazas y comisiones para aprovechar el momento. Así lo confirma la confluencia de viejos anarquistas radicales, gente que trabaja en laboratorios del procomún, personas que forman Democracia Radical Ya, los activistas de Cine sin autor, los amigos de la librería y editorial Traficantes de sueños, o del Patio de las maravillas, de Tabacalera, de la Uni-nómade y del Ferrocarril clandestino (que trabajan con sin papeles).
Hemos visto en la plaza clases públicas, presentaciones de libros, acto de presencia del movimiento por la recuperación de la memoria histórica, una curiosa comisión de pensamiento. 
Democracia 2.0
El movimiento plantea la exigencia de una democracia a la altura de tanta inteligencia urbana. Una necesidad de actualizar las instituciones. Una necesidad de que lo vigente-legal se adecue a lo verdadero de la praxis. Suturar el desacople entre contemporaneidad de las prácticas y el anacronismo del sistema de legitimación y de reglamentación.
Por ahora no hay instrumentos hackers, tecno-políticos, para plantear una democracia más directa, pero esta cuestión está planteada muy claramente por el 15-M a través del ensamblaje de momentos virtuales-presenciales. Muchos parecen apostar a reactualizar la alianza hacker-movimiento social-trabajo del lazo y la subjetividad (pensando sobre todo en los momentos de bajón que sobrevendrán). Esta alianza se fundaría en puntos como: una pragmática, un horizonte común, y una “política de personas” (Los zapatistas decían un mundo en que quepan muchos mundos. Por momentos 15-M parece decir un mundo donde quepan todas las personas).
Clastres
El antropólogo brasileño Viveiros de Castro esquematiza la política indígena, la política salvaje, que teoriza su par francés Pierre Clastres del siguiente modo: hay un control político de la economía y un control social de la política. Es un modo de hacer tangibles los diversos niveles de la vida común. Algo semejante parece proyectar la asamblea de Sol.
Solo una posibilidad
¿Cómo podemos pensar la duración del 15-M? Quizás como el surgimiento de una posibilidad que sólo pueden elaborar aquellos que se hayan afectado por lo ocurrido. 15-M como condición de contemporaneidad del propio pensante. Su duración se juega, según esto, al menos en dos planos. En la mutación del modo de vivir-pensar, en donde todo esto se sigue elaborando, haciendo cambiar la vida y las ideas y por tanto haciendo transcurrir el proceso hacia nuevos momentos (una posibilidad!) de emergencia del común-político; pero esta vía se da junto a otra: la estrategia concreta de duración del movimiento en la acampada, en los barrios. ¿Cómo se mezclan estos dos procesos? Entre ambos planos parece jugarse el pasaje del acontecimiento al movimiento.
Impasse
Escuchamos decir estos días a Santiago López Petit que se trata de actuar políticamente en una época post-política. Cuando la política es un subsistema –si bien desbordante- del sistema más complejo de la era global, sólo actuando políticamente atravesaremos el impasse. Y esa política se pone en marcha con la emergencia de politizaciones por fuera de los códigos establecidos (como los códigos militantes de la conciencia de clase, etc.). Actuar a partir de que “tu vida ha sido sacudida”. Una política de articulaciones como aproximación tierna a lo que se está viviendo. Al “es lo que hay” neoliberal, sumar un: “hay también lo imprevisible” (“Democracia real ya!”). Hay que llevar el impasse lo más lejos posible. El impasse, como toda idea verdadera, es oscuro.
Alguien dijo estos días en una asamblea: “¡prisa y definición son nuestros enemigos!”
Desde Madrid y ya casi de vuelta, Verónica Gago y Diego Sztulwark

Desbordar las plazas. Una estrategia de objetivos


1. El movimiento del 15 M que se ha desplegado durante estos días supone el fin de una larga etapa de obediencia y sumisión. Tomar las plazas ha sido el gesto radical que – repetido en tantas ciudades – nos ha permitido lanzar el grito colectivo de “Basta ya. Queremos vivir”. Hemos empezado a perder el miedo. Juntas hemos atravesado la impotencia y la soledad.
2. Hemos aprendido a organizarnos, a tomar decisiones colectivamente, a vivir en la calle y que la calle viviera en nosotras. La inteligencia colectiva ha sido prodigiosa ya que ha permitido llevar adelante lo que parecía imposible: crear otro mundo dentro pero también contra este mundo hecho de miseria moral y económica. Hemos sabido autoorganizar un agujero negro ininteligible para el poder y que por eso teme. El poder teme todo lo que no puede entender, y por lo tanto, controlar.
3. La novedad fundamental de nuestro movimiento es que no se construye sobre la sociedad-fábrica sino que nace al juntarse y compartirse el malestar de cada una. No vamos a la plaza tomada en tanto que trabajadores, ciudadanos… sino que allí dejamos atrás toda identidad. Somos más que en ningún otro lugar cada una de nosotras mismas, y a la vez, somos las singularidades de una fuerza del anonimato, de una fuerza de vida que apunta más allá de lo que hay.
4. El nosotros que se ha formado no preexistía, no estaba latente, sino que ha surgido en el mismo momento que hemos tomado las plazas. Por esto es un nosotros abierto, abierto a todo el que quiere entrar y formar parte de él. En la plaza hemos aprendido a conjugar el verbo politizar, y el propio espacio ha sido lo que ha permitido la articulación de las diferentes politizaciones que se dan necesariamente divididas en el tiempo. El rumor de fondo que el poder quería acallar ha emergido. Nosotros somos los rostros de este rumor que ha terminado con el silencio del cementerio.
5. Tomar las plazas significa antes que nada tomar la palabra. Pero la palabra, el discurso no es tanto lo que se dice como lo que se hace. En las plazas tomadas lo más importante es lo que se hace y cómo se hace. Esto es cierto y ha sido así. Ocurre, sin embargo, que poco a poco la potencia que nos daba un modo de funcionar (comisiones, subcomisiones, consenso…) se ha ido convirtiendo en un auténtico freno. Por un lado, una organización tan subdividida si bien puede ser eficaz introduce una dispersión creciente, una pérdida de los contenidos esenciales, y sobre todo, una profunda arbitrariedad que acaba por ser paralizante. Por otro lado, el consenso tiene que ser un medio pero jamás un objetivo en sí mismo, de lo contrario decisiones políticas inaplazables no pueden tomarse. El estar juntos no puede medirse en unidades de consenso.
6. Ahora el problema fundamental es cómo continuar el movimiento que ha empezado. Porque hay algo que día a día estamos comprobando: si no avanzamos hacia adelante, necesariamente retrocedemos. Y eso es así porque la posición que hemos levantado al tomar las plazas se ve minada, tanto por el retorno a un primer plano de las opciones personales, es decir, de un proliferar de intereses completamente subjetivos que habíamos conseguido soslayar, como por la campaña de difamación (“el 15 M está degradando”, “perjudican a otros”…) orquestada mediante los medios de comunicación oficiales.
7. El problema no es si abandonamos la plaza o no. El problema es cómo seguimos adelante con un movimiento que ha sido el más importante de los últimos años y que seguramente abrirá un ciclo de luchas. En la plaza de Catalunya hemos gritado muchas veces “Aquí empieza la revolución”. Quizás deberíamos tomarnos en serio estas palabras. Cuando afirmamos “no somos mercancías”, “nadie nos representa” u otras frases parecidas estamos construyendo un discurso revolucionario que socava lo esencial de este sistema.
El problema no es si abandonamos la plaza o no. El problema es si nos atrevemos a pasar de indignados a revolucionarios.
8. Como indignados sabíamos que había que atacar antes que nadie a los políticos y a los banqueros. Esta intuición era acertada especialmente por lo que hace referencia a los primeros. El subsistema político que funciona con el código gobierno/oposición es muy fácil de atacar. Basta que afirmemos de modo consecuente “nadie nos representa” y cortocircuitamos uno de los códigos fundamentales que organizan la realidad. No en vano la deslegitimación del Estado de los partidos ha crecido. En cambio no hemos conseguido erosionar el código tener dinero/no tener dinero que rige el subsistema económico. Ni por supuesto hemos sabido hacer frente a la crisis y al uso de la crisis como modo de gobierno.
9. Por esta razón el movimiento de la “toma de plazas” está abocado a tener que dar un salto ya que de lo contrario, o nos quedamos dentro de una burbuja autocomplaciente hecha de opciones personales o la deslegitimación de la política por sí sola no llegará nunca a abrir otro mundo. Hay que atacar toda la realidad, esta realidad toda enteramente capitalista en la que nos ahogamos. Dar un salto quiere decir, pues, atrevernos a ser revolucionarias. Más exactamente. Atrevernos a imaginar qué significa ser revolucionarias hoy día.
10. El problema no es si abandonamos la plaza o no. El problema es cómo desbordamos la plaza, y para ello tenemos que pensar ya no sólo como indignados sino como revolucionarios. Frente a una realidad (capitalista) que es esencialmente despolitizadora porque reconduce el conflicto y esconde al enemigo, porque aumenta incesantemente sus dimensiones con el fin de que la obviedad se imponga, el único camino es la defensa de la politización: “cuando nada es político, todo es politizable”. Desbordar la plaza es conjugar colectivamente el verbo politizar, y para ello tenemos que inventar una articulación de dispositivos que ya hemos empezado a emplear: enjambres cibernéticos, asambleas generales y de barrio, comisiones diversas…
11. De la misma manera que somos un nosotros que no se puede subsumir en un espacio público no estatal – somos una asamblea general, un grupo en fusión, un pueblo nómada, un mundo hecho de singularidades – la organización que organice el desbordamiento tiene que ser también una articulación compleja de dispositivos. La fuerza del anonimato, la fuerza de vida que somos, rechaza los modelos antiguos identitarios y sectoriales. Asimismo cualquier intento de recuperar nuestra fuerza mediante la forma partido está abocado necesariamente al fracaso. La fuerza del anonimato nunca podrá ser encerrada en una urna.
12. Desbordar la plaza no es una metáfora. Consiste en infiltrarse dentro de la sociedad como un virus, actuar como partisanos que sabotean la realidad durante la noche. Pero tenemos que volver intermitentemente a la plaza y esforzarnos por mantener en ella un rastro de nuestro desafío. La plaza tomada debe seguir siendo una referencia política, y a la vez, la mejor base de operaciones de la que partir para proseguir esta guerra de guerrillas. Infiltrarse en la sociedad implica, en definitiva, un cuestionamiento radical de todo lo que se impone con la fuerza de la obviedad. Para que esta lucha sea efectiva tenemos que dotarnos de una estrategia de objetivos y de modos adecuados de actuación. El grito de rabia y de esperanza que ha resonado en las plazas tiene que organizarse políticamente, de lo contrario se perderá en la oscuridad. Y de nuevo el silencio entrará en nuestro corazón.
13. Cuando la vida es el campo de batalla se vienen abajo los distintos frentes de lucha y es más fácil que nunca crear una estrategia de objetivos. La estrategia de objetivos que proponemos podría empezar con: a) 1000 euros para cada persona por el solo hecho de formar parte de la sociedad y dada la riqueza ya acumulada. b) No más desahucios y retorno de los expulsados. Posibilidad de devolver la vivienda al banco y no seguir pagando la hipoteca. c) No a la ley Sinde. Contra la privatización de la red. La estrategia de objetivos se inscribe y tiene sentido solo en el interior del movimiento que deslegitima el Estado de los Partidos. No se trata por tanto de unos puntos mínimos que unos portavoces negocian.
14. Una estrategia de objetivos requiere la acción directa para poder imponerse. En nuestra época, sin embargo, su culminación no puede pensarse bajo el modelo de la huelga general clásica. Por un lado, la fábrica ha perdido toda centralidad política en la medida que se diseminaba por el territorio; por otro lado, en ella existe miedo y los sindicatos históricos saben gestionarlo. De la misma manera que con la toma de plaza se inventó un modo de lucha inesperado, la propia acción directa tiene que ser pensada de nuevo. La transformación social, económica y política que ha tenido lugar en los últimas décadas – la sociedad entera se ha convertido en productiva – juega a nuestro favor ya que extiende la vulnerabilidad a todo el territorio. Por esa razón la acción directa tiene que ser sobre todo interrupción de los flujos de mercancías, energía, e información, que atraviesan y organizan la realidad.
15. El gesto radical de tomar la plaza que se ha plasmado en tantas ciudades debe seguir vaciando las instituciones de poder pero tiene que prolongarse en un bloqueo real y efectivo de este sistema de opresión. No es algo imposible. Somos nosotros mismos viviendo quienes sostenemos esta máquina infernal y corrupta en fuga hacia adelante. Si verdaderamente estamos indignados tenemos que hacer de nuestra vida un acto de sabotaje y entonces todo se vendrá abajo. Todo se vendrá abajo como un castillo de naipes y quizás descubramos una playa en Puerta del Sol. Todavía no sabemos qué sorpresas puede depararnos el mundo que estamos empezando a construir.
Santiago López Petit
www.espaienblanc.net

Dos Notitas Dos, sobre miltancia k

Santiago Llach: La renta simbólica

En el momento en que empiezo a escribir estas líneas, la inspiración divina llega por debajo de la puerta. Un soplo energético, propiamente: la factura de Metrogás. Voy derecho a los tres caracteres que más me interesan, impresos en negro sobre fondo salmón: $32. Ocho dólares por el gas consumido en el bimestre (sí que primaveral) marzo-abril, en un departamento de 60 metros del barrio de San Nicolás.

Este obsequio clasemediero, deviddo más que divino, explica mejor las fanfarrias neomilitantes que los índices de pobreza o la improbable esperanza de que otra cosa que el precio de la soja sea la causa del crecimiento económico.

Los sueños revolucionarios de los jóvenes sesentistas fueron una consecuencia de la invención del lavarropas y la televisión, la invención de la juventud como sujeto de consumo. Las contraculturas políticas y artísticas tuvieron como función principal crear ilusiones que el mercado se ocupó de señalizar. Los experimentos del sinsentido, la anarquía y la poesía, son reapropiados de manera inesperada por la sociedad y el sistema. La Alegre Izquierda le hace el juego a Papá Derecha. Lo irrepresentable adquiere representación: kioscos estatales y la cosa siempre un poco sobreactuada de la acción afirmativa.

Los sueños populistas de los jóvenes de 2000 son una consecuencia de la invención de Internet y la telefonía celular. Esta es la era de las góndolas a ochenta centímetros del piso: todos somos artistas y los trendsetters son los niños. Las viejas figuras familiares se desdibujan, y señores en sus treinta y sus cuarenta danzan la cadencia de una adolescencia eterna. El pendeviejismo, etapa superior del kirchnerismo. El kirchnerismo, etapa superior del gorilismo. Los nacidos y las nacidas en los ochenta, hijos de los “consumos culturales” y de una ciudad formateada por el CBC, obsesionados con sus pósteres en los 90, hicieron su maduración rápidamente: de aquel decembrismo anarco al laburo en el Estado negrero.

Todos los militantes, digamosló, son rentados. Al igual que los artistas. El que diga que no es un gorila: se quiere diferenciar del pobrerío clientelar, mano de obra mal ocupada, ariete de la estética pobrista de las marchas al centro con que los jefes de las orgas sociales y políticas ejercen su raterío sobre el Estado superavitario.

Antes que semblar las fracturas y las rupturas, haríamos bien en cavilar sobre las continuidades. Abusando de la ironía leninista, qué duda cabe: el kirchnerismo es la etapa superior del menemismo. 1989-2011: modernización democrática al uso nostro. El griterío militante, el expresivo entusiasmo de las sensibilidades medias: espejitos de colores sobre el plano de fondo de un modo similar de construir la gobernanza y la fuliginosa escena pública.

El neopopulismo es un gesto producido desde la torre de marfil, desde la sistematización culposa de las ciencias sociales especializadas y desde la psicología de una generación que sólo puede revivir la guerra de sus padres (a diferencia de lo que pasa en los EE.UU., donde todas las generaciones tienen su guerra). Los hijos reales y simbólicos del exclusivo club de la guerrilla escucharon la palabra “fierros” en la bocaza de Néstor Kirchner y se plegaron a sus guerras imaginarias. Fuera de la pagoda griega en la que Beatriz Sarlo dialoga con Sócrates, y del trirreme hermético en el que Horacio González lo hace con su sombra, toda suma de caracteres embarra la cancha, desinforma. El origen social de Macri, eso sí, vino como anillo al dedo para que el culpoperonismo warholiano y digital de los chicos del corredor de Rivadavia encontrara su módica bestia blanca. Viejos y nuevos gestos superpuestos, mientras Internet acaba con la educación formal y las jergas excluyentes.

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Esteban Schmidt: La militancia bajo contrato

Final del formulario

La Cámpora es un colectivo inorgánico que resume el trasvasamiento generacional inducido por la presidenta Cristina Kirchner en el movimiento peronista. CFK acerca a unos hombres –más que mujeres— menores de cuarenta años, a los presupuestos, les facilita algunas bancas y les colma de realidades efectivas la ilusión de prosperidad personal y política. Una madre. De este modo, suceden, por inevitable física, a otros cuadros, previsiblemente más quemados y enviciados por décadas en el juego del poder y la Presidenta hace la carambola de asegurarle mayor lealtad y contención al destino que sienta mejor para ella, y se ilusiona con que jóvenes vírgenes modernicen y mejoren la política. Lo que al fin de cuentas sería un legado. Al menos uno.

¿Es posible decir algo más de La Cámpora, a esta altura de la mañana de su existencia, que no sea publicidad o prejuicios? Tal vez la gran diferencia con otras organizaciones juveniles es que La Cámpora, además del liderazgo peculiar de Máximo –un millonario mudo con estudios incompletos de periodismo deportivo–, no preexiste al movimiento social denominable kirchnerismo. No se hizo con masas flotantes surgidas de algún descontrol de la historia sino que coaliga cuadros sueltos provenientes de distintas experiencias, más o menos peronistas, y lo hace de arriba hacia abajo por la fuerza integradora de los nombramientos.

Estos años vividos bajo contratos por parte de la militancia –eludiendo los horribles trabajos que hay que hacer muchas veces para sobrevivir– no anula, desde luego, ni desmerece, lo genuino de la elección política y el amor de sus militantes a la líder. La creencia kirchnerista es tan gratuita y noble, como otras creencias en la historia, y como no se veía desde el retorno democrático en un partido de masas, sólo que la política profesional supone emolumentos por practicarla. Lo cual es muy razonable.

Aunque, para no quedar capturados simbólicamente por semejante materialidad, La Cámpora sobreactúa los efectos, sí que concretos de la última dictadura militar, como si la somatización no acabara nunca, y en curioso beneficio propio, como una desgracia histórica que les pertenece en exclusividad. La mayoría de los militantes nació en democracia pero algo así como una fuerza gótica los remonta sufrientes a varios años antes de su nacimiento, al famoso 76, y la entronización, por ascensor, de Juan Cabandié a frontman principal de la agrupación, por tener la sangre correcta, la de los padres desaparecidos, obliga a la militancia con aspiraciones a mistificar sus historias familiares hasta dar bien con el efecto víctima.

Según se lee en las biografías de algunos de ellos colgadas en la web de La Cámpora uno de ellos creció “en un barrio muy humilde”, otro llegó con su familia a Buenos Aires “peleando una indemnización”.

Si a la disponibilidad de recursos, se le agrega el creer tener toda la razón y disponer del cristal perfecto para leer la época, los chicos de La Cámpora le transmiten al resto de la comunidad la sensación de vivir bajo una libertad condicional que conceden porque no hay más remedio.

Por supuesto que todos tienen sus cinco minutos con dios, o entre amigos, en los que reconocen la complejidad de la materia que tratan y se entregan al destino sin las exageraciones que mantienen en el teatro público de las redes sociales, la universidad o la calle. Y para ser una “nueva política” ciertamente no rompen con antiguas taras: la sumisión discursiva al líder y la ceguera para descubrir política y creación social en otras zonas de la vida comunitaria.

Como lo prueban Woodstock, Facebook o Taringa, los cambios culturales sí que son movilizados por los jóvenes pero para que ocurran debe depender exclusivamente de ellos la gestación: se debe ser libre de crear o de soñar algo de verdad disruptivo y no esperar la línea.

Tienen otro gran límite, además de la firma presidencial, los muchachos y muchachas de La Cámpora: no representan a nadie por sí solos, así como la juventud sindical o los movimientos sociales se deben a sus bases.

La Cámpora cumple el sueño de la orga vacía que satisface sólo a quienes la integran, representando redondamente bien la endogamia, a la política que mira a la política, a los militantes que miran a los militantes, como en los escrutinios de los centros de estudiantes.

La Cámpora es una juventud maravillosa, obvio, pero bien disciplinada que no pregunta qué es lo que pasa generala sino que explica por qué pasan las cosas o por qué no van a pasar.

Toni Negri: Reflexiones acerca del 15M

desde la perspectiva de la Autonomía como expresión organizativa y política del poder constituyente.

En estas últimas semanas, he estado por el trabajo en España. Naturalmente, he prestado atención a los «indignados», he atravesado algunas calles y acampadas, he discutido con muchos compañeros. ¿Quiénes son los “indignados «? No pretendo responderlo -hay docenas de historias que fácilmente pueden hacerlo. Cito aquí sólo algunas notas.


¿Quiénes son los “indignados»?
Democracia Real, Ya nace dos meses antes del 15 de mayo. Es una asociación de activistas informáticos, menos radical pero tan eficaz como Anonymous. Ya se habían manifestado contra la ley Sinde que castiga la piratería en Internet en enero de 2011 y desarrollaron un discurso y una lucha contra la firma de ese acuerdo, decidido por PP y PSOE (derecha yizquierda), y bendecido por el vicepresidente estadounidense Biden. En consecuencia, la asociación fomenta el rechazo del voto: «¡no les votes!», y desarrolla un discurso sobre el sistema representativo español, contra el bipartidismo por una nueva ley electoral proporcional, destinada a favorecer el pluralismo y la equidad.
Otro grupo interesante es V de Vivienda. Es un movimiento de lucha sobre la vivienda iniciado en el 2005 (“por una vivienda digna»), desarrollándose sobre todo en red cuando estalla la burbuja inmobiliaria, que produce auténticos «enjambres» con fuertes protestas pero que inicialmente luchan por establecer un impacto político.
Un tercer movimiento es el de «hipotecados”. Nace en Barcelona y constituye una plataforma de ayuda mutua entre las familias y los individuos que por hipoteca o préstamo bancario o desalojo privado son expulsados ​​de sus hogares. La comunicación mediática de este grupo es particularmente demandada, y su competencia ha sido importante para las luchas y la construcción de la 15M.
Un cuarto grupo está formado por las distintas asambleas y colectivos del cognitariado urbano. Estos grupos no tienen perfiles militantes consolidados, se trata fundamentalmente de una izquierda intelectual que produce protestas y coopera en red, asumiendo posiciones radicales contra la precariedad y la incertidumbre del trabajo, así como contra los bajos salarios. Son grupos de trabajo inmaterial desarrollados «dentro y contra» la crisis.
Desde hace algún tiempo, sobre todo desde abril de este año, también aparece en escena una red de «izquierda autónoma», mayoritariamente vinculada políticamente a Izquierda Unida, “Juventud sin futuro”. El nombre lo dice todo. Esta organización comienza una amplia agitación, con una importante capacidad para aprovechar los titulares periodísticos convocando una manifestación el 7 de abril. Es un antecedente importante porque del 7 de abril al 15 de mayo el anuncio de una “gran manifestación” se propagará por la red como un virus.
¿Quiénes son, además de estos movimientos, las personas que se reúnen el 15 de mayo en las calles de España? Hay dos componentes principales. El primero es esencialmente la clase media empobrecida, empleados abocados al desempleo, propietarios de pequeñas empresas en crisis, profesionales que son rechazados por las empresas, trabajadores autónomos afectados recientemente por la crisis o acosados por Hacienda a los que acompañan ciudadanos indigentes expulsado de su vivienda o que no la pueden conseguir. Un segundo componente, frecuentemente mayoritario en las acampadas, es el del cognotariado metropolitano, trabajadores cognitivos e informáticos, precarios del sector servicios y de todo tipo de actividad inmaterial, estudiantes y jóvenes sin futuro. Algunos inmigrantes están presentes en las manifestaciones y se expresan en las asambleas. En el movimiento son muchas las mujeres que participan en los debates y sobre todo en la dirección de la organización de los campamentos. Estos sujetos constituyen un movimiento que no es identitario, no es un simple movimiento de solidaridad, todo el mundo habla en primera persona: es un movimiento contra la crisis y la pobreza que atraviesa la clase media (en un sentido amplio).
Indignados. Los medios de comunicación imponen este nombre, tomado del folleto de Hessel. En la imposición de este nombre, el movimiento ha reconocido inmediatamente un intento de reducirlo a la protesta moral y relegarlo a un terreno no-político (con la amenaza implícita de ser reprimidos si actuasen políticamente). El movimiento ha respondido por partida doble: de inmediato, pacíficamente; y luego, practicando el «rechazo a la violencia», teorizado y proclamado como “rechazo del miedo”. Este es un factor importante y constante en la constitución y mantenimiento del movimiento. Refleja la conciencia de que si se tiene miedo, se está dispuesto a responder violentamente a la violencia; de que el gobierno tratará ahora de infundir el miedo (un gesto hobbesiano) para provocar una respuesta tan violenta como empobrecedora para legitimar la represión. La respuesta no-violenta del movimiento ha permitido una aceleración extraordinaria, una gran expansión (metrópolis, ciudades, pueblos), su aparición como un «evento» incontenible.

El lenguaje del movimiento es simple, popular pero no populista. Ha sido sugerido sobre todo por Democracia Real, Ya: «No somos mercancía en manos de políticos y banqueros». El lenguaje es filtrado por las redes y por la increíble cantidad de comunicaciones, enlaces, webs y foros en Facebook, Twitter, etc. Que, en una democracia real el poder sea interacción –lo que implica la disolución de toda autonomía de lo político- constituye la clave del lenguaje del movimiento. A esto se añade la crítica de la constitución democrática y los tres poderes (legislativo, ejecutivo, judicial), porque ya no se corresponden con las funciones para las que fueron constituidos. La dimensión pública del Estado, cuando no es atravesada por la participación de los ciudadanos, ya no puede ser considerada legítima. En las formas en las que existe, lo público es simplemente una superestructura del sector privado. Por lo tanto, se requiere un nuevo poder constituyente para la construcción del común. ¿Se puede decir más claramente que el movimiento de los indignados es un movimiento radicalmente constituyente?

Por tanto, aquí se propone un nuevo modelo de representación. Por un lado, las redes, por otro las asambleas. Desde las asambleas en las plazas de las ciudades se desciende “en red» a las asambleas locales en los barrios y, después, a las pequeñas ciudades y pueblos. El retorno es igual de rápido y veloz. La base de la organización de las asambleas –desde la base-es por lo tanto la vía y la estructura de la «democracia real» más allá de la representación. La red proporciona una temporalidad inmediata y en la organización/difusión espacial (cuando los tiempos son más largos) las asambleas deciden la institucionalización del movimiento.
El 15M parece brotar de la nada. No es cierto: más allá de la actividad de los grupos, más allá de la casualidad (latente y perversa) de la crisis, pueden rastrearse en el movimiento acumulaciones, sedimentaciones, cambios en la duración.

Para empezar, hay similitudes importantes con lo que había sucedido en mayo de 2004, cuando el «movimiento contra la guerra» se rebeló contra Aznar en los días previos a las elecciones generales, en protesta por la atribución a ETA de los atentados terroristas de la estación de Atocha. También entonces se produjo un enorme enjambre, convocado a través de los «móviles», que transformó radicalmente el ambiente electoral y favoreció la victoria electoral del socialista Zapatero: la llamada «comuna de Madrid.»

Hoy, no existe esa enorme tensión, aquel gran miedo, aquella violencia, que entonces atravesaba los movimientos. Hoy en día existe un mayor sentido de la propia fuerza y una mayor madurez. Por otra parte, Zapatero respondió entonces al movimiento y propuso una vez más una posibilidad de representación política -pronto se reveló un engaño, tanto más insultante porque fue una traición. Ahora ya no queda ninguna posibilidad de reforma sino que se tiene la conciencia de la imposibilidad de modificar el sistema. Se tiene la percepción (sobre todo después de los resultados electorales desastrosos para los socialistas y en referencia al gran impacto de la abstención -alrededor del 50%) que el movimiento hace y deshace los gobiernos pero con un imaginario cambiado, ya que –se piensa- ninguna hegemonía de partido puede hoy corresponder al movimiento. «No nos representan». El sistema constitucional está en crisis.
La continuidad también se puede registrar en referencia a las formas organizativas del movimiento.La configuración material de las acampadas retoman las formas de lucha de los trabajadores de Sintel que durante meses acamparon en el centro de Madrid. La forma de la “acampada” se toma de la lucha obrera. Esto muestra cómo la conexión de los movimientos representa hoy un pasaje esencial en la producción de las luchas. Aunque las organizaciones oficiales del movimiento obrero (sindicatos y partidos) se mantienen fuera del movimiento, la experiencia de las luchas obreras es comprendida y desarrollada.
Sólo a partir de esta puntualización vale la pena mencionar otro elemento fundamental de este 15M: el «republicanismo» implícito, el recuerdo nostálgico pero radical de 1936. Toda la historia de la España moderna es la que está aquí puesta en cuestión contra una gobernabilidad capitalista y clerical, reaccionaria y represiva, liberal y reformista, que no tiene comparación en otros países europeos.
Todo esto ayuda a comprender la dinámica organizativa de este movimiento. Nace de una maduración capilar, sobre una dimensión microsocial, completamente voluntarista. Hay un máximo de cooperación, que no se produce por individuos ni grupos sino organizada por «todos juntos». Incluso la elaboración teórica es colectiva. En las asambleas todos tienen derecho a hablar. El nivel del debate es muy desigual pero a menudo rico en intervenciones competentes y eficaces. Parece increíble pero aquí se dan formidables experiencias innovadoras, tanto en el terreno de la cooperación organizativa como en el de la elaboración teórica -experiencias de ninguna manera repetitivas, burocráticas, inútiles. Hay una madurezgeneral que ha desarrollado sus competencias -pero, sobre todo, que ha evitado confrontaciones dogmáticas y sectarias. Los que ya estaban organizados en grupos no han sido excluidos sino involucrados en el «todos juntos». No hay necesidad de un «savoir faire» político particular en este movimiento sino de competencia y capacidad de proyecto.
Los dos procesos organizativos fundamentales que se integran aquí son, por tanto, el de la comunicación en red (que permite la articulación de la centralización y la descentralización territorial) y el de la intersección de los componentes sociales (que permite la recomposición programática del proletariado social).
Teniendo en cuenta estas características de la recomposición (de los movimientos y de los programas) se comprende también la afirmación de un espíritu constituyente que evita amalgamas políticamente contradictorias (por ejemplo, entre grupos y organizaciones que intenten afirmar su hegemonía sobre otros) y que, por tanto, no produce entusiasmos sectarios o puramente movimentistas. Los indignados hablan entre ellos, en las asambleas o en la red, de programas, de acciones, de plazos, de problemas concretos que hay que resolver… El espíritu constituyente predomina aquí. «Todos Juntos» -aquí se construye el común.
Se ha creado una organización de alimentación totalmente horizontal, con su cocina y servicio de limpieza en el campamento, con un centro informático e informativo, con horarios de asamblea, decisiones, actividades, comisiones jurídicas y médicos «no a las drogas», etc…
¿Cuáles son los mecanismos de decisión en este movimiento? La democracia directa, por tanto las decisiones tomadas en asamblea y la temporalidad (breve) de las funciones de representación (portavoces). Sabemos que tomar una decisión en estas condiciones requiere mucho tiempo y que el proceso a menudo tiene que sufrir los efectos de una discusión caótica. Sin embargo, ello no impide llegar a través de la designación de «portavoces» (cambian todos los días), a la toma de decisiones, a la comunicación pública con legitimidad y consenso. La decisión o la discusión que se produce, es depositada/archivada en el sitio informático del movimiento. Este proceso es, en paralelo, una réplica y una verificación en red. Se pone así en marcha una estructura policéntrica de decisión y, si en las asambleas las decisiones exigen mucho tiempo, su verificación en la red es rapidísima.
Este proceso constituye una novedad radical con respecto a la experiencia de los movimientos más recientes (Seattle, Génova, etc.) cuando las decisiones colectivas difícilmente conseguían sintetizar puntualmente los comportamientos y la urgencia de los eventos con la continuidad y la extensión de la iniciativa… Por no hablar de su institucionalización.
Como ya hemos dicho el movimiento surgió desde las manifestaciones de los grupos, de un período experimental de movilizaciones rápidas, de la repetición de acciones flash: y finalmente, en relación con las grandes manifestaciones, la decisión de acampar. La acampada y la consolidación de la modalidad asamblearia que la acompañan, representan, por tanto, una relativa ruptura/discontinuidad con el modelo de decisión en red. Tanto más que en los campamentos la composición social se complica y, junto a los sujetos mencionados, también hay sectores marginales del proletariado (cognitivo y no- cognitivo): desempleados, inmigrantes, «hyppies» y pequeños-burgueses desesperados… Todo esto puede crear problemas si no se soluciona fácilmente, pero no hay que dramatizar, y no han roto los procesos de organización y toma de decisiones. Otra prueba del «sentido común» de este movimiento.
Los puntos programáticos discutidos en las asambleas y proseguidos en la red, siempre resumidos en los documentos, son básicamente los siguientes:
Empleo precario. Se pide trabajo y/o ingresos para todos. La discusión no implica ideologías o prejuicios «laboristas» (los sindicatos están excluidos, tanto UGT y CCOO, así como las fuerzas políticas): decir «trabajo para todos» quiere decir «ingresos para todos.» El tema de la renta universal es muy difuso. Se convierte en dominante cuando los trabajadores autónomos de segunda generación son mayoría en las asambleas. Además: reducción de la jornada laboral, jubilación a los 65 años, seguridad del empleo y ayudas a los parados, etc…
Derecho a la vivienda. Expropiación del stock de casas sin vender y su transferencia al mercado público de alquiler. Plan para la cancelación de las hipotecas, etc…
Fiscalidad. La crítica del desigualdad reparto de la renta, tanto de los trabajadores independientes como dependientes, por las autoridades fiscales es muy fuerte. Aumento de los impuestos sobre las grandes fortunas y bancos. Relanzamiento del impuesto sobre el Patrimonio. Control real y efectivo de la evasión fiscal y la fuga de capitales a los paraísos fiscales. Pero la discusión se dirige principalmente contra los bancos, contra de las estructuras financieras, etc… Prohibición de toda inyección de capital a los bancos responsables de la crisis. Control social de los bancos. Sanciones para los movimientos especulativos y la mala praxis bancaria, etc. El concepto fundamental expresado en las asambleas es que hay una gran riqueza social, de la que se apropian las autoridades fiscales y los bancos. Las operaciones bancarias actuales son culpables de usura y arrogancia. Se pide la generalización de la tasa Tobin.
Sistema electoral. La solicitud de modificación de la ley electoral y las reglas de representación ha asumido un tono de urgencia. Se considera que el sistema bipartidista español es intolerable, que las dos grandes fuerzas parlamentarias son igualmente corruptas y responsables de la crisis. Por tanto, se pide que el sistema electoral se modifique proporcionalmente y una propuesta de un referéndum sobre esta cuestión se ha puesto ya en marcha (500.000 firmas). Por otra parte, sobre la libertad de los ciudadanos y la democracia participativa: no al control de Internet y la abolición de la ley Sinde, generalización del método de consulta, etc…
Sistema judicial. Se considera por completo en manos de los políticos y banqueros, incapaz de perseguir la corrupción y, sobre todo, corregir los defectos de la representación y dotar de sentido igualitario el sistema jurídico. Cuando se habla de la justicia, se contrapone a la corrupción política un discurso sobre la dignidad -no desde un moralismo pequeño-burgués sino desde un fuerte sentimiento de autonomía ética y política.
Servicios públicos. Reorganización de la sanidad pública. Contratación de profesores para garantizar una ratio adecuada de alumnos por aula y grupos de apoyo escolar. Gratuidad de la enseñanza universitaria. Financiación pública de la investigación para garantizar su independencia. Transporte público de calidad y ecológicamente sostenible. Constitución de redes de control local para los servicios municipales, etc…
Algunos temas no aparecen en las asambleas. Lo «nacional» en primer lugar -es decir, no hay enfrentamientos entre las distintas nacionalidades (algo asiduo en el debate político español), hablándose en todos las lenguas, castellano, vasco, catalán, etc… Este es un elemento muy importante en la experiencia de los campamentos. Otros temas inexistentes son el de Europa y, en parte, el de la guerra (sí se protesta contra los gastos militares del gobierno). La ausencia de debate sobre estos temas es bastante extraña, pero corresponde a la falta de información y a la ambigüedad existente respecto a la cuestión europea y la Alianza Atlántica.
¿En qué puede devenir este movimiento desde una perspectiva a largo plazo? ¿Puede constituirse un contra-poder permanente y organizarse como poder constituyente. Es difícil predecir cuáles serán los pasos del movimiento, si organiza una especie de doble poder,o bien desarrolla un poder constituyente que intente penetrar y transformar las estructuras del Estado. Lo que es seguro es que, dentro de la práctica de toma la plaza contra el gobierno, aparece positivamente el proyecto de una regeneración republicana: la República frente al Estado, tal y como en la tradición española (antes y durante la Guerra Civil), este proyecto se ha vivido. Hay que tener en cuenta que en España, treinta años después del fin del régimen franquista, todavía falta una crítica del fascismo, hay todavía una demanda de la continuidad de la derecha conservadora y financiera con el régimen de Franco. Esto significa que el movimiento -incluso y especialmente en su actual éxodo- se sitúa radicalmente a la izquierda, pero desde luego fuera de la izquierda que está representada por Zapatero -cuya acción política siempre ha consistido en una gestión del capital. El 15M no se opone a la política en general sino al sistema de partidos.
Como se ha mencionado, se habla poco de Europa en las acampadas. Sin embargo, la necesidad de un relais europeo, de una adquisición de una dimensión continental de la discusión política es particularmente evidente.
¿Qué pasará con el movimiento a corto plazo? Hay tres posibilidades a tener en cuenta. La primera es el de un agotamiento por frustración; la segunda es la de una radicalización grupal. Y la tercera es la de una reterritorialización estable, en los barrios, en la sociedad con una capacidad de movilización continua. Parece que los manifestantes quieren federarse en un movimiento socio-político, específico de cada región y una auto-administración a nivel territorial. Cada 15 de mes, los grupos territoriales se pondrían de acuerdo sobre una plataforma de reivindicaciones y un calendario de movilizaciones. Sería una continuidad del movimiento al menos hasta las elecciones generales del año próximo. Queda por saber si el apoyo de la gente se mantendrá tan sólido a corto plazo. Esto dependerá en parte de la conducta de las autoridades: si reprimen el movimiento, la solidaridad manifestada debería reforzarse. De todas las maneras, los problemas fundamentales que quedan abiertos en este momento son principalmente los relacionados con la reterritorialización del movimiento y la construcción de una red europea.
(Traducido por nemoniente para http://www.kaosenlared.net)

Adios, Industria Editorial

—Todas las editoriales mienten —me dijo Horacio Altuna, uno de los bestsellers mundiales del comic—; las más honestas te roban el veinte por ciento, y de ahí para arriba. Te atan a cinco años de permanencia, te quitan los derechos de tu obra, nunca te ofrecen sistemas de verificación de ventas. Lo tienen todo controlado para engañarte.


Lo visité en su casa de Sitges cuando preparábamos el primer número de Orsai. Fui, con timidez, a pedirle consejo sobre ilustradores y, si había suerte, convencerlo para que quisiera colaborar en el número dos. Horacio es, además de talentoso, muy exclusivo. Dibuja en Playboy, edita en Estados Unidos, en Francia; no trabaja en cualquier lado. Pero entonces ocurrió algo que no estaba en los planes. Ese mismo día había aparecido una reseña en el diario Público sobre nuestra futura revista y Horacio había sentido curiosidad por mi renuncia pública a Random House Mondadori y los periódicos donde trabajaba. Estaba muy interesado en el sistema “nadie en el medio”, porque en la estructura tradicional del negocio se sentía asfixiado.
Me contó sus desavenencias con la industria: contratos esclavos, porcentajes ridículos, escandalosas mentiras a la hora de explicar el número de ventas. Es decir: lo mismo que nos pasa a todos los que alguna vez publicamos, pero multiplicado por mil, porque es Altuna. Me confió anécdotas muy desagradables sobre las mafias de la distribución, sobre los engaños sistemáticos y los chantajes a los autores, y me explicó también las diferentes técnicas de fraude que utiliza Francia, España, Estados Unidos, Latinoamérica.
—Te rompen el culo como quieren —me dijo, resignado—. Hace treinta años que intento salir del bucle de esa estafa, pero no hay manera.
Le conté que quizá sí hubiera manera.
—Ahora los lectores estamos comunicados —le dije—. Las editoriales te dan el diez por ciento porque tienen que gastar en la publicidad de tu libro, y pagarle el cuarenta por ciento a los shoppings y a los centros comerciales. ¿Pero es necesaria, hoy, la publicidad tradicional? ¿Es necesario vender libros en los supermercados, si podés comunicarte con tus lectores en las redes sociales y ofrecer tu obra por venta directa o en librerías especializadas?
Le conté sobre el proyecto de la revista. Le dije que hay muchos, muchísimos intermediarios entre el autor y el lector.
—Y todos se llevan una tajada mucho más grande que el que escribe la novela o el que dibuja el comic —le dije—. La intermediación es un recurso del siglo veinte que sirve para defenderte del fraude. Un representante literario, por ejemplo, se lleva el quince por ciento de tus derechos. ¿Por qué se lo lleva? Para defenderte de los engaños de las editoriales. Qué increíble: los representantes necesitan que las editoriales sean deshonestas para que su trabajo resulte necesario. ¿Sabés cómo se llama eso? Sociedad.
Conversamos mucho sobre el tema; era noviembre de 2010. Después almorzamos e hicimos sobremesa. Sobre los postres, Horacio se hartó del siglo veinte. Renunció de palabra a todas sus editoriales en el mundo y decidió publicar su obra futura con nosotros.
Cuando volví a casa esa noche, con Chiri nos pusimos a fantasear. ¿Se podría realmente fundar una editorial inocente, en donde nadie le quiera robar a nadie? ¿En donde la imprenta, los correctores y los diseñadores cobren lo que se merecen, y que el autor se lleve lo que de verdad vale su trabajo? ¿Y que, además, no caiga en las injusticias de la mala distribución global?
Esa misma noche redactamos, en una libretita, estos “Diez pactos para fundar una editorial imposible”:
  1. Publicaremos únicamente autores que admiremos muchísimo Chiri y yo, y jamás a los que únicamente son mediáticos.
  2. La firma del contrato con el autor prescindirá de escribanos, abogados, buitres carroñeros y representantes de cualquier calaña (el supervisor será Comequechu, el pizzero de al lado).
  3. La obra tendrá precios razonables en todos los países de habla hispana, sobre todo en aquellos llamados ‘emergentes’.
  4. El autor percibirá no el nueve ni el diez, sino el cincuenta por ciento del precio de venta al público.
  5. El otro cincuenta por ciento se utilizará para pagar imprenta, logística de envíos y sueldos de diseño, edición y corrección.
  6. Los contratos no serán esclavos; después de doce meses, el autor podrá irse a donde quiera sin dar explicaciones ni sentirse atado.
  7. Brindaremos al autor herramientas tecnológicas para que pueda revisar las ventas de su obra de manera directa, y cobrar sus royalties semana a semana.
  8. Los derechos de la obra pertenecen al autor hasta la eternidad; y si el autor se muere de golpe, o se suicida, o desaparece en un pozo, los derechos pasan a su familia.
  9. Cualquier malentendido se resolverá en sobremesa entre el autor y nosotros, y si eso falla, la culpa será siempre nuestra.
  10. Si el sistema funciona, la industria editorial deberá explicar por qué sigue pensando que los autores somos imbéciles y los lectores somos piratas.
Redactamos estos pactos con Chiri hace un par de meses, y le pusimos cláusulas que a mí me hubiera gustado firmar como autor, no como editor.
Hace unos días, por fin, el juego de los Diez pactos se convirtió en un contrato real, y en un libro verdadero y precioso que hoy ponemos en pre-venta para todo el mundo. 

El “Cuaderno Secreto” contiene bocetos inéditos que recorren toda la obra de Horacio Altuna, con señoritas desnudas en todas las posturas posibles. La edición es de lujo: tapa dura, 28x19cm (como la revista, pero apaisado), papel estucado mate de 160 gramos, 80 páginas a todo color.
En síntesis: el típico “libro objeto” que ponés arriba de la mesita ratona y parece que sos culto. Cuando viene a visitarte tu madre, o tu suegra, dicen “ay, a este chico le interesa el arte”. No se dan cuenta de nada. Un lujo sibarita que podés comprar desde hoy y recibir junto al N3 de la revista, o por separado.
Hernán Casciari

Verdades y mentiras

Es mentira que la sociedad argentina se divida entre kirchneristas y antikirchneristas. Tiendo a pensar que somos muchos más los que estamos en el medio, tratando de pensar algo entre tanto ruido. Y que son más, todavía, los que en la Argentina no piensan en política nunca (salvo cuando tienen que votar). Es una sensación. De lo que estoy seguro es de que aceptar la división binaria del mundo que muchos quieren imponer no va a hacerle bien a nadie: ni al kirchnerismo, ni a los opositores, ni a los que estamos en el medio. Blancos y negros, peronistas y antiperonistas, derechas e izquierdas no son sólo términos agotados y vaciados de sentido: son, antes que nada, opciones fascistas. Es mentira que el kirchnerismo haga todo bien. Es mentira que lo haga todo mal. Es verdad que la oposición no representa una opción atractiva. Es ridículo que esté de moda el chantaje de exigir credenciales ideológicas para trabajar, para mantener una conversación, para discutir, para caminar por la calle. Es verdad que para poder pensar bien (así como para crear cualquier cosa) conviene estar lejos del poder. El poder influye, distrae, desestabiliza, nubla, borronea y muchas veces corrompe. Es verdad que 6, 7, 8 y Duro de domar son, básicamente, programas de propaganda política. No de pensamiento. No de discusión. Es verdad que a cualquier persona medianamente formada deberían darle un poco de lástima y bastante vergüenza. Es verdad que el kirchnerismo no gana nada con ellos: si esos son sus pensadores, sus defensores, sus cruzados, pierde mucho. Es verdad que los pensadores, defensores, cruzados de la oposición no suelen ser mucho mejores. Es verdad que el periodismo atraviesa, desde hace tiempo, una crisis profunda: cómo se producen las noticias, cómo se edita la realidad, cómo se seduce a los lectores (y a los compradores). Es mentira que el periodismo sea un oficio mejor o peor que otros. Es apenas una profesión, con malos salarios y unos pocos privilegios. Es mentira que los periodistas sean mercenarios a sueldo de sus patrones. El noventa y cinco por ciento de los periodistas que conozco son trabajadores (con mayor o menor inteligencia o talento) honestos y profesionales. Es verdad que las empresas periodísticas están cruzadas por todo tipo de intereses. Es mentira que esos intereses suelan ser los de sus trabajadores. Es verdad que, por lo general, en los medios escritos se trabaja sin sufrir ningún tipo de censura. Y que está lleno de resquicios y espacios a aprovechar para crear cosas nuevas, interesantes, distintas. Es verdad que comienzan a aparecer medios donde desde una posición de simpatía con el Gobierno se permiten críticas constructivas: la revista Barcelona, algunos artículos de Crisis. Esa disidencia crítica es lo que más necesita el Gobierno, cualquier gobierno. Tengo amigos en Clarín, La Nación, PERFIL, Página/12, y todos ellos trabajan con absoluta libertad de opinión y conciencia. Es verdad que existe ese otro cinco por ciento (como en todos los oficios): cínicos, hipócritas, oportunistas, cómplices, genuflexos. Por lo general, no trabajan en redacciones (o trabajan en medios comprados por el poder de turno, y pese a lo que creen no los lee nadie ni tienen ninguna influencia) sino en radio y televisión, donde está el dinero. A mis amigos, ahora que el periodismo parece una profesión condenable per se, quise desearles el pasado 7 de junio un feliz Día del Periodista. Al resto, aunque se reciclen, aunque en uno, dos, cuatro años escriban y opinen cosas completamente opuestas a las que opinan y escriben hoy, tranquilos: no olvidaremos sus nombres ni sus palabras.
Maximiliano Tomas 

Ciudad Marca (y proceso de gentrificación)

Entrevista a a la arquitecta madrileña Eva García

Eva participa en la iniciativa de investigación: Observatorio Metropolitano, una de las experiencias de análisis de las transformaciones del entorno urbano más interesantes con las que nos hemos encontrado. Como miembro de dicho colectivo ha participado en la elaboración de dos libros fundamentales para entender los cambios de una ciudad: Madrid, ¿La Suma de Todos? y Manifiesto por Madrid: Crítica y crisis del modelo metropolitano.

¿Qué son las ciudades Marca? ¿Cómo se construyen esas marcas? ¿Por qué aparecen ahora y no antes?
Una marca es una seña de identidad. Esa identidad (social, de un pueblo o comunidad, de lo colectivo) resulta de la condensación de muy variadas contribuciones. Cuando la marca se hace Marca, es decir, producto, enfatiza o destaca solamente algunos de esos atributos que forman parte de la identidad urbana de un amplio colectivo, dejando fuera otros muchos. Estamos acostumbrados a que esas marcas no hagan más que redundar en los tópicos más asumidos (Madrid es una ciudad nocturna, abierta, etc…); aunque la aplicación de Marcas es cada vez un proceso más refinado, capaz de incorporar aspectos desdeñados en otras ocasiones para hacerlos jugar en esa subjetividad convertida en producto de venta, a través de calificativos como creativo, innovador o emergente.
En ese sentido la atribución de Marcas a las ciudades o países es siempre un proceso autoritario. Lo preocupante de la Marca de ciudad, más allá de éxito o no que ésta pueda tener, es la proyección desde arriba de un conjunto de valores con los que “debemos” sentirnos, a priori, identificados y que acaba por modificar o modelar el imaginario colectivo urbano.
Las ciudades Marca derivan del marketing urbano (literalmente “poner en el mercado”), es decir, son el resultado de la aplicación de técnicas de comunicación y gestión empresariales del gobierno de la ciudad. De alguna manera, en un sentido amplio, el carácter simbólico de una ciudad siempre ha existido: Roma o El Cairo, eran cabezas de poderosos imperios o civilizaciones. Lo que nos interesa ahora es conocer cómo operan esas Marcas de ciudad en un sistema capitalista globalizado. En este sentido, la ciudad Marca está íntimamente relacionada con el sistema de competencia global entre ciudades. En el contexto de la globalización las ciudades se mueven en un marco competitivo en el que nuevas funciones cobran relevancia: la producción financiera, los servicios a la producción, la producción de cultura y conocimiento y los medios de comunicación.

Las economías urbanas han cambiado y con ellas las relaciones laborales y los conceptos y relaciones de clase. La extensa clase media obrera ha dado paso a nuevos personajes y nuevos estilos de vida directamente vinculados a la “nueva economía”, innovadora y social, que ha aparecido. Podemos decir que se ha conformado una élite del trabajo moderno o global class compuesta por profesiones liberales asociadas a los sectores más pujantes o centrales de la economía global (directivos, abogados, diseñadores, etc) que están en los lugares de la toma de decisiones. Sin embargo el grueso de la masa laboral se reparte entre los sectores subsidiarios (como la hostelería, los servicios domésticos y de seguridad, la cultura y el ocio) con empleos poco cualificados y en el extremo más bajo de la línea salarial, y una clase media asociada al sector público cada vez más diluida y afectada por las pérdidas del estado de bienestar.

¿Hay mucha diferencia en la producción de la imagen de Marca, por ejemplo, entre una ciudad como Madrid, gobernada por la derecha desde hace mil año, y una como Barcelona, donde la derecha no está en las corporaciones municipales?
En la medida que el proceso es resultado de la globalización no hay realmente mucha diferencia en la manera por la cual se produce la imagen de marca. Sin embargo, parte del trabajo del marketing urbano es lograr destacar las peculiaridades o especificidades de una ciudad sobre las otras, en régimen de competencia. Así, Barcelona puede parecer más amable por cuanto apuesta por destacar los valores de una ciudad mediterránea, moderna y multicultural. La marca de ¡Madrid! es mucho más reciente, y creo que bastante más torpe, pero que la apertura de una Oficina Madrid Global nos da cuenta de qué prioridades tiene el Ayuntamiento de Madrid. Madrid no está preocupando tanto por cuestiones de control de la forma, como la ordenanza cívica de Barcelona, sino por las grandes operaciones de transformación urbana, parece que pretenden que la transformación social venga después.
Si la ciudad Marca se centra en la producción de un centro para el turismo y, a la vez, los ayuntamientos están completamente endeudados para producir ese centro turístico, ¿de dónde salen estas infraestructuras?
No es que la ciudad Marca se centre exclusivamente en el centro, sino que utiliza ciertas partes de la ciudad como escenarios para exportar una determinada imagen hacia el exterior. Por otro lado, las infraestructuras de comunicación (autovías, AVE, aeropuertos) y de información son elementos necesarios para la competencia entre ciudades globales en cuanto a que acortan distancias o conectan determinados flujos. Son dos aspectos que no entran en contradicción. Para el caso de la economía española, basada en el economía del ladrillo como piedra angular del ciclo alcista, las infraestructuras representan un caso claro de “empresarialismo urbano” tal y como lo define D. Harvey, donde las nuevas formas de gobierno urbano estarían funcionando como una suerte de partenariado entre las administraciones públicas y algunas empresas, grandes o pequeñas, agentes sociales y culturales, instituciones, etc., dentro de una estrategia tanto de consenso como de movilización cuyas características principales son las siguientes: en primer lugar, la alianza entre el sector público y sector privado y el carácter empresarial de la misma, por la cual el negocio privado funciona de manera conjunta con el poder local para atraer fuentes de financiación externa, inversiones directas o creación de empleo, pero donde el sector público asume los riesgos y el privado los beneficios; el segundo aspecto es la mejora de la posición competitiva de cada ciudad con respecto a la división espacial del consumo, a través de la calidad de vida, la innovación cultural y la mejora del entorno físico urbano, todo ello mediante estrategias de regeneración urbana centradas en el espacio como lugar de consumo, en el ocio y los eventos; por último ambos aspectos contribuyen a la adquisición de funciones clave de control y de mando en el marco de competencia entre ciudades. Tales funciones de control concentran el poder de gobierno, el poder de las finanzas, y el poder de la información y necesitan de una posición de centralidad en las redes de comunicaciones mundiales. Son paradigmáticos en Madrid los casos de la obra de la M-30 o las insistentes Olimpiadas.
Y si la ciudad marca produce toda su atención sobre el centro, ¿qué pasa con las periferias?
Cuando se gobierna una ciudad bajo esta perspectiva sólo interesan los aspectos y los espacios centrales a dicha producción de ciudad Marca. En ese sentido ciertas periferias urbanas, como las periferias obreras de los años 70, son realmente espacios periféricos a los intereses del modelo, y posibles espacios de degradación física y social si no les prestamos suficiente atención.
Una de las características es el uso del hype como mecanismo para la gentrificación, pero, ¿cómo funciona ese proceso?
La gentrificación es un proceso de revalorización económica y también cultural de un área degradada, con dinámicas de desplazamiento de la población y de sustitución los usos sociales y económicos preexistentes. El término es un anglicismo que procede de la palabra inglesa “gentry”, que hace referencia a la pequeña nobleza o alta burguesía, refiriéndose al aburguesamiento o elitización de ciertas áreas residencia les donde un grupo específico con capacidad de influencia social y liderazgo toma protagonismo.
En el estudio de la gentrificación ha habido dos tendencias clásicas de aproximación al fenómeno: bien otorgando un papel relevante a la demanda o bien a la oferta. Según la primera aproximación (D. Ley) la emergencia de una nueva clase social asociada a un trabajo especializado y más cualificado da lugar a nuevos estilos de vida y nuevas pautas de consumo (viviendas más pequeñas, preferencia de vida en el centro, nuevas formas de consumo de ocio etc) que darían lugar a la sucesiva transformación del espacio. Desde el segundo punto de vista (N. Smith), los factores económicos son preponderantes a los culturales. La “diferencia potencial del beneficio” obtenible mediante un uso más lucrativo del suelo (rent-gap) es la clave de un proceso de gentrificación y se produce tras la desinversión y degradación de ciertas áreas. En este caso el proceso se inicia a partir de agentes urbanos y actuaciones a escala de barrio y no a partir de preferencias individuales.

El hype como mecanismo de gentrificación estaría funcionando en ambos aspectos: en la producción de valor, modificando la subjetividad del consumo mediante el predicamento de nuevas formas de vida jóvenes y modernas, y simultáneamente en la producción del objeto a consumir, bajo estrategias de renovación urbana cultural y/o comercial que buscan adelantar el rédito económico de ciertos procesos de revalorización urbana. El auge y la proliferación del concepto de Ciudad Creativa de Richard Florida sería un buen ejemplo de hype en este sentido.

Es curioso que estos procesos de gentrificación se construyan en nombre de la libertad y la participación y, a la vez, generen cada vez más mecanismos de control (videovigilancia, control de la población) ¿A qué crees que se debe este fenómeno?
Como se legitiman los procesos de renovación urbana que acarrean procesos de gentrificación no tiene que ver con los objetivos que se persiguen. Parte de la riqueza social preexistente se pierde durante un proceso de gentrificación precisamente porque no todos los habitantes pueden asumir en incremento del coste de la vida en el “nuevo” barrio. Cuando el proceso es inducido de manera premeditada desde políticas públicas o empresariales se persigue producir una normativización de la zona más rápida y con ello la expulsión de los individuos o agentes sociales que no se acomodan a la imagen que se quiere para la zona.
Esos procesos de producción de la ciudad Marca se llevan a cabo por trabajadores “inmateriales”, personas aparentemente progresistas que producen discursos llenos de palabros difícilmente atacables, pero que tienen efectos sociales devastadores: ¿quiénes son estos trabajadores inmateriales? ¿Qué relación tienen con su propio trabajo? ¿Qué contradicciones presenta su discurso?
Buena parte de nosotros, aunque lejos de la global class, sí que formamos parte de la gran masa de trabajadores cognitivos. En ese contexto sin duda la cultura se convierte en un arma muy potente para la construcción de la ciudad marca. Procesos como Atravesad*s por la Cultura o las investigaciones abiertas por YProductions sobre Innovación en Cultura o Emprendizajes en Cultura están intentando buscar respuestas a las preguntas que planteas.
En el actual contexto de crisis económica el consumo se resisten de forma sintomática, ¿afecta esto a los procesos de gentrificación? ¿Se resiente la imagen del joven emprendedor cultural que predomina en este tipo de discursos?

Quizás la crisis amortigüe o ralentice temporalmente los efectos de la gentrificación, pero sin duda no va a ser el paraguas que nos libre de este tipo procesos de expropiación mientras no los aislemos de la capacidad de lucro que encierran. La privatización va a continuar en forma de diversos recortes públicos; podemos ver cómo afectará esto a la cultura en la nueva Ley de Mecenazgo y Patrocinio Cultural, una clara apuesta por la entrada de la inversión privada en la financiación de los proyectos culturales.

La propia crisis económica se está produciendo como una “identidad” política, como una marca. ¿Podrías concretar las características de la marca “crisis”? ¿Cómo afecta esta marca a la producción de la imagen de Marca de las ciudades?
Es evidente que la crisis funciona como un slogan. Se ha convertido en el fetiche que permite dar rienda suelta a las diversas expropiaciones de lo público. La última modificación de Ley del Suelo a través de Ley de Acompañamiento de los Presupuestos permite la venta del suelo público de cesión obligatoria en los nuevos desarrollos urbanísticos, y el Ayuntamiento de Madrid ya ha empezado la práctica de la desamortización a través de la venta de viviendas y equipamientos públicas de Empresa Municipal de Vivienda y Suelo para hacer frente a la deuda contraída por el consistorio. Ante esta perspectiva yo también me pregunto cómo, si la enunciación de la Marca es siempre entusiasta y positiva, va a logra vadear un futuro escenario de crisis social.

Frente a los discursos que se centran exclusivamente en la defensa de lo público desde el Observatorio Metropolitano lleváis bastante tiempo trabajando la cuestión de los comunes. ¿Qué es lo común? ¿Es algo preexistente en la sociedad o algo que se crea? ¿Qué espacios son necesarios para garantizar que ese común se extienda?

Lo común es lo que es de todos. El agua o el aire, las tierras o montes comunales, la donación de órganos, y buena parte del conocimiento, como demuestran las licencias creative commons y el software libre, son bienes comunes. Lo común puede ser material o inmaterial, y también es diferente de lo público y lo privado. Lo público se construyó como una devolución a la sociedad de la expropiación que sufrió la clase obrera durante la construcción del Estado moderno, pero hoy el espacio de lo público se parece cada vez más a cualquier otro espacio de restricción y lo público es considerado como un activo económico más dentro de las leyes del mercado. Además lo común supera el concepto de propiedad y de gestión tal y como estamos acostumbrados a entenderlo. Lo común no sólo implica el contenido o la naturaleza del bien, si no su manera de compartirlo y distribuirlo, su manera de gestionarlo entre toda la comunidad, bajo unas condiciones consensuadas de acceso y disfrute del bien.
Podemos decir que para que lo común exista y se reproduzca debe sostenerse sobre algunos principios básicos, como la universalidad (acceso abierto) la inalienabilidad (no pueden ser enajenados o puestos en manos de terceros), la sostenibilidad (debes garantizarse las condiciones de reproducción del bien) y derechos de gestión y articulación del propio común (la comunidad gobierna sobre el propio bien estableciendo las condiciones democráticas de su gestión).
Pasemos al plano de las alternativas. ¿Qué mecanismos tenemos para resistir a la dinámica del hype en las ciudades? ¿Qué es eso del derecho a la ciudad?

La crisis y el riesgo de fractura social pueden, sin embargo, ayudarnos a pensar en otras posibilidades ante el reparto injusto de la renta y los recursos, la vivienda, la precariedad del empleo, la externalización de servicios públicos, o la sobreexplotación del territorio y los bienes naturales. Es posible reinventar las formas del vínculo social o actualizar el viejo término del «derecho a la ciudad» de Lefebvre. Desde el Observatorio Metropolitano creemos que es posible articular un nuevo escenario político alrededor de la idea de una ciudad creada para la vida en común. Pues lo común se comparte y se teje, forma parte de lo productivo y lo reproductivo, pero a veces pasa inadvertido. La reproducción de lo común es necesaria para la reproducción de la existencia. Siendo la ciudad el espacio donde se materializa la reproducción de la vida en común, el ámbito donde la cooperación y las sinergia colectiva garantiza nuestras necesidades y las del resto, la cuestión de qué tipo de ciudad deseamos apela directamente a los lazos sociales, a los valores culturales, al modelo urbano y a la relación con la naturaleza que queremos construir en ella. A pesar de la creciente privatización de todos los ámbitos de la vida, la ciudad no puede ser devorada completamente porque es por esencia común. Como puedes ver esta lógica poco o nada tiene que ver con los mecanismos del hype. En la medida que estemos más cerca de una estaremos cada vez más lejos de la otra.

15M x 3

Tras despedirse de la Puerta del Sol con un grito mudo, cientos de indignados han cortado parte de la Gran Vía y Cibeles por momentos

Cientos de indignados han marchado esta noche desde Sol hasta el Congreso de los Diputados otra vez, donde se han concentrado como hiceron ya hace unos días. Los indignados han pasado por Gran Vía y Cibeles, que han quedado cortadas momentáneamente por las sentadas.
Pasadas las doce de la madrugada, un grupo de más de mil personas ha emprendido camino desde la Puerta del Sol hasta Callao y posteriormente Cibeles, donde ha tenido lugar una sentada frente al edificio de Correos, sede del Ayuntamiento de Madrid.
La marcha ha seguido por el Paseo del Prado, hasta llegar a la plaza de Neptuno, cerca del Congreso de los Diputados. En Neptuno, los manifestantes han protagonizado una cacerolada y coreado lemas como «Ni nos vamos ni nos callamos, seguimos haciendo ruido» o «Stop represión, libertad de expresión».
Tras ello han ido hacia el Congreso de los Diputados, donde los indignados han realizado una nueva sentada.

 

Despedida

Previamente, los indignados se habían despedido de la madrileña Puerta del Sol, donde han permanecido durante 28 días, con uno de sus tradiciones gritos mudos.
En una abarrotada Puerta del Sol, los congregados han llevado a cabo acciones concretas de despedida «representativas del movimiento». Así, a las 00.00 de la noche, como viene siendo habitual, han protagonizado un grito mucho para recordar que siguen «vivos y unidos» y que ha concluido con un cerrado aplauso.
Acto seguido, los indignados han coreado consignas como las ya famosas ‘Que no, que no, que no nos representan’, ‘Lo llaman democracia y no lo es’, ‘Esta crisis no la pagamos’ o ‘Hace falta ya, una huelga general’.
Con pancartas con lemas como ‘Represión, libertad de expresión’, los congregados han continuado con gritos relativos a la continuidad del movimiento tras el desmantelamiento de Sol como ‘No no nos vamos, nos expandimos’, ‘El pueblo unido, jamás será vencido’ o ‘Esto es solo el principio’.
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Entrevista especial com Marina Garcés

»Já basta. Queremos viver». A força do anonimato.
Desde o dia 15 de maio eclodiu na Espanha o movimento chamado 15-M, com o objetivo de contestar o atual sistema político.
Sobre o tema, a IHU On-Line entrevistou por e-mail a professora Marina Garcés, da Universidade Aberta da Catalunha e da Universidade de Saragoza.
Para ela, trata-se de “um grito da sociedade inteira. Um grito de dignidade frente às narrações catastrofistas da crise, que afundaram o país no medo e seus cidadãos na impotência. Agora, as pessoas se sentem dignas. Não sabemos se mudaremos o país, nem se conseguiremos mudar as coisas, mas já mudou o fundamental: a relação com nós mesmos e com a nossa capacidade de tomar a vida em nossas mãos”.
Ela percebe que a própria ideia de democracia está sendo colocada em questão com as manifestações do movimento quando questiona: “Que novos sentidos da palavra democracia nasceram e estão começando a ser experimentados com a onda de tomada de praças que entra na Europa de sul a norte?”.
E conclui: “O 15-M só terá tradução política transformando a própria política. Aí está o desafio. Esse é o horizonte em que devemos trabalhar. O caminho, para isso, não é feito só de ideias e de desejos. Já está traçado nas praças”.
Marina Garcés é professora de Filosofia da Universidade Aberta da Catalunha e da Universidade de Saragoza. É autora de En las prisiones de lo possible (Barcelona: Editorial Bellaterra, 2002). É uma das fundadoras de Espai en Blanc, um coletivo que se propõe a tornar o pensamento apaixonante, abrindo brechas entre o ativismo e a academia, o discurso e a ação, as ideias e a experimentação, numa aposta ao mesmo tempo filosófica e política.
Confira a entrevista.
IHU On-Line – Em razão de que a Spanish revolution luta?
Marina Garcés – Há muitas motivações que confluem em uma só: “Já basta. Queremos viver”. Viver quer dizer aqui muitas coisas: comprar uma casa sem pagar com a vida por ela, estudar com a expectativa de ter um futuro, envelhecer sem medo da pobreza, deixar de ser enganado por políticos, banqueiros, etc. E, sobretudo, a participação inclusiva de todas as pessoas na construção da mudança que queremos. Diz-se que é uma mobilização de jovens sem futuro: sim e não. Obviamente, os jovens têm o tempo, a força e a disponibilidade para tomar as praças. Mas é um grito da sociedade inteira. Um grito de dignidade frente às narrações catastrofistas da crise, que afundaram o país no medo e seus cidadãos na impotência. Agora, as pessoas se sentem dignas. Não sabemos se mudaremos o país, nem se conseguiremos mudar as coisas, mas já mudou o fundamental: a relação com nós mesmos e com a nossa capacidade de tomar a vida em nossas mãos.
IHU On-Line – As referências às mobilizações sociais recentes na Espanha indicam a singularidade do movimento. A seu ver, o que tem de novo nessas mobilizações?
Marina Garcés – É um movimento novo que articula elementos já existentes. E, primeiro lugar, nasce com a repetição de um gesto radical: a tomada das praças, que foi acontecendo ao longo de todo este inverno no mundo árabe e que ainda não terminou. Essa repetição, na Espanha, põe em marcha um processo em que todas as lutas e os mal-estares já presentes em cada rua e em cada cidade do país se articulam e se organizam juntos. Essa é a principal novidade: a articulação. Articulação significa duas coisas ao mesmo tempo: organização e horizonte de sentido. O 15-M introduz essas duas dimensões. Pela primeira vez depois de muito tempo, coletivos, movimentos, lutas de bairro ou setoriais e muita gente anônima estão sendo capazes de se organizar conjuntamente de maneira ágil, efetiva e, ao mesmo tempo, entendem suas diversas práticas sob um mesmo horizonte de sentido. Essa é a grande novidade, a fonte de alegria e de força do 15-M. Isso não quer dizer que não houvesse nada antes. Insiste-se nos meios de comunicação: onde estava toda essa gente há pouco tempo? De onde surgiu essa capacidade de mobilização? Seria um grande erro pensar que saiu do nada. A lógica do milagre é perigosa, porque nos convida a pensar que, assim como surgiu, pode desaparecer no ar e não deixar rastro. Há uma longa trajetória de lutas (contra a guerra, 13-M, “V de vivienda”, movimento contra a Lei Sinde, greve geral do ano passado, etc.) que confluem no 15-M. Isso não significa que ele seja seu prolongamento ou uma luta a mais nessa lista. É um salto qualitativo que abre um novo cenário político de caráter irreversível.
IHU On-Line – Em que medida esse movimento contribui para repensar/renovar as práticas políticas?
Marina Garcés – A grande renovação que esse movimento introduz é que ele rompe a dualidade movimentos/cidadania “normal”. Isto é, rompe a ilusão de uma sociedade normalmente despolitizada que é atravessada por movimentos vinculados ou pela excepcionalidade (uma guerra, um protesto, etc.) ou pelas minorias (reivindicações dos migrantes, homossexuais, etc.). O horizonte de sentido do 15-M se abre para tudo e para todos. É um horizonte inclusivo, tanto em sua linguagem quanto em suas aspirações, que, além disso, assume o desafio de querer pensar tudo. As comissões que se puseram a trabalhar em cada praça tomada, em tantas cidades e povoados de todo o país, abordam todas as questões imagináveis, desde a política, a economia, a cultura, o meio ambiente, assim como as relações pessoais, a saúde, a educação, etc. Combina-se um alto nível combativo com um trabalho mais paciente de renovação de todos os âmbitos da vida. O 15-M articula a interrupção do sistema que nos acorrenta ao lançamento de novos modos de vida. E sempre a partir de uma mesma ordem: o que começa aqui não é para alguns alternativos, nem para uma vanguarda consciente, mas sim para todos. Todos sabemos e padecemos do que acontece. Todos, juntos, temos a capacidade de mudança. Isso introduz uma grande transformação, por exemplo, com relação ao movimento antiglobalização e os fóruns sociais: as pessoas que estão na rua no 15-M não se entendem como parte de um movimento determinado, e aqueles que tomam parte nas comissões e nas assembleias de bairro não o fazem enquanto membros de associações, ONGs, etc., mas sim por si mesmos, façam ou não parte de entidades sociais. O protagonismo político mudou radicalmente.
IHU On-Line – Vocês se referem muito à força do anonimato. Que significa isso?
Marina Garcés – O 15-M, assim como algumas das manifestações que o precederam, é um claro exemplo do que chamamos, em Espai en Blanc, de “a força do anonimato”. Força do anonimato é o nome de uma subjetividade política que escapa à lógica dos nomes: nomes da representação política, identidades que nos separam entre maiorias e minorias, e marcas que fazem de cada uma das nossas vidas uma empresa de valorização capitalista. A força do anonimato é a que tem um nós que desocupa, portanto, nomes, identidades e marcas. É um nós que não tem uma resposta fácil para o “quem?” que o interroga, mas que, com sua presença, desarticula a própria interrogação do poder. Dito dessa forma, poderia parecer que a força do anonimato é algo quase sobrenatural, alheio ao dia a dia da vida social e política. Pensamos que é exatamente o contrário: a força do anonimato é a que cada um de nós tem quando faz de sua vida um problema comum.
IHU On-Line – Algumas das frases frequentemente repetidas no movimento são “ninguém nos representa, não somos mercadorias”, que expressam a indignação da população com as instituições políticas e mostram o caráter de rebelião do movimento. Com o desenrolar do tempo, esta opção pela resistência não pode provocar um certo cansaço no movimento?
Marina Garcés – O 15-M tem uma dupla dimensão inseparável. Como dizíamos antes, há um “já basta” que se expressa em frases como as que você assinala. Mas há também um “queremos viver” como se reflete no trabalho prático das comissões, na vida dos acampamentos, no renovado desejo de pensar e de escrever. Em um texto que foi lido no dia 4 de junho na [praça] Sol (Madri), dizia-se o seguinte: “Havíamos interiorizado suas pressas, seus ritmos, sua velocidade. Basta. Vamos devagar porque vamos longe. Vamos devagar porque queremos ir todos juntos. Vamos devagar porque queremos fazer bem feito. Vamos devagar porque o caminho é tão importante quanto o resultado”. O 15-M inaugura outra temporalidade. Mas é uma temporalidade dentro e contra a do tempo-máquina do capitalismo. Não devemos ser ingênuos, porque a vitória não está em nada garantida. Muito pelo contrário. O que sim está claro é que o que aconteceu até agora é irreversível, assim como todo começo revolucionário: marca um antes e um depois sobre cujas consequências nos cabe agora trabalhar para que não fiquem sufocadas.
IHU On-Line – Que relação há entre o que está acontecendo na Espanha e as mobilizações recentes no Oriente Médio?
Marina Garcés – A relação é óbvia e consciente por parte de cada praça tomada desde um primeiro momento. Em Barcelona, assim como em outros lugares, áreas da Praça Catalunya foram marcadas explicitamente com nomes que articulam uma nova geografia centrada no vínculo desse gesto com as praças tomadas no norte da África, especialmente com a praça Tahrir. Além do caráter mítico e midiático que essa referência possa ter, é importante assinalar como ela introduz dois deslocamentos fundamentais: em primeiro lugar, abre uma nova geografia simbólica e política. A partir da tomada das praças, gera-se uma nova territorialidade das alianças e dos referentes políticos, que tem como palco principal o Mediterrâneo, com suas duas margens, nos últimos séculos tão pouco comunicadas. Depois das múltiplas tentativas institucionais de criar, a partir de cima, um espaço político e, sobretudo, comercial euromediterrânico (conhecido como União para o Mediterrâneo ou Processo de Barcelona), são agora as pessoas, nas ruas, que estão criando essa relação sobre outras bases, sobre outros valores e sobre outro horizonte de expectativas. Isso tem consequências para a própria ideia de Europa, em um momento de crise econômica extrema, que põe em questão a sobrevivência das economias do Sul e sua relação com os países do norte. O que fará a União Europeia diante dessa nova geografia? Que novos processos se darão a partir desse novo mapa de alianças? Até onde pode nos levar?
A ideia de democracia em questão
Essas perguntas nos colocam sobre o segundo deslocamento que eu gostaria de mencionar: a relação entre os movimentos nos países árabes e na Espanha põe em questão a própria ideia de democracia e a arranca do monopólio dos países e das ideologias que tradicionalmente se fizeram valer como seus “fiadores”. Quando começou a tomada das praças na Tunísia e no Egito, os meios de comunicação europeus logo entoaram a canção, repetida quase como um mantra: “Esses jovens querem desfrutar o que já temos, querem gozar da nossa democracia”. Mas muitos tinham a sensação contrária: esses jovens, perfeitamente informados, sabem muito bem o que têm e não querem a mesma coisa. Em sua luta pela democracia, dão um passo à frente, põem-se à nossa frente e estão nos mostrando que, embora a Europa não tenha governos ditatoriais, nossos sistemas políticos e econômicos também não são realmente democráticos. O movimento 15-M começou com uma convocatória de manifestação lançada pela plataforma “Democracia real já”. Que novos sentidos da palavra democracia nasceram e estão começando a ser experimentados com a onda de tomada de praças que entra na Europa de sul a norte?
IHU On-Line – Em sua opinião, ao que se deve a extraordinária derrota do PSOE nas últimas eleições e a vitória do PP? A Espanha caminha para a direita? Ou PSOE e PP já não se diferenciam?
Marina Garcés – Antes, dizíamos que não deveríamos ser ingênuos. No mesmo fim de semana, começou o movimento 15-M e houve uma vitória eleitoral muito ampla da direita na Espanha, que não está isolada, mas continua a passagem marcada em outros países europeus (como agora mesmo em Portugal). A direita sabe trabalhar em tempos de crise. Conecta-se com o mal-estar das pessoas mais desfavorecidas e, ao mesmo tempo, tem as medidas de força que os “mercados” precisam para impor sua ideia do que é uma economia que funcione. Frente a isso, é normal que a esquerda parlamentar fique derrotada. Ela não tem nada a oferecer, mais do que uma má e ineficiente cópia da direita. Dentro do marco da política conhecida, é lógico que, nestes momentos, a direita arrase. O bom e o interessante é que o 15-M introduz outro marco. Não é uma peça a mais do jogo político que já conhecíamos, mas ela abre, sim, outro campo de jogo que distorce o anterior. Será decisivo que ele não se deixe nem capturar como uma força política a mais, nem isolar e neutralizar como um campo “à parte” ou à margem. O 15-M só terá tradução política transformando a própria política. Aí está o desafio. Esse é o horizonte em que devemos trabalhar. O caminho, para isso, não é feito só de ideias e de desejos. Já está traçado nas praças.
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«Pienso, luego estorbo» 
(al habla el grupo de pensamiento de #acampadasol)


De golpe lo posible se ha abierto ante nosotros. En la Acampada Sol se rompe a pensar con la misma naturalidad con la que se hacen ahí todas las cosas.

Hablamos con Dani, Álvaro y Pepe, tres participantes del grupo de pensamiento, sobre qué, cómo y porqué piensa la acampada.


Papa-Estado, la delgada línea roja y su estrategia de criminalización

Hoy gobierno y el resto de la clase política por fin se ponen de acuerdo en algo, en proteger su clase, en proteger sus privilegios.
Los compañeros de Barcelona, han querido demostrar su rechazo al recorte presupuestario en temas de cruciales como sanidad y educación, debido a una crisis de la que no somos responsables, concentrándose e impidiendo la entrada de los diputados al parlamento catalán.
La tensión provocada ante la firme decisión de los “indignados” de impedirles el paso ha provocado que los políticos se hayan visto incomodados en su hasta ahora impune acto de saqueo. Hasta ahora habían dejado a los “niños” contestar a “papa Estado” porque les resultaba gracioso, inofensivo para sus tejemanejes o incluso, para algunos, beneficioso.
Ahora que miles de personas hacen patente lo vergonzoso del papel de los políticos, y el fin de su impunidad, “papa” se mosquea y dice que “así no”, que nos estamos portando mal, que hemos pasado su línea roja. ¿Línea roja? ¿Dónde están los diputados sangrando?¿Dónde están los diputados retenidos por no hacer nada? Línea roja, es la que ellos pueden traspasar a su antojo, manchando nuestras manos de sangre y abriendo brechas en nuestras cabezas. Esa si es una línea roja. Demagogia barata, de la que usan entre ellos, es la que usan ahora para llamar violentos a los que hacen desobediencia civil, a los que enfrentan las porras con acciones pacíficas, quizás lo que no les guste sea que, desde que hemos salido de las plazas, nuestra acción ya no es pasiva, es activa (pero no violenta).
Le recordamos a Artur Mas que es violencia: violencia son las cargas policiales de Valencia y Barcelona (entre otros sitios), mancharle la gabardina a una ex consejera de interior de la Generalitat, no es violencia, violencia son los deshaucios de cientos de miles de personas de sus viviendas; violencia no es abuchear a los responsables de tales hechos.
Compañeros/as de Madrid, Barcelona, Granada…de todas las ciudades levantadas, no dejemos que esta burda artimaña de manipulación y criminalización, haga que nos separemos, haga que señalemos a compañeros como “violentos”. No compartamos ni su moral ni sus intereses, respetemos las decisiones que compañeros de otras ciudades han tomado ante lo que a todas luces es un robo a guante blanco de nuestra sociedad. Les estamos entorpeciendo en sus planes y hecho evidente es que nos intentan criminalizar aprovechando cualquier oportunidad.
Señores políticos no queremos que nos representéis, sois patéticos. Entendedlo, así NO
Solidaricémonos con los compañeros de Barcelona y del resto de las ciudades y no empecemos a tirarnos piedras sobre nuestro propio tejado. Uno de los mínimos de este movimiento es la no violencia y todos los compañeros lo han respetado. No caigamos en lo absurdo de llamar violencia a dos pintadas y a unos silbidos, cuando claramente el monopolio de esta en manos de los poderoso que la utilizan a su antojo en cuanto cruzamos la línea roja.
No confundamos pacifico con pasivo.
Uno@s indignados

El Negro: conversaciones con Barack Obama

Llegué a la Casa Blanca el día que se había decidido comunicar la muerte de Osama Bin Laden. Entré convocado por Barack Obama quien, tras leer que yo era el ideólogo detrás del gobierno de Néstor Kirchner, quiso mantener una conversación conmigo. Obama en el fondo del salón, mirando al verde parque de la White House. Su secretaria me deposita, el Negro saca a sus asesores, quiere una reunión conmigo a solas. Estoy – él lo sabe – enfadado.
– No puede ser, máster – le digo. Eras nuestra esperanza progresista en los EEUU.
– Imagino que ya no lo soy más – me contesta, sin darse vuelta para mirarme.
– Claro que no. Violaste la soberanía de un país, mandaste a matar un tipo – le pongo cara de decepción.
– Sí. Supongo que esa bandera ya no me pertenece.
– La del progresismo. Claro que no. Es sólo nuestra.
– La de la pureza, decía yo – se da vuelta, me desafía con la mirada y ríe irónicamente.
– No, no se trata de pureza, no me corrás con esa. Mandaste a matar un tipo y eso es un límite.
– Ajá, un límite. ¿Entonces qué hago?
– Lo atrapás y le hacés un juicio.
– Sí. Está bien que pienses eso. Aprovechá que vos podés.
– ¿Y vos no? Sos el Presidente de los Estados Unidos. Podés pensar y hacerlo – le grito.
– Sí. Y Papá Noel es un señor gordo que anda en un trineo volador – baja la mirada y juega con una lapicera. La cosa es más complicada que escribir en un blog. El derecho internacional no existe, hermano. El mundo es un lugar anárquico.
– You need me on that wall – me hago el banana, no me da bola.
– ¿Qué hago?, ¿pido la orden de captura a la policía pakistaní?, ¿alguna vez pensaste cuántas mediaciones hay entre el Presidente de los Estados Unidos y un cabo de una comisaría en Pakistán? Bueno imaginalas. ¿Hago un reclamo a La Haya para ver si me lo pueden traer que tengo que charlar unas cosas?, ¿pido una orden de allanamiento? Suponéte que sos el Presidente…
– No, me volvés a correr con esa…
– Claro que te corro. Vení, sentate en este lugar – me ofrece su asiento tras el escritorio. Me siento.
– ¿Viste cómo pesa, lo sentiste? – me dice mientras camina alrededor y sigue. Los presidentes no trabajamos, en el sentido estricto de trabajar, de producir. Los presidentes dirigimos y tomamos decisiones. Y esas decisiones, como todas las decisiones, vienen condicionadas. Nunca hay más de dos, tres alternativas. Tienen costos y beneficios, y nuestro trabajo es el peor: pesarlos. Ese asiento en el que estás, por paradójico que parezca, es uno de los lugares con menos libre albedrío del mundo.
– Podrías haber decidido, digamos, no matarlo – me paro del asiento porque me gana la discusión.
– Podría haber decidido eso. Podría haber entrado un comando, lo capturaba y lo traía a los Estados Unidos donde lo juzgábamos. Seguramente cualquiera que se opuso a matarlo estaría a favor de eso, ¿no? – ironiza.
– Bueno podrías haberlo juzgado ahí, también.
– Claro, sí. Tener detenido a Bin Laden en un país de Medio Oriente, con posibilidades de que el tipo filtre un mensaje. Gran idea, ¿no pensaste en postularte para Ministro de Defensa?
– Qué se yo, sos el Nobel de la Paz.
– Me dieron el Nobel de la Paz por ser negro en un país racista, no porque mi política exterior suponga que la naturaleza humana es esencialmente altruista y que las personas deben colaborar mutuamente basados en la confianza, el amor y los pajarillos de colores que cantan en la ventana mientras amanece. ¿No eras vos el que hablaba de una “existencia-destino”?
– No, era Feinmann.
– ¿Quién? No importa, decile de mi parte que tiene razón. Mi existencia-destino es esta. Tengo un dato, pueden encontrar al tipo y matarlo. Tengo que pesar los costos y beneficios de esto, y escojo racionalmente un plan a seguir. Eso da resultado, ahora me tengo que bancar la que venga, la condena de los que no tienen responsabilidades geopolíticas y está bien que eso suceda así. El teorema de Baglini no explica sólo fenómenos de política interna, sino también mundiales.
– No entiendo.
– ¿Sabés por qué te llamé a vos?
– Porque soy el mejor filósofo del mundo y querés saber cómo gobernar – le contesto, humilde.
– Sí, además de eso – hace una mueca, intuyo que me toma el pelo.
– No, no se me ocurre otra motivación que mi brillantez.
– Te llamé porque sos kirchnerista.
– ¿Y eso qué tiene que ver?, ¿te creés que voy a justificar una muerte?
– No, jamás te pediría eso. Te llamé porque entiendo que sos kirchnerista, y entiendo que quizás seas un poco más permeable que otros a la idea de la excepcionalidad. El kirchnerismo, vos que sos filósofo, debería cambiar de enemigo. En vez de “La opo” y “La corpo”, en vez de Magnetto, debería ir a por Kant.
– ¿Lo decís por el idealismo de “La paz perpetua”? – le tiro con la biblioteca encima –. Digamos que no es el libro que mejor va a explicar tu administración, al menos por ahora.
– Lo digo por eso pero lo digo más por la idea de imperativo categórico. Yo pretendo que me entiendas como kirchnerista porque intuyo que podés entender la excepcionalidad de las acciones, que podés ir un poquito más allá de la pretensión de que la gente obre “de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal”. Yo no puedo obrar así, no porque sea malo por naturaleza (quizás lo soy, no importa), sino porque soy presidente. No puedo pretender universalidad a todo lo que hago, porque entonces no podría laburar. Bin Laden es una excepcionalidad. Ir y matar al tipo no supone que voy a ir y matar al resto de la Humanidad. Supone sólo eso: que voy a matar a todos los que hayan planeado un atentado el 11 de septiembre de 2001. Es un universo de gente bastante, digamos, acotado.
El tipo me sorprende. Hay algo de fineza en su análisis sobre el kirchnerismo.
– Ahora, vos nos cagaste, porque viniste a todos los países del Cono Sur y nos pasaste por arriba – tiro un manotazo de hundido.
– Yo no podía ir a tu país porque no podía justificar el pragmatismo.
– Como yo no puedo justificar el tuyo.
– Pero podés entenderlo – me mira con cara de “Yes we can”, el guacho.
– Puedo, pero no puedo decirlo, nunca.
– ¿Por qué? – me pregunta, deshauciado.
– Porque Kant ganó y entonces toda acción política debe ser universalizable. Y la acción política es todo lo contrario: un momento de locura. Vos tenías que hacer lo que hiciste, tanto como tenés que bancarte la pelusa de haberlo hecho. Esa es la tremenda esquizofrenia de tu cargo: por eso los presidentes están locos, por eso la política es un lugar extraño, lleno de dementes, por eso ser presidente exige estar chiflado, creer que los dioses conspiraron para ponerte ahí, que el destino te exige ejercer ese servicio. Si no tenés esa presunción, ¿cómo tomás las decisiones que dejan perplejo a todos los demás?
– ¿Eso no es de The West Wing?
– Claro que sí.
– ¿Entonces?, ¿nos rendimos? – se pregunta más retóricamente que nada.
– Hay esperanza. En la Argentina.
– ¿El kirchnerismo?
– Eso. Y que haya ganado Cristian U.
– ¿Quién?
– Lo dejamos para otro día, Negro. Te quieren ver de la CIA me parece. 
Tomás A.(acá)

Cómo salir de la derrota

Desde luego, sería muy pretencioso de mi parte dar respuesta a esta preposición. Propongo en cambio poner en la mesa algunos hechos y reflexiones que pudieran contribuir a la salida.

Empecemos por redefinir la derrota. Ya no se trata de la evidente derrota militar sufrida a partir de la instauración del terrorismo de Estado, sino más bien de las consecuencias de ese proceso, el que, al retirarse lo militares, más derrotados por los Ingleses que por nuestro pueblo, se abrió lo que ha dado a llamarse la democracia, y en efecto se instauró un sistema democrático que se mantiene firme desde ya hace décadas pero que, con todo lo bueno que es respecto a las dictaduras, ha gobernado una de las épocas de mayor oscuridad de la historia nacional. La mayor oscuridad es cuando se logran derrotar los sueños
Esa es precisamente la derrota, o dicho al revés, el indiscutido éxito de la dictadura militar. Acabó con los sueños, dejó la oscuridad.

 
Veamos: desaparecidas las organizaciones armadas, se instauró la era de los Derechos Humanos como meta mayor de emancipación social, como destino sagrado, con el agravante de entender como Derechos Humanos, sólo los derechos políticos encuadrados dentro de lo que se denomina democracia representativa. La lucha contra el hambre o la desnutrición, el analfabetismo o la trata de personas, no parece ser un derecho humano. Lo oscuro consiste en transformar el Estado de Derecho, o sea el Estado burgués por excelencia, juzgador y ejecutor de la Justicia con sus códigos burgueses, en el fin último de la emancipación social, con la añadidura de un indeseable culto que roza cierta religiosidad hacia la figura de la Madre y, más grave aún, es el culto a la personalidad que se ha construido tras la figura de Hebe. A todo eso hay que agregar una fuerte necrofilia que está haciendo del país un gigantesco panteón de la muerte.
Está claro, desde luego, que la labor de las Madres de Plaza de Mayo, esa notable lucha contra la desaparición forzada de sus hijos merece, sin dudas, la mayor de las admiraciones y el eterno reconocimiento y hasta se puede admirar y aprender de su originalidad. Pero al mismo tiempo dejar claro que la lucha libertaria por un mundo mejor, en la cual perdieron la vida o fueron desparecidos sus hijos, las precedió y no fue menor coraje y creatividad, ni menos digna de nuestra admiración y reconocimiento. Simplemente hay que tomarles la palabra cuando ellas mismas decían que aprendieron de sus hijos. Y por eso precisamente, porque ellas, a pesar de sus heroísmo, van detrás de sus hijos, es que no se puede dejar en manos de Madres de Plaza de Mayo la elaboración, peor aún, la manipulación de las doctrinas libertarias que la humanidad ha desarrollado durante siglos y que nuestra juventud llevó a la práctica en los setentas.
Ocurrió que debido a que, los hijos, o sea los militantes y combatientes de los setenta en gran número estaban desaparecidos o muertos, otros lamiéndonos las heridas y tratando de recuperarnos de la derrota militar para volver a empezar, cuando durante el regreso a la institucionalidad democrática, la izquierda tradicional, en particular el nefasto estalinismo, cierto populismo de raíz nacional y popular no mucho menos estalinista, más los oportunistas de siempre, abandonaron sus locales donde se habían mandado a guardar durante la dictadura, adoptaron a la Asociación Madres como una especie de Comité Central o Estado Mayor y descubrieron la doctrina de los Derechos Humanos transformándola en programa de acción y hasta de gobierno, olvidando fundamentos tan valorados en el pasado reciente, como la lucha de clases, y sus consecuencias, la organización de las masas en la prosecución de una sociedad comunista, desplazando los sueños de los setentistas y calificándolos de ilusiones de juventud. Si señores, no le escapemos a la palabra, una parte importante de los setentistas nos considerábamos los verdaderos comunistas
Se olvidó así que el Estado de Derecho, la democracia representativa y la doctrina de los derechos humanos, —por preferible que sea respecto a las dictaduras—, son la forma ideal del Estado Burgués, de ninguna manera conquista popular alguna. El nazismo, el fascismo o las diversas dictaduras son recursos extraordinarios de la burguesía cuando es acorralada por la lucha de clases. La democracia que estamos gozando es, por así decirlo, su estado natural y no fue ninguna conquista popular, es la forma que la burguesía adoptó una vez que fue derrotado el proyecto revolucionario. La misma burguesía que llamó a los militares es la que reinstaló el sistema demoliberal que estamos gozando cuando los militares acabaron la tarea sucia de matar a los rebeldes.
Y, para mayor confusión aún, ponerse a la cabeza de la defensa de los derechos humanos ha sido parte significativa del modo que el llamado kirchnerismo consiguió el apoyo para recobrar la gobernabilidad perdida durante las puebladas del 19 y 20 de diciembre del 2001. Ese gobierno logró lo que otros no pudieron: comprar a la mayor parte de los militantes y organismos de Derechos Humanos, sea con dinero contante, sea con puestos en el Estado, sea con planes sociales y en ese negocio ocupa un lugar de privilegio a la Asociación Madres de Plaza de Mayo encabezada por Hebe.
Perdón, no puedo evitar cierto sentimiento de ridículo escribiendo cosas que fueron siempre parte elementalmente conversada en cualquier ambiente social o político.
Pero una cosa es indiscutible: el gobierno hizo y hace lo que todo gobierno debe hacer si quiere gobernar un sistema: en este caso optó por no reprimir, dado que es una resultante del 19 y 20 de diciembre y, sobre todo que consiguió torcer la dirección de las luchas comprando a los luchadores. Ningún burgués puede criticarle eso y yo tampoco lo crítico porque no es mi gobierno, es un gobierno burgués, ni bueno ni malo: burgués no es un insulto, es una categoría que indica la clase social que está gobernando. En cambio quienes, a mi juicio, no tienen perdón de nuestros desaparecidos, son quienes se dejaron comprar.
Esa si es derrota y muy amarga. Compraron un gran número de nuestros militantes y combatientes, para lo cual primero los embaucaron o los sedujeron; lograron manipular, malversar y finalmente distorsionar nuestros sueños plasmados en programas de lucha. Por eso que para empezar a responder a la pregunta implícita en el titulo de esta nota, deberíamos empezar por recuperar los sueños que nos robaron, poner a los llamados Organismos de Derechos Humanos donde deben de estar, como cualquier sindicato o entidad de bien público en su tarea específica para que se dediquen a su valioso trabajo de hacer cumplir el derecho burgués, pero cuidar muy bien de alejarlos para que no molesten en la recuperación de nuestros sueños libertarios, en la reconstrucción de la política emancipatoria y entonces retomar la discusión y la práctica libertaria de todas las épocas revolucionarias recobrando un concepto más político que jurídico, ya de por si poco conocido y hoy absolutamente olvidado: el principal derecho de la juventud es el derecho a la rebeldía. 
Luis Mattini

La Intransigente

Hebe, la de la lengua filosa. Nunca midió nada de lo que dijo. Desafió lo que cada época intentó consignar como “medida” de tolerancia discursiva. Pero esa “desmesura” no fue nunca mera incontinencia, sino palabra excepcional, que abría un hueco: precisamente una excepción en las formas de hablar, de nombrar, de valorar. Esa forma de marcar la cancha (el “no” a las indemnizaciones, el “no” a las identificaciones/exhumaciones de cuerpos de los desaparecidos, el “no” al nombre propio en el pañuelo, por nombrar sólo tres hitos de su discurso) la convirtió en una voz incontestable. Tanto por prestigiosa como por arbitraria. La fuerza pública de esa palabra, su proyección poderosa, y la cerrazón puertas adentro que ese tono también cobijaba fue un desfasaje siempre problemático. Especialmente para quien hizo del ser madre la contrafigura de la compartimentación adentro/afuera, público/privado.
Nadie puede retar a Hebe. Y es canalla quien encuentra en este momento el goce de derribar ídolos, de relativizar resistencias. Sin embargo, es difícil sustraerse a la mezcla de enojo y tristeza de todxs aquellxs que no pudieron discutir en su momento –no ahora– con Hebe. Que prefirieron no hacerlo, o dejar esos debates silenciarse justamente puertas adentro, para preservar la eficacia de una palabra que se consagró a fuerza de una tozudez en la lucha y de una incapacidad de abrigar diferencias sin rotularlas como claudicaciones o pruebas de traición. Ante esta grieta, quienes estuvieron cerca (siendo parte de esa palabra-excepción y aceptando el anonimato militante para fortalecer el símbolo del pañuelo) casi siempre prefirieron distanciarse en silencio. Guardando la angustia de ser testigos privilegiados de un drama difícil de poner en palabras (sin caer en los lugares comunes de una teoría del cerco o de una psicología barata).
Las Madres de Plaza de Mayo inventaron una política radical. En condiciones de política armada (mediados y fines de los 70) encontraron en la maternidad desarmada una condición de enunciación capaz de asumir las injusticias de toda índole. Fue un gesto que marcó el camino de construcción política en la posdictadura y que abrió el debate sobre la violencia del modo más digno y menos eufemístico.
El viraje de apoyo a un gobierno fue llamativo en la historia política de Hebe y en su repertorio exigente de alianzas. Y por insólito aún más indiscutible y deslumbrante. Recuerdo estar en el Puente Pueyrredón el 26 de junio de 2003, a un año del asesinato de los piqueteros Kosteki y Santillán, escuchando a Hebe junto a miles de personas. Llamó entonces a la resistencia armada y al mismo tiempo a apoyar al gobierno de Kirchner recientemente electo. Recuerdo también el desconcierto y la risa generalizada frente a una hipótesis aparentemente incompatible. Se trataba, una vez más, de una anticipación simultáneamente lúcida y delirante, dúctil en compatibilizar la nobleza y los lenguajes de la política militante de los 70 con las virtudes de la ocupación del poder estatal, como realización a destiempo de aquel proyecto. Parecía que Hebe necesitaba, por fin, pasar el pañuelo, confiar en herederos.
La anticipación, en todo caso, también daba cuenta de un modo de construcción política posrevolucionario. Que la revolución no exista como horizonte (verdadera discontinuidad con los ‘70) requería contemplar un nuevo cálculo en términos de dinero, territorios, gestión, seguridad, pasillos y despachos. Un cálculo que no es sólo de Hebe, sino de una movilización a gran escala de pasados y filiaciones.
Hebe es, como se ha dicho, parte nuestra. Algunos han dicho “lo mejor de nosotros”. Recordar a las madres en resistencia es la parte menos vergonzante de una sociedad que supo pactar con poderes asesinos. Ellas pusieron su espalda como puente entre generaciones, no dudaron –en la crisis de hace una década– en poner también el cuerpo para enfrentar a la policía montada en plena Plaza de Mayo en una imagen de fuerza conmovedora. Hebe, marchando cada jueves, siempre buscó ir más allá de la plaza céntrica y andar hacia los barrios, interpelando a la juventud por venir. Hebe es nuestro pasado y nuestro presente. Y su legado tal vez consista en esa entrega desmedida, tan amorosa como intransigente.
Verónica Gago

El partido dinámico del orden, coyuntural

Que el peronismo se proponga como el partido viable del orden no es difícil de decir. Ni las clases dominantes ni las masas populares (suponiendo que estas palabras se ajusten a lo que pretenden nombrar) han logrado superar al peronismo en este propósito. Sin el peronismo, es decir, sin la debida atención a las masas populares, no existe orden estable. El antaño célebre “partido militar” fue operativo ante el desborde de la resistencia popular (mayoritariamente peronista, claro), y sólo cuando fue quebrado (en 1982) y en una coyuntura global particular pudo concebirse esa invención celebérrima que fue el peronismo menemista.
Que el orden peronista es igualmente insuperable para las llamadas “masas populares” es, también, constatable cuando observamos la capacidad de supervivencia y recreación de la memoria de bienestar y plebeyismo del primer peronismo. No hay otro modo de explicar la duración de esas banderas en épocas de resistencia desde abajo y de integración desde arriba.
Aún hoy el peronismo aspira a presentarse como fuente prolífica de invención de formas políticas. Así lo siente nuestra época. Y sea para ratifica o revocar esta creencia se tensan las diferentes perspectivas del presente. 
De todos modos, la remisión de toda invención de formas políticas al peronismo oculta la singularidad de cada una de estas secuencias, entre las que encontramos la relación con los sindicatos y con la juventud, con el empresariado y los mercados, o con los movimientos sociales y los organismos de derechos humanos. En todos estos casos -y con sentidos incluso antagónicos entre sí- el peronismo toma la forma de una lengua flexible para recibir de afuera toda dinámica que brota del grado cero de la política.
El kirchnerismo pertenece por derecho a esta tradición. Se nutre de estas vertientes, pero haciendo beneficio de inventario e inventando tonos y formatos. Su aporte específico fue el dinamismo y la capacidad de contactar con el desborde. Su grado cero fue el 2001, las asambleas, los piqueteros y las madres de plaza de mayo. Su capacidad de invocar y convocar fue enorme y sorpresiva. La capacidad de crear orden con los elementos que brotaron al calor del conflicto (destituyente) acabó por seducir a jóvenes, ex militantes e intelectuales fascinados por el milagro de asistir a un orden diferente. Reparación y homenaje, dinero y narración proporcionaron a este nuevo momento de estabilidad los rasgos de una nueva hegemonía
Hasta el momento, el llamado kirchnerismo ha sido grande en la agonía, y patético en la victoria.  Bajo el signo de la derrota –que acompañó a Néstor Kirchner desde mayo del 2003 y, luego, a Cristina Fernandez desde mediados del 2009- brilló como nunca en el gesto inesperado, convocante en la apertura y conmovedor en el riesgo.  Tiempos esos en que fuimos kirchnernistas más o menos secretamente y a pesar nuestro. Los otros momentos, los de holgada preponderancia, dieron lugar a las formas  más torpes de la corrupción política.
Uno de los problemas de este modo de gobernar (2003-2011) es que monopoliza la política en el palacio, concentrando las miradas, y desactivando otros momentos de lo político. ¿Cómo se tramita el momento actual? Difícil, una mezcla extraña de ambos. La muerte de Kirchner selló con una mística popular y juvenil deslumbrante lo que a todas luces parece ser una irrefrenable victoria del kirchnerismo en las próximas elecciones presidenciales. Cuando escribo estas notas no hay confirmación de la casi segura postulación de Cristina Fernandez a la reelección.  La falta de desafíos por parte de la llamada “oposición” (objetivo estratégico del kirchnerismo) puede volverse en contra demasiado rápidamente. De hecho, el campo propio muestra signos de desgobierno y los enemigos del gobierno operan desde fuera del campo electoral.
El “caso Shocklender» sobrevuela la escena cargando la atmósfera de un dramatismo excesivo (y, tal vez, sólo momentáneo) y tiñendo otras situaciones (seguramente menores) de una incertidumbre inexplicable.  La “pelea” con Moyano, la –hasta ahora- floja campaña de Filmus, ciertos escandaletes ingobernables como los del INADI, la inclusión de la lista de disputados de Sabatella en Provincia de Buenos Aires a las filas del Frente para la Victoria, la falta de apoyo oficial al diputado Rossi en Santa Fe,  los rumores insistentes de dentro y fuera del kirchnerismo respecto de que Garré y compañía deben suspender sus cuestionamientos a Scioli y su política de “seguridad”, el erosionante crecimiento de la inflación… todo esto carga, decimos, la escena. Y, como si todo esto fuera poco, aparece Clarín (la presentación desafiante de la disposición de los hijos apropiados por la señora de Noble respecto de cotejar sus ADN a fin de constatar si son hijos de desaparecidos) intentando desestabilizar el tipo de legitimidad oficial sustentada sobre el apego a los organismos –y la memoria- de los Derechos Humanos. 

La postulación de Cristina Fernandez a la reelección debería venir acompañada de gestos suficientemente contundentes como para despejar dudas, relanzar su capacidad de galvanizar y neutralizar fantasmas. 

El «Tolo» Toly, 17 de junio de 2011

ZOMBORey

Cada intercambio, cada transacción se asimila como prótesis y pequeña
morte: de allí se exprime un saber que no necesariamente es savoir
faire.
La habilidad lo hace subsistir en el subte-tren como fantasma
o, en el mejor de los casos como atracción de feria: ES niña-malabar /
niño-cantor que aúlla.
La zombificación es un viaje similar al de la luz : la bomba se alimenta del enchufe y el enchufe de la bomba
hasta consumirla.
O no.
La figura de zombie es inenarrable: vuelve de la muerte y come
cerebros. Y en ese volver del más allá se muestra como cáscara o
cocoon porque el alma(¿) ha quedado del otro lado.
La estrategia es hacer malabares y no en sentido figurado o tal vez hacer una película de zombies y gambetear al zombo Rey porque la muerte es ficción y la sangre es simplemente un preparado. 
 Juan Miceli

Diagrama transa: del niño sacer (nuda vida), a pibe peri-feria (zombi mutante)

De niño-niño a sacer-zombis. La filosofía no alcanza.

¿Niño desnudo? Para nada. Arropado por cada intercambio, por cada transacción. Intercambios comerciales que exigen aprendizajes veloces. El niño indefenso, de tan desubjetivado mutó de mutación imprevisible, periférica. Devino pibe feria paraguaya. Para decirlo fino: se convirtió en intercambio comercial permanente, cálculo infinito (incesante). Indeleble. Transa-acción mercantil.

Los vínculos alegales no son vínculos desnudos, no son vínculos feroces. Hay una promiscuidad que invita a (e instituida por) una nueva forma de relación: nuevos cálculos. Transas sui generis, reproposición activa de (digamos) valores. Formas de construir la vida, de organizar el día a día. Todo va y viene y se escurre, permanentemente. Transa que entiende y explica lo que va a seguir. 

Nuevo diagrama del cálculo como pura pragmática. Cruda y áspera; profundamente derrochona y porno. Contaminada hasta perforar. Transa /cálculo urbano que se desenvuelve entre la explotación, la supervivencia, la esperanza”. Vinculo activo y cuidadoso, que construye vitalismo y erige supervivencia. 

Al pensar esto ya no somos posmos, sino post-post moderno: no ha lugar para romanticismo.

Pibe zombi. Pibe contaminado en la zona contaminada. Pibe mutante que se reconfigura, permanentemente: pliegue sobre pliegue. O cálculo sobre cálculo. Velocidad de un rayo que en la sobrevivencia, vive. Escapando de los lenguajes previos, de lo que era válido. Solo vale lo que el cuerpo puede. Y el cuerpo siempre puede algo (y el cuerpo de los pibes puede mucho, tal vez aventajados con el plus de la energía que les otorga sus pocos años). Coger, pegar, obedecer, pararse, consumir. “Envuelto en constelaciones afectivas: es infancia, resistencia, hábito, tristeza, memoria, deseo, despliegue, noción común, potencia organizadora de encuentro, medida para las mezclas de los cuerpos, descubrimiento del propio ser singular en el mundo”

Formas de organizar la vida donde abundan y se cruzan afectos, transas, cuidados ardientes y agresiones que dejan marcas. Nuevas marcas que estimulan el improviso, que fortalecen y reconfiguran.

Ni desnudos, ni futuro. Lanzamos a la pura transa, a la pura suerte. Existe un mercantilismo no-burgués (o no simbólicamente burgués)  un cálculo de feria, un regateo, un deambular. Una micropolítica del cálculo.

Viven la energía, la practican, quizás la inventan: se comprueba en sus efectos, pero no dicen una palabra de ello. Su energía se manifiesta.

El mutante no es un mal formado, todo lo contrario, es la correcta lectura del mundo lo que lo produjo.

El mutante no evolucionó, todo lo contrario, es la correcta lectura del mundo lo que lo produjo.

Mundo abierto al cualquircosismo,  mundo derrochón de ambivalencia, mundo erupcionado de naturaleza explosiva, mundo caótico de  artesanalidades, de velocidades y de imprevistos.

Pibe zombi que escapa a los rótulos, a las explicaciones. Victima y victimario según convenga (asistido al mediodía, politizado por la tarde/gato del plan, amigo de lo ajeno cuando dé). Entre la escuela y la calle, mercadiando. Llenos de tajos y costuras. Como si fuera una mala película de zombies, después de haber caído una bomba y destrozado todo, los restos humanos se comienzan a rearmar con lo que van encontrando tirado por ahí y cociendo artesanalmente cada miembro en el cuerpo. Collage que ya no conoce de funciones heredadas, collage brutal e irónico que no espera, ni paciente ni disciplinado. Cuerpo collage con múltiples costuras. Cuerpos sensores, hechos de células sofisticadas para captar señales de alteración del entorno. Ternuras amorales intensas y simultaneas.
 
Existe una política de los cuidados o gestión cariñosa del otro. Cualquier mamá es mamá de varios al mismo tiempo, los reta y los cuida;  los más grandes cuidan al más chico. Madres por roles y funciones, madres – mujeres- femeninas a maternajes distribuidos, diseminados en el acto de cuidar  y en el gesto amoroso. Madres como la imagen de lo que hay que preservar porque ellas perseveran.  Fuera de toda fidelidad, fuera de toda deuda, fuera de toda culpa.  También existen cuidados de la mujer que es mamá; es muy claro que hay que protegerla de cualquier agresión externa, de cualquier injuria e insulto.
Pero acá también aparece el cálculo, no en lo afectivo: no es que se mide la entrega, el bancar, el querer. Si se banca se banca a fondo. Se cumple con el pacto implícito sin cuestionarlo. Se cuida a pesar de poner en riesgo la propia integridad. Pero también esos pactos se rompen sin dejar ningún vestigio de ofensa, o resquemor. Se banca, y se deja de bancar sin que nada (o todo/ la transa) se interponga. Hay venganza pero sin rencor. Se hace/recibe la venganza y de alguna manera todo continua, no queda el resentimiento rondando los posibles vínculos. O también la defraudación es meramente efímera. Te banque y me robaste: sos un gil, pero me recabió. 

 Barrionuevo Tóxico 
(Lector de Pura suerte: http://tintalimon.com.ar/libro/PURA-SUERTE

En silencio ha tenido que ser…

Lo conocimos alrededor de los veinte años. Eran tiempos complicados para quienes reivindicábamos las luchas de liberación de nuestros pueblos, la persistencia de la Revolución Cubana o el rol histórico de las Madres de Plaza de Mayo. El país caía en el pozo del neoliberalismo, el mundo se volvía unipolar y personas cómo él ayudaron mucho -a esa temprana edad- para asumir posiciones de defensa de lo público, los derechos sociales, la memoria de las luchas antiimperialistas recientes y la necesidad de construir organizaciones populares genuinas.

Militó durante años en el peronismo y el sindicalismo. Era mendocino de nacimiento y había llegado a Buenos Aires a sus 18 años para trabajar. Le tocó ver la caída Perón y con indignación de clase se inició en política arrojando baldosas a la policía de la “Fusiladora”. Más tarde entró en relación con los grupos de formación de John William Cooke y llegó a participar de su ARP. Fue Secretario General del Sindicato de Barraqueros de Avellaneda y con su chofer –un tal Herminio Iglesias- regaban las calles de miguelitos y otros artefactos. Participó de la campaña de Framini para la gobernación de Buenos Aires, de la CGT de los Argentinos y la creación de CTERA. También formó parte de una de las tantas organizaciones armadas sin nombre a la que algunos recuerdan como PROA.
Miles de personas lo conocieron. Tuvo varias compañeras (la última, la de su vida, Estrellita), hijos e hijas, amigos y enemigos a rolete.  No era figura pública, pero aún hoy muchos dirigentes políticos de diversas extracciones lo recuerdan o lo van a recordar al leer estás líneas. Tanto estuvo comprometido con la causa nacional, peronista y revolucionaria, que durante muchos años estuvo imposibilitado de trabajar legalmente y con el tiempo le sería una tarea enorme poder conseguir algún tipo de jubilación.
A muchos de nosotros nos enseñó que nadie es imprescindible en la lucha por la liberación, pero que sí lo es la organización popular y la participación de las masas. Creía en la necesidad de los dirigentes o jefes que encabecen las grandes causas, pero también enseñaba tenazmente que lo importante es el héroe colectivo.
No tenía miedo a las definiciones y siempre nos marcó claramente a los verdaderos enemigos de las causas populares y el rechazo visceral al imperialismo.
Se sentía profundamente marxista, leninista, peronista y tercermundista. Con sus relatos y –también- enojos, supimos conocer y entender gran parte de la historia de la resistencia peronista y nos acercamos a importantes figuras, entonces poco reconocidas para nuestra generación, como Amado Olmos, Hernández Arregui, Ortega Peña, el mayor Alberte, Ben Barka, Amílcar Cabral, Le Duan, Giap o Carlos Fonseca.
Era un hombre de organización e ideas y en tiempos donde la politiquería hace suponer que ganar elecciones es tener la manija o acceder al Poder, siempre nos hacía ver que para una verdadera organización es muy importante la táctica y la estrategia a largo plazo.
Quizás por su formación de riguroso conspirador leninista, cuestionó las agrupaciones o prácticas horizontales que intentábamos en los años noventa. Aceptaba el debate colectivo, pero no le cerraba mucho esas cuestiones.
Cómo buen peronista, confiaba ciegamente en la organización de los trabajadores y reivindicaba el rol histórico de la CGT. También en esto nos peleaba, porque le costaba entender nuestra afinidad con la naciente CTA y hasta el final de su vida sostenía la importancia vital de una sola organización de trabajadores para enfrentar a los sectores dominantes de nuestro país.
En los últimos años se convirtió en un maestro errante e involuntario. Un hombre de partido sin partido. Un personaje de otro tiempo, cargado de saberes y recuerdos invaluables, imposibles de conversión en mercancía editorial.
Nos peleaba y nos carajeaba bastante, por el inmenso cariño recíproco que teníamos y la confianza mutua que se fue generando. Con el paso del tiempo, nos fuimos dando cuenta que fue de esos  personajes necesarios e imprescindibles para la formación y el recorrido de cada uno de nosotros. Y no exageramos si decimos que fue un padre en nuestra vida política concreta, cotidiana y de todos los días. Porque una cosa es reivindicar a los grandes héroes y las grandes gestas, pero otra es poder aprender a caminar día a día en la compleja y diversa sociedad que habitamos, llena de desencuentros y abandonos. 
No siempre acordábamos en nuestros debates, pero siempre aprendíamos algo. Muchos veces le consultamos algunas decisiones trascendentales de la práctica política y siempre tuvo la paciencia y dedicación para escuchar, analizar y aconsejar.
Nunca se subió a ninguna ola pasajera y oportunista. Era incorruptible, habiendo podido acceder fácilmente a muchos negociados y trapisondas. Ese compromiso y actitud también lo convirtió en personaje molesto para aquellos que desentonaron.  Vivía muy sencillo, en un departamento de dos ambientes junto a su compañera, sus libros y sus eternos recortes de diarios para analizar el discurso del enemigo.
A Justo Manuel Molina, todos lo conocimos cómo el Negro Molina, ferviente defensor del Peronismo, la Revolución Cubana, Fidel y todos los procesos populares del continente. Se nos fue, vaya paradoja del destino, el pasado 16 de junio.
El Negro nos recibía en su casa con el mate de rigor y nos ponía a leer. Podía ser un libro de Lenin o una noticia esclarecedora de un diario de provincia. Intelectual obrero, veterano de la inteligencia, inigualable predicador. Sentía una verdadera ira contra lo que llamaba “jetones o mascarones de proa”. Una de sus frases preferidas era “en silencio ha tenido que ser”, que atribuía a José Martí.  
Hoy, que la vida y la lucha nos lleva por diversos caminos, queremos recordarlo y homenajearlo juntos, por lo que significó y porque indudablemente nos va a seguir acompañando. También reivindicarlo y reconocer en él, a los miles de militantes, dirigentes y trabajadores de nuestro pueblo que día a día dieron su vida en la lucha por una Argentina independiente, libre y junto a los pueblos de América Latina.
Quedarán para siempre sus enseñanzas, sus peleas, enojos y advertencias. Ahora, que pasó el tiempo, entendemos más claramente dos frases que repetía incansablemente, cada vez que una charla intima se ponía espesa: “Este pueblo tiene a Evita y Perón en el corazón. El que no lo entienda no va a poder construir nada serio” y  “pendejo, en nuestro país murió mucha gente para andar haciendo pelotudeces”. 
Negro: por esos vericuetos que tiene la vida, nunca pudimos decirte juntos que agradeceremos eternamente haberte conocido y aprendido al lado tuyo. Hoy seguimos peleando y luchando, por nuevos o viejos caminos, para lograr los objetivos y sueños que compartimos, conservando ese gesto tan propio tuyo, de asumir toda la seriedad que dabas a la vida en aquellos destellos de humor tan propios, querido Negro…
Florencia Lance, Diego Sztulwark, Walter “Chapa” Fernández y Mariano Molina

Habrá que presionar a Cristina…

para que pasemos de la revolución simbólica a lo que más se aproxime a una real

Alguna vez el famoso Primer Ministro inglés Sir Winston Churchill dijo la célebre frase «A quien habla mal de mí a mis espaldas mi culo lo contempla», obviamente preferimos el de la Presidenta, que dicho sea de paso no está nada mal, al del obeso político británico. Eso fue un poco lo que CFK insinuó ayer con su anuncio a la candidatura presidencial. Ríos de tinta en elucubraciones y especulaciones se gastaron sobre la supuesta dimisión de la Mandataria en los últimos meses. Para la prensa opositora un poco más y Cristina estaba por internarse en un neuropsiquiátrico. Que dirán ahora Van der Kooy, Blanck, el Doctor Castro y el resto de los empleados de Don Héctor. Con esta confirmación está de más decir que con los impresentables que están del otro lado, Cristina Fernández gana caminando (y lento). Quien puede votar al imitador de varieté Ricardito, a la tarotista y vidente Carrió, o al «Otro», es decir, Eduardo Duhalde, quien la semana pasada hizo un lanzamiento en el Sheraton que a la mayoría de los periodistas dio la sensación de estar asistiendo a un «festejo» entre las bóvedas de la Chacarita. En la necrópolis participaban del lanzamiento del ex presidente de la «revolución productiva» cadáveres tales como Luis Barrionuevo, Aldo Rico, Juan Bautista «Tata» Yofre, Carlos «Rucucu» Ruckauf, «Pocho» Romero Feris, Graciela Camaño, Carlos Stornelli, Momo Venegas, el Tula, etc, etc. Sólo faltaba Narciso Ibañez Menta con su clásico «El hombre que volvió de la muerte». Esta caterva de profilácticos sólo son festejados por los periodistas que trabajan para las empresas que defienden, ellos les dan entidad en los pocos medios que todavía tienen prominencia en el público capitalino. De todos modos hay que decir que el kirchnerismo hasta ahora fue un reformismo «efectivo», con un eficiente dispositivo cultural que no logró, ni intentó, cambiar la matriz de explotación del sistema injusto que gobierna la argentina del ’76 para acá. La brecha entre ricos y pobres fue en aumento y lo único que se pudo hacer hasta ahora es subsidiar todo lo que esté al alcance de la mano para sostener el modelo. Eso si, se le dan millonadas a corporaciones como la General Motors para que haga un autito nuevo y unos pocos mangos para llegar a fin de mes al ciudadano en situación de miseria, que lamentablemente sigue siendo el que conforma la mayoría de la población. Un celular y una netbook no hacen al monje. Se reconoce la política de DD.HH. pero a pesar del discurso contestatario todavía tenemos muchos chicos muriéndo de hambre, vayamos por los derechos de todos. Algo que los pibes de La Cámpora con sus secretarias, suculentos sueldos y amantes han omitido por completo. ¿Hasta cuando van a sostener a la triada Moyano, al multimillonario «defensor» de los obreros Gerardo Martínez, al prófugo de la justicia Anibal Fernández, al motoquero y guitarrero Boudou, al bronceado Echegaray, al amigo de Pedraza, Carlitos Tomada, al espía castrense Juanjo Alvarez y al polifacético Julio De Vido, entre otros?. Así muchachos no vamos muy lejos, así seguimos en la declamación y la mera sanata de barricada.

Un periodista de a pie

Una bifurcación en la escena política

La escena política ha sufrido una bifurcación. En un ramal las distintas fuerzas se alistan para octubre. En el otro, parte de la prensa comercial (Clarín, La Nación y Perfil) fogonea el affaire Schoklender con doble propósito: debilitar la valoración colectiva de los organismos de Derechos Humanos en el imaginario popular; golpear al gobierno como responsable en última instancia del comportamiento de Sergio Schoklender.
En rigor de verdad, un subtexto asordinado colorea los argumentos: ¿Qué se puede esperar de un organismo que entrega la administración de su proyecto a un doble parricida? El viejo latiguillo dictatorial (“las locas de la Plaza de Mayo”) recobra inusitada virulencia, y mediante su sibilina eficacia esperan esmerilar la imagen positiva de los organismos y de la presidenta.
Vamos por lo obvio: una cosa es que una dirigente –como parte de su vida privada– tenga la sensibilidad de dar la mano a quien – en una situación particularmente compleja– la necesite (rechazar tajantemente esa posibilidad pinta de cuerpo entero a quien lo haga), sin embargo, nombrarlo para una tarea central, sin adecuada fiscalización, no parece razonable. Y si nadie dijo lo que casi todos pensaron (¿Por qué Schoklender?), el asunto no deja de resultar preocupante. Ahora bien, deducir de ahí la complicidad colectiva, permite entender la naturaleza del acusador: un infame que se propone infamar.
Nadie debe llamarse a engaño, la influencia de este ejercicio a lo Joseph Goebbels (“miente, miente que algo queda”) funciona en los segmentos más despolitizados, y en todos aquellos que previamente están dispuestos a creer, pese a las persistentes desmentidas de Taty Almeida y Estela Carlotto, que la corrupción más abyecta atraviesa la institución comandada por Hebe de Bonafini. Las redes sociales –con su reconocida eficacia– han sobredemostrado tan siniestro comportamiento editorial; comportamiento que incluye desde el trucado de fotos (Perfil) hasta la invención lisa y llana de declaraciones (Clarín y La Nación).
Esa política editorial alcanzó una cumbre peligrosa, ya que a casi nadie se le escapa que el prestigio de los militantes de Derechos Humanos, en tanto portadores de los nuevos valores compartidos por la sociedad argentina, esmerila la confianza en el “mensaje histórico” de esos medios, al igual que sus intereses comerciales.

Negro sobre blanco: Papel Prensa, botín de guerra arrancado a la viuda de David Graiver, con los instrumentos de la ESMA. No se trata sólo de que la sociedad termine de asimilar cuáles fueron los “métodos empresariales” de Clarín y La Nación, sino de defender el instrumento que les permite hoy conservar su posición en el negocio informativo. Dicho brutalmente: impedir un precedente decisivo, democráticamente decisivo, que una propiedad arrancada a sus legítimos propietarios, le sea devuelta. Y revertir, por esa vía, la política de saqueo de las víctimas de la dictadura burguesa terrorista, y sus consecuencias actuales. Ya no se trata de los delitos imprescriptibles del cabo primero Pérez, sino de los delitos imprescriptibles de Héctor Magnetto y Ernestina de Noble. Es decir, de los que hicieron y deshicieron desde 1975. Esa es la batalla de fondo.

EL FRENTE INTERNO. En 1983, el prestigio de Madres de Plaza de Mayo alcanzó una cumbre. ¿A que se debió?
El ’78 permitió dos escenas simultáneas. En la primera: la compacta mayoría festeja la “victoria nacional”, la derrota de la “conspiración antiargentina montada en el exterior para desprestigiar al gobierno militar”. Eran los “gloriosos días del Mundial de Fútbol”. En la segunda: una triste hilera de familiares de desaparecidos espera que una comisión de la Organización de Estados Americanos (OEA), tras una durísima batalla diplomática librada contra la dictadura burguesa terrorista,  reciba su declaración. Mientras esto sucede, los insultan y escupen “argentinos derechos y humanos”. Un dato: no fueron especialmente instigados por nadie. Es que el respaldo al gobierno militar seguía siendo mayoritario, como en el ’76. Todos los partidos del arco parlamentario seguían siendo solidarios con la “lucha antisubversiva”, al igual que Clarín y La Nación. Madres sostenía, en cambio, en heroica soledad, algo que el estado de excepción no admite: los vencidos tienen derechos y los vencedores militares obligaciones que cumplir. Nadie está por encima de la ley.
El planteo resultaba inaudible.
El arribo de Raúl Alfonsín al gobierno no supuso el triunfo de la democracia. Esa “democracia” se redujo a evitar el temido golpe de Estado, a impedir otro desembarco de las FF AA. Por tanto, Madres eran “ultraizquierdistas” que ponían en peligro la “democracia” con sus exigencias “imposibles”. Y el juicio a las Juntas del ’85 (la sentencia del tribunal que debe ser releída hoy, para no repetir trivialidades) restablecía la teoría de los dos demonios con todo el prestigio de la ley. La sociedad argentina no era responsable de nada, la locura mesiánica de ambos terrorismos debía hacerse cargo de todo. Por eso, las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, para seguir viviendo sin más crisis militares.
Por cierto, el programa genuinamente democrático, su condición de posibilidad, dependía de la eficacia del discurso de Madres, porque era el único que reconocía que las víctimas del terrorismo estatal tenían derechos inalienables, y que ninguna democracia podía construirse sin “Verdad y Justicia”.
El menemismo intentó sepultar el problema con una larga serie de indultos inconstitucionales e indemnizaciones legales. Fracasó. Fernando de la Rúa tensó el límite, ya que reconoció “la patriótica labor de las FF AA”. Pero 2001 sepultó definitivamente todo. En cierto sentido era la consecuencia directa de la legalización del delito impune, de la política de saqueo sistemático organizado desde el botín de guerra. Entonces, el prestigio de los organismos de Derechos Humanos alcanzó su clímax, fueron los únicos a los que nadie pidió “que se fueran”, mientras todos los demás no podían salir a la calle.
El prestigio de Madres y Abuelas en la sociedad argentina es más que merecido, pero también resultó la contracara de la culpa por complicidad, tanto de la complicidad sistémica, como de la personal.
A partir de la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, la relación entre las palabras y las cosas, entre los delitos y las penas, quedó restablecida. Por primera vez en décadas, la posibilidad de recuperar la política como instrumento de transformación, se volvió real. Esa victoria popular aportó un nuevo prestigio a los organismos; habilitó, habilita nuevas tareas.  En ellas el error resulta consustancial a la acción, actuar impone riesgos, supone resolver problemas, y requiere asumir responsabilidades. El error no fue construir casas, sino sumar a Sergio Schocklender. Pero reducir toda la acción de los distintos organismos a este episodio tenebroso contiene la puñalada trapera. Esa es la inequívoca intención de la campaña. Sin embargo, no hacerse cargo de los  múltiples significados de este doloroso error bloquea la posibilidad de seguir elaborando el trauma colectivo. De reubicarlo definitivamente en nuestro pasado doliente. Debemos aprovechar esta compleja situación para distinguir admiración, gratitud y prestigio, de veneración acrítica. En esa dirección marchamos.
Alejandro Horowicz

Alain Badiou y el 15-M: “una modificación brutal de la relación entre lo posible y lo imposible”

En su sesión del 25 de mayo de 2011 de su seminario “¿Qué significa cambiar el mundo?”, el filósofo francés Alain Badiou hace alusiones directas al movimiento 15-M y aporta algunos conceptos y juegos de distinciones altamente precisos, pertinentes y orientadores para pensar lo que (nos) está pasando.
Me gustaría partir de la definición que di la última vez de los que es una verdad política.
La recuerdo: una verdad política es el producto organizado de un acontecimiento popular masivo en el cual la intensificación, la contracción y la localización sustituyen a un objeto identitario, y a los nombres separadores que lo acompañan, por una presentación real de la potencia genérica de lo múltiple.
Voy a puntualizar cada elemento de esta definición recapitulativa.
Una verdad política es (un) producto.
Una corriente importante de la filosofía política sostiene que es una característica de la política la de ser extraña a la noción de verdad, y que desde el momento en que vinculamos la política a una noción cualquiera de verdad empezamos a caer en la presunción totalitaria. De ahí se deduce que no hay sino opiniones. Os daréis cuenta de que aquellos que dicen esto no mantendrían ni por un momento que en ciencia o en arte no hay más que opiniones. Se trata por tanto de una tesis específica sobre la política, cuya argumentación, que se remonta a Hannah Arendt, es que la política, que es la disciplina que tiene por objeto y desafío el estar juntos, debe dotarse de un espacio pacífico en el que puedan desplegarse las opiniones dispares, y que si hay una verdad, esta necesariamente ejerce una opresión elitista sobre el régimen oscuro y confuso de las opiniones. Esta es la tesis que impera desde hace treinta años -desde la instauración del periodo de reacción cuyo comienzo yo ubico en los últimos años setenta-.
Lo que caracteriza el pensamiento político revolucionario es precisamente el hecho de concebir que hay una verdad en política y que la acción política es en sí misma una lucha de lo verdadero contra lo falso. Cuando hablo de verdad política no estoy hablando de un juicio sino de un proceso: una verdad política no es “yo digo que tengo razón y el otro se equivoca”, sino algo que existe en su proceso activo y que se manifiesta, en tanto que verdad, en distintas circunstancias. Las verdades no son juicios anteriores a los procesos políticos que habría que verificar, aplicar, etc. Las verdades son la realidad misma en tanto que proceso de producción de acontecimientos políticos, de secuencias políticas, etc. Verdades, ¿pero sobre qué? Verdades sobre aquello que es efectivamente la presentación colectiva de la humanidad como tal -junto con la tesis de que una buena parte de la opresión política consiste en su disimulación. Cuando se decide afirmar que ‘no hay nada más que opiniones’, es la opinión dominante (es decir, la que tiene los medios de la dominación) la que se va a imponer como consenso o como marco general en el que puede darse el resto de las opiniones.
La verdad política arraiga en acontecimientos populares masivos.
No estoy diciendo que se reduzca a ellos: no es cierto que una verdad política no sea a fin de cuentas más que una especie de momento de revuelta o, como decía Trotsky, el instante en que “las masas suben al escenario de la historia” (cosa que por otra parte no sucede todos los días). Como dice mi amigo Sylvain Lazarus, la política es rara (la política, claro está, en tanto que producción, en tanto que procedimiento de la verdad, porque lo que es el Estado está ahí constantemente).
Intensificación, contracción, localización.
Intensificación, en el sentido de que después de un levantamiento popular masivo hay una intensificación subjetiva general, que Kant ya había designado en el momento de la Revolución Francesa con el nombre de entusiasmo. Esta intensificación es general, por ser una radicalización de los enunciados, de las tomas de partido y de las formas de acción tanto como la creación de un tiempo intenso (se está en la brecha mañana y tarde, la noche ya no existe, la organización temporal queda trastocada, no sentimos ya el cansancio aunque estamos extenuados, etc.), lo cual explica el desgaste rápido característico de este tipo de momento. Un estado así no puede convertirse en crónico; crea la eternidad sin ser él mismo eterno. Sin embargo, esta intensidad va a desplegarse aún por largo tiempo después de la desaparición del acontecimiento que la vio nacer. Cuando la gente regrese a sus casas, dejará tras de sí una energía que va a ser ulteriormente recuperada y organizada.
Contracción. La situación se contrae en una especie de representación de sí misma, de metonimia de la situación de conjunto. Durante un tiempo esta contracción es universalmente reconocida: cualquier persona en el mundo sabe que los congregados en la plaza Tahrir pronuncian algo que concierne a todos. Es un rasgo general que, durante los levantamientos populares masivos, la “mayoría silenciosa” desaparece y toda la luz enfoca a la minoría que, por numerosa que sea, sigue siendo una minoría –una minoría masiva.
Localización. Una modalidad fundamental de existencia de todo esto es la creación de lugares políticos. Un lugar político es un lugar en el que tiene lugar el acontecimiento político masivo al que da existencia en una dirección universal. Un acontecimiento político no puede tener lugar en todas partes; un acontecimiento político tiene lugar en un lugar. Esos lugares pueden variar: los lugares políticos de mayo del 68 fueron edificios (la ocupación de la Sorbona, la del Odeón, la de las fábricas…), que no son la misma cosa que las plazas. Las significaciones, los modos de presencia no son los mismos.
Objeto identitario. El Estado crea las normas que determinan los derechos que confiere. El objeto identitario es aquel al que hay que parecerse lo más posible para merecer una cierta atención por parte del Estado. Si somos demasiado distintos del objeto identitario también recibiremos la atención del Estado, pero en un sentido negativo (sospecha, control, expulsión). En el caso del objeto identitario “francés” (del que nadie sabe exactamente el significado, que por lo demás no existe), el Estado puede hacer revisiones drásticas, y declarar un buen día que ciertas poblaciones que se pensaba que eran “francesas” no cumplen las condiciones de similitud respecto del objeto identitario.
Nombres separadores. Este término designa las diferentes maneras de diferir del objeto identitario ficticio; permiten al Estado separar de la colectividad a un cierto número de grupos, apelando así a medidas represivas particulares. Pueden ir desde “inmigrante”, “islamista”, “musulmán”, “romaní” a “joven del extrarradio” y, en camino de constituirse ante nuestros ojos, “pobre”. Yo mantengo que todo aquello que en la Francia de hoy es calificado de “político” por parte del Estado se limita a remover algunas consideraciones sobre el objeto identitario y los nombres separadores. Un acontecimiento popular masivo, cuando sucede, tiende por su naturaleza a abolir el objeto identitario y los nombres separadores que lo acompañan. Lo que viene a reemplazarlos es una presentación real, es la afirmación de que lo que existe es la gente que está ahí. Finalmente, hay que decir que ellos representan a la humanidad entera, pues aquello que los mueve en su intensa congregación localizada tiene un significado universal. Y eso es algo que todo el mundo percibe. ¿Por qué? Porque se trata de un lugar en el que, como el objeto identitario ficticio es en lo esencial inoperante o ha sido abolido, lo que actúa ya no es la identidad sino los nombres genéricos, es decir, aquello que concierne a la humanidad en general.
***
Me gustaría ahora precisar la relación de la localización con la extensión. En efecto, a todo el mundo le ha impresionado el hecho de que, en los movimientos recientes en el mundo árabe, ha habido por un lado una intensidad extremadamente localizada y, al mismo tiempo, una extensión importante –y que aún está por decidirse- en cuanto a sus límites. ¿Cuáles son los procedimientos de esta extensión? Yo veo ahí tres niveles distintos.
La primera forma de extensión (y la fundamental, desde mi punto de vista) está ligada al sentimiento de que ha habido una modificación brutal de la relación entre lo posible y lo imposible. El acontecimiento popular masivo crea una des-estatización de la cuestión de lo posible. Porque en el orden de la política, es el Estado el que declara lo que entra dentro de lo posible y lo que no (y esto lo hace también mediante mecanismos como el objeto identitario). Esta función le es arrebatada al Estado por el acontecimiento popular masivo; es la gente reunida la que prescribe una nueva posibilidad, comprometiéndose con la idea de que son ellos los que tienen la potestad de definir un posible. Esto es lo que crea las condiciones de una extensión. O, dicho de otra forma, esto es lo que ocurre cuando todo el mundo comprende que ya no se está en el mismo régimen de delimitación de lo posible y de lo imposible.
Por otra parte, está lo que podríamos llamar una deslocalización subjetiva del lugar, que hace que incluso in situ se produzca ya una extensión. Aquello que se dice en el lugar político no pretende valer sólo para un sitio en concreto, sino todo lo contrario. Los españoles lo han expresado muy bien: “Nosotros estamos aquí, pero esto es mundial, así que estamos en todas partes”. La gente se reúne en el lugar para valer en todas partes. Y esta extensión inicial va ser reapropiada desde fuera por gente que dirá: “Como desde cualquier sitio puedo estar ahí, voy tratar de hacer lo mismo”. Ahí hay un va-y-viene. Como la subjetividad de aquellos que han lanzado el asunto es ya una subjetividad de extensión universal, en sentido inverso se produce una identificación con respecto a ellos.
El tercer punto está ligado a la imitación de la forma. La forma de las cosas (es decir, el principio de localización) va a tratar de imitarla todo el mundo. Por ejemplo, hoy en día no puede hacerse nada si no se ocupa una plaza. Este punto es mucho más débil que los dos precedentes. Seamos platónicos: la imitación no es lo más fuerte. Se comienza siempre por la imitación de la forma –Platon dice que la imitación comienza por la superficie– cuando lo que hay que hacer es lo contrario: comenzar por la interioridad, por la subjetividad.
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Me gustaría igualmente ver con vosotros la relación entre presentación y representación. En mi definición de lo que es una verdad política está la expresión: «presentación real del poder genérico de lo múltiple». Las tentativas políticas de las que acabo de hablar son tentativas de sustraerse a la representación. En el referido caso español, ha habido una simultaneidad pasmosa entre la aparición de una presentación real (la reunión de la juventud en una plaza madrileña) y un fenómeno representativo (una victoria electoral aplastante de la derecha española). El movimiento ha tenido que declarar la vacuidad total del fenómeno electoral (“no nos representan”) en nombre de la presentación. Es una lección: la posibilidad de una verdad política por un lado y la perpetuación del régimen representativo por otro se produce en una suerte de teatralidad (por otra parte ya presente en 1848: vid nota 3) de una manera a la vez simultánea y separada. Es una síntesis disyuntiva de dos escenas teatrales.
Disyuntiva, porque a través de un acontecimiento popular masivo lo que se produce es una separación de la representación; lo que se sostiene es que no hay que tener por realmente dado lo que es simplemente visible, que hay que saber ser ciego a la representación. Como dice René Char: “Si el hombre no cerrara de vez en cuando soberanamente los ojos, terminaría por no ver más aquello que merece ser mirado” (Hojas de Hypnos, fragmento 59). Y dice de manera complementaria: “No te quedes en el atolladero de los resultados” (Hojas de Hypnos, fragmento 2). La representación es el régimen del resultado. No quedarse atrapado ahí significa que el proceso, en el terreno de la verdad política, cuenta más que el resultado. Si el movimiento se extendiese en Europa, algo que no hay que dar por sentado, llevaría inevitablemente a una fractura del término “democracia”: dos definiciones antagónicas (o al menos sin concordancia razonable) del término se enfrentarían necesariamente. La fractura de la única idea consensual entre las fuerzas políticas organizadas es una eventualidad que aquéllas en su conjunto pueden legítimamente temer. Pues semejante fractura le haría a todo el mundo plantearse la pregunta: “¿pero de qué democracia estás hablando?”. Ya os imagináis que en esta eventualidad pongo yo todos mis deseos…
Traducción: Álvaro García-Ormaechea

  

 

Lecturas comentadas

Ernesto Laclau:

“Defender la pureza institucional es cerrarse al cambio”
(Miradas al Sur – Domingo 26 de junio de 2011)
La visión de Ernesto Laclau combate las categorías traspoladas desde Europa (¿¡!?). Se trata, en definitiva, de categorías que ayudaron poco y nada en la tarea de analizar los fenómenos sociales latinoamericanos. Su tarea como hombre de dos mundos es doble. No sólo porque piensa desde aquí –porque es de acá–; sino también porque como profesor de allá –se doctoró en Oxford apadrinado por Eric Hobsbawm– su discurso irrumpió hace ya varios años en los claustros de quienes han manifestado una recurrente incapacidad para entendernos. 

«El peronismo histórico, al igual que el kirchnerismo y la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen, significó la entrada de nuevos sectores sociales a la esfera pública. Sin embargo, en el peronismo se dio a través de una manera dominante que tomó la forma del sindicalismo. En el kirchnerismo, esa forma sindical sigue pesando, pero en un contexto de pluralidad que incluye otras formas de movilización y democracia de base que son las que permiten profundizar la política populista en la cual está empeñado el gobierno”, dirá Ernesto Laclau durante el transcurso de la entrevista con Miradas al Sur. Para el autor de Hegemonía y estrategia socialista (1985) y La razón populista (2002), la conclusión cae de madura: el kirchnerismo representaría un momento más avanzado en el afianzamiento de los objetivos populares. “¿Finalmente, qué nos dejó Perón…?”, se preguntará el historiador, radicado en Europa desde 1969. “¿Y Néstor Kirchner?”, interrogará el cronista. “Nos dejó a Cristina y a toda una nueva generación militante comprometida con una pluralidad de procesos de cambio”, señalará sin dudar. Café de por medio, el diálogo continuará con la intervención de Jorge Coscia, quien calificará de injusta la comparación. Sostendrá que no tiene en cuenta los momentos históricos, dirá que “ Isabelita y el Brujo son más hijos de la libertadora que del propio Perón” y agregará que “si hoy podemos hablar bien del peronismo es gracias al kirchnerismo”. Ambos, sin embargo, coincidirán –entre otras cuestiones– en plantear que el ex presidente actualizó los conceptos de justicia social, independencia económica y soberanía política, a los que sumó un valor superador: los derechos humanos.

Cámpora y después. Egresado de la Universidad de Buenos Aires y doctorado en Oxford, Laclau articuló una matriz de análisis que procura explicar esa realidad escurridiza que suele englobar la palabra “populismo”. De raíz gramsciana, su aproximación otorga una racionalidad muchas veces negada a procesos como los encarnados por Getulio Vargas en Brasil, Perón en la Argentina o Haya de la Torre en Perú, por mencionar líderes que ya son parte de la historia. Su enfoque, aunque académico, está marcado por militancia que tuvo en la izquierda nacional simbolizada en el libro Revolución y contrarrevolución en la Argentina (1957) de Jorge Abelardo Ramos.

–¿Dónde residió el fracaso de las experiencias de izquierda, como el protagonizado por el camporismo?

El gran fracaso de la izquierda peronista fue haber lanzado un modelo guerrillero, revolucionario, que no permitía consolidar el estado de derecho que se había ganado en el ’73. A mediados de sesenta comienza a registrarse una reorientación nacional y popular de las clases medias en una dirección que iba dando a los significantes ideológicos una centralidad cada vez mayor. El problema estaba en quien monopolizaba esas luchas. Que esas luchas fueran finalmente monopolizadas en parte por movimientos guerrilleros limitó la oportunidad histórica que se abrió en el ’73 (Al fin se dice así de claro!). De allí que no se pudiera avanzar en una dirección de izquierda nacional y popular para consolidar, al mismo tiempo, el estado de derecho y las libertades públicas.

–Una de las proclamas era “ni golpe, ni elección: revolución”– señala Coscia.
 
–Apuntaron al vacío. De lo que se trataba era que hubiera elecciones sin proscripciones y de avanzar con un programa de izquierda que, hasta cierto punto, representaba el camporismo –dice Laclau–. Los enfrentamientos cada vez más militarizados entre la izquierda y la derecha peronista impidió la profundización democrática. Hoy, estamos en un nivel mucho más avanzado de la experiencia histórica. Ya nadie pone en cuestión las formas políticas del Estado democrático.

–¿Qué espacio político llenó el kirchnerismo?

–Surgió en un momento en que se estaba dando una ampliación del espectro político por la presencia de muchos actores sociales que no habían participado anteriormente en la esfera pública. Son los años de las fábricas recuperadas y del desarrollo del movimiento piquetero. Ese fenómeno aumentó horizontalmente, y de manera enorme, la movilización social. Sin embargo, y al mismo tiempo, ese fenómeno no tenía una expresión política clara…

–El momento del “que se vayan todos”…

–Un arma de doble filo. Siempre alguien se quedará, y si ese alguien no es resultado de la voluntad popular está claro que no será el mejor. Las cosas salieron bien porque, por esos avatares del peronismo, resultó electo Néstor Kirchner, quien tuvo la inteligencia de advertir que esa extensión horizontal de la protesta debía ser complementada por una canalización vertical para garantizar que las demandas pudieran ser absorbidas por el sistema político (Clarito! No hay politización autónoma, asimilada a “guerrillera”, no hay automediación, la demanda no deja de ser nunca es, demanda. En todo caso se la satisface en un juego de identifaciación positiva).

–¿En qué medida se avanzó en ese proceso?

–Se ha avanzado en forma decidida. Hoy, la sociedad argentina es mucho más democrática que cualquier otra experiencia que hayamos vivido.

–¿Cuáles son las limitaciones del modelo político que representa el kirchnerismo?
 
–Es temprano para hablar de limitaciones. Lo que se puede es señalar ciertos peligros que son inherentes a todo proceso político. Me parece que la experiencia que se ha dado a partir de 2003 profundiza el modelo democrático (a qué se refiere con que “profundiza el “modelo” democrático, ¿a la democracia del 83? Una pena. No hay corte 2001. 2001 es otra idea de democracia. Laclau lo ve solo como oportunidad de una nueva articulación. Como un vacío. Luego, se entiende bien su expresión anterior: “absorción en el sistema político”) en una serie de dimensiones cruciales.

Primero, las bases. Ni la práctica gradualista, que convertiría la política en mera administración del Estado, ni el evento revolucionario, que suprimiría las diferencias y reconciliaría los opuestos, son opciones que seducen a Laclau. Ambos procesos, desde su punto de vista, harían de la política poco menos que una pieza de museo. Pese al entusiasmo que exhibe por el kirchnerismo, su mirada, alejada del optimismo ingenuo, advierte que “nada garantiza el sentido progresista de los populismos”. En este sentido señala que “la heterogeneidad y la contingencia de las demandas hacen imposible determinar a priori cómo se resolverán las contradicciones internas del proyecto”.
 
En este punto, Coscia apunta lo que a su juicio es la mayor virtud del kirchnerismo. “Lo que Laclau caracteriza como populismo es un Estado que asume las demandas del sector mayoritario (interpretación de un viejo compañero, este Coscia, devenido secretario de cultura. Solo que Laclau se cuida bastante de hablar de “estado” en sus libros. No es el “estado” el sujeto político, ni el articulador. Sino un orden hegemónico-discursivo que da lugar a una gubernamentalidad. Es que no terminan de creer que este gran compañero del campo nacional si trabaja y tiene a sus pares en la Europa que tanto vituperan). El kichnerismo asumió las que debía asumir. No hay sociedad sin conflicto. Lo que existe, en última instancia, son políticas de Estado que manejan el conflicto de diferentes maneras (Pobrecito, Laclau, en manos de sus viejos compañeros!). Menem y De la Rua desarrollaron un proyecto que integra la utopía republicana, liberal y democrática, donde se admite el fin de la historia y, sin más cuestionamientos, la hegemonía de los grandes poderes. Cuando se intenta negar la conflictividad con la utopía de los consensos plenos vienen los estallidos”, señala Coscia.

–¿Cuáles serían las condiciones para profundizar el momento democrático que vive el país?

–Es necesario combinar dos movimientos –dice Laclau–. Por un lado, la extensión de la democracia de base. Por el otro, las reformas a nivel del Estado. Hay cierto discurso libertario, que podríamos calificar de extremista, que insiste en que el problema del Estado es irrelevante, que sólo cuenta las movilizaciones que surgen de las demandas de las bases (gulp, nos hablan?).

–Se trata, en cierta medida, del planteo de Antonio Negri en Imperio (2002) y Multitud (2005)…

–Coincido con Negri en que hay un declive histórico de las clases hegemónicas y en que el rol de los desclasados es cada vez más importante. El problema con Negri y (Michael) Hardt es que no contemplan la importancia del momento de la articulación política (o mas bien, no creen que deba ser si o si vertical-centralizante). La movilización de las bases es necesaria, pero si no está acompañada de un juego de pinzas a nivel del aparato estatal (quien puede no estar de acuerdo en esto. Ahora qué juego de pinzas, quien y como se discute este juego, Ernesto?) esas demandas tienden a dispersarse.

–¿Un ejemplo…?

–Venezuela en 2002. El golpe de Estado lo paró la movilización popular. Pero si Hugo Chávez no hubiera ocupado en ese momento la centralidad que ostentaba en la cúpula del poder, la movilización no hubiera tenido efecto. Esas dos dimensiones tienen que darse en todos los casos (Y a partir de ahí los movimientos más vivos luchan para que el partido único no los aplaste. ¿Por qué no se puede reabrir de un modo más serio este debate?).

Los medios y el cambio. El resultado de los comicios de 2009 y la cercanía de las próximas presidenciales revitalizaron en el kirchnerismo –al margen de las expresiones triunfalistas– el debate sobre la estrategia comunicacional. La misma estrategia que en 2005 y 2007 consolidó fuertes lazos con los votantes, y le permitió al Gobierno construir un espacio de identificación propio, perdió fuerza en las legislativas del 28 de junio. El Fondo Monetario Internacional, la dictadura cívico-militar y los años noventa cedieron centralidad ante un actor concreto: el campo. “El que se compromete en un proceso de cambio deberá producir, quiera o no, ciertas polarizaciones. Los sectores que se beneficiaban de la situación anterior no van a dejar el poder de una manera absolutamente voluntaria. Lo importante es que ese proceso de polarización se efectúe ganando el consenso de otros sectores. En la Argentina, este proceso no se dio en forma autoritaria. El gobierno kirchnerista ha conseguido un grado importante de consenso. Los conflictos son inevitables, pero el momento de consenso que vive el país es mayor que en cualquier otra etapa de la historia argentina”,  (por medidas tomadas, casi siempre, luego de la derrota con el campo y electoral. El kirchnerismo siempre fue más interesante en la agonía que en al victoria) asegura Laclau.

–Durante el conflicto entre el Gobierno y el campo, los medios hegemónicos impulsaron un reagrupamiento de la oposición, que pese a su fugacidad, capturó voluntades.

–Los medios son un terreno fundamental de la lucha política por imponer una hegemonía. Lo que se da allí, como en otras áreas de la política, es una confrontación entre el poder corporativo y el poder popular.

–¿Qué opina sobre el debate que se dio entorno a la nueva ley de medios audiovisuales?

–La nueva ley es un intento por democratizar, fundamentalmente, los procesos de comunicación, evitando la monopolización que había antes. El debate sobre Papel Prensa revela esta intención. Hoy, en la Argentina hay una total libertad de expresión. Nadie puede negarlo.

–La oposición insiste en que falta diálogo y acusa al Gobierno de no buscar consensos…

–Así como existe un discurso libertario, hay un discurso que es, en esencia, institucionalista. Frente a los cambios insiste en la defensa del momento institucional. Lo que ese tipo de discurso ignora es que las instituciones no son entidades neutrales. Las instituciones son la cristalización de una relación de fuerza. Dicho de otro modo: defender puramente el sistema institucional es cerrarse a toda perspectiva de cambio. El cambio no tiene que darse necesariamente contra las instituciones, pero todo proceso de cambio alterará el equilibrio institucional. Por eso, sostengo que es importante combinar la continuidad institucional con el proceso transformativo de las instituciones.

¡Aló, presidentes…! Laclau asegura que al momento de publicarse La razón populista no podía imaginar que el libro sería adoptado como sustento teórico por quienes procuran articular, con mayor o menor suerte, un amplio abanico de demandas más o menos organizadas. “No creo que haya influencia directa de mis libros en las experiencias populistas de la región. En realidad, los hechos comenzaron a ocurrir en una dirección que consolidaba el análisis en el que estaba comprometido. Cuando un proceso de cambio histórico ocurre, hay expresiones intelectuales que tienden a acompañarlo. Eso es lo que ocurrió”, dice Laclau. Coscia va más allá. “Está tomando cuerpo una especie de autoconciencia. Es infrecuente que un movimiento nacional y popular tenga el acompañamiento de los intelectuales (¿?). Se da, en este sentido, lo que algunas veces se denomina, sin definirlo, una revolución cultural que es, ni más ni menos, que la toma de conciencia (ajá). Quien tiene conciencia histórica puede orientarse. Conocer cuales han sido las encrucijadas históricas y las fuerzas en pugna nos evita vivir las crisis como meras coyunturas”, dice Coscia.

Más allá de las relaciones entre la teoría y la práctica política, a nadie escapa que Laclau tiene diálogo con varios e importantes referentes de la región. “Con Cristina me reuní varias veces. Con Néstor en una sola oportunidad, el año pasado en San Juan. ¿A Chávez…? Lo vi una sola vez, en Londres, pero hace mucho. Con Álvaro García Linera (vicepresidente de Bolivia) tengo una relación fluida. A Ollanta Humala lo conocí hace poco, en Lima”, explica Laclau.

–¿Qué reflexión le merece Humala?

–Habrá que ver. Apenas entré me contó que estaban tratando de determinar cuáles eran los significantes vacíos del nacionalismo popular peruano– (leer a José Carlos Mariátegui ayudaría?) dice entre risas.

En el final de la entrevista, volverá sobre Gramsci. Lo hará para subrayar que la hegemonía consiste en la unidad entre la coerción sobre las formas que deben ser superadas y el consenso de las fuerzas que tienden a aglutinarse a favor del cambio (Laclau, no falta acá una cierta idea de clase? Ahhh, Cooke, cuanto más interesante eras…).

–¿Qué riesgo existe de que un discurso hegemónico asfixie la posibilidad de otras voces…?

–Ahí es donde se tiene que dar la guerra de posiciones. Todo discurso hegemónico trata de articular a la sociedad en una dirección. Lo importante es que haya un juego democrático para que la confrontación se resuelva de forma no autoritaria– subraya Laclau.

–Si en la Argentina actual, el momento institucional garantiza ese juego, ¿qué falta desde lo político para alcanzar consensos?

–Si se diera un marco consensual en el que hubiera una fuerza de centroderecha y otra de centroizquierda se podría llegar a un sistema institucional estable. Algo que no veo imposible (peor por ahí podemos intentar entre todos armar una fuerza de centro derecha para que la teoría del señor Laclau se desarrolle con menos inconvenientes, no?).

–¿Qué similitudes y diferencias encuentra entre los procesos políticos que se registran, por ejemplo, en Argentina, Venezuela, Bolivia y Brasil?
 
–Son países muy distintos. Las similitudes residen en la pelea por la constituir de un espacio nacional (Seguro? Que pena, lo imaginaba radicalmente regional) y popular autorregulado. La reunión de Mar del Plata en 2005, donde fracasó el intento imperialista de imponer el Alca, marcó un punto de inflexión. A partir de allí, el fortalecimiento del Mercosur y la creación de la Unasur, o la idea de un banco regional, permiten esperanzarnos con alcanzar un espacio continental autofinanciado. Cristina Kirchner le preguntó a (Joseph) Stiglitz si las instituciones financieras internacionales podían reformarse. La respuesta fue que no, que lo que se debe hacer es crear instituciones alternativas. Es en esa convergencia donde procesos tan distintos deben encontrarse.

Fumar es un placer

La felicidad es un trabajo, a la alegría hay que organizarla: okay. Uno se dispone a hacer cosas aunque en sí mismas sean un esfuerzo, porque redundan en vitalidad; en, como dice un amigo, material psíquico para elaborar. La militancia de estar en la cultura… Salimos, entonces, nos pertrechamos, acicalamos, y damos nuestra cara al viento callejero. Esta vez vamos con data. Varios amigos, de distintos ámbitos, nos dijeron: la muestra de Louise Burgoise no tiene desperdicio. Ahí hay algo; ahí pasa algo, entendimos estirando el dato (costumbre de optimismo neuronal aun en conciencias pesimistas). Auto, lluvia, el hermoso barrio de La Boca.
Llegar y pagar entrada, ver el logo de Techint: ponerle ganas. Nos dijeron, confiamos, queremos encontrar potencia artística. Algo. En el hallcito de entrada veo gente conocida me encuentro evitando el saludo; me doy vuelta, quedo, ya sin opción, espectador de una familia completita que vino el domingo al arte, los chicos discuten mientras los padres veneran lo que van a ver, repitiendo datos del folletito pero con un tono bajo, grave y claro, de palabras que median entre la trascendencia de su referente y la pequeñez de quien pronuncia, como se habla en los velorios. Estamos por entrar al mundo de una Gran Persona. Admiren, chicos.
En la primera sala, una araña de metal gigante cubre una especie de cubicuelo enrejado, muñido de objetos que, notoriamente, remiten a su infancia, la infancia de ella, la Artista. Son simbólicos… Tuvo madre, tiene recuerdos. Las explicaciones que profiere una chica a gente agrupada me molestan: explican, mezclan señalamientos obvios con saberes incomprobables a los sentidos, saberes insensibles. A la segunda sala ya huyo. El padre calla a los chicos, shh! Miren. Hay muchos objetos, obras, y gente que mira en voz alta, en realidad baja pero audible, adorándolos con o sin argumentos, adorándolos a la primera mirada; ya es adoradora la pregunta, digamos, adoración pre-experiencial. A los artistas no hay que admirarlos, hay que comerlos, pienso y ya me imagino salir al barrio a buscar algo.
Algunas esculturas de la muestra me gustan, son perturbadores, son virtuosos, son atentados contra códigos de la forma, son expresivos con potencia muda; la mina esta es grosa. Pero la articulación de su puesta en público instala una forma de mirar sometida… Muchos otros objetos son, ¡oh!, evidentes afloraciones expresivas del Inconsciente, alusiones a la sexualidad reprimida: vanguardia, noticia y fiesta, todo de épocas pasadas. Hoy, objetos que son arte de ser persona, ser único; tuviste infancia, tuviste madre, una relación pasional; tenes inconciente, te psicoanalizaste, te sentís especial. Y toda la superestructura de convocatoria y presentación instala unas condiciones donde se festeja antes de mirar; se venera como modo de estar. Se viene a eso; es la racionalidad de las salas: se venera una posición, no un trabajo. Fetichismo, devoción al artista por ser artista –jerarquías, porque nosotros no lo somos, ni siquiera para mirar. Le pusimos ganas, o sea, positividad de cara a los encares. Pero que alivio salir; la vista contenta ante el hermoso adoquinado de La Boca, los pulmones henchidos y juguetones en la conclusión limpia y clara que decimos después de vámonos: fumar es un placer…
Oscar Guerra

Cristina, Boudou y el trasvasamiento generacional

Martín Arrostito

«Si Iván Heyn es la renovación de los cuadros kirchneristas, deberemos pensar una síntesis entre los conceptos de hegemonía y páramo cultural»

B.S.
Días atrás, en uno de los capítulos centrales de este folletín conformado por los sucesivos episodios de anuncio de las candidaturas para las próximas elecciones (novela de suspenso que despuntó con la de Jefe de Gobierno, que continuó con la suya propia –carente de toda intriga, aunque madre de algunas especulaciones más o menos disparatadas– y que concluyó recientemente, ya sin play time, con la de su compañero de fórmula –aquí sí el suspenso produjo su efecto: confirmar, al menos en esta instancia, quién tiene la sartén por el mango—) CFK recaló sobre un tópico común del setentismo militante: el “trasvasamiento generacional”. En realidad, la trocó por una imagen mucho más accesible al joven al que se le trasvasa (joven al que hay que evitarle las palabras sobreesdrújulas, mucho más las de cinco sílabas): la imagen del puente.
La cuestión es que del otro lado del puente nos esperaba Boudou.
Y no fue una sorpresa, no. Es el Ministro de Economía (y no un militante de un ignoto barrio del conurbano bonaerense). Y el ministro de una economía que —inflación mediante— viene rindiendo frutos para el bolsillo dispuesto al consumo medianamente ligero (o así lo hacen saber los votos). Por otro lado, dice la propia Presidenta, fue el que ideó y llevó a cabo el operativo de recaptura de los fondos de las jubilaciones y pensiones, desde hace una década en espurias manos de AFJPs. Y había sido ya su Nero como pre-candidato a Jefe de Gobierno en Ciudad de Buenos Aires. No fue, entonces, una sorpresa esta decisión que poco contentó tanto a pejotistas como a sectores progres del kirchnerismo. Pero no deja de llamar la atención… (tanto que el vulgo, siempre malicioso, se pregunta si entre ellos… bueno, se entiende… si Amado se la emperna…).
Dejemos de lado otras virtudes sustancialmente inciertas que se están poniendo sobre la mesa para justificar la elección, tales como su lealtad (¿no es raro que le mentan lealtad a alguien que es, por definición, un converso?) o su valentía para enfrentar a las corporaciones, y centrémonos, puntualmente, en dos cuestiones: la del mundo que cambia y la de la juventud.
La primera porque no deja de ser un caso curioso: casi todos los periodistas k/progres encontraron en que Boudou hubiera cambiado (¡así lo justificó la presidenta!) la clave de por qué un (¿ex?) neoliberal era futuro co-conductor del gobierno popular. Sin embargo, textual: “[él vino] a decirme que el mundo había cambiado y que nada volvería a ser lo que era«. Es decir, fue Boudou (el de la UPAU, el del CEMA) el que entendió los cambios del mundo, el que vino y nos los batió; y por eso lo queremos y aceptamos. Pero nunca nadie dijo que él hubiese cambiado. En síntesis: un importante cuadro del capital –sin dejar nunca de serlo– nos avisa que el capital se adapta a los cambios.
Segunda cuestión: su juventud. Porque la juventud no es sino el valor fundante e inherente al (sub)movimiento surgido de aquel no tan lejano 27 de octubre de 2010: el cristinismo, etapa superior del kirchnerismo. Durante el curso de aquellos aciagos días y llegando hasta el presente, la juventud (y su grito de guerra: Fuerza Cristina) se convirtió en sólida base desde la que reorganizar una nueva etapa política. Una juventud que se vuelve nombre propio en cada Juan Manuel Abal Medina, en cada Gaby Mariotto, en cada Juan Cabandié, en cada Andrés Larroque, en cada José Ottavis, en cada Eduardo de Pedro y, por qué no, en cada Agustín Rossi o Martín Sabbatella.
La juventud, entonces, como elemento neural de un cristinismo dispuesto a convertirse en bisagra generacional que deje atrás –incluso, que confronte– la mala política de las corporaciones.
Lo curioso de Amado Boudou como principal expresión del trasvasamiento a la nueva generación no es sólo que, en breve, pisará el medio siglo de vida, sino, sobre todo, su figura al extremo antitética respecto de la del militante nac&pop.
No hay secreto: un tipo de zona norte, Martínez, ponele (aun cuando haya pasado su juventud, la cronológica, en MDP). De chalet en Pinamar. Facha (es decir, los que postulan y encarnan el prototipo de belleza y simpatía). De los que jugaron rugby y hoy prefieren el golf (su compañero en el Buenos Aires Golf de Bella Vista: Guillermo Montenegro). De los que usan pilchas caras y aman la guita. Alguien que se da sus gustitos (tipo el Mini Cooper o la Harley-Davidson amarilla, con calcomanías de llamas). Y en menos de diez, puede ir de Puerto Madero a Palermo Hollywood a encontrarse con sus cófrades del peronismo vintage (allí, en sus bares, uno puede encontrarse de Cabandié a Tomada o Coscia. Felletti y Kunkel, dos fijas. Y ni hablar de los chiquis de La Campera). Alto consumo en guerra con el capitalismo: una ecuación compleja que sólo el cristinismo, etapa superior del kirchnerismo hasta hoy está pudiendo descifrar.
El compañero Amado Boudou, entonces, como expresión de la Juventud Maravillosa de nuestra etapa y como horizonte de todo mocetón argentino que desee encontrar en la política mosca y buena vida. En el envés, será, quizá, hora de empezar a preguntarse quién trasvasa qué a quiénes.

Notas de coyuntura

por Diego Sztulwark



1. La mirada en alto, hacia el palacio

El sábado cerraron las litas de candidatos en todo el país. Nada que decir que no se diga en los diarios. El país ha vuelto a mirar hacia arriba. Una docena de personas monopolizan actos y opiniones relevantes. En efecto cascada se escalonan, luego, niveles de significancia a través de la visibilidad mediática y el manejo de la información. Como hace tiempo no ocurría, la ilusión decisionista desplaza las condiciones materiales de posibilidad de la institución de lo social. Ha vuelto la política.  
Sobre “nosotros” sobrevuela una mirada incómoda. Hablo desde la experiencia del Colectivo Situaciones, pero como parte de un movimiento mucho más amplio al que se denomina alternativamente como “libertarios extremos”, “autonomistas”, “dosmilyuneros”, etc. Deberíamos haber aprendido la lección. Del fracaso. Se entiende: nuestra ilusión era –y quizás lo siga siendo- la multiplicación de los espacios de politización autónoma. No deberíamos seguir insistiendo dado que, según se afirma, la realidad ya nos refutó. En partes es verdad: en las condiciones actuales existimos menos. Afirmación inquietante: las condiciones podrían cambiar.
En una entrevista reciente, Ernesto Laclau hace una genealogía muy clara al respecto. En los años setentas las izquierdas nacionales no pudieron radicalizar la democracia porque se cruzó el obstáculo revolucionario, guerrillerista. En la etapa actual, en cambio, dice, los “libertarios extremos”, que subsisten, no constituyen un riesgo serio.
Resulta asombroso que no se haya logrado aún borrar del todo las sombras de un 2001. Que sobreviva su marca en los discursos de los forjadores del nuevo orden.     
2. La escucha kirchnerista
El panorama político actual nos cuenta como “kirchneristas”. Horacio Gonzalez en un libro reciente recuerda que “kirchnerismo” es un nombre provisorio para un frentismo en gestación.
Somos, como se diría en otra época, “objetivamente” kirchneristas en tanto estos ocho años han ocurrido muchas (no todas, ni de cerca) de las cosas con las que estamos identificados. Sobre todo, se ha escuchado a muchos movimientos (sociales, de derechos humanos). De un modo inesperado se nos ha tomado en cuenta. Aunque no seguramente como hubiésemos querido (somos no-kirchneristas subjetivamente). Lugar imposible si los hay. Alguien dijo “somos anti-anti-kirchneristas”. Difícil pero contundente. Mas coloquial sería admitir: “somos kirchneristas a pesar nuestro”. Es decir: no nos constituimos como tales, sino que la realidad insiste en colocarnos ahí. Pero esto no es exacto: registra pasividad donde lo que hay es actividad.
Tal vez habría que describir nuestra situación en estos términos: hemos contribuido con nuestras prácticas a identificar un sujeto (fragmentado, plural, pero sujeto al fin, como admite una década después Laclau) y una subjetividad (plebeya, justiciera, resistente, ávida de producción de sentido y en ruptura fuerte con la tradición peronista anterior) que hoy se retoma con fines que entonces no imaginábamos.       
3. El populismo vuelve más peronista que nunca
Estos días la prensa kirchnerista de estricta observancia se embarca en delimitar los términos para la actual fase de constitución de este frentismo. Su consigna es: pasar de la polaridad negativa “pejotismo-progresismo” (que sostuvo el propio Nestor Kirchner durante su primera tentativa de “transversalidad”) hacia una polaridad positiva peronismo-kirchnerista, o mejor, kirchnerismo como vía de recuperación del peronismo tout court. ¿Quiénes argumentan así? Personajes de muy diferente procedencia y relevancia: Ernesto Laclau, Jorge Coscia, el secretario oficial Zanini, Artemio López. Artillería intelectual en polémica con el citado González y el grupo de Carta Abierta.
Ante el cierre de listas, que para muchos hay que leer en clave de un atrevido desplazamiento de la vieja estructura del PJ y de la CGT, dice Artemio López: Cristina amplía su crecimiento electoral hacia el centro derecha, y pone a trabajar al centro izquierda cristinista que representa un 5% del electorado con un enorme potencial de producción simbólica al servicio del peronismo real emergente.
4. Mutaciones 
Entre las novedades se encuentra la corporización del significante juventud en el candidato a vicepresidente y ministro de economía formado en el CEMA Amado (Aimé, dicen que se pronuncia emé) Boudou. Al ministro se le debe, según la información que trasciende hace al menos un año, una medida fundamental: la nacionalización de los fondos de pensión. La incorporación de esos fondos a las arcas del estado constituyó un enorme acierto en múltiples frentes. Permitió, sobre todo, anticipar la escases de financiamiento internacional para la Argentina ante las magnitudes de la inminente crisis global. Como corolario nada menor creó las condiciones para una política social activa (jubilaciones, crédito y, sobre todo, la Asignación universal por hijo).
De cuna política ultraliberal (Upau, juventud universitaria de la UCDé, de Mar del Plata) emé había llegado al gobierno (Anses) de la mano de otro ucedeista “joven”, Sergio Massa. Desde entonces cobró un protagonismo mediático inédito. Precandidato a jefe de gobierno en Capital Federal apoyado por la CGT de Moyano y por las Madres de Plaza de Mayo de Hebe de Bonafini.
Emé, se nos dice, tiene galardones económicos y políticos suficientes. ¿Suficientes para qué? ¿Para asegurar una lealtad institucional que faltó en Cobos o para proyectarse como rostro emblemático de la etapa por venir del kirchnerismo en el gobierno?
Las palabras de consagración de la presidenta repararon, sobre todo, en la capacidad de emé para reparar en las transformaciones epocales. El mundo ya no será el mismo luego de la crisis, nos avisa. Emé no es dogmático. La presidenta dijo que “no tiene miedo”. No es poca cosa. El capitalismo argentino no se renueva ni se reforma sin enfrentar temibles resistencias de los poderes más conservadores (ya lo mostró la 125). Poderes que han mostrado, además, su aptitud asesina (como lo viene sosteniendo hace décadas el filósofo argentino León Rozitchner).
Nos detenemos un momento en esa doble condición de emé. De un lado, su capacidad de mutación es puramente racional o, para retomar la lengua que usábamos antes, objetiva. Se anoticia de las transformaciones que el capitalismo precisa incluir para avanzar, para seguir siendo. De otro lado, sabe que no hay posibilidad de innovación y reforma sino de la mano de una presidenta cuya gestualidad demanda autentico coraje. Esos “huevos” que aparentemente faltaron (no tanto al vicepresidente Cobos considerado “traidor” antes que cobarde) como al entonces canciller Taiana y, de modo eminente, al temido e imprescindible Gobernador Scioli.
Como Kirchner, emé es valiente en sus razonamientos, audaz en el sentido de la oportunidad y plástico a la hora de asumir cambios de escenario. Pero a diferencia del ex presidente, Emé no parece (tal vez entre quienes lo conozcan primen otras percepciones, como en el Juez Zaffaroni) ser un tipo de convicciones y por eso no le cabe siquiera la figura del converso. Y este es un poco el problema que tenemos con emé. No nos cierra, porque le falta algo para llegar a la categoría de “traidor a su clase”. Le falta algo así como un relato de conversión. No ya una exposición sobre las modificaciones sobre los mercados, sino alguna palabra de espesor subjetivo.
5. ¿Quién se le anima a Grobo?
Conversando con Alejandro Kaufman recibí de él una idea que ya estaba en condiciones de pensar por mí mismo. No es cierto que el kirchnerismo abarque todo el espacio de la izquierda. Sucede más bien que en nuestro país la izquierda (la partidaria, dogmática, militante y de bandera roja sobre todo) tiene un modo derechista de ser de izquierda. ¿Qué quiere decir esto y qué consecuencias trae para nosotros?
Alejandro decía más o menos esto. Entre nosotros no hay una izquierda –que sepa ocupar su lugar izquierdanamente, sí la hay de las otras- ni una derecha, en la medida en que la derecha realmente existente se desentiende (históricamente y en el presente) bastante de la tarea de producir hegemonía política. Las clases dominantes argentinas serían así rentistas, endógenas, propiciatorias de unos negocios concentrados que excluyen a las mayorías de modo estructural. En otra época contaban con el terror militar, hoy con el terror económico y mediático. Pero no hacen política. Se entusiasman con las épocas “no-políticas” (menemismo) o defienden a medias a los nabos que intentan representarlos (la llamada “oposición” a los gobiernos k). Si quisieran pondrían en la cancha a sus verdaderos cuadros. Como Grobo (¿Quién se anima a discutir con él sin hacer papelones?).
6. ¿Desde dónde, entonces?
La izquierda de derechas no duda en aliarse tácticamente a las derechas y en usar estéticas tinellinianas. Hasta ahí Alejandro. Seguimos nosotros. ¿Cómo sería una izquierda de izquierda? Ante todo, no sería una izquierda abstracta. Quiero decir: no nos invitaría a revoluciones imposibles. Como dice Rozitchner, el imperativo de las izquierdas consiste en revisar su régimen de certezas. Si estábamos seguros de nuestros razonamientos en los setentas y las relaciones de fuerza se mostraron desfavorables, ¿no deberíamos cuestionarnos, ante todo, el modo de elaborar nuestras certezas estratégicas actuales?
¿Desde dónde se enuncia entonces, concretamente? No somos pocos los que enfrentamos un desafío en varios planos simultáneos, o el de ser muchas cosas simultáneamente: objetivamente kirchneristas (en el sentido de que el nombre “kirchnerismo” circula como sinónimo de reformas sociales reales o deseadas); subjetivamente no kirchneristas (dedicados a problematizar lo político en un sentido autónomo y no a festejar el modo en que el kirchnerismo organiza estos deseos de reforma); anti-anti-kirchneristas (porque no nos confundimos con quienes se oponen al kirchnerismo por vincularse con este deseo de reformas).
A la vez somos de izquierda porque queremos ir a la raíz con las transformaciones, y no vemos otro camino que apuntar a un trabajo igualmente radical de las subjetividades políticas en juego. Pero no somos de “izquierda” porque vemos en la abstracción que la signa profundamente una marca de la derrota que no le permite superar un paradigma ultra-racionalista e ineficaz de movilizar estas subjetividades.   
El kirchnerismo toma el discurso de la reforma. Mas que desconfiarle (y eso que le desconfiamos) se trata de tomarle la palabra para volverla todo lo eficaz que se pueda en campos como la no represión, la lengua contra el ajuste, la escucha a las luchas y movimientos, el declamado programa reparador. Pero esto no es posible si uno embloca al kirchnerismo como una sola cosa (cuando, precisamente, hay que interpelarlo en su pluralidad inorgánica). Tampoco es posible si no se lo manosea un poco. Todo exceso de temor, desagrado, admiración o celebración mistifican la escena. Y al mismo tiempo se trata de desarrollar espacios/tiempos autónomos. Con capacidad de mundo propio (esto es fundamental), de confrontación (contra el modelo sojero, el gatillo fácil, los proyectos mineros, la inflación, la especulación financiera e inmobiliaria, el racismo y la economías de sobreexplotaciones, etc.) y de negociación simultáneas. No refugios anti-políticos, sino situaciones infrapolíticas (micropolíticas capaces de problematizar, investigar, intervenir buscando efectos macro) resistentes a la integración al código de la macropolítica.  
Este “desde dónde” autónomo, osado, metido en la realidad, concreto, se sigue reinventando. Pero lo hace por “procesos” antes que partiendo de una visibilidad estándar. Tal vez porque la visibilidad que se nos ofrece sea uno de los peligros mas riesgosos para estas infra-políticas.

Producir realidad (Nueva emisión de OndaPrecaria)

Respeto y dinamización en el 15-M
“No somos una idea, somos un hecho, producimos REALIDAD. Somos una nueva forma de vida vertebrada por el pensamiento colectivo y unida a una NUEVA FORMA DE GESTIÓN de lo comunitario, lo público, lo político. Basada en tres únicos pilares: la inclusividad absoluta de cualquier persona, el respeto como forma de convivencia, y la horizontalidad asamblearia como mecanismo de decisión”.
Así dice un texto presentado desde la comisión de pensamiento a la asamblea de la acampada de Sol, en pleno mes de mayo, sintetizando probablemente algunas de las formas de hacer más singulares y potentes del movimiento 15-M. Pequeñas invenciones que merece la pena subrayar, valorar, pensar.
Para ello, ayer viernes conversamos con personas que participaron en las comisiones de Respeto y Dinamización de la Acampada Sol. Juntos comenzamos a explorar un pequeño abecedario sonoro del movimiento 15-M: respeto, consenso, inclusividad…
Si quieres escuchar el programa, visita nuestro espacio en la URCM:
También puedes visitar nuestro blog: http://ondaprecaria.com

15M x 2

“Temblad, temblad, malditos”

 
No es un sueño, es un despertar. Señor Felip Puig usted es feo. Hay personas feas que son extraordinariamente hermosas. No es así en su caso. Su fealdad es  la de la mentira y del engaño. Cuesta mantener la cabeza fría cuando pasan tantas cosas tantos años deseadas. Recapitulemos. Miles de personas toman las plazas y empiezan a organizar otro mundo. La gente sonríe y se junta. El presidente de un parlamento debe ser traído en helicóptero a la jaula principal del Parque Zoológico porque la gente bloquea la entrada. Los desahucios se detienen. Y un grito ensordecedor se deja oír: “Basta ya. Queremos vivir”. Los que toman medidas contra nosotras, los que gestionan esta realidad en crisis no han entendido aún lo que está sucediendo. Sencillamente, el miedo ha cambiado de bando. Ahora son ellos los que a la defensiva no saben qué hacer y agitan patéticos sus verdades ridículas. Pero ya (casi) nadie les cree.
Tomar las plazas nos permitió levantar una posición en lo que antes era una mar de soledades. Con esta posición ganada pudimos organizar una resistencia colectiva ante las olas de intimidación y de ignominia. Poco a poco fue surgiendo un movimiento que si bien se enraizaba en el espacio ocupado, iba más allá ya que tomar la plaza significaba en definitiva estar emplazado y comprometido con una lucha que no tiene vuelta atrás.  Ahora al desbordar las plazas e infiltrarnos en los barrios, en las empresas, al hacernos incontables en incontables manifestaciones nos hemos constituido en fuerza política. Se trata de una fuerza política nueva que ha descolocado a todos porque es un auténtico puñetazo sobre el tablero de juego. No es una opción política más sino una fuerza política cuya sola presencia obliga a replantear las mismas reglas del juego democrático. Por esto nos acusan de populismo fanático, de hacer antipolítica. Se equivocan, no es antipolítica sino crítica de la política, es decir, invención de otras formas de vida y de gobierno. Cuesta llegar a pensar la radicalidad que comportan los principales lemas del movimiento del 15 J: “No somos mercancías”, “No nos representan”, “La calle es nuestra”. Incluso la frase “el pueblo unido jamás será vencido” adquiere en este momento una credibilidad insospechada ¿Cuántos años hace que no se oía la rabia digna? Evidentemente, estos gritos – y sobre todo querer materializarlos – es inadmisible para el poder. De aquí que desde hace semanas su única obsesión sea acabar con esta peste que se extiende como una pesadilla. Porque para ellos nosotros somos la peste, el Mal absoluto que desafía el Bien (la democracia, el sentido común), la verdad insoportable que hay que erradicar del espacio público.
¿Cómo acabar con una fuerza política cuya única existencia deslegitima día a día el Estado de los partidos? ¿Cómo acabar con una fuerza política que lentamente agujerea esta realidad opresiva y obvia que nos ahoga? El procedimiento es conocido puesto que el poder  en el fondo siempre actúa igual. O destruye o integra. En nuestro caso, la destrucción ha pasado por convertir en problema de orden público lo que es un desafío político, en aislar dentro del nosotros el grupo de los malos y así dividir el movimiento. Ésta ha sido la estrategia puesta en marcha especialmente después del bloqueo del Parlament en Barcelona. La integración ha venido posteriormente al constatar el éxito inaudito de las manifestaciones que proclamaban “La calle es nuestra, no pagaremos su crisis”, a pesar de la impresionante campaña mediática de aislamiento. Vestida de un paternalismo cínico y asqueroso, la integración pretende  sencillamente imponer un proceso de identificación que normalice por fin esta fuerza incontrolable  e imprevisible. “Todos los partidos pactan llevar al Congreso propuestas del 15-M” (Libertad digital 22 de junio 2011). La estrategia de la “comprensión”, de la “escucha”, empieza cuando ya no hay más remedio.  “Escoged vuestros portavoces, formulad un programa concreto, confiad en la democracia parlamentaria…”. Se trata de una llamada a salir de la noche, a definirse mediante las mismas reglas que rigen esta realidad. Ahora la destrucción se hace más sofisticada ya que el proceso de despolitización puesto en marcha es, paradójicamente, una coacción para que haya un retorno a la política clásica, para que abandonemos una política nocturna hecha en primera persona. “Si sois buenos retocaremos la ley electoral. Pero volved a la casa del sentido común. Mejor la democracia imperfecta que el caos”.
No sabemos si estas estrategias tendrán éxito, lo que sí sabemos es que ambas se apoyan en una movilización de la opinión pública. Este es nuestro punto débil: la dependencia respecto a la opinión pública. Hemos llegado a imponer una coyuntura política y, en cambio, muchos de nosotros aún creen que la opinión pública existe y no es así. La opinión pública se produce y  se conforma según conveniencia. No existe significa, pues, que  se trata de una  mera construcción realizada mediante los medios de comunicación que, en la actualidad, son auténticos dispositivos de poder. La opinión pública es simplemente el público. El público que sostiene el espectáculo. La batalla por construir la opinión pública no es por tanto la nuestra. Nuestra batalla es por deshacer la opinión pública: eliminar el público. ¿No gritamos durante las manifestaciones “No nos mires, únete”? “Nadie nos representa” en el fondo quiere decir que para nosotros no hay opinión pública. De hecho es lo que en la práctica hemos comprobado. El uso de internet al permitir mostrar otras verdades hace saltar por los aires la construcción política de la unanimidad reaccionaria. La fuerza política que surge con la toma de plazas no tiene nada que ver con la opinión pública, sí con una interioridad común que todas presentimos. Esta interioridad común es el propio querer vivir cuando se gira sobre sí mismo, es decir, cuando comprende su dimensión colectiva. Nadie sabe qué puede la interioridad común cuando se exterioriza como desafío frente a la inexorabilidad de lo que hay. Lo importante es estar conectados con la interioridad común y entonces seguramente nos daremos cuenta que nuestros mayores enemigos son los viejos discursos políticos, el aburrimiento, y el miedo al vacío.
La fuerza política que surge como fuerza del anonimato no puede ser encerrada en el antiguo molde llamado “nuevo movimiento social” ya que   nada tiene que ver con sus prácticas siempre prisioneras de un doble lenguaje:  defensa de una identidad, traducción política de la reivindicación, denuncia de la criminalización en términos victimistas. La fuerza del anonimato constituye también un desvarío para los intelectuales y ellos han sido los primeros en postularse para reconducirla: “anuncio de un nuevo contrato social”, “estímulo para regenerar la democracia”, “bienvenida si rechaza toda violencia”… (Abro un paréntesis: es curioso el despertar súbito de tantos intelectuales dormidos por comer demasiado bien. Uno de los ejemplos más divertidos es el de un gurú de la sociedad-red de pensamiento banal y mediocre, que después de apoyar a los socialistas con sus consejos y viendo llegada su derrota, decide apoyar a la derecha catalanista y culmina su transformación paseándose por la plaza tomada para seguir impartiendo lecciones.¿De qué?) Esta fuerza política que estamos viendo nacer no es comprensible mediante las dualidades usuales: dentro/fuera, militantes/no militantes, construcción/destrucción puesto que su mayor mérito es inventar la gestión de una acción política paradójica en la que, en último término, tendría que poder caber tanto la organización de un referéndum contra los recortes sociales y económicos, como la defensa de los bloqueos y expropiaciones, Dinero Gratis.
Si la fuerza del anonimato atraviesa, en el sentido de profundizar, el impasse de lo político, lo hace cortocircuitando efectivamente la oposición tradicional reforma/revolución. De aquí que hablar de querer radicalizar el movimiento del 15 M sea un planteamiento equivocado sobre todo por anticuado. No se puede radicalizar lo que ya es absolutamente radical. ¿Se puede ir más allá de un NO que involucra anticapitalismo, crítica de la representación, y una pasión por dar veracidad a lo que se hace? En todo caso, lo que sí se puede es contribuir a colmar déficits políticos (la toma de decisiones, la invención de dispositivos organizativos nuevos…). Pero, sobre todo, lo que es fundamental es ayudar a que la fuerza del anonimato expulse de sí el miedo a su propia fuerza. Tenemos que ser capaces de separar este nosotros plural y diverso que se hace presente en cualquier lugar de lo que es la opinión pública. Esto es especialmente importante por lo que hace referencia a la violencia. Una fuerza política si quiere tener efectividad debe saber posicionarse en relación a la cuestión de la violencia. El  movimiento del 15 M con su resistencia pacífica ha sido capaz de desenmascarar la violencia de “lo democrático”. La democracia no es “lo democrático”. “Lo democrático”, que es la democracia verdaderamente existente,  consiste en una especie de pasta pegajosa mediante la que nos envuelven para atarnos mejor a la realidad. En “lo democrático” caben desde las normativas cívicas a las leyes de extranjería, pasando por la policía de cercanía que invita a delatar. “Lo democrático” es una mezcla de Estado-guerra que hace de la política una búsqueda permanente de enemigos a eliminar, y de fascismo postmoderno que reduce la libertad a opciones personales y admite la diferencia sólo si es claudicante. “Lo democrático” es el aire que respiramos. Se puede mejorar, limpiar, regenerar – y los términos no son casuales – aunque nunca nos dejarán probar si podemos vivir respirando fuego. “Lo democrático” es, en sí mismo, pura violencia en su doble cara: represiva e integradora; así como también la coartada de la violencia que se autodenomina legítima. Desde esta constatación es evidente que ante la pregunta de si condenamos o no la violencia, debemos callar.  Callar ya es una manera de hablar. Porque la mayor violencia la ejerce quién decidiendo qué es la violencia pretende obligarnos a que definamos en relación a ella.
Tenemos que asumir la violencia que la fuerza del anonimato, en tanto que fuerza política, necesariamente comporta. Tomar una plaza es abrir un espacio de libertad en la realidad; tomar la palabra es interrumpir el monólogo del poder; poner el cuerpo es resistir absolutamente porque un cuerpo en lucha puede llegar a ser destruido, pero nunca vencido. No tengamos  miedo a estar solos ni a fracasar. Dirán que el movimiento del 15 M se ha degradado, que ya no es lo que era. Luego añadirán que “todo nos separa”, que somos incapaces de ponernos de acuerdo, de llegar a propuestas concretas. Es la vieja música del poder, esa melodía triste e impotente que sirve para hundir cualquier atisbo de crítica nueva. Su extrema eficacia reside en que conecta con nuestros propios miedos, especialmente el miedo a experimentar. Nada está cerrado ni la realidad aunque se presente obvia, está definitivamente clausurada. Cuando nos acusan de haber traspasado una línea roja tienen ciertamente razón. La peste se extiende. Dos ejemplos recientes. El rectorado de la Universidad de Barcelona tuvo que anular la entrega de la medalla de oro (4000 euros) a un antiguo presidente de la Generalitat, porque según dijo, era imposible asegurar el carácter académico del acto. En la junta de accionistas del Banco de Santander, un infiltrado denunció tanto la corrupción como el papel jugado por el banco en la economía del país. Efectivamente, los apestados llegan cada vez lejos con sus provocaciones. Estamos ante un cambio histórico, el temido despertar político mundial que anunciaba el consejero de tantos gobiernos americanos y cofundador de la Trilateral, Z. Brzezinski. El Sr. Felip Puig ha decidido formar una nueva unidad de la policía especializada en la lucha contra la guerrilla urbana. Una vez más se equivoca. Para terminar con la peste tiene que empezar a fumigar las plazas, las universidades, las escuelas… todos los emplazamientos en los que el querer vivir se hace desafío. La peste lleva cada vida al extremo de sí misma, quita las máscaras, sacude la inercia de la normalidad. Hasta ahora nos han regalado el miedo para vendernos seguridad. Esta ha sido la historia de las sociedades capitalistas. ¿Pero qué seguridad pueden ofrecernos cuando nos han robado el futuro? Sin futuro, el miedo desaparece. La realidad, esta realidad injusta y miserable, nos hace cada vez más valientes.
Santiago López Petit

#noalcanon -Sobre la ley pichetto

== ¿Qué es el canon digital? ==
Es un gravamen que afecta a dispositivos de almacenamiento y reproduccion digital o analógica: CDs y DVDs, grabadoras de discos, reproductores de mp3, teléfonos ceulares, tarjetas de memoria, discos rígidos, cámaras, etc., y que en algunos casos podrían aumentar hasta un 75% su precio actual.


No es un impuesto ya que lo recaudado no se reinvierte en la sociedad ni es …recolectado por el Estado, sino que se deriva directamente a asociaciones privadas (AADI, ARGENTORES, CAPIF, DAC, SADAIC, SAGAI y SAVA) que gestionan la recaudación de dinero por reproducción de obras bajo sus propias normativas (¡incluso las libres!).

== ¿A quiénes afecta? ==
La medida perjudica a consumidores y artistas de igual manera, ya que el proyecto presentado por los senadores Pichetto y Giustiniani no incluye pautas administrativas para distribuir lo recaudado entre los artistas y desincentiva el consumo de la tecnología afectada debido a los altos costos.

Al momento de redactarse esta nota, el «No al Canon» lleva mas de 500 personas
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== ¿Por qué no deberia aprobarse? ==

Porque va en contra un derecho básico al hacer una presunción de culpabilidad, cuando en realidad la Constitución nos asegura a todos el derecho a la inocencia.

El proyecto aumenta la brecha digital y cultural, dificultando, aún más el acceso a medios de almacenamiento a personas de bajo recursos.

No pone en consideración a las instituciones educativas, ni al proyecto Conectar

Igualdad. Una ley muy similar fue declarada inconstitucional y derogada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Esta ley que ya se había intrumentado en varios países de Europa no cumplió con los objetivos que justificaron su aprobación.

En la sesión realizada el día 28 de junio no se les permitió hablar a las voces que se oponían al Canon, por lo que sólo se oyeron los testimonios de quienes están a favor del mismo.
De aprobarse el proyecto, el poder ejecutivo puede incluir nuevos medios sin pasar por un proceso legislativo.

== ¿Cuándo se procederá con el tratamiento de la ley? ==

Hoy miércoles 29 de junio a las 14 hs, en el Senado de la Nación.
Último momento: se postergó el tratamiento de este proyecto por «la multiplicidad de voces contrarias a esta iniciativa que se plasmaron recientemente en el ciberespacio«

F+T: Yes we can (un proyecto de clara orientación nacional y popular)


F+T: Yes we can
(un proyecto de clara orientación nacional y popular)

Apuntamos a captar el voto joven con un estilo aggiornado y descontracturado,
pero también recordamos que Buenos Aires era una ciudad con inquietudes
hasta que apareció la versión del ‘no se puede’ de Macri
FBM

“Yes we can”. “Yes we can” (¿F+T= Obama?) Sí, se puede. Sí, se puede. Voz amigable, de película argentina de los ’80 (que te puede recomendar tanto un Renault 12 o un televisor Hitachi como marcarte que los argentinos somos derechos y humanos). Inconfundible voz de porteño amigo. Progre. Producto nítido de “esta ciudad, nuestra Buenos Aires”. Gentes audaces y llenas de ideas. Que hacen posible lo imposible. Gente que proyecta sueños…
Hasta que llegó a “nuestra ciudad” el no se puede. ¿Qué no se puede? Construir más subtes: ordenar el tránsito: ocuparse de lo pobres (ellos que, en el fondo, ocupan “nuestra Buenos Aires”). ¡Qué escalafón, mamita! ¿Será que los audaces viajan en subte? ¿Será que los llenos de idea van en coche? ¿Será que les joden los pobres, tanto como les jode que no se hable de los pobres como un problema importante, entre otros, a resolver: un problema como la Educación, la Inseguridad, la Corrupción? En cualquier caso: no se puede. No se puede. No se puede.
¿Viste que se podía?: qué extraña y torpe aparece escrita esa frase en la pantalla con signos de interrogación en lugar de la esperable forma exclamativa, sutil alteración que vuelve absurdo el ya muuuuy básico contrapunto. La frase está dicha por una voz cada vez más afirmativa, que bordea lo épico. Pero el tono ameno y progre no dice nada novedoso: impugna las excusas y habla de trabajo; en realidad, alega “no paramos de multiplicar” la palabra “trabajo”, como si transparentara que su diferencial en términos políticos fuera la repetición y el machaque de ciertos enunciados: el hacer es decir que hago una y mil veces, hasta que todos queden convencidos y contentos y con ganas de decir ellos mismos “¡cómo hace, éste!”. Notable gramática de la acción política…
Por otra parte, y en términos visuales, ojo: el decir “no más excusas: trabajo” no significa tirar de un carrito o picar una pared o ningún remedo de aquella tan porteña imagen de “hombrear bolsas en el puerto”. No, no: “trabajo” significa, en este caso, vestir corbata y tacos altos: esa es la gente que hay que poner, gente que sepa hacer las cosas en ésta, “nuestra ciudad». Todo un estilo: de político, pero también de auditorio, de vecino, de auditorio, de votante.
Y no somos nuevos, no. Hace ocho años que gobernamos del mejor modo para estas gentes. Somos los que hicimos el recorrido del Fracaso (¿de cuál de los fracasos se hablará, exactamente?) al Futuro. Y a cada uno de los lados de la palabra “Futuro” quedan fundidos los rostros informalmente dibujados –aunque en plan gigantografía publicitaria, sobre el paisaje urbano– de Filmus y Tomada. De arriba, en una especie de batiseñal, alumbra Cristina, como una diosecita que los dota de poder y de votos; una diosecita pobre viuda, con cara sonriente de estampilla. Con cara de ícono popular: cara que podría ser la de Gardel o la del Diego, pero es la de Cristina.
Y, así, como quien dice “sólo la puntita”, piden cuatro añitos y prometen grandes cambios. Un hallazgo, ¿no?: explicitar una temporalidad. ¿Cómo no vamos a poder cambiar la ciudad en 4 años? Promesa de vértigo, de velocidad, de eficacia. Y claro que es posible creer, si la diosecita garantiza, además de votos, plata, mucha plata: plata nacional que traspasará los muros porteños, dispuesta a comprar todo lo que haga falta para ponerle buena onda a “nuestra ciudad” –en la que está claro que con bicisendas no alcanza… Al margen, curioso: los candidatos sugieren lo contrario del imaginario peronista-populista de la perpetuación en el poder: te pido sólo 4 años. Estaría buenísimo que fuera así, ¿no?
A los escépticos, entonces, decile Sí, se puede. Con Filmus + Tomada. Qué ahora están a punto de devenir remera (como le pasó al Che Guevara… Pero ¿quién se pondría una remera de Tomada? Bueh… ¿y de Filmush?).
Pero antes aparecen otra vez, los signos identitarios de “nuestra Buenos Aires”: el Obelisco (esta vez engalanado con los colores patrios) y el subte. El subte es, indudablemente, el símbolo de Buenos Aires: el spot lo privilegia como tema y lo aúna al Obelisco en las camisetas. El subte es, además, y en todos los casos, línea B (rojo): ni el Sur (E), ni el Norte palermitano (D), invoca al centro geográfico –Caballito, Belgrano, la línea del Lacroze, de Agronomía a Devoto– de ésta, “nuestra ciudad”, afianzando la intención de apuntar al medio-medio. El subte es, finalmente y en su última y remeril aparición, estación Carlos Gardel. Porque Buenos Aires –sea con Macri, con F+T o con Solanas— es, ante todo e irremediablemente, una ciudad global, una ciudad productora de signos. Una Ciudad Marca.
F+T, si de marcas hablamos (y lo propuso el mismo tipo que ideo la K como registrada de la primera década del argento siglo XXI). Con todo: ¿cumple el + la función de la cruz? Cruz roja (violeta, en rigor de la verdad), Filmus y Tomada como cruzados, en progre y santa batalla contra el ma(l)crismo. Sus rostros-remera advierten que llegaron “los que sí pueden”. Un “yes we can” fundido sobre una bien blanquita y pulcra imagen, el blanco de fondo sobre el que se inscriben, finalmente, los nombres y el slogan. Blanco bueno, en este caso lo opuesto queda flotando en forma de ausencia pero también de interrogante: ¿la ciudad deseable es blanca?
¿En qué medida hay aquí un diálogo, un contrapunto, con el tipo de diseño PRO? ¿En qué medida no es este spot un elemento más de una serie tan pero tan vieja que puede conducirnos hasta los tempranos años ‘90, más precisamente a la campaña presidencial de 1989? En aquel entonces, la consigna central de la campaña de Eduardo Angeloz era “se puede”. El peronismo, ya con Menem a la cabeza, le contestó con una canción al estilo canchero –de cancha– que decía: “se puede todo el día, se puede todo el año, parece que pidieran permiso para ir al baño”. El prolijo y progresista ¿viste que se podía? de F+T, con su música de fondo tan obvia como anodina (tono menor para “lo malo y el pasado”, tono mayor para “los buenos y el futuro”, nada de clave de candombe, nada de tambores de murga, nada de cancha), no deja de cargar en sus espaldas –y en la serie es imposible no colocar la derrota cercana de 2007, por más lavados de cara y apoyaturas nacionales que se ensayen– las resonancias y los fantasmas de aquel radicalismo ochentista en retirada.

Presentación de Instantáneas, de Franca Sui


Los cuatro textos que siguen son «Volumen eterno», el primero de los textos de Instantáneas y tres textos que se leyeron el martes 28 de junio, en La Casona de Flores, con motivo de su presentación.


Volumen Eterno
Todos tenemos el mismo problema. Lo decimos diferente. Pero al final estamos todos mirando al vacío o por una ventana sin animarnos a tocar nuestra propia puerta para abrir desde adentro. Porque no creemos que haya realmente nadie del otro lado. Escucho gente, todos diciendo lo mismo: estoy solo y no creo en nadie ni en nada y también estoy desesperado por creer y se me acaba el tiempo y el celular me hace loop de llamadas por favor decime en qué creer decímelo o no pasa nada realmente no es que me vaya a matar o nada parecido no va a pasar ABSOLUTAMENTE nada y lo sabes y lo sé pero te pido pordios que me des algo en qué creer. Andamos por las aulas y las fiestas, los bares, como vagabundos adinerados. Mi gente se mueve como sombras de algo que no termina de pasar. Somos zombies melancólicos. No asustamos a nadie pero a mí me da miedo igual. Las caras pálidas, la desesperación latente; hay un mínimo de energías todavía circulando y no encontramos un punto en común para hacerlas coincidir y que pase de una buena vez algo, alguna puta cosa en este mundo. Las energías no encuentran cómo coincidir. Ese es nuestro problema. Son pocas y no se encuentran. Alguien bajó el volumen del mundo y estamos todos tratando de encontrar la perilla. No creemos pero intuimos, sólo intuimos que nuestras voces salen todas por el mismo ampli, pero hay disonancia y los oídos sufren en soledad. Qué ruido espantoso, dice mi mamá. Y yo no tengo nada que decirle porque sinceramente ya me quedé sorda. O más bien ciega. Andamos como cieguitos buscando la maldita perilla para hacer coincidir nuestros dedos en una dirección, la que sube el volumen, la que le da un mismo sentido a la flechita del volumen, la flechita que se hace gorda cuando sube, cuando es más. Más abajo el volumen no es materialmente menos, solamente está todo contenidito, amordazado por los bordes despóticos de la flechita, escuálida ella, dándole forma como le indica el manual del usuario: Gire la perilla hacia la izquierda. El manual lo dice todo y nos muestra los dibujitos como si fuéramos idiotas. Nonono. No es cuestión de dibujitos. ¡Somos ciegos, imbéciles! No se dieron cuenta? Necesitamos afilar el oído, entender el tacto, cruzarnos en un pasillo y guiarnos hasta ahí. Pero no reconocemos formas ni flechas. No queremos tu puto manual. Queremos abrazarnos en un volumen eterno. Y nos han sacado los ojos.

Mi genio amor/Pablo Fernández
El lenguaje de la vulnerabilidad fragiliza. Y te encuentra con tu propia vulnerabilidad. Una tristeza medio extraña. Hay tristeza por identificación. Pero, al mismo tiempo, hay una lejanía de la historia, de quien escribe. Tristeza próxima y lejana al mismo tiempo. Juego ambiguo de la identificación. Que nos hace sentir que también nosotros podríamos haber escrito esas mismas palabras. Tanto el lenguaje utilizado como lo expresado en ese tipo de escritura nos hace sentir capaces de decir exactamente lo mismo. Tal vez es la falta de pretensión de estilo, la simpleza.  Llanura del texto que permite transmitir sentimientos de una manera muy directa. Escritura que me hace pensar. Por ejemplo, al leer la intimidad del otro (de la otra) me hace dar cuenta de que la propia intimidad es menos especial de lo que creía. Escribir sin recaudos, sin calcular la propia inhibición que da escribir, nos muestra capas de la vida de Alejandra a la que no podríamos acceder de manera directa en su presencia. Pero ¿qué es conocer a alguien? Al leer Instantáneas, Ale se da a conocer (eso nos hace creer) de un modo desmesurado. Leer Instantáneas da sensación de ganas de escribir. De tomar alguno de estos cuentos y de continuarlos. Instantáneas revela un secreto compartido que nos concierne a todos. Cuenta algo que era difícil de contar sobre nuestras existencias. Yo podría usar como propio algunos de sus cuentos. Podría sentirlo mío. El texto desarma la presencia. La imagen que uno podía hacerse. Insólita presentación de sí, en la que el egocentrismo del intelectual –omnipresente, insoportable- desaparece. Leer estos cuentos me hace descubrir algo más. La escritura muestra tonos de la personalidad que no surgen a primera vista. Trastoca las primeras impresiones y da acceso a otra realidad de lo humano.
Salen juntos es el texto del libro que más me impresionó. Por identificación vertí emociones en este cuento. Ale pone ahí palabras que yo necesito para pensar experiencias mías, que preciso nombrar y pensar: “Un día, ella decide no levantarse y el piensa que está enferma”; “El por fin pregunta y no hay respuesta”; “Un día él no se levanta y ella no le pregunta si está enfermo”; “un día él no se levanta y ella no le pregunta si está enfermo”; “Un día no se levantan y ya nadie pregunta nada”. En esta secuencia, lo real muta (las relaciones cambian de una manera increíble). El vínculo entre ellos no pasa por las palabras sino por el pensamiento (no los hace más fuertes, sino más felices). Sin que a ellos los piense nadie. De los personajes, sobre todo él me parece cínico y cruel, porque guarda sus sentimientos y los deposita en ella cargando ese amor de una densidad y una dependencia extrema.
En general me pasa que no quiero conocer a la gente. Mis prejuicios son muy sólidos. Pero leyendo Instantáneas tuve la sensación de que sí tenía que conocer a la escritora tras estas líneas.  La escritura de Ale, entonces, no solo la presenta sino que, de un modo completamente paradojal, nos permite presentarnos a nosotros mismo, conocer algo más de nosotros mismos.   
Más que modificar mí idea de la lectura, Instantáneas me hace pensar sobre la capacidad de la escritura misma. Las ganas, la posibilidad de escribir de otro modo, para decir otras cosas.  Me da la ilusión de que puedo romper con la escritura los estigmas que cargan en mí. Cambiar la acidez por otros tonos, experimentar una fragilidad que no muestro. Llegar a dar vida a esa ambigüedad que desmiente lo que solemos parecer. Siempre leí textos escritos para alguien, o para alguna situación en especial. Leyendo a Ale me alegra descubrir que se puede escribir para uno, o para nadie en especial y que de modo para mi muy sorprendente, haya mucho interés de los otros por leer y pensar sobre este mundo de cada quien, al que no se puede entrar de una.
Si a Franca/Damián Milla
Si a Franca alguien le preguntara qué quisiste decir, llorando y a los gritos contestaría: nada, no dice ni quiere decir nada, y más tarde incluiría esta pregunta en una segunda serie. ¡Basta de palabras!
Lo que está escrito no tiene más sentido que el puede tener un balazo, pero desde adentro hacia afuera. Y quiérase o no, como mínimo, mancha, inevitablemente mancha. Mi gente se mueve como sombras que no terminan de pasar. Somos zombies melancólicos.
Lo que vemos estallar a cada paso es el mundo mismo (todos tenemos el mismo problema. Lo decimos diferente) Y son esas diferentes maneras los diferentes balazos que recorren todos los textos. Pero, a la vez, de esos sacrificios (digo sacrificios en sentido literal) quiere algo: Hay un mínimo de energías todavía circulando y no encontramos un punto en común para hacerlas coincidir y que pase de una buena vez algo, alguna puta cosa en este mundo, dice.
Quizás éste sea uno de los puntos: todos estos textos son producto de una demanda; no de un reclamo, sino de una demanda, que se entienda. Salen juntos todas las mañanas, porque quieren, aunque vayan a diferentes lugares en diferentes horarios. Aman salir juntos. ¿Pero, cómo hacer para volver a salir juntos (porque salir nunca es un gesto definitivo) sin un telón de fondo de tanto cansancio; sin mis gitans, una copa de vino y 1.5 de rivotril, la combinación que me hace de útero de emergencia del arrasamiento que venía sufriendo mi cuerpo desde hace días? Si ella lo supiera, no lo diría, lo haría. Paradójicamente, es ese balazo-demanda-interrogante lo que mueve el conjunto. Preguntar y salir es el mismo movimiento. Tal cual decía Artaud: vivir no es otra cosa que arder en preguntas. Pero insisto: lo que Franca quiere es no arder sola. De eso ya conoce demasiado. Tal vez esa sea la razón por la que incluso los paisajes más desolados aparecen recortados sobre un fondo común. Nunca uno siente que sólo dice de ella. Animales, personas, sombras, lo que fuere, el tiro siempre es compartido, o mejor, pretende que lo sea.                    
  
Filosofina/Diego Sztulwark
Franca asusta. Mi amigo Pablo me explicó ayer la razón. Es que su escritura revela nuestro secreto. Ese secreto reza que “todos tenemos el mismo problema”, aunque lo digamos diferente. ¿Cómo sabe Franca que ese problema no es sólo suyo, de ella sola, sino que es detodos? Ese problema de todos, nos dice, es que estamos de frente ante el vacío. Y el vacio da miedo. Y el hecho que Franca sepa que todos (y no ella solita) estamos frente al vacío también da miedo.
Vacio, Ribotril, Soledad, Pantalla, Ceguera, Nada, Alivio,  son las palabras del vocabulario de Franca. No creemos en nada ni en nadie, dice. Pero estamos “desesperados por creer”. Sabemos que no a pasar nada en absoluto. Y lo sabemos porque somos las sombras de esoque no acaba de suceder: “nuestras energías no encuentra como coincidir”. Mariana, otro de sus nombres, “no acaba de acoplar sus deseos con nada”. Franca también siente miedo.
Casi no lo parece, pero Franca lee (y mucho). Hay signos de eso. Lee a los filósofos catalanes Santiago López Petit y Marina Garcés. Siente que le hablan. Pero hay algo que no entiende cuando ambos autores, ambos amigos, le dicen una palabra que no cabe en su lenguaje:politización.
Otro indicio de sus lecturas resuena en su nombre: Franca Sui suena clarito a Causa suí, una noción clave de la filosofía de Spinoza. El propio Spinoza es nombrado de un modo algo extravagante. Lo llama de un modo hermoso, cariñoso, imagino que nunca lo deben haber llamado así: “filosofín”. Franca busca ser causa de sí: “el estado de interrupción no es nada si cuando se llega ahí ya no se tienen los artificios para pensar de otro modo”. Y entonces, para garantizar que eso no le suceda, para hacerse de un modo conveniente, Franca se torna escribiente. Para “engañar” a sus estímulos, y “reconducirlos a crear”.
La tarea no es fácil. La escritura no le fluye. Escribir es, ante todo, constatar los bloqueos, los obstáculos, los “edemas”. Los mismos que obturan la vida y nos llevan al psicólogo (a Franca le resulta curioso que los psicólogos se hagan llamar “analistas”, como los de sistemas). Escribiendo Franca descubre en su pantalla  (no ha puesto la función “justificar”) que las letras adoptan la forma de un cuerpo femenino (“contorneado, hermoso”). Los textos son cuerpos femeninos que el occidente debe justificar.  
“Escribo, luego pienso”. Y escribe y piensa que “Cuando alguien dice nada hay que ir a fondo”. Y eso hacemos esta noche en la casona de flores. Quedarnos un poco en ese “no”, esa interrupción feroz. En ese vacío que “no se habita, se sufre”. “Abismo de amor”. ¿Se entendió lo que dijo Franca hace unos pocos segundos? Escribo, luego pienso. ¿No dijo “luego existo”?. Instantáneas se confirma como un homenaje inclasificable de aquel filosofin  que se rebeló, como Franca, ante la fundación de nuestra modernidad como separación del pensamiento y del cuerpo, ese Descartes al que dirige palabras sopesadas: “un genio, pero puto”.
Franca escribe para pensar, intenta una afirmación sobre la base de una intuición, y nosotros, que compartimos con ella miedos y gustos la acompañamos interesados, porque su problema, como nos lo dijo al inicio, es el mismo que el nuestro.

Pd: Este libro es, además, hermoso. Por sus dibujos. Y por la edición. Que es autoedición. Que es autoedición compartida, con la ayuda de Igna, que es editor múltiple. La edición múltiple es un modo de participar de registros diferentes y simultáneos. Esa transversalidad, esa lateralidad, esa búsqueda de la belleza es también nuestro asunto.
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