LS! 2010-2013: #trienioperdido
bicentenario a pura fiesta. néstor vivía, lanata estaba en cable, el sarmiento no andaba tan mal, susana triamarco era una desconocida –tanto o más que la cámpora–, las redes sociales ya eran el mejor medio para que los boludos dijeran sus cosas, cristina no usaba negro, se venía el fin del kirchnerismo, el kilo de mila estaba 12 pé y una pepa, veinticinco. no sabíamos quién era maduro ni qué había pasado con julio lópez y luciano arruga. maccia tenía una beca conicet, valeriano complementaba pj con onegeísmo y de narváez era igualito que ahora. rosa lugano todavía militaba en el gremio docente. no había tarjeta sube, faltaban las monedas y el # ni calificaba. algunas ideas se empezaban a estropear. deleuze, león, ds, la barrick, monsanto, spinoza, evón y perita, el tuerto y la terca, hardt y negri, pueblos originarios, peronismo, los 70, laponia, carta abierta, asambleas, extractivismo, correa, indignados, plaza de mayo, nuevo conflicto social, runflas, amigxs, represores, facebook, twitter,
Algunos de los últimos textos:
#capitalismorunfla
De Diego Valeriano:
“La clase media es el Otro» (con de Juan Pablo Maccia)
«Mosquitos» (que hablan de política)
«392» (maravilloso y trágico retrato de la inundación de La Plata)
“El Líder”
Serie Capitalismo Runfla:
De Juan Pablo Maccia:
De Rosa Lugano y Marcelo Laponia:
«En pocas palabras (para un país sin lenguaje político)«, por Rosa Lugano
«11 tesis para un país sin política«, de Rosa Lugano (+ su última tesis: «La 12«)
“La revuelta inconclusa de diciembre del 2001”, por Rosa Lugano
«Antisemitismo (una polémica con Juan Pablo Maccia)«, de Marcelo Laponia
“Días de Derecha (Notas para una psicología del kirchnerismo)”, por Marcelo Laponia
“Sexo y política en Lugano”, por Marcelo Laponia
«La década extractiva«, por Darío Aranda
“Llegó el día: murió Videla”, por D.S.
«Cuatro sensaciones apresuradas sobre anteayer» (Venezuela, Lanata y un domingo inquietante), por D.S.
“Los límites de la justicia: la muerte”, Por Sebastián Stavisky
«Famatina. Represión, periodismo y…«, de Darío Aranda.
«El neoextractivismo como matriz del nuevo conflicto social«, del taller Hacer Ciudad, Cazona de Flores
«En nombre de mayo. El impresente político«, de Bruno Nápoli
«Memoria desdentada: Traición y Violencia (A 40 años del triunfo de Héctor Cámpora)», por Bruno Nápoli
«El uso progresista de la Gendarmería«, por Esteban Rodríguez
«Tema del traidor y del héroe» (polémica con Héctor Leis), de Horacio González
“¿Infraeconomía? Notas desde la transición desconocida”, por Pablo Hupert
“El peronismo por fuera del paradigma de la hegemonía”, por Taller de Cartografías Políticas
#elpatiodearriba
“América latina: entre el impasse y el nuevo conflicto social. Notas para reabrir la discusión” de Sandro Mezzadra
“Cartografías políticas. Notas para la investigación política en el seno del post-neoliberalismo”, por Diego Sztulwark
“García Linera: El primer intelectual extractivista”, de Salvador Schavelzon
«Extractivismo en las grandes ciudades«, de Raúl Zibechi.
“¿Puede el Estado ser lo común?”, de Raúl Zibechi
«Los desafíos de los gobiernos de América Latina«, por Marco Aurelio García
“Apuntes sobre gobiernos de izquierda e ideas de izquierda”, por Sandino Núñez
“Por una resignificación política de la izquierda” por Víctor Manuel Moncayo
«Carta gráfica del Sup a los críticos chafas«, por el Subcomandante Marcos (+ «Apagando el fuego con gasolina» (postdata a la carta gráfica)
“Clinämen, spoiler y el inconsciente zapatista”, por Ángel Luis Lara
«Venezuela: llegó la hora de la verdad. La lealtad como tragedia o como esperanza radical«, de Roland Denis
«Eppur si muove en Cuba«, de Leonardo Padura
«Indicios sobre la ciudad de Buenos Aires: mitología multicultural sobre el territorio vivo» Diego Picotto y Emilio Sadier
“El pensamiento argentino en el exilio. Reseña de Controversia: una lengua del exilio, de Verónica Gago”, de Gerardo Muñoz
“Obras de los pasajes pospolíticos”, (prólogo a El Saber, las clases de Deleuze sobre Foucault)
“Ver lo invisible: sobre unicornios y 15-M”, por Amador Fernández-Savater
“Tesis sobre el Partido Imaginario”, por Tiqqun
“El kit de la lucha en Internet” (video / libro a descargar), de Margarita Padilla
“Tres muertes kurdas para la Paz”, por Alejandro Haddad
“Paisajes de la ciudad posmoderna”, por Iconoclasistas
«La Tortura«, de Raúl Cerdeira
«Néstor Kirchner, la otra película, de Adrián Caetano”, por Ignacio Izaguirre
“Trímbolis y recórcholis: ¡qué novelita de verano!”, por Juan Pablo Maccia
“¿En qué estaban pensando? (sobre un viaje a Senegal)”, por Santiago Sburlatti
«Soy churrero, pero no boludo«, de Wanda Wygachiewicz
«Rosas Rojas«, de Gonzalo Salesky
#palabrasmolotov
“Vanguardias artísticas y experiencia política”, una entrevista a Toni Negri
“No se necesita tener una alternativa para decir no”, entrevista a Santiago López Petit.
“No nos dejemos arrebatar las preguntas que la crisis nos impone” Entrevista a Amador Fernández-Savater
“La ética del cuidado de uno mismo como práctica de la libertad”, entrevista a Michel Foucault.
“Clarín estuvo 40 años amasando los pensamientos fantasmales de la clase media argentina«, entrevista a Horacio González
“Dios no murió. Se transformó en Dinero”, entrevista a Giorgio Agamben.
«El cine ya no existe«, entrevista a Mariano Llinás, por Ximena Tordini y Javier Alcácer
«El autor del desencanto«, entrevista a Leonardo Padura
«Potencia de lo plebeyo«. Conversación con Raúl Zelik
#pegadoalapantalla
“Política y Psicoanálisis”, (video) entrevista de Alain Badiou a Michael Foucault (1965)
“La crisis de los modelos constitucionales existentes”, (video) Toni Negri (2013)
“Literatura y política a partir de Malvinas”, (video) conferencia de Horacio González (2012)
“Literatura y Exilio”, (video) entrevista a David Viñas (México DF, 1980)
«Corazón del tiempo» (una ventana a un poblado zapatista)
«La sociedad del espectáculo«, de Guy Debord (1968)
«Resistir«: Gelman y Firmenich impulsan la contraofensiva (Francia, 1978)
«Jamás leí a Onetti» (video)
#cucháclinämen:
«Por una economía al cuidado de las vidas«, conversación con la economista Natalia Quiroga Díaz.
«El dominio político de las finanzas«, conversa con Pablo Miguez sobre la economía del conocimiento.
«Postsoberanía. Literatura, política y trabajo«, conversa con Oscar Cabezas.
«Poder financiero y dictadura«, conversación con Bruno Nápoli.
Podría ser de tu interés
Materialismo e impotencia // Lobo Suelto
Lo social es oscuro. ¿Qué o quién no lo es? Hace no tantos años, lo político era entrevisto, por los
Especial Spinoza: Ética, Tratado Teológico Político y Tratado Político (Traducción Atiliano Dominguez) // Lobo Suelto
Para DESCARGAR la Ética de Spinoza: CLICK AQUÍ Para DESCARGAR el Tratado Teológico Político de Spinoza: CLICK AQUÍ Para
Sentido de oportunidad: a propósito de Horacio González // Lobo Suelto!
Lobo Suelto! admira la maestría de Horacio González. Mientras la más rancia derecha -aquella herida por la contundencia de la
La “escisión” es política
Un lobo suelto en los festejos…
Imágenes de los festejos…
Caetano y el cierre del Bicentenario
¡El periodismo ha muerto, vivan los periodistas!
Entrevista a Laura Adalfassi
Agasajo Bicentenario
Cuestiones de anacronismo
La Argentina de la ‘buena onda’
Hasta hace no tanto, ser un tipo feliz o un pobre diablo, estar contento y con ganas de clavarte medio litro de estricnina, ser alguien que sabe disfrutar de la vida o la víctima irremediable de una existencia de mierda parecían opciones vitales más o menos restringidas al ámbito de lo “personal”, un modo íntimo de ser que no se vinculaba –al menos no directamente— con lo político. El contexto social, claro, cooperaba: no era lo mismo ser una niña que corretea desnuda entre alucinados participantes de Woodstock que otra que lo hace esquivando bombas de Napalm en Vietnam. Así y todo, era mucho más evidente cómo la política producía el (buen o mal) humor de las personas que a la inversa.
La eficacia carancha
“Hay un cambio de etapa para los trabajadores” – Entrevista a Marcelo Fernández
Marcelo Fernández, dirigente sindical. Nacido en 1963, empezó su militancia a mediados de los años ’80 en la planta de Quilmes. Actualmente es dirigente de la Federación Argentina de Trabajadores Cerveceros de la república Argentina (FATCA) de Luján, donde recibe a Lobo Suelto para conversar sobre la convulsionada relación entre sindicalismo y kirchnerismo.
La vida en 140 caracteres
“Qué bien jugó hoy Argentina. Pudieron ser cinco goles. Felicidades camarada Maradona.”
Aníbal Fernández: En las estructuras organizadas de poder, la decisión criminal se adopta en la cúspide.
***
Sí, la política es anterior al cristianismo. La política emerge a la par de lo que comúnmente suele entenderse por civilización. Una herencia de la sabiduría helena, de su Democracia ateniense. El agora, los sofistas y filósofos, la palabra pública: la política como «teoría de la ciudad” (polis) y de los vínculos que en ella se producen. La política, la ciudad y la palabra pública, entonces, como elementos inherentes de cualquier democracia, incluso de estas democracias de pecho frío.
La política (antes y después de los sablazos) se articula en torno a la palabra, a la palabra pública, a la palabra persuasiva, a la palabra que (con)vence con argumentos. Pero, ¿qué pasa con la palabra y su capacidad persuasiva cuando es arrastrada por la velocidad y sitiada por 140 caracteres? (Este breve párrafo, que aún no dice nada, ¡ya tiene 367 caracteres!)? ¿Qué pasa, en este marco, con la política?
***
El vínculo entre escritura y brevedad es extenso y prolífico. Muchas veces la economía de recursos se volvió un modo posible y deseado de la palabra: un arte, una virtud que pocos podían ostentar. Ahí está esa milenaria forma poética japonesa de sólo tres versos (de 5, 7 y 5 sílabas respectivamente) a la que llaman Haikú para certificarlo. La escasez de elementos utilizados es proporcional a la atención que generan sus versos perdidos en el blanco (en este caso, en el negro) de la hoja:
o
“Cuando el amor es rey, no necesita palacio”
***
Pero volvamos, luego de este recorrido que echa por tierra cualquier intento de presentar como extremadamente novedoso el vínculo entre brevedad y escritura propuesta por la red de microblogging de los 140 caracteres, a la relación entre Twitter y la palabra pública. Volvamos para reafirmar cómo, de un tiempo a esta parte, twittear se ha vuelto una praxis inevitable del ser social, una habilidad indispensable si de deportistas, actores, músicos, modelos, políticos, fabricantes de chocolate o de cualquier otro integrante del star sistem se trata.
Empero, nadie ha llegado tan lejos en la exploración y reivindicación de esta novedosa práctica como líder de la Revolución Bolivariana: persuadido de que las redes sociales “son un arma que tiene que ser usada por la revolución«, su cuenta en Twitter (chavezcandanga) cuenta a la fecha con más de 300.000 seguidores. Incluso como parte de una política de consolidación de alianzas continentales, insto a Evo Morales («Evo, ¿tú no estás en Twitter? Invitamos a Evo al Twitter», dijo) y a Fidel Castro («Agarra tu Twitter ahí, Fidel”) a que se sumen a esta ola que, es evidente, no para de crecer.
***
Dicen los que saben que el amanuense o copista medieval –pluma, raspador y tinta en mano- era un trabajador incansable: su jornada podía extenderse hasta 16 horas diarias, en las que copiaba entre uno y tres folios de un libro que podía llevarle meses, años. La temporalidad del medioevo y el silencio monasteril lo posibilitaban. A ellos les debemos las grandes obras de la antigüedad clásica, los textos fundantes de nuestra civilización, de nuestras Ciencias, Artes y Letras.
***
Escritura breve y veloz como condición de época. Las palabras y sus soportes se transforman. La lengua se reduce y agiliza. Todo se vuelve más liviano. Lo más profundo es la piel, dicen. Pero ¿cuán vastas son estas transformaciones? ¿En qué medida estas dinámicas alternar modos de pensamiento y procesos cognitivos? ¿Nos hallamos ante un fenómeno más o menos pasajero, más o menos de moda, que tarde o temprano algún dispositivo pedagógico logrará neutralizar o, en cambio, asistimos a la constitución de un nuevo modo de vincular lo vivo, lo público y el lenguaje? ¿Qué modos adopta la palabra pública en estas condiciones? ¿Qué instituciones son las apropiadas para estos modos?
A propósito de la extorsión democrática
La “potencia” del estado
Ranciére nos recuerda, de este modo, lo que habíamos empezado a olvidar con el ajuste del calendario: que la lucha colectiva por la emancipación obrera no ha estado jamás separada de una experiencia nueva de vida y de capacidades individuales, ganadas a la coacción de los antiguos lazos comunitarios, implicando una ruptura con los viejos modos de sentir, ver y decir que caracterizaba a lo obrero en el orden jerárquico antiguo.
Sobre la contradicción principal en dos movimientos
«¿Quién sois, lobo?» inquiere, inocente, Caperucita.
¡
Ya quieren clavarle al Lobo la estaca de la identidad!
Populismo de Palermo
El problema del populismo es menos su silenciosa y disimulada oferta de un liberalismo “serio” (capaz de confrontar contra el liberalismo realmente existente) sino el formalismo que lo produce como concepto y representación operante licuando todo lo que en el movimiento antagonista real hay de exceso, de posibilidad y de radicalidad en pos de un esquema desvitalizado, repetitivo e irreal. Hay algo en este formalismo que suena a fracaso antes de tiempo. Suena a equipo no se afirmará en la cancha, que jugará con puros esquemas en la cabeza, sin la garra que da el engarce, suena a equipo con la cabeza en las nubes y sin los pies en la tierra, es decir, a mucha distancia del balón. Suena, en definitiva, a que las condiciones efectivas para la gambeta, el encare y la unión mágica de la astucia, la fuerza y el humor que nos llevan a lo sublime futbolero será nuevamente hipotecado en nombre de alguna imagen simplona y muy poco “satisfactoria” de nuestras demandas, largamente desoídas.
Marea Negra
Homenaje a Néstor
Un declive tan manso que si uno no se fija bien no se da cuenta es el de la homosexualidad contemporánea. Porque ella abandona la escena haciendo una escena patética y desgarradora: la de su muerte. Debe haber algún plano -no el de una causalidad- en que esa contigüidad entre la exacerbación desmelenada de los impulsos sexuales («verdaderos laboratorios de experimentación sexual», diría Foucault) y la llegada de la muerte en masa del Sida, algún espacio imaginario, o con certeza literario, donde esa contigüidad se cargue de sentido, sin tener obligatoriamente que caer en fáciles exorcismos de santón. Sea como fuere, hay una coincidencia. Cabrá a los historiadores determinar la fuerza y la calidad de la irrupción morbosa en el devenir histórico, comprenderlas. A los que ahora la sentimos no se nos puede escapar la siniestra coincidencia entre un máximo (un esplendor) de actividad sexual promiscua particularmente homosexual y la emergencia de una enfermedad que usa de los contactos entre los cuerpos (y ha usado, en Occidente, sobre todo los contactos homosexuales) para expandirse en forma aterradora, ocupando un lugar crucial en la constelación de coordenadas de nuestro tiempo, en parte por darse allí la atractiva (por misteriosa y ambivalente) conclusión de sexo y muerte.
Se puede pensar que nunca la orgía llegó a tal exceso como bajo la égida de la liberación sexual (y más marcadamente homosexual) de nuestro tiempo. El libro de Foucault puede anticipar esa inflexión -que ahora parece verificarse ya no en el plano de las doctrinas, sino en las prácticas corporales-, porque él nos muestra cómo la sexualidad va llegando a un grado insoportable de saturación, con la extensión del dispositivo de sexualidad a los más íntimos poros del cuerpo social.
El dispositivo social desarrollado en torno de la irrupción del Sida lleva paradójicamente a su máxima potencia la promoción planificada de la sexualidad -tratada ésta como un saber por un poder- y marca de paso el punto de inflexión y decadencia. Es curioso constatar cómo estamos a tal punto imbuidos de los modernos valores de la revolución sexual que nuestro primer impulso es denunciar coléricamente su reflujo. No vemos la historicidad de esa revolución, no conseguimos relativizar la homosexualidad tal como ella es dada (o era dada hasta ahora), enseñada y transmitida por médicos, psicólogos, padres, medios de comunicación, amantes y amantes de los amantes -siendo esa ilusión de ahistoricidad intemporal incentivada por buena parte del movimiento homosexual, que defiende la tesis de una esencia inmutable del ser homosexual. Nuestra homosexualidad es un sexpol, o al menos se presenta y maneja, a pesar de la homofobia de Reich, como uno de sus resultados. Un elemento político, un elemento sexual. Parece El Fiord de Osvaldo Lamborghini (pero un Lamborghini sin éxtasis). A decir bien, ¿sin éxtasis?
Sabemos gracias a Bataille que la sexualidad (el «erotismo de los cuerpos») es una de las formas de alcanzar el éxtasis. En verdad, Bataille distingue tres modos de disolver la mónada individual y recuperar cierta indistinción originaria de la fusión: la orgía, el amor, lo sagrado. En la orgía se llegaba a la disolución de los cuerpos, pero éstos se restauraban rápidamente e instauraban el colmo del egoísmo, el vacío que producen en su gimnasia perversa resulta ocupado por el personalismo obsceno del puro cuerpo (cuerpo sin expresión, o, mejor, cuerpo que es su propia expresión, o al menos lo intenta…). En el sentimentalismo del amor, en cambio, la salida de si es más duradera, el otro permanece tejiendo una capita que resiste al tiempo en el embargo de la sublimación erótica. Pero sólo en la disolución del cuerpo en lo cósmico (o sea, en lo sagrado) es que se da el éxtasis total, la salida de sí definitiva.
¿Qué pasa con la homosexualidad, si es que ella no vuelve a las catacumbas de las que era tan necesario sacarla, para que resplandeciese en la provocación de su libertinaje de labios refulgentemente rojos? Ella simplemente se va diluyendo en la vida social, sin llamar más la atención de nadie, o casi nadie. Queda como una intriga más, como una trama relacional entre los posibles, que no despierta ya encono, pero tampoco admiración. Un sentimiento nada en especial, como algo que puede pasarle a cualquiera. Al tornarla completamente visible, la ofensiva de normalización (por más que estemos tratando de cambiar la terminología, más después de que Deleuze lanzó la noción de sociedades de control, como sustituyente de las sociedades de disciplina de que habla Foucault, no es fácil llamar de una manera muy diferente a tan profunda reorganización, o intento de reorganización de las prácticas sexuales, indicada sensiblemente por la introducción obligatoria del látex en la intimidad de las pasiones) ha conseguido retirar de la homosexualidad todo misterio, banalizarla por completo. No dan ganas, es cierto, de festejarlo, al fin y al cabo fue divertido, pero tampoco es cuestión de lamentarlo. Al final, la homosexualidad (su práctica) no ha sido una cosa tan maravillosa cuanto sus interesados apologistas proclamaran. No hay, en verdad, una homosexualidad, sino, como dirían Deleuze y Guattari, mil sexos, o por lo menos, hasta hace bien poco, dos grandes figuras de la homosexualidad masculina en Occidente. Una, de las locas genetianas, siempre coqueteando con el masoquismo y la pasión de abolición; otra, la de los gays a la moda norteamericana, de erguidos bigotitos hirsutos, desplomándose en su condición de paradigma individualista en el más abyecto tedio (un reemplazo del matrimonio normal que consigue la proeza de ser más aburrido que éste). Me arriesgaría a postular que la reacción de gran parte de los homosexuales frente a las campañas de prevención está siendo la de dejar de tener relaciones sexuales en general, más que la de proceder a una sustitución radical de las antiguas prácticas por otras nuevas «seguras», o sea con forro.
Toda esa promoción pública de la homosexualidad, que ahora, por abundante y pesada, toca fondo, no ha sido en vano. Ha dispersado las concentraciones paranoicas en torno de la identidad sexual, trayendo la remanida discusión sobre la identidad a los salones de ver TV, hasta que todos se dieran cuenta de su idiotez de base; al hacerlo, ha acabado favoreciendo cierto modelo de androginia que no pasa necesariamente por la práctica sexual. Dicho de otra manera: las locas fueron las primeras en usar arito; ahora se puede usar arito sin dejar de ser macho. Aunque ser macho ya no signifique mucho. De últimas, la desaparición de la homosexualidad no detiene el devenir mujer que el feminismo (otro fósil en extinción) inaugurara, lo consolida y asienta, más que radicalizarlo, y lima romando sus aristas puntiagudas.
Abandonamos el cuerpo personal. Se trata ahora de salir de sí.
Entrevista a Sergio Lipstein
Sergio Lipstein (Bahía Blanca, 1971) es psicoanalista e investigador incansable de las subjetividades contemporáneas; miembro de
¡Desenchufen a Cerati!
ConSumo
Salvación: Día Mandela en el Mundo
Instituciones postestatales
22 de julio de 2010
Dos presos se fugan de una cárcel argentina cutodiada por un muñeco
Rescatate: gramática de la salvación
Hay veces que uno puede elegir, no siempre. Y no me atrevo a afirmar que sean las ocasiones en que experimentemos
En la novela La carretera, de Cormac Macarthy, un padre huye con su hijo pequeño hacia el sur para evitar que el invierno vuelva a agarrarlos sin chances de sobrevivir en circunstancias extremas: la catastrófica destrucción de la civilización, y de la naturaleza que le es consubstancia. Vagando entre seres y paisajes en ruina, el padre extrema su instinto de sobrevivencia mientras el niño le exige, hasta el final, “ser buenos”, ser “de los buenos”. Pero ¿qué cosa es ser de los buenos cuando todo proyecto colectivo se ha disuelto? Si el hombre busca salvar al niño del hambre y el frío, el niño exige que esa salvación tenga la forma de una interrogación abierta.
American Psychobolche
El libro rojo de Deleuze (o la amplitud del plano de inmanencia)
Esta edición, en estricto rojo marxista, quizá para evitar los peligros de decoloración del movimiento, parte de varios supuestos. Sucede que cuando se edita un libro, siempre se supone un lector. Claramente en este caso se supone un lector pelotudo. Y por otra parte un lector en peligro. ¿Cuál es el peligro? El propio pensamiento de Deleuze. Por eso se vuelve necesario “explicarlo”, tarea delicada si las hay, pero ¡Ay!, el universitario no puede privarse de hacerlo, ni puede reprimir ese impulso (no exento de altruismo y de buena voluntad) por ahorrarnos el peligro… de pensar.
Sobre por qué soy kirchnerista (y sobre aquellos que lo son por comodidad)
La Lengua
Polemizando con Barney (o sobre mustio oficio del editor)
Cabe una aclaración, que no llega a ser un pedido de disculpas. Para presentar mi reflexión debo matizar el tono de mi intervención anterior. Es que, como en todo parto, el nacimiento de una idea es un trance cargado de violencia. Suele ocurrirme: el enojo como prefacio del desarrollo de una argumentación valedera, que brota intempestiva como insulto y ataque artero, para luego irse tornando autocrítica, muy lentamente, al ritmo en que las nuevas ideas se forjan en mi cerebro. Como viejo editor de la obra de Deleuze, mastico el amor y la furia respecto de todo lo que ocurre en derredor de ese nombre mágico y misterioso, que ora da de comer, ora da de pensar. En un largo decurso personal fui afinando la mirada y estrechando el estómago: desde la militancia de izquierdas hasta el amor por la filosofía, del discurso de asamblea al mundo de la edición tercermundista. Más de un peaje tuve que pagar. Del paso del tiempo y la edad –es decir, del modo en que la vida nos atraviesa sin prudencia— suelen surgir cuerpos payasezcos y reacciones olvidables, ¡para que negarlo! Confieso, entonces, el lugar desde el cual hablo: he pecado. He prologado a Deleuze en mis primeros años de editor, allá lejos en tiempo y la memoria (¿quién se acuerda, a esta altura, del grupo Plataforma y de su autodisolución, del Goyo Baremblitt y del Canca De Brasi? Esos eran deleuzeanos de verdad, no estos pendejos universitarios de zona norte que pagan fortunas para que alguien les cuente El Anti-Edipo en lugar de leerlo y que hacen ediciones de mierda… no, no, perdón, perdón, me estoy crispando otra vez, me fastidio, me indigno, me salgo de mí… Inmanencia… Inmanencia… —mi terapeuta me dice que trate de tranquilizarme, que mire hacia adentro de mí mismo—. Retomemos…). Decía… he prologado, y por eso entiendo lo delicado de esta situación (la desesperación de la que uno es dócil víctima cuando sospecha que pocos —¡o nadie! — sabrá apreciar el real valor de lo que se tiene entre manos…) Por ello, esto no es una disculpa, no, sino un envite: lanzo la primera piedra sin esconder la mano,para discutir los carriles por donde transcurre este oficio. Un oficio, como tantos otros, que despunta fundado en el amor y en el idealismo más puro para acabar siendo —entre ires y venires— una deslucida y monótona forma de sobreviviencia. (Ya lo dijo ese gran poeta de neta formación post-estructuralista: “Me preguntaron como vivía, me preguntaron, // «Sobreviviendo» dije, «sobreviviendo». // Hace tiempo no río como hace tiempo, // y eso que yo reía como un jilguero. // Tengo cierta memoria que me lastima // y no puedo olvidarme lo de Hiroshima)”. Tiempo-jilguero-lastima-Hiroshima. Flujo. Línea de fuga. Máquina de guerra. Volvamos al oficio. Yo estaba convencido de que el de editor era, quizás, el más ilustre, el más digno, el más probo de los oficios. Que su mera existencia liberaba al saber, a la cultura, de las garras tanto del mecenazgo de los nobles y ricos como del subsidio público. Y qué el saber liberado, libera al hombre, redime a
El gusto por la polémica
Tiburones del espacio mediático, el género polémico no es nuevo para ninguno. Hace poco tiempo hubo de suspenderse (por “amenaza de bomba”, según rezaba el anuncio de un diario) una polémica entre “Gustavo” (también llamado “el zar de la soja”), y un fornido intelectual marxista que se presentaba de local en
¿Qué discuten estos días Gustavo y Mempo, como se llaman entre sí estos viejos amigos de la época del colegio, allá por Carlos Casares? ? La valoración antagónica de dos asuntos que consideran trascendentales: 1. Lo que llaman el paradigma de la siempre directa, el grano transgénico y el glifosato y; 2. Las cualidades y oportunidad de un estado moderno regulador del desarrollo.
Las mujeres biodegradables y la política
Cuando la indignación in crescendo le impedía encontrar su abrigo (dos veces creyó que Kautsky, el gato, era su bufanda) y acabar con el café ya helado, un grito del Gordo (que hacía ya más de quince minutos que tenía los ojos clavados en una pantalla que había pasado de 6,7,8 a Bailando por un sueño en una imperceptible maniobra de la que nadie, más tarde, se haría cargo) cortó el soliloquio: “a mí estas chicas todas iguales, con los pezones que parecen hechos de plastilina, ya me tienen las bolas llenas. Son todas de plástico. Las ves de cerca y ves que están todas operadas, los ojos, la boca, la nariz. A mí me gustan las mujeres biodegradables”. Las risas sonoras (algo espoleadas, seguramente, por los Santa Julia y la hora) y las adhesiones masivas velaron la remisión materialista de Lanzetta a las chicas de Carta como testimonio irrefutable de que la biodegradabilidad también tiene sus bemoles. Y las risas velaron, también, aquello que minutos después, cuando ya el silencio se había apoderado de la casa, se mostraba evidente: la conexión entre los dos enunciados.
“Que no quede… ni uno solo… Ooooh…”
resultar descabellado y hasta descalificador para nuestros parámetros
habituales de racionalidad. Y, sin embargo, lo cierto es que incluso el método
cartesiano debería ser calificado de sueño de la razón. Descartes mismo
admitió en su hora hasta qué punto sus pensamientos fueron primero engendrados
en clave imaginaria y nocturnal antes de aspirar a la exactitud
geométrico-matemática.
No hace falta, entonces, sumergirse en la interpretación
de los sueños (que, antes que nada, se elaboró en el primer monoteísmo con José
—el judío de Egipto enaltecido por el Faraón—, siglos antes de devenir discurso
psicoanalítico) para dar entidad de pensamiento a aquellos signos confusos que
un posterior avatar diurno nos evoca bajo el modo pretencioso de la idea.
residuos apenas recordados de lo que parece haber sido un sueño claro e
intenso, y que no logro capturar sino con dos palabras insistentes: “hemos
traicionado”. A pesar de la gravedad del enunciado, el tono del sueño no
presenta espesor moral. Al contrario, sus rasgos determinantes son los de la
liviandad y los de la apertura, sentimientos comparables a los de quien accede,
por fin, a la comprensión de un cierto estado actual sobre el que ha intentado
pensar una y otra vez. Y me doy cuenta, mientras mis manos redactan lo que mi
conciencia aún no esclarece, que la lectura matinal de un reciente texto de Tintorelli opera como estímulo para decodificar mi sueño encriptado.
“Hemos traicionado”, insiste el recuerdo conuna claridad ajena a todo encierro, porque el tipo de condena a la que podría
dar lugar estas palabras se ve disminuida ante lo que conquistamos en el campo
del entendimiento sobre algunos interrogantes oscuros de nuestro presente. La
traición, me digo evocando otro pasaje claro de mi sueño, consiste en haber
vuelto a “poner en juego aquello que debía haberse ido”. Esta frase la recuerdo
casi textual. Algo de nosotros mismo, algo que habíamos identificado como
causante de la fase de barbarie social y política de las últimas décadas, había
sido conjurado con aquellos cantos rituales que repetían incansablemente “que
se vayan todos”. Ese todos no podía no alcanzarnos. Y por eso
podíamos rematar entonces gritando “que no quede ni uno solo” (de “ellos”, ni
de “nosotros”).
de aquel sueño —que no se cansa de interpretar aquellas consignas como
referidas sólo ese “ellos” (los “políticos”, o los “corruptos”, o los
“capitalistas”)— hemos accedido al fácil juego de la desilusión porque al final
“no se fue nadie” (o casi nadie). Pobre reflexión auto-expiatoria.
que lo que en vigilia soy capaz de reflexionar. Un monólogo capaz de aligerar
el peso de una inmersión en la vida política. El texto de mi sueño decía: hemos
vuelto a poner en juego eso que habíamos aprendido a dejar de lado, a
identificar como complicidad, miedo, cálculo o resignación ¿hemos asumido
nuevamente un retorno a las estructuras sensibles que el rechazo masivo y
público procuraba desterrar?
Revelación
“Después de leer este informe, me quedó un sabor amargo y la certeza de que existe un poder que está por encima de la primera magistratura. Desde hace décadas que existe un poder que intenta subordinar al Estado a sus intereses. Esto lo pude ver en todo el expediente. Lamento decirle a ese poder que no seré funcional a sus intereses”
(CFK sobre Papel Prensa, 25 de agosto 2010)
¡Lobo mete la cola!
Lobo comunero, Lobo comunacho
Miércoles. 18:30 hs. Escuela del barrio de Flores, Buenos Aires, Argentina (Lobo For Export). Reunión de vecinos convocados por el tema de las Comunas (Comunas remite al nuevo modo en que
Amigos en distinto grado de Lobo pululaban por el lugar. (Lobo es amigo de gente que no conoce, pero que su infalible olfato le permite, en segundos, estrechar una amistad anónima). Decían poco. Cruzaban miradas. Se preguntaban qué era exactamente lo que estaba pasando. ¿Cuáles eran los objetivos de cada quién? ¿Alguien se fue de allí con la sensación de objetivo cumplido? No es claro. ¿O la cosa funcionó y fue Lobo el que se fue con el gusto amargo en sus pezuñas? ¿O fue un boicot del que Lobo tuvo el papel de testigo ingenuo, pero necesario? ¿O fue un fracaso colectivo, uno más en los tanto a los que los deseos de vida colectiva nos tiene acostumbrados? Quizá nos encaminemos al suicidio social, lamenta Lobo. ¿No será mejor formar un partido de cuadros?
Rezos laicos
(1) No es que la discusión sobre el tipo de vigencia que tiene hoy la discusión sobre los años setentas sea insulsa en sí. Al contrario, creo que esos años siguen pesando sobre la conciencia de los vivos de modo decisivo y que sólo un nuevo tipo de relación con ese pasado nos podría sacar de tanta “pseudo-redención” benjaminiana al uso de cada quien, en pos de romper las dinámicas mas reactivas del impasse actual de lo político-emancipador.
La literatura de Borges vs. la literatura de Fogwill
Lecciones semanales de vida del Hermano Antonio
Hermanas y hermanos, vivimos tiempos aciagos, lo sabemos; tiempos en los que la palabra parece perder su peso, su densidad, su materialidad; tiempos en los que se estima posible que cualquiera diga cualquier cosa de cualquier modo, como si el efecto de verdad residiera más en el sonido del decir (y, así, en el aparecer diciendo) que en el sentido de lo dicho. Tomemos, hermanas y hermanos, un caso al azar.
¿Qué nos dice su cara, sus gestos, sus ojos? No dicen, pero es sabido, que en su temprana juventud, allá por marzo del ‘76, fue Director del efímero diario
El exilio neoyorquino devino en Máster en Relaciones Internacionales en
Pero, sobre todo, jamás desearía yo tener abajo, como asistente, como subordinado, a alguien capaz de decir (como en esta imagen), con su sola expresión, “dame quince minutos y un serrucho y sabés cómo te pido el cambio, no”. Infrapolítica // Diego Sztulwark
Esta política que ha vuelto no está asegurada ni ha logrado aún lo que nos proponemos, por eso hay que estar activos y atentos, de acuerdo, de acuerdo. Hay un piso mínimo: el programa de los años 80. Terminar de separar la paja del trigo en relación a la dictadura como un fenómeno militar, pero también civil. Destronar ciertas posiciones de privilegio que condicionan la democracia argentina. Muy de acuerdo.
Pero el asunto es difícil. Para alguien que se acostumbró a afirmarse pensando siempre en colectivo y a hablar en nombre de un “nosotros”, ¿cómo se resuelve esta tensión entre unos “amigos y compañeros” que se entusiasman con esta cara política, mientras que mi “yo” (flaquito e incapaz de ejercer su individualidad) queda del otro lado? ¿En quién confiar, en ellos o en mí? ¿Qué termino afirmar, el yo-flaquito o el colectivo que me es cada vez más ajeno? ¿Con ellos en la macro y conmigo y mis más próximos de los más próximos en la infra-política?
Podría ser de tu interés
Israel como modelo // Diego Sztulwark
A Paolo Virno, maestro en el artede detectar la contemporaneidadde lo no contemporáneo. El 4 de enero de 2009
Chau, querido Paolo // Diego Sztulwark
Avisan sus amigxs de Italia del fallecimiento de Paolo Virno. Para quienes lo conocimos, un gran gran tipo. Para quienes
Escribir en el caos. A propósito de El temblor de las ideas* // León Lewkowicz
Diego Sztulwark tuvo una idea temible: que yo tenía algo para decir sobre un libro que me gustó mucho y que
El fin de la diversidad (y otras buenas noticias)
Finalmente, entendemos que los compañeros confundidos de siempre insistan con que el neoliberalismo no ha terminado, que como en la Cuba pos-revolucionaria, permanezcan aristas del régimen anterior: ningún proceso de transformación aparece concluido en pocas mañanas. Pero digan lo digan y piensen lo que piensen, al nivel que venimos desarrollando no hay perpetuidad, no hay neoliberalismo. Esa discursividad chota, vacía, expropiadora, tendiente a enmarañar y a desarmar ya casi ha dejado de existir. Ya no se puede esconder, bajo ningún principio de tolerancia, el racismo que reaparece como reacción cotidiana al miedo ni detener, bajo ninguna idea de diversidad, las inquietantes manifestaciones de discriminación diseminadas por todo el tejido social. Porque quiérase o no, si se los mira de cerca, es esa su real dinámica social: tal como sospecha Daniel Molina del lenguaje políticamente correcto, esconden la realidad más que “mejorarla”, enmascaran los conflictos. Caperucita Roja en la guerra de las ondas
Entrevista a Diego Rauz
Domingo a la tarde, Diego Rauz, gerente de ventas de Tech-te-let, una exitosa micro-empresa de tecnología informática, atiende a Lobo en su despacho, entre algunas latas de cerveza y pelotitas de ping-pong. Mientras acaricia su larga y no del todo higiénica barba, Rauz habla pausado, sosegado, displicente… con un ritmo algo más lento de lo habitual… aletargado. Su mirada suele perderse en el horizonte, allí donde suele ir a buscar ideas geniales e innovadoras. Así, este introvertido profesional condujo a Tech-te-let al primer puesto en diseño y ventas de Tecnología informática menor a domicilio, un mercado que hoy su empresa domina a conveniencia. Con música electrónica de fondo, nos ofrece un almohadón para que nos pongamos cómodos, y mientras juguetea con una pelotita de goma ecológica anti-stress, comienza la charla…
![]() |
| Un agente de Tel-te-lech en plena gestación de una idea innovadora. |
![]() |
| Un agente en pleno proceso productivo |
DR: En mi caso, yo estudiaba en el colegio humanista alemán de Olivos, en el reconocido Zur kritikder hegelschen rechtsphilosophie, y a los 14 años me convocó Microsoft Argentina para una pasantía. Colaboré tres años con ellos, hasta que con un amigo se nos ocurrió la idea: armar un grupo en Facebook que se llamara “Yo quiero ayudar al Diego a que tenga su empresa”. No sé si porque los argentinos tienen una debilidad por el sinónimo local de Dios o porque el azar más puro así lo quiso, pero la gente se empezó a sumarse al grupo (en aquel momento, recuerdo, competía con aquel otro que se llamaba: “Echemos al hijo de puta de Posse del Ministerio de Educación”) y empezó a donar plata: que un peso, que un peso; que cinco pesos, cinco pesos; que alguien tradujo (nadie sabe quién) el nombre del grupo al inglés (“I want to help Diego to take their enterprise”); y pegó. Que un dólar, que otro dólar, que cien dólares. Aprovechamos y lo tradujimos al alemán (dado que era el idioma que teníamos a mano): “Ich möchte helfen Diego für Ihr Unternehmen treffen”. Y así durante un tiempo, corto, pero para cuando terminó, ya teníamos fundada la empresa y en funcionamiento. Y lo que vino después fue un torbellino de éxitos. En síntesis, como dice Osho, toda la verdad de la vida se reduce a una buena idea, a una sola. Después, el resto (cómo gestionarla, como mantenerla, como sacarle máximo provecho). Bueno, también, quizás, se requiera algo de suerte.
Revista ¿Todo Piola? Numero 7 Spot 1
Revista ¿Todo Piola? Numero 7 Spot 2
Entrevista a Fernando Moiguer
FM: Muchas cosas. Una es cómo las marcas procesen no Internet, sino entender que es una red. Que no pueden bajar de arriba, sino que son pares. Si una marca esta cerca de uno, no es oportunista ni agresiva, a la primera de cambio uno se sienta a tomar un café con la marca. Coca-Cola lo hace muy bien en general, pero hay categorías en las que no, la piña que se está comiendo en aguas saborizadas es extraordinaria.
Sacando la mierda de la escuela
![]() |
| Estudiante en su cotidianidad hiper-estimulada |
![]() |
| Estudiante en un evidente momento de sub-estimulación |
¿Cuánto soportamos por la puta guita?
En la actualidad el trabajo no es “el ordenador social” principal de nuestra vida y de nuestro tiempo. El trabajo no nos otorga una identidad social relevante. No somos metalúrgicos, mecánicos, choferes… Está claro que no es el medio para acceder al reconocimiento social. Hoy en día se reconocen otros signos (como los del consumo: las llantas caras, el próximo-nuevo celular, el auto de las publicidades.). El sacrificio del “gil trabajador” ya no encandila, sino las habilidades del que “la hizo bien”.
Hay algo implícito y hasta obvio que requieren de nosotros y que no aparece como condición visible en el currículum. Hay un currículum oculto del pibe y la piba: se trata de sus formas de vida, de las subjetividades, los saberes y la información que portamos para habitar y movernos en los territorios actuales.Para cadetear la calle en moto, en bici, o a pata hay que bancarse miles de quilombos e imprevistos. Por eso las empresas requieren de tipos curtidos. Buscan tipos que la aguanten, que aprovechen todo su saber y experiencia callejera para desplazarse por la ciudad. Si hay que hacer cincuenta trámites en cinco horas, entonces… a desplegar estrategias. Ahí surge la solidaridad y la red. Vos bancas en una de las filas, mientras el otro te está bancando en aquella a vos. Pegás onda con las cajeras y cajeros, para ser más eficaz. Vas a mil por las calles. Y ante cualquier quilombo saltamos todos. Sabemos quiénes están en tal esquina y quiénes en la otra. Todo esto forma parte del currículum oculto. A todo eso se lo valora y se lo pone a trabajar. Todo eso es lo que termina volviendo difusos los límites entre trabajo y no-trabajo.
Siempre está el peligro de que seamos nosotros mismos los que nos exprimimos, convirtiéndonos en auto-empresas que gestionan cada vez más trámites para hacer unos pesitos extras, por ejemplo. ¿Cuánto valen las caídas, choques y muertes, por estar recorriendo la ciudad a las chapas? ¿Cuándo nos ponemos como combustibles de esta sociedad precaria y cuándo estamos creando zonas de libertad?


















































