Eva participa en la iniciativa de investigación: Observatorio Metropolitano, una de las experiencias de análisis de las transformaciones del entorno urbano más interesantes con las que nos hemos encontrado. Como miembro de dicho colectivo ha participado en la elaboración de dos libros fundamentales para entender los cambios de una ciudad: Madrid, ¿La Suma de Todos? y Manifiesto por Madrid: Crítica y crisis del modelo metropolitano.
Las economías urbanas han cambiado y con ellas las relaciones laborales y los conceptos y relaciones de clase. La extensa clase media obrera ha dado paso a nuevos personajes y nuevos estilos de vida directamente vinculados a la “nueva economía”, innovadora y social, que ha aparecido. Podemos decir que se ha conformado una élite del trabajo moderno o global class compuesta por profesiones liberales asociadas a los sectores más pujantes o centrales de la economía global (directivos, abogados, diseñadores, etc) que están en los lugares de la toma de decisiones. Sin embargo el grueso de la masa laboral se reparte entre los sectores subsidiarios (como la hostelería, los servicios domésticos y de seguridad, la cultura y el ocio) con empleos poco cualificados y en el extremo más bajo de la línea salarial, y una clase media asociada al sector público cada vez más diluida y afectada por las pérdidas del estado de bienestar.
No es que la ciudad Marca se centre exclusivamente en el centro, sino que utiliza ciertas partes de la ciudad como escenarios para exportar una determinada imagen hacia el exterior. Por otro lado, las infraestructuras de comunicación (autovías, AVE, aeropuertos) y de información son elementos necesarios para la competencia entre ciudades globales en cuanto a que acortan distancias o conectan determinados flujos. Son dos aspectos que no entran en contradicción. Para el caso de la economía española, basada en el economía del ladrillo como piedra angular del ciclo alcista, las infraestructuras representan un caso claro de “empresarialismo urbano” tal y como lo define D. Harvey, donde las nuevas formas de gobierno urbano estarían funcionando como una suerte de partenariado entre las administraciones públicas y algunas empresas, grandes o pequeñas, agentes sociales y culturales, instituciones, etc., dentro de una estrategia tanto de consenso como de movilización cuyas características principales son las siguientes: en primer lugar, la alianza entre el sector público y sector privado y el carácter empresarial de la misma, por la cual el negocio privado funciona de manera conjunta con el poder local para atraer fuentes de financiación externa, inversiones directas o creación de empleo, pero donde el sector público asume los riesgos y el privado los beneficios; el segundo aspecto es la mejora de la posición competitiva de cada ciudad con respecto a la división espacial del consumo, a través de la calidad de vida, la innovación cultural y la mejora del entorno físico urbano, todo ello mediante estrategias de regeneración urbana centradas en el espacio como lugar de consumo, en el ocio y los eventos; por último ambos aspectos contribuyen a la adquisición de funciones clave de control y de mando en el marco de competencia entre ciudades. Tales funciones de control concentran el poder de gobierno, el poder de las finanzas, y el poder de la información y necesitan de una posición de centralidad en las redes de comunicaciones mundiales. Son paradigmáticos en Madrid los casos de la obra de la M-30 o las insistentes Olimpiadas.El hype como mecanismo de gentrificación estaría funcionando en ambos aspectos: en la producción de valor, modificando la subjetividad del consumo mediante el predicamento de nuevas formas de vida jóvenes y modernas, y simultáneamente en la producción del objeto a consumir, bajo estrategias de renovación urbana cultural y/o comercial que buscan adelantar el rédito económico de ciertos procesos de revalorización urbana. El auge y la proliferación del concepto de Ciudad Creativa de Richard Florida sería un buen ejemplo de hype en este sentido.
Quizás la crisis amortigüe o ralentice temporalmente los efectos de la gentrificación, pero sin duda no va a ser el paraguas que nos libre de este tipo procesos de expropiación mientras no los aislemos de la capacidad de lucro que encierran. La privatización va a continuar en forma de diversos recortes públicos; podemos ver cómo afectará esto a la cultura en la nueva Ley de Mecenazgo y Patrocinio Cultural, una clara apuesta por la entrada de la inversión privada en la financiación de los proyectos culturales.
Frente a los discursos que se centran exclusivamente en la defensa de lo público desde el Observatorio Metropolitano lleváis bastante tiempo trabajando la cuestión de los comunes. ¿Qué es lo común? ¿Es algo preexistente en la sociedad o algo que se crea? ¿Qué espacios son necesarios para garantizar que ese común se extienda?
La crisis y el riesgo de fractura social pueden, sin embargo, ayudarnos a pensar en otras posibilidades ante el reparto injusto de la renta y los recursos, la vivienda, la precariedad del empleo, la externalización de servicios públicos, o la sobreexplotación del territorio y los bienes naturales. Es posible reinventar las formas del vínculo social o actualizar el viejo término del «derecho a la ciudad» de Lefebvre. Desde el Observatorio Metropolitano creemos que es posible articular un nuevo escenario político alrededor de la idea de una ciudad creada para la vida en común. Pues lo común se comparte y se teje, forma parte de lo productivo y lo reproductivo, pero a veces pasa inadvertido. La reproducción de lo común es necesaria para la reproducción de la existencia. Siendo la ciudad el espacio donde se materializa la reproducción de la vida en común, el ámbito donde la cooperación y las sinergia colectiva garantiza nuestras necesidades y las del resto, la cuestión de qué tipo de ciudad deseamos apela directamente a los lazos sociales, a los valores culturales, al modelo urbano y a la relación con la naturaleza que queremos construir en ella. A pesar de la creciente privatización de todos los ámbitos de la vida, la ciudad no puede ser devorada completamente porque es por esencia común. Como puedes ver esta lógica poco o nada tiene que ver con los mecanismos del hype. En la medida que estemos más cerca de una estaremos cada vez más lejos de la otra.





