Anarquía Coronada

Author

lobosuel - page 109

lobosuel has 5989 articles published.

Tres preguntas al Colectivo Juguetes Perdidos // Revista Nuevos Trapos

Hace tiempo que, a través de textos y entrevistas, vienen insistiendo en la necesidad de volver la mirada hacia los “modos de vida”. De hecho -señalaban hace poco- el escenario social frente al que nos encontramos hoy es el resultado de una “derrota vital antes que (macro)política”. Queríamos arrancar preguntándoles qué entienden por modos de vida y qué es lo que se abre cuando se piensa en esos términos.
Hablamos de una derrota existencial, o derrota vital, “antes” que macropolítica, o como condición para que ésta suceda. Falta de inyección vital, experimentaciones frustradas, cierres de las posibilidades al interior de cada vida… eran algunas señales que aparecieron los últimos años que hablaban de un enfriamiento vital, caldo de cultivo (junto a otras dinámicas) del actual escenario político y social. Empezar a pensar (y pararse ante lo que pasa) por este lado, nos saca de un plano puramente ideológico, de “toma de posiciones”, de posturas que cierran bien a un nivel discursivo o imaginario, o de principios, pero que poco entran en juego con la vida, con las maneras de vivir, con el hábito, con los afectos, con las alianzas vitales que vas tejiendo, con las disputas efectivas en las que estás metido (disputas no sólo a nivel material, económico, político, de relaciones de fuerza, sino también disputas a nivel de la intensidad, de las ganas, de cómo valorizás tu vida).
Ponemos el acento en los modos de vida o ritmos vitales, en los pulsos, que son siempre singulares de cada modo de vivir, de transitar la ciudad, los laburos, la noche, las fiestas, de gestionar, crear o producir espacios colectivos, de ampliar el campo de posibilidades, de las alianzas posibles… ponemos el acento ahí porque creemos que un lenguaje político que no nace desde esos pulsos o que no los tiene en cuenta radicalmente, ya nace castrado, sin potencia. Es poner el acento también en un montón de dinámicas que muchas veces no son catalogadas como “Políticas” pero que en definitiva son un terreno de disputa primordial. Ahí no sólo nace sino que se despliega toda política, toda politicidad. Una disputa o una discusión a los “poderes” (en un barrio, en un laburo, en una pareja, en una institución) que no tenga en cuenta este plano sensible y de intensidades en realidad no discute nada. Vale aclarar que todo esto (obviamente no descubrimos nada) lo fuimos pensando y poniendo en juego en este espacio colectivo que es Juguetes Perdidos, pensando primero, hace varios años, problemas más generacionales por así decir (como Cromañón, el rock, la violencia policial, la ciudad) y más recientemente al embarcarnos en una investigación concreta en algunos barrios, junto a pibes y pibas, para pensar el tema de la violencia, los modos de vida en los barrios, la precariedad (investigación que derivó en el libro Quién lleva la gorra).
Ahora, volviendo a este nivel de la discusión, el “análisis de coyuntura” se pone más complejo, más difícil de hacer. Porque no sólo implica el análisis más “físico” (es decir, en términos de “movimiento”, relaciones de fuerzas como si fueran “piezas” en un tablero, avances y retrocesos, repliegues, etc.) sino que te mete de lleno en un análisis que podemos llamar como más “químico”, donde aparecen otro tipo de ritmos, de combustiones, de materialidad, de velocidades. ¿Cómo pensar la Coyuntura Política teniendo en cuenta los pedidos de tranquilidad en un barrio, el tema de los interiores estallados, de las vidas que se mantienen en un equilibrio precario (donde cualquier roce puede derivar en un quilombo)?. La idea, por supuesto, no es reproducir un binarismo onda “lo micro y lo macro”, sino ver cómo funciona el “continuum”, las continuidades, el movimiento entero en el que se inscriben las vidas. ¿Cómo pensar el consumo o el tema del trabajo desde esta perspectiva, poniéndolo en serie con esas otras instancias (con el vecindario como “rejunte”, con el engorramiento, con los bajones y la vida loca, con las tensiones que los pibes le meten hoy a la vida barrial, etc…)?.
En este sentido (y también para salir de la disyuntiva entre lo micro y lo macro, y más bien ver cómo es la conexión), después de las elecciones hablamos del devenir voto de la vida mula. “Vida mula” (como le llamamos a ese continuo que incluye laburar, pero también engorrarse, también consumir, también sostener un rejunte o mantener a flote un cotidiano) que requirió y requiere mucha energía para funcionar. Es meter energía para llegar al fin de día, y no es algo metafórico. La precariedad no es un estado de crisis, o un trasfondo de crisis, sino que es campo de juego, es la constante de todos los elementos que se necesitan para vivir, para hacer andar ese continuum. Por eso decimos que es una “precariedad totalitaria”. Y es desde ahí que salen los pedidos de tranquilidad, como es desde ahí que se da una disputa por la intensidad en un barrio o en la ciudad entera (así como los desbordes de esas disputas), que son en definitiva disputas entre distintos “realismos” o modos de vivir. No se entiende el macrismo sin este suelo, sin estas discusiones y disputas que se vienen dando sin tregua desde hace varios largos años en barrios que han mutado desde el 2001 o 2003 para acá.
Pensemos la gobernabilidad desde acá. Las estructuras medianamente firmes (el aparato productivo, el aparato estatal, la imagen del Trabajo que nucleaba toda subjetividad, la idea de comunidad o de barrio) ya habían sido destruidas desde diferentes cañones. Lo que se armaron entones fueron un montón de experimentos, redes momentáneas que te sostenían del precipicio (más guita, más trabajo, más programas sociales, culturales, de justicia, más derechos, más consumo). Redes que requirieron, en muchos casos, de muchos de nuestros saberes generacionales, como también de energía-pibe (en los laburos, en el consumo). Pero, ¿qué preguntas políticas discutieron en aquel momento la precariedad entendida como totalitaria desde un lugar concreto? ¿Qué pensamiento y agite político se activó desde esas redes y desplazamientos? Cuerpos colgados del bondi, carnavales de consumo, rejuntes de amores o sanguíneos, o virtuales; laburos por puta guita; gestos gorreros que cifraban de alguna manera los necesarios desbordes de aquel continuo diario. En cada elemento del continuo se daba la discusión por la intensidad y la energía anímica, para que ese elemento no sea sólo una instancia más. Y entonces el consumo podía ser derroche, fiesta, experimentación de a muchos; y el trabajo, calle tomada de motoqueros y cadetes; y una institución-galpón podía devenir un aguantadero de pibes chorros; y el municipio cuartel de manzaneras, vagancia, intelectuales y cumbieros.
¿Qué pasó a nivel de esa disputa entre realismos, esa disputa por la intensidad? ¿Qué pasó con la energía y el continuum? ¿Qué pasó con el engorramiento, con el consumo? cada vez menos fiesta popular y más resguardo de los pequeños rejuntes, más combustión para esos interiores estallados, más como impulso de enfriar lo conseguido cueste lo que cueste. Ese tipo de mutaciones son “previas”, o mejor dicho, están más acá y más allá de la cuestión ideológica, del voto, de la Política con mayúsculas, y poner la mirada (y la mira) en ellas, activar, ponerse a investigar, a tejer alianzas, salir a ver qué pasa, es una manera de “salir de la coyuntura” que tanto aplasta, así como también ponerle carne a la noción de modos de vida que puede sonar muy bien pero que siempre tiene que ser puesta en juego en movimientos y desplazamientos concretos.
Lo que llamamos derecha aparece entonces como un tipo de percepción sedimentada en afectos y hábitos que se manifiestan en el día a día de la vida cotidiana ¿Se desarrollaron también elementos que cuestionaran esta derechización de los afectos, esta “vida mula”?
Si, y de hecho, si nos situamos en los encuentros con los pibes en los talleres que armamos, en la investigación que derivó en el libro, primero nos encontramos con esos cuestionamientos, con los rajes, las preguntas e interrupciones a la vida mula, al realismo vecinal, y luego recién con todo lo otro… incluso eso otro podía no estar mencionado explícitamente. El raje primero es raje, es despliegue de una fuerza, de un modo de vida, y “luego” es crítica a cierto orden. Nos parece importante empezar primero por el raje, porque te obliga en un punto a suspender ciertos automatismos y sobre todo te obliga a un cambio en el plano de la percepción. Si empezamos por el lado de la vida mula, el continuum, la precariedad totalitaria, los destinos asignados socialmente para la mayoría de los pibes y pibas por ejemplo… es muy probable que los “cuestionamientos” aparezcan como a la defensiva, y ya jueguen en una cancha inclinada, marcada por esa mirada desde el orden… O quizás no tanto los rajes o cuestionamientos en sí, pero sí la percepción, el encasillamiento que podés hacer: si primero armás el “mapa” de la derechización de los afectos, los límites, el orden barrial… el riesgo es que vayas a buscar lo que desborda ese mapa ya asumiendo ciertos supuestos, ya armando un sistema de expectativas de cómo debería ser la crítica o el desborde de esos límites, qué niveles de eficacia pueden o tienen que tener, cómo deben desplegarse. Todo un sistema de valoraciones o una programática que puede ser medio cerrada.
Por otro lado, vale aclarar que las movidas que nosotros señalamos como “cortes” al continuo, las movidas que al desplegarse desarman esa cadena aceitada que es la vida mula, son movidas y agites siempre ambiguos, oscuros, filosos… que desbordan cualquier oposición fácil (derecha-izquierda, libertad-sometimiento, orden-desorden). En primer lugar porque son movidas que tienen a la intensidad como materia prima, y la intensidad es amoral. La fiesta, la “vida loca”, el consumo (por tirar algunas imágenes de posibles cortes a la vida mula) pueden contemplar también cierto muleo, pueden tener elementos autodestructivos, jerarquías. En la posibilidad de experimentar de otro modo la ciudad, el barrio, lo laboral, la noche, en la apuesta por encadenar de otra manera los afectos, los hábitos, hay riesgo, hay cuerpos implicados y por ende hay violencias por desatar, hay rapacidad.
Nosotros esos “cortes” al contínuo, esos rajes que son una discusión al modo de vida “oficial” por así decirlo, a los destinos pre-asignados, a los consensos (consensos alrededor del consumo, del trabajo, la intensidad, los valores…), los vinculamos a lo “silvestre”, que es una imagen que salió del encuentro con los pibes y pibas con los que armábamos los talleres.
Lo silvestre, o mejor dicho el “silvestrismo” como fuerza, como intensidad, que atraviesa a los pibes pero no sólo a ellos, tiene algo de desbaratador por tratarse de una perspectiva que nació al margen de las imágenes de la crisis y del orden que se iban acomodando en la “década ganada”; imágenes, movidas, agites, modos de vida que nacieron como vegetación silvestre en medio de barrios que estaban mutando, donde circulaba más guita, más consumo, rebusques, otros circuitos… y que surfeaban la precariedad y lidiaban de otra manera con el vacío (a veces desconociéndolo, a veces desafiándolo). Lo silvestre como intensidad hace otro cálculo sobre la precariedad-consumo-derroche-trabajo, arma otra serie (o intenta armar otra serie) con esos elementos, desbaratando ciertos moldes y moviéndose de otra manera ante el precipicio. Sobre todo esquivando imágenes reactivas. Como por ejemplo al habitar el terreno del consumo sin caer en la lógica del engorrarse. O al saltar de roles y no quedando enganchado en lugares, no morfándose de ciertas imágenes de lo que es el laburo, el futuro, la guita, etc. Ni hablar de las imágenes políticas, por más que “los pibes” hayan sido convocados desde los discursos políticos (así como desde el mercado). Es que el silvestrismo lo entendemos como una fuerza que atraviesa a los pibes, no como los pibes mismos como sujetos.
Esto para nosotros reabrió la discusión por la política y la politicidad, por el tema de la percepción y los lenguajes. El agite, lejos de ser una fuerza noventosa (sí podría serlo quizás el “aguante”, pero no el agite) es una fuerza de negación pero también una fuerza vital ambigua, inaudible desde cierto lenguaje político reconocido. Un lenguaje, y también toda una “pedagogía” política, que quedó descolocada sobre todo en las últimas elecciones pero que ya venía afónica para describir e intervenir durante toda la “década ganada” (en cuanto a cómo pararse ante un montón de conflictividades, en cuanto a cómo leer ciertas dinámicas en los barrios, cómo imaginar formas organizativas, etc.). Sobre todo un lenguaje y unas imágenes que no lograban entrar en diálogo y discutir la “precariedad totalitaria”, que para nosotros es clave para entender los nuevos barrios, y que está como trasfondo, como suelo. Y obviamente todas estas preguntas, imágenes, encuentros, alianzas posibles, son fundamentales para nosotros mismos, para nuestras propias vidas, para alimentar nuestros propios rajes, para encarar y complejizar la pregunta por la posibilidad de una vida política, de una adultez pilla, para meterle preguntas (y agite) a la época.
¿Creen que en el amplio campo de lo que llamamos la izquierda existe la voluntad de dar una disputa real contra el engorramiento y la vida mula?
El tema, en este sentido, es poder perforar las capas de obviedad, tanto las que propone el gobierno, la “coyuntura”, como las que se crea o recrea la propia izquierda o como dicen ustedes el amplio campo de lo que llamamos la izquierda. Hoy hay un montón de cuestiones que mantienen la “discusión” y la voluntad en un plano de lucha ideológica, reproduciendo un escenario que se aleja de las prácticas concretas y las posibilidades reales de disputar sensiblemente, por ejemplo, el tema del engorramiento o la vida mula, que son algunos de los elementos sensibles que sostienen la gobernabilidad macrista.
Mucha militancia pareció revivir en estos meses de macrismo. Y revivir un montón de imágenes, categorías, cierto activismo (y hasta cierta “alegría” vinculada al nuevo escenario) que requieren para funcionar, sintetizar discusiones, limar complejidades, aplanar muchos de los problemas. Volver por ejemplo a la noción de pueblo vs. gobierno, derecha/izquierda, a la conflictividad clásica (junto a las marchas, las asambleas) pero sin vincularlas a las conflictividades barriales de los últimos años, a los rejuntes, a las violencias domésticas, a las discusiones en torno a la tranquilidad, lo anímico, los quilombos en torno al consumo, la transa, los rebusques, y un largo etcétera… no vincular con todo eso es, como mínimo, reducir el campo de posibilidades y de eficacia de cualquier movida. Lo mismo respecto a desconocer las frustadas movidas que se encararon en los últimos años, a las politizaciones y experimentaciones que se ensayaron, los distintos agites.
Además, la gobernabilidad macrista no pega en un solo frente. Por un lado, está la sobresaturación de medidas concretas con fuertes resonancias mediáticas, que convocan al “otro lado de la grieta” para mantener el juego político en el plano de la obviedad; y medidas que son claramente neoliberales, antipopulares, corte dictadura. Pero por otro lado, es una gobernabilidad que trae consigo una coronación gorrera, un micro-revanchismo generalizado, que entra en diálogo con la precariedad totalitaria explotando en los cuerpos. Y es este último frente el que mantiene en realidad el aliento y el consenso del macrismo, posibilitando no solo la efectividad del otro plano, sino coronando una serie de movimientos por abajo que se vienen cocinando desde hace mucho tiempo… ¿Cómo funcionan sino los pequeños jefes-mulos que ahora con euforia aparecen en cada laburo, gozando de la revancha y el verdugueo? ¿Cómo funciona el securitismo sin la masiva incorporación de los barrios en las policías locales? A lo largo de un año se incorporaron miles de pibes y pibas a la policía local, y despidieron a muchos trabajadores sociales –muchos de clases media– que andaban en los barrios. ¿No habla eso de la disputa por los realismos, por lo que pasa o no en los barrios? ¿No fue esa disputa por lo que pasaba o no en los barrios una derrota, sensible y bien concreta, previa a estas medidas?
Obviamente que hay que discutir el “ajuste”, pero preguntándose también por el enfriamiento de la propia vida; discutir la violencia institucional o los protocolos de seguridad, pero no dejar pasar la violencia del quién lleva la gorra; hay que ver también qué son hoy los “rejuntes”, qué es un barrio, en vez de apelar a una imagen de lo que queremos o imaginamos que es; discutir el laburo a fondo además de pelear porque no haya despidos. Y entender qué significan todas estas disputas al interior de la precariedad, que va cortando la ciudad y los barrios en distintos segmentos y que no es igual para todos.
En este sentido, ¿da la izquierda un disputa en este plano de la vida mula? ¿Lo da realmente en alguno de los dos frentes? Quizás sería mejor pensar desde acá qué tipos de politicidades se crean. Sino las disputas se pueden volver medio abstractas o retóricas, si no parten de los rajes, o si no muerden esos márgenes en donde se caldean los rajes, esos espacios –físicos, pero sobre todo subjetivos, anímicos, afectivos, sensibles– en donde se dan las disputas actuales por la intensidad, en donde se ponen en juego las preguntas a la vida barrial, a la vida mula, a la normalidad (pero una normalidad no exenta de agite y movilización de la vida, una normalidad en la precariedad).
http://www.nuevostrapos.com.ar/

Conspiraciones contra la banalidad // Vero Gago

¿De qué hablan Barack Obama y Mauricio Macri cuando hablan de Derechos Humanos? ¿Son los sitios de memoria las tumbas de desaparecidos y desaparecidas como arriesgó el presidente de Estados Unidos? La Ex Esma, como sitio emblemático está expuesta a ser el lugar donde se lave de sentido el terror como maquinaria de aplicación de un sistema económico. Conspirar contra eso es la tarea.
1.
El nuevo gobierno no va a desarmar la ex ESMA, el mayor ex centro clandestino del país. Tal vez se proponga algo más efectivo: producir un tipo de desplazamiento neutralizador. Mejor dicho: banal.
Hay una hipótesis política en juego: que la ex ESMA se convierta en un campus de organismos internacionales que hacen de los derechos humanos una ideología global al mejor estilo ONG.
Sin embargo, hacer una operación de banalización no es sencillo. Exige trabajar con elementos de la realidad para alinearlos con un profundo deseo de orden y de pacificación (la clave es la idea de protocolo). La banalización sería así la manera más práctica de rasurar todas las espesuras, tensiones y complejidades que los derechos humanos fueron forjando en Argentina pero de una manera que no es, como se tiene a veces el reflejo de pensar, por medio de la clausura directa.
Esta hipótesis se discute con una escena inaugural de relevancia también global y que hace al núcleo del asunto: la visita de Barack Obama a la Argentina y el debate sobre su paso por el ex centro clandestino. La presencia del presidente norteamericano (vaya o no a la ex Esma o al Parque de la Memoria, finalmente el debate ya se abrió) redobla la efectividad de la conversión, ya que ésta proviene de una ambigüedad que habría que registrar: a la vez que banaliza, es capaz, tal vez, de satisfacer la expectativa de reconocimiento estatal e internacional del genocidio. El gesto de desclasificación de archivos que prometen al unísono Estados Unidos y el Vaticano van en este sentido. El punto es complejo porque traza una suerte de continuidad con un reconocimiento en que el Estado se empeñó hace años y que no sería simplemente desconocido ni suspendido. Ahora, los derechos humanos devienen marca global, y un capital político de integración al orden mundial.
El contrapunto con tal uso de los derechos humanos, sin embargo, no depende tanto de los elencos de los gobiernos (¿algunos tendrían más derecho a usarlos o evocarlos que otros?), sino de una genealogía anterior, de la cual proviene su fuerza y su criterio de lucha más allá del reconocimiento gubernamental. En Argentina, los derechos humanos se construyeron en la historia reciente siempre como experiencia en tensión: entre la bandera de lucha y la victimización, registrando sus combates y dilemas internos, anudándose siempre con un afuera que los corre una y otra vez de un confín predeterminado. Constituyeron así un campo de batalla para las luchas en democracia, aliándose con reclamos e injusticias que iban más allá de la dictadura, más allá de las militancias orgánicas y, durante muchos años, más allá del Estado.
Su inscripción espacial en lo que podría convertirse en una suerte de parque temático de la corrección política internacional tendría un efecto de despolitización perdurable: aplanar tal excepcionalidad, esa que hizo que en Argentina los derechos humanos se nutran de una prosa militante, se conjuguen con combates callejeros capaces de hacer de la democracia algo más que un conjunto de procedimientos formales. Los derechos humanos como un humanitarismo edulcorado y discurso legítimo apto para la escena internacional devienen así sólo un archivo de víctimas.

2.

El segundo punto es que esa modalidad de los derechos humanos los vuelve compatibles con dos políticas-discursos que no lo eran: la seguridad y la lucha contra el narcotráfico. En la medida en que lo que organiza y estructura es una agenda de tipo global, esa combinación se hace no sólo posible sino altamente funcional, al punto que conecta anti-terrorismo con intervención humanitaria colonial, lavado de dinero con economía popular, etc. Y termina anudada en el horizonte de los tratados de libre comercio denominados de segunda generación (no es el regreso, simple y llano, al Consenso de Washington). En esta escena debe inscribirse también iniciativas empresariales locales que, junto a Interpol y Google Maps, acaban de lanzar el sitio www.argentinailegal.com para la denuncia anónima de manteros, ferias “saladitas”, trabajadores “clandestinos”, etc.
La restauración es novedosa justamente en su producción de banalidad. El código que circula y aceita la suba de precios y de tarifas, los recortes y despidos, pero también una larga continuidad de criminalización en los barrios más populares (¿hay que recordar quién fue el ministro de seguridad de la provincia de Buenos Aires los últimos años?) tiene tres puntos: la gestión empresarial (de la vida en su conjunto), la seguridad policial (como gestión de un orden que también es para-estatal) y la fe en el futuro (los vectores transversales de la última campaña electoral de todos los candidatos).

3.

La ex ESMA es emblemática porque funcionando como campo de concentración no dejó de poner de relieve su palabra escuela –exponía una pedagogía-, porque pasó a la historia por su ensañamiento especial sobre el cuerpo de las mujeres –como maternidad clandestina y mecanismo de apropiación de hijxs (hay que recordar que el Tigre Acosta la denominaba “su Sardá”)– y porque funcionaba como oficina de prensa –con pretensiones de dar contenido al proyecto político de Massera con mano de trabajo verdaderamente esclava. Tres líneas (la educación, el cuerpo femenino, la producción de información) que siguen siendo claves de todo dispositivo de poder que se construye por el terror.
Algunas mujeres que pasaron por allí le dieron un nombre específico: ese infierno. Pilar Calveiro fue la más precisa para trazar la fisonomía del poder desaparecedor y sus delirios soberanos y religiosos de los militares a cargo: tenían “la pretensión de ser dioses” (y, claro, curas que los bendecían). Pero también a la hora de sintetizar la fuerza de la resistencia en las peores condiciones: “Desde el momento en que el secuestrado conspira, su vida cambia, comienza a pertenecer a algo distinto del campo y opuesto a él desde adentro”.
Desde su “recuperación” (en el 2004), la ex ESMA fue objeto de muchas polémicas. Museográficas, espaciales, arquitectónicas, políticas, artísticas. ¿Qué significa ocuparla? ¿Cómo un espacio que aun es prueba judicial podría ser intervenido? ¿Qué modos de estar ahí son a la vez compatibles con una memoria viva y una sacralidad impuesta por el espesor dramático de su historia? ¿No es más fuerte su vacío que su conversión en museo? ¿Qué engranaje de la memoria urbana colectiva se guarda en esos edificios a los que hoy balconean grandes torres de departamentos y que estuvo, como predio, siempre emplazado en medio de la ciudad?
Pero porque primero se hizo justicia popular en los barrios de la ciudad, como se conquistó con los recorridos de los escraches y los mapas que sacaban de la impunidad a los genocidas gracias a la investigación independiente de vecinxs y organizaciones sociales, es que se llegó a lugares como la ex ESMA con cierta noción cartográfica. Una trama de luchas, consignas y apropiaciones del espacio hacía posible, al menos, abrir espacios del horror al debate público.

4.

La banalización reconduce todo a una especie de escena pacificada. Como el Nunca más a la violencia de Macri en la apertura de las sesiones parlamentarias o como se puede ver en el Facebook de Rodríguez Larreta, que promociona un video sobre el Parque de la Memoria, con música y sol, diciendo: “En la franja costera del Río de la Plata hay un parque muy grande dedicado a las Víctimas del Terrorismo de Estado. Es un lugar para conmemorar a todos los desaparecidos por la represión estatal y para que aquellas generaciones que no lo vivieron conozcan su historia”. Mucho más eficaz, de nuevo, que las polémicas al estilo Marcelo Birmajer que se queja en el diario Clarín de las intervenciones artísticas en ese predio para, en el fondo, argumentar que las organizaciones armadas eran organizaciones criminales.
Mientras el Parque de la Memoria o la ex Esma pueden ser integrados al paisaje global de los derechos humanos, se cierra sin dudar el área de derechos humanos del Banco Central, a cargo de investigar la conexión y la responsabilidad de empresas y civiles en los juicios de lesa humanidad como engranajes concretos de articulación entre capital financiero, negocios públicos y privados y control social, ayer y hoy.
¿Qué es lo que en la ex ESMA se intenta neutralizar y banalizar? Lo que allí se ve como maquinaria: el uso del terror como fundamento político de la concentración económica pasada, presente y futura. Una fecha como el 24 de marzo no es un simple recuerdo de las víctimas. Es un modo de denuncia y de producción de inteligibilidad social para las continuidades recurrentes entre violencia y explotación, entre seguridad y criminalización de la pobreza y la protesta, entre normalización de la diferencia y miedo difuso. Lo que pasará en la ex ESMA excede sus muros. Concentra un drama mayor que no puede resolverse en otro lado que no sea en las calles. Conspirar es la clave.

(Fuente: Revista Emergente)

No olvidamos: A 10 años del incendio del taller textil de Viale

La economía popular y migrante frente al desafío de una nueva época

El incendio del taller textil de la calle Luis Viale pasó hace diez años. Recién ahora está por comenzar el juicio. Lo que da cuenta de una relación perversa: la posibilidad de justicia es deliberadamente demorada. Los vericuetos de los tribunales son estratégicos cuando se trata de justicia para los pobres. Los verdaderos responsables empresarios ni siquiera figuran como imputados. Las acusaciones recaen sobre los eslabones intermedios: los talleristas.
Quienes quedan una y otra vez ocultos son las y los trabajadorxs costureros que quedaron atrapados en el incendio, efecto de las condiciones híper precarias de trabajo. A pesar que se dice que vivían en el taller porque así lo mandan “sus usos y costumbres” (ese modo racista de decir que los migrantes son incomprensibles e irracionales), leyendo los testimonios ellxs dicen claro que no les quedó otra opción que vivir en su lugar de trabajo porque no cobraban lo suficiente para alquilar una vivienda. Incluso quienes empezaron alquilando, al no recibir en tiempo y forma sus salarios, debieron abandonar su aspiración de tener una casa por fuera del hacinamiento del taller.
Viale no fue una excepción. Pero sí puso en evidencia lo que se quería mantener encerrado: una economía textil pujante que se benefició de una mano de obra popular y migrante. Se volvió rentables a esos trabajadores jóvenes venidos de Bolivia a costa de mantenerlos en un guetto, de explotar sus sueños de progreso y de boicotear sus intentos de fugar del taller como única opción. Se construyó así un modo de trabajo sumergido que benefició a empresarios argentinos y marcas internacionales con la complicidad de dirigentes de la comunidad que explotaron a su modo también ese encierro.
El incendio del taller de la calle Páez el año pasado volvió a recordarnos Viale. Sólo que casi una década después se pudo responder con asambleas multitudinarias a la ofensiva mediática y empresarial que volvía a responsabilizar a los trabajadorxs y a recordarles que ellos sólo podían nombrarse como esclavos.
Sabemos que estamos ahora ante un gobierno donde las patronales tienen todas las de ganar. El sector textil no es menor: está en el negocio del mismísimo matrimonio presidencial (Fiat & Awada). Estamos presenciando en varias fábricas asambleas y conflictos. La amenaza es clara: se dice a lxs empleados que si no se trabaja más duro y más barato, las importaciones chinas harán que cierren las fábricas (ya las prendas de Nike y Adidas salen con este apriete empresario, por ejemplo). El ajuste y la inflación harán lo suyo en la propia dinámica de la economía popular: engrosarán sus filas nuevos desocupados mientras alguna parte logra reconvertirse a la importación y comercialización y otra debe recurrir a nuevas redes si no quiere regalar su producción (como ya está pasando con los productores de frutas y verduras).
Estamos frente a un desafío por la novedad de la época que vivimos. Una vez más, convocamos a movilizarnos, difundir y organizarnos. Porque No Olvidamos. Porque exigimos justicia. Porque la economía popular y migrante construye un modo de vida digno frente a las renovadas formas de explotación y miedo.
30 de marzo: concentración y marcha a partir de las 17 hs. en Donato Álvarez y Gaona.
18 de abril: inicio del juicio oral en Tribunales (Talcahuano 500)
Observatorio del Trabajo Sumergido / Cazona de Flores

La gorra coronada 3: Los Anti todo // Colectivo Juguetes Perdidos


Un gobierno de los trabajadores

Los Movimientos de Trabajadores Ocupados o la VidaMula pusieron un Presidente. “¿Por qué no reacciona el pueblo al ajuste?”, “¿por qué tanta pasividad?”, “¡el consumo para todos provocó este giro a la derecha de la sociedad!”… Interrogantes y enunciados que hablan más de un sistema de expectativas Políticas extemporáneo –y de un lenguaje deshabitado hace rato de cuerpos y deseos sociales– que de lo que realmentesucede; el pueblo lucha y está híper-movilizado, los nuevos barrios están mutando constantemente (nada más lejano a las imágenes de quietud), si todo no estaría híper-movilizado y en continuo desplazamiento y tensión no hubiera ganado Cambiemos. La Vida Mula implica beneficios con lucha permanente; lucha por sostener las vidas sobre la línea de flotación de la precariedad totalitaria; luchitas pequeñas de todos los meses, de todos los días, de cada mañana, de cada regreso al hogar estallado, luchitas que van cansando a los cuerpos, luchitas imperceptibles para cierto lenguaje político, pero luchitas que insumen cantidades inmensas de combustible psico-físico, luchitas por gestionar los rejuntes (en el barrio, en la familia, en el laburo), luchitas (muchas) con el engorrarse como actividad fundante para sostener ciertos umbrales de consumo y, sobre todo, de tranquilidad…
Anti-todo

Antifiesta vos sos, tenés nuevo apodo, en la aldea te gritan, ¡Anti todo!” 
(Mijail Bajtin)

La sensibilidad y la liturgia gorrera llegaron al Palacio. La gorra coronada: expresión Política de una sensibilidad que venía operando desde hace un largo tiempo capilarmente en los barrios y en la ciudad. Lagorra coronada es ahora la que publicita por arriba la “revancha”; ese espíritu que una vez gobierno “vuelve” por abajo (habilitado y recargado), se mete en cada recoveco de la vida social, en cada esquina de los nuevos barrios, en los verdugueos laborales, en las conversaciones y hábitos cotidianos… Retorna renovado, como un boomerang, retroalimentando y avivando giles y también surfeando una sensibilidad gorruda cada vez más extensa y sólida (por puro encarnamiento…). Como si las llamaradas se extendieran crecidas hacia los lugares en donde se inició hace rato la combustión. Luz verde y vía libre para el engorrarse, para los vecinos en banda, para la policía y la gendarmería (que se sienten como en “sus mejores épocas”, con más guita, más estado de excepción para sus movidas), para los jefes y patrones, para los corazones ortivas que andan sueltos por la ciudad, para los Anti-todo

Aunque la fuerza anti-todo no es propiedad exclusiva de los votantes de Macri, Cambiemos capturó estas fuerzas (lo vemos en estos meses de gobierno…) y armó una alianza de clases. Una alianza sucia, anti-fiesta, racista, gorruda… busca desalojar cualquier fiesta, cerrar cualquier punto de fuga o instancia que le meta preguntas al continuo de la vida mula. Por eso la alianza se da entre una fuerza barrial –el realismo vecinal, que quiere acallar el ruido de lo silvestre, el ruido de cualquier desborde, aunque eso pueda significar menos laburo, menos guita, menos derechos en el propio barrio (por esto es que no se trata de una fuerzaconservadora sencillamente: es una fuerza que dinamita incluso sus propias condiciones de vida)– y una fuerza de una vida de ciudad –cada vez más agilada y refugiada– que se veía desbordaba cada vez más en intensidad por las dinámicas barriales.

Esa alianza de fuerzas encontró en las imágenes de la vagancia, los ñoquis, los mantenidos, (demonios que ya circulaban socialmente) la excusa para barrer (o intentar hacerlo) las imágenes de desborde.

Al ajuste hay que sincronizarlo con este plano de disputa; complejizar de qué está hecho y sobre qué opera, sin dar por sentado lo que depara, y sin presumir que este traerá una reprobación social sencillamente. ¿Cómo se conecta el ajuste con estas fuerzas anti-todo barriales? ¿Cómo se acomodan los nuevos barrios con menos guita, menos trabajo, menos espacios, etc.?

Es desde acá también que se entiende como “el ajuste” es el epílogo de un consumo sin vitalidad, es su corolario: el enfriamiento de la economía tiene éxito si viene precedido de un enfriamiento de la vitalidad, de la intensidad que se ligaba al consumo; las políticas de enfriamiento no caen sobre cuerpos calientes por el consumo. Si así fuese no hubiera sido posible “extirpar” o recortar capacidad de consumo. Durante la década ganada el consumo implicó toda una gestión cotidiana de las fuerzas vitales; mística, energía, aguante, rebusque, agite, pero también engorramiento (“hay que sostener con el cuerpo lo que se compra con las cuotas”). El agotamiento del “modelo” vino primero en esa dimensión subjetiva, anímica, incluso antes que material… Antes de la brutal transferencia de ingresos económicos, existió una transferencia de energías sociales: del consumo exacerbado hacia el engorramiento, el muleo a secas y la tranquilidad “cueste lo que cueste”.

La fuerza Anti-todo, por otro lado, se armó de dinámicas que iban en contra de las experimentaciones que se abrieron en los últimos años. Si el kirchernismo fue también la posibilidad de un dejar hacer, de habilitar o dejar crecer (incluso a su pesar) espacios en donde podía convivir lo heterogéneo (se vio y se sigue viendo por ejemplo con muchos espacios laborales “estatales”: verdaderos nodos-rejuntes de funcionarios y militantes, empleados, mulos sin más, vagancia, cumbieros, barras, intelectuales, estudiantes, todos precarizados, sí, pero todos ahí experimentando –o con la posibilidad de hacerlo– qué onda, explorando posibles, o “simplemente” desagotando –y deshabitando– el Estado de lógicas estatales…). Si el kirchernismo fue también ese dejar hacer, decíamos, el anti-todo también se nutre de fuerzas que salieron expulsadas de esas dinámicas, de sensibilidades y prácticas concretas que no lograban pasar por esos espacios del dejar hacer, y que al rebotar (en un laburo, en un barrio, en una fiesta barrial, en una movilización social), se refugiaban moralizando o criminalizando esos terrenos (“aguantadores de vagos, mantenidos, delincuentes…”).

Desde esa sensibilidad reactiva y gorruda, desde esa posición de refugiado se armaron y se arman combos aleatorios que incluyen pequeños o grandes odios: pibes que van escuchando cumbia en el bondi, una bandita que la agita a la madrugada, unas pibas que van a cobrar la asignación familiar, un par de cooperativistas, una yegua que grita por la televisión… lo importante no son las imágenes del combo, sino la posición defensiva: Anti-todo.

Consenso macrista y micro-revanchismo

El revanchismo, como la alianza de fuerzas, se alimenta de dos fuentes. Por abajo, con la sensibilidad gorrera que se incubó en los nuevos barrios y que cada vez deviene más ciudad (los linchamientos en las grandes ciudades, reacciones que aparecen ante cualquier imagen de agite que circule en plena ciudad de Buenos Aires, el cinismo de los pequeños jefes emprendedores verdugueando y marcando una nueva cancha…). Todas estas escenas hablan de prácticas concretas moldeadas en los nuevos barrios, y que puestas enserie expresan la sensibilidad gorrera sobre la que surfean. Lo dicho: la gorra coronada intensifica esta sensibilidad previa,haciéndola aún más disponible en la cotidianidad, mas a mano para cualquiera… El macrismo no inventó esta sensibilidad, pero sí la leyó como una oportunidad de hacer máquina con un modo de vivir y una subjetividad cada vez más hambrienta… Esta es la segunda entrada: desde arriba el revanchismo se amplifica y legítima el engorrarse, y ese “plus”publicitario lo hace aún más fuerte. El engorrarse, y el revanchismo de los anti-todo son profundamente políticos (como lo es la Vida Mula).

En este sentido es que la gobernabilidad macrista pareciera hablar más el lenguaje de los nuevos barrios, del continuo de la vida mula (y los rajes y escapes a este dispositivo), de las disputas de realismos (el realismo vecinal versus el realismo pillo), de las “nuevas conflictividades sociales”… que el lenguaje Político reconocido. La disputa con el macrismo sólo en el plano del lenguaje Político reconocido (ciertas prácticas, demandas, banderas, modos, historia, categorías…) instala un plano de obviedad del que es difícil salir y que es poco productivo para dar una disputa real.

La obviedad refuerza lo evidente de un gobierno de derecha con movimientos propios de una dictadura: ajuste, despidos,endeudamiento, transferencia de ingresos a los grandes grupos económicos, criminalización de la protesta y persecución política a los militantes, avance contra las políticas de derechos humanos, etc… Pero si la “discusión” se mantiene en ese plano, lo que se arma es un escenario (“la coyuntura, la coyuntura”) que se aleja de las prácticas concretas y las posibilidades reales de disputar sensiblemente una gobernabilidad política inédita.

Por otro lado, el realismo de la obviedad (que arma un “consenso militante” antimacrista), recompone discursivamente un plano pre-kirchnerista de discusiones, imágenes, politicidades que corre el riesgo de quedar “histeriqueando” con ese realismo –y alimentándolo– y no meterse con el hecho que Cambiemos opera bajo otras condiciones y con otros elementos: no es solo marketing político y/o derecha pura y dura: Cambiemos se alimentó, se curtió y se recargó con todo un nivel político que no era leído como tal por gran parte de la militancia de los últimos largos años… Si el macrismo no es la continuidad del kirchnerismo, sí se incuba en los silenciados y oscurecidos (por una percepción Política ciega…) reversos de la década ganada. El macrismo es la expresión política del subsuelo de la patria muleada y engorrada.

De nuevo; el macrismo parece más una “clausura estatal” (y un revanchismo) no hacia –o no solo– el kirchnerismo como máquina política, sino más bien anti todo lo que en definitiva se le escapaba al kirchernismo, todo que lo que fugaba y que el kirchnerismo no llegaba a capturar, o que mordía a medias, o que habilitaba en ocasiones… en fin, todo lo que el kirchnerismo (o “la época”) dejaba hacer.

La gobernabilidad macrista –más allá de intenciones o planes– anuló esos espacios de libertad donde proliferaban–incluso de modo silvestre– “nuevos derechos”, consumos irritantes para la sociedad blanca onegra blanqueada (“tienen tres aires y cobran los planes sociales,no laburan”), nuevas formas de vivir la calle… (no es menor el nivel de celebración y las ganas de las fuerzas de seguridad de salir a verduguear).

Es en esos “ahí” a los que nos referimos, en esos márgenes en donde se caldeaban las fugas, en donde se amasaban rajes imprevistos o no, pero en donde había un desierto de ciertas lógicas reactivas,donde pega con eficacia la nueva racionalidad de los Ceos. Y claro, para copar esos espacios –físicos, pero sobre todo subjetivos, anímicos, afectivos, sensibles– la alianza innata del macrismo es con el realismo vecinal y las fuerzas Anti-todo que ya estaban en guerra abierta contra esas intensidades; una guerra por normalidad pero una normalidad no exenta de agite y movilización de la vida, una normalidad en la precariedad; y una guerra que obviamente era alimentada también por arriba por el kirchnerismo, con sus lemas “paz social es igual a consumo”, con los operativos centinela y cinturón sur, con el desembarco de la gendarmería en los barrios periféricos, etcétera.

La disputa…

Ajuste, inflación y precariedad totalitaria de fondo (con sus diferentes estratificaciones); protocolos para reprimir protestas social y nuevas economías de la violencia barrial (gatillar fácil, nuevas violencias entre las banditas); emergencia en Seguridad y engorramiento previo y vecinos gorrudos; despidos y verdugueo laboral y Vida Mula; terror económico y terror anímico; estallidos sociales e implosiones (anímicas, vitales, barriales, hogareñas,silenciosas);asambleas y protestas sociales y rajes y alianzas insólitas; cuadros políticos y silvestrismo en todas sus formas (en los pibes y pibas, en los adultos piolas, en los militantes); organización y disidencia Política y agite permanente y ásperas preguntas a las propias formas de vida(esas preguntas que incomodan, que molestan, preguntas a la adultez agilada, a la comodidad organizada, a la verdadera quietud, la de los refugiados y mulos, las de los cínicos…); reuniones “políticas” a plena luz del sol y encuentros azarosos y embriagados en lo profundo de la noche; pensar la Política y vivir vidas políticas; marchar por despidos o por mantener los laburos y movernos permanentemente para no ser mulos; investigaciones sobre la vida de los otros e investigaciones a la propia vida (propia no por personal, propia por apropiación de las afecciones a las que estamos expuestos, propia por tomar la vida como índice de verdad y de experimentación… siempre antes de impugnar las vidas populares preguntarse ¿cómo vivo yo?); esperar helicópteros y disturbios en la Plaza de Mayo y pensar de forma urgente los quilombos y las violencias silenciosas que ocurren todos los días

El intento de reponer el viejo antagonismo, la testadurez –que no es arbitrariedad– de reponer un lenguaje reconocido borra los “y”. Con la fuerza de lo inexorable, las sutilezas y las complejidades son barridas del nuevo escenario Político (y esto sucede por derecha y por izquierda). Nuevamente se refuerza el cierre por arriba, la clausura molar (por arriba no significa únicamente desde el gobierno, sino apuntando y sincronizando lo quede “molar” tiene cada vida, cada cabeza, cada pensamiento, cada acción). Cierre por arriba y desaparece todo un mundo químico, amoral, abierto, barroso, ambivalente… difícil de percibir, pero real. La derrota quizás no es solo la política de Cambiemos conquistando todo, la derrota es estar discutiendo todo el tiempo en un campo abstracto, representacional, ideológico,un campo sin grietas posibles, en donde solo queda tomar posición y disentir pero sin morder problemas reales (aunque haya que atragantarse).

La alianza silvestre

La única manera de salir de la coyuntura es salir de la coyuntura, moverse (movete dejá de joder...). Hay que activar, investigar, agitar, armar alianzas. La apuesta de siempre: la alianza con lo silvestre –no necesariamente con los pibes silvestres–, con las fuerzas silvestres (rapaces, intratables, incodificables, amorales, difusas, festivas…) que circulan inquietando –con diferentes grados de intensidad– a la sociedad mula en lo más profundo de la sensibildad social que la parió, porque no se trata sólo de defender puestos de trabajo, niveles de consumo, espacios de libertad militantes; la lucha es por valorizar la vida de otra modo, la pregunta –más“fisiológica”, urgente, vital que ideológica o Política– es cómo armar una serie existencial distinta a la que propone la Vida Mula (nuestro rechazo al macrismo es antes que político o ideológicosensible; odiamos su propuesta de Vida…). Alianza entonces con las fuerzas e intensidades que se desatan por ahí, en algún agite cualquiera y anónimo (no se puede hablar de agite sin agitarla, palabra mágica entonces; una palabra para drogar un texto y ponerle a caminar manija…) Alianza que amplifique el ruido del agite de lo silvestre. Alianza negra, barrosa, amoral, insólita, ambigua para contrarrestar al ejército de gorrudos que toma el país. Alianzas con lo que late –e inaugura otros posibles– en cada raje, en cada movida. Alianza para no quedarse en el molde de las pasiones tristes –el enfriamiento existencial y la falta de vitalidad no es exclusiva de los seguidores de Cambiemos–. Alianza con disputas y experimentaciones, fallidas o no, en esos espacios difusos donde se juegan las continuidades y las fugas de la Vida Mula. Alianza con lo silvestre en los pibes, pero también alianza con todos los portadores del virus. Alianza con los pequeños y grandes acontecimientos que tiran intensidades a la atmósfera (que las derrochan con ganas…). Alianza con lo quesiempre va a volver (lo silvestre siempre está volviendo). Alianza para empujar todos los recipientes que están colmados y a punto de derramar.

Macri Gato blanco
La gorra coronada y los anti-todo no nos gobiernan
Arriba la vagancia
Fuente: http://colectivojuguetesperdidos.blogspot.com.ar/

Entender los atentados de Bruselas // Juan Domingo Sánchez Stop

«Partamos de un principio : nada de lo que hagan los hombres es ininteligible. Decir : « no entiendo», « nunca lo entenderé », «no lo puedo entender », es siempre una derrota. No hay que dejar nada en el registro de lo impensable. La tarea del pensamiento, si queremos poder, entre otras cosas, oponernos a lo que se declara impensable, es pensarlo. Naturalmente, existen conductas absolutamente irracionales, criminales, patológicas, pero todas ellas son para el pensamiento objetos como los demás, que no dejan al pensamiento en el abandono o en la incapacidad de dar cuenta de ellos. La declaración de lo impensable es siempre una derrota del pensamiento y la derrota del pensamiento es siempre, precisamente, la victoria de los comportamientos irracionales y criminales.»  (Alain Badiou, Notre mal vient de plus loin )
1. El materialismo es un pensamiento de lo concreto, un pensamiento que rechaza la abstracción y busca siempre superarla. No se contenta con la contemplación de los efectos y busca siempre las causas, pero entre las causas no acepta tampoco una causa líneal, una causa simple: no solo afirma el materialismo que una cosa debe conocerse por sus causas, sino que estas causas son siempre complejas. El agua hierve a 100 grados, pero solo en determinadas condiciones de presión, un grave cae con una aceleración uniforme, pero solo si ello ocurre en el vacío, esto es en un complejísimo dispositivo que crea el vacío a su alrededor y que instituye una complejidad no menor que la del resto de las condiciones naturales. Lo mismo ocurre con las cosas humanas: todas dependen de formas complejas de causalidad que, entre otras cosas, implican la propia acción de los individuos. De ahí que no baste nunca para el materialismo, ni en general para un racionalismo riguroso, designar el «sujeto» de una acción, decir: «ha sido este o aquél». La imputación de un acto a un sujeto es una operación común del derecho y la moral, con la cual se determina y se supone la responsabilidad del individuo respecto de sus actos. La imputación jurídica o moral solo sirve para juzgar o condenar a un individuo por una falta, estableciendo un vínculo simple entre un sujeto y «su» acto. Para lo que no sirve es para entender el acto. Afirmar que «X es autor del acto A», no me informa sobre el acto ni sobre sus causas, pues reduce todas las causas del acto a una sola, la libertad de X como sujeto. Conocemos así la relación entre un acto y su agente, pero ese conocimiento es abstracto, pues ignoramos las condiciones del acto, el conjunto de causas que concurrieron a que este tuviese lugar.
2. En el caso de los atentados de Bruselas suele afirmarse que existe en ellos una responsabilidad por parte de sus autores inmediatos, pero que también es responsable el «entorno» de estos sujetos. En este caso, la comunidad musulmana. Esta idea parece respaldada por el hecho de que los distintos autores de los atentados pertenecen a esta comunidad y de que a ella pertenecen también los colaboradores necesarios. También se insiste en que el rasgo ideológico común a los miembros de esa comunidad, el Islam, ofrecería una motivación suficiente para la perpetración de los atentados, pues el Corán incitaría unívocamente a la violencia contra los no creyentes. Esto es olvidar toda una serie de importantes condiciones que rodean los atentados y los sitúan en la historia real y no en la eternidad vacía de la relación entre una conciencia humana, un acto y unas motivaciones ideales.
3. Entre las cosas que se olvidan, está por ejemplo, la inscripción de estos actos en una relación neocolonial entre los países del centro capitalista y la mayoría de los países de la periferia árabo-musulmana. Esta relación en ningún lugar es más patente que en los países sometidos a ocupación, desde Palestina hasta Afganistán o Iraq, o a intervención militar como Siria, Libia o, indirectamente (a través del «aliado» saudí), el Yemen. Esta relación colonial con el mundo árabe se prolonga en el interior de las metrópolis europeas, en países como Francia o Bélgica que acogen en condiciones de relativa exclusión y marginación a importantes comunidades inmigrantes procedentes en su mayoría de Argelia o de Marruecos, antiguas posesiones coloniales francesas. Bélgica no fue directamente potencia colonial en estos territorios, pero a través de la común francofonía, se ve asociada en esta relación con Francia. Como ha afirmado recientemente Pierre Joxe, antiguo ministro del interior y de defensa en gobiernos socialistas franceses, es imposible comprender lo que ha pasado en París o lo que ha ocurrido en Bruselas sin atender a este pasado y este presente coloniales. «Hoy vivimos -sostiene Joxe- crisis que están acompañadas de ciertas imágenes de guerra, e incluso de guerra colonial. Cuando ve usted que se emplean soldados para montar guardia ante las estaciones, o se contempla habilitar unidades militares para abrir fuego en operaciones de policía, que hay estudios realizados para ver en qué medida unas operaciones de mantenimiento de la paz en medio urbano podrían inspirarse de las operaciones de mantenimiento de la paz en medio extranjero, hay motivos para inquietarse. Sobre todo si las reflexiones sobre los orígenes sociales del terrorismo se reprimen, casi se prohíben, con declaraciones alucinantes como «Explicar es ya querer disculpar.» » Por otra parte, atendiendo a las motivaciones de los sujetos que realizaron los atentados, tampoco puede tomarse al Islam como una motivación simple e unívoca, pues el texto religioso musulmán comparte con los demás textos religiosos una inmensa ambigüedad que llega en numerosos casos a la contradicción, invitando como la Biblia, tanto a la guerra contra los enemigos de la fe, como a la paz, al amor y a la tolerancia.
4. El colonialismo actual actúa bajo la forma de la independencia y la soberanía de los Estados y no ya en el marco de una dependencia directa de un territorio extraeuropeo respeto de una potencia europea o, en general, occidental. La larga retahíla de déspotas y dictadores que las insurrecciones árabes pretendían destronar es la forma política de esta dominación. Su forma económica es el control por empresas occidentales o por mercados controlados por los occidentales de las materias primas y productos agrícolas de estos países. La dictadura y el despotismo facilitan la extracción de riqueza desde los territorios coloniales. En algunos casos, no es ni siquiera necesario que exista un régimen político estable, pues los negocios pueden perfectamente adaptarse a las condiciones de una guerra civil abierta o larvada como ocurre en el Este del Congo o en Iraq o Siria. En estos países se considera suficiente que no exista un gobierno potencialmente hostil, lo cual queda garantizado por la perpetuación de la guerra civil. La ocupación y destrucción política y social de Iraq y, posteriormente de Siria, ha supuesto la liquidación como sujetos políticos de los dos únicos Estados árabes capaces de hacer frente al baluarte de la dominación colonial occidental en el Oriente Medio que representa Israel. El restablecimiento en Egipto de una brutal dictadura militar tras un breve episodio democrático obedece a la misma finalidad.
5. Dado que las intervenciones en países como Iraq o Siria son de sobra conocidas, como lo son también sus efectos de destrucción material material, moral y política de sus sociedades, baste decir que, igual que las bombas norteamericanas sobre Camboya produjeron a los Jemeres Rojos, las bombas sobre Iraq y el bloqueo de la insurrección democrática Siria por fuerzas oscurantistas y criminales ha terminado por generar el monstruo llamado Estado Islámico. Sin embargo, el Estado Islámico (o Daesh según sus irreverentes siglas en árabe), solo puede operar en los países occidentales si tiene bases de apoyo. Estas bases de apoyo se las proporcionan los espacios de exclusión, marginación social y racismo antiárabe y antimusulmán, los mismos espacios en los que se reclutó a miles de voluntarios para combatir junto a Daesh en Siria. El racismo como relación social es el caldo de cultivo de los terroristas.
6. El racismo se dice de muchas maneras. Hay un racismo de clase como el que describe Owens en Chavs, pero hay también racismos coloniales, inherentes al propio orden colonial. Son distintos. El racismo de clase no disputa el control de un territorio o de toda una sociedad, impone brutalmente un poder social en la misma sociedad. El racismo colonial puede ser exterminista, el social discriminador y excluyente. El racismo colonial extrema la lógica del poder soberano, pone al orden del día el poder de dar la muerte. El racismo social toma como modelo otra discriminación, la sexual, dando al trabajador, al chav, caracteres que la retórica patriarcal atribuía a las mujeres: falta de inteligencia, pulsionalidad, sensiblería de mal gusto…El racismo social es la ideología de una exclusión interna, homóloga a la de la mujer, una exclusión que no puede acabar en exterminio. El racismo colonial, en cambio, se presenta en la periferia como exterminismo, como liquidación violenta de poblaciones mediante el bombardeo, las ejecuciones masivas, las deportacions, las hambrunas etc. El racismo colonial en su dimensión metropolitana es una exclusión interna figurada en modelos como el gueto, la banlieue, el bantustán o el propio campo de concentración. En cualquier caso, todos los racismos tienen una característica común: no tienen como punto de partida una supuesta «raza» preexistente, sino que construyen la raza a partir de los mecanismos de la exclusión, como un efecto secundario de estos. Los japoneses, en la Sudáfrica del apartheid, eran…blancos. El racismo de Daesh, en su inmensa brutalidad, reproduce con justificaciones ideológicas propias, el racismo colonial y su perspectiva exterminista. Pretende ser su espejo. Por eso no es posible ningún diálogo ni negociación con esta gente, del mismo modo que los iraquíes jamás pudieron dialogar con sus brutales ocupantes norteamericanos.
7. Quien afirma, por otra parte, que los atentados de Bruselas son producto del Islam está afirmando que un texto ideológico contradictorio, como todos los textos religiosos, inspira una sola línea de conducta. Lo cual es imposible. Como pueden derivarse del Islam líneas de conducta variadísimas, igual que el cristianismo ha producido la Inquisición pero también al padre Damián o la teología de la liberación, habrá que buscar la explicación de los atentados fuera del texto ideológico. Ningún texto ideológico se explica por sí mismo, a diferencia de un texto científico, pues la ideología es producto de la imaginación, no de la razón o del concepto. Un enunciado ideológico solo se explica por una causalidad exterior. En el caso de los atentados yihadistas, la ideología debe considerarse como un aspecto dependiente de otras prácticas, las cuales, a su vez se explican por las condiciones concretas de existencia de sus agentes, en concreto, las condiciones políticas y sociales. La miseria y la violencia colonial son factores determinantes que crean en el caso del yihadismo un caldo de cultivo para otras formas de violencia: la delincuencia, las pandas, la quema de coches o el terrorismo…. Estas se expresan, en las distintas comunidades, a través de sus significantes ideológicos propios. En la comunidad musulmana, a través de una variante sectaria y herética del Islam.
8. Solo cabe acabar con el caldo de cultivo que hace posible esta violencia especular de Daesh y sus bases sociales occidentales, poniendo fin en primer lugar a la guerra colonial y a los bombardeos que afectan a la población civil, desmantelando en el pleno respeto de la legalidad democrática las redes armadas existentes en la metrópoli, cortando los circuitos de financiación de esas redes, pero sobre todo acabando con su caldo de cultivo social en los espacios coloniales internos (guetos, «banlieues» y demás zonas de exclusión) y externos a Europa (espacios coloniales clásicos como Irak, Siria, Libia, etc..). Hay que acabar urgentemente con la exclusión dentro de nuestras sociedades y con la mirada racista y xenófoba que la acompaña, doblemente racista en el caso de las comunidades procedentes de los espacios coloniales. Hay que acabar con la miseria, el analfabetismo masivo y el despotismo político en los países árabes, como reclamaban hace cuatro larguísimos años las «revoluciones árabes». Esto requiere a su vez que se modifique radicalmente el sentido de la redistribución de la riqueza en nuestras sociedades, que se acabe con el parasitismo del capital financiero propio del ciclo neoliberal.
Sin esto, seguiremos intentando curar la enfermedad atacando solo lo que es un síntoma, pues no se soluciona mediante bombardeos, injusticias y tiranías un mal causado por los bombardeos, las injusticias y las tiranías.

http://iohannesmaurus.blogspot.com.ar/

Un día para los humanos derechos // Lucas Paulinovich

La disolución del campo socialdemócrata, asumido como protagonista de la recuperación republicana, héroes cívicos, se asienta sobre la base de una épica de la renuncia. Fin de la dictadura, fin de la violencia. Fines de ciclo para abrir nuevas oportunidades democráticas: la derecha careta propone la recuperación de los valores democráticos del ’83 como forma última de capitalización del factor radical. Ya lo vemos en las editorializaciones, los pedidos por la memoria completa, la construcción lenta y programada del romance del buen ciudadano, los justos valores de la resignación y los provechos de la servidumbre. Es el rechazo a toda forma de violencia expuesta, la consagración del orden consensual. Un sistema político encabezado por expertos capaces de gestionar los asuntos de estado para evitar desastres. Esa es la disyuntiva compleja: buitres o ajuste peor. Lo común, negado, en manos de una oligarquía dirigente ligada al capital financiero internacional, seguidos por especialistas que aportan fundamento científico y periodistas e intelectuales que dan legitimidad pública.
Ya no es útil el componente institucionalista –de toda institucionalidad, que excede el registro de institucionalidad jurídico-política tradicional del radicalismo-. Son tiempos de modernización. El gobierno se propone como la posibilidad definitiva de lograr el paso hacia la sociedad libre. La necesidad histórica del libre mercado. Una sociedad de iguales, donde todos pueden comprar y vender. Nuevos paraísos neoliberales, sin los viejos límites al poder del mercado, sin otra noción institucional. Ya pasó eso de la familia, la patria, la escuela, las religiones. Ahora es un régimen de extracción, eficiencia y rentabilidad, búsquedas del rendimiento. Hay un sinceramiento: la ley no es del papel, es la materia desconcretizada, la dinámica del mercado. La transformación del oprimido en exprimido, consumo sin política, capitalismo sin discursos sofocantes, música ambiente de shoppings.    
La visita de Obama tiene algo más que provocación. Es parte de una fijación de gobernabilidad que desplaza lo político como elemento principal. El capitalismo arrasador de la producción extractiva llevado a programa de gobierno. Ya vendrán los tiempos de las transiciones, la oferta de matices entre candidatos. Ahora es necesario sentar las bases para hacer progreso, un imperativo que castiga a aquellos que no-se-dejan-progresar. Una cifra esencial que codifica todo lo humano. El humanismo universalista, que borra las particularidades, es una adición en la instrumentación de la crisis. El orden es logística, la administración de las estructuras que capturan y organizan el movimiento de la vida. Cuestión de tiempos, costos y proyecciones. No hay materia, sino destellos: lo humano es un detalle. El estado está ahí para procesar la adecuación a la normalidad.
La llegada de Obama es la reconfiguración de la Argentina como referente regional de un orden subordinado al occidente. Pero también una confirmación de la nueva época en las instancias vitales, la instalación de un código de compatibilización, un espacio de conectividad sin obstáculos que permita la circulación fluida. La encuestología, la ciencia de la imagen, las redes sociales, el estudio de mercado como fuente primordial del saber político. Saber reproductivo e inteligencia artificial, cuerpos-territorios de tecnología, modos de tramitar los conflictos sin que estallen, licuación. Hasta acá llegaron las pasiones revanchistas, en adelante, es tarea de la adultez prudente de la justicia. Los derechos humanos reducidos al decisionismo ejecutivo: dar sentencia. Para eso están los jueces, que saben, son justos, leen e interpretan con precisión las leyes y hacen política como si no la hicieran.  
Los derechos humanos son aquellos que se dan en la interface del mercado financiero. Una tentativa de libre disponibilidad, marcos de inteligibilidad y estabilidad para las operaciones a futuro. Las apuestas financieras, único momento de incertidumbre. Todo lo que queda por fuera es objeto para la acción disciplinante, promesa de previsibilidad y seguridad. Formas amigables de asumir el riesgo, estados de ánimo ansiosos por un porvenir de premios.    
La refundación de la Argentina sobre la catástrofe-que-no-fue tiene que superar sus limitaciones concretas. La primera: la plaza del 9 de diciembre, despedida histórica de un presidente. La segunda: el estado de la economía recibida. Otra: la mayor movilización y los focos de resistencia –más allá de su efectividad-. Pero no hay solo una justificación, sino una narrativa política que va por toda la realidad: la pesada herencia obliga al entusiasmo, la toma de decisiones, la determinación de embarcarse en la “aventura personal”. Un nuevo humanismo, en definitiva. El pasado perverso dejó sus lastres: retóricas setentistas, hijos reivindicando la violencia de sus padres, combatividad, nociones de lo público basadas en el gasto, el vaciamiento de reservas, vagos y mantenidos. Pero no hubo estallido.
La apertura de sesiones del Congreso necesitó del binomio apocalipsis-salvación. Contener adhesiones, retener las voluntades que votaron y empiezan a padecer los efectos de las medidas de gobierno. La “unidad de los argentinos” solo es sostenible ante un temor mayor, nuclear, un riesgo letal que aqueja la vida de todos. El ajuste es necesario. El terror está activo, introyectado, son los usos de la inseguridad, valor agregado del terror.   
Eso impone algunos desafíos para la autoayuda, sabiduría inaugural de nuevos pactos. El entusiasmo promovido por sus gurúes como respuesta al pesimismo crítico de las izquierdas. La de la alegría es una revolución en sí misma, sin historia. Trabajar-consumir entre iguales, para eso también es necesaria la limpieza. Ahí están los ídolos de la entrega para cumplir con sus objetivos, tomar las medidas rituales para provocar la “lluvia de dólares”. Pero el clima no ayuda, las contradicciones internas al bloque exportador, las presiones de los grupos concentrados que integran el equipo de gobierno, impiden la sana transición a la libertad. El arreglo con los buitres, entonces, es una epopeya necesaria para inspirar confianza y atraer inversiones, préstamos y liquidación de divisas. Buitres y Obama, dibujos de la Argentina en ciernes: estado moderno que recibe al más moderno de los presidentes, que ahora se dispone a abrir los archivos y hasta condena el terrorismo. La reorganización institucional sigue esa temporalidad de la emergencia: protocolos represivos y audacia empresarial, un orientalismo Pro de optimismo resignado. 
Terrorismo importado
La memoria pierde consistencia, es una atrofia de la experiencia, se dijo, en este caso funciona. Produce un aplanamiento de las sensibilidades, genera clientelas sin poder crítico: no preguntar sobre categorías y esquemas de pensamiento, hay una plataforma racional incuestionable, un fondo humano común y homogéneo, la unidimensionalidad perceptiva. Lo humano es postergar la pregunta sobre lo humano, aceptar la humillación.
Se gesta así un humanismo universalista que conmemora desde el gobierno de los aliados de la dictadura, las atrocidades cometidas por ésta. Una censura moral sobre la violencia, un establecimiento, a su vez, de límites y condiciones para ejercer la libertad. La memoria del golpe de estado tiene esas características de descontextualización, desarticulación, fragmentación. La equivalencia, reaseguro de la competitividad: todos se comportaron mal, todos mataron, cada cual elige con quién se compadece. Es un recuerdo fugaz, un consumo rápido y estandarizado del pasado. Enseguida termina y ya llega el 25, hay que seguir el rumbo nuevo.
El conflicto constitutivo del orden social queda negado. La avanzada humanista identifica los nuevos focos problemáticos, los que conservan la violencia. Desentrama: hay sujetos conflictivos y otros que viven y trabajan en paz, deseando la paz, sufriendo sus alteraciones. Los individuos democráticos, entonces, son esos que aspiran a la igualdad, una igualdad para el intercambio estable de mercancías. El triunfo del mercado en todas las relaciones humanas. La condena a las violencias del pasado, la reformulación de los dos demonios, tiene un activo presente: promueve el efecto moral que habilite la sanción a los que rompen las reglas. El estado es un generador de soluciones, no de problemas. El reparto de lo vital se continúa con esas arquitecturas: la oficina, donde se gestiona; el after office, donde se toma algo –un trago, un bar, el cuerpo femenino-. Futuros-productos, accesibles, promisorios, a la vez que exigentes, mercadotecnia vital. Hay que ganarlos, no derrochar energías, ponerlas al servicio del crecimiento, de la mejora, más, más y más. Momentos de tensión y distención, vértigo y euforia en las descargas. Gobernanza de los tecnoduros. Algo de eso se deja ver en la publicitada mutación de la ideología a la sensología, donde gobiernan las emociones y sensaciones fugaces. 
Las teorías de los cercos
La incapacidad del gobierno kirchnerista de romper el condicionamiento de la producción extractiva, desviar el tránsito hacia la reprimarización de la economía y alterar el perfil agroexportador, no impidió el avance del extractivismo hacia todos los espacios de la vida social. La financierización y el estímulo al consumo facilitaron la puesta a punto de las sensibilidades mansas del no-me-importa, la fertilización del en-algo-andará y otras renovaciones de las fórmulas de sometimiento y aceptación que fueron superficie para el despliegue del poder represivo militar. Los civiles del golpe llegan al poder antes que se juzgue su participación. La culpabilidad estructural es el punto máximo, no se puede indagar más allá, en lo inconfesable.  
Ahora los dueños del lavarropa están a cargo del control del lavado, el estado es el facilitador del juego, estado croupier. Quita obstáculos, desmonta, desmaleza: prepara las condiciones para la circulación rápida y eficiente del capital. La planificación –en el plano de la producción, pero también de las subjetividades- es extractiva: zonificación de acuerdo a las posibilidades de abastecimiento; especialización productiva: cada sector produce lo suyo y todo sale por el mismo puerto; concentración de las cadenas; dependencias recíprocas, jerárquicas, descendentes. La normalidad debe ser custodiada.  
El agite, los pibes, la vida en los barrios, los que traen el terror, son los contestatarios a esa proyección infinita del dinero. La nueva política encuentra su nueva subversión. Es una precipitación, presencia maligna que se inaugura a sí misma como experiencia. No tiene reproducción hacia adelante, actúa, ejecuta su fuerza. Es pura intensidad que se libera del sometimiento del futuro. No quieren modernizarse. No tienen, tampoco, origen, creencia, nada que lo contenga y pueda amoldarlo. Solo fiesta y ritmo, dispersión. Fue un problema para las lógicas de protección estatal y seguridad social, son una amenaza para la reconversión tecnicista del estado. No encajan en los programas militantes, menos en los cálculos tecnocráticos. Siempre orilleros, imprevisibles, desafiantes, amenazadores, desplegándose, saliéndose de los roles asignados, revoltosos. Hacia ellos apuntan los derechos humanos en forma de armas reglamentarias, pistolas taser, operativos policiales. Son los actores principales del terrorismo de importación, los objetivos de la seguridad democrática.    
¿Cómo hacer para procesar la conflictividad por fuera de una enunciación violenta, expulsiva, que asusta a los templados, sin dejar de reconocer la condición de violentados, sin caer en la destilería de la alegría, en las frases lavadas que tienden a vaciar los contenidos conflictivos, a mostrarlos como predisposiciones anímicas, diferencias fácilmente solucionables en el plano del diálogo armonioso? Hay que enfrentar la desmaterialización del conflicto social, las nuevas políticas de la memoria, estos otros derechos humanos. Indagar la manera de recuperar el fondo material del conflicto sin caer en las herramientas que nos asistieron hasta ahora y que exhibieron su fracaso, explorando otros lenguajes, saltando las conceptualizaciones modélicas, las poses acostumbradas, los guiños de complicidad entre pares, dejando a un lado la persuasión del argumento, o dotándolo de otras manifestaciones, irradiaciones que calen en el nivel de los afectos, que los cuerpos se vean conmovidos por esa violencia latente de la deshistorización, exigidos por esa obscenidad de lo hueco que deviene silenciadora. Porque, en definitiva, esta banalización de la crueldad, el cinismo de los mejores, es una gran violencia ejercida contra las mayorías, y la no resolución de eso, puede desembocar en la violencia más descarnada, seguramente, cuando se agote la paz-ciencia.

Clinâmen: 10 años del incendio del taller textil de Luis Viale

En el hecho murieron seis personas, cinco de ellos menores de edad. El incendio visibilizó el entramado precario que sostiene a gran parte de la industria textil en Argentina. Mañana habrá una marcha desde Donato Álvarez y Gaona hasta Luis Viale 1269, donde funcionaba el taller. El 19 de abril comenzará el juicio oral y público por la causa.

En esta mesa de Clinamen, participan Juan Vázquez, del Colectivo Simbiosis Cultural, y Gabriela Carpinetti, abogada de los talleristas que perdieron a sus dos hijos por otro incendio en la calle Páez.

Escuchar acá

CAMPAÑA NACIONAL CONTRA LAS DETENCIONES ARBITRARIAS // CORREPI

Compañeros:

En el marco del implacable avance del ajuste, el saqueo y la represión impuestos por el gobierno de Mauricio Macri y sus aliados, viene cobrando particular importancia el fortalecimiento y ampliación de las facultades policiales –y de las demás fuerzas de seguridad- para detener personas arbitrariamente.

En todo el país, y muy particularmente en la ciudad y provincia de Buenos Aires, las fuerzas han recibido directivas para usar a fondo todas las herramientas existentes para interceptar, pedir documentos, requisar y detener personas en cualquier momento y lugar (averiguación de antecedentes o detención para identificar, faltas y contravenciones, etc.), en una escalada que incluye bendiciones judiciales, como el fallo de principios de enero del Tribunal Superior de la CABA, o el posterior de la Corte que habilitó el uso de las picanas portátiles Taser.

La sucesión de denuncias de hechos concretos que han circulado en las últimas semanas en redes sociales y medios de comunicación popular permite medir la gravedad de la situación, que pone a cualquiera, especialmente los más jóvenes y los trabajadores, en una permanente situación de “libertad vigilada”, con la posibilidad de ser parados, requisados, golpeados y detenidos en cualquier esquina.

Es por eso que desde CORREPI convocamos a todas las organizaciones, compañeros y compañeras a lanzar en conjunto una gran campaña nacional contra las detenciones arbitrarias, que permita visibilizar la situación, y motorice la organización popular contra estas herramientas represivas que buscan de forma directa el control social.

Nos parece que el momento para el lanzamiento de la campaña es el próximo mes de abril, cuando se estén cumpliendo 25 años de la detención, tortura y muerte de Walter Bulacio. Fue a partir de ese asesinato policial que, por primera vez después del fin de la dictadura, el movimiento estudiantil, juvenil y político se movilizó masivamente bajo la bandera de la lucha contra las detenciones arbitrarias, y el nombre de Walter quedó ineludiblemente unido a su denuncia y a la necesidad de organizarnos para defendernos.

Por eso proponemos lanzar la Campaña en simultáneo con el aniversario, con dos actividades centrales en la ciudad de Buenos Aires (conferencia de prensa para anunciarla, y marcha de Congreso a Plaza de Mayo el viernes 22 de abril) y todas las que puedan gestarse en el resto del país.

Porque el sistema de detenciones arbitrarias, además afectar nuestra libertad, es la puerta de entrada a la tortura, y también nos cuesta vidas. Más de la mitad de los muertos en comisarías, desde 1983 a hoy, estaban detenidos por una contravención o “para identificar”.

Cuando denunciamos la práctica sistemática de las detenciones arbitrarias no estamos simplemente defendiendo el derecho a caminar tranquilo por la calle. Es, sobre todo, la defensa de nuestra vida y de la de nuestros pibes.

Por eso convocamos a todas las organizaciones, compañeros y compañeras que no quieren vivir en libertad vigilada, a construir una Campaña Nacional Contra las Detenciones Arbitrarias, que nos permita sumar fuerzas para romper con la naturalización de las prácticas represivas y para organizar la bronca y la resistencia.

Los esperamos para una primera reunión el día 30 de marzo, a las 19:00, en nuestro local de Humberto Primo 1692, para poder intercambiar sobre el tema, desarrollar nuestras propuestas y las de todos los compañeros y compañeras que se sumen.

Rogamos confirmar asistencia a correpi@fibertel.com.ar
Un abrazo fraterno,
CORREPI en el ENA

Pensando la transición

Alternativas de los movimientos sociales frente al cambio climático

Luego de la Convención Marcode las Naciones Unidas sobre Cambio Climático COP21 realizada en París, nos encontramos para reflexionar sobre las alternativas populares de nuestros países frente a los desafíos del cambio climático. Además buscaremos intercambiar sobre el contexto de la lucha socioambiental, con un pensamiento crítico que nos permita salir de los problemas estucturales, pensar las transiciones, apuntalar las alternativas locales y profundizar nuestra propia visión de desarrollo regional en armonía con la madre tierra.
Cronograma de la Jornada:

10 hs: apertura de puertas, acreditación.
10.30 hs: Palabras de bienvenida
10.40 hs: Inicio panel 1 – Cambio climático: la COP21

Cambio climático, COP21 de París desde la perspectiva latinoamericana: los movimientos populares frente a la cumbre de cambio climático. Conclusiones y evidencias ¿Cuál es la negociación de fondo? ¿Es posible dentro del sistema actual llegar a resultados ambiciosos? ¿De dónde puede venir la solución al cambio climático?
Pablo Bergel  
(Verde al Sur, e presidente de la Comisión de Cambio Climático de la Legislatura porteña)
Adriana Anzolín
(Fundación Biosfera, integrante del Consejo Asesor de la Cuenca del Río Lujan)
11.30 hs: preguntas (10 min)
11.40 hs:  Inicio panel 2 – Neoliberalismo, neodesarrollismo y extractivismo
Neoliberalismo y neodesarrollismos: analizando el modelo extractivo. El discurso del desarrollo. Las consecuencias del sistema en nuestros territorios. Crímenes ambientales. ¿Crisis civilizatoria de agonía o resurgimiento?
Primera parte – minería
Integrantes del Grupo de Estudios de Geopolítica y Bienes naturales
Enrique Viale
(Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas)
12.20 hs: preguntas (10 min)
12.30 ALMUERZO (precios populares)
14.00 hs: Continua panel 2 – Neoliberalismo, neodesarrollismo y extractivismo
Segunda parte – energía
Hernán Scandizzo
(Observatorio Petrolero Sur)
Joaquín Turco
(colaborador de la Secretaríade Relaciones Internacionales de CTA A)
14.40 hs: preguntas (10 min)
15.00 hs: Tercera parte: agronegocios
Guillermo Gallo Mendoza
(Fundación Tercer Milenio)
15.20 hs: preguntas (10 min)
15.30 hs:  Inicio Panel 3 – Caminando alternativas

Caminando alternativas: consensos, dilemas y desafíos para los derechos humanos y un desarrollo alternativo. Transiciones. ¿Qué es el desarrollo para nuestros movimientos sociales? ¿Cómo nos organizamos? La tierra y el territorio. Los bienes comunes, el buen vivir y otra economía. El consumo, el consumismo y la calidad de vida.
Jorge Marchini
Eduardo Lucita
(EDI, Economistas de Izquierda)
Cooperativa la Asamblearia y Espacio Intercuencas
16.40: preguntas (10 min)
17 a18 hs. PLENARIO Y CIERRE
18 hs. Degustación de productos agroecológicos y música en vivo.
Convocan:

Espacio Intercuencas – Cooperativa la Asamblearia – Amigos de la Tierra Argentina
Para adherir a la convocatoria del evento: info@asamblearia.org.ar
Los grupos que posean materiales para exponer e instalar deberan concurrir a las 9.30 hs. Por favor reservar espacio escribiendo a agua@amigos.org.ar

La placa madre de todas las batallas // Colectivo Crisis

 

Los cien días iniciales del primer gobierno de un partido de derecha liberal que llega al gobierno por el voto popular, indican que está en marcha un proyecto orgánico de transformación de la sociedad. Algunos núcleos fundamentales del programa reformista cuentan con el consenso de buena parte de la población y las medidas menos amables han sido acompañadas por una mayoría institucional, tanto en el congreso como en el poder judicial. Mientras tanto, los principales medios de comunicación se solazan en la certeza de haber conquistado la mente, el corazón y los votos de los ciudadanos-consumidores y disfrutan la luna de miel haciendo leña del árbol caído.
Para resumir en un pantallazo el contenido político de esta nueva hegemonía alcanza con señalar cuatro punto cardinales.
Uno. Cambiemos invierte el axioma populista por excelencia, según el cual «los pobres siempre tienen la razón»: a partir de ahora, lo contrario es cierto. Se comprende entonces el perfil homogéneo de los funcionarios a quien se confía la gestión del estado, y la prioridad otorgada a las demandas del empresariado más pujante.
Dos. El motor principal del desarrollo de las fuerzas productivas no está en el interior de la nación (en el crecimiento del consumo popular, por ejemplo; o en la vaporosa burguesía nacional) sino en el mundo exterior. Hay que ver el júbilo del presidente por las tempranas visitas de los representantes de los «países más importantes» (sic), como Italia, Francia y Estados Unidos, de quienes se esperan inversiones salvadoras. Y la dramática apuesta a todo o nada al capital financiero, que motivó el acuerdo con los fondos buitre.
Tres. Contra el desborde presupuestario de los años kirchneristas, expresado en el crecimiento sin pausa de los subsidios, el gasto y el empleo estatal, el macrismo impuso en el sentido común la inevitabilidad del ajuste. Lo que se discute es la profundidad y el tempo de los recortes, pero el fondo de pantalla es la austeridad.
Cuatro. La política no puede ser ya sinónimo de ideología, militancia y movilización callejera, so pena de recaer en el autoritarismo y la violencia. Se impone el coloquio de ideas, aunque sea mera puesta en escena o un toma y daca a cielo abierto. Entramos a la era del voluntariado, de los protocolos y de la tercerización de los servicios represivos.
Tal vez, una de las primeras promesas de campaña que el macrismo dejó en la puerta de la Casa Rosada fue la invitación a suturar «la grieta que durante estos años dividió a los argentinos». Y no sólo por su decisión de utilizar la herencia recibida como argumento de legitimación; sino, ante todo, por la incapacidad para percatarse que bajo esa hendidura simbólica y mediática, quizás superficial, existe una profunda fractura que estremece a la sociedad.
Una bella cicatriz
En el número 1 de esta revista, publicado en noviembre de 2010, el periodista Claudio Mardones escribió un manifiesto tan anacrónico como prefigurador. Aquí y ahora, vale la pena remendar algunos de sus fragmentos.
«Quizás sea el fruto inmaduro de la crisis del 2001 o la acumulación de un deterioro social incontenible. O la dinámica íntima de un proceso que no ha terminado y que, cada tanto, libera una violencia aparentemente inexplicable. Nadie sabe cuáles son sus contornos, ni hasta donde se extenderán sus consecuencias, pero luego de treinta años de desigual distribución del ingreso, la histórica brecha entre ricos y pobres ha consolidado una fractura que divide la geografía urbana en varias ciudades a la vez.»
“Es muy posible que el argentino medio tenga una conciencia democrática mayor que hace diez años, pero también es probable que en la actualidad sea mucho más xenófobo y discriminador. El recurrente odio y desprecio por el habitante de la periferia pobre es un patrimonio que ya forma parte del imaginario de las clases medias urbanas. Con ese calambre cultural a cuestas, la fractura llega a la vida cotidiana de miles de personas cuyas realidades son indescifrables entre sí. Es que fracturar es mucho más que romper. Y para que el quiebre ocurra, es necesario que sea con violencia.»
«Por ahora, no es más que el indescifrable síntoma de un nuevo emergente. Como una grieta que se abre cada vez más, esta realidad se extiende sobre las decenas de miles de personas sin techo, los habitantes de las dos mil villas de todo el país, la enorme cantidad de jóvenes trabajadores rurales esclavizados y la alta tasa de pibes desocupados que tampoco estudian. Los irrecuperables. Los que no tienen retorno. Los que quedaron colgando. Una constelación de náufragos que vive con la marea en contra, y que sólo se mantiene a flote gracias a la red estatal de salvataje.»
La cara de la bestia
Sin embargo, la historia nunca corre marcha atrás. No hemos regresado a los noventa, ni al 2001, mucho menos a 1976 ni a 1955. La resistencia es conservadora porque admite el agotamiento de la imaginación. Nadie va a volver, salvo como una triste parodia. La perplejidad empuja a aferrarse de alguna tabla de salvación: los consensos adquiridos, la gente empoderada, la señora conductora, el mito de un peronismo imbatible. Pero para que resurja una alternativa política, habrá que remarla.
La incipiente oposición se dirime hoy en un justicialismo estallado, entre los «dadores voluntarios de gobernabilidad» (como denomina uno de los baqueanos más agudos del universo pejotista al peronismo que coquetea con el gobierno), los unitarios equilibristas que bregan por la síntesis imposible, y un minoritario kirchnerismo que hace todo lo que descalificaba por apolítico. Hay que mear fuera del tarro.
Sobre las ruinas de ese territorio minado que es la provincia de Buenos Aires, el «ala sensible» del macrismo pone a prueba su proyección histórica. La empresa reformadora iniciada el diez de diciembre se juega todo su capital en la modernización o el disciplinamiento de La Provincia. Orden o progreso.
Su principal carta ganadora consiste en desarrollar la infraestructura social y material del conurbano, lo cuál requiere un caudal de inversiones al estilo Plan Marshall junto a una destreza pactista tipo Mandela. En el camino, MEV (así llaman en la intimidad a la Gobernadora) deberá surcar un embrollo de emergencias que desbordan ampliamente cualquier atributo de gestión. De un lado, la maraña de negocios en torno a la que se articulan los poderes reales que ejercen el control social sobre las poblaciones, a partir del entrecruzamiento corrupto de segmentos políticos, policiales, jurídicos y empresariales. Por otra parte, la difusión del descontento y la conflictividad social, que cuando se desboca no cree en antivirus ni en buenos modales.
El macrismo tendrá que verle la cara a la bestia y decidir entre el pacto o la imposición de un poder de mando que no se consigue con los votos. Las amargas señales del Papa Francisco, player de peso global en ambas disputas, no inspiran optimismo. Tal el dilema recargado para esta democracia angustiada por el retorno de lo reprimido: una fractura social y simbólica, que no tiene fecha de vencimiento.

Los ricos no piden permiso // Alejandro Gaggero


El grupo económico de los Macri la levantó con pala en la década del ochenta, trastabilló a finales del siglo veinte y luego se borró de las grandes ligas. Pero el último hito del imperio familiar fue la decisión de Franco de venderle a su sobrino Ángelo Calcaterra las empresas constructoras más importantes. Ángelo pisa fuerte en la obra pública y su empresa fue una de las grandes ganadoras de la década kirchnerista. Un vistazo al presente de la patria contratista, que a Mauricio no parece quitarle el sueño.

A fines de los años ochenta Argentina ardía en la hiperinflación y Franco Macri fue elegido por una encuesta entre hombres de negocios locales como “el empresario de la década”. La elección tenía fundamentos concretos: Socma (Sociedad Macri) era uno de los grupos empresariales que más había crecido durante la “década perdida”. Pasó de ser una empresa constructora mediana en los años setenta a transformarse en un complejo diversificado que controlaba la principal empresa automotriz del país (Sevel), una de las mayores constructoras (Sideco),  y la recolectora de residuos Manliba, entre muchas otras. Macri no sólo tenía un presente brillante, también vislumbraba un futuro promisorio de cara a la reforma del Estado y la liberalización que se anunciaba de forma casi inexorable. Fue en esos años cuando Macri padre sufrió un infarto y la salud pasó a ser, probablemente, su mayor preocupación. Pero tenía un heredero, el niño Mauricio, al que venía fogueando en el grupo desde hacía años.
Casi tres décadas más tarde, es obvio que la película se desarrolló de un modo distinto al previsto. Franco logró sobrellevar sus problemas cardíacos y luce unos saludables 85 años. Su hijo, luego de un paso poco feliz por el mundo gerencial y después de negarse a continuar bajo el mando del padre, se transformó en Presidente de la República. Sin embargo, el desenlace en el campo empresarial es mucho menos alentador: el grupo perdió sus antiguas joyas y hoy Franco –formalmente– no controla ninguna empresa de las que se ubican entre las 200 más grandes del país.  Ahora bien: no hay que confundir el innegable declive de Socma con su lisa y llana desaparición. El grupo redujo su poder pero sigue vivo, en manos de la misma familia y en plena expansión.
neo-pragmatismo italiano
El perfil de Franco Macri nunca se ajustó a la imagen del empresario tradicional de Argentina, que tiene varias generaciones de propietarios y se relaciona con las familias patricias. Nació en un hogar de clase media de Roma, y llegó al país a los 18 años siguiendo a su padre, que había emigrado a Buenos Aires unos años antes. Comenzó a trabajar joven en empresas de la construcción y no terminó la carrera universitaria que le quitaba el sueño (ingeniería, claro). Su vida empresarial se inició como subcontratista de otras firmas constructoras más importantes. Poco después, mientras construía una planta para Loma Negra cerca de Tandil, Macri se casó con Alicia Blanco Villegas, integrante de una de las tradicionales familias terratenientes de la zona. Mauricio, el primer hijo de la pareja, nació en 1958.
Aquella empresa de Macri (Demaco) tuvo su primer gran hito en 1964, cuando se asoció con la multinacional Fiat para formar la constructora Impresit-Sideco. Desde entonces participó en importantes proyectos de infraestructura, como la edificación de las centrales nucleares de Atucha y Embalse, impulsadas por el gobierno de Onganía.  Durante la década del setenta, a medida que la situación macroeconómica empeoraba, el grupo impulsó una fuerte diversificación, incursionó en negocios inmobiliarios, producción petrolera y  servicios públicos.
Pero el principal punto de inflexión llegaría en 1982, cuando la automotriz Fiat decidió abandonar Argentina y el grupo Macri se hizo cargo de la producción de sus autos y los de la marca francesa Peugeot. Franco pudo adquirir el control de Sevel con las facilidades que le dio la transnacional italiana, preocupada por los costos económicos y políticos que implicaría un eventual cierre de fábricas y concesionarios (como ya había pasado con la retirada de General Motors unos años antes). Durante los años ochenta Sevel –ajuste de plantilla laboral y estatización de la deuda mediante– pasaría a ser el emblema del grupo y una de las empresas industriales más importantes del país. El pragmatismo de Macri también operó en el terreno político. Durante la dictadura incorporó al grupo a varios ex dirigentes de la Juventud Peronista (Carlos Grosso y Octavio Bordón, entre otros) convencido de que los militares caerían en algún momento y el peronismo volvería al poder. A pesar del triunfo de Alfonsín, Macri continuaría apoyando a estos dirigentes que encabezarían la renovación peronista y, a fines de la década del ´80, llegarían a puestos claves en el gobierno de Menem.
negocios interruptus
Macri formó parte de los empresarios de peso que apoyaron con entusiasmo las reformas neoliberales, sin embargo terminó afectado por la apertura comercial y la llegada de los gigantes multinacionales. Los primeros años tuvieron un sabor agridulce: gracias a su capacidad de lobby logró la sanción de un régimen especial para el sector automotriz, que le permitió sortear exitosamente la apertura y beneficiarse por el repunte en el consumo. Pero su participación en las privatizaciones fue decepcionante. Si bien ganó la concesión de algunas rutas y participaciones en empresas menores, perdió su principal apuesta: la privatización de Obras Sanitarias de la Nación. La recompensa vendría unos años más tarde en uno de las últimas y más controversiales privatizaciones de la era menemista, el correo. Esta victoria derivó en un desastre empresarial.
El golpe más duro vino durante la segunda mitad de los noventa con la decisión de Fiat y Peugeot de regresar al país y fabricar sus propios autos. Mauricio había sido nombrado presidente de Sevel en 1994 y encabezó las negociaciones con la automotriz italiana para renovar la licencia. El fracaso y las disputas con Franco –que quería retener el control del imperio– provocaron su renuncia en 1995 y se alejó del grupo para dedicarse a la política en Boca.   
Cuando el modelo de convertibilidad empezó a crujir, Franco fue uno de los pocos empresarios que alertaron sobre los efectos y reclamaron compensaciones. “Este es un país anti-industrial y la lucha con las multinacionales no nos permite mantenernos” (Clarín, 19-10-1999). Para sortear la crisis intentó hacer pie en el sector agroalimentario y aceleró el desembarco en Brasil, con pobres resultados. La crisis de la convertibilidad encontró al grupo sin la mayor parte de sus empresas históricas (Manliba también había caído en desgracia) y con sus nuevas apuestas en serios problemas. El único flanco que se sostenía era el de los orígenes: la construcción.
el viagrazo kirchnerista
La gestión de Macri en el Correo Argentino fue barranca abajo y terminó relativamente pronto: en el 2000 dejó de pagar el canon estipulado por la privatización, en 2001 entró en concurso de acreedores, y en 2003 el gobierno de Néstor Kirchner le rescindió el contrato. A partir de allí el corazón del grupo pasó a ser Sideco Americana, el holding que nucleaba a las principales empresas constructoras, como Iecsa (dedicada a la obra pública) y Creaurban (especializada en desarrollos inmobiliarios de lujo). Sideco aprovechó bien el auge de la construcción privada de la posconvertibilidad y edificó buena parte de las torres de Puerto Madero (Madero Plaza, Mulieris Puerto Madero, Art María). Pero la pata más fuerte era la obra pública, especialmente en los sectores de infraestructura energética, vial, ferroviaria y de saneamiento. Iecsa, por ejemplo, integró el único consorcio que se presentó para la construcción del tren bala entre Buenos Aires y Rosario. El presidente de Sideco ya no era Franco –que se dedicó a desarrollar negocios con China– sino su sobrino, Ángelo Calcaterra, que cultivó una muy buena relación con el gobierno de Néstor Kirchner. Ángelo se transformó muy pronto en un asiduo asistente a los actos oficiales, y en uno de los principales aportantes privados a la campaña de la fórmula Cristina-Cobos.
Pero el crecimiento del grupo en la construcción comenzó a generar chispazos con la carrera política de Mauricio, que buscaba desesperadamente despegarse de la historia del grupo Macri y de su pasado empresarial. En la campaña por la Jefatura de Gobierno que perdió con Aníbal Ibarra, el hijo de Franco no se cansó de repetir: «Mi familia no tiene ni va a tener negocios en la ciudad». Pero pocos meses después Sideco participó en la licitación por la recolección de la basura en la Capital Federal y cayó como una bomba en el equipo de Mauricio, que se preparaba para disputar una banca de diputado en 2005.  Juan Pablo Schiavi, actualmente condenado por la tragedia de Once pero en ese momento jefe de campaña del líder del PRO, confesaba: «A Mauricio no le cayó tan mal porque desde el punto de vista legal no hay nada que lo impida. ¿Si le gustó? Y, la verdad es que no, especialmente porque la concesión dura cuatro años y lo va a agarrar en plena campaña electoral para la banca. Lo que usted no sabe es que para los Macri los negocios de la familia son eso, negocios, y la política es otra cosa» (La Nación, 11-11-2003).
En 2007 llegó el último gran hito para el grupo Macri. El mismo día que Mauricio lanzaba su candidatura a Jefe de Gobierno en un basural de Villa Lugano junto a una nena pobre, Franco difundía la venta de Iecsa y Creaurban a Ángelo Calcaterra, su sobrino y ex presidente de la firma vendedora. La operación presentaba varias “peculiaridades”. Por ejemplo, el comprador podía abonar en cómodas cuotas a lo largo de siete años y, durante los años anteriores, Sideco venía comprando participaciones en la firma de Calcaterra, que ahora, de repente, pasaba a ser el dueño del imperio. Todo hacía suponer que se trataba de una maniobra poco sutil para disimular el conflicto de intereses de Mauricio con los negocios familiares.
Los años siguientes Franco no perdió oportunidad para hablar bien del kirchnerismo, desaconsejó públicamente a su hijo continuar con su carrera política, e incluso, en 2014, opinó que “el próximo presidente tiene que salir de La Cámpora”.  ¿Reacción inmadura de un padre despechado que compite con su hijo, o intento de mejorar la imagen de Mauricio alejándolo del estigma familiar?
Entre 2007 y 2011 el grupo no paró de crecer gracias a las obras concedidas por los principales distritos del país.  Se asoció con la italiana Ghella, que poco antes había ganado la licitación para construir los túneles aliviadores del arroyo Maldonado, con lo cual Iecsa pudo hacerse cargo de una de las mayores obras de infraestructura de la ciudad en muchos años. Pero los negocios vinieron principalmente desde el Gobierno Nacional: dos centrales eléctricas, participación protagónica en el Plan Federal de Vivienda, la obra de soterramiento del Sarmiento (que quedó trunca al poco tiempo), y la concesión de cinco rutas nacionales y una autopista en 2010. A partir de 2011, con el ascenso de Axel Kicillof, la relación con el Gobierno Nacional se enfrió un poco.
La llegada de Mauricio al poder promete ser el inicio de una nueva etapa de bonanza para el grupo empresarial que hoy comanda Angelo Calcaterra, al menos si se tienen en cuenta las “buenas nuevas” que llegaron durante los primeros meses de gestión. Una de las primeras obras anunciadas fue la reactivación del soterramiento del Sarmiento. Pocos días más tarde, Macri otorgó los avales del Gobierno Nacional que le permitieron a Córdoba adjudicar la mega-obra de los gasoductos troncales, en la cual a Iecsa –asociada a capitales chinos- le corresponden trabajos por aproximadamente 2.500 millones de pesos. Los vínculos con el grupo que fundó su padre no parecen quitarle el sueño al Presidente: hace tan sólo unos días anunció la transferencia de las acciones que tiene en la empresa Yacylec a Sideco, que sigue bajo el control de Franco.

(fuente: http://revistacrisis.com.ar/)

Manifiesto de las periferias contra el golpe

Nosotrxs, moradores y moradoras de las periferias, que nunca dormimos mientras el gigante se despertaba, estamos aquí para mandar un aviso fuerte y claro a los fascistas: ¡estamos en contra de este nuevo golpe que está en curso y que nos afecta directamente!

Nosotrxs, que no defendemos y continuamos señalando las contradicciones del gobierno petista, que apenas nos concedió migajas mientras se aliaba con quien nos explota. Nosotrxs, que también nos negamos a caminar codo a codo a quien representa a la casa de la familia esclavista.

Nosotrxs, periféricos y periféricas, quienes hace mucho tiempo estamos en la lucha. Nosotrxs, que somos descendientes de Dandara y Zumbi, sobrevivientes de la masacre de nuestros antepasados negros e indígenas, hijos e hijas del Nordeste, de las manos que construyeron las grandes metrópolis y criaron los hijos de los grandes señores.

Nosotrxs, que estamos al margen del margen de los derechos sociales: educación, vivienda, cultura, salud.

Nosotrxs, que integramos movimientos sociales incluso antes del nacimiento de cualquier partido político en la lucha por lo básico: luz, agua corriente, calles asfaltadas y niños matriculados en la escuela.

Nosotrxs, que construimos nuestras casas colectivamente  para garantizar nuestro techo y conquistamos un pedazo de suelo, sin acceso a la tierra, en manos de latifundistas y especuladores, que impiden nuestro derecho a la vivienda y destruyen el medio ambiente y los recursos naturales con fines de lucro.

Nosotrxs, que nos apretujamos durante tres, cuatro horas por días, apretados en el vagón, el bondi, las combis, enfrentando grandes distancias entre nuestras casas y los centros económicos, los centros de ocio, los centros del mundo.

Nosotrxs, que resistimos cada día con el arte del rebusque  –creatividad y solidaridad. 

Nosotrxs, que hacemos teatro en la represa, cine en el garaje y poesía en las paradas de colectivos.

Nosotrxs, que nos enfermamos y padecemos en las guardias y hospitales sin camilla, médico ni remedios.

Nosotrxs, que fortalecemos nuestra fe en días mejores con los hermanos en la misa, el culto, el terreiro, con o sin dios en el corazón, coherentes en nuestra caminata.

Nosotrxs, empleadas domésticas, ahora con contratos formales. Nosotrxs, vendedores ambulantes y manteros que trabajamos de sol a sol para lograr nuestro sustento. 

Nosotrxs, trabajadores y trabajadoras, que seguimos teniendo los salarios más bajos y sentimos en la piel la crisis económica, el desempleo y la inflación.

Nosotrxs, que entramos en las universidades en los últimos años, llenos de convicción, cabeza levantada, orgullo en el pecho y perspectivas en el horizonte.

Nosotrxs, que ocupamos nuestras escuelas sin merienda ni estructura para enseñar o aprender. Nosotrxs, profesoras y profesores, que creemos en la educación pública y no nos callamos y sí, hablamos de género, sexualidad, historia africana e historia indígena, aunque intenten impedirlo.

Nosotrxs, que somos señalados como problema de la sociedad, presas y presos a los 18, 16, 12 años, como quieren los diputados.

Nosotrxs, cuyos derechos siguen siendo violados por el Estado, aporreados por los policías uniformados, condenados sin ser juzgados, encarcelados, olvidados, cuando no asesinados –y todavía dicen: “un delincuente menos”.

Nosotrxs, mujeres negras de la más barata carne del mercado, que sufrimos la violencia doméstica, laboral, obstétrica y judicial, y lloramos por los hijos e hijas tumbados por los agentes del Estado.

Nosotrxs, gays, lesbianas, bisexuales, travestis, hombres y mujeres trans, que enfrentamos la violencia e invisibilidad, y no aceptamos que nos coloquen de vuelta en el armario.

Nosotrxs, que no aceptamos que nuestra historia sea contada por unos medios que no nos representan y luchamos por el derecho a la comunicación. Nosotrxs, que estamos construyendo con nuestra propia voz las propias narrativas: poesía declamada, cantada, escrita.

Nosotrxs, que siempre estuvimos en las calles, en las redes, en las Cámaras, detrás de los politiqueros de turno y que ahora somos tildados de terroristas a causa de nuestras luchas. Nosotrxs, que hasta aprendimos a hacer leyes para continuar luchando por nuestros derechos. Nosotrxs, que garantizamos a duras penas un mínimo de escucha en los espacios de poder, no aceptamos dar ni un paso atrás. 

Nosotrxs, que somos de varias periferias, nos manifestamos contra el golpe contra el actual gobierno federal, promovido por los políticos conservadores, empresarios sin compromiso con el pueblo y por unos medios de comunicación manipuladores.

No comulgamos con quien sale a las calles de camisa amarilla con un discurso de odio, fascista, argumentando el justo “combate contra la corrupción” pero motivado por intereses privados. No comulgamos con quien defiende la fractura de la legalidad para beneficiar a los sectores beneficiados de la población, a cambio del debilitamiento del Estado Democrático de Derecho por el cual nosotros los movimientos sociales periféricos luchamos ayer, hoy y continuaremos luchando mañana.

Nosotrxs, que sabemos que la democracia real sólo será efectiva con la ampliación de los derechos y las conquistas de nuestro pueblo negro, periférico y pobre, desde la izquierda y de abajo hacia arriba.

Nosotrxs, que conquistamos sólo una parte de lo que soñamos y tenemos derecho, no admitimos ningún retroceso. Reivindicar el respeto a la soberanía de las urnas y el mantenimiento del Estado Democrático de Derecho. Reivindicamos las calles en tanto espacio de diálogo, debate y práctica política, pero nunca como territorio de odio. Reivindicamos nuestra libertad de expresión, así sea ideológica, política o religiosa. Reivindicamos la desmilitarización de las policías, de la política y de la vida social. Reivindicamos el avance de las políticas públicas, de los derechos civiles y sociales.
No habrá golpe, no habrá luto. ¡Habrá lucha!

Los diarios de Emilio Renzi // Sofía Mercader

“Tal vez Piglia sea, después de Borges, quien mejor ejerce en las entrevistas la tarea de ficcionalizar las afirmaciones personales, confundir la diferencia entre discurso crítico y ficción.”
Néstor García Canclini


Si hay algún libro que puede compararse con Los diarios de Emilio Renzi ese libro es el Borges de Bioy Casares. El último prácticamente comienza en 1947, cuando empiezan a abundar las referencias a Borges en los cuadernos de Bioy que fueron después compilados en aquel singular y voluminoso libro que genera pasiones y odios literarios (hay quienes lo consideran una falsificación de Borges, para otros es uno de los mejores libros de la literatura argentina). Los diarios de Piglia comienzan tan sólo diez años después, en 1957, año en el que su protagonista, Emilio Renzi (Ricardo Piglia) se muda de Adrogué a Mar del Plata con su familia y comienza a escribir un diario en donde registra su vida, pero además -y sobre todo- registra sus lecturas: “El narrador ¿debe ser turbio o distante? Turbio: Dosto, Faulkner; distante: Hemingway, Camus en El Extranjero”, anota en una de las entradas del mismo año 57, observaciones que se repetirán a lo largo de todos los diarios (“Leo Las Palabras de Sartre, es puro estilo, en el mejor sentido”/ “En verdad en Kafka los animales son intelectuales o artistas (…) Ahora bien ¿qué decir de los caballos que abundan en la literatura argentina?”).
“Le digo, envalentonado por el clima de intimidad y agradecido por la sensación de estar hablando con alguien de igual a igual: «Sabe, Borges, que veo un problema en el final de “La forma de la espada”», «Ah -dijo- Usted también escribe cuentos». En fin, me hundió, pero me reconoció como escritor ¿no es cierto?”
pregunta el Piglia maduro, de setenta y tres años, que no abandona todavía (¡cómo abandonarlo!) su gesto devoto.  
Es que esa búsqueda del reconocimiento del «ser escritor», y que es el hilo que recorre todos y cada uno de los diarios, no es una empresa reflejada sólo en las lecturas que hace Piglia durante esos años o en la ideas literarias registradas (“Algún día escribiré un cuento [fantástico] con la historia del ingeniero [¿o del enfermero?] que se encuentra con el inmortal”/ “Un cuento, narrado en futuro, como si el narrador conociera los hechos antes de que sucedan”). El «ser escritor» de Piglia se hace explícito casi brutalmente cuando repetidas veces el autor del diario anota que quiere ser escritor, o, mejor dicho, que va a ser escritor. Su vida entera gira en torno a una decisión que fue, si no fundamentada, definitivamente explícita: “La elección inicial definió todas las demás y, como sucede siempre, esa elección fue impensada y sorpresiva. «¿Y, entonces, qué pensás estudiar?», me preguntó la hermana de E., con la que en ese tiempo estudiaba francés. «Bueno, voy a ser escritor», le dije, tenía dieciséis años y tantas posibilidades de ser escritor como de ser aviador o mercenario.”
Algo de la tenacidad con que Renzi toma esta decisión es sin dudas admirable, mucho más que el objetivo confeso con que el narrador cierra este volumen: “Por eso yo estoy transcribiendo mis diarios, porque quiero que sepan que hoy, a los setenta y tres años, sigo pensando lo mismo, criticando las mismas cosas que criticaba cuando tenía veinte años”. Los diarios reflejan mucho menos qué es lo que Renzi criticaba a sus veinte años, que sus apreciaciones sobre la literatura, sus amistades y su tenacidad en convertirse, a veces incluso a costa del hambre, en un escritor.

Pero el Borges de Bioy y en Los diarios de Emilio Renzi no se asemejan sólo porque en ellos se retrata de una manera íntima el oficio de ser escritor-lector. Ambos textos, además, parecen dirigidos irónicamente a aquellos que acostumbramos a separar el mundo entre realidad y ficción; como una burla a cualquier pensamiento que se aproxime al positivismo, nunca podremos saber si las palabras del Borgesson de Borges o si las palabras de Renzi son las de Piglia. Puede ser por vanidad o por simple gesto estético, Renzi nos advierte de su intención de borrar esos límites entre realidad y ficción, casi desligándose de su responsabilidad: “por eso trabajo ahora con mi musa mexicana. Le dicto y escribe otra cosa. (…) Donde yo digo poemas, ella escribe problemas, donde yo digo, refiriéndome a mis amigos alfonsinistas, cívicos, ella traduce muy propiamente cínicos.”
Como en un gesto que refuerza la imposibilidad de acceder a las «verdaderas» palabras contenidas en los diarios, la película de Andrés Di Tella 327 cuadernos -que retrata la decisión de Piglia de publicar esta esperada obra- cierra con una imagen que parece una burla (tal vez borgeana) a aquellos que creen en los archivos: Piglia se sienta frente a uno de sus cuadernos, cuya vejez se adivina en sus hojas amarillas, lo abre a la mitad y le prende fuego a una de sus páginas. Piglia mira, tranquilo y sin desviar la vista, cómo lentamente se consumen esos registros de su vida que nunca nadie sabrá, entonces, cómo estaban escritos.

10 Años – Luis Viale – No Olvidamos (Video de la Macha)



Para caminar con los ojos la marcha de ayer, a 10 años del incendio en el taller textil de la calle Luis Viale. Para exigir justicia por esas niñas, niños y jóvenes migrantes que murieron encerrados en ese lugar. Sin más demora. Justicia ya. Que la responsabilidad no recaiga solo en los talleristas, sino que implique a todos los eslabones de una cadena de producción perversa. Dueñas y dueños de las marcas para quienes trabajaban, especuladores inmobiliarios cómplices de esta modalidad de trabajo hiperexplotado. Difundamos este video como un modo de acompañar el juicio que muy pronto dará comienzo. Allí estaremos. Porque no olvidamos.

L.A.C.

Malvinas y la izquierda. Revisitando el pensamiento crítico de León Rozitchner //Mariano Pacheco


Como en tantos otros temas, el desembarco de las tropas argentinas en las Islas Malvinas,  en 1982, provocó una serie de posicionamientos para nada coincidentes al interior de las  izquierdas, por entonces duramente golpeadas por el accionar represivo de una dictadura  que  ya  llevaba  seis  años  gobernando  el  país,  con  un  saldo  de  miles  de  militantes  detenidos‐desaparecidos, asesinados, presos, exiliados internos y externos y un repliegue  gigantesco  del  movimiento  de  masas,   más  allá  de  las  resistencias  que  tanto  el  movimiento  obrero,  como  los  organismos  de  derechos  humanos  y  otras  expresiones  populares,  nunca  dejaron  de  delibrar  contra  ese  verdadero  Proceso  de  Reorganización  Nacional  que  encarnó  la  Junta  de  Comandantes.  
Un  repaso  por  algunos  de  aquellos  debates, y sus ecos en los posicionamientos de las izquierdas en la actualidad. Para  cuando se  iniciaron  los  enfrentamientos  bélicos  entre  la  República  Argentina  y  el  Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, en 1982, las Islas Malvinas contaban con  alrededor de 1.800 habitantes trasplantados por Inglaterra a esta parte del sur del mundo.  Llevaban ya 149 años ocupando las islas, luego de que la población argentina en Malvinas,  con su gobernador y comandante militar incluidos, fueran obligados a abandonar las islas  en  1833;  y  casi  una  década  y  media  jaqueando  las  negociaciones  internacionales,  renunciando a las resoluciones de las Naciones Unidas, que insistían en que Gran Bretaña  accediera a una solución pacífica del conflicto. El fundamento básico para que Argentina  reclamara justamente sobre la soberanía en torno a Malvinas fue y es que la usurpación  no puede ser nunca fuente de derecho. Ese legítimo derecho, sumado al apoyo generalizado de los países latinoamericanos y el  importante  sentimiento  nacional‐antimperialista  enraizado  en  amplios  sectores  de  nuestra  población,  llevaron  a  un  sector  de  la  izquierda  de  nuestro  país  a  apoyar  el  desembarco  militar  argentino  en  las  Islas.  Uno  de  esos  apoyos  fue  expresado  por  una  solicitada titulada “Por la soberanía argentina en Malvinas: por la soberanía popular en la  Argentina”,  firmada  por  25  intelectuales  integrantes  del  Grupo  de  Discusión  Socialista  (GDS), entre los que se encontraban José Nun y Sergio Bufano, Emilio de Ípola y Néstor  García  Canclini,  José  Aricó  y  Juan  Carlos  Portantiero,  por  nombrar  algunos  de  los  más  reconocidos. 
El 10 de mayo, desde su exilio en México D.F, emiten su apoyo al intento de  recuperación de las Malvinas. Los  fundamentos  del  GDS  giran  en  torno  al  apoyo  de  los  países  no  alineados,  y  fundamentalmente,  de  los  gobiernos  de  Cuba  y  Nicaragua,  y  el  de  una  de  las  más  poderosos fuerzas beligerantes del continente: El Frente Farabundo Martí de El Salvador.  Estos apoyos, sumados a que para Estados Unidos  “la única opción lógica” era apoyar a  Inglaterra,  colocaban  al  accionar  de  las  Fuerzas  Armadas  Argentinas,  más  allá  de  sus  intenciones, en un nuevo contexto de sentidos. Así, colocada la lucha por la recuperación  de las Malvinas en el campo de las luchas antimperialistas, no quedaba espacio para las  dudas,  puesto  que  se  enfrentaba  al  conglomerado  de  intereses  colonialistas  de  dos  grandes  potencias  mundiales,  entonces  dirigidas  por  gobiernos  ultraconservadores  de  Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Intereses no sólo económicos (recursos petroleros,  fabulosas riquezas en nódulos minerales y otras fuentes proteínicas claves para el futuro),  sino  también  por  su  lugar  clave  en  la  geopolítica  mundial  (recordemos  que  entonces  todavía  se  mantenían  en  pie  los  intentos  de  constituir  gobiernos  de  nuevo  tipo  en  Centroamérica, alineados con Cuba y Nicaragua, y el Bloque Socialista como contrapartida  al modelo del capitalismo). La tesis del GDS es sencilla: si la lucha por la soberanía argentina sobre Malvinas abre la  posibilidad  de  una  lucha  popular  al  interior  del  país,  hay  que  apoyarla,  porque  su  contracara es que la pérdida de soberanía abre las puertas a la consolidación a largo plazo  de  un  dominio  imperialista sobre  un  área  estratégica, tanto  para  Estados Unidos  como  para Inglaterra. De triunfar argentina, sostienen, ganan las fuerzas progresistas; de perder,  la derrota  es para  la nación  en su  conjunto. Por supuesto,  esto no quita denunciar  a  la  dictadura. De allí que escriban: “Reivindicar en la actual situación la indiscutible soberanía  argentina sobre Malvinas no implica, como lo quieren algunos y en primer lugar el propio  gobierno, echar un manto de olvido sobre su política desde 1976 hasta el presente. Por el  contrario, para dar su sentido cabal a esa justa reivindicación se requiere como condición  indispensable, asumir una posición resuelta y clara en repudio a dicha política”. Tal  vez  el  doble  comportamiento  de  los  altos mandos militares  argentinos  en  Malvinas  eche  por  la  borda  estos  fundamentos.  Los  testimonios  de  los  soldados  argentinos  torturados y maltratados, “estaqueados” por sus superiores, junto con la foto de Alfredo  Astiz rindiéndose ante las tropas británicas, sin disparar un tiro, sean la condensación de  un drama que un sector de la izquierda, sea por seguidismo de masas o por ingenuidad,  no  pudieron  procesar  en  su  momento.  Y  que  en  muchos  casos,  parecen  no  estar  dispuestos a mirar retrospectivamente de un modo autocrítico. 
Quien sí salió al cruce de estos planteos, en el mismo momento de los hechos, fue León  Rozitchner, quien escribió desde Caracas un  lúcido ensayo ‐editado en formato  libro en  1985  por  Centro  Editor  de  América  Latina‐  titulado  “Malvinas:  de  la  guerra  sucia  a  la  guerra  limpia.  El  punto  ciego  de  la  crítica  política”.  El  texto  circulará  por  las  redes  de  exiliados como un baldazo de agua fría, señalando aquellos puntos que entonces, en un  contexto de realzamiento del patriotismo, nadie parecía muy dispuesto a cuestionarse. Rozitchner denuncia en su escrito que ese realzamiento del patriotismo por parte de las  FF.AA, no busca otra cosa más que limpiarse el rostro, simulando participar de una guerra  limpia luego de años de desarrollar puertas adentro la guerra sucia (“guerra que prolongó  el horror del genocidio en el envío de cientos de adolescentes a la muerte”). Por eso en  2005, al reeditar el libro, el legendario integrante del grupo Contorno va a subrayar que  Malvinas es todavía una cuenta pendiente; porque es –dice– entre muchos otros, “uno de  esos eslabones que atenacea el secreto político de una cadena férrea de ocultamientos y  engaños que  ciñe el  cuerpo  despedazado y tumefacto a que ha quedado reducido esto  que llamamos patria”. Sus reflexiones no dejan lugar a dudas: el Ejército Argentino –sostiene– fue una fuerza que  se ha formado y se ha definido en los límites que el propio enemigo le proporcionó.  “Si  hasta las categorías de la guerra son producto del enemigo, y forman parte de su doctrina  de guerra, que es de Contrainsurgencia y Seguridad Nacional, que fundamenta su plan de  guerra”. En este sentido, las Fuerzas Armadas Argentinas se constituyeron como fuerza de  ocupación –antinacional– en el propio territorio, buscando implantar por la fuerza, en el  propio país, la dominación que permitiera el despojo de sus habitantes, sobre todo de sus  clases populares. De allí que resultara absurdo que después se pretendiera, en nombre de  la unidad nacional, que esos mismos sectores pelearan junto a sus opresores. Los Pichis,  los protagonistas de “Los Pichiciegos” de Fogwill, son un claro ejemplo de esa paradoja. La  contracara de esa guerra. De allí que resulte sugestiva la pregunta que, en determinado  momento de la novela, surge en la Pichicera: ¿Por qué, siendo tantos los porteños, son ahí  tantos los “provincianos”? ¿Por qué las trincheras están llenas de “cabecitas negras”? La  respuesta salta  a  la  vista:  porque  el  Ejército  Argentino,  desde  Caseros  en  adelante, se  convirtió en el ejército de una clase, con un discurso que pretendió elevarse al discurso de  la Nación entera. Una clase que, según Rozitchner, responde a intereses económicos que  son transnacionales. Y es por eso, entre otras cosas, que la guerra estaba perdida antes de  comenzarla:  ¿cómo  ganarla  si  su  existencia  dependía  de  aquellos  a  quienes  debía  combatir? Rozitchner ataca el argumento de que el enfrentamiento interno con la Junta pase a ser  de carácter secundario, en el marco de un enfrentamiento más amplio con los “enemigos  principales”,  a saber,  los  imperialistas  yanquis  y británicos. De  allí que sostenga que  “el  éxito del poder militar del ejército de ocupación argentino significaba la derrota del poder  –moral y político, económico– del pueblo argentino”. Ahora bien, esta posición, ¿coloca  necesariamente  a  quienes  no  desean  el triunfo  de  la Junta  en Malvinas  junto  al  bando  imperialista? No, sostiene Rozitchner, porque no había ninguna posibilidad de vencer en  esta guerra ni “recuperar” ninguna isla contra nuestros enemigos externos, hasta tanto no  hubiéramos  recuperado  previamente  nuestro  propio  territorio  nacional  de  nuestro  enemigo principal: las fuerzas armadas de ocupación. Esas que fueron a Malvinas en un  “como  si”  de  guerra,  puesto  que  no  se  tuvieron  en  cuenta  ninguno  de  los  principios  básicos del enfrentamiento bélico, como por ejemplo, que a todo ataque, a toda ofensiva,  le  corresponde un  golpe del otro bando. Una  guerra fantaseada,  en donde se  ataca sin  sufrir las consecuencias. 
Queda  claro  que  Rozitchner  interpela,  que  pone  el  dedo  en  la  llaga.  Y  digo  pone,  y  no  puso, porque sus reflexiones de ayer no han quedado en el pasado, sino que  continúan  operando en el presente. Porque interrogarse sobre el activo apoyo a la recuperación de  Malvinas  es  además  preguntarse  por  el  rol  civil  de  apoyo  a  la  Junta,  no  sólo  en  la  coyuntura Malvinas sino también antes. Es asumir que nuestro pueblo está integrado por  mujeres y hombres que ofrecieron resistencia activa, que no  colaboraron, pero no sólo.  También  está  integrado  por  quienes  miraron  para  otro  lado,  o  peor aún,  prestaron  el  necesario apoyo para que suceda lo que sucedió. Hoy, con tres décadas de “democracia de la derrota” encima, la “cuestión Malvinas” sigue  siendo  un tema  de  agenda,  no solo  nacional sino también  internacional,  puesto  que su  situación da cuenta de la actualidad de los modernos y controvertidos enclaves coloniales  británicos expandidos por el mundo. Actualidad Malvinas, entonces, en tanto que el tema  podría  ser  el  puntapié  inicial  de  un  debate  sobre  los  modos  críticos  de  entender  la  soberanía nacional, y popular, en la actualidad.
@pachecoenmarcha

Chateaubriand // Juan Ritvo: Imprudencias Breves

¿Cuál es el secreto de la frase de Chateaubriand?
Podemos hablar de la dramática evidencia de sus imágenes, que es algo demasiado genérico, aunque verdadero, aplicable a los líricos griegos, a Goethe, a Shelley.
En su prosa indudablemente clásica por su equilibrio, su apertura y su cierre, se presenta el contraste extremo entre la fugacidad del instante humano y la eternidad. El espanto pascaliano frente al universo cuyo centro está, indiferente, en todos lados y en ninguno, domina su obra. Eso sí: él, imponente, permanece en primer plano; no hablo de un detalle psicológico, desdeñable. Su inteligente egotismo pertenece a la intimidad de la frase.
Ande por donde ande, visite a quien visite, su propia vida se le vuelve coral, palimpséstica. Su cristianismo agónico y moderno, lo enfrenta a la intermitencia y al desvanecimiento.
Desde allí forja, en las Memorias de Ultratumba, frases como las que describen el momento final de Madame de Beaumont:
“Sobre su frente caían algunos bucles de sus cabellos sueltos; sus ojos estaban cerrados, había descendido la noche eterna.
El médico puso un espejo y una luz ante la boca de la extranjera; el espejo no se empañó en absoluto por el aliento de la vida y la luz permaneció inmóvil. Todo había terminado”.
La eficacia del párrafo depende de esa substitución del nombre de la muerta, por su cualidad de extranjera; pero Chateaubriand es el director de escena y agonista que decreta la caída de la noche eterna.
Chateaubriand // Juan Ritvo: Imprudencias Breves
¿Cuál es el secreto de la frase de Chateaubriand?
Podemos hablar de la dramática evidencia de sus imágenes, que es algo demasiado genérico, aunque verdadero, aplicable a los líricos griegos, a Goethe, a Shelley.
En su prosa indudablemente clásica por su equilibrio, su apertura y su cierre, se presenta el contraste extremo entre la fugacidad del instante humano y la eternidad. El espanto pascaliano frente al universo cuyo centro está, indiferente, en todos lados y en ninguno, domina su obra. Eso sí: él, imponente, permanece en primer plano; no hablo de un detalle psicológico, desdeñable. Su inteligente egotismo pertenece a la intimidad de la frase.
Ande por donde ande, visite a quien visite, su propia vida se le vuelve coral, palimpséstica. Su cristianismo agónico y moderno, lo enfrenta a la intermitencia y al desvanecimiento.
Desde allí forja, en las Memorias de Ultratumba, frases como las que describen el momento final de Madame de Beaumont:
“Sobre su frente caían algunos bucles de sus cabellos sueltos; sus ojos estaban cerrados, había descendido la noche eterna.
El médico puso un espejo y una luz ante la boca de la extranjera; el espejo no se empañó en absoluto por el aliento de la vida y la luz permaneció inmóvil. Todo había terminado”.
La eficacia del párrafo depende de esa substitución del nombre de la muerta, por su cualidad de extranjera; pero Chateaubriand es el director de escena y agonista que decreta la caída de la noche eterna.
(Fuente: https://entrelazosblog.wordpress.com)

La cuestión de las banderas // Sebastián Stavisky


El 21 de mayo de 1905, se realizó una manifestación anarquista en plaza Lavalle en contra del Estado de sitio declarado en Buenos Aires por el presidente Manuel Quintana luego del levantamiento yrigoyenista del mes de febrero. Aunque se permitió la realización del acto, el gobierno prohibió a los oradores protestar con incitaciones a la violencia, así como el uso de banderas rojas y otras que no remitan a la insignia nacional. Sin embargo, al llegar los manifestantes al lugar, una mano rebelde agitó un pañuelo rojo, motivo más que suficiente para que la policía, viendo transgredida la orden gubernamental, abriera fuego contra los manifestantes provocando la muerte de tres hombres y decenas de heridos. Al día siguiente, gran cantidad de personas salieron a la calle vistiendo corbatas rojas en señal de protesta por la represión, algunos comenzaron a imaginar un atentado vindicatorio contra el presidente de la República (cometido de manera fallida tres meses más tarde por Salvador Planas) y otros se pusieron a debatir en torno al significado de la bandera roja. El diputado por el Partido Socialista, Alfredo Palacios, interpeló en el Congreso al ministro del Interior Rafael Castillo, quien respondió que el accionar de la policía había sido correcto, y argumentó que la prohibición de la bandera roja era legítima por la inexistencia de una garantía constitucional que permitiera su uso, que si la Cámara no tomaba las medidas conducentes a tal fin entonces debía ser el Poder Ejecutivo el que lo haga, y que la única bandera que se debía reconocer era la de la patria. Los redactores del periódico anarquista La Protesta, por su parte, hicieron en primera instancia una defensa de la bandera como pregón de vida y símbolo de la sangre del pueblo derramada. Sin embargo, poco más tarde publicaron una segunda nota en que su posición era un tanto distinta. De manera irónica, los redactores confesaban acordar con el gobierno acerca de que la bandera roja no debía encabezar las manifestaciones. Los argumentos, claro está, eran por completo divergentes a los que pudieran esgrimir el presidente Quintana o el ministro Castillo. Se fundamentaban no en una suerte de antagonismo entre símbolos patrios y libertarios, tampoco en la preferencia por un símbolo u otro, sino en una actitud racionalista que confiaba en el intelecto como única fuerza movilizadora y rechazaba cualquier tipo de remisión a factores de orden simbólico y emotivo: “No es de ahora. Hace tiempo, años, que los anarquistas nos emancipamos del último prejuicio: del de la bandera. En nuestra crítica constante de todas las preocupaciones sociales, la bandera patriótica fue tildada de trapo y su valor simbólico destinado a la guardarropia teatral. No hubiéramos sido lógicos si después de haber hecho girones las banderas patrióticas, hubiéramos creado la bandera libertaria, el nuevo símbolo de la abstracta Idea. La bandera es un pedazo de tela, no puede representar nada; un ídolo sin fuerza; un objeto que nada nos da, ni nos quita. Una manifestación de protesta, una huelga, un mitin, una revolución, cualquier acto en fin realizado por nosotros, es tan acto y tiene tanta virtualidad con bandera como sin ella. Y aun tiene más sin bandera, porque indica una mayor liberación del intelecto colectivo. […] Véase pues por dónde y sin que haya premeditación por ninguna de las dos partes, estamos de acuerdo el gobierno y nosotros en que la bandera roja no debe encabezar manifestaciones, ni movimientos obreros de ningún género. Es puerilidad grande esta de las banderas, insignias y colorines, que justo es desaparezca, pero que entendemos debe desaparecer por convencimiento, por convicción y no por imposiciones que siempre son extemporáneas y odiosas. No prestigiaremos el uso de banderas rojas, ni negras, porque ante todo está la integridad de nuestros ideales, pero ante la imposición del gobierno y en tanto ella dure, el uso del color rojo, será para nosotros agradable por cuanto él representará una protesta contra la tiranía quintanista que no porque se disfrace con el frac deja de ser tan ruin como la del cacique de la pampa más brutal e ignorante.”

América Latina: de la cosmopolítica a la tecnopolítica // Bernardo Gutiérrez González

El 18 de septiembre de 2013, los indios Munduruku de la Amazonia brasilera enviaron una nota de apoyo a los “movimentos de luchas de las manifestaciones en las calles. Desde las denominadas “jornadas de junio”, las revueltas masivas que pusieron patas arriba la política brasilera, las calles del país seguían en ebullición. La lucha del pueblo munduruku recibió el apoyo de los movimientos urbanos. Y los Munduruku Ipêrẽgayũ escribieron una carta enviando la solidaridad de vuelta: «Damos gracias a todos los movimentos que manifestaron sus indignaciones en las calles, en todos los sectores sociales y de todas las clases sociales existentes». Mientras los munduruku luchaban contra las hidroeléctricas en su territorio, las calles de Río de Janeiro eran una explosión de símbolos sincréticos, un encuentro de luchas urbanas y causas ancestrales. Un Batman activista corría al lado de un indio korubo en las manifestaciones. El icono de perfil de Anonymous Rio, estilizado por plumas indígenas. Y la Aldeia Maracanã, el antiguo Museo del Indio que el gobierno quería derrumbar para construir el parking del Estadio Maracanã, se convirtió en un icono de una revuelta en la que convivían jóvenes streamers y chamanes de varias tribus. La cosmopolítica, término usado para definir la visión de mundo del líder yanomami Davi Kopenawa, se hacía urbana. Y la tecnopolítica de la era de las redes digitales y de las multitudes empoderadas adoptaba en Brasil desvíos no previstos, teñidos de cosmovisiones ancestrales.
La investigación Nuevas Dinámicas de Comunicación, Organización y Agregación Social. Reconfiguracines tecnopolíticas*, desarrollada tras una convocatoria global de OXFAM, tenía el objetivo de entender mejor las “nuevas formas de participación ciudadana” y “procesos sociales sin centro” de América Latina. A pesar de que el estudio prestó especial atención a las redes sociales digitales, una de sus principales conclusiones es que el ADN ancestral colaborativo latinoamericano (mecanismos orientados al bien común como la minga kichua, el tequio náhuatl o el ayni aymara) y algunas cosmovisiones como el Buen Vivir conviven en la región con las dinámicas tecnopolíticas y el hacktivismo.  
Cosmovisiones, cosmopolítica
La cosmopolítica, esa mirada que interpreta el mundo al margen de lógicas occidentales, es el esqueleto emocional de muchos movimientos latinoamericanos de «nuevo cuño». Y es incluso la inspiración organizativa comunitaria de muchos grupos y colectivos que basan su acción en herramientas y plataformas digitales. En Colombia, la Minga Indígena convocada por los pueblos indígenas del valle Cauca en 2008 se convirtió en el gran referente político de muchos jóvenes urbanos. La Minga, una alusión al mecanismo colectivo kichua minga, se transformó en una marcha que recorrió todo el país. Para muchos jóvenes fue “el acontecimiento fundamental en la transformación de las formas de organización y acción social”.  La convivencia durante el Paro Agrario de 2013 de nuevos actores (Mesa Amplia Nacional – MANE, perfiles de Anonymous) con los movimientos rurales clásicos visibiliza parte de estas resonancias cosmopolíticas-tecnopolíticas, que se ensamblan de la transmodernidad de los teóricos decoloniales que va más allá de los marcos clásicos de occidente
Por otro lado, el proyecto Buen Conocer / FLOK Society de Ecuador generó un amplio espacio de encuentro de criptopunks, hackers globales, instituciones y movimientos latinoamericanos. El Buen Conocer, enmarcado en el paradigma del Buen Vivir, lanzaba el desafío de conseguir “la segunda independencia a partir de las tecnologías libres» para Ecuador y de una “Pacha Mamá digital del conocimiento común y abierto”.  El Buen Vivir y la ética hacker se enredaron en un proyecto que aspiraba superar la economía del extractivismo a partir del conocimiento libre, común y abierto. La tecnopolítica se combina con cosmovisiones, prácticas y cosmovisiones ancestrales.  El perspectivismo amerindio del que habla el antropólogo brasileño Eduardo Viveiros de Castro «comienza por la afirmación doblemente inversa: el otro existe, luego piensa».  La afirmación podría operar sobre la ética hacker o la cultura de red, auténticas cosmovisiones y/o sensibilidades  de mundo de nuestros tiempos. Los devenires simbólicos del mestizaje del Buen Vivir y la ética hacker, como el Buen Conocer o el Buen Resistir, se aproximan a la transmodernidad formulada por Enrique Dussel: «un más allá transcedente a la modernidad occidental (…) Transmodernidad polifacética, híbrida, poscolonial, pluralista, tolerante, pero más allá de la democracia liberal y del Estado moderno europeo».
Inspiracion global
Tras la explosión de las revueltas del 2011 – Primavera Árabe, 15M, Occupy…–  los actores sociales y gobiernos de América Latina abrazaron el negacionismo. La versión oficial: no existían revuetas en red en la región porque los gobiernos progresistas contaban con el apoyo de sus pueblos. Además, se entonaba un deja vú, alegando que las luchas históricas de América Latina sirvieron de inspiración a la oleada de revueltas abierta por la Primavera Árabe. Cierto: del zapatismo a los estudiantes chilenos, América Latina ha servido de faro social al mundo. Sin embargo, las conclusiones del estudio Nuevas Dinámicas de Comunicación, Organización y Agregación Social. Reconfiguracines tecnopolíticas revelan que el 2011 global cambió – y mucho – las dinámicas sociales de América Latina. La mémesis en red del frenético 2011 planetario transformó la slut walk de Toronto en la Marchas de las Putas en varios países, adaptó el 15M español a Indignados Paraguay (entre muchos otros frentes), expandió el imaginario de Occupy Wall Street o hizo que  los movimientos estudiantiles de la región se impregnasen del imaginario, métodos y/o herramientas de Wikileaks, Anonymous o Democracia Real Ya.
A su vez, la nueva arquitectura de la convocatoria y de la protesta, el espacio híbrido (Internet y territorios) como interfaz de acción, el surgimiento de nuevos actores y la pertenencia líquida y puntual determinadas causas están configurando un nuevo prototipo de participación, creación e imaginación política en América Latina. Un patrón habitual en la región es el de una movilización intensa en el tiempo alrededor de una causa concreta, con fuertes disrupciones simbólicas y la generación de nuevos espacios agregadores. Por otro lado, el feminismo (#NiUnaMenos en Argentina), las libertades digitales (#Pyrawebs en Paraguay, luchas contra Internet.org) o la defensa de los bienes comunes urbanos (como el #tomaelbypass en Perú o #OcupeEstelita en Brasil) son algunos de los ejes que continúan vivos. Al mismo tiempo, algunos levantamientos, como la Marcha de las Antorchas que comenzó pidiendo la renuncia del presidente hondureño Juan Orlando Hernández, propició el surgimiento de un nuevo sujeto político, los Indignados de Honduras con características como la auto-convocatoria a partir de las redes sociales, la auto-organización o el empoderamiento emocional. Como también ocurrió en las revueltas #JusticiaYa de Guatemala, en Honduras la lucha contra la corrupción ha dejado de estar en las manos de la derecha neoliberal. Las clases populares de Centro América la reivindican como suya, lo que despiertael recelo de Estados Unidos.
El estudio de OXFAM destaca a su vez que las dicotomías políticas y el antagonismo narrativo construido por los gobiernos progresistas de América Latina, aunque también por la oposición, se dibuja como el principal límite de la tecnopolítica en la región. En la mayoría de los casos, una intervención delestatismo descalificando alguna revuelta como “neoliberal” o “derechista” puede provocar un vaciamiento de las calles o un escoramiento hacia la derecha de las movilizaciones, como lo prueban los casos de Ecuador o Brasil.
Del zapatismo a Ayotzinapa
¿Existe un fin de ciclo de las izquierdas latinoamericanas, como alerta el periodista uruguayo Raúl Zibechi? ¿Significará la llegada al poder de las derechas neoliberales? ¿Cómo va a influir la secuencia de revueltas en red de la región? La respuesta no pasa por mitificar el legado del bloque progresista como hacen algunos medios de izquierda europeos. Tampoco por criminalizar las políticas públicas del bloque . El cambio de piel latinoamericano es más sutil, complejo y poliédrico. Ni bolivariano ni exactamente lo contrario. A pesar de la creciente polarización de la región, existe una nueva ola de sensibilidades y prácticas políticas. Además de las explosiones o movimientos ya citados y de las sinergias cosmo-tecnopolíticas, la región vive con intensidad el surgimiento de un nuevo sujeto político que deja fuera de juego a las organizaciones sociales clásicas. En algunos casos, incorpora a dichas organizaciones a un nuevo imaginario.
La irrupción del movimiento #YoSoy132 en México  (2012), del #tomalacalle de Perú (2013), de las revueltas del #VemPraRua de Brasil (2013) o del #JusticiaYa de Guatemala (2015) confirma un patrón de comunicación, acción y auto-organización que desborda las definiciones y estructuras sociales tradicionales.  En la mayoría de los casos, se tratan de movimientos red que evolucionan a lo largo del tiempo, que mutan de forma e incluso cambian de nombre. El estudio Tecnopolítica: la potencia de la multitud conectada define el fenómeno como un “liderazgo temporal distribuido”, que explica muchas de las mutaciones del 15M español o del #YoSoy132 mexicano, cuya “estructura se transforma de manera dinámica”. 
La eclosión de #YoSoy132 en México fue especialmente relevante para la región, pues simboliza a la perfección la continuidad y ruptura simultánea que provocan los nuevos movimientos. #YoSoy132, que bebe simbólica y organizacionalmente del zapatismo sin linealidad pero que rompe con él, no fue una explosión puntual. Tejió un nuevo ecosistema social que ha evolucionado a lo largo del tiempo. Algunos nodos de una determinada acción (inicios de #YoSoy132) hicieron de puente a nuevos espacios (el #PosMeSalto, por ejemplo, contra la subida de tarifas). En dicho ecosistema, quien lidera temporalmente una acción pueden no haber participado en el pasado.
Cuando desaparecieron los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa la noche del 26 de septiembre de 2014, pocos sospechaban que un año y medio después las redes mexicanas y globales seguirían reivindicando justicia. Tampoco que dicho proceso provocaría la interacción de ecosistemas sociales tan dispares como el del zapatismo, el de la huelga de estudiantes de 1999 y el de #YoSoy132. El caso Ayotzinapa fue el punto de llegada de muchas causas mexicanas, de movimientos sociales de América Latina y del mundo. El estudio de datos específico sobre el proceso de Ayotzinapa, que analizó decenas de hashtags de Twitter, prueba la tesis de la investigadora Guiomar Rovira: los estallidos funcionan más a través de «sincronizaciones» que de férreas pertenencias ideológicas. Y #YoSoy132, aunque le pese a quienes afirmaban que el movimiento había muerto, fue clave en esa conexión de ecosistemas sociales tan dispares. 
Transnacionalismo, transmodernidad
Los diferentes ecosistemas mexicanos interactuaron durante la indignación de Ayotzinapa con las redes de las revueltas globales, como el #15M español, las protestas de Brasil u Occupy Wall Street, en hashtags como #Caravana43 (Estados Unidos), #EuroCaravana43 (Europa) o #caravana43sudamérica. A su vez, Ayotzinapa conectó luchas globales y simbologías heterogéneas surgidas en diferentes momentos históricos, como lo visibilizan los apoyos de Noam Chomsky y Democracia Real Ya de España. Resulta interesante la mutua identificación de Ayotzinapa y #BlackLivesMatter (protestas contra el asesinato de negros estadounidenses). Además, el caso Ayotzinapa ha dejado una huella profunda en América Latina, produciendo una conexión efímera de los diferentes movimientos estudiantiles. Despertó apoyo de movimientos tan variados  como Yasunidos (Ecuador), las Madres de Mayo (Argentina) o la hinchada del equipo The Strongest (Bolivia). Sin embargo, a pesar de la empatía emocional provocada por el caso de Ayotzinapa y de las nuevas conexiones ocurridas a partir de diferentes procesos, todavía es pronto para saber influirá en la macropolítica regional o si desembocará en un nuevo movimiento o paradigma político panamericano. Lo mismo podríamos decir de  explosiones como el #VemPraRua de Brasil y otras revueltas.
La secuencia de luchas globales abierta por la Primavera Árabe comenzaron a desdibujar las simbologías, marcos y ficciones de occidente. Al eclosionar en América Latina y convivir con las epistemologías del sur, también interfirieron en algunas narrativas dicotómicas forjadas por los gobiernos locales. La conexión transnacional de estas revueltas está tejiendo un nuevo sentido de mundo que va más allá del neoliberalismo global y del estatismo desarrollista, que tiene al Estado moderno como epicentro. Este conocimiento fronterizo y transmoderno conecta el sur global con el precariado y otros sujetos políticos del norte con  configurando una nueva geopolítica del común.  Como carambola no esperada, el legado progresista latinoamericano tiene una nueva rutaa de fuga en el municipalismo español que ha conquistado las principales alcaldías del país. Las Juntas del Buen Gobierno zapatistas, el Buen Vivir o la Cultura Viva latinoamericana son líneas de acción política a diferentes niveles en ciudades como Madrid o Barcelona. El post capitalismo global puede emerger de la recombinación y sincronización de cosmovisiones, sensibilidades  y prácticas latinoamericanas y sureuropeas, cosmopolíticas y tecnopolíticas.

Los indignados de République // Fermín Grodira

Una acampada tras una manifestación masiva. Un desalojo policial. Efecto llamada. ¿Hablamos del 15-M? No, a diferencia de la Puerta de Sol de Madrid, este movimiento no ha surgido espontáneamente, sino que ha necesitado un mes de preparación.
2 DE ABRIL DE 2016
“Este sistema nos es impuesto, gobierno tras gobierno, al precio de múltiples fórmulas de negación de la democracia. El proyecto de la reforma laboral será frenado y Manuel Valls caerá. No volveremos a casa después del 31 mientras sigan empecinados en construir un mundo para nosotros, pero contra nosotros”. De esta manera llamaba el colectivo Convergencia de Luchas a rebelarse contra la reforma laboral “a la española” del gobierno de Hollande. Y la llama prendió. Cientos de personas no volvieron a casa tras la huelga general y la manifestación unitaria, sino que permanecieron la nuit debout (la noche en pie, así han bautizado en Francia la protesta) en la plaza de la República de París. 
A las 6 de la mañana de esa madrugada, la policía desalojó a quienes quedaban, pero el colectivo llamó a volver al día siguiente y permanecer “desde el 1 de abril hasta la noche del domingo al menos”. Miles de personas respondieron a la llamada de Convergencia de luchas a  “todas las fuerzas progresistas a reunirse y amplificar este movimiento”. Y de nuevo, a la misma hora, volvieron a ser desalojados. Han acordado volver.
La alcaldesa socialista de París Anne Hidalgo declaró tras el primer desalojo que«los lugares públicos no pueden ser privatizados» y “no pueden ser utilizados libremente y estamos obligados a hacer respetar un poco el orden en esta ciudad». La cuenta oficial de Twitter de los manifestantes respondió: “no ocupamos, no privatizamos, solo estamos de pie”. 
Una acampada tras una manifestación masiva. Un desalojo policial. Efecto llamada. ¿Hablamos del 15-M? No, a diferencia de la acampada en la Puerta de Sol, este movimiento no ha surgido espontáneamente, sino que ha necesitado un mes de preparación. El grupo promotor Convergencia de Luchas, formado por una veintena de personas, se define como «mujeres y hombres de todos los orígenes, actores sociales y políticos, espontáneamente reunidos en torno a la dinámica generada por la película de François Ruffin Merci, patron!«. 
Este documental satíricovisto por más de 200.000 espectadores en poco más de un mes, ha causado un gran revuelo en el país galo. Cuenta en clave satírica cómo una familia despedida por una compañía propiedad de Bernaud Arnault, la persona más rica de Francia, busca una indemnización con la ayuda del director de la película, François Ruffin, quien fundó en 1999 Fakir,  un periódico en papel de investigación social sin publicidad ni subvenciones. «Fakir no está vinculado a ningún partido, ningún sindicato, ninguna institución”, advierte en su página web.
El mismo día de su estreno, el 24 de febrero, se formó el colectivo Convergencia de Luchas, decidido a aprovechar el impulso de la convocatoria de huelga general y la popularidad del documental para dar continuidad y unir a las diversas luchas sociales.
Centenares de personas acudieron a la asamblea del 1 de abril,  y se organizaron en diversas comisiones temáticas: logística, comunicación, asamblea ciudadana, animación, acción y recibimiento. Ben tiene 33 años y participa en la comunicación del movimiento. “Buscamos encontrar nuevas formas de movilización porque desde hace años se repite el mismo camino. Los sindicatos llaman a un día o dos de huelga y cada uno vuelve a su casa y se acabó”, sostiene para defender que “hace falta encontrar nuevas formas de movilización que sean capaces de ocupar el espacio, de durar en el tiempo y de hacer crecer el movimiento” 
Para Ben el objetivo de la Nuit debout no es solo frenar la reforma laboral, sino “trabajar en la convergencia de luchas, reunirse y proponer cosas nuevas”. El colectivo Convergencia de Luchas afirma que, aunque el proyecto de reforma laboral fuese retirado mañana, la protesta continuaría. Parece que un nuevo ciclo de movilizaciones de izquierda se abre en Francia, cuando la deriva liberal del Partido Socialista y el ascenso del Frente Nacional prometía un largo invierno a los progresistas galos.
Entre los participantes en las asambleas y comisiones, llama la atención la elevada presencia de españoles en la Nuit debout. Uno de ellos es Pablo Lapuente. Ha tomado parte en la asamblea general y está presente en la comisión de asamblea ciudadana. Ha venido junto con otros compañeros españoles del círculo de Podemos París en el que participa. Todos vivieron el 15-M y viven con nostalgia estos días. Incluso se permiten el lujo de dar  consejos de organización o logística a los “indignados” por su experiencia previa. Las referencias a España son constantes entre los asistentes y en las redes sociales. Hasta la cuenta oficial en Twitter de la Nuit debout  publica tuits en español. La palabra “Podemos” también se puede escuchar en boca de los  acampados.
Muchos Erasmus españoles también se encuentran en la plaza, como Antonio, un estudiante de Filosofía de 20 años, que tras participar en la huelga general el día anterior, el 1 de abril acudió a République. La ley de trabajo que ha causado la protesta está inspirada en la española, como ha admitido el primer ministro Valls. Muchos de los españoles afirman que sufrieron la reforma laboral en España y quieren evitar volver a padecerla en su nuevo hogar. La asamblea de Marea Granate París ha decidido cambiar la ubicación de sus asambleas y realizarlas a las 8 de la tarde en esta céntrica plaza.
La logística de la acampada se asemeja también a la de la Puerta de Sol en esos días de mayo y junio. Una carpa cubre la función de enfermería; se han instalado en diversos puntos papeleras de reciclaje hechas con cartones; una cantina improvisada sacia el apetito de los acampados… 
Llama la atención que, en una ciudad tan multiétnica como París, la inmensa mayoría de los presentes sean jóvenes blancos de clase media. También son mayoría los hombres en los turnos de palabras en las asambleas y comisiones, aunque la cantidad de mujeres presentes sea similar. 
Gran parte de los participantes tienen una edad entre los veinte y los treinta años, con muchos universitarios participando en los debates. Algo que también recuerda a las plazas de España.


El desalojo de la Puerta del Sol, en Madrid,  supuso la expansión de las acampadas a las plazas de las principales ciudades y pueblos. En cambio, en Francia, tras dos desalojos el movimiento sigue reducido a París pese a que el 31 de marzo hubo intentos frustrados por el mal tiempo o la policía en otras ciudades. Para el sábado se han convocado solamente dos concentraciones en dos ciudades pequeñas, Caen y Pau.

El movimiento aspira a permanecer al menos hasta el domingo en la plaza parisina. El 5 y 9 de abril, los sindicatos han llamado a nuevas movilizaciones y huelgas contra la ley del trabajo. Durante los meses de abril y mayo se discutirá en la Asamblea Nacional y el Senado la reforma  laboral y se votará antes de junio. Una primavera caliente, impulsada por una reforma liberal realizada por un gobierno socialista, podría acontecer en Francia.

El movimiento de los indignados se hace fuerte en París // José Bautista

Ni la lluvia, ni el frío, ni el cansancio de tener que tener que volver a construir lo que la policía destruye cada mañana han podido con la indignación de los parisinos que este sábado, por tercer día consecutivo, volvieron a reunirse en la Plaza de la República de la capital francesa. En apenas tres días y a pesar del desprecio de los principales medios de comunicación del país –el diario Le Parisiendestacó el “olor a cebolla” y describió a los asistentes como “adolescentes lata de cerveza en mano”-, los indignados de París lograron establecer las bases de lo que muchos ya definen como el 15M francés.
Esta es la crónica del fin de semana en que algo cambió en la mente de muchos ciudadanos franceses:
Para entender este fenómeno hay que remontarse al pasado jueves, cuando el descontento brotó en forma de asambleas, acampadas y ocupación de espacios públicos en varias localidades de Francia, siendo París la ciudad donde prendió con más fuerza la chispa de la indignación. Aquella noche un millar de parisinos organizó asambleas en la céntrica Place de la République respondiendo a la llamada del colectivo apartidista Convergences des luttes para ocupar las plazas al finalizar la marcha convocada ese mismo día contra la reforma laboral del gobierno socialista que preside François Hollande.
La operación fue bautizada como #NuitDebout (noche en pie en español). En los múltiples debates nocturnos que brotaron participaron algunas de las mentes más críticas del pensamiento alternativo francés, como el economista Frédéric Lordon. Los indignados de París crearon un punto de primeros auxilios, repartieron alimentos y tomaron sus primeras decisiones, como establecer comisiones y copiar los gestos del 15M español.
Acto seguido, a primera hora del viernes 32 de marzo, la policía expulsó a quienes instalaron allí sus tiendas de campaña y eliminó las huellas visibles de su indignación. Convergences des luttes puso fin al primer día de acampada con un mensaje en las redes sociales: “nos fuimos cantando, volveremos cantando”.
Para sorpresa de muchos, el viernes por la tarde los indignados franceses volvieron en masa a République, equivalente francés de la Puerta del Sol de Madrid. Con menos frío y un público más numeroso, heterogéneo y enérgico que el del día anterior, los allí presentes celebraron una multitudinaria asamblea de más de cuatro horas en la que se establecieron las bases de la acampada parisina.
El primer gran consenso: dar prioridad a temas urgentes de organización frente a debates teóricos y adoptar las decisiones que tengan más del 80% de los votos de la asamblea y con una participación mínima del 50% de los asistentes. En apenas unas horas la plaza contaba con la logística propia de un movimiento ciudadano organizado: protocolos de comunicación y comportamiento, puestos para reparto y recogida de alimentos y mantas, una enfermería bien abastecida, puntos de reciclaje, energía eléctrica generada con una bicicleta y hasta obras de arte popular, como el “arco del triunfo de los indignados”.
Aquella noche miles de parisinos descubrieron el poder creativo de su descontento y la lucha contra la reforma laboral “a la española” de Hollande cedió el protagonismo a las ganas de cambio, la ilusión y la imaginación en forma de eslóganes poéticos y reivindicativos. Pocas veces en la historia de París, capital mundial del lujo, pudieron verse puestos de comida a precio libre o a cambio de una idea.
Una vez más al alba los antidisturbios desalojaron a los ciudadanos de la Plaza de la República bajo la atenta mirada de la estatua de Marianne, la alegoría de los valores de liberté, egalité et fraternité de la V República francesa. No se registraron incidentes violentos.
El sábado “33 de marzo” la primera en llegar a République fue la lluvia. Pasado el medio día un grupo de aproximadamente cien personas, entre ellos varios refugiados y familias desahuciadas, acudieron a la llamada de Droit Au Logement (DAL), pariente francés de la Plataforma Afectados por la Hipoteca (PAH) y uno de los colectivos que más trabajó para organizar la Nuit Debout.
Algunos periodistas hablaban en Twitter del fin del 15M francés cuando, a media tarde, los indignados de París volvieron a ocupar la plaza. En línea con lo decidido la jornada anterior en asamblea, lascomisiones de Acción, Logística, Moderación, Comunicación, Internacional y Acogida alzaron de nuevo lo que esa mañana la policía destruyó.
A pesar de la lluvia, una nueva asamblea general –esta vez de pie, no sentados- logró reunir a un millar de personas para debatir sobre el futuro de la Puerta del Sol francesa. Tras varios turnos de palabra y constantes alusiones a España –“la solidaridad fue clave en España para evitar desahucios en barrios populares”, opinó ante la asamblea un ciudadano-, el 15M y Podemos, la asamblea de République determinó “poner fin el lunes por la mañana a la toma de la plaza”, concretamente a dormir allí, y a “ocupar las plazas desde las tres de la tarde hasta la media noche de forma cotidiana”
En la noche del sábado, mientras se celebraba un concierto de “rap indignado” en République, una fuente de la policía despejaba la incógnita sobre los permisos para acampar en la plaza: Convergences des luttes pidió permiso a las autoridades -conservan el acuse de recibo- pero la policía no respondió, lo que hace que las expulsiones de los días previos fueran ilegales, tal y como reconoció la policía al diarioMetroNews. La asamblea general prevista para este domingo en París concretará los detalles de la decisión.

«Que nadie entre aquí si no está en revuelta» // Amador Fernández-Savater



Sobre la tercera noche en Republique, un watsap nocturno de Pablo Lapuente y una foto.
«Hoy ha sido uno de esos días locos donde no eres capaz de encontrar tiempo para responder un mensaje. He estado muy metido en el trabajo de comisiones, así que hay muchas cosas que me he perdido, la conversación con la gente, tomar algo en la plaza, etc.
Sin embargo, he sentido algo muy potente aquí. Ha llovido mucho y no obstante había mucha gente, una asamblea general como la de ayer y bajo esas condiciones metereológicas ya es una cosa sorprendente. He conversado mucho con mis compañeros de comisión, ninguna ha militado jamás en nada antes: ninguno. Sin embargo, están trabajando como locos desde hace dos días, y cuando nos tomamos un descanso discuten de política con una entrega y una pasión que me sorprende.
Se nota que falta anclaje en el lugar. El hecho de que la policía desaloje cada noche afecta a la organización, pero hay una orquesta tocando, con gente bailando alrededor, el comedor funciona perfectamente, una gente ha instalado estructuras enormes con lonas y maderas clavadas para resguardarnos de la lluvia. Uno de mis compañeros de comisión me ha dicho que nunca ha visto el pueblo de París tan bello.
Quizá estoy optimista porque te escribo desde la plaza, ya te diré cuando esté en casa, con la mirada más fría que pone la distancia.»

Sensaciones de un quincemayista en la primavera parisina // Amador Fernández-Savater


Ya se realizó una huelga en los transportes, la escuela, etc., y ahora la manifestación. El motivo concreto es la ley, pero hay un gran cabreo general contra el Partido Socialista y deseo de que “algo pase”.
Se piensa intentar una acampada “a la española” al final de la manifestación en la plaza de Republique, aunque el tiempo está muy en contra de la iniciativa. Otros “amigos” apuestan por ocupar directamente los edificios del poder político (la sede del PS, etc.) y atrincherarse dentro. Vamos a ver hasta dónde llega esto. On-y-va!
Primera noche en Republique
El jueves se realizó una tentativa de acampe en Republique y se fue sumando cada vez más gente. A medianoche el centro de la plaza estaba llena a pesar del tiempo malo (mucho frío, viento, lluvia).
Hubo un concierto de la orquesta de la CGT (un amigo anarquista me decía: “son de la CGT, *pero* son muy buenos” y ¡efectivamente!). Había puestos de comida, colectivos ofreciendo sus textos, una enfermería, grupos tratando de discutir cómo continuar bajo improvisadas lonas. Fredric Lordon hizo un discurso muy encendido destacando sobre todo el “sentido de lo común” del movimiento (en lugar de la dispersión corporativista) y su carácter afirmativo y no simplemente reivindicativo.
Sobre todo hay gente muy joven y sin demasiados símbolos identificadores (banderas, consignas, etc.). Muy distinto de lo que viví en el fragmento de la manifestación por el que pasé, muy sindicalizada y previsible. Entre los amigos españoles que nos juntamos medio por azar, se discutía si había un ambiente de fiesta, de pelea o de las dos cosas a la vez.
Escuchando en los distintos grupos que trataban de discutir cómo seguir, me dieron mucha ternura y a la vez me hicieron mucha ilusión las referencias constantes al 15M (los “indignados”, dicen aquí). “Pero, ¿cómo lo hicieron? Fue así. No, no, fue así”. Un poco como hacíamos por aquí con Plaza Tahrir: no sabíamos exactamente qué había pasado, pero era un ejemplo y una referencia inspiradora.
Otro detalle curioso es que la tentativa de acampe viene de un grupo de personas que se han juntado a partir de la película “Merci, patron”, de François Ruffin, un periodista con mucho tirón que dirige la revista Faquir. Los amigos por aquí tienen muchas reservas críticas con la peli, sobre las condiciones de trabajo en el sector del textil, pero dicen que ha generado sin dudas un proceso bien interesante. Una peli que dispara un movimiento, da qué pensar.

Me entero de que la poli ha desalojado al centenar de personas que ha pasado la noche en la plaza. Se llama hoy a recuperarla de nuevo. No sé de qué me suena a mí todo esto…
Segunda noche en la Republique
Hay unas mil personas, yo diría. Rápidamente se organizan varios grupos: asambleas ciudadanas, logística, acción y comunicación.
La noche anterior había un ambiente de fiesta, pero ahora hay claramente un clima muy decidido de trabajo. En los grupos se repiten los temas: acciones a emprender para extender el movimiento, precauciones a tomar ante otro posible desalojo policial. Voces que hablan de acción, voces que son más sensibles al miedo.
Parece que el colectivo “Convergencia de las luchas” que convocó el primer día se ha disuelto alegremente en la marea de lo que está ocurriendo.
Se habla mucho también de “ir a la banlieue”, de romper la frontera entre el centro y la periferia, entre los estudiantes precarios y los jóvenes excluidos. Pero, ¿cómo?
La referencia al 15M es constante. En la radio se habla de La Republique como “la Puerta del Sol en París”, en los grupos se habla del 15M, se copia la coreografía de gestos con las manos en las asambleas, etc. Para mí es sorprendente, porque he pensado durante mucho tiempo que en Francia no había interesado el 15M. Pero ahora creo que es a los intelectuales y grupos radicales a los que no había interesado. Pero otra cosa es a muchos jóvenes y la gente común. Para ellos es la demostración de que un movimiento masivo y democrático es posible.
En todo caso, el grupo de españoles que andamos por ahí nos preguntamos por la conveniencia de pensar todo el rato desde el 15M. Estamos comparando mucho y eso quizá no es útil para detectar las potencias específicas de lo que está pasando, aunque desde luego tenemos claro que en el 15M hay claves inspiradoras para organizar la acción. ¿Cómo se transmiten? No hay modelo, ni instrucciones que valgan.
Aparece de pronto Domenico Di Siena haciendo streaming y nos preguntamos si hay un uso intenso de las redes como el que se hacía en España. Domenico piensa que no y que sería una manera de contagiar lo que pasa atravesando el silencio de los media tradicionales (en lugar de sólo quejarse de ese silencio). Domenico me cuenta que en Francia no se usa watsap ni telegram habitualmente, se usa aún el sms porque sale gratis. Pablo Lapuente contesta que a su modo los franceses están usando las redes y cita el hashtag #NuitDebout y otros inventos.
Recordamos algo del 15M: la confianza absoluta en que “somos todos”, es decir, que todo el mundo siente y piensa lo mismo con respecto a la corrupción, la crisis-estafa, la democracia ausente, etc. De ahí la importancia de usar palabras comunes, imágenes comunes. No se trata de concienciar o atraer, sino de buscar e interpelar a los otros que son YA son lo mismo que nosotros. ¡Qué importante y potente esa confianza!
¿Interpela lo que pasa en la plaza de Republique al resto de la sociedad? Alguien cuenta que no escucha a nadie hablar de ello en el trabajo, en los transportes. Otro contesta que es aún pronto, prácticamente sólo el primer día. Paciencia, confianza.
La policía desaloja a los que quedan en la plaza a las 6 de la mañana. Hay nuevo llamamiento a volver a Republique esta noche.
(Estas son algunas notas que tomé en conversación con Domenico, Pablo, Ali Garcia, los amigos de PodemosParís. Menos mal que siempre se encuentran aliadxs con los que hablar y pensar, cómplices en este caso para traducir los códigos de una realidad que sin el idioma es muy difícil de captar).
(Fuente: http://terceravia.mx/)

Efecto globo // Diego Valeriano



Hay menos guita y más policías. Ya los echaron de Rivadavia, pero no desaparecen. Solo ocurre el efecto globo.

Menos ventas, la gente pregunta más, compara. Menos laburo, más puestos. Néstor le hizo un lugar al primo, los dos la aguantan abajo en la recova frente a la plaza. Menos guita, menos ventas, el ingenio y el cálculo se agudizan. Guita, cálculo y subsistencia lo son todo, por eso hay entrega. Esa entrega absoluta hasta ocupar todo. La física impide que dos cuerpos ocupen el mismo lugar al mismo tiempo. Por eso son vanguardia: porque despejan, ocupan y resisten. Porque rompen las leyes de la física, siempre tan seria y careta.

Por ahora los tarifazos no los joden tanto; solo el bondi, siempre reemplazable, careteable. Tren, saltar por la punta del andén y después caminar. A la luz le tiró los ganchos desde el primer día  y la eterna garrafa siempre es un dolor de huevos. Antes y ahora. Néstor nota que de a poco, todo se va poniendo más ortiba, menos alegre. Es algo de las caras, ¿será porque terminó el verano? La palabra Macri ya suena desgastada, mustia, ajada. La vieja que vende CDs ya no está tan contenta con haberlo votado. Menos asados, menos fiesta, menos guita y más allanamientos que les impide trabajar. ¿Hasta dónde resiste el efecto globo sin que explote todo?

Él sabe, como lo saben todxs (pibes, locas, turros, rochas, negros, la vieja que vende CDs), que son la real resistencia que no está en otro lado, está ahí, ahí mismo. Son vanguardia no esclarecida de la ocupación, son el único real enemigo que enfrenta a la restauración donde más les duele: en el orden necesario para sus negocios.
La restauración careta va por Nestor, su primo, la vieja que vende CDs  todxs ellx;  el único enemigo que encarna la posibilidad de insumisión, de insurrección y de emancipación.

No va a ser fácil para nadie. El dolor, sufrimiento, la bronca y el miedo se impregnarán en el aire hasta volverse irrespirable.

Cuanto peor… PEOR! // Joan Rearte

Parar el golpe es resistir contra la desaparición de las izquierdas como horizonte político posible
La presidente Dilma Rousseff (PT) perdió las condiciones de gobernar el país
Dilma Rousseff debe renunciar ya, para ahorrar al pais el trauma del impeachment y superar tanto el impase que lo mantiene estancado como la calamidad sin precedentes del actual gobierno
(FOLHA DE SÃO PAULO, 2/4/2016)[1].

La editorial del diario Folha de São Paulo del día de ayer es claro y elocuente como todo síntoma digno de este nombre: la situación brasileña inmediata es alarmante. Avanza velozmente el proceso que puede culminar en la destitución de la presidenta electa con una diferencia de poco más de tres puntos porcentuales sobre el candidato de la oposición Aécio Neves (PSDB). Como explicó en su momento la propia presidenta, y como lo atestan los juristas más serios y lucidos, no se trata de discutir si el dispositivo del impeachment está o no previsto en la Constitución como mecanismo disponible para garantizar el equilibrio entre los poderes. De hecho, lo está. Lo que sucede es que la acusación especifica perpetrada en contra de la mandataria – las dichas “pedaladas fiscales” usadas, según la presidenta, para el pago de programas sociales – se basa en un supuesto delito distinto del que puede producir la condena buscada, y, consecuentemente, la pérdida del mandato: un crimen de responsabilidad.

Saltan a la vista de aquellos que siguen de cerca los hechos recientes en Brasil las arbitrariedades cometidas por un sector del poder judicial “representado” por la figura del juez Sergio Moro. Arbitrariedades estas potencializadas por la cobertura extremadamente parcial de los hechos por parte de los grandes medios brasileños (O Globo, Folha de São Paulo y Estadão), por el apoyo de una parte de la sociedad brasileña (cerca del 69% según la CNI-Ibope del 30/3/2016[2]) y del gran empresariado, mayormente el paulista, representado por la FIESP[3], que se declaró abiertamente a favor el impeachment. Si en un primer momento algunos analistas se ponían de acuerdo sobre la impronta republicana de la Operación Lava Jato ­básicamente por amortiguar el avance de la expoliación de lo publico por lo privado que tiene larga historia en el país-, se estableció asimismo rápidamente consenso en torno a la idea de que las sucesivas medidas de: 1/ coerción al ex-presidente Lula da Silva para declarar y 2/ la ejecución y rapidísima divulgación de las escuchas[4]telefónicas que involucraban a Lula y Dilma exponía el rasgo ya entonces patentemente político de dicha operación.

Ahora bien, si la descripción institucional puede explicar los hechos más evidentes del presente político, creo que no alcanza para pensar de qué lado plantarse en la coyuntura. Es decir: no alcanza para distinguir cuál es el peligro real que está en juego en este momento. Peligro real que está directamente vinculado al golpe en curso y al cual las fuerzas progresistas de la sociedad brasileña tienen la tarea de resistir.
No es para nada absurdo plantear que vivimos en Brasil el agotamiento de un ciclo de acumulación/regulación bajo su forma democrático-social dirigido por el Partido de los Trabajadores (PT). Dicho ciclo estuvo fundamentalmente marcado por una histórica desconcentración de la renta entre aquellos que viven de los rendimientos del trabajo, una fuerte creación de puestos de trabajo formal, el incentivo al consumo y la distribución de renta vía programas sociales como el Bolsa Familia. Si decimos que hay agotamiento del modelo de acumulación/regulación brasileño en su forma democrático-social es porque, si bien es verdad que en una estructura obscenamente disimétrica como la brasileña la utopía del trabajo formal sigue regulando la aspiración de gran parte de la población, también lo es el hecho de que no se ha frenado sustantivamente la vocación parasitaria de los sectores del empresariado que mantienen en niveles altísimos, por ejemplo, los índices de padecimiento y de accidentes de trabajo. Por otro lado, la combinación perversa entre la bajísima remuneración de más del 90% de los empleos creados en los últimos años y el incremento del crédito al consumo como instrumento de calentamiento del mercado interno hizo subir vertiginosamente el nivel de endeudamiento de las familias brasileñas. Dicho cuadro interno sumado a un escenario internacional de recesión no podría producir otra cosa que una situación realmente grave. De hecho, la insatisfacción frente a esta situación ha encontrado sus canales de manifestación, cuya expresión más elocuente y comentada fueron las manifestaciones de junio del 2013, pero que no se reducen a ese evento: como indican los datos del Departamento Sindical de Estadísticas y Estudios Socio-económicos (DIEESE), para el mismo año se registraron un total de 2050 paros, sumados el sector público y el sector privado, representando un aumento de 133,8% en relación con 2012[5].


Si juntamos las dos puntas, es decir, un escenario de extrema inestabilidad institucional desde arriba y un tejido social inflamable, o sea, un escenario donde los de abajo expresan un fuerte descontentamiento creciente – a veces difuso, es verdad, pero efectivo – con el gobierno y los de arriba ya no pueden gobernar, tenemos los elementos para caracterizar la coyuntura brasileña como una genuina crisis orgánica. El punto es que hay que elaborar la crisis más que padecerla y los formulismos vacíos sirven ahora tanto como sirven en cualquier otro momento, es decir, nada.  Es urgente defender los elementos democráticos en riesgo y reverter el avance conservador en el seno de la sociedad, siendo al mismo tiempo lo suficientemente lucidos en relación a la situación que vivimos en América Latina, es decir, de reflujo relativo de las experiencias llamadas progresistas.


En este sentido Argentina puede ser un óptimo punto de comparación. En poco más de tres meses de gobierno de la alianza Cambiemos, encabezada por Mauricio Macri, se ha producido la que posiblemente sea la más rápida transferencia de renta de abajo hacia arriba de la historia reciente de nuestro continente; en el mismo período, según los datos del ODS-UCA, el gobierno desplazó hacia la situación de pobreza cerca de 1,4 millones personas[6]; ya dejó más de 100.000 trabajadores en la calle; retomó el ciclo de endeudamiento externo y hizo uso de tarifazos estratosféricos.

¿Qué tiene que ver la alianza Cambiemos y el PRO en particular, con un posible gobierno del PMDB en Brasil? En apariencia, poco. Para empezar, por el tiempo de vida de ambas agremiaciones políticas. Frente a un partido nuevísimo, improvisado y sin tradición alguna en la historia argentina, tenemos el PMDB que acumula algunas décadas de actuación en la historia política de Brasil. Sin embargo, si miramos más de cerca, Cambiemos muestra muy bien qué es capaz de hacer un espacio político arribista, oportunista y cínico piloteando un Estado: criminalizar la política y utilizar la técnica como “cimento ideológico” de su máquina de producir y reproducir desigualdades. Pero hay algo todavía más grave y de lo cual este último país ha sido en estos días el sombrío escenario para aquellos que acompañan y viven su historia. Me refiero a la ofensiva contra los instrumentos retóricos, prácticos e institucionales de las fuerzas de izquierda.

Los límites del modelo de acumulación/regulación liderado por el gobierno del PT en la última década no pueden ser un pretexto para que se direccione el país a una derrota mucho más profunda y duradera, y que es inminente. Si la política puede ser definida como el arte de crear mundos posibles, es justamente la eliminación de las izquierdas como formuladores de tales mundos lo que está en juego en la coyuntura brasileña. Miremos lo que pasa en Argentina y tendremos forzosamente que constatar que hay un esfuerzo sistemático por amalgamar los significantes afines al campo político de izquierda con el vocabulario criminológico-autoritario; como, mutatis mutandis, fue otrora la operación de sutura de la hipótesis comunista. Es la sobrevivencia de las izquierdas como hipótesis posible, es decir, como posibilidad efectiva, lo que corre riesgo en este momento en Brasil. Es esta la elaboración de la crisis orgánica en curso que resulta más productiva en el momento. Es esta la discusión que tenemos que dar! El encadenamiento aleatorio de hechos cuya condensación precaria llamamos historia es implacable y suele condenar las abstracciones maravillosas que decantan en prácticas funestas. La tarea de las fuerzas democráticas en Brasil hoy (críticas o no al gobierno) es parar el golpe en marcha y resistir contra la desaparición forzada de las izquierdas como horizonte político posible.


[4] El juez pedirá disculpas al Supremo Tribunal Federal (STF) por su actuación en el caso de las escuchas: http://oglobo.globo.com/brasil/moro-pede-desculpas-pela-polemica-sobre-divulgacao-das-escutas-de-lula-18978816.  
[5] Consultable en http://www.dieese.org.br/estudosepesquisas/2013/estPesq79balancogreves2013.pdf. Para un comentario detallado de la investigación del DIEESE, 2015, ver las análisis de Ruy Braga en http://blogdaboitempo.com.br/2016/03/28/o-pacificador/. Para una visión más amplia sobre la política del precariado brasilero ver: BRAGA, Ruy. A política do precariado: do populismo à hegemonia lulista. São Paulo. Boitempo Editorial, 2012. 

«Muchos offshores son de empresarios de medios» // Entrevista a Santiago O’Donnell.


La Mar en Coche entrevistó al especialista en periodismo de datos y autor de “ArgenLeaks”, Santiago O’Donnell.
Explicó el alcance de la causa “Panamá papers” o “Papeles de Panamá” que desarrolló el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación.
Son 11 millones de documentos que vinculan a sociedades fantasmas, de distintas personalidades mundiales -como es el caso del presidente Mauricio Macri-, con cuentas en paraísos fiscales.
“Habrá que ver si hay un reclamo social, un costo político “, dijo Santiago O’Donnell, jefe de Internacionales en Página 12, y opinó que en la campaña presidencial de 2015 “ningún candidato podía presentar una declaración jurada creíble”.
Las consecuencias y los límites de estas investigaciones. El lugar de la corrupción y el narcotráfico en la agenda política. Los dueños de medios involucrados. La nueva forma de hacer periodismo en red. El abecé de las operaciones offshore. Estas son algunas partes de la entrevista.

Contra la tentación política // Diego Picotto y Diego Sztulwark

Extrálogo a A nuestros amigos, del Comité Invisible ([1])

Y al deseo por el que el hombre que vive según la guía de la razón es consciente de que tiene que unir los demás a él por la amistad lo llamo honestidad”
Del Escolio a la proposición 37, parte 4 de la Ética de Spinoza
“Acá no hay ideología, no hay derechización, ni conservadurismo. Acá hay que volver a dar una disputa por cómo queremos vivir”.
Colectivo Juguetes Perdidos

“¿Cómo construir una fuerza que no sea organización?”
Comité Invisible, A nuestros amigos

1. ¿Quiénes son los amigxs?

Lo esencial en este libro es la afirmación de la amistad como efecto de una fuerza que posibilita hacer una experiencia de la verdad. Amigos son todos aquellos que nos permiten enfrentar el poder, aquellos con quienes nos substraemos de las agobiantes retóricas políticas, plantándonos con mayor lucidez frente a los mecanismos que asignan éxitos y fracasos, que distribuyen premios y castigos, que administran el juego de las visibilidades y las sombras.
Los amigos, se apunta en sus páginas, son los “revolucionarios”;  es decir, todos aquellos que persisten en la revolución cuando los enunciados revolucionarios se desvanecen como pompas de jabón; cuando no se cuenta con teorías que orienten la transformación; cuando la revolución ya no tiene espacio (nacional) ni tiempo (progresivo) reconocible; cuando lo revolucionario ya no guarda relación alguna con el juego político en el estado. Los amigos son los cómplices, aquellos con quienes se asume la tarea de inventar modos de vida en común en el tiempo fuera de tiempo de la insurrección.

Esto es, a grandes rasgos, lo que nos hace saber el Comité Invisible.

Precisamente aquello que Spinoza, en su Ética, llamaba sinceridad: la amistad que surge como estructura subjetiva correspondiente a la experimentación de la utilidad común. Los que conduce a otro problema central para el Comité Invisible: el de la verdad; término que para nosotros sólo puede querer decir una cosa: desplazamiento.

“A nuestros amigos” es, sobre todo, un texto poblado de desplazamientos. Desplazamientos que no parten de la nada, sino que extienden desplazamientos anteriores, que a veces se pueden rastrear. Como sucede con la genealogía de un movimiento de pensamiento propio de Karl Marx, que luego relanzará Michel Foucault, y que retoma ahora el CI:  contra la hegemonía de la filosofía política, cada cual a su modo revelan la existencia de una realidad –unos poderes y unas resistencias– que desborda, o directamente ignora, lo político convencional.[2]

Para el cattivo maestro del Comité, el filósofo Giorgio Agamben, este desplazamiento es doble: donde la filosofía política se preocupaba por la Ley, por la voluntad general, por la soberanía del estado (y demás “fórmulas universales vacías”), Foucault se ocupará de dispositivos. Y donde ella buscaba sujetos, aquel detectará subjetivaciones. Transformado en relación, el poder circula por los dispositivos hasta volverse el dispositivo mismo. Y en su propio corazón, las resistencias devienen creación de nuevos modos de vida. Si el Comité Invisible continúa este desplazamiento es en la medida en que resuelve un hiato, un espacio vacío que, según Agamben, subsiste aún entre dispositivos y subjetivaciones. Ambas instancias son, desde ahora, un mismo movimiento, un mismo fluir.[3] 

Esta reversibilidad, esta yuxtaposición entre dispositivo y subjetivación –base material tanto de las sociedades neoliberales como de las resistencias y contraconductas que en ella anidan– ha transformado nuestra percepción del mundo. Ya no nos lo representamos tanto como interacción entre Estados, sino más bien a la luz de este “dispositivismo”; es decir, como espacio/tiempo fluido y reticular, en permanente (re)construcción.[4] Sólo que esta reconstitución no es lo que se nos cuenta: la multiplicidad de mundos se revierte en cualquier punto de la red como  guerra civil de formas de vida. Es decir, cuando es la hostilidad y el extrañamiento, cuando es la distancia la que gobierna casi todas las relaciones entre los seres, entre los cuerpos. De allí que la vida se vuelva esencialmente estrategia de sobrevivencia, en la guerra que se libra por constituir líneas de gobierno a fuerza de democracia, conectividad y consumo. La disyuntiva para el CI es clara: gobierno contra insurrección.

El gobierno de las conductas de las poblaciones no se reduce a la clase política (elemento de orden más bien distractivo y residual, dicen, en el actual paradigma de gobierno), así como el poder no se restringe a sus instituciones. Gobernar es asegurar conexiones. De ahí la importancia de la “nueva ciencia del gobierno”, la cibernética. Un paradigma que, basado en la información y en la comunicación, ya tiene muy poco que ver con el estado-nación y con la soberanía. Más bien agencia conexiones en y entre dispositivos de poder.[5]

Un poder que es orden de las cosas, esencialmente logístico. La logística es el arte y la técnica de organizar los flujos, las conexiones. Que el poder es logístico significa que reside en  las  infraestructuras, en la organización material, física, tecnológica del mundo. En la organización neoliberal del mundo. En las subjetividades/dispositivos que lo habitan.[6]

Se resitúa, así, el antagonismo: mientras “vida”, “sociedad” y “población” son realidades creadas por las estrategias de gobierno; el problema de los revolucionarios, puntualiza el Comité Invisible, es el de los saberes, las disposiciones y los afectos que permiten crear autonomía frente a ellos. O lo que es lo mismo, el diseño de dispositivos siempre situados orientados al habitar común. El de los amigos. Y ahí ya estamos en el terreno de los “revolucionarios”: hacer la revolución es resistirse a la captura de la vitalidad, dicen, es crear vida “intensa”, es operar a nivel dispositivo-subjetividad.

Es aquí que la insurrección cuenta, tal y como el Comité la relata. El conjunto de las insurrecciones –de Buenos Aires a El Cairo, de Santiago de Chile a Madrid, de Oaxaca a Atenas, de San Pablo a Wall Street– actúa como una toma de distancia de los dispositivos neoliberales –que funcionan sobre todo en el nivel de la creación de infraestructura– y de su retórica política, que una y otra vez usufructúa la dialéctica crisis/gubernamentalidad. Pero tomar distancia, crear autonomía, supone enlazar la fuerza de la insurrección con la invención de dispositivos de diferente naturaleza. ¿Qué criterios son los que ponemos en danza cuando experimentamos en la creación de modos comunes de hacer?

La respuesta del Comité Invisible abre al juego spinoziano de la ética. O sea: la búsqueda de la felicidad en base a la utilidad común y al incremento de la potencia a partir del encuentro elaborado entre singularidades –en contraposición a la convencional apelación a la democracia como pueblo eternamente ausente. La democracia no se opone a la dictadura, dicen, sino a la verdad. El paradigma de gobierno, del parlamento a la empresa, hace de la democracia un nombre esquivo para cohesionar todo aquello que funciona promoviendo el orden neoliberal. Verdad y ética son, en cambios, categorías de la potencia. Y por eso son patrimonio (sutil) de los revolucionarios. Empuñadas como armas nos proveen de un instrumental cartográfico propio, a la vez que comunican –en inmanencia– distintas situaciones concretas, construyendo contrapoder efectivo –no declamativo– en la guerra global y permanente en curso.

2. De la imagen de la potencia a la potencia sin imagen

Luego de repasar al detalle la “ola de levantamientos” que desde 2008 rompe en distintos puntos del globo, el Comité admite que el movimiento de las insurrecciones está estancado. En un impasse. No logra superar el motín y convertir la insurrección en revolución. ¿No es patético, sino, que los fracasos se repitan, que sean unos iguales a los otros y que se persista en ellos sin pensar con madurez los puntos ciegos y errores? Confían, no obstante, en el eterno retorno de la forma comuna; los muchos que agencian modo de vida autónomo. Entendida como “un pacto de confrontar juntos el mundo”, la comuna no es para ellos aislamiento (comunidad), ni vida política convencional (democracia), sino ética de la situación en los lindes de la insurrección.[7]

De la insurrección al impasse, entonces, se traza el arco común con nuestra trayectoria argentina o sudamericana. Es importante reconstruir esa trama de modo cuidadoso, desde debajo, atentos a los matices y a las  ambigüedades; no solo para comprender el pasaje de la insurrección a la reconstitución de lo político convencional –bajo la dinámica de lo que la resucitada filosofía política llama “hegemonía”–, sino sobre todo para reconocer el terreno de despliegue de nuevas investigaciones militantes.

¿Qué ocurre con la imaginación subversiva entre la insurrección y el impasse? ¿En qué puntos se bloquea la imaginación, el deseo, el devenir? Pero, ¿todo se detiene? Puede que sea así suceda con los “revolucionarios”, pero no con las energías colectivas que reinventan otras imaginaciones, otros flujos de vitalidad que atraviesan la trama social. No es posible desconocer al respecto esa zona gris creciente en la que los otrora “excluidos” reinventan una compleja y pujante pragmática[8](que algunos llaman “economía popular”) en la que la frontera entre cálculo vital y verdad ética carece de fijeza, sino que exhibe, mas allá de toda ideología izquierdista, la circularidad indecisa entre dispositivo (¿parte baja del llamado neodesarrollismo?) y subjetivación (invención de un vitalismo plebeyo). En efecto, en la fase actual que algunos llaman “postneoliberal” –mix neoliberalismo/estado– se despliega ante nosotros el doble proceso de un vitalismo popular y de su interiorización en las categorías de la economía capitalista y de la comunicación. La vida se desdobla en un vitalismo smart –como lo llama CI– y un mortalismo poblado de vidas sumergidas, sometidas a un régimen de crueldad (espejo en el cual nuestro presente no tolera mirarse), velando el paisaje dominante de los modos de vida urbanos: capital cultural de clases medias + desposesión de los “pobres”. 

Esta división regula el estado de cosas y desanima la producción de alianzas insólitas. Se trata de neutralizar el tipo de vitalidad que interesaba a Foucault: “vitalismo sobre fondo de mortalismo”. Es decir: la extracción de vitalidad, o la invención de modo de vida, sobre la base tangible del régimen de la crueldad. Es el tipo de vitalismo que dramatizaron las figuras más potentes de la insurrección de 2001. Sin ese vitalismo es inútil delinear la comuna de las que habla el CI, especialmente cuando pensamos que ésta asume “sus propias fuerzas como fuente de su propia libertad”. Un modo de entender los vínculos y de estar en el mundo; una trinchera (paradojalmente siempre abierta) movilizada por la exigencia de desafiar la realidad.[9]

Y sus contracaras, bien lo sabemos: cuando la comuna no tiene exigencia vital propia reproduce el mismo sopor de lo social-neoliberal. Esa exigencia da nacimiento a lo real de las situaciones, lo que el CI llama “universal concreto”, por oposición al “universal abstracto” de la globalización. Es decir, no surge como mero efecto del enfrentamiento con el enemigo, sino de la afirmación de un modo común de vida, otro. Pero esa liberación de tiempo, esa disposición a levantar las barreras de la ciudad neoliberal deviene pura estupidez  si no es capaz de extraer una vitalidad que sólo otorga la problematización seria: esa alegría que ya no debe nada a la ideología de la fiesta ni de la familia ampliada. Es esta articulación entre fondo de muerte y extracción de vida la que queda bloqueada en un régimen de lo sensible caracterizado por la acumulación veloz, por la violencia difusa y por la centralidad del consumo en términos puramente cuantitativistas.

Todas estas discusiones, que hemos conocido bien a partir de la coyuntura insurreccional de 2001, han quedado bajo sordina en la coyuntura política local actual, secuestrada por fuerzas adversas, esas que algunos llaman las “mafias” y nosotros llamamos, con menor énfasis en el plano legal y más atención a su funcionalidad a los procesos de acumulación, “régimen de la crueldad”.[10]

El aturdimiento de la polémica entre (autodenominados) liberales y populistas vino a desplazar la experimentación desplegada a nivel de los dispositivos. O se la condena por pertenecer al oscuro mundo del neoliberalismo popular, o bien se la confina a la tutela del estado –lo que no deja de plantear desafíos en el nivel de las líneas de experimentación. Uno de ellos puede ser planteado del siguiente modo: ¿cómo se relacionan las resistencias, las luchas y las insurrecciones con las situaciones políticas que surgen bajo sus efectos? ¿Es tan seguro que la noción de Poder Constituyente es externa –como sugiere de modo confuso el Comité– a las relaciones que se instauran una y otra vez entre creación de modos de vida y tácticas de un contrapoder? ¿No remite este concepto, en cambio, a la necesidad de actuar desde los contrapoderes, dentro y contra los dispositivos mismos de gobierno, sin ilusión alguna de creer en ellos? ¿No es de este modo que necesitamos leer A nuestros amigos?

Esa potencia spinoziana en busca de su incremento de la que nos habla el Comité Invisible vive desdoblándose entre una imagen que la captura al hacer de ella un modelo de productividad, un ideal de felicidad y consumo, y una proliferación “sin imagen”, puro afecto de incremento. Esta distinción nos parece fundamental: mientras que la imagen-de-la-potencia produce modelos controlados, su falso opuesto es una imagen de derrota e im-potencia que se adjunta de modo generalizado a todo aquel que no participa activamente del optimismo ambiente.

Esta distribución estereotipada de lo que es potente y lo que no actúa –nos parece– en la rápida referencia del Comité Invisible a las políticas sociales en Sudamérica: al denunciar los planes en sobrevuelo como política anti-insurrección captan una parte de la verdad (parte que toman de los trabajos de Raúl Zibechi) aunque, a nuestro entender, pierden la otra: el rasgo que les pasa desapercibido de la insurrección del 2001. Nos referimos a la capacidad de los movimientos piqueteros –muchos de ellos autónomos- de apropiarse de la distribución de los planes. El problema no son –nunca fueron– los planes en sí, sino, para decirlo con CI, el hecho de que se los inscriba o no en una relación de gobierno y cómo. Luego del 2001, el discurso sobre los piqueteros y los planes sociales tiende a confundir los términos. Para el Estado, se ha tratado de trabajadores incluidos en la promesa de una vida feliz. Para los liberales y no pocos izquierdistas radicales, se trata de formas de clientelismo y manipulación, de financiamiento de una vida improductiva, sino delincuencial, al servicio del gobierno de turno. Ninguna de estas posturas dominantes logra captar la relación interna entre planes sociales y rechazo al trabajo procedente de la insurrección, ni desea reaccionar contra esta imagen generalizada que condena a extensos contingentes barriales a una supuesta pasividad. De este modo todos los discursos de la futura igualdad –nacional populares, izquierdistas o liberales– no hacen sino prolongar las relaciones jerárquicas (clasistas y racistas) que agrietan la ciudad. Aunque aún escasas, es preferible señalar las tentativas de contra-efectuar –potencia “sin imagen”, justamente– un vitalismo que enfrenta –y no se apoya en– la dinámica neoliberal y la lógica de la crueldad que organiza los poderes de hecho en los barrios, en las prisiones y en el amplio arco del trabajo sumergido.

La potencia “sin imagen” se presenta como experiencia ética de resistencia a la disposición misma del régimen de lo sensible, que es al mismo tiempo resistencia a la estructura material que lo sustenta y organiza. La insurrección no se apaga sola. Entre potencia e imagen-modelo, entre crisis y gubernamentalidad, en favor de nuevas experimentaciones en el campo de la verdad y de las formas de vida, ni en América Latina ni en Europa hemos logrado elucidar ni de cerca –es evidente– cómo desarmar las articulaciones estratégicas del capital.  
3. La risa del rebelde

Entre la irrisión y la risa reconozco una gran diferencia” –dice Spinoza en su Ética. “La risa, como también la broma, es pura alegría”. La irrisión, en cambio, es una “alegría nacida de que imaginamos que hay algo despreciable en la cosa que odiamos”.

Ciertamente es la risa la que nos embarga cada vez que el Comité Invisible escribe “nosotros, los revolucionarios”. Puesto que, como decía el Che Guevara, el deber de un revolucionario es “hacer la revolución”. Y puesto que no sabemos exactamente cómo hacerla, no podemos tampoco prescindir de  la risa ante este tipo de autoafirmación. Esa risa es “alegría”, creemos, cuando se admite que no se sabe y aún así se prosigue. Sin humor, sin una risa política y hasta filosófica, es imposible tratar cuestiones centrales en la ética y la verdad de este proseguir.

Y para proseguir es imprescindible detectar claves que nos permitan superar obstáculos. Uno de ellos, pensamos, lo ofrece el CI cuando afirma que es necesario aprender el cuidado de los devenires. El “revolucionario”, dicen, es aquel que trata bien los devenires. Un enunciado micropolítico fundamental, pero que entraña al mismo tiempo todos los problemas que la “revolución” debe sortear: puesto que para empatizar con los devenires revolucionarios de las personas seguramente hay que estar también tomado por ellos. No hay “pastor” de los devenires. Hay encuentro entre transiciones de incremento de la potencia que deben, como primera medida, abandonar el falso humor del desdén y la soberbia que sólo sabe denigrar a los otros y acaba por impedir la preciosa tarea del cuidado inmanente de los procesos de resistencia creativa.  

El segundo de ellos tiene que ver con la asamblea y con ciertos rasgos caricaturales de los grandes movimientos. El Comité no se conforma con la asamblea y ataca su fetiche. Tampoco son nostálgicos del movimiento alter-globalización de la década pasada, al que burlan considerándolo el primer intento de asalto pequeño burgués al poder burgués. Ni adhieren a las bondades de Internet y las redes sociales (“democracia conectada, participativa, transparente”), sino que más bien hostigan a quienes proponen rediseñar los sistemas de toma de decisiones con asistencia de las nuevas tecnologías, reforzando la penosa tendencia a hacer de la democracias un sistema de sondeos permanentes. Las malas respuestas no anulan la pertinencia y hasta la urgencia de las preguntas que les dieron origen. A lo sumo, muestran que estas preguntas no fueron bien planteadas, porque es en ella –más que en las respuestas– donde mayor relevancia cobra la radicalidad.
Y, en efecto, también nosotros hemos vivido el sopor de la asamblea y la banalización irritante que se hace de los lenguajes de los movimientos de lucha. Nunca más necesario, por tanto, atender a la sintaxis del contrapoder: no como categoría interna a lo que el neoliberalismo llama democracia, sino como dinámica de un poder constituyente –cosa que el Comité rechaza, a partir de sus polémicas con el énfasis institucionalista de los “negristas de Madrid”. Sólo volviendo a la radicalidad del planteamiento parece posible aprehender los problemas en serio: la capacidad de las luchas por crear elementos de una vida común diferente y de situar esa diferencia en la densa conflictividad del presente (y no tomarla como una moral separada y abstracta). Es decir, la necesidad de crear articulaciones entre quienes rechazamos el modo en que se gobierna el antagonismo en nuestras ciudades.
En tercer lugar necesitamos discutir a fondo lo que entendemos por neoliberalismo. El Comité muestra bien hasta qué punto el neoliberalismo es un modo de coordinar dispositivos en función de la acumulación y cómo en la época de la subsunción real de la vida en el capital ya no hay siquiera una teoría política autónoma a esta dinámica de desposesión. Como sabemos, en el centro de esta comprensión crítica de lo neoliberal se encuentra cierto período del pensamiento de Foucault. En efecto: ¿cómo desplegar resistencias activas y constituyentes, dentro y contra el neoliberalismo, que no sean mera nostalgia de los socialismos reales o, peor aún, de las “burguesías nacionales” con las que sueñan los llamados populistas de Sudamérica? [11]

La importancia de la teorización del neoliberalismo como paradigma de gobierno afecta, como hemos dicho, la teoría del estado y fuerza a los movimientos de resistencia a producir autonomía a partir de un pragmatismo radical, que no excluye altas dosis de maquiavelismo en el nivel de las instituciones.[12] Pero todo este campo de experimentación queda obstaculizado cuando se malversa la problemática en cuestión y se nos conduce a leer la “última lección” de Foucault en términos alucinados: Foucault tomaría de los neoliberales los valores de “multiplicidad”, “libertad” y “pluralidad” que una refundación de la “izquierda” necesitaría, en contra de los totalitarismos inherentes por igual a toda idea de unidad, sea estatal, social o comunitaria.[13]

En efecto, cuando se actúa como si el neoliberalismo fuese fuente de crítica contra lo Uno se olvida que el Uno de la dominación actual es Uno-múltiple del propio. Al oponer Mercado –plural– a Estado –unificado– no se nos deja ver que la gubernamentalidad neoliberal afecta la naturaleza misma del estado y que el neoliberalismo, más que oponerse, da lugar a un tipo de estado propiamente neoliberal. Es lo que nos enseña Maurizio Lazzarato cuando afirma que el liberalismo nunca fue, sino, una variante del capitalismo de estado.[14] Al aceptar las nociones de “libertad”, “pluralidad” y “multiplicidad” del universo de los mercados (como si al aceptarlas se aceptaran meros conceptos y no modos de subjetividad), se nos priva de pensar la diferencia en sí, la diferencia diferenciante, que es el único modelo vivo con que la potencia cuenta para enfrentar el reinado de la libre servidumbre neoliberal.

Enredados como estamos en el tejido de las máquinas neoliberales –de crédito, de consumo, de interconectividad, de productividad y de seguridad– necesitamos con urgencia reorganizar la problemática que impone la cuestión del neoliberalismo (o del llamado “postneoliberalismo” sudamericano), a riesgo de suprimir definitivamente el problema de cómo verdaderamente se crean (“en el fondo de cada situación y en fondo de cada uno”) posibles modos de vida. Pero ¿cómo alcanzar esta percepción común sobre la que organizarse y fortalecer las luchas? Incluso: ¿cómo construir una fuerza que no sea organización separada –porque no buscamos organizaciones trascendentes–,[15]pero capaz de contrapesar el poder subjetivamente de la máquina, del dispositivo?

Enfáticamente, entonces, recomendamos a nuestros amigos aceptar el convite y disponer el tiempo para la lectura de esta obra clave, iluminadora de las luchas en el siglo XXI, de las recientes, de las presentes, de las por venir. El Comité Invisible ha recorrido todas las insurrecciones de la última década y media; ha sistematizado a partir de allí toda una serie de operaciones y distinciones útiles para todxs nosotrxs y ha armado un plan: cuando la opacidad es estratégica, cuando nada de lo que sucede ante nuestros ojos es lo que parece, necesitamos casi con desesperación elementos cartográficos como los que brinda A nuestros Amigos.[16]Su lucidez es enteramente resistente, enteramente creadora de existencia, enteramente firme. Aceptemos la invitación y llevémosla más allá, más allá de nosotros mismos. Allí donde no somos cada uno. Allí donde la política convencional (si quiera de “izquierda”) no alcanza. Todo el resto es idealismo.


[1] Editado por Heckt, 2016, y desde esta semana en librerías (https://www.facebook.com/rana.hekht
[2] Los desplazamientos en A nuestros Amigos son muchos, tantos que algunos –fundamentales— quedaron afuera de este modesto preludio. Ante esta inevitable incompletud, sugerimos la lectura de los textos de Amador Fernández- Savater, quien viene reseñando de modo muy implicado los textos de Tiqqun y el Comité Invisible. Presenta de este modo, por ejemplo, el libro aquí comentado: “A nuestros amigos es un pequeño acontecimiento en el mundo editorial, no en el sentido de que sea un éxito de ventas o de marketing, sino una anomalía en las maneras de escribir y publicar. No es un libro de autor, otra marca personal en la red de los nombres, sino que viene firmado por la denominación ficticia de una constelación de colectivos y personas que sostienen que “la verdad no tiene propietario”. No es un libro que surja simplemente de la lectura de muchos otros libros, sino también de un conjunto de experiencias, de prácticas y de luchas que consideran importante pensarse y contarse a sí mismas. No es un libro que pretenda alimentar un ruido de temporada ni convencer a nadie de nada, y por eso se dirige “a los amigos”, a los que de alguna manera ya caminan juntos aún sin conocerse, proponiendo una serie de señales, como esas muescas que dejan los senderistas para otros amantes de las caminatas, con la diferencia de que este camino no existe con anterioridad, sino que se hace (colectivamente) al andar”. Véase: “Reabrir la cuestión revolucionaria (lectura del Comité Invisible)”; “La pesadilla de un mundo en red” (sobre La hipótesis cibernética); “La revolución como problema técnico”: de Curzio Malaparte al Comité Invisible”.
[3] Este desplazamiento radicaliza y difumina las dos líneas estratégicas del pensamiento  foucaultiano, especifica Agamben, aquella que sustituye la historia de la dominación por el análisis de los procedimientos y técnicas de la gubernamentalidad (dispositivos); aquella que sustituye la teoría del sujeto y la historia de la subjetividad por el análisis histórico de los procesos de subjetivación y de las prácticas de sí (subjetivaciones).
[4] Si todo es dispositivo es porque –en definitiva- nada es de modo puro naturaleza humana. Dada la prematuración del retoño humano, los modos de ser son enteramente construidos en la experiencia. A falta de instinto, todo es artificio en el humano. Todo es dispositivo quiere decir: lo político deviene esencialmente micropolítico. Y la disputa por los artificios lo es también por la idea misma de humanidad a crear.
[5] También aquí se hace claro el diálogo con Foucault (aunque por momentos da la impresión que detrás de Foucault se trata de Heidegger), para quien el Estado no es una alternativa a la moderna gubernamentalidad, sino que esta última es la condición efectiva para la eficacia tanto del mercado como del propio Estado. 
[6] Quienes deseen ampliar esta fundamental tesis (el poder es logístico y reside en las infraestructuras) son muy recomendables los artículo de Amador Fernández Savater al respecto: “La revolución como problema técnico”: de Curzio Malaparte al Comité Invisible” y el punto 4, El poder es logístico, de “Reabrir la cuestión revolucionaria (lectura del Comité Invisible)”. Entre otras cosas, se podrá encontrar allí expuesta la discusión al respecto, en los preludios de la Revolución Rusa, entre Lenin y Trotsky: “Para Lenin, se trataba de suscitar y organizar un levantamiento general de las masas proletarias que desembocase en el asalto al Palacio de Invierno. Para Trotsky, por el contrario, la revolución no pasaba por combatir a pecho descubierto al gobierno y a sus ametralladoras, ni por tomar palacios o ministerios, sino por adueñarse de la organización técnica de la sociedad: centrales eléctricas, ferrocarriles, teléfonos, telégrafos, puertos, gasómetros, acueductos, etc. Para ello, no se necesitaban masas proletarias algunas, sino una tropa de asalto de “mil técnicos”: obreros especializados, mecánicos, electricistas, telegrafistas, radiotelegrafistas, etc. A las órdenes de un ingeniero-jefe de la revolución: el mismo Trotsky”.
[7] Partiendo de las experiencias de luchas comunitarias de Bolivia y México, Raquel Gutiérrez Aguilar y Huáscar Salazar Lohman avanzan hipótesis de lo más interesantes sobre la capacidad comunal de reapropiarse de las condiciones de su reproducción y de disputar a la lógica del capital su capacidad de identificar trabajo social con trabajo abstracto. Ver su artículo «Reproducción comunitaria de la vida. Pensando la transformación social en el presente”, en Revista de estudios comunitarios «El Aplante”, n1, Octubre 2015.
[8] Ver Verónica Gago, La razón neoliberal. Economías barrocas y pragmática popular, Tinta Limón Ediciones, Buenos Aires, 2014.
[9] Atacar la realidad, verdad como desplazamiento, política existencial como desafío son todas imágenes que proceden de la obra de Santiago López Petit, una auténtica travesía del nihilismo. Ver en particular: Breve tratado para atacar la realidad (Tinta Limón Ediciones, 2009) e Hijos de la noche (Tinta Limón Ediciones, 2015).
[10] Se trata de una expresión que tomamos a partir de la “pedagogía de la crueldad” tal y como la piensa la antropóloga Rita Segato para la situación latinoamericana. El “régimen de la crueldad” intenta comprender modos informales de gobierno que conectan las figuras del trabajo sumergido con la renta global. Puede verse “La pedagogía de la crueldad”. Entrevista a Rita Segato, Página/12 – Las/12, 29 de mayo de 2015: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-9737-2015-05-29.html.
[11] Cuanto más entra en crisis la idea de progreso, tanto más se desmerece a priori como “nostálgico” toda reflexión crítica que se aparte del sistema renovado de las promesas que una y otra vez se nos formulan: sea la confianza en la renovación continua de las tecnologías, en las posibilidades de nuevos consumos o en el futuro político. La resistencia al futurismo propio del “dispositivismo” no es nuevo. Como lo muestra Christian Ferrer en “Los destructores de máquinas y otros ensayos sobre la técnica y la nación” (Ed. Biblioteca Nacional, Bs-As, 2015), de los ludditas en adelante, siempre ha habido movimientos que intentaron hacer la guerra contra la instauración de formas de progreso dañinas para la vida común.
[12] Sobre todo en los contextos en que las instituciones actúan como dispositivos, y sólo en la medida en que esos dispositivos sean lo suficientemente porosos.
[13] Geofroy de la Lagasnerie, La última lección de Michel Foucault, sobre el neoliberalismo, la teoría y la política, Fondo de Cultura, Bs-As, 2015.
[14] “El neoliberalismo representa una nueva etapa en la integración del capital y el Estado, la soberanía y el mercado, de la que la gestión de la crisis actual puede considerarse una consumación” (pág. 95). Mauricio Lazzarato, Gobernar a través de la deuda, tecnologías de poder del capitalismo neoliberal, Amorrortu, Bs-As, 2015.
[15] Esta organización no separada, esta efectividad de la fuerza, ha sido pensado bajo la forma de la comunidad, es decir, reproducción de la vida colectiva más autogobierno. De Oaxaca a Achacachi, los comunalismos actualizan una subjetivación diferente y por momentos antagonista a los dispositivos neoliberales (de mercado y de estado).  Lo común no preexiste, sino que es producción.  Es decir, luchas concretas.  Y es seguramente desde estas producciones que adquiere todo su sentido el rechazo al paradigma del gobierno y a su filosofía política. 
[16] Tomemos sólo dos ejemplos próximos para nosotros, lectores argentinos o sudamericanos: hemos visto cómo los caceroleros de la derecha se apropiaron del ropaje de la insurrección, en Bs-As tanto como en San Pablo. Sea a partir de la vitalidad que por un tiempo mostraron los gobiernos llamados “progresistas” de la región, sea por la incapacidad propia para contrarrestar con la fuerza de la insurrección a las redes mediáticas y biopolíticas que no saben de sino de polarizaciones sordas entre estatistas y pro-mercado, una y otra vez la insurrección -lo más real- se trastoca en lo delirado, en el delirio mismo.

CLINAMEN: La dramática coyuntura de Brasil pensada desde las micropolíticas

laymertgarcia_2conferencianacionaldecultura_foto_gilsoncamargo_brasilia11_03_10

Conversamos con Laymert Garcia dos Santos,  sociólogo y Profesor de la Universidad de Campiñas, autor de libros sobre relaciones entre tecnologia y sociedad, cultura y arte contemporáneo. Hablamos de la dramática coyuntura de Brasil pensada desde las micropolíticas

“Me pregunto si Podemos no es un contraejemplo, eso que no debemos hacer: volver al marco electoral” // Frédéric Lordon

 


El economista Frédéric Lordon -quien recientemente publicó en Argentina Capitalismo, Deseo y Servidumbre. Marx y Spinoza– cree que el movimiento Nuit Debout no es de corte reivindicativo. “Si el gobierno se acaba, nosotros permaneceremos porque eso a lo que aspiramos va mucho más allá”, asegura.
José Bautista para La Marea
Ya había pasado la media noche del jueves 31 de marzo y allí seguía Frédéric Lordon debatiendo con un amplio grupo de ciudadanos que había decidido acampar en la céntrica plaza de la República de París. Aquel día, tras la manifestación en París contra la reforma laboral de Hollande y el concierto-proyección que la siguió, Lordon dio un discurso que pasará a la historia como el punto de partida de la Noche en pie(Nuit Debout), el recién nacido movimiento de indignados de Francia.
“Hoy cambiamos las reglas del juego. Jugábamos con las suyas. A partir de ahora, lo hacemos con las nuestras”, exclamó Lordon ante los asistentes. Tres días después, el domingo 34 de marzo, Lordon tomó de nuevo la palabra en la asamblea ciudadana que se celebraba por tercer día consecutivo enRépublique. “Escribamos la constitución de la República Social”, pidió ante los cerca de 2.000 indignados que aquella tarde se congregaron en la plaza de la liberté, egalité et fraternité de la capital francesa.
Lordon, el economista y sociólogo que dirige las investigaciones del prestigioso Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) de Francia, asegura estar cansado de que intenten endorsarle la etiqueta de líder. Sin embargo, sus ideas alternativas y su mirada crítica lo convierten en uno de los intelectuales que más admiración despiertan entre los miles de franceses que desde el pasado 31 de marzo se reúnen en asamblea –y en algunos casos acampan- en París, Lyon, Tolouse, Rennes y otras localidades galas inspirándose en el 15M de España.
Seis días después del nacimiento de la Nuit Debout, Frédéric Lordon concede a La Marea su primera entrevista. Contesta las preguntas por correo electrónico.
Hace poco dijo usted que “es posible que estemos haciendo alguna cosa”. ¿Qué quería decir exactamente?
¿Dónde estamos en este momento?
Exactamente, ¡lo dije tal cual! Alguna cosa. Hay una rabia silenciada, exasperaciones terribles acumuladas desde hace años, incluso décadas, que no tienen por objetivo real “el gobierno” o “los gobiernos” –que entre paréntesis han implementado todos políticas rigurosamente idénticas- sino un tipo de sociedad ampliamente detestable. A raíz de la película Merci patrón! (¡Gracias patrón!) de François Ruffin y la reforma laboral, dos grandes catalizadores, algo se produjo en la Plaza de la República el jueves 31 de marzo. Algo y ni nosotros mismos sabemos qué. Lo sabremos. Cómo se construirá el movimiento, si adquirirá importancia o si caerá, qué objetivos políticos logrará alcanzar… Nadie lo sabe.
¿Qué parecidos y diferencias ve usted entre la gente que está en la Plaza de la República y los indignados que ocuparon las plazas de España durante el movimiento del 15-M?
No conozco suficientemente bien lo que sucedió en el movimiento español del 15-M y no puedo responder con precisión a la pregunta. Tengo la sensación de que en España vosotros tuvisteis dos potentes factores catalizadores que no tenemos en Francia: por un lado la deuda inmobiliaria de los hogares y los desahucios y, por otro, la corrupción de los políticos a gran escala. En Francia la cuestión social, la cuestión del trabajo y el empleo siguen siendo muy importantes. Pero precisamente la particularidad del movimiento actual está en que no se limita a reivindicaciones como la de asegurar el trabajo o mejorar las condiciones laborales, o cualquier cosa en este sentido, sino a criticar fundamentalmente la situación del trabajo en sí y de los propios trabajadores. Es por tanto una crítica al capitalismo.
Habla a menudo de la importancia del contacto entre los jóvenes y las clases obreras. ¿Por qué este contacto es tan importante?
Porque no hay movimiento social fuerte que no pase por esta conjunción, a la que además será decisivo sumar a la juventud marginada de los suburbios. En tiempos normales, toda la sociología se opone a este encuentro. Y, de hecho, durante mucho tiempo, las clases obreras fueron masacradas por el capitalismo neoliberal sin que nadie se preocupara. Sobre todo la pequeña o mediana burguesía urbana educada, los intelectuales precarios, etc. Lo que sucede con la Nuit Debout tiene como principal finalidad hacer aparecer de nuevo eso que todas las categorías sociales, normalmente alejadas unas de otras, tienen fundamentalmente en común: ¡su condición de asalariados! Podemos incluso añadir otras categorías –como los agricultores por ejemplo- que, a pesar de no ser asalariados, no sufren menos bajo la dinámica general del capital. Es esta dinámica general, excluida del debate desde hace décadas, la que ahora vuelve a ser discutida.
¿Cree usted que veremos un Podemos a la francesa teniendo en cuenta el contexto actual?
No lo creo y añado que, por mi parte, no lo deseo. Para ser claro, me pregunto incluso si Podemos no es una especie de contraejemplo, el modelo de eso que no debemos hacer: volver al marco electoral, la renormalización institucional. Volver al juego institucional es la muerte asegurada de todos los movimientos. Y ahora te preguntarás, ¿cómo transformar estas reuniones en logros políticos para que no hayan sucedido en vano? Es una pregunta estratégica de primer orden. Mi respuesta para salir de esta terrible tenaza es que si volver al juego electoral institucional es la muerte, entonces no nos queda otra solución que rehacer las instituciones. Es por eso que creo que el objetivo político que debemos fijarnos, y lo dije en la Asamblea General del domingo, consiste en reescribir una constitución. Pero sin que eso se vuelva un ejercicio jurídico formal y alejado de la calle, como suele ser el caso. Debemos escribir la constitución de la República Social. Y al contrario que la república actual, que es de hecho la república burguesa, cuya vocación es sacralizar el derecho a la propiedad, la República Social debería tener por misión abolir el principio de la propiedad lucrativa de los medios de producción e instaurar la propiedad de uso: los medios de producción no pertenecen a los accionarios, a los propietarios, a los capitalistas; deben pertenecer a quienes se sirven de ellos, más allá de fines lucrativos.
¿Cuál es su rol en el cambio social que Francia parece estar viviendo?
No hago otra cosa que aportar mi contribución dentro de la división del trabajo político, con unos medios que son los míos, los de intervención de un intelectual, ni más ni menos. ¡Este movimiento no tiene líder y meterme de cabeza es lo último que me apetece! Parece que algunas de mis intervenciones han podido producir efectos de cristalización, y es genial. Pero hasta ahí llega lo que me concierne. Por otra parte, los movimientos como el nuestro, y con razón, atraen intentos de captura individual y de personificación de las dinámicas colectivas. Si alguien tuviera la absurda idea de nombrarse “líder”, ¡lo mandarían de vuelta a sus queridos estudios! Pero los medios son incapaces de entender cosas así y se obsesionan con la “encarnación”, las “figuras representativas”, los “líderes” y todo ese repertorio de filosofía individualista y heróica de la historia. Y cuando no encuentran eso que buscan a toda costa, ¡se lo inventan! Es por esa misma razón que rechazo sistemáticamente todas las invitaciones de los medios para expresarme, todas las peticiones de “retrato”. No paro de ver artículos que me presentan como “figura” eminente, para personalizar lo impersonalizable. Es un poco agobiante.
Hay una lucha entre la solidaridad y el miedo en Francia y el resto del mundo. ¿Tiene usted una postura más bien optimista o pesimista a corto y largo plazo en relación al cambio social en Francia?
Cómo responder a esta pregunta… No tengo las más mínima idea de cómo van a suceder las cosas. Sin embargo, no puedo evitar pensar que el capitalismo neoliberal ha maltratado tan profundamente al cuerpo social que no puede no suceder, de un momento a otro, una reacción violenta. ¿Ha llegado ese momento? ¿O el movimiento encallará? No lo sé. De lo que estoy seguro es que incluso si termina en apariencia, en realidad no habrá fracasado, porque habrá sembrado algo en las mentes. Y ese algo tarde o temprano volverá.
La ley El Khomri ha despertado la indignación de una gran parte de la población francesa. Si el gobierno renuncia a esta norma, ¿cree usted que esa indignación se desinflará?
Ese es el gran desafío de nuestro movimiento. No es un movimiento reivindicativo, esa es la gran novedad. No reivindicamos la retirada de la ley El Khomri. Al fin y al cabo respecto a esta ley, ¡nos da igual! Esta ley ha sido el detonante de muchas otras cosas mucho más fundamentales. Incluso si retiran la ley, incluso si el gobierno se acaba, nosotros permaneceremos, porque eso a lo que aspiramos va mucho más allá: no queremos reivindicar más, sino afirmar. Afirmar nuevas formas de trabajo y política.

Salvarse y condenarse: Estrategias políticas y timbeo // Andrés Fuentes

1-     Salvarse como trabajo
Leo la noticia: un tipo de Senegal que llegó a España en una balsa y labura en unas plantaciones en Tenerife, se ganó el gordo de navidad. Cuatrocientos mil euros a la bolsa. Si: un refugiado ganó la lotería. «No puedo creerlo, si les dijera que no tenía ni cinco euros», vocifera emocionado el negro ante los micrófonos. “Esto cambió mi vida y la de mi familia. Adiós a las plantaciones”.
Un paria da un salto abismal y es millonario. Se salvó el negro. ¿Cómo lo hizo? Jugando. Y si: una de las éticas que sustenta hoy la timba es la de salvarse.
Salvarse para estar bien es huir de obligaciones-garrón y permitir un gasto de bacán: autos, pilcha, casas, tecnología, viajes zarpados y giras suculentas… o si no se alcanza una vida de bacan, por lo menos estar tranqui.  No se salvó pero está conforme. Se dio un gusto imposible por sus finanzas naturales. Importante: ¿de cuánto son los premios en una sala? Mencionemos algunos casos de tragamonedas: hace unos días en Rosario una máquina dio un premio de 680.000 pesos. A fines del año pasado, una sala de Merlo dio 49.305, y otra de Caseros 137.527. Uno de los records del país lo tiene también Rosario, cuando a fines del 2013 hizo ganadora a una mujer con 2.700.000 pesos. Dependerá del paladar de cada jugador y sus condiciones de existencia si estas cifras implican salvarse o estar tranqui.
Decíamos: salvarse permite correr el cuerpo del desgaste urbano y todas sus demandas infernales. Un desplazamiento que blinda del cansancio. Históricamente el juego por plata en sus diversas expresiones fue una oportunidad de salvarse del trabajo (se jugaba poco en casinos, más que nada por lotería). En el contexto de una sociedad donde trabajar ya de por si era un sentido fuerte, se buscaba pasar de vivir para trabajar, a vivir para disfrutar. Zafar de un laburo por qué no gustaba, de los jefes ortibas, o para aumentar el nivel de consumo (una movilidad social meteórica no conquistada por el esfuerzo o las credenciales educativas).
Hoy es distinto. Para explicarnos se hace necesario diferenciar entre el mulo y el soldado. Mulo es el que el carga con el peso del displacer de un deber sentido como obligado (otra no queda, relincha por lo bajo). El soldado le pone huevo a una causa que le infla el pecho de sentido. Sea por la buena remuneración, el tipo de laburo que hace, el vértigo de la autogestión… Sea bajo el modo que sea, se mezcla en su mochila de ingresos planes sociales, transas, laburo asalariado, ayudas familiares…
Para el soldado y el mulo –fundamentalmente esta figura- salvarse por la timba es potenciar o reemplazar directamente el trabajo de buscar guita en la ciudad para zafar de todas sus rispideces –sea como sea ese laburo-.  Lo importante es conseguir dinero. Siempre el dinero. El trabajo asalariado como dignidad, acción primordial, ahora es impugnado por muchas generaciones. Lo que más vale es la capacidad de generar una buena moneda. Capitalizarse para gozar.
2-    Algunos rasgos del salvarse
Decíamos que salvarse es un trabajo específico que busca ahorrar en el trabajo general de buscar guita en la ciudad para disfrutar de la moneda conseguida. El que se salva la hace bien. Hacerla bien es aprovechar la pura suerte; estar en el lugar adecuado en el momento propicio. Pero también sabemos que para salvarse hay planificación. Sí, hay una carrera para salvarse. Ya vimos la pedagogía de muchos jugadores en todos sus matices.
Estas estrategias cargan con una vocación más o menos fervorosa. Para muchos jugar es una pasión. Un momento mágico y encantador. Cuando se organiza en el sentido de salvarse, se actualiza una vez más el espíritu de la burguesía heroica, aquel ethos aventurero que fundó el capitalismo; el atravesar territorios inciertos y arriesgarse a perderlo todo.
Más allá de esto, hay que decir que el trabajo que implica aprovechar el evento que nos permite salvarnos muchas veces es medio garrón. Por algo metodológico: para salvarse hay que implementar estrategias que no nos gustan. Jugar es una vocación, pero a veces hay que taparse la nariz si se quiere ganar –no son pocas las estrategias sacrificiales de muchos timberos-. Se banca todo por un sueño: salvarse. El cálculo es muy simple: es ahora o nunca. Hay que meterle. ¿Quien dijo que no hay más cultura del esfuerzo?
Pero también por su misma finalidad: a veces ni siquiera jugar es un gusto. Se prueba para salvarse. Gente que nunca jugó o lo hizo alguna vez y mucho no le interesó, ahora lo hace. Una deuda que pisa los talones, un gasto fuerte que se viene y que no se puede bancar… irrumpe la chance loca de jugar y ver qué pasa. Un salvarse que ya no sueña con franquear los límites de gasto instituidos sino de buscar la heroica, el tiro al pichón para no dejarse chupar por un bache pronunciado o directamente el abismo de las deudas.
Hablemos de la ética del salvarse y su componente inmoral; ser indiferente a transgredir la ley. No importa pasar de largo la barrera de la ley con tal de salvarse –el rol de la trampa que ya vimos. Lo cual no implica que esté por fuera de toda regla: salvarse, hacerla bien, estar bien: conceptos de una nueva teología contemporánea. Salvarse como una redención terrenal: aquí y ahora damos con el premio. Por que salvarse es eso: dar un golpe. Algo que cae del cielo y hace saltar los carriles de la vida ya dada. Una experiencia que viene de una fuera, un imposible buscado que es alcanzado. Los bingos se transforman en un punto que en la cartografía urbana promete salvación. Por ahí ocurren los milagros.
3-    Condenarse
Hay otra ética que sustenta el juego. Un timbear más cínico; apostar se transforma en un “como si”. Acá no es un tema de la magnitud del dinero de los premios, si es mucho o poco, si es para salvarse o estar tranqui un tiempo nomás. Hay un cambio cualitativo: ganar no es lo más importante. No deja de ser un sentido, seguro, pero ocupa un lugar secundario. Muy secundario.
¿Los motivos? Hay un cálculo muy simple en estas reflexiones: que ganar es difícil. Y si se gana, siempre es mucho más lo que se pierde. La proporción apuesta-triunfo es muy despareja. Pero hay otro relieve en esta figura tan heterogénea del condenarse: la convicción de que las salas hacen trampa; varios jugadores comentan que el bingo a los ganadores estafa y no paga, o que las máquinas están programadas para no dar premio nunca. Un fatalismo envenena al jugador: sabemos que cualquier juego que no respeta en su devenir sus reglas básicas o torne muy difícil ganar, pierde encanto. Por eso son condenados: les gusta jugar, los entretiene, aunque trinan por su dinámica. Una impotencia los oprime: la creencia que es imposible -o al menos muy difícil- modificar su situación por encontrarse frente a un poder que conciben como lejano e invencible. No pueden dejar de hacer lo que hacen, aunque eso que hacen no es como debería ser.
4-    El condenado como llorón

Uno de los matices de la figura ética del condenarse es el de llorar.

Definimos llorar como un tipo de crítica que se entiende a partir de padecer un  malestar negativo, sea tristeza, bronca; ser tomado de sorpresa por la situación, o que sea parte del libreto diario; proyectar las causas del hecho en cualquier factor ajeno sin percibir el rol que cumple la propia existencia en la consistencia de lo que critica.  
Los que buscan ganar y se quejan de la sala por sus trampas, escasa cantidad de premios, lloran. Las gerencias de las salas se perciben como algo lejano, desconocido, pero de un manejo infalible e imposible de torcer. Lloran para dar lástima y esperar que todo cambie solo, o a lo sumo, que con su lamento estas autoridades absolutas y caprichosas los escuchen y en una de esas se compadezcan.

Lo potente de llorar: es un tipo de crítica. No banca agilado ni tampoco reniega pero en silencio, chupando amargura. Tiene algo de agite. ¿Lo reactivo? Que llorar nace de una percepción embotada, de una impotencia para elaborar malestares, y una negación de las fuerzas propias. Esto último es lo que más nos interesa: criticar la exterioridad que impone el llorón entre su ser y el escenario que lo afecta. No hay una activación que interrumpa lo que jode de la coyuntura planteada. No hay conquista.

En cambio, es necesario que pensemos que todo lo que ocurre es un emergente. La combustión de la mezcla de una multiplicidad de fuerzas que según como se combinen, así irrumpen. Y que nosotros somos parte de esa mezcla. A veces más condicionados, es cierto, otras quizá más activos. Pero siempre presentes.
5-    Depósito y presupuesto

En el condenado hay una especie de culto a la responsabilidad. Se enfría el vitalismo épico del salvarse y toma forma un espíritu más medido, cauteloso. Aparecen en este sentido ligadas al jugar la idea de presupuesto y depósito. El presupuesto es conocer de antemano cuanto del paquete de ingresos en relación con ciertas frecuencias temporales se destinan a jugar. Cuanto del sueldo se gasta según las veces que se vaya al bingo. El plan: no moverse de esas cuentas. Resulta inconcebible que por jugar no se pague el alquiler, la luz, no tener para el colectivo… Y depósito, porque ya no se busca multiplicar el gasto realizado; no se compite con el bingo y los demás jugadores para ganar. Por eso es un depósito, una plata que no da más plata sino que se intercambia por un servicio cualquiera como si fuera ir a comer a una parrilla o dejar la ropa en un lavadero. Un gasto fijo más. La timba queda reducida a su lógica terapéutica: permite zafar de la vida, alivianar los impactos del hacer diario. Lo afirmativo es no quedarse amargado, secuestrado por las afecciones diarias, sino salir a buscar alegrías.
Desde este cristal ético del presupuesto y el depósito, aquellos que buscan salvarse o por lo menos redimirse -recuperar lo que le sacó el bingo-, resultan bastante inocentes.Y algo peor: si juegan con voracidad además de no ganar y perder fortunas esta el riesgo de quemarse la cabeza. Otra vez, irrumpe el terror al vicio.
6-    Política y desplazamientos
Más allá de las coyunturas políticas del estilo K- anti K y Pro- anti Pro, en los últimos años otros proyectos políticos emergieron de nuestra sociedad. Salvarse, condenarse, son algunos de ellos. Éticas existenciales que organizan nuestra existencia en relación con el dinero, los estados de ánimo, la ciudad, el poder, el futuro…

Los proyectos políticos que encarnar el gobierno estatal inciden de lleno en estos proyectos y sus posibilidades regulando la moneda, las tarifas, el transporte, la seguridad, y tantos etc. Pero rastrear estas estrategias que van más allá de las gramáticas estatales y dan sustento a nuestras vidas y son poco visibilizadas por diferentes discursos políticos, se presenta como un desafío político muy necesario. Sin entender cuáles son los afectos que calcifican nuestra existencia bajo determinados sentidos, difícil que podamos problematizarla.  

Por eso nos interesa recuperar algunas cosas de estas figuras del salvarse y el condenarse. Como toda figura expresan una tendencia, una cierta regularidad en su funcionamiento y con diferentes matices, hasta algunos contradictorios. Pero muchos de estos matices conectados con otras circunstancias pueden abrir nuevas derivas. Por eso nos interesa investigar políticamente la ambivalencia que palpita en las formas que vivimos, pensar estratégicamente como actuar hoy.
7-    Hacer banda y bancar
¿Qué pasa si el salvarse no es potenciar al infinito el presupuesto económico, sino un correrse de la vida presupuestada como sensibilidad valorativa? ¿Cómo un fuerte ingreso de billete permite ahorrar tiempo, energías, para crear otros valores de vida? El salvarse que busca estirar al límite sus recursos, gana en poder pero legitima todo un estilo de vida ya dado. La pregunta es como activar una potencia que trace y organice nuevos valores en su propio andar (transvaloración que, insistimos, sea un desplazamiento y no una negación del salvarse).
Un salvarse ya no como alcanzar una meta de consumo sino hacerse lugar en una dinámica reactiva dotándonos de recursos. A ese movimiento lo llamamos hacer banda y bancar; aliarnos con a otros ganar en espacios y sostenerlos.
Nuestra existencia se despliega en un ambiente precario que en muchos casos expone su virulencia en tanto amenaza de desintegración, sea de laburos, problemas de salud, de vivienda, familiares, accidentes climáticos, los que sea. Hacer banda y bancar, es la reunión de fuerzas a las cuales apelamos para afirmarnos armando un espacio propio, el cual a su vez hay que sostenerlo, bancarlo.  Hacer banda es una acción imprescindible para cortar con un ritmo que nos desarma dando lugar a uno que nos sostiene y que hay que mantener.
Como el salvarse, hacer banda y bancar busca correrse de todo un vértigo abrumador. Pero la diferencia es que en ese correrse se niega un punto a donde llegar sustentado en los sentidos imperantes. Bancar es configurar un territorio propio y que no se sabe para donde puede salir.
8-    Poner huevo
El condenarse en una de sus dimensiones cuestiona el estado de las cosas –la gestión tramposa de la burocracia binguera-. Lo hace como vimos desde la crítica llorona, es cierto. Pero al menos late una inquietud y no le da todo lo mismo; no hay una anemia afectiva con respecto a cómo nos repercute el mundo. La pregunta es cómo recuperar una crítica que se interese por armar nuevos mapas vitales. Esa fuerza crítica la llamamos poner huevo.
Poner huevo como la fuerza que le ponemos a la búsqueda de interrumpir una situación y armar otra. Algo de golpe nos impacta y de ese sacudón nos activamos. Es una elaboración de los malestares que busca armar algo a partir de lo que tiene a mano –en esto se diferencia del llorar-).
Poner huevo escapa de cualquier voluntarismo. Por dos motivos. Va el primero: es llevar al extremo lo que podemos ser, un acelerar que no muta y no deviene otra cosa. Es potencia cuantitativa. Nos empujamos al fondo, algo valioso, pero seguimos siendo lo mismo que éramos. Estiramos nuestra voluntad pero de lo que se trata es de abrir paso a otras fuerzas que palpitan en nosotros y que desean componer con otros para disparar otra coyuntura que la actual. Vamos con el segundo motivo: la única virtud de una fuerza política no puede ser poner huevo; la actitud sin forma ni contenido es un sinsentido. Sin ideas, sin coordenadas claras, recursos de donde echar mano, somos puro choque. Poner huevo es ponernos en movimiento, es una búsqueda: pero sin armar otros mapas es un gesto en sí mismo bancable pero estéril a largo plazo. La frustración tarde o temprano irrumpe en nosotros.
Sin poner huevo como malestar que se organiza en inquietud, no surgen nuevos conceptos, formas de organización, cambios rotundos en nuestra forma de ser; pero sin que se plasme nuestras inquietudes en instancias concretas donde se calcifique antagonizando y haciendo cambiar nuestras condiciones concretas, el poner huevo se vuelve impotente y se disipa.
9-    Riqueza, economía y política 
Hacer banda y bancar como el Poner huevo son ambivalencias que rescatamos de las figuras del salvarse y el condenarse como premisas de época -para lo que sea, partimos de ese lugar-. Y a propósito de estos desplazamientos, nos interesa plantear la idea de riqueza, como posibilidad o no de su fortalecimiento vital.
Decimos riqueza porque somos la resultante de lo que hacemos y como nos apropiamos del mundo. En los intercambios con los demás nos definimos. No partimos de una definición exacta que más o menos se adapta a lo que nos pasa; por el devenir de experiencias que vivimos nos vamos cocinando. Si vamos fortaleciendo unas coordenadas, nos enriquecemos; si se debilitan, nos empobrecemos.
Eso que somos lo somos, pero podemos ser otra cosa. Mutación que depende también de los intercambios que tenemos con el mundo. Que cambiemos radicalmente y engordemos esa nueva valoración también se define como un proceso de enriquecimiento; y su bloqueo es empobrecimiento.
¿Cuándo decimos entonces que nos enriquecemos o empobrecemos? Cuando perforamos y fortalecemos valores que permiten dejar correr afectos que desactivan los parámetros de normalización vigentes. Cuando incorporamos y fortalecemos el valor absoluto es un enriquecimiento triste; cuando fortalecemos un valor nuevo, es un enriquecimiento potente.
Algo importante: la noción de riqueza se diferencia de la felicidad. Cuando hablamos de felicidad somos tentados a referirnos a un devenir lineal y la búsqueda de una meta absoluta, o como un estado fijo y limitada a momentos exclusivos. Seguimos dentro de una estrategia normalizadora.
Enriquecerse es un proceso. Un proceso entendido como acción y sensibilidad. Riqueza como acción: la magia del hacer mismo y lo que se hace. No solo el resultado de lo que hacemos sino el proceso mismo del hacer. Riqueza como sensibilidad: arrancar la vida de cualquier fatalismo y reconocer que siempre estamos presentes en el mundo con posibilidades de modificarlo, como que si o si dependemos de los demás –tanto por soportar un fatalismo a partir de autoridades absolutas que nos verdeguean, como para armar alianzas que ayuden a destrabarlo-.
Al concebir la riqueza de esta manera nos alejamos de ciertos discursos de estos últimos años que hablan sobre la distribución de la riqueza. La riqueza no se limita a los niveles de ingresos sociales y su respectivas chances de compra. No. Los gráficos de torta, el Índice de Gini, las tasas de inflación, son escalas que miden un cierto tipo de riqueza. Que quede claro: nadie niega la importancia de cuestionar la cartelización de los súper y el empuje de precios que provocan, de que cobremos un buen sueldo, tener una casa propia, ni mucho menos. Lo que pasa es que se supone toda una serie de valores vitales de antemano, a los cuales se supone también que debemos acoplarnos. ¿Qué significa tener mucho o tener poco? ¿Desde qué cristal definimos esto? Una distribución de la riqueza es la generación de las condiciones que permitan la lucha por conquistar espacios de libertad para que germinen múltiples valoraciones que gravitan en nuestros cuerpos. La construcción de una democracia real.
Con esta noción de riqueza se suprime la escisión entre economía y política. La economía es erótica y la política es la intervención sobre los vericuetos de esa economía con sus ganancias, pérdidas, inversiones, ahorros, deudas, balances, siempre bajo el sentido de enriquecerse. Figuras como la de salvarse y condenarse habrá que ver como se enriquecen o empobrecen ante un nuevo escenario político desde el manejo de las palancas del estado por parte de Mauricio y su banda del Pro. Ante esta parada bastante fulera nosotros apostamos por poner huevo y bancar. 

(Fuente: http://losutil.blogspot.com.ar/)

Violencia e impunidad //Rosario

Hombres armados atacaron el Tambo La Resistencia, atacaron y amenazaron a militante de Ciudad Futura

[el comunicado completo aquí]
Tres hombres armados ingresaron a la medianoche de ayer a la vivienda container del Tambo La Resistencia y atacaron a Juan Manuel Lorda, joven militante de 25 años de Ciudad Futura, que vive y trabaja en el tambo hace años. A punta de escopeta lo redujeron atándole los pies y las manos contra el suelo, le taparon la cabeza con una sábana y lo amenazaron al grito de “ustedes se tienen que ir de acá. usurpadores de mierda. O se van o los hacemos cagar.  En una semana se van o les metemos bomba”.

La verdad es que ya no sabemos qué hacer. Ya no hay palabras para describir este conflicto, que perdió el cauce, que esta desmadrado porque lo dejaron ir muy lejos. No hay palabra política ya que nos salga. No hay comunicado posible de armar, no hay más argumentos jurídicos ni políticos que esgrimir, ni instancias a las que recurrir para que se entienda la gravedad de la situación que vivimos hace casi 10 años y de la cual este es el más grave pero no el único hecho de violencia. Los intereses sobre estas tierras no sólo son inmensos, como sabíamos, sino que ahora están todos cruzados, hay internas empresarias, mediáticas y políticas que hacen un combo explosivo que estalla en un único lugar: nosotros. Y ahora corre riego hasta la vida misma de nuestros compañeros. Llegamos a un límite, se cruzó una línea sin retorno.
 

LA DESCRIPCIÓN OBJETIVA Y CRONOLÓGICA DE LOS HECHOS

A las 23:45hs de la noche del viernes los concejales de Ciudad Futura recibimos el llamado de Antonio Salinas, Secretario de Bloque de Ciudad Futura que nos comunica que hace minutos lo había llamado el compañero que vive en el tambo en estado de shock diciéndole: “entraron, me cagaron a trompadas, estaban armados y me gritaban que nos teníamos que ir, que desalojarnos, revolvieron todo y se robaron cosas”.


Conmovidos, inmediatamente emprendemos viaje rumbo al tambo mientras nos comunicamos con todos los funcionarios que teníamos en la agenda para dar aviso oficial y solicitar ayuda y respaldo policial para llegar al tambo, ya que no sabíamos cómo era la situación y así poder dar auxilio del compañero que justo había quedado solo en el tambo y que nos esperaba shockeado y encerrado en la fábrica láctea de enfrente. Paramos en el destacamento del autódromo ya en línea con el Jefe de la Unidad Regional a instancias del Secretario del Ministro Maximiliano Pullaro. Al mismo tiempo pudimos conversar y coordinar sobre la situación con el Secretario General de la Municipalidad Pablo Javkin, con la presidenta del Concejo Daniela Leon, con las concejalas Fernanda Gigliani, María Eugenia Schmuck y Marina Magnani y con el ex diputado provincial Oscar Urruty. Todos los presidentes de bloque del Concejo siguieron la situación vía whatsapp durante todo momento y prestaron su apoyo y solidaridad.

Ya siendo las 24:30h llega el patrullero para acompañar el ingreso y le pasamos el número de celular que le habían robado al compañero (para ver si la policía podía rastrear a los atacantes) e ingresamos hacia el tambo.

Cuando llegamos ya había un compañero vecino del tambo acompañando y conteniendo a Juan Manuel y rápidamente notamos que estaba bien físicamente. Que no había recibido los golpes que nos había dicho en pleno estado de shock. Ahí nos quedamos un poco más tranquilos y le comenzamos a preguntar qué había pasado. Ingresamos al container (que en estos momentos esta en plena obra de remodelación) y encontramos todo revuelto. Cajones, camas, cajas, ropa, todo.

Allí el compañero, más tranquilo, nos relata lo sucedido. Palabras más, palabras menos, esto nos dice: “estaba entrando al container para irme a dormir y aparecen tres hombres con las caras medias tapadas, con gorras y pañuelos. El de adelante tenía una escopeta y me tiran al suelo. Me taparon la cabeza con una sábana y me empiezan a decir quedate piola que si te quedás tranquilo no te va a pasar nada. A nosotros nos mandaron, ustedes se tienen que ir de aca. Usurpadores de mierda, tienen que rajar. En una semana se van o le metemos bomba, los vamos a hacer cagar. Están robando acá. Ustedes son unos ladrones. Decile a Monteverde y a Salinas que tienen que rajar. Después me llevan hasta el baño y me atan contra el piso los pies y las manos y me dicen quédate piola aca. Quedate aca y no te va pasar nada, esto no es con vos, decile a Monteverde y a Salinas que se tienen que ir ya. ¿Donde está el otro pibe, a qué hora llega?, acá tiene que llegar otro pibe. Quedate acá atado una hora, nosotros vamos a estar afuera y si salís te hacemos boleta. Mientras seguían revolviendo todo, como buscando algo y después empezaban a preguntar ¿dónde están las computadoras, dónde están? Y estuvieron unos 15 minutos así, revolviendo, preguntando cosas. Cada vez que ellos decían a nosotros nos mandan yo le preguntaba quién los mandaba. Vos sabés quien nos manda, vos sabés. Estuvieron así y se fueron”

Alrededor de las 2:00hs llega la policía de investigaciones y el compañero le relata los hechos mientras lo agentes toman fotos y dicen que no pueden tomar rastros por todo el polvillo que había por la obra y los materiales. El compañero le manifiesta que va a radicar la denuncia correspondiente en fiscalía al día siguiente.

Al mismo tiempo gestionamos vía el Jefe Policial la presencia del patrullero de forma permanente hasta evaluar el día de hoy los pasos a seguir con las autoridades.


¿QUÉ HACEMOS HACIA ADELANTE?

La situación es grave y ya no hay más alertas. En estos casi 10 años cada vez que el conflicto parecía encontrar un principio de resolución aparecen hechos violentos, cada vez más preocupantes y todos del mismo lado.

Esta vez, el jueves parecía que por fin nos encaminábamos a una solución pero parece que hay actores de este tema que no lo ven así y están dispuesto a todo.

Los hechos son tan graves que no queremos hacer más valoraciones. Solo pedimos a las autoridades máxima celeridad y máximos cuidados. Presencia permanente de custodia al tambo hasta resolver el conflicto para preservar la vida y la integridad de las personas. Y diálogo ágil, acciones concretas y decidas para resolver desde hoy y para siempre la situación. No se puede jugar con el conflicto de Nuevo Alberdi, y muchos lo están haciendo.

Ayer el debate era para adelante, sobre cómo planificar juntos (todos los rosarinos) el destino de la reserva de tierra urbanizable más grande de la ciudad. Hoy esta en juego nuestra propia vida, por ese debate. No queremos que ganen los violentos, y queremos y vamos a dar esa discusión. Pero no queremos perder nuestra vida. Por eso le pedimos  a todos los actores, empresarios de tierras, empresarios de medios, autoridades municipales y provinciales, concejales, ministros y diputados: responsabilidad. De nuestro lado, existió durante 10 años y continuará siempre. Es hora de que se dimensione la urgencia de la necesidad. Las cosas no se pueden dilatar eternamente, hay que tomar decisiones.

Una aclaración: esto y todo lo que venga a partir de ahora, no es contra nadie. No es una cuestión partidaria. Porque este ataque propio de las épocas más nefastas de nuestra historia es un ataque no al tambo, no a Ciudad Futura sino a la alternativa que se había encontrado en los últimos días para salir del conflicto. Esto es un ataque también al gobierno municipal, a la intendenta y todas las fuerzas que apoyaron esta salida en el Concejo. Esto es un ataque a la política y a la democracia. Es una extorsión del poder privado que el poder público y el Estado de derecho no pueden permitir.

________________________________

PD: Al momento de enviar este comunicado se comunicó con nosotros la intendenta Mónica Fein, para solidarizarse por lo sucedido, conocer qué había pasado y para brindarnos su apoyo, haciéndonos saber que no estamos solos ante estos atropellos.
________________________________

Para más detalles de lo sucedido, se puede escuchar una entrevista a Juan Monteverde (que inicialmente iba a ser por otro tema) donde Juan relata lo sucedido anoche en el tambo.

¿Qué es esto? // Diego Tatián

La primera e ineludible tarea -en realidad la segunda; la primera es el registro de todo lo que no se hizo o se hizo mal para que el retroceso sea tan brutal- es la de comprender sin subestimación ni consolaciones morales la naturaleza de lo que tenemos delante. ¿Frente a qué estamos? No, en mi opinión, frente a un gobierno al que le interese desarrollar una alternativa política y la conciba según una temporalidad histórica; no frente a una alternancia que recupera tradiciones ideológicas propias para disputar sentidos sociales. Lo que hay en frente es un grupo de tareas gerencial cuya estricta misión es la de reinsertar a la Argentina en el circuito financiero internacional, cualquiera sea su costo en derechos sociales, y crear así las condiciones de un saqueo económico a gran escala con el que deberán lidiar enteras generaciones por venir. Hacerlo bajo el modo de shock, lo más rápidamente posible para luego, cuando la misión esté cumplida, abandonar el gobierno de ser necesario.
El objetivo prioritario del macrismo no es perseverar en el poder político sino perpetuar las garantías materiales del poder económico en base a un trabajo de represalia y disciplinamiento que una vez consumado afectará a varias generaciones de argentinos reendeudadas y sometidas a la lógica financiera global de la que el kirchnerismo había logrado sustraerse parcialmente. El macrismo no es una expresión política en sentido estricto, va a desaparecer como tal no bien haya concluida la tarea que le fue encomendada hacer –o bien cuando fracase por la resistencia de la sociedad argentina. Si lo primero, tomará recaudos para una sucesión menos violenta y más política que administre la obra de destrucción consumada. Si lo segundo, será necesario un trabajo de las fuerzas populares hacia una reinvención que atesore las marcas de una herencia, pero que sin embargo haría mal en querer repetir.
En tanto, la operatoria en marcha cuenta con dos blindajes imprescindibles: el de la corporación mediática y el de la corporación judicial. Es decir, requiere la destrucción de la libertad de expresión (y con ella del pluralismo político) y de la independencia jurídica. El neoliberalismo económico presupone en los países llamados periféricos la aniquilación del liberalismo político –que en cambio es una conquista de la igualdad y requiere de ella para tener realidad. Cuando ese doble blindaje es eficaz no hace falta ejército, basta un breve protocolo de seguridad que habilite la represión de la protesta. La supresión de la libertad de expresión por monopolio de la comunicación en la Argentina macrista y las operaciones de la prensa canalla son, en efecto, imprescindibles para invisibilizar el desquicio social y postergar las reacciones frente a él, exactamente como fueron imprescindibles durante la dictadura -muchos periodistas son los mismos- que fue cívica y militar. Sin embargo, la eficacia de ese cometido no es tan fácil por los efectos puramente materiales, a la vez imprevisibles y previsibles, que porta consigo como su esencia misma el plan de operaciones actualmente en ejecución.
Tras cuatro meses de pura destrucción (amparada por un léxico eufemístico que llama “ordenamiento económico” al ajuste, “sinceramiento de precios” a la inflación desencadenada o “modernización” a los despidos burocráticos de miles de personas), el campo popular argentino pareciera estar a la intemperie, haber quedado a la deriva y no contar con una dirigencia capaz de dar curso a una resistencia importante pero diseminada, anulados sus representantes políticos y dirigentes sindicales por extorsiones judiciales o económicas según el caso –o directamente linchados simbólicamente y exhibidos como trofeos por el odio mediático, como antaño se hacía en las plazas con la cabeza de los vencidos.
Los sectores populares -como siempre objetos primarios de la inseguridad laboral, el ajuste económico y la caída libre en la indigencia- transitan una experiencia de soledad e indefensión frente a la embestida financiera que hoy arrasa a la Argentina. En ese punto es necesario interrogarse si no es el momento de constituir un gran movimiento de indignados (quizá con otro nombre, que aún no llega), sin despojo de identidades, heterogéneo, complejo, capaz de expresar el daño en sus diferentes registros, máximos y mínimos. Si esta antigua pasión colectiva sobre la que han llamado la atención los realismos políticos de todos los tiempos es capaz de dar lugar a efectos emancipatorios -lo que no va de suyo debido a su radical ambigüedad- será a condición de no reducirse a una pura reacción despolitizada para en cambio dejarse inspirar por una larga memoria de luchas sociales que tanto se nutre de grandes corrientes históricas como de pequeñas vertientes libertarias.
Mientras buscamos la palabra aún no hallada con la que poder nombrar las nuevas tramas de la protesta social en la Argentina, los miles que se sienten otra vez extranjeros en su propio país acaso obtengan su lugar común en una manifestación indignada y pacífica que reconozca y acepte el desamparo del momento, para acompañar y politizar en multitud los conflictos sociales que la brutalidad macrista precipita de manera creciente.
Selección y producción de texto Negra Mala Testa y La bola sin Manija. Para la Agencia Paco Urondo. Fotografías: M.A.F.I.A. (Movimiento Argentino de Fotógrafxs Independientes Autoconvocadxs)

Felicidad asegurada III // Caro Di Palma

 Algunos malentendidos sobre la privacidad:
 “no tengo nada para ocultar”



Antes de empezar a sumergirnos en el fondo del mar para indagar en las relaciones entre vigilancia y visibilidad en este momento histórico, vamos a surfear por algunas falacias que tenemos instaladas en nuestro sentido común sobre la privacidad. En medio de la operación Lava Jato en Brasil por la que la Red Latinoamérica de Estudios sobre Vigilancia, Tecnología y Sociedad (LAVITS) puso en circulación esta carta porla democracia en la política y las comunicaciones, y el reciente Decreto de Emergencia de Seguridad en Argentina, repudiado  también por diferentes organizaciones,  por ejemplo en esta declaración del CELS , hacer explícitas las falacias sobre la privacidad nos ayudan a repensar estos mismos temas no solo relacionados a problemas del narcotráfico y terrorismo, que son los argumentos esgrimidos para legitimarlos, sino como problemas que nos involucran a todos los ciudadanos organizando nuestra vida cotidiana. Seguimos así con a tercera clase sobre “Privacidad y vigilancia en entornos digitales” realizada por Laura Siri a través de Fundación via Libre, textos que comenzamos a publicar en Lobo Suelto desde el mes de marzo.

Por Laura Siri, Fundación Vía libre, Aula virtual Ártica, derechos CC

El típico argumento “no tengo nada que ocultar” suele expresarse así: “si no tienes nada que ocultar, no tienes nada que temer”. Hay que imaginar que quienes dicen eso en su casa no usan cortinas, o que le dan su número de tarjeta de crédito a todo el mundo. Pero en general se usa a la hora de justificar intromisiones para hacer “prevención” en materia de seguridad. También lo dicen muchos cuando reflexionan “a quién le puede importar lo que diga en las redes sociales un don nadie como yo, si me quieren espiar, adelante”. Lógicamente, si lo que dice online un “don nadie” fuera de tan poco valor, ¿por qué habrían de espiarlo?

El jurista norteamericano Daniel Solove escribió un maravilloso ensayo en 2011 para refutar el argumento “no tengo nada que ocultar”. Allí señala que obedece a la confusión de suponer que la privacidad supone el derecho de alguien a esconder algo desdoroso sobre su persona. Y, aunque sí es posible que uno tenga tal derecho en muchas situaciones, como hemos visto la privacidad no es eso, o no es solo eso.

Solove también señala que otra falacia es suponer que el interés de la seguridad siempre sobrepasa el interés por la privacidad. Sin embargo, no todas las medidas de seguridad apuntan a prevenir el mismo tipo de amenazas. El terrorismo, por ejemplo, no suele prevenirse apropiadamente por el simple expediente de cercenar la privacidad de la parte mayor posible de la población mundial. Además, también es una falacia el pensamiento de “todo o nada”. Porque es posible respetar salvaguardas como que no todo tipo y cantidad de datos sean almacenados, que no se los almacene por tiempo indeterminado, que se reconozca el derecho de los sujetos a enmendar o eliminar datos innecesarios, que se pueda solicitar informes de qué datos sobre uno tiene una entidad en su poder, o que los datos recolectados para un propósito no sean reutilizados para otro. Nada de esto tiene por qué comprometer ni disminuir la seguridad. Más aún, para garantizar la seguridad de los individuos, muchas veces se necesita implementar mayores medidas de privacidad, no menores. Esto es particularmente cierto en el mundo online, donde una suplantación de identidad podría conducir, por ejemplo, a que otra persona utilice la propia cuenta de banco en Internet o adquiera cosas en eBay.
Ya en 1990, el profesor Gary Marx enumeró una serie de falacias (Enlaces a un sitio externo.) que rodean las discusiones sobre privacidad, vigilancia y tecnología, que conviene recordar, ya que la de “no tengo nada que ocultar” dista de ser la única. He aquí algunas: 
  • La falacia de pensar que el significado de una tecnología se apoya solamente sobre sus aspectos prácticos o materiales y no sobre su simbolismo social y referentes históricos.
  • La falacia «frankesteiniana» de que la tecnología siempre será la solución y nunca el problema.
  • La falacia de la tecnología es neutra.
  • La falacia de que el consenso y la homogeneidad sociales hacen inexistentes los conflictos y divisiones y que lo bueno para quienes tienen el poder económico y político es bueno para todo el mundo.
  • La falacia del consentimiento implícito y la libre elección.
  • La falacia legalista de que sólo porque uno tiene derecho legal a hacer algo entonces es correcto hacerlo.
  • La falacia de creer que la información personal de clientes y casos en posesión de una compañía es sólo una clase más de propiedad para ser comprada y vendida del mismo modo que los muebles de oficina o los insumos.
  • La falacia de no ver los factores sociales y políticos involucrados en la recolección y construcción de los datos.
  • La falacia de suponer que, dado que nuestras expectativas sobre la privacidad están históricamente determinadas y son relativas, entonces se harán necesariamente cada vez más débiles a medida que la tecnología se vuelva más poderosa.
En síntesis, no se trata de defender paranoicamente la privacidad como una esfera de privilegio individual, sino de destacar que sin ella no hay posibilidad de ejercer otros derechos humanos ni de vivir en democracia-

Alconada Mon llegó a la tele // Lucas Paulinovich

Alconada Mon llegó a la tele, por fin sucedió. Por consejo de su esposa, cansada de verlo siempre en los mismos programas, estuvo en Animales Sueltos, por América TV. El héroe de los denuncistas, el mejor de los investigadores. Sentado mano a mano con Fantino, la Bombonera de las entrevistas, rating record para el cable. Ya se paseaba por los estudios, ya era una pluma de peso, pero su ronda televisiva después de la publicación de los documentos del estudio Mossak Fonseca amplía su alcance y empieza a darle forma de personaje paradigmático. Furor en las redes, hashtag, nombrado en los comentarios, títulos, cita de autoridad.  

Desde hace años La Nación se presenta como la referencia local del periodismo de datos, una reconversión de la investigación periodística en un objetivismo escéptico que concibe el oficio como una jauría de buscadores de corrupción, perros que huelen mierda y, cuando la encuentran, ladran alrededor. El periodismo como gran poder fiscal. Tiene un método que le permite llegar a dónde nadie puede. Forma parte del poder con el que se interpela.  

Alconada es el mejor de los suyos, su hombre en el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación. El perfil lustrado y profesional de La Nación, cultor del oficio, con su joven destacado a la cabeza de los reveladores de información. Es el gran proveedor, experto de un área fundamental de la maquinaria mediática que organizan principalmente Clarín y La Nación. No puede ser entendido por fuera de la industria de entretenimiento que montan con sus ramificaciones. La información es nada más que una oficina.

Entre las distintas capas del tratamiento informativo, el periodismo de datos se afirma sobre la rigurosidad científica. La Nación lo hizo bandera, regla en la tribuna de doctrina. Es, además, una forma elegante de desmarcarse y trazar diferencias con Clarín, socio más indiscreto para el sensacionalismo. Pero comparten negocios, y el multimedios fue captando algunos de sus referentes para darse un refuerzo de esmero y sobriedad. Alconada Mon era llamado a los estudios de TN para dar claridad y aportar datos precisos, cifras, números de cuentas. La investigación de la corrupción cobró centralidad en el interés periodístico, se coló en todos los temas, fue editorial responsable, fue humor, fue monólogo, fue mesa de debate, título, primera causa, cuenta pendiente. Esos intercambios se dieron en simultaneidad con los reacomodamientos de la derecha que confluyeron en Cambiemos.

Alconada Mon ahora habla y cuenta anécdotas con picos de rating. Describe cómo, dónde, durante cuánto tiempo. Delinea el itinerario de sus pasos, el fraccionamiento en instancias de la investigación. Es información y eficiencia, con la superioridad de un Sherlock Holmes empresarial. Alrededor, hay un show. Se invita a participar, intervenir, comentar, mandar, ida y vuelta. Que estén ahí, presentes, que miren. Ahora se muestra y hay que mirar, nunca se sabe cuánto hay tapado. Son los deseos que se ponen en juego.   

***

La sociedad internacional de la verdad y el representante local. Periodista y abogado, formado en Europa y Estados Unidos, dedicado, descreído de todo, que tiene más datos que nadie, puede ser objetivo, hablar con pruebas, tiene planillas, leyó documentos, almacenó cifras. Esa posesión crea la base de su cinismo procedimental. Lo sabe, es un instrumento. Puede creerse que la exposición pública exagerada es un factor en contra de quien tiene que explorar los rincones más oscuros y alcanzar a conocer el dato guardado más celosamente. Toda palabra se vuelve sospechosa ante él. Anuncia su espionaje molecular y rompe cualquier esbozo de simpatías. Ese es su juego, es respetable aquel que lo asume íntegramente, haciendo totalidad su tiempo.
   
La imagen de vida en sarcófago, enfrascado en la inspección, supervisando cada una de las acciones, detectando los pliegues de todas las palabras, midiendo momentos, calculando hasta la mínima porción de movimiento para extraer información, es la de alguien que vuelca su energía en la persecución convencida de un objetivo. Los fines no pueden ser innobles, porque hay intención. El periodismo de datos reniega de asumirse productor: todo está ahí, solo hay que tomarlo y mostrarlo.

La exhibición intensifica su amenaza fiscalizadora, cimienta su credibilidad. Se anima y está, se muestra. Tampoco tiene nada él, tan despojado como los datos que administra, es su procesador. Hombre-computadora, que no es político. Es creíble, calcula y muestra. Trabaja con datos, la recopilación, la selección, la organización y la publicación son exactas. Es digital en la forma de relación que establece, la concepción misma de un procesamiento descorporizado, sin pasiones, sin intenciones, neutro, es una fantasía de computadorización: serio, prolijamente peinado, vestido para la ocasión, voz gruesa y monocorde, pocos gestos, muchas regularidades, una computadora que da información.     

***

En el Estado hay corrupción, el empresario privado es corrupto, solo nos queda confiar en los hombres-computadora capaz de decirnos cuánto se llevaron. La corrupción adquiere su acción moralizante cuanto más precisa es la cifra que se descubra y avasallador el arsenal de datos lanzados. De lo que se trata es ver quién muestra qué.

Con el derrumbe definitivo de la Ley de Medios y la consolidación de la expansión monopólica, los medios hegemónicos tienen una batalla ganada. Es su apuesta profundamente política, persiguen sus estrategias de negocio. Alconada Mon, gestor empresarial, independiente, emprendedor, entusiasta, dedicado, aplicado, en definitiva, rendidor, es figura de ética existencial, modelo de vida, el periodista.
Pero la fantasía del denuncismo tiene un límite: los negocios propios de quien lo banca. Están en tanto sirvan a las finalidades de las apuestas empresariales, son una herramienta significativa de su fuerza de intervención. Un poder capaz de enfrentarse mano a mano con cualquiera.    
  
Con las revelaciones de los Papeles de Panamá, Alconada Mon es exaltado como el más insigne del periodismo independiente, ese que compite por ver quién muestra qué. El periodismo como poder fiscal, más poderoso que la justicia, tan desgastada, demasiado politizada. La pericia metodológica es la clave para la demostración del fraude. Investigar y mostrar, una denuncia arrancada, casi sin enunciación. Sabe lo que tiene, lo maneja, conoce el alcance de sus daños. Es, ante todo, poseedor. Por eso la información se da en filtraciones. Ese enigma que lo potencia en su saber de lo oculto.      

En esa fuerza moralizante, desplazada de lo político, se construye la gobernabilidad, no del gobierno en sí mismo, sino de los sectores que lo sostienen y condicionan. En esas pujas se produce la revelación de los papeles secretos. No antes, ni después. Ese deseo de orden fantaseado como legal y transparente cae encima del gobierno, y también lo delimita. La mediación representativa no resuelve los efectos concretos sobre las relaciones productivas. La contundencia extorsionadora de la corrupción está en manos de las empresas mediáticas, no del poder estatal. La operación mediática tiene un deber político articulador, y Alconada Mon es un puntero exquisito.   

***

Se empiezan a evaluar las respuestas del gobierno. Tires y aflojes, pactos, acuerdos, rediscusiones. El capital financiero y el poder mediático, entrelazados, vinculantes, son la malla que solidifica el perfil republicano de las medidas tomadas. La alianza transitoria con Cambiemos no debe llevar a pensar que no se estimen tiempos de moderación y alternancias. El aval y la legitimación de la dureza y brusquedad de la reorientación institucional puede ser la base para los nuevos pactos de gobierno. Un peronismo manso y negociador, figuras menos esquivas a la demostración popular. Al complejo extractivo-financiero-exportador poco le importan esas beatitudes de no ser necesarias. La propuesta de agudización represiva y limitación de derechos hasta ahora se respalda en el voto todavía activado. 

El proceso de normalización iniciado conduce a la búsqueda de la templanza. Cambiemos debe pilotar esa transición. La discusión de márgenes, tasas de ganancia, porcentajes de beneficio, la presión devaluatoria, las exigencias de control y sofocación, son las temporalidades en que se disputan esos intereses. La advertencia fiscalizadora de Alconada Mon en la tele es un aviso significativo. Las fuerzas se miden, a ver quién es más poderoso. Alconada se siente tan poderoso o más que la justicia. Lo es, lo dice con un cinismo muy Pro. Pero no es Pro, lo supera. Porque el Pro no logra encarnar a todos los que se agrupan detrás. Alconada Mon, sí. 

Criticar al kirchnerismo para criticar mejor al macrismo // Diego Sztulwark

 

¿Cómo se da lo político hoy? Escribe Morales Solá en La Nación: «La razón de la reacción judicial aparece nítida en ese mensaje de Lorenzetti. Más que el deber de los jueces (o tanto como el deber) se impone ahora un mandato de la sociedad. La frase «que vayan presos» está tan difundida en la sociedad como a principios de siglo lo estuvo la que clamaba «que se vayan todos». Y la mirada social se posó sobre la Justicia. De hecho, un juez federal, conocido por sus favores al kirchnerismo, debió abandonar su casa en un country después de comprobar que le era imposible convivir con los reproches de sus vecinos».
La fuerza que durante la crisis de 2001 amenazaba al orden ha sido completamente neutralizada y apropiada en sentido inverso. La amenaza funciona ahora en sentido contrario. Lo liberal-acomodado aprieta a los jueces para que inicien un mani pulite. Es el sistema político el que amenaza con descargar una crisis social si las cosas no se dan como suponen: «Que se vayan todos» destituía un orden neoliberal. El kirchnerismo, en lo que tuvo de progresivo, se explica por la calidad de esas fuerzas. Que vayan «todos presos» sustituye el problema del lazo social tomado por la forma empresa por una moral anti-corrupción incapaz de plantear el problema de la propiedad y la acumulación.
La lucha contra la corrupción es el modo que tienen las derechas de siempre para canalizar la «indignación» hacia zonas controladas, en las que se afirman los valores del mercado. La crítica transformadora, en cambio, comienza por criticar las formas de explotación, y no por una supuesta indignación manipulable desde los grandes medios. No porque la corrupción no sea enteramente repudiable, sino porque el repudio debe ligarse a una problematización consecuente para no encallar en lugares comunes y hasta peligrosos. La diferencia entre la mera denuncia y la crítica a fondo es el tipo de fuerza que se afirma en uno enfoque y otro. Al respecto, no está de más mirar de cerca lo que sucede en Brasil. 
La denuncia sustituye así la verdadera crítica. Porque criticar es un modo de comprender que transforma y crea fuerzas cuestionadoras. La denuncia, en cambio, suele operar como confirmación de los valores establecidos (de mercado en este caso). Los Panamá-Papers aparecen como una nueva oportunidad para entender que la ilegalidad en el manejo del dinero es un dato estructural del modo de acumulación (como viene mostrando sistemáticamente la investigadora Rita Segato y como se denunció estos años desde la Procelac). Y que lo que está en juego es quién controla –quién denuncia- esas rutas del dinero. ¿No es esa la clave a seguir? 
La subestimación que el kirchnerismo hace de la corrupción debilita el poder de la crítica. Esa subestimación, esa debilidad está en el corazón de la impotencia política actual. Sin una auténtica crítica al kirchnerismo (esa voluntad de inclusión inseparable de una voluntad de normalización de la crisis) nos será difícil una profunda crítica al macrismo (esa voluntad reaccionaria de orden). Es un poco la tarea de la hora.
Lo que nos lleva a la lectura de un artículo que Diego Tatián escribió recientemente en Relámpagos: “La primera e ineludible tarea –en realidad la segunda; la primera es el registro de todo lo que no se hizo o se hizo mal para que el retroceso sea tan brutal- es comprender sin subestimación ni consolaciones morales la naturaleza de lo que tenemos adelante. ¿Frente a qué estamos”? Y se responde: “frente a un gobierno al que le interese desarrollar una alternativa política y la conciba según una temporalidad histórica; no frente a una alternancia que recupera tradiciones ideológicas propias para disputar sentidos sociales. Lo que hay en frente es un grupo de tareas gerencial cuya estricta misión es la de reinsertar a la Argentina en el circuito financiero internacional”, lo que muy posiblemente sea exacto. Pero el modo de preguntar puede resultar insuficiente toda vez que la primera pregunta queda postergada a favor de la segunda.
Algo ha pasado en este país –y en buena parte de la región- para que un gobierno como el de Macri sea posible. Es fundamental entender esta mutación colectiva que posiblemente sea algo más que un mero error del gobierno anterior. La crítica al macrismo necesita que esa mutación sea pensada a fondo y públicamente (nada de autocrítica a escondidas). 
El régimen de enunciación política del kirchnerismo tuvo cosas valiosas. Nombro dos: uno, abrió algunos espacios de participación y, dos, denunció la pretensión de empresas y corporaciones de privatizar la capacidad de decisión política. Su teoría política tuvo igualmente límites estructurales. La participación no amplió de modo considerable el sistema de la decisión política y se trató a todo impulso autónomo –social, popular, intelectual- como “antipolítica”. Todo lo que ocurrió parece jugarse esa misma ambigüedad ¿Qué se perdió en el medio? La capacidad de comprender fenómenos como la agudización de la explotación financiera (¿a qué tasa prestan los agentes bancarios dinero a los más pobres? ¿A cuánta a la clase media?) y un esquema de consumo interno que subjetivaba de modo neoliberal. El FpV creyó ganar las elecciones porque miraba las variables macropolíticas. Cambiemos –que tiene tanto de cambio como de continuidad- construyó su victoria sobre variables ligadas a la subjetivación que operaban los mismos dispositivos micropolíticos que el kirchnerismo puso/mantuvo en curso. 
La primera pregunta de Diego, esa en la que no profundiza en su texto, nos llevaría a pensar continuidades no advertidas, ligadas a la persistencia de subjetividades neoliberales. La segunda, nos lleva a pensar juntos cómo enfrentar sin medias tintas las políticas que Macri lleva adelante. Poco interesado por la crítica nostálgica, hago notar que toda cristalización afectiva quita potencia al pensamiento. Criticar al kirchnerismo no es un asunto de nostalgias o de izquierdas abstractas, sino una tarea indispensable del presente para entender por qué la resistencia estos días ha sido tan pobre, para evitar que el “vamos a volver” sea pura melancolía impotente y para afrontar lo que realmente nos importa: ¿cómo y desde dónde vamos suscitar las fuerzas para qué lo político no sea mera reproducción del orden?

Cómo salir del odio: entrevista a Jacques Rancière // Amador Fernández-Savater

¿Guerra o política? Según Jacques Rancière, la política no tiene nada que ver con la política de los políticos: intrigas palaciegas, negociaciones de despachos, competencia entre partidos por el poder. Es una forma de acción y de subjetivación colectiva que construye un mundo común, en el que se incluye también al enemigo. La acción política crea identidades no-identitarias, un ‘nosotros’ abierto e incluyente que reconoce y habla de igual a igual con el adversario. La guerra, por el contrario, tiene como protagonista fundamental a las formaciones identitarias cerradas y agresivas (ya sean étnicas, religiosas o ideológicas) que niegan y excluyen al otro del mundo compartido. Entre el otro y yo, nada en común.
En Francia, con los atentados de Charlie Hebdo y de Bataclan, la lógica de la guerra gana terreno. Y el gran beneficiado es el Frente Nacional. Pero la verdadera alternativa, según Rancière, no es la que se nos propone desde el mainstream: “populistas contra demócratas”, etc. No, el mejor remedio posible es la acción política misma, autónoma con respecto a los lugares, a los tiempos y a la agenda estatal. Es decir, solo elaborando el malestar (el “odio” dice aquí Rancière) en claves políticas de emancipación (colectivas, igualitarias, abiertas e incluyentes) se puede por ejemplo disputar el terreno al Frente Nacional. La politización del malestar es el mejor antídoto contra su instrumentalización por parte de aquellos que quieren encontrar chivos expiatorios entre la gente de abajo.
Esta entrevista de Eric Aeschimann a Jacques Rancière fue publicada originalmente en Le Nouvel Observateur el 7 de febrero de 2016. Poco después, en la plaza de la République, arrancaba el movimiento de la “Noche en pie”, precisamente uno de esos momentos políticos. Publicamos aquí la entrevista con permiso del entrevistado. La traducción del francés corre a cargo de Pablo La Parra Pérez.
Un año después de los atentados en Charlie Hebdo, dos meses después del ataque a Bataclan, ¿cómo ves el estado de la sociedad francesa? ¿Estamos en guerra?
El discurso oficial dice que estamos en guerra porque una potencia hostil nos ataca. Los atentados perpetrados en Francia se interpretan como operaciones de destacamentos que, por encargo del enemigo, ejecutan aquí actos de guerra. La cuestión es saber quién es ese enemigo.
El gobierno ha optado por una lógica “a la Bush”: declarar una guerra que es, al mismo tiempo, total (se persigue la destrucción del enemigo) y circunscrita a un objetivo preciso (el Estado islámico). Sin embargo, según otra versión que glosan ciertos intelectuales, es el Islam quien nos ha declarado la guerra y quien está poniendo en práctica un plan mundial para imponer su ley sobre el planeta.
Estas dos lógicas se entremezclan en la medida en que el gobierno, en su combate contra Dáesh, debe movilizar un sentimiento nacional que a fin de cuentas es un sentimiento antimusulmán y antinmigrantes. La palabra “guerra” nombra esa conjunción.
¿Qué es Dáesh? ¿Un Estado? ¿Una organización terrorista? En ambos casos, ¿no es legítimo combatirla?
Dáesh ejerce su autoridad sobre un territorio, dispone de recursos económicos y militares y, por tanto, cuenta con un cierto número de atributos estatales. No obstante, a fin de cuentas, su lógica es la de una banda armada. La formación de su fuerza militar a partir del ejército de Saddam Hussein es un efecto de la invasión americana. Sin embargo, su capacidad de reclutar en nuestro suelo voluntarios que se reconocen en su combate es algo que nos concierne directamente: se inscribe en la lógica global actual que tiende a que no haya más que Estados y bandas criminales.
Antes existían “grandes subjetivaciones colectivas” (por ejemplo el movimiento obrero) que permitían a los excluidos incluirse en un mismo mundo con aquellos a los que combatían. La así llamada ofensiva neoliberal ha destrozado esas fuerzas y ahora criminaliza la lucha de clases, como hemos visto en el caso Goodyear [el pasado 12 de enero de 2016, 8 empleados de Goodyear que participaron en acciones reivindicativas fueron condenados a penas de prisión en Francia; N. del T.]. Los excluidos son expulsados hacia subjetivaciones identitarias de tipo religioso y hacia formas de acción criminales y guerreras.
Lo que tenemos que combatir aquí es esta deriva identitaria y llena de odio. Si los crímenes hay que tratarlos por la vía policial, el odio hay que tratarlo por la vía política. Decir que estamos en guerra contra el Islam solo consigue mezclar, en una misma lógica, crimen y odio, represión policial y acción política (y por tanto contribuye a mantener el odio). Es el caso de la absurda propuesta de retirar la nacionalidad francesa: una medida incapaz de prevenir los crímenes, pero eficaz para alimentar el odio que los engendra.
¿Que habría que hacer para no ceder a esta confusión?
Hay que tomarse en serio el estado de disidencia virtual de una parte de la población que es susceptible de transformarse en combatientes. Ello implica cuestionar las causas, los discursos y los procedimientos que han engendrado el odio, combatir seriamente el paro, las desigualdades y las discriminaciones de todo tipo, repensar las formas en que podrían vivir juntas personas que ni viven ni piensan del mismo modo.
Es un trabajo difícil para todos. Idealmente, solo la reconstitución de “subjetivaciones colectivas” fuertes, más allá de las llamadas diferencias “culturales”, podría remediar la situación en la que nos encontramos. Pero, en términos inmediatos, lo mínimo es huir del discurso de la guerra religiosa.
¿Se refiere con esto al llamado “discurso republicano”?
Este discurso ha contribuido intensamente a crear el clima de odio. Hay que sacar conclusiones al respecto. Pero hay un trabajo en profundidad que nos atañe a todos. La población que se identifica como musulmana debe también decir cómo quiere vivir con los otros, cómo quiere formar parte de nuestro mundo e inventar formas de participación política.
En mis trabajos pasados [La noche de los proletarios: archivos del sueño obrero, Buenos Aires: Tinta Limón, 2010], me he interesado por aquellos proletarios del siglo XIX que la representación dominante relegó a un mundo aparte. Ellos estaban allí para trabajar, tal vez para gritar y rebelarse cuando no estaban contentos, pero nunca para pensar y hablar como miembros de un mundo en común. Pero un día algunos de ellos decidieron que sabían reflexionar y hablar. Escribieron panfletos, manifiestos de huelgas, periódicos obreros, poemas. Hicieron saber, por la palabra y la lucha, que pertenecían al mismo mundo que los demás, aunque lo hacían como representantes de los que no tienen parte.
Saldremos de la lógica de la secesión y el odio cuando aquellos que están hoy en el margen de la comunidad nacional inventen formas similares de participación polémica en un mundo en común. Se trata de algo que va más allá de la idea de integración, la cual todavía participa de la lógica de la segregación.
El poder de atracción del yihadismo sobre algunos jóvenes, incluso sobre alguno sin ningún vínculo con el Islam, es interpretado por algunos analistas como el síntoma de un Occidente que habría liquidado toda posibilidad de pensar en términos absolutos. ¿No será el momento de reinventar los ideales?
La ruina de los ideales es un viejo tema que ya está presente en el Manifiesto Comunista. Marx decía que la burguesía “echó por encima del santo temor de Dios, del ardor caballeresco y de la tímida melancolía del buen burgués, el jarro de agua helada de sus cálculos egoístas”.
En El odio a la democracia yo mostraba cómo esto se ha convertido en un tema reaccionario y estigmatizador. Se representa a los jóvenes de banlieue como víctimas tanto del nihilismo consumista como de la manipulación de los islamistas en nombre de valores espirituales. Estos análisis parten de la ruina capitalista de los ideales para llegar a los crímenes fanáticos. Y entre su cuadro explicativo (demasiado amplio) y su punto de aplicación (muy preciso) se abre un vacío que se rellena con odio y estigmas.
Por otra parte no creo que nos falten ideales. Estamos rodeados de gente que quiere salvar el planeta, que va a curar a heridos a la otra punta del mundo, que sirve comidas a los refugiados, que lucha por restituir la vida en los barrios desheredados. Hoy muchas más personas que se entregan de las que había en mi época. No nos faltan ideales, nos faltan subjetivaciones colectivas. Un ideal es lo que incita a alguien a hacerse cargo de los otros. Una subjetivación colectiva es lo que hace que todas estas personas, juntas, constituyan un pueblo.
¿Cómo hacer para constituir un pueblo? ¿Debe ser necesariamente a escala de la nación?
Un pueblo, en sentido político, se constituye siempre a distancia de la forma estatal del pueblo. Por eso hacen falta simbolizaciones igualitarias, abiertas a todo el mundo y que, más allá de los temas específicos (los refugiados, la ecología, la banlieue), permitan la inclusión de los que no tienen parte. Pero un pueblo también se constituye localmente, en relación a una dominación que se ejerce en un espacio nacional.
En Madrid, el movimiento 15M se estructuró en torno a una ruptura con la lógica de los partidos que monopolizaban el poder común. En Estambul, el movimiento de la plaza Taksim se formó en torno a un espacio abierto a todos que el Estado quería transformar en zona comercial. Aunque el capital sea mundial, actuamos primero donde hay un punto de emergencia. La nación es una simbolización colectiva y, como toda simbolización, es un campo de lucha permanente, en Francia y en todas partes. Precisamente desde esta perspectiva hay que pensar la ofensiva que, desde principios de los años 2000, pesa sobre la identidad francesa: es el punto culminante de una contrarrevolución intelectual que progresivamente ha expurgado a la nación francesa de su herencia revolucionaria, socialista, obrera, anticolonial y resistente para reducirla a una nación blanca y cristiana.
¿El tema omnipresente de la inseguridad también proviene de la misma “contrarrevolución”?
Tiende igualmente a constituir identidades regresivas. El gobierno actual sigue la lección de Bush: el gobernante genera mejores adhesiones como comandante en jefe. Frente al paro hay que inventar soluciones y afrontar la lógica del beneficio. Pero cuando te pones el uniforme de comandante es todo mucho más fácil, sobre todo en un país donde, pese a todo, el ejército sigue siendo uno de los mejores entrenados del mundo.
Lo que nuestros gobiernos mejor saben hacer no es gestionar la seguridad, sino el sentimiento de inseguridad. Es algo muy distinto, a menudo es lo contrario. En noviembre de 2005, [durante las revueltas de las banlieues de París], se podrían haber evitado semanas de graves enfrentamientos si el entonces ministro de Interior [Nicolas Sarkozy] hubiera estado un poco menos preocupado por hacer del sentimiento de inseguridad una plataforma de lanzamiento para su programa presidencial y hubiera tenido un poco más de interés por buscar formas de apaciguamiento y diálogo apropiadas para garantizar la seguridad.
Manuel Valls denuncia la búsqueda de “explicaciones sociológicas” que percibe como una forma de excusar a los autores de los atentados. ¿Cómo analizas este ataque al ser un autor que también ha dirigido críticas ––¡muy diferentes!— a la sociología de Pierre Bourdieu?
La “cultura de la excusa” es un simple espantajo que se esgrime para probar, a contrario, que solo las medidas represivas son eficaces. Pero las consecuencias son dudosas. Sin duda, la sociología de un medio social desfavorecido será siempre impotente a la hora de explicar por qué diez o veinte miembros de ese medio se convierten en yihadistas y sin duda para impedir que pasen a la acción. Aunque esto ni los favorece ni los excusa.
El ruido “securitario” funciona de otra manera. Sus amenazas no pueden asustar a aquellos que conocen castigos más temibles. Es más: favorecen la cultura de la expiación, cuya forma más extrema es el yihadismo. Esta es la cultura que hay que combatir. Se debería poder, sin la ayuda de ninguna ciencia, convencer a los colegiales árabes de que no pueden vengar sobre un profesor judío los crímenes del Estado israelí. Pero, para que esto sea posible, hay que dejar de transformar en delito de antisemitismo la protesta contra esos crímenes de Estado.
Como pensador a menudo eres clasificado bajo la etiqueta de “izquierda radical” y, por tanto, anticapitalista. Sin embargo, en tus análisis, pones antes en cuestión los poderes políticos e intelectuales que las fuerzas económicas.
Hay quien cree que ser de izquierdas se limita a reducir todo a la dominación del capital. Esta posición “de izquierdas” engendra al final una resignación pesarosa a la ley de un sistema. Sin embargo es en el espacio político donde se organizan las formas de comunidad que llevan a cabo la dominación capitalista o que se oponen a la misma. La banca y las finanzas no fabrican por sí mismas las formas de opinión que crean un pueblo que les conviene. Son los políticos, los intelectuales y la clase mediática quienes hacen ese trabajo. En este punto me separo de un cierto marxismo que considera como simples apariencias las simbolizaciones políticas producidas en el campo de la opinión y las instituciones. Se trata de un campo de batalla efectivo. Si decimos que nada cambiará mientras dure la dominación capitalista, podemos estar bien tranquilos: las cosas seguirán como son hasta el fin del mundo.
Pero al mismo tiempo la transformación de las relaciones humanas en relaciones mercantiles, que de ahora en adelante parece prevalecer en todo el mundo, ¿no es desesperante?
Aquí, de nuevo, la reducción directa de la ideología a la economía esquiva la cuestión política. Es un tema recurrente. En los años 20, se denunciaba el cine como un lugar al que las clases populares iban a embrutecerse frente a las imágenes; en los años 60, se acusaba a la lavadora y a las casas de apuestas de desviar a los proletarios de la revolución… Hoy convertimos en fetiche el poder omnímodo de la mercancía, como si la simple presencia en un escaparate de un iPhone último modelo fuera suficiente para engullir todas las conciencias en el vientre de la bestia.
La impotencia política no proviene hoy del poder hipnótico del último gadget. Viene de nuestra incapacidad para concebir una potencia colectiva, susceptible de crear un mundo mejor que el existente. Esta impotencia se alimenta del fracaso de los movimientos revolucionarios de los 60 y los 70, de la caída de la URSS, de la desilusión ante las esperanzas democráticas abiertas por ese hundimiento, por la globalización y sus efectos sobre el tejido industrial francés. Lo que ha desmoralizado a las fuerzas progresistas en Francia no son las mercancías sino los gobiernos del Partido Socialista.
Tal vez en Francia, ¿pero a nivel mundial? El miembro de la clase media china o india, que consume como nosotros, ¿no es víctima del mismo desencanto?

A escala mundial hay que diferenciar diagnósticos. El nuevo ejecutivo chino que disfruta de su televisor de pantalla gigante desde su bañera de lujo no representa más que una ínfima fracción de su país. Para la inmensa mayoría de la población mundial, el problema no es el pretendido nihilismo engendrado por el capitalismo tardío, sino el advenimiento, o la restauración, de formas de explotación salvajes y de sistemas industriales propios del capitalismo primitivo y que recuerdan a los campos de concentración.

“El trabajo no dignifica, dignifica la existencia material garantizada” // Entrevista a Daniel Raventós


Daniel Raventós (Barcelona, 1958) trabaja de profesor de Economía en la universidad y es, sobre todo, un partisano de la Renta Básica Universal(RBU). Terco, lleva más de quince años investigando, dando charlas y peleando para popularizar esa idea que ya asomó en el programa electoral de Zapatero, en 2004, pero fue descartada cuando los socialistas alcanzaron el Gobierno. Podemos recuperó este sueño de cara a las elecciones europeas aunque, poco después, abrazó propuestas de subsidio más moderadas: un paso atrás que no pocos reprochan al partido de Pablo Iglesias.
Este debate ha vuelto a la vida en tiempo de elecciones, en que se dirime públicamente qué ayudas son mejores para acabar con la pobreza o paliar las peores consecuencias de la crisis. Raventós defiende la RBU desde el Comité de Redacción de SinPermiso, la presidencia de la Red Renta Básica, el comité científico de ATTAC y la Basic Income Earth Network (BIEN) –una suerte de internacional de la RBU.
¿Qué es la Renta Básica?

Es una asignación monetaria incondicional a toda la población. Cualquier tipo de subsidio, de los que tenemos en España, pero también en Europa, está siempre sujeto a unas condiciones: ser pobre, no llegar a determinado nivel de renta, estar en el paro. Tenemos que demostrar que estamos en una situación concreta para tener derecho a él. La RBU es como el derecho al sufragio universal allá donde existe, sin condiciones: hombre o mujer, rico o pobre, heterosexual u homosexual, católico o ateo.
¿Qué aporta esa incondicionalidad?


No tiene casi costos de administración, o son simbólicos. Los costos de cualquier subsidio son muy grandes. Hay estudios que dicen que en un subsidio a la pobreza, incluso siendo este eficiente, por cada euro que va a un pobre otro va a parar a la administración del sistema, porque hace falta un personal y una estructura que controle los requisitos. 
¿Se podría dar, entonces, que el costo de administración fuese igual o incluso superior al del subsidio condicionado?

Podría darse. En cualquier caso, uno de los datos contrastables de las rentas condicionadas de todas las comunidades autónomas es el pequeño porcentaje de los receptores respecto a los que tendría que llegar. Un caso que me impresiona es el que explica en un artículo Iñaki Irrubari sobre las rentas mínimas de Euskadi; son las más generosas, no cabe duda. Después de 26 años, no han llevado a los objetivos de reducción de la pobreza marcados.
Por ello, creo que no es una buena idea trasladarlas, como pretende Podemos, al conjunto de España. Incluso para el objetivo de acabar con la pobreza es mejor la Renta Básica. Pero la RBU –y aquí podríamos establecer aunar las razones políticas, filosóficas y técnicas– va mucho más allá que las rentas de inserción: incrementa la libertad de la mayoría de la población, como han puesto de manifiesto muchas feministas como Carole Pateman.
¿Por qué aumentaría nuestra libertad?

No hace falta tener mucha imaginación para entender que, si todas las personas tuvieran garantizada una asignación, estas podrían enfrentarse al mercado laboral con un poder de negociación superior: hay quienes ven en la RBU una caja de resistencia, que es la única manera de aguantar largas huelgas.
Después de los cambios de discurso del 15M, ¿qué oportunidades prevé para la adopción de medidas de este tipo?

Cada vez hay más gente interesada en la RBU, de hecho el 15M ha supuesto una revitalización. Juan Ramón Rallo, un ultraneoliberal de la escuela austríaca ha escrito un libro contra la Renta Básica de 500 páginas. Yo le pregunté por qué y él me dijo: “Es una idea que está cogiendo fuerza y dentro de poco será imparable. Intento desde ya, frenarla”. De hecho, lo que me sorprende es la cantidad de gente de Podemosfavorable a la Renta Básica y lo frustrada que se ha quedado por eso que han ofrecido a cambio.
¿Por qué cree que Podemos lo abandonó? ¿Es por la dificultad de defenderla públicamente, por su carga utópica?

Algunos dirigentes de Podemos me han asegurado que han abandonado la idea por un motivo político, no por ninguna razón técnica. Es muy fácil hacer demagogia con la RBU. Cuando se ha discutido en los parlamentos autonómicos, y ya dos veces en el Parlamento español, el nivel de demagogia ha sido impresionante. Algo increíble ocurrió en el Parlamento Vasco, cuando un diputado del PNV preguntó allí: “¿Quién de ustedes trabajaría con una renta básica?”. Nadie levantó la mano. ¡Con la cantidad de pasta que tiene la inmensa mayoría de los que están allí! Demagogia de la más despreciable.
Esa es una crítica que le suelen hacer sus detractores: que mucha gente dejaría de trabajar.

La RBU no desincentiva el trabajo como pueden hacer otros subsidios condicionados. Porque un subsidio condicionado lo pierdes cuando encuentras un trabajo, e igual es un trabajo para dos meses. En cambio con la RBU claro que pagarías más impuestos a partir del euro número uno que ganas por encima de la RBU, pero en total, no pierdes.
¿Qué cree que despierta una reacción tan visceral contra la RBU?

La RBU implica que toda la gente tiene la existencia material garantizada. Evidentemente, como dicen algunos críticos, no acaba con el capitalismo, como tampoco acaba con el capitalismo un buen convenio, ni unas mejores condiciones laborales. Pero viviríamos en un capitalismo diferente al que conocemos ahora. Esto es lo que la derecha política entiende perfectamente. La izquierda, o alguna izquierda, no. Una parte cree que el trabajo dignifica, pero lo que dignifica es tener la existencia material garantizada y no, por ejemplo, tener un trabajo de mierda, mal pagado y en unas condiciones asquerosas. Habrá trabajos gratificantes, pero no es la norma. Marx consideraba, siguiendo a Aristóteles, que el trabajo asalariado es “esclavitud a tiempo parcial”. Y otro tema del que hablan todos los economistas ortodoxos y heterodoxos: de aquí a veinte años no habrá “aún” pleno empleo.
¿Cómo se podría defender públicamente, entonces?

A Pablo Iglesias le decían que era imposible financiarla, pero eso se responde muy fácilmente. Se puede financiar mediante una reforma fiscal, y mediante la integración de la política fiscal con la política social. Esto es lo que hemos demostrado en un proyecto de financiación. No tocaríamos ni un céntimo de partidas fundamentales, como las de sanidad y educación, pero sí otras, como la de la Casa Real. Las prestaciones inferiores a la renta básica desaparecerían, pero no las superiores: los beneficiarios de estas cantidades no ganarían ni perderían. La reforma significaría una gran redistribución de la renta de los sectores más ricos al resto de la población. Lo contrario de lo que se ha producido a lo largo de las últimas décadas, especialmente en los últimos años.
Hay una encuesta de Cataluña cuyos resultados son impresionantes, porque un 80% de los entrevistados está a favor. Y en esta encuesta hay otra cosa interesante, porque se preguntaba: “Según su situación actual, usted dejaría de trabajar si la recibiese?” Y había el doble de hombres que mujeres que con una RBU dejarían el trabajo y es un tanto por cien muy pequeño.
Otra objeción “clásica” es que podría producir un desembarco de emigrantes masivo.

Los inmigrantes que vienen desde países pobres no lo hacen porque conozcan las condiciones que van a encontrar al llegar, sino porque no tienen las condiciones de existencia material garantizadas en sus países de origen. Con renta básica o sin ella, van a seguir viniendo.
¿Qué partidos la tienen en su programa?

Uno que la llevaba, y que yo sepa no ha renunciado, es Anova, en Galicia, y Bildu.
¿Todas las propuestas de renta básica son progresistas?

Una mera defensa de la renta básica, sin mencionar más –qué cantidad, cómo la va a financiar, a cambio de qué–, no está encuadrada políticamente. Yo no estaría de acuerdo en que a cambio de la RBU se socavaran servicios públicos, como la sanidad o la educación. Ahora, que se suprimiese parte del ejército o de la Casa Real, ahí no tendría ningún problema.

Verdades que no producen nada // Diego Valeriano.



Baja del Sarmiento y encara para Rivadavia, camina con su carrito hasta que se detiene e instala. Sonríe para adentro, mira hacia ambos lados, infla su espíritu. Siente un profundo regocijo de haber llegado allí donde está. El placer de la conquista. Tira la manta y acomoda las medias. Conquista, por poco que sea, un pedazo de verdad. Entra en la verdad.
Militantes, filósofos, pensadores, docentes, periodistas, abogados, psicopedagogos, psicólogos, pobres escritores de blogs no pueden con la verdad e intentan impedir que alguien pueda. Dominan los conceptos, traicionan, kiosquean… No tienen una idea. Tener una idea es muy difícil, pero ellos jamás podrán tenerla: su autocomplacencia y estatus se lo impiden.
La verdad le es intragable, le duele para dormirse. Por eso antes de conciliar el sueño quiere soñar que hace un viaje, que es una bailarina, una actriz, una cantante, una princesa que mata al rey. No quiere que le duela tanto el asco que le da. Evita, todo lo que puede, las pasiones tristes y vive con alegría su máxima potencia. Sabe que tiene que huir de la trabajadora social, del psicólogo, de la secretaria del juzgado y hasta de las flacas del centro comunitario. Ya no quiere que exploten la resignación, la culpabilidad, la mala conciencia y todos los afectos tristes de ser y sentirse abusada. Nadie le va a impedir que haga lo que pueda. Ya no.
Los hombres están en un estado de deuda infinito, por eso desprecian, minimizan o idealizan las vidas runflas. Lo Político y Social es tan superfluo que aburre. No hay ideas ni verdad. Nadie quiere ya conquistar algo que alegre o lastime. ¿Cómo se puede vivir una vida sin atrapar un pedacito de verdad?
Vivir es ante todo deambular por la ciudad, ir de un punto a otro. Eso es la vida. En un viaje infinito, un loco le dijo que un pensamiento que se ocupa de evitar equivocaciones, dice verdades que no producen nada. Ideas indignas, ingratas de ser pensadas. Viaje, fiesta y consumo para liberarse de verdades infames, para tentar suerte con aperturas posibles, alegres y potentes del pensamiento y la vida. 


Viaje, fiesta y consumo; regocijo de haber llegado ahí donde se está.

Macrismo, kirchnerismo, izquierdas y movimientos sociales // Mariano Pacheco

(acerca de los modos de agujerear los consensos parlamentaristas de la época) 


El momento político que atraviesa el país nos impone un enorme desafío: construir la capacidad de coordinar políticas de unidad para enfrentar al macrismo (con todos sus ribetes conservadores y antipopulares), junto a todos los sectores dispuestos a enfrentarlo, sin por eso dejar de librar una crítica a la larga década kirchnerista y el giro a la derecha del progresismo y los nacional-populismos que han cambiado la histórica tríada del nacionalismo popular revolucionario por un nacionalismo popular “democrático”, y que han trocado la reivindicación de los mejores momentos del peronismo (el costado tierno, irreverente y contestatario de Evita, los caños de la resistencia obrera, el socialismo de Cooke a la Tendencia Revolucionaria), en combinación con las mejores tradiciones libertarias y de izquierda, por un peronismo acrítico que se redescrubre en Perón y se “transversaliza” en un cruce con el alfonsinismo, gestando una suerte de “neofrepasismo tardío” (al decir del Truco Asís), ahora pejotizado (y en algunos casos esgrimiendo altas dosis de macartismo), todo a la luz de un pragmatismo que pareciera tener como único horizonte la gestión del gobierno, es decir, que reduce toda su estrategia a un estatismo acérrimo (y que se expresa en la falta de autocrítica, cuyo máximo lema es la consigna “Vamos a volver”, como si nada hubiese pasado en el medio).
Y aquí es fundamental entrar en una polémica no solo con la derecha, sino también con el progresismo (más “blanco” o más “negro”, lo mismo da), e incluso un sector de las izquierdas, que hacen de la táctica electoral un horizonte estratégico, lo digan o no, cayendo en un electoralismo endémico.
Si la política es conflicto, como tantas veces repitió el kirchnerismo más lúcido, o el kirchnerismo en sus momentos más lúcidos, no debería espantar (nos) este (aparente) antagonismo. Es decir, debería ser posible “golpear juntos y caminar separados”, como sostenía un viejo lema. El tema es si hay voluntad política, por parte de lo que quede de eso que ha dado en llamarse kirchnerismo, para enfrentar en las calles las políticas del macrismo. Y aquí es donde entran en contradicción las líneas, los sentidos que se le puede dar a la resistencia (que no está hoy, a la vista de todos, sino apenas esbozadas en una serie de luchas parciales y micropolíticas de movimientos sociales que vienen creando nuevas lógicas y enfrentando dinámicas neoliberales desde mucho antes del 10 de diciembre de2015). Resistencia que hoy más que nunca es una tarea, y no mera enunciación (la reducción de la política al discurso es una de las cuestiones del período anterior que deberíamos poder abordar críticamente).
Para algunos, resistencia es un término canchero para nombrar lo que entienden por oposición (“seria, responsable”, es decir, que no saque los pies del plato, que no haga olas, como se dice popularmente). Para otros, la resistencia no es solo estrategia de bloqueo de las políticas antipopulares que se gestan desde la sima misma del Estado, sino también (sobre todo), creación de alternativas a las políticas de muerte que impulsa y sostiene el capitalismo financiero y territorializado de la actualidad. Es impugnación de los modos de vida centrados en las lógicas de exclusión, pero también, de “inclusión para el consumo”.
Agujerear los consensos de la época
“Dentro de la ley, todo. Fuera de la ley, nada”. La frase es de Perón. No del líder popular exiliado que decía que “Guevara era uno de los nuestros”, ni el estratega antidictatorial que sostenía que, de ser más joven, “andaría poniendo bombas por ahí”, sino del General de la Nación que es presiente constitucional y, como tal, no está dispuesto a permitir desbordes, por más que su propio movimiento siempre se haya sostenido sobre el precipicio de los desbordes (no solo a fines de los 60 y principios de los 70, con el “socialismo nacional”, sino antes, en los 40-50, cuando se sostenía como “momento de la revolución nacional”).
Esa máxima parece ser hoy el lema de la época. La ley de la democracia parlamentaria, que se parece tanto a la paz de los cementerios. Parece que hemos caído en una gran amnesia, como sostenía Walter Benjamin, y olvidamos la violencia sobre la que se asienta el parlamento (y que le dio origen). De allí que, tal como supo plantear Jaques Derrida –leyendo a Benjamin– deberíamos poder interrogarnos críticamente sobre qué es, para nosotros hoy, la democracia liberal-parlamentaria. Deberíamos poder –siguiendo las pistas esbozadas por Michel Foucault– preguntarnos cuales son las líneas de guerra que están por detrás de las instituciones y de las relaciones de poder. Y no olvidar –ya que estamos en épocas de memorialismo incuestionable– que esta ley en que se han transformado las democracias hoy, no es más que la expresión solapada de una victoria: la del terrorismo de Estado por sobre las voluntades revolucionarias.
Conjurar y combatir los consensos conservadores de la época, entonces, parece ser un desafío para todos aquellos que nos situamos de este lado de la barricada. En este sentido, no solo habría que pensar en el amplio apoyo popular (con altísimos pisos electorales) que conquistan proyectos que en otras épocas sólo se sostenían a través de golpes de Estado, sino también a los límites que los denominados progresismos le imponen a la imaginación política contemporánea. Es más: habría que preguntarse si, en alguna medida, la derecha que se está instalando con fuerza, no solo en Nuestra América sino también en Europa, no es la cosecha de la siembra del progresismo.
Reactualizar el deseo revolucionario y conjurar el trauma de la derrota parecen ser tareas estratégicas, de largo plazo, pero insoslayables en la construcción del día a día de cualquier política de emancipación que se precie de tal. 

La luna con gatillo: Una crítica política de la cultura

 
Sexto programa del año. Acá podes escuchar la editorial deMariano Pacheco, dedicada a Carlos Fuentealba, en el noveno aniversario de su asesinato. Su figura, y la construcción de una constelación crítica que suma los rostros de Teresa Rodríguez (asesinada durante la pueblada de Cutral Có), “El Tata” y “El Pampa” Sapag (militantes montoneros, hijos del ex gobernador de Neuquén Felipe Sapag, caídos en combate enfrentando la última dictadura), Darío Santillán (asesinado el 26 de junio de 2002 en la “Masacre de Avellaneda”), y a todos los docentes que, luchando, hoy también están enseñando.
Contamos además con la presencia de Anabela Antonelli, militante del Encuentro de Organizaciones, quien realizó su columna de “Género y Movimientos Sociales” y Tomas Astelarra, con su columna de “Economía crítica”. También entrevistamos al historiador Ariel Petruccelli, autor del libro “Docentes y piqueteros. De la huelga de ATEN a Cutral Có”, a integrantes de la Asamblea de Malvinas Argentinas, que realizaron una jornada lucha contra Monsanto en el Día Mundial de la salud y dedicamos un bloque a intentar pensar el reclamo de Libertad a Callejeros y, de la mano del Colectivo Juguetes Perdidos, el “roquerismo” que sigue vigente hoy en las pibas y los pibes más jóvenes. Junto a los festejos por los diez años de las Peñas Transhumantes, sorteamos dos entradas.
La luna con gatillo se emite todos los jueves, de 15 a 17 horas por www.eterogenia.com.ar, la radio del Centro Cultural España-Córdoba. Trinchera radiofónica conducida por Mariano Pacheco y Carlos Bergliaffa, que cuenta con el colectivo integrado por Carla Lorena Lorenzo en redes sociales; “El Turco” Diego Abu Arab en gráfica, “El Pelado” Pablo Rodríguez en producción artística y Dante De Noia en la operación técnica.

Exorcismos // El Loco Rodríguez

Escribir, pensar, combatir. Buscamos una forma de estar vivos. Rastreamos en textos relámpagos de imágenes que despierten los sentidos de un cuerpo entumecido, por derrotas aún no elaboradas. Por duelos imposibles.

Presentimos que estamos viviendo el fin de algo y que existe una experiencia generacional abierta, dispersa y heterogénea que no logra irrumpir y que es parasitada por espectros. Los mismos que invocamos en un homenaje que quisimos eterno, son aquellos que nos subyugan. Estamos desnudos, frágiles, sin más armas que nuestras vidas, nuestras trayectorias, nuestras lecturas fragmentarias, para enfrentar formas de dominación intensificadas, hechas cuerpo, cifradas como destino personal.

Donde la militancia no piensa, la derecha muerde. Donde sentimos placer en nuestra propia sujeción, donde experimentamos goce, sublimando nuestra impotencia política. Allí donde el deseo es el índice de nuestro propio fracaso, la derecha tiene un hijo.

Por eso el Loco Rodríguez. Pensamos desde una marca, la huella de una sujeción gozosa. Desde ella comprendemos y combatimos, con armas híbridas. El Loco Rodríguez es la figura turbia en las que se espejan nuestros fracasos, nuestros afectos y por lo tanto nuestra posibilidad infinita de hacer lo que sea, para vivir mejor, para redimir nuestros muertos, para elaborar una cura colectiva. Y esto supone pensar sin dejar afuera el cuerpo. Un cuerpo generacional anoréxico, que la cuelga, con pánicos, precarizado, monotributista, brotado. Asediado por inercias.

¿Por qué gestar un colectivo de intervención filosófica y política en esta hora? ¿Para qué producir filosofía, escribir, alimentar la pasión desde la literatura cuando una derecha rapaz nos asedia y busca darnos la muerte en vida?

Para desolvidar lo que olvidamos: donde reside el verdadero poder. La reconquista de aquello que nos expropiaron, para volver a incluir al otro en mi vida y dejar de postear. Para valorar el aporte de lo que cada uno trae: el cuerpo individual como revelador de un poder colectivo capaz de amplificarse, y aunque latente, según los momentos de un proceso, se potencia o se inhibe, pero no se desconoce.

No queremos repetir un gesto generacional que se apoya en una selección natural “de los mejores” para afirmar una “necesidad emancipatoria”. Cuerpos fornidos y fordistas. Militantes con convicciones robustas. Cobrizos y populares.

No queremos invertir el gesto y encontrar potencia en la fragilidad, en la espontaneidad basista. Ya no nos queda otra. Afirmar un deseo emancipatorio no es ni un programa, ni un contra-programa. Es la que nos queda en una periferia cada vez más irrespirable.
La filosofía y la literatura son incisiones. Necesarias para crear, para descubrir sentidos inasibles desde los lenguajes convencionales de la política. Para movilizar un cuerpo, revisando sus llagas.

Los dispositivos de dominación se han sofisticado, y eso implica poner en cuestión a las mismas subjetividades resistentes. No nos creemos impolutos, no creemos en la moral de los santos, no queremos escribir como alguien que estuvo afuera de la historia. No podemos vivir y pensar aferrados a la melancolía de aquello que el neoliberalismo deshace. Se extenuaron los recursos simbólicos de viejos vestigios de las luchas populares del siglo XX. En el reconocimiento de esos límites hay una potencia. Sólo en el drama de nuestra sin salida, sólo en el embotamiento fantasmal en el que habitamos como argentinos y latinoamericanos, sólo desde su seno, es que podremos producir algo verdaderamente propio.

El desafío político intelectual de nuestra generación es ganar en rigor militante. Rigurosidad en la lectura, radicalidad en la crítica, para calibrar la rapidez y la eficacia de la acción. Debemos deshacer la circularidad dogmática que regula, como un debate de sordos, las matrices de una izquierda tradicional disecada y sectaria, y las premisas de una izquierda nacional-popular, cuya pretensión de fusionarse a-críticamente con lo «popular» no nos condujo a ningún lado.

En nuestro lenguaje político las identidades son fijan, inmutables. Representan linajes definidos, en pretendidas purezas. Dando lugar, por esto mismo, a la figura del converso como el expulsado de la familia: aquel que traiciona, mancha las banderas, <el origen>, y busca asilo en otras plataformas de un lenguaje opuesto. Nosotros reivindicamos a los conversos y a los traidores. Porque pensar es pensar contra nosotros mismos.

El Loco Rodríguez es un gesto generacional incumplido. Es combatir para comprender. Es comprender a los traidores, para combatir aquello que hay de ellos en nosotros mismos. Sólo encontraremos un sentido de eficacia en nuestra acción político-intelectual si damos cuenta de ese espacio de clandestinidad que la hegemonía del capital (patriarcal, heterosexista y de clase) abrió en nosotros. Por eso la noción misma de <identidad> se revela en su fragilidad constitutiva, como la apertura a aquello que modifica permanentemente nuestra creencia vulgar en torno a lo que somos. La política y la literatura, en su empalme difuso, se muestra como el territorio donde quedamos expuestos: solo porque no nos queda otra opción que actuar, actuamos con aquello que desconocemos de nosotros mismos.

Las narrativas hegemónicas que enhebraron a las generaciones anteriores nos sumergen en un sueño, en una auto percepción distorsionada de las propias fuerzas, en un sentido de coherencia política inmaculado, que nos inhiben a un acceso pleno de las praxis políticas e intelectuales. Es preciso dislocar, desde su propio seno, al progresismo como episteme de la época y a los imaginarios inconmovibles de las izquierdas partidarias, creando nuestros precursores: allí Osvaldo Lamborghini, allí León Rozitchner.

El Loco Rodríguez nos habla de un nacimiento, el drama originario en el que se prefiguran las categorías contaminadas de todo enfrentamiento político. Sólo podremos abrirnos paso a un segundo nacimiento histórico si reconocemos nuestro origen espureo y desgarrado. La actualización impotente de ese origen, somos nosotros mismos.

El gesto generacional ya no puede ser el del parricidio. Ya no hay trasgresión. Sólo nos queda asumir que estamos habitados por el Padre, y buscar una salida donde él no la encontró.

Clinâmen: Plaza Republique: ¿un 15M frances? // Entrevista a Amador Fernández-Savater

Conversamos con Amador Fernández-Savater, investigador-activista,  sobre las movilizaciones en Francia. La Europa de las rebeliones, la Europa de las migraciones. ¿Cómo está Podemos? ¿Qué se dice «A los amigos»?

La futbolera // Natalia Caprini

 

Algunas cosas son de no creer. Llego de la calle, de andar todo el día de aquí para allá, de llegar tarde a todos lados, de que la editora no entienda que no quiero la tapa de mi libro de color marrón-caca, de que el auto se pare todo el tiempo -especialmente en medio de las avenidas- y para peor de males, famélica, con hambre de loba feroz. Tengo un estado curioso que ondula entre una desesperación última y final, y por otro lado una especie de estado de gracia, cercano a las alucinaciones del LSD.
Dejo los petates, agarro, en un acto instintivo, cualquier cosa de la heladera (una zanahoria, un racimo de uvas, una porción de tarta de ayer) y la voy comiendo mientras camino a encender la computadora. En el trayecto lo veo a Toro,  o a un despojo que dejaron las aves carroñeras tirado en el sillón y que se parece bastante a Toro. Nos saludamos como es rigor en una pareja un jueves de fines de marzo, entre el hastío propio de la existencia y el alivio de que el otro esté allí, como si fuera una garantía de continuidad de las leyes que mueven el universo.
Me tiro en el sillón, Toro en un gesto mecánico y cariñoso abre un brazo y me abraza sin dejar de mirar la tele, muy interesado, como si le estuvieran develando las grandes verdades de la vida. Pero no… no se trata de Carl Sagan ni de Carlos Sacaán sino de unos chabones muy porteños, alguno que se dio una biaba y está más morocho que su sombra, varios gordos, uno con aspecto de cool que sorprende verlo allí y no en un programa de cable hablando de su amor por la literatura surrealista, y oh sorpresa, una rubia infernal, con una mini que deja ver más que la hoja de parra de Eva y unas gambas que le llegan hasta el cuello. Lo raro no es ver una mina de esas características en un programa de esas características: vale recordar a las secretarias de Galán, de Sofovich, de Repetto; se puede decir que la tele a sido muy generosa en desplegar la pelotudez femenina o mejor dicho, en darnos fértiles modelos de lo pelotudas que las minas tenemos que ser. El caso es que la mina, que está parada como una parte del decorado mientras sonríe a los huevones que dicen boludeces, en un momento se planta, interrumpe al mono teñido de negro (que no sabe que la pifió y que se parece más a mi tía Berta que al malevo que quiere emular) y mirándolo le espeta: “ Pero por favor… Martínez nos tiene acostumbrados a esos cambios tácticos” y luego, mirándolos a todos “empezó con un 4-3-2 contra Gimnasia, pasó a un 7-9-5 contra Upites Unidos y terminó con un 7-7-3 contra Ojetes Anónimos”, y yo estupefacta como si estuviera frente a una manifestación de la virgencita de Itatí, Toro asintiendo con gesto cómplice y los huevones desgañitándose para exponer no sé qué pelotudez. Me quedo mirando con los ojos fijos, casi sin pestañar para ver si la mina hablaba de nuevo, porque bien podría haber sido que en mi estado de confusión mental hubiera tenido una alucinación y que la mina simplemente estuviera sonriendo mientras muestra a cámara un paquete de alfajores. Pero no, al rato la mina se planta otra vez y discute acerca de no sé qué de los isquiotibiales de un tal Ruperti, luego se explaya sobre que Rosario Central fue a buscar los tres puntos y se llevó uno, y remata con un chiste, que hace que todos rían, acerca de algo que no entiendo pero que tiene que ver con códigos de vestuario. Un poco atontada lo miro a Toro y le pregunto:- ¿y esa mina?- y él, sin sacar la vista de la tele me dice que la mina sabe mucho, que entiende de fútbol más que muchos hombres, que le puede discutir a cualquiera, y yo lo miro y entiendo que está enamorado, que por fin se juntaron en un solo ser las dos cosas que más ama y anhela en este mundo: un par de tetas y un amigo. Yo, que soy lenta de entendederas y tardo una eternidad en salir de la impresión inicial, me angustio y digo alguna clásica boludez de mina celosa como “es un gato”, o “seguro que se garcha al productor” o “tiene las gomas re-operadas”, pero algo en mi taradez esencial me hace seguir viendo el programa que ahora muestra algunas jugadas del último partido deteniendo la imagen y marcando con circulitos incomprensibles las peculiaridades de la defensa de Banfield. Me pongo a competir con la mina y trato de hacer algún comentario inteligente, pero tengo pocos elementos y sólo consigo que Toro rebata mis escuálidos argumentos con el mismo tono con el que hablan todos los huevones y la huevona incluida. Por fin el programa termina y la tensión que sostenía la existencia de Toro se va diluyendo, prende un porro y mientras fumamos, como si fuese parte de un acuerdo implícito me agarra de la cintura y me acerca a su pija que se empieza a hinchar y así, medio de espaldas giro la cabeza y lo empiezo a chuponear como si viniésemos en una larga franela, con chupones muy húmedos que hacen que la mina, los huevones, el fútbol, la forra de la editora y todo lo demás empiece felizmente a esfumarse como si fueran tontas ilusiones que se posan sobre lo que verdaderamente importa, lo que verdaderamente existe. Mientras nos chuponeamos con un anhelo infinito y nuestras lenguas se van poniendo más gordas y todo se vuelve más acuático, llevo la mano hacia atrás y le agarro la pija a través del pantalón y Toro se ríe de felicidad como un perrito y su mano derecha se va deslizando por mi cadera hasta llegar a mi pelvis, levanta mi vestidito floreado que más bien es un solero, corre la parte de abajo de mi bombacha para descubrir -él y yo- que estoy empapada y  mi concha se va hinchando cada vez más, mis labios, el clítoris, el culo, y mientras nuestras caderas empiezan a moverse como si se hubieran liberado de una larga modorra. Le bajo como puedo, con una torpeza infantil el cierre del pantalón y pasando la mano por adentro del calzón le agarro la pija primero y después los huevos y Toro empieza a bufar como un búfalo y la mandíbula se la cae un poco y se le adelanta dándole la impronta de un orangután mirando la selva incomprensible desde lo alto de su árbol.  Toro se agarra la pija y yo siento cómo con ese gesto su pija se hincha hasta el sumun y empieza a frotarla en mis labios y en mi clítoris y creo que empiezo a hacer un sonido como un ulular, pero no estoy segura, no sé de donde sale ese sonido como de sirenas o de olas del mar que se expanden cuando Toro empieza a meterme la pija despacio en la concha, yo tiro la cabeza para atrás y él entiende sin palabras y me agarra el pelo y me tira suave pero firmemente produciendo un espasmo en mi cerebro que parece ponerse a bailar junto con la concha, conectados en una convulsión celestial. Me la mete lento, muy lento y siento cómo su pija, que está a punto de explotar me va abriendo milímetro a milímetro por adentro como si me fuera derritiendo, y sin darme cuenta, al mismo tiempo se me cae la mandíbula y voy abriendo la boca como si me fuera ahuecando por arriba y por abajo. Me la mete toda, entera y se queda quieto, la pija latiendo en su quietud y mi concha abrazándola – titilando como si estuviera llena de estrellitas- y empezando de a poco a succionar en un pulso que me estremece hasta la médula del alma, los dos quietos, con la respiración contenida como si el mundo estuviera suspendido, como si todo -los autos, los colectivos, el viento, el girar del planeta- se hubiera detenido hasta nuevo aviso, y mi concha es lo único en el universo que se mueve succionándole la pija en un pulsar que se expande cada vez más, llevándonos de a poco a mover las caderas y sentir un calor de volcán mientras entramos en un frenesí pagano. Toro me tiene del pelo como si estuviera domando una potra salvaje, mi concha y mi cerebro latiendo al unísono y con la otra mano, desde atrás, comienza  a frotarme las tetas encendiendo mi corazón en latidos que me superan y al mismo tiempo me asustan y me vuelan de placer, haciéndome acabar produciendo sonidos agudos como el de las ardillas y arrebatándolo a Toro que también acaba gritando como si hubiera metido un gol. Caemos agotados en el sillón riéndonos con una risa bobalicona; nos quedamos echados un rato y de a poco voy volviendo en mi, empiezo a pararme y siempre con esa risa boba, me acomodo la bombacha, el vestidito y deambulo un poco sin rumbo por la casa. Me siento en la escalera y mi cuerpo sigue convulsionado con esa risita y me viene a la cabeza una canción que decía “el ojo que mira el magma” y siento mi concha y mi útero con una calidez llena de paz.
Subo al primer piso y me meto en la ducha caliente que termina de aflojarme los tornillos y mientras sigo cantando el ojo que mira el magma como si fuera un arrullo, empiezo a pensar en las brujas de Castaneda que decían que la concha y el útero eran los elementos más sensibles del género humano, y que las mujeres, acusadas de brujería y no sé cuantas cosas más, ya ni siquiera sabemos cómo se usa ese delicadísimo instrumento de percepción. Decían también que durante la menstruación las mujeres entramos en la máxima meditación y que antiguamente, mientras duraba  la regla, las mujeres eran consideradas sabias y sagradas. Empiezo a pensar muchas cosas, precipitadamente, como si las pensara todas juntas en una especie de pelota de ideas y sensaciones que empieza a rebotar adentro mío. Vienen a mi mente las publicidades de toallitas femeninas y pastillitas pelotudas para que “ni nos demos cuenta de que estamos indispuestas”, y pienso “¿indispuestas?”, y pienso en las charlas de mi mamá con mis tías en la quinta de moreno, esas charlas susurradas e íntimas que yo adoraba. Y después me acuerdo de la pelotuda del programa de fútbol y pienso que entonces nos quieren convencer de que la igualdad entre el hombre y la mujer, tan en boga en estos tiempos, es que las minas podamos hablar de fútbol y aprender a decir las mismas pelotudeces que dicen los tipos, con los mismos guiños y los mismos gestos, a hablar unos encima de otros, a hacer los mismos chistes pelotudos como si se tratase de la gran cosa. Y me acuerdo de los celos que sentí cuando la vi con su cara rubia y su lomazo infernal y me empiezo a reír a carcajadas de lo boluda que puedo llegar a ser y entonces me siento en la bañadera, bajo la ducha y el vapor y en un instante impreciso dejo de reírme y empiezo a llorar, a llorar con todo el cuerpo como hacía mucho tiempo no lloraba.
Y en eso entra Toro, que viene a hacer pis, o a lavarse los dientes, o vaya uno a saber a que viene, y cuando me ve acurrucada bajo la ducha llorando como una magdalena se acerca, se mete así como está con el pantalón, las medias y la remera bajo la ducha y me abraza con los brazos y con todo su cuerpo y me habla con un amor infinito y me pregunta qué me pasa, porqué lloro así, y yo empiezo a tratar de explicarle, busco ordenar la maroma de ideas y emociones que me mueven como una marea, que el hombre, que la mujer, que la historia, que el ojo que mira el magma, y pronto me doy cuenta que no puedo articular el lenguaje, no puedo decir nada, y sintiendo su cuerpo de oso que me abraza y me contiene como a la cosa más delicada y más preciada del mundo levanto la cabeza, lo miro con un amor eterno y le digo…- nada mi amor, tuve un día muy largo-.

Una película de acción directa // Frédéric Lordon

(sobre Merci Patron!, de François Ruffin)

Traducción: Santiago Sburlatti

Como no corremos el riesgo de tener a los estudios Universal tras la espalda y, en realidad, no se trata exactamente de una película de suspenso, podemos revelar un poco la intriga de Merci Patron! de François Ruffin. Es la historia de Serge y Jocelyne Klur, empleados de ECCE[1], filial del grupo LVMH[2], más exactamente empleados de su fábrica de Poix-du-Nord, antaño encargada de la confección de la ropa de marca Kenzo. “Antaño”, porque, mundialización obliga, el grupo consideró oportuno deslocalizar toda la producción en Polonia. Mediante la cual los Klur fueron invitados a emplearse en otro lugar. Sin embargo, ellos exploran metódicamente la diferencia entre ser empleables y ser empleados. Después de cuatro años. Evidentemente, el fin de los derechos fue aprobado desde hace mucho tiempo, girando a los 400 euros por mes, la casa más fresca –forzosamente, ya no hay calefacción y hubo que replegarse en la única pieza habitable. En la sección de las virtudes tonificantes, contamos también la eliminación de todo exceso alimentario y la adopción de sanas resoluciones dietéticas: incluso podemos ir a hablar de racionamiento –Navidad con una rebanada de queso blanco, amigos de la frugalidad lo apreciarán.

Estamos allí, es decir ya a lo grande, cuando se produce un aviso de confiscación de la casa, ni más ni menos, como consecuencia de una deuda por seguro de 25 mil euros. Para los Klur, que consideran que se es “importante”, incluso un “capitalista” a partir de 3 mil euros al mes, es como caer por un golpe de una magnitud que los expulsa fuera de la Vía Láctea. Lo que no impide, por otra parte, extraer las consecuencias prácticas. En este caso bajo la forma del proyecto, si es así, de prender fuego la casa –lo única cosa que los Klur verdaderamente han tenido y en la cual han aprendido todo lo que la existencia les reservó de alegrías.

No hay nada más local que el caso de los Klur. Y no hay nada más global tampoco. Porque los Klur ofrecen de forma concentrada un resumen casi completo del sistema. Sin embargo, contrariamente a todos aquellos que trataron antes que él la condición salarial de la época neoliberal, la película de François Ruffin no tiene ninguna intención analítica o pedagógica. Es una película de otro género, difícilmente identificable, por cierto, respecto a las categorías cinematográficas habituales. Lo más justo sería decir sin duda que se trata de una película de acción directa. Porque Ruffin, que tiene entre ceja y ceja a Bernard Arnault desde hace un buen tiempo, quiere literalmente hacer algo con la situación de los asalariados de ECCE. En 2008, ya había hecho irrumpir imprevistamente a los despedidos en la asamblea general de accionistas de LVMH. Esta vez, será el ataque frontal: Klur-Ruffin contra Arnault. La época neoliberal enseña que si no se reclama con la fuerza necesaria, no se obtiene nada; Klur-Ruffin va a exigir. Con la fuerza que haga falta. En este caso: ¡45 mil euros de indemnización por reducción a la miseria, más un contrato de duración indeterminada (CDI) en alguna parte del grupo para Serge! Y sino, campaña de prensa. No en Le Monde, no en France Inter, no en Mediapart: Fakir, periódico fundado por Ruffin y radicado en Amiens. ¡Temblad, poderosos!

Es en ese momento que la película entra de repente en la cuarta dimensión, y nosotros con ella. Porque en la frente del elefante, el ataque del mosquito sembró una fiesta sagrada. Y los poderosos comienzan a temblar de verdad. No podemos contar aquí la serie de hilarantes peripecias que conducen a ello, pero la tendencia al spoilermanda al menos de ofrecer ahora mismo el fin de la historia: ¡Bernard Arnault se derrumba! Nos pellizcamos. Es simple, no lo podemos creer. Decimos que el proyector está conectado a un difusor de hongos, del que somos víctimas. O todo es verdad. Como la física contemporánea ha establecido la existencia de la antimateria, la física social de Merci Patron! nos descubre el universo paralelo de la antilucha de clases: todo allí sucede como en la otra, pero a la inversa. Es el oprimido quien hace morder el polvo al hombre de los escudos. Sospechamos que esta irrupción del universo invertido en el universo standard es un acontecimiento raro. ¡Pero lo hemos visto con nuestros propios ojos! Entonces tenemos que creer. Con este efecto particular que la rendición del entendimiento da enseguida, al deseo de renovar los resurgimientos del buen universo en el malo, y por qué no de transfundirlo completamente.

Pasada la incredulidad, el primer efecto de esta película como ninguna otra parecida, es pues el de dar el gusto de revisar con fuerza sus ambiciones. Comenzando por tomar exacta medida de lo que anuncia. En primer lugar, la pesadilla de la derecha socialista: ¡la lucha de clases no ha muerto! Esto no era sin embargo por no haber redactado todas las variantes posibles e imaginables de su muerte. Es que, de la lucha de clases, se puede decir lo que quiera: que su paisaje se ha complejizado; que el hojaldrado de la capa intermedia de “cuadros” ha creado una amplia categoría de seres bifaces, parte del lado del capital (por identificación imaginaria), parte del lado del asalariado (por status); que esta nueva sociología ha hecho perder a la polarización de clases su nitidez original, etc. De la lucha de clases, por lo tanto, se puede decir todo eso. Pero ciertamente no se puede decir que ha desaparecido. Para repercibir el núcleo, hay que sin embargo aumentar las operaciones de cortocircuito, que nos hacen volver al hueso: característicamente, los obreros de ECCE que irrumpen entre los accionistas de LVMH en tren de discutir los dividendos, son el cara a cara puro del capital explotador y el trabajo explotado. O en tal caso los Klur: la miseria directamente relacionable a la valorización del capital.
Evidentemente, están allí los espectáculos que la derecha socialista mucho quisiera ahorrarse, y que por otra parte se emplea en conjurar en tanto puede, a través de todas las armas de la negación. En la imagen de la fundación Terra Nova que, en 2011, se había puesto a explicar que las clases populares (“populares” para no tener que decir más “obreras”) eran, sino sociológicamente inexistentes, en todo caso políticamente poco interesantes: ya no era para ellas que la derecha socialista debía pensar su política. Como sabemos, el problema de los muertos mal asesinados y mal enterrados es que regresan. Aquí, después de todo los muertos son el 25% de la población activa, a los cuales agregar otro 25% de empleados –un ejército sagrado de zombies. Y la promesa de noches agitadas para todos aquellos que se hayan propuesto la desrealización de la realidad misma. Tenemos que creer que los fantasmas conservan todavía el poder de aterrorizar a algunos, si se lo juzga por la urgencia de Bernard Arnault de enviar los esbirros  de su seguridad para negociar con euros el silencio de los Klur. El secretario general del grupo, un jerarca del Partido Socialista, convencido de que el progresismo consiste esencialmente en el aumento de los dividendos, es solo un pequeño resumen de toda la historia de su partido, duplicado de un famoso papanatas[3], de quien todas las maniobras expertas conducirán a Bernard Arnault a una doble derrota: ¡pagar y la publicidad!

De este modo, llega a las “clases populares” para volver de la nada donde se las quiso enterrar, y regresar de ahí con algún estruendo. Radica allí, sin duda, la segunda buena noticia del evangelio según San Klur: podría ser que este orden social sea mucho más frágil de lo que se piensa. En todo caso, comenzamos a plantearnos preguntas importantes durante esa escena sublunar en que vemos a un ex-comisario de informaciones generales, transformado en espía privado para el imperio de la cartera, negociar con los Klur delante de una cámara oculta (busca una grabadora debajo de la silla…) y volverse casi histérico con la mención de Fakir. Que la campaña de prensa pase por Le Monde, Mediapart o por François Hollande, tiene solución. Pero Fakir! Es Molière en les Picards, con, en el lugar de Diafoirus que patalea en “El pulmón!”, el ex-comisario Machin volviéndose chiflado: “¡Fakir! ¡Fakir!” –si se lo amenazara con enviar todo a CNN o al Papa, él seguiría aullando como un poseído: “¡Fakir!”.

Llegados a este punto de viosonado del film, y totalmente asombrados, intentamos recuperar el equilibrio por nuestra cuenta para desarrollar nuevamente algunas ideas generales. Por cierto, ¡con la ayuda del comisario mismo! Quien, desde el fondo de su sentido común de poli, es poseedor de una filosofía política en estado práctico: ¿por qué Fakir, que estan pequeño? Porque, afirma el comisario, “son las minorías activas las que lo hacen todo”. Si los Klur entrenados por el camarada Ruffin tienen el poder de poner a Bernard Arnault en cuatro patas, está claro que de frente, se tiene miedo. Confusamente se toma conciencia de que tantas villanías acumuladas no podrán quedar eternamente impunes, y miedo. Pero entonces ¿hay diez, cien Klur-Ruffin, un ejército de Klur-Ruffin? ¿Y además decididos a obtener algo diferente que la simple indeminización de la miseria? ¿Y si la esperanza cambiaba de campo, si el combate cambiaba de espíritu?

Lo propio de las películas de acción directa, es que sus efectos se propagan bien después de su última imagen. De éstas, salimos cargados como una usina eléctrica y con el deseo de derribar todo –puesto que, por primera vez, es un deseo que se nos aparece como realizable. Aplastados como estábamos por la traición de la derecha socialista, por el estado de emergencia y la nulidad de las boutiques de la izquierda, Merci Patron! nos saca de la impotencia y nos reconceta directamente con la fuerza. No es una película, es un clarín, un levantamiento en masa posible, un fenómeno en estado latente. De este acontecimiento político potencial, es necesario hacer un acontecimiento real.



[1]Entreprise de Commercialisation et de Confection Européenne.
[2] LVMH Moët Hennessy – Louis Vuitton, más conocido como LVMH (inicialmente las siglas de Louis Vuitton Moët Hennessy), es un conglomerado multinacional francés dueño de más de 60 marcas de renombre alrededor del mundo. Tiene su sede en París, Francia, y está presidido por Bernard Arnault, el decimotercer hombre más rico del mundo y considerado el más rico de Francia (con fuertes lazos con Sarkozy).
[3] En francés en original “cornichon”, que literalmente significa pepino pero que es usado despectivamente también para hacer referencia a una persona imbécil, un papanatas. Particularmente, en este caso se asocia “famoso papanatas” en relación a François Hollande. 

Los Panamá Papers explicados, ¿por qué se lame el perro?» // Slavoj Zizek

Traducción Pablo Makovsky


Lo único realmente sorprendente sobre los Panamá Papers es que no hay ninguna sorpresa en ellos: ¿no sabíamos de modo preciso lo que esperábamos aprender allí? Aunque una cosa es saber sobre las cuentas bancarias offshore en general y otra, tener pruebas concretas. Es como sospechar que nuestra pareja nos engaña; uno puede aceptar el conocimiento abstracto, pero saltamos de dolor cuando accedemos a los detalles más escabrosos. Y cuando uno tiene fotografías de lo que está pasando… Así que con los Panamá Papers ya estamos frente a las imágenes más sucias de la pornografía financiera del mundo de los ricos, y ya no podemos pretender que no sabemos.
En 1843 el joven Karl Marx afirmó que el antiguo régimen alemán «sólo imaginaba que creía en sí mismo y exigía al mundo que debía imaginar la misma cosa.» En tal situación, avergonzar a quienes están en el poder se convierte en un arma en sí . O, como continuaba Marx, «la presión real debe ser más apremiante si se le añade la conciencia de esa presión, la vergüenza debe ser más vergonzosa mediante su publicidad.»
Esta es nuestra situación hoy día: enfrentamos el cinismo descarado del orden mundial existente, cuyos agentes sólo imaginan que creen en sus ideas de democracia, derechos humanos, etcétera, y a través de movimientos como WikiLeaks y las revelaciones de los Panamá Papers, la vergüenza –nuestra vergüenza por tolerar tal poder sobre nosotros–, se hace más vergonzosa mediante su publicación.

Un rápido vistazo a Panamá Papers revela una característica positiva y sobresaliente y otra negativa. Lo positivo es la solidaridad total entre los participantes: en el sombrío mundo del capital global, todos somos hermanos. El mundo occidental desarrollado está allí, incluyendo a los escandinavos no corruptos, quienes se dan la mano con Vladimir Putin. Y el presidente de China, Xi, Irán y Corea del Norte también están ahí. Los musulmanes y los judíos intercambiar guiños amigables, es el verdadero reino del multiculturalismo, donde todos son iguales y todos diferentes. La característica negativa: la contundente ausencia de los Estados Unidos, que le presta cierta credibilidad al reclamo de Rusia y China de que hay involucrados en la investigación intereses políticos particularizados.
Entonces, ¿qué vamos a hacer con todos estos datos? La primera y predominante reacción es la explosión de furia moralista, por supuesto. Pero debemos cambiar de tema de inmediato, de la moral a nuestro sistema económico: los políticos, los banqueros y gerentes siempre fueron codiciosos, así que ¿qué es lo que nuestro sistema legal y económico les facilitó para que se realizaran en esa avaricia de manera tan desmedida?
Desde la crisis financiera de 2008 en adelante, las figuras públicas, del Papa hacia abajo, nos bombardean con mandatos para luchar contra la cultura de la codicia excesiva y el consumo. Como lo dijo uno de los teólogos cercanos al Papa: «La crisis actual no es una crisis del capitalismo, sino una crisis de la moral.» Incluso hay sectores de la izquierda que siguen ese camino. No falta anti-capitalismo hoy día: las protestas de Occupy estallaron hace un par de años, e incluso asistimos a una sobrecarga de la crítica de los horrores del capitalismo: libros, investigaciones pormenorizadas y reportajes de televisión abundan en empresas sin piedad, en la contaminación de nuestro medio ambiente, en los banqueros corruptos que obtienen gordas bonificaciones mientras que sus bancos tienen que ser salvados por el dinero público, de los talleres clandestinos que funcionan con horas extras de trabajo infantil.
Hay, sin embargo, un retén a todo este desborde de la crítica: lo que por regla general no se cuestiona es el marco democrático-liberal de lucha contra estos excesos. El objetivo explícito o implícito es democratizar el capitalismo para extender el control democrático sobre la economía a través de la presión de los medios, las investigaciones gubernamentales, leyes más duras, y las investigaciones policiales honestas. Pero el sistema como tal no se cuestiona y el marco institucional democrático del Estado de Derecho sigue siendo la vaca sagrada, incluso las formas más radicales de este «anti-capitalismo ético», como el movimiento Occupy, no lo toca.
El error a evitar aquí se ejemplifica mejor con la anécdota, acaso apócrifa, sobre el economista izquierdista-keynesiano John Galbraith, quien antes de un viaje a la Unión Sociética, a fines de 1950, escribió a su amigo anticomunista Sidney Hook: «No te preocupes, no me dejaré seducir por los soviéticos para regresar a casa diciendo que tienen socialismo». A lo que Hook le respondió de inmediato: «¡Pero lo que me preocupa es que regreses alegando la URSS NO es socialista.» Lo que más preocupaba a Hook era la ingenua defensa de la pureza del concepto: si las cosas van mal con la construcción de una sociedad socialista, esto no invalida la idea en sí, sólo significa que no se implementó del modo correcto. ¿No detectamos la misma ingenuidad hoy en día en boca de los fundamentalistas del mercado?
Cuando hace un par de años, durante un debate televisivo en Francia, el intelectual francés Guy Sorman afirmó que la democracia y el capitalismo necesariamente van de la mano, no pude resistir hacerle la pregunta obvia: «¿Pero qué pasa con la China actual» Sorman espetó : «¡En china no hay capitalismo!» Para el Sorman, fanáticamente pro-capitalista, si un país no es democrático, significa simplemente que no es de verdad capitalista, sino que ejerce su versión desfigurada; de la misma exacta manera que una democracia estalinista comunista no es una forma auténtica de comunismo.
El error subyacente no es difícil de identificar, es el mismo que en el célebre chsite: «Mi novio nunca llega tarde a una cita, porque en el momento que llegue tarde ya no es más mi novio.» Así es como los apologistas actuales del mercado, en un secuestro ideológico inaudito, explican la crisis de 2008: no fue el fracaso del libre mercado lo que lo causó, sino la excesiva regulación estatal, es decir, el hecho de que nuestra economía de mercado no era verdadera, que todavía estaba en las garras del Estado de Bienestar. La lección de los Panamá Papers es que, precisamente, este no es el caso: la corrupción no es una desviación contingente del sistema capitalista global, es parte de su funcionamiento básico.
La realidad que surge de los PP es la de la división de clases, tan simple como eso. Los documentos nos enseñan cómo los ricos viven en un mundo separado en el que se aplican reglas diferentes, en el que el sistema legal y la autoridad se inclinan a su favor y no sólo los protegen, sino que siempre están preparados para torcer sistemáticamente las leyes para acomodarlos. 
Ya hay muchas reacciones de la derecha liberal a los Panamá Papers que ponen la culpa en los excesos de nuestro Estado de Bienestar, o lo que queda de él. Dado que la riqueza está tan fuertemente gravada, no es de extrañar que los propietarios traten de moverla a lugares con menores impuestos, ya que en última instancia no hay nada ilegal. Ridículo como esta excusa es que este argumento tiene algo de verdad, y trae dos puntos dignos de mención. En primer lugar, la línea que separa las transacciones legales de las ilegales es cada vez más difusa, y con frecuencia se reduce a una cuestión de interpretación. En segundo lugar, los dueños de la riqueza que se trasladó a cuentas en el extranjero y a los paraísos fiscales no son monstruos codiciosos, sino individuos que simplemente actúan como sujetos racionales que tratan de salvaguardar su riqueza. En el capitalismo no se puede tirar el agua sucia de la especulación financiera y mantener sano al bebé de la economía real. El agua sucia es efectivamente la línea de sangre, el linaje del bebé sano.
No debemos temer aquí llegar hasta el final. El sistema jurídico capitalista global es en sí, en su dimensión más fundamental, la corrupción legalizada. La cuestión sobre dónde comienza el crimen (cuáles operaciones financieras son ilegales) no es una cuestión legal, sino una cuestión eminentemente política, atañe a la lucha por el poder.

Entonces, ¿por qué miles de hombres de negocios y políticos hacen lo que documentan los Panamá Papers? La respuesta es la misma que la del antiguo y vulgar enigma popular: ¿Por qué se lamen los perros? Porque pueden.

La profesora // Entrevista a Josefina Ludmer // Verónica Gago

Influencia clave para leer la literatura latinoamericana, maestra de los “cortes” como procedimiento de lectura, guía de los míticos seminarios que juntaron en la facultad de Letras, cuando recién despuntaba la democracia, a más de 700 personas que se acomodaban de cualquier forma en un aula con tal de escucharla; Josefina Ludmer, una de las críticas más importantes de este país, dice que la crítica literaria no existe más y que hasta la lectura desfallece. Ahora que se editan aquellos seminarios en forma de libro, la autora repasa su historia y su presente que también es futuro.
Ella abre la puerta y es ella y es otra. Josefina Ludmer, de pelo corto y más claro, la misma sonrisa de inconfundible sonido, los pómulos que se estiran y le achinan los ojos. Hace ya varios años que no da entrevistas. “Sólo lo hago cuando siento que tengo algo para decir”, confesará más tarde. Hubo una serie entre la publicación de su último libro Aquí América Latina (Eterna Cadencia) y la entrega del honoris causa de la Universidad de Buenos Aires en 2010. El año pasado, sin embargo, apareció en medio de una fiesta pública: fue celebrada en un acto multitudinario en la facultad de Filosofía y Letras, al cumplirse el 30 aniversario de los míticos “seminarios Ludmer”. Aquellos cursos fueron un antes y un después para quienes los transitaron. Un foco de experiencia, podría decirse. Ahora acaban de ser editados como libro (Paidos). Deberían leerse junto con la revista digital Grumo, donde se prolonga en un homenaje escrito lo que pasó en la calle Puan. Varixs de sus ex alumnxs pero también amigxs y colegas llenan de afectos y conceptos esa experiencia-Ludmer: la puesta en acción de una máquina de lectura a la vez económica y desmesurada, filosa y generosa, irreverente y prolífica.
Ahora está pensando alrededor de una máquina-trans. Aquí Josefina Ludmer.
La tarotista
Siendo una de las más reconocidas y prestigiosas críticas literarias, ella no duda en despojarse de ese nombre y pensarse a sí misma a través de la figura de la tarotista.
¿Te sigue sirviendo esa imagen?
–Sí, porque la tarotista lee las cartas y los textos se leen como se leen cartas. Es una imagen que no sólo me sigue sirviendo sino que ¡yo he ido durante años a tarotistas y adivinos! Me gustan cómo leen, cómo te leen, sin conocerte. Íbamos mucho con Manuel Puig. Él siempre tenía dónde ir, él organizaba e íbamos juntos. Pero esas cosas también se terminan.
Ludmer parece no temerle a los “cortes”. Cosas que se cierran. Frases contundentes: “Eso no va más”, “eso ya no sirve”, escanden como bisturí la locuacidad de sus análisis. Esa sensibilidad para lo que se mueve se convierte en procedimientos: Una interpretación (sobre García Márquez). Un tratado (sobre la patria a través de la gauchesca). Un manual (sobre el cuerpo del delito). Una especulación (sobre América latina como territorio de la lengua). Subtítulos de sus libros desde los años 70 hasta ahora que singularizan una forma material tras otra de la operación de lectura.
“Lo importante es cómo cortar. Yo puedo hablar por mi vejez, por mi persistencia en el tiempo (risas). Tengo la impresión, vista desde mi intimidad, que empecé muy chica: a los veinte años ya estaba tratando de agitar. Además, la Argentina de los 60 era eso. Todo el mundo agitaba. La gente no se quedaba en su casa especulando como ahora. Todo era público. Pensar el tiempo es el problema de cualquier textualización: cómo cortar, con qué criterios. La cosa más burda es por décadas y yo no lo haría hoy. Otro corte puede ser por acontecimientos privados tuyos: la salida de cada uno de mis libros es, desde mi perspectiva, un corte”.
¿Qué viene después de la crítica?
–La crítica literaria no existe más para mí. Porque la crítica clásica depende de un autor o una obra o un momento. Y yo no quiero escribir así, limitada por un autor, por una obra o por una época. Quiero algo mucho más libre que me permita algún tipo de acción, una repercusión más externa al campo en todo sentido. Es lo que llamo pasaje de la crítica al activismo cultural.
¿Qué entendés por activismo cultural?
–El activismo cultural usa elementos conceptuales. Para mí es una perspectiva trans. Porque el activismo en el que pienso es el que borra los cotos cerrados que arman esferas de autonomía: la económico, lo político, lo cultural, etc. Me refiero a ese tipo de autonomía entre campos o esferas que lo que hace es cerrar, poner fronteras entre una cosa y otra. Lo que digo tiende a borrar esto y a operar por otro tipo de discriminaciones conceptuales. Lo trans es una especie de estar adentro y estar afuera, estar en el límite y estar en los dos lados, pero también borrar esa diferencia.
Esto refiere a una cuestión de espacio, pero vos siempre cruzás ese vector con un criterio de temporalización, ¿verdad?
–Sí. Lo trans refiere una periodización que podemos llamar no dialéctica, que era la que en general dejaba atrás lo malo porque venía lo bueno. Yo me refiero, en cambio, a una temporalidad de lo post: es lo que viene después pero que incluye lo anterior. No supera ni borra, sino que incluye los tiempos anteriores, agrega.
¿Qué te permite ver esta perspectiva?
–Me parece que esto permite marcar dos conceptos que están en la realidad y en el sentido. Esos dos conceptos son precariedad y ambivalencia. La precariedad implica que todo cambia, que nada dura. O sea que el flujo del sentido y de las cosas es provisorio. La ambivalencia quiere decir que todo lo podés leer de un lado o del otro. De nuevo, que el sentido no es ni bien ni mal, sino algo más mezclado. Yo pongo esa precariedad y esa ambivalencia como centro del sentido y me ubico en un puro presente, sin futuro. O dicho de otra manera: el futuro es presente. No hay horizonte, no hay utopía, no hay algo mejor adelante. Porque el futuro va a seguir siendo el presente.
¿Esta sería la temporalidad que asume el activismo del que hablás?
–Sí, porque el pasado también está presente y persiste con los cambios. Es lo que yo llamo en sincro: todo está presente, todos los tiempos están a la vez, permanecen. Y eso porque los binarismos, el mundo bipolar, cayó. Una vez que esas divisiones no existen, todos los tiempos coexisten. A la vez, esto implica que la diferencia entre realidad y ficción también cae. Ya no podés decir “estoy leyendo ficción”. Estás leyendo ficción y realidad al mismo tiempo. Veo el cambio como agregado de cosas, no como abandono de lo anterior. Me interesa el cambio en el régimen de realidad. A la literatura yo ya no la veo como ficción, la veo como construcción de realidad.
Las literaturas post-autónomas, como vos les llamaste…
–Significa que todo lo podés leer como literatura. Cualquier cosa: una noticia, un acontecimiento cotidiano…, haces literatura con cualquier cosa. Y cambian lxs escritorxs también, que hoy aparecen como personajes mediáticos. El/la escritor que no se mediatiza deja de existir, si no aparece en la televisión o un medio no es conocido. Por momentos parece que la mirada es del autor a la obra y antes era al revés.
La viajera
En sus seminarios en la Facultad de Ciencias Sociales, ya en los 2000, insistía en la palabra corpus. Era su manera de incitar a un análisis materialista. En esos momentos, ella escribía sobre su corpus-América Latina, donde el continente aparece como un montaje de materiales bien disímiles. Mientras leíamos novelas de Diamela Eltit y Héctor Abad Faciolince, ella hablaba de las empresas telefónicas que explotan la lengua, de la importancia de la discusión sobre imperio e imperialismo, y de la necesidad de una lectura de la crisis y de los territorios que emergían en el inicio del siglo. De la nación a la lengua, siguiendo el camino del dinero, de las remesas migrantes a las inversiones de las multinacionales: ese corpus latinoamericano se proponía como un vector de movimiento. Mejor: de desplazamiento.
¿Por qué tu persistencia sobre América latina?
–Porque para mí siempre fue fundamental salir del encierro de Argentina y marcar América latina como lugar de la lectura: cómo leer desde acá. Ya desde los 60 todo el mundo se dedicaba a Argentina y era muy estrecho porque no se sabía qué pasaba en Uruguay, por ejemplo; ¡no se conocía a Onetti! Pero de eso me dí cuenta en Estados Unidos. Porque de allá se ve América latina, no ves cada país. Y acá, aun hoy, todo sigue siendo muy ombliguista. Yo postulé una apertura hacia lo que llamé el territorio de la lengua que es como llamo a América latina.
¿Tiene que ver con tu posición de viaje entonces?
–Yo dí algunas clases en Estados Unidos, estaba en Yale, pero la verdad es que nunca me gustó porque me sentía extranjera y esa es una sensación terrible. Hay gente a la que le gusta porque disfruta estar en un limbo o en una situación extraña. A mí me gusta estar en el centro y ahí no podía, siempre me corrían (risas). Creo que la posición de viajera no se da por viajar sino por si te encontras con gente distinta o no, sea en otros lados o aquí mismo. Podés viajar y ver más o menos siempre la misma gente y te puede pasar lo mismo estando acá.
Tu viaje al feminismo está en un texto que circuló mucho pero que es sólo uno, ¿verdad? Me refiero al artículo sobre Sor Juana, Las tretas del débil.
–Ese texto fue escrito por encargo. Respondiendo a una invitación. Pensá que yo me formo antes de la movida feminista. Sólo después aparecen todo lo que podemos llamar las identidades parciales y a mí me parecían que borraban lo específico de la tarea de lectura. ¿Necesariamente tenés que leer diferente por ser hombre, mujer, gay?
¿Te parece que hay un riesgo de que lo parcial devenga guetto?
–Sí, exacto. Es distinto a lo trans de lo que hablábamos.
Pero sí hay un registro fuerte del cuerpo en tu modo de trabajo.
–El cuerpo fue una moda porque era entendido en un momento como lo material mismo. Lo incorporé pero lo que me sigue interesando es cómo pensar materialmente. No irse por las ramas. No espiritualizar.
Algo de ese modo-de-lectura-Ludmer tiene un momento clave en los grupos que ella hizo en su casa durante la dictadura, una práctica conocida como “universidad de las catacumbas” y que es justo el entre de una secuencia que empieza en la “universidad montonera” (1973) y despunta con sus seminarios masivos en Puan (1984 hasta principio de los 90).
¿De esa secuencia surge tu modo de leer?
–Yo lo fui armando sobre la marcha. Cuando empezaba un curso no tenía todo pensado. Eso era lo bueno. Aprendes y vas reformulando en función de la respuesta de la gente. Yo aprendí ahí. Yo le debo tanto a la gente como ella dice que me debe a mí porque sola no hubiese llegado a armar un modo de leer. Yo veía cómo leía la gente, qué observaba, y eso me orientaba. Los grupos que hacíamos en mi casa fue una experiencia increíble. Primero porque era un espacio de desahogo. Mi casa quedaba a metros de lo que era una de las oficinas de inteligencia (Callao y Viamonte) y cortaban la calle de noche. El muchacho que estaba de guardia veía llegar a las chicas y decía “Ustedes son las que van a la casa de la profesora, ¿no? Pasen”. Me veían como una profesora particular. Nunca tuvimos problema. Iban saliendo de a poco, nunca todos juntos. Pero ahí sentíamos que con las fotocopias de esos libros prohibidos podíamos leer y hablar.
¿Traías cosas de tus viajes que se leían ahí?
–Sí, yo iba seguido a Estados Unidos, a visitar a mi hermano psicoanalista, y traía cosas de allá. Desde Estados Unidos se accede más rápido a Europa. Salía un libro en Francia y a los dos meses lo estábamos leyendo acá. Había otra gente también haciendo grupos y se decía que la única situación comparable de eso que se llamó “universidad de las catacumbas” era Polonia. Y por supuesto se hablaba de política todo el tiempo, todo era politizado. Ahí está la clave: un modo de leer es una política.
En ese momento Ludmer preparaba su libro sobre la gauchesca. Incluso le dedicó uno de sus cursos “en la mesa” (la referencia material a la mesa de su casa donde se celebraban los cursos), como verdadera cocina de los conceptos.
¿Hay una obsesión por el método en tu trabajo?
–Sí. Y es que eso viene de los 60, cuando reinaba un teoricismo y un metodologismo absoluto. ¡No había nada espontáneo en los 60! Pero son más bien modos que métodos. Yo lo teorizaba sobre la figura del crítico: ¿dónde te ponías para leer? ¿En la universidad, en la calle, en tu casa? ¿Qué leías y desde dónde leías? ¿Qué se lee en la literatura? Esas eran las preguntas fundamentales.
Y esas preguntas continuaron…
–Las hicimos también en la universidad, donde las clases eran masivas a pesar de que se llamaba seminario. La primera vez que entré eran 700 personas. Estaban en el piso, sentadas en las ventanas, impresionante. Era la gente que había pasado la dictadura y que sentía volver a la universidad como una liberación, una apertura total. Después los que hicieron el trabajo fueron veinte, por supuesto.
La agitadora
Ludmer está convencida que a la salida de cada libro le sigue un duelo, que dura casi un año: “es ese tiempo en el que sentís que no podés hacer nada nuevo, que estás perdida, que no sabés por dónde agarrar hasta que empezás a tirar de algún hilito y andas mirando sobre todo alrededor, ubicándote en las conversaciones de la época”.
¿Qué estás trabajando ahora?
–Se me ocurrió una cosa autobiográfica; pero no una autobiografía, sino escenas autobiográficas. Por ejemplo narro cuando estoy en una clase de David Viñas, él se agita, va de un lado a otro. Narro cuando mi papá me llevaba de la mano a una biblioteca popular que él dirigía y yo corro por esas paredes llenas de bibliotecas, con mosaicos grandes. No es una autobiografía de adulta, sino de infancia, de adolescencia y culmina con quien yo llamo mi maestro, con Viñas, ahí se cierra. Pero aun no se si está publicable.
¿Por la escritura?
–A mí me gusta la escritura seca, sin barroquismo, sin adornos. Y creo que le falta una vuelta de tuerca para que quede más económica. Yo corrijo borrando, por eliminación, busco ceñirme a algo.
Mientras, ¿qué leés?
–Ahora estoy leyendo basura. O sea, voy a la librería del barrio y los libreros me dicen que ya me llevé todo. A veces intento cambiar los libros, pero a pesar de que no es una biblioteca, me cambian. Yo leo para no aburrirme. En el intervalo de la tarde de 4 a 8 leo y consumo de modo brutal. La literatura hoy no es experimental. Antes lo era porque había más gente que escribía. Hoy todo es más chiquito. Además se lee cada vez menos y se lee más por la ficción que por la literatura misma: se lee porque interesa el cuentito y no una lengua diferente, un tipo del tratamiento del sentido diferente. Lo que me interesa es ver de qué se habla.
¿Y de qué se habla?
–Todo es autobiográfico aun si se habla de una tercera persona. Pero es un modo de la autobiografía que muestra que no hay manera de recabar otras experiencias. Veo que es un encierro sobre sí, de cada quien en sus propias casas. Y se cuenta eso. No hay épica, no hay aventura, no hay movimiento. Puro sujeto e intimidad.
Es una cosa distinta a la que vos teorizaste uniendo dos palabras: intimidadpública
–Claro, porque eso es trabajar lo íntimo como público. Es otra cosa. En tanto persona pública –por ejemplo trabajo en un canal o en un diario- muestro mi intimidad laboral, sin ningún tipo de represión, incluso sexual.
Un modo distinto a la clave psicoanalítica también…
–En un momento el psicoanálisis me interesó mucho como modo de lectura, junto con la lingüística. Pero en otro momento me dejó de interesar incluso como experiencia personal. Sobre todo porque se trata de algo que es sólo de dos, encerrados en una casa e incluso con secreto médico. Demasiado intimista.
Salgamos. Volvamos a la cuestión del activismo…
–Y sí, porque el activismo es como que abre la puerta y deja entrar todo. Yo tengo fantasías de tener un grupo e ir, por ejemplo, a la salida de un cine y hacer lecturas colectivas de las películas o criticar en la puerta de la facultad las bibliografías ocultas. Son mis fantasías. Yo me siento capaz de cualquier cosa porque estoy de vuelta y no me importa nada.
¿Producir escenas de agitación?
Sí. ¡Agit-prop!

El viaje como única formación política // Diego Valeriano


Dos imágenes. 1) Los militantes movilizan. El cristinismo en el centro de la escena con una movilización donde ya no hay nada nuevo, imágenes guionadas, dedos en v, enojos obvios, la nena de 8 con el cartelito posando para las miles de fotos, el amor a la jefa, postear en Facebook, volver a casa. 2) Un senegalés arroja por los aires a un policía, una explosión permanente de capacidad política ninguneada por los que hablan de la política, los 400 mangos que hoy no ganó, una piba con el carrito lleno de corpiños que no desplegó, la amenaza real de volver a pasarla mal. Una ampliación constante del campo de batalla. Seguir deambulando sin tener a donde volver.
El viaje como única formación política. Pura reflexión, acción y templanza. Barcos, trenes, bondis, remises destartalados que aceptan cualquier forma de pago, viajes eternos en moto jugándotela en cada esquina. Miles de cuadras, kilómetros, recuerdos. Hacer la vida donde se va estando. Pensar tácticas y estrategias. Deambular es dinámico, fértil, potente.
Esperar el tren, el bondi, esperar llegar a tiempo. Caminar hasta la estación acechada por los perros, los imbéciles, los miedos. Piba, extranjero, loco, doña haciendo tortillas, guachín abierto al mundo. Forjar una acción política destituyente, resistente y arbitraria con un deambular.

Transformar las ciudades, los mercados. Los paseos, el orden lógico de la cultura. Aguantarla siempre. Viajar al consumo mientras se va haciendo la vida. Hacer volar por el aire absolutamente todo. Volver en ese mismo viaje a la fiesta, con el bolsillo lleno, el cuerpo ajado y una convicción incierta, silenciosa y latente.

Ir a Arriba