Anarquía Coronada

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Clinämen: ¿Qué pasa con los pibes?

 

Conversamos con el Colectivo Juguetes Perdidos, que lleva adelante talleres con pibes y pibas en un par de barrios del conurbano, donde se trabajan problemáticas como la violencia, la gendarmería en los barrios, las muertes jóvenes y la vida barrial. Los nuevos barrios y la circulación de la violencia, ¿quién lleva la gorra hoy?. Pibes silvestres y vecinos en banda, consumo y rejunte en torno a la propiedad.

Laclau por Laclau, entrevista inédita

por Alejandra Rodríguez y Exequiel Siddig


En el año 2010 entrevistamos a Ernesto Laclau para Miradas al Sur. La entrevista fue un sabado de junio en su departament0 del barrio de Retiro, horas previas a su regreso a Londres. Por diversos motivos, en aquel momento no pudimos publicar todo lo conversado, ahora a modo de homenaje decidimos hacerlo para Lobo Suelto.
-Te proponemos un itinerario. Nos gustaría hilar un poco más fino, porque entendemos que el público que te sigue, que lee tus notas ya ha tenido ese mensaje tuyo acerca de lo que está contenido en tu libro La razón populista y con la necesidad de los presidencialismos fuertes -que igual nos gustaría indagar-… Pero nos gustaría historizar tu visita, lo primero que te queremos preguntar – ya te digo que nos gustaría saber que pensás o que impresión tuviste acerca de este desmadremaravilloso que fue el 25 de mayo- ¿Cual es la razón por la que esta acá, si es que hay una razón política como teórico político argentino?
E.L: Estoy aquí por una razón académica, por que  soy Director Honorario de un Centro de la UNSAM…y eso me trae a dar un seminario todos los años. Ese es el motivo formal inmediato de mi presencia en la Argentina. Peropor otro lado, en los últimos años he tomado una intervención político-intelectual, pero políticamente también más activa en las discusiones que están teniendo lugar  en la Argentina, especialmente a partir del 2003.
– Para retomar esto que mencionabas, me parece como el leitmotiv (si me permitís) esta preposición-idea de los presidencialismos fuertes cuando en general  la academia, las ciencias sociales se ha debatido mucho sobre la bohonomía de los parlamentarismos…como si nosotros fuéramos Europa. En las dos conferencias que asistimos terminas con esa idea de los presidencialismos fuertes. Me gustaría que continúes ese razonamiento.
E.L: Creo que eso se vincula a la naturaleza de los sistemas políticos. Los sistemas políticos pueden ser o bien mas institucionalistas -en el sentido de que la demandas individuales son absorbidas administrativamente por el aparato por el Estado- o pueden ser más populista, cuando entre distintas demandas  una relación equivalencial comienza a establecerse, relación que trato de vincular a la producción de ciertos significantes hegemónicos. O ciertos significantes vacíos, en el sentido de que a pesar de que abarcan más y más demandas no pueden identificarse con la especificidad de ninguna de  ellas, tiende a representa un conjunto que es mas difícil de dotarla de un contenido preciso. O sea que yo veo que en la experiencia democrática de las masas latinoamericanas hay por un lado una tendencia administrativista, oligárquica o tecnocrática, que consiste en diluir el poder en una serie de instituciones corporativas. Por otro lado, una tendencia populista que lleva a la consolidación del poder alrededor de ciertos centros. Ahora, esos centros tienen como punto importante de referencia la concentración alrededor de ciertas figuras. Eso puede tener una dirección de derecha o de izquierda. El gaullismoen Francia, la V República, hubiera sido impensable sin la concentración simbólica de una nueva figura De Gaulle. El maoísmo en la de Mao. El fascismo en la de Mussolini. O sea que no es una cuestión de la ideología del régimen, sino que cuando hay un discurso que divide a la sociedad en dos campos antagónicos,  la apelación a los de abajo por encima del sistema institucional vigente tiende a concentrar el sentido simbólico de todo el operativo alrededor de ciertos nombres y figuras.
Esa es básicamente la cuestión. En América Latina, se da una combinación bastante sana entre un institucionalismo reafirmado -porque ya no hay regímenes que estén invocando la destrucción de las instituciones del Estado liberal: nadie está proponiendo la derogación de la división de poderes ni un régimen dictatorial indefinido- y cuando ese institucionalismo pasa por ciertas identificaciones colectivas: el momento de un Poder Ejecutivo fuerte. Por ejemplo, un proceso de democratización como el que han experimentado Venezuela y Bolivia serían impensables sin la figura de Chávez y de Evo. Tengo que decir que soy partidario de la reelección presidencial indefinida en las democracias latinoamericanas. No en el sentido de que se vayan a elegir presidentes de por vida, sino de la posibilidad de que los presidentes puedan presentarse una y otra vez a elecciones. Porque cuando toda la voluntad   colectiva de cambio se ha aglutinado alrededor de ciertos significantes, imágenes y nombres, la discontinuidad de ese proceso es muy negativa. Puede llevar a la reconstrucción del viejo régimen sobre la base de diluir el poder en una serie de comités y corporaciones de distinto tipo.
– ¿De modo que pueden existir congresos antidemocráticos hoy en America Latina? Bueno, está el ejemplo de Honduras… 
E.L: ¿Congresos con una voluntad antidemocrática? Sí, claro que puede haber.
– ¿Y en la Argentina, cómo ves configurado hoy el Congreso?
E.L.: Con la oposición, el problema es que es demasiado estúpida como para hacer pleno uso de las posibilidades que se le plantearon. Pero evidentemente la tendencia a transformar el Congreso es una forma de coartar la acción del Poder Ejecutivo, se movía en una dirección corporativa antidemocrática.
– ¿En qué ocasiones, específicamente?  
E.L.: Bueno, en miles de cosas. Un ejemplo fue intentar tomar por asalto todas las comisiones del Congreso, aprovechando una mayoría circunstancial e ignorando la proporción de los votos que el pueblo había expresado en las elecciones.
En algunos momentos hay un desdeñar de la retórica por parte de la derecha, si me permitís el neologismo y de hecho hablamos mucho de la acusación política de Cristina con valores de la vida privada: “la crispación” o “la soberbia”. ¿Qué diferencias ves entre la retórica de Cristina y la de Néstor en ésta apelación a “los de abajo”?
E.L.: Yo no se si hay una diferencia muy grande, quizás sí hay una diferencia de estilos personales, ero creo que son parte del mismo discurso. De paso, si de crispación se habla, hay mucha más crispación en el discurso de una Elisa Carrió que en el de Cristina Kirchner.
– Ella apela a “los dioses” ya…
E.L.: Es politeísta.
– La relación que planteaba Cristina y Néstor con los de abajo. ¿Vos notas alguna diferencia en esta relación que establece el gobierno de Kirchner y ahora con los movimientos sociales en la Argentina? Como se va dando ese proceso y esa relación con los movimientos sociales? Tanto aquellos que apoyan la gestión actual o aquellos que apoyaron en un primer momento y ahora no, como por ejemplo Libres del Sur, Barrios de Pie y que hoy están desmarcados del dispositivo de poder kirchnerista.
E.L.: Hay que retomar una perspectiva histórica. En la Argentina después de la crisis del 2001 hubo una enorme expansión horizontal de la protesta social: las fábricas recuperadas, los piqueteros y toda esa serie de fenómenos similares. La dificultad de toda esa onda expansiva de la protesta social, que lanzó a la esfera pública a grupos que nunca habían participado de la esfera  pública, la limitación fue que no lograron traducir sus efectos al nivel político. El lema era “que se vayan todos”, pero decir que se vayan todos implica que siempre se va a quedar alguno.
– ¿Por qué?
E.L.: Porque el poder no puede desaparecer. Y si ese uno no ha sido elegido por el campo popular, posiblemente no va a seguir una orientación de tipo popular. De modo que llegamos a las elecciones de 2003 con una bajísima participación popular en el sistema político. El porcentaje de votos fue sumamente reducido. Las cosas salieron bien porque por esos avatares impredecibles de la política peronista, el que fue elegido fue Kirchner. Pero si hubiese sido elegido De La Sota o Reutemann, no quiero pensar dónde estaríamos ahora: todas las posibilidades de ajuste económico hubiesen sido implementadas y estaríamos con un régimen mucho más regresivo, porque la protesta popular hubiese sido acallada de una forma o de otra. Y Kirchner tuvo la virtud y la inteligencia de darse cuenta que toda esa expansión horizontal tenía que complementarse con una penetración vertical de efectos a nivel del sistema político. Y tuvo una política de incorporación de sectores en ese sentido. Esa política muy lejos de haber triunfado totalmente, pero es una cierta dirección en la cual el proceso comenzó a moverse. Esa combinación entre expansión horizontal  e integración vertical es lo que define finalmente la calidad de un sistema democrática.
Ahora, hay actores sociales que quedan por fuera de la organización de las demandas, y por lo tanto quedan por fuera de la lógica de la equivalencia. Están al servicio de lo que podrían llamarse sus “empleadores”. Me refiero sencillamente a esto. El 80% más o menos de los peones del campo estaban “en negro” hasta la discusión por la 125. De modo que ¿qué es el campo popular? ¿El peón ganadero que vota a una opción d derecha como De Narváez es “campo popular”? ¿El taxista que vive modestamente y celebra la xenofobia de González Oro es “campo popular”? ¿El politólogo progre que no tiene injerencia política ni militancia en una organización social es del “campo popular”?
E.L.: ¿Cómo decirlo a priori? Eso es imposible. Lo que es seguro que cualquier política de constitución del campo popular tiene que actuar sobre esos sectores. Para ganarlos. Finalmente, toda la movilización del campo en el 2008 fue una movilización contrahegemónica, que consiguió que muchas demandas populares, que debieron ser parte del campo popular, se situaran en la vereda del frente. Ahora hay que re-ganar ese espacio, es decisivo. El campo popular no es una entidad que se pueda definir platónicamente en abstracto; el campo popular es un área expansiva o regresiva. En mi teoría, he tratado no sólo de hablar de “significantes vacíos”, que implica el campo popular, sino de “significantes flotantes”, porque muchas demandas democráticas pueden ser reabsorbidas por un polo reaccionario. Es por eso que el populismo no es una ideología, sino una forma de construcción de la política sobre la base de la dicotomizacióndel espacio social. Eso se puede hacer desde las ideologías más diversas. El fascismo absorbió demandas democráticas en una onda expansiva que era profundamente antidemocrática. El nazismo hizo lo mismo en Alemania. Siempre hay una cierta área de indiferencia política sobre la cual la acción va a ser necesaria. Es exactamente lo que Gramsci denominaba una “guerra de posición”, en la cual las trincheras se van desplazando constantemente de un punto al otro.
– Hablando de itinerarios, respecto de la demanda de menguar “la inseguridad” posiblemente haya partido de una necesidad mediática de vender una realidad nueva que hacía aparecer a Buenos Aires como una ciudad bogotizada, que son los secuestros, por los que se empieza a hablar de un ellos delincuencial, un enemigo interno, contra “nosotros”. Luego aparece el falso ingeniero Blumberg y la modificación de la legislación para bajar la edad de imputación de los delitos. Luego la reacción de este gobierno, con el ministro Aníbal Fernández discerniendo entre “inseguridad” y “sensación de inseguridad”, hasta hoy, que está instalada en todos los sectores de la política, incluso en el progresismo.
E.L.: En el caso Blumberg, es decir de la actuación política del padre del pobre muchacho al que mataron, fue una burbuja que explotó, porque trataron de hacer ola en una dirección política de derecha en la cual las cadenas equivalenciales que trataban de formar eran imposible. La gente no se la creyó. En cierto momento, se encontraron aislados. Blumberg ha desaparecido como fenómeno político. El significante de la inseguridad es típicamente flotante, porque por un lado hay demandas reales alrededor de la seguridad que tienen que ser parte de una política progresista de Estado, pero por toro lado la demanda de inseguridad es tan fluida que puede ser articulada en un discurso de signo político opuesto, el elemento organizador de un discurso conservador de derecha que insista en la represión, y que quiera extender la idea de inseguridad sobre fenómenos que la exceden, como los piqueteros o los asambleístas de Gualeguaychú. El típico discurso de lo que en inglés se conoce como Law & Order, que empiece a ser el que baje línea. El discurso sobre la inseguridad es un típico discurso por el que el espacio de la derecha se va reconfigurando.
– Se dice que los festejos del Bicentenario fueron una victoria sobre el discurso de la desconfianza y el miedo para con el Otro.
E.L.: Evidente. Cuando Cristina salió a la calle con los presidentes –Chávez estaba asombrado, porque no se mueve si no es con 5 agentes de seguridad atrás-, y pasaron a un metro de la gente, donde cualquiera pudo haber tenido una agresión- pero el sentimiento popular era tan fuerte en esos momentos, que ella se arriesgó, fue corajuda y salió bien. Salí a caminar por la 9 de julio en esos días. No había visto nunca en Argentina un fenómeno de esas magnitudes.
– ¿Por qué te fuiste en el ’69?
E.L.: En el 66 después de graduarme, obtuve mi primer cargo en la Universidadde Tucumán, con tan buena suerte que a los seis meses vino el golpe de Onganía. No fue un golpe terriblemente represivo, pero de todos modos 1000 profesores universitarios quedaron afuera; yo fui uno de ellos. O sea       que perdí mi cargo a los seis meses. De modo que volví a Buenos Aires a trabajar en el Instituto Di Tella en un proyecto  de investigación cuyo asesor era el historiador inglés Eric Hobsbawn. A él le gustó mi trabajo y me preguntó  si quería que él me ayudara a conseguir una beca de Oxford para hacer mi doctorado. Le dije que sí. Jamás había pensado en ir a estudiar a Inglaterra. Estuve en Oxford desde 1979 hasta el 72. Ese año estuve casi por volver a la Argentina en el 73, pero conseguí un fellowship en la Universidad de Essex. Después, la situación política se deterioró y no pude volver a la Argentina. De todas maneras, vengo con mucha frecuencia.
– En la Guerra con Malvinas, ¿estaba en Inglaterra?
E.L.: En el momento de la guerra estaba dando un seminario en México. En ese momento no tenía ciudadanía, era simplemente un residente argentino en Inglaterra. Y me entero que habían cambiado la legislación, y que los residentes argentinos en Gran Bretaña tenían que llevar una visa de regreso al país antes de salir. Pero yo ya estaba afuera. Entonces pregunté como arreglar las cosas para volver, llamé al Consulado británico. Y fui, pero había sido rodeado por una manifestación argentina liderados por el hijo de Cámpora. El consulado estaba rodeado por la policía. Y me acerqué al oficial y le dije que tenía una cita, si podía entrar. Me pidió mi documento y lo único que tenía era mi pasaporte argentino. No me quería dejar entrar. Empecé a protestar y me dijo “venga señor”. Me lleva a una esquina y me dice “me da para el refresco”. De todos modos, el Consulado no podía arreglar nada, el trámite tardaría tres semanas. Les dije que volvería de todas maneras, que si no me dejaban entrar les pediría que me pusieran en el primer avión para París (porque iba a ser menos caro que pagar un pasaje desde México; además de que no sabía cómo sobrevivir tres semanas.) Entonces llegué al aeropuerto en Gatwick y el oficial de migración me mira el pasaporte y me dice: “Por supuesto señor que usted se da cuenta  que no tiene la visa necesaria. Yo trataba de hacerme el ingenuo: “¿necesito una visa? Si soy residente británico” “Sí señor” –me responde-, “ahora usted necesita una visa, porque no sé si usted sabe, pero en el Atlántico Sur hay algunos disturbios.” Finalmente, me dejaron esperando una media hora, llamaron al Ministerio del Interior y constataron que yo estaba viviendo en Inglaterra desde hacía 13 años y me dejaron pasar.
– ¿Hay un redescubrimiento de la política argentina por parte de los jóvenes?
E.L.: De hecho, la situación es mucho mejor ahora que hace 10 años. Es el momento de politización mayor. La participación política juvenil es visible. Hay lenguajes políticos nuevos. Ahora cuando doy conferencias, encuentro inmediatamente un esfuerzo en los auditorios juveniles por ligar  la discusión teórica a problemas concretos que están experimentando. Hace 15 años, la gente se quedaba en un nivel teórico abstracto y la relación con la política concreta no existía. Hoy todo el mundo discute acerca del kirchnerismo, hasta qué punto es la izquierda o no lo es, un momento mucho más vivo que me recuerdo a los años 60.
– El prejuicio usual sobre el populismo lo define como un régimen político arcaico en el que un líder carismático manipula a las masas; lo acusan de apelar a los “bajos instintos” de una sociedad intelectualmente pobre. ¿Usted cree que es, sin embargo, una lógica emancipatoria?
E.L.: Te doy una respuesta un tanto antigua. El populismo por sí mismo no es ni emancipatorio ni no emancipatorio. El maoísmo y el fascismo italiano fueron populistas. El populismo desde el punto de vista ideológico es un concepto neutral, puede avanzar en cualquier dirección. Por otro lado, pienso que sin un discurso populista que divida a la sociedad en dos campos, el proyecto emancipatorio es imposible. Pero también un proyecto emancipatorio debería definirse por los contenidos concretos de ese populismo.
Carta Abierta. Desde la derecha, se les endilga una presunta complicidad con el kirchnerismo. Desde la izquierda, que no ponen el cuerpo en la gestión. (Lo cual es ambiguo, porque Horacio González ejerce el cargo de director de la Biblioteca Nacional.) ¿Cómo entiende el rol de Carta Abierta?
E.L.: Bueno, no he firmado todos los manifiestos porque estoy en Londres y a veces se olvidan de llamarme. El movimiento de Carta Abierta es muy importante es el primer momento en el cual los intelectuales se añaden a un proyecto emancipatorio y como el ala izquierda. Creo que el kirchnerismo tiene una dimensión que sin Carta Abierta no existiría. Estoy enteramente a favor de lo que Ricardo Forster, Horacio González y María Pía López y otros están haciendo con este movimiento.
Cristina se ha encontrado con Chantal y varias veces conmigo. El año pasado, después de una reunión con Cristina en la que me pidió que me acercara a Olivos para explicarle la “teoría del discurso”, un periodista se enteró de esa referencia y publicó que Cristina me había pedido que le dé discursos de oratoria.
– Es cierto que el discurso de Cristina genera una cosa refractaria en ciertos estratos populares. Hay sectores humildes rechazan la figura de Cristina. Cristina es criticada por la forma en la que se expresa…
E.L.: O se viste… Creo que Cristina ha aprendido muy bien su oficio. El discurso que pronunció para el Bicentenario fue impecable. EN este momento, la refractariedad a su figura ha disminuido enormemente. Es decir, que cada vez más entra en un estilo popular.

Ni héroes ni dignos, que feriado el del 1 de mayo

por Rosa Lugano


De chica siempre padecí las lecciones histórico-morales. No quiero hablar de lxs héroes de Chicago ni de Sacco Y Vanzetti. Ya está el trabajo Osvaldo Bayer para instruirnos de las luchas obreras argentinas de comienzos de siglo pasado.  Y lo cierto es que con respecto al peronismo histórico todo es difícil: no logro conciliarme fácilmente con esa cultura política, ni puedo volverme insensible ante la experiencia que la clase trabajadora ha hecho bajo sus banderas. La historia hoy no me ayuda. Pero si trato de mirar de frente a nuestro presente percibo que el trabajo no es asunto de “héroes” ni de “dignos”, sino de explotados.
¿Se puede seguir pronunciando esa palabra en épocas en la que cada vez más las personas trabajan sin patrón, o bien se hacen socias o amigas del patrón, o bien se supone que hay un Estado Bueno que amortigua y compensa lo que se pierde a manos del patrón?
En otras palabras: ¿subsiste el lenguaje que emplea los términos “explotado/patronal” cuando la relación entre clases deja se ser una lucha y se apaciguada estructuralmente (más allá de la proliferación de episodios sindicales-paritarios)?
Lo pregunto de otra manera: ¿no es “patrón” quien organiza en beneficio propio el tiempo de vida (trabajo) de los demás? ¿No es pro-patronal quien acompaña, asesora, sanciona y estetiza esa situación de subordinación de las mayorías? ¿o acaso la auto-empresarialidad, y la autoexploración no depende de mecanismos de mercado, como la deuda y el crédito que alguien diseña? ¿Y el aparataje que nos hace trabajar por nuestra cuenta para pagar renta (inmobiliaria, urbana)?
¿No hay violencia de clase cuando el uso del tiempo produce conflictos en nuestras vidas, en las vidas de quienes tenemos que dedicar nuestro tiempo bajo mando de estos mecanismos del beneficio y la renta?
Como todos los años el día internacional del trabajo es el día de la hipocresía laboralista o bien el día en que reflexionamos sobre el modo en que nos podemos reapropiar del tiempo de vida individual y colectivo, y sobre todo del lenguaje (pacificador o belicoso) con que nos pensamos.

Radio del Ejército

por La Mar en Coche

EmisoraEjercitoBienvenidos a la Radio del ejercito, a cargo de su comandante DJ Milani. Las Fuerzas Armadas pretenden acercarse a los intereses populares. 
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«Nadie sabe lo que puede un hombre». Entrevista con Ignacio Castro Rey

por Pablo Chacón


En ensayista español Ignacio Castro Rey se explaya sobre el nuevo panorama global, según él caracterizado por un notable declive del imperio estadounidense, al tiempo que elogia la filosofía que está practicando -en el centro mismo de Europa- el coreano Byung-Chul Han, que lejos de la doxa económica marxista, propone acabar con la historia como mercancía como para pensar un sistema que lejos del estímulo-respuesta aún dominante, sea capaz de encontrar un punto de fuga en el esquema de vigilancia sin vigilantes contemporáneo. Doctor en Filosofía, profesor universitario y columnista, es autor, entre otros libros, de Votos de riqueza, La depresión informativa del sujeto, Sociedad y barbarie y La sexualidad y su sombra.
¿Qué novedades estás detectando en el conflicto que atraviesan Rusia, Ucrania y Crimea? ¿Y qué consecuencias puede traer la resolución de ese conflicto, cualquiera que sea, para el mundo occidental?
Una de las novedades, pero no es tal, es el declive del imperio estadounidense. Tiene gracia que le haya caído a un presidente de color el marrón (así se dice en España) de tener que lidiar a nivel mundial con unos cuantos países emergentes y ahora, además del creciente peso económico chino, con la resurrección política de Rusia. También ésta es una falsa sorpresa, pues cualquier analista de medio pelo tenía que saber que la depresión rusa (anterior y posterior a Yeltsin) no podía ser más que un periodo pasajero. Tiene también una triste gracia que los aliados de la Ucrania blanca se enteren ahora de que una parte considerable de la población ucraniana es rusa, de cultura, de lengua y de sensibilidad política. Tal ignorancia es comprensible en la insularidad norteamericana o inglesa, que al fin y al cabo hace su política desde una xenófoba distancia, pero resulta un poco más escandalosa en Francia y Alemania, hasta ayer consideradas potencias cultas. La verdad es que tampoco ayuda mucho que el títere que colocamos a la cabeza de un gobierno que derrocó violentamente al anterior gobierno ucraniano, elegido en las urnas, proclame a los cuatro vientos que Putin quiere resucitar la extinta URSS y que estamos al borde de la Tercera Guerra Mundial. Pues no, gracias. Aunque la cosa ahora no pinta bien, al final no pasará nada: Rusia, como se diría de Israel, sólo necesita defenderse. En el fondo, los rusos sienten un gran respeto por el Occidente que critican a diario. Gracias a la torpeza internacional, Rusia volverá a vincularse a los territorios que históricamente son suyos y Ucrania y la Federación tendrán que entenderse como vecinos. Es una lástima, repito, que todo este inevitable conflicto, que viene de atrás, no se haya llevado por cauces menos paranoicos. Baudrillard diría que Estados Unidos ha vuelto a cambiarle las cartas a Europa. 
En las últimas semanas, tres intelectuales han golpeado sobre la vertiente económica de Marx: Antonio Escohotado, Byung-Chul Han y Luciano Canfora. A su vez, ninguno de ellos promueve un retorno a la ortodoxia monetarista. ¿Cómo leer este fenómeno?
La verdad es que de Escohotado y Canfora no sé mucho… En cuanto a Han, creo que se trata de un fenómeno más bien sorprendente. Han ataca al capitalismo en la metafísica que guía a una economía que hace tiempo se ha hecho psíquica, libidinal. De ahí que se pueda permitir el lujo de evitar un marxismo que se limitó a cambiar una acumulación por otra, una velocidad histórica por otra, una clase dominante por otra. Lo que hay que hacer, según Han, sería acabar sería con el fetichismo de la historia, con la historia como gran mercancía. De hecho, Han acusa al mismísimo Foucault (La agonía del Eros, p. 20) de ser cómplice de los señuelos neoliberales del poder y su invitación hedonista. En este punto y en otros, La agonía… parece un libro más cercano a Pasolini que a Foucault. A años luz de Marx, Han parece creer que el arma fundamental del capitalismo no es económica, sino cultural, un simulacro de acumulación contra la muerte. En este sentido, el autor de esos tres libros que darán que hablar parece encantadoramente indiferente a la obsesión política de nuestros pensadores estelares, incluido el celebrado Žižek. De talante decididamente anti-deconstructivo, a Han no se le caen los anillos por ignorar la moralina progresista que se supone debe proteger, de acusaciones insidiosas, a un provocador que se precie. El capitalismo absolutiza la mera vida, dice (Ibíd., p. 36). El retroceso ante la muerte nos convierte en meros supervivientes, gestores de la mera vida. El no muerto que somos nosotros está demasiado muerto para vivir y demasiado vivo para morir (Ibíd., p. 44). ¿Qué les parece, se reconocen? Somos amos del esclavo o esclavos del amo, no hombres libres. Han dirige sus dardos, desde el comienzo, contra el horizonte del consumo. Y no el consumo como brazo articulado de un orden económico, sino como una metafísica de la nivelación, del beneficio anímico de la igualación. En tal punto, este pensador no deja de dibujar la banalidad como un arma política totalitaria. Byung-Chun Han representa así una especie nueva, o no tan nueva, de moralista. Antropológicamente conservador, como Levinas, Heidegger o Steiner, no tiene más remedio que serlo para resultar subversivo en lo político y cultural. Si uno habla continuamente de capitalismo como cultura imperante también por la izquierda, de un infierno de lo igual sostenido en una alianza progresista contra la heterogeneidad de ser, no hay más remedio que ser fiel al atraso constitutivo del hombre.
En Cero Cero Cero, el escritor italiano Roberto Saviano dice que la etapa superior del capitalismo financiero es la economía criminal soportada en el tráfico de drogas, armas, personas. Creo que Saviano, al contrario de Escohotado, es menos optimista. ¿Cuál es tu posición al respecto?
Pues no sé… Es posible que nosotros, los radicales, nos pasemos la vida exagerando, hablando del capitalismo como si fuera algo ajeno a nuestras prácticas diarias, radicales, culturales, progresistas. Es un mecanismo de blanqueo anímico. Es cierto que el sistema mismo es apocalíptico. Basta con ver un informe meteorológico cualquiera para comprobar que no podemos vivir sin el espectáculo del Apocalipsis externo: también la Tierra parece caminar hacia un holocausto, etcétera. Al mismo tiempo, sin embargo, creo que las masas viven hasta cierto punto al margen de ese horror que necesitamos tener continuamente en mente la elite occidental. O sea, que junto al tráfico de capitales, armas, drogas y personas está el no menos importante tráfico de información, que también es otra poderosa mafia, aunque esta vez dirigida por nosotros. Las mafias, las sectas, la corrupción es un mundo complejo en el cual todos nosotros (sobre todo, la elite cultural) estamos implicados.
¿Existiría algún código penal capaz de regular esta nueva realidad donde las empresas y los bancos son más poderosos que los mismos estados y participan de esa economía oscura?
Me cuesta creer en los códigos penales, también en los jueces estrella. Creo en los estados, en algunas personas, incluso en algunas instituciones. Desde luego, creo en el Estado y en la fuerza de las naciones (y de algunos escasos políticos) para limitar la rapiña de los mercados. Ya sé que vivimos en una economía de mercado, pero no hace falta ver otra vez Inside Job para entender, casi al margen de las ideologías políticas, que los estados participan de esa economía oscura y han facilitado a veces las peores prácticas especulativas. No se me ocurre otro medio para paliar, al menos en parte, esa corrupción tendencial del capitalismo que los movimientos sociales y las poblaciones puedan de vez en cuando imponer unos políticos menos corruptos, con un poco más de carácter. Es posible que la ética clásica, lo que antes llamábamos moral burguesa, aún tenga algo que hacer en medio de esta hipertrofia de la política y las ideologías. Éstas con frecuencia se limitan a cambiar solamente el nombre de las siglas que dirige la gestión de esa mafia mayoritaria que se suele llamar mercado, política, información. Creo que en este punto el señor Han vuelve a decir cosas encantadoramente violentas y provocativas.
El sistema de comunicaciones, la virtualidad, el aislamiento conectado, ¿corresponde a este universo de discurso? ¿De qué manera?
Una de las peores corrupciones de nuestro universo cultural es lo que podíamos llamar el conductismo universal en el que nos movemos, un determinismo complejo que no necesita conductistas y puede incluir mil formas alternativas. Es lo que se ha llamado vigilancia sin vigilantes. Nuestros líderes, incluso radicales, se pasan el día en el panóptico estímulo-respuesta, recibiendo informaciones y respondiendo a ellas. O sea, por no atreverse a estar a solas con nada, son prisioneros de la red global de la interactividad, un dispositivo que esconde una profunda interpasividad. ¿Qué significa esto? Que casi nadie escucha el silencio del mundo. Parece poco, pero que una persona logre cambiar su relación con el misterio de lo real ya supone una revolución, y difícilmente va a ser sólo personal. Pocos atienden con la vista y los oídos al entorno, a la gente con la que se relacionan a diario, a las cosas discretas que les rodean. Es una de las peores corrupciones, y esta vez perfectamente democrática. A veces he comentado, medio en broma, que cualquier líder que quisiera ser distinto debería pisar la calle y tener en su equipo especialistas en vida cotidiana, espías existenciales que tengan prohibido leer la prensa y usar un ordenador. En otras palabras, creo que sin un cierto grado de populismo (en Europa, eso lo dejamos para la derecha) es imposible hacer otra cosa que perpetuar la crueldad organizada de la mundialización.
La violencia contra las mujeres, el sicariato, la indiferencia social, las adicciones, el caminar con la cabeza gacha, la supervivencia, la anomia: ¿ese es el mundo que nos espera?
Si ese es el mundo, no nos espera: se impone. Pero no lo veo así. Antes decía que bajo la costra impresionista de la información y la política, muy interesada en que el entorno sea espantoso (su gestión vive de ello), hay siempre otro universo por descubrir. Y a veces en el simple cómo, en las maneras: un empresario no es igual que otro, un político (dentro del mismo partido) no es igual a otro; incluso un mafioso no es necesariamente igual a otro. El arte de los matices, de las distinciones, nos exige adelgazar al máximo nuestra ideología política para agudizar al máximo nuestra sensibilidad moral. Es posible que en lo antropológico tengamos que ser muy cuidadosos, reformistas o incluso conservadores. Es poco, pero el mundo empieza a cambiar por ahí. Salvo para las almas con una Stimmung trágica (o sea, muchos de nosotros) la verdad es que, además de toda esa violencia, hay muchas más cosas en el horizonte. En Europa y América quedan mil formas de vivir, de respirar y de fugarse que nada tienen que ver con el espectáculo de la escena mundial. Los tres libritos de Han que conozco, aún con las dudas que puedan suscitar, indican que el infierno de lo igual no ha penetrado del todo en el tejido de la existencia. ¡Ni siquiera en Alemania, país clonado por excelencia! Hasta se ha tenido el valor de volver a resucitar al maravilloso Peter Handke. Es sólo un escritor, de acuerdo, pero ellos son las antenas de la especie.

El comunismo invariante o la acumulación de la crítica

por Bruno Bosteels

¿Comunismo sin marxismo?
Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que haya de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual.[1]
Un amigo mío alguna vez caracterizó a Alain Badiou como un filósofo que sería ante todo un comunista, quizá sin ser también un marxista. Un fragmento de Acerca de un desastre oscuro, el libro en el que Badiou discute el colapso de la Unión Soviética, parecería confirmar esa descripción provocadora. Así, en medio de un rechazo completo a todos los juicios nostálgicos o posthistóricos sobre la “muerte” del comunismo, Badiou de repente afirma el carácter eterno e invariante de cierta subjetividad comunista:
De Espartaco a Mao (no el Mao del Estado, que también existe, sino el Mao rebelde, extremo, complicado), desde las sediciones democráticas griegas al decenio mundial 1966-1976, son, en este sentido, una cuestión de comunismo. Será siempre cuestión de comunismo, aun si la palabra, manchada, deja lugar a cualquier otra designación del concepto que recubre. Concepto filosófico, en consecuencia eterno, de la subjetividad rebelde.[2]
La afirmación de una forma invariante de comunismo a la espera de ser resurrecta colocaría a Badiou en la buena compañía de un grupo de pensadores radicales cuyo trabajo, a finales de los ochenta y principios de los noventa, también busca salvaguardar cierta noción comunista del colapso tanto del llamado “totalitarismo” como del proyecto revolucionario que los distintos regímenes del “socialismo realmente existente” dejaron de encarnar desde hace tiempo. “El proyecto: salvar al ‘comunismo’ de su propio desprestigio,” es descrito así por Félix Guattari y Toni Negri: “Debemos salvar el sueño grandioso del comunismo, desligándolo tanto de las mistificaciones jacobinas como de las pesadillas estalinistas.”[3] Guattari y Negri incluso parecen anticipar el estilo de Badiou, cuando yuxtaponen el sueño del comunismo a una noción de “democracia” que igualmente debería salvarse de su propia difamación:
En esta coyuntura la palabra “democracia” pide ser redefinida. La palabra “comunismo” claramente ha sido desprestigiada, pero la palabra “democracia” también ha sido trillada y mutilada. De la polis griega a las revueltas populares del Renacimiento y la Reforma, desde las rebeliones proletarias que coexistían con las grandes revoluciones liberales, democracia siempre ha sido sinónima con la legitimación del poder a través del pueblo.[4]
Al igual que la democracia propiamente definida, el comunismo nombraría entonces el proceso invariante mediante el cual el pueblo se constituye en tanto pueblo en un movimiento inmanente de autolegitimación.
También podemos encontrar una defensa del comunismo en una tradición filosófica diferente, más endeudada con Derrida o Heidegger que con Deleuze o Spinoza. “Comunismo, sin duda, es un nombre arcaico para un pensamiento que está todavía enteramente por venir,” sugiere Jean-Luc Nancy en La comparecencia: “Cuando haya llegado, no llevará este nombre—de hecho, no será ‘pensamiento’ en el sentido de que se entiende. Será una cosa. Y esta cosa, quizá, ya está aquí y no nos deja ir. Pero quizá está aquí de un modo que somos incapaces de reconocer.”[5] Anteriormente, en La comunidad desobrada, Nancy ya se había aventurado en las cercanías de ese futuro imprevisible: “La comunidad del mito interrumpido, eso es, la comunidad que en cierto sentido queda sin comunidad, o el comunismo sin comunidad, es nuestro destino. En otras palabras, es aquello a lo que somos llamados,  o remitidos, como a nuestro futuro más propio.”[6] Es verdad que en este caso el futuro del comunismo no se dará en la autolegitimación del pueblo como pueblo, sino que nos dicen que toda política del futuro será marcada por el carácter radicalmente finito de cualquier comunidad. El comunismo, en otras palabras, ya no como la exposición de la inmanencia pura sino como el trazado sin fondo de un ser-en-común, desligado de las pesadillas tanto de la inmanencia como de la trascendencia, e inconmensurable con todos los atributos o propiedades conocidos, ya de la sustancia o del sujeto. Nancy concluye:
No tenemos ni modelo ni matrices para ese trazado o para esa escritura. Incluso pienso que lo inesperado y lo inaudito ya no se pueden dar. Pero quizá sea precisamente cuando carecemos de signos que lo inaudito puede volverse no sólo nuevamente posible sino también de algún modo certero. Aquí es donde entra la historicidad de nuestra historia, así como el porvenir del sentido suspendido de la vieja palabra “comunismo.”[7]
A pesar del desplazamiento de la inmanencia absoluta a una finitud radical, en esta última orientación también somos testigos de un proyecto para salvar cierta idea o práctica del comunismo, apartándola de la larga historia agonizante de su automutilación. En una nota a pie de página Nancy incluso cita a Badiou como alguien que estaría “mejor colocado” para hablar de la “paleonomía” que afecta a la palabra y al concepto de “comunismo,” citando las siguientes palabras de la Teoría del sujeto de Badiou:
La palabra “comunismo” se llenó de moho, sin duda alguna. Pero las rosas y las gladiolas, las cabelleras, las sirenas y las consolas no estaban menos apolilladas en la poesía de fin de siglo a la que se dio el nombre de “simbolismo” y que, con todo, fue una catástrofe. Tratemos de no ser más comunistas en el sentido de Breznev o Marchais de lo que Mallarmé fuera simbolista a la manera de Vielé-Griffin. Si el simbolismo se mantuvo tan gloriosamente bien con los cisnes y las estrellas, veamos si no podemos hacer lo mismo con la revolución y el comunismo. Sólo cuando sabemos medir exactamente su poder, es decir, cuando pueden ser compartidas, las palabras pueden ser inocentes.[8]
Si continuáramos en la línea de esa genealogía compartida, a la cual pueden añadirse muchos otros nombres propios, llegaríamos en efecto a la conclusión de que Badiou participa en una amplia tendencia a salvaguardar el comunismo, como un tipo imprevisible de subjetividad rebelde o como una forma de ser-en-común sin precedente, tanto de su destino real en los regímenes socialistas como de su lugar a lo largo de la historia del marxismo. Sin embargo, no hay nada más engañoso que la premisa que subyace a tal genealogía, es decir, la sugerencia de que el comunismo puede comprenderse lejos del marxismo, así como hay pocas tareas  más urgentes hoy que la de aclarar las relaciones exactas entre comunismo y marxismo del punto de vista de Badiou.
Para Badiou, cualquier gesto que pretende separar el comunismo de la historicidad intrínseca a las distintas etapas del marxismo desemboca en un tipo de izquierdismo especulativo. La crítica a tal izquierdismo no sólo le resulta familiar, sino que es una verdadera constante en toda la obra de Badiou. Entre sus lectores, sin embargo, también se ha hecho común la objeción según la cual él mismo, al desligar soberanamente la fidelidad a un acontecimiento de toda inscripción concreta en la situación actual, a lo largo de los años se habría quedado acorralado como un pensador dogmático, absolutista o incluso místico. Badiou entonces sería un ejemplo más del “comunismo izquierdista” como una “enfermedad infantil” del marxismo, para usar la famosa expresión de Lenin, aun si hoy sin duda deberíamos invertir la fórmula, siguiendo el ejemplo de Daniel y Gabriel Cohn-Bendit, en términos del marxismo como “enfermedad senil” de un “izquierdismo” eternamente juvenil.[9] Una vez que captemos la lógica detrás de la crítica de Badiou al izquierdismo especulativo, entonces, también estaremos mejor preparados para ocuparnos de la objeción según la cual, al menos en los últimos años si no también con anterioridad, habría caído precisamente en la trampa izquierdista, es decir, la trampa de querer ser un comunista sin ser también un marxista.
Las invariantes comunistas
¿Bajo qué condiciones históricas la resistencia ideológica universal adopta la forma de una reivindicación radical, que involucra la existencia misma de contradicciones de clase y del Estado, y que considera el proceso de su aniquilación? Pregunta clave de la historia idéologica universal: ¿quién es pues comunista?[10]
La primera tarea debe consistir en refinar nuestra comprensión del carácter invariante de la subjetividad comunista en Acerca de un desastre oscuro. Badiou propuso la idea original del comunismo invariante hace poco menos de treinta años en el pequeño libro Acerca de la ideología escrito en colaboración con el psicoanalista lacaniano François Balmès. En base al libro Las guerras campesinas en Alemania de Engels, Badiou y Balmès lanzan la hipótesis de que todas las grandes revueltas populares a lo largo de la historia han aspirado a realizar un número limitado de principios comunistas: “Nuestra hipótesis plantea que todas las grandes revueltas masivas de las distintas clases explotadas (esclavos, campesinos, proletarios) se expresan ideológicamente en fórmulas igualitarias, antipropietarias y antiestatales, que trazan las líneas de un programa comunista.”[11] Esta rebelión espontánea de las masas explotadas típicamente lleva a una guerra de insurrección en la cual el comunismo define un posicionamiento ideológico general en contra del Estado: “Es a los elementos de esta posición general de los insurgentes productores a los que llamamos las invariantes comunistas: invariantes ideológicas de tipo comunista que se regeneran constantemente en el proceso de unificación de las grandes revueltas populares de todos los tiempos.”[12] Así, empezamos a entender mejor porqué Badiou, al enfrentar las distintas “muertes” del marxismo, quiere recuperar ese comunismo invariante como una forma eterna de subjetividad rebelde.
Debemos entender, sin embargo, que las invariantes comunistas son la obra de las masas en el más amplio sentido. Todavía no hay ninguna determinación de clase específica en la lógica de la revuelta en la que esclavos, plebeyos, siervos, campesinos o trabajadores se rebelan contra el poder: “Las invariantes comunistas no tienen ningún carácter de clase definido: sintetizan la aspiración universal de los explotados para destituir cualquier principio de explotación y opresión. Surgen en el terreno de la contradicción entre las masas y el Estado.”[13] Es en esta resistencia genérica en contra de los aparatos estatales donde reside la potencia ilimitada de la multitud. De hecho, no habría otra razón para tener confianza en la gente o en la masa como tal. Badiou y Balmès, sin embargo, también argumentan que ese comunismo ideológico masivo es incompleto si no tiene los medios históricos para su realización. Incluso colocan cierta contrafinalidad como regla en la base de la historia. Es decir, en la mayoría de los casos, la rebelión espontánea de las masas se ve apropiada por aquellas fuerzas históricas que están a punto de volverse dominantes precisamente gracias a un efecto involuntario de la propia rebelión. Es éste el argumento, tan abusado entre pensadores conservadores para defender una actitud reaccionaria, según el cual la historia procede siempre a espaldas de las masas. Incluso Engels tiene que admitir al final de su estudio que los príncipes fueron los únicos en beneficiarse de las guerras campesinas de 1525 en Alemania. De modo semejante, sin embargo, muchos historiadores dirán que los jacobinos, una vez pasado el impulso radical de 1789, no hicieron más que abrirle el camino a la burguesía, así como el espíritu de rebeldía de los estudiantes y los trabajadores que ganaron la calle en 1968, a pesar suyo, habría beneficiado a la tecnocracia emergente.
Al interior de una lucha ideológica cualquiera, entonces, podemos distinguir siempre tres factores. En primer lugar, tenemos la vieja forma de la rebelión, o sea, la forma ideológica de las clases que antes eran dominantes, como cuando la ideología del protestantismo sirve de forma herética para movilizar a los campesinos en la Alemania de Münzer. Luego, tenemos el contenido invariable del programa comunista, o sea, la sustancia popular inmediata de las grandes rebeliones, en su eterna rebelión contra el principio del poder y de la propiedad. Y, por último, la verdadera novedad histórica que ya no depende de las masas en general sino de una fracción o una clase en particular que, en las circunstancias, logra adueñarse del momento para su propio beneficio: “La ideología, entendida como un proceso conflictivo, siempre presenta una triple determinación: dos determinaciones de clase (vieja y nueva, contrarrevolucionaria y revolucionaria) y una determinación de masa (las invariantes comunistas).”[14] La verdadera clave en el debate acerca de la historia del comunismo, a diferencia de su eternidad espontánea, se encuentra en esta compleja dialéctica de masas y clases, en la cual ambas se encuentran variamente entrecruzadas en la lucha entre lo viejo y lo nuevo.[15]
Con las revueltas del proletariado se pondría término a la regla de la contrafinalidad histórica. En vez de que sus demandas igualitarias beneficien a las nuevas clases emergentes, los trabajadores que después de las rebeliones masivas de 1848 en Europa se organizan en tanto proletariado serían la primera fuerza histórica en tomar el control del programa comunista básico: “Con el proletariado, la resistencia ideológica se hace no solamente la repetición de lo invariante sino también el dominio de su realización.”[16] Este momento singular coincide por supuesto con el nacimiento del marxismo. El marxismo, de hecho, sería la acumulación del conocimiento trasmitido a lo largo de una lucha ideológica milenaria en torno a las invariantes comunistas—incluyendo el conocimiento de muchas de las revueltas derrotadas del pasado, cuya memoria no se pierde jamás sino que, en una acumulación de recuerdos derrotados o reprimidos, acecha al presente como su doble sombrío y siniestro: “El marxismo-leninismo es aquello que averigua cómo el proletariado, heredero de una lucha ideológica secular en torno al programa comunista, es también el realizador de esa herencia. El marxismo-leninismo no sólo acumula la resistencia ideológica, sino que la trasforma en conocimiento y en proyecto.”[17] Marxismo y comunismo, en otras palabras, se sostienen mutuamente en una paradójica historia de la eternidad—o sea, en el despliegue histórico de una eterna rebelión. Para parafrasear el decir de un filósofo: Sin comunismo el marxismo es vacío, pero el comunismo sin marxismo es ciego.
Sólo bajo la dirección del proletariado la dialéctica de masas, clases y Estado se volvería adecuada a su tarea histórica. En cuanto a la pregunta materialista sobre las condiciones que hacen posible tal adecuación, basta decir que es el capitalismo mismo que primero da lugar y luego organiza la capacidad revolucionaria del proletariado. Este último incluso adquiere una capacidad lógica o epistemológica sin antecedentes. Finalmente, no estamos tan alejados de la idea central de Georg Lukács en Historia y conciencia de clase. “El proletariado es el productor de la primera lógica de la revolución,” Badiou y Balmès declaran solemnemente. Y continúan: “En este sentido, la ideología proletaria, en su forma concreta de marxismo-leninismo, deja de ser la resistencia desplegada a partir de una crítica radical pero históricamente utópica de la sociedad de clases en general, para convertirse en el conocimiento revolucionario de esa sociedad, y por consiguiente, en el principio organizador de su destrucción efectiva.”[18] Cuando no existe esa acumulación organizada de la crítica, el antagonismo espontáneo e inmediato de las masas en contra del Estado siempre corre el riesgo de invertirse, como bien advierten Badiou y Balmès al reflexionar sobre el destino de mayo del 1968 en Francia: “Esa radicalidad puramente ideológica inevitablemente se convierte en lo contrario: una vez terminadas las fiestas de la democracia y el lenguaje, las cosas abren el lugar para la restauración modernista del orden patronal.”[19] La regeneración del programa comunista invariante, en otras palabras, es un arma poderosa pero también insuficiente: “Nosotros decimos que, en sí, abandonada a la exaltación unilateral de tendencias libertarias, esta regeneración no sobrevive al movimiento al que refleja, e inevitablemente acaba capitulando, o cae en el servilismo ideológico.”[20] El comunismo, a menos que pretenda seguir siendo un mero ideal que siempre está aún por venir, puede nombrar el movimiento real que destruya la injusticia del presente solamente cuando se vincule históricamente con las distintas etapas del marxismo.
La política marxista
El marxismo debe pensarse como la sabiduría acumulada de las revoluciones populares, la razón que engendran, y la fijación y precisión de su objeto.[21]
También podríamos preguntarnos: ¿Qué es lo que los lectores de Badiou quieren decir cuando lamentan el hecho de que no sea un marxista? “Marxismo” en este contexto parece ser el nombre de una filosofía, una ciencia de la historia o, sobre todo, una crítica a la economía política. Por más sofisticadas que sean, sin embargo, estas lecturas no son capaces de pensar el significado estrictamente político del marxismo. Paul Sandevince, en su panfleto ¿Qué es una política marxista? publicado por la organización maoísta en la que militaba junto con Badiou hasta principios de los ochenta, resume este significado con su típica concisión: “El marxismo no es una doctrina, ni filosófica ni económica. El marxismo es la política del proletariado en su actualidad,” y más adelante: “El marxismo es la política del comunismo.”[22] Lo que se nombra en el marxismo es una capacidad política heterogénea tanto a la economía como a la historia social, las cuales no hacen sino suturar el vacío introducido por el ritmo de los cortes que dan las pautas del discurso marxista. En su Teoría del sujeto, Badiou también se pregunta con cierta incredulidad burlona: “¿Ciencia de la historia? El marxismo es el discurso en el que se sostiene el proletariado como sujeto.[23] El marxismo, aun si no puede reducir la dispersión constitutiva de la historia a una totalidad de conjunto, tampoco puede entenderse fuera del marco de referencialidad en el cual el comunismo se hace parte de un movimiento histórico real.
         Tenemos entonces dos perspectivas para abordar el problema de la referencialidad histórica, que es lo único, más allá de las invariantes comunistas, que puede dar estructura al cuerpo de conocimientos acumulados en el marxismo. La primera perspectiva parte precisamente de este corpus o cuerpo de conocimientos. La pregunta entonces es cómo periodizar los esfuerzos de sistematización a los que es sujeta, bajo la dirección del proletariado, la sustancia de las revueltas masivas en los escritos de Marx, Engels, Lenin, Mao, etcétera. En vez de fijarse en el nuevo tipo de causalidad implícito en El Capital o, incluso, en los Grundrisse como el centro dinámico del pensamiento de Marx, Badiou y sus compañeros siempre favorecen los escritos históricos e intervencionistas, textos tales como Las guerras campesinas en Alemania de Engels, ¿Qué hacer? de Lenin, o Problemas estratégicos de la guerra revolucionaria de China de Mao—aparte, obviamente, del caso paradigmático del Manifiesto del Partido Comunista. Marxismo, leninismo y maoísmo, en esta perspectiva, se leen como los principales episodios de una periodización bastante ortodoxa de la actividad revolucionaria:
Las grandes etapas del marxismo están puntuadas por las revoluciones proletarias y, precisamente, los grandes marxistas son aquellos que han dirigido y sintetizado los resultados de la teoría, la ideología y la política del proletariado a la luz de esas revoluciones: Marx y Engels para la Comuna de París, Lenin y Stalin para la Revolución de Octubre, Mao para la Revolución Cultural.[24]
Gran parte de Teoria del sujeto de Badiou, así como varias de sus conferencias recientes que serán retomadas en Lógicas de los mundos, tratan extensamente de esta periodización, particularmente a través de una reeevalución de la relación entre historia y política en la Comuna de París y en la Gran Revolución Proletaria Cultural.
Esta primera perspectiva histórica no pretende ignorar la profunda crisis que desde hace décadas afecta cualquier aspecto del conocimiento asociado con el marxismo. Por lo contrario, Badiou declara abiertamente esta crisis en su seminario sobre Teoría del sujeto, empezando ya en una sesión fechada el 7 de noviembre de 1977, es decir, en plena época de auge de los llamados Nuevos Filósofos:
Sí, admitámoslo sin ambages: El marxismo está en crisis, atomizado. Después del impulso y la escisión creativa de los sesenta, después de las luchas de liberación nacional y la revolución cultural, nosotros heredamos, en tiempos de crisis y de guerra inminente, un dispositivo de pensamiento y de acción fragmentado y estrecho, atrapado en un laberinto de ruinas y supervivencias.[25]
Sin embargo, la admisión de que se vive el final de una época no excluye la posibilidad, quizá incluso la necesidad, de darle un nuevo comienzo al marxismo. “Defender el marxismo hoy significa defender una debilidad,” dice ciertamente Badiou, pero enseguida añade: “Debemos hacer el marxismo.”[26] Para Badiou, esto significa en primer lugar tomar nota no tanto de las soluciones como de los problemas que se dejan sin resolver en la última secuencia revolucionaria del siglo veinte, aquella secuencia entre 1966 y 1976 marcada por el nombre de Mao. Podemos leer también en otro panfleto de su agrupación, publicado varios años después de la muerte del líder chino:
Hoy, un marxista es alguien que por su propia cuenta se esfuerza por resolver los PROBLEMAS que se dejan en suspenso en el maoísmo inicial, el maoísmo de Mao Tse-tung, el maoísmo contemporáneo a la Revolución Cultural. Excepto esto, no hay otro marxismo.[27]
Hay que seguir siendo marxista, en otras palabras, incluso al estudiar los problemas que quedan irresueltos en el marxismo.
Desde otra perspectiva, en cambio, se aborda el problema de la referencialidad más bien partiendo de los grandes acontecimientos emancipatorios de los últimos dos siglos. Entonces la pregunta es cómo y cuándo éstos se apoyan en los discursos del marxismo. Siguiendo nuevamente los argumentos de su amigo Sandevince, Badiou menciona tres momentos o referentes de este tipo en ¿Se puede pensar la política?, el libro que contiene sus contribuciones al seminario sobre lo político organizado en los ochenta por Jean-Luc Nancy y Philippe Lacoue-Labarthe en París. Los tres referentes en cuestión corresponden respectivamente al movimiento obrero, a la formación victoriosa de Estados socialistas y a las luchas de liberación nacional. Ahora bien, desde este punto de vista, el sentido de la crisis del marxismo no es menos obvio que en la primera perspectiva. De la capacidad del marxismo para imponerse a la historia, no parece quedar nada después del colapso del bloque de la Unión Soviética, después de que países liberados del yugo imperialista como Vietnam revelaran su propio expansionismo militar, y sobre todo después de la aparición de nuevos movimientos obreros que se declaran abiertamente antimarxistas, como Solidaridad en Polonia:
Las grandes pulsaciones históricas de masas ya no se refieren al marxismo, por lo menos desde el fin de la Revolución Cultural: véanse los casos de Polonia o Irán. En virtud de esto se ha producido una expatriación de la política. Su territorialidad histórica ya no le es transitiva. La era de la autorreferencia está cerrada. La política ya no tiene patria histórica.[28]
Sin embargo, también desde este punto de vista Badiou encuentra un espacio para una posible recomposición, incluso un renacimiento, del marxismo. En particular, propone reinventar el gesto fundacional de Marx en el Manifiesto, que consiste en escuchar las histerias sociales de 1848, por ejemplo, para responderles con la hipótesis de una capacidad política anteriormente inexistente. “Si el marxismo es indefendible, entonces hay que iniciarlo,” declara Badiou: “Tenemos que rehacer el Manifiesto.”[29] Incluso en la pérdida de referencialidad del marxismo, en otras palabras, tenemos que enfatizar no sólo la experiencia irreversible de la pérdida sino también la cuestión de la referencialidad en tanto cuestión. Uno debería ser el sujeto, más que el cínico objeto, de la crisis y la destrucción del marxismo. “¿Qué es hoy en día un marxista?” Badiou se pregunta antes de aventurar una respuesta posible: “Es el que está en la destrucción del marxismo en posición subjetiva, que pronuncia de manera inmanente lo que debe morir, y que por lo tanto muere él mismo, disponiendo esa muerte como causa de una recomposición de la política.”[30] Sólo así se puede ser marxista después de la crisis definitiva del marxismo. En cualquier caso, no hay necesidad de refugiarse en ningún posmarxismo: “Mantenerse en el marxismo es ocupar un lugar destruido, y por lo tanto inhabitable. Yo planteo que hay una subjetividad marxista que habita lo inhabitable.”[31] Siguiendo el gesto de Marx, entonces, hay que averiguar si todavía existe la hipótesis de una capacidad política de emancipación previamente inesperada. El hecho sigue siendo que, sin la consistencia de una subjetividad política, sin la capacidad de dar una forma de organización a la apuesta de un tipo invariante de comunismo, no hay aire que respirar en todo el corpus doctrinario del marxismo.
Crítica de la razón puramente izquierdista
Nunca son “las masas” ni “el movimiento” como tales que llevan consigo el principio de engendramiento de lo nuevo, sino aquello que en ellos se divide de lo viejo.[32]
¿Dónde nos situamos hoy en día con respecto a la dialéctica entre masas y clases, entre pueblo y proletariado, o entre los elementos dispersos de un comunismo genérico y las formas concentradas de conocimiento que se trasmiten en los escritos del marxismo?
Todo parece indicar que en la era del fin de la referencialidad, los pensadores políticos contemporáneos más radicales sólo disponen de la energía espontánea e ilimitada de un comunismo puro, libre de todos los lazos comprometedores con los partidos, los grupos, las organizaciones o los regímenes estatales que en alguna época vindicaban los nombres ahora infames de Marx, Lenin, Stalin o Mao. Nos quedaríamos así con la simple oposición, característica del programa del comunismo invariante, entre masas y Estado. Gran tentación del izquierdismo contemporáneo: aferrarse al comunismo invariante, sin la historicidad de su variable organización a través del marxismo.
El Grupo Yenán de Filosofía en la organización maoísta de Badiou, por ejemplo, concluye que todas las tendencias revisionistas en el pensamiento francés después de mayo del 1968, no sólo por parte de los Nuevos Filósofos sino también entre los seguidores de Deleuze, Althusser, o Lacan, presuponen una serie de oposiciones categóricas que buscan cancelar cualquier término diagonal—sea la clase, el partido o la organización—entre las masas y el Estado:
La esencia política de esas “filosofías” puede captarse en el siguiente principio, que es un principio de resentimiento amargo en contra de toda la historia del siglo veinte: “Para que la revuelta de masas contra el Estado sea buena, hace falta rechazar la dirección de clase del proletariado, borrar por completo el marxismo, odiar la idea misma del partido de clase.”[33]
Hoy, me atrevería a añadir que hay un principio similar que opera no solamente en el argumento de Toni Negri y Michael Hardt sobre imperio y multitud, sino también en muchos otros pensadores que, de un modo u otro, repiten y prolongan el tipo de oposición externa que encontramos en un libro como La sociedad contra el Estado de Pierre Clastres: empezando con la exterioridad que hay entre máquina de guerra y aparato del Estado, según la Nomadología de Deleuze y Guattari, hasta el esquema que todavía se repite en La democracia contra el Estado de Miguel Abensour. En todos estos casos, el izquierdismo involucra una oposición externa, radical e inerte, similar al antagonismo inmediato entre las masas y el Estado que discuten Badiou y Balmès. El izquierdismo, en otras palabras, se queda pura y exclusivamente con la fuerza espontánea las invariantes comunistas, fuera de cualquier determinación histórica en términos de una clase, fracción o partido específicos guiados por el conocimiento acumulado al que se refiere el marxismo.
Badiou, sin embargo, siempre se ha pronunciado agresivamente en contra de la operación izquierdista que hace un corte radical en el nudo dialéctico entre comunismo y marxismo, o entre masas, clases y Estado. Podemos encontrar toda una serie de variaciones sobre este tema, que juntas producen algo así como una crítica a la razón puramente izquierdista:
En la variación filosófica, tenemos la oposición entre lugar y fuerza, o entre estructura y tendencia, que Badiou discute en Teoría de la contradicción y en Acerca de la ideología. El izquierdismo, entonces, ignora el hecho de que cualquier fuerza necesariamente está determinada por un sistema de espacios en el que ésta encuentra su lugar asignado. Este elemento estructural, inherente a cualquier tendencia, se desecha a favor de un punto de vista de puro devenir afirmativo, tal y como ocurre en muchas orientaciones del “movimiento” inspiradas por el mayo del 1968: “En efecto, si uno pierde de vista el elemento estructural, tomará la tendencia como un hecho cabalmente establecido.”[34] Todo se funde entonces en el ser del puro devenir, flujo de energía vital o movimiento imparable de la multitud contra los aparatos de captura del orden.
En la variación moral, tenemos el dualismo de libertad y determinismo, o autonomía y necesidad, que Badiou en un texto en La situación actual sobre el frente filosófico atribuye por ejemplo al profundo kantianismo de los autores del Anti-Edipo. “Deleuze y Guattari no lo esconden: un retorno a Kant, eso es lo único que encontraron para exorcizar al fantasma de Hegel,” ataca Badiou: “La vieja libertad de la autonomía, rápidamente pintada con los colores de lo que la juventud en la revuelta legítimamente exige: algún escupitajo sobre la familia burguesa.”[35] Según Badiou, ese dualismo moralino articula también las oposiciones entre grupos-sujetos y grupos-sometidos, o entre lo molecular y lo molar.
En la variación política, la crítica se vuelve particularmente dura en contra del dualismo de la plebe y el Estado, o entre estudiantes y policías, durante y después de mayo del 1968: “No sólo hay la ley del Capital, o la policía. Ignorarlo significa no ver la unidad del orden de lugares asignados, su consistencia. Significa recaer en el objetivismo, cuyo precio por cierto consiste en convertir al Estado en el único sujeto—de allí la logorrea antirrepresiva,” Badiou advierte en su Teoría del sujeto: “Es la  idea de que el mundo sólo conoce la inevitable recaída derechista y el impotente izquierdismo suicida.”[36] Los críticos del carácter esencialmente represivo o totalitario del Estado entonces pueden pontificar sin fin sobre las virtudes de las masas o, la diferencia es ligera, las virtudes de la sociedad civil, sin dejar por un segundo de tener la mirada fija sobre la fascinante omnipotencia de la máquina coercitiva y hegemónica del Estado.
Finalmente, también obtenemos una variación psicoanalítica en términos del dualismo entre tuchè y automaton que corresponde más o menos al encuentro de lo real y el automatismo del principio de realidad, respectivamente. En ¿Se puede pensar la política?, Badiou no solamente retoma ese dualismo aristotélico a través de Lacan, sino que también lo aplica a los argumentos deconstructivistas de Nancy y Lacoue-Labarthe sobre la retirada de lo politico: “El pensamiento de la esencia de lo político como retirada se desliza aquí en la brecha, que es casi nula y que nuestra época convierte en su infortunio, entre la fortuna y la repetición, entre tuchè y automaton.”[37] En este caso, la anticipación de las condiciones de posibilidad de un auténtico encuentro o un acontecimiento imprevisible, que son siempre ya al mismo tiempo sus condiciones de imposibilidad, sustituye cualquier interrupción verdadera del automatismo del capital.
¿En qué medida, entonces, podemos decir que el propio Badiou evita la tentación izquierdista? ¿No es así que la mayoría de sus críticos, entre ellos Slavoj Žižek, Peter Hallward, Françoise Proust, Eustache Kouvélakis y Daniel Bensaïd, de un modo o otro sugieren todos que Badiou de hecho es uno de nuestros pensadores más dogmáticamente izquierdistas? Tomemos las palabras ejemplares de la interpretación de Bensaïd:
La absoluta incompatibilidad entre verdad y opinión, entre filósofo y sofista, entre acontecimiento e historia, lleva a un impasse de orden práctico. El rechazo de trabajar sobre la contradicción y la tensión equívoca que une a ambos en última instancia lleva a un voluntarismo puro, que vacila entre una forma generalmente izquierdista de política y su evitación filosófica. Tanto en un caso como en el otro, la combinación de elitismo teórico y moralismo práctico puede ser señal de un retraimiento orgulloso de la esfera pública, emparedado entre la verdad del acontecimiento del filósofo, por un lado, y la resistencia subalterna de las masas contra la miseria del mundo, por otro.[38]
Mi primera preocupación con respecto a este juicio es que no es capaz de digerir ningún aspecto en la crítica al izquierdismo que encontramos a lo largo de toda la obra de Badiou. Incluso en El ser y el acontecimiento, un libro que nada más que por la fuerza de abstracción matemática parece deber impulsarse hacia cierto dogmatismo formal, Badiou busca evitar las trampas de una oposición de exterioridad, o de absoluta incompatibilidad, entre los dos polos de su sistema filosófico. De hecho, es precisamente en el centro de este libro donde podemos encontrar un lúcido diagnóstico de la tentación izquierdista que elevaría la idea de intervención política, por ejemplo, al nivel de un voluntarismo ciego, puramente autorreferencial, o que enaltecería un tipo de acontecimiento milagroso, completamente desligado de cualquier situación. Sólo un izquierdismo especulativo postularía una “absoluta incompatibilidad” (según las palabras de Bensaïd) entre acontecimiento e historia, o hablaría del acontecimiento como de un “comienzo absoluto” (según las palabras de Žižek en su acercamiento crítico a Badiou). Pero éstas son precisamente las posturas que ataca Badiou. “Podemos designar como izquierdismo especulativo a todo pensamiento del ser que se sostenga en el tema del comienzo absoluto. El izquierdismo especulativo imagina que la intervención sólo se autoriza por sí misma, y rompe con la situación sin otro apoyo que su propio querer negativo,” escribe en El ser y el acontecimiento, y más adelante: “El izquierdismo especulativo está fascinado con el ultra-uno del acontecimiento y cree poder recusar, en su nombre, toda inmanencia al régimen estructurado de la cuenta-por-uno.”[39] Badiou, a mi modo de ver, no pretende salvaguardar la pureza del acontecimiento mediante un rechazo arrogante de toda inmanencia situacional. Toda su obra como pensador se dirige más bien hacia la destrucción del filosofema subyacente al izquierdismo especulativo.
Más aún, me pregunto por qué todos aquellos críticos, en su aparente búsqueda de una mediación más dialéctica o históricamente anclada entre el ser y el acontecimiento, no logran darse la mano en algún punto medio, en cuyo caso deberían encontrar un cómplice, más que un adversario, en alguien como Badiou. Confieso no sin cierta culpa que la posibilidad de pensar en común acerca de una política de emancipación exigiría que superáramos algunos de nuestros hábitos intelectuales más consubstanciales—hábitos como el de buscar pleitos al interior de la izquierda, o el de privilegiar el radicalismo destructivo de una vigilancia autocrítica por encima de cualquier promesa de formar un frente común. Sin embargo, en estos días de la más triste reacción a nivel global, pocas tareas me parecen más urgentes para el pensamiento que la de reconstruir históricamente cuáles son los elementos positivos, más allá de las doctrinas y las polémicas marxistas, que muchos de nuestros mejores pensadores comparten, tanto en su retorno al comunismo invariante como en su crítica al izquierdismo especulativo. Al fin y al cabo, allí es donde se acumulan los archivos públicos y reprimidos de la crítica al estado actual de las cosas.


[1] Carlos Marx & Federico Engels, La ideología alemana, trad. Wenceslao Roces (Montevideo: Ediciones Pueblos Unidos, 1968), 37.
[2] Alain Badiou, “Acerca de un desastre oscuro,” Acontecimiento: Revista para pensar la política 3 (1992): 16.
[3] Félix Guattari & Toni Negri, Communists Like Us: New Spaces of Liberty, New Lines of Alliance, trad. Michael Ryan (Nueva York: Semiotext(e), 1990), 7 y 19.
[4] Ibid., 55.
[5] Jean-Luc Nancy & Jean-Christophe Bailly, La Comparution (politique à venir) (París: Christian Bourgois,1991), 62.
[6] Nancy, La Communauté désœuvrée (París: Christian Bourgois, 1986, reedición 1990), 177.
[7] Nancy, La Comparution, 100.
[8] Badiou, Théorie du sujet (París: Seuil, 1982), 115, citado en La Comparution, 63 n. 5.
[9] Compárese el texto clásico de Lenin, La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo (Pekín: Editorial del Pueblo, 1964), con Daniel & Gabriel Cohn-Bendit, Le gauchisme, remède à la maladie sénile du communisme (Paris: Seuil, 1968).
[10] Alain Badiou & François Balmès, De l’idéologie (París: François Maspero, 1976), 61. Ernesto Laclau discute la teoría de las invariantes comunistas en su libro Política e ideología en la teoría marxista: Capitalismo, fascismo, populismo (México, D.F.: Siglo Veintiuno, 1978), 195-201. Si Laclau acaba rechazando la articulación de Badiou y Balmès, ese rechazo se explica en parte por el hecho de que él mismo buscar reinstaurar cierto dualismo izquierdista, al estilo de la oposición masas/Estado, esta vez en términos de la oposición pueblo/bloque de poder.
[11] Badiou, ibid., 67.
[12] Ibid.
[13] Ibid.
[14] Ibid., 69.
[15] Gilles Deleuze y Félix Guattari saludan la originalidad de la hipótesis sobre la dialéctica masas/clases en el libro de Badiou y Balmès, pero no sin expresar también ciertas reservas: “Ahora bien, no está nada claro por qué, por un lado, las propias masas no son variables históricas; y por otro, por qué son exclusivas de los explotados (‘masa campesina-plebeya’), cuando en realidad la palabra puede aplicarse también a masas señoriales, burguesas e incluso monetarias,” en Mil mesetas: Capitalismo y esquizofrenia, trad. José Vázquez Pérez (Valencia: Pre-Textos, 1988), 236 n. 20.
[16] Badiou, ibid., 74
[17] Ibid., 75.
[18] Ibid., 96 y 79.
[19] Ibid., 83
[20] Ibid., 84
[21] Badiou, Théorie de la contradiction (París: François Maspero, 1975), 16.
[22] Paul Sandevince, Qu’est-ce qu’une politique marxiste? (Marsellas: Potemkine, 1978), 6. Para una discusión más detallada sobre la organización maoísta de Badiou, la UCFML (Union des Communistes de France marxiste-léniniste), véase mi artículo “Post-Maoism: Badiou and Politics,” positions: east asia cultures critique (2006).
[23] Badiou, Théorie du sujet, 62.
[24] UCFML, Sur le maoïsme et la situation en Chine après la mort de Mao Tsé-Toung (Marsellas: Potemkine, 1976), 3.
[25] Badiou, Théorie du sujet, 198.
[26] Ibid.
[27] UCFML, Questions du maoïsme: De la Chine de la Révolution Culturelle à la Chine des Procès de Pékin (París: Potemkine, 1981), 10.
[28] Badiou, ¿Se puede pensar la política? trad. Jorge Piatigorsky (Buenos Aires: Nueva Visión, 1990), 37-38.
[29] Ibid., 38 y 40.
[30] Ibid., 37.
[31] Ibid.
[32] Badiou, Théorie de la contradiction, 39.
[33] Groupe Yénan-Philosophie, “Etat de front,” La situation actuelle sur le front philosophique (París: François Maspero, 1977), 12.
[34] Badiou, Théorie de la contradiction, 81.
[35] Badiou, “Le flux et le parti (dans les marges de l’Anti-Œdipe),” La situation actuelle sur le front philosophique, 31-32.
[36] Badiou, Théorie du sujet, 60 y 30.
[37] Badiou, ¿Se puede pensar la política?, 8.
[38] Daniel Bensaïd, “Alain Badiou and the Miracle of the Event,” Think Again: Alain Badiou and the Future of Philosophy, ed. Peter Hallward (Londres: Continuum, 2004), 101.
[39] Badiou, El ser y el acontecimiento, ed. Raúl J. Cerdeiras y Alejandro A. Cerletti (Buenos Aires: Manantial,1999), 235.

En recuerdo de Juan Carlos Marín (1930-2014)

por Agustín Santella

“Lito” Marín perteneció a la generación de intelectuales de los años 1960, manteniendo y renovando ese legado. Fue una persona destacada de una nueva elite político intelectual cuyo horizonte se ha propuesto eliminar la “división entre dirigentes y dirigidos” en la distribución del poder social. El campo específico de la práctica de Lito se inscribe en la investigación científica social. Pero esta práctica iba de la mano con la participación política a partir de la movilización popular, directa o indirectamente en colaboración con organizaciones de nuevos sectores de izquierdas en distintos países latinoamericanos.
Juan Carlos Marín formó parte del equipo que fundó la carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires hacia 1956 acompañando a Gino Germani. Este inmigrante italiano exiliado del fascismo, luego de realizar estudios formales en Filosofía, se propuso transformar lo que consideraba una sociología ensayística en una de tipo científico, trayendo los avances que en este sentido se realizaban en las universidades de los países capitalistas desarrollados (mayormente Estados Unidos).
Formado en este ámbito, Lito Marín practicó con pasión y originalidad la investigación social. Como parte de la generación rebelde, fundó el Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales (CICSO) en 1966, proponiendo una combinación de métodos sociológicos con la teoría marxista. Durante la ruptura con la sociología hegemónica aquí se recuperaron cuestiones clave como el método empírico, pero ahora como base para otra estrategia política intelectual. 
El proceso de la investigación desde los 1960 a los 1980 acompañó el proceso revolucionario latinoamericano. Así se conceptualiza el ejercicio de la práctica combativa dentro del entendimiento de la formación del poder en términos sociales e históricos, pero también estratégicos. Esto se va haciendo en el camino de la radicalización política. Primero milita en el Partido Socialista, y es parte de la dirección de la FUBA (Federación Universitaria de Buenos Aires) en los 1950s. Luego integra las fracciones de izquierda de este partido. De ahí en más colabora con formaciones radicalizadas en Chile y Argentina.
Marín investigó la toma de tierras en Chile entre los 1960 y 1970, antes y durante la Unidad Popular de Salvador Allende viviendo allí; las luchas armadas en Argentina cuando volviera durante la apertura de Cámpora. Antes había realizado un estudio sobre los constructores navales del puerto de La Boca (Buenos Aires) hacia los años 1950, en colaboración con el sindicato (de orientación sindicalista anarquista). Hacia 1967 participa como investigador miembro en una conocida investigación colectiva dirigida por Jose Nun sobre la marginalidad en América Latina, financiada generosamente  por la Fundación Ford (asesorado internacionalmente por Hobsbawm y Touraine). Este proyecto tenía asiento en el Instituto Torcuato Di Tella, lugar de vanguardia en el arte y las ciencias por aquellos años. Por el origen de los fondos este proyecto fue cuestionado duramente por otros núcleos intelectuales como funcional a la inserción imperialista. Nos parece que la dinámica de los enfrentamientos en el Cono Sur no deja dudas sobre esta querella.           
Posteriormente Lito publica una serie de cuadernos teóricos en CICSO (el más conocido es el “cuaderno 8”). También circularon varios cuadernos inéditos de intensa teorización sobre estrategia que suman cientos de páginas. Tan temprano como 1986 publicó “La silla en la cabeza”, una transcripción de una discusión pública con Thomas Abraham sobre los usos de Michel Foucault. La charla terminó acaloradamente: Lito amenazó a su adversario teórico con tirarle una silla por la cabeza. Desde los 1980 dirige una camada de nuevos investigadores hoy en actividad.
En una entrevista Lito cuando le preguntamos por las influencias teóricas en sus trabajos, él respondía que ellos simplemente tomaban a Marx para la investigación empírica. Sin embargo, para sus investigaciones y reflexiones teóricas tomaba no solo a Marx, sino también a Clausewitz o Foucault. Estas síntesis tenían un significado propio en la América Latina de aquellos años. No solo Argentina, sino Chile, y luego Centroamérica, fueron ejes de una práctica investigativa de lucha teórica (no diremos “práctica teórica”) en la que se unían las personificaciones del sociólogo y el “militante crítico”, al decir de Guillermo Almeyra. Pasó el exilio en México enseñando en El Colegio de México en su Centro de Estudios Sociológicos.
Vuelto a la carrera de Sociología en la segunda mitad de los 1980, Lito Marín desarrolló un nuevo programa de trabajo articulando la investigación en el Instituto Gino Germani junto con la docencia en talleres para estudiantes avanzados. En estos talleres el Profesor Marín usaba formas poco ortodoxas, experimentales. Uno de sus temas, casi obsesivos diríamos, hacía a la comprensión de las condiciones de posibilidad sociales de los genocidios, un tema directamente vinculado a la experiencia reciente. Esta cuestión se relacionó a la vez con un intento de formular el castigo o la represión como condición de la producción y reproducción de las sociedades (“de lo social”).
A modo de introducción, podemos seleccionar algunos aportes empíricos y conceptuales en su trayectoria. Realizó una contribución hacia la investigación empírica de las luchas de clases en torno de varios conceptos: fuerzas sociales, estrategias, enfrentamientos. Fuerzas sociales son los agrupamientos que se producen en los alineamientos en las luchas concretas. Estos agrupamientos comprenden a fracciones de distintas clases sociales. Aquí se intenta captar y reproducir empíricamente cierta complejidad de la formación de los actores sociales y políticos de la lucha de clases. La idea general es que los actores se definen por sus acciones, que estas son complejas (la acción nunca puede reducirse a la voluntad un único actor), situadas en campos de intereses relacionales. Estas relaciones no son solo materiales sino sociales y morales en varios aspectos. Incluyen las acciones de fuerzas opuestas. En síntesis, en esta  conceptualización hay una convocatoria a la reproducción analítica de la complejidad de las luchas como parte de una totalidad social.
Las fuerzas sociales llevan adelante estrategias, las cuales no se reconstruyen por la conciencia discursiva de la práctica, sino por los ordenamientos de las acciones objetivas. La práctica son los enfrentamientos. Aquí hay un uso de la teoría de la guerra aplicado a los conflictos sociales. Los conflictos son encuentros de combate, unidades mínimas de análisis en el proceso de las guerras. Grosso modo así fue creando este marco analítico en el transcurso de los estudios sobre Chile y Argentina, luego conceptualizado en sus Cuadernos de CICSO, esto es desde fines de los 1960 a principios de los 1980. Es un marco que debía permitir el análisis sistemático concreto de los procesos específicos nacionales de luchas, “bajarlos” de conceptos metafísicos hacia conceptos operacionales, que llevaran a “mediciones” cruciales.
En el estilo de Lito Marín se expresaba el compromiso directo entre conocimiento y entendimiento práctico. No importa ahora el señalamiento de los límites que la burocracia investigativa (creo estos eran sus términos o se parecen) hacían a este compromiso. Era común la formación de “seminarios” con estudiantes críticos por fuera del plan oficial de estudios. Allí se echaba por la borda todo formalismo escolar. El uso de las estructuras de la organización académica era visto como una prolongación que podía servir a la investigación reflexiva práctica, sometida a un proceso de crítica y autocrítica prolongada. En estos talleres nos formamos varias generaciones. Supongo que en el centro de su proyecto estaba la formación del oficio de la investigación estrechamente vinculado a la transformación práctica social.   
Por supuesto que todo esto contrae contradicciones (¿Qué práctica organizada no las tiene?). No obstante rescatamos esta guerra científica popular y prolongada, esta revolución investigativa permanente, este proceso de crítica radical de todo lo existente que somete a examen las verdades ajenas y propias en la esperanza de que ello contribuyera al avance de la especie humana. Así retomamos más o menos sus palabras.

Clinämen: Gobierno e insurrección en el Brasil previo al mundial

 

Conversamos con Felipe Teixeira, del Frente 3 de Febrero, un grupo brasilero de investigación- acción contra el racismo. La evolución de las movilizaciones que se han sucedido el último año en varias ciudades del Brasil. Las discusiones en torno al modelo de ciudad de cara a la realización del Mundial de la FIFA. El vínculo entre gobierno progresista y movimientos en la calle. El plan de pacificación de las favelas.

La ciudad prohibida: los motoqueros en la mira

por Esteban Rodríguez Alzueta


La diferencia entre tener y no tener una moto puede ser la diferencia entre tener o no tener trabajo, entre ser o no detenido por la policía. En efecto, la moto es el sistema de transporte más barato para atravesar las distancias urbanas de manera rápida. Cuando el sistema de transporte público es caro o muy deficiente, si el colectivo no pasa o no llega a ese lugar o no llega a esa hora, o la frecuencia es irregular, entonces la moto se transforma en la alternativa fundamental, otra herramienta de trabajo, para poder ir en forma puntual a trabajar.

Pero la moto también es el sistema de transporte que tienen los jóvenes que viven en barrios pobres para salir del barrio sin ser apuntados con el dedo por los vecinos alertas y convertirse, de paso, en objeto de las sistemáticas detenciones por averiguación de identidad. Los jóvenes morochos que usan ropa deportiva y gorrita, es decir que se visten como todos los jóvenes, saben que tienen problemas para llegar al centro de la ciudad. Tienen la ciudad prohibida. No pueden pasear ni mirar vidrieras, sin llamar la atención, despertar temor. Saben que si “patean” la ciudad se están “regalando” porque la policía traducirá la deriva en “merodeo”. Cuando en la ciudad rige el estado de sitio, la manera de atravesar el territorio, de apropiarse de la ciudad, será a través de la moto. La moto les permite desplazarse rápidamente, en zigzag y sortear al mismo tiempo tanto el “olfato social” como el “olfato policial”.

Acaso por eso la moto ha se ha convertido en el vehículo fundamental de los jóvenes de las periferias. Y acaso por eso mismo haya en el país 5 millones de motos y en la provincia de Buenos Aires un poco más de millón y medio.

Pero vayamos al grano: en el mes de abril el gobernador Daniel Scioli presentó el programa de emergencia securitaria para la provincia. Entre las medidas que anunció, dispuso que los conductores de motos tengan que usar chalecos refractarios y cascos identificados con la patente del vehículo. Una medida que entrará en vigencia a mediados de mayo.

No nos parece mal que los motoqueros usen cascos, él y su acompañante, incluso chalecos refractarios, si de lo que se trata es proteger la vida de los conductores. Tengamos en cuenta que –según la Defensoría del Pueblo de CABA- en el 2012, hubo 10.587 víctimas fatales en toda la Argentina, de las cuales el 32,2 por ciento eran motociclistas. No nos parece mal tampoco que se multipliquen los controles vehiculares para corroborar los “papeles”, entre ellos, certificar la existencia de seguro, multar a los que conducen sin casco, o llevan más de dos personas en la moto.
Ahora bien, las medidas anunciadas por Scioli no se tomaron para proteger la vida ni para ordenar el parque. Y ordenar significa policializar las fiscalizaciones. Prueba de ello es que la medida no fue anunciada por el Ministerio de Salud o Economía, se hizo desde la cartera de Seguridad, y su vocero fue el ministro Alejandro Granados. La diferencia es sustancial, porque se trata de otra medida de seguridad que tiende a certificar otro estigma que cargan los jóvenes que se desplazan por la ciudad. Se sabe, los motoqueros son “motochorros”.

Según el Ministerio de Seguridad el 26 % de los delitos callejeros los cometen personas que utilizan moto. No sabemos cómo se construyó esa cifra y tampoco sabemos de cuántos delitos estamos hablando porque se trata de porcentuales. Pero la cifra alcanza para apuntar una vez más a los jóvenes: Una persona adulta en moto es una persona yendo a su trabajo. Dos jóvenes en una moto seguro que son “pibes chorros” buscando a la próxima víctima.

Para desalentar el robo en moto se propuso patentar a las personas. Creer que se puede hacer retroceder el delito numerando a los ladrones es una puerilidad que resulta difícil tomar en serio. La medida no se propone atacar el delito sino el miedo al delito, un miedo que está asociado a los jóvenes que la sociedad pusilánime referencia como productor de riesgo. Una medida que certifica los procesos de estigmatización social y, acaso por eso mismo, introduce un nuevo fundamento para recrear los malentendidos sociales entre las diferentes generaciones y entre los pobres y la “gente como uno”.

En los días posteriores al anuncio corrió el rumor de que las motos no iban a poder circular a determinadas horas del día y por determinados lugares, y por el plazo de un año, con acompañantes. Medida que Granados venía impulsando en Ezeiza cuando era intendente y que Ritondo –legislador del PRO- relanzó ahora para la Ciudad de Buenos Aires. Otro disparate mayúsculo que sirve para verificar que con este tipo de medidas no se busca proteger la vida de los conductores sino hacerse cargo de la sensación de inseguridad de la gente (“el miedo al delito”). Temores que, en gran medida se explican en los prejuicios que tienen, con los que suelen apuntar a los sectores más jóvenes. No digo que el miedo al delito no tenga que ver con los delitos que suceden, pero en el medio hay otros factores que inciden en la “sensación”, como por ejemplo, el tratamiento sensacionalista de la inseguridad que ensayan los mass media, la desconfianza hacia las instituciones encargadas de prevenir y perseguir el delito, la fragmentación social, la estigmatización y el resentimiento social. Las etiquetas que utilizamos para nombrar al otro recrean permanentemente las condiciones para sentirnos inseguros y como una profecía autocumplida cada vez tenemos más miedo. 

En definitiva, con estas medidas, no sólo continúa pensándose la seguridad con las tapas de los diarios ensañados con los “motochorros”, no sólo se le otorgan mayores facultades discrecionales a las policías para poder demorar y detener a los jóvenes que conducen este tipo de vehículos, sino que trata de una política estigmatizadora, que le agrega más vulnerabilidad a sectores que no necesitan más maltrato.  

Elogio de la subjetivación

por Mariana Cantarelli

 

 
 
                      A la memoria de Ignacio Lewkowicz
Seguramente uno de los libros más leídos de Ignacio Lewkowicz sea Pensar sin Estado. La subjetividad en la era de la fluidez. Publicado en 2004, reúne conferencias y artículos escritos entre 1994 y 2003. Como se intuye al leerlo, no se trata solamente  de un libro que compila trabajos pre-existentes sino de una edición muy corregida en ocasión de la publicación. Casi vuelto a escribir, se podría decir. Esta fina corrección subraya el desplazamiento en la posición de Lewkowicz -a lo largo de esos diez años- en torno de las formas de pensar las transformaciones epocales y subjetivas que, por otra parte, se coronan con la atractiva y sugerente era de la fluidez. Sin embargo, una misma operación se expone en cada capítulo y ofrece un modo de pensar en un contexto de cambios y alteraciones.
Teniendo en cuenta esto, me interesa detenerme en estas breves notas en esa operación de pensamiento que se expone en Pensar sin Estado, tal vez en su mayor sofisticación, pero que también es representativa del pensamiento de Lewkowicz y lo liga con su formación historiadora.
Vayamos por partes. En primer lugar, esa operación de pensamiento tiene, al menos, dos procedimientos. El primero es netamente historiador. Como le gustaba decir a Lewkowicz, el campo de pensamiento del historiador no es el pasado sino el cambio social. El pasado, entonces, funciona como el terreno de entrenamiento o la pretemporada donde el historiador (o aquel que pretenda pensar históricamente) forja herramientas para dar cuenta del cambio social actual. Como destacó con maestría el historiador italiano Benedetto Croce, toda historia es historia contemporánea. Así definida, esa visita por el pasado funciona como una suerte de historia comparativa al servicio de indagar, problematizar, teorizar las alteraciones actuales.
Cuando leemos Pensar sin Estado, esa operación salta a la vista. No importa si es la familia o la escuela, el Estado o cualquier otra institución, la pedagogía o el psicoanálisis, el imperativo lewkowiano es categórico: historizar. En otro orden de cosas, se podrá objetar que este imperativo lo lleva y nos lleva, a veces, a destacar la novedad sin registrar la presencia de lo viejo. O más precisamente, la forma en que el restosigue operando en las nuevas configuraciones. Creo que es el costo que Lewkowicz paga, a sabiendas, por lanzarse a pensar lo acontecimental. Sin embargo, sospecho, nos queda una tarea al respecto: pensar lo nuevo pero también ese resto. En otros términos, la familia, la escuela o la infancia (modernas) no murieron. Esto tampoco implica que “gozan de buena salud”. Sin embargo, es necesario pensar ese juego complejo e inquietante entre lo viejo y lo nuevo. Forma parte de la cosa.
En segundo lugar, Lewkowicz no se contenta en Pensar sin Estado con describir la destitución, el desfondamiento o inclusive avanzar en la mismísima noción de fluidez, como el concepto que teoriza sobre lo que hay y no sobre lo caído. Este partido, por llamarlo de algún modo, tiene un segundo tiempo. Más aún, la estrategia del primer tiempo trabaja para llegar entero al segundo. Siendo un historiador de la subjetividad, Lewkowicz se pregunta por la construcción de la subjetividad socialmente instituida en cada situación y por sus estrategias de subjetivación. En este sentido, la pregunta por la variación epocal es una interrogación por la variación de las condiciones para la subjetivación. En definitiva, se trata de un pensamiento obsesionado por la posibilidad de subjetivación en complejas condiciones y escalas distintas. A riesgo de simplificar, esta pregunta tal vez sea la pregunta que recorre cada uno de los capítulos de Pensar sin Estado y más en general la obra de Lewkowicz. Se trata de un elogio invariante por la subjetivación.
Ahora bien, este elogio vale ser re-pensado en el contexto en el que fue editado Pensar sin Estado. Si bien los textos que componen el libro en general son previos a la crisis de 2001, no hay dudas de que este volumen no es solo cronológicamente post-2001. Es cierto que se trata de un post-2001 distinto al de Sucesos argentinos. Cacerolazo y subjetividad postestatal, publicado en el 2002 y muy pegado a la coyuntura 2001. Sin embargo, hay un tono post-2001 que recorre el libro. Quemamos las naves, parece decir Lewkowicz. En este contexto, la pregunta por la subjetivación adquiere su clímax. Si el post-2001 pone en cuestión las (ahora) viejas estrategias de subjetivación, Pensar sin Estado se convierte en un elogio de la subjetivación contemporánea cuando problematiza las nuevas condiciones para la subjetivación. Sin grandes gestos, el historiador nos recuerda que la vida continúa. Si esto nunca es poco, menos aún en ese marco.
Pero este elogio de la subjetivación, en tiempos de fluidez, no podría prescribir una regla para la subjetivación. Más bien, es una operación de pensamiento desdoblada (los dos tiempos de un mismo partido: historización de las condiciones e indagación de estrategias de subjetivación) que no contempla formas ni contenidos establecidos. Para algunos, será anti o post-institucional; para otros, institucional e inclusive estatal. En cualquier caso, pensar sin Estado es una suerte de aforismo que invita a pensar la subjetivación en nuestras condiciones. De esta manera, y como se lee en Pensar sin Estado, no hay superficie de emergencia privilegiada para la subjetivación hoy.  
Si el pensamiento de Lewkowicz en Pensar sin Estado puede ser leído como un elogio de la subjetivación, es decir, como esa lectura desesperada e incesante por la subjetivación, podríamos concluir que la historia es, para este historiador, la historia de la subjetivación. Y siguiendo a Friedrich Nietzsche en la Segunda consideración intempestiva, la historia de la subjetividad de Lewkowicz (como elogio de la subjetivación) puede ser entendida como una historia útil para la vida.

 

Aníbal Quijano y la invitación a abrir el pensamiento hacia una des-colonialidad del poder

por Kati Montes


En un libro, como en cualquier otra cosa,
hay líneas de articulación o de segmentaridad,
estratos, territorialidades; pero también líneas de fuga,
movimientos de desterritorialización y de desestratificación.
Las velocidades comparadas de flujo según esas líneas
generan fenómenos de retraso relativo, de viscosidad, o,
al contrario, de precipitación y de ruptura. Todo eso,
las líneas y las velocidades mesurables,
constituye un agenciamiento. Un libro es precisamente un
agenciamiento de ese tipo, y como tal inatribuible.
Un libro es una multiplicidad.
Deleuze y Guattari, Mil Mesetas
En estos días CLACSO acaba de publicar una antología de los principales textos, desde 1968 hasta la actualidad, de Aníbal Quijano, pensador y crítico de la realidad social. La publicación además contiene un listado de 211 textos, entre artículos y entrevistas, y una breve biografía del autor. Esto último no es menor, pues ayuda a situar su pensamiento y a comprender el recorrido de su producción. La construcción del pensamiento y la obra de Quijano está íntimamente marcada por su propia historia: la militancia, su deportación del Perú durante un año en el gobierno del General Juan Velasco Alvarado, su renuncia a la docencia universitaria en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos durante su intervención militar, así como por sus inquietudes por el arte.  Por eso, nos encontramos con textos que van más allá de la realidad peruana, piensa en América Latina en su relación con Occidente, escribe con referencias a la literatura, hace un prólogo a Mariátegui y, recientemente – desde Ecuador – escribe sobre el “buen vivir”. Quijano escribe para abrir discusiones, desde contextos específicos, para (de)construir pensamiento social.
La compilación de su obra contiene además un buen prólogo e introducción, por lo que en este texto no se trata de “introducir” a Quijano, sino trazar algunas líneas que nos permitan establecer un diálogo con él. Cuando Quijano escribe, pareciera que busca los vínculos y diálogos, pareciera que su vivencia entre Lima y otras partes del mundo se lo exigieran así. Abrir pensamiento, pensar múltiples realidades.
Para la Sociología, ha contribuido desde su propuesta de la existencia de cinco ámbitos de la realidad social: el sexo, el trabajo, la subjetividad / intersubjetividad, la autoridad colectiva (o pública) y la naturaleza, cada uno con sus recursos y sus productos. Quijano entiende estos ámbitos como esferas que, aunque sean irreductibles, están continuamente interrelacionadas y conforman un sistema histórico y específico: un patrón histórico de poder. Así, en momentos de la historia, algunas de las esferas prevalecen sobre las demás, como es el caso del trabajo que, en el capitalismo, se convierte en capital, en acumulación. Si en Foucault la Economía del neoliberalismo actual es el espacio de producción de la subjetividad, en Quijano vemos una desagregación de este análisis: cada esfera de lo social tiene recursos y productos, de acuerdo al patrón histórico de poder, donde habría una colonización que la Economía hace de la realidad social y que constituiría un sistema global.  Por otro lado, la invitación a pensar también a la naturaleza y al sexo, es una invitación a abrir puentes hacia otros campos del conocimiento, como la Biología y la Filosofía.
Así también, Quijano deconstruye el “poder” en las dimensiones de clase, estamento y partido, por ejemplo, entendiéndolo como una relación social de la que forman parte permanentemente la dominación, la explotación y el conflicto. Dicho esto, pasa a explicar en qué consiste el patrón histórico de poder actual, y aquí un punto clave en su aporte para la teoría social: Sería una articulación entre “1) la colonialidad del poder, esto es la idea de “raza” como fundamento del patrón universal de clasificación social básica y de dominación social; 2) el capitalismo, como patrón universal de explotación social; 3) el estado como forma central universal de control de la autoridad colectiva y el moderno estado-nación como su variante hegemónica; 4) el eurocentrismo como forma hegemónica de control de la subjetividad / intersubjetividad, en particular en el modo de producir conocimiento.”[1]

Ahora bien, sin duda cada una de estas categorías debiera ser leída desde cada contexto. En el Perú, por ejemplo, la idea de raza es un patrón de clasificación, pero no sólo alude a los rasgos físicos en los cuerpos, también es una categoría de estatus e incluso de clase social, que tiene su origen en la conquista. El racismo es una ideología que, como dice Quijano, consagra un patrón histórico de poder que, en el caso del Perú, es un racismo colonial, donde la condición de “indio” se terminó equiparando a la de “campesino” y “pobre”, mientras que servía de sustento para la dominación de la élite criolla. De ahí que el campesino inmigrante en la ciudad se desindigenizara y se convirtiera en cholo, como una forma de mestizaje cultural[2]. Será gran parte de estos migrantes “cholificados” los “nuevos emprendedores” de la llamada economía informal en la ciudad.

Soy muchacho provincianome levanto muy tempranopara ir con mis hermanosa trabajar.Sólo tengo la esperanzade progresar.Busco un nuevo caminoen esta ciudaddonde todo es dinero y hay maldad.Con la ayuda de Dios sé que triunfaré.Tema: Soy provinciano. Género: chicha. Compuesto e interpretado por “Chacalón”

Tanto el análisis del proceso de cholificación como el de las transformaciones en el mundo del trabajo, llevaron a Quijano a introducir la categoría de polo marginal, para referirse a las actividades de los des y subempleados que estaban dentro del poder capitalista, aunque lo central en ellas no era el capital, sino el trabajo. Esto le permitió ver más allá de una problemática del empleo asalariado y más bien analizar las relaciones sociales (de poder) al interior del polo marginal, así como la relación entre éste y el poder capitalista en conjunto[3]. A partir de estos análisis es que Quijano discute con Razzeto y el Programa de Economía del Trabajo – PET en Chile, por ejemplo, que afirman la idea de la acción comunitaria como principio de identificación. Para Quijano, en cambio, no todas las organizaciones comunitarias mantienen esa lógica, salvo cuando sus necesidades inmediatas y urgentes así se lo exigen.
Otra categoría central en el pensamiento de Quijano es la de eurocentrismo, en la línea de la crítica impulsada por los estudios de subalternidad en la India, así como de la crítica de Wallerstein y la del Foro Social Mundial, a las concepciones eurocéntricas de la realidad. Aunque le reconoce el deslinde que hace para no caer en una lógica binaria de “Occidental – No occidental / Europeo – No europeo” (que tiene su origen en la colonia) y más allá de su crítica por ser una referencia básicamente geográfica, Guillermo Rochabrún presenta una interesante observación a esta categoría, por considerar que la crítica de Quijano al eurocentrismo parte de un patrón también eurocéntrico, presentando un occidente moderno y capitalista univalente[4].
Quizás como un avance a partir de estas discusiones, Quijano escribe en el 2011, siendo publicado en Quito, una especie de manifiesto por el “bien vivir”, en el sentido de presentarlo como una “des-colonialidad del poder”, donde presenta a América Latina y a la población “indígena” como los motores de ese proceso. 
… Bien Vivir, hoy, sólo puede tener sentido como una existencia social alternativa, como una Des/Colonialidad del Poder (…) América Latina y la población “indígena” ocupan, pues, un lugar basal, fundante, en la constitución y en la historia de la Colonialidad del Poder. De allí, su actual lugar y papel en la subversión epistémica / teórica / histórica / estética / ética / política de este patrón de poder en crisis, implicada en las propuestas de Des / Colonialidad Global del Poder y del Bien Vivir como una existencia social alternativa[5].
Quijano nos sigue invitando a continuar el diálogo situado, a seguir pensando en categorías como las de “naturaleza” a la luz de los nuevos avances científicos; América Latina, a la luz de su amplia heterogeneidad en un mundo que no es más el de “centro – periferia”; el racismo en medio de procesos de interculturalidad / mestizaje; el estado-nación y su decadencia; entre otras. En medio de estas redefiniciones conceptuales y transformaciones de la realidad, ¿cómo se inscribiría la propuesta del “buen vivir” que no caiga en un moralismo que algunos han llamado “pachamamismo”? ¿Cómo se reconfigurarían las relaciones de poder desde esta perspectiva? La compilación de los textos producidos en las últimas cinco décadas por Quijano está para tomarla en su multplicidad.


[1]Quijano, A. Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina, pp. 367 – 368.
[2]Un análisis de este proceso fue hecho por Quijano en uno de sus textos más famosos en los años ochenta: Dominación y cultura. Lo cholo y el conflicto cultural en el Perú. Lima, 1980.
[3]En esto se centraba el debate con José Nun y su teoría de masa marginal. Ver: Quijano, Aníbal 1998 La economía popular y sus caminos en América Latina. Lima: Mosca  Azul Editores / CEIS-CECOSAM pp. 109-192
[4] Ver: Rochabrún, Guillermo Occidente, Weber y América Latina heterogénea. En: Debates en Sociología Nº 30, Lima, Año 2005.
[5]QUIJANO, A. Bien vivir” Entre el “desarrollo” y la Des/Colonialidad del Poder. Este texto fue publicado en Ecuador debate (Quito) N° 84: 77-87, diciembre, 2011. En: Cuestiones y horizontes. De la dependencia histórico-estructural a la colonialidad / descolonialidad del poder. Buenos Aires, CLACSO, 2014, pp. 847 – 858.

Sobre (¿el fin de?) los tres mitos de la década ganada: el consumo, las provincias y las generaciones

por Juan Pablo Maccia

Ya no preciso ir a Buenos Aires para conocer el porvenir del país: vivir en Santa Fe resulta bastante más futurista. 
Los tres elementos míticos que conformaron mi cosmovisión durante esta última década (una década que fue, para mí, de una inesperada intensidad militante: creía yo por entonces que tras el fracaso del 2001 mi vida pública había terminado) resultan abiertamente cuestionados. Estos mitos movilizadores afirman: 1- que el consumo es la vía contemporánea para producir y extender derechos tan concretos como irreversibles; 2- que en las provincias se resguarda un tesoro de comunidad y de valores; 3-  que la juventud más joven –es decir, aquella que no ha tenido la experiencia de la gran transacción neoliberal– encarna la promesa de un pueblo nuevo, la gran renovación.
Puedo contar la historia de las ilusiones (y desilusiones) políticas de mi generación a partir de una serie de conversión socio-energéticas (bien lejos del new age). Ante todo, la conversión primaveral de los primeros dos años de la recuperación democrática. Después la de la gran decepción con Alfonsín, forzada por los carapintadas y los mercados concentrados, a la hiper le siguen las expectativas con el peronismo (el realmente existente: el de Carlos Menem). Toma del cuartel de La Tablada mediante y con el derrumbe del “campo socialista” nos vimos arrastrados por la ilusión neoliberal. Yo no entré en todo eso y los años 90 fueron para mí de entera desolación. Fueron años peronistas, sí: de agrupamientos menores entre peronistas que acusábamos de traidor al PJ (lo único bueno de esos años fue viajar y conocer más de una chica interesante).
Luego vino la “resistencia”. Y de allí el vértigo del 2001. Fue la conversión callejera. Gran experiencia: piquete y cacerola, MTDs y asambleas; la fábrica recuperada y la ilusión de recomponer la patria desde abajo. Todo esto duró, más o menos, hasta Kosteski y Santillán. Cuando vi que la gente no destruía todo ante el asesinato, me deprimí. En 2003 estuve por Néstor, pero contra Duhalde: es decir, milité en contra, pero interiormente lo quería a Néstor. Lo conocía y me gustaba, pero solo en lo personal. 
Hasta el 2008 la vi por TV, siempre orgullos del chavismo, del lulismo, del castrismo, del evismo, del derecho-humanismo. Pero lo que me sacó definitivamente de la cama fue -sobre todo, pienso ahora- la cuestión del consumo. Para todos y todas. Siempre supe que el PJ traidor acechaba. Pero el peronismo vital, ese que articula sustrato afectivo y hambre de devorárselo todo era más potente. Consumo y derechos: el mejor momento, el gran invento del kirchnerismo. Ni más ni menos, la gran conversión subjetiva de millones. Cristina, la más realista, le llamó entonces “capitalismo en serio”, y alguno de nosotros comprendimos la complejidad del asunto.
Resultó ser que entre nosotros consumo con derechos no redunda en conciliación de clases sino en formula explosiva. Por un lado, porque el esquema que habilita estas políticas se sostiene en inestables ecuaciones financieras. Y por otro, porque lejos de pacificar el país el “derecho al consumo” (diferente y mejor que el derecho del consumidor) intensifica la guerra social. Lo que Diego Valeriano bautizó –cierto que tardíamente- como “la guerra por el consumo”.
Pero esta etapa, se nos dicen, terminó. ¿Cuándo? Tal vez a fines del año pasado. En la secuencia que va entre las elecciones de octubre, los apagones y auto-acuartelamientos policiales (provinciales) de diciembre, y la corrida financiera de enero. ¿Será?
Con todo, confieso, le temo a los inicios de una nueva conversión de las energías colectivas (e institucionales) a la que los medios –insensibles y reduccionistas– llaman “fin de ciclo”. Se trata, por lo que hasta acá puede percibirse, de una recodificación de los consumos por la crisis. La violencia asociada a los consumos da lugar a un reforzamiento de los aparatos de seguridad (¡¿y hasta de defensa?!). 
Y sí: de pronto el guiso se agrió. Los jóvenes se volvieron pibes peligrosos. Los consumos, sospechosos. Los barrios fueron reconstituidos por bandas. Las policías (Córdoba, Rosario) se revelaron narcos… Ya no hace falta viajar a la capital para ver el futuro: a mi provincia llegaron 2000 gendarmes militarizados. Y hubo tranquilidad (que no es poco), aunque nada cambió. Lo dijo el Papa; apareció Super-Berni; los linchamientos y hasta el generalísismo Milani.
El 24 de marzo estuve en la marcha, en Capital. Lo que vi fueron 100.000 militantes de izquierda: de la roja y de la celeste y blanca. Los primeros van a participar de la disputa sindical y política, vía el FIT de Altamira. ¿Y los otros?, ¿nosotros? ¿Vamos a hacer la conversión securitista hacia el so-sciolismo? ¿Puede una generación militante constituir fuerza sin ilusiones? ¿Cuáles son hoy las nuestras? Cierto que nada se pierde, todo se transforma. Pero tal y como lo aprendimos la última década, sin mitos lo colectivo se diluye y la política se pierde.

Hay que secuestrar a Scioli

por Anónimo



“Y entonces que carajo haces?”


La pregunta que había iniciado el debate volvía cada vez con más fuerza, coqueteando la acusación, el interrogatorio, o un pedido de auxilio.
Con el cementerio de puchos hinchado, el bocho quemado y todos las respuestas de casete gastadas, siendo las 4 am de otra noche consumida en la mayor y más hermosa de las adicciones, la política; el delirio, el absurdo o la lucidez absoluta arrojaron la respuesta más concluyente y satisfactoria para todos.
“Hay que secuestrar a Scioli”
Acá está lo interesante, porque si hay algo claro en estos encuentros trasnochados de cerebros fundidos es que definitivamente no todos pensamos lo mismo. Cada uno miro protocolarmente a su punto de referencia antagónico preferido y espero su coherente indignación.
¿Una interna? La gana, lo legitima, candidaturas se funden y mezclan en secuencias de terror y gobernabilidad.
Massa! Massa debería subir, esto lo pone en jaque, ahí cierra con Massa y el Kirchnerismo se limpia, pero el involteable está cómodo ¿Massa es una esperanza?
Cristina, Cristina debería decir algo, jugarsela, señalar al mejor de los “no-sciolis” y decir “Ese soy yo”, ahí lo complicas, ahí está en el horno… Pero por qué haría eso, es antiintuitivo, anti-peronista, “mi heredero es el pueblo” listo, mátense. Muchos de acá harían lo mismo.
Mientras todos seguimos debatiendo, a paso lento y firme se acerca el manco, con su sonrisa ensayada y bronceado motonáutico, tiene pinta de presidente, ¿Lo viste con la mujer? Quedan bárbaro.
Scioli no es el kirchnerismo, Scioli es el operativo de canas furiosos y naranjas con guita docente, Scioli es un guiño al FMI, Scioli es empresario.
Estás loco, responde el compañero convencido, el compañero que entiende que la política es el arte de lo posible, uno que sabe: Scioli es el más kirchnerista de los kirchneristas, y tiene razón.
El tipo es inmutable, se banca 17 días de paro docente, no está ni agitado. Mariotto le comió los tobillos una gestión entera, el saco lo tiene impecable ¿Y sabes que es lo peor? Siempre, siempre te dijo que era Kirchnerista, parte y convencida del proyecto.
Scioli no tendría problema en ir con Massa, Scioli y Massa son lo mismo!
Sigamos discutiendo, total nadie sabe qué carajo le pasa por la cabeza al compañero… ¿¡Cómo le vas a decir compañero a Scioli!?
Tranquilidad, por suerte existe el pelotudo de Forster que nos explica que Scioli se gano su derecho a competir en la interna del Frente Para la Victoria, gracias, posta gracias Forster. Pelotudo.
El mismo tipo que viene de jugar un picadito con Macri se acerca trotando, lento y seguro, sudando dólares al ritmo de “No se puede estar medio embarazado” para tomar las riendas del proyecto nacional y popular, mientras te cuenta lo jodidos que son los pibes chorros a quienes por más que les des planes sociales y laburo sólo quieren drogarse y robar.
Hay que secuestrar a Scioli.
¿Cómo puede ser que después de más de una década de  existencia de una identidad política fundante y la potencialidad de una subjetividad militante a futuro, la variable más razonable dentro de la intrascendencia cotidiana a la que está sometida la militancia popular sea resolver de forma antidemocrática y digna de otros tiempos, un futuro que se presenta cual fatalidad lógica?
Acá ya no se trata de ideologías, secuestrar a Scioli pasa a ser un deber patriótico, una obligación moral, si el Che viviera claramente estaría secuestrando a Scioli en este momento.
Es ahora, estamos todos en el auto, afuera de lo de Scioli.
En eso lo vemos, ahí sale, está yendo a correr, se ve ridículamente presidenciable, me hace acordar a Frank Underwood, en House of C…
-DALE SCIOLI, METETE EN EL AUTO, CALLATE, NO HABLES, VAS A VER HIJO DE PUTA!
Sobra cagaso en el aire, pero metemos a Scioli en el auto a los empujones. Secuestramos a Scioli.
Cuesta arrancar el auto, se queda una vez, para envalentonarnos empezamos a cantar la marcha, pero Scioli se nos une para confusión de todos. En la incomodidad y el nerviosismo uno se entra a reír y el otro le pega un sopapo en la nuca a Scioli, yo no me contengo y me doy vuelta “Boludo, le acabas de pegar a Scioli… Muy loco todo est…” “ARRANCÁ BOLUDO”, me gritan de atrás.
Salimos, lo logramos, secuestramos a Scioli.
El plan era redondo, había que irse a la loma del orto, a la quinta de uno de nuestros compañeros dado que la izquierda y el peronismo revolucionario tuvo y tendrá quintas, una vez en el lugar, procederíamos a someter a Scioli a un juicio revolucionario para ajusticiarlo.
Scioli estaba sospechosamente tranquilo, inquietantemente tranquilo. El copiloto comenzó a instigarlo por vendepatria, cagón, traidor y tibio; Scioli le propuso que trabajen juntos para una Argentina mejor. Tenía sentido.
La cosa estaba jodida porque no teníamos los papeles del auto, había que sortear controles y peajes de todo tipo, así que frenamos a pensar. Habíamos llegado de forma algo desprolija al secuestro, un par de nosotros tenían registro, pero de qué carajo sirve mostrar documentación si estas secuestrando a alguien, aparte reconocerían a Scioli.
Por suerte nuestro rehén propuso una alternativa superadora, él manejaría hasta el lugar, podíamos encañonarlo desde el asiento de atrás y nadie le iba a romper las pelotas a Scioli entrando a una quinta, el plan era perfecto, que maneje él. Nos cambiamos de asientos y seguimos.
Estábamos terminando de cerrar las preguntas disparadoras del juicio revolucionario cuando llegamos, Scioli nos pregunta si está bien que deje el auto ahí o preferíamos que lo entre “Dejalo acá che, no hay drama”.
Entramos, Scioli propuso que lo atásemos a una silla para cumplir protocolarmente con lo que todos teníamos en mente, con unidad, trabajo y solidaridad lo atamos siguiendo sus certeras indicaciones. El plan estaba saliendo a la perfección.
“Daniel Osvaldo Scioli, en el presente juicio revolucionario, se lo acusa de ser la variable alevosamente más sólida de gobernabilidad, potente en materia de votos y flexible ideológicamente, siendo la única opción a la altura de la patria: su eliminación física”
-Che para, eso no puede estar bien.
-¿Por qué?
-De que carajo lo estamos acusando? De ser un crack políticamente?
-Como!? NO, jamás, lo acusamos de que… De que no puede ser Scioli.
-No, obvio que no puede ser Scioli la única opción para 2015, estamos de acuerdo, pero quien carajo redacto eso?
-Scioli.
-Que!? Porque lo dejamos redactar a él su propio juicio revolucionario!?
-No se, legítima defensa… Cuando lo dijo Scioli tenía sentido. Fidel se defendió a sí mism…
-Pero la defensa es una cosa! A ver, el tipo estudio marketing en la UADE!  Que carajo le vas a preguntar de legítima defensa!?
Entonces habló, secuestrado y golpeado habló por unos 25 minutos. Cuando termino todos estábamos más tranquilos, aunque no había dicho absolutamente nada. Una sensación de paz, unidad y solidaridad nos invadió a aflojarle las ataduras y ponernos a ver el último de Game of Thrones.
Curiosamente el Dani (como insistió que lo llamemos) hizo una crítica muy certera al accionar de ciertos personajes, alevoso, exagerado, escénico, decía. Igual lo banca a muerte al enano, aunque dice que Petyr la ve más que todos los otros juntos. Nos despedimos afectuosamente y prometimos repechaje, Daniel muy correcto ofreció toda su colaboración, ayuda y lealtad para planear como asesinarlo.
Mientras tanto, la izquierda eterna se relame, ve en esta posibilidad la ratificación de todas sus profecías, Scioli 2015. Se viene el “Te lo dije”, el anuncio cíclico que coincide con las crisis del capital, la alineación interplanetaria donde los designios del trosco encuentran su asidero, tienen razón, es innegable, siempre tienen razón. Está claro que es una razón estéril, una razón con la que Scioli va a limpiarse cuidadosamente el culo mientras se dispone a gobernar el país.
La derecha curiosamente coincide con la izquierda tradicional, Scioli es una opción razonable, que siga el kirchnerismo sin su maldito populismo, que sigan ganando las empresas, que se ajuste, en la “doxa” forma que quieran, pero que se ajuste en fin. Scioli es un tipo serio, miralo, ahí está hablando de solidaridad, trabajo y unidad, ¿acaso no estás de acuerdo con eso?
Para todo el resto, el amplio resto, Scioli es un dolor en la patria, un insulto a la coherencia, y sin embargo, ronda un posibilismo cual fantasma por estos lares, un fantasma que se presenta como pragmatismo, huele a resignación y genera ceguera.
Este fantasma va dejando un convencimiento testarudo a su paso, de esas obstinaciones que temen más escucharse a sí mismas que a otros, ese fantasma da clases de política donde sea que pisa y saluda con la izquierda.
Todos nos reímos, nadie va a secuestrar a Scioli. Nos faltan pelotas.

Hoy viernes: Presentación de Saraus Movimiento/Literatura/Periferia/São Paulo

Presentación de
Saraus
Movimiento/Literatura/Periferia/São Paulo

Hoy la Casona de Flores a las 21:30 hs. presentamos Saraus del mejor modo: haciendo un Sarau con los autores del libro, entre ellos Ferrez. Además, vamos a estar estampando y aprendiendo qué son las adinkras, los simbolítos que ilustran el libro.


Entrevista a Andrés Carrasco: “No estamos eliminando agroquímicos, estamos introduciendo nuevos»

El investigador del Conicet Andrés Carrasco, quien había denunciado los efectos tóxicos del glifosato, advirtió que la introducción en el país de diez nuevas semillas transgénicas de soja y maíz aumentará la aplicación de sustancias químicas nocivas para la salud, entre ellas el herbicida glufosinato de amonio.

En el último año, el Ministerio de Agricultura de la Nación aprobó la introducción en el país de diez nuevas semillas transgénicas, entre ellas la soja Intacta RR2 anunciada en los últimos días. Contradiciendo lo afirmado desde el gobierno y las empresas, el investigador del Conicet y docente de la UBA Andrés Carrasco advirtió que estas tecnologías conllevarán una mayor aplicación de agroquímicos. Además, relató que cinco de los nuevos organismos que se usarán en el país son resistentes al glufosinato de amonio, un producto “más tóxico que el glifosato”.

“No estamos eliminando los herbicidas y los agroquímicos, estamos introduciendo nuevos”, dijo Carrasco a este medio en respuesta a los anuncios oficiales difundidos días atrás, según los cuales la introducción de nuevas semillas transgénicas en Argentina permitirá una agricultura más respetuosa con el medio ambiente.
El investigador del Conicet y director del Laboratorio de Embriología Molecular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) difundió en 2009 un estudio que demostró los efectos tóxicos del glifosato en embriones. El uso de dicho herbicida comenzó a extenderse en 1996 cuando se aprobó por primera vez en el país la semilla de soja transgénica creada por la multinacional Monsanto.
Desde aquel momento hasta hoy, el gobierno nacional aprobó 27 Organismos Genéticamente Modificados (OGM) que buscan mejorar el rendimiento de la producción agrícola, diez de los cuales fueron autorizadas en el último año. Según indicó Carrasco, la soja Intacta RR2 desarrollada por Monsanto -resistente al glifosato y a determinados insectos- fue la que mayor difusión alcanzó en los últimos días, pero la lista incluye nueve semillas más de soja y maíz y cada una de ellas es resistente a distintos tipos de agroquímicos.
“Lo más significativo es que de las 10 nuevas semillas del último año -y de eso no se habla- 5 de ellas incorporaron el glufosinato de amonio. Es decir que son semillas resistentes al glifosato y a este nuevo herbicida”, explicó el investigador en relación al producto cuyo nombre comercial más difundido es “Liberty” de la empresa Bayer.
Según se establece en la página oficial del Ministerio de Agricultura, Pesca y Ganadería de la Nación, las cinco semillas de soja y maíz aprobadas entre 2011 y 2012 resistentes al glufosinato de amonio fueron desarrolladas por las empresas Bayer, Syngenta, Dow AgroSciences y Monsanto.
“Era obvio que las empresas iban a tener que poner otro herbicida”, expresó el científico en relación a la creciente aparición de malezas resistentes al glifosato. Y explicó que actualmente quien utilice estos nuevos OGM combinará la aplicación de dos herbicidas en el proceso de pulverización, aumentando los riesgos a la salud y el ambiente.
“Más tóxico que el glifosato”
“Se ha dicho públicamente y con fuerza en discursos oficiales que las nuevas semillas introducidas por estas grandes transnacionales van a usar menos agroquímicos. A lo mejor usan menos agroquímicos de un tipo pero están introduciendo otros nuevos que no son mejores que los que se están usando hoy sino que son peores”, denunció Carrasco. Y agregó que la aplicación de glufosinato que conlleva el uso de algunas de estas semillas es la mayor demostración de esta realidad.
“Se sabe que es más tóxico que el glifosato, eso sin duda”, aseguró el investigador del Conicet respecto a los efectos que puede provocar este producto sobre la salud. En este sentido, el biólogo precisó: “El problema es que si el glifosato era clase 4 -o sea que se decía que tenía baja toxicidad y después se descubrió que esa baja toxicidad era muy relativa, que más bien tenía efectos no deseables- desde el año 1996 se sabe que el glufosinato altera la síntesis de neurotrasmisores porque es un bloqueante de un aminoácido importante para el sistema nervioso”.
Según Carrasco, ya en 1996 experimentos de laboratorio realizados en mamíferos demostraron que este agroquímico puede provocar malformaciones congénitas. “Durante el desarrollo embrionario tiene efectos teratogénicos muy significativos”, señaló y destacó que entre los resultados de dicho estudio se encontraron incluso malformaciones en rostro.
De este modo, el director del Laboratorio de Embriología Molecular expresó que las investigaciones realizadas y publicadas hace más de una década en ratones ya indicaban que el glufosinato produce muertes celulares en el tejido nervioso.
En otros países
A su vez, el investigador principal del Conicet destacó que el glufosinato está siendo duramente cuestionado en otros países y señaló que ya fue declarado como tóxico por un informe de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. En ese marco, el producto fue incluido entre las 22 sustancias que la Unión Europea prohibiría próximamente por sus riesgos para la salud.
“Es muy probable que en Europa el glufosinato sea prohibido porque ya hay reportes oficiales de la Unión Europea que van en esa dirección y está en las listas negras, hay montones de organizaciones ambientalistas que están pidiendo que lo prohíban”, advirtió el biólogo.
Carrasco aclaró que en territorio europeo no están permitidos los cultivos transgénicos con resistencia a ningún tipo de herbicida, por lo que hasta ahora tanto el glifosato como el glufosinato se aplican para otros fines. Pese a ello, según informó el investigador, hace un año Bayer debió sacar este producto del mercado en Alemania por disposición de las autoridades.
Así, cuestionando la aprobación del kirchnerismo de las nuevas semillas de soja y maíz, concluyó: “Mientras los europeos tienden a no permitir que se vendan en los viveros herbicidas a base de glufosinato para las plantitas, nosotros lo estamos introduciendo en la producción agrícola”.
Finalmente, el profesor de la UBA advirtió que el panorama empeora si se tiene en cuenta que actualmente Argentina cuenta con 23 millones y medio de hectáreas sembradas con transgénico que pretenden aumentarse considerablemente en los próximos años, trayendo aparejado un uso creciente de agroquímicos.

Conversacion con Carrasco en Clinämen: El modelo de agronegocios y la producción de saber

VER ACÁ

Así conversamos hace un año con Andrés Carrasco, investigador, médico y profesor de embriología, sobre el modo de producción agrícola sostenido en Argentina y la relación con la investigación y la producción de saberes en las universidades públicas. ¿Cómo se gesta este modelo? ¿Hay alternativas? ¿Se puede pensar en economías que resguarden/potencien la vida?

Andrés Carrasco, científico y militante: gracias

por Darío Aranda
(para La Vaca)



Falleció Andrés Carrasco, el científico que confirmó los efectos devastadores del glifosato, acompañó con su investigación a los pueblos fumigados y cuestionó que la ciencia esté al servicio de las corporaciones.

“Soy investigador del Conicet y estudié el impacto del glifosato en embriones. Quisiera que vea el trabajo”.

Fue lo primero que se escuchó del otro lado del teléfono.

Era 2009 y aún estaba latente el conflicto por la Resolución N°125. Página12 había dado amplia cobertura a las consecuencias del modelo agropecuario y este periodista había escrito sobre los efectos las fumigaciones con agroquímicos.

El llamado generó desconfianza. No conocía al interlocutor. ¿Por qué me llamaba?

El científico avanzó en la presentación. “Mi nombre es Andrés Carrasco, fui presidente del Conicet y soy jefe del Laboratorio de Embriología de la UBA. Le dejo mis datos”.

Nunca había escuchado su nombre. Nunca había escrito sobre científicos y el Conicet me sonaba como un sello.

Llamados al diario y preguntas a colegas. Todos confirmaron que era un científico reconocido, treinta años de carrera, con descubrimientos muy importantes en la década del 80 y trabajo constante en los 90, cuando se enfrentó al menemismo.

Hice la nota.

Su investigación fue la tapa del diario, (abril de 2009). La noticia: el glifosato, el químico pilar del modelo sojero, era devastador en embriones anfibios. Nada volvió a ser igual. Organizaciones sociales, campesinos, familias fumigadas y activistas tomaron el trabajo e Carrasco como una prueba de lo que vivían en el territorio.

“No descubrí nada nuevo. Digo lo mismo que las familias que son fumigadas, sólo que lo confirmé en un laboratorio”, solía decir él. Y comenzó a ser invitado a cuanto encuentro había. Desde universidades y congresos científicos, hasta encuentros de asambleas socioambientales y escuelas fumigadas. Intentaba ir a todos lados, restando tiempo al laboratorio y a su familia.

También ganó muchos enemigos. Los primeros que le salieron al cruce: las empresas de agroquímicos. Abogados de Casafe (reúne a las grandes corporaciones del agro) llegaron hasta su laboratorio en la Facultad de Medicina y lo patotearon. Comenzó a recibir llamadas anónimas amenazantes. Y también lo desacreditó el ministro de Ciencia, Lino Barañao. Lo hizo, nada menos, que en el programa de Héctor Huergo, jefe de Clarín Rural y lobbysta de las empresas.

Barañao desacreditó el trabajo y defendió al glifosato (y al modelo agropecuario). Y no dejó de hacerlo en cuanto micrófono se acercara. Incluso cuestionó el trabajo de Carrasco en encuentros de Aapresid (empresarios del agro) y, sobre todo, en el Conicet.

Carrasco no se callaba: “Creen que pueden ensuciar fácilmente treinta años de carrera. Son hipócritas, cipayos de las corporaciones, pero tienen miedo. Saben que no pueden tapar el sol con la mano. Hay pruebas científicas y, sobre todo, hay centenares de pueblos que son la prueba viva de la emergencia sanitaria”.

Los diarios Clarín y La Nación lanzaron una campaña en su contra. No podían permitir que un reconocido científico cuestionara el agronegocio. Llegaron a decir que la investigación no existía y que era una operación del gobierno para prohibir el glifosato, una represalia por la fallida 125. Carrasco se enojaba. “Si hay alguien que no quiere tocar el modelo sojero es el gobierno”, resumió café mediante en el microcentro porteño. Pero Carrasco era funcionario del gobierno: Secretario de Ciencia en el Ministerio de Defensa. Le pidieron que bajase el tono de las críticas al glifosato y al modelo agropecuario. No lo hizo. Renunció.

El silencio no es salud

Empresas, funcionarios y científicos lo habían acusado de no publicar su trabajo de glifosato en una revista científica, sino en un diario. Se reía y retrucaba: “No existe razón de Estado ni intereses económicos de las corporaciones que justifiquen el silencio cuando se trata de la salud pública. Hay que dejarlo claro, cuando se tiene un dato que sólo le interesa a un círculo pequeño, se lo pueden guardar hasta tener ajustado hasta el más mínimo detalle y, luego, se lo canaliza por medios que sólo llegan a ese pequeño círculo. Pero cuando uno demuestra hechos que pueden tener impacto en la salud pública, es obligación darle una difusión urgente y masiva”.

Era calentón Carrasco. Se enojaba, discutía a muerte, pero luego tiraba algún comentario para distender.

Nos solíamos ver en un café antiguo cerca de Constitución. Él era habitué. Charlaba con las mozas y debatía de política con el dueño.

Café mediante, le pregunté por qué se metió en semejante baile. Ya era un científico reconocido en su ámbito y no necesitaba dar prueba de nada. Tenía mucho por perder en el mundo científico actual. Me explicó que lo había conmovido el sufrimiento de las Madres del Barrio Ituzaingó de Córdoba. Y que no podía permanecer indiferente. También lamentó que el Conicet estuviera al servicio de las corporaciones. Denunció acuerdos (incluso premios) entre Monsanto y Barrick Gold con el Conicet. Se indignaba. “La gente sufre y los científicos se vuelven empresarios o socios de multinacionales”, disparaba.

Ética

En 4 de mayo de 2009, el ministro Barañao envió un correo electrónico a Otilia Vainstok, coordinadora del Comité Nacional de Ética en la Ciencia y Tecnología (Cecte). En un hecho sin precedentes, Barañao aportaba bibliografía de Monsanto y pedía que evalúen a Carrasco. Nunca había pasado algo similar. La mayor autoridad de ciencia de Argentina pedía una evaluación ética por un investigar que había cuestionado al químico pilar del modelo agropecuario.

Barañao quería la cabeza de Carrasco.

Vainstok envió un correo electrónico el mismo lunes 4 de mayo,,con copia a los nueve integrantes del Comité de Ética. Decía así:

“Estimados colegas, esta tarde he recibido un pedido de que el Cecte considere las expresiones vertidas en artículos periodísticos por Andrés Carrasco con motivo de su investigación de los efectos del glifosato en embriones de anfibios. Adjunto también la bibliografía aportada por Lino Barañao, la entrevista a Carrasco y la entrevista al Ministro Barañao que sacó Clarín”.

El mail se filtró a la prensa. Y Carrasco se enteró de la operación de Barañao y Vainstok. El escándalo hubiera sido enorme. El Comité de Ética reculó y no juzgó a Carrasco, pero el camino estaba marcado.

Los de abajo

En agosto de 2010, en Chaco, estaba por dar una charla, pero empresarios arroceros y punteros políticos intentaron lincharlo. Había concurrido a una escuela de un barrio fumigado, y no pudo hablar. Lo sorprendió la violencia de los defensores del modelo.

Ese mismo agosto, la revista estadounidense Chemical Research in Toxicology (Investigación Química en Toxicología) publicó la investigación de Carrasco. Lo que había sido un pedido-chicana de sus detractores, no sirvió para calmar las críticas. Continuó la difamación de los defensores del agronegocios. Pero fue un triunfo para los pueblos fumigados, las Madres de Ituzaingó y las asambleas en lucha. Y Carrasco comenzó a tejer diálogos con otros investigadores, de bajo perfil. Sentía particularmente respeto y cariño por jóvenes investigadores de Universidad de Río Cuarto y de la Facultad de Ciencias Médica de Rosario. Solía mencionarlos en las charlas y los señalaba como el “futuro digno” de la ciencia argentina.

Otro veneno

Solíamos cruzarnos en encuentros contra el extractivismo. Y periódicamente nos enviábamos correos con información del modelo agropecuario, alguna nueva investigación, viajes suyos a Europa para contar sobre su investigación, el juicio de las Madres de Ituzaingó, la nueva soja aprobada por el gobierno, los nuevos químicos. Un día recibí uno de sus mensajesl. “Hay un nuevo veneno”, fue el asunto de un mail. Alertaba sobre el glufosinato de amonio y lo mencionaba como posible sucesor del glifosato: “El glufosinato en animales se ha revelado con efectos devastadores. En ratones produce convulsiones y muerte celular en el cerebro. Con claros efectos teratogénicos (malformaciones en embriones). Todos indicios de un serio compromiso del desarrollo normal”, precisaba. Y recordaba que la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) detalló en 2005 los peligros del químico para la salud y el ambiente. Destacó que desde 2011 el Ministerio de Agricultura había aprobado diez eventos transgénicos de maíz y soja de las empresas Bayer, Monsanto y Syngenta. Cinco de esas semillas fueron aprobados para utilizar glifosato y glufosinato.

¿Para qué y para quién investigan?

Otra tarde le envíe un correo electrónico contando de investigadores que confirmaron lo mismo que él, pero en sapos (muchas veces llaman los “canarios de la mina” porque pueden anunciar lo que le sucederá a humanos. Los investigadores tenían miedo a hablar, por las posibles represalias. De inmediato me llamó por teléfono. Fue tajante: “No quiero saber quiénes son. Sólo quiero que le preguntes para qué mierda investigan, si para criar sapos o para cuidar al pueblo que subsidia sus investigaciones. Preguntales eso por favor”. Y cortó.

Los investigadores nunca quisieron hablar y difundir masivamente sus trabajos.

Carrasco en Wikileaks

En marzo de 2011 se conoció que la embajada de Estados Unidos lo había investigado y había hecho lobby en favor de Monsanto. Documentos oficiales filtrados por Wikileaks confirmaban el hecho. “No esperaba algo así, aunque sabemos que estas corporaciones operan al más alto nivel, junto a ámbitos científicos que les realizan estudios a pedido, medios de comunicación que les lavan la imagen y sectores políticos que miran para otro lado. Estaban, y están, preocupados. Saben que no pueden esconder la realidad, los casos de cáncer y malformaciones se reiteran en todas las áreas con uso masivo de agrotóxicos”.

El otro Carrasco

En noviembre de 2013 le relaté que en Estación Camps (Entre Ríos) había entrevistado a una mujer que luchaba contra los agroquímicos. Era una trabajadora rural y ama de casa, muy humilde, que había enviudado. Su esposo era peón de campo, vivía rodeado de soja y fue fumigado periódicamente. Comenzó a enfermar, la piel se le desprendía y tuvo graves problemas respiratorios. Murió luego de una larga agonía. La mujer no tenía dudas de que habían sido los agroquímicos que llovían sobre la casa. Y los médicos tampoco tenía dudas, aunque se negaban a ponerlo por escrito. El nombre del trabajador rural víctima de los agroquímicos: Andrés Carrasco.
La viuda había escuchado en la radio sobre el científico homónimo de su marido y el glifosato. Y, entre llantos, contó que le daba fuerzas saber que alguien con el mismo nombre que su esposo estaba luchando contra los químicos que le arrebataron al padre a sus hijos.

Le conté la historia por teléfono. El Carrasco científico se conmovió, no podía seguir hablando. Y confesó que solía arrepentirse de no haber investigado antes sobre el glifosato.

La última maniobra

A fin del año pasado me llamó para contarme la última maniobra del Conicet. Había solicitado la promoción a investigador superior y le fue negada. La cuestión iba mucho más allá de la promoción. Lo enojaba el ninguneo de los científicos empresarios y obedientes del poder. Lo habían evaluado dos personas que no conocían nada de su especialidad y otro que es parte de las empresas del agronegocios. Me envió su carta de reclamo al Conicet y relató en detalla la reunión con el Presidente de la Institución. Estaba seguro que era un nuevo pase de factura por lo que comenzó en 2009.

Y le dolía el silencio de académicos que respetaba, incluso de amigos de antaño de las ciencias sociales que le daban la espalda.

Le propuse un artículo periodístico e intentar publicarlo en Página12. Le tenía aprecio al diario, a pesar de que hacía tiempo habían dejado de darle espacio. Le avisé que pondría su versión de los hechos y la del Conicet y de Barañao. Me retruco rápido: “Te van a sacar cagando”.

Lo propuse al diario. Lo rechazaron sin la más mínima explicación. Cuando le avisé la negativa, ni se inmutó. Dijo que era previsible. “En estos años tuve un curso acelerado de lo que son los medios de comunicación”, resumió. Le respondí que estos años había aprendido que el Conicet no era para nada impoluto y que había demasiadas miserias en el mundo científico.
Reímos juntos.

Y me chicaneaba y recordaba que ahora éramos colegas. Tenía un programa en FM La Tribu donde nadie lo censuraba y daba gran protagonismo a las asambleas y organizaciones en lucha contra el extractivismo. El nombre del programa era todo un mensaje a sus enemigos: “Silencio cómplice”.

Quedamos en juntarnos a comer un asado y publicar la nota en medios amigos (la publicó lavaca en su periódico MU en marzo pasado).

Intenté para esa nota hablar con “la otra parte”. Barañao dijo que no tenía nada de qué hablar, desechó cualquier pregunta. El presidente del Conicet, Roberto Salvarezza, adujo problemas de agenda.

La última entrevista

Viajó a México al Tribunal Permanente de los Pueblos (tribunal ético internacional, de carácter no gubernamental que evalúa la violación de derechos humanos). Volvió a México en enero. Se descompuso y fue trasladado de urgencia. Lo operaron en Buenos Aires y tuvo largas semanas internado, débil. Cuando le dieron el alta, llamó a casa. “Zafé”, fue la primera palabra. Y de inmediato preguntó: “¿Qué sabés del bloqueo en Malvinas Argentinas (Córdoba, donde se frenó la instalación de una planta de Monsanto)? ¿La tiene difícil Monsanto?” Él había estado en setiembre de 2013 cuando comenzó el bloqueo. Me explicó que tenía para varias semanas de recuperación, pero cuando estuviera mejor quería que vayamos a Córdoba, a Malvinas Argentinas y también a visitar a las Madres de Ituzaingó. Lo dejamos como plan a futuro.

Hablamos sobre su situación en el Conicet. Le dolía la indiferencia de compañeros del mundo académico, sobre todo de las ciencias sociales. Le pregunté por qué no recurrir a las organizaciones sociales. Se opuso. Argumentó que ya demasiado tenían en sus luchas territoriales como para preocuparse por él. Se ofreció para una entrevista. La hicimos. Algunas citas:

  • “Los mejores científicos no siempre son los más honestos ciudadanos, dejan de hacer ciencia, silencian la verdad para escalar posiciones en un modelo con consecuencias serias para el pueblo”.
  • “El Conicet está absolutamente consustanciado en legitimar todas las tecnologías propuestas por corporaciones”.
  • “(Sobre la ciencia oficial) Habría que preguntar ciencia para quién y para qué. ¿Ciencia para Monsanto y para transgénicos y agroquímicos en todo el país? ¿Ciencia para Barrick Gold y perforar toda la Cordillera? ¿Ciencia para fracking y Chevron?”
  • “Mucha gente fue solidaria conmigo, piensa que lo que uno hizo tuvo importancia para ellos, tienen derecho a saber que hay instituciones del Estado que privilegian la arbitrariedad para sostener discursos, para que el relato no se fisure.
Sabía que la entrevista sería para un medio amigo, “no masivo”. Estaba contento, recuperando fuerzas, no iba a dar el brazo a torcer ante Barañao, Salvarezza, el establishment científico y las corporaciones del agro.

El 27 de marzo concurrió a Los Toldos, a una audiencia pública sobre agroquímicos. Estaba débil, pero no quiso faltar. Sucedió lo mismo en la Facultad de Medicina, en la Cátedra de Soberanía Alimentaria (el 7 de abril), donde habló de los alimentos transgénicos y los agroquímicos. No estaba bien, andaba dolorido, pero no quiso faltar. Entendía esos espacios como lugares de lucha, donde debía explicar los efectos de los agroquímicos. Solía decir que se lo debía a las víctimas del modelo.

Al fines de abril avisó por correo electrónico que lo habían vuelto a internar. Esperaba que sea algo rápido. Quería volver a su casa, recuperarse y hacer el viaje pendiente a Córdoba, al acampe contra Monsanto.

Su legado

Fui testigo de sus últimos seis años. Tiempo en el que decidió alejarse del establishment científico que vive encerrado en laboratorios y sólo preocupado por publicaciones que sólo leen ellos.Se transformó en un referente hereje de la ciencia argentina. No tendrá despedidas en grandes medios, no habrá palabras de ocasión de funcionarios ni habrá actos de homenaje en instituciones académicas.

Andrés Carrasco optó por otro camino: cuestionar un modelo de corporaciones y gobiernos y decidió caminar junto a campesinos, madres fumigadas, pueblos en lucha. No había asamblea en donde no se lo nombrara.

No existe papers, revista científica ni congreso académico que habilite a entrar donde él ingresó, a fuerza de compromiso con el pueblo: Andrés Carrasco ya tiene un lugar en la historia viva de los que luchan.

Nos queda, entonces, saldar con él una enorme deuda: la de decirle gracias.

Nos vemos en la lucha.

8 años de Devenir

– Autonomía – Horizontalidad –
Cambio Social
A ocho años de haber empezado a caminar colectivamente, desde Devenir podemos balancear con orgullosa honestidad el haber sostenido una práctica horizontal para dar cuenta de una época.
En ese camino fuertemente marcado por las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, fuimos perfilando con y desde la rabia y la rebeldía un discurso surcado por las experiencias de la autonomía y la autogestión como inspiradoras del cambio social.
El 2014 nos encuentra fortalecidos por el aporte de nuevos compañeros y compañeras que nutren de saberes y compromisos la decisión de profundizar una comunicación popular capaz de traducir la necesidad de otras formas de construcción política para combatir al capitalismo y al sistema que lo sostiene.

http://www.revistadevenir.com.ar/

El anarquismo como catapulta: entrevista con Tomás Ibáñez

Entrevista con Tomás Ibáñez, militante histórico español sobre la actualidad del anarquismo
por Amador Fernández-Savater 

«La memoria viva no nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta”, dice Eduardo Galeano. No convierte el pasado en un modelo que exige repetición, ni nos aplasta bajo el peso de referencias en las que debemos reconocernos obligadamente, sino que más bien acompaña e inspira las búsquedas del presente.
La vida de Tomás Ibáñez está marcada por el anarquismo desde su infancia: hijo del exilio libertario en Francia, participó en los años 60 en los circuitos estudiantiles anarquistas cuando aún casi nadie en el campo del antagonismo se atrevía a cuestionar la hegemonía del Partido Comunista. En mayo del 68, integrado en el Movimiento 22 de Marzo junto a compañeros anarquistas como Daniel Cohn-Bendit o Jean-Pierre Duteuil, se sumerge en la cotidianeidad de los acontecimientos hasta que es detenido el 10 de junio y confinado en destierro por su condición de refugiado político.
En 1973 volvió a España y participó en los fracasados intentos de reconstrucción de la CNT. Ha sido catedrático de Psicología Social en el Departament de Psicologia Social de la Universitat Autònoma de Barcelona hasta su jubilación en el año 2007. Es autor de numerosos libros y textossobre anarquismo, ciencias humanas y, en especial, psicología social. 
Tomás Ibáñez trabaja desde hace años para que la historia de anarquismo sea memoria viva y no lengua muerta, catapulta y no ancla. Autor de referencia para las corrientes libertarias en España y el extranjero, ha enriquecido los planteamientos anarquistas básicos con las aportaciones del post-estructuralismo francés y, muy en concreto, de Michel Foucault (no sin escándalo de los «guardianes del templo» anarquista). Co-fundador de la revista Archipiélago, en la que trabajamos juntos durante varios años, acaba de publicar en la editorial Virus Anarquismo es movimiento, donde se explora la reactualización contemporánea de ideas y prácticas que algunos relegaron demasiado apresuradamente al museo de la Historia.
El virus anarquista 
Citas en el libro a Christian Ferrer: “el anarquismo no se enseña y tampoco se aprende por los libros, sino que se propaga por contagio, y el contagio las más de las veces es irreversible”. En tu caso ha sido así, es una historia de fidelidad que dura ya medio siglo. ¿Cuáles fueron tus primeros contactos-contagios con el anarquismo? Creo recordar que hay historias familiares de por medio, ¿es así?
Tomás Ibáñez. Sí, Amador, hay efectivamente historias familiares de por medio y eso explica que “los contactos” con el anarquismo fuesen muy precoces. En 1947 mi madre, activista de las juventudes libertarias de Zaragoza, pasó a Francia llevándome en brazos por una ruta pirenaica, y eso hizo que yo creciera en el cálido ambiente del exilio libertario. Era un ambiente por donde circulaba una multitud de nostálgicos, pero esperanzados, relatos de una lucha revolucionaria aún cercana, y donde la ayuda mutua nunca se hacía esperar. Obviamente, la sensibilidad de un niño no podía captar que ese ambiente también albergaba luchas fratricidas, rancios dogmatismos e inevitables miserias, con lo cual la huella que me dejó sólo podía ser positiva. Ese fue “el contacto”, sin embargo “el contagio” llegaría más tarde.
¿Cuándo, por dónde?
Tomás Ibáñez. Mi temprano activismo anarquista hubiera podido agotarse y extinguirse sin más, de no haber sido porque en el verano de 1963 arrastré mi saco de dormir hasta el campamento que organizaba cada año la FIJL (Federación Ibérica de Juventudes Libertarias). Fue una experiencia inolvidable que abrió de par en par las puertas, ya definitivamente, al virus del anarquismo. Autoorganización, vida en común, compañerismo, debates, sentimiento de vivir en otro planeta donde la igualdad y la libertad se habían hecho realidad, pero también rabia y lucha. Porque se daba la circunstancia de que la FIJL había emprendido recientemente un línea de hostigamiento frontal al franquismo y la ejecución a garrote vil de dos de sus militantes, Francisco Granado y Joaquín Delgado, que preparaban un atentado contra Franco, cayó en el campamento como una indignante y dolorosa noticia. Al recoger mi mochila y despedirme de mis compañeros, la idea de volver a la “normalidad” se me hizo insoportable, en el tren que me devolvía a casa miraba a los viajeros y me sentía como un absoluto extraño en un mundo que ya no era el mío.
Por supuesto, soporté esa “normalidad”, pero el sentimiento de que era intolerable nunca me abandonaría. Desde entonces estoy convencido de que lo que de verdad deja huella en las personas y las transforma en profundidad es su inmersión en un escenario de vida, de experiencias y de lucha que se construye en común y en unos espacios arrebatados a las reglas de la sociedad instituida.
La “A” dentro de un círculo: el origen desconocido de un símbolo
Luego te moviste en los circuitos del anarquismo estudiantil previo a Mayo del 68, ¿qué recuerdos te vienen de aquella época?
Tomás Ibáñez. Lo que evoca en mí, como un primer flash, es la imagen de un inacabable desierto. Durante mi primer año de universidad, en 1962 cerca de Marsella, me movía en el potente sindicalismo estudiantil de aquellos años sin conseguir dar con ningún otro estudiante libertario. Al año siguiente me trasladé a la universidad de París donde, al inicio del curso, unos estudiantes trotskistas me informaron, entre risas, que conocían “al otro” estudiante anarquista de la Sorbona y que podían ponernos en contacto.
A partir de ahí, pensando que siendo dos ya éramos invencibles removimos cielo y tierra hasta encontrar a otro par de compañeros… Y así nació en 1963 una exigua coordinación de estudiantes anarquistas parisinos que tenía nombre de mujer, LEA, que creció poco a poco y que atraería, algún tiempo más tarde, a estudiantes de la recién creada universidad de Nanterre, como Daniel Cohn-Bendit o Jean-Pierre Duteuil, quienes contribuirían a la creación del Movimiento 22 de Marzo que encendió la mecha de Mayo del 68.
¿Y qué hay de esa historia que te sitúa en el origen del símbolo anarquista por excelencia, la “A” dentro de un círculo?
Tomás Ibáñez. Es bien cierta, y es una historia muy sencilla. Al llegar a París me hice el propósito de ayudar al acercamiento entre los diversos grupos y tendencias en las que se fragmentaba el menguado movimiento anarquista, lo que me llevó a lanzar iniciativas de coordinación en los sectores más jóvenes. Se me ocurrió entonces que una forma de propiciar una confluencia consistía en hallar un denominador común que, al no pertenecer en exclusiva a ninguna de las organizaciones, pudiera constituir un punto de coincidencia. Se trataba también de multiplicar la presencia percibida del movimiento anarquista por el simple hecho de la repetida aparición de ese denominador común en las expresiones públicas (pasquines, pintadas, etc.) de los diferentes colectivos anarquistas.
Propuse esa idea en uno de los grupos a los que pertenecía, insistiendo en que debía ser un símbolo que fuese fácil y rápido de dibujar, y que pudiese evocar el anarquismo de forma suficientemente directa. La propuesta fue aceptada, nos lanzamos a una lluvia de ideas y a altas horas de la noche convenimos que una “A” en un círculo podía ser un buen logo. Fue así como, en abril de 1964, salía a toda plana en el nº 48 de nuestro boletín “Jeunes Libertaires”, la primera “A” en un círculo. Le acompañaba un editorial donde explicaba el sentido de la propuesta y en el que se invitaba a todos los grupos anarquistas a apropiarse ese símbolo.
Pero ojo, en realidad sólo habíamos creado una imagen y formulado una propuesta, no habíamos creado un símbolo. La A en un círculo sólo se convertiría en un símbolo del anarquismo mediante la acción de miles y miles de manos que la pintaron en las calles del mundo, se trata pues de una creación colectiva multitudinaria de la que nadie tiene la paternidad.
Mayo del 68: tecnologías, liderazgos y logros
Y de pronto Mayo del 68. Hablas de Mayo del 68 como un “regalo”. ¿Por qué un “regalo”? ¿Cuál fue el contenido del regalo? 
Tomás Ibáñez. Un auténtico regalo es algo que te ofrecen para darte placer, sin obligación y sin pedir nada a cambio. Si no lo esperas, si es una sorpresa y si te colma de satisfacción, el regalo aún se crece más en su condición de “auténtico” regalo. Eso fue para mí Mayo del 68. En lo inmediato, el contenido del regalo fue la oportunidad de vivir durante varias semanas un verdadero sueño, de presenciar unas escenas que usualmente sólo alcanzamos a ver cuándo los sueños nos transportan lejos de las realidades cotidianas. Y también consistió en demostrar, fácticamente, que aquello que, increíblemente, estaba ocurriendo era posible puesto que, precisamente, estaba ocurriendo.
Con posterioridad, el regalo consistió en dejar un recuerdo que sigue trasladando aquel periodo al presente como si el tiempo no existiese, sin alterar la intensidad de las vivencias que allí acontecieron. Y también consistió en arraigar el convencimiento de que si aquello había ocurrido podía volver a ocurrir, con otros matices, en otros contextos, pero con las mismas características básicas.
Me gustaría citar aquí la descripción de la vivencia de Mayo del 68 que hiciste en el número de Archipiélago que dedicamos a Mayo del 68:
(…) Estamos quizás en el momento álgido de Mayo, las vivencias fluyen de forma incontenible y las vuelco aquí de forma desordenada. Sentimiento de ser parte de una comunidad creada muy rápidamente pero atravesada por lazos muy intensos que, paradójicamente, parecen venir de antiguo, inserción en un «nosotros» formado por muchos desconocidos y sin embargo muy cercanos, muy cómplices, creación de nuevas relaciones sociales, nuevos amigos. Necesidad de estar siempre disponible, en cada instante, siempre en alerta, delante de un futuro inmediato que se va construyendo en el momento, sin predeterminaciones. Atrapados en un ritmo desenfrenado, vertiginoso, mezcla de exaltación y de agotamiento, impresión muy fuerte de estar haciendo historia, de ser protagonista, de estar teniendo efectos sobre la realidad, de estar constantemente confrontados a desarrollos imprevistos que superan a sus protagonistas, y, durante un tiempo, impresión de ir cada día a más, de acertar en las acciones emprendidas. Alegría y entusiasmo, un placer nacido de la propia acción en la que se esta inmerso. Deseo muy intenso de que aquello no acabara nunca. Impresión de que uno estaba haciendo colectivamente cosas que no se podían hacer y que eran impensables hasta ese momento. Impresión de estar desafiando lo establecido, el poder, lo intocable. Impresión de haber puesto la máquina «fuera de control», de haber lanzado un proceso de reacciones en cadena, imparable e imprevisible…
Un proceso de reacción en cadena, imparable e imprevisible, que detonaron los estudiantes pero que alcanzó enseguida al movimiento obrero, desembocando en pocos días en una huelga general masiva que paralizó durante un mes el país entero. La velocidad e intensidad de la comunicación entre distintos sujetos fue potentísima. Pero… ¿dónde estaba Twitter?
Tomás Ibáñez. Acontecimientos como los de Mayo del 68 se han producido en otros momentos de la historia, efervescencias populares que estallan de imprevisto y donde la gente “actúa por sí misma“ no han esperado al surgimiento de las nuevas tecnologías ni a la constitución de las redes sociales. Creo, eso sí, que en cada época esas efervescencias populares, a la vez destructivas y constructivas, han sabido apropiarse y utilizar las tecnologías existentes, la radio fue importante en Mayo del 68, y los talleres de serigrafía, entre otras cosas. Sin embargo, en todas esas situaciones de efervescencia creadora nada puede sustituir la copresencia física de las personas, los gestos, las voces, las miradas, las palabras, los roces.
También creo, como lo explico en mi libro, que las nuevas tecnologías y las redes sociales tienen unas características que fomentan el proceso de auto-organización de la gente en situaciones de efervescencia popular, pero no porque se usen con fines y resultados autorganizativos, sino simplemente porque propician confluencias masivas sin que exista una estructura previa, un plan preestablecido, una dirección que ordene y canalice las actividades.
Mientras que el primer 15M se caracterizó por el anonimato (ningún “rostro” en particular se convirtió en el símbolo de la protesta), hoy se da, en torno a las figuras (tan distintas) de Ada Colau o Pablo Iglesias, un debate sobre la necesidad o pertinencia de los liderazgos. Te quería preguntar tu opinión sobre el particular y sobre el “liderazgo” de Daniel Cohn-Bendit en Mayo del 68, el líder paradójico de un movimiento que se caracterizaba por su rechazo de la delegación y la representación. ¿Qué aportaba el liderazgo de Cohn-Bendit y qué limitaba? 
Tomás Ibáñez. Los liderazgos siempre son tanto más peligrosos cuantos más carismáticos, y es innegable que todo el sistema actual concurre para instituir y potenciar liderazgos. En la sociedad del espectáculo los rostros venden, y también tranquilizan cuando sustituyen al anonimato de las efervescencias colectivas. Ciertamente, los liderazgos ayudan a visualizar los movimientos y a ampliar su presencia mediática pero el precio a pagar es altísimo. ¿Cuántos líderes aceptan volver al anonimato antes de que se agoten sus posibilidades de seguir siendo líder? Ada Colau constituye sin duda una grata excepción.
El liderazgo en movimientos basados en la democracia directa constituye una aberración. Daniel Cohn-Bendit tuvo, indiscutiblemente, un papel de líder, pero era un líder atípico, no pretendía “representar” al Movimiento del 22 de Marzo que, además, no tenía cargos ni ningún portavoz oficial permanente y que decidió auto disolverse al cabo de unos meses. Dany también era atípico porque participaba políticamente de la idea de que no debía haber líderes, lo que le situaba en una difícil posición qué chirriaba con sus convicciones y con las de sus compañeros. Su papel de líder suscitaba críticas internas y se tomaban medidas para cuestionar ese liderazgo, como por ejemplo convocar ruedas de prensa utilizando su nombre para que acudieran los medios, pero donde era otro compañero el que intervenía finalmente, explicando que Cohn-Bendit era un nombre colectivo (“todos somos Cohn-Bendit”) bajo el cual podía hablar cualquier miembro del 22 de Marzo.
En algún sitio dices que no tiene mucho sentido hablar de Mayo del 68 en términos de “éxito” o “fracaso”, ¿por qué?
Tomás Ibáñez. No se puede hablar de éxito o de fracaso porque esos términos sólo se aplican a acciones intencionadas y Mayo del 68 no fue un proyecto, ni se fraguó para alcanzar unos objetivos, fue un ”acontecimiento“ en todo el sentido de la palabra. Ahora bien, los acontecimientos suele tener efectos y producir cosas. Mayo del 68 fue un acontecimiento de cierta magnitud, objetivable en términos cuantitativos de participación popular o de duración, etc. Sin embargo, sus efectos, al igual que ese batir de alas de una mariposa en Australia que provoca una tormenta en Europa, fueron infinitamente superiores a su magnitud y aún se manifiestan al cabo de medio siglo. Sencillamente, Mayo del 68 cambió la cultura política, practicas incluidas, de la disidencia, por una parte, y muchos de los supuestos culturales de la sociedad por otra parte. En efecto, las actuales prácticas del antagonismo social popular enlazan en buena medida con las que alentó Mayo del 68 y el efecto que tuvo sobre los cambios culturales respecto de la identidad sexual, por ejemplo, son innegables.
Actualidad del anarquismo: transformar la sociedad sin tomar el poder
¿Qué puede aportar el anarquismo a los movimientos actuales?
Tomás Ibáñez. Una de las claves más interesantes que puede aportar a mi juicio es la relevancia de “lo prefigurativo” frente a la escisión entre medios y fines típica de la política clásica. Es un principio básico del anarquismo: no sacrificar ni supeditar los valores que se defienden en el presente a unas promesas que, por definición, siempre apuntan al futuro. En cualquier caso, ese futuro que se anhela debe estar “ya presente” en los pasos que se dan para construirlo, lo “prefigurativo” no significa otra cosa que esa necesaria presencia.
El anarquismo siempre ha propuesto una “revolución en el presente” que remite a la desconfianza hacia cualquier discurso que base su fuerza persuasiva en las promesas que ofrece y a la prevención hacia cualquier práctica que sólo se oriente a preparar el futuro. Su ética está atravesada de cabo a rabo por la exigencia de reducir al máximo la distancia entre lo que se dice y lo que se hace, o entre lo que se quiere ser y lo que se es.
Otra clave sería sustituir la idea de “toma del poder” por la de «transformación de la sociedad”. ¿Te parecen dos términos dicotómicos, vasos comunicantes?
Tomás Ibáñez. Una vieja idea anarquista dice que nunca se toma el poder, que el poder siempre te toma a ti tan pronto como crees haberlo tomado. Agustín García Calvo lo sintetizaba muy bien cuando declaraba que “el enemigo está inscrito en la forma misma de sus armas”, tomar sus armas es transformarse ya en el enemigo. Una de las lecciones básicas del anarquismo pasa por asentar la convicción de que quizás no haya camino, pero que, en cualquier caso, el camino del poder nunca puede ser el camino.
La idea de transformar la sociedad sin tomar el poder, que goza hoy de cierta popularidad, siempre ha inspirado al anarquismo y, claro, le ha puesto en la delicada situación de tener que conciliar el sensato posibilismo que exige mejorar lo mejorable o, también impedir lo peor, y el indispensable radicalismo que apunta hacia la incongruencia de comprometerse con aquello mismo que se cuestiona. La solución más satisfactoria siempre ha sido de tipo “indexical”, es decir, hacer una valoración en función de cada contexto particular, o, dicho de otra forma, no “escindir” radicalmente los valores de las situaciones en las que intervienen, lo que no significa, por supuesto, “supeditarlos” a las situaciones, cosa que nos haría vulnerables a la seducción ejercida por “los atajos del poder”.
Para terminar, Tomás, ¿no crees que muchas veces el anarquismo (como movimiento organizado, como ideología o como identidad) es el principal enemigo de las ideas/prácticas anarquistas?
Tomás Ibáñez. Yo no diría que “el principal enemigo”, hay muchos otros y mucho más letales, empezando por la represión, pero sí que el hecho que el anarquismo constituya unas organizaciones que reproducen inevitablemente las características, más o menos acentuadas según los casos, de todas las organizaciones (estructuras, luchas y apetencias de poder, tendencia a convertir la organización en un fin en sí mismo, patriotismo de organización, etc.), el hecho de que el discurso anarquista se petrifique en ideología y que el peso de la historia construya una identidad anarquista enquistada en un patrón fijo e inamovible, no sólo limita la proliferación del anarquismo encerrándolo en un gueto, sino que representa, además, cierto cuestionamiento de sus propias premisas.
Por eso es necesario actuar constantemente para que el anarquismo sea movimiento, para que sus aguas se mantengan siempre turbulentas y para que no se aparte nunca de una sensibilidad crítica dirigida, incluso, hacia sí mismo. Si de una cosa estoy seguro, y puede que sea la única, es que no hay anarquismo más genuino que aquel que está dispuesto a poner constantemente en peligro sus propios fundamentos volviendo hacia sí mismo la más irreverente de las miradas críticas.

¿Qué pasa con el fin del derecho al consumo?

 

Conversamos sobre la desarticulación de los fórmula consumo + derechos de la década kirchnerista. La guerra por el consumo. El protagonismo de la iglesia y la moral cristiana. El discurso de la inseguridad y la victimización de la sociedad. ¿Cómo se posicionan las militancias?

Estado de excepción y Ejército Turro

por Diego Valeriano


El senador provincial Mario Ishii no cesa en su idea de debatir la implementación del Servicio Militar Obligatorio. La mayoría del arco político -en especial la progresía- lo rechaza. El chivo Rossi dijo que el debate sobre el servicio militar obligatorio atrasa 20 años. Hablan que la medida seria para los NI-NI y ahí está el problema. Como siempre la discusión real pasa por otro lado.
Ishii está loco. Su medida más que atrasar es futurista. Cuando hablan de los NI-NI creo que se refieren a un numero enorme de pibes y pibas que lo único que no hacen es estudiar y trabajar formalmente. Todo lo demás lo hacen: Matan, cogen, consumen, deambulan, trabajan, arrebatan, aman, se depilan las cejas, van al bajo flores, suben fotos enfierrados, aprenden, mueren, son culisueltas, andan en moto, roban motos, se caen de las motos, toman gaseosas, venden base, inventan dialectos, vino y pastilla, miran Los Simpson, se paran de manos, van al rio…construyen de puro vitales un mundo que a su paso se va destruyendo. Son como los Hunos. Son los Hunos.
La genial Silvia Duschatzky se preguntaba ¿Qué puede una escuela? Me animo a preguntar ¿Qué puede un ejército? ¿Qué puede un ejército frente a una fuerza que lo supera en número y en moral? ¿Qué puede un cabo frente a la potencia vital, brutal y de consumo de un pibe que lo mira de costado pasándose la lengua por el piercing?
El resultado de la  ecuación seria diametralmente opuesto a lo buscado por el bueno de Mario. En poco tiempo la voracidad de los pibes se apoderaría de las barracas, del casino de oficiales, de la armería, de los cuarteles. No habría medida disciplinaria que los contenga. ¿Con que amedrentas a un pibe que se para de manos desde los 8, que vende en un puesto desde que se acuerda, que se cruza con la bonaerense cada noche de calor? No quiero ser el sargento que los quiera hacer correr.
En menos de un año el ejército mutara totalmente. Desde lo profundo de la periferia surgirá el Ejercito Turro. Que baila al ritmo saturado de una cumbia que sale del celular. Que escabia Frizze azul  y tira tiros de FAL hasta la madrugada. Soldados con la pipa Nike rapada en la nuca. Con una lagrima tatuada en la mejilla. Aguante Campo de Mayo de los pibes.

Ejercito brutal, vital, poderoso e imparable. Superior por donde se lo mire. Imperialista que no entiende de fronteras abstractas. Que defiende y ataca territorios concretos, pequeños, ficticios. Que tira cortes en la moto anunciando que viene lo peor. Imágenes por revelarse. Estado de excepción transformado en tu realidad más palpable que nunca.

La pesada herencia de la droga

por Pablo E. Chacón


Carlos Pagni es profesor de historia, y uno de los columnistas estrellas del diario argentino La Nación, tribuna de doctrina conservadora y eclesiástica, sindicado como una de los amplificadores (y algo más) del Opus Dei. Si derecha e izquierda todavía quieren decir algo, La Nación, fundado hace más de cien años por Bartolomé Mitre -uno de los traductores al castellano de la Divina Comedia– es un libelo de derecha, pero convengamos que conoció épocas mejores. Es cierto que no se ha hecho cargo de los rumores que indican que Adolf Hitler murió en la Argentina, por ejemplo.
Para ciertos trabajos fue contratado Pagni, un platense criado en Mar del Plata, amigo del gastronómico Luis Barrionuevo, de Horacio Rodríguez Larreta y de Enrique Nosiglia, entre otros notables de la política local.
Carlitos sostiene una red de informantes y de lectores que suman ventas a ese diario que estuvo a punto de caer en las garras de Raúl Moneta, un banquero que hizo fortunas durante el reinado de Carlos Saúl Menem. El diario del buen patricio argentino en manos de ese señor hubiera sido el hazmerreir de muchos. Lo salvaron fortunas amigas -de purpurados entre otras.
Carlitos cita a Carl von Clausewitz, a Jorge Luis Borges, a Marcel Proust. Carlitos la va de culto. Además de frecuentar a Fernando de Santibánez, también supo pasear por la ciudad feliz a Rodolfo Modern, Jorge Isaacson, Vicente Massuh. Carlitos no se priva de nada. Ahora se ha convertido en una de las múltiples vocerías de la iglesia de Pedro, alzada contra el flagelo de la droga que azota el suelo de la patria.
Hace menos de una semana, en una columna bautizada La pesada herencia de la droga, se hacía eco de la preocupación de los obispos por la entrada masiva de sustancias ilegales a la Argentina y por la facilidad que daría este país para lavar dinero sucio. En rigor, a Carlitos y a sus sponsors, lo único que le importa es el dinero. El resto es para los curas de las villas.
Léase: “La voz más poderosa fue la del Episcopado católico. La estridencia del documento El drama de la droga y el narcotráfico, del 7 de noviembre pasado, hizo juego con la centralidad que adquirió la Iglesia desde que Jorge Bergoglio se convirtió en Francisco (…)
“La Conferencia Episcopal machacará esta semana con la misma alarma. Su presidente, José María Arancedo, lo adelantó en la mesa inaugural. Y el Papa, que sigue con detalle la peripecia local, potenció el mensaje desde Roma: ayer dijo quesimplemente hay que decir no a cualquier tipo de drogas. En San Pedro lo aplaudía una comunidad de recuperación de adictos”.
Conmovedor, Carlitos.
Carlitos también opera con sus barajas entre políticos, diplomáticos, secretarias de buen pasar y otros influyentes. Si es necesario recurrir a la más baja alcahuetería, ningún problema. Se escribe que un ex ministro kirchnerista tuvo, tiene o tenía problemas con las drogas. Cuando se dice algo por el estilo, el tipo se ha vuelto de cuidado.

Carlitos, sobre quien podría contar historias que no le gustarían ni a los curas que frecuenta, es un hombre del poder; un hombre estragado por la mala fe y un ignorante sobre la materia que dice conocer. Es todo lo que conviene decir por ahora de este personaje.

Saraus: Poesía y Periferia

por Lucía Tennina
(para Anfibia)
Desde 2001, en bares de los barrios de San Pablo se arman reuniones donde se declaman o se leen textos propios o ajenos. De lunes a lunes, durante varias horas y en varios puntos de la ciudad, se comparten relatos de vivencias, sonidos, rutinas, movimientos y paisajes que paisajes que afirman una cultura del “ser periférico” no partiendo de la idea de carencia sino acentuando la riqueza cultural.


La Ciudad de San Pablo es la ciudad más grande de Brasil, la ciudad más grande de Latinoamérica y una de las más grandes del mundo. Ya lo adelantaba Lévi-Strauss en 1935 cuando triste escribía que la ciudad aumentaba a una casa por hora: “La ciudad crece a tal velocidad que es imposible trazar un plano”. Para poder circular por esta megalópolis de calles que suben, bajan, se cruzan, se cortan, se multiplican y se desvían es necesario tomar algún punto de referencia. La división territorial administrativa oficial nos orienta estableciendo un “centro” que funciona como patrón para los índices de riqueza, alfabetización, educación, violencia y nivel de vida, que suelen tener porcentajes más ideales que las regiones que están a una mayor distancia de ahí, llamadas “periferias” o “márgenes” de la ciudad. Esta división está geográficamente marcada por los ríos Tietê y Pinheiros, por lo que se suele usar la metáfora del puente para dar cuenta de las diferencias de estilos de vida entre un lado y otro. “O mundo é diferente da ponte pra cá”, dice una canción del grupo de rap más famoso de Brasil, Racionais MC’s, relatando las dificultades de la vida pobre e insegura que sufren las personas que viven en los extremos de la ciudad.
Pero los suburbios de la Ciudad de San Pablo no se amedrentan ante las estadísticas en rojo, las distancias inmensas ni ante la deficiencia de un transporte público que suma la limitación horaria de circulación a un diagrama monocéntrico, de pocas recorridas transversales (entre barrios periféricos). Las periferias de dicha ciudad vienen conformando desde el año 2001 un nuevo mapa que toma como puntos de referencia espacios literarios llamadossaraus de poesía, desde donde se articula un autodenominado Movimiento de Literatura Marginal que se manifiesta también con cursos, publicaciones, conferencias y mesas debate. Se trata, para definirlos en pocas palabras, de reuniones en bares de diferentes barrios de las regiones suburbanas de San Pablo donde se declaman o leen textos propios o ajenos frente a un micrófono durante dos horas.
Una constante en el paisaje de los barrios alejados del centro son los bares, espacios intermedios entre el trabajo y la casa, donde suelen ocurrir los actos que se vuelven estadísticas asociadas a las periferias: el alcoholismo y los asesinatos. Lugares, también, en los que se ejerce la dominación desde las prácticas mínimas o, en otras palabras, donde se articula la microfísica del poder al mantener la estructura machista (generalmente son hombres los que van a beber a los bares) y de resignación ante la rutina y las dificultades diarias, canalizadas con el alcohol. En los bares de las periferias, que pueden entenderse como un dispositivo de dominación, es donde se empezaron a organizar los saraus. “El único espacio público que el Estado nos dio fue el bar. De pronto los bares se llenaron también de mujeres, niños y poetas. Se imaginaron que íbamos a terminar bebiendo cachaça y transformamos los bares en centros culturales, así que se jodieron, ya no tienen forma de controlarnos, porque lo que no falta son bares en la periferia”, dice Sérgio Váz, el organizador del Sarau da Cooperifa, uno de los más reconocidos entre los saraus da periferia.
Hay más de treinta saraus que se pueden contabilizar hoy en día (y el número sigue creciendo año a año, semana a semana) conformando un circuito que abarca los cuatro puntos cardinales y todos los días de la semana: los lunes, por ejemplo, Sarau do Binho (en Campo Limpo, Zona Sur), los martes, Sarau Suburbano Convicto (en el barrio de Bixiga, Centro), los miércoles, Sarau da Cooperifa (en Pirapoirinha, Zona Sur), los jueves Sarau Elo da Corrente (en Pirituba, Zona Este), los sábados Sarau Poesia na Brasa (en Brasilândia, Zona Norte), los domingos Sarau do Ademar (Ademar, Zona Sudeste). Esta nueva cartografía está trazada no solamente por los “frecuentadores” (como se les llama a quienes asisten a los saraus), sino también por los libros que estos van lanzando en forma de compilaciones o de autores individuales. Tanto unos como otros circulan por la periferia de San Pablo teniendo como referencias a los saraus. Con en esta nueva manipulación del espacio vienen resignificándose, además del mapa, los estigmas que hacen a los relatos del terror que alimentan la retórica de la seguridad de los medios de comunicación: hoy en día es posible pensar a la periferia ya no solamente como un espacio delimitado a partir de valores económicos y socioestructurales sino como un mapa afectivo trazado a partir del circuito de saraus y frecuentadores.
En este mundo de la literatura marginal, la periferia no funciona como una porción de tierra, no es una extensión. Tampoco se entiende desde los criterios dominantes de una estructura de posiciones dada entre “centro” y “periferia”, que localiza a esta última como clase desplazada. La periferia desde estos universos está vinculada a un valor afectivo sostenido a partir de la idea de una experiencia compartida ligada por la solidaridad, el sacrificio y la fuerza. Y es en el sarau donde se ponen en práctica y se exhiben los elementos que hacen a tales valores. Así, ser de la periferia se vuelve también un capital de naturaleza simbólica que reúne saberes vinculados a dichas vivencias compartidas en ese espacio, es decir deja de ser definido desde la negatividad (la periferia no es, no tiene, no hay, etc.) y adquiere una definición positiva (la periferia es, tiene, hay, etc). Los relatos que se escuchan en lossaraus enfatizan ese orgullo, e incluso los mismos cuerpos resignifican sus estigmas en un saber que se evidencia en gestos, palabras, entonaciones, movimientos y ritmos que hacen a las poesías declamadas.
Ser de la periferia pasa, así, a ser un bien venerado, y las fórmulas comunes para expresar esa valoración son el silencio durante la declamación y el aplauso posterior. Hay una vigilancia fuerte en cada uno de estos encuentros para que las conversaciones y los cuchicheos propios de los bares no superen en volumen a la voz de quien está declamando. Para estimular ese clima se acude siempre a la idea de respeto: silencio y respeto están en el mismo campo semántico. “Silêncio. Respeite o nosso poeta do sarau!” se lee en un cartel que cuelga sobre el micrófono en el Sarau Elo da Corrente. En la misma serie entra el aplauso que antecede y sigue a cada poema y se desencadena no tanto por la declamación en sí, sino como modo de desinhibir y celebrar el acto de acercarse a declamar en un sarau da periferia.
La ovación indistinta después de cada poesía llama fuertemente la atención a quien se aproxima a los saraus por primera vez, dado que entre un poema y otro hay muchas veces grandes diferencias que hacen que unos gusten más que otros. Resulta necesario comprender, de todos modos, que esos aplausos no están impulsados por la noción de “gusto”. La idea de “gusto” letrado, individualizado y fuertemente asociado a la sensibilidad personal no es la que está detrás de dichos aplausos. El aplauso aquí no está impulsado desde la idea de un observador/receptor individual que moviliza su juicio estético. Pensar dicha práctica desde ese enfoque letradocéntrico llevaría a afirmar una ingeniudad de la mirada periférica en relación con las formas estéticas, pero lo que el aplauso expresa, más bien, es una acción colectiva que refuerza la construcción de una identidad periférica resignificada desde el orgullo, despojada de la comparación denigrante respecto de los sujetos de tradición letrada. Entonces, el aplauso, lo mismo que el silencio, se asocian aquí no a un acto individual sino relacional.
Varios son los saraus de la periferia y cada uno de ellos tiene sus propios nombres y se piensan y entienden como singularidades. Sin embargo, hay una acción en común que los reúne, hay un proyecto. Los saraus funcionan como una de las prácticas más importantes del Movimiento de Literatura Marginal, en tanto, a partir de la frecuencia y de la estructura variadamente repetida, afianzan los lazos y el sentido de pertenencia. El Movimiento de Literatura Marginal se entiende como movimiento en tanto al tiempo que afianza su identidad autoreconocida como marginal o periférica, apunta a cambios en relación con el modo de vida de una identidad desvalorizada socialmente. Los textos que conforman su literatura y las declamaciones que se escuchan en los saraus no son, en este sentido, un discurso verbal autosuficiente en sí mismo, sino que nos exigen una reflexión sobre otras variables más allá de la letra y muchos de sus significados se encuentran radicalmente condicionados por la realidad social que le ha dado sustento, marcada por la pobreza económica y la exclusión política.
Pero es importante señalar que en los saraus no solamente se escuchan poemas de denuncia, sino también hay textos que hablan de las vivencias del día a día en la periferia, culturizando (y no criminalizando) esos relatos. Se trata de textos que se instalan desde un presente del estar ahí que registran rutinas, sonidos, movimientos y paisajes que afirman una cultura del “ser periférico” y crean una cadena sintagmática afectiva que redefine el término “periferia” ya no partiendo de la idea de carencia, sino, por el contrario, de la idea de riqueza cultural. Hay, así, una conciencia y un trabajo alrededor de un estilo común que apunta a la identificación de estas producciones dentro de la noción de “literatura”. Dice al respecto Vagner Souza, poeta y co-organizador del Sarau Poesia Na Brasa:
“Cuando hablamos de Sarau da Brasa, Elo da Corrente, Cooperifa, Binho, Sarau da Ademar y otros que hay por ahí, nos lo tomamos como un movimiento. En el fondo, en el fondo, casi todos tienen el mismo discurso de usar la palabra como instrumento de transformación. Entonces, yo tomo esto como un movimiento social y un movimiento literario, en el sentido de que el estilo de escribir es muy parecido, también. Y ahí cuando las personas dicen: “¡Mierda! ¿pero es literatura todo esto?”. Yo respondo: “¡Mierda! Pero siempre hubo varias corrientes dentro de la literatura brasileña”. Por ejemplo, en el contexto de Carolina Maria de Jesus[1], cuando ella escribía no había un grupo junto a ella, en la misma línea. Creo que hoy en día logramos ser un grupo que escribe, no igual, pero con semejanzas en la escritura. Pienso que nosotros también somos una corriente dentro de la literatura brasileña, que se permite hablar con jergas y con diferentes variaciones lingüísticas. En este sentido pienso que es un movimiento tanto social como literario, ¿por qué no?” (VAGNER, en entrevista con la autora, octubre 2010).
Una de las principales arenas de disputa de este Movimiento es, en este sentido, el campo literario: hay una intención de reconocer su lugar en la literatura brasileña a partir del trabajo con una lengua propia (la jerga o, en portugués, gíria) y una genealogía particular que considere autores olvidados en la historia de la literatura brasileña (como Maria Carolina de Jesus) ¿Por qué no? Al fin y al cabo, como dice el escritor brasileño Marcelino Freire, “el artista, el gran artista, el artista inquieto, ese que quiere modificar alguna cosa, interfiere en la geografía de las cosas”.

[1] Carolina Maria de Jesús, primera escritora favelada de la literatura brasileña. Publicó a través del periodista Audálio Dantas el libro Quarto de Despejo. Diário de uma favelada, en 1958.

Estanflación, fin de ciclo y pibes

por Diego Valeriano


Tendrían que avisarle a lxs pibes de la recesión para que por lo menos calmen su voracidad.  Porque así no se puede, así no se puede. 250 mil nenitas no dejaron ni el pasto cuando fueron a ver a Violetta. Miles acamparon mostrando aguante y resistencia esperando a los One Direction. La fan page de las Culisueltas llego a 300.000 seguidores.
Berni tuvo que desembarcar en Rosario con 2000 gendarmes porque así no se puede. Mientas en la escuela de Marilo es Rosario todos los días. ¿Qué puede una escuela? ¿Qué puede la gendarmería? De una discusión mano a mano por un celular paso una batalla campal, de ahí a quemar el aula mientras estaba reunido el gabinete psicopedagógico ¿Qué puede un adulto?
El nuevo Comando de Patrullas Comunitario debe enfrentar el delito y para hacerlo hostigan a los pibes que vienen en moto, a los que paran en las esquinas, a los que merodean. ¿Qué puede un encuentro?
Tres maestra miran una pelea entre chicas. Una pelea normal de esas que pasan siempre. Hay un celular que filma. Las maestras miran pasivamente, los pibes se ríen y alientan. Las imágenes se viralizan hasta el infinito. Otra maestra habla de pibes-planes. Se quejan que no quieren hacer nada, que nada los motiva.
Los mejores combatientes en esta guerra por el consumo son sin duda alguna lxs pibes. Voraces, sangrientos, pensantes o caprichosos. El fin de ciclo, la culpa militante, la estanflación, Tomas Bulat no están en su agenda. En todo caso, reformularán estrategias cuando sea necesario. Lo que se aprende desde el cuerpo, se vuelve potencia ¿Quién lo disuelve? Nueva etapa de enfrentamiento. Máquinas de guerra difusas y feroces. Es demasiado desparejo, así no se puede.

Desde algún lugar lleno de dolor y de rabia…


Compas,
les escribo en un momento lleno de rabia y de dolor colectivos. En uno de esos momentos en donde te acuerdas que vives en un país en guerra. Una guerra larga, que se pierde de vista cuando haya empezado, una guerra permanente en contra de la población, en contra de los pueblos, que si miramos bien está en curso en todo el mundo. Pero aquí con más descaro.
El dos de mayo asesinaron a Galeano. Fueron los paramilitares, es decir el gobierno mexicano. Galeano lo habíamos conocido en Agosto del 2013, en la Escuelita Zapatista. Éramos miles, de todas partes de México y del mundo. Llegamos a Chiapas y tuvimos la oportunidad, el privilegio, de conocer por una semana la realidad que lxs zapatistas han construido en estos 20 años de lucha y resistencia. Vivimos cada quien en una familia zapatista y nos acompañaba nuestro guardián o guardiana. Conocimos su forma de autogobernarse, su sistema de educación autónoma, de salud autónoma, de resistencia económica y de todas las áreas de organización de la vida, con las que lxs zapatistas nos demuestran que es posible otro mundo sin injusticias, que es posible ser de veras anticapitalistas. El título de la Escuelita era justamente: La libertad según las y los zapatistas.
A mi me tocó ir a la zona Selva Fronteriza, en la frontera con Guatemala, en el corazón de la Selva Lacandona. Las comunidades zapatistas que se encuentran en esa zona se organizan a nivel regional en lo que ellos llaman Caracol I «La Realidad. Madre de nuestros sueños» La Realidad es la sede de la Junta de Buen Gobierno (una de las 5 existentes en territorio zapatista), es decir el gobierno autónomo rotativo del nivel zona. Varios cientos de personas, sobre todo jóvenes, llegamos a la Realidad y ahí nos esperaban nuestrxs guardianxs, y un colectivo de unos 20 maestrxs. Lxs maestrxs de la Realidad, lxs coordinaba Galeano, un compa lleno de alegría, muy preparado, quien demostraba a cada instante una disciplina llena de amor hacia lo que estaba haciendo: luchar, es decir, en ese momento, compartir con nostrxs «alumnxs de la Escuelita» la esperanza que representa saber que somos muchxs lxs que estamo luchando cotidianamente para construir otra relaciones sociales, basadas en la libertad.

La experiencia de la Escuelita ha sido muy fuerte, algo que no se puede explicar sólo con palabras. Tal vez la metáfora más adecuada podría ser la del enamoramiento. No el enamoramiento hacia alguien, sino hacia un mundo, un modo de luchar, una ética, un «nostrxs» grandísimo, hacia una rabia llena de dignidad, una esperanza. Obviamente la Escuelita no terminó ahí en territorio zapatista, sino que ahí comenzó: ¿qué hacer, como avanzar ahora juntxs entre las personas que ahí nos encontramos con las y los zapatistas? Esto ha sido un motor muy importante de los caminos de la autonomía de muchísimos grupos en México y en el mundo que se reconocen como adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, entre los cuales la Universidad de la Tierra de Oaxaca, donde en los últimos meses hemos hecho muchos pasos en adelante en la organización desde abajo, también gracias a las enseñanzas de la Escuelita y de Galeano
El 5 de mayo la Junta de Buen Gobierno, la autoridad civil autónoma, denunció la agresión paramilitar en la que fue asesinado bárbaramente el compa Galeano. Y pasaron el «problma» al EZLN, es decir a la estructura político-militar. El EZLN regresó después de más de 10 años en el territorio de las comunidades. Aquí se puede leer la sensación de dolor y de rabia que están viviendo en este momento los compas, gracias al testimonio del Subcomandante Marcos. El Sub Marcos explica por qué resultó necesario cancelar una serie de eventos políticos importantísimos que habían sido programados para el comienzo de Junio, entre ellos un encuentro a puertas cerradas con representantes de pueblos indígenas de México y un encuentro abierto a todxs lxs adherentes a la Sexta, donde se habría de lanzar una nueva iniciativa política nacional e internacional (la última había sido la Otra Campaña en 2006). La razón es que el corazón del zapatismo está en peligro y es necesario defenderlo.

Por esto el 24 de mayo se realizará en la Realidad un Homenaje al compa Galeano así como en todo el mundo, donde haya gentes de buen corazón que se sientan convocadas a juntarse en un abrazo colectivo a las comunidades zapatistas, por compartir su misma lucha. No se trata de una solidaridad con una organización que está fuera de nosotrxs. Se trata de concebir el asesinato de Galeano como un símbolo de la guerra que en todo el mundo los gobiernos y el poder están efectuando en contra de la gente, y concebir a Galeano como un maestro de la Libertad, la misma que todxs anhelamos y buscamos construir, cada quien a su modo.
Normalmente somos nosotrxs quienes necesitamos a lxs zapatistas, y ellxs siempre prenden una luz de esperanza que clarifica las ideas y alumbra el camino a seguir. Esta vez lxs zapatistas nos necesitan a nosotrxs: si responden militarmente es el mejor pretexto para que el gobierno mande el ejército a destruir el Caracol. Si responden como normalmente lo hacen a través de la justicia comunitaria que han construido de manera civil y pacífica en estos 20 años, corren el riesgo que lxs paramilitares ocupen militarmente la zona en la total impunidad. Es necesario romper el silencio y el cerco informativo que los medios de comunicación han construido en torno a lxs zapatista. Es necesario salir por la calle a parar la guerra como en el 94. Galeano somos todxs nosotrxs. Es nuestra libertad que construimos juntxs.
su compa Irene
PD. son libres de hacer circular esta carta y publicarla donde quieran, es más están invitadxs!

El dolor y la rabia

por Subcomandante Insurgente Marcos

No se trató de un problema de comunidad, donde los bandos se enfrentan enardecidos por el momento. Fue algo planificado: primero la provocación con la destrucción de la escuela y la clínica, sabiendo que nuestros compañeros no tenían armas de fuego y que irían a defender…



A las compañeras y compañeros de la Sexta:

Compas:

De hecho ya estaba listo el comunicado.  Sucinto, preciso, claro, como deben ser los comunicados.  Pero… mmh… tal vez después.

Porque ahora empieza la reunión con las compañeras y compañeros bases de apoyo de La Realidad.

Los escuchamos.

El tono y sentimiento de su voz nos es conocido desde hace tiempo: el dolor y la rabia.

Entonces se me ocurre que un comunicado no va a reflejar eso.

O no en toda su extensión.

Cierto, tal vez una carta tampoco, pero al menos en estas letras puedo intentar aunque sea un pálido reflejo.

Porque…

Fueron el dolor y la rabia los que nos hicieron desafiarlo todo y a todos hace 20 años

Y son el dolor y la rabia los que ahora nos hacen calzarnos de nuevo las botas, ponernos el uniforme, fajarnos la pistola y cubrirnos el rostro.

Y ahora colocarme la vieja y ajada gorra con las 3 estrellas rojas de cinco puntas.
Son el dolor y la rabia quienes han traído nuestros pasos hasta La Realidad.

Hace unos momentos, después de que explicamos que habíamos llegado para responder a la petición de apoyo de la Junta de Buen Gobierno, un compañero base de apoyo, maestro del curso “La Libertad según l@s Zapatistas” nos ha dicho, palabras más, palabras menos:

“Claro te decimos compañero subcomandante, que viera que no somos zapatistas hace rato que hubiéramos tomado venganza y se hubiera hecho una matazón, Porque tenemos mucho coraje con lo que le hicieron al compañero Galeano.  Pero pues somos zapatistas y no se trata de venganza sino de que haya la justicia.  Así que esperamos lo que nos van a decir y así vamos a hacer”

Al escucharlo sentí envidia y pena.

Envidia por quienes tuvieron el privilegio de tener a mujeres y hombres, como Galeano y como éste que ahora habla, de maestras y maestros.  Miles de hombres y mujeres de todo el mundo tuvieron esa fortuna.

Y pena por quienes ya no tendrán a Galeano como maestro.

El compañero Subcomandante Insurgente Moisés ha tenido que tomar una decisión difícil.  Su decisión es inapelable y, si me preguntan mi opinión (que nadie lo ha hecho), inobjetable.  Ha decidido suspender por tiempo indefinido la reunión y compartición con los pueblos originarios y sus organizaciones en el Congreso Nacional Indígena.   Y ha decidido suspender también el homenaje que preparamos para nuestro compañero ausente Don Luis Villoro Toranzo, así como suspender nuestra participación en el Seminario “Ética frente al Despojo” que organizan compas artistas e intelectuales de México y el Mundo.

¿Qué lo llevó a esa decisión?  Bueno, los primeros resultados de la investigación, así como las informaciones que nos llegan, no dejan lugar a dudas:

1.- Se trató de una agresión planeada con anticipación, organizada militarmente y llevada a cabo con alevosía, premeditación y ventaja.  Y es una agresión inscrita en un clima creado y alentado desde arriba.

2.- Están implicadas las direcciones de la llamada CIOAC-Histórica, el Partido Verde Ecologista (nombre con el que el PRI gobierna en Chiapas), el Partido Acción Nacional y el Partido Revolucionario Institucional.

3.- Está implicado al menos el gobierno del Estado de Chiapas.  Falta determinar el grado de involucramiento del gobierno federal.

Una mujer de los contras ha llegado a contar que de por sí fue planeado y que de por sí era el plan “chingar” al Galeano.

En suma: no se trató de un problema de comunidad, donde los bandos se enfrentan enardecidos por el momento.  Fue algo planificado: primero la provocación con la destrucción de la escuela y la clínica, sabiendo que nuestros compañeros no tenían armas de fuego y que irían a defender lo que humildemente han levantado con su esfuerzo; después las posiciones que tomaron los agresores, previendo el camino que seguirían desde el caracol hasta la escuela; y al final el fuego cruzado sobre nuestros compañeros.

En esa emboscada fueron heridos nuestros compañeros por armas de fuego.

Lo que sucedió con el compañero Galeano es estremecedor: él no cayó en la emboscada, lo rodearon 15 o 20 paramilitares (sí, lo son, sus tácticas son de paramilitares); el compa Galeano los retó a luchar mano a mano, sin armas de fuego; lo garrotearon y él brincaba de un lado a otro esquivando los golpes y desarmando a sus oponentes.

Al ver que no podían con él, le dispararon y una bala en la pierna lo derribó.  Después de eso fue la barbarie: se fueron sobre de él, lo golpearon y lo machetearon.  Otra bala en el pecho lo puso moribundo.  Siguieron golpeándolo.  Y al ver que aún respiraba, un cobarde le dio un tiro en la cabeza.

Tres tiros a mansalva recibió.  Y los 3 cuando estaba rodeado, desarmado y sin rendirse.  Su cuerpo fue arrastrado por sus asesinos como unos 80 metros y lo dejaron botado.

Quedó solo el compañero Galeano.  Su cuerpo tirado en mitad de lo que antes fue territorio de los campamentistas, hombres y mujeres de todo el mundo que llegaban al llamado “campamento de paz” en La Realidad.  Y fueron las compañeras, las mujeres zapatistas de La Realidad quienes desafiaron el miedo y fueron a levantar el cuerpo.

Sí, hay una foto del compa Galeano.  La imagen muestra todas las heridas y alimenta el dolor y la rabia, aunque escuchar los relatos no necesita ningún refuerzo.  Claro que entiendo que esa foto podía herir la susceptibilidad de la realeza españolista, y por eso mejor poner una foto de una escena montada con descaro, con unos cuantos descalabrados, y que los reporteros, movilizados por el gobierno chiapaneco, empezaran a vender la mentira de una confrontación.  “El que paga, manda”.  Porque hay clases, mi buen.  Una cosa es la monarquía española, y otra los “pinches” indios alzados que te mandan al rancho de amlo sólo porque ahí, a unos pasos, están velando el cuerpo todavía ensangrentado del compa Galeano.

La CIOAC-Histórica, su rival la CIOAC-Independientey otras organizaciones “campesinas” como la ORCAO, ORUGA, URPA y demás, viven de provocar confrontaciones.  Saben que el provocar problemas en las comunidades donde tenemos presencia agrada a los gobiernos.  Y que suelen premiar con proyectos, y gruesos fajos de billetes para los dirigentes, los agravios que nos hacen.
En palabras de un funcionario del gobierno de Manuel Velasco: “nos conviene más que los zapatistas estén ocupados en problemas creados artificialmente, en lugar de que hacen actividades a las que llegan “güeros” de todas partes”.  Así dijo: “güeros”.  Sí, es cómico que así se exprese el sirviente de un “güero”.

Cada que los líderes de esas organizaciones “campesinas” ven menguar su presupuesto para las francachelas que se otorgan, organizan un problema y van con el gobierno de Chiapas para que les pague por “calmarse”.

Este “modus vivendi” de dirigentes que ni siquiera saben distinguir entre “arena» y “grava”, se inició con el priísta y mal recordado “croquetas” Albores, se retomó con el lopezobradorista Juan Sabines, y se mantiene con el autodenominado verde ecologista Manuel “el güero” Velasco.

Esperen un momento…

Ahora está hablando un compa.  Llora, sí.  Pero todos sabemos que esas lágrimas son de rabia.  Con palabras entrecortadas dice lo que todos sienten, sentimos: no queremos venganza, queremos justicia.

Otro más interrumpe: “compañero subcomandante insurgente, no lo entiendas mal nuestras lágrimas, no son de tristeza, son de rebeldía”.

Ahora llega un informe de una reunión de los dirigentes de la CIOAC-Histórica.  Los dirigentes dicen, textualmente: “con el EZLN no se puede negociar con dinero.  Pero ya una vez detenidos todos los que aparecen en el periódico, que los encierren unos sus 4 ó 5 años, y ya después que se calme el problema se puede negociar con el gobierno para su liberación”.  Uno más agrega: “o podemos decir que hubo un muerto entre los nuestros y ya queda empatado un muerto de cada lado y que se calmen los zapatistas.  Lo inventamos que murió o lo matamos nosotros mismos y ahí queda solucionado el problema”.

En fin, la carta se alarga y no sé si alcanzan a sentir lo que sentimos.  De todas formas el Subcomandante Insurgente Moisés me ha encargado que les avise que…

Esperen…

Ahora están hablando en la asamblea zapatista de La Realidad.

Nos hemos salido para que acuerden entre ellos la respuesta a una pregunta que se les hizo: “A la comandancia del EZLN la persiguen los gobiernos, ustedes lo saben bien porque ya estuvieron cuando la traición de 1995.  Entonces ¿quieren que estemos por aquí para ver de este problema y que haya justicia o quieren que mejor nos vamos a otro lado?  Porque todos ustedes pueden sufrir ahora la persecución directa de los gobiernos y sus policías y militares”

Ahora escucho a un joven.  Unos 15 años.  Me dicen que es el hijo de Galeano.  Me asomo y sí, aunque es un jovencito, es un Galeano en formación.  Dice que quedemos, que confían en nosotros para la justicia y que se encuentre a quienes asesinaron a su papá.  Y que están dispuestos a lo que sea. Las voces en ese sentido se multiplican,  Hablan los compañeros.  Hablan las compañeras y hasta los niños dejan los llantos: ellas fueron las que reconectaron el agua, a pesar de que las amenazaron los paramilitares.  “Son valientes”, dice un hombre, veterano de la guerra.

Que quedemos, ése es el acuerdo.

El Subcomandante Insurgente Moisés le entrega un apoyo económico a la viuda.

Se dispersa la asamblea.  Aunque se alcanza a ver que el paso de todos es firme otra vez, y que hay otra luz en su mirada.

¿En qué me quedé?  Ah, sí.  El Subcomandante Insurgente Moisés me ha encargado que les avise que las actividades públicas de mayo y junio se han suspendido por tiempo indefinido, así como los cursos de “la libertad según l@s zapatistas”.  Así que ahí lo vean eso de las cancelaciones y demás.

Esperen…

Ahora nos dicen que empieza arriba a alentarse el llamado “modelo Acteal”: “fue un conflicto intracomunitario por un banco de arena”.  Mmh… así que sigue la militarización, el vocerío histérico de la prensa domesticada, las simulaciones, las mentiras, la persecución.  No es gratuito que esté ahí el viejo Chuayffet, ahora con aplicados alumnos en el gobierno de Chiapas y en organizaciones “campesinas”.

Lo que sigue ya lo conocemos.

Pero yo lo que quiero es aprovechar estas líneas para preguntarles:

A nosotros han sido el dolor y la rabia quienes nos han traído hasta acá.  Si los alcanzan a sentir también, ¿a ustedes a dónde los llevan?

Porque nosotros aquí estamos, en la realidad.  Donde siempre hemos estado.
¿Y ustedes?

Vale. Salud e indignación.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Marcos.

México, Mayo del 2014.  En el año 20 del inicio de la guerra contra el olvido.

P.D.- Las investigaciones las está conduciendo el Subcomandante Insurgente Moisés.  Él estará informando de los resultados, o él a través mío.

Otra P.D.- Si me piden que resuma nuestro trabajoso andar en pocas palabras serían: nuestros esfuerzos son por la paz, los esfuerzos de ellos son por la guerra.

EZLN: Fragmentos de La Realidad I

por Subcomandante Insurgente Marcos



Porque a la muerte también se le puede derrotar con otro calendario y otra geografía. ¿Qué por qué digo que “también”? Ah, yo sé lo que digo. No me hagas caso ahorita. Tal vez otro día te explico… o lo miras.

Madrugada…  Deben ser como las 2 o las 3, vaya usted a saber.  Suena el silencio aquí en la realidad.  ¿Dije “suena el silencio”?  Pues sí, porque el silencio acá tiene su sonido propio, así como un aserrar de grillos, y luego otros al frente, más fuerte y en contra, otros siempre constantes, abajo.  No hay luz cerca.  Y ahora es la lluvia sumando su propio silencio.  De por sí ya es su tiempo de lluvia acá, pero no alcanza todavía para herir la tierra.  Apenas si la rasguña, como golpeando quedito.  Un arañazo aquí, algún charquito como no queriendo allá.  Como avisando.  Pero el sol, la calor, rápido lo repellan la tierra.  No es su tiempo del lodo.  No todavía.  Tiempo de sombra sí.  Bueno, de por sí siempre es su tiempo de sombra.  Donde quiera anda, no importa la hora.  Hasta cuando más fiero está el sol, por ahí anda la sombra, pegándose nomás a las paredes, árboles, piedras, gente.  Como si la luz más fuerza le diera.  Ah, pero en la noche… en la madrugada, ése es su mero tiempo de sombra.  Así como en el día te alivia, en la madrugada te despierta como diciéndote “tú dónde, tú qué”.  Y uno balbuceando las respuestas de la duerme-vela.  Hasta que ya claro puedes responder, responderte: “en la realidad”.

-*-

(…)
– Pues la mera verdad no sabría decirte.  Se supone que en la ciudad su costumbre, como quien dice que su modo, es que, cuando hay un difunto en la familia, pues los demás de la familia y amistades la visitan a la familia para hacerle saber que la apoyan en su dolor.  Le dicen “dar el pésame”, creo.  Sí, eso mero, como decirles que no están solos.

(…)

 – Bueno, lo que yo he alcanzado a leer es que la mayoría de las alumnas y alumnos de la escuelita dijeron que se sentían como en familia, que los habían tratado como familia.  Bueno, algunos dijeron que mejor que en su familia.  O sea que como quien dice hay de familias a familias, por ejemplo en…

(…)

 – Puede ser.  Sí, puede que alguna, alguno, sienta como quien dice la necesidad de venir a darle el pésame a la familia del finado Galeano o a los compas de aquí, o a los dos.

(…)

 – No está tan fácil, porque acá está muy retirado para ellos.  ¿Qué será, digamos que unas 7 horas desde San Cristóbal?  Ahí está, les queda lejos.  Y pues la muerte violenta no avisa, no tiene su calendario apartado ni su geografía marcada, sino que ahí nomás entra y se sienta, manque no la hayamos invitado.  Sí, como que entra tirando la puerta.

No es como la muerte de edad o de enfermedad, que como que poco a poquito mete una pata, luego la mano, y luego ahí se está en un rincón, esperando, hasta que se acomoda y dice “aquí yo mando”.  Ahí como que uno se prepara, se va haciendo a la idea pues.  Pero la muerte violenta no.  Ésa es como que te golpea, te tumba, te aturde, te da de patadas, te garrotea, te machetea, te balea, te mata, viene y te da un tiro en la cabeza y todavía se burla de ti.  Así hace.
Entonces, si tú haces como quien dice un plan de compartición, o una reunión, o como los cursos de la escuelita zapatista, pues dices tal día en tal lugar, y avisas con tiempo, y cada quien en su lugar hace también su plan, de su trabajo, de su estudio, de su familia, y se hace su viaje.  Y tú también, pues con tiempo preparas dónde vas a recibir, qué le vas a ofrecer.

Pero como la muerte violenta no avisa, pues ya no hay tiempo para preparar nada, ni el que llega ni el que recibe.  Y luego, ¿de qué van a hablar?  Si aunque se miran unos con otros, está el silencio con su sonido haciéndote que te calles, como si la muerte no sólo se hubiera llevado al difunto y también se te hubieran muerto las palabras.

Entonces pues está difícil que vengan, pero no porque no quieran, o no lo quieran al Galeano, o a los compas de La Realidad, no, sino porque no tienen modo.
Además, ¿dónde los vas a meter si este caracol está muy pequeño y rodeado otra vez de esos paramilitares?  ¿Y qué les vas a dar de comer?  ¿Y el baño si quieren ir a 25 o a 50 o bañarse porque lacalor o porque la lluvia?

(…)

 – Ah sí, viera que esas visitas lo traen su propia comida y su nailon para la lluvia, pues ya cambia un poco, pero no mucho, porque como ya lo explicó la promotora de salud, hay que cuidar como quien dice la higiene, o sea que como quien dice que no se haga el cochinero.  Porque luego hay gente que es muy sucia, que ni siquiera le atina, sobre todo los pinches hombres.  Porque nosotras como mujeres que somos…

¿Eh?  Sí, por las enfermedades.  Sí, como el cólera.  ¿Eh?  No, ésa es la cólera, el coraje, la rabia.

(…)

 – ¿Cómo?  No, las buenas visitas avisan antes, no se aparecen así de pronto.  Cuando una visita llega sin avisar le dicen, o decían, “gorrón”, o “gorrona”, según, que no sé por qué les decían así, o dicen, pero quiere decir que llegó y no es que lo invitaron sino que, como quien dice, se auto invitó.  Sí, la muerte es como un “gorrón”, o “gorrona”, según, como una visita que llega sin avisar, que no pide permiso.  Sí, ya sé que no es lo mismo, pero se me ocurrió.

(…)

 – Sí, creo que si les dices que tal día se puede, pues uno que otro, otra, llega, pero no todos llegan, unos cuantos sí.  De por sí.  Pero manque no lleguen todos, de por sí llegan aunque de otra forma.  Como “escuchas”, pero al revés-

Porque a la muerte también se le puede derrotar con otro calendario y otra geografía.  ¿Qué por qué digo que “también”?  Ah, yo sé lo que digo.  No me hagas caso ahorita.  Tal vez otro día te explico… o lo miras.

(…)

 – ¿Cómo cuántos?  Ni idea.  Pero creo que pueden ser varios, o varias, según, porque ahí veo que están levantando otra champa, y están barriendo, limpiando.  Sí, como si esperaran visitas.

(…)

 – ¿Cuándo mero?  Pues pregúntalo con el Emiliano o el Max o con SubMoi que ahí lo vi hablando con unajóvena de aquí.  Aunque luego iba con los comités.

(…)

 – ¿Yo?  Pues esperando.  Ya que lleguen a un acuerdo los comités de zona, seguro me dicen que escriba y pues escribo

(…)

¡Mira!… ¡Ahí!… donde está esa lucecita.  ¿Lo viste ese animalito qué raro es?  Sí, parece como un perro… o más bien un gato.  Sí, como un gato-perro.  Está raro, ¿no?

(…)

 – Sí, de por sí es rara la realidad.

-*-

Fragmento de la Hoja 4 del Reporte de Investigación sobre el asesinato del compañero Galeano.  Interrogación con la compañera S., zapatista, base de apoyo de La Realidad, edad 16 entrada en 17 años.  Fecha del 11 de mayo del 2014.
(OJO: el siguiente texto contiene palabras altisonantes que pueden herir la susceptibilidad de la realeza europea y aspirantes al trono.  -Aquí entre nos, nada que no se escuche en cualquier rincón del mundo de abajo-.  Va).
“Hoy es 11 de mayo de 2014.
(…)
Para eso aquí está presente una compañera que nos va a platicar de lo que dijeron, de lo que dijo más bien, porque es una persona, el otro no habló. Eso es lo que nos va a platicar la compañera. Platícanos, compañera.

Compañera S: Pues miren, compa Subcomandante Insurgente Moisés, le voy a platicar lo que me dijo ese asesino.

SCIM: ¿Cuándo fue que te dijo eso?

Compañera S: El día sábado.

SCIM: ¿El diez de mayo?

Compañera S: El diez de mayo.

SCIM: ¿Cómo a qué horas?

Compañera S: Por ahí a las 9.

SCIM: ¿Las 9 de la mañana?

Compañera S: Sí. Como a las 9 me dijo:

–Te haces mucho –me dijo, pero yo no le quise contestar.
Luego me dijo “párate”, y me paré.

–Escúchalo lo que te voy a decir –yo me paré.

SCIM: ¿Y cómo se llama ese hombre?

Compañeras Selena: Se llama R.

SCIM: R. Sí, síguele.

Compañera S: Me dijo “escucha lo que te voy a decir”, y yo lo escuché.
Me dijo:

–Disfrútalo tu Caracol. Ándalo en todas partes porque ése lo vamos a tomar muy pronto y ese Caracol va a ser muy pronto para nosotros. Hasta de gusto ahí voy a ir a parar mi casa cuando ya sea para nosotros, porque muy pronto lo vamos a tomar.

Yo le contesté:

–Pues si así, si se sienten hombre, como ustedes lo dicen que sí tienen esos verga y esos huevos, que vivo o muerto lo van a tomar el Caracol, ¿por qué no lo toman si de verdad que sí lo tienen los huevos?

Y él me dijo:

–Sí lo tengo los huevos y la verga, ¿lo quieres ver? ­–me dijo.

Ya yo lo contesté:

–Si lo quieres mostrar, muéstralo a tu madre –le dije yo.

Ya cuando él me dijo:

 –¿Estás muy enojada porque lo matamos tu marido?

Y le dije yo:

–Ese compañero no es nuestro marido. Ese compañero es un compañero de nosotros que lucha por nuestros pueblos, no lucha para recibir migajas del gobierno.

Y cuando se empezó a reír ahí con su compañero, cuando me dijo…

SCIM: ¿Cómo se llama su compañero?

Compañera S: M.

Cuando me dijo:

–El que lo vamos a tener en nuestras manos es el Raúl, el Jorge y el René. Ésos los vamos a tener en nuestras manos y los vamos a matar como lo matamos la peluda (Nota: “La peluda” es el nombre despectivo con que los paramilitares de la CIOAC-H se refieren al compañero Galeano).

Ya yo le dije pues si lo quieren hacer que lo hagan, y que lo intenten, pero que entren en el Caracol. Que no entren cuando no haya gente, como lo hicieron en la escuela, que entraron, pudieron porque no hay gente. Yo le dije: si de verdad son  hombres tomen el Caracol, y ahí se reían y me decían:

–Agradecé que no lo matamos tu papá.

SCIM:¿Así te dijo?

Compañera S: Sí.

–Que no matamos tu papá pero para la próxima.

Y yo le respondí:

– ¿Y por qué no lo mataron?

–Pues porque no lo vimos dónde estaba.

–Pues si lo van a hacer, háganlo. En el Caracol está ahí. Ahí está.
Fue cuando me dijo:

–¿Lo sabes quién lo mató la peluda?

Yo le respondí:

–¿Cómo lo voy a saber si no estaba yo cuando lo asesinaron nuestro compañero?

–Yo fui el que lo mató. Yo le di un balazo en la cabeza y se fue a la verga. Así lo vamos a hacer. Los vamos a tener en nuestras manos. Los que ya te dije así lo vamos a hacer. Pero ese lleva a todos su tiempo. ¿Sabes qué? Ya nos tienen hasta la madre –me dijo–, porque ya no es justo lo que hacen. Por eso nos tienen hasta la madre.
Pero yo le respondí:

–Nosotros somos que nos tienen hasta la madre lo que están haciendo. Y más cuando lo escuchamos que nuestro compañero, nosotras como compañeras lo vamos a ir a recoger el cuerpo. Ahí nos subieron un tanto más hasta la madre –y es donde se reía.

–Cómo no, si son todos sus maridos –así me dijo.

SCIM: Y eso de que se burlaba, que decía que ellos hacen, que lo hacen lo que dicen, ¿no? Porque mencionó algo así de Junta de Buen Gobierno, ¿no? ¿O no dijo eso de que…
(inaudible)

SCIM: Ajá.

Compañera S: Sólo dice:

–Nosotros si es que vamos a matar, lo vamos a quebrar de una vez. Ustedes son la Junta de Buen Gobierno, son buenos gobiernos, aunque les hagamos lo que les hagamos no nos van a hacer nada. ¿Por qué? Porque son buenos gobiernos.
Yo le dije:

–Sí, claro que somos buenos gobiernos, pero para tanto ya no lo somos –yo le dije así.

–¿Pero qué me van a hacer ustedes? Ni aunque lo sepan quién es mero el que mató no nos van a  hacer nada, porque ustedes son la Junta de Buen Gobierno que protegen a todos. Yo no temo –dice–. No temo pues, por eso te digo que yo lo maté.

Yo le respondí:

–Ojalá que así sea. Cuando el día que te toque ojalá que así te plantes de verga como te estás plantando conmigo.

–De por sí lo voy a hacer. ¿Pero cuándo? Ese día no va a llegar –dice–, porque ustedes son la Junta de Buen Gobierno, son buenos gobiernos y no nos van a hacer nada.

SCIM: ¿Algo más te acuerdas de todo lo que te dijo? Algo así de que se reía y se carcajeaba.

Compañera S: Sí se reía y su compañía se gritaba, no respondió.

SCIM: ¿El M no habló, sólo se reía?

Compañera S: No habló nada, sólo se reía. Ahí estaba el M, le picó la espalda para que ya no siga diciendo nada.

SCIM: Ah. ¿Le picó la espalda?

Compañera S: Sí, le picó la espalda y se empezaron a gritar. Me dijo:
–Mejor vete ya a donde te vas a ir a tu mandado –me dijo. No le respondí nada.

SCIM: Bueno, si te acuerdas al rato de lo que te haya dicho entonces le podemos seguir haciendo el trabajo. Esto para que así se va juntando la información, porque en este caso él mismo dijo.

Compañera S: Sí.

SCIM: Y él mismo salió a tapar. Y dices que entonces todavía te pregunta eso de que si sabías quién mató, quién asesinó al compañero Galeano. Y donde dice que es él que fue, ¿no?

Compañera S: Sí.

SCIM: Y dijo que le dio el tiro en la cabeza.

Compañera S: El tiro en la cabeza y de ahí se fue a la verga.

SCIM: Está bien, compañera. ¿Cuál es tu nombre en la lucha?

Compañera S: Yo me llamo S.

SCIM: ¿S?

Compañera S: Sí.

SCIM: Está bien, compañera. Eso es lo que queremos, esto, porque para que se vea que es directamente, porque tú eres de aquí, de La Realidad. ¿Cuál era tu trabajo que te fuiste en la compartición en Oventik?

Compañera S: Escucha.

(Nota: “escucha” es un cargo o trabajo o comisión que se les da a algunas compañeras y compañeros y consiste en que esa compa “escucha” lo que se dice en una compartición y luego lo cuenta en su pueblo, región y zona, para que así la “compartición” no queda sólo en quienes asisten, sino que llega a tod@s l@s zapatistas.  Es como el equivalente a “relator” o “relatora”.  Los compas seleccionan como “escuchas” a jóvenes que tienen buena memoria, entienden bien el español y se saben explicar en su lengua.  La compartición con el Congreso Nacional Indígena (CNI) tenía asignadas como “escuchas”, a decenas dejóvenas y jóvenes de las distintas zonas, pues el interés era que lo que dijeran nuestros compas de los pueblos originarios del CNI fuera conocido por todas las bases de apoyo zapatistas).

SCIM: Ah, sí, sí, sí. La que se iba a hacer después con el Congreso Nacional Indígena. Está bien. Pues sólo eso, compañera S. Gracias.
(inaudible)

SCIM: Ah, bueno. Y cuando hablaste a ese R., ¿está bolo o está en juicio?

Compañera S: No. Yo llegué así cerca pero no sentí el olor del trago. Y cuando yo llegué allá en su casa de L, él iba pasando ya por su casa. Me veía y se volteaba y se reía, y yo le veía con una cara de enojada.

SCIM: O sea, ¿podemos decir que sí en juicio lo dijo lo que dijo? Porque no está borracho pues.

Compañera S: No, no está borracho.

SCIM: Bien. Sólo eso, compañera. Gracias.

-*-

Otra madrugada.  Llega el Subcomandante Insurgente Moisés y me dice:

– Ya quedó ya.  El acuerdo es que la llegada es el día viernes 23 de mayo, el homenaje al compa Galeano el día sábado 24 de mayo, y el domingo 25 de mayo cada quien se regresa a su casa.  Las bases de apoyo pues.

¿Para los de afuera también? – le pregunto.

– Sí, pero a los de afuera les pones lo mismo que fue acuerdo para las bases de apoyo, o sea que tienen que traer su comida y su dónde duermen.

– ¿Y lo hago comunicado o carta o cómo?

– Ahí lo veas tú, pero que quede claro, de modo que no sean una carga para estos compas.  Vienen pues a apoyar, a dar su sentimiento con la familia del finado y los compas de aquí, no a que los atiendan.  O sea que no es fiesta.

Ah, y también les avisas que el día 24 de mayo, en todos los caracoles, las bases de apoyo también lo van a hacer un homenaje al compa Galeano.  Y que estaría bueno si ese día también hacen ellos algo en sus lugares, según su modo de cada quien y sus tiempos.

Y otra cosa.  Si vas a poner lo de la interrogación de la compañera, no pongas el nombre de esos cabrones, sólo la letra.  Porque no sabemos si es culpable de asesinato o sólo de andar de machito y hocicón que le quiere meter miedo a una muchachita.

Y ponle también que invitamos especialmente a las compañeras y compañeros de lo medios libres o alternativos o autónomos o como se diga, o sea los que no son de paga, que son de la Sexta, o sea que son nuestros compañeros y compañeras y que tienen su comisión de “escucha” en sus tierras.  Y que tal vez… así ponle o sea que “tal vez” vamos a dar una conferencia de prensa la Comandancia General del EZLN con los medios libres o como se diga, que están en la Sexta.  Digo “tal vez” porque luego no da tiempo por el trabajo y no hay que quedar mal.  Y que los medios de paga no están invitados, ni los vamos a recibir.

– ¿Y les mando la foto del finado?

– Sí, pero la de cuando está vivo, no la del cadáver.  Porque nosotros recordamos a los compañeros por lo que luchan en vida.

– Sale.  ¿Qué más?

Sólo que aquí estamos, pero creo ya lo saben, que estamos en la realidad.

-*-

Vale. Salud y escucha.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Marcos.

México, mayo del 2014.  En el año veinte del inicio de la guerra contra el olvido.

Ecuador: ¿la revolución ciudadana tiene quien la defienda?

por Boaventura de Sousa Santos
(para Revista Crisis)


(Video: En defensa de la selva ecuatoriana, de Silvia Rivera Cusicanqui)


Los intelectuales de América Latina, entre los que me considero por adopción, han cometido dos tipos de errores en sus análisis de los procesos políticos de los últimos cien años, sobre todo cuando contienen elementos nuevos, ya sean ideales de desarrollo, alianzas para construir el bloque hegemónico, instituciones, formas de lucha, estilos de hacer política. Por supuesto, los intelectuales de derecha también han cometido muchos errores, pero aquí no me ocuparé de ellos.


El primer error ha consistido en no hacer un esfuerzo serio para comprender los procesos políticos de izquierda que no encajan fácilmente en las teorías marxistas y no marxistas heredadas. Las primeras reacciones a la Revolución cubana son un buen ejemplo. El segundo tipo de error ha consistido en silenciar, por complacencia o temor de favorecer a la derecha, las críticas de los errores, desviaciones y hasta perversiones por las que han pasado estos procesos, perdiendo así la oportunidad de transformar la solidaridad crítica en instrumento de lucha.

Desde 1998, con la llegada de Hugo Chávez al poder, la izquierda latinoamericana ha vivido el período más brillante de su historia y tal vez uno de los más brillantes de la izquierda mundial. Obviamente, no podemos olvidar los primeros momentos de las revoluciones rusa, china y cubana, ni tampoco los éxitos de la socialdemocracia europea durante la posguerra. Pero los gobiernos progresistas de los últimos quince años son particularmente notables por varias razones: se producen en un momento de gran expansión del capitalismo neoliberal ferozmente hostil a proyectos nacionales en divergencia con él; son internamente muy diferentes, dando cuenta de una diversidad de la izquierda hasta entonces desconocida; nacen de procesos democráticos con una elevada participación popular, ya sea institucional o no institucional; no exigen sacrificios a las mayorías en nombre de un futuro glorioso, sino que tratan, por el contrario, de transformar el presente de quienes nunca tuvieron acceso a un futuro mejor.

Escribo este texto siendo muy consciente de la existencia de los errores mencionados y sin saber si tendré éxito en evitarlos. Además, me centro en el caso más complejo de todos los que constituyen el nuevo período de la izquierda latinoamericana. Me refiero a los gobiernos de Rafael Correa en Ecuador, en el poder desde 2006. Para empezar, algunos puntos de partida. En primer lugar, se puede discutir si los gobiernos Correa son de izquierda o de centroizquierda, pero me parece absurdo considerarlos de derecha, como pretenden algunos de sus opositores de izquierda. Dada la polarización instalada, creo que estos últimos sólo reconocerán que Correa fue en última instancia de izquierda o centroizquierda en los meses (o días) siguientes a la eventual elección de un gobierno de derecha. En segundo lugar, es opinión ampliamente compartida que Correa ha sido, “a pesar de todo”, el mejor presidente que Ecuador ha tenido en las últimas décadas y el que ha garantizado mayor estabilidad política después de muchos años de caos. En tercer lugar, no cabe duda de que Correa ha emprendido la mayor redistribución de la renta de la historia de Ecuador, contribuyendo a la reducción de la pobreza y al fortalecimiento de las clases medias. Nunca tantos hijos de las clases trabajadoras llegaron a la universidad. ¿Pero por qué todo esto, que es mucho, no es suficiente para tranquilizar al “oficialismo” y convencerlo de que el proyecto de Correa, con o sin él, proseguirá después de 2017 (próximas elecciones presidenciales)?

Aunque Ecuador vivió en el pasado algunos momentos de modernización, Correa es el gran modernizador del capitalismo ecuatoriano. Por su amplitud y ambición, el programa de Correa tiene algunas similitudes con el de Kemal Atatürk en la Turquíade las primeras décadas del siglo XX. Ambos están presididos por el nacionalismo, el populismo y el estatismo. El programa de Correa se basa en tres ideas principales. La primera es la centralidad del Estado como conductor del proceso de modernización y, vinculada a ella, la idea de soberanía nacional, el antiimperialismo estadounidense (cierre de la base militar de Manta; expulsión de personal militar de la embajada de Estados Unidos; lucha agresiva contra Chevron y la destrucción ambiental que ha causado en la Amazonia) y la necesidad de mejorar la eficiencia de los servicios públicos. “Sin perjudicar a los ricos”, es decir, sin alterar el modelo de acumulación capitalista, la segunda idea consiste en generar con urgencia recursos que permitan llevar a cabo políticas sociales (compensatorias, en el caso de la redistribución de la renta, y potencialmente universales, en el caso de la salud, la educación y la seguridad social) y construir infraestructuras (carreteras, puertos, electricidad, etc.) con el fin de volver a la sociedad más moderna y equitativa. La tercera idea implica que, por estar todavía subdesarrollada, la sociedad no está preparada para altos niveles de participación democrática y ciudadanía activa, que pueden resultar disfuncionales para el ritmo y la eficacia de las políticas en curso. Para que esto no ocurra, hay que invertir mucho en educación y desarrollo. Hasta entonces, el mejor ciudadano es aquel que confía en el Estado, porque éste sabe mejor que él cuál es su verdadero interés.

¿Este vasto programa choca o no con la Constitución de 2008, considerada una de las más progresistas y revolucionarias de América Latina? Veámoslo. La Constituciónapunta a un modelo alternativo de desarrollo (e incluso a una alternativa al desarrollo) fundada en la idea del buen vivir, una idea tan nueva que sólo puede formularse correctamente en una lengua no colonial, el quechua: sumak kawsay. Esta idea presenta desdoblamientos muy interesantes: la naturaleza como ser vivo y, por tanto, limitado, sujeto y objeto de cuidado, y nunca como recurso natural inagotable (los derechos de la naturaleza); la economía y la sociedad intensamente pluralistas, orientadas por la reciprocidad, la solidaridad, la interculturalidad y la plurinacionalidad; Estado y política con un carácter altamente participativos, involucrando diferentes formas de ejercicio democrático y de control ciudadano del Estado.

Para Correa (casi) todo esto es importante, pero se trata de un objetivo a largo plazo. A corto plazo, y de manera urgente, es necesario crear riqueza para redistribuir los ingresos, realizar políticas sociales e infraestructuras esenciales para el desarrollo del país. La política tiene que asumir un carácter sacrificial, dejando de lado lo que más valora para que un día pueda rescatarlo. Así, es necesario intensificar la explotación de recursos naturales (minería, petróleo, agricultura industrial) antes de que sea posible depender menos de ellos. Para ello, es preciso llevar a cabo una agresiva reforma de la educación superior y una vasta revolución científica basada en la biotecnología y la nanotecnología para crear una economía del conocimiento a medida de la riqueza de la biodiversidad del país. Todo esto sólo dará frutos (que se dan por ciertos) dentro de muchos años.

A la luz de esto, el Parque Nacional Yasuní, tal vez el más rico en biodiversidad del mundo, tiene que ser sacrificado y la explotación petrolera realizada, a pesar de las promesas iniciales de no hacerlo, no sólo porque la comunidad internacional no colaboró en la propuesta de no explotación, sino sobre todo porque los ingresos previstos derivados de la explotación están vinculados a inversiones en curso y su financiación por países extranjeros (China) tiene como garantía la explotación petrolera. En esta línea, los pueblos indígenas que se han opuesto a la explotación son vistos como obstáculos al desarrollo, víctimas de la manipulación de dirigentes corruptos, políticos oportunistas, ONG al servicio del imperialismo o jóvenes ecologistas de clase media, ellos mismos manipulados o simplemente inconsecuentes.

La eficiencia exigida para llevar a cabo tan amplio proceso de modernización no puede verse comprometida por el disenso democrático. La participación ciudadana es bienvenida, pero sólo si es funcional y eso, de momento, sólo puede garantizarse si recibe una mayor orientación del Estado, es decir, del Gobierno. Con razón, Correa se siente víctima de los medios de comunicación que, como ocurre en otros países del continente, están al servicio del capital y la derecha. Trata de regular los medios de comunicación y la regulación propuesta tiene aspectos muy positivos, pero a la vez tensa la cuerda y polariza las posiciones de tal modo que de ahí a la demonización de la política en general hay un corto paso. Periodistas son intimidados, activistas de movimientos sociales (algunos con una larga tradición en el país) son acusados de terrorismo y la consecuente criminalización de la protesta social parece cada vez más agresiva. El riesgo de transformar adversarios políticos, con los que se discute, en enemigos que es necesario eliminar, es grande. En estas condiciones, el mejor ejercicio democrático es el que permite el contacto directo de Correa con el pueblo, una democracia plebiscitaria de nuevo tipo. Al igual que Chávez, Correa es un comunicador brillante y sus habituales apariciones semanales en los programas de radio y televisión de los sábados (“sabatinas”) son un ejercicio político de gran complejidad. El contacto directo con los ciudadanos no tiene como objetivo que estos participen en las decisiones, sino más bien que las ratifiquen mediante una socialización seductora que se presenta desprovista de contradicción.

Con razón, Correa considera que las instituciones del Estado nunca han sido social o políticamente neutrales, pero es incapaz de distinguir entre neutralidad y objetividad en base a procedimientos. Por el contrario, piensa que las instituciones estatales deben involucrarse activamente en las políticas del Gobierno. Por eso es natural que el sistema judicial sea demonizado si toma alguna decisión hostil al Gobierno y celebrado como independiente en caso contrario; que la Corte Constitucional se abstenga de decidir sobre cuestiones polémicas (como en el caso de la comunidad de La Cochaen materia de justicia indígena) si las decisiones pueden perjudicar lo que se juzga el interés superior del Estado; que un dirigente del Consejo Nacional Electoral, encargado de verificar las firmas para una consulta popular sobre la no explotación de petróleo en Yasuní, promovida por el movimiento Yasunidos, se pronuncie públicamente contra la consulta antes de efectuar la verificación. La erosión de las instituciones, típica del populismo, es peligrosa sobre todo cuando estas no son fuertes desde el principio debido a los privilegios oligárquicos de siempre. Y es que cuando el líder carismático abandona la escena (como ocurrió trágicamente con Hugo Chávez), el vacío político alcanza proporciones incontrolables debido a la falta de mediaciones institucionales.

Y esto resulta aún más trágico en cuanto es cierto que Correa ve su papel histórico como la construcción del Estado-nación. En tiempos de neoliberalismo global, el objetivo es importante e incluso decisivo. No obstante, se le escapa la posibilidad de que este nuevo Estado-nación sea institucionalmente muy diferente del modelo de Estado colonial o Estado criollo y mestizo precedente. Por eso, la reivindicación indígena de la plurinacionalidad, en vez de ser manejada con el cuidado que la Constituciónrecomienda, es demonizada como peligro para la unidad (es decir, la centralidad) del Estado. En lugar de diálogos creativos entre la nación cívica, que consensualmente es la patria de todos, y las naciones étnico-culturales, que exigen respeto por la diferencia y autonomía relativa, se fragmenta el tejido social, centrándose más en los derechos individuales que en los colectivos. Los indígenas son ciudadanos activos en construcción, pero las organizaciones indígenas independientes son corporativas y hostiles al proceso. La sociedad civil es buena siempre que no esté organizada. ¿Una insidiosa presencia neoliberal dentro del postneoliberalismo?

Se trata, por tanto, del capitalismo del siglo XXI. Hablar del socialismo del siglo XXI es, por el momento, y en el mejor de los casos, un objetivo lejano. A la luz de estas características y contradicciones dinámicas que el proceso dirigido por Correa contiene, centroizquierda es quizá la mejor manera de definirlo políticamente. Tal vez el problema resida menos en el Gobierno que en el capitalismo que él promueve. Paradójicamente, parece componer una versión postneoliberal del neoliberalismo. Cada remodelación ministerial ha producido el fortalecimiento de las élites empresariales vinculadas a la derecha. ¿Será que el destino inexorable del centroizquierda es deslizarse lentamente hacia la derecha, tal y como ha sucedido con la socialdemocracia europea? Si esto ocurriese, sería una tragedia para el país y el continente. Correa generó una megaexpectativa, pero perversamente la manera en que pretende que no se convierta en una megafrustración corre el riesgo de apartar a los ciudadanos, como quedó demostrado en las elecciones locales del pasado 23 de febrero, en las que el movimiento Alianza País, que lo apoya, sufrió un fuerte revés. Cuesta creer que el peor enemigo de Correa es el propio Correa. Al pensar que tiene que defender la Revolución ciudadana de ciudadanos poco esclarecidos, malintencionados, infantiles, ignorantes, fácilmente manipulables por políticos oportunistas o enemigos procedentes de la derecha, Correa corre el riesgo de querer hacer la revolución ciudadana sin ciudadanos, o lo que es lo mismo, con ciudadanos sumisos. Los ciudadanos sumisos no luchan por aquello a lo que tienen derecho, sólo aceptan lo que les es dado. ¿Puede aún Correa rescatar la gran oportunidad histórica de llevar a cabo la Revoluciónciudadana que se propuso? Pienso que sí, pero el margen de maniobra es cada vez más reducido y los verdaderos enemigos de la Revolución ciudadana parecen estar cada vez más cerca del Presidente. Para evitar esto, y en solidaridad con la Revolución ciudadana, todos debemos contribuir a impulsarla.

A tal efecto, identifico tres tareas básicas. En primer lugar, hay que democratizar la propia democracia, combinando democracia representativa con verdadera democracia participativa. La democracia que se construye únicamente desde arriba siempre corre el riesgo de convertirse en autoritarismo en relación con los de abajo. Por mucho que le cueste, Correa tendrá que sentirse suficientemente seguro de sí mismo para, en lugar de criminalizar el disenso (siempre fácil para quien tiene el poder), dialogar con los movimientos, las organizaciones sociales y con los jóvenes yasunidos, aunque los considere “ecologistas infantiles”. Los jóvenes son los aliados naturales de la Revolución ciudadana, de la reforma de la educación superior y de la política científica, si ésta se lleva a cabo con sensatez. Alienar a los jóvenes parece un suicidio político.

En segundo lugar, hay que desmercantilizar la vida social, no sólo a través de políticas sociales, sino también a través de la promoción de economías no capitalistas, campesinas, indígenas, urbanas, asociativas. Ciertamente, no está en consonancia con el buen vivir entregar bonos a las clases populares para que se envenenen con la comida basura que inunda los centros comerciales. La transición al postextractivismo se hace con cierto postextractivismo y no con la intensificación del extractivismo. El capitalismo, abandonado a sí mismo, sólo conduce a más capitalismo, por trágicas que sean las consecuencias.

En tercer lugar, hay que compatibilizar la eficiencia de los servicios públicos con su democratización y descolonización. En una sociedad tan heterogénea como la ecuatoriana, hay que reconocer que el Estado, para ser legítimo y eficaz, tiene que ser un Estado heterogéneo, conviviendo con la interculturalidad y, de manera gradual, con la propia plurinacionalidad, siempre en el marco de la unidad del Estado garantizada por la Constitución. Lapatria es de todos, pero no tiene que ser de todos de la misma manera. Las sociedades que fueron colonizadas todavía hoy están divididas en dos grupos de poblaciones: los que no pueden olvidar y los que no quieren recordar. Los que no pueden olvidar son aquellos que tuvieron que construir como suya la patria que comenzó siéndoles impuesta por extranjeros; los que no quieren recordar son aquellos a los que les cuesta reconocer que la patria de todos tiene en sus raíces una injusticia histórica que está lejos de ser eliminada y que es trabajo de todos eliminarla gradualmente.

El karma de vivir al Sur

por Luchino Sívori


Me vas a hacer feliz
vas a matarme con tu forma de ser.
Me vas a hacer reír
vas a matarme con tu forma de ser.
Me vas a hacer feliz
vas a mostrarme ese lado inconcluso.
Charly García
  
Hace unas semanas Horacio Verbitsky publicó en Página/12 una nota en donde se admitía, rememorando el 1 de Mayo de 1974 –es decir, cuando Perón tildó de imberbes a la juventud del movimiento- un cierto sentimiento de culpa propia por el hecho de haberse retirado de la plaza a mitad del discurso, dejando al General prácticamente con solo un tercio de la multitud allí congregada. El artículo, muchas décadas después de lo sucedido y con ya mucho agua corrida debajo del puente, viene a cuento para tratar un asunto que, por lo menos, es más que interesante para todos aquellos que se sienten interesados en el gran “movimiento nacional y popular” por excelencia, especialmente para los que tienen cierta simpatía –por decirlo prolijamente- y cierta preocupación –por decirlo suavecito- en el devenir futuro de aquello denominado Kirchnerismo. Empecemos.
EL MEDIO ES EL MENSAJE: ¿EL RETORNO?
Antes de comenzar, aclaramos que no desconocemos la amplia y variada bibliografía acerca del Peronismo como tema de estudio, como así tampoco la antigüedad y posible caducidad de la frase mcluhaniana. Sin embargo, creemos que, mea culpa del Perro mediante, resulta hoy útil utilizar la nociones de “formato” y “contenido” para evaluar posibles líneas de interpretación futuras acerca de qué pasó –y está pasando- con el oficialismo actual.
A nadie le sorprenderá si afirmamos que los candidatos que postula el kirchnerismo para las elecciones del 2015 dejan mucho que desear. Pocos defenderán, queremos creer, que personajes como Urribarri, Randazzo, Domínguez o Scioli formen parte de lo que algunos creyeron ver alguna vez como “nuevo” en la política argentina. Esta situación, que las PASO pretenden resolver (aunque el problema no es sólo de Elecciones y candidaturas, se sabe) hace fruncir el cejo a más de uno, ya sea éste kirchnerista puro o un ciudadano que se sintió interesado por el kirchnerismo (o simplemente esa gente que no es peronista de izquierdas pero tampoco está convencido de la fortaleza y posibilidades de un Binner o un Pino Solanas).
Esta preocupación no es baladí, obviamente: se está jugando la presidencia de nuestro país y, lo que es peor, la caída de eso que algunos periodistas denominaron durante todo este tiempo “el progresismo nacional posible”. Ya sea esta preocupación compartida o no, cabe preguntarnos igualmente por aquello que no termina de resolverse en nuestras cabezas y que muchos callan por temor a quedar expuestos: ¿Cómo se llegó a esta situación? ¿Qué sucedió en el medio –o al principio o al final- para que todo esto, utilizando términos poco científicos pero entendibles por todos, se vaya al garete?
He aquí el quid de la cuestión, y creemos que el artículo del director del CELS, junto a la frase del filósofo canadiense y el análisis de las elecciones del 2011, puede ayudarnos.
54 %, LA FORMA DE LA CULPA
Cada x cantidad de tiempo parece repetirse la misma situación que estamos viviendo actualmente: Hablamos de la reiterativa constatación de que el “populismo de derechas” del peronismo termina siempre venciendo a sus alas más progresistas al final del cuento, justo después de habernos ilusionado un poco con nacionalizaciones, juventudes militantes, bajadas de cuadros y asignaciones populares. Todo, dicen algunos, se lo llevará el viento.
Para evaluar mejor los por qués, consideramos oportuno preguntarnos primero sobre el valor/naturaleza del voto en las últimas elecciones presidenciales–aquellos que quieran hacer lo mismo, pero tomando la segunda y tercera presidencia de Perón, pueden hacerlo; cualquier similitud es pura coincidencia (sic)-: ¿Se puede decir que del 54% de apoyo popular que se lograron en las elecciones del 2011 provino de un voto estrictamente K[1]? Seguramente, no. Más bien, podríamos arriesgar,  la mayoría de ese 54% derivó de pareceres tales como ‘La economía no está del todo mal, por lo menos tengo trabajo’, o ‘La oposición no me convence, prefiero que no se cambie demasiado’, o ‘El Radicalismo aún está en veremos’, o ‘Me gustaron las leyes de matrimonio igualitario y la política de Derechos Humanos, no soy peronista pero esto no lo parece del todo’, o ‘Hugo la apoya’, etc…
Saltándonos todas esas conexiones mentales para llegar al resultado –que por otra parte parece simple, aunque no lo es tanto como se verá luego- podríamos decir que representaría un grave error confundir un 10% (mas o menos) de convencidos K y similares con el resto 44%.
Simple, en apariencia, hasta que aparece el PJ, es decir, McLuhan, y posteriormente el karma, la culpa verbitskyana.
Para no llegar a la “mala interpretación del momento” y el reconocimiento tardío de una supuesta “imprudencia juvenil” de Verbitsky, es decir, al arrepentimiento eterno, necesitamos insertar, pues, la lectura del 54% y su interpretación dentro de una Forma con un sistema de funcionamiento muy particular, cuya naturaleza zigzagueante e interesada no deja de repartir falsas ilusiones. Se trata de la “hegemonía” que en la Forma se tuerce un poco de un lado hacia otro dependiendo del momento, pero nunca logra llegar a la “cabeza”. La confusión a la que se llega casi siempre desde el lado del progresismo peronista –y aquél que no lo es pero coquetea con él- es la de creer(se) que se ha llegado al cerebro, literal (es decir, de verdad) o persuasivamente (forzándolo). Paradójicamente, esta confusión que crea en los demás este fabuloso bicho con muchos brazos es justo la razón por la cual reaparece y se mantiene en el tiempo. En otras palabras, desarrolla inteligencia.  
La conclusión a la que llega Verbitsky en su nota es algo que muchos, jóvenes y ya curtidos, hacen de vez en cuando dentro del movimiento peronista: se excusan, re-leen pasados, vuelven a dar valor –o a quitárselo- a elementos o acciones que por x razón no salieron como (ellos) esperaban. Son pequeños sinsabores que todo peronista de izquierdas tiene cuando se va a dormir y dialoga con su almohada. Por qué? Qué quiso decir? Quizás si… A lo mejor ahora… Todos supuestos que en la literatura suenan poéticos pero que en la carne duelen como dagas, hiriendo profundamente con ese extraño placer de sentirse únicos –ni yanquis ni marxistas- y a la vez un poco usados por la situación y la Historia… por la Forma.
No hace falta excusarse ni volver a repetirnos que Perón tenía razón cuando hizo lo que hizo. No es necesario machacarse día tras día con esa fatal conclusión imbatible de “el peronismo es lo máximo que puede aguantar este país filo conservador”. La tensión entre la Forma y el ir más allá, entre el pulpo pejotista y “nosotros”, entre el 44% y el 10%, siempre va a existir. Es el karma del peronista de izquierda. Pero eso no nos quita razón, ni inteligencia, ni el derecho a no querer parecernos.
Abandonemos la plaza sin culpas. No hay nada de que arrepentirse.


[1] Cuando decimos voto estrictamente K nos referimos al ala más progresista del PJ, aunque se reconoce que esta afirmación también puede ser discutida y refutada. Motivo, quizás, de otro potencial artículo.  

Clinämen: El movimiento campesino indígena y el nuevo conflicto social

Conversamos con Eleonora Pedot, integrante de la Secretaria Operativa de la CLOC-Vía Campesina y parte de la coordinación político pedagógica del Movimiento Nacional Campesino Indígena. Cómo lee el movimiento campesino el actual conflicto social territorial. Cómo funciona la Universidad Campesina de Santiago del Estero. La participación en la Unicam de pibes de las periferias urbanas. Producción de comunidad y articulación con instituciones del estado.

No se puede descolonizar sin despatriarcalizar.

por Esther Moreno

Prologada por Silvia Federici e Irene Silverblatt, María Galindo escribe una vez más desde una práctica feminista que está viva, recordándonos la responsabilidad que tenemos, como movimientos, de conceptualizar y argumentar nuestras propuestas, de generar nuestro propio discurso antes de que otros lo utilicen para neutralizarnos. ¿Cómo enfrentar la domesticación del feminismo e ir más allá de las “políticas de género”? Galindo reivindica su autoría sobre el concepto de despatriarcalización en el contexto boliviano y lo pone a dialogar con el de descolonización, extendiendo la tensión entre ambos al horizonte del feminismo internacional. Se reclama, como siempre, agitadora callejera no académica y recorre el camino que lleva de las preguntas individuales -¿qué hacer con mi vida? ¿cómo lograr mis sueños?- a las colectivas -¿para qué luchar y cómo hacerlo juntas?-.
¿Qué hacer con el tinglado de las identidades? ¿El patriarcado llegó a América con los colonizadores blancos? No olvidemos que esta pregunta está lanzada y respondida desde un país -Bolivia- en el que las culturas indígenas llamadas originarias están en el centro del debate social. La portada y contraportada del libro presentan unas bellas fotografías, captadas por Idoia Romano, de las preciosas trenzas que se venden en los puestos de los mercados callejeros de La Paz. Esas trenzas negras son un símbolo profundo de la pertenencia de las mujeres a la comunidad, y del sometimiento de las mismas a unas estrictas normas de vestido, peinado y comportamiento. Contemplar ese signo de identidad cortado, colgado a la venta, hace pensar en cuántas son las mujeres que han decidido no cargarlo, que aunque el corte duela, también te hace más dueña de tí misma, y es que además… son protésicas. Las trenzas, como las identidades, pueden ser intercambiables. ¿Qué eres si no eres originaria? ¿Si eres mestiza, chota, birlocha…?
No se puede descolonizar sin despatriarcalizar porque no es cierto que el universo indígena no fuera patriarcal, porque el colonialismo otorgó a los hombres indígenas ventajas sobre las mujeres indígenas, porque un proceso serio de descolonización ha de deshacer esos privilegios patriarcales como parte del colonialismo y no inventarse una descolonización a su medida que inserta el sometimiento de las mujeres dentro de los saberes culturales ancestrales que deben ser preservados. El colonialismo implica aquí una alianza entre colonizador y colonizado en relación a la opresión de las mujeres. Es necesaria una visión compleja sobre el patriarcado: este no es la discriminación de las mujeres, sino la construcción de las jerarquías sociales, superpuestas unas sobre otras y fundadas en privilegios masculinos sobre las formas de organización social. El patriarcado no es una cuestión aparte sino un eje de la construcción económica, cultural y política de la sociedad. La despatriarcalización se convierte entonces en la osadía de concebir al patriarcado como una estructura susceptible de ser desmontada, osadía íntimamente relacionada con la desobediencia masiva de las mujeres a los mandatos patriarcales, una desobediencia que aunque se pretenda contener desde las instituciones es profundamente anti-institucional. El Estado, aun el de Morales y Linera, no es la expresión del bien común, sino que, como definió Lenin, es siempre la expresión de relaciones de poder, de hegemonías históricas; en ese contexto el Estado es estructuralmente patriarcal.
Sumemos a todo esto la sectorialización de los sujetos políticos. Los sujetos políticos se han convertido en sectores, se ha inhibido su capacidad de construir interpretaciones complejas y múltiples del sistema de opresiones, y así se los ha funcionalizado completamente. ¿Cómo construir ese sujeto político complejo que anhelamos, que da cuenta de las intersecciones de la opresión y por tanto, de las formas de liberación? La apuesta de María Galindo es la de un feminismo fundado en la combinación y alianza insólita, imposible y prohibida, inesperada, entre diferentes: Indias, putas y lesbianas, juntas, revueltas y hermanadas. Deshacer la fila, asaltar la mesa desordenándolo todo y poniéndolo patas arriba.*
*El libro se cierra con el anexo “La Constitución Política Feminista del Estado” e incluye un DVD con tres piezas de video de Galindo que fueron expuestas en la exposición Principio Potosí. ¿Cómo podemos cantar el canto del Señor en tierra ajena?: “La Virgen Cerro”, “América” y “La Virgen Barbie”.

El uso de la herencia (y una dictadura que se empecina en no terminar…)

por Bruno Nápoli


Políticas de Memoria de Videla, reparación económica por los desaparecidos, legislación comercial y financiera…la “dictadura de la desaparición de personas” (como la define Osvaldo Bayer) dejó  una  herencia de leyes en todos los temas mencionados. Esta herencia, lejos de ser pesada, ha sido útil para los gobiernos de la participación democrática ampliada (de 1983 hasta la fecha)  Y la gastan en los momentos necesarios: la “desaparición” que no se va, la reparación económica, la concentración financiera, la reconciliación…Milani.

¿24 de marzo?

Este país no puede ser pensado, ya nunca más, sin tener en cuenta el genocidio. El momento histórico en el cual su Estado decidió “aniquilar”a una parte de la sociedad en “indiferencia moral” de la otra, de manera sistemática e “industrial”, no comenzó un 24 de marzo. La reestructuración social que significó el genocidio, pero también la modificación de su legislación política y económica, fue un gradiente en ese Estado, y aún nos rige (económica y socialmente). Por eso decimos que la “dictadura”, en sus elementos de creación y subsistencia, se empeña en no terminar. Es necesario para el debate actual, periodizar nuevamente la historia. Mirar de cerca la imaginería que acompaña esa decisión de recordar solo dos fechas (1976-1983) cuando hablamos de “desaparición”, “aniquilamiento”, mercado financiero concentrado, Políticas de Memoria, etc, nos permite intentarlo. “Nosotros vamos a proceder de acuerdo con la necesidad, cualquiera sean los medios. Si no hay ley, fuera de la ley también, y lo vamos a hacer violentamente (…) Estamos en presencia de verdaderos enemigos de la Patria, organizados para luchar en fuerza contra el Estado (…) pido a todas las fuerzas políticas y al pueblo en general que tomen partido activo en defensa de la República que es la afectada. El aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal es una tarea que compete a todos…”. (Juan Perón 02/01/74). “Si es preciso, en la Argentina deberán morir todas las personas necesarias para lograr la seguridad del país” (Jorge Rafael Videla a “La Prensa” 24/10/75). Dos generales, uno presidente y otro jefe del ejército (nombrado por el primero en 1973) hablando de aniquilar, matar “los que sean necesarios”, los “enemigos de la patria”. Por la Patria. Y mucho antes de 1976. Este período predictatorial tiene dos elementos que luego se reforzarán: el asesinato estatal y el avance de los grupos económicos concentrados. Casi 2000 militantes opositores al Estado, asesinados, de los cuales, mas de 800 están desaparecidos (solo en Tucumán, entre 1973 y 1976 hay 280 militantes políticos desaparecidos). Todo antes de la dictadura. A los cientos de asesinados y desaparecidos políticos del período democrático, debe sumarse la intención de dislocar la economía a partir de 1975, con decisiones del Ministerio de Hacienda, que fueron el fin del gobierno: una devaluación salvaje del peso, el congelamiento de salarios, y la liberación de precios en productos y servicios. Lo que hoy se denomina “ajuste”.

Industrializar la muerte/desindustrializar el país.

El modelo de concentración económica que se atisba en estas medidas del año 1975, va a tener su auge un año y medio después. La apuesta de las FFAA fue ocupar el ejecutivo y el legislativo (no el judicial, que siguió en manos de civiles) en un país ya militarizado por el gobierno anterior (vía leyes y decretos) para “industrializar” la muerte ya  establecida. Esto es, generar una “cadena” de producción de la muerte (secuestro, centro estatal de tortura, interrogadores, asesinatos y finalmente desaparición –regando NNs en tierra y mar-). Y hay que recordar que las órdenes militares, ni siquiera son de los 70. Ya las resoluciones militares del año 1968-69 explican como “interrogar” secuestrados, quienes deben hacerlo, y mencionan los LRD (así, como suena, en todos los documentos del ejército: Lugares de Reunión de Detenidos, luego, CCD). Todo este esquema necesitaba un financiamiento, pues había que solventar cada gasto (lugares, combustibles, armas, electricidad, mas combustibles, miles de sueldos vía Banco Nación o Bancos provinciales). Y aquí vamos a invertir los términos clásicos de esta historia periodizada. Para financiar esta industria (y no al revés) es que se necesitó recurrir a dineros más rápidos que el del capital productivo (que son ganancias a largo plazo).  Y se recurrió a quienes podían financiar esto, a costa de desindustrializar parte de la economía local: las corporaciones civiles representantes del capital financiero y la economía primaria (esa que hace depender al país solo de lo que exporta en materia prima, cobra en moneda extranjera, y no la reinvierte sino que especula con ella).  Decimos, las FFAA tenían un plan de “aniquilamiento” pero no un plan económico. Y el aniquilamiento no era para todos, así como tampoco el terror, sino solo para algunos. Indicados. Señalados. Desaparecidos finalmente. No se aniquiló para implementar un modelo económico. Son caminos paralelos y a destiempo.  Se implementó un plan económico para solventar un aniquilamiento masivo y caro, ya en marcha. El “nuevo” modelo económico financió a partir de 1977, a un Estado que aniquilaba de manera industrial desde 1972/73, y con los gastos que eso implicaba. Fue la oportunidad para muchas corporaciones civiles de ocupar puestos claves de decisión de la economía. Esta matriz económica, que ronda en beneficio de los intereses de esas corporaciones, incluyó además la elevación del gasto militar año tras año (según consta en el BCRA) prestamos millonarios vía Banco Nación a las FFAA (que al final de la dictadura les exigen que den cuenta en que gastaron la plata) y una operatoria monetaria que solo podía solventarse con la especulación y dolarización rápida de la economía local. 

Los nombres de la Economía y el mito de la complicidad civil.

La dictadura de la desaparición de personas, entregó áreas de control estatal a espacios económicas, que corporizaron la administración de los bienes del país en su más rotundo beneficio. El Consejo Empresario Argentino, presidido por Martinez de Hoz (a su vez director de Acindar) se quedará con el Ministro de Economía de la Nación. ADEBA, la Asociación de Bancos de la Argentina, se queda con la vicepresidencia del Banco Central de la República Argentina, justo la entidad que debía controlar a esos bancos (la presidencia quedará en manos de un ex director ejecutivo del FMI). Guillermo Walter Klein, representante CAC (Cámara Argentina de Comercio) y de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, asumió en la Secretaría de Programación Técnica de Economía. Jorge Zorreguieta de la Sociedad Rural Argentina (y padre de la actual reina de Holanda) asumió nada menos que la Secretaría de Agricultura y Ganadería y la Comisión Nacional de Granos. El Banco de la Nación Argentina (el pagador oficial del Estado, en términos técnicos) quedó en manos de Juan Ocampo, representante de los Bancos Privados y del campo, y accionista principal del Banco Ganadero (dirigido a su vez por su hijo, Narciso Ocampo).  Estos personajes, civiles todos, fueron los responsables directos de la política económica instaurada por la dictadura a partir de 1977. Definieron un esquema de concentración del capital financiero (a través de la ley 21.526) que tuvo como resultado que cualquier financiera se transformara en un banco: en 1977 existían cerca de 90 bancos (de ellos el 80% eran de capital extranjero), y para 1980 existían casi 180 bancos  (con el mismo porcentaje de capital extranjero). El Banco Central mientras tanto, en las reuniones que mantenía con la junta militar para definir políticas monetarias y cambiarias, sostenía, de boca de sus autoridades que el gran problema que había tenido la economía era “el constante regulacionismo del Banco Central”. Así como suena, la autoridad de aplicación de la ley sobre los bancos, cuestionaba que “controlara tanto”. Pero claro, como ya dijimos, las autoridades del BCRA eran las autoridades de los Bancos  Privados del país. Para ser claros en este punto: de las 800 entidades financieras (bancarias y no bancarias) que existían en 1977, quedaron algo mas de 400 en 1980. Y por eso hablamos de concentración: muchas se unieron y formaron Bancos (por eso estos se duplican). Y esta concentración de prestamistas devenidos en banqueros, se vio favorecida por tasas de interés liberadas, y por el artículo 56 de la citada ley de Entidades Financieras (la 21,526) que ponía una garantía en los depósitos total por parte de Estado a través del BCRA. ¿Que quiere decir esto? Pues que cualquiera de estos “nuevos” bancos (ex financieras) podía tomar depósitos, ofrecer la tasa que quisiera, y si quebraba, el BCRA se encargaría de liquidarlo y de pagar los depósitos de los ahorristas. Un negocio redondo para quienes fundaban un banco: los costos los pagó siempre el erario público, por orden del Central y a través de su pagador, el Nación (manejados por los dueños de esos bancos). No hay complicidad civil, hay una responsabilidad directa de estas corporaciones civiles en la matriz económica que se funda a mediados de los 70. En cada una de las decisiones económicas, tanto la ley de Entidades, como las de desregulación de la inversión extranjera (que permitió a cualquier capital invertir donde quisiera y girar las utilidades al exterior sin restricciones) la desgravación de las herencias (que una herencia no pague impuestos) las leyes de privatización y las leyes de subversión económica, las de contratos laborales, las pensiones graciables, las de restricción o excepción aduanera, algunas de promoción industrial, beneficios al campo….siguieron vigentes durante todo el período democrático. Y Siguen. Cientos de leyes de la dictadura, aun rigen nuestra economía política diaria. 

Videla y las políticas de memoria.

El efecto de obturación que produce la frase “la década ganada” sobre los relatos del presente, ha invisibilisado los antecedentes claros y precisos que las políticas actuales tienen. Por caso, las políticas de memoria, que tan afectos son a mostrar y demostrar en sus actuales declaraciones funcionarios y militantes, tienen su raíz en plena dictadura, y responden más a una lógica Estatal que a una dinámica coyuntural. La situación de los “desaparecidos”, tomando estado público internacional en 1978, comienza, según todos los archivos hasta ahora disponibles, a generar discusiones en el Estado, y en la Junta Militar, para pensar una “solución” al tema. La solución vendrá con la primera política de memoria que se registra con los desaparecidos, y firmada por Videla. En 1979 de promulga las ley 22.062 (aún vigente) sobre jubilaciones y pensiones para personas “ausentes de su residencia”, complementada con la 22.068 (derogada en 1983) sobre “ausencia con presunción de fallecimiento de personas cuyas desapariciones hubiesen sido fehacientemente denunciadas entre el 6/11/1974 (día que se declaró el estado de sitio) y el 9/09/1979” (día de la promulgación de la ley). Es impresionante pues la ley establece que quien declare por fallecido al desaparecido en esas fechas, puede cobrar una pensión, algo a lo que muchos se avinieron. Y es impresionante, reforzando nuestra hipótesis sobre aniquilamiento estatal, las fechas que comprende esta reparación. Debemos entender que las “Políticas de Memoria” son aquellas que un Estado establece, para reparar (sea simbólicamente o materialmente) algo que el mismo Estado hizo. Pero hay más. En noviembre de 1983, se promulga la ley 22.962 (aún vigente) que autorizaba al Estado a “indemnizar por daños y perjuicios ocasionados por los hechos de naturaleza penal comprendidos en el art. 1 de la ley 22.924 de (de pacificación nacional) por delitos cometidos con finalidad terrorista o subversiva”. Luego de estos primeros pasos, los gobiernos de Alfonsín, Menem y los actuales, ensayaron cientos de formas de reparación memorísticas, algunas muy amplias (sobre todo en los 90) pero otras mas efectivas enunciativamente.

La violencia y la disciplina de los cuerpos. Zurdos y subversivos/Negros y putas.

Si en los 70, el Estado centralizó la violencia sobre los cuerpos, en un intento por aniquilar “los que sean necesarios”, la democracia comenzó a operar sobre esas continuidades, con algunos frenos, interrupciones. Pero esa violencia, esa noción contenida en la remanida frase “hay que matarlos a todos” (y que cualquiera pronuncia ante un problema socio/político o de inseguridad) no es posible sin el antecedente estatal. Y aparece ahora, atomizada. Ya no la centraliza el Estado Nacional. Esa violencia aparece distribuida localmente, en espacios provinciales y hasta municipales, donde el asesinato y la desaparición en manos del Estado parece no retirarse. De los casi 3600 ciudadanos asesinados por fuerzas estatales (sea gendarmería, polícias locales, fuerzas federales, etc) muchos están directamente desaparecidos, con casos emblemáticos como el de Julio Lopez o Luciano Arruga. Pero a esto se suma otra violencia, que es la trata de personas. Algo que sucede a la vista de todos, donde están denunciados muchos funcionarios estatales por complicidad (de las fuerzas policiales, fiscales, jueces…) y los jóvenes “desaparecidos” en estas redes van a parar a lugares que de clandestinos no tienen nada: al igual que la Esma o la escuelita de Famaillá o el Hospital Posadas (todos lugares públicos donde se “concentró” y “desapareció” a miles) las barracas de trabajo esclavizado o las “wisckerías” están llenas de estas víctimas de la desaparición actual, donde las complicidades burocráticas son miles. En los 70 eran subversivos y zurdos, ahora son negros o putas. Y no hacemos nada por abrir esos lugares y sacarlos. Otra enorme herencia de la violencia estatal, es esta trama de complicidades a la vista de todos y el silencio cómplice porque “algo habrán hecho”.

Epílogo abierto.

Las democracias y las dictaduras se han sucedido. Las herencias legales y sus usos disciplinadores, se empecinan en seguir; y solo encuentran resistencias cuando hay un espacio de crítica descarnada sobre los eventos y sus mentores. La intensidad febril de estas palabras solo puede invitarnos a pensar que lo verdaderamente complejo no es un gobierno (haciendo honor siempre a que no es lo mismo analíticamente dictadura y democracia) sino el concepto de ESTADO y sus sucedáneos. Deberíamos, como aproximación primaria, intentar pensar al Estado (más allá de si está ausente o no, si somos todos o algunos) El Estado es, en última instancia, un espacio burocrático de administración de lo público y lo privado. Y su derrotero, violencia o diagramación sobre lo que hace, está siempre marcado por quien lo ocupa. Si es ocupado por una pandilla de asesinos y ladrones, pues tenemos una dictadura. Si lo ocupa un obsesionado por su mimesis con las instituciones “republicanas” tenemos la “primavera alfonsinista”; si es un mitómano recomponiendo un poder perdido montado en una crisis, tenemos al menemismo. Si los que vienen son los representantes de un partido de poder en recomposición, montándose a los herederos vacíos de lo que no heredaron de sus ancestros luchadores, pues tenemos al kirchnerismo. Es algo necesario pensar en continuidades y rupturas en las administraciones de los últimos 30 años, para comenzar a periodizar diferente, y a discutir mas descarnadamente sobre lo irresuelto de las disciplinas que nos ocupan el cuerpo de cada uno de nosotros. De lo contrario, los costos por apostar sobre el vacío, traen repeticiones que se pagan caro; y no es menor en este sentido que alguien ligado por testimonios y denuncias tan viejas como la democracia esté frente a las FFAA. Otra vez, la repetición en ese intento de una “reconciliación” (a pesar de las fotos de ocasión) entre desaparecedores y desaparecidos. Pues este país no puede pensarse sin hablar del genocidio.

En materia de protesta termina siendo una década rifada a la derecha

por Esteban Rodríguez Alzueta


Hace rato que la Presidenta viene avivando a su buldog con declaraciones que la distancian de la tesitura que había adoptado el ex Presidente Néstor Kirchner (“no reprimir la protesta”; “hay que cuidar a los manifestantes”). No hablo solamente de “la puerta giratoria”, una frase que hizo carrera entre la gente de derecha y está haciendo estragos entre los progresistas; sino de la “reglamentación de la protesta social”. Dijo la Presidenta: “Dejen de molestar, che! Yo les réglalo la Plaza de Mayo para que vayan a protestar”. La semana pasada la Plaza amaneció más vallada que de costumbre y custodiada con más cuerpos de infantería.
Berni no afloja y con su verborragia hace rato que se acercó a Marthov y se alejó de Corach. Porque hay que decir que ni Corach despotricaba ni amenazaba como lo hace Berni ahora. Ni siquiera los chacareros que desabastecieron los mercados tras la 125, fueron objeto de semejante descalificación cotidiana. Berni ya tiene sus voceros entusiastas: Longobardi, Eduardo Feinman, Leuco, y tantos otros periodistas de la corpo que hasta ayer tanto disgustaban al gobierno.
Hoy a la mañana dijo Berni: “Mi función es que la gente pueda circular y nosotros podríamos haber resuelto el conflicto hace 45 minutos y no lo pudimos hacer porque la fiscal contravencional, la doctora Andrade, sostuvo que estaba abierta la colectora”.
¡Cómo?!!! ¿qué significa “yo te libero la calle en 45 minutos”? ¡Represión! En efecto, el Secretario de Seguridad reclama la orden de desalojo firmada por el juez competente para emprender contra los manifestantes. Y sentenció: “a la justicia contravencional poco le interesan los derechos de los ciudadanos”. Es que para Berni como De La Rua, hay ciudadanos de primera (los automovilistas) y ciudadanos de segunda (los manifestantes).
Muy curiosa fue la respuesta de Macri, que desde hace unos meses viene corriendo por izquierda al gobierno nacional: «En nuestra presidencia habrá diálogo y los piquetes no van a existir más. La gente dice: ‘Basta de que nos gobiernen los mismos’. La gente no quiere un número, el ciudadano reclama medidas concretas para vivir mejor».
Todo esto sucede mientras la comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara de Diputados de la Nación anunció que comenzará a tratar el proyecto para regular los piquetes. Los coautores son Diana Conti, Carlos Kunkel. Apoyan Darío Giustozzi (Frente Renovador), Federico Sturzenegger (PRO) y Juan Manuel Pedrini (Frente para la Victoria) y Patricia Bullrich.
El gobierno nacional y los obedientes debidos, escupen para arriba. Piensan la coyuntura más allá de la historia que nos tocó, olvidándose que las represiones y “los muertos” empiezan con declaraciones como estas. Pero piensan también la coyuntura perdiendo de vista que el día de mañana, como viene la cosa, estaremos otra vez en la calle. Cuando eso suceda, Scioli, Massa, Macri o quien sea, tendrán el camino allanado para lanzarse frente a la protesta social.

La Montaña, el periódico revolucionario de Lugones e Ingenieros

por Alan Ulacia
(http://labrokenface.com/)



 1. Primeros sedimentos
A partir de 1852 Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi entablan un debate que luego se conocerá como “Cartas Quillotanas”. La polémica despliega dos posturas al interior de una matriz ideológica, política, cultural, que se autodefine y se proyecta en contraposición al sistema erigido por el reciente derrotado: Juan Manuel de Rosas. El exilio, la oposición, la denuncia y la injuria como las fuerzas vitales que nutren la posibilidad de otro ordenamiento, la lucha en pos de una nueva alternativa política.
En el combate epistolar entre Sarmiento y Alberdi no sólo está en disputa el cómo y el hacia dónde gobernar el país. Sino, además, el cómo y el qué escribir, pensar, caído Rosas. Literatura de Guerra (Sarmiento) versus Literatura de Paz (Alberdi). “Los gauchos de la prensa” contra una prensa de “la paz, la Constitución y la verdad práctica”. Romanticismo político versus pragmatismo racionalizador y tecnificante. Prensa de resistencia versus prensa de edificación.
Ahora bien, poniendo el foco en el período que abarca las dos grandes “C” (Constitución de 1853 – Centenario de 1910) el balance quizá se incline por la efectiva concreción del proyecto de Alberdi. Una consumación (deforme, monstruosa) del imaginario liberal. ¿El diario La Nación fundado por Mitre y el diario La Prensa de José C. Paz como correctas y aceptables materializaciones del los cánones periodísticos alberdianos? Tal vez. Pero si avanzamos un poco más, sólo un par de décadas, comenzadas las primeras huelgas obreras y el subsiguiente disciplinamiento estatal del “fermento foráneo”, comienza a cobrar fuerza el otro polo del binomio, y resurge una prensa con creciente énfasis crítico.
Demolición y Construcción: categorías políticas (y periodísticas) antagónicas. Es decir, en otros términos, prensa “oficialista” versus prensa “opositora”. ¿No son categorías con plena vigencia en el marco de la conflictiva (y fértil) crisis que atraviesa el periodismo argentino actual?
El debate entre Sarmiento y Alberdi es el primer (y acaso el más virtuoso) hito de esta historia.
Así, lo que intentaremos es pensar esta historia, inclusive “La gran polémica nacional” que entablaron Alberdi y Sarmiento, desde el periódico La Montaña, “periódico socialista revolucionario” que los jóvenes e incendiarios Leopoldo Lugones y José Ingenieros publicaron hacia el año 1897. Es decir: ¿Qué punto de visión nos revela, hoy, La Montaña como espécimen, para releer el pasado y el presente del periodismo argentino en relación a un “rol” que se debate entre ser “crítico” o “militante”? ¿Qué podemos aportar a esta ansiosa y tal vez absurda manía de querer establecer, dictaminar, sentenciar, para luego condenar, a una funcionalidad específica a la práctica periodística? Y una pregunta quizá más interesante: ¿Por qué y de dónde surge la necesidad de explicitar, casi enciclopédicamente, un “rol”?
2. Fallas, plegamientos, derivas
A pesar de su irreverencia corrosiva y su ademán rebelde, basta echar una mirada al mapa de publicaciones periódicas finiseculares para notar que La Montaña y su particular estilo no caen del cielo, son fruto de un “clima de época” propiciado por el agotamiento del liberalismo criollo en política nacional, y por el ascenso político-organizativo de los sectores populares, pocos años más tarde, interpretado exitosamente por el primer radicalismo de Leandro N. Alem.
Hacia 1885 aparece Don Quijote, “periódico que se compra pero no se vende”, como decía en la tapa, dirigido por el dibujante Eduardo Sojo, un español exiliado que actúa y piensa con un riguroso desenfado. “Demócrito” será su seudónimo, y con él marcará los primeros pasos de la caricatura y la crítica política en Argentina, con un claro antecedente en el temprano El Mosquito, de 1863. A partir de 1899, Don Quijote cuenta con las filosas colaboraciones del escritor español Eduardo López Bago, en la sección “Sancho Panza”. Escribe López Bago el domingo 12 de noviembre de 1899: “Escribir verdades en éste tiempo, es contrariar el programa político del General Roca y los proyectos financieros del Doctor Pellegrini”. Inédita mixtura de humor, literatura, crítica política y arte, el periódico se convierte en crucial colaborador escrito de la Revolución del Parque, en 1890. Censurado, detenido Sojo repetidas veces, secuestrada la piedra litográfica con que se imprimía el periódico, Don Quijote deja de publicarse en 1905, pero señalando un camino de resistencia contra un sistema político liberal-oligárquico que, desconcertado, tolerará las travesuras de un estilo de prensa que de a poco comienza a encender la llama de una auténtica amenaza, articulada, proyectiva, que ahora sí, dicho poder ya no podrá permitir, incluido el popular bemol yrigoyenista.
Por otro lado, se pueden ubicar, como parientes de La Montaña (menos espectaculares, sin duda) al numeroso conjunto de periódicos gremiales que comienzan a editarse hacia 1870. El obrero Panadero (1894), La Unión Gremial (1895), El Carpintero (1896), El Mecánico (1895), El Pintor (1898), El obrero (1900), El barbero (1903), El dependiente (1903), El gráfico (1904), son algunos de las publicaciones que componen la colorida constelación de una prensa a la cual las transformaciones de las formas periodísticas en función de los cambios socio-políticos que atraviesa el país a fines del siglo XIX, no le eran ajenas.
A su vez, la prensa gremial deja un lugar en sus páginas a la literatura, en busca de la creación de un ámbito simbólico común. Se publican piezas de autores universales como Zola, Dante, Víctor Hugo, Tolstoi, Dostoievsky. Y locales: Álvaro Yunque, Almafuerte, Alberto Ghiraldo, Juana de Ibarbourou, Alfonsina Storni, entre otros/as. También surge en el seno de la urbe, en hermandad con el estilo de Don Quijote y El Mosquito, un mundo de imágenes, dibujos, símbolos, consignas gráficas que crean y moldean una identidad obrera, afectiva y estéticamente.
Entonces, dos son las señales que nos guían hacia la “orogénesis” de La Montaña. Nos permiten establecer una filiación, una contextualización que explicite el contorno dentro del cual luego Lugones e Ingenieros imprimirán su sello particular. Primero, el punzante Don Quijote como un antecedente que hace de la injuria un estilo, un instrumento retórico-político particular, una reacción discursiva frente a la política criolla de inicios del siglo XX. Segundo, el peso específico de una naciente prensa gremial que busca crear una conciencia de clase, una matriz común de imágenes, símbolos y lenguajes, una pulsión revolucionaria, que el orden liberal no es capaz de ofertar, porque a su vez no es capaz de asimilar políticamente al nuevo actor social, el proletariado urbano, sino mediante el positivismo en las aulas y el fuego de los fusiles automáticos que una década atrás habían solucionado con éxito y pompa “El Problema del indio”. A lo que podemos agregar, como un tercer elemento, la polémica Sarmiento-Alberdi, leída desde el dialéctico binomio “prensa crítica / prensa edificante”, como la clave desde la cual pensar las implicancias, el significado y el legado periodístico del joven proyecto político-periodístico de Lugones e Ingenieros.
3. “La Montaña” (1897): entre el Sermón y la Revolución
En 1895 Leopoldo Lugones llega a Buenos Aires, en el 96 se une al Partido Socialista, fundado por Juan B. Justo, ese mismo año. Vierte su joven obra poética y sus reflexiones políticas en los periódicos La Vanguardia y El Tiempo. Quince días antes de publicar el primer número de La Montaña, el 17 de marzo de 1897, escribe en El Tiempo un elogio de San Martín y Rosas, en un artículo titulado “El Sable”, que dice: “Hay que confesar que la personalidad de Rozas, no cabía en la vulgar y mediana blusa democrática, a pesar de tener ésta diez mil mangas, y él la hizo estallar magníficamente. Bajo la enorme presión de su pecho dominador, saltaron los míseros broches del convencionalismo legal.” [2] Como para marear a todas las escuelas, convencionalismos y etiquetas: pues resulta que el fermento, la inspiración del joven Lugones revolucionario de La Montaña (luego abiertamente militarista) en la tarea de impugnar la legitimidad y el sistema de valores del orden burgués-liberal, es el mismo Rosas, su némesis. Entre “El Sable” de 1897 y el beligerante discurso “La hora de la espada” de 1924, se traza un confuso pero al fin coherente espectro de acero signado por la crítica virulenta a un Uriburu – José Evaristo – y la justificación e invocación del otro Uriburu – José Félix -, en el golpe de estado de 1930… En 1897 Lugones también escribe Las montañas del Oro, fuertemente influenciado por su porteño encuentro con el famoso escritor nicaragüense Rubén Darío, un año atrás. Pule Lugones ese tono antipositivista, romántico, que colisionará tan fructíferamente, en La Montaña, con el obligado cientifisismo socialista de manual.
Por otro lado, José Ingenieros tiene veinte años y se recibe en 1897 de farmacéutico. Ya ha hecho sus primeras armas periodísticas en el estudiantil La Reforma, de tinte crítico-literario. Ingenieros tiene formación en anatomía, y pronto diseccionará y escupirá sus venenos contra la de los reptiles burgueses.
Así, el 1° de abril de 1897 aparece La Montaña. Lugones e Ingenieros, así los juzga en un artículo el escritor y crítico literario David Viñas:
“Moralistas jubilosos los de esa yunta; inclementes más por ímpetu que por sistema, preferirían lo episódicamente rudo del francotirador a las rutinas vigilantes de cualquier fiscalía. Sabían, vaya si sabían, que convertirse en un mito es un oficio que se lleva la vida.” [3].
Luego, en 1924 Viñas establecerá entre ellos un corte definitivo, rubricado por el peligroso y auspiciatorio belicismo lugoneano y por el simbólico epitafio de Ingenieros dedicado a Lenin. Pero en 1897, las biografías y el pensamiento del dúo, con sus matices, aún encastran.
Ahora bien, una breve fenomenología sobre el periódico arroja lo siguiente: 12 números, del 1° de abril al 15 de septiembre de 1897, casi seis meses; entrega quincenal, fechada según el calendario jacobino; un Sumario triádico compuesto de “Estudios sociológicos”, “Arte, Filosofía, Variedades” y “Actualidad”. En los artículos firmados por “los Redactores”, Leopoldo Lugones y José “Ingegnieros” (aún no se lo ha cambiado a Ingenieros), se lee un estilo rudo pero virtuoso, agresivo, incendiario, intempestivo, relampagueante, a-sistemático pero certero. Destacan publicaciones del campo socialista internacional como las de Gabriel Tarde, Eduard Carpenter, Enrique Ferri, Gabriel Deville, Adolfo Zerboglio, Paul Verlaine, Augusto Bebel, Luis Blanc, Pablo Lafargue, Ada Negri, y el hasta de Karl Marx. Pero dos serán los núcleos temáticos sobre los cuales pondremos la lupa.
I. Lugones: moral y función del Arte.
Existe un hilo conductor entre los artículos “Fundación de una colonia de artístas” (Ejemplar N°1), “La moral del arte” (N°5) y “A 100° de infamia” (N° 7): es la cuestión del Arte y sus mutaciones en el marco del sistema de valores del Occidente de fines del XIX. En Lugones es Arte, con respingada mayúscula. Intuye lo mismo que Nietzsche en Europa: a las puertas del siglo XX algo huele mal, muy mal, en el sistema de valores occidentales, su moral, su ciencia, y también su Arte. Ahora bien, el movimiento cultural-intelectual por el cual Lugones está influenciado es el Modernismo, nucleado, en Latinoamérica, alrededor de Rubén Darío y su fundacional libro de poesías titulado Azul.
Pero lo que nos interesa resaltar aquí es el rarísimo cóctel que resulta de la combinación Modernismo, Positivismo y Prensa Socialista. Todo fundido en los escritos de Lugones. Un fragmento de un artículo publicado en La Vanguardia, en agosto de 1896, condensa el mix: “(…) Yo tengo una idea más alta del Pueblo, y pienso que por lo mismo que no sabe debe enseñársele, y para enseñarle y para aprender a hablar en buena lengua del pueblo y para el pueblo, he permanecido ocho de mis veintidós años en el estudio que ilustra el espíritu, y lo fortifica, para mirar como se merecen y para corregir sin odio, más sin debilidad, a los miopes y a los incapaces, que pretenden hacer armas de su incapacidad y su miopía.” Fricciones de clase. Fricciones morales. ¿Fricciones estéticas? Y cuando el escritor, además, tiene vocación política, milita en el naciente socialismo rioplatense, la tensión entre su preciado Arte y su sujeto político, “el Pueblo”, “los explotados”, es máxima. La dependencia cultural, simbólica y hasta material con respecto al orden que comienza a erigirse y a crecer luego de la caída de Rosas, es determinante para cualquier ademán rebelde, anti-sistema.
Tanto que la crítica naufraga casi en travesura. Algunas más potentes que otras. Pero hemos dicho, travesura que el orden liberal puede tolerar, asimilar, hasta desearlo como descompresor social. Teleológicamente hablando, el sujeto social que se arenga e invoca, que comienza a “asentarse” hacia la década del 30, aún está en formación, en disputa, además de pronto y eficaz proceso de esterilización estatal. En el joven Lugones, moral estética y moral política o social no “confluyen” (no al menos para la pureza de nuestras tablas progresistas-izquierdistas). Desde nuestro prejuicio, combaten entre ellas. Desde aquí es que se juzga “incomprensible” o al menos “sorpresivo” el “viraje” biográfico-político de Lugones. Y con Ingenieros el contraste se intensifica, pues éste último procura ser menos duro con las masas “imbéciles”, acaso magnánimo y más pedagógico; eso sí, hasta su hartazgo y subsiguiente sincericidio en “La paradoja del pan caro (divagación)”, recién en la doceava y última entrega.
De cara al “estado del arte” del actual periodismo argentino, sus formas y usos, la experiencia lugoneana en La Montaña deja en vilo una paradoja: si frente al positivista clima del pensamiento de principios del XX se alza una “prensa artística”, estéticamente vitalizada, descontracturada, original, filosa, ¿por qué hoy frente a un contexto filosófico de creciente fragmentación, debilidad y liquidez, predominan en el periodismo argentino actual la mesura insípida, el tecnicismo académico y los buenos modales gramaticales?
II. “La multa” de Alcobendas
“A. Calzetti 5.00; Un anarchico 1.00; Un socialista 0.50; Un sastre 0.20; Las Mandes 0.10; Uno que desea la revolución 0.20; Un raglia capo 0.10; Vincere o moriré 0.20; Fabron Pallachio 0.05; Un fogoso incendiario 0.15; Un sastre 1.00; Un sastre socialista 0.20; No se entiende 0.50”. Esto se lee en el Nº7 de La Montaña. Se trata de la “lista de suscripción de protesta y solidaridad para cubrir el importe de la multa impuesta a La Montaña”. Pues el intendente de la ciudad de Buenos Aires, el Dr. Francisco Alcobendas, ha secuestrado el segundo número del periódico y estipulado la cárcel para el autor de “Los reptiles burgueses” (José Ingenieros), o bien el pago de 300 pesos. A partir de ese momento, La Montaña pone en marcha una campaña de visibilización, denuncia y resistencia a la disposición municipal; que les ha venido, publicitariamente hablando, como anillo al dedo.
En agosto “la movida” de Alcobendas se cae: “Parece que únicamente se trató de intimidarnos con los cincuenta renglones estúpidos del asesor, la censura previa, el allanamiento de la casa editora, y sobre todo el epíteto de inmorales, cuyo efecto sobre las casas de familia no puede ser más desastroso.” escriben los redactores. Más allá del color de la anécdota y el abono al carácter mítico del periódico, la cuestión de “la multa” permite pensar varias cuestiones. En primer lugar, la ligazón legal y material de todo acto de rebeldía, en este caso periodística, con respecto al orden liberal-burgués. Lo cual ya es un antecedente y a su vez una prefiguración del problema de la libertad de prensa, o libertad de expresión, concepto genéticamente burgués, tan invocado en el presente. He aquí el sentido, irónico, socarrón, burlón, de la “lista de adhesiones” de La Montaña. Así como el problema central de toda prensa que se autoadjudique el título de anti-sistema, anti-capitalista: una contradictoria relación de dependencia respecto al orden que anhela transformar; del cual se desea emancipar, pero a la vez, para poder sobrevivir, le demanda garantías y libertad de acción.
En segundo lugar, la multa nos permite realizar una lectura retrospectiva de la dramática relación entre La Montaña y sus lectores. La multa pone de relieve el simple hecho de no poder juntar 300 pesos. Decíamos que en el artículo “La paradoja del pan caro” Ingenieros pierde la paciencia y rompe definitivamente con las masas, con las cuales, quizá, nunca había tenido relación. “Las bocas, en vez de protestar, murmuran oraciones (…) Las bocas, en vez de protestar, cantan Himnos Nacionales (…) Las bocas, en vez de protestar, aclaman a los polichinelas políticos.”. El divorcio es tan dramático, la decepción tan grande como el matrimonio había sido ilusorio. No importa el esfuerzo que haga La Montaña por tabular los cronogramas y actividades del socialismo local, no importa el fresco y actualizado internacionalismo del cual se jacte, no importa la chapa que le ha dado la persecución sufrida, la patente humillación del gobernador Alcobendas, no importa la precisión quirúrgica con que Ingenieros destripe a los reptiles burgueses, no importan los virtuosos zarpazos leoninos Lugones, pues existe, antes y en el medio, un abismo material-organizativo entre las masas y el programa político que publicitan los dos vanguardistas. Existe también un régimen liberal, decadente pero aún en funcionamiento, dispuesto a activar todos los dispositivos de control social que ha sabido forjar; existe, en fin, una distancia insondable entre la estetizante post-moral nietzscheana de Lugones y la cotidiana urgencia operativa del inmigrante, existe un mundo entre la lejana y fantástica Colonia de Artistas sobre la que escribe Lugones y el puerto de Buenos Aires donde, hacia 1900, desembarcan los cercanos antepasados del peronismo.
4. El periodismo como contienda
Lo cual no significa que La Montaña supone un patético antecedente, un triste desincentivo para las experiencias libertarias, utópicas, maximalistas. Menos para los experimentos periodísticos, que son únicos por contar con el inagotable potencial prefigurativo del lenguaje. No. Todo lo contrario. La Montaña hace obra aquel canto del poeta alemán Hölderlin: “Donde abunda el peligro crece lo que salva”.
Desde La Montaña se profesa un incómodo sermón (que no es el bíblico), y se pronuncia en una ruda lengua. Lugones e Ingenieros ejercitan la dura e inusual tarea de ser críticos y francos con las masas, con el pueblo, actitud político-intelectual pecaminosa para el actual progresismo demagógico y la runfla populista posibilista, ansiosa por ser, adquirir o encarnar una legitimante ontología, precisamente, de lo popular. Un tesoro que muchos anhelan y cuidan, pulen y celan, explotan y monopolizan, a veces, más que el afán transformador, revolucionario, de las reales condiciones de existencia de los pueblos, y mucho más que el aporte al trazado colectivo de nuevos destinos históricos.
Y restaría preguntarnos si para Lugones e Ingenieros hacer praxis la coherencia y la órbita de ese incómodo pathos, es decir la crítica de las masas, también incluiría (no siendo una ruptura o desviación) lidiar con el profundo dilema ético-político, en una encrucijada coyuntural que la historia argentina siempre reitera, de colaborar con un gobierno, en el caso de ellos, el del General Julio Argentino Roca.
En 1898 Lugones conoce personalmente al presidente Roca (sobre quien escribirá un libro, de publicación póstuma en 1938), quien iniciaba su segundo mandato. Lugones se entusiasma con el proyecto de la generación del ochenta, con el que luego colabora desde distintos cargos. Por su parte, José Ingenieros mira con mucha simpatía y hasta inclusive hace sus aportes a los avanzados proyectos de legilación laboral impulsados por Joaquín V. González, también ministro de Interior de Roca.
¿Qué implicaría, llegado este punto, juzgar políticamente a los redactores de La Montaña por acercarse a un gobierno y “abandonar” las trincheras revolucionarias? ¿Y cuáles podrían ser nuestras conclusiones a la hora de pensar la batalla sobre el “rol” de periodismo al observar en Lugones e Ingenieros una “mutación” biográfica que pasa de la “oposición” y la crítica, al “oficialismo” y la función pública?
Desde que toda prensa es irremediablemente política, tanto el imaginario republicano-liberal del periodismo como última trinchera de la libertad y la búsqueda verdad (obturadas siempre de antemano por un gobierno siempre “opresor”), como también su anverso, el grotesco del periodismo “militante”, son espejismos que enfrentados se neutralizan, y oscurecen una realidad concreta que desde el siglo XIX Sarmiento y Alberdi habían puesto en papel: la práctica periodística como una trágica e irresoluble oscilación que a veces decide por momentos de combate y crítica, y otras por momentos de paz y testimonio. En la lucha se imponen o no estilos, ideas, intereses, pero nunca ningún engañoso “rol”, ninguna esencia final, arbitra desde afuera y blandiendo moral suprema, la contienda.

Salvo los hombres y los perros

por Giorgio Agamben


A Gilles Deleuze, el inventor, el inocente, el risueño, el fugitivo: el adiós de los filósofos.*
En la primavera de 1987, yo seguí los últimos cursos de Deleuze en Saint-Denis y jamás olvidaré lo que esa voz me aportó de generosidad y de libertad. Veinte años atrás, durante un verano para mí igual de decisivo, seguía el seminario de Heidegger. Un abismo separa a estos dos filósofos, sin duda los más grandes de nuestro siglo. Ambos pensaron con un coraje extremo la existencia, a partir de la facticidad, y el hombre en cuanto ser que no es sino sus maneras de ser. Pero la tonalidad fundamental de Heidegger es la de una angustia tensa y casi metálica, en la que toda propiedad y todo instante se contraen y devienen tarea por cumplir. Nada, por el contrario, expresa mejor la tonalidad fundamental de Deleuze que esa sensación que a él le gustaba llamar con una palabra inglesa: self-enjoyment. El 17 de marzo, de acuerdo con mis notas, para explicar dicho concepto comenzó por exponer la teoría platónica de la contemplación. “Todo ser contempla —decía citando libremente de memoria—, todo ser es una contemplación, sí, incluso los animales, incluso las plantas (salvo los hombres y los perros —agregó—, que son animales tristes, sin alegría). Ustedes dirán que bromeo, que es una broma. Sí, pero incluso las bromas son contemplaciones… Todo contempla, la flor y la vaca contemplan más que el filósofo. Y, contemplando, se llenan de sí mismos y se alegran. ¿Qué es lo que contemplan? Contemplan sus propios requisitos. La piedra contempla el silicio y la calcita, la vaca contempla el carbono, el nitrógeno y las sales. Esto es el self-enjoyment. No es el pequeño placer de ser sí mismo, el egoísmo, es esa contracción de los elementos, esa contemplación de los requisitos propios que produce la alegría, la ingenua confianza de que algo va a durar, sin la cual no se podría vivir, pues el corazón se detendría. Somos pequeñas alegrías: estar contento de sí es encontrar en sí mismo la fuerza para resistir a la abominación”.

Aquí mis notas se detienen y así es como quiero recordar a Gilles Deleuze. La gran filosofía de este siglo sombrío, que había comenzado con la angustia, se acaba en la alegría.

Comentarios sobre el gusto, la conversación y el paseo en la Clínica 


por Osvaldo Saidón

“En el país de la psicosis, no soy intérprete, sino explorador y cartógrafo”.
J.C . Polack “La íntima utopía”
El lugar del comentarista o del conferencista se relaciona con el del prologuista o el epiloguista. El prólogo, prescindible por un lado es al mismo tiempo tan prepotente en sus consecuencias, que muchos lectores deciden a través de él si vale la pena seguir con el libro o si se conforman con el simple comentario.En eso la escritura o la retórica pierden para las artes visuales o plásticas. Los críticos, por suerte para estos artistas, no pintan ni tocan, sólo escriben. Los poetas, ensayistas o literatos deben soportar no solo a los críticos sino también a los amigos prologuistas, discutidores y o presentadores que muchas veces como se dice en la jerga del espectáculo, roban cámara, pasean su estilo y su saber con los pergaminos que otorga cierta trayectoria.La única perjudicada de este juego de vanidades es la obra, aunque hay casos y no son pocos, en que acontece absolutamente otra cosa. Entonces el comentario  es un anhelo.Los que desde hace muchos años frecuentamos la lectura de Deleuze lo sabemos bien. Secretamente, y no tanto, escribimos imaginando realizar nuestro íntimo deseo de que el pensador nos comente, nos agregue algunas frases, confirme nuestras inquietudes, realce nuestras preguntas. Es así porque amamos su modo de pensar tanto como su modo de decirlo.Ese tipo de conversación, ese tipo de vinculación, ese “entre” que esperamos de la critica, la encontramos tan saludable que también la llamamos clínica. Una inclinación hacia nuestro modo de encarar nuestra tarea cotidiana es que roce el pensamiento de Deleuze y Guattari.Así se nos ocurre que una clínica es encontrar un estilo, una intervención donde comenzamos a sentir que estamos participando de ese lanzamiento del pensamiento que Deleuze y Guattari provocaron, del Antiedipo en adelante.   
Estuve entonces, a partir de los casos que trae Polack en su libro, pensando acerca de cómo comentar entre nosotros acerca de esta clínica en el encuentro con el autor en San Pablo.

Primero un poco de geografía, del viaje.
San Pablo, gigante por su propia urbanidad de viaductos y culturas. Megalópolis que no hace gala de ningún monumentalismo, no lo precisa. Jamás dudó de su poder y de sus pilares: su clase obrera, su clase universitaria y su industriosa oligarquía. Y a pesar de todo eso, siempre se ofrece a ser seducida, conquistada, ganada por los extranjeros que la visitan con una insistencia difícil de justificar. Es que los paulistanos de los más diversos orígenes nos hipnotizan haciéndonos creer cada vez que bajamos en Guarulhos, que somos una especie de Clark Kent, ya un poco gastado, llegando a la gran ciudad. Intentaremos conquistarla, a sabiendas de que no es una sino miles de aldeas citadinas en bullicio permanente con una dinámica más que humana. Nunca atendí a un solo paciente en San Pablo y en decenas de visitas vine siempre a hablar, a compartir cuestiones ligadas a la clínica. A la clínica de pacientes llamados psicóticos o borders, a la clínica de grupo y o instituciones, a la clínica de derechos humanos.
En esta oportunidad La íntima Utopía, este hermoso título con el que Polack nos convida a pensar en la clínica, me ha desatado un sueño: Tenemos un La Borde en Brasil, con filial en Bs. As. Un territorio existencial con fronteras imprecisas. Es más fragmentado de lo que a veces soportamos. Comenzó en grupos de estudio y se extendió a propuestas académicas. Funcionó en Institutos altamente prestigiosos y atacados, ocupó sus lugares en la lucha política y sindical.Hospitales de día, programas gubernamentales de Salud Mental, consultorios en Higienópolis, en Ipanema y en Palermo experimentaron las más diversas pragmáticas esquizoanaliticas…
Hoy se extiende en diversas publicaciones tanto de especialistas como de crítica de arte, ensayos y literatura. Ha encontrado un lugar de expresión especialmente en el teatro y ya son elencos afianzados los que trabajan en la programación teatral porteña y los nómadas actores de San Pablo recorren el mundo.Los psi, los filósofos, los artistas que conforman el plantel de este rizoma conforman varias tribus y aprovechan para encontrarse cuando viene alguien de La Borde propiamente dicha, del territorio de Guattari. Entonces sí, los sentidos se animan y un renovado entusiasmo por la clínica se nos aparece desde esos encuentros.Allí aparece la posibilidad del comentario, la conversación, la conferencia.
Saber que lo que uno busca no es la unidad sino la variedad requiere dar un paso al costado en la mirada y la actitud clínica que el pensamiento hegemónico ha querido determinar: los políticos de un modo, los artistas de otro.Allí en las sesiones, en las relaciones que se cuentan en este libro de Polack, esa diversidad no atenta contra un diagnóstico psicopatológico sino que los incluye en una novedosa variedad.A la manera de esos poetas que al describir y pensar un objeto cualquiera nos abren un abismo que atraviesa una novedad de sentidos, de lo que se trata es de comprometerse con el gusto, con lo propio, con lo singular que emerge en esa relación que allí se describe en el tratamiento de los pacientes llamados psicóticos.Francis Ponge decía en ocasión de una conferencia al referirse a la variedad y complejidad de abarcar lo que allí acontece: “Estamos reunidos aquí, pero no estamos sólo entre nosotros, estamos rodeados de cosas, paredes , llaves en los bolsillos, toallas en el baño. ¿Cómo hablar de todo eso?”. A partir de esta comprobación Ponge nos indicaba entonces que el hombre subjetivo no podía captarse a sí mismo sino a partir de la resistencia que encuentra, y de esa resistencia extraer una nueva intensidad. Retomamos así un entusiasmo que a veces se diluye cuando venimos con aquella mala pregunta acerca de: ¿No estaremos fuera de esta época? (el libro que nos ocupa tuvo su primera edición hace más de 20 años y nos hace seguir pensando).Trátase de que nuestra filigrana clínica, de nuestra insistencia en que todo puede ser visto de otro modo, dicho al infinito, como una combinatoria que no cesa tiene siempre el desafío de la época, el de  habitar la flecha del tiempo. 
Llegamos. ¿En qué anda nuestra clínica ahora? ¿Cómo está ese extraño La Borde tupiniquim?Cada grupúsculo que hable por sí. Arnulfo, al viernes siguiente después de la primera entrevista, se apareció con la cabeza rapada y una barba de punta que asomaba de su pera. Me llevó unos minutos reconocerlo, encontrarme con él y reconstruir su imagen. Aquel viernes pasado, en el primer encuentro, su apariencia era otra. Cabello largo lacio y una barba prolija que acompañaba el rostro. Me ofrecía a la atenta mirada clínica una armonía solo interrumpida por algún tatuaje que asomaba desde su cuello. Esta segunda vez insistió en lo mismo a pesar que ya se presentaba como otro: “Busco una terapia que me posibilite entrar más profundamente en mis cosas, revisar a fondo el  pasado sobre todo concentrarme en mis problemas”. Le creí un poco. En la catedral del psicoanálisis siempre hay que desconfiar de las adhesiones exageradas a sus principios más vulgares: la verdad, la profundidad, la escucha, el decir.En sus viajes, sus paseos y experimentaciones huía de los destinos y los determinismos a los que nos consagran los grandes temas: la familia, el amor, el trabajo. En la geografía se muestra más claro que en la historia.Quería volver a la selva, había vivido allí hasta hace 5 meses, pero no aguantó y se volvió a Bs. As.Me conmovió su radicalidad.Estamos acostumbrados a binarismos más tibios. San Pablo o Buenos Aires, Buenos Aires o Madrid o Barcelona, el interior o la capital.Este es bien más radical: Buenos Aires o Iquitos, la  merca o la ayaguasca, el cuarto disciplinado por la pantalla y su software —al pasar me contó que era programador en computación—, o la aldea, con  su  sexualidad derramada, donde noche, día y borrachera acontecen sin escándalo. ¿La frialdad del celeste, o la obscenidad del verde? Cómo lo quería pasar, cómo realizar su gusto.El lugar, dónde, cuándo, el apuro. Porque: “el tiempo no anda para atrás” —me dijo.Todos estos estados se habían transformado en algoritmos que tenía que descifrar junto a él. Debería volver a experimentar las sensuales y solitarias lluvias del trópico; ya era hora de tomarle el gusto a las modalidades que el trabajo y el amor adquieren en la ciudad porteña. Me apresuré, escuché a la privilegiada de todas las angustias: la angustia de muerte. Creencia y apresuramiento son dos malas compañías para la actividad clínica. Esta enseñanza inglesa sobre lo que llamamos timing se nos confirma ante cada nuevo fracaso.Fracasé nuevamente, fracasé mejor, acudo a Becket. Y entonces sigo adelante con mi reflexión. En esa segunda entrevista me conquistó, soy proclive a fascinarme cuando alguien me muestra su postulado de coherencia en un espacio como el de la sesión donde el relato puede ser encubridor de la falta de acción. Cambió su figura, aparecieron sus grandes orejas, que me llamaban a escucharlo. Habló, después de haberse mostrado un instante dispuesto a cambiar de un día para el otro, por lo menos de imagen, lo que no es poco. Renovó mi interés y me contó del accidente de coche en el que a la muerte de su madre le sobrevivieron el conductor que era su padre y el propio Arnulfo, con cinco año de edad en esa época.Otra vez el tiempo ¿volvemos, seguimos adelante, rememoramos?Esta vez le creí, insistió, quería revisar y por otro lado, empezar a enamorarse, estaba difícil.En la tercera y última entrevista asomó la conversación, y con ella su lado exhibicionista más insoportable: la inteligencia[4]. Ahora pienso que tal vez Arnulfo hizo bien en no soportarla. En la conversación, muchas veces, termina aconteciendo que la inteligencia se representa un orden que nos excluye y que discute el lugar que ocupamos. Acaba entonces de este modo destrozando la singularidad en nombre de las conclusiones generales. Se asume superior cuando nos señala que la muerte es inevitable. ¡Qué novedad! ¡Con esta actitud lo que consigue es poner límites, margen y anticipación a los imprevistos y así termina desbaratando nuestros proyectos!
Permítaseme una cita de Las dos fuentes de la moral y de la religión, de Bergson. Ella es igualmente aplicable al rol de paciente o terapeuta: “Su enfermedad es su propia normalidad. Que de lo que padece es de su inteligencia y de las representaciones de lo real que ésta impone a su atención… Solo puede soportarlas a condición de hacer entrar allí delirios, fabulaciones que restauren su apego a la vida y reconstituyan su equilibrio natural. Pero por eso mismo sigue sometido a su inteligencia, no se libera de su sumisión, no hace más que volverla soportable: Este equilibrio solo está hecho de compensaciones, incluso de consuelos que caracterizan a la enfermedad de la que no se puede salir: su neurosis”. La inteligencia hizo su prematura aparición en la sesión. Me sentía lleno de ideas y conexiones temporales. Comenzó a iluminar con esa luz directa que daña la percepción. Con su claridad, sometió al dialogo a los cuerpos después. Por último, comenzaron a emerger fabulaciones. Apunté a la realidad, no lo dejé con sus ficciones: “Reconstruyamos el accidente” —le propuse. Un rictus, una perplejidad apareció en su rostro. Le recuerdo que su madre murió cuando tenía 5 años. El jueves siguiente me llamó, no vendría más .Optaba por una terapia que incluyese relajación, yoga y meditación; donde lo guiara una maestría, una creencia, una obediencia. Tal vez así conseguiría encarnar algo de la selva en el hormigón urbano —pensé y no dije nada. La intuición creadora, la emoción, buscan su lugar, todavía no les llegó el momento. Le creí, me apresuré, al final soy un terapeuta de un Buenos Aires a lo carioca, que me ando inventando desde mi vuelta a la Argentina. A propósito, ¿dónde está aquella muchacha tan tímida tan sensual que de la selva brasilera boliviana me visitó tantas veces? No me acuerdo cuándo se fue, no me acuerdo cuándo me fui… Bergson, Beckett, Deleuze, no se deberían mezclar con Freud y menos con Lacan o Melanie Klein, nos dice la inteligencia emergente de los primeros combates clínicos que propuso el Antiedipo. Guattari y sus seguidores fueron después embarrando la cancha, trajeron el caos, mezclaron las teorías, inventaron palabras y nos invitaron a dejar de lado para siempre las policías epistemológicas. Para subvertir el pensamiento, alegrar la práctica, comprometer la acción, nos fuimos dando cuenta de que un buen espacio era aquello que de alguna manera hacemos todos los días: la clínica, se llame como se llame. Estuve acaso demasiado psicoanalítico con Arnulfo. No supe habitar el “entre” que se insinuaba en el encuentro, y exhibí la inteligencia de la inteligencia científica como defensa. Tal vez eso contribuyó todavía más a que él me vea un poco viejo para acompañarlo en su aventura. Antes de despedirme por teléfono, le dije que nos queda pendiente esa entrada en su infancia que me propuso, tal vez no sea tiempo, más probablemente yo no sea el adecuado, pero lo más seguro es que no se trata de rememorar sino de proyectar y entonces… hay tiempo. Atendí a Arnulfo en los días que estaba leyendo los casos que relata J .C. Polack en su libro, lo que inmediatamente me llevó a reflexiones de las que llamamos institucionales.La tensión aparece necesariamente en un pensar cuando se quiere consagrado. El pick up, que nos posibilitaría la fina toma de ciertos conceptos, debería consolidar la diferencia con cualquier práctica que todavía se reconozca de estirpe psicoanalítica. Estas tensiones en algunas ocasiones se instalan en el pensamiento que circula alrededor de la clínica. Cuando el poder  y las ideas ocupan el lugar del gusto, la lucha por la hegemonía domina el común. Las aguas se estancan, florecen el sentido común, las buenas conductas, la literalidad televisiva y periodística, y comienza ese pedagogismo que transforma a la clínica en un manual de instrucciones. ¿Cómo dedicarnos a la clínica, a aplicar psicoterapia individual y de grupo, sin usar algunas categorías del psicoanálisis y la psicopatología? En todo caso poder hacerlo pero al mismo tiempo dejar que un pensamiento del devenir suceda; un aire fresco, una brisa spinosista pase por la sesión, un relato sobre el relato del paciente se vuelva más que comprensible: interesante. ¿Cómo conversar entre dos integrando a estos amigos comunes, a este extraño tipo de amistad que potencian las raras alianzas?: Deleuze, Guattari, Ulpiano, Spinosa, Beckett, Artaud. Todas alianzas que no estaban preparadas, encuentros de destiempos entre filosofía, biología, arquitectura e inconsciente…”Somos tantos grupúsculos como procesos maquínicos que ponemos en marcha ante cada demanda de terapia, de escritura, de vinculaciones”. La siguiente cita de Deleuze, la leo en un libro de Arturo Carrera[5] que hace funcionar el pensamiento nómada a través de su propio estilo y alejado de cualquier intento pedagógico: “Cuando escribo sobre un autor, mi ideal sería no escribir nada que pueda entristecerlo; en caso de que haya muerto, nada que pueda hacerlo llorar en su tumba: pensar en el autor sobre el que se escribe. Pensar en él con tanta fuerza que ya no pueda ser un objeto, y que uno ya no pueda identificarse con él. Evitar entonces la doble ignominia del erudito y del familiar. Devolver al autor un poco de la alegría, de la fuerza, de la vida amorosa y política que él ha sabido dar, inventar”. Pensar entonces no se da a partir de  la relación de objeto, ni tampoco a través de un proceso de identificación, es algo más, es otra cosa también. Edipo ordena con claridad amar a Mamá como objeto, identificarse con Papá, o lo uno o lo otro: Te identificarás por un lado y amarás por otro, es la ley que estructura la sexualidad. ¿Y si no fuera así? ¿Si la psicosis y la neurosis no fueran estructuras absolutamente diferenciadas? ¿Si un mismo impulso vital las recorre? La interpretación entra en crisis. Hay otro modo de vincularse: acompañando, deviniendo, experimentando, inventando. Así parece habernos señalado Guattari en la clínica de la psicosis, en el atendimiento al proceso primario, en el inacabamiento kafkiano. En Crítica y Clínica, Deleuze nos conduce por maravillosas páginas donde literatura y clínica inventan diversas mezclas, raras continuidades. De la neurosis inglesa al delirio americano como el Bartleby de Melville. De la neurosis shakespereana al delirio becketiano; de Hamlet a Godot, de Dora al Hombre de las ratas, de Lacan y sus amoríos de salón a la delirante sexualidad de Foucault. La potencia de la escritura de Deleuze está en las interminables invenciones que su lectura promueve. Está siempre volviendo como una  infinita cinta transportadora que nos acerca cuestiones, problemas, autores y reflexiones de distinto tipo… Así entonces me fui acercando a los textos y a los casos que relata Polack. La lectura de los mismos me propuso una mezcla de terapeutas, pacientes, pensadores, críticos, artistas: todos eternos aspirantes a expresar sus gustos. Los capítulos me fueron llegando durante las últimas semanas. Extrañas coincidencias entre el modo de funcionar de los correos electrónicos con sus archivos y los encuentros esporádicos de las sesiones. Fui conociendo a los pacientes: Anne, Leonor, los monstruos, Philipe y a J. C. Polack y a Danielle, los autores terapeutas, maquinando con situaciones que pusieron en evidencia mis incertidumbres, mezcladas con las de ellos.
Ya sabemos que el lenguaje no es solo representación… La expresión verbal entonces, ni hablar. Hace mucho más que hablar y ya sabemos que gana su eficacia clínica cuando está ligada al afecto. En los casos que el libro relata nos transporta hacia los afectos que emergen en las sesiones. Aparece un “entre”, una poética que no cesa de accionar y que nos inventa cada vez. Entonces el inconsciente es una escritura, no una cadena de representaciones o significantes. Escritura múltiple[6]que incluye escritos pictográficos, intensidades y ritmos. Pero podríamos ver la sesión, la conversación analítica como una tentativa oral de esa escritura. Aquí lo convocamos a Francis Ponge que en una conferencia que denominó “tentativa oral” nos propone el balbuceo del poeta como modo de aproximarnos a la creatividad[7]. En un momento de su conferencia nos muestra de diferentes modos que cuando uno escribe lo hace contra la palabra oral, contra las insuficiencias de expresión que se producen en el curso de una conversación. Entonces, nos dice que para corregirnos, para retractarnos de esas fallas, para llegar a una manifestación más compleja, más firme, más ambigua quizás, llega la vez de ponernos ante el problema de la expresión. Allí hay un concepto: “el gusto”. Es el gusto asumido, gozoso, por lo que hacen, dicen y escriben; lo que hace circular la sensibilidad y la sensualidad en la “Intima Utopía”. Allí en ese terreno Ponge nos dice: “Es así, sin vergüenza, elegir su propio gusto, pero ser terriblemente nítido con eso. Uno sabe lo que ama, hay que elegirlo, hay que tener el coraje del propio gusto y no solamente de las propias opiniones, pero creo que el gusto es algo más vital aún que las ideas. Que la poesía está al alcance de todo el mundo, si todo el mundo tuviera el coraje de sus gustos, de sus asociaciones de ideas. Las palabras vienen, incluso si no se tiene el talento de escribirlas de entrada, de hallarlas de entrada. Basta con esperar. He aquí la poesía hecha con todos de la que hablaba Lautremont”. Los medios de expresión vienen después pero el afecto, el agenciamiento están allí buscándolos. Cuántas ideas se bifurcan, cuánto nos gustan ciertas frases pronunciadas escritas, pensadas por los pacientes cuando nos reenvían a sentimientos propios y compartidos. Tres ejemplos: dice Philippe “¿De qué vamos hablar?”. ”Mi madre no me amaba, ella me admiraba” —dice Anne. Danielle dice de Leonor: “Su ser mujer toma el frente de su identidad proletaria”. El “entre”, la maquinación que se fue armando estas semanas a partir de la necesidad de esta mesa, me fue aclarando algunas cuestiones, de ese modo tan singular que este pensamiento nos propone, extendiendo las ambigüedades, arrojándonos a nuevas incertidumbres, incentivando las ganas de sumergirnos en un caos que está lleno de promesas. No son soluciones sino extensiones, devenires impensados que a pesar de todo porque nobleza obliga, precisan algunas conclusiones en relación a la clínica, a esa labor que desde hace un tiempo insiste en llevarnos a cierta disciplina y perseverancia. Nos mantiene sentados un buen tiempo reflexionando, afectándonos, ensayando con palabras y gestos modos de expresión predominantes en nuestro andar cotidiano. En este andar se me aparecen entonces tres ideas-fuerzas para trabajar en la clínica. La conversación, el gusto y el paseo. Tres componentes que seguramente están presentes en nosotros mismos en este momento en dosis singularmente diferentes. Las referencias a estas cuestiones están por todos lados y no hay que decirlas siquiera porque son materia del propio evento clínico. No lo trascienden ni lo organizan, son su consistencia. Acabo de leer sobre Thomas, el paciente de J.C., antes de rasguñar estas líneas. Uso bien la palabra rasguñar porque la asociación del sueño de Thomas sobre la bola de tenis en relación a su padre me lastimó un poco y puso luz a cierta oscuridad matinal. Ayer fue el día del padre del que yo como Thomas también tuve que alejarme pocos días antes de que se muriese durante un viaje. Mi hermano está enfermo, lo visité ayer también y aproveché para dar un paseo por el barrio, lo que hacía tiempo que no hacía, y no sé si con este frío de 3 grados mañana voy a jugar al tenis; no  me quisiera enfermar justo antes de viajar a San Pablo. Como ven, un arrastre interminable de asociaciones neuróticamente porteñas. Entonces es bueno escuchar al final a estos colegas compañeros que en serio se meten con el proceso que convoca el tratamiento con la psicosis… Sí, no hay que retroceder ante la psicosis, hay que mezclarse.
Por último una cita y un relato breve antes de salir: “Todo lo que no invento es falso”. (Mantel de Barros en Memorias inventadas). Pablo. Llega Pablo, no lo conozco, lo convoqué después de sus numerosas llamadas telefónicas; bajo a abrirle. Lo veo desaliñado, un poco gordo. Transpirando me comenta ya en el ascensor que un chabón lo miraba en el colectivo sin cesar. Debe ser un pedófilo, me dice con su primera sonrisa. Respondo que él parece tener ya más de 20 años; pero bueno, pienso, el Vaticano en estos días entra por todas partes, activando las alarmas ante las desviaciones de todo tipo, propias y ajenas… Sí, los esquizos deliran, pero deliran con la historia. ¿Por qué querés entrar a un grupo?, le pregunto, mientras pienso lo difícil que va a ser incorporarlo a un grupo de neuróticos. Soy muy tímido con las chicas, nunca estuve con ninguna, dice. Atrevete, dudo. El tímido soy yo con esto de cuidar al grupo en su refugio neurótico en ese teatrito de las representaciones. La cita vuelve, otra vez: “Evitar la doble ignominia del erudito y del familiar”. Al final termino sosteniendo a un grupo que sea como uno: familiar, inteligente, churro, donde nos mostramos y nos pavoneamos con nuestros respectivos saberes y así transitamos un análisis sin riesgo. Bueno, me mando. Llamame la semana próxima que hablo con el grupo para que entres.

Postsoberanía

Con la publicación de esta reseña crítica de Jon Beasley Murray al libro Postsoberanía: literautra, política y trabajo, de Oscar Cabezas, Lobo Suelto! pretende llamar la atención y si fuera posible desarrollar en varias direcciones una polémica en ciernes. Por un lado, están las tesis que Beasley Murray ha ofrecido en su libro Poshegemonia. Teoría política y América Latina[1]. Quienes frecuentan este blog han tenido ya posibilidad de acceso a la conversación con Jon en el espacio radial de Clinamen. Por su parte Juan Pablo Maccia y el blog Partes Naturales han reseñado su trabajo.
De Oscar Cabezas hemos publicado una reseña del libro de Oscar Cabezas, y una conversación con Oscar, también en Clinamen.
La “poshegemonia” tanto como la “postsoberanía” son conceptos globales que por una razón u otra resultan desarrollados a partir de la realidad sudamericana. Legítimamente los autores, marcados por las prácticas universitarias de países como EE.UU y Canada, proponen interpretaciones concernientes a cuestiones estratégicas para nuestra coyuntura. Tanto que haríamos bien en ponerlas en discusión.
En este caso, una de esas cuestiones en juego es la lectura de una obra fundamental como La cosa y la cruz, Leon Rozitchner, de la que Cabezas realiza una lectura sorprendente, compatibilizándola con la obra de Lacan y Badiou y situando a “la cosa” en la “trama invariante de la dominación cristiana”. A su turno Beasley Murray sitúa a Rozitchner sin más al interior del paradigma de lo teológico político, ignorando –precisamente!- hasta qué punto la critica de la cuestión cristiana, desarrollada desde un materialismo ensoñado enriquecería su propia perspectiva de los afectos y hábitos en el corazón de lo poshegemónico.
La invitación a discutir queda hecha, pues.

***

Postsoberanía: Literatura, política y trabajo, de Oscar Cabezas, es una contribución importante y provocadora a nuestra comprensión del capitalismo contemporáneo. La perspectiva de Cabezas  no es optimista: aunque concluye con un fogoso homenaje al comunismo como “horizonte irreductible del pensamiento y la justicia social” (281), la impresión más persistente que el libro nos deja concierne antes bien al alcance exhaustivo con que la lógica del mercado ha penetrado y colonizado completamente la vida cotidiana. Como lo explica en el capítulo final –esencialmente, una fenomenología del proceso de trabajo contemporáneo mediante interpretaciones de Charlie Chaplin, Albert Camus y Sergio Chejfec-, lo que Cabezas llama “postsoberanía”, lejos de implicar la extinción de la soberanía plantea “la soberanía total, totalitaria y totalizante” del dinero como equivalente general (277). No sólo nuestra experiencia cotidiana sino también el lenguaje está, como tal, sujeto a los principios colonizantes del dinero y el cálculo, al extremo de que “el lenguaje no comunica nada más que el adiestramiento funcional a la relación entre capital y trabajo” (265-66). En cierto modo, es un libro apocalíptico que, a pesar del período histórico que comprende (desde 1492 hasta el presente), sostiene que el capital ya ha abolido la historia en un “infinito malo” de producción perpetua y despersonalización absoluta en el cual el “trabajador eterno” está totalmente alienado por haber sido fatalmente empleado como órganos sin cuerpo (261-62). A pesar de la centralidad de la alienación en el argumento de Cabezas, no existe alivio alguno en el humanismo, ya que este es meramente la “estetización de la pobreza, de las diferencias, las cuales son transformadas en culto mercantil” (270).
¡Las perspectivas para los estudios culturales son escasas aquí! Además, hablar de “órganos sin cuerpo” muestra, tal vez de una manera más interesante, que sin importar cuánto tome de Gilles Deleuze y Félix Guattari, Cabezas modifica drásticamente muchas de las categorías acuñadas por estos autores y termina brindándonos una especie de versión perversa de la posthegemonía en la que nada escapa.
En otras palabras, es un deleuzoguattarianismo sin ninguna línea de fuga, o un remodelado distópico de Imperio, de Michael Hardt y Toni Negri, en el cual el Imperio lo es todo y la multitud, nada. “Sabemos”, escribe el autor, “que no existe ninguna comunidad afuera de la sociedad capitalista”; y aún así el (aspirante a) sujeto comunitario interior al capitalismo depende totalmente de una deuda espiritualizada y eterna, un “efecto de la dominación neo-imperial” (272). Cualquier comunidad como tal “bajo la dominación neo-imperial del capitalismo post-soberano es una comunidad de deudores” (272; énfasis en el original). De modo que Cabezas también nos brinda una tesis sobre la primacía de la deuda à la David Graeber en la cual, sin embargo, “occupy” no está disponible como consigna de resistencia.
Cabezas tal vez pueda argüir que estas objeciones precisamente ilustran el objeto de su investigación. Porque el argumento principal que enlaza los cuatro ensayos que componen su libro no consiste sino en una protesta contra la teología política en todas sus formas. Al principio de su introducción menciona que se inspiró, en parte, en Jacques Derrida (a quien, sin embargo, apenas si vuelve a mencionar de allí en adelante) y en parte en la famosa observación de Carl Schmitt según la cual “todos los conceptos significativos de la teoría moderna del Estado son conceptos teológicos secularizados” (13). No obstante eso, Cabezas se autodefine como totalmente anti-Schmittiano: abrevando sobre todo en el trabajo del teórico argentino León Rozitchner, se dispone a extirpar la teoría política de cada residuo de lo sagrado, dondequiera que  lo encuentre. En efecto, no debemos perseguir nada que se parezca a la redención. Es, precisamente, el deseo de redención el que por lo tanto desestima a los estudios culturales e incluso a tan improbables aliados de dicho campo de investigación como  Deleuze y Guattari o Hardt y Negri. Quizás de allí provenga el absolutismo de Cabezas, su reprobación de casi cada aspecto de la experiencia del trabajador (y del consumidor) contemporáneo: nuestra alienación es absoluta; “adentro del espacio de la postsoberanía, el capitalismo administra y controla desde la heterogeneidad o, en términos más precisos, desde el lenguaje compuesto de residuos, de mezclas transnacionales, de innovaciones mercantiles, de fragmentos de memorias borradas y de legados incompletos que aún así no escapan a la producción de plusvalor” (238). Esta es probablemente la novedad de la postsoberanía, los medios a través de los cuales la soberanía deviene absoluta: la diferencia y la hibridez obstaculizaron las formas más modernas, convencionales de soberanía; pero no constituyen un bastión contra la postsoberanía. Por el contrario, la postsoberanía se nutre de la diferencia. Y una vez más, no existe ningún escape: el lenguaje postfordista (y presumiblemente también la literatura) está ahora “completamente subordinado a la […] acumulación postsoberana de capital” (239; énfasis mío).Quizás sea demasiado fácil (aunque también pertinente) señalar que el apocalipticismo y el absolutismo de Cabezas continúan ligados a una escatología cuasi-religiosa que plantea al Comunismo como la Ciudad de Dios totalmente distinta de la Ciudad del Hombre postsoberano caído. Ciertamente, el recurso de Cabezas (vía Rozitchner) a un mater-ialismo que representa la noción de materialización femenina (madre/materia) como lo que fue reprimido por la tradición Judeo-Cristiana se remonta a un largo linaje religioso en absoluto ajeno al Judaísmo ni a la Cristiandad. Quizás, de manera más significativa, encuentro poco convincente la versión del psicoanálisis cultural de Rozitchner -que recupera los aspectos menos interesantes del último Freud-, y la exposición de Cabezas (que rara vez, si es que alguna, toma distancia de Rozitchner) favorece poco la menor ampliación de su atractivo.
Desde casi cualquier punto de vista el capítulo final del libro es el mejor. En él, Cabezas finalmente encuentra su propia voz. Sin embargo, incluso aquí mantiene el hábito de incorporar largas citas más o menos indigeridas de los textos que está discutiendo: de modo tal que no conseguimosdiscusiones de los textos sino recapitulaciones y extrapolaciones de lo que demasiado frecuentemente se presenta como escritura sagrada.
La primera parte del libro se habría beneficiado de lecturas más consistentes, a la vez en cantidad y en una mayor atención: el capítulo inicial sobre el Edicto de Expulsión de los Judíos Españoles de 1492, en particular, es demasiado reticente con la el archivo histórico, y ni siquiera cita el texto en cuestión; la aproximación al antiperonismo ensayada en el segundo capítulo es similarmente insatisfactoria. Pero me parece que el compromiso del capítulo final con “Tiempos Modernos” de Chaplin, “El Mito de Sísifo” de Camus y “Boca de Lobo” de Chejfec es provocador e importante.No obstante eso, quizás el fantasma de Derrida aceche al libro incluso aquí, donde los textos no son tanto deconstruidos como presentados en concepto de evidencia para las tesis sobre la absoluta alienación del (no)sujeto moderno. Finalmente, la metodología de Cabezas posee una extraña reminiscencia de los estudios culturales, aunque en vez de ir en busca de rastros de resistencia para celebrar, compone estos trabajos para probar la horrorosa situación en la que nos hallamos inmersas. Pero no estoy seguro de que la (post)soberanía del capital sea tan total: observemos simplemente las intervenciones estatales que siguieron a la crisis financiera desde el 2008, por ejemplo. Para mí, el punto crucial de la posthegemonía (y este es un libro poshegemónico) no es la celebración ni la reprobación intrínsecas, sino la ambivalencia. Estamos en tiempos peligrosos, y Cabezas brinda un servicio de señal al advertir sobre algunas de las tendencias inherentes a la subsunción real de lo social en el capital, pero estas tendencias no constituyen toda la historia. Absolutamente no.

Entre la luz y la sombra: el Subcomandante Marcos dice adiós como vocero del EZLN


Últimas palabras del vocero y estratega del EZLN tras su participación en el homenaje a Galeano, el zapatista asesinado en La Realidad, Chiapas, el dirigente del EZLN anuncia que Marcos deja de existir.
“Siendo las 0208 del 25 de mayo del 2014 en el frente de combate suroriental del EZLN, declaro que deja de existir el conocido como Subcomandante Insurgente Marcos, el autodenominado “subcomandante de acero inoxidable”. Eso es. Por mi voz ya no hablará la voz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional”.
En La Realidad, Planeta Tierra.
Mayo del 2014.
Compañera, compañeroa, compañero:
Buenas noches, tardes, días en cualesquiera que sea su geografía, su tiempo y su modo.
Buenas madrugadas.
Quisiera pedirles a las compañeras, compañeros y compañeroas de la Sexta que vienen de otras partes, especialmente a los medios libres compañeros, su paciencia, tolerancia y comprensión para lo que voy a decir, porque éstas serán mis últimas palabras en público antes de dejar de existir.
Me dirijo a ustedes y a quienes a través de ustedes nos escuchan y miran.
Tal vez al inicio, o en el transcurso de estas palabras vaya creciendo en su corazón la sensación de que algo está fuera de lugar, de que algo no cuadra, como si estuvieran faltando una o varias piezas para darle sentido al rompecabezas que se les va mostrando. Como que de por sí falta lo que falta.
Tal vez después, días, semanas, meses, años, décadas después se entienda lo que ahora decimos.
Mis compañeras y compañeros del EZLN en todos sus niveles no me preocupan, porque de por sí es nuestro modo acá: caminar, luchar, sabiendo siempre que siempre falta lo que falta.
Además de que, que no se ofenda nadie, la inteligencia de l@s compas zapatistas está muy por arriba del promedio.
Por lo demás, nos satisface y enorgullece que sea ante compañeras, compañeros y compañeroas, tanto del EZLN como de la Sexta, que se da a conocer esta decisión colectiva.
Y qué bueno que será por lo medios libres, alternativos, independientes, que este archipiélago de dolores, rabias y digna lucha que nos llamamos “la Sexta” tendrá conocimiento de esto que les diré, donde quiera que se encuentren.
Si a alguien más le interesa saber qué pasó este día tendrá que acudir a los medios libres para enterarse.
Va pues. Bienvenidas y bienvenidos a la realidad zapatista.
I.- Una decisión difícil.
Cuando irrumpimos e interrumpimos en 1994 con sangre y fuego, no iniciaba la guerra para nosotras, nosotros los zapatistas.
La guerra de arriba, con la muerte y la destrucción, el despojo y la humillación, la explotación y el silencio impuestos al vencido, ya la veníamos padeciendo desde siglos antes.
Lo que para nosotros inicia en 1994 es uno de los muchos momentos de la guerra de los de abajo contra los de arriba, contra su mundo.
Esa guerra de resistencia que día a día se bate en las calles de cualquier rincón de los cinco continentes, en sus campos y en sus montañas.
Era y es la nuestra, como la de muchos y muchas de abajo, una guerra por la humanidad y contra el neoliberalismo.
Contra la muerte, nosotros demandamos vida.
Contra el silencio, exigimos la palabra y el respeto.
Contra el olvido, la memoria.
Contra la humillación y el desprecio, la dignidad.
Contra la opresión, la rebeldía.
Contra la esclavitud, la libertad.
Contra la imposición, la democracia.
Contra el crimen, la justicia.

¿Quién con un poco de humanidad en las venas podría o puede cuestionar esas demandas?
Y en ese entonces muchos escucharon.
La guerra que levantamos nos dio el privilegio de llegar a oídos y corazones atentos y generosos en geografías cercanas y alejadas.
Faltaba lo que faltaba, y falta lo que falta, pero conseguimos entonces la mirada del otro, su oído, su corazón.
Entonces nos vimos en la necesidad de responder a una pregunta decisiva:
“¿Qué sigue?”
En las tétricas cuentas de la víspera no entraba la posibilidad de plantearnos pregunta alguna. Así que esa pregunta nos llevó a otras:
¿Preparar a los que siguen en la ruta de la muerte?
¿Formar más y mejores soldados?
¿Invertir empeños en mejorar nuestra maltrecha maquinaria de guerra?
¿Simular diálogos y disposición para la paz, pero seguir preparando nuevos golpes?
¿Matar o morir como único destino?
¿O debíamos reconstruir el camino de la vida, ése que habían roto y siguen rompiendo desde arriba?
El camino no sólo de los pueblos originarios, también de trabajadores, estudiantes, maestros, jóvenes, campesinos, además de todas las diferencias que se celebran arriba, y abajo se persiguen y se castigan.
¿Debíamos inscribir nuestra sangre en el camino que otros dirigen hacia el Poder o debíamos voltear el corazón y la mirada a los que somos y a los que son lo que somos, es decir los pueblos originarios, guardianes de la tierra y la memoria?
Nadie lo escuchó entonces, pero en los primeros balbuceos que fueron nuestras palabras advertimos que nuestro dilema no estaba entre negociar o combatir, sino entre morir o vivir.
Quien hubiera advertido entonces que ese temprano dilema no era individual, tal vez hubiera entendido mejor lo que ha ocurrido en la realidad zapatista los últimos 20 años.
Pero les decía yo que nos topamos con esa pregunta y ese dilema.
Y elegimos.
Y en lugar de dedicarnos a formar guerrilleros, soldados y escuadrones, preparamos promotores de educación, de salud, y se fueron levantando las bases de la autonomía que hoy maravilla al mundo.
En lugar de construir cuarteles, mejorar nuestro armamento, levantar muros y trincheras, se levantaron escuelas, se construyeron hospitales y centros de salud, mejoramos nuestras condiciones de vida.
En lugar de luchar por ocupar un lugar en el Partenón de las muertes individualizadas de abajo, elegimos construir la vida.
Esto en medio de una guerra que no por sorda era menos letal.
Porque, compas, una cosa es gritar “no están solos” y otra enfrentar sólo con el cuerpo una columna blindada de tropas federales, como ocurrió en la zona de Los Altos de Chiapas, y a ver si hay suerte y alguien se entera, y a ver si hay un poco más de suerte y el que se entera se indigna, y otro poco más de suerte y el que se indigna hace algo.
En el entretanto, las tanquetas son frenadas por las mujeres zapatistas, y a falta de parque fue con mentadas de madre y piedras que la serpiente de acero tuvo que echarse para atrás.
Y en la zona norte de Chiapas, padecer el nacimiento y desarrollo de las guardias blancas, recicladas entonces como paramilitares; y en la zona Tzotz Choj las agresiones continuas de organizaciones campesinas que de “independientes” a veces ni el nombre tienen; y en la zona de la Selva Tzeltal la combinación de paramilitares y contras.
Y una cosa es gritar “todos somos marcos” o “no todos somos marcos”, según el caso o cosa, y otra la persecución con toda la maquinaria de guerra, la invasión de poblados, el “peinado” de montañas, el uso de perros adiestrados, las aspas de los helicópteros artillados alborotando los copetes de las ceibas, el “vivo o muerto” que nació en los primeros días de enero de 1994 y alcanzó su nivel más histérico en 1995 y el resto del sexenio del ahora empleado de una trasnacional, y que esta zona de Selva Fronteriza padeció desde 1995 y a la que se suma después la misma secuencia de agresiones de organizaciones campesinas, uso de paramilitares, militarización, hostigamiento.
Si hay algún mito en todo esto no es el pasamontañas, sino la mentira que repiten desde esos días, incluso retomada por personas con altos estudios, de que la guerra contra los zapatistas sólo duró 12 días.
No haré un recuento detallado. Alguien con un poco de espíritu crítico y seriedad puede reconstruir la historia, y sumar y restar para sacar la cuenta, y decir si fueron y son más los reporteros que los policías y soldados; si fueron más los halagos que las amenazas e insultos, si el precio que se ponía era para ver el pasamontañas o para capturarlo “vivo o muerto”.
En esas condiciones, algunas veces sólo con nuestras fuerzas y otras con el apoyo generoso e incondicional de gente buena de todo el mundo, se fue avanzando en la construcción aún inacabada, es cierto, pero ya definida de lo que somos.
No es entonces una frase, afortunada o desafortunada, según se le vea desde arriba o desde abajo, la de “aquí estamos los muertos de siempre, muriendo de nuevo, pero ahora para vivir”. Es la realidad.
Y casi 20 años después…
El 21 de diciembre del 2012, cuando la política y el esoterismo coincidían, como otras veces, en predicar catástrofes que siempre son para los de siempre, los de abajo, repetimos el golpe de mano del 1 de enero del 94 y, sin disparar ni un solo tiro, sin armas, con nuestro solo silencio, postramos de nuevo la soberbia de las ciudades cuna y nido del racismo y el desprecio.
Si el primero de enero de 1994, miles de hombres y mujeres sin rostro atacaron y rindieron las guarniciones que protegían las ciudades, el 21 de diciembre del 2012 fueron decenas de miles que tomaron sin palabras los edificios desde donde se celebraba nuestra desaparición.
El sólo hecho inapelable de que el EZLN no sólo no se había debilitado, mucho menos desaparecido, sino que había crecido cuantitativa y cualitativamente hubiera bastado para que cualquier mente medianamente inteligente se diera cuenta de que, en esos 20 años, algo había cambiado al interior del EZLN y de las comunidades.
Tal vez más de alguno piense que nos equivocamos al elegir, que un ejército no puede ni debe empeñarse en la paz.
Por muchas razones, cierto, pero la principal era y es porque de esa forma terminaríamos por desaparecer.
Tal vez es cierto. Tal vez nos equivocamos al elegir cultivar la vida en lugar de adorar a la muerte.
Pero nosotros elegimos no escuchando a los de afuera. No a quienes siempre demandan y exigen la lucha a muerte, mientras los muertos los pongan otros.
Elegimos mirándonos y escuchándonos, siendo el Votán colectivo que somos.
Elegimos la rebeldía, es decir, la vida.
Eso no quiere decir que no supiéramos que la guerra de arriba trataría y trata de imponer de nuevo su dominio sobre nosotros.
Supimos y sabemos que una y otra vez habremos de defender lo que somos y como somos.
Supimos y sabemos que seguirá habiendo muerte para que haya vida.
Supimos y sabemos que para vivir, morimos.
II.- ¿Un fracaso?
Dicen por ahí que no hemos logrado nada para nosotros.
No deja de sorprender que se maneje con tanto desparpajo esta posición.
Piensan que los hijos e hijas de los comandantes y comandantas deberían disfrutar de viajes al extranjero, de estudios en escuelas privadas y luego de altos puestos en la empresa o la política. Que en lugar de trabajar la tierra para arrancarle con sudor y empeño el alimento, deberían lucirse en las redes sociales divirtiéndose en los antros, exhibiendo lujos.
Tal vez los subcomandantes deberían procrear y heredar a sus descendientes los cargos, las prebendas, los templetes, como hacen los políticos de todo el espectro.
Tal vez deberíamos, como los dirigentes de la CIOAC-H y de otras organizaciones campesinas, recibir privilegios y paga en proyectos y apoyos, quedarnos con la mayor parte y dejar a las bases sólo unas migajas, a cambio de que cumplan las órdenes criminales que vienen de más arriba.
Pero es cierto, no hemos logrado nada de eso para nosotros.
Difícil de creer que, 20 años después de aquel “nada para nosotros”, resultara que no era una consigna, una frase buena para carteles y canciones, sino una realidad, la realidad.
Si el ser consecuentes es un fracaso, entonces la incongruencia es el camino del éxito, la ruta al Poder.
Pero nosotros no queremos ir para allá.
No nos interesa.
En esos parámetros preferimos fracasar que triunfar.
III.- El relevo.
En estos 20 años ha habido un relevo múltiple y complejo en el EZLN.
Algunos han advertido sólo el evidente: el generacional.
Ahora están haciendo la lucha y dirigiendo la resistencia quienes eran pequeños o no habían nacido al inicio del alzamiento.
Pero algunos estudiosos no se han percatado de otros relevos:
El de clase: del origen clase mediero ilustrado, al indígena campesino.
El de raza: de la dirección mestiza a la dirección netamente indígena.
Y el más importante: el relevo de pensamiento: del vanguardismo revolucionario al mandar obedeciendo; de la toma del Poder de Arriba a la creación del poder de abajo; de la política profesional a la política cotidiana; de los líderes, a los pueblos; de la marginación de género, a la participación directa de las mujeres; de la burla a lo otro, a la celebración de la diferencia.
No me extenderé más sobre esto, porque ha sido precisamente el curso “La Libertad según l@s zapatistas” la oportunidad de constatar si en territorio organizado vale más el personaje que la comunidad.
En lo personal no entiendo por qué gente pensante que afirma que la historia la hacen los pueblos, se espante tanto ante la existencia de un gobierno del pueblo donde no aparecen los “especialistas” en ser gobierno.
¿Por qué les da terror el que sean los pueblos los que manden, los que dirijan sus pasos propios?
¿Por qué mueven la cabeza con desaprobación frente al mandar obedeciendo?
El culto al individualismo encuentra en el culto al vanguardismo su extremo más fanático.
Y ha sido eso precisamente, el que los indígenas manden y que ahora un indígena sea el vocero y jefe, lo que los aterra, los aleja, y finalmente se van para seguir buscando alguien que precise de vanguardias, caudillos y líderes. Porque también hay racismo en la izquierda, sobre todo en la que se pretende revolucionaria.
El ezetaelene no es de ésos. Por eso no cualquiera puede ser zapatista.
IV.- Un holograma cambiante y a modo. Lo que no será.
Antes del amanecer de 1994, pasé 10 años en estas montañas. Conocí y traté personalmente a algunos en cuya muerte morimos un mucho. Conozco y trato desde entonces con otros y otras más que hoy están aquí como nosotros.
Muchas madrugadas me encontré a mí mismo tratando de digerir las historias que me contaban, los mundos que dibujaban con silencios, manos y miradas, su insistencia en señalar algo más allá.
¿Era un sueño el mundo ése, tan otro, tan lejano, tan ajeno?
A veces pensé que se habían adelantado, que las palabras que nos guiaron y guían venían de tiempos para los que no habían aún calendarios, perdidos como estaban en geografías imprecisas: siempre el sur digno omnipresente en todos los puntos cardinales.
Luego supe que no me hablaban de un mundo inexacto y, por lo tanto, improbable.
Ese mundo ya andaba con su paso.
Ustedes, ¿no lo vieron? ¿No lo ven?
No hemos engañado a nadie de abajo. No escondemos que somos un ejército, con su estructura piramidal, su centro de mando, sus decisiones de arriba hacia abajo. No por congraciarnos con libertarios o por moda negamos lo que somos.
Pero cualquiera puede ver ahora si el nuestro es un ejército que suplante o impone.
Y debo decir esto, que ya he pedido la autorización del compañero Subcomandante Insurgente Moisés para hacerlo:
Nada de lo que hemos hecho, para bien o para mal, hubiera sido posible si un ejército armado, el zapatista de liberación nacional, no se hubiera alzado contra el mal gobierno ejerciendo el derecho a la violencia legítima. La violencia del de abajo frente a la violencia del de arriba.
Somos guerreros y como tales sabemos cuál es nuestro papel y nuestro momento.
En la madrugada del día primero del primer mes del año de 1994, un ejército de gigantes, es decir, de indígenas rebeldes, bajó a las ciudades para con su paso sacudir el mundo.
Apenas unos días después, con la sangre de nuestros caídos aún fresca en las calles citadinas, nos dimos cuenta de que los de afuera no nos veían.
Acostumbrados a mirar desde arriba a los indígenas, no alzaban la mirada para mirarnos.
Acostumbrados a vernos humillados, su corazón no comprendía nuestra digna rebeldía.
Su mirada se había detenido en el único mestizo que vieron con pasamontañas, es decir, que no miraron.
Nuestros jefes y jefas dijeron entonces:
“Sólo lo ven lo pequeño que son, hagamos a alguien tan pequeño como ellos, que a él lo vean y por él nos vean”
Empezó así una compleja maniobra de distracción, un truco de magia terrible y maravillosa, una maliciosa jugada del corazón indígena que somos, la sabiduría indígena desafiaba a la modernidad en uno de sus bastiones: los medios de comunicación.
Empezó entonces la construcción del personaje llamado “Marcos”.
Les pido que me sigan en este razonamiento:
Supongamos que es posible otra forma de neutralizar a un criminal. Por ejemplo, creándole su arma homicida, hacerle creer que es efectiva, conminarlo a construir, en base a esa efectividad, todo su plan, para, en el momento en que se prepara para disparar, el “arma” vuelva a ser lo que siempre fue: una ilusión.
El sistema entero, pero sobre todo sus medios de comunicación, juegan a construir famas para luego destruirlas si no se pliegan a sus designios.
Su poder residía (ya no, han sido desplazados en eso por las redes sociales) en decidir qué y quién existía en el momento en que elegían qué nombraban y qué callaban.
En fin, no me hagan mucho caso, como se ha demostrado en estos 20 años, yo no sé nada de medios masivos de comunicación.
El caso es que el SupMarcos pasó de ser un vocero a ser un distractor.
Si el camino de la guerra, es decir, de la muerte, nos había tomado 10 años; el de la vida tomó más tiempo y requirió más esfuerzo, por no hablar de sangre.
Porque, aunque no lo crean, es más fácil morir que vivir.
Necesitábamos tiempo para ser y para encontrar a quien supiera vernos como lo que somos.
Necesitábamos tiempo para encontrar a quien nos viera no hacia arriba, no hacia abajo, que de frente nos viera, que nos viera con mirada compañera.
Les decía que empezó entonces la construcción del personaje.
Marcos un día tenía los ojos azules, otro día los tenía verdes, o cafés, o miel, o negros, todo dependiendo de quién hiciera la entrevista y tomara la foto. Así fue reserva en equipos de futbol profesional, empleado en tiendas departamentales, chofer, filósofo, cineasta, y los etcéteras que pueden encontrar en los medios de paga de esos calendarios y en diversas geografías. Había un Marcos para cada ocasión, es decir, para cada entrevista. Y no fue fácil, créanme, no había entonces wikipedia y si venían del Estado Español tenía que investigar si el corte inglés, por ejemplo, era un corte de traje típico de Inglaterra, una tienda de abarrotes, o una tienda departamental.
Si me permiten definir a Marcos el personaje entonces diría sin titubear que fue una botarga.
Digamos que, para que me entiendan, Marcos era un Medio No Libre (ojo: que no es lo mismo que ser un medio de paga).
En la construcción y mantenimiento del personaje tuvimos algunos errores.
“Es de humanos el herrar”, dijo el herrero.
Durante el primer año agotamos, como quien dice, el repertorio de “Marcos” posibles. Así que para inicios de 1995 estábamos en apuros y el proceso de los pueblos estaba en sus primeros pasos.
Así que en 1995 ya no sabíamos cómo hacerle. Pero entonces es cuando Zedillo, con el PAN de la mano, “descubre” a Marcos con el mismo método científico con que encuentra osamentas, es decir, por delación esotérica.
La historia del tampiqueño nos dio aire, aunque el fraude posterior de la Paca de Lozano nos hizo temer que la prensa de paga cuestionara también el “desenmascaramiento” de Marcos y descubriera que era un fraude más. Afortunadamente no fue así. Como ésa, los medios siguieron tragando otras ruedas de molino semejantes.
Un tiempo después el tampiqueño llegó a estas tierras. Junto con el Subcomandante Insurgente Moisés, hablamos con él. Le ofrecimos entonces dar una conferencia conjunta, así podría él librarse de la persecución puesto que sería evidente que no eran Marcos y él la misma persona. No quiso. Vino a vivir acá. Salió algunas veces y su rostro puede encontrarse en las fotografías de los velorios de sus padres. Si quieren pueden entrevistarlo. Ahora vive en una comunidad, en…. Ah, no quiere que sepan dónde mero vive. No diremos nada más para que él, si así lo desea algún día, pueda contar la historia que vivió desde el 9 de febrero de 1995. Por nuestra parte sólo nos queda agradecerle que nos haya pasado datos que cada tanto usamos para alimentar la “certeza” de que el SupMarcos no es lo que es en realidad, es decir, una botarga o un holograma, sino un profesor universitario, originario del ahora doloroso Tamaulipas.
En el entretanto seguíamos buscando, buscándolas, buscándolos a ustedes, a quienes ahora están aquí y a quienes no están aquí pero están.
Lanzamos una y otra iniciativas para encontrar al otro, a la otra, a lo otro compañero. Diferentes iniciativas, tratando de encontrar la mirada y el oído que necesitamos y merecemos.
En el entretanto, seguía el avance de los pueblos y el relevo del que se ha hablado mucho o poco, pero que se puede constatar directamente, sin intermediarios.
En la búsqueda de lo otro, una y otra vez fracasamos.
A quien encontrábamos o nos quería dirigir o quería que lo dirigiéramos.
Había quienes se acercaban y lo hacían con el afán de usarnos, o para mirar hacia atrás, sea con la nostalgia antropológica, sea con la nostalgia militante.
Así para unos éramos comunistas, para otros trotskistas, para otros anarquistas, para otros maoístas, para otros milenaristas, y ahí les dejo varios “istas” para que pongan lo que sea de su conocimiento.
Así fue hasta la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, la más audaz y la más zapatista de las iniciativas que hemos lanzado hasta ahora.
Con la Sexta al fin hemos encontrado quien nos mira de frente y nos saluda y abraza, y así se saluda y abraza.
Con la Sexta al fin los encontramos a ustedes.
Por fin, alguien que entendía que no buscábamos ni pastores que nos guiaran, ni rebaños a los cuales conducir a la tierra prometida. Ni amos ni esclavos. Ni caudillos ni masas sin cabeza.
Pero faltaba ver si era posible que miraran y escucharan lo que siendo somos.
Al interior, el avance de los pueblos había sido impresionante.
Entonces vino el curso “La Libertad según l@s zapatistas”.
En 3 vueltas, nos dimos cuenta de que ya había una generación que podía mirarnos de frente, que podía escucharnos y hablarnos sin esperar guía o liderazgo, ni pretender sumisión ni seguimiento.
Marcos, el personaje, ya no era necesario.
La nueva etapa en la lucha zapatista estaba lista.
Pasó entonces lo que pasó y muchas y muchos de ustedes, compañeras y compañeros de la Sexta, lo conocen de manera directa.
Podrán decir luego que lo del personaje fue ocioso. Pero una revisión honesta de esos días dirá de cuántas y cuántos voltearon a mirarnos, con agrado o desagrado, por los desfiguros de una botarga.
Así que el relevo de mando no se da por enfermedad o muerte, ni por desplazamiento interno, purga o depuración.
Se da lógicamente de acuerdo a los cambios internos que ha tenido y tiene el EZLN.
Sé que eso no cuadra con los esquemas cuadrados que en los distintos arriba hay, pero eso la verdad nos tiene sin cuidado.
Y si esto arruina la perezosa y pobre elaboración de los rumorólogos y zapatólogos de Jovel, pues ni modos.
Ni estoy ni he estado enfermo, ni estoy ni he estado muerto.
O sí, aunque tantas veces me mataron, tantas veces me morí, y de nuevo estoy aquí.
Si alentamos esos rumores fue porque así convenía.
El último gran truco del holograma fue simular enfermedad terminal, e incluso todas las muertes que ha padecido.
Por cierto, lo de “si su salud lo permite”, que el Subcomandante Insurgente Moisés usó en el comunicado anunciando la compartición con el CNI, era un equivalente a “si el pueblo lo pide” o “si las encuestas me favorecen” o “si dios me da licencia” u otros lugares comunes que han sido la muletilla en la clase política en los últimos tiempos.
Si me permiten un consejo: deberían cultivar un poco el sentido del humor, no sólo por salud mental y física, también porque sin sentido del humor no van a entender al zapatismo. Y el que no entiende, juzga; y el que juzga, condena.
En realidad ésa ha sido la parte más sencilla del personaje. Para alimentar el rumor sólo fue necesario decirle a algunas personas en específico: “te voy a decir un secreto pero prométeme que no se lo vas a contar nadie”.
Por supuesto que lo contaron.
Los principales colaboradores involuntarios del rumor de enfermedad y muerte han sido los “expertos en zapatología” que en la soberbia Jovel y en la caótica Ciudad de México presumen su cercanía con el zapatismo y el profundo conocimiento que de él tienen, además, claro, de los policías que también cobran como periodistas, de los periodistas que cobran como policías, y de l@s periodistas que sólo cobran, y mal, como periodistas.
Gracias a todas y todos ellos y ellas. Gracias por su discreción. Hicieron exactamente como suponíamos que iban a hacer. Lo único malo de todo esto, es que dudo que ahora alguien les confíe ningún secreto.
Es nuestra convicción y nuestra práctica que para rebelarse y luchar no son necesarios ni líderes ni caudillos ni mesías ni salvadores. Para luchar sólo se necesitan un poco de vergüenza, un tanto de dignidad y mucha organización.
Lo demás, o sirve al colectivo o no sirve.
Ha sido particularmente cómico lo que el culto al individuo ha provocado en los politólogos y analistas de arriba. Ayer dijeron que el futuro de este pueblo mexicano dependía de la alianza de 2 personalidades. Antier dijeron que Peña Nieto se independizaba de Salinas de Gortari, sin darse cuenta de que, entonces, si criticaban a Peña Nieto, se ponían del lado de Salinas de Gortari; y que si criticaban a éste último, apoyaban a Peña Nieto. Ahora dicen que hay que optar por un bando en la lucha de arriba por el control de las telecomunicaciones, así que o estás con Slim o estás con Azcárraga-Salinas. Y más arriba, o con Obama o con Putin.
Quienes hacia arriba suspiran y miran pueden seguir buscando su líder; pueden seguir pensando que ahora sí se van a respetar los resultados electorales; que ahora sí Slim va a apoyar la opción electoral de izquierda; que ahora sí en Game of Thrones van a aparecer los dragones y las batallas; que ahora sí en la serie televisiva The Walking Dead, Kirkman se va a apegar al comic; que ahora sí las herramientas hechas en china no se van a quebrar a la primera vuelta; que ahora sí el futbol va a ser deporte y no negocio.
Y sí, puede que en algunos de los casos sí le atinen, pero no hay que olvidar que en todos ellos son meros espectadores, es decir, consumidores pasivos.
Quienes amaron y odiaron al SupMarcos ahora saben que han odiado y amado a un holograma. Sus amores y odios han sido, pues, inútiles, estériles, vacíos, huecos.
No habrá entonces casa-museo o placas de metal en donde nací y crecí. Ni habrá quien viva de haber sido el subcomandante Marcos. Ni se heredará su nombre ni su cargo. No habrán viajes todo pagado para dar pláticas en el extranjero. No habrá traslado ni atención en hospitales de lujo. No habrán viudas ni hereder@s. No habrán funerales, ni honores, ni estatuas, ni museos, ni premios, ni nada de lo que el sistema hace para promover el culto al individuo y para menospreciar al colectivo.
El personaje fue creado y ahora sus creadores, los zapatistas y las zapatistas, lo destruimos.
Si alguien entiende esta lección que dan nuestras compañeras y compañeros, habrá entendido uno de los fundamentos del zapatismo.
Así que en los últimos años ha pasado lo que ha pasado.
Entonces vimos que la botarga, el personaje, el holograma pues, ya no era necesario.
Una y otra vez planeamos, y una y otra vez esperamos el momento indicado: el calendario y la geografía precisas para mostrar lo que en verdad somos a quienes son en verdad.
Entonces llegó Galeano con su muerte a marcarnos la geografía y el calendario: “aquí, en La Realidad; ahora: en el dolor y la rabia”
V.- El dolor y la Rabia. Susurros y gritos.
Cuando llegamos al caracol aquí en La Realidad, sin que nadie nos lo dijera empezamos a hablar en susurros.
Quedo hablaba nuestro dolor, quedito nuestra rabia.
Como si tratáramos de evitar que al Galeano lo ahuyentaran los ruidos, los sonidos que le eran ajenos.
Como si nuestras voces y pasos lo llamaran.
“Espera compa”, decía nuestro silencio.
“No te vayas”, susurraban las palabras.
Pero hay otros dolores y otras rabias.
Ahora mismo, en otros rincones de México y del mundo, un hombre, una mujer, unoa otroa, un niño, una niña, un anciano, una anciana, una memoria, es golpeada a mansalva, rodeada por el sistema hecho crimen voraz, es garroteada, macheteada, baleada, rematada, arrastrada entre burlas, abandonada, recuperado y velado su cuerpo, enterrada su vida.
Sólo algunos nombres:
Alexis Benhumea, asesinado en el Estado de México.
Francisco Javier Cortés, asesinado en el Estado de México.
Juan Vázquez Guzmán, asesinado en Chiapas.
Juan Carlos Gómez Silvano, asesinado en Chiapas.
El compa Kuy, asesinado en el DF.
Carlo Giuliani, asesinado en Italia.
Aléxis Grigoropoulos, asesinado en Grecia.
Wajih Wajdi al-Ramahi, asesinado en un Campo de refugiados en la ciudad cisjordana de Ramala. 14 años, asesinado de un tiro en la espalda desde un puesto de observación del ejército israelí, no había marchas, ni protestas ni nada en la calle.
Matías Valentín Catrileo Quezada, mapuche asesinado en Chile.
Teodulfo Torres Soriano, compa de la Sexta desaparecido en la Ciudad de México.
Guadalupe Jerónimo y Urbano Macías, comuneros de Cherán, asesinados en Michoacán.
Francisco de Asís Manuel, desaparecido en Santa María Ostula
Javier Martínes Robles, desaparecido en Santa María Ostula
Gerardo Vera Orcino, desaparecido en Santa María Ostula
Enrique Domínguez Macías, desaparecido en Santa María Ostula
Martín Santos Luna, desaparecido en Santa María Ostula
Pedro Leyva Domínguez, asesinado en Santa María Ostula.
Diego Ramírez Domínguez, asesinado en Santa María Ostula.
Trinidad de la Cruz Crisóstomo, asesinado en Santa María Ostula.
Crisóforo Sánchez Reyes, asesinado en Santa María Ostula.
Teódulo Santos Girón, desparecido en Santa María Ostula.
Longino Vicente Morales, desaparecido en Guerrero.
Víctor Ayala Tapia, desaparecido en Guerrero.
Jacinto López Díaz “El Jazi”, asesinado en Puebla.
Bernardo Vázquez Sánchez, asesinado en Oaxaca
Jorge Alexis Herrera, asesinado en Guerrero.
Gabriel Echeverría, asesinado en Guerrero.
Edmundo Reyes Amaya, desaparecido en Oaxaca.
Gabriel Alberto Cruz Sánchez, desaparecido en Oaxaca.
Juan Francisco Sicilia Ortega, asesinado en Morelos.
Ernesto Méndez Salinas, asesinado en Morelos.
Alejandro Chao Barona, asesinado en Morelos.
Sara Robledo, asesinada en Morelos.
Juventina Villa Mojica, asesinada en Guerrero.
Reynaldo Santana Villa, asesinado en Guerrero.
Catarino Torres Pereda, asesinado en Oaxaca.
Bety Cariño, asesinada en Oaxaca.
Jyri Jaakkola, asesinado en Oaxaca.
Sandra Luz Hernández, asesinada en Sinaloa.
Marisela Escobedo Ortíz, asesinada en Chihuahua.
Celedonio Monroy Prudencio, desaparecido en Jalisco.
Nepomuceno Moreno Nuñez, asesinado en Sonora.

Los y las migrantes desparecidas forzosamente y probablemente asesinadas en cualquier rincón del territorio mexicano.
Los presos a quienes se quiere matar en vida: Mumia Abu Jamal, Leonard Peltier, los Mapuche, Mario González, Juan Carlos Flores.
El continuo entierro de voces que vida fueron, silenciadas por el caer de la tierra y el cerrarse de las rejas.
Y la burla mayor es que, en cada paletada de tierra que arroja el esbirro en turno, el sistema va diciendo: “no vales, no importas, nadie te llora, a nadie le da rabia tu muerte, nadie sigue tu paso, nadie levanta tu vida”
Y con la última paletada sentencia: “aunque agarren y castiguen a los que te matamos, siempre encontraré otro, otra, otros, que de nuevo te embosquen y repitan la danza macabra que acabó con tu vida”
Y dice “Tu justicia pequeña, enana, fabricada para que los medios de paga simulen y obtengan un poco de calma para frenar el caos que se les viene encima, no me espanta, no me daña, no me castiga”
¿Qué le decimos a ese cadáver al que, en cualquier rincón del mundo de abajo, se le entierra en el olvido?
¿Que sólo nuestros dolor y rabia cuentan?
¿Que sólo nuestro coraje importa?
¿Que mientras susurramos nuestra historia, no escuchamos su grito, su alarido?
Tiene tantos nombres la injusticia y son tantos los gritos que provoca.
Pero nuestro dolor y nuestra rabia no nos impiden escuchar.
Y nuestros susurros no son sólo para lamentar la caída de nuestros muertos injustamente.
Son para así poder escuchar a otros dolores, hacer nuestras otras rabias y seguir así en el complicado, largo y tortuoso camino de hacer de todo eso un alarido que se transforme en lucha libertadora.
Y no olvidar que, mientras alguien susurra, alguien grita.
Y sólo el oído atento puede escuchar
Mientras hablamos y escuchamos ahora, alguien grita de dolor, de rabia.
Y así como hay que aprender a dirigir la mirada, la escucha debe encontrar el rumbo que la haga fértil.
Porque mientras alguien descansa, hay quien sigue cuesta arriba.
Para mirar ese empeño, basta bajar la mirada y elevar el corazón.
¿Pueden?
¿Podrán?
La justicia pequeña se parece tanto a la venganza. La justicia pequeña es la que reparte impunidad, pues al castigar a uno, absuelve a otros.
La que queremos nosotros, por la que luchamos, no se agota en encontrar a los asesinos del compa Galeano y ver que reciban su castigo (que así será, que nadie se llame a engaño).
La búsqueda paciente y porfiada busca la verdad, no el alivio de la resignación.
La justicia grande tiene qué ver con el compañero Galeano enterrado.
Porque nosotros nos preguntamos no qué hacemos con su muerte, sino qué debemos hacer con su vida.
Disculpen si entro en el pantanoso terreno de los lugares comunes, pero ese compañero no merecía morir, no así.
Todo su empeño, su sacrificio cotidiano, puntual, invisible para quien no fuera nosotros, fue por la vida.
Y sí les puedo decir que fue un ser extraordinario y además, y esto es lo que maravilla, hay miles de compañeras y compañeros como él en las comunidades indígenas zapatistas, con el mismo empeño, idéntico compromiso, igual claridad y un único destino: la libertad.
Y haciendo cuentas macabras: si alguien merece la muerte es quien no existe ni ha existido, como no sea en la fugacidad de los medios de comunicación de paga.
Ya nos ha dicho nuestro compañero jefe y vocero del EZLN, el Subcomandante Insurgente Moisés, que al asesinar a Galeano, o a cualquiera de los zapatistas, los de arriba querían asesinar al EZLN.
No como ejército, sino como rebelde necio que construye y levanta vida donde ellos, los de arriba, desean el páramo de las industrias mineras, petroleras, turísticas, la muerte de la tierra y de quienes la habitan y trabajan.
Y ha dicho que hemos venido, como Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, a desenterrar a Galeano.
Pensamos que es necesario que uno de nosotros muera para que Galeano viva.
Y para que esa impertinente que es la muerte quede satisfecha, en su lugar de Galeano ponemos otro nombre para que Galeano viva y la muerte se lleve no una vida, sino un nombre solamente, unas letras vaciadas de todo sentido, sin historia propia, sin vida.
Así que hemos decidido que Marcos deje de existir hoy.
Lo llevarán de la mano sombra el guerrero y lucecita para que no se pierda en el camino, Don Durito se irá con él, lo mismo que el Viejo Antonio.
No lo extrañarán las niñas y niños que antes se juntaban para escuchar sus cuentos, pues ya son grandes, ya tienen juicio, ya luchan como el que más por la libertad, la democracia y la justicia, que son la tarea de cualquier zapatista.
El gato-perro, y no un cisne, entonará ahora el canto de despedida.
Y al final, quienes entiendan, sabrán que no se va quien nunca estuvo, ni muere quien no ha vivido.
Y la muerte se irá engañada por un indígena con el nombre de Galeano en la lucha, y en esas piedras que han colocado en su tumba volverá a andar y a enseñar, a quien se deje, lo básico del zapatismo, es decir, no venderse, no rendirse, no claudicar.
¡Ah la muerte! Como si no fuera evidente que a los de arriba los libera de toda corresponsabilidad, más allá de la oración fúnebre, el homenaje gris, la estatua estéril, el museo controlador.
¿A nosotros? Bueno, pues a nosotros la muerte nos compromete por lo que tiene de vida.
Así que aquí estamos, burlando a la muerte en la realidad.
Compas:
Dicho todo lo anterior, siendo las 0208 del 25 de mayo del 2014 en el frente de combate suroriental del EZLN, declaro que deja de existir el conocido como Subcomandante Insurgente Marcos, el autodenominado “subcomandante de acero inoxidable”.
Eso es.
Por mi voz ya no hablará la voz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Vale. Salud y hasta nunca… o hasta siempre, quien entendió sabrá que eso ya no importa, que nunca ha importado.
Desde la realidad zapatista.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, 24 de mayo del 2014.

P.D.1.- ¿“Game is over”?
P.D.2.- ¿Jaque Mate?
P.D.3.- ¿Touché?
P.D. 4.- Ahí se ven, raza, y manden tabaco.
P.D. 5.- Mmh… así que esto es el infierno… ¡Ése Piporro, Pedro, José Alfredo! ¿Cómo? ¿Por machistas? Nah, no lo creo, si yo nunca…
P.D.-6.- O sea que como quien dice, sin la botarga, ¿ya puedo andar desnudo?
P.D. 7.- Oigan, está muy oscuro acá, necesito una lucecita.

(…)
(se escucha una voz en off)
Buenas madrugadas tengan compañeras y compañeros. Mi nombre es Galeano, Subcomandante Insurgente Galeano.
¿Alguien más se llama Galeano?
(se escuchan voces y gritos)
Ah, tras que por eso me dijeron que cuando volviera a nacer, lo haría en colectivo.
Sea pues.
Buen viaje. Cuídense, cuídenos.
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Galeano.
México, mayo del 2014.

Cualunquismo: clase media argentina

por Pablo E. Chacón



Supongamos que exista la categoría hombre común como categoría política. Sería, casi sin dudarlo, una deriva de l´uomo qualunque o también, como subraya el politólogo Edgardo Mocca, de la mayoría silenciosa norteamericana o del poujadismo francés.

El cualunquismo, según esas fuentes, nació hacia 1945 en Italia, alrededor de la revista L´uomo qualunque, fundada por el comediógrafo Guglielmo Giannini y entre otros, por el nono Giorgio Macri, que siempre quiso ser artista pero sus convicciones (que no eran bolcheviques, pero tampoco fascistas) encontraron una síntesis en ese elogio al hombre común que trabaja, tiene familia, defiende la propiedad privada, que en épocas de violencia considera la posibilidad de la pena de muerte, ama el deporte, el aire libre, el sol, la ley, el orden y la eficacia policial.
Estos apuntes versan sobre un tiempo histórico más o menos enterrado, cuando el cualunquismo, trufado de trabajadores, hombres grises que agachaban la cabeza cuando pasaba un partisano, por lo menos pretendió organizar políticamente los restos monárquicos que en tiempos mejores festejaron DAnnunzio y Marinetti, uno con su prosa recargada y fastuosa, y el otro cantando loas al progreso, la aceleración y la velocidad.
El mismísimo Macri, el abuelo de Mauricio, intendente de la ciudad de Buenos Aires, cultivó durante un tiempo la amistad de Michelangelo Antonioni, hasta que el hambre y los deberes lo obligaron a cruzar el océano donde prosperaron hijos y nietos.
Sin embargo, el nono Giorgio jamás abandonó su pasión cinéfila y cuenta la leyenda que la última película que rodó Antonioni antes que la apoplejía lo dejara casi sin habla, resultó en parte financiada por aquel artista frustrado.
Se trataba de Identificación de una mujer, que se alzó con la Palma de Oro en Cannes 1982. Los protagonistas de ese filme recorren Venecia buscándose a sí mismos, perdidos entre los fantasmas de un pasado que no volverá. Pero no se entregan a la nostalgia, ese clásico del cualunquismo. En la pérdida, los personajes de Antonioni miran adelante: no hay nada. Sólo el impulso de inventar.
El hombre común es el hombre sencillo, el del fútbol, la bandera, la familia; el que grita nació, nació; el que se quiebra y no se sabe si se ríe o si tiene espasmos mientras pucherea murió, murió.
Es el que prepara el pavo de las navidades, la fiesta de casamiento de la tribu, el que guarda el secreto familiar bien temperado y más atroz, el que arrastra al nene al putero, a la cancha, al cine de súper acción.
El que se jubiló antes de nacer; el que dice: qué barbaridad, o roban pero hacen; el que dice: de algo hay que vivir; el que vota, optimista; el que vuelve a votar, algo decepcionado pero siempre optimista; el que vota otra vez.
El que va al Malba, es ese que saluda al rati de la esquina, el mismo que echa gargajos en la vereda del vecino, verdes como espumarajos de gelatina, después del mate mañanero, el que garca puntual, todos los días antes de lavarse los dientes.
Ese que tiene una mujer que vive estreñida, el tipo al que la secretaria del trompa lo manda a buscar fasos dieciocho pisos abajo, sólo con un mohín que simula atención y esconde desprecio.
Duerme mucho, mal, la pone una vez por semana con las velas encendidas, esas velas espantosas que trajo de Miami o de Cancún.
Es el mismo que dice: yo no vi nada, el que nunca ve nada y siempre sale de testigo; es el que corre si lo corren, el abonado a las reuniones de consorcio.
Es el tipo ese que saca un perro salchicha asqueroso a mear a la vereda y se pasea con la palita por si la bestia larga un tarugo.
Es el mismo que escucha atento las explicaciones del gerente general del banco donde tiene los depósitos que alguna vez le incautaron.
Es el que dice: patrona, bruja, mi mujer, mi negra, mi no sé qué, pero siempre con un mi adelante.
Es el que llora con el Diego Maradona, con el Burrito Ortega, con Messi, es el que alquila el video de la Salazar abriéndose los cantos.
Es el que putea a los ingleses, a los holandeses, a los brasileños, el que grita negro de mierda, brasuca tenías que ser.
Es el que vocifera hijos nuestros, el que grita: villero, cabecita negra, judío de mierda.
Es el tipo que grita: policía, policía, el que grita gol y putea a los norteamericanos y los aplaude de acuerdo a la tribuna.
Es el tipo que no fuma, no se droga, no se emborracha, toma tetra, no sabe nadar, no corre, tiene miedo en el barrio de Barracas a la noche y se siente inhibido en el barrio de Palermo Rúcula todo el día
Es el que tiene el culo gordo, de alcahuete, es el cornudo de ocasión, el que sale del teatro diciendo: pero qué actorazo, qué actorazo Ricardo Darín.
El cualunquismo es el heredero pacífico de la última dictadura cívico-militar: su clientela es ese sector amplio, mayoritario, la clase media conservadora y aterrorizada, amortizada para nada, asegurada en cementerios y prepagas, aterrorizada por el irreversible deterioro de la situación social.
Es esa clase media que no quiere creer pero sabe que la política es un costo, que junta roña y resentimiento. Es la clase que audita las crónicas extremas.
Pero estamos listos, en el horno, a fuego lento, y no hay seguros. Igual, no importa, van y ponen la tarasca.
Es en esta sociedad. Esta sociedad que ama a la autoridad y las presentaciones de revistas culturales de cuarta en hoteles de cinco estrellas de cuarta.
Eso es el cualunquismo.

Lo que las Europeas abren

por Madriloña




Noche cálida y noche intensa la de ayer. Tres datos la calentaron hasta el punto de hacernos sudar. El primero y más obvio: el bipartidismo está al borde del precipicio. No se trata de que hayan perdido 30 puntos respecto a la media de las tres últimas décadas –del 80 % a menos del 50 %– sino que en números absolutos, han perdido tres de cada cinco votantes: de los 19 millones de 2011 a los 7,5 de ayer. ¿Qué es lo que decían las encuestas? Al parecer la resilencia del sistema de partidos español está al límite. Han bastado tres años.

        

El segundo es, que por más que se quiera acallar, la abstención fue salvaje. Rozó al 55 %. Sólo en las dos anteriores comicios europeos se habían alcanzado niveles similares, y si se descontara Cataluña como una circunscripción aparte –por razones obvias–, la abstención habría alcanzado récord históricos. Para unas elecciones que se han vivido en clave de avance de las generales, tamaña desafección de la mayor parte de la ciudadanía apuntala que la crisis de régimen es profunda, o por decirlo en viejos términos, orgánica y no coyuntural.

El tercero es la irrupción de nuevas fuerzas políticas, entre las que sin hacer de menos los resultados del Partido X (100.000 votos), y de la aparición de Ciudadanos y Primavera Europea, la principal es sin dudas Podemos. Cinco escaños que han sorprendido a propios y a extraños, cinco esaños que han desbordado las previsiones más optimistas. Una formación apenas constituida, casi una campaña mediática anti-régimen y cuyo único elemento discursiva es «echar a la casta política» ha conseguido 1,25 millones de votos, prácticamente lo mismo que IU en las últimas convocatorias.

Los tres elementos apuntan en la misma dirección: el proceso constituyente es la clave del ciclo electoral que continua en las municipales y concluye en las generales. Lejos de haberse hecho más complejo, el escenario se ha simplificado; para bien. La física política del próximo curso puede llegar a reducirse a dos movimientos. Arrinconadas y empujadas hacia una solución que integre la «cuestión catalana», que trate de maquillar la crisis social y confiar en la recuperación convertida en largo estancamiento económico, las fuerzas del régimen apostarán, casi seguro, a la reforma constitucional. Si es el caso, los gobiernos de concentración nacional, las reformas impuestas y los grandes pactos serán el modo. Su resultado, apenas sepamos movernos, será el fracaso a medio plazo.

Del otro, se ha constituido ya un movimiento plural en el que todavía faltan actores, y cuyo propósito principal es la democratización institucional y a todos los niveles. Por paradójico que parezca, el principal vehículo político de este movimiento es Podemos. Si la progresión se mantiene, y es lo más probable, este puede superar a IU (ya lo ha hecho en Madrid y en Asturias), romper en dos a esa formación y proponerse como cabeza para un proceso constituyente democrático que realmente lo sea.

A aquellos que participamos en las iniciativas de movimiento, que pensamos que Podemos así manejado y construido, desde la presencia mediática, no era ni la mejor opción ni la más óptima para la revolución democrática, nos quedan básicamente dos opciones. O dejar pasar, presionando desde fuera, y en la medida de lo posible, para que se incorporen algunos elementos de movimiento a unas «posiciones de partido» cada vez más receptivas, aunque sólo sea por falta de programa y discurso. O participar directamente en la herramienta que se ha convertido en ariete institucional. Caso de optar por esto último, se trata de «movimentizar» Podemos, empujar contra la inevitable consolidación de los aparatos de partido y apostar por una organización política, que resulta necesaria, pero que no puede quedar anclada en lo meramente electoral.

Ambas opciones están ya sobre la mesa antes de saber los resultados. Y ambas se verán de nuevo tensionadas y modificadas por lo que ayer sucedió.


Elogio de la deserción (adiós Sub Marcos)

por Lobo Suelto



Lobo, buscando potencia,  llegó a desertor. Tres episodios revelan su biografía.

Lobo cachorro, criado entre edificios y bosques, resulta perturbado hasta los huesos cuando escucha a la manada proferir la palabra “desaparecidxs”. Más tarde -quizás desde siempre- se conmueve en su alma salvaje al descubrir la inversión de la fábrica de la potencia humana. Cuando contempla a unas Madres cuya potencia ya no es la de engendrar hijos, sino la de afrontar que ellos, sus hijos han resultados aniquilados por el terror estatal -es decir, militar; es decir, eclesial; es decir, empresarial. Unas madres que engendran potencias colectivas desde el dolor más indecible recorriendo los círculos de la imposibilidad. Este modo invertido de engendrar quedó grabado por siempre en sus lupinas pupilas, sin poder jamás digerirlas, olvidarlas. La ley: ¿qué Ley? Nunca pudo Lobo acabar con eso. Nunca pudo Lobo amar al estado. Nunca pudo Lobo volver a sentirse parte del todo.

Lobo adulto, se despierta una cálida mañana del verano del año 94. Lo sacude un aullido agudo. Sus oídos retuvieron lo esencial: pasamontañas, fierros, literatura, vidas humildes, indígenas. Su olfato hizo otro tanto. Nuevamente, una forma inédita de engendrar potencia colectiva. Potencia política. Comunidades en rebeldía. Paciencia infinita. Lobo se deleitó con sobrada ironía las palabras que venían de un supuesto poeta sin rostro, una voz engendrada en el cruce de la revolución y las mitologías mayas. Sin encandilarse, Lobo corrió. Corrió y corrió. Corrió, porque no podía consigo mismo de salvaje que se ponía. Y sintió cómo todo se volvía selva: el nuevo milenio se abría, proliferante, colorido. Nunca pudo Lobo después de eso detenerse. Ni sentirse solo.

Lobo viejo se entregó a las delicias de la deserción. Lector voraz, nunca desatendió la emisión de signos, incluso mínimos. Se volvió amante de las argucias y los simulacros, de todo esbozo de rabia y de ternura que la naturaleza pudiera estar elaborando en cualquier lengua. Lobo estudia verdades geométricamente demostradas: actualmente cree que todo eje vertical resulta fundamental si resulta capaz de engendrar, de modo inédito, la potencia de las horizontales.

Anoche Lobo se hizo una panzada con una ficción de despedida. Decía así “Es nuestra convicción y nuestra práctica que para revelarse y luchar no son necesarios ni líderes ni caudillos, ni mesías ni salvadores; para luchar sólo se necesita un poco de vergüenza, un tanto de dignidad y mucha organización, lo demás o sirve al colectivo o no sirve”. Y eructó sin nostalgias un “adiós Marcos”.

De Desalojos y Genocidas

Buenos Aires, 26 de mayo de 2014


El  viernes 23 de mayo fueron desalojadas del sector A de la Unidad 31 de Ezeiza alrededor de 40 mujeres –que no tienen hijxs alojados consigo, muchas de ellas  extranjeras– las mismas fueron trasladadas al complejo IV de Ezeiza (ex Unidad 3, de máxima seguridad) y a la Unidad N° 13 de La Pampa.

Lo sucedido es consecuencia de una resolución de la Dirección Nacional del Servicio Penitenciario Federal del 7 de mayo pasado en la que se da cuenta del “incremento de la tasa de encarcelamiento y la consecuente insuficiencia de plazas existentes para el alojamiento de detenidos varones adultos, especialmente en aquéllos establecimientos penitenciarios federales de la región metropolitana”, y se propone readecuar y utilizar de manera transitoria el sector A del centro Federal de Detención de Mujeres (Unidad 31) como Anexo Residencial para adultos mayores, hasta tanto se construya dentro del predio del Complejo Federal N°I , una residencia específica para esta categoría de internos” ordenando así  el alojamiento en la Unidad 31 de imputados y condenados por crímenes de lesa humanidad, hasta ahora detenidos en el Complejo Penitenciario Federal II, de Marcos Paz.

La medida se basa en la necesidad de garantizarles mejores condiciones de salud, puesto que allí podrán tener más fácil acceso al Hospital Central I de Ezeiza para recibir diariamente aquellas especialidades médicas que allí se brindan.
Nos preguntamos por qué garantizar derechos de imputados por genocidio primó por sobre todas las consideraciones que las sucesivas administraciones vienen realizando en torno de esta prisión, creada –en palabras oficiales- para brindar el indispensable tratamiento diferenciado y específico a mujeres privadas de libertad y exportada como “establecimiento a imitar para los sistemas carcelarios de Centro y Sudamérica”. Cabe aclarar que la Unidad 31 de Ezeiza, es una unidad descripta como “modelo”, de mínima seguridad, preparada especialmente para alojar a las mujeres/madres y sus hijos menores de 4 años y mujeres con buena conducta.
El Complejo IV de Ezeiza, donde trasladaron a las mujeres es, en cambio, una cárcel de máxima seguridad, por lo tanto, con un régimen diferente y con mayores deficiencias edilicias, de cupo educativo, de acceso a la salud, etc.
Por tales motivos, mujeres alojadas en la Unidad 31 iniciaron en la noche del sábado 24 una huelga de hambre –seca y húmeda- hasta tanto diera marcha atrás en forma inmediata a la medida implementada y se garantizara la permanencia en la unidad de mujeres y niñxs. En la tarde del domingo 25 algunas mujeres habrían  levantado la medida tras la noticia de que Cristian Soriano de Dirección Nacional del S.P.F. firmara un comunicado donde se garantizaba la permanencia de las mujeres con sus hijxs en la unidad.
Nos preguntamos también por el plazo de la transitoriedad de la medida, y si no era posible  agilizar y priorizar la generación de cupo en una unidad de varones, como el Complejo I al que se alude. Nos preguntamos especialmente qué posición toma el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos ante esta situación, que en pos de resolver la situación de un grupo de internos, vulnera los logros alcanzados por la propia gestión en pos de otro grupo históricamente vulnerado en sus derechos por su condición de género y reconocido de ese modo por la propia administración penitenciaria.
Mientras tanto, sigue su curso el habeas corpus colectivo que fuera remitido al Juzgado Federal de Lomas para exigir que se dé marcha atrás al traslado de sus compañeras y el alojamiento de genocidas en la unidad.
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La Realidad en el amanecer del 25 de mayo de 2014

por Emmanuel Rozental



Mientras se producen y reproducen imágenes y textos de lo que fue el homenaje del EZLN al compa Galeano, por ahora, resulta indispensable compartir con quienes no estuvieron presentes personalmente en ese día excepcional de La Realidad, un retorno más a casa: a ese ámbito en recuperación y construcción donde, por difícil que sea, somos nosotras y nosotros con la Madre Tierra o se nos exige que lo seamos para defender y proteger la vida.

La madrugada del 25 de Mayo de 2014, en la noche profunda de La Realidad, el Caracol zapatista Tojolabal en el corazón Zapatista de la selva de Chiapas, seguramente será recordada como un evento crucial, como un destello del tiempo otro de la historia siempre negada de los vencidos, de los de abajo.


Que hablen por sí mismas las últimas y hermosas palabras del Sub-Comandante Insurgente Marcos. Ya están circulando por todas partes mientras se prenden de su tronco aún húmedo, fresco, cálido, como la selva donde las pronunció, análisis, juicios, discursos, emociones, interpretaciones. Que hablen como expresión de un planteamiento que se teje al silencio que nos permite escuchar el ruido del mundo de opresión que se derrumba y a todos los hechos que recordó como parte del largo camino de resistencias de los de abajo del que hacen parte estos 20 años de guerra contra el olvido que se iniciara en Chiapas el 1 de enero de 1994, fecha en la que los olvidados irrumpieron en el calendario del despojo para aportar desde tierras indígenas Mayas al camino que requiere destrozar el propio calendario de hojas repetidas e interminables horas, minutos, segundos que sirven a la codicia, a la guerra permanente contra la vida: a la muerte. Por ahora, resulta indispensable compartir con quienes no estuvieron presentes personalmente en ese día excepcional de La Realidad, un retorno más a casa: a ese ámbito en recuperación y construcción donde, por difícil que sea, somos nosotras y nosotros con la Madre Tierra o se nos exige que lo seamos para defender y proteger la vida.


Quienes sostienen el escenario, el discurso, el sentido y el camino, estaban allí. No todas ni todos,  claro, pero si estaban. Siguen allí. Dormían a la intemperie o debajo de la tarima donde hablaron el Sub Moisés y el Sub Marcos, el Comandante Tacho, otros miembros del EZLN y de la Junta de Buen Gobierno del Caracol de La Realidad. Desaparecían detrás, en medio, por ahí. Eran un silencio a gritos. Presencias como siempre encapuchadas, bocas detrás de paliacates y miradas, sobre todo, miles de miradas acostumbradas a observar, a observarnos, que es para saber y sentir: para estar siendo. Bajo el calor y la lluvia, protegiendo la cancha y la tarima, sin pedir nada. No había una ni unos solo pidiendo limosna como lo tienen que hacer en el lugar que les impusieron en la calles de San Cristóbal de las Casas como en el resto del mundo al que los condenaron. Muchas mujeres con bebés colgados o amamantando. Allá, en torno y detrás del escenario. Acá, en frente, separados por la cancha vigilada, los y las solidarias. Alrededor y del otro lado, ellas y ellos. Nos asignaron un espacio para presenciar, visitar, estar allí. Un espacio ajeno, prestado, de visita en casa. Desde allí esperamos.
La agenda era de ellas y ellos. En tres momentos se rompió la espera. Cada uno de ellos transformó la cancha protegida en ámbito de un ritual, de un mensaje. Entonces, desde atrás y alrededor, en silencio, con una rapidez enorme, salían de abajo y de atrás miles, con cintas de colores diversos en cada pasamontañas según el Caracol y una cinta negra todas y todos, por el dolor y la rabia de ese luto en particular que los tejió y nos llevó a La Realidad, el Compa Galeano. La cancha fue ocupada. Las miradas todas dirigidas al  mismo lugar. 


Primer Acto 

Primer acto, milicianos tejidos en cadena, marchando como una sola fuerza hacia nosotras y nosotros. Desde allá. Una frontera. La de su mundo invencible, la de sus tierras, la de ese camino al que no se llega con discursos y solidaridades sino estando para ser parte de ese camino largo que por no caber en ninguna conquista, no puede ser conquistado. De este lado, nosotras y nosotros y nos queda claro. Cuando llegaron desde las columnas de las y los bases de apoyo-miradas hasta acá, marcando la frontera de tanto dolor, de tanto silencio, de toda la persistencia, de la fuerza que dijo no más y se establece, queda un corredor de tierra y un enorme silencio marcial y caluroso bajo el sol selvático del medio día.


Allí aparece el Sub Marcos en su caballo en un extremo y desde allí levanta la mano con el gesto de irreverencia y desprecio, de rebeldía y desobediencia hacia arriba, afuera y a la derecha.

Tiene además un parche sobre un ojo, lo mismo que los milicianos.
Del otro lado el Sub Moisés y otras y otros comandantes cabalgando y saludándose, saludando a sus bases, cabalgando allí en La Realidad de la que son.


Un segundo tiempo, en el que la cancha vuelve a ser ocupada. Habla el Comandante Tacho, la palabra indígena…mejor, la ética, el decidir optando, no ya desobedeciendo a un orden que ya no es para ellas y ellos, sino a ese mandar obedeciendo que es el suyo de todas y todos de siempre en comunidad frente al odio y al desprecio.


En medio de las columnas de los Caracoles, nosotras y nosotros en el centro, mirando bajo el sol a la tarima donde el Sub Moisés, está en medio de toda la Comandancia, leyendo sus palabras.


Habrá que leerlas y re-leerlas. Baste por ahora contarles que estaba vestido de negro todo, hasta la gorra y que nos dijo que no sabía bien leer ni escribir. No sabía bien donde van los acentos ni entender muchas cosas que dicen los libros (pero hay muchos libros que confunden). Pero que eso sí, ellas y ellos sabían leer La Realidad. Y bueno, lo demás lo dice él nombrando a la gente que nos rodea, a la tierra que no alcanzamos a nombrar, a la historia que ha sido negada. Y hablando desde ese estar permanente que nunca cupo ni cabrá en el sistema que conquista y mata, puso en su lugar a los indígenas como ellos mismos, a los pobres como ellos mismos, de quienes se sirven como siempre los más poderosos, para que nos matemos entre nosotros y ellos ganen. O sea que hay que leerlo, porque el Sub Moisés nombró la autoridad de esas selvas y montañas y señaló con firmeza, más allá de los verdugos directos, al Gobernador de Chiapas, al Presidente de México, como culpables con evidencias, del crimen y linchamiento del Compa Galeano, al igual que de la larga lista de otros crímenes. Todo para establecer con absoluta firmeza y contundencia en nombre de todas y todos los que si saben y siempre han sabido leer, que hace falta justicia y que se hará y esta incluye venganza, claro, pero contra el sistema, no contra esos pobres que le estarán enseñando a sus  hijas e hijos, iguales a quienes allí se nombran zapatistas, pero vendidos por unas monedas, a odiar y a matar. Es decir que señaló la vergüenza de los sicarios, pero estableció la conexión directa desde allí, hasta los malos gobiernos con nombres propios, hasta el Capital transnacional. O sea que allí al sol, rodeados de gente de la tierra, sentimos en voz del Sub-Moisés, precisamente y en silencio, la fuerza de este pueblo que hace su parte y conoce su camino. Esta segunda escena nos hizo sabernos rodeados, envueltos por el mundo que nunca ha dejado de ser y que viene. Todo lo que hemos despreciado, plantado como vida y autoridad. Nosotras y nosotros, entendiendo que el que no sabe leer como nosotros, es el que está leyendo con ellas y ellos en colectivo y desde la tierra y que ya se cansaron de no ser y están abriendo el camino. El Compa Galeano muere en medio de una guerra total contra la vida. Es el Capital el que lo lincha. Será el Capital quien pague y responda ante la justicia de las y los hijos e hijas del maíz. El Sub Moisés sabe ser palabra de la tierra. En su vida y presencia sub-comanda lo que manda el pueblos. En una fila de miles, marchamos en medio de las y los zapatistas, al rancho del Maestro Votán Galeano y honramos el lugar de flores y velas donde ha sido sembrado.


Habrá que volver a leer al Sub Moisés. Varias veces. Porque a quienes no sabemos leer La Realidad como quienes saben en el dolor y el abuso lo que es el sistema, a quienes nos toca estudiar en libros para esclarecer y visitar para estar en casa, nos cuesta entender lo que se sabe a fuerza de humillaciones, muertes, injusticias, silencios, abusos a través de los cuales les enseñaron a no saber poner los acentos, leer palabras escritas y hacer discursos para poder despreciar como ignorancia el fruto podrido del desprecio de siempre. La vergüenza de la palabra que manda despojando nos ha sido devuelta de nuevo en esta segunda escena. Vamos en fila india a honrar en el Compa Galeano, a todas y todos los despreciados. Vamos en el camino, desenterrando la vergüenza que se nos hizo orgullo y vanidad. Vamos sabiendo que el Zapatismo ha sido siempre, pero siempre del color de la tierra, estamos, deberíamos estar listas, listos, para la tercera escena. Ahora sí, enterrados en La Realidad en medio de ojos que nos miran, madres que siguen pariendo indígenas y voces que, por no hablar nuestra lengua leen. Esto, que apenas empieza a aparecer como lección en la Primera Escuelita de la Libertad según Las y Los Zapatistas, es una fila de honor y honra frente al Compa Galeano, que esa tarden en la congoja del corazón son todas y todos los que nos duelen y nos acompañan muertos sin nombre en esta guerra permanente de la codicia contra la tierra y los pueblos.

La cancha se desocupa. Las milicias vuelven a su lugar. En la oscuridad de la noche, conversan, se balancean en las hamacas, se burlan y se ríen con nosotras y nosotros los y las compas. Tenemos que pasar en medio de ellas y ellos para ir al baño, lavarnos. Somos extraños, extranjeros, en La Realidad.

Tercer escenario. Cae la noche y tres aguaceros. Hay unas filas de asientos cerca de la tarima iluminada. Pasamos muchas horas en silencio. En La Realidad, el tiempo, el ritmo, lo que habrá de suceder, es de ellas y ellos. Secreto, pulso, espera, paciencia. Estamos en casa y de visita. Se nos anuncia que el Compa Galeano va a ser desenterrado y esperamos. Ahora, en este tiempo, nos toca aprender a esperar, pero ya sabemos que acá, manda la tierra y se levanta frente al capital con rostro y piel de indígenas de maíz. No es poesía en palabras, lo es, como bien se dice acá: “de por sí”. Las sillas son para las y los mayores de edad adherentes a la sexta, solidarias y solidarios. La cancha se llena de nuevo hasta atrás. Miles de silencios esperando. Las tres lluvias limpiaron el aire. Allí es anunciado el Sub-Marcos. Se sienta y conversa leyendo. Pide, como ya se sabe, el favor de que escuchemos con cuidado e intentemos entender. Lo demás es su palabra. Al final, luego de 52 minutos y su salida por la parte de atrás del escenario, y las olas de aplausos en el que por fin ellas-ellos, nosotras y nosotros nos tejimos estando, algo como una alegría que es al tiempo ganas de llorar y reclamo por lo que falta a la vez que gratitud por lo recorrido, se sedimenta en su tiempo propio. No es de pensar aunque se requiera. Es mucho más. Llueve fuerte, recio, limpio, el resto de la noche hasta el amanecer de cantos de pájaros. Por ahora basta con decir que esos 20 años de la humanidad toda, desde Chiapas, tejidos a la tierra, contra el Capital y sus malos gobiernos, ese último asesinato del Compa Galeano, que se suma a los muchos otros de tanta gente en todas partes que ahora mismo y antes exterminan para la codicia del Capital, tuvieron un vocero para hacerse entender. Un puente para quienes quisieran escuchar. Un tema para zapatólogos expertos. Un mito, una actuación, un holograma. Mientras tanto, deslumbrados por esa palabra también de ellas y ellos, para nosotras y nosotros, nos entretuvieron 20 años de 5 siglos y desde muchos siglos antes, para trabajar en concreto vivir con la tierra desde Chiapas. Hoy, después del 25 de mayo de 2014, no hace falta Marcos, porque los y las que siempre están, son escuela en su voz y en sus actos. Habla La Realidad, no el Sub-Marcos. O mejor, es la última vez que él habla para que hable La Realidad que le dio su parte. En este tercer acto pasaron muchas cosas. Pero sobre todo pasó el gesto de una vida que, derrotada varias veces por quienes miran y no saben leer más que La Realidad y la codicia del asesino, supo ponerse al servicio de una palabra mayor que sirve a la paz y a la vida. Reconoció que tenía una parte asignada y aprendió a obedecer lo que le mandaron. Lo hizo, lo ha hecho con convicción y humor. Esa parte, ese papel que pudo hacer como mejor quiso y pudo, muy a su modo suyo, fue hasta la madrugada de La Realidad del 25 de mayo de 2014 en el tiempo que ha de acabarse del dolor y de la rabia, la del Sub Comandante Insurgente Marcos. Cumplida la tarea, vuelve la palabra a quienes la han sentido anegada, negada. Qué manera mayor de agradecerle el cumplir que darle la palabra para despedirse, así como se la dieron para ir construyendo el camino. Amanece en La Realidad. Una desesperación por tanto desprecio y derrota. Un grito ahogado pensando en alguien que está siendo llevado ahora mismo a una “casa de pique” a ser destrozado vivo con motosierras en Buenaventura y en otros lugares para que el Capital construya su puerto. Vuelve y retumba la larga lista que leyó el Sub, que nombró uno a uno, una a una, como Betty Cariño, como Pedro Leyva, como tantas y tantos en todas partes. Una lista que dolió tanto, tantísimo, que ahora mismo resuena. Un homenaje a las y los negados, desaparecidas, encarcelados, silenciados, exterminadas, violadas. Un rechazo a los caudillos que luego en coherencia cierra con su salida. Un instante para sentir como una asfixia tanta derrota, tantos vendidos, engañados, cansados que consiguieron su lugar en el régimen a nombre de la libertad. Una enorme soledad en buena compañía porque ahora queda claro que, este muerto, el Compa Galeano, no se lo robaron. El Sub-Marcos nombró esta oscuridad, esta misma que nos somete y nos agobia. Esta misma que viene ahora a cumplir con el exterminio que requiere para seguirse imponiendo. Pero lo que van matando, nos corresponde devolverlo a la vida y que se nombre a sí mismo en su palabra y rostro, desde sus tierras y territorios. Siempre fueron las y los zapatistas desde abajo. Nunca fue Marcos. Nos queda darle las gracias por cumplir su parte que le asignaron y sentirnos rodeados de La Realidad de quienes son capaces de inventarse un Marcos, o lo que haga falta para la Libertad según las y los Zapatistas…y bueno, que es verdad que no están solas y solos, no porque lo digamos o hayamos ido hasta allá, sino porque ustedes creían que íbamos allá a estar con ustedes pero la verdad es que ustedes están allá para que no estemos solas y solos los y las que también y sin que nos nombre directamente el Sub Marcos o los análisis que se hagan de su personaje, con nuestros fracasos y memorias, vamos por el mismo camino aprendiendo.


Ah, por si acaso, queda claro, seguramente, que se va Marcos, porque lo que es el Sub, guerrero, que puso al servicio de esos pueblos el cuerpo tejido a los demás, el que obedeciendo a la decisión de la muerte antes que la indignidad de ir muriendo podridos en silencio bajo el “Libre Comercio”, ayudó a organizar un levantamiento armado, ese que da la vida con todas y todos, se queda, llámese como se llame, en el EZLN, el ejército que hace la guerra para morir y si no se mueren, quienes quedan vivos, construyen escuelas, hospitales, autonomías y libertad con y desde la tierra. Se va la voz, se queda el compañero. Vale y salud.
Lo que queda, son las miradas, las voces, las madres con sus hijas e hijos, la selva, lo que levanta el escenario mientras haga falta hasta cuando no haga ya falta nunca más y quede eso, la vida digna, a la que se regresa el personaje que se vistió de Sub Marcos….nuestro lugar en la Tierra: Nuestra Casa. 

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