Anarquía Coronada

La nausea amarilla (II)

Al macrismo y al kirchnersimo les gustan las fiestas. Para unos se trata de un cumpleaños de quince, con baile y cotillón tipo carnaval carioca, para los otros se trata de espectáculos, artistas, las buenas noticias y la “buena onda”.
Al macrismo y al kirchnerismo les interesa gobernar los territorios. Ambos apelan a las mafias locales para hacerlo. Unos dicen que es por la inclusión social y los otros también. Ambos victimizan lo social y lo convierten en un objeto pasivo de intervenciones (organizativas, disciplinarias, financieras).
Al macrismo y al kirchnerismo les interesa el tratamiento securitista del territorio. Unos buscan asemejarse a una moderna policía norteamericana. Los otros saturan el espacio con fuerzas militarizadas. Los primeros lo hacen en nombre del orden. Los segundos en nombre del orden bueno, con sensibilidad social y derechos humanos.
Al macrismo y al kirchnerismo les interesa hacer “propuestas” para “mejorar la calidad de vida de los porteños”. Para ambos, las soluciones son técnicas. Pasan por hacer grandes y pequeñas obras y por mostrarse como planificadores de gabinete capaces de controlar lo que no pueden: los flujos de una ciudad cuyo pulso vital y mercantil procede más allá, y a pesar, de las intervenciones estatales.
Al macrismo y al kirchnerismo les gusta la cultura. Para unos es un medio turístico y una forma del prestigio para la delicada clase media porteña. Para los otros es un medio más natural, se mueven entre artistas e intelectuales, pero igualmente distintivo como marca singular de la ciudad. En los primeros la cultura va del Teatro Colón a las villas como decorado de la curiosidad de los ocasionales visitantes, para los segundos va de las fiestas de masas a la “industria cultural”. Ambos mercantilizan la cultura por igual aunque sus contenidos puedan diferir.
El macrismo y el kirchnerismo padecen la misma tentación: la política como espectáculo. Los primeros no saben hablar y usan clichés inventados por la tecnocracia de asesores. Los segundos son argumentadores al viejo estilo, pero convierten los conceptos  (muchos de ellos forjados en la sensibilidad de la lucha) en slogans de campaña (a menudo compactados en enigmáticas palabras como “modelo” y otras tantas). A ambos la imagen y las encuestas les preocupan por igual. Construyen escenas mediáticas, unos con el gesto despreocupado de la banalidad y otros con el gesto adusto militante y la cara de bondad que confiere abrazar la causa de los justos.   
Al macrismo y al kirchnerismo dicen interpretar a su electorado (al que llaman volátil). Para ello, es decir, para lograr la verdadera representación de las “preocupaciones de los vecinos”, acuden a los procedimientos del márketing y la investigación social encuestológica. Su modelo político es asemejable al modelo empresarial que, por esta vía, busca nichos para sus productos (electorales en este caso). Ambos quedan descolocados cuando ocurre lo imprevisto, como la toma de tierras en el Indoamericano. Unos quieren garantizar el orden de manera más tradicional y los otros ordenan a través de censos y planes sociales.
Macri cultiva un populismo mediático de derechas. Filmus cultiva un populismo mediático de izquierdas. Para unos y otros “gobernar es tomar decisiones” en nombre, y muchas veces a pesar, de aquellos a quienes representan. Será por eso que son tan parecidos. 
Y pese a todo esto, el domingo pasado intentamos imaginar una diferencia para ir a votar. Quizá sea por estética, por tradición o por proximidad con su lenguaje, pero fuimos a votar a Filmus para evitar a Macri. ¿Por qué siendo que las dos formas son tan semejantes, una de ellas nos resulta más familiar, menos hostil? En este enigma se encuentra la razón de la parálisis. Ambos componen la vidriera de la política y escogemos aquél producto que más mueve nuestra sensibilidad. Será por eso que nos hemos convertido, con el correr del tiempo, en mansos espectadores de aquello que sucede en las escenas de palacio. (R.S.)

La nausea amarilla (I) – (güorkin progres)

Lo de ayer fue una catástrofe. Me arrepiento de mi voto a Filmus. ¿Cómo va a decir en su discurso que no maneja los “grandes medios”? ¿Qué le queda a las listas que en serio no manejan “grandes medios”? ¿Radio del Plata, Tiempo Argentino, CN23, Página 12, C5N, Crónica (por no decir canal 7 y Radio Nacional) no son grandes medios? ¿Y qué hacer frente a semejante balance: comprar Clarín, expropiar canal 13, inflar de guita a Miradas al Sur? Todo esto, en nombre de valores y militancias es sencillamente lamentable.
Me arrepentí de no haber votado a Pino, que por lo menos sigue hablando de un proyecto de país. O de no haberme quedado en casa, sin tribulaciones, leyendo, descansando y paseando. Ya sabíamos que las elecciones no son un momento político fuerte. Peor esto es demasiado. ¿Cómo el tipo va a decir «no teníamos los grandes medios a favor»? ¡Por Dios!. Porque eso es lo que dijo anoche, ¿lo escucharon?
Y ojo que lo escandaloso no es el resultado, sino esa falta total de realismo del universo kirchnerista, tanto durante la campaña como en el olvidable discurso de anoche. Los únicos militantes son ellos. Los únicos territorios son los que ellos caminan. Los únicos que no están con la dictadura son ellos. Ahyyyyyy.
Habrá que ver la nueva composición del mapa de la capital para empezar a evaluar la magnitud del desastre. Pero un dato lo pinta todo: luego de las asambleas dosmilyuneras y de los CGP progres, ahora tendremos mayorías macristas en las 15 comunas. Apasionante, ¿no?
¿El kirchnerismo se equivocó al creerse su propia fiesta? Y ahora que la fiesta vino para quedarse, ¿será bailada por sus verdaderos dueños? Dado que ponen la soja, ¿ponen ahora también los globos?
Si una idea estuvo ausente anoche es la de construcción, asociada al cambio. Ganan los “oficialismos”, certifican los analistas. Y las nuevas militancias de aparato felices con la constatación. Y encima, es cierto que Macri expuso más “drama” que Filmus. Tiene una historia que contar que va desde su papá rico a la presidencia de Boca (la fiesta de anoche fue un velorio gallina, una revancha bostera tout court), de la amenaza de juicio político a la metropolitana, del juicio político y la causa penal a la duda sobre si convenía candidatearse a la presencial o a la defensa de su gestión en Ciudad, de su mujer nueva a su nuevo embarazo. Y el drama cotidiano de tener que decir unas pocas palabras de modo fluido (y ni hablar del baile).
Pero, Filmus no tuvo densidad personal ni para sumar capas ante tan plano adversario. Su candidatura brota de una nada épica competencia encuestológica sometida a estricta interpretación presidencial. Se nos dice que en la presidencial aparecerá Cristina con todo, y eso es de esperar. Aunque ahora sabemos que Macri también sabe esperar.
Se nos reprocha mezquinamente que no debíamos tener expectativas. Pero es que justamente lo que enoja es que no las había. Se nos alecciona sobre la tradición (supuestamente reaccionaria) de la capital. Pero es que ¿realmente creen que el voto en Córdoba será muy diferente?. ¿Y el de Scioli en Provincia? ¿Y el de Vudú en Nación? Si alguien pude festejar realmente ese es Artemio. Si hay alguien enviando señales estos días ese es Verbitsky (del sábado previo a las elecciones, con su notable entrevista a Vudú).
Si algo podemos hacer es organizar la resistencia no-kirchnerista al macrismo. Antes y después de la segunda vuelta. Espero que ahora se abra un debate en serio sobre las razones de un (electoralmente potente) populismo de derecha, capaz de representar sueños de muchos porteños (¿y argentinos hacia el 2015?) con una idea completamente canallezca de fiesta, de inclusión, de sueño de reconciliación. (D.S.)

Lo que no entendemos

por Horacio Tintorelli (Carta Abierta)
 
Muchos porteños no entendemos cómo Mauricio Macri pudo alcanzar el 47 por ciento de los votos en primera vuelta. Lo primero que hay que admitir, indispensable: el problema es nuestro, no de los porteños que lo votaron.
Tampoco entendimos en 2007. Hoy, estamos peor. El PRO obtuvo dos puntos más que los que logró hace cuatro años, cuando aun no tenía encima el desgaste de una gestión deficitaria y todavía era, para muchos, una promesa de eficiencia.
Lo que no entendemos, y parecería ser el punto principal, es qué piensan y por qué votan como votan los ciudadanos de la ciudad. La joda es que para hacer política, hay que entender al otro, nunca descalificarlo. Para hacer política, hay que tratar de comprender la complejidad del electorado en el que uno pretende captar adhesiones. En eso, estamos para atrás.
A los que putean porque la Capital es un territorio de garcas y gorilas derechosos, es oportuno recordarles que Cristina tiene entre los porteños un 50% de intención de voto para octubre.
Lo que no entendemos es que hay que pensar todo de nuevo.
Macri ya no es una sorpresa o un globo de ensayo. El PRO ganó 5 de las 6 elecciones capitalinas en los últimos 8 años. En 4 de ellas, alcanzó o superó el 45%. Y gana en todos lados, en todas las comunas. Estará procesado, se tragará el bigote y será un xenófobo que le corta el gas a los internados del Borda, pero gana por paliza. No será subestimándolo que se lo podrá vencer. La pequeñez del enemigo agranda tu derrota, pequeño saltamontes.
Macri no es Cavallo. No es un dirigente liberal de derecha que interpela desde ahí. Es una suerte de pastor mediático cuya religión es el éxito. Ecuménico y resbaladizo. Pero nosotros seguimos confrontándolo como si fuera Cavallo. Para los pibes que debutaron ayer en las urnas, el menemismo es una cosa que terminó cuando ellos empezaban la primaria. Los que atrasamos, somos nosotros.
Ejemplo. No se puede seguir insistiendo con la misma matriz de campaña del balotaje de 2003, cuando Ibarra le ganó a Macri. Pasaron 8 años. El enemigo cambió. El país cambió. El electorado también. No alcanza con las solicitadas llenas de firmas de cantantes y artistas. Ya no causan efecto los spots con las fatigadas caras “del arte y la cultura”. No les pidamos prestada una vez más a los artistas la legitimidad que no nos dio la política.

 

Nunca menos

 
El progresismo ya fue, hace mucho. Desde la misma noche que Cromañón dejó casi 200 pibes muertos. Ya no existe como horizonte en la cabeza de los porteños. No es un continente con ambiciones de mayoría. Hay que cambiar el paradigma de construcción política. Estructurando la estrategia electoral con el viejo mapa de progres versus Macri, no hay modo de crecer. Cuatro puntos más en 4 años no son para festejar. Como dijo alguien ayer con aguda ironía en Twitter, “vamos bien, en 16 años a Macri le rompemos el orto”.
Los equipos grandes no festejan los empates, y menos las derrotas. Pretender disfrazar una goleada en contra haciendo foco en la cantidad de corners conseguidos es menospreciar un poco a la tribuna. Claro: dar buenas noticias es fácil. Cualquier boludo anuncia un aumento de sueldo. El problema es que la autoridad (en política como en la vida) se construye dando buenas noticias pero, sobre todo, comunicando las malas. El que apechuga y te desayuna de que viene de bajón, y te contiene y te acompaña en el trance, ese conduce. El que halaga la corona para no mentar al muerto, está fregado. El exitismo de los derrotados no es una estrategia: es una tara.
En una elección, a uno le puede tocar jugar con mejores o peores candidatos. Con más o menos recursos. Con una campaña organizada o enquilombada. Con climas y contextos políticos más o menos favorables. El análisis coyuntural al respecto de estos temas se irá procesando seguramente en estos días y semanas. Lo que nos parece central subrayar es que en cualquier elección y más allá de las contingencias, lo que no puede suceder en una fuerza política con vocación de mayoría es caer en una ritualización de la acción política que vuelva estéril la militancia. No sirve (ni vale) ir a cazar al zoológico. Vale ver 678, escuchar AM 750 y leer Tiempo Argentino si hace falta tener data, buscar letra o levantar el ánimo. Pero ese ánimo tiene que enfocarse en el intento de penetrar el techo propio. Nunca para cimentar nuestra complacencia. Aunque los medios concentrados estén en contra y protejan las barbaridades de Macri. Aunque haya que remar en el dulce de leche. Ese es nuestro desafío. Como colectivo y como individuos. Hay que leer y bucear en Clarín y La Nación. Hay que tragarse a Bonelli y a Magdalena. Hay que tratar de entender y discutirle al vecino que quiere amurallar el palier. No hay otra. Buscapina y garra. Cachamay y corazón. Al enemigo hay que sentirle el olor, bien de cerca, para adivinar sus próximos pasos. De lejos, no lo entendés y te vacuna. La pasión, el compromiso y el fervor militantes exhibidos por miles de compañeros en estos meses es el piso virtuoso desde el cual podemos arrancar una nueva etapa.

 

Un largo viaje

Como los vendedores ambulantes del transporte público, a veces nos toca tratar de vender productos atractivos. Otras veces, clavos difíciles de digerir. Regla de oro: ningún vendedor bardea al pasaje de un colectivo porque no le compra nada. Agradece, agacha la cabeza, y se baja para esperar el bondi que viene atrás. Los más vivos, cuando van hasta el fondo y tienen a casi todos los pasajeros de espalda, tiran un “¿alguien más quiere comprar?”, para ver si pica algún desprevenido de los de adelante que no se animó de movida. Pero ojo, ese vendedor no cree su propio truco. No piensa que de tanto decirlo, vendió más. Sabe que la verdad no está en las cosas que dijo para seducir, sino en la cantidad de monedas que logró juntar.
Lo que no entendemos es que la ciudad de Buenos Aires es como un enorme bondi. Nadie quiere que le vendan nada. Y cuando lo intentamos, la mayoría de la gente mira por la ventanilla o manda mensajitos con el celular.
Autocrítica, humildad, creatividad, laburo y militancia. En política, siempre hay alguien más a quien sumar. Y, al final del día, lo que cuentan no son las palabras. Son los votos. 

(D)escribir el 15-M

Notas para la presentación de Las voces del 15-M

por Amador Fernández-Savater  

Me gustaría decir algo breve sobre mi contribución a este libro. Como se ha explicado, recoge algunas voces de gente implicada en el movimiento 15-M. En esa línea, sus editores me pidieron una selección de los “apuntes de acampadasol” que he ido lanzando en mi blog del diario Público. ¿De dónde surgen estos apuntes?


Por un lado, unos días después del comienzo de la acampada, en el periódico donde colaboro me piden que escriba algo sobre el movimiento. Les parece que hay una continuidad muy clara entre el movimiento 15-M y esa “otra política” por la que pregunto desde hace dos años en mi espacio de entrevistas “Fuera de lugar”. Me dan libertad para hacer lo que yo quiera: artículo de opinión, reportaje, etc.

Por otro lado, yo mismo siento por entonces la necesidad de escribir y compartir las primeras reflexiones sobre lo que estamos viviendo. Entre las muchas maneras de estar en el mundo, formo parte del grupo de enfermos que sólo puede relacionarse y conectarse con las cosas pensándolas, a veces una verdadera maldición.
El caso es que me pongo a escribir algo y no hay modo. Nada cuaja. ¿Cómo es posible? Los formatos y registros que se me presentan mentalmente como opciones me fuerzan a ir más allá de lo que yo tengo para decir en ese momento. No me permiten balbucear y sobre todo tengo balbuceos para compartir: dudas y cosas que no entiendo, situaciones que me hacen preguntas, detalles conmovedores y repletos de claves por descifrar, etc. ¿Qué puedo escribir, entre la pura descripción de lo que pasa y la formalización conceptual precipitada que obtura las preguntas? ¿Cómo pensar sin intelectualizar o representar?
Finalmente, tras varias cavilaciones y conversaciones (en especial recuerdo un chat en Facebook con mi amigo Franco Ingrassia), decido simplemente llevar a la Red los apuntes que voy tomando en mi cuaderno de notas, sin apenas mucha más elaboración. Como un primer recorte de materia prima: registros para pensar, pensamientos que registrar. Nada muy original como escritura, pero que a mi me permite:
no colocarme en una posición de saber, avanzar por fragmentos. Resistir la tentación de creer que lo que pasa ya está pensado y aplicar entonces simplemente un saber previo. Empezar por la escucha y el asombro, no por el reconocimiento y la confirmación. De ahí que los apuntes empiezan recordando la máxima de Heródoto: “anote todo lo que no entienda”.
vincular lo íntimo con lo colectivo. Muchísimos apuntes empiezan así: “un amigo dice”, “una amiga me cuenta”, “un chat en Facebook”, “intervención de un desconocido en asamblea”… Lo íntimo para mí no es un espacio privado y de retiro, sino el lugar de una conversación incesante. El yo, lo que yo pienso, se produce y emerge en ese flujo de voces en diálogo.
conectar lo que pasa y lo que me pasa. No describir los eventos desde esa voz en off analítica que es el sujeto de la mayor parte del ensayo político, sino hablar en primera persona, poniéndome yo mismo en juego (las preguntas, las dudas, las inercias que el acontecimiento revela en uno mismo, etc.).
Los amigos hemos pensado mucho últimamente en torno a un desacople entre palabra y experiencia que uno de ellos llama “crisis de palabras”. En ese desacople la palabra se hace autorreferencial y automática, se vuelve incapaz de afectar la vida y tocar la realidad, se hace casi imposible creer en ella, pierde verdad e importancia.
Se empieza a salir de la crisis de palabras haciéndose plenamente responsable de lo que dice, no diciendo más de lo que uno quiere y puede decir, esto es, lo que cada cual es capaz de sostener.
¿Y a nivel colectivo? El intelectual como depositario tradicional de la “palabra” (legítima, autorizada, experta) también está en crisis. Las palabras desbordan hoy todos los marcos de las instituciones establecidas (y en descrédito). ¿Y si pensar pasase ahora, no tanto por ofrecer narrativas unificadas y acabadas, como por proponer y trenzar conversaciones, enunciados sin autor, ideas editables y actualizables, preguntas sin respuesta?
El feedback (riquísimo) que he recibido con los “apuntes” (comentarios personales, en el blog, réplicas de los contenidos en la Red, aportación de palabras e imágenes) habla en este sentido. Lo que más se agradece es, según creo, el carácter balbuceante e inacabado, subjetivo y coral de los apuntes.
En este punto yo mismo me pongo dos “peros”:
1- aquí el yo no se disuelve en un proceso colectivo, sigue habiendo un “autor”
2- todo esto se publica en un periódico, lo que da “poder” a mi voz (que ya no es una voz “cualquiera”)

Sobre el punto 1: se sabe que las vanguardias de todo tipo han experimentado desde hace décadas con la disolución del yo en procesos y tramas colectivas, donde ya no se sabe qué es de quién, donde no hay autor asignable ni responsable, donde ningún nombre propio puede privatizar dinámicas colectivas, donde el anonimato es radical (o donde un seudónimo representa ese carácter colectivo, múltiple y descentralizado de la creación-producción: Luther Blissett, por ejemplo).

Conozco, comparto, he practicado y practico esa modalidad de anonimato. Pero hoy también me pregunto si es la única vía posible para escapar de la maldición del “autor individual y propietario”, si es la única articulación interesante y liberadora entre yo y nosotros, lo común y la singularidad. Veo que en las redes sociales y los blogs hay un uso de la primera persona, con la potencia que tiene ese tipo de enunciación muy encarnada, pero como un nombre propio más, como uno cualquiera; y además conectado a un flujo de conversación colectivo, aportando a un gran relato coral (blogosfera, hashtags, etc.). Quizá podamos pensar hoy también lo colectivo como un sistema de resonancias entre puntos singulares y no sólo como un mural dibujado a muchas manos.

Sobre el punto 2: publicar en la tribuna de opinión de un periódico hace que mi voz sea la de “alguien” y no la de cualquiera. Los riesgos de hablar desde esa “tribuna” son claros y conocidos: colocarse como intelectual-que-sabe, personaje-protagonista que se apropia y representa un flujo colectivo, identificación de la palabra con la línea de un medio de comunicación, etc. Los riesgos están ahí, son mi sino. Hay que pensar y decidir qué se hace (y cómo) en cada situación (lo que no significa empezar de cero cada vez). ¿Cómo destituirse de la posición de saber, cómo devolver al flujo colectivo, cómo despegarse de todo alineamiento partidista de la palabra?

Medité si publicar los apuntes en Público o en el blog de Acuarela y finalmente me decidí por Público. ¿Por qué? Para llevar el 15-M a lugares incómodos, donde (supuestamente) no debe estar. Llevar aquí lo que está acá, hacerlo circular. Cruzar las fronteras y pasar algo de contrabando. Moverse en las costuras (entre los medios y la calle, entre el periodismo y el activismo). Jugar en las reglas de un medio de comunicación, pero sorteando en lo posible sus exigencias: la información desencarnada, la opinión exterior, los textos breves y digeribles, etc. En definitiva, como dice un amigo, para extender la peste.

Amador Fernández-Savater

Seguimos en la búsqueda

por Mario Antionio Santucho

Hace ya 15 años que organizamos el primer homenaje masivo a Mario Roberto Santucho y sus compañeros del ERP, en plena euforia de consumo menemista, cuando recordar era un riesgo. Si hasta amenaza de bomba hubo en aquel viejo salón de Unione e Benevolenza, dato un poco bizarro, sin dudas. Por ese entonces el dolor de los que habían sobrevivido se mezclaba con el malestar de una generación de hijos que tomó la palabra para remarla a contracorriente. Hubo que ganarse el derecho a la justicia y la verdad, haciendo uso de la lucha callejera y de unas cuantas buenas preguntas.
 

Pasado mañana se cumplen 35 años de la desaparición de mis viejos. Es un montón de tiempo. La memoria se ha convertido hoy en un ritual aceptado socialmente, lo cual no está nada mal. Lo que más me impacta es cómo le toca vivir esta historia a mi hijo de ocho años. En la escuela hablan con admiración de sus abuelos, también en la tele, algo impensado hace apenas una década atrás.


Pero más allá del inevitable tono nostálgico y del cholulaje acostumbrado, hay muchísimos problemas que nos siguen inquietando y constituyen nuevos motivos para la crítica. Aprovecho para sugerir, al menos, tres que me parecen significativos.
 
Una y otra vez constatamos que ciertos efectos del terrorismo de Estado son irreversibles. Pese a los avances (demasiado tardíos) de la institución judicial y los esfuerzos gubernamentales por reparar las ofensas del pasado, existen rupturas que no tienen remedio y heridas que no suturarán jamás. Por eso hay palabras que ya no alcanzan (restitución es una de ellas) y otras que falta crear (sobre todo en lo que se refiere a la justicia social).

Por otra parte, hay logros que fueron conseguidos por las luchas recientes, respecto de los que se observan retrocesos. Sugiero apenas un ejemplo menor: mientras los movimientos de derechos humanos lograron en determinado momento (de lucidez) desacralizar la experiencia de la pérdida y asumir de manera materialista lo inevitable de la muerte, en los últimos años hemos asistido a verdaderas ceremonias de beatificación, apuntaladas por las tecnologías de la religiosidad post-moderna.
 
Por último, lo más relevante: seguimos en la búsqueda de imágenes políticas que nos permitan recrear el horizonte de emancipación que nuestros viejos nos legaron. La democracia sigue siendo un sistema que no sólo admite, sino que también produce tristeza y dominación. El capitalismo, incluso el serio, redobla los procesos de explotación y captura las energías colectivas. No es cierto que con guita y autoridad podamos cambiar el mundo. Son otras las potencias que tenemos que activar (la dignidad, la cooperación, la rebeldía), ahora de otra manera, atendiendo a las nuevas coordenadas, aunque con la misma irreverencia de siempre…

Hebe y una forma de derrota

por Luis Mattini

Cuando el poder expresado en las FF.AA en 1976 logró aislarnos en política, nos infligió durísimos golpes, dispersó nuestras fuerzas de tal modo que nunca pudimos recuperarnos, hablamos primero de derrota «táctica», de perder batallas pero no la guerra, hasta que finalmente tuvimos que reconocer que habían logrado derrotar nuestro proyecto revolucionario. El país se orientaba hacia rumbos distintos y, agotada la dictadura, se dirigió hacia el Estado de Derecho actual en donde el discurso sobre los derechos humanos, derechos elementales, si lo hay, ocupó el lugar de nuestro proyecto libertario.



Y es obvio que en ese proceso sufrimos mucho. Sufrimos físicamente la brutalidad de la represión, pero también experimentamos el abatimiento por su resultado. La destrucción del proyecto nos provocó bronca, odio, rencor, sentimientos difíciles de soportar pero superables, asimilables y de tanto en tanto podemos recuperarnos de los mismos, porque son provocados desde afuera, desde el enemigo, porque se expresan con el cuerpo pero son exteriores a él. Son las expresiones mas tajantes del ser humano para los demás, hacia afuera. En cambio el dolor es interno, es del cuerpo, viene desde adentro, es del hombre para sí mismo. Cuando aparece el dolor, el cuerpo se lastima adentro y eso no sólo es insoportable sino insuperable y mucho menos asimilable. Esta condición casi siempre amenaza los sueños, entonces aparece la derrota.

A algunos no lograron derrotarnos los sueños y entonces, aún podemos reconocer las derrotas sin sentirnos derrotados, pero el dolor carcome el interior buscando la salida mientras tanto…

Y eso es precisamente lo que siento con mucha fuerza al ver las imágenes de Hebe de hoy. La realidad de Hebe que nos conmueve hoy no es un accidente sino la erupción resultante de un largo proceso de deterioro de esa Asociación Madres de Plaza de Mayo, su universidad y algunos otros organismos de Derechos Humanos. Y el dolor es grande porque no puedo olvidar que cada madre hace lo que puede, hizo lo que pudo frente al asesinato o desaparición de su hijo, incluso hizo mucho más de lo que pudo. Muchas se animaron a pelear contra todo por la desaparición de sus hijos que dejaron la vida luchando por un mundo mejor para todos. Quizás sea necesario aclarar que esto lo escribo con todo respeto porque no me olvido que estamos hablando de mujeres no preparadas para una acción autónoma, sino más bien criadas para caminar un paso detrás de su marido, criar hijos y cuidar el hogar.

El deterioro empezó hace muchos años, cuando Madres de Plaza de Mayo se dividió, entre otras cosas por el absolutismo de Hebe, quien en nombre del derecho abstracto les negaba a otras madres el derecho concreto, incluso el deseo, de buscar los restos de sus hijos. También habrá de convenirse que el amparo, y las responsabilidades asignadas a Schoklender constituyeron una extraña decisión que no hizo más que oscurecer a la Institución que conduce Hebe. Las arbitrarias, prepotentes y a veces ilegales gestiones de ese sujeto, despidos, ruptura de contratos, maltratos, etc eran voz populi y es difícil imaginar que Hebe las ignorase.

¿Por qué Hebe? Está claro que nadie le puede quitar los méritos pasados y justo por eso aparece el dolor. También es cierto que oportunistas de toda laya la han rodeado, halagado y utilizado para usufructo propio en diferentes oportunidades. Cierta parte de la izquierda tradicional para lavar sus culpas, políticos en busca de credibilidad y para tener más votos a su favor, y una gran cantidad de gente que simplemente resolvió su problema laboral. Schoklender es la parte visible y más aguda de un variado y extenso negocio, administrado bajo las crudas reglas capitalistas de patrón-empleado, que dejó muchos heridos por el camino. Esa gente, la que se vio beneficiada directamente con el negocio, es responsable de que Hebe sea una alegoría intocable olvidando que el símbolo son los pañuelos y no las personas.

¿Qué pasó y que pasa con Hebe? ¿Cómo es posible que sea parte de ese deterioro? Recuerdo que cuando China rompió con la URSS y por lo tanto empezó a ser hostil con Cuba, a Fidel le preguntaron qué opinaba de Mao Tse Tung, quien había sido el gran timonel de la Revolución China; y Fidel dijo: «Ud sabe que la astronomía ha demostrado que hubo brillantes estrellas que se apagaron. Pues eso pasó con Mao, es una estrella que se apagó» Me pregunto si no será aplicable esta metáfora al caso de Hebe. Si es así, si es una estrella que se apagó, es posible pensar que podría recuperar la luz si se quitara el pañuelo, y dejara a otras madres «el símbolo» y se dedicara a lo que quiera como cualquier ciudadano que habita este suelo.

Y en tal sentido Hebe goza de los mismos derechos que cualquiera de nosotros, el derecho a tener ideas propias y a cambiar de ideas. Por eso es que si ella ha decidido apoyar el llamado «modelo» actual, este supuesto post-neo-liberalismo que claramente consiste en una base productiva agro-industrial dictada, no por los EE.UU, sino por el Imperio, es decir el capital mundial, del cual la burguesía argentina es parte y el gobierno de los Estados Unidos, su policía. Este modelo que en lo interno incluye una política contenedora de desbordes sociales mediante subsidios a los sectores expulsados del campo y marginados por el sistema productivo, si ella ha decidido apoyar este modelo, está en su derecho. Porque puede ser que ella crea sinceramente, como tantos otros setentistas, que por ahí pasa el progreso actual. No sabemos tampoco qué pensarían sus hijos marxistas leninistas si vivieran, quizás también apoyarían, pero sí sabemos exactamente qué pensaban ellos en su tiempo, que fue también mi tiempo. Pero entonces le pido que deje el pañuelo para las madres que continúan su labor fieles a los ideales de sus hijos

Por otro lado cabe tener en cuenta que Hebe no es la única responsable de todo ese deterioro, de toda esa manipulación de la historia reciente que afecta a varios organismos de Derechos Humanos, pero ocurre que el culto a la figura de Hebe, como todo culto a la personalidad, impide razonar, fomenta el maniqueísmo, e imposibilita cualquier movimiento de rectificación.

Por eso es también necesario, imprescindible, sacar a Hebe del lugar de víctima en el que la pone esta pacata izquierda estalinista o nacional y popular, sociedad ultra machista con discurso pseudo-feminista. Esos que dicen: «Pobre Hebe la cagaron. O los que dicen «La culpa la tiene Cristina que le dio poder a una mujer que no estaba preparada», en ambas lecturas la víctima es la misma: Hebe. Cualquier persona pensante, cualquier militante experimentado sabe que cuando aparece la víctima, se detiene el pensamiento. Sabe que ese fue un recurso muy usado dentro de las disputas internas marcadas por el estalinismo; recurso que supone que el cerebro de la víctima está más autorizado o piensa cosas más inteligentes que los demás. Por lo tanto se sabe que fabricar víctimas es una burda triquiñuela operativa, a veces inconsciente, pero triquiñuela al fin. Hebe no es víctima, nunca lo fue, como no lo fuimos ninguno de los setentistas que nos jugamos en un proyecto revolucionario sabiendo los riesgos que corríamos. Y precisamente por eso Hebe fue quien fue, por eso fue estrella.
Finalmente, si los ideales de los setentas siguen malversados por quienes creen que este modelo productivo imperial, sojero-automotor que incluye como componente una cuota de necesaria corrupción, es la consumación de esos ideales; entonces si será la derrota. Porque si la corrupción señorea aquí, en el corazón del discurso de los derechos humanos, nos habrán robado los sueños y, como se dijo, la derrota de los sueños es el triunfo final del enemigo.

De la opinión pública al saber popular

por Javier, de la Asamblea del Forat de la Vergonya, Barcelona


El debate polarizado entre la violencia y la no-violencia es un falso debate que solo pretende adhesiones a un bando u otro, sin que se produzca una reflexión crítica al respecto. Es un debate estéril que se encuadra en la misma lógica maniquea que filtra todo conflicto político a través de dos categorías jurídicas opuestas: «víctima»/»verdugo»; una parrilla taxonómica en la que la legitimidad cae siempre del lado de la víctima. Cuando la legitimidad se convierte en patrimonio de un mismo grupo social, el hecho de ser víctima (de un atropello, de un engaño, de una violación) pasa de ser un proceso -con un tiempo de duelo más o menos largo, con unas secuelas traumáticas más o menos perdurables-, a ser un estado que se pone a salvo de toda crítica (ej. Asociación de Víctimas del Terrorismo, la clase política en general). Esta lógica binaria que rige la estadística (a favor, en contra, NS/NC) y que genera, al mismo tiempo, las corrientes de opinión pública, es la misma lógica consensual y despolitizadora que se ha establecido como paradigma en todas las democracias occidentales. Toda argumentación posible dentro de este paradigma sobre lo sucedido en el Parc de la Ciutadella el 15-J, está cuestionada desde un principio por una pregunta insidiosa: «Vale sí, pero ¿estás a favor o en contra de la violencia?»


Lo fundamental en toda reflexión consiste en plantear adecuadamente la pregunta. Y la pregunta no debe ir encaminada a responder y definir de forma abstracta una posición respecto a la violencia, sino que debe responder y definir de forma concreta una posición respecto a la viabilidad práctica de seguir la consigna «Aturem el Parlament», en un acto de desobediencia civil, de forma no-violenta pero determinada, tal y como se anunciaba en la concentración. En principio, la acción consistía en realizar un cordón humano alrededor del Parlament para evitar así la entrada de los diputados en el hemiciclo. Esta acción fue desbaratada el día 14 por la tarde mediante un amplio despliegue policial que no solo acordonó el Parlament, sino que cerró a cal y canto el Parc de la Ciutadella. A partir de esta situación se abren dos posiblidades: o se desconvoca la acción (posibilidad defendida «el día después» por Arcadi Oliveras, el mismo que se ha erigido como el intelectual emblema del «Movimiento 15-M» de Barcelona, y que el día 14 a las 21 h. estaba arengando a las masas en la puerta del Parc de la Ciutadella próxima a la Estació de França, mientras se gritaba antes, durante y después de su intervención: «No pasarán»; consigna por la que, no olvidemos nunca, murieron «violentamente» miles de personas en la Guerra Civil española), o, como otra posibilidad, no se desconvoca y se improvisa sobre la marcha una acción. Y esto último fue lo que hicimos; una acción, quizás, meditada previamente por muchas personas, pero totalmente desconocida para muchas otras. La acción, ahora, consistía en bloquear todos los accesos al Parc de la Ciutadella poniendo en medio nuestros cuerpos, de forma pacífica pero determinada. Lo que ocurrió, ocurrió para cada cual de una manera distinta, en función de en qué lugar y momento se encontraba y qué ideas y bagaje político cada cual tiene. Pero si se trata de hacer una valoración lo más objetiva posible, partiendo de la consigna: «Aturem el Parlament» y en medio de un despliegue policial hipertrofiado y escandaloso, la acción no dejó de ser exitosa.


La acción fue un éxito (relativo) por el simple motivo de que conseguimos que el President de la Generalitat ( y unos sesenta parlamentarios más) acudiera al Parlament en helicóptero, lo cual es un índice de la distancia insalvable que media entre los políticos y el pueblo que dicen representar. ¿Por qué no fueron todos los parlamentarios en helicóptero al Parlament, cuando habíamos miles de personas protestando en las puertas de acceso al Parc de la Ciutadella y determinadas a impedir la entrada de todos los diputados? Esta es una pregunta que incumbe a los distintos grupos parlamentarios. La pregunta que nos incumbe a nosotrxs, lxs que nos hacemos llamar «indignadxs» porque así nos han bautizado los medios de comunicación, se podría formular del siguiente modo: ¿por qué algunxs de nosotrxs ponemos en nuestra boca el titular: «grupos de violentos», en contra de compañerxs que entienden de forma diferente la indignación, pero que a la hora de la verdad son lxs que nos van a ayudar, como unx más, a evitar un  porrazo de la policía o a que nos pisen cuando nos hemos caído al suelo, cuando esa diferencia entre compañerxs, esa heterogeneidad, forma parte de nuestro poder? ¿Acaso queremos ceder ese poder conseguido día a día durante más de un mes a aquellos que lo han tenido siempre y que ahora nos temen porque sienten su poder sobre nosotrxs en peligro? Decimos que hemos perdido el miedo, pero los medios de comunicación se encargan de administrarnos nuevas dosis, no vaya a ser que algo cambie y ese cambio invierta su posición privilegiada.
Pero, ¿de qué tenemos miedo? Tenemos miedo de que aflore la violencia que sentimos contra nosotros cada día y que se manifiesta de distintas formas: desde el guardia de seguridad acompañado por un perrazo que nos escruta con su mirada mientras introducimos el tiquet del metro por la ranura de la máquina, hasta las facturas que nos llegan y que hacemos malabarismos para pagar, en el mejor de los casos…de múltiples formas sentimos esa violencia en nuestra vida cotidiana, de la cual los deshaucios de familias enteras que no pueden pagar la hipoteca o los recortes públicos en prestaciones sociales serían solo su manifestación paroxística. La violencia está ahí, la sentimos y a la vez nos resistimos a sentirla. De esta contradicción interna surgen otras en la práctica política; como una atención desmesurada prestada a la opinión pública o un estricto posicionamiento en la “resistencia pacífica” que en muchas ocasiones resulta indefendible.
Respecto a la “resistencia pacífica”, no es más que un oxímoron (figura retórica que consiste en la unión de dos palabras de significado opuesto, p. ej.: “presente ausencia” “tierra acuosa”, etc.), una contradicción terminológica que si se mantiene por mucho tiempo nos puede desquiciar a todxs. Hay muchas formas de resistir, pero la diferencia entre una forma de resistencia y otra, es siempre una diferencia de grado, nunca de naturaleza. La línea imaginaria que separa la resistencia pacífica de la resistencia violenta no es delimitable. Es decir, se puede resistir más o menos y el ejercicio del poder al que se resiste puede ser mayor o menor, pero lo que siempre se pone en juego a través de la resistencia es una correlación de fuerzas, de poder y, por lo tanto, también de violencia. Por otro lado, la “resistencia pacífica” que abogamos, nos obliga a tener casi como única referencia política a Gandhi (aunque todavía no se ha propuesto, por ejemplo; una huelga de hambre masiva), deshechando toda una serie de prácticas políticas de acción y resistencia que han tenido lugar en Barcelona desde finales del siglo XIX, así como otras tradiciones que lxs compañerxs procedentes de otros lugares, como el resto de Europa o América Latina, pueden aportar al movimiento.
Por último, respecto a la excesiva atención hacia la opinión pública, no somos capaces de romper el cerco a la atomización social que la misma espectacularización de los medios de comunicación produce. Llevamos a cabo una acción, como la del 15-J, pero antes de que la acción finalice (se supone que al salir los parlamentarios del Parc de la Ciutadella), arrastrados por un manifiesto narcisismo miramos nuestro reflejo en los medios de comunicación que, evidentemente, nos devuelven una imagen deformada de la que no queremos responsabilizarnos y buscamos entre nuestrxs compañerxs a lxs causantes de esa imagen siniestra. Durante toda la mañana del día 15, no se dejan de escuchar voces que hacen referencia a la opinión pública –siempre es mejor que papá esté de nuestro lado-, pero estas voces olvidan que la opinión pública la forman los mismos medios de comunicación. No es un capricho intelectual que Agustín García Calvo los llame: “medios de formación de masas”, sino que responde a una realidad: la opinión pública es un producto de los mass media, por lo que éstos hacen una labor de formación –en el sentido escolar- de las, despectivamente llamadas, masas. Para salir del siguiente círculo vicioso: decimos que ha empezado una revolución – queremos tener a la opinión pública de nuestro lado – la opinión pública es producto de los mass media – los medios de comunicación son el cuarto poder – el poder quiere aplastar la revolución que hemos empezado; es necesario acudir al saber popular. La opinión pública se genera mediante la estadística; que trata de sumar las partes en un todo computable. El saber popular es una totalidad que no se deja codificar ni reducir a términos cuantificables. Dicho de otro modo: la suma de las partes no es el todo. El saber popular es refractario a toda estadística y es el mismo al que se refiere la expresión coloquial: “hasta un niño de cinco años sabe…” Pues eso: hasta un niño de cinco años sabe que tenemos razón cuando salimos a la calle con nuestras protestas; hasta un niño de cinco años sabe que el 15-J teníamos razones suficientes para ser mucho más violentos de lo que fuimos; hasta un niño de cinco años sabe que no es “un signo de debilidad” las “acciones violentas” que pudo haber; hasta un niño de cinco años sabe que es un signo de poder el no haberlo ejercido violentamente contra tantos y tantos parlamentarios que pasaron ante nosotrxs; hasta un niño de cinco años sabe que en toda revolución se ha hecho algún uso de la violencia contra el enemigo y/o contra uno mismo.

Carta abierta a los hombres y mujeres sensibles de este mundo

Agravios y amenazas del gobierno gringo que a todos están ocurriéndonos… anoche me tocó a mí.
por Raquel Gutiérrez Aguilar
Anoche tomé un avión para ir a Italia. Tenía que llegar a la Toscana a encontrarme con amigos y compañeros para compartir con ellos experiencias de luchas en América Latina. No pude llegar a mi destino porque al gobierno gringo se le ocurrió que yo no tenía derecho a pasar ya no digamos por su territorio, sino tampoco por su “espacio aéreo”… así fuera en una línea aérea supuestamente mexicana -AeroMéxico- que operaba un vuelo de otra línea de otro país distinto -Alitalia-… y sin importar que lo más cerca que iba a estar de “su territorio” fueran 30,000 pies de altitud.
Les cuento lo que ocurrió:
El miércoles 20 de julio de 2011 a las 22:35 horas, en México D.F. abordé el avión de Aeroméxico vuelo 033 con destino a Barcelona, para conectar desde ahí con otro vuelo a Roma en Alitalia. Una amiga me acopañaría desde Roma hasta la Toscana por tierra.
El vuelo se iba desarrollando de manera totalmente normal cuando un poco después de la medianoche el capitán avisó que volvíamos a Monterrey porque se había cerrado el espacio aéreo norteamericano. Explicó que, dado que había que volar por otra ruta, el avión tenía que re-aprovisionarse de combustible.
Fue así que volvimos a Monterrey en medio de cierto nerviosismo pues era muy raro lo que se decía por el altavoz.
Mi sorpresa mayúscula fue que cuando aterrizamos en dicha ciudad, pasada la 1 de la mañana de hoy, 21 de julio, se acercó a mí una de las azafatas y me pidió que mostrara una identificación. Se la mostré sin ningún problema. Yo tenía conmigo mi credencial de elector y también mi credencial de la UNAM. Una vez que vio mi nombre me pidió que recogiera mis cosas y que la acompañara a la puerta del avión.
Cuando llegué a la puerta del avión con todo mi equipaje de mano había unos cuantos policías federales mexicanos y dos o tres funcionarios de Aeroméxico que me pidieron identificarme nuevamente y bajar del avión. Yo les dije que no iba a bajar a menos que me explicaran que estaba sucediendo. Contestaron que «el gobierno de Estados Unidos había negado el paso al avión porque yo iba en él» ¡¡¡¡!!!!
Ante mi cara de absoluta extrañeza, una regiomontana muy amable de Aeroméxico me dijo que ellos también estaban muy extrañados, que por favor les acompañara y que viéramos que se podía hacer. No me quedó más remedio que bajarme del avión; mientras tanto, ya estaban bajando mi equipaje -el que tenía documentado.

Los policías federales, de una manera bastante intimidatoria pidieron que les entregaran una copia de mi pasaporte. Fui con las señoritas de Aeroméxico a sacar las copias del pasaporte a una oficina de la empresa, la policía se las llevó y estas mismas señoritas -a las cuales yo sí les creo que estaban asombradas de lo que estaba pasando e indignadas (porque se habían tenido que quedar a trabajar horas extras), y además eran sumamente amables- lo que me dijeron era que tenían que buscar una ruta para mí que no pasara por los Estados Unidos y que Aeroméxico, de todos modos, se haría cargo de mandarme a Italia.

Estuvimos esperando en el aeropuerto más o menos una hora y media, hasta que por fin lograron despachar al avión de vuelta. Después, ellas mismas me llevaron a un taxi que me llevó a un hotel. Yo estaba bastante asustada y muy muy indignada. También les pedí que me consiguieran un asiento en el primer vuelo a la ciudad de México a lo cual accedieron de inmediato.
Una vez en el hotel Marriot Courtyard me comuniqué con varios de mis amigos y amigas más queridos, con los compañeros de Italia que iban a estar esperándome en Roma, a fin de avisarles que no llegaría en el vuelo programado. También pensé mucho en qué hacer y decidí, en diálogo con todos mis amigos y amigas, lo siguiente:
1.    Lo que yo sentía más profundamente era una especie de susto, de vulnerabilidad profunda que me empujaba, básicamente, a querer ponerme a salvo. Eso hice. Decidí no intentar viajar nuevamente esta noche.
2.    También sentía una indignación infinita: ¿cómo puede pasar esto de que te bajen de un avión en donde se les ocurra?, ¿cómo pueden estas “autoridades estadounidenses” comportarse con tal despotismo? ¿Cómo lo toleramos? ¿Cómo nos protegemos ante estas cosas que ellos pueden hacernos de manera tan impune y tan insolente?
3.    Todo este día 21 ha sido de conversaciones con muchos amigos a quienes agradezco enormemente el apoyo y la indignación que han compartido conmigo. Hemos ido entendiendo varias cosas:
Estas arbitrariedades que aparecen “como porque sí”…  que uno tiene que soportar sin tener manera de hacer nada son el tipo de relaciones sociales que nos están imponiendo y, en este caso particular, son una especie de “aviso” de que ellos consideran que todo lo pueden (y por supuesto que tienen mucho poder para muchas cosas, como bajar a la pasajera del asiento 17J de una línea aérea supuestamente extranjera que va viajando a un país que no es el suyo, y dejarla tirada en medio del norte de México cualquier madrugada de cualquier día). Pero no tienen el poder suficiente para evitar que nosotros nos enlacemos y hablemos, para que mañana yo esté y participe con los compañeros en Italia, así no sea de manera presencial. Eso no pueden impedirlo.
Tampoco tienen la capacidad de evitar que este conjunto de agravios chicos nos ayude a indignarnos, a enlazarnos, a autocuidarnos que es lo que mis amigos y amigas han estado haciendo conmigo desde esta madrugada. Es lo que hemos hecho en este caso, chico, minúsculo casi, donde no hubo tortura, ni amenazas, ni muerte… apenas hubo un susto nocturno a una pasajera y una falta de respeto absoluto a todos los otros viajeros que seguramente se vieron afectados en sus itinerarios y en sus planes. Por eso creo que en este caso nimio, pequeñito, podemos reconocernos todos en los agravios que hemos ido padeciendo y soportando. Casi todos tenemos una historia así, de que algo nos impidieron, de que en algo nos agraviaron. Y por eso sería muy bueno pensar en las maneras de nuestra autoprotección colectiva.
Estamos atravesando tiempos malos que amenazan ser peores. Hacer brotar nuestras mejores y más variadas habilidades para inhibir que ellos consigan sus fines de paralizarnos y asustarnos, es lo que me parece más urgente. No soportemos ya estos agravios en silencio, pensemos no sólo como “denunciarlos”, sino como inhibirlos, como darles la vuelta: cómo cuidarnos entre todos que es el mejor remedio -creo- para esta fragmentación basada en el miedo en el que estamos viviendo.
Lo que se nos ha ocurrido a todos los que hoy día hemos dialogado mientras yo recorría el largo camino de Monterrey al D.F. y de ahí a la casa de mi madre, que era donde yo quería estar para sentirme a salvo, es que vamos a hacer varias cosas:
1.    Vamos a exigir a las dos compañías aéreas Aeroméxico y Alitalia que digan qué pasó con la pasajera del asiento 17J del vuelo AM33 del 20 de julio que tomó su avión a las 10:35 y no llegó a su destino. Que lo digan ellos, que expliquen a qué derecho tiene una que atenerse cuando decide viajar al extranjero.
2.    Vamos también a exigir a las autoridades estadounidenses que expliquen el peligro que podía causarles que la pasajera del asiento 17J del vuelo en cuestión volara a 30,000 pies de altura por encima de Estados Unidos. En esto les pedimos a los amigos y compañeros estadounidenses que nos ayuden. Queremos una explicación. ¿Cómo causa peligro esta mujer? ¿Cómo amenaza la seguridad de Mrs. Smith de Alabama o de Miss Jones de Boston, el que la pasajera del 17J sobrevuele sus casas? Queremos que esas “autoridades” expliquen lo que hacen. Queremos que nos expliquen lo que deciden y por qué lo deciden. Porque sus decisiones son no solo tontas sino muy, demasiado, arbitrarias.
3.    Vamos también a organizar una manera para pedir a los estadounidenses amigos -que son los únicos que son reconocidos como personas con derecho a voz por el estado norteamericano; los demás ni siquiera eso tenemos- a que todos los que estamos en la “lista negra” del gobierno estadounidense por muy variadas y casi siempre absurdas causas, tengamos de todos modos al menos una “visa aérea” para que ese gobierno no pueda impedir el tráfico aéreo y la movilidad de ciudadanos de otros países.  No se pide que nos dejen entrar a su país. Ellos tendrán motivos para no querer que vayamos allá. Pero es aberrante esto de no permitir que pase por el aire un avión donde vaya viajando cualquiera que ellos, por algún motivo, consideren non grato.
4.    Finalmente, también estamos armando un blog pues creemos que el trabajo de cuidarnos entre todos es lo único que nos puede salvar, quizá, de esta prepotencia enloquecida. Y no podemos quedarnos paralizados y perplejos -como yo estuve anoche en la puerta de ese avión de Aeroméxico regresado a Monterrey-, conviene que vayamos hilando los “testimonios de los agravios que hemos padecido los de la lista negra”. Sabemos que son muchos. Sabemos que no queremos soportarlos callados y solos… Sabemos que podemos hacer que se mitiguen y quizá, ojalá, que se acaben.
En fin, pues agradezco a uds. cualquier apoyo o atención que puedan poner a este asunto… No es cuestión de garantizar que Raquel Gutiérrez pueda viajar, sino que cualquiera, cualquier persona, hombre, mujer o niño que vaya sentado en el asiento 17J, sepa que puede llegar a su destino. Que sepa que no tiene que tener miedo, que sepa, pues, que está seguro y que puede caminar el mundo para encontrarse con sus hermanos y hermanas con confianza.
Si esta carta les hace algún sentido, si consideran que hay algo que esté en sus manos hacer para que esto no ocurra, les pido que respondan al correo: hombresymujeres.agraviados@gmail.com y que miren el blog, http://agraviosgringosnongratos.blogspot.com/ para que ahí escriban sus comentarios y todos podamos ir conversando.
De todo corazón agradezco a quienes me sostuvieron cuando me atrapó el despotismo y la arbitrariedad gubernamental estadounidense en mi propio país. Agradezco también a quienes, estoy segura, nos iremos hilvanando en esta red de autoprotección y cuidado que estamos proponiendo que en común construyamos.
María Raquel Gutiérrez Aguilar, 21 de julio de 2011

¿Una nueva suavidad?

Por Suely Rolnik

Ya sabemos que la familia se ha desmoronado. No es algo nuevo. De ella quedó una determinada figura de hombre, una determinada figura de mujer. Figuras de una célula conyugal. Pero ésta también se está «desterritorializando» a pasos agigantados. El capital ha desvalorizado nuestra manera de amar: estamos completamente fuera de la escena. A partir de ahí, son muchos los caminos que se esbozan: del apego obsesivo a las formas que el capital ha vaciado (territorios artificialmente restaurados) a la creación de otros territorios de deseo. Nos topamos con innumerables peligros, a veces fatales.

En uno de los extremos está el miedo a la desterritorialización frente al que sucumbimos: nos encarcelamos en la simbiosis, nos intoxicamos de familiarismo, nos anestesiamos frente a toda sensación de mundo, nos endurecemos. En el otro extremo -cuando conseguimos no resistir a la desterritorialización y, zambullidos en su movimiento, nos convertimos en pura intensidad, ‘en pura emoción de mundo-, nos acecha otro peligro. La fascinación que la desterritorialización ejerce sobre nosotros puede ser fatal: en lugar de vivirla como una dimensión imprescindible de la creación de territorios, la tomamos como una finalidad en sí misma. Y, completamente desprovistos de territorios, nos fragilizamos hasta deshacernos irremediablemente.
Entre esos dos extremos, o esas diferentes maneras de morir, se ensayan desgarradamente otras maneras de vivir. Y todos esos vectores de la experimentación coexisten, muchas veces, en la vida de una misma persona.
En el primer caso, Penélope y Ulises -supervivientes del naufragio de la familia -encarnan en todos nosotros, arrastrándonos hacia esa maldita sim­biosis que nos persigue, hombres y mujeres que sólo varían su estilo. Esa maldita voluntad de espejo. Esa sed insaciable de absoluto, de eterno. Sed que no nos da tregua y que nos aparta de todos los hilos del mundo -humanos o no- con los que podríamos estar tejiendo territorios, tejiéndonos. En la inmovilidad malhumorada de Penélope (que teje, pero siempre los mis­mos hilos) o en el movimiento compulsivo de Ulises (que nada teje) está siempre el mismo tedio, la misma impotencia, la misma angustia.
Las Penélopes tejen, pero siempre lo mismo: el amor por Ulises. Hilos, humanos o no, no son nada para Penélope: los rechaza todos, o ni siquiera los percibe. Su argumento es la eterna actualidad del tejido que teje para (y con) Ulises, obra que le lleva todo el tiempo y todo su espacio. Un tejido que cada noche deshace y que reinventa cada día. No es por gusto de tejer que teje, sino por gusto de reproducir el tejido, la imagen de ese amor. El mundo se vuelve así absoluto: ella y el otro (Ulises) dentro de ella. Penélopes eternamente condenadas a la voluntad de permanecer.
Los Ulises viajan, no tejen. Andan por todas partes sin estar en ninguna parte. Hilos, humanos o no, no tejen, pero son pedazos-imagen de un mundo del que Ulises intenta apoderarse en cada aventura. El mundo se vuelve así absoluto, Ulises y el otro (todas las otras) que él penetra. Pedazos cuyo montaje forma una imagen del mundo. Ulises eternamente condenados a la voluntad de partir.
Penélope se niega a la aventura, porque en la aventura se evidencia para ella la desterritorialización, el objeto de su pánico. Fervorosas adeptas y pro­pagadoras, a su modo, de la fe en lo absoluto, las Penélopes no se reconocen en la discontinuidad de los contornos y no lo reconocen como ineluctable. Y cada vez que sienten lo discontinuo, lo consideran un mero accidente -y, en tanto tal, pasajero- accidente atribuido a la falta de otro dentro de ellas. La desterritorialización es traducida como sensación de estar desagregándose mientras Ulises les falta. Y, melancólicamente, Penélope lo acusa: «Me destruyes con tu voluntad de ausencia».
Pero esa sensación de destrucción (en la ausencia) es indisociable de una esperanza: la de la sensación aliviadora de reconstrucción (en su presencia) -condición de existencia de las Penélopes. La queja de la falta de Ulises alimenta la esperanza de que en cada retorno él le devuelva la certeza de ser mujer. La tan llorada amenaza de pérdida de Ulises es amenaza de una pér­dida de sí misma; amenaza apaciguada en cada retorno de Ulises, que le devuelve ese sí misma. Es como si para existir, ella estuviese condenada a repetir infinitamente esa secuencia ritual que culmina con el acto de su fundación como mujer. «Pero en cada retorno he de apagar lo que tu ausencia me causó … », en cada vuelta tuya, sabré de nuevo … y de nuevo … y de nuevo … que soy mujer. En los gemidos que puntúan la angustiada espera de Ulises -cultivo de la simbiosis- Penélope garantiza su espejo.
Para Ulises la evidencia de la desterritorialización -objeto de su pánico­ está en tejer. Por lo tanto, Ulises se niega a tejer. Fervorosos adeptos y pro­pagadores, pero de otro modo, de la fe en lo absoluto, los Ulises tampoco se reconocen en la discontinuidad de los contornos, ni la reconocen como ineluctable. Y cada vez que sienten lo discontinuo, lo consideran un mero accidente y, en cuanto tal, pasajero. El accidente, aquí, es atribuido al exceso de presencia del otro, que les impide el acceso a todos los otros. La desterritorialización es traducida como sensación de estar siendo devorado por Penélope. Y, fóbicamente, Ulises la acusa: «Me destruyes con tu carencia, con tu deseo de presencia».
En este caso, inverso al de Penélope, la sensación de destrucción (en su presencia) es indisociable de una esperanza: la de una sensación aliviadora de reconstrucción (en su ausencia) -condición de existencia de los Ulises. Él precisa irse para mantener a Penélope bajo la amenaza de perderlo y en esa amenaza mantener vivo su deseo por él, deseo en el cual se refleja. Amenazada, Penélope grita su nombre a los cuatro vientos y desde el fondo de su desesperación le dice: «Yo no existo sin ti…», «sin ti, mi amor, yo no soy nadie … », «me duermo pensando en ti … y amanezco pensando en ti … », «yo sé que voy a amarte toda mi vida … » Al oír eso, Ulises se alivia: en el desconsuelo de ella, se consuela. Estando de nuevo seguro ahora sabe: «En cada ausencia mía, yo existo en la espera llorosa de ella, que constato y vuel­vo a constatar en cada vuelta». Es en ese retiro ritual, hecho de una eterna fuga y de un eterno retorno -configuración de la simbiosis- en el que Ulises garantiza su espejo.
Las agresivas escapadas (los viajes de Ulises) son condición de existencia de ella. Penélope precisa, en su espera, quejarse de la «otra», -todas las mujeres (reales o imaginarias, no hay diferencia). En esa queja, indaga: «Espejo, espejo mío, ¿existe alguien más mujer que yo?» Y el eterno retorno de Ulises, respuesta del espejo, hace de ella La Mujer.
La espera melancólica (el tejer y retejer de Penélope) es condición de exis­tencia de él. En la irritación frente a la carencia de Penélope, Ulises se funda como Hombre. Él precisa quejarse de la desesperación inconsolable de ella, pues en esa queja certifica la permanencia del suelo que pisa, el suelo de su perpetua reterritorialización. En realidad, en sus viajes, Ulises nunca se des­territorializa: está siempre y solamente en la secreta tierra firme hecha del incesante lamento de Penélope.

El pánico de Ulises ante la carencia de Penélope genera el pánico de Penélope ante la fuga de Ulises, que genera el pánico de Ulises. Pero Ulises nace del pánico de Penélope, que nace del pánico de Ulises …
Él aparece como el villano de la historia, ella como la molestia: él quien abandona y ella quien une. Pero, en realidad, los dos precisan tanto del abandono, como de la unión: -pacto simbiótico. Ambos precisan de esta intermitencia: en la silenciosa noche, silenciosamente, el tejido se deshace, instaurando la amenaza de la descomposición de lo junto -y, consecuentemente, de cada uno de ellos, indisociables en esta unión. A la luz de la maña­na, los hilos, visiblemente, se tejen. En esa alternancia, lo que se busca es estar seguro de que la trama de ese drama perdure. Es preciso ver para creer infinitas veces. Repetir sin parar el peligro de desarticularse, para certificar lo eterno y absoluto de esa trama.
Penélope controla el tiempo: teje la trama de la eternidad. Ulises contro­la el espacio: monta la imagen de la totalidad. Dos estilos complementarios del deseo de absoluto: inmovilidad tibia y melosa, movilidad fría y seca. La misma esterilidad. Una sola neurosis: equilibrio homeostático. Miedo a vivir. Voluntad de morir.
Penélope y Ulises somos todos -con diferentes matices en cada momen­to. Más allá de eso, no es siempre el mismo Ulises el que Penélope espera que vuelva; no es siempre la misma Penélope la que Ulises abandona al par­tir -varían, y cada vez más. Mientras tanto, la escena es siempre la misma: hay siempre una mujer que desempeña a Penélope para él, siempre un hom­bre que desempeña a Ulises para ella (o viceversa). Remanentes activos de una familia desaparecida, que reproducimos artificialmente bajo las más variadas formas. Reterritorialización, eterna condena a «hacer escenas» en familia, maneras y maneras de reiterar que un día «esto» se volverá entero.
Pero un día, el Ulises -presente en cada uno de nosotros, hombres y mujeres- sale de la escena: se separa definitivamente de Penélope. No volverá nunca más. Superado el miedo, ya no precisa de espejo en la espera de ella, ni en la de nadie: se entrega de cuerpo y alma a la desterritorialización. Y otra escena se instaura: la de las máquinas célibes[1].
Sin territorio fijo, las máquinas célibes vagan por el mundo. Con cada hilo que se presenta -humano o no- ellas mismas tejen, se tejen. Y en cada nuevo hilo, olvidan, se olvidan. Sin identidad, son pura pasión: nacen de cada estado fugaz de intensidad que consumen. Su vuelo, ya lejos del sofo­cante mundo de los Ulises y Penélopes, alcanza universos insospechados. La vida se expande. Hay una alegría en esa expansión. Grandeza célibe .
Sin embargo, también hay una miseria en ese todo: nunca se articulan los hilos, nunca se organizan territorios. Y así el potencial de expansión contenido en la recién conquistada intimidad con el mundo se desperdicia. Se dispersa.
En esa furia de tejer con tantos hilos, tan rápidamente sustituidos, ya no conseguimos detenernos. El otro, descartable, es el mero paisaje que como mucho mimetizamos. Almas en pena, viajamos a través de esos paisajes que se suceden, al igual que nosotros mismos. Nunca nos posamos en ningún paisaje que nos permita constituir territorio y, reorganizados, proseguimos viaje. Miseria célibe . Hay cierta amargura en todo eso.
Sin tiempo ni espacio para tejer lo que sea, cuerpo y alma van perdiendo la capacidad de urdir. Invalidándose nuestras defensas inmunológicas: nos volvemos tan vulnerables que, al más leve toque, nos disolvemos. Y mori­mos de sida.
Es verdad que no siempre funcionan así las máquinas célibes. A veces la especial pasión nos despierta algún hilo que aún nos lleva a investir un tejer. Pero, entonces, lo que frecuentemente ocurre es que asistimos impotentes a nuestra recaída en la simbiosis -la misma. Una vez más aterrizamos en ese suelo: nos reterritorializamos.
Dos escenas, dos peligros, un solo daño: entre la simbiosis y la desterrito­rialización vivida como finalidad en sí misma, quien sale perdiendo es el amor.
¿Entonces el amor se vuelve imposible? No exactamente.
Exhaustos de tanta repetición, descubrimos que siendo como Penélope exaltando el retorno al confort del hogar, al confinamiento conyugal, o sien­do como Ulises, exaltando la libertad de aventura que únicamente existe en función de su eterno retorno al nido, sólo se enmascara el miedo a la deste­rritorialización por un deseo de absoluto.
Y no solamente eso. Constatamos también que el acto de exaltar esa libertad para circular incorpóreamente, sin Penélope alguna que nos refleje en su espera (máquinas célibes), termina separándonos de nuestra propia vida. Consternados, descubrimos que por haber pretendido libramos del espejo, lo que acabamos perdiendo es la posibilidad de involucramos -como si la única ligazón posible fuese la de especular. Por haber pretendido libramos de la simbiosis, lo que acabamos perdiendo es la posibilidad de construir territorios como si el único montaje posible fuese la simbiosis.
Saturados de tener la sensibilidad limitada a esas frecuencias -el miedo y/o la fascinación de la desterritorialización- sintonizamos (por una cuestión de supervivencia … y de humor) otras frecuencias, hasta hace poco ignoradas. Entramos en el cine y en una ciudad del futuro -no tan distante-, descubrimos que más allá de esos dos vectores se delinea toda una experimentación de construcción de otros territorios de deseo. Ridley Scott nos introduce en ese mundo, en su película Blade Runner, a través de Deckard, primer hombre casi replicante y Rachael, última replicante casi humana[2]. Nos quedamos con la esperanza -tal vez ingenua- de que inventaron otra especie de amor. Nos quedamos soñando con la posibilidad de otras escenas. ¿Otro mito?
Un más allá de los ulises y de las penélopes: un amor no demasiado humano. Montajes desintoxicados del vicio de reducción del deseo de mundo a un objeto-persona o una persona-objeto.
Pero también un más allá de las máquinas célibes, esa otra cara del hom­bre: un amor no demasiado deshumano. Montajes desintoxicados del vicio de proliferación de mundos, objetos de deseo -proliferación tan desenfrenada que no hay ni más mundo, ni deseo.
Nos quedamos imaginando un más allá del hombre ( humano y/o deshumano ), donde los campos de intimidad se instauren. Territorios-refugio. Una cierta inocencia. Un más allá del espejo , donde el otro no sea ya aquel que delinea nuestro contorno (Ulises/Penélope), ni un paisaje fugaz en el que, como las máquinas célibes, no creemos cosa alguna. Un más allá del espejo donde nuestro viaje no sea ya aquel de un Ulises (preso), ni aquel otro de las máquinas célibes (desgarrado). Viaje solitario: una soledad poblada por los encuentros con lo irreductiblemente otro.
¿Pero cómo sería ese viaje? De él sabemos apenas dos o tres cosas. La pri­mera es que él sólo se hace si preservamos lo conquistado por las máquinas célibes -tener autonomía de vuelo, un vuelo donde el encuentro con lo irreductiblemente otro nos desterritorialice; ser pura intensidad de ese encuen­tro. La segunda es que, si eso es necesario, no es suficiente: al mismo tiempo que se da la desterritorialización, es preciso que, a lo largo de los encuen­tros, se construyan territorios. Y nos empeñamos en la creación de esta nueva escena (¿Nuevas escenas?). Somos casi replicantes, ya sabemos también de qué está hecho ese empeño: está hecho de amor.
Por ahora poco o nada sabemos acerca de ese tipo de amor. Las franjas de frecuencia de ese inusitado viaje aún no están bien sintonizadas. Hay ruidos, sonidos inarticulados y muchas veces no soportamos la espera de que una composición se cree: en nuestra prisa por oírla, corre­mos el riesgo de componer esos sonidos con viejos clichés. Es difícil no caer en el sentimentalismo de un final feliz. De nuevo la trampa del Espejo. Al final, ése es sólo el primer encuentro entre un hombre-casi-replicante y una replicante-casi-humana; y, más allá de eso, hace muy poco tiempo que fui­mos contaminados por el secreto de Roy, el jefe replicante
En realidad, lo que no soportamos es la estridencia de esos sonidos inarticulados. Es el «nada más de aquel todo». Lo que no soportamos es que somos un poco Penélopes, un poco Ulises, un poco máquinas célibes, un poco replicantes … y no solamente eso. E incluso, en los momentos en que, desavisados, conseguimos soportarlo, descubrimos con cierto alivio que, de la convivencia desencontrada de esas figuras, se destila ya una nueva suavidad.
[1] Máquinas célibes es un concepto propuesto por Michel Carrouges, en su libro Les Machines célibataires (París, 1954), para designar una suerte de máquina fantástica que encuentra en las obras de Kafka, Jarry, Edgar Allan Poe, Roussel, Duchamp y otros. El concepto es retomado por Deleuze y Guattari en 1972, en L’Anti-Oedipe. Capitalisme et Schizophrénie(1972). Los autores lo utilizan para designar lo que llaman «tercera síntesis del inconsciente», que le sucede a la máquina paranoica y a la máquina milagrosa. En la década de 1970, las máquinas célibes fueron objeto y título de una exposición en el entonces recién creado Centre Georges Pompidou, Musée National d’Art Moderne. 

[2] Blade Runner, película dirigida por Ridley Scott en 1982 a partir del libro Do Androids Dream of Electric Sheep?, de Philip K. Dick, 1968. 

¿Qué es la fiesta hoy? (V)

La carne de la fiesta

(ensayo contra la excepción)
Odio me pregunten y luego no me escuchen. Se siente muy horrible. Me siento muy horrible. Engañado. Burlado. Es como si me dijeran quiero tener un hijo tuyo y, al momento de la eyaculación, me empujen a un lado para que acabe afuera. Palabras embarazosas que nadie quiere dentro. Palabrasemen asquerosas que acaban en la sordidez de la almohada sobre la que nadie quiere apoyar la oreja. Si quieren saber, les pido a cambio su franca atención. Cojan con sus tímpanos vírgenes de sinceridad mi lengua raída por el abandono. Sujétenme y concédanme la gracia de no soltarme hasta el final –no les pido ni un segundo más. Considero es un precio justo. Y si no: por favor no pregunten. Pues se siente muy horrible. Me siento muy horrible. Cuando comienzo a contar y nadie se presta a escuchar.
Febrero de 1984. Algarabía nacional por la pronta democracia a sangre negociada. ¿Derramada? Embarrada. Las botas del gallardo uniforme militar. Los tacos altos de la alcurnia civil. Por la ranura de las urnas vacías de cenizas de muertos insepultos se avizoraba la urgencia de nuevos principios para nuevas rebeldías. Franqueaba mi último verano como estudiante secundario –tiempo después deduciría aquellas también serían mis últimas vacaciones tresmesinas- en el Comercial nº 22 Martínez de Zubiría, sobre la calle Constitución. Barrio de letras rojas y puños ajados por el trabajo a destajo. Barletta, Castelnuovo y los hermanos Tuñón. Anduve gran parte de mis años de escuela atravesado por un flujo migratorio incesante de compañeros que llegaban y se iban sin previo aviso. Matrícula mutante le decían. Por ello, tal vez, me costó tanto entablar amistades duraderas más que con el negro Cacha, Panchito y la peti Muriel. Además de compañeros de secundaria, los cuatro vivíamos a no más de dos cuadras de distancia: el negro en una pensión en Tarija y José Mármol –cuando lo conocí, durante la primaria, vivía en Quintino Bocayuva entre Constitución y Cochabamba, pero en 1978 debió mudarse expulsado por la viril erección de la autopista cacciatorista-, la peti en la esquina de la Comisaría 10º, Panchito en Muñiz y Tarija y yo sobre José Mármol. Compañeros de escuela, amigos, vecinos y miembros fundadores del COIAF: Comando Insurreccionalista Anti-Fiesta.
El COIAF había comenzado a operar dos años antes, tal y como suele comenzar toda materia que se digne relevante durante años infantes. Jugando. Es decir: saltando, gritando, bailando, muequeando, moqueando. Fugando del entendimiento adulto (pero si es sólo un juego. Nono, es mucho más que eso). Dejando de ser para no ser más que mostros. Cambiando rostricidad por mascarillas sin maquillaje. Cartapesta presta a transformar el paisaje de mejillas premoldeadas y barbillas fabricadas en serie. En serio. Pues jugar es cosa seria. Ninguna pavada. Claro que si a los catorce años sigue uno siendo niño o dejó ya y para siempre de serlo puede resultar cuanto menos discutible. Pero ahora, viéndolo a la distancia, no me caben dudas nos amoldábamos perfectamente a los cánones de la infancia. Corría el año ´82. Miliquitos hábiles en el uso de la gomera y el arrojo cuerpo a tierra rezaban Padres Nuestros detrás de las trincheras mientras en el Comercial 22 nos disponíamos a celebrar el 25 de Mayo. Todo el colegio prolijamente alineado con un brazo de distancia y la vista firme en quienes ñoñamente orgullosos escoltaban la bandera. Luego lo de siempre: himno patrio pericón patrio discurso patrio por directora patria emotividad patria por la lucha patria de la madre patria en las islas patrias mutilaciones parias. Varias: piernas, brazos, cabezas, orejas (que no escuchan ni escuchaban antes de mutiladas), ojos, narices, lenguas (abandonadas, como la mía, en una zanja de agua de lluvia estancada). Panchito aguardaba paciente con la mano –que de haber sido descubierta también mutilada hubiera terminado- dentro de la remera. Esperaba que la directora acabara su arenga. La entonación de la palabra que anunciara la mudez del punto final. Y cuando finalmente llegó, hizo sonar su gracia flatular. Flatulencia axilar. Flatulencia flatulante de flatulencias nuevas que flatuleras flatuleaban al compás de la flatulencia primera. Flatulencias que no provocaban risa sino contagio a otras axilas en cuya armonía in crescendo, sin director ni partitura, componían una perfecta orquesta sinfónica de flatulencias. Flatulencias resonantes. Flatulencias rimbombantes. Flatulencias rizomáticas. Flatulencias matemáticas. Flatulencias entre estudiantes de primero a quinto año. Flatulencias entre padres de niños segregados. Flatulencias excretoras de maestras recuperadoras. Flatulencias de vanguardia bajo los brazos de la secretaria. Flatulencias en crianza por el personal de maestranza.
Entre amonestaciones y suspensiones varias, más la orden de expulsión del colegio del gordo Nahuel (compañero de división cuyo cogote enlazaba el nudo gordiano del chivo expiatorio –qué se le iba a hacer, algún mártir debíamos tener-), aquel fue el origen mítico del COIAF –contenía todos los condimentos para serlo: celebración, muerte y comienzo. Desde aquella fundación espontánea, casi magmática, durante su corta existencia de poco menos de dos años el COIAF llevó adelante diversas operaciones de sabotaje a las fiestas: navidades hogareñas, actos de escuela, casamientos por iglesia, el recibimiento de mi hermano mayor el doctor y hasta el cumpleaños de quince de la peti, celosamente planeado por su propia protagonista.
Si bien podíamos ser percibidos como una intento farsesco de ludditas de las festividades, nuestro objetivo no era arruinarle la fiesta a nadie, sino intervenir en ellas como relojeros desquiciados abocados a alterar el ritmo impávido de las agujas del tiempo. Nuestra mira estaba puesta en el calendario, en su subversión. Creíamos que, saboteando las jornadas de excepcional permisividad para la juerga, podríamos –como nos había enseñado la generación de nuestros padres: hacer de los medios la antinomia de los fines- lograr que el cotillón devenga herramienta de trabajo, salpicar de papel picado la normalidad de la faena y que ya nadie deba contar los casilleros de almanaque que restan para arribar al coloreado rosa de fiesta. Pero nos faltaba algo, un acontecimiento que nos catapulte al estrellato, un hecho digno de portada de diarios que nos coloque en el centro del debate público, motivo de comentario de taxistas y de estudiantes de sociología en la sobremesa familiar: necesitábamos nuestro propio Aramburu.
Hallamos la oportuna oportunidad en las fiestas de carnaval del ´84, las primeras desde su prohibición por la dictadura militar. El plan era sencillo, concreto y pasible de ser llevado a cabo. Lo habíamos elaborado con el negro Cacha, Panchito y la peti Muriel en el bar de la esquina de San Juan y José Mármol sobre una servilleta de papel. Nombre de la operación: La carne de la fiesta. Lugar: corso de la Av. Boedo. Fecha: tercer sábado de febrero. Hora: al finalizar el criticón de la última murga de la noche (00:30 aprox.). Disfraz: carniceros (Cacha: kétchup para la sangre de los guardapolvos, Muriel: cuchillas de cartón. Yo: biromes para la oreja) –nota al pie derecho: primer desacierto de la operación: aún con cuchilla y birome, los asistentes al carnaval nos creían más cirujanos que carniceros-. Suministros: albóndigas de carne picada, cruda y rancia (Panchito) –nota al pie izquierdo: en un principio pensamos asignar la tarea a Muriel pero ella se rebeló interpelándonos con una formidable alocución en que argumentó que la cocina no era sólo cuestión de mujeres, que el COIAF no reproduciría los tradicionales roles machistas sostenidos por las dirigencias políticas aún de izquierda y que, según su parecer, las manos de Panchito no mutiladas dos años atrás serían las más apropiadas para la fabricación de los bolos, ante lo cual el quía no pudo más que acceder e ir a la carnicería, comprar kilo y medio de carne picada, dejarla durante una semana entera bajo el sol y luego, con media docena de huevos, preparar las albóndigas-.

Llegó el día indicado. El barrio entero se agolpaba sobre la avenida advenida pasarela de murguistas. Levitas de arpillera ornamentadas con lentejuelas y parches del Rey Momo. Bombos, platillos y redoblantes conspiraban una melodía cuidadosamente prófuga de la solemnidad propia del Teatro Colón. Banderas y estandartes con la insignia de cada murga rociaban de alegría los aires mustios de la ciudad post-genocida. Disfraces de chilindrinas, llaneros solitarios y mujeres maravillas desvelaban la esquizofrenia encubierta durante años de pasamontañas y capuchas paranoicas. Cacha, Muriel, Panchito y yo habíamos acordado arribar al corso desde diferentes esquinas para no despertar sospechas. Cada cual con su traje de carnicero, el cuchillo de cartón en una mano y una bolsita de nylon repleta de albóndigas hediondas en la otra. La última murga de la noche desfilaba por el corredor demarcado por una soga para que los espectadores no se abalancen sobre los artistas. Mientras bajo el escenario bombistas y bailarines hacían temblar el asfalto con sus desequilibrios cadenciosos, los trovadores comenzaban a vocalizar el aclamado criticón: La docta represiva de los años duros ha terminado / los uniformes verde oliva a los cuarteles han regresado / la fiesta ha recomenzado / el criticón a Boedo ha llegado. Como Panchito dos años atrás, aguardamos pacientes la entonación de la palabra final. Y cuando la misma llegó, comenzamos a arrojar las albóndigas de carne cruda y rancia contra los rostros de espectadores y murguistas. El hedor que desprendían era apenas semejante al que se huele por Av. del Trabajo cuando se circundan los paredones del matadero. Tras unos breves momentos de desconcierto, todos comenzaron a correr buscando abrigo de nosotros los saboteadores y del mal olor que las albóndigas desprendían. Carne podrida. Efluvio corrupto. Fermento pestilente. Descomposición visceral. Repulsión animal. Un verdadero asco. Todos corrieron, menos los murguistas, furiosos con los cuatro pendejos que les habían arruinado su cierre a toda pompa. No sé qué fue lo que ocurrió con la peti, el negro y Panchito, los perdí de vista en medio del revuelo y luego ninguno volvió a hablar del tema. Sí sé muy bien lo que me ocurrió a mí. Luego de una violenta reprimenda a puños, patadas y cabezazos, los murguistas –creyéndose los dueños de la fiesta, a los gritos de espuma sí, carne no- me tomaron por los brazos y a la fuerza me ataron con la soga del corredor a las patas del escenario. Mientras uno de ellos, en cuclillas sobre las tablas, me apretaba la nariz y obligaba a abrir la boca, los demás se turnaban para meterme las albóndigas rancias en el buche y forzarme a tragarlas. Como les decía, nunca más volví a hablar del tema hasta el día de hoy, ni tampoco –he aquí la respuesta a su pregunta- a comer carne: cambié el oficio de saboteador por el de ovo-lácteo-vegetariano.

¿Qué es la fiesta hoy? (III)

La fiesta de todos
I.
Por P.V.
La política es también fiesta y alegría. La comunidad se constituye a partir de las pasiones alegres. La fiesta es una forma de estar juntos, de amistad. El carnaval -forma popular de fiesta- es también alegre subversión y alteración del estado de cosas. La fiesta, entonces, puede ser acontecimiento, ruptura. En la sociedad del espectáculo esto se torna ineludible.
Sin embargo, ¿cualquier puesta en escena de globos de colores constituye una fiesta? ¿Existe la impostación o la adulteración de la fiesta? En todo caso, ¿habrá que continuar innovando, creando y alterando formas de fiesta y alegría otras que se desplacen y resistan su copamiento por parte de los apropiadores de fiestas ajenas? ¿Hasta dónde seremos capaces de desplegar la potencia de la fiesta o la fiesta-potencia, el poder-hacer fiesta?
Pero, si las fiestas no son de nadie, o todos constituimos la fiesta; y si algunos se arrogan el derecho de darnos la bienvenida, quizá lo que quieran es expulsarnos de su fiesta. ¿Podrán hacerlo? ¿Dejaremos que lo hagan?
II.
Por S.S
La fiesta está con dios y con el diablo. Es la de ellos, la de nosotros o la de todos. Es paganismo, feriado nacional o discoteca. Es la organizada con meses de antelación para el casamiento de la hija, la del sindicato cuando termina la huelga o la de los tres asaltantes que se toman en tres noches todo lo que ganaron en un día. ¿La fiesta es un dispositivo de poder? ¿Del asado para agradecer el voto? ¿Del clima triunfalista como marketing “contra la crispación”? ¿De la bebida que «aliena» y de perder de vista al enemigo en el ritual que diluye las diferencias? ¿Pensamos la fiesta como revolución en acto, como lo que hacemos cuando estamos bien y como el más allá de las formas burguesas? ¿Es lo que nos saca del tiempo del trabajo y de la ciudad ordenada? ¿Cuerpo sentido expresión y amor discontinuo? Ocurre en tiempos de paz, como fiesta de la victoria. Pero también como parte inseparable de la lucha o como la misma lucha. La fiesta es la dádiva para los eufóricos encolumnados con el conquistador que aplasta minorías. La fiesta decadente de los poderosos, o la que el poder limita, mandando la policía. Y la fiesta como tiempo futuro prometido de bienestar. La fiesta es también lo que nos queda de no modernos, no desencantados, no asimilados, no industrializados. Aunque no deja de ser el Estado cuando aparece como folclore, pasado, tradición encajonada. ¿No es acaso, a veces, la mentira, la inversión que presenta como cierto lo que nunca es, o lo que los otros interponen? Y la fiesta, una fiesta, es también redistribución, relación, comunidad y buen vivir. Es descolonización. Es el momento de los dioses y de los ciclos acabados que se renuevan. La fiesta es seducción y movimiento, se relaciona con la vida. Es el cosmos, la tierra y nuestros otros. También espacio del mercado, de la borrachera del poder que está lejos de la charla con mate en una tarde de sol. Es el banquete antropofágico, donde renovamos fuerzas y energía. Es de cúpulas, de pocos, de masas o de comunidades. La fiesta se acaba, pero puede recomenzar. Y es un lugar de encuentro que nos lleva a otro lugar.

¿Qué es la fiesta hoy? (II)

La Fiesta del Monstruo

por D.P. 


Seamos exagerados a riesgo de pasar por extravagantes” 

              
                                      Gabriel Tarde
¿Por qué festejan tanto estos cerditos? ¿Qué es estrictamente la fiesta hoy (Argentina, veintiunavo siglo)?  ¿Nos hallamos realmente –tal como cerciora el reconocido politólogo marxista Escolnick– ante una disputa en torno a quién organiza la fiesta y a qué signos la identifican (si se regalan globos de colores o estampitas de Scalabrini Ortiz; si se baila Gilda o Zamba Quipildor)?
Con todo, no es un lugar común, natural, de la militancia contemporánea esta declinación festiva: más bien, fueron los gestos adustos, la estética del sacrificio y del héroe y cierta ascendente dominación de las prácticas y valores militares los que colorearon mayoritariamente el compromiso político durante la segunda mitad del siglo que se nos fue. Una militancia que era, en términos generales, mayoritariamente autoritaria, machista, homófoba, racista, además de conservadora y torpe respecto del sexo y el uso de drogas. Una delicia.
Y muchas menos fueron las veces que la política se sostuvo en algo tan pueril como la ideología felicista (¡Vamos, sé feliz! ¡Es cuestión de intentarlo! ¡Tú puedes!) Dicho de otro modo (y me viene a la memoria un gran libro de Miguel Benasayag y alguien –un otro: el quía siempre busca un otro, algún joven talento, para co-escribir—llamado Crítica de la Felicidad donde, justamente, desnuda este discurso felicista: la imposición de ser feliz en un mundo que se empeña en todo lo contrario)… De otro modo, decía, es la primera vez que una fuerza política asume este discurso felicistas que hasta hace no tanto era territorio no-político (incluso, anti-político) del capital (de las empresas, de la publicidad, del consumo, de las mercancías).
Así, propias de la vida boba, ambas dinámicas, la declinación festivista y la ideología felicista, se presentan como modos desproblematizadores de la política y de la vida. La vida boba es vida sin dramaticidad, sin capacidad de problematizarse (en ese punto, las fiestas actuales tienen algo de menemistas: la política como juerga y espectáculo … hasta que el estallido nos devuelve al costado gris de la vida concreta).
Empero, una y otra tienen suelo común: idéntico desvelo por evidenciar júbilo, obstinada convocatoria al optimismo colectivo, a una existencia distinguida por su espontánea felicidad. Todxs somos parte de esta Gran Fiesta. De este circo (sea en su versión Cumpleaños de Quince –con trensito, cotillón y carnaval carioca—; sea en versión Camping de El Bolsón –con la buena conciencia de sus artistas, con sus buenas noticias y su buena onda. Buena onda, buena soja–.). Pero también, suelo de felicidad común: lograron volver a ser políticos profesionales luego del “¡Qué se vayan todos”! Algo que llegó a resultarles difícil de imaginar. Sin futuro. Infierno dosmilyunero que hemos dejado atrás (para entrar en este menos vertiginoso purgatorio). ¡Gracias a Dios! ¡Gracias a Néstor! Buena onda, buena soja. Mucho que festejar entre pares.
Porque en el fondo, y como no podía ser de otro modo en una sociedad capitalista bien consolidada, la fiesta es celebración del consumo, de la producción y circulación desenfrenada y desigual de mercancías. Se festeja una dinámica que ha logrado conquistar la vida entera, sus deseos más hondos e inconfesables. La totalidad de los tiempos y los espacios. El conjunto de los vínculos y de las motivaciones. Una obviedad con previsible destino de tragedia.
Y ahora que de tragedias hablamos me viene a la cabeza una amiga que, en su confusión estructural e inteligencia envidiable, arengaba ayer –con cierta eficacia a juzgar por los aplausos y vivas— a un auditorio que estaba más bien para el té con masas en Las Violetas: “Macri usa un discurso no-político para hacer política; nosotros usamos un discurso político para no hacer política”.
Groso, aunque aguafiestas. Dos pájaros de un tiro: una clave fundamental para pensar el kirchnerismo y otra para pensar el macrismo; un dato que obliga a dejar de entender al kircherismo como una gran maquinaria política todoterreno (y ver, en cambio, la fragilidad de su declive); y al macrismo como una suerte de excepción menor (encabezada por un torpe empresario de derecha bien asesorado por un hermano ecuatoriano) al proceso de transformación que se está viviendo   
Y si de tragedias hablamos, el fútbol argentino tiene destino de tragedia. Por suerte: si así no fuese, como dice mi amigo oriental, con globos, soja y futbol exitoso tenemos cien años obligados de vida boba.

¿Qué es la fiesta hoy?

¿Por qué festejan tanto estos cerditos?

La fiesta
por D.S.

En su inminente libro sobre la última década de política argentina el historiador Pablo Hupert describe una ingeniosa secuencia en la que cada uno de los gobiernos que hemos tenido desde el año 83 a la fecha aprende (para bien o para mal) del anterior, descuidando en ese empeño, a la larga, los nuevos desafíos. Alfonsín contra los militares y las “corporaciones antidemocráticas”, resulta derrotado por el mercado, es decir, por el poder de la moneda. Menem/la Alianza gobiernan por y para la estabilidad de la moneda y resultan destituidos por “la gente” (2001). Néstor y Cristina Kirchner gobiernan contra ese riesgo continuo de destitución. No es necesario estirar demás este artificio. Alcanza con lo dicho para distinguir elementos del kirchnerismo tal como ha existido hasta ahora, y lo que pueda venir de aquí en más. El kirchnerismo auténtico, el realmente existente, ese que no se reduce a peronismo histórico ni a progresismo estándar, tiene como marca original de enunciación el miedo a la destitución. Es su seña y parte esencial de sus razones de ser. Y consecuentemente gobierna para obtener legitimidad y estabilidad respecto de eso a lo que Laclau llama “las demandas”. El arco que describe esta oscilación anímica va de la fiesta a la angustia y de la angustia a la fiesta según ocurra que la posibilidad del gobierno se encuentre momentáneamente cuestionada o aparentemente sólida. Fiesta de lo que se conquista (o se restaura o recupera) y lamento azorado por todo aquello que pervive bajo perenne amenaza de perderlo todo. Quizás –solo quizás- los últimos episodios (digamos, lo ocurrido durante los últimos 9 meses) ayuden a recomponer este formato. Ya lo aconsejaba Maquiavelo: no resulta sabio enfrentar las nuevas batallas descansando excesivamente sobre los aciertos de las batallas anteriores. Cada nuevo período desafía con obstáculos singulares.



¡Esos tres chanchitos felices! Nos tientan a acercarnos al misterio de la actualidad a partir de una breve historia de nuestros festejos correspondiente a los períodos ya señalados. Digamos que la celebración del mundial 78 y la plaza de Malvinas del 82 constituyen la contra-imagen de la primavera democrática que va de la asunción de Alfonsín a la Semana Santa del 87 (“felices pascuas”, “la casa está en orden”, los “amotinados” “son héroes de Malvinas”). Luego de la hiperinflación y los saqueos viene la fiesta de las privatizaciones, del voto-cuota y la plaza del sí. La fiesta del consumo que se transmuta en fiesta desesperada en las villas y barriadas de casi todo el país. El 2001 y el “que se vayan todos” extienden este enlace entre descalabro de la moneda y crisis de los modos tradicionales de enunciación –los partidos, los intelectuales, la prensa (como se decía en las asambleas una década antes de las clases de semiología de 678: “nos mean, y la prensa dice que llueve”)-: puebladas, fiesta asamblearia y piquetera que se transmuta en bronca y dolor en junio del 2002.

Durante el ciclo actual hubo todo tipo de festejos. Desde las marchas destituyentes contra la “inseguridad” (donde ese experto en fiestas comunitarias llamado Bergman cambió la letra del himno argentino para gritar “seguridad, seguridad, seguridad”) y las cacerolas y marchas del “campo”; a las de la “buena onda” y de la “militancia” (o “restituyentes”), del bicentenario a tecnópolis. Todo esto puede ser contado así, rápido y simple, a golpes oscilantes de angustia y/o alegría. Pero nada de esto permite comprender la fiesta actual, ¿efímera?, del voto a Macri.

Tal vez convenga repasar rápidamente todo aquello que no señalamos cuando hacemos la genealogía de la fiesta. Volvamos a esos últimos “nueve meses” de nuestra actualidad más reciente, a partir de una enumeración de los hechos cotidianos que culminan en la impactante secuencia anti-festejos que va del asesinato a Ferreira y la muerte de Kirchner a la toma del Indoamericano. Acontecimientos arduos que tal vez no hemos tenido tiempo y ocasión de elaborar a fondo. Por triste que resulte, reconstruir algo de lo que allí se jugó supone reponer la sucesión de casos de gatillo fácil (en Bariloche, Buenos Aires y Baradero por citar de entre varios tres de los más recordados), asesinatos a población indígena por parte de las mafias oficialistas en Formosa (denunciados por los Qom), cientos de conflictos violentos por la tierra y los llamados recursos naturales. Desalojos. Luchas gremiales. Estas escenas oscuras transcurren como fondo continuo en cuya superficie se alternan la voluntad de fiesta y de política junto al “aumento del consumo”.  Con el ritmo alterno de Gilda y Fito Paez (ver en Lobo Suelto! la admonitoria crónica de Etson Vera de aquella presentación bicentenaria de Páez). Todo a tal punto que ni legitimidad para deprimirnos tenemos los hinchas de River.

Y es que las fiestas a las que asistimos eluden cada vez más (como en casamientos, cumpleaños y navidades) al poder de enloquecimiento que deberían pertenecerles por concepto y no resultar tan mansitas a las razones autocomplacientes que la economía y las leyes nos prescriben. Pocas veces hemos sentido necesidad de unir al príncipe con la fiesta. Pero cuando los saberes de la virtud y los secretos de la fortuna reposan en los nuevos ensambles entre los dictados de la economía y las retóricas vaciadas de la pseudo-diferencia comenzamos a sentir la necesidad de otro tipo de música, de luces y de bailes. Quizás sea cierto, después de todo, que el príncipe es el pueblo. Y que el pueblo constituye la pregunta última y compartida de la política y la fiesta.

FRENTE DE ARTISTAS DEL BORDA

Grupo de Teatro “La tenes afuera”
“REINSERTON” (El laberinto de los normales)
TODOS LOS SABADOS DE JULIO 22HS EN EL IMPA

¿Qué sucede después del alta?
¿Está preparada la sociedad para recibirnos?,
¿Es el alta un motivo de festejo o de preocupación?


Espectáculo de creación colectiva que aborda en el marco de la creatividad, el arte y el teatro, escenas sobre las realidades que nos acontecen tanto dentro como fuera del hospital.
Somos un grupo de teatro, formado por personas que están o que han estado internados en el Hospital Borda, y otras que no han atravesado una internación.
Nos convoca el teatro y la lucha por los procesos de desmanicomialización.


Reservas: 4218-0803 / 155-143-7866
maru.rubin4@gmail.com (Maru o Pablo).

Tejiendo Caminos de Saberes para Defender la Vida

por Manuel Rozental


Este es un borrador muy rápido y sin mucho cuidado sobre la iniciativa de un Tejido que comienza con un blog. Se inspira en la experiencia del Tejido de Comunicación de la ACIN. El Tejido está listo a aportar, hay, además de nosotras y nosotros, gente en Argentina, Ecuador, Colombia y otros lugares, que hace tiempo viene insistiendo en algo así y dispuesta a meterle. Dejo este borrador cándido a la vista para que lo conversemos o trabajemos hasta cuando quede dicho lo necesario, lo mínimo suficiente para comunicar la idea, recoger los artículos, diseñar el espacio y ponerlo a andar. Hay textos como el reciente de Raúl en La Jornada, la entrevista a Alberto Acosta, el manifiesto desde Bolivia (borrador que aún no sale) y otros, que encuentran su lugar acá. Sería cuestión más bien de pensar desde los textos que presenten las posiciones, de modo que el discurso sea breve, directo y coherente con los textos. Habrá espacio para audios, videos…en fin, ahí va sin trabajar un primer borrador.
En primer lugar, nos ubicamos. Reconocemos y asumimos nuestro lugar común de enunciación. Es desde ese lugar desde donde convocamos. Pero es, ante todo, el lugar al que hemos sido convocadas y convocados. Ni somos los que estamos, ni estamos los que somos. Son otras muchas palabras y acciones las que acá se asoman, muchas las que llegan y las que evocan e invocan. No venimos a analizar ni a explicar, sino a comprender para defender la vida. Las iniciativas, las ideas, las experiencias de los pueblos en movimiento dan sentido a estos encuentros e intercambios. Nuestro lugar es compartir y aportar al Tejido de Vida de los saberes para Defender la Vida. Rechazamos doctrina, jerarquía, plan global, vanguardias y cálculos de analistas, intelectuales y líderes. Nos sumamos a comprender para resistir y transformar como hijas e hijos de la Madre Tierra, enfrentando desafíos desde pueblos, procesos y territorios enfrentados a su vez a un Proyecto de Muerte  del capital transnacional global, de la codicia organizada, de la modernidad y sus razones de despojo.  Somos pueblos, de manera colectiva y diversa, pero compartida y sentida, sin representar a nadie, porque lo que nos convoca es la vida. Nos paramos acá, desde acá para nombrar palabras y caminos. Nos repugna el poder, venga de donde venga. Se tiene que acabar. No lo queremos, no se necesita, no sirve más que para alimentar vanidades, confundir buenas intenciones, alojar criminales y engañar y someter aplastando o endulzando mentiras o mintiendo nuestras verdades. Es el poder el que hace que la gente, los pueblos, no podamos vivir. El que nos mata, nos explota, nos somete. Venga de donde venga. Poder no, pero que los pueblos podamos: sí. Esta es parte de una conversación en marcha para que la gente pueda, desde donde pueda. Estamos acá con-movidas y con-movidos. Nos conmueve lo que hace salir a las plazas, lo que marcha, los levantamientos, los cuerpos delante de los tanques deteniéndolos, las que dicen basta y salen en la fiesta a cantarlo hasta ganar, los que no comen más hasta cuando se pueda vivir con dignidad, todas, todo eso y lo que no cabe, lo que no se nombra, lo que no se ve y que anda por debajo, en la penumbra, silenciado pero allí, cansado de no caber en las razones de explotadores que se adueñan de la vida. Tenemos que encontrarnos, conocernos, probar nuestras costumbres y lenguas y comidas. Bailar y marchar cada cual a su manera. Llenar las plazas, todas las plazas y todas las calles y campos, desbordando alegría y fuerza. Contagiarnos de ganas, músicas y  sentido. Conmovernos para salir a las calles, pero también en esta hora, aprender a salir de las plazas con un mandato colectivo asumido de modo que, la misma fuerza que nos lleva a la revuelta, se convierta en capacidad, saber, claridad, maneras de seguir sin entregarle la lucha a quienes la aprovechan para restablecer el poder y el despojo con nuestra entrega.  Acá estamos, porque no sabemos, pero porque entre muchas y muchos, todas y todas, vamos sabiendo y saboreando la vida que hace falta y que es nuestra.
1. Guerra contra los Pueblos: El Capital transnacional. El proyecto de la codicia global tiene plan, es estratégico y se coordina para implementarlo. Son pocos, con mucho poder, se encuentran entre sí, se ponen de acuerdo y se sirven de lo que les convenga, en cada lugar para seguir acumulando. Ahora, ante la crisis del capitalismo, porque sobra capital y no alcanza la naturaleza ni la riqueza para que sigan acumulando unos pocos a expensas de todas y de la vida, han iniciado una Guerra contra los Pueblos. No la declaran. La encubren. La realizan con pretextos en todas partes (Libia, Colombia, Irak, México….). Epidemias, desastres, destrucción de la naturaleza, estrategias monetarias, son todas la misma guerra contra los pueblos para apropiarse de riquezas, territorios y de la vida toda convertida en mercancía. Sobra capital, sobra trabajo y faltan mercados y recursos. La solución de ellos es nuestra muerte y por eso están matando. El sentido estratégico de esta guerra habría que conocerlo, reconocerlo y enfrentarlo.
2. Comprender Contextos. Es difícil e indispensable y urgente comprender contextos. Estar comprendiendo contextos. No podemos seguir dando palos de ciegos que nos hacen víctimas de engaños y mentiras con nuestras propias palabras. Hay que saber qué quieren y cómo nos engañan. Estos saberes son necesarios, útiles, indispensables para los pueblos y desde las luchas. En esto tenemos una debilidad que debemos reconocer y enfrentar. Un desafío. No rechazamos el saber ni a quienes lo generan. Son, en tanto lo pongan al servicio de las luchas, parte del pueblo, pueblo mismo. Entender lo que nos hacen, lo que sucede. Interpretar lo que pasa en medio de políticas, leyes y acuerdos, terror y guerra y propaganda combinadas para engañarnos y someternos. Ayudarnos a comprender para resistir. Pero con una condición: cada pueblo se sirve de lo que entiende a su manera y desde su lectura y sentido. Quien ayuda a entender ni manda, ni ordena ni tiene autoridad. La información y el análisis son de los pueblos para que hagan su camino, no le dan poder al que analiza para mandar, sino capacidad a los pueblos para decidir y actuar. El saber no es una moneda que se ahorra para venderla en el mercado a cambio de ganancias y poder. El saber que se acumula, se pudre y mata a los pueblos en la ignorancia que engorda a quienes conocen. No ahorramos saber. Lo compartimos para que quede en libertad y se traduzca en luchas. Así como pueblos y territorios son inseparables, el territorio del saber, del imaginario, debe ser nutrido y liberado de quienes lo someten al pensamiento único de quienes mandan y dominan, vengan de donde vengan. Nos convocamos para saber.
3. Cooptación: Nos cooptan. Sancho Panza en su discurso político: “Las cosas son como son y como son: son” y se ganó el aplauso del pueblo y el poder. Terminan quedándose con nuestras luchas, con nuestros líderes, con nuestras palabras, nuestro pensamiento, nuestras vidas y aún, con nuestros muertos y desaparecidos. A la fuerza o a las buenas, es la misma violencia endulzada con promesas, proyectos o palabras o impuesta por medio de la amenaza y el terror. Están convencidos de su derecho a explicar, a tener, a someter y nos convencen de que no hay otro camino. Cada vez que luchamos, aún cuando ganamos, vuelven a ganar ellos y usan las mismas estrategias refinadas, actualizadas. Han acumulado siglos de experiencia en engañar e imponerse a las buenas o a las malas. Hemos caído una y otra vez en las mismas trampas. Se arrogaron el derecho de imponer una manera única de ver el mundo como quieren y de interpretarlo a su manera, para su beneficio. A eso llaman ciencia. La única ciencia. La incuestionable, la sagrada, la civilizada. Es violenta, niega los demás saberes y se articula con la otra violencia, la más abierta y directa. Ante estas, al servicio de su codicia, terminamos cooptados una y otra vez. Empezando de nuevo cada vez desde los escombros y memorias de luchas pasadas para volver a ser engañados desde fuera o desde dentro. Es importante aprender cómo nos cooptan, reconocerlo, estudiarlo, descubrirlo, para no seguir empezando de nuevo cada vez desde el mismo lugar mientras ellos avanzan y sofistican su poder para volvernos a cooptar.
4. Capacidad Estratégica. El Gato en Alicia en el País de la Maravillas. Alicia le pregunta si la puede ayudar y el responde “depende”. Molesta con la respuesta insiste. Solamente quiere saber cuanto le falta para llegar. El gato le responde “depende”. Alicia le reclama que no la quiera ayudar. El gato le explica “si sabes para donde vas, te puedo decir cuanto te falta, pero si no sabes, ya llegaste y puedes sentirte feliz: Depende”. La iniciativa estratégica permanece en poder del capital y de los vencedores en el proyecto de dominación global. Tienen objetivos, diseñan planes, ejecutan estrategias. Los pueblos han demostrado tener capacidad estratégica desde y en las luchas pero perderlas recurrentemente. Fortalecer la capacidad estratégica respetando autonomías es esencial y requiere de compartir y acompañarnos. No se trata de tener un solo plan global que algunos puedan controlar, sino las capacidades estratégicas diversas de los pueblos para enfrentar el proyecto global y construir desde abajo un mundo de mundos diversos.
5. Tejido de Iniciativas e Ideas. Es la esencia de lo que nos convoca. Hace falta convertir en experiencias lo que estamos viviendo y lo que hacemos y pensamos. Proponer, intercambiar ideas, hacer que los errores y las derrotas se conviertan en saberes para continuar. Todo esto a partir de tejer entre pueblos, procesos, movilizaciones de modo que en comunicación, aportemos acompañándonos en el camino. Se trata de hilos, que nos permitan vibrar simultáneamente donde quiera que nos toquen o nos movamos, nudos fortalecidos desde cada proceso y territorio, diversos, dispersos, autónomos y tramas y huecos que le den sabiduría y sentido al tejido en su capacidad de identificar temas o asuntos críticos para  la supervivencia, pervivencia y proyección de las luchas.
Se trata inicialmente de crear un blog en el que estos ejes, proyectados en la perspectiva de iniciativas e ideas para la acción, se conviertan en criterios de participación. Asumir a conciencia la guerra contra los pueblos, la necesidad, vocación y capacidad colectiva de interpretar contextos desde los pueblos, poner en evidencia y abordar los mecanismos de cooptación, apoyar la capacidad estratégica y todo con énfasis en compartir iniciativas. Se trataría de participar asumiendo un compromiso en esta dirección. La idea es poner a andar un blog que enuncie el sentido, el lugar desde donde se plantea y que presente, de entrada, textos y vínculos que pongan en evidencia, más allá de los enunciados, lo concreto.

Muestra de Ariel Sicorsky en Obras Sanitarias‏

Por D.S.

Hermosa mañana para caminar por el centro de Buenos Aires como si se tratase de una ciudad nunca vista. La lluvia fina y el cielo oscuro acentuando una sensación de rareza muy disfrutable, de camino (apurado) a Riobamba 750, desde la estación callao del sobre b. Alguna vez, hace años, había entrado a ese monumento. Pero esta vez lo vi distinto. Un ciclo entero de privatizaciones y estatizaciones le dieron la vuelta entera. Y ahí sigue, tan naranja como siempre. Un naranja que va más allá del ladrillo. La recepción continúa su hibridez jurídica. Un poco empresa, un poco estado. Seguridad privada, caos. Burocracia pseudomoderna. Hasta que llegamos al museo. Hermoso museo. Lleno de piezas hidráulicas, de canillas y bidets. Una historia del agua y de la industria. Con fotos y registros de todo tipo. Racconto de un pasado metalúrgico. Siguiendo ese camino del tiempo llegamos al salón de la muestra. Allí descansa –se expone- una decena larga de retratos de la época en que los hombres se miraban a la cara con los dioses. Recinto para la obra (el inconsciente) que nos propone Sicorsky. Reminiscencia pagana al interior de un monoteísmo secular. El enorme tamaño de las fotos (hay que decirlo) hace a la cuestión. El efecto de aumento permite detectar unos pelos antes desapercibidos. Y da dimensión a figuras de cuerpo entero. Un par de rostros de piedra, incluso, parecen ahora vaginas. Y los colores verde vegetal de otras imágenes emanan más selva ahora. Signos, todos, de una era mítica (no necesariamente cronológica) en la que el hombre no había dado rienda suelta a su extrema especificación actual. A su radical separación. Museo del agua, por fin inundado por un fondo acuático que sube y revela su condición pre-técnica, mitológica. Eso vi esta mañana en esta ciudad que llora.

Salió Pampa 7, invierno 2011

Pampa Nº7. Julio de 2011. 138 páginas sustanciosas y nutritivas, con ensayos, conversaciones y escrituras varias, todo bien sazonado para pasar el invierno a corazón contento. Con colaboradores ya casi de la familia poniendo cada uno lo suyo en la olla, e inestimables invitados ayudando a revolver el guiso. Nos distribuye, claro, La Periférica.
SUMARIO
Caldo
Emilio Sadier/ Identidad y política. 12 aproximaciones
Lucía De Gennaro/ Resonancias de una épica redentora
Karina Arellano/ Memoria de un recreo
Buceo
Martín Rodríguez/ A prueba de balas
Diego Picotto/ Alfa y Omega de nuestra Economía Nacional
Alejandro Kaufman/ Notas sobre la violencia discriminatoria “espontánea”
ENTREVISTA/ Franco Rinaldi. Política y medios en la Argentina actual
Textualidades
ENTREVISTA/ Horacio González. Memorias, textualidades, linajes
Diego Sztulwark / El discurso de Horacio
Pampa extendida
Jairo Estrada Álvarez/ Noticias de Colombia. Continuidades y cambios de acento en el régimen de dominación de clase
Poemas: Horacio Fiebelkorn
Ilustraciones: Ana Celentano

Lo no percibido en política

por el Taller de Coyuntura

Si pensamos que cada formación política se rige por una cierta sensibilidad, actúa de acuerdo a una percepción del contexto social que le permite ver algunos factores con nitidez, mientras que otros quedan para ella inadvertidos, ¿qué consideramos que hoy la mirada política no percibe?
La idea es que hay una complejidad de planos que componen lo social, que desde ninguna posición pueden ser vistos por completo. Lo propio de la acción es el estar situada y la situación abre un campo visual determinado. Esto no quiere decir que quien contempla la sociedad pueda ver más que quien actúa en ella, ya que es en el movimiento donde se supera la mirada estática y los procesos que componen lo social se hacen comprensibles.
El libro en el que está trabajando actualmente, el historiador Pablo Hupert describe cómo, desde el regreso de la democracia en Argentina, los gobiernos que se sucedieron tomaron como problema aquello que había puesto en crisis al gobierno anterior y, en cada caso, fue algo que no había sido advertido como riesgo lo que definió su final. En el ´83, Alfonsín asume con la certeza de que era necesario generar un armado democrático que evitara un golpe de estado, a través del fortalecimiento de las instituciones y la contención del poder de las corporaciones. Su derrota, sin embargo, vino de la mano del poder económico y las fuerzas del mercado.
En la década siguiente, Menem organiza su gobierno en función de… porfa, sigan la lectura acá.

Alfa y Omega de nuestra Economía Nacional

Por Diego Picotto


“Es como hablar con un vegetariano: no quiere escuchar nada”.
Hugo Savino
“En economía no hay nada misterioso ni inaccesible al entendimiento del hombre de la calle. Si hay un misterio, reside él en el oculto propósito que puede perseguir el economista y que no es otro que la disimulación del interés concreto a que se sirve”.
Arturo Jauretche
El yopin
Cuerpos que danzan al ritmo frenético de la Marca. Del deseo de comprar. De la pulsión a adquirir. Del poder de poseer. La rubia y la morocha (foco en las tetas-marca); el flaco facha de gorrita marca; un negro cool, negro afro (negro inofensivo), pura marca puma; un culo marca que, distendido, se mece por los lubricados pasillos del yopin. Otro flaco de gorrita marca; otras dos minitas, una con Vaio, la otra con Starbucks de litro y medio.[1] Marca. Cuerpos de andar decidido, hipnotizados en/por el templo del consumo. Las imágenes se suceden: carteles, vidrieras, logos, bolsas (marcas y más marcas). Precisamente, tras unas bolsas Levi’s, la cámara hace foco: es el personaje principal de ésta, nuestra historia; un fulano del que una de las webs más destacadas del vernáculo mundo de la publicidad dice: “es un rebelde dispuesto a hacerle frente, con sus ideales, a un mundo plagado de marcas” (otra, par, en cambio, lo ve como “un gordito pensador que se nos planta con un mensaje de conciencia y reflexión”).
La cámara inquieta, decíamos, se acerca a nuestro héroe (rebelde, idealista, provocador, pensador, justo) hasta detenerse en un plano medio corto. Fondo difuminado. Rostro/voz/gestos que transmiten cierta angustia reflexiva que se modela en tres preguntas, dos silencios y diez segundos: 
         ¿Qué nos pasó, man? ¿Todo es una marca en nuestra vida? ¿No puedo ser una hoja en blanco?
Cambio de plano –ahora sí: medium shot neto, nuestro amigo hasta los codos, el entorno más visible–, nuevo silencio acompañado de gesto expectante y remate:
         Para pensar, ¿no?
Victorioso, gira ahora nuestro héroe-filósofo y clávanos mordaz puñal: porta campera Adidas con miles y coloridas lucecitas en su espalda. Un artero traidor. Un cínico.
Llegado este punto, la enunciación se despersonaliza: letras de molde se imprimen, rápidas y resueltas, sobre la pantalla. 
         Saquémonos la careta —dicen—. Las marcas importan. Y están todas en Alto Avellaneda.
Knockout.
Bien. Pero más allá de la narración y, aun, de las imágenes, ¿a quién interpela este tan contundente como fragmentario pensamiento colectivo? ¿Hacia quién se dirige la intimación –la apurada– a sacarse la careta? ¿A qué bando pertenecía ese primer desertor, traidor, la voz del éxodo, nuestro gordito?[2]
Los enunciados –tan breves como eficaces– se presentan bajo lo que suele denominarse forma polémica; construyen un adversario y a su destrucción apuntan los cañones. Pero, ¿con quién se polemiza aquí?
No parecen apuntar hacia los críticos más consecuentes de la sociedad de consumo y del espectáculo. No parecen ir contra debordianos tardíos ni contra adornistas acérrimos. No parecen estar dirigidos, tampoco, a desestabilizar a cierto neoanarquismo animador de radios y webs alternativas, huertas orgánicas y ferias de libros independientes. Pero, entonces, ¿con quién discute Alto Avellaneda? ¿A quiénes exhorta a sacarse la careta?
Avizoramos, en el horizonte, un enemigo posible; un enemigo no obvio, no evidente. Un adversario de asimétrica envergadura, pero de singular presencia en la política nacional. Vamos a llamar a este hostil antagonista, por arbitraria comodidad, “La Cámpora”,[3] aunque intuyamos que no es esta organización de cuadros el real contendiente.
Más puntualmente: no es exactamente La Campora, pero quizá sí sea cierto imaginario que ésta proclama representar: un joven politizado (y no posmo como en los ’90) que apuesta a un Estado presente (y no al que se tomó el palo luego de las privatizaciones y la definitiva irrupción de las multinacionales en la cotidianidad patria); que encuentra en Cristina su líder, en Néstor su reciente divinidad, en Carlotto y Moyano sus aliados, en Sandra Russo y Orlando Barone sus comisarios ideológicos, en Víctor Hugo la palabra justa, en Forster y Feinmman los intelectuales imprescindibles, en Jauretche, Scalabrini, Puigróss y Galasso su Panteón de Ilustres, y en el matrimonio gay, la Memoria, Encuentro y Paka-Paka sus históricas banderas. Y en Clarín, sin pestañear, su irreconciliable enemigo. Es a este joven (no imaginario, sino carnal) que La Cámpora (pura ficción) cree conducir (así como otrora hacían y creían la JP y la EME).
En suma, no es a La Cámpora a quién las letras de molde intiman sino, más bien, a cierto clima de época, a una trama político-subjetiva en constitución que se organiza, no tanto partir de un cuestionamiento al consumo (lo que constituye, obviamente, el corazón lumínico del aviso), pero sí presentándose a la mirada del hombre común emperifollada en ciertos aires pro-Estado, incluso “anti-mercado” (sin llegar a ser anti-marca). Una juventud ya no dispuesta a dejarse seducir fácilmente por las luces del yopin, por periplos baratos alrededor del globo, por los mundos ficcionales de la publicidad. O lo está, pero no tanto.[4]
Con todo, no estamos en los ’90 y eso es una certeza. Hubo una repolitización social luego de más de una década de ausencia de la política. De ausencia del Estado. De poca militancia. Ya no. Todo cambió, como dicen los mexicanos Camila (“cuando te vi/de blanco y negro al color me convertí”). Impossible is Nothing.
La feria
Luego de haber tenido la oportunidad de ver “Haceme feriante”, el notable documental sobre la Feria La Salada guionado y dirigido por Julián D’Angiolillo, nos preguntamos cuál es su punto de seducción: si la apuesta “experimental” a la proliferación de imágenes que suplen todo testimonio, toda voz que explique, narre, describa, argumente –un verdadero ensayo acerca de la expresividad de las imágenes y su disposición sobre el territorio fílmico– o el objeto mismo de la problematización: La Salada como máxima expresión del capitalismo informal (la economía del subsuelo, el trabajo no regulado, el taller clandestino, la feria auto-organizada). La Salada como imagen ultra-expresiva del entramado que constituye hoy lo social. Territorio Ch’ixi.[5] Una de las principales novedades (o, incluso, la principal) del capitalismo realmente existente, al menos en su declinación local, regional.
En suma, el problema de la economía informal (es decir, no controlada ni regulada por el Estado), del trabajo (artesanal, precario, clandestino) y de la producción en los márgenes de la normalización, del país en serio). Es la feria como espacio de auto-organización popular (luego de tantas crisis, de tantos bollos).[6] Es la producción de una economía y de un modo de vida (no sólo de subsistencia). Es también, el reino de lo trucho, de lo ilegal, de la proliferación histérica e indomable de productos clones, de productos dobles, de productos robados, contrabandeados. De productos, sobre todo, baratos (o más baratos que, en un mundo en el que un par de zapatillas cuesta medio sueldo básico de un cristiano que labura diez horas).
¿Por qué no citar aquí –en lugar de tanto rodeo que sólo oscurece— al compañero Mario Antonio quién, con su reconocida lucidez, destaca aquello que podemos denominar la Paradoja Central del Capitalismo Salvaje del Último Mundo):
“Algo que no cierra: mientras más modernos se vuelven los sistemas productivos y la gestión de los mercados, más crece la economía informal, la precariedad se consolida y los negocios ilícitos se propagan. Ferias ilegales, talleres clandestinos y todo tipo de trapicheos trasnacionales proliferan sin que las autoridades estatales consigan regularlas”.[7]
La novedad (siempre arrolladora) y la regulación (siempre prohibitiva, autoritaria). La historia del capitalismo expresada en un punto del culo del mundo: Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina.
La Salada, entonces, como contracara material del capital financiero y multinacional. Y, sin embargo, poseedora de una inteligencia colectiva de una complejidad no menor a aquella reunida en Silicon Valley un par de décadas atrás.
La Salada –y éste es el punto– como dato central de cualquier proyecto político económico.
Concretamente: no hay ni la más mínima posibilidad de elaborar un pensamiento político con capacidad de intervenir eficazmente en la realidad argentina –en la realidad latinoamericana o, aun más, en la realidad global— si no se asume la complejidad de una economía (¿nacional? ¿global?) asentada sobre el trabajo migrante, clandestino, ultra-precario, esclavizante. Sustentada a un nivel tan alto, tan profundo, tan esencial que el Estado no puede ni desconocer este fenómeno ni erradicarlo. Un verdadero problema (teórico y material) para el que la economía y la política aún han creado un lenguaje. Sospechan. Mascullan alternativas. Fracasan. Y lo dejan convivir en su interior a sabiendas de su extrema peligrosidad.
Como en el aviso de Alto Avellaneda, en el documental de D’Angiolillo también hay cuerpos en movimiento. Pero a la distensión del paseo, a la entrega macilenta al goce del consumo se le oponen el frenesí de la producción posfordista del subsuelo, el hormigueo infinito de sus centros de consumo, el ruido monótono de la máquina de coser o el calor energético de los edificios de grabadoras de CD y DVD (dispositivos de indisimulable capacidad de democratización capilar de la cultura y el arte). ¿Es contra “Hacerme Feriante”, contra La Salada hacia donde apuntan los cañones de los creativos que dieron vida al lumínico cínico de Adidas? No linealmente, por supuesto, pero ¿qué garantiza el shopping, sino la veracidad de la marca, su autenticidad contra el imperio de lo trucho?
Lo informal constituye hoy un dinamismo productivo irrefrenable, apunta el citado Mario Antonio. Y agrega:
“Desde las entrañas mismas de los territorios de la exclusión, donde fueron depositados ingentes racimos de población sobrante, emergió un nuevo principio económico. Allí se cuece a fuego lento lo que no pudo ser “incluido” en los términos del actual modelo. Es el extraordinario reino de lo trucho. La parte baja, flexible y monstruosa del tan festejado boom del consumo. Y sólo un cinismo generalizado alienta el tono de repulsa, cuando orientamos hacia allí nuestra atención.”
En contraste, el shopping es –dice ser– el guardián de las marcas, de los intereses de las marcas. Porque las marcas importan.
Y en esa tarea cuasi policial, ficcionaliza una pureza (de clase, de raza, etc.) que ningún dato de la realidad avala. Todxs son blancos y lindos. Todxs tienen guita y consumen. El shopping no excluye por razones económicas (todxs tienen acceso). Pero cuando se presenta en sociedad (tal como se ve en la publicidad objeto de estas diatribas), cuando despliega ante el mundo, su mundo, se evidencia su matriz reaccionaria, globalmente xenófoba. No hay estómago multiculturalista con el subsuelo (in)sublevado de la patria. Marchen para La Salada. La fractura social producida por el neoliberalismo y no salvada durante estos largos años de gobierno popular se presenta, aquí, con toda su densidad.
Alfa y Omega
Dos mundos en disputa, con sus leyes, sus discursos y sus formas de vida: el mercado global (y sus marcas) y las ferias (semi-ilegales, semi-precarias, semi-clandestinas). El mundo liso y homogéneo del shopping (con sus tan pobres como eficaces “imágenes de felicidad”) y la complejidad chi’xi de estas dinámicas populares. Ambivalencia y porosidad. Terreno promiscuo, fangoso. Dinámica de singular auto-organización social y espacio material y ultra eficaz de mercado.
O de otro modo: las marcas del mercado global (que el shopping custodia) circulan, incontrolables, esa zona gris –heterónoma– de la Feria en la que la autoorganización es usada por parte de segmentos –empresarios– del mercado, al tiempo que los signos legitimados del mercado (las marcas) y sus estructuras (la organización “empresarial” existente) son “usados” por estas dinámicas de autoorganización. Dos mundos en disputa, entonces, pero cuyos límites son, por momentos, borrosos. Dos mundos-límite ante los que el Estado intenta afianzarse y hacer valer su voz, su autoridad, sin lograrlo.
La Salada y Alto Avellaneda: el subsuelo clandeta y precario de la economía-mundo y el mundo de las grandes capitales: los dos límites obvios del neodesarrollismo actual del kirchnerismo. Puntos débiles, espacios que no logra controlar ni vencer. El Estado que “volvió” no hace más que evidenciar todo el tiempo esas limitaciones. Brazos cortos para dominar el territorio y regular las conductas. Cidade de Deus y La Zona. El estallido del Estado-Nación.
Paradójicamente, La Salada y Alto Avellaneda son también las bases reales sobre las que se asienta el kirchnerismo: fondo ultra-precarizado sobre el que se sostiene tanto el trabajo y la gran metrópolis como la expansión del consumo histérico, desenfrenado. Un país en serio.
Con todo: ¿es posible, desde esta perspectiva, seguir pensando la “economía nacional” en clave (neo)desarrollista, (neo)keynesiana? ¿Qué quiere decir, bajo estas condiciones, “mercado interno”? ¿Y, aun, “burguesía nacional”? Al margen, ¿no es algo un poco injusto exigirle regulación y redistribución a un Estado que a duras penas logra cobrarle impuestos a la gilada (y a los dueños de campos de soja que nada tienen de giles), pero no puede controlar ni los grandes flujos de capital (productivo-financieros) ni las dinámicas informales de organización económico-social, ni, mucho menos, los “imaginarios”, el sinnúmero de mundos posibles, de “paraísos” que produce las Marcas?[8] La Salada y Alto Avellaneda, alfa y omega de la economía nacional.
La Salada y Alto Avellaneda, límites, bases y condiciones del Proyecto Nacional-Popular Kirchnerista: si fuéramos alberdianos y quisiéramos fundar un Estado, ya lo anotaríamos como título para nuestro próximo Tratado.

[1] Starbucks: café de tamaño demencial en vaso de plástico–y a veces con pajita— que se toma caminando. Sí, acá, en la Capital Latinoamericana del Bar Urbano, del pucho y el feca, de los churros de La Giralda, de La Academia ya sin Viñas, de La Paz y su pasado bohemio: en Buenos Aires los starbucks proliferan. ¿Signos de época? ¿Remanentes de la patria menemista que nunca termina de morir? Quién sabe…


[2] Al margen: el gordito es un cagador. El tipo que se hace el cómplice para luego delatarte (la historia del Astiz niño, el ángel rubio de la muerte), el tipo que te hace pisar el palito (hace que se hace preguntas que ni en pedo se hace), el que te deja en orsai. Parece un indie, un alternativo, pero es un garca (se muestra como un Juan Perugia, pero es un Ulises, el lado oscuro de la Fuerza). Incluso, tiene la inflexión de voz del garca. Quizá un cínico: un desvergonzado en el mentir y en la defensa (y práctica) de acciones o doctrinas vituperables. ¿Un rebelde dispuesto a hacerle frente al mundo de las marcas? No parece. Ni ingenuo, ni romántico. Está disfrazado. La remera blanca esconde al Lobo: es la piel del cordero. ¿No puedo ser una hoja en blanco? No: sos una campera con luces de led. Una Adidas.


[3] Entiéndase por La Cámpora no tanto una organización colectiva del tipo política cuyos jóvenes miembros buscan, mancomunada y racionalmente, el bien propio en el bien común, sino, más bien, un dispositivo ficcional que, bajo el manto de cierta mistificación histórica y generacional, logra capturar miradas, cámaras (ser ultravisible) y, así, devenir espacio de legitimación de una banda que no tiene banda, de los sueltos unidos por su capacidad de haber visto la oportunidad. El kirchnerismo como oportunidad –de ser visible, de aparecer en cámara, de protagonismo. De poder y de guita. De Iván (Heyn) a Amado (Boudou), de Juan (Cabandié) a Mariano (Recalde), del Cuervo (Larroque) a la Flopy (Peña). ¿Qué otra cosa los une, más allá de esa visión? La Cámpora, entonces, como nombre común de cientos de proyectos personales, como actualización militante (incluso, pop/ular) de una declinación de lo político que, desde el regreso de la democracia, viene evidenciando su manifiesta extenuación.


[4] Ambigüedad. Vacilación. ¿En qué medida la militancia supone cierta ética y cierta estética, cierto modo de vida? Martín Caparrós dixit, sobre La Cámpora: “Es un signo fuerte de estos tiempos que la ‘militancia’ actual no suponga cambios significativos en las vidas de los militantes. O, por lo menos, que esos cambios no vayan en el sentido de la austeridad –como forma de asumir ciertas ideas– sino de cierto lujo. Se puede ser militante y cobrar mucho del Estado por esa militancia; se puede ser militante y seguir trabajando en telenovelas o programas de chimentos; se puede ser militante y ganar y gastar mucha plata en pavadas. Se puede ser militante y tomarse un avión –casi– propio para ir a ver un partido de fútbol a Montevideo. Si alguien se pusiera quisquilloso diría que es lógico, coherente, cuando esos militantes se encolumnan detrás de unos jefes que hablan de la redistribución mientras no paran de acumular riquezas. Que la militancia no suponga un compromiso de vida, una crítica y replanteo de esas formas de vida, es una diferencia decisiva con lo que solía considerarse militancia. No digo –¿no digo?– que sea mejor ni peor; digo que es completamente distinto –y que, quizá, sea un efecto de la falta de elecciones ideológicas que esta militancia supone”.


[5] Dice Silvia Rivera que en la vida urbana actual (en Buenos Aires o de cualquier otra ciudad) predomina lo mestizo, lo ch’ixi como realidad en la que coexisten en paralelo “múltiples diferencias culturales, que no se funden sino que antagonizan o se complementan”. Una mezcla no exenta de conflicto, ya que “cada diferencia se reproduce a sí misma desde la profundidad del pasado y se relaciona con las otras de forma contenciosa”. Ch’ixi es, entonces, la materia prima de todas las instituciones, la complejidad misma del mundo. Entre las identidades rígidas y las hibridación insustanciales. Lo ch’ixi como alternativa a tales posturas, conjuga opuestos sin subsumir uno en el otro, yuxtaponiendo diferencias concretas que no tienden a fundirse en una comunión jerarquizada. Lo ch’ixi constituye una imagen poderosa para pensar la coexistencia de elementos heterogéneos que no tienden a la fusión y que tampoco producen un término nuevo, superador y englobante. Para profundizar: acá.


[6] Para el novato: lo que se dio en llamar Feria La Salada no es sino la suma de tres grandes y oficiales ferias: la Ocean (y su certera remisión a cine de pueblo), la Urkupiña (y su cadencia a raíces, a lenguas madres de estas tierras, a voces perdidas, y hoy actualizadas, no tanto por la reivindicación de los pueblos originarios y mucho más porque la complejidad del entramado urbano actual así lo dispone. La metrópolis posmoderna) y la inigualablemente marplatense, la Punta Mogotes)… estas tres grandes y oficiales ferias, decía, más otras miles, informales y pequeñas, que se gestan a su alrededor. Para más información –no podría ser de otra manera–, acá.


[7] Ver: “Una nueva composición social” de Mario Antonio Santucho en la revista Crisis Nº 3 acá.


[8]  No deje de leerse, en este orden de cosas, la entrevista realiza por el Colectivo Situaciones a Suely Rolnik: “Para una crítica de la promesa” compilada en Conversaciones en el Impasse. Dilemas políticos del presente (Buenos Aires, Tinta Limón Ediciones, 2009). Se puede bajar, imprimir o leer el libro acá. De paso cañazo, también se pueden revisar, en el mismo libro, las críticas al neo-desarrollismo desarrolladas por Arturo Escobar en “Contra el (neo)desarrollismo”.

Jujuy, violencia social y estructural

por Adolfo Pérez Esquivel


Nuevos actos de represión social contra sectores populares en General San Martín, provincia de Jujuy. Grupos de necesitados tomaron tierras del Ingenio Ledesma, empresa de los Blaquier, terratenientes cómplices de la dictadura militar que controlan gran parte del territorio de la región.
Según los pobladores, estaban negociando con el intendente y la empresa, la expropiación de algunas hectáreas de tierra para poder construir sus viviendas, ya que en la región no hay tierras fiscales. El juez, sin esperar el resultado de las negociaciones, o por falta de información dio la orden de desalojo por efectivos policiales y la caballería. Las consecuencias fueron cuatro muertos, varios heridos y detenidos.
La reacción de los pobladores de enfrentar a la policía con palos y piedras frente a la represión fue inmediata y según versiones, algunos de los ocupantes estaban armados Hasta el momento la situación es confusa, nos han llegado noticias que hasta familias de los policías intervienen en la toma de tierras.
La grave situación de reprimir las protestas sociales se repite en varios lugares del país: contra la Comunidad Qom en la provincia de Formosa, ordenada por el gobierno provincial, provocando dos víctimas fatales y la quema de viviendas y detención de mujeres y niños. A estos hechos se suma la violencia en el Parque Indo-americano, en Buenos Aires, en las provincias de Río Negro y Catamarca.
Los gobiernos provinciales se han transformados en feudos, continúan profundizando el neoliberalismo que lleva al aumento de la pobreza y marginalidad de grandes sectores sociales.
La concentración de la tierra, la expulsión de sus territorios a los pueblos originarios y campesinos, la falta de políticas claras y coherentes para poner límite a la expansión de los latifundios y a la destrucción de los bosques y la biodiversidad, están produciendo daños irreparables: los monocultivos y agro tóxicos, la destrucción de bienes y recursos natural, la gran minería.
El país está frente a la violencia social y estructural que ejercen los gobiernos provinciales y la ausencia del gobierno nacional que no quiere intervenir porque se trata de sus aliados políticos. Podríamos decir que son los aliados del terror y que no benefician en nada al gobierno, a la provincia y el país. Es necesaria la ética política que actualmente es casi inexistente.
No olvidemos que el país está en campaña electoral hasta el mes de octubre y lo que se evidencia es el aumento de tensiones, conflictos sociales, incrementados por intereses políticos que actúan como aves de rapiña junto a medios de comunicación masiva. Como en la “perinola”, todo vale y la palabra esta vaciada de contenido.
Es necesario reflexionar y discutir políticas y proyectos en bien del pueblo, poner límites a la concentración de la riqueza, una redistribución más justa y equitativa, soluciones a los graves problemas de vivienda, salud, educación, proyectos de desarrollo integral para superar la pobreza, el hambre y promover el fortalecimiento de los valores de la democracia y el derecho del pueblo.
Es urgente “desarmar las conciencias armadas”, a través del diálogo y llamar a la reflexión de la población, y de los candidatos que se postulan para gobernar el país en todos sus niveles.
La violencia no resuelve los problemas sociales y estructurales del país y en particular de los sectores más pobres. La muerte de los pobladores de Ledesma, en General San Martín, la represión, la muerte de los hermanos indígenas, los niños víctimas del hambre y enfermedades evitables en nuestro país, son una ofensa para la vida de nuestro pueblo y la humanidad.
Hay que trabajar solidariamente junto a nuestro pueblo para lograr el derecho e igualdad para todos y todas, no para algunos. El juez que dio la orden de reprimir no puede ser quien intervenga en los hechos de violencia en General San Martín, en Ledesma, debe ser apartado de la causa.
El ministro de gobierno interino, recientemente nombrado, no puede afirmar que las muertes no fueron efectuadas por la policía, Debe realizarse la correspondiente investigación y peritaje de balística para determinar las responsabilidades.
El problema es estructural, no se resuelve con paliativos y olvidos intencionados, que el tiempo tratará de disolver en el olvido de las muertes y la violencia contra los pobladores, en General San Martín, como en otras partes del país.
La grave situación que se vive es por falta de voluntad política de los gobernantes. El pueblo debe mantener viva la memoria y el reclamo de verdad y justicia frente a la violencia social y estructural y buscar caminos de convivencia y respeto de los derechos de las personas y del pueblo.

COMUNICADO

El Movimiento Indígena de Abya Yala Expresa su repudio a la masacre perpetrada por el poder de policía en Libertador General San Martín
Lo sucedido en el día de ayer, tienen muchos interrogantes. ¿De dónde salieron las balas que mataron a varios de nuestros hermanos? A pesar que la cara visible fue la Corriente Clasista y Combativa, muchos de nuestros hermanos estuvieron en el lugar intentando recuperar por las vías pacifica lo que nos fue despojado desde hace siglos por los BLAQUIER y los LEACH en su momento. Sentimos mucha pena que hayan asesinado a varios hermanos. Los terratenientes en Jujuy y en toda la Argentina deben dejar de existir. Los Pueblos Originarios, las Organizaciones Sociales, todos juntos debemos recuperar nuestros territorios para el desarrollo, pero sin caer en la trampa de la violencia.


Por ello, desde este Movimiento Indígena, expresamos nuestro total repudio a la masacre cometida con cuatro hermanos en el desalojo de los compañeros en libertador General San Martín.

Exigimos que se libere a varios hermanos que aun se encuentran detenidos, producto de las redadas que se cometió por todos lados.

Exigimos una pronta investigación de lo ocurrido

Exigimos que se cumpla con la voluntad de los fallecidos, la entrega de las tierras aptas y suficiente para el desarrollo humano.

Enviamos nuestras fuerza espiritual a los familiares que perdieron a su ser querido. Y pedimos la pachamama que la sangre derramada en territorio Ava Guaraní Traiga paz social.-

Comunidades Kolla

La noche del apagón de los Blaquier aún continúa en Ledesma

Caprichosamente se repite la historia: hace 35 años una comisión directiva de la FOTIA, el sindicato de los obreros azucareros, estaba en manos de compañeros combativos; el 10 de junio pasado ganó la lista gris enfrentada a la vieja conducción burocrática y se largó la misma cacería como hace 35 años. Por el Viejo Nano.

Entre el 20 y el 27 de julio de 1976, las fuerzas de seguridad de la dictaduraejecutaron uno de sus innumerables temibles operativos. Esta vez, fue la zona el ingenio azucarero Ledesma de Jujuy el escenario elegido para llevar a cabo el plan. Durante una semana el ingenio cortó la luz de noche para que los militares pudieran secuestrar, porque la FOTIA, el sindicato de los obreros azucareros, estaba dirigido por verdaderos sindicalistas y se conseguían reivindicaciones que el ingenio no estaba dispuesto a tolerar.
El primer corte de energía eléctrica ocurrió el 20 de julio a la medianoche en Libertador Gral. San Martín y Calilegua. En esa época, quien disponía de la energía para todos los pueblos era el ingenio Ledesma, ellos eran quienes distribuían la luz.
La vinculación entre el ingenio Ledesma y el accionar del aparato represivo fue denunciada por numerosos testigos y no se limitó solamente a facilitar los cortes de luz para que el operativo quedara en la sombra, al extremo que los que hoy nos ponen como garantía de seguridad en la capital y en la provincia,la Gendarmería tenía una base, un campo de concentración dentro del propio ingenio.
Cuarenta y tres camionetas de Ledesma actuando con total impunidad, acorralando gente y llevándosela en sus móviles a la base de Gendarmería del ingenio, de los 400 que encarcelaron en esos días, 30 siguen desaparecidos.
“Hasta hoy las marcas son de todo tipo, físicas, psicológicas y sociales, explica Ernesto Saman, quien en aquel entonces tenía 23 años y era empleado administrativo en el ingenio Ledesma. Estaba casado y tenía un bebé de siete meses cuando lo secuestraron.
“Vendados, tabicados, golpeados, hacinados, hambrientos, desposeídos de nuestros bienes e identidad, a muchos de los desaparecidos de los apagones nos llevaron a Guerrero, otro campo de tortura”, sigue contando Ernesto y continúa: “Se declaraba al lado del baño, en una habitación donde había un tipo que te hacía preguntas mientras los demás te torturaban, el obispo José Miguel Medina estaba en la sala de tortura”.
A 35 años de aquellas terribles noches pagadas por la familia Blaquier y ejecutada por policías y gendarmes, se repiten hoy con nuevos asesinatos de trabajadores y de vecinos. La familia Blaquier fundó el ingenio azucarero Ledesma en Jujuy en 1909, hoy cuenta con 120.000 hectáreas de las mejores tierras. La provincia de Jujuy tiene un territorio de 53.000 kilómetros cuadrados, Blaquier tiene 1200 kilómetros cuadrados de esos 53.000 de la provincia y especialmente son territorios llanos, aptos para el sembradío de caña, teniendo en cuenta que solo el 50% del territorio son valles… En las montañas no se puede sembrar, además esta familia patricia es la dueña de la provincia desde el punto de vista político, es su feudo, aunque también tiene un gran criadero de cerdos, el más grande del país en Roque Jerez, Buenos Aires.
Además ese ingenio creció cuando la dictadura de Onganía cerró varios ingenios de Tucumán, dándole preferencia a los Blaquier por un convenio especial. La toma que hicieron los vecinos de la localidad de San Martín no era para sembrar caña para hacerle la competencia: son 15 hectáreas, son para construir viviendas. Le quedan a Blaquier 1185 para seguir explotando trabajadores.
Ahora el gobierno de la provincia ha mandado un proyecto de ley para expropiar esas 15 hectáreas. ¿Tuvo que haber 4 muertos de nuevo y 60 heridos para que se mande esa ley? El gobierno de la provincia y los voceros del gobierno nacional le echan la culpa al juez que ordenó el desalojo, pero ¿y la policía que actuó junto a los matones de Blaquier a órdenes de quien estaban, de los extraterrestres?


Extracto asamblea de la FOTIA
Julio de 2011
La asamblea ha tomado la decisión de realizar este segundo paro, siendo el primero realizado el 7 de julio con un acatamiento del 90%, acatado por trabajadores del campo y de la fábrica, en función de la falta de avances en las negociaciones y las negativas de respuestas del ingenio Ledesma por las condiciones de trabajo y por el reclamo salarial.
En cuanto a las condiciones de trabajo, el gremio reclama quitar la ley agraria, ya eliminada en otros ingenios a tan sólo 50km de distancia. De acuerdo al secretario general del gremio, Ariel Vargas, por esta ley “los días de lluvia le significan al compañero de campo que cuando llueve no pueda trabajar, lo lleven al lugar de trabajo y se vuelva con las manos vacías para su casa sin que le puedan reconocer un peso. Eso ya está solucionado en otros lugares”. Respecto del reclamo salarial, Vargas recuerda que “nosotros hasta la última paritaria teníamos el salario más bajo del país en materia azucarera.
La nueva conducción del sindicato -que el 10 de junio pasado ha ganado con la Lista Gris de forma avasallante a las listas burocráticas y propatronales- ha iniciado una mecánica democrática de decisiones por asamblea, donde se ha tomado la resolución de hacer estas medidas de fuerza calificadas de históricas por los trabajadores y pobladores de Libertador General San Martín, ciudad presa de los designios del poderoso Ingenio Ledesma.


Carta de lectores en el diario La Nación de Carlos Pedro Blaquier, dueño del Ingenio Ledesma:
“La envidia igualitaria:
La naturaleza ha puesto en los hombres muchísimas y muy grandes desigualdades.
No es igual su salud, ni su inteligencia, ni su voluntad, ni su talento para sus diversas funciones, y de esta inevitable desigualdad deriva como consecuencia la desigualdad de las situaciones de vida.
Además, los hombres mejor dotados han sido siempre minoría.
De todo lo cual resulta que son muchos menos los que están en los sectores más altos que los que se encuentran más abajo.
Pretender eliminar estas desigualdades es ir contra el orden natural de las cosas y desalentaría a los más aptos para realizar la labor creadora del progreso a la que están llamados”.

Una agenda para la desconexión

Por Raúl Zibechi
ALAI AMLATINA, 04/08/2011.- Con 700 mil millones de dólares de reservas monetarias, 400 millones de habitantes, grandes reservas de hidrocarburos, autonomía energética, importantes yacimientos mineros, la mayor biodiversidad del planeta, la región sudamericana no tienen ningún motivo para no despegarse de la crisis sistémica en curso y elaborar su propia agenda política y económica.
En las últimas semanas, ministros y presidentes de la región se pronunciaron por establecer medidas defensivas para evitar contagios de la crisis que afecta al primer mundo. Cristina Fernández dijo que “debemos blindar la región para no perder lo que hemos logrado”(1). Guido Mantega, ministro de Hacienda de Brasil, se pronunció por establecer “un cordón de aislamiento” para evitar perjuicios(2). Hasta el conservador presidente de Colombia Juan Manuel Santos advirtió en la Cumbre de UNASUR en Lima que se deben contrarrestar los efectos nocivos de las crisis económicas por las que atraviesa Estados Unidos y Europa que devalúan los ahorros de la región(3).
Son miradas positivas que muestran una toma de conciencia generalizada de que hay que actuar pronto. Pero las medidas defensivas son insuficientes. Mantega se equivoca cuando asegura que “la cuestión de fondo es la recuperación económica de Estados Unidos y de Europa, porque aquí sufrimos las consecuencias”(4). En primer lugar, esa recuperación salvadora no va a llegar porque las economías que Oscar Ugarteche define como “países ricos altamente enhuecados”, ingresaron en un período de austeridad y estancamiento, o crecimiento muy lento, incapaz de reactivar la economía mundial.
En segundo lugar, y esto es decisivo, porque estamos viviendo un completo rediseño del sistema-mundo, no sólo de la economía. En pocas palabras: la relación centro-periferia se ha roto y están en proceso de conformarse nuevos centros regionales, eso que llamamos BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) con relaciones de otro tipo con sus propias periferias y con los viejos centros de poder en decadencia. A eso se suma la crisis de la hegemonía estadounidense y la consolidación de un mundo multipolar. Occidente ha dejado de ser el centro del mundo cuyo eje se traslada rápidamente hacia Asia, un cambio de envergadura que supera nuestra capacidad de imaginación, sobre todo en el terreno cultural. Y a todo esto debería sumarse el peak oil, la progresiva decadencia de la civilización del petróleo, y la crisis ambiental y climática en curso.
La advertencia de Immanuel Wallerstein acerca del “colapso importante que se avecina” y la necesidad de botes salvavidas para afrontarlo, debe ser tomado con la mayor seriedad(5). En su opinión, Europa está ensayando la creación de un fondo monetario europeo de facto, como se desprende del último salvataje a Grecia que pasa por establecer una estructura de gobernanza común.
China está considerando dejar de comprar no sólo bonos del gobierno estadounidense sino activos en ese país(6). Siendo el principal acreedor y comprador de bonos de la Reserva Federal, una decisión de ese tipo no haría sino acercar a Washington al temido default. Asia Times publica un excelente informe sobre el “colapso de la clase media en Estados Unidos”, donde demuestra que la crisis inmobiliaria será de muy larga duración por razones demográficas y los beneficios de las pequeñas empresas, donde invierten sectores importantes de las clases medias, están lejos de recuperarse(7).
En síntesis, “hay mucha crisis por delante y urge por tanto pensar Sudamérica seriamente”(8). El desafío mayor es que la región no puede pensarse en función de lo que suceda con la economía global sino en base a sus propias prioridades y la primera de ellas es construir su propia agenda: desconectarse del mundo rico endeudado y muy en particular del sistema financiero y de las multinacionales. Son ellos los que necesitan “invertir” en América Latina porque es en esta región donde hacen sus negocios y obtienen las ganancias que ya no consiguen en el mundo endeudado.
Para este objetivo es ineludible acelerar algunas medidas como la puesta en marcha efectiva del Banco del Sur, redireccionar los flujos de hidrocarburos hacia la propia región, abandonar el apego al dólar y sustituirlo por una moneda regional y seguir fortaleciendo el comercio y los vínculos Sur-Sur. Son propuestas largamente discutidas en la región, pero cuya implementación se viene demorando en gran medida por el escaso interés que vienen mostrando algunos de los países que juegan el papel de liderazgo.
Aún así, son medidas insuficientes. Porque, en rigor, no se trata de una o de varias crisis sino de una reconstrucción del mapa mundial que brinda a la región la posibilidad de modificar a su favor la distribución del poder en el mundo para que sea algo más equitativo. Las enormes reservas de Sudamérica, casi tan elevadas como las de Japón pero sin el lastre de su gigantesca deuda, deben ser usadas ahora para introducir cambios de larga duración. Quizá el más importante sea dar un vuelco en el terreno de la ciencia y la tecnología, en investigación e innovación.
El retraso es gigantesco. Brasil, con el 2,3% del PIB mundial solicita el 0,3% de las patentes, siendo el único sudamericano que se ha propuesto elevar sus inversiones en la materia. Registra menos de 500 patentes anuales, frente a 45 mil de Estados Unidos(9). Los países asiáticos muestran que es posible dar un vuelco. En los últimos 20 años China, India y Corea del Sur experimentaron un crecimiento exponencial en la innovación. Se estima que para 2020 China superará a Estados Unidos como principal productor mundial de conocimientos científicos(10).
Pese a que tiene reservas de 11 mil millones de dólares, Bolivia invierte sólo 40 millones anuales en ciencia y tecnología, el 0,1% de su presupuesto. Por lo tanto, debe recurrir a las multinacionales para industrializar el litio. Los demás países de la región tienen una situación muy similar. Pero sin dar este vuelco en el dominio de la ciencia y la tecnología, será imposible en un plazo razonable, digamos de dos décadas, dejar de ser exportadores de commodities, dejar el extractivismo y tomar un rumbo nuevo.
Por último, no será posible desconectarse del caos sistémico en curso sin conflictos ni pérdidas, eludiendo desgarros internas. Eso es una crisis. Quiebre y ruptura para cambiar el rumbo.
1. Página 12, 29 de julio de 2011.
2. Valor, 3 de agosto de 2011.
3. Página 12, 30 de julio de 2011.
4. Valor, 3 de agosto de 2011.
5. La Jornada, 4 de agosto de 2011.
6. Dean Baker en Diario del Pueblo: http://spanish.peopledaily.com.cn/31619/7560741.html
7. http://www.atimes.com/atimes/global_economy/mh02dj05.html
8. Oscar Ugarteche en ALAI, 3 de agosto de 2011.
9. Proyecto Brasil en Tres Tiempos, Presidencia, 2004.
10. http://spanish.peopledaily.com.cn/101390/7284766.html

Indignados Israelíes

Las carpas de protestas de las ciudades de Israel son un deleitable resurgimiento de la fraternidad mutua

Por Amos Oz
Resulta profundamente conmovedor ver a los veteranos de todas las generaciones, que durante años fueron una voz clamando en el desierto, pasar el tiempo en las carpas de los jóvenes, que sabiamente están liderando la novedosa protesta.


Israel nunca ha sido un estado igualitario. Pero en su apogeo, fue más igualitario que la mayoría de los estados del mundo. La pobreza no fue intensa y la riqueza no fue ostentosa, y la responsabilidad social hacia los pobres y necesitados fue exhibida no sólo en el plano económico sino también a nivel emocional.En el Israel anterior, aquellos que trabajaban – y casi todas las mujeres y varones trabajaban muy duro-podían llegar a tener una vida modesta pero respetable para ellos y sus familias. Los nuevos inmigrantes, los ocupantes de los campamentos de inmigrantes todos recibieron educación pública, servicios sanitarios y vivienda. El juvenil, el pobre Israel fue un experto emprendedor social. 

Pero todo eso fue destruido en los pasados 30 años, cuando los gobiernos del gran capital estimularon y enfervorizaron las leyes de la jungla económica de poder echar mano a cuanto se pueda.
La protesta invadiendo las calles y plazas de Israel, ha dejado hoy en día de ser meramente una protesta debido a la angustia de la vivienda. El centro de esta protesta es la afrenta y la indignación que causa  la indiferencia del gobierno ante el sufrimiento de la gente, la doble moral en contra de la población activa y la destrucción de la solidaridad social.
Los conmovedores espectáculos de las carpas de acampe extendiéndose a través de las ciudades de Israel, de los médicos protestando para sus pacientes,  de manifestaciones y concentraciones, son en sí mismos un deleitable renacimiento de la fraternidad mutua y el compromiso.
Después de todo, lo primero que los manifestantes están diciendo, incluso antes que “justicia social” y “abajo el gobierno,”es: “Nosotros somos hermanos.”
Los recursos necesarios para el establecimiento de justicia social en Israel están localizados en tres lugares:
En primer lugar, los miles de millones que Israel ha invertido en los asentamientos, que son el error más grande cometido en la historia del estado, así como su mayor injusticia.
En segundo lugar, las sumas gigantescas canalizadas hacia las yeshivot ultra-ortodoxas, donde crecen generaciones de vagos ignorantes, llenos de desprecio hacia el estado, a su gente y a la realidad del siglo 21. Y en tercer lugar, y quizás la más importante, el ferviente apoyo del gobierno de Netanyahu y sus antecesores a favor del irrefrenable enriquecimiento de diversos magnates y sus compinches, a expensas de la clase media y los pobres.
No olvidemos de donde procede la riqueza que se vuelca en los asentamientos, las yeshivot ultra-ortodoxas y  en las cuentas de los magnates. Viene del trabajo y el talento creativo de millones de israelíes que portan sobre sus espaldas un milagro económico inigualable de un estado, pobre en dones naturales (no hemos comenzado todavía a contar con el gas natural),  y rico en recursos humanos.
Ni los partidos políticos ni las veteranas organizaciones de la oposición generaron esta protesta. Nació de la devoción y entusiasmo de cientos y miles de jóvenes que arrastraron a su paso a la mejor gente del país.
Resulta profundamente conmovedor ver a los veteranos de todas las generaciones, que durante años fueron una voz clamando en el desierto, pasar el tiempo en las carpas de los jóvenes, que sabiamente están liderando la novedosa protesta.
La gente como yo, que han protestado durante muchos años contra la política de los gobiernos de Israel, abraza a esta nueva generación, que sobrepasa a las anteriores, con afecto y admiración.
Fuente: Haaretz 2/8/11 Traducción: Israel Laubstein  

¿Qué es la fiesta hoy? (VI)

Por E.S.

La fiesta, algunas líneas. Se me pide, cumplo (no tarde: a contrapelo de la seudo-velocidad, vicio de una época en la que poco y nada contiene movimiento). Y qué mejor que una confesión, para arrancar: nunca fui afecto a las fiestas. En el mejor de los casos, por aburrimiento; en el peor, por incomodidad, producto de un ejercitado sentido de la inadecuación. Ya que la fiesta, en este mundo nuestro, es la patria de lo convencional: gregarismo, urbanidad barata, paquete prediseñado de reglas sociales que por supuesto varían según el caso (casamiento, rave, quince, reviente, estudiantina, despedida de soltero, cumpleaños infantil, etc.) pero suponen similares y predecibles nociones del tiempo, el espacio y las relaciones intersubjetivas. En la actualidad, la fiesta es un animal de costumbre: la medida de su éxito radica en modular las expectativas de euforia durante un lapso acotado de tiempo y por medio de procedimientos generalmente berretas y agentes en todo sentido precarios, provenientes del curioso y oximorónico campo de la “organización de eventos”, el cual se nutre a su vez de disciplinas tan diversas y reconocidas como el DJing, la ambientación, el stand-up, la animación sociocultural y la globología.


Las fiestas contemporáneas son lo opuesto al carnaval que tanto apreciaba Mijail Bajtin: por eso lo popular, si no una ausencia, es una impostura que contrabandea valores de garcas (el cheerleaderiano “ser popular”, tan anhelado como el he-manista “tener poder”, moda retro que hace furor actualmente dentro de las filas zombificadas de la pop-militancia bienpensante). Sólo bajo el efecto de algún tipo de sustancia psicoactiva podemos encontrar alguna relación entre la supresión temporaria de las jerarquías y los órdenes cotidianos, la instauración de una “tierra de nadie” anónima, de mezcla, promiscuidad y apertura a lo eventual de lo carnavalesco con, por caso, el summum de la diversión y el placer que pareciera suponer en un no menor número de festividades el combo cotillón/samba for export/trencito carioca (por poner un ejemplo clásico, nomás: cada tipo de fiesta tiene su escena patética definitoria).


Ojeando unos ensayos de Fabián Casas —valioso sensei literario—, me topo con un par de páginas donde, en oportunidad de un Personal Fest de mitad de los años dos mil, las retinas del cronista retienen “una parva de gente domesticada”, seres que, “definitivamente, habían perdido la posibilidad de experiencia”. “Sobre el fin del milenio”, agrega, “las personas que tienen asegurada casa, comida, entradas al cine, ropa y discos viven hostigadas por la idea de que hay una fiesta, una gran fiesta, pero que está siempre sucediendo en otro lado. Les tengo malas noticias: la fiesta no está en ningún lado”. Las palabras de Casas resuenan en tiempos como los actualísimos, de «climas» eleccionarios (entre parántesis, la remanida definición de «fiesta de la democracia» en referencia al voto y sus aledaños es de una justeza que pasma), cuando llegamos a padecer ciertos desasosiegos, ciertas angustias, al estilo del convidado de piedra o del que queda del lado de afuera rumiando por no haber podido entrar. ¿No son sentires por lo menos curiosos cuando sabemos que, de entrar, no haríamos más que seguir rumiando y hablando con acidez de todo el mundo? Somos noventistas: nuestra actitud ante el mundo tiene a Seinfeld y las diez primeras temporadas de los Simpsons en su perfil genético. Lo que hoy se barre abajo de la alfombra es, no por azar, nuestro arsenal más potente.

Última acotación: percibo, a contrapelo del evidente parentesco, cierta posible distinción entre “fiesta” y “festejo”: mientras que la fiesta pareciera constituir una especie de territorio soberano (a una fiesta se va: “voy a una fiesta”, soy «invitado», sujeto pasivo; o bien se hace: “hago una fiesta”, en cuyo caso soy agente y propietario: “te invito a mi fiesta”), un “festejo” pareciera aludir más bien a una acción —el «festejar»— en la que la actividad o es más indeterminada o, finalmente, es inversa al caso anterior. Porque ¿quién garantiza que un festejo tenga lugar? En el festejo —quizás sea más preciso hablar de “celebración”— el “festejado” depende de los “festejantes” para llevar a buen puerto el acto en cuestión. A un festejo lo que importa no es ir con tal o cual vestido, regalo o conjunto de gestualidades ad hoc, sino simplemente llevar cierta “capacidad de festejo”, una disposición afectiva que, puesta en acción y en común, permita que el festejar suceda. En la distinción tal vez se pongan en juego éticas de lo festivo en cierto modo antagónicas. Una más de Casas, esta vez admonitorio: “los que entran ahí, que abandonen toda esperanza”. ¿Qué hacer, entonces, si seguimos porfiando en llevar la esperanza a cuestas?

Unasur y los efectos de la crisis: nuevos instrumentos económicos

Por Alejandro Horowicz

Algo comienza a quedar claro: la crisis que golpea a Europa devoró la pacífica convivencia colectiva, y la brutalidad de los enfrentamientos, que remite a la disparidad de los intereses en juego, empieza a quedar a la vista.
Las llamas de Tottenham iluminan Europa. Una protesta por la muerte de un joven, a manos de la policía londinense, se transformó en refriega con 26 agentes lastimados y 42 detenidos. Además, se quemaron edificios, dos automóviles policiales, un autobús de dos pisos, mientras se saqueaban tiendas y los cócteles Molotov volvían a iluminar el cielo de Londres. Un rango de violencia inusitado, para una ciudad cuya cultura cívica no es equiparable a la de San Pablo o Caracas, permite registrar el tenso cambio de la escena global. Algo comienza a quedar claro: la crisis que golpea a Europa devoró la pacífica convivencia colectiva, y la brutalidad de los enfrentamientos, que remite a la disparidad de los intereses en juego, empieza a quedar a la vista. Las hasta ayer pacíficas y multitudinarias manifestaciones londinenses cambiaron de carácter, ya no son los indignados de España: son los furiosos del Reino Unido.
Esto sucedió al norte de Londres, cuando el comportamiento de los mercados globales ya había mostrado claros signos de deterioro creciente. No sólo porque la deuda pública norteamericana –más allá de los tecnicismos– impulsa, alimenta, impone un programa hiperconservador que puede culminar en el anunciado default, sino porque refrenda como único interés legítimo el de los bancos. 
Para rescatar a la banca se utilizaron, desde 2008, todos los recursos financieros de los estados más poderosos de la tierra; y una vez reparado el colapso, en lugar de reorientar la política financiera –después de todo los bancos tuvieron que ser nacionalizados con fondos públicos para evitar un derrumbe  del que eran directamente responsables–, se les devolvió el control de la situación. Los dueños históricos de los bancos recompraron los paquetes accionarios, que los estados cedieron graciosamente, y como era obvio volvieron a hacer lo mismo que ya habían hecho: realimentar la burbuja financiera, desatando una nueva espiral de la crisis global. 
Todo ya no es igual que entonces. Esta vez el peso de los pasivos empresarios atenaza la muy debilitada actividad productiva norteamericana, y la destrucción de puestos de trabajo se combinó con una recesión fenomenal. Entonces, con una economía todavía más incapaz que ayer de generar excedentes significativos, con una demanda solvente aun menor, el peso de la deuda pública amenaza con arrasarlo todo. Y, como el aumento de la capacidad de endeudamiento del gobierno norteamericano surge a resultas de un programa de recortes drásticos del gasto público, los factores dinamizadores de la economía desaparecen. Sin un nuevo ciclo expansivo, este recorte sólo puede prenunciar recortes aun más drásticos en el futuro inmediato, y la depuración que impondrá la marcha de la crisis –cierre de empresas y nuevas fusiones para mejorar la competitividad empresarial– retomaría el ritmo enloquecido de la administración Bush.
En definitiva, la naturaleza del acuerdo bipartidario aceptado por el presidente Obama supone, contiene, impone un elevado nivel de creciente crispación social; y muy posiblemente, tanto enfrentamiento no pueda ser procesado con suficiente amabilidad. Si bien en los Estados Unidos no se esperan escenas como las de Tottenham, nadie sabe a ciencia cierta qué terminará sucediendo. Sobre todo, cuando los efectos del paquete pergeñado por el Congreso se hagan sentir con claridad. 
ECONOMÍA, POLÍTICA CONCENTRADA. La marcha de la crisis impuso la reciente agenda de los ministros de Economía de Unasur. El viejo proyecto de un banco sudamericano, que remplace las políticas y las acciones del Fondo Monetario Internacional, y facilite los intercambios comerciales directos, volvió al tapete. El proyecto no es nuevo. En diversas oportunidades fue reconsiderado, pero el cambio de la situación global modifica el sentido de su puesta a punto. La primera cuestión pasa por el tipo de banco a construir. Si el modelo no se aparta de los bancos clásicos, los aportes de capital determinaran la composición del directorio. Es decir, como Brasil, Argentina y Venezuela disponen de cash, en una proporción mayor que el resto, su presencia terminaría siendo decisiva. Existe otra propuesta: un país, un voto. De tal manera que el aporte de capital, si bien nunca deja de contar, terminaría siendo políticamente regulado. Como se trata de una construcción que debe compensar un complejo mosaico de intereses, la idea de que una lectura puramente financiera pueda imponerse no parecería la más adecuada. En rigor de verdad, todo lleva a pensar que terminará funcionando una estructura mixta. Una composición igualitaria en el directorio, y una menos balanceada en las gerencias ejecutivas. 
Sin embargo, la clave de la organización del banco pasa por la moneda en que se realizaran los aportes, y sobre todo en la elección de la moneda que regirá su comportamiento. ¿El dólar terminará siendo la divisa común, o por el contrario se marchará hacia la conformación de una moneda propia?
Si algo debilitó la marcha de la crisis global es el poder del dólar. No sólo porque China ya propuso la creación de una canasta de monedas para el funcionamiento del FMI, sino porque el continuo decaimiento de la economía norteamericana no puede no terminar siendo el de su moneda. Entonces, si se recuerda la reunión de febrero pasado entre el ministro de Economía de Brasil, Guido Mantega, con su par argentino, las cosas tienden a aclararse.  
Mantega recordó entonces que en el encuentro con Dilma Rousseff, la presidenta argentina había puesto énfasis en desarrollar el comercio bilateral en la moneda de ambos países, obviando así la intervención de una tercera moneda, en este caso el dólar. Siguiendo esa indicación presidencial, Mantega informó que Amado Boudou había retomado ese hilo de negociación, y que ambos –esto lo dijo con exquisita cortesía pero con máximo rigor– ya se habían  puesto de acuerdo sobre tan delicado asunto. 
No se trata de un problema sencillo. A nadie se le escapa, y Boudou lo hizo saber a Tiempo Argentino sin cortapisas, que las economías de ambos países distan de ser iguales. Ni tienen la misma variación de precios internos, ni crecen a la misma velocidad –Brasil durante 2010 lo hizo al 7,5%, Argentina al 9% – ni poseen similar estructura productiva –aunque ambos países son fuertes exportadores de commodities–, y una política comercial que potencie el intercambio bilateral sin intervención del dólar requiere de un sistema de compensaciones diseñadas desde los bancos centrales de ambos países. 
Es evidente que avanzar en esa dirección precisa de un estudio que anticipe los efectos de semejante novedad en las respectivas economías. Sobre todo, porque hasta el momento, si bien los intercambios obviaban nominalmente la divisa norteamericana, en rigor de verdad el tráfico partía de un dólar implícito, ya que las ventas se hacían transcribiendo el precio en dólares a pesos o reales.
Ahora bien, si la crisis amenaza la actual estructura del mercado mundial, si el dólar pierde su lugar de moneda de reserva, para que el flujo de los intercambios no decaiga, una moneda común se vuelve insoslayable. Como los estudios planteados por Mantega y Boudou existen, si se los complejiza integrando a los demás integrantes de Unasur, la posibilidad de una moneda común abandonaría el reino de las abstracciones económicas, para ingresar en la cocina de la lucha política.  En el ínterin, la oposición no sabe siquiera de qué se trata. Y esa tampoco es exactamente una novedad.

La potencia del trabajo multiforme

Por La Casona de Flores
Así se llamó la actividad que hicimos en La Casona de Flores (http://casonadeflores.blogspot.com/) hace poco tiempo, donde se presentaron simultáneamente el libro De chuequistas y overlockas. Una discusión en torno a los talleres textiles (realizado por el Colectivo Simbiosis/Colectivo Situaciones), la película Hacerme feriante (realizada por Julián D’Angolillo) y el número 3 de la revista Crisis, titulado «La Argentina está Salada».
Este título fue, para nosotrxs, un hallazgo porque concentra varias cosas a la vez. A saber:
1. Por un lado la cuestión del trabajo una y otra vez abierta como problema.
Argentina cuenta con una historia reciente riquísima, gracias a que los movimientos de desocupados abrieron e instalaron, hace poco más de una década, un debate social sobre el estatuto del trabajo. Lo hicieron en un momento durísimo, en el cual las cifras de desempleo marcaban récords históricos. La crisis era una realidad cotidiana y, sin embargo, fue momento propicio para hacer preguntas muy profundas: ¿qué es trabajo y qué no?, ¿qué significa trabajar cuando se está desocupado?, ¿qué quiere decir que los pibes y pibas más jóvenes no desean el trabajo del mismo modo que lo hicieron sus padres y/o abuelos?, ¿qué se hace cuando el trabajo no es fuente de dignidad ni un modo de acceso a derechos?, ¿qué implica inventar otras formas de trabajo?, etc.
De manera similar pero diferente, también las fábricas recuperadas por sus trabajadoxs pusieron en marcha una nueva forma de experimentar y pensar el trabajo: ¿qué significa trabajar sin patrón?, ¿qué implica ocupar fábricas vacías?, ¿qué es un colectivo de trabajo?, ¿cómo se sostiene la autogestión?, ¿cómo se piensa la relación con el mercado?, etc.
Esas preguntas quedaron para siempre. Son nuestras. Arrastran capas de conquistas, experiencias, saberes, problemas, historias, fracasos, vidas. No hay manera de pensar la cuestión del trabajo eludiéndolas. Están ahí, resuenan, delinean un camino recorrido, envuelven trayectos sinuosos, condensan dilemas colectivos.
Desde hace varios años, la realidad que vivimos no es de crisis en el mismo sentido que ésta tuvo en 2001-2002. Más bien presenciamos una recomposición del mundo del trabajo y del consumo. Sin embargo, este mundo del trabajo-consumo no es ajeno ni se ha sacado de encima aquellas preguntas. El trabajo vuelve, pero lo hace de maneras multiformes. Por ejemplo:
+ El trabajo vuelve muchas veces superpuesto con el lenguaje de los planes sociales. Argentina trabaja. Sí, de eso no hay dudas. Pero, ¿qué significa el trabajo en cooperativas financiadas y controladas por los gobiernos municipales?, ¿qué estrategias de aprovechamiento de esas cooperativas inventan lxs jóvenes?, ¿a qué disputas someten con los empleados municipales y los sindicatos?, ¿qué tipo de tareas se le asignan?, ¿hay posibilidades de definir de manera autónoma cómo utilizar el dinero y qué trabajo realizar?, ¿por qué el trabajo tiene que ser hoy financiado con subsidios sociales?
+ El trabajo vuelve para esconderse en los talleres textiles. Se hace clandestino cuando lxs trabajadorxs son migrantes. Y se hace de noche cuando sus protagonistas son feriantes. La noche de los proletarios de hoy transcurre al borde de Lomas de Zamora en la mega feria La Salada. No es, como en siglos anteriores, secreta y de unos pocos. Convoca a millones, mueve mucho dinero, moviliza la iniciativa popular y nutre un comercio transfronterizo. Su relación con el taller clandestino es íntima. Ambas son formas de trabajo que utlizan saberes ancestrales y comunitarios para formar parte de cadenas transnacionales de comercio y también para piratear marcas y tecnología. Inventan trabajo más allá del trabajo. Movilizan a miles de personas que reorganizan y redefinen la práctica misma de trabajo y, sobre todo, desafían que ese trabajo tenga los límes de un mercado (y un mapa) nacional.
2. Lo multiforme como potencia.
Lo multiforme es una potencia, decimos, porque está creando formas múltiples cuando ya no hay una forma de trabajar, ni de conseguir dinero, ni de darle sentido a nuestra labor, ni mucho menos de conquistar dignidad. Lo multiforme es potente porque es experimentación viva. Innova más allá de la moral, del Estado y de las normas. Inventa con razones prácticas. Construye modos de hacer que tienen fuerza expansiva: crean realidad, sustentan vidas, impulsan desplazamientos. Y en esa potencia lo multiforme hace ciudad. Incluso conquista y amplía derechos. Algo que el trabajo (precario, flexible, en negro) ya de por sí no garantiza.

> el número 6 de la revista crisis

>dossier: males raíces
Del Indoamericano al Ingenio Ledesma, los desalojos causaron siete nuevas muertes.
La actividad rentística y extractiva en el interior se traduce como especulación inmobiliaria en las ciudades. Expulsiones, hacinamiento, ocupaciones, represión.
Un nuevo tipo de conflictividad social irrumpe.
Escriben Ezequiel Gatto, Alba Silva, Hernán Scandizzo, Claudio Mardones y el Movimiento Nacional Campesino Indígena. Entrevista a Douglas Tompkins.
descargar adelanto: la vida por el metro cuadrado
>crítica cultural: los olgopolios boutique de la telefonía celular o la «corpo» que se viene, por Hernán Vanoli / fabián casas, gustavo ferreyra y la capitalización de la derrota, por Carlos Godoy / una conversación con el crítico británico Mark Fisher, por Amadeo Gandolfo y Darío Zapata
>diálogos: apuntes sobre el encierro actual
presa desde el 2002, Karina Germano, la gallega, describe el aprendizaje forzado en la cárcel de Ezeiza y las estrategias para sortear la burocracia del sometimiento, por Mario Santucho y Diego Genoud
>crónicas: en el monte santiagueño, todos los años se reedita el milagro de Mailín / el alma líquida de maría inés mato, una nadadora de heladas aguas abiertas 
>ensayo visual: formas de vida, por Gabriel Díaz
>además: el filósofo japonés jun fujita hirose, sobre el accidente nuclear que nunca cesa / agustín valle estuvo en china y se trajo algunas imágenes sobre la actualidad del imperio eterno / carolina ricaldoni recorre la babilonia de sudamérica, la feria 16 de julio, en el alto boliviano / guillermo korn rescata una selección del diario íntimo del escritor Enrique Wernicke, publicada en la crisis de 1975.
Fotos e ilustraciones de Emiliana Miguelez, Matías Sarlo, Martin Felipe, Julio Pantoja, Lucila Quieto, Alberto «Carpo» Cortes, Tomas Korman, Pelon Cho y Carlos Orias.
>desde el jueves 11 de agosto en los kioscos de capital federal y conurbano + librerías en otros puntos del país

Y la revuelta se extiende a Londres…

Por Ekhi, corresponsal exclusivo de Lobo Suelto! en el lugar de los hechos
Buenas tardes!
Tras Madrid, Londres… Escribo una reflexión breve sobre lo que he ido siguiendo los últimos días. A primera vista, nada diferente de otros conflictos de naturaleza racial o relacionado con los inmigrantes. Una explosión de rabia absolutamente nihilista que habla por sí misma. La gente que ha sido privada de todo, se vio privada de la vida de uno de los miembros de su comunidad (Mark Duggan), que murió tras habérsele ametrallado la cara. Organizaron una marcha pacífica liderada por las mujeres a la comisaría del distrito donde fueron literalmente ignorados durante horas, hasta que caída la noche las mujeres volvieron a casa y los jóvenes comenzaron la revuelta. 
Como es obvio no esperan ni temen nada y se han enfrentado a la policía organizados en bandas y conectados con smartphones por diferentes barrios de Londres y otras ciudades (Bristol, Birmingham, Liverpool…), siendo casi imposible ‘cazarlos’. Han lanzado fuegos artificiales, mobiliario o piedras sobre una policía impotente, han quemado y saquedo tiendas, grandes almacenes, una comisaría de policía en Birmingham… Ayer por la mañana de los 133 detenidos 98 habían nacido en los 90. Hoy el almacén de Sony ha amanecido reducido a cenizas. (mirad el link abajo)
En Twitter las palabras que más se repetían eran «looters» (saqueadores) y «scum» (basura). El saqueo es el mayor de los escándalos en un país donde parece que todo lo privado es sacrosanto, y ‘robar’ es la mayor bajeza. Como cuando el Katrina en USA, cuando se mandó a disparar a todo aquel que saqueara grandes almacenes en medio de ese desastre, ayer mucha gente (era otra de las frases repetidas) clamaba que se disparara contra aquel que robara (lo hizo también un político conservador cuyo nombre no recuerdo ahora). En realidad, lo que los saqueadores han hecho no es sino expresar su rabia en un grado de nihilismo igual al de la realidad que los excluye. 


Pero lo que es interesante es cómo ha amanecido hoy Londres. Ya anoche 300 turcos se unieron a la policía para defender los establecimientos de su distrito enfrentándose con palos y cara a cara a los jóvenes. Y hoy la gente bajo el tag de #riotcleanup de twitter se ha auto-organizado para ayudar a los vecinos y propietarios afectados de sus barrios y han salido a la calle con escobas, cubos, fregonas y todo tipo de material para reconstruir los daños. En pocas horas, con una rapidez impresionante, la multitud se ha organizado de forma autónoma y sin esperar a los servicios de limpieza. Han salido a la calle en primera persona a solidarizarse con los afectados, más rápidos que Cameron, que los periodistas, que los representantes de la policía… 
A estas horas y desde la mañana bajo el tag de #riotprevention ya hay gente organizando una ‘vigilancia pacífica’ en barrios como Hackney. Es cierto que se han prometido 16000 policías y que hay un debate abierto en twitter sobre si la gente ha de quedarse en casa por seguridad o salir a defender sus comunidades, pero lo que es más cierto es que nadie ha esperado a que se prometieran más policías para lanzar la propuesta de organizar la ‘vigilancia pacífica’ en los barrios afectados. 
¿Cómo se interpreta todo esto? ¿Dónde está el Estado, donde están los representantes? ¿Los necesita la multitud, la gente anónima? Ya sea para organizar una revuelta, para posicionarse contra ella o simplemente para solidarizarse con los afectados, parece que la gente ya no necesita de la mediación de los grandes estamentos de gobierno como lo hacía antes, quizá la gente ya no ESPERA a que Cameron vuelva de vacaciones, a la anunciada reunión del Parlamento en los próximos días. Todos ellos han llegado por decirlo así ‘post festum’, pero la gente (de un lado o de otro) estaba ya en marcha… 
Veremos qué pasa esta noche… 
Un abrazo! 

#riotcleanup: el fascismo comunitario quiere limpiar Inglaterra de delincuentes

por Jacob T. Penna, enviado especial de LS! en Londres

#riotcleanup se está convirtiendo desde el martes 9 de julio en el mayor y más virulento hashtag de Twitter en toda Inglaterra. Una peculiar reacción social nacida en barrios de clase media cuyas ideas de limpieza real ylimpieza social, con sus escobas como símbolo, está dando luz a un movimiento telúrico que incita, según varios bloggers y ensayistas, la irrupción pública de discursos y prácticas que parecían olvidados. Como era previsible, las reacciones de terror producidas por el impacto mediático de los disturbios de Londres engendrarían una virulenta reacción conservadora. Escobas, mano dura y limpieza de chusma. La mayoría silenciosa habla. Y lo que dicen da miedo. Traducimos este impresionante texto para que nuestros lectores sepan lo que se discute hoy en el corazón en llamas del viejo imperio británico.



Surfeando a través de los tuits etiquetados con #riotcleanup se percibe un error de código: el acto físico de la limpiar de escombros de las calles se funde con el acto de limpiar la calle de los jóvenes negros. La limpieza de calles se convierte en la limpieza de todo rastro de agitación social. Las grietas sociales se desvanecen y a la vez las subclases oprimidas se vuelven invisibles.

Tuitero tras tuitero describen a los manifestantes como “animales” y “ratas salvajes”. Los videos de estas declaraciones se repiten constantemente en los canales de noticias. El mensaje: los manifestantes no son seres humanos. La petición: que no sean tratados como humanos. La ideología del odio es inculcada en nuestros cerebros, y como era de esperar las conversaciones en los medios de comunicación social consisten en decir que las personas involucradas deben ser encerrados, y la llave tirada al mar. O, tal vez en lenguaje más contenido, que estén bajo acción vigilante y punitiva.
La recompensa de dicha acción es la “verdadera comunidad” o el “espíritu comunitario.” En la vanguardia de la deshumanización rampante, estas nuevas comunidades, los batallones de #riotcleanup proclamana su supuesta y verdadera humanidad. Y esta nueva humanidad es una insignia para ser usado con orgullo. Olvidan muchos que ésta se basa en la exclusión, en la completa desaparición del vecindario.  Alzar sus escoba hacia el cielo y crear un mundo nuevo es promover un mundo donde no exista el rostro de la pobreza y la opresión. Un mundo donde los jóvenes negros y los antagonismos reales de la sociedad queden en el olvido.

Ayer por la noche la primeras acciones de vigilancia tuvieron lugar en  el barrio de Enfield. Según las noticias, un grupo de hombres de mediana edad blanca corriendo por las calles proclamando: “Somos ingleses, somos ingleses” Su objetivo era aterrorizar a los implicados en la agitación de la noche anterior, y en el camino la idea de una nueva comunidad excluyente se transformó en el marcaje de aquellos que no nacieron en Inglaterra. Muchos tuits del hashtag #riotcleanup  se han enfocado principalmente contra las comunidades pobres de raza negra. La English Defence League (Movimiento racista que propaga la islamófobia y las campañas anti-migrantes) también ha mostrado su interés en jugar un papel de liderazgo en estas “comunidades” en acción.

Mientras tanto, en Clapham, las personas reunidas en las calles alzaban sus escobas. Un tal Boris llegó, dio un conmovedor discurso y el público (principalmente blanco, de clase media y de mediana edad) se aplaudió a si mismo, no como individuos que habían decidido limpiar las calles, sino como un colectivo exclusivo de verdaderos ciudadanos.
En 1921, Freud escribió uno de los textos más penetrante y profunda de los primeros del siglo XX: En Psicología de las masas y análisis del yo, Freud ofrece un análisis de la iglesia y el ejército como grupos cerrados centrados en ellos mismos, no sólo por un sentido de exclusividad, sino a partir de  una relación basada en una versión ideal de su objeto. No era más que un paso previo a lo sucedido en Italia y en Alemania, pues en pocos años este objeto idealizado manifestó su naturaleza excluyente y totalitaria en forma de fascismo. Por la misma razón en 1.933 Wilhelm Reich escribió La psicología de masas del fascismo, que le debe mucho  al previo trabajo de Freud.
Esta estructura de “comunidad”, y “limpieza”, como actividad de grupo, es una vieja forma de fascismo popular que parece estar revitalizándose. Las nuevas comunidades de #riotcleanup muestran su carácter excluyente a las claras:  esta gente no quiere trabajar para todos y menos aún para el bienestar de aquellos que causaron los disturbios. No luchan, por tanto, contra  la pobreza y el racismo. Estos grupos, al contrario, trabajan para sí mismos, para su gente y su nueva sociedad. A esto le llaman “La Gran Sociedad”, pero la verdad es que la Gran Sociedad no es  lo suficientemente grande.
La causa de #riotcleanup es la primera empresa masiva de esta Gran Sociedad y se revela a si misma como una forma organizada de exclusión social que reafirma la exclusión económica existente. Sus primeras víctimas son los negro, los pobres, los jóvenes y los desempleados.
El fascismo moderno con frecuencia se modela como una tecnocracia post-humana: la descripción que hizo Marx del ser humano como mero apéndice de una máquina convertida en regla intocable. Hoy debemos considerar de nuevo aquellas reflexiones, ya que bajo la etiqueta de #riotcleanup la vieja ideología del fascismo está siendo restaurada. Evitando las fantasías distópicas de una B.O.R.G-Matrix (Banqueros-Religión Organizada-Gobiernos que controlan el mundo al estilo Iluminati) es necesario empezar a cuestionarse la naturaleza fascista de la “comunidad” como se manifiesta en la respuesta a los disturbios de Londres. Esto debería ser un motivo de grave preocupación para todos los que creen en una sociedad incluyente, libre de prejuicios.

El capitalismo salvaje sacude las calles

Por David Harvey


“Adolescentes nihilistas y salvajes”, así se refirió a ellos el Daily Mail: las juventudes enloquecidas de todos ámbitos de la vida que corrían sin sentido alrededor de las calles y lanzaban, con desesperación, ladrillos, piedras y botellas contra la policía; mientras saqueaban negocios y prendían fogatas, aquí y allá, empujando a las autoridades a cometer una alegre persecución de “atrapen al que puedan” mientras intercambiaban sus caminos de un objetivo estratégico hacia otro.
La palabra “salvaje” me hizo parar en seco. Me recordó el modo en que los comuneros de París, en 1871, eran representados como animales salvajes, hienas que merecían (y frecuentemente así terminaban) ejecuciones sumarias en el nombre de la santidad de la propiedad privada, la moralidad, la religión y la familia. Pero, un tiempo más tarde, la palabra evocó otra asociación: cuando Tony Blair atacaba a los “medios salvajes” – habiéndose sentido por mucho tiempo alojado cómodamente en el bolsillo izquierdo de Rupert Murdoch, para sólo luego ser reemplazado cuando Murdoch metió la mano en su bolsillo derecho, para hacer aparecer a David Cameron.
Es claro que asistiremos al histérico debate cotidiano entre aquellos sectores inclinados a interpretar estos disturbios como una cuestión de criminalidad pura, desenfrenada e inexcusable, y aquellos otros ansiosos por contextualizar los eventos sobre el fondo de las malas políticas públicas; el creciente racismo y la persecución injustificada de la juventud y las minorías; el desempleo masivo de los jóvenes; la creciente marginación social; y una insensata política de austeridad que no tiene nada que ver con la economía y mucho que ver con la perpetuación y consolidación de la riqueza y el poder. Algunos incluso intervengan para condenar las cualidades alienantes de tantos trabajos y de muchos aspectos de la vida diaria, en el medio de un inmenso pero desigual reparto de la potencialidad para la prosperidad humana.
Si tenemos suerte, contaremos innumerables comisiones e informes para decir, una vez más, lo que se dijo de Brixton y Toxteth en los años de Thatcher. Y digo “si tenemos suerte” porque los instintos salvajes del actual Primer Ministro parecen más bien apegados a abrir las canillas de los carros hidrantes, a convocar a las brigadas de gases lacrimógenos y a utilizar balas de goma, mientras clama afectadamente sobre la pérdida de la brújula moral, el declive de la civilidad y el triste deterioro de los valores familiares y la disciplina entre la juventud errante.
Pero el problema es que vivimos en una sociedad en la que el propio capitalismo se ha convertido en desenfrenadamente salvaje. Políticos salvajes que engañan sobre sus gastos, banqueros salvajes que saquean el erario público en su beneficio, compañías telefónicas y de tarjetas de crédito que cargan gastos misteriosamente en las cuentas de todos, comerciantes que especulan con los precios y estafadores y timadores que, en un abrir y cerrar de ojos, practican la timba hasta los niveles más altos del mundo corporativo y político.
Una economía política de la desposesión masiva, de prácticas predatorias hasta el punto del robo a la luz del día, particularmente a los pobres y los vulnerables, los más ingenuos y los desprotegidos, es lo que tenemos en el orden del día. ¿Hay alguien que crea que es posible seguir encontrando algún capitalista honesto, un banquero honesto, un político honesto, un comerciante honesto o un comisario de policía honesto? Sí, existen. Pero solo como una minoría que todo el resto califica como estúpida. ¡Avívese. Consiga ganancias fáciles. Defraude y robe! Las posibilidades de ser atrapado son escasas. Y, en cualquier caso, hay muchísimas maneras de blindar la riqueza personal de los costos de la malversación corporativa.
Lo que aquí sugiero puede sonar un tanto shockeante. La mayoría de nosotros no lo ve porque no queremos verlo. Ciertamente, ningún político se atreve a decirlo y la prensa solo lo llevaría a sus titulares para mostrar desdén a cuenta de quien lo dice. Pero mi apuesta es que todos los manifestantes callejeros saben exactamente de lo que estoy hablando. Solo están haciendo lo que todo el mundo está haciendo, pero de un modo diferente –con mayor estridencia y visibilidad en las calles. El thatcherismo desencadenó los instintos salvajes del capitalismo (el “espíritu animal” del empresario, como tímidamente lo llamaron) y nada ha contribuido en controlarlos. Talar y quemar es hoy, abiertamente y prácticamente en todas partes, el slogan de las clases dominantes.
Esta es la nueva normalidad en la que vivimos. Y esto es lo que la próxima gran comisión de investigación tiene que tener en cuenta. Todos, no solo los manifestantes, deben rendir cuentas de esto. El capitalismo salvaje debe ser sometido a juicio por crímenes contra la humanidad así como por crímenes contra la naturaleza.
Tristemente, esto es lo que estos desbocados manifestantes no pueden ver o demandar. Asimismo, todo conspira en prevenirnos a ver y demandar esto. Ese es el motivo por el cual el poder político se apresura tanto en ponerse la túnica de la superioridad moral y la razón empalagosa: para que nadie pueda verlo tan desnudamente corrupto y estúpidamente irracional.
Pero hay algunos destellos de esperanza y fe alrededor del mundo.
Los movimientos de indignados en España y Grecia, los impulsos revolucionarios en América Latina, los movimientos campesinos en Asia, todos ellos están comenzando a ver a través de esta gran estafa que un capitalismo global, predatorio y salvaje, ha desatado sobre el mundo ¿Qué necesitamos para que el resto de nosotros pueda ver esto y actuar en consecuencia? ¿Cómo podemos empezar todo de nuevo? ¿Qué dirección debemos tomar? Las respuestas no son fáciles. Pero hay una sola cosa de la que sí tenemos certeza: solo podremos llegar a las respuestas correctas si formulamos las preguntas correctas.
* “Feral Capitalism Hits the Streets“. Publicado el 11/8 enhttp://davidharvey.org/.  Traducido por Federico Ghelfi

¿Qué nos dice el triunfo del kirchnerismo?

Por Diego Sztulwark

El de ayer fue un triunfo cabal, contundente y legítimo del kirchnerismo, de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y del amplio y complejo armado electoral que la acompañó. Fue, además, una muestra nítida y abrumadora de las preferencias mayoritarias por el Frente para la Victoria. No hace falta ir a lo fino de los números o al detalle de lo ocurrido en cada uno de los territorios para advertir el impacto de esta elección sobre la trama de representaciones que constituyen, diariamente, los medios de comunicación en su conjunto. Sería redundante abundar sobre estas cuestiones. Sí, en cambio, vale la pena intercambiar impresiones entre muchos sobre el significado de esta victoria (que muchos esperábamos, aunque no en esta magnitud) para adentrarnos en las posibilidades y obstáculos del nuevo escenario.  
“Fuerza cristina” (El ciclo 2008-2011)
El dato central, queda dicho, es la apabullante primacía electoral kirchnerista. Imposible no subrayar en primer lugar la figura de Cristina como líder y referente excluyente de este espacio. La excepción a esta regla podría ser Scioli. Pero es claro que el Gobernador de la provincia de Buenos Aires no tiene el mismo relieve nacional,  ni es aceptado por igual por todo el kirchnerismo. En segundo lugar, el Frente para la victoria fue y es el único grupo político con la audacia suficiente para poner en marcha un gobierno efectivo de la argentina post 2001. En efecto, a una década del estallido de la crisis, no aparece en el panorama político otra fracción de la vieja clase política (ni una innovación autónoma de las nuevas generaciones) capaz de leer con realismo las nuevas dinámicas sociales, de imaginar un nuevo modo de interpelación con los diversos actores colectivos, de ligar de un modo eficaz una demandas cruzadas completamente heterogéneas y superar los insistentes intentos de bloqueo del proceso político por parte de las fracciones de las élites políticas, económicas y sociales que no se avivaron de la necesidad del cambio necesario.
 
Convergen así en el voto oficialista hoy como en la elección presidencial del 2007 los deseos ardientes de transformación social, junto a la defensa de la estabilidad obtenida durante los últimos años; un sentido de reparación por los daños operados en los litigios de las últimas décadas, junto al miedo a sustituir los equilibrios actuales por un siempre amenazante fantasma de anomia social asociada al desgobierno y al quiebre de los principios esenciales de la convivencia. En el voto al Frente para la victoria conviven –nada nuevo- el sistema de expectativas justicieras de las izquierdas y un exitoso modelo de negocios fundado en la correcta interpretación del ciclo económico internacional (exportación minera y agroindustrial) y de la fuerza relativa de nuestra región en el nuevo contexto de crisis internacional (del Mercosur a la Unasur).
La elección de ayer fue notable en la medida en que logró darle concreción política a la consigna “fuerza Cristina” que circula masivamente desde el 27 de octubre del 2010 (fecha de la muerte de Néstor Kirchner).  Con todo, tiene una historia que no conviene subestimar. Incluso mejorando la notable elección general del 2007, los resultados actuales no surgen como mera evolución política. Estos últimos cuatro años hubo cualquier cosa menos un crecimiento natural y pacífico de la hegemonía kirchnerista. Al contrario, hubo que trabajar mucho, y muchas cosas del orden del azar hubieron de concordar para poder capitalizar estos cuatro años plagados de dificultades.
Para empezar, fueron estos los años en que el capitalismo global entró en una crisis de la que aún no sale. En el nivel domestico, el gobierno de Cristina Kirchner no tuvo descanso. De aquellas primeras semanas de gestión de la presidenta signadas por las denuncias de la valija de Antonini Wilson, a la llamada crisis con “el campo” y la derrota del proyecto de las retenciones móviles, que desencadenó una derrota electoral protagonizada por Néstor Kirchner hace solo dos años, el kirchnerismo conoció de cerca la posibilidad de un violento agotamiento prematuro.
Una lectura retroactiva del presente no puede descuidar la mutación que comenzó a madurar entonces dentro del mundo k. Por un lado, surgió una nueva militancia de clase media que se propuso intervenir fuerte en la coyuntura leyendo al kirchnerismo de un modo completamente nuevo. De las asambleas de Carta Abierta al programa televisivo 6, 7 y 8, pasando por un numeroso arco de agrupamientos (agrupaciones militantes, blogueros, periodistas jóvenes y no tanto, etc.) una nueva sensibilidad política recibe y adopta como propia la defensa de algunas de las políticas públicas más relevantes del gobierno. La derrota en la pelea por la resolución 125 constituyó una derrota completamente paradojal, en la medida en que movilizó las bases de una amplia gama de las izquierdas y del progresismo como nuevo sustento del proyecto.
Por otro lado, el equipo de gobierno dio curso a una espectacular batería de medidas tan astutas como justas, capaz de completar el ciclo de crecimiento económico con un impulso democratizante en diversos ámbitos de la sociedad (entre estas medidas que todos recordamos fácilmente están: Futbol para todos, Ley de servicios audiovisuales, estatización de las AFJP y consiguiente fuente de financiamiento local, aumento de las jubilaciones de la base de la pirámide, asignación universal por hijo, festejo del bicentenario, ley matrimonio homosexual). La despedida de Néstor Kirchner fusionó estas imágenes con una poderosa mística. Esta nueva puesta en circulación de una afectividad política resultó clave para conquistar una nueva micropolítica kirchnerista en la que las dinámicas funcionariales se mezclan con las militantes, empresariales y mediáticas.
Si la reacción kirchnerista tras la derrota de la 125 extremó la dinámica de polarización, hasta poner a la defensiva a la triunfante pero inconsecuente oposición, la muerte de Néstor Kirchner acabó por desacomodar al extremo las fórmulas y alianzas.  
El complejo juego de los matices
Pero ni siquiera esta historia de agonías y repuntes alcanza para narrar las oscilaciones del proceso político reciente. Las recientes derrotas electorales del kirchnerismo en Capital y Santa Fe (o su ausencia en las elecciones de hace una semana en Córdoba) expusieron las frágiles bases de la ingeniería electoral local k (y del mundo de las encuestas y los análisis políticos en general), al tiempo que activaron lo que desde el kirchnerismo se describió como una temible fiesta de una derecha populista.
Al menos dos grandes preguntas quedan planteadas a partir de lo ocurrido durante los últimos dos meses. Por un lado, la tendencia a superar los términos rígidos de la polarización. El comportamiento de personas y grupos es más variado y cambiante de lo que las rígidas premisas de la polarización llegan a captar. Esta observación puede ser banal a esta altura del partido, pero resulta pertinente cuando se trata de comprender la fuente de las dificultades con que chocan los intentos de organizar la complejidad política actual con una formula demasiado sencilla: la de la preexistencia del sentido.
La otra cuestión de fondo que se liga con la anterior surge de una observación sencilla y preocupante: la escasez de cuadros emergentes de este proceso con potencia electoral propia. 
A la luz de los resultados electorales de ayer cabe revisar algunas de las cosas que se dijeron las últimas semanas, a la luz de la derrota de Filmus/Rossi. En primer lugar hubo entonces un incipiente debate abierto entre los “soldados” y los “críticos”, al interior del universo k. Anoche los primeros parecían mayoría, y su brillo dependía de una presidenta que tiene el capital político pegado al cuerpo. Por el momento intransferible a la distancia. Dueña de una estrategia que no todos entienden, o comparten. En el mismo sentido, tras la derrota de la primera vuelta, Filmus atribuyó como una de las causas de su derrota el que los medios juegan “en contra”. El triunfo de Cristina de anoche trastoca estas autocomplacencias y eleva saludablemente las exigencias del pensar progresista.
La idea de que el poder de los medios es el de hacer ganar o perder una elección es pobre porque subestima la complejidad de estos medios a los que estereotipa. Los medios tienen una eficacia bien diferente al de sobre-determinar el lenguaje general tanto de los que ganan como de los que pierden, tanto de los electores como de los dirigentes. La lucha por construir medios expresivos autónomos de la construcción simplificada del mundo queda derrotada cuando se la yuxtapone a un sencillo binarismo electoral.  
En una entrevista para Tiempo argentino de esos días, Eduardo Rinesi advertía contra las evaluaciones pobres de los procesos electorales a partir del empleo del verbo “es” para atribuir una cualidad única al votante. La gente no define su “ser” en el voto. Somos –todos: personas, clases y distritos, digamos- oscuras madejas en la que conviven mil hilos (cada hilo una pasión: audacia y cobardía, egoísmo y solidaridad, cambio y conservación, etc), y la política es el arte de la disputa por lograr desplegar unos y plegar otros. Sabiendo siempre que los sujetos son múltiples, su comportamiento variable, sus opciones cambiantes.
En todo caso, el éxito electoral de ayer confirma hasta qué punto la “escena kirchnerista” depende sobre todo de Cristina, la única capaz de acaparar todas las miradas (éxito fotográfico y fílmico de la campaña del FPV) reuniendo en un mismo foco de atención a líderes de efectiva raigambre electoral en sus provincias o intendencias como Gioja y Scioli, o como Otahacé y el fiel Mario Ischi y hacerlos aplaudir su interpretación del proceso político en curso en términos de una nueva “autonomía de lo político” en relación a los grandes “poderes económicos”.
La capacidad de conducción que muestra la presidenta nos recuerda una verdad de peso. Que el peso del enunciado político depende mucho menos de la coherencia discusiva del micro-grupo, y muchos más de la densidad de los armados en que se sostiene. La calidad de la discusión con el kirchnerismo depende ahora, como condición ineludible, de la densidad social y política de que sean capaces sus nuevos interlocutores.    
Deseo de reforma social y nuevos desafíos
Se sabe que el kirchnerismo fue más interesante en la agonía que en el triunfalismo. Tal vez estemos ante el fin de este desarrollo cíclico, tan complementario con la dinámica de polarización. Con la disolución de uno de los polos la dinámica política comienza a descansar menos en la variación continua los flujos y reflujos electorales del kirchnerismo en relación a un oponente hiper-constituido (como en la 125, o en la guerra contra Clarín), y más en las paradojas que atraviesan al propio kirchnerismo.  
Algo de esto se hizo visible en el tramo que va de los festejos del bicentenario a los festejos de anoche. Al mismo tiempo que los candidatos presidenciales potencialmente más competitivos de dentro y fuera del peronismo se iban bajando de la competencia, una serie de episodios bien diferentes ensombrecieron el escenario político.
Por un lado, una insistente tendencia al desborde en la conflictividad social en conflictos varios vinculados a la tenencia y uso de la tierra. Por otro, y de modo complementario, al tratamiento que las fuerzas represivas (gendarmería, policías federales y provinciales) dan a estos desbordes. El saldo de muertos durante el último año en este tipo de conflictos es creciente, al punto que cada vez cuesta más reconocer al gobierno una política de no-represión. En un artículo reciente en Página 12 Horacio Verbitsky escribe que el gobierno nacional reacciona rápido y correctamente ante cada uno de estos casos represivos, pero que un “gobierno popular” como el que desea no trabaja a posteriori, sino que se anticipa para impedirlos.
Por otro lado, el propio impasse de los movimientos sociales que construyen desde “dentro” surge como flancos débiles para la legitimidad del propio gobierno. Lo que el periodismo llama “el caso Schoklender” es el más evidente, pero no el único.
Estos “episodios” quedan absolutamente despolitizados cuando se los trata como casos aislados, o bien como casos de corrupción moral, de anomalía institucional o como meros delitos. La corrupción de las formas políticas tiene que ser discutidas de otro modo: políticamente. Y no es posible separar estos “casos” de una serie de inconsecuencias manifiestas de las políticas oficiales en relación a la política de alianzas locales, y la consecuente elución del debate de fondo sobre los inconvenientes del modelo neo-desarrollista en curso y de sus efectos más notables: extensión del modelo sojero y el ocultamiento de los conflictos en torno a la tierra, a la dimensión ecológica y alimentaria; la política minera con los desplazamientos de comunidades, contaminación, exención impositiva, apropiación privada de la renta; una idea completamente mistificada de la sociedad del trabajo, etc.
Lo curioso de estos efectos desestabilizadores propios de este tipo de conflictividad social no brota de ni de conflictos con opositores, ni como efecto de un procesos depresivo de la economía (sino todo lo contrario) o de episodios marginales o relativamente irrepetibles sino que son efecto del propio mecanismo de acumulación que está en la base de la dinámica económica que sostiene la arquitectura social del kirchnerismo.
Las tomas de tierras en todo el país, y últimamente en Jujuy y Tucumán, evidencian la otra cara de las dificultades del modelo: la imposibilidad de estabilizar la situación a partir de satisfacer demandas inmediatas y elementales de la población. Sobre una primera capa de satisfacción, emerge un pliego enorme de necesidades, y sobre ese pliegue de necesidades se recrea una dinámica social que desafía el esquema de gobernabilidad, visibiliza situaciones de inaceptables injusticias sociales, y desencadena ominosos procesos de represión.
Hasta el momento, la respuesta a este tipo de situaciones ha sido reinventar los términos del negocio y la contención social. Hay, indicios sin embargo, de que en el tiempo que viene tal vez no sea suficiente el ejercicio de la mera componenda.
El deseo de reforma social que vive en partes en el kirchnerismo tendrá ahora que imponerse (ninguno de nosotros puede ser ajeno o neutral en esto). Desarmada la polarización, el triunfalismo que desoye los desafíos materiales ya no es tolerable. Esta vez habrá que unir la oportunidad a la virtud, la fuerza con la inteligencia y el deseo de reformas con un realismo de la estrategia.  
Derrota del antikirchnerismo. El populismo de derecha, el peronismo y  las izquierdas unidas
Si hay algo que celebrar, es, entonces, me parece, la posibilidad de sostener la convergencia de dos procesos que solo valen si logramos mantenerlos juntos: la derrota del anti-kirchnerismo entendido como odio revanchista por la presencia, dentro del proceso, de elementos claramente democráticos, aleja el fantasma de lo que hubiese sido a todas luces el peor escenario para todos aquello que ven este período como especialmente rico para activar un reformismo social profundo; la chance de acabar con la simplificación ultra binaria que llegó a poner en riesgo la consistencia de las apuestas de estos mismos impulsos de transformación, haciendo de la problematización real que la situación demanda una vía de radicalización política más rica y compleja. 
El apoyo espectacular a la presidenta que surge de los resultados electorales no puede hacernos olvidar de la compleja madeja que se le esconde por debajo. En las listas del kirchnerismo hubo de todo, y buena parte de los votos que ayer fueron de apoyo se explican también por la mediocridad de las alternativas electorales. Las llamadas derechas populistas, que lograron un considerable poder local también han revalidado su poder. Sería demasiado fácil creer que esta derecha existe sólo en el macrismo.
De la izquierda no es fácil hablar. Es evidente que su presencia electoral introduce matices discursivos relevantes en un contexto de crisis del capitalismo y luchas sociales en las que suele tener una presencia muy por arriba de lo que puede aspirar a representar electoralmente. Pero el discurso de Altamira de anoche es desquiciado. Festejó un irreal triunfo de la izquierda argentina que a su vez supuso ejemplo para los luchadores de Londres, Santiago, o Madrid.
El frente progresista hizo, en el contexto de la mediocridad opositora, una elección que sus voceros parece considerar digna. En los festejos se pudo ver a gente como Lozano, De Gennaro o Donda, más próximos a las luchas sociales. ¿Cómo evitar la sensación de que esta fuerza, por más prolija y seductora que pueda resultar a cierto progresismo (desencantado con la peronización kirchnerista y sobre todo con la UDESO de Alfonsín-De Narváez, o incluso con la penosa soledad de Alcira Argumedo y de Proyecto sur) constituye algo más que una cooperativa de las desinteligencias de lo que se llama habitualmente la centroizquierda de los últimos años girando en torno al no demasiado estimulante partido socialista?     
El peronismo sigue acaparando el misterio de la situación. Como muchas veces en la historia ese significante ha comenzado a modificar de nuevo sus sentidos, y a buscar nuevos reagrupamientos. El propio kirchnerismo no logra substraerse del poder de esta variación (y la suerte de construcciones independientes dentro del kirchnerismo como las de Sabatella-Yasky se debaten también en estas aguas profundas).
Dentro del peronismo declinante podemos situar las palabras de anoche de Duhalde sobre el carácter “subversivo” y “antinacional” de las organizaciones que apoyan al kirchnerismo. Dentro del peronismo emergente podemos identificar un magma menos preciso en que se cuece hoy la articulación entre territorio y mundo simbólico de un ciclo político posrtkirchnerista que parece muy lejano luego de la elección de ayer, pero al que se entregan varios gobernadores y líderes sociales de todas las generaciones.
Las paradojas
La situación política argentina se comprende mejor a partir de dos paradojas centrales que sustituyen a la dinámica de la polarización: la primera de ellas es el hecho de que el la lógica del crecimiento económico que vigoriza la dinámica de contención social y de producción de ordenamientos políticos se sustenta sobre una lógica excluyente de la inclusión social hacia la que inevitablemente se tiende. No importa lo moderada que pueda resultarnos, la retórica de la inclusión, acompañada por gestos simbólicos y materiales sostenidos es una exigencia del proceso actual y choca (cuantitativa y cualitativamente) contra la estructura misma del crecimiento.
La segunda paradoja es que la líder indiscutible del proceso político, Cristina Fernández de Kirchner (hasta el momento la única figura capaz de capitalizar electoralmente la legitimidad política construida) no tiene acceso legal a una nueva reelección, lo cual distorsiona los cálculos de propios (que constatan ciclo político k no se ha cerrado ni mucho menos) y ajenos (que sueñan que el plazo legal actúe de límite y restricción de un proceso al que temen sin comprender del todo).      
La primera de las paradojas encierra el destino de las izquierdas (kirchneristas o no), del deseo de reformas, reparación y justicia que ve en las luchas sociales un motor insustituible. La segunda atañe sobre todo al peronismo, y todos aquellos líderes que detentan poder propio, que han apoyado más o menos a la presidenta en esta elección y esperan heredar a un kirchnerismo sin aparente recambio.
La disolución de la polarización no elimina del escenario a una derecha reaccionaria y anti-reformista que hace tiempo juega desde golpeando desde fuera del terreno electoral. Un intelectual ligado a este mundo de las derechas decía en estas horas que el único grupo que queda en posición de enfrentamiento irreversible con el gobierno es el “grupo Clarín”. Los demás “enemigos” (de Techin a la mesa de enlace, digamos) se han desemblocado y comienzan a jugar el juego de las paradojas, en el que no carecen de buenas perspectivas de expresión política a través de hombres como Vudú, Scioli, y otros varios triunfadores de estas elecciones.
Es de suponer que el kirchnerismo intentará forzar la situación en ambos niveles, y que en estas pugnas radica lo esencial de las dinámicas del presente venidero, en un contexto económico global mucho más cerrado. Lo veremos pronto.
Discutir entre todos
Muchos se discute y se seguirá discutiendo sobre la salud de lo político como teoría y praxis de la ciudad, es decir, como modo de institución de lo social. Si algo caracteriza a las sociedades capaces de política es, sobre todo, una cierta vocación por discutir entre todos. En su máxima lucidez o en su declinación relativa, la política ha sido una vía para ratificar o rectificar, para revisar o conservar, para alienar o replantear las estructuras colectivas, y ese sigue siendo su encanto.
La  pregunta que surge, entonces, en términos de coyuntura política es por la orientación del gobierno cristinista porvenir a partir de diciembre.
¿No sería deseable que ese gobierno asumiera segmentos de la agenda de otros actores políticos y sociales como aquellos que hablaban de extender la renta básica universal; modificar más radicalmente las políticas que favorecen la reapropiación de la tierra por parte de agricultores comprometidos con objetivos de garantizar la soberanía alimentaria; una corrección del modelo desarrollista capaz de tomar en cuenta los requisitos de un ecologismo social, así como una modificación de las políticas tributarias en relación a la economía extractiva y una profundización de la inversión de infraestructura en el bienestar popular que trasciende las actuales dimensiones de lo público (transporte, conocimiento, salud, etc)?
Las críticas a la institucionalidad que han sido insistentes los últimos años, bien pueden ser asumidas desde una perspectiva propia, arraigando menos en una concepción liberal abstracta y más en medidas del este tipo de las recién enumeradas.
Cabe esperar que todo esto se exprese en la composición del nuevo gabinete presidencial, en un nuevo dispositivo parlamentario y, sobre todo, en una relación con las provincias que no permita la autonomía de los gobiernos provinciales como vía de desarrollo del modelo neodesarrollista, con el pulular de grupos armados (policías, paras o privados) recurrentes a la hora de desplazar poblaciones por tierras.
Cuando la política trabaja desde arriba cada cual queda colocado en un relativo sitio de comentador-espectador. No se trata de lamentarse por eso, nadie está exento del todo en este juego. Pero constituye un desafío claro para todos afrontar este período que viene a partir de construcciones y enunciados mas autónomos, capaces de elaborar, presentar y tratar la complejidad social del presente con una perspectiva diferente a la que prima en las agendas más reaccionarias (o impotentes) del momento.
Como pocas veces cabe a este presente desbrozar la máxima que reza: “dime sobre la calidad de los problemas que enfrentas, sobre su profundidad y modo de tratarlos, y te diré cual es la potencia transformadora de tu política”.
15 de agosto de 2011 

Cientos de miles de personas tomaron las calles de Israel

Las protestas sociales se movilizaron 
afuera de Tel Aviv
por Iton Gadol

Las demostraciones masivas se llevaron a cabo en Haifa, Be’er Sheva y Afula con protestas más pequeñas en otras partes del país. “Queremos que haya un estado de bienestar, y eso no es solo un slogan. Significa educación libre para todos los niños y niñas, desde el momento en el que su madre termina su licencia de maternidad hasta que terminan su doctorado”, dijeron los activistas de Haifa. Se llevaron a cabo protestas sociales ayer en Israel con demonstraciones en masa en Haifa, Be’er Sheva y Afula.
Las manifestaciones se llevaron a cabo en Eilat, Rosh Pina, Nahariya, Dimona, Modi’in, Petah Tikva, Ramat Hasharon, Hod Hasharon, Netanya y Beit She’an, así también como en otras ciudades en todo Israel.
Cientos de miles de manifestantes marcharon en Haifa desde la Plaza Meirhoff en Kiryat Eliezer a la Plaza Hameginim en la conjunción Ben-Gurión, y luego a los Jardines Bahai. Se estima que cerca de 30.000 personas participaron de la marcha. Cherni Rodner, Daniel Solomon y Monica Sex actuaron en solidaridad con los manifestantes.
Yossi Baruch, el representante de la mayor carpa en la ciudad en Haifa se dirigió al público y dijo: “Nos dicen que no tenemos foco, pero estamos muy enfocados y sabemos exactamente lo que queremos”.
Los activistas sociales continuaron: “Queremos que haya un estado de bienestar, y eso no es solo un slogan. Significa educación libre para todos los niños y niñas, desde el momento en el que su madre termina su licencia de maternidad hasta que terminan su doctorado. Un estado de bienestar es un lugar donde sus ciudadanos reciben impuestos justos”.
Más de 20.000 manifestantes concurrieron en Be’er Sheva en el Boulevard Rager cerca de la ciudad. Achinoam Nini, Kobi Oz, el grupo de rap Hadag Nachash y Margalit Tzan’ani actuaron.
Margalit Tzan’ani dijo antes de la protesta el sábado: “Nunca me opuse a la protesta, yo soy de la periferia. Vengo para apoyar a la gente. Be’er Sheva no es la periferia”.
Aproximadamente 15.000 personas se manifestaron en la Plaza Independencia en Afula. La protesta se hizo para residentes de los valles de Galilea y el noreste del área, que se nombraron a sí mismos como el “frente noreste”. Los cantantes israelíes Muki, Yuval Banai, Keren Peles, Shiri Maimon y Shimon Buskila, actuaron.
Se invitó a una amalgama de voceros a dirigirse a los manifestantes, con el objetivo de representar distintos sectores de la sociedad noreste de Israel, incluyendo estudiantes, granjeros, árabes, trabajadores, jóvenes y residentes de ciudades en desarrollo.

Miles de manifestantes tomaron las calles en otras ciudades a través de Israel, con 8.000 demostrando en Modi’in, 7.000 en Netanya, 5.000 en Petah Tikva, 3.500 en Hod Hasharon, 2.500 en Ramat Hasharon, 2.000 en Rosh Pina, 1.500 en Rishon Letzion, 1.500 en Eilat, 1.500 en Dimona y 1.500 en Nahariya.

Anonymus: la ironía es algo serio

por Anonymus 

El movimiento global de usuarios de Internet denominado Anonymus logró una victoria política decisiva en la estratégica batalla por el control de la web y utilizando su arma más poderosa: el ridículo. Todas las operaciones coordinadas por este grupo -que deja siempre en claro que no tiene líder ni referentes- está motivada por la defensa de “la libertad de conocimiento” y dirigida hacia quienes pretenden limitarla. Sus objetivos, por lo tanto, son empresas, gobiernos e instituciones que bogan por imponer restricciones. Pero lo más interesantes es cómo han logrado demostrar qué rol juegan los medios en este juego: cada noticia publicada sobre Anonymus en la prensa comercial o es mentira o es un papelón. Aquí, Clarín es la prueba más contundente.
El anuncio trucho
Hace unos días Clarín publicó en su edición impresa el siguiente título:“Anonymus amenaza con destruir Facebook”. Refería así a una supuesta operación que coordinaba “la organización de hackers más importante”. Un día después tuvo que publicar una desmentida, aunque solo lo hizo en su página web y tras conocerse el comunicado que emitió Anonymus donde negaba ser “organizadora” de tal operación y afirmaba que “luchan por los usuarios, no contra ellos”. Quizá la cantidad de visitas que cosechó el video obligó al diario a reconocer su error.
Lo que no tiene cabeza no se puede descabezar
Un mes antes, Clarín había publicado la noticia de la detención de “la cúpula” de Anonymus, especulando -como la mayoría de los diarios del mundo-, que así se había logrado “descabezar” a la organización que todos ya saben que no tiene cabeza. Los miembros de Anonymus detenidos en el mundo fueron muchos y en varios países: España (2) , Italia (3) y Turquía (32), además de los 6 arrestados por el FBI en Estados Unidos. El caso de Turquía deja en claro qué hay detrás de estas detenciones, ya que las operaciones de Anonymus en ese país fueron en apoyo a las movilizaciones en contra del gobierno que, entre otras medidas, restringió el acceso a Internet para reprimir las críticas políticas. Ahora mismo, en Chile, Anonymus es la pata cibernética de la protesta estudiantil y dejó fuera de servicio los 7 portales estatales del área de educación. La operación puede seguirse a través de las redes sociales, en Twitter con el Hashtag, a través de #opmaleducados.
Aun cuando las connotaciones políticas de este movimiento son ineludibles, no hace falta escribir largas notas para que queden claramente expuestas. Por ejemplo, son desopilantes las fotos publicadas en los diarios de la policía posando frente a los resultados obtenidos tras las redadas: las máscaras del personaje de la película V de Vendetta, ícono de este movimiento.
Operación Taringa
Cuando los medios comerciales proclamaban que los Anonymus habían recibido su merecido escarmiento, se organizaron diferentes operaciones que dejaron fuera de servicio las páginas oficiales de la policía de España, el gobierno turco y hasta la del propio FBI. No hay registro de que esa noticia fuera publicada por Clarín. Tampoco publicó nada sobre la exitosa demostración que Anonymus realizó en Argentina, llamada Operación Taringa, con la que dejó en claro su rechazo a criminalizar a los usuarios que comparten libremente información a través de la web. El portal Taringa fue acusado penalmente, condenado por la justicia argentina y está a la espera de una apelación cuya resolución fijará las reglas del juego en Internet de aquí en más. Desde todo punto de vista, se trata de un caso testigo.
La Operación Taringa se realizó el 22 de mayo contra la página de la Editorial De la Flor, una de las editoriales que demandó al portal Taringa por supuesta violación del Derecho de Autor. Fue anunciada con un comunicado de Anonymus, que ocupó la web de De la Flor durante el tiempo que los usuarios creyeron necesario, y que comenzaba diciendo:
“El sistema judicial argentino, por medio del juicio a Taringa!, está poniendo en riesgo los derechos de sus ciudadanos en Internet. Anonymous no defenderá a Taringa! sino que luchará por la implicación que tendrá su fallo en el futuro de la Internet en Argentina. Estimadas editoriales: la Industria debe adaptarse a los tiempos modernos. El cambio de paradigma se está acercando en forma inexorable y ustedes no podrán sostener el status quo por mucho más tiempo. Evolucionen adaptándose o extínganse.
No toleraremos la violación al derecho inalienable de acceso a la información
No toleraremos la violación al derecho inalienable a la libre expresión
No toleraremos la violación al derecho a compartir lo que han adquirido legítimamente.
Somos Anonymous.
Somos legión.
No perdonamos.
No olvidamos.
Espérennos”.

Información
Anonymus se definen como una organización sin líderes ni jerarquías, aunque aclaran que nadie puede atribuirse ser portavoz de Anonymous porque todos lo son. Luchan contra las leyes que limitan la circulación de ideas y, en especial, contra las que criminalizan con la palabra piratería el libre intercambio cultural. Sus métodos son simples y efectivos:
1.      Acuerdan un blanco en Internet
2.      Fijan un día y hora para ingresar
3.      Si son los suficientes, la página no resiste la demanda excesiva y colapsa
4.      Sostienen el asedio durante el tiempo suficiente como para que quede claro el mensaje: nosotros somos más.
En los últimos meses la comunidad de anónimos global estuvo muy activa porque activos también estuvieron los parlamentos de Inglaterra y España para establecer leyes de patentes que pretendían sancionar con duras penas a quienes calificaban de delincuentes informáticos: personas que buscan acceder a las producciones culturales sin pagar los abusivos precios de mercado. Los proyectos legislativos proponían cerrar páginas web y cortar conexiones de Internet a los usuarios que identificaran como piratas. En setiembre pasado los anónimos hicieron colapsar el portal del Ministerio de Cultura español, el del Parlamento inglés y el de los principales partidos que promovían la norma.
La detención de Julián Assange, creador de Wikileaks agitó a la comunidad, que se organizó para sancionar a todos aquellos portales que cedían a las presiones del poder corporativo. La acción que más se hizo sentir fue la que organizaron para atacar los portales centrales de Pay Pal, Visa y Mastecard, porque se negaron a recibir y transferir aportes para pagar la caución que permitía la liberación de Assange. “Anonymous está apoyando a WikiLeaks  no porque estemos de acuerdo o en desacuerdo con la información que está siendo revelada, sino porque estamos en desacuerdo con cualquier censura en Internet. Si dejamos caer a WikiLeaks sin dar pelea, entonces los gobiernos van a pensar que pueden derribar cualquier sitio con el que no estén de acuerdo”, afirmó un miembro del grupo identificado con el nic “Coldblood” al diario inglés The Guardian
La lista de víctimas de los anónimos es ya una declaración de principios: la Asociación de Productores Cinematográficos y la de Productos Discográficos de Estados Unidos, la Federación que protege los derechos de autor en Australia, el estudio de los abogados ingleses que promovió acciones contra usuarios que bajaban música y películas de Internet, el banco suizo Post Finance, el sitio oficial del gobierno de Túnez y el de Egipto, entre otras movidas.
“No tenemos página web ni ningún foro específico donde nos reunimos. Nosotros simplemente nos comunicamos” asegura uno de los anónimos entrevistados por el sitio Pandalabs, especialista en temas de informática. Una frase similar repiten los entrevistados por el diario español El País. ¿Cómo es posible que tanta gente pueda accionar en común sin tener una identidad definida ni siquiera por compartir un mismo espacio virtual? Muy simple, responden: “todos estamos enojados”. Y cuando dicen todos se refieren a todos. Por lo tanto, es muy sencillo encontrarse en cualquier esquina de Internet con usuarios dispuestos a transformar ese enojo en venganza. “Estamos en la era de la sociedad de la información y nos tratan como delincuentes. Las corporaciones son los nuevos bárbaros y la sociedad es la que se organiza para defender la civilización. No tenemos más remedio que la acción directa si ellos quieren tratarnos como delincuentes”.
La película V de vengaza, de los hermanos Wachowski, les otorgó lo que necesitaban para pasar del espacio público virtual al real: una máscara. Ataviados con trajes negros y la careta blanca que popularizó la película se presentaron, por ejemplo, a mediados de febrero en la puerta del teatro donde se entregaban los Premios Goya a actores y directores del cine español. Eran más de 200 que exigían la renuncia de la ministra de Cultura y tiraron huevos a todas las estrellas que desfilaban por la alfombra roja, como expresión de su repudio a la llamada Ley Sinde, que restringe la libre circulación de películas y músicas, entre otras cosas. Esa noche, la tevé española tuvo que hacer magia para borrar las voces de protesta que desde la calle se colaban adentro del teatro donde se hacía la transmisión en vivo. Aún así, la llamada “Operación Goya” fue la noticia más difundida en la web.

Más que como organización, Anonymous prefiere definirse como una des-organización. Los une el espanto y por eso cada causa convoca a diferentes personas según el grado de rabia que la acción propuesta le permita expresar. No son expertos en informática, sino simple usuarios que utilizan herramientas muy sencillas. La cantidad es lo que los transforma en una guerrilla cibernética. “Lo que estamos poniendo a prueba en nuestra capacidad de resistir la censura del poder” asegura en un chat uno de los anónimos. Sus datos: “tengo 65 años. Mi nieto es quien me avisa de cada operación”.

Algunos comentarios a la entrevista de Immanuel Walerstein: ¿Se puede comprender el caos?

Desde hace muchos años vengo discutiendo con Immanuel (1) y un grupo de compañeros sobre esta situación que preveíamos, basados no solamente en los ciclos largos de Kondratiev.  Con todo, tenemos que tener claro algunos puntos que aún resultan polémicos, incluso dentro de nuestro grupo de estudiosos del sistema mundial.  Es necesario destacar dos cosas.
Primero, no estamos en una fase desfavorable del ciclo largo, estamos en medio de un periodo de crecimiento. Esto explica que a pesar de las dimensiones colosales de la crisis de la especulación financiera internacional, continúa habiendo crecimiento de la economía mundial.  Este ciclo positivo deberá agotarse en aproximadamente 10 años cuando deberemos sustituir el actual patrón tecnológico mundial por un nuevo paradigma cuya introducción exigirá una destrucción masiva de gran parte de la estructura económica mundial y de las varias estructuras nacionales.  En ese momento, la crisis actual parecerá un chiste y la idea de caos que maneja Immanuel se aproximará bastante de la realidad de este nuevo periodo.
Segundo, la desproporcionada intervención fiscal del gobierno estadunidense para salvar el sistema financiero actual es similar a la intervención del Japón en el comienzo de la década de 1990 para salvar los absolutamente inútiles bancos japoneses.  Ella es peor aún porque los Estados Unidos, además de transferir recursos colosales al sistema financiero casi tan inútil como el japonés, tiene gastos insostenibles como las guerras sucesivas y como las «prevenciones» de guerras megalómanas con las que pretenden someter todo el planeta a su dominio.
Luego, los Estados Unidos no pueden más situarse como la gran «locomotora de la economía mundial», como viene ocurriendo ya en los últimos 10 años.  Deberá tener un crecimiento mediocre junto con Europa.  A pesar de que ésta podría tener una mejor situación si asumiera su destino euro-asiático y abriera sus economías, sociedades y cultura a una audaz aproximación a Rusia, China e India.  Y a la vez apoyara el sur de la Europa para conectarse fuertemente con Turquía, con todo el Oriente Medio, África y América Latina.  ¡Abajo el Atlantismo que destruye a Europa!
En cuanto a China, no tiene otro camino que usar sus dólares e incluso sus títulos de la deuda estadounidense para adquirir empresas en toda la economía occidental, utilizando los fondos soberanos que ya tiene y los nuevos que piensa crear.  Su destino es convertirse en la principal fuerza económica (y financiera) del capitalismo mundial.
Valga la capacidad de la teoría económica no ortodoxa para comprender estas realidades y actuar sobre ellas. Feliz o infelizmente el capitalismo de estado de China y el de gran parte del llamado Tercer Mundo deberán dirigir la economía mundial a partir de un periodo muy corto.  Estamos en plena transición a esta nueva fase.
Luchemos para que ese capitalismo de Estado esté sometido a fuerzas democráticas (es decir, las mayorías sociales y no las «élites» antidemocráticas occidentales, a pesar de sus discursos liberales).
Luchemos para encontrar regímenes políticos que permitan este diálogo constante entre los Estados y los pueblos. Las formas de representación electoral usadas en el Occidente están en plena degradación con un descontento de masas colosal, pues los grandes movimientos de masa del momento no son las rebeliones árabes y sí la ocupación de las calles europeas por las grandes protestas populares.
No extrañen el hecho de que las noticias monitoreadas por la gran prensa internacional no les dejen visualizar esta imagen.  Hay toda una nueva agenda a desarrollar en esta nueva situación histórica.  América Latina está haciendo un esfuerzo muy positivo en esta dirección.  Ella incluye una drástica reforma de los medios de comunicación y una mayor comunicación Sur/Sur.  Tenemos que pensar con energía, audacia y creatividad. Inmanuel Wallerstein es uno de los pocos que está en esta trinchera.

Entrevista a Immanuel Wallerstein

«Se vienen años de incertidumbre y caos mundial»

El destacado académico de las ciencias sociales, Immanuel Wallerstein, es uno de los más connotados exponentes del pensamiento crítico contemporáneo. Durante su reciente visita a Ecuador, ALAI conversó con él sobre la actual crisis de deuda que golpea duramente a Estados Unidos y sus consecuencias para los países emergentes y América Latina. El investigador principal de la Universidad de Yale considera que el dólar ha entrado en un proceso grave e irreversible de pérdida de valor como moneda de reserva mundial, subrayando que era “el último poder serio que mantenía Estados Unidos”.
Wallerstein piensa que las diferentes medidas de emergencia que se están implementando en su país simplemente están retrasando la bancarrota mundial. “Los daños son hechos concretos, la situación de los Estados Unidos es grave y no es recuperable”, recalca.
Estima que el desenlace ocurrirá dentro de dos o tres años, con resultados caóticos para el sistema mundial porque “no habrá una moneda de reserva internacional” y tampoco existen condiciones para que otra moneda pueda ocupar ese rol. Entonces con el fin del dólar como reserva mundial “van a existir cinco, seis o siete monedas importantes, una situación caótica porque habrá fluctuaciones enormes continuas”.
“Ni los gobiernos ni las firmas transnacionales, ni los mega-bancos, ni los individuos sabrán qué hacer. Una incertidumbre enorme paralizará el mundo, especialmente a los inversionistas”, advierte el académico estadounidense.
Mientras esto ocurre en un nivel macro de la economía estadounidense, paralelamente también en un plano más local se vienen produciendo serios problemas económicos. “Comunidades urbanas pequeñas están entrando a la bancarrota y por ejemplo no pueden pagar las jubilaciones”, indica el científico social.
El investigador considera que en su país la clase media es la más afectada porque de un día a otro las familias pierden posición y los trabajadores que perdieron su empleo no pueden hallar otro puesto, especialmente las personas entre 40 y 60 años, llegando incluso a perder sus casas. Es una situación que actualmente no tiene solución y no se observa posibilidad de encontrar una válvula de escape.
Además, Wallerstein señala que “la situación en Estados Unidos va a empeorar porque se va a eliminar la posibilidad que el gobierno sostenga gastos necesarios en este momento, creándose una situación peor que la actual. La fantasía del Tea Party está llevando a Estados Unidos y por consecuencia a todo el mundo en dirección de un crac”.
Teniendo en cuenta estas consideraciones el pronóstico del teórico estadounidense para los próximos años es bastante pesimista. “Yo veo guerras civiles en múltiples países del norte, sobre todo en Estados Unidos donde la situación es mucho peor que en Europa occidental, aunque allá también hay posibilidades de guerra porque hay un límite hasta el cual la gente ordinaria acepta la degradación de sus posibilidades”.
China y países emergentes
Ante la crisis de Estados Unidos y Europa los países emergentes por el momento parecen vivir bien, sin embargo, desde el punto de vista de Wallerstein, esconden una falsa realidad porque todos estamos en una misma canasta.
Teniendo en cuenta que China es el principal tenedor de bonos estadounidenses, ese país afronta una disyuntiva muy delicada. Wallerstein considera que si por un lado “deja de comprar bonos de Estados Unidos va a perder la oportunidad de colocar productos chinos en ese mercado, un problema muy serio para la China. Al mismo tiempo, cuando el dólar pierda su posición relativa a las otras monedas sus bonos no van a valer mucho”.
Entonces, China se está arriesgando a perder enormemente tanto si se retira o si continúa en el mercado de bonos estadounidenses. Frente a esta situación considera que “lo más probable es que la China se vaya retirando poco a poco”. Justamente el problema está en determinar cuándo es el momento perfecto para detener las inversiones, lo cual es imposible de señalar porque si lo supiéramos seríamos todos ricos, agrega el investigador.
Además de este serio problema que afronta China, explica que el país asiático atraviesa por una situación muy frágil desde el punto de vista de su economía interna, “porque los bancos chinos están en la misma situación que los bancos estadounidenses hace dos o tres años”. Asimismo, la inflación limita posibilidades a China y a otros países emergentes como, por ejemplo, a Brasil.
En este contexto considera que los países emergentes, y en el caso de Suramérica la Unasur, deberán hallar los mecanismos de un “proteccionismo a corto plazo a fin de minimizar los daños que serán para todo el mundo. No habrá países que escaparán de los daños pero serán más grandes para unos que para otros”.
Preguntado sobre la construcción de una nueva arquitectura financiera regional, con iniciativas como el Banco del Sur o de una moneda regional como el Sucre, el académico valoró positivamente esas posibilidades para los pueblos de América del Sur. “La creación eventual de una moneda verdadera común será un elemento de fuerza económica en esta situación”. En ese sentido citó como ejemplo que a pesar de las dificultades en Europa con el euro, la decisión de salvaguardar la moneda común “va a permitirles una posición política importante”.
Finalmente, como un mensaje para América Latina invitó a continuar con la reflexión sobre la necesidad de garantizar alimentos suficientes para su pueblo, agua para su pueblo, energía para su pueblo, como cuestiones mínimas y esenciales que deben hacer todos los gobiernos del Sur.

Represión gendarme en los barrios del conurbano

Por el colectivo Juguetes Perdidos
Compartimos algunos párrafos, a modo de crónica, y también de apuntes para seguir pensando y activando en torno a la criminalización, a qué pasa en las calles, en la noche, en los espacios que transitamos… La secuencia sobre la que gira el texto, sucedió hace poco en un barrio del sur del conurbano: aquí el relato de esos pibes y algunas puntas para seguir dándole vueltas al asunto…


Calles barriales nocturnas, bandas de pibes y pibas las recorren a pasos circenses, moviéndose entre risas ebrias. Pero la noche como destino festivo es clausurada y es utilizada otra vez como terreno impune, se vuelve escenario predilecto para el patrullaje… para ponerse la gorra. 
El típico andar clandestino de los bigotes azules es acompañado con una razia llevada a cabo por los bigotes de verde que hacen relucir sus dientes. Cualquier pibe que pase por ahí entra dentro de lo peligroso… Todos, cara al suelo. (Después seguían los palazos a las rodillas para que nos caigamos). 
Convivencia amiga entre los azules y los verdes… los verdes llaman a los azules para que se lleven a los mayores (todavía no cuentan con sus calabozos aunque ya se los están construyendo), luego continúan la función con los menores, y siguen los palazos y culatazos, violencia al cuerpo, y después viene el descanso: nos sacaron las gorritas y nos las cortaron a tijeretazos. Por último llegó el adiestramiento: después que nos revisaban en el suelo, nos sacaban la gorra y las zapatillas. La gorra la hacían mierda y con las zapatillas nos empezaban a descansar… “devuélvanles las zapatillas a sus dueños” nos decían… Después nos decían que teníamos cinco segundos para ponernos las zapatillas y rajar… contaban hasta dos… y ya nos volvían a cagar a palazos para que caigamos
Se caen a pedazos esas imágenes que tenían los pibes, cuando se enteraron de que los gendarmes entraban al barrio… Esa imagen del buen hombre que “viene de afuera”, y que no está envuelto en los negocios del barrio; se empaña en la convivencia amistosa con la policía. Los gendarmes vienen a potenciar el patrullaje (el marcaje de zonas peligrosas-liberadas, de caras peligrosas, gorras peligrosas) acompañado de un racismo de manual, made in Policías en Acción. Por eso su “cacheo a mano” está relacionado al estereotipo de pibe chorro, por eso se metieron con las gorras y con las yantas chorras… Su ecuación es simple: gorra, unas yantas, pantalón deportivo = chorro = peligroso.

¿Qué diferencia hay entre el policía que vive en el barrio, que participa activamente del proceso de criminalización, con el gendarme, que maneja la estigmatización de manual? Mientras los cobanis agarran a un pibe con apodo y apellido al cual los vecinos depositaron sus miedos, el gendarme viene a potenciar el patrullaje como mecanismo de construcción de peligrosidad, un patrullaje basado crudamente en imágenes y estereotipos. No es que los ratis no reproduzcan ese manual de intervención en base a estereotipos, pero con los gendarmes, al “venir de afuera”, ese manual parece ser el único que funciona. Y el acople de intervenciones entre las dos fuerzas y sus mecanismos entonces funciona. Con diferencias en el nivel de intervención, el acoplamiento es funcional. 
Si recordamos el “Mapa de la Inseguridad”, donde se denunciaban hechos “delictivos” en un mapa virtual, podíamos encontrar una regulación específica de los territorios según la peligrosidad. La entrada de los gendarmes a los barrios se parece más a una efectivización de estos deseos de control que a una política para evitar el abuso policial. ¿Realmente creemos que cambiando la institución que nos controle cambiaremos los abusos y las zonas grises de gobernabilidad? 
Este acoplamiento responde a que las dinámicas y los deseos de los barrios no se transformaron. La dinámica de “ponerse la gorra” sigue conviviendo en muchos de los barrios donde funciona el patrullaje: como forma de marcar zonas peligrosas y rajársela… dejando la gorra disponible para ser usada. En medio de estas dinámicas aparece la criminalización como un modo en que nos relacionamos en un escenario de excepción, donde se dan zonas grises de gobernabilidad… claro que esto no es casualidad… la excepción es una forma de gobernar la precariedad por parte del poder. Por eso la criminalización termina siendo una forma en la que tenemos de leer nuestra precariedad en clave de inseguridad. ¿Podemos agrietar este proceso que hace que leamos la precariedad que nos afecta, directamente desde el par inseguridad-criminalización? 
No se puede dejar de pensar en una de las inquietudes que pudo posibilitar esta política: que en cada una de esas zonas grises de gobernabilidad, de narcos, de armas, de autos incendiados… en cada bala, caen vidas que rápidamente quedan tras el velo de la indiferencia (vidas de guachines, de tranzas o de policías giles). Y desde ese lugar no podemos quedarnos esperando hasta que se hagan efectivos los discursos que justifican y ven toda solución en la distribución de la riqueza desde arriba… tenemos que pensarnos en la precariedad y en cómo se arman las fronteras de la criminalización, como podemos componer modos de cuidarnos sin caer necesariamente en ponernos la gorra, rescatando nuestros modos que tenemos de contenernos en la fragilidad…

Algo que envidiarle a los muertos

por Juan Pablo Fernandez


Todos tienen algo que envidiarle a los muertos
Ellos nunca sienten frío, ellos nunca hacen lío
Ni se bañan, ni se peinan y no tienen que votar
Todos tienen algo que envidiarle a los muertos
Parecido a estar dormido: no se tapan, ni oyen ruidos,
Y no sueñan pesadillas y no hay que madrugar
Todos tienen algo que envidiarle a los muertos
No trabajan, no se cansan, no les duele más la panza
No se olvidan, ni lastiman, y no tienen que ordenar
Todos tienen algo que envidiarle a los muertos
No hacen colas, ni se apuran y la plata no la usan
Como no hablan, nunca mienten, ni se van a equivocar.

Esta canción se titula, en realidad, «Los muertos» y es del disco «Mugre», de Acorazado Potemkin, 2011. 
Todo el audio (en mp3 y wav) y gráfica del disco puesta a disposición por la propia banda en su página aqui: http://acorazadopotemkin.com.ar/mugre.php

El Estado Posnacional

(prólogo al libro homónimo)
por Sebastián Scolnik y Diego Sztulwark
Ir al blog del libro

Hacía falta (al menos) un texto laico (y no periodístico) sobre esta década política argentina. La mistificación que surge de la guerra entre adherentes y oponentes se completa con el tratamiento mediático de todo acontecimiento. Contrarrestar esta dinámica implica y supone, como gesto mayor, hacer una justicia al 2001 como algo que fue, que hemos pensado, y que sigue siendo de un modo que tenemos que seguir pensando.
El valor de este libro radica en la decisión de leer la última década de política argentina a partir de tres desplazamientos necesarios. Una atrevida comprensión del kirchnerismo por fuera de toda reducción al binarismo ambiente. Una exigencia de resituar el discurso de los protagonistas centrales de este tiempo a la luz de las nuevas condiciones, es decir, del 2001. Y un reposicionamiento: el del historiador como sistema de percepciones a la altura de una diferencia que agrieta el presente sin que nos sea siempre fácil aprehenderla.
I.
La filosofía de la diferencia ha encontrado en Nietzsche un razonamiento decisivo: la existencia de una diferencia de naturaleza entre un orden conservador afincado en la representación –según el cual se da el curso de los hechos–, y un desorden genial que sólo coincide con un momento de la historia sin confundirse con ella. No se trata sólo de separar lo ordinario de lo extraordinario, o de repetir una vez más aquello que ya vienen diciendo las doctrinas de laexcepción respecto de la relación paradojal entre vigencia y suspensión de la ley, sino de apuntar claro al principio constituyente en la política.
En el corazón de esta distinción encontramos a las formas medias (la historia como oposición entre las formas pre-constituidas) y a las formas extremas (creadoras de nuevos valores). Entrenarnos en esta diferencia puede permitir captar los momentos en que estas formas medias monopolizan el discurso de los valores estirándose hasta el infinito y cuando, por el contrario, las formas extremas suspenden ese prolongarse activando su labor creativa.
Partimos sí de una necesidad existencial de elucidar nuestro presente político inmediato, pero también de una necesidad no menos vívida de que dicha comprensión esté a la altura de una desconfianza –a veces pública, otras íntima–, o más bien de un abierto rechazo, respecto de aquello que en estos tiempos se presenta como restitución de los envejecidos valores de siempre.
El síntoma mayor de este estado de cosas en la enunciación política reciente se da en torno a la devaluación casi unánime de toda idea de lo neutro (como actitud sustractiva que promueve un vaciamiento de los valores dominantes, distribuidos en alternativas bien delimitadas) bajo sospecha de ser neutral (que en el lenguaje actual denota sobradamente una actitud de des-responsabilización, apatía, despolitización, insolidaridad e individualismo).
En efecto, no hay neutro posible bajo la apabullante eficacia de los grandes medios de comunicación que han tomado a su cargo la tarea de estabilizar el “ser social” a partir de un conocido sistema de percepciones de los valores de la vida colectiva. Su labor es la de convertir hábitos y lenguajes populares en consignas tan planas como los artefactos de consumo a los que se ligan indisolublemente. Su régimen de verdad surge de una auto-atribución de rasgos de objetividad provisto por la posesión de los medios de comunicación como capital y de su labor en la producción de verdad como modelo del sentido común.
Pero tampoco lo hay en el gesto noble del militante que le responde a esta maquinaria declarando que, al contrario, sólo la parcialidad subjetiva constituye índice de verdad situada y última. Este tratamiento del sentido de lo colectivo, sea en la denuncia de los poderes que combate o bien en la promoción de otra imagen de la actividad social, ha sabido proliferar en los últimos años en el suelo de lo mediático asumiendo para sí muchas veces procedimientos que provienen de ese mundo al que se enfrenta.
En una guerra así declarada, queda dicho, no hay espacio alguno para la neutralidad, ni lo pretendemos. Entre el irrespirable veneno del rechazo visceral que desmiente una y otra vez esa supuesta objetividad desde la que “los medios” hablan y la posición que santifica y exculpa a quienes se animan a enfrentar algunas de esas posiciones de poder, existen diferencias tan claras que la duda no encuentra suelo donde arraigar.
Pero esta toma indudable de partido no nos entusiasma al punto de volvernos indiferentes ante el bloqueo del proceso vital de lo neutro. ¿Cómo no sacar las cuentas del hecho de que toda toma de partido será tan necesaria como insuficiente si, como correlato directo de su acción se alimenta la confianza, paradojalmente compartida por todos los oponentes, en eljuicio de valor respecto de lo existente como manifestación última de nuestro deber ser político?

Es esta confianza igualmente repartida en lo consolidado (que emana tanto de la narración fundada en la posesión del capital, como la que presupone un sentido derivado del mito y de la tradición) lo que abruma en este tiempo político.
II.
Desearíamos apropiarnos de este estado de sospecha generalizado para volverlo señal y convocatoria de un nuevo tipo de ensayismo.[1] Una escritura capaz de retomar la potencia de la forma extrema que esperamos de un auténtico laicismo político.
Si los poderes han reclamado para sí la fuerza de lo imaginario (esta es una de las tesis centrales de las que habla este libro: la potencia imaginal como sustancia clave de un gobierno post-representacional), la posibilidad misma de una política del nosotros necesita reelaborar este nivel imaginario desde el gesto profano. O, mejor, para situarnos directamente en las preguntas que nos son afines con el texto que prologamos: si el año 2001 marca, en el calendario político reciente, la fuerza completamente afirmativa de la crisis como poder destituyente, el año 2008 signa la completa inversión de lo destituyente como poder negativo de la crisis a conjurar.
¿Cómo pensar el significado de esa vuelta completa de este término? Consideremos dos tipos de respuestas ateas a esa pregunta. La primera, la del historiador –que este libro pone a prueba– aspira a comprender el movimiento de la diferencia (Dice Pablo Hupert: “Kirchner, sin dejar de temer el poder del gran capital trasnacional, temía el poder de veto popular”). La segunda, la de la investigación militante –relevada en el texto, por el momento más postergada – trabaja para producirla a partir de la labor de las resistencias del presente (que “desbordan” la declinación reactiva de lo destituyente). Este desplazamiento no deja de constituir un signo del curso de los hechos. Es la historia quien toma la delantera en la puesta entre paréntesis del sentido (este neutro no-neutral), interrumpiendo los clichés discursivos y proponiendo procedimientos de comprensión que –esto no se podrá resolver por sí sólo– invocan afinidades más amplias con la praxis.
Retomando: si el 2001 es el nombre de la fundación más extrema de una política del nosotros (infrapolítica[2] o perspectiva post-estatal para los asuntos colectivos), inaugurada bajo el lema “que se vayan todos”, el 2008 nos habla de un tiempo bien distinto, en el que la potencia colectiva ­–como deseo de reformas democráticas– se ha identificado sin inocencia con los momentos de osadía, pero sobre todo con los de fragilidad de ese proceso de recreación del Estado y de las aptitudes de un nuevo estilo de gobierno. Su efecto más tangible es la conversión de una infrapolítica del nosotros en una micro-política cada vez más interior al constructo kirchnerista.
III.
La ambivalencia del kirchnerismo se consuma con la extensión de estas dos caras: forma de gobierno de tanto como forma de comunicación con una micro-política cada vez más interiorizada bajo la exigencia nunca del todo asegurada de la gobernabilidad. Cabe a este original compuesto el mérito de haber propuesto una discusión de inusual intensidad sobre la vigencia de nuestras ideas políticas a partir de la confrontación incesante con la pregunta: ¿cómo pensar a Kirchner? Por sí sola esta pregunta parece reunir todas las cuestiones candentes del momento. No sólo por lo que la respuesta pueda suponer, sino también por el desplazamiento que esta pregunta supone con respecto a aquella otra: ¿cómo pensar el 2001? La dramaticidad de este modo kirchnerista de preguntar se acentúa en la honestidad afectiva que motiva a muchos de sus más sensibles comunicadores a creer que lo que de valor se ha producido “desde abajo” durante la crisis, se retoma y se pone en juego ahora “por arriba” a partir del sentido último que demos a la figura del ex presidente. La dificultad de discutir con este tipo de posiciones concierne sobre todo a la pregnancia afectiva que destila y a las connotaciones emotivas del modo en que historiza el tiempo político: el pasado de las heridas de las izquierdas y del peronismo, el presente como reparación, el futuro como dinámica reformista en homenaje perenne a la revolución imposible.
¿Quién se negaría siquiera a pertenecer de pleno derecho a este tiempo político? Pero el trabajo del historiador, con esa atención a la labor de la diferencia (el 2001 como forma extrema de la política del “nosotros”), un tipo de atención desacompasada de las pasiones del presente, se ve obligado a preguntar de otro modo: ¿son útiles estas representaciones al proceso que vivimos, al trabajo real que la diferencia actualiza sobre todos nosotros?
Este libro altera las condiciones del preguntar y bajo la forma de un diálogo profesoral ametralla con enunciados que remiten lo real del kirchnerismo a una enorme capacidad de aprendizaje político: “logró encontrar la manera a través de la cual condicionar desde el Estado el condicionamiento que éste recibía desde el mercado”; comprendió que el valor del Estado era el de la gestión (de la contingencia, de lo fragmentario y de la materialidad de las vidas) antes que el de la representación, lo cual le suministró las claves necesarias para presentar una relación nueva y activa con las micropolíticas, otorgándoles una referencia macropolítica; aprovechó el valor imaginal para organizar la complejidad social (“¿cómo una madeja social compleja es llevada, vía imaginalización, a una confrontación binaria?”); expandió al Estado lo “suficiente como para que casi cualquier proyecto tenga que (y hasta le convenga) pasar por él”; desarrolló una interfaz, “eso que compatibiliza elementos sin homogeneizarlos”, que “traduce pero no reduce a una abstracción común”, desde la cual “conectar no es vincular”.
En todo caso, el kirchnerismo ha renovado el poder del historicismo. Cuenta en décadas lo que supone concerniente a un tiempo cíclico: diez años de 2001; una catástrofe y una década: década dominada por el kirchnerismo. Este tipo de fraseo rápido es consustancial al “retorno de la política y del conflicto” tal y como el propio kirchnerismo se lo representa. Lo subrayable de este tipo de relato es el doble efecto que le es intrínseco. Al secuenciar así el proceso logra disipar la potencia del no poder (destituyente-creativo) del acontecimiento y, al presentarlo como un tiempo que va del caos al gobierno (del estado de naturaleza al de la justicia política), retoma para sí mismo esa potencia otorgándose un vigor político que atribuye según las circunstancias a la procedencia setentista, peronista o propiamente kirchnerista.
IV.
En un nivel más próximo aún, el kirchnerismo presenta un argumento consistente en su favor. Lo que podemos llamar su plasticidad, su inorganicidad, su permeabilidad, su alto grado de improvisación, su capacidad de mutar y, en fin, los rasgos de un estado de permanente inacabamiento. Y esto es así al punto que su fuerza proviene de esta fluidez, de esta capacidad de receptar lo otro, de interiorizar lo exterior. El kirchnerismo capitaliza como fuerza su propia vulnerabilidad y –se ha señalado repetidamente– extrae su máxima lucidez de sus reacciones agónicas.
¿Cómo se sustrae el historiador del presente de estas voces seductoras que tan poderosa atracción ejercen sobre el pensamiento militante, constructivo? (Lo leemos: “se conforma una inseguridad acerca de la capacidad del Estado actual de ligarse de forma estable y perenne con la sociedad”; “asegurar la ligazón es asegurar la gobernabilidad”). No diremos que se trate de asepsia científica. Si el texto logra meterse con éxito con estos y otros asuntos peliagudos no lo hace en virtud de abstenerse del “barro de la historia”. Pero sí de eludir con suma elegancia aquellas consideraciones que a nosotros nos llenan de dudas, de demoras y de confusión. Resta considerar hasta qué punto eludir, aquí, no es simple evitación sino procedimiento de selección. Hupert escribe (aunque el género sea el de transcripción de sus cursos de historia, escribe) en base a una envidiable economía de desarraigo de problemas mal planteados, de esos en los que solemos quedar atrapados.
El principal de ellos consiste en examinar la racionalidad de los actores a la luz de sus respectivos conatus, y no de la mera validez formal de sus argumentos autonomizados del drama que encarnan. Así, tenemos básicamente, las siguientes dinámicas en juego: el 2001(política del “nosotros” según la cual nos ocupamos de tratar problemas que no son “naturalmente estatales”); el Estado (cuyo principal objetivo es gobernar en circunstancias variables); el kirchnerismo (que “vino a asumir la difícil tarea de hacer viable un Estado donde los movimientos sociales no pedían representación”); la dimensión (o suelo) post-representacional (imaginal, esto es: régimen de imágenes, no ya de representaciones) o el “proceso de territorialización” (post-estatal, mercantil, que retrotrae a las cajas PAN del gobierno de Alfonsín).
¿Y cómo argumenta el historiador la post-estatalidad[3] ante la llamada “vuelta” del Estado? Se trata de “una correlación entre: emergencia de la infrapolítica, capitalismo post-industrial, desarrollo de una sociedad no representable, territorialización de la dominación social y la gobernabilidad, crisis de las instituciones representativas, desligazón entre Estado y sociedad, segmentación y trastocamiento del sistema político, demanda incesante, proliferante y rampante, desnacionalización del Estado argentino”. El Estado que brota de esta coalescencia concentra flujos (los hace pasar, los aprovecha), pero ya no los centraliza (no organiza a priorilo social), y el individuo que participa de esta configuración es menos el consumidor del neoliberalismo y más el consumidor subsidiado del llamado post-neoliberalismo.
La historia que aquí se cuenta es, al fin y al cabo, comprensible: el gobierno neoliberal prescindía de los gobernados, confiando en el mercado. El 2001 es la elaboración en términos infrapolíticos del nosotros. El kirchnerismo es la vuelta del Estado (en la modalidad del capitalismo “axiomático”), que muta para volver y vuelve menos como representación y más como conexión término a término respecto de aquello que Laclau llamaría “las demandas”.
V.
Si vamos a creer en el mundo necesitamos, pues, de un nuevo régimen de experiencias y de creencias. De esta necesidad partimos cuando festejamos y proponemos de modo urgente una escritura profana sobre ese nudo difícil de afectos y significaciones que dio en llamarsekirchnerismo, forma penúltima de narración de la última década de la política argentina. Sed de textos cuya riqueza provenga de ofrecernos nuevas posibilidades de acción antes que de una renovación de las fuentes habituales de trascendencia de los discursos que han capturado la reflexión y la lengua de lo político, sean estos discursos los libros atravesados por una idea del mito que otorga excesiva unidad espiritual a lo que necesitamos pensar en su diferencia material, o sean aquellos en que lo que se actualiza es cierta tradición (liberal, nacional, revolucionaria). Lo que hoy precisamos comprender es el modo en que se reanuda lodiscontinuo (esa “verdadera” tradición que Benjamin atribuía al historiador materialista), y que nos lleva a pensar de otro modo la relación con el 2001 como la tradición del desborde que, una y otra vez, tiende a colocarnos a “nosotros” como condición de posibilidad de lo político.
PDD, 31 julio 2011


[1] A este respecto vale la pena señalar la coincidencia de este libro con Habitar el estado (Ed. Hydra; Bs-As, 2010), de Abad y Cantarelli que, con otra orientación y escritura, asume en la historiografía y, más particularmente, en la estela de conceptos del historiador argentino Ignacio Lewkowicz una fertilidad común.
[2] Tomamos el término infrapolítica de James Scott (“Los dominados y el arte de la resistencia”). Scott lo utiliza para describir modos menos evidentes de las resistencias al poder. Nosotros lo deformamos un poco, y lo ponemos a trabajar en juego con el concepto de micro-política. Infra-política, proponemos, es el trabajo de la política capaz de elaborar sentidos colectivos poniendo entre paréntesis (lo que no quiere decir nunca negar, tachar o ignorar, sino en todo caso reconsiderar desde una relativa potencia autónoma) el código que organiza el sentido desde la política macro.
[3] La post-estatalidad no es una noción sencilla. Para Ignacio Lewkowicz, en la post-estatalidad, el Estado es un “término importante de las situaciones, pero no es la condición fundamental del pensamiento” (Pensar sin Estado). Por su parte, Paolo Virno llama “instituciones post-estatales” a las formas políticas que emergen del agotamiento de la soberanía (Ambivalencia de la multitud).

¿Qué nos dicen las diferentes insubordinaciones del último tiempo, de Santiago a Madrid; de Londres a Jujuy?

Por el Taller de coyuntura política


Hoy en Argentina circula la idea (y la sensación) de que la crisis es algo que pasa en otro lado. La crisis económica –cada vez mayor en los países del primer mundo- pero también la crisis política, que avanza al ritmo de las movilizaciones estudiantiles en Chile, las insurrecciones callejeras en Londres, el malestar social como clima imperante en Europa y en más sitios como en Egipto o Israel. ¿Qué pasa en nuestro país en relación con este contexto? ¿Qué forma va tomando entre nosotros el conflicto político? ¿Qué distancias y continuidades encontramos con el resto del mundo?


Mientras que los conflictos en Gran Bretaña y en Chile involucran a las clases medias y bajas urbanas y ocurren en las capitales, en Argentina una conflictividad creciente en torno a la tierra aparece desplazada, difuminada en el territorio. La toma de tierras en el ingenio Ledesma en la provincia de Jujuy y su saldo de represión y muerte es la expresión de un tipo de conflictividad social latente, que se genera en torno al problema de la vivienda y la propiedad de la tierra.

Al igual que en Europa, se trata de casos de desborde social, formas más o menos espontáneas (lo que no quita la preexistencia de organizaciones, redes punteriles y militancias varias), donde la acción prevalece sobre la organización. No hay puntos consensuados de antemano: una consigna, una dirección. Hay una especie de disponibilidad compartida que se expresa en la acción. Dicho esto, ¿pueden asociarse los conflictos sociales locales a la situación europea o, más próxima, a la chilena?         

A modo de hipótesis provisoria, vamos a sostener que en Europa la crisis es producto del recorte/la escasez de los recursos, y de desarme del las estructuras de bienestar social, mientras que en Argentina los conflictos se explican en un contexto de abundancia, al interior de un ciclo de alza económica y de un consenso antineoliberal muchos más desplegado que en Europa o Chile. En los países europeos, al igual que acá en el 2001, hay un contexto de limitación del empleo, del gasto y del consumo. En Argentina, si diez años atrás se cerraban las empresas, hoy aumenta la producción. Empresas millonarias, como la azucarera Ledesma (que está en el centro material y simbólico de las tomas de Jujuy), están en el centro de esta dinámica.             

No se trata –claramente- de un contexto en el que no hay pobreza, sino de una constitución diferente de esos sectores que se mantienen en la pobreza. Podemos decir que hay “abundancia en la pobreza”. Antes había pobreza en la pobreza, el problema era el hambre, las condiciones de vida más inmediatas. Las clases llamadas “bajas” eran consideradas un excedente absoluto: no había trabajo, dinero ni espacio suficiente para ellas. Hoy, en cambio, esta franja social no es ajena, incluso en su pobreza (niveles paupérrimos de vivienda, carencia de tierras) a las dinámicas de la economía.  

Un hábito del pensamiento obstaculiza la comprensión de estos procesos cuando no podemos concebir la acción colectiva de los de abajo por fuera de un contexto de exclusión y miseria sistemática como la que se vivió, con sus oscilaciones, entre el año 76 y 2001. No afirmamos que la tendencia se haya revertido decididamente, pero sí que a diferencia de otros levantamientos de estos tiempos, los conflictos por la tierra son contemporáneos a un contexto de mayor monetarización, a partir del dinamismo extraordinario de una economía esencialmente sojera. Al no profundizarse una transformación estructural, lo más seguro es que si este ciclo se detuviese la situación sería igual o peor que antaño.

Si en 2001 había una disminución de la participación de la gente en la economía, en la actualidad se vive una inserción cada vez mayor. Incluso si esa inserción es subordinada, precaria o innoble. La rueda de la producción y el consumo gira al ritmo de las grandes pero también de las pequeñas transacciones. Uno de los grandes mecanismos que así funcionan es el mercado inmobiliario. Las tierras y las casas son objeto de transacción y especulación en todos los estratos sociales. Por eso, ¿podría separarse la toma de tierras de la especulación inmobiliaria?

En una economía de explotación agrícola sojera a cargo de grandes propietarios la tierra es la mercancía estrella. Las políticas de redistribución de la riqueza compensan (si bien de un modo mínimo) la concentración de las ganancias que genera un modelo de producción concentrado. Ante esta situación se pueden desarrollar líneas diversas para la lucha social. Por aumento de la redistribución, sobre todo a nivel sindical. El límite de este proceso de redistribución es, por ahora, el salario. No se accede aún de un modo significativo a la redistribución de las tierras. La otra línea es la de la reapropiación de las condiciones de vivienda y de producción de la propia vida individual y colectiva. La toma de tierras puede ser una forma forzar esa distribución, de apropiarse de estas condiciones productivas. En los hechos pude ser también un lubricante para el mercado de venta de tierras por medio de la reventa, cuando la toma es ocasión para negociar con el gobierno.

La necesidad de tierra para vivir y producir, convive con la tierra como cálculo mercantil. Más que contradicción, lo que hay es ambigüedad: una valencia múltiple, que desafía las categorías políticas clásicas. Nos preguntamos, por ejemplo, si leer la toma en términos de “lucha por el derecho a la vivienda” no es aplanar esa complejidad, un intento de traducirla al lenguaje político que ya entendemos.

Del mismo modo queda inadecuada la idea de organización política. El supuesto de que hay una organización entre quienes participan de la toma conduce a una lectura dislocada de lo que pasa en ella. La toma no se planifica, se hace. Y se la hace menos a partir de una coordinación de tipo comunitaria que de una sensibilidad común, donde la ocupación de un terreno es una acción posible, una posibilidad. También un oportunismo. Tampoco la toma provoca necesariamente el surgimiento de una organización con una fuerza y un discurso unívocos, del tipo de las organizaciones sociales autónomas del 2001.

Desde el principio y nacido al calor de las insurrecciones sociales, el kirchnerismo se caracterizó por una actitud de diálogo con los movimientos sociales y una política de no represión de las manifestaciones y los reclamos. Sus interlocutores son las organizaciones y los discursos que sabe escuchar son aquellos formulados en términos de derechos. ¿Será que cuando una expresión política no cumple con esa forma puede volver a aflorar la represión? Puede ser que el gobierno esté preparado para no reprimir movimientos organizados, ¿qué pasa cuando esa fórmula (movimientos sociales organiados) no se cumple, y aparece más bien un mixto ambivalente de punteros, militancias varias y espontaneismo popular?

En una nota publicada recientemente, Horacio Verbitsky dice que no es que en este último tiempo el gobierno no haya reprimido, sino que actúa bien(con intervenciones políticas, judiciales o de asistencia social) ante los casos de represión, que es cosa diferente.  A su vez, las imágenes de los conflictos en Londres y en Chile en estos días hacen visible la distancia que nos separa de los países en los cuales la coerción estatal puede darse en el centro del escenario político. ¿Podría hoy en Argentina el estado actuar visiblemente con esa violencia? ¿La sociedad legitimaría la represión? ¿Cuál sería el costo social?

Chile tiene una historia de gran contundencia de la lucha social, muy atacada desde un estado que tiene una raigambre de agresividad y de dureza que no tiene el estado argentino. La mayor permeabilidad y la tendencia a la contención de los desbordes sociales suponen el desarrollo de un aparato estatal coercitivo más complejo, menos lineal. En nuestro país, el estado puede ser interpelado desde la sociedad, y cuando esa escucha se cierra, la gente sale a la calle (ahí están las historias de la “puebladas” del Cordobazo al 2001 para nombrar solo las últimas décadas).

De soja, fracasados y travestidos

Por Jorge Eduardo Rulli
(www.pararelmundo.com)


Pasaron las primeras elecciones nacionales, elecciones que más allá de ocasionar gastos extraordinarios, no habrían tenido mayor finalidad que barrer la hojarasca de los que no alcanzaron el nivel mínimo de representación necesaria y, además y en especial, sirvieron para darle garantías y certezas al continuismo gubernamental. Tal como se preveía, el llamado “modelo” ha sido ampliamente plebiscitado. Los pueblos que dependen de la sojización y del agronegocio no votaron por sus líderes corporativos, algunos de los cuales se postulaban en el campo de los partidos de la oposición, sino que votaron masivamente a favor de la continuidad y del acrecentamiento de sus ganancias, o sea que respaldaron al Gobierno. Basta recorrer los porcentajes eleccionarios en las localidades de las provincias sojeras para comprobarlo. En ese sentido Clarín Rural, que daba por sentado pocos días atrás que las relaciones políticas del campo con Cristina no tenían retorno, parece haber subestimado la capacidad de los sojeros y rentistas para adaptarse a una administración del modelo que no es exactamente la propia. Tal como se sabe, los negocios son los negocios. Y entre los negocios de la Argentina actual, la soja es el más grande: a la sombra de sus ganancias y de sus retenciones, muchos son los que pueden reconciliarse, más allá de sus diferencias y de que disputen la administración de un modelo que comparten.
Numerosos jóvenes que celebraban su supuesta iniciación como ciudadanos en la farsa eleccionaria votaron por quienes, suponen, después del neoliberalismo de los años ‘90, aseguran el regreso al universo de la política y de la participación. Tal como se sabe y les han enseñado, más allá del menemismo y de la dictadura, no existe mayor pasado en la Argentina, sino aquel extremadamente remoto en el que el viejo Perón, de pronto, demostró no ser lo que prometía ser, traicionó a la joven generación (que entonces era maravillosa y que ahora afortunadamente nos gobierna). 
Esa generación de fracasados y travestidos no termina de comprender que no son solamente ellos, sino el mundo, el que vive un clima de derrotas epocales; en especial, cuando los acontecimientos se miden con las reglas de los años pasados. Tampoco comprende ni acepta que deberíamos sobreponernos a ese clima de ausencia de porvenir, para poder hallar el incentivo y la mística de enfrentar los nuevos desafíos.
Esa generación de fracasados y conversos ha reproducido en muchísimos jóvenes y mientras continúan haciendo de cada necesidad un nuevo negocio, el aturdimiento que los lleva a pensar que habría llegado el momento de hacer tan solo lo posible, porque la correlación de fuerzas con Clarín, con la Mesa de Enlace y las corporaciones resultaría tan desfavorable que sería utópico plantearse otros objetivos. Tal como enseñan los viejos manuales, nos dicen, deberíamos darnos tiempo para revertir esa relación de fuerzas, construyendo poder desde la movilización, mediante la nueva ley de medios.
Escuchamos, sorprendidos, estos argumentos, argumentos de extraordinaria estulticia, por lo demás, en boca de jóvenes que nos dan esas explicaciones con una cierta impaciencia y un tonito de soberbia, como si no fuésemos suficientemente capaces de asimilar la complejidad del discurso bobo que les baja La Cámpora. En definitiva, nos dicen que el momento no es favorable para hacer los cambios revolucionarios que nosotros proponemos, tales como avanzar hacia la soberanía alimentaria o disminuir un crecimiento basado en las puras exportaciones. Y, por eso, mientras tanto, lo que debe hacerse es apoyar el subsidio universal por hijo y valorar la renovación de la Corte Suprema, incluyendo el proxenetismo público de alguno de los jueces progresistas…
Aunque sorprenda, éste es un diálogo intergeneracional casi habitual hoy en la Argentina; un diálogo que se produce en los bordes mismos en los que la paranoia se cruza con una cierta oligofrenia política generalizada. Uno puede imaginarse estos mismos diálogos, con fondo de guitarra por parte del ministro de economía y voz de Horacio González, también con un fondo de la Bersuit y de las otras bandas rockeras, como  la Mancha de Rolando; bandas convocadas con altos presupuestos, para despertar y canalizar hacia el cuarto oscuro, la adrenalina y las ilusiones de estos jóvenes (muchos de ellos jóvenes viejos, madurados a fuerza de pequeñas y variadas sinecuras, canonjías, prebendas, contratos y sueldos por encima de lo que gana el común).
Y, entonces, uno se pregunta: ¿por qué será que a nuestra avanzada edad debemos seguir siendo incendiarios cuando, en realidad, deberíamos ser bomberos, y no nos dejan ser como deberíamos ser, al menos desde perspectivas puramente biológicas, simplemente porque son tantos los jóvenes que en vez de iniciarse como incendiarios lo hacen como apagafuegos que uno se siente obligado a no abandonar las banderas, con la certeza de que si lo hacemos quedarían abandonadas en ese campo devastado por este modelo productivo que resulta ser hoy nuestra pobre Argentina? Y, entonces, persistimos en mantener las posiciones y el compromiso de salir de la soja. ¡Liberación o dependencia!
Millones y millones de asistencializados, mientras tanto, malviven en las inmensas periferias urbanizadas con irremediable precariedad y apuro, amontonados en esas zonas en que se acumula la nueva miseria proveniente del despoblamiento masivo de los territorios, con sus frágiles casillas asentadas sobre terrenos rellenados con basura; terrenos inundables, con arroyos cercanos convertidos en cloacas malolientes. Ellos votaron por aquello que les asegura el presente y un futuro inmediato que no va mucho más allá de las próximas semanas. Son, en buena medida, rehenes económicos y culturales del asistencialismo y de las redes clientelares, prisioneros de los subsidios que les hacen posible consumir lo mínimo que consumen, tener luz y gas, viajar y comunicarse. Son cautivos de la inseguridad y de la narcopolítica que reina en los conurbanos, pero por sobre todo, son rehenes de su pasado y de sus memorias, de un pasado y de una memoria transmitida por sus mayores en los genes y desde la cuna, memorias en relación a las cuales y más allá de sus penurias tratan de ser leales. Que esa memoria histórica haya sido traicionada, que haya sido desnaturalizada, que resulte tergiversada de manera constante por un aparato comunicacional formidable, por un aparato mediático como ninguna dictadura fue capaz de montar, que la expresión y la representación de esas memorias y de esas tradiciones hoy en gran medida significan todo lo contrario de lo que significaban en los años cincuenta, no es fácil de explicar y menos aún, resulta fácil de comprender, en especial, cuando se vive en los límites.
Y es, en todo caso, la responsabilidad que no hemos sabido o que no nos han dejado llevar adelante. No existen hoy, lamentablemente, alternativas valederas frente al neoperonismo desarrollista que ha apostado todo al modelo agroexportador y que, con fuerza de conversos, cree en el mito del progreso, en el crecimiento y en el nuevo imperio que nos compra la soja… Alguna vez, allá por los setenta y poco antes de su muerte, dijo Perón a su biógrafo Pavón Pereyra que: “Si alguna vez llegase a haber otro golpe, el pueblo quedará tan derrotado, que la vuelta constitucional serviría solamente para garantizar con el voto popular, los intereses del imperialismo y de sus cipayos nativos”.
Si hay otra cosa importante que demuestran las recientes elecciones es la ausencia de toda oposición respetable. Los partidos que intentaron cumplir ese rol opositor fueron sancionados en las urnas tanto por su sordidez en las propuestas como por su irremediable cobardía ante una realidad que no quisieron develar ni se propusieron modificar. Los más osados destacaron, a lo sumo, los aspectos más groseros del modelo o acaso sus consecuencias, pero se atuvieron a ese pacto de silencio que compromete a toda la partidocracian de esta Argentina neocolonizada por los agronegocios y abrumada por la sojización y la ingesta de transgénicos.  Lo que apunto es que el poder, el verdadero Poder, no se encuentra en discusión. Se discute, en todo caso, saber quién lo administra y en eso y no habiendo mayores diferencias, el común de la gente, usa un sentido de practicidad y opta por el mal menor, o sea por aquellos que se encuentran en la administración.
Quiero aclarar también, que, cuando refiero a esos millones de pobres urbanos asistencializados, no hago mayores distingos con los hermanos provenientes de los países limítrofes, también ellos desarraigados, también desterrados, también hijos dolientes de una América balcanizada, víctimas asimismo, de un modelo de sojización que nosotros como argentinos exportamos en su hora y en nuestra demencia colosal, a todo el Cono Sur, haciendo las tareas sucias para la transnacional Monsanto. Esos hermanos latinoamericanos también son abusados, porque no tienen adónde regresar, porque adonde llegaron, necesitan un lote donde levantar la casa, porque necesitan papeles de ciudadanía y los necesitan en un MERCOSUR en que es lícito traficar mercancías pero donde los pueblos continúan sujetos a las antiguas reglas de la emigración y del racismo solapado.
Me duele profundamente la explotación y la manipulación de nuestros pueblos por una dirigencia clasemediera y pretendidamente ilustrada, nacida para el mando y para la conducción política, simplemente porque se criaron en casas con sirvienta y se educaron en colegios y universidades privadas. Hablan de Evita y ni siquiera pueden imaginar el odio terrible que en Evita despertarían con su sola presencia; odio que suscitaría su presunta dirigencia, su modo de actuar, sus apellidos, sus gestos, sus promesas vanas, el modo en que parasitan la decadencia de un proceso al que se sumaron sin mayor lealtad ni gratitud, en los momentos de mayores extravíos, cuando todos los paradigmas imperantes nos eran adversos y tan solo tratábamos de sobrevivir y de mantener la estrategia del regreso.
Lo terrible, lo paradójico, lo sorprendente es que los tiempos cambiaron, que el mundo cambió, que la globalización dejó tan atrás aquellos tiempos de los que ellos son esclavos en sus paradigmas que cuando escapan al cinismo y se salen del libreto de los puros negocios y del pragmatismo de las roscas y de las elecciones fraudulentas, vuelven a lenguajes obsoletos, donde las categorías rígidas sobre los sujetos de la historia y el epíteto fascista del que abusan, demuestra muy a las claras que son advenedizos y que aún permanecen prisioneros de las viejas matrices de pensamiento, matrices cuyas referencias se derrumbaron con el muro y con el conocimiento de los horrores a que condujo el estalinismo.
Y esto es lo más doloroso de estos momentos. Cuando el Imperio se tambalea al borde del default, cuando las bolsas y los mercados sufren terremotos financieros y se evidencia el peso creciente de la crisis energética, la Argentina en cambio de buscar caminos de soberanía alimentaria con desarrollos realmente sustentables y en armonía y preservación de sus ecosistemas, fortalece su modelo extractivista y agroexportador en función de las necesidades de los mercados y de los intercambios globales.
Reitero: en momentos de máxima crisis del mundo globalizado, en vez de explorar caminos de liberación nacional, ahondamos nuestras dependencias y lo que es aún peor, exploramos con expectativas nuevas colonialidades, tal como son las crecientes relaciones adictivas con China, el imperio ascendente donde rige el marxismo de mercado.
Estoy convencido que se trata de una discusión por el Poder que no se resuelve en el campo electoral sino en el campo de las confrontaciones de ideas y ganando a los jóvenes para pensamientos nacionales y para una mística que propulse cambios revolucionarios. Nuestra actual dirigencia progresista es dependiente de las proyecciones fantasmales de un paradigma obsoleto, tal como es el marxismo setentista, y esa matriz de pensamiento la lleva necesariamente a elegir opciones de crecimiento y de modernidad, opciones que implican nuevas y terribles sumisiones al capitalismo globalizado.
No tenemos fuerzas suficientes para rescatar a los pobres del asistencialismo y de las redes clientelares, pero sí podríamos, con la potencia de la palabra y de las ideas, intentar rescatar a los jóvenes, para que sean capaces de soñar mundos nuevos y en especial para acunar el sueño de una nueva Argentina. Una Argentina capaz de salir de la sojización y volver a ser un país libre e independiente.
Tal vez sea una tarea colosal, pero nadie nos enseñó jamás que sería fácil cumplir con los mandatos que nos dieron nuestros mayores, y en este caso estoy seguro que vale la pena intentar el esfuerzo.

La marcha de las putas



(…)


«La Marcha de las Putas Buenos Aires fue como lo esperábamos: un evento un poquitín progre, decente, tímido como quincianera de escuela privada, con muchas chicas bien, de clase media. Por eso, nosotras, las putas no tímidas, las putas viejas, las putas feas, las putas tortas, las muy borrachas, las muy drogonas, las que discutimos con nuestros amantes hasta las palizas ( a veces), las que nos cojemos a nuestras amigas, las que tomamos calmantes COMO TODO EL MUNDO, pero no lo ocultamos, hicimos la Gran Quebracho. Realizamos una intervención agresiva, virulenta y alegre para que las cuestiones ondulen un poco en está chata-facha Buenos Aires, ultra-careta, donde nunca pasa nada (aunque maten gente los ratis) y para que al menos las que estaban ese día en la marcha sepan que poner el cuerpo, es PONER EL CUERPO, incluso si tu mamá luego dejará de dirigirte la palabra.
Si los lugares no se ocupan y el poder se cede, si la respetabilidad y la (buena) fama guían nuestras acciones, siempre seremos chicas lindas con moños cuyas palabras no son escuchadas por el ruido ensordecedor de las bocinas del microcentro.
Y a las amigas y amigos que no estuvieron, que tuvieron algo mejor que hacer, que a su modo, boicotearon sin desear hacerlo capturandonos en los vericuetos de la afectación, les decimos: les echamos mucho de menos, y nos hace mucha falta su saludable calor ano-rmal. Esperamos, sin ansiedad ni desesperación, contar con todas ustedes la próxima vez».
(…) 
Texto completo aquí.

Entrevista a Miguel Benasayag

“Los fusilados de Trelew producen vida”
El filósofo y psicoanalista francoargentino y antiguo militante del PRT-ERP,  Miguel Benasayag, ofrece su mirada sobre el pasado y el presente, a 39 años de la masacre que terminó con la vida de 16 jóvenes durante la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse.
¿Acaso no está corriendo la sangre de los 16 fusilados en Trelew?
Por las calles de Trelew y demás calles del país ¿No está corriendo ésta?
¿Hay algún sitio del país donde esa sangre no está corriendo ahora?
Juan Gelman



Paradojalmente, me gusta en especial que me preguntes sobre los fusilamientos en Trelew del 22 de agosto de 1972. Porque en toda mi vida, esa fecha fue un acontecimiento muy importante. Siempre me acuerdo del 22 de agosto, porque es cierto que hubo una ruptura, en el sentido de que  abiertamente todas las porquerías que la oligarquía argentina había hecho en la Patagonia, que había hecho en la Semana Trágica, que había hecho en los basurales, el 22 de agosto se produce una ruptura institucional. Creo que hubo un paso dado donde “no vamos a esconder más lo que hacemos”; era claro para todo el mundo, era una provocación, todo el mundo tenía que entender que por supuesto que Pujals no había tratado de arrebatarle la ametralladora a nadie y todo el mundo tenía que entender que de ahora en adelante era así, que la oligarquía argentina, los dueños de la tierra, del país, no iban a respetar ninguna ley. Porque hay que ver que, por ejemplo, la masacre de los indios y todo aquello, todavía había como una ideología podrida del progreso, pero una ideología; algo que pretendía legitimar lo que se estaba haciendo ¿no? Y acá, el 22 de agosto, no, acá hubo una acción que decía: aquí es la barbarie instalada y nosotros vamos a utilizar lo que venga para aplastarlos a ustedes. Pienso que a partir de ahí, bueno, como yo fui preso de la dictadura –caí antes–, yo lo que vi es una sucesión, una sucesión que no paró hasta los 30 mil desaparecidos.


–¿Considerás a los medios de comunicación a partir de ese tiempo como el brazo ejecutor de un discurso que encubre estas acciones para separar lo que pasa, lo que se quiere mostrar a la sociedad?
–Sí. Creo que a partir de ahí realmente  hay una guerra abierta que se instala. Creo, sinceramente, que ahora acá en este país –que es un país que sólo los argentinos ignoran, que es un país “faro”, porque toda Europa mira lo que está pasando en la Argentina con admiración–, te decía que creo, sin ningún tipo de fanatismo, de verdad, que hasta los Kirchner, que empezaron a hacer política en el sentido en que se hace política, o sea, dirigiendo un país que tiene contradicciones y no dirigiendo para un lado solamente, ¿no?, un país, hasta ellos, ahí se instaló una guerra donde los medios de comunicación no eran más medios de comunicación eran medios ideológicos y armas, instrumentos de lucha. Entonces, la oligarquía no solamente desinforma sino que va a transmitir ideología: arregla los hechos para construir el relato que prepara la masacre que va a venir a partir del 22 de agosto. Yo me acuerdo el coraje que tuvo Primera Plana: publicó las declaraciones de los sobrevivientes, lo publicó bajo Lanusse; bajo Lanusse publicó una declaración de René Haidar, uno de los tres sobrevivientes; y en ese aspecto es interesante ver cómo para el que quiere saber, se sabe; siempre hay una manera de saber. Entonces se observa que para los grandes medios de comunicación ideológicos, ellos entendieron una cosa muy importante: “La gente no quiere saber.” La gente lo que quiere es un relato que la mantenga en su pasividad. Y esa es la carta sucia, podrida, pero muy inteligente que los grandes medios de comunicación han utilizado y que ahora utilizan muchísimo más, por supuesto, en el mundo entero, que es el darse cuenta de que no hace falta “informar”, que lo que la mayor parte de la gente quiere es que le cuenten un relato que haga que la vida sea vivible y que su no compromiso aparezca como justificado.
–¿Y el destino del deseo adónde va a ir a dar a futuro? No sólo está el ocaso del deseo, ya vamos un paso más: se diluye…
–El humano sin deseo es el humano que es el hombre hoy, que sufre. Vos sabés, cuando el deseo –eje vital de lo humano–, es tan pero tan diluido, reprimido, reaparecer como sufrimiento –es lo que yo trabajo en Brasil, Italia–, reparece  como el nuevo sufrimiento psíquico contemporáneo.  Estos nuevos modos de sufrimiento, que es por donde ha pasado el deseo, donde el deseo se expresa en negativo; y,a la vez, hay toda una parte de la población que está en un deseo positivo, de construcción, de resistencia. Yo, la verdad, cada vez que vengo al país, creo que los argentinos ignoran la polenta que hay acá y la resistencia a la destrucción neoliberal, y que es una resistencia difusa también, no solamente centralizada o claramente política.
–Hecha de los corazones que nos seguimos recordando los 22 de agosto…
–Siendo absolutamente ateo, pienso que la muerte, sinceramente, no es el fin de la cosa. Yo pienso que cuando alguien muere y cuando se muere así, fusilado tan joven, es un horror. Pero uno, es una multiplicidad –es eso lo que yo trabajo inclusive hasta en neurofisiología–, y esa multiplicidad que uno constituye, continúa sin uno, o sea, que es como que parte de uno continúa a articularse con la vida, y creo absolutamente que los fusilados de Trelew están produciendo vida en este país, y ellos siguen produciendo vida. Por eso, te decía que los 22 de agosto siempre me las arreglé para crear colectivos en Francia, los conmemoré solo o con gente, todos los 22 de agosto, pero con una cierta alegría, me gusta recordarlos con la alegría con la cual vivieron, combatieron, y no con el lado victimario. 

Chile: una revolución en marcha

Por Manuel Cabieses

“Las desigualdades en Chile son excesivas, inmorales, intolerables”. SEBASTIAN PIÑERA, presidente de la República
(Discurso en el 80º aniversario del diario “La Segunda”, 27 de julio de 2011)
Resulta difícil para muchos aceptar que en Chile estamos viviendo una verdadera revolución, en este caso un proceso de profundos cambios que llevarán a término la democratización que dejó a medio camino la hoy agonizante Concertación de Partidos por la Democracia. Como toda revolución verdadera, es diferente y sorprende incluso a sus propios actores, pero sobre todo, a las fuerzas conservadoras encargadas de mantener incólume, a sangre y fuego, el orden heredado. Así ocurrió en Chile en 1970, y vuelve a suceder hoy en condiciones bien diferentes. Esta revolución -con un sello juvenil e imaginativo- no pretende derrocar al gobierno ni tomar el poder, ni reemplazar el sistema capitalista por otro más justo que no se sustente en la propiedad privada de los medios de producción. Aún no es hora.


La palabra “revolución” para definir al bullente movimiento de estudiantes que desde hace tres meses conmueve al país, no es excesiva. Los jóvenes han tomado las banderas de la protesta social de amplios sectores -incluyendo las usualmente pasivas capas medias-, y las han proyectado al futuro, libres de todo reduccionismo dogmático y del cálculo pequeño que ha envilecido la política nacional. Basta observar el cambio producido en el plano de las conciencias. El pensamiento revolucionario ha ganado su primer y más importante enfrentamiento: nadie hoy se atreve a poner en duda la legitimidad de las demandas estudiantiles y ciudadanas.

Un avezado revolucionario como Fidel Castro sostiene que la “batalla de las ideas” es el principal desafío al que están convocados los rebeldes de nuestro tiempo. Allí fue, en efecto, donde sufrimos nuestras derrotas más importantes. El caso de Chile es muy aleccionador. La generación de los ‘70, cuyos sobrevivientes -partidos, grupos y personas- sólo pueden aspirar hoy al honroso papel de ponerse a disposición incondicionalmente de los nuevos liderazgos político-sociales, sufrió la pérdida de miles de compañeros y compañeras muy valiosos. Pero fue en lo ideológico donde la derrota fue aún peor. Son los nietos de aquella generación los que han tomado en sus manos el testimonio actual de la eterna lucha por la justicia, la solidaridad y la igualdad de derechos de los ciudadanos. La protesta social que encabezan los estudiantes -a la espera que los trabajadores asuman su rol histórico-, ha logrado instalar la necesidad de un cambio profundo en Chile. Se ha producido lo que hasta hace pocos meses se consideraba imposible: que una clara mayoría comparta la idea de que el modelo económico, social, institucional y cultural que instauró la dictadura de generales, almirantes y grandes empresarios tiene que ser modificado hasta en sus raíces para abrir paso a la justicia social. Esta demanda por el cambio, a partir de la exigencia de igualdad de derechos en la educación, basada en una vigorosa denuncia de la desigualdad y discriminación que padece nuestro pueblo en educación, salud, vivienda, salarios, etc., se ha producido en un país de América Latina alabado como ejemplo por su modelo de economía de mercado. Por eso el cambio que tiene lugar en Chile en estos días, como fruto de una sostenida protesta social que se dimensiona como una revolución, ha sorprendido al mundo. Pero también a muchos chilenos privilegiados por el sistema que no percibieron la indignación que estaba fermentando en las entrañas de la sociedad. Hoy, después de tres meses de movilizaciones estudiantiles pacíficas -pero agredidas por el atropello policial- es difícil encontrar defensores a ultranza del modelo o que nieguen lo justo del reclamo de poner fin al lucro en la educación. Hasta el presidente de la República, el connotado empresario Sebastián Piñera, cuya fortuna asciende -dicen- a 2.400 millones de dólares, admite los “grados excesivos de desigualdad” social que existen en este país y que a él le correspondería intentar corregir. Lo mismo opinan políticos, empresarios y autoridades eclesiásticas que desde la derecha y la Concertación intentan apagar el incendio y salvar sus privilegios. Ellos balbucean su miedo ofreciendo mediaciones, reformas constitucionales y -quizás- hasta tributarias si los aprietan un poco.

El temor y desorganización de las clases dirigentes revelan cómo la batalla de las ideas se está resolviendo a favor del cambio. La institucionalidad ha entrado en una etapa en que algunos de sus usufructuarios alertan sobre el peligro de la ingobernabilidad, y otros -en franco estado de pánico- invocan como de costumbre a las fuerzas armadas para encargarse del trabajo sucio que creen inevitable. Los administradores del sistema saben que la revolución democrática y desarmada -que rescata los valores y derechos del ciudadano- pondrá fin al modelo neoliberal y sus huellas se prolongarán en el tiempo. Con esta revolución juvenil y creadora ocurrirá lo que sucedió con el cambio cultural de los años 60, con el movimiento hippie, las repercusiones de la revolución cubana y de la guerra de Vietnam, la independencia de los países africanos y asiáticos, las jornadas de mayo del 68, en Francia, y la “primavera de Praga”. Porque esta revolución en Chile ha dejado al descubierto las tripas del sistema neoliberal, sumando evidencias lacerantes a la crisis global que experimenta el sistema. La revolución encabezada por los jóvenes chilenos es creativa, plural y sorprendentemente ideológica en el más limpio sentido de la palabra. No obstante su fuerza, no tiene un destino asegurado. Puede sufrir considerables dificultades si termina atrapada en una institucionalidad hábil en hacer trampas y en cooptar al movimiento social. Sin embargo, las demandas de hoy en educación, salud, derechos sociales y políticos, no tienen solución en el marco de la actual Constitución. Hay que volcar esfuerzos en avanzar hacia una Asamblea Constituyente que elabore y plebiscite la nueva Constitución democrática de Chile. Ese camino se puede ver hoy con más optimismo, ha nacido un espíritu que lucha por ideales que parecían perdidos. Se están trazando las líneas de un nuevo Chile que recoge, sin decirlo y hasta olvidándolo, el sedimento de muchas luchas victoriosas y derrotas terribles, de ejemplos buenos y malos que no están -felizmente- en el primer lugar de las preocupaciones de los jóvenes que se vuelcan al futuro y a la esperanza de un cambio. Hay en nuestra dispersa Izquierda un agotamiento de lenguaje, de ritos y exterioridades que debe ser asumido conforme a los ejemplos que están dando los jóvenes. Ideas nuevas para problemas viejos y criterios novísimos para los fenómenos emergentes.

Algunas demandas pueden resolverse ahora mismo, si se mantiene la presión para lograrlo. Otras tomarán más tiempo, como la Asamblea Constituyente. Hay demandas más complejas, como la renacionalización del cobre, entrabada tanto por la Constitución actual como por las leyes orgánico-constitucionales y hasta por los tratados de libre comercio suscritos por los gobiernos de la Concertación. Lo importante es que lo central está conseguido: se ha puesto en cuestión un modelo de dominación que se creía inamovible. El rechazo al lucro en todas aquellas cuestiones fundamentales para el individuo y su familia, el respeto pleno al medioambiente, la vigencia absoluta de los derechos humanos, la representatividad efectiva del sistema democrático y de los mecanismos de consulta directa a la ciudadanía, el derecho a la participación, se han instalado como objetivos legítimos en la conciencia ciudadana. La “clase política” no podrá seguir rehuyendo su responsabilidad de ayudar a abrir paso pacíficamente a la nueva época que quiere vivir Chile. El cambio sólo asusta a la derecha económica y política y a las cúpulas concertacionistas que validaron los remiendos de la Constitución dictatorial, y que cifraron sus esperanzas de estabilidad y ascenso social en éxitos macroeconómicos, olvidando que su precio era la desigualdad y la marginación de grandes sectores que ahora hacen oír su potente voz y que exhiben su enorme fuerza.

Entrevista a Amador Fernández-Savater

Después de la Puerta del Sol

Por Verónica Gago
El movimiento del 15-M abrió en España una secuencia de ocupaciones de plazas, asambleas masivas y protestas de todo tipo. De una ciudad a otra se replicó en pocos días esa tecnología compleja de la acampada, armando comunidades al aire libre en las que se cocinaba, se fabricaban guarderías y bibliotecas, se discutía horas y horas, y se ponía en común la experiencia de la crisis. “Democracia real ya” fue la consigna clave gritada acá y allá pero también lo que se buscaba experimentar en esas plazas autogestionadas. Amador Fernández-Savater (Madrid, 1974) fue un atento y lúcido cronista de esas palabras nuevas que empezaban a rondar por la Puerta del Sol. Escribió una secuencia de “Apuntes de la acampada” en el periódico Público que tuvieron miles de lectores. Esos apuntes revelaban, sin embargo, un entrenamiento en la escucha: Fernández-Savater estuvo involucrado en el movimiento ciudadano que se originó tras los atentados del 11-M y de allí salió el libro colectivo Red Ciudadana tras el 11-M; cuando el sufrimiento no impide pensar ni actuar. Además, dirigió durante años la revista Archipiélago y actualmente es editor de Acuarela Libros. Se lo puede escuchar también semanalmente, haciendo “filosofía de garaje”, en el programa radial Una línea sobre el mar.
–¿Cuál es la novedad del 15-M para la cultura política española del último tiempo?
–El periodista Guillem Martínez acuñó el término de Cultura de la Transición (CT) para nombrar la cultura –en sentido fuerte: maneras de ver, de hacer y de pensar– que ha sido hegemónica en España durante los últimos treinta años, la que nace con la derrota de los movimientos radicales de los ’70 (movimiento obrero autónomo, contracultura, etc.). La CT es una cultura esencialmente consensual, pero no en el sentido de que llegue a acuerdos mediante el diálogo de los desacuerdos, sino de que impone ya de entrada los límites de lo posible: la democracia-mercado es el único marco admisible de convivencia y organización de lo común, punto y final. La CT se dedica entonces desde hace treinta años a poner ese punto y final (una y otra vez): “eso no se discute”, “no sé de qué me hablas”, “el pasado ha pasado”, “no hay alternativa”, “o yo o el caos”, etc. Es una cultura profundamente desproblematizadora: no se pueden hacer preguntas sobre las formas de organizar la vida en común por fuera de lo posible autorizado. Y, por tanto, profundamente despolitizadora: porque la política va precisamente de hacer preguntas sobre los modos de estar juntos.
–¿Se percibe ahora una crisis de esa Cultura de la Transición?
–El poder de la CT se ha ido vaciando con los años. Por un lado, han ido desapareciendo o disminuyendo los miedos que la CT administraba e instrumentalizaba en tanto “poder de salvación”: golpe militar, terrorismo de ETA, ruptura de España, etc. Al mismo tiempo, se han ido perdiendo los derechos colectivos asociados al Estado del bienestar (privatizaciones, recortes, precarización generalizada, etc.) incluidos también en el consenso. La CT se percibe cada vez menos como protección y cada vez más como la fuente misma de los peligros contemporáneos. Por otro lado, las nuevas dinámicas sociales y culturales erosionan la legitimidad de la CT: la gente joven consume cada vez menos CT y cada vez más cultura de mercado, la Red habilita la posibilidad de un desborde del monopolio de la palabra que estaba en manos de los intelectuales y expertos CT, etc. En la CT, el consenso sobre las cuestiones políticas y económicas es absoluto: el sistema de partidos y el mercado no son ni pueden ser objeto de discusión. Sin embargo, se escenifica un conflicto permanente en el que estamos invitados a tomar partido: PSOE o PP, izquierda o derecha, capitalismo ilustrado o capitalismo troglodita, “las dos Españas”. Esa polarización organiza nuestro mapa de lo posible. Se puede hablar sobre nacionalismo, la lengua o el laicismo, pero no sobre la precariedad, los desahucios y las hipotecas. Se puede discutir sobre el tabaco, los límites de velocidad y los toros, pero no cuestionar la representación política. La derecha extrema ataca agresivamente el derecho al aborto, el matrimonio homosexual y la asignatura de Educación para la Ciudadanía. La izquierda progre responde educadamente con gestos simbólicos sobre el crucifijo en las escuelas, el multiculturalismo o el feminismo. Pero en cualquiera de los casos, la CT se asegura siempre el monopolio de los temas: decidir en torno a qué se piensa y en qué términos.
–¿El 15-M entonces ya expresa otra manera de entender el mundo?
–El movimiento 15-M cambia de tema. Evita cuidadosamente los debates identitarios que nos capturan en el tablero de ajedrez de la política-espectáculo y apunta directamente al mayor de los tabúes exigiendo “democracia real ya”. Es decir, afirmando que es el pueblo quien debe mandar y no los políticos ni el dinero. “Democracia real ya” es un enunciado que altera completamente el monopolio de las palabras y los temas que ejerce cotidianamente la CT. La desafección con respecto a la cultura consensual, que tiene un recorrido muy largo y se ha expresado de mil formas distintas a lo largo de años (desde el fenómeno de la abstención electoral hasta los movimientos sociales), se ha organizado en el 15-M como un hecho masivo y completamente central, ya no marginal, en la sociedad. En primer lugar como rechazo desafiante, explícito y sonoro de la política de (todos) los políticos. Las consignas más coreadas son “no nos representan” o “lo llaman democracia y no lo es”. Pero luego también como experimentación práctica y positiva del enunciado-consigna democracia real ya en asambleas, acampadas y redes sociales de todo tipo. El 15-M es la mayor brecha que hemos visto aparecer nunca en la CT.
–¿Pero cuáles acontecimientos señalarías como antecedentes de tal ruptura?
–Movimientos como la insumisión al servicio militar o por la recuperación de la memoria histórica, contra nuestras particulares leyes de punto final, han socavado profundamente las figuras y los relatos de la CT. Pero creo que el 15-M se engarza más directamente en el plano subjetivo con esos otros momentos recientes en los que hemos gritado masivamente “no nos representan” y “lo llaman democracia y no lo es”. Me refiero, por ejemplo, al “no a la guerra” en 2003, a la reacción social a los atentados terroristas del 11-M en 2004, al movimiento V de Vivienda en 2006 o a las movilizaciones contra la ley anti-descargas a partir de 2009. Los modos de politización que esos movimientos inauguran ya no se corresponden con los de los movimientos sociales: ni viejos ni nuevos.
–¿En qué sentido?
–En tanto no están convocados, protagonizados ni liderados por militantes o activistas, como en el caso de la okupación, la insumisión o la antiglobalización, sino por gente sin experiencia política previa; no extraen su fuerza de un programa o de una ideología, sino de una afectación sensible y en primera persona por algo que sucede; no se identifican a la izquierda o la derecha del tablero del ajedrez político, sino que escapan a esa alternativa proponiendo un nosotros no identitario, abierto e incluyente en el que cabe cualquiera; no buscan destruir este mundo para construir otro, sino que buscan defender y recrear el único mundo que hay contra los que lo estropean, sin programa utópico o alternativa global de sociedad; etc.
–¿Está hablando de movimientos sociales que no son movimientos sociales?
–Sí, casi diríamos más bien Objetos Voladores No Identificados. Difícilmente perceptibles para los radares del pensamiento crítico tradicional debido a su falta de pureza en lo que dicen y lo que hacen, a la dificultad para sumarlos a los movimientos sociales alternativos y/o antisistema. Algunos amigos los llamamos “espacios de anonimato” y los perseguimos desde hace años, completamente abducidos. El 15-M resuena con toda esta onda de politización atípica.
–Esto contrasta con una suerte de ansiedad, especialmente mediática, por saber quiénes son y qué quieren los que salieron a las calles el 15M…
–Hay algo que hizo el 15-M en primer lugar que fue indefinir la cuestión de la identidad. ¿PSOE o PP? ¿Izquierda o derecha? ¿Libertarios o socialdemócratas? ¿Apocalípticos o integrados? ¿Reformistas o revolucionarios? ¿Moderados o antisistema? Ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario. Las exigencias de nitidez y líneas precisas que imperan en las visiones dominantes de lo político están desconcertadas ante el 15-M. La naturaleza del movimiento suscita tantas discusiones intrigadas como la sonrisa de la Gioconda. No hay respuesta a la pregunta (policial) por la identidad: ¿quiénes son?, ¿qué quieren?. Estamos en huelga de identidades: somos lo que hacemos, queremos lo que somos. El 15-M es una fuerza política pero anti-política: plantea preguntas radicales sobre las formas de organizar la vida en común que no caben y trastocan el tablero de ajedrez político. Neutralizar esa potencia de interrogación pasa por asignarle una identidad: “son estos”, “quieren esto”. Los políticos y los medios presionan para que el 15-M se convierta en un “interlocutor válido” con sus propuestas, programas y alternativas. Saben que una identidad ya no hace preguntas, sino que ocupa un lugar en el tablero (o aspira a ello). Se convierte en un factor previsible en los cálculos políticos y las relaciones de fuerzas. Se vuelve gobernable.
–Desde el 15-M, la impugnación del sistema representativo convive con una búsqueda minuciosa del consenso asambleario, ¿cómo vincular ambos aspectos?
–Se viven como opuestos. El consenso de la CT funciona, como decíamos antes, prescribiendo ya de entrada los límites de lo posible: la democracia equivale a un sistema de representación en el marco de un sistema de partidos (reducido fundamentalmente a dos: PP y PSOE). En el movimiento 15-M, el consenso es una idea-fuerza muy importante. Pero los acuerdos se construyen haciendo dialogar a los desacuerdos en asambleas públicas donde cualquiera puede hablar en nombre propio y no existen las facciones-partidos. Las luchas de poder se sustituyen por la escucha activa, la elaboración de pensamiento colectivo, la atención hacia lo que se está construyendo entre todos, la confianza generosísima en la inteligencia del otro desconocido, el rechazo de los bloques mayoritarios y minoritarios, la búsqueda paciente de verdades incluyentes, el cuestionamiento y recuestionamiento constante de las decisiones tomadas, el privilegio del debate y el proceso sobre la eficacia de los resultados, etc.
–Fue llamativa también una suerte de coordinación espontánea en todo el país: empezaron a contagiarse los acampes en otras ciudades y en pequeños pueblos…
–La ocupación de todas las plazas de España es el gesto más radical desde la autoconvocatoria frente a las sedes del PP a la jornada de reflexión del 13-M de 2004. La paradoja es que ese desafío masivo se apoya en los recursos más ligeros: la no violencia, la idea-fuerza del respeto, el lenguaje despolitizado y humanista, la apertura sin límites, la búsqueda a toda costa del consenso, la interpelación positiva hacia la policía, etc. Esa es la paradoja en tensión que da toda su fuerza al movimiento. Sin el conflicto, sólo seríamos una simpática forma de vida “alternativa” más. Sin el costado empático e incluyente, sólo seríamos otro pequeño grupo “radical” separado e incapaz de morder la realidad. El sí sin el no es buenísmo. El no sin el sí es pura desesperación.
–¿Cómo continúa ese debate una vez levantada la acampada en Puerta del Sol?
–Durante un mes hemos asistido a asambleas de cinco o seis horas realmente apasionantes, extraordinarias y únicas como experiencias de inteligencia colectiva. Pero una vez abandonado el campamento de Sol que funcionaba como centro soberano en Madrid, la situación se ha modificado, ha pasado de acampada a movimiento, y hay un gran debate abierto en torno de la organización, la toma de decisiones, la noción de consenso y el espacio de las asambleas. ¿Sigue siendo viable pensar el consenso como unanimidad? ¿No lastra esa idea de consenso la agilidad de las iniciativas y las acciones? ¿Cómo organizar democráticamente un movimiento con varios centros? ¿Hay algo así como un movimiento? ¿Dónde están sus fronteras entre dentro y fuera? ¿Se puede articular sin totalizar? Como el movimiento 15-M es una novedad, el desafío es ahora pensar todas estas preguntas desde un nuevo cerebro y no aplicar las respuestas heredadas de los movimientos sociales u otros.
–Desde el principio, sin embargo, la pregunta era cómo ir más allá de Sol…
–Los acampados de Sol siempre supieron muy bien que su fuerza estaba fuera de Sol. Mejor dicho: la fuerza estaba en el vínculo vivo con lo que un amigo llama “la parte quieta del movimiento”, es decir, la población tocada y afectada por Sol aunque no participase directamente en la acampada. Sol nunca buscó la separación y por eso suscitó tantos flujos de solidaridad dentro/fuera (tan sólo el tercer día tuvo que hacerse un llamamiento para que los vecinos de Madrid dejasen de llevar comida que ya no se sabía dónde almacenar). Nunca se planteó como un afuera utópico ni como otro mundo posible, sino como una invitación al otro desconocido a luchar juntos en un plano de igualdad. En realidad, Sol no era lo Otro, sino este mismo mundo (con sus guarderías, sus placas solares, su biblioteca y su enfermería) pero construido y gobernado directamente por sus habitantes. En un grupo de debate, una chica por debajo de los veinte años dijo: “nos reprochan que somos muy abstractos, pero los abstractos son ellos”. Es la diferencia entre utopía y heterotopía. La utopía es otro mundo. La heterotopía es una pequeña distancia con respecto a la realidad que nos permite habitarla de otra manera. Sol era esa pequeña distancia.
–¿Qué experiencias de la crisis recoge el movimiento del 15-M?
–Entre enero y marzo se produjeron en España más de quince mil desalojos forzados de vivienda. Se trata de personas que no pueden asumir el pago de las hipotecas que contrataron en su día y son expulsadas de sus casas (lo que no les exime de la obligación de pagar el resto de la hipoteca pendiente). Me parece que los desahucios son la imagen más precisa de la crisis, quizá incluso también la imagen más precisa del capitalismo actual. Desahuciar, expulsar, desposeer, desarraigar, precarizar, fragilizar, arrojar a la intemperie y la incertidumbre… Para los mercados financieros que rigen nuestro mundo, todos somos materia desechable, prescindible, superflua. Ninguno está a salvo del gran desahucio capitalista. La alteración de todo es la norma y la estabilidad de algo es ahora la excepción. El miedo a quedar fuera es el acicate de fondo que nos empuja a todos a abrirnos paso a codazos en el día a día. Una de las líneas de acción del 15-M, una vez que las acampadas han perdido centralidad, es el bloqueo de los desahucios en marcha. Es una imagen que dice mucho sobre el movimiento. Dice por ejemplo que el 15-M no apunta a otros mundos posibles y utópicos, sino más bien a poder habitar el único que hay. Y eso pasa por nuestra capacidad para reinventar el vínculo social, porque no es el Estado quien puede detener la lógica del mercado, sino el otro desconocido que se planta frente a mi casa y bloquea el automatismo fatal del desahucio. Hoy por mí, mañana por ti.
–La cuestión de la vivienda y los desalojos compulsivos es un tema central para pensar la continuidad del movimiento, entonces…
–Ningún desahucio había sido noticia hasta ahora. Un desahucio no puede ser “tema” para ningún intelectual de la CT. Casi por definición. Pero ahora sí se habla de ellos. Los desahucios aparecen en la prensa y la televisión. ¿Por qué? Simplemente porque algunas personas han decidido interrumpir ese mecanismo que se nos presentaba como una especie de fatalidad “natural”, mostrando que se trata de un problema completamente político. El bloqueo de un desahucio es un gesto que agujerea la cultura consensual: hace ver lo que se quería ocultar, problematiza y politiza lo que se quería “naturalizar”, esquiva todas las trampas identitarias y nos interpela a todos.

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