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¿Qué puede el estado frente a las nuevas formas de violencia que surgen en los territorios? Rita Segato dice que en esos conflictos la única justicia en la que se puede confiar es la comunitaria. Hablamos con José Luis Callegari, abogado del Centro de Participación Popular Monseñor Angelelli de Florencio Varela, que fue amenazado públicamente por la actividad del Centro y por denunciar la vinculación entre el narcotráfico y sectores del poder político y la policía.
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«Estamos ante una nueva escena bélica a la que muy poca gente le está prestando atención»
Por Clinämen
“No nos salvaremos solos”: Entrevista a la filósofa Marina Garcés
– Hablás del estallido de la burbuja individual. ¿Cuáles serían las causas de este proceso?
Planteás un punto de partida distinto al de muchas tradiciones políticas. No hay que crear comunidad: ya vivimos en un mundo común y somos interdependientes. Tenemos entonces que plantearnos qué nos separa pero, también, cómo vivir juntos…
Entonces el compromiso, siguiendo lo que decías, no sería tanto una elección como un descubrirse comprometido.
Hablás de nuevas formas de politización que tenemos que aprender a reconocer. ¿Podrías dar algún ejemplo?
Hay una especie de fascinación o forma de entender lo político como ruptura, como comentas en el libro. Quizás por eso no se ve lo político en lo cotidiano.
Q uizás somos un poco yonquis del chute de energía que brindan esos momentos de ruptura…
Apuntás que la revolución es también un problema del pensamiento, una idea que se impone como necesaria cuando se entreabre su posibilidad. ¿El 15M ha entreabierto esa posibilidad?
Es lo que defines como el descubrimiento de nuestra capacidad de poder hacer.
¿Qué se están jugando sobre la tierra?
¿Por qué se apela a la criminalización de la lucha por la tierra?
Uso y abuso de drogas
Hasta México y Colombia
Al ladrón
Sin fronteras
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Cine-capital
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en La Libre – 22/03/14)
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Clinämen: ¿Cómo las imágenes devienen revolucionarias?
Conversamos con el crítico de cine y profesor de la Universidad de Kyoto Jun Fujita, de paso por Buenos Aires para presentar su libro “Cine-Capital, ¿cómo las imágenes devienen revolucionarias?” (Tinta Limón Ediciones, 2014). De paso, charlamos sobre el movimiento antinuclear en su país, las manifestaciones políticas en Argentina y sobre la relación con la comida.http://ciudadclinamen.blogspot.com.ar/
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La vagancia: el documental
Entrevista a Pablo Farrés: “No hay odio que en el extremo no se transforme en farsa”
Farrés nació en septiembre de 1974; vive en
El reglamento ¿es anterior o posterior a El desmadre? En cualquier caso, ¿cuál es el punto que podría conectar a ambas novelas?
El genérico novela, ¿corresponde estrictamente a lo que hacés?
Por ejemplo, ¿qué representa El reglamento si es que representa algo?
El libro trata del director de una secundaria que imposibilitado de escribir el reglamento de su escuela le escribe una carta al ministro de educación del Régimen. ¿Cómo se cuenta la imposibilidad de la ley?, ¿con qué ley se escribe que la ley es imposible?, esas son las preguntas con las que la narración trabaja. (Walter) Benjamin, (Carl) Schmitt, (Giorgio) Agamben, (Jacques) Derrida y otros más trabajaron mucho sobre esto. Problematizan la relación entre la ley y la vida tomando como paradigma más o menos explicito los campos de concentración. Pero, no sé, me parece que perdieron algo más prosaico pero no menos aterrador. No hay escuela, por más modernosa y canchera que sea, que no defina, decida y separe, una vida buena de una mala, una vida digna de ser vivida y una indigna de ser vivida. La educación trabaja con eso todo el tiempo, desde las evaluaciones hasta la circulación de la palabra. Pero eso debe formularse y se formula en reglamentos. Y porque son aterradores, los reglamentos terminan resultando muy graciosos -es difícil leer de otro modo el terror.
El reglamento como un imperativo categórico que produce efectos, pero que destroza a la debilidad. ¿Podría pensarse como un sistema de poder transgresor, supuestamente antijerárquico pero obligatorio sin serlo?
¿Puede ser la literatura una especie de máquina, de dique contra el poder, contra la memoria impuesta, contra una forma de entender al mundo si damos crédito a aquello de que la experiencia del mundo es la experiencia con el lenguaje?
Yo quería escribir un libro a partir del odio, de un odio desmesurado. Pero en el medio me encontré con algo que cuido para mí mismo como si fuese una revelación: no hay odio que en el extremo no se transforme en farsa. El odio que llega a su propio extremo sólo encuentra su propia aniquilación, ni siquiera es mi propio odio, es el odio de nadie y para nadie. Si hay conciencia del odio es porque todavía no hay verdadero odio. Tengo que desaparecer yo para que el odio exista como tal, es decir, como pura y muda intensidad condenada a su aniquilación. Entonces, sólo queda la farsa del odio: hay que sostenerlo actuándolo, impedir que encuentre su límite último, invertir en el teatro montado, hacer de payaso para el otro y para uno mismo. Lo mismo ocurre con el dolor. Sólo payasadas. Pero claro, el teatro y la farsa del odio y el dolor están buenísimos: se llaman literatura. Esto no es ajeno a la novela sino central. Más bien es aquello mismo a lo que lo condenan al narrador, y que yo sólo me apropio. Porque ¿qué es lo que le da fuerza a la palabra de la ley, qué mueve a escribir un Reglamento -así, con mayúsculas, un Reglamento escolar, un Reglamento político, un Reglamento literario, o un Reglamento de vida-, sino el odio a la vida? Pero como decía antes, la mayoría de las veces sólo se trata de la farsa del odio. A eso llaman política, pero por eso también es posible la literatura.
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El sacrificio de la periferia
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Metatrabajo
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Humor y revuelta: el papel de las revistas satíricas en las movilizaciones en Turquía
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Gentrificación, nuevas regulaciones y el descontento de las masas


La chispa que incendia la pradera

La cobertura mediática de los incidentes



El humor y el nuevo lenguaje de los manifestantes



Actualidad y revistas satíricas


El abismo entre los medios y la gente
(1) En el barrio Tarlabaşı, en el centro de Estambul, el gobierno confiscó todas las propiedades y luego las privatizó al instante, cediéndoselas a una empresa de construcción que, curiosamente, también es propietaria de una empresa de medios de comunicación. A los propietarios de viviendas se les pagaba menos de una décima parte de los precios reales, o bien se les daba la oportunidad de trasladarse a los suburbios más alejados de Estambul, aproximadamente a 40 o 50 km. de distancia.
Clinämen: Los derechos humanos en el marco del nuevo conflicto social
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Concurso I: En buenas manos
“El encierro en la identidad es un discurso suicida políticamente”
Las Drag Queens del Altiplano
| Foto: Constanza Niscovolos |
Ecuador: una meritocracia nacional y popular
Cómo vivir solos: filosofía de la deserción
Tal vez todo esto dependa, en el fondo, de una rara teoría del encuentro. Incluso en el extremo de la soledad, encontrarse no es chocar extrínsecamente con otro, sino experimentar la distancia que nos separa de él, y sobrevolar esta distancia en un ir-y-venir loco: “Yo soy Apis, Yo soy un egipcio, un indio piel-roja, un negro, un chino, un japonés, un extranjero, un desconocido, yo soy un pájaro del mar y el que sobrevuela tierra firme, yo soy el árbol de Tolstoi con sus raíces”,(18) dice Nijinski. Encontrar puede ser, también, envolver aquello o a aquél que uno se encuentra, de donde la pregunta de Deleuze: “¿Cómo puede un ser apoderarse de otro en su mundo, conservando o respetando, sin embargo, las relaciones y mundos que le son propios?”.(19) A partir de esta distancia, que Deleuze llamó “cortesía”, Oury “gentileza”, Barthes “delicadeza”, Guattari “suavidad”, hay al mismo tiempo separación, ir-y-venir, sobrevuelo, contaminación, envolvimiento mutuo, devenir recíproco.(20) También podría llamársela simpatía: una acción a distancia de una fuerza sobre otra.(21) Ni fusión, ni dialéctica intersubjetiva, ni metafísica de la alteridad, sino distancias, resonancias, síntesis disyuntivas. Con esto Deleuze relanza el vivir-solo en una dirección inusitada. Una ecología subjetiva precisaría sostener tal disparidad de mundos, de puntos de vista, de modo tal que cada singularidad preservase, no sólo su inoperancia, sino también su potencia de afectar y de envolver en el inmenso juego del mundo. Sin lo cual cada ser zozobra en el agujero negro de su soledad, privado de sus conexiones y de la simpatía que lo hace vivir.
(2). Jean Oury, Seminaire de Sainte Anne, París, Du Scarabée, 1986, p. 9.
(3). J. Oury, Seminaire, op. cit., p. 41.
(4). Félix Guattari, Caosmosis, Buenos Aires, Manantial, 1996: “Está claro, acá, que no propongo la Clínica La Borde como un modelo ideal. Pero creo que esa experiencia, a pesar de sus defectos y sus insuficiencias, tuvo y todavía tiene el mérito de colocar problemas y de indicar direcciones axiológicas por las cuales la psiquiatría puede redefinir su especificidad”.
(5). F. Guattari, Ibíd.
(6). G. Deleuze y F. Guattari, Mil Mesetas, Valencia, Pre-Textos, 2002.
(7). Eduardo Pavlovsky, Poroto, Buenos Aires, Búsqueda de Ayllu, 1996.
(8). Giorgio Agamben, La comunidad que viene, Valencia, Pre-Textos, 2006.
(9). Maurizio Lazzarato, Políticas del acontecimiento, Buenos Aires, Tinta Limón, 2006.
(10). Peter Sloterdijk, Esferas I, Madrid, Siruela, 2009.
(11). Roland Barthes, Cómo vivir juntos, Buenos Aires, Siglo XXI, 2003.
(12). G. Deleuze, Diálogos, Valencia, Pre-Textos, 1980, p. 10.
(13). G. Deleuze, Ibíd., pp. 15-16.
(14). G. Deleuze, Ibíd., pp. 55-56.
(15). F. Guatari, Écrits pour l’Anti-Oedipe, París, Lignes & Manifestes, 2004, p. 446.
(16). G. Deleuze, Diálogos, op. cit., p. 14.
(17). G. Deleuze, Crítica y clínica, Barcelona, Anagrama, 1996, p. 67. [Traducción ligeramente modificada].
(18). Vaslav Nijinsky, Diario, citado en El Anti-Edipo, Barcelona, Paidós, 1995, p. 83.
(19). G. Deleuze, Spinoza: filosofía práctica, Buenos Aires, Tusquets, 2004.
(20). François Zourabichvili, Deleuze, una filosofía del acontecimiento, Buenos Aires, Amorrortu, 2004, p. 138. “Devenir”: “La gran idea es, por lo tanto, que los puntos de vista no divergen sin implicarse mutuamente, sin que cada uno ‘devenga’ el otro en un intercambio desigual que no equivale a una permutación”.
(21). M. Lazzaratto, Puissances de l’invention, París, Seuil, 2002, p. 98.
Disputa por la indignación
«La Bonaerense sigue gobernando las políticas de seguridad de la Provincia».
(http://agenciapacourondo.com.ar/)
Paula Litvachky: Lo estamos siguiendo con mucha preocupación. El plan sigue endureciendo la respuesta penal y punitiva como si eso fuera la solución. No está enfocado sobre fenómenos específicos sobre los cuales se pueda trabajar.
A nosotros nos preocupa también disminuir los hechos de violencia y trabajar sobre el control del delito, pero la respuesta no puede seguir centrada en la (Policía) Bonaerense con su actual funcionamiento. La declaración de emergencia trabaja sobre sus propias políticas, es la emergencia sobre lo que ellos mismos vienen haciendo en los últimos años.
Discutimos la idea de emergencia como postura que puede llevar a pensar que se pueden realizar acciones en una suerte de Estado de excepción o por fuera de la ley. Hay que reconocer los problemas y la Bonaerense es un problema en sí mismo. La convocatoria a los retirados expresa que la Bonaerense sigue gobernando las políticas de seguridad de la provincia. No hay ninguna crítica sobre el funcionamiento de esta fuerza.
Hoy el plan aparece instalado en el esquema o discurso que se viene desarrollando a partir de la discusión del Código Penal y los linchamientos. La idea es que hay que responderle a la gente con un discurso de guerra contra la delincuencia, y eso plantea una sociedad más violenta.
APU: ¿A qué responde el anuncio justo este fin de semana con todo el gabinete presente?
PL: Quiso buscar centralidad política en el anuncio. Eso no está necesariamente mal. Nosotros no estamos de acuerdo con la dirección de la política. Es más de lo que vienen haciendo y eso ya mostró su fracaso. Por ejemplo, modificar el código procesal para limitar las excarcelaciones no es algo nuevo, ya lo hicieron. Además, el planteo sobre la Justicia tiene poca profundidad. El Ministerio Público Fiscal no viene dando cuenta de sus fracasos en estos años. Hay mucho para trabajar.
El abismo de las pasiones tristes
(http://spaceandpolitics.blogspot.com.ar/)
El hartazgo de La Buenos Aires Blanca que se siente asediada por enjambres imparables de negros-chorros se basa en silenciar el otro hartazgo fundante de esta geografía de afectos fracturados. Como bien dice Ezequiel Adamovsky en un tweet: “Justifican linchamientos por ‘el hartazgo’. Se puede robar por hartazgo de no tener un peso? No? No todos tienes derecho al hartazgo parece”. Este hartazgo popular, el de “no tener un peso”, también genera en ocasiones pasiones violentas y tristes, donde hombres y mujeres de clase media caen víctimas, a veces mortales, de la desdicha proletaria y su desafío molecular a la propiedad privada. Las pasiones de la gente de clase media que se descontroló cerca del shopping son la reacción ciega, desesperada, contra esta deriva de violencias populares, haciendo de la lucha de clases un combate cuerpo a cuerpo, en las calles, regido por la lógica militar amigo contra enemigo. La gran diferencia, aquella que nos acercan a la verdad geométrica de este evento triste, es que cerca del Alto Palermo la causa del sufrimiento y malestar que domina el presente argentino fue atribuida a sus víctimas, reducidas a chorros de mierda desprovistos de humanidad. Como diría mi colega Pablo Semán, las geografías argentinas están cada vez más marcadas por el abismo de la desigualdad, que es también un abismo afectivo.
Cuando los tweets del linchamiento cerca de Alto Palermo tuvieron una difusión viral, a Diego le llovieron tweets puteándolo de arriba abajo por haber expresado horror frente a ese abismo de barbarie civilizatoria. Varios le recriminaban, a las puteadas, que se había referido al chorro hijo de puta como un “pibe.” Pablo respondió con entereza ética que así lo había descripto porque así lo vio: como un pibe. En Rosario, David Moreira, de 18 años, otro pibe, había sido asesinado unos días antes en similares circunstancias porque la muchedumbre lo vio sólo como un chorro hijo de puta. Los apasionados tristes que festejan el asesinato de David y el intento de linchamiento en Palermo son una verdadera legión en los foros de La Nación. Aparecen en masa y con su verborragia iracunda y proporción de votos positivos prácticamente copan el bastión mediático del clasismo racista de la vieja elite argentina. Su argumento es notablemente transparente en su objetivo deshumanizante: que el chorro no debe ser visto como un humano herido y ensangrentado y en Rosario asesinado. Putean como enloquecidos a quienes lo llaman “un pibe”. El negar el status de “pibe” a un humano adolecente que robó es declarar públicamente que ese cuerpo-rata debe ser liquidado como si fuera un animal, sin remordimientos, por más que no haya matado a nadie. El acto del hurto sin uso de armas transformó a ese adolescente tal vez harto de su vida precaria en una sustancia inmutable que lo definiría en su totalidad ontológica: un chorro que no merece vivir porque es un negro de mierda. El “a esos negros de mierda hay que matarlos a todos”, tan común en el léxico cotidiano de ciertos sectores argentinos, no es por ende una metáfora inocente o exagerada: es la fuerza visceral que en ciertas circunstancias sí asesina pibes vistos como negros de mierda.
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A esa pregunta, un volante distribuido por una agrupación sindical muy combatiente da una sugerencia aclarante. El volante dice: “nunca somos iguales bajo una irradiación nuclear.” Es decir que los ricos y los pobres jamás están irradiados de manera igual. Los pobres están siempre más expuestos a la radioactividad que los ricos. Por ejemplo, los alimentos que provienen de la región atomizada son siempre mucho más baratos que los que provienen de las otras regiones. Y los pobres están siempre obligados a comprar y comer esos alimentos baratos. Además, los pobres o los precarios están siempre en peligro de trabajar en los lugares en donde el riesgo de irradiación es más alto, incluso en el sitio mismo de la central nuclear accidentada.
El 24 de marzo asistí a las dos marchas del 38º aniversario del último golpe militar. La del gobierno me supuso un impacto enorme con su marea celeste y blanca. Es decir, con la presencia física e inmediata de una imaginación colectiva de unidad nacional y de identidad Nación-Estado. Claro que antes de venir acá, a través de internet estaba más o menos al corriente de la subida de una nueva versión del peronismo en el nombre de kirchnerismo, pero no la esperaba hasta un punto tal de masividad. Creo que hoy debería ser muy grande la tarea de la izquierda argentina. A grandes rasgos, habría dos tareas principales. En primer lugar, habría que descoser la identificación imaginaria de la Nación al Estado. Y después, habría que desconstruir la idea misma de la unidad nacional, reconociendo ahí donde se supone una unidad nacional la realidad de la existencia permanente de una división interna, a saber: división de clases.
A todas las posibilidades fáciles y fantasmagóricas que se venden en el mercado capitalista, a todas las esperanzas-mercancías ya sean Obama, Cristina, Evo, Mujica o Dilma.
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