Viste la de la marmota…? Esta buena. Es una con el tipo ese… Murray, Bill Murray, si, ese que ya de verlo te empezás a reír. No sé bien por qué, pero ¿viste que hay tipos que tienen un… una reverberación, como si tuvieran algo adentro, que es a la vez sufrido y gracioso, terrible y patético? Bueno, Bill Murray es uno de esos. Y la película está buena, sobre todo por una cosa: es profunda, terrible te diría y a la vez es graciosa, muy graciosa. Y ahí está la cuestión… es cómica, una comedia, y si la vez medio distraído, quizás no le cazas el fondo al asunto. Quizás le ves lo gracioso y te quedas ahí… y eso esta bueno, porque, como decían algunos, el trasfondo, aquello terrible y a la vez hermoso, te entra sin que te des cuenta, te trabaja, ¿entendés? Porque el humor, ya se sabe, te distiende y a la vez te unifica en eso que te distiende: no hay otra, sos eso que se ríe, que se sacude, que hace que todas tus carcachas se resquebrajen un poco, y entonces la información más densa, más espesa, pasa, entra directo a lugares más hondos, porque la parte de uno que se encarga de poner todo en tela de juicio, esta diluida en la risa. Y es un arte. Hacer reír y, una vez allí, tirar con munición gruesa, y que no se note… es un arte. En Barton Fink, los hermanos Cohen usan algo parecido, pero con un efecto más Kafka: te ponen en una situación absurda, un poco bizarra, bastante graciosa, y allí, mientras te estás meando de risa, te cambian la situación y la vuelven dramática, terrible… entonces te agarran expandido por la risa y te la ensartan, te hacen recagar de miedo… o de angustia. En la marmota no. Allí sólo te reis, y lo otro, lo más espeso, lo que quieren que realmente entre en uno y opere en uno, eso (según la lógica antigua de los contadores de cuentos de El Cairo, allá por el siglo XIV, XV, ellos de los cuales compilaron las 1001 noches) pasa y se instala y desde adentro te mueve.