Análisis de “La Estrategia de Defensa Nacional de EE. UU. 2026” // Pedro Cazes Camarero

ESTRATEGIA DE DEFENSA NACIONAL DE LOS ESTADOS UNIDOS 2026 (National Defense Strategy – NDS 2026) Departamento de Defensa de los Estados Unidos, Washington, D.C. 24 de enero de 2026

ANALISIS CRITICO de “La Estrategia de Defensa Nacional de EE. UU. 2026”, publicada el 24 de enero de 2026. “NDS 2026

Autor: PEDRO CAZES CAMARERO, Buenos Aires, 29 de enero de 2026

 

Capitulo 1: Guerra, capital y reproducción social

Este documento fue publicado la semana pasada, inicialmente sólo en inglés, y escasamente un mes después de otro material convergente más genérico editado por el Poder Ejecutivo estadounidense sobre la estrategia política de Trump. (Casa Blanca, 2025), que he comentado en otro lugar. NDS 2026  tiene la autoría del rebautizado ministerio de Guerra, lo que lo hace particularmente relevante respecto de sus pretensiones. La hipótesis sostenida en este Capítulo es que la estrategia militar estadounidense no debe ni puede ser comprendida como un documento técnico-neutral, sino como un dispositivo estatal orientado a garantizar la reproducción ampliada de las condiciones materiales, territoriales y tecnológicas de la acumulación capitalista en un contexto de crisis estructural del sistema-mundo (Wallerstein, 2011).

La teoría marxiana no describe la guerra como un fenómeno externo a la economía política, sino como violencia organizada que acompaña y estructura los procesos de acumulación capitalista. En “El Capital” (Marx, 1867/1976) se sostiene que la violencia extraeconómica —colonización, conquista, esclavitud, desposesión y guerra— actúa como la “partera” de las relaciones sociales capitalistas, particularmente en los momentos de acumulación originaria. La guerra no constituye una anomalía del capitalismo, sino como uno de sus mecanismos históricos de creación y reorganización. En fases de expansión, la guerra abre territorios, mercados y fuentes de trabajo. En fases de crisis, ella opera como instrumento de redistribución forzada del poder, destrucción de capital excedente y reconfiguración de jerarquías interestatales. La NDS 2026 se inscribe plenamente en esta lógica. La prioridad absoluta asignada a la defensa del territorio nacional, de las infraestructuras críticas y de los flujos estratégicos de energía, comercio, información y tecnología, expresa la centralidad de la guerra como mecanismo de protección de las condiciones generales de existencia del capitalismo estadounidense. (Marx, op. cit.). El territorio no constituye simplemente un espacio geográfico, sino una precondición material de la producción social. En el capitalismo avanzado, el territorio se encuentra densamente saturado de capital fijo: infraestructuras energéticas, logísticas, digitales, financieras y militares: inversiones de largo plazo indispensables para la valorización del capital. La NDS 2026 conceptualiza explícitamente el territorio estadounidense como un espacio que debe ser defendido en su totalidad: población, fronteras, rutas marítimas, espacio aéreo, dominio cibernético y espacio extraterrestre. Esta ampliación del concepto de defensa territorial refleja una novedad estructural del capitalismo: la acumulación post- fordista depende crecientemente de redes técnicas y tecnológicas vulnerables. La defensa del territorio equivale a la defensa del capital fijo frente a interrupciones, sabotajes o apropiaciones por parte de competidores estratégicos, y la guerra se despliega como una función permanente de mantenimiento del entorno material de la valorización del valor. El epicentro conceptual de la “competencia entre grandes potencias”, presente en la NDS 2026,  debe ser interpretado como un síntoma de la crisis del orden planetario surgido tras la Segunda Postguerra. Esta crisis puede entenderse como el naufragio de la hegemonía del capital estadounidense, en la que nuevas potencias disputan el control de mercados, tecnologías, cadenas de suministro y normas internacionales. Autores como Giovanni Arrighi (1994), David Harvey (2003) y Samir Amin (1997) han señalado que las transiciones hegemónicas en el capitalismo, suelen ir históricamente acompañadas de una intensificación de los conflictos militares y de la financiarización de la guerra (Arrighi, op.cit.; Harvey, op.cit.). La NDS 2026  integra las dimensiones económicas, tecnológicas y militares en un único marco estratégico, en el cual la guerra deja de ser un evento delimitado en el tiempo y el espacio para convertirse en una condición estructural de la competencia capitalista global.

Capitulo 2: Militarización de la reproducción social y guerra permanente

Desplazando el foco desde la acumulación simple del capital hacia la reproducción ampliada (Marx, op. cit.), la hipótesis defendida es que la NDS 2026 expresa una fase avanzada de militarización de la reproducción social, en la que la guerra deja de ser un acontecimiento excepcional para convertirse en una condición estructural de organización de la vida .

A partir de los debates contemporáneos marxianos sobre la reproducción social, se ha construido un consenso respecto a que el capitalismo no se sostiene únicamente mediante la producción de mercancías, sino a través de un conjunto de prácticas, infraestructuras y dispositivos que garantizan la reproducción cotidiana de la fuerza de trabajo y de las condiciones generales de la vida social (Bhattacharya, 2017). La NDS 2026 se inscribe en esta problemática al extender la lógica de la defensa militar a ámbitos tradicionalmente considerados civiles. La noción central de ‘infraestructura crítica’ expuesta en el documento, incluye redes energéticas, sistemas de transporte, cadenas logísticas, telecomunicaciones, sistemas financieros, plataformas digitales y flujos de datos. Estos elementos constituyen hoy el núcleo de la reproducción social del capitalismo avanzado. Su militarización implica que la vida social misma queda subsumida bajo una racionalidad estratégica permanente. La ampliación del concepto de “seguridad nacional” hacia el dominio cibernético, informacional y tecnológico tiene implicancias directas sobre el trabajo y la fuerza de trabajo. En el capitalismo contemporáneo, el trabajo cognitivo, logístico y tecnológico ocupa un lugar central en la menguante creación de valor y en la reproducción del sistema. La NDS 2026  no es explícita en este tema, pero aunque es reacia a ese reconocimiento, implícitamente acepta esta transformación al priorizar la protección de datos, sistemas de mando y control, redes digitales y capacidades de innovación. Esto equivale a una protección armada de las nuevas formas de trabajo social y de los dispositivos que organizan su explotación y control. Harry Braverman y otros más recientemente, han mostrado que la reorganización del trabajo bajo el capitalismo avanzado se acompaña de nuevas formas de control, disciplinamiento y segmentación de la fuerza de trabajo (Braverman, 1974; Mezzadra & Neilson, 2019).

La concepción de la guerra implícita en el documento se aproxima a lo que se ha denominado ‘guerra permanente’. Se trata de un estado continuo de preparación, amenaza y movilización de recursos. Ya Rosa Luxemburgo, hace más de un siglo, afirmaba que la destrucción —material y social— generada por las conflagraciones, cumple una función productiva en el capitalismo, al abrir nuevos espacios para la inversión y la reorganización del capital (Luxemburgo, 1913). La modernización militar constante, la innovación tecnológica y la expansión de complejos industriales-militares distan de ser novedosos y pueden interpretarse como formas contemporáneas de esta destrucción productiva. La NDS 2026  legitima esta dinámica al presentar la innovación militar y tecnológica como condición de supervivencia nacional, naturalizando un ciclo permanente de inversión, obsolescencia y rearme.

Capítulo 3: Militarización del Estado, finanzas y gestión de la crisis capitalista

La hipótesis de este capítulo afirma que la  nueva Estrategia de Defensa Nacional de los Estados Unidos constituye un dispositivo estatal de gestión de las convergentes crisis estructurales del capitalismo, articulando militarizacion, finanzas publicas, endeudamiento con la administracion politica del declive hegemónico.

El Estado no es un árbitro neutral entre las clases sociales. Consiste en una forma histórica específica de organización del poder político a favor de las clases dominantes; desde el eclipse feudal, se halla al servicio de la reproducción de las relaciones sociales capitalistas. En contextos de crisis, el Estado tiende a reforzar sus funciones coercitivas y de planificacion estrategica (Poulantzas, 1978). La NDS 2026 debe leerse como una manifestacion explicita de este desplazamiento: el Estado estadounidense se concibe a si mismo como gestor armado de una crisis múltiple económica, tecnológica, geopolítica y ecológica que amenaza las bases materiales de su hegemonía (y de la civilización). La centralidad del presupuesto de defensa en tal estrategia, revela el papel de la guerra como mecanismo de absorción de excedentes de capital y de legitimación del endeudamiento público. Se ha señalado que el gasto militar opera como una forma de “keynesianismo armado”, sosteniendo la demanda agregada en contextos de estancamiento (Harvey, 2003). Agreguemos que todo se verifica en un escenario irreversible de desaparición del valor de las mercancías a raíz del vertiginoso aumento de la composición técnica del capital, fenómeno previsto por Marx ya en el siglo XIX (Marx, 1858) convirtiendo los precios del mercado en discrecionales, como describen Lea Place y Cazes Camarero (Lea Place, 2019; Lea Place y Cazes Camarero, 2022). La NDS 2026  normaliza la reasignación permanente de recursos hacia la modernización militar, presentando estas decisiones como inevitables frente a amenazas externas. De este modo, la deuda pública y la financiarización de la guerra se integran en la gestión ordinaria del Estado capitalista. La NDS 2026 puede interpretarse como un documento destinado a organizar la administración del declive hegemónico del capitalismo estadounidense. Las fases de declive de una potencia líder se caracterizan por una intensificación del poder financiero y militar, combinada con la pérdida relativa de capacidad productiva (Arrighi, 1994).

Capítulo 4: Estado integral, hegemonía y aparato militar

Nuestra hipótesis en este capítulo es que la NDS 2026 constituye un documento orgánico del Estado estadounidense en una fase de hegemonía en crisis y reorganización defensiva. El Estado constituye una estructura integral, que articula fuerza y consenso (Gramsci, 1975). Los documentos estratégicos de defensa no deberían pues ser leídos únicamente como planes militares, sino como textos políticos que buscan organizar una determinada relación entre coerción, consenso y dirección intelectual. Esta articulación puede ser pensada no como una simple estructura jerárquica, sino como un agenciamiento estatal, es decir, como una composición dinámica de prácticas, discursos, instituciones, tecnologías y afectos que producen efectos de poder y de subjetivación. El “Estado Integral” gramsciano aparece así no sólo como una forma jurídico-política, sino como un agenciamiento molar ontológico que conecta aparatos militares, saberes técnicos, dispositivos comunicacionales y regímenes de verdad, orientados a producir una determinada configuración de lo social (Deleuze y Guattari, 1980). La NDS 2026 presenta la militarización como una respuesta racional, técnica y necesaria frente a un entorno de amenazas crecientes. Contribuye a alimentar el consenso social alrededor del aumento del gasto militar, la reorganización del aparato estatal y la normalización de una lógica de seguridad permanente. Esto consolida un agenciamiento en el cual la “defensa”(guerra perpetua) se vuelve principio organizador transversal de la vida social. Las crisis orgánicas se producen cuando las clases dominantes ya no pueden ejercer su dirección moral e intelectual como antes, y deben recurrir crecientemente a la coerción (Gramsci, op. cit.). La NDS 2026 parte explícitamente del reconocimiento de que la hegemonía estadounidense ya no puede darse por sentada. El énfasis en el reparto de cargas con aliados, la selectividad de la presencia militar y la priorización del territorio nacional indican un proceso de recomposición defensiva del agenciamiento estatal-hegemónico, que ya no logra operar sólo mediante la producción de consentimiento, sino que debe reorganizar sus engranajes técnicos, financieros y militares para sostener un orden cada vez más frágil. Estados Unidos busca mantener la dirección estratégica reduciendo costos directos y redistribuyendo responsabilidades dentro de su sistema de alianzas, es decir, reconfigurando las conexiones internas de su propio agenciamiento imperial. La guerra de posiciones (Gramsci, op. cit.) describe una forma de lucha prolongada en sociedades complejas, donde el poder se sostiene mediante una densa red de instituciones, alianzas, prácticas culturales y dispositivos normativos. Esta “red” puede entenderse como un agenciamiento de poder distribuido, en el cual no existe un centro único de dominación, sino una multiplicidad de nodos —económicos, jurídicos, tecnológicos, mediáticos, educativos, militares— que producen conjuntamente efectos de control y dirección social (D&G, op. cit.). Esto refleja el tránsito desde una “guerra de maniobra” global hacia una guerra de posiciones concebida como agenciamiento estratégico de largo plazo, orientada a modular flujos (de información, de capital, de energía, de datos, de fuerzas armadas) más que a conquistar territorios de manera clásica. Se trata de una forma de guerra que ya no opera principalmente por ocupación, sino por configuración de los campos de posibilidad dentro de los cuales pueden actuar Estados, empresas, poblaciones y tecnologías.

Capítulo 5: Sociedad civil, consenso y militarización cultural

Nuestra hipótesis aquí es que la NDS 2026 no sólo aspira a organizar el aparato militar, sino que contribuye a estructurar un sentido común securitario, funcional a la reproducción del bloque hegemónico. La hegemonía se ejerce fundamentalmente en la sociedad civil, a través de la producción de consensos, valores y visiones del mundo que naturalizan un determinado orden social. La dirección intelectual y moral precede y acompaña a la coerción política (Gramsci, op.cit.). Pero esta producción de consenso no debe pensarse como mera “ideología”, sino como un agenciamiento de subjetivación, es decir, como un conjunto de prácticas materiales y semióticas que producen modos de percepción, afectos, deseos y creencias compatibles con un determinado orden social. La NDS 2026 debe leerse así como un texto que interviene activamente en la sociedad civil, no sólo transmitiendo ideas, sino reconfigurando agenciamientos de enunciación: define qué es una amenaza, qué es seguridad, qué es riesgo, qué es racionalidad, produciendo un campo semántico que estructura la experiencia cotidiana del mundo social. Esta narrativa contribuye a normalizar la excepcionalidad como la forma standard de gobierno. En términos deleuzianos, lo que se normaliza no es sólo una doctrina política, sino un agenciamiento afectivo-cognitivo que organiza percepciones de amenaza, miedo, urgencia y obediencia. La excepción se vuelve así una disposición subjetiva incorporada, una forma de vida gobernada por la anticipación del riesgo y la internalización de la vigilancia.

Gramsci subrayaba el papel de la red de los “intelectuales orgánicos” de las clases dominantes en la consolidación de la hegemonía. En su época, la ruptura de las masas con los presupuestos hegemónicos también se basaba en la red de los intelectuales orgánicos comunistas, socialistas y anarquistas. Esta “red” puede ser reinterpretada como un agenciamiento rizomático de producción de subjetividad, donde el poder no se transmite verticalmente, sino que circula horizontalmente a través de conexiones múltiples entre discursos, tecnologías, cuerpos y afectos (D & G, op. cit.). En el capitalismo contemporáneo, los complejos militar-industriales, los think tanks de seguridad, las universidades y los medios especializados funcionan como nodos centrales de este agenciamiento. Sin embargo, la principal fuente de construcción de subjetividad reside hoy en los medios digitales, especialmente el teléfono móvil inteligente. Las redes sociales constituyen agenciamientos técnicos de subjetivación masiva, en los cuales se disputan permanentemente los sentidos, los deseos y las formas de vida. Así, los primeros líderes “rizomáticos” de la política que irrumpieron, fueron Trump y Milei, es decir, la ultraderecha. Pero aquí emerge una contradicción estructural: utilizan formas de agenciamiento propias del capitalismo cognitivo —redes, flujos, viralidad, multiplicidad— para vehiculizar contenidos profundamente jerárquicos, autoritarios y reaccionarios. El rizoma, sin embargo, no es sólo una técnica comunicacional: es una ontología social real del trabajo postfordista, de la cooperación en red, de la inteligencia colectiva. Por eso, la emergencia de figuras como Mamdani en Nueva York, puede interpretarse como la aparición de agenciamientos emancipatorios, capaces de reconectar la estructura rizomática de la sociedad digital con proyectos políticos igualitarios. La NDS 2026 intenta capturar estos flujos, fijarlos, canalizarlos y subordinarlos al agenciamiento estatal-securitario. Pero se trata de un intento estructuralmente inestable: el propio modo de producción cognitivo produce constantemente “líneas de fuga” que desbordan los dispositivos clásicos de control hegemónico (D & G, op. cit.). La NDS 2026 no pretende ser sólo una estrategia, sino un agenciamiento estatal-militar de producción de subjetividad, gobierno de flujos y control de la reproducción social en el capitalismo cognitivo. No pretende gobernar sólo conciencias e ideas, sino conexiones, redes, infraestructuras, afectos, tecnologías, cuerpos y deseos. Esto es, “agenciamiento colectivo de enunciación + agenciamiento maquínico de deseo” (por eso nos referenciamos en “Mil Mesetas” y no en el “Anti- Edipo”, en donde D &G todavía se reducían a la versión psicoanalítica del discurso. Estamos usando la versión madura, ontológica y política del concepto, no la psicológica ni la metafórica).

Capítulo 6: Guerra permanente, capital y gubernamentalidad

La hipótesis consiste en que la NDS 2026 propone una forma históricamente novedosa de gobierno, en la que la guerra se convierte en principio organizador permanente de la economía, el Estado y la subjetividad.

En la obra de Mauricio Lazzarato, la guerra no es un acontecimiento excepcional ni un simple instrumento de la política exterior, sino una forma general de gobierno del capitalismo contemporáneo. Desde Guerras y capital y El gobierno de los vivos, Lazzarato sostiene que la guerra estructura las relaciones sociales, las políticas económicas y las técnicas de poder incluso en ausencia de enfrentamientos armados directos (Lazzarato, 2015; 2021). La NDS 2026 expresa con claridad esta transformación: la guerra es concebida como un estado continuo de preparación, disuasión y gestión de amenazas múltiples que atraviesan el territorio, la economía, la tecnología y la vida social. Uno de los ejes centrales de la lectura lazzaratiana es la articulación entre capital, deuda y guerra. La deuda funciona como un dispositivo de gobierno que anticipa y gestiona el futuro, subordinando conductas individuales y colectivas a imperativos financieros (Lazzarato, 2011). La NDS 2026 legitima una economía política de la guerra preventiva, en la que el gasto militar permanente, la innovación tecnológica y la movilización de recursos se presentan como inevitables. La deuda pública asociada a la defensa no aparece como una carga política, sino como una inversión naturalizada en seguridad. La guerra como forma de gobierno implica así la producción activa de subjetividades adaptadas a un régimen de amenaza permanente. La seguridad no es solo una política estatal, sino una tecnología de subjetivación que moldea comportamientos, expectativas y afectos. La NDS 2026 contribuye a esta producción subjetiva al construir un horizonte de riesgo constante, donde la vigilancia, la resiliencia y la adaptación se convierten en virtudes cívicas. El ciudadano es interpelado como potencial objetivo, recurso estratégico y vector de resiliencia. Sin embargo, las viejas formas “Broadcast” de penetración: radio, TV, diarios incluso, donde hegemonizan los propietarios y voceros de la derecha, que son vehículos del discurso de NDS 2026, ahora deben competir con las redes autónomas donde en principio cada nodo produce su contenido. Un torrente infinito de propaganda hegemónica se derrama constantemente por las mismas redes, pero la sencilla realidad se refleja porfiadamente en las pequeñas pantallas y alimenta el escepticismo de la juventud rizomática, generando todo el tiempo conciencia “para sí”.

Capítulo 7: Guerra cognitiva, tecnología y control de poblaciones

Este capítulo se centra en la dimensión cognitiva, tecnológica y poblacional de la guerra contemporánea. La hipótesis central es que la NDS 2026 propone una forma de guerra que actúa directamente sobre la producción de realidad, las subjetividades y las conductas colectivas, articulando tecnologías avanzadas, dispositivos informacionales y mecanismos de control poblacional. Vemos entonces que la guerra contemporánea opera de manera prioritaria en el plano cognitivo, produciendo realidades, narrativas y marcos de percepción que orientan la acción social. La guerra ya no se libra únicamente sobre territorios físicos, sino sobre cerebros, memorias, expectativas y afectos (Lazzarato, 2015). La NDS 2026 reconoce explícitamente el dominio informacional como un espacio central del conflicto. La competencia estratégica entre grandes potencias se desplaza hacia la capacidad de controlar flujos de información, imponer narrativas, desestabilizar cognitivamente a adversarios y modelar la percepción pública de la amenaza. Cfr. Foucault, M. (2007); Virilio, P. (1989). La inmanencia de la percepción instantánea en la praxis de vida de cada sujeto, sin embargo, construye tenaz y crecientemente rizoma organizativo en la producción y reproducción. No hay discurso de intelectual orgánico que pueda con eso, y el descrito es el gran duelo que se libra en el escenario cognoscitivo de la humanidad. La centralidad otorgada a la innovación tecnológica —inteligencia artificial, sistemas autónomos, capacidades cibernéticas y espaciales— revela una transformación profunda del poder militar. Estas tecnologías no sólo amplían la capacidad destructiva, sino que redefinen la relación entre decisión política, violencia y responsabilidad. La automatización de la guerra tiende a despersonalizar la violencia y a reducir el umbral político de su empleo. La NDS 2026 naturaliza este proceso al presentar la superioridad tecnológica como condición indispensable de la seguridad nacional. Pero la innovación tecnológica digital sólo continúa una antigua tradición capitalista, esto es, el crecimiento de la composición orgánica del capital a través de la permanente revolución técnica. Lo novedoso de las capacidades cibernéticas es que no actúan sólo sobre los medios de producción, sino también sobre la conciencia de la fuerza de trabajo, esto es, sobre la totalidad de las fuerzas productivas. Ese campo de batalla, lejos de estar ganado para el hegemón, abre nuevas posibilidades de resistencia emancipatoria. La guerra siempre fue tecnológica. Ahora también es cognitiva. Se articula con nuevas formas de control poblacional. La gubernamentalidad contemporánea opera mediante la gestión preventiva de conductas, riesgos y probabilidades, más que a través de la represión directa (Cfr. Lazzarato, ops. cit.). La NDS 2026 interpela a la población como parte integral del dispositivo de seguridad: la resiliencia, la vigilancia distribuida y la adaptación al riesgo se convierten en virtudes cívicas. De este modo, la frontera entre lo civil y lo militar se difumina, y la guerra se integra en la administración cotidiana de la vida social. Por supuesto, la resistencia autonómica de las redes también dice lo suyo, considerando la dificultad de conseguir la naturalización masiva de la guerra con sus concomitancias: el terror, el rechazo a las prácticas bárbaras, y la percepción posible de un mundo de riqueza y sabiduría que se nos oblitera.

Capítulo 8: Miradas comparativas frente a la Estrategia de Defensa Nacional 2026


Este capítulo desarrolla un análisis comparativo entre los marcos teóricos de Karl Marx, Antonio Gramsci, Gilles Deleuze/ Félix Guattari y Mauricio Lazzarato aplicados a la estrategia de defensa nacional de los Estados Unidos (NDS 2026). Nuestra hipótesis consiste en que  cada autor ilumina un nivel distinto —pero articulado— del fenómeno “guerra” en el capitalismo contemporáneo: la acumulación (Marx), la hegemonía (Gramsci), el agenciamiento (Deleuze-Guattari) y la gubernamentalidad bélica permanente (Lazzarato). Hemos visto cómo la interpretación marxiana de la guerra la describe como un momento estructural del proceso de acumulación capitalista y de la reproducción ampliada de sus condiciones materiales. La violencia organizada no constituye así una anomalía externa al capitalismo, sino uno de los mecanismos históricos mediante los cuales se abren mercados, se reorganizan territorios, se destruye capital excedente y se restablecen condiciones de valorización. La NDS 2026 responde a esta lectura, al subordinar toda su arquitectura estratégica a la defensa de infraestructuras críticas, territorios, rutas marítimas, cadenas logísticas, flujos de datos y sistemas tecnológicos, es decir, a las condiciones generales de producción del capital estadounidense. La guerra, sin embargo, no se reduce al enfrentamiento armado. Se inscribe en la concepción de un Estado integral, donde la fuerza se articula con el consenso. La estrategia militar aparece así como la articulación política de una “guerra de posiciones” prolongada, que se libra en el terreno de las alianzas, las instituciones internacionales, las normas y los relatos. La NDS 2026 opera asimismo en este registro gramsciano. Presenta la militarización como una respuesta racional y necesaria, al mismo tiempo que busca reorganizar el “bloque histórico” occidental mediante el reparto de cargas, la interoperabilidad y la dirección estratégica estadounidense. Este mismo proceso puede ser reformulado en términos de agenciamiento: la guerra no se organiza únicamente como hegemonía ideológica o dirección política, sino como una composición material y semiótica de cuerpos, tecnologías, afectos, discursos, algoritmos, infraestructuras y dispositivos institucionales. El poder ya no opera sólo como liderazgo centralizado, sino como una red de ensamblajes heterogéneos que producen conductas, orientaciones perceptivas y modos de existencia. La NDS 2026 puede leerse así como un macro-agenciamiento bélico que articula fuerzas militares, empresas tecnológicas, sistemas de información, marcos jurídicos, narrativas culturales y subjetividades civiles en una misma máquina de guerra distribuida (D & G, op. cit.). Pero la guerra no constituye un “momento” o un “dispositivo” útil o desechable. En verdad, hoy se presenta como la forma permanente de gobierno. No se trata sólo de preparar conflictos futuros, sino de gobernar el presente bajo una lógica de amenaza constante. La NDS 2026 asume esta transformación al extender la lógica bélica a la economía, la tecnología, la información y la producción de subjetividad, configurando un estado de movilización permanente que atraviesa la vida social en su conjunto (Lazzarato, ops. cit.).

En Marx, la guerra, aunque recurrente, sigue siendo concebida como un momento relativamente delimitado, asociado a fases específicas del desarrollo capitalista. Gramsci introduce metafóricamente la “guerra de posiciones”, en la que el conflicto se vuelve prolongado, difuso y estructural. La confrontación ya no se resuelve mediante batallas decisivas, sino mediante la ocupación sostenida de posiciones institucionales, culturales y políticas. La NDS 2026 adopta esta lógica al priorizar la disuasión, la presencia selectiva, la resiliencia institucional y la interoperabilidad a largo plazo. Desde D & G, esta transformación puede interpretarse como el pasaje de una guerra entre Estados a una guerra de agenciamientos: ya no se trata sólo de ejércitos enfrentados, sino de máquinas sociales completas que se acoplan, se interfieren y se reconfiguran mutuamente. La guerra deviene un proceso inmanente de reorganización de los ensamblajes sociales, donde lo militar, lo económico, lo tecnológico y lo cultural forman parte de un mismo campo operativo. Lazzarato lleva este desplazamiento al extremo: la guerra deja por completo de ser un estado excepcional, para convertirse en la condición normal del gobierno capitalista. No hay ya un “tiempo de guerra” y un “tiempo de paz”. El documento trumpista no prepara las guerras futuras, sino que organiza el presente como un campo de batalla permanente, donde la amenaza es constante y la movilización nunca se desactiva.

.Capítulo 9: CONCLUSIONES GENERALES

La hipótesis defendida en este capítulo es que la Estrategia de Defensa Nacional de los Estados Unidos 2026 debe ser comprendida ante todo como un síntoma histórico. No se trata en realidad de un documento militar ni de una actualización doctrinaria, sino de la expresión destilada de una crisis estructural del capitalismo contemporáneo y en especial, del orden hegemónico estadounidense. La centralidad otorgada al territorio, a los flujos logísticos, a los datos, a la energía y a la tecnología revela que la guerra se orienta crecientemente a defender el capital fijo social propio del capitalismo avanzado. La defensa nacional debe interpretarse así como defensa de las condiciones generales de producción y reproducción del capital. También expresa una hegemonía en fase defensiva. El reconocimiento explícito de que la ventaja estratégica estadounidense ya no puede darse por sentada, constituye un diagnóstico implícito de crisis orgánica. La estrategia ya no busca construir un nuevo orden, sino evitar la descomposición del existente. Finalmente,  la guerra ha dejado de ser un acontecimiento excepcional para convertirse en la forma permanente de gobierno. La guerra estructura la economía, la innovación tecnológica, la gestión de poblaciones, la producción de subjetividad y la administración del futuro a través de la deuda, el riesgo y la seguridad, organizando el presente como un campo de batalla permanente. Durante la fase expansiva, el poder militar de los Estados Unidos operaba como respaldo último de un proyecto civilizatorio más amplio. La coerción existía sólo subordinada a una narrativa de progreso, y la guerra aparecía como un recurso excepcional. La NDS 2026 expresa una mutación profunda de esta lógica. El objetivo principal retrocede a la administración de un equilibrio inestable en condiciones de competencia permanente. La hegemonía basada en la dirección intelectual deriva hacia una forma de dominación por coerción, propia de una fase de crisis orgánica. Estados Unidos busca preservar su dirección estratégica reduciendo su exposición directa a través de una hegemonía de coordinación forzada. Esta administración armada del repliegue adopta la forma de una guerra permanente que ya no distingue con claridad entre tiempos de paz y tiempos de conflicto. La inseguridad no es un problema a resolver, sino una condición irreversible a administrar. La crisis se transfigura en un régimen de gobierno. La centralidad que el documento otorga a la innovación tecnológica —inteligencia artificial, sistemas autónomos, ciberseguridad, dominio espacial— responde obviamente a imperativos militares. Pero también a la necesidad de automatizar algorítmicamente la gestión crónica de la guerra y reducir los costos políticos de la coerción. La seguridad ya no protege a la sociedad de la guerra, sino que integra la guerra en la gestión ordinaria de la sociedad. La Estrategia de Defensa Nacional 2026 puede así leerse como un documento paradigmático de una fase histórica en la que el capitalismo, enfrentado a sus límites económicos, ecológicos y geopolíticos inmanentes, sustituye la promesa de progreso por la administración permanente del riesgo. La política ya no se orienta a la construcción del futuro, sino a la gestión técnica de escenarios de amenaza.

La proyección histórica que se desprende de este análisis no es la de una guerra total inmediata ni la de un colapso abrupto del orden internacional, sino la de una normalización de la guerra como condición permanente de gobierno. La distinción entre paz y conflicto pierde relevancia analítica y política, y la vida social queda progresivamente subordinada a imperativos estratégicos. La guerra deja de interrumpir el curso normal de la sociedad para convertirse en el marco dentro del cual ese curso es administrado. El futuro se despliega como un espacio de riesgos más que como un horizonte de posibilidades. La Estrategia de Defensa Nacional 2026 puede entenderse así como un documento de transición histórica. Marca el pasaje desde un capitalismo que se legitimaba por su capacidad expansiva hacia un capitalismo que se justifica por su capacidad de administración de la crisis.  La guerra no aparece como el fracaso de la política, sino como su modalidad normal de ejercicio en un capitalismo que ha agotado sus mecanismos clásicos de expansión y consenso. Este documento refleja un momento histórico en el que el poder ya no convoca a la adhesión mediante proyectos colectivos de progreso, sino mediante la administración técnica del miedo, la amenaza y la desesperación. La sociedad entera es integrada como infraestructura de seguridad. La producción, la ciencia, la información, la educación y la subjetividad se convierten en componentes funcionales de una arquitectura defensiva. En este contexto, el estado de excepción deja de ser una anomalía jurídica o política para transformarse en la norma operativa del gobierno. Esta transformación no es contingente ni reversible. Se trata de una fase histórica, la senectud del capitalismo, en la que la guerra se ha convertido en el principio inmanente de la organización social. La acumulación se defiende mediante la coerción estructural, la hegemonía se sostiene de forma defensiva y la gobernanza se ejerce a través de la producción permanente de inseguridad gestionada. Por todo lo expuesto, la Estrategia de Defensa Nacional de los Estados Unidos 2026 no debe ser leída únicamente como un documento, bastante torpemente redactado, de política militar, sino como un texto clave para interpretar el presente histórico. En él se condensan las tensiones de un orden mundial en transición y las nuevas formas de articulación entre el capital, el estado y la guerra. Su importancia reside en la racionalidad política que normaliza. La proyección histórica que se abre a partir de este análisis no es la de una paz duradera garantizada por la disuasión, sino la de una prolongación indefinida de la guerra como condición de gobierno. Frente a este horizonte, el desafío teórico y político no consiste en imaginar soluciones técnicas dentro del mismo marco barbárico, sino en interrogar críticamente las formas de poder que hacen de la guerra el principio organizador de la vida social.

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Este documento constituye una traducción no oficial al español de la versión inglés publicada por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos el 23 de enero de 2026.

 

 

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