León Rozitchner un 9 de octubre // Diego Sztulwark

Convertir en política la propia subjetividad

 

  1. Fechas. En León Rozitchner evocamos una enorme energía intelectual y moral, orientada a enfrentar los obstáculos presentes entre quienes asumieron como propio el horizonte revolucionario, en particular a partir de la Revolución Cubana. No sólo los obstáculos de tipo objetivos, que no dejan de acumularse frente a nosotros. Sino -y sobre todo- los obstáculos de tipo subjetivos, presentes en la propia izquierda. Buscando un día de sol para recordar en plaza pública, un sábado de primavera próximo al 4 de septiembre -fecha en que se cumple una década de su fallecimiento-, el azar quiso que el sábado del encuentro sea un 9 de octubre, fecha exacta en la que hace ya 64 años fue asesinado Guevara. 
  2. Fórmula. “La izquierda sin sujeto”, título de un texto escrito por León Rozitchner en 1966, es casi una consigna. No llega a serlo, porque enuncia una falta que frustra una acción, allí donde una consigna supone una plenitud, una afirmación que la organice. Y si no sólo a la izquierda, sino a toda voluntad de trasformación le está faltando algo, entonces, más que consignas, se trata de plantear a fondo problemas difíciles, sino dolorosos. La fórmula “la izquierda sin sujeto” es efectiva porque sintetiza en sólo cuatro palabras una larga impotencia y un desafío preciso. Pero, además, “La izquierda sin sujeto” es también una toma de posición crítica asumida por Rozitchner en una discusión afectuosa de aquellos años con el peronismo revolucionario de John W. Cooke.[1]
  3. Publicación. El artículo de Rozitchner fue publicado por primera vez en la revista de la nueva izquierda “La rosa blindada” dirigida por José Luis Mangieri (N 9, año II, 1966; páginas 30/44), en respuesta a al artículo “Bases para una política cultural revolucionaria” de Cooke -amigo de Rozitchner desde los primeros sesentas compartidos en La Habana- publicado en la misma revista uno años antes (N 6, año I, 1965; páginas 16-22). “La izquierda sin sujeto” fue publicada dos años más tarde en la mítica revista cubana “Pensamiento Crítico” (N 12, en enero de 1968, paginas 151-184), dirigida por Fernando Martínez Heredia.
  4. Libros. A inicios de los años sesentas León Rozitchner fue profesor de filosofía en la Universidad de La Habana. Fueron los años de la invasión de Playa Girón (en la que Cooke participó como miliciano). A medida que las fuerzas militares cubanas capturaban tropas invasoras, las entrevistaban en la televisión. Esas entrevistas fueron publicas en cuatro tomos, Playa Girón, derrota del imperialismo (Ediciones R, La Habana, 1962), que Rozitchner utilizaba en sus clases de ética, en la universidad y como base de sus reflexiones de aquellos años, plasmadas en su libro Moral burguesa y revolución (Editorial Tiempo Contemporáneo, Buenos Aires, 1963). Un ejemplar de otra edición de ese libro descansaba en la biblioteca personal del Che Guevara antes de su salida hacia Bolivia. Así, al menos, aparece consignado en el listado: “Relación de libros de filosofía pertenecientes a su despacho personal” (incluido en el volumen Apuntes Filosóficos, de Ernesto Guevara, Bs-As, 2012) aparece así: Moral burguesa y revolución; Ediciones Procyón, Buenos Aires, 1963.
  5. Cooke. Muchos años después, Rozitchner reflexionó sobre este intercambio en los siguientes términos: “lo escribí para demostrarle (a Cooke) que desde la perspectiva de los Manuscritos (de Marx) el peronismo era insostenible. Yo coincidía con Cooke en el rescate del marxismo humanista y antideterminista pero donde no podía coincidir era en que él no hubiese aplicado esas categorías al análisis del peronismo, por eso contrapongo al Che y a Fidel con Perón y digo al final que en ese sentido “todos somos peronistas” porque fuimos marcados pero que había que tener coraje de enfrentar eso. Trataba de mostrar una línea de incoherencia entre los presupuestos y las conclusiones de aquella izquierda peronista, cuyos miembros siempre fueron mis amigos, como Paco Urondo o Rodolfo Walsh mismo, que fue quien me esperó cuando bajé del avión en La Habana. Pero en el artículo no quería aparecer como polemista. Quería agregar algo a lo de Cooke, crítico, pero sin mala leche porque yo le tenía mucho afecto. Creo que Cooke ha sido el crítico más agudo que tuvo el peronismo, el más sagaz, por otra parte, el que mejor escribía”[2].
  6. 2001. Recurrimos a la memoria para evitar que se nos escurra la historia de las manos, pero lo cierto es que una vez en nuestras manos, sólo queremos escurrirla. Necesitamos hacer con Rozitchner lo que Rozitchner hacía con los acontecimientos que lo conmovían. No sólo la Revolución cubana, sino también el 2001. Con el paso del tiempo, Rozitchner tendió a leer el 2001 como un intento inmediatamente frustrado de formar un poder colectivo. En una entrevista hecha por el Colectivo Situaciones en 2009 Rozitchner decía: “cuando el pueblo no lucha, la filosofía no piensa”. Y un año después, recordaba en “Odisea 2001” -el capítulo 15 de la serie de videos León Rozitchner. Es necesario ser arbitrario para hacer cualquier cosa (disponible en la web)- un episodio represivo ocurrido en un puente de la provincia de Corrientes. En su recuerdo, un periodista preguntaba a una mujer llorosa qué había pasado y ella respondía que le dolía la ausencia del pueblo. Pero durante el verano del 2002 Rozitchner pensaba por fin “con el 19 y 20 eso que nos mantenía separados se había roto” y se hacía visible una nueva emergencia de lo colectivo: “algo ha comenzado”, escribía. Un nuevo tiempo que se caracterizaba por el reconocimiento de “un poder de incidir sobre las fuerzas que sentíamos inexpugnables”. Por primera vez, creía Rozitchner, se producía “un corte que transforma la subjetividad sometida y comienza a reconocer su propio poder cuando está inserto en un colectivo unificado por los mismos objetivos”. Se trataba, entonces, de “ejercer una estrategia que nos lleve pacífica y democráticamente a multiplicar nuestra capacidad de resistencia, tras haber descubierto el poder de los grandes conglomerados colectivos ciudadano”. Lo que visibilizaba 19 y 20 era “un contrapoder extendido”, siempre en riesgo, porque toda producción de nueva subjetividad precisa de un colectivo que apueste más a desplegarse en la experiencia que a imaginar modelos teóricos o mitológicos.

“El fenómeno de la creatividad social tiene una complejidad mayor que aquella que las fórmulas teóricas le asigna”, y las fuerzas políticas organizadas -decía- tienen que aprender, puesto que “es evidente que lo que sucedió el 19 y 20 no es un producto de la izquierda”[3].

7. Seguir. Lo que evocamos en León Rozitchner es un modo de estar en el pensamiento. Un modo que falta y necesitamos. No una pretenciosa doctrina verdadera, ni un sistema pensamiento acabado, sino un modo de estar en lo que se siente, en lo que se dice sin cobardías, indócil a las transacciones con la realidad, capaz de acompañarnos en nuestro deseo de continuar.

 

 

[1] Sobre la discusión Rozitchner-Cooke -su tono, su contexto, sus tesis- puede consultarse una exposición clara y consistente en:  Alejandro Horowicz, “Cooke y Rozitchner: otro modelo polémico, otra propuesta política”. Horowicz presente el corazón del asunto del siguiente modo: la intensidad del corte político e intelectual que implicó la revolución cubana sobre el campo de la izquierda argentina de los años ’60 supuso el planteamiento del tránsito efectivo del capitalismo al socialismo, cuestión hacia la cual convergían sectores izquierda en ruptura con el comunismo y sectores provenientes del nacionalismo y de la izquierda peronista. Cooke y Rozitchner comparten la interpretación de la Revolución Cubana como parte aguas. Las tesis de Cooke suponías una continuidad lógica entre lucha armada y dirección revolucionaria que marcharía -con o sin Perón- hacia el socialismo (“el modelo de la conducción del General no es considerado, para Cooke, productor político de la subjetividad de sus integrantes”); las de Rozitchner, en cambio, señalaba como serio obstáculo en la transición al socialismo la presencia de la figura de Perón “como modelo interiorizado en cada peronista”, lo que suponía poner en discusión “la zona oscura” o inconsciente de la praxis política, su “racionalidad a medias”. Perón posee entonces, dice Rozitchner, desde entonces la clave de un misterio en torno a la subjetividad proletaria y sus posibles transiciones que desde la izquierda -incluido el peronismo de izquierda- aun no se ha sabido resolver y debe ser planteado en el terreno de la subjetividad. El texto de Horowicz fue incluido como epílogo al libro León Rozitchner, combatir para comprender, edición de cuatro polémicas de Rozitchner a cargo de Cristián Sucksdorf, ed. Octubre, Bs-As, 2018.

[2] Entrevista de Néstor Kohan a León Rozitchner, del 15 de julio de 1998, fragmento transcripto en la introducción al libro La rosa blindada, una pasión de los ´60, compilado e introducido por Kohan, Ediciones La rosa blindada, Bs-As, 1999.

[3]  León Rozitchner, “La ruptura de la cadena del terror”, 19 y 20, Apuntes para un nuevo protagonismo social, del Colectivo Situaciones, Bs-As, 2002.

 

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