Pity // Diego Valeriano

Lo que asombra del Pity es su exagerada temeridad para jugar de verdad, para ser auténtico, para alcanzar el límite extremo, el definitivo, el máximo. Para no acobardarse ni un poquitito así. Para romper la noche ya sin cuerpo. Sabe que gana el que tiene menos miedo, el que es mas maldito, el más verdugo, el que disfruta el dolor, el que aguanta a pura risa, ¿que es ser poronga del rock sino?

El secreto de ser odiado es dar un paso más, el secreto de ser amado es saber lo que puede un cuerpo. Hacer una movida única que otros no pueden hacer porque no se animan, porque es demasiado, por lo caro de verdad que sale hacerla. Aguantarla a pura base, discutir con quien lo quiso. Encarar los patrulleros de frente como la única manera de esquivarlos, correr en las madrugadas de Lugano. Tirar cuando tiene que tirar.

Pity asusta con su temeridad y eso lo vuelve irresistible, único. Escribe y parece más grande, es aplastante con apenas su cuerpo. Su táctica aprendida en pasillos, monoblocks y madrugadas es siempre dar un paso más allá. Ser el más pillo, el más cruel, el más cínico, el más mentiroso, el que mejor compone. Pity aspira a la vida más cruel, a la vida más gozosa, a una vida más maldita como una prueba definitiva de que aún está vivo.

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